Orientación para El Desarrollo Profesional
Orientación para El Desarrollo Profesional
el desarrollo profesional
WWWUNEDESPUBLICACIONES
ISBN ELECTRØNICO: 978-84-362-
María Fe Sánchez García (coordinadora). Profesora Titular del Área de Métodos de Investigación y
Diagnóstico en Educación, especialidad de Orientación Profesional, de la Universidad Nacional de Edu-
cación a Distancia.
Manuel Álvarez González. Profesor Titular del Área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en
Educación, especialidad de Orientación Profesional, de la Universidad de Barcelona.
Ana Arraiz Pérez. Profesora Titular del Área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educa-
ción, especialidad de Orientación Educativa, de la Universidad de Zaragoza.
Cristina Ceinos Sanz. Profesora Contratada Doctora del Departamento de Pedagogía y Didáctica, de
las materias de Diagnóstico, Orientación Educativa y Profesional, de la Universidad de Santiago de Com-
postela.
Elena Fernández Rey. Profesora Titular del Área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Edu-
cación, Especialidad de Orientación Educativa, de la Universidad de Santiago de Compostela.
Fernando Sabirón Sierra. Profesor Titular del Área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en
Educación, especialidad de Evaluación Educativa, de la Universidad de Zaragoza.
Luis M. Sobrado Fernández. Doctor en Pedagogía, Catedrático senior del Área de Métodos de Inves-
tigación y Diagnóstico en Educación, Especialidad de Diagnóstico Pedagógico, Orientación Educativa y
Profesional, de la Universidad de Santiago de Compostela.
Magdalena Suárez Ortega. Profesora Titular del Área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en
Educación, Especialidad de Orientación Profesional, de la Universidad de Sevilla.
ÍNDICE
Presentación
Glosario
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PRESENTACIÓN
El capítulo segundo, a cargo de los profesores Luis María Sobrado Fernández y Cristina
Ceinos Sanz, permite al lector adentrarse en los avances teóricos que en el momento actual se
han ido generando, seleccionando y elaborando una descripción de ciertos modelos teóricos
emergentes, más relevantes y con mayor impacto, en la literatura científica sobre el desarrollo
de la carrera. Esta inestimable aportación permite completar y enriquecer la visión sobre los
referentes teóricos en nuestros días. Referentes que asumen la realidad de unas perspectivas
profesionales más inciertas, con transiciones más frecuentes y complejas, en las cuales cobran
especial valor la perspectiva holística en el diseño de la carrera, la autogestión y la construcción
de la identidad individual y profesional.
Los cinco siguientes capítulos comparten una perspectiva muy pragmática, sintetizando la
base de conocimiento sobre los contenidos y modelos de intervención, el diseño de programas,
las estrategias para la inserción y la empleabilidad, y el uso de las TIC en orientación profesio-
nal. Así, el capítulo tercero, parte del análisis e implicaciones que comportan las transiciones,
para referirse a continuación a los grandes contenidos o áreas de intervención para el desarrollo
de la carrera, desde la consideración de los principios básicos generalmente asumidos por los
especialistas.
Seguidamente y descendiendo a la realidad de los contextos, modelos y sistemas institucio-
nales de orientación existentes en España, el capítulo cuarto, ofrece una descripción de cada
subsistema, tanto del escolar, como del universitario y del que tiene lugar en el ámbito sociola-
boral, a través de los servicios públicos de empleo.
En el capítulo quinto, se profundiza en el modelo de programas, en sus tipologías, y en las
fases que conforman el proceso de su diseño, partiendo del análisis de las necesidades. En el
mismo se presta especial atención a las estrategias que permiten evaluar los programas, para
conocer su impacto y propiciar su mejora, desde la investigación evaluativa.
A través del capítulo sexto y con la apreciable aportación de la profesora Magdalena Suárez
Ortega, se ofrece un recorrido por las técnicas básicas utilizadas en los programas de inserción
laboral (orientación para el empleo y el autoempleo), contempladas desde la noción de emplea-
bilidad y planteadas sobre el marco estratégico del proyecto profesional-vital. Complementa-
riamente, se presentan las técnicas fundamentales de intervención orientadora y que son prác-
ticas con fuerte presencia en los diversos servicios y programas.
A cargo de la profesora Elena Fernández Rey, el séptimo capítulo, aporta una interesante
elaboración centrada el uso de las TIC y en el papel que juegan las competencias digitales en el
campo de la orientación profesional. Aborda esta temática tanto desde la perspectiva del
desempeño profesional del orientador como, desde las necesidades de los propios usuarios en
el desarrollo profesional. Destacando y proporcionando diversas herramientas TIC de informa-
ción, de comunicación y de apoyo que pueden ser aprovechadas e incorporadas para la evalua-
ción, la consulta, la formación, etc. y cuyo uso y aprovechamiento constituyen hoy un reto
innovador en nuestro campo.
Se cierra esta obra con el capítulo octavo, a cargo de los profesores Ana Arraiz Pérez y Fer-
nando Sabirón Sierra, quienes ofrecen una pertinente y profunda reflexión sobre las nuevas
realidades y retos que están abiertos. Los autores presentan un análisis epistemológico, temáti-
co y metodológico respecto a la investigación en orientación profesional, y nos aproximan a
nociones tales como la complejidad o la multirreferencialidad, como realidades que comportan
retos importantes e ineludibles en la elaboración de teorías y en la práctica orientadora. Un
conjunto de reflexiones muy oportunas, a modo de colofón de la obra, que nos permiten con-
templar y reinterpretar críticamente los contenidos y elementos tratados a lo largo de la misma.
PRESENTACIÓN
Terminamos este manual con un Glosario que contiene una selección de términos asociados
a los contenidos expuestos en los diversos capítulos, y que hemos tratado de desgranar con el
fin de apoyar y complementar la comprensión de los diversos significados.
Los autores participantes en esta obra hemos tratado de ofrecer una visión actual sobre el
panorama, las perspectivas, los avances y los retos que hoy se plantean en cada una de las temá-
ticas seleccionadas. Consideramos que las contribuciones que se expresan permiten clarificar y,
sobre todo, reflexionar sobre los fenómenos y los significados que en la actualidad son objeto
de análisis y de atención en este campo.
Confiamos en que proporcione a los lectores una visión y un estímulo para profundizar y
reflexionar sobre los variados aspectos que afectan a la función orientadora y a su proyección,
para ayudar a las personas eficazmente y con calidad en la gestión de su carrera a lo largo de la
vida. Desde esa convicción, quiero expresar mi profundo agradecimiento a todos los autores y
autoras de la obra, por su generosa, profunda y, sobre todo, lúcida aportación.
1. Introducción
2. Evolución histórica de la orientación profesional
2.1. Etapas del desarrollo histórico
2.1.1. De finales del siglo XIX a 1915: Los inicios
[Link]. Desarrollo de los inicios en España
2.1.2. De 1915 a 1950: Desarrollo y maduración
[Link]. Desarrollo en España de 1915 a 1950
2.1.3. De 1950 a 1970: Consolidación y profesionalización
[Link]. Desarrollo en España de 1950 a 1970
2.1.4. Desde 1970 hasta 2000
[Link]. Etapa en España de 1970 a 2000
2.2. Tendencias actuales de la Orientación Profesional
2.2.1. Tendencias actuales en España
3. Evolución del concepto de orientación profesional
3.1. Conceptuaciones de la orientación profesional
3.2. Aclaraciones conceptuales en torno a la orientación profesional
3.2.1. Orientación laboral y orientación profesional
3.2.2. Orientación vocacional, orientación profesional y orientación para la carrera
4. Modelos explicativos más relevantes del siglo XX en orientación profesional
4.1. Modelos teóricos
4.1.1. Utilidad de los enfoques teóricos
4.1.2. Enfoques teóricos
[Link]. Enfoque de Rasgos y factores de Williamson (1939, 1965)
[Link]. Enfoque Tipológico de Holland (1973, 1983, 1994)
[Link]. Enfoque Socio-fenomenológico de Super (1953,1957, 1977, 1981, 1983,
1990…) y Crites (1961, 1969, 1973, 1996)
[Link]. Enfoque de Aprendizaje social para la toma de decisiones de
Krumboltz (1979, 1996, 2009)
[Link]. Enfoque Socio- cognitivo de Lent y Brown (1996, 2006, 2008), Lent, Brown y
Hackett (1996, 1999, 2000) y Lent (2005)
5. Algunas consideraciones y retos pendientes
Términos del Glosario
Referencias bibliográficas
1. INTRODUCCIÓN
la publicación de la obra póstuma del ingeniero Frank Parsons Choosing a Vocation, en 1909.
Ferreira Marques (1993) considera que es mejor hablar de un período que va desde 1895 a
1920 donde podemos encuadrar la aparición de la Orientación Profesional, época en que se
produjeron grandes cambios en el mercado de empleo, relacionados con la creciente industria-
lización y con el reclutamiento de grandes colectivos militares motivados por la I Guerra Mun-
dial; asimismo, se produce el desarrollo de la psicología diferencial y de la psicometría con la
introducción de los tests.
La obra de Parsons presentaba tres supuestos básicos sobre los que basar la Orientación
Profesional que, aunque con importantes adaptaciones, siguen vigentes en la actualidad: el au-
toconocimiento de las habilidades, intereses, y cualidades personales; el conocimiento del mun-
do ocupacional; y el equilibrio o ajuste entre ambos. Si bien en aquella propuesta el énfasis se
ponía en los procesos diagnósticos del individuo, y la Orientación Profesional se concebía como
un hecho puntual y directivo con escaso protagonismo de la persona orientada.
En España asistimos, a principios del siglo XX, a la difusión de las ideas sobre Orientación,
a la plasmación de las mismas en la legislación escolar y laboral, y a la aparición de las primeras
instituciones de orientación. Benavent (1996) señala como factores que incidieron en su desa-
rrollo, entre otros: la existencia en nuestro acervo cultural de la obra de J. Huarte San Juan
(1575), así como las aportaciones de otros autores del siglo XIX (M. Cubí, A. Pujadas y V. Asue-
ro); el desarrollo de la Psicología y la publicación de numerosos tratados de Psicología General,
Aplicada y Psicotecnia (Wundt, Spearman, Stern, Lipmann, Roth, etc.); la necesidad sentida
por algunos profesores e intelectuales de mejorar la calidad de la educación y de aplicar en la
escuela los logros de la psicología; la llegada a España de la obra de F. Parsons; y asimismo, la
preocupación por los problemas derivados de la industrialización (paro obrero, accidentes la-
borales, rehabilitación de trabajadores, etc.) y la influencia de las doctrinas tayloristas sobre la
racionalización y la organización del trabajo; posteriormente, la divulgación de los tests colec-
tivos aplicados para la selección de especialistas durante la Primera Guerra Mundial.
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
La Primera Guerra Mundial supuso un paréntesis que paralizó en parte el esfuerzo realizado
y lo dirigió a los exámenes psicofisiológicos de los soldados, las técnicas para la recuperación
de los heridos de guerra, y la readaptación profesional.
Este segundo período supuso una etapa de maduración y de contrastes (Álvarez, 1995) que
estuvo marcada por las dos guerra mundiales y por importantes cambios socioeconómicos, tales
como el creciente desarrollo industrial y la depresión de 1929. La Orientación Profesional enten-
dida como selección de personal tiene un fuerte auge, al igual que el desarrollo de la psicometría,
al encontrar una aplicación inmediata y urgente en el reclutamiento de soldados y especialistas
para la guerra. Los planteamientos basados en el ajuste hombre-trabajo, comienzan a tener una
aplicación con la reinserción de los veteranos de guerra y los jóvenes desocupados.
Al final de los años treinta y durante las década de los cuarenta y cincuenta, la Orientación
tiene por objetivo establecer la conveniencia o no entre un individuo y sus características y una
actividad y sus exigencias (Fontègne, 1935; en Ferreira Marques, 1993, p. 68). Según esta apro-
ximación clásica, la tarea del orientador es utilizar la metodología adecuada (especialmente las
técnicas de la psicología diferencial, es decir, los tests) para encontrar la profesión acorde con
las aptitudes de cada individuo. En el enfoque de rasgos y factores de Parsons, la Orientación
Profesional corresponde a un momento de la vida de cada individuo: cuando va a entrar en el
mundo del trabajo.
En este período, surgieron también dos importantes tendencias que marcarían también, de
modo significativo, el desarrollo de la Orientación Profesional. Por un lado, la introducción de
la Orientación en el proceso educativo y, por otro, el comienzo del movimiento del counseling.
cacional en las escuelas de primaria y secundaria. Aunque las primeras oficinas de colocación
en las universidades surgen en los años veinte siguiendo los planteamientos de Parsons, es en
los cuarenta cuando se extendió por los colleges y universidades estadounidenses (Pope, 2002).
En esta época se desarrolla también la formación de orientadores, si bien ya en 1911, M. Bloom-
field (sucesor de Parsons al frente del Boston Vocational Bureau) impartió el primer curso de
Orientación Vocacional en la Universidad de Harvard.
El Counseling, que en su origen fue considerado como técnica de ayuda individual en el
proceso de Orientación Profesional (desde planteamientos de ajuste del individuo al puesto de
trabajo), amplía su campo de acción al asesoramiento y la ayuda psicológicas (neurosis, ina-
daptación, traumas físicos y psíquicos, etc.) con los planteamientos no directivos de Rogers
(años cuarenta y cincuenta), quien desarrolla un enfoque teórico de gran trascendencia hasta
nuestros días. Este modelo se aplica a una ayuda psicoterapéutica no médica, que se basa en la
entrevista como método de diagnóstico y de intervención. Este desarrollo tiene lugar en los
años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial y en la posguerra, cuando había gran de-
manda de una asistencia de este tipo.
Si en sus inicios, la evaluación psicológica en Orientación se hacía a partir de los tests de
aptitud, posteriormente se fueron aplicando otras técnicas diferenciales tornándose particular-
mente importante la utilización de los cuestionarios de intereses, tras la publicación de las
primeras formulaciones de las técnicas de Strong en 1927 y de Kuder en 1939. En esta época, la
tarea de especialista de selección era muy semejante cuando comparaba las características del
individuo con las exigencias de la profesión. De este modo, la orientación quedaba limitada a
un momento en la vida del individuo, el que precedía al ingreso a un empleo. A comienzos del
siglo XX, era muy frecuente elegir una profesión para toda la vida, aunque en algunos países, ya
en los años 50 comenzaba a no ser así, hecho que se ha generalizado aún más en nuestros días
(Ferreira Marques, 1993).
El período que va desde 1934 a 1939, comienza como una etapa optimista y finaliza con una
grave crisis propiciada por la Guerra Civil. Con la República, el Institut de Barcelona pasó a
depender de la Generalitat denominándose Institut Psicotècnic de la Generalitat de Catalunya
(1932), continuando Emilio Mira y López como director. El de Madrid cambió su nombre en
1930 denominándose Instituto Psicotécnico de Madrid, bajo la dirección de José Germain en
1932. Benavent (1996) señala que su repercusión en la sociedad fue sólo testimonial, pues no
alcanzó un desarrollo en el sistema escolar ni en la formación del profesorado, debido funda-
mentalmente a la escasez de recursos. En estos años se detecta asimismo un interés creciente
por las actividades de Orientación psicopedagógica en algunas órdenes religiosas que regenta-
ban instituciones educativas.
En un clima de desgarro y malestar político previo a la Guerra Civil, se promulga una dispo-
sición legal (Decreto de 22 de octubre de 1935) que puede calificarse de muy optimista (Benavent,
1996) pues tenía la pretensión de extender los servicios de Orientación a todos los niveles del
sistema educativo y de reorganizar la red de Oficinas-Laboratorios. Tuvo poca incidencia en la
práctica pues no iba acompañada de dotaciones económicas y el nivel educativo del país no
había alcanzado un desarrollo suficiente como para incorporar esas ideas vanguardistas de
mejora cualitativa en los sistemas educativo y laboral.
Poco después, la Guerra Civil supuso un paréntesis de crisis que dañó seriamente la Orien-
tación psicopedagógica, desmantelándose a continuación los Institutos Psicotécnicos de Ma-
drid y Barcelona, aunque se mantuvo cierta actividad durante la contienda centrada en la selec-
ción de especialistas para los ejércitos (aviadores, chóferes, etc.).
En la siguiente etapa que va desde la postguerra hasta finales de los cuarenta, podemos ha-
blar de una confusión de los valores religiosos y políticos (Repetto, 2001). Pueden destacarse en
esta etapa los siguientes hechos relevantes:
— En 1943 el Instituto San José de Calasanz crea la Revista Española de Pedagogía que per-
dura hasta nuestros días como un ámbito de divulgación e intercambio en las Universi-
dades españolas y de Latinoamérica.
— Entre 1946 se crea la Revista de Psicología General y Aplicada por parte de J. Germain,
como órgano del Instituto de Psicología y Psicotecnia, sustituyendo a la revista Psicotecnia
que antes se publicaba.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
En el curso de los años 50 y comienzos de los 60 hemos asistido a toda una renovación en el
dominio de la Orientación, tanto en el plano teórico como en el práctico. A nivel teórico, se in-
troducen las teorías del desarrollo vocacional de Super, Ginzberg y otros (que describimos en el
epígrafe cuarto), primero en Estados Unidos y más tarde en Europa, y las concepciones que, en
ocasiones, han pretendido aproximarse a las de orientación continua propuestas en Francia y
en otros países europeos.
Los años cincuenta suponen una revisión de los conceptos anteriores, pasando a una defini-
ción que entendía la Orientación Profesional como ayuda a la persona para elegir, prepararse,
acceder y progresar en una ocupación, con un carácter más integral y totalizador (Rodríguez
Moreno, 1998).
Siguen desarrollándose el enfoque rogeriano de consejo (counseling) no directivo, en Euro-
pa y en América, que aportó a la Orientación Profesional algunos aspectos como la autocom-
prensión, el autoconcepto, la actitud del orientador para afrontar su tarea, y la entrevista como
instrumento en la relación personal (Álvarez, 1995). Pero el cambio que tuvo verdadera reper-
cusión en la concepción de la Orientación Profesional, fue el enfoque aportado por las teorías
evolutivas que proponen el contraste y la adecuación del autoconcepto con la realidad ocupa-
cional e introducen una concepción evolutiva del desarrollo vocacional. Serán fundamentales
los trabajos de Ginzberg y los de Super, quienes desarrollarían sus teorías sobre las etapas evo-
lutivas del desarrollo de la carrera y, posteriormente, las de Tiedeman y O’Hara, Gelatt y Katz
(años 70) que intentaron caracterizar mejor los puntos de vista evolutivos. El modelo socio-fe-
nomenológico de D.E. Super procuró integrar en un modelo comprensivo el enfoque de rasgos
y factores y el no directivo, desde un concepto de orientación como proceso de ayuda a lo largo
de toda la vida del individuo. Las investigaciones longitudinales sobre el desarrollo de patrones
de carrera (Career Pattern Study), promovidas por Ginzberg y Super, por Bribbons y Lohnes,
Crites, o el Project Talent, de Flanagan, intentarían dotar de una base empírica a las teorías de
desarrollo de la carrera (Ferreira Marques, 1993).
También se insiste en esta etapa en el carácter educativo de la orientación y serán relevantes
las conclusiones de Robert H. Mathewson quien sostiene que el proceso orientador se ha de
afrontar en todas las clases y materias escolares en una perspectiva de orientación como fun-
ción total de la educación.
La dialéctica entre Orientación Educativa y Orientación Profesional desembocó en el inten-
to de diferenciación de orientación profesional como tratamiento (como respuesta a problemas
y dificultades a la hora de elegir) o de orientación profesional como estímulo (como ayuda para
adquirir conocimientos, actitudes y destrezas para enfrentarse a momentos decisorios futuros
y para desarrollar la madurez vocacional y adquirir una cierta identidad profesional). Dos ten-
dencias no excluyentes por las que ha ido derivando el proceso orientador a lo largo de los años
(Rodríguez Moreno, 1998, pp. 15-16).
El concepto de vocación (vocation) se va sustituyendo progresivamente en los años sesenta
por el de carrera, a partir del cual, en las décadas siguientes se conformarían otros muchos tér-
minos como career guidance, career counseling, career education o career development.
A nivel práctico, los cambios han sido también considerables, con un creciente reconocimien-
to de la Orientación en las reformas educativas en Europa; algo que no sucedía antes de la II Guerra
Mundial, cuando los servicios de orientación se ocupaban tan sólo de los jóvenes que finalizaban
la escolaridad obligatoria y entraban en una profesión. A comienzos de los 60, la Orientación
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
En España, antes de la Guerra Civil (1936) destaca, como hemos señalado, la creación de los
Institutos de Orientación Profesional de Barcelona y de Madrid. En los años cincuenta, aparecen
los servicios de orientación en las Universidades Laborales, el Instituto de Psicología Aplicada y
Psicotecnia, y varios servicios creados en Institutos Municipales de Educación, entre los que
destacaron los de Barcelona y Madrid y el de Valencia.
Asimismo, Víctor García Hoz funda la Sociedad Española de Pedagogía, cuyo órgano de
expresión es la revista Bordón, que mantiene gran prestigio en la actualidad. También J. Ger-
main, uno de los fundadores de la Asociación Internacional de Orientación Escolar y Profesional,
impulsa la creación de la Sociedad Española de Psicología. Por último, en 1953, se crea la Es-
cuela de Psicología y Psicotecnia de la Universidad de Madrid.
Entre 1953 y 1967 es abundante la legislación que impulsa y va otorgando una cierta presen-
cia a la Orientación, fundamentalmente, en vinculación con la Formación Profesional1. Sobre
el conjunto de medidas son destacables la creación de los Institutos Provinciales de Psicología
1
Podemos destacar de esta etapa la Ordenación de la Enseñanza Media (26 de febrero de 1953) que hace alusión a la Orientación
en sus artículos 115 y 117; La Orden de 27 de diciembre de 1954, por la que se crea el Centro de Orientación Didáctica. Más impor-
tancia reviste la Orden Ministerial de 12 de julio de 1956, que aprueba el estatuto de las Universidades Laborales, centros que acogen
la orientación como una actividad importante que ayuda a desarrollar los fines para los que fueron creadas y en cuya estructura
orgánica figura un Gabinete de Pedagogía y Psicotecnia con funciones como la orientación profesional de los alumnos junto con la
colaboración con el profesorado y la elaboración de la ficha psicotécnica; asimismo, la Orden de 18 de febrero de 1959 crea el Servicio
de Orientación Psicotécnica para Enseñanzas Medias con funciones de selección y orientación escolar y profesional. El Decreto
342/1963 y la Orden de 20 de marzo de 1964, suponen la creación y regulación de los Institutos Provinciales de Psicología Aplicada y
Psicotecnia. La Ley de 21 de diciembre de 1965 sobre la Instrucción Primaria, crea el Servicio de Psicología Escolar y Orientación
Profesional y, finalmente, el Decreto 497/1967 ordena la creación de los Servicios de Orientación Escolar en los institutos y escuelas
de Maestría y Aprendizaje Industrial. Un año después, a través de la Orden de 6 de agosto de 1968, se atribuyen las funciones de
orientación escolar en enseñanza primaria al Centro de Documentación y Orientación Didáctica de Enseñanza Primaria.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Aplicada y Psicotecnia en 1964, que tienen expresamente funciones de consejo vocacional indi-
vidual, y la creación en 1967 de los Servicios de Orientación Escolar en todos los institutos y
escuelas de Maestría y Aprendizaje Industrial, fijando técnicas y procedimientos de actuación,
que incluían la orientación escolar y vocacional al término de los ciclos de Enseñanza Media,
así como el asesoramiento a los padres y al centro.
A modo de síntesis, podríamos destacar que hasta 1970 la característica que define el desa-
rrollo de la orientación en España es una abundante legislación sobre orientación, pero con una
escasa concreción en la práctica. Esto es debido fundamentalmente al poco convencimiento de
su utilidad por parte de los gobernantes y a la escasez de recursos (Lázaro y otros, 1982). La
orientación no era sentida como una verdadera necesidad, sino más bien como una imposición
administrativa (García Yagüe, 1978). No obstante, hemos de destacar que hasta 1936, la institu-
cionalización de la orientación tuvo un cierto protagonismo con la creación y pujanza de los
Institutos Nacionales de Orientación Profesional en Madrid y Barcelona (1924). La Guerra Civil
española abre un amplio paréntesis con la suspensión de toda actividad orientadora, donde se
priorizaron los problemas de escolarización. Será a partir de 1969 cuando se reinician los ser-
vicios de orientación, aunque, en la mayoría de los casos, no llegaron a implantarse de forma
definitiva (Álvarez González, 2004, 2005b).
produce un paulatino desarrollo de la orientación aunque con desigual amplitud de unos países
a otros. En Reino Unido, tenía ya una larga tradición del sistema tutorial en los colleges, y su
desarrollo ha sido similar al de Estados Unidos a través de los Careers Advisory Services que
mantienen una estrecha relación con el mundo empresarial. En Francia, fue determinante en
su desarrollo el movimiento social de 1968, al ser reivindicada la orientación por los estudian-
tes. Asimismo, la Ley Savary de 1984 supuso un relanzamiento de la enseñanza universitaria,
en la que se plantea una orientación integrada en el curriculum durante el primer ciclo, si bien
no se consiguió una implicación del profesorado. Igualmente, se crean los Centros de Informa-
ción y Orientación (CIO). En Alemania, la implantación de los servicios tiene lugar en los años
70, institucionalizándose los servicios de orientación (Zentrale Studienberatung) en cada univer-
sidad que funcionan en estrecha vinculación con las Oficinas de Empleo. En el resto de países
de la Unión Europea, se implantaron también servicios en las universidades, caso de Bélgica,
Irlanda, Italia o Dinamarca.
Dentro del marco europeo, en los años ochenta y sobre todo en los noventa, se han desarro-
llado también numerosos programas de acción, muchos de los cuales han tenido una importan-
te incidencia en la Orientación Profesional (Petra y, más tarde, Leonardo o Sócrates).
Se observa, por otro lado, una tendencia a la especialización o énfasis en alguna modalidad
de la orientación. Así, en unos casos los servicios e instituciones se interesan por la Orientación
centrada en el Aprendizaje, en otros se ocupan principalmente de la Orientación Personal y
Social y, por último, otros se centran prioritariamente en la Orientación Profesional, sobre todo
en la elección de profesiones y en las funciones del trabajo, como es el caso de los Servicios de
Orientación Profesional de Portugal, destinados a jóvenes fuera del sistema educativo, o la Di-
rección de Orientación Vocacional de Grecia, que ofrecía sus servicios a jóvenes mayores de 15
años que han concluido la educación secundaria, a los demandantes de empleo y a las personas
con necesidades educativas especiales.
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
En España, el punto de arranque de esta etapa quedó marcado por la Ley General de Edu-
cación (LGE) de 4 de agosto de 1970, que expresamente desarrolla los contenidos de la orienta-
ción en el sistema educativo. Su artículo 125.2 señala que el estudiante tendrá derecho «a la
orientación educativa y profesional a lo largo de toda la vida escolar, atendiendo a los proble-
mas personales de aprendizaje y ayuda en las fases terminales para la elección de estudios y
actividades laborales». También «La prestación de servicios de orientación profesional a alum-
nos de segunda etapa de EGB, Bachillerato, FP y Educación Universitaria, por medio de infor-
mación relacionada con la situación y perspectiva de empleo» (artículo 127).
La evaluación en el proceso de formación no se plantea como un procedimiento de selec-
ción, al estilo de los exámenes tradicionales, sino principalmente de orientación, encomendán-
dole al tutor la tarea de orientar la evaluación de su grupo y mantener el contacto con las fami-
lias (Repetto, 2001). En esta Ley, destaca además la implantación de la orientación a través del
Curso de Orientación Universitaria (COU), al finalizar el Bachillerato Unificado Polivalente, es-
tableciéndose los Servicios de Orientación en los centros, constituidos por el orientador, los
tutores de los grupos de COU, el médico del centro, el psicólogo y el asistente social.
Como sucedió con muchas medidas legislativas anteriores, las pretensiones de la Ley no lle-
garon a hacerse realidad, por diversas razones, principalmente económicas y de dotación, pero
también por la falta de preparación del profesorado y una cultura de enseñanza todavía lejana
de las prácticas orientadoras. Los planteamientos teóricos de la Ley, si levantaron expectativas,
no obstante, y en 1977, durante la etapa de transición democrática, se regula, a través de la Or-
den de 30 de abril, el Servicio Provincial de Orientación Escolar y Vocacional (SOEV) con carácter
experimental, como estructura de apoyo a los centros de Educación General Básica.
En 1979, se funda la Asociación Española para la Orientación Escolar y Profesional, denomi-
nada Federación Española de Orientación y Psicopedagogía (FEOP), vinculada a la Asociación
Internacional del mismo nombre creada en 1951, y se promueve la creación de la Revista de
Orientación Educativa y Vocacional, hoy denominada Revista Española de Orientación y Psico-
pedagogía (REOP), y punto de referencia importante entre los profesionales de la orientación en
nuestro país, y única revista científica en España dedicada específicamente a la orientación.
Esta década de los 70 comienza a dar una dimensión educativa a la orientación.
A lo largo de los años ochenta, el desarrollo de la orientación ha sido impulsado por diversas
legislaciones, estructuras de orientación asociadas a determinados contextos educativos, debi-
do a necesidades concretas que era urgente solucionar, pero no se disponía en esos años de un
sistema coordinado ni con una clara estructuración. Entre las medidas legislativas podemos
destacar: (1) el Estatuto de Centros Escolares (Ley Orgánica 5/1980); (2) el Real Decreto
2689/1980 de 21 de noviembre, por el que los Institutos de Psicología Aplicada pasan a denomi-
narse Institutos de Orientación Educativa y Profesional (IOEP), encargándose de la coordina-
ción de los SOEV y del Instituto Nacional de Educación Especial; (3) la creación de los Equipos
Multiprofesionales (EM) (Orden de 9 de septiembre de 1982); (4) la estructuración del Servicio
de Orientación Educativa y Profesional en el Patronado de Formación Profesional (Orden de 10
de noviembre de 1982); asimismo, destacamos (5) la Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la
Educación (LODE) (Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio), que reconoce a los alumnos el derecho
a recibir orientación escolar y profesional, siendo competencia del claustro coordinar las fun-
ciones de orientación y tutoría de los alumnos.
En esta década de los 80 tiene lugar una patente proliferación y consolidación de los servi-
cios de orientación a nivel estatal (SOEV, EM) y a nivel autonómico, concretamente en aquellas
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
Desde la primera década del siglo XXI la orientación profesional sigue expandiéndose y con-
solidándose como profesión y como ámbito científico, persistiendo algunas características de la
etapa anterior. El acento está puesto en lograr que la orientación alcance a toda la población y
constituya un derecho (generalización) y, en que dicha orientación se realice bajo estándares de
calidad, por lo que la cualificación y mejor profesionalización de los profesionales que intervie-
nen es una preocupación muy presente.
Los planteamientos teórico-prácticos en la etapa actual tienden a apoyarse en enfoques ho-
lísticos, sistémicos e integrales desde los cuales considerar las carreras de las personas y sus
diversas transiciones (Krumboltz, Foley & Cotter, 2013; Lettmayt & Nehls, 2011; Patton &
McMahon, 2006). El desarrollo de las competencias de planificación y gestión de la carrera
constituye un eje fundamental de acción, por cuanto incrementan la capacidad de las personas
para la adaptabilidad, el cambio personal, la eficacia interpersonal y emocional, la resiliencia,
etc. (Nickson, Warhurst, Commander, Hurrell, & Cullen, 2012; Taveira & Rodríguez-Moreno,
2010) y, en definitiva, para integrar las transformaciones del contexto laboral en el plan de vida
y dotarlo de sentido (Hansen, 2011; Lent & Brown, 2013; Loiodice, 2012).
En esa misma línea, en diversos países (caso de Australia, Canadá, Escocia o Estados Uni-
dos) se ha avanzado en la construcción de marcos de competencias de gestión de la carrera que
las identifican y definen con la finalidad de facilitar el desarrollo de modelos metodológicos
para desarrollar dichas competencias desde las etapas escolares (McCarthy, 2016).
El telón de fondo que está condicionando su desarrollo viene marcado por los rápidos cam-
bios del marco socioeconómico global. Interesan especialmente a la orientación sus consecuen-
cias en los mercados laborales (paro, flexibilidad, precariedad, baja calidad del empleo, migra-
ciones laborales, condiciones de trabajo) y en la vida laboral de las personas (afrontar
incertidumbres, períodos de desempleo, multiplicidad de transiciones, formaciones permanen-
tes, exigencias de mayores competencias y cualificación profesional, dificultades para conciliar
la vida profesional y personal, etc.). En ese contexto, el desarrollo de las TIC, junto con su in-
fluencia en la vida cotidiana de las personas, está suponiendo transformaciones que afectan a
las formas de organización del trabajo y a los perfiles profesionales de muchas profesiones y
ocupaciones, incluyendo entre ellas, la del propio orientador.
En nuestros días, todos los países desarrollados han reconocido el derecho de los ciudada-
nos a recibir una orientación escolar, personal y profesional que les ayude en su formación in-
tegral como personas y les facilite la toma de decisiones en los momentos decisivos de su carre-
ra. Cada sistema educativo tiene sus peculiaridades, por lo que en cada nación los servicios de
orientación están organizados de diferente forma, debido sobre todo a la diversidad de estruc-
turas de educación y a los diferentes matices atribuidos al papel de la orientación.
A su vez, la expansión del requerimiento de una formación a lo largo de la vida, asume cada vez
más la necesidad de que ésta vaya aparejada con una orientación a lo largo de la vida (CEDEFOP,
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
2006; OCDE, 2004; Vuorinen & Watts, 2012). Así, se integra una concepción de la orientación
como un proceso continuo, que ayuda a las personas de cualquier edad a reconocer sus compe-
tencias y cualidades, a tomar decisiones en todo lo que concierne a su vida académica, profesional
y personal. La orientación se concibe con la finalidad de facilitar o mediar para que las personas
puedan construir proyectos, gestionar su carrera, en la dialéctica entre el contexto y las compe-
tencias y circunstancias del individuo. Se refuerza, en definitiva, el papel activo de la persona en
su propio proceso de orientación (auto-orientación): desde la búsqueda de autonomía, autorre-
flexión, creatividad y capacidad para gestionar su carrera en un entorno incierto y cambiante.
Las tendencias actuales muestran una preocupación por comprender los factores influyen-
tes en la decisión vocacional y en los itinerarios que tienen lugar en las carreras de las personas,
como producto de la interrelación de éstas con un contexto que resulta cada vez más cambian-
te. En este sentido, las perspectivas psicológicas, sociológicas e integrales siguen siendo impres-
cindibles, otorgando gran importancia al análisis del panorama social y de los entornos donde
se desenvuelven las personas.
La atención a la diversidad constituye otra tendencia actual en orientación, caracterizada
por el esfuerzo para lograr la integración de todas las personas (la no exclusión), a fin de com-
pensar los obstáculos que encuentran ciertos individuos en su desarrollo profesional. Esto se
aprecia tanto en los centros educativos para las personas en edad escolar, como en el caso de las
personas jóvenes y adultas. La atención a la diversidad en orientación se deriva del principio de
desarrollo, de la necesaria personalización de la ayuda y la adaptación de la intervención a cada
individuo y a cada grupo: desde la búsqueda de autonomía, autorreflexión, creatividad y capa-
cidad para gestionar su carrera en un entorno incierto y cambiante.
En el ámbito sociolaboral, a medida que crecen las cifras de desempleo, son muchas las
personas que entran en la espiral de la exclusión laboral —temporal o prolongadamente—, en-
tre ellas: personas mayores de 45 años; mujeres con cargas familiares y/o baja cualificación
profesional; jóvenes con escasa experiencia laboral; minorías étnicas y culturales; personas con
discapacidad (física, sensorial o psíquica); personas que padecen enfermedades y drogodepen-
dientes, etc.). Estos colectivos son numéricamente importantes y requieren una atención orien-
tadora que tenga en cuenta sus necesidades tanto a corto como a largo plazo.
Las políticas de orientación asumen en mayor o menor medida los planteamientos anterio-
res. Así, por ejemplo, en la Unión Europea, las políticas mantienen en su discurso la necesidad
de avanzar en el desarrollo de sistemas de orientación tendentes a conseguir una cooperación y
coordinación efectivas en la prestación de servicios de orientación (a nivel nacional, regional y
local) con el fin de conseguir una coherencia y calidad entre los distintos servicios. Éstos deben
ser accesibles a todos los ciudadanos, prestando especial atención a los grupos de riesgo. Di-
chos planteamientos, que todavía están lejos de hacerse realidad, se ponen de manifiesto en
documentos como Incluir mejor la orientación permanente en las estrategias permanentes de
educación y formación permanente (Consejo de Europa, 2008), Resolución sobre el fortalecimien-
to de políticas, sistemas y prácticas en materia de orientación permanente en Europa (Consejo de
Europa, 2004), Mejorando las políticas y sistemas de orientación continua. El uso de herramien-
tas de referencia comunes en Europa (CEDEFOP, 2006), Professionalising career guidance.
Practitioner competences and qualification routes in Europe (CEDEFOP, 2009), o L’orienta-
tion professionnelle en période d’instabilité: une interaction de bénéfices economiques, sociaux et
individuels (CEDEFOP, 2014). Estas políticas de orientación se conciben en vínculo con las es-
trategias nacionales de educación y formación permanente y, en ese contexto, están adquirien-
do cada vez más importancia los sistemas de evaluación y acreditación de competencias, a fin
de facilitar la movilidad y el desarrollo profesional de las personas.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
En nuestro país, en general, se asumen en mayor o menor medida los elementos recogidos en
el epígrafe anterior. En el plano legislativo, en 2006 se aprueba la Ley Orgánica 2/2006 de 3 de
mayo de Educación, que es modificada en 2013 por la LOMCE (Ley Orgánica 8/2013 de 9 de di-
ciembre de Mejora de la Calidad Educativa) en las que se vuelve a contemplar a la orientación
como una pieza básica de la calidad de la educación y se refuerza y consolida el modelo de orien-
tación, que se propuso en la LOGSE. Concretamente el Art. 1, f, señalaba que «la orientación
educativa y profesional de los estudiantes, como medio necesario para el logro de una formación
personalizada, que propicie una educación integral en conocimientos, destrezas y valores». Cuando
se refiere a la ESO puntualiza: «se prestará especial atención a la orientación educativa y profesional
del alumnado» y en la secundaria postobligatoria se considera destinada a consolidar la madurez
personal y social. En el plano práctico, los servicios de orientación, a través de sus diversas estruc-
turas y programas, vienen desarrollando una labor que se ha demostrado relevante y demandada
por la población (Suárez-Ortega, Sánchez-García y García-García, 2016), sobre todo en el escena-
rio de recesión económica sufrida desde 2007, cuyas dimensiones y consecuencias han sido par-
ticularmente graves en España. No exentos de insuficiencias, estos servicios se vienen desarro-
llando de una manera fragmentada sobre tres estructuras o subsistemas prácticamente
independientes: el primero tiene lugar dentro del sistema educativo, en la educación primaria y
secundaria; el segundo, en el marco de las universidades; y finalmente, un tercer subsistema se ha
desarrollado desde 1995 en los ámbitos socio-laborales y de formación para el empleo.
Es en los ámbitos escolares donde la práctica orientadora está más desarrollada, institucio-
nalizada y especializada, y también más investigada. Funciona bajo un modelo institucional
establecido desde la promulgación de la LOGSE (1990) y consolidado con las sucesivas leyes de
educación, la LOE (2006), la LOMCE (2013) y su desarrollo legislativo posterior. Se aplica sobre
todo una orientación centrada en la adaptación escolar y el aprendizaje; y en menor medida,
una orientación familiar y profesional. La realidad de la práctica se encuentra todavía a cierta
distancia del modelo teórico en lo que respecta a una orientación para la carrera profesional-vi-
tal y la toma de decisiones que comporta. En ciertos trabajos (Álvarez González y Rodríguez
Espinar, 2000; Álvarez González, 2004; 2010; Álvarez González y Bisquerra, 2006) se han seña-
lado medidas que pueden facilitar la operativización de la propuesta organizativa de la orienta-
ción, entre las que se destacan:
a) la concepción de la orientación como un proceso de ayuda y mediación a lo largo de toda
la vida de la persona, como elemento facilitador de su desarrollo personal, formativo,
social y profesional;
b) la atención a la diversidad que reclama acciones más preventivas que remediales, coordi-
nadas y no ocasionales, organizadas y no arbitrarias, profesionales y no aficionadas;
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
2
La Red Universitaria de Asuntos Estudiantiles (RUNAE) es la comisión sectorial de la CRUE encargada de promover entre
las universidades la coordinación de las actividades y propuestas relativas al ámbito estudiantil en sus diversas manifestaciones.
3
El INEM fue sustituido en 2003 por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) a través de la Ley 56/2003, de 16 de diciem-
bre, de Empleo, destinado al desarrollo y seguimiento de los programas y medidas de la política de empleo.
4
Ley Orgánica 5/2002, de 19 de junio, de las Cualificaciones y de la Formación Profesional; Ley 56/2003, de 16 de diciembre, de
Empleo; Real Decreto 395/2007, de 23 de marzo, por el que se regula el subsistema de formación profesional para el empleo; Real
Decreto-ley 3/2011, de 18 de febrero, de medidas urgentes para la mejora del empleo y la reforma de las políticas activas de empleo.
5
Real Decreto Legislativo 3/2015, de 23 de octubre por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Empleo.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
cios Públicos de Empleo (SPE) de las comunidades autónomas, donde los programas/servicios
se financian mediante subvenciones, y son gestionados por entidades sin ánimo de lucro como
administraciones locales, organizaciones sindicales, asociativas, empresariales, etc. (Padi-
lla-Carmona, Sánchez-García y Suárez-Ortega, 2016). Aunque ha recibido críticas por su rigi-
dez organizativa, su carácter puntual y la burocratización de sus procesos (Chisvert, 2014; Sán-
chez-García, 2013), se ha convertido en un eje fundamental de las políticas activas de empleo
en España, y ha ayudado a numerosas personas a superar situaciones de desempleo (Padi-
lla-Carmona, Sánchez-García y Suárez-Ortega, 2016).
Las diversas definiciones sobre la orientación profesional se han formulado desde un deter-
minado contexto histórico, por lo que hemos tratado de presentarlas con una perspectiva evo-
lutiva, destacando los elementos comunes que las han caracterizado hasta llegar a las concep-
ciones más recientes.
Las definiciones anteriores a los años cincuenta solían estar marcadas por la idea de ajuste
del individuo al puesto de trabajo en función de sus aptitudes y de los requerimientos del em-
pleo (con mayor o menor grado de directividad por parte del orientador), reduciéndose la ac-
tuación a un momento puntual; si bien, pueden encontrarse definiciones que se adelantaron de
alguna forma a su tiempo, en las que ya se proponían elementos de etapas posteriores. En Es-
tados Unidos se utilizaba el término vocational guidance y, con la aparición del movimiento de
counseling (consejo), el de vocational counseling. A lo largo de la primera mitad del siglo veinte,
encontramos definiciones como las siguientes:
[La orientación profesional consiste en...] «Asistir al alumno para elegir una ocupación, prepa-
rarse para ello, ingresar y progresar en ella» (National Vocational Guidance Association, NVGA,
1937).
[La orientación profesional es...] «una actuación científica compleja y persistente, destinada a
conseguir que cada sujeto se dedique al tipo de trabajo profesional en el que con menor esfuerzo pue-
da obtener mayor rendimiento, provecho y satisfacción para sí y para la sociedad» (E. Mira y López,
1947; en Rodríguez Moreno, 1998).
«La ayuda prestada a un individuo para resolver los problemas referentes a la elección de una
profesión y al progreso profesional, habida cuenta de las características del interesado y de la rela-
ción entre éste y las posibilidades del mercado de empleo» (Conferencia General de la OIT, 1949).
A partir de los años cincuenta se introducen los conceptos de desarrollo vocacional (vocatio-
nal development) y de desarrollo de la carrera (career development). Se impuso una nueva con-
cepción de la orientación profesional al incorporar nuevos elementos y principios esenciales
que en la actualidad perduran y son generalizadamente compartidos: el carácter procesual y
sistemático de la ayuda prestada, en consonancia con los procesos madurativos y evolutivos que
tienen lugar en el individuo; el papel activo de la persona orientada, en la autorreflexión, en la
comprensión del entorno laboral y social, y en la confrontación frente a la realidad; más adelan-
te, la autoconstrucción de la propia identidad personal y profesional; la ampliación de los fines
de la ayuda orientadora que abarcaría no sólo la integración social a través del trabajo, la efica-
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
cia productiva y el beneficio social, sino también el elemento de satisfacción personal y, ulte-
riormente, desde una progresiva visión holística, la propia autorrealización.
En esta nueva concepción han sido fundamentales las aportaciones de D. E. Super, a partir
de cuyos estudios se produjo un verdadero cambio en la concepción de sus fines y, consecuen-
temente, de sus métodos de intervención. Su definición de orientación profesional contiene los
elementos básicos de las concepciones posteriores:
«El proceso mediante el cual se ayuda a una persona a desarrollar y aceptar una imagen com-
pleta y adecuada de sí misma y de su papel en el mundo laboral, a poner a prueba este concepto
frente a la realidad cotidiana y a convertirlo en una realidad para su satisfacción personal y para
beneficio de la sociedad» (Super, 1951).
Entre los años sesenta y ochenta del siglo XX encontramos una variedad de definiciones, algu-
nas de las cuales mantienen planteamientos cercanos a la teoría de rasgos y factores, aunque ge-
neralmente se hacen eco, de alguna forma, de las aportaciones de las teorías evolutivas. Asimismo
se introducen nuevos términos que están presentes en los procesos actuales de Orientación Pro-
fesional: educación para la carrera (career education) en los años setenta, que surge en contextos
educativos; y en los años ochenta hasta la actualidad, desarrollo de la carrera (career develop-
ment), gestión de la carrera (career management) y planificación de la carrera (career planning):
«Proceso informativo y, en cierto modo exhaustivo, por el cual se intenta la adaptación del sujeto
al medio, entendiendo en el caso de la Orientación Profesional, una actividad seria, ya sea profesional
o de otra índole o una situación estable, como puede ser la vocación de estado (...). El querer reducir
la Orientación Profesional al asesoramiento estrictamente profesional, se presta a equívoco y se des-
atiende el principio de que quien ha de ser orientado y resultar aceptado a la situación es el sujeto
entero, con todas sus dimensiones esenciales» (Secadas, 1965).
«La orientación vocacional es un proceso de maduración y aprendizaje personal a través del cual
se presta una ayuda técnica al individuo para facilitarle la toma de decisiones vocacionales, con ob-
jeto de que logre un óptimo de realización personal y de integración social a través del mundo del
trabajo» (C. Castaño, 1983).
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Por último, otras definiciones insisten además en su carácter holístico e integral, en la sistema-
ticidad y comprensividad de los procesos de ayuda, así como en la necesidad de su planificación:
«La orientación vocacional se puede definir en alguno o todos estos términos:
b) Parte principal de la educación vocacional que integra familia, comunidad y escuela para
auxiliar en el aprendizaje de la autodirección.
c) Conjunto de procesos, técnicas y servicios múltiples planificados para ayudar a una persona
a conocerse a sí misma, a actuar en consecuencia, a conocer las oportunidades del mundo
laboral, educativo y del ocio, y a desarrollar destrezas para tomar decisiones cara a organizar-
se la propia vida profesional» (M. L. Rodríguez Moreno, 1992).
«Entendemos por orientación profesional el proceso sistemático de ayuda, dirigida a todas las
personas en período formativo, de desempeño profesional y de tiempo libre, con la finalidad de desa-
rrollar en aquellas conductas vocacionales que le preparen para la vida adulta (...)» (M. Álvarez
González, 1995).
«Es un proceso socio-educativo que atiende al desarrollo integral de todas las personas con la
finalidad de ayudarles a construir proyectos profesionales y vitales individuales y colectivos que per-
mitan la adaptabilidad crítica y transformadora al contexto sociolaboral así como el desarrollo so-
cio-comunitario» (Romero Rodríguez, 2000).
«Es un proceso continuo que permite a los ciudadanos, a cualquier edad y a lo largo de su
vida, determinar sus capacidades, sus competencias y sus intereses, tomar decisiones en materia
de educación, formación y empleo y gestionar el recorrido de su vida personal en lo que respecta
a la educación y la formación, en el trabajo y en otros marcos en los que es posible adquirir o
utilizar estas capacidades y competencias. La orientación incluye actividades individuales o co-
lectivas de información, de consultas, de evaluación de competencias, de apoyo y de enseñanza de
las competencias necesarias para la toma de decisiones y para la gestión de la carrera» (Consejo
de Europa, 2008).
Como notas más destacables de las actuales concepciones de la orientación profesional, ca-
be señalar las siguientes (Sánchez García, 2004, p. 95):
• La orientación para la carrera se considera como derecho de todas las personas, a lo largo
de toda su vida; por tanto, como proceso continuo en las diferentes etapas del desarrollo de
la carrera (no sólo en las etapas de transición).
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
• La intervención tiene carácter preventivo, si bien asumiendo, cuando sea preciso, el carác-
ter remedial. El diagnóstico forma parte indisociable de estos procesos de ayuda, tanto
desde el inicio de la planificación de un programa, como durante su desarrollo y evaluación
final (Pereira, 1996).
• El papel del orientador será de estímulo, apoyo, guía, acompañamiento y mediación, como
educador de la carrera, y actuará proporcionando asesoramiento, consejo, información y
múltiples experiencias de aprendizaje, que favorezcan la adquisición de los conocimientos,
competencias y actitudes necesarios para el desarrollo de la carrera.
Una vez revisadas diversas definiciones de orientación profesional, no está de más realizar
algunas aclaraciones en torno a ciertos términos que a menudo se utilizan de forma indistinta,
considerando sus aspectos semánticos y el uso que se hace de ellos: la orientación laboral, la
orientación vocacional, la orientación profesional y la orientación para la carrera. El desarrollo de
este último término se produjo paralelamente con el movimiento de educación para la carrera,
tendencia que marcó, desde los años setenta, los planteamientos prácticos de la educación y de
la orientación profesional, al integrar las aportaciones teóricas de este movimiento.
rías científicas actuales— con las nociones de carrera y de desarrollo de ésta. La ayuda
orientadora, abarcaría aquí, no sólo lo estrictamente laboral, sino también todo aquello
encaminado a desarrollar y planificar la carrera, al pleno desarrollo profesional y perso-
nal, y a la autorrealización.
Por tanto, si bien popularmente se habla de orientación laboral, para referirse a cualquier
proceso de orientación relacionada con el trabajo (lo cual es variable y depende de la ambición
de los objetivos de cada servicio o programa de orientación), cuando la ayuda va más allá de la
mera búsqueda de un empleo y se amplía al desarrollo de la carrera, es más preciso y correcto
utilizar el término orientación profesional.
También es posible apreciar una distinción entre ambos términos, por cuanto pueden res-
ponder a distintos enfoques teóricos. Desde la teoría de rasgos y factores, se utiliza con mayor
frecuencia el término profesional, mientras que lo vocacional estaría más cercano a las teorías
del desarrollo de la carrera. Castaño (1983, p. 239) señalaba que:
Con el desarrollo de los nuevos enfoques teóricos, surgieron los conceptos de carrera (ca-
reer), de desarrollo de la carrera (career development), de educación para la carrera (career edu-
cation) y de orientación para la carrera (career guidance). Quizá, la denominación más rigurosa,
de acuerdo con Pereira (1996), sería la de orientación para la carrera, dado que se fundamenta
en los conceptos de carrera y de trabajo, más amplios y precisos que los términos vocación o
profesión. No obstante, este término que procede del ámbito anglosajón, no se ha afianzado lo
bastante en nuestro país. En la práctica, los tres términos se utilizan muchas veces de forma
indistinta.
En el contexto europeo y en nuestro país, el término orientación profesional es, como deci-
mos, el más utilizado en los documentos legislativos y en buena parte de los trabajos científicos
para referirse al conjunto de procesos dirigidos a la inserción y al desarrollo profesionales; y,
asimismo, es el que ha adoptado la legislación de nuestro sistema educativo no universitario
(LOE, 2006), incluyendo la que regula la formación profesional6.
6
Ley Orgánica 5/2002, de 19 de junio, de las Cualificaciones y de la Formación Profesional.
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
Comenzamos este apartado haciendo una breve justificación de la utilidad de los modelos o
enfoques teóricos para la práctica de la orientación profesional, para terminar presentando
aquellos enfoques clásicos que han experimentado una mayor investigación y aplicabilidad.
Para su estudio vamos a tener en cuenta su teoría y su tecnología o parte aplicada.
¿Para qué necesita un/a orientador/a conocer los enfoques teóricos de la orientación profe-
sional? ¿Qué le pueden aportar realmente para su práctica orientadora? Estas son cuestiones
importantes que cabe plantearse.
La importancia de la teoría en orientación profesional reside en que ofrece explicaciones so-
bre determinados fenómenos; a través de la investigación empírica subsiguiente, sistematiza los
datos y los clarifica, los ordena, los relaciona y los interpreta, formulando leyes y principios. En
definitiva, constituye una base racional que guía la práctica de la que a su vez se retroalimenta.
Como sucede en general en las ciencias de la conducta, el cuerpo teórico de la orientación
profesional, es todavía joven y, por tanto, incompleto. Aun así, constituye un instrumento valio-
so y consistente sobre el que asentar la práctica profesional y aporta un conocimiento del que
ningún profesional avezado puede prescindir.
En este sentido, ¿los profesionales de la orientación están realmente mostrando a sus clientes
ese gran abanico de posibilidades y de exigencias? ¿Toman en consideración la multitud de fac-
tores que exigen las distintas profesiones? ¿Tienen en cuenta el conocimiento acumulado, las
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
La orientación profesional reclama unos modelos teóricos que fundamenten la propia inter-
vención y que faciliten la comprensión de los fenómenos sobre los que se ha de intervenir. La
dificultad estriba en que es realmente difícil establecer una relación entre los objetivos de la
intervención y la conducta del sujeto. En estos momentos no existe una teoría comprensiva e
integral que fundamente la intervención. Únicamente se dispone de una serie de enfoques de
ajuste, evolutivos, de desarrollo y cognitivos que han de contextualizarse en un modelo teórico
de la intervención. Ante tal proliferación de enfoques el orientador se ve obligado a acudir a
diferentes planteamientos teóricos y seleccionar aquellos que mejor puedan explicar el proble-
ma de esa intervención.
Dado que son muchas las clasificaciones que se han hecho sobre los enfoques teóricos con-
solidados del desarrollo de la orientación profesional, hemos optado por exponer una visión
CONCEPTO, EVOLUCIÓN Y ENFOQUES CLÁSICOS DE LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL
global y obligadamente resumida, en la que se recogen los enfoques más significativos, que
muestran una mayor aplicabilidad y son los más investigados. Para ello, nos servimos de los
estudios realizados por Rivas (1988), Savickas y Lent (1994), Drummond y Ryan (1994), Savic-
kas y Walsh (1996), Brawn y Brooks (1996), Osipow y Fitgerald (1996), Colling y Young (2000),
Blustein, McWhirter y Perry (2005), McIlveen y Patton (2006), Savickas (2006), Sullivan y Ba-
ruch (2009), Metz y Guichard (2009), Patton y McIlveen (2009), Sampson (2009), Bikos, et al.
(2013), Sampson, et al. (2014), entre otros. Y por las revistas The Career Development Quarterly
y Journal of Vocational Behavior, que cada año hacen una revisión anual de la literatura sobre
la investigación y la práctica de la orientación y el desarrollo de la carrera.
A continuación se presentan aquellos enfoques de la orientación profesional que muestran
una mayor aplicabilidad y son los más investigados, destacando de cada uno de ellos:
a) su teoría, que se concreta en los supuestos básicos en los que se fundamenta el enfoque,
sus aportaciones y limitaciones y las investigaciones que apoyan dichos supuestos;
b) su tecnología o parte aplicada, es decir cómo afronta el diagnóstico, las técnicas e instru-
mentos para su aplicación, la relación personal, el tratamiento de la información y el
proceso de la toma de decisiones. Se ha de ser conscientes de la falta de sincronía entre
los que han elaborado los enfoques y los que se enfrentan con la práctica diaria, de ahí la
necesidad de acercar la teoría a la práctica para evitar incongruencias.
En la descripción de cada enfoque se destaca qué nos ofrece cada uno de ellos y tomar aque-
llo que guarda coherencia con nuestro marco conceptual. La teoría de cada enfoque se puede
encontrar en cualquier manual de orientación profesional, no así la parte aplicada, elaborada
por Álvarez González (2009, pp. 49-59), desde las prácticas llevadas a cabo con el alumnado
universitario de la asignatura de Orientación profesional, partiendo a su vez del esquema con-
ceptual de Rivas (1988), adaptado a la situación actual.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
TEORÍA
1. Cada individuo tiene un modelo único de rasgos que se pueden medir y cuantificar.
Todo lo que no es cuantificable no es objeto de estudio para este enfoque.
2. Cada ocupación tiene un modelo único de requisitos para el buen desempeño de esa
Supuestos básicos ocupación.
3. Es posible compaginar los rasgos individuales con los requisitos del trabajo.
4. Cuanta más adecuación se produzca entre los rasgos y los requisitos, mayor será el
nivel de satisfacción del individuo.
TECNOLOGÍA
TEORÍA
1. La mayoría de las personas pueden ser categorizadas en uno de los seis tipos de
personalidad: Realista, investigador, artístico, social, emprendedor y convencional.
2. Existen también seis tipos de ambientes u ocupaciones: Realista, investigador,
artístico, social, emprendedor y convencional.
3. Las personas se procuran ambientes que les permiten desarrollarse.
4. La conducta de la persona está condicionada por una interacción entre su
personalidad y las características de su ambiente. Ajuste entre el tipo de
personalidad y el tipo de ocupación.
5. Determinantes de este enfoque:
Supuestos básicos a) Consistencia (grado de acercamiento entre los tipos de personalidad o ambiente.
Cuanto más cercanos están los tipos, más consistente estará la personalidad o el
ambiente);
b) diferenciación (diferencia entre el primer y el último tipo de personalidad o
ambiente. Cuanto mayor sea la diferencia entre el primero y último tipo de
personalidad, mayor será la diferencia de esa personalidad o ambiente);
c) congruencia (relación entre una persona y un medio o ambiente. Es decir, cuanto
mayor sea el ajuste entre la personalidad y el ambiente, mayor será el grado de
congruencia) y
d) cálculo (se calcula según unas medidas establecidas la correlación/afinidad entre
los tipos).
TECNOLOGÍA
• Una persona con un perfil definido solo necesita información profesional. Una
Proceso persona con perfil confuso requerirá de un tipo de orientación personalizada, que le
de relación ayude en su autoconocimiento.
personal • La relación será prescriptiva en aquellas personas que manifiesten un desajuste entre
su tipo de personalidad y su tipo de ambiente (ocupación).
TEORÍA
• Hay aspectos de este enfoque que necesitan una mayor claridad y desarrollo, como es
el caso del proceso de traslación del concepto de sí mismo a términos vocacionales; la
Limitaciones operacionalidad del constructo de la madurez vocacional; la validación plena de los
instrumentos de medida antes citados y, en estos momentos, se cuestiona la linealidad
de las etapas de desarrollo que propone, especialmente las edades.
• Este modelo es considerado como uno de los más rigurosos en sus planteamientos, a
la vez que ha promovido el mayor número de investigaciones.
• Estas investigaciones se han centrado en el autoconcepto, en la madurez vocacional,
en las etapas y tareas de desarrollo vocacional y en el modelo de carrera (Crites,
1978; Crites y Savickas, 1995; Super, et al. 1996; Duffy y Sedlacek, 2007; Robinson y
Betz, 2008; Savickas y Porfeli, 2011; Sterner, 2012). Y en el contexto español se han
llevado a cabo estudios de validación del constructo de la madurez para la carrera y
Investigaciones de los instrumentos de medida CDI y CMI (Salvador, 1981; Salvador y Peiró, 1986;
Corominas, 1989; Álvarez González, 1989; Álvarez González, et al. 1990 y 2007;
Padilla, 2001).
• El resultado de estas investigaciones han dado lugar a revisiones que no han
supuesto cambios profundos, sino pequeñas modificaciones de algunos aspectos del
enfoque. Por ejemplo, que las etapas de desarrollo que propone Super no son
lineales, sino más bien cíclicas. Hay personas que pueden pasar a lo largo de su vida
por una misma etapa en varios momentos.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
TECNOLOGÍA
• CDI: Career Development Inventory para jóvenes, ACCI: Adult Career Concerns
Inventory para adultos, WVI: Work Values Inventory, y CMI: Career Maturity
Inventory.
• Adaptación del CDI para el contexto español (CDC: Cuestionario de desarrollo de la
carrera) en los cuatro idiomas oficiales del Estado español (Álvarez González y otros,
Técnicas 1990, 1995 y 2007).
de exploración
• Adaptación del ACCI para el contexto español (IPA: Inventario de preocupaciones en
el desarrollo profesional) (Padilla, 2001).
• Otros instrumentos: Técnicas de autoexploración, técnicas de autoobservación,
instrumentos psicométricos, etc.
• La entrevista puede ser directiva o no directiva, dependerá de la madurez del sujeto.
TEORÍA
1. Los componentes genéticos y las habilidades especiales: El individuo nace con una
carga genética y la intervención de lo genético con el ambiente desarrolla una serie
de habilidades:
• Más generales: capacidades, inteligencia, aptitudes, memoria
• Más específicas: habilidad para la música, para la mecánica…
2. Existen una serie de condiciones y acontecimientos ambientales que tienen una alta
influencia en el proceso de la toma de decisiones.
3. La experiencia de aprendizaje:
Categorías de
a) Aprendizaje instrumental (el individuo aprende actuando sobre el medio);
aspectos que
influyen en el b) aprendizaje vicario (aprendizaje por imitación de modelos reales o ficticios)
proceso de toma 4. Destrezas para afrontar la toma de decisiones:
de decisiones a) Reconocer una situación importante de decisión, tomando conciencia del
problema;
b) definir el problema de decisión de forma adecuada y realista;
c) examinar y evaluar de forma realista los valores personales, intereses y destrezas;
d) generar una gran variedad de alternativas;
e) buscar la información necesaria para cada alternativa;
f) determinar qué fuentes de información son fiables y realistas;
g) organizar e iniciar la secuencia de conductas para la toma de decisiones.
* El acrónimo DECIDES se basa en las siguientes tareas: 1) Decidir el problema; 2) Establecer un plan de acción; 3) Clarificar los
valores; 4) Identificar alternativas; 5) Describir posibles resultados; 6) Eliminar alternativas; y 7) Comenzar la acción (Álvarez
González, 1995: 240).
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
TECNOLOGÍA
TEORÍA
• En un colectivo inmaduro resulta difícil que el sujeto pueda explicar los mecanismos
internos y externos, que forman parte de su proceso de elección y sea, a su vez, un
Limitaciones agente activo en dicho proceso.
• Se centra primordialmente en la dimensión cognitiva del proceso de elección
(competencias cognitivas).
TECNOLOGÍA
— Cada teoría lleva asociados ciertos principios, objetivos, métodos y técnicas que aportan
pautas a seguir en la práctica.
— El orientador, en función de la conducta a desarrollar, ha de conformar su propio enfo-
que teórico para la intervención, partiendo de su propia experiencia y de lo que le apor-
tan los diferentes enfoques.
5. CONSIDERACIONES FINALES
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CAPÍTULO 2
MODELOS EMERGENTES
EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
1. Introducción
2. Crisis en las teorías clásicas y nuevas perspectivas de la orientación profesional
3. Modelo del diseño de vida de Savickas: características
3.1. Cambios en el diseño vital
3.2. Ámbito principal de la orientación de la carrera en el diseño de vida
4. La construcción de la identidad personal de Guichard
4.1. Autoconstrucción de la identidad de las personas
4.2. Reflexión personal de la trayectoria profesional y vital
5. Ámbito de la teoría de sistemas (ATS) en orientación de la carrera de Patton & McMahon
5.1. Sistema individual
5.2. Sistema contextual
5.3. Sistema socio-ambiental
5.4. Sistema interactivo
6. Otros modelos emergentes
6.1. Justicia social
6.2. La complejidad de Bloch y del caos (Pryor y Bright)
6.3. Historias y narraciones de vida
6.4. La incertidumbre de Krumboltz
7. Síntesis final
Términos del Glosario
Referencias bibliográficas
1. INTRODUCCIÓN
La crisis económica y social que incide en el mundo actual se caracteriza por el incremento
del desempleo, la reducción de los recursos materiales, la demanda creciente de servicios y la
complejidad creciente de las situaciones y problemas (Sennett, 2000). Ello ha generado una
incertidumbre en el estado del bienestar que demanda soluciones profesionales y vitales dife-
rentes a las convencionales y más adaptadas a las distintas exigencias del ámbito laboral y al
desarrollo vital de las personas. Las diversas opciones apuntadas demandan una mayor flexibi-
lidad profesional mediante modos ocupacionales variados, estructuras horarias más diversifi-
cadas y mayor seguridad para el sujeto en su futuro laboral, para mantener su empleabilidad y
crear sus propias oportunidades de empleo.
En la realidad presente están emergiendo nuevos enfoques teóricos y modelos muy diferentes
al del «trabajo seguro y para toda la vida de las personas» que sustituye a la modalidad de la
«vida normal» por una nueva perspectiva de adecuación y ajuste continuo a cada período de la
vida profesional. Esta tendencia se interesa por las competencias estratégicas para dirigir la vida
ocupacional de cada sujeto en su contexto concreto, a la vez que le sitúa en el núcleo básico de
la organización laboral. Para Giarini & Liedtke (1998), la empresa del futuro va a estar más al
servicio de la persona en un nuevo estilo de relación bidireccional entre ella y los empleados.
La globalización en el mundo laboral, el desarrollo de nuevos sistemas de organización del
trabajo y una nueva perspectiva científica sobre la persona, han generado nuevos modelos que
subyacen en los procesos orientadores en el ámbito de la carrera (Sobrado & Cortés, 2009).
La perspectiva del sujeto orientando su recorrido laboral y su vida se ha sustituido progresi-
vamente por el de la relación individual con las actividades profesionales, lo que ha originado
tres grandes modalidades de ayuda en orientación que son la información, el asesoramiento y
el diálogo (McMahon & Watson, 2015).
La incertidumbre es inherente al futuro y más aún en el marco de la orientación profesional,
ya que el ámbito del empleo está en continuo cambio. En la actualidad, esta cuestión se agrava
por la grave crisis económica de la sociedad presente caracterizada por una menor estabilidad
profesional, más inseguridad e incerteza socio-económica, cambios tecnológicos rápidos, etc.
Todo esto como resultado de la globalización, la tecnologización creciente de la sociedad y los
ajustes económicos y sociales (Forrester, 1997).
La concepción de la carrera también se ha modificado y los trabajadores ya no están ni se
sienten seguros en la misma profesión durante toda su vida, como ocurría tradicionalmente. Por
todo ello, muchos autores del desarrollo de la carrera en estos últimos veinte años enfatizan el
valor de la autogestión, el emprendimiento y el autodesarrollo permanente de las propias habili-
dades con la finalidad de reducir la incertidumbre con unas actitudes esperanzadoras. Ello real-
za el rol de una orientación flexible y especialmente el valor de la auto-orientación responsable.
La constatación actual de las graves crisis que afectan a la educación, el trabajo y de un mo-
do más general a las personas, sugiere que esta perspectiva no sería viable a largo plazo si las
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Los conceptos nucleares de las diversas teorías tradicionales de la carrera y de los enfoques
respectivos de la orientación profesional generados a lo largo del siglo XX deben ser reconsidera-
dos para adecuarse a la sociedad actual. Estos son insuficientes en el presente, pues se hallan
enraizados en los supuestos de la estabilidad de las características personales y de una situación
profesional segura en las diferentes organizaciones laborales. Asimismo, la carrera se conceptua-
lizaba como una secuencia fija de estadios y así, por ejemplo, términos como la planificación de
ésta, su desarrollo y las etapas de la misma, la orientación y el asesoramiento profesional, etc., se
empleaban para procurar la adecuación de los sujetos a los escenarios laborales. Se asumía ade-
más una elevada estabilidad de las conductas profesionales y de los ambientes ocupacionales.
Las teorías clásicas de la orientación de la carrera se caracterizaban, por ejemplo, por la
adaptación entre los estadios evolutivos de ésta (Super, 1957) y las necesidades sociales de ca-
rácter laboral o por la estabilidad de los intereses profesionales de los sujetos y determinados
tipos de personalidad profesional (Holland, 1973). Además, las investigaciones realizadas sobre
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
A comienzos del siglo XXI, las personas integradas en la sociedad del conocimiento perciben
que los problemas laborales son sólo una parte de las preocupaciones mucho más amplias so-
bre cómo es la vida en un ambiente postmoderno, caracterizado por una economía global y por
el uso de las tecnologías de la información y del conocimiento. Así, la cuestión de cómo armo-
nizar la profesión con las actividades e interacciones familiares y sociales, la utilización equili-
brada del ocio en sus diversas manifestaciones, etc., se están convirtiendo en las reflexiones
principales de las personas respecto a sus aspiraciones y capacidades.
La gestión de las relaciones entre los distintos ámbitos de la vida se ha transformado en una
inquietud esencial para muchos trabajadores en sus diversas modalidades de empleo. Se hace
necesario pues, pensar e imaginar «trayectorias de vida» en las que los sujetos diseñan y cons-
truyen continuamente sus propias existencias en las que se integran también las carreras pro-
fesionales.
El interrogante personal ¿qué voy a hacer con mi vida? se convierte no sólo en una pregunta
obligada del joven, sino en un asunto que afecta a todos los individuos, pues es imprescindible
efectuar una serie de transiciones vitales relevantes debido a los cambios en el empleo, en las
relaciones familiares, en el ámbito de la salud, etc.
El diseño de vida según Nota & Rossier (2015) suscita también consideraciones éticas refe-
rentes a los principios a tener en cuenta en ésta y a la identificación de los rasgos relevantes de
la misma. Para las personas, no todas las cosas tienen idéntico valor sino que unas priman sobre
otras. Los valores claves de la vida de los sujetos no sólo son objetos de interés o deseo, sino tam-
bién de respeto y admiración y que conforman sus actos de reflexión ética y de elección, como,
por ejemplo, los ideales de tolerancia, igualdad, autorrealización, solidaridad, cooperación so-
cial, democracia, justicia social, atención a los demás, etc. Estos valores conforman las historias
de vida que la persona narra cuando interpreta su pasado, analiza el presente o proyecta su fu-
turo. Estos «bienes» se hallan en el núcleo de la narración vital y necesariamente la constituyen.
En la actualidad, los sujetos se ven obligados a reflexionar sobre lo que es más relevante
para ellos, pues se sienten inseguros en un mundo incierto en donde no se dispone de ayudas
psicológicas y de la sensación de seguridad que se ofrecían en escenarios más tradicionales.
Esta percepción de pérdida de ésta y de los nuevos riesgos vinculados con el estilo de vida actual
exige reflexionar sobre la necesidad de orientarse.
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
Para hacer frente a las actuales demandas económicas, sociales, laborales, personales, etc.,
precisamos un enfoque nuevo que destaque la co-evolución continua de los individuos, la socie-
dad y la economía, adecuadamente coordinados. Esta perspectiva innovadora debe desarrollar
métodos de intervención que cumplan los objetivos articulados que generen conocimientos y
competencias para analizar y poder hacer frente a los contextos ecológicos y sociales, a las di-
námicas complejas, causas no lineales, múltiples realidades subjetivas, etc. Consecuentemente,
se identifican cinco grandes cambios en la conceptualización del enfoque de diseño de vida, de
acuerdo con Savickas, Nota, Rossier, Dauwalder, Duarte, Guichard, Soresi, Van Esbroeck & Van
Vianen (2009), como condiciones imprescindibles para desarrollarlo e implementarlo en el si-
glo actual. Estos son los siguientes:
a) Posibilidades contextuales
Los estudios de orientación de la carrera en el siglo XX se basaron en el análisis de los
rasgos y factores estables de la personalidad para asociar a un sujeto con una determina-
da ocupación. Para ello, se utilizaban perfiles personales y profesionales para evaluar el
mejor ajuste persona-entorno y prescribirlo a sus clientes (Holland, 1973). La orienta-
ción profesional pretendía ajustar las competencias laborales diagnosticadas con los
puestos de trabajo concretos a través de tests objetivos y perfiles no siempre adecuados
para disponer de una información contextual amplia. Estas herramientas son actual-
mente insuficientes para describir a los sujetos como personas que interactúan y deben
adecuarse a múltiples contextos. En este sentido, la identidad profesional debe percibir-
se como un patrón cambiante, resultado de las historias de vida de los individuos, en vez
de algo estático, rígido y simplificado de las calificaciones obtenidas en los tests. La per-
sona en conexión con su entorno constituye una entidad compleja y dinámica, conse-
cuencia de una adecuación mutua auto-organizada temporalmente. La identidad profe-
sional está generada por la auto-organización de múltiples experiencias de la vida
cotidiana y por ello la orientación profesional debe estar próxima a los contextos de la
vida del sujeto y, por ello, distante de condiciones controladas estáticamente.
b) Procesos dinámicos
En la actualidad, los sujetos cambian de trabajo continuamente y por ello la elección
de una sola ocupación para toda la vida, como ocurría tradicionalmente, se convierte en
una quimera más que una realidad.
En el siglo XX, existían contratos a largo plazo en base a una lealtad y seguridad mu-
tua pero, en el presente, el empleo se fundamenta en el reconocimiento mutuo de objeti-
vos a corto plazo y se limitan además las obligaciones contractuales de ámbito laboral.
Sin embargo, los orientadores continúan recomendando profesiones de recorrido am-
plio, mientras que paradójicamente los clientes cambian continuamente de puestos labo-
rales y, en vez de una única elección profesional, las actividades de construcción de la
identidad profesional se han transformado en una responsabilidad permanente para mu-
chos trabajadores. Los profesionales de la orientación hoy en día tienen que enfrentarse
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
c) Progresión no lineal
Los orientadores de la carrera históricamente consideraban que en general las aptitu-
des e intereses de un sujeto servían para predecir su futuro desarrollo profesional. Ac-
tualmente, se evidencia que existe, por el contrario, una limitada capacidad de pronósti-
co en varias dimensiones de la orientación de la carrera. Sin embargo, ellos continúan
creyendo en las explicaciones causales, lineales y simples, mientras que paradójicamente
sus experiencias cotidianas no validan estas hipótesis en el sentido de que las aptitudes y
los intereses no son suficientes para tener éxito (como se consideraba tradicionalmente)
en una cierta formación o empleo, al creer erróneamente que esas condiciones se man-
tienen estables y son predecibles. Actualmente, la realidad es distinta a estas hipótesis
clásicas. Existen algunas aptitudes como la inteligencia general y los valores básicos de
los sujetos que se mantienen relativamente estables, no obstante éstos no deberían per-
cibir sus habilidades e intereses como fijos al diseñar y construir sus vidas de un modo
flexible y dinámico. En orientación de la carrera las situaciones de interacción cambian
constantemente e, incluso, en la resolución de problemas profesionales, la iniciación y
los supuestos se modifican continuamente y con frecuencia en formas no lineales, de
modo que las cadenas de tomas de decisiones son múltiples, cambiantes y complejas por
su interdependencia y, por ello, se transforman en norma las causalidades no lineales. En
consecuencia, los métodos de orientación de la carrera deben cambiar en el sentido de
ampliar la perspectiva de ayuda para la toma de decisiones profesionales, la competencia
para la colaboración y acompañamiento de un diseño de vida más holístico, etc., y por
ello, la secuencia tradicional del diagnóstico diferenciado, análisis y prescripción debe
reemplazarse. Los orientadores deben adoptar estrategias flexibles para la resolución de
problemas y la adquisición de experiencias polivalentes mediante el uso de diversos mé-
todos y herramientas imprevisibles y casuales en la concepción de Krumboltz (2003). La
ayuda orientadora en la actividad compleja del diseño de vida precisa de varias sesiones,
junto con el cliente y, a veces, con otras personas significativas en donde los parámetros
de las dinámicas potenciales en su complejo ecosistema tienen que identificarse, así co-
mo formular hipótesis de trabajo para comprobarse y valorarse; este proceso debe conti-
nuarse progresivamente para elaborar soluciones sostenibles y satisfactorias.
d) Realidades múltiples
En el siglo XX, las profesiones estuvieron influenciadas por las normas sociales impe-
rantes, la educación, la familia y el trabajo; el reconocimiento social se basa en estos
sistemas de referencia principalmente. Sin embargo, actualmente somos testigos de una
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
e) Modelado de patrones
En los procedimientos orientadores se deben plantear las cuestiones de la evaluación
de los logros y la garantía de calidad de aquéllos. Los métodos de estudio convencionales
de carácter experimental comparan dos grupos de sujetos asignados al azar, en donde el
primero recibe un tratamiento específico y el segundo actúa como grupo de control; si
aquél muestra estadísticamente unos logros significativos mejores, en las variables defi-
nidas previamente, la intervención específica se percibe como un éxito. Sin embargo,
esta modalidad de diseño experimental pocas veces es apropiada para la orientación de
la carrera pues los proyectos profesionales de los usuarios son individuales generalmen-
te y por consiguiente diversos. En consecuencia, el asesoramiento profesional eficiente
tiene que adaptarse de modo personal y cualquier aplicación de acciones estandarizadas
disminuye su validez. Cualquier dependencia de la estadística descriptiva se traduce en
un éxito limitado porque la orientación, durante su actuación, abarca más realidades
subjetivas que poseen orígenes individuales para diferentes sujetos debido a causas múl-
tiples y no lineales, así como para postulados y realidades cambiantes de los problemas
y situaciones.
de los mismos. Estos procedimientos modelo incluyen conjuntos difusos y patrones caóticos
que muestran la necesidad de incrementar la validez predictiva y efectiva (Savickas et al., 2009).
En síntesis, los cambios necesarios en los modelos y métodos de orientación de la carrera
precisan enfocarse en el modelado de patrones tipo esforzándose por prever configuraciones
estables de diversas variables en vez de una sola, como respuesta posible en la evaluación orien-
tadora (Dauwalder, 2003). Una de las críticas más relevantes del asesoramiento y orientación de
la carrera es su carencia de efectividad probada empíricamente, lo que debería desearse que
estuviese resuelta cuanto antes.
b) Enfoque holístico
Además del desarrollo permanente del diseño de vida, éste debe proyectarse de un
modo global en el que, junto con los aspectos laborales vinculados a los roles profesiona-
les y académicos que son el núcleo de atención, existan otros relevantes en la vida como
es la familia, la ciudadanía, el ocio, etc. La orientación en el diseño de vida debe incluir
la construcción de la carrera a través de todos los demás roles vitales.
c) Ámbito contextual
Desde el horizonte del constructivismo social del diseño de vida, se debe acentuar la
relevancia del entorno incluyendo el pasado y el presente, la interacción del sujeto con el
contexto y el modo en el que las personas lo observan e interpretan.
El individuo debe ser motivado a explorar los diversos escenarios de vida en los que
los distintos roles pueden proyectarse y usar los resultados en el proceso de autocons-
trucción personal.
Los entornos y roles destacados del sujeto deben integrar la acción orientadora que
elabore historias de la carrera y de su vida.
d) Carácter preventivo
La orientación profesional debe de poseer una naturaleza preventiva además de la
intervención, predicción, propuesta de sugerencias, etc. En el marco de la orientación
para el diseño vital, se debe acentuar el interés por la actuación de los sujetos antes de
que se enfrenten a las complejidades de las transiciones, para que sus oportunidades
reales de elección puedan incrementarse con especial preocupación por las situaciones
de riesgo.
Por otra parte, la efectividad de la orientación profesional puede evaluarse por la ha-
bilidad de generar cambios significativos en los resultados de las historias de vida de las
personas a través de la adaptación, narración, acción e intención.
1) Adaptabilidad
El modelo de diseño de vida pretende incrementar la competencia de adaptación de
la carrera para ayudar a las personas a expresar y representar sus historias vitales, las
que apoyen respuestas flexibles y adecuadas a las actividades de desarrollo, problemas y
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
transiciones profesionales. Eso posibilita el auge de habilidades para prever los cambios
y el propio futuro en contextos variables y ayuda a hallar el modo de lograr sus expecta-
tivas por medio de su participación en las distintas tareas familiares, sociales, de ocio,
formativas, etc.
La intervención en el diseño de vida posee como meta ampliar las siguientes acciones
de la teoría de la construcción de la carrera, como son las inquietudes, el control, curio-
sidad, confianza y compromiso.
2) Narratividad
Las intervenciones orientadoras usan generalmente el diálogo entre profesionales de
la orientación y destinatarios para ayudarles a construir y narrar historias que expresen
su vida y carrera con congruencia y continuidad.
Según Savickas (2005), la narración de historias de vida debe posibilitar a los usuarios
comprender mejor las cuestiones de su propia existencia, su personalidad laboral, sus
recursos y su adaptabilidad. De acuerdo con Guichard (2004), parte de este proceso es la
construcción de modos subjetivos de identidad. El rol del orientador debe ser el de ayudar
a los clientes a elaborar su identidad y a proyectar su modelo de formas de identidad sub-
jetivas, es decir, el modo en que una persona se percibe a sí misma y a los demás en un
contexto particular, así como las relaciones con personas y objetos en ese escenario.
Conforme con los contextos en que un sujeto se comunica e interactúa, él mismo di-
seña sus propios tipos o roles distintos (por ejemplo, estudiante, deportista, hermano,
etc.). La identidad de una persona parece estar conformada por un sistema de evolución
de modos identitarios subjetivos en los que se construye a sí misma (Guichard & Dumo-
ra, 2008). Las acciones en el diseño de vida ayudan a las personas a identificar el conjun-
to de sus formas de identidad subjetiva o roles y sus relaciones, y después a reflexionar
sobre cómo algunos de estos pueden ser nucleares en sus vidas, mientras que otros son
periféricos. En una etapa dada en la vida de la persona, uno o dos dominios de su vida
pueden ser de gran realce para ella (por ejemplo, el deporte, las relaciones con los otros,
etc.), y facilitarle ciertas perspectivas para la auto-construcción y el diseño vital. Estos
roles más destacados forman el sentido general del significado y relevancia del individuo
y los dominios vitales con frecuencia están vinculados a ciertas expectativas importantes
de las personas.
La orientación en el diseño de vida incluye la construcción de la carrera para la fun-
ción profesional y otros roles vitales. Su finalidad es ayudar a las personas a ser conscien-
tes de los modos en los que pueden articular sus roles y dominios más destacados de la
vida, incluyendo los relevantes en el pasado, en conexión con algunas expectativas im-
portantes del futuro, en una o más funciones. Posteriormente, debe motivárseles para
hallar modos de incrementar las posibilidades de logro de sus expectativas, tales como
definir prioridades, identificar las ayudas, desarrollar los recursos y efectuar las corres-
pondientes tareas.
3) Actividad
Como objetivo de intervención en el diseño de vida en los diferentes ámbitos de ésta,
las actividades, por ejemplo, de formación, trabajo, relaciones sociales, ocio, etc. son
críticas en su proceso y construcción. Cuando se participa en diversas tareas a lo largo
de la misma, los sujetos aprenden qué intereses y habilidades prefieren desarrollar y me-
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
diante estos construyen nuevas dimensiones sobre sí mismos. Además, los individuos
interactúan con otros, de los que reciben información y con los que construyen sistemas
colectivos de representaciones.
Es preciso tener en cuenta además las actividades reseñadas si se desea generar cam-
bios significativos en los resultados de las historias vitales de las personas y, especialmen-
te, de aquéllas que aparecen ya escritas o que podrían ser fácilmente previsibles.
4) Intencionalidad
Según Richardson (2012), los procesos intencionales son esenciales para la construc-
ción de la vida. El constructivismo emplea básicamente la articulación de las intenciones
y la anticipación respecto a los posibles «yo» y a la vida futura.
Young, Valach & Collin (2002) indican que la carrera profesional puede percibirse
como un constructo interpretativo elaborado a través de la participación de la persona
que trabaja en las diversas actividades y que reflexiona, posteriormente, sobre los logros.
Krieshok, Motl & Rutt (2011) sugieren cambiar el constructo decisional por el parti-
cipativo en el ámbito laboral en un mundo de incertidumbre. Richardson (2012) y Kries-
hok et al. (2011) estiman que orientadores y clientes no deberían centrarse solo en la
elección profesional en un contexto donde existen pocas alternativas y mucha incerti-
dumbre, sino además en la creación de significaciones a través de procesos intencionales
en la construcción continua de sus vidas.
En la sociedad del conocimiento, la identidad es un constructo elaborado por la per-
sona a través de una reflexión y revisión permanente. Según Savickas (2005), la teoría de
la construcción de la carrera afirma que los sujetos la elaboran a través de darle una
significación al comportamiento profesional.
La carrera profesional, conforme a la perspectiva constructivista, expresa una pers-
pectiva de movimiento que impone el significado personal en vivencias del pasado, expe-
riencias actuales y aspiraciones futuras con unas pautas vitales determinadas. El signifi-
cado de las cuestiones biográficas es el que prepara a los individuos para adaptarse a los
cambios sociales que influyen en sus vidas laborales.
En la actualidad, la historia de vida es la que sostiene a la persona unida y facilita una
transición biográfica con la que pasar de una actividad laboral a la siguiente. Se exigen,
hoy día, nuevos enfoques de intervención orientadora en la sociedad del conocimiento
para ayudar a los individuos en el diseño de sus vidas y de sus carreras profesionales.
Las personas deben definir sus valores fundamentales donde los «bienes clave» garanticen
esa función de sostén y les permitan construir su propia vida y su carrera personal y profesio-
nal. Desde la perspectiva de la orientación, deben seguir un proceso continuo de asesoramiento
de su vida personal. En los últimos años, las perspectivas, según los estudiosos en ciencias hu-
manas y sociales, que analizan al sujeto se han modificado a causa de cuatro grandes cambios
que han sucedido; en primer lugar en el individuo, al que se le considera menos unificado que
anteriormente y se le describe como «plural» (Lahire, 1998; Rowan & Cooper, 1999), como ha-
blante de diferentes lenguas (Gergen, 1991), que combina distintas posiciones propias (Her-
mans & Kempen, 1993) que constituyen un conjunto de sentimientos de efectividad personal
(Bandura, 1986) y así como conformado de diversas «formas de identidad subjetivas» (Gui-
chard, 2000, 2004), etc.
En segundo término, unos nuevos enfoques del ser humano «plural» le consideran como el
que busca dar a su vida unidad, cohesión y significación. Se le representa estructurando su exis-
tencia acerca de ciertas cuestiones vitales (Savickas, 2005) y construyendo ciertas historias de
vida según Ricoeur (1990) y Delory-Momberger (2009). Este último autor presenta ciertos suce-
sos vitales que dan una significación de la persona, un punto de vista de ciertas perspectivas de
futuro y de una determinada selección de acontecimientos pasados y presentes de su vida.
En tercer lugar, por los cambios acontecidos, los comportamientos humanos son percibidos
en el presente como menos determinados inmediatamente por las experiencias infantiles o pa-
sadas que con anterioridad. Estas nuevas concepciones de la persona insisten, por el contrario,
sobre la relevancia de los procesos de construcción del sentido común (Baubion-Broye, Dupuy
& Prêteur, 2013), de reinterpretación y de simbolización, sobre los diálogos (Jacques, 1991) y
sobre los distintos modos de relaciones consigo y con sus experiencias, en la determinación de
las concepciones individuales de sí y en sus comportamientos.
En cuarto término, la principal consecuencia de los tres cambios precedentes es que los su-
jetos son concebidos actualmente como más dotados de un gran poder de actuar (al menos
potencialmente) que anteriormente (Bandura, 2006).
Estas perspectivas renovadas sobre la persona se combinan al vivir en la modernidad «líqui-
da» y actuar en las organizaciones laborales flexibles, respecto a concebir y orientar ella misma
su vida y su trayectoria profesional para canalizar las investigaciones que se interesan por las
cuestiones de orientación y para centrarse en la construcción individual del «sí mismo». La
gran cuestión de investigación puede formularse del siguiente modo: ¿cuáles son los factores y
procesos que forman parte de la gestión de la trayectoria profesional y de la vida del sujeto?
En la realidad actual, en relación a la gestión de las personas sobre su recorrido laboral, domi-
na el siguiente enfoque: los seres humanos son generalmente descritos como proveedores de un
cierto conjunto de competencias que deben saber cómo emplear en las oportunidades profesiona-
les que puedan disponer y que se expresen en términos de potencial de la carrera profesional.
Existen concepciones tales como la «serendipia» (Merton & Barber, 2003) y la planificación
de la incertidumbre (Mitchell, Levin & Krumboltz, 1999) que han sido redescubiertas y cons-
truidas para describir la capacidad de identificar y conocer ciertas oportunidades laborales. Los
procesos de toma de decisión han sido también examinados (Peterson, Sampson, Lenz & Rear-
don, 2002), lo mismo que la cualidad de adaptación a las condiciones continuamente cambian-
tes (Savickas, 1997).
En los mismos conceptos en los que se generan los procesos de la concepción y orienta-
ción de la vida de la persona, los autores siguientes se hallan interesados, además de por las
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
distintas perspectivas teóricas del modo en que los sujetos construyen sus proyectos a medio
plazo, por sus objetivos a largo término o por sus propios proyectos de vida, etc. (Lent,
Brown & Hackett, 2002; Young, Valach & Collin, 2002). Para otros, expresados a continua-
ción, algunos modelos generales se han concebido para describir y dirigir los procesos re-
flexivos por los que los sujetos dan un sentido a su vida, así como para manifestar su recorri-
do profesional (Savickas, 2005, 2011; Guichard, 2004, 2005; Guichard & Dumora, 2008 y
Collin & Guichard, 2011).
En el ámbito del nuevo modelo de Construcción de la Identidad Personal, se desarrollan tres
modos de actuación que son la información, el asesoramiento y el diálogo para orientar a los
individuos en la dirección de su trayectoria profesional y vital.
a) Información
Las intervenciones de apoyo tienden, en primer lugar, a enseñar a las personas a in-
formarse en el ámbito de la carrera profesional; el objetivo es aprender a descubrir las
informaciones rigurosas y pertinentes para ellas sobre el empleo, el trabajo y la forma-
ción necesaria de un modo actualizado. Se trata de encontrar respuestas adecuadas a
preguntas tales como: ¿qué tareas se realizan en un desempeño laboral determinado?
¿cuáles son las perspectivas de empleo en un ámbito concreto? ¿cómo prepararse para
ejercer una ocupación específica? ¿cuáles son los procedimientos habituales de selección
de los trabajadores? etc.
b) Asesoramiento
La segunda modalidad de apoyo es el asesoramiento para el desarrollo de la emplea-
bilidad. El objetivo de las acciones de consejo es ayudar al destinatario a construir un
concepto adaptable del sí mismo profesionalmente y que corresponde a las directrices de
empleo de la actualidad. El usuario debe aprender a realizar reflexiones sobre sí mismo
y sus distintas experiencias en el sentido de guiarse por las reglas presentes de la emplea-
bilidad. Eso significa que con motivo de estas acciones el cliente debe aprender a relacio-
narse consigo mismo y con sus diferentes experiencias, en su caso. Por ejemplo, el apren-
der a interrogarse en primer lugar por las habilidades ya construidas, con motivo de
diversas experiencias de vida, en conexión con las capacidades requeridas para ejercer
tal o cual función profesional; en segundo término, sobre las necesidades, intereses y
valores fundamentales que espera satisfacer al ejercer tal o cual empleo y los recursos de
los que se dispone; y en tercer lugar, los medios que posea y que puedan facilitar la tran-
sición hacia tal o cual empleo. Como ejemplos prototipo de estas intervenciones de ayu-
da se hallan los planes o portafolios de competencias, diversos cuestionarios, dispositi-
vos logiciales y talleres de formación en orientación o también de numerosas prácticas
de «asesoramiento» o de «coaching» de la carrera.
c) Diálogo
Una tercera modalidad de actuación orientadora son los diálogos para concebir su
vida y aconsejarles, lo que constituye una especie de asesoramiento personal para ayudar
a los individuos a desarrollar la reflexividad sobre la necesidad de concebir su vida y
orientarla en una modernidad líquida (Savickas, Nota, Rossier, Dauwalder, Duarte, Gui-
chard, Soresi, Van Esbroeck, Van Vianen & Bigeon, 2010). A diferencia del asesoramien-
to en orientación profesional, los diálogos no poseen como meta ayudar a los clientes a
reflexionar sobre las normas actuales de empleabilidad. Su objetivo es más esencial, es
decir, permitirles definir sus propias normas a partir de las que pueden dar un sentido a
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
su vida y orientarles. Estos diálogos pretenden ayudar a los usuarios a encontrar las re-
ferencias de vida principales realizando la función de apoyo que proporcionan a los su-
jetos las instituciones establecidas y las políticas existentes en las sociedades sólidas
(Collin & Patton, 2009).
Se trata de responder de un modo adecuado a las exigencias a las que los sujetos de las so-
ciedades occidentales deben enfrentarse actualmente. De una parte, existen grandes diferencias
interpersonales respecto a las habilidades para dirigir su itinerario profesional y de formación
y, por otra, hay un déficit actual considerable de actividad laboral decente. Esto conduce a un
interrogante más amplio: ¿qué modelo orientador puede contribuir a solucionar las grandes
crisis a las que la sociedad actual está hoy enfrentada?
El modelo de orientación que propugnamos aquí (construcción de la identidad personal)
postula que los sujetos se basen en un conjunto de competencias para orientar su itinerario
profesional y su propia vida. Esta observación constata la cuestión de saber cómo esas capaci-
dades se generan y forman y, así, por ejemplo, Guichard (1993) y Young, Valach & Collin (2002)
muestran que las actividades, interacciones e interlocuciones que los individuos efectúan en sus
distintos contextos de vida (familiar, escolar, profesional, asociativa, de tiempo libre, etc.), jue-
gan un papel muy relevante en esta construcción.
Sin embargo, el compromiso de un sujeto con un contexto depende estrechamente, por una
parte, del conjunto de diversos tipos de potencial (económico, cultural y social) que ha hereda-
do (Bourdieu & Wacquant, 1992) y, de otra, de su género (Oakley, 1972). Además, las experien-
cias efectuadas en ciertos contextos permiten construir capacidades que posean una gran utili-
dad o valor social y las personas puedan interactuar y dialogar en una variedad más o menos
importante de contextos (en general, un sujeto está dotado para diferentes tipos de potenciali-
dades y se halla comprometido en un número importante de contextos). Estos diferentes facto-
res se combinan para generar un mismo resultado que es el conjunto de competencias sobre las
que una persona pueda apoyarse para gestionar su carrera que es posible que difiera considera-
blemente (en naturaleza y volumen) del de otros individuos. Las capacidades de actuar de los
sujetos en su orientación se diferencian de este modo en gran medida. Éstas parecen estar es-
trechamente ligadas a las posiciones sociales que ocupan en los distintos ámbitos sociales que
constituyen la comunidad donde habitan.
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
transmitir a mis hijos?, y más generalmente ¿qué mundo vamos a dejar a las generaciones fu-
turas? Esto refleja que el sujeto se compromete obligatoriamente en consideraciones éticas re-
ferente a lo que representa llevar una vida digna. En efecto, como Taylor ha destacado: el «sí
mismo» no existe más que en un espacio de interrogaciones éticas: «Nosotros no somos esos sí
mismos más que en la medida que nos desplazamos en un cierto espacio de cuestiones, cuando
buscamos y hallamos una orientación hacia el bien» (Taylor, 1998, p. 55).
Para determinar el sentido de su existencia, las personas deben responder a preguntas tales
como: ¿qué es una vida satisfactoria?, ¿qué es lo que dota de dignidad a mi vida? Éste es el mo-
tivo por el que se puede manifestar que reflexionar en su propio recorrido vital y orientarse se
desenvuelve siempre sobre una perspectiva de consideraciones morales. A veces, existe y, en
otras, hay profundas discrepancias en las que el sujeto tiene una consciencia más o menos níti-
da entre los postulados éticos y las decisiones que ha adoptado o debe tomar con motivo de su
itinerario profesional. Según De Calan & Guichard (2013), la consideración de esas disonancias
es uno de los elementos de mayor preocupación para organizar los relatos de vida de las perso-
nas que desean orientarse hacia los trabajos de economía social y solidaria.
Se puede afirmar por todo ello que el desarrollo de una perspectiva ética, necesariamente
implicada en las reflexiones que un sujeto efectúa sobre la orientación de su vida, facilita unos
diálogos de asesoramiento para contribuir a la resolución de las crisis sociales globales que se
han descrito. Esto representa que los orientadores deben introducir sistemáticamente en sus
diálogos la cuestión del deseo de los otros y de las instituciones justas (y especialmente del tra-
bajo decente) cuando esas temáticas no son espontáneamente abordadas por las personas que
se dirigen a ellos.
El interrogante sobre una vida de bienestar debe tener en cuenta la preocupación hacia los
demás y las instituciones justas constituidas al efecto que, según Ricoeur (1990), es el núcleo de
toda cuestión moral. Estas reflexiones sobre las propias vidas tendrían seguramente pocas re-
percusiones en el modo en que las personas representen sus itinerarios profesionales y su em-
pleo actual o deseado, ni tampoco un efecto inmediato sobre el contexto laboral tal y como se
plantea especialmente con vistas a una maximización de los beneficios financieros. Cabe pues
pensar que el facilitar dichas reflexiones puede llevar a una idea de organización laboral y de
una distribución racional del empleo global en conexión con la optimización del desarrollo hu-
mano que ellas deberían promover. Tal cambio descansaría sobre la definición de un derecho
global al trabajo que se generalice universalmente como norma de uno de carácter decente,
basado en el desenvolvimiento equilibrado y perdurable. La elaboración de tal derecho y su
puesta en escena deben ser considerados como uno de los objetivos mayores que el mundo glo-
balizado contemporáneo debe atender, especialmente en línea con lo que debe ser la institucio-
nalización progresiva de los derechos humanos y de los ciudadanos.
Este modelo describe a las personas como integradas en un ámbito complejo y dinámico de
influencias de carácter individual, social y ambiental (aspectos socioeconómicos, situación geo-
gráfica, circunstancias políticas, globalización, etc.).
La naturaleza cambiante y dinámica de estas influencias se explica por las transformaciones
en el tiempo, su aspecto interactivo y el azar. Para McMahon & Patton (2006), el Ámbito de la
Teoría de Sistemas (ATS) facilita un mapa de naturaleza conceptual y práctico mediante el cual
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
La relevancia del género, etnicidad y orientación sexual en los enfoques de la carrera, desta-
can recientemente en los trabajos de Patton (2013), Richardson (2012), Fouad & Kantamneni
(2013) y Prince (2013).
La elaboración cultural de los valores enfatiza también la conexión entre las influencias in-
trapersonales e intraculturales y, así, el ámbito del conocimiento laboral está vinculado a la
edad, género, estatus socioeconómico y a la situación sociogeográfica. De este modo, por ejem-
plo, el desempleo actual afecta a ciertos grupos más que a otros (juventud, mayores de 45
años…), y por ello la edad y las influencias del medio ambiente están relacionadas. Por otra
parte, en diversos grupos étnicos, la familia es, más que el individuo, el grupo focal principal en
el desarrollo humano y profesional.
En el ATS, el individuo es un sistema propiamente tal con las influencias respectivas. Sin
embargo, como tal no vive aislado, sino que forma parte de otros más amplios. Por ello, se per-
cibe al sujeto en la perspectiva del contexto y en éste se pueden diferenciar dos subsistemas: el
social con el que interacciona la persona en general y el socioambiental en el que vive.
Entre las variables contextuales que se incluyen en el sistema social podemos mencionar la
estructura y el tamaño de la comunidad, el clima escolar, el contexto familiar, el tamaño de la
familia y la edad de sus integrantes, la situación de empleo del padre y la madre, etc.; estas va-
riables interactúan entre ellas generando diversas situaciones sociales y laborales. El lugar de
trabajo y las instituciones educativas pueden influir en las personas de un modo directo o indi-
recto en términos del desarrollo de la carrera y asimismo son relevantes las organizaciones la-
borales (Amundson, Parker & Arthur, 2002).
Cada una de las estructuras sociales es también fuente de creencias, valores y actitudes que
pueden transmitirse a los sujetos de modos distintos. La influencia de los grupos sociales puede
ser de larga duración o temporal y, así, por ejemplo, según Savickas (2013), las familias actúan
como agentes de incidencia importante sobre sus hijos y pueden influir en las creencias y valo-
res laborales, así como en los modelos y oportunidades del rol profesional.
El individuo vive dentro de un sistema más amplio que el de los grupos sociales o el ambien-
te laboral. Existen además una serie de influencias que pueden parecer menos relacionadas con
el sujeto pero que tienen repercusiones elevadas, como señalan Herr (2008) y Lent (2013).
Como primera influencia en la persona en este sistema, podemos mencionar la localización
geográfica, que puede posibilitar o ser un inconveniente en el desarrollo de la carrera (por ejem-
plo, el asentamiento rural, en suburbios, en áreas residenciales, etc.). Ello puede repercutir en
la escolarización recibida, oportunidades de empleo, acceso a la información, disponibilidad de
servicios, transporte, etc. (Patton & MacMahon, 2014).
Otra influencia es la de las decisiones políticas en cuestiones como la financiación de la
educación, beneficios de la seguridad social, políticas activas de formación, empleo, etc. Las
influencias históricas, políticas, etc., inciden, como se indica en la Figura 2.1 (Patton & MacMa-
hon, 2014), en las creencias, valores y actitudes de los sujetos, por ejemplo, al comparar las
épocas de empleo elevado con otras de gran desempleo.
Compañeros
Género Valores
Discapacidad Competencias
Intereses
Creencias
INDIVIDUAL Habilidades
Características
Autoconcepto físicas
Lugar de
Copyright © Patton & McMahon, 2014
Medios sociales
Trabajo
Etnicidad Aptitudes
Grupos de
la Comunidad
Las tendencias del mercado laboral están estrechamente relacionadas con las influencias
geográficas, históricas, socioeconómicas y políticas que pueden incidir en la demanda de la
formación y programas educativos de las escuelas y universidades.
El mercado de empleo está también influenciado por la globalización y por ello muchos es-
tudios están ahora proporcionando oportunidades para que el alumnado estudie y/o trabaje en
el extranjero, fomentando la movilidad internacional en este ámbito.
La situación socioeconómica de las personas posee también una gran relevancia y así se
observa que el desempleo es cada vez mayor, especialmente para grupos específicos tales como
la juventud y los mayores de 45 años, los inmigrantes, discapacitados, etnias específicas, refu-
giados, etc.
Respecto a las dificultades especiales de la población inmigrante, tanto laboralmente como
las de los refugiados por motivos sociopolíticos, se pueden referir a la falta de experiencia labo-
ral, actividades y valores, habilidades limitadas en el dominio del idioma del país de acogida y
la complejidad de la transferibilidad de las competencias y cualificaciones formativas y profe-
sionales con ausencia de certificaciones, etc. Estas barreras inciden, incluso, en la infrautiliza-
ción de las competencias en ocupaciones en las que habían trabajado previamente y en donde
no encuentran una normal actividad laboral (Arthur & Pedersen, 2008).
Todas las influencias descritas en el mercado laboral incrementan la necesidad de la plani-
ficación continua de la carrera y la formación y orientación de los trabajadores a lo largo y
ancho de la vida, para poder desempeñar un mayor número de empleos y en un conjunto más
amplio de instituciones laborales que en épocas pretéritas. Las instituciones educativas y for-
mativas tendrán que abrirse a los alumnos más diversos y facilitar programas de formación
accesibles y variados en función de las necesidades de los mismos.
La globalización y la tecnología, como influencias relevantes desde la perspectiva socio-am-
biental, no han logrado aún la provisión de empleos disponibles ni la importancia necesaria de
la transferibilidad de competencias y de certificaciones profesionales. No han conseguido toda-
vía el acceso a la información, la comunicación y el conocimiento a través de las posibilidades
de internet. Esta situación plantea desafíos continuos a los orientadores de la carrera (Andersen
& Vandehey, 2012; Sampson, 2002; Watts, 2002) quienes subrayan el impacto de la era de la
información y especialmente de la tecnología digital sobre todos los aspectos de la vida actual.
A través de ésta, se han globalizado muchas funciones laborales y empleos, facilitando que cier-
tos roles profesionales se realicen en países con salarios más bajos.
Rifkin (1994) y Friedman (2005) afirman que la globalización y el crecimiento tecnológico
han colaborado conjuntamente para reorganizar los lugares de trabajo, lo que repercute en un
gran sector de la población mundial, en la mayoría de los países y en los diversos niveles de la
fuerza laboral. Rifkin (1995) ha subrayado que los nuevos trabajos, como consecuencia de la
globalización y el desarrollo de ésta y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación
(TIC), demandan elevados niveles de competencia y el requisito de que los trabajadores conti-
núen actualizando sus habilidades como exigencia en las instituciones laborales cambiantes.
Una consecuencia de todo esto es la brecha creciente entre aquellos que tienen acceso a la edu-
cación y los que tienen dificultades para ello, que precisan más tiempo para realizar las tareas
comunes, con problemas añadidos de empleo precario o de desempleo (Blustein, 2006).
Para Friedman (2005), las competencias laborales actuales incluyen, en muchas actividades
profesionales, el trabajo con ordenadores e internet, la alfabetización digital, la resolución de
problemas, la toma de decisiones, etc.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Andersen & Vandehey (2012) y Dickmann & Baruch (2011) han analizado, asimismo, las
implicaciones de la globalización en la teoría y la práctica de la carrera profesional.
O’Brien (2001) concibe la justicia social como la acción que propugna el acceso en igualdad
a los recursos diversos de la sociedad para todas las personas, incluidas las más desfavorecidas,
lo que contribuirá a la equidad y al progreso social.
Richardson (2000) aseguró que la psicología y orientación profesional precisan centrarse en
la propia actividad laboral más que en el contexto global sociopolítico y económico, para apo-
yar el fortalecimiento para todos los sujetos. Este autor amplió posteriormente esta concepción
con el objeto de cambiar el rol de la orientación profesional desde una concepción limitada del
desarrollo de la carrera a una más extensa para ayudarles a construir sus vidas significativas,
valoradas mediante amplios contextos laborales y de relación. Otros trabajos destacados en
este ámbito son los de Irving & Malik (2005), Toperek, Gerstein, Fouad, Roysicar & Israel (2006)
y Chope (2010).
Asimismo, McMahon, Arthur & Collins (2008) enfatizaron la relevancia del desarrollo hu-
mano y el rol de los orientadores profesionales al posibilitar el acceso total a los recursos y
oportunidades para así ayudar a las personas a lograr su potencial pleno. Estas autoras des-
tacaron los avances efectuados tales como la inclusión de las competencias de la justicia so-
cial en el ámbito de los Estándares Internacionales para los orientadores profesionales
(Arthur, 2005, 2008).
La inclusión de la justicia social en la actividad laboral de los profesionales de la orientación
se ha desarrollado especialmente en Australia (McMahon et al., 2008) y en Canadá (Arthur, Co-
llins, Marshall & McMahon, 2013) con mejoras de los usuarios en las intervenciones de la mis-
ma y la necesidad de ampliar las competencias de los orientadores laborales al actuar en el
ámbito del sistema social.
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
La justicia social ha sido un valor central del desarrollo de la carrera desde su propia con-
cepción (McMahon et al., 2008) y es bastante sensible a la diversidad. Socialmente se recomien-
da una práctica justa en la que los profesionales de la carrera reconocen cuando el cliente nece-
sita apoyo a través de actuaciones en otros elementos del sistema de influencias sobre el mismo.
Así, por ejemplo, los orientadores pueden precisar de la ayuda para adaptarse a un lugar de
trabajo en el caso de una persona con una determinada discapacidad. Como se expresa en este
ejemplo, las actuaciones justas pueden también implicarles asumiendo distintos roles, por
ejemplo, el de apoyo. La formación de los profesionales de la carrera tradicionalmente no ga-
rantizaba tales roles cuando actuaban principalmente en el ámbito individual del cliente (Mc-
Mahon et al., 2008). Como especialistas tratan de abarcar a grupos heterogéneos de sujetos y,
por ello, hay la necesidad de considerar las implicaciones de equipos de profesionales de la ca-
rrera y, particularmente, la participación de orientadores para apoyar una práctica justa social-
mente (Sultana, 2016).
Es esencial incorporar una base sólida en la teoría y en la práctica del desarrollo de la carre-
ra para la formación de los orientadores respecto al ámbito de la justicia social (Arulmani et al.,
2014). Para la IAEVG (2013), los profesionales de la orientación deben ser capaces de defender
la igualdad de oportunidades de los diferentes grupos de usuarios cuando demandan la ayuda
correspondiente. Esto requiere la previsión del apoyo efectivo para fomentar las potencialida-
des y competencias de las personas al margen de consideraciones de edad, género, origen étni-
co, religión, discapacidad, clase socioeconómica, orientación sexual, ideología, etc., y de todas
sus interrelaciones.
complejidad explica acciones y reacciones en sistemas que parecen a primera vista operar de un
modo casual, por ejemplo, el tiempo. Diseñó seis principios de la teoría de la complejidad y
presentó su aplicabilidad a la orientación de la carrera. Estos son los siguientes:
1. Intercambio abierto. En el desarrollo de la carrera de las personas es preciso mantener un
intercambio de apertura entre todas las dimensiones de éstas y entre los ambientes per-
sonales y externos.
2. Redes. Cualquier sujeto forma parte de muchas de ellas y pueden describirse como círcu-
los concéntricos y también ampliados de una manera más allá de sí mismas.
3. Transiciones de etapa. Los individuos son seres dinámicos y experimentan múltiples trán-
sitos en la carrera mediante los espacios de vida.
4. El tope de «estar en forma». Todos los sujetos poseen como meta maximizar su potencial
personal.
5. Dinámicas no lineales. Las transiciones de etapa no suceden de un modo ordenado y pla-
nificado y cada transición de la carrera, por ejemplo, posee armonías o resonancias pe-
culiares para cada persona y sólo pueden interpretarse en términos de la misma.
6. Atracciones, dulcificaciones y emergencias. Estos términos explican los esquemas de los
movimientos individuales mediante las transiciones de etapa, tanto al repetir patrones
similares, como al girar de un modo circular y emerger en nuevas experiencias. Estos
aspectos se pueden aplicar a través de los retos presentados en la carrera personal y pro-
fesional.
Schiersmann, Ertelt, Katsarov, Mulvey, Reid & Weber (2012), al ampliar el debate de la com-
plejidad y el potencial de los enfoques de sistemas para ayudar a las personas a auto-organizar-
se respecto a sus carreras, desarrollaron la teoría de la sinergia para desenvolver un enfoque del
modelo de sistemas que ayude a los orientadores a trabajar con los usuarios en un contexto
inseguro. Las etapas transicionales representan identificar el sistema, modelarlo, analizarlo y
diagnosticar posibles actuaciones orientadoras. El modelo descrito de Schiersmann et al. se
basa en la relevancia de los esquemas y las relaciones dentro de los sistemas en los que se mue-
ve la persona.
La teoría del caos se centra en los esquemas, el análisis de los eventos complejos y turbu-
lentos, los sistemas no lineales y en la impredictibilidad. Pryor & Bright (2003, 2011) aplica-
ron la teoría del caos al análisis de las carreras personales y profesionales de los sujetos y
describieron su actividad como un enfoque de la teoría de sistemas en el que la complejidad
está presente y contribuye a que sea factible un sistema de cambio; estos autores afirman que
los sistemas del caos se estructuran en modelos para facilitar el análisis del proceso y desa-
rrollo de la carrera.
En síntesis, la teoría del caos trata de entender a las personas como sistemas abiertos,
complejos, dinámicos, no lineales, únicos, emergentes y con una meta, e interactúan con sis-
temas que engloban el ambiente con similares características. Varios autores como los que se
citan seguidamente enfatizan, además, que su modelo teórico no está necesariamente vincu-
lado con el contenido, sino con el desarrollo de estructuras dentro de las que se pueden iden-
tificar los marcos teóricos y han aplicado su enfoque de la teoría del caos a la orientación y
evaluación de la carrera (Bright & Pryor, 2005, 2007, 2011; Pryor & Bright, 2009) y también
para explorar cuestiones empíricas derivadas de la teoría del caos (Bright, Pryor, Wilksfield
& Earl, 2005).
MODELOS EMERGENTES EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
En la teoría de sistemas las historias de vida son un término originario de Bateson (1979)
que lo formula como una explicación de la persona acerca de la relevancia de una secuencia
particular de conexión con su propia vida. A través de ésta, los sujetos crean significados y cons-
truyen activamente su existencia.
El método interpretativo de las historias vitales propugna que es la significación que las
personas atribuyen a eventos lo que determina el comportamiento de éstas y por ello, ayudar a
su historia o a restaurar sus experiencias para darles diversos significados, apoyará el llegar a
comprenderlos. Además, el constructivismo social utiliza la narrativa como herramienta de
análisis para captar la riqueza del contexto y la subjetividad de las vidas profesionales de los
individuos (Cohen, Duberley & Mallon, 2004).
El Ámbito de la Teoría de Sistemas (ATS), a través de sus diversos procedimientos («mi sis-
tema de influencias de la carrera» y «mi carrera») en las actividades de reflexión en los adoles-
centes y adultos, capacita a los sujetos para reflexionar y contar historias sobre su vida y las
profesiones y, de este modo, integra la narrativa entre el orientador y el individuo en el proceso
de diálogo y entrevista (McMahon, Patton & Watson, 2005, 2013).
Los constructos del ATS se han usado también para desarrollar e investigar el enfoque de na-
rración de historias en el asesoramiento y orientación de la carrera (McMahon & Wattson, 2012,
2013). Savickas (1993) acentuó la relevancia de la historia de la carrera de un sujeto como se re-
fleja en su concepción de que los orientadores precisan moverse en historias más que en registros,
actuar como biógrafos que interpretan las vidas en progreso y que escuchan las cuestiones vitales
e historias de sus clientes, más que como actuaciones que expresen intereses y habilidades.
Savickas (2005) describe el pensamiento de la construcción de la carrera afirmando la im-
portancia de la historia en la teoría y en la práctica, al tratarse de la interacción entre uno mis-
mo y la sociedad, y también al hecho de que la misma explica por qué las personas efectúan las
elecciones vitales que realizan y el significado especial que las guía.
Patton & McMahon (2014) y McMahon et al. (2013) reconocieron el realce de usar la historia
de vida como un recurso en las prácticas de la carrera, reafirmada por la teoría de sistemas y el
constructivismo, aplicándola en los adolescentes y adultos.
Young & Popadiuk (2012) identificaron las perspectivas de la narrativa como una percepción
nítida del constructivismo social en la teoría de la carrera. Richardson & Schaeffer (2013) acentua-
ron la importancia de la narrativa y su teoría del refuerzo, la orientación y la perspectiva laboral.
En la teoría del caos (Pryor & Bright, 2011) se han presentado sus enfoques en el asesora-
miento de la carrera y en la aplicación de diversas propuestas orientadoras en el ámbito laboral
(Pryor & Bright, 2011).
Las historias de vida o narraciones se derivan del pensamiento de la teoría de sistemas y son
clave en los enfoques constructivistas de la carrera. Para Hartung, Walsh & Savickas (2013), la
influencia creciente del constructivismo se asocia con el énfasis en que el lenguaje es integral y
que lo describe como el «modo narrativo». Para McAdams (2011), las narraciones son construi-
das social y contextualmente y reflejan una historia global del individuo, la cultura, sociedad,
relaciones y el propio lenguaje.
Las narraciones representan un mecanismo para el conocimiento humano. Los sujetos
construyen sus identidades a partir de los símbolos o significaciones que se ofrecen en su cul-
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
tura y viven vidas narrativas (Savickas, 2011), las cuales pueden ser observadas como actores y
con características principales en las historias que ellos viven.
Las narraciones son un modo natural de elaborar significaciones y un mecanismo a través
del cual las personas expresan el sentido de sus vidas cotidianas a través de la articulación de
sus historias vitales. Savickas (2011, p. 38) explicita que las historias de vida «sirven como cons-
trucción de herramientas para elaborar la identidad narrativa y destacar las cuestiones de la
carrera en interacciones sociales complejas». Por ello, en la práctica, los orientadores profesio-
nales trabajan con los destinatarios para construir historias futuras, describiendo en narracio-
nes personales el itinerario para el presente y el trayecto para el futuro. Un pensamiento básico
del asesoramiento de la carrera a través de las narraciones es que pueden transformar median-
te cambios el proceso de sus historias de vida.
Para Savickas (1993), los orientadores pueden ayudar a las personas a gestionar sus carreras
a través de narraciones congruentes, continuas e historias creíbles, a darles significación por
medio de identificación de cuestiones y tensiones en su recorrido histórico, así como a mostrar
las habilidades necesarias para actuar en el siguiente episodio en su historia vital.
7. SÍNTESIS FINAL
A comienzos del siglo XXI, una nueva perspectiva del trabajo plantea una serie de retos e
interrogantes a los estudiosos del desarrollo de la carrera y la orientación profesional que po-
seen como finalidad ayudar a las personas a realizar adecuadamente su vida laboral.
En el marco de la globalización de la economía y de los avances exponenciales en las tecno-
logías de la información y comunicación, la orientación de la carrera se ha internacionalizado
y sus expertos han estado investigando la validez transnacional de sus teorías, estrategias, mé-
todos y técnicas. Al analizar los enfoques teóricos del siglo XX y los métodos de orientación de
la carrera, resultó palpable que se necesitan nuevos enfoques en el siglo XXI para satisfacer las
necesidades de los usuarios del asesoramiento que viven en sociedades del conocimiento.
El nuevo acuerdo social entre empresarios y trabajadores, motivado por los cambios men-
cionados por los procesos de globalización y tecnologización de la comunicación e informa-
ción, conlleva que las perspectivas profesionales aparezcan menos definibles y predecibles que
en etapas anteriores con unas transiciones laborales más frecuentes, difíciles y complejas. Estos
cambios rápidos exigen, a los trabajadores, que desarrollen capacidades y habilidades que di-
fieren sustancialmente de los conocimientos y competencias requeridas por las profesiones y
ocupaciones del siglo pasado.
En la nueva era del conocimiento, los empleados deben llegar a ser aprendices a lo largo de
la vida, a ser capaces de usar tecnologías cada vez más sofisticadas, a adoptar la flexibilidad
profesional en lugar de la estabilidad, a ser competentes para mantener la empleabilidad en
lugar de sólo acceder a ella y a crear sus propias oportunidades laborales a través de la auto-ges-
tión, emprendimiento y autonomía ocupacional. Estas concepciones emergentes de la vida la-
boral han generado dudas sobre las teorías convencionales de la elección y el desarrollo de la
carrera profesional. Por el contrario, reconocen que éstas pertenecen a la persona que debe
autogestionarse adecuadamente en lugar de a las organizaciones empresariales.
Es preciso, por ello, describir unos modelos para los procesos orientadores que permitan a sus
destinatarios analizar la situación de un mundo cambiante, donde la equidad o la justicia social
deban estar en el núcleo de la reflexión sobre el presente y su porvenir personal y profesional.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
El futuro es por naturaleza incierto y, por ello, la incertidumbre es uno de los desafíos co-
munes de los teóricos contemporáneos de la orientación, ya que el trabajo se halla continua-
mente en cambio, debido a la carencia de estabilidad en el empleo, incerteza económica, cam-
bios acelerados de carácter tecnológico y social, etc., como corolario de la globalización,
tecnología y recortes presupuestarios. Además, la concepción de la carrera profesional tam-
bién se ha modificado y los empleados ya no están afianzados siempre en la misma profesión
a lo largo de su vida.
Muchos teóricos de la orientación profesional en estos últimos tiempos acentúan el valor del
diseño vital, la autogestión y el autodesarrollo continuo de las capacidades y competencias con
la finalidad de atajar la incertidumbre con actitudes más esperanzadoras.
La crisis económica y social cercena las certezas y desarticula las estructuras organizativas
y formativas tradicionales a causa del incremento del desempleo, la minorización de los recur-
sos disponibles, la demanda creciente de servicios, el incremento de la movilidad laboral, el
reto de la población inmigrante y de los refugiados, etc. La complejidad de los problemas actua-
les ha generado una crisis en el estado de bienestar, iniciándose un proceso de carácter global
de ésta que demanda soluciones profesionales distintas y mejor adecuadas al desarrollo vital de
las personas, a través del diseño de vida y las diversas exigencias del contexto laboral, con vistas
a una mayor flexibilidad ocupacional, modos laborales diferentes, horarios diversificados y una
menor seguridad en el futuro del trabajo.
Actualmente, está emergiendo una modalidad muy diferenciada a la del trabajo seguro y
para toda la vida que pretende cambiar el modelo de vida habitual por otro de ajuste y adapta-
ción a cada período de la vida profesional. Este nuevo enfoque preconiza el establecimiento de
planes y competencias estratégicas para gestionar la profesión de cada sujeto en su marco labo-
ral concreto, a la vez que lo sitúa en el núcleo central de la organización laboral que va a estar
en función del ciudadano en un nuevo esquema de relaciones bilaterales empresa/trabajador.
Desarrollo profesional
Diseño de vida
Modelo
Movilidad sociolaboral
Orientación a lo largo de la vida
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CAPÍTULO 3
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES
DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
1. Introducción
2. Procesos de transición en la carrera
2.1. Características de los procesos de transición
2.2. Transiciones académicas y formativas
2.3. Transiciones profesionales
2.4. Orientar para las transiciones y la empleabilidad
3. Principios básicos de la orientación
3.1. Principio de prevención
3.2. Principio de desarrollo o evolutivo
3.3. Principio de intervención social o ecológico
3.4. Principio de potenciación
4. Otros principios en la prestación de servicios de orientación
5. Contenidos centrales de la intervención orientadora
5.1 Competencias de gestión de la carrera (CGC)
5.2. Áreas fundamentales de intervención
5.2.1. Autoconocimiento de cualidades y competencias
[Link]. El balance de competencias como estrategia de autoconocimiento
5.2.2. Conocimiento del entorno (formativo, familiar y socio-profesional)
5.2.3. La toma de decisiones, diseño y gestión de la carrera
6. Síntesis final
Términos del Glosario
Referencias bibliográficas
1. INTRODUCCIÓN
Aunque puede haber tipos de transiciones muy específicas de cada persona y sus circunstan-
cias, no obstante, hay ciertos tipos más frecuentes: las transiciones que afectan a (1) su vida
personal y afectiva, (2) a su faceta académico-formativa, o (3) a su vida profesional y laboral.
Cambios que a menudo se desarrollan simultáneamente y que interactúan entre sí dentro de la
carrera. La sucesión de transiciones enlaza de forma directa con la noción de carrera por cuan-
to su transcurso está configurado por el desempeño de roles que se suceden y superponen a lo
largo de la trayectoria vital.
Algunas transiciones en aspectos más personales, y que suelen tener un impacto más o me-
nos marcado en sus vidas, pueden ser por ejemplo el cambio de residencia a otro lugar, el inicio
de una vida en pareja, el momento de iniciar la maternidad/paternidad, la pérdida de un ser
querido o una ruptura de pareja.
En el momento actual las transiciones académicas y formativas son frecuentes, no solo en la
etapa infantil y juvenil, sino también a lo largo de la vida, considerando las nuevas exigencias
que se derivan del mercado laboral y del cambio tecnológico permanente. Este mismo contexto
condiciona fuertemente la mayor frecuencia de transiciones en la vida profesional y laboral.
La edad de incorporación al trabajo se ha retrasado en las últimas décadas para buena par-
te de los jóvenes, prolongándose su período de formación. Con la LOGSE (1990) se estableció
la obligatoriedad de escolarización hasta los 16 años, y esa es la edad a partir de la cual se per-
mite legalmente trabajar a los jóvenes. Aunque muchos estudiantes tienen experiencias labora-
les previas, éstas son frecuentemente puntuales, de baja especialización y de tipo precario.
Se puede decir que las generaciones más jóvenes han tenido acceso a más y mejor educa-
ción, se encuentran mejor formadas y tienen mayor facilidad para adaptarse a los cambios.
Pero en el conjunto de la UE, a pesar de que los jóvenes tienen mayor conocimiento de otros
idiomas y de que están más familiarizados con las nuevas tecnologías, los obstáculos para en-
trar en el mercado laboral son cada día mayores.
A su vez, la pérdida del empleo a edades superiores a los 45 años se ha convertido en un
hándicap complicado de superar, pues la larga experiencia de estas personas no alcanza a suplir
la carencia de cualificaciones actualizadas. En consecuencia, entre las personas desempleadas,
el acceso al trabajo se vuelve más difícil, en el caso de los más jóvenes y de los más mayores de
la población activa, dificultad que se incrementa en el caso de las mujeres.
Las transiciones escuela-trabajo son largas y complejas para los jóvenes, están marcadas por
la incertidumbre y por la necesidad de tomar decisiones constantemente. A veces esta situación
se prolonga o se reproduce en las etapas adultas de la vida laboral, lo que contrasta con la rea-
lidad de hace unas décadas, en que los itinerarios profesionales eran más lineales y estables.
Este retraso en alcanzar una cierta estabilidad laboral ha hecho que otras transiciones persona-
les (por ejemplo, la emancipación respecto de los padres) se hayan visto también alteradas.
Toda transición presenta ciertas características que han de tomarse en cuenta a la hora de
planificar intervenciones orientadoras (Corominas e Isús, 1998; Echeverría, 1995; Guichard,
2007; Scholossberg, 1995, 2005):
— La transición se sitúa en el paso entre una situación y otra, es un estado intermedio, que
puede tener una duración más o menos larga en el tiempo.
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
— Al finalizar la ESO. Será necesario tomar una de las decisiones más importantes: la de se-
guir estudiando (lo que supone, a su vez, elegir entre el Bachillerato y la Formación Profe-
sional de grado medio) o la de incorporarse al mercado laboral. Para muchos, los que no
superaron los objetivos educativos establecidos, tal opción no existe: la decisión se centra
más bien en incorporarse al mundo laboral sin ninguna cualificación o en tratar de adqui-
rir algún tipo de formación profesional a fin de lograr una posición más ventajosa en dicho
mercado, o para poder proseguir con otra formación de mayor especialización.
— La transición hacia los ciclos formativos es muy compleja, pues hasta hace poco la FP se
ha considerado como una opción de segunda clase, y su elección no se ha venido hacien-
do habitualmente por vocación, sino por exclusión (Corominas e Isus, 1998). Para mu-
chos ha sido un tránsito obligado, cuando la falta de rendimiento escolar ha impedido la
vía académica (con más duros requisitos de acceso). Afortunadamente, el carácter apli-
cado de esta formación hace que encuentren menor dificultad para lograr un empleo. Si
bien alcanzarán ocupaciones con menor estatus y nivel de cualificación, existe la posibi-
lidad de cierta movilidad hacia niveles formativos superiores.
— El paso a la educación superior es una transición a la que se viene prestando cada vez más
atención. La elección de una carrera universitaria o de un ciclo profesional se considera
una decisión relevante que va a determinar el futuro de cualquier estudiante. Pero ésta
ha de ser la culminación de un proceso que cierra una etapa y no un momento puntual y
apresurado; de ahí la necesidad de plantear actuaciones que permitan una continuidad y
una maduración de la decisión.
En estas etapas de transición, es imprescindible la exploración del yo y de las profesiones,
la adquisición de información acerca de los centros educativos, las ayudas al estudio, etc. Son
momentos de planificar el futuro, de comenzar a diseñar el proyecto profesional y personal,
que podríamos llamar más bien «pre-proyecto», por cuanto debe ser abierto y estar sujeto a
múltiples y continuas redefiniciones. Todo ello en conexión con las exigencias del mundo
productivo.
Pero en la actualidad no está claro lo que se pueda considerar como «primer empleo». Si
entendemos esta idea como un «empleo suficientemente satisfactorio a tiempo comple-
to», entonces tendremos que convenir que esta transición se dilata considerablemente en
el tiempo y que puede durar años, para muchos individuos.
— Transición del desempleo al empleo. Éstas no siempre suponen una progresión satisfacto-
ria e intencional, sino que a veces son obligadas y representan retrocesos en las aspira-
ciones, en el nivel económico y en las condiciones de trabajo.
— Transición de una etapa inactiva al empleo. Es el caso de muchas mujeres que se reincor-
poran al mercado laboral tras una etapa más o menos larga de dedicación al cuidado de
sus hijos o bien de algún familiar. No obstante, las razones de un período no laboral pue-
den ser muy variadas: recuperarse de un problema de salud; un período de privación de
libertad; etc.
— Transición a una etapa de formación continua. Estas etapas también son objeto de aten-
ción en orientación profesional, ya que pueden consistir en pequeñas formaciones o
tratarse de procesos más largos y determinantes de cambios importantes en la carrera
profesional. Más aún si consideramos que la formación continua es un elemento funda-
mental para mantener e incrementar la empleabilidad de las personas.
Se aprecia, por tanto, que la inserción profesional no es tan sólo la incorporación al mundo
del trabajo en forma de un «primer empleo», sino el mantenerse dentro del mercado en posicio-
nes satisfactorias.
A pesar de todos los aspectos difíciles y negativos que representan algunos tipos de transi-
ción, desde la perspectiva de la orientación profesional, todos ellos deben considerarse como
una ocasión para replantear las propias metas profesionales, para avanzar en nuevas posibili-
dades y seguir desarrollándose.
Las circunstancias del mercado laboral y la variedad de transiciones que hoy afectan a jóve-
nes y adultos, junto con las peculiaridades de ciertos grupos desfavorecidos frente al empleo,
obligan a actualizar los planteamientos de la orientación profesional. Aun admitiendo que exis-
ten ciertos momentos críticos comunes a muchas personas (como por ejemplo, afrontar una
etapa de búsqueda de empleo), no podemos dejar de considerar la individualidad de muchas
situaciones que requieren orientación. Ofrecer respuestas adaptadas a la diversidad, a cada in-
dividuo, es hoy un reto y una constante que debemos afrontar. Su actividad no termina cuando
la persona orientada encuentra un empleo, sino que se extenderá a las sucesivas transiciones y
tomas de decisiones que configuran la carrera profesional a lo largo de su vida.
La noción de empleabilidad conduce a remarcar la dualidad entre aquellos trabajadores que
son empleables (y que se identifican con la idea de «ocupados») y aquellos que no lo son (en
vínculo con la idea de «parados») (Sánchez García, 2013a).
Para evaluar la empleabilidad de una persona se considera tanto la trayectoria anterior co-
mo el desarrollo probable. El análisis se apoya en el diagnóstico de las potencialidades tomando
como criterios las exigencias del mercado laboral. Para ello se utilizan tests estandarizados,
entrevistas, observaciones, balance de competencias, etc. Por tanto estas potencialidades se
evalúan desde su «valor» en el mercado. A su vez, en la empleabilidad influyen simultáneamen-
te factores personales (competencias, formación, estrategias personales, motivación), y factores
externos (relacionados con la oferta-demanda de empleo en su sector profesional, los requeri-
mientos del mercado laboral, la existencia de oferta formativa adaptada al sistema productivo,
etc). Sin embargo, desde las políticas públicas de empleo y formación (tanto en la Unión Euro-
pea como en nuestro país) las acciones en favor de la empleabilidad se han planteado desde una
lógica individual del desempleado, poniendo el acento sobre sus características personales y en
el incremento de su capacidad para encontrar un empleo. De acuerdo con esto, los esfuerzos se
han centrado sobre todo en (Sánchez García, 2013a, p. 152):
— Incrementar su formación y cualificación profesional.
— Desarrollar sus competencias de búsqueda de empleo, de acuerdo con los requisitos y
condiciones impuestos por el mercado.
— Ayudarles a adaptarse, a identificar y aprovechar las oportunidades.
— Acompañarles en el proceso de búsqueda de empleo.
El mensaje y el discurso que, de algún modo, responsabiliza al desempleado de su situación,
considera la no-empleabilidad en términos de déficit de la persona, causante además de gasto
público. Todo ello ha contribuido a una cierta estigmatización del parado (especialmente si es
de larga duración), con una desvalorización social de su potencial profesional acumulado, po-
niéndose en cuestión su actitud para salir de esa situación (Ebersold, 2001; Santos Ortega,
2003, 2004). Rose (2007), planteaba que estas políticas han incidido prioritariamente en el re-
parto del empleo existente (escaso) entre las personas, mientras que el volumen de empleo real
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
ofertado seguía siendo el mismo o iba reduciéndose. En este sentido, De la Torre y García-Lom-
bardía (2010) consideran que esto ha contribuido en buena medida a que el tejido empresarial
eluda su responsabilidad social en el desarrollo de la empleabilidad de los trabajadores, y plan-
tean la necesidad de que las empresas sean agentes dinamizadores a la hora de generar un tipo
de empleo de más calidad, más allá de una perspectiva exclusivamente mercantil.
En definitiva, el creciente desarrollo de servicios y programas de orientación profesional de
adultos ha tenido como finalidad primordial ayudar a las personas a encontrar un empleo, ali-
viar situaciones problemáticas, urgentes y a veces dramáticas. Se asume que la orientación
profesional debe estar vinculada no sólo a las estructuras de asistencia social, a los programas
de formación inicial y a los de formación continua, sino también a las organizaciones y a los
requerimientos procedentes del mundo laboral, favoreciendo una coherencia entre las forma-
ciones y las necesidades reales del individuo y de la sociedad.
Pero no podemos dejar de ser conscientes igualmente, de que el mundo laboral puede estar
pidiendo a la gente un excesivo esfuerzo de cualificación y recualificación, a cambio de empleos
de baja calidad. Si la cualificación de los recursos humanos genera mayores rendimientos pro-
ductivos, esto debería repercutir también en empleos de más calidad y, en suma, en unas mejo-
res condiciones de trabajo.
Parece por tanto necesario avanzar en políticas de empleo, centradas en mejorar la situación
económica de conjunto y en incrementar la oferta de empleos. Como señalaba la OIT en 2008,
el desarrollo de las competencias no generará automáticamente el aumento de la productividad
ni más y mejores trabajos, a menos que exista un entorno económico y social propicio para que
la mejora de la productividad se traduzca en el crecimiento del empleo y la mejora de su calidad
(trabajo decente).
La empleabilidad, en consecuencia, no debe ser entendida solamente como una responsabi-
lidad individual, sino que debe ser igualmente una responsabilidad que asume la sociedad para
mantener al día las competencias de los ciudadanos (Sebastián y Sánchez, 2005).
Por otro lado, si reconocemos la situación cambiante del mercado laboral y la necesidad de
mantenerse empleable a lo largo de toda la vida, cobra mayor sentido, si cabe, la conveniencia
de integrar todos los procesos de orientación y de auto-orientación en el marco del proyecto
profesional de cada persona. Precisamente, la ayuda orientadora para resolver situaciones en
ausencia de dicho proyecto, es una de las limitaciones que han afectado a los actuales servicios
y programas de orientación. Por ello, los planteamientos de mejora de su actividad, deben inci-
dir no sólo a las técnicas y estrategias, sino también a los propios objetivos de orientación que se
persiguen.
Desde un enfoque holístico, diversas teorías enfatizan la importancia de la adaptabilidad de
la carrera (Lent, 2012; Tolentino, García, Lu, Restubog, Bordia & Plewa, 2014), en vínculo con
la noción de carrera flexible a lo largo de la vida (career across the life course) (Tomlinson, Baird,
Berg, & Cooper, 2016). Por tanto, en la intervención orientadora es preciso tener en cuenta la
confluencia entre lo vital y lo profesional, atendiendo a las necesidades más inmediatas y a las
metas de autorrealización, incluyendo los roles familiares y otras facetas personales (Patton &
McMahon, 2006; Savickas, 2013; Super, 1990).
En coherencia, en los momentos de transición, la acción orientadora ha de encaminarse a
ayudar a la persona adulta a desarrollar, particularmente, las competencias de gestión de la ca-
rrera, pues serán su mejor equipaje para afrontar sus transiciones profesionales (Greenhaus,
Callanan, & Godshalk, 2010; Taveira, 2013).
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Este principio, cuyo origen se sitúa en el campo de la salud mental, implica que la orienta-
ción debe anticiparse a la aparición de circunstancias o situaciones consideradas negativas
evitando que un problema aparezca. Se trata de una actuación proactiva, esto es, que sucede
antes de que pueda surgir el problema. Se distinguen tres niveles de prevención (Caplan, 1964):
a) primaria, que actúa contra las circunstancias negativas antes de que tengan oportunidad
de producirse sus efectos;
b) secundaria, referida a la identificación y tratamiento temprano de los problemas existen-
tes para reducirlos o eliminarlos; y
c) terciaria, dirigida fundamentalmente a la rehabilitación de sujetos afectados por un pro-
blema, hándicap o enfermedad.
Para la orientación profesional, este principio tiene las siguientes implicaciones:
— Supone la apertura de la orientación profesional al entorno social (traspasando el marco
escolar, lo que enlazaría con el principio de intervención social), así como a los posibles
factores que pueden estar obstaculizando el óptimo desarrollo de la carrera.
— Implica que la actuación se dirige a todas las personas, y no sólo a aquellas que ya se en-
cuentran en una situación problemática o en situación de riesgo (Pereira, 1996, p. 508).
Tratando, por ejemplo, el desconocimiento de las propias características personales, de
las opciones o alternativas, sobre los mecanismos del mercado laboral, los prejuicios se-
xistas respecto a las oportunidades de carrera, o los estereotipos con relación al trabajo.
— Generalmente, se dirige a grupos o poblaciones, más que a individuos aislados, teniendo
en cuenta sus contextos, por lo que este principio asume la perspectiva de atención a la
diversidad.
— La actuación preventiva está orientada a la implicación y capacitación (empowerment) de
los individuos, asumiendo que los destinatarios son también agentes activos del cambio
(Rodríguez Espinar, 1998).
— El principio de prevención se encuentra vinculado al modelo de intervención por progra-
mas (Álvarez Rojo, 1994), que ha de ser preventivo, en oposición a la actuación remedial
o de servicios.
— Exige cambios importantes en la estrategia y en los modos de hacer de los orientadores
así como la aceptación y colaboración del profesorado y otros profesionales, junto con el
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
uso de recursos didácticos y estructuras de apoyo (Álvarez Rojo, 1994); en suma, es ne-
cesario desarrollar una cultura colaborativa en los centros y organizaciones que permita
dinamizar los procesos orientadores (Malik, 2002).
— Para este principio, es necesario el conocimiento temprano y permanente de las caracte-
rísticas y circunstancias personales y contextuales de los destinatarios a fin de detectar
posibilidades de riesgo; de ahí la importancia del diagnóstico y la evaluación. Repetto
(1995) consideraba este aspecto, por sí solo, como uno de los principios básicos de la
orientación educativa.
Si bien este principio es reconocido por todos, en la práctica, todavía no puede hablarse de
su plena realización y generalización, salvo en casos específicos y, precisamente, a través de la
expansión del modelo de programas, al que nos referimos más adelante. Entre los obstáculos
que frenan la prevención primaria en los centros educativos, cabe señalar el arraigo de una cul-
tura de trabajo psicopedagógico que enfatiza los programas remediales (reactivos) y los mo-
mentos críticos; las resistencias al cambio en las formas de trabajo y colaboración en los cen-
tros; y la propia estructura y funcionamiento de la orientación en el sistema formativo, que a
menudo se organiza de forma externalizada o situada fuera del mismo. En ámbitos de orienta-
ción sociolaboral, está más extendido un tipo de ayuda destinado a personas en situación de
emergencia (desempleo, exclusión) que un apoyo centrado en el desarrollo de proyectos vitales
y profesionales que se anticipe a situaciones problemáticas.
1
El constructivismo es una corriente que sostiene que la persona construye su modo de pensar y de conocer, de un modo ac-
tivo, como resultado de la exploración y de la interacción con el medio.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Este principio supone que la intervención orientadora no se dirige únicamente al sujeto sino
que ha de tener en cuenta su contexto social, en todos los elementos y factores que conforman
los sistemas en los que éste se encuentra inmerso. Asume, por tanto, un enfoque sistémico de la
educación, en un esfuerzo por comprender la complejidad de la realidad educativa y laboral en
su globalidad; e integra los diferentes niveles de análisis que pueden explicar lo que sucede (Vé-
laz de Medrano, 1998).
Para la orientación profesional, este principio tiene las siguientes consecuencias:
— La actividad orientadora tiene que dirigirse también a la modificación de aspectos con-
cretos del marco educativo y del contexto sociolaboral (Rodríguez Espinar, 1998).
— Supone la necesidad de vincular las actuaciones orientadoras con situaciones de la vida
real y con el mundo productivo (Pérez Boullosa y Blasco, 2001); de ayudar al individuo a
conocer su medio, a comprender sus relaciones, las posibilidades y las limitaciones que
proceden de éste, para afrontar una adaptación activa y constructiva (Velaz de Medrano,
1998).
— Debemos partir de la consideración del centro formativo o de trabajo como un sistema
de interacción (de sus miembros entre sí y con el entorno) (Velaz de Medrano, 1998).
Desde una perspectiva sistémico-ecológica, se deben tomar en consideración todos los
elementos situacionales y personales en su interacción; se actúa sobre el entorno mate-
rial y humano, sin minimizar el protagonismo del orientado; la interacción entre el indi-
viduo y el contexto permite la transformación de ambos a la vez (Isus Barado, 2008). El
orientador debe analizar los factores ambientales que repercuten en la toma de decisio-
nes de la persona orientada y, asimismo, admitir las posibles discrepancias que puede
haber entre los objetivos y valores del individuo, y aquellos de la institución u organiza-
ción en la que está inmerso; así como entre los de la persona y la sociedad (Rodríguez
Espinar, 1998).
— Consecuentemente, el orientador debe asumir el papel de agente de cambio social. No se
trata sólo de ayudar a que el sujeto se adapte al medio, sino de hacerle consciente de los
obstáculos que impiden la plena realización personal: adoptando una postura dialéctica,
se le debe ayudar no sólo a conocer las variables contextuales, sino también a su trans-
formación; y en esa labor, deben comprometerse orientador y orientado (Álvarez Rojo,
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
1994; Savickas, 2013). Como señala Isus Barado (2008) se trata de promover la autorrea-
lización de la persona a través del equilibrio entre la adaptación al contexto y la transfor-
mación del mismo, sin perder la meta del proyecto vital.
— Asimismo, y enlazando con lo anterior, en una sociedad cada vez más diversa cultural-
mente, la orientación profesional debe afrontar una acción que reconozca y considere
esa realidad, favoreciendo en los individuos el desarrollo de competencias interculturales
(Malik, 2002).
El concepto de potenciación o empowerment, ha sido definido como proceso por el que las
personas, las organizaciones y los grupos que no tienen poder:
b) desarrollan las competencias y capacidades para lograr algún grado de control razonable
sobre sus vidas;
La potenciación afecta al individuo, tanto internamente como en relación con los demás, y
persigue que las personas desarrollen la capacidad y habilidad para confrontarse constructiva-
mente con los factores que, explícita o implícitamente, determinan que uno puede ejercer un
razonable control sobre su destino (Rodríguez Espinar, 1998).
Este principio implica, en primer lugar, la necesidad fundamental de que la persona orien-
tada adopte un papel activo en su propio proceso de orientación. Pero no es aplicable si la per-
sona adopta un papel pasivo: no puede acudir al programa de orientación como quien acude al
médico esperando una receta. Del mismo modo, el/la profesional de la orientación ha de actuar
tomando en consideración esa necesidad de otorgar al orientado el papel protagonista en su
carrera profesional, de facilitar el desarrollo de las competencias necesarias para alcanzar su
fortalecimiento o potenciación.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Los principios clásicos anteriormente recogidos son asumidos por los distintos especialistas
en el campo de la orientación. Éstos se complementan con otra serie de principios delimitados
por un grupo de expertos del Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional
(CEDEFOP, 2006), que vienen a compendiar los esfuerzos llevados a cabo en Europa para sis-
tematizar las actuaciones de una orientación de calidad (Tabla 3.1).
A través del documento Mejorando las políticas y sistemas de orientación continua. El uso de
herramientas de referencia comunes en Europa (2006), el CEDEFOP delimitó otra serie de prin-
cipios básicos que deben regir la actividad de los servicios y programas de orientación y que
complementan los anteriores. En este documento se asume la Resolución aprobada por el Con-
sejo de Europa en mayo de 20042, en la que se invitaba a los Estados miembros a examinar su
oferta nacional de orientación, partiendo de los resultados de las revisiones de la política de
orientación realizadas por la Comisión de la UE, la OCDE y el Banco Mundial.
Enlazando con el punto 4 de la Tabla 3.1, la red europea NICE3 (Schiersmann, Ertelt, Katsa-
rov, Mulvey, Reid, & Weber, 2012) considera que para garantizar la calidad de los servicios, es
prioritario contar con un personal competente y establecer estándares nacionales, con respecto
a la cualificación de los profesionales de la orientación; aspecto en el que también insiste el
propio CEDEFOP (2009). En este sentido, considera que la competencia del personal para ofre-
cer servicios de alta calidad es el factor de impacto más grande y directo (Schiersmann et al.,
2012, p. 22). También señala la necesidad de una implicación de los ciudadanos y usuarios en
el diseño y la evaluación de servicios y resultados, la disponibilidad de recursos relevantes, y las
estructuras y procedimientos organizativos efectivos (p.22).
2
[Link]
3
Red para la Innovación en la Orientación y el Asesoramiento de la Carrera en Europa (NICE) / Network for Innovation in
Career Guidance & Counselling in Europe.
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
Numerosos autores han realizado propuestas sobre las grandes dimensiones, áreas o conte-
nidos que deben incluir los programas y actuaciones de orientación e inserción profesional
(entre otros, Álvarez Gonzáles y Bisquerra Alsina, 2012; Rodríguez Espinar, 1993; Rodríguez
Moreno, 1992, 1998; Romero, 1999, 2000; Sánchez García, 2004, 2013; Sobrado, 1990). La ma-
yor parte coinciden en señalar, al menos tres grandes núcleos en los que se centra la interven-
ción: el autoconocimiento, el conocimiento del mundo laboral y la habilidad para tomar deci-
siones. Asimismo, al igual que sucede en el contexto francófono, cada vez más, en nuestro país,
se atiende a la necesidad de planificar y desarrollar proyectos profesionales y vitales dentro de
estos programas. En todo caso, se trata de dimensiones que interactúan y se retroalimentan
entre sí (Sánchez García, 2013).
Los enfoques teóricos emergentes en torno a la carrera (Capítulo 2) aportan una interpre-
tación sobre los fenómenos y los condicionantes que contribuyen a configurar las carreras en
la actualidad, y facilitan una base para fundamentar la práctica orientadora. Se ha constatado
que las carreras profesionales son cada vez menos lineales en su progresión, más dispersas en
cuanto a las ocupaciones desempeñadas y más discontinuas respecto a los períodos de em-
pleo/desempleo (Padilla-Carmona, Sánchez-García y Suárez-Ortega, 2017; Sánchez-García,
2013b; Savickas, 2005, 2012). La carrera profesional se ve afectada por la acción de factores
individuales y sociales, que son interdependientes, por lo que el modo en que se afronta la
construcción de la trayectoria vital y profesional es, fundamentalmente, un proceso interacti-
vo y adaptativo (Savickas, 2005). Las características de un mercado laboral cambiante e im-
pregnado de incertidumbre y, a menudo de precariedad laboral, provocan que las personas
tengan mayores dificultades para diseñar sus itinerarios y establecer/realizar sus metas a me-
dio y a largo plazo. Los perfiles profesionales devienen más polivalentes y, para poder avanzar
en una carrera satisfactoria, adquieren cada vez más importancia una serie de competencias
que facilitan el avance, la empleabilidad y el desarrollo profesional: son las competencias de
gestión de la carrera (CGC).
Aunque el abanico de CGC es muy amplio, hay cierto acuerdo en que constituye un equipaje
cada vez más imprescindible para cualquier persona. Y precisamente, como veremos a conti-
nuación, las clasificaciones o taxonomías existentes sobre estas CGC, coinciden básicamente
con los grandes núcleos de contenido que se vienen desplegando en los programas y servicios de
orientación, dado que la finalidad de toda intervención es contribuir a que la persona desarrolle
determinados tipos de competencias asociadas a cada uno de los tres grandes núcleos: autoco-
nocimiento, conocimiento del entorno y toma de decisiones-planificación. A esta concepción
tradicional se añade, en la actualidad, la insistencia en dos aspectos:
— Dar significación a las decisiones dentro del sistema vital de cada individuo (concepción
holística y sistémica), las cuales encuentran su sentido en el diseño del proyecto profesio-
nal y vital.
Las grandes áreas o dimensiones de intervención están directamente asociadas a los núcleos
competenciales necesarios para gestionar la carrera que se recogen en la Tabla 3.2. Si bien, en la
práctica, cada programa o modelo suele poner el acento una o más áreas, y no siempre abarcan
todas ellas de manera integral. Nos detenemos a continuación en una descripción de cada una
de ellas.
El autoconocimiento es, por tanto, un paso previo necesario para tener conciencia de uno
mismo. Mediante la evaluación y autoevaluación del potencial, cada persona puede realizar una
comparación con lo que le requiere el mercado de trabajo en un puesto concreto y así poder
tomar decisiones, ya sea para incrementar competencias, emprender formaciones, modificar
actitudes o reducir los prejuicios y estereotipos (sexuales, culturales, ligados a la edad, la clase
social, etc.).
En esta área de intervención, es comprensible el importante papel que juega la función diag-
nóstica, no solo para analizar necesidades de orientación, sino sobre todo con la finalidad de
proporcionar criterios a la persona orientada en su toma de decisiones, realimentando así el
proceso de orientación.
El término Balance de Competencias (BC) se generó en el ámbito francófono en los años 80 del
pasado siglo, vinculado a la noción de proyecto profesional: permite a la persona elaborar un pro-
yecto profesional a corto, medio y largo plazo, a partir del análisis de su experiencia, de su historia, de
sus competencias y de su potencial, teniendo en cuenta sus preferencia, sus valores de referencia y las
elecciones hechas en el curso de su vida (Yatchinovsky y Michard, 1994; en Serreri, 2007, p. 16).
El BC es un instrumento apto para ayudar a la persona a tomar conciencia del conjunto de sus
adquisiciones derivadas de la formación inicial, de la formación continua y de la vida profesional
para que pueda fundamentar sus proyectos de carrera sobre una sólida autoevaluación (Lévy Le-
boyer, 1992, p. 11).
Supone una aproximación global de la persona a sus identidades, su autoconcepto, sus valo-
res, etc., en la cual tiene lugar una confrontación con los acontecimientos y con las situaciones
problemáticas, que implican las búsqueda de soluciones y la toma de decisiones (Aubret, 2007).
Se concibe, por tanto, como una estrategia que ayuda a las personas a adquirir plena con-
ciencia de todo su bagaje de experiencia, de conocimientos y de competencias acumulados a lo
largo de su vida, con el fin de utilizarlo y proyectarlo hacia el futuro.
Metodológicamente, y de acuerdo con Serreri (2007, pp. 21-26), el balance de competencias
se desarrolla en tres fases:
a) Fase preliminar. Es una fase de acogida, pre-diagnóstica e introductoria. De análisis rigu-
roso de las necesidades de la persona, de información acerca del proceso de balance y
para hacer emerger sus motivaciones y expectativas.
b) Fase de investigación. Es una fase diagnóstica, de profundización y análisis. Para identi-
ficar y reconstruir los conocimientos, las habilidades los recursos psicosociales, así como
para valorar los conocimientos, los recursos y competencias profesionales.
c) Fase de síntesis y devolución. Se centra en reelaborar el conjunto de elementos informati-
vos de las dos fases anteriores. Y en organizar el portafolios de competencias y el docu-
mento de síntesis.
La realización de un proyecto profesional implica partir del BC, es decir, de una constata-
ción y análisis minucioso de la situación, consistente en una recogida de información, en un
«inventario» punto por punto del potencial disponible, y en una reflexión crítica sobre cada uno
de ellos.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Son muchas las dimensiones concretas que se pueden explorar, dado el amplísimo abanico
de cualidades que tiene una persona. Si bien desde los enfoques teóricos y en los diversos pro-
gramas de intervención, se viene prestando especial atención a algunas de ellas, por su relevan-
cia en la configuración de la carrera.
• Intereses y representaciones profesionales
En los programas de orientación se ha dado mucha importancia a la medición de los intere-
ses profesionales, de acuerdo con las teorías sobre la toma de decisiones, como base para elegir
opciones formativas o profesionales. Pero hemos de considerar que los intereses y las preferen-
cias son cambiantes, se van construyendo, sobre todo en edades jóvenes y adolescentes, pero
también en la edad adulta. Están muy relacionados con las representaciones que tenga el joven
sobre el trabajo y sobre las profesiones concretas. Los estudios sobre preferencias ocupaciona-
les de los adolescentes revelan que éstas son a menudo estereotipadas y efímeras.
En los intereses y preferencias vocacionales se proyectan las funciones y las significaciones
sociales de las profesiones y del trabajo. Éstas son primeramente, muy globales y circulares, o
bien excesivamente focalizadas en los detalles más aparentes o superficiales de una profesión;
las ideas sobre éstas se yuxtaponen sin demasiada coherencia categorial ni temporal y sin una
lógica de acción (Dumora, 2001).
De estas representaciones profesionales emergen los intereses y las motivaciones; de ahí la
importancia de que los jóvenes descubran las exigencias, las contradicciones y retos del mundo
laboral. A través de la orientación profesional, se deben movilizar los recursos de la persona
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
para desarrollar y construir sus representaciones sobre las profesiones, de modo que, progresi-
vamente, dejen de basarse en aspectos superficiales o afectivos y se vayan aproximando más a
la realidad.
• Competencia autoevaluativa, metacognitiva
Una competencia de carácter transversal que se va adquiriendo a partir de la propia activi-
dad de autoanálisis es la competencia autoevaluativa y metacognitiva4. La autoevaluación es
una acción que permite ajustar el conocimiento sobre uno mismo (la autoestima, la autoefica-
cia, los valores, las habilidades emocionales, etc.) y confrontar el propio potencial con las exi-
gencias profesionales en un determinado momento. La autoevaluación de competencias, la
meta-reflexión del individuo es una actividad sistemática sobre la evolución de las preferencias,
que reintegra los diversos elementos en un proyecto coherente y les confiere una significación
dentro del conjunto.
• Autoconcepto, autoestima
La importancia del autoconcepto y de la autoestima ha sido recalcada desde diversos enfo-
ques teóricos (Super, Festinger, Crites, Savickas, Guichard, etc.). El autoconcepto se puede de-
finir como el conjunto de representaciones, de creencias, de actitudes y de sentimientos que el
sujeto elabora sobre sí mismo, esencialmente en las interacciones sociales que mantiene (Bariaud
y Rodríguez Tomé, 1998). La representación de sí mismo, se construye progresivamente desde
la infancia y la adolescencia; va del exterior comportamental y social, hacia el interior psicoló-
gico. De acuerdo con Suárez-Ortega (2013), el autoconcepto está configurado por dos dimensio-
nes relevantes: la autoimagen y la autoestima. La primera nos remite a la propia percepción del
sujeto sobre sí mismo. La segunda añade una dimensión evaluativa de cómo se percibe a sí mismo,
a partir de lo que hacia él proyectan los y las demás (pp. 126-127). La falta de autoestima provoca,
en relación con la carrera, actitudes negativas (Charlot, 1997) que dificultan seriamente el de-
sarrollo vocacional.
Por tanto, el autoconcepto es reflejo de las experiencias, de la forma en que la persona ha
aprendido a partir de ellas; en consecuencia, es algo aprendido, no es inamovible y puede mo-
dificarse si la persona pone en práctica nuevas competencias y habilidades para el desarrollo
personal y profesional (Suárez-Ortega, 2013).
• Autoeficacia
En estrecha conexión con el autoconcepto, la autoeficacia es un constructo muy estudiado
desde el enfoque social-cognitivo, y hace referencia a un juicio de valor auto-referido sobre la
capacidad o competencia para llevar a cabo algún tipo de actuación, o lograr cierto objetivo (Ban-
dura, 1987; Lozano, 2006), por lo que tiene mucho que ver con el desarrollo cognitivo y afectivo.
Las expectativas de autoeficacia están muy relacionadas con la motivación para la acción y
juegan un importante papel en el desarrollo de la madurez vocacional (Guerra y Braungart-Rie-
ker, 1999) y, sobre todo, en la toma de decisiones de carrera (Lent, Brown y Hackett, 1994).
• Identidad y valores
La capacidad para reconocer la propia identidad o identidades que se van generando y asu-
miendo a lo largo de la vida es otra CGC. La persona construye un significado vital a través del
sentido que cobran los distintos roles en su esquema de vida, y también en función del signifi-
cado que las otras personas significativas le otorgan a estos. La identidad, bien sea personal y/o
4
La metacognición, hace referencia a la propia percepción de los procesos de pensamiento que experimenta la persona, al
realizar determinadas tareas o resolver problemas.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
profesional, se encuentra directamente relacionada con los valores y con las motivaciones que
las personas tienen para actuar, así como con los condicionantes que les pueden afectar en cada
momento (Suárez Ortega, 2013).
En conexión directa con la identidad personal y profesional, los valores de las personas son
creencias o principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento para realizarnos co-
mo personas. Tienen que ver con los roles vitales que desempeñamos a lo largo de la vida y con
la priorización que hacemos sobre los mismos en función del significado subjetivo que se les
atribuyen. En relación con el desarrollo de la carrera, los valores permiten organizar el propio
esquema vital atendiendo a las propias creencias, deseos, aspiraciones y necesidades en cada etapa
de desarrollo. En consecuencia, para elaborar el proyecto vital-profesional, la persona necesita to-
mar conciencia sobre cuáles son sus valores vitales, qué valores guían sus elecciones, cuáles son
aquellos que adquieren mayor significación en su vida (Suárez-Ortega, 2013, p. 131).
• Competencias emocionales
Otra noción importante es la inteligencia emocional, referida a la capacidad para procesar
emociones y hacer que rindan para nosotros ayudando a nuestro comportamiento. Es la forma
de inteligencia social que engloba las habilidades para controlar nuestros sentimientos y los de
los otros, para discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar nuestro pensamien-
to y actuar. Goleman (1996) la ha definido como la capacidad de reconocer nuestros propios
sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien nuestras emociones y las de los
otros. Incluye, por tanto, las competencias interculturales.
Goleman (1997) consideraba cinco aptitudes emocionales, tres de tipo intrapersonal (con-
ciencia de uno mismo, autorregulación y motivación) y dos de tipo interpersonal (empatía y
habilidades sociales) (Tabla 3.3). Las competencias sociales son las que determinan cómo nos
relacionamos con los otros.
que éstas nos lo lleguen a decir, ya que el tono de voz, la expresión fácil y otros canales de ex-
presión nos explican todo aquello que no nos dicen las palabras.
Las habilidades sociales suponen la capacidad de introducir respuestas satisfactorias para
los demás, lo que implica manejar bien las emociones en las relaciones interpersonales, inter-
pretando las situaciones y las redes sociales. Estas habilidades nos servirán para persuadir, di-
rigir, negociar, cooperar y trabajar en equipo. Permiten ejercer influencia sobre los demás, cap-
tar su atención; comunicarse de forma efectiva, lo que implica saber emitir mensajes claros y
convincentes, pero también, saber escuchar buscando la comprensión; el liderazgo; la capaci-
dad de expresar emociones de forma convincente; de resolver conflictos; de establecer vínculos
con los demás de colaboración y cooperación; habilidades de trabajo equipo.
Entre las competencias emocionales, se puede incluir la competencia intercultural, como
capacidad para comprender la dinámica cultural de las personas del entorno e interactuar con
ellas aceptando sus puntos de vista y formas de ver el mundo, mediar entre diferentes perspec-
tivas, ser conscientes de su percepción de la diferencia (Carney y Kahn, 1984; Sue, 1991, Byran,
Nichols y Stevens, 2001). Las dimensiones de referencia que conforman las competencias mul-
ticulturales serían (Sue, Arredondo y McDavis, 1992; Repetto, 2001):
— Actitudes tales como apertura, curiosidad, aceptación de las otras culturas como igual-
mente válidas; lo cual implica relativizar los propios valores, creencias y comportamien-
tos, asumiendo que no son los únicos correctos. Supone competencias asertivas, habili-
dad para establecer empatía y comprensión en relación a «los otros».
— Conocimientos acerca de los grupos culturales: sus producciones, costumbres, forma de
ver el mundo, de relacionarse; el modo en que funcionan los grupos sociales, etc.
— Habilidades y destrezas: capacidad de interpretación y de comparación desde diversas
perspectivas, en relación con hechos, documentos o ideas de otras culturas. Asimismo,
capacidad para aprender nuevos conocimientos acerca de otra cultura, y de interactuar
en relación con ésta.
— Capacidad de autoanálisis en relación con los propios valores, creencias y comportamien-
tos determinados por la propia cultura y sobre cómo influyen en la percepción de los
valores de otras personas; desarrollo, por tanto, una conciencia cultural crítica.
• Resiliencia
En vínculo con las competencias emocionales, la resiliencia es la capacidad de afrontar si-
tuaciones complejas y adversas de la vida, para valorar positivamente las experiencias y reac-
cionar a las adversidades desde un esquema más positivo, más optimista, y sobre todo generan-
do nuevas posibilidades de desarrollo (Forés y Grané, 2012). Es la habilidad de saber construirse,
en cada ocasión, un entorno afectivamente seguro desde el que explorar el mundo (Forés y Grané,
2012, p. 10). De acuerdo con Sobrado y Cortés (2009), son tres los pilares fundamentales de la
resiliencia: la necesidad de subsistir, la capacidad de modificar los problemas, y la clarificación
de los aspectos positivos y su valor individual y social. En consecuencia, la resiliencia se con-
vierte en un potente factor de desarrollo, una competencia de gestión de la carrera, en la medi-
da que nos alienta a una mejor valoración de las experiencias, considerando la historia vital y el
sentido de la propia vida (Suárez-Ortega, 2013).
La inteligencia emocional es necesaria en cualquier faceta de la vida. En el desarrollo de la
carrera, es particularmente útil y ha sido relacionada con el éxito profesional (Bisquerra, 2002;
Brunet y Valero, 2001) por sus efectos en la autorregulación, la motivación, la empatía y las
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
habilidades sociales. Las competencias emocionales serán muy útiles para utilizar sistemas de
ayuda externa e identificar a las personas de alrededor que pueden ser de ayuda para satisfacer
necesidades concretas, buscar fuentes (grupos de ayuda, organizaciones, servicios de orienta-
ción) o personas de soporte (Rodríguez Moreno, 1998).
La capacidad para conocer el entorno en el cual vive e interactúa el individuo está asociada
a las competencias de aprendizaje y exploración de la carrera (Tabla 3.2). Constituye un área de
contenido indispensable para tomar decisiones, afrontar la búsqueda de empleo u otra transi-
ción profesional, ya sea desde los ámbitos escolares hacia el empleo o para las reorientaciones
profesionales sucesivas.
El entorno nos proporciona claves para actuar y con él se interactúa para construir proyec-
tos, para reconocer oportunidades, para analizar las exigencias e identificar las competencias
que habremos de desarrollar para alcanzar los objetivos profesionales. En la exploración del
entorno, puede ser necesario obtener información sobre aspectos como los siguientes:
— El contexto familiar y sus condicionantes.
— El entorno donde se vive, trabaja y estudia.
— El contexto socioeconómico general, así como el contexto socio-político-ideológico y las
influencias que genera en las oportunidades y opciones.
— La evolución tecnológica general y particular del sector profesional de interés.
— Las claves que rigen los aspectos formales e informales del entorno laboral y formativo;
los valores que predominan en el entorno, los comportamientos sociales y sus causas
(Isús Barado, 2008).
— La evolución y condicionantes del mercado de trabajo (general y local o sectorial). Las
exigencias que más reclama el mercado de trabajo.
— Los perfiles profesionales que se derivan de una determinada profesión u ocupación (de
interés para la persona). Dentro de cada perfil o ámbito profesional, será necesario explorar:
Las funciones a desempeñar, niveles de responsabilidad, condiciones laborales (sala-
riales, horarias, de riesgo, sociales, etc.).
Los contextos profesionales en que tiene lugar su desempeño.
Las perspectivas y nuevas salidas profesionales que pueden abrirse.
Los requerimientos formativos para un determinado ámbito ocupacional o profesión.
Otros requerimientos que pueda suponer.
El estilo de vida que requiere o condiciona su desempeño.
Los mecanismos de promoción en ese campo profesional.
— Las ofertas de empleo para un determinado ámbito o perfil profesional.
Los recursos y fuentes para la localización de ofertas de empleo que permitirán orga-
nizar la búsqueda.
Los nuevos yacimientos de empleo, para una determinada ocupación o profesión.
— Las ofertas formativas que pueden encontrarse para ese campo ocupacional y las carac-
terísticas e informaciones precisas que permiten valorar su calidad o su adaptación a las
necesidades individuales.
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
Las oportunidades para formarse y/o realizar prácticas en un determinado perfil pro-
fesional.
En su caso, las características y los procedimientos del sistema de evaluación y acredi-
tación de competencias profesionales.
— En su caso, los recursos y procedimientos para el autoempleo en un campo profesional.
Además de ofrecer informaciones, la intervención orientadora trata de lograr que cada per-
sona integre significativamente la información que va obteniendo, sepa comprender e interpre-
tar críticamente su valor y su calidad, y sea capaz de aprovecharla e incorporarla a su proyecto
profesional. No sólo como nuevo conocimiento sino como elemento de comparación sobre su
propio potencial profesional, y como componente para planificar la formación y el incremento
de ese potencial (Sánchez García, 2002, 2004; Isús, 2008). En definitiva, como criterio para la
toma de decisiones de carrera.
En esta área será fundamental desarrollar la habilidad de exploración de la carrera, enfoca-
da no sólo al mundo laboral y profesional de nuestro interés, sino también al mundo educativo,
si admitimos que la formación a lo largo de la vida es una necesidad de todas las personas, en
cualquier contexto profesional.
El conocimiento del entorno tiene especial interés, igualmente, como contexto para el desa-
rrollo de hábitos de trabajo positivos (asumir responsabilidades, puntualidad, terminar las ta-
reas iniciadas sin retraso, actuación ética, mantenerse al día...), competencias de trabajo en
equipo, uso de estrategias de solución de problemas colaborativas y creativas, que también son,
en suma, objetivos de la orientación profesional (Pereira, 1995).
El orientador(a) ayudará a la persona a seleccionar las dimensiones que requieren ser explo-
radas, y a desarrollar sus competencias exploratorias (especialmente en relación con el uso de
las TIC). Y le apoyará para que integre significativamente las informaciones que va obteniendo.
La ayuda deberá extenderse a la interpretación crítica sobre su valor y su calidad de cara a un
aprovechamiento para la toma de decisiones.
• Competencias exploratorias e informativas
La competencia exploratoria acoge la capacidad para saber informarse, manejar información y
diversos recursos del entorno y con relación a uno mismo (competencia autoexploratoria). Su do-
minio conduce a una «apertura» y ampliación de las representaciones profesionales y de las pro-
pias posibilidades. Tanto Ginzberg et al. (1951) como Super (1957) asignaron a la exploración un
papel crucial en el proceso de elección y de toma de decisión (Rodríguez Moreno, 1999), ya que
permite la confirmación de hipótesis acerca de uno mismo y de las relaciones existentes en el me-
dio circundante, para lograr objetivos vocacionales (Rodríguez Moreno, Sandín y Buisan, 2000).
En la actual sociedad del conocimiento es fácil obtener gran cantidad de información, pero
resulta difícil separar aquella que es verdaderamente relevante y útil para nosotros. Estas com-
petencias suponen (OCDE, 2004, p. 10; Consejo de Europa, 2008):
— Identificar y acceder a fuentes apropiadas de información.
— Usar la información y la tecnología de manera interactiva.
— Reconocer y determinar lo que se sabe y lo que no se sabe.
— Organizar el conocimiento y la información.
— Reflexionar críticamente sobre la naturaleza de la información en sí, su contexto e im-
pacto.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Sabemos que estar informado es esencial para tomar decisiones acertadas, pero también es
real el gran volumen de información al tenemos acceso en la actualidad. Por ejemplo, en rela-
ción con la búsqueda de empleo o con la formación, podemos encontrar una ingente cantidad
de información. Pero es sabido que muchas «informaciones» tienen una intencionalidad mera-
mente comercial y no siempre corresponden a las necesidades reales de la persona que, por
ejemplo, busca empleo o quiere mejor formación o cualificación. Por ello, es esencial aprender
a seleccionar las informaciones que necesitamos en cada momento, aprender a valorar su rele-
vancia, su calidad y su utilidad para nuestras metas.
• Aprender a aprender
La capacidad de aprender a aprender, debe mantenerse a lo largo de la vida, de forma perma-
nente. Ocupa una especial relevancia porque implica la apertura a los cambios, y la habilidad
para detectarlos y adaptarse a ellos. Supone un compromiso para construir conocimiento a
partir de los aprendizajes y experiencias vitales anteriores, con el fin de reutilizarlo y aplicarlo
en diferentes situaciones y contextos (Martín Ortega, 2008), por tanto, requiere una actitud ac-
tiva y protagonista de la persona en la construcción de su recorrido de aprendizaje permanente,
ya sea formal o no formal. Y supone también conocer y saber aprovechar los sistemas de edu-
cación, de formación continua, así como de acreditación y certificación.
Como señala Martín Ortega (2008), la competencia de aprender a aprender pone en juego los
aspectos cognitivos pero también, de un modo marcado, los aspectos emocionales (la motiva-
ción, la autoestima, la autoconfianza, las propias creencias o expectativas de autoeficacia, etc.).
En este sentido, la competencia de aprender a aprender se encuentra ligada e interactúa con las
competencias de autoconocimiento. Por ello, en orientación, es importante ayudar a desarro-
llar una conciencia acerca de los procesos mentales (metacognitivos y emocionales) que tienen
lugar en el proceso de aprender, de modo que la persona pueda llegar a autorregularlo.
La toma de decisiones viene a ser el ámbito de confluencia al que llegan las numerosas infor-
maciones y conclusiones obtenidas a través de las dos dimensiones anteriores (autoconoci-
miento y conocimiento del entorno). El esfuerzo realizado en esas áreas será el que proporcione
los criterios y las condiciones que lleven a tomas de decisión más seguras. Pero si, ciertamente,
el hecho de disponer de condiciones e informaciones valiosas permite elegir de forma más acer-
tada, no se puede garantizar que la persona tome siempre la mejor opción o una opción satis-
factoria.
La toma de decisiones es un proceso que se puede aprender; de ahí que sea un objetivo central
de muchos programas de orientación y en los programas de desarrollo cognitivo (aprender a pen-
sar, aprender a aprender). En la mayor parte, la decisión se plantea en términos heurísticos5 y a
través de ellos, se lleva a cabo un entrenamiento partiendo de diversas situaciones y supuestos.
En el campo de la orientación profesional, las tomas de decisión tratarán fundamentalmen-
te sobre la elección de itinerarios formativos y profesionales. En la base de las habilidades para
tomar decisiones fundamentadas, autónomas y realistas, está la conciencia sobre la estrecha
relación existente entre las decisiones y el rumbo que toma la carrera. Dentro de un proyecto
5
En el campo del desarrollo cognitivo, un heurístico es un procedimiento de resolución de problemas que explora las alterna-
tivas posibles.
TRANSICIONES EN LA CARRERA Y DIMENSIONES DE INTERVENCIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
profesional, habrá que decidir, no sólo sobre metas a corto, medio y largo plazo, sino también
sobre las estrategias a seguir para alcanzar esos objetivos. No sólo concretar qué hacer sino
también cómo hacerlo.
Un problema frecuente que intenta prevenir la mayor parte de los programas de orientación
profesional es la denominada indecisión de carrera, frecuente entre los adolescentes, pero también
en algunos jóvenes y adultos. Según los diversos estudios, dos importantes predictores de la inde-
cisión son: la formación de la identidad personal, esto es el estatus de identidad del propio yo
(factores de personalidad, particularmente el autoconcepto); y la percepción del entorno familiar
aceptando y animando la independencia (factores familiares) (Guerra y Braungart-Riecker, 1999).
Como señalaba Isús Barado (2008) al referirse al área de intervención que denomina acomo-
dativa, en la toma de decisiones es importante igualmente ayudar a la persona a desarrollar sus
capacidades de transformación, a gestionar la búsqueda de cambios y a desarrollar sus habili-
dades de adaptación a las posibilidades del entorno.
Las acciones de autoconocerse, de conocer el entorno y ubicarse en él, así como de tomar de-
cisiones no deben ser actividades simplemente yuxtapuestas o aisladas entre sí. Por el contrario,
son dimensiones que se retroalimentan entre sí. A su vez, las tomas de decisión son los puntos
de partida que activan la planificación de acciones dentro del proyecto vital y profesional. La
puesta en marcha del proyecto requerirá la planificación de objetivos, la planificación de estra-
tegias y de las secuencias de pasos a seguir en cada fase o en cada sub-proyecto. Finalmente,
todo el proceso deberá estar sujeto a una retroalimentación (feedback) derivada de los cambios
que puedan producirse en el entorno o en la propia persona, ya que el proyecto ha de ser flexi-
ble, dinámico y en constante evolución.
La diseño o planificación de la carrera es el elemento que aporta la significación personal y la
coherencia necesarias a este conjunto dinámico. Es el núcleo desde el cual adquieren pleno
sentido el resto de contenidos y actividades en su proceso de orientación profesional. Para ello,
es preciso que los pasos que se van dando dentro de la carrera profesional sean reflexionados y
realizados en el contexto de un proyecto profesional y vital, intencionadamente construido por
cada persona (Sánchez García, 2004).
La noción de proyecto nos remite al ámbito filosófico y existencial, como una dimensión fun-
damental del ser humano (Guichard, 1995). Este concepto ha sido tratado desde diferentes pers-
pectivas (enfoques ecológico/contextuales, psicología y filosofía existencialistas, sociología de la
acción, psicología humanista) y en contextos geográficos muy diversos (norteamericano, cana-
diense, británico, francés o español) como consecuencia de la evolución del entorno socio-econó-
mico (Romero, 2000). Para que haya un proyecto, deben estar presentes tres tipos de considera-
ciones: su valor presente, su interés futuro y lo relativo al modo de realizarlo (Guichard, 2007).
El proyecto de vida constituye un centro de gravedad o punto de intersección entre los deter-
minantes personales y sociales y el de las necesidades humanas y la autorrealización, permitiendo
aportar así un planteamiento holístico a la orientación (Isus, 1995, en Echeverría, 1999). De acuer-
do con Corominas e Isus (1998), la capacidad de definir o redefinir en cada momento hacia dónde
vamos clarifica nuestra identidad y nos permite planificar nuestros itinerarios con sentido.
El proyecto imprime al proceso de orientación profesional un carácter, tanto de intenciona-
lidad como de anticipación al futuro, lo que requiere forzosamente una implicación de la perso-
na orientada. Aporta, asimismo una necesaria reflexión, en la misma medida que un dinamismo
y una flexibilidad ante los acontecimientos que van sucediendo a lo largo de la carrera. Conse-
cuentemente, un proyecto no representa la formulación de objetivos cerrados, sino precisamen-
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
6. SÍNTESIS FINAL
Toda persona debe asumir numerosos momentos de transición a lo largo de su carrera, los
cuales pueden ser de diversa índole (dentro de la etapa escolar y momentos de formación per-
manente; en la vida laboral y profesional; o en la vida personal). Las transiciones son pasos in-
termedios, de una duración variable, que tienen lugar entre una situación y otra de las que
atraviesa la persona. Estas transiciones conllevan transformaciones y a menudo transcurren
simultáneamente, por lo que interactúan entre sí, pudiendo comportar un mayor o menor im-
pacto personal/profesional.
La intervención orientadora viene desarrollando diversas acciones, ante ciertas transicio-
nes-tipo y momentos críticos que suelen aparecer para muchas personas en ciertas etapas vita-
les (p. ej. transición a otra etapa educativa, al mundo laboral, de una situación de desempleo a
un nuevo empleo, etc.). Esta intervención tiene muy en cuenta el hecho de que las transiciones
generan conocimiento, experiencia y nuevas competencias, por lo que los programas ayudan a
la persona a comprender cómo influye la transición en la reinterpretación de sus experiencias
o en la redefinición de sus representaciones y valores, tratando de ayudarla a integrar y aprove-
char este cambio de manera positiva para su crecimiento personal y profesional.
En relación con las transiciones de tipo profesional, cobra relevancia especial el concepto de
empleabilidad, cuyo análisis se apoya en el diagnóstico de las potencialidades que tiene una
persona para mantenerse en el mercado laboral. Y en este sentido, se insiste en la necesidad de
orientar desde una visión holística que refuerce las competencias de gestión de la carrera. Para
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
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1. Introducción
2. Modelos de intervención en orientación profesional
2.1. Modelo de consejo (counseling)
2.2. Modelo de consulta
2.3. Modelo de servicios
2.3. Modelo de programas
3. Contextos de intervención en orientación profesional
3.1. Contexto educativo
3.2. Contexto organizacional-laboral
3.3. Contexto socio-comunitario
4. Sistemas institucionales de orientación profesional en España: modelos, servicios y programas
4.1. Subsistema de orientación en los ámbitos escolares
4.2. Subsistema de orientación universitaria
4.3. Subsistema de orientación en el ámbito sociolaboral y de formación para el empleo
4.3.1. La orientación profesional en el marco del sistema nacional de cualificaciones y
formación profesional, y en el subsistema de formación para el empleo
[Link]. Orientación profesional en los servicios públicos de empleo (SPE)
[Link]. Orientación profesional en el sistema de acreditaciones
4.3.2. Algunas consideraciones sobre las buenas prácticas en el subsistema de Orientación
para el empleo
5. Síntesis final
Términos del Glosario
Referencias bibliográficas
1. INTRODUCCIÓN
bién un medio o recurso a través del cual aplicar los otros modelos. Se trata de un debate que
permanece abierto.
De acuerdo con Manuel Álvarez González (2009, p. 60), los principales ejes sobre los que se
construyen los modelos de intervención son los siguientes:
Estos modelos no suelen existir de forma exclusiva o aislada, sino que en la práctica se com-
binan y coexisten, en función de las instituciones, necesidades y objetivos. Se distribuyen en
torno a diversos ejes cuyos extremos quedan ocupados por un continuum (Bisquerra y Álvarez
González, 1996; Vélaz de Medrano, 2002).
Las ventajas y limitaciones que cada modelo presenta hacen que todos ellos sean, hoy por hoy,
necesarios. Aportamos a continuación una valoración en función de la relación que se establece
con la persona orientada y de la posibilidad de aplicar los principios generales de la orientación.
Este modelo ha sido también denominado de asesoramiento, así como clínico. El counseling
surgió como una convergencia de los modelos médico y dinámico-psicoanalítico dentro del para-
digma clínico (Sobrado y Ocampo, 2000, p. 145).
Su desarrollo ha tenido lugar a lo largo del siglo XX desde un planteamiento terapéutico a
través de diferentes movimientos psicológicos (el enfoque de rasgos y factores, el movimiento
de la psicología diferencial, la psicometría, el movimiento de higiene mental, la terapia centra-
da en el cliente, el psicoanálisis o la terapia conductual-cognitiva, etc.) (Bisquerra, 1998; Sobra-
do y Ocampo, 2000). Son particularmente relevantes las aportaciones de Carl Rogers (1972)
cuyo enfoque terapéutico, incorporaba un planteamiento no-directivo, centrado en el cliente, y
en el cual el terapeuta debe poner en práctica las cualidades de congruencia (ser honesto con el
cliente), la empatía y el respeto hacia el cliente. De acuerdo con Isus Barado (2008), sea cual sea
el enfoque orientador, siempre se debe respetar el espacio vital y las características de la perso-
na orientada, no resolver sus problemas sino devolver a la persona su capacidad de decisión y
hacer que sea uno mismo el protagonista de su vida (p. 213).
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Las fases que generalmente sigue un proceso de counseling son las de: análisis, síntesis, diag-
nóstico, pronóstico, consejo y seguimiento (Sobrado y Ocampo, 2000, p.145).
En tanto que se basa en una relación e interacción directa y personalizada entre el/la profe-
sional de la orientación y la persona orientada, este modelo ha sido y es ampliamente utilizado
en el campo de la orientación como forma de ayuda. Esta ayuda se enfoca al diagnóstico, a la
resolución de problemas y a apoyar al sujeto en la comprensión de su situación, proporcionán-
dole un asesoramiento. En nuestro campo, es frecuente la demanda de consejo para tomar de-
cisiones profesionales en situaciones de transición o frente a un problema laboral o profesional.
Si bien el modelo ha sido criticado por su carácter excesivamente reactivo (remedial) o tera-
péutico; por efectuarse frecuentemente al margen del contexto en el que vive, trabaja o estudia
la persona, y por su limitación a una parte de los sujetos o a casos con especiales problemas. Sin
embargo, también presenta una importante ventaja derivada de su carácter personalizado, de la
atención exclusiva que aporta a cada persona concreta, por lo que su utilización puede ser muy
adecuada si se combina con otros modelos y se amplían sus objetivos a planteamientos más
preventivos. En la práctica, es un modelo que coexiste con mucha frecuencia con el de servicios:
es el caso de los servicios de orientación en las universidades.
Modelo de consulta
Consultante
(formador)
࣐
࣐
Consultor Persona/s
(orientador) orientada/s
Álvarez González (1998, pp. 110) define el modelo de consulta como la relación entre dos o
más personas del mismo o parecido estatus, que plantean una serie de actividades con el fin de
ayudar/asesorar/formar a una tercera. Esta tercera puede ser una persona, un programa, una ins-
titución, un servicio, una empresa, etc. Como subraya el mismo autor (2009), esto implica que el
personal orientador ha de asumir un rol no sólo de intervención orientadora, sino también de
formador y de agente de cambio entre los agentes implicados en la acción. Generalmente, se
persigue aumentar la competencia del consultante en sus relaciones con el cliente e incremen-
tar sus habilidades en relación con la problemática concreta (Álvarez González y Bisquerra,
2004; Álvarez González, 2009).
El modelo también es frecuente en los centros educativos, en los cuales un profesor tutor o
una familia (consultante) solicita asesoramiento al orientador del centro (al Departamento de
Orientación o al Equipo externo) (consultor) para abordar un problema concreto o situación a
resolver que afecta a una persona o un grupo.
Aunque la consulta puede ser externa o interna respecto al centro educativo, la intervención
del orientador no debe quedar desconectada de la intervención del profesorado, sino integrada
en el propio proceso educativo. Igualmente, supone una práctica profesional de cooperación
entre los agentes educativos.
Este modelo aporta la ventaja de multiplicar la acción orientadora de modo que llegue a más
destinatarios. Aunque frecuentemente responde a objetivos de carácter más remedial, también
ofrece grandes posibilidades para desarrollar el principio de prevención, especialmente en ta-
reas de planificación y diseño de actuaciones grupales, pudiendo coexistir con los modelos de
programas y de servicios. Como recuerda Santana Vega (1993), existen diversas formas de ejer-
cer la consulta que dependen de las finalidades que se persiguen y de los marcos teóricos asu-
midos por los consultores.
Es el modelo que más se está desarrollando actualmente, y en el que se están poniendo más
esperanzas, por tratarse del que reúne esencialmente todos los principios generales de la orien-
tación, particularmente, los de prevención e intervención social.
Los programas plantean acciones sistemáticas, cuidadosamente planificadas, cuyos objetivos
dan respuesta a las necesidades de orientación de los destinatarios (Isus Barado, 2008, p. 216).
Se trata de un modelo más completo por diversas razones: permite atender a toda la pobla-
ción destinataria, y por tanto no es exclusivo de una parte de las personas; tiene un carácter
fundamentalmente preventivo, pretende anticiparse a la aparición de situaciones problemáti-
cas, aunque puede también responder a necesidades remediales (como de hecho sucede en los
servicios de orientación laboral); se planifica y se desarrolla en el propio contexto educativo,
laboral, institucional, etc. (en el contexto formativo, es posible insertarlo en el propio currícu-
lo); permite y requiere la implicación y cooperación de los diversos agentes formativos; tiene en
cuenta una multiplicidad de objetivos, centrados en las necesidades del grupo; y, asimismo,
cada programa aporta una propuesta metodológica de actuación, en la que suele tomar un pa-
pel central el trabajo en equipo y la colaboración.
La noción de programa lleva implícito un tipo de intervención comprehensiva que atiende
tanto a la prevención como al tratamiento remedial o terapéutico de situaciones problemáticas
o de crisis (cualesquiera que sean su naturaleza y su contenido).
En sentido amplio, pueden considerarse como «programa», desde una actuación compleja
y coordinada, hasta actividades para una sola vez, desarrolladas por un único profesional (Barr
y Cuyjet, 1991; en Álvarez Rojo y Hernández Fernández, 1998, p. 86). En todo caso, no se con-
sidera un programa: una actuación improvisada, una selección coyuntural de contenidos o una
recopilación intuitiva de actividades.
La importancia de los contextos o escenarios donde tiene lugar la acción orientadora radica
en que tiene implicaciones sobre el enfoque y en el planteamiento de la práctica orientadora, en
tanto que afectan al desarrollo del sujeto, a sus necesidades, a sus oportunidades y al modo en
que interactúa en su contexto. Dentro de las diversas realidades sociales, económicas, políticas
y educativas se producen situaciones y necesidades que hacen imprescindible la orientación
profesional. Y la práctica orientadora funciona igualmente en interacción dialéctica con el me-
dio dentro del cual despliega su acción.
Los campos de actuación del orientador son variados y comprenden principalmente los con-
textos del sistema educativo formal, del mundo organizacional-laboral, y de las actividades so-
cio-comunitarias.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Este contexto engloba el conjunto del sistema educativo formal en sus diversos niveles: edu-
cación infantil, primaria, secundaria obligatoria, bachillerato, universitaria y formación profe-
sional. El centro educativo es el contexto tradicional de intervención orientadora, y en el cual
su práctica está más desarrollada e investigada.
El tipo de intervención que se lleva a cabo está muy condicionado por las características de
estos contextos. Aquí la orientación está institucionalizada y organizada en un modelo bastante
preciso que quedó establecido en la LOGSE (1990) y en el posterior desarrollo legislativo. Se
aplican las distintas modalidades de la orientación, tanto académica, como profesional, fami-
liar y personal, de forma bastante integrada. Si bien con algunas insuficiencias, presenta una
tendencia a su introducción en el currículo escolar (especialmente en la formación profesio-
nal), y cuenta con la participación de distintos agentes orientadores en el proceso.
Comprende los ámbitos vinculados al mundo del trabajo, como son los servicios y progra-
mas destinados a la inserción laboral, la formación profesional continua de los trabajadores y
el marco del sistema de evaluación y acreditación de competencias profesionales. Las actuacio-
nes son generalmente promovidas y financiadas por las administraciones públicas (a través del
Servicio Público de Empleo Estatal, y de las oficinas de empleo de las Comunidades Autóno-
mas), y gestionadas a través de diversas entidades que actúan como centros colaboradores (or-
ganizaciones sindicales y patronales, fundaciones, organizaciones no gubernamentales, orga-
nismos públicos de ámbito local, etc.), o en el seno de la propia empresa. En estos contextos se
atiende a la población joven y adulta, frecuentemente, en situación de desempleo o en busca de
mejora de empleo.
El ámbito de las organizaciones engloba el mundo de las empresas donde tiene lugar la
actividad laboral, así como aquellos servicios y programas, vinculados al mundo del trabajo,
en los que se lleva a cabo la formación profesional continua de los trabajadores; puede reali-
zarse en la propia empresa o bien a través de organismos y entidades vinculados a éstas, entre
los cuales, podemos considerar las organizaciones sindicales, las organizaciones empresaria-
les o patronales, las consultoras, las agencias de colocación, las empresas de trabajo tempo-
ral, algunos organismos públicos (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, ayuntamientos,
comunidades autónomas) y ciertas asociaciones profesionales. Toda esta diversidad de enti-
dades pueden estar interesadas en que los individuos se desarrollen profesionalmente, en su
ocupación o puesto; en que tengan mayor motivación para superarse y promocionar o para
que afronten transiciones profesionales de la forma menos traumática posible (Pérez Boullo-
sa y Blasco, 2001).
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
En este ámbito, el objetivo de orientación para el desarrollo profesional suele estar vincula-
do a iniciativas de apoyo social, médico, psicológico, económico o incluso lúdico, para pobla-
ciones con necesidades específicas. Se trata de un contexto en el que, desde hace unos años,
está desarrollándose la orientación profesional para el empleo. Estos contextos se sitúan fuera
de las instituciones formativas y de las del mundo del trabajo, esto es, en la propia la comuni-
dad, con la característica de que las entidades promotoras de la acción no tienen, generalmente,
ánimo de lucro: se trata de programas o instituciones públicos (servicios sociales de las Comu-
nidades Autónomas, de los municipios, etc.); organizaciones no gubernamentales (ONG); reli-
giosas; y grupos asociativos de diversa índole, que reciben frecuentemente apoyo financiero
público, junto con el trabajo voluntario de algunos ciudadanos.
Los destinatarios de la orientación profesional en este contexto, suelen ser personas en si-
tuación de desempleo (que requieren iniciar procesos de inserción laboral y abrir nuevos hori-
zontes en el desarrollo de sus carreras), y/o en las que convergen además otras circunstancias o
condiciones, ya sean de forma permanente o transitoria. Nos referimos a diferentes situaciones
que llevan a la exclusión (temporal o prolongada) del mundo del trabajo y, consecuentemente,
a la exclusión social:
— Situaciones de discapacidad física, sensorial o psíquica.
— Problemas de salud (SIDA u otras enfermedades, anorexia, bulimia...).
— Minorías étnicas o culturales
— Reinserción social de la población penal.
— Rehabilitación de la adicción a drogas.
— Bienestar de la tercera edad.
— Situaciones de problemática múltiple.
En la intervención con estos grupos, se toma casi siempre en consideración su contexto fa-
miliar, primer ámbito de socialización, de apoyo y de desarrollo. La familia constituye también
un contexto de intervención en orientación, y de hecho, la orientación familiar es un campo
disciplinar que se ha venido desarrollando en los últimos años (Álvarez González, 2003). En
muchas situaciones y decisiones profesionales se debe tomar en consideración el núcleo fami-
liar como elemento importante al planificar y llevar a cabo proyectos profesionales y vitales.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Para finalizar, tan sólo recordar aquí que, si bien para organizar la intervención orientadora
es necesario analizar por separado cada elemento sobre el que actuar, no debemos por ello per-
der la necesaria perspectiva holística de la orientación: la persona debe ser contemplada como
totalidad en su potencial, en sus circunstancias, en los contextos donde se desarrolla, y en su
proyecto de futuro.
En nuestro país, desde los años 80 y 90 del pasado siglo, la orientación se ha ido desarrollan-
do sobre tres subsistemas cuyas estructuras y funcionamiento son diferentes. Éstos transcurren
de forma independiente, ya que los nexos entre sí son prácticamente inexistentes (Sánchez
García, 2010).
El primer subsistema surge como desarrollo de las sucesivas leyes de educación, desde la
promulgación de la LOGSE en 1990, en la educación infantil, primaria y secundaria (incluyen-
do la formación profesional). El segundo subsistema se fue desarrollando y expandiendo en las
universidades a lo largo de los años 80 y 90 hasta nuestros días. Y el tercero, comienza a desa-
rrollarse desde 1995 en los ámbitos socio-laborales y de formación para el empleo, a través de
las Comunidades Autónomas y sus centros colaboradores (ver Tabla 4.1).
Los tres subsistemas donde ha emergido la profesión de orientador/a han evolucionado de
forma diferente e independiente, no sólo por el tipo de destinatarios atendidos, sino también en
función de los objetivos perseguidos, la metodología aplicada, la estructura organizativa, e in-
cluso, el modo de concebir la orientación. Ello ha derivado en la configuración de perfiles pro-
fesionales diferenciados en la figura del orientador/a (con diferentes funciones, formación ini-
cial, y modos de afrontar la ayuda orientadora). Una realidad que no es exclusiva de nuestro
país, sino que es similar en otros países del entorno europeo (CEDEFOP, 2006; Vuorinen, R. y
Watts, 2011).
Los subsistemas difieren, en primer lugar, en el tipo de destinatarios a los que van dirigidos,
y por tanto, sus necesidades son las que determinan los contenidos de la orientación proporcio-
nada (modalidades). Se rigen por diferentes normas legislativas e intervienen a través de estruc-
turas específicas organizadas en modelos institucionales preestablecidos; los dos primeros, des-
de la Administración educativa y el tercero, desde la Administración laboral. Finalmente, los
mecanismos de acceso y formación del personal orientador son también específicos.
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Formación inicial Psicopedagogos, psicólogos Aprox. 50% psicólogos, Titulaciones diversas, con
de los y pedagogos pedagogos, psicopedagogos predominio de psicólogos
orientadores y 50% otras titulaciones
diversas
1
Ley de Ordenación General del Sistema Educativo, de 3 de octubre. BOE de 04/10/1990.
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
La integración de contenidos de orientación dentro del currículo escolar es muy escasa. Tan
sólo tiene lugar a través de un módulo en la formación profesional y de una materia optativa en
cuarto curso de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
En el caso del cuarto curso de la ESO, el Real Decreto 1146/20113, introdujo en el currículo
la materia de Orientación Profesional e iniciativa emprendedora. Respecto al contenido, la mate-
ria se estructura en tres ejes:
Aunque sin duda esta materia representa un avance sustancial para asegurar la orientación
del alumnado, su carácter optativo y su introducción únicamente al final de la etapa educativa,
constituyen una limitación; como también la insuficiente especialización del profesorado al
que se asigna su impartición: Especialidades de los cuerpos de Economía, Geografía e historia,
Formación y orientación laboral, junto con la de Orientación educativa.
2
De acuerdo con el artículo 23.1 del Real Decreto 1147/2011, de 29 de julio (BOE de 30 de julio), de ordenación general de la
formación profesional.
3
Real Decreto 1146/2011, de 29 de julio, por el que se modifica el Real Decreto 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se
establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria, así como los Reales Decretos1834/2008,
de 8 de noviembre y 860/2010, de 2 de julio, afectados por estas modificaciones.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Aunque también estas materias representan un avance sustancial para asegurar la orienta-
ción del alumnado desde el propio currículo, su carácter optativo y su introducción únicamen-
te al final de la etapa educativa obligatoria, constituyen una limitación. Como señalan Manza-
nares Moya y Sanz López (2016) este planteamiento no garantiza la igualdad de oportunidades
de todo el alumnado para beneficiarse de esta orientación.
En el ámbito universitario, los servicios de orientación han seguido una evolución específi-
ca. Aunque los primeros servicios (surgidos en los años 70 del siglo XX bajo la denominación de
Centros de Orientación, Información de Empleo –COIE–), dependían del INEM, rápidamente
pasaron a depender de las propias universidades. Su objetivo era servir de puente entre el licen-
ciado y el mundo profesional y laboral. Estos servicios se expandieron a lo largo de los años 80
y 90 (Sánchez García, 1999); y en la actualidad, prácticamente todas las universidades disponen
de algún tipo de servicio o estructura de orientación.
En este ámbito no existe una regulación específica de la orientación. Si bien la Ley Orgánica
de Universidades4 (LOU) de 2002, recogía el derecho a la orientación e información sobre acti-
vidades de la universidad, así como el asesoramiento y asistencia por parte de los profesores y
tutores, no establece ninguna estructura organizativa común para proporcionar dicha orienta-
ción dentro de las universidades, ni aporta normativas para el acceso y el ejercicio de la función
orientadora. A pesar de ello, las universidades tienen sus propias estructuras de orientación
que, hasta cierto punto, guardan una cierta homogeneidad, a pesar de que no existen conexio-
nes formales entre servicios, más allá de las relaciones que se mantienen en el seno de la Red
Universitaria de Asuntos Estudiantiles (RUNAE)5.
Diversos estudios confirman que los servicios de orientación universitaria centran priorita-
riamente sus esfuerzos en favorecer el empleo de los titulados (Campoy y Pantoja, 2000; Gue-
rra, 2005; Pérez Cusó y Martínez Suárez, 2015; Sánchez García, 1999; Sánchez García et al.,
2008; Suárez Lantarón, 2013; Vidal, Díez y Vieira, 2001). Desde sus inicios, se han centrado en
facilitar la inserción en el mercado de trabajo de los nuevos titulados, con el fin de evitar o re-
ducir las tasas de paro y de subempleo (gestión de bolsas de trabajo), tratando además de com-
pensar el desequilibrio entre la formación universitaria y las exigencias del mundo profesional
mediante la organización de prácticas en las empresas.
Sin embargo, contemplan muy escasamente las funciones directamente vinculadas a la ges-
tión de la carrera y del proyecto profesional. A lo largo de los años noventa y hasta la actualidad,
han ido ampliando sus funciones a la información académica y profesional, y en algunos casos,
a la orientación y consejo personalizados, dependiendo de cada universidad. Igualmente y, par-
ticularmente con la reforma universitaria para la adaptación al Espacio Europeo de Educación
Superior, las universidades han ido incorporando sistemas de orientación tutorial (Álvarez
González y Álvarez Justel, 2015; Lobato Fraile e Ilvento, 2013; Pérez Cusó y Martínez Juárez,
2015; Sánchez García, Manzano Soto, Rísquez López y Suárez Ortega, 2011; Sanz Oro, 2009),
4
Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre de Universidades (BOE de 24/12/2001).
5
Se trata de una Comisión Sectorial de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), formada por los
máximos responsables de los asuntos estudiantiles en las Universidades del Estado español. Se estructura en varias comisiones y
áreas de trabajo, con el fin de coordinar propuestas relativas al ámbito estudiantil en sus diversas manifestaciones (acceso, becas,
empleo, servicios de información y orientación, organización, participación y asistencia al estudiante, deportes, construcción del
Espacio Europeo de Educación Superior, etc.).
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
si bien la ayuda suele tener un carácter prioritariamente curricular y académico, y sin mantener
vínculos con el servicio de orientación. En general, se contemplan muy escasamente las funcio-
nes directamente vinculadas a la gestión de la carrera y del proyecto vital-profesional, lo cual se
plantea como una de las claves para resolver las transiciones que deben afrontar los estudiantes
y titulados universitarios (Lobato e Ilvento, 2013; Romero Rodríguez y Figuera Gazo, 2016).
En el estudio llevado a cabo sobre las universidades españolas (Sánchez García et al, 2008), se
observó que los servicios de orientación funcionaban sin apenas conexiones con la estructura
docente, a pesar de que la mayor parte de universidades contaba con algún mecanismo de orien-
tación tutorial para apoyar el aprendizaje y la adaptación académica de los estudiantes. En defi-
nitiva, los modelos que se adoptan están determinados en gran medida por las particularidades
de cada universidad y por la importancia que éstas atribuyen a la orientación de sus estudiantes.
Aunque los servicios comparten ciertas características (principalmente, la importancia otor-
gada al ámbito de la inserción laboral, mediante la gestión de bolsas de trabajo), destaca una gran
heterogeneidad entre estos: desde las diversas denominaciones de los servicios, hasta la organiza-
ción interna y el tipo de servicios que proporcionan. En muchos casos, las estructuras de apoyo
están dispersas y desconectadas entre sí, lejos de planteamientos sistémicos e integrales.
Como consecuencia de la falta de regulación, el desarrollo de la orientación depende, en
buena medida, de la sensibilidad o del conocimiento que de ella tengan los órganos rectores de
cada Universidad. Los profesionales que intervienen se caracterizan por una gran diversidad en
su formación inicial y en sus funciones. La figura del orientador/a, frecuentemente se ve susti-
tuida por personal administrativo o por becarios, y pocas veces queda reflejada en las relaciones
de puestos de trabajo de las universidades españolas.
Todo ello apunta a la necesidad de alcanzar unos planteamientos más holísticos en materia
de orientación dentro de las universidades, de modo que los servicios proporcionados tengan
un carácter más integral y menos fragmentado; para ello sería positivo crear órganos y estruc-
turas que permitan una planificación conjunta de los distintos programas y servicios (tanto
dentro de las universidades, como entre las mismas).
El Sistema Nacional de Empleo (SNE) quedó establecido a través de la Ley de Empleo (2003)
y del Real Decreto-ley 3/20116 (en su Título I), como conjunto de estructuras, medidas y accio-
nes necesarias para promover y desarrollar la política de empleo. Está integrado por:
— El Servicio Público de Empleo Estatal (SPEE).
— Los Servicios Públicos de Empleo (SPE) de las comunidades autónomas.
Entre los objetivos de la política de empleo que asume el Sistema Nacional de Empleo
(SNE), se incluye el de adoptar un enfoque preventivo frente al desempleo, especialmente de larga
duración, facilitando una atención individualizada a los desempleados, mediante acciones inte-
gradas de políticas activas que mejoren su ocupabilidad. Igualmente, la política de empleo tenderá
a adoptar un enfoque preventivo frente al desempleo y de anticipación del cambio a través de ac-
ciones formativas que faciliten al trabajador el mantenimiento y la mejora de su calificación pro-
6
Ley 56/2003, de 16 de diciembre, de Empleo (BOE de 17/12/2003). Modificada parcialmente por el Real Decreto- ley 3/2011,
de 18 de febrero, de medidas urgentes para la mejora de la empleabilidad y la reforma de las políticas activas de empleo.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
El Subsistema de Formación Profesional para el Empleo7 forma parte del Sistema Nacional
de Cualificaciones y Formación Profesional. Está constituido por un conjunto de iniciativas,
medidas e instrumentos que pretenden, a través de la formación de los trabajadores y de la acredi-
tación de su cualificación, dar respuesta a sus necesidades personales y profesionales de inserción
y reinserción en el sistema productivo y contribuir a la mejora de la competitividad de las empresas
(Artículo 26.1). Sus acciones formativas, en las que participan las organizaciones empresariales
y sindicales, están dirigidas a la adquisición, mejora y actualización permanente de las competen-
cias y cualificaciones profesionales, favoreciendo la formación a lo largo de toda la vida de la po-
blación activa, y conjugando las necesidades de las personas, de las empresas, de los territorios y
de los sectores productivos (Artículo 26.2).
De acuerdo con la normativa, la formación para el empleo contempla tres tipos de oferta:
— La formación de demanda: Acciones formativas de las empresas y permisos individuales
de formación, para responder a las necesidades específicas planteadas por las empresas
y sus trabajadores. Están destinadas, por tanto, a trabajadores asalariados, desempleados
en período formativo y trabajadores acogidos a procesos de regulación de empleo.
— La formación de oferta: Planes de formación dirigidos a trabajadores ocupados y acciones
formativas dirigidas prioritariamente a trabajadores desempleados con el fin de ofrecer-
les una formación que les capacite para el desempeño cualificado de las profesiones y el
acceso al empleo.
— La formación en alternancia con el empleo: Acciones formativas de los contratos para la
formación y por los programas públicos de empleo-formación, permitiendo al trabajador
compatibilizar la formación con la práctica profesional en el puesto de trabajo.
Estas formaciones se acreditan, con carácter oficial, mediante los Certificados de Profesio-
nalidad (que acreditan una o más unidades de competencia de las cualificaciones profesionales
del Catálogo Nacional), facilitando la acreditación parcial acumulable para el reconocimiento
de competencias profesionales en el marco del Sistema Nacional de las Cualificaciones y For-
mación Profesional.
La información y orientación profesional en este subsistema queda enmarcada dentro de las
denominadas acciones de apoyo y acompañamiento a la formación, es decir, aquellas que permi-
ten mejorar la eficacia del subsistema de formación profesional para el empleo; estas acciones,
a su vez, son contempladas como uno de los elementos que contribuyen a la calidad de este
subsistema formativo.
Un elemento destacable de la legislación actual es que comienza a introducir normativas
encauzadas a configurar un sistema integrado de información y orientación profesional (artículo
31 del Real Decreto-ley 3/2011) para trabajadores desempleados y ocupados, que contemple:
— las oportunidades de formación y empleo,
— las posibilidades de reconocimiento y acreditación de su cualificación,
— la definición y ejecución de itinerarios profesionales individuales para la mejora de la
empleabilidad,
7
Real Decreto 395/2007 de 23 de marzo, por el que se regula el subsistema de formación profesional para el empleo (BOE de
11/04/2007), y la Orden TAS/2307/2007, de 23 de julio (BOE de 31/08/2007). Anteriormente, se ha denominado subsistema de forma-
ción profesional continua (mediante el derogado Real Decreto 1046/2003), que ya integraba las precedentes modalidades de forma-
ción profesional ocupacional (destinada a personas desempleadas) y de formación profesional continua (personas ocupadas).
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Como se ha señalado anteriormente, los Servicios Públicos de Empleo (SPE) están gestiona-
dos por las comunidades autónomas. Tienen su propia organización, estructura de servicio al
ciudadano, y órganos de dirección y consultivos, contando con la participación de las organiza-
ciones empresariales y sindicales.
Junto con las agencias de colocación, los SPE son considerados como agentes de la interme-
diación laboral. Los servicios comunes que proporcionan los SPE están establecidos en el deno-
minado catálogo de servicios a la ciudadanía, tanto para personas desempleadas y ocupadas,
como para las empresas (véase Tabla 4.2). Como puede apreciarse, buena parte de los servicios
de este catálogo tocan directamente las áreas de intervención de la orientación profesional.
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Destinos Servicios
1.1. Diagnóstico individualizado sobre el perfil, las necesidades y expectativas de la per-
sona desempleada mediante entrevistas personalizadas, para poder encontrar un em-
pleo.
1.2. Información y gestión de ofertas de empleo adecuadas, incluyendo las procedentes
de los otros países de la Unión Europea, así como información sobre el mercado de
trabajo, y los incentivos y medios disponibles para el fomento de la contratación y el
apoyo a las iniciativas emprendedoras.
1.3. Diseño, elaboración y realización de un itinerario individual y personalizado de em-
pleo que podrá incluir servicios de orientación e información para el empleo y el au-
1. Personas toempleo, de mejora de su cualificación profesional y de su empleabilidad, y contac-
desempleadas tos con las empresas, entidades y organismos públicos para facilitar su inserción la-
boral.
1.4. Oferta de acciones de formación profesional para el empleo, con acreditación oficial
a través del Repertorio de Certificados de Profesionalidad cuando estén vinculadas al
Catálogo Nacional de Cualificaciones, así como la promoción de prácticas no labora-
les de la formación realizada.
1.5. Evaluación y, en su caso, reconocimiento de las competencias adquiridas por la expe-
riencia laboral mediante la acreditación oficial de su cualificación.
1.6. Información, reconocimiento y pago de las prestaciones y subsidios por desempleo,
impulsando y desarrollando su gestión por medios electrónicos.
3.1. Tratamiento de sus ofertas de empleo, incluyendo su difusión en el marco del Sistema
Nacional de Empleo y a través de portales de empleo, preselección y envío de candi-
daturas, así como la colaboración en las entrevistas y/o procesos selectivos de difícil
cobertura.
3.2. Información y asesoramiento sobre el mercado de trabajo, medidas de fomento de
empleo, acceso y tramitación de las mismas, modalidades y normas de contratación,
3. Empresas
diseño de planes formativos y ayudas para la formación de las personas trabajadoras.
3.3. Comunicación telemática de la contratación laboral y de las altas, períodos de activi-
dad y certificados de empresa a través del portal del Sistema Nacional de Empleo.
3.4. Información, asesoramiento y tutorización para la creación, gestión y funcionamien-
to de empresas, por parte de emprendedores, trabajadores autónomos y otras empre-
sas de la economía social.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Aunque los servicios que recoge son comunes a todos los SPE de las comunidades autóno-
mas, cada uno puede desarrollar y ampliar esta oferta en su ámbito territorial, atendiendo a la
evolución de su mercado de trabajo, a las necesidades de las personas y empresas, y a las prio-
ridades establecidas en el marco del Sistema Nacional de Empleo.
El enfoque que la legislación da a los SPE, es personalizado, y por tanto, la articulación de
un itinerario individual y personalizado de empleo, en función del perfil profesional, necesidades y
expectativas de la persona, junto a la situación del mercado de trabajo y a criterios vinculados con
la percepción de prestaciones se reconoce como un derecho de las personas desempleadas y una
obligación de los SPE (Artículo 19 sexies). Dicho itinerario parte de una entrevista diagnóstica,
a partir de la cual contempla las acciones del catálogo de servicios acordes a sus necesidades.
También supone un acuerdo de compromiso por parte de la persona beneficiaria de participar
activamente en las acciones para mejorar su empleabilidad y de búsqueda activa de empleo o
puesta en marcha de una iniciativa empresarial (Artículo 19 septies).
En los SPE se contemplan, asimismo, programas específicos para fomentar el empleo desti-
nados a los colectivos prioritarios: las personas con especiales dificultades de integración en el
mercado de trabajo, especialmente jóvenes, con particular atención a aquellos con déficit de
formación, mujeres, parados de larga duración, mayores de 45 años, personas con discapacidad
o en situación de exclusión social, inmigrantes, u otros que se puedan determinar. Estos progra-
mas pueden combinar diferentes medidas y políticas, en coordinación con los servicios socia-
les, a fin de darles una mejor atención.
8
Este organismo fue sustituido por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) quien junto con los SPE de las Comunidades
Autónomas, configuran el Sistema Nacional de Empleo.
9
Resolución de 30 de noviembre de 2001, de la Dirección General del Instituto Nacional de Empleo, de convocatoria para la
concesión de subvenciones para la realización de acciones de orientación profesional para el empleo y asistencia al autoempleo, a
entidades colaboradoras sin ánimo de lucro (BOE núm. 30, del 22 de diciembre de 2001).
10
Regulados por el R.D. 735/1995 de 5 de mayo (BOE de 8 de mayo) por el que se regulan las agencias de colocación sin fines
lucrativos y los servicios integrados para el empleo; Orden de 10 de octubre de 1995 por la que se regulan sus Planes (BOE de 18 de
octubre).
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
obstante, el modelo de Orientación para el Empleo constituye uno de los ejes centrales de las
políticas activas de empleo en España, ha demostrado ser un servicio que ayuda a muchas per-
sonas desempleadas a mejorar su situación laboral (Padilla-Carmona, Sánchez-García y
Suárez-Ortega, 2017).
Los SIPE comenzaron a actuar sobre cuatro áreas esenciales: (a) acciones de orientación,
(b) formación profesional ocupacional, (c) programas especiales y (d) asesoramiento para el
autoempleo. Sus acciones de orientación profesional son conocidas como acciones IOBE (In-
formación, Orientación, Motivación y Búsqueda de Empleo) y OPEA (Orientación Profesional
para el Empleo y Asistencia al Autoempleo)11, y se llevaron a cabo básicamente a través de dos
estrategias:
— Entrevistas individuales. En tareas de: valoración de posibilidades de acceso a un puesto
de trabajo; reducción de diferencias entre posibilidades y requisitos; facilitación de he-
rramientas para la autonomía y la eficacia en la búsqueda de empleo.
— Acciones grupales de orientación. En tareas de: desarrollo de aspectos personales para
favorecer el proceso de inserción laboral; configuración de grupos de trabajo para la bús-
queda activa de empleo; entrenamiento y práctica de entrevistas de selección.
Con el objetivo de inserción profesional, también se promovieron acciones dentro de las
Agencias de Colocación12 . Estas entidades vienen colaborando con los SPEs autonómicos, en
la tarea de intermediación, con el fin de ayudar a los trabajadores a encontrar un empleo, y a
los empleadores en la contratación de los trabajadores apropiados a los puestos que necesitan
cubrir. Ejercen, por tanto, un papel de mediación entre el trabajador y la empresa, para cubrir
puestos de trabajo vacantes.
Todo ello ha dado lugar a un creciente desarrollo de programas de orientación cuya finali-
dad primordial ha sido ayudar a las personas jóvenes y adultas a encontrar un empleo, y a ali-
viar situaciones problemáticas y urgentes. Aunque obviamente estos programas han supuesto
un gran avance para posibilitar la inserción laboral inmediata de las personas, sin embargo, por
lo general, no han ido más allá, en el sentido de que no han mantenido suficientemente una
visión integral de la orientación, ni procesual a lo largo de la vida, ni de construcción del pro-
yecto profesional y vital; elementos fundamentales para dar sentido y coherencia a la tarea de
búsqueda de empleo y de formación permanente (Sánchez García, 2013).
11
Resolución de 30 de noviembre de 2001, de la Dirección General del Instituto Nacional de Empleo, de convocatoria para la
concesión de subvenciones para la realización de acciones de orientación profesional para el empleo y asistencia al autoempleo, a
entidades colaboradoras sin ánimo de lucro (BOE núm. 30, del 22 de diciembre de 2001).
12
Regulados por el R.D. 735/1995 de 5 de mayo (BOE de 8 de mayo) por el que se regulan las agencias de colocación sin fines
lucrativos y los servicios integrados para el empleo; Orden de 10 de octubre de 1995 por la que se regulan sus Planes (BOE de 18 de
octubre).
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Tabla 4.3. Orientación Profesional para el Empleo y el Autoempleo (Modelo inicial del INEM)
Acción Material e Objetivos Contenidos Requisitos del personal Duración Instalaciones
Instrumentos técnico
Tutoría Individualizada (TI). Es Acción individual. Su objetivo es facilitar el En función del perfil Licenciados, con 6 horas máximo Despacho
el proceso individualizado de Guía Técnica de desarrollo de los recursos profesional y requerimientos formación y/o experiencia en un máximo de (recomendable de
orientación profesional, donde Tutoría y competencias del del demandante de empleo, en realización de seis meses. Las 10 m²).
técnico y usuario acuerdan los Individualizada y usuario que le permitan versarán sobre: entrevista personal, sesiones
pasos a realizar para conseguir Guías Técnicas de identificar opciones, – Búsqueda activa de orientación profesional y individuales se
un óptimo desarrollo del las Acciones BAE, elegir entre las mismas, empleo utilización de técnicas de espaciarán
itinerario DAPO tomar decisiones para – Desarrollo de los aspectos motivación y dependiendo de la
de inserción profesional. y TE de 2000. planificar actuaciones y personales para la comunicación. Así como participación del
evaluar sus resultados de ocupación diplomados usuario en otras
forma autónoma. – Taller de entrevista. preferentemente en acciones.
Trabajo Social o similar
con experiencia acreditada
en la impartición de
acciones IOBE en
ejercicios anteriores.
Desarrollo de Aspectos Personales Acción grupal Su objetivo es facilitar Se desarrollarán en tres Licenciados o diplomados Primera fase: Sala
para la Ocupación (DAPO). (8-12 usuarios): las actitudes positivas de fases: universitarios, con Dos sesiones de 3 (recomendable de
Acción colectiva, encaminada a Guía técnica inserción mediante el – Cohesión y activación experiencia en orientación horas. Segunda 42 m²).
incidir sobre los aspectos DAPO. desarrollo de los recursos grupal. profesional, comunicación fase: Tres sesiones
personales que facilitan personales del – Contraste y retro y trabajos con grupos. de 3 horas.
la puesta en marcha y demandante y asumir información. Tercera fase: Una
mantenimiento de actividades autónomamente – Apoyo a la autonomía. sesión de 3 horas.
en un proceso de inserción el desarrollo y ajuste de Total: 18 horas.
profesional. su proyecto personal de
inserción profesional.
Grupo de Búsqueda de Empleo Acción grupal Su objetivo es que el Se realizan los siguientes Licenciados o diplomados Seis sesiones de 4 Sala
(BAE-G). (8-12 usuarios): demandante de empleo módulos: universitarios, con horas (recomendable de
Acción colectiva encaminada a Guía técnica BAE.- conozca los instrumentos – Sitúate. experiencia en orientación Máximo: 24 42 m²).
que el usuario adquiera y/o Grupo de y adquiera las habilidades – Cómo y dónde encontrar profesional, comunicación horas.
desarrolle técnicas y habilidades Búsqueda. necesarias que le trabajo. y trabajos con grupos.
que le faciliten la búsqueda posibiliten realizar una – El circuito de selección.
activa de empleo. búsqueda de empleo de – Información laboral y
forma activa, organizada autoempleo.
y planificada.
(Continuación Tabla 4.3)
Búsqueda Activa de Empleo. Acción grupal Su objetivo es ejercitar de Los contenidos versarán Técnico Superior: Ocho sesiones de Despacho
Taller de Entrevista (TE). Acción (10-15 usuarios). forma práctica, mediante sobre: Preferentemente 3 horas Máximo: (recomendable de
colectiva dirigida a incrementar Guía Técnica entrenamiento en grupo, – Naturaleza y definición de Licenciados en Psicología, 24 horas. 45 m²).
los conocimientos teórico- BAE- Taller de las habilidades, la entrevista. Pedagogía o en Sociología.
prácticos básicos y los recursos Entrevista. competencias y – Preparación de la Técnico Medio:
personales de los demandantes estrategias básicas entrevista. Diplomados en Trabajo
de empleo para que afronten la necesarias en una – Preguntas en la entrevista. Social, Magisterio,
entrevista de trabajo con más entrevista de selección – Conductas o habilidades Educador Social o
posibilidades de éxito. para un puesto de trabajo. básicas durante la cualquier otra titulación
entrevista. con las habilidades y
– Objetivos de la entrevista. conocimientos requeridos.
– Estilos de afrontar la
entrevista.
Asesoramiento de Proyectos Acción individual. Su objetivo es guiar al Los contenidos versarán Licenciados, Cinco horas y Sala
Empresariales (APE). Acción Guía Técnica emprendedor en la sobre: preferentemente, en media. (recomendable de
individual encaminada a Asesoramiento de elaboración de su – El estudio de mercado y Ciencias Económicas, 10 m²).
proporcionar a emprendedores Proyectos proyecto empresarial, plan de marketing. Empresariales o en
con una idea de negocio Empresariales. apoyando y asesorando – El plan de producción. Derecho. Diplomados en
concreta, asesoramiento para la en aquellos aspectos que – El plan económico Empresariales, Trabajo
elaboración del Plan de presenten mayores financiero. Social o en Relaciones
Empresa y su puesta en marcha. dificultades. – La elección de la forma Laborales.
jurídica de la empresa.
Fuente: INEM. Resolución de 30 de noviembre de 2001 (BOE de 22 de diciembre) y Resolución de 30 de noviembre de 2002 (BOE de 17 de diciembre), de convocatoria de subvenciones para la realización de
acciones de orientación profesional para el empleo y asistencia al autoempleo, a entidades sin ánimo de lucro.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
En el caso de los beneficiarios de la Renta Activa de Empleo (RAI)13, del Programa de Activa-
ción para el Empleo (PAE)14 y del Plan Prepara (2013)15 (destinados a desempleados de larga
duración), para la percepción de las ayudas económicas establecidas, es obligada la participa-
ción en acciones de Búsqueda Activa de Empleo (BAE), entre las cuales se establece la realiza-
ción del Itinerario Personalizado de Inserción (IPI) (denominado también Itinerario Individual y
Personalizado de Empleo).
La gestión de las ayudas económicas proporcionadas por los programas anteriores es reali-
zada por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), mientras que las acciones de orienta-
ción, entre ellas el Itinerario Personalizado de Inserción (IPI), se realizan desde Servicios Auto-
nómicos de Empleo (Comunidades Autónomas).
El IPI se compone de un conjunto de acciones destinadas a mejorar la empleabilidad del
trabajador/a y a su reincorporación en el mercado laboral. Los esfuerzos van dirigidos a diseñar
para cada trabajador un plan de formación e inserción, que debe tener en cuenta las circunstan-
cias personales del desempleado, su contexto, su formación y experiencia laboral anterior. De
acuerdo con la normativa, estos programas, exigen la asignación de un asesor o bien tutor indi-
vidual, rol que es desempeñado por el orientador laboral o técnico de empleo, entre cuyas fun-
ciones se encuentra la de elaborar el IPI, su seguimiento y control de las acciones realizadas.
Diversos estudios muestran los beneficios que, en alguna medida, proporcionan estas accio-
nes para desarrollar habilidades que permitan gestionar la propia carrera, más allá de las habi-
lidades técnicas para buscar un empleo, y que pueden tener un efecto duradero a lo largo de la
vida (Padilla Carmona, Sánchez-García y Suárez-Ortega, 2017). Sin embargo, es preciso avan-
zar en planteamientos más flexibles y que ayudan realmente a cada persona a construir y ges-
tionar su proyecto vital y profesional desde un enfoque más holístico e integral (Álvarez Pérez
y López Aguilar, 2012; González Bello, 2012; Loiodice, 2012).
Por último, otra de las acciones que cabe señalar es la Red EURES (Servicios Europeos de
Empleo), creada para facilitar la búsqueda y la oferta de empleo dentro de cualquier país de la
UE, permitiendo la movilidad. Actualmente están integrados en la Red de euroconsejeros/as que
proporcionan información sobre empleo, orientación y asesoramiento para la contratación.
Los socios de esta red son los servicios públicos de empleo de los distintos países, así como ser-
vicios privados de empleo, sindicatos, organizaciones patronales y otros agentes del mercado
laboral. Cuenta con un sistema informático en el que están creadas dos bases de datos: una que
contiene ofertas de empleo y otra que facilita información sobre las condiciones de vida y de
trabajo en los países miembros. Esta Red actúa también como nexo entre las empresas euro-
peas y los trabajadores/as en busca de empleo.
13
Real Decreto 1369/2006, de 24 de noviembre, por el que se regula el programa de renta activa de inserción para desemplea-
dos con especiales necesidades económicas y dificultad para encontrar empleo.
14
Artículo 6 del Real Decreto-ley 16/2014, de 19 de diciembre, por el que se regula el Programa de Activación para el Empleo
(PAE). Prorrogado por el Real Decreto-ley 1/2016, de 15 de abril, y modificado y prorrogado por el Real Decreto-ley 7/2017, de 28
de abril.
15
Resolución de 1 de agosto de 2013, del Servicio Público de Empleo Estatal, sobre Programa de Recualificación Profesional
de las personas que agotan su prestación por desempleo con responsabilidades familiares. Prorrogado por el Real Decreto-ley
1/2013, de 25 de enero.
CONTEXTOS Y MODELOS INSTITUCIONALES DE ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Por otro lado, si asumimos como marco de referencia los principios de la orientación (ver
Capítulo 3) y los criterios que establecía el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación
Profesional (CEDEFOP, 2006), debemos considerar como buenas prácticas aquellas experien-
cias, procedimientos y conductas que han mostrado resultados positivos en cuanto a la eficacia,
satisfacción y utilidad de la acción orientadora.
En nuestro país, son todavía escasos los estudios científicos que analizan los procesos de
orientación para el empleo entre la población joven y adulta (Chisvert Tarazona, 2014; Flores-Buils,
Gil-Beltrán, Caballer-Miedes y Martínez-Martínez, 2012). La mayor parte de los que se han encon-
trado se focalizan en determinados colectivos con situaciones de especial vulnerabilidad (García
del Dujo y Martín, 2004; Aneas y Donoso, 2008; De la Fuente y González-Castro, 2009; Dinamia,
2007; Guerrero, 2005; Suárez-Ortega, 2008, 2013; Villar Varela y Méndez Lois, 2014).
— El trabajo en red desde las distintas estructuras y programas para aprovechar los recursos
disponibles y evitar duplicidades.
5. SÍNTESIS FINAL
Los modelos generales que se encuentran en la base de los distintos programas y acciones de
orientación profesional son fundamentalmente los de consejo, servicios, consulta y programas.
En la práctica, suelen aparecer de forma combinada en los centros y servicios. A su vez, cada
uno de ellos mantiene una posición dentro de los ejes de atención individual-grupal, directa-in-
directa, interna-externa, preventiva-remedial. Cada modelo encierra ventajas y potencialidades
que es preciso conocer y aprovechar en la intervención orientadora.
La práctica de la orientación profesional tiene lugar en diversos contextos, coincidentes con
las etapas formativas y profesionales, y con ciertos momentos críticos o transiciones que suelen
suceder en la carrera. Los escenarios más frecuentes son el sistema escolar (ámbito de la educa-
ción primaria y secundaria), el sistema universitario, y el contexto socio-laboral y comunitario.
En España, al igual que en otros países desarrollados, la orientación se desarrolla en torno
a tres subsistemas institucionales, en asociación con los contextos descritos, los cuales mantie-
nen su propia evolución, destinatarios, metodologías y núcleos de atención. El primero de ellos,
el más estructurado y regulado, es el subsistema de orientación escolar, que atiende a la pobla-
ción infantil y adolescente (de la educación primaria, secundaria y la formación profesional),
en relación principalmente: con el aprendizaje, con la facilitación de las transiciones a nuevas
etapas educativas, y/o para la incorporación al mundo laboral.
El subsistema de orientación universitaria, funciona de manera diferencial para cada uni-
versidad, con servicios diversificados destinados a sus estudiantes y titulados, aunque mantie-
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Acreditación
Agencias de colocación
Catálogo de cualificaciones profesionales
Certificado de profesionalidad
Consultoras de RRHH
Cualificación profesional
Intermediación laboral
Itinerario personalizado de inserción (IPI)
Outplacement, recolocación
Políticas activas de empleo
Sistema Nacional de Cualificaciones y de Formación Profesional
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CAPÍTULO 5
DISEÑO Y EVALUACIÓN DE PROGRAMAS
PARA LA TRANSICIÓN Y EL DESARROLLO PROFESIONAL
1. Introducción
2. Concepto de programa y características
3. Tipos de programas de orientación profesional
3.1. Algunos programas no institucionales publicados
4. Fases del diseño de programas de orientación
4.1. Fase 1. Diagnóstico y evaluación de necesidades
4.2. Fase 2. Diseño y planificación del programa
4.3. Fase 3. Aplicación del programa
4.4. Fase 4. Evaluación y revisión
5. Evaluación de programas: investigación evaluativa
6. Síntesis final
Términos del Glosario
Referencias bibliográficas
1. INTRODUCCIÓN
Para facilitar y sistematizar la acción orientadora y, sobre todo para facilitar las transiciones
de la carrera, se han ideado numerosos programas, tanto por parte de las instituciones, entida-
des y organizaciones educativas y laborales, como por parte de profesionales e investigadores
comprometidos con la orientación profesional. Tales programas han sido etiquetados como de
orientación para la toma de decisiones, para la transición a la vida activa, la transición escue-
la-trabajo, la búsqueda de empleo, etc. En buena parte, han estado dirigidos a personas desem-
pleadas (frecuentemente a grupos-diana con especiales dificultades de inserción social y labo-
ral), y también, sobre todo en ámbitos educativos y sociocomunitarios, a adolescentes y jóvenes
que desean acceder al mercado laboral, ya sea procedentes de la educación obligatoria, posobli-
gatoria o de la universidad.
El modelo de programas, como ya remarcábamos en el Capítulo 4, reúne un potencial muy
interesante porque permite anticiparse a las necesidades y a los eventuales problemas que
afrontan las personas a lo largo de su carrera, en relación con determinadas transiciones que
son previsibles. Por tanto, en este modelo de intervención cobra relevancia el principio de pre-
vención y, con ello también, permite dar cabida al conjunto de individuos que integran los gru-
pos y colectivos que pueden necesitar sus acciones (y no solo aquellos que ya presentan una
situación problemática). Esta cualidad no es obstáculo para plantear también este modelo des-
de un enfoque más reactivo o remedial. De hecho, es muy frecuente en nuestro ámbito que los
programas estén destinados a grupos que comparten y deben superar situaciones no deseables.
Del mismo modo, la polivalencia del modelo permite su adopción tanto en el trabajo con gru-
pos, como para su inserción en el apoyo individual. Por ello, es frecuente su aplicación combi-
nada con otros modelos también usuales en el ámbito de la orientación, como en el caso del
modelo de servicios, de consejo o de consulta.
Como veremos a lo largo de este capítulo, estas indudables ventajas, sin embargo, no garan-
tizan que toda programación, por sí sola, sea idónea y vaya a satisfacer eficazmente los objeti-
vos planteados. Para que así sea, el programa debe reunir una serie de características y condi-
ciones, tanto en su diseño, como en su aplicación y en su evaluación.
Por otra parte, todo programa –especialmente aquellos destinados a grupos– constituye una
construcción pre-elaborada que después debe aplicarse a cada grupo o individuo específicos.
Por tanto, todo programa debe siempre ser revisado y adaptado a los destinatarios, al momento
y al contexto específico, de manera que se ajuste bien a sus necesidades, características y pecu-
liaridades. En consecuencia, el rol que juega el profesional de la orientación no será de mero
“aplicador” de una propuesta “enlatada”, sino que debe jugar un papel fundamental para valo-
rar, adaptar, ajustar y aplicar los diversos elementos que configuran dicha propuesta, de mane-
ra coherente con la situación. Debe tenerse en cuenta, además, que entre estos elementos se
incluyen, generalmente, unas indicaciones metodológicas para la implementación, y este es un
ámbito en el cual el orientador/a, como conocedor del grupo específico de destinatarios, debe
asegurar la idoneidad de las estrategias. De cualquier modo, resulta esencial para el profesional
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Un programa puede definirse como la acción colectiva del equipo de orientadores, junto con
otros miembros de la institución, para el diseño, implementación y evaluación de un plan destina-
do a la consecución de unos objetivos concretos en un medio socioeducativo en el que previamen-
te se han determinado y priorizado las necesidades de intervención (Álvarez Rojo, 1994, p. 137).
Repetto (2002) entiende por programa toda actividad preventiva, evolutiva, educativa o reme-
dial que, teóricamente fundamentada, planificada de modo sistemático y aplicada por un conjunto
de profesionales de modo colaborativo, que pretende lograr determinados objetivos en respuesta a
las necesidades detectadas en un grupo dentro de un contexto educativo, comunitario, familiar o
empresarial (p. 297). Se trata, por tanto, de un conjunto interdependiente de elementos planifi-
cados, organizados y dispuestos para responder a una finalidad.
A veces se denomina «programas» a planes formativos o de orientación que no alcanzan
esta categoría, al no reunir ciertos requisitos ineludibles (Álvarez Rojo, 1994; Álvarez Rojo et al.,
2003; Repetto, 2002; Sobrado y Ocampo, 2000):
— Ha de ser una acción planificada y fundamentada en un enfoque teórico sólido y cuyos
resultados hayan sido probados en investigaciones.
— Dirigida a destinatarios específicos y sobre necesidades identificadas y analizadas y para
desarrollarse en un contexto determinado.
— Con unos objetivos predefinidos para contribuir al desarrollo profesional de los destina-
tarios. Tiene que incidir en el desarrollo de nuevas habilidades y competencias.
— Ha de fortalecer los soportes naturales (amigos, familia) de que disponen los destinatarios.
— Debe ser sensible a las diferencias étnicas y culturales.
— Sobre contenidos y actividades seleccionados, delimitados y secuenciados temporalmente.
— Con dispositivos de evaluación, revisión y mejora. Debe evaluar adecuada y sistemática-
mente su efectividad.
• De transición escuela-trabajo
Según su contenido • De toma de decisiones
temático (dentro de la
• De inserción laboral y búsqueda de empleo
finalidad genérica de
desarrollo profesional) • Centrados en el autoconocimiento profesional
• Comprensivos o integrales
Según su finalidad • De inserción: Son los que actúan cuando las necesidades o el problema ya se
han presentado. Aunque contenga elementos de carácter preventivo, su ca-
rácter es remedial; se trata de resolver situaciones con mayor o menor urgen-
cia. Es el caso de los programas para la inserción laboral y la búsqueda de
empleo inmediatas o a corto plazo, tras un período breve de formación ocu-
pacional.
Son numerosas las propuestas y matices aportados por distintos autores (entre ellos, Álvarez
Rojo y Hernández Fernández, 1998; Álvarez Rojo et al., 2003; Isús Barado, 2008; Repetto, 2002;
Rodríguez Espinar, 1993; Sánchez García, 2004; Sobrado y Ocampo, 2000) acerca de la estruc-
tura, la secuencia y las fases de elaboración de los programas en el ámbito de la orientación y
la psicopedagogía. Pero en su mayor parte coinciden en apuntar como imprescindibles las si-
guientes fases:
Fuente: Álvarez Rojo, García Jiménez, Gil Flores, Martínez Clares, Romero Rodríguez y Rodríguez Santero, 2003, p. 77.
El diseño de programas es una actividad compleja que exige recoger informaciones diversas
y tomar decisiones a lo largo de un proceso dilatado en el tiempo. Diseñar programas exige to-
mar decisiones sobre aspectos como el modelo teórico que estará en la base del programa, los
destinatarios potenciales, la metodología a utilizar, el número, tipo y secuencia de las activida-
des, el sistema de evaluación, etc. Este diseño está asociado a la evaluación de programas, ya
que no puede concebirse separado de una serie de procesos de evaluación relativos a: las nece-
sidades personales, grupales y contextuales de los individuos para los que se requiere el progra-
ma (como ya hemos visto); el funcionamiento de los diferentes elementos del programa dise-
ñado; las estrategias de aplicación ideadas; y la evaluación de los logros obtenidos con el mismo
(Álvarez Rojo, 1998).
Un programa debe estar teóricamente fundamentado. Como señalaba Repetto (2003), es
necesario primeramente considerar las aportaciones teóricas existentes sobre las formas de
intervención y sobre las relaciones entre factores o variables en los que se pretende incidir. Un
buen programa de orientación no puede diseñarse al margen de un enfoque teórico y del cono-
cimiento científico que éste aporta.
La planificación deberá incluir una propuesta metodológica concretando la forma de desarro-
llar aquello que se propone. El proyecto ha de articular los elementos didácticos y organizativos,
las técnicas, las actuaciones, los recursos humanos, los recursos materiales y tecnológicos.
Un aspecto importante lo constituyen las actividades concretas (individuales, grupales, ex-
periencias prácticas, tareas, etc.). Cada actividad debe ser descrita en sus objetivos específicos,
en sus aspectos metodológicos y estratégicos, así como en los recursos que requiere y en el rol
que debe adoptar el aplicador (orientador/a, tutor/a, técnico, etc.). A menudo, estas actividades
se articulan en bloques que se encuentran directamente asociados a los objetivos generales del
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
programa. En este sentido es muy importante que el conjunto de actividades guarde una cohe-
rencia lógica en la secuencia: necesidades ⇒ objetivos ⇒ actividades.
Asimismo, la propuesta metodológica, incluirá los aspectos espacio-temporales, la organiza-
ción y la secuenciación de las diversas actividades y tareas.
Las actuaciones y elementos que han de ser contemplados en la planificación son, por tanto,
numerosos:
a) Decisión sobre qué necesidades concretas halladas en la fase anterior van ser objeto de
atención en el programa.
b) Clarificación sobre las bases teóricas del programa. Adopción de una teoría o modelo
explicativo del problema o de la situación a tratar, y concreción de los principios de in-
tervención.
c) Definición de los objetivos del programa.
d) Delimitación de los destinatarios del programa y descripción de sus perfiles básicos.
e) Establecimiento de los procedimientos o estrategias metodológicas que se van a poner en
práctica dentro del programa. Diseño de cada actividad (objetivos específicos, contenidos,
metodología de aplicación, modo de utilización de los recursos, criterios de evaluación).
f) Selección y diseño de los materiales a utilizar en el programa, en cada sesión: soporte
(escrito, oral, audiovisual), cantidad de información, estructura y selección del contenido,
lenguaje a utilizar, elementos de motivación, formato, maquetación (Álvarez Rojo et al.,
2003) y/o diseño de los espacios web, en su caso.
g) Organización de la secuencia o estructura de aplicación y de su temporalización (crono-
grama).
h) Delimitación de los recursos humanos que han de intervenir, su papel y sus funciones en
el desarrollo del programa. Planificación de la formación y/o motivación del equipo par-
ticipante, en su caso (Martínez Clares, 1999).
i) Planificación del presupuesto económico y de los recursos financieros.
j) Clarificación en torno al modo de integrar el programa en el conjunto de actividades de
la organización o institución (Repetto, 2002).
k) Diseño del proceso de evaluación del programa, para su seguimiento y control de su impacto.
En todos estos aspectos es importante la participación de los profesionales que van a inter-
venir en las distintas fases de aplicación, pues de lo contrario es más difícil su implicación y su
contribución activa en el mismo.
Por último, queremos señalar que las tomas de decisión implicadas en la tarea de planificar,
deben retroalimentarse con los datos aportados por el análisis de necesidades previas y por la
evaluación del programa una vez aplicado (cuando se trata de introducir mejoras en un progra-
ma ya aplicado).
Las tareas habituales a desarrollar en esta etapa pueden concretarse en las siguientes:
— Asegurar la asistencia a cada sesión de los participantes y de los profesionales que han de
intervenir.
— Controlar el impacto en los destinatarios y las percepciones de los aplicadores del pro-
grama.
— Hacer un seguimiento, a lo largo del proceso, de los resultados parciales que se van lo-
grando después de cada etapa o actividad.
— Tomar decisiones, si la situación lo requiere y en aquellos casos en que sea factible, para
introducir cambios o mejoras (en elementos metodológicos, en los recursos, etc.), siem-
pre que no se alteren los planteamientos básicos del programa.
— El modelo de Atkinson, Furlong y Janoff (1979) interrelaciona dos tipos de evaluación (de
proceso y de producto) con dos fuentes de información (cualitativa y cuantitativa), obte-
niendo cuatro tipos de categorías (Tabla 5.3).
INFORMACIÓN CUALITATIVA/DESCRIPTIVA
EVAL. TRANSACCIONAL/PROCESO
EVALUACIÓN PRODUCTO
transaccionales ¿Qué información descriptiva puede ser aporta-
(ACTIVIDADES)
¿Qué información descriptiva puede ser aporta- da para establecer los efectos de la intervención
(EFECTOS)
da para fundamentar lo que hace el orientador? orientadora?
INFORMACIÓN CUANTITATIVA
Cada tipo de dato obtenido puede interesar a unas audiencias más que a otras. Estas
audiencias condicionan siempre la finalidad de la evaluación y los tipos de complejidad
de los datos obtenidos. Por ello, tiene gran importancia el informe de evaluación sobre el
que habrá que establecer cuestiones como: quién recibirá el informe de los resultados de
evaluación, sobre qué se va a informar, cuándo será presentado dicho informe y cómo
será presentado. La participación de cada audiencia interesada nos va a permitir elegir
adecuadamente las preguntas a las que debe responder la evaluación, seleccionar los
indicadores óptimos así como los métodos de recogida de información.
— El modelo de Lombana (1985). Distingue entre dos tipos de objetivos, los del cliente y los
del programa, que pueden ser medidos a través de dos tipos de procedimientos de evalua-
ción: la evaluación empírica que nos permite conocer si un determinado objetivo se ha
logrado o no, y la evaluación valorativa que nos permite averiguar cómo ‘otros’ vieron los
esfuerzos llevados a cabo por el orientador.
EVALUACIÓN EMPÍRICA
OBJETIVOS DEL PROGRAMA
Categoría II Categoría IV
¿Cómo perciben otros la efectividad del logro ¿Cómo perciben otros la efectividad de los cam-
del orientador? bios de conducta del estudiante (u otro cliente)?
EVALUACIÓN ORIENTATIVA
Como se aprecia en la Tabla 5.4, la interrelación de estos dos grupos de datos, origina
cuatro combinaciones o categorías que responden a diversos interrogantes.
De acuerdo con Sanz Oro (1995), debemos insistir en que las razones fundamentales que
aconsejan adoptar la investigación evaluativa como práctica habitual y cotidiana son, por un
lado, contribuir a que nuestros programas tengan el valor y la eficacia que deseamos, es decir,
a su mejora; y por otro, «rendir cuentas» (accountability) como práctica común en los países
más desarrollados, y demostrar que nuestra labor profesional produce el desarrollo de las com-
petencias que habíamos fijado a corto, medio y largo plazo, en términos de eficacia y costes,
que nos facilite la asignación de recursos.
Para poder analizarlos, los datos que se recogen suelen expresarse en lenguaje numérico o
bien verbal, y se refieren normalmente a observaciones, percepciones, opiniones o conductas de
las personas implicadas en el programa. Las técnicas e instrumentos de recogida de datos suelen
ser muy variados, entre ellos:
— Los cuestionarios construidos específicamente para esa evaluación: Repertorio de pre-
guntas (abiertas o cerradas) que son presentadas a los sujetos (por escrito o mediante
encuesta) para obtener información sobre sus opiniones, conocimientos, experiencias o
conductas.
— Pruebas teóricas (objetiva o bien de composición escrita) para evaluar el grado de cono-
cimiento o de dominio de un tema.
— Pruebas prácticas (aplicadas en una situación real o simulada) para evaluar la competen-
cia en el desempeño de una tarea o conjunto de éstas.
— Pruebas y tests estandarizados: empleados generalmente para evaluar aptitudes y rasgos
de personalidad.
— Registros de observación: fichas de seguimiento, diarios, anecdotarios, registro de inci-
dentes críticos, escalas de observación, listas de control.
— Entrevistas con los destinatarios y/o con los profesionales implicados.
— Grupos de discusión: un grupo de sujetos debate sobre un determinado tópico propuesto
por el moderador. Con ello afloran preocupaciones, sentimientos, actitudes y opiniones
que son de interés para la evaluación. Aporta datos de naturaleza cualitativa.
— Grupo de expertos: un grupo de expertos debate en torno a un tema o problema, a fin de
que se generen ideas o soluciones.
6. SÍNTESIS FINAL
El uso de programas en el campo de la orientación es cada vez más frecuente, pues permite
sistematizar la acción y encierra numerosas ventajas para el cumplimiento de los principios de
la orientación. Entre estas, la posibilidad de trabajar desde un modelo preventivo (especialmen-
te en contextos educativos y académicos) anticipando las transiciones-tipo que tienen lugar en
la carrera y ayudando a las personas a desarrollar las competencias que necesitará para afron-
tarlas en mejores condiciones. Frecuentemente se dirigen también a personas desempleadas y/o
en situaciones vulnerables o en riesgo de exclusión (ámbitos socio-comunitarios y laborales).
Existen diversas clasificaciones de los tipos de programas, en función del contenido temáti-
co, de los diseñadores que intervienen, del grado de flexibilidad, del tipo de destinatarios, de su
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
finalidad o de la vinculación institucional. Respecto a esta última clasificación, cabe citar los
programas vinculados a modelos institucionales públicos y los no institucionales o de diseño
experto, creados para su implementación en servicios o centros concretos, y de aplicación ge-
neral para fines específicos.
A la hora de diseñar programas educativos y de orientación, existen diferentes propuestas
metodológicas, pero todas ellas coinciden en establecer secuencialmente las fases de (1) diag-
nóstico y evaluación de necesidades, de (2) diseño y planificación de los elementos del programa,
(3) aplicación, y (4) evaluación y revisión del mismo. Para llevar a cabo la primera fase, es pre-
ciso realizar un estudio evaluativo que se alimente de diferentes fuentes de información, ya que
será la base para una planificación coherente de las acciones sobre la base de las necesidades
detectadas. La planificación deberá incluir una propuesta metodológica y articular los diversos
elementos didácticos y organizativos, las técnicas, las actuaciones, los recursos humanos, los
recursos materiales y tecnológicos. La fase de evaluación reposa sobre la modalidad de investi-
gación evaluativa respecto a la cual y, en general, los distintos modelos plantean la conveniencia
de evaluar, además de las necesidades, también el propio programa en sí, junto con el proceso
de su aplicación y el impacto o producto con relación a los objetivos perseguidos. Para ello, se
aplica un proceso riguroso y sistemático de recogida y análisis de la información, utilizando los
métodos y diseños de la investigación científica.
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Diagnóstico
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Programa
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CAPÍTULO 6
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN LABORAL Y
EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
1. Introducción
2. El proyecto profesional como un marco estratégico del plan de búsqueda
2.1. Competencias para la empleabilidad
3. Técnicas básicas para la búsqueda de empleo
3.1. La selección de personal
3.2. Plan de búsqueda y estrategias para entrar en procesos de selección
3.2.1. Elaboración del CV y carta de presentación
3.2.2. Agenda y registro de búsqueda
3.2.3. Gestión de la información: búsqueda de ofertas, fuentes y recursos
3.2.4. Red de relaciones personales y profesionales
3.2.5. Autopresentación
3.3. Técnicas específicas aplicables en el momento de la selección.
3.3.1. Entrevista de trabajo
3.3.2. Entrenamiento en pruebas psicotécnicas
4. La alternativa del autoempleo y la habilidad emprendedora
5. Estrategias básicas de intervención orientadora
5.1. La entrevista de orientación
5.2. Las técnicas y dinámicas grupales
5.3. Las estrategias de acompañamiento
5.3.1. La tutoría
5.3.2. La mentoría
5.3.3. El coaching
5.3.4. Relación entre tutoría, mentoría y coaching
6. Síntesis final
Términos del Glosario
Referencias bibliográficas
Anexo 6.1. Ejemplo de Plan de búsqueda de empleo
Anexo 6.2. Recursos de interés para la búsqueda de empleo y el autoempleo
Anexo 6.3. Recursos de interés sobre técnicas de intervención
1. INTRODUCCIÓN
La búsqueda de empleo es un proceso y una transición que muchas personas deberán reali-
zar a lo largo de su trayectoria laboral. La intermitencia de entradas y salidas del mercado de
trabajo se asocia a diversas realidades, fenómenos y tendencias que afectan al mercado laboral
en la economía neoliberal globalizada.
El paso del empleo al desempleo es una transición frecuentemente forzada, con importantes
implicaciones en la vida personal de los individuos. Esta transición sitúa a las personas ante el
reto de provocar y afrontar una nueva transición hacia el empleo (o a otras formas de empleo,
como el autoempleo). Y para ello deberá poner en marcha su plan de búsqueda de empleo o de
emprendimiento.
Si adoptamos una visión holística e integral del desarrollo de la carrera, la intervención
orientadora debe ayudar al individuo a situar ese plan en el marco de su proyecto vital y profe-
sional, al igual que el resto de sus transiciones, de cualquier índole, a lo largo de carrera.
El proceso de transición al empleo puede ser más o menos largo, dependiendo de dos tipos
de factores: los que están asociados a la situación del mercado laboral (oferta-demanda de em-
pleo), y los que tienen que ver son su grado de empleabilidad y de sus competencias de gestión de
la carrera. Los primeros son difícilmente controlables, excepto a nivel informativo, mientras
que los segundos pueden ser objeto de cambio y de mejora.
En ese proceso el individuo deberá afrontar una serie de cambios de mayor o menor magni-
tud en sus diversas esferas vitales (a nivel económico, familiar, social). Asimismo, deberá reali-
zar numerosas tareas dentro de su plan de búsqueda, poniendo en juego numerosas competen-
cias que le permitan, entre otras: hacer gestiones, organizarse, demostrar sus competencias,
realizar trámites, saber utilizar ciertas técnicas, es decir, poner en práctica competencias utili-
zables en diversas situaciones profesionales (Rose, 2007). Igualmente habrá de plantear sus
estrategias desde el conocimiento del mercado laboral, de los mecanismos de acceso al empleo,
y de las «reglas del juego» que se establecen en los procesos de selección de personal.
Para apoyar ese camino, en los procesos de orientación se pueden utilizar diferentes técni-
cas, en coherencia con las fases, situaciones y objetivos en cada momento. Es preciso conocer
estas técnicas, reflexionar sobre sus requerimientos y también sobre sus fortalezas para aprove-
char al máximo su potencial de ayuda a la hora de atender las diversas necesidades que se pre-
sentan en los procesos de orientación.
Cuando una persona acude a un servicio de orientación para el empleo tiene como objetivo
principal obtener ayuda para encontrar un trabajo. Los distintos programas y acciones de orien-
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
࣎ Metas iniciales
࣍
࣍ ࣎
࣊
Reajuste de metas
࣊
®
®
¬ «
Ejemplos…
SUBPROYECTO DE
BUSQUEDA DE EMPLEO
SUBPROYECTO
DE ITINERARIO DE SUBPROYECTO
DE AUTOEMPLEO
FORMACIÓN
ª SUBPROYECTO
DE MATERNIDAD
SUBPROYECTO
DE… ®
Figura 6.1. Dinámica y fases del proceso de desarrollo del proyecto profesional
(Adaptado de M.F. Sánchez García, 2004, p. 362)
Cada subproyecto constituye una faceta o ámbito a desarrollar dentro del proyecto general,
que tiene sus propias etapas (tiempos, a corto medio y largo plazo) y estrategias de progreso.
Son interdependientes del conjunto, a la vez que mantienen una unidad específica. Los subpro-
yectos activos tienen lugar simultáneamente. Pueden ser de diversa índole, tantos como facetas
puede tener la vida de una persona (de búsqueda de empleo, de formación, de cambio de ocu-
pación, de cambio de residencia, de emancipación, de desarrollo de una faceta deportiva, etc.).
Si estos se han gestado en el marco de un proyecto vital-profesional explícito y meditado es
menos probable que colisionen entre sí.
Una actividad centrada en la búsqueda de empleo o en un itinerario de inserción debería cons-
tituir un subproyecto dentro del marco de la carrera. De ese modo se desarrollará de forma
coherente y acorde con el conjunto del proyecto profesional de una persona, encoherencia con
sus metas, expectativas y formas de ver la vida. Normalmente, requerirá poner en práctica y
desarrollar las competencias para la empleabilidad (que incluyen estrategias y técnicas específi-
cas de búsqueda).
En definitiva, la elaboración del proyecto profesional, permite traducir la toma de decisio-
nes en una gestión planificada de etapas y estrategias dentro de cada subproyecto, y en esa di-
námica cobra mayor sentido la acción de buscar empleo.
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
Este trabajo evidencia, que las necesidades de orientación profesional de las personas adul-
tas están condicionadas de forma significativa por ciertos factores sociodemográficos. Sus re-
sultados confirman que el colectivo de personas desempleadas no configura un grupo homogé-
neo, sino que exisen importantes diferencias individuales. En el caso concreto de las
competencias de búsqueda de empleo, la edad determina diferencias encontrando a una menor
competencia percibida en el grupo más joven y en el de quienes superan los 46 años. También
se aprecia un mayor grado de necesidad entre quienes no tienen estudios reglados y, curiosa-
mente, también entre quienes tienen estudios universitarios, mostrando mayor competencia el
grupo con estudios postobligatorios. Al tiempo que se observa una mayor competencia a medi-
da que se asciende en el nivel de cualificación, presentando mayores necesidades quienes tienen
una cualificación más baja. También se han encontrado mayores necesidades en aquellos que
residen en entornos semiurbanos, frente a quienes viven en medios urbanos o rurales.
La necesidad de mantener la empleabilidad está en conexión directa con las situaciones de
desempleo, pero actualmente estas se suelen repetir en la vida laboral de las personas, siendo
preciso mantener actualizadas las cualificaciones y competencias, en un esfuerzo flexibilidad y
de adaptación permanentes. En consecuencia, la necesidad de mantenerse empleable, es precisa
también para la persona empleada. Un aspecto importante de la noción de empleabilidad tiene
que ver con las competencias específicas de búsqueda de empleo, las cuales se asocian al domi-
nio de ciertas técnicas muy concretas que se pueden aprender y entrenar.
Las técnicas específicas de búsqueda de empleo han sido ampliamente desarrolladas en los
últimos años desde diversos servicios y programas de orientación para el empleo y la inserción.
Consisten en conocer y utilizar a nuestro favor los mecanismos y condiciones que impone el
mercado laboral en el objetivo de obtener un empleo. Son numerosos los manuales, publicacio-
nes y propuestas que se han hecho eco de cada una de estas técnicas.
Se dice que la actividad de buscar empleo es un trabajo en sí, en el sentido amplio del térmi-
no. Aunque sin una relación laboral supone poner en juego numerosas competencias profesio-
nales, en este caso, transferidas a la situación de búsqueda: realizar gestiones, organizar los ele-
mentos del proceso de búsqueda, explorar y obtener las informaciones necesarias, establecer
relaciones sociales, mantener comunicaciones con empleadores, mantener un construir una
buena imagen personal y profesional en las redes sociales, etc. Requiere además una motivación
suficiente y sostenida en proceso de búsqueda, dado que puede prolongarse en el tiempo y pues-
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
to que, en buena medida, es una tarea individual y autorregulada, aunque la persona cuente con
el apoyo del servicio o programa de orientación y, en algunos casos, con su intermediación.
Si bien las estrategias y técnicas para la búsqueda de empleo son comúnmente conocidas, la
intervención orientadora en acciones y programas debe tener en cuenta que:
— Las características de las personas en búsqueda de empleo son muy diversas en sus cir-
cunstancias y situación de partida, en sus competencias, su grado de empleabilidad y su
modo de afrontar esta transición.
— Cada ocupación o sector al que las personas pretenden acceder tienen también particu-
laridades y condiciones específicas en los mecanismos de selección de personal. Éstas
deben ser conocidas por el orientador/a y por la persona orientada.
— Dentro de un mismo sector, las empresas pueden ser muy diversas y no seleccionan siem-
pre de la misma forma: no todas cuentan con especialistas y departamentos de selección,
principalmente las más pequeñas.
Por ello las acciones de orientación deben ser personalizadas en lo posible, contemplando la
diversidad de situaciones, ajustando y adaptando las propuestas.
consultora que lo realiza. Consiste en un análisis más profundo de las características de los
candidatos, aplicando diversos procedimientos tales como entrevistas, cuestionarios, pruebas
de psicodiagnóstico (tests), observación conductual, simulaciones, técnicas grafológicas, etc.
(Huteau, 2007).
Finalmente, en función de los resultados obtenidos de los candidatos, se toma la decisión
respecto al reclutamiento y se comunica el resultado a la persona interesada. Los candidatos no
seleccionados a menudo pasan durante un tiempo a formar parte de una base de datos, pudien-
do ser avisados en futuros procesos de selección, especialmente si se requiere cubrir otro pues-
to en un plazo breve.
Como se ha visto en el epígrafe 2, el plan de búsqueda debe ser considerado como un subpro-
yecto del proyecto profesional de una persona; por tanto es deseable que su planificación sea cohe-
rente con dicho proyecto. Este plan es una estrategia de planificación que articula los distintos
elementos que se activan en el proceso de búsqueda. En el Anexo 6.1 puede verse un ejemplo.
Si la persona lo inicia como parte de su proyecto profesional, habrá recorrido ya un camino
ventajoso en el análisis de su propio potencial profesional y en el del entorno socio-educativo-laboral.
El conocimiento de sus cualidades le ayuda «saber lo que vale», lo que puede aportar, indepen-
dientemente de cómo lo juzgue un empleador en un momento dado. El autoconocimiento con-
tribuye, por tanto, a ajustar y a incrementar su autoestima. Por otro lado, conocer la situación
del entorno laboral que le interesa y las reglas de juego del mercado, permite a la persona com-
prender mejor los códigos, las posibilidades (Sánchez García, 2004, p. 379) y ajustar las estra-
tegias y vías de acción.
Como todo proyecto, el plan de búsqueda requiere de una planificación de:
— Los objetivos inmediatos de búsqueda, en función del tipo(s) de puesto(s) a alcanzar, del
conocimiento del sector, y de las condiciones que serían aceptables.
— Las estrategias a seguir, en función de los objetivos. Si se busca empleo asalariado o au-
toempleo, las estrategias serán diferentes. También dependerán del sector productivo,
del número de ofertas disponibles y nivel de paro en el sector, de los recursos a su alcan-
ce, de las relaciones y contactos, etc.
— Del tiempo, organizándolo desde la idea de que buscar empleo es una ocupación que re-
quiere dedicación constante y sistemática. Una estrategia adecuada es establecer una
agenda de búsqueda para situar las tareas y momentos de realización.
— De los recursos a emplear, tales como el entorno social, la indumentaria, los recursos
económicos (para transporte, gastos telefónicos, etc.) u otros medios técnicos (ordena-
dor, teléfono móvil, impresora, papel, etc.).
La búsqueda exige dedicar un horario amplio, invertir energía y esfuerzo de forma sistemá-
tica y a menudo también, realizar un gasto añadido. Esto último, para muchas personas, supo-
ne a veces un serio obstáculo. Desde los programas y acciones de orientación para el empleo se
debe ayudar a gestionar estas situaciones; también a incrementar la motivación personal, la
actitud positiva, la autoconfianza y la autoestima (especialmente si la situación de búsqueda se
prolonga); su dedicación a la búsqueda activa; y su entrenamiento en técnicas específicas para la
búsqueda. Recogemos las más relevantes a continuación.
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
• El perfil implícito: más difícil de conocer, es el conjunto de exigencias añadidas que gene-
ralmente no se explicitan pero que suelen formar parte de los criterios de selección de los
empleadores (competencias, cualidades personales, funciones habituales, etc.).
Existen numerosas fuentes y manuales que ofrecen orientaciones y consejos detallados para
su elaboración efectiva del CV y la carta de presentación. Para cada persona, el/la personal
orientador deberá aportar unos consejos, proponiendo que adapte las técnicas a su favor, sa-
cando el máximo partido a su potencial.
Para la persona que busca empleo, la organización de las distintas acciones de búsqueda
hace necesario mantener al día una agenda de búsqueda y seguimiento. Se trata de recoger to-
das las tareas a llevar a cabo asociadas al calendario, donde pueden recogerse las citas, las co-
municaciones mantenidas (por e-mail, a través de la web, por teléfono, presencialmente, por
correo postal, a través de una tercera persona, etc.), los nombres de las personas contactadas,
etc. Esta estrategia ayuda a gestionar mejor el tiempo y a mantener un registro de datos impor-
tantes que se pueden necesitar más adelante si un empleador contacta con nosotros después de
un tiempo. De este modo, podrá saberse cuál fue el último contacto, el modelo de CV que se
envió, con quién se mantuvo comunicación, etc.
El sistema de agenda y la forma de llevar a cabo los registros debe ser personal y adaptado
al estilo de cada persona. Pero es importante que permita registrar y facilitar la planificación y
el seguimiento de los pasos realizados y por realizar, planificar el tiempo y horario que se va a
dedicar; y también otros elementos, por ejemplo: la agenda de contactos y direcciones de inte-
rés (empresas del sector, empresas de trabajo temporal, bolsas de trabajo donde inscribirse, red
de contactos, o servicios de orientación, etc.), autocandidaturas enviadas o por enviar, anuncios
u ofertas de empleo a las que se ha respondido, qué versión del CV se ha enviado a determinada
empresa, modo de envío, personas de contacto, enlace web, día y hora en que se habló con al-
guien de una empresa, sus datos o las impresiones/resultados obtenidos, etc.
Para mantener la agenda se pueden utilizar distintos modelos y recursos. Desde un dietario o
agenda convencional, hasta determinados modelos de registro semanales. Existen numerosas herra-
mientas digitales que facilitan estas tareas. Lo importante es saber lo que se quiere registrar y encon-
trar la forma más práctica de hacerlo, así como de recuperar la información cuando se necesita. En
Internet pueden encontrarse orientaciones, guías y modelos para desarrollar esta estrategia.
LA AGENDA DE BÚSQUEDA
DIA FECHA DE EMPRESA DIRECCIÓN PUESTODE DISPONIBLE PRÓXIMO NOTAS
VISITA Y TELÉFONO TRABAJO (SI / NO) CONTACTO
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
En definitiva, la agenda es esencial porque ayuda a gestionar el plan de búsqueda con todas
sus tareas, permite recopilar toda la información, recordar datos, programar las acciones y
controlar los resultados que se van obteniendo.
do la imagen personal y en las relaciones que se están generando (crear redes específicas para
según qué objetivo). Otras de las redes más utilizadas son LinKedin (red profesional muy utiliza-
da), Viadeo (semejante a Linkedin a nivel europeo), Xing (semejante a Linkedin o Viadeo).
Desde las acciones de orientación ha de favorecerse la exploración y construcción de su red
de contactos y ayudarlas a vencer sus prejuicios o los temores a la hora de plantear sus objetivos
dentro de su red. Las estrategias de comunicación y relación con la red social deben planificar-
se e integrarse dentro de la agenda de búsqueda.
Una técnica utilizada relacionada con el uso de las redes sociales se denomina PLE (Entorno
Personal de Aprendizaje / Personal Learning Environment). Es un enfoque pedagógico que fa-
cilita un conjunto de recursos, actividad y fuentes de información dirigidas a desarrollar la
identidad digital de las personas en conexión. Permite comprender el modo en que se aprende
(aprendizaje autorregulado) utilizando las tecnologías que se encuentran a nuestro alcance, y
en este proceso, la persona puede descubrir qué le interesa, de qué recursos dispone, competen-
cias, apoyos, etc., todo ello de una manera gráfica, creativa y con impacto visual (ver Figura
6.3). Desde nuestro punto de vista, aporta también una manera de «mostrarse», pues la persona
crea su entorno, redes, y en cierta medida también el resultado aporta un valor personal, que
hace «única» a la persona. Esto puede ser interesante si hablamos de buscar empleo, pues pue-
de diferenciar a una persona de otra en términos de competencias y valores.
Figura 6.3. Ejemplo de producto utilizando la técnica PLE. Fuente: Carolina Romero García. Diseñado en el marco
del Máster en Formación y Orientación Profesional, Universidad de Sevilla, 2016.
3.2.5. Autocandidatura
organización de nuestro interés, pero que no ha anunciado ninguna oferta de empleo, haciendo
llegar el CV (por escrito o en otro formato) y la carta de presentación. Se trata de contactar y de
convencer para que, al menos guarden y consideren nuestro CV para el momento en que surja una
vacante. Por tanto exige primeramente realizar una selección de aquellas que se ajustan a nuestros
objetivos, considerando diversos criterios, p. ej., el sector productivo, la importancia o tamaño de
la empresa, su ubicación geográfica (o virtual), o el tipo de empleo que podría proporcionar.
El contacto puede llevarse a cabo, bien por vía on-line (las webs de muchas organizaciones
destinan un espacio para la autocandidatura para trabajar en su organización) o por e-mail, por
teléfono, por correo postal o presencialmente. Lo más adecuado es combinar varias vías para
una misma organización.
Aunque es probable que en ese momento la empresa no esté seleccionando trabajadores con
nuestro perfil, con esta estrategia se aumenta, de alguna forma, la posibilidad de estar en el sitio
adecuado en el momento adecuado.
La técnica del Elevator Pitch es útil en la autocandidatura, ya que consiste en transmitir una
idea, proyecto o presentación en lo que dura un viaje en ascensor (es decir, uno o dos minutos),
en este caso, para dar visibilidad al perfil profesional de la persona; para eso es importante tra-
bajarlo bien, teniendo mucho cuidado con la «imagen» que se proyecta.
La actuación orientadora deberá promover la autoconfianza de la persona y la seguridad en
sí misma para tomar la iniciativa. Es aconsejable también combinar la estrategia de la autocan-
didatura con la gestión de la red de relaciones personales y profesionales, organizando las tareas
y el seguimiento dentro de la agenda de búsqueda.
Una vez superada la primera fase de un proceso de selección, la segunda fase suele desarro-
llarse mediante una o más pruebas que permitan a los seleccionadores conocer y valorar las
posibilidades de los candidatos y el ajuste al perfil de la plaza. Para ello se utilizan distintas
técnicas, pero las más frecuentes y determinantes suelen ser la entrevista de selección y las
pruebas psicométricas.
La entrevista será un momento crucial en el proceso de selección, pues cuando se llega a ella
significa que ya hemos superado una parte importante del proceso de selección. A través de la
entrevista (una o varias) es como realmente se va a decidir si una persona queda preselecciona-
da o seleccionada para cubrir un puesto. Para sacar el máximo de rentabilidad a una entrevista
en nuestro favor es importante que la persona en busca de empleo sea capaz de anticiparse en
lo posible a lo que pueda ocurrir en ella; que pueda prepararse y entrenarse para afrontarla sin
temor, sacando lo mejor de sí misma.
Frecuentemente se hacen dos entrevistas, con el fin de que haya más fiabilidad y para cote-
jar los resultados. La primera suele ser de preselección, muy general, de imagen personal, de
personalidad, motivación, etc. La segunda, para preguntar todos los aspectos técnicos y especí-
ficos del puesto de trabajo. La última entrevista suele ser la que determina la obtención o no del
empleo.
El entrenamiento para afrontar la entrevista de trabajo es esencial para ser capaz de hacer
visible todo el potencial y la mejor imagen que se puede ofrecer. Por ello los programas de orien-
tación para el empleo suelen incluir talleres prácticos, junto con numerosos consejos para apli-
car antes, durante y después de cada entrevista: consejos relativos a la actitud, la indumentaria,
la información y preparación previa, la comunicación verbal y no verbal, y ciertas estrategias
como la reformulación positiva durante el diálogo. Hay numerosos manuales que ofrecen con-
sejos y técnicas para afrontar las entrevistas (véanse algunos recursos en el Anexo 6.2). Será
oportuno situar y registrar las entrevistas en la agenda de búsqueda, así como sus resultados.
Las pruebas psicométricas suelen formar parte de muchos procesos de selección, general-
mente, en una fase intermedia del proceso y, por tanto, sólo a los candidatos que ya han supe-
rado alguna/s fase/s del proceso selectivo. En general, este tipo de pruebas requiere la interven-
ción de personal especializado en su aplicación y análisis.
A través de estas pruebas se suelen evaluar rasgos y competencias personales, en función del
perfil de la plaza, entre ellos:
— Inteligencia general y aptitudes: verbal, numérica, espacial, memoria, atención, razona-
miento, percepción, etc.
— Personalidad: estabilidad emocional, autocontrol, autoestima, extroversión-introversión,
sociabilidad, ansiedad y estrés, impulsividad, sumisión, etc. (Padilla, 2001). Algunas ve-
ces también se estudia la personalidad mediante un estudio grafológico (análisis de la
escritura).
— Pruebas profesionales específicas: destrezas profesionales que requiere el puesto. Pueden
ser de tipo test, p. ej.: intereses profesionales, destreza visomotora, destreza manual,
comprensión de instrucciones complejas, habilidades informáticas, baterías de tests de
conductores de automóviles, de operarios o de tareas administrativas. O tratarse de prue-
bas de simulación de desempeño para evaluar ciertas competencias.
En la acción de los programas de orientación para el empleo, es adecuado incluir espacios
de entrenamiento en estas pruebas, para que la persona pueda anticiparse y familiarizarse con
estas situaciones de selección. Además, estas pruebas contribuirán a profundizar en su autoco-
nocimiento de cara al conjunto de proyecto profesional.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Al igual que el plan de búsqueda de empleo, el proyecto o plan de autoempleo debe igualmente
formar parte y ser coherente con el proyecto vital y profesional de la persona. La orientación y
asesoramiento se centran en ayudar a la persona a explorar y desarrollar sus competencias para
el autoempleo, especialmente las emprendedoras, en la medida que puede condicionar una to-
ma de decisiones acertada. También a encontrar el tipo de autoempleo idóneo a sus intereses y
situación, de forma realista.
Como cualquier proceso de orientación, éste deberá ser personalizado. Será necesario inci-
dir en:
— El conocimiento amplio de los requerimientos y condicionantes del autoempleo y de sus
modalidades.
— La evaluación y desarrollo de las competencias y de la motivación emprendedoras (Se pro-
porcionan algunas herramientas en el Anexo 6.2).
— La planificación y desarrollo del proyecto emprendedor (plan de negocio) a partir de la idea
de negocio. Se comenzará por la evaluación de:
• Las oportunidades de coyuntura y mercado para desarrollar el negocio (oferta, deman-
da, precios, comercialización, etc.).
• La idea concreta (viabilidad del plan): costes, recursos humanos, riesgos, etc.
El asesoramiento en esta dimensión requerirá la participación de especialistas en el ámbito
de las organizaciones y de la gestión empresarial.
En el panorama formativo existen numerosos cursos de emprendedores que aportan forma-
ción y entrenamiento en las diversas dimensiones y competencias. Las acciones de orientación
para el empleo suelen incluir también talleres de autoempleo. Pero cada caso tendrá unas nece-
sidades formativas específicas en torno a las cuales habrá que planificar la actuación orienta-
dora y el asesoramiento técnico.
La entrevista ha sido conceptuada por Padilla Carmona (2002) como un tipo de conversa-
ción en la que dos personas, o más de dos, interactúan de forma verbal y no verbal con el obje-
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
tivo de cubrir un propósito previamente definido. En el campo de la orientación tiene como fi-
nalidad el acompañamiento en la evaluación de necesidades y en la toma de decisiones por
parte del sujeto. «Su objetivo primordial es el poner a disposición del sujeto toda aquella informa-
ción que se tiene de él y de su entorno, que le permita, en un plazo corto, ir afrontando su proceso
de toma de decisiones vocacional y, a largo plazo, ir definiendo y clarificando su proyecto personal
y profesional» (Álvarez González, 2009, pp. 62-63).
Por tanto, es una estrategia esencial en los procesos de orientación, ya sea para recoger in-
formación en torno a una situación previa a la actuación, para intervenir directamente con el
sujeto (Vázquez Librero, 2003), o bien para evaluar una situación acontecida. Está estrecha-
mente vinculada al modelo de counseling o consejo, si bien se utiliza en el marco de varios mo-
delos y estrategias de intervención, en sus distintas formas, fases y objetivos. En el campo de la
investigación, la entrevista es igualmente una técnica utilizada para recoger información y se
ubica entre los métodos tipo encuesta.
Las entrevistas pueden clasificarse atendiendo a diferentes criterios, entre los que se destaca
su grado de estructuración (Padilla Carmona, 2002), pudiendo distinguir entre entrevistas es-
tructuradas, semiestructuradas o abiertas (también denominadas en profundidad). El tipo de
entrevista debe seleccionarse en función del propósito para el cual se aplique la técnica. Para el
estudio de situaciones y/o problemas suelen ser más adecuadas las entrevistas semiestructura-
das o abiertas (Alonso, 1999). Estas entrevistas permiten al orientador/a y a la persona implica-
da la exploración de tópicos de una manera secuenciada y adaptada a las distintas necesidades.
En el desarrollo de la entrevista debemos considerar algunos aspectos básicos que facilitan
su éxito. Estos atienden al propio proceso de aplicación de la técnica, distinguiendo tres mo-
mentos esenciales: (1) preparación, (2) desarrollo y (3) cierre de la entrevista. A través de la
Tabla 6.4, sintetizamos las fases básicas de una entrevista y los aspectos básicos a considerar
para su desarrollo idóneo.
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
Desarrollo • Para asegurar la interacción es fundamental prestar atención la comunicación que se establece
de la entre las personas que intervienen.
entrevista • Será preciso generar un ambiente de confianza, en el que la persona entrevistada se sienta libre
para analizar, explorar, ensayar, permitirse otras posibilidades para visualizarse ante un proyec-
to profesional/vital acorde con a sus deseos.
• La persona partirá de una desconfianza inicial pero poco a poco alcanzará confianza para coo-
perar en la construcción y evaluación de significados.
• El discurso se construirá a partir de unas cuestiones muy genéricas y sin complicación para el
sujeto, para irse focalizando en el objeto del diagnóstico o la evaluación.
• El rol del orientador/a ha de enmarcarse entre la directividad/ no-directividad, enfocando el
proceso debidamente pero respectando los ritmos de la persona, y permitiendo plantear nuevas
hipótesis y tomas de decisiones que posteriormente serán analizadas por el sujeto.
• El entrevistador/a debe intentar comprender los distintos puntos de vista del entrevistado/a, y
alentar que estos se exterioricen sin emitir juicios de valor por su parte.
• Las habilidades y experiencia del entrevistador en este tipo de procesos serán claves para con-
ducir la entrevista. Deberá saber aplicar otras estrategias básicas como son:
à
La escucha activa (actitud empática en la que se manifiesta interés por lo que narra la otra per-
sona y por sus sentimientos, con una disposición para permitir que se exprese).
àa reformulación o respuesta empática (devolver al otro lo que expresa, tanto de forma verbal
L
como no verbal, presentando con claridad lo que se ha comprendido de lo ha expresado la
persona entrevistada).
àa confrontación (hacer tomar conciencia a la persona de las discrepancias que existen entre
L
sus pensamientos, sentimientos y conductas).
àas comprobaciones cruzadas (preguntar lo mismo de distinta manera, o a distintas personas,
L
para asegurarnos de la funcionalidad de los datos recabados).
La dinámica de grupos ha sido definida como el conjunto de técnicas aplicadas a los grupos
con distintos fines y efectos (bien sea educativo, terapéutico o de ayuda, o psicoterapéutico)
(Canto, 2000). De acuerdo con Van Mierlo y Kleingeld (2010), el grupo requiere plantearse me-
tas y estrategias específicas, incluyendo una intencionalidad y acción explícitas que es la razón
de ser del grupo. En coherencia con lo anterior, si hay una característica que defina a esta téc-
nica es su versatilidad, pues podemos incorporarla a procesos de orientación y formación con
distintos fines, y en distintas fases. Específicamente, podemos utilizar dinámicas grupales para
el diagnóstico o evaluación de necesidades individuales y grupales, o incluso para el autocono-
cimiento personal desde el seno de un grupo, o el autoconocimiento de un grupo previo a la
formación y gestión de proyectos empresariales. Asimismo, las técnicas grupales pueden utili-
zarse para el desarrollo de habilidades sociales y comunicativas, o resolver conflictos de la per-
sona o del grupo (Suárez Ortega y Moreno Calvo, 2013).
Las técnicas grupales presentan ciertas ventajas, en la medida en que favorecen (Núñez y
Loscertales, 1996; Vázquez Librero, 2003), entre otros aspectos: (1) el desarrollo de las relacio-
nes personales, permitiendo el desarrollo social; (2) el desarrollo de la tarea; (3) la satisfacción,
que aumenta en situaciones grupales; (4) el desarrollo del sentimiento de pertenencia, así co-
mo de seguridad, de vencer temores e inhibiciones; y (5) la generación de modos de pensar
distintos y participativos, estimulando las competencias de cooperación, responsabilidad, auto-
nomía y creatividad.
En general, se propicia un proceso de aprendizaje mutuo haciendo sentir a las personas
parte integrante de un microsistema, y en última instancia el grupo refuerza la identidad perso-
nal y social. Si el grupo es abierto y está democráticamente constituido, permite construir unas
relaciones fluidas, sinceras y honestas que facilitan el desarrollo de las personas, y en última
instancia aporta beneficios al desarrollo social o comunitario. Ahora bien, todo grupo tiene su
dinámica, por lo que es esencial que el/la orientador/a conozca las potencialidades de las distin-
tas técnicas grupales, y conozca muy bien al grupo con el que trabaja (cómo se conforma, qué
roles se desarrollan dentro del grupo, cuál es su dinámica de funcionamiento), y sepa cómo
«ganárselo» para responder a los objetivos planteados, desde el respeto y la satisfacción de ne-
cesidades de todos sus miembros (Suárez Ortega y Moreno Calvo, 2013).
Las dinámicas de grupo aplicadas en orientación y acción tutorial son diversas y requieren
de adaptación a cada situación y grupo concreto. Así, encontramos dinámicas específicas para
autoconocerse y conocer a otras personas; para explorar una profesión o indagar sobre el medio
social y laboral; para buscar el consenso y favorecer la cohesión de los grupos; para favorecer la
toma de decisiones vocaciones/personales e inserción laboral; o para la resolución de conflictos
de diversa índole. En el Anexo 6.3 de este capítulo se ofrecen algunos enlaces y recursos.
5.3.1. La tutoría
La tutoría puede definirse como «una situación de aprendizaje en la que un tutor, es la per-
sona encargada de orientar a los estudiantes de un curso o de una asignatura, entendiéndose su
labor como una actividad planificada y sistemática que va más allá de su papel como docente o
profesor» (Sánchez García et al., 2009, p. 48). Es toda actividad de orientación, consejo o super-
visión de la actividad de la persona tutelada (ya sea un alumno, un trabajador, etc.) desempeña-
da por un profesional experimentado y competente. El tutor o tutora apoya a la persona tutela-
da a lo largo de un proceso de formación y/o de orientación. La tutoría puede comprender
diversas actividades: enseñanza teórica, orientación profesional y desarrollo personal
(CEDEFOP, 2008, p. 191). El tutor/a tiene la función de informar, acompañar, sostener, apoyar
y ayudar a la persona que tutela.
En contextos educativos, el tutor tiene a menudo funciones de apoyo al proceso de aprendi-
zaje. En el subsistema de orientación escolar, esta figura del tutor/a tiene un carácter eminente-
mente orientador (LOGSE, 1990) y trabajar en colaboración con el orientador/a del centro, con
quien desarrolla del Plan de Acción Tutorial (PAT). En el ámbito universitario podemos distin-
guir la tutoría curricular (centrada en el aprendizaje de una materia o asignatura) y la tutoría de
orientación (para acompañar y apoyar al estudiante en su desarrollo académico e integral)
(Sánchez García et al., 2009).
La tutoría puede ser individual y grupal, y llevarse a cabo de manera presencial y/o por vía
online (herramientas web, plataformas de e-learning). Su rol encierra bastante complejidad, por
lo que requiere disponer de un bagaje de competencias y habilidades que le permitan desarro-
llarlo con calidad.
5.3.2. La mentoría
La mentoría o mentoring es una práctica de orientación que viene siendo muy frecuente en
el ámbito anglosajón (como mentoring e e-mentoring) (Rísquez, 2006). Concretamente, en el
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
contexto de las organizaciones, actualmente se valora muy positivamente la función del men-
tor(a) como iniciador de profesionales noveles en funciones relacionadas con la empresa y el
desempeño del puesto. De este entorno esta estrategia se ha trasladado a los contextos educati-
vos, siendo el universitario donde con más frecuencia se vienen experimentando prácticas de
mentoring. El mentor es una persona experimentada (orientador, tutor, instructor o persona de
confianza) que sirve de modelo y ayuda a otra persona joven o inexperta (recién ingresada en
una comunidad u organización formadoras) (CEDEFOP, 2008).
La mentoría se define como una relación establecida entre un individuo que actúa como «se-
nior» (el mentor), y otro con menos experiencia (el mentorizado o mentee), con el objetivo de faci-
litar y desarrollar las habilidades, conocimientos, confianza y socialización del mentorizado, incre-
mentando así sus posibilidades de éxito (Montserrat y Rísquez, 2006). Es una relación formal,
intencionada y planificada con objetivos educativos concretos, entre la persona experta y la que
no posee experiencia. Esos objetivos están relacionados con las necesidades de la persona men-
torizada, ya sean de índole educativa, para encontrar un empleo, posibilitar su desarrollo pro-
fesional, etc. El mentor, como persona experta puede ser un profesional, un compañero más
experto, etc.
Si bien estas intervenciones han sido diversas y están en alza, tenemos que destacar que, en
general, se han centrado fundamentalmente en la atención y el apoyo a los/as estudiantes que
inician su carrera universitaria, y en proporcionar ayuda específica ante dificultades concretas.
En menor medida existen prácticas inscritas en un modelo de orientación más holístico que
abarque la carrera en todas sus dimensiones, y poder así responder a las necesidades que plan-
tean los/as estudiantes a lo largo de su carrera profesional para que, en última instancia, apren-
dan a elaborar y gestionar sus proyectos profesionales/vitales de forma más exitosa. Se facilitan
algunos recursos sobre la mentoría en el Anexo 6.3.
5.3.3. El coaching
Como ha quedado patente, tutoría, mentoría y coaching son estrategias básicas en orienta-
ción profesional y personal, en la cuales intervienen personas bajo una relación asimétrica, en
la cual tutores, mentores y coaches cuentan con más formación, conocimientos y experiencia
en su relación de ayuda a las personas que atienden. Son estrategias cuyos puntos en común y
puntos de distanciamiento no están siempre claros. Así, vemos que sus figuras de ayuda, sus
objetivos y sus modos de actuar tienen mucho en común, compartiendo especialmente la idea
de acompañamiento. Al mismo tiempo, se aprecia cierta confusión en muchos ámbitos, debido
a la dificultad para establecer las líneas que separan estas tres estrategias. Otro rasgo de todas
ellas, es que tienen lugar en diferentes contextos (educativo, organizaciones, sociolaboral),
adoptando prácticas en cada lugar que pueden variar sensiblemente en sus planteamientos y en
su metodología.
Sin ánimo de agotar las posibilidades de estas estrategias, en la Tabla 6.5 se aporta una des-
cripción analítica de sus rasgos más destacables que ayude a clarificar y a diferenciarlas.
Objetivo • Dependiendo de los objetivos del • Que el mentorizado desarrolle • Centrado en el rendimiento
programa en el que se inserta su todas sus potencialidades: físicas, profesional: que el cochee
acción, se centra en el desarrollo psicológicas, sociales, laborales, desarrolle cierto tipo de
de competencias, ya sea con etc. potencialidades, normalmente,
fines de formación o en relación • Desde un enfoque personal. [Link]., de naturaleza profesional
con acciones dirigidas a la en orientación profesional, hacia • También para adaptarse al
inserción laboral y/o desarrollo dónde dirigir la carrera cambio, o para inscribirse en la
de la carrera profesional visión/dirección de la
• No hay objetivos específicos de organización (desde un enfoque
rendimiento organizacional)
• Más recientemente, se ha
aplicado al crecimiento personal
y profesional y al desarrollo de la
carrera (enfoque personal)
Metodología • Puede ser individual y • La participación de mentor y • Puede ser individual o grupal
frecuentemente a través de mentee generalmente es • El coach es contratado o es un
dinámicas grupales (talleres, etc.) voluntaria. Relación libre basada rol que parte de las funciones de
• El proceso de ayuda tiene lugar, en el reconocimiento y respeto su puesto (frecuente en gerentes
en buena parte, de forma mutuos y líderes)
programada y estructurada • Proceso poco estructurado. El • Proceso más estructurado. Hay
• El tutelado recibe ayuda y mentee va solicitando apoyos en un programa conjunto para
participa en actividades de los momentos que considera reforzar o cambiar las
tutoría en momentos oportunos, es quien marca el habilidades y comportamientos.
preestablecidos del programa, ritmo del proceso de ayuda El coach tiene un objetivo para
aunque también puede solicitarla • Relación más informal para cada debate
siempre que lo necesita iniciar y mantener la relación de • Centrado en desarrollar
• Generalmente asume también ayuda habilidades específicas para la
tareas de coordinación/ • Desarrollo a largo plazo tarea, los desafíos y las
supervisión y evaluación • Es un proceso libre, en el que se expectativas de rendimiento,
produce un beneficio mutuo pero no se involucra tanto en los
aspectos vitales del aprendiz
• Utiliza frecuentemente la técnica
DAFO (identificación de
debilidades, amenazas,
fortalezas, oportunidades)
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
De cualquier modo, y como aspecto compartido por las tres figuras de apoyo que actúan en
el marco de estas técnicas, cabe mencionar que todas ellas requieren poner en práctica, en ma-
yor o menor medida, las siguientes competencias (Suárez Ortega et al., 2009):
— Compromiso y disponibilidad.
— Apertura hacia sí mismo y hacia los demás, desde una actitud de reconocimiento y de
respeto.
— Capacidad para percibir y analizar necesidades.
— Capacidad de ayudar, orientar, asesorar.
— Buenas habilidades para la comunicación interpersonal: apertura, empatía, confianza,
capacidad de escucha.
— Saber ejercer un feedback positivo continuo y propiciar la acción reflexiva.
— Capacidad para obtener y gestionar información relevante.
— Capacidad para buscar soluciones y planificar actuaciones/estrategias de ayuda.
— Ofrecer un feedback continuo y positivo.
— Realizar seguimiento de los avances.
— Capacidad de trabajo en equipo, de dinamización de grupos, de liderazgo.
— Manejo de herramientas tecnológicas que faciliten la comunicación y la relación de ayuda.
6. SÍNTESIS FINAL
A pesar de las distintas evidencias teóricas y empíricas sobre el desarrollo de la carrera, los
modelos de orientación para el empleo han priorizado la atención a las necesidades primarias en
relación con el empleo (lograr un trabajo que garantice la subsistencia), y se ha cimentado, de
forma reductiva, sobre las carencias o falta de competencias para utilizar las estrategias de in-
serción y búsqueda de empleo.
Las prácticas de orientación profesional de personas desempleadas no deben articularse
únicamente sobre el objetivo de inserción laboral inmediata, sino que deben plantearse desde
modelos integrales, con un enfoque proactivo, flexible y coherente con el carácter complejo y
procesual de la carrera. Las competencias específicas de búsqueda de empleo son, indudable-
mente, un equipaje necesario para todas las personas, especialmente si están afrontando una
transición de búsqueda de empleo. Pero este núcleo competencial cobra sentido y efectividad
dentro del conjunto de las competencias de gestión de la carrera que poseen las personas.
Las técnicas básicas para la búsqueda de empleo se desarrollan sobre la base de las prácticas
de selección de personal que se utilizan en las empresas y organizaciones. Las estrategias que
permiten acceder a una primera fase del proceso de selección, son fundamentalmente: (1) la
elaboración del currículum vitae (CV) y de la carta de presentación, que deben ser adaptados a
cada oferta; (2) el mantenimiento de una agenda de búsqueda, que reúna todas las informacio-
nes relativas al proceso de búsqueda, al seguimiento y a los recursos disponibles; (3) una buena
gestión de la información a lo largo de todo el proceso; (4) el mantenimiento y desarrollo de la
red de relaciones personales y profesionales; y (5) el uso de la estrategia de la autocandidatura
como forma de búsqueda activa.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Para afrontar las siguientes fases del proceso de selección (una vez superada la fase de pre-
selección), es adecuado un entrenamiento específico para realizar en las mejores condiciones
las distintas pruebas, concretamente, la entrevista de trabajo y, en ocasiones, las pruebas psico-
técnicas.
A su vez, en las acciones de inserción y orientación para el empleo, se incluyen cada vez con
más intensidad acciones para el autoempleo. Éstas incluyen: (1) una vertiente informativa acer-
ca de los requerimientos y condicionantes del emprendimiento; (2) la evaluación y desarrollo de
las habilidades emprendedoras y de los aspectos motivacionales; y (3) un asesoramiento para
planificar y llevar a cabo el proyecto emprendedor.
El plan de búsqueda de empleo así como el proyecto de autoempleo, deben ser considerados y
abordados como subproyectos integrados en el proyecto vital y profesional de la persona. Este
último debe ser entendido como marco estratégico para el desarrollo de la carrera y también
como eje de la acción orientadora.
Finalmente, en la práctica orientadora de los diversos servicios y programas para la inser-
ción y el desarrollo profesional, se emplean ciertas técnicas consideradas básicas por su fre-
cuentemente presencia en diversos momentos, acciones o funciones orientadoras: la entrevista
de orientación, las técnicas grupales y las estrategias de acompañamiento (tutoría, mentoría y
coaching). Estas presentan características, potencialidad y utilidades que es preciso conocer y
que se asocian a determinadas competencias inherentes a la función orientadora.
Acompañamiento Empleo
Autocandidatura (autopresentación) Entrevista de orientación
Autoempleo Entrevista de trabajo (de selección)
Capital social Mentoría
Coaching Plan de búsqueda de empleo
Currículum vitae (CV) Precariedad laboral
Desempleo Proyecto de autoempleo
Dinámica de grupos Tutoría
Empleabilidad
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ANEXO 6.1. Ejemplo de Plan de búsqueda de empleo
([Link]
ACCIONES Y TAREAS RECURSOS NECESARIOS TEMPORALIZACIÓN RESULTADOS ESPERADOS
OBTENIDOS
QUÉ tienes que hacer para QUÉ recursos, herramientas y CUÁNDO PARA QUÉ CÓMO va la ejecución de las
conseguir los que quieres materiales necesitas para poder Tiempo de que dispones, y Qué resultados quieres conseguir acciones
hacer las búsquedas tiempo que necesitas para y el cumplimiento de los objetivos
realizar acciones que
te has propuesto
Ampliar, seleccionar y Directorios de empresas (de 2 días (12-14 horas Ahora (6/05) tengo 21 8 de mayo
ordenar la lista de la Federación de Hostelería aprox.) restaurantes He buscado restaurantes que
empresas del sector de la de Lleida, de la Cambra de y 3 caterings, y me faltan datos me interesan por el tipo de
Hostelería. Clasificarlas Comercio de Lleida, etc.) 1. Tengo que tener entre 50 y 70 cocina. Tengo 43 (seguir
según sean: restaurantes que me interesan buscando)
Internet y plantilla Excel
- Restaurantes (cocina tradicional de la zona, Tengo 12 empresas de
(base de datos de
- Caterings catalana, mediterránea) catering interesantes, con
empresas de hostelería del
Territorio: Segrià, Pla 2. Tengo que encontrar entre 15 y posibilidades de contratación
territorio con categorías)
d’Urgell y Noguera 20 empresas de catering puntual, por días/semana
3. De todas las empresas tengo que (seguir buscando)
tener: nombre, dirección, telf. Están registradas en la base
mail y web, datos de interés de datos (Excel) con toda la
(tipo de cocina, tamaño, etc.) información.
También si tienen presencia en
la red (Facebook y otros) y el
enlace. Persona/s de contacto
Ampliar la base de datos de Directorios de bolsas de 1 días (5 horas Ahora tengo un listado de bolsas 9 de mayo
bolsas de trabajo: buscar trabajo de Hostelería aprox.) de He encontrado un documento
bolsas específicas del trabajo generales de BCN Activa (Canales de
Internet y plantilla Excel
sector de la hostelería (y si 1. Conseguir entre 8 y 10 bolsas búsqueda de trabajo de
(base de datos de bolsas
es posible, del territorio) de trabajo específicas del Hostelería y Turismo)
de trabajo de Hostelería)
sector. - 12 portales de ocupación
2. Tener la información específicos del sector
introducida en la base de datos - Directorios para hacer
de bolsas/portales de trabajo de una auto candidatura (hay
hostelería muchísimos)
- 3 empresas de servicios
de colectividades y
caterings (añadirlas a la
bbdd de empresas)
¡Tendré hasta 15!
Pendiente: pasarlo a la base
de datos
SEGUIMIENTO RESULTADOS
ACCIONES Y TAREAS RECURSOS NECESARIOS TEMPORALIZACIÓN RESULTADOS ESPERADOS
OBTENIDOS
Actualizar la información Internet 2 días (unas 14 1. Tener mi perfil del LinkedIn al Pendiente (previsto para el 10
que tengo en el LinkedIn y Bio + CV actualizado horas en total) día: y 11 de mayo)
darme de alta en la - Presentación/Bio incorporada
Comunidad HostelTur - Datos del perfil actualizadas
- Perfil en formato infografía
diseñado.
2. Tener el registro y perfil hecho
de Comunidad HostelTur
Presentar mi candidatura a Datos de las empresas 3 mañanas (15 horas 1. Antes de enviar mi candidatura, Pendiente (previsto para el 13
restaurantes y caterings (restaurantes y caterings). en total, aprox.) tengo que haber investigado al 15 de mayo)
seleccionados Mail cada empresa
Plantilla para registrar día y 2. Tengo que tener claro el tipo de
empresa de envío del CV soporte que más se ajusta a
para realizar seguimiento cada empresa
Soportes actualizados: 3. Tengo que enviar mi auto
Buscar ofertas de trabajo y Portales/bolsas de trabajo 5 mañanas/tardes 1. Antes de enviar mi candidatura, Pendiente (previsto para el 13
enviar el CV (en el soporte generalistas y especializadas (15 horas en total, tengo que haber investigado y al 17 de mayo)
más adecuado) Plantilla para registrar día y aprox.) analizado la empresa y la oferta
empresa de envío del CV 2. Tengo que tener claro el tipo de
para realizar seguimiento soporte que más se ajusta a
Soportes actualizados: cada empresa/oferta y, si es
- CV tradicional necesario, adaptarlo.
- CV creativo 3. Encontrar y presentarme a,
- Vídeo CV como mínimo:
- LinkedIn - El 80% de las ofertas que
encuentre
4. Tener la plantilla de registro
actualizada.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
M
odelo de CV europeo. Europass, CEDEFOP: [Link]
documents/curriculum-vitae
V
ideoCurrículum: [Link]
T
umeves: [Link]
V
ideo CV Tube: [Link]
C
rear infografías. Canvas. [Link]
E
ntrevista de trabajo:
à SEPE. [Link]
[Link] (Incorpora recursos generales de interés para la búsqueda de empleo (dónde
buscar empleo, agenda de búsqueda de empleo, cv, entrevista, emprendimiento, etc.)
à [Link]. [Link]
Emprendimiento / Habilidades emprendedoras:
à Freelancer (portal dedicado exclusivamente a autónomos),
à Test TRESDOSU: Comprueba si eres emprendedor. [Link]
emprendedor/
B
loGui@ de E-mpleo. Manual para buscar o conservar un empleo en tiempo de crisis.
Creative Commons. [Link]
Pauta de evaluación de los hábitos emprendedores. Modelo CREAME. Fundación Miguel
Kast. [Link]
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[Link]
ESTRATEGIAS PARA LA INSERCIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LA EMPLEABILIDAD
Las TIC constituyen herramientas importantes para la intervención orientadora, pero enten-
diéndolas con un carácter no excluyente de otros recursos o estrategias, ni sustitutivo del papel
que los profesionales deben cumplir (Gutiérrez-Crespo y Planas, 2012). La autoorientación co-
brará progresivamente más importancia, por lo que los profesionales deberán prepararse para
asumir un nuevo papel (Sánchez García, 2004).
Sus posibles potencialidades hay que considerarlas en función de diversos criterios que, se-
gún Sobrado, Ceinos y García (2012), serían: los objetivos que se pretendan conseguir con las
acciones orientadoras; la disponibilidad de medios; y los destinatarios implicados en los proce-
sos de orientación.
La inclusión de los recursos tecnológicos en el campo de la orientación profesional conlleva
múltiples beneficios. De manera general, los más citados por diversos autores (Pantoja, 2004;
Ceinos, 2008; Sobrado y Ceinos, 2011) se clasifican en la Tabla 7.1 en función de la dimensión
orientadora a la que favorecen.
Dimensión Beneficios
Fuente: Elaborado a partir de Pantoja (2004); Ceinos (2008); Sobrado y Ceinos (2011).
GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN Y USO DE LAS TIC EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
Hay que tener en cuenta que, de manera específica, cada una de las herramientas TIC que se
utilicen en el contexto de la orientación profesional puede aportar unas ventajas determinadas.
También, los orientadores profesionales deben ser conscientes de las dificultades que puede
acarrear el empleo de las TIC en el desarrollo de sus actividades para intentar limitarlas, si es
posible. En la Tabla 7.2 se presenta un resumen de las más destacadas, agrupadas según la di-
mensión en la que se podrían categorizar.
Tabla 7.2. Principales dificultades del uso de las TIC en orientación profesional
Dimensión Dificultades
Formación/ • Bajo nivel de formación de los orientadores respecto a los recursos TIC.
Experiencia de los • Necesidad de desarrollar competencias específicas que favorezcan su uso
profesionales (procesos de alfabetización digital).
• Falta de experiencia profesional en el uso de estos medios.
Fuente: Elaborado a partir de Pantoja (2004); Ceinos (2008); Santana (2010); Sobrado y Ceinos (2011)
— Aceptación de los cambios que puede suponer el uso de las TIC por parte de los profesio-
nales.
— Planificación a largo plazo como punto clave para el desarrollo exitoso de este tipo de
recursos.
Con sus potencialidades y limitaciones las TIC están presentes en muchas de las actividades
que llevan a cabo los orientadores profesionales, independientemente del contexto en que ejer-
zan su ocupación laboral.
Para cumplir cualquiera de las funciones fundamentales de la orientación (diagnóstico; in-
formación y formación; ayuda y consejo; consulta; organización y planificación; y, evaluación e
investigación) cada vez más, se requiere utilizar recursos tecnológicos aunque, es evidente que,
tal y como se comentaba en el apartado anterior sobre los beneficios de las TIC, las tareas orien-
tadoras que precisen acceder, almacenar, tratar y difundir datos o establecer una interacción
personal o grupal, son las prioritarias en cuanto al empleo de las TIC.
En concreto, la influencia de la Web en el desempeño profesional de los orientadores resulta
cada vez más relevante. El estudio de Evangelista (2003), centrado en la percepción de los pro-
fesionales sobre el impacto de Internet en su práctica profesional, aporta unos resultados muy
reveladores que se presentan en la Tabla 7.3, agrupados en función de la dimensión a la que
afectaban los cambios que introdujo la red en sus tareas. La valoración se realizó respecto a tres
niveles: bajo, medio y alto.
Organización del servicio Medio • Cambios a nivel interno de las organizaciones (distribución de
tiempos, comunicación…).
• Necesidad de formación.
Fuente: Elaborado a partir de Evangelista (2003)
Watts (2002) se refiere a tres tipos de aproximación al empleo de las TIC en orientación pro-
fesional: recurso, medio y desarrollo de materiales.
GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN Y USO DE LAS TIC EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
El orientador puede utilizar las TIC como recurso en el marco de su relación directa con el
destinatario mientras lo ayuda, trabajando ambos con las mismas herramientas (por ejemplo,
bases de datos); o bien remitiéndolo a una herramienta específica para usar por su cuenta (por
ejemplo una página web).
Y la última opción sería desarrollar materiales de orientación basados en las TIC, como la
elaboración de itinerarios de autoorientación en la web o la creación de software específico
para un proceso orientador.
Las posibilidades de uso de las TIC en la orientación profesional son innumerables. Resul-
taría imposible abordarlas todas en este capítulo, por lo que nos centraremos en aquellas más
relevantes para la realización de las principales funciones orientadoras indicando algunos
ejemplos de herramientas TIC apropiadas (Ceinos, 2008, 2009; Nogueira, 2012).
• Información
La información es una de las funciones básicas de la labor orientadora, hasta tal punto que
constituye el punto de partida para muchas otras funciones (consulta, asesoramiento, evalua-
ción…).
Las facilidades de acceso, selección, archivo o difusión de información y materiales de todo
tipo (sonoro, textual y/o icónico) que ofrecen recursos TIC como portales web, blogs, chats o
foros web de orientación profesional hacen que sean muy usados por los profesionales, ya que
simplifican sus tareas de búsqueda y manejo de datos necesarios para las acciones orientadoras
(reducción de tiempo y costes, accesibilidad, amplitud y diversidad de contenidos).
• Medio de comunicación
El uso de las TIC como medio de comunicación en los procesos orientadores es otra de sus apli-
caciones fundamentales, junto con la obtención de información, comentada anteriormente. Hay
múltiples opciones para establecer comunicaciones de carácter sincrónico o asincrónico a través de
correo electrónico, listas de discusión, blogs, chats o videoconferencia o videollamadas, entre otras,
que pueden facilitar las relaciones entre profesionales o entre orientadores y destinatarios.
nal a distancia o de e-orientación. Acciones de consulta, ayuda y asesoramiento las puede reali-
zar el orientador a través del correo electrónico, el chat, los foros de discusión o la
videoconferencia. Las páginas web sobre formación, orientación y empleo (como Educaweb,
Orientared o Infoempleo) ponen a disposición del profesional una gran cantidad de recursos de
orientación (información, consultas a profesionales, consejos útiles, pruebas de evaluación…),
posibilitando también la autoorientación. Otra herramienta muy empleada en este apartado es
la opción de preguntas frecuentes (Frequently Asked Questions-FAQs) que facilita una respuesta
inmediata a las peticiones más demandadas por los usuarios.
• Formación e investigación
El incremento de los espacios web dedicados a la formación y la actualización de los orien-
tadores es constante en los últimos años. Las posibilidades que ofrece una formación en línea
son múltiples (acceso a materiales y recursos, espacios para debates, autoevaluaciones, ahorro
de tiempo y costes, mayor nivel de autonomía, etc.), existiendo tanto ofertas públicas (Adminis-
traciones, Universidades…) como privadas. El empleo de buscadores o directorios web especia-
lizados en formación también facilita la búsqueda de ofertas formativas variadas que, en parte
o en su totalidad, se pueden cursar en línea o a distancia.
Con la creación de comunidades virtuales a través de redes sociales, como LinkedIn, se fa-
vorece el intercambio entre profesionales de experiencias, conocimientos y buenas prácticas,
con lo que ayuda a los orientadores profesionales a mantenerse actualizados (Martínez, Martí-
nez, y Pérez, 2016).
Como ayuda para la realización de investigaciones sobre orientación profesional, las herra-
mientas TIC brindan la oportunidad de efectuar búsquedas bibliográficas especializadas, con-
sulta de experiencias y buenas prácticas, evaluación y análisis de datos (a través de buscadores,
portales web, revistas electrónicas o software específico, por ejemplo).
También las labores de difusión y comunicación de resultados de investigaciones se ven be-
neficiadas por el empleo de las TIC, consiguiendo una mayor efectividad en la divulgación de
los avances en el campo de la orientación profesional, no sólo dirigida a los técnicos, expertos
o responsables políticos, sino también a la sociedad en general. Para estos cometidos podrían
servir las listas de distribución, el correo electrónico, las redes sociales o las páginas web de
proyectos.
Es evidente que si las TIC se incluyen como un recurso potencial en el trabajo de los orien-
tadores profesionales, éstos deben desarrollar las competencias necesarias para adaptar su em-
pleo a las necesidades de orientación en cada situación.
Un recorrido por los marcos competenciales más relevantes a nivel internacional muestra
cómo recogen expresamente la importancia que el uso adecuado de las TIC tiene, en general,
para la labor profesional de los orientadores. Por ejemplo, en la propuesta de la Asociación In-
ternacional de Orientación Educativa y Profesional-AIOEP (2003) destaca su competencia es-
pecializada en «Información» que incluye el uso de las Tecnologías de la Información para
proporcionar información educativa y ocupacional (bases de datos, programas informáticos
para orientación educativa y profesional e Internet); el Proyecto MEVOC (2003-2006) incluye
una categoría específica denominada «Competencias TIC» fundamentada en el empleo de las
tecnologías para el uso y la gestión de la información (Word, buscadores de Internet, e-mail); o
GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN Y USO DE LAS TIC EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
el CEDEFOP (2009) propone como una de sus seis competencias fundamentales «Tecnologías
de la Información y la Comunicación», que implica el uso competente de diversos medios, entre
los que se cita la comunicación telefónica y a través de video, el correo electrónico y la mensa-
jería, el acceso a Internet para obtener recursos, y su uso para establecer interacciones.
Si bien en todos los planteamientos anteriormente descritos figuran competencias genéricas
o básicas ligadas a las TIC que pueden aplicarse a cualquier contexto profesional, los orientado-
res «necesitan más, no sólo para capacitarles para percibir las actividades de orientación <tra-
dicionales> de modo inusual, sino también para proporcionar servicios innovadores» (Cogoi,
2005, p. 9). Por lo que el Proyecto europeo ICT Skills for Guidance Counsellors elabora un
completo mapa de competencias TIC conectado con el trabajo de orientación y centrado en la
interacción orientador-destinatario, que permitiera comprender cómo las tareas de orientación
se pueden realizar empleando herramientas TIC. Para ello, se partió de la confección de una
matriz que cruzaba los siguientes elementos: siete tareas de orientación vinculadas con la rela-
ción sujeto-profesional seleccionadas de la lista de competencias especializadas de la AIOEP
(2003); ocho de las principales herramientas TIC; y los tres tipos de aproximación del orienta-
dor a las TIC (Tabla 7.4). El resultado de este enfoque fue una exhaustiva lista de competencias
TIC específicas para la labor profesional de los orientadores. Cada una de las cuales contempla
el tipo de herramienta que se utiliza, la forma en que se emplean las TIC y el tipo de tarea de
orientación a que va destinada.
El empleo crítico y reflexivo de las TIC en orientación profesional es preciso para garantizar
actitudes éticas adecuadas por parte de sus profesionales como la confidencialidad, la seguri-
dad, la responsabilidad o el respeto por la propiedad intelectual, entre otras.
Las decisiones sobre la trayectoria profesional tienen un fuerte componente cognitivo, estre-
chamente vinculado con los sentimientos de las personas sobre sí mismas, su sentido de identi-
dad y sus aspiraciones. Por este motivo, la relación orientador-orientando se convierte en el
foco de la actividad de ayuda.
Las tecnologías influyen en las condiciones de esas interacciones pero, como señala Watts
(2001), lo importante es que se comprenda cómo las mismas pueden apoyar al desarrollo y
mantenimiento de las relaciones en situaciones en las que hay dificultades respecto al tiempo,
el espacio o la presencia física.
La competencia digital forma parte del marco de referencia constituido por ocho competen-
cias clave entrelazadas que la Comisión Europea (2007) propone como necesarias para el desa-
rrollo personal, la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo.
Previamente a comprobar el nivel de competencia digital de los usuarios, los orientadores
deberán tener en cuenta su posibilidad de acceso o no a las tecnologías necesarias para el pro-
ceso orientador. Es decir, la brecha digital —o mejor referirse a brechas digitales, debido a su
carácter multiforme que combina diversos factores y situaciones, entre otros, los recursos eco-
nómicos, la edad, el idioma, la educación o el empleo (UNESCO, 2005)— marcará posibles
desfases entre los destinatarios de la orientación y, como consecuencia, desigualdades a la hora
de acceder a la información y al conocimiento.
Los beneficios de las TIC en cualquier ámbito de la vida, incluido el desarrollo profesional,
deberían llegar a todas las personas para alcanzar una sociedad de la información inclusiva que
tenga un nivel de preparación adecuado para un uso eficiente de las tecnologías, que éstas faci-
liten la mejora de la empleabilidad y en la que el acceso a Internet sea habitual. Este papel des-
tacado de las TIC es asumido por los agentes políticos y sociales de carácter público y privado
quienes, a nivel estatal y en el marco de la Agenda Digital, participan en el Plan de Inclusión
Digital y Empleabilidad, que se marca como objetivos «aumentar la accesibilidad de Internet,
avanzar en la alfabetización digital, disminuir la brecha digital de género y mejorar la emplea-
bilidad.» (Gobierno de España, 2013, p. 3).
Y, en un momento posterior, al igual que se justificaba en el punto anterior que la formación
en competencias tecnológicas era imprescindible para los profesionales de la orientación, tam-
bién los usuarios deben ser competentes en el uso de las TIC que puedan precisar en la acción
orientadora. En caso de que no lo sean, antes de iniciar la intervención sería recomendable una
actividad formativa previa sobre nociones básicas para que puedan manejar sin dificultad los
recursos tecnológicos adecuados, al igual que un asesoramiento durante el proceso, con la fina-
lidad de prevenir posibles problemas.
El desarrollo profesional a través de la cultura digital precisa de la adquisición de un con-
junto de competencias, entre las que se pueden incluir aquellas necesarias «(…) para comunicar
GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN Y USO DE LAS TIC EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
o combinar todo tipo de elementos basados en un lenguaje común digital; (…) la capacidad en
el ámbito comunicativo para trasladar el mensaje de lo local a lo global en tiempo real y vice-
versa, y por último, la destreza en el uso de múltiples modalidades de comunicación.» (Cli-
ment-Rodríguez y Navarro-Abal, 2016b, p. 68).
El carácter innovador y dinámico, el factor motivacional o la promoción de su papel activo
son rasgos ligados con la aplicación de las tecnologías de información y comunicación en el
proceso orientador por parte de los usuarios.
En especial, la tecnología 2.0 ha supuesto un cambio significativo en el ámbito de la búsque-
da de empleo, tanto para los sujetos como para las empresas. El acceso a empresas situadas en
cualquier lugar del mundo es posible gracias a estos avances tecnológicos, con lo que el desa-
rrollo de la carrera profesional también es muy diferente a como era hace una década.
Los recursos y herramientas 2.0 más adecuados para la búsqueda de trabajo y el desarrollo
profesional son los siguientes (Barcelona Treball, 2014):
— Redes sociales genéricas: permiten la creación de redes de contactos profesionales y el
contacto con empresas, como Facebook o Twitter.
— Redes sociales profesionales: facilitan el contacto entre profesionales del mismo ámbito,
informaciones de interés y oportunidades laborales. Destacan, entre otras, LinkedIn, Via-
deo o XING.
— Blogs: posibilitan la publicación cronológica de textos (post) con contenidos ligados al
ámbito profesional servirá para reforzar la identidad digital del usuario y para establecer
contactos.
— Microblogs: suponen mensajes breves que facilitan el seguimiento de conversaciones
sobre asuntos de interés (topics), que pueden tener un carácter profesional o laboral. Un
posible uso de este recurso sería ver las ofertas que publican las empresas.
— Multimedia sharing: esta herramienta para almacenamiento y distribución de conteni-
dos multimedia sirve para interactuar con profesionales con un perfil o intereses simila-
res y ampliar la red de contactos.
— CV 2.0 y Video CV: proporcionan la posibilidad de presentar el CV con formatos más
personales y originales que la opción impresa, ya que se pueden incorporar habilidades
comunicativas, dinamismo, etc. Algunas opciones interesantes son: [Link]
[Link]/, [Link] o [Link]
— Sindicación de contenidos o redifusión web: conjunto de formatos y aplicaciones que
permiten crear un resumen unificado de una serie de sitios de interés profesional para el
usuario, con lo que permite conocer las novedades, actualizaciones, avisos y noticias de
los sitios web en los que la persona está subscrita.
tal que cualquier persona tenga en cuenta el efecto que puede causar la información que genera
en una red social o en un blog para su carrera profesional.
Climent-Rodríguez, Navarro-Abal y Ortega-Campos (2012) exponen algunos errores y difi-
cultades frecuentes en la elaboración de la marca personal. Entre los primeros citan: no diferen-
ciar entre el plano personal y el profesional; usar expresiones no técnicas o fotos poco adecua-
das para generar una imagen y una e-reputación óptimas en el mercado laboral. Y, como
principales dificultades, el desconocimiento sobre las características personales y la falta de
toma de decisión respecto a las metas profesionales, que impiden desarrollar un itinerario per-
sonalizado adecuado.
La identidad digital y la reputación digital son dos conceptos estrechamente vinculados.
Mientras que el primero se refiere al conjunto de informaciones que sobre una persona está
expuesto en Internet y que configura una descripción de la misma en el plano digital (Instituto
Nacional de Tecnologías de la Comunicación-INTECO-, 2012); el segundo es la opinión que se
crean los demás de esa persona a partir de la vivencia y la imagen online que proyecta.
La identidad digital, además de caracterizarse por ser social, subjetiva, dinámica, referen-
cial, contextual o compuesta, produce consecuencias (Rundle & Trevithick, 2008), por lo que se
debe ser consciente de que cualquier información que se divulga a través de Internet puede te-
ner un impacto positivo o negativo en el contexto profesional y, según Gamero (2009, pp. 3-4),
«es persistente potencialmente para siempre (… ya que) compartir información en la Red es
muy fácil pero otra cosa distinta es intentar eliminarla una vez que ya se transmitió y socializó».
Por lo que la gestión de la identidad digital es un aspecto que, aunque no está claramente re-
suelto por las redes sociales, requiere una corresponsabilización por parte de los usuarios y
profesionales de la orientación a la hora de decidir el tipo de información que se difunde.
La reputación digital tiene carácter acumulativo, es decir, toda actividad en Internet deja
huella, además de tener una elevada difusión por lo que, tanto los destinatarios como los profe-
sionales de la orientación, deben aprender a gestionar esa reputación, en especial, cuidando las
acciones en entornos 2.0 emprendidas por el propio sujeto y, en menor medida, las actividades
realizadas en su ámbito relacional y el contenido generado por terceros.
La construcción de la identidad digital puede convertirse en un elemento importante para el
desarrollo profesional. Climent-Rodríguez y Navarro-Abal (2016b) exponen cuáles son las ta-
reas fundamentales que conlleva ese proceso:
— Definir qué, cómo y dónde se va a comunicar sobre uno mismo.
— Conocer y emplear las herramientas disponibles.
— Construir la presencia en la Red de manera progresiva y mediante la relación con terce-
ras personas.
Si se pretende que esa identidad sea coherente con lo que la persona desea comunicar de sí
misma, se pueden seguir unas recomendaciones de tipo proactivo, como las propuestas por
INTECO (2012):
— Creación responsable de perfiles, valorando la utilidad y las implicaciones para la segu-
ridad y privacidad de los datos personales y configurando identidades parciales para el
ámbito personal y el profesional.
— Gestión adecuada de la visibilidad de los perfiles en las redes sociales, restringiendo el
acceso a determinados contenidos privados solo a personas autorizadas.
GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN Y USO DE LAS TIC EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL
5. SÍNTESIS FINAL
Desde un enfoque de orientación a lo largo de la vida y teniendo en cuenta los cambios con-
tinuos y rápidos que se producen en la sociedad actual, la integración de las Tecnologías de la
Información y de la Comunicación en el ámbito de la orientación profesional puede facilitar el
acceso y la calidad de sus servicios a toda la persona que los necesite.
Ésta deberá ser una integración reflexiva y basada, entre otros factores, en las necesidades
de los destinatarios y de los profesionales, en los objetivos que pretendan las actividades de
orientación y en los recursos disponibles. Y, para que sea eficaz, tendrá que partir de la forma-
ción en competencias digitales tanto de los orientadores como de los usuarios, en la que los
valores éticos tendrán un papel primordial.
Aunque con determinadas limitaciones que hay que tener presentes, los beneficios de los
recursos TIC para la orientación profesional están justificados por diferentes estudios y expe-
riencias en el desarrollo de las diferentes funciones orientadoras, destacando como medios de
información y comunicación. Pero, de manera progresiva van resultando un apoyo para otras
funciones como la evaluación, la consulta o la formación.
A las herramientas TIC de corte más tradicional, como el correo electrónico, la videoconfe-
rencia o los foros de debate, con un uso muy extendido en la orientación profesional, se van
incorporado otras más especializadas en esta área de intervención, como las redes sociales pro-
fesionales o el videocurriculum-branding, que suponen retos innovadores para los usuarios y
para los propios profesionales.
Las TIC no son sustitutos del profesional, sino que se deben entender como apoyo al mismo,
especialmente cuando por problemas de tiempo, de distancia o de recursos, no pueda estable-
cer una relación presencial con el destinatario.
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ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
1. Introducción
2. Coordenadas de la investigación actual
2.1. Breves apuntes epistemológicos
2.2. El campo de estudio: las temáticas
2.3. La pertinencia metodológica
3. La investigación por-venir
3.1. El reto de la Complejidad y la orientación caótica
3.2. La revitalización metodológica
3.3. Los agentes y la dinámica investigadora
4. Los retos, más allá de la investigación: la apuesta por la dinamización
4.1. Retos en los ámbitos político-económico y administrativo: la eficacia y la eficiencia de los
servicios
4.2. Retos de las teorías emergentes
4.3. Retos para el profesional
5. Síntesis final
Términos del glosario
Referencias bibliográficas
1. INTRODUCCIÓN
ࣉ
SISTEMA
Razón: Instrumental
Paradigma: Positivista
Esquema: Causal, Funcional
Ciencia: Explicación
Modelos: Sistémicos, [Link].
ࣈ
Educación: Inversión
PERSONA
(Mundo de vida habermasiano)
Razón: Comunicativa
Esquema: Hermenéutico
Ciencia: Comprehensión
Modelos: Simbólicos y
socio-críticos
Educación: Derecho
La investigación en orientación desde las condiciones sistémicas (eje sistema), responde a las
siguientes características: 1.º Por el principio de justice-justesse (justicia-precisión)1, la investiga-
ción desde el sistema favorece el uso de la medida de cuanto quiera considerarse en el proceso
diagnóstico a través de los tests (la inteligencia, la personalidad, las actitudes y aptitudes, las
competencias, etc.); mide igualmente el ajuste entre estas características y las demandas que
implica un determinado puesto de trabajo. Es el sentido de trabajador-técnico legitimado por el
principio de igualdad y justicia equivalente a objetividad en la medida. 2.º Por una concepción
de la educación como inversión en capital humano, la orientación se basa en la motivación para
el trabajo. Comprende a la persona como un recurso que tiene el sistema para mantenerse. Es el
sentido de trabajador-recurso (los recursos humanos). 3.º Por un sentido de “aprender a estar”
(socialización), de adquisición en términos de capacitación para los roles exigidos en el mercado
de trabajo. La orientación profesional socializa a la persona, es decir, la adapta a las necesidades
del puesto de trabajo. 4.º Por el valor de la organización formal frente a la no-formal, prima el
perfil del puesto a desempeñar sobre la persona que lo va a ocupar. 5.º Por una consideración
técnica del orientador, entendido –siguiendo la misma lógica– como aquel profesional que prima
unos saberes (unas técnicas) sobre el conocimiento ad hoc de la persona a la que se las aplica.
Estas condiciones están regidas por una lógica instrumental que postula cómo la persona está
regulada por las necesidades del sistema económico, social y cultural.
En el eje opuesto, el mundo de vida regido por la lógica comunicativa que entiende a la per-
sona como eje matriz de la existencia. Los principios orientadores a los que da lugar la investi-
gación así entendida responden a: 1.º Un sentido de la orientación que empieza comprendiendo
a la persona a orientar, porque es quien vive las circunstancias y condiciones que desde fuera
—es decir el orientador— puede interpretar de una manera, en tanto que la persona puede vi-
virlas de otra. La finalidad de la orientación empieza por comprender al orientado. 2.º Un
acompañamiento a la persona en su vida laboral y en su desarrollo profesional (y personal) a lo
largo de la vida, desde una visión que, además del trabajo, considera las múltiples facetas per-
sonales, en un contexto determinado. Es la individualización de la orientación. 3.º Un sentido
de la enseñanza en términos de “aprender a ser”, a través de los procesos de orientación, dotar
a la persona de aquellas herramientas que le permitan seguir aprendiendo; es decir, aumentar
su autonomía y favorecer su autodeterminación. 4.º Una gestión que gira sobre la organización
no formal e informal, de la persona con sus colectivos de referencia. 5.º Una función del orien-
tador como mediador, pero siempre actuando a favor de la persona frente al sistema. Desde
esta lógica comunicativa, la acción orientadora, que es educativa, entendida desde unos supues-
tos análogos, adquiere una pertinencia muy singular de proximidad a las personas.
Desde la lógica instrumental del eje sistema, aparecerán los enfoques clínicos, centrados en
el ajuste entre la persona y el puesto de trabajo, desde la perspectiva principal del mercado la-
boral; para la lógica comunicativa del mundo de vida, la relevancia estará en el apoyo a la per-
sona frente al mercado laboral, y en la conciliación entre el puesto de trabajo y la persona que
lo ocupa. Sultana (2016) precisa esta aproximación epistemológica aplicada a la orientación
profesional; partiendo de los tres tipos habermasianos de racionalidad (o intereses) de la acción
humana —tecnocrática, hermenéutica y emancipadora2—, clasifica los enfoques básicos, y con-
cluye enfatizando el sentido emancipador de la orientación profesional (Tabla 8.1).
1
La justicia social, con antecedentes napoleónicos, supone que todo aquello que repercuta en la ciudadanía será tanto más
justo, cuanto más exacta sea la medida que justifique la intervención. Por ejemplo: la clasificación del alumnado que suponen las
calificaciones obtenidas, será tanto más justa, cuanto más exacta sea la notación (el sistema decimal permite matizar hasta la mi-
lésima) como el instrumento (un examen tipo test es, desde esta posición, el más justo).
2
En nuestro caso, la “racionalidad tecnocrática” se corresponde con la lógica instrumental; la “racionalidad comunicativa”
con la lógica comunicativa; en tanto que la “racionalidad emancipadora” a la propensión del hombre a liberarse del control a través
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Considerada la orientación profesional desde los dos ejes y lógicas simplificadores, o desde
las tres racionalidades habermasianas, el panorama epistemológico de la orientación profesio-
nal es alentador: saturado el interés tecnocrático, la tendencia actual es desarrollar el interés
hermenéutico, para alcanzar el interés emancipador de la acción orientadora. Sin embargo,
considerado el referente epistemológico desde la práctica de la investigación, la valoración va-
ría por el desequilibrio a favor de una investigación positivista, frente a la interpretativa y críti-
ca. Así, sobre los dos ejes, sistema-persona, se entiende que el progreso científico haya supuesto
un avance, técnico y tecnológico, inusitado en la historia de la Humanidad (piénsese en diez
años atrás y la revolución de la realidad virtual) con el método científico positivista que desa-
rrolla el primero, el eje sistema. A la par, por el contrario, este progreso alcanzado con el méto-
do científico convencional, (demostración, explicación causal, experimentación, generaliza-
ción, estandarización, etc.), ha logrado escasos avances en el conocimiento científico de aquellos
fenómenos protagonizados por las personas (la violencia, la economía, la acción social, los fe-
nómenos educativos, etc.). En el campo de la orientación, el balance final es desigual: dispone-
mos de una reiterada acumulación de datos cuantitativos (de cantidades de algo), pero desco-
nocemos las cualidades (de ese algo).
El reto inicial que plantea la investigación es así endógeno: la propia investigación educativa
tiene que dar con el método científico pertinente para lograr avanzar, y en consecuencia mejo-
rar por la impronta educativa —y en nuestro caso orientadora— los referentes de las personas.
En este sentido, la epistemología aporta (o redefine) estrategias investigadoras que fundamen-
tan la praxis profesional del orientador y mejoran la acción orientadora. Desde una aproxima-
ción crítica se plantean: el estudio de caso, en la fundamentación científica de la orientación;
los métodos narrativos, para la indagación sobre los procesos de orientación; y la investiga-
ción-acción, como estrategia de desarrollo profesional para el orientador. En epígrafes posterio-
res, se insistirá sobre esta revitalización metodológica.
del conocimiento, la autorreflexión, … A lo largo del capítulo, se retomará esta “racionalidad emancipadora” o tendencia a la eman-
cipación –referente clave en orientación– en distintos sentidos según se entienda que es la persona quién se emancipa desde su
autodeterminación, o lo hace en el conjunto de un colectivo.
LA INVESTIGACIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL RETOS Y REALIDADES
El primer reto es pues epistemológico y metodológico, el segundo reto que nos ocupa es el
temático en el que se evidencia un nivel considerable de dispersión, motivado por la polisemia
terminológica, descriptores y clasificaciones utilizadas en los estudios de análisis bibliométri-
co3. Se aprecian, sin embargo, líneas de investigación en torno a temas de estudio consolidados
a lo largo de la evolución de la orientación profesional; a la vez que, de las circunstancias actua-
les, emergen nuevas cuestiones temáticas a considerar.
En la revisión de la literatura anglosajona sobre orientación y desarrollo de la carrera de
Sampson et al. (2013) plantean un análisis del contenido de 357 artículos publicados en 24 re-
vistas indexadas, tanto respecto a los temas que tratan, como al tratamiento teórico, investiga-
dor o práctico que se realiza (Tabla 8.2)4.
Tabla 8.2. Tópicos orientación profesional (elaborado a partir de Sampson et al., 2013)
Teoría cognitivo-
2 Autoeficacia Influencia familiar Desarrollo carrera
social
Ramas científico-
5 Influencia familiar Toma de decisiones Comunicación social
tecno
Diversidad/
6 Toma de decisiones Intereses Autoeficacia
multicultural
Agrupados los temas en el top-100 de la revisión realizada aparecen: 1) los referidos a carac-
terísticas personales en particular en momentos de transición; 2) el desarrollo de recursos y
servicios; 3) factores externos que influyen en el individuo (apoyo social, discriminación); 4) las
teorías (cognitivo-social, Holland, etc.) y las opciones de empleo, educativas y ocupacionales
(ibídem., p. 304). Junto a estos temas, Sampson et al. (op. cit., 309) enuncian una serie de cues-
tionamientos temáticos a la vista, principalmente, del impacto de internet y de las redes sociales
en el empleo. Esta consideración es —en nuestro caso— relevante, permite considerar las temá-
ticas de la orientación profesional según aparezcan constantes en el histórico (temas consolida-
dos), o se plantean a la vista de los nuevos escenarios laborales (temas emergentes)5.
3
Los estudios de Flores et al. (2012), Figuera y Romero (2013) reflejan la variedad temática y representan intentos destacables
de clarificación. Respecto a la cuestión de la polisemia terminológica, volveremos sobre el tema al plantear los retos de futuro en
los últimos apartados del capítulo.
4
Por esta razón esta revisión —la multirreferencialidad teórica, investigadora y práctica— es de interés, al considerar como
una cuestión clave en el análisis la utilidad de los artículos para el profesional de la orientación.
5
Desde un criterio no restrictivo, de entre las revistas que marcan tendencia en su difusion de la investigación, cabe señalar:
Australian Journal of career development, British journal of guidance & counseling, Career Guidance Today, Canadian Journal of
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
En esta aproximación temática, consolidada o emergente, hay que recordar la fuerte vincu-
lación de origen entre la orientación profesional, las prácticas profesionales y las coyunturas
laborales. En esta tríada teórica, investigadora y práctica en la clasificación de J. Sampson, la
investigación es particularmente sensible a las oscilaciones del entorno en cada momento. Con-
secuente con estas dependencias, la investigación en orientación profesional mantiene dos tra-
diciones temáticas en permanente actualización:
a) El análisis de necesidades vinculado a procesos evaluativos de la calidad. Para dar respues-
ta en cada momento a la demanda de los distintos usuarios, de las diferentes estructuras
y servicios de orientación profesional (y marcadamente laboral). El reto actual es dar con
una detección de necesidades desde dentro —desde el usuario— y no tanto desde la pres-
tación del servicio. Se trata de individualizar al máximo el proceso de evaluación y orien-
tación, a lo que responderá la investigación cualitativa y la revitalización metodológica
que se tratará posteriormente.
b) Las transiciones. El segundo hito en la acción orientadora-profesional son los momentos
de cambio o transición. La transición escuela-trabajo ha constituido una de las líneas
temáticas, de momentos clave. En la situación actual, el reto viene por las múltiples tran-
siciones sobrevenidas que, a lo largo de una trayectoria profesional, puede tener la per-
sona, más allá de los tránsitos previsibles del mundo académico al laboral. Merece una
atención coyuntural emergente, el estudio de las transiciones en la tercera edad y preju-
bilados. La crisis económica da lugar a una urgencia temática de investigación sobre los
desempleados de larga duración (y el abandono), temas vinculados de suyo con la «orien-
tación a lo largo de la vida».
Desde los tiempos, la investigación en orientación profesional responde a la propia
evolución empresarial. Bajo esta perspectiva organizativa, se consolida una tercera línea
temática:
c) El bienestar y la satisfacción en el trabajo. Muy dependiente del desarrollo de los modelos
de recursos humanos, la investigación aborda temas próximos a la motivación del traba-
jador. La pirámide de necesidades de Abraham Maslow puede marcar el sentido de la
evolución consolidada, pues transita, desde la década de los años cuarenta del siglo pasa-
do, de una seguridad en el puesto de trabajo, a la motivación y satisfacción del empleado.
Esta es una de las líneas más desarrolladas de la investigación en orientación profesional
por su aporte a la organización empresarial y la mejora de la productividad. Sin embar-
go, sigue siendo una línea emergente por desarrollar la visión desde la trayectoria de vida
de la persona y no tanto desde los intereses de la organización empresarial. Se trata de
considerar el bienestar desde el referente de la trayectoria profesional del trabajador (la
orientación de las personas empleadas), y no solo de la satisfacción en un puesto de tra-
bajo, más o menos enriquecido por las técnicas clásicas de motivación de los recursos
humanos de las organizaciones.
La evolución supera en la actualidad los presupuestos clásicos de la participación,
satisfacción y motivación desde la díada empresa-trabajador, incorporando nuevos retos
temáticos emergentes de los cambios en el conjunto de las sociedades. El ejemplo para-
digmático lo constituye la conciliación laboral, en el que los referentes se multiplican al
entrar en juego nuevas sensibilidades respecto a la conjugación familia-trabajo, bajo los
career development, The career development quartely, International journal for educational and vocational guidance, L’Orientation
Scolaire et Professionnelle, Journal of Employment Counseling, Revista Española de Orientación y Psicopedagogía, etc.
LA INVESTIGACIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL RETOS Y REALIDADES
diversos sentidos según el referente de género, cultura, etnia, etc. que da pie, a su vez, a
diferentes concepciones tanto del trabajo como de la familia.
En la coyuntura actual, se aprecia una nueva constelación de elementos antes disper-
sos. Brevemente esbozada, se considera la confluencia de factores dispares: el cambio
climático y la sostenibilidad del planeta, la ecología; las hambrunas y la creciente diáspo-
ra sur-norte con los consiguientes flujos migratorios, la cultura; la globalización y deslo-
calización empresarial, que añade al movimiento de capitales más movimiento humano,
la economía; la globalización y la competitividad, que cambia las reglas productivas, la
robotización; la virtualidad y la comunicación, con las brechas digitales; la reactivación
de fundamentalismos, que incrementa la inseguridad; y así un continuo de rupturas y
búsquedas de nuevos equilibrios que transforman el panorama laboral-profesional. Ante
esta tesitura, aparecen temáticas emergentes de estudio.
Consecuencia de estos escenarios emergentes, aparecen dos temáticas relacionadas:
la equidad y la sostenibilidad.
d) Equidad y justicia social. Se trata de una temática poliédrica que, sin dejar de atender a la
población laboral normalizada en los escenarios laborales tradicionales (por ejemplo, a
través del análisis del impacto de las reformas laborales en la población activa); incorpora
los efectos de los movimientos migratorios. Se trata así de una temática que condiciona el
estudio de: La migración y el empleo, investigando sobre los efectos en la oferta y la deman-
da, así como en el desempeño profesional. El multiculturalismo, desde un referente socio-
laboral, se incide en un tipo de estudios que indagan sobre las minorías (étnicas, de géne-
ro, discapacidad, etc.) y, de nuevo, las consecuencias laborales y profesionales.
Hay un tema estrella vinculado igualmente con la movilidad, pero con repercusiones
tanto en la formación profesional como en la posibilidad de acceso al mercado laboral: El
reconocimiento de competencias, los tratados de libre circulación de los trabajadores en la
Unión Europea, puede ser un excelente ejemplo tanto en la formación profesional y univer-
sitaria, la formación en competencias; como en la acreditación de competencias en profe-
sionales en ejercicio. En ambos casos, la investigación proporciona evidencias empíricas
de clara repercusión en las prácticas; así como la evaluación de diseños formativos innova-
dores centrados en una amalgama de los múltiples sentidos de competencias (generales,
transversales, complejas, etc.) que se extienden al propio profesional de la orientación.
Queda pendiente en la temática relacionada con la equidad y justicia social una cues-
tión transversal que planteará nuevos retos metodológicos a la investigación: El dar voz
a las minorías, sea cual sea su origen y condición (cuestión que se retomará en el epígra-
fe la investigación por-venir).
Los referentes eco-, por último, potencian estudios sobre el equilibrio entre produc-
ción, consumo, preservación del medio, y conservación de la Tierra, sin desatender el
interés anterior por la equidad. Referido a la orientación, aparece un nuevo tema:
e) Sostenibilidad y empleabilidad. El sistema productivo, y el tipo de producción, se ven con-
dicionado por normativas (las medio-ambientales, por ejemplo) que, a su vez, repercuten
en la regulación del empleo. Esta misma preocupación por la sostenibilidad puede gene-
rar yacimientos emergentes de empleo y nuevos perfiles profesionales.
La empleabilidad, por su parte, introduce la investigación sobre el emprendimiento.
Que reactiva escenarios poco investigados en décadas anteriores, la universidad como
tema de indagación con gran auge.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Estos temas han sido expuestos en los capítulos anteriores. Se trata aquí de vertebrarlos
desde el referente de la investigación actual, donde se aprecian tendencias comunes y a la vez
matices relevantes en nuestro contexto cultural, en particular entre Europa y Norteamérica.
El análisis del campo de estudio en orientación profesional pone en evidencia, sin embargo,
una laguna temático-metodológica ya puesta de manifiesta en la revisión de Sampson et al.
(2013), y que Haug y Plant (2016) resuelven con la investigación sobre los efectos de las prácti-
cas y las políticas de la orientación profesional basada en evidencias. La cuestión clave sigue
siendo la distinción entre: i) una investigación básica que vincula los temas a las grandes teorías
de la orientación; frente a i’) la necesidad de una investigación aplicada, en la que el tema por
excelencia es la evaluación de los programas, acciones, o intervenciones desde la orientación
profesional. El reto es lograr la presentación de «la evidencia de los resultados de la orientación
profesional, de manera que se perciba cada vez más como un hecho fundamental que contribu-
ye a una mayor profesionalización de la elaboración de políticas y la prestación de servicios»
(ibídem., p. 138). Asociado a este reto de la investigación se presentan la pertinencia y revitali-
zación metodológica.
Tabla 8.3. Los paradigmas dominantes en investigación (Sabirón, 2006; Arraiz y Sabirón, 2012)
La tendencia actual es, como reiteradamente se señala, conferir valor al dato, transitar de la
descripción estadística a la interpretación contextualizada. En el análisis de contenido de más
de 3000 artículos, publicados en 11 revistas de prestigio sobre el desarrollo de la carrera, en el
periodo comprendido entre 1990 a 2009, realizado por Stead et al. (2012) la distribución por-
centual es la siguiente: 55.9% de estudios realizados con metodología cuantitativa; 35.5% estu-
dios teóricos y conceptuales; y 6.3% de estudios realizados con metodología cualitativa.
Los estudios cualitativos son, prácticamente, residuales. En esta misma revisión, los autores
señalan, sin embargo, dos consideraciones relevantes en la investigación cualitativa analizada:
de una parte, se aprecian defectos formales; de otra, el «cambio mental» paradigmático que ha
de acompañar a la aproximación cualitativa no se explicita. Respecto a los defectos epistemoló-
gicamente formales: una descripción inadecuada de cómo se lleva a cabo el estudio, bien por
limitaciones del estudio, o por las impuestas por las revistas (por ejemplo, estructura de artícu-
lo a seguir que responde a un enfoque cuantitativo, pero no-pertinente para el cualitativo); falta
de explicitación de técnicas que se utilizan y se dan por supuestas; o datos de interés y que, sin
embargo, se obvian. Para Stead et al. (op. cit.) combinando diseños y metodología, el diseño de
estudio de casos mejoraría sustancialmente estas limitaciones.
En la misma línea están los datos obtenidos por Figuera y Romero (2013), sobre la investiga-
ción recogida por The Career Developemen Quarterly (CDQ) y L’Orientation Scolaire et Profes-
sionnelle (OSP) durante los años 2009-2012: metodología cuantitativa 70,90% (CDQ) 88,89%
(OSP); metodología cualitativa 21,82% (CDQ) 5,56% (OSP); mixta 7,27% (CDQ) 5,56% (OSP). Las
autoras indican que son los diseños correlacionales o predictivos los más utilizados en metodolo-
gía cuantitativa, con técnicas multivariadas; mientras que son muy pocos los estudios longitudi-
nales de amplio alcance que permitan una mayor comprensión de los procesos de desarrollo de la
carrera y la efectividad de la intervención. Los estudios cualitativos permanecen en minoría, con
preferencia por las entrevistas en profundidad y la narrativa; en el caso de la metodología mixta,
hay preferencia por los cuestionarios, entrevistas en profundidad y en algún caso la observación.
Sobre este panorama se esbozan los retos de la investigación en un futuro inmediato.
LA INVESTIGACIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL RETOS Y REALIDADES
3. LA INVESTIGACIÓN POR-VENIR
6
Es un autor prolífico. Para la aplicación del “pensamiento complejo” en educación puede consultarse Morin (1999). En http://
[Link]/ se ofrece una visión holística de esta línea de investigación.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
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Hay sistemas en los que la suma de las partes que lo componen no dan una explicación cau-
sal del efecto que generan (por ejemplo, el tiempo atmosférico y la predicción meteorológica);
este principio es el de no-linealidad que da al traste con la concatenación clásica causal (una
causa produce un efecto, y el efecto se debe a una causa); y en consecuencia, limita la posibili-
dad de predicción. Los sistemas sociales, y en consecuencia los educativos y orientadores son
sistemas complejos sometidos a este principio. Derivada de la no-linealidad, el efecto mariposa
por el que el cambio en un elemento aparentemente simple, implica un cambio brusco en el
conjunto del sistema (por ejemplo, el frágil equilibrio de un ecosistema natural). La teoría del
Caos pretende comprender qué orden, si lo hay, regula estas dinámicas.
Los presupuestos clave de la Complejidad aplicada a la orientación se resumen en tres (Tabla 8.5):
7
Los trabajo de Robert G. L. Pryor y Jim E. H. Bright impulsan la teoría del Caos aplicada a la orientación profesional, a la
vez que suponen, para el conjunto de la investigación en educación un referente clave. A título de ejemplo referimos este artículo,
si bien se sugiere la ampliación con la lectura de otros artículos no menos interesantes.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
ner) el estudio de caso para la praxis orientadora; de otra, una vez considerada la utili-
dad, conviene estudiar la posibilidad efectiva de llevarlo a cabo.
La singularidad, la especificidad de la información emergente de un estudio de caso,
introduce siempre una duda transversal, la ética, ante información sensible, indagando
sobre la vida también privada de las personas investigadas, ¿qué actitud adopta el equipo
investigador?
e) La última cuestión a considerar es la metodológica. El estudio de caso permite, incluso de-
manda, de una preparación estratégica y técnica de los diferentes retos metodológicos; en-
tre los que se llama la atención sobre: la elaboración de instrumentos ad hoc, es decir, pro-
pios para el caso; el control de los sesgos, con los consiguientes procesos de triangulación y
contraste de la información; el sistema de codificación y categorización, y en su conjunto el
análisis cualitativo de los datos unido a la consiguiente interpretación de resultados.
A modo de ejemplo, se propone un esquema básico del estudio de caso de modalidad etno-
gráfica, puente en relación con matrices de investigación-acción (Figura 8.3).
I. Fase
descriptiva II. Fase
interpretativa III. Fase
evaluativa
IV. Fase
V. Fase
crítica generativa
La primera fase descriptiva indaga sobre la «descripción densa» en la que las personas in-
formantes realizan su propia descripción del caso. Se trata de una fase de contextualización
clave para futuras transferencias del estudio, así como para la interpretación de resultados. La
fase interpretativa recala sobre los sentidos y significados, las interacciones entre las personas,
constituyendo la esencia del diseño: se profundiza en las singularidades observadas y contras-
tadas con las personas informantes. En la fase crítica, se producen y difunden los saberes más
vinculados con la práctica, en tanto que en la fase generativa se interpretan los resultados desde
los referentes teóricos partida. Dado su carácter etnográfico, el trabajo de campo es decisivo; el
equipo de investigación convive con los participantes a través de la observación participante y
las entrevistas. La implicación a lo largo del estudio facilita que, tras la investigación, se pueda
activar acciones orientadoras significativas para el caso (restitución al campo).
Si el estudio de caso, y en su conjunto la investigación cualitativa resultaba minoritaria en
el campo de la orientación, la investigación-acción es residual, dado que al carácter eminente-
mente cualitativo, se le añade su escasa credibilidad científica desde los parámetros científicos
convencionales; y sin embargo, tiene un demostrado potencial educativo y orientador. En par-
ticular, Perry (2009) comenta su interés en la investigación sobre la eficacia de los programas
para la transición entre escuela y trabajo de jóvenes pertenecientes a grupos minoritarios. La
implicación de las personas desde el primer momento de la definición del problema, a la crea-
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
8
Bajo la «investigación-acción» cohabitan diferentes modalidades (por ejemplo, la investigación participativa), y diferentes
—a veces dispares— finalidades (desde la eficacia hasta la emancipación). Una exposición más exhaustiva supera la pretensión de
este capítulo. Se sugiere, sin embargo, la lectura de dos obras clave: para la fundamentación Goyette y Lessard (1988), para la pla-
nificación (Kemmis y McTaggart, 1988).
LA INVESTIGACIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL RETOS Y REALIDADES
unión entre ellos, con implicaciones positivas para su relación (Collin, 2007), y para el desarro-
llo del campo por la mutua retroalimentación praxis-investigación.
La orientación narrativa es una perspectiva amplia y consolidada en la orientación profesio-
nal que va incorporando nuevos modelos emergentes (McMahon y Watson, 2012). En todos
ellos se percibe como nexo común el valor del relato o de historia, eje vertebrador de los méto-
dos narrativos. La historia selecciona y conecta experiencias con un argumento que la vertebra;
esa construcción da sentido identitario a las experiencias vividas que al comunicarla cobra una
proyección de futuro con los otros. La identidad individual se conecta con otras identidades, la
narrativa individual con las narrativas de su contexto. Si en el proceso de orientación posibilita
la construcción de la carrera con sentido y más posibilidades para los usuarios; en investigación
permite indagar en grupos y usuarios diversos tanto en la construcción de significados (narra-
tiva individual), como en la vinculación a contextos culturales distintos (narrativa global). A la
vez destacan dos aspectos clave para la investigación y la acción: el dinamismo y el carácter
holístico. En el primer caso, son los procesos (trayectorias) el objeto preferente de conocimien-
to e intervención; en el segundo, recupera el sentido de complejidad de las personas (historia),
quienes no reaccionan sino que actúan en contextos y con otras personas (Reid, 2005).
Por último, en ese puente que suponen los métodos narrativos habría que destacar las herra-
mientas que se han desarrollado desde la orientación narrativa para construir los relatos de vida
y que puede servir como estrategias en un proceso de investigación; la entrevista de construcción
de la carrera, el retrato de vida de Savickas (2015) constituyen ejemplos paradigmáticos9.
9
En [Link] se podrá disponer de recursos específicos para el desarrollo de los métodos narrativos en orien-
tación profesional.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
10
Esta cuestión es clave, y se retomará en los retos, «más allá de la investigación».
LA INVESTIGACIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL RETOS Y REALIDADES
dad se acelera. El gran reto es responder desde la incertidumbre a las personas para que puedan
gestionar sus carreras. Guichard (2008) matiza el sentido del reto hacia la construcción de una
sociedad más equitativa, promovida por una orientación para la carrera centrada en la persona,
en posición dialógica con el orientador; a la vez que plantea el dilema implícito de la orienta-
ción profesional en sociedades globalizadas: cómo atender a personas —inmersas en la incerti-
dumbre— y consideradas, sin embargo, responsables de las elecciones relativas a su existencia,
en un contexto social en el que el futuro se percibe como incierto; cuando precisamente de entre
las decisiones, las relativas al empleo y al trabajo aparecen como fundamentales. En definitiva,
cómo manejarse entre los principios de autoconstrucción de la carrera personal y los condicio-
nantes del mundo sociolaboral; afrontando los riesgos de culpabilidad, frustración e incluso
renuncia a la autogestión de la carrera en pro de una adaptación de subsistencia.
Esta motivación al cambio, se perfila en los distintos ámbitos que se señalan a continuación,
pero bajo un horizonte común y referente de equilibrio cósmico, de respeto a la persona y al
medio, de conciencia universal, que Morin (1999) enumera bajo los «siete saberes necesarios
para la educación del futuro» (ya presente): enseñar la condición humana (cósmica), enseñar la
identidad terrenal, enfrentar las incertidumbres, enseñar la comprensión, etc. Vocación plane-
taria que Plant (2015) retoma en la «guía verde» para una orientación respetuosa con el medio,
ecológica … y una orientación para la carrera consecuente que incorpore en la persona una
conciencia más allá de mi trabajo.
sus dimensiones emocionales, cognitivas y sociales. Es importante una acción orientadora en-
focada a la autoconstrucción de la carrera; con programas para diseñar el proyecto de vida, la
intervención para el desarrollo de la carrera en organizaciones, y entrevistas de trabajo para la
autoconstrucción a lo largo de la vida. El reto pendiente es cómo hacerlo cuando se manejan
indicadores de evaluación y protocolos de actuación centrados en la adaptación inmediata a la
coyuntura sociolaboral. La importancia del reto se agudiza en los usuarios de estos servicios
con condiciones personales y sociales más desfavorecidas; en tales supuestos parece justificar-
se la razón instrumental de supervivencia en los escenarios de doble incertidumbre, personal y
profesional. Precisamente aquí el desarrollo de procesos de evaluación que den cabida a indica-
dores de diversa índole puede introducir dinámicas de cambio.
En la presentación del informe sobre las políticas de orientación a lo largo de la vida (EL-
GPN, 2011, p. 5) se destacan estas cuestiones incidiendo en «la necesidad de unos potentes
servicios de orientación que equipen a los ciudadanos con unas habilidades que les permitan
gestionar su propio itinerario de formación y su propia carrera profesional a lo largo de la vida,
así como durante las transiciones [cada vez más numerosas] que tendrán lugar tanto entre y
como dentro de ambos mundos: el de la educación/formación y el del trabajo». Para ello se ape-
la al informe «Europa 2020: Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integra-
dor», que pretende, entre sus objetivos, «mejorar la entrada en el mercado laboral de los jóve-
nes, de promover el reconocimiento del aprendizaje no-formal e informal, de mejorar los
resultados educativos y de aumentar la transparencia y la importancia de los sistemas educati-
vos, de reforzar el atractivo de la formación profesional; y de asegurar que los ciudadanos,
desde una edad temprana, sean capaces de adquirir las competencias necesarias para implicar-
se en aprendizajes posteriores y en el mercado laboral, así como que sean capaces de desarro-
llar esas competencias a lo largo de su vida» (ibídem, p. 6). Para ello el informe incorpora pro-
puestas para el desarrollo de «habilidades para la gestión de la carrera» (capacitar al usuario
para la gestión de su propio itinerario personal, formativo y profesional); mejora en las condi-
ciones de acceso a los servicios de orientación (excesivamente limitados y restrictivos para de-
terminados sectores de población rural, mayores, etc.); favorecer la coordinación; y establecer
mecanismos para la garantía de la calidad.
Sobre este último aspecto, el de la garantía de calidad, gira un reto transversal de la investi-
gación al que se ha hecho referencia en las temáticas: la evaluación por evidencias. Es un reto
de utilidad. La evaluación de la calidad de los servicios, además del cumplimiento y consecu-
ción de los estándares formales que se establezcan, debe indagar sobre el impacto en los resul-
tados formativos, económicos, mercado laboral, resultados de inclusión social, como señala el
informe ELGPN. Pero no debe obviar —y ahí el gran reto— la funcionalidad directa sobre el
usuario, el impacto en su ya referida trayectoria personal, formativa y profesional. De lo contra-
rio, por mucho que mejoren el acceso a los servicios, o los protocolos de actuación de los pro-
fesionales, si no va acompañado de una personalización en el proceso de acompañamiento, los
logros serán más formales que efectivos. Y para ello, es necesario partir de evidencias que
muestren esos efectos, que documenten la funcionalidad en la prestación de servicios para el
usuario-persona.
Los saberes producidos desde una investigación eminentemente cuantitativa nos permiten
disponer de enfoques y modelos teóricos, profesionales y organizativos contrastados. Los nue-
vos escenarios laborales y la concomitante teoría emergente de la investigación aplicada a su
LA INVESTIGACIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL RETOS Y REALIDADES
comprensión, plantea cuestiones que rediseñan el sentido de las teorías. El reto que se mantiene
es reducir la brecha entre la teoría con la finalidad de razonar y propiciar el equilibrio entre
sistemas (lógica instrumental, referentes estructuralistas), frente a las teorías que buscan com-
prender la identidad de la persona en ese juego entre sistemas (lógica comunicativa, referentes
en el postmodernismo), en un cuestionamiento explícito de la objetividad del conocimiento
científico-social y educativo. Aunque todavía es más importante implicar al profesional en la
construcción del saber, aproximando teoría y práctica. La priorización del criterio de utilidad
en la investigación puede dinamizar las tendencias en el desarrollo de las teorías.
Es necesario el desarrollo de la indagación sobre esa misma identidad de las personas en en-
tornos de incertidumbre que conllevan dudas, contradicciones, dilemas y paradojas en la trayec-
toria personal y profesional. La teorización ha de estar siempre comprometida con la realidad de
las personas, de todas las personas (a la inversa es una falacia); y en los escenarios actuales, el
paradigma de la Complejidad (caos, multirreferencialidad, transdisciplinariedad) responde a re-
ferentes epistemológicos pertinentes para una teorización de las realidades cambiantes.
La fuerza de las redes, y en su conjunto de la virtualidad, introduce un nuevo reto complejo:
una teoría pertinente permitirá optimizar la sinergia entre las redes virtuales; en caso contrario,
la brecha digital se agudizará y repercutirá negativamente tanto en las posibilidades laborales,
como en la formación. La idea de red (el conectivismo, por ejemplo) puede desencadenar sin
embargo la disolución de la identidad de la persona en un imaginario colectivo restrictivo (abo-
cando hacia un pensamiento único construido desde las redes sociales, por ejemplo); de ahí una
necesaria revitalización del constructivismo y construccionismo social desde una fundamenta-
ción teórica renovada. En este sentido, y aplicado a la orientación profesional, Kang et al.
(2017) señalan la distinción básica entre el enfoque constructivista «que considera a los clientes
como constructores de sus realidades», en tanto que desde el socioconstruccionista «se consi-
deran los clientes como individuos que dan sentido a sus experiencias y construyen su realidad
a través de las interacciones sociales». La diferencia reside en focalizarse en la actividad del
sujeto con el entorno, o trasladar el centro de interés en la interacción del sujeto con su colecti-
vo de referencia.
Desde estos presupuestos, adquiere sentido una redefinición de la cultura en su sentido clá-
sico (multiculturalismo, por ejemplo), pero sobre todo de la cultura entre dos mundos, real y
virtual, que potencia el valor del constructivismo social como posición epistemológica. La
orientación como comunicación dialógica, fundamentando desde los esquemas teóricos el sen-
tido de la intersubjetividad como clave relacional; y el orientador como mediador desde el aná-
lisis de acciones mediadas en las que las personas están comprometidas. Una construcción so-
cial del saber —y de la realidad— favorece la vertebración persona-colectivo sin que la red
subsuma al individuo.
En un sentido análogo de empoderamiento, el desarrollo teórico-metodológico de los méto-
dos narrativos es relevante. La identidad en escenarios mutantes (por inciertos y con ritmos de
cambio acelerados) aboca hacia una explicitación de la orientación como un proceso de de-
construcción-reconstrucción y acción. Indagar sobre el cómo implementar estos procesos des-
de el protagonismo de la identidad narrativa del orientado es otro de los retos a proponer. El
reto teórico que suponen los métodos narrativos se vertebra con la personalización en la pres-
tación de servicios argumentada en pro de la calidad y la evidencia centrada en el usuario: Para
propiciar la personalización, la teoría tiene que proporcionar razones y estrategias eficaces y
eficientes —útiles— para la persona. En orientación profesional, es la línea narrativa del «dise-
ño de vida» promovida por Savikas (2015): la reconstrucción de un «retrato de vida» que culmi-
na un proceso de relación usuario-profesional (en la que el usuario es el experto), de reflexión
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
autobiográfica (quien mejor tiene que conocerse es uno mismo), de «creación de sentido». La
persona diseña su vida, reflexionando, indagando, creando (y admitiendo) un sentido de su vida
sobre el que tomar decisiones. En este proceso el protagonista es la persona, y el profesional el
acompañante secundario11.
Estos retos teóricos se fundamentan en una lógica de la orientación profesional que, bajo los
referentes señalados (lógica comunicativa, narrativa, socioconstruccionismo), introduce la crí-
tica para la mejora de la existencia de la persona en sus colectivos de referencia. El cambio de
referente para el desarrollo de una orientación a lo largo de la vida desde la teoría es aquí drás-
tico: de una finalidad protagonizada por la búsqueda de ajuste de la persona al trabajo, a una
razón de la adecuación del trabajo a las personas. Una vertebración persona-trabajo que la
teoría ha de fundamentar en dos sentidos: un sentido operativo (laboral), indagando sobre el
uso estratégico del poder (empoderamiento); pero a la vez, desde un sentido ideológico (traba-
jo) de redefinición humanista (ética).
Con resultar pertinentes estos retos, persiste un impasse teórico del que emergen dos nuevos
retos transversales a considerar: la clarificación terminológico-conceptual y la pertinencia de la
teorización. Las precisiones que se acaban de realizar (por ejemplo entre constructivismo y
socioconstruccionismo) ponen de manifiesto un estancamiento teórico que no por conocido
deja de resultar gravoso: se impone la necesidad de delimitar conceptos, clarificar diferencias y
sus aplicaciones para la práctica, como cuestión preliminar para que la investigación pueda
fundamentar la praxis y renovarla; de lo contrario, se corre el riesgo de banalizar la teoría al
utilizar términos prêt-à-porter, de temporada, sin indagar en la utilidad efectiva.
Esta carencia de utilidad tiene una consecuencia no menos sustantiva, en un hipotético es-
tancamiento de la orientación profesional, al vincular la teoría con la prestación de servicios: Si
desde la investigación y desde los informes oficiales se promueve la necesidad de un cambio en
la prestación de los servicios acorde a la coyuntura de incertidumbre —argumento transdisci-
plinar de este capítulo—, la teoría tiene que ofrecer alternativas; si se trata de sustituir, por
ejemplo, un protocolo de actuación por una entrevista en un proceso de orientación narrativa,
es obligación de la teoría responder a esa necesidad de manera funcional pero también riguro-
sa; es decir, adecuada, contrastada y viable.
En definitiva, los distintos retos esbozados confluyen en un mismo centro de interés: el cam-
bio en la praxis del profesional de la orientación para responder a las necesidades laborales, sin
descuidar la dimensión personal de las trayectorias; y el cambio consiguiente en la organiza-
ción de los servicios en los que ejerce su profesión. En todo caso, la praxis del orientador activa
tres componentes de la acción orientadora: 1) está fundamentada por la teoría, que a su vez
emana de la investigación; 2) es operativa, porque el profesional domina las técnicas y estrate-
gias necesarias; y 3) se concreta en las prácticas de cada proceso orientador. Las repercusiones
son evidentes: el profesional necesita de una formación teórica y metodológica que aplica en la
práctica. El contenido del capítulo pretendía responder a estas cuestiones desde los referentes
epistemológicos, teóricos, metodológicos y temáticos expuestos. Revisitando estos referentes
desde la perspectiva del profesional, cabe sin embargo esbozar retos prácticos a corto plazo:
11
Las competencias complejas que hacían referencia al pensamiento dialéctico, en un comportamiento dialógico, adquieren
relevancia en la «creación de sentido»; las referencias al método narrativo proporcionan el soporte metodológico y epistemológico
en este sentido, desde la «identidad» de la persona.
LA INVESTIGACIÓN EN ORIENTACIÓN PROFESIONAL RETOS Y REALIDADES
12
El análisis del sentido de la formación en competencias constituiría un nuevo «agujero negro» a considerar como reto. Los
ejemplos son múltiples, uno de los más recientes, al que nos remitimos, son las competencias particulares para la «formación aca-
démica de profesionales de la orientación y asesoramiento de la carrera» (NICE, 2012) que refuerzan la profesionalización, vía
formación, del orientador.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
5. SÍNTESIS FINAL
En un breve recorrido epistemológico (2.1), se presentan las dos lógicas excluyentes y domi-
nantes en la historia reciente de la investigación educativa bajo los sentidos de «sistema» y
«persona» (o «mundo de vida»). Este recorrido, da pie a presentar una lógica inclusiva (el tercio
incluso) que se desarrolla bajo el reto de la Complejidad (3.1).
métodos narrativos, como los diseños de investigación más pertinentes al sentido complejo (y
tan incierto) de la orientación profesional.
Concluye el capítulo con una propuesta transversal, presentando «los retos más allá de la
investigación» y desde «la apuesta por la dinamización»: Retos en los ámbitos político-econó-
mico y administrativo focalizados en la eficacia y la eficiencia de los servicios (4.1). Retos para
la elaboración de teorías emergentes que indaguen en la identidad de las personas en entornos
inciertos, en los que, cada vez con mayor complejidad, la orientación tiene que acompañar a la
persona en la búsqueda del sentido de su propia trayectoria laboral (y personal); una teoriza-
ción clara en su terminología y útil en su contenido (4.2). Retos para el profesional, cuya prime-
ra limitación todavía sigue siendo la necesidad de promover su propia profesionalización (4.3).
Retos, investigación y conclusión que, en definitiva, nos comprometen a todas las personas
con inquietudes formativas; y en particular, a las ocupadas y preocupadas en la orientación
profesional, derecho consustancial a la condición humana.
Complejidad
Epistemología
Estudio de caso
Investigación-acción
Métodos narrativos
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GLOSARIO
Acreditación. Se refiere al proceso por el cual asociaciones o entidades de evaluación reconocen que una
institución, programa o profesional reúne ciertas cualificaciones y cumple con determinados están-
dares de formación establecidos por una agencia de acreditación. Ésta representa un dominio de las
competencias requeridas para el desarrollo del ejercicio profesional, favorece la evaluación y es ex-
presión de garantía de calidad en la prestación de servicios a los usuarios (Sobrado y Cortés, 2009).
Agencias de colocación. Son aquellas entidades públicas o privadas, con o sin ánimo de lucro, que tie-
nen por objeto poner en contacto las ofertas de trabajo con los trabajadores que buscan un empleo,
para su colocación. Se consideran, por tanto, agentes de intermediación. Pueden ser entidades cola-
boradoras de los Servicios Públicos de Empleo, o bien funcionar de forma autónoma pero coordinada
con los mismos. Asimismo, pueden desarrollar actuaciones relacionadas con la búsqueda de empleo,
tales como orientación e información profesional, y con la selección de personal.
Aprendizaje a lo largo de toda la vida. Es toda actividad formativa emprendida en cualquier momento
del ciclo vital de una persona con el fin de mejorar sus conocimientos teóricos o prácticos, sus destre-
zas, competencias y/o cualificaciones por motivos personales, sociales y/o profesionales (CEDEFOP,
2008, p. 123). Para la UNESCO el aprendizaje a lo largo de toda la vida se relaciona con las sociedades
que hacen un uso intensivo del conocimiento y que requieren que los ciudadanos mejoren constante-
mente las competencias que poseen y adquieran otras nuevas para poder adaptarse a las exigencias
de una sociedad cambiante.
Asesoramiento. Modelo de intervención psicopedagógica basado en una relación de ayuda para la toma
de decisiones y en la que la comunicación es un aspecto principal de su desarrollo (Sobrado y Cortés,
2009).
Autoeficacia. Hace referencia a un juicio de valor auto-referido sobre la capacidad o competencia para lle-
var a cabo algún tipo de actuación, para lograr cierto objetivo (Bandura, 1987; en Lozano, 2006).
Autoempleo. Consiste en generar el propio empleo, mediante una actividad profesional o empresarial en
la que se ejerce de forma directa.
Balance de competencias (BC). Es un instrumento apto para ayudar a la persona a tomar conciencia del
conjunto de sus adquisiciones derivadas de la formación inicial, de la formación continua y de la vida
profesional para que pueda fundamentar sus proyectos de carrera sobre una sólida autoevaluación (Lévy
Leboyer, 1992, p. 11). Estrategia que permite a la persona elaborar un proyecto profesional a corto, me-
dio y largo plazo, a partir del análisis de su experiencia, de su historia, de sus competencias y de su po-
tencial, teniendo en cuenta sus preferencias, sus valores de referencia y las elecciones hechas en el curso
de su vida (Yatchinovsky y Michard, 1994; en Serreri, 2007, p. 16). Es el proceso que posibilita a un
trabajador analizar sus capacidades personales y profesionales, así como sus motivaciones y habilidades
para diseñar un proyecto profesional. Se trata de establecer una evaluación establecida a partir de dife-
rentes metodologías (tests, entrevistas, simulaciones de roles y situaciones profesionales, etc.). (Sobrado
y Cortés, 2009, p. 398).
Brecha digital. Desfase entre personas, colectivos o comunidades originado por el acceso o el uso des-
igual de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación. Se puede también definir como la
separación que existe entre la ciudadanía que tiene acceso y se encuentra capacitada para usar las
TIC y aquella que no tiene acceso a estos recursos o que teniéndolo no saben cómo utilizarlos.
Capital social. Es el conjunto de las relaciones personales e institucionales «críticas» (las más importantes)
con habilidad para conseguir que las cosas sean hechas, lograr progresos y desarrollarse personal y pro-
fesionalmente (Dehter, 2010, p. 25).
Carrera. Secuencia de todos los roles y ocupaciones de una persona a lo largo de su vida. Puede tener una
dimensión académica, profesional y vital. Se refiere a todos los trabajos pagados y no pagados que
realizamos a lo largo de nuestra vida, atendiendo tanto al acceso al empleo, como al cambio o promo-
ción en el mismo, o a la propia jubilación. Es, como plantea Super (1980), la proyección profesional
de la persona a lo largo de la vida. Se refiere a la progresión de una persona en su vida personal y profe-
sional a través de una serie de etapas que se ordenan generalmente en un sentido positivo, de una menor
a una mayor cualificación y experiencias vitales y profesionales (Sobrado y Cortés, 2009).
Las competencias acreditadas están referidas a las unidades de competencia de las cualificaciones
profesionales del Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, por lo que cada certificado de
profesionalidad puede comprender una o más de dichas unidades. En todo caso, la unidad de com-
petencia constituye la unidad mínima acreditable y acumulable para obtener un certificado de profe-
sionalidad.
Código deontológico. Conjunto de principios y normas éticas que regulan la conducta de las personas
en el desempeño profesional. La ética profesional se conexiona con el rol social de una profesión, sus
funciones, responsabilidades, objetivos, actitudes, hacia las cuestiones sociales, etc. (Sobrado y Cor-
tes, 2009).
Competencia profesional. Capacidad de usar el conocimiento y las destrezas relacionadas con produc-
tos y procesos y, por consiguiente, de actuar eficazmente para alcanzar un objetivo (Parkes, 1994).
Conjunto de conductas organizadas, en el seno de una estructura mental, también organizada y rela-
tivamente estable y movilizable cuando es preciso (Levy-Leboyer, 1997). Dominio de un conjunto de
capacidades, saberes, actitudes, intereses y habilidades para desempeñar acciones profesionales. Las
competencias pueden ser generales, de carácter básico y transversal, o específicas de una profesión.
Existen cuatro dimensiones interrelacionadas en ellas: saber, saber hacer, saber estar y saber ser, que
son el resultado de cuatro componentes básicos: técnico, metodológico, participativo y personal res-
pectivamente (Sobrado y Cortés, 2009). Conjunto de conocimientos y capacidades que permitan el
ejercicio de la actividad profesional conforme a las exigencias de la producción y el empleo (Artículo
7.3.b. de la Ley de las Cualificaciones y de la Formación Profesional).
• El saber: los conocimientos técnicos, teóricos o prácticos, relacionados con la actividad profe-
sional.
• El saber hacer: las aptitudes necesarias relacionadas con la actividad profesional. Se traduce en
capacidad para resolver problemas de gestión, organización, para trabajar en un equipo o con
autonomía.
El concepto de cualificación puede hacer referencia tanto a la cualificación de una persona, alcanza-
da mediante su formación y experiencia laboral, como a la cualificación que requiere un puesto de
trabajo. En el ámbito educativo, debe entenderse como el nivel de formación profesional necesario
para alcanzar la competencia profesional correspondiente a un título regulado (Jiménez, Blasco, Es-
cobedo, Hernández y Spendeler, 2000).
Currículum vitae (CV). Término de origen latino consistente en un documento que reúne de forma sin-
tética el conjunto de datos biográficos, académicos, profesionales, etc. de una persona y que se utiliza
para solicitar un empleo. En la actualidad, su uso se ha generalizado a todos los ámbitos y niveles
profesionales, pudiendo adquirir formatos y modelos muy variados.
Desarrollo de la carrera. Proceso a lo largo del cual un conjunto de experiencias y factores económicos,
físicos, familiares, psicológicos, sociológicos y educativos se combinan para dar forma a la secuencia
de roles de cualquier persona a lo largo de su ciclo vital.
Desarrollo Profesional. Es un proceso continuo generado a lo largo y ancho de toda la vida laboral de
la persona y que abarca una serie de actividades interrelacionadas entre sí y orientadas a su mejora
individual, social y ocupacional.
Desempleo (paro). Situación de una persona cuando no tiene empleo y lo está buscando, que puede
tener una duración variable en el tiempo. Se trata de una «inactividad forzada», como resultado de
GLOSARIO
no encontrar empleo a pesar de los esfuerzos. La situación de paro es el resultado de despidos (por
expedientes de regulación de empleo, regulaciones de plantillas y cierres de empresas), de finalizacio-
nes de contratos o de renuncias (Germe, 2007).
Dinámica de grupos. Conjunto de técnicas aplicadas a los grupos con distintos fines y efectos (Canto
Ortiz, 2000).
Diseño de programas. El diseño de programas es una actividad compleja que exige recoger informacio-
nes diversas y tomar decisiones a lo largo de un proceso dilatado en el tiempo. Diseñar programas
exige tomar decisiones sobre aspectos como el modelo teórico que estará en la base del programa, los
destinatarios potenciales, la metodología a utilizar, el número, tipo y secuencia de las actividades, el
sistema de evaluación, etc. Este diseño está asociado a la evaluación de programas, ya que no puede
concebirse separado de una serie de procesos de evaluación relativos a: las necesidades personales,
grupales y contextuales de los individuos para los que se requiere el programa; los diferentes del fun-
cionamiento de los diferentes elementos del programa diseñado; las estrategias de aplicación ideadas;
y la evaluación de los logros obtenidos con el mismo (Álvarez Rojo, 1998).
e-Orientación. Modalidad de orientación que se desarrolla a través del uso de entornos virtuales.
Educación para la carrera (career education). Programas educativos que de forma sistemática tratan
de estimular al máximo el desarrollo de las personas respecto al trabajo, es decir, de potenciar en lo
posible el desarrollo de sus carreras (Pereira, 1999).
Empleabilidad. El término empleabilidad expresa la capacidad para obtener y mantener el empleo, para
interesar a los empleadores y para desarrollar un itinerario profesional. Una persona se considera «em-
pleable» cuando quiere y puede trabajar. Abarca las calificaciones, los conocimientos y las competencias
que aumentan la capacidad de los trabajadores para conseguir y conservar un empleo, mejorar su tra-
bajo y adaptarse al cambio, elegir otro empleo cuando lo deseen o pierdan el que tenían e integrarse más
fácilmente en el mercado de trabajo en diferentes periodos de su vida (OIT, 2000). La empleabilidad de
una persona es producto de una combinación de factores que permiten mejorar sus perspectivas de
encontrar empleo, conseguir un puesto, mantenerlo y progresar en la vida laboral. Estos factores son:
(a) sus cualidades personales, (b) el modo en que presente estas cualidades en el mercado de trabajo, (c)
las oportunidades del contexto ambiental y social, y (d) el contexto económico (Europass, 2013).
Empleo. Se define como la ocupación económica de las personas activas. Se refiere ante todo a la activi-
dad económica y se usa como equivalente a puesto de trabajo en condiciones contractuales y, por
tanto, remunerado. La OIT (1991) lo define como «un conjunto de tareas cumplidas o que se supone
serán cumplidas por una misma persona».
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
Empleo inadecuado. Fenómeno que afecta a las aptitudes y al bienestar de los trabajadores y se relaciona
fundamentalmente con la infrautilización de las competencias profesionales de la persona, aunque tam-
bién con otras situaciones tales como horarios excesivos, sobreexigencia profesional, insuficiente orga-
nización del trabajo o la insuficiencia de equipamiento o de formación.
Empowerment. Proceso que consiste en fortalecer a las personas y capacitarlas para la resolución de los
problemas con el objetivo de promover cambios positivos. Se encuentra vinculado al desarrollo de
estrategias de afrontamiento o de otras competencias como son la toma de decisiones y el trabajo en
equipo.
Estudio de caso. Es un tipo de diseño emergente que, partiendo de unas cuestiones de investigación
abiertas, indaga sobre la singularidad de un caso. La finalidad es eminentemente interpretativa. Los
datos obtenidos, así como el tratamiento es preferentemente cualitativo. Existen distintos tipos, entre
otros, la referida como modalidad etnográfica ejemplificada en el Capítulo 8. Prioriza el trabajo de
campo. Es concomitante con la observación participante. (Para saber más, consultar por R. Stake, R.
Ying, R. Walker, G. Lapassade, o el handbook de Cohen y Manion sobre métodos de investigación).
Evaluación de programas. Es una forma frecuente de investigación evaluativa, en la cual se evalúa cual-
quiera de los componentes de un programa, con el fin de valorar su impacto y establecer bases cien-
tíficas de apoyo a la toma de decisiones respecto a su planificación, gestión, mejora, continuidad o
cualquier otro componente.
Formación para el Empleo. Es un subsistema del sistema de formación profesional, constituido por un
conjunto de iniciativas, medidas e instrumentos que pretenden, a través de la formación de los traba-
jadores y de la acreditación de su cualificación, dar respuesta a sus necesidades personales y profe-
sionales de inserción y reinserción en el sistema productivo y contribuir a la mejora de la competiti-
vidad de las empresas (Real Decreto-ley 3/3011, de 18 de febrero, Artículo 26). Sus acciones están
dirigidas a la adquisición, mejora y actualización permanente de las competencias y cualificaciones
profesionales, favoreciendo la formación a lo largo de toda la vida de la población activa, y conjugan-
GLOSARIO
do las necesidades de las personas, de las empresas, de los territorios y de los sectores productivos.
Dichas acciones formativas se acreditan mediante Certificados de Profesionalidad.
Huella digital. Registro de la actividad en línea realizada, en el que se emplean herramientas digitales y
redes sociales y que constituye la base de la identidad digital.
Identidad. La persona va desarrollando una forma de ser y estar en el mundo, acorde con su autocon-
cepto. Construye un significado vital a través del sentido que cobran los distintos roles en su esquema
de vida, y también en función del significado que las otras personas significativas le otorgan a estos.
La identidad, bien sea personal y/o profesional, se encuentra directamente relacionada con las moti-
vaciones que las personas tienen para actuar, así como con los condicionantes que les pueden afectar
en cada momento.
Inserción laboral. Proceso de incorporación de las personas desempleadas al mercado de trabajo, con
un empleo normalizado, ya sea por cuenta propia o ajena.
Inserción profesional. Proceso de incorporación a una profesión o ámbito profesional; añade una cua-
lidad de mayor profesionalidad, estabilidad y consolidación de la carrera profesional, con respecto a
la inserción laboral.
Inteligencia emocional. Capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos
y de manejar bien nuestras emociones y las de los otros (Goleman, 1996). Es la capacidad para procesar
emociones y hacer que rindan para nosotros ayudando a nuestro comportamiento. Por tanto, engloba
las habilidades para controlar nuestros sentimientos y los de los otros, para discriminar entre ellos y
utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y actuar.
Intermediación laboral. Es el conjunto de acciones que tienen por objeto poner en contacto las ofertas
de trabajo con los trabajadores que buscan un empleo, para su colocación. La intermediación laboral
tiene como finalidad proporcionar a los trabajadores un empleo adecuado a sus características y fa-
cilitar a los empleadores los trabajadores más apropiados a sus requerimientos y necesidades. Tam-
bién se considera intermediación laboral la actividad destinada a la recolocación de los trabajadores
que resultaran excedentes en procesos de reestructuración empresarial, cuando aquélla hubiera sido
establecida o acordada con los trabajadores o sus representantes en los correspondientes planes so-
ciales o programas de recolocación. Los agentes de intermediación son: a) Los servicios públicos de
empleo, por sí mismos o a través de las entidades que colaboren con los mismos; b) Las agencias de
colocación, debidamente autorizadas; y c) Aquellos otros servicios que reglamentariamente se deter-
minen para los trabajadores en el exterior.
Investigación-acción. Es un diseño puente entre la investigación (teoría) y la acción (práctica). Hay que
distinguir el cómo se hace (las matrices), del para qué (incrementar la eficacia, mejorar una práctica,
o criticar una determinada situación); sin embargo, en su acepción primigenia tiene un componente
reivindicativo y de cuestionamiento del statuto quo. Existen diferentes modalidades muy próximas
entre sí (investigación participativa, colaborativa, etc.), pero siempre bajo una condición: es una in-
vestigación motivada por un colectivo. (Para saber más, consultar preferentemente las obras de Go-
yette y Lessard, y Kemmis y McTaggart referidas en la biobliografía del Capítulo 8).
tomar decisiones sobre un programa (Weiss, 1975; De Miguel, 1995), para el que resultan adecuados
tanto los métodos y diseños de índole empírico-analítico, como los de corte humanístico-interpreta-
tivo (Alvira, 1991).
Madurez para la carrera (Career maturity) (también denominada madurez vocacional). Conductas que
manifiesta el individuo para tratar de realizar las diferentes tareas de desarrollo de la carrera, propias
de cada etapa madurativa. En definitiva, es la preparación para hacer frente a las tareas de desarrollo
de la carrera (Álvarez González, Bisquerra Alzina, Espín López y Rodríguez Espinar, 2007).
Mentoría. Relación formal, intencionada y planificada con objetivos educativos concretos, entre una
persona experta (profesional) y otra que no posee formación o experiencia (mentor/a). El CEDEFOP
(2008, p. 129), define la mentoría como orientación y apoyo que, bajo diversas formas, una persona
experimentada que sirve de modelo, orientador, tutor, instructor o persona de confianza ofrece a otra
persona joven o inexperta (recién ingresada en una comunidad u organización formadoras). También
ha sido definida como una estrategia formativa y de integración empresarial que estriba en adscribir
a un profesional como tutor de un sujeto para que le ayude a resolver los problemas que encuentra en
su empleo y posibilitar así su desarrollo profesional (Sobrado y Cortés, 2009).
Métodos narrativos. Los métodos narrativos integran una perspectiva metodológica cualitativa que con
diferentes estrategias utiliza el potencial de la narrativa para generar conocimiento sobre las perso-
nas y realidades sociales. La construcción de relatos o historias de vida y el análisis del lenguaje uti-
lizado en sus diferentes niveles esquematizan el método. El relato implica la reconstrucción desde el
presente de experiencias pasadas con las que las personas dan sentido a su propia vida, así como a los
fenómenos sociales. Se fundamentan en el papel del lenguaje en la construcción de la identidad per-
sonal y la realidad social. La entrevista es la técnica preferente para la construcción de los relatos,
también se utiliza el análisis de documentos de vida. (Puede consultarse un ejemplo de aplicación de
las historias de vida en educación para la ciudadanía en Arraiz, Azpillaga y Sabirón, 2016, y en su
conjunto la información disponible en [Link]
Modelo teórico. Desarrollo de procedimientos para que la teoría pueda aplicarse en la práctica. Un modelo
puede desenvolverse con una teoría específica pero puede también integrar aspectos de diversas de ellas
(Sobrado y Ceinos).
Modelo de intervención. Es una representación de la realidad sobre la que hay que intervenir y que, con-
secuentemente, va a condicionar los posicionamientos (las funciones y destinatarios preferentes) y los
métodos de intervención (Álvarez Rojo, 1994, p. 129). Son aquellos procedimientos que conforman la
unidad básica de intervención: intervención directa individual (modelo clínico o modelo de counse-
ling), intervención grupal y directa (modelo de programas) e intervención indirecta individual y gru-
pal (modelo de consulta).
Modelo organizativo. Son propuestas que se hacen en un contexto determinado y en un momento dado
para facilitar la propia intervención orientadora: modelos institucionales y modelos particulares.
Movilidad sociolaboral. Capacidad personal para el cambio y adaptación a nuevas situaciones profesio-
nales en contextos sociales, geográficos, económicos y ocupacionales diversos.
GLOSARIO
Ocupación. Conjunto de empleos cuyas tareas presentan una gran similitud. Se clasifican las personas
por ocupación en función de su relación con un empleo pasado, presente o futuro (OIT, 1991), por lo
que, desde esta acepción, sería equiparable a la idea de profesión. Pero también puede referirse al
trabajo no pagado, que mantiene a una persona ocupada. En las estadísticas laborales, la persona
ocupada se opone al de persona desempleada, y ambas son consideradas activas.
Oficio. En sus orígenes, se asocia a las profesiones manuales, pero en la actualidad está en desuso y se em-
plea más frecuentemente el vocablo profesión como término genérico que incluye la noción de oficio.
Orientación a lo largo de la vida. Ayuda orientadora y de asesoramiento a las personas a lo largo y an-
cho de toda su trayectoria vital, en el ámbito individual, social y profesional.
Orientación profesional. Proceso socio-educativo que atiende al desarrollo integral de todas las perso-
nas con la finalidad de ayudarles a construir proyectos profesionales y vitales individuales y colecti-
vos que permitan la adaptabilidad crítica y transformadora al contexto sociolaboral así como el desa-
rrollo socio-comunitario (Romero, 2001). Actividad profesional, teóricamente fundamentada, de ayu-
da, estímulo y acompañamiento personalizado, que con carácter procesual y continuo, se dirige a
cada persona a lo largo de su vida, en aquellos contextos donde se encuentre, para propiciar su pro-
gresiva auto-orientación, a fin de que planifique y alcance el desarrollo satisfactorio de su carrera
profesional y la autorrealización personal a través del trabajo (Sánchez, 2002).
Perfil profesional. Conjunto de funciones, tareas, operaciones y condiciones que exige el desempeño de
un puesto de trabajo, cuyo análisis se realiza mediante la profesiografía y el análisis de puesto de
trabajo. También se aplica al conjunto de conocimientos, capacidades, competencias y experiencia
profesional que tiene un/a trabajador/a en particular.
Plan de búsqueda de empleo. Es una estrategia de planificación que articula los distintos elementos
que se activan en el proceso de búsqueda de empleo. Debe ser considerado como un subproyecto del
proyecto profesional de una persona; por tanto es deseable que su planificación sea coherente con di-
cho proyecto.
Planificación de la carrera. Proceso mediante el cual los individuos (jóvenes y adultos) determinan sus
habilidades, intereses y valores; consideran las opciones que se ajustan a sus características persona-
les; se fijan objetivos profesionales y establecen las estrategias para lograr sus metas.
Políticas Activas de Empleo. Se entiende por políticas activas de empleo el conjunto de acciones y me-
didas de orientación, empleo y formación dirigidas a mejorar las posibilidades de acceso al empleo,
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
por cuenta ajena o propia, de las personas desempleadas, al mantenimiento del empleo y a la promo-
ción profesional de las personas ocupadas y al fomento del espíritu empresarial y de la economía
social (Real Decreto-ley 3/2011, artículo 10.1).
Precariedad laboral. El núcleo de la precariedad está constituido por la temporalidad de los contratos,
así como por otras situaciones de inestabilidad, de incertidumbre y de ambigüedad en la relación la-
boral, pudiendo adquirir formas muy variadas. Es un fenómeno determinado por el grado de continui-
dad, el nivel de ingresos y el nivel de protección social. Tiene por tanto, consecuencias económicas y
sociales, objetivas y subjetivas, que se corresponden con la fuerte probabilidad de perder el empleo o
de vivir la situación de excesiva inestabilidad con un sentimiento de incertidumbre (Rose, 2007).
Profesión. Se utiliza fundamentalmente en una doble acepción: como genérico y sinónimo de ocupación
que incluye la idea de oficio; y como ocupación de carácter intelectual y liberal. En el primer caso, pue-
de definirse como «grupo de empleos con tareas semejantes o estrechamente relacionadas que requie-
ren para ser ejercidas cualidades, conocimientos o capacidades cualitativamente semejantes» (Katz y
Khan, 1978). En el segundo caso se trata de una «ocupación que monopoliza una serie de actividades
privadas sobre la base de un gran acervo de conocimiento abstracto que permite a quien lo desempeña
una considerable libertad de acción y que tiene importantes consecuencias sociales» (Caplow, 1975).
Programa. Acción colectiva del equipo de orientadores, junto con otros miembros de la institución, para el
diseño, implementación y evaluación de un plan destinado a la consecución de unos objetivos concretos
en un medio socioeducativo en el que previamente se han determinado y priorizado las necesidades de
intervención (Álvarez Rojo, 1994, p. 137). Toda actividad preventiva, evolutiva, educativa o remedial
que, teóricamente fundamentada, planificada de modo sistemático y aplicada por un conjunto de profe-
sionales de modo colaborativo, que pretende lograr determinados objetivos en respuesta a las necesidades
detectadas en un grupo dentro de un contexto educativo, comunitario, familiar o empresarial (Repetto,
2002, p. 297). Se trata, por tanto, de un conjunto interdependiente de elementos planificados, organi-
zados y dispuestos para responder a una finalidad.
Proyecto de autoempleo (proyecto emprendedor). Es una estrategia de planificación que articula los
distintos elementos que configuran el proyecto emprendedor o plan de negocio. Su puesta en marcha
requiere articular tres tipos de competencias: las competencias profesionales específicas, las compe-
tencias emprendedoras y las competencias empresariales. En el marco de la carrera de una persona, el
proyecto emprendedor debe esta coherentemente articulado dentro de su proyecto vital-profesional.
Proyecto profesional y vital. Es una construcción activa, en la que se trabaja sobre y se expresa la pro-
pia imagen de sí mismo/a, que implica la adquisición de una serie de conocimientos, habilidades y
actitudes, que requiere un proceso previo de información, exploración, decisión y formulación de
objetivos, que se concreta en un plan de acción, que genera desarrollo personal y que puede ser apren-
dido (Romero, 2001). Construcción personal e intencional, configurada por la proyección de la au-
to-representación vital y profesional que, basada en una planificación orientada al futuro, abierta,
flexible y progresiva, se dirige a la autorrealización y al desarrollo de la carrera profesional y vital a
lo largo de la vida (Sánchez, 2002).
Reputación digital. Opinión o consideración social que los demás tienen de la vivencia digital de una
persona o institución.
Resiliencia. Es la manera de reconocer y aumentar las capacidades propias para hacer frente a situaciones
problemáticas y relevantes y obtener del proceso vital el mayor bienestar que se pueda. La resiliencia
desde la óptica del desarrollo personal, formativo, social y profesional se fundamenta en tres pilares que
GLOSARIO
son la necesidad de subsistir y de resistir del modo más satisfactorio, la capacidad para modificar las
crisis o problemas serios en el desarrollo personal y formativo, y la clarificación de lo que es bueno y de
valor tanto individual como socialmente (Sobrado Fernández y Cortés Pascual, 2009, p. 404).
Sobreformación. Es una falta de adecuación de la formación de las personas que suele darse por exceso,
en relación con los requerimientos de un puesto de trabajo.
Trabajo. Esfuerzo consciente, distinto del implicado en otras actividades no productivas y descanso, di-
rigido a producir beneficios socialmente aceptables para uno mismo y/o para uno mismo y los otros
(Hoyt, 1995).
Trabajo decente. El concepto de Trabajo Decente se basa en el reconocimiento de que el trabajo es fuen-
te de dignidad personal, estabilidad familiar, paz social, democracias que actúan en beneficio de to-
dos y del crecimiento económico, además de aumentar las oportunidades de trabajo productivo y el
desarrollo sostenible de las empresas. El trabajo decente refleja las prioridades de la agenda social,
económica y política de los países y del sistema internacional.
Trabajo precario. Es un tipo de trabajo que se sitúa dentro de una economía informal y se caracteriza por
la ausencia de protección jurídica y por establecer una duración determinada, en los que los contratos
a tiempo parcial son escasos (Joulin, 1998). Trabajo desempeñado en condiciones no deseables por
ausencia o insuficiencia en cuanto a estabilidad, horarios, salarios, peligrosidad o protección jurídica.
Transición. Consiste en un estado de cambio o de movilidad de una situación a otra. La transición repre-
senta un modo de relacionarse con el entorno y genera una modificación personal que puede incidir
en la propia identidad de la persona (Sobrado y Cortés, 2009).
Transición profesional. Etapa de cambio dentro de la carrera profesional de una persona. Incluye desde
la transición al primer empleo, hasta las sucesivas reinserciones hacia un nuevo empleo, reorienta-
ciones profesionales, o el cambio a una situación de desempleo y viceversa.
Valores. Creencias o principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento para realizarnos
como personas. Tienen que ver con los roles vitales que desempeñamos a lo largo del ciclo vital y con
la priorización que hacemos sobre los mismos en función del significado subjetivo que otorgamos al
curso de la propia vida.
ORIENTACIÓN PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL
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La carrera vital y profesional de las personas está repleta de encrucijadas y de caminos a veces llanos y en ocasiones más tortuosos y difíciles.
Las transiciones se suceden en un escenario laboral globalizado, donde una buena formación, por sí sola, no es garantía de éxito. La sociedad
del conocimiento y de la información trae consigo unas realidades instaladas en nuestras vidas: la omnipresencia del cambio y de las
transformaciones en todas las esferas de la sociedad. Conforman necesidades nuevas para gestionar las muchas y diversas transiciones que
toda persona afronta a lo largo de su trayectoria vital. La necesidad de integrar y adaptarse a la inestabilidad, la precariedad o la incertidumbre
son hoy monedas de cambio habitual. Asimismo, la necesidad de aprender a valorar el propio potencial, de generar nuevas metas, de gestionar
opciones y oportunidades a nuestro favor y, en definitiva, de construir el propio proyecto vital y profesional son hoy un reto cada vez más
patente.
Este manual va dirigido a todas las personas que se interesen por la amplitud de funciones y desafíos que hoy tenemos planteados en
el campo de la orientación profesional; y con esa finalidad, ofrecemos una aproximación al conocimiento existente en este campo, partiendo
de su génesis y evolución teórico-conceptual y seguiendo con un recorrido a través de las bases de la intervención orientadora, los modelos
institucionales existentes y las diversas estrategias y técnicas aplicables en la práctica, hasta confluir en una reflexión sobre los retos abiertos
y los interrogantes por resolver en este campo.
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