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Libros de Cabecera

Levitsky Steven: “Del sindicalismo al clientelismo: la


transformación de los vínculos partido-sindicato en el peronismo
argentino” en la transformación del justicialismo. Del partido
sindica al partido clientelista, 1983-1999. Siglo veintiuno Editora
Iberoamericana, Bs. As., 2005.
2
Torres, Pablo: Votos, Chapas y fideos. Clientelismo político y
ayuda social. De la campana, La Plata, 2002

Estado de Malestar-
Introducción: Presidencia de Menem. Cambios
políticos, económicos y sociales.
Funcionamiento de los sindicatos a partir de los 80-
Importante su funcionamiento en los 90.
Que es el neoliberalismo
Nuevas organizaciones sociales (planes trabajar) en
los 90.

Los 90- Políticas neoliberales-Clientelismo político

Hipótesis
El Clientelismo Político surge como consecuencia de un Estado de
malestar ante el neoliberalismo.

Neoliberalismo: Nuevas formas de organización social y prácticas


culturales.

El Clientelismo Político

1
La derrota del Partido Justicialista en el año 83 trae consigo el debilitamiento del lazo
entre el PJ y el Sindicato y surge, dentro del mismo, un movimiento renovador
conformado por políticos urbanos progresistas, caudillos provinciales y sindicato de
centro izquierda, que pretendían ampliar la convocatoria electoral del PJ y reemplazar
las estructuras sindicales por una organización territorial. Esto conlleva a una
transformación cualicional: de ser un partido urbano con fuertes influencias en el
movimiento obrero, pasa a ser un partido clientelista.
Hasta mediados de los años 80 una de las formas principales de construcción política
del PJ era a través de los sindicatos, mientras que en la década del 90 la forma de
patronazgo o clientelar fue el vínculo principal entre el PJ y sus activistas, a través de
estos, con las clases populares.
Steven Levitsky1 propone que en década del 90, los sindicatos cayeron de forma
abrupta, y se consolida el clientelismo a raíz de dos legados: por un mecanismo
puramente electoral para la selección de dirigentes y candidatos, y por una
fragmentación política organizativa del sindicalismo.
El poder del Estado en los conflictos laborales comenzó a achicarse al igual que su
vínculo con los gremios, para la resolución de los mismos. Generando, de forma
implícita, nuevas relaciones entre el PJ y las clases populares. Del Estado laborista se
pasó al Estado clientelar.
La toma de protagonismo de nuevos líderes populares (renovadores) que ya no
dependen de los sindicatos para financiar la política electoral, construye nuevos actores
sociales (punteros políticos, delegados barriales, manzaneras, entre otros) que
funcionan como nexo entre los líderes políticos y los sectores populares. Aquí
comienzan a vislumbrarse los nuevos lazos (políticos – nexos – barrios populares).
El neoliberalismo como paradigma predominante de los 90 se basó en formas de
acumulación económica que respondieron a entidades de financieras y grupos
concentrados a nivel global (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo,
Fondo Monetario Internacional, entre otros).
Esto produjo hacia a los Estados tercermundistas recetas que incentivaban a la des-
sindicalización del movimiento obrero, privatización de empresas estatales,
flexibilización laboral, importación de bienes y servicios, toma de créditos
internacionales (con su posterior engrosamiento de la deuda pública), entre otras.
En dichos países se comenzó a generar una enorme masa de desocupados,
trabajadores precarizados, altos índices de analfabetismo, políticas estatales de
exclusión social, conformada ante todo por una masa importante de desocupados y
subdesocupados.

1
Levitsky Steven: “Del sindicalismo al clientelismo: la transformación de los vínculos partido-sindicato en
el peronismo argentino” en la transformación del justicialismo. Del partido sindica al partido clientelista,
1983-1999. Siglo veintiuno Editora Iberoamericana, Bs. As., 2005.

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Formas de clientelismos, aumento de la pobreza y de la economía informal, incremento
de la delincuencia y la corrupción, abren la brecha para plantearse el problema del
Estado. Lo que Torres plantea del Estado en el neoliberalismo es que “tiene un papel
epistemológicamente secundario, reducido en lo esencial a hacer respetar el libre
funcionamiento del mercado mientras que asegura la existencia de ciertas redes de
seguridad social para los mas pobres”2.
Y a lo que Escalante agrega: “Estados débiles por falta de recursos, porque el
presupuesto público era precario” (…) Estados débiles porque eran incapaces de
imponer el cumplimiento de la ley, porque no había ni funcionarios ni recursos
administrativos, ni policía ni administración de policías insuficiente (...) Estados
incapaces de administrar, de ordenar la vida social o poner freno a la corrupción, todo lo
cual se traducía en el aumento de la economía informal y la obstrucción permanente del
crecimiento económico”3

El campo de acción ya no es la fábrica (relación: Estado centralizado con jefe de hogar)


sino el barrio, la villa o el monoblock (Estado descentralizado - nexos - familia). Por lo
tanto, se puede asegurar que es la ausencia de un Estado fuerte que garantice los
derechos individuales de la población y los beneficios de toda la sociedad
(Universalidad) lo que posibilita las prácticas clientelares.
Pablo Torres, en su libro “Votos, Chapas y fideos. Clientelismo político y ayuda social”
remata: “Los derechos continuamente vulnerados de los sectores más débiles
económicamente y la ausencia de pautas previas, reconocidas y universales, en la
implementación de las prácticas de asistencia tornan al campo asistencial un lugar más
propicio aún para la conformación de relaciones clientelares. El cóctel explosivo de
fuertes carencias, desocupación, focalización y privatización de las políticas sociales
hace necesaria la búsqueda de cualquier alternativa, por parte de los pobres, para
accedes a recursos tan necesarios como escasos”. Por lo que se puede ver que una
parte importante de la población no está en condiciones de acceder a los servicios,
pues para sobrevivir en su vida cotidiana debe generar lazos y constituir redes con
aquellos que sí disponen de acceso a los recursos del Estado.

Javier Auyero4 pretende ilustrar el funcionamiento diferente de las redes clientelares de


los sectores pobres del Gran Buenos Aires, Santiago del Estero, Salta Y Neuquén.
En villas y barrios pobres del país, una de las maneras de satisfacer las necesidades
básicas de alimentación y salud de los pobres es a través del partido político (Partido

22
Torres, Pablo: Votos, Chapas y fideos. Clientelismo político y ayuda social. De la campana, La Plata,
2002
3
Escalante, Fernando; “Baile de máscaras. Conjeturas sobre el Estado en América Latina”, Nueva
Sociedad, Nº 205,
4
En “Clientelismo Político. Las Caras ocultas”. Auyero, Javier. Capital Intelectual, Bs. As., 2004.

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Justicialista) quien tiene el acceso directo a los recursos estatales, sean estos
nacionales, provinciales o municipales.
Indaga desde los modos en que las redes clientelares operan antes y durante episodios
de protesta, hasta las maneras que estas habrían funcionado durante la últimos
saqueos en la Argentina (2001) y propone mirar al clientelismo desde abajo hacia
arriba, desde los clientes hacia quienes hacen política. Sobre las visiones que tienen los
propios clientes.
Según el autor los medios de comunicación, y lo analistas políticos han hablado de
clientelismo político para señalar su expansión desde duras críticas y desde un lugar de
desconocimiento acerca del funcionamiento de esta práctica. Se refieren a los punteros
como manipuladores, compra votos, pequeños criminales, y a los clientes “como ciegos
y sordos que responden a un plan jefas y jefes de hogar” (entre otros planes). Se
fundan estereotipos en torno a estas prácticas: como nexos para llenar estadios durante
un acto partidario, ganar elecciones, “favores por votos”, los clientes como seres
pasivos, como punteros visibles entre los saqueadores.
Ni los punteros, dice Auyero, son sujetos extraños a la vida cotidiana de los barrios
populares, ni los clientes son victimas pasivas, autómatas, que responden con su
asistencia a un voto en una interna cada vez que se hace un favor o se les concede un
bien.
Los favores entre el puntero político y el cliente, los favores personales, generan una
red de relaciones y creencias cotidianas, una red de resolución de problemas. Esta red
funciona gracias a los contactos personales que los punteros tienen con funcionarios
municipales o provinciales y que permiten el acceso a recursos del Estado.
En los intercambios cotidianos se genera un conjunto de percepciones que justifican la
distribución personalizada de bienes y servicios. Los intercambios son vistos desde el
cliente como algo normal, como parte del orden de las cosas, como una práctica natural
de la vida del barrio.
Se construyen lazos que congelan un determinado balance de fuerzas: “cuanto más
intima es la relación”, cuanto más se comparte la ideología de “cuidado por los pobres”,
de “ayuda social” propuesta por los referentes, más completa será entonces la negación
de la asimetría que une al dirigente con el “cliente”. Dar, hacer un favor termina siendo
así una manera de poseer”, explica el autor. Y agrega que tanto los clientes como los
punteros hablan de confianza mutua, de solidaridad, de trabajo en conjunto, de una
gran familia a la hora de definir este tipo de relaciones y que si bien los intercambios
que allí efectivamente tienen lugar están lejos de generar derechos ciudadanos, lo que

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Torres llama, tomando los aportes de Texiera “Ciudadanía invertida” , sí edifican
relaciones de ayuda mutua, lealtades y solidaridades interpersonales.
Para Torres dentro del clientelismo se pueden visualizar dos esferas, una formal y otra
informal donde es “complejo determinar con precisión cuándo un individuo está
actuando según las reglas de una o de otra”
Desde una esfera formal el clientelismo político puede ser visto desde una gramática
cultural de dominación-subordinación, donde los actores que la atraviesan confieren un
determinado poder que los posiciona en forma diferente para su actuación. Las
relaciones de intercambio son verticales (de arriba hacia abajo) e intrínsicamente
asimétricas constituyendo así una relación de dominación ejercida desde el patrón, que
presta determinados bienes o servicios, bienes o favores a sus clientes, a través de los
mediadores.
En cambio desde la esfera informal la gramática cultural responde a una gramática de
solidaridad donde los actores que participan en la red clientelar (mediadores/clientes)
constituyen lazos de amistad y solidaridad.
En este sentido el mediador (puntero), si bien tiene una ventaja importante sobre el
resto en lo que hace a la resolución de problemas, pues cuenta con el acceso al
monopolio de los recursos estatales a través del funcionario político, no sólo puede ser
visto como un intermediario entre estos y los clientes. No puede determinarse esta
relación como una simple transacción.
Como explica anteriormente Auyero las relaciones clientelares se fundan y se
mantienen entre los actores por factores subjetivos que los atraviesan: las creencias, los
hábitos, las presunciones, etc.

Para ambos autores un concepto empobrecido para definir al el clientelismo político es


decir que dicha práctica se limita a los favores por votos, a la dominación de los que
tienen (patrones) sobre los individuos que carecen, y estos como simples autómatas
que en épocas de elecciones son llevados o “acarreados” con la promesa de una bolsa
de comida, medicamentos, etc., al acto partidario.
Auyero cuenta que la participación al acto de los clientes es “espontánea”, nadie está
obligado a concurrir, resulta para muchos “una oportunidad para evadir lo opresivo y
cansador de la vida cotidiana de la villa, como una forma de distracción (…) significa
asistir a una fiesta, una oportunidad para juntarse con amigos, bailar, tocar los bombos.
El acto como parte de su trabajo, parte de la jornada laboral, como forma de


“Implica que las personas, por el sólo hecho de solicitar ayuda a las instituciones de asistencia reconocen
implícitamente su incapacidad de ejercer su coedición de ciudadanos, por lo que el individuo es
considerado un “necesitado” y la relación que establece con el Estado deja de ser de ciudadano para pasar a
ser beneficiario. Se considera de esta forma a los pobres como no-ciudadanos, pasando a ser no sólo
carentes en lo material, sino mucho más aún: pobres políticos en tanto y en cuanto su coedición de no-
ciudadanos les otorga como único capital político el sufragio. Y es entorno a este pequeño patrimonio que
ingresan a las redes clientelares y, a través de ellas, a una participación política sumamente devaluada,
pero, preferible antes que la marginalidad política total”.

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agradecimiento por lo que se recibe” y no como una obligación recíproca a cambio del

trabajo obtenido o el favor realizado, sino como una negociación colectiva que poco
garantiza resultados electorales.
Visto desde la óptica de Steven Levitsky, la Unidad Básica opera como mediador entre
el barrio y los recursos del Estado, él propone que donde el Estado no se hace presente
está la Unidad Básica, y no limita su accionar a cuestiones meramente electoralistas,
con varios ejemplos, el autor, muestra los diferentes aportes, en salud, deporte, cultura,
asistencia jurídica y demás, que hacen los mismos en los diferentes barrios donde
trabajan.

El clientelismo, en palabras de Auyero, como “una forma de control político, que se


nutre de la violencia estructural, ya que su persistencia e indiscutido crecimiento y vital
durante la última década hay que ubicarlos en el contexto de la explotación del
desempleo y de la pobreza, explosión que arroja a millones de ciudadanos a
condiciones de extrema vulnerabilidad”

÷
Frente a un “Estado de malestar” forma que asume el Estado durante el
neoliberalismo, frente a un Estado que se descomprímete de las relaciones laborales, y
reemplaza las políticas públicas universales favoreciendo el deterioro de los derechos
ciudadanos, frente a un “Estado fuerte, sí, en su capacidad de romper el poder de los
sindicatos y en el control del dinero, pero parco en todos los gatos sociales y en la
°
intervenciones económicas”  ,los individuos deben recurrir a estas redes no sólo para
el acceso a un plan, sino también a la comida, a los medicamentos, a un trabajo, una
pensión etc. El referente, la institución que le brinda no es el Estado Nacional, Provincial
o local, pues el Estado no es percibido como el agente distribuidor de bienes sino que
es el mediador quien es visto, según el trabajo de investigación de Auyero, como los
responsables por la distribución de los bienes.


“Se crean lazos políticos personalizados, cotidianos, que generan solidaridades, lealtades, y que se
naturalizan. Esto permite que el peronismo funcione como una organización con penetración territorial.
Cualquier partido político moderno tiene el problema de cómo funcionar entre elecciones. Esto resuelve
este problema porque crea un aparato para los 365 días del año. Mantiene al partido activo. Y hay
evidencias de que los punteros le dan el sobre a la señora en el comedor para que vaya a votar. Ahora,
esto no significa una capacidad total de la máquina para conquistar el voto”. Javier Auyero - Fragmento
obtenido del diario Página 12-Noticia publicada el Domingo, 8 de Agosto de 2004 – “Los límites
reales del clientelismo”- Entrevista de José Natanson a Javier Auyero

“Lo llamamos Estado Malestar por oposición al Estado de Bienestar. Si este último tenía por objetivo
la vida que el capital productivo necesitaba para continuar valorizándose; el Estado de Malestar se
concentrará sobre la muerte, es decir sobre la vida que ha prescindido el capital cuando éste se ha
reconstituido desde la especulación. Su objetivo no será la vida sino la muerte. Un Estado que se ha ido
descomprometiendo (desregulando, ajustando, privatizando) de un cierto número de problemas que hasta
ahora (hasta el desmantelamiento del Estado Social), constituía su razón de ser, su fundamento. El Estado
de Malestar como la administración de la muerte. Gestionar la muerte es gestionar la vida que no vale,
que ya no necesita el Capital (Financiero) para poder valorizarse”. Rodríguez Esteban –“ Tesis sobre La
Crisis de representación Entre la captura y la autonomización de la vida”.
°
Torres, Pablo: Votos, Chapas y fideos. Clientelismo político y ayuda social. De la campana, La Plata,
2002.

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Dentro del Clientelismo Político, “como un patrón informal de organización política” los
pobres constituyen redes para la sobrevivencia y la pertenencia de aquello que el es
negado por el propio Estado, a través de una relación dinámica y cambiante cierto
numero de intereses se comparten y se solidifican para resistir.

La violencia estructural, el desaliento educativo, el trabajo informal, la corrupción


política, la desfragmentación estatal, la ausencia de un Estado que ampare en lo legal y
jurídico a la sociedad, la falta de políticas proteccionistas para la industria local y la
búsqueda de ahorro (en detrimento del salario), el paso de los Estados Keynesianos a
Neoliberales, el contexto internacional (de penetración económica), la formación de una
sociedad hiper-consumista, la polarización social fueron generando nuevos contratos
sociales y nuevas relaciones entre el Estado y la Sociedad. Si se toma a los diferentes
autores hasta aquí enunciados se puede afirmar que el paso al Clientelismo Político fue
por consecuencia de las nuevas prácticas económicas, sociales y políticas que
atraviesa la Sociedad en su totalidad.

El clientelismo se puede definir como el intercambio personalizado de favores por apoyo


político pero sería una afirmación muy débil, desde el punto de vista normativo parece
que no es la mejor manera de conquistar el voto, acercar voluntades, construir
consensos. Siguiendo las palabras de Aurero:

“La evidencia histórica prueba que lo único que atentó contra las máquinas políticas o
electorales fue el Estado de bienestar. Clientelismo hay en todos los países. En Brasil,
en las favelas de Río de Janeiro, con redes interpenetradas por redes de narcotráfico.
En México, en Estados Unidos. Pero lo que cambia la situación es el Estado de
bienestar. En Estados Unidos, Roosevelt fue un producto de la máquina clientelar del
Partido Demócrata, y a partir del New Deal marcó la defunción de esa maquinaria. La
única manera de que no tengan que acercarse a alguien para que les resuelva estos
problemas es que el acceso esté garantizado” (Entrevista/ Diario Pagina 12).


Levitsky Steven: “Del sindicalismo al clientelismo: la transformación de los vínculos partido-sindicato
en el peronismo argentino” en la transformación del justicialismo. Del partido sindica al partido
clientelista, 1983-1999. Siglo veintiuno Editora Iberoamericana, Bs. As., 2005.

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