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David Hume

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David Hume
Allan Ramsay - David Hume, 1711 - 1776. Historian and philosopher - Google Art
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Retrato de Hume por Allan Ramsay1
Información personal
Nacimiento 26 de abril de 1711jul., 7 de mayo de 1711 o 26 de abril de 1711 Ver y
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Edimburgo (Reino de Gran Bretaña) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 25 de agosto de 1776 Ver y modificar los datos en Wikidata
Edimburgo (Reino de Gran Bretaña) Ver y modificar los datos en Wikidata
Sepultura Old Calton Cemetery Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Británica
Familia
Padres Joseph Hume, 10th of Ninewells Ver y modificar los datos en Wikidata
Katherine Falconer Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Educado en Universidad de Edimburgo Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Filósofo, economista, bibliotecario, historiador, ensayista y escritor
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Área Filosofía Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador

Advocates Library (1752-1757)


Embajada del Reino Unido en Francia (1763-1766) Ver y modificar los datos en
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Movimientos Empirismo, naturalismo, escepticismo filosófico e Ilustración Ver y


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Obras notables

Investigación sobre el entendimiento humano


Investigación sobre los principios de la moral
Tratado de la naturaleza humana Ver y modificar los datos en Wikidata

Sucesor Adam Smith


Miembro de Sociedad Real de Edimburgo Ver y modificar los datos en Wikidata
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David Hume (Edimburgo, 7 de mayo de 1711-ibídem, 25 de agosto de 1776)2fue un


filósofo, historiador, economista y ensayista escocés. Constituye una de las
figuras más importantes de la filosofía occidental y de la Ilustración escocesa. Es
conocido por su sistema filosófico altamente influyente en el empirismo,
escepticismo y naturalismo. Sus obras principales son: Tratado de la naturaleza
humana (1739) e Investigación sobre el entendimiento humano (1748).

Hume estuvo fuertemente influido por los empiristas John Locke y George Berkeley,
así como por varios escritores franceses como Descartes, Malebranche, Pierre Bayle
y el barón d'Holbach, y algunas figuras del panorama intelectual anglófono como
Isaac Newton, Samuel Clarke, Francis Hutcheson y Joseph Butler.3 Hume se esforzó
por crear una ciencia naturalista del hombre que examinara la base psicológica de
la naturaleza humana. Hume argumentó en contra de la existencia de ideas innatas,
postulando que todo el conocimiento humano se deriva únicamente de la experiencia.

Argumentó que el razonamiento inductivo y la creencia en la causalidad no pueden


justificarse racionalmente; en cambio, son el resultado de la costumbre y el hábito
mental. Este problema de la inducción significa que para sacar cualquier inferencia
causal de la experiencia pasada es necesario presuponer que el futuro se parecerá
al pasado, una presuposición que no puede fundamentarse en la experiencia previa.
Un oponente de los racionalistas, Hume sostuvo que "la razón es, y debe ser solo la
esclava de las pasiones".

Hume fue un emotivista, que sostuvo que la ética se basa en la emoción o el


sentimiento más que en un principio moral abstracto. Se considera ser el primero en
exponer el problema de deducir oraciones normativas (deber) a partir de oraciones
descriptivas (ser). Hume también negó que los humanos tengan una concepción real
del yo, postulando que experimentamos solo un conjunto de sensaciones, y defendió
el determinismo causal como totalmente compatible con la libertad humana. Sus
puntos de vista sobre la filosofía de la religión, incluido su rechazo de los
milagros y el argumento del diseño de la existencia de Dios, fueron especialmente
controvertidos para su época.

David Hume influyó en el utilitarismo, el positivismo lógico, la filosofía de la


ciencia, la filosofía analítica, la ciencia cognitiva, la teología y otros
movimientos. Immanuel Kant, por ejemplo, atribuía a Hume el haber supuesto un
estímulo para su pensamiento filosófico que lo habría despertado de su "sueño
dogmático".
Índice

1 Biografía
1.1 Primeras obras
1.2 Reconocimiento de su obra
2 Filosofía
2.1 Empirismo
2.1.1 Ideas e impresiones
2.1.2 Asociación de ideas
2.1.3 Causalidad y hábito
2.1.4 Problema de la inducción
2.1.5 Bundle theory y el yo
2.2 Ética
2.2.1 Razón práctica
2.2.2 Emotivismo
2.2.3 Determinismo y libre albedrío
2.2.4 Problema del ser y el deber ser
2.2.5 Utilitarismo
2.3 Estética
2.4 Religión
2.4.1 Problema de los milagros
2.4.2 Argumento del diseñador
2.5 Teoría política
2.5.1 Conservadurismo
2.5.2 Contribuciones al pensamiento económico
2.5.3 Racismo
3 Obras
4 Interpretaciones
5 Polémica
6 Reconocimientos
7 Véase también
8 Notas
9 Referencias
10 Bibliografía
11 Enlaces externos

Biografía
David Hume nació en Edimburgo (Escocia) el 7 de mayo de 1711 en una familia
perteneciente a la pequeña nobleza de la frontera con Inglaterra. Fue el menor de
tres hermanos. Su padre, abogado, falleció en 1714 cuando David era aún pequeño y
su madre se fue entonces a vivir a Ninewells para criar a sus hijos con su cuñado.
En 1722 entró en el Colegio de Edimburgo, donde tuvo por profesores a discípulos de
Newton y leyó a los poetas latinos y a los escritores ingleses.

Su familia lo destinó a hacer la carrera de Derecho, aunque desde muy joven supo
que quería dedicarse a la Filosofía. Él mismo lo relata en su autobiografía My own
life, que escribió cuatro meses antes de su muerte:

Seguí el itinerario normal de educación con éxito, y ya a muy corta edad caí
preso de una gran pasión por las letras que se ha convertido en la tendencia
dominante en mi vida y en la fuente principal de mis satisfacciones.

En la primera carta que se conserva suya, que escribió con 16 años, Hume ya habla
de la posibilidad de "investigar el espíritu humano". Así que, hastiado por los
estudios de leyes, pasó un periodo de crisis en 1734 que evoca en una carta a John
Arbuthnot.4 Se trataba de una «insuperable aversión hacia toda cosa salvo los
estudios de filosofía y el saber en general». Rehusando así ser abogado, marchó a
Bristol para intentar ganarse la vida con el comercio antes de viajar a Francia y
permanecer allí casi tres años, residiendo primero en Reims y luego en La Flèche
(actual Sarthe) entre 1735 y 1737. Ya con 26 años acabó de redactar su Tratado de
la naturaleza humana. La lectura de John Locke y del obispo y filósofo irlandés
George Berkeley y su distinción entre razón y sentidos había despertado su crítica
al concepto de causalidad, y Hume llevó aún más lejos sus principios intentando
demostrar que la razón y sus juicios son meras asociaciones habituales de
diferentes sensaciones o experiencias.

De vuelta a Londres (1737) publica sin nombre de autor los dos primeros libros de
esta obra en enero de 1739, sin despertar atención alguna. Su decepción fue muy
grande y en su Autobiografía comentó de este primer trabajo que «nació muerto a
causa de la prensa».5 En realidad, le hicieron varias reseñas, si bien ninguna
alcanzó a comprender las tesis de Hume ni la amplitud de sus propósitos, tal vez
por el estilo abstruso que había adoptado.6 Sin embargo, esto sirvió para que el
filósofo apercibiera la importancia de ser bien comprendido por su público, de
forma que reescribió en un estilo menos abstracto sus ideas para explicarse con
mayor claridad y extensión, abandonando el género del tratado sistemático y
adoptando los más literarios del diálogo y del ensayo (afinado este por sus
contemporáneos Steele y Addison) para exponer su pensamiento. Aplicó ese estilo y
géneros también a sus otros libros, que desde entonces tuvieron como propósito
principal aclarar las ideas condensadas y anticipadas en los tres volúmenes de esta
obra. Por ello Hume rehusó que el Tratado formara parte de sus Obras completas, si
bien esta renuncia no impidió que su primer libro sea hoy una de las obras más
importantes de la filosofía occidental.

Tras el fracaso del Tratado, Hume volvió con su familia a Escocia en 1739, llevando
una vida frugal y morigerada; conoció a su pariente lejano, el ilustrado y liberal
juez del Tribunal Supremo de Escocia Henry Home, lord Kames, quien llegó a ser, en
palabras de David, su mejor amigo, y comenzó además una relación epistolar con
Francis Hutcheson. Publicó en 1740 un Resumen del Tratado de la naturaleza humana y
luego, en otoño, se animó a publicar también el libro III del Tratado así como un
Apéndice. En ese mismo año conoció también al famoso economista Adam Smith, en
quien tanto habían de calar sus ideas. Publicó la primera parte de sus Ensayos
morales y políticos (compuesto de 15 textos) en 1741 en Edimburgo y la obra fue un
éxito, siendo objeto de una segunda edición en 1742 aumentada con 12 textos nuevos.

En 1744 su candidatura a la cátedra de moral y filosofía pneumática de la


Universidad de Edimburgo fue rechazada a causa de los enemigos que su pensamiento
radical le había granjeado. Sobre todo fue por el presunto ateísmo que contendrían
las tesis del Tratado. El filósofo respondió con una Carta de un caballero a su
amigo de Edimburgo en la que se niega a sí mismo cualquier rechazo de la idea de
Dios.

Ese mismo año devino preceptor de George Vanden-Bemp, III marqués de Annandale
(1720-1792), cuya salud mental se degradaba poco a poco, y en 1746 se convirtió en
secretario del general James Saint-Clair (1688-1762), pariente suyo por demás, y
viajó con él y con sir Harry Erskine en una misión diplomática a Viena y a Turín en
1748.7 A causa de este viaje se despertó en Hume un interés por la historia que
todavía tardó unos años en florecer; publicó sin embargo en ese año sus
Investigaciones sobre el entendimiento humano (más tarde bautizadas Encuesta sobre
el entendimiento humano), sin suscitar apenas interés. Sin embargo, en esta obra,
inspirándose en el ocasionalismo de Malebranche, creaba una epistemología para la
cual el contenido de las leyes que rigen nuestro mundo no puede deducirse o
plantearse a priori, como con una deducción lógica o una proposición matemática; se
descubre solo por la constatación a posteriori (desde la experiencia) de ciertas
correlaciones. La observación experimental de estas correlaciones permite
seguidamente precisar el contenido de estas leyes.

Volvió a Escocia en 1749; escribió sus Discursos políticos y sus Investigaciones


sobre los principios de la moral (más tarde rebautizados Encuesta sobre los
principios de la moral). Este último rehacía parcialmente y reformulaba ciertos
puntos ya abordados en el Tratado de la naturaleza humana. Su reputación de
filósofo comenzaba entonces a expandirse. En 1751 volvió a Edimburgo y publicó en
1752 sus Discursos políticos, que fueron bien acogidos. Sin embargo, en Londres sus
Investigaciones sobre los principios de la moral se recibieron con indiferencia.

En 1752 logró el trabajo de bibliotecario del Colegio de abogados de Edimburgo y se


embarcó en la escritura de una Historia de Inglaterra en seis volúmenes. El
primero, consagrado a los Estuardo, fue viva y unánimemente criticado; el segundo
(1756), estudiaba el periodo posterior a la muerte de Carlos I de Inglaterra hasta
la Revolución Gloriosa de 1688; en 1759 publicó el consagrado a los Tudor. La serie
concluyó en 1761 con los dos últimos volúmenes, encontrando en conjunto al
principio un éxito limitado, ya que Hume había evitado dejarse llevar por los
prejuicios contemporáneos, aunque después y poco a poco se transformó en un
auténtico éxito, ganándole un prestigio solo por debajo del de Edward Gibbon antes
de que surgiera la gran figura de Thomas Macaulay. La novedad que aportaba, fuera
de esa gran imparcialidad, fue ampliar el ámbito de la historia al incluir en ella
los adelantos culturales, científicos y artísticos de cada época, si bien llamó a
los poetas del XVII, conforme a los principios estéticos y morales de su época,
"genios pervertidos por la idenciencia y el mal gusto, aunque ninguno más que
Dryden". Entretanto había publicado en Londres su Historia natural de la religión
(1757). Creyendo acabada su obra, se retiró entonces al campo, soñando con un
retiro apacible.

Pero de él le sacó la oferta de un puesto de secretario en la Embajada de Francia


por parte del Conde de Hertford (1763) y marchó a París. En 1767 pasó a ser el
encargado de negocios. Aprovechó entonces para frecuentar a los philosophes de la
Ilustración y el salón de Madame d'Épinay (1726-1783), a quien le pareció un hombre
eminente pero soso y sin conversación, al menos con las damas.8 Abandonó estas
funciones en 1766 para ser nombrado subsecretario de Estado en Londres, y volvió a
Inglaterra en compañía de Jean-Jacques Rousseau, a quien admiraba y había invitado
a Inglaterra para librarle del acoso que sufría en tierras galas, pero con quien
convivió difícilmente a causa de la paranoia que aquejaba al final de su vida al
genial francés, a quien, sin embargo, le consiguió una pensión otorgada por el rey
de Inglaterra; estos desencuentros y desavenencias fueron seguidos con cierto
morboso interés por toda la Europa ilustrada.
Los años siguientes los repartirá entre su Escocia natal y Londres, donde ocupó el
cargo de subsecretario de Estado para el Departamento septentrional; sin embargo,
no había dejado nunca de escribir y, en 1768, se dedicó a corregir una reedición de
su Historia de Inglaterra, la obra que más fama y reconocimiento le dio en vida. Al
año siguiente volvió a Edimburgo.9

A partir de 1775 comenzó a sentir los efectos de un tumor intestinal y un año más
tarde falleció a la edad de sesenta y cinco años. Junto a él, en su lecho de
muerte, se encontraba su amigo Adam Smith, quien contó cómo Hume bromeaba
imaginando qué excusa dar a Caronte cuando se lo encontrara.

Se atrevía a tratar la materia de forma liviana un hombre convencido en verdad


de su inminente fallecimiento y por demás satisfecho de que la muerte no fuera más
que simple aniquilación.10

Sabedor del poco tiempo que le quedaba, Hume escribió una corta noticia
autobiográfica algo antes de su deceso (My own life). En ella, esforzándose por
guardar un tono objetivo, describe en especial cómo incrementó progresivamente su
patrimonio y pasó de una relativa pobreza a una cierta opulencia. Termina con un
análisis de su carácter: «Dulce, dueño de sí mismo, de un humor alegre y social,
capaz de amistad pero muy poco inclinado al odio, y harto moderado en todas mis
pasiones.»11

Su autobiografía fue publicada con carácter póstumo en 1777, así como Diálogos
sobre la religión natural (1779), ya que, aunque Hume los había escrito hacia 1750,
consideró que debía ocultar su trabajo a causa de su naturaleza escéptica.
Primeras obras

En 1734, tras unos meses en Bristol, dejó el estudio autodidacta y se trasladó a La


Flèche (Anjou, Francia). Durante los cuatro años que permaneció allí, diseñó su
plan de vida, como escribiría en De mi propia vida (1776), decidiendo «hacer que
una estricta frugalidad supla mi falta de fortuna, para mantener mi independencia
intacta, y para considerar todas las cosas prescindibles excepto la mejoría de mi
talento para la literatura».

En La Flèche completó el Tratado de la naturaleza humana (1739) a la edad de


veintiséis años. Aunque hoy en día se considera al Tratado el trabajo más
importante de Hume y uno de los libros más relevantes de la historia de la
filosofía, el público británico le dispensó una fría acogida. El mismo Hume
describió la falta de reacción popular ante la publicación de su Tratado en 1739-
1740 al escribir del libro que «nació muerto desde la imprenta, sin ni siquiera
alcanzar la distinción necesaria para levantar un murmullo entre los fanáticos.
Pero, siendo de temperamento alegre y optimista, me recuperé pronto de la decepción
y proseguí con ardor mis estudios». Entonces escribiría un resumen de un libro
publicado recientemente titulado Tratado de la naturaleza humana, donde el
argumento central del libro se ilustra y explica. Sin revelar su autoría, intentó
hacer su trabajo más inteligible acortándolo, pero incluso esta labor publicitaria
erró en su propósito de despertar el interés en el Tratado.

Tras la publicación de Ensayos de moral y política en 1744 solicitó una cátedra de


ética y pneumática (psicología) en la Universidad de Edimburgo, pero fue rechazado.
Durante la Rebelión Jacobita de 1745 fue tutor del Marqués de Annandale. Fue
entonces cuando comenzó su gran trabajo histórico, la Historia de Inglaterra, obra
publicada en seis volúmenes entre 1754 y 1762 que alcanzaría un éxito considerable,
a diferencia de lo que ocurrió con el Tratado.

Hume fue acusado de herejía por la Iglesia escocesa, pero sus amigos le defendieron
alegando que al ser ateo estaba fuera de la jurisdicción de la Iglesia de Escocia.
A pesar de resultar absuelto y posiblemente debido a la oposición de Thomas Reid de
Aberdeen, que durante ese año criticó su metafísica desde el cristianismo, le fue
denegada la cátedra de filosofía en la Universidad de Glasgow. En 1752, como relata
en De mi propia vida, «la facultad de derecho me eligió como bibliotecario, un
empleo por el que recibía escasos o nulos emolumentos, pero que puso bajo mi mando
una gran biblioteca». Esta biblioteca le proporcionó las fuentes que le permitieron
continuar con las investigaciones históricas necesarias para la escritura de su
Historia de Inglaterra.
Reconocimiento de su obra
Tumba de David Hume en Edimburgo.

Hume se granjeó notoriedad como ensayista e historiador. Los seis volúmenes de su


Historia de Inglaterra abarcan desde los reinos sajones hasta la Revolución
Gloriosa de 1688; se vendió mucho en su época. En ella, Hume presentaba al hombre
como una criatura de costumbres, predispuesto a someterse en silencio al gobierno
establecido a menos que se enfrente a la incertidumbre. Según él, solo las
diferencias religiosas podían desviar al hombre de sus vidas cotidianas para
hacerle pensar en política. Gracias a las críticas de sus obras, su libros iban
recibiendo más atención por parte de estudiosos. Como señala Paul Strathern, el
espaldarazo definitivo lo recibió al tener todos sus libros en el Índice de Libros
Prohibidos por la Iglesia católica.12

El ensayo de Hume De la superstición y la religión estableció las bases del


pensamiento laico. Los críticos con la religión de la época de Hume tenían que
expresarse con cautela. Apenas 15 años antes del nacimiento de Hume, un estudiante
de dieciocho años, Thomas Aikenhead, fue juzgado por decir públicamente que el
cristianismo era un sinsentido, blasfemia por la que sería ahorcado. Hume siguió la
práctica habitual de expresar sus puntos de vista indirectamente, a través de
personajes que dialogaban en su obra. Además, no reclamó la autoría del Tratado
hasta el año de su muerte, en 1776. Sus ensayos Del suicidio, y De la inmortalidad
del alma y sus Diálogos sobre la religión no se publicarían hasta después de su
muerte, y aun así Hume no figuraba en ellos en los nombres del autor ni del editor.
Hume fue tan hábil camuflando sus ideas que a día de hoy todavía se discute si en
realidad era deísta o ateo. A pesar de ello, se le denegaron muchos cargos por
declararse ateo.

Hay un relato (probablemente falso) sobre David Hume y su supuesto ateísmo. En él,
Hume cae de su caballo en un barrizal y se empieza a hundir. Entonces pasa por allí
una anciana y pía dama. Cuando ve al célebre ateo agitando sus brazos en un intento
de salvar su vida se acerca al borde y le mira. Hume le suplica a la dama que le
acerque una rama para poder escapar, pero ella responde que se niega a menos que
proclame su devoción a Dios Todopoderoso. Hume finalmente hace lo que le pide y la
dama le ayuda a salir.

De 1763 a 1765 Hume ejerció como secretario de Lord Hertford en París, donde se
ganó la admiración de Voltaire y fue agasajado por las damas de la alta sociedad.
Allí trabó una amistad con Rousseau que más tarde se estropearía. Escribió sobre su
estancia en París «A menudo añoré la tosquedad de The Poker Club de Edimburgo...
para corregir y rectificar tanta exquisitez». En 1768 se estableció en Edimburgo.
En 1770, el filósofo alemán Immanuel Kant avivó el interés por los trabajos
filosóficos de Hume al declarar que le habían despertado de «sueños dogmáticos»
(circa) y desde entonces gozó del reconocimiento que había perseguido durante toda
su vida.

James Boswell visitó a Hume pocas semanas antes de su muerte. Hume le dijo que
sinceramente veía la vida después de la muerte como «el capricho más irracional».
Hume escribió su propio epitafio: «Nacido en 1711, Muerto en 1776. Dejando a la
posteridad que añada el resto», que está grabado conjuntamente con el año de su
fallecimiento en la «sencilla tumba romana» que dejó escrito que prefería y que
está situada, como deseaba, en la ladera este de Calton Hill, desde la que se ve su
casa, en el número 1 de St David Street del New Town de Edimburgo.
Filosofía

Aunque Hume escribió sus obras en el siglo XVIII, su trabajo sigue siendo relevante
en las disputas filosóficas de la actualidad, lo que contrasta con las aportaciones
de muchos de sus contemporáneos. En Tratado de la naturaleza humana, Hume explica
cómo la ciencia del hombre es "la única base sólida para las otras ciencias" y que
el método de esta ciencia requiere tanto la experiencia como la observación como
fundamentos de un argumento lógico.13 Como se lee en la Enciclopedia de obras de
Filosofía de Franco Volpi, «las ciencias empíricas del espíritu han de formular el
conjunto de leyes sencillas y universalmente válidas [...] Según Hume, este
conjunto es la naturaleza del hombre».12 Con respecto a esto, el historiador y
filósofo Frederick Copleston sugiere que "el plan de Hume es extender a la
filosofía en general las limitaciones metodológicas de la física newtoniana".14 A
continuación se ofrece un sumario de sus trabajos filosóficos más influyentes:
Empirismo

Hume creía que todo el conocimiento humano proviene de los sentidos, pero llevó el
empirismo a un nuevo nivel de escepticismo. Argumentó de acuerdo con la visión
empirista de que todo conocimiento se deriva de la experiencia sensorial, pero
aceptó que esto tiene implicaciones que normalmente no son aceptables para los
filósofos. Escribió, por ejemplo, «Locke divide todos los argumentos en
demostrativos y probables. Desde este punto de vista, debemos decir que sólo es
probable que todos los hombres deban morir o que el sol saldrá mañana, porque
ninguno de estos puede demostrarse».15 Hume pensó que podemos formar creencias
sobre aquello que se extiende más allá de cualquier experiencia posible, mediante
el funcionamiento de facultades como la costumbre y la imaginación, pero se mostró
escéptico sobre las afirmaciones de conocimiento sobre esta base.
Ideas e impresiones
Portada del primer volumen del Tratado de la naturaleza humana.

Una doctrina central de la filosofía de Hume, enunciada en las primeras líneas del
Tratado de la naturaleza humana es que la mente se compone de percepciones, o de
los objetos mentales que le son presentes, y que se dividen en dos categorías:
"Todas las percepciones de la mente humana se resuelve en dos clases distintas, que
llamaré impresiones e ideas".16 Hume creía que "no sería muy necesario emplear
muchas palabras para explicar esta distinción".17 Las percepciones o impresiones
son “todo lo que puede estar presente a la mente, sea que empleemos nuestros
sentidos, o que estemos movidos por la pasión o que ejerzamos nuestro pensamiento y
nuestra reflexión”.18 Las ideas son impresiones "débiles". Por ejemplo,
experimentar la dolorosa sensación de tocar el mango de una sartén caliente es más
contundente que simplemente pensar en tocar una sartén caliente.17

Hume diferencia entre las percepciones de la mente cuando alguien siente algo y
cuando posteriormente evoca en la mente esta sensación o la anticipa en su
imaginación. Es posible llegar a representar en nuestra mente un objeto de forma
muy vívida, pero nunca podrá presentarse ante nosotros con la misma fuerza y
vivacidad de la experiencia sensible inicial, luego el pensamiento más intenso es
siempre inferior a la sensación más débil. Así define Hume estos términos en
Investigación sobre el entendimiento humano:

«Podemos dividir todas las percepciones de la mente en dos clases o especies,


que se distinguen por sus diferentes grados de vivacidad: las más vivaces e
intensas son las impresiones y las de menor fuerza son las ideas». «Con el término
impresión me refiero a nuestras percepciones, cuando oímos, o vemos, o sentimos, o
amamos, u odiamos, o deseamos. Y las impresiones se distinguen de las ideas, que
son impresiones menos vívidas de las que somos conscientes cuando reflexionamos
sobre alguna de las sensaciones anteriormente mencionadas».
Más adelante precisa el concepto de las ideas, al decir:

«Una proposición que no parece admitir muchas disputas es que todas nuestras
ideas no son nada excepto copias de nuestras impresiones, o, en otras palabras, que
nos resulta imposible pensar en nada que no hayamos sentido con anterioridad,
mediante nuestros sentidos externos o internos».

Otra distinción que hace Hume en su Tratado es la siguiente división:

«Las percepciones o impresiones e ideas simples son tales que no admiten


distinción ni separación. Los complejos son contrarios a estos, pudiendo
distinguirse en partes. Aunque un color, un sabor y un olor en particular son
cualidades unidas en esta manzana, es fácil percibir que no son lo mismo, pero al
menos se pueden distinguir entre sí [...] El examen completo de esta cuestión es el
tema del presente tratado; y, por tanto, aquí nos contentaremos con establecer una
proposición general, que todas nuestras ideas simples en su primera aparición se
derivan de impresiones simples, que les son correspondientes y que representan
exactamente».19

Asociación de ideas

Aunque en apariencia nuestro pensamiento tenga una libertad ilimitada, en realidad


toda la creatividad de la mente se reduce a la facultad de mezclar, aumentar o
disminuir, o combinar los materiales que nos dan los sentidos y la experiencia.
Todas aquellas cosas que imaginamos se derivan de una experiencia previa, ya sea
interna o externa. Podemos imaginar una montaña de oro, aunque no exista en la
realidad, porque, aunque no hemos experimentado la cosa en sí, tenemos experiencia
de lo que es una montaña y de lo que es el oro, hemos combinado en nuestra mente
dos ideas que conocíamos con anterioridad gracias a la experiencia sensible. En
consecuencia existe un principio de conexión entre los distintos pensamientos o
ideas, ya que cuando se presentan en la memoria o la imaginación, unos introducen a
otros siguiendo un cierto orden. Hume pensaba que había tres principios de conexión
entre ideas: el de semejanza, contigüedad en el espacio y en el tiempo y el de
causa o efecto.

El principio de semejanza se refiere a la tendencia de las ideas a asociarse si


los objetos que representan se parecen entre sí. Por ejemplo, alguien que mira la
ilustración de una flor puede concebir una idea de la flor física porque la idea
del objeto ilustrado está asociada con la idea del objeto físico.
El principio de contigüidad describe la tendencia de las ideas a asociarse si
los objetos que representan están cerca unos de otros en el tiempo o en el espacio,
como cuando el pensamiento de un crayón en una caja nos lleva a pensar en el crayón
contiguo.
El principio de causa y efecto se refiere a la tendencia de las ideas a
asociarse si los objetos que representan están relacionados causalmente, lo que
explica cómo recordar una ventana rota puede hacer que alguien piense en una bola
que había hecho añicos la ventana.

Causalidad y hábito
Artículo principal: Principio de causalidad

En Investigación sobre el entendimiento humano (EHU), §4.1.20-27, §4.2.28-33,20


Hume articuló su tesis de que todo el razonamiento humano pertenece a dos clases:
Relaciones de ideas y Cuestiones de hecho (véase también la distinción analítico-
sintético de Kant). Mientras que las primeras involucran conceptos abstractos como
las matemáticas y están gobernadas por las certezas deductivas (por ejemplo, "que
el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los dos
lados"), los segundos comportan la experiencia empírica donde todos los
razonamientos son inductivos por ejemplo, "el sol sale en el Este "). Escribió:
"Los razonamientos abstractos no pueden decidir ninguna cuestión de hecho o
existencia".21 Continuando con esta idea, Hume argumenta que "sólo en el reino puro
de las ideas, la lógica y las matemáticas, sin depender de la conciencia del
sentido directo de la realidad, [puede] aplicarse la causalidad con seguridad [...]
—todas las demás ciencias se reducen a la probabilidad".

Todos nuestros razonamientos sobre cuestiones de hecho parecen fundarse en la


relación de causa y efecto. Solo a través de esta relación podemos ir más allá de
la evidencia de nuestra memoria y nuestros sentidos. Hume pone el siguiente
ejemplo: una persona que encontrase un reloj en una isla desierta llegaría a la
conclusión de que allí hubo alguien. Hume se dio cuenta de que aunque percibimos
que un elemento suceda al otro, no percibimos ninguna condición necesaria y
suficiente entre los dos. Entre ambos hechos se supone una relación que hace que
del hecho presente se infiera otro, estableciendo entre ellos una relación de causa
y efecto: hay un reloj (efecto) porque antes hubo una persona a la que le
pertenecía (causa). Una vez que nos damos cuenta de que "A debe producir B"
equivale simplemente a "Debido a su conjunción constante, estamos psicológicamente
seguros de que B seguirá a A", entonces nos queda una noción de necesidad muy
débil.22 En consecuencia, no tenemos ninguna razón para creer que el primero causó
al segundo, o que continuarán apareciendo siempre en conjunción constante en el
futuro.23

Hume explica que cuando alguien observa que un objeto o evento produce
consistentemente el mismo objeto o evento, se da como resultado de la psicología
humana24 al tener "una expectativa de que un evento particular (una 'causa') será
seguido por otro evento (un 'efecto') previa y constantemente asociado con él",
puesto que ningún objeto revela a través de las cualidades que son captadas por los
sentidos ni sus causas ni sus efectos.25 Hume llama a este principio costumbre o
hábito.

«No tenemos otra noción de causa y efecto que la de ciertos objetos, que
siempre han estado unidos entre sí, y que en todos los casos pasados se han
encontrado inseparables. No podemos penetrar en la razón de la conjunción. Solo
observamos la cosa en sí, y siempre encontramos que a partir de la conjunción
constante los objetos adquieren una unión en la imaginación».26

Dado que de acuerdo con Hume no podemos conocer nada de la naturaleza con
anterioridad a la experimentación, incluso un hombre racional sin experiencia «no
podría haber inferido de la transparencia y la fluidez del agua que sofocaría su
sed, o a partir de la luz y el calor del fuego que le consumiría» (EHU, 4.1.6).
Hume declaró que nuestra idea de causalidad consiste en poco más que la esperanza
de que ciertos acontecimientos se den tras otros que los preceden. Esto constituye
un aspecto importante del escepticismo de Hume, en cuanto equivale a decir que no
podemos tener la certeza acerca de puntos de vista de metafísicos y teológicos
(como sustancia y Dios)27 sobre la base de que no se basan en hechos y
observaciones de las que esas ideas se derivan y, por lo tanto, están más allá del
alcance del entendimiento humano (véase el Tenedor de Hume).

Críticas similares a la causalidad han sido expuestas anteriormente por Malebranche


y Algazael. Pero esto desafía al sentido común, creando el problema de la causación
—¿Qué justifica nuestra confianza en la existencia de una conexión causal y de qué
clase de conexión podemos saber?—, un problema para el que no se ha encontrado
solución. Hume sostuvo que tanto nosotros como otros animales tenemos una tendencia
instintiva a creer en la causación debido al desarrollo de hábitos de nuestro
sistema nervioso, una creencia que no podemos eliminar, pero que no podemos probar
mediante ningún argumento, deductivo o inductivo.
Problema de la inducción
Artículo principal: Problema de la inducción
Dado que todo lo que podemos decir, pensar o predecir de la naturaleza debe venir
de la experiencia previa, nuestro conocimiento yace en el razonamiento inductivo,
necesario en el método científico. No obstante, la inferencias del razonamiento
inductivo, según Hume, presuponen que se puede confiar en los actos pasados como
regla a partir de la cual se puede predecir el futuro. Por ejemplo, si en el pasado
ha llovido el 60 % del tiempo cuando se dan unas condiciones atmosféricas
determinadas, entonces en el futuro probablemente lloverá un 60 % del tiempo si se
dan las mismas condiciones. Pero aún queda el problema de cómo justificar tal
inferencia. Este principio de uniformidad no es evidente por sí mismo. Hume sugirió
dos posibles justificaciones, que sin embargo rechazó:

La primera justificación descansa en la suposición, tomada como una necesidad


lógica, de que el futuro debe parecerse al pasado. Pero Hume puntualiza que podemos
concebir un mundo caótico y errante en el que el futuro no tiene nada que ver con
el pasado; o un mundo como el nuestro hasta el presente, que llegado a un punto
cambia totalmente. Así que nada hace que el principio de inducción sea una
necesidad lógica.
La segunda justificación, más modesta, apela a los éxitos anteriores de la
inducción: en el pasado ha funcionado en la mayoría de las ocasiones, así que
probablemente seguirá haciéndolo en el futuro. Pero, como Hume comenta, esta
justificación hace uso del razonamiento circular en un intento de justificar la
inducción mediante la reiteración, lo que nos devuelve al punto de partida.

Esto se le conoce como el problema de la inducción, y con él Hume sostuvo que no


hay certeza de que el futuro se parezca al pasado. Por lo tanto, como un ejemplo
simple propuesto por Hume, no podemos saber con certeza mediante el razonamiento
inductivo que el sol continuará saliendo por el Este, sino que esperamos que lo
haga porque lo ha hecho repetidamente en el pasado. A pesar de la crítica de Hume a
la inducción, sostuvo que era superior a la deducción en el reino del pensamiento
empírico. Tal y como declara:

«esta operación de la mente, por la que podemos inferir los efectos de las
causas y viceversa, es esencial para la subsistencia de todas las criaturas
humanas, es probable que pueda confiarse más en ella que en las falacias de la
deducción de nuestra razón, que es lenta en sus operaciones; no aparece en los
primeros años de la infancia; y como mucho es, en cualquier edad y periodo de la
vida humana, extremadamente proclive al error». (EHU, 5.2.22)

Hume concluyó que cosas como la creencia en un mundo externo y la creencia en la


existencia del yo no eran racionalmente justificables. No obstante, según Hume,
estas creencias debían aceptarse debido a su profunda base en el instinto y la
costumbre.28 Sin embargo, el legado duradero de Hume fue la duda que sus argumentos
escépticos arrojaron sobre la legitimidad del razonamiento inductivo, lo que
permitió a muchos escépticos que lo siguieron arrojar dudas similares.
Bundle theory y el yo

Los filósofos empiristas como Locke y Berkeley observaron que solo somos capaces de
tener constancia de las características y propiedades concretas de lo que hay en
nosotros y a nuestro alrededor en un momento determinado que luego atribuimos a
hipotéticos sustratos que reposan esas cualidades. Mientras Locke acepta la
existencia sustancias individuales y Berkeley solo las espirituales (solo Dios y el
alma), Hume niega cualquier tipo de sustancia.29 "La idea de una substancia [...]
no es más que una colección de ideas simples que están unidas por la imaginación y
poseen un nombre particular asignado a ellas, por el que somos capaces de recordar
para nosotros mismos o los otros esta colección."30 Esto constituye su bundle
theory, o "teoría del haz", según la cual los objetos solo lo son en tanto que
conjuntos de propiedades concretas e individuales.31 Hume sostiene que toda idea
viene de una impresión sensible, pero al igual que la sustancia, no tenemos ninguna
impresión del yo en sí.32 Declara así en su Tratado de la naturaleza humana:
«Por mi parte, cuando penetro más íntimamente en lo que llamo "yo mismo",
siempre tropiezo con una u otra percepción particular, de frío o de calor, de luz o
de sombra, de dolor o de placer. Nunca puedo captar un "yo mismo" sin encontrar
siempre una percepción, y nunca puedo observar nada más que la percepción.»33

Al contrario de la demostración de Descartes de la independencia del yo (pienso,


luego existo), esta teoría sostiene la mente es un conjunto de percepciones sin
unidad o cualidad cohesiva. El yo no es más que un conjunto de experiencias
vinculadas por las relaciones de causalidad y semejanza.3435 Curiosamente, Gauthama
Buda había llegado a conclusiones similares varios siglos antes (ver Anātman).36 El
yo es el resultado de nuestro hábito natural de atribuir la existencia unificada a
cualquier colección de partes asociadas. Esta creencia es natural, pero no hay un
soporte lógico para ello.37

«Un hombre es un conjunto o colección de diferentes percepciones que se suceden


con una rapidez inconcebible y están en un flujo y movimiento perpetuos; la
identidad que atribuimos a la mente es análoga a la que atribuimos a plantas y
animales: la imaginación nos hace confundir una sucesión de objetos relacionados
con un objeto idéntico; ocultamos la interrupción fingiendo un alma, un yo o una
sustancia, o "imaginamos algo desconocido y misterioso que conecta las partes junto
a su relación"; la identidad que atribuimos a la mente del hombre es ficticia»38

Esta visión fue transmitida por intérpretes positivistas, que vieron a Hume como
sugiriendo que términos como "sí mismo", "persona" o "mente" se referían a
colecciones de "contenidos sensoriales".39 Como lo expresa el William James:40

«Sin embargo, en su más amplio sentido, el yo de un hombre es la suma total de


todo lo que puede llamar suyo, no solo su cuerpo y sus poderes psíquicos, sino su
ropa y su casa, su mujer e hijos, sus antepasados y amigos, su reputación y obras,
sus tierras y caballos, y su yate, y su cuenta bancaria. (...) En primer lugar su
cuerpo, sus amigos luego y, finalmente, sus disposiciones espirituales, deben ser
los objetos de supremo interés para toda mente humana.»

Al contrario de lo que muchos han supuesto, Hume no respalda la teoría del haz ni
tampoco sostiene que la mente es solo una serie de experiencias. Su posición
básica, como escéptico moderado es que la esencia de la mente es desconocida y no
tenemos ninguna razón empíricamente justificable para creer en la existencia de un
sujeto persistente, o una mente ontológicamente distinta a una serie de
experiencias.41 Derek Parfit presentó una versión moderna de esta teoría de la
identidad en su obra Razones y personas. La negación bien argumentada de un yo
sustancial precipitó una crisis filosófica de la que Immanuel Kant intentó rescatar
la filosofía occidental a través de la distinción entre el yo empírico y el yo
trascendental.3442 Hume podría considerarse como fenomenista.29
Ética
Estatua erigida en honor a David Hume en Edimburgo. Obra del escultor Alexander
Stoddart.
Razón práctica

La mayoría de las personas consideran algunas conductas más razonables que otras.
Por ejemplo, comer papel de aluminio parece irracional. Pero Hume negó que la razón
tuviera un papel importante cara a motivar o desalentar la conducta. Según él, la
razón no es más que una calculadora de conceptos y experiencia. Lo que en
definitiva importa es como nos sentimos respecto a la conducta.

La moral excita las pasiones y produce o previene acciones. La razón misma es


totalmente impotente en este particular. Las reglas de la moralidad, por lo tanto,
no son conclusiones de nuestra razón.
Tratado de la naturaleza humana43
La razón práctica se relaciona con si existen estándares o principios que también
son autorizados para todos los seres racionales, dictando las intenciones y
acciones de las personas. Hume es considerado principalmente un antirracionalista,
que niega la posibilidad de la razón práctica y de una fundamentación racional de
la ética, aunque otros filósofos como Christine Korsgaard, Jean Hampton y Elijah
Millgram afirman que Hume no es tanto un antirracionalista como simplemente un
escéptico de la razón práctica.44 La razón práctica también se preocupa por el
valor de las acciones más que por la verdad de las proposiciones,45 por lo que Hume
creía que la deficiencia de la razón de afectar la moralidad demostraba que la
razón práctica no podía tener autoridad para todos los seres racionales, ya que la
moral era esencial para dictar las intenciones y acciones de las personas. Peter
Singer afirma que el argumento de Hume de que la moral no puede tener una base
racional por sí sola "habría sido suficiente para ganarse un lugar en la historia
de la ética".46

Su trabajo se asocia con la doctrina del instrumentalismo, que dice que una acción
es razonable si y solo si sirve para alcanzar los propios deseos, sean los que
sean. La razón puede participar solamente informando acerca de las acciones que
serán más útiles para alcanzar las metas y deseos, pero nunca dirá qué metas y
deseos se deben tener. Así que si alguien quiere ingerir papel de aluminio la razón
dirá dónde encontrarlo, y no hay nada irracional en el hecho de comerlo o en querer
hacerlo (a menos que se tenga un deseo más fuerte de conservar la salud). Hoy en
día, sin embargo, se aduce que Hume fue un paso más allá adentrándose en el
nihilismo, pues dijo que no había nada irracional en frustrar los propios deseos y
metas. Tal conducta sería anormal, pero no sería contraria a la razón.[cita
requerida]
Emotivismo
Artículo principal: Emotivismo

David Hume trató la ética por primera vez en el segundo y tercer libro del Tratado
de la naturaleza humana (1739). Varios años después, extrajo y extrapoló las ideas
allí propuestas en un ensayo más corto titulado Investigación sobre los principios
de la moral (1751). La aproximación de Hume a los problemas morales es
fundamentalmente empírica. En lugar de decir cómo debería de operar la moral,
expone cómo realizamos los juicios morales. Tras proporcionar varios ejemplos llega
a la conclusión de que la mayoría (si no todas) de las conductas que aprobamos
tienen en común que buscan incrementar la utilidad y el bienestar público. Al
contrario que el también empirista Thomas Hobbes, Hume declara que no solo
realizamos juicios morales teniendo en cuenta nuestro propio interés, sino también
el de nuestros conciudadanos. Hume defiende esta teoría de la moral al asegurar que
nunca podemos realizar juicios morales basándonos únicamente en la razón. Nuestra
razón trata con hechos y extrae conclusiones a partir de ellos, pero no nos puede
llevar a elegir una opción sobre otra; solo los sentimientos pueden hacerlo. Este
argumento contra la moral fundamentada en la razón forma parte hoy en día de los
argumentos antirrealistas.

La razón es y solo puede ser la esclava de las pasiones y no puede pretender


otro oficio más que servirlas y obedecerlas.
Tratado de la naturaleza humana, De las pasiones, De la Moral

El objeto de la moral (pasiones, voliciones y acciones) no es susceptible de ese


acuerdo o desacuerdo entre las ideas sobre las que se basan lo verdadero y lo
falso. Si la razón no puede ser la fuente del juicio de valor, habrá que buscarlo
en el sentimiento, que surge espontáneo en nosotros ante acciones susceptibles de
lo que consideramos valoración moral. El análisis de este sentimiento revela que es
una forma de placer o de "gusto". Ello le lleva a excluir de la moral todo rastro
de austero moralismo o de mortificación del alma o del cuerpo, porque el fin de la
moral es la felicidad y el gozo de vivir del mayor número de hombres posible. El
sentimentalismo moral de Hume fue compartido por su amigo cercano Adam Smith,47 y
los dos fueron influenciados mutuamente por las reflexiones morales de su
contemporáneo mayor, Francis Hutcheson.48 Igualmente de duro se muestra Hume ante
el problema religioso. Al eliminar la razón de su trono, Hume negó el papel de Dios
como fuente de moralidad. Hume criticó la moral basada en mandatos divinos y en
castigos eternos:

El castigo, sin ningún fin o propósito adecuado, es inconsistente con nuestras


ideas de bondad y de justicia [...] El castigo de acuerdo con nuestra concepción
debería ser proporcional a la ofensa. ¿Por qué entonces el eterno castigo por las
ofensas temporales de una criatura tan frágil como los hombres? [...] Cielo e
infierno suponen dos especies distintas de hombre, los buenos y los malos. Pero la
mayor parte de la humanidad flota entre el vicio y la virtud. [...] Suponer
criterios de aprobación y culpa diferentes de las humanas lo confunde todo. ¿De
dónde aprendemos que existen distinciones morales sino es de nuestros propios
sentimientos? [...] La principal fuente de las ideas morales es la reflexión sobre
los intereses de la sociedad. ¿Deben estos intereses, tan cortos, tan frívolos, ser
guardados por los castigos, eternos e infinitos? La condenación de un hombre un mal
infinitamente más grande en el universo que la subversión de millones de reinos.49

Determinismo y libre albedrío


Artículo principal: Compatibilismo

Muchos han advertido el conflicto aparente entre el libre albedrío y el


determinismo. Si las acciones que se realizan estaban predeterminadas desde hace
miles de millones de años, entonces ¿cómo es que podemos decidir? Pero Hume
advirtió otro conflicto, al ver el problema desde la perspectiva contraria: el
libre albedrío es incompatible con el indeterminismo. Si las acciones realizadas no
están determinadas por acontecimientos anteriores entonces las acciones son
completamente aleatorias. Además, y de más importancia para la filosofía humana, no
están determinadas por el carácter o la personalidad –los deseos, las preferencias,
los valores, etc.–; pero, ¿cómo podría ser alguien responsable de una acción que no
es consecuencia de su carácter, sino que ocurre de forma aleatoria? El libre
albedrío parece necesitar del determinismo, porque de lo contrario el agente y la
acción no estarían conectados. Así que, mientras que el libre albedrío parece
contradecir al determinismo, al mismo tiempo necesita del determinismo. La
concepción de Hume de la conducta humana tiene causas, y por lo tanto al hacer a
las personas responsables por sus acciones se debería intentar recompensarlas o
castigarlas de tal forma que intentaran hacer lo que es moralmente deseable e
intentaran evitar hacer lo que es moralmente indeseable.

Junto con Thomas Hobbes, Hume es citado como un compatibilista. El compatibilismo


busca reconciliar el libre albedrío con la visión mecanicista de que los seres
humanos son parte de un universo determinista, que está completamente gobernado por
leyes físicas. Hume, en este punto, fue influenciado en gran medida por la
revolución científica, particularmente por Isaac Newton. Hume argumentó que la
disputa entre libertad y determinismo continuó durante 2000 años debido a una
terminología ambigua. Escribió: "Por esta sola circunstancia, que una controversia
se ha mantenido durante mucho tiempo a pie... podemos suponer que hay alguna
ambigüedad en la expresión", y que diferentes litigantes utilizan diferentes
significados para los mismos términos.

Hume define el concepto de necesidad como "la uniformidad, observable en las


operaciones de la naturaleza; donde objetos similares se conjugan
constantemente",50 y la libertad como "un poder de actuar o no actuar, según las
determinaciones de la voluntad."51 Luego argumenta que, de acuerdo con estas
definiciones, no solo los dos son compatibles, sino que la libertad requiere
necesidad. Porque si nuestras acciones no fueran necesarias en el sentido anterior,
tendrían "tan poca relación con los motivos, inclinaciones y circunstancias, que
una no se sigue con cierto grado de uniformidad de la otra". Pero si nuestras
acciones no están así conectadas a la voluntad, entonces nuestras acciones nunca
podrán ser libres: serían una cuestión de "azar, que universalmente se permite que
no exista".52 El filósofo australiano John Passmore escribe que ha surgido
confusión porque se ha interpretado que "necesidad" significa "conexión necesaria".
Una vez que esto ha sido abandonado, Hume sostiene que "se encontrará que la
libertad y la necesidad no están en conflicto una con la otra".53

Además, Hume continúa argumentando que para ser considerado moralmente


responsable , se requiere que nuestro comportamiento sea causado o necesario, ya
que, como escribió:

Las acciones son, por su propia naturaleza, temporales y perecederas; y cuando


no proceden de alguna causa en el carácter y disposición de la persona que las
realizó, tampoco pueden redundar en su honor, si bien; ni infamia, si es maligna.54

Hume describe el vínculo entre la causalidad y nuestra capacidad para tomar una
decisión racionalmente a partir de esta inferencia de la mente. Los seres humanos
evalúan una situación en base a ciertos eventos predeterminados y de ahí forman una
elección. Hume cree que esta elección se hace de forma espontánea. Hume llama a
esta forma de toma de decisiones la libertad de la espontaneidad.55
Problema del ser y el deber ser
Artículo principal: Problema del ser y el deber ser

Hume se percató de que muchos escritores hablaban sobre lo que debería ser
partiendo de la base de lo que es; pero hay una gran diferencia entre las
proposiciones descriptivas (lo que es) y las prescriptivas (lo que debe ser) (véase
libro III, parte I, sección I del Tratado de la naturaleza humana). Hume pide a los
escritores que se pongan en guardia ante estos cambios sin aportar explicaciones
acerca de cómo se supone que las proposiciones prescriptivas deben de seguirse de
las declarativas. La cuestión de ¿con qué exactitud se puede derivar el 'deber' del
'ser'? ha llegado a ser una de las cuestiones centrales de la teoría ética, y a
Hume se le adjudica normalmente la opinión de que tal derivación es imposible
(otros interpretan que Hume no dijo que una aserción fáctica no puede devenir en
una aserción ética, sino que no podía hacerse sin prestar atención a los
sentimientos humanos). Hume es probablemente uno de los primeros escritores que
realizó una distinción entre lo normativo (lo que debería ser) y lo positivo (lo
que es). G. E. Moore defendió una posición similar con su argumento de la pregunta
abierta, en un intento de refutar cualquier identificación entre las propiedades
morales y las naturales, la llamada falacia naturalista.
Utilitarismo
Artículo principal: Utilitarismo

David Hume identifica dos sentimientos humanos naturales donde cree que se sustenta
la raíz de la ética: La bondad y la compasión. Aprobamos actos bondadosos a los que
llamamos "virtudes", qué son útiles o agradables para la persona y los demás.56 La
compasión es la capacidad humana de recibir la impresión de los sentimientos y
creencias de otras personas. Además, su filosofía moral es naturalista al no
basarla en fuentes de autoridad religiosas.57 Hume tuvo en cuenta la utilidad de la
filosofía para borrar obstáculos como la ignorancia, superstición e intolerancia.58

Para responder al escepticismo moral, la teoría moral de Hume apela explícitamente


a un "sentido común" y a un “principio de humanidad".5960 Hume, junto con los demás
miembros de la ilustración escocesa, fue probablemente el primero en proponer que
la razón de los principios morales puede buscarse en la utilidad que tratan de
promover. El papel de Hume, sin embargo, no debe sobreestimarse; fue Francis
Hutcheson el que acuñó el lema del utilitarismo: «la mayor felicidad para el mayor
número». Pero fue tras leer el Tratado de Hume cuando Jeremy Bentham sintió por
primera vez la fuerza del sistema utilitario. Sin embargo, el proto-utilitarismo de
Hume es peculiar. No cree que la adición de unidades de utilidad proporcione la
forma de llegar a la verdad moral. Al contrario, Hume era un sentimentalista moral
y, como tal, pensaba que los principios morales no podían justificarse
intelectualmente. Algunos principios simplemente nos parecen mejores que otros; y
la razón de por qué los principios utilitarios nos parecen mejores es porque
favorecen nuestros intereses y los de nuestros coetáneos, con los que simpatizamos.
Los seres humanos están fuertemente predispuestos a aprobar normas que promuevan la
utilidad pública de la sociedad. Hume usó esta idea para explicar cómo evaluamos un
amplio abanico de fenómenos, desde las instituciones sociales y políticas
gubernamentales a los rasgos de la personalidad.57
Estética

Las ideas de Hume sobre la estética y la teoría del arte se extienden a través de
sus obras,6162 pero están particularmente conectadas con sus escritos éticos y
también con los ensayos Of the Standard of Taste y Of Tragedy. Sus puntos de vista
están enraizados en el trabajo de Joseph Addison y Francis Hutcheson.63 En el
Tratado escribió sobre la conexión entre la belleza y la deformidad y el vicio y la
virtud,64 y sus escritos posteriores sobre este tema continúan trazando paralelos
de belleza y deformidad en el arte, con la conducta y el carácter.65

Así, la belleza de todos los objetos visibles produce un placer muy semejante,
aunque se deriva a veces de la mera especie y apariencia de los objetos y a veces
de la simpatía e idea de su utilidad.
Tratado de la naturaleza humana

En Of the Standard of Taste, Hume argumenta que no se pueden establecer reglas


sobre lo que es un objeto de buen gusto. Sin embargo, un crítico confiable del
gusto puede ser reconocido como objetivo, sensible y sin prejuicios, y con una
amplia experiencia.66 En Of Tragedy aborda la pregunta de por qué los humanos
disfrutan de un drama trágico . Hume estaba preocupado por la forma en que los
espectadores encuentran placer en el dolor y la ansiedad representados en una
tragedia. Argumentó que esto se debía a que el espectador es consciente de que está
presenciando una actuación dramática. Es un placer darse cuenta de que los
terribles eventos que se muestran son en realidad ficción.67 Además, Hume
estableció reglas para educar a las personas en el gusto y la conducta correcta, y
sus escritos en esta área han sido muy influyentes en la estética inglesa y
anglosajona.68 Sus opiniones tuvieron un impacto en la estética posterior, sobre
todo en la Crítica del juicio de Kant.69
Religión

La Enciclopedia de Filosofía de Stanford afirma que Hume "escribió con fuerza e


incisiva sobre casi todas las cuestiones centrales de la filosofía de la religión".
Sus "diversos escritos sobre problemas de religión se encuentran entre las
contribuciones más importantes e influyentes en este tema". Sus escritos en este
campo cubren la filosofía, psicología, historia y antropología del pensamiento
religioso.70 Sus contribuciones a la filosofía de la religión han tenido un impacto
duradero en la teología natural y revelada, las cuales en su conjunto proporcionan
intento de socavar las justificaciones de la creencia religiosa.71 Hume menoscaba
la pretensión de las pruebas de la existencia de Dios apelando al problema del mal
en el mundo.37

Todos estos aspectos fueron discutidos en la disertación de Hume de 1757, Historia


natural de la religión. Argumentó que las religiones monoteístas del judaísmo, el
cristianismo y el islam derivan de religiones politeístas anteriores. Hume coincide
con los deístas en fundar la religión en el hombre y no en la revelación. Pero, a
diferencia de aquellos, no será en la razón, sino en los sentimientos donde será el
origen de la religiosidad.72 También sugirió que toda creencia religiosa "se traza,
al final, el temor a lo desconocido".73 De todas formas Hume no se declaró nunca
como ateo, sino más bien un escéptico con respecto al tema.70 En su Investigación
sobre el conocimiento humano, postula que la idea de Dios, en cuanto a un ser
perfecto infinitamente sabio y bueno, surge de una proyección aumentada
indefinidamente de nuestra propia mente y de nuestras propias cualidades de bondad
y sabiduría. Eso no significa que Hume niegue la existencia de Dios, sino que niega
que se pueda tener certeza de su existencia como también niega que se pueda tener
la certeza de su no existencia. Puesto que solo podemos tener certeza de lo que
experimentamos sensiblemente, no podemos tener certeza de la no existencia de algo.

Si se me preguntase aquí si asiento sinceramente a este argumento, que parece


me tomo tanto trabajo para inculcar en los otros, y si yo soy realmente uno de los
escépticos que tienen todo por incierto y que nuestro juicio no posee ninguna
medida de verdad o falsedad en ninguna cuestión, replicaré que este problema es
enteramente superfluo y que ni yo ni ninguna otra persona mantuvo sincera y
constantemente esta opinión.74

Problema de los milagros


Página de Investigación sobre el entendimiento humano sobre los milagros: "ningún
testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea
de tal naturaleza, que su falsedad sea más milagrosa que el hecho que trata de
establecer".

Para Hume, el único apoyo de la religión más allá del estricto fideísmo son los
milagros. En su Investigación sobre el entendimiento humano, Hume define un milagro
como una violación de las leyes de la naturaleza y, por tanto, son muy improbables
pero no imposibles. Aunque Hume deja abierta la posibilidad de que ocurran milagros
y se den a conocer, tal carga de la prueba es extremadamente alta y ofreció varios
argumentos específicos para pensar que esta carga nunca se ha dado diciendo que que
nunca es razonable pensar que han ocurrido.17 Otro argumento parte de que el
testimonio humano nunca puede ser prueba, entendida como una gran cantidad de
evidencias absolutamente uniformes, suficientemente digno de confianza para
contradecir la evidencia de las leyes de la naturaleza. Con esto, Hume llega a las
siguientes máximas:

«La simple consecuencia es (y es una máxima general digna de nuestra atención),


"Que ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el
testimonio sea de tal naturaleza, que su falsedad sea más milagrosa que el hecho
que trata de establecer: E incluso en ese caso hay una destrucción mutua de
argumentos , y el superior sólo nos da una seguridad adecuada en ese grado"».75

«Porque reconozco, que de lo contrario, posiblemente puede haber milagros, o


violaciones del curso habitual de la naturaleza, de tal tipo que admitan pruebas de
testimonio humano; aunque, tal vez, será imposible encontrarlo en todos los
registros de la historia».76

En el mejor de los casos, cualquier testimonio de un milagro solo puede ser una
probabilidad, pero no una prueba.17 Este punto de vista se ha aplicado a la
cuestión de la resurrección de Jesús, respecto a la que Hume no dudó en preguntar:
«¿Qué es más probable – que un hombre ascienda de entre los muertos o que el
testimonio esté, de alguna forma, errado?».77 Esta pregunta es similar a la navaja
de Occam. Este argumento es la espina dorsal del movimiento escéptico y todavía
constituye un problema para los historiadores de la religión.78 Esta posición ha
sido descrita por Pierre-Simon Laplace como "simple sentido común".79 A pesar de
todo esto, Hume observa que la creencia en los milagros es, citando a Lucrecio, muy
popular para "la tribu con un oído ávido para los chismorreos";8081por eso Hume
estaba extremadamente satisfecho con su argumento contra los milagros. Afirmó:

«Me enorgullezco de haber descubierto un argumento de naturaleza similar, que,


si es justo, será, con los sabios y eruditos, un freno eterno a todo tipo de
engaños supersticiosos y, en consecuencia, será útil mientras como el mundo
perdura».82

Se ha criticado el argumento de Hume mediante el contraargumento de que tal dictado


asume el carácter de los milagros y las leyes de la naturaleza antes de examinar
los milagros, lo que es una sutil forma de petición de principio. Por ejemplo,
William Adams comenta que "debe haber un curso ordinario de la naturaleza antes de
que algo pueda ser extraordinario. Debe haber una corriente antes de que algo pueda
ser interrumpido".83 También se ha puntualizado que este razonamiento apela a la
inferencia inductiva, problemática en la filosofía humana, pues nadie ha observado
todos los acontecimientos de la naturaleza ni examinado todos los posibles
milagros.84 Por otro lado, William Paley respondió a Hume afirmando que los
testimonios sobre milagros son confiables si la vida de la persona que informa un
milagro peligra por afirmar tal hecho, como es en el caso de los discípulos de
Jesús.85 No obstante, el argumento de Hume contra los milagros ha sido muy popular
y ha recibido varias reformulaciones.7986

Similarmente en su ensayo De la inmortalidad del alma, Hume argumentó en contra de


una vida después de la muerte y criticó el mecanicismo cartesiano al decir que los
animales "indudablemente sienten, piensan [...] de una manera más imperfecta que
los hombres; ¿Son sus almas también inmateriales e inmortales?" y señaló la gran
conexión de la mente y el cuerpo, siendo la muerte de uno el fin de los dos.87 En
contra del de dualismo, Hume escribe que si aceptamos la existencia de una
sustancia inmaterial, “la naturaleza la usa de la manera en que lo hace con la otra
sustancia, la materia", la cual "se disuelve después de un tiempo". Argumentó por
analogía con la naturaleza que el alma debería ser corruptible.88 En una entrevista
de Hume realizada por James Boswell en 1776 dijo que la creencia de una vida
después de la muerte es "una fantasía de lo más irrazonable" y la comparó con un
trozo de carbón que no se quemara puesto al fuego.89 Aun así, Hume postuló que si
el alma fuera inmortal, "existía antes de nuestro nacimiento: y si la primera
existencia no nos concierne, tampoco la segunda". Hume concluye que el único
argumento a favor la inmortalidad del alma es por la revelación divina.71
Argumento del diseñador
Véase también: Argumento teleológico

Hume rechazó la idea de una deidad al no tener un impresión directa de esta. Por
consiguiente criticó argumentos usados a favor de su existencia. Uno de los
argumentos más antiguos y utilizados para demostrar la existencia de Dios es el
argumento teleológico: que todo el orden y el propósito es un indicio de su origen
divino. Hume hizo la crítica clásica a este argumento en Diálogos sobre religión y
en Investigación sobre el entendimiento humano y, aunque el asunto está lejos de
estar resuelto, muchos creen que Hume refutó el argumento con éxito. Su
argumentación se sostiene en que:70

Para que el argumento sea cierto, debe ser verdadero que el orden y el
propósito se observen cuando resulten de un diseño. Pero se puede observar el orden
con frecuencia en procesos carentes de planificación como la cristalización. El
diseño solo es causante de una minúscula parte de nuestra experiencia.
Además, el argumento del diseñador se basa en una analogía incompleta: dada
nuestra experiencia con los objetos, podemos reconocer los diseñados por el hombre,
comparando por ejemplo un montón de piedra con una pared. Pero para reconocer un
universo diseñado necesitamos conocer una variedad de universos diferentes. Como
solo podemos conocer uno, la analogía no puede aplicarse.
Incluso si el argumento fuera perfectamente válido, no podría establecer un
teísmo robusto; pues se puede llegar fácilmente a la conclusión de que la
configuración del universo es el resultado de un agente o agentes no inteligentes
cuyos métodos solo tienen una remota similitud con el diseño humano.
Si un mundo natural ordenado necesita de un diseñador, entonces la mente de
Dios (que es ordenada) también necesita un diseñador. Entonces, este diseñador
necesita de otro diseñador, y así ad infinitum. Se podría responder apelando a una
inexplicable mente divina auto-ordenada; pero entonces ¿por qué no contentarse con
un inexplicable mundo auto-ordenado?
A menudo, cuando se trata del propósito, cuando parece que el objeto X tiene la
característica C para poder lograr la recompensa O, se puede explicar mejor
mediante un filtrado: es decir, el objeto X no existiría si no tuviese la
característica C, y la recompensa O solo es una proyección de las metas humanas en
la naturaleza. Esta explicación de la teleología anticipó la idea de selección
natural.
El mundo es muy defectuoso e imperfecto, careciendo de diseño o de propósito
hacia nosotros, como por ejemplo la existencia de plagas, enfermedades y
catástrofes naturales (ver Argumento del mal diseño).

Hume objetó al argumento ontológico y cosmológico declarando que es absurdo


demostrar a priori la existencia de un Dios porque no hay ser "cuya no existencia
implique una contradicción". Por lo tanto, la existencia de cualquier ser sólo
puede probarse mediante argumentos de su causa o de su efecto.71 También objetó al
argumento cosmológico con crítica su la causalidad, presupuesta en el argumento, y
sostuvo además que si explicasen todas las partes dentro del universo, el universo
ya tendría una explicación.9091

Por último, Hume afirmó que es improbable que una deidad sea omnipotente y
omnibenevolente por la evidencia de sufrimiento en el mundo, formulando así una de
las primeras versiones del del problema del mal evidencial.929394

«Permitiré que el dolor o la desdicha en el hombre sea compatible con el poder


y la bondad infinitos de la Deidad, incluso en su sentido de estos atributos: ¿Qué
ha avanzado en todas estas concesiones? Una mera compatibilidad posible no es
suficiente. Debe probar estos atributos puros no mezclados, e incontrolables, del
presente fenómeno mixto y confuso, y solo a partir de estos.»70

Teoría política

Es difícil clasificar las afiliaciones políticas de Hume. Sus escritos contienen


elementos que son, en términos modernos, conservadores y liberales, aunque estos
términos son anacrónicos.95 Una de las principales preocupaciones de la filosofía
política de Hume es la importancia del estado de derecho. También enfatiza a lo
largo de sus ensayos políticos la importancia de la moderación en la política:
espíritu público y respeto a la comunidad.96 Sostuvo un gobierno mixto entre
monarquía y republicanismo para implementar la justicia y asegurar libertades como
la de prensa.97
Conservadurismo
Estatuas de David Hume y Adam Smith en la fachada de la Scottish National Portrait
Gallery en Edimburgo.

Muchos ven a David Hume como un conservador, y en ocasiones se le llama el primer


filósofo conservador. Expresó su desconfianza por los intentos de reformar la
sociedad para llevarla lejos de la costumbre establecida, y aconsejó a los pueblos
que no se rebelasen contra sus gobernantes, excepto en casos de tiranía flagrante.
Sin embargo, se resistió a tomar parte por ninguno de los partidos políticos
británicos, los Whigs y los Tories, y creía que se debe equilibrar el anhelo de
libertad con la necesidad de una autoridad poderosa, sin sacrificar ninguna de las
dos. Apoyó la libertad de prensa y se mostró simpatizante de la democracia, aunque
con restricciones. Se ha dicho que fue una gran inspiración para James Madison, en
particular para El Federalista n.º 10. También se mostró optimista respecto al
progreso social, pues creía que gracias al desarrollo económico que resulta de la
expansión del comercio las sociedades progresaban desde la barbarie a la
civilización. Según él, las sociedades civilizadas son abiertas, pacíficas y
sociables, y sus ciudadanos son, en consecuencia, mucho más felices.
Aunque fuertemente pragmático, Hume produjo un ensayo titulado Idea de la
mancomunidad perfecta,98 donde detallaba qué reformas se deberían acometer, que
incluían la separación de poderes, descentralización, extender el sufragio a todo
el que tuviera propiedades de valor y limitar el poder de la iglesia. Propuso el
sistema del ejército suizo como la mejor forma de protección. Las elecciones
deberían de tener lugar anualmente y los representantes del pueblo no deberían
cobrar emolumentos.
Contribuciones al pensamiento económico

En el transcurso de sus argumentaciones políticas, y como conclusión de sus


investigaciones históricas, Hume desarrolló muchas ideas que gozan de prevalencia
en la economía, principalmente acerca de la propiedad intelectual, la inflación y
el comercio exterior, que influyeron en su amigo, el economista Adam Smith.

Para Hume la propiedad privada no es un derecho natural, pero se justifica debido a


la existencia de bienes limitados. Si todos los bienes fueran ilimitados y
estuvieran disponibles, entonces la propiedad privada no tendría sentido. Hume
creía en la distribución desigual de la propiedad, dado que la igualdad perfecta
destruiría las ideas de industria y el ahorro, lo que llevaría al desabastecimiento
y a la pobreza.

Hume se cuenta entre los primeros que desarrollaron la teoría llamada mecanismo de
flujo especie-dinero, una idea que contrasta con el mercantilismo. Expuesto de una
forma simplificada, en un sistema de patrón oro, cuando un país tiene una balanza
comercial positiva (es exportador neto), incrementa sus flujos entrantes de oro.
Esto resulta en una inflación interior de su nivel general de precios, que en
último término erosionará la ventaja competitiva del país y reducirá sus
exportaciones. De este modo, el patrón oro permitiría restaurar automáticamente el
equilibrio en la balanza de pagos de un país.

Hume también propuso una teoría de la inflación beneficiosa. Creía que incrementar
el suministro de dinero avivaría la producción a corto plazo. Este fenómeno estaría
ocasionado por un margen entre el incremento del suministro de dinero y los
precios. El resultado es que los precios no se elevarían a corto plazo y puede que
no lo hicieran nunca. Esta teoría se desarrolló más tarde por John Maynard Keynes.
Racismo
Esta sección es un extracto de Racismo científico § David Hume[editar]

David Hume (1711–1776) escribió esta controvertida nota al pie de página que
aparece en el original del ensayo De los caracteres nacionales:

Me inclino por sospechar que los negros son por naturaleza inferiores a los
blancos. Apenas ha habido nunca una nación civilizada de ese color de piel, y ni
siquiera un individuo eminente en la acción o en la especulación. No existen entre
ellos fabricantes ingeniosos, y no cultivan las artes ni las ciencias. Por otra
parte, los más rudos y bárbaros de los blancos, como los antiguos germanos o los
tártaros actuales, tienen sin embargo algo eminente: su valentía, su forma de
gobierno o algún otro particular. Una diferencia tan uniforme y constante no podría
darse a la vez en tantos países y épocas si la naturaleza no hubiese establecido
una diferencia original entre estas estirpes humanas. Por no mencionar nuestras
colonias, hay esclavos negros dispersos por toda Europa, de los que ninguno ha
mostrado jamás ningún signo de ingenio, mientras que, entre nosotros, gente baja,
sin ninguna educación, llega a distinguirse en todas las profesiones. En Jamaica se
habla de un negro que es un hombre de talento. Pero es probable que se le admire
por logros menores, como a un loro que llega a pronunciar algunas palabras
inteligibles.99

Debe tenerse en cuenta que esta forma de racismo era habitual en la cultura europea
de la época de Hume. Podría haber sido un 'hijo de su época' en ese aspecto, o
incluso, por la forma especulativa en que esta nota está escrita, podría haber
aplicado un ejemplo de una de sus propias reflexiones sobre la causalidad, tratada
más arriba: una "conjunción constante" entre las personas de otras razas que
conocía y los logros de las mismas.[cita requerida]
En contra de las tesis de Hume se manifestaron, entre otros, James Ramsay y James
Beattie, tanto en el Essay on the Nature and Immutability of Truth (Ensayo sobre la
naturaleza y la inmutabilidad de la verdad, 1770) como en el posterior Elements of
Moral Science (1790-1793), en el que argumentaba con el ejemplo de Dido Elizabeth
Belle para afirmar la capacidad intelectual de los negros y combatía la institución
de la esclavitud.100
Obras
Grabado de David Hume por Simon Charles Miger en 1764.

Se puede dividir la vida de Hume en tres periodos.101 Aunque este género de


división puede parecer algo arbitrario, es un medio mnemotécnico útil y pertinente
si se apoya sobre su producción literaria y la vida misma que la provoca:

Un periodo de estudios y de primeros trabajos que se extiende hasta 1740.


Un periodo activo de viajes y de resultados, de 1740 a 1769.
Un periodo de retraimiento de 1769 a 1776.

Aunque el pensamiento de Hume permaneció bastante homogéneo durante toda su vida la


manera según la cual este lo desarrolló estuvo lejos de ser siempre la misma. Así,
el primer periodo es el de la redacción del Tratado de la naturaleza humana, libro-
faro en que su pensamiento se encuentra ya casi enteramente concentrado; en el
segundo los ensayos y los libros se suceden, pero por la ruta y objetivos fijados
en el Tratado en numerosos temas; ya en el tercero Hume se consagra más a la
relectura y mejora de los escritos precedentes y a la redacción de libros póstumos
como los Diálogos sobre la religión natural.

Historia amable de mi vida (1734) Biblioteca Nacional de Escocia

Una carta a un médico en la que se pide consejo acerca de la "Enfermedad de lo


aprendido" que le aflige. En esta obra declara que a los dieciocho años de edad
«pareció abrirse ante mí una nueva área del pensamiento..» que le hizo «abandonar
otro placer u ocupación» y le condujo a la búsqueda de la erudición.

Tratado sobre la naturaleza humana: Un intento de introducir el método de


razonamiento experimental en las cuestiones morales. (1739–1740)
Libro 1: "Del entendimiento" Tratado que comprende desde el origen de las
ideas a su división.
Libro 2: "De las pasiones" Tratado de las emociones.
Libro 3: "De la moral" Ideas morales, justicia, obligaciones, benevolencia.

Hume esperó a ver si el Tratado alcanzaba el éxito, y de ser así lo completaría


con libros dedicados a la política y a la crítica. Sin embargo, no lo logró, así
que nunca lo completaría.

Resumen de un libro recientemente publicado: Titulado Tratado sobre la


naturaleza humana (1740)

En ocasiones atribuido a Adam Smith, en la actualidad se cree que fue un


intento de Hume de popularizar su Tratado.

Ensayos sobre moral y política (primera edición: 1741-1742)

Colección de ensayos escritos durante muchos años y publicados en varios


volúmenes antes de ser reunidos en uno hacia el final de la vida de Hume. Estos
ensayos pueden resultar confusos por la gran variedad de asuntos de los que tratan:
cuestiones de juicio estético, la naturaleza del gobierno británico, el amor, el
matrimonio, la poligamia o la demografía de las antiguas Grecia y Roma, por
enumerar solo unos pocos de los temas considerados. Sin embargo, hay temas
recurrentes, como la cuestión de qué constituye el "refinamiento" en materias de
gusto estético, educación y moral. Los ensayos están escritos imitando
inequívocamente el estilo de Joseph Addison, a quién Hume leyó con avidez en su
juventud.

Cartas de un caballero a su amigo de Edimburgo: Edimburgo (1745).


Investigación sobre el entendimiento humano (1748)

Contiene revisiones de los puntos principales del Tratado, Libro 1, con la


adición de material sobre el libre albedrío, milagros, y el argumento del
diseñador.

Investigación sobre los principios de la moral (1751)

Otra revisión de temas tratados en el Tratado con un enfoque más didáctico.


Hume lo consideró el mejor de sus trabajos filosóficos, tanto por sus ideas
filosóficas como por su estilo literario

Discursos políticos Edimburgo (1752).

Incluido en Ensayos y Tratados de muchos asuntos (1753-1756) reimpreso en 1758-


1777.

Cuatro disertaciones: Historia natural de la religión. De las pasiones. De la


tragedia. Del criterio del gusto Londres (1757).

Incluido en Ensayos y Tratados de muchos asuntos

Historia de Inglaterra (1754-1762)

Se puede considerar como una colección de libros en lugar de como un único


trabajo. Es un trabajo monumental que comprende «desde la invasión de Julio César a
la revolución de 1688». Esta obra le aportó a Hume casi toda la fama que se
granjearía en vida, editándose más de un centenar de veces. Muchos la consideran
"la" historia de Inglaterra hasta la publicación de la Historia de Inglaterra de
Thomas Macaulay.

Historia natural de la religión (1757)


Mi vida (1776)

Escrita en abril, poco antes de morir, esta autobiografía fue realizada con la
intención de incluirla en una nueva edición de Ensayos y tratados de muchos
asuntos.

Diálogos sobre la religión natural (1779)

Publicada póstumamente por su sobrino, también llamado David Hume. Es una


discusión entre tres personajes de ficción que esgrimen argumentos para probar la
existencia de Dios, tratando con detenimiento el argumento del diseño. A pesar de
una cierta controversia, la mayor parte de los estudiosos de Hume están de acuerdo
en que la postura de Philo, el más escéptico de los tres, es la más cercana a la
del propio Hume.

Interpretaciones

Al tener dudas considerables acerca de si Hume estaba expresando únicamente sus


opiniones superficiales en lugar de expresar su personalidad completa, Alfred
Edward Taylor (1927) dudó sobre si Hume era en efecto un gran filósofo o solo un
hombre extraordinariamente lúcido.

Alfred Jules Ayer (1936) al introducir su exposición clásica del positivismo


lógico, declaró que «los puntos de vista expuestos en este tratado son el resultado
del empirismo de Berkeley y Hume».

Tanto Bertrand Russell (1946) como Leszek Kołakowski (1968), vieron a Hume como un
positivista que sostenía la opinión de que el conocimiento proviene solo de la
experiencia, de las impresiones de los sentidos y (más tarde) del sense datum y que
el conocimiento obtenido de otra forma era un sinsentido. Albert Einstein (1915)
declaró que el positivismo de Hume le inspiró al formular su teoría especial de la
relatividad. Bertrand Russell elaboró el análisis de Hume del problema en su
trabajo Los problemas de la filosofía, desechado la noción de causación aduciendo
que es un tipo de superstición.102

En 1953, Gilles Deleuze le dedica una monografía titulada Empirismo y Subjetividad.

Anderson (1966), al discutir los primeros principios de Hume, que dicen que todos
los gobiernos y toda la autoridad de las mayorías sobre las minorías están
fundamentados en el derecho al poder y el derecho de la propiedad concluyó que Hume
fue un materialista.

Karl Popper (1970) puntualizó que dado el idealismo humeano le resultaba una
refutación estricta del realismo del sentido común, y que aunque sentía
racionalmente que el realismo del sentido común es un error, admitía que en la
práctica era incapaz de dejar de creer en él durante más de una hora, Hume era un
realista del sentido común.

Edmund Husserl (1970), asoció la fenomenología con Hume cuando mostró que ciertas
percepciones están relacionadas o asociadas con otras percepciones que se proyectan
en un mundo putativo fuera de la mente.

Barry Stroud (1977) consideró a Hume un naturalista, al decir que veía todos los
aspectos de la vida humana explicables naturalistamente. Situó al hombre en el
mundo de la naturaleza, interpretable por tanto según la ciencia, en conflicto con
la idea tradicional que considera al hombre un sujeto racional disociado de la
naturaleza.

Flew (1896) dirigió su atención al escepticismo moral y lógico de Hume y le


denominó escéptico pirroniano.

Hume fue denominado el "profeta de la revolución de Ludwig Wittgenstein" por


Philipson (1989), al referirse a su consideración de que la matemática y la lógica
son sistemas cerrados, tautologías que no tienen relación con el mundo de la
experiencia.

Al tratar a Hume de neohelenista, Phenelum (1993) le consideró continuador de las


tradiciones estoica, epicúrea y escéptica, pues Hume tenía en común con estas
corrientes su creencia de que debemos entender nuestra propia naturaleza antes de
tratar cualquier otro asunto.

Norton (1993) aseguró que Hume fue "el primer filósofo postescéptico de la era
moderna". Hume desafió la certeza de los cartesianos y otros racionalistas, que
trataban de refutar el escepticismo, y además emprendió la tarea de articular una
nueva ciencia de la naturaleza humana que proporcionase unos fundamentos estables
para el resto de ciencias, incluidas la moral y la política.
Fogelin (1993) concluyó que Hume fue un "perspectivista radical", similar a
Protágoras. Se refirió a las palabras de Hume en las que declaraba que sus escritos
exhibían «una propensión que nos inclina a a lo positivo y cierto en puntos
particulares, de acuerdo a la luz bajo la que los examinamos en cada instante
particular» (T 1.4.7, 273).

Hume se refería a sí mismo como «escéptico mitigado» (IEH, 162, la cursiva es


suya).
Polémica

En 2020, consecuencia del movimiento Black Lives Matter, la Universidad de


Edimburgo cambió el nombre de la hasta entonces llamada “Torre David Hume” en vista
de la revisión que hizo en 1753 a su ensayo Of National Characters, consistente en
añadir las frases «Tiendo a sospechar que los negros son naturalmente inferiores a
los blancos» y «casi nunca hubo una nación civilizada de esa complexión, ni
siquiera un individuo eminente», así como, en una serie de cartas, insistir a un
conocido que comprara esclavos en Granada.103104

La institución expresó en un comunicado: «es importante que los campus, los planes
de estudio y las comunidades reflejen la diversidad histórica y contemporánea de la
universidad y se comprometan con su legado institucional en todo el mundo», y
agregó que la decisión se tomó debido a la dificultad «de pedir a los estudiantes
que utilicen un edificio que lleva el nombre del filósofo del siglo XVIII cuyos
comentarios sobre cuestiones raciales, aunque no eran infrecuentes en ese momento,
hoy provocan angustia».105
Reconocimientos

El cráter lunar Hume lleva este nombre en su memoria.

Véase también

Ateísmo en la Ilustración

Notas

El filósofo escocés era muy amigo de Ramsay y ambos habían sido miembros fundadores
de The Select Society, un distinguido club intelectual de Edimburgo del que también
formaban parte el arquitecto John Adam y el pionero de la economía política Adam
Smith. Hume apoyó el rechazo de Ramsay del idealismo en la pintura en favor de una
representación más natural, como se observa en este
retrato.http://creatividades.rba.es/pdfs/mx/Grandes-Pensadores-MX.pdf
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