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Economía y sociedad de México Contemporáneo

INTRODUCCIÓN
Lázaro Cárdenas gobernó a México del 1° de Diciembre de 1934 al 30 de
noviembre de 1940. El sexenio cardenista marcó en gran medida el desarrollo del
México contemporáneo. Durante el gobierno de Cárdenas se dio una serie de
sucesos que remarcaron con mayor profundidad y rapidez lo hecho por gobiernos
anteriores, para lograr un desarrollo económico acelerado en México que acabara
con formas de producción y organización anteriores y que dificultaban el paso
franco del capitalismo.

Lo que Lázaro Cárdenas se proponía hacer a nivel nacional lo había hecho


antes en Michoacán cuando fue gobernador de 1928 a 1932: fundación de
escuelas, hospitales, asilos, instituciones de beneficencia, establecimiento de
escuelas en haciendas y ranchos pagadas por los dueños, organizaciones de
sociedades de padres de familia, establecimiento de las escuelas industriales,
organización de los obreros, dotación de tierras a los campesinos, supresión de
casas de juego de azar, campañas anti-alcohólicas, establecimiento de escuelas
normales regionales y muchas cosas más.

GENERAL LÁZARO CÁRDENAS DE RÍO (1895 – 1970)


Nació en Jiquilpan, Michoacán y se incorporó a la revolución en 1913,
combatió a Zapata y a Villa y formó parte de las filas de Obregón y de Calles.
Ocupó la gobernatura de su estado en dos ocasiones y dentro de los cargos más
importantes antes de ser presidente, los de Secretario de Gobernación, Secretario
de Guerra y Marina y presidente del PNR. En 1934 ganó la elección presidencial
compitiendo con Antonio I. Villareal, Adalberto Tejada y Hernán Laborde.

Cárdenas tuvo gran interés por el pueblo, lo que lo llevó a recorrer


comunidades campesinas e indígenas del país, de ahí el sobrenombre de “Tata
Cárdenas”. Su interés por combatir la pobreza la mostró en el gran apoyo que dio
al campesinado al llevar a cabo la Reforma Agraria: Impulsó la educación,
implementando la educación rural e intensas campañas de alfabetización. Llevó a
cabo la nacionalización del petróleo el 18 de marzo de 1938, apoyando con ello el
proceso de industrialización que inició en el país a partir de 1940.

El Cardenismo y la Expropiación Petrolera


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EL CARDENISMO Y LA EXPROPIACIÓN
PETROLERA

Antecedentes

La revolución industrial del siglo XIX modificó la fuente de energía para la


producción industrial y los transportes, aumentando la importancia de las
empresas petroleras internacionales.

En México, la dictadura porfiriana consideraba esencial para el


desenvolvimiento del país la participación de capitales extranjeros, quienes se
encargarían de desarrollar nuestros recursos naturales. La herencia socio-
económica que dejó implica fundamentalmente la existencia de grandes latifundios
extranjeros que encontraron en el porfiriato las condiciones propicias para su
creación, estímulo y fortalecimiento. Dentro de estos antecedentes tenemos que la
mayor parte del pueblo mexicano eran peones mantenidos en esclavitud, con
bajos salarios, usando la tienda de raya y la guardia rural para mantenerlos
sometidos al dominio del patrón. En este periodo es también cuando los
extranjeros encuentran en México un desarrollo teniendo grandes propiedades
dentro del país, gozando de grandes concesiones para la explotación de minas y
del petróleo limitándose sólo a la extracción de éste sin tener la mayor
preocupación en desarrollar la industria de transformación. Mantenían bajo su
control a buena parte de las autoridades civiles de la zona petrolera, fijaban a su
arbitrio los precios que las tiendas de raya ponían a los productos de primera
necesidad. Además, las empresas gozaban de exenciones de impuestos para el
establecimiento y mantenimiento de sus industrias.

Con el derrocamiento del régimen porfirista, y durante la lucha


revolucionaria, la industria petrolera se aisló más del proceso económico general
del país y llegó a constituir, un enclave extranjero. Dos empresas extranjeras
tenían una presencia predominante en México: La Standard Oil (Exxon) y la Royal
Dutch. La primera de ellas era norteamericana, propiedad de los Rockefeller; la
segunda estaba constituida por capital holandés e inglés. El 60% del petróleo
mexicano estaba en manos de compañías inglesas y el 39.2% en manos de
compañías norteamericanas.

Al terminar la revolución mexicana y ser aprobada la constitución de 1917,


su Artículo 27 estableció el derecho de la nación a tener en propiedad exclusiva la
tierra, el subsuelo y las aguas en los límites del territorio mexicano; lo cual se
oponía claramente a los intereses de las compañías extranjeras.

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Posteriormente con Carranza, viene una serie de luchas con Zapata y Villa
apoyando en un inicio a los obreros en su lucha con los campesinos, pero una vez
seguro en el poder, manda la clausura de los periódicos y la disolución de los
batallones que él había creado anteriormente, lo mismo que haría después contra
los campesinos al promulgar la Ley Agraria, haciendo de esté período uno de
represiones de los intereses populares. Dado que las condiciones de los obreros y
de los campesinos estaban tan mal, la forma en que en ese entonces pudieran
reivindicarse era por el caudillismo, mismo que aseguraba la unidad nacional y la
estabilidad.

Cuando llega al poder Obregón, qué es apoyado por las clases populares,
inmediatamente propone una reforma agraria y atención a los intereses obreros y
junto con una serie de reformas parlamentarias empieza la repartición de tierra en
forma acelerada, muy contrastante con la de Carranza.

La obra de Obregón fue continuada por Plutarco Elías Calles quien en su


gobierno se destacó en un principio por abocarse al saneamiento de las finanzas
públicas, redujo el presupuesto de las fuerzas armadas, fundó el Banco de México
y sus fondos provenían principalmente de los ahorros de instituciones militares.
Por otra parte intensificó la reforma agraria incluso distribuyendo más hectáreas
que Obregón, incluso tomó una serie de medidas en las que daba la concesión de
maquinaria y de créditos agrícolas para estar seguro de que la gente que recibía
las tierras también las pudiera trabajar y vivir de ellas. Todo lo que al inicio del
mandato de Calles parecía muy bueno, como el acercamiento de los obreros al
gobierno, al final del mandato de este se vino todo abajo, se frenaron la
distribución de las tierras, así como una separación entre los obreros y sus jefes
sindicales, quienes al parecer después de haber subido tanto y tan rápido se
olvidaban de todo.

Después, viene lo que es el período mejor conocido como el Maximato, que


consta de tres etapas correspondientes a los gobiernos de Emilio Portes Gil,
Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez en los años de 1928-1934. Con
Portes Gil, se da un avance en la reforma agraria y la autonomía universitaria, y si
en el mandato de Portes Gil se hablaba de una sumisión a Calles, dentro del
mandato de Ortiz Rubio fue mucho mayor la influencia de este, tanto, que incluso
se mencionaba que participaba en las reuniones oficiales, sin tener porque estar
ahí. Mientras en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez se dan con mayor fuerza
los levantamientos obreros y campesinos; con toda esta presión Abelardo
Rodríguez se ve obligado a tomar medidas como la estipulación del salario mínimo
y el establecimiento del código agrario.

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En el decenio de los treinta, México pasó por un radical proceso de


transformación de su sector político. Para comenzar, en 1929 se respondió al
vacío de poder generado por el asesinato del presidente electo y caudillo mayor
Álvaro Obregón, con la creación de una institución que resolviera pacíficamente
las aspiraciones y contiendas por la obtención de las candidaturas a puesto de
elección popular entre los políticos surgidos de la Revolución Mexicana. Dicha
institución, el Partido Nacional Revolucionario (PNR), se conformó a partir de la
unificación de numerosos grupos, partidos y organizaciones regionales y
sectoriales, los que conservarían el control local a cambio de formar parte
disciplinada de la nueva estructura nacional.

En medio de todas estas revueltas viene la postulación de Lázaro Cárdenas


Del Río a la presidencia, aunque en un principio a Calles no le gusto mucho la
idea, vio en esta la oportunidad de seguir, al mismo tiempo que las fuerzas
revolucionarias veían su reestablecimiento.

Si bien la estrategia resultó exitosa y a partir de entonces desaparecieron


las rebeliones preelectorales, lo cierto es que pronto el PNR tuvo que modificar su
naturaleza y su estructura. En efecto, apenas medio año después de creado la
economía mundial sufrió la mayor crisis de su historia, con prontas y severas
repercusiones en México. Es incuestionable que el “crack” de 1929 abatió la
actividad económica nacional: la reducción de las exportaciones y el
encarecimiento de las importaciones contrajeron la producción, provocando cierres
y “quiebras” de empresas con su consecuente secuela de desempleo. Hubo
sectores especialmente afectados como el minero, el petrolero y el textil, pero fue
en general el deterioro socioeconómico por la reducción real del salario debido al
gran aumento de los precios.Dado que el PNR no era un partido organizado a
partir de clases sociales, lo que le hubiera permitido ejercer un control sobre éstas,
la politización y movilización de los obreros y campesinos provocadas por dicha
crisis se convirtieron en una grave fuente de inestabilidad. Por ello el gobierno se
vio obligado a otorgar considerables concesiones a tales grupos y radicalizar su
discurso y su política social, lo que probablemente fue la explicación final del
derrumbe del presidente Pascual Ortiz Rubio y de su reemplazo por Abelardo
Rodríguez, en septiembre de 1932 quien dio inicio al proceso reformista que luego
llevaría a su máxima expresión a Lázaro Cárdenas.

El Plan Sexenal

El Plan Sexenal fue presentado en un principio como la visión política de


Calles, que incluso menciona en la Segunda Convención del PNR "ya es hora de
formar un plan minucioso de acción que cubra los seis años del próximo período

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presidencial. Debemos estudiar las posibilidades de nuestro presupuesto y las


realidades nuestras”, dejando ver que el tema central de este plan es el
intervencionismo del estado. Dentro de este Plan Sexenal, en cuanto al petróleo
se menciona que intervendrá para equilibrar la industria petrolera, estimulando el
desarrollo de las empresas nacionales y creando un organismo semioficial de
apoyo y regulación. En materia económica se plantea una política nacionalista en
la cual se protege a la burguesía nacional del imperialismo, cuidando más las
relaciones comerciales, y en todo ello predominando el interés nacional. El
gobierno deberá contribuir a la organización y fortalecimiento de las fuerzas
sindicales, así como regular que hagan bien su función social. El Plan Sexenal,
consideró que el motor de la producción agraria debía ser el ejido y reiteró la
necesidad de apoyarlo con crédito e infraestructura. Dar tierra al campesino por la
vía ejidal significaba organizarlo, se trataba de hacer irreversible el cambio de
estructura en el agro mexicano. Cárdenas no sólo es el presidente que repartió
más tierra sino también el que dio las mayores parcelas. Cárdenas adoptó una
línea bastante clara con relación al movimiento obrero y campesino.

El Cardenismo y su repercusión en la sociedad mexicana

Cuando Lázaro Cárdenas fue designado candidato presidencial, ya era uno


de los divisionarios más importantes del ejército. Había sido un fiel subordinado de
Calles, no había atacado a Ortiz Rubio ni compartido las opiniones conservadores
de Calles sobre política agraria. Desde el primer momento empezaron a surgir
tensiones dentro del nuevo gobierno. Estallaron debidos en gran medida a la ola
de huelgas que se desató tras la toma de posesión de Cárdenas y a la actitud
benigna que ante las mismas adoptó el presidente.

Resalta de manera importante la clara intención de Cárdenas al inicio de su


sexenio de liberarse de la tutela de Calles y generase una nueva idea, libre e
independiente, que logra cuando se pone en contacto con las zonas más pobres
de México, teniendo así una idea real de la forma en que viven y los problemas
que aquejan a la población. Al tomar la presidencia sobrevienen una serie de
enfrentamientos entre Calles y Cárdenas, porque Calles ya no tiene la misma
autoridad sobre Cárdenas, que tuvo en su momento sobre Portes Gil, Ortiz Rubio
y Abelardo Rodríguez. Con esto comienza la división dentro del PNR, por una
parte los callistas y por la otra los cardenistas, aludiendo Calles a que se llevaba a
México en un retroceso por tantas huelgas sin fundamentos, pero al mismo tiempo
Cárdenas habla del sindicalismo como la mejor arma para su defensa, aún mejor
que las leyes y las autoridades.

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Al asumir la presidencia, el Gral. Lázaro Cárdenas tomó el Plan Sexenal, y


apoyó la cláusula de exclusión y el rechazo de “sindicatos blancos”. Este proyecto
llevó a Vicente Lombardo Toledano y a la CGOCM a encabezar un bloque de
organizaciones sindicales de respaldo activo a la política del presidente. El Pacto
de Solidaridad tenía por objeto neutralizar las presiones del callismo y sentar las
bases de un magno congreso obrero y campesino del cual pudiera surgir una
central única de todo el movimiento laboral, la nueva organización debería aceptar
como premisa la existencia de la lucha de clases y la imposibilidad de la
cooperación con la clase capitalista.

La desaparición de Calles y su grupo del escenario político logró que las


aguas de la política volvieran a su cause normal. Terminaba su tarea de eliminar a
los callistas irredentos del PNR, el Congreso y las gubernaturas de los estados,
Portes Gil mismo dejo la presidencia del PNR. Cárdenas lo sustituyó con un
hombre de su total confianza, Silvano Barba González.

Cárdenas insistió en que no era necesario expulsar a Calles y a sus


seguidores. En abril cambió de parecer, y el ex Jefe Máximo y Morones fueron
sustraídos sorpresivamente de sus domicilios y exiliados. La reacción negativa de
los empresarios a la política obrera cardenista, subrayan la necesidad de poner fin
al conflicto entre las agrupaciones obreras y dar paso a un frente unido de los
trabajadores.

Desechó los temores de que los comunistas pudieran ponerse al frente de


la nueva pirámide porque a su juicio la raíz de la agitación obrera era básicamente
el incumplimiento de las justas demandas de las masas trabajadores.

Lombardo Toledano fue electo secretario general de la CTM. Los estatutos


de la confederación refrendaron el principio de la lucha de clases, y la
transformación de la sociedad capitalista en socialista. La lucha ideológica sería
por el fin de la historia: la sociedad socialista y la abolición de la propiedad
privada.

Cárdenas había propuesto que los salarios no se fijaran según el péndulo


de la oferta y la demanda de trabajo, sino según la capacidad de cada empresa
para seguir actuando de manera redituable. El criterio abrió aún más las puertas
del conflicto laboral y las huelgas aumentaron.

Entre los conflictos más espectaculares de 1936 es el de los ferrocarrileros,


que llevaría a la nacionalización de esa actividad y el de los trabajadores agrícolas
de la Laguna. La huelga contra toda la industria petrolera, se volvió un problema
político nacional que obligó al gobierno a intervenir para evitar que la paralización

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de actividades dejara al país sin combustible. La nacionalización de la industria


petrolera, una de las decisiones de mayor peso en el futuro y la conformación de
la nación de la historia de México. El apoyo del gobierno a las demandas obreras
condujo a la expropiación de las empresas, lograron contratos colectivos con
ganancias sustanciales para los trabajadores.

La memoria de las grandes expropiaciones cardenistas pareció total por


primera vez desde el reparto de tierra en Morelos durante la guerra civil, el
verdadero corazón agrario de la Revolución Mexicana. Uno de los apoyos visibles
a la candidatura de Cárdenas, había sido la CCM, procedió a formar entonces la
Confederación Nacional Campesina CNC, sostuvo que la única forma de defender
los intereses de los trabajadores del campo era admitiendo la realidad de la lucha
de clases.

La meta de la CNC, era la socialización de la tierra, la central debía volver


al ejido la unidad de producción básica, acabar con el latifundio, solidarizarse con
las demandas de los obreros y apoyar la educación socialista de las masas
campesinas. Se precisó en sus estatutos que sería la única organización
representativa de los campesinos.

La UNS se manifestó desde el principio en contra del ejido y pidió que se


desarrollara en el sentido de apoyar y consolidar a la pequeña propiedad privada.
Almazán presentaba un programa que atacaba la “colectivización” del país: revivir
la encomienda, comprometió a buscar un remedio inmediato a lo que él describió
como el “desastre agrario”, según el programa de Almazán, no habría más reparto
de propiedades privadas. El Segundo Plan Sexenal, del general Manuel Ávila
Camacho, que en su capítulo agrario dejó claro que se impediría la reconstrucción
del latifundio, el ejido seguiría recibiendo el apoyo del Estado.

Desapareció el PNR, apareció el PRM, que apoyaba la política presidencial:


obrero, campesino, popular y militar. El jefe del PNR, Carlos Riva Palacio. Al
producirse el conflicto entre el presidente y el Jefe Máximo, la cúpula directiva del
PNR se encontraba claramente dividida. La crisis llegó a su punto culminante en
septiembre, cuando las diferencias entre cardenistas y callistas dieron por
resultado un encuentro a balazos en plena Cámara. El partido oficial se convirtió
rápidamente en una de las bases más sólidas del presidencialismo
posrevolucionario. Lombardo proponía la alianza de la CTM con el PNR, la
flamante Confederación Nacional Campesina CNC y el Partido Comunista
Mexicano. Cárdenas no dejó ir muy lejos el proyecto.

La economía en el Cardenismo

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En torno al desarrollo económico del país, Cárdenas llegó a considerar que


estaba en la posibilidad de optar entre dos alternativas para ese desarrollo, imitar
la estrategia del modelo capitalista seguido por las sociedades industrializadas o
intentar un camino diferente que combinara el crecimiento de la producción con el
desarrollo de una comunidad más integrada y más justa. La utopía propiamente
cardenista consistía en tratar de ir más allá del keynesianismo o del fascismo, sin
desembocar en el modelo soviético.

Los objetivos básicos en la política económica cardenista fue lograr la


independencia de la economía nacional y el nivelamiento de las clases sociales,
las diferentes políticas económicas que adopto tenían en común la iniciativa e
intervención del gobierno. Trató de que avanzaran las clases trabajadoras,
aumentando la productividad y una mejor distribución de las utilidades generadas
con esté trabajo, combatiendo el modo capitalista de distribución y apoyando la
formación de cooperativas.

Durante el sexenio Cárdenas dio un gran apoyo para la creación de nuevas


empresas, pero siempre cuidando los intereses nacionales, acordó diferentes
medidas para proteger la industria nacional, apoyando en la compra de nuevas
maquinarias necesarias para su desarrollo, que no pudieran obtener en México.
En este sentido en 1939 da a conocer un decreto mediante el cual, perdona los
principales impuestos por cinco años a las nuevas empresas que desarrollaban
alguna actividad nueva, estos eran por ejemplo, los impuestos para traer la
maquinaria necesaria, las materia primas, en impuesto sobre la renta, etc. Por otra
parte fue más duro con los extranjeros a los cuales les puso un impuesto sobre las
exportaciones de materia prima como lo son el petróleo la minería y los recursos
naturales.

Para terminar con este desarrollo económico creo una red de bancos,
fortaleciendo el Banco de México, colocándolo como el banco del gobierno,
controlando las exportaciones de oro y plata, concentrando la reserva nacional y
controlando a los otros bancos, así como después se le dio la regulación de
divisas extranjeras.

El deterioro repentino de la economía en 1938 fue resultado directo de la


crisis petrolera. La expropiación petrolera de ese año no sólo afectó a los
exportaciones de combustibles sino que, arrastró tras de sí también las ventas de
minerales y detuvo las inversiones del sector privado de la economía. La actividad
agropecuaria y la exportación de minerales y petróleo, se vieron sometidos a una
dura prueba. El estado asumió nuevas funciones: “Estado activo”, involucrado
directamente en la producción y creación de infraestructura.

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Las regiones norte y centro del país experimentaron los mayores


crecimientos de la producción agrícola por habitante y la menor participación del
ejido en el total de la superficie cultivada. La zona norte de la costa del Pacífico,
tuvo el menor índice de crecimiento productivo. El ejidatario siempre contó con un
financiamiento menor que el propietario privado. La baja en el valor de la
producción no necesariamente significó un empeoramiento de la situación del
campesino. Por el contrario, el consumo de alimentos aumentó en las zonas
rurales sin que lo registrara la economía monetaria.

Los ejidos, contaron con muy pocos insumos, usaron los que tenían a la
mono: tierra y trabajo, lo cual ayudó a un empleo más racional de estos medios de
producción e hizo descender el desempleo rural. La reforma agraria no produjo un
crecimiento inmediato de la economía pero los beneficiados por el proceso vieron
de inmediato mejorada su forma de vida. El campesino que recibió la tierra
durante el gobierno de Cárdenas, mejoró su posición.

En el momento culminante del cardenismo, los gastos de tipo económico


fueron superiores al 40%, destinado fundamentalmente al desarrollo de las
comunicaciones, la irrigación y el crédito a la agricultura.

El “estado activo”, del cardenismo siguió ensanchando la estructura


institucional. En 1934, Abelardo Rodríguez había creado la Nacional Financiera
(NAFINSA), cuya tarea original era administrar los bienes raíces que la crisis
económica anterior había dejado al sistema bancario por quiebras de los
prestatarios. Empezó a actuar como sería en el futuro: el banco de desarrollo del
gobierno. Ante los conflictos con las empresas eléctricas extranjeras, se creó la
Comisión Federal de Electricidad, que con el paso del tiempo sería la empresa
dominante.

La Gran Depresión golpeó muy duramente al comercio exterior de México al


cerrarle mercados a algunas de sus materias primas, pero durante el primer año
de gobierno de Cárdenas, el intercambio con el exterior se había recuperado
bastante y la exportación ascendió a poco más de doscientos millones de dólares.
Cuando Cárdenas asumió la presidencia, la producción de petróleo, aunque baja
respecto al pasado, iba en aumento. El esfuerzo mexicano por colocar su petróleo
en los países del Eje y en América Latina permitió que las ventas al exterior
subieran. A partir de entonces y por muchos años la producción de PEMEX se
destinaría básicamente a cubrir el mercado interno, en el corto plazo el petróleo
dejo de ser un proveedor de las necesarias divisas extranjeras.

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México podía aprovechar la experiencia derivada de la industrialización de


los países capitalistas avanzados para no repetir sus errores ni pagar su enorme
costo social, buscaba una “industrialización consciente”; construir un México de
ejidos y de pequeñas comunidades industriales. El cardenismo visualizaba al
México del futuro como un país predominante agrícola, rural y cooperativo.
Empezó a sustituir importaciones de bienes de consumo. Aparecieron nuevas
industrias y se encumbraron nuevos empresarios.

La Expropiación Petrolera: el acto histórico

El conflicto entre el gobierno de Cárdenas y las empresas petroleras de


nacionalidad extranjera, tenía un antiguo linaje. Durante un buen periodo sólo
debían pagar el impuesto del timbre, menos del 1% del valor de la producción. La
situación cambió al iniciarse la Revolución y percatarse el gobierno por primera
vez del gran potencial petrolero del país. Las grandes exportaciones del petróleo
fueron vistas como una fuente idónea para cubrir los grandes déficits
presupuestales.

Al llegar a la Presidencia de la República, el general Lázaro Cárdenas


retoma la preocupación de sentar las bases de equidad y justicia en las relaciones
entre los factores de la producción, tanto en el campo como en la industria. Puesto
que los campesinos y los obreros eran la parte más débil de esa relación, el
Estado debía actuar a su favor y asegurar que sus derechos fueran en todo
momento respetados.

Desde muchos años atrás, el Estado mexicano había concesionado a


individuos y empresas extranjeras la explotación de la riqueza natural del país,
como la plata, el cobre, diversos productos agrícolas y pesqueros, y el petróleo.

En el caso de este último recurso natural, las empresas extranjeras que


contaban con el permiso del gobierno mexicano para explotarlo, se negaron a
aceptar las disposiciones legales para que fueran reconocidas las organizaciones
de los trabajadores nacionales, con quienes debían negociar las condiciones de
trabajo, entre las cuales ocupaban un lugar muy importante las consideraciones
sobre el salario y las prestaciones.

El choque definitivo del gobierno y las empresas petroleras se originó por


un enfrentamiento de las empresas y sus obreros, los trabajadores petroleros se
encontraban entre los mejores pagados del país. Sin embargo, no habían llegado
a formar un sindicato único que estableciera las condiciones de trabajo para toda
la industria, crearon el STPRM, y se afilió a la CTM. Las empresas rechazaron el

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monto del aumento pedido, los expertos nombrados abordaron el tema de que la
presencia de las empresas petroleras extranjeras había sido más perjudicial que
benéfica para el país.

El 1° de marzo de 1938 la Suprema Corte dictaminó que las compañías


debían otorgar un aumento de 26 millones, las empresas se negaron. Si el
gobierno no hacía nada en contra de la rebeldía de las empresas, su prestigio y
capacidad de liderato quedarían en entredicho.

Las empresas petroleras no sólo se negaron a acatar la ley laboral, sino


incluso su responsabilidad de pagar los impuestos, a lo que estaban obligadas por
un mínimo de equidad, ya que hasta entonces habían gozado de una serie de
consideraciones de todo tipo: prácticamente explotaban en su provecho, de
manera gratuita, un recurso natural que le pertenecía a todos los mexicanos.

Por su parte, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronunció


porque las compañías petroleras debían acatar el laudo de la Junta Federal de
Conciliación y Arbitraje, a favor de sus trabajadores.

Aún así, esas empresas se mantuvieron en desobediencia, confiadas en


que sus reservas del combustible en otras partes del mundo les permitirían cumplir
sus compromisos; además de que sin el pago de los salarios a sus trabajadores y
la falta de petróleo para atender las necesidades internas del país, terminarían por
doblegar al gobierno mexicano y a sus trabajadores.

Ante esa actitud, el presidente Lázaro Cárdenas tomó una decisión de


trascendencia, que fue apoyada prácticamente por el pueblo; el cual, además, en
un acto de respaldo, contribuyó con lo poco que podía aportar para pagar el costo
de esa decisión. Cárdenas hizo saber al país la decisión de su gobierno de cortar
por lo sano y expropiar a las empresas petroleras, el 18 de marzo de 1938.

Las cartas diplomáticas de Gran Bretaña criticando la medida expropiatoria


y poniendo en duda la capacidad del país par pagar lo que había tomado,
magnificaron la exaltación nacionalista.

El mensaje con el que el presidente Cárdenas hizo pública su decisión, fue


el siguiente:

"Es evidente que el problema que las compañías petroleras plantean al Poder Ejecutivo de la
nación con su negativa a cumplir la sentencia que les impuso el más alto tribunal judicial, no es
un simple caso de ejecución de sentencia, sino una situación definitiva que debe resolverse con
urgencia. Es el interés social de la clase laborante en todas las industrias del país el que lo exige.
Es el interés público de los mexicanos y aún de los extranjeros que viven en la República y que

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necesitan de la paz y de la dinámica de los combustibles para el trabajo. Es la misma soberanía


de la Nación que quedaría expuesta a simples maniobras del capital extranjero, que olvidando
que previamente se ha constituido en empresas mexicanas, bajo leyes mexicanas, pretende
eludir los mandatos y las obligaciones que le imponen las autoridades del propio país.

"Se trata de un caso evidente y claro que obliga al gobierno a aplicar la Ley de Expropiación en
vigor, no sólo para someter a las empresas petroleras a la obediencia, sino porque habiendo
quedado rotos los contratos de trabajo entre las compañías y sus trabajadores, por haberlo así
resuelto las autoridades del trabajo, de no ocupar el gobierno las instalaciones de las compañías,
vendría la paralización inmediata de la industria petrolera, ocasionando estos males incalculables
al resto de la industria y a la economía general del país.

"Las compañías petroleras han gozado durante muchos años, los más de su existencia, de
grandes privilegios para su desarrollo y expansión; de franquicias aduanales; de exenciones
fiscales y de prerrogativas innumerables, y cuyos factores de privilegio unidos a la prodigiosa
potencialidad de los mantos petrolíferos que la nación les concesionó, muchas veces contra su
voluntad y contra el derecho público, significan casi la totalidad del verdadero capital del que se
habla."

Con ese preámbulo, el presidente Lázaro Cárdenas daba a conocer el


decreto mediante el cual se expropiaba la industria petrolera en beneficio del país.
Por ello, el 18 de marzo de 1938 es un día memorable para la nación mexicana.

El conflicto petrolero comenzó en 1935 cuando las empresas, en manos de


capital extranjero, trataron de impedir la formación de sindicatos y usaron para ello
todos los medios que estuvieron a su alcance, tanto lícitos como ilícitos. Aun así,
se logró, en cada compañía petrolera, crear sindicatos únicos, pero las
condiciones de trabajo entre una y otra eran muy diferentes.

Finalmente, el 27 de diciembre de 1935 se conformó el Sindicato Único de


Trabajadores Petroleros, no sin vencer una serie de trabas legales,
particularmente en Tamaulipas y Veracruz. El 29 de enero de 1936, este sindicato
se incorporó al Comité de Defensa Proletaria, del cual surgiría, al mes siguiente, la
Confederación de Trabajadores de México (CTM).

El 20 de julio de ese año, el Sindicato Único de Trabajadores Petroleros


llevó a cabo su primera convención, en la cual formuló un proyecto de contrato
general con todas las compañías y emplazó a huelga para exigir su cumplimiento.
El presidente Lázaro Cárdenas intervino para mediar ante las compañías
intentando lograr la firma de este contrato. Se aplazó la huelga por cuatro meses,
que se prolongaron aún dos más; pero todo fue inútil, pues no se llegó a ningún
acuerdo. El 28 de mayo de 1937 estalló la huelga, lo que paralizó al país entero al
no despacharse gasolina por doce días.

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En vista de esa situación, el presidente Cárdenas hizo un llamado a la


cordura y la huelga se levantó en tanto no se emitiera un fallo. Las compañías
declararon que se encontraban con problemas financieros y no podían cumplir con
las demandas de los trabajadores. Se decidió entonces investigar al respecto. El 3
de agosto, una comisión de peritos dio a conocer su conclusión: "la industria
petrolera mexicana produce rendimientos muy superiores a la de estados unidos.

La oposición mas extrema a la política petrolera cardenista, en el plano


interno, provino del cacique de San Luis Potosí y ex secretario de agricultura,
Saturnino Cedillo; quien inicialmente había apoyado a Lázaro Cárdenas en su
conflicto con Plutarco Elías Calles, pero empezó a distanciarse de él por estar en
desacuerdo con su programa de reformas. La posibilidad de una revuelta
encabezada por éste cacique no era desconocida por Cárdenas.

Mes y medio después de decretarse la expropiación, el 15 de mayo de


1938, la legislatura de San Luis Potosí dio a la publicidad un decreto
desconociendo al General Lázaro Cárdenas como presidente de la República. En
el mismo se destacaba que la expropiación petrolera no favorecía a la economía
del país.

La rebelión Cedillista nunca tuvo posibilidades de triunfo. Cárdenas redujo


al mínimo el empleo de la fuerza para sofocarla; más bien recurrió a la persuasión
para dispersar a la escasa fuerza rebelde.

Un factor importante que debilitó a este tipo de iniciativas subversivas fue


que no se vieron favorecidas con el apoyo del gobierno norteamericano.
Washington prefirió no correr riesgos, pues le preocupaba seriamente que los
movimientos fascistas o comunistas europeos llegaran a cobrar vigencia en el
continente americano.

Sin embargo, el éxito de la expropiación, en el plano interno, no dependió


únicamente de la habilidad del régimen para neutralizar a la oposición, sino de su
capacidad para mantener a flote un enorme complejo industrial a pesar de la
ausencia de personal capacitado. El desarrollo general del país no había permitido
la formación de cuadros técnicos nacionales que pudiesen tomar fácilmente sobre
sus hombros la dirección de la industria petrolera. En los primeros años el
gobierno tuvo que depender casi por entero del Sindicato de Trabajadores
Petroleros de la República Mexicana (STPRM). De hecho durante el primer
periodo de independencia de la industria petrolera, surgieron fuertes conflictos
provocados por la pugna entre el gobierno y el sindicato por su control y
administración. Sobrevinieron varias amenazas de huelga y diversos actos de
sabotaje; pero finalmente el gobierno logró imponer su punto de vista.

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

Los obreros ocuparon los altos puestos abandonados por los técnicos
extranjeros; saliendo adelante muchos de ellos. En poco tiempo fue posible
comprobar, contra los pronósticos de muchos, que las innumerables dificultades
técnicas no hundirían a la industria recién nacionalizada.

La situación no pasó inadvertida para la embajada norteamericana. En más


de una ocasión Josephus Daniels, entonces embajador en México, señaló al
Presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, y a Cordell Hull
Secretario de Estado norteamericano, que no había manera de que Cárdenas
diese marcha atrás, ya que su posición era más sólida que nunca.

Las colectas populares y la emisión de bonos para indemnizar a las


empresas afectadas estuvieron lejos de solucionar el problema económico pero sí
constituyeron movilizaciones impresionantes de la opinión pública en apoyo de la
nueva situación.

La expropiación fue contemplada, por un amplio sector del país, como un


sacudimiento decisivo de las lacras imperialistas que por tanto tiempo habían
pesado sobre México, impidiéndole confiar en su propia fuerza y capacidad.
Ciertamente se trató de un paso fundamental en la consolidación del espíritu
nacionalista a que dio origen la Revolución de 1910.

No obstante el apoyo no fue unánime. Algunos sectores minoritarios vieron


a la expropiación con alarma o con franca hostilidad. Ciertos funcionarios públicos
y observadores, predijeron un futuro apocalíptico: represalias económicas que
llevarían a la pérdida de valor de la moneda hasta un punto tal que la actividad
económica quedaría paralizada.

El rumor de la inminente represalia militar por parte de Estados Unidos y


Gran Bretaña, no dejó de circular con insistencia en los primeros días. De modo
que en los discursos del presidente Lázaro Cárdenas se percibe claramente un
esfuerzo por restablecer la calma y la confianza.

El 18 de marzo de 1938, a las ocho de la noche, reunido a puerta cerrada


con su gabinete al que le anunció su decisión de expropiar la industria petrolera.
Dos horas después, en todas las estaciones de radio de la República, Cárdenas
habló al país entero y le comunicó que se llevaba a cabo la expropiación de las
empresas petroleras ante la intransigencia en su negativa a someterse a las leyes
nacionales.

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

El acto produjo una honda impresión en todo el país; y rápidamente se fue


advirtiendo el apoyo de la opinión pública. El 23 de marzo hubo en la ciudad de
México una enorme manifestación de respaldo que, según citan las crónicas
periodísticas, superaba las cien mil personas.

El 12 de abril hubo una manifestación frente al Palacio de las Bellas Artes.


Millares de mujeres de todas las clases sociales llevaron su cooperación para
pagar la deuda petrolera. Las aportaciones iban desde gallinas hasta joyas
valiosas.

En forma independiente la compañía Sinclair entabló negociaciones con el


gobierno mexicano. Para octubre de 1939, las pláticas avanzaron lenta pero
firmemente, y ambas partes fueron encontrando un terreno de acuerdo cada vez
más amplio. El 1° de mayo se firmó el documento por medio del cual se
indemnizaba al grupo Sinclair con una suma total que oscilaba entre los 13 y 14
millones de dólares, se pagaría en efectivo en un plazo de tres años y el resto con
petróleo. Estas propiedades representaban el 40% de la inversión petrolera
norteamericana y el 15% de el total. La Standard Oil desató entonces una ola de
propaganda con el fin de impedir que el petróleo que se recibiera como parte de la
indemnización entrase a los Estados Unidos. No obstante México se mostró
dispuesto a concretar arreglos similares con el resto de las empresas afectadas.
Definitivamente la barrera había sido franqueada.

Hacia 1941 el periodo del presidente Cárdenas tocaba a su fin, al igual que
el del embajador Daniels , por lo que éste último urgió al presidente Roosevelt a
dar una solución definitiva al problema . El 27 de Septiembre tuvo lugar una
reunión de Cordell Hull y los directores petroleros. El secretario de Estado insistió
en que el interés nacional exigía una solución inmediata al problema, aunque
tuvieran que hacerse concesiones.

Los líderes del grupo petrolero, no mostraron ninguna comprensión y


recalcaron su decisión de perder las propiedades de su compañía en México antes
que sacrificar el principio en que se asentaban sus derechos de propiedad. El
acuerdo de noviembre de 1941 liquidó el conjunto de reclamaciones generales
aún pendientes, concedió un préstamo a México, así como un nuevo contrato para
compra venta de plata. Este acuerdo se conoció como el Good Neighbor
Agreement.

El gobierno mexicano de manera informal, dio a conocer sus propios


cálculos sobre el monto adecuado: Tomando en cuenta la deducción de ciertas
deudas que estás tenían con el fisco y con los obreros, México se consideraba
obligado a indemnizarlas por un total de 40 208 813 dólares. Sin embargo las

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

empresas insistían en la indemnización inmediata que debería tomar en cuenta el


valor del petróleo en el subsuelo, según sus cálculos, una suma aproximada de mil
millones de dólares.

Ante el conflicto en Europa, el departamento de Estado y el gobierno de


Washington empezaron a dar muestras de una menor hostilidad. Se propuso el
nombramiento de una comisión intergubernamental que acordase el monto y
forma de pago de los bienes expropiados.

La presión de la Segunda Guerra Mundial junto con el precedente sentado


por el arreglo sobre la indemnización a los propietarios norteamericanos afectados
por la reforma agraria permitieron que en 1942 se llegara finalmente a concretar
un acuerdo sobre la forma y el monto que habría de tener la indemnización.

Los términos de este arreglo fueron obra de una comisión mixta, a cuyo
frente se encontraron un representante norteamericano y otro mexicano. El 17 de
Abril de 1942 esta comisión asignó un valor de 24 millones de dólares a los bienes
de las compañías petroleras que del total, un tercio fuese pagado el 1° de junio y
el resto en los cinco años siguientes.

Hull informó a las compañías que no tenían obligación de aceptar los


términos del acuerdo, pero debían saber que de ahí en adelante no contarían con
apoyo oficial.

El gobierno mexicano se comprometió a pagar a las compañías petroleras


norteamericanas treinta millones de dólares.

Otro aspecto que presionó a Estados Unidos por un doble motivo a buscar
arreglo de sus diferencias con México, aún a costa de renunciar a puntos
largamente defendidos, fue el conflicto mundial. En primer lugar, el deseo de
impedir un resquebrajamiento en la unidad hemisférica, y en segundo, la
necesidad de cierta colaboración militar y económica entre México y los Estados
Unidos, para controlar el canal de Panamá. Particularmente para que los aviones
norteamericanos en vuelo hacia el canal pudiesen contar con bases en México.

Consecuencias del conflicto El golpe más fuerte a la industria


nacionalizada fue atestado por las dos grandes (Shell y Standard) corporaciones a
PEMEX, que fue la perdida de los mercados externos.

La industria petrolera que constituía la tercera actividad más importante del


país, tuvo que disminuir su producción considerablemente. La demanda interna se
convirtió de hecho en el sostén de esa actividad.

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

El arma empleada contra el boicot de quienes controlaban el mercado


mundial del petróleo y sus derivados, fueron los bajos precios a que PEMEX se vio
forzado a ofrecer sus productos.

La Standard y la Shell obstaculizaron seriamente la adquisición de


refacciones para los campos y refinería petroleras mexicanas. Firmas como la
Westinghouse ola General Electric, durante algún tiempo disminuyeron total o
parcialmente sus actividades.

La presión de las compañías se manifestó en la disminución del ingreso de


capitales procedentes del exterior y en campos tan alejados del petróleo, el
turismo, la propaganda desatada, contra el régimen mexicano hizo que la corriente
de turistas norteamericanos redujera en 1938 en un tercio con respecto al año
anterior. La perdida del mercado norteamericano fue un golpe serio, pero no fue
permanente ni completo; Hull y las compañías fueron progresivamente derrotados
por los bajos precios de los combustibles mexicanos.

Como ya se vio, el otro punto por el cual el Departamento de Estado atacó


a la economía mexicana fue la suspensión de la compra de plata.

Fue inútil que el embajador Daniels arguyera ante Roosevelt que esta
decisión hacía más difíciles las relaciones mexicano-norteamericanas, sin conducir
a la devolución de las propiedades expropiadas.
Forzara a una baja de casi 50% en el precio mundial de la plata.
Tres semanas después se empezó a adquirir ese metal en le mercado mundial sin
importar su origen. De toda formas, la expropiación de plata mexicana en 1938
registra un baja del 50%...en 1940 cuando la presión llego a s punto máximo, la
expropiación fue solo un sexto de la efectuada en 1937. Sin embargo, a manera
de represalia y para compensar la disminución de sus recaudaciones, México
puso en vigor en julio de 1938 un nuevo impuesto que afecto principalmente a los
miembros norteamericanos.
Estos mercados fueron principalmente los de Alemania e Italia Fascistas. Si bien
en un principio Cárdenas se mostró reacio a tratar con estos países, el cero
tendido en su derredor no le dejo otra alternativa...precio casi 50% menor del que
prevalecía en el mercado mundial...parte del pago se haría en especie. A cambio
de su petróleo, México estaba dispuesto a recibir equipo petrolero alemán, rayón
italiano o frijol japonés.

Así en 1939, las exportaciones mexicanas no fueron muy inferiores a las de 1937.
Península Escandinava, Francia Polonia, Latinoamérica y aun Inglaterra.

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La expropiación se produjo en un mal momento desde el punto de vista


económico, el año anterior había habido una mala cosecha, que se sumo a los
grandes déficits gubernamentales producidos por los programas de obras públicas
y de reforma agraria. La baja en las exportaciones de plata y petróleo,
repercutieron desfavorablemente en las recaudaciones del erario; la crisis de
confianza producida por la expropiación de los sectores privados extranjeros y
algunos nacionales, dio lugar a una huida de capitales. La moneda se deprecio en
un 28%, aumentaron los precios internos así como el nivel de desempleo.
Se reconoció que la mala situación económica había obligado al régimen a
moverse hacia la derecha. El programa político que habría de poner a México en
el "camino hacia el socialismo" dio un giro de ciento ochenta grados.
El historiador Lorenzo Meyer concluye que el triunfo final del gobierno mexicano
fue posible en cierta medida por circunstancias ajenas a el.
La industria nacionalizada pudo continuar su desarrollo debido a que las
características del país le hicieron depender casi por completo de los
hidrocarburos como fuente de energía; la demanda interna sustituyó
completamente a los mercados perdidos en el exterior. El caso de México se
convirtió en una excepción dentro del cuadro de la política petrolera mundial,
dirigida por Estados Unidos e Inglaterra, aunque como contrapartida mantuvo a
Pemex fuera del mercado mundial.
La perdida de los mercados de Alemania e Italia al estallar la II Guerra Mundial,
hizo descender nuevamente la exportación del petróleo, y México perdió
definitivamente su carácter de exportador de hidrocarburos.

México aceptó desde el principio pagar lo que debía tomado, pero no


inmediatamente sino dentro del plazo de diez años fijado por la ley. El gobierno de
Washington sugirió entonces como única solución que México devolviera lo
tomado, a lo cual Cárdenas se negó. El gobierno norteamericano y británico,
contribuyó a bloquear la expropiación, prohibiendo a sus dependencias que lo
adquirieran. Cárdenas abandonó la presidencia y no llegó a un arreglo definitivo
con la mayor parte de las empresas expropiadas.

Cárdenas debió tomar una decisión definitiva y en noviembre de 1939 el PRM


anunció que su candidato para el sexenio 1940-1946 sería el ex-secretario de
Guerra, general Manuel Ávila Camacho. La rivalidad entre Camacho y Almazán,
tuvo muchos encuentros de guerra, pero se le dio la victoria a Camacho.

Al entregar la Presidencia, el partido del gobierno seguía sosteniendo que la lucha


de clases era el motor del desarrollo histórico. Con el correr de los años se
afianzaría la idea de que al finalizar el sexenio de Cárdenas, había llegado
también a su fin la Revolución Mexicana.

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

La Política Internacional del Cardenismo

Uno de los logros de mayor relevancia de la Revolución Mexicana, una vez


concluida la etapa armada e iniciada la creación de instituciones, fue la definición
de políticas de Estado con respecto a las relaciones diplomáticas con otras
naciones.
Tocó al gobierno del general Lázaro Cárdenas hacer frente a graves
acontecimientos internacionales, que le obligaron a hacer evidente que los
principios declarados contaban con el apoyo de acciones concretas y reales.

Es muy curioso que un estadista como Lázaro Cárdenas, sin una formación
jurídica propiamente dicha, tuviera una idea tan clara de las necesidades de la
política exterior mexicana, se podría pensar que en esas circunstancias, él no
tenía porque tener una concepción de lo que significaba la presencia de México en
el extranjero, ni las ventajas de tener una política exterior. Pero creo todo lo
contrario, en esto hay muchas razones, tanto personales como políticas. Primero,
México acababa de salir de la etapa más violenta de la revolución mexicana, unos
años antes había sido asesinado el Presidente Carranza y, posteriormente,
también fue asesinado el Presidente electo, Álvaro Obregón, México estaba
considerado internacionalmente casi como un relegado, no fue invitado a la Liga
de las Naciones, hasta mucho tiempo después, además México tenía la fama en el
ámbito internacional de haber simpatizado con los alemanes en la Primera Guerra
Mundial, México no es reconocido internacionalmente como un interlocutor
respetable y válido; pero eso lo resuelve Lázaro Cárdenas con una serie de
medidas internacionales, ejecutadas por Isidro Fabela, fue quien llevo esa
necesidad política internacional que México tenía y, hace que el mundo considere
a México como mayor de edad.

En la Liga de las Naciones se presentan tres ó cuatro conflictos, la guerra


chino-japonesa, en la cual México, obviamente, se pone al lado de China. La
guerra civil española, donde la presencia y los discursos de Isidro Fabela siguen
siendo unas piezas únicas respecto a la no intervención y a la autodeterminación
de los pueblos. La guerra de Abisinia, el crimen internacional perpetuado por Italia
y, por último la anexión de Austria por Alemania, el Anschuluss, donde el único
país que mandó una carta de protesta al Secretario General de la Liga de las
Naciones, fue México a través de Isidro Fabela, cuyo texto está reproducido en
una plaza de Viena, que se llama México, tanto en alemán como en castellano.
Eso hizo que la posición de México en el ámbito internacional fuera reconsiderada,
además de que cumplió con una función en esos momentos donde nadie habla ni
de la ética, ni del deber. Puede sonar un poco vacío, pero se cumplía con una

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

obligación de justicia internacional, al defender a los pueblos que eran agredidos


y, que excepto México, nadie los defendió.
En este conflicto México se apegó a sus obligaciones internacionales como
Estado miembro de la Sociedad de las Naciones. En diciembre de 1934 hizo crisis
el conflicto premeditado por el gobierno italiano contra el Imperio de Etiopía,
ocurriendo un encuentro de tropas armadas en Ual-Ual. El gobierno etíope acudió
al Consejo de la Sociedad de las Naciones, pidiendo su intervención con
fundamento en el artículo 11 del Pacto. Pero como después de varias tentativas
tendientes a solucionar las dificultades por medio del arbitraje, se adquirió la
convicción general de que el Duce estaba resuelto a consumar su conquista en
Abisinia, la Asamblea, el 9 de octubre de 1935 aprobó el informe del Comité Legal
que declaraba agresora a Italia. Con excepción de Albania, Austria y Hungría, que
se abstuvieron de votar, todos los demás países estuvieron de acuerdo en aquella
declaración.
México, después de dar su voto condenando la agresión italiana, reitero entonces
el criterio internacional de nuestro país: “El no reconocimiento de las soluciones
que no se obtengan por medios pacíficos y de la no validez de las adquisiciones
territoriales alcanzadas por la ocupación o la conquista por la fuerza de las armas”.
Conforme a los preceptos y procedimientos establecidos en el Pacto una vez
reconocida legalmente la agresión italiana se nombró un Comité de Coordinación,
encargado de estudiar la manera de hacer efectivas las sanciones votadas por la
Liga.
La Secretaría de Relaciones mexicana autorizó a su Delegación en Ginebra
para que aceptara el formar parte del “Comité de los 18”, con el fin de colaborar
con la Liga de las Naciones, impulsado por su convicción jurídica de justicia y de
paz y su obediencia hacia los preceptos del Pacto, pero sin abrigar sentimientos
de hostilidad en contra de la nación italiana”.
El Comité adoptó cinco proposiciones como castigo al agresor:
1.- Prohibición de exportar armas, municiones y material de guerra;
2.- Medidas financieras;
3.- Prohibición de importar mercancías italianas;
4.- Embargo sobre determinadas exportaciones a Italia;
5.- Organización de la ayuda mutua.
El Presidente Cárdenas en virtud de las facultades extraordinarias de que
fue investido para el caso, dictó los decretos correspondientes a las sanciones
mencionadas.
El Gobierno Mexicano fiel a sus deberes como miembro de la Sociedad de
las Naciones se apegó a las resoluciones adoptadas por la Liga, aunque ellas
resultaran rigurosas.
Y, Fabela, citándose así mismo, como representante de México en Ginebra,
decía lo siguiente: “Al adherirse a la Sociedad de las Naciones, México no
ignoraba la importancia de los deberes que se comprometía a respetar y los ha

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

cumplido hasta hoy con lealtad absoluta. En el presente caso, mi Gobierno estaba
listo a incluir el petróleo en la lista de productos cuya exportación a Italia está
prohibida”.
El gobierno de Lázaro Cárdenas se veía claramente posicionado en la lucha
antifascista. Ya que México fue el único país de América Latina que protestó ante
la Sociedad de Naciones por la intervención alemana e italiana en la Guerra de
España.
Desde 1936, la embajada de México en España ejerce su derecho de asilo
para españoles de ambos bandos en zonas de peligro. En 1937, se organiza la
evacuación de 460 niños, en su mayoría huérfanos o alejados de sus familias por
la guerra (Los Niños de Morelia), y se empieza a organizar el asilo de intelectuales
y científicos.
En 1938 se crea la Casa de España en México (que se convertiría en El
Colegio de México a partir de 1940), como centro de acogida, estudio y trabajo
para los intelectuales españoles. Esta institución sirvió de plataforma para la
integración de los exiliados en la vida cultural del país.
A partir de 1939 empieza la emigración en masa y la organización para
instalar en México a la población que llega con la ayuda de las organizaciones
republicanas SERE (Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles), creada
en Francia por el gobierno de Negrín y JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos
Españoles), creado en México por Indalecio Prieto. En 1940 se estableció también
en México la Comisión Administradora del Fondo de Auxilio a los Refugiados
Españoles (CAFARE), que aglutinaría a las dos organizaciones anteriores. La
comunidad cuáquera y algunos organismos privados también habían participado
en la organización del exilio, consiguiendo fletar varios barcos desde Francia.
En el último año de su mandato dispuso la concesión de la ciudadanía mexicana a
todos los refugiados que la solicitasen, lo que supuso un salto cualitativo en la
situación de los exiliados españoles.
El asilo que ofreció México a los perseguidos por sus ideas políticas, no se
limitó a los combatientes o ideólogos republicanos, sino también a los niños que
debido a la guerra habían quedado sin amparo, a los cuales recibió en su territorio.
El General Lázaro Cárdenas del Río, a finales de 1936, le concedió asilo político a
León Trotsky, por mediación de la petición del General Francisco J. Múgica,
Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. Llega a México el 9 de enero de
1937 donde Diego Rivera y Frida Kahlo pusieron a su disposición la Casa Azul de
Coyoacán.

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

CONCLUSIÓN
Podemos resumir que la reforma agraria cardenista puso fin a la hacienda,
modernizó al campo mexicano en algunas regiones; sin embargo, algunos de los
rasgos que caracterizaron de la estructura agraria persistieron como herencia del
cardenismo, entre los cuales podemos mencionar: la coexistencia del ejido con la
pequeña propiedad y el impulso a la producción agrícola destinados a la
exportación. La situación real fue que no mejoró la vida de los campesinos con la
redistribución de la tierra, pero la poca pertenencia a la tierra que se generó en la
conciencia de los campesinos, posibilitó el desmantelamiento de las viejas
políticas agrarias que habían caracterizado las tres primeras décadas del siglo XX.

Es por ello que según los especialistas, el reparto agrario que el Estado
llevó a cabo también tuvo funciones de manipulación y control de las masas de
ejidatarios y jornaleros agrícolas ya que con la organización nacional que se
impulsó, el gobierno logró pacificar al país consolidando su dominación sobre las
masas campesinas.

Por otro lado, la revolución económica dio comienzo en los últimos años del
cardenismo, y no obstante que la política del gasto público se orientó al bien
social, al final se vio que estas medidas no habían dañado al capitalismo, sino
que, por lo contrario, sentaron las bases para el crecimiento económico que habría
de acelerarse en el período subsiguiente.

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Economía y sociedad de México Contemporáneo

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