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Señor

JUEZ XXXX DE EJECUCION DE PENAS Y MEDIDAS DE SEGURIDAD

Ciudad

REFERENCIA: PROCESO N° XXXXXX

CONDENADO: XXXXX

En mi condición de sentenciado, dentro de la oportunidad legal,


comedidamente me permito interponer y sustentar recurso de
reposición y subsidiariamente de apelación contra la providencia del
26 de noviembre de 2015 mediante la cual revocó la suspensión
condicional de la ejecución de la pena que me había sido otorgada por
su Despacho mediante providencia del 11 de septiembre del mismo
año, por un periodo de prueba de dos (2) años con fundamento en el
artículo 63 del Código Penal.

FUNDAMENTOS DE LA PETICION

En torno al principio constitucional de favorabilidad, la Jurisprudencia


y la doctrina Colombiana desde la vigencia del decreto 2700 de 1991
ha sido reiterativa en afirmar:

Según la Constitución Nacional:

1. El principio de favorabilidad es un principio rector del derecho


punitivo que aparece consagrado en la Constitución, como parte
esencial del debido proceso (C.P. art. 29 inciso 3º) y, derecho
fundamental de los procesados; como tal, se encuentra entre los
derechos que, según el artículo 85, son de aplicación inmediata.

2. En materia penal, reza el artículo 29 de la Constitución Política, la


ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior, se aplicará de
preferencia a la restrictiva o desfavorable. Frente a la sucesión de
leyes en el tiempo, el principio favor libertatis, que en materia penal
está llamado a tener más incidencia, obliga a optar por la alternativa
normativa más favorable a la libertad del imputado o inculpado. La
importancia de este derecho se pone de presente a la luz del artículo
4º de la Ley 137 de 1994, que lo comprendió entre los derechos
intangibles, esto es, inafectables durante los estados de excepción. La
causa o móvil determinante del Decreto de Conmoción se construye
sobre la idea de sacrificio de una situación de favorabilidad penal. (C-
300 de 1994)

3. En materia procesal, el artículo 40 de la Ley 153 de 1887 establece:


“Las leyes concernientes a la sustanciación y ritualidad de los juicios
prevalecen sobre las anteriores desde el momento en que deban
empezar a regir. Pero los términos que hubieren empezado a correr, y
las actuaciones y diligencias que ya estuviesen iniciadas, se regirán por
la ley vigente al tiempo de su iniciación.”

Esta regla general no puede desconocer el principio de favorabilidad,


por cuanto la Constitución no hace diferenciación alguna. Sin
embargo, la jurisprudencia y la doctrina han aceptado que ello sea así,
siempre y cuando las normas procesales no sean de contenido
sustancial.
En efecto: las normas procesales son de dos clases: 1. Las que tienen
contenido sustancial y 2. Las simplemente procesales, es decir,
aquéllas que se limitan a señalar ciertas ritualidades del proceso que
no afectan en forma positiva ni negativa a los sujetos procesales.

En cuanto a las primeras es claro que al aplicarlas se debe tener en


cuenta el principio de favorabilidad; no sucede lo mismo con las
segundas por cuanto, como ya se ha anotado, no son en sí mismas ni
benéficas ni perjudiciales para los sujetos procesales.

Es principio general de derecho que las leyes rigen a partir de su


promulgación, a menos que la misma ley indique otra fecha, evento en
el cual la nueva ley no puede desconocer derechos adquiridos. En el
caso de sucesión de leyes en el tiempo, si la nueva ley es desfavorable
en relación con la derogada, ésta será la que se siga aplicando a todos
los hechos delictivos que se cometieron durante su vigencia, que es lo
que la doctrina denomina Ultraactividad de la ley.

La retroactividad, por el contrario, significa que cuando la nueva ley


contiene previsiones más favorables que las contempladas en la ley
que deroga, la nueva ley se aplicará a los hechos delictivos ocurridos
con anterioridad a su vigencia (Cfr. sentencia C-252 de 2001).

4. Puntualiza el Tribunal Constitucional en la sentencia C-581 de 2001


que este principio constituye una excepción a la regla general según la
cual las leyes rigen hacia el futuro, surge de la máxima “favoralia
amplianda sunt, odiosa restringenda” (lo favorable debe ampliarse y lo
odioso restringirse), y solamente tiene operancia cuando existe
sucesión de leyes.

“Frente a la sucesión de leyes en el tiempo, el principio favor libertatis,


que en materia penal está llamado a tener más incidencia, obliga a
optar por la alternativa normativa más favorable a la libertad del
imputado o inculpado. La importancia de este derecho se pone de
presente a la luz del artículo 4º de la Ley 137 de 1994, que lo
comprendió entre los derechos intangibles, esto es, inafectables
durante los estados de excepción.”

5. Señala la Corte Constitucional (sentencia C-581 de 2001) “La


aplicación del principio de favorabilidad corresponde al juez del
conocimiento en cada caso particular y concreto, pues sólo él debe
determinar cuál es la norma que más beneficia o favorece al
procesado. Esto significa que el referido principio no es predicable
frente a normas generales, impersonales y abstractas, como ya ha
tenido oportunidad la Corte de señalarlo.

“En principio, el carácter más o menos restrictivo de una disposición


penal, por sí misma, no quebranta la Constitución. El principio de
favorabilidad, plasmado en el tercer inciso del artículo 29 de la
Constitución Política, se dirige al juzgador y supone la existencia de
estatutos permisivos o favorables que coexisten junto a normas
restrictivas o desfavorables. La aplicación preferente de la norma
favorable no significa la inconstitucionalidad de la desfavorable dejada
de aplicar, tacha que sólo puede deducirse de su autónomo escrutinio
frente a la Constitución.”

(...)

“El juez al asumir la función de intérprete genuino de dos


disposiciones penales, igualmente especiales, está positivamente
vinculado, como todo hermeneuta en materia penal, por la norma que
obliga a optar de manera preferente por la ley permisiva o favorable,
máxime cuando ésta es posterior en el tiempo y comprende en su
contenido la materia tratada por la anterior (C.P. art. 29)”3.1

Que el principio de favorabilidad como parte integrante del debido


proceso, es de aplicación inmediata (art. 85 C.P.), significa solamente
que puede exigirse o solicitarse su aplicación en cualquier momento,
pero con la condición de que la nueva ley más favorable se encuentre
rigiendo. La decisión de si procede o no la aplicación de tal derecho es
un asunto que corresponde determinar al juez competente para
conocer del proceso respectivo, lo cual no quiere decir que aquélla
deba ser siempre en favor de quien lo invoca.

“El debido proceso es un derecho de estructura compleja que se


compone de un conjunto de reglas y principios que, articulados,
garantizan que la acción punitiva del Estado no resulte arbitraria.
Como acaba de ser explicado, algunas de las reglas constitucionales
que configuran este derecho son de aplicación inmediata y anulan
cualquier norma que las limite o restrinja. Así por ejemplo, el derecho
a la legalidad del delito y de la pena no admite restricción ninguna,
1
3 Sentencia C-301 de 1993, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
como tampoco el principio de la no reformatio in pejus, o el principio
de favorabilidad (C.P. art. 29).”

6. De otra parte frente a los elementos característicos de la vigencia


del principio constitucional de la favorabilidad en materia penal,
aplicable igualmente en materia disciplinaria, la Corte ha precisado lo
siguiente:

“Entra entonces la Corte a hacer ciertas precisiones necesarias, en


relación con el principio de favorabilidad y la aplicación de la ley en el
tiempo. En principio, toda disposición legal surte sus efectos
atribuyendo consecuencias normativas -deontológicas- a aquellas
situaciones de hecho que cumplan dos condiciones: 1) que sean
subsumibles dentro de sus supuestos, y 2) que ocurran durante la
vigencia de la ley. Con todo, tanto en materia penal como disciplinaria,
en virtud del principio de favorabilidad, “la ley permisiva o favorable,
aun cuando sea posterior, se aplicará de preferencia a la restrictiva o
desfavorable” (C.P. art. 29, resaltado fuera de texto). Es decir, las
normas más favorables son susceptibles de ser aplicadas
retroactivamente, como si hubieran estado vigentes en el momento
en que ocurrieron los hechos. Esta aplicación retroactiva es
susceptible de darse incluso cuando, durante el proceso, la norma más
favorable también es derogada. Ello no supone una aplicación
ultractiva de la ley, pues ésta se aplica en el momento en que ocurre la
conducta establecida en el supuesto normativo, no en aquél en que la
consecuencia normativa es materialmente llevada a cabo por el ente
disciplinario o por el juez. Por lo tanto, la Corte descarta que las
disposiciones demandadas aun sean aplicables en virtud del principio
de favorabilidad, pues este principio no les da carácter ultractivo a las
disposiciones derogadas, haciéndolas aplicables a conductas ocurridas
con posterioridad a su derogatoria”42.

EN EL CASO CONCRETO

De acuerdo con la Jurisprudencia transcrita, se puede concluir, que la


suspensión condicional de la ejecución de la pena que me fue
otorgada por su Despacho, se hizo bajo dicho principio y debe
mantenerse contrario a los argumentos de la señora Procuradora 232
Judicial Penal I, quien apartándose de su verdaderas funciones que
tiene a su cargo: a) la vigilancia del cumplimiento de la Constitución,
las leyes, las decisiones judiciales y los actos administrativos; b) la
protección de los derechos humanos con el auxilio del Defensor del
Pueblo; c) la defensa de los intereses de la sociedad; d) la intervención
en los procesos y ante las autoridades judiciales o administrativas,
cuando es necesario para defender el orden jurídico, el patrimonio
público, o los derechos y garantías fundamentales de las personas.
Como parte de su rol de intervención en los procesos, tiene la facultad
de actuar en el procedimiento penal por sí mismo o a través de los
personeros municipales y distritales, en calidad de dos cosas: a) Como
garante de los derechos humanos y de los derechos fundamentales y;
b) Como representante de la sociedad, pero en el presente evento por
el contrario, el Ministerio Público en cabeza de la Doctora María
Catalina Jaramillo González, pretende que se revoque un subrogado
legalmente otorgado en aplicación al principio constitucional de
favorabilidad, presentando un recurso de reposición y apelación única
y exclusivamente con fines estadísticos, porque no es un secreto para
nadie que lamentablemente esa es la misión del Ministerio público y

2
4 Sentencia C-329 de 2001.
no la de ejercer las funciones que les corresponde por mandato
constitucional.

En efecto, el artículo 29 de la Ley 1709 de 2014 modifica el 63 del


Código Penal al prever que la pena privativa de la libertad será
suspendida por un periodo de prueba de dos (2) a cinco (5) años, a
quien le sea impuesta prisión que no exceda los cuatro (4) años,
siempre que carezca de antecedentes y no haya sido condenado por
alguno de los delitos previstos en el inciso 2 del artículo 68 A de la Ley
599 de 2000.

Así las cosas, acatando lo dispuesto por la Corte Constitucional, se


debe reexaminar la suspensión condicional de la ejecución de la pena,
como efectivamente se hizo en la providencia atacada por el
Ministerio Público, teniendo en cuenta que la principal impuesta fue
de 14 meses y 15 días de prisión, por el delito de hurto calificado en la
modalidad de tentativa por hechos acaecidos el 25 de enero de 2003,
que carezco de antecedentes de todo orden y que el único proceso
que existe en mi contra es el que aquí se ejecuta ; por lo tanto, la
norma aplicable en el presente evento es el artículo 63 del Código
Penal en su forma original pues para su aplicación se requiere : i) Que
la pena impuesta sea de prisión que no exceda de tres (3) años, ii) Que
los antecedentes personales, sociales y familiares del sentenciado, así
como la modalidad y gravedad de la conducta punible sean indicativos
de que no existe necesidad de ejecución de la pena, requisitos que en
mi caso se hallan reunidos a cabalidad, cumpliendo siempre con las
obligaciones que me fueron impuestas, nunca he tratado de huir ni
evadir el cumplimiento de la sanción, por el contrario, he estado
atento a los requerimientos del Juzgado, demostrando que aunque
cometí hace más 12 años una infracción a la ley penal no soy un
avezado delincuente, ni cometí un delito atroz, para que se me exija el
cumplimiento total de la pena intramuros o domiciliaria y que el
delito por el que fui condenado no está excluido de dicho beneficio,
teniendo en cuenta que las exclusiones a que se refiere la señora
Procuradora están contenidas en el artículo 68 A del código Penal fue
introducido por la Ley 1142 de 2007, el cual no estaba vigente para la
fecha de comisión de los hechos, por ende no debe aplicarse en mi
caso en contravía al principio de favorabilidad, y mucho menos aplicar
la jurisprudencia por ella transcrita toda vez que la sentencia a la que
se refiere fue emitida por la Corte Suprema de Justicia el 17 de junio
de 2015 en torno al sentido y alcance correctos de los artículos 63 y
68 A del Código Penal modificados por los artículos 29 y 32 de la Ley
1709 de 2014, y no a la norma original que es la que me favorece,
argumentos que no fueron estudiados en la providencia del 26 de
noviembre de 2015.

Por todo lo anterior ruego atentamente tener en cuenta mis


argumentos como sustento del recurso de apelación que interpongo
contra dicha providencia, para ante la Sala Penal del Tribunal Superior
de Bogotá, el cual solicito sea otorgado de conformidad con lo
normado en el artículo 190 de la Ley 600 de 2000 aplicable en este
evento, pues si bien es cierto que la providencia del 26 de noviembre
de 2015 contra la cual interpongo el recurso no sería susceptible de
recurso alguno, y como consecuencia de dicha decisión adquiero
interés jurídico para recurrir. Atentamente,

XXXX
C.C. XXXX
XXX

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