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Lactancia

Durante el embarazo, las mamas crecen para preparar a la mujer para la lactancia; este
crecimiento se da por efecto de estrógenos, progesterona, prolactina y lactógeno
placentario humano. Tras el parto al disminuir la concentración de progesterona, hace
que los efectos de la prolactina no se contrarresten y de esta manera la madre puede
iniciar el periodo de lactancia en el recién nacido.
Los fármacos administrados a una mujer durante la lactancia pueden acumularse en la
leche y de esta manera ser transmitidos al lactante. Los factores que aumentan dicha
transferencia son: bajo peso molecular, baja unión a proteínas, alta liposolubilidad y
base débil. Cabe señalar que el niño está expuesto una concentración mayor de los
fármacos durante el embarazo que durante la lactancia, por lo que se considera que si
uno de ellos es seguro durante la gestación, lo es también en la lactancia, sin embargo,
existen excepciones.
Con base en estudios epidemiológicos, el analgésico más seguro en la paciente
embarazada es acetaminofén. Se considera que también es compatible con la lactancia,
aunque bajas concentraciones de éste, al igual que todas las tetraciclinas, incluida la
doxiciclina, son excretadas en la leche materna, por lo que éstas últimas no son
recomendables durante este periodo. Es usual que la FDA considere ciertos antibióticos
utilizados en odontología como penicilina, amoxicilina, cefalexina, clindamicina,
eritromicina, como factor de riesgo B durante el embarazo; estos agentes son
compatibles con la lactancia materna, no así el metronidazol que se considera un
mutágeno in vitro. Otro macrólido como azitromicina se considera compatible con la
lactancia materna. En el caso de candidiasis oral, la nistatina oral (FDA, factor de riesgo
C) es el agente más seguro para usar tanto en pacientes embarazadas como en periodo
de lactancia. En general no existen contraindicaciones para el uso de lidocaína con
adrenalina o prilocaína durante la gestación y ambos se consideran compatibles con
la lactancia. Debido a los efectos farmacológicos potentes, no deben administrarse
citotóxicos a las madres que amamantan. La alimentación al seno materno debe
suspenderse cuando se administran compuestos radiactivos hasta que el nivel de
radiactividad en la leche regrese a niveles seguros. Las benzodiacepinas y el litio
tampoco son compatibles con la lactancia materna, ya que el nivel de exposición
puede exceder la dosis terapéutica ajustada al peso; asimismo, en los lactantes no debe
administrarse cloranfenicol por la posibilidad de anemia aplásica idiosincrásica.
Durante el embarazo
Se observa una serie de cambios temporales en las estructuras corporales de la mujer,
que son resultado del incremento en la producción de estrógenos, progesterona y
gonadotropinas, entre otras hormonas, con la finalidad de que el feto en desarrollo
llegue a término. Los cambios hormonales que se presentan durante este periodo tienen
repercusión sobre otros componentes del sistema endocrino, como tiroides, glándulas
suprarrenales, hipófisis y páncreas. De la misma manera, la cavidad bucal sufre el efecto
de la influencia hormonal y, por tanto, pueden presentarse algunas alteraciones
transitorias y reversibles. Estas sobrecargas hormonales temporales interactúan y
magnifican procesos inflamatorios preestablecidos como gingivitis y periodontitis, por
lo que se agravan.
Los cambios fisiológicos del embarazo causan modificaciones en los órganos y sistemas
de la mujer, situación que se debe tomar en cuenta para el adecuado tratamiento dental.
El gasto cardiaco aumenta y llega a cifras de 6 L/min (valores normales de 4 a 5 L/min);
este aumento de volumen sanguíneo se incrementa más en las primeras 20 semanas y se
reduce en forma paulatina hasta el término de la gestación.
La presión arterial es un signo de gran importancia durante el embarazo, disminuye a su
inicio 10 mm Hg, con un ligero incremento hasta alcanzar cifras normales a su término.
Una elevación marcada de la presión después de la semana 24 de 30 mm Hg en la
presión sistólica o de 15 mm en la diastólica, debe considerarse como indicio de
toxemia gravídica (preeclampsia y eclampsia). El odontólogo debe tomar la presión
arterial de manera rutinaria en la paciente embarazada y en caso de advertir cifras
incrementadas, deberá remitirla de manera inmediata con el médico tratante.
Después de la semana 28 de gestación, puede presentarse síndrome de hipotensión
supina. En esta posición hay una marcada disminución del gasto cardiaco, originado por
la compresión ejercida por el útero sobre la vena cava inferior que ocasiona una
disminución importante del retorno venoso y puede provocar signos de choque como
taquicardia, hipotensión, así como eventual pérdida de la consciencia. Por lo regular, en
la mujer gestante se observa aumento de la frecuencia respiratoria (FR) que se
manifiesta debido al incremento de los requerimientos fetales de oxígeno conforme
avanza el embarazo. Además, con la expansión del útero y elevación del diafragma,
tiende a disminuir la reserva de oxígeno materno; esto expone tanto a la madre como al
feto a hipoxia. Durante el último trimestre de embarazo se observa disnea al adoptar la
posición supina; por ello, es recomendable trabajar con la paciente sentada y el respaldo
del sillón en posición totalmente o casi recta. La preeclampsia es una complicación que
puede presentarse después de la semana 20 de gestación y se caracteriza por
hipertensión, proteinuria y puede llevar a eclampsia, complicación fatal que origina una
urgencia médica que amerita hospitalización y cesárea; es causa de mortalidad y
morbilidad materno-fetal. Ocurre por vasoespasmo que puede estar asociado a un estado
de inflamación intravascular generalizado, relacionado con niveles circulantes altos de
interleucinas (IL) como factor de necrosis tumoral (TNF). En la placenta se presenta una
aterosis aguda, condición con un desarrollo semejante a la ateroesclerosis. Cada vez hay
mayores elementos de evidencia acerca de cómo las inflamaciones e infecciones
subclínicas pueden representar un papel en la etiología y patogenia de la ateroesclerosis,
aunadas a un estado inflamatorio generalizado materno (vasoespasmo); esto provee las
bases para considerar una posible relación entre periodontitis crónica y preeclampsia.
Con las variaciones del volumen circulatorio se observa una disminución de los valores
de hemoglobina y hematócrito que provocan una anemia relativa. Sin embargo, algunas
pacientes requieren de hierro suplementario ya que pueden desarrollar anemia
ferropénica debido a la transferencia de este elemento al feto.
Otros cambios plasmáticos durante la gravidez son el aumento de los factores de
coagulación VII, VIII y X, así como de fibrinógeno, a lo que también se suma una
mengua de la actividad fibrinolítica y de la velocidad del flujo venoso, por lo que la
paciente puede sufrir un incremento en el riesgo a desarrollar complicaciones
tromboembólicas; como consecuencia, algunas mujeres gestantes son tratadas con
anticoagulantes orales, situación que deberá ser tomada en cuenta si se requieren
realizar procedimientos quirúrgicos. Durante el embarazo, los cambios en el sistema
urinario femenino se caracterizan por aumento del filtrado glomerular, que persiste
hasta el final de la gestación, así como por la dilatación de los cálices y pelvis renales
debido al aumento del volumen vascular renal y del espacio intersticial y, sobre todo,
dilatación de los uréteres, causada por factores compresivos y hormonales, que ocasiona
cierto grado de hidronefrosis y de hidrouréter. Estas alteraciones hacen que la mujer
gestante sea susceptible al desarrollo de infecciones urinarias, situación que puede
limitarla para llevar a cabo procedimientos odontológicos largos y complicados. Quizá
pudieran requerirse dosis mayores de antibióticos u otros fármacos para mantener
concentraciones séricas óptimas. Durante la gestación, los cambios de metabolismo,
sobre todo de carbohidratos, merecen especial atención ya que se puede presentar un
aumento en las necesidades de insulina. Algunas mujeres desarrollan intolerancia a la
glucosa o bien diabetes mellitus gestacional (DMG), con todas las características y
complicaciones propias de la enfermedad y presentan, desde el punto de vista del
concepto de infección remota, complicaciones tanto por el embarazo como por diabetes
y las interrelaciones existentes. Se ha reportado que las infecciones e inflamaciones
crónicas, aun las de baja intensidad como las que ocurren en los tejidos de soporte
dental, pueden provocar un aumento de la resistencia a la insulina y complicar el control
glucémico. Es un hecho que la periodontitis crónica, a través de la liberación de
mediadores químicos inflamatorios, puede aumentar la resistencia de los tejidos a la
insulina.
La diabetes mellitus gestacional (DMG) se presenta durante el embarazo con
intolerancia de gravedad variable a los carbohidratos. Se observa en proporción de 1 a
14% de las pacientes embarazadas. Existen factores de riesgo al desarrollo de DMG
como obesidad, malos hábitosalimenticios y la falta de ejercicio; se han
identificado otros que no son modificables como edad, etnicidad, carga genética,
números de partos previos y baja estatura. Las pacientes con historia de DMG requieren
un cuidado especial en odontología, debido a que un alto porcentaje (50 a 70%) de
éstas desarrollarán DM tipo 2 en un términomenor a 10 años. Las modificaciones en el
sistema digestivo suelen estar relacionadas con la relajación del músculo liso y el
desplazamiento de las vísceras. Además, la madre sufre de un incremento en la
producción de ácido gástrico, incompetencia de esfínter gastroesofágico y disminución
de los movimientos peristálticos. El reflujo gástrico puede limitar la prescripción de
analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos por vía oral, imputable a hipoglucemia y
al incremento en la producción de gonadotropinas coriónicas. Durante el primer
trimestre de embarazo también son frecuentes náuseas y vómito. En esta etapa debe
limitarse el empleo de radiografías y la prescripción de fármacos, ya que en este periodo
se desarrollan los órganos y sistemas del feto, por lo que éste es susceptible a presentar
malformaciones. En lo que respecta al aspecto radiográfico, el riesgo de manera típica
queda descartado, en particular cuando se emplea la protección del mandil de plomo en
áreas abdominales. Esta situación ha disminuido aún más con el uso de sistemas
digitales para la producción radiográfica. La preferencia dietética cambia en el
embarazo, algunos alimentos no son aceptados con agrado y otros provocan un deseo
inusual, lo que lleva a una alimentación desbalanceada con el riesgo llevar a la paciente
al consumo de alimentos que pueden causarle sobrepeso, aumento de la tensión arterial
y caries, representados por grasas, sal y azúcares, respectivamente. Las dietas
cariogénicas, a las que de forma eventual se sumarán cambios en el interés y enfoque
sobre los cuidados higiénicos, pueden inducir la aparición de nuevas lesiones cariosas o
potenciar las que ya están en desarrollo. Las dietas altas en carbohidratos favorecen la
formación de placa dentobacteriana, que bajo las observaciones antes hechas también
pueden conducir al desarrollo de gingivitis y agravar estados periodontales prexistentes.
Desde el punto de vista odontológico, las modificaciones psicológicas ligadas al propio
fenómeno de la gestación alteran, al menos por un tiempo, las prioridades e intereses de
la gestante y pueden afectar en uno u otro sentido el compromiso y eficiencia en los
cuidados bucales, incluidas la higiene, asiduidad en las visitas al consultorio
odontológico y tolerancia a sobrellevar un tratamiento dental de manera simultánea al
estado de gravidez. Por ello, el odontólogo necesita brindar suficiente información a la
gestante o a la mujer con planes de embarazo para poder ejecutar planes preventivos y
de manejo odontológico adecuados y personalizados. Asimismo, durante este periodo
los aspectos socioeconómicos influyen en la participación odontológica de las
embarazadas. Éstos pueden variar por otras causas como un embarazo no deseado,
multiparidad, falta de afinidad de la pareja, soltería y problemas maritales, entre otros.
El esfuerzo del odontólogo siempre será informativo y orientado para que no avancen o
se establezcan cambios dentoperiodontales y, con ello, se presenten repercusiones en la
salud de la embarazada y el producto en gestación.
Periodontitis y embarazo
Investigaciones recientes manejan un nuevo concepto: estrés infeccioso-inflamatorio,
así como la posible relación entre procesos inflamatorios periodontales y el estado
fisiológico del embarazo. Los tejidos de soporte dental producen mediadores químicos
inflamatorios que al introducirse al torrente circulatorio pueden influir en condiciones
como preeclampsia, DM, DMG y nacimientos prematuros con bajo peso. En
consecuencia, pueden agravar o desarrollar periodontitis en la embarazada como
manifestación inflamatoria. En el caso de enfermedades renales preestablecidas,
también pueden convertirse en un agente agravante agregado.
Manejo odontológico
Para un adecuado manejo odontológico, durante este periodo debe prevalecer el trabajo
interdisciplinario, con amplia comunicación con el ginecólogo de la paciente; esto
permitirá la conservación de un estado de salud adecuado. Dicha coparticipación se
vuelve indefectible en casos con enfermedades sistémicas como DM diabetes
gestacional, hipertensión, padecimientos renales o riesgo de desarrollar preeclampsia o
eclampsia. La mejor atención hacia una mujer gestante es conservar su estado de salud
general y bucal. En la actualidad, los embarazos programados permiten establecer una
salud oral óptima y enfatizar aspectos preventivos para evitar enfermedades
periodontales y caries. En cuanto el médico o ginecólogo detecten el embarazo, deben
incluir dentro de su protocolo de manejo el que la mujer sea remitida al odontólogo para
una valoración que, en caso necesario, permita establecer diagnósticos y tratamientos
oportunos para bienestar tanto del producto como de la futura madre. El beneficio es
bidireccional, ya que la gravidez puede acrecentar estados patológicos dentales,
periodontales y bucales preestablecidos, con el mismo carácter que los cambios locales
pueden modificar la salud sistémica. El protocolo de manejo odontológico de la mujer
previo al embarazo y durante el embarazo se. Todas las situaciones de emergencia que
causan dolor intenso y fiebre, como pulpitis y abscesos deben solucionarse en cualquier
etapa de la gestación para no agregar una carga extra de estrés y ansiedad en la paciente
y en el feto, lo cual puede perturbar el desarrollo fetal.
Durante el primer trimestre de gestación debe restringirse la toma de radiografías y la
prescripción de fármacos a situaciones de urgencia, ya que en este periodo los órganos
del feto están en plena formación y son más sensibles a daño que cuando el embarazo
está más avanzado. Sin embargo, en etapas tempranas del primer trimestre, la preñez en
ocasiones aún no es identificada, por lo que en radiología siempre deben utilizarse
métodos universales de protección, utilizar mandil de plomo sobre el cuerpo y la
glándula tiroides, así como manejar películas de alta velocidad y sensores digitales que
requieren menor intensidad y duración de energía radiante. La mejor etapa para realizar
tratamientos odontológicos electivos será el segundo trimestre del embarazo, con
medidas para disminuir el estrés generado en la consulta dental como un trato cordial y
sesiones cortas de trabajo; este concepto abarca aspectos fisiológicos y de comodidad
para la embarazada, ya que la posición supina en el último trimestre de embarazo,
además de ser incómoda, solivianta a hipoxia y al síndrome de hipotensión supina. En
los casos necesarios, una posición semiacostada o un poco reclinada será más
conveniente, así como girar a la paciente sobre su costado izquierdo al sospechar
síntomas de compresión sobre la vena cava inferior. En la sala de espera debe evitarse el
contacto de la embarazada con pacientes pediátricos, ya que es una etapa de riesgos
infecciosos como sarampión, rubéola y varicela; así como con cualquier individuo con
infecciones por citomegalovirus o herpes simple, ya que a éstas se les asocia como
causantes de alteraciones congénitas.
Algunas gestantes reportan soplos funcionales, en los casos que éste sea clasificado
como funcional, la profilaxis antibiótica no se hace necesaria. Esta información debe ser
confirmada con el médico responsable. Deberá motivarse a la paciente a asistir a la
consulta odontológica y convencerla de la importancia de las actividades preventivas
como control de placa dentobacteriana, por las repercusiones que pudiera tener un
estado inflamatorio o infeccioso dentoperiodontal sobre la madre gestante y el feto en
desarrollo, así como sobre ciertas enfermedades sistémicas preexistentes.
Estudios complementarios
En las pacientes embarazadas que llevan un control con el ginecólogo, se deben solicitar
de manera rutinaria estudios clínicos para ratificar que se trata de un embarazo de
evolución normal. Entre los más comunes se encuentran: biometría hemática (BH),
análisis completo de orina, química sanguínea de doce elementos, grupo sanguíneo y
factor Rh, y pruebas serológicas para descartar sífilis o VIH. En casos de gestantes con
enfermedades sistémicas ya diagnosticadas como DM o DMG, es obligado solicitar una
prueba de HbA1C para verificar el control de la enfermedad. Ante la conocida
posibilidad de incurrir en estado de anemia y cuando exista sospecha, deberán
solicitarse pruebas para determinación o valoración como hemoglobina total,
hematócrito e índices globulares.
Consideraciones farmacológicas
En el primer trimestre de embarazo, la prescripción de fármacos debe restringirse a
aquellos que están clasificados como seguros por la Food and Drug Administration
(FDA) riesgo en el embarazo nivel A y prescindir de los que tienen el potencial de
traspasar la barrera placentaria, ya que pueden resultar tóxicos o teratógenos para el
feto. La interconsulta médica siempre será necesaria aun cuando sea sobresabido que
serán usados fármacos que no implíquen riesgo para la madre o el producto. Resulta
muy provechoso que el odontólogo conozca de primera fuente las características del
embarazo e historial ginecológico y obstétrico de su paciente. La noción de traspaso de
barreras biológicas incluye el periodo de lactancia, se presentan algunos fármacos que
pueden emplearse con seguridad en la mujer embarazada. Está por completo
contraindicado el empleo de algunos fármacos usados en odontología como
estreptomicina, tetraciclinas, barbitúricos y diazepam.
Se debe evitar prescribir AINE cuando se requiere la administración de analgésicos;
acetaminofén es el fármaco de menor riesgo (B), siempre y cuando se emplee en dosis
terapéuticas por un periodo de 2 o 3 días. Asimismo, debe restringirse el ácido
acetilsalicílico, debido a los problemas tempranos y tardíos que puede provocar como
complicaciones hemorrágicas durante y después del parto; su uso constante puede
inducir anemia en la gestante, dada por los efectos colaterales asociados a daño y
ulceración de la mucosa gástrica y tendencia al sangrado. No pueden ser disociados los
efectos sobre las agruras y reflujos de por sí presentes en la gestante
El ácido acetilsalicílico, ibuprofeno o naproxeno son inhibidores de prostaglandinas y
pueden afectar el proceso de inducción y sostenimiento de la labor de parto. Las
prostaglandinas son necesarias para esta función, por lo que el empleo de estos fármacos
puede retrasar el inicio del parto; asimismo, se les imputa la posibilidad de provocar el
cierre prematuro del conducto arterioso, lo que produciría hipertensión pulmonar en el
niño, éste es un factor agregado que previene su uso. Es conocido que otros analgésicos
opioides poco usados en odontología, como la codeína y el propoxifeno, tienen
asociación causal con la incidencia de labio y paladar hendido. La penicilina y
amoxicilina (nivel de riesgo B) o clindamicina, en caso de alergia penicilínica (nivel de
riesgo B), son los antibióticos de elección en la paciente embarazada. Los anestésicos
locales como lidocaína y prilocaína, así como la adrenalina, son fármacos de uso seguro
durante el embarazo, en apariencia carecen de efectos teratógenos y abortivos. La
primera atraviesa la placenta, aunque no se han cumplido estudios adecuados y bien
controlados en humanos, los realizados en animales no muestran efectos fetales; su uso
durante el primer trimestre del embarazo será decisión del odontólogo. Un número
reducido de estudios indican una supuesta ausencia de reacciones adversas de
mepivacaína hacia el embarazo o salud del feto, si bien de manera categórica el riesgo
potencial en humanos es ignorado. Este fármaco se excreta en la leche materna, sin
embargo, se propone que al emplearse en dosis terapéuticas no causa efectos en el
recién nacido, por lo que puede ser utilizado durante el periodo de lactancia. En la
actualidad no se ha establecido el uso seguro de articaína durante el embarazo, lo que
debe considerarse sobre todo en el primer trimestre. Tampoco hay datos disponibles
sobre el paso de este fármaco a la leche materna, por lo que, como precaución, la
primera toma de ésta después de la revisión odontológica debe desecharse. Los
anestésicos locales que están dentro de la clasificación B de seguridad para las mujeres
embarazadas, al indicar que “puede emplearse o es probablemente seguro”. En los casos
en los que la paciente embarazada curse alguna enfermedad acompañante como
hipertensión, riesgo de eclampsia, DM u otra, el uso de anestésicos locales (base y
vasoconstrictor) deberá valorarse tomando en consideración ambos factores. El
uso de mepivacaína al 3% sin vasoconstrictor puede ser una opción para las gestantes
con hipertensión, sin rebasar 300 mg del anestésico por sesión.
Manifestaciones bucales
Durante el embarazo se observan distintos rasgos comunes, entre ellos se ha descrito un
incremento en la prevalencia de alteraciones dentales, fundamentalmente caries y
erosiones. La relación entre embarazo y caries no puede atribuirse al embarazo mismo,
sino a la disminución de la eficiencia en los hábitos de higiene y cambios alimenticios
durante este periodo. Incremento en la producción de ácido gástrico, incompetencia del
esfínter gastroesofágico, hiperémesis y compresión del útero sobre las vísceras, originan
una regurgitación del contenido gástrico hacia el esófago y la cavidad bucal que, en
caso de ser repetitiva, puede ocasionar erosión de las caras palatinas de los dientes
anteriores superiores. Diversos autores han reportado gingivitis, periodontitis y
agrandamientos gingivales como trastornos frecuentes en esta etapa de la vida, para
algunos médicos es considerado como normal el que las encías de sus pacientes sangren
y se agranden; sin embargo, estos cambios se deben a hiperactividad inflamatoria de
origen hormonal y a una inadecuada higiene oral, por lo que no debiera ser
conceptualizado como normal, aunque sea frecuente. Los valores elevados de
progesterona que se observan durante el embarazo, así como el incremento en la
producción de las prostaglandinas por razones inflamatorias, tienen una acción directa
sobre los capilares gingivales, nutrición y metabolismo de las células del periodonto.
Esto origina una magnificación de la respuesta inflamatoria ante la acumulación de
biofilms dentales y periodontales e irritantes locales y permite que se agraven
condiciones preexistentes, como gingivitis y periodontitis. Todos estos cambios son
tempranos y se pueden corregir o aminorar desde etapas iniciales del embarazo, permitir
que prosigan sería negligencia médica y odontológica. Los cambios en encía son
característicos de un aumento del volumen gingival que adquiere una textura lisa y
brillante, con una marcada propensión al sangrado.
Durante la gestación, también se ha observado un incremento en la movilidad de los
dientes de la madre; puede especularse que esto se correlacione a un grado significativo
de inflamación gingival y a alteraciones en los tejidos duros y blandos del aparato de
inserción del diente al hueso alveolar, así como a cambios por desmineralización de la
lámina dura e hiperplasia de la médula ósea que se exhibe en casos de anemia. En lo que
respecta a lesiones de la mucosa bucal, el granuloma piogénico o tumor del embarazo
parece ser una alteración observada con frecuencia después del segundo mes de
gestación. Es una formación vascular crecida que se inicia en porciones gingivales
previamente inflamadas, a causa de una deficiente eliminación y control de biofilms
dentoperiodontales; constituye una lesión exofítica indolora, eritematosa o purpúrea,
que se origina de una papila interdentaria localizada con frecuencia en la región
vestibular del maxilar superior y que rara vez produce destrucción ósea. Su crecimiento
es limitado, alcanza de 3 a 5 cm de diámetro mayor e involuciona después del
parto en forma parcial; se requiere intervención quirúrgica para su total eliminación y
corrección morfológica gingival.
Senectud
valoración del adulto mayor en la consulta dental
En ocasiones puede resultar difícil obtener una historia clínica completa de un individuo
de edad avanzada dada la complejidad del historial médico, las omisiones o confusión
del paciente geriátrico. La comunicación puede dificultarse debido a problemas visuales
o sordera, a deficiencias en la memoria, concentración pobre o franca demencia, por lo
que en ocasiones es necesario corroborar los datos aportados por el paciente con un
familiar o el cuidador y confirmar los problemas sistémicos con el médico tratante.
Es importante indagar acerca de las condiciones de vida del adulto mayor y evaluar la
gravedad del padecimiento bucal, el cual con frecuencia puede no ser considerado por el
individuo en toda su magnitud. Por ejemplo, una infección bucal menor, en un paciente
mayor debilitado, puede impedirle comer o beber y podría generar deshidratación que
amerite hospitalización urgente. La capacidad para cooperar en aspectos relacionados
con el tratamiento dental, tales como el mantenimiento de la higiene oral y la toma de
los fármacos prescritos pueden ser deficientes. Auxiliares para la higiene oral, tanto
mecánicos como eléctricos, son de gran utilidad para llevar a cabo la limpieza bucal de
los adultos mayores. El examen clínico, como en pacientes de cualquier edad, debe
ayudar a identificar las características físicas generales, valorar la función y las
habilidades sensoriales y motrices del individuo. A través de la observación general el
odontólogo puede darse cuenta si el paciente está bien alimentado, si su marcha es
fuerte y firme o si requiere de algún aditamento que lo auxilie para trasladarse.
Asimismo, puede advertir el ritmo e intensidad de la respiración al caminar, si se agita,
si hay deformidades en huesos o articulaciones por artritis o fracturas que pudieran ser
resultado de osteoporosis, entre otras causas, si el paciente muestra buena destreza en
sus manos cuando se retira el sombrero o al expresarse, o si puede ver o escuchar en
forma adecuada.
Mediante la observación se puede deducir de manera informal sobre la función mental
del paciente, si sus respuestas a las preguntas son claras, si parece estar orientado en el
ambiente, si es capaz de concentrarse y conversar de manera apropiada, si está limpio y
vestido de manera correcta. La discriminación hacia los adultos mayores es común.
Ejemplo de ellos es lo siguiente:
1. De manera errónea, los profesionales de la salud pueden asumir que los pacientes
geriátricos tienen una esperanza de vida corta (en un individuo de 80 años la esperanza
de vida es de 8 o 9 años) y por lo tanto limitan la posibilidad de beneficiarlo con ciertos
procedimientos bucales.
2. A los pacientes geriátricos no se les proponen algunos servicios, como podría ser un
tratamiento de ortodoncia.
3. Un plan de tratamiento largo o sofisticado puede ser inconveniente o inaccesible para
quienes están débiles o con discapacidad, que requieran asistencia o transporte para
acudir a la consulta.
Paciente de riesgo

Los pacientes de alto riesgo en odontología son aquellos que debido a su situación
médica tienen un mayor riesgo de complicaciones durante o después de los tratamientos
odontológicos. 

El dentista es quien valorará la idoneidad del paciente para poder realizar el tratamiento
necesario.  

Clasificación ASA

La Sociedad Americana de Anestesiología (ASA) estableció una clasificación del estado


físico. Esta clasificación es un instrumento utilizado para categorizar la condición física
de los pacientes antes de ser tratados. Esta clasificación ASA fue desarrollada para
proporcionar una terminología común y facilitar la recopilación de datos estadísticos. 

Esta clasificación fue establecida originalmente por Saklad en 1941. Pero en


1961 Dripps modificaron el sistema y estas modificaciones fueron adoptadas por la
Sociedad Americana de Anestesiología en 1962 y son el sistema que se utiliza en la
actualidad. 

La clasificación actual de ASA del estado físico establecido en 1962 se basa en 5


grupos: 

 ASA I: un paciente con una salud normal, sano. 


 ASA II: un paciente con una enfermedad sistémica leve y sin limitación
funcional. Puede estar en esta categoría dos de ASA los fumadores, pacientes
con hipertensión arterial (HTA) controlada o con diabetes mellitus (DM)
controlada también. 
 ASA III: un paciente con una enfermedad sistémica grave que presenta
actividad limitada pero sin incapacidad. En esta categoría los ejemplos serían un
paciente con una cardiopatía por isquemia (angina o infarto) con tolerancia al
esfuerzo y una bronquitis crónica con disnea al esfuerzo. 
 ASA IV: un paciente con una enfermedad sistémica incapacitante con una
amenaza continua de la vida. Los pacientes en ASA IV podrían ser los que
presentan bronquitis crónica con disnea en reposo y los pacientes con
hemodiálisis a espera de un trasplante renal. 
 ASA V: un paciente moribundo que no tiene expectativas de supervivencia en
más de 24 horas con o sin operación. 

Patologías cardiovasculares

Los factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades CV son:

• Hipertensión.

• Edad: varones mayores de 55 y mujeres mayores de 65 años.

• Diabetes mellitus.
• Cifras altas de colesterol de baja densidad (LDL) o total, o cifras bajas de colesterol de
alta densidad (HDL).

• Tasa de filtración glomerular menor a 60 mL/minuto.

•Historia familiar de enfermedad CV prematura, antes de los 55 años en los varones y


antes de los 65 años en las mujeres.

• Microalbuminuria.

• Obesidad (IMC >30 kg/m2).

• Inactividad física.

• Tabaquismo positivo; en especial, cigarrillos.

Hipertensión arterial.

Al aumento sostenido de la presión arterial por arriba de 140 mm Hg en la presión


sistólica y superior a 90 mm Hg para la diastólica se le define como hipertensión
arterial. La hipertensión arterial (HTA) es la enfermedad sistémica más frecuente en la
población adulta, es el principal motivo de visita al médico y afecta a la cuarta parte de
ese grupo etario; se calcula que la padece 1 billón de personas en el mundo y cada
año produce la muerte de más de 7 millones de individuos. En años
recientes la HTA ha tenido un incremento en su prevalencia debido al envejecimiento
de la población; en su forma temprana es una enfermedad asintomática, pero conforme
evoluciona genera daño en todos los tejidos del organismo para dar lugar a
manifestaciones clínicas que son el factor de riesgo más importante para el desarrollo de
enfermedades coronarias, infarto del miocardio.

muerte súbita, arritmia, insuficiencia cardiaca y enfermedad renal terminal. Resulta un


hecho controvertido el que si bien para el diagnóstico de HTA se requieren de tres o
más lecturas superiores a 140/90 mm Hg, se ha advertido que con cifras de
prehipertensión y aún menores, el riesgo de complicaciones existe. La Organización
Mundial de la Salud advierte que la presión subóptima sistólica es responsable
del 62% de los casos de accidentes cerebrovasculares y del 49% de los
infartos al miocardio. En las personas hipertensas, un incremento de 20 mm Hg en
la presión sistólica o de 10 mm en la diastólica genera el doble de riesgo de muerte por
enfermedad cardiaca isquémica o accidente cerebrovascular.

El7º Reporte del Comité de Junta Nacional para Prevención, Detección, Evaluación y
Tratamiento de Hipertensión en EUA señala que 30% de la población de ese país
padece HTA sin saberlo y que 40% de los hipertensos no reciben tratamiento. De los
individuos que están bajo manejo medicamentoso, dos terceras partes no logran tener
cifras menores a 140/90mm Hg. La prevalencia de HTA aumenta con la edad y se
observa HTA en más de la mitad de las personas mayores de 60 años; estas cifras se
incrementan al 75% en mayores de 70 años de edad. Las estadísticas demuestran
que más del 7.5% de la población demandante de atención dental, sin importar su
edad, padece HTA, por lo que el conocimiento de la misma, su prevención y manejo
médico debe ser del dominio de los profesionales de la odontología.

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