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Santidad

1 Pedro 1:15-16
15 pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es
santo. 16 Pues las Escrituras dicen: «Sean santos, porque yo soy santo» [c].

Al ver que Dios nos pide santidad nos abrumamos muchas veces porque sentimos
que es una palabra demasiado fuerte para cargar, realmente siempre la elevamos y
hacemos alusión a grandes personajes en la biblia, pero en realidad ¿será tan
inalcanzable la santidad? pues la verdad es que nosotros humanamente no tenemos
la capacidad de ser santos y aunque esto caiga como una verdad muy pesada hay
algo que compensara y es que Jesús dijo en Juan 15:5 »Yo soy la vid y ustedes son
las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de
mí no pueden ustedes hacer nada. Entonces nos queda claro que no es en nuestras
fuerzas si no junto a Él, algo que siempre ha sido claro es que Dios nunca nos pide
algo de lo que ya no nos haya dotado, de hecho la biblia dice en Efesios 1:3 Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda
bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Es decir nosotros tenemos
la capacidad de ser santos, no en nuestras fuerzas sino con el poder del Espíritu
Santo que actúa en nosotro a través de nuestro Espíritu Romanos 8:11 Pero si el
Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el
mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a
vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros.
Entonces sabiendo todo esto es una manera mucho más sencilla de llegar a esa
santidad que Él nos pide 1 Tesalonicenses 5:23 Que el mismo Dios de paz los
santifique por completo; y que guarde irreprensible todo su ser, espíritu, alma y
cuerpo, para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El anterior texto es clave porque
nos habla además que nuestro ser debe ser guardado irreprensible nos da la clave
para hacerlo, nos habla del orden en el que debe estar alineado nuestro ser es decir
el primero debe ser el espíritu, el segundo el alma, y el tercero el cuerpo y realmente
esto sigue un orden lógico pues Romanos 8:14 Porque todos los que son guiados
por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Para ser guiados por el Espíritu
Santo nuestro espíritu debe estar fuerte, alimentado constantemente y señoreando
nuestro ser, porque en ese caso seria su voluntad señoriaría nuestra vida y sabemos
que su voluntad es buena agradable y perfecta, de hecho sabiendo eso podemos
adentrarnos en el alma, sabemos que nuestro espíritu nace de nuevo pero ¿qué pasa
con el alma? Romanos 12:2 Y no adopten las costumbres de este mundo, sino
transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál
es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto. Cuando Pablo habla
de renovar la mente, en realidad está hablando de la renovación del alma, es decir el
alma debe madurar y esto solo se logra con el señorío del espíritu (Salmos 119:9) y
con la constante práctica y lectura de la palabra. Colosenses 1:10 para que andéis
como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y
creciendo en el conocimiento de Dios. En este caso falta solo el cuerpo, y su único
deber es someterse. Agrupando todo tendríamos que para llegar a la santidad el
espíritu debe ser la cabeza, el alma debe ser renovada, y el cuerpo debe ser
sometido.
Otro paso hacia a la santidad es reconocer que no es en nuestras fuerzas sino por
su gracia que actúa en nosotros, porque por medio de Él somos justificados pero
aún vemos las fallas y aquí viene la clave 2 Corintios 12:9 Y me ha dicho: Bástate
mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana
me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de
Cristo. Es importante comprender cómo nuestras fallas y debilidades son
transformadas en Él y es que lo único que puede hacer una falla o debilidad ante su
gracia es convertirse en una fortaleza, eso quiere decir que la clave de la santidad es
estar en Él, quedarnos en su gracia, que el protagonista de nuestra vida sea Él lo
único que vemos sea Él, puestos los ojos en Cristo el autor y consumador de la fe.

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