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“Cuando estudié Programación de Computadores recuerdo haber tenido

una compañera minusválida. No visualizo su persona al grado de poder


describirla, pero si recuerdo su gran entusiasmo. De un día para otro dejó de
asistir a clases y todos pensamos que estaba enferma y que la vuelta de un
tiempo la volveríamos a ver. Pero no fue así, nuestros profesores nos
comunicaron que ella había congelado estudios porque la Universidad no estaba
apta para una persona como ella, es decir, para permitir el libre circular de una
persona con discapacidad. Sentimos mucho su partida y nunca más supimos de
ella. Dos años después de esto se crearon accesos especiales y baños para
discapacitados. “

¿Hasta qué punto como sociedad damos cabida a las personas con
necesidades especiales para desarrollarse y alcanzar sus metas? ¿Les
integramos realmente?

Es importante aclarar, como bien dice el autor, dos términos que suelen ser
usados con la misma intención, pero que sin embargo no significan lo mismo, me
refiero a Inclusión e Integración. La primera, inclusión, significa colocar una cosa
dentro de otra sin necesariamente que con esto se transforme en un miembro del
todo; por otro lado la integración es un concepto más amplio que si logra hacer a
algo parte de un todo. Ejemplificando podríamos decir que Inclusión es como
cuando reunimos los ingredientes de un pastel, pero solo se transforma en esto
cuando los mezclamos, cuando los integramos.

Cuando hablamos de Integración Escolar nos referimos a que ese alumno


con necesidades especiales tenga las mismas oportunidades para desarrollase
que cualquier otro niño sin su discapacidad. Aprender, vivenciar, compartir,
reflexionar, etc., en un medio parecido o similar a la sociedad misma.
Recordemos que la diversidad es una de las grandes características del Ser
humano. Gracias a esta y a los constantes cuestionamientos forjamos nuestra
identidad, nos damos cuenta de nuestras diferencias, virtudes, defectos y de cómo
estos favorecen o no nuestra existencia. En esta diversidad también nos
percatamos de lo que nos gusta o no, de lo que podemos hacer y lo que no.

La integración no solo es un sirve al niño sujeto de ella, a los demás


alumnos y miembros de la comunidad escolar, también la sociedad se ve
beneficiada cuando este proceso es exitoso. Es muy importante también para la
escuela de integración, puesto que en este compartir reflexionan sobre su
normalidad y nutren también de estas experiencias.

El mayor problema de este proceso no radica en la escuela especial, sino


por el contrario, en la escuela integradora; es aquí donde se presentan las más
grandes disyuntivas de este proceso. Tienden a existir cuestionamientos sobre la
permanencia de un alumno de integración dado a las grandes dudas y temores
que genera el encuentro. Tendemos en forma natural a sentir lástima por quienes
presentan alguna discapacidad, pero nos olvidamos que tras la imagen de
aparente fragilidad hay una mente deseosa de nutrirse de experiencia, de
reflexionar.

“Hace cinco años atrás tuve la oportunidad de participar de un encuentro de


integración con discapacitados en la plaza O’Higgins, después de una
interlocución nos invitaron a tomar una silla de ruedas y dar una vuelta a la plaza
sentados en ella. Para mi fue una experiencia impactante. Me sentí absolutamente
indefensa en ella, mirar todo hacía arriba te hace sentir muy pequeño y para
rematar conducir la silla no están fácil como se ve. ”

La Integración no es una tarea sencilla y no es de exclusiva


responsabilidad de la escuela, sino que también de todo aquel que la compone.
Los profesores tienen una gran tarea: hacer que estos alumnos trabajen igual que
los demás y en razón obviamente a lo que sus limitantes les permitan. Para esto,
claro está que se necesita de un especialista (profesora de integración) que guíe
en el proceso y así poder dar las mejores opciones posibles. Esta es una
obligación de la escuela junto con la implementación necesaria para que este tipo
de alumnos pueda desarrollarse. Pero ¿qué hacemos si las condiciones no son las
ideales?, la solución no pasa por esperar a que ellas existan, la necesidad de
educación de estos alumnos es ahora y no más tarde. Por lo tanto hay que crear
nuevas metodologías que nos permitan alcanzar las metas de la integración.

Existen cuatro aspectos importantes en la integración a los cuales el autor


hace referencia; la relación docente-alumnos: este aspecto va orientado a
cuantificar el número de niños que puede atender una profesora de integración y a
la proporción alumno-integrado versus alumno-común que debe haber en una
clase; relación docente-escuela: se refiere netamente a la profesora integradora y
a cuantas escuelas puede visitar; espacios de trabajo institucional e
interinstitucional: se refieren a la organización, determinar espacios de trabajo,
planificación, hacer seguimiento y evaluar.

No obstante, no existe el “santo grial” de las herramientas de integración,


sin embargo en trabajo interdisciplinario conjunto permitirá alcanzar el objetivo el
cual definitivamente es procurar que los niños discapacitados tengan las mejores
opciones de desarrollarse y así lograr su realización personal.

Tatiana Pulgar Bonilla