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¿qué es la política?

Alain Badiou

El filósofo francés Alain Badiou, autor del libro “El ser y al acontecimiento”, es
profesor de la Universidad de París VIII Vincennes y del College International de
Philosophie. Esta es la desgrabación de su conferencia pública, dictada el 25 de abril en
la sede de ATE.

Actualmente la pregunta acerca de qué es la Política es parte de la política misma. No


siempre es así. Hay períodos en que se sabe qué es la política y se intenta hacer la mejor
política posible. Actualmente la situación es más complicada porque al mismo tiempo
que intentamos hacer política nos vemos obligados a preguntarnos qué es la política y
nos vemos obligados a inventar algo nuevo sobre la política. Cuando nos preguntamos
qué es la política, de alguna manera ya estamos haciendo política; en las condiciones de
hoy que son ciertamente las condiciones de una crisis de las ideas políticas. En la
historia hubo muchas definiciones de la política y podemos ver que hoy todas las
definiciones están en crisis. Quisiera recordar algunas. Desde hace mucho se define a la
política como la búsqueda de un buen gobierno y de la constitución adecuada. Es la
definición de Aristóteles. Sabemos que esta definición es insuficiente, porque para que
haya política no basta con que haya un buen Estado y una buena constitución. Es
necesario que exista un sujeto político actuante.

También se define a la política como la lucha por la conquista y la conservación del


poder. Es la definición de Maquiavelo. Pero sabemos que esta definición es insuficiente,
porque muchas cuestiones de política no son cuestiones de poder. Hay otra cosa en la
actividad política, más que la lucha por el poder.

También se dijo que la política era la lucha de clases. La lucha de clases dirigida por un
partido y llevada al comunismo. Pero nosotros sabemos también que actualmente esa
definición ya no basta. Ciertamente hay una lucha de clases en la sociedad, pero la lucha
de clases no produce mecánicamente una política y en ese contexto de la lucha de clases
tenemos que inventar ideas y políticas de organización que no provienen de las clases en
su lucha. Estos no son más que algunos ejemplos.

Actualmente nos preguntamos entonces qué es la política de la emancipación. Y este es


el signo de que se acaba una época de la política y que tiene que comenzar una época
distinta. Algunos dicen que las ideas políticas se acabaron y que tenemos que
conformarnos con la gestión de los negocios. Para mí eso es renunciar a la humanidad
Lo otro es la lucha de las especies: hombres que tienen intereses, que se pelean por esos
intereses y que gana el más fuerte. Es la política en el sentido de Darwin y eso es lo que
nos propone actualmente el mundo: un mundo de animales competitivos.
Si nos desentendemos de la política, caemos en la barbarie animal. Y estamos hartos de
esto. La pregunta por la política tiene que ver con la lucha contra la barbarie, una nueva
barbarie, que es la barbarie de un mundo totalmente sometido a la

dictadura de la economía. No hay otro remedio para esta barbarie que las ideas mismas
que nosotros podemos aportar colectivamente. Tenemos que abrir una nueva época y
estamos a cargo de la humanidad entera. Cuando discutimos esto con total libertad
tenemos que saber que no se trata de cuestiones literarias. Es la cuestión de la que
depende un porvenir muy amplio. En el fondo la cuestión de la política no es táctica,
aún cuando haya muchos problemas cotidianos que lo sean. La pregunta de la política es
¿en qué se va a transformar la sociedad? ¿Tenemos alguna idea al respecto o no
sabemos nada al respecto? ¿Pensamos solamente que existe el poder o pensamos que el
pensamiento puede cambiar el curso de las cosas?. Esa es la cuestión central en la
actualidad: política o barbarie.

Yo me he propuesto analizar la cuestión de la política a partir de tres términos: en


primer lugar los movimientos - los populares, los de masas, los de protesta o rebelión-,
en segundo lugar la cuestión del poder del Estado, y en tercer lugar las organizaciones
de partidos.

En el siglo XX la idea central había sido la de partido. A partir de la obra de Lenin a


principios de siglo hubo una tentativa de reorganización de la política de emancipación
en torno de y a partir de la idea de partido. Esta fue una idea muy fuerte del siglo XX. Y
lo que está en crisis es esta idea: ya no podemos seguir identificando política y partido.
Tenemos que partir entonces de los otros dos términos, los movimientos y el poder del
Estado, y saber en estas condiciones qué puede ser la política.

Hay movimiento cuando hay una acción de ruptura, que está fuera de cualquier
repetición, una acción nueva, inventada y que crea tiempo y espacio. Ese movimiento
debe conllevar una idea igualitaria o proponer un paso más hacia la igualdad. No hay
movimiento si sólo hay una reivindicación particular e interesada. Hay movimiento si la
reivindicación puede implicar a todos. Un movimiento concebido de este modo aparece
como un acontecimiento, como algo que sucede. Por supuesto que puede estar
preparado, organizado, pero en un verdadero movimiento hay algo que no pudo ser
previsto, que no pudo ser organizado, que es más que lo que se previó u organizó. En
muchos casos es algo absolutamente inesperado. Ese elemento es el que voy a llamar
acontecimiento: algo que no está en dentro de la lógica de la situación, algo que está
más allá, algo que incluye un elemento de sorpresa. Ese elemento es lo que permite al
movimiento acercarse a la igualdad, porque un movimiento previsto, organizado,
calculado, es forzosamente un movimiento que refleja la situación, la relación entre
grupos sociales, que dice sus reivindicaciones. Pero para ser movimiento debe ser más
que eso. Un verdadero movimiento es algo que inventa una idea igualitaria sobre un
punto en particular, cualquiera sea ese punto. Puede tratarse de un movimiento obrero,
de trabajadores, de jóvenes, de mujeres, de trabajadores extranjeros. En todos los casos
existe este elemento suplementario que hace que vaya más allá del grupo y que implique
a todos. Por eso hay más que reivindicación. Siempre hay reivindicaciones en los
movimientos, hay pedidos, pero un acontecimiento político es más que estos pedidos.
Entonces, podemos decir que no hay política sin acontecimiento. No hay política sin un
entendimiento suplementario que la situación no nos permite crear.
Una parte de la política consistirá en saber qué hacemos con este acontecimiento, cómo
se piensa y se actúa a partir de este acontecimiento, cómo se transforma la situación a
partir de él. La política no es pensar partiendo de la situación solamente, es pensar a
partir de lo que está más allá de la situación y que es construido por el acontecimiento.
Voy a definir la política como la fidelidad a un acontecimiento, fidelidad que exige con
frecuencia organización y disciplina, pero que trabaja dentro de la situación a partir de
algo que está más allá de la situación. Entonces la política es la fidelidad a lo nuevo.
Eso es lo que quería decir respecto al movimiento.

Del otro lado tenemos el poder del Estado. Yo llamo Estado a mucho más que el
gobierno, la policía o la justicia. El Estado es lo que controla a los partidos, es todo lo
que da poder frente a la sociedad. Por ejemplo, la economía es parte del Estado porque
es la organización principal del poder. El Estado es la sociedad concebida como poder
sobre cada uno. Es aquello que siempre dice dónde y cuáles son los lugares; lo que dice
a las personas y a los grupos cuáles son sus lugares, lo que indica cómo debemos
movernos, cuál es el camino. El Estado es un poder de disposición de las cosas. Es al
mismo tiempo aquello que pone a cada quién en su lugar y que indica cuál es el camino
obligado para pasar de un lugar a otro. Es lo que impide trastornar los lugares y también
lo que prohíbe implementar proyectos. Es importante señalar que el poder del Estado de
manera general no es mensurable. Es un poder que conocemos todos nosotros pero que
no conocemos exactamente

cuál es su medida. Es un poder indeterminado y eso es lo que yo llamo poder. Voy a


explicarlo más sencillo. Todo el mundo conoce actualmente las leyes de la economía y
no se puede escapar de esas leyes. El universo económico es un universo que obliga. Es
un argumento esencial de los políticos de la economía actuales el decir que "se ven
obligados" a hacer lo que hacen porque la economía "es lo que es". Entonces es claro
que la economía es un poder, que impone leyes. Pero ¿cuál es el poder de este poder?
¿Por qué le tenemos que obedecer? En cierto sentido nadie lo sabe. Nos las estamos
viendo con un poder que es móvil e indeterminado y estamos tanto más obligados a
obedecer cuanto menos conocemos la naturaleza de ese poder. Pienso que es una
característica fundamental del Estado el que es un poder, pero nadie puede determinar
este poder. Y por eso estamos sometidos, porque no conocemos el poder al que estamos
sometidos. Sigue siendo indeterminado, vago, absoluto.

Lo que hace un movimiento es decir en un punto determinado cuál es el poder del


Estado. Esto es central con lo que tiene ver con la pregunta por la política. Donde hay
un verdadero acontecimiento político, hay un final del carácter indeterminado del poder
del Estado. La gente se levanta y dice "este es el poder del Estado frente a nosotros, es
como nosotros decimos que es". Un movimiento, un acontecimiento político, es lo que
fija una medida del poder del Estado, es lo que obliga al Estado a mostrar realmente
cuál es su poder. El poder existe continuamente pero no está determinado, sólo el
acontecimiento nos da una medida real de ese poder. Un acontecimiento político es lo
que permite a cada quien mantenerse a distancia del Estado en tanto ha fijado su poder.
En realidad en la vida cotidiana estamos sometidos al estado de las cosas porque
dejamos que el poder esté indeterminado. Una revuelta, una rebelión, un movimiento es
algo que va a fijar este poder y nos va a permitir mantenernos a distancia de este poder.
Esta distancia es la política misma. En esta distancia podemos construir un tiempo y
lugares políticos. Para decirlo de una manera psicológica, en esta distancia dejamos de
tener miedo porque la política es el final del miedo. Es el final del miedo por razones
muy precisas, porque ya no tenemos miedo algo indeterminado. Podemos vérnosla con
un poder muy grande, pero podemos ver las consecuencias. Vamos a llamar política a la
acción que trabaja por la igualdad a partir de un determinado valor fijo del poder del
Estado, valor que ha sido fijado por un acontecimiento. El esquema general es: algo
sucede, algo imprevisible y colectivo, la posibilidad misma de este surgimiento hace
que se pueda medir, fijar el poder del Estado y entonces es posible mantenerse a
distancia del Estado y dejar de tener miedo. En esta distancia podemos inventar un
nuevo tiempo y lugar.

Querría dar tres ejemplos muy diferentes para aclarar este tema Cuando en 1917 Lenin
organiza la insurrección en Rusia lo hace bajo dos condiciones: en primer lugar, que el
Estado está debilitado por la guerra y en segundo lugar, el poder recae en los Soviets.
La aparición de los Soviets da una medida del poder del Estado, que el poder del Estado
es débil. La insurrección como decisión se sitúa en la dimensión de un acontecimiento
creador, la implantación colectiva de los Soviets, y de una cierta distancia del poder de
Estado, que permite fijarlo como débil. La insurrección es el resumen de estas dos
cosas.

Mi segundo ejemplo es en cierto modo contrario. Cuando Mao dice que hay que llevar a
cabo una guerra prolongada, que hay que disponer las fuerzas en el campo, lejos de los
centros urbanos y con la paciencia de una guerra larga, tiene dos elementos.. por un
lado, la existencia de un movimiento campesino que es un acontecimiento, una
invención popular, y que hace posible instalarse en los campos; y por otro lado, tiene el
juicio de que el Estado el fuerte, tiene una medida de la fuerza del Estado. Como el
Estado es fuerte, el resumen político lleva a otra manera de inventar tiempo y espacio:
en el primer caso se trata de Soviets obreros en las grandes ciudades y de una
insurrección sincronizada; y en el segundo caso de instalar ejércitos en el campo y de
una guerra prolongada. Pueden ver entonces que en la política siempre existe un
acontecimiento popular (el surgimiento de los Soviets obreros o el movimiento
campesino), una determinación del poder del Estado (es fuerte o es débil) y existe la
construcción de un espacio y un tiempo (las ciudades y una insurrección rápida o por el
contrario instalarse en el campo para una guerra larga).

El tercer ejemplo podría ser el del subcomandante Marcos en Chiapas. Hay un


movimiento interno de las comunidades rurales, hay un juicio establecido de la relación
con el Estado y la medida exacta de su poder, que es semi-fuerte, y hay una presencia
organizada, territorial, y la perspectiva de una negociación prolongada.

Finalmente, nuestro principal problema en la actualidad es saber cómo podemos


determinar el poder del Estado. Esta es la tarea más difícil porque el estado se presenta
como algo considerable e indeterminado a la vez. Es una fuerza única e irresistible bajo
el nombre de economía y es indeterminado porque no es inmediatamente represivo
como una medida policial o militar. La democracia quiere decir un carácter
especialmente indeterminado del estado de las cosas, no podemos tener una
representación clara del poder del Estado. Los gobiernos actuales son relativamente
ridículos, el poder está en otro lado y no representado en los Estados en sentido estricto.
Entonces lo que nos tenemos que preguntar es qué acontecimientos pueden mostrar el
poder del Estado actual y qué medida tiene este poder. Para esto creo que tenemos en
primer lugar que organizar proyectos comunes, movimientos sociales con objetivos
nuevos, crear vínculos ahí donde los vínculos son imposibles. Y creo en el carácter
absolutamente central de los vínculos entre trabajadores e intelectuales, no en el sentido
de que el intelectual aporta conciencia sino en el sentido de una especie de Conexión
imprevisible. En la experiencia francesa, en los silos '70 hubo conexiones de este tipo y
las perdimos, fueron desacreditadas, muchos intelectuales se cansaron dc ellas. El
enemigo principal de la política es el cansancio. Debemos reinventar estos vínculos, no
reeditarlos sino reinventarlos.

Creo entonces que existen tres problemas: los movimientos, el poder del Estado y la
organización paciente y constante de nuevos proyectos subjetivos, algo que proponga
una articulación distinta de la sociedad, algo que provoque que nos movamos distinto en
la superficie de la sociedad. Si tiene que haber organizaciones políticas, y creo que son
indispensables, se debe pensar en que la mayor cantidad de personas estén en un lugar
distinto adonde deberían estar, es necesario ir adonde no deberíamos ir, cualquiera sea
la dificultad de esta trayectoria. Este es un ejemplo de proyecto desinteresado. Es
fundamental afirmar hoy que la política es desinteresada, porque la lógica del mundo
actual es la del interés. Tenemos que afirmar categóricamente que la política es tan
desinteresada Como el arte, que hacemos política por la política misma. La política no
es un medio, es una afirmación, la afirmación de que otro mundo es posible. No
necesitamos cambiar el mundo para afirmar esto, sólo cambiar algo porque queremos
hacerlo. Hay necesidad de organizaciones políticas colectivas, pero no representativas
de un grupo o interés particular sino cuya tarea sea afirmar la política, organizar
trayectos nuevos, hacer circular ideas no dominantes y que de ese modo estén
participando de la invención de la política. Si la política es creación en este sentido, la
organización política es un grupo creador y no un instrumento ni un aparato. Es un
grupo de creación que no corresponde a ninguno de los grupos que el Estado ha
definido. Esta es la pista que podemos seguir en este principio de siglo para reinventar
el arte de la política y la alegría colectiva de la política en este mundo tan triste.