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“No soy el primer presidente que intenta llevar a cabo una

reforma de salud, pero pretendo ser el último”.


Barack Obama

“Discurso de Toma de
posecion”

Enero 20 del
2009

Esta frase enmarca la polémica discusión que se lleva a cabo por estos días en el
país de Mcdonals y el rock and roll. Desde hace ya 150 años que no se reformaba
la política de salud para los reyes de la comida chatarra, los cuales desde 1965
han contado solo con programas parches en materia de salud, es así como
Medicare y Medicaid han pasado a ser los únicos establecimientos
gubernamentales que han dado acogida a los retirados y a la población más
pobre, dejando en manos de aseguradoras privadas las demandas de salud de
una gran parte de la población.

Actualmente en Estados Unidos, 47 millones de personas carecen de seguro


médico, la mortalidad infantil ocupa una de las tazas mas altas entre los países
desarrollados, todo esto sobresale al hecho de que E.U.A es el país que más
invierte en salud en todo el mundo (16% del producto interno bruto de la nación),
que lo han hecho acreedor de 87 premios novel de medicina.

Canada, uno de los países que limitan con EEUU, es ejemplo en la


implementación de políticas de salud, ellos poseen una expectativa de vida de 82
años y una esperanza de vida saludable de 76, lo cual supera con creces la de un
ciudadano estadounidense, cuyo promedio de vida llega solo a los 76 años y una
vida gloriosa que no supera los 72.

El prolongado y fallido sistema de salud norteamericano se remonta al gobierno


del presidente Nixon, el cual privatizo el sistema de salud dejando en manos de
aseguradoras privadas las frágiles vidas de sus votantes.

Desde ese momento, las aseguradoras se tomaron el monopolio de la salud,


estableciendo políticas administrativas completamente perjudiciales para sus
afiliados, promoviendo prácticas discriminadoras para los consumidores, tales
como la no cobertura de tratamientos médicos recetados por los doctores, el
rechazo absoluto a personas con condiciones medicas preexistentes, la alza
constante de sus primas, el impedimento de atenciones medicas preventivas,
entre otras. A consecuencia de estas políticas se ha hecho necesaria la creación
de una reforma de salud que garantice acceso a la mayor parte de la población.
Es por esto que Barack Obama, ofreciendo una transformación drástica al sistema
de salud, logró adjudicarse una cantidad importante de adeptos que le permitieron
ganar la presidencia de su país, el mismo que ahora parece no querer dicha
reforma. Este cambio consistirá en crear un “Health Insurance Exchange”, un
mercado de comercio justo para seguros de salud, en el cual el gobierno impone
criterios de transparencia en los procesos de competencia, que deja sin efecto la
exclusión de participación por condiciones preexistentes y la imposición de
periodos de espera para la activación de los beneficios cubiertos.

El conflicto surge cuando estas reformas se topan con los intereses de las
organizaciones que controlan el sistema actual; ya sean las compañías
aseguradoras, farmacéuticas, fabricantes de tecnología médica y grupos de
proveedores, los cuales se muestran contrarios al nuevo mandato, tildando la
iniciativa como una “socialización de la salud”, atormentando a la población con el
surgimiento de una dictadura comunista. Apoyándose en el adjetivo de
inconstitucionalidad, refutan que atropella las libertades individuales e impugnan
aires comunistas a cualquier iniciativa que conlleve una intervención federal y
atente contra las fuerzas del mercado.

Ahora bien, la nueva ley aprobada el pasado 23 de marzo con un estrecho margen
en la cámara de representantes de Estados Unidos, contempla el rechazo de las
practicas discriminatorias de las aseguradoras, subsidios médicos que respalden
la toma de seguros públicos y privados, planes médicos que eviten que las
compañías de seguros cancelen sus coberturas y que impongan limites de gastos
propios, que brinden atención medica preventiva y gratuita. En cuanto a la política
de aborto, no se utilizaran fondos federales para este tipo de prácticas, salvo en
casos excepcionales.

Por otra parte, la preocupación principal es el costo del plan y su supuesta


insostenibilidad, es en este punto donde la prensa resalta la principal debilidad del
plan de Obama, la reforma costará a los contribuyentes 634 mil millones de
dólares, misma cifra que se ocupo en salud durante el gobierno de George W.
Bush solo durante el año 2008. Este plan contempla la distribución de estos 634
mil millones de dólares a un fondo de reserva, para operar durante los próximos
10 años.

Para concluir, no puedo dejar de resaltar la desconcierto que me causo la


realización de este análisis de políticas salud públicas y sus alcances, puesto que
más haya de trepidar la escena política propone el miramiento del letargo de una
sociedad que cada vez se vuelve mas y mas individualista, llegando a poner en
juego la salud de las personas. Mayor es mi asombro al observar que un país con
un producto interno bruto de magnánimos alcances escatime durante años brindar
un mejor sistema de salud a su población. Es aquí cuando veo que estamos
olvidando la dimensión humana del sujeto pasando a resaltar el carácter de
individuos, en donde si el enfermo no es uno mismo no es relevante su
subsistencia, “La salud es un derecho inherente en las personas”. Todo lo anterior
hace necesaria la legislación de políticas públicas que brinden seguridad a los
ciudadanos que a su vez se instaure como una medida preventiva para que se
mantenga el adjetivo humanizante en el individuo.