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Boletín de la Academia Nacional de Historia

de la academia nacional de historia

boletín

Volumen LXXXVIII N° 184
Segundo semestre de 2010

ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA DIRECTOR: SUBDIRECTOR: SECRETARIO: BIBLOTECARIO–ARCHIVERO: COMISIÓN DE PUBLICACIONES: Juan Cordero Íñiguez Agustín Moreno Proaño Eduardo Muñoz Borrero Enrique Muñoz Larrea Hernán Rodríguez Castelo Jenny Estrada Ruiz Francisco Salazar Alvarado Jorge Núñez Sánchez Juan José Paz y Miño

TESORERO: RELACIONADOR PúBLICO:

BOLETÍN de la A.N.H. Vol LXXXVIII nº 184
©  Academia Nacional de Historia del Ecuador ISSN Nº 1390-079X Diseño e impresión PPL Impresores 2529762 Quito flandazurippl@andinanet.net marzo 2011 Esta edición es auspiciada por el Ministerio de Educación

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ÍNDICE GENERAL
Editorial EN EL BICENTENARIO
• Los Próceres de agosto: vecinos, ciudadanos y creyentes Carlos Freire • Antonio Ante y Flor Juan Francisco Donoso Game • Los Checa en la historia del Ecuador. Del 10 de Agosto de 1809 y el 2 de Agosto de 1810 Marcia Stacey • La obra de teatro que se escribió tras el 2 de Agosto trágico Hernán Rodríguez Castelo

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ARTÍCULOS Y ENSAYOS
• La visita de José García de León y Pizarro a Quito Kenneth J. Andrien • José María Landa y Ramírez, un argentino en Cuenca en la primera mitad del siglo XIX Juan Cordero Íñiguez • El teniente general don Toribio Montes Calaca y Pérez Enrique Muñoz Larrea • Origen del Dr. Ángel Polibio Chaves, fundador de la provincia de Bolívar Gregorio César De Larrea

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DISCURSOS ACADÉMICOS
• Acotaciones sobre la masacre del 2 de Agosto de 1810 Gustavo Pérez Ramírez • Ricardo Paredes Romero: el médico marcado por la huella de la Revolución Juliana Germán Rodas Chaves • San Martín, su entrevista con Bolívar en Guayaquil y retiro del gobierno del Perú Benjamín Alfredo Rosales Valenzuela

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VIDA ACADÉMICA
• Homenaje de la ANH a cinco grandes historiadores Juan Cordero Íñiguez

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Directorio de miembros de la ANH Individuos de número de la ANH a diciembre de 2010 Miembros correspondientes a diciembre de 2010 Miembros electos para correspondientes Miembros honorarios Miembros extranjeros electos como correspondientes Miembros de provincias

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rimero con el anuncio “Hacia el bicentenario”, y, cuando en 2009, llegó la celebración de los doscientos años del pronunciamiento quiteño y el establecimiento de la primera Junta autónoma de América, con el título “En el bicentenario”, la primera sección del Boletín de la Academia Nacional de Historia publicó artículos que iluminaran el glorioso acontecimiento. Se comenzó, como lo recordarán los lectores del Boletín, por una amplia y rigurosa panorámica de cuanto se hizo en Quito, desde la cena de navidad de 1808, en la casa del Marqués de Selva Alegre, en el Valle de los Chillos, donde los intelectuales que maduraban aquellas ideas revolucionarias les dieron una primera forma programática. Fue el largo estudio titulado “La gloriosa y trágica historia de la independenciade Quito. 18081813”, del académico Hernán Rodríguez Castelo, que ha sido ya más de una vez reproducida en publicaciones de conmemoración del Agosto quiteño y ha servido de base para entusiastas empeños de vulgarización de esa página de la historia patria tan digna de recordación.

Cuando, transcurrido el año 9, se llegó al agosto de 2010, por primera vez la gloriosa historia de la Revolución de Quito cobró caracteres de trágica. Fue la inmolación de la mayor parte de los líderes y conductores del primer gobierno quiteño autónomo asesinados con sevicia por las tropas del Real de Lima en esos calabozos que aún pueden los quiteños, ecuatorianos y americanos visitar en el lado norte de lo que, antes de la expulsión de los de Loyola, fueran universidad y colegio de los jesuitas y hoy es el Centro Cultural Metropolitano. Resultaba impropio el nombre de “celebración” para la recordación de hechos tan luctuosos –la masacre consumada por los del Real de Lima no se redujo a los calabozos en que estaban prisioneros esos quiteños ilustres: se volcó hacia la ciudad, en cuyas calles fueron asesinados a mansalva decenas de gentes del pueblo–. No parecen haberlo entendido ciertas autoridades

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del gobierno y la ciudad que multiplicaron actos festivos, la mayor parte sin ningún contenido histórico. Fue –dijo un académico en una sesión de la Corporación– como si una familia, para recordar el asesinato de sus abuelos, hiciese una fiesta bailable. Frente a tamaña aberración –que, por supuesto, no fue la única– y como un aporte para sacudir una indiferencia casi general frente a acontecimiento que conmovió a América, comenzando por el mayor de los americanos, Bolívar, este Boletín, que recoge el pensamiento y sentimiento de los historiadores miembros de la Academia Nacional de Historia, hizo de su número 183, un “Homenaje de la Academia Nacional de Historia a los próceres sacrificados el 2 de Agosto de 1810”. Fue ese número monográfico todo un tomo sobre ese Agosto que dio a la patria sus primeros mártires. Comenzó por biografías sólidamente documentadas de las principales figuras: Juan de Dios Morales y José Riofrío, por Jorge Núñez; Manuel Rodríguez de Quiroga, por Hernán Rodríguez Castelo; Coronel Juan Salinas, por el Gral. Juan Francisco Donoso Game (Miembro fundador de la Academia Nacional de Historia Militar, escritor invitado); Juan de Larrea y Guerrero, por Carlos Freile; y una breve noticia de otros patriotas, con quienes la historia se ha mostrado avara en guardarnos datos fidedignos, por Enrique Muñoz Larrea. Y después crónicas en verso y prosa escritas por testigos de los sucesos del 2 de Agosto, dos de ellos en los mismos días que siguieron a la masacre: el impresionante “Cántico lúgubre en que se lamenta el estado de desolación de la ciudad de Quito el día jueves 2 de agosto de 1810, a la una y media de la tarde”; la “Relación de un pasajero que vio en Quito el 2 de Agosto de 1810”; las páginas en que refirió esos hechos William Bennet Stevenson, secretario entonces del Presidente de la Audiencia, el Conde Ruiz de Castilla, en su A historical and descriptive narrative of twenty years residence in south america, y el relato de los sucesos hecho por el Provisor Caicedo –testigo privilegiado de muchos de esos hechos, hasta en sus últimos recovecos– en su Viaje Imaginario (por supuesto que sin presentarse como su autor, autoría que podía haberle acarreado pena capital).

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Esa entrega del Boletín de la Academia Nacional de Historia, titulado Homenaje de la Academia Nacional de Historia a los próceres sacrificados el 2 de Agosto de 1810, fue un estupendo libro, que solo pudo haberse hecho en Quito, donde se escribieron esas crónicas, lamentos y testimonios que nos entregan palpitantes los sentimientos de dolor, indignación y cólera de quienes fueron testigos de tragedia tan abrumadora. Estupendo libro, merecedor de mejor suerte, porque hasta a él ha llegado la general insensibilidad e indiferencia ante página tan grande de historia americana. Pero la Academia cumplió, y esta publicación es lo que va quedando de la recordación quiteña del 2 de Agosto de 1810. Pero la historia de los primeros años de independencia de Quito –entonces Quito era lo que es hoy la República del Ecuador–, y la obligación de seguir recordando y reviviendo esos sucesos gloriosos y trágicos persiste. Montúfar rige en Quito una nueva Junta de Gobierno, para que ejerciera autoridad en Quito y la Provincia, y en solemne Cabildo electores del Clero, de la nobleza y de los barrios eligieron a quienes conformarían la Junta. ¿Saben nuestro munícipes cuándo ocurrió aquello? ¿Han tenido alguna idea de que eran los llamados a conmemorarlo? El 17 de febrero de 1811 las tropas quiteñas que avanzaban sobre la realista Cuenca lograron una importante victoria en Paredones. ¿Lo han recordado y celebrado nuestras Fuerzas Armadas actuales, herederas de ese primer ejército nacional? Y sucesos de tanta magnitud llegarían hasta la elaboración de nuestra primera Constitución y su promulgación, casi el mismo día en que España promulga la suya. Y las dos son tan coincidentes, y no solo en el espíritu sino hasta en la letra, que se abren estupendos espacios para la investigación histórica. España prepara grandes celebraciones para recordar los doscientos años de esa primera Constitución, que los españoles llamaron la Pepa. Cabe esperar que al menos este Boletín procure responder a los retos que estas últimas páginas de la historia de la primera independencia de Quito plantean. Entretanto este nuevo número del Boletín se abre con la sección “En el bicentenario”. Nuevas iluminaciones sobre hechos y actores de
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esa “gloriosa y trágica historia” aportan Carlos Freile en su ensayo “Los próceres de Agosto: vecinos, ciudadanos y creyentes”, el general Juan Francisco Donoso Game en su biografía de Antonio Ante, otro de los ilustres hombres del Agosto quiteño, y Marcia Stacey en su documentado estudio “Los Checa en la historia del Ecuador del 10 de Agosto de 1809 y del 2 de Agosto de 1810”. Y, como un eco del 2 de Agosto trágico, se vuelven los ojos a una pieza teatral escrita por el ilustre americano, el chileno fray Camilo Henríquez, que fue también testigo de la matanza de los próceres y las gentes quiteñas, la famosa La Camila. La recuerda y estudia un historiador que es, además, crítico literario y amplio conocedor de la historia del teatro nacional, Hernán Rodríguez Castelo. Pero dos de los trabajos de la siguiente sección y uno de la tercera guardan relación, aunque indirecta los dos primeros, enormemente sugestiva, con los hechos del Agosto quiteño. El eclesiástico argentino José María Landa y Ramírez, a quien dedica estudio respaldado por rico juego de documentos, Juan Cordero Iñiguez, el director de la Academia, fue brazo derecho del atrabiliario obispo Quintián, el peor enemigo de la Revolución de Quito en Cuenca. Y Toribio Montes, a quien dedica su estudio el académico Enrique Muñoz Larrea, fue quien dirigió la campaña que acabó con la revolución y quien, tras la resistencia heroica, con el eufemismo de “pacificador”, pasó por las armas a tantos quiteños. Cabe recordar lo que se escribiera en “La gloriosa y trágica historia de la independencia de Quito”: “La sevicia con que Montes y su atrabiliario segundo, Sámano, tomaron venganza dejó huellas espeluznantes en órdenes como la dada por el Presidente a un Fábrega, que había capturado a Nicolás Peña y su heroica esposa Rosa Zárate en los bosques de Malbucho, en donde las gentes quiteñas habían ido a combatir después de los sucesos de diciembre en Ibarra: “Proceda Ud. a ponerles en capilla, pasándolos por las armas por la espalda, cortándoles las cabezas que, con brevedad, remitirá Ud. del mejor modo posible, para que se conserven y que vengan ocultas, a fin de ponerlas en la plaza de esta capital”.

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Y, aunque por tratarse de un discurso académico de ingreso, está en la correspondiente sección, y no en la parte “En el bicentenario”, el trabajo de Gustavo Pérez Ramírez titulado “Acotaciones sobre la masacre del 2 de Agosto de 1810” constituye importante aporte al esclarecimiento de los trágicos sucesos del 2 de Agosto de 1810. Los otros trabajos, comenzando por uno interesantísimo sobre “La visita de José García de León Pizarro a Quito”, cedido gentilmente por su autor, el profesor de la Universidad de Ohio Kenneth J. Andrien, y traducido por el académico Gonzalo Ortiz Crespo, nos permiten aproximarnos al amplio espectro de inquietudes históricas en que los miembros de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, al igual que académicos amigos de otros lares, despliegan sus búsquedas y estudios.

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EN EL BICENTENARIO

LOS PROCERES DE AGOSTO: VECINOS, CIUDADANOS Y CREYENTES 1
Carlos Freile Para mejor entendimiento de las palabras siguientes cabe recalcar el ámbito al cual se refieren: en cuanto al espacio tocan al Reino de Quito, configurado en el Imperio Español como Real Audiencia, en cuanto al tiempo se ciñen al inicio del proceso de Independencia, entre 1808 y 1812. De vecinos a ciudadanos Todo acercamiento al proceso de la Independencia debe contar con el hecho de que los actores de ella, a quienes nosotros llamamos “próceres”, pertenecían a una sociedad estamental y patrimonial, como todas las del Antiguo Régimen. Modelo de sociedad que ellos no ponían en tela de juicio, pues su anhelo era lograr si no total independencia sí suficiente autonomía, no tanto de Madrid, lejana, desconocedora e inepta, sino de Lima y Santa Fe, cercanas, ambiciosas y abusivas. Sin embargo es evidente la intención, por lo menos de los actores más conocedores del derecho y de las tendencias del tiempo, de establecer un estado con bases políticas no estamentales sino ciudadanas, en otras palabras, de separar los derechos políticos de la situación social de la persona en el momento de su nacimiento. No olvidemos que esa situación estaba profundamente ligada no solo al color de la piel, a la sangre, sino también a la riqueza y al consenso de las gentes. Partamos de las formas de participación en los años anteriores al período independentista propiamente dicho. De acuerdo con la tradición española de origen medieval, el pueblo estaba representado por los vecinos, quienes, por ejemplo elegían autoridades y procuradores hasta que el poder real se volvió absoluto por influencias llegadas de fuera y justificadas por el concepto romano de “imperium”, el derecho a mandar. Sin embargo en las Leyes de Indias se mantuvo el principio de
1 El presente artículo es una ampliación de la ponencia presentada en el Seminario Interdisciplinar “Ciudadanía y Memoria” del Stipendienwerk Lateinamerika-Deutschland, realizado en Quito en febrero de 2009.

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que los vecinos elegían autoridades: “hagan elecciones los vecinos” (Libro IV, Título 10, Ley 3). Pero, ¿quién gozaba el rango de vecino? Las mismas Leyes citadas lo definen: “el que tiene casa poblada, aunque no sea Encomendero de Indios, se entiende ser vecino” (Libro IV, Título 10, Ley 6). Aquello de “casa poblada” indica capacidad económica e independencia de otros, por lo que debe el vecino colaborar en la vida digna y ordenada de la ciudad y también en su defensa, como se ve a todo lo largo de los siglos coloniales en los casos de levantamientos indígenas o ataques de piratas (un caso digno de memoria es el de la oposición de los vecinos y cabildo de Quito a la entrada de las tropas del general Pedro de Arana por considerar injustificada la medida ordenada por el virrey de Lima, hecho sucedido en 1592 a raíz de la llamada Revolución de las Alcabalas). Podemos completar la idea con la definición que da el Diccionario de Autoridades en 1737: “(vecino es) el que tiene casa, y hogar en un Pueblo, y contribuye en él a las cargas, ú repartimientos, aunque actualmente no viva en él”. Según Escriche, en España se necesitaban diez años de permanencia para adquirir el título de vecino (Joaquín ESCRICHE: Diccionario razonado de Legislación y Jurisprudencia, Paris, Librería de Rosa, Bouret y Cía, 1852), en América no, por obvias razones. No he encontrado otras condiciones para ser vecino, en las Leyes de Indias solo se establece que para ser Alcaldes Ordinarios, o sea jueces municipales de primera instancia, se requería ser personas hábiles y que sepan leer y escribir (Libro V, Título 3, Ley 4). El análisis atento de los documentos coloniales y la observación astuta de los modos de vida nos lleva a afirmar con toda certeza que junto a los requisitos mencionados siempre aparece el “consenso social”, esa misteriosa especie de voto anónimo y casi unánime que otorga respetabilidad y honor a determinadas familias y a otras no. No es necesario recordar que los indígenas y negros estaban excluidos de la “vecindad”, los primeros por ser considerados menores de edad jurídicos necesitados siempre de la presencia de un procurador, llamado “protector de indios”, los segundos por no ser libres. Esta amarga realidad permaneció después de la Independencia, aunque algún visionario deseó eliminarla. En todo caso una familia india rica podía asumir el rango de mestiza y poco a poco ser tenida como criolla por eso del consenso social, igual sucedía con los mulatos. El vecino del Antiguo Régimen se convertirá en ciudadano en el estado liberal. Tan es así que las condiciones para ser ciudadano in-

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cluyen la capacidad económica, en el Ecuador hasta 1860. Durante los años de las luchas por la Independencia los protagonistas primarios del proceso revolucionario son los vecinos. Pero ya antes habían actuado con conciencia clara en movimientos contrarios al poder afuereño, como en el caso de la “Guerra de los Barrios de Quito” de 1765, cuando casi todos los vecinos criollos hicieron causa común contra los abusos reales o ficticios de ciertas autoridades subalternas recién llegadas de Santa Fe de Bogotá. Pocos años después, Eugenio Espejo expresaba con claridad los deberes del ciudadano: “un genio pacífico de que debe gloriarse todo buen ciudadano para no ser peste de la sociedad” (Cartas Riobambenses en Carlos E. FREILE G.: Cartas y lecturas de Eugenio Espejo, Quito, 2008, p. 146), “acomodarse al humor general de los hombres”, es decir a su naturaleza (Defensa de los Curas de Riobamba, Investigación, Introducción y Notas por Carlos FREILE con la colaboración de Carlos PALADINES; Quito, 1997, p. 111), “solicitar –en el sentido de buscar- la felicidad del Estado” (Reflexiones acerca de las viruelas en Federico GONZALEZ S: Escritos de Espejo, T. II, Quito, 1912, p. 365). Espejo viene a ser el gozne entre el Antiguo Régimen y el estado liberal, sin que esto signifique que haya superado el estamentalismo. No en balde sus discípulos y amigos tuvieron el papel principal en la gesta libertaria, como lo reconocieron las propias autoridades españolas después de 1812. Revisemos algunos momentos decidores del proceso de Independencia desde 1808, sacando a luz el protagonismo de algunos vecinos en trance de llegar a ser ciudadanos de hecho y de derecho. Comienzo con 1808 y no con la fundación de la Primera Junta Soberana pues en ese año con motivo de la llegada del nuevo Presidente de la Audiencia, D.Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla, los colegiales de San Fernando representaron cuatro obras de teatro: Catón, Andrómaca, Zoraida y Araucana. Veamos el por qué los quiteños se entusiasmaron con ellas y las comentaron día y noche en calles, plazas, mercados, salones y conventos. Catón es una tragedia del inglés Joseph Addison (16731719) que exalta la figura de Catón de Útica, el mismo que aparece en “El Purgatorio” de Dante, pues movido por un invencible republicanismo se opuso a los planes tiránicos de Julio César y fracasado se suicidó. Andrómaca, en la leyenda griega fue la devota esposa de Héctor, muerto éste, formó parte del botín de Neoptólemo, es la heroína de la tragedia homónima de Eurípides (siglo V a.C.), defensora de la dignidad de los derrotados frente a los abusos de Menelao, el rey espartano, pero

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existe un punto de la trama que no debe pasarse por alto: Hermione, esposa legítima de Neoptólemo y por ende rival de Adrómaca, consigue que Orestes mate a su esposo con el fin de evitar que deje el trono al hijo de Andrómaca, la extranjera, ¿sutil referencia a la presencia del “rey intruso” José I en España? Sobre este mismo tema Racine escribió la tragedia homónima (1667), con algunos cambios, en ella Pirro, el rey es asesinado por Orestes, aunque la causa no es política sino sentimental. Algún autor sostiene que ésta fue la tragedia representada en Quito. Zoraida, drama escrito por Nicasio Álvarez de Cienfuegos (1764-1809), poeta español muerto en la cárcel por su oposición al invasor y tirano francés. La protagonista es víctima de los abusos del déspota de Granada, Boabdil. En un momento dado exclama ella: “Querido Abenamet, ¿por qué naciste / en días tan maléficos y aciagos? / Cuando el amor y la virtud rigiesen, / tú serías feliz…” En este caso también existe la opinión de que la tragedia representada fue Zaira (1732) de Voltaire, cuyo tema es una adaptación del conocido Otelo. La Araucana, el poema épico de Alonso de Ercilla (1533-1594) sobre la conquista de Chile, es muy conocida. A partir de su argumento se escribieron varias obras de teatro, no sabemos cuál de ellas fue representada en Quito, posiblemente la de Lope de Vega, aunque no es de sus mejores logros, sin embargo el tema se puede sospechar: la codicia de los españoles y la defensa incansable de su libertad por parte de Caupolicán. Lo que nos interesa es que los promotores de estas representaciones fueron dos hombres inquietos en política, Juan de Dios Morales y Manuel Rodríguez de Quiroga, quienes a los pocos meses serán protagonistas cruciales del proceso libertario y que a través de esas obras apelaban a los quiteños para actuar de manera decisiva e inmediata. España había sido invadida por Napoleón y éste le había impuesto un nuevo rey con la complicidad cobarde del legítimo. Frente a ello los españoles recurrieron a la vieja doctrina de que el poder radica en el pueblo y al no tener rey legítimo optaron por reasumir la soberanía en nombre del heredero, Fernando VII. Esto se hacía no tanto por influencia de la Revolución Francesa sino de la Escuela de Salamanca y sobre todo de Francisco Suárez S.J, como se verá más adelante. Excursus: la Escuela de Salamanca A principios del siglo XVI la Universidad de Salamanca experimentó una renovación fecunda con la presencia de influyentes filósofos

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y teólogos que lograron darle una nueva faz a la escolástica. De hecho se habla de una “Escuela” en cuyo origen estaría Francisco de Vitoria, al que se le unieron Domingo de Soto, Melchor Cano y otros. Estos pensadores trataron varios puntos candentes como el del origen del mal, el del libre albedrío, la predestinación y la gracia, discusiones que derivaron en la famosa controversia de auxiliis. En este caso interesan sus reflexiones acerca del origen divino del poder, las características del gobierno legítimo y de las tiranías. En el mundo medieval San Isidoro de Sevilla desarrolló la tesis paulina del origen divino del poder, tesis extendida por la cristiandad hasta el Renacimiento aunque no manera homogénea, pues algunos tratadistas defendían el poder absoluto de los reyes, en otras palabras un poder sin condiciones; otros derivaron hacia el modelo inglés, de unión en el monarca de las autoridades política y religiosa… Los españoles defendían un cierto control de la comunidad sobre el monarca en cuanto gobierna en nombre de ella y si lo hace de manera injusta puede ser defenestrado y sustituido. Las reflexiones de los maestros salmantinos derivaron desde allí al tema de la naturaleza de todos los hombres de la cual derivan los derechos llamados hoy día humanos, los cuales no son una concesión graciosa del estado ni una resolución de la voluntad general sino una consecuencia ineludible de la naturaleza humana. El jesuita Francisco Suárez rechazó las teorías políticas de los anglicanos, resumidas en las conocidas sentencias de Jacobo I de Inglaterra: “el rey es anterior a cualquier estamento, parlamento o ley” y “los reyes han sido el origen de las leyes y no las leyes el origen de los reyes”; para ello escribió su Defensio fidei catholicae adversus anglicanae sectae, en la cual sostiene lo ya dicho: el pueblo recibe el poder de Dios y lo trasmite al monarca libremente por medio de un pacto condicionado y modificable, pues el rey tiene la obligación de sujetarse a la ley y a la moral para servir al bien común. En resumen, el poder político tiene límites y se halla vinculado con el pueblo.2

2 Los estudios más actualizados demuestran la enorme influencia de la Escuela de Salamanca en la evolución de la economía moderna. Surgen los nombres de Soto, Valencia, Azpilcueta, Oñate…, alguno de ellos citado por Eugenio Espejo (véanse las obras de Joseph A. Schumpeter y de Marjorie Grice-Hutchinson). También se ha señalado la dependencia de Galileo de algunos de los maestros salmantinos como Soto y Muñoz, sobre todo en el tema de las investigaciones sobre la caída de los cuerpos y la inercia.

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Hacia la ciudadanía autónoma Un grupo de vecinos de Quito decidieron seguir el ejemplo de los españoles peninsulares y reasumir al soberanía por cuanto el rey legítimo había sido alejado del poder. La conjura se inició a fines de 1808 pero fracasó por una delación y la pérdida de los documentos comprometedores. Posteriormente se reinició y estalló en agosto de 1809. Los textos son muy claros al respecto, los vecinos hacen uso de sus derechos como ciudadanos del Imperio Español, se sienten iguales a todos los demás, se saben capaces y dueños de sus destinos. En el primer Oficio enviado al Presidente se dice con claridad: “El Pueblo de esta Capital ha declarado formalmente, por Acta de hoy, haber cesado legítimamente los actuales Magistrados en sus funciones…” (Oficio de la Junta Suprema, al Conde Ruiz de Castilla, 10 de agosto de 1809, en Alfredo PONCE RIVADENEIRA: Quito 1809-1812, Madrid, 1960, p.136). A las pocas horas se proclamó: “… a la Junta Central establecida en Madrid le faltaba ya aquella representación política por la cual se le juró obediencia”. “… el mismo derecho que tiene ahora Sevilla para formar interinamente Junta Suprema de Gobierno tiene por lo mismo cualquiera de los Reinos de América … habiendo cesado el aprobante de los Magistrados, han cesado también éstos sin disputa alguna en sus funciones, quedando por necesidad la soberanía en el Pueblo”. (Manifiesto de la Junta Suprema de Quito al Público, 10 de agosto de 1809, en Id. p. 137). Como se ve ya se hablaba de que la “soberanía queda en el Pueblo”. Una de las justificaciones de este proceder se dio en la defensa que el ideólogo del movimiento Juan de Dios Morales hizo de él: “El Sr.Dn. Fernando VII no puede, por nuestra desgracia, regir su monarquía. La Junta Central se extinguió políticamente; luego la América está anárquica: estando anárquica, no hay autoridades constituidas, está en su estado natural, y estando en estado natural, es libre de darse el gobierno que le parezca conveniente y análogo a las circunstancias, como lo declararon y lo han hecho los españoles, fundados en el Derecho de Gentes. ¿Ha hecho el pueblo de Quito otra cosa? Claro está que no. Luego, erigiendo su Junta, ha usado del derecho que le conceden la Naturaleza y las leyes fundamentales de la sociedad” (Citado por Roberto ANDRADE: Historia del Ecuador, Primera serie, Quito, 1982, p. 217). En los estertores de la primera etapa del movimiento libertario, el Presidente de la segunda Junta encabezaba un decreto con las siguientes palabras: “Nos, el Dr. Dn. José Cuero y Caicedo, por la gracia de Dios

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y de la Santa Sede Apostólica Obispo de esta Diócesis … y por la voluntad de los Pueblos, Presidente del Estado de Quito.” (Decreto del Obispo de Quito, Quito, 8 de agosto de 1812, en Rubén VARGAS U. S.J.: El Episcopado en los tiempos de la emancipación suramericana, Lima, 1962, p. 385). El mismo en circular a los párrocos les decía: “Debiendo a imitación del Apóstol honrar nuestro ministerio y conservar a estos pueblos cuya custodia espiritual se nos ha encomendado por Dios y en lo temporal por el libre consentimiento de estas Provincias que me han colocado a la frente del Gobierno para procurar la felicidad común…” (Circular reservada del Obispo de Quito, Quito, 19 de septiembre de 1812, en Vargas, p. 387). Las acciones y palabras de los vecinos no van tan solo en dirección positiva: la reasunción de la soberanía, sino en negativa: rechazar los abusos sufridos, se redactan verdaderos memoriales de agravios: El primero es el oficio enviado a los diferentes ayuntamientos del Reino de Quito, cito del ejemplar enviado a Popayán: “Un pueblo que conoce sus deberes y que para defender su libertad e independencia ha separado del mando a los intrusos —- no reconoce más juez que a Dios … “(por parte de las autoridades no se ha visto otra cosa que) un desprecio criminal de los derechos sacrosantos que nos ha concedido la naturaleza. No se nos ha tenido por hombres sino por bestias de carga,…” “… se ha hecho por los españoles europeos la más ultrajante desconfianza de los americanos…” “(los españoles) teniéndose por dueños, no se dignan hacer a sus esclavos partícipes de sus cuidados y decretan allá en sus nocturnos conventículos la suerte desgraciada de éstos, soñando conservar el señorío”. “Es público ya en todo el mundo que un plan hipotético de independencia para el caso de subyugada la España y faltar el legítimo Soberano ha sido el cuerpo del delito. Este es el Bonapartismo claro respecto de los procesantes, a quienes es preciso calificar por consiguiente de opresores de los criollos y usurpadores de sus derechos naturales” (Manifiesto de la Junta Suprema de Quito al Público, agosto 10 de 1809, en Ponce, p. 136 ss). El segundo es el Oficio del Marqués de Selva Alegre a los diferentes Ayuntamientos del Reino de Quito en el que luego de señalar que la Junta Central se hallaba ya extinguida añade: “… el Pueblo de esta Capital, fiel a Dios, a la Patria y al Rey, no solo temeroso de ser entregado a la inicua dominación francesa, sino convencido de que ha llegado el caso de corresponderle la reasunción del Poder Soberano se ha congregado…” (Oficio del Marqués de Selva

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Alegre al Ayutamiento de Popayán, Quito, 10 de agosto de 1809, en Ponce, p. 139). El tercero es el Manifiesto del Pueblo de Quito, allí se afirma: “Quito … ha sido mirado por los españoles que únicamente lo mandaban, como una Nación recién conquistada, olvidando que sus vecinos son también por la mayor parte descendientes de esos mismos españoles; han sido mirados con desprecio; tratados con ignominia, ofensa la más amarga a la dignidad del hombre; han visto todos los empleos en sus manos; la palabra criollo en sus labios ha sido la del insulto y del escarnio…” (Manifiesto del Pueblo de Quito, agosto de 1809, en Ponce, p. 142). Nótese que los agravios son tres: la opresión española, que encierra el desprecio a los criollos y el acaparamiento de cargos públicos, la negación de los derechos naturales y la posible entrega a Bonaparte que significaría la persecución y aniquilamiento de la Religión católica. De éstos nos interesa la negación de los derechos naturales, pues con ello se birla a los criollos la capacidad de ser auténticos vecinos, auténticos ciudadanos. Un poco menos de un mes más tarde, y vista la reacción adversa de varias ciudades del Reino, es especial Guayaquil, Cuenca y Popayán, al unísono con las dos sedes virreinales, los patriotas escribieron por la pluma de Manuel Rodríguez de Quiroga: “La sacrosanta Ley de Jesucristo y el imperio de Fernando VII perseguido y desterrado de la Península, han fijado su augusta mansión en Quito. Bajo el Ecuador han erigido un baluarte inexpugnable contra las infernales empresas de la opresión y la herejía. En este dichoso suelo, donde en dulce unión y confraternidad tiene ya su trono la Paz y la Justicia, no resuenan más que los tiernos y sagrados nombres de Dios, el Rey y la Patria.”. (Manifiesto de la Junta Suprema de Quito a América, septiembre 4 de 1809, en Ponce, p. 157). Aquí se expresa de manera más clara el motivo profundo de la oposición radical a la menor posibilidad de que Napoleón pueda dominar América: la defensa de la fe católica. Nótese la vinculación de la opresión con la herejía. Aunque el punto será ampliado en la segunda parte de este artículo, sirve recalcar aquí que estas palabras, y otras similares, confirman las sospechas de que nuestros próceres de 1809 no se sentían guiados ni por Voltaire ni por Rousseau, ni por Robespierre ni Marat. Aunque tres años más tarde ya evocarán la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Pasemos a otro aspecto crucial: el mecanismo de reasunción de la soberanía. En cierta historiografía ecuatoriana se solía criticar y desprestigiar al movimiento de los patriotas del 10 de agosto de 1809 mo-

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tejándolo de conjura de los marqueses, como si cuatro o cinco aristócratas más dos o tres comensales suyos se hubiesen arrogado la representación de todos los vecinos de la ciudad y del Reino. Los documentos nos dicen que no fue así, que desde el inicio se buscó la aprobación del pueblo y se procedió a elecciones por parte de los vecinos, con las limitaciones que ya señalé, derivadas de una sociedad todavía estamental, aunque algunos de los protagonistas ya mostraban la voluntad de cambiarla hacia una sociedad de ciudadanos. Veámoslo. Uno de los mayores críticos de la actuación de los próceres, sobre todo de los marqueses, a los que llamó “traidores”, escribió hace cincuenta años: “Para lo cual (los conjurados) acordaron también que los principales vecinos de los barrios de la Capital suscribiesen sigilosamente con sus firmas la designación de los delegados o diputados barriales que debían reunirse para la elección de los miembros que debían componer la Suprema Junta de Gobierno”. (Manuel María BORRERO: La Revolución Quiteña 1809–1812, Quito, 1962, p. 23). Esta afirmación se ve corroborada por la propia Acta de Constitución de la Junta Soberana, la que asienta lo siguiente: “Nos, los infrascritos diputados del pueblo, atendidas las presentes críticas circunstancias de la nación, declaramos solemnemente haber cesado en sus funciones los magistrados actuales de esta capital y sus provincias; en su virtud los del barrio N. elegimos y nombramos por representantes de él a NN, y lo firmamos…” Fórmula que se repite para cada uno de los barrios de la ciudad. (Acta de Constitución de la Junta Soberana, en Borrero, p.27). A las pocas horas se expedía un Bando que comienza con las palabras “Don Juan Pío Montúfar, …, Presidente de la Junta Suprema Gubernativa de este Reino, constituida por el pueblo…” (Bando de la Junta, 10 agosto 1809, en Borrero, p. 30). Tampoco los actores del movimiento de la ciudad de Quito pretendieron representar a todos los habitantes del Reino sino que pidieron se elija y envíe un diputado por cada ciudad, como consta en el oficio circular enviado a todas las ciudades, villas y asientos: “… podrá Vuestra Señoría remitir a la mayor brevedad el Representante que se elija y nombre…” (Oficio del Marqués de Selva Alegre al Ayuntamiento de Popayán, 10 de agosto de 1809, en Ponce, p.139). En muestra clara de la intención en germen democrática de que el pueblo esté realmente presente en las deliberaciones la Junta expidió un decreto por el cual “(convoca a todos los miembros de las corpora-

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ciones) y poderdatarios del pueblo para que congregados en una de las piezas más espaciosas de esta capital expusiesen libremente sus sentimientos sobre la Constitución gubernativa que empezaba a organizarse por la universal y común aclamación de este vecindario.” (Convocatoria del 12 de agosto de 1809, en Borrero, p. 31). Pasados los primeros días la Junta decidió enviar un Manifiesto a todos los pueblos de América justificando su acción, sobre todo por la tremenda campaña en contra surgida desde las ciudades opositoras y desde las dos sedes virreinales, entre otros puntos afirmaba: “El orden reina, se ha precavido el riesgo y se han echado, por el voto uniforme del Pueblo, los fundamentos inmóviles de la seguridad pública” (Manifiesto de la Junta Suprema de Quito a América, septiembre 4 de 1809, en Ponce, p. 157). Meses después, ya en situación precaria, uno de los líderes del movimiento, el Capitán Juan Salinas, al justificar lo actuado asentaba en Oficio al antiguo Presidente de la Audiencia: “Son más de ocho mil las firmas en la ratificación del Acta Popular, inclusas las del Ilmo. Sr. Obispo, Cabildo Secular, Eclesiástico, religiones, etc., a más del populacho” (Oficio reservado del Capitán Juan Salinas al Conde Ruiz de Castilla, Octubre 18 de 1809, en Ponce, p. 186). Percibimos la sombra del sentimiento del caballero frente a la masa popular, a pesar de que este capitán no pertenecía a la nobleza. La Junta tuvo sus divisiones por eso cambió su Presidente, pero las ideas y procedimientos seguían incólumes. Leamos al nuevo Presidente, elegido después de la renuncia de Montúfar: “El Jefe de la Junta, y de acuerdo con ella, como también con los votos de toda la ciudad de Quito, Nobleza, vecindario y Cuerpos Políticos…” (Oficio del Conde de Selva Florida, D. Juan José Guerrero, Presidente de la Junta Suprema de Quito, al Conde Ruiz de Castilla, octubre 24 de 1809, en Ponce, 179). Por “cuerpos políticos” se entendían las diferentes agrupaciones de vecinos, sobre todo los gremios y cofradías de enorme presencia en la sociedad de esos años, no solo en los aspectos religiosos, sino económicos y políticos. Esa primera Junta fracasó por el ataque orquestado desde varias ciudades, el que culminó con la entrada en la ciudad de Quito de dos regimientos de pardos de Lima, los que sacrificaron a más de 500 personas el aciago día del 2 de agosto de 1810, entre ellos a más de 40 de los involucrados más directamente en la conformación de la primera Junta, casi todo ellos asesinados en prisión, lo que movió al patriota chileno fray Camilo Henríquez a llamar a Quito “Luz de América”, ala-

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banza que se colocó en el faro de Valparaíso, como es conocido. A los pocos días llegó a Quito el Comisionado Regio, enviado por la Junta Central, Carlos Montúfar, hijo de primer Presidente, bajo cuya dirección se realizó un Cabildo Público, en cuya acta se asentó: “…se leyeron los nombramientos y diputaciones de los barrios, que en cumplimiento de lo ordenado en ella (el Acta del día anterior) se hicieron, para que en su nombre hablasen lo que tuvieren por conveniente para la tranquilidad y seguridad pública…” (Acta del Cabildo Público celebrado en Quito el 20 de septiembre de 1810, presidido por el Comisionado Regio D. Carlos Montúfar, en Ponce, p. 203). Los diputados decidieron fundar una segunda Junta y para ello convocaron a los electores, dentro del sistema estamental, como reza el Acta correspondiente: “Habiéndose congregado … los cinco electores del Clero secular y regular, los cinco de la nobleza y de los cinco barrios para elegir sus vocales y representantes…” (Acta Constitutiva de la Junta de Gobierno de Quito, 22 Septiembre 1810, en Ponce, p. 205). Al mismo tiempo llamaron a las demás poblaciones a unirse en el proyecto que poco a poco adquiría un tinte libertario: “Se previno igualmente …a los Cabildos .. se les invitase y exhortase para que considerados los justos motivos que impelen y exigen la unión … convocado el pueblo por medio de Diputados que elijan los Cuerpos y Nobleza, con orden y libertad, el nombramiento de dos Vocales en los Ayuntamientos de los Gobiernos y uno en los de los Corregimientos, escogiendo hombres de instrucción y de la confianza de los pueblos…” (Oficio de la Junta de Quito al Ayuntamiento de Guayaquil, Septiembre 28 de 1810, en Ponce, p. 208). La segunda Junta dio un paso más: convocó a un Congreso el cual decidió dar una constitución al nuevo estado de Quito, para ello pidió proyectos, en uno de ellos se dice: “… el Soberano Congreso, compuesto de los individuos que representan a esta Capital, Ciudades, Villas y Pueblos del Reino de Quito…” “ (Proyecto de Constitución del Reino de Quito por el Canónigo Calixto Miranda, enero 1812, en Ponce, p. 271). En el proyecto aprobado por los diputados, elaborado por el sacerdote Miguel Antonio Rodríguez, leemos en la introducción: “El Pueblo Soberano del Estado de Quito, legítimamente representado por los Diputados de las Provincias libres que lo forman y que se hallan al presente en este Congreso, en uso de los imprescindibles derechos que Dios mismo como autor de la naturaleza ha concedido a los hombres para conservar su libertad … en consecuencia de haber reasumido los Pue-

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blos de la dominación española por las disposiciones de la Providencia Divina, y orden de los acontecimientos humanos la Soberanía que originalmente residía en ellos….” (Miguel Antonio RODRÍGUEZ: Pacto Solemne de sociedad y unión entre las Provincias que forman el Estado de Quito, en Federico E. TRABUCCO: Constituciones de la República del Ecuador, Quito, 1975, p. 13). Ya en el cuerpo de la Constitución indica: “La forma del Gobierno del Estado de Quito será siempre popular y representativa” (Art.3), cada provincia elegirá un diputado, excepto Quito que elegirá dos por el número de la población (Art. 12), quedan excluidos de tener parte en el Congreso “los sospechosos en materia de Religión, los enemigos de la causa común, los neutrales …, los deudores del fisco, los que no son naturales de estos países, ni tienen carta de naturaleza librada por alguno de los Gobiernos libres de América, los menores de veinticinco años…” (Art. 16), por último: “El Gobierno del Estado se obliga a todos los habitantes de él y les asegura que serán inviolables sus derechos, su religión, sus propiedades, y su libertad natural y civil (Art. 20).3 Y en su consecuencia declara que todo vecino y habitante en él de cualquier estado, condición y calidad que sea, puede libre y francamente exponer sus sentimientos, y sus dictámenes por escrito, o de palabra…” (Art. 20). Desde 1809, y en apenas tres años, se ha superado la noción estamental y se ha establecido una mayor igualdad, sin referencia ni a la nobleza ni a la fortuna. Además se concede el derecho de ciudadanía a todos los naturales de la América Española, lejos estaba de nuestros próceres el nefasto nacionalismo de los años posteriores. Para comprender mejor todas las dificultades sufridas por los patriotas para la realización plena de su propósito de asumir la soberanía y ejercer sus derechos ciudadanos, demos una rápida mirada a la reacción de los españoles o realistas. Escribió el Gobernador de Pasto al Virrey de Santa Fe que “(El Cabildo de Pasto le ha comunicado) el oficio que le pasó el traidor y sedicioso Marqués de Selva Alegre, participándole su nombramiento de Presidente de la Junta formada en la ciudad de Quito, con la prevención de asumir la autoridad Soberana de su Pueblo y pretensiones de que se le agregue esta Provincia de mi cargo, por los infames y escandalosos principios que pretende establecer” (Oficio del Gobernador de Popayán, Miguel Tacón, al Virrey de Santa Fe, Popayán, 20 de agosto de 1809, en Ponce, p. 151).
3 En la transcripción de Trabucco hay un error que he subsanado con la versión de Borrero en p.333.

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En su defensa de lo actuado la primera Junta de Quito argumentaba de la siguiente manera: “La Junta Central estaba disuelta políticamente, pues aunque existiese en un ángulo de España, ya no reunía el voto general de aquélla, ni podía tener la representación civil de pueblos conquistados y oprimidos, pues sojuzgado el Constituyente perece la personalidad del constituido…” (Cuando la Junta Central) en cualquier ángulo de la Península reúna los votos de todas las Provincias, libres del yugo extranjero, nos someteremos y humillaremos a su autoridad legítima”. Ahora viene lo que nos interesa en este acápite: “Es un error, es una grosería supersticiosa, es una crasa ignorancia, pensar que no tienen los pueblos de América los mismos derechos que tuvieron los de España para crear sus Juntas y defender su independencia … ¿por qué ha de ser traición en Quito lo que es energía, valor y entusiasmo en la Península?” “Probadnos que los pueblos no tienen derecho, que no deben consultar a su seguridad y que el americano es un negro de Africa, que nació solo para arrastrarse y obedecer con temor y temblor, y renunciaremos a nuestra causa”. (Demostración legal y política que hace el Cabildo de Quito a los Cabildos de Popayán y Pasto sobre los procedimientos de la Corte de Quito,19 de septiembre de 1809, en Ponce, p. 165). Una vez sometida la Junta y ocupada la ciudad por las tropas limeñas se instauró un juicio contra los patriotas, el fiscal entre otros puntos afirmó: “En segundo lugar hemos notado con el mayor asombro darle al populacho compuesto de la gente más ruin y despreciable de la ciudad, el nombre de soberano, permitiendo de este modo, que esta vil canalla amotinada, dictase y pidiese imperiosamente por medio de los que se denominaban Tribunos, todo lo que les inspiraban sus amotinadores, cuando por otro medio no podían conseguir la bárbara ejecución de sus proyectos”. (Vista Fiscal presentada por Tomás Arechaga, en Borrero, p. 211). Cuando el Obispo Presidente envió oficios a diferentes ciudades de la América Española recibió alguna indignada respuesta en la que se decía que mientras viva un solo español en España, aunque fuese menor de edad o amente, a él le tocaba gobernar las colonias. Las acciones y palabras del virrey de Lima, Abascal, también muestran con toda claridad ese desprecio irracional que tenían autoridades y personas en tierras americanas. Esta ceguera de los peninsulares, serviles o liberales, provocó que las tímidas intenciones iniciales de los patriotas se volvieran

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extremas y pasaran ya a buscar la independencia con todas sus fuerzas. No querían ser bestias de carga ni simples dependientes de poderes lejanos. En búsqueda de una síntesis tendiente a aclarar cómo se vivió la ciudadanía en la Independencia señalo que se dio una evolución de una representatividad estamental, en que tienen presencia política los tres estados: nobleza, clero y pueblo, éste encarnado en cada barrio, a la representatividad ciudadana como aparece ya en la constitución de 1812. En el medio se nota una reminiscencia del sistema corporativista medieval con la referencia a los cuerpos que engloban los estamentos dichos y los gremios, al menos en opinión del historiador liberal Roberto Andrade. Debemos notar que los criollos quiteños nunca lanzan ataques o quejas contra los criollos de las ciudades opositoras y las capitales virreinales. Podemos presumir que lo hicieron porque tenían la esperanza de que se unieran a su causa autonomista y luego libertaria. Cuando constataron las represiones cruentas y sanguinarias llevadas adelante por criollos y españoles realistas no perdonarán a quienes no solo no les apoyaron sino que trataron de acabar con todos ellos. La representatividad en el período estudiado fue siempre indirecta: los vecinos o ciudadanos nombraban electores, los que a su vez elegían a los diputados y éstos a las autoridades. En todo caso no aparece algo que saldrá en las constituciones posteriores hasta 1860, el voto censitario o por capacidad económica, suprimido por el gobierno conservador de García Moreno. Lo anterior configura la “acción popular política concreta” según Ramiro Borja y Borja, conocido constitucionalista. Pero aparece también la que él llama “acción popular política difusa”, que “consiste en el conjunto de sentimientos, deseos, pensamientos, decisiones populares referentes a la marcha del Estado”, en los diferentes hechos en que el pueblo dio a conocer sus intenciones y en la apertura a ello en la constitución de 1812 (Cfr. Ramiro BORJA Y BORJA: Constitución quiteña de 1812, Quito, 1962, pp. 80 s.). Otro punto crucial que no podemos soslayar es nuestra tesis de que la inspiración de los próceres no se halla de manera preferencial, en los años que nos han ocupado, en la Revolución Francesa, sino en la tradición hispánica. Los derechos del ciudadano no solo tienen su origen en una concesión estatal, sino sobre todo en la voluntad de Dios al cre-

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arnos libres y soberanos. Años más tarde será innegable el influjo central de esa Revolución, con las salvedades señaladas por Alexis de Tocqueville. En conclusión podemos señalar que, contrariamente a lo que algunos han afirmado, el pueblo de Quito, al inicio, y el de otras ciudades, después, sí ejercitó la ciudadanía en los primeros años de la lucha por la Independencia. Este derecho le fue negado por quienes todavía dividían a la sociedad en estamentos, pero a esa separación propia del Antiguo Régimen se añadía el prejuicio peninsular contra los criollos (no se diga contra los indios, negros y castas) que significó un ingrediente que agravó el deseo de los quiteños de gozar de autonomía frente a los virreinatos. Si unos y otros hubiesen respetado más la opinión de las mayorías quiteñas, se habría evitado la cruenta y larga Guerra de la Independencia que tantos males trajo a nuestra república y cuya herencia resultó nefasta. Pero no se puede cambiar la historia, lo que sí podemos es nunca permitir que nuestros derechos ciudadanos sean conculcados por anacrónicos monarcas furtivos o indeseables tiranos cínicos. Los próceres creyentes Los próceres de 1809 no solo se sentían ciudadanos con derechos sino también creyentes con deberes, en todo el trayecto de su accionar por la libertad dejaron bien claro su intención de mantener intocada la herencia de fe recibida de sus mayores y que había plasmado Eugenio espejo, mentor de casi todos ellos, en su famoso escrito colocado en las cruces de Quito: “Salva Cruce!”. Así como es notorio que todos los partidarios de la libertad eran creyentes, así también lo es que no todos los creyentes eran patriotas. Es natural que haya discrepancias sobre los métodos para alcanzar los fines espirituales y materiales que los hombre pretenden y sobre la mayor o menor idoneidad de las diferentes opciones, pues los creyentes son seres humanos con criterios, visiones e intereses propios. En consecuencia no debemos escandalizarnos por el hecho indudable de que hubo gente de Iglesia en ambos lados de la lucha por la Independencia: patriotas y realistas, sin olvidar a los indiferentes. La Iglesia está compuesta por obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, por consiguiente habrá que analizar la participación de cada grupo y de acuerdo con sus peculiaridades y circunstancias.

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Los laicos Uno de los motivos que llevó a los patriotas a fundar la Junta Soberana en 1809 fue impedir que llegaran a América ciertas ideas y acciones de la Revolución Francesa, sobre todo en cuanto se oponían a la religión católica. A pesar de las prohibiciones dadas por la Corona, aquí se conocían y comentaban los excesos revolucionarios, por eso en diferentes documentos escritos por los próceres se evidencia el rechazo a la irreligiosidad de la Revolución y a su propagandista “el Tirano de la Europa”, Napoleón. Por esta razón es indudable que esa Revolución ejerció una influencia menor de la que se ha sostenido tradicionalmente sobre todo por los historiadores de tendencia liberal jacobina. Los próceres de 1809 aceptaron el concepto de “Derechos del Hombre y del Ciudadano” y lo hicieron propio, pero lo vincularon al origen divino de esos derechos, en cambio quienes vendrían después sufrirán una dependencia ideológica francesa más radical y en mucho anticatólica. Los próceres muestran con toda claridad una influencia de la modernidad católica de Salamanca y de las enseñanzas del filósofo jesuita Francisco Suárez quien escribió que el poder proviene de Dios y es Dios quien lo entrega al pueblo. El sabio jesuita afirma en el “De Principatus politicus” traducido como “La soberanía popular”, publicado a inicios del siglo XVII: “El poder, considerado en abstracto, en cuanto procede del Autor de la naturaleza … no reside en una sola persona ni en un grupo particular de aristócratas o de ciudadanos del pueblo. Pues este poder solo se encuentra en la comunidad en cuanto es necesario para su conservación y en cuanto puede demostrarse por medio de la razón natural. Ahora bien, la razón natural solo dice que el poder público está necesariamente en toda la comunidad, y no en una persona o senado. Luego, en cuanto procedente de Dios inmediatamente, se entiende que solamente reside en toda la comunidad y no en una parte de ella … Ningún rey o monarca recibe o ha recibido el poder político directamente de Dios o por institución divina, sino solamente mediante la voluntad del pueblo”. Manuel Rodríguez de Quiroga, en el “Alegato” en nombre de la Junta apeló a esta tesis y a la tradición española y concluyó: “En otras palabras, la soberanía reside en el pueblo, que la encarga al monarca; si éste no cumple, el pueblo tiene derecho a recuperar sus legítimas atribuciones y a cambiar de autoridad”.

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Nótese el “si éste no cumple”, pues en la teología política católica el ejercicio de la soberanía se halla unido sin fisuras a la responsabilidad personal. Esta responsabilidad va unida a la rendición de cuentas, privilegiada por los próceres tanto en la justificación de sus acciones cuanto en los proyectos de constitución de 1812. Dejo solo enunciado este tema que nos llevaría al análisis de las pretensiones liberticidas del estado acaparador de toda iniciativa y carente de responsabilidad . El raigambre católico de los próceres quiteños se deja notar también en los fines expresos de la Junta: en el Acta del 10 de agosto se dice que ellos fueron “sostener la pureza de la religión”; el Juramento del 11 de agosto enuncia: “Juramos conservar en su unidad y pureza la Religión Católica, Apostólica y Romana, en que, por la misericordia de Dios, tuvimos la felicidad de nacer”; en la sesión solemne realizada en la Sala Capitular de San Agustín el 16 de agosto explican los próceres que su propuesta: “se dirige al fin santo de conservar intacta la religión cristiana”; en la Proclama enviada a diferentes ciudades se expresa: “bajo el Ecuador han erigido un baluarte inexpugnable contra las infernales empresas de la opresión y de la herejía”; ya derrotada la primera Junta, en las explicaciones dadas el 11 de diciembre dijeron los patriotas que en la jornada de formación de la Junta, “se protestó con la vida morir por la pureza, unidad y conservación de la Religión Católica”. El prócer Juan Pablo Arenas al explicar su actuación en defensa propia exclamó que “entró en el asunto pensando que obraba bien, proponiéndose por base fundamental la defensa de la Religión…” Al finalizar la reunión de la noche del 9 de agosto los conjurados elevaron al cielo una oración a la Madre de Dios, según Alberto Muñoz Vernaza fue “la Primera Salve republicana”, quien la entonó fue Manuel Rodríguez de Quiroga. El 13 de agosto todos los protagonistas del cambio político concurrieron sin boato al Carmen Alto a pedir luces y fortaleza a Dios. El solemne día del 16 de agosto, antes de la sesión en la Sala Capitular de San Agustín, el obispo celebró una misa para impetrar de Dios ayuda y protección. De igual manera al día siguiente todas las nuevas autoridades, gente principal y pueblo acudieron a la Catedral a la misa solemnísima de acción de gracias con el canto del Te Deum, la tradicional oración de gratitud de los católicos a Dios. La calles aledañas se engalanaron con colgantes, palmas y flores. El día 2 de agosto de 1812, cuando los pardos de Lima sable en

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mano atacaban a los próceres al grito “Vivan los limeños. Viva Bonaparte”, estos respondieron con unción y valentía “Viva la Religión”, porque en el momento de la muerte relucen y vencen las convicciones más íntimas y queridas. Además, por lo ya visto, el nombre del “tirano de la Europa” estaba vinculado con la persecución a la fe católica. Por esa misma razón todos ellos murieron como buenos católicos, pidieron la extremaunción y el santo viático, como consta, por ejemplo, en la certificación de la muerte de don Juan Pío Montúfar en Alcalá del Guadaira. Los sacerdotes El pionero en hablar abiertamente sobre libertad en el Reino de Quito fue un sacerdote, Juan Pablo Espejo, quien en 1794 ya fue acusado de planificar un gobierno revolucionario, de atacar al Rey a las autoridades, siendo encarcelado por ello. Años más tarde participó con entusiasmo en los preparativos y en los hechos mismos del 10 de agosto, fue capellán de las tropas patriotas, participó en varios hechos de armas, etc., razones por las cuales fue condenado a destierro en el Cuzco con 25 libras de hierro en los pies. Pero no escarmentó, pues continuó sirviendo a la causa patriota hasta 1822 cuando ayudó a Sucre con vituallas y acémilas. Todavía en 1829 escribió a Bolívar recordando los méritos por la libertad, tanto los propios como los de su hermano Eugenio. Los ejemplos de eclesiásticos patriotas podrían multiplicarse hasta el cansancio: el cura de Píntag, José Riofrío, participó en la conjura desde 1808 y cayó mártir del 2 de agosto. José Correa, párroco de San Roque, estuvo presente en la toma del cuartel junto a Juan Salinas, movilizó a la población y, entre otras acciones, lamentablemente participó en el asesinato del Conde Ruiz de Castilla en venganza por la masacre del 2 de agosto y otros abusos criminales. Manuel José Caicedo, provisor del obispado, organizó un escuadrón de indígenas y mestizos, y los dirigía con charreteras, entorchados y correajes sobre la sotana con sable en mano. El mismo escribió una narración de los acontecimientos intitulada “Viaje imaginario”, allí en referencia a la gente del pueblo que buscaba detener a los facinerosos del 2 de agosto, habla de “esos héroes del cristianismo…” Miguel Antonio Rodríguez, traductor en Quito de la “Declaración de los Derechos del Hombre”, en 1811 pronunció la “Oración fúnebre” por los mártires del 2 de agosto del año anterior, los llamó “ilustres defensores de la ciudad de Quito, sacrificados a la violencia por la causa de su Religión…”, fue autor del “Pacto Solemne de

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Sociedad y Unión entre las Provincias que conforman el Estado de Quito”, primera constitución aprobada en nuestra Patria aunque solo por representantes llegados desde Alausí y Riobamba hasta Ibarra. Allí se retoman las ideas ya conocidas: “las Provincias han reasumido la soberanía que originalmente residía en ellas”, siendo el fin que persiguen “la gloria de Dios, defensa y conservación de la Religión Católica y felicidad de estas Provincias”. En el Congreso de 1811 fueron presentados dos proyectos más de Constitución. Elaborados por dos canónigos Calixto Miranda y Manuel Guisado, en ambos se expresa la adhesión y defensa de la religión Católica. Otros casos: Fray Antonio Albán, mercedario, entregó las cañerías de plomo de su convento para la fabricación de municiones, Juan José Roca, protegió a decenas de fugitivos. Varios dirigieron tropas, alguno lanza en ristre, como José Pérez, Tadeo Romo, Francisco Hurtado, José J. Manosalvas, Francisco Saa, Ramón Alzamora, Manuel Arias, Ignacio Bossano, Luis Cevallos, con un largo etcétera. Varios de ellos fueron condenados a muerte en primera instancia, pero se les conmutó la pena por el destierro y la cárcel, junto a muchos no nombrados aquí. Se les destinó a presidios o confinamientos en Ceuta, Valdivia, Manila, Piura, Cuzco, Trujillo, Guatemala, Chagres… Merece mención especial el padre Pedro José Donato, lojano, quien fue fusilado en Ibarra el 10 de diciembre de 1812. Y de él nadie se acuerda. Finalicemos esta rápida visión de la actuación de los clérigos con el resumen estadístico de la diócesis de Quito: Según los informes de los fiscales, de 143 curas seculares, 78 fueron patriotas, 43 realistas y 22 indiferentes. (Estos sostenían que podían servir a la Iglesia y al pueblo bajo cualquier régimen por consiguiente no tomaron partido. Varios de los realistas afirmaron que ya habían jurado lealtad al rey, en consecuencia no podían jurar lealtad a otra autoridad, aunque lo hubieran querido, pues hubieran incurrido en perjurio). De los religiosos no tenemos estadísticas pormenorizadas, pero los fiscales del Rey, Arechaga y Núñez del Arco, afirmaron en diversas oportunidades que la inmensa mayoría fue patriota y totalmente entregada a la libertad. Como ya se ha podido constatar por algunas alusiones, el papel de los sacerdotes y religiosos fue más allá de su simple actividad individual, pues casi todos se proyectaron como lideres de sus feligresías. El poder intelectual del sacerdote era grande, de hecho nadie tenía la

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capacidad de arrastrar a las masas como él. Los contingentes patriotas salidos de Quito para defender el proyecto de la Junta, mal armados y poco preparados pero entusiastas, casi en su totalidad fueron organizados, guiados y conducidos por sus curas hasta los lugares en donde presentaron batallas a los contingentes realistas venidos de Cuenca, Guayaquil, etc. Los obispos En el Reino de Quito en esa época había dos obispados, Quito y Cuenca. Comencemos con la sede quitense, era su obispo el criollo José Cuero y Caicedo, natural de Cali, quien se mostró dudoso al principio. El día de los acontecimientos no se encontraba en Quito sino en una quinta en Pomasqui, hasta allí llegaron algunos canónigos para comunicarle las novedades. No sabemos la tónica de esa información, pero sí que varios de ellos eran realistas, por eso pudo tener un tinte antipatriota. Lo cierto es que el obispo y los canónigos escribieron un documento apartándose de los hecho por los patriotas. Tan solo después de los asesinatos del 2 de agosto de 1810 el obispo se entregó totalmente a la causa de la independencia, por lo pronto impidió la continuación de la masacre pues salió con su provisor a calmar tanto a los soldados limeños cuanto al pueblo quiteño que se había lanzado a atacarlos para vengar a los muertos. Después de la llegada del Comisionado Regio Carlos Montúfar, el obispo fue elegido Presidente de la Segunda Junta, como tal se empeñó tenazmente por el triunfo de la causa patriota. Firmaba sus decretos con la fórmula “José, por la gracia de Dios obispo de Quito y por la voluntad de los pueblos presidente de Quito”. En varios decretos dispuso la excomunión a los sacerotes opositores de la Junta, estableció contribuciones monetarias para ayuda a su defensa y envió cartas a toda América para explicar las razones de los patriotas quiteños. Luego convocó a todas las ciudades del Reino de Quito a que envíen diputados para instalar un Congreso Constituyente, pero solo asistieron representantes desde Alausí y Riobamba hasta Ibarra. Ese Congreso promulgó el “Pacto Solemne” ya mencionado. El fiscal Tomás de Arechaga resumió así su visión de la conducta del Prelado: “Cualquier cargo que le resulte a la generalidad de esta ciudad y sus Provincias, revierte contra el Señor Obispo, que teniendo como pastor de la Iglesia las más poderosas y temibles armas con que combatir y sofocar en sus principios a los viles profanadores del templo, los reanimó con su anuencia, condu-

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ciendo al mismo tiempo su rebaño por el sendero de su perdición…” Por estas razones se pidió la pena de muerte para el obispo, pero el Pacificador Toribio Montes consideró que ajusticiar a un obispo revestía una gravedad desusada y lo envió al destierro en Lima. Allí murió pobre y achacoso. En la diócesis de Cuenca en 1811 el Vicario Fausto de Sodupe recibió autorización del Obispo para seguir causa a todos los eclesiásticos que hubieran delinquido. Entre otros: los frailes Juan Arciniegas, Vicente Ochoa y el minorista José Fernández; el Dr. Mariano Crespo, cura de la catedral, fue encarcelado; acusado el cura Agustín Peralta. Sodupe pidió se identifique a tres eclesiásticos defectuosos de Loja, pero no sabemos si la respuesta llegó. Estos casos muestran que también en la región austral hubo sacerdotes favorables a la causa patriota, a pesar de la postura radical del Obispo y de que no hubo apoyo de la población a la Junta quiteña.. El obispo de Cuenca, Andrés Quintián y Ponte, español, era consumado realista. Lanzó excomunión a los eclesiásticos que no declaren bajo juramento en los interrogatorios para descubrir a los insurgentes. Envió cartas y proclamas no solo a diversas personas en el Reino de Quito sino a muchos personajes de fuera. Sus principales intereses y medidas conducían a que los fieles de su diócesis, que incluía la región de Guayaquil, no se dejaran contaminar por las ideas perversas de los quiteños. Colaboró activamente con Melchor Aymerich, con Montes y demás autoridades españolas. Su actuación ultrafidelista le valió el premio de una condecoración real. Reflexión final La conducta de los diferentes actores del primer momento del proceso de Independencia, patriotas, realistas e indiferentes, tanto en el clero como entre los laicos, no significó una ruptura total con la visión del mundo vigente: el nuevo paradigma de la Revolución Francesa que estableció por primera vez un estado sin referencia a Dios y a la religión, no se impuso a los primeros próceres: ellos mantuvieron su fidelidad a las creencias tradicionales, pues no las consideraban contrapuestas al deseo de alcanzar la libertad y la felicidad, ya en 1794 el sacerdote Juan Pablo Espejo había afirmado que pedir libertad no es pecado ni herejía. Actuaron convencidos de que su patriotismo se identificaba naturalmente con su fe en Dios y su pertenencia a la Iglesia. Es más, de acuerdo

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a las diferentes tomas de posición de los próceres y a la explicación de sus acciones, queda clarísimo que bebieron sus ideas de la tradición católica española, con la aceptación de los aspectos positivos de la Revolución Francesa en cuanto negación del absolutismo de los reyes y la defensa de los derechos del hombre. La médula teórica de las Juntas fue la tesis de Francisco Suárez según la cual el poder o la soberanía es entregada por Dios al pueblo y éste lo encarga al gobernante. En todo caso todavía queda por escribirse el estudio profundo sobre el pensamiento axial de los próceres, en especial sobre su visión de la política y de la realidad, impregnado de valoración de lo propio, rescate de la ciudadanía y defensa de la fe.

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Juan Francisco Donoso Game

Antonio Ante, nace hijo único de don Gaspar Ante y Donoso, quiteño y doña Isabel López de la Flor y Grijalva, ambateña, en la hacienda San Vicente de la Flor propiedad de sus padres en el cantón San Miguel de Urcuquí, al nor-occidente de la provincia de Imbabura. Le bautizan el mismo día de su nacimiento: el 1 de febrero de 1771. (La hacienda de su nacimiento es actualmente de propiedad del prestigioso ibarreño Fernando Madera Erazo y en la puerta de entrada a la propiedad existe placa recordatoria del nacimiento de Antonio Ante) Se cría en Quito en la hacienda de Cangahua, cercana a Quito. A los 4 años de edad, en julio de 1775 pierde a su padre y casi un año después a su madre, en abril de 1776. Huérfano de padre y madre, con suerte y ternura es llevado a la ciudad de Ambato a casa de su tío materno don Joaquín López de la Flor y Grijalva. Su esposa doña María Juana de Egüez y Egüez, hace de cariñosa madre para que el huérfano no se sienta un desamparado. Allí entabla ‘buenas migas’ de por vida con sus cinco primos: Francisco, Vicente, Teresa, Mariano y Vicente López de la Flor y Núñez. En generoso y humanitario ambiente, como un hijo más, lo crían y educan en el Seminario San Luís. Esforzado alumno alcanza con éxito el bachillerato. Cumplidos diecisiete años, siendo aún estudiante, contrae matrimonio el 24 de septiembre de 1788 con la adolescente Petrona Egüez y Mestas de la mejor sociedad ambateña. La infortunada niña muere casi enseguida, posiblemente a consecuencias de un mal parto. Pronto deja el luto el joven viudo y el 29 de noviembre del año siguiente, vuelve a contraer nupcias con Mariana Oláis y Bustamante, oriunda también de la ciudad de las frutas y las flores y pariente inmediata de su tía política María Juana Egüez de López de la Flor. El matrimonio se realiza en la iglesia de El Sagrario de Quito, el 22 de noviembre de 1789, siendo padrinos Nicolás de la Peña Maldonado y José Oláis, tía de la novia. Un año antes, figura como primer alférez del Regimiento de Dragones de las milicias disciplinadas de Quito.

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Con afán de labrar su futuro en aulas escolásticas, ingresa a la Universidad Santo Tomás de Aquino, en Quito. Tras seis años, en 1797, se gradúa de doctor en Derecho Civil y en Derecho Canónigo. En el censo de 1797, viven en la casa Nº 50 de El Sagrario, y vecinos de Manuela Espejo, hermana del gran Eugenio y el abogado Gabriel Zenitagoya, tío de Juan Salinas. Con esos vecinos, con su padrino de matrimonio, con los compañeros de universidad y con el ambiente candente de emancipación que vive Quito, pronto se contagiará de ideas agitadoras e independentistas. A causa de la invasión napoleónica y la descomposición de la corona el Estado español está en crisis desde 1808. En el siglo XIX se pretende que las posesiones españolas de ultramar tengan un papel de mayor apoyo –léase extorsión– a favor de la corona. América se convierte en proveedora de materias primas y mercados. Época dura para los ibéricos, pero de ideas nuevas para los americanos. Surgen las comparaciones. Triunfan las ideas románticas y la ideología liberal, que se imponen tras el éxito de la Revolución Norteamericana y la Revolución Francesa. Se conoce que en Quito se estudian Juan Jacobo Rousseau y Carlos Montesquieu y siempre son buscadas la Enciclopedia Francesa y particularmente la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, traducida en Bogotá por el prócer Antonio Nariño. Juan Pío Montúfar y Eugenio Espejo conocen esa traducción en suelo bogotano y la traen a Quito. De mano en mano, semejantes escritos revolucionarios, contribuyen a desarrollar el pensamiento emancipador en la Audiencia de Quito y no sólo la pareja ed quiteños traen libracos revolucionarios, sino que se dedican a la tarea de conformar una sociedad secreta masónica. Nace la logia Escuela de La Concordia, donde el Dr. Eugenio Espejo, activo masón e incansable revoltoso, es el Secretario. Siguiendo el modelo de las sociedades patrióticas europeas, aquellos masones quiteños buscan constituir una organización en que puedan participar otros individuos no iniciados en la masonería, para promover las ideas de progreso social, a más de irles conociendo para el futuro; así nace la Sociedad Patriótica de Amigos del País. Su Presidente el general Luís Muñoz de Guzmán y Secretario –no podía ser de otro sino él– el doctor Eugenio Espejo; quien también es encargado de la redacción y publicación del primer periódico quiteño, llamado Primicias de la Cultura de Quito. La temprana extinción de la quiteña Sociedad Patriótica de Amigos

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del País, se da por falta de la real aprobación de su estatuto; así como la prisión y muerte del revolucionario Eugenio Espejo. Con la extinción de la Sociedad Patriótica desaparece también la Escuela de la Concordia; mas Juan Pío Montúfar –fiel a su juramento masónico– organiza en Quito la logia Ley Natural, con similares fines y objetivos. De ese taller –quizás, también, de las anteriores organizaciones– es Antonio Ante y Flor. Desde que ingresó a la Universidad, hizo amistades con gentes de ideas de avanzada y se afilió a la masonería. Ya en el ejercicio profesional de abogado, contribuye a la difusión de las ideas libertarias, predicando la insurrección y haciendo la propaganda de la importancia de ser libres. De fácil palabra no pierde oportunidad para procurar hablar como lo hacía su maestro Espejo. En enero de 1805, es electo Regidor del Cabildo quiteño. Y en 1806, es nombrado Abogado Defensor de Pobres, que ejerce hasta 1808, en que es reemplazado por su amigo el doctor Manuel Rodríguez de Quiroga. En las vacaciones que se daba viaja a la finca Illina en Izamba, adoctrinando a los ambateños que querían escucharle en las ideas revolucionarias; alumnos suyos sus primos Flor Egüez, y los jóvenes Manuel Anda, Pedro Lana, Mariano Cevallos y Manuel Lara. Antonio Ante y José Mejía Lequerica son invitados a España por Juan José Matheu, conde de Puñoenrostro, que tiene que viajar para contraer matrimonio con María Elena Ángel Donado, sobrina del barón de Carondelet. En Guayaquil tras frustrado el viaje por la bronca de Matheu con el Gobernador de la plaza, coronel Bartolomé Cucalón, Antonio Ante en su condición de abogado se queda para asumir la defensa de su amigo mientas los otros toman el barco para Europa. Tras noticias llegadas de la invasión napoleónica a la península ibérica y la prisión del rey de España Fernando VII, principia a predicar insurrección en la forma discreta que más convenía, escribiendo el folleto titulado Clamores de Fernando VII; especie de proclama que si bien favorece al monarca, indirectamente reanuda los ardores de independencia, impulsando los primeros pasos hacia su consecución. Copias anónimas del escrito son enviadas a Lima, Buenos Aires, Santiago, Caracas y Santa Fe de Bogotá. Cuando tiene la intención de trasladarse a Lima con su amigo Luís de Saa, llevando sus escritos subversivos, es persuadido por el capitán Juan Salinas de que permanezca en Quito para contar con sus servicios cuando la revolución que se acerca se produzca. Acepta la

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insinuación y usa el tiempo para escribir dos manifiestos: Proclama y Catecismo, con la intención de convencer a los lectores sobre las ventajas de la independencia y soberanía. El 25 de diciembre de 1808 se reúne en la casa del marqués de Selva Alegre en Píntag, con algunos complotados. Pero el presidente Ruiz de Castilla conocedor de los escritos subversivos de Antonio Ante, mas el desliz en el hablar de Juan Salinas, ordena prisión a los conspiradores. El día 28 son identificados, apresados y enjuiciados Juan Pío Montúfar, Juan de Dios Morales, Juan Salinas, Manuel Quiroga, Nicolás de la Peña y el presbítero José Riofrío. Antonio Ante se esconde. Tras una serie de incidentes de tinte judicial se traspapela el proceso al ser remitido a Bogotá y los detenidos, sin expedientes que prueben culpabilidad a los ojos de los jueces y jurando inocencia, salen en buena hora libres. Mas, sin que les amedrente el haber estado presos y enjuiciados, siguen comprometidos reuniéndose con la conjura y la revolución. Convencidos de que la libertad no tiene que ser conseguida sino que tiene que ser conquistada, el martes 7 de agosto de 1809, los compatriotas se reúnen a casa de Javier Ascásubi para redactar el acta de la revolución. Sin embargo por no haber la concurrencia necesaria deciden congregarse en el departamento que arrienda Manuela Cañizares en la casa parroquial de El Sagrario. Aparentarían una reunión social el día 9 y golpear el 10. Efectivamente una vez congregados leen el Acta de la Revolución, designándose sectores y responsabilidades. A las 2 de la madrugada quedan constituidos, comprometidos e inmediatamente se pone en marcha el plan. Pasada la media noche, el capitán Juan Salinas parte a cumplir la misión en la guarnición militar, situada a pocos pasos del propio Palacio de Gobierno. Su fácil ingreso se debe a que también están conjurados el oficial de la guardia y los miembros de la misma. En el interior del cuartel, Salinas, que tenia llegada y liderazgo, despierta y pone en formación a las tropas leyéndoles el Acta del Pueblo y comprometiendo a todos con la sublevación. Antonio Ante, a su vez, es el encargado de acudir antes de la seis de la mañana donde el presidente de la audiencia Manuel Huríes, conde Ruiz de Castilla. Le acompañan su primo Juan Ante, Antonio Pineda y Miguel Donoso. Llevan sellado oficio de la Junta Suprema que tiene que ser entregado personalmente al gobernante español. Sorpren-

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den al anciano en su lecho y le entregan la decidora nota de que ha cesado en sus funciones, relevado por los patriotas. Enterado el Conde del contenido de tan audaz como inesperado oficio, permanece arrestado en su recámara. Avanzada la mañana queda constituida la Junta Suprema de Gobierno. ¡La revolución está en marcha! El acta respectiva, entre otras instrucciones da a conocer las razones de la Junta y quienes la gobiernan. Presidente es designado Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre y vicepresidente José Cuero y Caicedo, obispo de Quito; Secretario de Estado en lo Interior, Juan de Dios Morales; de Gracia y Justicia, el doctor Manuel Rodríguez de Quiroga y de Hacienda Juan Larrea. El día 16 se conforma una fuerza militar denominada Falange, reparto bélico que doctrinariamente es un cuerpo de infantería conformado por más o menos 400 voluntarios a pie, unidos con el mismo fin bélico y dividido en batallones y que poseen alguna preparación militar y cierta disciplina. Su paga mensual suele ser por contrato, con descuentos de sus haberes por vestuarios y prendas entregadas, así como también por actos de indisciplina. De esta Falange es nombrado comandante con el grado de coronel Juan Salinas Zenitagoya. El doctor Antonio Ante es nombrado comandante del segundo Batallón Veteranos y con la jerarquía de teniente coronel; su segundo comandantes es Nicolás Aguilera, el mismo que conspirado le ayudó a ingresar al palacio de Gobierno, donde el conde Ruiz de Castilla. El primer batallón está mandado por Javier Ascásubi y el tercero por Joaquín Zaldumbide. Por la ciudad comienza leerse un verso de autor desconocido: La prueba que ya tenemos una Junta respetable, de gente ilustre y de luces y para todos amables. Esa gran Junta sabia todo en razón lo ha de hacer, no como el gobierno torpe que cayó por siempre ayer. A pesar de que entre los complotados existen personas interesantes, con visión muy clara de los objetivos propuestos, no son tomados en cuenta. Por ello y por otras razones, con el correr de los días, se con-

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forman dos grupos antagónicos entre los criollos: los ‘Montufaristas’ y los ‘Sanchistas’. Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre con los unos y Jacinto Sánchez Carrión, marqués de Villa Orellana, con los otros. Los “Montufaristas” aceptan la independencia de España, pero conservando el orden monárquico con Fernando VII. Los “Sanchistas” exigen la independencia total de España y sus reyes. “Lo cierto es que las exclamaciones de adulo a Frenando VII, no engañan a nadie, y menos a los españoles apresados”·. Noticias contrarias al régimen comienzan a llegar desde Popayán, Cuenca y Guayaquil negándose a secundar el golpe. Habrá que convencerles por la fuerza. Al norte con sus tropas va Pedro Montúfar en dirección a Pasto y Popayán. Antonio Ante pasa a comandar las Fuerzas del Sur, y marcha rumbo a Riobamba para establecer su Cuartel General. Su principal misión defender Guaranda y Alausí, por donde se cree que podrían subir las tropas realistas de Guayaquil para llegar a Quito, y luego planificar y ejecutar la toma de Cuenca, ciudad en manos de los realistas. En tanto que avanza a su cometido, en la capital ocurren los primeros sucesos funestos para la revolución y Antonio Ante decide retornar a Quito preocupado de las noticias que le llegan. En la capital, conoce que los principales de la Junta Suprema, motivados por reacciones adversas a ella, desean apresurar la reposición de Ruiz de Castilla en su gobierno, para así evitar los peligros de una guerra generalizada y que Quito pueda ser atacada en tenaza por sus vecinos del norte y del sur. Antonio Ante, molesto y decepcionado es el último que deja la espada. En la ciudad ya recorre otro verso, pero con otra letra: ¿Qué es la Junta? Un nombre vano que ha inventado la pasión, para ocultar las traición y perseguir al cristiano. ¿Qué es el pueblo soberano? Es ensueño, una quimera, es una porción ratera de gentes sin Dios ni Rey ¿Viva, pues, viva la Ley y todo canalla muera,

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¿Quién ha causado los males? Morales. ¿Quién los cubre con su toga? Quiroga. ¿Quién perpetuarles desea? Larrea. Es menester que así sea, para lograr ser mandones estos desnudos ladrones, Morales, Quiroga y Larrea. ¡La revolución ha finalizado! ¡Sesenta y nueve días de ‘Patria Boba’! ¡Tanto esfuerzo para nada! El destino de la revolución estuvo marcado por la inercia y doblez del Marqués de Selva Alegre, quien casi a la fuerza asumió la presidencia y el encargo de ‘gobernar’. Los demás miembros de la Junta tuvieron comportamientos diversos. El obispo José Cuero y Caicedo, fue el primero en renunciar a la vicepresidencia. Varios clérigos y otros tantos nobles, condes y marqueses y más encopetados, defeccionaron desde el principio. Gentes sin ningún interés patriótico o revolucionario. Puestos algunos solamente por fuerza de las circunstancias en una revolución que ni entendían ni querían ni les interesaba. Los patriotas y la barriada, que estuvo lista a todo, decepcionados de la medrosa Junta. “Antonio Ante, a poco acusó de versatilidad a Montúfar y cuando se enteró que Salinas había pactado con Ruiz de Castilla se ofreció para matarlo.” Las predicciones y recelos lógicos de Antonio Ante y otros, comienzan a cumplirse: ¡Hay una fuerte reacción de los españoles! A los pocos días entran los soldados del Regimiento Real de Lima enviados por el virrey Abascal para pacificar estas regiones y tomarse Quito. Ingresan sin resistencia el 24 de noviembre de 1809. Funcionan más bien como una fuerza de espionaje y represiva de cualquier indicio de emancipación. La situación empeora, pues el coronel Manuel Arredondo comandante de los ‘pardos’ limeños, permite todo tipo de excesos y abusos de sus hombres sin hacer caso a los dictados de Ruiz de Castilla, que prometió que no habría retaliaciones. El día 4 de Diciembre las autoridades españolas dan orden de prisión para cuarenta y seis personas y destierro para otras. Al domicilio de Antonio Ante, seis soldados van por él. El tejado y las cornisas salvan

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su pellejo. Escabullido es declarado proscrito. Rápido bando circular, ‘readvierte’ que las personas que le presten ayuda a los prófugos de la justicia, serán reos de la comisión del delito de alta traición y condenadas a muerte por cómplices y encubridores. En la lista del bando Ante ocupa el quinto lugar en peligrosidad. Primero el marqués de Selva Alegre. Luego Juan Larrea y los curas José Riofrío y José Correa. Tras suyo su primo Juan Ante y Valencia. En su huída llega a Ambato a procurar escondrijos y a ‘salto de mata’ donde sus generosos familiares López de la Flor y Egüez o donde sus valientes y solidarios amigos de juventud y tendencia. En Ambato escribe El Anteojo, enviando a las autoridades de Santa Fe, refutando la vista del fiscal Arechaga. Poco a poco van llegando a prisión: Juan Salinas, Juan de Dios Morales, Manuel Rodríguez Quiroga, Juan Pablo Arenas, el cura José Riofrío, Francisco Javier Ascásubi, Nicolás Aguilera, Antonio Peña, Pedro Montúfar, José Vinuesa, Manuel Cajías, Pedro Montúfar, Juan Larrea y Guerrero. Vicente Melo, Vicente Mideros, Mariano Godoy y el escribano Atanasio Olea. Pasan los meses. A pesar del ambiente de sobresalto que se vive, los patriotas constantemente procuran comprar información a la tropa realista utilizando todos los medios a su alcance. Así llegan a conocer que ya ha salido de España y está pronto a arribar el hijo del Marqués de Selva Alegre, coronel Carlos Montúfar, en condición de Comisionado Regio, para reducir las diferencias entre chapetones y criollos en la Audiencia de Quito. Pero corren también los rumores de que antes de que llegue, los presos serán pasados por las armas. Cuando los conjurados conocen de este rumor o certeza, desconfiados deciden organizarse para tratar de liberar a los prisioneros. Antes del 2 de agosto sorpresivamente Antonio Ante llega a Quito deseoso de liberar a sus compañeros presos. Mas, sin embargo, el día preciso otros descortinadamente se adelantan. Un grupo de valientes reunidos también para rescatar a los presos –de seguro que si sabían trabajaban juntos-, han decidido atacar a los tres sitios donde están los encarcelados. Tan cruda y poco reflexionada fue su resolución, que ni siquiera pensaron en un caudillo que debía dirigirlos, ni en la coordinación y unidad que debía tener semejante operación. El 2 de agosto de 1810, a la una y media de la tarde, se produce el intento programado. Armados de rudimentarias pistolas, machetes y

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puñales, simpatizantes del movimiento —incluido Antonio Ante- van en pos de cumplir su cometido: liberar a los encarcelados en las dos prisiones. Mas, la falta de coordinación para actuar a la misma hora entre las dos partes, trae funestas consecuencias. ¡La matanza es brutal! Pese a que Ruiz de Castilla ha ordenado proteger a los detenidos, hasta el juicio formal, ¡no fue así! Los ‘pardos’ de Lima de la Guardia Real, se dirigen a los calabozos, asesinan a mansalva a los patriotas, incluso delante de los familiares que les visitan. No satisfechos con haber corrido sangre en las cárceles, la caterva uniformada, a órdenes de Arredondo, sale a las calles a la brutal tarea de matar a toda persona que esté frente a sus armas, sin dejar de lado desmanes y robos en tiendas y domicilios durante interminables horas. Cholos de pésima catadura, entre los que se podía dudar si eran racionales o irracionales, o si tenían alma o no, conciencia o cerebro. Para embravecerlos aún más y despertarles sus bajos instintos de brutos, se los embriagó antes de la acción. Comienzan a disparar a toda persona que ven. A balazos caen niños, mujeres, hombres, inválidos, sin distinción alguna. ¡Paralelamente se inicia el saqueo de la ciudad! Las puertas de las casas que inútilmente se cierran o se trancan, son rotas a culatazos. Los que pueden, saltan por las ventanas posteriores y se salvan procurando unirse. En sus barrios deciden contraatacar. Se arman con palos, piedras, hachas, cuchillos y se lanzan, valientes e imprudentes, a un combate desigual ante las tropas realistas. La intervención del obispo Cuero y Caicedo pudo detener la matanza, cuando recorre las calles de Quito acompañado de un grupo de sacerdotes. Llevan consigo la imagen de Jesucristo crucificado pidiendo cese el vandalismo, la carnicería y la masacre. Las iglesias apoyan con el desgarrante tañido de sus campanas. La oportuna intervención del obispo y los suyos hace que la sanguinaria gentuza de los ‘pardos’ limeños, borracha de licor, apetencias y sangre, detenga su brutalidad Tras el grito de independencia de Quito, secundaron algunos pueblos su posición, conformando Juntas dizque en nombre y respaldo de Fernando VII y declarando su independencia, que era lo que temía el Virrey de Perú. Por imitación y o por propia necesidad, cada cual con su propia historia se van creado Juntas de Gobierno así: el 19 de abril de 1810 en Caracas. El 22 de mayo de 1810 en Cartagena de Indias. El 25 de mayo de 1810, en Buenos Aires. El 3 de julio de 1810 en Santiago

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de Cali. El 4 de julio de 1810 en Nueva Pamplona. El 20 de julio de 1810 en Santa Fe en Bogotá. El 15 de septiembre de 1810 en Guatemala. El 16 de septiembre de 1810 en México. El 18 de septiembre de 1810 en Santiago de Chile. El 15 de mayo de 1811 en Paraguay. En tanto en España, la Junta Suprema de Sevilla, ante la difícil situación que habían vivido los españoles deseando reconstituir el Estado, dividido a la sazón en tantas provincias y entre ellas las americanas de ultramar que tienen una pasión independentista, y más aún que Napoleón, ha tenido un duro golpe militar y político con la derrota en Bailén. Mientras unas regiones de América, reconocen a la autoridad de la Regencia, otros se niegan a reconocerla imbuidos por la supremacía regional, la confusión imperante y que hace que mutuamente se tilden de traidores. Inédito. Se presentan dos frentes: los que aceptan la autoridad de la Regencia y los que mantienen los principio de la Junta Soberana. La Junta Central, instalada primero en Sevilla y luego en Cádiz se traslada a la Isla de León, donde permanece algunos meses hasta que se concreta la adopción del Consejo de Regencia. El objeto de este cambio es no sucumbir a los requerimientos de Napoleón ni su pretendida Junta de Bayona. Ratifican que los dominios españoles en las Indias no son colonias sino que forman parte integrante de la monarquía española con igualdad de derechos. Así mismo manifiestan, que pueblo tan magnánimo y generoso, no debe ya ser gobernado, sino por verdaderas leyes, aquéllas que llevan consigo el gran carácter del consentimiento público y la utilidad común; por lo tanto confirman las Cortes, y para que no se retrase su funcionamiento con la venida de los representantes desde América, hacen que trabajen con los suplentes, americanos que están viviendo en España. Al llegar a América semejantes noticias de crisis peninsular, sin distingos e indistintamente de condiciones sociales y económicas, se mantiene tres conceptos heredados y generalizados: Lealtad al rey cautivo, exaltación de la religión católica como elemento de identidad y rechazo a la imposición francesa. Sin embargo por la ausencia del Rey, creen que la soberanía debe pasar a la sociedad; esto es al pueblo en democracia. En este marco, para no complicar las cosas en América, le Regencia dispone la salida de comisionados desde España, con el fin de conquistar las opiniones y voluntades de los Americanos a favor de la causa de los españoles peninsulares que era la causa de todo un reino.

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El 12 de septiembre de 1810 llega a Quito el Comisionado Regio, Carlos Montúfar. . Retorna a la ciudad que le vio nacer luego de 10 años que partió para Europa.Las terribles noticias de la masacre del 2 de agosto, le tienen ensombrecido. Triste y apenado se lamenta el no haber llegado a tiempo. Hoy reconoce por qué le demoraron. No sólo han muerto familiares y amigos, sino que reconoce la lamentable perdida de seres tan importantes para el futuro patrio Tres días después el Comisionado en cumplimiento de las instrucciones españolas, establece una Junta de Gobierno —la segundaque comienza a funcionar doce días después. Esta Junta tiene al conde Ruiz de Castilla de Presidente, Vicepresidente el obispo Cuero y Caicedo. Antonio Ante, es propuesto por el barrio de San Sebastián para ser parte de ella, pero se excusa sin dar mayores explicaciones. Creemos que quedó ‘curado’ de la anterior... Para el Congreso patriota que se reúne en Quito en 1812, es electo el Dr. Ante como Diputado por Guaranda. Acude presuroso y aunque es pobre y con familia, desiste de cobrar dieta alguna. Luego, por consenso, conforma la Suprema Diputación de la Guerra, como uno de sus cinco miembros. Antonio Ante, a órdenes del coronel Feliciano Checa, es parte del ejército patriota. Su primera misión, nuevamente como tiempo atrás, interceptar al realista general Toribio Montes, que días antes ha organizado sus fuerzas con soldados del Perú, Panamá y Guayaquil. El militar español desde el puerto se moviliza por Guaranda con intención de llegar a Quito, que sigue ocupada por las fuerzas patriotas. A su vez, tropas realistas también avanzan desde Cuenca con los generales Melchor Aymerich y Juan Sámano. Los realistas están muy molestos y quieren llegar a Quito, pues el 18 de junio de 1812, a raíz de los maltratos recibidos por el populacho que le arrastró desde El Tejar hasta el centro de la ciudad, ha fallecido el Conde Ruiz de Castilla. El 25 de julio de 1812, Antonio Ante con cuatrocientos hombres de refuerzos que le envía el coronel Feliciano Checa, arremete contra la vanguardia de los españoles de Toribio Montes en San Miguel de Chimbo. Desde las tres hasta las cinco de la tarde combaten bravamente, debiendo retirarse por escasez del parque; perdiendo más de cien hombres, de los cuales treinta y cinco muertos y los restantes quedan heridos en el propio campo y tomados prisioneros.

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El 2 de septiembre el general Montes inflige derrota a las fuerzas patriotas en Mocha; renunciando al mando el coronel Feliciano Checa. Tras este descalabro, Antonio Ante es propuesto para remplazarlo como comandante de todas las tropas, pero se niega y dando explicaciones reconoce que no tiene de militar sino su arrojo y valentía, recomendando que asuma el cargo el coronel Carlos Montúfar. Sin embargo que él es declarado ‘Sanchista’ y contrario a los ‘Montufaristas’ pues les tiene antipatía, especialmente a Juan Pío por cobardón y pusilánime. Carlos Montúfar dispone el repliegue ordenado de las tropas para defender Quito. La protección será a la altura de El Panecillo; atalaya y llave de la defensa. El 8 de noviembre, Antonio Ante defiende el ala derecha en San Diego y La Magdalena. Ignacio Ortiz, propiamente en la elevación. Francisco Calderón en San Sebastián y en la retaguardia Manuel Matheu. Atacan los españoles y la defensa por el centro ha cedido. Hay que confinarse a la ciudad. Antonio Ante repliega hacia el Arco de la Reina y de allí a la plaza de La Merced, donde sostiene el ingreso realista por varias horas. Por la tarde del 8 de noviembre el general Toribio Montes retoma la ciudad de Quito de manos de los patriotas y restablece el poder español –será por diez años más–. En tanto los grupos de patriotas dispersos, avanzan a congregarse y hacerse fuertes en Otavalo e Ibarra. El general Juan Sámano persigue a los patriotas comandados por Carlos Montúfar. Para Antonio Ante, el patriotismo es una necesidad moral. Quiere seguir combatiendo. Fuerte y desinteresado, se desplaza hacia el norte y en Atuntaqui quiere enfrentar a las tropas de Sámano que vienen en persecución. Tras discusión acalorada con Carlos Montúfar –el Dios de la guerra no está con los que vacilan– se pierde tan importante oportunidad de, aprovechando el conocimiento del terreno, derrotar a los realistas. El 25 de noviembre las fuerzas patriotas acantonadas en San Antonio de Ibarra, resisten valientemente el ataque sorpresivo de las tropas realistas de Sámano, y a pesar de la inferioridad numérica derrotan a los invasores. Luego combaten en Ibarra, donde definitivamente pierden los patriotas. Montúfar huye a la hacienda Huachalá en Cayambe. Francisco Calderón, y con él Antonio Ante, se repliegan al norte de la ciudad. La caballería realista carga contra los pocos hombres que

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quedan en las filas patriotas y a la altura de la laguna de Yaguarcocha, los dispersan. El jefe Francisco Calderón y doscientos soldados, así como Antonio Ante y el ayudante artillero Ponce, fueron los últimos oficiales patriotas del año 12 en luchar denodadamente hasta el final. Detenido Francisco Calderón, es fusilado en el puente del río Chota. Antonio Ante escapa milagrosamente, siendo perseguido inútilmente por Sámano. Secretamente y embozado se va a Ambato donde se cree más seguro. Días antes–el 27 de noviembre– Antonio Ante redacta carta adelantada de lo que pasará, dirigida a Juan Sámano y firmada por Francisco Calderón, en la que le dice: Si el monstruo de la humanidad titulado Presidente, se produce tan cruelmente cuando trata de seducir y engañar y tiene armas al frente, ¿qué más hará cuando se rindan estos? En dónde está la libertad del americano tan decantada por los repetidos gobiernos que se han creado en España. Al final del año, por orden del general Toribio Montes, es confinado a Loja, el Marqués de Selva Alegre, Juan Pío Montúfar. El funcionario español lo que quiere es paz. El mismo presidente Montes al Dr. Ante le suspendió en el ejercicio de sus funciones junto con 25 juristas, considerando que junto al Dr. Mariano Merizalde, son los revolucionarios más recalcitrantes. Pasan los días de incertidumbre. Dentro del seno familiar se conoce que el presidente de la Audiencia, Toribio Montes, ejerce una política respetuosa y conciliatoria. Presentadas así las cosas acude a conciliador diálogo en enero de ese año 13. El general Montes conoce al doctor Ante. Quiere ‘matar dos pájaros de un tiro’: por un lado ayudarle y por otro tenerle lejos. Un mes después Antonio Ante recibe el pasaporte para el destierro a Lima, vía Ambato y Guayaquil. Va a Ambato procurando en el trayecto al destierro descansar ya que se siente enfermo y gastado de tantas fatigas e impotencias. En marzo de 1813, Núñez de Arco, fiscal acusador de Antonio Ante, registra en su Alegato El doctor Antonio Ante en la primera insurrección fue teniente coronel de la Falange. En la segunda comandante de Artilleros y luego Representante Judicial. Asistió a las expediciones contra Cuenca y sos-

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tuvo los ataques de Guaranda, Mocha y la entrada a Quito, con el ardor del más distinguido entusiasta, siempre manejando dineros sin haber rendido cuentas jamás. Por su condición feroz y sanguinaria, siendo pocas las expresiones que merece este monstruo Monarcómano obstinado. Mas sucede coincidencialmente que en Ambato el joven Ignacio Hidalgo comienza a reunir armas para llevarlas a un paraje cercano, donde espera formar una falange de guerrilleros patriotas. Al ser descubierta esta conjura, el Presidente de la Audiencia, ordena localizar de inmediato a Hidalgo y al ser detenido que se lo fusile, y, también, que cuanto antes continúe al destierro el Dr. Ante, pues se le supone complicado en semejante sedición. Entonces llega a su conocimiento que los astutos españoles piensan embarcarlo en Guayaquil, no con destino al Perú sino a Manila en Filipinas y decide ocultarse, regresando a Quito calladamente donde su esposa e hijos. Perseguido de mal infortunio, su vuelta coincide con la llegada a la capital del sanguinario general Juan Sámano y conociendo la inquina feroz que le tiene el español, se ve precisado a alejarse al norte, pensando en unirse a las tropas de Bolívar, venezolano del que ya se oye sus ímpetus libertarios y su lucha encarnizada contra los realistas. En Cayambe, con el teniente coronel Antonio Pineda, promueven alzamientos en los cantones de Otavalo e Ibarra y tratan de conseguir el desconcierto de las defensas de Pasto. Denunciado, los tres revoltosos con sus cabezas puestas a precio, obligándose a ocultar en los bosques cercanos a Pichincha y “desde aquellos bosques a buscar ocasiones de obrar contra el enemigo”. ¡Tal su lucha y su tenaz empecinamiento! Temperamento idealista y revoltoso no se hace esperar y no necesita mucho para continuar a las andadas revolucionarias. Aunque no sale de casa ni se dejaba ver en las ventanas, hace numerosas conexiones patriotas y deciden y planean unas ‘Vísperas Sicilianas’ –imitando la matanza de los franceses en la isla Sicilia que acabó con el dominio de Carlos de Aujón– en que los habitantes de Quito así como los de Ibarra, Otavalo, Latacunga y Ambato y exterminen a todos los de nacionalidad española. Todo marchaba bien hasta que la ligereza de uno de los comprometidos se denuncia de la conspiración. Por efecto mismo de la re-

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velación se conoce que el doctor Ante se encuentra oculto en su propia casa en Quito. ¡Ordenan su muerte! Para el efecto se disfraza a un soldado de campesino para que dizque llegue a entregarle un oficio en manos del doctor. En la casa le manifiestan que no está; mas tal fue la insistencia del seudo campesino, que la servidumbre cae en la trampa y le conducen a que hable personalmente con su amo. El disfrazado le entrega la misiva, y cuando se presta abrirla, aprovecha para sacar un puñal y tomándole desprevenido, lo clava en el pecho a la altura del corazón. Herido pero con gran reacción logra asirle vigorosamente el puño y evitar otras cuchilladas. Gritos de socorro atraen a familiares y domésticos, mientras el asesino huye. Soldados apostados en las cercanías, entran presurosos a la casa, toman el cuerpo exánime y se lo llevan arrastrado al cuartel. Las calles por donde pasa el agonizante son marcadas con sangre. En el Archivo Nacional, consta el juicio a Antonio Ante, “abogado de la Real Audiencia y capitán de las tropas revolucionarias”, instruido en Quito el 9 de junio de 1813. A los dos días el Juez monta auto cabeza del proceso: En la ciudad de San Francisco de Quito a nueve de julio de mil ochocientos trece, el Excelentísimo Señor Don Toribio Montes, dijo:: Entre las monstruosas criminalidades cometidas en esta vecindad es público y notorio que el Doctor D.C. Antonio Ante, abogado de esta Real Audiencia tomó con el mayor empeño el delincuente proyecto de revolver sus habitantes desde la primera Junta que se celebró el diez de agosto del ochocientos nueve, habiendo asistido al conventículo preparado maquinado en la casa del Sagrario de la que en junta de su colegas procedió a sorprender al cuartel, levantando desde ese entonces en peso las gentes para que sea erigido un gobierno contra las leyes fundamentales de la monarquía, tomasen las armas contra el rey y contra sus magistrados que a su nombre gobernaban esta Provincia, habiéndose el mencionado año en que a la Junta saca el título de capitán comandante de una de las compañías de las tropas revoltosas. Extinguido aquel gobierno y a los ocho meses del legítimo, formado el acometimiento contra el Cuartel Real apareció repentinamente acaudillando el tumulto habiendo antes estado fugitivo, por habérsele perseguido por días, por criminalidad y aún publicándosele el bando por traidor.; de formas que triunfante en la Segunda Junta; y revolu-

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ción del año ochocientos diez, volvió al mismo empleo de Capitán Comandante y aún logró se le nombrase representante por la Provincia de Guaranda en el Congreso subversivo, cuyo ministro lo desempeñó completamente, procurando se llevase la insurrección por cuantos arbitrios le sugería su maledicencia, robando a la Caja Nacional cantidades gruesas de dinero con los pretextos de comprar armas y otros; asistiendo a las expediciones militares que hacían los revoltosos contra las fidelísimas ciudades de Pasto, Cuenca y el asiento de Guaranda, sin omitir alguna hasta la acción que se dio en el cerro del Panecillo contra las tropas revolucionarias, en el que fueron derrotados con sus compañeros, habiendo demostrado en ambas revoluciones su genio sediciosos, turbulento, sanguinario y ladrón cual ninguno. Para venir pues el castigo de tan enormes delitos mandó su Excelencia se formara este auto cabeza de proceso, y que a su tenor certifiquen los escribanos José Antonio Arboleda, Miguel Munive y Antonio Portila; y hecho se proceda a lo más. El Fiscal da su opinión. Encuentra delito. Acusa, y pide condena: Que los crímenes del doctor Antonio Ante han sido muy notorios, como que ha sido uno de los caudillos de la primera insurrección del diez de agosto, uno de los que con fuerza armada trataron de consumar la del dos de agosto del año ochocientos diez y en esta última sobre haber sido Capitán Comandante y representante del asiento de Guaranda, fue del número de sediciosos que más se distinguieron en toda clase de delitos; en resistir a las legítimas autoridades, en los diversos ataques que vuestra Excelencia las derrotó completamente y en perpetuar el imperio de las pasiones y los crímenes. En este concepto y siendo público y notorio cuanto se puntualiza en el auto cabeza del proceso, y cuanto certifican los escribanos, para separar de esta república un miembros tan encancerado y tan obstinado en la insurrección, se servirá Vuestra Excelencia destinarlo por diez años al Presidio de Ceuta con retención hasta nueva orden y con especial encargo a aquellos jefes que velen mucho sobre la conducta del demandado Doctor Ante, como es justa. En audiencia de estrados el fiscal se ratifica en sus opiniones y dice:

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El doctor Antonio Ante en la primera insurrección fue teniente coronel de la Falange. En la segunda comandante de Artilleros y luego Representante Judicial. Asistió a las expediciones contra Cuenca y sostuvo los ataques de Guaranda, Mocha y la entrada a Quito, con el ardor del más distinguido entusiasta, siempre manejando dineros sin haber rendido cuentas jamás. Por su condición feroz y sanguinaria, siendo pocas las expresiones que merece este monstruo Monarcómano obstinado. Antonio Ante, hace su propia defensa, reconociendo que su papel ha sido el de luchar por la libertad de los pueblos de América, como a su vez España también luchó por su libertad frente a los franceses. Indignado, niega rotundamente, que se haya dispuesto de dinero alguno en su favor. – ¡Díganme que les odio a ustedes pero no me tilden de ladrón!, les grita con fuerza, sin embargo de su debilidad por la herida sufrida. Con la opinión del Fiscal, la defensa del acusado, el Juez cierra y archiva el proceso como cosa juzgada y sin apelaciones emite la terrible sentencia: – Doctor Antonio Ante López de la Flor, ¡diez años a la prisión de Ceuta en África! Ceuta, pequeña ciudad española desde 1668 –antes Portuguesa– ubicada en la orilla africana del Estrecho de Gibraltar; entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico–. Allí funciona el penal de El Rosedal. En el penal los detenidos son divididos en tres categorías: Militares, que han cometido faltas disciplinarias. Civiles, prontuariados. Y políticos sediciosos a la corona; incluyéndose los de ultramar: los de las colonias americanas. Los presos llevan cadenas según la condena... El Dr. Antonio Ante, con su 47 años y aún convaleciente es conducido –Sábado Santo de febrero de 1818– a Ceuta en unión de su hijo José María, de 13 años, que ha obtenido permiso para acompañar a su padre, dado su precario estado de salud. En casi dos meses de espantoso viaje en semejantes bajeles de vela y remo y en su condición de preso, al fin el navío toca el puerto donde está la cárcel. El padre, a los calabozos del penal. El hijo, sacrificado con sus trece años de edad, a la ciudad y a velar por el progenitor. En semejante penal, sufre soledad en medio de tantos reclusos. Presidiario. Reo por la libertad. Tan lejano a su tierra y a los suyos, sobrelleva con paciencia lo que todo condenado en esas condiciones se obliga. Desaseo. Pobre comida. Desamparo. Monotonía. Horas intermi-

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nables y diariamente ¡resignación! Triste palabra. Único refugio que le queda. Abatido y miserable. Desdichado que no tiene otra medicina que la esperanza; de esa esperanza que está lejana en el tiempo: ¡faltan diez años! Para volverse loco y todo por la emancipación de su lejana tierra. El muchacho trabajará como ayudante de sastre y de zapatero para supervivir y ayudar al cautivo, al que visita constantemente llevándole lo que puede, inclusive zapatos de compostura para que se entretenga y prestándole corta compañía. En 1820 se produce en España el alzamiento liberal capitaneado por el general Rafael y Núñez Riego, contra el régimen absolutista de Fernando VII. Riego, en el poder como gobernante pone en vigencia la Constitución aprobada en 1812, de corte liberal, conocida como ‘La Pepa’. El general, en funciones y como claro signo de reconciliación, deja en libertad a todos los realistas que encuentra en su camino y ordena libertar, también, a todos los presos políticos, incluidos los de ultramar. Amnistía providencial para Antonio Ante. Incrédulo. Desconfiado. Cruza muros, puerta y foso. A los dos años seis meses vuelve ver la luz de la libertad en el sol ceutañez. Con su hijo avanza al barco que le conducirá a América. Jamás olvidará semejante y terrible periplo; por el contrario, afiebrarán los recuerdos de las paredes en tan terrible mazmorra. Antonio Ante y su hijo pasan a Cádiz, punto de salida de España si se tiene el correspondiente pasaporte. Correteando los trámites, se entera por coterráneos americanos que viven en ese puerto y que están molestos, que tropas españolas están próximas a partir para el nuevo continente. Molesto –‘genio y figura hasta la sepultura’– de que continúe el vasallaje donde ya no pueden sustentarse más por la fuerza de feudos ni señoríos, se junta a los inquietos revoltosos, para escribir dura carta, que fastidia a las autoridades españolas. Pronto, hay la “orden de presentación” –quizás el juicio– a los autores de nuevas protestas. Asustado de caer en prisión nuevamente, cada cual arranca en desbandada. Sin pasaportes, de Cádiz pasan a la isla Palma de Mallorca, para ver si algún navío les saca del Mediterráneo sin pasar por ningún puerto español. Pronto ‘vela y viento’ de vuelta a América. Arriban al obligado puerto de La Guayra, pasan a Caracas rumbo a Bogotá, luego a Cundinamarca, pero no pueden seguir hacia el sur por la guerra que arrasa esas regiones.

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Un año y nueve meses se mantienen en forzadas aventuras y sinsabores y finalmente cuando en Atuntaqui los Ante, padre e hijo se vuelven a ver con los suyos, la felicidad es inconmensurable. Llegan para encontrar a María Mercedes –la mayor de las hijas– felizmente casada con el alférez Juan Donoso y Chiriboga, que se ha convertido en un protector y padre para todos. El 27 de mayo de 1822, tres días después del triunfo de las armas patriotas en Pichincha que sella tantos años de sufrimientos y persecuciones, ingresan a Quito. Al fin como hombre libre y emancipado, con la inmensa felicidad de reencontrarse con su fiel y sacrificada esposa Mariana y sus otras hijas. Luisa casada con Pastor Valdez e Isabel con el Dr. Joaquín Enríquez. Viviendo vida tranquila y sosegada en Quito, en marzo de 1823, es designado provisionalmente Auditor de Guerra del Departamento del Sur, con 500 pesos de sueldo. Luego recibirá el nombramiento de Asesor de la Intendencia del Departamento. En octubre de 1827, se realizan las elecciones para representantes a la Convención de Ocaña, para reformar la constitución de Cúcuta. Antonio Ante sale electo y deberá acudir a ella como representante del Departamento del Sur, del 9 de abril al 10 de junio en esa ciudad colombiana al norte de Santander. Presidirá la comisión acompañado de los doctores Manuel Avilés y Pablo Merino. A última hora por enfermedad de su esposa Mariana Oláis no puede viajar, siendo remplazado por el doctor José Matías Orellana En 1830 es firmante del Acta de Separación del Departamento del Sur de la Gran Colombia. Ese mismo año asiste como Diputado por el Departamento de Quito a la Primera Constituyente convocada por el general Juan José Flores. Reunidos en la ciudad de Riobamba el 14 de agosto de 1830 y el fogoso letrado tiene ilustrada voz y papel preponderante en la escritura de la Carta Fundamental, en quince leyes orgánicas, veintidós decretos y varias resoluciones. Durante las sesiones es injusta y soezmente insultado por el coronel venezolano León Febres Cordero. Mas, recibe el respaldo unánime y airado de todos los diputados al punto que el insultador se ve obligado a abandonar el país. El año 1 835 da sus últimos pasos en la vida pública regresando al Congreso como Diputado. Tras cerrarse ese parlamento, se retira de toda actividad pública a voluntario alejamiento e inusitado aislamiento social.

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Antonio Ante, desde poco tiempo atrás, carga con desolación su viudez. La sacrificada Mariana Oláis y Bustamante ha muerto y el esposo vive solo y en oscurecida pobreza. Con esa realidad, a insinuación de sus hijas elige ausentarse a la hacienda Alobuela (hoy Agualongo, ‘la vieja’, de propiedad del Ec. Marco Hernán Rivadeneira Salazar) de su yerno Juan Donoso, cercana a San Juan de Ilumán. Se dedica, dizque, a las faenas agrícolas. En esas andanzas extrañas a su condición, recrudecen sus padecimientos físicos y mentales. Secuelas de años de hombre sufrido, afloran a cada rato. Las huellas físicas y mentales comienzan por tomarle irascible y neurótico. Los síntomas de su alteración mental se hacen evidentes. Se trastorna mentalmente. Con sólo 65 años de edad, fallece este prohombre ecuatoriano, el 18 de octubre de 1836. La partida de defunción consta en el libro de entierros de la matriz de San Luís de Otavalo. El Dr. Antonio Ante y Flor –ejemplo para cualquier generación– fue caballero culto y de fino y urbano trato. Su alma grande para el sacrificio se entregó entera al ideal de su Patria. Su carácter inquieto y nervioso, unido a singular constancia y tenacidad heroica poco común, le distinguió entre todos ¡como el mejor! Recordando su memoria el cantón imbabureño Antonio Ante, fue creado el 12 de febrero de 1938 Institutos educativos y calles, en especial la situada en Quito, en el sector oeste del parque La Alameda, llevan con honor y justicia su identificación. Mas creemos que el bronce eterno tiene que tallarle un monumento al “más rígido de los de los revolucionarios” como lo calificó el historiador Roberto Andrade. Y al pie de ese monumento debe decir “EL INVENCIBLE”, como lo llama Manuela Espejo, hermana del ‘Chúzhig’; renombre puesto con admiración y cariño por Rodríguez de Quiroga, el otro prócer de la independencia. “El más eminente de los patriotas quiteños”, como se le conoce a Antonio Ante y Flor, siempre pensó en virtudes, jamás en comodidades. Hombre que reveló su carácter hasta en las cosas más simples. Que desde niño no tuvo días sin penas. Valiente, en toda la extensión de la palabra. Tenaz, hasta donde jamás desfalleció su fuerza de voluntad a toda prueba. Ejemplarizador. Sempiterno. Perdurable. La vida de los grandes hombres que se han ido, debe hallarse perenne en el corazón y en la mente de los vivos, pues de ningún modo puede fenecer aquel que existió dispuesto a morir por sus ideales. Ecuatoriano, atormentado por la libertad, hasta los limites inconmensurables de su palabra Patria.

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Bibliografía utilizada: - Andrade Roberto.- Historia del Ecuador. Defensa de Salinas. - Andrade Manuel de Jesús.- Próceres de la Independencia. - Jurado Fernando.- Antonio Ante y Flor. Actores de la Revolución Quiteña.- Pareja Diezcanseco Alfredo.- Ecuador: Historiando la Republica. - Pérez Pimentel Rodolfo. -El Ecuador Profundo.- Antonio Ante. - Rodríguez Castelo Hernán.- Lírica de la Revolución Quiteña. - Ruiz de Castilla (Seudónimo).-Biografía del doctor Juan de Dios Morales. - Zúñiga Neptalí.- Juan Pío Montúfar, Primer Presidente de la América Revolucionaria. - Wikipedia.- Enciclopedia libre.- Ceuta.

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LOS CHECA EN LA HISTORIA DEL ECUADOR DEL 10 DE AGOSTO DE 1809 Y DEL 2 DE AGOSTO DE 1810
Marcia Stacey Ch.

Introducción La investigación en archivos militares abre una nueva perspectiva para la Historia Patria, pues con los datos allí existentes, en especial con la revisión de los Expedientes de Vida Militar, se mira de manera diferente los sucesos, los hechos y los acontecimientos del pasado. Es así, que el desfile de documentos necesarios para probar la identidad de cada personaje, sus descendientes, las acciones válidas para mejorar su calificación y la serie de testimonios, que narran cada acto solicitado por el militar, que estuvo directamente en los hechos estudiados; nos dan una mejor y más clara identidad del sujeto, inmerso en la época que le tocó desarrollar su historia. Esta investigación ha sido una gran e importante ayuda para poder localizar personajes y hechos perdidos en la Historia. Básicamente se lo realizó en dos archivos, donde se guardan los expedientes militares, de manera que pasan a ser los Indicadores de la investigación, aparte de otros archivos como el AGI (Archivo General de Indias) que guarda una enorme documentación sobre América y la Conquista; datos con los que se ha podido completar el panorama en el que se desenvolvieron los actores y los hechos, a los que nos vamos a referir. Es importante que podamos aclarar más aún sucesos tan cercanos entre sí, como los del 10 de agosto de 1809 y del 2 de agosto de 1810, por medio de dos hermanos, personajes que se ubicaron en bandos distintos, que fueron afectados y actores de los dos hechos. Esto no llama la atención, pues el uno vivía en Jaén de Bracamoros, y llegó a ser su Gobernador; como enviado por su padre para desarrollar los negocios familiares, a pesar de ser militar de carrera. El otro vivía en Quito, también militar de carrera y vio desde otro ángulo la política de la colonia y el perjuicio y olvido de los criollos.

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Los 4 años que duró la investigó en los dos archivos militares, fue como para obtener más de 6.000 fichas, y allí se encontró un expediente del coronel don Feliciano Checa y Barba, PRÓCER DE LA INDEPENDENCIA, en cada uno de los archivos mencionados, donde se buscaba el derecho al Montepío de sus familiares. El primer archivo investigado fue el del ISSFA ( Instituto de Seguridad Social de la Fuerzas Armadas ). Allí están los expedientes de los militares vivos, jubilados y los fallecidos en los últimos años y que tienen herederos o personas dependientes, que deban recibir el montepío. Y el segundo fue el Archivo Histórico Militar, que tiene varias partes; nos interesa más que nada los “Libros de vida Militar”, que son iguales a los anteriores, pero que ya han pasado a ser Historia, con más de 20 años de antigüedad, hasta que se llega a los héroes de la Independencia. Allí se tiene expedientes de: próceres, héroes, militares que han llegado a la presidencia y de otros militares en general, que constan con sus datos personales, con las fechas de todo evento y además de sus estudios e inclusive: la narración de sucesos y de personas involucradas en dichos hechos. Aparte de estos archivos se tuvo la suerte de encontrar varios expedientes sobre el Coronel Don José Ignacio Checa y Barba en el AGI: Archivo General de Indias en Sevilla y otros datos en el AHP: archivo Histórico de Piura. Para justificar el objetivo y para obtener los datos más aproximados sobre los personajes y los sucesos involucrados en esas fechas que conmemoramos, se pudo complementar con pequeños aportes de otros archivos, como también el de la Cancillería del Ecuador, que contiene valiosos informes. Se ha utilizado Bibliografía que constará como nota al pie en cada uno de ellos. La obra de Luz del Alba Moya, El Árbol de la vida, fue de gran ayuda, como también la obra de Waldemar Espinoza Soriano La fuerza de la verdad. Contiene muchas referencias sobre los Checa en Jaén de Bracamoros.

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General D. Ignacio Checa y Carrasco de la Torre con sus dos hijos1

CAPITULO PRIMERO El Corregidor de Loja general don Ignacio Checa y Carrascosa El General, Licenciado don Ignacio Xavier Joseph Manuel de Checa y Carrascoza de La Torre nació en Baeza-Jaén en Andalucía-España el 3 y b. el 6 de junio de 1723 en la parroquia de San Pablo. Ciudad de Baeza2-3 Fue hijo legítimo de Don Crisanto Mateo de Checa y Salvador Morata natural de San Lucar de Barrameda, Capitán de Caballos del Regimiento del Príncipe.4 Casado con Doña María Cathalina Carrascosa y Jiménez de la Torre. “”Persona ilustre y descendiente de familias que han gozado de estos reinos de familias de Hidalgos notorios”5
1 Única foto del Corregidor de Loja el General D. Ignacio Checa y Carrasco de la Torre con sus dos hijos: José Ignacio y Feliciano. ( Banco Central del Ecuador) 2 AGI. Archivo General de indias, Sevilla, Contratación,5501,N.2.,R.22 3 AESCH.- Bautizos de Baeza, Libro 8 folio 145 v. 4 LASO CHIRIBOGA Luis E. con “Árboles genealógicos”. 5 AESCH. Relación de Méritos de Don Ignacio Checa y Carrascosa.

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Fue Colegial en el San Phelipe de la ciudad de Baeza y en los de San Bartolomé y Santiago El Mayor de la ciudad de Granada, en San Bartolomé y Santiago el Mayor, en cuya Universidad se graduó de Bachiller en Cánones, habiendo sido Presidente de la Jurisprudencia. Se recibió de Abogado en la Real Chancillería en la propia ciudad de Granada el 14 de noviembre de 1742 y se incorporó en los siguientes Reales Consejos el 11 de VIII- 1745 , en el colegio de Abogados de esta corte. Desempeñó algunos cargos desde 1748 hasta el 1-VII-1757, en que recibió el nombramiento como Corregidor de Loxa y Zamora, de parte del Rey y partió para Sevilla por la documentación respectiva y de allí al puerto de Cádiz, para embarcarse con su empleado. 6 Salió de Cádiz el 13 de noviembre 1758, para llegar a las Indias, donde ocuparía su cargo como Corregidor y Justicia Mayor de Loxa y Zamora, en la Real Audiencia de Quito; pidió autorización para viajar a su destino con dos criados: el Consejo de Indias le concedió autorización sólo para uno, llamado Andrés Aboy, cuya Probanza se presenta, dice ser natural de la ciudad de Santiago, en Galicia, hijo de Andrés Aboy, natural del lugar de Piñeiro en el reino de Galicia y de Petania Fontel de otra feligresía. 7 En el pasaporte de salida Don Ignacio justificó no ser casado y llevar un criado, baúles de su ropa, armas y libros de su uso, presentó toda la documentación pertinente de él y de su empleado.8 Fue Corregidor y Justicia Mayor de Loxa y Zamora, en la jurisdicción de la Real Audiencia de Quito, durante cinco años y meses: desde el 21 de abril de 1761, en que otorga fianza de mil pesos para el desempeño de su cargo. La Relación de Méritos del Licenciado Don Ignacio Checa dice:
“ ...que sirvió en dicho empleo con tal aplicación, que tenía reedificado sin el menor gravamen del Vecindario las casa de cabildo de la ciudad de Loxa, que había 30 años que se hallaban arruinadas; reedificó su cárcel, y abierto caminos para mayor beneficio del comercio y de los correos y que quedaba entendiendo en la fábrica de un puente en el famoso río de Cata6 LASO CHIRIBOGA.Luis E. “Árboles genealógicos”. 7 AGI. Archivo General de indias, Sevilla, Contratación,5501,N.2.,R.22. 8 AGI. Archivo General de indias, Sevilla, Contratación,5501,N.2.,R.22.

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mayo, habiendo antes renovado los de Vinoyaco y Saraguro...”... también arreglo la carnicería y el Real Hospital... 9

En 1763 firma como comisario de Visita en Cuenca.10. Certificado en 12 de agosto de 1766, sobre su ejecutoria como Corregidor, “... que lo hizo con acentuada conducta y trató bien a los Indios.”…11 Pese a que se le había acusado de comenzar el negocio de la cascarilla de manera ilegal, por cuanto estaba prohibido cosecharla en ese momento, fue sentenciada su buena conducta el 5 de VII de 1768, con recomendación para otro cargo por la diligencia en el anterior, como Corregidor de Loxa. “ Hallándose en Quito al tiempo de la expatriación de los Regulares de la Compañía de Jesús, se le nombró por conducto de aquellos, que compusieron el Segundo trozo del Colegio Máximo y Casa del Noviciado, para llevarlos, como lo hizo, al puerto de Guayaquil, en donde los entregó al Gobernador, usando para ello la prudencia requerida en tal encargo.” Certifica también el Presidente Interino de la Audiencia de Quito, Don Juan Antonio Celaya, que durante los agitados y turbulentos días que atravesara la ciudad de Loxa de su Corregimiento, él supo mantener la paz en ella. Luego, se levantan varias quejas de algunos funcionarios, que dicen que el negocio de la cascarilla, estaba concentrado en un grupo de aventajados sociales, y que nadie más podía hacerlo. Casó 1. en Madrid con Cathalina Fernández de la Calle.12 Casó 2. en Quito el 18- VII-1760 Doña María Josefa Cabrera de Barba y Guerrero, hija de Don Tomás Cabrera de Barba y Arauz, quien a su vez era hija de Don José Cabrera de Barba y Ochoa de Berna n. de Lima (¿) y de Doña Juana de Arauz y Rojas13, n. de Loxa, hija. del Capitán Don Luis de Arauz, n. de Quito, hermana del Arzobispo de Bogotá Don José de Arauz y Rojas, (fallecido en “Olor de Santidad” y cuyo proceso se sigue en Roma) y de Doña Gabriela Rojas n. de la ciudad de Loxa.14 Don Tomás Cabrera de Barba había, Cc. Doña María Guerrero y Ponce de León Castillejo, dama quiteña de gran prestancia, de la casa de los Condes de Selva Florida.
9 AESCH.- Relación de Méritos de Don Ignacio Checa y Carrascosa. 10 ANDA Aguirre Alfonso, LOS CORREGIDORES DE LOJA. 11 AESCH.- Relación de Méritos de Don Ignacio Checa y Carrascosa. 12 MUÑOZ DE SOTOMAYOR Arc. de Block. 13 ANH. Sección Haciendas. Po-Tm.1772, Doña Juana de Arauz casó 2º c. Don Leandro Sánchez Viescas. 14 APMV. Información de Patricio Muñoz Valdivieso.

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El matrimonio de Doña Josefa fue bendecido por su pariente el Dr. Don Matías de Arauz15. Fueron Velados en el Oratorio de la Marquesa de Maenza. Padrinos: los marqueses de Maenza: Doña Mariana de Aranda y Enríquez de Guzmán y Don Gregorio Mathew de la Escalera. Testigo fue su tío Don Ignacio Guerrero y Ponce de León Castillejo.16 La novia llevó 9.800 pesos de dote.17 F, Doña Josefa en Quito, el 2 de diciembre de 1792, enterrada en la Iglesia de La Concepción el día 3. Don Ignacio Checa y C. estableció negocios en Loja hasta 176618. Fue propietario de la estancia Yaguarcuna en el valle de Punzara, la vendió el 10-XII-1766 en 420 pesos al General y nuevo Corregidor de Loja Don Manuel Daza y Fominaya. 19 Luego, éste le acusó de haber explotado y negociado a destiempo la cascarilla y además, “...”de haber maltratado y mantener presos a varios indígenas proveedores de la cascarilla.“ 20 Escribió un informe para España, donde relata muchos acontecimientos y habla sobre varios personajes lojanos; sus descripciones están muy bien logradas. Habla sobre la campiña, el comercio y sus habitantes, se puede encontrar buena información sobre los indígenas y conocer problemas que se presentaron en esa época. Terminado su Corregimiento fue Oidor de la Real Audiencia de Quito desde 1781 ante Ascaray, hasta 1784. Declaró tener una casa a la vuelta del convento de las Conceptas, también declaró obrajes en “Santa Clara” y en “Tumbaco”. Declaró haciendas en Cotocollao, Chichi y Cuñaburo.21 Hacia 1783 se hallaba como Comisionado de Visita en Cuenca. Falleció en Cuenca en 1785, a la edad de 59 años, (verdaderamente fa15 AGÍ. ( Archivo General de Indias, Sevilla). Sección Méritos. De Don Mathías de Arauz y Roxas, cura de la Concepción de Quito Vicario de Cayambe, Nieto del Lic. Don Alonso de Arauz, Abogado de la Real Audiencia y de Doña María de Troya. Personas nobles, padres de Don Luis de Arauz Cc. Doña Gabriela de Roxas, n. de Loxa. Doña Gabriela era hija del Sargento Mayor Don Francisco de Roxas y de Doña Josepha de Torres Hinojosa, vecinos de Loxa. Fue hermana del Canónigo Don Joseph de Rojas, persona tenida por noble en Loxa 28-Sep. 1738. 16 GANGOTENA Juan Carlos y GZ-Tovar: Ceniga Nº 8 Los Barba. pp 126. 17 MUÑOZ DE SOTOMAYOR Arc. de Block. 18 Archivo de la Iglesia Matriz de Loja, Libro 2 de 1742-1771. 19 Notaría I de Loja, 1765-6. 20 MOYA Luz del Alba. El Árbol de la vida, Pág. .88. 21 MUÑOZ DE SOTOMAYOR Arc. De Bloc.

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llece de 65 años, pese a que en los documentos consta como que fallece de 59 años). Fue sepultado en la Iglesia de San Agustín; había testado en Quito en Sep. de 1782, ante es escribano Juan de Ascaray, lugar de su residencia desde 1767. Don Ignacio fue dueño de la hacienda Chichi, en el valle de Tumbaco, por haberla comprado. Ella formaba parte de la hacienda Tumbaco, desde Pachusalac, hasta El Quinche, por el lado Norte, ya que por el sur pertenecían a la familia Grijalba. La vendió en 1784, “por no poderla atender debidamente”22. Aduce que son tierras peligrosas de indios bravos y de asaltantes, sobre todo se queja de los feroces indios del aillu Apianda. Años más tarde compró su hijo Feliciano una parte y también la vendió por la misma razón.23 Doña Juana de Arauz y Rojas, madre de su suegra, fue propietaria de la Hacienda “Roxas” en Cumbayá, lindando con las tierras del Auqui Chico, Don Francisco Atabalipa; pagó impuestos hasta el año de 1775 y Don Ignacio Checa pagó luego hasta 1779.24 Fueron también propietarios en el sector Don Luis Arauz, José Arauz, Mencia y Rita Arauz. Más tarde figura como dueño Don Ignacio Checa. La hacienda “Pinza” figura como propiedad de Don Ignacio Checa desde el año de 1776 y también “Pisugulla”. Pasan desde 1795 a manos de Don Ignacio Barba las haciendas de “Roxas”, “Pinza” y “Pisugulla”. Mientras “La Recoleta” pertenecía también a Doña Juana de Arauz y a Don Luis de Arauz.25 Doña Josefa Barba y su hijo José Ignacio Checa y Barba, reclaman la hacienda de Pomasque, a la muerte de su tío carnal el Dr. Don Joseph de Barba, en 1780.26 Doña Josefa, ya viuda, declaró haber convenido con el escribano José Enríquez Osorio, la venta del Obraje y hacienda “Chichi” y de “Cuñiburo”, por 21.600 pesos. En 1791 la Sra. demando la rescisión del contrato en Quito en 1791.27

22 ANHQ. Sección tierras. 23 ANHQ, Sección Notarial, año de 1780. 24 REBOLLEDO G. LORETO. Comunidad y resistencia, El caso Lumbisí durante la colonia. Pág.. 1767-178. También eran propietario en Roxas sus hermanos José, Rita, y Mencia, quienes estaban vencidos en el pago de impuestos hasta el año de 1779. 25 Idem. 26 Del ANH, Testamentarías año de 1780-81, caj. 190, exp... 27 MUÑOZ DE SOTOMAYOR Arc. De Bloc.

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LOS CHECA Y BARBA 1. Dña. María Rosa n. en Loja el 15-VIII- 1761. Cc. Don Fernando Tinajero Guerrero. 2. Don Thomás Joseph María Ignacio Francisco Javier Manuel. N. en Loja el 19 y b .el 20-XII-1762. Presbítero. 3. Don Joseph Ignacio n. en Loja el 21 –IV- 1764. Cc. Doña María Isabel Solano de la Sala y Piedrahita. 4. Don Pedro n. en 1766 b. en San Francisco de Quito, Presbítero. 5. Don Juan ( Manuel Antonio), n. 1768 en Tumbaco. Presbítero. 6. Doña Justa María Petrona Ramona, b. en el Sagrario el 9-VIII-1770. 7. Doña Juana n. en Quito b. el 28 de VI- 1776 de 2 años ( n. en 1774?). Cc. Don José Larrea y Barba en 1793. 8. Don Manuel Antonio Ignacio Atanasio Ramón, b. en Sta Bárbara el 3-V1775. 9. Don Francisco de Borja Ignacio, b. en Santa Bárbara el 2-XI-1777. 10. El Coronel Don Manuel Antonio Feliciano b. en Quito el 9-VI- 1779. Cc. Dña. María Alegría Josefa Raimunda Barba y Borja. 11. Don Juan Antonio Fernando b. en El Sagrario el 30V-1780. 12. Doña María Micaela Mercedes Jerónima Francisca Ana b. en El Sagrario de Quito30-IV-1781.

De los hijos del General Don Ignacio Checa y Carrascosa de la Torre vamos a estudiar solo a dos y a un nieto.

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CAPÍTULO SEGUNDO Don Joseph Ignacio Checa y Cabrera de Barba Militar: Coronel. Gobernador De Jaén De Bracamoros “Nació en Loja el 21-IV-1764, b. en la capilla de las Monjas Conceptas28, que fuera luego inscrito en El Sagrario de Loja. Padrino el Gobernador de Armas Don Pedro Xavier de Valdivieso y Doña Isidora de Valdivieso. Lo firma el padre Sancho de Araujo de la Compañía de Jesús.” 29 En el año de 1777 fue admitido a la Escuela Militar en calidad de Cadete del Primer Cuerpo que se formó para la expedición del río Amazonas. Permanece allí hasta el año 1782. Fue ascendido a oficial en 1782. A los 5 años de servicio eficiente el Virrey del Reino de Nueva Granada lo nombra como Teniente de Alabarderos de su Guardia, que lo desempeñó en Santa Fe y en Cartagena. Pasó al “Reyno de Quito” y fue destinado como Ayudante. Estuvo en dicho cargo en las ciudades de Cuenca y el Corregimiento de Latacunga y de Ambato (Hambato), donde ejerció como Sargento Mayor. En 1788 se le eligió como Gobernador de Quixos. En Tiputini pacificó a los indios infieles que amenazaban y los sujetó a la doctrina, al igual lo hizo en varias poblaciones, como Capucuy, San Miguel y otras del Gobierno de Maynas. Terminada esta acción, se reintegró a la Compañía de Veteranos de Quito con el grado de Teniente, el 11-IV de 1792. Luego fue nombrado como Juez Subdelegado de Bienes de Difuntos. Comienza el documento así: “Yo, Don Carlos por la Gracia de Dios... etc. ” Fue Administrador de las Reales Rentas de la Provincia. Por orden del Presidente de la Real Audiencia de Quito, pasa a formar las milicias en 1809.

28 Arch. de Patricio Muñoz Valdivieso 29 El archivo del Monasterio comienza desde su fundación

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“ Como militar de profesión, en mayo de aquel año recibió del mencionado Presidente de la Audiencia de Quito, unas instrucciones para poner en Funcionamiento dos compañías de milicias permanentes en la provincia de Jaén. Debía adiestrarlas en el manejo de las armas e inculcarles la disciplina inherentes a dichas instituciones”.30 En el año de 1809 se tiene la propuesta del Conde Ruiz de Castilla, para su ascenso a Capitán de Infantería. Por orden del presidente audiencial, Checa y Barba se concentró con sus milicianos en el asiento de Ambato, ascendiéndole simultáneamente al grado de coronel y dándole el comando de todas las tropas allí reunidas. Así lo dispuso el Consejo de Guerra que operaba en Riobamba, el 26 de octubre de 1809. El gobernado de Jaén estaba ahí con su hermano Feliciano y con sus hijos Ignacio y Pedro. Sin embargo, el 9 de noviembre le cursaron una disposición para retirar sus milicias toda vez que los efectivos de Lima, capitaneados por el teniente coronel Manuel Arredondo y enviados por el virrey Abascal iban a encargarse de la pacificación de Quito. J.I. Checa y Barba debía trasladarse de Latacunga a Guaranda para auxiliar al ejército de Lima… Para recaudar bienes de su familia pasa a Quito en 1809, cuando le toma la “escandalosa” Revolución de Quito del 10 de Agosto. José Ignacio Checa y Barba se declaró a favor del rey, por más que le ofrecían muchos halagos los patriotas. Así, el Presidente de la Real Audiencia: “Dispuso que las milicias jaenesas salieran a combatir a los “reboltosos”, actitud que también tomaron los gobernadores de Guayaquil y de Cuenca, en sus respectivas jurisdicciones…” Se incorporó al Orden Antiguo, pese a todos los ofrecimientos que le hiciera el Nuevo Gobierno, y a pesar de que logró hablar con el conde Ruiz de Castilla en la misma Cárcel. Dice “...sometiéndoles al orden a los usurpadores de la autoridad”, los siguió hasta desarmarlos en Guaranda y Alausí. Por esta acción fue ascendido al grado de Coronel y Comandante General de las tropas acantonadas en Riobamba. Avanzó hasta “Chisinche” donde se retiraron los insurgentes.
30 ESPINOZA SORIANO Waldemar .-La fuerza de la verdad. Ed. por Fondo Editorial Banco Central de la Reserva del Perú. Pág. 75.

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Luego los insurgentes nombraron nuevamente en la Capital otra Junta con el título de “Governativa” y cuando ellos intentaban invadir Cuenca para tomársela, avanzó con sus tropas, con la gente y armas que pudo juntar.” Firmando en la Sala Capitular de Riobamba, con fecha 22-X1809, el ascenso de varios oficiales a su grado superior; entre ellos fueron ascendidos: el Comandante General Don Ignacio Checa y Barba, al grado de Coronel; don Feliciano Checa al grado de Capitán. conminado por su hermano para que rectifique su actitud; don Ignacio y Don Pedro Checa y Salas al grado de Tenientes. Siguen otros nombres. Firman los que siguen: Fernando Dávalos, Fernando Velasco, Mariano Dávalos, Martín Chiriboga y León, José Albear, y el Cnel. Comandante General Don Ignacio Checa. Sin embargo el 9-XI-1809 le firmaron una disposición para retirar sus milicias, toda vez que los efectivos de Lima, capitaneados por el Tcoronel Manuel Arredondo y enviados por el Virrey Abascal, iban a encargarse de la pacificación de Quito. José Ignacio Checa debía trasladarse de Latacunga a Guaranda para auxiliar al ejército de Lima o ayudarles brindándoles las comodidades que fueran necesarias. Dice:
Así fue, el dinámico lojano entregó a Manuel Arredondo las armas, artillería y demás pertrechos de Guerra…31 El Gobernador de Jaén siguió prestando servicios, hasta la represión completa de Quito, a cuya capital ingresó con las tropas vencedoras llegadas de Lima.

• El 20 de Febrero de 1810, pasó J.I. Checa y Barba con sus soldados a Latacunga para sostener a los leales del rey. El 1º, de mayo de 1811 • Mientras su hermano Feliciano tenía bajo su mando la provincia de Chimbo. • El Presidente de la Real Audiencia de Quito Don Raúl Molina, lo tachó de subversivo por ser hermano del ilustre Don Feliciano Checa y Barba. Pidió sustituirlo por Manuel Pozo y Pino. Pero rápidamente Molina se retractó, retirando su denuncia y así Don José Ignacio Checa y Barba siguió en su cargo. • El Sr. Antonio Amar, afirma el haber conocido las acciones a favor de
31 Idem. Pág. 76.

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los realistas, de parte del Sr. Don Ignacio Checa en la revolución de Quito del 10-VIII-1809. • Después de los sucesos del 10 de VIII, escribe al patriota Marqués de Selva Alegre, para que revise su actitud y provea de los medios necesarios para cumplir con su comisión en Alausí y su primer cuidado era que se retirara de la Junta a su hermano legítimo Don Feliciano Checa y Barba, que, debido a la fuerza de las circunstancias mandaba en Chimbo.
Este, 1 de mayo de 1811, con sus armas, tropas y municiones se le reunió en Riobamba. En Marzo del mis año, JI Checa, volvió alistar milicias montadas y de a pie en varios pueblos de su gobernación, para enrumbarlos a Zumba (Loja), en misión oficial. En total, sumaban 190 hombres: 50 de ellos procedentes de San Felipe, a caballo y 60 de a pie, originarios de Chirinos. Salieron a poner en orden ciertos desmanes acaecidos en la ciudad de Cuenca. J.I: Checa y B. corrió a cargo de la citada movilización, sin causar egresos a la Caja Rea32

• Para el 24-V-1811 firma como Gobernador y Comandante Militar de Jaén de Bracamoros. • Siguen las recomendaciones por sus acciones en los años de 1812-1813. En X-1813 el Pres. Don Toribio Montes le concede el grado de TCoronel efectivo, por Real Orden del 14-I-1814 y se ratifica el 18-IX-1814. Conformaba el premio por los relevantes méritos contraídos por el servicio de su majestad. • En los inicios de 1814, hace jurar a los pueblos de su demarcación gubernativa la Constitución de las Cortes de Cádiz, lo que comunicó a la Real Audiencia el 22 de I-1815. • Luego reclama que ha servido durante 40 años a la Milicia, unas veces con sueldo y otras sin sueldo. • En 1817 demuestra cómo ha intensificado el cultivo del cacao y por primera vez se introdujo el arroz en Jaén de Bracamoros y en Mainas.33 • Reclama en 30-III-1818, para que se le transfiera a Cuenca con el grado de Coronel, al que cree merecerlo. Ya que se había nombrado nuevo Gobernador a Don Juan Miguel Melo de Portugal, antes de Quijos, dejándolo sin sueldo.34
32 Idem Pág. 76 33 ESPINOZA SORIANO.-La fuerza de la verdad. Ed. Por Fondo Editorial Banco Central de la Reserva del Perú. 34 AGI.- Expediente N-28 . Firmado en Quito Mayo 21 de 1818. Memorial documentado, que

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• En 1819, viejo ya, dejó las tropas, ante los celos del nuevo gobernador, debido a su gran prestigio y ascendiente. Cobró entonces el nuevo gobernador “venganza”, pues estorbaba a su autoridad y pidió que saliera de Jaén de Bracamoros. Checa obedeció el mandato y partió a Piura, a casa de su hija. • El 21–IV–1821 se confirma el nombramiento de Melo como Gobernador. • El 4 de VI la Provincia de Jaén proclamaba la emancipación de España, Quito, y Bogotá.35 Nombraban a Juan Antonio Checa “deudo de don Ignacio” como Gobernador Interino, por cuanto “la Independencia se había desentendido de Jaén de Bracamoros, tanto del un lado como del otro.”36 • Don José Ignacio fue muy apreciado por sus ejecutorias a favor de la población de Jaén, como también por au trabajo agrícola y de recolección para la exportación. Desgraciadamente ahora nada se puede ver pues más bien decayó todo su empeño con dicha población en los años posteriores, hasta perder su importancia. • Murió sin testar en la hacienda “Tigua Grande “Pugilí.” Jurisdicción de Latacunga, adonde se había retirado, a la edad de 70 años, en 1834. Don Ignacio Checa y Barba había casado en Quito (o en Latacunga) con Doña María Isabel Solano de la Sala y Piedrahita por 1768. Hija de Don Antonio Solano de la Sala, Alguacil mayor de la Audiencia de Quito, n. de Chiclana en España, y de Doña Antonia de Piedrahita y Zumárraga (Hija de Don Francisco Javier Piedrahita y Zapata n. de Cali, en el Nuevo Reino de Granada, abogado que fue y Alguacil Mayor de la Audiencia de Quito, y de Doña Francisca del Castillo y Zumárraga n. de Quito).37 Testó ante la Notaría 1- de Saona el 27–2–1798 Era ella dueña de la hacienda “Tigua Grande”, junto con los Escudero Valdivieso, tierras que heredaran de su tío el Sacerdote Pedro Escudero. Don Ignacio también f.f. c. Jacinta Méndez. C.d.

eleva a S. M. el Teniente Coronel Don Ignacio Checa, Gobernador que acaba de ser de Jaén de Bracamoros en solicitud de igual destino – Archivo del Dr. Ernesto Spangemberg Checa Buenos Aires-Argentina. 35 ESPINOZA SORIANO Waldemar.-La fuerza de la verdad. Ed. Por Fondo Editorial Banco Central de la Reserva del Perú. 36 ABCE. Documento sobre la Independencia de Jaén de Bracamoros. En el Archivo de MSCH. 37 Arch. del Dr. Ernesto Spangemberg Checa.

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Hijos: CHECA Y SOLANO DE LA SALA. (CHECA Y SALAS)38 1. Cipriano n. en 1785 f.n. 2. Bernardo n. en 1786 f.n. 3. Don José Ignacio n. en 1788 Cc. Doña Ma. Valdivieso y Carrión 4. Don Pedro, Gobernador de Jaén de Bracamoros 5. Doña Mercedes Checa y Solano de la Sala. Cc. Antonio Modesto Larrea y Nájera.

CAPÍTULO TERCERO Su hijo: Teniente. Independentista desde 1818 Don José Ignacio Checa y Solano de La Sala Posiblemente n. en Quito o sus alrededores y se b. en Santa Bárbara de Quito, el 22-IX-1788. (No hay que descartar que pudo nacer en Jaén de Bracamoros.) Se crió y educó en Jaén de Bracamoros, allí vivía con varios miembros de la familia de su padre; ellos tenían varios negocios y propiedades allá y que luego fueron a otros lugares y desaparecieron del lugar, a formar sus familias y a vivir en Piura, cuando ya los negocios familiares decayeron, pues ellos fueron los encargados de recoger varios productos para el negocio que se llevaba en “el centro de acopio de la hacienda el Tablón de Oña” Salió para Quito acompañando a su padre el Tcnel Don Ignacio Checa y Barba, quien pidió licencia para ausentarse a Quito, con sus dos hijos Ignacio y Pedro, el motivo era arreglar asuntos de una herencia. Estando ya en la capital se suscitaron los graves acontecimientos del 10 de agosto de 1809. Por esta razón y en vista de la premura, se reunieron los relistas, nombrando a Don Ignacio Checa y Barba como Comandante General de las Milicias de Latacunga, Ambato, Riobamba, Guaranda y Alausí. Dicha reunión de los realistas se la realizó en la Sala Capitular de Riobamba.
38 STACEY CH. Marcia, De Próceres y Presidentes V. Genealogías ecuatoriano–peruanas.

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• Firmado en la Sala Capitular de Riobamba, con fecha 22-X-1809, el ascenso de varios oficiales a su grado superior entre ellos fueron ascendidos.39 • Para esa. fecha tenía la edad de 21 años y acompañó a su padre y junto a Don Pedro, en todas las actividades que les tocó asumir, hasta la total pacificación de la Audiencia de Quito. • Ascenso de Don Ignacio y Don Pedro Checa y Salas al grado de Teniente. • Permanecieron los tres un tiempo prudencial y fue el mismo Presidente de la Real Audiencia quien les pidió regresar a Jaén con el contingente que habían preparado para estas ocasiones y que marchaba con ellos a la cabeza. • Pasados todos los acontecimientos del 10 de VIII-1809, regresó con sus familiares a Piura, época que se le encuentra en Jaén, dirigiendo los negocios de la familia, en especial la recogida del tabaco y el algodón para mandar a Cuenca. • Se mantuvo en la milicia junto a su padre y en Piura se lo encuentra como Capitán en 1815. • Siendo éste, su último acto como partidario del Rey. • A continuación se pasa al lado de los independentistas desde 1818 y colabora activamente con el nuevo bando por la Independencia. • Declarada la Independencia del Perú, la Junta del Gobierno presidida por el cuencano y héroe de Ayacucho Gran Mariscal D. Antonio José de La Mar, nombró a su padre con el cargo de Intendente de la provincia de Piura–Perú en 1823, y se mantuvo cerca a él, acompañándole en todos los actos. Luego, como ya había decaído mucho el comercio en Jaén de Bracamoros, pasó a trabajar en ganadería en las propiedades de su familia política y en las otras que había adquirido. • Falleció 14-IV-1841 en Piura. Testó el 13. Había casado en Piura el 31-X-1814 c. Doña Rosa Ma. Valdivieso y Carrión, quien falleció en Piura el 15-XI- 1862. Ella fue, hija legítima de Don Vicente Valdivieso y Valdivieso y de Da. Antonia Marcelina Carrión e Iglesias, quienes fueron dueños de varias hac: Sáncor, Sol-Sol, Miraflores y Venturosa, todas en el norte del Perú, en las que se reunía los productos de exportación, cascarilla, algodón, tabaco y otros desde las montañas de Jaén, que se los recolectaba para mandar a los comerciantes y a los centros de acopio.
39 Ver en su padre los sucesos de Riobamba y los ascensos.

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CHECA Y VALDIVIESO n. en Piura (Don y Doña).40 1. María Josefa n. en 1816. 2. Ignacio n. 1817. 3. Manuel José n. en 1820. 4. José María n. 1821. 5. Micaela n. en 1823. 6 Rosa 1824. 7 Mercedes n. en 1827. 8. María Amalia n. en 1829. 9. Jacoba Paula Hermelinda. 10. Adela. 11. Isabel que falleció.

CAPÍTULO CUARTO Prócer. El coronel don Feliciano Checa y Barba. Dice su fe de bautizo
En nuebe días del mes de junio de mil setecientos setenta y nueve años. Yo el cura de esta Iglesia catedral Bauticé, puze Oleos y Crisma á Manuel Antonio, nacido en el día… hijo legítimo del geral. Don Ignacio Checa y de Doña Josefa Barba; fue su madrina Doña Manuela Guerrero, a quien advertí su espiritual parentesco de que doi fee. Don Juan Fausto Gámez. 41

Estudio la primaria en la ciudad de Quito. Luego ingresó a las milicias reales y alcanzó el grado de subteniente, continuando su carrera regular, hasta la noche del 9 de agosto de 1809, en que se tomó el Cuartel Real con el coronel Juan Salinas y otros próceres. Por este hecho fue ascendido al grado de Capitán de Fusileros y enviado a Latacunga. En Agosto de 1809. Atacó por 4 ocasiones a la avanzada y guerrillas del Ejército de guayaquil. Tenía que permanecer escondido pues le perseguían.
40 La mayor parte de datos obtenidos de Piura y Lima, pertenecen al archivo de la genealogista Doña Isabel Ramos Seminario. Se ha adjuntado datos obtenidos en el Archivo Regional de Piura y otros del genealogista argentino Dr. Ernesto Spangemberg Checa. 41 AES. Sacado del Tomo I I n-4-6, Quito-Ecuador año de 1919, reproducción facsimilar hecha por el Banco Central del Ecuador año de 1986, pág. 229 |

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Debido a su continua actuación republicana tuvo causa criminal en su contra de parte del fiscal Tomás de Aréchaga, acusándolo de haberse sublevado contra la corona, fue perseguido y se escondió en una hacienda cercana a Quito, desde donde mantenía contacto con los demás próceres. Salió el 2 de agosto de 1810 para tomarse el Cuartel Real de artillería. Fracasado el intento se volvió a su escondite en el campo y salía cuando los patriotas le necesitaban. Se mantuvo allí por varios meses Siguió su lucha por la independencia y el 15 de octubre de 1811 recibió los despachos del Teniente Coronel por la Junta Soberana de Quito, establecida por segunda ocasión, bajo la presidencia del Sr. Obispo Monseñor José Cuero y Caycedo. Fue Jefe de las tres divisiones del ejército quiteño que se organizó para atacar al realista General Tacón. Después de cuatro días de intensa lucha entraron en Pasto el 22 de septiembre de 1811, y retiraron el botín de los españoles para armamento. Los quiteños pidieron una condecoración para Checa, grabando el río y sitio de Guáytara, con una torre que simbolice a Pasto y que diga “Al vencedor de Pasto, por su virtud y patriotismo” El Vicepresidente Mariano Guillermo Valdivieso le entregó una espada con dicha grabación. Hoja de servicios: Archivo Histórico del Ministerio de Defensa • Servicios: 26 años, 4 meses, hasta fines de 1835 • Declara tener 2 hermanos varones y 1 hermana mujer. (?) Ascensos: • Capitán:13- VIII - 1809: a petición del Coronel Juan de Salina: le da + 2a 2m/ por servicios prestados. • Tent.Crnel 4 – X - 1811. • Coronel Efectivo 25 VI 1812 Total de servicios: 23a 6m. Cuerpos que ha servido: • Batallón Nº 1 de la Falange de Quito en el batallón de Infantería de Voluntario de Quito. • De Teniente Coronel Comandante del 1er Batallón del Comandante Militar del Batallón Latacunga. • Comandante General del Ejército.

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• Comandante de Armas de la Provincia de Chimborazo. • Campañas y acciones de Guerra: • En VIII-1809 a órdenes del Capitán Juan de Salinas, hizo la campaña del “Camino Real” en calidad de comandante en que atacó por 4 ocasiones a las avanzadas y guerrillas del Ejército de Guayaquil, haciendo en cada asalto de 8 a 10 prisioneros. • En VIII-1810 se levantó por las muertes en el cuartel y fue atacado por las columnas de Infantería y Caballerías enemigas en las calles de Quito. En agosto de 1810 se presentó a la defensa de los que habían muerto en el cuartel y levantando los barrios y los pueblos que le primer día fue atacado por las columnas de Infantería y Caballerías enemigas en las calles de Quito. En octubre del mismo año reclutó 200 hombres que formaron la base del batallón “Veteranos de Quito” y marchó a la campaña de Guaranda contra Arredondo, a las órdenes del Coronel Carlos Montúfar. 42 • En IV-1811 en Guáytara contra Pasto, de Comandante General. En las acciones de Funes, Cuchilla de Telles, Calabazo, Lacuanquer, hasta el día de la toma de pasto. • En Paredones el VII-1812 a órdenes del Coronel Francisco Calderón. • En San Miguel de Chimbo libró una acción desesperada contra el General Toribio Montes, Presidente de la Audiencia de Quito. Luego de acciones desafortunadas debió refugiarse en las montañas, pasando hambre y penuria hasta 1813, en que dedicó su tiempo a trabajos agrícolas en una hacienda cercana a Quito durante 8 años. • Como Comandante General en Mocha. • En la acción del Panecillo a órdenes del coronel Carlos Montúfar. • En Diciembre en San Antonio de Caranqui. • En la primera acción de Guachi a órdenes del Coronel Luis Urdaneta. • En 1820 las fuerzas patriotas obtuvieron su triunfo y él luchó en Hachi a las órdenes del Capitán Luis Urdaneta y se unió a Sucre que se encontraba en Pujilí. Sucre lo hizo su Ayudante de Campo y pelearon juntos en el segundo Huachi, que fue fatal para los patriotas y debieron replegarse a Guayaquil. Luego desde Cuenca avanzaron a Quito, llegando el 24 de mayo de 1822, para triunfar en Pichincha. • En la segunda acción de Guachi en 1921 a órdenes del General Antonio José de Sucre.
42 MDN. Hoja de Servicios del Prócer Coronel Feliciano Checa, Pág. 8

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• Estuvo en la célebre Batalla del Pichincha. • Posteriormente fue Prefecto y luego nombrado Ministro de la alta Corte Marcial, hasta el 28-II-1822. • Ascendió a Coronel Efectivo en tiempo de la Gran Colombia, sirvió como Juez político y Comandante Militar en Latacunga y luego Comandante de Armas y Gobernador en Chimborazo, hasta junio de 1828, en que pasó como Colector del ramo de Contribuciones de indígenas y Corregidores de Quito, siendo comisionado en 1830 para actuar frente a la sublevación del General Urdaneta. Otras referencias: • Quito 22 de diciembre de 1812, se informa que observa conducta correcta, puntual y exacta. • Se informa que el Coronel Feliciano Checa peleó y combatió contra el poder español desde 1809 hasta 1812, de un modo distinguido en más de 12 ocasiones de guerra. • En 15-octubre de 1811 fue condecorado a nombre de la nobleza, a los 27 días de la toma de Pasto, que la tomó a días de fuego. • En 1822 se encuentra en la Batalla del Pichincha y sirve hasta 1840 • Afectado por grave enfermedad desde hace más de 4 años, permaneció postrado, razón por la que no pudo enrolarse en las últimas campañas y fue borrado de la lista militar43 • El abnegado y generoso patriota Don Mariano Guillermo de Valdivieso, refiriéndose a los servicios del Teniente Coronel Checa, en el informé que extendió en Otavalo el 14 de marzo de 1825, se expresó así:
Haviendo sido testigo acular en varios hechos ocurridos en el tiempo de mi mimando como vocal y Vicepresidente de la Junta Instada en Quito en el año de diez, y como tal seguí dirigiendo la expedición a Cuenca, me consta que hallándonos sitiados y amenazados por el Exército de Pasto, se destinó por último recurso al Sr. Coronel Checa para que al frente de las tropas de Quito, marchase contra un enemigo tan temible qual se ha ex43 MDN..Arch. Histórico Militar. Expedintes Nº 57-1 H.P. 162f.

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perimentado en tan triste, como funesta Experiencia: efectivamente voló este oficial, y en pocos días arrolló, a los fastuosos tomando la ciudad y muchos despojos de armas, oro y plata, asegurando diez ocho arrobas de oro, que en su fuga dejó enterrados el coronel Tacón. Con cuio desempeño y glorioso triunfo le obsequió el que informa una espada guarnecida de oro y bayna con su Inscripción del gravado dela oja, que decía: Al vencedor de Pasto por su virtud y patriotismo.”

• En 1830 le ordenaron organizar la Milicia hasta de 2.000 hombres para evitar que prosperaran los desórdenes surgidos al separarse el distrito del sur. • Del 2 de junio de 1832 hasta el 30 de abril de 1835 fue Prefecto del Departamento del Ecuador. Se retiró el 22 de enero de 1836 con honores y su retiro lo concedió el Presidente Rocafuerte. Recibió las 2/3 de su sueldo, habiendo servido en la milicia por un espacio de 20 años. (?) • Fue Juez Militar de la Corte Superior Marcial el 24 de abril de 1837 y continuó hasta el 6 de marzo de 1845, en que, a raíz de la Revolución Marcista, el Presidente Vicente Ramón le suspendió en el servicio y en el retiro.44 Casó el 30 de abril de 1812 en el Sagrario de Quito, con su sobrina segunda y previa dispensa de parentesco: Doña María Alegría Josefa Raimunda Barba y Borja, bautizada el 16-III- 1789. Hija legítima de Don José Barba y Sánchez de Orellana, (primo hermano del novio y Prócer Don Feliciano Checa y Barba) y de Doña Ignacia Borja y Freire. Fueron sus padrinos el Mayorazgo Don Francisco de Villacís y Recalde. 45 Vendió su hacienda llamada “Tumbaco”, en 1816, limitaba desde el río San Pedro hasta el valle del Quinche, que la había comprado en 1796 ante el notario 6- José Enríquez Osorio (de la 4a Notaria, en reemplazo). La vende por cuanto no puede atenderla en vista de los bandoleros que asolan ese lugar e imposibilitan el acceso y explotación de las tierras. Por la misma razón no hay labriegos y los indios se han retirado a las montañas.46 Fue propietario de las haciendas El Galpón o Guasaya en la provincia de Pichincha, las mismas que vendió la viuda en 1848, él compró
44 MDN. Arch. H. M. Expedintes Nº 57-1 H.P. 162f. 45 CENIGA 8- Los Barba por Juan Carlos Gangotena. Quito Julio de 1990 46 ANH. Notaría 6. José Enríquez Osorio 1796

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la hc. Pansaleo en 1846, antes de fallecer y la familia luego vendió su otra propiedad de San José u Obraje en 1860.47 Roca le suspendió el goce de su retiro militar, lo que le ocasionó una fuerte depresión y su fallecimiento en 1846 a la edad de 67 años.48 Ante el pedido de la viuda, que dice: “Que se encontraba en la indigencia a la muerte de su esposo “, el Congreso Nacional lo declaró así: El Coronel Feliciano Checa y Barba quien había sido uno de los más distinguidos Próceres de la Independencia ecuatoriana, exaltándose su memoria pos Mortem”

LOS CHECA Y BARBA 1. Don Manuel Checa y Barba Dr. n. en 1812 en Jaén de Bracamoros. Cc. Doña María Borja y Lizarzaburu. 2. Doña Mercedes Checa y Barba n. en 1814. Cc. Florencio Barba y Borja. 3. Doña Margarita Checa y Barba n. en 1816 f.s. 4. Da. Rafaela Checa y Barba n. en 1818 ( no se sabe sí existió o no, pues hay una demanda por montepío, como que ella vivió y c. luego con el Abogado León Espinosa de los Monteros.(Denegada la solicitud por falta de pruebas, ya que no presentó su fe de bautizo ). 5. Doña Ignacia Checa y Barba n. en 1825 f.s. 1892. 6. Doña Dolores Checa y Barba n. en 1827, su esposo testó viudo para 1878, Cc. Pablo Larrea y Larrea. 7. José Ignacio Checa y Barba n. en Pugilí, en la hacienda Saguanchi en 1829

47 ARCHÁN ROMERO Carlos y ANDRADE ANDRADE Bruno, Estructura Agraria de la Sierra Centro–Norte 1830-1930. Banco Central del Ecuador. 1986 pág.124 48.MDN. Arch. H. M. Expedientes. Nº 57-1 H.P. 162f.

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CONCLUSIONES Hemos podido ver las actividades de los tres militares de apellido Checa durante el 10 y el 2 de agosto de 1809 y 1810. A lo largo de los hechos, su actividad nos indica claramente cuál fue la primera y luego la definitiva inclinación que tenían, si al lado patriota como lo estuvo desde un principio el Coronel Feliciano Checa y Barba, mientras su hermano estuvo siempre por el lado del rey, y, Pedro y José Ignacio Checa y S., seguían las inclinaciones de José Ignacio Checa y Barba, que trataba inútilmente de convencer a su hermano Feliciano, sin conseguirlo. Es ya desde 1818, en que se definen por los patriotas y trabajan en busca de la Independencia, mientras Feliciano tenía un largo recorrido junto a las tropas de los patriotas, defendiendo a la ciudad de las matanzas que realizaban los realista, tratando de someter a los pueblos nuevamente. Pero ya la semilla de la Independencia había germinado y resultó imparable. Los levantamientos se sucedían como pólvora por un lugar y otro, de manera que las tropas realistas no alanzaban a sofocar tanto levantamiento. José Ignacio preparó un Ejército contra los levantamientos y, desde Jaén de Bracamoros se lanzaba contra Quito, cosa inconcebible dada la distancia y la poca comodidad de viajar tan lejos. Resultaba difícil todo, los alimentos, la ropa y además, debían llevar sus propias armas. Ahora se hace muy difícil comprender estas hazañas de los patriotas, en una guerra cuerpo a cuerpo. Feliciano fue un soldado arrojado y valiente, que dio ejemplo a todos y motivó al patriotismo, hasta el final, pues estuvo en la Batalla de Pichincha. Es decir vio y vivió todo el desarrollo de los actos precursores para la Independencia. (Siguen anexos)

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BIBLIOGRAFÍA
Anda Aguirre Alfonso: “ Los Corregidores de Loja”. Borja Luis Felipe ( hijo), “ Méritos y Servicios del Coronel Feliciano Checa”, Quito 1919. Impreso por Luis Barba V. Espinosa Soriano Waldemas.“La fuerza de la verdad”. Ed. Por Fondo Editorial Banco Central de la Reserva del Perú. Gangotena Juan Carlos: “Los Barba”:CENIGA 8- por.Quito Julio de 1990 Laso Chiriboga Luis E. “ Árboles Genenalógicos.” Marchán Romero Carlos y Andrade Andrade Bruno,“Estructura Agraria de la Sierra Centro - Norte 1830-1930” . Banco Central del Ecuador. 1986. Moya Luz del Alba. “El Árbol de la vida”. Muñoz de Sotomayor Arc. de Block. Rebolledo G. Loreto. “ Comunidad y resistencia, El caso Lumbisí durante la Colonia” Spangenberg Checa Ernesto. - Relación de Méritos de Don Ignacio Checa y Carrascosa. Stacey Ch. Marcia Dra. “De Próceres y Presidentes” V. Genealogías ecuatoriano”, Inédito, de próxima aparición.

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LA OBRA DE TEATRO QUE SE ESCRIBIÓ TRÁS EL 2 DE AGOSTO TRÁGICO
Hernán Rodríguez Castelo

Fue testigo de los trágicos acontecimientos del 2 de agosto de 1810 un ilustre chileno llegado a Quito con ya bien ganada fama de espíritu ilustrado y decidido por la causa de la libertad hasta haber sufrido prisión por la Inquisición en Lima, el fraile de la Buena Muerte Camilo Henríquez. Camilo Henríquez vuelca los sentimientos con que aquellos infaustos hechos agitaron su espíritu en una pieza teatral, escrita con harta probabilidad a muy poco de la infame masacre de patriotas y pueblo quiteño. La tituló La Camila y subtituló “La Patriota de Sud-América”. Henríquez presentó su pieza como “Drama sentimental”. Pero, descontados ciertos excesos sentimentales, con sus lágimas y todo, la obra es, más bien, teatro moralizante –al estilo de la tragedia clásica francesa– y de ideas –en la línea de Voltaire–. Por supuesto, a larga distancia de lo uno y lo otro. Fray Camilo, en su obra, se presenta como afecto al teatro, a ese teatro de moralidades, ideas y discursos que es su Camila. En un pasaje de la pieza, un personaje, Cacique de una tribu amazónica, anuncia – que ello venga a cuento, lo cual nos prueba que sin de lo que se trataba era, más que de otra cosa, de hablar de teatro– “tres días de funciones” para los cuales un cacique vecino le ha ofrecido enviar “quienes nos diviertan con dos funciones tetrales de mucho gusto”. La Cacica pide que le cuente “cómo son esas funciones”, y el Cacique presenta así la primera, la obra “La Basilia”, en parlamento cortado brevemente por comentarios y preguntas de su mujer:
La primera noche se presenta la Basilia. Su aunto es una jovencita de raro mérito y hermosura, que pasando mil trabajos llegó a un país de América desde el centro de Alemania y tuvo que reembarcarse precipitadamente de miedo de los quemadores. Su pobre madre murió de pesadumbre al ver frustradas sus esperanzas pues, donde creía haber hallado amparo, no había encontrado más que perseguidores.

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LA CACICA.- ¿Esos quemadores fueron los que quemaron las casas de Guayaquil? CACIQUE.- ¡Jesús! Petronita. Estos quemadores no quemaban casas, sino hombres y mujeres. Entregaban a las llamas a cuantos no pensaban como ellos en ciertas materias obscuras. Es incalculable el número de víctimas que sacrificaron en Holanda, Italia, España, Portugal, etc. Ni aun el profundo genio de los matemáticos ingleses puede determinar el número de familias que redujeron a la mendicidad y el infortunio. LA CACICA.- ¿Y por qué se les dejaba cometer tantas maldades? CACIQUE.- Estaban sostenidos por grandes intereses y por grandes usurpaciones. LA CACICA.- A ninguno ha de gustar ver á esos monstruos sobre el teatro. Las mujeres le querrán tirar hasta con los asientos. CACIQUE.- Ya lo veo. Pero la obra es utilísima, y agrada por sus escenas tiernas y lastimosas. Fuera de eso, su desenlace es consolador, es como sigue: La amable Basilia estuvo por perecer en el mar, y padeció indecibles calamidades, pero llegó a Filadelfia, y fué recibida con una hospitalidad muy caritattiva y generosa; en ocho días se le colectó y formó una dote de setenta mil pesos. Se ha casado, y vive actualmente llena de comodidades en Sud-Carolina1.

El Cacique no ha visto representada esa obra en Estados Unidos, “porque los cuáqueros nunca van a la comedia”. Elogia las virtudes de esos hombres domésticos, y vuelve al tema central de su discurso:
Y sin embargo los quemadores los detestan; quisieran poder quemarlos a todos, sin perdonar á sus amabilísimas esposas. Los quemadores prohibieron con terribles amenazas la lectura del Eusebio, porque elogiaba sus virtudes. En la Habana, unos amigos me llevaron al teatro, pero la Basilia no puede representarse en las poblaciones españolas. LA CACICA.- ¿Por qué? CACIQUE.- Porque hombres perversos han hecho creer al rey de España que los quemadores y los amigos de los quemadores son las columnas de su trono.Además de esto, los pueblos supersticiosos son muy corrompidos y frívolos, y gustan de tramoyas de enamoramientos, y otras cosas tan frívolas como ellos mismos.

Ha terminado el inquieto fraile este cuadro a grandes brochazos
1 La Camila fue publicada por primera vez en 1817: Buenos Aires, Imp. Benavente y Ca. Citamos por una reedición del tiempo, sin lugar ni año.

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del teatro en la América de la hora rechazando el teatro que califica de frívolo y del gusto de pueblos supersticiosos “que son muy corrompidos y frívolos”. Teatro de enamoramientos, y, cabe suponer, de celos y traiciones; es decir los asuntos predilectos para el decadente teatro español del último tercio del XVIII. Porque no pienso que se haya atrevido a tachar de frívola la comedia de costumbres de Leandro Fernández de Moratín o los deliciosos sainetes de Ramón de la Cruz. Aunque aun esto cabe en autor ideológicamente tan impaciente como fray Camilo. La segunda pieza de las tres anunciadas por el Cacique es “La caridad maternal”, teatro edificante, de exaltación de virtudes filantrópicas, cuyo asunto resume así el Cacique: “Unas señoras respetables de Sud–América, presididas por la amable esposa del gobernante del país, se reunieron y formaron una sociedad con el fin de educar huerfanitas, y amparar doncellitas pobres, librándolas de las acechanzas de los seductores, siempre crueles y desnaturalizados.Y tiene usted que a lo mejor la sociedad fue perseguida, y las señoras se disgustaron. Las doncellitas lamentan su orfandad y desgracia, e inspiran la más profunda compasión”. Y nuestro autor no llegó a presentar la tercera obra. ¿Y “LA CAMILA”? En cuanto al drama de fray Camilo es de acción a la vez simple y artificiosa, construida sobre el manido recurso de la virtud de la esposa puesta a prueba con exigencia extrema ante la presencia oculta a sus ojos del esposo que ella da por muerto o, al menos, irremediablemente extraviado. Camila, que es la joven aquella, ha llegado con sus padres a una tribu oriental huyendo de los horrores de la matanza del 2 de agosto de 1810 y la ensañada persecución a los insurgentes que siguió. (Lo cual, de paso, sirve al autor para hacer, por boca del padre, una exaltación de la obra cumplida por los misioneros jesuitas en esas tierras). Camila languidece afligida por la memoria de Diego, el esposo, con apenas una leve, aunque irreductible esperanza de que viva. Aunque para la madre, que lo ve todo negro, “él pereció sin duda en aquella tarde terrible en que asesinaron a todos los patriotas presos en la cárcel, y después salieron matando por las calles del desventurado Quito, sin distinción de estado, edad o sexo”. Confirma tan sombría presunción que no tuvieron noticia alguna de él en los tres días que per-

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manecieron ocultos en la casa del obispo Cuero y Caicedo, antiguo amigo de la familia. Pero la joven esposa se empecina en su esperanza en largo y emocionado monólogo. Aparece entonces un personaje indígena de nombre Yari que se lamenta por el asesinato de Salinas. “De tales personas –dice– es patria natural nuestra nueva Filadelfia”. Y del talante del indio aquel, de su lenguaje y de eso de “la nueva Filadelfia”, tanto como el espectador, se sorprende el padre, don José, hasta el punto de preguntarle si no es un ángel. Y esto es lo que el tal Yari responde, presentándose: “Soy un indio de la tribu de los omaguas. Me crié en Jeveros. Serví allí al señor Salinas. El me enseñó a leer y escribir; me trató con bondad paternal; me llenó de beneficios. Después la divina providencia me condujo a Lima, y logré hacer algunos estudios a la benéfica sombra de los señores Gave y Aerove”. Y añadiría que en Lima florecían entonces hombres eminentes, y tuvo la fortuna de oirlos y leer sus excelentes libros. Y ahora, cuñado del Cacique, está “como todos sus amigos con la cabeza llena de grandes proyectos”. En conversación con la familia quiteña Yari hará uno de esos discursos a los que el dramaturgo confía las ideas, que son las de la libertad de América, pues “las pretensiones de España están en contradicción con la naturaleza”. El Cacique anuncia a la familia que la entregará al gobernador español de Jeveros, que se lo exige. ¿Anuncio real? ¿Ficción? Don José reclama solidaridad de americanos y respeto a las leyes de la hospitalidad. ¿Y los quiteños las respetaron con el asesinato del pariente de Tupac Amaru en la cárcel? – reprocha el Cacique–. Fue le cosa del despotismo español, se defiende el padre. Y Camila reclama altiva y elocuente que esa generosa tribu vaya a entregar al gobierno español a unos patriotas. El Cacique presenta como una salida que Camila dé su mano a su primer ministro. Y parece que toda la amenaza de entregarlos a los españoles fue para llegar acá. ¿Y quién es ese “primer ministro”? Pero Camila lo rechaza: su corazón, dice, no es suyo. El padre respalda a su hija: “Hija mía, ya sabes que la gloria de una heroína es morir por su patria, y que la gloria de toda mujer es morir por el honor”. En medio de una dolorosa despedida Camila dice haber pasado al ministro un recado suplicándole la oiga y eso lo mueva a respetar a “una viuda que quiere ser fiel a la memoria del difunto marido”.

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El Cacique les dará audiencia. Y antes, la Cacica reprocha a su marido hacer sufrir así a unos pobres compatriotas. Y por allí nos enteramos de algo muy nuevo del Cacique. Se admira la Cacica: “¡Y estas palabras pronuncia un hombre educado en los Estados Unidos de Norte América!” Se ha educado en un colegio allá. Lo ha llevado un señor Monsón. Y, al insistir la Cacica en sus duros reproches, el Cacique le dice en secreto algo que la tranquiliza. Segundo secreto. Que tiene que ver con el misterioso ministro. Y es entonces cuando le conversa de esas funciones de teatro ya vistas. Y entra en escena el famoso ministro. Llega hablando de las ventajas del método de Lancaster que ha visto en la escuela de la tribu y elogia los tornos de hilado que se han repartido por el pueblo. Y el anuncio de una aria que esa noche cantaría una muchacha hermosa y él habría de acompañarla le trae el recuerdo de de su joven esposa, a la que dedica cálido encomio. Anuncia al Cacique salir a buscarla aunque le maten los opresores. Pero el Cacique lo detiene: “Yo tengo poder bastante para restituir a vuestros brazos a vuestra amable compañera”. Y le da a leer un papel que el ministro lee en voz alta:
DEMOSTRACION DE LAS PROPOSICIONES SIGUIENTES PRIMERA.- Para remediar la lastimosa despoblación de América, y su atraso en las artes y agricultura es necesario llamar extranjeros con el atractivo de unas leyes imparciales, tolerantes y paternales. SEGUNDA.- Si la América no olvida las preocupaciones españolas, y no adopta más liberales principios, jamás saldrá de la esfera de una España ultramarina, miserable y obscura como la España europea. Escrita por Camila Shkinere hija de los ciudadanos José y Margarita. Dedicado a mi marido el teniente coronel Diego, etc.

¡O sea que Camila, que es Camila Shkinere, era toda una filósofa política! Y, cuando el ministro se extraña de cómo llegó a manos del Cacique tal papel, él le musita algo al oído. Tercer secreto, que para la audiencia ya no lo es tanto. Y entonces, con el ministro escondido, el Cacique trata de convencer a Camila de que se case con el ministro, y ella proclama inconmovible su fidelidad a Diego.

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Y es el momento en que el ministro, que no es otro que Diego, el esposo de Camila, sale y la toma en brazos y hace alto elogio de la joven: “¡Oh gloria de tu sexo; honor de las Américas; lustre y ornamento de la naturaleza humana!” La escena final es la de los reconocimientos y de los últimos elogios. Dice el ministro a los padres de su esposa: “Estáis en el asilo de la libertad, entre los hombres de la razón y de la naturaleza, en el seno de la filantropía”. Y les anuncia esa brillante utopía ya antes insinuada: “Creed que ponemos aquí los cimientos de una nueva Filadelfia”. Y del Cacique pondera: “Hemos hallado en el Cacique, mi amigo, a uno de los genios más sobresalientes de la edad actual; su inteligencia es extensa y muy cultivada; su carácter es compasivo, generoso y magnánimo”. El Cacique cierra la pieza con el último elogio de Camila, “¡Heroína del nuevo mundo!” Y, curiosamente, el autor desplaza a su personaje para las últimas líneas: “Vuestras virtudes aparecerán algún día, para gloria de la patria, admirables y excelsas sobre los teatros del mundo. Las americanas sensibles tributarán a la memoria de Camila Shkinere elogios y lágrimas. Me propuse en fin presentar en vuestra persona un gran modelo a las patriotas de Sud América”. LOS DISCURSOS Tanto o más que de sentimientos este es un teatro de ideas, con clara voluntad de transmisión de mensaje político. Y esas ideas y pensamiento se confían a discursos, que dramáticamente lastran el avance de la acción, pero dan su densidad intelectual a la obra. Dos son los principales discursos políticos. Hablando con D. José, Yari le ha preguntado: “¿No me diréis ahora, cómo el sanguinario Arredondo, jefe de las tropas de Lima, prendió a los patriotas, faltando a las promesas y proclamas que habían precedido?”. El caballero le ha respondido: “No sabéis que los tiranos no nos guardan palabras, porque dicen que somos rebeldes?” Y ello da pie al primer discurso. El tema es el derecho a la rebeldía como emanado de la naturaleza misma. Es ley de naturaleza no dejarse despedazar por depreda dores. Así, pues, declarar rebeldes a los americanos será declarar rebelde a la naturaleza. Un silogismo en bárbara, apenas disimulado. Que se encadena a otro que omite la premisa menor por innecesaria:

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El corazón humano está en un movimiento continuo anhelando por verse libre y dichoso. Las pretensiones de la España están en contradicción con la naturaleza.

La premisa menor omitida debió ser: “Es así que España pretende sofocar ese movimiento”. Es decir que fray Camilo, que se ve era, a más de tantas otras cosas, competente retórico, usó del entimema; ese silogismo con supresión de un paso, que, según la Retórica de Port Royal, halaga la vanidad de aquellos a los que se habla y torna al silogismo más fuerte y más vivo. Y el discurso da nuevos pasos, siempre apoyándose en la naturaleza. La naturaleza separa a los hijos de los padres cuando están crecidos. La naturaleza divide las poblaciones en familias independientes.Y la gran sociedad del mundo lo hace en naciones independientes. Como para concluir, apasionadamente:
Y ¡que2 una pequeña parte del mundo antiguo, la parte más obscura y atrasada de la Europa, se atreve a llamar rebeldes, y quiera tener por esclavos a los habitantes de casi todo el nuevo mundo! Esto es insufrible.

Al inicio del acto III, la escena primera se resuelve en un solo discurso, el segundo gran discurso político, que lo dice el Cacique antes de, a la sombra de unos árboles, iniciar audiencia al pueblo. La tesis se presenta en forma de interrogación. Advirtieron los retóricos de la antigüedad clásica que que la interrogación presentaba en forma “impaciente y patética” (Quintiliano) lo que se afirmaba y que el orador usaba este recurso cuando quería humillar a la parte contraria:
¿No fuera posible que empezase aquí en Sud-América el imperio de la razón y las leyes sabias y paternales, como el blando resplandor de la autora?

Y el discurso desarrolla este ideal como una gran utopia:
Un pueblo nuevo, sin lujo, sin heredadas preocupaciones y costumbres, puede presentarse libre de aquellas máximas bárbaras, que por la serie de
2 En el impreso que manejamos “qué” acentuado en clara errata: trátase de un “que” enunciativo.

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los siglos han hecho gemir a la humanidad. Ni es difícil que toda la América se avergüence al cabo de sus rancias ilusiones. Entrando en sí misma conocerá sus verdaderos intereses y romperá sus cadenas.

Y concluye el discurso con una ojeada optimista, pero con sordina, a los primeros pasos de ese pueblo nuevo:
Es probable que sus primeros pasos no sean firmes ni prudentes. La especie humana es como la naturaleza, que en el seno de las tempestades prepara maravillas. La América tendrá su juventud; esta es la edad de los extravíos; mas en la escuela de los infortunios aprenderá á seguir las lecciones terribles que reciba de la experiencia.

¿Cuándo se escribió esto? Si fue, como todos los indicios mueven a pensarlo, a poco del 2 de agosto de 1810, antes de que la Revolución de Quito volviese a imponerse, un pasaje así nos deja ante un penetrante poder de anticipación, propio de un certero pensamiento político. Solo que la premonición de fray Camilo aún no acaba de realizarse... Pudo haber habido aún un tercer discurso político, pero no pasó de breve elogio que el ministro hizo de la organización social de los omaguas. Y aquello anclaba en un espacio de la selva amazónica -la selva utópica de fray Camilo- esa gran utopía americana dibujada por los discursos anteriores:
Aquí no hay tiranos ni perseguidores. Estáis en el asilo de la libertad, entre los hombres de la razón y de la naturaleza, en el seno de la filantropía. Acordáos de la Pensylvania, y creed que ponemos aquí los cimientos de una nueva Filadelfia.

Y es cuanto el texto de La Camila nos dice. Casi imposible rodearla del conjunto de contextos que nos permitirían aquilatar su reso nancia. Hay, por supuesto, el contexto del 2 de agosto, con tanta pre sencia en la pieza. Y que fray Camilo Henríquez estuvo en el Quito de esas horas sombrías es un hecho histórico. Pero, ¿escribió su pieza estando aún en la sufrida Quito? Haya sido así o no, ¿conocieron su drama al menos sus amigos quiteños, los que abrigaban sus mismas ideas sobre la rebeldía, la libertad y la utopía de una nueva América?

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ARTÍCULOS Y ENSAYOS

LA VISITA DE JOSé GARCÍA DE LEÓN Y PIzARRO A QUITO Políticas de reforma en el Imperio atlántico de España durante el período borbónico tardío (*)
Kenneth J. Andrien (**) Resumen Este artículo examina los embrollos políticos que surgieron alrededor del período como visitador y presidente-regente de la Audiencia o Reino de Quito de José García de León y Pizarro (1778-84), a fin de demostrar las profundas divisiones políticas que se suscitaron en el Imperio atlántico español por las reformas borbónicas. Las políticas de García de León y Pizarro fortalecieron el estado colonial y produjeron un incremento dramático de las rentas de la Corona, pero también provocaron una elevación de las protestas de las elites locales e incluso causaron la condena de sus sucesores. Estas luchas políticas en Quito revelan la competencia de muchos puntos de vista acerca de la reforma y renovación del Imperio español. Las reformas borbónicas surgieron de una serie de luchas políticas arduamente disputadas a ambos lados del Atlántico, lo que llevó a resultados parciales e, incluso, diferentes en las distintas regiones del imperio. Esta lucha política también ayuda a explicar por qué no surgió jamás durante ese siglo un plan coherente y aceptado por todos para la reforma del Imperio español. Palabras clave Reformas borbónicas, José de Gálvez, José García de León y Pizarro, Quito, impuestos, textiles, obrajes, visitador.
(*) Traducido por Gonzalo Ortiz Crespo. El artículo apareció originalmente en el Journal of Latin American Studies, 41(4), 2009, 617-662 y ha sido traducido y se lo publica con la expresa autorización tanto del autor como de la Cambridge University Press (permiso Q 01354 de 10 de mayo de 2010) © Cambridge University Press, permiso este último que autor y traductor desean agradecer. (**) Profesor Distinguido de Humanidades en Historia en la Universidad Estatal de Ohio. El autor desea agradecer a los anónimos lectores del artículo para el Journal of Latin American Studies por sus útiles comentarios y su crítica constructiva.

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Introducción Durante el reinado de Carlos III (1759-88), el impulso de reforma del Imperio español en el Atlántico llegó a su máxima expresión en los años que siguieron a la toma de La Habana por los ingleses en 1762. La desastrosa pérdida de esta estratégica fortaleza del Caribe obligó al monarca y a sus consejeros a prestar atención a cómo reforzar la defensa de sus colonias. Para pagar las acciones y obras de defensa, la corona endureció los controles administrativos, impuso nuevos impuestos, e intentó recortar tanto el comercio de contrabando como la influencia de comerciantes extranjeros para dar prioridad al comercio dentro del imperio. El gobierno de Madrid, usualmente, comenzaba este proceso de reforma enviando a visitadores, es decir inspectores, bien entrenados, leales y ambiciosos, para que recolecten información y para que inicien los cambios administrativos, fiscales, militares y comerciales. El primero de estos visitadores, José de Gálvez, dirigió la inspección de Nueva España entre 1764 y 1772.1 En el reino o Audiencia de Quito, el Gobierno de Madrid confió la inspección a un protegido de Gálvez de 41 años de edad, José García de León y Pizarro. Junto con otros visitadores (como José Antonio de Areche y Sornoza en Perú, Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres en Nueva Granada y Tomás Álvarez de Acevedo en Chile) García Pizarro sirvió como catalizador de la reforma del imperio atlántico español. Algunas de estas visitas produjeron una fuerte conmoción política, provocando incluso rebeliones, como los casos de Nueva España, Nueva Granada, el Perú y el Alto Perú.2 García Pizarro no encontró una oposición armada durante su período como presidente-regente del Reino de Quito (1778-84), aunque él puso en marcha en el distrito una serie de profundas reformas admi1 Tras su retorno a España, Carlos III dio a Gálvez el título del primer Marqués de la Sonora y en 1775 lo nombró Ministro de las Indias, puesto que conservó hasta su muerte en 1787. La obra estándar sobre Gálvez sigue siendo la de Herbert I. Priestly, José de Gálvez, Visitor-General of New Spain, 1765-1771 (Berkeley, 1916) 2 Sobre las rebeliones producidas por los cambios introducidos por las reformas borbónicas, véase Felipe Castro Gutiérrez, Nueva ley y nuevo rey: reformas borbónicas y rebelión popular en Nueva España (Zamora, 1996); John Leddy Phelan, The People and the King: The Comunero Revolution in Colombia, 1781 (Madison, 1978); Ward Stavig, The World of Túpac Amaru: Conflict, Community, and Identity in Colonial Peru (Lincoln NE, 1999); Sinclair Thomson, We Alone Shall Rule: Native Andean Politics in the Age of Insurgency (Madison, 2002); Sergio Serulnikov, Subverting Colonial Authority: Challenges to Spanish Rule in Eighteenth-Century Southern Andes (Durham NC, 2003); y Scarlett O’Phelan Godoy, Rebellions and Revolts in Eighteenth-Century Peru and Upper Peru (Colonia, 1985).

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nistrativas y fiscales. El presidente-regente había recibido amplios poderes del Ministerio de Indias, los que él empleó con una mezcla de rudeza, astucia política y habilidad administrativa para revitalizar el estado colonial y extraer grandes montos de ingresos de las modestas economías regionales del reino. Sin embargo, luego de que salió de Quito, las medidas de García Pizarro provocaron una creciente oposición de sus colegas burócratas y de las más destacadas elites locales. De hecho, uno de sus sucesores, Juan Antonio Mon y Velarde, criticó públicamente a García Pizarro por imponer rapaces exacciones fiscales, por promover la corrupción política y por permitir un dispendioso crecimiento de la burocracia.3 Mon y Velarde y quienes le sucedieron promovieron políticas diseñadas a revivir las deprimidas condiciones económicas del reino para así sostener los ingresos del tesoro y fomentaron relaciones comerciales productivas con la metrópolis. Estas controversias políticas alrededor de García Pizarro proporcionan aproximaciones vitales a los numerosos puntos de vista competitivos acerca de la reforma y la renovación del imperio atlántico español del siglo XVIII. Con frecuencia, el éxito o el fracaso de políticas borbónicas específicas, estuvieron determinadas por las luchas entre grupos de interés clave con diferentes ideas acerca de la reforma. A menudo, estas batallas políticas sobre la reforma abarcaban un amplio conjunto de grupos sociales en las Indias, que se movilizaban para influir en el proceso político y favorecer sus propios objetivos particulares. El resultado de tales conflictos en la arena política, sea que involucrase a las elites o a una amplia coalición de grupos sociales, proporcionan el contexto esencial para entender el cambio social, cultural y económico en el mundo del imperio español. Los frecuentes toma y daca que se daban en las inestables y peleadas arenas políticas de España y las Indias también ayudan a explicar porqué nunca surgió un único plan cohesivo de reforma durante el siglo XVIII. Historiografía de las reformas borbónicas Los historiadores de las reformas borbónicas han debatido por décadas la coherencia y efectividad de las políticas de la corona, enfocándose particularmente en el reino de Carlos III. De acuerdo a una importante síntesis hecha por John Lynch, la corona enmarcó políticas que
3 Sobre la carrera de Mon y Velarde en la Audiencia de Santa Fe, ver Ann Twinam, Miners, Merchants and Farmers in Colonial Colombia (Austin, 1982), passim.

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recortaron las libertades políticas y económicas coloniales, y, en conjunto, las reformas representaron nada menos que una “segunda conquista de América”.4 Con este fin, la corona dejó de vender los cargos públicos, liberalizó el sistema comercial, reformuló los límites administrativos, aumentó los impuestos y renovó los establecimientos militares de las Indias. David Brading ha sostenido que estas políticas provocaron la oposición de las colonias y “la alienación permanente de la elite criolla”.5 Pero otros estudiosos han argumentado que las políticas borbónicas carecían de tal coherencia ideológica y enfatizan, en cambio, en las metas divergentes y hasta contradictorias de los hacedores de políticas en Madrid quienes, de manera vacilante e inconsistente, luchaban por balancear los objetivos fiscales, comerciales, administrativos y militares de la corona. Esta posición tuvo su más claro inicio en un artículo de John Fisher en que pasaba revista a las reformas militares: Uno se pregunta, de cuando en cuando… si las reformas borbónicas tienden a engañar a todos los que las estudian. ¿Correspondieron realmente al suave, coherente y magistral programa de cambio y revitalización del imperio que han destacado generaciones de comentaristas, desde los propios hacedores de políticas imperiales de la España del siglo XVIII hasta los investigadores de hoy día? ¿No será más realista pintarlas en términos de un vacilante, incierto e inconsistente deseo de modernización y centralización imperial, caracterizado más por sus retrasos, contradicciones y obstrucciones que por su resolución?6 Siguiendo el razonamiento de Fisher, Allan J. Kuethe ha demostrado que los reformadores españoles a veces promovieron clases de políticas profundamente diferentes para las distintas provincias de su variado imperio. En la reforma de Cuba, según documenta Kuethe, Madrid suavizó las regulaciones comerciales para los productos tropicales cubanos mientras en México mantuvo los controles monopólicos sobre el comercio. De hecho, la corona incluso redireccionó grandes sumas del
4 John Lynch, The Spanish American Revolutions, 1808-1826 (Nueva York, 1973), pp. I-37. Este punto de vista también ha sido presentado muy poderosamente por D.A. Brading, Miners and Merchants in Bourbon Mexico (Cambridge, 1971), pp. 33-92, y en el capítulo de Brading, “Bourbon Spain and its American Empire” en Leslie Bethell (ed.) Cambridge History of Latin America, vol. I: Colonial Spanish America (Cambridge, 1987), pp. 112-62. 5 Brading, “Bourbon Spain”, p. 438. Sobre los fundamentos intelectuales de esta oposición, véase D.A. Brading, The First America: The Spanish Monarchy, Creole Patriots, and the Liberal State 14921867 (Cambridge, 1991), pp. 467-91. 6 John Fisher, “Soldiers, Society, and Politics in Spanish America, 1750-1821”, Latin American Research Review, vol. 17, N° 1 (1982), p. 217.

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tesoro en México para apoyar a Cuba como un puesto estratégico de avanzada en el Caribe tras la Guerra de los Siete Años.7 Los hallazgos de Kuethe han sido respaldados por Jacques Barbier, quien examina cómo los acontecimientos políticos y militares de Europa forzaron al reinado de Carlos IV a mediados de la década de 1790 a saltar de una política a otra, en una búsqueda desesperada de los recursos que requería para enfrentar las exigencias de la guerra.8 Más recientemente Staley J. y Bárbara H. Stein han contribuido a las discusiones académicas sobre las reformas borbónicas con su estudio en dos volúmenes sobre la compleja y enrevesada red de grupos de interés disputándose por dar forma a las políticas de la corona.9 En su primer libro, Silver, Trade, and War: Spain and America in the Making of Early Modern Europe, los Stein argumentan que la debilidad económica de larga duración de España permitió que comerciantes franceses, holandeses y, en especial, ingleses, accedieran a enormes montos de plata colonial a través del contrabando y proveyendo de mercancías y capital a pequeños comerciantes andaluces que comerciaban legalmente a tra7 Allan J. Kuethe, Cuba. 1753-1815: Crown, Military, and Society (Knoxville, 1986) y “La desregulación comercial y la reforma imperial en la época de Carlos III: los casos de Nueva España y Cuba”, Historia Mexicana, vol. 41, N° 2 (1991), pp. 265-92. Ver también Allan J. Kuethe y G. Douglas Inglis, “Absolutism and Enlightened Reform: Charles III, The Establishment of the Alcabala, and Commercial Reorganization in Cuba”, Past and Present, N° 109 (1985), pp. 11841. 8 La interpretación de Barbier apareció en una serie de artículos: ver Jacques Barbier “The Culmination of Bourbon Reforms, 1787-1792”, Hispanic American Historical Review, vol. 57, N° 1 (1977), pp. 51-68; Barbier “Peninsular Finance and Colonial Trade: The Dilemma of Charles IV’S Spain”, Journal of Latin American Studies, vol. 12, N° 1 (1980), pp. 21-37; Barbier, “Venezuelans Libranzas, 1788-1807: From Economic Nostrum to Fiscal Imperative”, The Americas, vol. 37, N° 4 (1981), pp. 457-78; Jacques Barbier y Herbert S. Klein, “Revolutionary Wars and Public Finances: The Madrid Treasury, 1784-1807”, Journal of Economic History, vol. 41, N° 2, (1981), pp. 315-37; Barbier, “Indies revenues and Naval Spending: The Cost of Colonialism for the Spanish Bourbons, 1763-1805”, Jahrbuch für Geshichte von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft Lteinamerikas, vol. 21 (1984), pp. 171-88; “Imperial Policy Toward the Port of Veracruz, 17881808: The Struggle Between Madrid, Cádiz, and Havana Interests” en Nils Jacobsen y HansJürgen Puhle (eds.), The Economics of Mexico and Peru During the Late Colonial Period, 1760-1810 (Berlin, 1986), pp. 240-51; “Comercio Neutral in Bolivarian America: La Guaira, Cartagena, Callao, and Buenos Aires”, in Reinhart Liehr (ed.) América Latina en la época de Simón Bolívar (Berlín, 1989), pp. 363-77; y “Comercio secreto: The Economic and Political Significance of a Fiscal Expedient, 1800-1808” (trabajo inédito presentado al Congreso Internacional de Americanistas, Amsterdam, 1988). 9 Ambos libros proporcionan evidencia empírica en apoyo a la tesis que los autores promulgaron previamente en The Colonial Heritage of Latin America: Essays in Economic Dependence in Perspective (Oxford, 1970), p. I, donde argumentan que desde 1492 en adelante, España y Portugal dependían de los poderes económicos más desarrollados de la Europa del norte.

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vés de Cádiz.10 Los reformadores españoles (los proyectistas) intentaron detener el contrabando, recobrar el control sobre el comercio americano, modernizar las finanzas estatales y promover los controles burocráticos. Sin embargo, la oposición de los miembros corruptos de la burocracia, la fuerte comunidad de mercaderes (centrada en la asociación de comerciantes de Cádiz) y sus poderosos aliados los comerciantes extranjeros, se combinaron para hacer fracasar esta primera fase de la reforma. En su segundo volumen, Apogee of Empire: Spain and New Spain in the Age of Charles III, 1759-1789, los Stein explican cómo el rey Carlos III y sus ministros favorecieron el aumento de ingresos, la ampliación de la base impositiva y la liberalización del comercio, después de perder La Habana en la Guerra de los Siete Años.11 La reforma culminó en la extensión del libre comercio, primero a las islas españolas del Caribe en 1765 y, más tarde, a todo el imperio, excepto por Nueva España y Venezuela (las cuales fueron incluidas en 1789).12 Sin embargo, los Stein argumentan que estas reformas Carolinas nunca intentaron reformas estructurales de gran escala; solo buscaban “el ajuste calibrado” diseñado para “apuntalar el edificio gótico” del imperio español en el Atlántico.13 Como resultado, España permaneció una metrópolis subdesarrollada, que re-exportaba bienes británicos y franceses a las Indias. Los Stein concluyen que la plata americana produjo el declive de España y fue el combustible para el auge del capitalismo en la Europa del norte. En los últimos años los investigadores del siglo XVIII han ampliado y profundizado sus debates sobre las reformas borbónicas. Estos estudios se han enfocado en un abanico de temas tales como los orígenes intelectuales de las reformas, la difusión del conocimiento científico, el contexto atlántico de la reforma, los esfuerzos para recortar el poder de la iglesia, la ingeniería social de los Borbones (tal como la reforma del matrimonio, del tratamiento a los esclavos y de la propiedad colonial) y el éxito o fracaso de las políticas de la corona en las diferentes partes del imperio.14 Estudios influyentes de los centros imperiales como Mé10 Stanley J. Stein y Barbara H. Stein, Silver, Trade, and War: Spain and America in the Making of Early Modern Europe (Baltimore and London, 2000). 11 Stanley J. Stein y Barbara H. Stein, Apogee of Empire: Spain and New Spain in the Age of Charles III, 1759-1789 (Baltimore and London, 2003). 12 Ver Kuethe e Inglis, “Absolutism and Enlightened Reform”, pp. 118-43. 13 Stein y Sten, Apogee of Empire, p. 27. La opinión de que las reformas representaban poco más que “apuntalar el edificio gótico” del imperio ya fue expresada en Stein y Stein, Colonial Heritage, p. 104. 14 La literatura reciente sobre las reformas borbónicas es voluminosa, pero algunos de los libros

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xico y Perú, han argumentado que las políticas borbónicas tuvieron consecuencias duraderas y a veces perjudiciales.15 Otros estudiosos, por el contrario, sostienen que las reformas solo tuvieron un impacto limitado en Nueva Granada o Chile. Más aún, algunas de las políticas borbónicas, como el establecimiento de nuevas asociaciones de comerciantes (consulados) y sociedades de ayuda económica fueron incluso adoptadas por las elites en las periferias del imperio tales como Cartagena, La Habana y Buenos Aires.16 Sin embargo, todos estos estudios ven las reformas borbónicas como factores importantes que dieron forma a la evolución política, social y económica de España y las Indias. Por contraste, en sus recientes artículos revisionistas sobre las finanzas imperiales españolas, Alejandra Irigoin y Regina Grafe rebajan la importancia de las reformas borbónicas en el imperio atlático español del siglo XVIII. Primero se oponen a las críticas del Premio Nobel Douglass North del ultra-centralismo fiscal del imperio español, que North sostiene que sofocó el espíritu de empresa e impidió el desarrollo económico. Irigoin y Grafe sostienen, en cambio, que el estado en España y en las Indias era débil, descentralizado y que sirvió en gran parte para redistribuir el ingreso de las zonas centrales, tales como México, a las
más influyentes que estudian el tema son: Jeremy Adelman, Sovereignty and Revolution in the Iberian Atlantic (Princeton, 2006); H.H. Elliott, Empires of the Atlantic World: Britain and Spain in America, 1492-1830 (New Haven, 2006), pp. 292-324; Agustín Guimerá, El reformismo borbónico: una visión interdisiplinar (Madrid, 1996); Francisco Sánchez Blanco, El absolutismo y las luces en el reinado de Carlos III (Madrid, 2002); Jorge Cañizares Ezguerra, How to Write the History of the New World: Historiographies, Epistemologies, and Identities in the EighteenthCentury Atlantic World (Stanford, 2001); Jordana Dym y Christophe Belaubre, Politics, Economy and Society in Bourbon Central America, 1759-1821 (Boulder, 2007); Gabriel B. Paquette, Enlightenment, Governance, and Reform in Spain and its Empire, 1759-1808 (Basingstoke, 2008); Cynthia E. Milton, The Many Meanings of Poverty: Colonialism, Social Compacts, and Assistance in Eighteenth-Century Ecuador (Stanford, 2007); Ann Twinam, Public Lives, Private Secrets: Gender, Honor, Sexuality and Illegitimacy in Colonial Spanish America (Stanford, 1999), y Patricia H. Marks, Deconstructing Legitimacy: Viceroys, Merchants, and the Military in Late Colonial Peru (University Park, 2007). 15 Ver, en especial, Carlos Marichal, Bankruptcy of Empire: Mexican Silver and the Wars between Spain, Britain, and France, 1760-1810 (Cambridge, 2007), pp. 1-80, y Marks, Deconstructing Legitimacy, pp. 55-106. 16 Gabriel Paquette, “State-Civil Society Cooperation and Conflict in the Spanish Empire: The Intellectual and Political Activities of the Ultramarine Consulados and Economic Societies, c. 1780-1810”, Journal of Latin American Studies, vol. 39, N° 2 (2007), pp. 263-98. Algunos estudios más tempranos que minimizan el impacto de las reformas borbónicas son Jacques A. Barbier, Reform and Politics in Bourbon Chile, 1755-1796 (Ottawa, 1980) y Anthony McFarlane, Colombia Before Independence: Economic, Society and Politics under Bourbon Rule (Cambridge, 1993).

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periferias. Las reformas borbónicas tuvieron poco impacto en fortalecer este débil aparato fiscal español, que funcionaba principalmente por negociación y estableciendo consensos con las ricas y poderosas elites coloniales, un fenómeno que las autoras llaman “absolutismo regateador”. Al final, Irigoin y Grafe argumentan que la redistribución fiscal de la riqueza proporciona capital y un estímulo económico a las regiones más pobres y periféricas del imperio. Estas redistribuciones de la riqueza se acabaron con la independencia, lo que contribuyó al declive económico y a la inestabilidad política en el siglo XIX.17 El análisis del Reino de Quito que se hace en este trabajo, expone las profundas divisiones políticas que surgieron acerca de las reformas borbónicas, las cuales en gran parte determinaron el resultado de estas políticas en el distrito. García Pizarro gobernó construyendo un fuerte aparato estatal, capaz de extraer grandes montos de ingresos por impuestos de las economías regionales del reino. Aunque inicialmente exitosas, estas políticas con el tiempo provocaron la oposición vociferante de los grupos locales e incluso atrajeron ásperas críticas de los siguientes presidentes de la Audiencia, quienes enfatizaron en la necesidad de promover el desarrollo económico local antes que solo elevar las exacciones fiscales. Este debate sobre el curso de la reforma en el reino solo podía ser resuelto en las volátiles e impredecibles arenas políticas de España y las Indias., El éxito o fracaso de las políticas borbónicas de reforma en Quito y en otras partes del imperio atlántico español resultaron de exactamente esas luchas políticas durante el reino de Carlos III. De hecho, fue el resultado de esta confrontación política lo que dio forma a la implementación de las políticas borbónicas de reforma, dando a éstas sus resultados vacilantes, desiguales y, con frecuencia, diferenciados que tuvieron en las diferentes regiones del imperio.

17 Regina Grafe y María Alejandra Irigoin, “The Spanish Empire and Its Legacy: Fiscal Redistribution and Political Conflict in Colonial and Post-colonial Spanish America”, Journal of Global History, vol. 1, N° 2 (2006), pp. 241-67; Alejandra Irigoin y Regina Grafe, “Bargaining for Absolutism: A Spanish Path to Nation- State and Empire Building”, Hispanic American Historical Review, vol. 88, N° 2 (2008), pp. 173-209. Estos puntos de vista controversiales se discuten en un foro en el mismo número: ver Carlos Marichal, “Rethinking Negotiation and Coercion in an Imperial State”, pp. 211-218; William R. Summerhill, “Fiscal Bargains, Political Institutions, and Economic Performance”, pp. 219-33; y Alejandra Irigoin y Regina Grafe, “Response to Carlos Marichal and William Summerhill”, pp. 235-45.

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El contexto socio-económico de la reforma Después de que a finales del siglo XVI, la producción de oro alrededor de Zaruma empezó a declinar, el eje económico del Reino de Quito fue la economía textilera de lana de la Sierra centro-norte, la que producía paños, bayetas y jergas para los mercados en Perú y Nueva Granada. La venta de estos textiles ordinarios de lana financió la importación de artículos europeos de lujo y proporcionaba moneda circulante para las empresas locales, el comercio regional y los ingresos tributarios del Gobierno. Sin embargo, para los años 1770, esta economía textil serrana estaba envuelta en una prolongada recesión económica, resultante de una combinación de epidemias, catástrofes naturales, obrajes textiles competidores en Perú y, sobre todo, el ingreso de textiles europeos baratos y de mejor calidad que había comenzado a inicios del siglo XVIII.18 Conforme se ahondaba la recesión en la Sierra centro-norte, la Sierra sur entraba a una era de lenta pero continua prosperidad, mientras la costa alrededor de Guayaquil experimentaba un boom exportador desde los años 1770. Comerciantes locales en la Sierra sur proveían de algodón y lana cruda a los indígenas de los pueblos, quienes la convertían en telas baratas y durables destinadas a los mercados en el norte del Perú y la Costa. Los terratenientes prosperaban al atender la demanda de alimentos en los mercados locales en la Sierra sur, el norte del Perú y la costa. Otros hacendados hacían su negocio al vender abundantes cargas de cascarilla, corteza de un árbol rica en quinina.19 Para finales del siglo XVIII, también había comenzado un boom exportador de la Costa, basado sobre todo en la exportación de cacao que los propietarios de plantaciones enviaban a la zona comercial del Pacífico, principalmente México.20 Para cuando García Pizarro llegó en 1778, el Reino
18 Kenneth J. Andrien, The Kingdom of Quito, 1690-1830: The State and Regional Development (Cambridge, 1995), pp. 33-54, 80-110. 19 Sobre la evolución de esta industria textil, ver Silvia Palomeque, “Historia económica de Cuenca y sus relaciones regionales (desde fines del siglo XVIII a principios del XIX)”, Segundo encuentro de historia y realidad económica y social del Ecuador (3 vols., Cuenca, 1978), vol. 1, pp. 77-128, y su libro, Cuenca en el siglo XIX: la articulación de una región (Quito, 1990), pp. 19-25; así como Manuel Miño Grijalva, “Capital comercial y trabajo textil; tendencias generales de la protoindustria colonial hispanoamericana”, HISLA, N° 9 (1987), pp. 59-79. 20 Los principales trabajos sobre el boom exportador de la costa son Michael T. Hamerly, Historia social y económica de la antigua provincia de Guayaquil, 1765-1842 (Guayaquil, 1973), y El comercio de cacao de Guayaquil durante el período colonial (Guayaquil, 1976); María Luisa Laviana Cuetos, Guayaquil en el siglo XVIII: recursos naturales y desarrollo económico (Sevilla, 1987), y Carlos Contreras C., El sector exportador de una economía colonial: la costa del Ecuador entre 1760 y 1820 (Quito, 1990).

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de Quito consistía realmente de tres regiones económicas separadas que tenían solamente escasa interacción comercial entre sí. El centro-norte de la Sierra comerciaba textiles más que nada con Nueva Granada, la Sierra sur enviaba telas bastas al norte del Perú, y de manera secundaria a la Costa, mientras que los cacoteros de ésta enviaban su producto a mercados más distantes en la zona comercial del Pacífico.21 Los desiguales patrones regionales de desarrollo económico en el Reino de Quito planteaban problemas de enormes proporciones a los reformadores españoles en España y las Indias. El declive económico de la Sierra centro-norte llevó a una crisis de largo plazo en la recolección regional de impuestos, que tradicionalmente habían sido el sustento del estado colonial. Para entonces, las economías de la Costa y de la Sierra sur eran más prósperas pero el estado colonial era notoriamente débil en ambas regiones, y los gobiernos locales extraían solo montos modestos de impuestos. García Pizarro tenía que sacar de alguna manera más rentas públicas de la Sierra centro-norte, a pesar de su crisis, y explotar más eficientemente a las florecientes economías de la Sierra sur y la Costa. En las décadas anteriores a la llegada de García Pizarro, los intentos de elevar significativamente los impuestos habían provocando una violenta oposición en el reino. Los esfuerzos locales para aumentar los impuestos a la población indígena produjeron repetidas y sangrientas revueltas rurales, pero el desafío más serio y perjudicial para la autoridad real ocurrió en la ciudad de Quito en 1765.22 Cuando la corona intentó asumir el control directo sobre el impuesto a las ventas (alcabala) y el monopolio del aguardiente de caña (estanco), quitándoselos a los re21 La exportación más rentable de tejidos de lana de mejor calidad a Lima declinó, especialmente después de que la Corona española dio fin a la distribución forzada de bienes europeos y coloniales a las comunidades andinas (llamada el repartimiento de mercancías) tras la rebelión de Túpac Amaru. Estas distribuciones siempre inculían un monto considerable de tejidos de lana de los obrajes de Quito: ver Alfredo Moreno Cebrián, El corregidor de indios y la economía peruana en el siglo XVIII (Madrid, 1977), pp. 317-59. 22 El trabajo fundamental sobre las rebeliones indígenas en el reino sigue siendo el de Segundo Moreno Yánez, Sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito desde comienzos del siglo XVIII hasta finales de la colonia (Quito, 1985). Tres estudios de la insurrección de Quito de 1765 son los de Kenneth J. Andrien, “Economic Crisis, Taxes and the Quito insurrection of 1765”, Past and Present, N° 129 (1990), pp. 104-31; Anthony McFarlane, “The Rebellion of the Barrios: Urban Insurrection in Bourbon Quito”, Hispanic American Historical Review, vol. 49, N° 2 (1989), pp. 283-330; y Martin Minchom, The People of Quito, 1690-1910 (Boulder, 1994, pp. 210-41.- N. del T. De esta última obra, hay edición en español, El pueblo de Quito, 16901910. Demografía, dinámica sociorracial y protesta popular (Quito, FONSAL, 2007).

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caudadores de impuestos locales, estallaron motines en mayo y junio que derrocaron a la Audiencia y establecieron un gobierno popular que gobernó Quito por más de un año. Sin embargo, ninguna otra ciudad del reino se unió a Quito en su rebelión contra la autoridad real, de manera que el poder del gobierno popular permaneció confinado a la ciudad capital y su hinterland. Además, a lo largo de los meses, las tensiones y las profundas divisiones entre los miembros de la aristocracia criolla quiteña y los miembros de la plebe de los barrios populares debilitó al gobierno de coalición. Como resultado, cuando las tropas reales, tras marchar desde Lima, llegaron a la ciudad el 1 de septiembre de 1766, rápidamente derrocaron al gobierno rebelde y reestablecieron el poder de la Audiencia. A pesar de ello, una tensa calma se apoderó de Quito, y las instituciones del estado colonial permanecieron peligrosamente débiles. Las reformas de José García de León y Pizarro García Pizarro llegó a Guayaquil a inicios de 1778, como un político bien conectado y en ascenso, con amplios poderes políticos para llevar adelante grandes reformas en el Reino de Quito.23 A lo largo de los años se había asegurado el patronazgo de algunos importantes políticos españoles, incluyendo a Manuel de Roda, Gaspar Melchor de Jovellanos, Pedro Rodríguez Campomanes, Rafael Múzquiz, y finalmente del poderoso Ministro de las Indias, José de Gálvez, quien se convirtió en su inquebrantable patrono.24 El ascenso político de García Pizarro fue ayudado por su mujer, María Frías y Pizarro, a quien en España se la llamaba despreciativamente como “La Pizarro” por su incesantes maquinaciones para impulsar la carrera de su marido.25 En 1778 García Pizarro tenía simultáneamente los cargos de visitador, presidente de la Audiencia, regente (el recién creado cargo de funcionario presidente), superintendente subdelegado de hacienda (principal funcionario de rentas) y supremo comandante militar del distrito.26 Además, tenía claras
23 José García de León y Pizarro a José de Gálvez, Guayaquil, 19 de marzo de 1778, Archivo General de Indias (de aquí en adelante, AGI), Quito 264. 24 José García de León y Pizarro, Memorias de la vida del excmo. señor d. José García de León y Pizarro (3 vols., Madrid, edición de 1894), vol. 1, pp. 11-14; vol 3., pp. 125-6. 25 Stein y Stein, Apogee of Empire, p. 240. 26 En la mayoría de las regiones, Gálvez esperaba poder separar la administración militar, fiscal y judicial.De acuerdo con Brading, “Su idea era establecer un sistema de troika, con los regentes presidiendo lo judicial, los superintendentes el tesoro y los intendentes y virreyes

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instrucciones de Madrid para hacer una revisión completa del sistema fiscal, con el poder de despedir funcionarios incumplidos, de auditar todas las cuentas, dar por terminados o reformar los contratos con los cobradores de impuestos, reformar o establecer monopolios reales e imponer nuevos impuestos si le parecían necesarios. Sus instrucciones también le ordenaban fomentar la economía local impulsando la minería, la producción de cascarilla y el comercio regional.27 Sin embargo, estas instrucciones no decían nada, sobre revivir la alguna vez próspera industria textil lanar de la Sierra centro-norte. La prolongada debilidad política de la Audiencia después de la insurrección de 1765 fortaleció aún más la posición del implacable y decidido García Pizarro. Para 1778 la corona había dejado que se produjeran cuatro vacantes en la corte superior de Quito, dejando a solo dos jueces civiles (oidores) con algún poder político en la capital. Ambos, el Conde de Cumbres Altas y Nicolás Vélez de Guevara, estaban viejos y enfermos, lo que limitaba su potencial de participar activamente en la política local, no se diga de montar cualquier oposición efectiva al hábil y enérgico nuevo presidente.28 Además, el joven y ambicioso fiscal de la corte, Juan Josef de Villalengua y Marfil, rápidamente forjó una estrecha alianza con García Pizarro casándose con su hija, Josefa Pizarro.29 Pocos meses después de su llegada a Quito, García Pizarro escribió a José de Gálvez una franca carta con la política que había planificado, partiendo de la descripción de los problemas económicos de la región y proponiendo una serie de remedios. La mayoría de ellos habían
manteniendo la administración civil y militar”, Brading, “Bourbon Spain and its American Empire”, p. 407. Los poderes de García Pizarro eran incluso más extensos que los dados a Gálvez en México, Areche y luego Escobedo en el Perú, y Gutiérrez de Piñeres en Nueva Granada, todos los cuales tuvieron que competir con virreyes poderosos y, a menudo, suspicaces. Incluso Álvarez de Acevedo en Chile fue nombrado regente de la Audiencia pero no se le nombró presidente: ver J.R. Fisher, Government and Society in Colonial Peru: The Intendant System, 1784-1814 (Londres, 1970), pp. 18-19, 25, 55; Barbier, Reform and Politics, pp. 115-34; Phelan, The People and the King, pp. 7. 14-16, 22, 33; y Pirestly, José de Gálvez, pp. 123-8. 27 Instrucciones a la Visita de Quito, el Pardo, 4 de febrero de 1777; 10 de marzo, 1777; Cédula, el Pardo, 17 de marzo de 1777, AGI, Quito 264. 28 José García de León y Pizarro a José de Gálvez, Quito, 18 de enero 1779, AGI, Quito 240. Además, antes de un año de la toma de posesión de García Pizarro como presidente, Vélez de Guevara dejó Quito y se trasladó a Lima para ser alcalde del crimen en la corte superior de esa ciudad, lo que de hecho lo sacó de la arena como una amenaza política potencial: ver Mark A. Burkholder y D.S. Chandler, Biographical Dictionary of Audiencia Ministres in the Americas, 1687-1821 (Westport, 1982), p. 349. 29 Burkholder y Chandler, Biographical Dictionary, p. 358.

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sido solicitados durante muchos años por las elites criollas deseosas de revitalizar la economía local del reino. El nuevo presidente explicaba que las importaciones de textiles europeos habían sacado de importantes mercados coloniales a los tejidos de lana quiteños, dificultando el comercio y creando escasez de monedas. Incluso Guayaquil, con su economía de exportación en surgimiento, carecía de mano de obra adecuada para desarrollar todo su potencial agrícola y comercial. Más aún, aunque las minas locales de plata y oro podían proporcionar algún alivio a estos problemas económicos, los altos precios del mercurio y la escasez de mano de obra desalentaban su explotación. García Pizarro proponía tres remedios principales: restringir en un tercio o en la mitad la importación de los textiles baratos del exterior (paños de segunda) de las fábricas europeas a Lima y al resto del Perú; subsidiar la importación de 300 a 400 esclavos cada año para aliviar la escasez de mano de obra de la Costa; y proveer de mercurio barato para estimular la minería de plata. Era un programa de desarrollo económico, si no muy original, al menos de grandes miras.30 Aunque esta carta identificaba los principales males económicos del reino y encapsulaba las políticas favoritas de las elites quiteñas, resultó políticamente contraproducente. El fiscal del Consejo de Indias envió las sugerencias a Jorge Escobedo, un oidor bien conectado de la Audiencia de Lima, quien estaba trabajando como subdelegado del visitador Areche en Perú.31 En una carta del 22 de mayo de 1781, Escobedo rechazó por completo el plan de García Pizarro, asegurando que el textil quiteño languidecía en los mercados peruanos porque era inferior al importado, había poca oferta de mercurio para las minas probadas del Perú y México, y el trabajo esclavo era demasiado caro para trabajar en las plantaciones de Guayaquil. En resumen, Escobedo consideraba las recomendaciones de García Pizarro absolutamente imprácticas. Cuando el Consejo de Indias coincidió con esta opinión, el ambicioso García Pizarro cambió abruptamente de posición y abandonó cualquier plan de conseguir concesiones políticas de Madrid para sus gobernados. A cambio, decidió emular el programa de reforma utilizado por su mentor, José de Gálvez, una década antes en Nueva España, el cual priorizaba las reformas fiscales y administrativas con miras a in30 José García de León y Pizarro a José de Gálvez, Quito, 18 de junio de 1779, AGI, Quito 410. 31 Escobedo sucedería a Areche como visitador del Perú en junio de 1782: Fischer, Government and Society in Colonial Peru, p. 102.

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crementar las recaudaciones antes que la promoción del desarrollo económico de largo plazo. En Quito, esto implicaba ejecutar un programa de gran alcance de innovaciones fiscales, administrativas y militares a fin de aumentar la habilidad del Estado para explotar los reducidos recursos económicos de la región. García Pizarro creó una burocracia fiscal centralizada, presidida por una nueva agencia, la Dirección General de Rentas.32 Quitó a los colectores de tributos la jurisdicción de recaudar algunos tributos muy lucrativos (el tributo indígena y la alcabala) y privó a las oficinas locales del tesoro (cajas) la atribución de mantener los monopolios reales (el estanco de aguardiente, tabaco, barajas y pólvora), poniendo su manejo directamente bajo la jurisdicción de la Dirección General de Rentas y su red de subtesorerías. Los funcionarios fiscales que trabajaban para la Dirección General depositaban en las cajas del tesoro el ingreso excedente de estos impuestos (el tributo colectado menos los gastos burocráticos). La oficina local del Tribunal de Cuentas (que se implantó en Quito desde 1776) auditaba las cuentas de las distintas oficinas de la Dirección General.33 Esta creciente red de oficinas de impuestos, que se sumaba a las distintas agencias tributarias y puestos de estancos reales, significó una expansión sin precedentes del poder burocrático, lo que permitía al gobierno intervenir en sectores económicos clave e influenciar en la vida diaria en todo el reino. Por ejemplo, después de su establecimiento en 1778, la Administración General de las Fábricas de Tabaco, Pólvora y Naipes en Guayaquil empleaba a 45 funcionarios. La fábrica misma proveía trabajo a 46 trabajadores adicionales, a los que se sumaban 61 vagabundos y criminales asignados a la operación. Más aún, todos los cultivadores de tabaco en la región costera tenían que vender su cosecha al monopolio gubernamental a precios que éste fijaba. Tal política afectó a más de 700 cultivadores en Daule y Balsar, 93 en Baba y más de 200 en Portoviejo.34 A través de una mezcla de buena suerte y hábiles nombramien32 El decreto real que autorizaba esta nueva burocracia fue expedido el 10 de marzo de 1777: ver Douglas Alan Washburn: “The Bourbon Reforms: A Social and Economic History of the Audiencia of Quito, 1760-1810” (Tesis de PhD, Universidad de Texas en Austin, 1984), p. 129. 33 Ibid., pp. 129-32. 34 Estado de Empleados en esta Administración Gral, Factoria Gral, y Fabrica de Rl Rta de Tabaco, Polvora, y Naipes de Guayaquil y su Gobernación, Abril de 1778, AGI, Quito 240.

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tos clientelares, García Pizarro se aseguró el control sobre prácticamente todas y cada una de las agencias con cierta influencia en el reino, llenando los nuevos puestos burocráticos y de la milicia con parientes, amigos y aliados políticos cercanos provenientes de las elites peninsulares y criollas. Por ejemplo, cuando la estratégica gobernación de Guayaquil quedó inesperadamente vacante debido a la transferencia del Coronel Ramón Carvajal, la Corona nombró al hermano del presidente, Ramón García de León y Pizarro, en 1779 para llenar el puesto.35 Juan Josef de Villalengua, cercano aliado y yerno del presidente, mantenía un puesto clave en la Audiencia, mientras su primo, José de Carrión y Marfil, fue consagrado obispo de Cuenca en 1787.36 El control de los obispos era particularmente importante puesto que el gobernador de Cuenca, José Antonio Vallejo, chocaba a menudo con García Pizarro y su creciente “familia política” sobre las políticas de reforma. Además, los cargos en la nueva burocracia se entregaron a aliados tales como el secretario personal del presidente, Agustín Marín de Blas, quien fue nombrado Director General de Rentas. Para 1783, de aproximadamente 65 nombramientos fiscales en cargos administrativos importantes en la Audiencia, solo 10 habían sido designados antes del período de García Pizarro, en tanto que el resto habían sido nombramientos personales del presidente.37 De manera parecida, García Pizarro dio a sus aliados comisiones en los nuevos regimientos disciplinados de la milicia, que él creó. Muchos de estos nombramientos fueron a miembros destacados de las elites criollas, ansiosos de honores y temerosos del caos social des35 Allan J. Kuethe, Military Reform and Society in New Granada, 1773-1808 (Gainesville, 1978), p. 119. Las descarnadas tácticas políticas de José García de León y Pizarro se parecían mucho a las utilizadas por su mentor, José de Gálvez, en su visita a Nueva España: ver Linda K. Salvucci, “Costumbres viejas, ‘hombres nuevos’: José de Gálvez y la burocracia fical novohispana (1754-1800)”, Historia Mexicana, vol. 33, N° 2 (1983), pp. 224-64. 36 Federico González Suárez, Historia general de la República del Ecuador (Quito, edición de 1970), vol. 2, pp. 1206, 1219, 1247. 37 Razon de los empleos de Real Hacienda que hay establecidos en Quito y sus Provincias, y los sujetos Destinados enellas los quales se colocan en la devida Distinción y Separacion de Ramos y Pueblos, según proviene la Real Orden de 12 de marzo de este año de 1783, Quito, 1783, AGI, Quito 240. Incluso aquellas pocas personas que aún desempeñaban sus cargos en 1783 con nombramientos anteriores a la administración de García Pizarro, eran por lo general sus partidarios. Josef de Guarderas, más tarde controlador de la Administración de Alcabalas y tesorero de las cajas reales de Quito, y Juan Bernardino Delgado y Guzmán habían servido en la visita, una manera usual en aquellos años de hacer méritos con el presidente y subir en la burocracia quiteña: Hoja de servicios de José de Guarderas, Quito, 1797; Hoja de Servicio de Juan Bernardino Delgado y Guzmán, 1795, AGI, Quito, 232.

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pués de la Insurrección de Quito de 1765 y de las periódicas rebeliones de los indios de la Sierra. El Conde de Selva Florida, por ejemplo, sirvió como coronel en la unidad local de dragones.38 Esos nombramientos se cercioraban de que los aristócratas criollos y las figuras del establishment militar recibieran títulos militares, asegurando así su lealtad y cooperación con los esfuerzos del presidente de mantener un rígido control político del reino. García Pizarro no solo premió a sus aliados sino que usó su considerable poder político para castigar o despedir a cualquiera que se opusiera a su control político y burocrático del reino. Por ejemplo, siguiendo las órdenes reales de mantener el orden público en la turbulenta ciudad de Quito, el presidente abolió el cargo de corregidor de la ciudad, quitando así una barrera potencial a la consolidación de su poder en el ámbito de la Audiencia.39 Una historia de incompetencia y escándalos en las oficinas del tesoro en Quito y Guayaquil le permitieron a García Pizarro despedir a varios enemigos políticos y reemplazarlos con gente designada por él mismo. Por ejemplo, cuando José de Gazan, funcionario del tesoro de Guayaquil se opuso a sus políticas, el presidente acusó a Gazan de “estar loco” y lo despidió sumariamente. Mientras algunos de sus contemporáneos estaban de acuerdo en que Gazan era un colega difícil, al mismo tiempo la mayoría comentaba favorablemente sobre la calidad de su trabajo.40 El mismo patrón se vio en Quito, cuando el presidente despidió a ambos funcionarios del tesoro, Sebastián Bermúdez Valledor y Nicolás Ignacio Talón, supuestamente por no dar cuentas por 27.000 pesos de las rentas públicas.41

38 Kuethe, Military and Society, pp. 121-22. 39 José García de León y Pizarro a José de Gálvez, número 26, Quito, 18 de septiembre 1780, AGI, Quito 240. 40 José García de León y Pizarro a José de Gálvez, número 26, Quito, 18 enero 1779, AGI, Quito 240, número 60. García Pizarro achacó este comportamiento a una dolorosa enfermedad estomacal que sufría Gazan. Mientras la mayoría de los colegas comentaban sobre el comportamiento poco ortodoxo del irascible Gazan, la mayoría también dio testimonio de su competencia, incluido el auditor principal de la oficina del Tribunal de Cuentas en Quito, Francisco Antonio de Asilona: ver Informe del Consejo, Madrid, 27 de abril 1778, AGI, Quito, 377; Francisco Antonio de Asilona a la corona, Quito, 31 de agosto 1778, AGI, Quito, 411. 41 José García de León y Pizarro a José de Gálvez, Quito, 18 de marzo 1779, 18 de agosto 1779, AGI, Quito 240; fianzas de Nicolás Talon y Sebastián Valledor, Quito, 23 de febrero 1785, AGI, Quito 592.

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Cuadro 1 Ingresos de Cuenca, Guayaquil y Quito
3.000.000

2,500.000

Pesos de Ocho

2.000.000

1.500.000

1.000.000

500.000

0 1765-1769 1770-1774 1775-1779 1784-1784 1785-1789 1790-1794 1795-1799 1800-1804

Años
CUENCA GUAYAQUIL QUITO

Fuentes: Cuentas de la Caja de Quito, 1765-1803, AGI, Quito, 416-29; Cuentas de la Caja de Cuenca, 1765-1803, AGI, Quito 453-8; Cuentas de la Caja de Guayaquil, 1765-1804. AGI, Quito, 469-75, 477.

El espectacular aumento en las recaudaciones de impuestos en el reino, claramente demostró la efectividad de este nuevo aparato estatal colonial (ver Cuadro 1). Los ingresos en el distrito de Cuenca, donde las reformas tuvieron un impacto más limitado, crecieron de 65.000 pesos en el período de 1765 a 1769 a más de 526.000 pesos entre 1800 y 1804. Mientras tanto, los ingresos de las cajas reales de Guayaquil aumentaron de más de 249.000 pesos a más de 1’100.000 pesos en el mismo período. Ambas regiones experimentaban un crecimiento económico importante, el que fue explotado por el reforzado aparato estatal con mayor eficiencia, extrayendo capital de inversión que pudo haber ido a actividades empresariales para sostener la prosperidad económica local. Sin embargo, el incremento en las rentas gubernamentales fue más impresionante en la región de la Sierra centro-norte deprimida económicamente. Las rentas que se recogieron en las cajas reales de Guayaquil y Cuenca (reforzadas por las remesas de Guayaquil y Cuenca), se dispararon de más de 746.000 pesos en los años que siguieron a la Insu-

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rrección de Quito (1765-69) a sobre 2’500.000 de pesos en los años 1785 a 1789.42 Sin duda, tan pesadas exacciones fiscales en la crítica situación de la Sierra centro norte sin duda exacerbaron la espiral descendiente de la región. El drástico incremento en las rentas gubernamentales dependía en buena parte en los impuestos a la economía exportadora de la Costa y a los indios de la Sierra. El perso impositivo per cápita en la región de Guayaquil, saltó de 11 reales en 1765 a más de 48 reales para 1780, casi el doble de lo pagado por los ciudadanos de la nación más próspera de Europa, Inglaterra. Entre 1765 y 1769, los ingresos por el tributo indígena en Quito sumaron 209.532 pesos, mientras de 1780 a 1784 llegaban casi a 530.000 pesos, un ingreso del que casi 30% había sido era colectado en las oficinas del tesoro. De hecho, esto transfería riqueza de la Costa y de los grupos indígenas más pobres para pagar los salarios de las elites que trabajaban en puestos burocráticos no productivos en Quito.43 Los salarios gubernamentales y la transferencia de la riqueza de Guayaquil y Cuenca a Quito aparentemente permitían a la elite quiteña vivir por encima de sus recursos, mientras la economía manufacturera de la Sierra centro-norte continuaba su inexorable declive a fines del período colonial. De acuerdo con los ingresos por alcabala, la Sierra centro norte experimentaba un serio desbalance entre importaciones y exportaciones. Para finales del siglo XVIII, la región importaba anualmente entre 200.000 y 400.000 en mercadería europea y colonial, mientras que sus exportaciones nunca sobrepasaron los 150.000-200.000 pesos. Este déficit comercial era probablemente compensado por los salarios gubernamentales y otros pagos misceláneos (particularmente, remesas desde Cuenca y Guayaquil), que sumaban al menos 150.000 pesos anuales. En breve, los salarios crecientes en el sector público y los pagos transferidos por el gobierno proporcionan la explicación más plausible de cómo las elites podían permitirse tan alto nivel de importaciones europeas. En efecto, el estado colonial reformado por García Pizarro promovía una realocución de los recursos de la Costa, la Sierra sur y las comunidades indígenas para apoyar el consumo de las elites serranas.44 Desde la presidencia de García Pizarro en adelante, el estado colonial también sacaba estos fondos reales de las colonias. Cada año el
42 Andrien, The Kingdom of Quito, pp. 196-201 43 Ibid, pp. 191-206. 44 Ibid, p. 155.

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tesoro real de Quito gastaba lo que fuera necesario para solventar los gastos burocráticos locales, y enviaba el resto a Cartagena, sea para apoyar la construcción de las defensas de la ciudad portuaria o para reenvío a España. Las remesas de Quito a Cartagena se incrementaron de menos de 110.000 pesos en el período 1700-04 (37% del total de los gastos) a cerca de 1’100.000 pesos entre 1800 y 1803 (sobre 56 %).45 Dados los éxitos políticos y fiscales del presidente en Quito, no es de asombrarse que García Pizarro recibiera elogios de Madrid. El propio Ministro de las Indias, José de Gálvez, escribió felicitando al presidente, y cuando dejó Quito en 1784, García Pizarro recibió su esperada promoción al Consejo de Indias.46 Incluso el gobierno de Madrid nombró a su yerno y protegido, Juan Josef de Villalengua y Marfil, para sucederle como presidente-regente de la Audiencia. Esto en apariencia aseguraba que la estructura de poder político construida por el presiden y sus aliados duraría en el tiempo.47 La oposición a García Pizarro A pesar de los éxitos y de su derroche de patronazgo político para acallar la oposición local, pocos años después de que García Pizarro dejó Quito se levantaron quejas sobre su descarado nepotismo, su corrupción y su gobierno tiránico. Se argumentaba que el ex presidenteregente y su “familia política” habían comprado o intimidado a sus enemigos en la aristocracia criolla y el establishment gubernamental. Algunos opositores, silenciados mientras el presidente gobernaba en Quito, incluso declararon que el clan de García Pizarro había extorsionado y extraído sobornos para enriquecerse, había cobrado coimas de la venta ilegal de los cargos públicos y había usado a la milicia local para reforzar sus inescrupulosos planes.48 Aunque García Pizarro siguió siendo un influyente miembro del Consejo de Indias, la muerte de José de Gálvez en 1787 probablemente dejó al ex presidente más vulnerable a las acusaciones de sus opositores en Quito. El 9 de octubre de 1788, la corona ordenó una
45 Cuentas de la Caja de Quito, 1700-04, Archivo Nacional de Historia, Quito (en adelante, ANHQ), Real hacienda 10, Cuentas de la Caja de Quito, 1800-05, AGI, Quito 427-9. 46 Todos los regentes enviados por Gálvez fueron elevados al Consejo de Indias: ver Mark A. Burkholder, “The Council of the Indies in the Late Eighteenth Century: A New Perspective”, Hispanic American Historical Review, vol. 56, N° 3 (1976), p. 417. 47 González Suárez, Historia general del Ecuador, vol. 2, p. 1215. 48 Francisco Gil y Lemos a Fernando Quadrado, Santa Fe, 26 de enero 1789, AGI, Quito 272.

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investigación especial (pesquisa) sobre acusaciones específicas contra García Pizarrro mientras gobernó el Reino de Quito. Cuando el virrey de Nueva Granada, Francisco Gil y Lemos, recibió la orden de iniciar la pesquisa, encargó la tarea a Fernando Quadrado y Valdenebro, un puritano juez de la Audiencia de Quito renombrado por su integridad personal y profesional.49 De acuerdo con el Obispo de Quito, Quadrado fue un “ave muy rara” porque “la integridad con el dinero y la integridad con las mujeres es milagrosa en estas provincias”.50 Esta pesquisa enfrentó una formidable oposición del Presidente Villalengua, sucesor y heredero político de García Pizarro, quien no tenía intención alguna de permitir que se desacreditara las políticas de su padre político. De hecho, supuestamente Villalengua y sus aliados habían continuado los amenazadores y despóticos numeritos de García Pizarro. El presidente atacó a Quadrado acusándolo de parcialidad, alegando que solo había pedido testimonio a los descontentos opuestos a los líderes políticos. Quadrado respondió a Villalengua y a sus aliados, acusándoles de que ellos eran “una familia poderosa, no solo por sus riquezas sino por … su autoridad en la corte”.51 Sin embargo, conforme proseguía la investigación la evidencia contra garcía Pizarro se acumulaba. El ex presidente supuestamente había extorsionado más de 230.000 pesos en sobornos, incluso extorsionando 20.000 pesos al obispo de Quito.52 Además, Quadrado acusó que las reformas fiscales del presidente habían producido muy poco, alegando que gran parte de los fondos de la administración de las antiguas propiedades de los jesuitas provenían de la venta de las tierras de esa orden, no de un hábil manejo de aquellos bienes. Quadrado también afirmaba que la corrupción campeaba en varias agencias de la Dirección General de Rentas, para lo que él recomendaba una investigación especial.53 La noticia de una carga de bienes de contrabando que se había confiscado en la Guayaquileña, un
49 Ibid. 50 Mark A. Burkholder, “Honest Judges Leave Destitute Heirs: The Price of Integrity in Eighteenth-Century Spain”, in Richard K. Matthews (ed.), Virtue, Corruption, and Self-Interest: Political Values in the Eighteenth Century (Bethlehem PA, 1994), p. 257. 51 Fernando Quadrado a Francisco Gil y Lemos, Quito 18 de junio 1789, AGI, Quito 267; Fernando Quadrado a Francisco Gil y Lemos, Quito 21 de marzo 1789, carta reservada, AGI, Quito 267. 52 Resumen de dinero, plata labrada, y alajas de oro, piedras y perlas que resultan del información averse regalado a la señora Pizarro, Quito, sin fecha, AGI, Quito, 267. 53 Fernando Quadrado a Francisco Gil y Lemos, Quito 18 de mayo 1789, AGI, Quito 267

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barco supuestamente operado por Ramón García Pizarro, implicó al hermano del ex presidente en extorsión y comercio de contrabando.54 Para 1790 la pesquisa había degenerado en una serie de acusaciones y contraacusaciones, dejando a todo el reino envuelto en facciones políticas. De hecho, parecía que solo la intervención del gobierno de Madrid podía resolver el punto muerto al que había llegado la cuestión política en Quito, y tras una cuidadosa revisión de la evidencia, los miembros del Consejo de Indias decidieron no imponer castigo alguno. A cambio, el Consejo transfirió a Juan Josef de Villalengua a Guatemala como presidente-regente de la Audiencia y envió a Ramón García Pizarro a Salta como gobernador. Esto sacó de la escena a las dos figuras controversiales. En cuanto a Fernando Quadrado, el Consejo elogió sus esfuerzos para descubrir la verdad sobre la corrupción en Quito y Guayaquil, pero también reconoció que se había excedido con mucho de sus instrucciones. Su comisión había sido solo investigar ciertas acusaciones de abuso, no explorar cada aspecto de las actividades del clan García Pizarro en Quito. Al final, el Consejo ordenó al nuevo presidente, Juan Antonio Mon y Velarde, completar en silencio la investigación y promover la armonía en el Reino de Quito.55 Opiniones encontradas sobre la reforma imperial Aunque la mayor parte de la oposición local a las reformas de García Pizarro giraba en torno a su supuesta deshonestidad, nepotismo y métodos autoritarios de gobernar, otros importantes funcionarios de las Indias criticaron su estrategia para reformar el estado colonial. Un crítico, el virrey Francisco Gil y Lemos, sostenía que García Pizarro había creado una burocracia muy grande, pesada y difícil de manejar que inevitablemente llevaba a problemas de deshonestidad y nepotismo. El sucesor de Villalengua, Juan Antonio Mon y Velarde, estaba de acuerdo en la necesidad de poner límites al desperdicio burocrático y a la corrupción en Quito. Al mismo tiempo argumentaba que las políticas de desarrollo económico debían preceder a los esfuerzos de aumentar los impuestos: solo una vibrante economía colonial podía ser el camino a largo plazo para producir rentas constantes para la corona. Sin vitalidad
54 Corona al Virrey de Nueva Granada, Madrid, 29 de enero 1790, AGI, Quito 271; Fernando Quadrado a la corona, 3 de febrero 1790, AGI, Quito, 267. Informe del fiscal, Madrid, 18 de octubre 1790; Consulta, Madrid, 18 de octubre 1790, AGI, Quito, 271. 55 Ibid.

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económica, creía Mon y Velarde, las rentas fiscales declinarían u las ganancias serían engullidas por la inflada burocracia que ahora tenía el reino. Antes de ser nombrado a Quito, Mon y Velarde había tenido el cargo de oidor en Nueva Granada y visitador en Antioquia (1785-88), donde impuso programas para desarrollar una vigorosa economía local. Construyendo sobre recomendaciones del gobernador de Antioquia, Francisco Silvestre, el visitador había mejorado la administración local, promovido el orden público, reclamado la creación de un obispado y, lo más importante, fomentado la minería, el comercio y la agricultura.56 Esto incluyó escribir un nuevo código de minería, introducir monedas de plata para reemplazar el polvo de oro en las transacciones comerciales, promover la reforma agraria y fundar nuevos pueblos mineros y asentamientos agrarios para estimular la minería, facilitar el comercio e incrementar la producción de alimentos. En Quito, Mon y Velarde habría de recomendar una estrategia similar de “desarrollo”, frente a los problemas específicos del reino: primero, creando una burocracia más pequeña y eficiente y, segundo, trazando programas respaldados por el estado para promover el crecimiento económico. Las políticas de Mon y Velarde representaban una clara alternativa a las reformas fiscales más obviamente explotadoras favorecidas por García Pizarro y su patrono, José de Gálvez. Esto no era una sorpresa, dada la actividad desplegada por Mon y Velarde en Antioquia y la historia de enfrentamientos de su propia familia con Gálvez. Su tío, Juan Antonio Velarde y Cienfuegos se había opuesto vigorosamente a las políticas de Gálvez en Nueva España, cuando se desempeñaba como fiscal de la Audiencia de México. Junto con su principal aliado, Francisco Xavier de Gamboa, aquel Velarde había promovido reformas económicas y se había opuesto a lo que consideraba políticas fiscales autoritarias de Gálvez. Esta oposición contribuyó a una “promoción” no deseada para Velarde y Cienfuegos a la Audiencia de Granada en 1768.57 Sea que las futuras políticas de Mon y Velarde en Antioquia, y más tarde en Quito, hayan sido influenciadas por la experiencia de su tío en Nueva España o no, lo cierto es que claramente representaban una agenda de
56 Twinam, Miners, Merchants, and Farmers in Colonial Colombia, pp. 32-3, 50-60, 124-8, 106-8; Burkholder y Chandler, Biographical Dictionary of Audiencia Ministers, p. 219; y McFarlane, Colombia Before Independence, pp. 137-40. 57 Brading, Miners and Merchants, pp. 34-9.

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reformas imperiales muy distinta.58 También era un programa de reformas más acorde con los deseos de larga data de las elites del Reino de Quito, que se hallaban para entonces ansiosas de deshacer las autoritarias y cada vez más costosas reformas burocráticas y fiscales de García Pizarro. Poco después de su llegada a Quito, Mon y Velarde escribió a Madrid criticando los problemas administrativos de la burocracia fiscal del reino. Señalaba que las cuentas de prácticamente todas las agencias se hallaban en mora, lo que hacía imposible testificar sobre su honestidad y eficiencia. Más aún, dos grandes hacendados proveían casi todo el aguardiente embotellado por el estanco, lo que producía precisamente la clase de ineficiencia y amiguismo que él consideraba espantosa. Y hacía notar, exasperado: “Mi silencio aparecería culposo en un asunto de tal seriedad; mucho más cuando el remedio a estos males es tan difícil”.59 Para enfrentar estos abusos, Mon y Velarde propuso una reorganización completa de la burocracia fiscal, que incluía cortar el desperdicio, bajar los salarios, eliminar los cargos públicos superfluos y exigir un más eficiente registro de las cuentas. Como él mismo lo dijo: “A primera vista uno nota el exceso de empleados en varias oficinas, los altos salarios de que muchos gozan y la inutilidad de otros; y finalmente las injustificadas cargas que todo esto impone al tesoro”.60 El presidente consideraba que sin estas drásticas reformas, esta pesada y alta burocracia arruinaría la economía y la sociedad del Reino de Quito. Como resultado, proponía recortes anuales del presupuesto de cerca de 36.000 pesos en distintas oficinas de la Dirección General de Rentas.61 Fuera de los cambios administrativos, Mon y Velarde también proponía un ambicioso programa de desarrollo para el reino para revertir la espantosa crisis, que ya duraba un siglo, de la producción textil del reino. En su concepto, la provincia de Riobamba, un antiguo centro de producción textil, estaba sumida en un completo deterioro. La región había presumido alguna vez de tener 22 obrajes, pero para 1790 el número había bajado a solo cinco. La población indígena de la zona no podía encontrar empleo para pagar su tributo, y huían de sus aldeas en
58 Ibid., p. 70. 59 Juan Antonio Mon y Velarde a Antonio Porlier, Quito, 18 de enero 1791, AGI, Quito, 249. 60 Ibid. 61 El presidente también encontró que el sistema de milicias era igualmente despilfarrador y requería de recortes drásticos: ver Juan Antonio Mon y Velarde a Pedro de Lerena, Quito, 3 de marzo 1791, AGI, Quito, 249.

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gran número “víctimas de los cobradores de tributos”.62 Incluso trabajar en las haciendas de los españoles no era una opción, dado que los hacendados locales carecían de efectivo para pagar el tributo de sus trabajadores conciertos. Los desastres naturales, como los terremotos periódicos, solo empeoraban la deprimente situación económica. Sin planes concretos para revivir la economía local, las recaudaciones de impuestos continuarían decayendo, a pesar de cualquier reforma burocrática.63 El presidente reconocía que la crisis económica regional tenía su causa en la introducción, desde inicios del siglo XVIII, de los textiles baratos de Europa. Mientras Mon y Velarde recomendaba a la corona limitar las importaciones a Lima de los paños baratos de segunda, también reconocía que esta política no era suficiente para promover la recuperación económica del reino. A lo largo del tiempo, la llegada de ropas baratas desde Europa había cambiado el gusto de los consumidores. De acuerdo con Mon y Velarde la gente pobre del Perú habría preferido caminar desnudos que usar los textiles quiteños, cuando las anteriores generaciones habían tenido en gran estima los paños de los obrajes del reino. Para mejorar este deprimente estado de cosas, solicitaba prohibiciones más estrictas de las importaciones de telas europeas a Sudamérica, la inversión en caminos y otras infraestructuras, el suavizar los controles de los estancos (en especial sobre la producción de cascarilla), incentivos tributarios para liberar al capital de inversión, y asistencia técnica para rejuvenecer la moribunda industria minera. Mon y Velarde predecía que sin esa asistencia estatal, la economía languidecería, las recaudaciones de impuestos declinarían (en especial, el tributo que se exigía a la oprimida población indígena) y el comercio internacional desaparecería lentamente.64 El presidente no tuvo tiempo de vivir en Quito suficiente tiempo para movilizar apoyo político para llevar adelante estos planes. Después de menos de un año en el poder fue promovido al Consejo de Indias y salió del reino para España.65 Murió en ruta a Cádiz, y así no tuvo siquiera la oportunidad de argumentar a favor de sus puntos de vista sobre la reforma como miembro del Consejo. Después de que Mon y Velarde dejara Quito, varios de sus su62 Juan Antonio Mon y Velarde a Antonio Valdés, Quito, 18 de junio 1790, AGI, Quito, 248. 63 Ibid. 64 Ibid. Esos planes están también resumidos en Washburn “The Bourbon Reforms”, pp. 157-9. 65 Burkholder y Chandler, Biographical Dictionary of Audiencia Ministers, p. 219.

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cesores se hicieron eco de su análisis de los males económicos del reino y propusieron similares remedios. El presidente Luis Guzmán y Muñoz (1791-7) buscó formas de fomentar la minería, aumentar la producción textil, promover el comercio, particularmente de la cascarilla, y aliviar la escasez de circulante. La corona solo respondió al último punto, sugiriendo la introducción de monedas de cobre, un paliativo acertadamente resistido por Guzmán. Sin embargo, un terrible terremoto que asoló mucho del centro y norte de la Sierra en 1797, solo aumentó los males económicos del reino y sofocó cualquier acción estatal para promover el desarrollo mientras Guzmán fue presidente.66 Con la quiebra del poder del clan García Pizarro, las elites quiteñas también cabildearon abiertamente para que se implementaran reformas que ayudaran a la deprimida economía de la Sierra centro-norte. En un inicio, la transferencia de los pagos tributarios de las comunidades indígenas, la Costa y la Sierra sur habían beneficiado a los consumidores de la elite de Quito, pero para los 1790 los crecidos impuestos, las cada vez menores ganancias de los obrajes textiles y los altos costos de transporte, que impedían la venta de los productos agrícolas y pastoriles a los pueblos mineros de la Nueva Granada, habían erosionado los beneficios de la reforma. Incluso lo que parecían buenas oportunidades económicas desembocaron en desilusiones a largo plazo. Por ejemplo, después de la expulsión de los jesuitas en 1767, muchos quiteños compraron afanosamente las tierras de la orden, por lo general a precio de remate, para hacerse de nuevos activos lucrativos, pero muy pocos fueron capaces de duplicar el éxito económico de la Compañía. Al contrario, incluso miembros de la aristocracia local cayeron en mayores deudas. Por ejemplo, Juan Pío Montúfar y Larrea, el segundo Marqués de Selva Alegre, era hijo de un antiguo presidente de la Audiencia pero cuando heredó su título Montúfar tuvo que esforzarse para pagar a la corona más de 16.700 pesos en impuestos a fin de poder asumir su título de nobleza.67 En 1786 el virrey retuvo el reconocimiento de su título hasta que Montúfar vendió algunas propiedades para pagar su deuda.68 Muchos otros miembros de la nobleza titulada sufrieron de parecidos apuros por sus deudas y también de las cargas y censos sobre
66 Washburn, “The Bourbon Reforms”, pp. 158-60. 67 Michael T. Hamerly, “Selva Alegre, President of the Quiteña Junta of 1809: Traitor or Patriot?”, Hispanic American Historical Review, vol 48, N° 4 (1968), p. 643. 68 Demetrio Ramos Pérez, Entre el Plata y Bogotá: cuatro claves de la emancipación ecuatoriana (Madrid, 1978), p.141.

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sus propiedades rurales. El salario que se ganaba como funcionario público proporcionaban para muchos miembros de las elites uno de los pocos medios seguros para tener acceso al capital, pero con demasiada frecuencia los puestos más lucrativos y poderosos seguían destinados a los extranjeros, en especial a los peninsulares. La crisis económica y el aumento de las cargas impositivas también tuvieron nefastas consecuencias para las clases medias y populares urbanas de Quito. De acuerdo con Cyntia Milton, el número de ciudadanos que solicitaban ayuda estatal para aliviar su pobreza subió dramáticamente a partir de la década de 1780. Por ejemplo, de 1770 a 1779, solo 53 quiteños presentaron declaraciones de pobreza, mientras que en los 1780 ese número subió a 234 y en la siguiente década 238 ciudadanos lo hicieron.69 Los altos impuestos y las menores oportunidades económicas no solo afectaron a los más pobres, sino que con el tiempo los pequeños tenderos, los trabajadores textiles, los sirvientes, los vendedores ambulantes y los jornaleros empezaron a sufrir. Más aún, la agudización de la crisis económica erosionó las fronteras sociales, de manera que los criollos que caían en la pobreza se hacían difíciles de distinguir de las castas, sectores urbanos de orígenes raciales mezclados. A su vez, los que provenían de las castas aprovecharon el descenso de tantos criollos para reclamar la condición de blancos en los censos oficiales del gobierno.70 La elite de la Sierra centro-norte encontró un aliado favorable en el sucesor de Guzmán como presidente, Francisco Luis Héctor, Barón de Carondelet. Tras tomar posesión en 1779, Carondelet rápidamente cultivó estrechos lazos con los aristócratas criollos de Quito, especialmente con el Marqués de Selva Alegre, quien se convirtió en su mejor amigo en la ciudad. Los miembros del círculo íntimo del presidente eran la mayoría de la aristocracia quiteña: el Marqués de Solanda, el Marqués de Villa Orellana, el Conde de Casa Guerrero, el Marqués de Miraflores y el Conde de Puñonrostro, cuyo hijo se casó con una hija de Carondelet. El plan de reformas presentado por Carondelet al gobierno de Madrid reflejaba claramente la influencia de sus amigos y consejeros criollos. El presidente propuso pagar el situado, o remisión de los tributos, a Cartagena en bienes locales, no en especie, a fin de aliviar la escasez de moneda local. Carondelet recomendó imponer límites a las
69 Milton, The Many Meanings of Poverty, 218 70 Ibíd., pp. 219-220

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importaciones de textiles europeos al Perú, a fin de incrementar la demanda de los textiles de lana producidos por los obrajes de Quito. También era favorable de construir nuevos caminos para rebajar el costo del transporte de productos agrícolas de las haciendas de Quito hacia los distritos mineros de Nueva Granada, especialmente el Chocó. Además, Carondelet sugirió construir una vía desde la Sierra hacia las costas de Esmeraldas en el Pacífico a fin de promover el comercio con Nueva Granada y Panamá. Finalmente, recomendaba elevar al Reino de Quito a Capitanía General, lo que lo independizaría de Bogotá. Si se las toma juntas, estas reformas habrían unido la Sierra centro norte con Popayán, el litoral Pacífico de Nueva Granada y Panamá en una zona comercial integrada. Sin embargo, ninguna de estas sugerencias impresionó a los funcionarios en Bogotá o Madrid y fueron sumariamente rechazadas.71 Los esfuerzos para revivir la economía de un centro textil colonial simplemente no tenían oídos en los funcionarios de la metrópolis, quienes querían que los textiles y otros bienes manufacturados que se vendieran en las Indias fueran suplidos por las empresas españolas, no por las coloniales. Conclusión Las reformas borbónicas evolucionaron en conflictivas y a veces impredecibles arenas políticas tanto en España como las Indias durante el reino de Carlos III. Los ministros del rey mezclaron ideas de la Ilustración de Europa con una diversidad de discursos reformistas provenientes de las Indias para dar forma a una serie de políticas pragmáticas imperiales diseñadas para renovar el imperio atlántico español. En un reciente estudio sobre las bases intelectuales de las reformas carolinas, Gabriel Paquette ha argumentado convincentemente que la “idonsicrática y desigual naturaleza de la política provino no de la escasez sino de la diversidad de ideas contrarias que la corona buscó instrumentar, a veces simultáneamente en las distintas colonias”.72 Esta circunstancia
71 Ramos Pérez, Entre el Plata y Bogotá, p. 141; Thomas Marc Feihrer, “The Baron de Carondelet as Agent of the Bourbon Reforms: A Study of Spanish Colonial Administration in the Years of the French Revolution” (2 vols., tesis de PHD, Tulane University, 1977), vol. 2, p. 756; Carlos Landázuri Camacho, “Las primeraas juntas quiteñass”, en Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, La Independencia en los países andinos: nuevas perspectivas (Memorias del Primer Módulo Itinerante de la Cátedra de Historia de Iberoamérica, Quito, Diciembre 9 al 12 de 2003), p. 98.

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dio como resultado lo que Paquette ha llamado la las políticas reformistas “intelectualmente híbridas” de la corona.73 Los hacedores de política en Madrid diferían de los de las Indias, con diferencias a menudo muy profundas, sobre la dirección que debía tomar la reforma y la necesidad de adaptar las políticas de la corona para enfrentar las exigencias locales. El proceso de reforma no fue solamente un esfuerzo para “apuntalar el edificio gótico” (como lo sostienen Stein y Stein): fue un esfuerzo pragmático de modelar unas reformas usando las ideas más actualizadas disponibles y de implementar estas políticas en la parte atlántica de un imperio muy diverso.74 Como consecuencia, las reformas borbónicas evolucionaron en medio de un proceso político, que nunca estuvo moldeado por una visión ideológica consiste y coherente. Tales conflictos políticos también influyeron en la dirección y resultados de la reforma en el Quito del período tardío borbónico. Las políticas fiscales de José García de León y Pizarro representaron una visión dominante de la reforma colonial, particularmente cuando el poderoso José de Gálvez se desempeñó como Ministro de las Indias. Después de un breve flirteo con la promoción de reformas que impulsaran el desarrollo económico en el Reino de Quito, García Pizarro puso énfasis en un conjunto de políticas completamente diferentes, para lo que expandió la burocracia, que llenó de sus aliados políticos, y usó este nuevo aparato administrativo para recaudar impuestos. Estas políticas resultaron tener enorme éxito en el corto plazo para extraer dinero de las economías locales, pero a un alto costo económico para el reino y su población. En Quito no produjeron un “absolutismo negociado” y un aparato estatal débil, sino uno que pudo imponer una serie de impuestos regresivos, que drenaron recursos de las economías regionales, inhibieron la expansión del mercado y exacerbaron las tradicionales barreras geográficas a la comunicación. Por efecto de ello, luego de que García Pizarro salió de Quito para España, se levantó una fuerte oposición local a estas reformas impuestas con mano autoritaria. Cuando la corona autorizó una investigación conducida por Fernando Quadrado
72 Paquette, Enlightenment, Governance, and Reform, p. 153. 73 Ibid., p. 152. 74 Ibid., p. 153; Stein y Stein, The Colonial Heritage of Latin America, p. 104. Una revisión de las luchas políticas acerca del fin del monopolio comercial del consulado de Cádiz se encuentra en Allan J. Kuenthe, “El fin del monopolio: los Borbones y el consulado andaluz”, en Enriqueta Vila Villar y Allan J. Kuenthe (eds.), Relaciones de poder y comercio colonial (Sevilla, 1999) pp. 35-66.

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en 1788, los opositores en Quito se unieron para denunciar a García Pizarro y a sus aliados por su nepotismo, corrupción, intimidación e intentos de monopolizar sectores económicos clave, particularmente la producción y venta de cacao. Aunque la corona impuso solo sanciones muy pequeñas al ex presidente y sus compinches, sí se logró quebrar su poder en el Reino de Quito. Juan Antonio Mon y Velarde llegó a Quito en 1790 con un plan de reforma distinto, que enfatizaba la promoción del desarrollo económico regional. Mon y Velarde también solicitó un desmantelamiento parcial del grande y cada vez más costoso aparato administrativo establecido por García Pizarro. Sin embargo, el corto período administrativo de este presidente en Quito, el inicio de la guerra contra Inglaterra en 1796 y el gigantesco terremoto de 1797 se unieron para impedir los esfuerzos de emprender cualquier programa serio de desarrollo económico promovido por Mon y Velarde y sus sucesores. Los distintos climas políticos en España pudieron acomodar tanto las reformas fiscales impuestas por García Pizarro y la suerte de programas de desarrollo económico respaldados por el estado conducidos por Mon y Velarde en una zona minera como Antioquia. Al mismo tiempo, no hubo entusiasmo alguno en Madrid por resucitar las manufacturas coloniales de lana de Quito. Los planes de Mon y Velarde y sus sucesores iban en contra de los esfuerzos del gobierno de Madrid de desalentar las industrias coloniales y promover las manufacturas peninsulares para estimular el comercio trasatlántico entre España y las Indias. De hecho las diferentes ordenanzas aduaneras del comercio libre (enérgicamente apoyadas por José de Gálvez como Ministro de las Indias) intentaban proteger a los bienes manufacturados en España de la competencia extranjera con miras a volver a tener el control sobre el comercio transoceánico con las Indias. Sin embargo, el nacionalismo económico representado en estas políticas aduaneras del comercio libre, no se extendían a proteger los centros manufactureros de las colonias.75 Como observó el arzobispo Antonio Caballero y Góngora, virrey de Nueva Granada (1782-9), la crisis de los obrajes de Quito era adecuada y justa porque la “función apropiada de las colonias” era la agricultura y la minería, mientras que los bienes manufacturados, tales como los textiles “deben ser importados de España”.76 No es entonces sorpren75 Stein y Stein, Apogee of Empire, pp. 162-85.

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dente que cuando posteriores presidentes del reino, particularmente el Barón de Carondelet, y miembros de la aristocracia de Quito, recomendaron políticas conducentes a revitalizar las economías manufactureras y agro-pastoriles en la Sierra centro norte, la corona categóricamente las rechazara. La formulación e implementación de las políticas de reformas de los Borbones en Quito, como puede verse, difirieron ampliamente de las que se llevaron adelante en otras provincias de las Indias. Tras acallar la Revuelta de los Comuneros en Nueva Granada, las políticas económicas de los Borbones, ha dicho Anthony McFarlane, tuvieron muy poco impacto en promover el crecimiento basado en las exportaciones al tiempo que las políticas fiscales de la corona no hicieron mayor daño a las economías locales.77 En Chile, Jacques Barbier encontró que las reformas de Álvarez de Acevedo llegaron a subsumirse en las políticas locales y produjeron pocos cambios de sustancia en el desarrollo político y económico de la provincia.78 De hecho, según Gabriel Paquette, en algunas provincias periféricas del imperio, las elites locales adoptaron las sociedades económicas y las reformas mercantiles, lo que promovió un gran nivel de cooperación entre el estado y la sociedad civil.79 Las amargas controversias y el negativo impacto socio-económico de las reformas en Quito se asemejan más a la situación en el Virreinato del Perú. Aquí la corona separó del virreinato las ricas zonas mineras del Alto Perú (anexándolas después de 1776 en el Virreinato del Río de la Plata), recabó impuestos más altos y reforzó los controles administrativos al imponer el sistema de intendencias. De acuerdo con Patricia Marks, las innovaciones comerciales de los Borbones restringieron la capacidad de los comerciantes limeños de competir en el comercio del Pacífico, de las rutas comerciales terrestres y en el comercio trasatlántico. Como efecto de esto, dice Marks, el resentimiento por las reformas ocasionó enconadas disputas políticas que duraron hasta la época de la independencia.80 Como lo indican las luchas políticas a fines del siglo XVIII en
76 Citado por John Lynch, “The Origins of Latin American Independence”, en Leslie Bethell (ed.), The Independence of Latin America (Cambridge, 1987), p. 16. 77 Anthony McFarlane resume estos argumentos en “The State and the Economy in Late Colonial and Early Republican Colombia”, Ibero-Amerikanisches Archiv, vol. 23, N° 1-2 (1997), pp. 61-70. 78 Barbier, Reform and Politics in Bourbon Chile, pp. 113-34. 79 Paquette, “State-Civil Society Cooperation and Conflict”, pp. 296-8. 80 Marks, Deconstructing Legitimacy, pp. 55-106.

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Quito y otras partes, las reformas borbónicas salieron de un largo y complicado proceso político en el cual luchaban por el poder grupos de interés con muy distintas visiones sobre el futuro del imperio y con agendas políticas bien dispares. La Ilustración española representó una fusión de ideas de Europa junto con una variedad de corrientes políticas de las Indias, las que con frecuencia enfatizaban los males políticos, sociales y económicos del orden colonial. En el debate público sobre la reforma y renovación del imperio participaron todos: tratados sobre la reforma escritos por intelectuales peninsulares (tales como los proyectistas), junto con las opiniones de los miembros del clero colonial, los líderes étnicos indígenas, los miembros de las elites criollas y los burócratas coloniales.81 Los hacedores de política en Madrid se basaban en toda esta información para modelar las reformas imperiales, pero el proceso siempre involucró una gran dosis de toma y daca. Aunque José de Gálvez dominó este proceso político en los 1780 y formuló una ideología gobernante para el imperio casi “hegemónica”, sus políticas siempre tuvieron poderosos oponentes en España y las Indias.82 Como lo demuestra el caso del Quito tardo-borbónico, la reforma en las Indias también emergió de unos escenarios políticos altamente conflictivos que proporcionaron el marco para los cambios políticos, sociales, económicos y culturales. No es sorprendente, entonces, que las reformas borbónicas aparezcan como una colcha de retazos distintos y hasta contradictorios de políticas que a veces se diferenciaron profundamente entre las distintas regiones de las Indias. Las reformas surgieron de un proceso intensamente político, que representó ideas y agendas políticas diferentes en las distintas áreas del complejo y variado imperio atlántico español.

81 Ver Kenneth J. Andrien, “The Noticias secretas de América and the Construction of a Governing Ideology for the Spanish American Empire”, Colonial Latin America Review, vol 7, n° 2 (1998), pp. 175-92. 82 Para un resumen de las primeras ideas políticas sobre la reformas del imperio por José de Gálvez ver Luis Navarro García, La política americana de José de Gálvez (Málaga 1998).

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JOSé MARÍA LANDA Y RAMÍREz, UN ARGENTINO EN CUENCA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX.
Juan Cordero Íñiguez,

PRESENTACION DEL PERSONAJE. Sí, un personaje en la historia de Cuenca, cuya biografía nos permite conocer a uno de tantos realistas, que opuestos radicalmente al movimiento libertario de América, ocurrido entre 1809 y 1824, supo adaptarse a las nuevas circunstancias políticas y en suma, colaborar con el desarrollo de los pueblos que iniciaban sus primeros pasos dentro de un régimen republicano, que dejaba atrás trescientos años de monarquía, con notables dubitaciones, entre las que estuvieron las relaciones de la Iglesia y del Estado, unidas antes por el Patronato Regio y ahora en un proceso de separación, previa una confrontación de sus representantes. José María Landa y Ramírez nació en Buenos Aires en 1768. Ingresó a la orden de los Agustinos, estudió Derecho en Chile y allí se graduó de abogado. En Santiago conoció a Andrés Quintián Ponte y Andrade, un sacerdote español con quien hizo amistad, convirtiéndose luego en su secretario y con él vino a Cuenca, cuando fue nombrado obispo de esta diócesis por el papa Pío VII y ratificado por el rey Carlos IV el 2 de febrero de 1807. También se unió a la comitiva, el abogado chileno José María Vázquez de Noboa, quien posteriormente tuvo un papel relevante en el proceso independentista de Cuenca. Fue consagrado en su calidad de obispo en Lima y pasó a Cuenca, donde inició sus labores desde el 7 de noviembre de 1807. Landa y Ramírez continuó colaborando con el obispo hasta el año de su muerte ocurrida en 1813, y después como deán, cargo que lo mantuvo a lo largo de su vida, se encargó del obispado, hasta que llegue el sucesor de Quintián Ponte.

Ponencia para el XII Congreso Extraordinario de Academias de la Historia de Iberoamérica. Buenos Aires. 02-07 de agosto de 2010.

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QUIÉN FUE EL OBISPO PONTE Y ANDRADE. Este obispo español tenía una mentalidad tradicionalista, que compartía con su secretario Landa y Ramírez. Fue extremadamente realista y se manifestó siempre opuesto a las ideas libertarias que ya se expresaron claramente en Quito el 10 de agosto de 1809. Consideraba al rey como una autoridad de derecho divino y exigía la fidelidad por medio de reiterados juramentos públicos. Rechazó el nombramiento de miembro de la Junta Suprema y apoyó a Aymerich hasta con sus dineros y con fondos de la Iglesia, de la catedral, del futuro seminario y otros, inclusive exonerando pagos, con la condición de luchar contra los rebeldes quiteños y quienes los apoyasen. El 24 de agosto de 1809 huyó de Cuenca cuando circuló la noticia de una posible toma de la ciudad por las tropas quiteñas e igualmente huyó cuando creyó que llegaría a Cuenca Carlos Montúfar, tomando la vía de Naranjal hacia Guayaquil donde murió el 24 de junio de 1813. El rey por su lealtad le concedió las insignias de la Gran Cruz. En una carta escrita el 29 de septiembre de 1810 a Miguel Pey, vicepresidente de la Junta de Santa Fe, comentó claramente que los movimientos que se registraron hasta entonces siempre serán insurrecciones con “un manifiesto deseo por la independencia”. Y añadió: “si fuera capaz de aconsejar a los que concibo caminan tan errados, o ellos admitieran mis consejos, les dijeras y aún les rogara por las amorosas entrañas de Jesucristo, que inmediatamente entren en razón, que deshicieran su Junta escandalosa; que restablezcan el legítimo gobierno y que pidieran un indulto general al Supremo Consejo de Regencia a imitación de Caracas.” En una respuesta larga dice, Miguel Pey: “Los americanos, señor obispo de Cuenca, son unos hombres tan libres, como los españoles europeos y pueden y deben establecer un gobierno, siempre que así lo pidan las necesidades, como ya lo han exigido imperiosamente en la desgraciada situación en que se halla la Península.”1 CUENCA Y EL DIEz DE AGOSTO DE 1809 Cuenca recibió oficialmente la notificación del establecimiento de la Junta Suprema de Gobierno, presidida por Juan Pío Montufar, el 16 de agosto de 1809, es decir, seis días después de la deposición del conde Ruiz de Castilla, presidente de la Real Audiencia de Quito. En seguida,
1 Incluido en Cordero Iñiguez, Juan, Cuenca y el Diez de Agosto, Universidad Alfredo Pérez Guerrero, Quito, 2009.

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el gobernador Melchor Aymerich convocó al Cabildo civil para tomar una decisión, que no fue otra que la de proclamar una total oposición a ese movimiento, debiendo, por lo tanto, iniciar una serie de acciones, para sofocarlo. A la reunión asistieron Melchor Aymerich, Fernando de Salazar y Piedra, José María Vázquez de Noboa y Joaquín Salazar. Al no contar con una concurrencia plena porque algunos regidores estaban en sus haciendas (En Cuenca agosto ha sido siempre un mes de cosechas), todos resolvieron invitar para que se incorporen a las sesiones a los sujetos más experimentados de la ciudad: Tomás Borrero, José María Landa y Ramírez, Antonio Soler, Antonio García Trelles, Juan Rivera, José Herze y Nicolás Mosquera, a quienes se les tomó el juramento de rigor, antes de proceder a abrir el oficio. La mayoría de los asistentes resolvió rechazar el contenido del documento y acordó lo siguiente: 1°. Que el gobernador autorice en Junta de real hacienda la extracción del dinero necesario para pagar a cien hombres que armados defiendan los derechos del Rey; 2°. Que vayan dos comisionados a Guayaquil y a Loja con la carta del marqués de Selva Alegre, con los criterios de Cuenca y con la petición de auxilios. El destinado a Guayaquil recibiría 300 pesos y el que iría a Loja 100, tomados de los fondos de propios; 3°. Que se mande un despacho al virrey de Lima para que auxilie con 200 hombres de tropa; 4°. Que se informe a la Junta Suprema Central que gobierna en España; 5°. Que se informe al virrey de Santa Fe; 6°. Que el gobernador tome todas las medidas que creyere convenientes para impedir el avance de la revolución quiteña; 7°. Que se les obligue a todos los regidores que asistan a las sesiones, so pena de una multa de 50 pesos2; 8°. Que habrá sesiones continuas para seguir resolviendo lo más conveniente en estas críticas situaciones.
2 Era costumbre reiterada la inasistencia de los regidores a las sesiones, pues sólo lo hacían ocasionalmente o cuando se trataba de temas de su interés personal. En el siglo XVIII hubo numerosas amonestaciones y amenaza de multas.

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Hubo de inmediato otra sesión el 18 de agosto. José María Landa y Ramírez, secretario del obispo, estuvo de acuerdo con todo. Él fue elegido para partir hacia el sur en comisión especial para comprometer el apoyo de Loja y de las autoridades virreinales de Lima. Igual cosa ocurrió con Diego Fernández de Córdova, que se dirigió a Guayaquil con el fin de comprometer a su gobernador. 3 INFORMES DEL DELEGADO JOSÉ MARÍA LANDA Y RAMÍREZ El 21 de agosto José María Landa, que salió de Cuenca el 18, informó sobre sus gestiones positivas en Loja y comunicó que ese mismo día partía para Piura. El 28 ya estuvo en esta ciudad peruana de donde informó al Cabildo de sus gestiones. Dijo que había enviado información precisa al virrey del Perú y solicitudes de auxilio de numerosas armas y gente y, sobre todo, que ponga a Cuenca bajo su protección. Quizá, por la experiencia de haber vivido en esta ciudad por tres años dijo textualmente en una misiva: “Cuenca hasta aquí no solamente ha sido dependiente, sino también quasi esclava de Quito…”.4 En esa ciudad se mantuvo por lo menos hasta el 31 de agosto de 1809, pues con esta fecha mandó otro informe al Cabildo de Cuenca. El 9 de septiembre el virrey de Lima José Abascal envió un oficio informando que ha dado a Guayaquil instrucciones sobre la defensa de esa ciudad y de la de Cuenca, felicitando al mismo tiempo, por la lealtad de unos y otros. Comentó sobre el conocimiento de lo ocurrido por un informe del comisionado José María Landa y Ramírez y dio razones para considerar que la Junta de Quito había actuado erróneamente y con ánimo revolucionario. El cabildo de Cuenca aprovechó la recepción de esta comunicación para insistir en el envío de armas y de soldados. Ver anexo Nº 1 El 26 de septiembre el Cabildo recibió una comunicación del virrey del Perú, con un expreso agradecimiento por su actuación y con la oferta de informar a las autoridades de la Península sobre la lealtad de Cuenca. Informaba también de las disposiciones dadas al gobernador de Guayaquil para auxiliar a Cuenca, en todo lo que se le pida y, además anunciaba el envío de 500 fusiles y más armas y la indicación de que se ataque antes que entren las aguas del invierno y se sigan difundiendo
3 Ver en el anexo el acta completa de la sesión del Cabildo. 4 Colección de documentos transcritos para la obra Cuenca y el Diez de Agosto, del autor de este artículo.

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las noticias que pueden contagiar a otras regiones. También le expresaba a Aymerich que debía someterse a las resoluciones del gobernador de Guayaquil, pues así lo había querido el conde Ruiz de Castilla y le pidió que no haya rivalidades entre los dos. El 8 de octubre de 1809 José María Landa informó al Cabildo desde Lima, sobre sus gestiones de apoyo y lo hizo por medio de varios oficios. El 23 de octubre el virrey de Lima José Abascal contestó un oficio del Ayuntamiento de Cuenca y se ratificó en elevar al Rey un informe sobre los méritos de la ciudad en la defensa de los intereses reales, agradeciendo nuevamente por los servicios prestados. En fin, el 5 de enero de 1810 José María Landa y Ramírez informó al Cabildo de Cuenca sobre el envío desde Lima de documentos a la Corona, dando a conocer la lealtad de la ciudad. Así terminó su gestión, habiendo empleado un poco más de cuatro meses en ir y venir, siendo felicitado por el Cabildo, pues se había cumplido el objetivo propuesto. De todos sus cuantiosos gastos sólo recibió 1.000 pesos de devolución, renunciando gustoso a la diferencia. Con fondos propios compró fluido vacuno y entregó a los médicos cuencanos con instrucciones sobre su uso. Para su retorno a Cuenca el proceso revolucionario había fracasado. Nuevamente estaba en la presidencia de Quito el conde Ruiz de Castilla, quien había dispuesto, contrariando su palabra empeñada, el apresamiento de los líderes y de todos los simpatizantes de las ideas libertarias y muchos estaban ya en las cárceles. Aymerich, que avanzó con tropas desde Cuenca hasta cerca de Quito, tuvo que retornar a su gobernación y licenciar a los soldados. Transcurridos unos meses, el 2 de agosto de 1810, los líderes de este movimiento fueron brutalmente asesinados en las cárceles de Quito, ciudad que por su amor a la libertad recibió del prócer chileno Camilo Henríquez, el nombre alterno de “Luz de América”. Con la documentación de los méritos de Cuenca, evocando antiguos aportes para la defensa de Guayaquil, en una serie de quince piezas, catorce de las cuales corresponden a lo actuado desde el 16 de agosto de 1809, al fin, la ciudad terminó por recibir una alta distinción, que se unió a las otorgadas anteriormente para encabezar por un breve lapso las actas capitulares con la expresión “En la muy noble, muy leal y fidelísima ciudad de Cuenca del Perú”. 5 En diez años cambió la posi5 Toda la documentación relacionada con el tema fue estudiada por el autor de este artículo, pues en un gran expediente fue localizado en el Archivo General de Indias, en la sección Au-

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ción de nuestra ciudad, al entregar grandes contribuciones económicas y humanas para la liberación de nuestro país y del Perú, siendo sus mayores representantes Abdón Calderón, el Héroe Niño que luchó en la batalla del Pichincha y José Domingo La Mar, que se destacó en la batalla de Ayacucho, ascendiendo al grado de Mariscal y llegando a dirigir los destinos del Perú en calidad de presidente de la República. Ver anexo Nº 2. JOSé MARÍA LANDA Y RAMÍREz AL SERVICIO DE LA IGLESIA DE CUENCA Al establecerse el obispado, se creó también el cabildo eclesiástico, cuyas dignidades se las debía proveer paulatinamente, según mejoren los ingresos. La máxima autoridad, después del obispo, estuvo casi siempre en la persona de Landa y Ramírez, pero también ocupó otros cargos, dentro de la siguiente lista de dignidades: un deanato, como segunda autoridad, con 2.000 pesos de renta anual (en este cargo se mantuvo Landa y Ramírez por mucho tiempo); un arcedianato, con la obligación de examinar a los clérigos que han de ser ordenados, debiendo su titular ser bachiller en derecho canónico o en teología; una chantría, con conocimientos de canto; una maestrescolía, para cuyo desempeño se requería ser graduado en uno de los derechos o en artes; un tesorero, encargado de cuidar los bienes de uso en las ceremonias religiosas. Cada una de estas autoridades ganarían 1.600 pesos anuales; diez canonjías con 1.200 pesos anuales cada una; seis raciones enteras (con 750 pesos) y seis medias raciones (con 400 pesos). También se debía proveer dos curas rectores, una sacristanía, seis capellanías, un mayordomo, encargado de la fábrica de la catedral, varios maestro capillas, una cancillería o notaría, un pertiguero (que iría delante del obispo, despejando las calles y caminos) y un perrero (que arroje los perros y limpie la iglesia) y otras dignidades más. El patronato, con el derecho de escoger los candidatos para el obispado quedó reservado para los reyes y sus sucesores. Para las elecciones tendrían voz y voto todas las dignidades y los canónigos y en los demás asuntos espirituales y temporales se disponía la participación de los racioneros. El cabildo eclesiástico debía sesionar dos veces por semana y quienes no asistan o no cumplan con sus obligaciones no tendrán derecho a las correspondientes remuneraciones.
diencia de Lima, Legajo 806. Producto de este trabajo fue la obra Cuenca y el Diez de Agosto de 1809, publicada en el 2009, con los auspicios de la Universidad Alfredo Pérez Guerrero.

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Los ingresos para cubrir estos gastos, más los de las construcciones de iglesias y de atención en hospitales, provenían del cobro de los diezmos, que se dividían en varias partes, de manera bastante compleja, pero que dejaba para el Rey una suma que se enviaba como situado a Quito “en reconocimiento de superioridad y del derecho de patronato.” El primer gobernador de Cuenca Antonio Vallejo, en la sesión del cabildo civil de 1 de febrero de 1780, solicitó que el patronato de la nueva iglesia catedral y obispado correspondiese al gobernador y no al presidente de la Audiencia. Este tema, fue objeto de una larga polémica entre las autoridades civil y eclesiástica, primero cuando se estaba bajo el régimen del patronato regio y después cuando los nuevos estados quisieron heredar ese derecho. Tanto en la una época como en la otra Landa y Ramírez participó en las discusiones. Después del fallecimiento del obispo Andrés Quintián Ponte y Andrade en 1813, Landa como segunda autoridad, se encargó del obispado y se mantuvo en el cargo como vicario capitular o general y como obispo desde la fecha mencionada hasta que llegó el titular, oriundo de Guayaquil, Ignacio Cortázar Lavayen, el 15 de marzo de 1815. Landa en este lapso y después, con gran interés, impulsó el establecimiento definitivo del Seminario Conciliar, del que llegó a ser su rector. También se abrió en Cuenca un colegio femenino en un oratorio construido con fondos particulares y con el apoyo de José María Landa y Ramírez y, años más tarde por García Moreno. Dijo Benigno Malo “Este establecimiento va a transformar a la generación presente del bello sexo colocándola en un pie de completa civilización europea.” En 1814 el Cabildo civil hizo algunas preguntas al Cabildo eclesiástico sobre la educación de los jóvenes, sugiriendo la enseñanza de literatura y normas sobre comportamiento y educación. La contestación se remitió a otra, dada a Toribio Montes y que tenía relación tanto con el financiamiento del Seminario como con las cátedras que debían mantenerse desde su erección. Anexo Nº 3. Podemos sacar una primera conclusión, por los datos que poseemos que Landa y Ramírez puso mucho empeño en que funcionara efectivamente el Seminario desde el año de su fundación, ejerciendo su rectorado por varios períodos. Con su probada generosidad, ayudó a muchos jóvenes para que pudieran ingresar a estudiar, como en el caso de Mariano Cueva Vallejo, quien al quedar huérfano, recibió el apoyo moral y económico del Rector.6
6 Mariano Cueva Vallejo (05/08/1810-18/03/1882) llegó a ser uno de los políticos e intelectuales

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Fueron profesores de este Seminario los doctores José Mejía, un sacerdote peruano, doctor en ciencias teológicas, virtuosos, casi jansenista –dice Julio Tobar Donoso– También lo fueron Miguel Custodio Vintimilla, José Antonio Arévalo, Miguel Rodríguez, fray Tomás Lozada. Ver anexo Nº 4 En 1815 se recibió la cédula real de nombramiento del obispo titular y Landa en su calidad de canónigo penitenciario y de obispo encargado, mandó que se conozca en toda la provincia la elección de José Ignacio Cortázar y Labayen, para que se la acate plenamente. En este mismo año ascendió a la maestrecolía, dejando vacante la canonjía penitenciaria de la iglesia catedral, cargo que solo se lo llenó en 1819, previo un concurso. Ver anexo Nº 5. Se puede observar que a lo largo de su dilatada vida, por sus méritos, Landa fue ocupando diversas responsabilidades dentro de la Iglesia. En muchos casos, hay que decirlo, era elegido en su ausencia, por cuanto viajaba mucho, sobre todo a Guayaquil y Quito, en cumplimiento de alguna otra responsabilidad. En 1818 recibió el nombramiento de juez hacedor de diezmos, en reemplazo del canónigo Fausto Sodupe. También desempeñó el cargo de maestrescuela de la catedral. Landa, con Pablo Ochoa, oídor de la Audiencia de Santa Fe, habían sacado el pontifical7 y traladado a Guayaquil. Por resolución del Cabildo se le obligó a que sea devuelto a la ciudad. Ver anexo Nº 6. En 1819 se autorizó la convocatoria para llenar la vacante de la canonjía penitenciaria que antes estuvo ocupada por Landa y Ramírez. Ver anexo Nº 7. A Landa no lo hallamos en el proceso libertario de Cuenca, que comenzó el 3 de noviembre de 1820, que tuvo un revés el 20 de diciembre del mismo año y que reconquistó definitivamente su libertad a partir del 15 de febrero de 1822, con la intervención de Antonio José de Sucre. Landa y Ramírez seguía en sus actividades sacerdotales, ya dentro del nuevo orden jurídico y en febrero de 1822 se le encuentra informando sobre la volutad testamentaria del finado Manuel Vintimilla, quien dejaba una buena parte de sus bienes para obras pías. En septiemmás valiosos de Cuenca. Fue vicepresidente de la República, presidente de la Corte Superior de Justicia, rector de la Universidad de Cuenca, copartícipe en la redacción del Código Penal y notable escritor que publicó sus artículos en El Cuencano, La Atalaya y La República. 7 Se llamaba pontifical a todos los ornamentos que utilizaba un obispo en las ceremonias religiosas.

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bre de este mismo año le vemos presidiendo una visita oficial de los miembros de la Iglesia a Simón Bolívar, quien se hallaba en Cuenca descansando y meditando sobre cómo llevar el proceso independista al Perú. El Libertador, en un diálogo cordial le recordó a Landa que los argentinos son muy orgullosos. Unos pocos días después, cuando la comitiva de Bolívar partía para Loja, como un acto de cortesía, varios sacerdotes les acompañaron por un trecho y al despedirse preguntó Landa si algo necesitaban para su largo viaje y Bolívar, que se había aficionado de las cabalgaduras de los clérigos contestó que sí, y les pidió que las cambiaran, por lo que tuvieron que desmontar y entregarlas, con una pesadumbre no oculta de él y sus compañeros. La permanencia de Bolívar en Cuenca fue fructífera, especialmente por las decisiones que tomó en torno a la educación, confiando en que las cumpla su gobernador Tomás de Heres, con la ayuda del más ilustre de los clérigos visibles en ese momento, José María Landa y Ramírez, quien fue nombrado Director de Escuelas de primeras letras. Lo más probable es que, siguiendo los lineamientos de la educación de aquellos tiempos, Landa haya preparado el horario y las asignaturas, comenzando por la asistencia a las seis de la mañana para ir a misa, y siguiendo con la enseñanza de asignaturas de ocho a once de la mañana y de tarde de dos a cinco, de lunes a sábado, con división de los niños entre los que sabían leer y los que no, atendidos por “contramaestres”. Un solo maestro enseñaba catecismo, lectura, escritura, aritmética, geografía, urbanidad y pequeñas nociones de contabilidad. Se inculcaban sentimientos religiosos, de unión y de fraternidad. Se les daba a conocer también algunos artículos de la Constitución Política. Se incluía la norma de que los castigos debían ser proporcionales a la edad de los niños. Se determinaron hasta los textos que debían leer y estudiar, además los días de descanso: domingos, días de preceptos, semana santa, tres días de Pascua y el mes de agosto8. Fueron cuatro las escuelas creadas en Cuenca por él para niños y consiguió que los monasterios de religiosas lo hicieran para niñas. Con las abiertas en otros lugares se llegó, para aquella época, al alto número de treinta y seis. En el mes de octubre de 1822 cumplió con una disposición general emitida para toda la República de Colombia, de hacer que los funcio8Revista Tres de Noviembre, Ns. 46/47, Cuenca, 1939.

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narios que estaban bajo su dependencia juren cumplir y hacer cumplir la Constitución de Cúcuta. Ver anexo Nº 8. En 1823 presidió una asamblea electoral e informó al gobernador de Cuenca que había obtenido la mayoría de votos el señor Ignacio Valdivieso y Rada. Igualmente le dio a conocer la convocatoria para la la elección de electores por haberse producido la renuncia a la Asamblea por parte de Ignacio Cárdenas. Del proceso y los resultados también informó de inmediato. Anexo Nº 9. En la tradición cuencana se cuenta la anécdota de que en 1824 la señora Melchora Gómez Coello, departiendo con José María Landa le dijo: hoy han peleado en el Perú los españoles con los insurgentes y ha triunfado la patria. Pasados unos días se supo del triunfo en Ayacucho y hubo muchos comentarios por la clarividencia de la devota dama. El 8 de enero de 1825 el Cabildo eclesiástico nombró como diputado al presidente del coro de canónigos, José María Landa para ir a felicitar a Simón Bolívar por su éxito en el Perú. Ver anexo Nº 10. Sus buenas relaciones con el gobernador lo llevaban a responder oportunamente sus oficios, comprometiéndose a cumplir con lo dispuesto. Así lo hizo cuando se disponía que se dicten los cursos de filosofía en lengua castellana, o la enseñanza de las leyes citando solo el año de la emisión, o convocado oportunamente al tribunal que debía juzgar a los participantes u opositores para llenar vacantes en el Seminario o en el cabildo eclesiástico. Anexos Nº 11. En 1827 fue designado el nuevo obispo de la diócesis Félix Calixto Miranda y Suárez. Se conoció de su nombramiento el 29 de julio de 1828. Landa y Ramírez fue delegado del obispo para administrar la diócesis, y prestó el correspondiente juramento previas las debidas autorizaciones. El obispo titular permaneció en Quito e Ibarra hasta el año de su muerte, en 1829. Desde entonces quedó vacante la sede episcopal y quien actuaba, como la máxima autoridad de la diócesis fue Landa y Ramírez, pues solo se proveyó de un nuevo obispo en 1848, primero en la persona de Pedro Antonio Torres, quien no llegó a posesionarse y en seguida en la de José Manuel Plaza, que gobernó hasta 1853, con la colaboración de fray Vicente Solano. En el año de su nombramiento ya había fallecido Landa y Ramírez. Ver anexo Nº 12. Se había asignado una hacienda que fuera de los padres jesuitas en Sulupali, al sur de la ciudad, a beneficio del Seminario, cuyo rectorado estaba en manos de José María Landa y Ramírez, pero hubo difi-

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cultades en recibirlo y hasta el año de 1829 no se efectivizaba tal recepción. Ver anexo Nº 13. José María Landa y Ramírez era ya, desde la independencia consolidada el 24 de mayo de 1822 un distinguido ciudadano republicano, por ello se le nombró como uno de los delegados del Azuay para integrar en 1830 la Asamblea Constituyente de Riobamba, que se reunió para aprobar la primera Constitución del Estado del Ecuador. Asistió con las debidas autorizaciones, quedando en su reemplazo al frente de la diócesis de Cuenca el vicario capitular doctor José María Riofrío. Ver anexo Nº 14. Desde este mismo año se inició una dura polémica entre Landa y Francisco Eugenio Tamariz, un español que pasó a ser republicano como él y que cumplió un papel relevante en los primeros años de vida independiente en nuestra ciudad. El punto de partida tuvo que ver con jurisdicciones de los poderes civil y eclesiástico. Anexo Nº 15. Se recibió una comunicación en el siguiente sentido: “declarando sin efecto el nombramiento de Juez Hacedor de parte de la Mitra que recayó en el Señor Dean Doctor Josef Maria de Landa, y ordenando que el Venerable Cavildo subrogue dicho nombramiento en la persona que hubiere reunido Votos, ó proceda en su defecto a nueva eleccion. Quando esta Corporacion recivió el indicado oficio fixó su attencion en las observaciones en que el Señor Prefecto funda su resolucion, y hallando que todas estriban en el enemistad que el Señor Coronel Tesorero Francisco Eugenio Tamariz abriga contra el enunciado Señor Dean…”9 Los miembros del Cabildo eclesiástico juzgaron que los razonamientos de Tamariz solo se basaban en resentimientos y por ello resolvieron nombrar a unos delegados para que procuraran que terminen esos problemas entre las dos autoridades. En 1831 fue elegido clavero junto con el canónigo Pedro Ochoa. En las elecciones de enero de 1832, a pesar de su ausencia, fue elegido como procurador del Cabildo. Anexos Nº 16. En 1833 el deán Landa y Ramírez no asistió por un largo tiempo a las sesiones del Cabildo eclesiástico por una notoria enfermedad. En 1835 seguía de juez hacedor de diezmos. En este mismo año fue elegido para asistir al Congreso nacional como senador y es así mismo el año
9 Libro de Actas del Cabildo Eclesiástico. Libro Segundo. Archivo Histórico de la Curia Arquidiocesana de Cuenca.

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de la iniciación de una polémica con fray Vicente Solano. El motivo fue un escrito de Landa sobre los impedimentos matrimoniales. Fray Vicente Solano, era para entonces uno de los más influyentes intelectuales de la ciudad, caracterizado, desde que en 1828 dirigió el primer periódico cuencano “El Eco del Asuay”, como un polemista contumaz. En una carta comentó: “habrá oído que el doctor Landa quería dominar Cuenca. En todo se metía: elecciones de diputados, de alcaldes, de concejales municipales, de abadesas, de prioras; en fin cuanto grande o pequeño se hacía en Cuenca debía llevar el exequátur del Sr. Landa. ¿Y cómo se metía en todo? Del modo más bajo: adulando siempre a los prefectos, a los gobernadores, a cuántos tenían influjo. Hacía, pues, el pobre clérigo un papel bien triste y secundario en la carrera de la ambición. Y no crea Ud. que esto le sucedía a Landa porque obraba en un teatro pequeño. Fije la vista en Talleyrand, hombre de grandes talentos políticos, pero ni con ellos pudo jamás dominar ninguna asamblea francesa, durante la revolución, como Mirabeau o siquiera como Robespierre…Un sacerdote es célebre, es ilustre, es grande, cuando maneja la política según el Evangelio: es decir, predicando la paz a los pueblos, procurando extinguir los odios, enseñando la santa doctrina, escribiendo la verdad…; de otra suerte es un ridículo…”10 En 1835, como deán cumplió con la orden de que sus subalternos juraran la Constitución aprobada por la Asamblea de Ambato. En ese año fue nombrado juez hacedor de diezmos, igual en el siguiente año. Anexos Nº 17. El Dr. Mariano Vintimilla, vicario capitular de la catedral fue desterrado por intervenir en asuntos políticos en contra del presidente Vicente Rocaduerte, lo que prohibía el concordato, habiendo quedado la vacante correspondiente que fue cubierta por el doctor Miguel Pío Arteaga. Por este motivo hubo una larga correspondencia entre Landa y el Ejecutivo.11 Anexo Nº 18.
10 Carta dirigida a su amigo y pariente Antonio Aguilar desde la hacienda Papaya, en la provincia de Loja el 26 de agosto de 1850. Publicada en La Unión Literaria, Segunda serie N° 2, Cuenca, julio de 1902, p. 79) 11 Mariano Vintimilla Domínguez, nacido en 1779, estidió Derecho y después ingresó al sacerdocio. Fue legislador y político, seguidor de Juan José Flores y opositor de Vicente Rocafuerte, especialmente cuando éste se expresó en contra de la participación de los eclesiásticos con jurisdicción en elecciones y representaciones. El presidente lo destituyó, le impuso una multa y lo desterró conjuntamente con Vicente Solano, Andrés Villaquirán y otros azuayos. En la diócesis de Cuenca, llegó a ser vicario eclesiástico y protonotario. Intervino en polémicas políticas y religiosas. Cuando se aprobó la Constitución de l843, llamada Carta de la Esclavi-

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En 1836 fue reelecto como juez hacedor de diezmos. En 1843 tuvo el nombramiento de clavero. En 1844 recibió la desegnación de juez adjunto. En 1845 pasó a ser procurador. En este mismo año participó activamente en una discusión sobre el nombramiento de vicario capitular, exhibiendo una gran erudición en el campo del derecho canónico. En 1847 volvió a ser juez hacedor de diezmos.Anexo Nº 19. En sus últimos años de vida siguió con poder y prestigio, pues siempre fue elegido como representante de la Iglesia de Cuenca y de su cabildo eclesiástico para exponer ante el poder ejecutivo los puntos de vista eclesiásticos frente al gobierno nacional. También hizo gala de su erudición en el análisis de la jerarqúia de las jurisdcciones dentro de la misma Iglesia católica. Anexo Nº 20. Ya para 1848 encontramos a otra persona en el deanato de la ciudad, pues ya no participó Landa en la reunión del primero de enero, para designar autoridades dentro del cabildo eclesiástico, por lo que creeemos que murió a fines de 1847 o a principios de 1848. CONCLUSIÓN La figura de José María Landa y Ramírez, aunque controvertida por varias de sus actuaciones, es muy importante para la historia cultural de Cuenca, pues su papel en el campo de la educación masculina y femenina fue trascendental y ejemplar, incluso por su proverbial generosidad, expresada en varios actos de su vida, ya que fueron varios los casos en los que puso de su peculio el dinero para pagar a profesores o becar a estudiantes. Sus enfrentamientos con los más altos personajes de la época engrandecen su figura, pues muy pocos podían contender con un Tamariz o un Solano. Landa y Ramírez, el apasionado realista, después del proceso de
tud, obligó a los sacerdotes y a los fieles a jurar obediencia, a pesar de que hubo críticas en el sentido de que se toleraba otros cultos privados, a más del católico, a lo que se opuso fray Vicente Solano, quien entró en una dura polémica con Vintimilla. Después emitió otro condenando a la excomunión a todos los que apoyaran de una u otra manera la revolución antifloreana, pues era un movimiento que luchaba contra una autoridad legítima elegida por voluntad divina. En 1845, con la derrota del presidente venezolano salió del país para regresar a ejercer nuevamente un gran influjo en el gobierno de Diego Noboa, a quien apoyó y quien le dio el rectorado del Seminario y el cargo perdido de provisor. Quizá porque hizo alguna obra en beneficio de la educación la Municipalidad ha designado con su nombre a una de las calles de la ciudad. Hay una escuela que también lo recuerda. XVIII - XIX

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la independencia política, sirvió con sus conocimientos en los momentos trascendentales de los inicios de la vida republicana y en los casos críticos de desajustes en las relaciones de la Iglesia con el Estado; sin embargo su nombre brillará por ser el primer rector de un Seminario Conciliar donde se formaron los mejores talentos de la ciudad y por haber tenido la virtud de la generosidad. Costeó de su caudal la dotación de vacunas, la provisión de maestros, maestras y de material didáctico.

ANEXOS DOCUMENTOS EN LOS QUE TUVO PARTICIPACIÓN JOSÉ MARIA LANDA Y RAMPIREZ Como respaldo del texto que hemos escrito sobre este personaje Argentino que influyó mucho en la historia de la independencia y de los primeros años de vida republicana en la ciudad de Cuenca, seleccionamos algunos documentos que los incluimos como anexos. Están tomados del libro que escribiéramos para dar a conocer el papel cumplido por las autoridades de la ciudad en el arranque del proceso independentista, así como de los libros de actas del cabildo eclesiástico que reposan en los archivos de la Curia Arquidiocesana y del Cabildo Eclasiástico de Cuenca. También provienen unos pocos documentos del Archivo Histórico Nacional, Sección del Azuay, que funciona bajo la dirección de la Casa de la Cultura. Destacamos con cursiva el nombre de José María Landa y Ramírez. Han localizado estos datos los investigadores que han trabajado como asistentes del autor: Carmen Malo Ponce y Julio Delgado Ayora, a quienes les expreso mi agradecimiento.

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ANEXO N 1 Corresponde a la nota N. 3 Acta del Cabildo de Cuenca del 16 de agosto de 1809. /P. 125/ En la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santa Ana de Cuenca a los diez y seis de agosto de mil ochocientos y nueve. Los Señores Coronel de los Reales ejércitos, Don Melchor de Aymerich, Gobernador Político y Militar de esta ciudad; Don Fernando Guerrero y Salazar, Alcalde Ordinario de primer Voto; Don José María Noboa, Alcalde Ordinario de Segundo Voto; y, Doctor Don Joaquín Salazar, Abogado de la Real Audiencia y otros, de este Muy Ilustre Cabildo, sin asistencia de los demás Señores por ausencia según la razón dada por el Escribano de este dicho Cabildo expresando, que aunque Don Ignacio Dávila Regidor Decano estaba en esta Ciudad y casa de su morada se había retirado a la Quinta de su propiedad distante de ella, etc. Hallándose juntos y congregados en esta Sala a las doce horas de su día a efecto de abrir un Pliego que acaba de llegar con nema para este Muy Ilustre Cabildo, franqueado con Sello de la Administración de Correos de Quito al parecer, y despachado, según un rótulo que se halla en el mismo nema, por el Presidente de la Suprema Junta; acordaron los Señores /126/ que por la total falta de los Señores Regidores ausentes en el campo se convocase para efecto de abrir dicho Pliego a los Sujetos más expertos de esta Ciudad, como son: el Prebendado Doctor Don Tomás Borrero, Doctor José María de Landa, Secretario del Ilustrísimo Señor Obispo, Don Antonio Soler, Tesorero Oficial Real, Don Antonio García y Trilles, Administrador de Correos, Don Juan Rivera, Contador del Real Ramo de Alcabalas, Don José Herze, y el Doctor Don Nicolás Mosquera, y que los relacionados ratifiquen antes de todo el Juramento debido de fidelidad al Soberano, Don Fernando Séptimo y en su Real nombre a la Suprema y Real Junta Central que gobierna el Reino, de amor a la Patria, y de guardar secreto en todo lo que se tratare y acordare, con lo cual se concluyó este acuerdo, y lo firmaron los Señores por ante mí de que doy fe. Melchor Aymerich. – Fernando de Salazar y Piedra. – Lcdo. José María Vásquez de Noboa.– Dr. Joaquín de Salazar.– Antonio José Villavicencio y Andrade, Escribano Público de Cabildo y Real Hacienda; inmediatamente comparecieron los Señores electos y previa licencia del Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano por lo que hace a los Doctores Don Tomás Borrero, y Doctor Don José María Landa y Ramírez, inteligenciados del acuerdo que antecede rectificaron el juramento en /127/ toda forma de Derecho a presencia de los Señores Gobernador, y Alcaldes Ordinarios con arreglo a los particulares contenidos en dicho acuerdo expresando que así lo juraban: en su consecuencia, se abrió el referido Pliego que visto se encontró que contenía un oficio dirigido de dicha Ciudad de Quito a los diez de Agosto presente, firmado al parecer por el Señor Marqués de Selva Alegre, comunicando que el Pueblo de dicha ciudad temeroso de ser entregado a la Dominación Francesa se ha congregado, y declarado haber cesado legítimamente los Magistrados en las funciones que tenía la Junta Central, y que en su consecuencia había creado otra igual Suprema Junta interina con el tratamiento de Majestad para que gobierne en nombre del señor Don Fernando Séptimo (que Dios guarde) mientras su Majestad recupera la península o viene a imperar en América, eligiendo de Presidente de ella, a el referido señor Marqués de Selva Alegre, con tratamiento de Alteza Serenísima: y que lo participaba a este dicho Muy Ilustre Cabildo para su inteligencia y a fin de que elija y nombre representante de este cuerpo con el Sueldo de dos mil pesos anuales, según la disposición Soberana del Pueblo: en este estado se hizo presente /128/ y concurrió el Señor Regidor Decano Don Ignacio Dávila y

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con su acuerdo dijeron: que por cuanto la materia a que se contrae el citado oficio exige una madura consideración para resolver lo conveniente sobre ella, acordaron que en primer lugar se pase oficio a el Señor Gobernador, Subdelegado de esta Ciudad a fin de que en Junta de Real Hacienda disponga la extracción del Dinero para el Sueldo de cien hombres que el mismo Señor Gobernador deberá poner inmediatamente sobre las Armas para la defensa en los casos que ocurran en obsequio en los derechos del Nuestro Augusto Monarca el Señor Don Fernando Séptimo, de la Patria, y la Religión por el tiempo que se conceptúe conveniente: en segundo, que pasen dos Comisionados a la ciudades de Guayaquil y Loja, llevando consigo testimonio del relacionado oficio del Señor Marqués de Selva Alegre, y un exhorto en forma para que los Jefes y Cabildos de una y otra ciudad se sirvan remitir a esta en calidad de auxilio cien hombres, y los más que se proporcione con las correspondientes Armas, mediante a convenir así para el mejor servicio del Rey Nuestro Señor, de la Patria, y de la Religión: prevenidos los comisionados de reflexionar las circunstancias /129/ en cada lugar y según ella, entregar los pliegos que conduzcan atendiendo siempre el servicio de Nuestro Soberano y de la Patria: que para los gastos necesarios de conducción de los expresados Comisionados se extraigan trescientos pesos del caudal de propios, bajo el libramiento, partida y libro respectivo, y se entreguen los cien pesos al que debe pasar a Loja, y los doscientos al destinado para Guayaquil, con la calidad de que se les reintegrará del mismo caudal los mayores costos que impendan: que dichos comisionados lo sean los doctores: Don José María Landa, y don Joaquín de Salazar y Lozano, el primero para la ciudad de Loja, y el segundo para la de Guayaquil, dándoseles por el Gobierno los despachos, y órdenes conducentes para que los Tenientes y Mandones de los Pueblos del tránsito auxilien con cuanto convenga a la pronta expedición: advertidos los citados comisionados de guardar toda reserva acerca de los objetos de sus destinos hasta el arribo a los expresados lugares, que así mismo se pase otro despacho, y testimonio del ya referido oficio al Excelentísimo Señor Virrey de Lima, a efecto de que su Excelencia se sirva auxiliar a esta Provincia en obsequio de los derechos de la Nación, con doscientos hombres de tropa, junto /130/ con los resguardos y Pertrechos debidos: que se dé cuenta a la Junta Suprema Central que gobierna en nombre de su Majestad, nuestro suspirado Señor Don Fernando Séptimo, y al Excelentísimo Señor Virrey de este Reino para que inteligenciados de lo precedido se sirvan dictar las Providencias convenientes que se dan en el buen servicio del Rey, la Patria y la Religión: reservándose proveer acerca de lo principal del oficio del memorado Señor Marqués de Selva Alegre para la siguiente Junta que deberá celebrarse el día diez y ocho del que rige. Con lo cual se concluyó esta Acta que las firmaron los Señores que la componen de que doy fe. Y de que así mismo acordaron los dichos Señores que su Señoría el Señor Gobernador que preside esta Junta, tome y dicte, todas y cualesquiera providencias que juzgase ser más conveniente al mejor servicio del Rey y de la Patria, y últimamente que el mismo Señor Gobernador despache las órdenes necesarias para que todos los Señores Regidores que se hallan ausentes se dirijan a esta Ciudad, sin excusa ni pretexto alguno, y bajo la multa de cincuenta pesos aplicados a disposición de esta Junta, en el día que recibieren dichas órdenes. Melchor Aymerich. – Fernando de Salazar y Piedra. – Licenciado José María Vásquez /131/ de Novoa. – Ignacio de Dávila y Astudillo. – Antonio Soler. – Tomás Borrero. – Doctor José María de Landa y Ramírez. – Antonio García. – Doctor Joaquín de Salazar. – José de Herze.- Juan de Rivera. – Nicolás Mosquera. – Ante mí José Villavicencio y Andrade Escribano Público de Cabildo y Real Hacienda. 1

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ANEXO Nº 2 Dentro del expediente presentado por Cuenca a Su Majestad, demostrando su lealtad, con quince grupos de documentos consta con el N. 10 los siguientes: Pieza N° 10. El Comisionado del Ilustre Cabildo Doctor Don José María Landa, que arribó a la capital de Lima acredita los efectos de su Comisión en solicitud de auxilios, y coligación para la defensa de los Soberanos derechos, en todo el continente del Perú, y la Cuenta que de pronto dio a Su Majestad desde dicho Lima acerca de la novedad causada por la ciudad de Quito con la creación de la nueva Junta Suprema de Gobierno. Se publicaron íntegramente en la obra ya citada: Cordero Iñiguez, Juan, Cuenca y el Diez de Agosto de 1809, Universidad Alfedo Pérez Guerrero, 2009. ANEXO Nº 3 AHCA/C. Cuenca. 1814. L. 1. fol. 3. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 3)… Contestación al Excelentísimo Cavildo de esta ciudad sobre la enseñanza de Jovenes. Excelentísimo Señor.- Enterado del oficio de Vuestra Excelencia en que se sirve solicitar de este Venerable Cuerpo los establecimientos de Literatura y educación con que cuenta para la educación con que cuenta para la Ylustracion de los Jovenes de esta Ciudad y su provincia, deseando uniformar su contestación con la que sobre la materia se dio al Excelentísimo Señor Don Toribio Montes dice: que para no multiplicar entidades sin provecho sobre un mismo objeto puede Vuestra Excelencia referirse a lo que se dixo con fecha 27 de Enero de este año acreditando con Documentos los fondos que devian servir para el fomento del Seminario, y las Catedras Acordadas en su Ereccion, con las demás que contiene el oficio de Remicion. Dios Guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Sala Capitular de Cuenca y Abril 15 de 1814.- Excelentísimo Señor.- Doctor Juan Manuel Diaz de Avecillas – Fausto de Sodupe – Doctor José Maria de Landa y Ramirez – Josef Mexia – Excelentísimo Cavildo y Regimiento de esta Ciudad… ANEXO Nº 4 NOTAS PERSONALES SOBRE EL SEMINARIO. Desde la creación del obispado hubo interés por el establecimiento de un seminario. Los primeros informes se pideron al obispo Fita y Carrión, en 1790. Para 1803 ya existía el colegio de San Francisco Javier, del que se aspiraba a que sea un colegio real, con escudo y blasones. Después pasó a llamarse colegio de San Andrés. Desde entonces se empezó a reunir dinero proveniente del 3% de las rentas eclesiásticas y del valor de una canonjía suprimida, que para agosto de 1809 ascendía a la suma de cerca de 50.000 pesos, cantidad que fue entregada por el obispo Andrés Quintián Ponte y Andrade en calidad de préstamo al gobernador Melchor Aymerich, quien nunca la devolvió, para atender el equipamiento de la tropa que lucharía contra la revolución del Diez de Agosto. El mencionado obispo trajo desde Lima a buenos profesores, siendo el más renombrado el doctor José Mejía, quien influyó en los cuencanos para que se dedicaran a estudiar y cultivar las letras. El seminario como tal fue creado por disposición de Fernando VII el

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6 de septiembre de 1813, con el impulso del encargado del obispado, el argentino José María Landa y Ramírez y del cuencano Miguel Custodio Vintimilla. En 1816, con el obispo José Ignacio Cortázar hubo una nueva fundación con el nombre de San Ignacio de Loyola y consta como rector José María Landa Ramírez. Comenzó a funcionar normalmente desde 1818. Fue también rector Andrés Villamagán, presbítero quiteño y catedrático de moral fray Vicente Solano. En la época de Diego Noboa retomó el carácter de seminario pues se había cambiado por un colegio con el nombre de San Ignacio, ya citado. A partir de 1847 empezó a ser mixto, es decir, a aceptar laicos que no aspiraban a ser sacerdotes. El seminario fue reformado y elevó su calidad académica cuando fue obispo de la ciudad Remigio Estévez de Toral. Valiosos profesores como Vicente Cuesta, Rafael Villagómez Borja y Luis Cordero dieron prestigio al Seminario. Antes había trabajado con provecho Tomás Rendón. ANEXO Nº 5 AHCA/C. Cuenca. 1815. L. 1. fol. 3. Cabildos Eclesiásticos. // (fol. 3) … Año de 1815. Al Ylustrisimo Señor Obispo sobre el Recibo de la Cedula del Obispo. …han sido obedecidas, mandadas guardar, cumplir y executar las Reales Cedulas de 20 de Noviembre…haviendo dado inmediatamente posecion del Gobierno á nombre de Vuestra Señoría Ylustrisima, al Señor Canonigo Penitenciario Doctor Don José Maria Landa y Ramirez, mandó que se circule por las Vicarias de la Diocesis para los efectos que se expresan. …Cuenca 13 de Julio de 1815. Ylustrisimo Señor - Doctor Juan Manuel Diaz de Avecillas – Fausto de Sodupe – Doctor José Maria de Landa y Ramirez – Josef Mexia – Tomas Borrero – Bernardino de Alvear – Ylustrisimo Señor Doctor Don José Ignacio de Cortazar Dignisimo Obispo Electo de esta Diocesis…… AHCA/C. Cuenca. 1815. L. 1. fol. 3v-4. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 3v)…..Al mismo señor Gobernador que los Curas de la Catedral no deben cobrar derechos por los entierros de los Señores Obispos. …el Presvitero Don Mariano Ysidro Crespo Cura del Sagrario de esta Santa Yglesia Catedral…estubo mui distante de arreglarse al Capitulo 38 Libro 2° del Seremonial de Obispos en la Administracion de Sacramentos, funeral y exsequias del finado Excelentisimo e Ylustrisimo Señor antecesor de Vuestra Ylustrisima; cuya gestión arguye la falta de veneracion con que en ningún caso será capaz de conducirse con su Prelado este Venerable Cuerpo ál mismo tiempo que se le hace el agravio de suponérsele poco instruido en sus obligaciones,…y de introducir en esta Diosesis u abuso perjudicial, pues que si el Cura de la Catedral por la asistencia material a las exequias debe reportar gratificación, con mucha mas razón los Curas de las cinco leguas que están en gastos y molestias que no tiene aquel, y en tal caso se haría contra lo dispuesto por el Seremonial que nada les asigna, …(fol. 4)…lo que parece mas conforme a justicia declarando desde luego por temeraria e irracional la pretencion del Cura Crespo…Sala Capitular de Cuenca 10 de Octubre de 1815 - Ylustrisimo Señor.- Doctor Juan Manuel Diaz de Avecillas y Benites – Fausto de Sodupe – Doctor José Maria de Landa y Ramirez – Josef Mexia – Tomas Borrero – Juan Antonio de la Magdalena Xaramillo – Ylustrisimo Señor Doctor Don José Ignacio de Cortazar Dignisimo Obispo de Cuenca…

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AHCA/C. Cuenca. 1818. L. 1. fol. 17. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 17)…A la Real Junta de Diezmos, partisipandole el nombramiento de Jues Hazedor de Diezmos en el Señor Landa por ausencia del Señor Sodupe. Por Acta Nombrada en esta fecha há sido nombrado el Señor Doctor José Maria de Landa y Ramirez Dignidad Maestrescuela de esta Santa Yglesia Catedral de Juez Hazedor de Diezmos, durante la Ausencia del Señor Aureliano Don Fausto Sodupe, para que por falta de este requisito, no padezcan entorpesimientos los asuntos pendientes, como lo há representado el Señor Doctor Don Juan Aguilar Juez Hazedor por parte de la Mitra. Y para los efectos combenientes lo comunica á Usias. Dios Guarde a Vuestros Señores muchos años. Sala Capitular de Cuenca 5 de Mayo de 1818.- Doctor Juan Manuel Diaz de Avecillas y Benites– Josef Mexia – Juan Antonio de la Magdalena Xaramillo Tavera – José de Granda - Tomas Borrero – Pedro Ochoa – Señores de la Real Junta de Diezmos. AHCA/C. Cuenca. 1818. L. 1. fol. 17v. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 17v) Al Ylustrisimo Señor Obispo sobre el nombramiento de Juez Hazedor de Diezmos conferido al Señor Landa por ausencia del Señor Sodupe. Ylustrisimo Señor.- Haviendo hecho presente el Señor Juez Hazedor por parte de Vuestra Señoría Ylustrisima que para que no padezcan Atraso los negocios relativos a Diezmos con perjuicio del interés que en su pronto Despacho tienen ambas Magestades y los partisipes, durante la ausencia del Señor Aureliano Don Fausto Sodupe destinado por Vuestra Señoría Ylustrisima a la Visita General; y habiendo procedido desde luego á nombrar quien le sobstituya por parte del Cavildo; ha Salido Electo el Señor Maestrescuela Doctor Don José Maria de Landa y Ramirez, y lo pone en noticia de Vuestra Señoría Ylustrisima.- Dios Guarde a Vuestra Señoría Ylustrisima muchos años. Sala Capitular de Cuenca 5 de Mayo de 1818.-Ylustrisimo Señor.- Doctor Juan Manuel Diaz de Avecillas y Benites– Doctor José Mexia – Juan Antonio de la Magdalena Xaramillo Tavera – Josef de Granda - Tomas Borrero – Pedro Ochoa – Ylustrisimo Señor Doctor Don José Ygnacio de Cortazar Dignisimo Obispo de esta Diocesis…… ANEXO Nº 6 AHCA/C. Cuenca. 1818. L. 1. fol. 36-36v. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 36)…… Al Señor Teniente Governador Yntendente Sobre la entrega del Pontifical. Siendo ya muy Urgente la falta del Pontifical que Sacaron los Señores Maestrescuela Doctor Don José Maria de Landa, y Don Pablo Ochoa Oydor de la Real Audiencia de Santa Fe sin conocimiento de este Cavildo para remitirlo á Guayaquil, como lo verificaron, el Ylustrisimo Señor Obispo finado Don José Ygnacio Cortazar, del que quedó por fallecimiento del Exelentisimo é Ylustrisimo Señor Don Andrés Quintian y Ponte; espera este Venerable Cuerpo, que sin embargo de lo representado para que se tasen los deterioros que hubiesen, sin perjuicio de lo que hubiese lugar en Derecho, y con respecto a que en la Caxa Real podrá maltratarse mas de lo que se (fol. 36v) halla, y aun llegan á inutilizarse, se sirva Vuestra Señoría disponer que inmediatamente se entregue bajo de Ynbentario, y Conforme al recibo que otorgaron dichos Señores al Sacristan Mayor de esta Santa Yglecia de Cuenca 27 de Noviembre de 1818.- Doctor Juan Manuel Diaz de Avecillas y Benites –

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Fausto de Sodupe – Señor Teniente Governador Yntendente Ynterino Lizenciado Don Juan Lopez Tormaleo… ANEXO Nº 7 AHCA/C. Cuenca. 1819. L. 1. fol. 37-37v. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 37)…Año de 1819. Al Señor Presidente Sobre la provicion de la Canongia Penitenciaria. Exelentisimo Señor.- En Acta de esta fecha ha Acordado este Cavildo que respecto á hallarse Vacante la Canongia Penitenciaria de esta Santa Yglesia Catedral desde el trese de Agosto de mil ochosientos quinze por asenzo del Señor Doctor Don José Maria Landa a lá Maestrescolia de esta misma Yglesia, se solicite de Vuestra Excelencia su permiso y veneplacito para librar el correspondiente Edicto para su provicion; lo que hace presente á Vuestra Excelencia para que no hallando inconveniente en ello pueda este Venerable Cuerpo Cedevacante proceder a fixar dicho. Edicto con el termino de los seis meses prevenidos por la Ley.- Dios Guarde a Vuestra Exelencia muchos años. Sala Capitular de Cuenca y Enero 26 de 5 de 1819.- Excelentisimo Señor.- Doctor Juan Manuel Diaz de Avecillas y Benites – Fausto Sodupe.- Doctor Josef Mexia –Excelentisimo Señor Presidente Vice Patrono Real Don Juan Ramirez...... Archivo Nacional de Historia de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay (ANH/C). ANH/C. Cuenca. 1822. C.37201. Gobernación Administración. (fol. 1) //El testimonio adjunto instruira á Vuestra Señoria de lo que conforme a la ultima voluntad del finado Doctor Manuel Veintimilla obró de Alvacea, cuyos documentos son los unicos que se encuentran en el Archivo de este Cavildo como no se tenga a la vista de la causa mortuoria del citado Veintimilla, tampoco puede dar á Vuestra Señoria una idea caval de los fondos que puedan pertenecerle en la maza que de los dichos bienes devia resultar para la importancia de obras pias á que fueron destinadas. Dios Guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Sala Capitular de Cuenca Mayo 2 de 1822 [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez. [r] Doctor Josef Mexia. [r] Pedro Ochoa . [r] Doctor Andres Villamagan. ANEXO Nº 8 ANH/C. Cuenca. 1822. C.32336. Gobernación Administración. (fol. 1) //Cuenca Octubre 17 / 1822. Al Señor Gobernador de Cuenca. Luego que se ponga corriente el Seminario de esta Ciudad, cuidare de que las personas comprehendidas en decreto de 20 de Diziembre de 1821 que Vuestra Señoría se Sirve dirigirme en testimonio con oficio 16 del corriente, hagan el Juramento que en el se previene. Dios Guarde a Vuestra Excelencia muchos años. [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez.//

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ANEXO Nº 9 Señor Governador y Comandante General de Cuenca.//ANH/C. Cuenca. 1823. C.40236. Gobernación Administración. (fol. 1) //Cuenca Noviembre 14 /1823-13° Al Señor Gobernador de Cuenca. Reunida la asamblea Electoral para nombrar representante conforme a la Orden de Poder Egecutora que Vuestra Señoria se sirvio transcrivirme; obtubo la pluralidad absoluta para este encargo el Señor Ygnacio Valdivieso y Rada. Lo comunico a Vuestra Señoria para su inteligencia y y en contestacion. Dios Guarde a Vuestra Señoria. [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez.// ANH/C. Cuenca. 1824. C.34483. Gobernación Administración. (fol. 1) // Cuenca Septiembre 15 de 1824 – 14. Al Señor Yntendente del Departamento del Asuai. Ympuesto del oficio que con esta fecha se sirve Vuestra Señoria dirigirme para que á consequencia de haver admitido la Camara de representantes la renuncia del Señor Ygnacio Cardenas, en reunion extraordinaria le de Sucesor la Junta Electoral; acabo de transcrivir a los Señores Juezes Politicos de Canton la disposicion del Poder Egecutivo que Vuestra Señoria se sirve copiarme; a fin de que reunidos los electores el 27 del corriente en el lugar acostumbrado tenga su devido cumplimiento y (fol. 2) lo comunico a Vuestra Señoria para su inteligencia y en contestacion como lo verificare con el resultado de la elección. Dios Guarde a Vuestra Señoria. [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez.// ANH/C. Cuenca. 1824. C.34523. Gobernación Administración. (fol. 1) // Cuenca Octubre 6 de 1824 – 14° Al Señor Yntendente del Departamento del Asuai. Reunidas mas de las terceras partes de electores para nombrar Representante a la Junta Electoral por la dimicion del Señor Ygnacio Cardenas; resulto el Señor Presvitero Andres Beltran con dose votos, y el Ciudadano Manuel Casto Alvear con onze. Lo comunico a Vuestra Señoria para su inteligencia del Gobierno. Dios Guarde a Vuestra Señoria. [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez.// ANEXO Nº 10 AHCA/C. Cuenca. 1825. L. 1. fol. 55v-56. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 55v)…Al Excelentísimo libertador felicitandole el triunfo de las armas en Ayacucho. Cavildo Ecleciastico.- Sala Capitular de Cuenca 8 de Enero de 1825. Al excelentisimo Señor Libertador Presidente de Colombia.- En la imposivilidad de trasladarse este Cabildo Eclesiastico á una inmenza distancia para felicitar á Vuestra Excelencia por los triunfos de las Armas de Colombia en Ayacucho á tenido á bien Diputar el efecto al Señor Presidente de Coro Doctor José Maria de Landa; satisfecho de que Vuestra Excelencia admitirá

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con plaser la unica demostracion que de algun modo puede llenar los votos del Clero de Cuenca.- Dios Guarde a Vuestra Exelencia (fol. 56) Excelentisimo Señor.- Doctor Josef Mexia – Pedro Ochoa – Doctor Andrés Villamagan – Bernardino Alvear……. ANEXO Nº 11 ANH/C. Cuenca. 1825. C.33127. Gobernación Administración. (fol. 1) // Cuenca Octubre 6 de 1825 – 14° Al Señor Yntendente y Comandante General del Departamento del Asuay. Tendra su devido cumplimiento lo dispuesto por el Supremo Poder ejecutivo en 21 de Abril ultimo sobre que en los Colegios de la Republica se dicten los Cursos de Filosifia en Castellano como se há verificado en el de esta Capital, a virtud de los reglamentos del mismo Supremo Gobierno que asi lo tenian prevenido. Dios Guarde a Vuestra Señoria. [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez. (fol. 2) Cuenca Agosto de 1825 – 14° Al Señor Yntendente y Comandante General del Departamento del Asuay. En su caso será debidamente cumplido el Decreto del Supremo Gobierno a 21 de Marzo ultimo relatibo á que en la cita de las Leyes se haga solo mención de la fecha en que el Poder Ejecutivo lo mandó ejecutar. Dios Guarde a Vuestra Señoria. [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez.// ANH/C. Cuenca. 1826. C.23781. Gobernación Administración. (fol. 1) // Cuenca Mayo 12 de 1826 – 16° Al Señor Yntendente y Comandante General del Departamento del Asuay. En este momento que son las dies y media conduce el Notario del Venerable Dean y Cavildo al Señor Canonigo Andres Villamagan transcripto el oficio que Vuestra Señoria se há servido pasarme en esta fecha para que precisamente a entrar mañana todos los Señeres vocales á la oposicion, y leccion, que habiendo sacado puntos en esta mañana debe pacientar el Señor Don José Antonio Arevalo como unico opocitor. El Señor Doctor Villamagan se ausento por recobrar su salud perdida, como es publico y notorio: se halla en tal distancia, que puede comodamente regresar para las diez del dia de mañana. Los demas Señores aun que achacosos, y ocupado alguno de ellos con exercicios publicos, és de esperar que deje por un corto espacio de tiempo esta ocupación, y se contraiga á la de su Silla, á cuyo fin he mandado poner en noticia de todos la Nota de Vuestra Señoria á que contesto. Dios Guarde a Vuestra Señoria. [r] Doctor José Maria de Landa y Ramirez.// ANEXO Nº 12 AHCA/C. Cuenca. 1828. L. 1. fol. 72-72v. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 72)…..Al Ylustrisimo Señor Obispo Sobre su Consagracion. Sala Capitular de Cuenca Julio 29 de 1828 – 18°.- Al Ylustrisimo Señor Doctor Miranda Dignisimo Obispo de Cuenca – Ylustrisimo Señor.- Reunido el Venerable Dean y

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Cavildo y Cabildo para inponerse de la Comunicación con que Vuestra Señoría Ylustrisima se ha servido favoreserle há tenido el Placer de ser informado por la apreciable Nota de Vuestra Señoría Ylustrisima 22 del presente mes de que la Yglesia de Cuenca há merecido el 13 del mismo haya sido Ungido su legitimo Pastor por el Venemerito Prelado de la de Popayan. Los Miembros que tienen el honor de Componer este Cuerpo, no hallan expresiones adequadas para felicitar el rebaño encargado a Vuestra Señoría Ylustrisima los que se hallan animados todos por la mas pronta posecion de su amable persona; y por que el cielo prodiga a Vuestra Señoría Ylustrisima gracias que (fol. 72v) haga disfrutar á cada uno de sus Diocesanos.- A Consequencia del nombramiento que Vuestra Señoría Ylustrisima se sirvió conferir al Señor Dean de esta Santa Yglesia Catedral Doctor Josef Maria de Lada y Ramirez, previa la annuencia del Señor Yntendente del Departamento, prestó el Juramento prevenido por Derecho, y tomó posecion del gobierno de la Diocesis á nombre de Vuestra Señoría Ylustrisima, haviendo acordado que el Jueves 31 del corriente, se Celebre Misa en accion de Gracias, con asistencia de las Autoridades. Tienen el honor los que Subscrivén de ofrecer a Vuestra Señoría Ylustrisima la mas alta concideracion, y respeto con que se lisongean ser sus mas obsequiosos Subditos, y Servidores.- Dios Guarde a Vuestra Señoría Ylustrisima.- Ylustrisimo Señor.- Doctor Josef Maria de Landa y Ramirez.- Doctor Josef Mexia – Pedro Ochoa – Doctor Miguel Rodriguez – Bernardino de Alvear – Josef Antonio Marcos... ANEXO Nº 13 AHCA/C. Cuenca. 1829. L. 1. fol. 75v. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 75v) Al Señor Rector del Colegio Seminario Doctor Josef Maria de Landa para que se haga Cargo de la Hazienda de Sulupali. Cavildo Ecleciastico.- Sala Capitular de Cuenca Diziembre 18 de 1829-19°.- Al Señor Dean y Rector del Colegio Seminario de esta Ciudad.- En esta fecha há dado Cuenta el Doctor Josef Maria Canisares por Nota de 14 del presente del Existo de su Comicion sobre la entrega que hiso de la Hazienda de Sulupali el Doctor Miguel Ygnacio Valdivieso, y Notandose en las diligencias practicadas que no hay recibo de ella por parte del Colegio que en acto continuo devio haverse hecho cargo de la misma por medio de un personero, con cuyo obgeto se hiso notificar á Vuestra Señoría el Decreto Sobre la resepcion: há tenido á bien providenciar en esta fecha lo siguiente - Sala Capitular de Cuenca Diziembre 18 de 1829 – 19°.- Recivido en esta fecha con los Documentos que acompaña, inmediatamente recivirá la Hazienda el Colegio que se hará Cargo de ella, como devio haverse hecho quando se concluyo la Entrega por parte del Doctor Valdivieso, lo que se entendia basicamente en el Decreto de Comicion para la resolucion, proveydo por este Cavildo que nunca pudo querer hubiese morocidad en este particular. Debuelvase esta Nota con los Documentos ál Señor Provisor para que se agreguen a los Autos de la materia, y pasese Oficio con insercion de este Decreto al Señor Rector para su inteligencia – El Arzediano – El Maestrescuela – Doctor Villamagan Marcos – Beltran – El Cavildo pues en Cumplimiento de su dever, y en obsequio del Seminario, desea que en este particular se proceda sin perdida de momentos, como copera de la exactitud de Vuestra Señoría - Dios Guarde a Vuestra Señoría.- Mariano Batallas - Bernardino de Alvear – Doctor Andrés Villamagan - Josef Antonio Marcos – Andrés Beltran de los Rios.

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ANEXO Nº 14 AHCA/C. Cuenca. 1830. L. 1. fol. 76-76v. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 76)……..Lizencia al Señor Dean Governador para que pueda pasar a Quito. Sala Capitular de Cuenca Mayo 7 de 1830.- Al Señor Doctor José Maria de Landa y Ramirez Dean de esta Santa Yglesia Catedral y Governador del obispado: Señor Ynteligenciado este Cavildo del orden del Señor General Prefecto General del Sur há comunicado á Vuestra Señoría a fin de que con la mayor brevedad posible se ponga en camino para la Ciudad de Quito, Há convenido de acuerdo comun conceder á Vuestra Señoría la licencia necesaria al efecto y como con la partida de Vuestra Señoría (fol. 76v) Resultaria quedar asefala la Yglesia á Resuelto oficiar ál Señor Doctor José Maria Riofrio Vicario Capitular para que venga á llenar sus deveres tomando entre tanto este Cavildo las riendas del Gobierno en fuerza de este caso extraordinario y con arreglo a los Canones.- Dios Guarde a Vuestra Señoría.- Mariano Batallas - Bernardino Alvear – José Mexia – Pedro Ochoa - Doctor Andrés Villamagan – Doctor Miguel Rodriguez - Josef Antonio Arevalo Josef Antonio Marcos – José Matias Orellana - Andrés Beltran de los Rios ………. ANEXO Nº 15 AHCA/C. Cuenca. 1830. L. 1. fol. 77. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 77)Al Señor General Prefecto Torres. Sala Capitular de Cuenca Noviembre 26 de 1830 – 20° Al Señor General Prefecto del Departamento Ygnacio Torres – El Señor Tesorero principal Francisco Eugenio Tamaris se Ha presentado en este Cavildo Solicitando el reconosimiento de la letra y firma de un Escrito presentado ante Vuestra Señoría por el Señor Dean Doctor Josef Maria de Landa, como igualmente testimonio de él Para los efectos indicados es necesario el enunciado Escrito: por lo tanto Suplica á Vuestra Señoría este Cavildo se sirva remitirlo con Cargo de su debolucion luego que se evoque el asunto – .Dios Guarde a Vuestra Señoría.- Mariano Batallas - Bernardino Alvear –Andrés Beltran de los Rios, Secretario … ANEXO Nº 16 AHCA/C. Cuenca. 1830. L. 1. fol. 77. Cabildos Eclesiásticos. (fol. 77)Al Señor General Prefecto Torres. Sala Capitular de Cuenca Noviembre 26 de 1830 – 20° Al Señor General Prefecto del Departamento Ygnacio Torres – El Señor Tesorero principal Francisco Eugenio Tamaris se Ha presentado en este Cavildo Solicitando el reconosimiento de la letra y firma de un Escrito presentado ante Vuestra Señoría por el Señor Dean Doctor Josef Maria de Landa, como igualmente testimonio de él Para los efectos indicados es necesario el enunciado Escrito: por lo tanto Suplica á Vuestra Señoría este Cavildo se sirva remitirlo con Cargo de su debolucion luego que se evoque el asunto – .Dios Guarde a Vuestra Señoría.- Mariano Batallas - Bernardino Alvear –Andrés Beltran de los Rios, Secretario …

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ANEXO Nº 17 AHCA/C. Cuenca. 1831. L. 2. fols. 1-1v. Cabildos Eclesiásticos. // “(fol. 1) Año de 1831. Acta de Elecciones de año nuebo. En la Ciudad de Cuenca a primero de Enero de mil ochosientos treinta y uno. Los señores del Venerable Dean y Cavildo sede vacante de esta Santa Iglecia Cattedral y Governador del Obispado por ausencia del Señor Dean Doctor Josef de Landa y Ramires que exercia el Govierno por igual ausencia del Señor Vicario Capitular Doctor Josef Maria Riofrio... ... Hallandose juntos, y congregados en esta sala capitular para elegir, y nombrar las Personas que deven servir los ofcios de la Iglesia en el presente año, procedieron a la votacion... (fol. 1v) ... Para Claveros, segun la graduacion dispuesta por la cedula del caso, fueron nommbrados los Señores, Dean Doctor Josef Maria de Landa, y Canonigo Pedro Ochoa... Con lo qual se concluyó esta Acta, y lo firmaron los Señores que la componen de que doy feé.[r] Mariano Batallas [r] Bernardino de Albear [r] Pedro Ochoa [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Jose Antonio Marcos [r] Andrés Beltran de los Rios Ante mi [r] Josef Izquierdo del Prado Notario de Cabildo... AHCA/C. Cuenca. 1835. L. 2. fol. 39v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 39)... Oficio Sala Capitular de Cuenca y Agosto veintiseis de mil ochocientos treinta y sinco.- Haviendo Jurado el Venerable Dean y Cavildo de esta Santa Iglesia Catedral la Constitucion de la Republica del Ecuador, en los terminos que previene el Articulo cuarto del decreto de tres del presente mes espedido por la Convencion Nasional; tengo la honrra deacompañar a Usia la Certificacion que se previene en el articulo septimo del mencionado Decreto dando contestacion a su apresiable nota de veinticuatro del corriente conque se sirvió usia dirijirlo.- Dios Guarde a usia.- Doctor José María de Landa.Es Copia [r] Ortega...” AHCA/C. Cuenca. 1835. L. 2. fol. 39v-40. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 39v)... Eleccion de Juez Hacedor de Diezmos. En la Sala Capitular de Cuenca en Veinte y tres de Octubre de mil ochosientos treinta y cinco. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo á saber Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez Dean Bernardino de Alvear Maestrescuela: Doctor Josef Mexia Ca (fol. 40) nonigo de Merced el Señor Doctor Miguel Rodriguez Canonigo; El Señor Andres Beltran y el Señor Jose Torres Racioneros; el Señor Doctor José Mariano Plaza, y el Señor Jose Fermin Villavicencio Medios Racioneros.Hallandose juntos y congregados para elegir Juez Hacedor de Diezmos por parte de la Mitra en virtud de haveresele admitido al Señor Reverendo Andrés Beltran la renuncia de este destino; reunió el Señor Dean Doctor Jose de Landa la pluralidad absoluta de votos. Con lo que queda concluida la presente acta y la firmaron por ante mi de que doy feé [r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Bernardino de Albear

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[r] Doctor Jose Mexia [r] Andres Beltran de los Rios [r] Jose Fermin Villavicencio

[r] Jose Torres

[r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor Jose Maria Plaza

Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1831. L. 2. fols. 1v-2. Cabildos Eclesiásticos.(fol.1v)…Nonbramiento de Vicario Capitular y de Monjas en el Señor Prevendado Racionero Andrés Beltran de los Rios.En la Ciudad de Cuenca á quatro de enero de mil ochosientos treinta y uno. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo sede vacante de esta Santa Iglecia Catedral, y Governador del Obispado por ausencia del Señor Dean Doctor Josef María de Landa y Ramirez en Guayaquil, quien exercia el Govierno por igual ausencia en Loxa del Señor Vicario Capitular Doctor Josef Maria Riofrio; ha saver... ... (fol. 2) Hallandose juntos, y en esta Sala Capitular hasiendo Cavildo Ordinario por ser dia Martes señalado por la ereccion, y a mas de esto por citacion de los Señores Vocales para proceder a la admision de la renuncia que há hecho el Señor Doctor Josef Maria Riofrío de la Vicaria Capitular de este Obispado con fecha en Loxa á veinte de Diziembre ultimo... se admitió la renuncia por Decreto de esta fecha y asu consequencia se mandó que en el mismo día se porceda a la Eleccion... y haviendo hecho el escrutinio de ellas por el presente Notario reunió todos quatro votos para el Vicario Capitular, y de Monjas el Señor Prevendado Racionero Andrés Beltran de los Rios... Con lo que se concluyó esta Acta, y lo firmaron los Señores que la componen de que doy feé.[r] Mariano Batallas [r] Bernardino de Albear [r] Pedro Ochoa [r] Andrés Villamagan. Ante mi [r] Josef Izquierdo del Prado Notario de Cabildo... AHCA/C. Cuenca. 1831. L. 2. fols. 12-12v.-13. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 12)... Nombramiento de Vicario Capitular en el Señor Garaycoa. En la Ciudad de Cuenca á catorse de Diziembre de mil ochosientos treinta y uno. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo sede vacante de esta Santa Iglecia Catedral, Dr Josef Maria de Landa y Ramírez Dignidad de Dean, Mariano Batallas, Dignidad de Arzediano, Bernardino de Alvear, Dignidad de Maestrescuela, Doctor Josef Mexia, Pedro Ochoa, y Doctor Andres Villamagan Canonigos de Merced, Doctor Miguel Rodriguez (fol. 12v) Canonigo Doctoral; y Doctor Josef Antonio Arevalo Canonigos Penitenciarios.Hallandose Juntos y congregados en esta sala capitular haviendo cavildo extraordinario por citacion se tubo a la vista la nota oficial de siete del corriente dirijida á este Venerable Cuerpo por el Ministerio del Interior, de una representacion del Señor Prevendado Andres Beltran de los Rios renunciando la Vicaria Capitular y de Monjas á cuya solicitud se ha proveydo el Decreto del tenor siguiente.- Cuenca: Diziembre catorse de mil ochosientos treinta y uno.- Vigesimo Primo.- Por manifestada la carta; admitese la renuncia que del Provisorato y Vicaria de Monjas de la Diocesis hase el Señor Prevendado Andres Beltran de los Rios, y procedese acto continuo a la eleccion de Vicario Capitular y de Monjas...

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... de que doy fe quedó de manifiesto, que por unanimidad de Vo (fol. 13) tos fue electo Vicario Capitular y de Monjas el Señor Doctor Francisco Xavier Garaycoa... acordaron igualmente que el Señor Canonigo Penitenciario Doctor Josef Antonio Arevalo sirva provicionalmente ambos destinos, mientras que el Señor Garycoa los asepte y se haga cargo del Govierno de esta Diocesis... Con lo qual se concluyó esta Acta y la firmaron los Señores que la componen de que doy feé.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Mariano Batallas [r] Bernardino de Albear [r] Doctor Jose Mexia [r] Pedro Ochoa [r] Doctor Andres Villamagan [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor José Antonio Arevalo Ante mi [r] Josef Izquierdo del Prado Notario de Cabildo...” AHCA/C. Cuenca. 1832. L. 2. fols. 15-15v. Cabildos Eclesiásticos. “ (fol. 15)... Acta de Elecciones de oficios para el servicio de la Iglecia. En la ciudad de Cuenca a 1º de Enero de 1832. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo de esta sede vacante de esta Santa Iglecia Catedral... ... Sin concurso del Señor Dean Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez ni de los Señores Jose Antonio Marcos y Doctor Jose Maria Riofrío. Hallandose juntos y congregados en esta sala Capitular para la eleccion y nombramiento de las personas que deven servir los oficios de la Iglecia en el presente año, prosedieron a la votacion... y en virtud de ella quedó electo el Señor Dean Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez de Procurador de este Benerable Cabildo... (fol. 15v)... Con lo cual se concluyó esta Acta y la frmaron los dichos Señores presentes de que doy feé.r] Mariano Batallas [r] Bernardino de Albear [r] Doctor Jose Mexia [r] Pedro Ochoa [r] Doctor Andres Villamagan [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor José Antonio Arevalo [r] Jose Matias Orellana [r] Andres Beltran de los Rios [r] Doctor Jose Maria Plaza [r] Jose Fermin Villavisencio Ante mi [r] Josef Izquierdo del Prado Notario de Cavildo...” AHCA/C. Cuenca. 1832. L. 2. fols. 16v-17. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 16v)... Nombramiento de Vicario Capitular al Señor Racionero Doctor Jose Maria Riofrio. En la ciudad de Cuenca á diez y seis de Enero de mil ochosientos treinta y dos. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo sede vacante de esta Santa Iglecia Catedral, Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez de Dean... ... Hallandose juntos, y congregados en esta sala Capitular a efecto de elegir Vicario Capitular y de Monjas segun se halla prevenido con fecha de trese del corriente... Pusieron los expresados sus votos... (fol. 17)... Examinados recayó la eleccion de Vicario en el Señor Racionero Doctor Josef Maria Riofrio, cuya anuencia se solicitará para ponerlo en posecion del destino.

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Con lo qual se concluyo esta Acta, y la firmaron los Señores que la componen de que doy feé.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Mariano Batallas [r] Doctor Jose Mexia [r] Pedro Ochoa [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor José Antonio Arevalo Ante mi [r] Josef Izquierdo Notario de Cabildo...” AHCA/C. Cuenca. 1832. L. 2. fols. 17-17v-18. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 17)... No Corre. En la ciudad de Cuenca a Veinte y quatro de Enero de mil ochosientos treinta y dos. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo, Mariano Batallas Dignidad de Arzediano: Bernardino de Alvear Dignidad de Maestrescuela: Doctor Josef Mexia, y Pedro Ochoa Canonigos de Merced: Josef Matias Orellana, y Doctor Josef Maria Riofrio Racione (fol. 17v) ros; y Doctor Josef Mariano Plaza medio Racionero, sin concurso de los demas Señores por no haver asistido.Hallandose juntos y congregados los dichos Señores en esta Sala Capitular por ser Martes señalado en la ereccion, se leyó una Nota del Señor Prefecto del Departamento en que solicita sea contestada la que dirijió con fecha cinco del prersente relativa a poner en conosimiento de este Venerable Cuerpo la disposicion guvernativa que sus Señoria se ha servido dar, declarando sin efecto el nombramiento de Juez Hacedor de parte de la Mitra que recayó en el Señor Dean Doctor Josef Maria de Landa, y ordenando que el Venerable Cavildo subrogue dicho nombramiento en la persona que hubiere reunido Votos, ó proceda en su defecto a nueva eleccion. Quando esta Corporacion recivió el indicado oficio fixó su attencion en las observaciones en que el Señor Prefecto funda su resolucion, y hallando que todas estriban en el enemistad que el Señor Coronel Tesorero Francisco Eugenio Tamariz abriga contra el enunciado Señor Dean, acordó que el Señor Provisor Doctor Jose Maria Riofrio, y el Señor Doctoral Doctor Miguel Rodriguez pasasen personalmente a lo del Señor Prefecto a fin de que Su Señoria se dignase tomar un interes en consiliar los animos de los Señores Dean Doctor Jose Maria Landa, y el Tesorero Francisco Eugenio Tamariz para que, terminando las disenciones que en el concepto del Señor Prefecto pueden ser funestas a los intereses Fiscales, no hubiese inconveniente en que Exersiese el destino de Juez hacedor de parte de la Mitra la perzona que há meresido la confianza (fol. 18) del cavildo por cuya razon se omitió contestar la citada Nota. Como esta diligencia no há produsido el efecto que se deseaba, y el Señor General Prefecto insta por la contestacion mencionada; el Venerable Cavildo há tenido que considerar: Primero. Que el Señor General Prefecto, ni como Jefe del Departamento, ni como Vice –Patrono ni como Presidente de la Junta de Diezmos puede dejar sin efecto las deliveraciones de este Venerable Cuerpo en la presente materia, prinsipalmente quando ellas van acordes con las disposiciones Canonicales, y las Leyes Civiles.Segundo. Que el nombramiento de Juez Hacedor en la persona del Señor Dean, ni altera la Paz, y tranquilidad publica, ni puede crérse perjudicial a los interese del Fisco, mucho mas si se considera que la providad, rectitud, y zelo de entre ambos Señores no dan lugar a presumir sean capases de sacrificar aá enconos personales las rentas de cuya conservacion y cuydado estan encargados.Tersero. Que la medida que há adoptado el Señor Prefecto lejos de consiliar la paz, autorisa la enemistad del Señor Tamaris, pues que la califica como obice, que respecto de

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los destinos en que tiene intervencion el tesorero priva a los que no sean adictos á este del derecho que el Articulo onze de la constitucion del Estado concede a los Equatorianos. Quarto. Que este Venerable Cuerpo infringiria el Articulo cinquenta, y siete de la misma constitucion si subrogase el nombramiento en otra perzona antes de que el electo sea Oydo, y vensido en Juicio.Y Quinto. Que el Cavildo no puede proceder á nueva eleccion porque han cesado sus atribuciones desde que verificó el nombramiento en persona, que al paso que reune todas las calidades que requieren los Sagrados Canones, y las Leyes (fol. 18v) Civiles, es acreedora a la entera confianza de esta corporacion. en merito de estas consideraciones acordaron los Señores que suscriben.Primero. Que se conteste al Señor General Prefecto con copia de esta Acta suplicandole se sirva rebocar la disposicion referida.- Y Segundo. Que en caso de que su Señoria se deniegue a la rebocatoria, se eleve igual copia de esta Acta, y lo condusente con el informe respectivo á Su Excelencia el Señor Presidente del Estado para que se sirva dictar la Providencia que su saviduria estimase mas conveniente. con lo qual se concluyó esta Acta,y la firmaron los señores que la componen de que doy feé. AHCA/C. Cuenca. 1833. L. 2. fol. 22-22v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 22)... Sobre Elecciones de Jueces. En la sala Capitular de Cuenca á primero de Enero del año del Señor de mil ochocientos treinta y tres. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo Sede vacante de esta Santa Iglecia Catedral... sin asistencia del Señor Dean Doctor José Maria de Landa y Ramirez por su notoria enfermedad... ... Hallandose juntos y congregados, para elgir, y nombrar las personas que deban servir los oficios de Iglecia en el presente año, procedieron a la votacion de Jueces adjuntos... ... Con lo qual se concluyó esta acta y la firmaron sus señorias de que doy fee.[r] Mariano Batallas [r] Pedro Ochoa [r] Doctor Andres Villamagan [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Jose Antonio Marcos [r] Jose Matias Orellana [r] Doctor José Maria Riofrio [r] Doctor Jose Mexia (fol. 22) [r] Doctor Jose Maria Plaza [r] Jose Fermin Villavisencio Ante mi [r] Manuel de Ortega Notario de Gobierno y Cavildo...” ANEXO Nº 17 AHCA/C. Cuenca. 1835. L. 2. fol. 39-39v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 39)... Juramento de la Constitucion. En la sala Capitular de Cuenca y agosto ventiseis de mil ochosientos treinta y sinco. Reunido el venerable Dean y Cavildo a saber el Señor Dean Doctor José Maria de Landa y Ramirez... ... Para dar cumplimiento al decreto de 13 del presente mes en que, la Convencion de la Republica cumplieron con el tenor del Articulo 4º,, Jurando seguir su Estado guardar y sostener la Constitucion de la Republica del Ecuador Sancionada por la Convencion Na-

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cional mandando de que conforme al Articulo 1º del mencionado Decreto se confiriese el correspondiente certificado de esta acta por mi el presente Escribano Publico y Notario mayor de la Diocesis acompañandose con el respectivo oficio al vuestro Señor General Prefecto en contestacion asu apresiable nota de 24 del corriente. [r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Pio Arteaga [r] Doctor Jose Mexia [r] Bernardino de Albear [r] Pedro Ochoa (fol. 39v) [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Andres Beltran de los Rios [r] Jose Torres Ante mi [r] Antonio Sevilla Escribano Publico y Notario mayor...” ANEXO N 18 AHCA/C. Cuenca. 1835. L. 2. fols. 40-42v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 40)... acuerdo aserca del informe que pide el encargado del Poder Ejecutivo. En la Sala Capitular de Cuenca en veinte y ocho de Octubre de mil ochosientos treinta y cinco. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo á saber Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez Dignidad Dean... (fol. 40v)... Hallandose juntos y congregados para evacuar el informe que Su excelencia se há servido pedir con fecha 14 del corriente por conducto del Señor Ministro del Interior sobre el reclamó que há dirijido al Supremo Gobierno el Doctor Miguel Pío Arteaga. ... El Señor Dean dijo: Que dirijendose las miras a Su excelencia el Señor Presidente de la Republica á peneciarse algun motivo que tubo este Venerable Cuerpo para nombrar de Vicario Capitular al Doctor Miguel Pío Arteaga és un deber poner á la vista el concordato de ambas Potestades luego que fue estrañado el Doctor Mariano Vintimilla, procediendo el Excelentisimo Señor Jefe Supremo en virtud de la autorizacion con que se hallaba investido, y el Prelado de la Diocesis Sede Vacante con arreglo a las disposiciones del caso, que no se estienden á ecsaminar si es inosente ó culpable el estrañado, ni somete las resoluciones al Gobierno Secular al juicio de la Iglecia en materias Politicas, que fueron las que dieron motivo para la Suprema Providenciad de 4 de Junio y siguientes.Declarada ya la vacante sin restitucion mentales que no tienen lugar en el Derecho, ni en materias tan delicadas como la de comunicar la Jurisdiccion espiritual de que depende la seguridad de las conciencias y de los Sacramentos; se procedió i demoró de los ocho dias que prescribe el Tridentino á elejir Vicario Capitular ejerciendo entretanto el Venerable Dean y Cabildo la Jurisdiccion que habia de reasumir dando comicion á uno de los Señores del Capitulo para que presidiese la eleccion de Priora de Monjas del Carmen de esta Ciudad, y despachando (fol. 42v) varias dispensas privatibas de la Jurisdiccion Ordinaria Diocesana. Haberse declarado la Vacante, y haber reasumido el Gobierno resulta de la Acta de 29 de Junio; y haber sido nombrado Vicario Capitular el Doctor Pio Arteaga de la de tres de Julio del presente año, sin que hasta este momento haya innovado por su parte en la materia. Con lo que concluyó esta Acta, y la firmaron de que doy fe. [r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Bernardino de Albear [r] Doctor Jose Mexia [r] Doctor Miguel Rodriguez

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Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular En el mismo dia se dirijió al Supremo Gobierno copia de esta Acta...” AHCA/C. Cuenca. 1836. L. 2. fol. 46-48v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 46)... Aserca del informe que pide el Ministro del Interior. En la Sala Capitular de Cuenca en quince de Noviembre de de mil ochosientos treinta y seis. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo á saber Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez Dignidad Dean... ... Hallandose juntos y congregados para evacuar el Informe que de orden del Supremo Govierno há pedido el Señor Ministro del Interior con fecha dos del corriente sobre la solicitud que elevaron en la de veinte y seis de Octubre ultimo los Doctores Julian Antonio Alvares, y Jose Peñafiel.Dijo el Señor Canonigo Doctor Andres Villamagan... (fol. 47)... El Señor Canonigo Doctor Jose Mejia dijo... El Señor Maestrescuela dijo... El Señor Arcediano dijo... (fol. 47v)... El Señor Doctor Jose Maria de Landa dijo: que desde que Su Excelencia con vista de lo que este Venerable Cuerpo espuso en veintiocho de Octubre de mil ochosientos treinta y cinco a consecuencia de las representaciones que dirijio el Señor Doctor Pio Arteaga reclamando el Provisorato de la Diocesis, declaró que debia conocer de este negocio el Venerable Dean y Cabildo se revocó en duda la Jurisdiccion que el Señor Doctor Mariano Veintimilla ejercia en la Diocesis sin nuevo nombramiento del Venerable Dean y Cabildo a virtud de la destitucion que anteriormente habia sufrido en cumplimiento de las ordenes del Supremo Govierno extraordinariamente autorisada por los Pueblos. Que esta misma duda de su autoridad la tiene ratificada el expresado Supremo Gobierno en las ordenes que ha librado para que se suspenda la vicita, sin que pueda en ningun caso acojerse a la quisencia de este Venerable cuerpo por que las formulas de un juicio establecida por las Leyes ni pueden alternarse ni dejan de servir de moratorias maliciosas a litigantes de mala fee. Que en tales circuns (fol. 48) tancias decantandose delicadesa, y zelo por las almas se há devido sacrificar todo para no exponer la perdicion de ellas como lo hán hecho los Padres de la Iglecia que nos antecedieron sin que se les haya objetado que se esponia el valor de los Sacramentos y las funestas consecuencias que produciría en el orden civil, y espiritual, si llegase el caso de declararse nulo el Provisorato del Doctor Mariano Vintimilla. Que para que no continuen en lo subcesivo, es de vital necesidad, que asi como en un principio se acordó por ambas potestades su separacion sin guardar estas formalidades para resumir al Doctor Vintimilla el Govierno de la Diocesis se adopte la medida que para iguales casos hátenido lugar en la Iglesia, ya sea nombrando un Vicario Capitular ó un Governador Provisorio que ejersa lejitimamente la jurisdicccion mientras que los colitigantes alcansan declaratoria de la autoridad competente con lo que se aquietarán las consiencias, y no continuaran las nulidades a que están expuestas las providencias que emanarian de una autoridad incompetente. Que el remedio es urjente asi como los males son graves y en tales casos a Su Excelencia compete como protector de la Iglesia, y de los Canones segun la Constitucion obrer con la actividad que tiene acreditada en negocios de menor importancia. Con lo cual se concluyó está Acta y la firmaron los Señores que la componen de que doy fee.-

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[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Andres Beltran de los Rios [r] Doctor Jose Mexia [r] Bernardino de Albear [r] Andres Villamagan Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular Se saco copia de esta Acta que se dirijió al Supremo Gobierno en el Correo de esta fecha Cuenca Noviembre 16 de 1836.- Ortega...” AHCA/C. Cuenca. 1836. L. 2. fol. 49-53v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 49)... Si debe nombrarse Gobernador Eclesiastico, mientras se resuelba la question entre los Señores Doctor Mariano Vintimilla y el Doctor Pio Arteaga, aserca de la Vicaria Capitular. En la Sala Capitular de Cuenca á siete de Diciembre de de mil ochosientos treinta y seis. Hallandose reunidos los Señores bocales que Suscriven dijo el Señor Penitenciario... (fol. 49v)... el Señor Canonigo Doctor Andres Villamagan dijo...(fol. 50v)... el señor Canonigo Doctor Jose Mejia dijo... (fol. 51)... el Señor Maestrescuela Doctor Bernardino Alvear dijo... ... El Señor Dean Doctor Jose Maria Landa dijo: que sin embargo de que su dictamen en la actualidad es reducida á obedecer y cumplir la orden del Supremo Gobierno sobre que se nombre un Governador Eclesiastico durante la cuestion entre los Doctores Vintimilla y Arteaga por el bien que de esta medida resulta a los fieles como esta pronto a verificarlo en descargo de su conciencia, segun (fol. 51v) lo há manifestado en diversas ocasiones he emitido su opinion sobre materia, le parece indispensable esclarecer algunas equibocaciones que se han establesido como principios para que en vista de lo dicho por el Supremo Gobierno delivere lo que tenga por conveniente. Se supone en primer lugar que despues de destituido el Doctor Mariano Vintimilla de la Vicaria Capitular de esta Diocesis en veinte i nueve de Junio de ochosientos treinta y cinco; y haviendo sido nombrado en tres de Julio del mismo año el Doctor Arteaga, sin que haya innovado él Cabildo hasta la fecha este nombramiento, y elegido nuevamente segun el Tridentino al Doctor Vintimilla de Vicario Capitular pueda alcanzarse esta falta por la habilitacion que alcanzó del Supremo Gobierno Segunda que componiendose este Venerable cuerpo de cinco individuos con voto mientras que los interinos no obtengan la aprovacion del Senado, tan poco pueden reputarse por la Mayoria los Señores Rodriguez, Alvear y Orellana, que han suscrito la nota de 20 de Mayo ultimo no reconociendo al Doctor Mariano Veintimilla de Vicario Capitular, sino contestandole que quedaban inteligenciados de la delegacion que se hacia en el Señor Prevendado Doctor José Bau, que contrayendoes á la (fol. 52) actual reunion tampoco la mayoria dice reconocer, y obedecer al Doctor Mariano Vintimilla, sino los Señores como se reconoce por el tenor de esta acta han opinado que se obedesca y cumpla la providencia del Supremo Gobierno; dos que se obedesca y suplique; y uno que se necesita de tiempo por la gravedad del negocio para deliverar sobre la materia. De lo espuesto resulta que no habiendo obtenido nuevo nombramiento él Doctor Mariano Veintimilla de este Cabildo despues de haver sido destituido por el mismo cuerpo, no es tal Vicario Capitular de la Diocesis por los mismos principios en que se funda el Señor Villamagan de que la potestad civil no puede disponer de los negocios espirituales: Que la opresion en que esta sumergido el Doctor Arteagaapenas le permite hacer uso de su jurisdiccion en los terminos a que lo ha reducido el poder, cuyos actos devian conciderarse clandestinos, como no lo fueron los de los Papas perseguidos.

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Que socorrian á los fieles desde las Criptas sin que por eso se reputasen por clandestinos unos actos nesesarios. Que uniformandose con la Constitucion que tiene jurada como no lo han hecho algunos individuos de este cuerpo que no deben ser concideradas como Ecuatorianos, en el caso de permanecer obstinados obedese el Articulo 15 de ella sin que reconosca mas facultad en las Camaras que la de admitir las acusaciones contra el ejecutivo en ningun caso (fol. 52v) recurso deapelacion que en uno de sus escritos hizo el Doctor Veintimilla haver interpuesto para el Congreso: Que en igual conformidad considera un informe que que circula bajo las firmas de los mismos, á ecepcion de unos pocos que suscrivieron la representacion dirijida á Su Excelencia el Presidente estendida sin duda por el Doctor Veintimilla por impulsos de sostener las colocaciones que la han merecido. En el citado impreso en el Capitulo ultimo se leen estas palabras “Los que suscrivimos estamos dispuestos ántes á derramar nuestra sangre...y no dudamos que el pueblo cristiano hara otro tanto”. Este impreso se halla comprendido en la segunda clave de la ley del Articulo 4º de la ley de imprenta, en cuanto promueve la rebelion, ó perturbacion de la tranquilidad publica, y debilita el respeto devido á las autoridades constituidas. Si somos Ecuatorianos se se há jurado la Constitucion sin obligacion esta y las leyes en conciencia, es visto el ataque que se ha hecho con semejante impreso suponiendo á la mayoria de este Venerable Cuerpo incurso en las restricciones mentales á desobedecer la autoridad Suprema, suponiendo que de siete individuos tenian voto, y que (fol. 53) confieran haberse coligado con el Doctor Veintimilla para aparentar que nombraban Provisor fuese en la parte sana. De que resulta, ó que los escritores no reconocen á los de unas por individuos del Cuerpo como nombrados por el Gobierno Nacional o que si concienten los tres Señores en esta propocicion obran en consonancia con los cediciosos, y de consiguiente se halla el Gotero en el comprometimiento, ó de quitar las sillas en los que há nombrado en virtud de sus atribuciones, ó de escarmentar á los que años hános molestan con estas especies alborotando las conciencias dandonos él renombre de Sismaticos, y inspirando á los fieles que no reciban asi la comunion de nuestras manos, dejandolo de hacer hasta el Jueves Santo para confirmar el error. El esponente recomienda á Su Excelencia el cumplimiento de la ley de Imprenta, y que se mande que juren la Constitucion los que no lo han hecho. Con lo cual se verá si es verdadero el espiritu de religion con que se presentan. En este estado dijo el Maestrescuela que reconocia al Señor Veintimilla por Provisor. Con lo cual se concluyó está acta mandando que se diese cuenta con testimonio de ella al Supremo Gobierno (fol. 53v) y la firmaron, por ante mi de que doy fee.-... [r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Bernardino de Albear [r] Doctor José Mexia [r] Andres Villamagan [r] Doctor José Antonio Arevalo Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1836. L. 2. fol. 53v-55. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 53v)... Disputa de los Señores Capitulares si se puede, o no nombrar Vicario Interino En la sala Capitular de Cuenca en veinte y quatro de Diciembre de mil ochocientos

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treinta y seis. Los señores del Venerable Dean y Cabildo, a saber el Señor Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez Dean... ... Reunidos para dar cumplimiento á la orden del Supremo Poder Ejecutivo de 14 del corriente en que se ratifica la de 30 de Noviembre ultimo mandando que se proceda á nombrar un Vicario Capitular Interino, mientras que se decide por autoridad competente el pleito pendiente entre los Doctores Mariano Vintimilla, y Pio Arteaga, sobre quien lo sea legitimo de la Diocesis, con el laudable objeto de tranquilizar las conciencias, y de asegurar el (fol. 54) jercicio de la Jurisdicccion espiritual: dijeron; Que habiendo transcurrido el termino de tres dias que se permitia á los Señores de este Venerable Cuerpo para jurar la Constitucion de la Republica haviendo cumplido con este precepto todos á excepcion del Señor Canonigo Doctor Andrés Villamagan por las razones que expuso el Señor nuevamente citado por el escribano que al efecto comicionó, cuyo tenor á la letra és como sigue “Yó el infrascripto escribano publico certificó en toda forma de derecho que habiendo pasado con el Notario del Venerable Cuerpo Capitular de orden del Señor Dean Doctor Jose Maria Landa á requerir al Señor Canonigo Doctor Andres Villamagan para que se presentará en la Sala del Cabildo para reunidos con los demas Señores componentes dar el devido cumplimiento á la resolucion del Supremo Poder Ejecutivo de la Republica comunicado por el organo del Señor ministro de estado en los despachos del Interior y Relaciones Exteriores de catorce del presente mes... ... me expreso el Señor Villamagan que se hallaba imposibilitado atacado de un catarro y de una ulcera... es todo cuanto puedo decir en obsequio de la verdad y de mandar verbalmente del expresado Señor Dean...” Era llegado el momento de proceder á la mencionada eleccion por los demas señores que se hallaban habiles segun la constitucion que habian jurado, y poniendlo en ejecucion colocaron sus votos... ... Examinados estos reunio dos votos para Vicario Capitular Interino y de Monjas el Señor Canonigo Interino José Matias Orellana, y otros dos el Señor Prebendado José vasquez Loyola. En este estado (fol. 54v) propuso el Señor Dean que para que no se hiciese ilusoria la orden del Supremo Poder Ejecutivo, y cesaren las inquietudes de las conciencias reasumiese el Venerable Dean y Cabildo el ejercicio dela jurisdiccion espiritual, como que recide en el radicalmente por este medio juridico, y se salva el valor de los Sacramentos y se dá en tornó al Supremo Gobierno un imparcial testimonió de su subordinacion y dejar por el buen orden alterados desgraciadamente con cuestiones que lejos de aprovechar perjudica á los fieles. El Señor Penitenciario dijo... El señor Canonigo Mexia dijo... El Maestrescuela Doctor Bernardino de Alvear dijo... Con lo que se concluyó este acuerdo quedando citados para proceder a nueva eleccion poniendose noticia del Doctor Mariano Vintimilla lo que ha resuelto la pluralidad para que se abstenga del ejercico de la jurisdiccion mientras que este Venerable Cuerpo nombra Vicario Capitular interino y lo firmaron deque doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Bernardino de Albear [r] Doctor José Mexia [r] Doctor José Antonio Arevalo (fol. 55) Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular En el mismo dia Yo el Notario puse enconocimiento del Señor Doctor Mariano Vi-

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nitmilla él tenordel Acta que antecede en persona de que doy fee.[r] Ortega...” AHCA/C. Cuenca. 1836. L. 2. fol. 55-55v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 55)... Votacion para Vicario Interino En la Sala Capitular de Cuenca en veinte y seis de Diciembre de mil ochocientos treinta y seis. Los Los señores del Venerable Dean y Cabildo, a saber el Señor Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez Dean... ... Dijeron: Que de conformidad con lo acordado dia veinte y quatro del presente para cumplir con lo dispuesto por el Supremo Gobierno con fecha 30 de Noviembre ultimo y 14 del corriente, procedieron á sufragar por le Vicario Capitular interino y de Monjas mientras se resuleve el Pleito pendiente entre los Doctores Mariano Vintimilla y Pio Arteaga sobre quien sea legitimo Vicario Capitular... ... Examinadas las cedulas reunió el Señor Canonigo interino José Matias Orellana dos votos, y dosel presbitero José Vasquez Loyola, mandando que se diese cuenta en este estado al Gobierno. Los Señores Doctores Arevalo y Landa, como se previene en la orden de 14 del corriente: y los Señores Alvear y Mexia al Supremo Gobierno y al Ilustrisimo Señor Obispo de Quito con testimonio de la mencionada Acta de 24 de Diciembrey de el dia de la fecha. Con lo cual se cerró este acuerdo... (fol. 55v) y la firmaron que doy fee.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Bernardino de Albear [r] Doctor José Mexia [r] Doctor José Antonio Arevalo Hoy 7 de Diciembre de1836 se sacaron los testimonios prevenidos Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1837. L. 2. fol. 56v-58v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 56v)... Disputa de los Señores Capitulares aserca de la Vicaria Capitular. Sala Capitular En la Ciudad de Cuenca a dies de enero de mil ochocientos treinta y siete. reunido el Venerable Dean y Cabildo previa citacion del Señor Presidente del cuerpo, a saver los Señores Jose Maria de Landa y Ramirez Dean de esta Santa Iglesia Catedral, El eñor Beranrdino de Alvear Dignidad Maestrescuela, Doctor José Mejia Canonigo de Merced, y Doctor José Antonio Arevalo Canonigo Penitenciario para acordar sobre la providencia de cuatrodel corriente que con oficio de la misma fecha se sirve dirijir a este Venerable Cuerpo en testimonio del Señor Obispo de Quito y sobre lo que con la misma fecha de cuatro del propio mes tiene a bien desir el Señor Ministro del Interior en virtud de la nota que con fecha de veinte y ocho de Diciembre ultimo le dirijió este Venerable cuerpo anunciando haber recaydo en el Señor Canonigo interino José Matias Orellana la eleccion de Governador Ecleciastico: Dijo el Canonigo Penitenciario... (fol. 57)... El Señor Canonigo de Merced Don José Mejia Dijo... El Señor Maestrescuela.- Dijo... .. El Señor Dean Dijo: Que para desvanecer las equivocaciones de los Señores preopinantes se remite á las Actas de veinte y cuatro, y veinte y seis de Diciembre que en testimonio see dirijieron al Supremo Gobierno y que la nota que se há leido hoy en este Venerable Cabildo, se han sometido al Consejo de Estado. Por ellas se acredita, que el Señor Canonigo interino José Matias Orellan ha sido nombrado (fol. 57v) Vicario Capitular

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interino; ni se há declarado que continue el Doctor Mariano Vintimilla en la Jurisdiccion Espiritual de esta Diocesis. Cualquiera acuerdo que sin previa citacion se haya celebrado, es considerado por el derecho como conventiculo, ó Cabildo Clandestino por que esta prohibido por la ereccion de esta Santa Iglesia Catedral para los viernes en el Articulo 28 declarando cualquier otro dia que no sea el Martes por que tratandose de elecciones no se puede omitir la citacion aunque se hallen ausentes los vocales; mucho mas estando presentes en la Ciudad. El esponente reproduce lo que tiene dicho en diversas ocaciones sobre que despues de destituido por este Venerable Cuerpo el Doctor Mariano Veintimilla; habiendo reasumido, y ejercido la jurisdiccion mientras nombraba al Doctor Pio Arteaga no podia por si mismo restituirse al ejercicio de ella el citado Doctor Vintimilla, sin incurrir en las Censuras decretadas por la Iglesia latas, y no ferendas contra los que se usurpan la Jurisdiccion Ecleciastica, pues la providencia que alcansó del Supremo Poder Ejecutivo ha sido unicamente para los efectos civiles y cuando mas seria estimada como una incitativa al Venerable Dean y Cabildo como la que dirijió la anterior Administracion en un caso igual, sin entrometerse la presente ni la pasada en conferir por si la Jurisdiccion que esclusivamente le pertenece, al Cabildo Sede Vacante respecto de su oficial. Que si puede tener lugar el sofisma de que habiendo Vicario Capitular, no puede el Cabildo nombrar otro mas bien debe refluir en favor del Doctor Arteaga que fue elejido Canonicamente despues de Destituido el Doctor Vintimilla. Cualesquier otor lenguaje choca con los mismos princicipios que establecen para sostener al Doctor Veintimilla. Es igualmente una equivocacion suponer que el Ilustrisimo (fol. 58) Señor Obispo de Quito continua al Doctor Veintimilla como Vicario Capitular cuando en su auto de cuatro del corriente se leen estas palabras, y en uso de las facultades que en nos residen, nombramos de Vicario Capitular al Doctor Mariano Veintimilla declarando enseguida sin lugar la apelacion interpuesta como fundador en un gravamen futuro. Antes de nombrarlo Vicario Capitular en uso de las facultades que residen en Su Señoria Ilustrisima pone como para fundamento de este nombramiento el no haber reunido la Mayoria ninguno de los candidatos. Reunido este considerando el de no admitir la apelacion de unfuturo gravamen se deduce naturalmente que Su Señoria Ilustrisima no trato decontinuar al Doctor Mariano Veinitmilla en la Vicaria Capitular a las atribuciones que estimó naturales. Que el esponente esta intimamente penetrado que luego que Su Señoria Ilustrisima descubra los misterios que encierra este negocio estará muy distante de sostener el nombramiento de Vicario Capitular que ha hecho en el Doctor Mariano Veintimilla mientras no acredite por la purgacion Canonica que por un respeto cincero a la Leyes y Autoridad de la Iglesia que se há hecho digno de ocupar el puesto que se ha usurpado si legitima mision. Que esta a sido la conducta de la Cabesa visible de la Iglesia con los que desgraciadamente se hán querido substraer de ella, habiendolo verificado de hecho por el Doctor Veintimilla sin quere reconocer en el segundo caso la misma autoridad que en el primero lo nombró Vicario Capitular. Que no viniendo acompañada la providencia del Ilustrisimo Señor Obispo de Quito nombrandolo Viario capitular de la anuencia prevenida en la atribucion 1ª del Articulo 8º de la (fol. 58v) Ley de Patronato y de lo dispuesto en el Articulo 40 de la mima Ley tampoco puede surtir sus efectos el nombramiento de Vicario Capitular mientras que impuesto el Supremo Poder Ejecutibo con testimonio de todo niegue, ó preste su anuencia,

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pues que si se atiende a que el Ejecutibo ejerce el Patronato donde reside yá que el nombramiento ha sido hecho en Quito ni provicionalmente pueden hacer sus veces los Señores Governantes de Provincia hasta la resolucion del que ejerce el alto Patronato. En este estado el Señor Maestrescuela Bernardino de Albear Dijo: Que se le remita al Supremo Poder Ejecutibo testimonio de la acta de treinta de Diciembre ultimo que no fue conventiculo, sino a citacion del mismo Señor Dean en dia Viernes. El Señor Dean Dijo: Que la citacion fue para dar instrucciones al Señor Bou sobre diesmos y no para otra cosa. El Señor Doctor Mejia Dice... Con lo Cual se concluyó esta Acta y la firmaron los Señores ante testigos por hallarse enfermo el Notario y no hallarse ningun Escribano Publico. [r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Bernardino de Albear [r] Doctor José Mexia [r] Doctor José Antonio Arevalo [r] José Fermin Villavisencio [r] José Rodriguez de la Parra Testigo de actuacion Testigo de actuacion...” AHCA/C. Cuenca. 1839. L. 2. fol. 64-67. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 64)... Informe del pleito sobre Vicario Capitular En la Sala Capitular de Cuenca en catorce de Agosto de mil ochocientos treinta y nueve. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo que aui suscriben, hallandose celebrando Cabildo extraordinario para evacuar el informe que el Excelentisimo Señor Presidente de la Repulica pide a consecuencia del dictamen del Consejo de Gobierno sobre lasolicitud que le hán dirijido varios Eclesiasticos y algunas personas seculares pidiendo que mientras se resuleva quien sea Vicario Capitular de la Diocesis se nombre un Interino aompañando igualmente la representacion que ha hecho el Señor Mariano Vintimilla oponiendose á esta medida; fueron de dictamern los Señores que suscriben se entiendese acta para que cad uno emitiese su opinion, y dando principio por el Señor Canonigo Doctor Jose matias Orellana.- Dijo... (fol. 64v)... El Señor Canonigo Doctor Andrés Villamgan Dijo... (fol. 66)... El Señor Maestrescuela.- Dijo... ... El Señor Dean Dijo: Que del volumen y desordenado expediente que le há puesto á la vista aparecen las epocas en el Gobierno del Señor Doctor Mariano Vintimilla. La prueba legitima fuera de toda duda por el nombramiento que este Venerable Dean y Cabildo hizo en su persona á consecuencia de la renuncia que el Señor Presvitero de esta Santa Iglesia Catedral Doctor Jose Maria Riofrio, hizo de la Vicaria Capitular y de Monjas de la Diocesis. En la Segunda, parece intruso por no haber sido nombrado las mismas formalidades que en la primera, despues despues de haber sido destituido por ambas Potestades de la Vicaria Capitular nombrando dentro de los ocho dias sin restriccion alguna al Doctor Pio Arteaga, el dia tres de Julio de 1835, sin que pueda legar que la convencion de Ambato, y el Poder Ejecutivo lo instituyeron, pues ni en aquella asamblea nacional ni el Excelentisimo Señor Presidente de la Republica exisitian facultades espirituales que conferirle al Señor Doctor Vintimilla, como (fol. 66v) reciden en los Capitulos habitualmente en sede plena, y actualmente en sede vacante, segun repetidas declaraciones de las Sagradas Congregaciones, con las cuales bien pudo este Venerable Cuerpo destituir al Señor Doctor Vintimilla de la Vicaria Capitular, aunque para ello no hubiese intervenido la poderosa causa de guardar buena armonia con la primera autoridad de la Republica revestida en aquel momento de facultades extraordinarias, dando con este paso á los diocesanos, el Senado de la Iglesia el ejemplo tan recomendado por el Apostol de respetar las potestades civiles,

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calmando por este año las alteraciones que los atriviliarios causaron en el publico, tratando de persuadir que la Religion de Jesucristo és personal, y no las que enseñó en su Evangelio, como actualmente sucede con admiracion de los sensatos. La tercera emana de la que le comunico el Ilustrisimo Señor Obispo de Quito supliendo la negligencia de este Cabildo en 4 de enero de 1837 nombrando de Vicario Capitular interino hasta que decida el pleito entre los Doctores Mariano Vintimilla y Pio Arteaga, á cuya resolucion há contravenido, manifestando en su escrito presentado á este Venerable Cuerpo en 24 de Octubre de1837 que la jurisdiccion que ejercia era como Vicario Capitular y nó como interino confesando en él que no habia comparecido ante este venerable Cuerpo para posesionarse del Gobierno accidental, ni de consiguiente á prestar el juramento requerido por las Leyes Vigentes antes de empezarlo á ejercer. Por todo esto que resulta comprovado del expediente és de dictamen que haviendo faltado el Señor Doctor Vintimilla á las formalidades prescriptas por las Leyes de la Republica que á todos obligan en conciencia, continua de Provisor intruso en la tercera epoca, desconociendo no solamente la custodia espiritual del Señor Metropolitano, sino la del Poder Ejecutivo, con la cual como con la de este Venerable Dean y Cavildo se conformó el mencionado Ilustrisimo Señor Metropolitano por las palabras siguientes que se hallan insertadas en su auto.Vistos. constando del testimonio de las Actas que há (fol. 67) remitido el Venerable Dean y Cabildo de la Diocesis de Cuenca á este Tribunal Superior para dar cumplimiento á las ordenes del Supremo Gobierno de 30 de Noviembre y 14 de Diciembre ultimos, habia procedido á nombrar Vicario interino hasta que se decida el pleito entre los Doctores Mariano Vintimilla y Pio Arteaga, y refleccionando que ninguno de los dos por quienes se emitieron los sufragios habia logrado la mayoria de conformidad con lo expuesto por el Promotor Fiscal, en una de las facultades que en Nos residen nombramos de Vicario Capitular al Doctor Mariano Vintimilla. Ni puede estar mas claramente expresada la voluntad del Metropolitano para que tubiesen cumplimiento las ordenes del Supremo Gobierno y los acuerdos de este Venerable Cuerpo en su cumplimiento como testigo presencial de las clamidades que afligen á esta Iglesia ni pueden estar mas calificadas dé insubordinacion del Señor Doctor Vintimilla á las primeras facultades del Ecuador en el orden espiritual y temporal, y consiguientemente es de urgente necesidad poner un dique á las nulidades que en la administracion espiritual sufre esta diocesis. Que de los documnetos á que seremite en este informe al exponente se acompañecopia certificada para que con vista de ella resuelva el Supremo Poder Ejecutivo en la Sabiduria de sus consejos lo que crea mas conveniente al regimen de esta Iglesia portegiendola en uso de la alta prerrogativa del Patronato tan recomendada por la carta nacional. Con lo cual concluyó esta Acta y la firmaron de que doy fee. [r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Bernardino de Albear [r] Andres Villamagan [r] Doctor José Antonio Arevalo [r] Doctor José Matias Arevalo Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...”

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AHCA/C. Cuenca. 1841. L. 2. fol. 72v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 72v)... En la Sala Capitular de Cuenca a primero de Enero de mil ochocientos cuarenta y uno. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo hallandose reunidos en la en esta Sala Capitular dia señalado por la ereccion, para nombrar los oficios de estilo para el presente año; procedieron a la votacion en la forma siguiente.- Para Juez Hacedor, resulto electo por unanimidad de votos el Señor Dean Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez... AHCA/C. Cuenca. 1842. L. 2. fol. 76-78. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 76)... Sobre la reasuncion de la Jurisdiccion En la Sala Capitular de Cuenca en cuatro de Octubre de mil ochocientos cuarenta y dos, los Señores del Venerable Dean y Cabildo, hallandose reunidos en esta Sala Capitular celebrando cabildp por ser Martes señalado por ereccion a saber El Señor Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez dignidad Dean... ... Dijeron: Que teniendo á la vista el escrito del presbitero Jose Antonio Torres reclamando del zelo del Venerable Cuerpo que hallandose suspenso el Señor Doctor Maraino Vintimilla por el Señor Metropolitano de la Vicaria Capitular de esta Diocesis por un año, debia Su Señoria Venerable constandole de la intimacion legal dictad con el documento que presenta reasumir el Gobierno de la diocesis mientras se nombraba quien lo desempeñase, y en esta consecuencia, que se proveyese de nula á la incongruidad en que se hallaba. Expresa el Señor Doctoral: Que segun su opinion y principios el Señor Doctor Mariano Vintimilla en el momento que se le hizo el auto de suspencion pronunciado por el Señor Metropolitano en 16 de septiembre ultimo por medio del Señor Juez Comicionado Dean Doctor Jose Maria Landa y Ramirez, quedó en todo suspenso de la jursidiccion espiritual... .. El Señor Canonigo Andres Villamagan Dijo... (fol. 76v)... El Señor Maestrescuela Bernardino Alvear Dijo... El Señor Arcediano Dijo... ... (fol. 77) El Señor Dean Dijo evitar efujios que se pudiesen poner en duda la legalidad de sus pedimentos se habia abstenido de poner en conocimiento del Venerable Dean y Cabildo la suspencion decretada por el Señor Metropolitano espedida legalmente al Señor Doctor Mariano Vintimilla el beinte y ocho de septiembre ultimo como ha tenido la honra de manifestarlo al Cuerpo con la lectura del oficio que tenia puesta con la fecha de 28 de Septiembre antes de que fuese estado por el Superior Tribunal de la Corte de este Distrito y con la contestacion que esta de la referida citacion dio el mencionado Superior Tribunal de que no siendo el juez de la causa sino el Señor Metropolitano podia alzar la suspencion decretada por la Superioridad dando cuenta con todo lo obrado como se le tenia prevenido: Que a consecuencia de esta circunspecta conducta el venerable Dean y Cabildo podia formarle cargo de omision ni el esponente sea responsable de la resolucion del Señor Metropolitano ni de ello que Su Excelencia la Corte Superior de este Distrito la resolviese en vista del recurso que fue introducido por el Señor Doctor Mariano Vintimilla de las resoluciones del Señor Metropolitano ni del cumplimiento de ellas para ejecutar con observancia de las leyes de la Republica correntorias de las de Colombia y de los canones que a nadie le es facil infringir sin el funesto ejemplo de desovedecer a las autoridades legalmente constituidas haciendose acreedor por esta insubordinacion a las penas establecidas por el codigo en los cargos (fol. 77v) de que hace mencion en su providencia de 28 de Septiembre ultimo a que se remite pero que habiendo vaciado las circunstancias en virtud de

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reclamo hecho por el presbitero Josef Antonio Torres debe romper en silencio y obras en el presente negocio como uno de los individuos del Venerable Dean y Cabildo, en sus consecuencias es de sentir que segun el documento presentado por el presbitero Torres se halla suspenso por el Señor Metropolitano de la Vicaria Capitular de esta diocesis el Señor Mariano Vintimilla por un año a quien se le ha intimado legalmente y que en su virtud debe reasumir el Govierno el Venerable Dean y Cabildo mientras que se resuelvan los recursos pendientes para consultar con esta medida la seguridad del ejercicio de la Jurisdiccion Espiritual deviendo correr el nombramiento del Governador desde el momento en que se resuelvan por las autoridades legales los recursos que haya intentado ó intentase el Señor Doctor Vintimilla a quien no se le pueden subosbstruir sus defensas asi como no se puede dejar la Diocesis sin Pastor legitimo en cuyo caso se halla la de Cuenca que fiel y obediente a sus juramentos no solamente reconoce, sino que obedece al Señor Metropolitano segun la declaracion de las leyes preexistentes que nadie se haatrvido a contradecir hasta este momento. Con lo cual se concluyó haciendola en este momento presente el Señor Doctoral que la Jurisdiccion Episcopal la ejercerá el Venerable Dean y cabildo mientras que llegue el caso de que este mismo cuerpo nombre Gbernador, cuando siga suspenso el Señor Vintimilla... ... Y se concluyó esta Acta y la firmaron deque doy fé.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Andres Villamagan [r] Bernardino de Albear [r] Doctor Julian Antonio Alvarez Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” ANEXO Nº 19 AHCA/C. Cuenca. 1836. L. 2. fol. 43. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 43)... Eleccion de Oficios. En la Sala Capitular de Cuenca en primero de Enero de mil ochosientos treinta y seis. Los Señores del Venerable Dean y Cavildo á saber Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez Dignidad Dean... ... Hallandose juntos y congregados celebrando Cavildo Ordinario por ser dia señalado por ereccion para nombrar los oficios de estilo para el presente año Dijeron: Que devia procederse a la votacion de Jueces Hacedores, y habiendo procedido a ella salieron electos el Señor Dean y el Señor Pentenciario Doctor Jose Antonio Arevalo... ... Con lo cual se concluyó la presente acta, y la firmaron sus Señores por Ante mi de que doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Andres Beltran de los Rios [r] Jose Torres [r] Doctor Jose Maria Plaza [r] Jose Fermin Villavicencio Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...”

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AHCA/C. Cuenca. 1843. L. 2. fol. 79. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 79)... Elecciones En la Sala Capitular de Cuenca en primero Enero de mil ochocientos cuarenta y tres, los Señores del Venerable Dean y Cabildo, que abajo suscriben hallandose reunidos para nombrar las personas del Venerable Cuerpo que sirven los oficios a esta Santa Iglesia Catedral conforme es de uso y costumbre porcedieron unanimente á votar para... ... Clavero el Señor Dean. Con lo que se concluyó la presente y la firmaron Sus Señorias por antemi de que doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Andres Villamagan [r] Bernardino de Albear [r] José Fermin. Villavisencio Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1844. L. 2. fol. 84. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 84)... Nombramiento de oficios En primero Enero de mil ochocientos quarenta y quatro. Hallandose reunidos en esta Sala Capitular el Señor Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez dignidad Dean... ... para nombrar los Señores que sirvan los oficios de esta Santa Iglesia Catedral conforme és a uso y costumbre procedieron unanimente a la eleccion siguiente... ... para Jueces adjuntos al Señor Dean y al Señor Doctoral... Con lo que se concluyó esta Acta y la firmaron Sus Señorias de que doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor Julian Antonio Alvarez El mismo dia se elijió la junta de diezmos Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1844. L. 2. fol. 84v. Cabildos Eclesiásticos.“ (fol. 84v)... Nombramiento de comision En la ciudad de Cuenca en diez y siete de Abril de mil ochocientos quarenta y quatro. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo, hallandose reunidos en esta Sala Capitular celebrando Cabildo Extraordinario por citacion del Señor Dean, Dijeron: Que recivida la nota de Su Excelencia de 8 del presente comunicado por el Señor Ministro de Gobierno á consecuencia de la solicitud que este Venerable Cuerpo dirigió á su Excelencia el Presidente con mucho de suplicar el no giro á la renuncia que el Ilustrisimo Señor Doctor Pedro Torres ha hecho de este Obispado; y penetrado en el Venerable Cuerpo de que una insinuacion racional seria acaso mas eficaz, que los reclamos por escrito, resolvio de comun acuerdo, que de su seno partiese una comicion la que lleba el unico objeto de poner todos los medios posibles a fin de inclinar á Su Ilustrisima á la admision de las bulas expedidas por Su Santidad contando con la cooperacion del Supremo Gobierno: y recayó nombramiento para la comicion, por unanime consentimiento en los Señores Dean José Maria Landa y Ramirez, y Canonigo José Matias Orellana.Con lo que concluyó este acuerdo y lo firmaron de que doy fe

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[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor Julian Antonio Alvarez Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1845. L. 2. fol. 85v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 85v)... Nombramiento de oficios En la Ciudad de Cuenca en primero de Enero de mil ochocientos y cuarenta y cinco. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo, a saber El Señor Doctor José María de Landa y Ramirez, Dignidad Dean... ... Hallandose reunidos en esta Sala Capitular celebrando ordinario señalado por la Ereccion, para el nombramiento de los oficios de esta Santa Iglesia Catedral, procedieron unanimente á la eleccion siguiente. ... Para Procurador al Señor Dean... Con lo que se concluyó la presente Acta y la firmaron Sus Señorias por ante mi de que doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor Julian Antonio Alvarez Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1845. L. 2. fol. 87-101. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 87)... Eleccion de Vicario Capitular En la Ciudad de Cuenca en veinte y ocho de Junio de mil ochocientos y cuarenta y cinco. Los Señores Venerable Dean y Cabildo que aqui suscriben dijeron: Que haviendose hecho nueva votacion para el nombramiento de Vicario Capitular y de Monjas, segun lo acordado el dia veinte y cinco del corriente, resultó del examen de las voletas, que siendo iguales en numero a los Señores Vocales habiendo reunido el Ilustrisimo Señor Doctor José Miguel Carrion tres votos, y el Señor Doctor Remigio Toral, otros tres para Vicario Capitular. En este estado, se discutió... era la eleccion canonica oidos los dictamenes de lso Señores Vocales, se vino en conocimiento que habia diferencia de opiniones sobre si el Ilustrisimo Señor Obispo de Botren era el Vicario Capitular, segun la jurisdiccion sobre de esta Iglesia y otras de America, apoyandose en las dispocisiones canonicas, y de derecho Real, y habiendose expresado por uno de los Señores Vocales que para mayoresclarecimiento de la materia, fuese escrita la opinion que cada uno emitiese, dió principió á este acto libre y espontaneo el Señor Doctoral... ... (fol. 88) El Señor Caninogo Matias Orellana Dijo... El Señor dijo Doctor Andres Villamagan... (fol. 89)... El Señor Maestrescuela dijo... (fol. 89v)... El Señor Arcediano dijo... (fol. 90)... El Señor Dean dijo: que a su modo de ver se han padecido en la delucidacion de este negocio, equivocaciones de hecho, y de derecho, que igualmente se han desviado de las desiciones canonicas y civiles como igualmente de las practicas observadas en iguales casos en las Iglesias de America, desestimando la buena armonia que debe reinar entre ambas potestades cuando el negocio se verza sobre el bien espiritual y temporal del territorio que a uno y á otro le esta encargado. Cuando se asegura que el Ilustrisimo Señor Carrion, es Arcediano de Quito, no se

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tiene presente que solo goza la renta de aquella Silla, con asignacion (fol. 90v) hecha por el Papa, y por declaratoria del poder competente del Ecuador, para su congrua sustentacion sin necesidad de asistir á Coro, y las demas funciones canonicales, en cuyo caso es unicamente necesaria la residencia material y formal para llenar los deberes que impone el Arzedianato que aunque es una verdad incuestionable de que el Ilustrisimo Señor Carrion, no puede denegarse á servir al Ilustrisimo Señor Arteta, en los casos que lo ocupe, es visto ya no lo necesita, que han cesado las causas que lo movieron para pedirlo por su auxiliar de aquella Diocesis. Privado el Ilustrisimo Señor Carrion como es publico y notorio de su congrua, asignada por la Santa Sede, reconocida y declarada por la Nacion, no reclamando, ni ocupado por el prelado Diocesano, es visto que fue abandonada a si misma aquella ilustre victima por sobstener los derechos de la Relijion y de los Pueblos que al fin han recobrado los hijos del Ecuador á costa de los imensos sacrificios. En tan aflictivas circunstancias, no pudo perder de vista el Ilustrisimo Señor Carrion, el derecho de la congrua en donde quiera que se le presentase, como que es preferente a los demas escritos: se fijó en Loja lugar (fol. 91) de su nacimiento; se halla dentro de su Diocesis, y por su orijen es Diocesano de él: de conseguiente se halla libre de toda traba para ser Vicario Capitular, mientras que el Ilustrisimo Señor Obispo de Quito, no lo llame a servir la Coajutoria de aquella Diocesis, y el Govierno lo restituya la Congrua de sustentacion designada por la Cede Apostolica y de la Nacion, pues que si continua faltandole esta, tampoco se le puede obligar para Servir, pudiendo permanecer donde se la proporcionen. Que aun cuando fuese sostenida por el Tridentino la eleccion de Vicario Capitular de esta Diocesis, hecha en el Ilustrisimo Señor Carrionni sostenido por las Cedulas Española, ni por la practica de las Catedrales de America, reuniendo igualdad de votos un Canonista y un Teologo, se incurre en infraccion de ley, suponiendo que con tres votos, siendo seis los vocales pueda haber eleccion, cuando para que se verifique está, es necesario que el candidato obtenga un voto mas, sobre la mitad del numero de vocales, de modo que permitido, y no concedido que el Ilustrismo (fol. 91v) Señor Carrion fuese persona inhabil, el Venerable Dean y Cabildo, no habria hecho eleccion con tres votos. Se falta a la buena armonia que debe reinar entre ambas Potestades, cuando el negocio de que se trata, mira el bein espiritual y temporal, habiendo recomendado el Señor Governador de la Provincia en su apreciable nota del veinte y seis del corriente que la eleccion de vicario capitular no recayese directa o indirectamnte en persona comprometida con la administracion que há espirado en el caso de tener relaciones que le liguen al Doctor Mariano Vintimilla cuya desafeccion a la causa de los Pueblos es tan intensa y conocida hasta aqui a la letra las palabras del mencionado oficio. Y siendo como es notorio él Doctor Remigio Toral há pertenecido a la sociedad que se estableció en esta ciudad para sobstener la constitucion y als leyes sancionadas por la convencion del año cuarenta y tres y que es pariente en cuarto grado de sanguinidad con conlingencia al tercero del Doctor Mariano Vintimilla por haber sido segun se afirma publicamente las abuelas hermanas del Señor Vintimilla y del Señor Toral, cabalmente la votacion ha recaido despues de tener conocimiento de la citada nota en persona que no merece la confianza del Gobierno, por lo cual se há falsado a la buena armonia que debe reinar entre ambas potestades. Por estos motivos es de sentir el esponente que el Ilustrisimo Señor Obispo Carrion es Vicario Capitular de la diocesis y (fol. 92) y ya sea como testigo en concurencia..., ó por

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que el Doctor Toral hiso ahi reunido un voto sobre la mitad del numero de los vocales ha padesido equivocacion cuando se ha asegurado que con tres votos siendo seis; los sufragantes habia eleccion de Vicario Capitular. En este estado dijo el Señor Doctoral... ... y de consiguiente el Señor Doctor Toral es Vicario Capitular canonicamente electo. con lo cual concluyó esta Acta de que se pasará copia al Señor Gobernador de la Provincia en contestacion a su estimable nota del veinte y tres del corriente, y la firmaron de que doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] José Matias Orellana [r] Doctor Andres Villamagan [r] Doctor Julian Antonio Alvarez Se sacó la copia prevenida y se pasó a la Gobernacion con el oficio de estilo.Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1847. L. 2. fol. 113v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 113v)... Elecccion de oficios En la Ciudad de Cuenca en primero de Enero de mil ochocientos y cuarenta y siete. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo, a saber El Señor Doctor José María de Landa y Ramirez, Dignidad Dean... ... Hallandose reunidos en esta Sala Capitular celebrando Cabildo ordinario señalado por la Ereccion, para el nombramiento de los oficios de esta Santa Iglesia Catedral, procedieron unanimes á la eleccion siguiente. Para Juez Hacedor al Señor Dean... ... Para Obreros á los Señores Dean y Doctoral Con lo que se concluyó la presente acta, y la firmaron Sus Señorias por ante mi de que doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Jose Matias Orellana [r] Doctor Julian Antonio Alvarez Ante mi [r] Mariano Palacios Escribano Publico y Notario Mayor...” ANEXO Nº 20 AHCA/C. Cuenca. 1846. L. 2. fol. 103v-104. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 103v)... Sobre que se de poder al Señor Dean para que en las camaras represente a esta de varios particulares consernientes a esta Iglesia En la ciudad de Cuenca en catorce de Octubre de mil ochocientos cuarenta y seis. Los Señores del Venerable Dean y Cabildo que aqui suscriben, celebrando (fol. 104) Extraordinario... Dijeron que habiendo necesidad urgente de representar ante las Honorables Camaras varios particulares consernientes al bien de esta Iglesia y de su Capitulo, tenian por bien conferir los poderes amplios, sin limitacion alguna ál Ilustre Señor Dean de esta misma Iglesia Catedral Doctor José Maria de Landa y Ramirez para que con vista de la instruccion acordada y de las que se le acompaña copia legalizada, proceda la voz, ó por escrito á las gestiones que considere conducentes á este objeto; saquese copia de esta Acta, y remitasele por el presente correo: la que firmaron que doy fe.-

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Ante mi [r] Manuel Ortega Notario Capitular...” AHCA/C. Cuenca. 1847. L. 2. fol. 114v-118v. Cabildos Eclesiásticos. “(fol. 114v)... Elecccion de Vicario Capitular y de Monjas En la Ciudad de Cuenca á dos de Febrero de mil ochocientos y cuarenta y siete. celebrando Cabildo Ordinario los Señores que susbscriben... con el objeto de nombrar Vicario Capitular á consecuencia de lo ultimamente dispuesto por su Excelencia el Poder Ejecutivo en trese de Enero del presente año... ... emitiendo cada uno libremente sus opiniones sobre la materia (fol. 115)... quedando de consiguiente por la disposicion de derecho, elegido Vicario Capitular y de Monjas de la Diocesis el mencionado Protonotario Doctor José Maria Riofrio, como que ha reunido la mayoria de sufragios... El Doctoral dijo... (fol. 116)... El Señor Jose Matias Orellana dijo... (fol. 116v)... El Señor Arcediano Doctor Miguel Rodriguez dijo... (fol. 117v) El Señor Dean Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez dijo: que a los fundamentos con que los Señores, Canonigo Orellana y Arcediano Rodriguez han demostrado hasta la evidencia que en ningun caso hubo omision por parte del Cabildo para nombrar Vicario Capitular de la Diocesis, le será permitido añadir, que obligando como obliga en conciencia la observancia de lo dispuesto por la Santa Sede en materia de jurisdiccion, como igualmente lo ha prevenido por las leyes civiles de la Republica, ni el Ilustrisimo Señor Obispo de Quito es Metropolitano de Cuenca, ni esta reconocido como tal en Ecuador por las disposiciones civiles el Ilustrisimo Señor Arzobispo de Lima; y de consiguiente las gestiones que se han dirigido á uno y á otro no pueden producir efecto alguno en derecho. No él Ilustrisimo Señor Obispo de Quito, por que la Santidad de Gregorio 16 há declarado en el breve que el mismo Ilustrisimo Señor Obispo há remitido á este Cabildo (fol. 118) eximiendose de reconocer en el recurso que alguno de los Señores de este Venerable Cuerpo le dirigieron, dispone el Sumo Pontifice en los negocios contensiosos conosca provisoriamente el Juez mas inmediato del Juez a quo; y no siendo mas inmediato el Ilustrisimo Señor Obispo de Quito del de Cuenca, es visto que en espiritu de error á dirijido estos pasos que se han remediado en otros asuntos de que tubo conocimiento el Venerable Dean y Cavildo de esta Santa Iglesia de lo dispuesto por el predicho Santisimo Padre Gregorio 16. No del mismo modo al Ilustrisimo Señor Arzobispo de Lima, por que desconocida su Autoridad por las Camaras, no le es facultativo al Venerable Dean y Cabildo de Cuenca ir contra aquella disposicion, reconociendo como juez competente al que ha declarado la nacion que no lo és. De modo que aunque hubiese habido la negligencia, supuesta y no provocada, de parte del Cavildo para elegir Vicario Capitular seria bastante en competencia de jurisdiccion á donde han ocurrido lo que han disentido en opiniones para que se tubiesen por subsistentes las elecciones anteriores de Vicario Capitular indicando permitido y no concedido, que fuesen legitimos jueces los Ilustrisimos Señores Obispos de Quito y Arzobispo de Lima para conocer de la materia, basta la excusa del primero y el silencio del segundo por mas de un año, desde haber sido exitado para que conociese el negocio, par que reasumiese su jurisdiccion el cavildo supliendo la negligencia del ultimo segun el comun

[r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Doctor Julian Antonio Alvarez

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sentir de los Canonistas, entre los cuales debe tambien numerarse Graci de beneficiis: Contrayendose todos a lo dispuesto por el Tridentino tanto en el caso de omision de parte del Cavildo en la eleccion del Vicario Capitular, como de parte del Superior en no suplirla. De modo que no se atiende en la obligacion que todos tenemos de obedecer las disposiciones Eclesiasticas y civiles, esta fuera de toda duda, que el Cavildo no ha padecido negligencia en elejir Vicario Capitular, que aun cuando fueran Jueces legitimos para suplirla los mencionados Ilustrisimo Señor Obispo de Quito y el Ilustrisimo Señor Arzobispo de Lima (fol. 118v) demostrando como se halla la escusa del uno y la negligencia del otro Prelado, há podido y devido entrar en el ejercicio de sus atribuciones Conciliares, elijiendo como lo ha verificado en este dia por mayoria de votos al Señor Protonotario Apostolico al Doctor Jose Maria Riofrio para Vicario Capitular y de Monjas de la Diocesis. Con lo que se concluyó esta acta, y la firmaron los Señores que se hallan presentes de que doy fe.[r] Doctor Jose Maria de Landa y Ramirez [r] Doctor Miguel Rodriguez [r] Jose Matias Orellana [r] Doctor Julian Antonio Alvarez Ante mi [r] Francisco Javier Ortega Notario Capitular...”

DOCUMENTOS Y BIBLIOGRAFÍA – Cordero Íñiguez, Juan, Cuenca y el Diez de Agosto de 1809, Universidad Alfredo Pérez Guerrero, Quit5o, 2009. – Revista La Unión Literaria. Varios números. – Solano, Vicente, Obras completas, La Hormiga de Oro, Madrid, 1890, 4 vols. –Terán zenteno, Carlos, Índice Histórico dela Diócesis de Cuenca, Editorial Católica de J. M. Astudillo Regalado, Cuenca, 1947. – Tobar Donoso, Julio - LIBRO COPIADO DISPUESTO POR LOS SEÑORES DE ESTE CAVILDO ECLECIASTICO SEGÚN LA ACTA DE 5 DE MARZO DE ESTE AÑO DE 1799 (LIBRO DE ACTAS NUMERO UNO DEL CABILDO ECLESIÁSTICO DE LA DIÓCESIS DE CUENCA) 1799 – 1830. - DOCUMENTOS DE LOS OFICIOS DEL DR. JOSÉ MARÍA DE LANDA Y RAMÍREZ Archivo Histórico de la Curia Arquidiocesana de Cuenca (AHCA/C) AÑO DE 1814. - LIBRO DE ACTAS NUMERO DOS DEL CABILDO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS DE CUENCA. 1831 – 1852. DOCUMENTOS DE LOS OFICIOS DEL DR. JOSÉ MARÍA DE LANDA Y RAMÍREZ. Archivo Histórico de la Curia Arquidiócesana de Cuenca (AHCA/C). AÑO DE 1831.

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EL TENIENTE GENERAL DON TORIBIO MONTES CALOCA Y PéREz
Enrique Muñoz Larrea

Cuando desembarcó en Guayaquil el 21 de junio de 1812 el recién ascendido a teniente general, el rango más elevado dentro del ejercito real, don Toribio Montes nombrado Comandante General del Reino de Quito y Presidente de su Real Audiencia, era un general colmado de méritos dentro de los Reales Ejércitos españoles. Don Toribio Montes Caloca y Pérez había nacido en el pueblo de Mamés situado en la montañas de la provincia de Santander en el año de 1749,  como fue segundón de un hogar hidalgo, no tenía otro futuro que entrar al servicio de la Iglesia o la milicia, en la que se alistó a la edad de 15 años en calidad de cadete, ingresando al  Regimiento de Infantería del Príncipe destinado en Orán en el que permaneció hasta el grado de Capitán.1 En su hoja de vida consta que combatió con valor en  la expedición de Argel de 1775 donde fue herido, en el bloqueo de Gibraltar de 1779, en la reconquista de la isla de Menorca a los ingleses en el año de 1781 y en la guerra de 1793 contra los franceses en la cual se tomaron la provincia  francesa del Rosellón,2 allí fue ascendido al grado de  coronel  en 1795 por méritos de guerra y dos años después a Brigadier. Participó en la llamada guerra de las “Naranjas” contra Portugal en 1801, después con su regimiento pasó al Campo y Línea de Gibraltar hasta la llegada del propietario el general don Francisco Xavier Castaños. En el año de 1802 le ascendieron a mariscal de Campo y el 26 de abril de 1804 fue nombrado Capitán General e Intendente del ejército de la Isla de Puerto Rico donde permaneció casi cinco años.
1 Siendo coronel y Jefe del Batallón de infantería de Murcia recibió en julio de 1789 al casi niño cadete José de San Martín,  más tarde Libertador de América. 2 La Convención francesa de 1793 declaró la guerra a España, Inglaterra, Austria y a otros estados europeos. En 1795 se firmó entre Francia y España un Tratado de Paz, llamado de Basilea   que significó el fin de la conocida “como la guerra del Rossellón” o guerra de la Convención, que enfrentaba a ambos países desde 1793. Esta guerra, aunque se había iniciado de forma favorable para los intereses españoles,  después había supuesto un duro revés con  la invasión  francesa del territorio español por Cataluña, Vascongadas y Navarra (llegando incluso a ocupar Miranda de Ebro.

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Como gobernador de la Isla se preocupó por la cultura y educación, le cupo la honra de la fundación de la imprenta traída de la isla contigua de San Thomas y la publicación de la Gaceta de gobierno, primer periódico de Puerto Rico. El 17 de septiembre de 1805 decretó la obligatoriedad que todos los niños de edad escolar tenían que acudir a la escuela. En 1808 al tener noticia de  la invasión de los franceses a España, sin tener autorización  de la  Corte, armó una expedición con el fin de reconquistar la parte española de la Isla de Santo Domingo (Haití), entregada a Francia por el tratado de Basilea de 1795. “Salió de aquel puerto con la tropa necesaria, artillería, pertrechos y un bergantín armado en guerra que se compró al efecto, seis lanchas cañoneras, los transportes y víveres precisos, consiguiéndose  después de varias acciones, y puesto sitio a la plaza, hacer prisionera a toda la guarnición, que se componía de más de mil ochocientos hombres, tiempo después se recibió la Real orden aprobando todos los gastos ocasionados. A su salida de la Gobernación de Puerto Rico fue encomiado de la siguiente forma: “el gobierno de los militares fue, en la mayoría de los casos, despótico y absolutista durante el siglo pasado. Hombres como Toribio Montes o Rafael Primo de Rivera, preocupados por el bienestar de la Isla o por la igualdad entre sus hombres son, lamentablemente, una excepción”. Habiendo solicitado regresar a España para servir contra los francesas  remitió 1.200 pesos  de donativo para la guerra y se le destinó como subinspector general de las tropas veteranas de milicias de Infantería y caballería del Reino del Perú y Gobernador de la  plaza y puerto del Callao de Lima, trabajo que desempeñó un año y nueve meses hasta que fue nombrado por Real despacho de 1ro. de noviembre de 1811 Presidente de la Real Audiencia de Quito y general en Jefe del ejército de Operaciones,3 en sustitución de don Joaquín Molina que pasó a Lima sin destino, quedando encargado de la Presidencia el Brigadier don Melchor Aymerich, gobernador de Cuenca. El 3 de enero de 1812 el Consejo de la Regencia le asciende a teniente general y con ese grado arriba a Guayaquil el 21 de junio de 1812 al mando de 3974 hombres de tropa con sus respectivos oficiales, cuyo
3 Archivo General Militar de Segovia, España. Sección 1ra. Legajo 3939. 4 El batallón de trescientos efectivos que el general Montes trajo de Lima se componía de 202 soldados del regimiento del infante don Carlos, 106 de las milicias veteranas de Lima y 89 de la milicia de pardos también de Lima.

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viaje y equipamiento fue costeado gracias a la donación de 100.000 pesos que hizo el Consulado de comerciantes de Lima. En Guayaquil se unió  a la expedición el coronel don Juan Sámano que estuvo de guarnición en de Santa Fe, de la que venía huyendo luego que los patriotas santafereños depusieron en el cargo al virrey don Antonio Amar y Borbón; a estos hombres se unieron 418 de la Milicias Urbanas de Guayaquil y 1.860 de las Milicias de Cuenca, el general Montes entraba a “Pacificar” las provincias de Quito al mando de 2.675 hombres sobre las armas, a más de 1.000 indios que fueron reclutados en calidad de porteadores. Al iniciar la campaña de pacificación don Toribio Montes ordenó que las milicias de Aymerich se unieran a las tropas veteranas que trajo de Lima a más de las que tomó en Guayaquil; se encontraron  en el pueblo de San Andrés y dispuso que el  brigadier Aymerich fuese su segundo y tome el mando de las tropas veteranas y que  el coronel Juan Sámano dirija a las milicias cuencanas. Retrocedamos dos años a la entrada de Montes a Guayaquil, para repasar brevemente la excursión militar que la Junta de Quito envió a Cuenca para tratar de someter a su autoridad a esa realista ciudad. Después de la pequeña zalagarda entre las fuerzas patriotas al mando de don Carlos Montúfar y las realistas bajo la conducción de don Melchor Aymerich que tuvo lugar en el sitio llamado Paredones en las proximidades de Cañar la madrugada del 17 de febrero de 1811, ante las noticias que corrieron sobre el “triunfo” patriota, se produjo una tragicomedia entre las autoridades realistas: el presidente don Joaquín Molina abandonó la ciudad y presentó la renuncia de su cargo al Cabildo de Cuenca, la que fue aceptada; el obispo viendo que el Ayuntamiento le aceptó la renuncia al presidente, huyó a Guayaquil ciudad en la que permaneció largo tiempo; la pequeña guarnición que custodiaban la ciudad ante el miedo que tenían a los quiteños, también “pusieron pies en polvorosa”, el Cabildo cuencano invitó a Montúfar a que entre en paz a la ciudad, ofrecimiento que no fue aprovechado. Luego de verse las caras por 15 días Montúfar y Aymerich, cada cual “cogió las de Villadiego”, Montúfar a Quito y Aymerich a su gobernación en Cuenca a escribir  informes a la Junta de Regencia de España sobre sus “brillantes triunfos sobre las fuerzas patriotas”, que a vuelta de correo le llegó el ascenso a Brigadier Un año más tarde y en mismo el mismo sitio, las tropas patriotas estuvieron frente a frente con las realistas, esta vez al mando del coman-

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dante Feliciano Checa que al saber este la entrada de Montes a Guayaquil, se replegó a la ciudad de Riobamba para contener a los cuerpos realistas de Guayaquil y Cuenca. Las bisoñas fuerzas patriotas de Checa que tenían por misión contener a la fuerzas realistas del general Montes tuvieron una carácter heterogéneo, eran indisciplinadas, sin entrenamiento, no contaban con la ayuda de un “pie veterano” que consistía en que en cada pelotón o compañía esté al mando de un oficial y sargento veterano que servía de consejero, guía y soporte a este “ejército” inexperto, como así se acostumbraba en ese tiempo al inicio de un reclutamiento de nuevas levas de milicianos, hasta que al cabo de un tiempo en que recibían una instrucción adecuada sobre las artes de la guerra, se les considere veteranos.5 “Esta campaña, la más importante de cuantas antecedieron, fue sin embargo la menos arreglada (organizada), porque jefes, oficiales, clérigos y frailes, ocupados solamente en juegos y todo género de orgías, no hacían caso alguno de la moral, de su deber ni del enemigo que ya lo tenían encima. En son de descubrir campo (patrullar), los oficiales iban y volvían de aquí para allá, visitando en esta hacienda, dando en otras serenatas al rasgueado de guitarras o estableciendo garitos por los contornos del mismo campamento”.6 El comandante patriota Checa estaba concentrado en Riobamba a cargo de una fuerza de 2.900 hombres, muchos de ellos se decían de “cuchillo y palo” porque eran las únicas armas con que contaban, y ante el avance de las tropas reales hacia Guaranda se replegó a Mocha considerando que era una posición más ventajosa para enfrentar al enemigo. Después de varias escaramuzas,  el ejército real burla las defensas patriotas  y entra en Mocha, igualmente elude las establecidas sobre la quebrada de Jalupana en Latacunga, gracias a la ayuda de americanos realistas que conocían la orografía del terreno, se presentan en las goteras de Quito que la toman el 7 de noviembre de 1812 con la pérdida de 70 hombres en ambos bandos y numerosos heridos La entrada de Montes  estuvo presidida de toda clase de rumores “ sobre los crímenes y desafueros” que venían cometiendo a su paso
5 El significado de veterano dentro del ejército español, no tenía que ver con la edad, sino con la preparación y entrenamiento para desempeñar la función de cualquier puesto dentro del ejército. 6 Pedro Fermín Cevallos. Historia del Ecuador. Tomo VII, Editorial Tungurahua. Ambato 1972. Pág. 9.

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las tropas realistas, y los que pensaban en el escarmiento que podía hacer con los habitantes de Quito; tal fue el pánico que se apoderó, que muchas personas, algunas ordenes religiosas, incluso de clausura, con el obispo al frente, abandonaron la ciudad, más, las medidas que tomó el nuevo Presidente fueron las acertadas y justas para obtener la reconciliación y tranquilidad a la provincia. El general Montes debió estar bien enterado de los acontecimientos en la Audiencia de Quito y seguramente pensó en no caer en los mismos errores que incurrieron los anteriores Presidentes. El cometido de su gobierno era pacificar al país y tranquilizar los ánimos tanto de los patriotas exaltados como de los realistas efervescentes. Le favoreció a su propósito de pacificación  el “triunfo” de las fuerzas realistas cuencanas  en Verdeloma y la división de los patriotas quiteños, y, frente al estado de rebeldía que se encontraba el país, tenía que resolver primero militarmente esa situación y luego adoptar otras  medidas de gobierno… Después de los aislados desafueros del ejército realista en su entrada en Quito, Montes mandó a contener tales abusos y a devolver los objetos del pillaje. Trató de calmar a la población por medio de bandos exhortándoles volver a sus casas sin ningún temor, a excepción de una lista que comprendían una cincuentena de nuestros padres patriotas, a los que les impuso fuertes contribuciones económicas, a no pocos les hizo prisioneros, les confinó y desterró; al final de su mandato estas penas fueron levantadas. Inmediatamente de la toma de Quito el general Montes envió al coronel Sámano en persecución de los restos del derrotado ejército patriota que se había replegado hacia el norte; otra vez surgió la desa venencia  por el mando de las milicias entre el coronel Francisco García Calderón y Carlos Montúfar, no se llegó a ningún acuerdo y cada uno obraba según su criterio. Diversas circunstancias obraron en la derrota patriota en Ibarra: la desavenencia e ingenuidad de los mandos, la falta de preparación y disposición de ánimo de las milicias quiteñas, propició para que Sámano ocupara Ibarra ante las desbandada de las fuerzas patriotas, las persiguió tomó prisioneros al coronel Francisco Calderón, al comandante Manuel Aguilar y al comandante de caballería Marcos Guillón, nacido en Francia y avecindado en Guayaquil. Luego de un juicio sumario fueron fusilados Calderón y Aguilar y don Marcos Guillón sufrió la bárbara

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pena de muerte por la horca. Con esta inhumana acción quiso Sámano dar un golpe de efecto para apagar en el pueblo quiteño sus inquietudes libertarias. Hay una mancha en la administración de Montes cual fue la ejecución cruel y sanguinaria de don Nicolás de la Peña Maldonado y de su mujer doña Rosa Zárate, héroes epónimos de las luchas libertarias de 1809; después de la batalla de Ibarra huyeron hacia Esmeraldas y en Playa de Oro fueron tomados prisioneros ejecutados por la espalda y cortadas sus cabezas el día 14 de julio de 1813,  fueron remitidas a Quito donde fueron expuestas en la Recoleta de la Merced y en la Plaza Mayor. Montes envió a Sámano, elevado ya al grado de brigadier, a pacificar a Popayán que había sido tomada por el presidente Masuera, reclutó a entusiastas realistas en Pasto y en el  Patía y formó una brigada de más de 1.800 hombres, todos ellos devotos y animosos de servir a  las armas reales. Ocupó Popayán, Cali, Buga, Quindío, Ibagué venciendo una y otra vez al francés  teniente coronel Servies que estaba al frente de las tropas republicanas. Sámano estableció sus reales en la población de Cartago en espera de la propuesta de paz que don Toribio Montes había enviado a la Junta de Bogotá, adjuntándoles la nueva Constitución de Cádiz. Esta la rechazó y nombró presidente a don Antonio Nariño teniente general del ejército republicano para que prosiga la guerra. Salió hacia el sur y le derrotó al Brigadier Sámano en el sitio llamado Calivio el 15 de enero de 1814, en vista de esta pérdida y ante las quejas que recibió sobre los desafueros, pillaje de las tropas de Sámano contra las personas de la provincia,  fue reemplazado por el  mariscal de campo don Melchor Aymerich. Sobre este hecho Montes escribió “Todo proviene de no haber observado el brigadier Sámano mis órdenes y prevenciones, y procediendo sin política con los vecinos de un país que se prestaron gustosos a recibirlo antes que entrara en él, pues deseaban sacudirse de los males que sufrían, han padecido robos saqueos y atropellamientos, sin oírles sus justas quejas y reclamos…”7 Para finales de 1814 y una vez derrotado Nariño, ya estaban pacificadas las provincias del norte. En el mes de mayo de 1813 el presidente Montes recibió la nueva Constitución española que fue promulgada por las Cortes Generales de España el 19 de marzo de 1812. Los quiteños la recibieron y ju7 Ibídem.

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raron  con indiferencia, ya que para ellos  era irreversible el concepto de independencia de España; hasta ese entonces  sus reivindicaciones eran la igualdad de oportunidades con los peninsulares para acceder a la administración del gobierno, la libertad de comercio y otras exigencias menores, la figura del Rey como tal, nunca fue discutida, ahora, como ya lo proclamaron en 1809, creían que la soberanía residía en la nación y no solamente desechaban la monarquía absoluta, sino que desconocían su autoridad, tal era la idea unánime de los patriotas americanos que regaron con su sangre los campos de Venezuela, Nueva Granada y la sellaron en Pichincha, años más tarde. Ante la política de conciliación del presidente Montes, el gobernador Aymerich, el obispo de Cuenca y el brigadier Sámano que pertenecían a la “línea dura” pusieron muchos reparos a los electores y candidatos a regidores que se iban a presentar a la elección del Cabildo Constitucional, de acuerdo con las nuevas leyes; a ellos se sumaron Fromista, Arteaga y otros realistas tales como don Ramón Núñez del Arco, doctor Andrés de Villamagan, Calixto y Muñoz etc.. Así, Aymerich lo hace conocer a la Regencia, en un extenso documento que escudriña a cada uno de ellos por su participación en los anteriores pronunciamientos libertarios. El presidente Montes se queja a la Regencia: “que el brigadier gobernador de Cuenca don Melchor Aymerich vertiendo especies en la tropa y protegiendo la insubordinación hasta el extremo de expresar planes sobre invadir mi persona y despojarme del mando. Miserables, conocen poco mis recursos, el país, sus intereses, los de la nación, sus ideas y los poderosos motivos que me han hecho obrar para reunir en el Cabildo Constitucional a los hombres más pudientes de mejor fe, de una influencia decidida, queridos por el pueblo, y por consiguiente los únicos que deben fijar la opinión, contener el desorden y cimentar el nuevo sistema realizando los deseos de la nación.”8 Magistral la lección de estadista. Si España se hubiese esmerado en elegir a los funcionarios que enviaron a América y nos habría mandado unos Montúfar, Carondelet, Montes o Mourgeón la suerte  común pudo ser distinta, por los menos nos hubiéramos ahorrado tantas muertes y dolor, ya que la independencia, que era inevitable, se la pudo alcanzar en otra forma. Como dijo Rubén Darío: “hay mil cachorros sueltos del León español” que querían su libertad.
8 José Gabriel Navarro. La Revolución de Quito del 10 de agosto de 1809. Quito 1962. Pág. 468.

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Voy a citar al correcto historiador don Pedro Fermín Cevallos del juicio que hace del gobierno de don Toribio Montes: El general Montes  es otro de los gobernantes de tino y discreción, de quien puede gloriarse la nación española: pues, aunque fueron muchos sus actos de severidad con los vencidos, respecto de contribuciones, prisiones, confinamientos y destierros, también tuvo contemplaciones y condescendencias que dulcificaron la suerte de nuestros padres, obteniendo en recompensa mantener la pública tranquilidad. Se puso como hombre de mundo a la altura de las circunstancias del pueblo vencido, y penetrando con acierto la conducta que debía seguir obró con tanta prudencia, que todos sus contemporáneos confiesan haberse debido exclusiva- mente a su habilidad y procedimientos suaves la pacificación de esta provincia. Veamos lo que manifiesta el general Montes de su gestión: Habiéndome nombrado S.M. Presidente de la Real Audiencia de Quito, cuyo Reino se hallaba en insurrección entré en la Capital atravesando repetidas veces la cordillera de los Andes a fuerza de armas, el día 7 de noviembre de 1814, conseguí su pacificación, estableciendo el gobierno en todos los ramos de aquellas provincias que comprenden más de trescientas leguas, donde permanecí hasta el 26 de julio de 1817 que entregué en la mayor tranquilidad el mando al teniente general don Juan Ramírez, habiendo sostenido durante aquel tiempo con la tropa del ejército a su cargo, diez y nueve acciones de las que dio oportunamente testimonio al Ministerio de la Guerra por conducto del virrey del Nuevo Reino de Granada, en las cuales se apresaron más de tres mil fusiles, setenta cañones de todos los calibres, mil pares de pistolas y un considerable número de lanzas, sables, espadas y las municiones y pertrechos correspondientes… Por real Orden de 14 de octubre de 1815, se dignó SM concederme la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y las condecoraciones militares de San Hermenegildo y San Fernando el 26 de febrero de 1817. Al término de su mandato salió de Quito el 26 de julio de 1817 y llegó al puerto de Cádiz el 29 de abril de 1819 después de dos años de

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viaje. Una vez que se presentó al ministro de Guerra en Madrid, fue designado  vocal de las Suprema Asamblea de las  Órdenes de Isabel la Católica y la de San Fernando y el 20 de junio de 1820 fue nombrado vocal de la Junta Militar de Indias. Habiendo cumplido 72 años de edad y acreditado 63 años, 9 meses 18 días de servicio en los Reales Ejércitos, solicitó su retiro a la ciudad de Murcia. Cuando el deber nuevamente lo llamó al servicio en el año de 1823 se encargó del mando militar de la provincia de Murcia, debido a que  las autoridades constitucionales abandonaron la ciudad cuando entraron en España las tropas aliadas, llamados los 100.000 hijos de San Luís, para sostener al tambaleante rey Fernando VII. Estuvo al mando de la provincia hasta que fue reemplazado el 31 de diciembre de 1827. El 13 de abril de 1828 solicita al Rey que le autorice el traslado a Madrid, ya que no le sienta bien el clima de Murcia por ser “salitroso y de malas aguas”, causándole este temperamento mucho perjuicio a su salud, sin embargo, dice, el clima de Madrid ha sido siempre bueno y ha disfrutado de él. No sabemos que le retuvo en la ciudad de Murcia, puede ser que se agravó su estado de salud, lo cierto es que el Capitán General del Ejército de Valencia y Murcia da el parte al Secretario de Estado y del despacho de Guerra del fallecimiento del teniente general don Toribio de Montes en la madrugada del 1 de enero de 1829, a la edad de 79 años.9

9 Archivo General Militar de Segovia, España. Legajo M-3939.

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ORÍGEN DEL DR. ANGEL POLIBIO CHAVES, FUNDADOR DE LA PROVINCIA DE BOLIVAR
Gregorio César de Larrea

EL APELLIDO CHAVES Los especialistas expresan que Chaves, con “s”, no con “z”, es antiguo y noble linaje, originario de Portugal, de donde pasó a España, entroncando con ilustres familias. Chaves, en Portugués, singifica “llaves”. En España fundaron varias casas: una de ellas en Ciudad–Rodrigo (Salamanca); otra, en Trujillo (Cáceres), de la que dimanaron los Condes y Duques de Noblejas; otra, en Badajoz; una adicional en Segovia, de la que procedieron los Marqueses de Quintanar; y otras en Burgos y en Teruel. (Consultado en Internet.- Ver Bibliografia). Algunos títulos nobiliarios españoles han sido ostentados por el apellido Chaves, a saber: Marqués de Bermudo, extendido en 1869 a Don Juan Ignacio de Chaves. Conde de Casa Chaves (1815) a Don José Mauricio de Chaves y Mendoza. Duque de Noblejas (1829) para Don Mariano del Amparo de Chaves y Villarroel. Marqués de Quintanar (1714) a Don Pedro de Cháves y Girón. Conde Santibañez del Ríoi (1689) para Don Diego Godínez y Brochero, que en 1974 sucedió Doña María Cristina Gallego de Chaves y Escudero. (González–Doria, Fernando, Diccionario Heráldico y Nobiliario de los Reyes de España). Una rama de la casa de Ciudad–Rodrigo pasó al Perú, en la persona de Gómez de Chaves, natural de dicha población, cuyo nieto Gómez de Chaves y Gómez, natural de Lima, ingresó a la Orden de Santiago el 20 de Noviembre de 1632. En España, igualmente, hubo múltiples caballeros de este apellido que probaron nobleza la ingresar a las distintas Ordenes Nobiliarias (Consultado en Internet.- Ver Bibliografía). El Genealogista, Dr. Fernando Jurado Noboa, opina que la familia del Dr. Angel Polibio Chaves “pasó de extremadura a Riobamba hacia 1640 y de aquí a Chimbo por 1680, para aparecer posteriormente en Guaranda” (Vega y Vega, Wilson C, Angel Polibio Chaves, Fundador

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de la Provincia de Bolívar, Colección SAG, vol. 116, Quito, 1997, pg. 11). Su tronco habría sido el Maestre de Campo Don Juan de Chaves Hinojosa, Caballero de Santiago, nombrado Corregidor de Guayaquil, cargo al que renunció para ser Corregidor de Riobamba desde 1642. (Freile Larrea, José, Don Juan de Hinojosa y Chaves, Corregidor de Riobamba, en la Revista CENIGA, vol. 9, Julio 1991, pg. 29-53). El autor del presente artículo ha logrado rastrear los ancestros del Dr. Angel Polibio Chaves, documentadamente, desde inicios del siglo XVIII, en Guaranda, como se verá a continuación. Alférez don Leonardo de Chaves.- Poseía el grado de oficial militar de Alférez y usaba el “don” propio de las élites. En Guaranda, el 25 de Enero de 1723, el Alférez Leonardo de Chaves, vecino del pueblo de Guaranda, se obliga a pagar al Capitán don Juan Bautista Plasarte, vecino de Guayaquil, residente en Guaranda, 600 pesos de a ocho, por el arrendamiento de las Rentas Decimales (Cobranza de Diezmos) de los pueblos de San Lorenzo y sus anejos, para el año1723. (Guaranda, Notaría 1ª, Protocolos 1702-1763, f.140v.). Casó con doña Juana López de Galarza, viuda del Sargento Mayor don Dionisio Camacho. (Guaranda, Not.1ª, Protc.1778-1789,f.149v:13 Abril 1780). Don Leonardo Chaves y Galarza.- Asistió enormemente a su madre en sus enfermedades, en su hacienda Catanaguán, por lo que en Guaranda, el 13 de Abril de 1780, ella cede a su hijo don Leonardo Chaves y Galarza, 6 caballerías de tierra (Guaranda, Not. 1ª, Protc.17781789,f.149v: 13 Abril 1780). don Leonardo Chaves era hermano de don Sebastián Chaves y Galarza. En Guaranda, el 18 de Agosto de 1781, don Sebastián y don Leonardo Chaves y Galarza eran albaceas y herederos de doña Juana Galarza, ya difunta. Su madre dejó la estancia Capito, en términos del pueblo de San Lorenzo, en la jurisdicción de Guaranda. (Guaranda, Not. 1ª, Protc.1778-1789,f.234v: 18 Agosto 1781). Don Leonardo Chaves y Galarza poseía 4 caballerías en el valle de Catanaguán, en términos del pueblo de Chapacoto, en la jurisdicción de Guaranda (Guaranda, Protc.1ª, 18 Agosto 1781,f.234 v.). Don Leonardo Chaves y Galarza testó en Guaranda, el 29 de Marzo de 1791 y otorgó codicilo el 1º de Abril de 1791 (Guaranda, Not.1ª, Protc.17901801,f.51 y 54). Declaró ser hijo legitimo de don Leonardo Chaves y doña Juana Galarza, ya difuntos. Fue casado con doña Tomasa Gonsales. Tuvo los siguientes hijos: – Don Bernardo Chaves y Gonsales.- Estudió en el Real Colegio de San

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Fernando, en Quito (Ver codicilo de su padre). Vivía en 1791. – Don Casimiro Chaves y Gonsales – Don José Chaves y Gonsales.- Vivía en 1791. – Doña Antonia Chaves y Gonsales.- Difunta en 1791. Casó con N. Pasmiño y tuvo 2 hijos legítimos: don Antonio y don Juan Pasmiño Chaves. Al casarse, su mujer, doña Tomasa Gonsales, aportó al matrimonio “el sitio donde moro” y una casa. Dejó, al morir, una estancia llamada Catanaguán, comprada a doña Juana Galarza; ahí, él fabricó una casa. Don Leonardo Chaves y Galarza era compadre de don José Rivadeneyra. Fueron testigos de su testamento: don Juan Camacho Chaves, don Andrés Chaves y don Pedro Galarza. Por otra parte, don Sebastián Chaves y Galarza, hermano de don Leonardo, testó en Guaranda, el 7 de Febrero de 1789 (Guaranda, Not 1ª, Protc.1778-1789,f.676). Don Sebastián declaró ser natural de Guaranda; hijo legítimo de don Leonardo Chaves y doña Juana Galarza, vecinos que fueron de Guaranda, ya difuntos. Casó con doña Margarita León, quien no llevó dote al matrimonio. Tuvieron 9 hijos, de los cuales a la fecha vivían 5: Toribio (clérigo diácono), Pablo, Antonio, Rosa c.c. don Pedro Chavarría (Guaranda, Not1ª, Protc.1790-1801,f.34) y María Chaves León (doncella). Don Sebastián Chaves y Galarza con su esposa compraron la estancia Pucará. Su fundo, Pucará y San Miguelito estaba ubicado en términos del pueblo de Guanujo. Lo compraron a doña María Camacho c.c. don Ramón Cano, en 350 pesos (Guaranda, Protc. 1º, 11 Agosto 1789,f.709). En Guaranda, 4 de Febrero de 1779, don Juan Martínez, vecino de Guaranda, dice que don Gregorio Martínez es vecino de Quito. Expresa que otorgó poder a don Gregorio, y en esa fecha lo sustituye con don Sebastián Chaves, vecino de Guaranda (Guaranda Not.1ª, Protc.1778-1789). Además, en Guaranda, el 3 de Agosto de 1779, don Fernando Arroba restituye poder en don Sebastián Chaves (Guaranda, Not. 1ª, Protc.1779,f.26). Una hija de don Sebastián Chaves y Galarza, llamada doña Rosa Chaves y León declara, en Guaranda, el 13 de Junio de 1798, ser viuda de don Pedro Chavarría. Era vecina de Guaranda. Vende un potrero llamado Suruguayco, que lo compró a doña Leocadia Roca, situado en tér-

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minos del pueblo del Guanujo (Guaranda, Not. 1ª, Protc. 1790-1801, f.530). Don Sebastián Chaves y Galarza poseía en 1781 una estancia en el pueblo del Guanujo, que la compró a doña María Camacho en 350 pesos (Guaranda, Protc. 1º, 18 Agosto 1781, f. 234 v). Don José Chaves y Gonsales.- Que aparece en los documentos, también como don José Martínez de Chaves, apellido usado seguramente en honor de algún antepasado. En Guaranda, el 30 de Diciembre de 1779, don José (Joseph) Martínez de Chaves, vecino de ese asiento, vende a Marcelo Tello, vecino del pueblo de San Lorenzo, más o menos una caballería de tierras en el territorio de Induzi, que compró en público remate de los bienes de Asensio Quirós, contra los que siguió causa ejecutiva don Xavier de la Puente (Guaranda, Not. 1ª, Protc. 1766-1798). En Guaranda, el 27 de Agosto de 1783, encontramos a don José Chaves, vecino de Guaranda, actuando jurídicamente (Guaranda, Protc. 1º, 1778-1789,F.324). En Guaranda, el 12 de enero de 1789, doña Tomasa Gonsales, viuda de don Leonardo Chaves, dice que su marido vendió una caballería de tierra y estancia, en el valle de Catanaguán, a su hijo don José de Chaves, en 100 pesos (Guaranda, Not. 1ª, Protc.1790-1801,f.499v.). En Guaranda, el 13 de Febrero de 1836 se nombró, al “ciudadano” José Chaves, tasador de un fundo de la ciudadana Sebera Galarza. (Guaranda, Not.1ª, Protc.1835-1838,f.10). El ciudadano don José Chaves testó en Guaranda, el 22 de Noviembre de 1836. (Guaranda, Not.1ª, Protc.1835-1838,f.10). Había casado en primeras nupcias con doña Elena Rivadeneyra, hija de don José Rivadeneyra. tuvieron 18 hijos de los cuales al momento vivían 2: Don José Chaves Rivadeneyra.- Su padrino fue el Dr. don Próspero Vásconez, cura de Guanujo. Casó con doña María Coloma. Doña Ana Chaves Rivadeneyra.- Casada con el ciudadano Antonio Camacho. Su padre declara que a su hija doña Ana le ha entregado 1.700 y más pesos; y a su hijo don José ha entregado 793 pesos y reales (Ver codicilo de don José Chaves de 24 de Noviembre 1836). Tomaron sus 2 hijos, los terrenos llamados Catanaguán. Declaró que en el mismo sitio de Catanaguán poseía 8 caballe-

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rías de terreno. Decía además tener como sus hermanos a: don Bernardo, don Casimiro y doña Antonia Chaves. Durante un primer matrimonio construyeron 2 casas: una de altos y otra de bajos. Casó en segundas nupcias con la Señora Manuela Arregui Martínez, hija legítima de don José Arregui y doña Rosalía Martínez. Procrearon 8 hijos, de los cuales vivían, al momento 3: Doña Teresa Chaves Arregui, Don Benedicto Chaves Arregui, Doña Trinidad Chaves Arregui. Con su segunda esposa compraron la estancia Guangoliquín en 150 pesos. El ciudadano José Chaves otorgó 2 codicilos en Guaranda: el 23 de Noviembre de 1836 y el 24 de Noviembre de 1836 (Guaranda, Not.1ª, Protc.1835-1838, f.60 v. y f.61 v.). Existe una escritura hecha en Guaranda por el ciudadano Mariano Barriga, como albacea de don José Chaves, de algunas cuadras de terreno, a favor de Benancio Rivas, en 36 pesos (Guaranda, Not.1ª, Protc.1835-1838, f.68 v.). En Guaranda, el 5 de abril de 1837, existe una escritura de fianza que hace la ciudadana Ana Chaves, a favor de su marido el ciudadano Antonio Camacho, por 200 pesos, para que entre en el “destino de conductor de balijas” (Guaranda, Not.1ª, Protc.1835-1838, f.73). En Guaranda, el 3 de Marzo de 1838, la Señora Ana Chaves c.c. ciudadano Antonio Camacho, y los ciudadanos: Mariano Alegría, José Manuel, Joaquín, Lisardo Carbajal, dan fianza al ciudadano Fernando Calero, que remató en este año el Diezmo de la Parroquia de Guanujo, en 1.330 pesos. Don Benedicto Chaves Arregui.- Hijo legítimo de don José Chaves y Gonsales y doña Manuela Arregui Martínez. Casó con doña soledad del Pozo Lombeida. Hijo: Doctor don Angel Polibio Chaves del Pozo.- Nació en Guaranda el 22 de Febrero de 1855. “Abogado, militar, político, poeta y periodista. Fundador de la Provincia de Bolívar en 1884 de la que fue su primer Gobernador”. Falleció en Guaranda, el 11 de Septiembre de 1930 (Vega y Vega, Wilson C. Angel Polibio Chaves, Fundador de la Provincia

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de Bolívar, Colección Sociedad de Amigos de la Genealogía, SAG, vol.116, Quito, 1997,287p.p.). Se graduó de abogado en Cuenca. En 1882 se enroló en el Ejército Restaurador que combatía contra la dictadura del Gral. Ignacio de Veintemilla, obteniendo el Grado de Coronel. Colaboró con gran número de diarios y revistas, y fundó por lo menos diecinueve periódicos. En 1883 fundó el diario “Los Principios”, que fue el primero publicado, regularmente, en Quito. Fue Concejero Municipal en Guaranda, Secretario del Consejo de Estado, Director del Colegio Militar, Director de Estudios de Pichincha, Subsecretario de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Hacienda, Diputado y Legislador, miembro de muchas asociaciones nacionales y extranjeras. Publicó numerosos libros y folletos. (Pérez Merchant, B., Diccionario Biográfico del Ecuador, Quito, 1928, 515 p.p.). Había casado con la distinguida dama Doña Juana Ramírez. DATOS SIN FILIAR SOBRE CHAVES EN GUARANDA – Dr. don Hipólito Machado de Chaves: En Guaranda, el 9 de Abril de 1734, el Alférez Bernardo Sánchez Barragán, vecino de Guaranda, otorga poder al Dr. don Hipólito Machado de Chaves, cura del Pueblo de San Miguel (Guaranda, Not.1ª, Prot.1702-1767).- Datos sobre la familia Machado de Chaves constan en el artículo de Gregorio César de Larrea, intitulado Don Gabriel de Vera y Aragón, Corregidor de Latacunga, y su familia, publicado en la Revista del Centro Nacional de Investigaciones Genealógicas y Antropológicas, CENIGA, vol.15, Julio 1997, Quito, pag.175-177. Desconocemos si se trata de la misma familia Chaves del Dr. Angel Polibio Chaves. – Don Joseph (José) y doña Leonor Chaves: Eran vecinos de Guaranda en el siglo XVIII. (Guaranda, Not.1ª, Protc.1702-1767,f.623). – Doña Manuela Chaves: En Guaranda, el 20 de abril de 1764, era ya difunta. Casada con don Antonio Exsila, también difunto (Guaranda, Not.1ª, Protc.1778-1789, f.23. Foja suelta dentro del libro). Doña Manuela Chaves: tenía como hija legítima en 1789 a doña Josefa Excila Chaves (Guaranda, Not.1ª, Protc.1778-1789, f.704v.). DATOS SIN FILIAR SOBRE CHAVES EN RIOBAMBA – En Riobamba, el 1 de Abril de 1675, Matías de Chaves de la Costa era mercader. (Riobamba, Arch. Histórico Casa de la Cultura, Not.1ª, Protc.1674-1679, f.361, caja 41).

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DATOS SIN FILIAR SOBRE MARTINEz EN GUARANDA – Entre las familias de Guaranda, Martínez es una de las que descendía el Dr. Angel Polibio Chaves. – Gaspar Martínez: Testamento, 13 de Mayo de 1642 (Guaranda, Not. 1ª, Protc.1625-1637 y 1637-1653, f.42.- Libro mal empastado): Consta que era vecino de Quito, residente en Chimbo, natural de Aranda de Duero, en Castilla la Vieja, Reino de España; hijo legítimo de Amaro Martínez y María Albarez, hidalga. Tenía de caudal en la Ciudad de los Reyes (Lima), 512 pesos de a 8. Llevó paños, como mercader, a Lima. Casado primero con María Reguero. Tuvo 6 hijos: 5 varones y 1 hembra, llamados: Fray Gaspar, Fray Bartolomé, Fray Antonio Martínez, los 3 de la Orden de Santo Domingo. Otro, José Martínez; y una más. La hija, Isabel Martínez. Todos ellos vivían en Quito. La esposa recibió de dote 1.800 pesos en plata y ajuar. Casó segundo, después de enviudar, con doña Isabel de Figueroa, ya difunta. Tuvo 1 hijo, ya fallecido. Su segunda esposa no llevó dote al matrimonio. Nombra herederos a sus hijos José e Isabel Martínez. - Don Gregorio Martínez de Valmaseda: En Guaranda, el 24 de Julio de 1778, era vecino de Quito, transeúnte en Guaranda. Da poder a don Juan Josef (José) Martínez, vecino de Guaranda (Guaranda, Not.1ª, Protc.1778-1789, f.18). - Maestro don Josef Joaquín Martínez y Camacho: en Guaranda, el 9 de Octubre de 1779, declaró ser bisnieto legítimo de Nicolás Camacho. En Guaranda, el 16 de Octubre de 1779, expresó: que don Manuel de Arregui poseía la hacienda Quinchoa, en términos de Guaranda, que heredó de sus padres. Están impuestos en ella, 1.000 pesos a censo, por Francisco Sánchez Albarado. Este censo lo reclama don José Joaquín Martínez y Camacho, descendiente legítimo de Albarado. El Maestro don Josef Martínez pretende Ordenes Mayores y pide esa capellanía.

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BIBLIOGRAFÍA
– Vega y Vega, Wilson C., Angel Polibio Chaves, Fundador de la Provincia de Bolívar, Colección de la Sociedad de Amigos de Genealogía, SAG, vol.116, Quito, 1997, 287 p.p. – Pérez Merchant, B, Diccionario Biográfico del Ecuador, Escuela de Artes y Oficios, Quito, 1928, 515 p.p. El internet cita las siguientes fuentes: – Nobiliario de Armería, por Miguel de Salazar. – Nobiliario, de Onofre Esquerdo. – Libro de Linajes y Armas del Reino de Aragón, por Juan del Corral – Armas y Blasones, de Jerónimo Bolea. – Historia de la Casa de Silva, por Luis de Salazar y Castro. – Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía Española. – Armorial Portugués, de Santos Ferreira. – Diccionario Heráldico y Nobiliario de los Reinos de España, por Fernando González Doria. – Angel Polibio Chaves, Fundador de la Provincia de Bolívar, Colección Sociedad Amigos de Genealogía, SAG, vol. 116, Quito, 1997, 287 p.p. – Don Juan de Hinojosa y Chaves, Corregidor de Riobamba, por José Freile Larrea, en Revista del Centro Nacional de Investigaciones Genealógicas y Antropológicas, CENIGA, vol. 9, julio 1991, Quito, pg. 29-53.

FUENTES PRIMARIAS CONSULTADAS

– En Guaranda, Archivo de la Notaría Primera, fueron revisados totalmente los siguientes libros de Protocolos, que no tienen índice. - 1702-1767, 1766-1798, 1778-1789, 1790-1801, 1835-1838 - En Guaranda, Archivo de la Notaría Primera, fueron revisados parcialmente los siguientes libros de Protocolos, que no tienen índice: - 1603-1622 (Este libro contiene también protocolos de otros años, por ej. de 1674. - 1625-1637 y 1637-1653 (Contiene también los Protc. de 1656-1657, 1640-1643 y 1660). - 1632-1637 - 1682-1686 – En Riobamba, Archivo Histórico de la Casa de la Cultura, fueron revisados parcialmente los siguientes libros de Protocolos que pertenecieron a la Notaría Primera: – Caja 30: 1647-1649, Caja 32: 1650-1653, Caja 35: 1656-1660, Caja 36: 1658-1661, Caja 38: 1646-1663, Caja 41: 1674-1673.

AGRADECIMIENTO
Al Doctor don Gonzalo Chiriboga Chaves y al Doctor don Martín Chiriboga Chaves. Al doctor don Angel Escudero Vásconez, Notario Primero del Cantón Guaranda, por haberme permitido revisar los libros antiguos de Protocolos.

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DISCURSOS ACADÉMICOS

ACOTACIONES SOBRE LA MASACRE DEL 2 DE AGOSTO DE 1810
Gustavo Pérez Ramírez

Sea lo primero, muy grato y sentido, expresar mis más sinceros agradecimientos a las directivas y miembros de número de la Academia Nacional de Historia, por mi ascenso a individuo de número. Para mí es muy honrosa, si bien en extremo generosa esta decisión por lo que representa esta prestigiosa y centenaria Academia, que tiene a su haber pléyades de notables historiógrafos, desde su egregio fundador, Federico González Suárez, hasta nuestros días, con un ilustre director como el actual, Dr. Juan Cordero Íñiguez e inmediatos antecesores, Doctores Manuel de Guzmán Polanco, Plutarco Naranjo Vargas, Jorge Salvador Lara, todos de muchos méritos intelectuales y humanos, y con historiadores de la talla del Doctor Jorge Núñez Sánchez, quien tan gentilmente me ha dado la bienvenida, y de Fray Agustín Moreno Proaño, para no citar sino unos pocos, que han sido estimulo constante para mi labor de historiador. Acepto tan alta distinción sin pretensión alguna, consciente de que no soy sino un ratón de archivos, hemerotecas y bibliotecas. Como tal doy prioridad a la investigación sobre documentos primarios, a la luz de un paradigma historiográfico analítico, crítico, no elitista, en busca de conocer y servir mejor a este gran país al que tanto debo, comenzando por haber encontrado en la quiteña y talentosa escultora, Fina Guerrero Cassola, la mujer de mis sueños, con quien, por lo demás, he quedado incorporado a la historia viva del Ecuador, por tener como suegro, al coronel Virgilio Guerrero Espinosa, líder destacado de la Liga Militar de la Revolución Juliana, nombrado por la Junta Provisional, Intendente General de la Provincia del Guayas, donde adelantó meritoria labor, que lo llevó, meses después, a ser nombrado secretario de la Junta. Y por parte del bisabuelo materno de Fina, quedé relacionado con el sabio Carlo Cassola, pionero en Ecuador de la enseñanza de la Química y Física en el colegio Vicente León de Latacunga. De ambos he escrito sus biografías con base en documentación primaria, y siguiendo
* Discurso de incorporación como miembro de número de la Academia Nacional de Historia del Ecuador-Quito octubre 18 de 2010.

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el referido paradigma. Mi reto y empeño es seguir colaborando en el desarrollo de la historiografía del Ecuador. Para el discurso de posesión, que prescriben los estatutos, he escogido un tema ampliamente estudiado por los historiadores, desde los cronistas de la Independencia, Manuel José Caicedo, Agustín Salazar y Lozano, Pedro Fermín Cevallos, hasta nuestros días, pero que no se puede dar por agotado, como es propio de la investigación crítica; lo sigo explorando, a la par con otra investigación a la que me referiré más adelante, habiendo terminado la investigación sobre la Revolución de Quito, en base a nuevos documentos que traje del Archivo Histórico Restrepo de Bogotá, para cuya lectura fue valiosísima la cooperación del paleólogo Fray Agustín Moreno, y que, gracias al Prefecto Provincial de Pichincha, Gustavo Baroja Narváez, y al Director Cultural, Raúl Pérez Torres, se acaba de publicar dentro de la colección Cochasqui, para donar a los colegios e Instituciones de la Provincia de Pichincha. El tema que propongo ahora a su consideración es la Masacre de los Héroes y Heroínas de la Independencia del 2 de agosto de 1810, que con motivo del luctuoso Bicentenario, hemos estado conmemorando. Lo vengo estudiando para hacer visibles a quienes han quedado en el olvido bajo el rótulo de “menos notables”, o sea desde la perspectiva de esa “otra historia” que la brasileña-americana, Teresinka Pereira, Presidente de la Asociación Internacional de Escritores y Artistas, define poéticamente como “la cadena de acontecimientos invisibilizados o negados, pero que de modo intermitente emerge a la superficie como episodios multiformes de resistencia a la par, impugnadores y salvacionistas”, o sea dando el protagonismo al pueblo, como lo hizo en los Estados Unidos el historiador Howard Zinn, fallecido a comienzos de este año. En su aclamada La otra historia de los Estados Unidos, traducida a varios idiomas, y que en 2003 fue galardonada con el “Prix du Monde Diplomatique” Zinn se propuso mostrar la Historia de los Estados Unidos vista por el pueblo trabajador, en vez de la visión de las elites políticas y económicas, y reconocer que fue el pueblo, “ordinary people”, el que protestó contra el genocidio de los aborígenes americanos, y construyó los movimientos que lograron acabar con la esclavitud, que creó el sindicalismo y ha luchado contra las discriminaciones, insistiendo en los ideales expresados en la Declaración de la Independencia.1
1 Hower, Zinn, “A people´s History of the United States, 1492-Present”, Perennial Classics, 1980, New York, N.Y. En español “La otra historia de los Estados Unidos”.

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Entre nosotros, el historiador Jorge Núñez ha sido explícito en registrar la acción de la gente del común, en particular, con respecto al caso que nos ocupa, sobre el cual afirma y demuestra que la revolución la inició y la hizo el pueblo, y que los marqueses llegaron después, llamados por el mismo pueblo, pero no fueron ni motivadores ni líderes de ese acto fundacional en esa noche gloriosa. Así lo dejó consignado en el prólogo que honra mi libro sobre la Historia del Acta de la Independencia de Quito del 10 de agosto de 1809 que FONSAL publicó el año pasado en esplendida edición. Otros historiadores, sin embargo, han ignorado al pueblo llegando a decir que la Revolución de Quito de 1809 fue de los Marqueses, esencialmente aristócrata, si bien, entre ellos, “de modo intermitente” emerge a la superficie” la consideración del pueblo. Respecto al pasado, el historiador Salvador Lara, en su carta a Manuel María Borrero, lo felicitó por ser el primero en ocuparse del pueblo, aunque lo rectificó en su segunda carta, habiendo comprobado que la originalidad de reivindicar la participación popular en el 10 de agosto de 1809 ha correspondido a historiadores y escritores anteriores , como al P. José María Le Gohuir S.J. en 1920, y a otros sucesivamente. Y hay que señalar que Agustín Salazar y Lozano, en sus Recuerdos de la Revolución de Quito 1809 celebra que se hubiera contado “con la disposición de un pueblo que había repetido pruebas de aspirar a lo grande y distinguido, casi todo con ideas tradicionarias desde la Conquista en orden a su felicidad e Independencia”.2 Por cierto, la Academia Nacional de Historia, a instancias de su sub director, Fray Agustín Moreno, se propone reescribir la historia de Ecuador en 45 volúmenes, con una visión integradora como corresponde a la nueva metodología historiográfica. En la primera parte de esta exposición, presentaré algunos resultados de la investigación sobre los mártires del 2 de agosto, que he venido adelantando en busca de quienes han quedado relegados al olvido. En la segunda parte me referiré a lo que propongo.. Inicié el análisis en la Plaza de la Independencia de Quito, ante el monumento a los héroes, que en la peana de la parte posterior ostenta una inscripción en granito, ya borrosa, que reza Nómina de los próceres
2 Agustín Salazar y Lozano, Recuerdos de la Revolución de Quito 1809, en Cronistas de la Independencia de la República, Biblioteca Ecuatoriana M’nima, Quito ,1960, Editorial J.M. Cajica, Puebla México, p.l99.

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de la Independencia ecuatoriana asesinados alevosamente en Quito en su propia prisión el 2 de agosto de 1810.

Albán Aguilera Nicolás Arenas Juan Pablo Ascázubi Francisco Javier Cajas Manuel Godoy

Larrea y Guerrero Juan Melo Vicente Mideros Morales Juan de Dios Olea Anastasio Peña Antonio

Al lado derecho, se añadieron, quizás posteriormente, otros próceres: Quiroga, Riofrío, Salinas Juan, Tobar, Villalobos, Vinueza José. Aún con el añadido, me sorprendió una nómina de sólo 18 próceres, en la que, ciertamente, no están todos los que son, ni aparentemente son todos los que están, como lo pensé inicialmente al leer la inscripción, pues Albán, Mideros y Godoy no aparecen en listas posteriores. Sin embargo tratando de esclarecer el enigma, encontré que Pedro Fermín Cevallos menciona a este trío, que junto a Mosquera, Morales y dos hermanos de apellido Pazmiño, formó parte de los atacantes al cuartel de Lima bajo el comando del capitán Landáburo.3 Y añade que
3 Pedro Fermín Ceballos, Resumen de la Historia del Ecuador desde su origen hasta 1845, 2ª edición, Imprenta de la Nación, Guayaquil, 1886, tomo III, pp.68-69 y Carlos de la Torre y Reyes, La

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en prisión “fueron muertos Mideros y Godoy; y que Albán, mal herido, logró escapar”.4 Eran hijos del pueblo. El Albán que encabeza la nómina citada, es Manuel Albán, quiteño. Pudo escapar por el boquete abierto en la pared del cuartel por el cañón de los militares santafereños.5 Por otra parte, en el facsímile del acta de la Independencia, hay un Diego Mideros, quiteño, del Barrio San Roque, entre los que eligieron al Marqués de Orellana, aunque no aparece entre los firmantes, y no por omisión del escribano, que sería comprensible, pues se trata de una de las copias del acta, donde además aparece dos veces la firma de Nicolás Vélez,6 cuya explicación encontré en la confesión que, ante el Oidor Felipe Fuertes, hizo Vélez diciendo que “firmó por el barrio San Sebastián, pero estampó su firma otra vez cuando faltaba el representante de San Marcos”. En cuanto a Godoy, encontré que su nombre aparece con la inicial M. citado en Próceres de la Independencia, como “uno de los 7 hijos del pueblo” que comandados por el capitán Landáburo, “en arranque de patriotismo sublime, resolvieron libertar a los prisioneros sin más armas que puñales”.7 José Antonio Quevedo, en la Revista de la Escuela de Literatura de 1887 describe los actos de heroísmo de este trío, calificando de entusiasta a Albán, hercúleo a Mideros y valiente a Godoy. Éste murió sobre
Revolución de Quito del 10 de agosto de 1809, Banco Central del Ecuador, colección Historia XIII, Editorial Ecuador, 1990, p.475. 4 Ibidem, p.476. 5 Ver su reseña en Próceres de la Independencia del colombiano Manuel de Jesús Andrade, Tipografía de la Escuela de Artes y Oficios, Quito 1909, p.11. Manuel María Borrero se inclina a suponer que se llamaba Mariano, uno de los asaltantes al cuartel Real de Lima y que salió herido. 6 Manuel María Borrero, La Revolución Quiteña 1809-1912, Quito, Editorial Espejo, 1972, p. 49. 7 Me refiero al facsímile de la copia del acta, pues en versiones como la de Carlos de la Torre Reyes, si aparece, pero sin fundamento alguno. Ver Op.Cit., p.215. También aparece dos veces el nombre de Manuel Romero.

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la cureña del cañón, mientras Mideros, corriéndole la sangre por la cara, con las piernas y un brazo despedazados, arrimándose en el cañón y el cadáver de Godoy disparó un fusil, gritando algo balbuciente ¡mueran los chapetones! Y remató a un oficial antes de sucumbir él mismo heroicamente.8 Respecto a Tobar, a pesar de que se le ha considerado como una de las víctimas del 2 de agosto en los calabozos,9 debe quedar aclarado, como lo destaca el historiador Hernán Rodríguez Castelo, que murió en Guayaquil según dos estrofas del Cántico Lúgubre: ¿A quién no ha de consternar, El término lastimoso Que tuvo en un calabozo, El caballero Tobar? De Cuenca al de Guayaquil Donde espiró desgraciado, Fue conducido engrillado, Pasando desdichas mil.10 Resulta entonces acertada la nómina de los próceres que el Archivo Nacional tan oportunamente publicó en 2007 con anticipación a las celebraciones del Bicentenario de la Independencia, en el Nº 33 de su Boletín, cuya fuente es la inscripción del Monumento y en la que se omite a Tobar. 11 En 1923, C. de Gangotena y Jijón había publicado su lista de “Los muertos del 2 de agosto de 1810”, un poco más corta, en ella enumera sólo 13 próceres, incluyendo dos nuevos nombres, José González y Carlos Betancourt, y excluyendo a Villalobos, Vinueza y a Tobar.12

8 Manuel de Jesús Andrade, Op.Cii., p.161 9 Citado por Costales Alfredo y Dolores, Insurgentes y Realistas, La Revolución y la Contra revolución Quiteñas, 1809-1822, FONSAL, Quito, 2008, pp. 185-187. 10 Manuel de Jesús Andrade, Op. Cit,. P.385. 11 Boletín de la Academia Nacional de Historia, N° 183, p.201. 12 Boletín del Archivo Nacional, La Revolución de Quito 1809.1812, Edición especial, N° 33, 2007, p, 23.

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En la Sala Capitular del Convento de San Agustín se encuentra otra lista de los Próceres de la Revolución de Quito, en la que se enumeran 14 nombres, incluyendo el de Tobar.

Con motivo del Bicentenario, el historiador Enrique Muñoz Larrea, contribuyó con una nueva lista de los mártires del 2 de agosto de 1810, publicada en el Boletín de la Academia de Historia, edición especial, que marca un hito en las conmemoraciones bicentenarias. Habría que incorporar a Mideros, Godoy y a varios más que van surgiendo del anonimato, de los cuales llevo identificados más de media docena. Por dar un ejemplo, la pareja constituida por el ambateño Mariano Castillo, y su novia guayaquileña, Manuela Valdés, ambos decididos luchadores por la Independencia. Manuela murió el 2 de agosto en la prisión tratando de salvar a su novio; él sobrevivió fingiendo estar

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muerto. El joven Mariano “de gallardo parecer, valiente y de lúcido entendimiento”, como lo describe Cevallos, prisionero por haber estado en la reunión del complot y acompañado a Antonio Ante a Carondelet en la madrugada del 10 de agosto, fue herido de bala en la espalda y empapada la vestimenta con su sangre , aparentó estar muerto. Soportó impasible 10 bayonetazos; llevados los cadáveres por los religiosos a San Agustín, Castillo dio muestras de vida y fue auxiliado.13 Los religiosos lo mantuvieron oculto por varias semanas hasta que se repuso totalmente de sus heridas. Cuando llegó a Quito el Comisionado Regio Carlos Montúfar, se sumó a sus campañas militares. Posteriormente realizó la campaña libertadora del Sur hasta triunfar en Pichincha. Después fue a Lima donde el 6 de Enero de 1827, se sumó a la revolución. Finalmente fue a Piura donde en medio de la depresión por la desunión de los patriotas, se suicidó. Sería injusto no mencionar a Manuela Valdés entre los mártires de ese día, como descalificar a Mariano Castillo y a Manuel Albán por haber sobrevivido, como a otros por ser menos notables. A este respecto debo señalar, que en 1863, M. Cuevas había publicado su propia corta lista de mártires “Salinas, Morales, Quiroga, Arenas, Ascázubi, Aguilera, Peña, Vinueza, Larrea y Guerrero, Cajias, Villalobos, Olea, Melo” a la que le añadió “y otros menos notables”. Destaco esta última frase, que considero infortunada, pues ante la muerte, que fue igualmente cruel, alevosa e injusta para todos los próceres sin excepción, es de esperar un trato con equidad para los “menos notables”. Todos dieron su vida por la Independencia y a todos les debemos igual homenaje. Es un ejemplo de lo que criticamos, entendible en el contexto de los años de que data este comentario, cuando la historia no registraba la acción de la gente del común. Encontré en Cevallos la misma referencia a “otros menos notables”. Hay que seguir desempolvando archivos, pues los nombres de todos los héroes merecen ser visibilizados y honrados sin distinción de clase social ni de género. Manuel de Jesús Andrade, en el prólogo a su libro Próceres de la Independencia escribe: “creíamos no pasar de doscientos y el número de próceres excede de setecientos. Si hay algunos que no lo son, más serán los que faltan”.
13 Boletín de la Academia Nacional de Historia, Vol. VI, 1923, p.154.

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El número de insurgentes que fueron sacrificados el 2 de agosto es superior a las listas que se tienen. Según William Bennet Stevenson, el número de los prisioneros confinados en las celdas fue de 72, “muchos de los cuales estaban sujetados con grillos y fueron sacrificados”, de lo que se deduce que los que lograron escapar a la muerte no pudieron constituir una mayoría; muchos fueron liberados, pero algunos no quisieron huir.14 Sabemos por un testigo presencial, el provisor Doctor Manuel José Caicedo, que pasando con el Obispo por la calle de la Compañía, un soldado les gritaba desde una ventana: “Ya estamos bien, porque los presos todos, menos el Doctor Castelo, ya murieron”, y que el soldado Barrantes había gritado como loco: “Maten quiteños, desde el obispo para abajo, maten a todos”.15 Entre los prisioneros, debieron encontrarse muchos de los 36 que firmaron el acta de la Independencia, todos varones, gente del común en buena parte, representante de los 6 barrios del Quito de entonces. De esa lista sólo se han destacado como héroes sacrificados a Ascázubi, Villalobos y Melo. No es inapropiado suponer que, si no todos los firmantes del Acta fueron apresados, sí debieron ser muchos más que los tres identificados, habida cuenta de la implacable cacería que por orden del presidente de la Audiencia de Quito, Conde Ruíz de Castilla se llevó a cabo, bajo pena de muerte, a quien encubriese a un reo, después de que fue repuesto en su cargo en octubre de 1809, traicionando sus promesas, y fiel a lo que fue como militar, comandante del pelotón que ejecutó a Tupac Amaru II en 1780, lo que lo puso en la mira del Rey para sus futuros ascensos. Cacería que se extendería a los numerosos ciudadanos que antes del 16 de agosto estuvieron firmando su adhesión al acta,16 que según Arechaga fueron unos 8 mil, más de la cuarta parte de la población del
14 Pedro Fermín Cevallos, Op.Cit. p.68. 15 Manuel José Caicedo, Viaje imaginario por las provincias limítrofes de Quitoy regreso a esta capital, en Cronistas de la Independencia de la República, Biblioteca Ecuatoriana Mínima, Quito, 1960, Editorial J.M. Cajica, Puebla México, p76-. 16 Carlos de la Torre y Reyes, Op.Cit., p.236: “para el 16 de agosto contaba el incipiente gobierno con muchas adhesiones escritas de entidades oficiales y particulares, que, al aprobar con efusión el cambio de régimen político, prometían su concurso para llevar adelante la revolución”.

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Quito de entonces. Por algo el Teniente Coronel Fernando Bassantes pidió matar a todos los quiteños, desde el Obispo para abajo.17 Carlos de la Torre y Reyes escribe que en el trascurso de esa misma mañana (del 10 de agosto) en el cuartel siguió la recolección de firmas para apoyar al movimiento subversivo”.18 Nicolás Vélez confesó que recogió alrededor de 70 firmas. En el Archivo General de la Nación en Bogotá, encontré el original de una de las despiadadas órdenes, con la lista de los encargados de la persecución a los insurgentes:

17 Carlos de la Torre y Reyes, Op. Cit., p.482. 18 Carlos de la Torre y Reyes, Op. Cit., p.214

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Lista de los sujetos, comisionados para la prisión de los insurgentes. + Don José de Checa, para prender al marqués de Selva Alegre, y los tres cuñados de Quiroga con 18 hombres. El sargento Manuel Bedón, a Manuel Ceballos y José Vinueza con 2 hombres. + Don José Vergara, a Don Juan Pablo Arenas con 4 hombres + Don Antonio García, a Don Javier Montufar y Don Manuel de Angulo con 2 hombres. + Don Luis Cifuentes a Juan Antonio Rivadeneira y Toribio Ortega con 4 hombres. + Don Miguel Ponce, a Pacho Organista (Francisco Guzmán) y Pedro Veintemilla con 4 hombres. + Don José Miño, a Don Nicolás Vélez, con 2 hombres. Don Juan Salvador, a Antonio Ante con 4 hombres. Don Andrés Salvador, a Javier Sambrano con 4 hombres Don Antonio Aguirre, a Don Juan Ante con 6 hombres. + Don Manuel Aguilar, a los eclesiásticos D. José Correa, D. José Antonio Castelo, y D. Pablo Espejo con 6 hombres. + Don Francisco Aguirre, a Don José Riofrío con 12 hombres. + Don Vicente Aguirre, a D. Antonio Pineda con 6 hombres, Don Víctor de San Miguel, a D. José Corral y D. José Padilla con 2 hombres. El Oficial Marino de Cajas Reales, D.N. Galárraga, a Juan Pablo Berrazueta, con 2 hombres. Don Francisco Campana, a D. Joaquín de la Barrera y Vicente Paredes con 6 hombres. Quito y Diciembre de 1802. Firmado Fuertes.

Este documento es de gran interés, no sólo por ser testimonio de la persecución a quienes firmaron el acta, sino también por documentar la magnitud de la cacería humana, habiéndose destacado a 84 hombres al mando de 16 encargados para llevar a prisión a 28 insurgentes,

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entre los cuales se encontraban 4 eclesiásticos: José Correa, cura de la parroquia de San Roque, José Antonio Castelo, cura de la parroquia de El Sagrario, Pablo Espejo, y José Riofrío, cura de Pintag. De Antonio Castelo, el historiador Hernán Rodríguez Castelo anota que fue al menos uno de los que escapó.19. En esta, que es una de varias listas, aparece en primer lugar como candidato para la prisión Manuel de Angulo, el primero en la lista de los que firmaron el acta, junto con los demás firmantes del Barrio de la Catedral, Antonio Pineda, Manuel Ceballos, Joaquín de la Barrera, Vicente Paredes y Juan Ante y Valencia. Le siguen Nicolás Vélez, quien firmó por los barrios de San Sebastián y San Marcos y Toribio Ortega, quien firmó por el barrio de Santa Bárbara. Manuel María Borrero, trae otra larga lista de 124 insurgentes patriotas, advirtiendo que fue formulada por el Fiscal Tomás Arechaga y mandada a fijar en todos los pueblos de la presidencia y hasta en los Virreinatos de Nueva Granada y del Perú para que fuesen capturados por reos de Estado.20 La cito porque Borrero aclara que publicó la lista …para que sus nombres ignorados sean inscritos en las páginas gloriosas de los héroes de nuestra Independencia; pues todos ellos y los más de humilde cuna, fueron hijos de esta tierra ecuatoriana, a la que quisieron libertar y redimir del yugo peninsular”. Y añade, “ya que también, casi todos ellos, fueron mártires y víctimas ignotas sacrificadas en aras del patriotismo en el campo del combate o en la persecución y torturas con que les sancionó cruelmente la reacción española, sin que se haya podido consignar sus nombres en columna alguna porque las páginas escritas de Historia los ha ignorado. 21 Encontré también en El Archivo Histórico Metropolitano de Quito en la Circaciana, las actas de reconocimiento de los cadáveres, recuperada por la Revista “Museo Histórico”,22 un gran aporte a la reconstrucción de los hechos, además de la publicación de otros documentos inéditos sobre el tema que nos ocupa. Destacamos, en particular, el Acta de reconocimiento de los cadá19 Boletín de la Academia Nacional de Historia, N° 183, p.179. 20 Manuel María Borrero, Quito Luz de América, Editorial Rumiñahui, Quito, 1959, p.54. 21Manuel María Borrero, La Revolución Quiteña 1809-1912, Op.Cit., pp.48-49. 22 Revista Museo Histórico, órgano del Archivo Metropolitano de Historia, cuya sede es el edificio de la antigua Biblioteca Jijón y Caamaño en el Parque de la Circaciana en Quito.

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veres. Se lee allí que “la premeditada Malicia (escrita con mayúscula) de los Culpados en el crimen de Estado excitó el día de ayer a las dos de la tarde, una conmoción con el punible fin de asegurar su impunidad y hacer otra nueva insurrección, apoderándose de las armas  a cuyo proyecto ensayaron este medio escandaloso que no pudo producirles el suceso meditado”.23 Más adelante se da fe de los cadáveres que se encontraron en las iglesias del Convento Máximo de San Agustín; el Real y Militar de la Merced; del Seráfico de San Francisco, su colegio de San Buenaventura y la Capilla de Ánimas situada bajo su pretil; el de Santo Domingo y Capilla Mayor del Sagrario. . En total 40, en parte cadáveres de próceres, sin que se enumeren los cadáveres que fueron a parar en Santo Domingo y en la Capilla Mayor del Sagrario. Aparecen allí nombres de reconocidos próceres, y otros que estoy en proceso de identificar su condición de insurgentes. Como podrán comprender, me propuse como siguiente paso, ir a las diferentes iglesias para buscar los archivos donde hubiera quedado documentada la lista de los difuntos, especialmente en la iglesia de Santo Domingo y en la Capilla Mayor del Sagrario, de las cuales no se hace el relato. Gracias al Dr. Enrique Muñoz Larrea, me enteré de que esta tarea ya la había realizado el historiador Jorge Moreno Egas, con quien me puse en contacto. Él me relató su experiencia que dejó consignada en su libro: Vecinos de la Catedral de Quito fallecidos entre 1801 y 1831.24 Es un encomiable trabajo de paciencia; el autor investigó en los Archivos Parroquiales de El Sagrario, Santa Bárbara, San Marcos, San Blas, San Roque y San Sebastián, y elaboró listas de los fallecidos. En los denominados “Libros de los Muertos” solo encontró enumerados a los “estimados como españoles”, donde aparecen 19 nombres, 13 de los cuales pertenecientes a próceres conocidos, 2 a realistas y 5 por investigar si fueron patriotas. Como me lo confirmó el historiador Moreno Egas, en los “Libros de Muertos de Indígenas” de mestizos, etc., de los Archivos Parroquiales no ha quedado registro histórico de quienes murieron luchando por la Independencia el 2 de agosto de 1810, siendo de extracción popular.
23 Revista Museo Histórico, Vol.34-35, pp. 24 Jorge Moreno Egas, Vecinos de la Catedral de Quito fallecidos entre 1801 y 1831, Offset, Quito, Ecuador, 1988, Offset, Quito, Ecuador, 1988.

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Los próceres que aparecen en la lista del historiador Jorge Moreno Egas, aparecen con los nombres de sus esposas y el sitio donde fueron sepultados. Es un importante aporte, al haber identificado las esposas, no menos sacrificadas que los próceres masacrados, y el lugar donde reposan sus restos. Como el historiador Jorge Moreno no tuvo acceso al archivo Histórico del Convento de San Agustín, acudí a Fray Agustín Moreno, en cuya compañía fuimos a consultar los archivos en busca de información sobre los próceres sepultados en la cripta. Fuimos atendidos con especial deferencia por el padre Patricio Villalba, Superior del Convento, quien nos llevó al Archivo donde se conservan valiosísimos documentos que datan desde el siglo XVI. Sin embargo, con respecto a la época de la Independencia hay un vacío de 1809 a 1835, como lo reporta el historiador agustino español, Fernando Campo del Pozo, en articulo aún inédito, sobre Fray Pedro Antonio Burbano, pastuso, primer obispo de Pasto, quien en los días de la Independencia, era el Prior del Convento, y fue “responsable de la desaparición de las Actas de Capítulos Provinciales e intermedios desde 1809 hasta 1835”, comprensible si su lealtad estuvo con los realistas pastusos, siendo él mismo de Pasto.25 Posteriormente he sabido que la documentación sobre los mártires que reposan en la cripta, se encuentran en el Archivo Histórico Restrepo en Bogotá. Queda la tarea, que prosigo, para identificar en cuanto sea posible, al menos a quienes habiendo firmado el acta de la Independencia, hubieran sido puestos prisioneros y hubieran sido sacrificados en la prisión el 2 de agosto. Ya tengo identificados a los 36 firmantes que están incluidos en la lista de Próceres de la Independencia que publicó Manuel de Jesús Andrade en 1909.26
25 En el Archivo Histórico Agustino de Quito ver Libro de Consultas N°23 de 1771 a 1831, f.43 rv 26 En el citado libro Próceres de la Independencia de Manuel de Jesús Andrade, aparece una referencia a cada uno de los firmantes: Manuel de Angulo, p.15;Joaquín Barrera p.35;Nicolás Vélez p.397;Lorenzo Romero p.344; José Rivadeneira p.416; José Álvarez p.13; José Ponce p315; Cristóbal Garcés p.159;Antonio de Sierra p.367; José Padilla p.300; Vicente Melo p.241; Antonio Pineda p.312; Juan Ante p.16-17; Francisco Romero p. 344; Juan Quijano p.318; Ramón Puente p.317; Juan Coello; Miguel Donoso p.110; Toribio Ortega p.298; Francisco Xavier Ascázubi p.29; Nicolás Ximénez p.199; Manuel Romero p.344; Francisco Villalobos p.399; Manuel Cevallos p.92; Vicente Paredes p.301; Juan Pino p.313; Manuel Romero (bis) p.344; Antonio Bustamante p.65; Gregorio Flor de la Bastida p.140; Mariano Villalobos p.399; Tadeo Antonio Arellano p.26; Luis Vargas p.396; Ramón Maldonado y Ortega p.223; José Bosmediano p.62; Juan Barreto p.37.

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Pero, no quiero cansar a la distinguida audiencia con más detalles y con los resultados de la revisión de la extensa bibliografía, en busca de testimonios de testigos oculares. Permítanme una cita más, el testimonio del ciudadano Ignacio Torres, quien presentó al Cabildo de Quito la “Relación autógrafa de los sucesos del 10 de agosto de 1809, del 2 de agosto de 1810 y del 24 de mayo de 1922”, que la Revista Museo Histórico ha conservado. Lo hago porque gracias a él es posible añadir más nombres a la nómina de Patriotas asesinados el 2 de agosto: El día jueves 2 de agosto del año 10 mataron a los señores Juan Salinas, Doctor Juan de Dios Morales, Don Manuel Quiroga, Doctor Riofrío, cura de San Roque, (cuya sangre pedía venganza), un señor Aguilera, un señor Peñaherrera, los catedráticos señores Bous, padre de los religiosos Bous, un señor Ascázubi, el señor Olea, Escribano y otros más señores que no recuerdo, pero que fueron cerca de 60. Por las calles mataron algunos hombres o muchachos que divisaban; durando este asesinato hasta el día viernes; y el sábado se marcharon los invictos soldados, que saquearon topesos entalegados... Con ese dinero, mejoraron de fortuna varios pobres que se hallaban en la torre de San Agustín, y otras partes donde dejaban escondidas las talegas de los soldados.27 En relatos como este, se siguen encontrando más próceres masacrados, que siguen ignorados. Confirmo, sin embargo, que mi objetivo no es establecer la lista completa, pues no pretendo tener la última palabra en este tema, que queda abierto a ulteriores investigaciones. Mi propósito es rescatar en lo posible, para la memoria colectiva, a los excluidos, indígenas, afroamericanos, mulatos mestizos, considerados como “menos notables”, incluyendo a las mujeres de la Independencia sacrificadas el 2 de agosto, donde no solo murieron los que estaban en prisión, sino muchos en las calles, 300 en total, entre los cuales estuvieron muchos insurgentes luchando por liberar a sus compañeros, entre ellos mujeres en busca de sus esposos, hijos, padres, hermanos, como ocurrió con Rosa Zárate y su marido Nicolás de la Peña,
27 Revista Museo Histórico, vol. 34-35, pp.41-42.

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angustiados por la suerte de su hijo Antonio en prisión, quien resultó entre los asesinados. La esposa de Juan Larrea y Guerrero, Dña. Isabel Bou, fue herida y salió empapada en la sangre de su esposo. Menos mal que un testigo culto, le dedicó un par de estrofas de su inmortal Cantico Lúgubre, a la negra esclava y a su feto, encinta del Dr. Rodríguez Quiroga, con quien compartió la ignominiosa muerte, cuando con las dos hijas de su amo, visitaba la prisión: Mil veces feto infeliz De la negra de Quiroga! Esta muere y él se ahoga Sin salir de su matriz. ¡Oh soldado cruel, feroz! Del vientre a la sepultura Arrojaste a esa criatura Que pudo gozar de Dios.28 Cabe citar una vez más a Manuel de Jesús Andrade, quien con su libro Próceres de la Independencia, es de los raros autores que incluye mujeres entre los Próceres: (Isabel Bou de Larrea p.62; Josefa Calixto p.80; Manuela Cañizares p.82; Magdalena Dávalos p.107; Teresa Flor p.143; María Larraín p.206; Monge p.245; Manuela Sáenz p.350 y Rosaura Velis Alava de Peña p.397), si bien hay que revisar cada caso. Felizmente, con motivo del Bicentenario se han publicado varios libros sobre la Mujer en la Independencia, comenzando por el de la historiadora, Jenny Londoño, “Las Mujeres de la Independencia”, ampliamente divulgado por la Campaña Nacional de Lectura Eugenio Espejo. De especial valor informativo y analítico son también dos libros publicados por FONSAL, el de Alfredo Costales Samaniego y Dolores Costales Peñaherrera, titulado Insurgentes y Realistas , La Revolución y la Contra Revolución quiteñas 1809–1822, y el de Sonia Salazar Garcés y Alexandra Sevilla Naranjo, titulado Mujeres de la Revolución de Quito.

28 Cantico Lúgubre en que se lamenta el estado de desolación de la ciudad de Quito en el día jueves 2 de agosto de 1810 a la una y media de la tarde. Ver Boletín de la Academia Nacional de Historia, edición especial, N° 183, agosto 2010, Quito, Ecuador, p.203. El historiador, Hernán Rodríguez Castelo, atribuye la autoría de este poema a Miguel Antonio Rodríguez, p.93.

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Y cabe citar dos libros más, Mujeres Patriotas y Precursores de la Libertad,29 e Insurgentes y Conspiradoras, los Barrios de Quito en el Proceso de Independencia,30 El Primero publicado por el Instituto Ecuatoriano de Investigaciones y Capacitación de la Mujer, y el segundo por la Secretaría de Pueblos, Movimientos Sociales y Participación ciudadana, en cuya presentación, la Secretaria, Doris Solíz Carrión, recalca la importancia de recuperar la memoria y valorar la participación de la población en los acontecimientos de la historia y visibilizar a quienes han sido marginados del desarrollo del país. En estas obras aparecen varias de las mujeres, con nombres y apellidos hasta ahora desconocidas, que merecen más protagonismo cuando se enumeran los Próceres. Y así, llego a lo que considero lo esencial de mi exposición. Pero antes debo hacer una aclaración. En un artículo de opinión sugería como homenaje a todos los próceres de la Independencia, sin distinciones entre notables y menos notables, que se erigiera un mausoleo, que podía ser sin sus restos, como el de Aga Khan, y utilizaba las palabras de Eloy Alfaro, en su discurso del 6 de agosto de 1906, escrito quizás por Celiano Monge, su secretario, para la inauguración del monumento en honor a los héroes del 2 de agosto de 18010 en la Plaza de la Independencia, que por decreto expedido el 11 de agosto de 1888, se había ordenado que se construyera en una de las plazas de Quito, dedicándolo a los Padres de la Patria, en conmemoración del grito de la Independencia. Cito las palabras de Eloy Alfaro, porque mantienen vigencia: “para demostrar de esta manera solemne la gratitud nacional a los Próceres que nos legaron Libertad y Patria, lo que es propio de un pueblo noble y altivo, de un pueblo que se siente capaz de seguir el ejemplo grandioso de los eximios Varones en cuyo recuerdo se levantará el monumento” Y añadió: “Los pueblos que no hicieran la apoteosis de sus más esclarecidos antepasados, ni celebraran las grandes efemérides de la Patria, serian siempre ajenos a la gloria y a las virtudes excelsas”.31
29 Instituto Ecuatoriano de Investigaciones y Capacitación de la Mujer, Doctora Marcela Costales P., Qutio,2009. 30 Insurgentes y Conspiradoras, los Barrios de Quito en el Proceso de Independencia, publicado por la Secretaría de Pueblos, Movimientos Sociales y Participación ciudadana, PPL impresores, Quito, 200931 Patria Inmortal, Quito 10 de agosto de 1906, p.11. Importante publicación que conocí gracias al Arq. Alfonso Ortiz Crespo. El historiador Francisco Salazar Alvarado me prestó su copia impresa.

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Pienso ahora, sin embargo, que aunque los héroes y heroínas de la Independencia merecen el homenaje de un monumento o mausoleo, la conmemoración de sus gestas heroicas debería tener más bien un carácter de reflexión a futuro, porque se trata de centrar la atención en las ideas que inspiraron a los Próceres a comprometerse en la lucha liberadora, su verdadero legado, y actualizarlas a nuestro tiempo, para interesar, sobre todo a la juventud, en la continuación de la gesta libertadora. Sugería que se podría pensar en una campaña educativa para divulgar las biografías de quienes tanto sufrieron por lograr la independencia del Imperio de la época, y sobre todo, para socializar entre la ciudadanía el pensamiento político que los animó, su ideario y legado, dilucidando los conceptos de construcción de Patria, de Bien Común, de equidad entre todos los hombres, de fraternidad de todos los pueblos del mundo, de Independencia, libertad política, autonomismo, republicanismo y sobre todo de los Derechos del Hombre traducidos del francés por Nariño. Me complace anunciar que la Ministra de Cultura, Erika Silva Charvet, acogió la idea que está ya en sus preparativos. Como marco de referencia para la campaña, me he comprometido a preparar un libro que tendrá dos partes; en la primera he seleccionado unos 30 próceres, hombres y mujeres que presento con sus respectivos cónyuges, lo que permite visibilizar a la mujer, incluyendo sus datos, en cuanto los voy encontrando. Hago un breve perfil de cada uno recurriendo a sus más connotados biógrafos, y en cada caso, al menos a dos biografías más, que en algunos casos ayudan a completar o clarificar datos. La segunda parte del libro es un ensayo sobre las ideas claves que motivaron a los próceres en su lucha, que analizo en el contexto de su época y las propongo actualizadas a los tiempos que vivimos, junto con ideas nuevas que pueden galvanizar la mente y el entusiasmo de las nuevas generaciones para comprometerse a seguir la lucha por una independencia, ya no sólo política, sino económica, social, cultural, hacia una sociedad solidaria. He propuesto que la campaña se titule “Los héroes y heroínas de la Independencia nos interpelan”. Pienso en el célebre discurso de un orador anónimo, que en 1885 expresaba su desengaño figurando que “las augustas sombras de los mártires del 2 de agosto de 1810 se alzaban iracundas del sepulcro a preguntarnos con amargo acento de reconven-

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ción ¿qué provecho hemos reportado de su inmenso sacrificio por darnos una patria?32 En la campaña se dará prioridad al ideario de los héroes y heroínas de la Independencia, considerada ésta como un proceso, que ha pasado por etapas de frustración y contra revoluciones, pero que se fueron ganando batallas hasta el triunfo final. El Grito de independencia de Quito de 1809 se frustró temporalmente al año siguiente con la vil masacre de los Próceres. Sin embargo, la lucha prosiguió, Una segunda Junta duró algo más, pero se desintegró en 1812, hasta que finalmente, el 24 de mayo de 1822 se logró la independencia del Imperio de la época. Fue un proceso secular iniciado por el pueblo con sus sublevaciones y levantamientos, hasta lograr la liberación del dominio de España. Pero se implantó el neocolonialismo de los nuevos imperios, con atropello a la soberanía, en favor de las políticas e intereses de las transnacionales bajo la doctrina del Consenso de Washington, y la continuación del saqueo de nuestros inmensos recursos humanos y naturales. El verdadero reconocimiento a los próceres debería ser el seguimiento de su ejemplo, para afianzar el cambio definitivo, que requiere igualmente ideales revolucionarios basados en los principios democráticos, en los valores para un cambio de época, que incluyen el respeto a la naturaleza, cambios en el actual modo de producción, acumulación, consumismo y organización de la vida social, así como el rechazo a los anti valores que obstaculizan los cambios fundamentales de estructura, y el surgimiento del llamado Hombre Nuevo solidario, que ponga por fin al Ecuador entre los países más equitativos y solidarios, resultado de una emancipación económica, social y cultural que va más allá de la independencia política.

32 Ver Fondo Bibliográfico MANUEL DE GUZMÁN POLANCO, ANHE, Nobles descendientes de los de 1810.

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RICARDO PAREDES ROMERO: EL MéDICO MARCADO POR LA HUELLA DE LA REVOLUCIÓN JULIANA.1
Germán Rodas Chaves

Uno de los personajes fundamentales de la historia ecuatoriana, particularmente del siglo XX, fue Ricardo Paredes Romero, político y médico de enorme valía en la construcción del pensamiento alternativo ecuatoriano respecto de quien no se ha escrito lo suficiente y aquello que se ha dicho de él está relacionado, fundamentalmente, con su compromiso político y militante en las filas de la izquierda ecuatoriana. Este texto, que forma parte de un estudio inédito y más amplio auspiciado por la UASB y su Comité de Investigaciones, tiene el propósito de aproximarnos al médico Ricardo Paredes para comprender la influencia de la Revolución Juliana sobre aquel, pues Paredes Romero dio una enorme significación política y social a este periodo, al punto que lo calificara como un proceso que favorecería, en su entender, la construcción del socialismo en el Ecuador. En efecto, en el marco de la denominada Revolución Juliana se produjeron cambios importantes en diversos órdenes económicos y sociales. Respecto de la atención de la salud o mejor dicho sobre la interpretación de las causas de la enfermedad y del rol del Estado para enfrentar la antinomia salud-enfermedad, se lograron modificaciones cualitativas que permitieron el que se consolidara, desde el Estado, una nueva forma de responder frente a los conflictos de la salud. Fue un periodo que favoreció, de otro lado, el surgimiento de una pléyade de médicos, y de trabajadores de la salud que fueron capaces de poner en marcha nuevas visiones para enfrentar la enfermedad y, particularmente, para impedir que ella arremetiera en contra de los sectores más vulnerables del país. Paredes formó parte de este selecto grupo de profesionales.

1 Texto del Discurso de Germán Rodas Chaves con el cual el Historiador se incorpró como Miembro Correspondiente de la Academia nacional de Historia, el 11 de noviembre del 2010

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Voy a referirme, pues, a una de las figuras sociales y políticas más trascendentes de la historia reciente del Ecuador que nació en Riobamba en 1898. Fue hijo de Alejandro Paredes Pérez, funcionario del Ministerio de Hacienda y dueño de una pequeña quinta cercana a Riobamba, y de María Romero Gallegos. Prontamente los hermanos Paredes Romero (dos mujeres y dos varones) quedaron huérfanos por el fallecimiento de su padre quien, a la edad de 33 años, fue afectado por una enfermedad cancerosa. Ricardo, entonces, solamente tenía 4 años de edad. Tal circunstancia provocó dificultades económicas para el mantenimiento del hogar, tarea frente a la cual su madre hizo enormes sacrificios para atender a la familia y dotarles de una educación adecuada en medio de una rigurosidad intrafamiliar que fue formando el carácter de Ricardo quien, por las circunstancias anotadas, demostró desde temprana edad rasgos de solidaridad y compañerismo con sus amigos, muchos de los cuales procedían de hogares humildes. Ricardo Paredes inició en su hogar el conocimiento de las primeras letras; posteriormente tendría una tutora. Los estudios secundarios los efectuó en el Colegio San Fe Felipe Neri, regentado por los Jesuitas. En este colegio sus estudios los realizó entre 1908 hasta 1913, es decir los cinco primeros años del bachillerato. Ricardo vivió una educación confesional y cuando la actitud de los Jesuitas sobrepasó el trato elemental de aquello que se solía definir como disciplina, Paredes encabezó una respuesta, junto a sus compañeros, de reclamo ante la actitud despótica de los religiosos, asunto que le obligó a dejar el Colegio San Felipe Neri, en 1913, y cursar su último año en el Colegio fiscal Pedro Vicente Maldonado, Institución en la cual se graduó de bachiller en 1914. Mientras ocurría la graduación de Bachiller de Ricardo Paredes, su hermano mayor Ángel Modesto ya había abandonado su natal Riobamba e iniciado, en Quito, sus estudios de derecho en la Universidad Central. El distanciamiento geográfico de Ángel Modesto con su madre y sus hermanos fue difícil, al punto que doña María Romero Gallegos tomó la determinación de vender su finca y trasladarse con toda la familia a vivir en Quito para favorecer no solamente los estudios de su hijo Ángel Modesto, sino para cumplir la expectativas de Ricardo que había definido su vocación profesional por la medicina.

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La venta de la propiedad de la familia Paredes Romero ocurrió en 1914. Doña María Romero esperó la graduación de su hijo Ricardo como Bachiller y de manera inmediata se trasladó a Quito en donde alquiló una pequeña vivienda. El mismo año de 1914 Ricardo fue inscrito como estudiante de medicina en la Universidad Central El primer año de medicina Ricardo Paredes lo cursa entre 1914 y 1915. A ese periodo corresponde, también, el gobierno de Leonidas Plaza Gutiérrez. Paralelamente en el mundo se ha iniciado la Primera Guerra Mundial y en América los sucesos de la Revolución Mexicana conmovían ya la conciencia de esta región. Ricardo no quedó al margen del conocimiento y reflexión de los acontecimientos señalados a los cuales pudo acercarse con mayor información y detalle habida cuenta que en la Universidad, dichos sucesos históricos fueron motivo de comentario, analisis y discusión Cuando Ricardo Paredes estudiaba en el cuarto año de medicina en la Universidad Central, se produjo el triunfo de la Revolución Rusa de Octubre de 1917, acontecimiento que coincidió, también, con las experiencias negativas que en la economía nacional venía dejando la Primera Guerra Mundial, lo cual contribuyó a ciertos niveles de deterioro político del entonces régimen de Alfredo Baquerizo. El triunfo de los Bolcheviques, entonces, impactó en el incipiente movimiento obrero ecuatoriano, en los sectores artesanales y populares, así como en grupos de jóvenes radicales, que miraron con asombro la formación de un Estado dirigido, conforme lo afirmaban quienes lo habían impulsado, por los trabajadores, lo cual provocó, particularmente en aquella juventud, la lectura de los clásicos del marxismo que ya se vendían, entonces, en la librería Sucre, local en el cual además se organizó un centro de tertulia al que solía concurrir Ricardo con alguna frecuencia. Paredes, entonces, no estuvo alejado de las disquisiciones referentes a la realidad mundial, las mismas que se plantearon, a contrapelo, en el entorno de una notoria frustración social -casi colectiva- después de la muerte de Alfaro y del desplazamiento del liberalismo radical por el liberalismo civilista que, a todas luces, había hipotecado los cambios previstos, inicialmente, por los montoneros alfaristas. Entre 1919 y 1920 Ricardo Paredes hizo el último año de Medicina. Entonces fueron sus profesores los doctores: Gabriel Araujo en medicina legal; Isidro Ayora en obstetricia y ginecología; Eustorgio Salgado

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en cirugía operatoria y anatomía topográfica; Ricardo Villavicencio Ponce e Isidro Ayora en patología externa y clínica de las vías urinarias y enfermedades venéreas, como también lo fueron, los dos últimos profesores señalados, tutores en cirugía y dermatología. A partir de los datos referidos queda plenamente evidenciado que Ricardo Paredes en el periodo lectivo correspondiente a su último año de estudios médicos, fue alumno del Doctor Isidro Ayora en tres asignaturas distintas, lo cual le permitió tener un contacto directo con el mencionado profesor, asunto que además fue posible debido al número reducido de estudiantes de medicina. En el año de 1921, en efecto, se graduaron 21 estudiantes, entre los cuales obtuvo el doctorado Matilde Hidalgo de Prócel, la primera médica del país y compañera de aula de Ricardo. Una vez rendidos los exámenes correspondientes y completados los cursos respectivos, Ricardo Paredes obtuvo la Licenciatura en Medicina. El título se expidió el 31 de mayo de 1921; en aquella misma fecha se aperturó el expediente para la obtención del Doctorado en Medicina y, además, en el mismo día, Ricardo presentó el pedido al Decano para que le declarara apto para presentarse al grado Doctoral en la carrera médica La tesis de Ricardo Paredes, que versó sobre la sífilis, fue leída y examinada el 28 de junio de 1921 ante el tribunal compuesto por los profesores: Maximiliano Ontaneda, Enrique Gallegos e Isidro Ayora. La mentada tesis, conforme la reglamentación interna de aquel entonces, fue presentada por escrito, a manera de un libro compaginado. No tiene pie de imprenta (no obstante esta levantada en imprenta, en el sistema de cajas, esto es letra por letra y línea por línea) y se halla constituida de un cuerpo de 60 páginas. Al final de la última hoja impresa está la rúbrica de Ricardo Paredes. El original del texto reposa en el Archivo Central de la Universidad Central de Quito, correspondiente a las tesis de medicina presentadas en el año de 1921. Quince meses después de la graduación de Ricardo Paredes como Médico ocurrió, el 15 de noviembre de 1922, la masacre de los trabajadores en Guayaquil. En el año 2005 efectué una serie de entrevistas a Cesar Endara, uno de los fundadores de la izquierda política marxista en el país, a fin de estudiar la génesis del socialismo en el Ecuador. De ellas extraigo una

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que me ha abierto el camino para precisar que en el caso de Ricardo Paredes Romero, el punto de inflexión entre el médico y el político, estuvo marcado por los sucesos del 15 de noviembre de 1922. César Endara me refirió lo siguiente: “Ricardo era médico, otros estudiaban en la Universidad, otros éramos obreros o artesanos, pero todos coincidimos que el momento de hacer algo había llegado una vez que masacraron a los huelguistas en Guayaquil. Esto lo comprendimos y lo dijimos cuando ya nos fuimos organizando unos años después […]” Respecto de los acontecimientos del 15 de noviembre de 1922, Paredes analizaría dichos sucesos en varios de sus textos con opiniones llenas de dramatismo y de rebeldía que dan la razón a las aseveraciones de Endara y que denotan la influencia extraordinaria que sobre el médico riobambeño ejerció el fatídico 15 de noviembre, ratificando en mí la percepción que tal suceso tuvo un impacto extraordinario tal en la vida política de Paredes, al punto que estoy seguro que le indujo a que Ricardo asumiera el camino de la lucha militante. Lo señalado no nos puede hacer olvidar que la impronta de la Revolución Rusa, también ejerció una formidable incidencia sobre Paredes, todo lo cual abonó para su compromiso político y profesional en una conjunción dialéctica inseparable. Y si aquellas fueron las influencias para sus definiciones ideológicas, su trajín político cotidiano maduró, rápidamente, a propósito de la revolución juliana en cuyo contexto la vida política del médico riobambeño asumió rumbos definitivos. Sobre aquello trataré de manera inmediata: LA REVOLUCIÓN JULIANA: LA IDENTIFICACIÓN DE RICARDO PAREDES CON ESTE PROCESO POLÍTICO En 1924, el 1 de septiembre, se posesionó como Presidente del Ecuador Gonzalo Córdova, luego de imponerse con el tradicional mecanismo del fraude electoral sobre las candidaturas adversarias de Jacinto Jijón y Juan Manuel Lasso, candidatura esta última progresista y de tendencia socialista junto a la cual se identificó Paredes y a la que promocionó entusiastamente con sus talentosos artículos en el periódico

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“Humanidad”, publicación dirigida por Jorge Carrera Andrade y financiada por Juan Manuel Lasso y que solamente circuló el año de 1923, pues el 15 de noviembre de ese año fue clausurada debido a su postura fiscalizadora respecto de la masacre ocurrida un año atrás en Guayaquil2. El triunfo del candidato Córdova, adicionalmente, se produjo, en medio de serias divisiones al interior del liberalismo, circunstancia que favoreció para que Jacinto Jijón y Caamaño, líder conservador, acaudillara una revuelta armada en el norte del país que pudo ser sofocada por el ejército. Pero lo afirmado no eliminó la oposición al Gobierno. Otros sectores fueron sumándose para confrontarlo; entre ellos el banquero y empresario liberal Luís Napoleón Dillon quien, como lo dice el historiador Enrique Ayala, se transformó en ideólogo de la oposición al régimen “y a su soporte, el poder bancario de Guayaquil”3. Desde los primeros meses de gobierno de Córdova, la inestabilidad política se incrementó no solamente por las razones señaladas, sino debido a que el estado de salud del gobernante le impedía ejercer el cargo a plenitud. En efecto, Córdova tuvo largas ausencias de la Casa de Gobierno y del poder real. Quizá lo peor para Córdova estaba por venir, pues en las filas de las Fuerzas Armadas, particularmente entre los jóvenes militares, comenzó a vivirse un descontento creciente (que a su vez expresaba el sentimiento de los más amplios sectores de la colectividad) lo cual generó que al interior de la institución militar surgiera la conformación de una estructura política, La Liga Militar, que se organizó bajo la influencia del pensamiento transformador de la época y luego de la crisis en la que había entrado el Estado liberal. El movimiento de la oficialidad joven del ejército actuó en contra de la superioridad politizada del ejército4 y provocó un golpe militar, el 9 de Julio de 1925, que defenestró a Córdova y que en la historia se conoce como la Revolución Juliana. La referida revolución no solamente cuestionó el ejercicio del régimen de Córdova, sino que surgió como una respuesta frente al com2 Germán Rodas, Partido Socialista, Casa Adentro, Quito, Ediciones La Tierra, 2006, p 28 3 Enrique Ayala, La Revolución de Junio de 1895, en : Nueva Historia del Ecuador, volumen 9, Epoca Republicana lll, Corporación Editora Nacional, Quito, 1990, p. 166 p. 166. 4 Juan Paz y Miño, Revolución Juliana: Nación, Ejército y bancocracia, Quito, Abya-Yala, 2000, p. 19.

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portamiento inescrupuloso propiciado por los sectores hegemónicos del país que habían gobernado en el último periodo, lo cual, además, significó enfrentar a la “bancocracia que lideraba el Banco Comercial y Agrícola, gerenciado por Urbina Jado”5. El comportamiento lleno de corruptelas políticas y económicas a las que me refiero, a su vez constituyó el resultado de la crisis a la que fueron conducidos los poderosos grupos oligárquicos, comerciales y financieros del país a propósito de la debacle del modelo cacaotero, sectores todos estos que intentaron transferir sus pérdidas al conjunto de la sociedad utilizando para sus fines a los gobiernos de la plutocracia liberal que se habían consolidado luego del asesinato de Alfaro. La oficialidad del ejército fue receptiva a esta realidad en el contexto de un panorama más amplio en el cual el pensamiento crítico y las ideas de cambio, comenzaron a tener un espacio notable. De esta manera el derrocamiento de Córdova fue un episodio en el entorno de una asfixia estructural que había comenzado mucho tiempo antes a julio de 1925. La insurrección militar del 9 de julio decidió constituir una Junta de Gobierno Provisional, la misma que gobernó entre el 10 de julio al 9 de enero de 1926 . La primera Junta del Gobierno Provisional fue remplazada, el 10 de enero de 1926, por una nueva Junta de Gobierno, también denominada Provisional6 y luego, en el mismo año, el 31 de marzo, esta segunda Junta fue sustituida por el Presidente Interino doctor Isidro Ayora quien gobernó como tal desde el 3 de abril de 1926. Ayora fue electo, posteriormente, como Presidente Constitucional7, Presidencia que se instaló el 17 de abril de 1929 hasta el 24 de agosto de 1931. Ricardo Paredes Romero vivió con gran intensidad el periodo del derrocamiento del Presidente Córdova y el inicio de la Revolución Juliana, tanto más que aquel suceso fue una especie de corolario a las intenciones iniciales del Grupo Antorcha –el mismo que se organizó el
5 Gustavo Pérez, Luís Napoleón Dillón, Intelectual Humanista del Siglo XX, Quito, Ediciones Apolo, 2.009, p. 56. 6 La segunda Junta Provisional la conformaron Julio E. Moreno, Homero Viteri Lafronte, Isidro Ayora, Humberto Albornoz, Adolfo Hidalgo Narváez, José Gómez Gault. 7 El 9 de julio de 1928, Isidro Ayora convocó a una Asamblea Constituyente que se instaló el 9 de octubre del mismo año. El 29 de marzo de 1929 la Asamblea Constituyente promulgó la nueva Carta Política, la décimo tercera en la vida del Ecuador, y eligió al propio Ayora como Presidente Constitucional.

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16 de septiembre de 1924 a poco tiempo de la posesión del nuevo Presidente de la República– constituido no solamente como un núcleo de estudio y difusión de la ideología y doctrina socialistas, a las cuales adhirieron, sino además para combatir a Córdova y a su régimen. El grupo Antorcha estuvo conformado, además de los hermanos Ricardo y Modesto Paredes, por Cesar Carrera, Néstor Mogollón, Leonardo Muñoz, Delio Ortiz, Julio Peñaherrera, Gonzalo Pozo, Hugo Alemán y Augusto Arias. El grupo Antorcha, y desde luego Ricardo Paredes, en 1924 estuvieron, pues, alertas respecto de las condiciones críticas económicas del Ecuador; sobre la crisis del proyecto liberal; ante el descontento social, todo lo cual hacía previsible un desenlace que fracturara la institucionalidad representada por Córdova. Para corroborar estas aseveraciones, transcribo las apreciaciones de Ricardo sobre este periodo histórico que inicialmente fueran entregadas por el propio Paredes a la Internacional Comunista en Moscú, en 1927, y que luego fueron publicadas, en 1928, en la Revista Internacional Sindical Roja, vinculada a la internacional comunista, bajo el acápite siguiente: “La Revolución Militar y Socialista de 1925”8: La situación de la economía nacional se agravaba día a día y al mismo tiempo, la vida de las clases pobres empeoraba rápidamente. En este momento hemos comenzado una campaña violenta contra el gobierno denunciando todos los crímenes de nuestra burguesía. Los principales grupos políticos de la oposición eran: el bloque socialista radical dirigido por Luís N. Dillon, la Liga Secreta de los oficiales subalternos y nuestro pequeño grupo socialista. La revolución era inminente y nosotros lo decíamos abiertamente en nuestro periódico “La Antorcha”: la próxima revolución tendrá un carácter económico. Escribíamos creyendo que las capas inferiores del cuerpo de oficiales serían uno de los factores de esa revolución. Desde ese momento, nuestros esfuerzos tendieron a imprimir al movimiento revolucionario una buena orientación estableciendo contacto entre los círculos militares y las organizaciones obreras.9
8 Germán Rodas, La Izquierda Ecuatoriana, Aproximación Histórica, Quito, Abya-YalaEdiciones La Tierra, 2000, p. 27 9 Ricardo Paredes, El Movimiento Obrero en el Ecuador, Revista Internacional Sindical Roja, 1928, p.76-81. Archivo del P.C. y en: http//es.wilkepedia.org/wiki/Internacional_Sindical_Roja

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Queda absolutamente evidenciado que el grupo Antorcha y el periódico de igual nombre que este núcleo de luchadores políticos puso en circulación, asumieron el compromiso de incidir en el proceso que se articulaba, pero que, al mismo tiempo, tal puñado de comprometidos con el cambio radical en el país comprendieron que su influencia, sobretodo, debía ser doctrinaria e ideológica en la rebelión en ciernes, pues su fortaleza orgánica todavía incipiente les impedía actuar de otra manera. En todo caso, el corto texto de Paredes que he leído expresa claramente el analisis marxista de la situación económica nacional; la comprensión política del proceso de la juliana; el rol que intentaron asumir al interior de este movimiento y la voluntad política de construir una alternativa al modelo capitalista de aquellos años. Volviendo al punto de partida de la acción de Antorcha, es indispensable reiterar que uno de los objetivos de este grupo fue el de asumir la oposición a Córdova; ha de comprenderse pues el apoyo que Antorcha dio por ello a la sublevación de los oficiales del ejercito en contra del gobernante y a su posterior sustitución, tanto más que algunos de los integrantes de Antorcha lograron mantener cierto nivel de comunicación con varios miembros de la Liga Secreta y, sobretodo, debido a que formó parte de la Junta de Gobierno Provisional Luís N. Dillón de quien el grupo Antorcha y Ricardo Paredes tenían una particular valoración en el sentido que “Dillón representaba una línea socialista radical”. Tanta fue la aproximación del Grupo Antorcha con los sucesos del 9 y 10 de julio de 1925 que a los tres días después del derrocamiento de Córdova y de la constitución de la Primera Junta del Gobierno Provisional -en otras palabras, a las pocas horas de la proclamación de la Revolución Juliana- el mentado Grupo Antorcha decidió constituirse en núcleo político del socialismo científico aplicado creadoramente a la realidad ecuatoriana y dispuesto, como tal, a organizar en el país un partido con igual fundamentación teórica y política, que según la opinión de esta célula activista se llamaría partido socialista. Esta determinación del núcleo Antorcha la volvieron pública y comenzaron, pues, a actuar así en una especie de doble carril: por un lado apoyando a la Revolución Juliana y, de otra parte, organizando al Partido Socialista. Este afán del grupo Antorcha de constituirse en un núcleo base de lo que aspiraban fuese luego un partido, tuvo la finalidad adicional de buscar los mecanismos adecuados para incidir, en ese momento, en

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la Revolución Juliana desde una postura conceptual y orgánica propias. Se actuó en la perspectiva de orientar el proceso. Ricardo Paredes fue el timonel de esta visión política e ideológica que tuvo limitaciones prácticas a la hora de la política concreta. Las expectativas políticas de Ricardo Paredes fueron inicialmente mayores a la realidad concreta. Así se entiende que Paredes dijera que en la Primera Junta Provisional se hallaba el “socialista Dillón”, y luego supusiera que formando parte de la segunda Junta Provisional su maestro y amigo el prestigioso médico Isidro Ayora -de quien Paredes tenía una alta valoración y estima- las causas de la transformación estuvieran garantizadas a plenitud. Esta realidad no fue posible porque el apoyo social al proyecto de cambio no había involucrado al conjunto de la sociedad ecuatoriana. Simplemente no estaban dadas las condiciones de una transformación radical y, además, no había un partido que pudiese dar dirección política al fenómeno de la Juliana. Paredes comprendió este último asunto con el talento que le caracterizaba: es decir que si detrás del proyecto de la Revolución Juliana no había un partido debidamente constituido, no sería posible incidir ideológica y políticamente sobre ella, debido a lo cual aceleró el proceso organizativo del socialismo10 cuyo germen histórico se había sembrado en la conciencia social, teniendo como telón de fondo la crisis estructural de la economía y de la sociedad ecuatorianas. La organización partidaria en la que pensó Paredes, desde el inicio, fue aquella que asumiera en su definición ideológica el carácter de marxista y que por lo tanto representara, para ese momento, los afanes del proletariado nacional. Desde esta visión, también, dedujo que podía apoyar las acciones de la Revolución Juliana, manteniendo una postura de clase, de identidad propia, pero al mismo tiempo de impulso a las tareas del nuevo régimen, favoreciendo, también, la interlocución (y la acción) de la vanguardia política y social con el régimen juliano, sin someterse a este proceso por alguna canonjía burocrática. “La revolución de julio debía su fuerza a la estrecha ligazón de la clase obrera, el gobierno y los elementos revolucionarios” dijo Paredes sobre este
10 La fundación del Partido Socialista se produjo luego de un denodado esfuerzo del grupo Antorcha, pero de manera particular de Ricardo Paredes, quien recorrió el país organizando los núcleos que concurrirían a la fundación del PSE, hecho que aconteció en mayo de 1926. Obviamente había un acumulado histórico para que se produjera esta fundación, así como se habían producido las condiciones sociales para que emergiera un partido marxista, de carácter contestatario y alternativo al sistema.

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proceso en su informe sobre la realidad ecuatoriana (particularmente sobre el movimiento obrero en el Ecuador) en la reunión de la Tercera Internacional que se efectuó en Moscú y a la que concurrió en 1927. Su texto, que ocupa las páginas 76 a la 81, fue publicado, como ya lo he referido, en la Revista Internacional Sindical Roja en 1928. La adhesión de Paredes a la Revolución Juliana quedó escrita en las siguientes líneas: Por todas partes se formaban soviets militares, agrupados orgánicamente por la Junta Militar Superior. Los obreros celebraban grandes reuniones y enviaban sus diputados a las Juntas Militares para exponer sus reivindicaciones. El programa de las Juntas comprendía toda una serie de artículos anunciando reformas sociales; el gobierno revolucionario prometía el saneamiento de las finanzas nacionales lo que suscitó la aprobación unánime de la clase obrera. Sostenido por los militares y la clase obrera el gobierno realizó, en el curso de los primeros meses una serie de importantes reformas, atacando seriamente a la influencia del capital financiero. La revolución de julio dio un impulso grande al movimiento socialista”11. A MANERA DE CONCLUSIONES 1.- Estudiar la figura médica de Ricardo Paredes Romero, en el contexto de la Revolución Juliana, no solamente es fundamental para conocer su perfil como profesional de la salud, sino para interpretar con mayor rigurosidad su comportamiento social y político frente a uno de los procesos históricos más importantes del siglo XX cuya influencia en el campo de la medicina, y particularmente en el de la salud pública, es trascendente, y cuya incidencia tiene matices que nos ponen de frente con la que fuera una vida ( la de Paredes Romero) al servicio de los demás; una entrega militante no solamente en su profesión, sino en la perspectiva de la construcción de una sociedad distinta, ese sueño impostergable de Paredes en cada un de sus actos que ciertamente lo vuelve un personaje de su tiempo y un contemporáneo de los paradigmas de cambio. 2.- De la simpatía a la llamada la Revolución Juliana, Paredes Romero
11 Ricardo Paredes, El Movimiento Obrero en el Ecuador… 1928.

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pasó al entusiasmo cuando descubrió que ella impulsaba acciones de hondo contenido social que, en materia de salud pública, se tradujeron en líneas concretas para precautelar la salud de los trabajadores y de la población en general, al organizar instituciones como la de Higiene y al emitirse decretos que tenían por finalidad proteger el ambiente laboral y favorecer los derechos del pueblo trabajador. Estos hechos puntuales denotan las líneas de influencia del proceso de 1925 sobre el médico Ricardo Paredes Romero, tanto más que la Revolución Juliana adoptó comportamientos específicos que favorecieron la salud pública e impactaron en la orientación profesional en Paredes. 3.- Los impactos a los que me refiero, se evidenciaron luego en los textos que escribió Ricardo Paredes cuando trató y analizó el problema del Paludismo en el país, estudio trabajado en 1936 y, fundamentalmente, cuando en 1938 abordó sobre la situación de la salud de los trabajadores en las minas de Portovelo y respecto de la presencia del Imperialismo, en el mismo contexto, en el Ecuador. En estos dos últimos trabajos hay una evidente cosmovisión epidemiológica de la salud y del trabajo y un tratamiento oportuno sobre los determinantes sociales que inciden en la salud de los sectores vulnerables de la sociedad. No cabe la menor duda que esta postura analítica devino de la influencia de la epistemología marxista en la relación trabajosalud, relación que fue abordada desde una perspectiva progresista por la Revolución Juliana, desencadenando nuevos enfoques en el rol del Estado frente a la salud, realidad que nutrió conceptualmente a Ricardo Paredes Romero al punto que puedo afirmar que fue un médico, un trabajador de la salud, marcado, también, por la huella de la revolución de Julio de 1925.

Quito, 11 de Noviembre del 2.010

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SAN MARTÍN, SU ENTREVISTA CON BOLÍVAR EN GUAYAQUIL Y RETIRO DEL GOBIERNO DEL PERÚ*
Benjamín Alfredo Rosales Valenzuela

DESIDEALIzANDO A LOS LIBERTADORES En algunos países o regiones de Suramérica, historiadores con afanes nacionalistas resaltan las figuras de los libertadores Bolívar y San Martín, queriendo elevarlas a un nivel sobrehumano, al retratarlos como intachables justifican todos sus excesos y errores, que sin duda cometieron, culpando a la falta de apoyo y colaboración de otros, los fracasos por ellos incurridos. El año pasado, en el Congreso Extraordinario de esta Asociación, realizado en Ecuador con motivo del bicentenario de la Revolución de Quito, don Elías Pino Iturrieta, director de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, dictó una brillante conferencia sobre la extralimitación de la historiografía de la Independencia de su país titulada “La Independencia de Venezuela: propuestas para cohabitar con sus estatuas”. En esta sugiere la necesidad de reconstruir “interpretaciones más apegadas a la realidad en la cual se han regodeado la retórica y la política hasta nuestros días.” Nos dice que sobre Bolívar se han realizado estudios excesivamente entusiastas promoviendo un culto con el beneplácito de gobiernos. Dice Pino: “El tabernáculo impide reflexiones sobre temas medulares, como los relativos a la creación de Colombia y a su posterior desmembración, hasta ahora rodeados de subterfugios”1. El historiador inglés John Lynch ha hecho estupendos trabajos sobre la América española y el proceso independentista, que realizados con un alejamiento de pasiones localistas, van en la línea de interpretaciones modernas bajo una perspectiva continental y a través de ópticas diversas, como cree necesario nuestro colega académico venezolano.
* Discurso en el XII Congreso de Academias Iberoamericanas de Historia Buenos Aires, agosto 1 de 2010 1 ELÍAS PINO, “La Independencia de Venezuela: propuestas para cohabitar con sus estatuas”, Discurso en Congreso Extraordinario de Asociación Iberoamericana de Academias de Historia. Quito, 2009.

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Luego de casi cincuenta años como profesor de Historia de Latinoamérica, principalmente en la Universidad de Londres, Lynch ha publicado dos estupendas biografías, la primera: “Simón Bolívar, una vida” en 2006 y la segunda: “San Martín: soldado argentino, héroe americano” en 2009. En ellas se refleja el estudio profundo realizado y una visión imparcial de los hechos y personajes, que evidencian un acercamiento del autor a la realidad de los procesos independentistas y sus circunstancias. Sin embargo, no todos los trabajos históricos de escritores anglosajones sobre la independencia de Suramérica guardan la misma rigurosidad que los de Lynch, la obra “Libertadores: la lucha de Latinoamérica por la independencia 1810-1830”, del periodista Robert Harvey, publicada en 2000 con buen mercadeo y éxito en ventas, por ejemplo, tiene garrafales errores, hechos quizá por la ligereza del estudio y amplitud del trabajo, o por el afán de exaltar encima de lo real, las hazañas militares de Bolívar. En el corto capítulo 13 escribe, entre otros errores: que Guayaquil era un puerto histórico del Imperio Inca, omite referencia a la independencia de esta próspera ciudad en octubre de 1820, hecho que posibilitó la llegada de tropas colombianas, en naves guayaquileñas, para fortalecer la guerra emprendida por el Estado de Guayaquil contra el ejercito realista en Quito, minimiza los refuerzos enviados por San Martín que posibilitaron el triunfo en Pichincha, confunde a esta heroica batalla con el enfrentamiento previo en Riobamba, escribe que Quito tenía medio millón de habitantes cuando entró Bolívar en junio de 18222. A más de otras barbaridades como las mencionadas, en la obra de Harvey existen errores conceptuales aún mucho más graves, para comenzar, pone en un mismo grupo de “libertadores”, en el que con razón figuran Miranda, Bolívar, San Martín y O´Higgins, al “emperador” mexicano Iturbide, al Almirante escoses Cochrane y a Don Pedro de Brasil en un grave error de perspectiva histórica. En años recientes se han abierto espacios de discusión que cuestionan muchas de las acciones y políticas de los grandes líderes que lucharon por, y finalmente lograron la independencia de Suramérica de la corona española. La obra del peruano Herbert Morote, con el sugestivo titulo Bolívar, Libertador y Enemigo N° 1 del Perú es significativa, ya que reconociendo el genio del general venezolano, que alcanzó el triunfo
2 ROBERT HARVEY, “Liberators, latin America’s Struggle for Independence 1810-1830”, pág. 193,194, 196.

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patriota en las batallas de Junín y Ayacucho, que sellaron la independencia del Perú y Suramérica, resalta la manera tiránica con que Bolívar actuó en los 21 meses después de esta última batalla. Escribe Morote: El Libertador expatrió a su más ferviente opositor, Luna Pizarro, junto a otros congresistas que se oponían a sus designios…ordenó el fusilamiento de cuanto soldado protestase…encarceló al almirante Guisse… se deshizo del general argentino Necochea…fusiló a Berindoaga…En resumen, aterrorizó a los peruanos que se le opusieron3. Morote cuestiona además el manejo de las finanzas y la concesión de minas para el pago de deuda a los ingleses durante el gobierno de Bolívar en el Perú. En Guayaquil siempre existió un resentimiento, quizá no generalizado, sobre la forma que Bolívar anexó la provincia a Colombia, sin permitir un pronunciamiento popular como pretendía la Junta de Gobierno. Hoy, historiadores guayaquileños como Guillermo Arosemena, publican artículos evidenciando como se perjudicó la economía de la región, por las inmensas extracciones de bienes y personas para la guerra en el Perú y otras políticas bolivarianas que afectaron a Colombia y a la región.4 Mucho tiene que escribirse aún sobre los errores políticos que cometió Bolívar, especialmente al pretender imponer un sistema de gobierno fuertemente centralista y presidencialista, que tuvo como consecuencia la final división de su querida Colombia en tres naciones: Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Y es bueno que veamos a los libertadores como figuras de carne y hueso, que conozcamos sus pasiones, ambiciones y debilidades, y dejemos atrás visiones épicas de héroes míticos que solo sirven para penosas emulaciones de actuales lideres de barro. SAN MARTÍN Y SU CAMPAñA A TRAVéS DE LOS ANDES La figura de José de San Martín resalta entre los hombres cuyas acciones hicieron posible la independencia de Suramérica. Cuando leemos biografías de San Martín nos llama la atención las cruciales y fun3 HERBERT MOROTE, “Bolívar, Libertador y Enemigo N° 1 del Perú”, Lima 2007, pág. 112. 4 GUILLERMO AROSEMENA, “¿Fue Bolívar Estadista?”, http://independent.typepad.com/ elindependent/2010/03/fue-bol%C3%ADvar-estadista-i.html.

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damentales decisiones que tomó y que cambiaron el curso de su vida y de la historia de este continente. La primera gran decisión fue la de regresar a América, al fin y al cabo, poco conocía este hombre a los treinta y cuatro años de edad de su tierra natal, más allá de un vago recuerdo, pues su familia había partido para la península ibérica cuando él tenia apenas seis años. San Martín había hecho una nada despreciable carrera militar de veinte y un años al servicio de España, la que debió abandonar, así como lo hizo con su madre y hermanos. El prócer debe haber sentido una terrible decepción con la monarquía borbónica que había llevado a España a la crisis más grande de su historia, e influenciado en su determinación el pensamiento de sus amigos americanos, que en el Cádiz de 1811, se reunían para analizar los acontecimientos en América y planificar su retorno al continente para integrarse a los primeros esfuerzos independentistas. Lynch hace unas interesantes reflexiones sobre esta vital decisión del patriota argentino: Había ya un sentido de destino en San Martín. Su preferencia por su tierra natal fue una decisión calculada, basada en una compulsión interior la que casi prevenía su elección…En 1811 el vio lo que tenia que hacer: si permanecía en España el seria nadie. Si regresaba a Argentina el podría lograr cosas grandes para una causa mayor5. Gracias a las conexiones hechas en Cádiz y Londres con miembros de la Sociedad de Caballeros Racionales, en especial Carlos Alvear, ni bien llegó a Buenos Aires fue presentado al triunvirato gobernante e incorporado al ejército patriota con el rango de teniente coronel, el mismo que tenía en el español. Se conectó socialmente y apenas seis meses después de llegado a la ciudad se casó con la hija de un porteño acaudalado en septiembre de 1812. Su profesionalismo en la preparación del batallón de caballería, que se estrenó con éxito en San Lorenzo a comienzos de 1813, catapultó su prestigio por lo que se le encargo organizar las defensas de Buenos Aires. Luego de la terrible derrota sufrida por el ejército del norte, que intentaba liberar al Alto Perú, en noviembre de ese año en Ayohuma, San Martín fue enviado a ese frente con refuerzos para las desconcertadas tropas al mando del General Belgrano. Los meses entre 1814 y 1816 fueron críticos para la revolución
5 JOHN LYNCH, “San Martín: argentine soldier, american hero”, 2009, pág. 24.

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suramericana, se había acabado la guerra peninsular y restablecido la monarquía de Fernando VII, lo que le permitió a España enviar las fuerzas lideradas por el General Morillo que aplastaron a los independentistas venezolanos y neogranadinos, desde el Alto Perú los realistas amenazaban con tomar Tucumán, fuerzas enviadas desde Lima aplastaron a los divididos patriotas chilenos en Rancagua en octubre de 1814, estos reveses hacían ver a la independencia como una meta inalcanzable. En Tucumán, mientras organizaba el alicaído ejército e impulsaba la formación de efectivas guerrillas, lideradas por el gaucho Martín Güemes, San Martín reflexionaba sobre la estrategia más conveniente para lograr la libertad de Suramérica. Continuar con el intento de liberar el Alto Perú desde el sur era difícil porque se enfrentaban a tropas abastecidas desde Lima, el centro del poderío español en Suramérica, era un territorio de altas elevaciones para lo que no estaban preparadas las tropas porteñas y sus habitantes respaldaban a los realistas. Una invasión por mar desde Valparaíso a Lima tendría mejores posibilidades de éxito, contando que los habitantes de la costa peruana estarían más dispuestos a apoyar la independencia que los del altiplano. De ahí nace el Plan Continental de San Martín, según Lynch: “Su estrategia estaba basada en la tesis de que la revolución suramericana no se podía asegurar hasta que el corazón del poder español en Perú haya sido destruido”6. Es posible que la idea del plan se haya originado en la expedición propuesta por el coronel Paillardelle en 1813, o que San Martín conociera, cuando estuvo en Londres, el plan para atacar al Imperio español presentado por el escoses Maitland al gobierno británico cincuenta años antes, pero fue él quien decidió “usar todo su poder de persuasión ante sus jefes políticos en Buenos Aires para introducir y preservar su plan”7. Para ejecutar esta estrategia, San Martín debió abandonar el ejercito del norte y formar el ejercito de los Andes, con muy poco apoyo del gobierno de Buenos Aires, que se debatía en una inestabilidad inaudita. El régimen del segundo triunvirato fue reemplazado por el Director Supremo Posadas, luego sería el propio Alvear quien asumiría el poder político en base al mando militar que ya ostentaba. San Martín, para realizar sus propósitos, consiguió el nombramiento de gobernador de la Intendencia de Cuyo, llegó a Mendoza en septiembre de 1814 y desde ahí formó el ejército independentista. A pesar de la falta de apoyo económico de los gobiernos de Bue6 JOHN LYNCH, “San Martín: argentine soldier, american hero”, 2009, pág. 64. 7 JOHN LYNCH, “San Martín, argentine soldier, american hero”, 2009, pág. 65.

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nos Aires, San Martín organizó las fuerzas de defensa de la Intendencia, la que luego de la derrota de los chilenos en Rancagua, corría el riesgo de ser invadida por tropas realistas. Tuvo que poner bajo control a las fuerzas de los hermanos Carrera, organizar la fabricación de uniformes, armas y pertrechos para el ejército, tomar medidas para mejorar la administración de Mendoza, incluso se preocupó del riego y la producción agrícola de la provincia. El caos en el gobierno de la Provincias Unidas del Río de la Plata continuó en 1815 con la caída de Alvear en el mes de abril, el directorio nombró al General Rondeau como Director Supremo, quien asumió el mando del ejército del norte con el fin de lanzar una tercera expedición al Alto Perú, la que como había prevenido San Martín, sufrió otra desastrosa derrota en Sipe Sipe. Con la llegada al poder de Pueyrredón, cambió la suerte de San Martín, según Pérez Pardilla: “Por fin había llegado al gobierno el hombre con genio de estadista y garra de gobernante, que daría el apoyo para la creación de un gran ejercito”8. En los casi tres años en que San Martín estuvo en Mendoza, formando el ejército de los Andes, demostró su capacidad administrativa, sus habilidades como jefe militar y político, pues logró el total apoyo de la población de Cuyo a la causa de la independencia de Chile y América. En enero de 1817 el ejército al mando de San Martín emprendió el cruce de los Andes y el 12 de febrero triunfó brillantemente en Chacabuco, dos días después ocupó Santiago, convocó una asamblea, la que el día 16 nombró a O´Higgins como Director Supremo de Chile, como el libertador había propuesto. Las tropas realistas al mando de Osorio se atrincheraron al sur en Talcahuano e incluso amenazaron nuevamente la independencia de Chile luego del triunfo que obtuvieron contra las tropas de O´Higgins en Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818. El ejército español en Chile fue finalmente derrotado por los patriotas al mando de San Martín el 5 de abril en la batalla de Maipú. En mayo San Martín fue recibido gloriosamente en Buenos Aires como libertador de Chile, pero eso no garantizó el apoyo de Argentina para la nueva etapa del Plan Continental, la liberación de Perú, porque los gobiernos de la república enfrentaban caos y anarquía por los enfrentamientos entre centralistas y federalistas. El General atravesó los Andes tres veces para buscar un apoyo que le fue esquivo. San Martín luchó, a capa y espada, para conseguir recursos y
8 AGUSTÍN PÉREZ PARDILLA, “José de San Martín, el Libertador cabalga”, 1997, pág. 158.

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llevar a cabo su propósito de liberar el Perú, su decisión en 1811 de regresar a su América natal, no era solo para reforzar la independencia de Buenos Aires, o de las Provincias del Río de la Plata, no era suficiente liberar Chile, ninguna de estas estaría asegurada mientras se mantuviera en Lima el poderío español. San Martín no era un hombre impulsivo, tomó decisiones luego de profunda meditación y después de hacerlo las sostenía con firmeza. A pesar de no contar con suficiente apoyo del gobierno de Buenos Aires, se empeño en su objetivo. Contó eso sí, con la decidida colaboración de su amigo O´Higgins y el gobierno chileno, que formó la Armada comandada por Cochrane, la que posibilitaba la invasión al corazón del imperio español en Suramérica. Finalmente la expedición independentista partió de Valparaíso en agosto de 1820, San Martín tenía la esperanza de que al llegar a costas peruanas, se le unieran miles de voluntarios para reforzar el ejército patriota y poder someter a las fuerzas españolas del Virrey Pezuela. INDEPENDENCIA DE GUAYAQUIL La noticia del triunfo de Bolívar en Boyacá creó la expectativa en algunos jóvenes de Guayaquil sobre la fortaleza del proceso independentista. A fines de septiembre de 1820 se conoció que la expedición de San Martín había llegado a costas peruanas, así mismo, arribaron a la ciudad tres oficiales venezolanos expulsados, por favorecer la revolución, del batallón español Numancia que estaba estacionado en Lima,. Con ese motivo, José Villamil, natural de Nueva Orleáns radicado en Guayaquil, y José Antepara organizaron sendas reuniones con los venezolanos León Febres Cordero, Miguel Letamendi y Luís Urdaneta, oficiales peruanos del batallón de Granaderos estacionados en la ciudad y jóvenes guayaquileños adictos a la causa independentista, para organizar una revolución que libere a Guayaquil del dominio español. Uno de los más jóvenes, Febres Cordero, exponía así los motivos para realizar el golpe: “De la revolución de esta importante provincia puede depender el éxito de ambos Generales (Bolívar y San Martín), en razón al efecto moral que produciría, aunque nada más produjera”9. Parecía indigno para los convocados que uno de los ejércitos libertadores llegara cuando la ciudad no esté aún liberada.
9 JOSÉ VILLAMIL, “Reseña de los Acontecimientos Políticos y Militares de la provincia de Guayaquil, desde 1813 hasta 1824, inclusive”, Lima 1863. Republicado “La Independencia de Guayaquil”, BCE 1983, pág. 14.

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En la provincia había cerca de mil quinientos hombres de guarnición entre granaderos de reserva, milicias, un escuadrón de caballería, una brigada de artillería y la tripulación de siete cañoneras, sin embargo, entre los complotados estaban algunos oficiales criollos. Entre la noche del 8 de octubre y la madrugada del 9 se tomaron los cuarteles con la muerte del comandante español, apresaron al gobernador y las principales autoridades, y declararon la independencia de Guayaquil. En primera instancia se nombró presidente de la junta gubernativa al coronel Escobedo, y enseguida se comisionó a Villamil para que llevara noticias de la revolución y entregara los prisioneros al General San Martín. Villamil relata en su reseña de los acontecimientos, su encuentro con la Armada comandada por el Almirante Cochrane el 31 de octubre, que se encontraba a las afueras de la rada del Callao preparando el asalto al Esmeralda, y su entrevista con el libertador San Martín, que estaba en Ancón. No podía el General dar mucha ayuda a los revolucionarios, pero si envió 150 carabinas y a los coroneles Guido y Luzuriaga como comisionados ante el gobierno de Guayaquil. Durante los primeros días después de la revolución, Escobedo apresó y confiscó los bienes de los vecinos españoles de la ciudad, causando una gran consternación en la misma, y envió, sin las previsiones ni hombres suficientes, una expedición militar a Quito. Las acciones abusivas de Escobedo contra los peninsulares, a pesar de que muchos de ellos favorecían la independencia, provocó la reacción ciudadana, treinta días después del golpe revolucionario se reunió un cabildo abierto que destituyó a Escobedo y nombró una nueva Junta de Gobierno presidida por el patricio José Joaquín de Olmedo que liberó a los presos y les restituyó sus bienes10. Esta Junta promulgó pocos días después un Estatuto Provisorio republicano y liberal que rigió durante la vigencia del Estado de Guayaquil hasta julio de 1822. Las tropas de la provincia en su avance a Quito, después de pequeños encuentros exitosos con brigadas enemigas, sufrieron a fines de noviembre una aparatosa derrota ante fuerzas muy superiores en los llanos de Huachi. Al Coronel Luzuriaga se le encargó reorganizar las fuerzas que sobrevivieron al desastre y evitaron que la ciudad fuera tomada por tropas realistas.
10 EMILIO ROCA, “Recuerdos históricos de la Emancipación Política del Ecuador y del 9 de Octubre de 1820”, Guayaquil 1900. Republicado “La Independencia de Guayaquil”, BCE 1983, pág. 91-93.

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Las lluvias de la estación invernal impidieron que eso sucediera, mientras tanto, Bolívar al conocer la Independencia de Guayaquil, envió primero al General Mires con una compañía de soldados experimentados y luego al General Sucre con 600 hombres, que se constituirían en la base del ejército libertador del territorio quiteño. Sucre llegó a la ciudad con la disposición de agregarla a Colombia, lo que fue rechazado por al Junta de Gobierno que lo nombró sin embargo, Jefe del Ejército. La Junta de Gobierno no accedió al pedido de Bolívar porque entre los ciudadanos de Guayaquil habían tres tendencias independentistas y republicanas: la primera tenía el apoyo de algunos miembros de la Junta y comerciantes prominentes, favorecía la unión con Perú cuando este país se independice; otra que admiraba a Bolívar y favorecía la integración de la provincia a Colombia; la tercera, respaldada por Olmedo y que era la más popular, creía que la provincia, junto al territorio de la Presidencia de Quito, debía ser una republica independiente de Colombia y Perú11. La campaña de 1821 se inició con el triunfo patriota en Cone, un llano en la costa cerca de Guayaquil, pero luego el ejército independentista fue derrotado nuevamente en los campos de Huachi, en la sierra central cerca de Ambato al sur de Quito. Bolívar, que dirigía el grueso del ejército colombiano desde Popayán, no podía enviar suficientes refuerzos a Sucre en Guayaquil por lo que pidió al General San Martín en noviembre de ese año el envío del batallón al mando de Heres, o “cualquier otro cuerpo que pueda ser destinado a Guayaquil, de los del ejército del mando de V. E.”12. El General San Martín respondió generosamente asignando al General Santa Cruz para que se pusiera a las órdenes del General Sucre con 1400 hombres, los que junto a cientos de reclutas de Guayaquil, Cuenca y Loja completaron el ejército que selló la liberación de la antigua Presidencia de Quito en la sangrienta Batalla de Pichincha el 22 de mayo de 1822.

11 JOSÉ VILLAMIL, Reseña de los Acontecimientos Políticos y Militares de la provincia de Guayaquil, desde 1813 hasta 1824, inclusive, Lima 1863. Republicado La Independencia de Guayaquil, BCE 1983, pág. 38. 12 SIMÓN BOLÍVAR, Obras Completas, Vol. I, La Habana 1947, pág. 607.

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SAN MARTÍN COMO PROTECTOR DEL PERÚ Desde que partió la expedición libertadora del Perú de Valparaíso el 21 de agosto de 1820, se hizo evidente que la relación de General San Martín con el Almirante Cochrane iba a ser conflictiva. Según Lynch, al escoses se lo puede describir como: “un mercenario superior, marino profesional con características de valor, fanfarronería y originalidad que le dieron fama durante la guerra napoleónica”13. La primera confrontación ocurrió cuando San Martín decidió, con una actitud cauta, desembarcar en Pisco, mientras el Almirante quería continuar al Callao, enfrentar a los realistas y ocupar la capital, aprovechando el factor sorpresa. La estrategia de San Martín, de ir ganando territorios y reclutas en los alrededores de Lima, según Cochrane era muy costosa pues había que mantener la flota inactiva. San Martín quería evitar un sangriento enfrentamiento con los realistas para ganar la mente y corazón de los peruanos, que se unirían así a la causa libertadora e influirían al virrey para lograr un acuerdo de independencia, en la forma de una monarquía constitucional encabezada por un príncipe español. Sin embargo, según los hechos demostraron, el general argentino sobrestimó el apoyo popular peruano a la causa independentista14. De Pisco, el general reembarcó el 23 de octubre y fue primero a Ancón, donde lo visitó la delegación guayaquileña encabezada por Villamil con las noticias de independencia, y luego más al norte al valle de Huaura donde permaneció seis meses. Cochrane no se quedaba tranquilo, el 5 de noviembre asaltó con éxito la fragata española Esmeralda que estaba anclada en Callao. La actitud conservadora de San Martín contribuyó para que Torre Tagle lidere a Trujillo en su declaración de independencia el 29 de diciembre y que oficiales criollos como Gamarra, Santa Cruz y Castilla se unieran al ejército libertador. Mientras las fuerzas de Miller y Arenales acosaban a los españoles por tierra, Cochrane dominaba los mares, lo que provocó que el batallón Numancia se adhiera a la causa libertaria y que oficiales realistas depusieran al virrey Pezuela reemplazándolo con el general La Serna el 29 de enero de 1821. Una segunda expedición del general Arenales a la región andina en abril fue interrumpida por la firma de un armisticio entre La Serna y
13 JOHN LYNCH, “San Martín, argentine soldier, american hero”, 2009, pág. 111. 14 Ídem, pág. 121-123.

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San Martín el 23 de mayo, que fue aprovechado por el virrey para evacuar Lima y fortalecerse en la sierra. San Martín entró victorioso en la capital del virreinato el 12 de julio y el 28 se proclamó la Independencia de Perú. Comenzó la administración del Protector en Lima aunque no se había presentado aún ninguna batalla entre los ejércitos rivales. San Martín permitió que el general Canterac con 3000 hombres cruzara frente a Lima hacia la fortaleza del Callao, que estaba en manos realistas, la abasteciera, y luego se retirara a la sierra con el tesoro y sus hombres, sin enfrentarlos. Está actitud fue muy criticada por Cochrane y algunos de los oficiales patriotas, haciéndole perder popularidad al libertador, la que no recuperó ni con la rendición de la fortaleza y el cambio de su comandante, el general Lamar, el 19 de septiembre, al ejército independentista15. Pocos días después, luego de innumerables comunicaciones entre Lord Cochrane y el Ministro Monteagudo, reclamando el primero la paga de sus tripulantes y provisiones, así como la acción ilegal de la Armada al apoderarse de dineros y bienes en Ancón, el Ministro le indica al Almirante que. “ha resuelto S. E. salga usted inmediatamente para los puertos de Chile con la Escuadra a su mando, devolviendo antes el dinero y pastas particulares que ha tomado”16. El Almirante intentó justificar sus acciones en comunicaciones posteriores, pero el rompimiento entre Cochrane y San Martín fue definitivo, debió salir el Almirante de Callao a comienzos de octubre. El ejército de San Martín se componía de peruanos, chilenos, colombianos y argentinos, lo que ocurrían celos entre ellos, sobretodo porque el General manifestaba preferencia por los primeros para estimular el entusiasmo revolucionario entre la población del país, además los neogranadinos y venezolanos, que se habían sublevado del batallón español Numancia, exigían el retorno a Colombia17. La derrota de las fuerzas comandadas por el general peruano Tristán en Ica, en abril de 1822, aumento el descrédito del Protector entre los oficiales del ejército, quienes injustamente lo culparon del fracaso. Los reveses militares del ejército libertador del Perú causaron
15 Ídem, pag. 133-134. 16 Documentos para la Historia del Libertador General San Martín. Tomo XVIII, Buenos Aires MMI, pág. 133 17 JOSÉ COROLEU, “América, Historia de su Colonización, Dominación é Independencia”, Tomo Cuarto. Barcelona 1896, pág. 243.

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que la política implantada por Monteagudo, con la venia del Protector, de acosar a los peninsulares establecidos en Lima, se acentuara. El propio ministro tucumano declaró en sus memorias, que de diez mil españoles distribuidos en todos los rangos cuando llegó el ejército libertador, quedaban menos de seiscientos cuando lo expulsaron del Perú18. Esta política, que generó ingresos al gobierno, por la confiscación de bienes de los desterrados que fueron distribuidos entre los oficiales, causó un deterioro económico por el abandono de propiedades productivas, y perdida de apoyo de ciudadanos que consideraban abusivo los atropellos cometidos. En menor escala, y por apenas un mes, esta política de arbitrariedades e injusticia contra españoles fue la que siguió Escobedo en Guayaquil a partir de octubre de 1820, lo que motivó su destitución y expulsión por la nueva Junta de Gobierno. Las situaciones política y militar no eran muy ventajosas para José de San Martín cuando salió de Lima por segunda vez para entrevistarse con Bolívar. El viaje que inició a comienzos de 1822 se interrumpió cuando supo que el Libertador no podía llegar a Guayaquil. LA ENTREVISTA CON BOLÍVAR EN GUAYAQUIL El encuentro entre Bolívar y San Martín en Guayaquil es uno de los eventos históricos más analizado y comentado por los estudiosos. Nunca se podrá saber con certeza que se dijeron los dos generales en un total de seis horas que duraron las tres entrevistas que tuvieron en los días 26 y 27 de julio de 1822. Historiadores venezolanos como Don Vicente Lecuna rechazan la autenticidad de la misiva que San Martín envió a Bolívar desde Lima dada a conocer por el francés Lafond en 1844, y algunos argentinos creen que falta veracidad en las memorias enviadas por el secretario de Bolívar, José Gabriel Pérez al secretario de Relaciones Exteriores en Bogota y al Intendente del Departamento del Sur. Tres fueron los temas principales que debieron abordar los libertadores y que motivaron el famoso encuentro. Primero.- Sin duda, uno de los propósitos del viaje de San Martín a Guayaquil era apoyar la voluntad de la Junta de Gobierno, de que la ciudad escoja libremente su destino. Había manifestado el Protector al Presidente de la Junta, en agosto del año anterior, que él no haría, sino
18 JOSÉ COROLEU, América, Historia de su Colonización, Dominación é Independencia. Tomo Cuarto, Barcelona 1896, pág. 247.

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seguir la voluntad del pueblo y considerar a la provincia en la posición política que ella mismo se coloque. El asunto de Guayaquil ya lo habían tratado los libertadores, el 3 de marzo de 1822. San Martín le dirigió una carta a Bolívar, en la que le expresaba el sentimiento que tenia por la intimidación que le hacia el Libertador al Gobierno de Guayaquil para que se agregue la provincia a Colombia, y le pedía: “Dejemos que Guayaquil consulte su destino y medite sus intereses para agregarse a la sección que le convenga”19. Bolívar recibió esa carta con mucho retardo, como el mismo dice en su contestación del 22 de junio desde Quito, en la que manifiesta: “Y no pienso como V. E. que el voto de una provincia debe ser consultado para constituir la Soberanía Nacional”. Escribe que el Gobierno de Colombia había resuelto no permitir, por más tiempo, la existencia de la Junta, y luego reitera no creer que Guayaquil tenga derecho a expresar su voluntad para incorporarse a la República, pero que consultará al pueblo porque este es digno y para que el mundo vea: “que no hay pueblo de Colombia que no quiera obedecer sus sabias leyes”20. Es posible que esta comunicación, en la que el Libertador manifiesta su resolución sobre el asunto de Guayaquil, no le haya llegado al Protector antes de su partida del Callao, puesto que en la relación que hace uno de sus acompañantes, Rufino Guido, expresa que uno de los objetivos reservados del viaje, era apoderarse de la provincia que se había declarado a favor del Perú; al llegar a Puná conocieron que Bolívar ya había agregado Guayaquil a Colombia, por lo que San Martín cambió de planes y ordenó que el convoy con dos batallones que lo seguía, regresara al Callao21. San Martín era un hombre práctico, ya nada podía hacer con respecto a Guayaquil ante un fait acompli, Bolívar se había adelantado o él había llegado tarde. En la carta de Bolívar a Santander le dice que el Protector le ofreció eterna amistad hacía Colombia, intervenir a favor del arreglo de limites y no mezclarse en los negocios de Guayaquil. Pérez en sus informes dice que San Martín afirmó que nada tenia que decir sobre Guayaquil, y que Bolívar le contestó que el había llenado los deseos del Protector de consultar al pueblo, el que estaba convocado para expresarse el 28 del mes, el día en que partió San Martín de regreso al Callao.
19 Documentos sobre la Entrevista de Guayaquil, Guayaquil, 1972, pág. 15. 20 Ídem, 1972, pág. 8-9. 21 Ídem, pág. 73.

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Rufino Guido dice que al día siguiente de la partida, a bordo del Macedonia, San Martín le dijo: “¿Qué le parece a usted como nos ha ganado de mano el Libertador Simón Bolívar?”, confiando que Colombia no se quedaría con Guayaquil luego que el Perú acabe con los chapetones, ya que, el Protector percibía, que el pueblo en masa quería ser anexado al Perú22. En la controvertida misiva de San Martín a Bolívar fechada en 29 de agosto, el Protector manifiesta: “Nada diré a usted sobre la reunión Guayaquil a la Republica de Colombia. Permítame, general, que le diga, que creí que no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estados de Sud–América”23. Algo de premonición tiene esta sentencia de San Martín, la guerra entre Perú y Colombia en 1828 estuvo, en gran parte, motivada por los deseos peruanos de agregar a su territorio a Guayaquil, intención que tuvo otra vez el General Castilla cuando Ecuador se había separado de Colombia, y Perú ocupó Guayaquil en 1859. Si Bolívar hubiera permitido que la Junta de Gobierno, convoque al pueblo libremente a expresar sus deseos, seguramente este hubiera decidido su integración a Colombia, dada la popularidad del Libertador, pero se hubiera evitado el malestar peruano que provocó que sus gobiernos invadieran dos veces la ciudad en los primeros treinta y cinco años de independencia del Perú. Segundo.- La inestabilidad y el caos en la primera década del gobierno de Buenos Aires, la influencia de la aristocracia de Lima y de Monteagudo, habían persuadido a San Martín que una monarquía constitucional dirigida por un príncipe europeo, era lo que más convenía para el Perú. Ese fue uno de los temas conversados en la entrevista, y con el que Bolívar discrepó con San Martín. En los informes enviados por el secretario Pérez, y que seguramente el Libertador dictó, se afirma que Bolívar contestó que esto no convenía a América ni a Colombia pero que el no se opondría a la forma de gobierno que cada estado quiera darse. Por ese informe podemos entender que el Libertador estaba más en contra de la venida de príncipes europeos que de una monarquía
22 Ídem, pág. 77. 23 Ídem, pág. 79.

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constitucional como tal, pues dice: “que S. E. habría preferido invitar al general Iturbide a que se coronase con tal que no viniesen Borbones, Austriacos, ni otra dinastía europea”24. Bolívar, por la experiencia de la primera etapa de la Republica de Venezuela, era opuesto al federalismo y favorecía una democracia centralista, como la que estableció en Colombia. Sin embargo, por las dificultades que tuvo para controlar al congreso, y la necesidad de un gobierno fuerte, incluso dictatorial para lograr la independencia definitiva de Perú, el Libertador posteriormente estuvo a favor de un fuerte presidencialismo, vitalicio, como consta en las constituciones que propuso para Bolivia, Perú y Colombia. En algo influyó el pensamiento de San Martín, opuesto a un republicanismo que podía degenerar en caos y desorden, en las ideas bolivarianas. Tercero.- Sobre la ayuda militar que debía darle Colombia al Protector para la independencia de Perú, es donde más difieren las versiones de la entrevista. Pérez menciona que conversaron sobre la Federación de los dos países, sobre el apoyo del Protector para el arreglo de límites, pero que este había venido a Guayaquil como una simple visita sin empeño político ni militar, “pues ni siquiera habló formalmente de los auxilios que había ofrecido Colombia y que se aprestaban para partir”25. Según el historiador Lynch, “el recuento bolivariano de la entrevista es un análisis franco de lo que ocurrió, aunque selectivo y parcial”26. En la famosa carta dada a conocer por Lafond, San Martín le expresa a Bolívar que los resultados de la entrevista no son los que esperaba para la pronta terminación de la guerra. Le escribe, seguramente reiterándole lo que le dijo personalmente, que el ejército del Perú no tenía mas que 8.500 hombres disponibles, contra más de 19.000 realistas y que la división de 1.400 colombianos que el Libertador le enviaba solo servirían para mantener el Callao y orden en Lima. Las excusas que le habría dado Bolívar para no enviar el grueso de su ejército no lo convencían, dice en la misiva: “o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus ordenes con las fuerzas a mi mando o que mi persona le es embarazosa”. La excusa de que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la república no le parecía plausible a San Martín27.
24 Ídem. 67-68. 25 Ídem, pág. 66-67. 26 JOHN LYNCH, Op. Cit., pág. 189. 27 Documentos sobre la Entrevista de Guayaquil, Guayaquil 1972, pág. 78.

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Hay una discrepancia en el número de hombres que ofreció Bolívar enviar al Perú, pues en la carta que escribió el Libertador a Santander el 29 de julio, dice que “lleva 1.800 colombianos en su auxilio, fuera de haber recibido la baja de sus cuerpos la segunda vez, lo que nos ha costado más de 600 hombres: así recibirá Perú 3.000 hombres de refuerzo, por lo menos”28. Es posible que Bolívar haya considerado que la ayuda que brindaba seria suficiente para el triunfo de los patriotas, o que como sucedió poco después con la sublevación en Pasto, Colombia necesitaba el grueso del ejército para consolidar la independencia en la República. Sin embargo, San Martín esperaba más, y salió frustrado y defraudado del encuentro. En 1896 escribió el historiador Coroleu que por el resultado de la entrevista, esta distó mucho de ser cordial, tanto las miras como los caracteres de los interlocutores eran contrarios, reflexionando así: “Bolívar era locuaz, inquieto; San Martín, tranquilo, frío, reservado; aquél, orgulloso con sus triunfos, tenia formada pobre idea de los soldados del Sur; esté, más modesto o más transigente, hacía caso omiso de las glorias alcanzadas en sus campañas para no pensar en otra cosa sino en mancomunar los esfuerzos en bien de la causa de la independencia; el primero creyó ver en San Martín una modestia fingida y falsa; el segundo en Bolívar una ambición desapoderada. Ni uno ni otro se comprendieron, y se separaron recelosos y disgustados”29. Esta opinión se corrobora con la carta que San Martín envió al francés Lafond y que se conserva en el museo Mitre, aunque en esta expresa también su admiración a los hechos militares de Bolívar, “su constancia a prueba que se fortalecía en las dificultades, sin dejarse abatir por ellas, por más grandes que fueran los peligros a los que se hubiera arrojado su alma ardiente”30. Si bien los libertadores no llegaron a ponerse de acuerdo en la entrevista de Guayaquil, no podemos decir que hayan quedado enemistados, las comunicaciones de los dos en fechas posteriores, evidencian una mutua admiración y respeto entre ellos.

28 Documentos sobre la Entrevista de Guayaquil, Guayaquil 1972, pág. 61. 29 JOSÉ COROLEU, “América, Historia de su Colonización, Dominación é Independencia”, Tomo Cuarto, Barcelona 1896, pág. 248. 30 Documentos sobre la Entrevista de Guayaquil, Guayaquil 1972, pag.83-84.

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El retiro del Protector de la guerra del Perú Por la forma de ser del general San Martín, tranquilo y calculador, sabemos que la importante decisión de dejar el Perú, no fue hecha a la ligera, sino luego de mucha meditación. Son evidentes los problemas políticos y militares que tenía el Protector del Perú; su amigo José García del Río, desde Santiago de Chile le escribió en marzo de 1822, sobre los cuentos que en esa capital se decían de él y su gobierno, esparcidos por los oficiales chilenos que habían regresado descontentos del Perú. Le dice García en esa comunicación que unos especulaban en Chile sobre “el golpe de una revolución”, recomendándole que a su regreso, asumiera el mando con solemnidad, y: “enseguida procede Ud. a la apertura del Congreso, y allí puede renunciar al mando político, sin que entonces tenga nadie que morder a Ud., ni quede lugar a creer que el paso ha sido forzado”31. En Guayaquil, San Martín le dijo a Bolívar, según la comunicación que el Libertador dirigió a Santander el 29 de julio, “que se retirará a Mendoza, porque está cansado del mando y de sufrir a sus enemigos”32. Cuando el Protector llegó a Lima de regresó de la entrevista, encontró que el ministro Monteagudo había sido depuesto y deportado, y su posición política se había deteriorado. En la carta que le dirigió a O´Higgins el 25 de agosto le dice que va a llegar la época que tanto ha suspirado y que se retirara después de convocar al Congreso, le adelanta una explicación para esta decisión: “Ud. me reconvendrá por no concluir la obra empezada, Ud. Tiene mucha razón, pero más tengo yo. Créame, amigo mío, ya estoy cansado de que me llamen tirano, que en todas partes quiero ser rey, emperador y hasta demonio; por otra parte, mi salud esta muy deteriorada, el temperamento de este país me llevan a la tumba, en fin, mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles, y mi edad media, al de mi Patria; creo que tengo derecho de disponer de mi vejez”33 San Martín convocó al Congreso del Perú tan pronto llegó de
31 Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, Tomo XVIII, Buenos Aires MMI, pág. 347. 32 Documentos sobre la Entrevista de Guayaquil, Guayaquil 1972, pág.61. 33 Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, Tomo XVIII, Buenos Aires MMI, pág. 480.

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Guayaquil, el mismo que se reunió el 20 de septiembre de 1822, y en efecto, como le había anunciado a Bolívar y a O´Higgins, le entregó formalmente el mando del Perú presentándole una escueta proclama y se retiró a su casa para preparar su partida a Chile. El Congreso presidido por Luna Pizarro le agradeció al general sus servicios en la misma fecha de su instalación, en el oficio se expresa: “La Nación peruana se lisonjea de ser agradecida a la paz de los eficacísimos esfuerzos que V. E, ha hecho, lanzándose, como el rayo de la célebre montaña que vio los últimos días de Lautaro, a exterminar en el suelo de los incas el férreo poder de España”34. Al día siguiente zarpó San Martín desde Ancón rumbo a Valparaíso, luego de pasar pocos días en Santiago, el general se instaló en Mendoza manteniéndose al tanto de los acontecimientos del Perú y Guayaquil a través de comunicaciones recibidas de amigos como Tomás Guido, Rudecindo Alvarado, Hipólito Unanue, Francisco Ugarte, José Lamar, Fray Manuel Negrón, Francisco Roca, José Joaquín Olmedo, entre otros. En muchas de estas le expresan la esperanza que el general regrese, advirtiendo el peligro de que la situación militar y política se agrave en el Perú35. El historiador John Lynch especula sobre lo que tenía en mente San Martín mientras estuvo un año en Mendoza, a pesar de la enfermedad de su esposa Remedios: “Perú no estaba cerrada completamente; había todavía una rendija abierta en la puerta. Él había renunciado al puesto de Protector pero no al de general, y puede ser que mientras su esposa lo esperaba en Buenos Aires, él esperaba los acontecimientos en Perú”36. Luego de la partida del general San Martín de Lima, los sucesos políticos y militares fueron demostrando que para que la independencia triunfe en Perú eran necesarios un ejército poderoso y un gobierno dictatorial. Cuando los delegados del Congreso del Perú le ofrecieron al Libertador Bolívar lo segundo, el comprometió el grueso del ejército colombiano en la guerra contra el último bastión realista en América del Sur. Simón Bolívar llegó a Lima, donde fue recibido con entusiasmo, el 1 de
34 Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, Tomo XVIII, Buenos Aires MMI, pág. 502. 35 Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, Tomo XVIII, Buenos Aires MMI, pág. 504-555. 36 JOHN LYNCH, “San Martín, argentine soldier, american hero”, 2009, pág. 199.

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septiembre de 1823, luego de recibir la autorización del Congreso de Colombia. La unión del ejército colombiano con el de Perú y el genio de Bolívar hicieron posible los triunfos patriotas en Junín y Ayacucho en 1824. La decisión de San Martín de alejarse de Perú, luego de la entrevista de Guayaquil, fue racional y patriótica, se desprendió de un mando que necesitaba acciones dictatoriales, las que él no quería asumir, y dio lugar para que Bolívar comprometa a su ejército y prestigio en la Independencia del Perú. San Martín no actúo irresponsablemente con América, esperó en Mendoza hasta que conoció el arribo de Bolívar a Lima antes de viajar a Buenos Aires, y retirarse tres meses después a Europa, como había decidido. Llegó al puerto el 4 de diciembre, tarde para despedirse de su esposa enferma, pero una vez que estaba seguro que su participación en la finalización de la guerra no era ya necesaria. Los libertadores se plantearon estos acontecimientos en su encuentro en Guayaquil. Quisiera resaltar la opinión del Dr. René Favaloro en que debemos terminar de presentar a San Martín y Bolívar como enemigos: “No hay duda alguna de que se diferenciaban temperamentalmente y serían innumerables los ejemplos por relatar para marcar sus distinciones caracterológicas particulares…A pesar de ello se comprendieron, se respetaron y se admiraron mutuamente. Los dos sabían que luchaban por la misma causa: la libertad de América y los derechos republicanos del hombre. Los dos deberían constituir el basamento de la verdadera y sólida unidad latinoamericana”37 CONCLUSIÓN Estos años en que iniciamos la celebración del proceso de independencia de nuestras repúblicas, son propicios para resaltar la figura de San Martín, militar valiente y brillante estratega, quien decidió regresar a su América natal para luchar contra el dominio de una monarquía decadente, acometió con el Plan Continental que liberaría Chile e invadiría el corazón del poder español en Lima, y se retiró modestamente para dar paso a la unión del ejército que él comandaba con el de Colombia, acelerando así, el fin de la guerra de Independencia del Perú y la libertad de toda Suramérica.
37 RENE FAVALORO, ¿Conoce usted a San Martín?, Buenos Aires 2009, pág. 190-191.

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El retiro de San Martín de la guerra peruana y de la Independencia de América se produce no solo como consecuencia de la entrevista con Bolívar. Antes de eso, su figura política en Perú se había debilitado por las equivocadas acciones del ministro Monteagudo, también estaba menoscabado su liderazgo militar por el rompimiento con el comandante de la Escuadra chilena y el descontento de oficiales del ejército por la cautelosa estrategia seguida por el patriota argentino. La anexión realzada por Bolívar de Guayaquil a Colombia y la negativa del Libertador de comprometer el grueso de su ejército con la guerra en el Perú, complicaron más la perspectiva militar y política de San Martín, por lo tomó la difícil decisión de renunciar al mando peruano.

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VIDA ACADÉMICA

HOMENAJE DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA A CINCO GRANDES HISTORIADORES: CELIANO MONGE NAVARRETE, MANUEL DE GUzMÁN POLANCO, ALFREDO PAREJA DIEzCANSECO, PLUTARCO NARANJO VARGAS Y JORGE SALVADOR LARA Juan Cordero Íñiguez

INTRODUCCIÓN La Academia Nacional de Historia, una institución respetable, con 101 años de vida, creada por monseñor Federico González Suárez para fomentar las investigaciones históricas en todo el país, con solo un gran objetivo: llegar a la esquiva y multifacética verdad de los hechos, continúa, en la iniciación de su segundo siglo de existencia, en esta difícil pero cívica tarea, para lo cual se motivará e incentivará la actividad rigurosamente científica, respaldando la investigación en fuentes primarias y poniendo al alcance de los ecuatorianos una copiosa bibliografía especializada y actualizada. De estos dos campos estamos preocupados y por ello se está trabajando en un reglamento de ayudadas económicas para quienes presenten proyectos debidamente sustentados y se incorporen a la redacción de la Manga Historia General de los Ecuatorianos y Ecuatorianas, un proyecto que pronto lo daremos a conocer1. También se está trabajando asiduamente para enriquecer la Biblioteca Jacinto Jijón y Caamaño, y ha sido un paso de gran trascendencia la adquisición de la sección histórica de la biblioteca de quien fuera uno de los grandes intelectuales y científicos ecuatorianos, el Dr. Luis A. León.2 También es tarea primordial de nuestra Institución, recordar a los ecuatorianos los grandes acontecimientos del pasado y por ello, la
1 A partir de un proyecto de Reglamento preparado por el Académico Enrique Ayala Mora, se están haciendo los reajustes para aprobarlo y ponerlo en vigencia. 2 Debo destacar el empeño que pone en mejorar la Biblioteca, bajo todos los aspectos, el académico Enrique Muñoz Larrea. En cuanto a la Biblioteca del Dr. León, son alrededor de 5.000 títulos, donde se destaca la colección de crónicas, los que se están procesando para servir a los lectores e investigadores.

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Academia misma y varios de sus miembros han contribuido últimamente con sendas publicaciones en torno al proceso independentista, cuyo bicentenario se está conmemorando en estos años. Partimos de la reedición de una obra de Camilo Destruge, titulado Controversia Histórica sobre la iniciativa de la Independencia Americana, escrito en torno a Chuquisaca, La Paz y Quito en 1809, hecha por el académico guayaquileño Melvin Hoyos; seguimos con La Patria Heroica, de Jorge Salvador Lara, Cuenca y el Diez de Agosto de 1809 de quien les habla y Quito Luz de América, de Manuel de Guzmán Polanco. Hemos dedicado tres números de nuestro Boletín, con artículos y ensayos de varios académicos en torno de este trascendental acontecimiento y otro Boletín más, en número especial, el 183, exclusivamente dedicado a rendir un Homenaje de la Academia Nacional de Historia a los Próceres sacrificados el Dos de Agosto de 18103. Otras contribuciones de académicos están en Actores y Procesos de la Revolución Quiteña, obra poligráfica de Multimedios 106.9 publicada por FONSAL, con ensayos de varios miembros de nuestra Institución; en la Historia del Acta de la Independencia, del académico Gustavo Pérez Ramírez, también editada por FONSAL. Sendos libros sobre la Independencia y las mujeres en el proceso revolucionario, lo han escrito Jorge Núñez Sánchez y Jenny Londoño López, Académico de Número el primero y Correspondiente la segunda. Con estos trabajos, y con otros más se ha continuado la tarea de realzar, ante la faz pública, los acontecimientos históricos de nuestra Patria, como ha sido tradicional en su centuria de existencia. Es, en fin, tarea gratísima de la Academia, exaltar a quienes han contribuido con estudios substanciales para el mejor conocimiento de nuestro fecundo pasado y más, si están ligados a nuestra Institución. Y al revisar sus obras, he constatando que todos los homenajeados en el día de hoy, se han preocupado del movimiento revolucionario del Diez de Agosto, en su visión global: antecedentes, desarrollo y consecuencias. De manera que, la organización de varios eventos programados para conmemorar la muerte heroica de nuestros primeros próceres, ocurrida el 2 de agosto de 1810, tiene como un número brillante el reconocimiento de los aportes de estos cinco grandes historiadores ecuatorianos.

3 La dirección del Boletín está a cargo de Hernán Rodríguez Castelo y el número especial, circuló ya exactamente el 2 de agosto, gracias a su capacidad de trabajo, su disciplina y empeño.

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NOMINACIÓN DEL AUDITORIO En el acto de hoy partimos de la oficialización del nombre de este auditorio, que desde hoy se llamará Manuel de Guzmán Polanco. Doy así cumplimiento al mandato del Directorio que, por unanimidad y con plena complacencia, lo decidió en una de sus primeras sesiones del presente año. Manuelito, como lo llamábamos con afecto, después de cumplir una fructífera labor en pro del país en muchos de los campos del quehacer humano, se integró al eterno reino de Dios el 25 de diciembre del año pasado. Durante los últimos ocho años de su vida, su principal preocupación se centró en la Academia Nacional de Historia, buscando el incremento de su presupuesto, con el gran apoyo del Ministerio de Educación; la ocupación de un edificio amplio y digno, obtenido en comodato en la alcaldía del académico Paco Moncayo Gallegos; la reapertura de la Biblioteca Jacinto Jijón y Caamaño; el apoyo a los investigadores; y, el mantenimiento de la periodicidad del Boletín, que llegó en su administración al número 180. Además, ocupó su tiempo en preparar y publicar parte de sus propias investigaciones, dentro de las cuales está el citado libro Quito, Luz de América, que tiene un capítulo sobre Camilo Henríquez, redactado por Jorge Núñez Sánchez, nuestro flamante premio Eugenio Espejo, a quien, con una justificada digresión, le felicitamos personal e institucionalmente, por tan acertada decisión del gobierno ecuatoriano.Hemos ampliado la capacidad del auditorio y desde hoy, de manera oficial, convocará a los actos culturales más relevantes, tanto de la Academia como de diversas instituciones culturales que requieran de este espacio orgullosamente denominado Manuel de Guzmán Polanco. Nuestra intención es que sea una cátedra abierta para todos los investigadores de la Historia que con libertad puedan exponer sobre sus trabajos, con solo la sujeción a la indispensable rigurosidad científica y al respeto a los diversos criterios que se puedan exponer sobre un mismo tema. En nuestra dirección hemos abierto sus puertas a la presentación de libros como los del Dr. Moisés Arteaga Lozano, del Arq. Fernando Albornoz Bueno y del académico guayaquileño Xavier Garaicoa Ortiz. Hemos incorporado en este auditorio a los académicos correspondientes extranjeros, los españoles Carmen Ruigómez Gómez y Luis Ramos Gómez, quienes convirtieron en un libro sus discursos de rigor

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y lo titularon Echando cuentas en las cajas de Quito, un estudio sobre un aspecto de la economía quiteña en el siglo XVIII. Ha sido también un buen espacio para acoger a quienes le recordaron con afecto a Jorge Luna Yépez, en el primer centenario de su nacimiento. Ha disertado aquí John Sanbrailo sobre las relaciones de Estados Unidos con el Ecuador. Se ha iniciado aquí un programa sobre la Historia del Ecuador con el Colegio de Periodistas del Pichincha y fue también un honor, tenerle en esta tribuna a la historiadora portuguesa Alexandra Pelúcia quien disertó sobre la expansión lusitana en los siglos XV al XVIII; en fin, la difusión de un software de uso gratuito para bibliotecas, hace unos pocos días, fue la última de las actividades cumplida en este lugar. El ilustre nombre de Manuel de Guzmán Polanco vaticina el bueno y constante uso de este pequeño pero acogedor auditorio para el ejercicio intelectual de nuestros conciudadanos. En estas paredes, hoy desnudas, pronto estarán los retratos de historiadores representativos de diversos lugares de la Patria para constituirse en una galería de homenaje a quienes dedicaron su vida, personal e institucionalmente, a la siempre grata tarea de investigar y dar a conocer la profunda historia de nuestro querido Ecuador. LOS RETRATOS DE CUATRO HISTORIADORES La segunda intención de esta convocatoria es descubrir –develar dicen algunos- cuatro retratos que lucirán en la sala de sesiones y en los ambientes interiores de la Academia: Alfredo Pareja Diezcanseco, Celiano Monge Navarrete, Plutarco Naranjo Vargas y Jorge Salvador Lara. ALFREDO PAREJA DIEzCANSECO. GRANDE EN LA LITERATURA, EN LA HISTORIA Y EN LA VIDA. (1908-1993) Comencemos por Alfredo Pareja Diezcanseco, el guayaquileño multifacético que igual sobresalió en el relato y en la investigación de nuestra historia. Pareja es uno de los grandes intelectuales ecuatorianos de todos los tiempos. Recordemos algo de su trayectoria: comenzó como novelista, calificado por Isaac J. Barrera, como el mejor de su generación; siguió en este género y en el relato corto hasta el final de su vida, llegando a producir quince obras; también escribió ensayos, crítica, periodismo, inclusive participó en la fundación de un diario; pero le entusiasmó la novela histórica, produciendo obras que hoy son clásicas en su género, como Vida

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y Leyenda de Miguel de Santiago, donde la recreación del ambiente colonial del siglo XVII es magistral. Dentro de este mismo género está La Hoguera Bárbara, un episodio trágico que parece un capítulo especial del realismo mágico de nuestra América, con exaltación de Eloy Alfaro, el Viejo Luchador que impulsó e implantó la revolución liberal finisecular, tan trascendente en nuestra historia. Sus propias experiencias políticas están en Hombres sin tiempo. Y dentro de nuestro estricto campo académico de la historia, lo más notable de él es su amplia producción bibliográfica, quizá opacada por su mayor relevancia, establecida por la crítica, en el campo de la literatura. Y lo bueno es que están escritos con gusto literario, lo que hace más placentera su lectura. He aquí algunos de sus títulos: Breve Historia del Ecuador (1946), Historia del Ecuador (1954), La lucha por la Democracia en el Ecuador, (1956), El Ecuador de Eloy Alfaro (1964), Historia de la República del Ecuador de 1830 a 1972 (1974), Las instituciones y la administración de la Real Audiencia de Quito (1975), Ecuador: de la prehistoria a la conquista española (1978), Ecuador: la República. De 1830 a nuestros días. De todas ellos su Historia del Ecuador, una gran síntesis, en tres volúmenes, de los principales acontecimientos de nuestro pasado, ha tenido varias ediciones, desde la primera de 1954. Por estas y otras contribuciones, fue incorporado a la Academia Nacional de Historia en 1989, en calidad de Miembro de Número. Alfredo Pareja Diezcanseco ha tenido una vida azarosa en sus años juveniles, con participaciones políticas que le llevaron al destierro, pero que también le ubicaron en la legislatura y en legaciones diplomáticas. Al final de su existencia, una cosecha de reconocimientos, de condecoraciones y de membrecías de instituciones de alto prestigio fueron un colofón digno de un ilustre y extraordinario ecuatoriano. Agradezco a nombre de nuestra Institución a sus familiares más cercanos por estar presentes en este acto de recordación y de afecto para este gran personaje, particularmente a su hijo economista Jorge Pareja Cucalón, a quien le pido que, en compañía de nuestro Subdirector, descubra el retrato de su padre. Al terminar el acto lo colocaremos en el sitio de honor que le hemos señalado, junto a los retratos de dos grandes historiadores generales del Ecuador, el padre Juan de Velasco y el Dr. Pedro Fermín Cevallos.

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CELIANO MONGE NAVARRETE, “EL GRAN CELIANO”, quien fuera tercer Director de la Academia no tenía un buen retrato en la Sala Mayor de Sesiones, como tampoco lo tenían Jorge Salvador Lara y Plutarco Naranjo Vargas. Hubo la oportunidad de contratar a un excelente retratista, el artista Angeloni Tapia, cuyos méritos no los voy a ponderar, porque estarán a la vista cuando descubramos sus obras. Con estos retratos se completa la galería de los diez Directores que ha tenido la Academia desde 1909 hasta el 2009. El más difícil de ejecutarlo, nos ha dicho Angeloni, fue el de Celiano, pues debió partir solo de fotografías. En los otros casos, el artista pudo verlos, conversar y extraer los detalles de la composición de la obra, en sus despachos y en pleno trabajo, pues Jorge y Plutarco siguen incansables en el cumplimiento de sus obligaciones profesionales y en la redacción de sus obras. A Celiano, el Gran Celiano como lo llaman sus coterráneos ambateños, le debemos los cuencanos un singular obsequio: en 1915 hizo llegar al Municipio, presidido por Alfonso Cordero Palacios, un excepcional documento, pues se trata del proceso iniciado el 3 de noviembre de 1820 y concluido, con un Plan de Gobierno, aprobado por una convención presidida por José María Vázquez de Noboa el 15 de noviembre del mismo año, que no es otra cosa que la Constitución Política de la República de Cuenca. Celiano lo descubrió en un archivo privado y generosamente lo remitió a quienes eran sus legítimos dueños. Pero es toda la Patria la que debe recordarle con afecto por lo mucho que aportó para conocer mejor el proceso revolucionario de liberación política, que ahora estamos conmemorando. Cito sólo algunas de sus colaboraciones para el Boletín de la Academia: Pro Patria, El capitán Juan de Salinas; doña Rosa Zárate fue quiteña; Episodios de la Independencia; El primer combate de Huachi; Abogado y Prócer, el Dr. Francisco Xavier Salazar… Hombre de altas cualidades, sus talentos fueron reconocidos y aprovechados por Juan Montalvo y por El Viejo Luchador, quienes contaron con su colaboración. Fundó revistas y participó en otras, fue cofundador del Diario El Comercio, en 1906, primer Cronista Vitalicio de Ambato, consejero de Estado, diputado, y maestro en la cátedra y en la vida. Nuestro Académico Franklin Barriga López, en la Historia de la Academia dice: “Su vida la consagró al trabajo, a la meditación, a la investigación substanciosa y plena. Espíritu de una seriedad marcadísima, cuya silueta viene hasta hoy haciéndonos recordar al hombre que toma

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Celiano Monge Navarrete

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real conciencia de la misión que tiene que cumplir, de los pasos que debe dar para mejor seguir la senda que ha elegido.”4 Y a su vez, otro gran académico, J. Roberto Páez nos recuerda que Celiano fue “Gran investigador del pasado; abnegado compulsador de documentos; infatigable escudriñador de datos y fechas;…Tuvo el culto de nuestros héroes y la dedicación necesaria para hacer resaltar cuánto sirviera para elevar su nombre y acrecentar su fama. Pocos como él han amado a nuestros próceres y se han empeñado tanto en dar a luz cuánto concurriera a engrandecerlos…”5 Pido, como en el caso anterior, acercarse a este estrado, a uno de sus familiares para descubrir con nuestro Tesorero el excelente retrato de Celiano. PLUTARCO NARANJO VARGAS: UNA VIDA ABNEGADA, GENEROSA, FECUNDA. Profesional, investigador, historiador, intelectual y ocasionalmente político. Es excepcional en todas sus facetas. Un paradigma de su provincia natal Tungurahua y de nuestro querido Ecuador. La Academia Nacional de la Historia le cuenta como a su Director de Honor, y en sesión unánime del Directorio ha decidido rendirle un cálido homenaje, no solo por haber dirigido la Institución, sino porque se trata de uno de los más ilustres ecuatorianos, que con envidiable vitalidad ha mantenido una abnegada vida, junto a su gran colaboradora y compañera la doctora Enriqueta Banda, siempre pensando en función social y cultural, con fecundas actividades en los campos que ha incursionado y todo con una laudable generosidad, propia de su alma noble. Debo confesar que quedé sorprendido, sobre todo por su copiosa bibliografía, recogida pacientemente por Wilson Vega y Vega: nada menos que 353 títulos, entre libros unitarios o poligráficos y artículos. Le admiré más al leer algunos artículos biográficos que irán en un libro que estamos preparando para rendirle un merecido homenaje. Uno de los redactores es el ex presidente de la República, el doctor Rodrigo Borja Cevallos, quien contó con su participación en el ministerio de Salud durante toda su administración. Coincidimos con su apreciación al decir
4 Barriga López, Franklin, Historia de la Academia Nacional de Historia, Editorial El Conejo, Quito, 2009, p. 394. 5 Páez, Roberto J. Fragmento de un discurso citado por Franklin Barriga López en la obra antes mencionada.

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que no ha conocido hombre de mayor capacidad de trabajo y que se trata de una persona extraordinaria, fuera de lo común. Edgar Samaniego Rojas le muestra en su faceta de farmacólogo, enseñando en la Universidad Central, investigando en el laboratorio, aplicando sus descubrimientos en la industria farmacéutica y dándonos a conocer sus aportaciones en la publicación de ciento treinta y cinco artículos y libros sobre el tema. Junto a Eduardo Estrella, a Luis A. León, a Misael Acosta, entre unos pocos más, Plutarco Naranjo ha enriquecido el conocimiento de la etnobotánica y de la medicina aborigen. A Plutarco se le mira también como un elocuente montalvista, cuya valoración, así como la de Espejo, ha sido preocupación de toda su vida, expresada en varias publicaciones. Dice Jorge Núñez, otro de los articulistas: “Nos ha enseñado a leer nuevamente a Montalvo, a leerlo con sentido crítico, desde nuestro tiempo y nuestro espacio…” Germán Rodas le presenta en su temprana militancia socialista, apasionado por las reivindicaciones sociales, pero distante de los extremismos. Sigue su trayectoria desde los años juveniles, su participación en el nacimiento de la Federación de Estudiantes Universitarios, en los congresos del partido, en la redacción de un ideario que lo tituló La Doctrina Socialista y de otro libro que lo llamó La Primera Internacional, convirtiéndose, en la trayectoria de su vida, de militante y activista, en un pensador político de avanzada. Gustavo Pérez Ramírez, enfoca una de sus grandes cualidades, de la que podemos también dar testimonio muchas personas: como un generoso amigo, sí, haciendo hincapié en las dos palabras: generosidad y amistad. Rodrigo Fierro, con su conocida erudición, enfoca ampliamente una de sus claras y permanentes vocaciones, la del investigador científico, objetivo y preciso. Muestra su trayectoria a partir de su vinculación con la empresa LIFE, donde surgieron medicamentos para curar las alergias, enfermedad de la que Plutarco es el mayor especialista en el Ecuador; un sustitutivo del plasma sanguíneo, una penicilina de liberación lenta, nuevas vitaminas…Le sigue en la Universidad del Valle, en Colombia, laborando por tres años, con una autoridad científica y humana reconocida por todos. Nos informa de un logro excepcional para un ecuatoriano o latinoamericano, ser becado para hacer investigaciones en los Estados Unidos, lo que visto por el fanatismo de los dirigentes universitarios de Quito, fue motivo de una injusta censura. Superando ese tropiezo, con la majestad de un hombre de bien, nos muestra como

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siguió con la frente en alto y avanzó muy lejos, hasta ser uno de los mayores científicos que haya tenido el Ecuador. En la misma orientación están Fausto Palacios Gavilanes y Juan Francisco Torres. Este último comenta: “Plutarco Naranjo ha guardado la virtud de la humildad, lo que le ha permitido dialogar con la gente pobre de nuestra sociedad, humildad que le ha facultado vivir con dignidad, con honestidad a toda prueba, dignidad que le ha hecho orgulloso de sus ancestros, de sus raíces, de su tierra.”6 Plutarco pasa por momentos difíciles pues soporta una grave enfermedad, pero mantiene su verticalidad de hombre de bien y sigue en su infatigable trabajo. Como que nada le pasa, siente el mal para sus adentros, pero acude al llamado de sus amigos y admiradores para presentar libros suyos, de otros autores, a nuevos académicos o recibir justos homenajes. Su energía vital supera las adversidades y más allá del dolor, sigue atendiendo a sus pacientes, sigue llevando adelante sus inquietudes, sigue siendo un Maestro, cuya mejor enseñanza es el testimonio de su vida. ¡Qué inmensa su obra científica! ¡Qué fortaleza para el trabajo! ¡Qué disciplina! ¡Qué pasión por la Patria y por los más altos representantes de su libertad! ¡Que bello y tierno su amor por su compañera desde las aulas universitarias! ¡Qué dignidad y verticalidad frente a una grave enfermedad! Hoy la Academia descubrirá su retrato que irá en la Sala de Presidentes. Queremos que sea el mismo Plutarco, con su esposa y el Bibliotecario quienes quiten el velo que cubre este excelente óleo. Continuarán los aplausos para este hombre, paradigma de los ecuatorianos, en esta misma semana, cuando pongamos en circulación el primer volumen de la Colección Académicos, dedicado a Plutarco y para cuyo acto, a cumplirse en este mismo auditorio el jueves 19 de agosto, invito cordialmente a tan distinguido y selecto público. Unas palabras más, muy íntimas y personales para Plutarco: muchas gracias, muchísimas gracias de corazón por haberme candidatizado para asumir la Dirección de la Academia, lo que me honra sobremanera. Espero acercarme, por lo menos un poco, a la excelencia suya, Plutarco, y a la de todos mis predecesores.
6 Estas citas corresponden a la presentación y a algunos de los artículos que constan en el libro que la Academia dedicara a Plutarco Naranjo Vargas, ya en circulación.

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JORGE SALVADOR LARA, EL HISTORIADOR MÁS UNIVERSAL DE LA ECUATORIANIDAD, para mi gran amigo, que ama a Cuenca de corazón y que me permitió colaborar con él en la preparación de las Obras Completas de Alfonso Moreno Mora, uno de los mayores poetas morlacos –abuelo de mi esposa– quiero expresarle por esta y otras deferencias, una profunda gratitud. Con Jorge iniciamos, a comienzos del 2009, los homenajes que se merece Quito en la recordación del bicentenario del proceso independentista. La Patria Heroica, de su autoría y Cuenca y el Diez de Agosto de 1809, de la mía, en ediciones de calidad, gracias al auspicio de la Universidad Alfredo Pérez Guerrero, están entre las primeras obras que circularon, dentro de la ya copiosa bibliografía que se ha editado por este magno acontecimiento. Con Jorge compartimos el honor de ser cronistas de nuestras respectivas ciudades; con Jorge hemos incursionado ocasionalmente en política en secretarías de Estado y en la legislatura y lo hemos hecho con total sentido cívico; en fin, con Jorge sentimos una especial predilección por el conocimiento y la valoración de las culturas aborígenes de nuestro país, así como por la pasión por formar amplias bibliotecas personales. En esta oportunidad, la Academia coloca su retrato en nuestra Sala de Honor, como un acto más de reconocimiento de la amplísima labor cumplida en beneficio de la Patria, a lo largo de su dilatada vida cultural y política y particularmente por todo lo que ha hecho por la Academia tanto en calidad de Director a lo largo de veinte años, como de miembro de la misma. Reciba, pues, Jorge, nuestro sincero aplauso y profundo agradecimiento. Quiero solo destacar que es el historiador que más ha contribuido con sus artículos y ensayos para nuestro Boletín, pues contamos, desde 1926 hasta la actualidad la suma de 120 aportes, como se puede constatar en el Catálogo Analítico de los Boletines7 que entró en circulación con motivo de nuestro primer centenario institucional. Es también Jorge, el Académico que más ha presentado en discursos públicos a miembros que han ingresado a la Institución, lo que nos ha llevado a hacer una recopilación de los mismos que se publicará en dos volúmenes, dentro de la Colección Académicos, como un homenaje más a nuestro querido Director Vitalicio de Honor.
7 Academia Nacional de Historia. Cien años. Catálogo analítico de sus Boletines, Quito, Academia Nacional de Historia, 2009.

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Es inmensa la gama de temas históricos que ha estudiado Jorge, convirtiéndose en el historiador más universal de todos los ecuatorianos. Sus trabajos arrancan desde el poblamiento más antiguo y el estudio de los fósiles humanos que han quedado como testimonio de ello, avanzan por la revisión de los rasgos culturales de muchos de nuestros pueblos ancestrales, se encaminan hacia la historia del Incario, para llegar al período hispánico, a partir de una Biografía Apasionada de Isabel La Católica, con análisis profundos y visiones equilibradas y propias sobre el peso real de la cultura hispánica, hasta llegar a las luchas revolucionarias por la independencia y al desarrollo de nuestra tormentosa vida republicana, con enfoques no solo de los aspectos políticos sino también sociales, económicos y culturales. A más de lo expuesto, quiero resaltar la gran síntesis de todo nuestro pasado hecha bajo su dirección científica titulada Historia del Ecuador, editada por Salvat en ocho elegantes volúmenes, así como la dirección y la coautoría de la Historia de la Iglesia Católica ya con varios volúmenes publicados y otros en edición. Con ello se podría decir que Jorge es hoy el Gran Historiador Ecuatoriano, un Doctor en Ecuatorianidad, como se le calificó en otros tiempos a Pío Jaramillo Alvarado. Ojalá siga con la energía vital que le ha hecho trabajar como pocos hombres por la grandeza de nuestro querido país. Adentrándome un poco más en su intensa vida, debo resaltar su vinculación con la Pontificia Universidad Católica del Ecuador desde su fundación, pues ostenta la primera matrícula en 1946 en la facultad de Jurisprudencia, a la que luego sirvió como profesor y autoridad, hasta cuando decidió jubilarse. Entonces surgió un gesto espontáneo de sus ex alumnos y compañeros, quienes en el 2001 publicaron el Libro de Amigos, una voluminosa obra de más de un millar de páginas, donde se pueden conocer muchas facetas de su vida, obras suyas y una amplísima bibliografía, que hay que actualizarla al 2010. A más de lo dicho en páginas anteriores, también debo resaltar en desempeño del Ministerio de Relaciones Exteriores por dos ocasiones, la representación del Ecuador en El Vaticano, la Presidencia del Instituto Panamericano de Historia y Geografía y últimamente la Presidencia de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, entre otras dignidades que ha ostentado. Jorge guarda cuidadosamente, en varios volúmenes las memorias de sus numerosos viajes, muchos de ellos en representación del País,

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algunos ilustrados con fotos y postales; lo mismo pasa con la colección de sus artículos periodísticos, que son muchísimos, publicados, sobre todo, en El Comercio, El Telégrafo, El Universo y El Tiempo. Los he podido ver en su Biblioteca –Archivo–Museo– que ha invadido todos los ambientes de su acogedora casa y que Jorge se complace en mostrar y explicar a sus amigos, incluyendo breves referencias a los retratos de sus ancestros y de sus personajes admirados. Jorge ha recibido las máximas condecoraciones ecuatorianas, incluyendo el Premio Eugenio Espejo, así como altas distinciones de varios países hispanoamericanos, de España, Italia, Israel y El Vaticano. También se ha incorporado a muchas Academias de nuestro continente y de España, es miembro de numerosas instituciones culturales y ha recibido un reconocimiento especial de la UNESCO. Siguiendo los lineamientos de nuestro fundador, Jorge ha tenido como norte de su vida amar y servir a Dios y a la Patria, siempre en defensa de la verdad, aunque ello le haya llevado en algunas ocasiones a mantener polémicas de altura, como la que ocurrió hace cincuenta años, con motivo de la publicación de un libro sobre el Diez de Agosto, escrito por Manuel María Borrero. Con Teresita, su amada esposa, que ha sido en gran parte coautora espiritual de su inmensa obra, queremos quitar el velo de este retrato que la Academia mandó a confeccionar para que honre nuestra Galería de Presidentes. CONCLUSIÓN La Academia, por medio de su Directorio, planifica muchas actividades dentro de su campo de acción, siendo la mayor la preparación de una obra voluminosa que enfoque nuestra dilatada historia de quince mil años, desde la presencia de cazadores especializados hasta llegar a la actualidad, con enfoques de lo político, lo económico, lo social, lo ideológico, lo cultural, y lo cotidiano y con una visión integradora de todos los pueblos distribuidos en nuestra compleja y rica geografía patria. El interés final es que se conozca mejor lo que hemos sido, con una visión que parta del quehacer colectivo, para llegar a enraizar más un sentimiento cívico de amor, valoración y respeto al Ecuador, una sola nación, que abarque a todos los ecuatorianos, más allá de las nacionalidades étnicas, que hay que respetarlas y valorarlas, pero que sea una

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obra que realmente sume los aportes de todos sus niveles humanos, desde los más remotos hasta los actuales y que nos ha convertido en un pueblo esencialmente mestizo, cultural y étnicamente, lleno de grandezas por la labor de sus hijos. Difícil es cumplir con esta ardua tarea, que la estamos diseñando con calma para poner a consideración de todos los académicos y de la ciudadanía. Esperamos que el prospecto esté listo en unos pocos meses y será necesaria la suma de muchas voluntades para culminar la obra, prevista en más de cuarenta volúmenes. Será el gran proyecto de la Academia en la iniciación de su segundo siglo de existencia y anhelamos que se ejecute en el siguiente lustro. Desde ahora, comprometemos a todos los ecuatorianos de buena voluntad, que los hay, para sumarse a este grandioso proyecto. Señoras y Señores.
Quito, 16 de agosto de 2010

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DIRECTORIO DE MIEMBROS DE LA ANH

ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA INDIVIDUOS DE NUMERO, A DICIEMBRE DE 2010

DIRECTORIO 1.- DR. JUAN CORDERO ÍÑIGUEZ–DIRECTOR 6 de Diciembre N 21-217 y Roca–Quito E-mail: ahistoriaecuador@hotmail.com Museo de las Culturas Aborígenes–Cuenca Calle Larga 524 entre Hno. Miguel y Mariano Cueva E-mail: juancordero@hotmail.com Fecha de Incorporación: Enero 23/2002.- Sillón 20.Tema del Discurso:“Nombres y Sobrenombres de Cuenca”. Le dio la bienvenida el Dr. Manuel de Guzmán Polanco. 2.- FRAY AGUSTIN MORENO PROAÑO, ofm.–SUBDIRECTOR Convento de San Francisco–Quito Fecha de Incorporación: Enero 25/1979.- Sillón 2.Tema del Discurso: “Patria y Estirpe de Fray Jodoco Rique”. Le dio la bienvenida el Dr. Jorge Salvador Lara 3.- HNO. EDUARDO MUÑOZ BORRERO–SECRETARIO Santuario Hno. Miguel – Ave. Antonio José de Sucre y Tte. Hugo Ortiz–Quito Fecha de Incorporación: Febrero 28/1991.- Sillón 11.Tema del Discurso: “La Influencia de la revolución Francesa en la Independencia de Hispanoamérica” . Le dio la bienvenida el Dr.Jorge Villalba Freire, s.j. 4.- SR. ENRIQUE MUÑOZ LARREA BIBLIOTECARIO–ARCHIVERO Edificio Tulipán, 2º. Piso Fco. Andrade Marín 360 y Eloy Alfaro, Quito E-mail: vientos4@uio.satnet.net Fecha de Incorporación: Junio 3/2005. - Sillón 28.Tema del Discurso:“Semblanza del Tte. Gral. Ing. Don Fco. Requena y Herrera”. Le dio la bienvenida el Hno. de las EE.CC. Eduardo Muñoz. 092-372665 2907-433 07-2839-181

2281-124 2281-613

2660-365

2509-942 099-576358

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5.- LCDO. HERNAN RODRIGUEZ CASTELO JEFE DE PUBLICACIONES Bolívar 705 y Batallas–Alangasí Edif.. Torres de Iñaquito, Torre C. Depto. 1202 – Quito E-mail: sigridrodriguezc@yahoo.com Fecha de Incorporación: Junio 12/2001.- Sillón 18.Tema del Discurso:“El Admirable Siglo XVIII de la Literatura Quiteña”. Le dio la bienvenida el Hno. Eduardo Muñoz Borrero. 6.- DR. JORGE NÚÑEZ SÁNCHEZ–TESORERO Alonso de Torres 278 y James Colnet Edif. Monte Doral Ph 2, piso 10.Sector El Bosque Email: jorgenez47@yahoo.es / jorgenu@andinanet.net Fecha de Incorporación: Julio 12/2001.- Sillón 19.Tema del Discurso:“La Corrupción en el Ecuador Colonial”.- Le dio la bienvenida el Dr. Plutarco Naranjo. 7.- Dr. JUAN JOSÉ PAZ Y MIÑO–RELACIONES PÚBLICAS El Día N 37 215 y El Telégrafo–Quito E-mail: juan@pazymino.com Fecha de Incorporación: Marzo 14/2007.- Sillón 5.Tema del Discurso. “La historia inmediata del Ecuador y la deuda histórica con la sociedad ecuatoriana”. Le dio la Bienvenida el Dr. Jorge Núñez Sánchez

(casa) 2788-112

098-347433 2265899

095-026475 6035-651

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8.- DR. JORGE SALVADOR LARA Guarderas 434 – (Urb. La Concepción)–Quito E-mail: jorsalla@andinanet.net Fecha de Incorporación: Julio 27/1967.- Sillón 1.Tema del Discurso: “Los Restos Humanos más Antiguos del Ecuador”. Le dio la bienvenida Don Carlos Manuel Larrea. 9.- PADRE DR. JORGE VILLALBA FREILE Residencia Universidad Católica–Quito E-mail: jvillalbaf@puce.edu.ec Fecha de Incorporación: Marzo 28/1980.- Sillón 3.Tema del Discurso: “José Joaquín de Olmedo en 1830 a través de sus Cartas”. Le dio la bienvenida Fr. Agustín Moreno. 2469-604 (0f) 2509-471

2237-940 2509-686

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10.- PROF. ROBERTO MORALES 06-2640-335 Diario La Verdad FAX 06-2640-194 Flores 542 entre Sucre y Rocafuerte–Ibarra E-mail: diariolaverdad@andinanet.net Fecha de Incorporación: Stbre. 28/2006.- Sillón 4.Tema del Discurso:“Los aportes del Crn el. Teodoro Gómez de la Torre al devenir Histórico del Norte del País”. Le dio la Bienvenida Fray Agustín Moreno, ofm. 11.- DR. MIGUEL DIAZ CUEVA Calle Luis Cordero No. 1754–Cuenca E-mail: mdiazcueva@hotmail.com Fecha de Incorporación: Diciembre 17/1986.- Sillón 7.Tema del Discurso: “La Lápida de Tarqui”. Le dio la bienvenida Fray Agustín Moreno Proaño, ofm. 12.- DR. PLUTARCO NARANJO VARGAS 12 de Octubre 2206 y Colón Casilla 17-7-8884–Quito E-mail: naranjo@lenguaje.com Fecha de Incorporación: Julio 27/1989.- Sillón 8.Tema del Discurso: “Colón, Pizarro y las Especias”.Le dio la bienvenida el Dr. Luis Bossano. 13.- DRA. JENNY ESTRADA Chile 3312 y Vacas Galindo, 2º. Piso E-mail: jennye@gye.satnet.net–Guayaquil Fecha de Incorporación: Dcbre. 8/2006.- Sillón 9.Tema del Discurso: “Segunda Guerra Mundial, Lista Negra en Ecuador”. Le dio la bienvenida el Dr. Benjamín Rosales V. 14.- DR. JUAN FREILE GRANIZO Edificio Espro – 0f. 202 Alpallana 505 y Whymper – Quito Fecha de Incorporación: Junio 30/1990.- Sillón 10.Tema del Discurso:“La Vida Cotidiana de Quito a finales del Siglo XVIII: el Testamento de Catalina Aldás, madre del Precursor Espejo”. Le dio la bienvenida el Dr. Carlos de la Torre Reyes. 15.- DR. ALFONSO ANDA AGUIRRE Vargas 1040 y Oriente (Edificio Zaldumbide)–Quito Fecha de Incorporación: Mayo 26/1999.- Sillón 13.Tema del Discurso: “La Federación Lojana y la Ley 07-2831-917 fax 07-2832-695

2508-479 2236-590 096-073321

Telefax 04-2343-216 092-208616

2333-478 recado 2506-923

2251-064

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de Descentralización del Estado”. Le dio la bienvenida el Hno. Eduardo Muñoz Borrero, o.f.c. 16.- DR. CARLOS FREILE GRANIZO Bermejo N39-128 y Av. de los Granados, PB–Quito Apartado l7-22-20195 - E-Mail: cfreile@lahora.com.ec Fecha de Incorporación: Junio 24/1999.- Sillón 14.Tema del Discurso: “La Visión de Manuela Espejo sobre su hermano Eugenio, en el Juicio que por la muerte que éste siguió contra el Presidente Luis Muñoz de Guzmán” . Le dio la bienvenida: el Padre Jorge Villalba. Telf. 239 1510/511 098-300700

17.- DR. FERNANDO JURADO NOBOA (de 8 a 9 am) 2920-763 Edificio Torres de Iñaquito –Torre A Of. 901 (Altos CCNNU)–Quito fernandojurado49@hotmail.com Fecha de Incorporación: Diciembre 21/1999.- Sillón 15.Tema del Discurso: “Actitud ante la Muerte de los Grandes Ecuatorianos”. Le dio la bienvenida el Dr. Manuel de Guzmán Polanco. 18.- DRA. ISABEL ROBALINO BOLLE Rocafuerte 1477 y Venezuela–Quito E-mail: isabelrobalino87@hotmail.com Fecha de Incorporación: Mayo 4/2000.- Sillón 16.Tema del Discurso: “Luis Robalino Dávila: Capítulos de un Ensayo de Biografía”. Le dio la bienvenida el Dr. Jorge Salvador Lara. 19.- LCDO. FRANCISCO SALAZAR ALVARADO Manuel Sotomayor 245–Quito E-mail: francisco_salazaralvarado@yahoo.com Fecha de Incorporación: Febrero 17/2001.- Sillón 17.Tema del Discurso: “La Vida y el Pensamiento del Gral. Francisco Javier Salazar Arboleda”. Le dio la bienvenida el Dr. Carlos Freile Granizo. 20.- DR. P. JULIAN BRAVO S.J. Nogales 220 y Fco. Arcos.–Quito Fecha de Incorporación: Mayo 22/2003.- Sillón 21.Tema del Discurso: “Mario María Cicala, S.I. y su contribución a la Historia de la Antigua Provincia de la Compañía de Jesús y de la Audiencia de Quito”. Le dio la bienvenida el Dr. Jorge Salvador Lara. 2950-267 2280-764

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21.- DR. JUAN VALDANO MOREJON Buganvillas y Juan Montalvo–Tumbaco Fecha de Incorporación: Junio 5/03.- Sillón 22.Tema del Discurso:“Generaciones e Ideologías en el Ecuador. Itinerario de una búsqueda y nuevas aproximaciones a un Método Histórico”. Le dio la bienvenida el Dr. Manuel de Guzmán Polanco. 22.- DR. OCTAVIO LATORRE Samuel Fritz 176 y Joaquín Sumaita (El Inca)–Quito E-mail: olatorre@andinanet.net Fecha de Incorporación: Junio 19/03.- Sillón 23.Tema del Discurso: “Historia de la Evolución de la Armada del Ecuador” Le dio la bienvenida Fray Agustín Moreno, o.f.m. 23.- DR. SANTIAGO CASTILLO Ave. Juan de Garay 845 – 4o.H CP C1l53 AB - Buenos Aires, Capital Federal.E-mail: Josancas53@hotmail.com .- Argentina Fecha de Incorporación: Novbre. 19/2003.- Sillón 24.Tema del Discurso: “Epistolario de las Misiones Diplomáticas de Rocafuerte en el Perú”. Le dio la bienvenida el Dr. Manuel de Guzmán P. 24.- DR. ENRIQUE AYALA MORA Universidad Andina Toledo 2280 – Plaza Brasilia–Quito De las Malvas E 15-247 y Fco. Arévalo Box 17-12-886 – E-mail: rector@uasb.edu.ec Fecha de Incorporación: Enero 20/2004.- Sillón 25. Tema del Discurso: “Desarrollo Histórico de la Nación Ecuatoriana”. Le dio la bienvenida el Dr. Plutarco Naranjo Vargas. 25.- DRA. MARIA CRISTINA CARDENAS E-mail: acardena@ucuenca.edu.ec Cristina.cardenas8@gmail.com Edificio Puertas del Sol Jacarandá 1-57 y Ordóñez Lazo–Cuenca Fecha de Incorporación: Junio 3/2004.- Sillón 26.Tema del Discurso: “El Proyecto Republicano del Progresismo Azuayo (1840-1895)”. Le dio la bienvenida Fray Agustín Moreno, ofm.

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26.- DR. BENJAMIN ROSALES VALENZUELA Calle 1ª. Nº 103 entre Circunvalación y Bálsamos URDESA Apartado 09-01-562 - Guayaquil E-mail: anh_guayas@yahoo.com Brosales777@gmail.com Fecha de Incorporación: Dicbre. 1/2004.- Sillón 27.Tema del Discurso: “El General José de Villamil y la Independencia de Hispano América”. Le dio la bienvenida el Dr. Manuel de Guzmán Polanco. 27.- DRA. DORA LEON BORJA DE SZASSDI Mallorca 41, Hato del Rey 00917 San Juan–Puerto Rico, P.R. E-mail lajosszas@hotmail.co. Fecha de Incorporación: Mayo 21/2009.- Sillón 6.Tema del Discurso: “La ciudad de Santiago en Amay, 1539-1542”. Le dio la bienvenida el Dr. Manuel de Guzmán Polanco. 28.- DR.GUSTAVO PÉREZ RAMÍREZ González Suárez 926, Dep. 2B–Quito Edificio Panorama (Frente a Nestlé) e-mail: gustavoperezramirez@yahoo.com Fecha de incorporación: 18 de octubre de 2010.- Sillón 12.Tema del Discurso: “Acotaciones sobre la masacre del 2 de Agosto de 1810” Le dió la bienvenida el Dr. Jorge Núñez Sánchez. ***/***

04-288-7492 04-2881-230 093-040961

001 7877537241

2230-513 098-027342

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LISTA DE MIEMBROS CORRESPONDIENTES A DICIEMBRE 2010
1.- Lcdo. LUCAS ACHIG SUBIA Calle Valle de los Chillos 1-70 y Valle de Yunguilla (Sector Coliseo Mayor) E-mail: lachig@ucuenca.edu.ec .- Cuenca 2.- Dr. MIGUEL ALBORNOZ Apartado Postal 10922, México 10 Las Lomas, México D.F. 3.- Ms. ALICIA ALBORNOZ Apartado Postal 10922, México 10 Las Lomas, México D.F. E-mail: aliciaalbornoz@hotmail.com 4.- Dr. GUILLERMO AROSEMENA AROSEMENA P.O.Box 09-01-921 Ave. 2ª. 511 entre 4ª. Y 6ª. (Los Ceibos)- Guayaquil E-mail: garoseme@gmail.com 5.- Prof. JOSÉ ARTEAGA PARRALES Palacio Episcopal – Ave. Universitaria Portoviejo.- Manabí 6.- Dr. FRANKLIN BARRIGA LÓPEZ 10 de Agosto 39-127 y Dibuja, piso 11-2 Edif. Pacheco Mora - Quito E-mail: f-barri@uio.satnet.net 7.- Dra. ANA LUZ BORRERO VEGA Universidad de Cuenca Calle 12 de Abril s/n E-mail: alborveg@yahoo.com .- Cuenca 8.- Padre JUAN BOTTASSO ABYALA .- 12 de Octubre y Wilson E-mail: juanbottasso@yahoo.com – 9.- Sra. AURELIA BRAVOMALO DE ESPINOSA Wilson 728 y Juan León Mera aureliabravomalo@hotmail.com .- Quito 10.- Dr. KLEVER BRAVO Ultimas Noticias N 37-111 y El Espectador E-mail: kbravo59@hotmail.com Telefax -04-2353-130 07-2816-555 FAX 07-2842-424

06-2630-404 091-984755 2458-421 092-695041

07-2856-396 099-600077

2562-633 2897-124 Quito 2503-502

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11.- Dr. HUGO BURGOS GUEVARA Bramante Nº 165. Primavera I., segunda cuadra frente Hosp. de los Valles – Cumbayá Casilla 17-11-6625 E-mail: ahburgos@andinanet.net .- Quito 12.- Lic. CARLOS CALDERÓN CHICO Tulcán 1200 y Aguirre (esq.) – Guayaquil E-mail: ccaldero53@yahoo.com 13.- Ing. BOLÍVAR CÁRDENAS ESPINOZA Luis Cordero y Aurelio Jaramillo (esq.) Consejo Provincial del Cañar – Azogues 14.- M.A. JUAN CASTRO Y VELÁZQUEZ Casilla 4863 .– Guayaquil E-mail: castroyvelazquez@hotmail.com 15.- Dr. JORGE CAZORLA José Martí 284 y Ave. Atahualpa.- Ibarra 16.- Dr. JUAN CHACÓN ZHAPÁN E-mail: juanariosto@hotmail.com Cuenca 17.- Lic. XIMENA ESCUDERO ALBORNOZ Gaspar de Escalona N.39-68 y Granda Centeno Buzón 544 Casilla 17-21-1263 – Quito. 18.- Econ. LEONARDO ESPINOSA E-mail: lespinos@etapaonline.net.ec – Cuenca 19.- EDUARDO ESTRADA GUZMÁN Roca 102 y Malecón, 9º. Piso – Edif.Rocamar E-mail: Eduardo_i_estrada@yahoo.com anh_guayas@yahoo.com Casilla 09-01-7648 – Guayaquil 20.- Dr. JOSE XAVIER GARAICOA ORTIZ Rumichaca 213 y Manuel Galecio –Guayaquil xaviergaraicoa@yahoo.com 21.- Lic. EZIO GARAY ARELLANO Casilla 09-01-11140 – Guayaquil E-mail: ezigar@yahoo.es

2891-228 098-246041

099-762568 04-2451023 092-862013 0f. 07-2240-373 04-2328-569 0f. 04-240-3212 06-2644-602 091-476384 2260-456 (casa) 2584-961/2 Ext.186 099-678058 07-2842-205 04-2303-969 099-886712

04-2368041 0f. 04-2394-440/41

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22.- Dr. JOAQUÍN GÓMEZ DE LA TORRE Pablo Sachún 4766 y Samuel Fritz Urbanización Dammer - Quito 24.- Dr. JAVIER GOMEZJURADO Conjunto Puertas del Sol, Bloque A-Etapa 1–Dep. 2B Autopista Rumiñahui – Quito E-mail: jgomezjurado@gmail.com 25.- Arq. MELVIN HOYOS GALARZA Biblioteca Municipal 10 de Agosto entre Chile y Pedro Carbo, E-mail: melvinhoyos@yahoo.com - Guayaquil. 26.- Dra. ALEXANDRA KENNEDY DE VEGA San Ignacio 1001 y Jonás Guerrero Edif. El Barranco – Quito E-Mail: akennedy@etapaonline.net.ec 27.- Ms. JENNY LONDOÑO Alonso de Torres 278 y James Colnet Edif. Monte Doral PH 2, piso 10.Sector El Bosque E-Mail: jennylondo52@gmail.com – Quito 28.- Dr. JORGE MARCOS PINO Ave. Central 300 – Cdela. Sta. Cecilia Email: jgmarcos@es.inter.net .- Guayaquil. 29.- Dr. GALO MARTÍNEZ Pérez Guerrero 391 y Versalles -0f. 18- Quito 30.- Dr. CLAUDIO MENA VILLAMAR Páez 884 y Mercadillo, Edif.. Interandina- Quito 31.- Lic. CARLOS LUIS MIRANDA TORRES Correo Central de Pelileo 32.- Ab. EDUARDO MOLINA CEDEÑO Universidad San Gregorio de Portoviejo Ave. Eloy Alfaro y Ave. Olímpica. Portoviejo E-Mail: ramiro-molina@hotmail.es 33.- Gral. PACO MONCAYO GALLEGOS Edificio Coruña Plaza, 3er. Piso, Of. 302 Coruña 2788 y 0rellana E-mail: paco.moncayo@asambleanacional.gov.ec

2414-731 2419-460 098-548609 2607-433 099-830454

04-23040-961 09-7638927

2231-459 099-427013

2265-899 09-8347-432

04-2850-780 099-353534 2520-710 2560-416 092-558372 03-2871-218 0f. 03-2871-207 05-2639-461 093-123580

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34.- LEONARDO MONCAYO JALIL Edif. Torres de la Colón-Of. 11- Mezanine E-mail: moncayolener@hotmail.com - Quito 35.- Dr. RICARDO MUÑOZ CHAVEZ Estudio: Ave. 12 de Abril 2-29 Edificio Torre del Río – 4º. Piso E-mail: rmuñozch@cue.satnet.net – Cuenca 36.- Prof. GERARDO NICOLA LÓPEZ Calle Cuenca 14-35 – Ambato 37.- Dr. CARLOS ORTIZ ARELLANO Ayacucho 1370 y Loja - Riobamba E-Mail: croamba@hotmail.com 38.- Arq. ALFONSO ORTIZ CRESPO González Suárez N 32-90 y Bejarano E-mail: aortizc@uio.satnet.net - Quito 39.- Dr. GONZALO ORTIZ CRESPO Los Comicios 271 – Conjunto Alcalá Edificio Alcázar-Urb. Quito Tennis E-mail: gortiz@puntonet.ec 40.- Ing. RODRIGO PÁEZ TERÁN Casilla l7-23-280 – Sangolquí E-mail: ro75pater@gmail.com 41.- Dr. FAUSTO PALACIOS GAVILANES Av.Quisquis 1425, Cdela. San Antonio - Ambato E-mail: hernanpal@hotmail.com 42.- Ing. AGUSTÍN PALADINES 43.- Arq. ANDRÉS PEÑAHERRERA MATEUS Manuel Larrea 1003 E-mail: arqandrespenia@yahoo.com 44 .- ARQ. JUAN FDO. PÉREZ ARTETA Ave. Pampite, Edif.. Oficenter, 0f. 110 - Cumbayá E-Mail: jfperez@interactive.net.ec

2542-640 099-406138 07-2880-170

03-2840-914 03-2840-913 03-3411-559 09-4003-618 2377-565 2580-230 099-716105 2460-228 087-293686

2340-164 099-834529 03-2822-903 03-2841-879 Loja 2560-791 092-740375 2042-011/13

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45.- Dr. RODOLFO PÉREZ PIMENTEL Baquerizo Moreno 910 y Junín Casilla 09-01-00875 - Guayaquil E-mail: rodolfoperezpimentel@hotmail.com 46.- Sr. VÍCTOR PINO YEROVI Alamos Norte Mz 1 V-10 P.0.Box 15160 Guayaquil E-Mail: vpino@gye.satnet.net 47.- Prof. VICENTE POMA MENDOZA Rocafuerte entre Colón e Independencia Pasaje, Prov. de El Oro 48.- Dr. GALO RAMÓN VALAREZO Eloy Alfaro 1824 y Bélgica, 3er.piso E-mail: garaval@yahoo.com 49.- Dr. GUSTAVO REINOSO HERMIDA Calle José Arízaga 1-62 entre P. Aguirre y Gral. Torres. Cuenca 50.- DR. GERMAN RODAS CHAVES Universidad Andina Simón Bolívar e mail: grodas@uasb.edu.ec 51.- Dr. JAIME EDMUNDO RODRÍGUEZ Dpto. de Historia–Universidad de California Irving, CA. 92717–USA. E-mail: jerodrig@uci.edu 52.- Dra. ROCÍO ROSERO JÁCOME Veintimilla E 10-50, Edif.. El Girón, 0f.74 Toctiuco 130, Urb. San Antonio–Conocoto E-mail: rosero@uio.telconet.net 53.- Cap.Fr. MARIANO SÁNCHEZ BRAVO Colinas de los Ceibos Ave. Leopoldo Carrera Calvo 505 y Calle 9ª. Instituto de Historia Marítima Ala sur del Edif. de la Gobernación – Guayaquil E-mail: inhimaec@yahoo.com 54.- Dr. VLADIMIR SERRANO PÉREZ Orellana N-26 y San Ignacio – Quito E-mail: vlasepe@hotmail.com

04-2303-700 Fax 04-2568-595 04-2568-596 04-2270-378 FAX 04-2248-257 04-2231-460 07-2972-811

099-700109

07-2825-934 07-2843-241 FAX 07-2842-029 2469121 08 9498321 92697-3275

2234-296 096-032187

04-285-3310 Of. 04-232-4231 FAX 04-2325-906

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55.- Dra. MARCIA STACEY CHIRIBOGA Carlos Guarderas 618 y G. Salazar (La Concepción) Quito 56.- Dr. AMILCAR TAPIA 10 de Agosto 8536 y A. Montalvo Sector La Luz, Casa 2-A, Dep.23 E-Mail: amtapia@hotmail.es - Quito 57.- Sra. GRECIA VASCO Archivo Nacional 10 de Agosto N 11-359 y Sta. Prisca esq. Quito E-Mail: archivonacionalec@andinanet.net

2054-004 099-016801 2401-148 097-676465

2280-431 Casa 2275-590

MIEMBROS ELECTOS PARA CORRESPONDIENTES 1.- Dr. DIEGO ARTEAGA MATUTE Casilla 01 01 1413.- Cuenca 2.- HUGO DELGADO CEPEDA Fco. Segura 804 y 6 de Marzo Casilla 09-1-43-53 Guayaquil 3.- JAIME IDROVO URIGÜEN San Joaquín – Sector Cruz Verde Box 01-01-143 - Cuenca 4 .- Dr. MARIO GARZÓN ESPINOSA Colegio José Peralta, Cañar 5.- Dr. CARLOS LANDÁZURI CAMACHO Banco Central E-Mail: clandazuri@uio.bce.fin.ec 6.- Dr. JORGE MORENO EGAS Madrid 859 y Pontevedra Apartado 17-12-595-Quito E-mail: jamoreno@puce.edu.ec 7.- Dr. PATRICIO MUÑOZ VALDIVIESO Corte Nacional de Justicia, Quito E-mail: pato268@yahoo.com 8.- Dra. PILAR PONCE LEIVA Víctor de la Serna, 19 Madrid 28016 2564-526 07-2875-365

04-2346-632 2348-650

2432642 2431-022 087-651395 34 91 394 5784 91 519 7443

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E-mail: pilarponce@hotmail.com Madrid, España. 9.- Lic. ALFONSO SEVILLA FLORES Alpallana E 6 123 – 5º.piso A.- Quito ivalles2a@hotmail.com 10.- Lcdo. WILSON VEGA Ministerio de Cultura, Quito 11.- Dr. IRWING IVÁN ZAPATER CARDOSO FONCULTURA – Quito E-mail: ivanzapt@hotmail.com 2431-835 099-812026 2231-816 2507-042

MIEMBROS HONORARIOS - GRAL. PACO MONCAYO GALLEGOS - PROF. SERGIO MARTÍNEZ BAEZA - DON JUAN MARÍA ALZINA DE AGUILAR

MIEMBROS EXTRANJEROS ELECTOS COMO CORRESPONDIENTES - Dr. ERIC BEERMAN Hernández Rubin 7, ático, 28043, Madrid E-mail: ericbeerman@telefonica.net - Embjd. MIGUEL BAKULA PATIÑO Lima, Perú 917592603

00511-4468-911

- Dr. ANTONIO CACUA PRADA 00571-2123726 Subdirector Academia Colombiana de Historia Calle 115 No. 9 A-30 piso 5, edif. Ana María, Bogotá DC Colombia - Dr. ALEJANDRO CRUZADO BALCÁZAR Ave. del Ejército 356 - Trujillo–Perú E-Mail: alejandrocruzado@yahoo.com.ar - Dr. FRANCISCO DE BORJA MEDINA España 00514-4967-6636

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- Dr. JOSÉ A. DE LA PUENTE CANDAMO Director Academia Nacional de Historia de Perú E-Mail: admite@an-historia.org.ar Lima, Perú - Dr. SANTIAGO DÍAZ PIEDRAHITA Director Academia Colombiana de Historia Calle 10 No. 8-95 – Bogotá D.C. Colombia - Dra. MA. PAULINA ESPINOSA DE LÓPEZ Bogotá – Colombia - Dr. WALDEMAR ESPINOSA SORIANO E-Mail: valdemar_espinozasoriano@hotmail.com Lima, Perú - Mons. MARIANO FAZIO FERNÁNDEZ - Dr. HORACIO GÓMEZ ARISTIZABAL E-Mail: patriciarapida@hotmail.com - Bogotá - Dr. ASDRÚBAL GONZÁLEZ SERVÉN Final Avenida Bolívar entre Calles 46 y 47 Puerto Cabello, Venezuela. - Dr. EKKEHAR KEEDING Talerweg 13 – D-67742 Aden Back – Alemania E-Mail: ekke_keeding@yahoo.de - Dra. MARIA LUISA LAVIANA CUETOS C/Virgen del Valle 52, 4º. B - 41011 Sevilla, España E-Mail: laviana@cica.es - BERNARD LAVALLE 13, rue Sateuil, París, Francia - Cedex 05. - Dr. GERARDO LEÓN GUERRA Academia Nariñense de la Historia – Pasto - Dr. JUAN MARCHENA FERNÁNDEZ C/Pajaritos 8, 2º. –1, Sevilla, 41004, España E-mail: jmarfern@upo.es - Prof. SERGIO MARTÍNEZ BAEZA Londres 65, Santiago E-Mail: smbaeza@vtr.net .- Chile

00511-4277-987

0057-1-3367-350 0057-1-2825-356 0057-1-2564-656

0057-13-342-439

(34) 954 551-224

Fax 01-45-87-41-75 0057-27-234-538 63-94-79-665

00562-638 2489

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- Dr. EDUARDO MARTIRÉ Rodríguez Peña 1842, p. 10º. Dep. B.- 1021 E-Mail: inhide@infovia.com.ar .- Bs.As. Argentina - Dra. EMILIA MENOTTI VIOLA E-Mail: sociedadbolivariana@yahoo.com Buenos Aires, Argentina. - Dr. OTTO MORALES BENÍTEZ Bogotá, Colombia - Dra. INÉS MUÑOZ LYDIA Presidenta de la Academia Nariñense de Historia E-Mail: ac_narhistoria@hotmail.com. Pasto, Colombia - Dr. JAVIER ORTIZ DE LA TABLA Universidad de Sevilla, Sevilla, España - Dr. LUIS RAMOS GÓMEZ Valle de En medio No. 2-F (3º.A) 28035–Madrid - Dra. LOISE J. ROBERTS 24694 Upper Trail – Carmel, CA. 93923 –USA E-Mail: ljrobertsl4@aol.com - Dra. CARMEN RUIGÓMEZ GÓMEZ Valle de En medio No. 2-F (3º. A) 28035 Madrid - Dr. NICOLÁS SÁNCHEZ ALBORNOZ José Martínez de Velasco 6, 28007, Madrid, España E-Mail: nsalbo@wanadoo.com - Dr. PEDRO VERDUGA Academia Nariñense de la Historia – Pasto - Dra. GISELLA VON WOBESER Academia Mexicana de la Historia Plaza Carlos Pacheco 21 Centro C.P.060, México E-Mail: acadmxhistoria@prodigy.net.mex 0057-27-234-538 0055-2196-53 91-73-06-620 0057-27-234538 0054 011 4683-6025

(831) 625 5635

91-73-06-620

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LISTADO DE MIEMBROS DE PROVINCIAS
CENTRO PROVINCIAL CORRESPONDIENTE DE GUAYAS DIRECTORIO - DR. BENJAMIN ROSALES VALENZUELA – Director - ARQ. MELVIN HOYOS GALARZA – Subdirector - SR. EDUARDO ESTRADA GUZMAN – Secretario - LIC. MARIANO SANCHEZ BRAVO – Bibliotecario - LIC. EZIO GARAY ARELLANO – Tesorero - DRA. JENNY ESTRADA RUIZ – Vocal - DR. JORGE MARCOS PINO – Vocal MIEMBROS - DR. SANTIAGO CASTILLO (Argentina) - DRA. DORA LEON DE SZÁSDI - DR. GUILLERMO AROSEMENA - LIC. CARLOS CALDERON CHICO - M.A. JUAN CASTRO Y VELAZQUEZ - DR. XAVIER GARAICOA - DR. RODOLFO PEREZ PIMENTEL - SR. VICTOR PINO YEROVI - SR. HUGO DELGADO CEPEDA (electo) CAÑAR, AZUAY Y LOJA - DRA. MARIA CRISTINA CARDENAS - DR. MIGUEL DIAZ CUEVA 04-2303-700 04-2270-378 04-2346-632 07-2829-944 07-2831-917 005411-4300-6196 Puerto Rico 04-2353-130 099-762-568 04-2328-569 04-288-7492 04-2524-100 04-2303-969 04-285-3310 04-236-8041 04-2343-216 04-2850-780

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- LIC. LUCAS ACHIG SUBIA - DRA. ANA LUZ BORRERO - ECON. BOLIVAR CARDENAS - DR. JUAN CHACON ZHAPAN - ECON. LEONARDO ESPINOSA - DR. RICARDO MUÑOZ CHAVEZ - DR. GUSTAVO REINOSO HERMIDA - DR. GALO RAMON VALAREZO - ING. AGUSTIN PALADINES - DR. DIEGO ARTEAGA MATUTE (Electo) - DR. JAIME IDROBO URIGUEN (Electo) - DR. PATRICIO MUÑOZ VALDIVIESO (Electo) IMBABURA - PROF. ROBERTO MORALES - DR. JORGE ISAAC CAZORLA TUNGURAHUA Y CHIMBORAZO - SR. CARLOS LUIS MIRANDA TORRES - PROF. GERARDO NICOLA LOPEZ - DR. CARLOS ORTIZ ARELLANO - DR. FAUSTO PALACIOS GAVILANES

07-2816-555 07-2856-396 07-2240-165 07-2450-105 07-2842-205 07-2880-170 07-2825-934 099-700109

06-2640-335 06-2644-602

03-2871-218 03-2840-914 03-2966-264 03-2822-903

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ESMERALDAS, MANABI Y EL ORO - PROF. JOSE ARTEAGA PARRALES - AB. EDUARDO MOLINA CEDEÑO - PROF. VICENTE POMA MENDOZA 05-2630-404 05-2639-461

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