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ANALISIS JURISPRUDENCIAL SENTENCIA C-233/21

MAGISTRADA PONENTE DIANA FAJARDO RIVERA


CRISTHIAN ALBERTO VILLALBA CARDOZO.

ANTECEDENTES:

1. Los ciudadanos Daniel Porras Lemus y Alejandro Matta


Herrera presentaron demanda de inconstitucionalidad contra el
Artículo 106 de la Ley 599 de 2000, “[p]or la cual se expide el
Código Penal”, que establece el tipo pena de “homicidio por
piedad”, pues consideran que el artículo mencionado desconoce
el derecho fundamental a la muerte digna de las personas que se
hallan en circunstancias de salud extremas, sin posibilidades
reales de alivio, fruto de lesiones corporales o enfermedades
gravables e incurables, pero no se encuentran en estado
terminal. En su criterio, la disposición viola también los
derechos a la igualdad, a la integridad física y al libre desarrollo
de la personalidad, así como los principios de solidaridad y
dignidad humana.

2. Inicialmente, la Magistrada sustanciadora decidió


inadmitir la demanda, mediante Auto del 30 de noviembre de
2020, por considerar que no cumplía los requisitos
argumentativos previstos en el artículo 2 del Decreto 2067 de
1991. Los accionantes presentaron escrito de corrección dentro
del término legal, y el 18 de diciembre de 2020, la Magistrada
sustanciadora admitió la demanda y decretó pruebas.

3. Una vez recibidas las pruebas, se dispuso (i) comunicar la


iniciación del proceso al Presidente de la República, al Presidente
del Congreso de la República[1] y a la Nación, Ministerios del
Interior y de Justicia, y de Salud y Protección Social; (ii) correr
traslado al Procurador General de la Nación;[2] (iii) fijar en lista la
demanda disposición acusada, con el objeto de que recibir
conceptos sobre la demanda de la referencia, por parte de todos
y todas las interesadas[3]; (iv) invitar al proceso a la
Superintendencia de Salud, a las facultades de derecho de las
universidades de Antioquia, de Ibagué, de los Andes, del
Atlántico, del Norte, del Rosario, Eafit, Industrial de Santander,
Javeriana, Sergio Arboleda, Libre, Externado y Nacional de
Colombia; así como a las facultades de medicina de
las universidades de Antioquia, de los Andes, del Atlántico, del
Norte, del Rosario, Industrial de Santander, Javeriana, Nacional
de Colombia, de La Sabana y del Bosque; y a las siguientes
instituciones y organizaciones de la sociedad civil: Colegio Médico
Colombiano, Fundación Colombiana de Ética y Bioética,
Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, Asociación
Colombiana de Cuidados Paliativos y Asociación Colombiana de
Hospitales y Clínicas.

4. Una vez cumplidos los trámites previstos en el Artículo


242 de la Constitución y en el Decreto Ley 2067 de 1991, procede
la Corte a resolver sobre la demanda de la referencia.

PROBLEMA JURIDICO:

La norma regulatoria que prohíbe el homicidio por piedad en


Colombia, en contexto lo que se solicita es la posibilidad de que
una persona que este pasando por una situación de intensos
dolores y padecimientos a causa de una enfermedad grave, pueda
decidir o solicitar a otra que por favor termine con su sufrimiento
y de esta manera pueda tener una muerte digna sin tantos
padecimientos.

OBITER DICTA:

Si bien comparto la decisión proferida por la Sala Plena, en


especial la fundamentación sustantiva que la soporta –en cuanto
al importante desarrollo del derecho fundamental al libre
desarrollo de la personalidad y al valor de la dignidad humana–,
aclaro mi voto en los siguientes dos aspectos: en primer lugar,
considero que en el presente asunto no se configura el fenómeno
de la cosa juzgada constitucional, de carácter material, y, por
tanto, sin recurrir a su superación también era procedente un
pronunciamiento de fondo. En segundo lugar, considero carente
de fundamento calificar a la muerte digna como un derecho
fundamental, pues lo que constituye un derecho fundamental es
el derecho a la vida digna.

En relación con el primer aspecto, la mayoría de la Sala


considera que no se presenta el fenómeno de la cosa juzgada
formal, pero sí el de la cosa juzgada material “debido a que la
Corte Constitucional se pronunció sobre un contenido
normativo idéntico al de la norma demandada, en la Sentencia
C-239 de 1997”. Por tal razón, para superar tal fenómeno –el de
la cosa juzgada constitucional, de carácter material– y, por
tanto, emitir un pronunciamiento de fondo, justifica por qué se
acredita “un profundo cambio en el contexto normativo, que
incluye una comprensión constitucional más profunda en torno
al derecho a morir dignamente que aquella alcanzada en 1997,
es decir, una evolución en el significado de los principios
constitucionales relevantes”.

A diferencia de esta tesis, considero que en el presente asunto


no se configura el fenómeno de la cosa juzgada constitucional,
de carácter material, y, por tanto, sin recurrir a su superación
–en los términos que lo ha definido la jurisprudencia
constitucional[347]– también era procedente un pronunciamiento
de mérito, por las siguientes razones:

Con fundamento en el artículo 243 de la Constitución, y en


procura de garantizar seguridad jurídica, la jurisprudencia
constitucional ha precisado que la cosa juzgada es una
institución jurídico procesal mediante la cual se otorga a las
decisiones plasmadas en una sentencia de constitucionalidad
el carácter de inmutables, vinculantes y definitivas[348]. Lo
anterior implica, en principio, la pérdida de competencia del
juez para emitir un nuevo pronunciamiento de fondo sobre la
constitucionalidad de una norma, cuyo control fue realizado
previamente.
Ahora bien, no todas las sentencias proferidas por la Corte
Constitucional tienen los mismos efectos y consecuencias
normativas. Por tanto, a fin de establecer si en un caso concreto
se configura la cosa juzgada de carácter material, es necesario
contrastar las interacciones de los siguientes elementos de la
decisión del pasado y del cuestionamiento de
inconstitucionalidad del presente: (i) el tipo de decisión que se
adoptó en el pasado, concretamente, si fue de
constitucionalidad simple, de constitucionalidad condicionada
–aditiva, sustitutiva o interpretativa– o de inexequibilidad, y, en
todos los casos, la ratio decidendi que le sirvió de
fundamento; (ii) el objeto de control –la disposición o norma que
se demanda–, con miras a establecer si el contenido normativo
que se estudió en el pasado es igual al acusado en el presente,
ya sea porque se trate de un texto igual o porque la norma
cuestionada produce los mismos efectos jurídicos –aspecto de
importancia cualificada en el caso de las sentencias
condicionadas aditivas, dado que alteran el contenido
normativo de la disposición enjuiciada en el pasado–; y (iii) el
parámetro de control, constituido por los cargos de
inconstitucionalidad formulados en el presente y su relación
con el problema jurídico resuelto por esta corporación en el
pasado.

En el presente asunto no se configura el fenómeno de la cosa


juzgada material respecto de la Sentencia C-239 de 1997, ya
que no existe (i) identidad en el objeto de control, (ii) ni en el
parámetro de control.

En primer lugar, no existe identidad en el objeto de control ya


que el contenido normativo que se acusa del artículo 106 de la
Ley 599 de 2000 difiere del analizado en el año de 1997, como
consecuencia del condicionamiento aditivo que incluyó a la
disposición la Sentencia C-239 de 1997[349]. En esta sentencia,
la Corte Constitucional condicionó el alcance del tipo penal de
homicidio por piedad al considerar que sería antijurídico
sancionar la conducta si (i) la realizaba un médico, siempre
que, (ii) fuese consentida, esto es, “concurra la voluntad libre
del sujeto pasivo del acto”, y, (iii) solo en caso de que este último
padezca una enfermedad “terminal”. Por tanto, excluyó este
supuesto límite de su connotación antijurídica, tras encontrarlo
manifiestamente desproporcionado[350].

Así las cosas, luego de la expedición de la citada sentencia era


posible identificar dos contenidos normativos del tipo de
homicidio por piedad: por una parte, la generalidad de
conductas que continuaban constituyendo supuestos típicos y
que, por tanto, corresponden a aquellos que no fueron incluidos
dentro del condicionamiento de constitucionalidad; y, por otra,
como consecuencia del condicionamiento, las circunstancias en
las que se exceptuaba de consecuencias penales a los médicos
que, “por piedad”, pusieran fin a los intensos sufrimientos
provenientes de enfermedades “terminales” de sus pacientes,
mediante un procedimiento eutanásico.

Como se aprecia de la demanda interpuesta en el presente caso,


esta se dirigió únicamente frente al primer contenido normativo,
al considerar que otros supuestos no asociados al carácter
“terminal” de la enfermedad podían considerarse contrarios a la
Constitución. A partir de la distinción propuesta en el párrafo
anterior, no es posible considerar que el cuestionamiento del
demandante se dirija al mismo contenido normativo analizado
por la Corte Constitucional en el año de 1997, si se tiene en
cuenta que antes de la expedición de la Sentencia C-239 de
1997 el delito de homicidio por piedad no admitía la distinción
antes referida. En otros términos, antes de que se profiriera la
sentencia en cita, se estaba en presencia de un tipo penal que
no consideraba excepción alguna frente a la configuración del
delito de homicidio por piedad, como sí se aprecia en la
actualidad. Así las cosas, dado que la demanda del presente se
dirige contra un contenido normativo que no ha sido valorado
por la Corte es procedente un pronunciamiento de fondo
respecto del mismo[351].

En segundo lugar, no existe identidad en el parámetro de


control ya que no solo los cargos de inconstitucionalidad que
dieron lugar a la expedición de la Sentencia C-239 de 1997 son
diferentes a los que se plantean en la actualidad[352], sino que
tampoco es posible inferir que estos se entiendan subsumidos
en el problema jurídico resuelto por la Corte en dicha
oportunidad[353].

En relación con el segundo aspecto, luego de la expedición de


la Sentencia C-239 de 1997 el acceso a los procedimientos
eutanásicos, en las condiciones allí fijadas, debe considerarse
una prestación positiva exigible del servicio público de salud[354].
Sin embargo, de su carácter exigible no se sigue su carácter
fundamental. De hecho, como se precisa en la citada sentencia
–resolutivo segundo–, exige que el Legislador regule su
contenido, en tanto prestación positiva adscrita al citado
servicio público, exhortación que ha sido reiterada en las
sentencias T-970 de 2014, T-423 de 2017, T-544 de 2017, T-
721 de 2017 y T-060 de 2020.

Con posterioridad a la expedición de la Sentencia C-239 de


1997, las personas que padecían enfermedades “terminales” –
así calificadas médicamente– podían exigir del sistema de salud
que, “por piedad”, se pusiera fin a sus “intensos sufrimientos
provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e
incurable”, mediante un procedimiento eutanásico, sin que la
conducta del médico que la practicara pudiera considerarse
antijurídica.

Ahora, a partir del día siguiente a la comunicación del sentido


de la decisión de la Sentencia C-233 de 2021 –julio 22 de 2021–
el alcance de la prestación citada se amplía para amparar no
solo los casos de enfermedades terminales sino también los de
padecimientos que den lugar a “un intenso sufrimiento físico o
psíquico, proveniente de lesión corporal o enfermedad grave e
incurable”, así calificados médicamente. En estos casos, la
conducta del médico que practique el procedimiento eutanásico
es atípica.

Esta ampliación del alcance de la prestación, sin embargo, no


la convierte en un derecho fundamental. De hecho, como se
reitera en esta providencia –resolutivo segundo– para su
adecuada prestación exige una regulación detallada de, entre
otros, cada uno de los tres elementos que integran el
condicionamiento de constitucionalidad.

Finalmente, cabe precisar que de esto último no se sigue que la


prestación o el acceso a procedimientos eutanásicos o de muerte
digna no pueda ser exigida por las personas sin un desarrollo
legislativo. Hasta tanto la regulación legal se expida, sin duda,
serán elementos relevantes los referentes valorativos que se
precisan en la sentencia C-233 de 2021, al igual que aquellos que
han iluminado los casos concretos decididos por las salas de
revisión de la Corte Constitucional y que, entre otras, han dado
lugar a la expedición de normas reglamentarias por parte del
Ministerio de Salud y la Protección Social. A partir de este
conjunto de elementos, les compete a las entidades prestadores
del servicio de salud valorar de manera razonable y proporcional
las solicitudes concretas que se les presenten para la realización
de procedimientos eutanásicos o de muerte digna.

RATIO DECIDENDI:

Primero. Declarar EXEQUIBLE el artículo 106 de la Ley 599 de


2000, “Por la cual se expide el Código Penal”, por los cargos
analizados, en el entendido de que no se incurre en el delito de
homicidio por piedad, cuando la conducta (i) sea efectuada por
un médico, (ii) sea realizada con el consentimiento libre e
informado, previo o posterior al diagnóstico, del sujeto pasivo del
acto, y siempre que (iii) el paciente padezca un intenso
sufrimiento físico o psíquico, proveniente de lesión corporal o
enfermedad grave e incurable.

Segundo. Reiterar el EXHORTO al Congreso de la República


efectuado por esta Corte, entre otras, en las sentencias C-239 de
1997, T-970 de 2014, T-423 de 2017, T-544 de 2017, T-721 de
2017 y T-060 de 2020 para que, en ejercicio de su potestad de
configuración legislativa, avance en la protección del derecho
fundamental a morir dignamente, con miras a eliminar las
barreras aún existentes para el acceso efectivo a dicho derecho.
Notifíquese, comuníquese y cúmplase.

CONCLUSIONES:

En este orden de ideas podemos identificar que lo que menciona la corte es


que la atención a este tipo de solicitudes deben evaluarse por separado y
analizando cada caso puntual, hasta que pues el sistema legislativo
Colombiano no le de un tratamiento especial al tema, en el entendido que
la solicitud así sea la voluntad de la persona que esta sufriendo los
padecimientos, esto no le daría derecho a decidir sobre su muerte, en el
entendido que al involucrar en la misma a terceros, se esta configurando el
tipo penal de homicidio y no se estaría hablando de un suicidio, y al
involucrar a terceros la misma decisión no solo se vuelve voluntad de la
persona sino que afecta a terceros, que por ayudar a terminar los dolores
de la misma hace que esto influya en la decisión de estos en apoyar esta
acción.

BIBLIOGRAFIA :

https://www.corteconstitucional.gov.co/Relatoria/2021/C-233-
21.htm

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