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EL USO DE LAS METÁFORAS EN PSICOLOGÍA

En esta ocasión voy a desarrollar una técnica bastante peculiar a la hora


de afrontar distintas situaciones que puedan ser desadaptativas para la
persona: la utilización de metáforas.

Su uso forma parte de la historia de la humanidad y es un caso particular


de la poderosa influencia del lenguaje en la cultura humana, en las
relaciones interpersonales, en la creación literaria y artística y en los
procesos de socialización y de influencia pedagógica. Gracias a ello, a los
mensajes que contienen, exponemos al ser humano ante circunstancias
que hasta ahora habían evitado, podemos desvelar facetas del problema
que no están inmediatamente visibles pero que es importante tener
presentes para su adecuada solución, manifestamos advertencias
preventivas para que los daños temidos no lleguen a ocurrir,
comunicamos valores y establecemos reglas de conducta; en definitiva,
tienen un valor altamente significativo para el bienestar psicológico de la
persona.

Se pretende que las palabras de la metáfora adquieran y cumplan la


función de determinar y cambiar su conducta en las transacciones
(interacciones recíprocas) directas de la vida cotidiana en los contextos
naturales donde todos nos movemos; ¿cómo?:

• Atrayendo la atención
• Provocando emociones
• Ensanchando la perspectiva
• Facilitando la comunicación de experiencias subjetivas
• Reduciendo las resistencias al cambio
• Facilitando la aceptación emocional
• Desvelando las oportunidades que encierra un problema concreto
• Facilitando la exposición y el compromiso con la acción
• Etc.
Aunque el argumento es bastante amplio os daré a conocer algunos
ejemplos muy gratificantes:

1. Esta metáfora es bastante útil pues proporciona flexibilidad y


prepara para abrirse a otras perspectivas cuando la persona tenga
que afrontar situaciones de la vida, relaciones y conflictos:

Había una vez un sabio que siempre respondía a


todas las preguntas sin titubear. Dos niñas curiosas e
inteligentes quisieron ponerle a prueba. Para ello,
decidieron inventar una pregunta que el sabio no
supiera responder. Una de ellas apareció con una
linda mariposa azul que usaría para confundir al
sabio.

_ ¿qué vas a hacer?_ preguntó la hermana

_ voy a esconder la mariposa en mis manos y


preguntarle al sabio si está viva o muerta. Si dice
que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar.
Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así,
cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta
equivocada!.

Las dos niñas fueron entonces al encuentro del


sabio, que estaba meditando en lo alto de la colina.
Una de ellas le dijo:

_ tengo aquí una mariposa azul; dime, sabio: ¿está


viva o muerta?

Muy calmadamente, el sabio sonrió y respondió:

_depende de ti, la mariposa está en tus manos


2. Esta otra metáfora nos puede servir para anticipar el valor positivo
de la adversidad y que las experiencias de estrés y de ansiedad son
parte de la vida, pero pueden ser una ocasión para el ejercicio de las
capacidades personales y de la fortaleza personal, en definitiva, una
oportunidad para un cambio positivo.

Conducía un arriero dos caballos. El uno, cargado


de esponjas, caminaba ligero. El otro, cargado con
sacos de sal, caminaba con más dificultad. Anda
que te andarás, por sendas y vericuetos, llegaron al
vado de un río. El arriero les empujó para que
atravesaran el vado. El caballo de las esponjas entró
confiado en el río con ánimo de atravesarlo. El
caballo de la sal, por el contrario, tuvo sus titubeos
antes de atreverse e incluso tropezó más de una vez y
tuvo que levantarse antes de proseguir la travesía.

A medida que se iban zambullendo en el agua,


empapáronse las esponjas y se hicieron tan pesadas,
que el caballo que las llevaba no pudo alcanzar la
otra orilla y tuvo que ser auxiliado por el arriero y
otros vecinos para no perecer ahogado. Mientras
tanto, a trancas y barrancas, cruzaba el caballo de
los sacos de sal, y con tanta dificultad lo hacía,
tanto tiempo consumía y tanta agua tomó, que la
sal tuvo tiempo de disolverse y el corcel se vio
aliviado de la pesada carga y pudo alcanzar la
otra orilla por su propio pie.
3. Esta otra enfatiza el valor de la perseverancia de la acción, pues sólo
quien persiste lo suficiente para encontrar solución a una dificultad
o alcanzar los objetivos que pretende, encuentra su recompensa; en
cambio, quien se entrega y abandona con facilidad y rapidez rara
vez logrará resultados.

Dos ranas cayeron en un depósito de nata.


“¡nademos!”, dijo una. “¡Imposible! _dijo la otra_,
esto es demasiado blando para poder saltar y
demasiado espeso para poder nadar. Si hemos de
hundirnos, que sea cuanto antes”. Y se dejó morir.

La otra rana siguió pedaleando toda la noche y a la


mañana siguiente se encontró reposando en una
sólida mantequilla comiéndose las moscas que
acudían.

4. Conocido es el efecto de desánimo que genera centrarse solo o


preferentemente en la información negativa (sesgo de
procesamiento de la información); sin embargo, cuando tenemos la
oportunidad de experimentar resultados positivos como
consecuencia de lo que hacemos, la esperanza y la motivación
florecen. La siguiente metáfora subraya la importancia del refuerzo
positivo.

Cuando jugamos al juego de la “gallina ciega”, nos


vamos desplazando a tientas, “dando palos de
ciego”, moviéndonos sin rumbo fijo para alcanzar a
quien buscamos, mientras los demás nos van
diciendo “frío” o “caliente”. ¿cuál de estas dos
informaciones nos resulta más útil para irnos
aproximando a la meta?. Cuando, como resultado
de nuestra búsqueda, nos dicen “frío”, parece como si
el esfuerzo de la búsqueda hubiera sido en vano. Si,
a pesar de todo, seguimos buscando y en el próximo
intento nos vuelven a decir “frío”, y en el siguiente
también, y en el otro, y en el otro, ya no sabremos
qué hacer, nos detenemos desconcertados, esperando
alguna pista positiva para orientar el rumbo
perdido. Si el resultado son muchos “frío” seguidos,
puede que incluso queramos abandonar el juego. Si
el resultado de la búsqueda es la palabra “caliente”,
el siguiente paso lo damos con más ilusión, nuestros
próximos movimientos se hacen más precisos y
ajustados, es más probable que volvamos a oír
“caliente” y que la aproximación a quien buscamos
sea más rápida y certera.

5. Una actitud consensuada a nivel popular en nuestra sociedad es


intentar evitar cualquier emoción negativa: tristeza, dolor por un
acontecimiento penoso, la ira, la desesperanza, las obsesiones, el
sentimiento de culpa, el sufrimiento, etc. Evitarlas a toda costa,
aparte de acrecentarlas y promover problemas donde no los había,
nos pueden privar del sentido y significado que tienen para
reorientar los valores, vericuetos y caminos de la vida.
En esta metáfora se propone aceptarlas y experimentarlas
responsablemente, reconciliarse con ellas, exponerse y abrirse a
ellas, mirarlas cara a cara y tomar contacto. Es la denominada
ATENCIÓN PLENA.

Os invito a experimentaros como una playa


extensa en la que mansamente acaban
rompiendo todas las olas, en la que se van
disolviendo de modo natural, sin necesidad de
salir a combatirlas, a sujetarlas, a controlarlas,
a eliminarlas. Cuando no las aceptas tal como
vienen e intentas sujetarlas, es cuando más te
pueden envolver. Lo mismo ocurre con esas
emociones, ansiedad, rabia, tristeza, que te
hacen pasar momentos difíciles y que a veces
tratas, sin conseguirlo, de combatir, de
eliminar. Vas a imaginar que son olas que
vienen a la playa de tu vida y que te hablan de
los momentos difíciles por los que estas pasando,
del conflicto que estás experimentando. Son
señales de que eres sensible y de que el conflicto
te está afectando. Déjalas que encuentren
mansamente su sitio en tu playa para poder
gestionarlas mejor.

¿Qué os parece?. Toda una sabiduría se concentra en pocas


palabras y, posiblemente, pueda conmoveros y animaros a un
cambio para mejorar vuestra vida o de la quien os rodea. Espero
que sea así. Un saludo y hasta la próxima entrega, no sin antes
recordaros que siempre viváis el presente, sin culpas hacia el
pasado ni miedo ante el futuro:

El dedo que se mueve escribe;


Teniendo una orden, avanza;
Ni tu piedad ni tu ingenio
Le harán retroceder para suprimir media línea,
Ni borrarán tus lágrimas una sola palabra.

Omar Jayyam (1048-1122)