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Índice

Recomendaciones………………………………………………………… 1
El kosmocismo ………………………………………………………… 2
El salto hacia el futuro…………………………………………………… ...9
Quiénes son nuestros enemigos……………………………………………16
Reflexión kosmocista………………………………………………………16
Qué es el creyentismo…………………………………………………… 17
La meta del kosmocismo…………………………………………………. 24
La religión y la política…………………………………………………….36
El corazón del kosmocismo………………………………………………..36
La “filosofía” kosmocista………………………………………………….37
El terrorismo……………………………………………………………….40
El universo…………………………………………………………………44
Creo en la libertad………………………………………………………… 45
El creyente militante……………………………………………………… 46
El Homo Economicus……………….......................................................... 48
Sobre la libertad……………………………………………………………61
Sobre el neo-liberalismo………………………………………………… 61
El individuo y el Estado…………………………………………………...62
Sobre la votación…………………………………………………………..64
Qué significa ser kosmocista………………………………………………65
Moratoria demográfica…………………………………………………….67
Definiciones……………………………………………………………….68
La filosofía al servicio de la libertad………………………………………69
La humanidad……………………………………………………………...69
La sociedad civil…………………………………………………………..70
La voluntad de libertad……………………………………………………71
Democracia o anarquía……………………………………………………72
El universo es inteligible………………………………………………….72
La transición a la libertad…………………………………………………73
La libertad intelectual del no-creyente y del creyente……………………74
Las palabras mágicas o palabras trampas……………………………… 74
El fundamentalismo neo-liberal…………………………………………..75
La creencia al servicio de la esclavitud…………………………………...75
El creacionismo…………………………………………………………...78
El kosmocismo y la “espiritualidad”……………………………………...76
La “fe”…………………………………………………………………….79
La moral kosmocista………………………………………………………82
Los motores de la discordia……………………………………………….84
El racismo y las barreras sociales…………………………………………86
La insurrección mundial…………………………………………………..89
El hedonismo…………………………………………………………… 90
Deseos que matan…………………………………………………………92
Epílogo……………………………………………………………………94

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Recomendaciones

Este panfleto está especialmente dirigido a todas las personas que están hartas
de los ricos, de los conservadores y de todos los ultras, extremistas, halcones,
patrioteros e integristas. A todos los que están descorazonados e insatisfechos de
los sistemas actuales. A los que están cansados de la mediocridad que prevalece a
nivel planetario en casi todos los renglones de las actividades humanas. A los que
están enfadados, aburridos y muy desilusionados de los astutos y ladinos
políticos, y de los perversos y fastidiosos religiosos.
Este folleto está dedicado a los que desean escapar de esta cloaca nauseabunda
que nos asfixia desde hace milenios. Está dedicado a los que tienen la capacidad
intelectual para renunciar a las supersticiones, a los misticismos y a los embrujos
de índole mágica. A los que rechazan categóricamente los artificios de corte
espiritualista, a los que renuncian a los estúpidos y grotescos rituales que limitan
mentalmente. A los que condenan a esos desafiantes y arrogantes iluminados que
se dedican a la “brujería” y a la extorsión de los incautos limitados como ellos.
No; definitivamente, este opúsculo no está dirigido a los limitados, ni a los
merolicos, ni a los depredadores, o a los cazadores y consumadores científicos de
ballenas y, menos aún a los asesinos de bebés foca o a los violadores de infantes.
Este folleto está dedicado a los que tienen las neuronas funcionando
adecuadamente y que tienen la intrepidez y la valentía de desistir de los “valores”
implantados por la elitocracia, enemiga eterna de los que no comparten sus
valores y su enfermiza visión unilateral del mundo. A los pensantes y creadores.
A los que aman a la vida y la a libertad.
No está dirigido a la clase media arribista, ni a los que usan anteojeras
ideológicas para ver la realidad. Está dedicado a los que estén fastidiados de vivir
en un mundo a la deriva, sin justicia ni seguridad, repleto de delincuentes, seres
vulgares patológicamente violentos, increíblemente agresivos, sanguinarios y
mentalmente trastornados. Sus cerebros debiluchos están gangrenados al
máximo, horripilantes monstruos, permanentemente al acecho de sus próximas
victimas, gracias a la complicidad de los jueces y policías corruptos.
Está dedicado a los que se encuentran desanimados y desmoralizados de seguir
un camino que conduce irremediable y fatalmente a la más horrenda
desesperación y a la completa desdicha. Está dedicado a los que tienen la
voluntad y la fuerza para inventar y renovarse, a los que están cansados de fingir
vivir, a los que su único consuelo en el mundo es el llanto. A los que sufren una
gran soledad interior. A los que rechazan las elucubraciones y las charlatanerías
teístas. A los que tienen todavía el arrojo para existir y vivir libremente en una
sociedad liberada de sus tabúes, de sus imaginarios dioses y demonios. A los que

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no creen que sólo la vida sea posible mediante la mentira, la ilusión y la


corrupción.
Donde las religiones y las ideologías fracasaron, nosotros los kosmocistas
tenemos que triunfar, ¿cómo? por medio de la liberación de la conciencia. Una
nueva conciencia que crezca lejos de los espejismos de salvación, de
condenación y de teologías engolosinadoras. Debemos reconocer que nuestra
mayor desgracia ha sido caer en las manos de los estériles teístas. Casi dos mil
años de teísmo y de engaños nos han vueltos criaturas insolentes, insensibles,
estúpidas y soberbias. Somos el producto de una civilización apagada, que ha
sido incapaz de inventar un sistema que libere al ser humano.

El kosmocismo:

El kosmocismo es más un ideario horizontal que una ideología vertical, se


formaliza a partir de la problemática existencial y material del ser humano.
Como toda idea-embrión en proceso de completar su formación se nutre de
muchas otras ideas paralelas y consensuales para crecer, consolidarse y
expandirse. El reto fundamental de la idea kosmocista radica en su capacidad y
eficacia para sacudir las conciencias adormecidas. Si su misión falla, es decir, si
no consigue impactar las conciencias, entonces no tiene validez ni razón de ser,
sería un sol sin planetas, un oasis sin agua, un espejismo más en el complejo y
polémico mundo de las ideas, una mera frivolidad en el escenario del teatro de la
vida, una clandestina sombra anónima paseando por el inmenso panteón de los
desconocidos y solitarios autores.

El ideario kosmocista proyecta desencadenar en la mente del individuo una


reacción mental reflexiva capaz de provocar la negación del teísmo, de desatar en
su interior las reflexiones necesarias para liberarse de los dioses, refutar las
supersticiones e independizarse de las perniciosas religiones.

El kosmocismo surge por los años noventa y tiene la virtud de ofrecer al


individuo una alternativa frente al monopolio ideológico supeditado a la
globalización económica y al teísmo teocrático. Es el resultado de la decantación
de muchas ideas que había ido pensando a lo largo de los años y que iban
paulatinamente tomando forma en mi mente, lo que me permitió constituir y
ordenar una serie de ideas, pensamientos y reflexiones, que finalmente
produjeron como resultado una propuesta que he denominado: “Kosmocismo”.
La palabra “kosmocismo” etimológicamente deriva de la palabra griega
“kosmos”, que quiere decir: Orden. La connotación que nosotros le damos es:
Ordenamiento armónico de los: (Humanos, de la Tierra, y el Universo.) Nuestro
lema: Preparar el presente con un espíritu crítico, (critical thinking), orden y
métodos ajenos de los dogmas, de los prejuicios, de las ideas y de las normas

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fijas; preparar el presente para un futuro totalmente diferente, un futuro de


libertad, de conciencia kosmica, de nuevos y diferentes valores, de libre
evolución y de vita nuova.

Los kosmocistas deben mucho a la perturbadora y devastadora “Teología”


teísta; debido a ella, muchos individuos han entrado en una nueva experiencia,
una nueva era: aquella de liberarse, deshacerse de los conocimientos arcaicos y
obsoletos, renunciando a los mitos y a las creencias que han entorpecido la libre
evolución espiritual de la mayoría de los seres humanos en el mundo (me refiero
a los individuos que han concientizado que la ignorancia es la culpable que nos
impide liberarnos). En el anatema teísta, la “libertad” religiosa-espiritual no tiene
cabida, impera en él una voluntad tiránica, un apasionado y paralizante
totalitarismo teológico. El creyente no es un ser libre, está preso de sus creencias
y de los dictados de su religión, no de su moral porque carece de ella. La libertad
es la ineludible clave de bóveda de cualquier sistema de pensamiento que se
precie de serlo.
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El kosmocismo no desea encadenar a nadie, no ambiciona convertir a ninguno
a su modo de pensar, no quiere transformar la sociedad, ni conquistar los
movimientos sociales u obsesionarse por el control del Estado, no planea recurrir
al terror para obligar al individuo a creer de tal o cual manera; opina que los seres
humanos son libres de quedarse con sus cadenas y atavismos o librarse de ellos,
pero por favor que no pretendan jugar a los profetas, o al judío agonizante de la
cruz, ni imponernos a la fuerza sus anacrónicas creencias. La inconformidad
kosmocista se manifiesta debido a las acciones de los creyentes y a las
consecuencias sociopolíticas que afectan directa y negativamente a los
individuos, a la sociedad en su conjunto y a la naturaleza misma.

Sin precipitación y sin fijar una limitación de tiempo y lejos de pretender


mostrarle al mundo el camino acertado, el kosmocista opina que todos los seres
humanos deben ser libres y concientes de los peligros que pueden desencadenar
las manipulaciones ideológicas, sean aquellas derechistas o bien izquierdistas.
Todos tenemos el derecho de ser libres (no libertinos), libres de quedarse al
margen del mundo político y religioso, libres de vivir en una sociedad libre y
liberada de un burocratismo asfixiante y de un aberrante y rígido
institucionalismo en el que predominan las estructuras de los sistemas actuales
(Libres, dentro del ámbito racional y solidario de las limitaciones y obligaciones
sociales vis a vis del otro). La libertad es el vehículo hacia el futuro y es nuestro
pasaporte para el mañana.

Respetamos todas las creencias, las creencias positivas, en especial las que
liberan. Desgraciadamente, las creencias religiosas encadenan y son más que
nada una lastimosa evidencia de la enfermedad mortal del espíritu, una simple e
ilusoria máscara para que el creyente aferrado al mundo mágico se ilusione
egoístamente para escapar de su certero destino final, sueñe el paraíso y un cielo
olímpico sin nubes, que, desde las afables fantasías teológicas, reduce y
comprime la realidad a grado tal que se fusiona y se confunde con la ilusión que

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de manera común y generosa comparten entre sí los creyentes. Metamorfosis


milagrosa. La realidad pasando a través de los filtros de la fe de los religiosos
termina finalmente en mudarse siempre en ilusión. El kosmocista sabe que hay
una tajante línea divisoria entre la realidad y la ilusión, entre lo real y lo mágico;
la doctrina teísta dentro de su propio sistema teológico no puede ofrecer otras
cosas a sus abnegados seguidores que ilusiones y cuentos mágicos, originalmente
fundamentados a partir de premisas falsas, porque lo contrario, el surgimiento
universal de la realidad, destruiría por completo todo el edificio teísta y
eliminaría la supremacía ideológica de los amos del mundo.

Desde una perspectiva histórica y sociológica, las dramáticas deficiencias


políticas de las ideologías izquierdistas y derechistas apoyadas en la promesa de
un inalcanzable futuro utópico para la mayoría de los seres humanos del planeta,
acabó por convertirse, gracias al sistema electoral implantado por la elitocracia
en un conflictivo presente, donde los gobiernos corruptos, mafiosos, represivos
autoritarios y “guantanamescos” dictan unilateralmente la marcha del mundo.

Las ideologías actuales no evolucionan, ni avanzan, sino que involucionan


hasta llegar a la antidemocracia que permite a los gobiernos imponer
“constitucionalmente” medidas “urgentes”, que tratan de justificar las peores
represiones en contra de los que no se doblegan a su voluntad y a su sistema de
valores o a su exclusiva y unilateral visión del mundo.

¡Cuidado!, los idólatras del poder agazapados detrás de unas convenientes y


pretendidas ideologías, hipnotizan con sus bellos, interminables y melosos
discursos populistas a los ciudadanos desprevenidos, empapados todavía del
instinto gregario borregonero. Pero sabemos que estos políticos cargando sus
costales de Santa Claus llenos de vanas, pero seductoras promesas perfumadas de
exóticas fragancias lúdicas, no son más que unos narcisistas al servicio de su
distorsionado-ego, que sólo anhela demencialmente, y a cualquier costo el poder.

Partiendo del supuesto de que los individuos, por algunas circunstancias


imprevisibles, consigan liberarse y logren deshacerse de sus anacrónicas
creencias, que se den cuenta realmente en qué mundo estamos viviendo, que se
concienticen que su modo de vivir y sus códigos morales y éticos son
mayormente erróneos, y que las sociedades están al borde de la locura y del
colapso, entonces es posible empezar un proyecto planetario que libere la mente
humana de su cosmogonía egocéntrica, de sus cadenas ideológicas, mitológicas,
mágicas y religiosas. Pero, seamos realistas, el mundo, tal como está
estructurado, no tiene salvación y no habrá cambios o reformas que puedan
desviar o modificar su desenfrenada carrera suicida.

Si es cierto que el mundo ortodoxo no puede cambiar, en contraparte el


individuo-ciudadano que no rechaza a priori las propuestas emancipadoras si
puede cambiar, sea por sucesos imponderables que lo obligan a modificar su
modo de ser o por una toma de conciencia veraz que se traduzca en una
metamorfosis interna, entonces quizás el conjunto de los individuos que se

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resisten a ser asimilados, doblegados e integrados a las formas, los valores y las
rutinas del mundo actual, logre modificar con nuevas perspectivas e
interpretaciones el mortífero fatalismo que existe dentro del espíritu de todas las
sociedades de hoy. La catapulta para el cambio de este mundo, artificialmente
estructurado y revelado como único, verdadero y conducido por un dios, se ubica
en la conciencia del individuo que se transfigura en energía liberadora para
destapar el chorro de la libertad, ahí radica el verdadero comienzo de la historia
de los individuos o ciudadanos libres para crear un mundo libre para seres libres,
pero en pro de liberar a la sociedad, primero hay que liberarse uno mismo, de lo
contrario caemos en el tétrico campo político y en la malévola manipulación
ideológica. El teísmo, por fortuna, nunca pudo anular la razón, tan odiada y
temida por el clero, pero gracias a ella los individuos pueden crecer libremente y
escapar de las mortíferas garras del dogmatismo clerical.

Si el individuo-ciudadano se olvida de que la meta fundamental de la existencia


humana es la libertad y no es la compra del coche último modelo y si la razón
pierde la batalla contra el teísmo, el fundamentalismo religioso, la divagación
mística, el comunitarismo patriotero, los intelectualismos y academicismos
trasnochados, el sectarismo, el ghetismo, el multiculturalismo cándido, el
devastador mercantilismo, el ciego ideologísmo político-económico, los pueriles
nacionalismos y el nefando materialismo individualista, (defensa a ultranza de
los intereses económicos personales y de la libre explotación), no podrá
aposentarse en su nueva morada: El Kosmos. Entonces el hombre continuará su
estancamiento evolutivo, su insensatez, su inmovilismo, su desmesurado
egoísmo, su loca disgregación y su abnegado y servil conformismo hasta el final
de su miserable y conflictiva existencia.

Los más fuertes y poderosos instauraron la esclavitud, lograron su bienestar,


felicidad y gloria, por medios que forzosamente significaron la desgracia de
muchos. Fueron ellos los promotores de la división social y de la “legitimidad”
de la explotación de los más desprotegidos y necesitados. Los que colocaron las
enormes piedras, unas sobre otras para construir las pirámides del Egipto
antiguo, créanlo o no, no fueron los propios faraones ni sus cortesanos, sino sus
esclavos; los primeros fueron motivados por los privilegios, la vanidad, la gloria
y el poder, los otros por la más apremiante necesidad; comer para no morir de
hambre, aunque de todas maneras se morían de agotamiento, desnutrición y de
malos tratos.

Gracias al hambre y a la injusticia social impuestas a los esclavos, los faraones,


los emperadores, los reyes, los príncipes y los papas, pudieron, y pueden todavía,
con todo el cinismo del mundo y sin sentir ningún conflicto moral, habitar
tranquilamente en los enormes y lujosos castillos, palacios y exuberantes
residencias. Gracias al hambre y a la injusticia laboral, los líderes sindicales y la
clase patronal viven muy confortable y lujosamente, mientras que la clase
trabajadora apenas logra sobrevivir. La justicia democrática y social es
inexistente en nuestras fragmentadas sociedades. El rico, pedante, arrogante,
vanidoso, voraz y altanero, manda; el pobre derrotado, necesitado, excluido y

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acomplejado, obedece, ya que no tiene la fuerza de voluntad ni los medios para


renunciar a su fatal destino impuesto por la elitocracia.

Por la falta de sensibilidad social, desprecio de las reglas más elementales de la


justicia y ambición desmesurada de los poderosos, la brecha entre el reino de la
opulencia y el de la miseria conduce directamente al caos, al divisionismo y al
antagonismo social. Bajo las reglas y convenciones de los ahora poderosos nada
podrá evitar el derrumbe de las sociedades y por ende, del mundo. La destrucción
y la devastación de la tierra, son el resultado de la desmesurada búsqueda del
provecho y del excesivo consumo. Esto resulta “terricida” en la medida en que
atenta despiadadamente contra las fuentes y los recursos naturales del planeta.
Cuanto más aumenta la población mundial, así como el poder y la riqueza de
unos cuantos, más destructora se torna, y eso afecta globalmente la calidad de
vida actual de todos los seres humanos, incluidos los miembros más destacados
del jet set internacional. Los kosmocistas sabemos que, en la medida que crece la
riqueza para unos cuantos crece irremediablemente la pobreza, la deforestación y
la contaminación. La tradicional dicotomía que existe entre pobres y ricos,
hermanada a la “democrática” teocracia plutocrática estadounidense e
internacional, son las causas principales de la progresión del “infierno” sobre la
tierra.

Todos los intelectuales, los pensadores, los filósofos y toda la gente sensible,
sensata e inteligente, deben comprender, asimilar y concientizar el hecho de que
el teísmo hace imposible la formación de una sociedad libre, armónica,
equilibrada, progresista, ecológica, humanista, científica y social. El teísmo es un
edificio construido sobre quimeras, desaciertos y desencantos, su meta
fundamental es obligar a todos a una obediencia ciega y absoluta. Sin embargo,
se tambalea al encontrar en su camino la Libertad. El teísta, animado de un
rencor implacable y de un odio inextinguible, ha dado hace mucho tiempo
pruebas concluyentes de sus extraordinarios y repugnantes dotes para el error, el
horror y el terror.

El teísmo, agente cómplice y tenebroso aliado de la elitocracia dominante de


los más poderosos, acentúa la ignorancia y el malestar social de la sociedad
fragmentada, en la que la gran mayoría de los humanos, presos de la
desesperación y de la cruda desnudez de su existencia, se hallan inmersos, debido
a la caprichosa y a la espantosa desvergüenza de unos cuantos.

Surge ahora la pregunta: ¿Es posible experimentar la autenticidad de la


existencia sin recurrir a fábulas desviacionistas y a imposiciones ideológicas? Al
parecer no nos queda más remedio que buscar al margen de lo religioso, de lo
político, y a partir de una profunda rectificación de todos los valores, la respuesta
está en nosotros mismos, pero previamente hay que nulificar nuestro bárbaro
interno y sus frenesís autodestructores. Un profundo análisis individual libre de
prejuicios es imprescindible y debe empezar por la pregunta: ¿Para qué vivo?

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Es necesario determinarse por medio de las acciones prácticas, reales, es decir


a partir del momento en que nuestras ideas y pensamientos se materializan en
acciones y obras. Nuestra autenticidad existencial y vivencial se verifica a través
de las obras que realizamos o en la medida en que desencadenamos el deseo y la
voluntad, directa o indirectamente, en otros la motivación de realizarlas.

La obra realizada es la manifestación real y dinámica de la libertad que libera,


la que permite la apertura de nuevos horizontes, de nuevas creaciones.
Determinarse es alejarse de la mundanidad y del tránsito de la inautenticidad de
nuestra insignificante existencia inmersa en la aburrida rutina de lo cotidiano, en
la ingenuidad o la perversidad. Es un “cara a cara” con la temporalidad histórica
de uno mismo, es decir con el “estar aquí vivo” en la dimensión pulsante de uno
mismo (nuestra interioridad e individualidad), sin perder de vista la de los demás.
Es saberse transitorio, o sea mortal, finito y efímero. Querámoslo o no seremos
valorados por los demás según nuestras obras, y es a partir de ellas como se
revela la realidad y la eficacia de nuestras acciones en este mundo y, dicho sea de
paso, la de cada uno de nosotros.

Vivir en armonía con la naturaleza y con nuestros semejantes, requiere de


grandísimos esfuerzos, muchas concesiones y paciencia, así como de múltiples y
profundas reflexiones. Pero se requiere, antes que nada, de una seria y categórica
des-ideologización, des-teización y des-narcisiszación personal.

El reto kosmocista es el de convertir la “no-verdad- teológica” en verdad real,


convertir el poder transgresivo, que tradicionalmente ha estado siempre al
servicio de las oligarquías, en un poder libre de cualquier utopía autista. El
“poder”, puesto al servicio de la libertad y de la sociedad, es lo que debe
importarnos, pero, evidentemente, sin entrar en una lucha política convencional y
oposicionista. Nuestra lucha se orienta contra no hacia el poder, nulificarlo es la
meta. No deseamos ser oposicionistas dentro de la institucionalidad, ni
codiciamos tener curules en la cámara de los diputados o en la de los senadores.
El individuo que lucha y desea el poder tal como lo conocemos actualmente,
participa directamente en la extinción de la libertad. No deseamos vivir como
parásitos de la política, ni contagiarnos de ella.

Combatir el poder con las armas mismas del poder de la oligarquía es un error,
en el nombre de la emancipación no impongamos otra tiranía. La lucha política
por el poder, independientemente de su signo ideológico, encadena al ser
humano a lo que lo oprime, lo aliena y lo nulifica. La libertad (cuya esencia es su
fuerza emancipadora), en su impulso permanente, es la única que sin matar ni
oprimir ofrece al ser humano una oportunidad de inclinar la vida en su favor. La
libertad, como la conciben los kosmocistas, se opone al espejismo del libre
albedrío teológico teísta y a la libertad ideológica de explotación, tan valorada
por los poderosos y amos de este mundo. La libertad kosmocista es sinónimo de
libertad que libera. (Libertad-interna-externa), la que no esté coartada por ningún
dios, ninguna ideología, teología, economía o sistema de poder.

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La hazaña vital del ser humano consiste en liberarse de las “mentiras-


verdaderas” teológicas y las de las fabulaciones que lo aprisionan y lo nulifican.
La visión kosmocista se proyecta hacia una nueva etapa de la historia humana: la
del Ser-Libre evolucionando en un mundo liberado de las bárbaras y fantásticas
mitologías paganas, primitivas, ritualistas y fetichistas, sustentadas e idolatradas
por los enemigos de la libertad.

El pensamiento kosmocista, formulado a partir de la experiencia empírica,


coloca los procesos de liberación como prioridad soberana. Pensar un mundo
libre y diferente es crear, y crear es hacer nacer lo que todavía no existe.
Pensamos la libertad, pensamos un nuevo mundo libre de cuentos fantásticos y
anestesiante, cuyas principales funciones consisten en paralizar nuestro espíritu
crítico y aturdir nuestra conciencia. Rechazamos los hipnotizantes religiosos y
políticos. Dentro del campo del pensamiento moderno, un nuevo problema ha
surgido, ya no se trata de debatir si existen entes sobrenaturales o no; el conflicto
orbital gira alrededor del libre ejercicio del pensamiento frente a lo infame, lo
indigno, lo injusto de las barbaridades del mundo contemporáneo. Denunciar
privada y públicamente, sin miedo ni autocensura lo intolerable de esta gran y
tenebrosa conspiración cuyos titiriteros son bien conocidos. Evidenciar esta
conjura por todos los medios a nuestro alcance es una obligación que se ha
convertido para nosotros en el núcleo de nuestra mayor preocupación, dedicación
y reflexiones.

La soledad y el conformismo de los individuos, no son más que una ausencia


de finalidades. La finalidad kosmocista es liberar al ser humano para que sienta
realmente que se puede vivir la vida de otra manera. Es obvio que el ser humano
para poder llegar a la libertad tendrá que enfrentar muchísimas dificultades y,
obviamente, la batalla será áspera, descomunal, larguísima, inevitable y, además,
necesaria. La libertad-que-libera, no es como el maná que según la leyenda
bíblica cae del cielo y entra directamente en las bocas abiertas de los beatos.
Todas las fuerzas negativas de la elitocracia mundial (responsable de la crisis
civilizacional), estarán en contra de la libertad-que-libera; Estarán en contra de
los liberacionarios sembradores de ideas nuevas y universales. Estos peligrosos
bufones necrofiliticos estarán en contra de todos los que aman a la vida, a la
naturaleza, a la justicia y a la libertad.

El ser humano, despojado de su libertad, es un animal encadenado, vive en un


mundo de cosas y para las cosas, no tiene ningún interés en saber las
consecuencias provocadas por sus acciones depredadoras. Cegado por el
mercantilismo, es incapaz de interpretar las realidades de este mundo más allá de
su egoísmo, de sus triviales necesidades, de sus vulgares y estériles desviaciones,
de sus clichés imaginativos patológicos, de sus vanas ilusiones y los
acondicionamientos propagandísticos que le impone la elitocracia.

El humano, como ser pensante y actuante, creador y libre, posee fuerzas


originales e innovadoras, y la omnipotencia intelectual para crear ideas y valores

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radicalmente nuevos capaces de quitar el freno al ímpetu e iniciar así el proceso


de las archipotencias intelectuales, motoras de los impulsos creadores y vitales
para dirigirse hacia una nueva voluntad, que convierta al ser condicionado en un
ser libre; desenfrenar todas las fuerzas dinámicas y creadoras para poner en
movimiento la “conciencia kosmocista”. Los humanos requieren de una potencia
intelectual original, dinámica y creadora, capaz de eliminar todos los elementos
negativos que entorpecen la marcha del mundo hacia su liberación y, asimismo,
de reconocer plenamente la realidad de los hechos que ocurren en el trayecto de
su existencia. La reacción primaria del creyente es refugiarse en el jardín de la
ilusión, cuyos imaginarios dueños son los endemoniados dioses, monarcas del
universo, cuyo heroísmo, por fortuna, consiste en no escuchar en absoluto los
extraños sonidos de las suplicantes voces de los creyentes. El creyente,
extraviado, huye de la realidad y de la responsabilidad social frente a sus
semejantes; la libertad le es insoportable, prefiere el mundo mágico que el
mundo histórico.

El ser humano, liberado y poseedor de nuevos conocimientos, anhela


expandirse con todo su potencial creador objetivo y racional hacia otros límites,
otras dimensiones para romper concientemente con todas las ortodoxas
limitaciones mentales terráqueas que ensombrecen sus horizontes. Su mente
liberada se proyecta desde la Tierra hacia lo infinito, sus ojos y su mente se
dirigen en dirección de las estrellas. Su nueva y futura morada. La Tierra,
después de todo, es sólo un trampolín para los futuros seres del mañana-posible;
el futuro pertenece a aquellos que han logrado domesticar sus instintos primitivos
y domado su animalidad; pertenece a los que ven más allá de las ideologías, más
allá de los nacionalismos y más allá del teísmo; aquellos pioneros serán los que
proporcionarán nuevas perspectivas y nuevos sentidos a la nueva vida del ser
humano.

El ser humano-libre, en consonancia con el kosmos, de acuerdo con el


horizonte kosmocista, constituye para nosotros la realidad más elevada del
universo. Consideramos que el ser humano y el kosmos son elementos
simbióticos, que representan la expresión primordial de las potencialidades de la
naturaleza y de las prerrogativas e inventivas humanas dentro del contexto
natural y global de la Vida.

El salto hacia el futuro

El tiempo presente nos proyecta siempre hacia al futuro, pero nosotros, como
individuos, nunca veremos este futuro, nunca podremos alcanzarlo, vivimos en el
presente no para el pasado, sino para el futuro, es decir para el devenir.
No se puede regresar al pasado, porque el pasado deja de existir cuando
empieza el presente, el tiempo imperturbable separa el pasado del presente. El
tiempo no es eterno en el sentido sempiterno: el mundo no siempre ha existido y
nosotros tampoco. La idea general del comienzo del tiempo y de su continuidad
lineal es incompatible con las observaciones científicas modernas. No queremos

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caer en un alegre futurismo idealista ni viajar con la imaginación por un feliz y


utópico túnel del tiempo, porque el tiempo no está sujeto a la voluntad humana.

Es obvio que nuestra inteligencia todavía no entiende cabalmente lo que es


exactamente el tiempo real, solamente comprendemos lo relativo que queda
sometido a nuestra facultad conceptual, la medición del tiempo humano es la que
prevalece en nuestra mente, el tiempo cósmico escapa todavía a nuestro entender,
es incomprensible a nuestra escala. Quince billones de años luz es casi
intraducible en relación con el tiempo medido (salvo para algunas mentes
privilegiadas).
Pero lo importante, lo cierto, es que la duración de nuestra vida es medible,
comienza el día que nacemos y termina el día que morimos. La medición de la
duración de la vida humana está científicamente exacta y perfectamente
asimilada por nuestro entender. Todos los seres humanos son finitos, mortales,
nacen y mueren definitivamente. El pasado es tiempo irreversible e irrepetible.
Una pregunta se impone: ¿Qué vamos a hacer de nuestros 40 ó 50 años de vida
activa? ¿Vamos a desperdiciarlos persiguiendo quimeras, mitologías, fantasías y
trivialidades o vamos a dedicarlos a nuestra liberación?

Es desde la proyección mental del presente hacia el futuro, como la


universalización de la conciencia kosmocista que se logrará articular un nuevo
paradigma. ¿Cómo conseguirlo?, con la participación individual de los artistas,
antropólogos, académicos, arquitectos, intelectuales, sociólogos, filósofos,
poetas, lingüistas, escritores, premios Nóbel, estudiantes, científicos,
especialistas y con el apoyo de la comunidad académica y científica
internacional, se logrará conjunta y consensualmente estructurar y proponer una
nueva visión del futuro , así como el papel del ser humano en el universo. Sin
embargo, sería un error anticipar utópicamente el futuro mundo de mañana,
porque este mundo posible depende esencialmente de la realidad presente,
depende de nuestras voluntades y de la visión que tenemos del futuro y de la
función de la vida humana en el cosmos; por ejemplo, dudo mucho de que la
visión del futuro de la milicia pentágonesca, la del Kremlin, la de Beijín y la de
los generales de Birmania, sea la misma de la de los ecologistas altermundialistas
o la de los poetas modernos. Es imprescindible la colaboración universal y
solidaria de los sectores más dinámicos, más dispuestos y más desarrollados
intelectualmente, para dar un gran salto al futuro desde el presente, que
imperativamente debe ser estructurado radical y diferentemente a los valores y
conceptos que prevalecen en el mundo de hoy. Seamos cada uno de nosotros los
nuevos constructores de un futuro diferente, político-sociológico- y
económicamente, libre de teologías, de supersticiones, de mentalidades arcaicas,
de oscurantismos ideológicos y egoístas monopolismos financieros. Seamos la
hermandad universal anónima y silenciosa que dé el primer paso en el futuro,
empezando por liberarnos de los modelos que nos cierran el acceso a un inmenso
universo de nuevas posibilidades. La liberación individual es una condición
previa para forjar un nuevo modelo de vida, una reorganización del mundo y una
trascendental aportación de nuevas ideas, nuevos valores y nuevos conceptos.

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La historia de la humanidad, es la historia del poder, de las divisiones y de las


contradicciones sociales, ideológica, económica y religiosas que existen entre
naciones, grupos, individuos y particularmente entre pobres y ricos. Creo que la
verdadera problemática que existe entre los seres humanos, es la diferencia
económica, hay ricos demasiados ricos y pobres demasiados pobres. Pero no
hay que olvidar que son los ricos los responsables de la injusticia social que
prevalece en el mundo entero. Desgraciadamente, el entusiasmo aislado y
fragmentado de los marginados, de los sin techo, de los rechazados del sistema
escolar, de los desempleados, de los desposeídos, de los pobres, de los enfermos,
de los excluidos sociales y de los trabajadores; todos dedicados a la
supervivencia por obligación y no consagrados naturalmente al ideal de
liberación universal, difícilmente podrán iniciar una etapa de liberación global,
pero sí es probable que logremos empezar un proceso de liberación individual
que contribuya significativamente a la meta universal de liberación.

Estos sectores carecen de motivaciones, de finalidades a futuro, de


conocimientos, de poder real y de medios adecuados para provocar la disolución
del orden dominante de la elitocracia del mundo actual. El proletariado, como
tal, nunca fue entre las manos del Estado-totalitario una fuerza de liberación, sino
todo lo contrario; las masas obreras de la ex Unión Soviética fueron esclavizadas
y explotadas al máximo por sus déspotas dirigentes “socialistas”. Lo mismo,
desafortunadamente, ocurre ahora, con la clase obrera y campesina en la
dictatorial e impopular China-capitalista-imperialista. La clase trabajadora ha
sido engañada durante siglos y lo sigue siendo hasta ahora independientemente
del régimen que prevalece. Si el explotado no se despierta sus amos (sean de la
izquierda o de la derecha), seguirán exprimiéndole hasta la última gota de sangre.
La tan sonada emancipación del proletario ha sido sólo una perversa estrategia
política para mantener a los “revolucionarios” en el poder. Los inquilinos del
Kremlin nunca liberaron al proletariado soviético y hoy en día los trabajadores en
el mundo entero siguen siendo vilmente explotados. La realidad laboral y social
de este sector no ha cambiando en lo esencial, excepto que ahora el sistema
patronal de explotación es científico y técnicamente más sofisticado.

La ciencia actual no puede ser reemplazada por la magia, ni por el ritualismo ni


por el verbalismo delirante teísta, y menos aun por Cacerías de brujas. El
científico no debe olvidar nunca que es ante todo un ciudadano, un miembro más
de la sociedad y no puede eximirse de la responsabilidad social que le
corresponde. El científico talentoso y creativo coloca su saber al servicio de la
libertad y no al de la elitocracia. Los científicos modernos tienen el papel de
timonel en la conducción, la preservación del mundo y en el descubrimiento de
otros.

Debemos ser realistas, dejémonos de romanticismo; no será un monje tibetano,


ni un chamán del Amazonas, ni un conchero mexica o un fakir de la India, quien

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maneje el cohete inter-espacial que abrirá las vías que conducirán a la


exploración científica y a la colonización más allá del Sistema Solar. La ciencia y
la tecnología al servicio del conocimiento y de la libertad deben proveer los
medios que favorezcan una relación racional, no mitológica del ser humano con
el universo, evitar por todos los medios, la depredación, la destrucción, la sobre-
explotación, la contaminación, la eliminación masiva de especies y el gravísimo
deterioro ambiental que hemos infligido a nuestro hábitat la Tierra. No
cometamos los mismos errores con los otros planetas semejantes al nuestro, que
muy probablemente descubriremos gracias a los científicos en un próximo
futuro.

Sólo el individuo libre es un devenir, un devenir orientado hacia el futuro que


encierra siempre novedades, nuevos valores, inventos, ocurrencias, teorías,
genialidades, grandes retos e indudablemente nuevos descubrimientos
inimaginables. La exploración pacífica del universo por científicos con
conciencia kosmocista es el reto más grande que tendrá que afrontar el género
humano en un futuro cercano. El inconmensurable, desconocido y promisorio
futuro, está ahí frente a nosotros. ¿Sabremos responder adecuadamente a este
trascendental y vital desafió?

¿Debemos trasladar nuestra hu-ma-ni-dad de hoy al futuro? Claro que no,


desgraciadamente, el mundo de hoy es un mundo mediocre para mediocres. Sería
un error irreparable y catastrófico para los futuros humanos que los científicos y
los colonizadores del espacio sideral trasladaran consigo los mismos clichés, los
mismos vicios, los mismos hábitos, los mismos conceptos, las mismas
ideologías, los mismos modelos, las mismas creencias y las mismas
supersticiones…

Llevar el “pentagonismo” el “bursatilismo” el “vaticanismo” y los nefandos


nacionalismos más allá de los límites terrestres equivaldría a sentenciar a la
humanidad a muerte. Los militares, asesinos a sueldo, los financieros, sin moral
ni escrúpulos, y el clero escoria camaleonésca más vil y más abominable, deben
ser proscritos de deambular por el espacio o formar parte de las futuras colonias
humanas extraterrestres. Evitar la contaminación ideológica, religiosa, cultural,
clasista y social, es un deber que cada ser humano libre debe cumplir con gran
esmero y mucha determinación.

Propuesta kosmocista

El kosmocismo no es un destino, sino una opción, no es una promesa


revolucionaria, es una propuesta libera-cionaria, que parte del rechazo total del
teísmo y de su civilización. Su objetivo es proponer proyectos planetarios de
civilización con valores radicalmente diferentes a los del anquilosado mundo
teísta. Es un proyecto de liberación global, de autonomismo integral no
comunitarista y de desintegración de las“culturas” con tintes supra-nacionalistas-
racistas-segregarías. Ni el mundo ideológico, ni el pensamiento único, o el

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mundo teocrático teísta, lograrán reprimir el impulso esencial de libertad que


habita desde los orígenes los genes humanos.

A).- Instauración de una identidad kosmocista, nueva conciencia de


consonancia compartida de pertenencia universal (anti-nacionalista-anti-
comunitarista.)
.B).- Unificación voluntaria y pacifica planetaria de los individuos-ciudadanos
en un mismo ideal de liberación integral (anti-ideológica- anti-religiosa.)
C).- Creación de nuevos horizontes culturales universalistas más allá de la
cultura y del “arte” mercantilista impuesto unilateralmente por la elitocracia.
D).- Cultura y arte al servicio de la libertad, no del mercantilismo.

Nos inclinamos por las artes y las culturas que estén al servicio de la libertad y
del ser humano, no las que están al servicio de la ideología o de la economía
monopolística, el arte y la cultura que se desdoblan en mercancía, dinero y poder,
no son lo que nosotros entendemos por arte y cultura. Creemos que el arte y la
cultura deben ser unas de las fuerzas motoras que catapulten la posibilidad de
realizar el ideal de emancipación universal. Se necesita algo más que unos
eventos regionalistas de danzas folklóricas, presentaciones teatrales y muchos
festivales veraniegos o unas exposiciones en los museos de Nueva York, Londres
o París, para que el arte y la cultura participen activa y eficazmente en la
construcción de los caminos que llevan a la libertad.

La situación sociológica de los pueblos por años de condicionamiento a la


ideología productivista, consumista, utilitarista y publicitaria promulgada por la
elitocracia y su más fiel aliado, el teísmo, se encuentra peligrosamente al borde
de la desesperación. ¿Qué les queda? resignarse, ya que fuera de ellos, está toda
la Historia de la que precisamente están excluidos. Las actuaciones políticas
circenses de los irresponsables parlamentarios y demás “servidores públicos,” se
verifican casi a diario en el mundo. Estos lamentables hechos aumentan aún más
la legítima decepción de muchos sectores de la desorientada y fragmentada
sociedad. El abstencionismo electoral es un reflejo sintomático de inconformidad
y descontento ciudadano; no votar es manifestar el repudio y desprecio hacia la
casta política y hacia el poder.

La libertad religiosa bajo el dominio teísta no existe. Sólo más allá del teísmo
empieza el verdadero reino de la libertad intelectual. Radica en la libertad el
futuro advenimiento del kosmocismo (liberación del ser humano de todas las
religiones), es decir, es la legítima reivindicación práctica del ejercicio pleno de
la libertad intelectual del individuo como única propiedad de sí para sí.
Desenvolviéndose libremente el intelecto indica a nuestra conciencia la manera
de obrar y de vivir sin intermediaciones clericales; así mismo, permite descifrar
la realidad y los imperativos morales en sus exactas dimensiones.

Para llegar a la “conciencia kosmocista” es imperativo iniciar un proceso


individual de liberación acompañado de una profunda reforma del pensamiento y

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de una generosa acumulación de muchos conocimientos. Para convertirnos en


ciudadanos del kosmos es preciso traspasar los límites de la prehistoria
intelectual humana, que hoy prevalecen en las mentes de la mayoría de nosotros.
Es bien sabido que el conocimiento es invisible a los ojos del ignorante y, siendo
limitado, no le queda más que tomar el papel de una triste marioneta bailoteando
sobre el escenario trágico y grotesco de su mundo fijo y sin horizontes, donde
desprovista de conocimientos, su existencia está indisolublemente vinculado a su
certera derrota.

La “conciencia kosmocista” es selectiva, exigente, demandante y condicional,


su desarrollo está condicionado a la capacidad intelectiva, al trayecto histórico y
a las circunstancias que experimenta el individuo, pero cualquier individuo
equilibrado mentalmente está capacitado para poder elegir entre libertad y
servidumbre, si no lo logra es que hay una limitación intelectual, debido a una
mala función cerebral específica que le impide discernir razonablemente entre lo
que beneficia y lo que perjudica. Por lo general, el grueso de la población opta
siempre por lo que perjudica.

Nuestro anhelante y legítimo impulso para favorecer la liberación del individuo


implica que previamente debemos ser libres nosotros mismos y críticos de todo
lo establecido por los gobernantes, que en cada día de nuestra existencia
demuestran sus ineptitudes, errores y deficiencias. Repudio de lo normativo, del
convencionalismo impuesto unilateralmente por la elitocracia mundial, des-
mitificar, poner al descubierto lo que se esconde.

¿Qué es la “conciencia kosmocista”? Es un inmenso compendio de muchas


experiencias, vivencias, circunstancias, estímulos, reflexiones, estudios, lecturas,
conocimientos e informaciones, que desacadenan procesos analíticos y reflexivos
que forman, a su vez, pensamientos adecuados, racionales y necesarios para
poder escalar un grado más en el proceso evolutivo de la conciencia. La
conciencia está sujeta a un proceso progresivo de desarrollo, estimulado por las
informaciones captadas e interpretadas por nuestra mente y sentidos. El factor
determinante para modificar nuestro grado de conciencia, es el cúmulo de varios
conocimientos y experiencias que nos permiten tener un entendimiento más
exacto de la problemática de nuestra existencia misma y la del mundo externo.
La “conciencia kosmica” es la conciencia evolucionada, es decir, es la suma de
todos los estados de conciencia conocidos hasta el presente; es darse cuenta
conciente y racionalmente de lo que afecta, de lo que perjudica verdaderamente
nuestra existencia, nuestro entorno; es superar el complejo de avestruz, es abrir
los ojos cuando todo el mundo los tiene cerrados, es cuestionar valientemente lo
incuestionable. Es nunca más ponerse de rodillas frente a lo desconocido.

La dificultad radica en hacer coexistir la libertad de conciencia con la


conciencia de la libertad en orden de formalizar a priori un fundamento común
de autodeterminación individual y, por ende, colectivo. Las raíces de la
“conciencia kosmocista” sólo pueden germinar y desarrollarse en el humus de la

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libertad-que-libera. Conciencia del universo, conciencia del mundo, conciencia


de uno mismo, conciencia del otro, conciencia de la sociedad, conciencia de la
naturaleza y de la vida, son los fertilizantes que la fortalecen y la liberan de todas
las servidumbres negativas. La “conciencia kosmocista” sólo germina y crece en
la mente de los seres humanos que renuncian a todos los ídolos y que optan por
la libertad-que-libera.

.
Cuando nos referimos a lo que denominamos nosotros “conciencia
kosmocista”, no nos referimos, por supuesto, a la conciencia desgarrada producto
de la barbarie de las civilizaciones dominantes. La “conciencia kosmocista” es la
que aspira racional y libremente a un universalismo globalizante libertario,
solidarizante y trascendental, que abarca en su totalidad el ser humano, la tierra y
el universo; propone nuevas posibilidades de un futuro y de una vida diferente;
es una nueva y hacendosa actitud frente a las repercusiones de las enormes y
grotescas barbaridades que padece nuestro mundo por culpa de la elitocracia; es
una nueva y dinámica condición intelectual que anima a los individuos a vivir
armoniosamente entre sí. La vida humana y su futuro dependen del desarrollo de
dicha conciencia en la mente de cada uno de nosotros. Seremos todos
responsables, ya sea de la extinción del Homo Sapiens, o bien los catalizadores
del nacimiento de un nuevo ser pensante-y-actuante libre, dotado de nuevos
conocimientos, tecnologías, conceptos y proyectos, que lo habilitarán para su
extraordinaria misión, agrandar al infinito las perspectivas y las posibilidades
humanas acá en nuestro mundo y allá en el inconmensurable y misterioso
universo.

Debemos recordar a nuestros lectores que todas las desgracias del mundo se
deben en parte a la ignorancia y al conformismo de los dominados y a la
perversión y corrupción de los dominantes. Sin embargo nadie es inocente;
todos, absolutamente todos, somos relativa y proporcionalmente responsables y
culpables de la insoportable situación que, directa o indirectamente, hemos
creado o propiciado. Es una suerte de conspiración contra la naturaleza y contra
nosotros mismos a la que nos hemos adherido sin medir ni concientizar sus
catastróficas y deplorables consecuencias. Nos encontramos en el torbellino de
un consumismo irresponsable, en un terrible ideologísmo fratricida, en un
nefando totalitarismo teológico, estamos sumidos en los vicios de un mundo a la
deriva donde nadie tiene la audacia de protestar contra los cantos de sirena que
aún nos siguen obsesionando y engañando.

Es extraordinario constatar que las clases explotadas, es decir, el grueso del


pueblo, no pueden darse cuenta de su carencia de conciencia social y política.
¿Será que están irremediablemente condenados a seguir ciega y eternamente el
camino establecido por sus amos?, ¿de dónde viene este desprecio y esta ceguera
hacia las desastrosas condiciones sociales de su mundo?, ¿por qué este patético
conformismo y silencio frente a las deficiencias políticas de los gobiernos, de los
sistemas?, ¿por qué permitieron esta des-vinculación entre el poder y la

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sociedad?, ¿por qué no se hartaron del presidencialismo, del parlamentarismo,


del caciquismo, del caudillismo, del clanismo y del tribalismo?

¿Por qué estos sectores son los que alimentan y mantienen a los que los
explotan vilmente sin la más mínima consideración? (amos y sindicatos), ¿por
qué no repudian las charlatanerías teístas y las recetas engolosinadoras de los
conspiradores políticos?, ¿por qué no rechazan de una vez por todas a todos los
timadores partidos políticos? Muchos “por qués” seguramente quedarán sin
respuesta, el mutismo al cual están condicionados paraliza sus instintos y su
capacidad de pensar racionalmente. Ningún rastro de intelectualidad, ni
concepto definido, sólo una aversión al conocimiento, al cambio y la libertad,
además de un estúpido afán de precipitarse sin interrogantes, pero con
certidumbres, en el abismo de la mundialización fomentada y encabezada por el
imperialismo internacional, apoyado, incondicional y servilmente, por todas las
elitocracias internacionales (Sectores financieros, tecnológicos, bancarios y
patronales).

El pensamiento neoliberal de occidente es digno y fiel representante de nuestra


civilización podrida y decadente. Los neo-liberales, complacidos, ejercen
felizmente sin causarles ningún conflicto su inconmensurable trivialidad
emanada de su conciencia depredadora; para ellos, desde su torre de marfil, el
pueblo es invisible. Para la elitocracia, a fuerza de ilusiones e increíbles
privilegios, la problemática social de la sociedad se hace inexistente, el dolor
ajeno y la injusticia desaparecen. Navegan plácidamente, felices y satisfechos en
las profundidades de la imbecilidad y de la insensibilidad más absoluta. ¿Hasta
cuándo vamos a permitir esta infame y grotesca superchería? ¿Hasta cuándo
vamos a dejar que la elitocracia internacional, que no es más que un centenar de
miles entre los seis mil millones de seres humanos en la Tierra, nos obliga a
vivir, pensar y actuar según sus intereses? No seamos pigmeos mentales que se
abisman en la pestilencia del maquiavelismo teísta, no nos encerremos en la
soledad, en la indiferencia y la esterilidad; denunciemos los abusos, las
injusticias, las tonterías y las nulidades de la fétida elitocracia.

¿Quiénes son nuestros enemigos?

El pueblo en general para la elitocracia es el enemigo natural, la clase media,


media baja, la masa, el proletariado, los asalariados, obreros, campesinos,
artesanos, etc. Somos los que no comparten sus valores, ideales y formas de
pensar, hablar, actuar y muy especialmente su modo de vivir, todos los que no
pertenecen a su “club social” y los que no poseen un poder económico ad hoc,
son menospreciados y considerados inferiores. El pobre admira y envidia al rico
(el sueño de los pobres es volverse ricos), el rico odia al pobre y, en general, a
todos los que no son de su clase. (El sueño del rico no es volverse pobre, sino
inmensamente más rico y más famoso). Odia y desprecia a los que menos tienen,

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admira y envidia a los que más tienen. Es el poder económico monopolista el que
divide a la sociedad en clases.

La sociedad está dividida entre los muy ricos, ricos, medianamente ricos y los
medianamente pobres, pobres y muy pobres. La calidad de vida y las
expectativas de cada sector es significantemente diferente y antagónica, existe
una marcada discrepancia social entre los que poseen y los que no. Este
divisionismo económico es el crisol de la injusticia social, de la libre explotación
y de la dominación de los más poderosos sobre los demás. Nuestro enemigo
natural es aquel que nos explota, sea política, cultural, emocional, social,
religiosa o económicamente. Debemos conocer las debilidades, las fortalezas, las
intenciones, los vicios y las virtudes de nuestros enemigos y especialmente
estudiar y conocer muy a fondo los mecanismos que les permiten mantenerse
arriba de la pirámide. Se trata de ir a las fuentes responsables del malestar
mundial.

Reflexión kosmocista:

La reflexión kosmocista es fundamentalmente una reflexión crítica sobre:


A.-) La concepción mágica del mundo (lo mágico maravilloso) instaurado,
perpetuado y consolidado por el institucionalismo religioso teísta.
B.-) La sociedad-consumista, creación de los grandes consorcios industriales
capitalistas nacionales y transnacionales, (incluido los del régimen “comunista-
capitalista”Chino.) Comunismo= (totalitarismo-austeridad, ausencia de los
derechos humanos y de justicia social) para el pueblo. Capitalismo= (liberalismo-
derroche-privilegios-riquezas) para los gobernantes, los miembros del politburó y
del jet-set. Según las estadísticas nacionales, el 10% de la población de China
concentra entre sus manos el 45% de la riquezas del país, al otro extremo 10% de
los más pobres comparten solamente el 1.4%.
C.-) El aberrante mundo político-ideológico moldeado por la elitocracia
internacional.
D.-) Las ideologías derechistas e izquierdistas.
E.-) Las prejuiciosas y viciadas ideologías etnocentristas.

El kosmocismo aspira, y no sin razones, a la superación de este mundo-basura,


anacrónico, enfermo y disímil, suprema creación frankensteiniana de la
elitocracia teísta, la del mundo político y la de la economía neo-liberal-globalista.

¿Qué es el creyentismo?

El creyentismo significa, para nosotros los kosmocistas, el conjunto de las


creencias de carácter religioso, místico, mágico, mitológico, esotérico, new age,
(el teísmo, el deísmo, el panteísmo, el ocultismo, el espiritismo, el
sobrenaturalísmo, el animismo y el esoterismo incluido), etc. Creencias todas
provistas de falsos fundamentos que se exteriorizan en un mundo donde domina
la fantasía delirante y la artimaña mágica. Un mundo no-real, fideísta, de falsa

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prosperidad, inventado por los vivales y apoyado incondicionalmente por los


dueños del gran capital internacional, un mundo estructurado a la medida de los
incautos, de los crédulos y de los “cándidos” y fetichistas valemadristas
consumidores de falsa espiritualidad. El sistema occidental entre las manos de los
globalistas transnacionales ha hecho del individuo el alfa y omega del
consumismo (motor primario del capitalismo.)

El mundo de los humanos está propulsado principalmente por cuatros motores;


el científico, técnico, económico y el de la ganancia que, debido a su crecimiento
cuantitativo y desequilibrado, conducen irremediablemente a la destrucción de la
naturaleza y a la degradación moral del ser humano. ¿Se han preguntando por
qué el índice de delincuencia en los países “desarrollados” es mucho más elevado
que en los países menos desarrollados?, ¿cómo es que el país más rico y más
creyente del mundo, después de México (84%- 86%) tiene tantos delincuentes?,
¿por qué el capitalismo genera sociedades tan enfermas y tan violentas? La
barrera que delimitaba la moral de la amoralidad se desvaneció en aras de la
ganancia fácil, salvaje y obscena. El dinero es causa de muchos crímenes
horripilantes, de terroríficas acciones y de monumentales injusticias. El dinero
fácil es la única fuente inspiradora y meta primordial del crimen organizado y de
todos los delincuentes de segunda y tercera calaña. No olvidemos que la gran
mayoría de los pequeños y grandes comerciantes, hombres de negocios y
banqueros, etc, también caen en estas categorías, esos “respetables señores”
roban impunemente, sin vergüenza ni pudor a los que menos tienen, son Robin
Hoods al revés.

Los privilegios que genera el mundo “feliz” están reservados exclusivamente


para unos cuantos favorecidos (the happy few), que obligan a los demás que no
son de su casta a vivir en un mundo cruel, diferente e inferior al suyo, en donde
la vida cotidiana de la mayoría de la gente común (los de abajo), es un desafío,
una lucha ardua y permanente para sobrevivir. ¿Derecho divino o maligno? Esta
casta “sagrada” y “dorada” es directa y exclusivamente la causante y la
responsable de la injusticia social que prevalece en el mundo entero. No
recriminamos en sí a los sistemas o a los gobiernos, sino principalmente a los
dueños de aquellos. Censuremos a los que tienen la sartén por el mango, a estos
jinetes de la muerte que gastaron tres trillones de dólares (2004) por concepto de
compra y venta de armas y municiones.

El kosmocismo se presenta como una alternativa concreta en relación con el


mundo-real y no en relación con el mundo-mágico del creyentismo, del teísmo y
de las oligarquías. El kosmocismo no nace a partir de los mitos, sino a partir de
las realidades históricas que se manifiestan concretamente en el seno de las
civilizaciones. El rechazo de las obligaciones o de las normas religiosas
constituye una meta en sí para construir el camino kosmocista contra lo
irracional, la mediocridad, el absurdo y el pensamiento mágico creyentista. La
ruptura con el creyentismo y con su tradicional institucionalismo dogmático se
articula a partir de las observaciones de los hechos históricos absurdos realizados

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a lo largo de los siglos. La labor del filósofo independiente, libre y militante,


debe favorecer una toma de conciencia del individuo para liberarse y ubicarse
cabalmente en el mundo de la realidad. No más espejismos, no más quimeras, no
más elucubraciones fantasmales, no más simbolismos como la cruz gamada, la
hoz y el martillo, las camisas negras, etc.

No imitemos a las avestruces frente al mundo real; aceptemos sin miedo la


realidad tal como es a sabiendas de que es horripilante. No busquemos
inútilmente más distractores, más espejismos y más desviaciones. Dejemos de
confiar en los políticos, en el clero y en los capitalistas. Rechacemos a los ídolos
y a los símbolos. Renunciemos a la idolatría. Concientizemos que el dominio que
ejercen los ricos con sus fieles aliados los políticos, los burócratas, los militares y
el clero sobre el individuo y la sociedad, es la causa primordial de la injusticia
social, del desequilibrio económico y del deterioro de la ecología mundial que
padecen todas las sociedades, sean desarrolladas o no. Entendamos que mientras
haya ricos que explotan liberalmente y a ultranza a los pobres, jamás habrá
cambios ni mejoría real de las clases desposeídas. ¿Saben que no son más de
trescientas personas insultantemente ricas en el mundo, sus nombres están en la
revista Forbes, y que este pequeño núcleo de ricos ultra conservadores,
globalistas y reaccionarios gobiernan a su antojo conforme a sus intereses
personales a los miles de millones de seres humanos en el planeta?

El kosmocismo, en sus múltiples e innovadores planteamientos considera que


un equilibrado ordenamiento social sólo puede desarrollarse a partir de la libertad
compartida que une a los seres humanos, eliminando las causas que dividen y
confrontan entre sí a los habitantes del planeta.

¿No deberíamos concientizar que estamos desde siempre presos de nuestros


miedos, de nuestra ignorancia, de la tiranía de los poderosos, de la teocracia del
clero, de la dictadura ideológica, de la nefanda burocracia, de la economía liberal
y de los espejismos izquierdistas y derechistas? Hay que salvarse de la
parafernalia religiosa, ideológica y económica. Liberarnos de nuestras
condicionadas dependencias y entelequias maquiavelescas. El filósofo liberado
del embustero academicismo elitista no debe convertirse en el mensajero de la
confusión, de las fracturas, de las utopías elitistas y de las doctrinas castrantes
animadas por fantasmas del pasado. El creyentismo ideológico (militancia
política) de parte de la sociedad es también desviacionista y tan negativo como lo
es el creyentismo religioso (militancia religiosa). Con ellos sigue la problemática
real que afecta a la inmensa mayoría de los seres humanos del planeta. El mundo
teísta institucional es falso, cruel, injusto, masoquista, embustero, ficticio,
totalitario, corrupto y absolutamente reprobable, pero muy poderoso, porque
controla el arma más efectiva que existe en el mundo: la ignorancia de sus ciegos
e incondicionales seguidores.

La supersticiosa mentalidad, y la egolatría de los creyentes, aunadas al


demencial sueño de inmortalidad, son los elementos primarios responsables de la
anulación del valor y de la vitalidad que favorece la liberación y la evolución

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intelectual del ser humano. El kosmocismo se pronuncia por la completa


anulación de todo orden, valor y moral subordinados a cualquier teología
teocrática, ideología totalitaria, economía monopolística, a los burocratismos y a
los institucionalismos tiránicos. Toda racionalidad, reflexión y crítica
constructiva se estrellan irremediablemente contra el ignominioso muro de las
creencias. Entramos en el campo de la nulidad en donde el pensamiento racional
no tiene cabida ni eco.

Para el creyente no hay otro mundo posible; para él sólo es válido el mundo de
la irrealidad, de la ficción mitológica, de las supersticiones, del utilitarismo a
ultranza, de la tan anhelada felicidad y del bienestar post-mortem. Para el rico el
único mundo posible es el de la libertad de explotación y el de las ganancias
ilícitas y fraudulentas en la gran mayoría de los casos. Los centuriones bajo el
mando del millonario y pinocho Bush invadieron Irak para “democratizar” al
pueblo, no para “robarle” el petróleo… pero no contaron con el
antiamericanismo y con el fanatismo religioso de la gran mayoría de los
iraquíes; este maldito petróleo ha costado ya miles de vidas de indefensos civiles
y la de muchísimos jóvenes norteamericanos y latinos, pobres mayormente y con
escasa escolaridad, que ni siquiera gozaban de la democracia y de la justicia
social en sus respectivos países.

Más de cien mil fanáticos idólatras gritando y agitando sus banderitas


nacionales para honrar a su nuevo ídolo en la plaza San Pedro en Roma; qué
calamidad, qué tristeza, qué aberración, qué incoherencia. Una vez más se
comprueba la bobería y la poca conciencia de aquella gente despistada e idólatra.
Recuerden que en el funeral del sanguinario dictador Stalin asistieron también
centenares de miles de confundidos. Muchos atontados rusos, en su mayoría
gentes humildes e ignorantes, creen todavía que Stalin fue un gran héroe, un
benefectator del pueblo… Muchos franceses creen que el megalómano del poder
Mitterand fue un “gran socialista”, cuando en realidad era derechista y pertenecía
al jet set. Además era creyente, doble misa en 1996 en Jarnac, Francia,
Colaboracionista en el gobierno de Petain bajo la ocupación nazi en Francia, y
joven miembro de una facción ultraderechista, un estupendo y verdadero
“socialista-caviar” bon bourgeois; sin embargo, tanto seudos “izquierdistas”
como derechistas estuvieron presentes en la misa de su funeral que se desarrolló
en un solemne y ostentoso ambiente versallesco, digno de un gran y
sinvergüenza pretendido “socialista”. Muchos rusos ilusos dicen que Stalin fue
un enviado del Cielo. En su funeral los idólatras también llenaron la Plaza Roja
del Kremlin. La inventiva destructora y perversa del necrófilo dictador
responsable de las fenomenales y trágicas purgas causantes de espeluznantes
asesinatos de millones de inocentes bien se merece un lugar honorífico en el
corazón de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuyo sorprendente silencio es prueba de
confabulación. ¿Quién le reprochó al sanguinario líder del Estado más totalitario
de toda la historia, la carnicería de Rjev-Viasma (1941-42)? Un millón de
muertos, nada mal…Recordaré a mis hipotéticos lectores que el “pueblo” es una
creación de la elite manipuladora y populista; los soldados y los policías son
miembros del pueblo, sin embargo están listos como perros rabiosos para

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masacrar sin cuestionar el por qué a dicho pueblo cuando sus amos lo ordenan.
El pueblo no es una entidad autónoma, es un ente sin forma, manipulable, sin
conciencia ni amor propio que se deja seducir y comprar con gran facilidad por
las ideas dominantes del poder, es un idólatra servil del Poder. Hay que
desconfiar del “pueblo” manipulado al servicio de la demagogia tanto como de la
élite. Lo único rescatable del pueblo, es el individuo.

El 90% del parlamento francés votó si, más del 60% de la sociedad civil votó no,
lo mismo sucedió en Holanda, 63% votaron no, en Francia más de la mitad de los
socialistas votaron sí, la mayoría de los socialistas españoles votaron sí a la
eliminación de lo social y del contrato laboral, en contra de la laicidad, en contra
de la solidaridad, al paro, al sindicalismo charro, a la eliminación de las leyes y
de los leoninos contratos laborales, sí al neocapitalismo, sí al continuismo de la
elitocracia, sí a la inmigración masiva e ilegal, sí al atlantismo, sí al despido
masivo, sí a las privatizaciones de todos los servicios públicos, sí a las
deslocalizaciones, sí a la crisis y a la injusticia social, sí al malestar europeo, sí a
la inseguridad social, a la explotación, a la represión del Estado, al militarismo,
a la globalización impuesta por los Estados Unidos. ¿Serán los “socialistas-
caviar” izquierdistas o derechistas? Creo que ni lo uno ni lo otro, son finos y
astutos zorros, son unos oportunistas camaleonescos muy atrevidos. Las
campañas de los “socialistas” a favor del sí en España y en Francia demuestran
que, en la práctica, son unos nefandos oportunistas.

Como podemos observar, la sociedad civil está completamente divorciada del


parlamento y de los gobernantes, sean de derecha o de izquierda. Esta sórdida
familia política quiere hacer de “su” Europa, una exacta réplica de los Estados
Unidos de Norteamérica, que ha demostrado al mundo entero que su sistema es
negativo, altamente perturbador, depredador, extremista, elitista, injusto, racista y
muy militarista. Ha engendrado a través de su historia una sociedad enferma,
patriotera, arrogante, ingenua, muy agresiva y desequilibrada. El kosmocista
opina que no es un modelo que deba imitarse bajo ningún pretexto. Hoy en día
no hay ningún modelo digno y meritorio de ser imitado.

Hitler, psicópata, megalómano y demencialmente violento tenía un lugar


especial en el corazón de la curia del Vaticano con Pío XII, su más grande aliado.
En su huida, muchos criminales nazis pasaban primeramente por el Vaticano
para llegar finalmente con papeles y nombres falsos a América Latina.
(Argentina, Chile, Paraguay, etc, etc.) Y qué me dice de la confabulación de la
Iglesia Católica española con su más fiel y seguro amigo, el generalísimo
dictador y asesino Franco. También había miles de aturdidos y afligidos idólatras
asistiendo a su fastuoso y pomposo funeral en la catedral de la Almudena en la
ciudad de Madrid. Para desgracia nuestra, me refiero a los que no idolatran a
nadie, la lista de esos entrañables necrofilos “héroes” y vampiros del poder es
demasiado larga. ¿Pero qué sentido tendría la idolatría y la morbosidad del
pueblo sin ídolos ni morbo?, ¿qué haría el sistema sin su borregada?, ¿quiénes
son los que conforman el rebaño? ¿Son nuestros aliados?; evidentemente, no lo
son.

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La aberración del creyentismo es algo que poca gente puede ignorar, es decir la
vivimos a diario y la hemos padecido durante milenios. La trayectoria histórica
del teísmo demuestra que la “voluntad divina”, léase la voluntad del clero, es, en
la mayoría de los casos, antagónica siempre a lo que predican los abnegados e
hipo-inteligentes servidores y adoradores del susodicho “Señor”. La libertad, el
amor, la paz, la felicidad, la armonía social, la solidaridad, el equilibrio
económico y ecológico, no se manifiestan en ningún país de la Tierra y menos
aún en la fortaleza teocrática y ultra conservadora del Vaticano, ni siquiera en los
países “muy creyentes”, donde la perversión de los gobernantes y la de los Goliat
del gran capital no tiene límite.

Los trillones de misas, de sermones, de rezos, de plegarias, de comuniones, de


confesiones, de oraciones, de Ave Marías y millones de metros cúbicos de agua
bendita, miles de toneladas de incienso, centenares de canonizaciones y la gran
comilona de hostias, no parecen influir en la voluntad del “Todo Poderoso,” que
desde el principio eligió la espada afilada y no la paloma blanca para imponer su
ley. Empezando por las fechorías del aguerrido Moisés y sus mercenarios y las
de la curia mafiosa y piratesca del Vaticano, sin olvidar las de los energúmenos y
enloquecidos clérigos islámicos.

Únicamente los fideístas niegan hipócritamente la verdad-real, la realidad del


mundo profundo, el mundo de la mayoría, el mundo de la cotidianidad, el mundo
humano de los explotados y su lucha para sobrevivir. El mundo terrenal del
César. El mundo teísta, debido a sus impulsos destructivos, a su oceánico terror a
la muerte y al gran pavor a perder sus vergonzosos privilegios, por falta de
coherencia mental y por miedo, rechaza cualquier racionalidad como signo de
posibilidad real.

El kosmocismo niega categóricamente el poder que ejercen las instituciones


religiosas sobre el individuo y su libertad, haciendo de él un simple, inocente y
sumiso animal de rebaño. Con el creyentismo no hay fundamento para
desencadenar un proceso de liberación “espiritual” y mucho menos aún para la
construcción de un mundo mejor o diferente. Seguirá la ideología destinal de la
mediocridad encubridora y de la eterna segregación social que han resultado
siempre muy eficaces para someter e idiotizar a los creyentes y a la mayoría de
los que no pertenecen a la elitocracia.

Hay muchos ateos que todavía creen en el socialismo, en el capitalismo y en la


política. Muchos izquierdistas declaran ser ateos, no creen en las religiones, ni en
los dioses, pero creen dogmática y pasionalmente en la política. Fideísmo
político, partidismo, sectarismo, etc. Creencia de todas maneras, resultado:
anclas, cadenas y continuismo del sistema.

A diferencia del teísta, del ateo y del creyente, el kosmocista anti-teísta no cree
en ninguna deidad, no cree en la magia, ni en los mitos, no cree en las religiones,
no cree en la política ni en las ideologías y menos aún en la validez y la “virtud”

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de los sistemas existentes y en su institucionalismo. Cree en la libertad-que-libera


sin hacer de ella una religión, un dogma, una ideología o una oposición militante
que alimente a sus opositores. Considera la libertad-que-libera indispensable para
lograr una mayor evolución y madurez intelectual personal. Una vez superada la
mediocridad de los sistemas y la de sus ignominiosamente burocráticas
instituciones, el individuo de la fantasmal “sociedad-civil” deja de ser un no-ser
histórico y político. Actualmente, bajo los sistemas existentes, el individuo está
desposeído del poder constituyente, está sometido al arbitrio de las oligarquías
financieras, tecnócratas, religiosas y del funesto Estado-terrorista césaro-papista.
Ni la derecha, ni la izquierda, son capaces de generar auténticos y profundos
cambios y verdaderas reformas estructurales que beneficien equitativamente a
toda la sociedad, y no exclusivamente a la elitocracia como sucede actual y
tradicionalmente, independientemente de que los gobiernos sean de derecha o de
izquierda. Permanencia del jet set en el poder independientemente de la
ideología.

Ningún ser humano puede hablar de libertad si está encadenado y maniatado


por creencias o dependencias, sean políticas, religiosas, ideológicas o mágicas.
La realidad sin fábulas ni mitos es la que puntualiza racionalmente el
pensamiento kosmocista dentro del mundo real liberado de sus innumerables
espejismos. Las fábulas, sean bíblicas o de cualquier otra índole, no prosperan en
la corriente kosmocista. Para el kosmocismo, lo esencial, no es negociar ni hacer
concesiones con el Estado, con el clero o con la elitocracia, sino reinterpretar
fuera del cuadro institucional nuevas estructuras sociales, económicas, políticas,
científicas y tecnológicas, en vista de un equilibrado colectivo social real;
armonizar dentro de nuevas perspectivas el compromiso individual en paralelo
con el destino colectivo. El individualismo-radical producto del liberalismo sólo
contribuye a la edificación fantasiosa de castillos en el aire. Todo pensamiento,
toda acción, toda lucha que no tienda hacia la libertad, debe considerarse anti-
progresista y a contra corriente de la legítima evolución que deben experimentar
los individuos conscientes de la situación real del mundo y de la sociedad en la
cual se desempeñan.

Liberarse, emanciparse, ser libre, es la primera meta del individuo que desee
desarrollarse y crecer intelectualmente. A los apasionados verborréicos de los
cafés, a los soñadores, a los idólatras y a los ilusos que viven aisladamente en su
torre de marfil, les diré que nada hay que esperar de ningún sistema actual. Ni la
izquierda ni la derecha o el centro ofrecen una alternativa real para la
colectividad. La humanidad que vive debajo de las estructuras actuales de los
gobiernos está condenada a la vil servidumbre, para ella la esperanza es sólo un
ambiguo e inalcanzable sueño, y observando imparcialmente la marcha del
mundo vemos que su futuro es más que gris. Lo único que garantizan los
sistemas actuales es la continuación a escala planetaria de la mediocridad en toda
su magnificencia. Las élites de los países ricos, pobres, desarrollados,
subdesarrollados, en vías de desarrollo, etc, etc, tienen todos las mismas
problemáticas, las mismas carencias, las mismas ambiciones, los mismos retos,
las mismas políticas y sus metas generalmente convergen; la principal es

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mantenerse en el poder y si para ello hay que masacrar a ciudadanos


inconformes, lo hacen alegremente con la mano en la cintura invocando
hipócritamente como pretexto la tan trillada “seguridad nacional.” El caso más
reciente es Uzbekistán (más de mil asesinatos ordenados por el nefando déspota
islamista Karimov y ejecutados por soldados y policías asesinos), que, por
supuesto, no creen ni respetan para nada los derechos humanos, exactamente
como los que asesinaron a ocho mil seres humanos en Bosnia. Creo que la Corte
Penal Internacional de La Haya debería tomar cartas en el asunto de esta
espeluznante masacre y otras vergonzantes acciones genocidas cometidas en
muchos países del planeta.

Pero las metodologías represivas de los sistemas (clase dominante) están a la


altura de las ambiciones de los gobernantes y de los dictadores que violan sus
propias constituciones a diario. Los jueces del Tribunal Internacional son parte
de la elitocracia, por lo tanto dudo mucho de su imparcialidad y eficacia. Usted
estará de acuerdo conmigo; si un militar o un policía matan intencionalmente a
un ser humano indefenso es, ni más ni menos que, un vil asesino, un maligno
mercenario, un matón a sueldo, un peligroso sociópata. No hay excusas ni
pretextos que valgan. Todos los gobernantes que ordenan una matanza deberían
ser considerados ipso facto fuera de la ley y ser juzgados por ello. Aquel que
ordena una matanza es mayormente responsable y debe responder ante la ley por
su delito. El caso del general homicida, torturador, déspota, corrupto y ladrón
Pinochet, es muy ilustrativo acerca de la impunidad y complicidad propiciada por
el mismo sistema judicial chileno, que ahora por conveniencias políticas, se ve
obligado a llevar al traqueteado anciano y a su bonita familia delante de los
tribunales. No hay que olvidar que el golpe de Estado fue fraguado desde la Casa
Blanca en la ciudad de Washington, con visto bueno del siniestro y embustero
Nixon, la C.I.A y el pentágono ayudaron con dinero, armas e valiosas
informaciones para facilitar al funesto y asesino general Pinochet el golpe de
Estado.

El conspirador y neurótico Kissenger debería ser requerido y ser juzgado


aunque sea simbólicamente por la justicia chilena. Corrupción, sobornos
connivencia del sistema, complicidad y solidaridad de castas, permite que la
impunidad oficial y extraoficial beneficie a las élites de la America latina. En
Birmania tenemos un deplorable ejemplo de un régimen totalitario instaurado por
la jerarquía nacional auxiliada por la elitocracia internacional, y así hay una larga
lista de países que están todavía bajo las botas de aterradores tiranos apoyados en
su mayoría por los gobiernos de la muy “democrática” y “religiosa”
Norteamérica, la mayor violadora en el mundo de los derechos humanos. Los
ignominiosos casos de “presidentes-dictadores” con la plena e incondicional
colaboración y ayuda monetaria de la alta jerarquía militar del Pentágono, son los
responsables de la podredumbre, de la impunidad y de la corrupción de los
sistemas políticos en América Latina. Ahora, si estudian y observan atentamente
las actuaciones de los regimenes africanos y otros, seguramente se les pondrá la
carne de gallina en todo el cuerpo. Afganistán, Cachemira, Chechenia, Colombia,
Filipinas, Irak, Irán, Egipto, Siria, Arabia Saudita, Yemen, Sudán, Somalia,

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Nigeria, Zimbabwe, Costa de Marfil, Marruecos, Argelia, Túnez y un muy largo


etcétera, demuestran desgraciadamente que todos los sistemas sin excepción son
un fracaso redondo en todos los sentidos. Después de milenios de “civilización”
y “evangelización”, la canibalesca ley de la jungla todavía prevalece.

La meta del kosmocismo:

La primera meta del kosmocismo radica en la obtención de la libertad


intelectual individual es la liberación del pensamiento cárcel-religioso-mágico-
político, liberarse, sobre todo, de los dogmas, de las instituciones religiosas y
políticas Dicha liberación equivale a sacarse de encima todos los imperativos que
hacen del ser humano una suma de roles que lo coaccionan. El ser humano es
libre a partir de un nuevo horizonte que nada tiene que ver con la injusticia y la
ceguera del mundo del infame rebaño teísta y su perversa cúpula política. El
creyente militante es cómplice y es parte integrante de la bandada de los
mediocres, de los obsesionados, de los fanáticos y de los explotadores. La
libertad está anulada por el Estado, los gobiernos, la burocracia, las élites, las
Iglesias, los creyentes, las academias, las instituciones, la sociedad comerciante
en general, y, por ultimo, por la cobardía de la mayoría de los seres humanos
debido a que su templo es el de la de la ignorancia, del egoísmo, de la parálisis
mental, de la mediocridad, del conformismo y del inmovilismo, pero sobre todo,
por el venenoso y ciego afán demencial de poder y dinero; poseer, tener, explotar
y dominar a los demás, sin tomar en absoluto en cuenta las consecuencias.
Después de mí el diluvio…Insensibilidad social que se ha transformado en un
anti-humanismo radical, la asombrosa y espeluznante carnicería en Irak es la
prueba de ello.

Lo que plantea el kosmocismo es la eliminación de las creencias


indiscriminadas, preconiza el fin de todos los mitos fantasmales que habitan
nuestra condicionada y endeble imaginación. Se trata de romper las cadenas y de
cuidarnos, de no caer en las trampas que el clero y los grandes iluminados
inventaron para mantener a las poblaciones en la mediocridad y en la vil
sumisión. Los creyentes nunca serán libres, estarán siempre anclados a su
mediocridad, a su limitación mental, a su excesiva fantasía y a su aterrador
miedo. El mundo de los creyentes es un mundo condenado de antemano, un
mundo castrado y sin horizontes, un mundo “seudo-maravilloso,” pero
fatalmente condicionado a la muerte previa de los creyentes. Para ensalzar la
mediocridad y el caos, los creyentes celebran con entusiasmo, pasión y espantosa
crueldad, su terrible fanatismo y fundamentalismo religioso; hacen patente con
arrogancia y ostentación su increíble masoquismo y sadismo, con una sangre fría
verdadera y francamente escalofriante. Necrofilia máxima. ¡Cuidado!, aquel que
lea este trabajo debe saber que todos los creyentes, sin importar qué religión
profesen, son seres categóricamente peligrosos y depredadores y a los que no
creen que así es, les ruego que estudien seriamente la historia de las religiones
antes de opinar alocadamente, lean también el extraordinario libro titulado “El
testamento” del culto Jean Meslier (1733), y el asombroso libro de Karlheinz
Deschner (1987) titulado “Opus Diáboli.”

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Más ignorante, más creyente. La creencia es una mercancía para el clero, es la


garantía del modus vivendi de los curas, padres, pastores, rabinos, mullhas,
monjas, etc. etc. Todo un sistema monopolístico vive a expensa de nuestras
creencias (el diezmo, las donaciones, las limosnas y el pago de los rituales), ¿a
cambio de qué? Las religiones teístas son religiones de la negación y del deber
totalitario para ignorantes, pero son un excelente negocio para los astutos y
voraces vivales. De otra manera ¿cómo justificar tantos siglos de mentiras,
patrañas, ficciones y fábulas, sin la ayuda económica de millones y millones de
ignorantes y de interesados en mantener el status quo?, el teísta es un ser que
odia la ciencia, la filosofía, la realidad, el pensamiento libre, la materia, el
conocimiento y, sobre todo, la libertad y la vida. Su mente está cerrada al saber.
¿El evolucionismo?, imposible; ¿el poligenesismo?, imposible; ¿La geología, una
disciplina fiable?, imposible; ¿Una etiología racional?, imposible; ¿el
heliocentrismo?, imposible, etc. etc. La ciencia comprueba a diario que todas las
religiones fueron construidas sobre colosales falsedades, ficciones, alucinaciones
y sobre intereses terrenales bien concretos de unos cuantos. La verdad es que un
mono de circo es más inteligente que los creyentes que creen firmemente en los
ángeles, en los espíritus malignos y en las fantásticas fábulas que les fueron
inculcadas arbitrariamente desde su más tierna infancia en sus mentes frágiles e
inmaduras.

Los manipuladores y los vivales marrulleros clericales pretenden imponer por


el terror, la amenaza, las falsas promesas, el castigo y el fuego eterno, los
dictados de pretendidos e imaginarios dioses que nacieron de mentes humanas
muy perversas, radicalmente extremistas y extremadamente enfermas. Un ser
inteligente no puede seguir inocentemente con este trágico teatro ni debe
participar en esa grotesca y desastrosa comedia que ha intoxicado a la mente
humana desde el paleolítico y el neolítico y que sigue impunemente haciéndolo
hasta nuestros días. La castración intelectual abunda en la literatura teísta. El
misoginismo de las Iglesias es muy notorio, sin embargo las estoicas mujeres
católicas no parecen incomodarse por esta terrible discriminación, segregación e
insensato machismo. El “involucionismo” intelectual del ser humano empieza a
partir del nacimiento del pensamiento mágico-religioso-primitivo. Cambiar lo
real por lo ficticio, poder absoluto sobre el cuerpo y el “alma.” Milenios de
comedia teatral religiosa han desencadenado en el seno de las civilizaciones una
histeria dominada por una pulsión de muerte.

Este mundo ficticio que es el mundo religioso, ha causado un daño irreparable


y sus terribles consecuencias afectan directa y profundamente a todo el género
humano. La mitología teísta entre las manos del clero, de los tiranos, de los
dictadores y de los autócratas, es la responsable de la sumisión irracional de la
humanidad a las normas de los determinismos de las iluminadas y vívales
jerarquías clericales. La creencia en lo sobrenatural y en los ejercicios rituales
religiosos, que debería ser un asunto individual, interno, privado, íntimo y
personal de cada individuo, cuando se vuelve público e institucional, se

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manifiesta como ideología dotada de aparatos gobernantes, de control y de


propaganda. Por lo tanto, nadie tiene que tolerar las creencias religiosas cuyas
finalidades son estrictamente de carácter político. Bien; ahora seamos objetivos,
¿dónde está la responsabilidad civil, social y política de la casta religiosa?,
¿acaso no son los creyentes responsables de las guerras, de los genocidios, de las
hambrunas, de la destrucción, de la contaminación y de la deforestación del
planeta?, ¿acaso no son los creyentes de los países desarrollados los que más
compran sofisticados muebles hechos de madera preciosa?, ¿quién es más
culpable: el leñador o el comprador? Más de cinco mil millones de creyentes en
el mundo, ¿para qué, de qué sirve?, ¿qué acaso el Papa no debería ser sometido a
un juicio por genocidio, cuando prohíbe en el nombre de su deidad, el uso del
condón a los católicos o cuando condena el aborto en un mundo intolerable y
peligrosamente sobrepoblado donde más de mil trescientos millones de personas
carecen de lo más elemental, como, por ejemplo, el agua potable? Millones de
seres humanos en el mundo están contagiados por el virus del SIDA,
posiblemente morirán en condiciones realmente infrahumanas por carecer de
medicamentos adecuados y demasiado costosos, centenares de miles están
condenados a la muerte gracias a la extraña “moral” del jefe supremo de los
católicos, que vive muy confortablemente en el lujoso y ostentoso palacio del
Vaticano.

Los Papas, la curia y todos los que conforman la Iglesia Católica y las otras son
responsables legal y penalmente. No más impunidad ni tolerancia para el clero
pecador y pederasta. Aquí estamos refiriéndonos a la responsabilidad civil de
todas las jerarquías religiosas sin excepciones. Muchos miembros “distinguidos y
honorables” de la Iglesia promueven encubierta y clandestinamente en los
seminarios la pedofilia y otras aberraciones sexuales cuya futuras víctimas serán
las hijas o los hijos de los muy, pero muy inocentes, (para no decir estúpidos)
creyentes que confían todavía en el sano equilibrio psicológico y emocional de
los representantes de un supuesto dios de amor… ¿Será que los seminaristas y
los curas neuróticos y pederastas confunden amor con perversión sexual? ¿Qué
opinan de los sacerdotes pederastas que todavía no han sido denunciados y andan
impunemente y sin conflictos morales ni culpabilidad entre nosotros? Más de
1000 acusaciones de abusos sexuales de menores por parte de 800 sacerdotes
católicos en el año 2004. Kentucky, 120 millones de dólares que debe pagar la
Iglesia católica por indemnización a las victimas de agresión sexual de parte de
los sacerdotes, 100 millones de dólares (Orange Conty, Cal), 85 millones de
dólares (Boston, Massachussets), etc. etc. Centenares de curas encarcelados por
abuso sexual contra adolescentes y niños de baja edad. Ochocientos mil
encarcelados en los Estados Unidos por pedofilia, el país más “creyente” del
mundo. ¿Qué les parece? La tolerancia tiene límites, la impunidad no puede ser
infinita, los delitos que se cometen en el mundo del César deben ser juzgados
aquí; terrenalmente. Aquí en la Tierra, si comenten algún delito, (y vaya que los
cometen), deben ser juzgados y castigados si es preciso, como cualquier infractor
a la ley. La impunidad “celestial” no tiene jurisdicción en el mundo del César.

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Padres de familia no confíen a sus hijos a los lobos disfrazados de borregos.


Cuídense y protejan a sus hijos de los sacerdotes, de los cardenales y demás
religiosas o religiosos. También hay muchísimos sociópatas pederastas
peligrosos que pretenden ser creyentes. Declararse cristianos, judíos, islámicos o
budistas, no garantiza la calidad moral de aquellos que pretenden ser militantes
de tal o cual religión. Por favor, padres de familia, por la salud mental y física de
sus hijos no dejen a los religiosos acercarse a ellos. Los pederastas son
peligrosos; en España actualmente se juzga a algunos pederastas por haber
violado bebés de sólo algunos meses de edad. ¿Qué les parece?, un país muy
católico, ¿no? ¿Francamente no cree usted que estos desquiciados enfermos
mentales han traspasado los límites de las “preferencias-sexuales”? Ninguna
religión es capaz de frenar la perversidad sexual y la amoralidad humana que
cada día se enredan más y más en una espantosa y compleja red de infamias e
increíbles locuras.

La religión y la política:

La simbiosis de la religión y de la política no es un accidente, es un acto


premeditado y de conveniencia mutua. Aquí, ni los creyentes ni los militantes
comunes tienen acceso, sólo la élite es la que manda y es la que dictamina lo que
es razonablemente conveniente para obtener y proteger sus propios intereses. El
político y el religioso tienen el mismo perfil; mentiroso, disimulador, hipócrita,
malévolo, radical, extremista, necio, ladrón, estafador, corrupto, vicioso,
degenerado y, sobre todo, seductor y manipulador. Todos los políticos están
enfermos de política, y la política es como el poder; trastorna mentalmente a
cualquier ser humano. Tenemos un montón de trastornados que deciden
unilateralmente los destinos del mundo entero, personas desequilibradas
mentalmente que nos gobiernan y dirigen las naciones con una pasión demencial
y con un afán mesiánico delirante. Ahora bien, quítense la venda de los ojos,
vean nuestro mundo cómo anda, y comprenderán que si estos enfermos mentales
siguen al mando de las sociedades, nuestro destino será inevitablemente
catastrófico. Para nuestro bien, debemos denunciar y rechazar tanto a los
políticos, en especial aquellos que provocan las guerras, como a los religiosos,
sobre todo a aquellos que bendicen las guerras, y a los magnates del gran capital,
porque son los que pudren y gangrenan más y más a la ya desquiciada y muy
castigada humanidad.

La humanidad no ha superado todavía su infantilismo, y antes de que suceda lo


contrario, es evidente que tendrán que ocurrir muchos eventos y muchísimos
cambios en el planeta, pero el mundo que han construido los “manda-más” y los
amos de las economías y de las religiones, es un mundo que obviamente nunca
cambiará, a menos que se generalice en todos los países una ruptura definitiva de
parte de los individuos-ciudadanos, ya cambiados ellos mismos previamente,
porque el tan anhelado cambio debe empezar por uno mismo. Sin este cambio
individual ningún cambio real es posible, por lo tanto, si no cambiamos, sería
ilusorio de nuestra parte pensar que los sistemas existentes con todo lo que
representan cambiarían como por arte de magia. No solamente es imperativa la

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liberación individual voluntaria, sino que es necesario que los demás también se
liberen y que desarrollen juntos un fenómeno autónomo y colectivo de
liberación.

El mundo no va tan bien como lo pretenden los optimistas, es decir los


“despilfarradores” de las clases privilegiadas (el mundo de los happy few,
burbuja de la élite). Salta a la vista que la salud de la Tierra y la salud mental de
la mayoría de la población mundial van en declive, la pobreza se extiende
inexorablemente y crece a un ritmo alarmante, 3000 millones de seres humanos
vivirán en ciudades perdidas (sin servicios) en el año 2050, el número de
habitantes en las ciudades perdidas ha aumentado 50 millones desde 2003, en los
países “desarrollados” 6.2% de la población vive en ciudades perdidas, en chozas
o simple y llanamente en la calle.

Verán ustedes que no hay razones para ser optimistas en cuanto al terrorífico
futuro que ya nos alcanzó y que año con año extiende sus tentáculos en todos los
países de la ya agotada y moribunda Tierra. Dejad crecer a la población y a la
pobreza, porque en ellas está nuestra riqueza. Sin embargo, a pesar de las
evidencias y de la irrefutable obviedad de manipulación y explotación, la
mayoría de los humanos haremos como si nada pasara, escucharemos con
lágrimas en los ojos los bellos y poéticos discursos del Papa, las letanías
repetitivas de los gobernantes, seguiremos indiferentes, insensibles, consumiendo
con la misma avidez, la misma arrogancia y con la misma inconciencia,
anhelaremos comprar inocentemente un 4x4 del año sólo para presumir al
vecino, etc. Seguiremos creyendo en las fábulas religiosas, en los cuentos de los
libros “sagrados”, en las eternas mentiras del clero, en las malévolas y
embusteras farsas políticas. Seguiremos votando estúpidamente como ignorantes
y conformistas por los eternos sedientos de poder que siempre se han empeñado
en destruir a la naturaleza; y manipular y engañar a los más débiles.

Debemos comprender que no habrá ni puede haber cambios si las mentalidades


inducidas y moldeadas por la clase dominante nos obligan a pensar de la misma
manera y no diferentemente. Deberíamos recordar a cada instante que son los
poderosos los que han establecido las reglas del juego en el mundo entero, fueron
ellos los que escribieron las constituciones y las leyes, no fue el proletario, ni los
mendigos, ni los marginados ni los sin techo y menos aún los excluidos. El
Estado nunca cambiará sus estructuras ni su mentalidad burocrática, y menos aún
su “honorable” institucionalidad, porque aquéllas son las garantías de sus
inmensos privilegios, pero en ningún caso los de la mayoría. Las instituciones
están al servicio de los gobernantes, no de los gobernados. La justicia para los
pobres no existe, los que gozan de impunidad por medio de la “in- justicia” son
los que pueden pagar con dinero sucio, en la mayoría de los casos, a los
corruptos y voraces abogados exuberantes sumas de dinero. La justicia para los
pobres está ciega y sorda; centenares de miles de inocentes actualmente están
pudriéndose en las cárceles gracias a la ceguera y al desdén de los muy
“honorables” e “incorruptibles” jueces. La “justicia” entre las manos de jueces
corruptos está podrida al igual que el sistema que los sostiene.

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Democracia; otra trampa del sistema de poder. Oposición; un vil engaño,


derecha, izquierda, demócratas, republicanos, etc. En sus praxis políticas no hay
ninguna diferencia entre ambos. El poder es la meta. La coexistencia de la
derecha y de la izquierda manifiesta una “conciencia política” que se traduce por
un pluralismo colaboracionista. La globalización impuesta por la elitocracia
internacional domina ideológicamente a la izquierda caviar. Gracias a la
complicidad de la izquierda, la guerra entre: liberal y social terminará con el
triunfo de lo liberal. Continuación del Statu-quo del sistema camaleonesco que
se acomoda con gran facilidad a los gobiernos, sean de izquierda o de derecha.
Nada cambia, sigue la ilusión y la estrategia de la zanahoria de parte de los
gobernantes. Nada cambiará si no cambiamos nosotros primero. Los que gritan
en las calles, cambio, cambio, cambio, no están dispuestos a cambiar ellos
mismos, piden el cambio sí, pero de los otros, y además el cambio tan solicitado
debe forzosamente corresponder a sus intereses políticos o económicos. Las
concesiones no son su fuerte. Debemos todos sujetarnos a su visión única del
mundo, todos tenemos que ser católicos, protestantes o islámicos, de la derecha o
de la izquierda, etc. etc. También los lideres sindicales son unos charlatanes,
espías y traidores de la desahuciada clase trabajadora, sus “reivindicaciones”
alimentan más al sistema de lo que fortalece el reclamo de justicia social de los
ilusos agremiados.

Las “oposiciones” son más artificiales que verdaderas, son las locomotoras de
los sistemas, ellas garantizan la continuidad de la gran maquinaria institucional y
burocrática que protege y fortalece al Estado y a sus instituciones, no al
ciudadano ni a la sociedad. El Estado y los sistemas están al servicio de los
poderosos y ellos no están dispuestos a cambiar nada. Voten como voten;
derecha, centro, izquierda, nada cambiará. Que los demás cambien a nuestro
modo de vivir, pensar y actuar. Globalícense con nosotros, consuman
frenéticamente, sin límites y sean felices, los ricos y los “honorables”
gobernantes, incluyendo a los corruptos y conspiradores senadores y a los vivales
y traidores diputados, les estarán muy agradecidos. Hagamos todos como si
viviésemos en el país de Oz. En la tormenta cerremos los ojos y dejemos
complacientemente que el Poder proteja y favorezca a quien menos lo merece.
Seamos partícipes felices y voluntaristas de la increíble, grotesca y pérfida
conjura.

¿Qué gana usted al declarase ateo si milita en un partido político? De todos


modos es creyente de una ideología. Es sabido que es el creyentismo formal el
que obliga al ser humano a una determinada conducta y forma de pensar que
obligatoriamente está relacionada con los términos impuestos por la misma
ideología. Ser creyente religioso o ideológico es definirse como enemigo de la
libertad y de la no-evolución. ¿Es usted un promotor de la continuidad del status
quo impuesto por la clase gobernante o por el clero? Si lo es, entonces es usted,
sin duda, un enemigo de la vida.

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Según el concepto kosmocista, se trata de vivir sin creencias, sin dioses, sin
doctrinas, sin ideologías sin burocracias ni Estados-autoritarios, que atan a los
seres humanos con cadenas inquebrantables. Liberarse es el reto que cada uno de
nosotros debemos afrontar; si no tenemos las ganas ni las facultades, los medios
o la inteligencia para empezar el proceso individual de liberación, entonces
dejémonos de filosofar, votar, opinar, divagar o especular sobre los asuntos del
mundo y mejor dediquémonos a ver el fútbol, a las truculentas telenovelas, a las
películas pornográficas, jugar al dominó o a la baraja, etc. (Panem et circenses).
No hay mejores remedios para aliviar nuestros males que la resignación, el
conformismo y la ceguera mental. La indiferencia y la conformidad son los
mejores cómplices de los responsables que hacen que la Tierra se vuelva
gradualmente un verdadero desierto. Esos enemigos de la vida son responsables
del quebranto de la sociedad, de la escalonada des-solidarización y de la des-
socialización entre los seres humanos. El individualismo radical es exacerbado
por el liberalismo. Tener mucho y comprar siempre es la llave de la felicidad, no
importa el costo, no importa si implica la extinción del género humano. Si no hay
un drástico cambio de dirección en la conducta humana, es evidente, según el
diagnostico de muchos científicos, ecologistas e intelectuales, que pronto
llegaremos al final de nuestra hasta ahora infortunada aventura.

Son los grandes patrones expansionistas del capitalismo mutante, (léase los
ricos) quienes modelan el mundo según sus intereses. ¿Cómo vivir el capitalismo
sin trabas y en toda libertad?, globalizando el capitalismo universalmente. La
brutalidad ideológica, la intolerancia intelectual, el chantaje económico, la
explotación, el desprecio hacia los demás, son las armas favoritas de los dueños
del mundo para someter a la humanidad a sus reglas implantadas según los
valores de la gran familia capitalista mundial. Meta colectiva inculcada; el
consumismo masivo (el consumo-masivo-popular), que alimenta vitalmente todo
el sistema financiero internacional. Son los consumidores los que alimentan y
fortalecen las estructuras financieras que, por lo general benefician mayormente
y directamente a los patrones, a los inversionistas y a los dueños anónimos de
capitales. ¿Estaría usted dispuesto a reducir su consumo en un cincuenta por
ciento? Los histéricos, neuróticos y obsesivos del consumo son los que
contribuyen directa y principalmente a la decadencia moral, a la injusticia, a la
discriminación social y a la destrucción de nuestro planeta. Cuidado, no
perdamos nuestro tiempo en echar la culpa a los ricos; los ricos hacen lo suyo y
desgraciadamente lo hacen muy bien. Ahora la pregunta es: ¿hasta cuándo
decidiremos hacer lo nuestro? Los ricos defienden esmeradamente sus intereses,
¿el pueblo qué defiende?, ¿tú qué defiendes?

Si logramos cambiar y liberarnos, entonces es posible todavía vislumbrar un


nuevo horizonte, mientras tanto nada es posible, todo es ilusión, es seguir a
ciegas el camino que lleva a ninguna parte; es contribuir con un fatalismo y un
nihilismo mórbido a la locura colectiva, a la decadencia, al caos, al desistimiento
a la vida o, tal vez, a una loca insurrección popular que provocaría una brutal y
radical represión patrocinada por los amos del mundo. Debe quedar muy claro en

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nuestra mente que si no cambiamos, nada en absoluto cambiará. Si cambiamos,


todo es posible, porque sabemos que la determinación de un objetivo permite a
cada uno de nosotros saber dónde, cómo y en qué dirección avanzar.

La nueva estrategia de los amos del mundo, apoyado por los amos de las
religiones, por los políticos y por los traidores dirigentes sindicales, aliados
incondicionales de la clase patronal (co-gestionarios), que renunciaron
complacientemente a cambio de dinero y prebendas a las verdaderas
reivindicaciones de la clase trabajadora (diálogo y consenso), radica en aniquilar
gradualmente a la clase obrera, privatizar todos los servicios públicos, eliminar
totalmente lo social y las jubilaciones, quitarles su trabajo y sus raquíticos
salarios. Reemplazar al obrero por máquinas, la completa automatización es el
sueño dorado del industrial. Bajo el régimen de la globalización el destino de la
gran mayoría de los trabajadores es la calle, las ciudades perdidas, penurias,
hambre, mendicidad, prostitución, insurrección, marginación o el suicidio
colectivo. Los poderosos anhelan la nulificación y la marginalización total de la
clase trabajadora. ¿Qué harán los obreros? ¿Qué harán los miles de millones de
desempleados, de marginados, de sin techo, de sin salario y de hambrientos,
cuando las legitimas reivindicaciones sociales ya no tengan eco? Lógicamente, se
presenta la oportunidad para los individuos y para los grupos organizados, de
realizar venganzas anónimas y terrorismo espontáneo, salvaje y clandestino
(despojado de ideología y sin afán de poder), dirigido contra la casta dorada y
contra sus bienes que, histórica y tradicionalmente durante siglos, han
arrinconado, manipulado y odiosamente abusado de las clases menos
favorecidas. Sí el hambre es mala consejera, la desesperación de los marginados,
los excluidos y de todos los que nunca llegarán a satisfacer sus necesidades
primarias, abre las puertas a acciones impredecibles, insospechables y
extremadamente peligrosas. A pesar del empalagoso canto de sirena del pulpo
planetario neoliberal, a pesar de sus “revoluciones” industriales, tecnológicas,
cibernéticas y energéticas.

A pesar de las promesas huecas de cambios y de astutos e innumerables


malabarismos políticos tanto de la derecha como de la izquierda, nada podrá
impedir el holocausto de la humanidad, debido a la necedad de los ilegítimos
amos del mundo, dueños de exorbitantes y vergonzantes fortunas hechas con el
sudor y la sangre de los demás (y del consumismo masivo inducido). Gracias
también a la complicidad, a la apatía, al conformismo y a la ceguera de todos
nosotros. Mantener a los ricos en la riqueza atesorada a base de explotación, de
robos, de fraudes, de sobornos y de corruptelas, es un mega-asunto que concierne
a todos y todos sin excepciones somos responsables de esta trágica y fatal
realidad.

La libertad-que-libera está muy lejos, y lo estará aún más, si no concientizamos


previamente en qué clase de funesto pantano estamos todos sosamente atascados.
Podemos esperar inútilmente otros dos milenios, evidentemente nada garantiza
que la Tierra aguante todo este tiempo o que no habrá un evento imprevisible de
naturaleza ecológica, provocado por los industriales, que podría aniquilar

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súbitamente a toda la raza humana o bien podemos empezar desde ahora a pensar
en cómo invertir la pirámide y cambiar las reglas del juego, quizás podríamos
comenzar por quitarnos la venda de los ojos y preguntarnos muy seriamente ¿Por
qué el mundo es así y quiénes son los culpables? Una vez bien identificados, la
segunda pregunta gira imperativamente alrededor: ¿qué debo hacer al respecto?
No basta concientizar y diagnosticar la condición general del mundo, y haber
descubierto a los culpables, cruzarse de brazos y cerrar los ojos no sirve para
nada. ¿De qué sirve “filosofar” teóricamente sobre la miseria humana o sobre la
situación caótica del mundo sin compromiso ni militancia, sea individual o
colectiva? Lógicamente, nada es posible sin compromiso; garantizamos y
sostenemos la continuidad del modelo que animaliza sórdidamente al ser
humano. Recuerden que la visión del mundo está hecha convenientemente a la
medida de la elitocracia y que ésta moldea el mundo según sus propios intereses
y, ciertamente, jamás a los del pueblo. Bien, los ciudadanos tienen varias
opciones; hacer como si nada pasara, es decir como lo hacemos actualmente,
condenados a la postura “avestruziana”, no vemos ni oímos nada. Podemos
seguir idolatrando estúpidamente a nuestros enemigos naturales o podemos, para
empezar, abstenernos de votar para manifestar nuestra inconformidad y nuestra
desconfianza hacia los gobernantes y los sistemas. No solamente el hombre vive
de pan sino también de ilusión. Sin embargo, sabemos perfectamente bien que la
ilusión no llena el estómago, el pan sí, aquel que se nutre de ilusión vive en un
mundo totalmente diferente al que se nutre de pan, casualmente los ricos se
nutren de pan; los pobres de ilusión. Mientras que las sociedades conformes y
pasivas continúen comiendo ilusiones, los ricos seguirán placidamente
consumiendo pan y el clero, feliz, seguirá bendiciéndolos por los siglos de los
siglos.

Los kosmocistas somos realistas, más que idealistas, somos pragmáticos, más
que utópicos, la “filosofía” kosmocista no es nihilista, ni ácrata (creemos en las
instituciones, pero sólo en las que liberan, creemos en la libertad, la que libera,
creemos en la democracia, la de la ciudadanía). El kosmocista dista mucho de ser
idealista, o utópico. Declarase enemigo del elitista hegemonismo ideológico y
económico de la derecha o de la izquierda, es rechazar la castrante dominación
teísta, es evidenciar la chauvinistica tecnocracia supranacional, es denunciar el
consumismo bulímico y salvaje, es rechazar la absurda nigromancia. Evidenciar
la corrupción institucional, condenar el modelo neo-liberal del imperialismo-
capitalista-internacional, criticar a las cabezas sindicales que venden a los
patrones la “paz laboral” es ser realista.

Apoyar a la contestación social y a la disidencia cultural, no es ser idealista o


utópico. Favorecer la coordinación ciudadana no jerárquica que estimule la
iniciativa creadora del individuo para su liberación, transformar el deseo de
libertad en necesidad real, evidenciar abiertamente a los responsables de la
destrucción ecológica del planeta y por ende la del género humano, criticar
acertadamente a las maniobras clandestinas del conjunto militaro-petrolero,
condenar al militarismo y a la carrera armamentista, denunciar el deterioro
ecológico del planeta. Colocar letreros en el camino del ciudadano-individuo,

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con el fin de prevenirle de los riesgos de accidentes y de los graves problemas


que indudablemente se presentarán a lo largo de su peligroso viaje por este
mundo absurdo, sembrado de innumerables e intencionales obstáculos, no es ser
idealista o utópico. Los idealistas son los creyentes con sus presuntuosos sueños
de ocupar cómodamente una butaca de primera fila en el “paraíso” bíblico o
coránico, después de muertos. Los utópicos son los que piensan que van a seguir
explotando despiadamente a sus semejantes perpetuamente. En un mundo ideal y
perfecto, lógicamente, no habría necesidades de cambios, por desgracia nuestro
mundo necesita para poder sobrevivir y seguir adelante de muchísimos,
profundos y muy serios cambios. Desde hoy participemos todos, directa o
indirectamente, en idear estos cambios, aunque sea con un granito de arena para
contribuir y ayudar a la construcción del nuevo edificio, donde la humanidad
entera podrá encontrar cobijo sin necesidad de pagar un tributo desmedidamente
elevado e indigno. La libertad no significa la libertad de explotación, no significa
para los kosmocistas que debamos forzosamente sacrificar todo en aras del
ascenso social o que debemos inevitablemente mortificarnos para conseguir
obligatoriamente un estándar de vida más elevado o luchar frenéticamente por
acceder a la propiedad; todo aquello a la larga conduce a la degradación física y
mental del individuo, conduce irremediablemente a la persona-kleenex, al ser
humano desechador y a su vez desechable.

Esta carrera enloquecida de desear siempre más y más lleva a la frustración, a


la desesperanza y a la locura. Nadie está obligado a imitar al Jet Set, ni copiar sus
modales o sus “valores”. Este pequeño y ridículo mundo mundano, excéntrico,
sofisticado, esnob y arrogante de los happy few de sangre azul, ha contribuido
durante siglos a la decadencia moral e intelectual de una clase social que debe
concientizar ya que su “mejor” época ha quedado en el pasado. La ridícula
realeza, la pedante nobleza y la engreída alta burguesía, con su respectivas cortes
bufonescas y lamebotas deben entender que los tiempos han cambiado y que su
presencia y razón de ser, ya no es necesaria; esta clase paradójica y saprofita por
naturaleza es el tenebroso paladín de una vergonzante, bárbara y piratesca época
que ha infligido en el corazón de la humanidad profundas e incurables heridas.

La libertad-que-libera, según el concepto kosmocista, confronta a cuatro


aterradores y poderosos enemigos, el primero la Religión, el segundo la
Ideología, el tercero el Poder y el cuarto la Economía. La Religión: sea cual
fuere, católica, protestante, islámica etc. como institución bajo el mando y el
control del clero, es más una herramienta política que espiritual. La estructura
institucional religiosa necesita para existir de la credulidad, del fideísmo y de la
aportación monetaria de los creyentes sin olvidar la enorme y condicional ayuda
económica que le brinda el Estado. La Ideología: las ideologías del pasado y del
presente han demostrado en su praxis que sólo benefician a un grupo reducido de
personas injustamente favorecidas, es decir que la mayor parte de la distribución
de la riqueza queda entre las manos de los miembros selectos de la élite, oséa la
clase social más privilegiada de la sociedad. El Poder: el poder no pertenece al
pueblo, el poder se halla entre las manos del “Estado-pantagruel”, cuyos
verdaderos amos son los poderosos, es decir la elitocracia en su conjunto.

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El pueblo no gobierna, de él sólo se requiere que pague los impuestos, que


consuma ciegamente, que vote sin saber el porqué y que trabaje arduamente sin
remilgar (casi gratuitamente) y que no se entrometa en los asuntos del gobierno.
El poder del Estado, por medio de los (militares-policías-y-matones), está para
aplastar (“democrática y constitucionalmente”) al pueblo si se atreve a exigir
algunas demandas que perjudiquen el bienestar de los exquisitamente
privilegiados gobernantes. El cosmético vocabulario del Estado es estrictamente
axiomático, es decir carece del valor de comunicación, su lenguaje es el de la
intimidación. La economía, gerenciada y controlada por la banca, la bolsa y por
los dueños y accionistas de los grandes y medianos capitales, beneficia
primordial y generosamente a los poderosos, escasos beneficios aporta al grueso
de la población (distribución in-equitativa de la riqueza).

Un pueblo sin Estado es un pueblo libre; el Estado (al servicio del poder), tal
como lo conocemos, usa la coerción y la fuerza como medio de dominio, frena y
controla a los ciudadanos con el objetivo de limitar su libertad y de reglamentar
sus actividades; usa el terror para controlar a la sociedad. Este Estado-capitalista
(defensor de la autonomía del poder económico y garante de la dominación), es
producto de la mundialización del capital y de la supremacía de las
multinacionales, debe ser substituido por un nuevo modelo de Estado, un Estado-
administrativo, más que ejecutivo, donde el parlamentarismo y los centralismos
institucionales no tienen cabida. La sociedad debe neutralizar a los halcones, a
los dictadores en potencia, y al despotismo “caciquil-sherifiano,”

La libertad-que-libera:
El camino hacia la libertad-que-libera es arduo, difícil y requiere de muchos
sacrificios, está sembrado de desafíos, de dificultades y de muchos peligros.
Requiere de madurez emocional, ciertas aptitudes intelectuales y de un sano
equilibrio psicológico. Es un paso de lo ilusorio a la realidad, del egoísmo a la
generosidad, del narcisismo a la empatía, de la maleficencia a la beneficencia, de
la ceguera terrestre a la visión kosmica, del integrismo religioso al neo-
universalismo laico, de la oligarquía a la democracia, de la parálisis al vigor, del
conformismo a la disidencia, de la rivalidad a la cooperación, de la dominación a
la autonomía, de las deidades al hombre, de los tiempos míticos a los tiempos
históricos, de la ignorancia a la sabiduría, de la inconciencia a la conciencia y
hablando en términos cosmológicos, del caos al kosmos.

La libertad del ser humano se verifica en una sola acción: en la realidad de la


ineludible responsabilidad de elegir entre opciones. La verdadera y vergonzante
tragedia de nuestras sociedades modernas conformistas estaría no en decidir, sino
en eludir cobardemente las elecciones. Nada de fatalismo o beatitud espiritual;
incumbe a cada individuo cierto compromiso histórico que implica el abandono
definitivo del “paraíso” de los arquetipos teístas, en orden de evitar la disolución
final de este mundo crepuscular, en el cual casi toda la humanidad vive acosada
por un “terrorismo” impuesto desde el Estado-Moloch al indefenso ciudadano.
Terror inducido a propósito por los poderosos, que, finalmente, conducirá a la

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desesperación que todavía no está muy evidente para la gran mayoría de los
miembros de la actual sociedad moderna confundida y cegada por el
consumismo salvaje e intoxicante. ¿Cómo contraatacar este imperio?, con la
libertad-que-libera, libertad creadora por excelencia, la que confiere plena
autonomía intelectual a todos los individuos sinceros y coherentes con ellos
mismos, capaces de encarar un kosmos de libertad desde perspectivas y ángulos
radicalmente nuevos. Cada uno de nosotros debemos perfectamente
concientizarnos de que el ser humano está acercándose peligrosamente al borde
del precipicio, y que poco le falta para caer en él. Debemos comprender de una
vez por todas, que con los modelos actuales que gerencian nuestras vidas no hay
escapatorias ni salvación. Creo que la aventura humana despojada del instinto de
lo esencial y que chapucea inocente y alegremente en la fuente de los ideales-
espejismos (religiosos o de otra clase), está llegando a su fin; debido
principalmente al colosal cúmulo de naderías, futilidades, engaños,
charlatanismo que prevalecen en nuestras sociedades. Que la agonizante
humanidad está llamada a desaparecer, es más que probable; inmersa en lo
ficticio, sustituyendo constantemente una ilusión por otra que consigue que las
mentiras se transformen en “verdades” universales, que no son más que falsas
“verdades,” que llevan inexorablemente a la nada.

La humanidad se ha vuelto estéril y nula debido a sus múltiples, y sórdidas


inspiraciones e ideales religiosos, donde los delirios, las quimeras y las patéticas
histerias transcienden la esfera de la razón. La libertad, la que no se reclama de
ningún mito o dogma, de ningún determinismo o fundamentalismo teológico; la
que no se pierde en los retorcidos laberintos mentales de los sarcásticos lunáticos
derechistas o izquierdistas, la que no sucumbe al delirante frenesí místico o
ideológico; es la libertad kosmocista, ella comienza donde termina el Olimpo. El
kosmocista, escultor de sí mismo, no persigue lo inalcanzable, ni proyecta
suministrar directrices morales, ni planea la edificación de una ética absolutista,
ni desea ser esclavo de sus deseos, no ambiciona construir un nuevo mundo con
las mismas piedras del mundo de ayer. No pretende ser poseedor de un
conocimiento superior. El kosmocista insiste en que el problema de la libertad
debe plantearse dentro de la filosofía en el mismo sentido que en las ciencias. El
kosmocista no puede hacer más que buscar con la ayuda de sus conocimientos
empíricos y teóricos las formas más adecuadas para su liberación.

El kosmocista está dispuesto a hacerlo con tanta perseverancia como sentido


de autocrítica; dispuesto siempre a emprender continuamente, a pesar de los
innumerables e imprevisibles obstáculos, nuevos intentos, indispensables
aquellos, para la labor de su liberación. No debemos cometer la falacia de creer
que la lucha por la libertad depende de la autoridad de un ente sobrenatural, de
un Mesías, de un profeta, de un gurú tibetano o de un fakir de la India; depende
exclusivamente de nosotros mismos, de nuestros propios objetivos, esfuerzos,
experiencias, de nuestra fuerza de voluntad, de nuestro equilibrio emocional y
psicológico y, particularmente de la confianza depositada en nosotros. Dos mil
años de irracionalidad y de confusión universal nos contemplan desde la altura de
la soberbia de la elitocracia, que se condesciende en “re-fábular” cíclicamente las

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“realidades” del mundo para hacernos navegar plácida y tranquilamente en el


inmenso océano de la ilusión. Los poderosos, a través del engaño, han
conseguido que los humanos se destruyan, se exterminen, se exploten, se
engañen y se roben entre ellos en el nombre de falsos ideales: el último, el neo-
liberalismo-globalista, es decir la americanización del planeta. El “American-
dream”, el casi “European-dream” y, próximamente, en el escenario mundial, el
último sueño, el “Chinese-dream”, que seguramente precipitará a la humanidad
entera en la desesperación y la locura. Estos “sueño-espejismos,” inventados y
organizados por las elitocracias nacionales e internacionales seducen a todos los
ciudadanos bobos y en especial a los bobos consumidores. Sin embargo estos
sueños-narcotizantes que nos venden los mercaderes de la siempre lejana e
inalcanzable “Tierra Prometida”, no lograrán apartanos del camino que nos
hemos trazado. No participaremos en la construcción de sus perniciosos y
degenerados sueños que han vuelto la vida irrespirable.

El corazón del kosmocismo.

A partir del invento de las primeras flechas de silex tallado (gesto-transformado en


objeto) la humanidad entra en la historia y a partir de la fabricación de herramientas, se
introducen en su existencia eventos históricos, algunos asombrosos y otros muy
desoladores. Pero, desde la Primera y Segunda Guerra Mundial, su situación general
empeora, se ensombrece y, a medida que transcurre el tiempo, podemos observar que el
infortunio de la siniestrada humanidad del siglo XXI no cesa de crecer. Múltiples son
los factores responsables de esta crítica y peligrosa situación, en la cual se encuentra
inmersa la civilización moderna. Mirémonos vivir y comprenderemos quizás el por qué
de nuestra mezquina e incoherente vida, sea individual o colectiva. La naturaleza
humana no ha cambiado a pesar de las religiones, teocracias, revoluciones, dictaduras,
monarquías, modelos derechistas, izquierdistas y democráticos, etc. Poder-dinero-sexo-
adicciones-envidia-celos-explotación-violencia-dominación-perversiones-criminalidad-
delincuencia-pasión-obsesiones, siguen siendo las manifestaciones y las referencias más
características de la conducta humana que, según las circunstancias, se acentúan o
diminuyen. Cuidémonos de los fenómenos circunstanciales.

Las democracias retroceden y las fuerzas represivas del Estado se fortalecen y se


tecnifican más y más. Muchos Estados “democráticos” practican la tortura y violan los
derechos humanos permanentemente sin suscitar demasiadas protestas de parte de la
ONU (organismo bajo tutela norteamericana). El mundo se ha vuelto inhabitable porque
sus élites neciamente han negado la creación de una nueva ética, una nueva moral, han
escogido los extremismos y los determinismos ideológicos, religiosos y económicos,
como modelos universales y estáticos de vida. Han negado e impedido la construcción
de una nueva cultura que apunte hacia una gran visión universal, solidaria y horizontal
del futuro.

Desgraciadamente, los miembros de la elitocracia sólo favorecen la cultura que


fabrica comportamientos consumistas y egoístas. Estamos convencidos de que el
remedio en contra de esta visión totalitarista y retrógrada de parte de esos hijos de Aarón
y de Moloc, es un radical cambio de rumbo de la asombrosa, prodigiosa y desafortunada
aventura humana. Las sociedades han pasado por muchas ideologías para aterrizar hoy

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en el neo-liberalismo, pero no han logrado modificar significativamente su modo de


vivir y de pensar, sus finalidades son las mismas: Tener-poseer-dominar-delinquir,
porque así lo requiere el modelo que le fue impuesto por los poderosos. Es la
verticalidad y la mentalidad conservadora de los ricos la que impide que la armonía
social se establezca en el corazón de las sociedades.

Una vez más, hay que destruir los ídolos y quemar los dioses de madera, de piedra y
de ilusión, hechos por los hombres. Una nueva página de la historia de la humanidad
está por escribirse, depende de la voluntad de cada uno de nosotros para escribir en ella
un nuevo capítulo donde el realismo prevalezca sobre la fantasía mágica. El mundo del
mañana es el mundo de la verdadera libertad, (libertad-total). El mundo de hoy es el de
las calamidades, del oscurantismo, la corrupción y el engaño. Es el mundo de los teístas
y de los parásitos que viven a expensa de los demás, de los que tienen miedo a la
realidad, de los que no quieren abrir los ojos, de los necrófilos y de los avorazados. De
los iluminados, de los enfermos mentales que oyen voces que les ordenan invadir Irak,
Afganistán, etc.

Quiero aclarar ante ustedes que no me considero un espadachín quijotesco que lucha
contra inexistentes fantasmas, duendes y gnomos. Me complace informarles que no
vivo en el reino de Narnia fundado por el sabio león parlante, Aslan (C.S. Lewis). No
pretendo proporcionarles armas y municiones para destruir el modelo dominante y sus
instituciones. Tendrán que ingeniar sus propios métodos y medios para conquistar su
libertad. Mi principio es el del no sometimiento ante los poderosos ni traicionar a los
débiles, pero como mi compromiso es con la libertad, quiero sugerirles algunas
alternativas para que los desfavorecidos conquisten su autonomía y logren su liberación.
No soy creyente o político, porque no soy adherente a ninguna ideología o teología, soy
amante de la libertad. Soy anti-teísta porque nada está en su lugar y porque el teísmo es
una basura. No voto porque soy un abstencionista convencido que ningún político es
merecedor de mí voto.

Delimitar conciente e imparcialmente lo pasivo y lo activo y escoger la opción: ser


pasivo o ser activo y participar a través de la acción en su propia liberación. Estas
preguntas van dirigidas directamente a ti: ¿Eres pasivo o activo? ¿Eres actor o
espectador? ¿Tienes la voluntad de liberarte? Si eres sólo espectador difícilmente
desearás vivir en un mundo libre o en una nueva sociedad y, por supuesto, desearás muy
convenientemente la continuidad del caótico laberinto que nos arrastra por un arriesgado
y difícil camino que finalmente no tiene salida. Si por fortuna eres un creador, un actor,
entonces tu tarea es diferente.

Mi mundo, desde una perspectiva realista-empírica- objetivista, es el de la realidad, el


de la cotidianeidad que experimento en carne propia permanentemente. La vida real es
mi mejor consejera y maestra. Es la realidad y las experiencias de la vida vivida las que
me motivaron a liberarme de las creencias teológicas e ideológicas que me tenían
sumergido en la vulgaridad espiritual. He decidido despedirme del último dios que sólo
ha servido continuamente de pretexto para que los tiranos, la élite, el clero y los
creyentes impongan a los demás su dogmática y unilateral visión del mundo por medio
de la fuerza, del terror y por un incesante, perverso y sofisticado proselitismo. Yo, a
pesar de las trampas, de los seductores y múltiples cantos de sirena y de innumerables
vicisitudes y penalidades, he logrado liberarme. He escogido la libertad como
acompañante en mi viaje por la vida.

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La “filosofía” kosmocista:

El hilo conductor, el alfa y el omega, el punto nodal donde se concentra toda la


filosofía kosmocista, es:

A).-En el ser humano, su yo interno y su actitud ante la vida, los otros, la libertad, la
ecología, el universo, el presente y el futuro.

B).-En el paso del ser humano preso de sus creencias (religiosas-políticas-económicas),


al ser humano liberado de ellas.

C).- En la invitación a abandonar la doctrina y la teología teísta por carecer de


fundamentos científicos y racionales.

D).-En el rechazo de la cultura dominante que impone ideas fijas y estándares de vida
patológica, que ofrece sólo horizontes cerrados y establece dictatoriales modelos de
consumos a escala planetaria.

E).-Pasar del primer género de conocimiento al tercero.

F).-Neutralizar las tendencias a la personalización del poder, a la manipulación de la


opinión pública, al fortalecimiento de la burocracia, a las corporaciones policíacas, al
aparato militar y a la negación y marginación del ciudadano.

G).-Liberarse de las exigencias de carácter político; el kosmocista no hace el juego a la


política tradicional, se libera de ella.

H.-) Denunciar los dictados del sindicalismo bobo cuyo único papel debe limitarse a
defender al trabajador y no mezclarse con asuntos políticos ajenos a la defensa
específica de los trabajadores sindicalizados. Los obreros ya no pueden continuar
creyendo que los sindicatos son para defender sus intereses, los sindicatos de hoy están
del lado de los explotadores, no del de los trabajadores.

Desde el mundo real, conozco muy bien a mis verdaderos enemigos y a los
depredadores del planeta Tierra, conozco a los políticos, que con sus interminables e
hipócritas discursos “legitiman” sus devastadoras acciones. (Guerras, golpes de Estado,
invasiones, fraudes electorales, genocidios, etc). Sé que lo políticamente correcto es
incorrecto; sé que las Iglesias pretenden hacerse pasar por castas y santas, pero no son
más que ninfómanas desatadas que hacen empalidecer de envidia a las sexos servidoras
profesionales. Creédme; estos siniestros personajes y las funestas instituciones
vendedoras de sueños y de “esperanzas”, son reales y muy activas. Por medio de un
gigantesco y perverso método (teológico-teísta), casi infalible, envenenan
constantemente y al por mayor nuestras existencias. Juntos, forman un repugnante
revoltijo de injusticias condimentado de odio social y racial. ¡Cuidado! nuestros
enemigos son reales y están dispuestos a dar la batalla y a golpear salvajemente al
menor pretexto. Evitemos inteligentemente la confrontación. No queremos servirles de
pretexto para que se desate la furia de esos bárbaros contra nosotros.

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Como dice el viejo refrán, “sobre aviso no hay engaño”. La propuesta kosmocista
debe comprenderse intelectualmente de un modo diáfano y captarse y codificarse de una
manera clara y eficaz. Leer maquinalmente un texto no es muy serio y generalmente no
deja nada positivo en la mente del lector, lo importante de la lectura de un determinado
texto es la captación del mensaje, es el acontecer, la reacción, el impacto que provoca en
la mente del lector. Si después de leer este trabajo sigue las mismas rutinas y normas en
la conducción de su vida, si piensa y actúa de la misma manera, entonces su mente no
asimiló, ni reaccionó acerca del mensaje contenido en el texto y habría sido mejor
dedicar su tiempo a leer la popular y populista revista “Memin Pingüín”.

Metafóricamente, el kosmocismo es comparable al muro de contención de una represa


que acumula un volumen inmenso de libertad de la cual salen impetuosos torrentes de
nuevas alternativas. El lector avisado sabe que el kosmocismo es la última oportunidad
que tiene el género humano para enderezar la barca antes de hundirse definitivamente.
Sin embargo, no queremos colocar al lector en una opción forzada haciéndole creer que
la alternativa kosmocista es la única viable. Una cierta práctica de la voluntad reflexiva
individual es aconsejable y es un preámbulo indispensable para la aceptación voluntaria
de cualquier propuesta. Los individuos son libres de aceptar la alternativa kosmocista o
prescindir de ella. Ningún kosmocista forzará a nadie a optar por la alternativa
kosmocista, ni tocará a su puerta cada semana para tratar de convencerle, todo el mundo
tiene derecho a erigir sus propios imperativos, pero nadie tiene el derecho de forzar a
que los demás obedezcan estos imperativos. Evolucionar depende entera y solamente de
usted, y de nadie más.

El kosmocismo es una opción viva; soy conciente de que es un poco atrevido de mi


parte decir que el kosmocismo es una opción viva. Me explico; está viva se desarrolla a
partir de ideas nuevas, dinámicas y actuales (dentro del mapa de lo posible), porque no
se nutre del pasado, sino del presente y de los eventos reales de la vida dentro de la red
del mundo actual. Las corrientes filosóficas del pasado ya no interesan particularmente
al kosmocismo, sin menospreciar sus singularidades y aportaciones, que contribuyeron a
subir nuevos peldaños en la escala evolutiva del espíritu humano.

La “filosofía” kosmocista (empírica), está basada en los hechos de la mirada en el


futuro. Todos, querámoslo o no, estamos inmersos en el devenir, que depende del
presente, marcado aquél por diferentes épocas, eventos históricos y acontecimientos
puntuales que favorecen unas situaciones interdependientes entre el presente y el futuro.
Si no existiera ninguna posibilidad de futuro, el presente sería inevitablemente fatal para
cada uno de nosotros. No hay ningún determinismo de carácter religioso o ideológico en
relación con el “presente-futuro”.

La propuesta kosmocista no aspira a ser exhaustiva o definitiva, pero abierta y


ciertamente no determinista, su campo no es el de la especulación filosófica o metafísica
tradicional, su base, su terreno, su eje central, es el de la libertad-que-libera, se plantea
desde una proyección futurista que se articula a partir del presente. ¿Cómo preparar sin
utopismos desviacionistas, sin despotismo ideológico o dogmatismo religioso un futuro
vivible, menos caótico, más armónico y más solidario para las generaciones venideras?
Simplemente, impidiendo la continuación de los errores del presente y de los
generadores responsables de esta situación caótica que reina en el mundo. ¿Cómo?
liberándonos de los atavismos y de los arcaísmos que han impedido la libre evolución
del ser humano, renunciando a los valores impuestos por los sectores más reaccionarios
y ultra conservadores de la élite, dejando de defender intereses ajenos. No podemos

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trasladar al futuro el gran basurero mundial generado por los valores de los modelos
actuales instituidos por los poderosos.

Lo siento por los optimistas, pero todo indica que el destino de la humanidad es su
irremediable autodestrucción. Seamos realistas, debemos entender que si siguen los
mismos valores y los mismos modos de vida, si no hay un drástico cambio de rumbo de
las sociedades, entonces lo inevitable ocurrirá. No nos hacemos ilusiones, ni soñamos
en un irrealizable neo-arca de Noé. El presente se acabará y no habrá futuro para nadie.
No soy catastrófico, soy realista; la situación mundial ecológica es francamente
desastrosa (es mi opinión y la de muchos científicos) y, a medida que crece
indiscriminadamente la población mundial, la mancha urbana y la alocada carrera
consumista, crece proporcionalmente la contaminación (ambiental y mental), que
finalmente acabará con la vida humana en el planeta.

Debemos tomar conciencia de que los recursos terrestres no van a continuar para
siempre. El agua, en un futuro próximo, será más cara que el petróleo y mucho más
difícil de conseguir. La contaminación, poco a poco, afectará mortalmente a toda la
humanidad y sus efectos tóxicos se verificarán cuando China, India y Brasil consuman
la misma cantidad de energía que los Estados Unidos, Europa y Japón. No hay por ahora
ningún modelo de desarrollo que apunte hacia un crecimiento saludable y armónico, la
carrera utilitarista entre las naciones está en su apogeo y parece que nada podrá frenarla
hasta que se estrelle contra lo inevitable, a menos que se apliquen correctores desde
ahora.

El terrorismo:

Es la ignorancia aunada al odio, a la fe, a la pasión, al fanatismo, y al radicalismo, lo


que anima a los terroristas islámicos a inmolarse asesinando al más grande número de
seres humanos indefensos en el nombre de Alá. El “terrorismo-defensivo” nace a partir
de la formación y de la consolidación del teísmo europeo (cruzadas-conquistas-
colonialismo-saqueos), etc. El “terrorismo-ofensivo-religioso-radical-islámico”, se ha
extendido de un modo agresivo y estratégico por todo el planeta, se dirige
principalmente en contra de la libertad, de la vida y específicamente, en contra de los
valores occidentales que son totalmente antagónicos a los valores islámicos. El método
terrorista parece ser la técnica favorita de los extremistas, las medidas de seguridad que
han desarrollado los países víctimas del terrorismo no son muy eficaces en su lucha
contra los terroristas. Todo indica que, en el futuro, el terrorismo aumentará
significativamente en el mundo entero. Ahora bien, creo que los terroristas más
peligrosos son los djihadistas autónomos que, por una u otra razón, deciden
clandestinamente empezar su “djihad” personal. El islamismo radical es parte integral
de la gran conspiración teísta. Cosechamos lo que la élite sembró a lo largo de la historia
occidental.

El uso “legal” del terror de las potencias occidentales, no ha sido escatimado con tal
de cumplir sus proyectos colonialistas, expansionistas, políticos y económicos. La
ideología terrorista-islámica va directamente dirigida contra la civilización occidental y
sus “valores”. La guerra “santa” ha empezado y nadie sabe cuando terminará,
probablemente nunca. Los terroristas espontáneos, independientes, si bien simpatizan
ideológicamente con la hidra djihadista, no necesitan de Bin Laden ni el Al-Qaeda para
fabricar poderosos explosivos químicos caseros tipo triacetona-triperoxido (agua
oxigenada-acetona-ácido sulfúrico), cuya fórmula está al alcance de cualquier estudiante

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de química, para incendiar coches, gasolineras, bancos, trenes, camiones e inmuebles,


no hay necesidad de diplomas ni de títulos académicos. No creo que haya un sólo
cristiano en el mundo entero que esté dispuesto a volarse en mil pedazos en el nombre
de Jehová para asesinar a una docenas de inocentes, entre ellos niños, mujeres y
ancianos. Hay que estar extraordinariamente intoxicado mentalmente por el exacerbado
fanatismo religioso y estar psicológicamente muy desquiciado para cumplir este salvaje,
delirante y espeluznante acto de auto-inmolación homicida.

El islamismo-radical es el engendro de las inhumanidades, de las obsesiones, de las


aberraciones, de las injusticias, del hostigamiento, del hegemonismo y del saqueo
salvaje de las potencias colonialistas occidentales. El terrorismo-religioso-político es
parte integral de la misma dinámica: poder-dominación-sumisión-explotación. Debo
recordarles que el Islamismo es parte indisoluble del teísmo y es tan aberrante, arcaico y
retrógrado como el judaísmo, el catolicismo y el protestantismo.

El islamismo-radical está globalizándose y se ha enraizado en el corazón de las capas


populares de los países predominantemente musulmanes. Probablemente se infiltrará
clandestinamente en muchos otros sectores de las sociedades occidentales y no
occidentales. No hay que sorprenderse, debemos entender que el terrorismo-islámico es
parte integral de la civilización teísta y, como todos los fundamentalistas islámicos,
“potenciales-terroristas” anteponen la fe a la razón. Es fácil prever que los atentados
extremistas-religiosos-políticos irán multiplicándose en el mundo. ¿Cómo no va a haber
terrorismo si el dios teísta es el más grande de todos los terroristas, si los USA, el país
más “democrático” del mundo, es el más terrorista de todos? ¿Qué podemos esperar,
quién está engañando a quién? Las aberraciones del terrorismo, sean religiosas o
políticas, aunadas al fracaso económico, político y social de los sistemas, se debe
principalmente a la imperfección humana, debido a que la humanidad, por su carencia
de raciocinio y por su desprecio hacia el componente empírico del conocimiento, no ha
logrado hacer todavía una justa valoración de su conflictivo y problemático sueño
metafísico. Las religiones teístas son definitivamente terroristas e intolerantes. Lean
cuidadosamente la Torah, la Biblia, los Evangelios y el Corán y se darán cuenta de
dónde salió el terrorismo.

La completa exclusión de lo “divino” de la esfera de lo humano es un buen y sabio


intento, para hacer justicia al hombre. Es confirmar que la realidad de nuestras
existencias es algo concreto y real. La realidad religiosa demuestra que la gran mayoría
de los creyentes no son capaces de vivir religiosamente, incluso cuando están próximos
a la muerte. El dios-bíblico se ha vuelto un ídolo en las mentes de los creyentes
separados del conocimiento; un mero muro de lamentaciones y de patéticas rogativas.
Gracias a ellos la religión se ha convertido (milagrosamente), en pura idolatría y temo
que esta religiosidad sea la “verdadera-religión” de la gran mayoría de los teístas.

Les puedo asegurar que si los seis mil millones de seres humanos del planeta amaran
real y sinceramente a lo que llaman ellos dios, el mundo entero viviría en paz y en
completa armonía. Podríamos, con toda tranquilidad, prescindir de policías, militares,
armas nucleares, cámaras de vídeo en el Metro y en las calles, de los radares en las
autopistas y de las bardas entre vecinos y países. Pero, desgraciadamente, la verdad es
otra, pocos son los que aman y muchos los que odian. ¿Cuántos de ustedes tendrían el
valor de aceptar y respetar el mandamiento que ordena amar a “Yo soy el que soy”?
(Deut. 6:5; 10:12; 11:1;) Creo que el disimulado y fingido amor hacia “Yo soy el que

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soy” y el miedo real del infierno, están motivados principalmente por el terror a la
muerte. El odio es más fuerte entre los humanos que el amor y por eso precisamente
vivimos en un mundo basura. El vecino es una basura, el profesor es una basura, el
médico es una basura, el mecánico es una basura, el carpintero, el albañil, el carnicero,
el policía, el abogado, el vendedor de autos, de bienes raíces, de seguros, el banquero, el
juez, todos sin excepción queremos aprovecharnos del otro. Hay poca gente honrada,
porque, según las nuevas normas del mercado, ser honrado es ser estúpido y perdedor.
La moda actual es de aplastar sin piedad a quien sea con tal de entrar en el selecto club
de los “exquisitos ganadores”, la generación bobo, y la de los sedientos ejecutivos es un
demostrativo ejemplo de la mentalidad-basura de nuestra “gloriosa y admirada”, pero
depravada civilización moderna.

“Yo soy el que soy”, es un mito, una fábula, una idealización mágica, una sublimación
humana. “Dios ha muerto” grita Nietzsche como afirmación válida de un hecho
consumado. Creo que nuestro filósofo se equivocó; para morir hay que existir
previamente, y es evidente que para nosotros tal entidad nunca existió, excepto en el
patológico imaginario colectivo. La mente de los primitivos albergaba a muchos dioses
y muchos demonios, ahora un sólo dios y un sólo demonio habita en la mente del
creyente. Hay que admitir que así es mucho más cómodo. Por fortuna, en la mente del
kosmocista no hay ni dioses ni demonios que puedan entorpecer su libre evolución. El
kosmocista opina que el individuo debe armarse de valor y luchar para recuperar su
libertad y autonomía espiritual, que se habían perdido por culpa del teísmo y de su
inventado dios producto de la subjetividad humana.

Todas las religiones y todas las sectas necesitan de una divinidad “sagrada”, o de un
personaje mítico para amontonar a sus adoradores y a sus discípulos a fin de que
mantengan económicamente a las instituciones religiosas o a los líderes de las sectas.
Matemática elemental, no divinidad, no santos, no maestro, igual a cero ingresos, fin del
negocio y de la manipulación. Amén de las conveniencias políticas que benefician a los
Estados, que interesadamente mantienen relaciones muy estrechas con los líderes
religiosos, con el fin que mantengan al rebaño en su corral, quieto y sumiso.

Se requiere de mucha audacia y lucidez mental para mirarse en el espejo sin temor,
tirar los amuletos, reliquias, talismanes, medallas, crucifijos y rosarios; romper las
muletas y caminar con la frente alta y sin miedo hacia la libertad. Escapar del callejón
sin salida del teísmo, que, por boca de sus teólogos, plantea preguntas que ni siquiera
ellos mismos pueden contestar. Preguntas tan estúpidas como: si las mujeres, los indios
o los negros tenían “alma” o si la Tierra era plana o redonda. Actitudes doctrinarias
como: Que no se debe usar el condón cuando uno padece de SIDA, prohibir la píldora
del día-después y otras barbaridades, que deberían dar vergüenza a la cúpula católica al
hacerlas públicas.

Que el clero se limite a dar sus lecciones de falsa moral únicamente a sus abnegados y
ciegos seguidores, las impertinentes y necias declaraciones políticas, a través de los
medios de comunicación, dirigidas al público por el clero deberían ser categóricamente
prohibidas. El clero debe limitarse estrictamente a sus funciones religiosas y solamente
en el ámbito que le corresponde y nada más. Durante dos mil años la geometría teísta ha
permanecido inconmovible, estática como su anquilosado y patético clero. Gracias a
ellos, el mundo está como está hecho un auténtico y tétrico basurero. ¿Podemos
continuar viviendo “cómodamente” en el basurero o bien podemos liberarnos e inspirar
una nueva y diferente vida? la opción está delante de nosotros. ¿O soy demasiado

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optimista? ¿Podemos eliminar los errores imperantes en el corazón de las sociedades?


¿Podemos liberarnos del lastre teísta? Creo que con la evolución espiritual la voluntad
de libertad aportará la solución en el espíritu de cada individuo ya frustrado, aburrido y
hastiado por los “valores-basura” que imperan en las sociedades actuales.

El kosmocista no desea “evangelizar” o “transformar” al mundo, sólo aspira a


liberarse. Es la liberación individual la que más nos ocupa, si el individuo desconoce los
determinismos (psico-biológicos-culturales-políticos-sociales e históricos), que lo
condicionan, difícilmente tendrá la voluntad de liberarse. El conocimiento es la escalera
que conduce a la libertad, sin conocimientos no hay maneras de subir los escalones. El
kosmocismo no quiere hacer de la libertad una nueva y despótica diosa. La opción
kosmocista está al alcance del nivel de comprensión y asimilación intelectual de cada
individuo que posee la voluntad de liberación. Obviamente, la decisión es muy personal
y será tomada sin interferencias externas, sin adoctrinamiento ni presiones de ningún
tipo. A través de la historia, el ser humano ha preferido escoger la servidumbre y no la
libertad, pero debemos saber que el impulso de servidumbre que prepondera en la mente
de la mayoría de nosotros nos jala impetuosamente en el más profundo precipicio del
absurdo. Basta para ello observar el modo de vida y los valores estándares de la
civilización occidental, basta observar a las élites de los países en vía de “desarrollo”, la
marcada ansiedad y el apresuramiento que tienen para entrar en el selecto y sofisticado
club de los amantes del abismo.

Lógicamente, un creyente teísta difícilmente podrá alcanzar el nivel de conciencia


del kosmocista, puesto que sus pensamientos están teológicamente restringidos y porque
el fideísmo-teísta ha excavado intencionalmente una fosa muy profunda y muy ancha
para separar al creyente del kosmocista. Debemos recalcar a los voluntarios “aspirantes”
kosmocistas que la libertad-kosmocista es la llave que abre la puerta a la libre evolución
espiritual del ser humano. Por el contrario, el teísmo a lo largo de su historia, ha sido la
fatal cerradura de la puerta que impide al espíritu humano crecer y evolucionar
libremente. La opción es tuya.

A pesar del fanático determinismo teísta, y de su formidable maquinaria


propagandística, el “espíritu-buscador” del ser humano no ha muerto, y el teísmo,
después de todo, no es un arma suficientemente fuerte para aniquilar la libertad. La
libertad es un medio poderoso y siempre ha hecho prosélitos entre los mejores. Hay
motivos para asegurar que el círculo de sus seguidores se hará cada vez mayor. Por
fortuna, no podemos detener la corriente ni invertir el curso de la libertad, porque es
parte del orden causal del universo. ¿Sin libertad qué sentido tendría la vida humana?
¿A poco usted está conforme con el sentido que le dio y le da el teísmo a la vida
humana? ¿No sería preferible que fuera usted el único responsable de dar un sentido a su
propia vida, sin recurrir a la charlatanería religiosa? Como kosmocista declaro que soy
mi propio guía y que no necesito de nadie ni de nada para llevar mis asuntos
espirituales. Ahí radica la notable y saludable diferencia entre un kosmocista y un teísta
que tiene que seguir ciegamente un escandaloso camino trazado hace miles de años y
que conduce inevitablemente, como ya se sabe, a la degradación y a la castración
espiritual del ser humano. Los hechos históricos demuestran inequívocamente que el
teísmo ha sido siempre una nulidad, ha penetrado hipócrita y maliciosamente en las
sociedades por medios vergonzosos, ignominiosos y deshonestos, para manipular y
explotar vilmente a todos los ingenuos. Todos los creyentes militantes son partícipes de

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esta magna y monstruosa confabulación, ninguno es inocente, todos contribuyen activa


y febrilmente a fortalecer el caos que predomina en el mundo.

Los teístas con todo su dios, su teología y su teonomía, han fracasado, aunque ellos no
se han percatado del hecho. Siguen creyendo que después de la muerte hay esperanza de
vida eterna, reencarnación, resurrección, inmortalidad, eternidad, goce y felicidad.
Siguen soñando ingenuamente en obtener dos o tres metros cuadrados en el paraíso (con
palmeras y ríos, acompañados, naturalmente, por algunas preciosas y ninfómanas
vírgenes), para descansar despreocupadamente y gozar de su nueva vida libre de
preocupaciones para toda la eternidad. “No entrarán en el Reino-de-Dios, los inmorales,
los injustos, los idólatras, los adúlteros, los impuros de corazón, los avaros, los
inmorales, los borrachines, los ladrones, los que eligen el camino de la injusticia y los
que murmuran”. Juan Pablo II. 7-dic-2000. Pese a que en su lista faltaron los zurdos, es
sabido que durante la edad media aquellos calificaban para la hoguera del Santo Oficio.
Es decir, según el Papa, absolutamente ningún creyente del planeta Tierra podrá entrar
en el Tercer-Cielo… Miren directamente a los ojos de un creyente y pregúntele a
quemarropa qué espera después de su muerte, sus respuestas seguramente lo harán
vomitar o bien carcajearse un buen rato.

El universo:

La vida en la Tierra, según los científicos, empezó hace cuatro mil millones de años
bajo la forma elemental de un monto de auto-reproductivas macromoleculares (RNA).
A 25,000 años luz se encuentra el centro de nuestra galaxia. La Vía Láctea es una
galaxia espiral, contiene 100.000 millones de estrellas, entre ellas, el Sol. Tiene 100.000
años luz de extensión, una masa de dos billones de veces la del Sol. Cada 225 millones
de años, el Sistema Solar completa un giro alrededor del centro de la galaxia. Se mueve
a unos 270 Km., por segundo. Periodo de rotación de la galaxia, algo más de 200
millones de años luz. Medite un instante sobre la escala cósmica en comparación con la
duración de nuestra extremadamente corta vida.

¿Qué es el Universo?

Debo decirles que no me interesa el por qué, sino el cómo funciona el universo. No
hay “intelligent-design”, ni finalidades y menos aún, intenciones del Universo para el
humano pero esta claro que el humano, si tiene intenciones y finalidades especificas con
el Universo.
El Universo es todo, sin excepciones. El 90% del Universo es una masa oscura, que no
podemos observar (todavía). Los elementos más abundantes son: Hidrógeno-helio-
oxígeno-carbono-nitrógeno-silicio-magnesio-neón-hierro-azufre. En el Universo hay
centenares de miles de millones de galaxias, cada galaxia está formada por centenares de
miles de millones de estrellas y otros astros. Hay galaxias enormes como Andrómeda
(M31). Está a unos 2,200.000 años luz de nosotros, es el doble de grande que la Vía
Láctea. Las primeras galaxias empezaron a formarse hace 1.000 millones de años
después del Big-Bang (15.000 millones de años) ¡Perdón! Amigo mío ¿qué decías?,
¿que vas ir a misa a pedir a tu dios, que tu hija encuentre un marido rico? He ahí el
drama, el colmo de la imbecilidad humana frente a la inconmensurable, trascendental y
potencial grandeza del Universo.

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Los humanos no sabemos más que lloriquear estúpidamente por asuntillos realmente
mezquinos, triviales y sin valor ni importancia alguna. Frente a nosotros tenemos todo,
absolutamente todo, ilimitada e infinitamente. Pero no; tenemos que mordernos las uñas
porque el vecino acaba de comprarse un coche nuevo. Si señores, tenemos que poner
bombas en el Metro o en los trenes simplemente porque Alá no es lo mismo que Jehová,
porque un islámico y un budista no respiran el mismo aire, porque el sistema digestivo
del cristiano es diferente al del judío. Qué pérdida de tiempo, de energías y de recursos,
qué lástima que los humanos actuemos todavía como grotescos cavernícolas. Pero,
ánimo amigos míos, lo peor está por llegar; lo que ha acaecido en el pasado a la
humanidad no es nada en comparación con lo que se avecina, la civilización venidera
está condenada a un destino aún más fatal y más problemático. ¿Por qué? Bueno, porque
el ideal dominante de la humanidad contemporánea se convirtió, gracias al
imperialismo-capitalista, en el llamado: Ideal-Monetario. El dinero, tirano implacable
del mundo moderno, es definitivamente la medida de todo valor y miel para atrapar y
esclavizar a miles de millones de moscas humanas. He llegado a la conclusión, sin
necesidad de hacer un sesudo estudio, de que el ídolo más entrañable, venerado y amado
de los humanos, sigue siendo el magnifico y glorioso becerro de oro. Si ustedes creen
que la globalización, (Global-Free-Market), eliminará las rivalidades entre naciones,
que no habrá guerras, injusticias, tiranías y pobreza, permítanme decirles que ustedes
continúan creyendo que la tierra es plana.

No soy idólatra, los lugares “sagrados,” sean celtas, galos, aztecas o budistas, no me
interesan. No venero a ningún dios ni a ningún diablo, las procesiones, sean
protestantes o católicas, me tienen sin cuidado y los desfiles militares no me conciernen.
Sé cuando el cielo está oscuro y cuando está despejado, no necesito de ningún brujo, ni
de una bola de cristal o de un embustero guía espiritual para establecer una distinción
entre el mundo real y el mundo mágico. El árbol ante mi ventana me basta para
recordarme que vivo en el mundo real donde no hay la más remota posibilidad de un
dios. Creo en las coincidencias, no en los milagros, creo en mí, no en los ídolos. Creo en
un nuevo génesis libre de espejismos y fetichismos.

En toda mi vida he votado sólo una vez, y estoy arrepentido. Mi gallo favorito era un
triste payaso. De veras se veía infeliz con su larga cara que parecía una máscara de
madera recubierta de una piel de mapache curtido y muy arrugado. Serio y siempre
afligido, nunca se reía, ni siquiera de sus propios chistes. En plena campaña electoral, de
repente, se quedó mudo, sólo hacía horripilantes muecas sin decir ni una sola palabra, su
actitud era demasiado pantomimica para mi gusto. Perdió las elecciones a pesar de que
regalaba delantales, tortas, cachuchas, píldoras del día siguiente, condones,
bronceadores y lentes oscuros para el sol. Otro hazmerreír, un caballerango chaparro de
alta alcurnia con derecho de sangre, a mí parecer tenía un extraño e insólito parecido con
el pequeño elefante volador Dumbo, pero probablemente son mis nervios, porque no
pudo haber sido un ataque de delírium trémens, puesto que soy abstemio, en fin. Más
parlanchín, aguerrido, astuto, alegre y extravagante que mi favorito candidato, ganó de
mala ley la elección. Como comprenderán, desde esta dolorosa y bochornosa derrota
juré que nunca jamás volvería a votar por gente chistosa, aunque esté bien pintarrajeada,
con trajes muy coloreados, con una narizota roja en el centro de la cara y con una chusca
peluca verde al estilo Brozo. Todos sabemos que los políticos son unos magníficos y
auténticos bufones, pero sin talento ni aptitud. Por lo mismo, me abstengo de votar y les
encomiendo fraternalmente a todos ustedes hacer lo mismo, a menos que les gusten las
payasadas de todo tipo. Entonces comprenderé por qué se precipitan jubilosamente y sin
pensar a depositar cándidamente sus votos en las urnas, fecundas progenitoras de

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impopulares cómicos (Urnas y Circo)… Los seres humanos avisados, sensatamente, se


alejarán de la teatral comedia tragicómica electoral. Como ser pensante y actuante me
es imposible participar conscientemente en cualquier elección organizada por rufianes,
oportunistas, gorrones y bribones.

Creo en la libertad:

Creo en la libertad por encima de todas las cosas. Sé también el daño que causó y que
causa el teísmo y sé quiénes son los responsables. Sé que no todos los caminos llevan a
Roma o a la Meca. Sé que la Ley de Yahvé es la ley de los hombres. Tengo demasiado
respeto por la libertad como para ajustarla a la imagen de un ideal religioso, político o
económico Lo mío es la realidad del mundo despojada de las extravagantes
alucinaciones e inmundas políticas eclesiásticas, y ¡créanme! mi intención no es
colocarme en el lugar del crucificado, porque eso de inmolarse por amor o por los
“pecados” de los demás me es inadmisible. Que cada quien cargue su propia cruz, que
se responsabilice de sus actos y que asuma con valor las consecuencias de los mismos.
Yo combato y critico a los insensatos arquitectos maquiavélicos, responsables de la
edificación de este mundo basura en donde la mayoría de los seres humanos padecen
infortunio y graves penalidades. La tarea que tenemos delante de nosotros es colosal, se
trata nada menos que de liberar al individuo de sus más férreos enemigos: la Religión, la
Economía y la Política.

Fe-creencia-creer:

Lat. Fides-fidelis-fidelitas-credere. Dar por cierta una cosa que no está comprobada o
demostrada, creencia en una cosa no basada en evidencia. Según los teístas, la fe es una
“virtud sobrenatural”, un don del imaginario dios-teísta… ¿Qué respeto nos merece la fe
y las creencias teístas? ninguno. Las creencias que perjudican la integridad intelectual y
que mandan inocentes a la hoguera, no merecen nuestra atención, sino nuestra más
severa crítica y censura. La fe teísta exige la sumisión total del creyente a las exigencias
de su dios (del clero). No hay concesiones ni tolerancias, la autoridad del dios-teísta es
absoluta (el poder eclesiástico). La fe y la creencia teísta son la certeza absoluta de cosas
no evidentes (argumentum non apprentium), representan un grave problema desde el
punto de vista de la libre expresión de la inteligencia humana en relación con el mundo
real. Las creencias teístas son castradoras del intelecto y esterilizadoras de los gérmenes
de los impulsos creativos del ser humano. Muchos de nosotros hemos constatado en más
de mil y una ocasión que la gran tragedia del ser humano es la creencia, el credulísimo,
el creyentismo y el fideísmo. Las creencias desgracian a la gente porque nulifican su
libertad. Los nazis creían que echando a los judíos en los hornos crematorios o en las
cámaras de gas hacían un bien, los skin-head siguen creyendo de la misma manera. Los
inquisidores también creían que echar en la hoguera a los inocentes era un acto de
caridad. Pol Pot creía que el asesinato de tres millones de camboyanos era un acto de
justicia. La creencia es peligrosa y ha provocado y provoca todavía muchas calamidades
e injusticias en el mundo. La diferencia entre el no-creyente y los creyentes consiste en
que los no creyentes han comprendido que la libertad es la solución más viable para
romper las cadenas impuestas por las creencias-religiosas, y que los creyentes no han
evidenciado todavía nada y dudo mucho que lo logren.

La fe religiosa está encadenada a las creencias, que a su vez se desarrollan a partir de


las palabras, sean escritas o habladas, remachadas incansablemente durante milenios,

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pero nunca a partir de hechos científicamente comprobados. Fe judía, fe cristiana, fe


islámica, fe budista, fe comunista, fe capitalista, fe futbolera, etc. A nosotros, que no
somos creyentes, nos cuesta demasiado trabajo tener fe en las fábulas bíblicas, nos es
más fácil tener “fe” en Santa Claus. Somos de la opinión de que es necesario
comprender para creer. Nuestra capacidad intelectual no se adhiere así como así a lo que
no es evidente. Los kosmocistas tenemos “fe”, pero aquélla que se manifiesta en la
esfera del saber científico y del saber hacer, “fe” en que lograremos por nosotros
mismos la comprensión total del universo y sus orígenes, así como las del hombre
mismo, sin pedir permiso a ningún dios, ni a ninguna institución eclesiástica y sin
necesidad de tener fe-religiosa monopolizada por los teístas, la fe científica sin dogma
basta para liberar al hombre. ¿Pero no se dan cuenta ustedes creyentes de que su fe y el
mundo hecho a la imagen de su dios, es un mundo de calamidad, de atrocidades, de
rencor, de odio y de barbaries? ¿Acaso no les gustaría vivir en un mundo más armónico,
solidario y libre de amenazas y de peligros de todo tipo? ¿Entonces, qué esperan para
romper sus cadenas y LIBERARSE…?

El creyente-militante:

El creyente anda por la vida preso de sus creencias y de los prejuicios que se han
desarrollado en su mente sin el consentimiento de su razón. “Yo seré vuestro dios y
vosotros seréis mi pueblo, tengan fe, porque si no tienen fe, no puedo ser su dios, ni
ustedes mi pueblo.” La “existencia” de dicho dios depende de la fe de los creyentes. La
primera puerta de la fe es la creencia, la segunda, es la fascinación y la inclinación hacia
lo mágico, la tercera es la ignorancia y la cuarta es el miedo. La “existencia” del dios-
bíblico sólo está en la mente del creyente por medio de sus creencias y según la
densidad de sus miedos hacia la muerte y su destino final. El papel fundamental del
clero y de los teólogos consiste en mantener viva la fábula teísta con el único propósito
de que los creyentes continúen manteniendo económicamente a todos aquellos que
viven de la Religión (fábrica de conformistas). En síntesis, la Religión es un muy
lucrativo negocio, así como una excelente y experta momificadora, creedlo o no...

Viviendo en una sociedad liberal de consumo, el individuo, imperceptiblemente, se


deshumaniza, se individualiza y desarrolla un “ombliguismo” que gira exclusivamente
alrededor de su hyper-ego. Su capacidad consumidora adictiva y de ostentación se
manifiesta por una necesidad mórbida de pavonearse frente a los demás (inmadurez
emocional). Su “riqueza” interior no logra exteriorizar su capacidad creativa para
modificar sus hábitos o para inventar nuevas formas de vivir. Todos los consumidores
somos generadores de contaminantes y contaminaciones, nosotros producimos una
cierta cantidad de desperdicios sólidos diariamente. Los automovilistas son
contaminadores, la peor fuente de contaminación es el motor de combustión interna.

El ser humano es un contaminador y un depredador natural por la sencilla razón de


que la vida humana misma depende de la explotación de la naturaleza. El ser humano
está alterando negativamente su medio ambiente y ahora, con sus múltiples actividades
mercantilistas, ha empezado a romper el equilibrio de los sistemas. Quemamos tanto
combustible para conducir coches y camiones, para calentar, enfriar o iluminar los
hogares, alumbrar las calles, refrigerar y congelar los alimentos, mover las fábricas,
hacer volar los aviones, cohetes, y consumimos tal cantidad de energía y producimos
tanto bióxido de carbono, que la naturaleza difícilmente puede mantener la carrera
contra el ritmo depredador de los humanos.

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En las ciudades, las actividades humanas han aumentado hasta el punto de que sus
habitantes viven bajo una nube constante de monóxido de carbono, de gases, de tóxicos,
de insalubres partículas y polvos dañinos de desecho. La responsabilidad de la
contaminación del planeta evidentemente recae en los gobiernos, pero en general, en
cuanto a ecología se trata, ellos demuestran ser bastante evasivos y muy pasivos, puesto
que anteponen los intereses económicos a los de la salud pública. Creo que corresponde
a la sociedad civil organizada obligar a los gobiernos a tomar decisiones adecuadas y
eficaces para neutralizar y eliminar la contaminación. Los electores deben tomar
conciencia de que los gobiernos son los fieles defensores de la clase dominante, de las
grandes transnacionales y de los grandes capitales, la sociedad civil pasa a un segundo
plano.

Los kosmocistas nunca votarán por un miembro de la elitocracia, ni por un


grandilocuente ladino pequeño burgués populista disfrazado de proletario que pretende
hipócritamente resguardar los intereses del pueblo. Debemos desconfiar de los líderes,
porque una vez instalados en el poder, su retórica cambia radicalmente y defienden
intereses que en lugar de beneficiar, perjudican a los del pueblo. Pero, seamos realistas,
mientras que subsista el poder, es decir: Autoritarismo-absoluto, legalización de la
ilegalidad, del fraude, violación de los derechos humanos, corrupción, impunidad y
enriquecimiento ilícito, seguirán los candidatos impúdicos y sinvergüenzas detrás del
poder con la mira única y exclusiva de beneficiarse de las enormes ventajas y canonjías
que ofrece el poder en sí. El poder-hacer-democrático-pluralista, sin sacrificar el interés
colectivo ni privilegiar a ningún sector en particular el político, es el “poder” que
interesa a los kosmocistas. El poder que libera al hombre. .

El Homo Economicus:

El caritativo Adam Smith es considerado el padre del liberalismo económico; según


él, el interés-general se logra sólo y únicamente cuando los poderes financieros son
libres de buscar sus intereses particulares y de proteger eficazmente a sus inversiones.
Liberalización, globalización, privatización de los servicios públicos, eliminación de lo
social, abolición de las jubilaciones, congelación salarial, venta de las paraestatales al
mejor postor, deslocalizaciones, nuevas leyes laborales a favor del empresario, más
horas de trabajo y menos salarios, libre explotación, etc.
Es decir, el “derecho” de los neo-capitalistas-globalistas, enemigos de lo “público,”
llamados por nosotros: piratas-modernos, radica en eliminar radical y legalmente, con el
beneplácito de los gobiernos, cualquier obstáculo que podría entorpecer su intrépida e
insensata carrera hacia un mayor enriquecimiento y monopolismo. Derecho al despojo
al por mayor, amparado por las autoridades correspondientes: Hacienda, Gobernación,
el Banco Nacional, Salubridad, Aduana, etc. etc. Asalto a mano armada por la vía libre y
rápida, (fast-tract), sin temer ni tener que rendir cuentas a nadie, Sr. Smith todas mis
felicitaciones, usted sí que es un verdadero genio. Pensar que hay un montón de
simpatizantes que comparten esta filosofía, me da asco.

Observamos que la globalización financiera es generadora de graves conflictos


sociales y culturales. Además, favorece la doble explotación interna y externa, así como
la disparidad salarial que padecen los trabajadores en el mundo, provoca un serio
desequilibrio en las relaciones sociales, discriminaciones-racial-social-cultural-
económica. Por lo general, las élites de la mayoría de los países desean una integración
económica más expedita y más vigorosa al orden comercial mundial capitaneado por los
Estados Unidos. Estos señores minimizan siempre los costos sociales que provoca esta

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mundialización neo-liberal. En Francia, país capitalista-burgués por excelencia, cuya


sofisticada élite es miembro activo de la globalización y que pertenece con orgullo al
grupo de los siete más uno, hay dos millones de niños (menores de 18 años), que
pertenecen a familias que viven por debajo del nivel de pobreza monetaria. Ustedes
probablemente se preguntarán cómo será la situación de los niños en África y en
América latina (sin olvidar los sesenta millones de pobres en los Estados Unidos).

Ni la guerra a la pobreza ni la globalización ni el perdón de la deuda externa


disminuirán las carestías de los sectores desposeídos. Nosotros en ningún caso
defendemos los determinismos económicos dominantes que se manifiestan, tanto en la
izquierda como en la derecha. Nosotros opinamos que la globalización regida por los
capitalistas o por los socialistas no mejorará la situación económica de las mayorías. Se
trata, sin totalitarismo ideológico, partidismo o intereses de clase, de equilibrar y
fusionar inteligentemente lo económico con lo social para el beneficio general de la
sociedad. Nosotros no creemos en la ciencia de los economistas sectarios. No
compartimos la fórmula utilitarista de la economía neo-capitalista. El génesis de una
nueva ciencia social y económica puede establecerse en una sociedad sólo si ésta ha
tomado conciencia cabalmente de quiénes son sus verdaderos enemigos y cuáles son los
componentes que la perjudican mayormente (religiosos-políticos-económicos-sociales-
ecológicos). Deben otorgarse los medios y el tiempo para diagnosticar racional y
metodológicamente el por qué y el cómo (Injusticia social, injusticia económica). No
estamos de acuerdo en que un tal Bill Gates tenga una fortuna personal de más de
ochenta mil millones de dólares y que viva en una mansión de más de setenta millones
de dólares, y que un campesino chino gane apenas cincuenta dólares al mes trabajando
de sol a sol durante los siete días de la semana. Eso es francamente intolerable e
infrahumano.

La ideología del Imperator:

La ideología neo-liberal nació entre las décadas de los 60’s y 70’s, fue puesta en
marcha a partir de los 80’s, triunfó en los 90’s y continúa imponiéndose en el presente,
se concentra en los centros de poder capitalistas norteamericanos y sirve principalmente
a la expansión de los intereses estratégicos y financieros de la élite de los USA.

La sociedad no debe existir sólo para mantener y satisfacer las necesidades de la clase
dominante (los ricos nacionales e internacionales), sino para proporcionar un mínimo de
bienestar (económico-social-cultural), a cada uno de los individuos que la compone.
Creer lo contrario es un error que probablemente conducirá tarde o temprano
directamente a la confrontación y a las guerras civiles.

Los kosmocistas lamentan sinceramente la ausencia de definición jurídica


internacional relacionada con los delitos económicos cometidos con una impunidad
escalofriante por parte de las grandes potencias. Lamentan también la ausencia de
convenciones internacionales precisas, democráticas y justas, entre los países
involucrados. Las grandes empresas transnacionales y nacionales exigen no solamente la
total liberalización del comercio, sino la eliminación de todas las trabas legales de parte
de los países anfitriones. Las transnacionales rigen y controlan las transacciones del
capital de inversión. Además, exigen igualmente la complacencia de los Estados
(otorgamientos de privilegios fiscales y legales, exoneración de impuestos, flexibilidad
y nueva legislación laboral), etc. etc. Sometimiento a las reglas del juego y a las

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caprichosas exigencias de los inversionistas, cuya única y exclusiva preocupación es el


acopio del capital. Sin mencionar la recuperación de la inversión y de las insultantes
utilidades que obtienen.

Desgraciadamente, los gobiernos están más dispuestos a someterse a las “leyes” del
comercio transnacional, que al Derecho de las Relaciones Internacionales. El “derecho-
liberalista”, (la ley del más rico), que defiende a ultranza la primacía del libre comercio
(utilitarismo), no debería, según la óptica kosmocista, prevalecer sobre los derechos
fundamentales de los ciudadanos, pero observamos que el bienestar y los derechos de la
sociedad pasan primero por los filtros y las codificaciones del Estado, que defiende más
a los intereses de la clase dominante que a los de la ciudadanía, que está sujeta a las
exigencias políticas, económicas y sociales, impuestas por el sector dominante. Hoy en
día esta exigencia se llama: neo-liberalismo o globalización del capitalismo (Coca-cola-
ismo o Mac-donal-ismo), etc. Creo que exigir responsabilidad social-humanitaria al
Estado y a las transnacionales, no es una intempestiva y visceral compulsión política,
sino una justificada necesidad, un legítimo y racional reclamo estimulado por el
humanismo-solidario que habita todavía en nuestra conciencia.

Como siempre, son los dirigentes de los países mal llamados “pobres”, porque sólo un
porcentaje de la población es verdadera y auténticamente pobre, los que más recurren a
los préstamos del extranjero, sabiendo que los préstamos están condicionados a la
aplicación de las políticas establecidas por el Fondo Monetario Internacional, controlado
a su vez por los Estados Unidos. ¡Creédme!, las élites de los países “pobres” viven
mejor y con mayores lujos que las de los países ricos. El tercer lugar de los ex-
presidentes más pagados en el mundo, lo ocupa precisamente un país “pobre”. Si
equiparamos los salarios de los diputados y senadores de los países pobres con los de los
países ricos notarán que son equivalentes, con la excepción de las prebendas, bonos,
gratificaciones, obsequios, aguinaldos, partidas, sobornos, comisiones y pensiones
extraordinarias, que reciben, sin ningún remordimiento, los “pobres” y codiciosos
diputados y senadores, muchos de ellos sin carrera, sin experiencia política, ni títulos
académicos y en la mayoría de los casos, improvisados e ignaros. Son ellos los que
viven abusando de la pobreza del pueblo; no hay países pobres, sólo hay “pobres”
gobernantes (muy nacionalistas, bien trajeados y perfumados, eso sí), que viven como
ricos a expensas de los pobres (y por supuesto, de los convenientes y bienvenidos
préstamos del extranjero). Estos vivales no se tientan el corazón, opinan que sean los
pobres quienes paguen la deuda externa y carguen sin remilgar todo el peso de la
injusticia que la elitocracia nacional les impone.

“Nosotros los legisladores, tenemos la sagrada misión de hacer felices a los ricos,
manteniendo al pueblo en el infortunio y en la pobreza; nos encargamos de la riqueza
interna, custodiándola recelosamente para que no vaya malgastándose en vulgares y
triviales asuntos sociales que reclama el pueblo, después de todo somos fieles,
obedientes e incondicionales servidores del FMI, que, por extrañas razones, declaró
solemnemente la guerra a la pobreza. Nosotros (legisladores y políticos), de los pobres
países, hemos descubierto el hilo negro para ganarle la partida; la única e insuperable
solución que hemos encontrado es la de enriquecernos (robar), lo más posible, por
medio de sofisticados e intrigantes chanchullos cuando ocupamos puestos directivos en
los múltiples órganos estatales, sea a la brava o fraudulentamente, antes de que se acabe
la fuente de la riqueza, mal llamada pobreza”. ¿Por qué cree usted que estos vivales
ambicionan vehementemente un puesto de ejecutivo en el gobierno? Y no vayan a creer
que estos señores se dan por servidos con las migajas y con los sobrantes del banquete,

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nada de eso, ellos se sirven como altaneros y arrogantes señores con la cuchara grande
(esto es para mí y lo que queda también, porque me lo merezco; lo demás me vale.) La
corrupción y el instinto de rapiña tienen un lugar especial en la mente y en el corazón
deshonesto de los servidores públicos. Es muy arriesgado y peligroso confiar en ellos,
más vale mantenerlos a una sana distancia de nosotros. La corrupción, que es lacra
general en todos los países, excepto, quizás, en Finlandia, es como la delincuencia;
ambas son generados por el mismo sistema y no hay que ser adivino para saber que si no
se cambia a fondo el sistema, seguirá obviamente creciendo la corrupción, la
delincuencia, las transgresiones a las leyes y la impunidad.

Algunos funcionarios, preocupados por la injusticia social, van a Las Vegas a gastar el
dinero del pueblo en las casas de juegos que pertenecen a la mafia norteamericana.
Otros, menos ambiciosos, pero más libidinosos y romanticones, lo gastan con algunas
elegantes, selectas y eróticas damas de noche, (rubias, altas, blancas de ojos azules y de
muy voluptuosas formas). Algunos, más soñadores y con dones poéticos, mandan
construir palacetes o algún pequeño Partenón y otros que dilapidan su dinero…
francamente... pensándolo bien, no me atrevo a decírselo, pero presumo que algunos de
ustedes lo adivinaron (Por fortuna, siempre hay lectores atentos que saben leer entre
líneas).

La “guerra” contra la pobreza, como muchos de nosotros sabemos, está perdida de


antemano, por la sencilla razón de que es la pobreza la que genera la riqueza, y los ricos
y todos los que aspiran a serlo (entre ellos, los servidores públicos y políticos), no están
dispuestos a matar a la gallina de los huevos de oro. El egoísmo de los ricos ha sido
siempre más fuerte que la miseria de los pobres. La pobreza (en manos de los
poderosos) seguirá vivita y coleando por los siglos de los siglos. Así que, señores ricos y
aspirantes a serlo, dejen por favor de preocuparse, habrá pobres por un buen rato, a
menos que… una minoría inventiva comience a inconformarse inteligentemente, es
decir sin oposicionismo de carácter político y, sobre todo, sin recurrir a las mega-
marchas, a las ridículas e inútiles protestas callejeras, a las huelgas negociadas, a las
manipuladas manifestaciones o colocando artefactos en los lugares públicos con la
intención de asesinar a inocentes civiles. Esta minoría es cibernética, inteligente,
científica, silenciosa, anónima, clandestina y multifacética. Su lucha no es política, ni
ideológica, ni es para obtener concesiones o privilegios del sistema, ni para hacerse del
poder, sino para interrumpir el nefando continuismo de la clase dominante nacional e
internacional, que impide que los individuos sean libres. La meta fundamental es
terminar con las barbaridades que esclavizan al hombre. El arma más eficaz del
ciudadano es su determinación, ella es la fuerza y el remedio más eficaz contra las
chifladuras y las incoherencias de los gobiernos.

No hay necesidad de tener un doctorado en economía para saber que si el crecimiento


económico de un país no se refleja en una franca mejoría del nivel de vida de todos los
ciudadanos, entonces es obvio que es obsoleto y debe ser desechado. No podemos seguir
con los modelos económicos que sólo benefician preferentemente a las transnacionales:
Coca-Cola 68.000 millones de dólares. Microsoft 60.000 millones. IBM 54.000
millones, para citar solamente las tres más importantes de las cien que menciona el
BusinessWeek/Interbrand. Modelos que, desgraciadamente, sólo favorecen a un
pequeño sector privilegiado y conservador de la población: Banqueros, accionistas,
inversionistas, industriales, empresarios, financieros, altos funcionarios, ejecutivos, y
miembros de las clases altas y medias-altas.

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Opinamos que se debe democratizar la economía y que sus frutos deben repartirse de
una manera justa y solidaria, deben materializarse en modernas escuelas y
universidades, en hospitales y clínicas con tecnología de punta y con un personal
altamente calificado y especializado, en ciudades y pueblos limpios, ordenados y
seguros, en la preservación y el mejoramiento de los bosques y de los parques
nacionales, en unos programas televisivos y radiofónicos real y verdaderamente
educativos para elevar el nivel cultural de la población, y para no cansarlos más
agregaré sólo un largo, pero muy largo etcétera, porque tengo la impresión de que la
lista sería seguramente interminable y probablemente a los ojos de los capitalistas
reaccionarios, demasiado utópica y hasta ridícula.

La palabra que más hiere los oídos de los neo-liberales-utilitaristas, es la palabra


“social”; también hay algunas más como: Justicia, democracia, patriotismo-económico,
equidad, solidaridad, repartición de utilidad, aumento de salario, seguro social,
sindicato, contrato laboral, declaración de impuestos etc. etc. Mientras que no haya un
equilibrio entre el sector “público” y el “privado”, el “bienestar-colectivo-universal” de
los pueblos no logrará nunca ocupar el lugar que legítimamente le corresponde. No
vayan a creer que este equilibrio verá intempestivamente la luz. Ni soñándolo amigos, el
modelo dominante emplea todas sus estrategias y recursos (y vaya que si los tienen),
para que no suceda tal evento. Con los valores, las normas, los dogmas y las
infraestructuras del modelo neo-liberal no se puede ni siquiera pensar que posiblemente
podría haber otras maneras de vivir la vida.

La sociedad, carente de proyectos, visiones, deseos y de voluntad capaz de dar un salto


hacia adelante para transformarse en una verdadera artesana de un nuevo futuro muy
diferente al de nuestros ancestros, está condenada al fracaso, al inmovilismo y al
desgastante, deprimente y fatídico continuismo. El progreso del pensamiento es
indispensable para poder desarrollar la capacidad de innovación. Una sociedad dormida,
inmóvil y mentalmente paralizada por la Ideología o bien por la Religión, carece de los
elementos necesarios para ser innovadora, reformadora o inventiva. Para que un país
salga de su pereza mental, para avivarlo, es preciso que haya buenos trampolines para
lanzar a la población lejos de su peculiar círculo conformista y de su rígida concha
mental. Dicho sea de paso, el modelo neo-liberal y las religiones teístas no son en
absoluto positivos ni son trampolines confiables.

No compartimos nosotros esta extraña sociología-económica de los iluminados sumos


sacerdotes neo-liberales que teologizan sólo alrededor del utilitarismo. El modelo neo-
liberal se concentra en demasía sobre la ganancia monetaria en detrimento de un mínimo
de garantía social para los sectores más desprotegidos de la sociedad. Es en vano pedir a
los dueños del mundo que se humanicen, en su estructura mental y su visión peculiar del
mundo, no existe tal mecanismo. La “religión” neo-liberalista radica en aferrase
obtusamente a su ídolo predilecto, el dios-dinero. El objetivo formal del neo-liberalismo
es la obtención sin restricciones, ni control de grandes cantidades de dinero con las
cuales los financieros y los usureros se dedican a la especulación salvaje; para ellos el
fin último de todas las cosas, es el dinero. Hacer más dinero con dinero, es el valor
supremo de todos los capitalistas, y les importa un bledo el costo social, laboral y
ecológico que desencadenan sus transacciones financieras y bursátiles. Esta mentalidad
neo-liberalista es la resultante de siglos de proselitismo y cosmología teísta.

Somos unos seres lanzados al mundo sin haberlo pedido y nuestro único destino es la
muerte porque somos sólo momentos fugaces de una realidad absoluta; conciencias que

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brotan de la nada y a la nada vuelven. La libertad en la temporalidad de cada uno, es lo


único que enriquece y anima nuestra efímera existencia. Nos corresponde darle un
sentido; los capitalistas dedican su vida al poder, al dinero y a la explotación, otros se
ahogan felizmente en plena mitología metafísica, otros, diseñadores fundamentalistas de
panaceas, dedican su vida a hipnotizar a los pueblos para sacarles provecho, sueñan y
aman al poder y están dispuestos a cometer las peores tropelías para conseguirlo, otros,
dispersos y aturdidos, se pierden anónimamente como gotas de agua en el mar y otros
aspiran a vivir auténticamente su temporalidad.

La preocupación mayor del kosmocista es el devenir individual y universal del ser


humano en relación con el Universo. Edificación de una civilización-terrestre que supere
todas las civilizaciones precedentes, que no fueron capaces de adquirir una nueva
conciencia ni lograron sacudir el lastre del pasado. No podemos retornar al puerto de
donde zarpamos, éste puerto dejó de existir, se desvaneció en la neblina del pasado. Hay
que seguir la travesía hasta donde la marcha de la humanidad termina. Puerto tras
puerto, hasta llegar al último puerto.

Aferráos al dinero y desentendéos por completo de todo lo demás, el dios-dinero


reveló ser más fuerte que el dios-bíblico. La producción-lucro es la enajenación de la
razón, el kosmocismo considera que bajo el modelo liberal de la libre explotación, sea
de la izquierda o de la derecha, no existe la menor posibilidad de eliminar los sistemas
de la libre e impositiva explotación de los dominados por los dominantes. Es el modo de
producción de la vida material, el que condiciona el proceso de la vida social,
económica, política y religiosa del individuo, lo moldea a sus necesidades y a sus leyes.
El neo-liberalismo necesita para poder sobrevivir de muchos consumidores, es su talón
de Aquiles. Finalizando el sistema económico de explotación, terminará la prehistoria
del ser humano y empezará un nueva Era, pero no hay que hacerse ilusiones; si no
participamos activamente en la construcción de este nuevo edificio, seguirá el caos.

El siglo XX ha sido prodigioso en lo que concierne el “progreso-técnico-científico”,


pero no fue suficiente para poder engendrar un mundo diferente, más libre, menos
conflictivo, sólo ha sido el teatro y el actor de una formidable “brutalización”, el
sovietismo, el nazismo, el fascismo, bombas atómicas sobre Japón, dos guerras
mundiales, campos de concentración y hornos crematorios en Alemania, Glavnoye
(GULAG) en la Ex-Unión-Soviética, horrendo genocidio en Camboya, sangrientos
golpes de Estado en América Latina y en África, terrorismo religioso y político son sólo
algunos ejemplos del salvajismo humano que todavía prevalece en muchos países en el
mundo. ¿En qué oscuro rincón de nuestra conciencia se quedó atorado nuestro
“humanismo”? ¿La ciencia y el progreso tecnológico están al servicio de quién? ¿De los
militares? ¿De los golpistas? ¿De los déspotas? ¿De los demagogos? ¿De los
torturadores? ¿De los mafiosos? ¿De los proxenetas? ¿De Wall Street? ¿De los
financieros? ¿De los obreros? ¿De los campesinos? ¿Del pueblo? ¿De quién? Díganme.

La ciencia y la tecnología bajo el control y el mando de la elitocracia están empleados


para la represión, la opresión, la explotación y la dominación, no para la liberación de
los pueblos. La política de la famosa globalización, invento maquiavélico de la
plutocracia, vende una imagen, o más bien un “espejismo”, de prosperidad para todos,
es decir para los 6,400 millones de seres humanos que somos en la Tierra. Pero la
realidad es otra; más del 80% de la población mundial jamás tendrá acceso a ella. Los
trastornos y las consecuencias negativas que genera el “libre-mercado” son mayores que
sus beneficios. El dios-dinero ha ganado la batalla contra el dios-bíblico, aunque en

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realidad son harinas del mismo costal. El uno está hecho por el otro. Si bien es cierto
que la globalización beneficia económicamente a los globalistas y a los dueños de
capitales, también beneficia jugosamente al clero, pero lo cierto es que lesiona
principalmente a las mayorías.

El kosmocista se identifica con la conciencia libertaria; la que apunta directamente a la


libertad creadora, la que libera al ser humano del teologismo y del ideologísmo, la que
libera de las supersticiones, la que recupera y salvaguarda la racionalidad, la que no
vuelve la espalda a la verdadera esencia humana liberada de la falsa “necesidad-
religiosa”, la que niega la existencia de seres divinos e infinitos. Lo más trágico para el
intelecto humano es vegetar en la insuficiencia, característica sublime del teísmo. Cómo
aborrezco a estos ilusionistas, merolicos incapaces de pensar racionalmente, cuando nos
dicen que hay un dios-vivo que ve, oye, habla, lleva una relación minuciosa de los
pecados cometidos por cada uno de los habitantes del planeta y que lee la mente de los
seres humanos… Sin duda, nos encontramos aquí frente a una muralla de ignorancia
infranqueable. Con esa mentalidad tan estrecha y esa reducida capacidad intelectual y
emocional, es obvio que para esos fanáticos adeptos de la doctrina castradora de la
espiritualidad, la nave de la libertad no podrá despegar nunca. Yo soy cada vez más
pesimista acerca del futuro de la Civilización Occidental (criatura teísta). Es más, creo
que de seguir así el caos y los conflictos actuales, la sociedad no tiene delante de sí
ningún futuro. El mundo occidental se equivocó de rumbo. Observo en él, a medida que
pasa el tiempo, que las cosas van de mal en peor.

Constaté que los tres dioses de las Escrituras, son unos ídolos con pies de barro y que
su “omnipotencia” no es más poderosa que la de un común y corriente terrorista que
coloca bombas en el metro de Londres. ¿Quién podrá contradecirme? los ilusos, los
crédulos, los beatos, los iluminados, los teístas grandilocuentes, cuando son ellos
mismos la muestra, la prueba viviente y fehaciente de la decadencia y del fracaso de la
civilización occidental. Tendrá aquélla que esforzarse muchísimo para no ser sepultada
en el cementerio de las civilizaciones muertas, pero debemos admitir que su final es
indispensable para dar a luz a un mundo nuevo que no tolerará la formación de una
nueva y déspota clase mandataria, un egoísta monopolismo económico y menos aún de
una nefanda y déspota teocracia. Está por empezar una nueva etapa histórica, todo
depende de nosotros, el futuro está frente a nosotros, demos el paso adelante con
audacia y sin miedo sigamos la ruta que nos hará llegar a la meta.

Es bien sabido que el neo-liberalismo, para poder sobrevivir, necesita vitalmente de


las sociedades consumidoras. Al destruirse la base económica (el consumo), se
derrumba toda la infraestructura erigida sobre ella. Es el consumidor quien tiene el
medio para aniquilar al capitalista. Los consumidores norteamericanos representan
menos del 1/20 de la población mundial, sin embargo consumen el 20% de la energía
planetaria. Nos hemos equivocado sobre los medios y los fines del neo-liberalismo
comanditado por los “alegres-Mesías-de-la-felicidad-sustentable”, según los cuales sólo
la prosperidad es el único medio para llegar a la felicidad. De acuerdo, pero esta famosa
“prosperidad” llega sólo a unos cuantos, por lo general siempre a los mismos, por lo
tanto es una “prosperidad” selectiva, condicional y discriminante.

La dinámica de los capitalistas relega el imperativo del interés colectivo para dar
prioridad a la acumulación de riquezas y de poderes para ellos mismos. Queda claro que
la posesión desmesurada de bienes es un premio que se convierte en el acicate más

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ingrato de todos, trastorna y enloquece la mente. ¿Qué induce al pueblo a trabajar? Creo
que la principal motivación radica en la necesidad imprescindible de comer, después
vienen las otras necesidades menos apremiantes y quizás más triviales. Ahora bien, ¿qué
induce a la elitocracia a explotar al pueblo? ¿Por qué el ideal de la clase dominante es
acumular riquezas incansablemente y hasta el fin de los tiempos? ¿En dónde queda la
libertad en todo eso? ¿En dónde está la armonía, la justicia social, el equilibrio
económico y la libertad espiritual?
En una sociedad de explotación, de crímenes, de prostitución, de pornografía, de trafico
y explotación sexual infantil, de robos, de fraudes, de drogadicciones, de alcoholismo,
de atropellos, de graves anomalías burocráticas, de centenares de miles de homicidios,
de masacres, de espantosos actos de corrupción, de torturas, de violencia al por mayor,
de secuestros, de terrorismos, de mentiras tras mentiras, de peligrosas contaminaciones,
de desigualdad de género ¿Dónde encuentra la felicidad el ser humano?

Por favor, que alguien me diga ¿dónde está la felicidad? Hace años que busco un ser
humano feliz, ¿será que mi linterna no da de sí? Sin embargo, conozco algunos
miserables y roñosos que se dicen felices, ¿por qué son felices? porque van a misa cada
mañana, se flagelan y oran por nuestros “pecados”. Caminan en un mar de sangre y no
se manchan, viven en el infierno y no se queman, llueve y no se mojan. Para ellos todo
es color de rosa, viven cándidamente en el mundo fantástico y protector de los cielos y
lo que pasa aquí en la Tierra no les atañe (Todo está escrito). Pero eso sí, se persignan
siempre con un diente de ajo en la mano, checan antes de la oración matinal su
horóscopo y acuden a las urnas para votar; son los que, impasibles y serenos, prendían
inocentemente, por amor a Jehová, las hogueras para “purificar” a los malvados herejes.
También en el nombre de Alá colocan bombas para castigar a los obscenos infieles.
Diferentes épocas, diferentes métodos, pero el fanatismo, disfrazado de misticismo a
olor de vudú sigue igual o peor y la esquizofrenia parece ganar más y más espacio en la
mente trastornada de estos míseros e infelices iluminados.

La sociedad es lo que somos. ¿Se ha preguntado por qué las cárceles están
atiborradas? ¿Sabe usted que sus inquilinos son fervientes creyentes y creen a pie
juntillas en los santos, en los dioses de la Escrituras, en el Cielo y en el Infierno? Es
obvio que las religiones y sus instituciones han fracasado en su misión. Han fracasado
porque son parte integral de la gran maquinaria que fomenta sistemáticamente el caos en
el mundo entero. El clero no quiere liberar al ser humano, sabe muy bien que su
perdición, su caída, su muerte está precisamente en la liberación espiritual de los
individuos. La Institución Religiosa nunca jamás liberará al hombre, es el individuo
quien debe recobrar por sus propios esfuerzos su libertad espiritual.

Los creyentes deben de saber que creer en los dioses de las Escrituras, no es
suficiente para que la sociedad pueda madurar, vivir en paz y crecer solidariamente, El
creyente es un impotente, su impotencia radica en que no puede aplicar o transponer
concretamente sus creencias en hechos reales en su vida cotidiana. Esta impotencia es la
fuente de las anomalías y de los graves acontecimientos que perjudican y afectan a
todos, creyentes y no creyentes (No matarás, no robarás…) etc.

¿Se ha preguntado usted por qué 2.000 mil millones de seres humanos del planeta son
extremadamente pobres y por qué 4.000 mil millones son pobres? Es obvio que los
modelos económicos han fracasado en la administración y gerencia de los recursos y de
la riqueza mundial. ¿Por qué seguir con esos modelos cuando han comprobado mil y

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una vez su incapacidad para mejorar las condiciones desesperantes que sufre la mayoría
de los seres humanos? Con la mentalidad de esos guerreros necios de las finanzas, las
únicas posibilidades, son el caos y el naufragio. El economista-utilitarista-globalista está
en constante oposición contra la exigencia de las realidades sociales de la sociedad, se
erige como el supremo defensor de los ideales del modelo neo-liberal, creyente
dogmático de los valores y del poder de las clases privilegiadas, no comparte la idea de
un equilibrio económico y social que beneficie a toda la sociedad y no exclusivamente a
los privilegiados. Se creen de la élite y por tanto luchan a brazo partido para defender a
la elitocracia.

¡Fin del elitismo y monopolismo económico! ¡Fin de la libertad económica enemiga y


explotadora masiva de los desposeídos! ¡Fin del globalismo unilateral! El kosmocista,
como contestatario, apoya la idea de que se democratice universalmente la economía, no
comparte la mentalidad hegemonista y elitista de los neo-capitalistas. Las repercusiones
de la exagerada concentración de capitales contribuyen a la decadencia del mundo, sus
efectos están a la vista de cada uno de nosotros. Por todas partes vemos sus desastrosos
resultados y los impactos de sus consecuencias son francamente desoladores, (despido
masivo, deslocalizaciones, entre otras). La preponderancia, la supremacía de un
imperialismo económico unilateralista por mucho tiempo, no puede tener otra
consecuencia que el desgaste total de la naturaleza y el fin violento de la civilización; lo
que siniestramente empezó la burguesía europea con su soñada “Revolución Industrial”
terminará muy probablemente con la “Insurrección Universal” de los desposeídos y
marginados.

Actualmente, el mundo está en guerra, la sangrienta carnicería en Irak aumenta cada


día más, las diarias matanzas en Afganistán, el baño de sangre en el Medio Oriente, en
África la situación general es francamente infrahumana, en Asia se avecinan grandes
conflictos y grandes contradicciones. Rusia tiene muchos problemas con las etnias que
reclaman sus independencias, su economía es deplorable y sigue el despotismo. Europa
es blanco del terrorismo islámico y de graves conflictos sociales latentes que podrían
explotar en cualquier momento, en América Latina crece vertiginosamente la pobreza y
continúa la corrupción, la impunidad, la represión, la violación de los Derechos
Humanos y el crimen organizado, etc.

Globalmente, la situación mundial es deplorable y potencialmente peligrosa, cualquier


calamidad puede suceder. ¿Me pregunto si los profesores de economía empapados de
academicismo y de neo-liberalismo pagados por las grandes universidades burguesas
pueden honradamente decirnos algo sobre el estado calamitoso del planeta? ¿Tendrán
estos intelectuales académicos algo de inteligencia para encontrar los mecanismos
responsables de esta lamentable y trágica situación en la cual se encuentra inmersa toda
la humanidad? También me pregunto porqué los miembros de los partidos dizque
ecologistas no preguntan a los dueños de la multinacional Danzer cuáles son las causas
del continuo deterioro de la biodiversidad planetaria y, por último, preguntaré a los
judíos ¿porqué Jehová fue sustituido por la Torah? ¿Será que la Ley de Yahvé, es la ley
de los rabinos?

Cuando la libertad nos alcance, la humanidad despertará de su trance. Mientras tanto,


la mayoría de la humanidad estará bajo el poder hipnótico de nuestras multifacéticas,
peligrosas y engañosas creencias. Librarnos de ellas implica una seria toma de
conciencia, pero es un paso imprescindible para los que poseen una voluntad creadora
en su conciencia y un potencial inventivo en su dinamismo intelectual. Todos,

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absolutamente todos, debemos saber sin la menor duda o incertidumbre, que si el


modelo occidental no cambia (si sigue el dominio de los pasivos espectadores), nuevas
y peores calamidades están por llegar en los lugares menos esperados.

El corazón del kosmocismo es la libertad, pero no cualquier libertad. Sabemos que hay
muchas y sofisticadas definiciones que se le otorgan a la palabra “libertad”; nosotros nos
referimos explícitamente a la libertad que libera al individuo de las cadenas religiosas,
políticas y económicas, gerenciadas por la elitocracia internacional.

La olla de Babel: Judíos, árabes, negros, hispanos, asiáticos, blancos, comunistas,


nazis, racistas, fascistas, anti-semitistas, terroristas, integristas, capitalistas,
imperialistas, comunitaristas, nacionalistas, izquierdistas, derechistas, sindicalistas,
sionistas, tercer y primer mundistas, son grillos de la misma olla, los pro, los contra,
todos sin excepción son los frutos del mismo árbol, maman la leche de la misma vaca,
todos quieren imponer a la fuerza sus ideas, sus creencias, sus religiones y su modo de
vida, todos desean las riquezas de los demás, todos envidian el poder de los demás,
todos apetecen la tecnología de los demás, todos quieren dominar a los demás. Sin
embargo, existe un punto en común entre todos nosotros, es el de ser humanos, (polvo
de la tierra), formados por una divinidad parlante (háganme el favor) que le dijo;
(háganme otro favor). Llenad la tierra y sojuzgadla, señoree en los peces del mar, en las
aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre
la tierra. Definitivamente en aquella época no existía todavía la ecología.

El teismo con un hierro al rojo marcó en lo más profundo de la conciencia humana sus
leyes. El mundo se ha vuelto una jauría de lobos debido a los dictámenes prostituidos de
las grandes religiones monoteístas. Esta cruenta masacre entre humanos cesará cuando
los líderes religiosos tengan el valor de confesar que todas las religiones fueron
fundadas sobre una siniestra y desastrosa fábula y, por último, cuando el ser humano se
libere de los mitos y de sus creencias fantasiosas.

No seamos ignorantes, es obvio que los mercaderes religiosos nunca van a tolerar ni
permitir que se sepa la verdad sobre el teje y maneje de la institución que los mantiene
económicamente. Pero no hace falta, nosotros, con la ayuda de la luz natural de la razón,
sabemos que las religiones son unas herramientas muy eficaces de manipulación. Sus
condicionantes y argumentos básicos son: El credo; la creencia es indispensable para
aceptar los demás argumentos, la creación, el alma, el paraíso, el infierno, la
resurrección, la vida eterna, la confesión, el perdón, excomunión, exorcismo, el “Rituale
Romanum”, el diezmo, etc. Exige del catecúmeno aceptación incondicional y ciega de
las Escrituras como revelación del Espíritu Santo (dios-bíblico) y demanda su fidelidad
hasta la parusía.

El creyente no tiene acceso directo a su dios preferido; sólo a través de la mediación


de las Iglesias. El kosmocista rechaza categóricamente el monopolismo, sea religioso o
de otra naturaleza; es fácil de comprender que las Iglesias han sentado su poder sobre el
cautiverio de la creencia y de la fe (inducida por las Iglesias) de sus indefensos y
desprevenidos seguidores. La o el kosmocista, como ser humano libre no aceptaría ni el
uno por ciento de la charlatanería que inculcan las Iglesias a sus feligreses. Pero no vaya
a creer que somos enemigos de los creyentes, todo el contrario. Sabemos que las
creencia religiosas en muchos casos ayudan a minimizar la ansiedad, la desesperación,
el estrese, y depresión que sufrimos en unos momentos determinados de nuestra
existencia. Sabemos que las creencias se desarrollan de acuerdo con el grado evolutivo

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de cada persona, y que el nivel evolutivo de los kosmocistas es diferente al de los


creyentes; y esperemos que un día todos los creyentes alcancen a los kosmocistas y que
no haya rivalidades ni conflictos entre nosotros. Ellos son el ayer, nosotros el mañana y
estamos concientes de que sin el ayer no hay mañana posible. El kosmocismo mira con
aprecio, tanto a los cristianos como a los islámicos o a los judíos no como militantes,
sino como seres humanos y les exhorta para que, mediante el dialogo y la colaboración,
nos consagremos todos al desarrollo y a la promoción de la libertad. Un día nos
encontraremos porque nuestro camino es universal.

La realidad de uno mismo:

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Cuál es mi nivel mental, emocional, mi nivel de desarrollo
psicológico, mi inteligencia abstracta, práctica, la incidencia de mi carga hereditaria, mi
historia familiar, personal y mi medio sociocultural? ¿Cuáles fueron las circunstancias
de mi concepción, del embarazo de mi madre, del periodo de gestación, del parto, de los
cuidados de la primera y segunda infancia? ¿Cuál es mi historial, y el de mis padres y de
mi familia? ¿Cuáles son mis raíces? ¿Seré extrovertido, introvertido, me dejo guiar por
los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones o bien por intuición? ¿Soy cerebral o
emocional? ¿Cuál es mi cociente intelectual? ¿Soy colérico, impulsivo, agresivo,
amorfo, apático, bilioso, caracterial, emotivo, egoísta, activo, apasionado, obsesivo,
compulsivo, pasivo, inconformista, conformista, depresivo, eficiente, racional, analítico,
metódico, reflexivo? ¿Cuál es el estado de mi constitución congénita, morfológica y
psicofisiológica? ¿Tomo los hechos imaginarios por reales? ¿Cuáles son las cargas
genéticas de mis abuelos, de mis padres, qué enfermedades hereditarias padecían?
¿Cuáles son mis padecimientos? ¿Social y económicamente cómo me desempeño? ¿Qué
posición ocupo en la categoría de las profesiones u oficios? ¿He sido obligado a
ganarme la vida en empleos estúpidos, inhumanos y además innecesarios? ¿He cursado
estudios superiores, segundarios, elementales o ninguno? ¿Cuántos idiomas leo, escribo
y hablo? ¿Tendré alguna adicción; seré alcohólico, toxicómano, jugador o comedor
compulsivo? ¿Seré pederasta, homosexual, bisexual, impotente, voyeur, exhibicionista o
perverso sexual? ¿Cuáles son mis talentos artísticos, qué clase de música me agrada,
me gusta la poesía, la literatura, la historia, la ciencia, la escultura, la filosofía, la
pintura, el teatro, el ballet, la ópera? ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Y tú quién eres? ¿Y qué
haces para ti y para los demás, estás satisfecho con tu vida? ¿Cuál es tu posición y
participación en la sociedad? ¿Qué barrera has construido contra la ignorancia, la
crueldad, la brutalidad, la barbarie, la violencia y la represión, contra el monopolismo y
despotismo ideológico de la derecha y el de la izquierda? ¿Contra el despilfarro de los
gobiernos y contra la farsa electoral? ¿Has hecho valer tus derechos a la resistencia, a la
disidencia, a la crítica y a la libertad de expresión? ¿A qué clan perteneces, a los
explotados o a los explotadores?

Tenemos que conocer perfectamente bien nuestras capacidades, equilibrio emocional y


potencial cognoscitivo, antes de anhelar la realización de cualquier proyecto; un ciego
que anhela conducir un camión, no es realista, un ciego que conduzca un camión
provocará inevitablemente un desastre. Un iletrado que anhela ser maestro de segundaria
no es sensato, un iletrado que de clase en la misma provocaría lógicamente, de parte de
los alumnos un rechazo inmediato. Para dar, hay que tener. Para vencer la ignorancia
hay que adquirir conocimientos. El ser humano que carece de conocimientos es un

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esclavo, un limitado. ¿Seremos capaces de luchar contra nuestra ignorancia? ¿Podremos


distinguir entre ignorancia y libertad? ¿Los habladores de qué son meritorios? Por lo
general, nuestros fracasos provienen de nuestras incapacidades. Los “ellos” son siempre
los culpables, los “yo” siempre tienen toda una panoplia de sofisticadas y convincentes
excusas para justificar sus fracasos y derrotas. ¿Eres un ser libre o eres un ser
encadenado a creencias y prejuicios? ¿Somos parte del inmenso y anónimo ejército de
los inútiles al mundo o somos de los que hacen la historia, somos de los que se cruzan de
los brazos o somos de los que ponen manos a la obra?

¿Ahora qué; qué estamos haciendo, qué debemos hacer, qué haremos, qué hacemos?
Con la exacta visión de nuestras capacidades podemos realmente existir un instante sin
engañarnos y sin destruirnos los unos a los otros. Creo que no hay más que una salida:
Extirpar de nuestra condicionada mente todas las creencias que lesionan nuestra libertad.
No hay que olvidar que somos el producto de catorce siglos de dominación y control
teísta, catorce siglo bajo el control del poder terrenal y espiritual del clero, catorce siglos
de cultura teísta.

Es tiempo de quitarse las máscaras que esconden nuestro verdadero yo. ¿Qué
queremos y qué pretendemos realmente de la vida, cuáles son nuestras metas, nuestras
funciones, nuestro papel en el seno de la sociedad? ¿En qué contribuimos y qué
favorecemos mayormente? Los lamentables y siniestros eventos que suceden en el
mundo de los creyentes indican a los no-teístas que debemos empezar la reconstrucción
de uno mismo sobre bases nuevas, repensar nuestro modo de vivir y reexaminar nuestras
relaciones con los demás, con la naturaleza y con las cosas. Observamos que el teísta es
un fracaso, un vulgar fiasco, un derrotado, una miserable caricatura, se auto aniquila a
fuerza de creer en una divinidad que roe la espiritualidad del ser humano desde hace
milenios...

Nunca se te ha dicho que es imposible tocar una melodía con un violín sin cuerdas o
con un piano sin teclas. Es obvio que sin los elementos necesarios seremos incapaces los
humanos de construir un mundo nuevo (libre de intoxicaciones eclesiales). Sincera y
honestamente, creo que los seres humanos de hoy no estamos preparados ni calificados
todavía para tocar a la puerta del mundo del mañana, un mundo muy diferente al de hoy.
Para ello se necesita de seres libres, creativos, inventivos, ingeniosos y dinámicos,
motivados por unas irresistibles ganas de conquistar el futuro, inmune al virus capitalista
y socialista. ¿Cuántos de nosotros, anhelamos recobrar la libertad interior, cuántos de
nosotros estamos dispuestos a renunciar al mistificador mundo surrealista y utilitarista
de hoy?

Ahora bien, según mi realidad ¿cuáles son mis capacidades y limitaciones? Y según
ellas a qué puedo pretender. Esa es la cuestión que cada ser humano debe preguntarse
antes de dejar volar su inquieta y calenturienta imaginación. Las enfermedades
delirantes fantasmagóricas tienen por costumbre ocupar un lugar privilegiado en la
mente humana, los Napoleón, los Hitler, los Mussolini, los Franco, los Pinochet, los
Videla, los Somoza, etc. etc. son un triste ejemplo de la peligrosidad de aquellos
trastornos mentales que provoca la delirante imaginación y desencadenan una voluntad
de poder depravada y extremadamente peligrosa.

¿Quiénes somos para tener el atrevimiento de imaginar un mundo libre, social,


democrático, equilibrado, solidario, pacifico, universal, humanista y sin religiones?
¿Con qué y cómo vamos a empezar su edificación? ¿Seremos competentes para colocar

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las primeras piedras e iniciar la construcción del nuevo mundo? ¿O somos también
nosotros mismos víctimas de nuestra delirante y exaltada imaginación? Entonces, si es
así, nada se logrará, todas las empresas serán nulas y seguiremos viviendo o fingiendo
vivir en este infame mundo-cárcel, donde el bienestar social y económico se comparte
sólo entre unos cuantos ¿Seremos como los creyentes, impotentes y pasivos frente al
antagonismo y a las problemáticas relaciones entre los humanos? ¿Asistiremos apáticos
e indiferentes al espantoso naufragio de la sociedad, sin hacer el menor esfuerzo para
arrojarle unos cuantos salvavidas?

Muchos de nosotros sabemos que la única religión universal actual, es la del


espectáculo mediático unificando el mundo mercantil, IBM, Coca-Cola, Wall Mart, etc.
son sus nuevos y hematófagos dioses. Contradecir lo que se tiene por verdadero por
milenios es muy arriesgado, pero después de leer y estudiar la “Historia de las
religiones” de Jean Bottéro, es imposible continuar creyendo en ellas. Todas les
religiones teístas no han superado el reino de la magia ni el de la superstición, su
necesidad de mitología, de magia, de ficción, triunfa sobre su debilitada racionalidad,
todas son herederas del pensamiento mágico-pagano primitivo y de las cosmogonías y
mitologías chamanistas. El teocratismo de los líderes teístas es notorio y ha causado
desgraciadamente muchos daños, muchos sufrimientos y demasiadas injusticias. En
cuanto a nosotros, el teísmo ha caducado, porque fundamentalmente es el enemigo más
feroz de la autonomía y de la libertad intelectual del ser humano. Qué lástima que los
teístas se hayan dejado engañar por los artificios y los espejismos del reino de la
mentira, que remonta a la aurora de los tiempos, en el que jamás ningún dios puso mano.
El dios-teísta sólo ha vencido a los espantadizos esclavos, no a las conciencias libres.
Los teístas no dejarán de creer, aunque fuesen colocados frente a las flagrantes
evidencias de la falsedad de los ídolos que idolatran, no renunciarán a sus creencias, su
dogmatismo es más fuerte que su racionalidad. Nunca lograrán concientizar que son
víctimas de la maquinaria propagandística y del proselitismo teísta.

Nosotros, con nuestra conciencia liberada, nos enfocamos en la necesidad concreta de


proponer una alternativa post-teísta, es decir ofrecemos una opción para formalizar una
nueva era civilizadora de liberación. El ser humano con su conciencia-de-sí, su libertad
y su devenir, se abre sin dogmatismo ni nacionalismo trasnochado ni racismo al
universalismo y a la conquista científica del Kosmos. Vivir en una sociedad libre, donde
los parásitos no tienen ya en donde aprovisionarse, ni donde sacar provecho de la
credulidad de los individuos que, por carecer de conocimientos, de lucidez intelectual y
de equilibrio emocional, confían inocentemente en esos astutos y vívales manipuladores.
El miedo, la ingenuidad, el poder y la manipulación, es el crisol de todas las religiones.
El clero zopilote lo sabe muy bien, diecisiete siglos de experiencia lo avala.

Las sociedades se merecen otra vía, no la vía política, sino un vía verdaderamente
democrática que preconice la liberación, la civilidad, la justicia y la gratuidad, no la que
favorece los monopolismos ideológicos, religiosos y económicos, sino una nueva vía
articulada a partir del potencial, del talento y de la sensibilidad del individuo liberado,
cuyas preocupaciones no apuntan hacia el utilitarismo ni hacia la mercantilización
fetichista del mundo, sino hacia su liberación y hacia la armonización de las exigencias
individuales con las colectivas.
Ya no podemos confiar en las ideologías y menos aún en los líderes de nuestras
sociedades, basta de ser manipulados y engañados; debemos ir al encuentro de nuevas
posibilidades y tener una visión objetiva de las finalidades humanas. Se trata de eliminar
las impregnaciones religiosas incrustadas dentro de los sectores de la vida pública y

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privada. Sabemos que los creyentes prefieren lanzar estoicamente al basurero mítico su
existencia, pero, por fortuna, los no-teístas optan por arrojar su conciencia a la libertad y
opinamos que si el creyente no logra escapar de la nigromancia religiosa nunca logrará
verse en el espejo totalmente humano y siempre arrastrará consigo las tradiciones del
pasado moldeadas por el teismo acarreador del caos.

El individuo y el Estado:

El Estado moderno, republicano, laico y democrático, insertado en la temporalidad y


en la historia, debe ser el guía por la vía de la razón de la sociedad cuyos componentes
son los ciudadanos. Guiar a las personas para franquear la barrera del oscurantismo, la
de las supersticiones y la de las aberraciones del pasado; garantizando esencialmente la
libertad de pensamiento y de expresión. Pero esta libertad no debe entenderse como una
arbitrariedad subjetiva, sino como el respeto del conjunto de las libertades del individuo
como sujeto. La sociedad, es decir las personas, en ningún caso deben ser empleadas
como medios, sino como fines en sí. La función del nuevo Estado es la de neutralizar la
lucha entre el individualismo radical y el colectivismo totalitario, eliminar los
antagonismos y las discriminaciones sociales, económicas y los racismos culturales. Es
el papel del Estado desligado del poder y fundado sobre la libertad, no sobre el interés
del más fuerte ni de los pocos, garantizar todos los derechos de todas las personas.

El kosmocismo propugna la desaparición del Estado-déspota y de su espíritu


burocrático anti-democrático, no mediante una lucha política ni por medio de una
dictadura, sino mediante una liberación pacifica de las personas, no preconiza una toma
del poder ni anhela su perpetuación, porque el poder es histórico y fundamentalmente
corrupto y corruptor. El Estado-déspota y sus instituciones dictatoriales deben terminar y
otros modelos de Estado deben proponerse a la sociedad civil, que debe involucrarse en
su planeación y su construcción. Los nuevos modelos de Estado deben ser reinventados
en función de la libertad humana, de la armonía social y del equilibrio económico de
toda la sociedad. Un nuevo Estado al servicio de la sociedad civil y no al de un
determinado sector, los ilegítimos favores fiscales y otros otorgados por el Estado para
beneficiar a la telecracia y a la radiocracia deben ser eliminados (Igualitarismo
democrático). El ESTADO ES DE TODOS O DE NADIE. La sociedad civil no debe
permitir ya que el Estado siga estando cautivo de la elitocracia.

Si el individuo como sujeto pasivo o activo valora más los valores materiales que la
libertad misma, entonces difícilmente podrá concientizar que él mismo es su propio e
implacable verdugo. El individuo sin libertad es incompleto, sin embargo continúa
siendo miembro de la especie Homo Sapiens y su vida social no está exenta de
experimentar eventos exteriores determinados, provocados por la voluntad y el poder de
otros individuos. El individuo sin libertad generalmente termina, voluntariamente o no,
incorporándose o simpatizando con las ideologías y teologías totalitarias. El paso del
individuo-esclavo al individuo-libre no se ha dado todavía, sin embargo esa transición es
inevitable.

Es preciso inventar una nueva estrategia, lejos de los sistemas arcaicos y de las
pociones mágicas, capaz de refutar y de rechazar racionalmente la voluntad de poder,
pero en la total realidad de una pulsión genuina hacia una democracia racional y
razonada. Proponer una acción no conceptualizada a partir no del neolítico bíblico ni del
imperialismo teológico, o a partir de los postulados de la funesta trinidad: Economía-
ideología-teología sino a partir de una teoría universal de liberación, insubordinada a

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cualquier despotismo. Estructurar una nueva estrategia que no comparte la filosofía de


la histórica y simbiótica alianza, derecha-izquierda, que no simpatiza con las
mentalidades arcaicas de estas estériles e insuficientes ideologías. Un nuevo concepto
que se formaliza fuera de la mentalidad globalista moderna imperialista, fuera del
productivismo utilitarista y de la competitiva rivalidad consumista.

Sobre la libertad:

La Libertad es nuestra Constitución, lo que denominamos “libertad-total”, es la suma


de las libertades individuales y colectivas. La libertad es el principio real de la
democracia-directa. Con ella, la experiencia de la libertad-total se formula a partir de la
expresión racional de la colectividad, que favorece necesariamente el equitativo ejercicio
de la justicia social antes que privilegiar los salvajes mecanismos utilitaristas y
materialistas de las transnacionales. Su principal función es liberar al ser humano de sus
atavismos, ataduras, obsesiones y fantasmas. Ni la libertad, ni la democracia, o la
justicia pueden vivir separadamente. No existe mejor herramienta que la libertad para
liberarse, es poder, actuar-haciendo, racionalmente sin restricciones en el mundo de las
posibilidades y contingencias. La “libertad-total” es la manifestación de la voluntad y de
las acciones humanas, decidir, actuar, hacer intencionalmente, para obtener tal o cual
resultado, sin perder de vista las consecuencias y los impactos que podrían desencadenar
dichas acciones.

Sobre el neoliberalismo:

Antes de seguir debo decirles que no creo en la política de los alter socialistas ni de los
altermundialistas que se declaran anti-liberales y “enemigos” del capitalismo. Creo que
es una broma de mal gusto o un chiste cruel. Combatir con las mismas herramientas al
capitalismo, es un gravísimo error y una pérdida de tiempo y energías. Se trata de
romper las reglas del juego impuesto por la clase dominante, se trata de remontar a los
orígenes del motor generador del neo-liberalismo, lanzar piedras o golpear a los policías
antimotines, pintarrajear las fachadas de los bancos o incendiar coches, no son medios
que eliminarán los antagonismos y la verdadera realidad social y económica que existe
entre pobres y ricos. Creo que estos grupúsculos, presos de su dogmatismo y de su
ceguera ideológica, carecen de inventiva y de capacidad analítica. Las nuevas
perspectivas se encuentran, en la metamorfosis, en la liberación del individuo para
escapar de los totalitarismos y de las erróneas creencias colectivas. Existe un grave
peligro cuando la convicción se convierte en religión. El maniqueísmo derecha-
izquierda debe ser superado, el mundo de hoy debe liberarse de los valores del ayer.

El neo-liberalismo favorece y promueve agresivamente el deseo de hacerse rico a


cualquier precio, acelera la frenética búsqueda del bienestar, hyper valoriza el amor a las
ganancias, intensifica el culto al dinero, aumenta la pasión de los goces materiales,
precipita la carrera hacia la obtención de privilegios. El pragmatismo político de los
partidarios de la filosofía neo-liberal descarta radicalmente lo social como factor
actuante para minimizar las carestías que padecen las mayorías, apuestan al
individualismo radical. Ahora todos sabemos que el neo-liberalismo es un fabricante
masivo y universal de excluidos sociales y es el responsable de la explosión cuantitativa
de los marginados. Pero, seamos sinceros; admitamos que la implantación, la
consolidación y la globalización del capitalismo en el mundo, ha sido grandemente
facilitado por la traición, la colaboración y la corrupción de los “izquierdistas-caviar” y

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por la complicidad de las Iglesias. No soñemos en la “salvación” o en la transformación,


ni en los utopismos derivados de los sistemas que han comprobado su desoladora
ineficiencia.

La derecha y la izquierda son corrientes que aumentan la angustia y la desesperación


de la población mundial, son incapaces de formalizar una solución racional, universal,
que equilibre la crítica situación social, económica y política de la humanidad. Los dos
modelos, gemelos, en su esencia, encierran en su interior impulsos e instintos
dictatoriales y depredadores. Creo que debido al inmovilismo, al acondicionamiento y a
la estática mentalidad de las poblaciones contemporáneas, seguirán dictando sus leyes y
exigencias, hasta que llegue la era post-neoliberalismo protagonizada por los nuevos y
últimos imperialismos universales (China-Japón-India-Rusia). Pero sus intenciones y
acciones serán tan peligrosas, grotescas, increíbles, discriminatorias, devastadoras y
contaminadoras, como las del neo-liberalismo actual, aunque a mayor escala. Diferentes
religiones, mismo becerro de oro, mismas finalidades: explotar, dominar y acumular
capital. Con ellas, el involucionismo seguirá ciegamente su camino hasta llegar al punto
final del relato histórico de la desafortunada aventura humana.

Los retos que tocan ahora a nuestra puerta son los de salir de este círculo infernal e
inventar nuevas finalidades que garanticen nuestra sobrevivencia. Quizás la salida radica
en un metódico y escrupuloso análisis de todos los valores del mundo occidental liberal.
Lo cierto es que todos nosotros hemos sido las víctimas de una infame y milenaria
impostura que hasta el día de hoy nos persigue. ¿Hasta cuándo podremos librarnos de
ella? Es difícil de contestar, depende de nuestra voluntad de libertad, de nuestro grado de
conciencia, de sensibilidad humanística y de los conocimientos que vamos recolectando
a lo largo de la vida. Pero el reto radica en la pregunta: ¿Qué vamos a sembrar hoy para
cosechar mañana?

Poca gente hoy concientiza que los mecanismos ideológicos, sean de la derecha o de la
izquierda, han desencadenado una crisis mundial que continuamente aumenta a medida
que crece la ambición y el afán de poder de las élites. Pocos captan que el neo-
liberalismo es tan negativo como el neo-izquierdismo. Sin bandera ideológica; nuestra
lucha no es política y no está enfocada en razón del poder, sino en razón de la libertad.
El kosmocista no cree en los determinismos derechistas o izquierdistas, es
liberacionario, no es portador de distintivos de carácter político. Su “política”,
apartidista, es la libertad. Repudiamos a todos los minis-movimientos pseudo-
izquierdistas (racistas, discriminatorios y comunitaristas, atrincherados en sus
aislacionistas ideologías caseras), que han escogido la lucha política para llenar sus
expectativas y mal disimuladas ambiciones políticas. Nuestra lucha no es ideológica ni
sectaria, no queremos dominar ni dictar una línea política unilateral a nadie, porque
valoramos más la libertad que la política, que ha sido el instrumento tradicional de los
ambiciosos y explotadores.

Hemos observado que la función de la política radica en la obtención del poder y que
su ejercicio conlleva la corrupción y ésta a la crisis mundial actual, que va a acentuarse a
medida que se enfatiza la lucha política (carrera del botín). No hay necesidad de ser
político ni hacer política para comprender que para arrinconar el modelo “siempre más”,
basta reducir nuestro consumo y basta abstenerse de votar (como acciones preliminares
ciudadanas). Podemos criticar y denunciar al neo-liberalismo, pero si seguimos pensado
que somos los únicos portadores de la verdad, si seguimos consumiendo y actuando
como lo hemos hecho hasta ahora, entonces lo ridículo se acopla con lo absurdo. Basta

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de política y más libertad. Nosotros rechazamos categóricamente ser el botín de los


políticos independientemente de la bandera ideológica con que naveguen.

¿De qué sirve criticar a los dirigentes políticos si seguimos votando? Debemos
comprender que ningún gobierno, ningún sistema, independientemente de su ideología,
estará al lado de la democracia directa del pueblo. Todos esos oportunistas lideretes de
pacotilla quieren ser el capitán del buque y ordenar con un autoritarismo delirante a los
demás lo que se debe hacer y pensar. El número fenomenal de estos micro-movimientos
dogmáticos son una prueba irrefutable de carencia de solidaridad y confianza entre ellos,
no aportan nada a la causa de la libertad o de la democracia participativa y están muy
lejos de formalizar un frente coherente, una convergencia consensual y colectiva que
unifique en una sola todas las legítimas resistencias al supuesto enemigo común, el
neoliberalismo. Es un grave error combatir políticamente al neoliberalismo, se trata de
articular un programa conexo, formal, novedoso, universal y bien estructurado con la
ayuda y el compromiso directo de los miembros de la sociedad civil, (formación de
pequeños comités ciudadanos apolíticos). Un programa capaz de liberar al ser humano
de sus ancestrales y modernas ataduras, que podría darse a conocer por medio de
pequeños centros de difusión de ideas libres y de todos los saberes (asambleas vecinales
de temática libre).

Olvidémonos del marxismo, del comunismo, del socialismo y del izquierdismo en


general, sus partidarios han tenido sus oportunidades y no han sido capaces de liberar al
hombre. Siempre han mamado golosamente de la ubre capitalista, se han dedicado a
jugar estúpidamente a la politiquería con la derecha que a fin de cuenta ganó la partida
para garantizar su sobrevivencia, inventó una nueva modalidad; el neoliberalismo que
domina el mundo entero actualmente. El izquierdismo como sistema político y
económico ha fracasado, está derrotado, sometido y debemos enterrarlo, es importante
que los “izquierdistas” lo concienticen. Estos grupúsculos deberían saber que en el
nombre del izquierdismo no se derrotará al neoliberalismo, ni se obtendrá nada. Al
contrario, a través de la lucha política el neoliberalismo se fortalecerá. Opinamos que
fuera del cuadro político tradicional y en el nombre de la libertad vacunada de las
ideologías todo es posible. No se vaya a imaginar que la izquierda en manos de la
pequeña burguesía está para alivianar el destino de los trabajadores o para emancipar al
proletariado o para terminar con la explotación. Nada de eso, su meta es afianzarse como
nueva élite, un nuevo poder deseoso de sentarse cómodamente en la mesa del gran
banquete y lucir como pavos reales delante de las cámaras en buena y fraternal armonía
con sus amos.

La izquierda siempre ha traicionado a la clase obrera, siempre ha prometido un futuro


mejor, pero nunca quiso cumplir su promesa, sólo le agració con algunas concesiones de
carácter social para taparle la boca (las migajas del banquete). La verdad es que el
proletariado ha quedado proletariado, el mundo sigue en crisis, la clase obrera se hunde,
su situación social va de mal en peor y la clase media no está muy lejos de experimentar
el mismo tratamiento. ¿A quién engañó la izquierda? A mí no, seguramente a todos los
crédulos e idealistas que se derriten bajo el efecto de la palabrería de los líderes venales
y engolosinadores que les venden utopías, sueños, esperanzas y promesas que nunca se
cumplirán. A esos profesionales de la política lo menos que les importa es el bienestar
del pueblo, y creédme no le interesa la desigualdad social que existe entre pobres y
ricos, más bien se preocupan y ayudan más a los ricos que a los pobres. Es el trampolín
ideológico lo que más les interesa, con su bandera dizque de oposición aseguran el juego
político entre sus compadres y colegas, hacen “política” para garantizar su modus

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vivendi y sus bonos para un futuro tranquilo, que categóricamente, en mi opinión es


inmerecido. Debemos comprender que la justicia social y la libertad del pueblo no están
en sus agendas. Ciertamente, que no es el ser humano real el que está puesto en el centro
del qué hacer político de estos ilegítimos“representantes”.

Sobre la votación:

Es obvio que el régimen electoral de los sistemas está completamente equivocado y


favorece solamente a la elitocracia. Es la problemática nacional la que debe prevalecer
sobre las triviales rivalidades clánicas de los partidos políticos, sobre las posturas
ideológicas y la politiquería divisionista. Los electores deben concientizar que sus votos
en el sistema actual, terminan abruptamente en las urnas. Votar por la derecha o bien por
la izquierda, no cambiará nada. Votar por un carismático y populista candidato o
candidata no cambiará nada. Condenamos la verbocracia política, el circo, el desperdicio
y el derroche monetario de las campañas electorales. El kosmocista no desperdiciará su
voto y no votará mientras que el proceso electoral no cambie radicalmente. En especial
en los países donde se compran los votos, violan y embarazan impunemente las urnas.
Pero cada uno es libre de votar si lo desea, lo negativo son las consecuencias que genera
la votación irreflexiva e inconsciente. Analizar y sopesar la finalidad del voto es
responsabilidad del votante, que debe pensar y recapacitar antes de echar la papeleta
cruzada en la urna. En general, los votantes no concientizen ni analizan metódicamente
las consecuencias de su voto. Que el voto no sea la expectoración de un pensamiento sin
base, sino de un pensamiento reflexivo sobre la intención del voto que debe penetrar
hasta el fondo de la conciencia antes de emitirse. Ante los ojos de la historia todos los
votantes, lógicamente, son responsables de las consecuencias que desencadena su voto.
El voto no es una patente de corso para los que elegimos. Nuestros votos son demasiado
valiosos para ser otorgados gratuitamente a un candidato pirata depredador o a un
oportunista de cuya vida, antecedentes y acontecimientos poco o nada sabemos.

¿Qué significa ser kosmocista?

Significa ser capaz de liberarse de todas las creencias de índole religiosas-místicas-


mágicas, así como de todas las ideologías liberticidas y de las supersticiones. La o el
kosmocista es un ser-pensante y actuante, emancipado, crítico, analítico y solidario. Usa
su potencial y su autonomía intelectual para liberarse de la mediocridad prevaleciente en
las sociedades, no cree en el ilusionismo ideológico de la izquierda o de la derecha. No
pertenece a ningún partido, a ninguna religión o secta, ni es portavoz de ningún dogma,
rechaza todas las interpretaciones, las ideas y las visiones del mundo que se pretenden
únicas. No quiere transformar políticamente a la sociedad, aspira, sin afán mesiánico, a
liberarse de las cadenas que le fueron injustamente impuestas por el teísmo y por los
impositivos modelos económicos y políticos. Está claro que ni la política ni la economía
podrá evitar la caída que se avecina en los próximos decenios. La época dorada de los
sueños ha llegado a su fin, el malestar existencial está creciendo gradualmente en la
conciencia de cada individuo más que el éxtasis mercantilista aislacionista que
falsamente ostenta un “futuro” para las generaciones presentes y futuras. El neo-
liberalismo ha establecido una frontera entre el utilitarismo ultrajante de unos pocos y el
no- devenir de muchos.

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La pregunta que se impone es la siguiente: ¿Cómo es posible que más de 6000


millones de seres humanos se encuentren bajo el yugo y la voluntad de no más de
quinientas mil familias? ¿Con qué derecho y a qué se debe esa monstruosa injusticia
social?
Creo que debemos remontar a los relatos bíblicos para encontrar los principios de las
injusticias sociales. Los esclavos (botín de guerra) puestos al servicio de la élite guerrera
fueron los instrumentos de explotación que permitieron a los amos acumular bienes y
acaparar, por medio de la violencia, enormes riquezas y vastos territorios. Sin esclavos
no habría habido riquezas, ni amos poderosos, ni conquistas. La condición socio-política
impuesta por los amos a sus esclavos marcó desde su origen hasta la fecha la inhumana
correlación entre ricos y pobres. La esclavitud o vasallaje moderno sigue más que nunca
vigente, los trabajadores continúan a cambio de un raquítico salario, engordando a sus
amos. La relación amos-esclavos no ha cambiada significantemente durante los últimos
milenios. El kosmocista opina que esta trágica e inhumana realidad debe terminar
radicalmente.

La liberación debe empezar por la concientización del propio trabajador de su


condición de esclavo, de ser explotado, sumiso y manipulado. Debe haber una profunda
metamorfosis en la conciencia de todos los seres explotados que ya no pueden seguir
otro milenio siendo los peleles de los ricos y de los modelos “democráticos”, que,
precisamente, abren la puerta y facilitan el mecanismo de explotación que aplican los
amos a los sumisos.

Los ricos piensan que el trabajador, el (homo-sklábos), nace para obedecer y ellos para
mandar. Consideran la explotación como un hecho natural e inherente a su status social.
La élite sin consideraciones de carácter humanista, ni objeciones morales o éticas de
ningún tipo, siempre ha considerado normal la servidumbre. El explotado merece su
destino y debe aceptar su situación con estoicismo y resignación y jamás rebelarse por
su condición de esclavo. El “derecho-divino” o de casta, fue otorgado precisamente por
la elitocracia clerical a los reyes y a los príncipes de la Europa medieval occidental, el
mismo fenómeno sucedió en otros continentes, donde prevalecieron imperios-
teocráticos-esclavistas, y gracias al esclavismo lograron construir grandes fortunas,
grandes potencias y asimismo consiguieron implantar una incalificable injusticia que
perjudicó enorme y preferentemente a los sumisos. El rico no es amigo de los
trabajadores, ve en ellos sólo un medio para ser usado indiscriminadamente y obtener
amplios beneficios y jugosas ganancias. Los amos han cambiado el látigo y el yugo por
el despido masivo y por distractores como: televisores, radios, crédito, coche, fútbol,
democracia, elecciones, telenovelas, festivales, fiestas populares y grandes eventos,
dicen que culturales, que no tienen otro papel que el de aturdir a las masas.

El pan y circo romano no ha cambiado ni un ápice, la negativa relación amos-esclavos


con el globalismo sigue más vigente que nunca. La nueva filosofía de los amos, el neo-
liberalismo, es un ejemplo muy ilustrativo de aquello, el despido masivo de los
asalariados corrobora una vez más la verdadera mentalidad mercantil y gansteril que
ostentan los empresarios. Lo importante para ellos son las ganancias redondas, muchas
de ellas ilícitas, producto de corruptela y sobornos; no les interesa lo más mínimo la
suerte de los asalariados y menos aún la de sus familias. Las deslocalizaciones
demuestran fehacientemente la falta de conciencia y sensibilidad social de los amos de
la industria, de la banca y de la bolsa. El peor enemigo del trabajador es la
individualización, es decir el aislamiento voluntarista de los otros trabajadores, mientras
que los asalariados no logren establecer una red autónoma, solidaria, defensiva y

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universal para defender sus intenciones fundamentales (ideales-identidad-intereses-


comunes-solidarios, base cultural común, proyecto de civilización), no podrán liberarse
y seguirán ad vitam aeternam siendo los esclavos dóciles y mal nutridos de los amos.

La previa liberación individual de los asalariados constituye el eje central del proceso
universal libertario de la colectividad, que se encuentra hasta hoy sumergida en un mar
de necesidades creadas, precisamente, para impedirle cualquier tentativa de liberación.
Un mundo bien definido y dividido entre amos y esclavos es la suprema garantía del
continuismo de la infame injusticia social. El mundo obrero no puede seguir soñando en
el paraíso, porque el paraíso terrenal pertenece a los ricos y el infierno corresponde a los
pobres. Debemos ser realistas y entender que anhelar y luchar desesperadamente para
poseer cosas y más cosas no llevan a la plenitud emocional ni a la felicidad, sino al caos
y a más desgracia. Bajo esas condiciones, el trabajo no libera, envilece y pervierte.

Por el momento, las reivindicaciones obreras sólo aspiran a más salarios, por lo
general el asalariado no aspira específicamente a la libertad como prioridad, sino a la
servidumbre obligada, a cambio de un mísero salario que a duras penas logra garantizar
su sobreviviencia. La irreflexiva carrera salarial opaca las verdaderas necesidades
existenciales en un mundo donde los valores humanos dejan de existir frente al
espejismo y las exigencias monetarias. El mundo obrero tiene frente a él una larga
andanza antes de tomar conciencia de su auténtica condición en respecto al mundo real
de sus amos.

El mundo de los asalariados está sujeto a las modulaciones, frecuencias y variaciones


de los humores bursátiles de los grandes y pequeños inversionistas internacionales. La
Bolsa es el eje central de la especulación financiera que rige el destino de todos los
ciudadanos del mundo. El destino de los sumisos está forzadamente ligado a los
intereses económicos de los amos y, ciertamente, no a sus sentimientos caritativos o a su
conciencia social, porque carecen absolutamente de ellos. Pero, no nos dejemos llevar
por la propaganda perversa del mundo de los ricos, porque en realidad este último es el
enemigo más férreo del mundo de los pobres. A pesar de los discursos con tinte
“humanista”de los hipócritas líderes de los países ricos y “pobres” la verdad es que están
más preocupados por el pago de la deuda, (dinero que los gobernantes piden prestados)
que por el destino de los pobres. Una vez definido a qué mundo pertenecemos, se hace
imperativo para nuestra supervivencia redefinir exhaustivamente la realidad de la
increíble incoherencia y barbaridad que separa estos dos mundos antagónicos, por
conveniencia, y provecho el uno, y por necesidad y falta de conocimientos, el otro.

Es obvio que el mundo de los ricos debe cambiar y modificar su manera de pensar y
actuar, está claro también que el mundo de los pobres debe reinventarse y tomar un
camino totalmente diferente al que le fue histórica y despóticamente asignado.
Obviamente, no es en la confrontación directa o indirecta de estos dos mundos como
antagónicos donde se producirá una concordancia armónica entre los dos, sino en la
cabal y recta comprensión de la grave y peligrosa realidad que caracteriza
incuestionablemente las infamantes diferencias y las extraordinarias anomalías que
existen entre el mundo de los ricos y el de los pobres. Precisamente, es en esta división
donde se encuentran ocultas todas las incitaciones y motivos para desencadenar una
guerra civil mundial. Esta milenaria, pérfida y alevosa parcelación, debe desaparecer y
esta tarea corresponde a todos nosotros, pobres y ricos. Porque si, por desgracia, se
desencadena una confrontación violenta entre pobres y ricos, es evidente que no habrá
vencedores; todos los sobrevivientes, si los hay, estarán irremediablemente condenados

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a una vida universalmente infame e infrahumana. El kosmocista recomienda una


colaboración pacífica y solidaria entre todos los pobres, los excluidos y los marginados
para que juntos, elaboren un programa factible y pragmático que satisfaga las
necesidades reales de su mundo.

Moratoria demográfica:

Valorando la precaria y peligrosa situación que prevalece en el mundo y analizando


metódicamente la situación personal de uno mismo, creo que lo más adecuado es dejar
de procrear, disciplinarse e imponerse una moratoria en lo que se refiere al número de
hijos que uno puede mantener. Más vale ningún hijo, que un retoño miserable que no
tendrá la más mínima oportunidad de vivir y crecer decentemente. No seamos
generadores de más miserables en el mundo. El cuento de la familia es una trampa
puesta por el clero teísta y por la elitocracia. Hay que revisar a fondo el sentido, la
intención, y el propósito del matrimonio, y meditar amplia y muy seriamente las graves
secuelas de la procreación indiscriminada. Olvidémonos del anacrónico machismo y
seamos honestos, cuidadosos, coherentes y respetuosos con nosotros mismos y con los
demás, en cuanto a la responsabilidad y a las consecuencias que desencadenan
automáticamente el hecho de traer un nuevo ser humano a este peligroso, frágil,
inestable, adverso, discriminante, sobrepoblado y contaminado mundo.

No agreguemos más incautos al gran y dócil rebaño que mantiene al parásito clero, no
añadamos más consumidores cautivos cuya única misión es la de alimentar al Moloch
industrial. No agrandemos las filas de los millones de desempleados y de los millones de
hambrientos. Hay demasiados pobres en el mundo condenados a vivir una vida
infrahumana, demasiados que nunca podrán salir de la exclusión, demasiados sin futuro.
La idea de la familia, cuando se carece de los recursos suficientes para mantenerla, es
absurda, y si uno es pobre no debería condescenderse a formar una familia. No
solamente la realidad económica, cultural y educacional de uno mismo debe ser
seriamente tomada en cuenta, sino también el factor salud, primordialmente el genético,
antes de procrear.

Es tiempo de sacudirnos de los valores del ayer y del presente para preparar los del
futuro. Hoy más que nunca es una gran responsabilidad traer una criatura al mundo.
Muchos de nosotros no estamos calificados psicológicamente y menos aún
económicamente para educar y mantener a una inocente e indefensa criatura. El
kosmocista recomienda la moratoria demográfica y la abolición del matrimonio
institucional. Se trata de bajar el índice de natalidad al máximo como respuesta a la
mundialización, hasta que haya cambios radicales que modifiquen significadamente los
modelos sociales, políticos y, muy especialmente, la arcaica mentalidad de la clase
política y religiosa.

Definiciones:

Ya llegó la hora de algunas definiciones; iniciaremos la tarea por el concepto que


tenemos según nuestra cultura, conocimientos y grado evolutivo, de la palabra “dios”.
Cuando uno recurre o menciona la palabra “dios”, en la mayoría de los casos, se refiere
directa y automáticamente al inventado dios-teísta, al dios-bíblico, al dios de las
escrituras, al dios personal que ve, habla, escucha, controla la vida humana y actúa en
toda la historia del mundo; al dios castigador, vengador, sanguinario y que promete una
vida eterna y un paraíso en un “más allá”. El dios-teísta es el dios de los vulgos, de los

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ignaros, de los creyentes incondicionales, de los miedosos, de los conformistas, de las


masas populares, de los avorazados. Es el “dios” de los que viven en una miseria
ofensiva y humillante, es el dios-de-los-pobres como “ens necessarium”; en una palabra
es el “dios” de las religiones, secuestrado y monopolizado por el vampiresco clero.

El “dios-teísta”, entre las manos monopolísticas del clero, ha causado muchas


calamidades e injusticias y siempre ha sido utilizado como factor moderador y represor
de los reclamos sociales de los pueblos arrinconados y explotados espiritualmente por el
clero político y políticamente por los sistemas

El kosmocista no se tropieza con lo que se llama “Deus” en latín, ni se paraliza en las


sílabas del nombre (de dios). El pensamiento kosmocista, liberado de toda especulación
subjetiva y sin conflictos internos, desecha la idea misma de deidad. La anulación del
concepto “dios-teísta” y la afirmación de la no-creencia fortalecen la certeza de que
quimera y centauro no existen. Hay que traspasar la frontera teológica del “dios-teísta”
venerado por los idólatras. Es preciso, a partir de la realidad histórica de las
anormalidades y extravagancias que particularizan a las religiones, efectuar una
mutación individual, realizar una conversión voluntaria y lúcida del estado de creyente
al de no-creyente, de teísta a kosmocista.

En nuestro intelecto no hay lugar para ningún dios con extraños y ridículos rasgos
antropomórficos adornados con fábulas acomodaticias. La pléyade de dioses inventados
por el ser humano a través de la historia ha demostrado que todos los dioses, incluyendo
a los tres “dioses-teístas”, entre las manos de los humanos sólo llevan a la desolación y
al estancamiento espiritual.

La filosofía al servicio de la libertad:

A la hora de la gran crisis de los modelos de pensamiento, de la intromisión cabalgante


de la subjetividad filosófica y de la deficiencia confirmada de los “intelectuales-
pensadores” imbuidos de idealismo vetusto, se hace patente que las últimas propuestas
intelectuales y filosóficas están en vías de maligna excrecencia. En la hora actual no hay
un filósofo capaz de proponer un método de pensamiento que libere al hombre, todos
están atrincherados pedantemente en las aulas de las universidades, prefieren quedarse
con el platonismo y en la suave comodidad de un academicismo trasnochado, aferrados
pretenciosamente a sus caducas y antediluvianas tesis. En el mundo filosófico y
académico hay una enorme carencia de ideas nuevas y de propuestas originales,
innovadoras, creadoras, inventivas y libertarias. Dos mil años de estancamiento, ¿A
dónde están los verdaderos filósofos? ¿A dónde están los portadores de antorchas? ¿Los
fundadores de nuevos mundos? El mundo de las ideas se ha evaporado, sólo subsiste el
mimetismo y la reminiscencia de una memoria del pasado que genera los mismos
patrones de vida siglos tras siglos, que, a su vez, garantizan la permanencia de la
mediocridad y del estancamiento.

La humanidad:

¿Actualmente cuál es el paradigma de la humanidad? “dios”, el dinero, el sexo, la


explotación, la destrucción de los ecosistemas, la extinción del género humano, la
degeneración psíquica, la depravación colectiva, las adicciones, la devastación del
planeta. Pocos aciertos, demasiado errores. Estará usted de acuerdo conmigo que no es

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la libertad, porque, a través de su historia, la humanidad ha tenido un pavoroso miedo a


la libertad. Cuando la libertad sea el paradigma de la humanidad, entonces podremos
hablar de un nuevo mundo, un nuevo amanecer para todos, pero, mientras tanto,
seguiremos en el oscurantismo y en la barbarie impuesta por la elitocracia. ¿Sabe que
actualmente la vida humana bajo los mandatos de los valores teístas, es una broma cruel
y de mal gusto? ¿Qué sentido tiene la vida moderna hoy? Además de comer, fornicar,
comprar, intoxicarse con alcohol y drogas. ¿En qué se resume la vida humana? ¿Qué es
lo que realmente nos motiva a levantarnos por la mañana? ¿Para qué la vida humana?
¿Cuál es su verdadera función? La humanidad ha sido despojada de su verdadera
función, de su libertad, de sus libres mecanismos evolutivos, de su potencial intelectual
y de su auténtico y legítimo afán de buscar la verdad. La humanidad ha sido manipulada,
castrada, explotada, desviada y confinada por un grupito de avorazados y envidiosos
depredadores. La humanidad no está al servicio de la vida, sino al de un puñado de
piratas que la obliga a pensar y actuar según los intereses de esta mafia internacional que
rige el destino del mundo entero.

Creo que los seres humanos, encadenados a este equivocado modo de vida,
deberíamos empezar a concientizar si vale la pena continuar viviendo así o intentar
existir y pensar de otra manera, a fin de encontrar un verdadero sentido a nuestra
existencia sobre la Tierra. Una gran parte de la humanidad, debido al modernismo mal
entendido y a la cultura masificadora hollywoodense, se encuentra peligrosamente
enferma y desorientada y, a medida que crece la población bajo los dictámenes y los
valores de los poderosos, se acentúa irremediablemente su deterioro psicológico; sólo en
Holanda, el 36% de sus habitantes padecen de trastornos mentales, 20% de escolares
norteamericanos sufren de perturbaciones cerebrales. Miles de millones de seres
humanos en el planeta Tierra padecen de trastornos de índole emocional, el estrés y la
angustia no perdonan a nadie; quinientos millones de personas en el mundo padecen de
obesidad, el 90% de ellos viven en los países desarrollados. ¿Por qué? Principalmente
por la represión y por la castración espiritual a la cual la humanidad fue sometida
durante casi dos mil años de parte del clero teísta, fue maliciosamente desviada de su
camino original y ladinamente utilizada para obtener ventajas y beneficios ajenos. Su
destino era la conquista de la libertad, de las estrellas y del universo, sin embargo ha
sido obligada a desviarse, a seguir un camino que la condujo a la desesperación y,
finalmente, a la nada. Una cosa está clara, la humanidad no podrá continuar vegetando
en el lodazal teísta para siempre; tarde o temprano tendrá que liberarse o morir.

La sociedad civil:

Se ha especulado demasiado sobre un ente fantasmagórico y abstracto mal llamado


“sociedad-civil”; la sociedad civil como un sólido conglomerado social no existe, sólo
en el imaginario de los utópicos reformadores domingueros y de los políticos
especuladores y oportunistas que usan sin ton ni son en los programas televisivos o
radiofónicos las palabras mágicas: “sociedad civil”.

No hay una entidad visible y concreta de algo que muchos denominan “sociedad-
civil.” La “sociedad civil” es una falacia, se le atribuye facultades y potestades que no
posee. Como cuerpo social coherente, integral, compacto con una ideología ad hoc y una
autonomía propia, la dicha “sociedad-civil” brilla por su ausencia. La sociedad como tal
está dividida, fragmentada, atomizada y fraccionada, y la mayoría de los sectores que la
compone son antagónicamente opuestos, ideológica, económica y socialmente, los unos
a los otros.

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¿Pueden los ciudadanos formar entre sí una nueva “sociedad civil” autónoma en su
ejercicio y como órgano de oposición real a la clase política? Claro que no; el ciudadano
moldeado por los sistemas existentes es incapaz de proponer o inventar una nueva
atribución para el conjunto de los ciudadanos de un país. Antes de aspirar a ser
ciudadano libre, hay que romper previamente las cadenas y los moldes que obligan
precisamente a uno a no ser ciudadano, su papel se reduce a ser el aceite para el
sofisticado y complejo engranaje de la maquina trituradora del Estado. La razón de
Estado, enloquecida por la embriaguez de tanto poder, siempre es más fuerte que la
razón de la población en su conjunto. Recordamos a los utópicos trasnochados que es la
élite dueña del Estado la que gobierna, no es el pueblo. Los gobiernos y los partidos, que
excluyen la participación ciudadana real y verdaderamente participativa, no pueden
hablar de democracia ni de “sociedad civil,” y menos aún de representatividad
parlamentaria.

La selectiva y elitista “participación” ciudadana que toleran algunos ociosos líderes de


las organizaciones políticas, no tiene repercusión real en la maquinaria política interna
de los gobiernos ni en el mecanismo operativo de los partidos. Los sistemas actuales no
tienen la voluntad ni el espacio para permitir la participación activa y directa de la
ciudadanía en sus asuntos. Existen grandes lagunas y grandes fallas respecto a la
participación ciudadana en los asuntos nacionales.

No hay que cumplir con formalidades inútiles, ni buscar alivio en la inventiva verbal
que nos consuela engañosamente. La “sociedad-civil” no tiene sentido en un universo
no-válido. La descomposición social de la sociedad está a la vista, pero no hay que
asombrarse ante la injusticia del orden social que de ella emana, su fin es arrastrarnos
mejor en el lodazal de la mediocridad y de la discriminación. ¿Será que el destino
común del individuo y de la sociedad sea delirar e inspirar a una multitud de falsos y
vandálicos éxtasis? Argumentar hipotéticamente sobre el fantasma de la “sociedad-civil”
no lleva a ninguna parte, para nosotros la “sociedad-civil” no puede realizarse más que
en la individuación del ciudadano, fundamento último de la sociedad, a condición de
romper con el dogma de: Cada uno para sí mismo.

Cuando el individuo no logra liberarse de la tiranía de las ideas fijas, se pierde y se


arruina, cae irremediablemente en el individualismo radical. Por lo tanto se margina y se
excluye de cualquier asociación, organización, grupo, núcleo, etc. Los kosmocistas
opinan que el antídoto a la globalización y a la centralización capitalista son los
individuos liberados y organizados.

Nosotros redefinimos a la “sociedad-civil” como “conciencia-ciudadana-colectiva”


(CCC), que se expresa a través de la manifestación de una agrupación de individuos
organizados, solidarios, inconformes, críticos, independientes y autónomos. Grupos de
ciudadanos que actúan colectivamente para expresar pacíficamente y con objetividad
racional sus inconformidades, peticiones, ideas e intereses, con la finalidad de lograr
metas comunes frente a las autoridades que niegan o se oponen a sus derechos como
ciudadanos. Los partidos políticos nulifican al ciudadano de sus derechos,
marginándolo, tanto de la vida política como de los asuntos sociales. Debido a la
marginalización y a la exclusión nace el inconformismo dentro de determinados sectores
de la sociedad, que desean expresar sus puntos de vista y sus críticas, oponiéndose con
actitudes discordantes en contra de sus opresores. La sociedad dividida con su ilícita
aureola y creadora de insatisfacciones y decepciones profundas no fecunda nada, salvo

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la perpetuación de todos los crímenes y anacronismos. Cuando los miembros de la


sociedad en su conjunto logren liberarse de su “virtud” de esclavos, de sus deidades, de
sus ídolos y de sus fantasmas, entonces, quizás, amanecerá en el horizonte un nuevo sol
que pondrá fin a la milenaria agonía humana.

La voluntad de libertad:

La voluntad “de” libertad es la necesidad de ser libre que cada uno puede experimentar
en su interior, es la inspiración de algo que no se posee todavía, es la sensación de una
falta de. Está claro que la voluntad de libertad se basa en la formulación de una
instauración de nuevos valores y del desencadenamiento de un proceso mental de
desvalorización de todos los valores que aprisionan al ser humano. La voluntad, como
creadora de posibilidades, debe aspirar a ir más allá de ella misma y a liberarse de las
certidumbres y determinismos que le impiden desarrollarse dentro de una prospectiva
perspicaz perteneciendo a la esencia de la voluntad de libertad.

Debo informar al lector que no voy a adentrarme en el complicado y fastidioso


laberinto de la ontología, porque el estudio filosófico del ser como ser, no es el centro de
mis preocupaciones. Mi problema es la liberación del individuo y no pretendo
doctorarme con una tesis sobre la ontología analítica. Ser, para el kosmocista, es vivir,
pensar, comer, beber, respirar, llorar, sufrir, gozar y cumplir acciones que corroboran la
existencia real del individuo en este mundo. Las elucidaciones y las teorías filosóficas
no llenan el estómago, no curan las enfermedades, no salvaguardan a los desprotegidos
ni dan trabajo a los desempleados. El problema de los individuos en nuestras sociedades
no es precisamente de índole filosófica, sino predominantemente de carácter
sociológico.

¿Democracia o anarquía?

Entre anarquía y democracia muchas gentes sin ser precisamente democráticos


elegirán la “democracia”, simplemente porque es parte del mecanismo manipulador de
la ideología dominante; pocos optarán por el anarquismo, porque requiere de ciertas
capacidades y conocimientos de los que el noventa por ciento de la población carece.

Los anarquistas han superado ideológicamente al capitalismo, al socialismo y al


comunismo, son libertarios aislados, incomprendidos, relegados, marginados,
esquinados por el grueso de la población ignara. Sin embargo, el anarquismo propone
principios importantes de liberación como la neutralización de las nefandas burocracias
y la de los centros de poder que mantienen el status quo de la servidumbre y garantizan
el continuismo piramidal que explota, fragmenta y debilita a la sociedad. Claro está, el
anarquismo como opción política no suscita ningún entusiasmo en el seno de la sociedad
que prefiere sacrificar su libertad en aras del consumismo salvaje. La realidad
económica, sociológica y política de hoy impide la expansión de la filosofía anarquista
en la sociedad, la sociedad no está preparada ni lo suficiente evolucionada para ello, le
falta madurez, no tiene la capacidad intelectual y emocional para hacer frente y asumir
sus responsabilidades. Su ceguera le impide tomar las riendas de su destino. El
anarquismo, según, algunos grandes intelectuales y valiosos pensadores vanguardistas,
está demasiado adelantado en relación con la situación y la realidad de nuestra época.
Actualmente, en nuestras sociedades pocos son los seres humanos que viven libremente
y que se hacen responsables de sí mismos cívica y socialmente. Para ser anarquista, vivir
y actuar como tal, se requiere de mucha madurez, de estabilidad emocional, de un

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criterio liberal muy amplio, de un nivel intelectual bastante desarrollado y de una tabla
de valores diferentes a los que prevalecen en la clase dominante y en la del rebaño.

El universo es inteligible:

Creo que lo que más espanta e incomoda al ciudadano común es la libertad. Ahora
bien, la función del kosmocismo radica en la erradicación del miedo que nos paraliza; un
ser humano paralizado por el miedo nunca podrá liberarse de los sistemas, de las
creencias y menos aún de sí mismo y de sus fantasmas. Liberarnos es el gran desafío que
nos espera. Esta perspectiva no es un imposible, si logramos superar a las cosmogonías
mitológicas producto del imaginario humano. Podemos, si queremos, lograr escalar un
peldaño más hacia nuestra verdadera finalidad; abrir de par en par la gran puerta del
universo para las nuevas conquistas humanas en sus próximos y extraordinarios viajes
hacia nuevos planetas. A partir del descubrimiento del Big Bang (Jorge Gamow-1948),
comenzó el pensamiento kosmocista, la historia del kosmos está en marcha y podría
alterar para siempre la visión y las perspectivas que el ser humano tiene del mundo, no
tan sólo del universo, sino también de su propio lugar y de su papel en el kosmos.
Nuestro kosmos tiene una historia y está intrínsecamente atada a todos nosotros. Los
kosmocistas sabemos que el destino humano, está ligado íntimamente al destino último
del Universo y, si no sucede un cataclismo mundial natural o provocado que borre de la
faz de la tierra al último humano, entonces el camino hacia las estrellas estará accesible
y al alcance de las generaciones liberadas y autónomas del mañana.

La transición a la libertad

El concepto de libertad ha sido entendido y usado de muy diversas maneras y


en muy diversos contextos en la literatura filosófica y parafilosófica desde los
griegos hasta el presente. He aquí algunos modos como se ha entendido: Como
posibilidad de autodeterminación, de elección; como acto voluntario; como
espontaneidad; como ausencia de interferencia; como liberación frente a algo;
como realización de necesidades superiores; como poder ejercer acciones
voluntarias en las que no hay coacción ni ignorancia, etc. Libertad de pensar, de
crear, libertad del uso de las palabras, libertad que alienta la irresistible
aspiración hacia lo inaccesible.

El individuo liberado es aquel que no está sometido, no es esclavo, ni atado a


las creencias. El ser humano es libre en cuanto ser racional que tiene la
posibilidad de decidir y, al decidirse, de autodeterminarse como ser libre. La
falta de libertad es un problema que afecta a toda la especie humana, el dominio
y la manipulación de un grupo sobre otro impide la emancipación del grupo
dominado. El objetivo es la liberación total, no una rotación de dominación, nada
de carrera de relevo y nada de oposicionismo cómplice y simbiótico. La meta del
individuo es liberase, pero sin libertad esta meta está irremediablemente
condenada al fracaso. Sin libertad no hay emancipación ni liberación individual o
colectiva.

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La transición a la libertad pasa preliminarmente por la superación de los


dogmas religiosos, si no logramos salir del espejo encantado creado por las
alucinaciones de nuestras mentes, difícilmente podremos defendernos del
nefando mecanismo totalitario del teísmo. Sólo la libertad, liberada de sus
creencias encadenantes, es creadora. Crea las ideas y levanta las anclas que
impiden a la mente humana zarpar en el inconmensurable mar del conocimiento.
Puede exteriorizarse como pura voluntad que afirma la definibilidad del hombre
y del mundo. Voluntad que se manifiesta contra la dominación y especialmente
contra cualquier coacción de carácter religioso. La “libertad-espiritual” no es una
libertad condicionada y circunscrita exclusivamente a la “espiritualidad” misma,
es un ejercicio mental que se expande libremente. Para los entendidos, estamos
refiriéndonos a un impulso intelectual sin barreras, sin fronteras ni limitantes. La
“libre-espiritualidad”, es decir el libre-pensamiento no se circunscribe a ninguna
religión, a ningún dogmatismo ni a ideas fijas. No hay que confundir “libertad-
religiosa” con la libertad de pensamiento, porque en la praxis religiosa los
creyentes están sujetos a cánones específicos que son limitantes, restrictivos y
circulares.

“Libertad-espiritual” no quiere decir subordinación; subordinación que puede


tener lugar dentro del marco de una sutil y eficaz manipulación, encubridora de
una ideología de dominio que, para garantizar su sobrevivencia, sofoca cualquier
movimiento emancipador del libre ejercicio de la libertad de pensar por sí
mismo. Me refiero específicamente a las sofisticadas y pérfidas trampas
teológicas teístas. Los individuos, mientras estén bajo la tutela teístas, no podrán
liberarse. Vivirán para siempre atados a sus cadenas y a sus falsos valores.

La libertad intelectual del no-creyente y la del creyente:

La “libertad-espiritual” o intelectual del creyente, condicionada a los dogmas,


creencias, ritos y liturgias, está automáticamente coartada, mutilada y enjaulada.
El creyente teísta no es un pensante libre, está sometido a severos
condicionamientos desde su más temprana edad. No piensa por sí mismo, los
otros le dictan lo que debe pensar y creer. El no-creyente no está limitado, su
universo es amplio y sin límites, sus pensamientos pueden excursionar
libremente en lo profundo, lo alto y lo ancho del mundo de las ideas y del mundo
de las reflexiones y de la racionalidad. No está impedido por un principio ni por
un fin, su conciencia está evolucionando sin trabas. No está condicionado a la
triste y castrante formula teísta que: todo parte de, para llegar a.

Las palabras mágicas o palabras trampas:

“Espíritu” es un vocablo inventado expresamente para responder a una


exigencia de carácter teológico, como otras tantas palabras que no tienen sentidos
ni verificativos. Las Iglesias son las más irrespetuosas de la libertad intelectual
del ser humano, ellas quisieran imponernos a la fuerza sus creencias y forma de
pensar, quisieran inyectar en el cerebro de cada uno, sin nuestro permiso, algo
que ellos llaman “dios,” para convertirnos en monstruos como ellos. La historia

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ha demostrado que la capacidad mental de los teístas no alcanza a comprender


que hay mucha gente que no comparte su doctrina, ni su forma retrógrada de
pensar. Existen muchas personas en el mundo a las que les importa un bledo el
teísmo o cualquiera “divinidad” y se declaran abiertamente y sin titubeos anti-
teístas.

En vista de todo ello, creo que es mejor desterrar de nuestro léxico los vocablos
“dios, divinidad, espíritu, espiritual, espiritualidad, alma, resurrección, vida
eterna, santidad, sagrado etc. etc. descalificarlas constituye un deber.
Confiaremos sólo en términos, conceptos, palabras y vocablos que tengan un
sentido preciso y un verdadero significado adecuado al tiempo y a la realidad.
Desconfiaremos de todas las palabras con connotaciones mitológicas, en especial
las que usan los teólogos, el clero y los catequistas. Invito al lector a definir el
término “espiritual” o “espiritualidad” sin recurrir a metáforas, a fábulas
poéticas, a relatos mitológicos, o argumentos infantiles.

La civilización de Occidente hunde sus raíces por igual en la cultura griega y


en la tradición teísta. La problemática teísta empieza en el año 313, Constantino,
consciente de las ventajas que ofrecen los cristianos, les concede la libertad de
culto por el Edicto de Milán. En 380, Teodosio instituye el cristianismo de
origen oriental como religión oficial del Estado por el edicto de Tesalónica. En
el siglo V, con el colapso del sistema político romano en Occidente, el poder de
la Iglesia Católica se consolida y se extiende. El clero, envuelto en un halo de
milagrería e histerismo, capta con gran facilidad a las masas iletradas que ocupan
el último escalafón de la población. El cristianismo fue para la religión, lo que el
neoliberalismo al capitalismo. El paganismo ya no servía a las ambiciones de las
nuevas castas dominantes europeas, por lo tanto la llegada y la consolidación del
cristianismo fue un fenómeno que se ajustó perfectamente a las intenciones e
intereses de la nobleza occidental. Las religiones son unas herramientas más de
la elitocracia.

El fundamentalismo neo-liberal:

No cabe duda de que las religiones son fábricas de cretinos, basta escuchar los
discursos del clero teísta, de los fundamentalistas protestantes africanos,
europeos, latinoamericanos y norteamericanos y comprenderán. Esos iluminados
pretenden establecer una teocracia cristiana internacional para dirigir el mundo
según sus mandatos. La mentalidad ultra-conservadora del fundamentalismo
protestante norteamericano y sus cómplices, considera que lo social es
irrelevante y debe ser abolido. Es decir, que el neoliberalismo, impregnado de
fundamentalismo religioso, rechaza las necesidades sociales de los pueblos. Su
sueño es establecer un sistema capaz de deshacerse de todos los pobres del
planeta y eliminar radicalmente lo social. Ambicionan un mundo de excelencia
que privilegie exclusivamente a los ricos y a sus secuaces. Todos los demás, es
decir los “inútiles”, los “left-behind,” ya no tienen lugar en el nuevo modelo que
maquinan los ricos y sus socios.

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Los poderosos cultural, intelectual, económica y políticamente, han hecho su


mejor esfuerzo para dejar atrás lo social. Los fundamentalistas están
comprometidos teológicamente en despreciar, marginar y perjudicar a todos los
seres humanos del planeta que no comparten sus opiniones y su visión del mundo
.El protestantismo-fundamentalista y el neo-liberalismo son del mismo reino. El
designio de los decidores, o sea de los que deciden y mandan, la alta elitocracia,
que han elaborado los sirvientes, nombrados “thing tank,” analistas de la
corporación “Rand”, radica principalmente en la erradicación total de lo social y
en la eliminación de los pobres.

Las creencias al servicio de la esclavitud

Por lo general, los pobres son más creyentes que los ricos, los ignorantes son
más creyentes que los doctos y muy pocos científicos lo son. Salta a la vista que
más evolucionado es el individuo, menos es creyente. Parece que la facultad
intelectual tiene un papel primordial en la correcta interpretación de las
informaciones de carácter religioso. Por factores de índole neurobiológicas y
químicas, es obvio que existe en la red cerebral del creyente una suerte de
disfunción o una malformación neuronal que le impide interpretar racionalmente
las fábulas teístas, es incapaz de deslindar mentalmente lo mágico de lo real. Su
patológica adicción a los relatos de carácter sobrenatural, no le permite
concientizar congruentemente las consecuencias que provocan su adictiva
creencia, que lo transforma en un poderoso enemigo de la libertad y en un fiel y
dócil sirviente de la esclavitud.

Sin embargo, como todos sabemos, que el cerebro humano es un órgano


dinámico y hacendoso. Bastan algunas circunstancias específicas y eventos
históricos vividos por el individuo para salir del estado comatoso teísta y pasar a
otro nivel. Muchos de nosotros nos hemos convertido de teístas en anti-teístas
gracias a nuestra evolución mental y gracias a las facultades funcionales de
nuestras neuronas. Gracias, así mismo, a los estímulos que las circunstancias,
accidentales o no, provocaron en nuestra mente, gracias también a nuestra
historia personal. Uno no llega a no-creyente o anti-teísta como por arte de
magia, es el resultado de una gradual evolución de nuestro intelecto y de
maduración de nuestra conciencia aunada a profundas reflexiones, a muchas
lecturas y a un afán irrefrenable de superación y búsqueda.

El creyente es un adicto, un egoísta hedonista, la fe es su droga y difícilmente


podrá renunciar a esta fuente de placer que finalmente conduce al estancamiento
de su vida “espiritual”. No obstante, sabemos que la fe del creyente no respeta a
la realidad, sino que se coloca con soberbia y desdén por encima de ella. Frente a
los “cerrados” nada se puede hacer porque para el creyente sólo dudar es pecar.
¿Qué podemos esperar de un diálogo con un creyente? Nada y además es poco
probable que sea edificante. Encerrado en su torre de marfil prefiere atenerse
fanáticamente a creer en lo increíble. Prefiere destruir el planeta y a la raza
humana sólo para demostrar devoción a su dios, porque para él este mundo
finalmente no existe, no tiene ninguna importancia y, por lo tanto, su destrucción

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no significa nada. Nosotros los anti-teístas sabemos que este mundo es el único
que tenemos y que los “paraísos-prometidos” en un lugar indeterminado en el
“cielo”, son productos de la enfermiza, ególatra y distorsionada imaginación de
los iluminados y estancados creyentes. Todos los teístas deben saber que la
libertad acabará con el teísmo tarde o temprano; dos, cinco, diez siglos no
importan, esta evolución es inevitable y el llamado del Kosmos será la bandera
en los próximos siglos de todos los seres humanos liberados que, sin miedos ni
prejuicios o teologías, se dedicarán a descubrir nuevos mundos y nuevos modelos
de vida.

El kosmocismo y la “espiritualidad”:

¿Qué es la espiritualidad? Para los filósofos, se trata de un ejercicio mental,


más que de una entidad independiente, inmaterial y sobrenatural definida, ajena a
la voluntad. Es una cualidad intelectiva, mental, humana, dinámica y
desencadenante, que por su naturaleza incorpórea, excluye toda forma de
materialidad dotada de propiedades físicas, particulares y singulares. ¿Qué forma
tienen los pensamientos, los sentimientos, las emociones? Pueden ser
exteriorizados desde la compleja red neuronal del cerebro y manifestarse hacia lo
exterior por medio de la palabra, de la música, la poesía, la literatura, la pintura,
las obras, los gestos, las acciones, etc. Para el teísta, en su imaginario mental, el
“espíritu” (en hebreo ruah, en griego pneuma), es un “ser inmaterial,
sobrenatural e independiente,” dotado de inteligencia, voluntad propia y con
poderes ilimitados, y la “espiritualidad” del creyente se circunscribe al mundo
del “espíritu”, que sólo existe en su mente, porque en la mente del anti-teísta tal
“espíritu” o tal espiritualidad sencillamente no existe. El kosmocismo prescinde
de lo que nombramos equivocadamente “espiritualidad,” “espíritu,” “espiritual”,
“espiritismo”, “espiritista”. En las concepciones kosmocistas la palabra
“espiritualidad” y sus derivados no tienen la misma connotación que le otorga el
teísmo. Nosotros optamos por la palabra inteligencia, que se refiere al potencial
intelectual del individuo, y rechazamos las creencias que giran alrededor del
mundo de los “espíritus”, que existe solamente en el imaginario de los creyentes.

El universo mental del ser humano está constituido por varios conjuntos de
manifestaciones intelectivas e intuitivas. Facultades intelectuales y mecanismos
psíquicos estimulados por el mundo exterior y por actividades reflexivas de la
inteligencia para entender, interpretar, memorizar, conocer a partir del mundo
interno y manifestarse externamente (pensamientos y sentimientos expresados
por medio del lenguaje y otros medios).

Existe una constante intercomunicación entre el mundo mental y el mundo


real. A su vez, el mundo real induce en el mundo mental percepciones,
interpretaciones y reacciones selectivas, que provocan múltiples y diversos
estados anímicos. La bio-electricidad que habita en el cerebro es el motor de las
funciones, especializaciones y manifestaciones mentales intelectivas y es

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responsable también de la movilidad voluntaria, así como del funcionamiento del


sistema autónomo del cuerpo.

Nosotros consideramos que la “espiritualidad-religiosa” es un estado mental


que proviene de una disfunción de la red neuronal que forma el universo mental
y reflexivo del ser humano. Dicho de otra manera, es una sublimación mental
anormal. Pensamos que es el cerebro humano el crisol que desencadena la
expresión dinámica del intelecto, que se manifiesta de distinta manera. El
cerebro define nuestra forma de ser, nuestro lenguaje, nuestra conducta, nuestros
pensamientos, nuestras creencias, nuestra conciencia, nuestra memoria
asociativa, nuestras aptitudes, nuestros movimientos, nuestra intuición, nuestra
inteligencia objetiva, práctica, teórica y especulativa, nuestros impulsos y la
comprensión del mundo, del medio y nuestras relaciones con aquellos. El ser
humano ante todo es un ser- pensante-existente-social. El ser- pensante-existente-
social, es poseedor de una gran red de facultades mentales ad hoc para el
aprendizaje, la memorización y otras funciones mentales y físicas no menos
importantes por su extrema complejidad. El cerebro humano está en constante
evolución y si el medio es favorable, dinámico y estimulante, el mecanismo
neuronal se acoplará gradualmente a la “ley” evolutiva a medida que el medio
estimule el lóbulo frontal.

El intelecto, por medio del dinamismo químico de las sinápsis neuronales del
cortex prefrontal, no se adecuó como por arte de magia a las necesidades
“religiosas-espirituales” del individuo, no está comprobado que haya una
naturalidad en ello. El ser humano no nace religioso, se hace religioso por el
medio intelectivo (aprendizaje-educación-adoctrinamiento-disciplina), etc. La
“espiritualidad-religiosa” es adquirida, no nata. Rechazamos el determinismo
genético en lo referente al campo de la “espiritualidad-religiosa”.

Los términos espíritu y espiritual resultan ambiguos, son usados en varios


sentidos y dentro de muy diversos contextos. El carácter complejo del concepto
de espíritu se revela en la abundancia de los usos del término, “esencia última”,
“espíritu de la ley”,”espíritu de una época”, “espíritu de las naciones, “espíritu
del pueblo”, “espíritu positivo”, “filosofía del espíritu”, “espíritu nacional”,
“espíritu santo”, etc. Para complicar las cosas, el término “espíritu” se usa, así
mismo, en diversas épocas para referirse a algunas realidades orgánicas o psico-
orgánicas: Por ejemplo, los llamados “espíritus animales” y “espíritus vitales”.
En vista de todo eso, es preferible desterrar los vocablos “espíritu” y “espiritual”
del léxico kosmocista. Emplearemos términos como; inteligencia, mente,
intelectualidad e intelecto, en lugar de “espíritu” y “espiritualidad”. Esos dos
términos pretenden decir demasiado y se prestan a confusiones. Las palabras
como: dios, alma, existencia-después-de-la-muerte, espíritu, espiritualidad,
infierno, paraíso, divinidad, resurrección, inmortalidad, pecado y fe, son palabras
vacías y sin contenido real en absoluto. El lenguaje teológico es falso y
mayormente cosmético. El significado verdadero de estas palabras no pueden ser
demostradas por medio de la racionalidad ni por el del análisis científico. ¿Han

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preguntado alguna vez a un teísta qué es lo que él llama “dios” o “alma”? Verán
que sus respuestas no son más que un cúmulo de ambigüedades ininteligibles,
metáforas, fábulas y comparaciones infantiles. Científicamente, es imposible e
insostenible demostrar algo que no existe. La lujuriante y calenturienta
imaginación teísta choca contra los anhelos del intelecto fuerte y valeroso, que
busca un provecho superior fuera de la jaula dogmática de los teístas.

El creacionismo:

El kosmocismo rechaza la doctrina bíblica creacionista, así como la nueva


teología evangelista de los Estados Unidos, (intelligent design), diseño
inteligente. Rechaza todas las alucinantes cosmogonías teístas. Hay una sola
realidad; la vida en sí. La “irrealidad-teísta” no es la realidad, porque no se funda
sobre la verificación del método experimental. El kosmocista sabe que la Tierra
es redonda, porque la ciencia ha demostrado que así es en realidad a través de la
experimentación directa. Sin embargo, no hace mucho los ilustres y muy
honorables “sabios” teístas juraban que la Tierra era plana y, además, mandaban
quemar a los que decían lo contrario. No hay que confundir los términos entre:
Saber y Creer, porque existe un infranqueable abismo que los separa. El
espiritualismo se afianza en el terreno de lo improbable, de lo fantasioso, el
materialismo en el de lo comprobable, de lo concreto. La fe se contrapone a la
ciencia y contradice a la razón. No puede haber acuerdos ni compromisos entre la
fe y la ciencia. Son dos campos totalmente irreconciliables.

La “fe”:

“Yo seré vuestro dios y vosotros seréis mi pueblo”. Tengan “fe” porque si no
tienen “fe” no puedo ser su dios ni ustedes mi pueblo. La existencia de dicha
entidad depende de la fe de los creyentes. La primera puerta de la fe, es la
creencia, la segunda es la imaginación y la tercera es la inteligencia. La fe es una
disposición mental que preconiza en el creyente la vida eterna, haciendo que la
deficiencia intelectual se adhiera a lo que no es evidente. La “fe” se sitúa
primeramente en el orden del desconocimiento. La “fe” es el soporte ciego de las
irrealidades que se esperan y de las que no se ven. Para nosotros la “fe” es el
comienzo de la perdición del ser humano, ella es obra de la desgracia que
oscurece la inteligencia y la conciencia.

La “fe” no es el resultado de una evidencia natural y racional, sino el de una


enfermiza y distorsionada valorización mental. La fe es conforme a la sin razón
que exige la abdicación de los derechos de la inteligencia y de la voluntad. Los
kosmocistas no tienen fe en la teocéntrica fe teísta, ni en ninguna otra de carácter
religioso o místico. Para nosotros, toda la realidad viene del mundo tangible y del
sentido de la vida del ser humano en su miseria y en su grandeza, que se
inscriben en él. El parasitario teísmo y su infame política, por desgracia, es parte

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integral de este mundo visible y palpable (La ciencia suscita una concepción de
la realidad que pertenece al orden del saber verificable y lo que se verifica
científicamente es real). El daño que causó y que continúa causando el teísmo
con su lenguaje ficticio, su doctrina totalitaria y su fideísmo fundamentalista, en
la mente humana, es el más desastroso que jamás haya existido en todo el
transcurso de la historia de la humanidad.

El feminismo y el lesbianismo:

“Padre nuestro que estás en los cielos”… Nuestro mundo es un mundo


masculino, sin embargo, sin el mundo femenino no existiría. El patriarcado, es el
origen del feminismo, los excesos, las injusticias y los abominables abusos
durantes siglos contra las féminas de parte de los varones, provocó que las
victimas del machismo se organizarán social y políticamente para defenderse
contra las infames y degradantes agresiones del mundo masculino.

Ahora bien, hay que entender que muchas lesbianas se infiltraron, se


apoderaron y formaron muchos movimientos “feministas” con la intención de
ejercer su “preferencia” sexual. No obstante, sería un error confundir feminismo
con lesbianismo. Los feminismos que se vuelven organizaciones narcisistas,
sexistas, obsesivas y racistas, no hacen más que fortalecer y agrandar al sistema
dominante.

El elemento determinante que desencadenó la necesidad de fundar


agrupaciones y asociaciones feministas defensivas de parte de las mujeres, es el
machismo de las Iglesias, de las sectas, de las agrupaciones religiosas, de la clase
dominante y de la sociedad.

Es inaceptable y completamente anacrónico que el machismo individual e


institucional, prevalezca todavía en casi todas las esferas de la vida pública y
privada. En mí opinión, hemos evolucionado muy poco al respeto.

Siendo una temática bastante polémica, nosotros nos quedamos en el ámbito


jurídico de las ilegalidades e infracciones de los hechos y de la violación de los
derechos humanos que se verifican con las victimas. Creemos que la justicia, la
libertad y la democracia deben beneficiar equitativa e imparcialmente, tanto a la
mujer como al hombre, y que la discriminación y el mal trato deben estar
ausentes en la relación entre géneros.

La violencia intrafamiliar, es principalmente producto de la inmadurez


emocional y del desequilibrio psicológico de los transgresores. Es sabido que,
por machismo, la justicia es más tolerante con los infractores varones que con las
victimas femeninas. A pesar de las múltiples organizaciones feministas en el
mundo, los empleadores machistas continúan acosando, chantajeando y
hostigando a sus empleadas y las instituciones privadas, públicas y religiosas,
siguen obtusamente discriminando a las féminas.

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La civilización teísta es fundamental y predominantemente patriarcal y durante


milenios ha abusado, subyugado, denigrado, despreciado, dominado, difamado,
des-cerebrado, avasallado, desacreditado, repudiado, humillado, discriminado,
sojuzgado ridiculizado y explotado a la mujer. Los kosmocistas apoyan
incondicionalmente a las féminas que luchan por su libertad, sus derechos y por
la completa, equilibrada y universal igualdad entre mujeres y hombres. Nosotros
somos partidarios no de una emancipación superficial, sino de una completa y
definitiva des-domesticación de la mujer. Como la mayoría de ustedes saben, no
se trata de cambiar tal o cual cosa en el horizonte que define la cultura humana,
sino que se trata esencialmente de cambiar el horizonte mismo.

La moral kosmocista:

La moral kosmocista es un fruto de la época actual, no se basa en teorías


metafísicas e idealistas, no pretende señalar cuáles son los verdaderos caminos de
la felicidad, de la justicia, del bien o del mal, que son valores éticos “absolutos”,
cuya finalidad única sigue siendo la defensa y la continuación del régimen
opresivo y etnocéntrico de la elitocracia. Mientras que la moral se vista de un
cierto universalismo y que no ataña uniformemente a todos los habitantes del
planeta, es legítimo pensar que cualquier arquetipo moral, selectivo,
discriminatorio y localista, no está automáticamente valido o obligatoriamente
justificado. Sin embargo, pensamos que antes de condenar o criticar los usos y
costumbres de los pueblos, hay que comprender los porqués de tales o cuales
valores morales que particularizan las etnias, las tribus, los clanes, las sectas y los
diversos grupos y sociedades modernas o arcaicas.

La “moral” kosmocista es raciocinio, conciencia y voluntad de libertad a la


vez, considera que la libertad es el “moralizador” más eficiente para el individuo
sano y sicológicamente equilibrado, que debe gozar de razonamiento y
conocimiento suficiente para discernir, previa evaluación, si sus acciones son
perjudiciales y dañinas para con los demás. El exceso de permisividad y de
laxismo conductual, carente de referencias morales que se otorgan por derecho
propio grupos o individuos, basándose únicamente sobre sus propios valores
desestabiliza el equilibrio que debería prevalecer en la sociedad y entre los
individuos.

Conviene subrayar que la convivencia social y la normatividad moral en una


sociedad es responsabilidad e incumbencia de todos los individuos, no
exclusivamente del militante de un partido, de una religión, de una ideología, de
un grupúsculo o de un núcleo reducido de persona que pretenden imponer
unilateralmente su particular conducta, modo de pensar y sus “valores” al resto
de la sociedad. Consideramos que la moral debe ser ecuménica, adogmática y
sin moralidad; el individuo que ha logrado traspasar el estado de domesticación
al ser de ser humano liberado, supera lógicamente la “moral” porque posee la
capacidad intelectual suficiente para responsabilizarse de sí mismo y frente a los
otros

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Lo cierto es que la moral teísta, moral de los hipócritas, es la moral del


“perdón”que termina siempre absolviendo los más graves delitos, a pesar de las
fehacientes y constantes transgresiones de su propio código moral de parte de
beatones adeptos; lo que constituye dicha “moral” una de las manifestaciones
típicas de la decadencia y de la mediocridad moderna, es el non plus ultra de la
imbecilidad sobre la tierra. Frente a la libertad y a la moral no todos los seres
humanos reaccionan ni actúan de igual manera. Los virtuosos y los imbéciles no
se pueden medir con la misma vara, los primeros realizarán proezas y grandes
cosas, los últimos desencadenarán las peores calamidades.

El Kosmocista no es moralista ni proyecta elaborar un catálogo de normas para


a los seres humanos a conducirse de una manera o de otra, deja al individuo
civilmente responsable la iniciativa de desempeñar su vida privada según sus
facultades y vivencias. Lo que no comparte, son las consecuencias que provoca
una conducta antisocial, ofensiva y amoral de parte de los individuos que carecen
de conciencia moral y social. El sociópata, delincuente patológico, sujeto
agresivo y violento debido a un trastorno mental, carece de conciencia, de moral
y de un equilibrio psicológico ad hoc para llevar una vida pacífica y creativa.
Nosotros consideramos a la moral como un elemento normativo imprescindible
para apaciguar las pasiones desbocadas que son responsables, en las mayorías de
los casos, de los peores crímenes y atropellos.

La confianza de los kosmocistas en la libertad-que-libera como fuerza


liberadora y catalizadora, alienta la integración voluntaria y convivencial de los
individuos en un nuevo modelo de sociedad cuyas fundaciones y premisas se
originan y articulan a partir de los cimientos de la libertad. La moral occidental y
sus “valores” a medida que crece el fetichismo mercantil y publicitario, se
desvanecen, lo que queda son substitutos corruptores que generan un fenómeno
asocial propio de la neo-barbarie moderna

Los motores de la discordia:

Los seres humanos por naturaleza no son muy solidarios entre sí, todo lo
contrario. Socialmente hemos visto que los individuos son ciertamente
antagónicos y agresivos los unos con los otros. Las envidias y los celos no están
ausentes en las relaciones humanas. El primer motor que impulsa la discordia
entre los miembros de las familias, es el motor de la dominación, del celo y de la
envidia que deteriora las relaciones familiares. El segundo es el social, lo social
divide y atomiza la sociedad en clases y múltiples categorías. El tercer es el
económico, que desarrolla y acrecienta el egoísmo, la discriminación, la envidia,
la agresividad, la rivalidad y la desconfianza entre individuos, grupos y
sociedades. El cuarto, es el racismo y la discriminación, el quinto, el
nacionalismo y el chauvinismo. El sexto, las religiones y las supersticiones. Y el
motor definitivo de la discordia universal entre humanos, es la formidable

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ignorancia e inmadurez emocional que el género humano manifiesta a lo largo de


su historia.

Las motivaciones humanas están originadas por intereses, cuando hay unos
intereses que conciernen específicamente a un grupo de individuos, entonces se
forma una suerte de entendimiento consensual, que moviliza directamente a los
interesados para realizar momentáneamente una meta común. Pero, como existen
siempre conflictos personales entre humanos, lógicamente suceden como
consecuencia de estos trances, grandes y peligrosos conflictos entre naciones; las
crisis inherentes a tales fenómenos acompañan permanentemente a todas las
civilizaciones a lo largo de su permanencia. La vida humana ha estado
constantemente bajo el imperio de la guerra, de la violencia y de la agresividad.

La política, la ideología, la religión, la economía, la tecnología, la ciencia, la


cultura y los modelos sociales, no cambiarán nada de la situación conflictiva
social que prevalece universalmente entre todos los seres humanos del planeta
tierra, y tal situación seguirá así, a menos que evolucionemos significativamente
desde el punto de vista intelectual en un lapso de tiempo relativamente corto, lo
que es muy improbable.

El ser humano ideal no existe y me temo que nunca existirá, porque ha sido
moldeado e inducido intencionalmente para no ser ideal. ¿Por qué? Porque, el
idealismo humanitario y la solidaridad social son los enemigos definitivos de los
depredadores, y por desgracia, los únicos amos del mundo y del poder real son
los depredadores. Para salir de esta mortífera trampa, sería imprescindible e
imperioso inventar nuevos valores que motiven genuinamente a las nuevas
generaciones para que cambien su forma de vivir y de pensar. ¿Pero seremos
capaces de superar la conformidad, la mediocridad, la indolencia, la ceguera y la
pereza mental que invalida cualquier tentativa de liberación?

Para cambiar el escenario mundial es imperativo previamente que el ser


humano cambie, ¿pero cómo puede cambiar un ser que ha sido adiestrado,
educado, condicionada y adoctrinado para seguir un determinado camino, que ha
sido instruido dogmáticamente y con un autoritarismo obsesivo desde su más
tierna infancia para que actué, piense, crea y sueñe de una manera y no de otra?
¿Cómo liberarnos de la dictadura de las ideas despóticas impuestas por la élite
internacional? ¿Cómo romper los moldes que han hecho de la gran mayoría de
nosotros unos lastimosos títeres lame botas al servicio de las clases dominantes?
¿Cómo cambiar la dirección del velero, si el viento sopla siempre en la misma
dirección? ¡Ciudadanos! a sus neuronas, piensen…

No habrá prodigio sobrenatural, el mar rojo no se partirá en dos, ni las “voces-


celestiales” nos iluminarán. Los depredadores no dejarán de serlo por arte de
magia y los inmutables e intocables filósofos seguirán fingiendo demencia,
mirando despectivamente a los pobres desde lo alto de su torre de marfil. Los
inconmovibles ricos seguirán repudiando a los necesitados y los teístas inmersos

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en su perversa doctrina serán, como de costumbre, indiferentes y soberbios frente


a las realidades.

No habrá tecnología avanzada de origen extraterrestre que venga a modificar


nuestra programación genética; no, nos hagamos ilusiones, las semillas del
imprescindible cambio para liberarnos se encuentran dentro de nosotros mismos.
Osemos imaginar un futuro, pero sin herejías teístas y sin las perversas
acrobacias bursátiles de los magnates del gran capital, grandes magos de la usura.
No rechacemos las exigencias de la libertad. No más tributos. Nada de
concentración de riquezas. No más ilusión, ficción o amuletos. Enfrentémonos
con realismo y sin miedo a las terroríficas aberraciones de este mundo.

Todos somos seres del Universo y todos deberíamos saber que el fin de la
humanidad ha empezado, porque absolutamente nada de trascendental ha
ocurrido. El Hombre sigue siendo esclavo de sí mismo y no ha logrado romper la
muralla de la mediocridad que permanentemente lo aprisiona.
El individuo que ha superado al teísmo, es el Homo de la libertad y del porvenir,
a condición de que el mundo, tal como lo conocemos, abandone el deplorable
papel que desempeñan sus fuerzas destructivas responsables de la decadencia
universal.

El enemigo más férreo para los seres humanos, es, sin lugar a duda, la
Ideología, definitivamente más peligrosa que el aberrante absolutismo religioso.
Declararse izquierdista, derechista, centrista, ultra, etc, implica serias
consecuencias no solamente por los mismos fanáticos de dichas corrientes, sino
que también afecta directamente a la sociedad entera. Querer derechizar o
izquierdizar el mundo, es erigir un muro fronterizo que aísla a los humanos entre
sí. Este divisionismo creado sólo beneficia a unos cuantos, y perjudica
terriblemente a la mayoría. Por su apatía y complacencia, la “mayoría” sufre las
peores calamidades. ¿Hasta cuándo va a darse cuenta ustedes de que ya ha
llegado el tiempo de romper sus cadenas? La “mayoría”, para ser libre, tiene que
repudiar a la Ideología y a los valores que de ella emanan.

La ideología es fratricida y necia, generadora de genocidios, de guerras y de


graves injusticias sociales. Declararse izquierdista o derechista demuestra la
poca madurez emocional e intelectual de los partidarios de esas corrientes
políticas. Con la Ideología como tabla de salvación todos perdemos, porque es
responsable del aislacionismo mental y de la parálisis de la conciencia de los
individuos que desperdician estúpidamente sus energías en ella.

Por lo general, la Ideología no es más que el trampolín y el camuflaje que


oculta la ambición, la codicia, la voracidad y el afán de poder de los
depredadores. El camino de la Ideología no lleva a la liberación, sino a la
desesperación y a la más malévola manipulación. La ideología es la
bestialización del individuo que ha caído en sus letales garras en el nombre de
una utopía o de una fantasiosa quimera. ¿Qué presagio para el futuro? Nada
bueno, creo yo que la civilización será reducida a la impotencia, al silencio y a la

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más infame decadencia, believe it or not, la humanidad está al borde de la


extinción, hemos hecho todo para que así sea y lo peor es que no hacemos nada
para impedirlo. Después de dos milenios de pueriles tanteos en la oscuridad y la
desolación, hemos llegado finalmente al centro de la bifurcación definitiva de
una multitud de caminos sin salida, de todos aquellos sólo uno lleva al futuro
¿sabremos distinguir cuál es?

El “racismo” y las barreras sociales:

Yo soy “racista” porque creo en la diversidad de las razas. Mi “racismo” no es


xenófobo, no está basado en el odio, ni es segregacionista o aristócrata, no es
pasional y no cree en la supremacía de una raza sobre otra, es el resultado de una
reflexión racional, equilibrada y libre de exaltaciones y prejuicios nacionalistas,
está basado en la observación directa de las diferencias físicas y culturales que
definen las peculiaridades de las razas.
Todos tenemos el derecho de ser “racista”, católico, taoista, ateo, evangelista,
moonista, masón, etc, pero no tenemos el derecho de violar, agredir o causar
perjuicio, daño físico o psicológico a tercero en el nombre de nuestras creencias.
Estamos en contra de la violencia fanática ocasionada por el racismo-racista,
pero no juzguemos con antelación a las personas que se reclaman de tal o cual
ismo, sin tener los elementos probatorios para hacerlo. Es imperativo
previamente considerar en primera instancia sus intenciones, motivos y acciones.
Un skinhead que acuchilla cobardemente a un africano o a un turco en Berlín, no
tiene excusa, su racismo-racial hace de él un vil asesino, un nefando sociopata.
La libertad vale tanto para nosotros como para los demás, cada quien es libre
de expresar soberanamente sus divergencias sean, culturales, económicas,
ideológicas o religiosas, aunque no coincidan con las de los demás. Mas, esas
divergencias deben pasar a través de un mecanismo de valorización antes de ser
admitidas como veraces, útiles y convenientes universalmente. Hay que asumir
las evoluciones de las situaciones contemporáneas, así como las del pensamiento;
tener la opción de romper los moldes de las ideologías y evitar razonar a través
de ellas, de poder pensar, opinar autónomamente y sin ataduras sobre los hechos
reales y sobre los fenómenos sociales y políticos que conciernen al conjunto de la
ciudadanía. El racista o el anti-racista no es bueno o malo a priori, lo importante
es valorizar coherentemente los acontecimientos provocados por el racismo o por
el anti-racismo. Lo esencial son los actos y los efectos de las consecuencias. Son
las acciones, que benefician o que perjudican lo que realmente deben
importarnos.

La problemática del racismo y del anti-racismo es bastante compleja y difícil


de resolver. No soy “racista” por el color de la piel del otro, ni pretendo ser
superior a los demás. Mi “racismo” se desarrolla a partir de las realidades socio-
culturales-raciales, que perjudican y dañan emocional y físicamente a un tercero.
Por ejemplo, la ablación del clítoris de las niñas, no me parece saludable, la
considero como una flagrante violación de los derechos de las niñas
victimizadas, esta mutilación no es valida como expresión cultural o religiosa ni
como fenómeno tradicionalista. Recurrir a la mutilación del cuerpo humano sólo

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para diferenciar los “valores” tribales de determinadas etnias diseminadas sobre


la faz del globo terráqueo, no es valido. Creo que el primitivismo tribal y el
arcaísmo ritual, sea religioso o mágico que violenta o arremete contra la
integridad física y contra la dignidad del ser humano, no tiene lugar en el siglo
XXI. Los ritos y las tradiciones en ningún caso pueden ser justificados y
permitidos, cuando a través de ellos se lleva a cabo una violación de los derechos
humanos universalmente reconocidos.

Me doy cuenta de que en Los Ángeles (California), los norteamericanos


negros son más racistas que los norteamericanos blancos y ellos, a su vez son
más racistas con los indígenas y con los latinos, y aquellos son racistas con los
blancos, los negros y con los asiáticos, y los chinos lo son con los japoneses, etc.
Salta a la vista que existe un multiracismo en todas las sociedades multiraciales.

En Europa existe un racismo muy exacerbado contra los africanos, los árabes y
los gitanos, y ellos, a su vez son también racistas con los europeos.
Evidentemente, yo no comparto ese “racismo” basado en la xenofobia, la
intolerancia y en la superioridad de las razas, no participo de este “racismo”
hostil contra los grupos étnicos, considerados hipotéticamente peligrosos o
inferiores. Cierto que hay una innegable predisposición biológica natural en los
humanos que permite discernir las diferencias entre tal o cual grupo humano,
acentuada por los contrastes y las barreras culturales, pero no podemos cegarnos
por el odio ni permitir la xenofobia sólo por el diferencial racial observado.
Nuestro “racismo” debe situarse hacia una evolución socio-cultural monitoreada
y arbitrada por una tabla de valores universales.

Soy “racista”, pero no soy xenófobo, soy “racista”, porque observo que hay
razas y que esas razas tienen rasgos diferenciales y singulares particularidades.
No pienso que hubo un tronco común en el principio de la formación de la
humanidad, opino que hubo múltiples troncos con sus propias características
raciales cada uno y que ocurrió en distintos lugares del planeta. No creo en el
cuento del color de la piel por la exposición excesiva y prolongada a los rayos
solares, sino en su determinación genética. Para mí, la peculiar diversidad racial
entre humanos, es evidente, indudable y comprobable científicamente. A pesar
de la evidente variedad racial, aquello no justifica que deben existir
obligatoriamente discriminaciones raciales. Claro, muchos científicos creyentes
y sus cómplices creacionistas teístas tendrán obviamente diferente opinión, la
cual respeto, pero no comparto. Como kosmocista, no me creo el cuentito de Eva
y Adán. Comparen un maya guatemalteco con un nórdico de Finlandia o con un
africano de Ruanda, Miren los ojos de las japonesas y los de las españolas,
observen los bushmen de Australia y a los alemanes, noten la diferencia entre los
pigmeos mbuji, towa y binga de la selva ecuatorial y los masai de Kenia o de
Tanzania y verán que si existen diferencias morfológicas notables entre las razas.

El motor del racismo tal como lo preconizaban Arthur De Gobineau (1816-


l882), Houston Stewart Chamberlain (1855-1927), Georges Vacher Lapouge
(1854-1936) Edouard Drumont (1844-1917), y toda una secuela de siniestros

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personajes menos conocidos, es el afán de poder mercantil y político; la libre


explotación del ser humano, mano de obra gratis, abuso físico y psíquico de las
personas diferentes a nosotros. Esclavitud, trata de blancas, prostitución,
pornografía infantil, drogas y alcohol. Este racismo-racista ha sido propulsado
por la voracidad y la codicia de los grandes capitalistas mundiales. Por esencia,
el capitalismo es fundamentalmente racista puesto que su doctrina radica en que
su poder económico o ideológico debe prevalecer y dominar todo. Es la misma
mentalidad capitalista-racista-anti-ecologista con su escalofriante lógica
utilitarista, que anhela iniciar, a pesar de las protestas de los ecologistas, la
perforación del Círculo Ártico, para extraer petróleo y gas natural. Es la misma
mentalidad que perpetró horrendos genocidios en el continente Americano
Africano, Asiático y Europeo.

En el presente, continúan los genocidios, las matanzas, las discriminaciones y


las exclusiones. La misma mentalidad hoy día prevalece en el pensamiento de
Bush y Company, invadir Irak y asesinar a la población civil está dentro de la
grandiosa estrategia de los racistas del Pentágono, cuya única meta es adueñarse
del petróleo Iraki y subyugar a la población; los racistas y halcones
norteamericanos piratas odian a los árabes (y al resto del mundo), los
capitalistas-racistas adoran el petróleo ajeno, pero no por amor al otro ni por
solidaridad, sino por su mentalidad usurera

Napoleón, Hiltler, Musoloni, Franco y Stalin eran ideológicamente racistas.


Bush, Tacher, Blair, Le Pen, Aznar, Berlusconi y Simón Pérez, son los más
fervientes neo-racistas ideológicos del planeta, pero económicamente son los más
liberales y favorecen la invasión de los ilegales, sin importarles los choques
culturales, las frustraciones y los costos sociales que provoca la entrada
desordenada y masiva de los sin papeles, que son vistos por los neoliberalista-
racistas-utilitaristas sólo como mano de obra escandalosamente barata y como
generadores de excelentes dividendos obtenidos por la explotación y la
consumación.

La clase patronal y empresarial, con la colaboración de los gobiernos que


“exportan ilegalmente” y extraoficialmente su excedente de mano de obra
mayormente no calificada, favorecen la entrada clandestina masiva de los
ilegales que buscan en otro país lo que no pueden encontrar en el suyo. Los
gobiernos exportadores y receptores de mano de obra barata son equitativamente
responsables de la gestación racista, que se incuba en las mentes de los
nacionales tanto como en la de los ilegales.

Las raíces del racismo-racista, encuentran terreno fértil para crecer tanto en la
conciencia de los ilegales, de los marginalizados, como en la de los nacionales de
los países receptores. Excelente humus para producir conflictos sociales, así
como barreras culturales, religiosas y comunitaristas. El temible racismo-racista
es un medio muy efectivo que colocado, entre las manos de los ultras, los
radicales, los extremistas, los desesperados, los movimientos estudiantiles, los

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neonazi, el crimen organizado, las maras y los excluidos, puede provocar una
situación social capaz de fraguar, a la larga, grandes insurrecciones y
devastadores disturbios y severas sublevaciones civiles.

La insurrección mundial:

El peor colapso social y económico mundial está por comenzar, todos los
habitantes del planeta Tierra vamos a sufrir en carne propia los devastadores
efectos de un inimaginable cataclismo que ninguna civilización ha
experimentado previamente. Tantos años marcados por incesantes crisis,
innumerables y deplorables conflictos y por una palpable y continúa
descomposición social, así como una creciente pauperización de las poblaciones,
nos llevan irremediablemente al colapso social, a la decadencia, a la
desestabilización generalizada de todos los países, a la marginación social, al
comunitarismo racista violento, al terrorismo religioso y a la confrontación
armada clandestina.

Las razones:

Deslegitimación y desacreditación de la política y de los políticos. Valorización


del Estado como botín y fuente inagotable de privilegios. Derrota política debido
al elitismo que apoya el arcaísmo de nuestro mundo museo. “Sacralización” de la
nefanda mentalidad burocrática del sector público, complicidad sindical con el
Poder, divergencias y rivalidades entre Estados. Toma de conciencia de los
ciudadanos de la profunda crisis económica mundial. Ruptura del velo de la
demagogia que esconde los efectos negativos de la mundialización. Falta de
empleos, bajos salarios, agudo desequilibrio del reparto de la renta, carencia de
seguridad social. Existencia de un abrumador y creciente ejército mundial de
millones y millones de desempleados. El conservadurismo que condena a los
jóvenes a la exclusión, al desempleo y a la pauperización. La convicción de que
no hay soluciones viables al interior del sistema. El fracaso de las ideologías y de
la democracia. La descomposición y el desmoronamiento de la cohesión social,
no son ciertamente realidades confortadoras ni alentadoras para la construcción
de un futuro mejor o de un mundo diferente.

Todas las condiciones de una situación explosiva se encuentran reunidas: una


aguda crisis de la credibilidad referente a la representación política; una
endémica inseguridad económica y social; finanzas públicas en quiebra con una
deuda que crece inexorablemente sofocando el empleo y el crecimiento; el
profundo malestar generalizado de la ciudadanía. Todo aquello abre un
desesperado espacio a las pasiones totalitarias y extremistas

A pesar de los artificiosos, astutos, acrobáticos, desviacionistas y distractores


discursos de los gobernantes al servicio del capital, ninguna tentativa real de
mejoría global esta a la vista, las palancas de la liberación, que son el cambio de
mentalidad, la emancipación espiritual, el cambio de modelo social y educativo,

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la refundación del Estado, han sido excluidas de la agenda del mundo político en
el que el ciudadano no tiene ni voz ni voto.

Tarde o temprano, la humanidad que ha sido obligada a pasar por todas las
corrupciones, podreduras y abusos imaginables, se despertará e inevitablemente
su instinto vengador se avivara contra sus milenarios enemigos. Resumiendo: el
problema, radica en que el mundo de los ricos ignora desdeñosamente al otro
mundo que existe alrededor del suyo. Sin embargo, nosotros sabemos que si
existe el mundo de la pobreza y que este mundo mayoritariamente inconforme y
descorazonado, que hasta ahora ha sido silencioso e invisible, está por
despertarse.

El hedonismo.

El hedonismo moderno, es el carnaval antes de la cuaresma; el viagra permite


al impotente sexual seguir deleitándose copulando o masturbándose (Darse
placer a sí mismo). Los toxicómanos siguen el mismo patrón, alucinar, gozar y
estar eufórico todo el día y todas las noches, sea por medio del alcohol o de las
drogas, buscan desesperadamente la fuente y la permanencia del placer. Cuando
el “placer” está colocado por encima de todas las cosas de la vida no estamos
lejos de la perversión y del libertinaje.

El placer es inseparable del deseo, se produce por una estimulación física,


química o psíquica. El humano más que un animal social, es un animal hedonista
por naturaleza. Lo social es inducido, lo hedonista es innato. Lo social se
desarrolla a partir de las tradiciones que son la fuente de sociabilización y
culturización. La vida social queda debajo del dominio de un objetivo de
funcionabilidad, y del imperativo categórico de la normatividad de inter-
relaciones y de sumisión social. El ser humano no nace, se hace social. El
“yoyismo” y el egoísmo son inherentes a la naturaleza humana, como lo es el
hedonismo.

No creo que la felicidad sea, la única meta de los seres humanos, me inclinaría
por creer que es la libertad la meta suprema, porque sin libertad no hay manera
de ser verdaderamente feliz. Al ser humano normalmente le gusta el placer y
rechaza instintivamente el dolor. Hay muchas formas de hedonismo, pero hay
sólo uno que determina esencialmente la conducta humana, el goce, lo
placentero, lo agradable. Hoy día este hedonismo específico se ha transformado
exclusivamente en el placer de tener, de consumir y en la obtención de
satisfactores inmediatos y de fuertes y sofisticadas sensaciones. El ser humano
quiere, desea y aspira de manera natural a un mayor bienestar y a menos
sufrimientos. Ahora bien, sería ridículo, absurdo y totalmente incoherente de
creer que el placer debe conseguirse a cualquier precio. El mismo hedonismo
tiene sus propias limitaciones.

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Todas las manifestaciones humanas sean innatas o inducidas están lógicamente


sujetas a regulaciones y normatividades; el “placer” de los pervertidos sexuales
no siempre está compartido con sus parejas y en lugar de generar placer generan
frustraciones y dolores. El placer-egoísmo, el placer-dolor, el placer-poder, el
placer-individualista, el placer-utilitarista, etc, no pueden ser incluidos en la
categoría y en el sentido que nosotros tenemos del hedonismo. El sádico inflige
dolor por placer, eso es condenable y criticable. La distancia que separa el placer
de la perversión es mínima para los que carecen de moral, de conciencia y de
salud mental. Si bien el hedonismo es natural en el humano, sus exuberancias son
socialmente inaceptables. La frenética y patológica búsqueda del placer es fuente
muchas veces de grandes infelicidades individuales y colectivas. Si bien el
consumismo, es parte del impulso natural de los humanos para satisfacer sus
necesidades primarias y superfluas, es preciso medir y valorizar
concienzudamente las consecuencias que desencadena un consumismo
patológico. El capitalismo está en completa sintonía con los hedonistas y se
revitaliza gracias a los excesivos impulsos consumidores de los obsesivos
buscadores de placeres. Podemos decir que el motor del capitalismo es la
pulsión del placer. La “felicidad” de nuestras sociedades modernas, radica en la
obtención por medio de la compra de lo deseado, sin importar el costo real y
social y las repercusiones directas e indirectas que provoca automáticamente la
adquisición de determinados artículos o bienes.

Deseos que matan:

No hay un solo ser humano en el planeta tierra que no este influenciado,


manipulado o afectado por sus deseos y por los de los demás. Todos, impulsados
por nuestros deseos nos ponemos casi instintivamente en búsqueda de la tierra
prometida, de la felicidad, del placer, del momento mágico que nos hará ricos,
invencibles, populares y todo poderosos. Desear es natural en el humano, el
deseo es el primer eslabón que lleva a la acción. Concretar lo que el deseo dicta
en nuestra compleja e indescifrable todavía red mental, es parte de nuestra
personalidad actuante.

Un mundo sin deseos, sin utopías, ni ideales, es un mundo muerto, condenado


al inmovilismo, un ser humano sin deseos, es un cuerpo paralizado y sin
sustancia, un diminuto barco de papel a la deriva sobre un enfurecido océano,
apenas una insignificante y banal sombra fantasmal que deambula lenta y
silenciosamente en la espesa neblina de la grande y fría oscuridad, y que se
desvanece súbitamente sin pena ni gloria al menor rayito de sol.

Las civilizaciones fueron y son lo que son debido principalmente a los deseos,
los pueblos antiguos fueron sometidos a los deseos de sus gobernantes, por ellos
transitaron de una manera y no de otra por el camino que les indicaban sus
mentores, aunque que los de abajo deseaban probablemente la paz, sus amos
deseaban la guerra y como manda el amo y no el esclavo, no tenían otra
alternativa que obedecer o morir. Los amos deseaban las riquezas, los territorios,

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el poder y los bienes de los otros. Los deseos de conquista y de dominio fueron y
son los grandes artilugios de las guerras y de las brutales y sanguinarias
invasiones.

El humano es un ser deseoso nato, esa facultad es parte de su naturaleza, de su


programación y de su patrimonio genético. Muchos deseos son negativos,
dañinos y altamente nocivos y destructivos como las perversiones a las cuales la
mayoría de los humanos somos adictos. Existe en el humano una predisposición
genética hacia los estimulantes químicos y naturales impulsada por el ambiente y
las circunstancias sociales y naturalmente por las pulsiones y dependencias
internas del individuo. Nosotros los humanos estamos inclinados hacia lo
prohibido que ejerce en nuestra mente una fascinación incontrolable y hace que
nuestra conducta sea generalmente negativa y censurable.

El ser humano no es perfecto, quizás es perfectible. Su bipolarismo psicológico


y somático tiende más hacia lo negativo que a lo positivo. La historia demuestra
que el ser humano, es predominantemente un ser delirante y paranoico, la locura
humana, el instinto depredador y la necrófila humana hunde sus raíces en la
noche de los tiempos. El odio, la pasión por el poder, la ambición, el egoísmo, la
hostilidad, la avaricia y la ignorancia son algunas de las “cualidades”
inconscientes e instintivas que dirigen fundamentalmente nuestras conductas.

Para resumir brevemente sobre el tema, es preciso concienciar que el racismo-


racista es producto de la dinámica de las circunstancias, de la política y de las
realidades históricas de cada sociedad, donde la clase dominante inculca ciertos
valores en la población que no siempre son compartidos por el individuo. En las
sociedades cuya invasión masiva ilegal ha sido organizada y favorecida por la
clase explotadora, no es de extrañarnos que la ciudadanía exprese sus
sentimientos e inquietudes de determinadas maneras según su educación, cultura,
frustraciones, grado de evolución y condicionamiento ideológico. Frente a las
dictatoriales normatividades burocráticas instituidas por y para la élite, el
individuo tiene el derecho de manifestar su inconformidad. Las múltiples facetas
del racismo, racismo-racial, social, etc, no tiene fronteras, y seguramente la
mayoría de nosotros los humanos seremos tarde o temprano victimas de un
determinado racismo. No hay que olvidar que la mayoría de los ricos de
cualquier país, son instintivamente racistas con los pobres. Los ultras y los
extremistas nacionalistas de derecha por lo general se declaran abiertamente en
favor del racismo-racista. Ciertamente que el devenir de la humanidad prescinde
del racismo, pero sin duda depende de nuestra capacidad de proyección
universalista hacia el futuro y, obviamente que el racismo-racista no tiene
perspectiva como fuerza liberadora en el seno de la civilización.

El pensamiento teísta es espiritualista, mágico, fantasioso y esquizofrénico, es


decir la “realidad” para él es el “Espíritu”, el “Ente Supremo”, el “Creador del
universo”. Lo que para nosotros no es real ni verdadero y absolutamente
aberrante y degradante. El “espiritismo” del teísta no le permite pensar lo

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contrario, (bloqueo mental, lavado de cerebro). El pensamiento kosmocista es


intelectualista; para el kosmocista es la realidad concreta del mundo y es el
intelecto el que predomina, las ilusiones fantasmales y los imaginarios
patológicos no tienen lugar en su pensamiento .Para el primero, la perfección
suprema reside en la pura contemplación pasiva de la no-verdad y en la
conversión de lo racional en irracional.

Ahora bien, gran parte de la civilización moderna, sometida al economismo, al


consumismo, al teísmo y al creyentismo religioso, no posee las capacidades ni las
facultades mentales para liberarse de sus cadenas. Si la humanidad no logra
liberarse, su destino es la muerte. La primera puerta del infierno terrenal es lo
que los creyentes llaman “dios”, la segunda es la economía, la tercera es la
política, la cuarta es el nacionalismo y la quinta es el consumismo. Lo
extraordinario es que la mayoría de los seres humanos no tienen otra meta ni otro
deseo que abrirlas de par en par para instalarse gozosamente en medio de las
llamas infernales de la paranoia desenfrenada de los “buenos y obedientes
ciudadanos creyentes” y de los “bondadosos y muy democráticos sistemas”,
cuyos dueños son los verdugos que martirizan a los pueblos que, por ignorantes,
votan inconscientemente de todas maneras por ellos. El masoquismo popular no
tiene límite.

Todavía hay guerras, opresiones, hambre y odiosas injusticias y seres humanos


voraces continúan arrebatando lo esencial a los que menos tienen. A pesar de que
el afán de poder continúa siendo el móvil dominante en la vida del ser humano,
podemos, si queremos, encontrar un camino para la realización de aquellas
esperanzas que, aunque todavía se ven frustradas en su mayor parte por nuestra
irracionalidad e insensatez, están a nuestro alcance gracias a la libertad.

Epílogo.

Por obvias razones he tratado de mantener un lenguaje coloquial de manera


que este libro sea accesible a la perspicacia y a la sensibilidad de los lectores.
Ahora es necesario mencionar que el grado de comprensión y de asimilación de
la gran mayoría de los humanos es prácticamente nulo. Por lo tanto, creo que
algunos lectores como ustedes descubrirán que este libro, si bien está
intencionalmente dirigido a muchos, será comprendido y asimilado sólo por unos
pocos.

Los principales factores que han impedido a la gente evolucionar


satisfactoriamente, son: A.- El adoctrinamiento religioso. B.- El
condicionamiento ideológico. C.- El paradigma económico. D.- La superstición.
Esos cuatro puntos cardinales son los pilares fundamentales de la reformadora
argumentación filosófica kosmocista, aquellos que no logren captar lo negativo
de ese mortífero“cuarteto”, difícilmente podrán comprender el mensaje
kosmocista. Estos factores son los principales responsables del estancamiento

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intelectual y de la limitada visión del mundo del 90% de los seres humanos.
Partiendo del supuesto de que algunos lectores han tomado conciencia del
verdadero sentido de las propuestas Kosmocistas y suponiendo que compartan lo
esencial de este enunciado, entonces deducirán que este epílogo está
especialmente dedicado a ellos.

Si no somos capaces de diferenciar el mundo ordinario del mundo mágico, si


no estamos preparados para asimilar lo real, si somos incapaces de reconocer
nuestras limitaciones, entonces nos condenamos nosotros mismos a la ignorancia
perpetua. El pensamiento kosmocista, con su capital cognoscitivo, extiende un
puente entre el microcosmos atómico y el macrocosmos cósmico, abre nuevos
horizontes sobre el origen y la evolución de los elementos que componen lo real
inmediato, abre a la historia verdaderamente universal todas las cosas visibles e
invisibles para la concienciación de una nueva dimensión no planetaria, sino
estelar, y para dar un salto desde el cualitativo especulativo al cuantitativo
medible y verificable.

Después de los nuevos e increíbles descubrimientos científicos, no hay razón


alguna para seguir pensando como autómatas de que el universo debe seguir
todavía bajo el imperio del teologizable, nosotros preferimos el modelo
matematizable. La mejor opción para que los humanos evolucionen
significativamente, es optar por la metafísica “quántica-materialista” y
renunciar a “la metafísica-teológica”.

Nuestra carencia de cultura científica y nuestros propios formalismos y


tradiciones intelectuales y literarias cohíben la realización de nuevos y superiores
modelos de conocimiento. Debemos admitir que nosotros, simples mortales, no
tenemos suficientes conocimientos científicos y filosóficos para comprender
cabalmente los fenómenos dinámicos de la totalidad. El conocimiento no tiene
más limitaciones que la capacidad intelectiva del cerebro, por ello seria
interesante y beneficioso para nosotros estudiar concienzudamente química,
astrofísica-nuclear, exobiología, astronomía, neurociencia, física-quántica y
cosmología; si queremos enterarnos de las ocultas complejidades que se
desarrollan alrededor nuestro y dentro del universo mismo, es preciso
evolucionar emocional e intelectualmente.

Copyleft ® 2006

Les copies conformes, versions


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Sur tout support en citan l´origine.

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