Maracay, Sábado 30 de abril de 2011

Crónicas del Olvido

El viaje eterno de Gonzalo Rojas
-O S C U R O-ALBERTO HERNÁNDEZaminamos por una calle y nos tropezamos con narices que respiran y flotan en el aire, como en aquel texto de Gonzalo Rojas, "Epístola explosiva para que la oiga Lefebvre (1917-1971)", y entonces, cansado de mirar cielos y amar la vida y la muerte, sentimos que el tiempo ha pasado tan rápido desde aquel 1977 cuando supimos de este poeta chileno que trabajó en Venezuela como docente en la UCV. Al escribir en ese mayestático hincado por el calor social que nos envuelve, intento salirme del ruedo para pasar inadvertido. Pero no puedo con el plural y me hago individuo, pese al desgaste de quienes aún creen saberse parte del vientre colectivo. Me interesa el tono de ese poema, me subleva pensar que soy yo quien camina por Valparaíso, feliz en Cerro Alegre. Me complace saberme objeto de las miradas que pasan a mi lado mientras converso con Gonzalo Rojas en el poema: "...el aire mismo es un exceso/ de nada, tú me entiendes, todo está lleno de nada,/ lleno/ como ese hueco del que nos reíamos/ leyendo a Kafka con el loco Borchers, ¿lo has vuelto a ver/ Juan Borchers?, hueco/ y rehueco todo, no hay piel para esconderse, no hay,/ por mucho lujo que chille, por mucho cemento/ que ondee en la cresta del cielo...". Sí, toco levemente su saco de relleno y siento que me mira sobre la marea que alivia un poco la caminata por esa ciudad de pescadores y artistas. 2.Aquel año 77, joven aún, 1.-

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esta ciudad era un remedo de nuestras nostalgias. Una hora cualquiera cayó en mis manos Oscuro, una bella edición, como la mayoría de las hechas por Monte Ávila, donde vacié la angustia de no conocerlo hasta ese instante. Me acercó a Juan Sánchez Peláez y agregué a mi felicidad que ambos habían sido parte de las costillas del grupo la Mandrágora. Por ahí enfilé mi lectura, por la de saberme conquistado por esa sombra donde el surrealismo pergeñaba la presencia de un poeta chileno, retratado en el cuadro de Vicente Huidobro, publicado en la colección Altazor, para más felicidad. Me inclino por los últimos poemas de la antología donde brillan Entre el sentido y el sonido, Qué se ama cuando se ama, Los días van tan rápidos y varios inéditos que forman parte del gusto de este instante. Por ejem-

plo, "Pericoloso", dedicado a Manuel Bermúdez en Roma en 1974: "Qué rápida la calle vista de golpe, los espejos de los autos/ multiplicados por el sol, qué sucio/ el aire: / y esto era el Mundo?". La pregunta queda colgada del ropero, en medio del hollín de aquella ciudad endemoniada, mientras la poesía continuaba su azar, su peligrosa intrusión en la cotidianidad del mundo. Tanto tiempo el libro abandonado. Se deshoja con facilidad, se le caen las alas, pero sigue diciendo en cada texto lo que el poeta de 85 años nos quiso alertar o sacudir, ahora cuando estrena Premio Cervantes y sigue vivo bajo el techo de un pasillo donde hay un patio central y varios pájaros dementes en una fuente apagada. 3.Exiliado en nuestro país,

Gonzalo Rojas es hombre de constantes, como afirmara Reinaldo Villegas Estudillo: "Entre estas constantes destacaremos las que a nuestro juicio cobran mayor relevancia en el ejercicio creativo del autor... Es, en primera instancia, la preocupación dramática por ese correr vertiginoso, por ese transcurrir torrencial del tiempo... Asimismo, la angustia existencial universal, la inquietud que surge de la brevedad, de lo efímero de la vida, por lo fugaz que resulta el paso del hombre terreno...". Con razón lo sigo, a paso lento. Valparaíso nos ausculta, pregunta por el olor del mar en nuestra garganta. Un solo espasmo es suficiente para leer este poema y seguir vivo: "Del aire soy, del aire, todo mortal,/ del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas,/ pero vuelvo a decirte que los hombres estamos ya tan cerca/ los unos de los otros/ que sería un error, si el estallido mismo es un error,/ que sería un error el que nos amáramos". A esta altura, a 25 años de la primera lectura de este poeta hoy anciano, sabio y hondo, vuelvo en primera persona a lidiar con sus pasos y a tratar de alcanzar su tono mientras lee en voz alta el término del mundo, tan infinito como la mirada vertiginosa y lenta en el lomo de un poema a punto de explotar el universo. Hoy, cuando el poeta de Oscuro se despide, casi centenario, se nos recoge el mundo en los ojos, en la carne que nos queda para afirmar que se trata de una voz universal, muy nuestra. Sí, oscuro y alejado a esta hora menguada, saludamos la eternidad de Gonzalo Rojas.

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Maracay, Sábado 30 de abril de 2011

Arturo Croce, olvidado, abandonado
-EDUARDO CASANOVA l caso extremo de injusticia con un buen escritor venezolano es el de Arturo Croce, que más que olvidado parece haber sido abandonado del todo por sus compatriotas. Fue (es) un muy buen novelista, cuentista y ensayista, y sin embargo parecería que nadie lo recuerda. Conseguir información sobre su vida es muy difícil. Hay que apelar a fuentes nada literarias, como un extraño libro llamado Valores Humanos de la Gran Colombia, editado en 1952, en el que los autores son los mismos biografiados que, por lo general pagaron para figurar en sus páginas. O a otra obra tan extraña como, editada cuarenta años después en Caracas por Jorge Maldonado Parilli, ex-policía que fue nada menos que jefe de la Seguridad Nacional en tiempos de la dictadura de Carlos Delgado Chalbaud, con el título de Gente de Venezuela, en dos tomos. Allí, en el segundo tomo, en el espacio dedicado a la gente del Táchira, se puede leer un texto muy parecido al de Valores Humanos de la Gran Colombia, que hay que presumir lo redactado por el propio Croce. Si apelamos a fuentes y medios más de este momento, es decir, al famoso Google, podemos caer en el más absoluto de los desconciertos: aparecen entradas contradictorias, una de 2010, en el Periódico La Voz, sección efemérides, diciendo que Croce cumplió 103 años, y otra, firmada por Freddy Castillo Castellanos, que dice entre otras cosas lo siguiente: El azar concurrente no se quedó ahí y volvió rápidamente por sus fueros. Ayer, en la librería de Rafael Ramón Castellanos compré la novela en la edición de Biblioteca de Autores Tachirenses. Le pregunté a Castellanos por Croce. Lo cree vivo y a punto de cumplir 100 años. "Por lo menos para marzo de este año no había muerto", me dijo. Revisamos la nota biográfica del ejemplar de Talud Derrumbado que me acababa de vender. Allí se informa que Croce nació en abril

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de 1907. De estar vivo, ya habría cumplido 100 años. Ni de su probable muerte ni de la rareza de su centenario hemos leído nada Castellanos y yo. Reviso en el Delal y lo primero que me asombra es que hay una entrada para Croce. Realmente no pensaba conseguirla. El diccionario fue publicado en 1995 cuando Arturo Croce tenía 88 años. Indago en internet y encuentro el dato de que nuestro autor falleció en el 2002. Tenía para ese momento 95 años. (Delal es el Diccionario Enciclopédico de las letras de América Latina, de la Biblioteca Ayacucho). Cuando quise averiguar sobre Croce, a quien conocí personalmente cuando fui presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, en 1999, envié mensajes a varios escritores conocidos. Sólo me respondió José Tomás Angola, cumplido y competente como siempre, y entre otras cosas me dijo: Luis Beltrán asegura de que murió hace como 10 años. Croce le hizo el prólogo a un poemario suyo, "Del agua y de la lluvia", y piensa que fue lo último que hizo antes de mo-

rir. (Luis Beltrán es el poeta Luis Beltrán Mago, que fue mi antecesor y mi sucesor en la presidencia del Círculo). La pregunta obligada es: ¿Cómo es posible que se haya olvidado, abandonado, a un escritor de la talla de Croce, al extremo de que no se sepa si está vivo o no? ¿Qué clase de pueblo olvida y abandona así a sus buenos escritores? Los escritores son la conciencia de los pueblos, de donde hay que inferir que Venezuela no quiere tener conciencia. El 29 de abril de 1907 nació en La Grita, en el estado Táchira, Arturo Croce Orozco, hijo del general Francisco Croce y nieto del italiano Ángel Francisco Croce, que llegó al bucólico pueblo andino, testigo privilegiado del paso de Bolívar durante la Campaña Admirable, a mediados del siglo XIX. El italiano recién llegado se casó con Domitila Moreno, madre del "General Civilista" Francisco Croce, que nació el 12 de octubre de 1860 y se casó dos veces. Arturo fue hijo del segundo matrimonio, y luego de completar su educación primaria en el Colegio

Maya, viajó a Caracas a estudiar bachillerato en el Colegio Sucre. Los sucesos del carnaval de 1928, en los que participó con entusiasmo, le significaron la suspensión de la beca que le permitía estudiar, por lo que se vio forzado a regresar a las montañas Andinas, luego de intentar ganarse la vida en actividades comerciales y literarias. En Mérida fue fundador de un grupo literario llamado Guanahaní y se empleó como profesor de castellano en colegios privados. Pasó a Maracaibo, en donde también se relacionó con los grupos literarios de la época, y volvió a Caracas por un breve lapso. En San Cristóbal fundó la Gaceta de Occidente, y a comienzos de 1936, luego de la muerte del general Gómez, volvió a Caracas, en donde se incorporó a la organización política ORVE y fundó un periódico llamado Acción Socialista, en una de cuyas páginas publicó un texto que lo llevó por un par de meses a la cárcel. No obstante, el gobierno del general Eleazar López Contreras terminó ayudándolo en sus estudios, que lo llevaron a los Estados Unidos a completar la carrera de Economía Agrícola entre 1937 y 1940. A su regreso a Venezuela fue Jefe de Divulgación y Publicaciones del Ministerio de Agricultura y Cría y poco después Jefe de la Sección de Crédito y Adjunto a la Sección de Investigaciones Económicas. De allí pasó a trabajar directamente en la Presidencia de la República en el departamento de Información y Publicaciones. También, luego de la caída del gobierno de Rómulo Gallegos, fue Jefe del Departamento de Relaciones Públicas del Instituto Agrario Nacional. Posteriormente, a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, ocupó el cargo de Director de Cultura del Ministerio de Educación, en donde su labor fue notable en todos los sentidos. Entre 1958 y 1960 fue Director de la Revista Nacional de Cultura. Su obra literaria es vasta, incluye las novelas Cuento de amor, Talud derrumbado, Los Diablos Danzantes, Por Turén pasa el Acarigua, La Roca Desnuda, El Nudo, Petróleo, mi General (1977), El Techo Rancha, Manuel Valles, La Chica

Chévere, El Caballero del Tamá, el reportaje novelado Hipódromo y varios libros de poemas, además de un par de biografías (una de ellas de su padre, Francisco Croce Moreno, y varios libros de cuentos (uno de sus cuentos recibió el premio de El Nacional en 1961). En 1960 recibió el Premio Nacional de Literatura. También fue autor de obras de teatro y de numerosos ensayos. En su prosa se entremezclaron la poesía y una notable calidad de narrador, especialmente en el cuento, pero que también se nota en sus novelas. Domingo Miliani, en su trabajo sobre la narrativa venezolana, se expresó en forma muy positiva acerca de este gran escritor tachirense: Arturo Croce (1907). Perteneció a la generación de 1928. Comenzó haciendo poesía. Publicó un primer relato, "La carretera", en Cultura Venezolana. Su primer libro, Chimó y otros cuentos, es de 1942. Allí está plasmada su ideología social de combatiente en favor de los obreros y campesinos de su región: el Táchira. Sus relatos iniciales son pequeños himnos telúricos de aquellas serranías, donde está presente la huella del magisterio galleguiano. La madurez del narrador tarda en afianzarse a través de libros como Taladro (1943), La muerte baja de la montaña (1947), hasta que "Un negro a la luz de la luna", obtiene segundo premio de El Nacional en 1947. Con La montaña labriega (1958) explora un telurismo más legítimo. Tierra revuelta (1952) y Surimán (1955), habían reiterado hallazgos parciales de sus primeros libros. Vino después una novela agrisada de folklorismo: Los diablos danzantes (1961), luego Talud derrumbado (1961), para alcanzar después dos éxitos de concurso: El nudo (1968) y La roca desnuda (1968), esta última, ampliación de un cuento del mismo nombre, resulta uno de sus mejores libros. No se atreve a llegar al elogio abierto, pero asoma un cierto halo de aprobación. ¿Cómo es posible que Venezuela haya olvidado a un escritor de los méritos de Arturo Croce?

Maracay, Sábado 30 de abril de 2011

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Ensayos de Paul Valéry

Reflexiones

sobre la poesía
-ALFREDO FRESSIA E PUEDE afirmar que Paul Valéry (Sète, 1871-1945) fue un poeta más respetado que realmente querido. Simbolista, creador de un "arte difícil", es autor de una obra poética relativamente breve, sobre todo si se compara a la inmensidad de su trabajo como teórico de la literatura, como memorialista y como "pensador". Perteneció a esa generación que pudo conocer a Leconte de Lisle o a Verlaine, pero que frecuentaba sobre todo las reuniones de los martes en casa de Mallarmé, en la calle Rome. De hecho su obra poética es la de un simbolista a ultranza, que potencia los principios teóricos y la práctica poética de Mallarmé. Limbo para universitarios. Osciló entre la poesía y las matemáticas. En gran parte instigado por André Gide, creará en los años ´20 una obra poética que lo transforma muy rápidamente en una especie de poeta oficial de la Tercera República. Dará conferencias dentro y fuera de Francia, será recibido en todas partes con honras de Estado. Desde 1937 ocupará la cátedra de Poética del Collège de France, se manifestará contra la ocupación alemana en su país y sólo morirá después de la Liberación.

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En los años `50, Francia, que era todavía un lugar culturalmente central y relativamente hegemónico, asistirá por un lado a las disputas de Sartre y Camus, a la descolonización, y por otro, verá nacer el estructuralismo, con la lingüística en primer plano, lo que llevará a una especie de inflación del valor Signo como objeto-llave para leer el mundo. Se puede entender que la poesía exigente, difícil y a veces cerebral de Valéry haya pasado rápidamente a esa especie de limbo frecuentado por estudiantes universitarios, pero no por el público. LO MISMO OCURRE CON LA OBRA TEÓRICA DE VALÉRY. Sin duda, su misma naturaleza reflexiva no hace de esa producción un objeto "popular", pero es evidente que fue perdiendo lectores. Además de los Cahiers, en los que trabajó cotidianamente durante décadas, y de otros libros donde reunía sus reflexiones, Valéry juntó sus conferencias y artículos diversos en Variété (y habrá cinco tomos entre 1924 y 1944). En las apretadas ediciones La Pléiade, el conjunto de las Variétés ocupa 1.100 páginas. En la Variété de 1944, el autor propone un orden temático para sus ensayos, organizado en seis grupos: "Estudios literarios", "Estudios filosóficos", "Ensayos cuasi políticos", "Teoría poética y estética", "Enseñanza" y "Memorias del poeta". En el presente De Poe

a Mallarmé, ensayos de poética y estética, el poeta y profesor argentino Silvio Mattoni (Córdoba, 1969) elige y traduce una veintena de estos ensayos de Valéry, con hincapié en los temas literarios o de teoría literaria, aunque el libro cubra casi todos los grupos temáticos. PARA UNA TEORÍA POÉTICA. De hecho el lector encuentra en esta mínima antología los textos más revisitados de las Variétés, desde ensayos sobre el sueño o sobre el cuerpo, hasta las reflexiones del autor sobre el Mediterráneo, o recuerdos de Verlaine o de la intimidad de Mallarmé. Comparece siempre la inteligencia y la elegancia del razonamiento de Valéry, la ironía (sin grandes maldades, como llamar a "Verlaine, Stéphane Mallarmé, Arthur Rimbaud, los tres Reyes Magos de la poética moderna"), las contradicciones de un espíritu crítico como el suyo, capaz de pintar con erudición la biografía de Villon después de declarar que la biografía es un dato inútil y aún perjudicial ("porque demasiado a menudo proporciona la ocasión, el pretexto, el medio para no afrontar el estudio preciso y orgánico de una poesía"). En sus ensayos sobre teoría poética, Valéry insiste en un nítido distingo de poesía y prosa. La prosa, dice, es el lenguaje que muere después de cumplir su función (una idea próxima a la de la función denotativa del lenguaje en Ro-

man Jakobson), mientras que "el poema no muere por haber vivido, está hecho expresamente para renacer de sus cenizas y volver a ser infinitamente lo que acaba de ser" ("Poesía y pensamiento abstracto"). De ahí proviene su alarma al verificar esa especie de incapacidad de los críticos (y los profesores, ya que el problema se reproduce en escala pedagógica) de contemplar el poema como unidad (fónica, de sentido, visual, etc) y de reducirlo a los niveles que pueden ser por un lado, analizados, y, por otro, reducidos a la prosa y la paráfrasis ("Cuestiones de poesía"). DEMASIADO INMEDIATO. La situación de la crítica de poesía resulta delicada, en el mejor de los casos, y es dable preguntarse si sería siquiera legítimo el discurso crítico (prosaico) aplicado sobre la materia poética. Valéry no se lo pregunta, y menciona la tarea de la crítica con este desdén: "[Los críticos] enumeran, por ejemplo, los medios visibles que usan los poetas; destacan frecuencias o ausencias en sus vocabularios; se señalan semejanzas entre uno y otro, e influencias. Algunos procuran restituir sus designios secretos, y leer en una engañosa transparencia intenciones o alusiones en sus obras. Escrutan gustosamente, con una complacencia que hace visible cuánto se extravían, lo que se sabe (o lo que se cree sa-

ber) de la vida de los autores(...)". Leída casi un siglo después, esa pintura del crítico podría confundir a un lector desavisado porque, vista la indigente situación actual del discurso crítico, parece más bien un elogio. Pero tal vez el problema sea más grave y Valéry nos anunciaba desde 1935 algo que puede también explicar el desamor que el autor parece sufrir en los días que corren: "Hasta ahora, y desde la más remota antigüedad, la lectura y la escritura eran los únicos modos de intercambio así como los únicos procedimientos de trabajo y de conservación de la expresión por medio del lenguaje. No podemos responder por su futuro. En cuanto a las mentes, ya vemos que son solicitadas y seducidas por tantos prestigios inmediatos, tantos estimulantes directos (...) que les representan la vida misma y la naturaleza como totalmente presente, que podemos dudar que nuestros nietos encuentren el menor gusto por las gracias caducas de nuestros poetas más extraordinarios y de toda la poesía en general" (pág. 205). Detalle: el presente libro está financiado por el Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia y la embajada francesa en Buenos Aires. DE POE A MALLARMÉ, ensayos de poética y estética, de Paul Valéry. El cuenco de plata, 2010. Buenos Aires, 271 págs. Distribuye Gussi.

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Maracay, Sábado 30 de abril de 2011

de Ana Castro
CASAS
En mi casa todo es sencillo. La nevera se abre por la izquierda y las pelusas se acumulan en los mismos rincones. Las camisetas no consiguen mantenerse en el segundo cajón del armario más de cuatro días seguidos. Asaltan mi silla. Me asaltan a mí. Los botes de café apenas dan para diez días. La lavadora se pone los sábados por la tarde. A mi casa llegan las cartas que reciben mis amigos mientras están de viaje. Se amontonan en una pequeña mesa del recibidor. (Parece que me miran desde allí, absortas, pensando que también a ellas las olvidaron algún día). El día que la nevera se abra por el lado derecho, las pelusas comiencen a acumularse dentro del armario y no se derrame el café, mi casa dejará de ser mi casa. Seguirá sonando el teléfono. Continuarán llegando cartas de personas a las que echo de menos. Y mi casa será otra casa. Construiré un hogar en otra parte. Me llevaré mi casa conmigo.

Seis poemas

ANA CASTRO nació en Córdoba, España. Estudia periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, ciudad

POÉTICA I
Para escribir tuve que llegar a conocerme. Al estirar el brazo, allí, justo allí, estaba yo. Pero estoy sin acabar. Necesito tiempo.

donde reside actualmente. Sus poemas han aparecido en diversos medios impresos y electrónicos y en la antología Sais, 19 poetas desde la Bella Varsovia. Posee un blog titulado Autovía del Sur (http://autoviadelsur.blogspot.com/). Respecto a su origen y personalidad la misma autora dice lo siguiente: "Un jueves de noviembre de finales de otoño. Córdoba como primer hogar. Madrid también. La poesía en la punta de los dedos. El café, la cerveza. A veces se me pierden los ojos dentro de la cara. Tal vez el periodismo como profesión. Debería aprender a contar las historias desde el principio."

BREVE INTRODUCCIÓN A MI DESORDEN
Para construirme un hogar tuve que empezar por el desorden. Ensuciar baldosas para escuchar mis ruidos. Hubo que tallar poros, imprimir el gotelé de la pared. Colocar los libros en el borde de la estantería para tener la convicción de que si daba un salto grande (y gritaba a la vez) se vendrían abajo. Mi hogar tenía que estar preparado para autodestruirse en cualquier momento sin previo aviso y pillarme dentro. Cuando todo está limpio quiere decir que está demasiado sucio. Hay un vacío (de polvo) encima de la mesa. Mi desorden establece una escala en cuanto a mí. Me llevo mi desorden en el bolso.

AUTORRETRATO
Querría ser capaz de encontrar mis ojos cada mañana al despertarme pero no duermo lo suficiente. Un temor nos deforma el rostro y nos increpa. Sólo cuando nos mostramos deformes podríamos ser cualquier cosa.

ELLOS
Pensamos que era el tiempo, la edad, las estaciones o la costumbre de sentarse a esperar que pasara algo. Que la vida diera un salto hacia atrás y de repente volver a los 20 y a los bailes de verano. Que no hiciera frío en las ciudades del Norte. Que no dolieran los huesos de caminar despacio. Volver a tener prisa. También ellos estaban enamorados.

TRAICIÓN
Comencemos por hablar claro y ser honestos. Aún podemos hacer cualquier cosa, aunque resulte deplorable para el resto del mundo. Podemos hacer cualquier cosa que no nos haga odiarnos. No importan los propósitos. No importa el año nuevo. Hablemos claro. Seamos honestos. Casi todo tiene un nombre. Lo impredecible es que nos traicionen los espejos cuando aún no nos odiamos lo suficiente. Hay espejos en los que no llegaremos a reflejarnos nunca.

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