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Gen 41:37 El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos,

38 y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre


como éste, en quien esté el espíritu de Dios?
39 Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto,
no hay entendido ni sabio como tú.
40 Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi
pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.
41 Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la
tierra de Egipto.

1Sa 10:2 Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás dos
hombres junto al sepulcro de Raquel, en el territorio de Benjamín,
en Selsa, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a buscar se
han hallado; tu padre ha dejado ya de inquietarse por las asnas, y
está afligido por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo?
3 Y luego que de allí sigas más adelante, y llegues a la encina de
Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en
Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan, y el
tercero una vasija de vino;
4 los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los
que tomarás de mano de ellos.
5 Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la
guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad
encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar
alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos
profetizando.
6 Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y
profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.
7 Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a
la mano, porque Dios está contigo.

Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá


como la rosa.
Isa 35:2 Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará
con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del
Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura
del Dios nuestro.
Isa 35:3 Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas
endebles.(A)
Isa 35:4 Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he
aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo
vendrá, y os salvará.
Isa 35:5 Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de
los sordos se abrirán.
Isa 35:6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la
lengua del mudo;(B) porque aguas serán cavadas en el desierto, y
torrentes en la soledad.

Objetivo: Comprender la importancia de la promesa de Jesucristo


sobre el Espíritu Santo en el plan de salvación.

Texto de oro: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre


vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que
seáis investidos de poder desde lo alto. Lucas 24:49

Introducción

La obra completa de Cristo incluye la salvación de los seres humanos


a través de su sacrificio sustitutorio en la cruz y la irrupción del
Espíritu Santo en la vida del discípulo. El plan es perfecto. Puesto
que la naturaleza humana tal y como se da de por sí no puede ni
podrá jamás sujetarse a los designios de Dios. Cristo envía a todo
aquel que acepta la salvación un Ayudador, este es el Espíritu Santo
que confiere una nueva naturaleza capaz de obedecer y poner en
práctica la forma de vida que el Señor siempre quiso que viviéramos.
Sin el Espíritu Santo en nosotros esta forma de vivir sería imposible.

El plan revelado por Juan el Bautista. Marcos 1:7-8; Juan 1:29-34;


Lucas 3:16
Juan el Bautista, estuvo anunciando a Jesús como el Mesías de una
manera muy peculiar. El dijo que Jesús era el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo. Vio con toda claridad esta faceta vital
del ministerio de Jesús. Jesús es el Cordero sacrificado como nuestro
sustituto como pago por nuestros pecados. Pero Juan también dijo
que Jesús bautizaría con el Espíritu Santo. Usted sabe que Juan,
haciendo un llamado a la gente al arrepentimiento, los bautizaba
como señal de un nuevo comienzo sumergiéndolos en agua en el rio
Jordán. Juan afirma que el ministerio de Jesús sería mucho más
poderoso puesto que él bautizaría, como hemos dicho, con el
Espíritu Santo y fuego. Juan sabía perfectamente lo que Dios había
planeado y nos muestra perfectamente que este plan consiste en dos
partes: el perdón de pecados por medio de la sangre de Cristo y la
venida del Espíritu Santo a todo aquel que obedece a Dios
entregándose a Jesús.

La promesa del Jesús. Juan 14:15-17; Juan 16:7; Juan 7:37-39

Jesús se refirió al Espíritu Santo como el Paracleto, palabra que se


traduce como el Auxiliador, el Ayudador, el Abogado, el Protector,
el que Fortalece, el Consolador, y dejó muy claro que el Paracleto
vendría una vez que él partiera (Juan 16:7). También su promesa es
descrita como vital y dadora de plenitud (Juan 7:38-39). De una
manera explícita Jesús promete la venida del Espíritu de esta forma
“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os
dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el
Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le
ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con
vosotros y estará en vosotros.” Se da usted cuenta, a veces
olvidamos que él nos prometió continuar con nosotros a través de su
Espíritu, que está es una promesa real y que es parte del plan
original de Dios para la salvación del ser humano; esto podríamos
decirlo así: El sacrificio de Cristo en la cruz nos rescata de la
condenación a la que habíamos sido reducidos por causa del pecado,
él anula el pecado y al perdonarnos nos trata como si nunca
hubiéramos pecado; la venida del Espíritu Santo nos da poder para
vencer al pecado en nuestra vida actual, nos libera de su dominio,
nos da la posibilidad de ser mejores.

El cumplimiento y el tiempo presente. Hechos 2:1-13 y 32-33;


Hechos 2:38-39; Hechos 5:32; Lucas 11:13

La promesa de Jesús se cumplió el día de Pentecostés en Jerusalén.


El Espíritu Santo se derramó sobre los apóstoles y algunas otras
personas que estaban con ellos. El cumplimiento de esta promesa
dio origen a la iglesia y todavía hoy vivimos en la era que se inauguró
con ese hecho. Las vidas de muchos fueron transformadas y la acción
del Espíritu sigue vigente a nuestros días. Es una promesa actual y
tiene un alcance universal, es para todo aquel que cree y obedece.
Como bien lo dice Pedro en su discurso “porque para ustedes es la
promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos;
para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Nosotros entramos en
esta categoría, por lo tanto es una promesa para nosotros también.
Piense usted: ¿Cómo caminaremos con Dios si él no nos ayuda? Ore
para que Dios le dé de su Espíritu, porque él es bueno, él se lo dará.

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