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Unidad 2 / Escenario 4

Lectura fundamental

Sentido del tacto: ¿cómo sentimos


el dolor, la temperatura y la presión?

Contenido

1 ¿Qué es el tacto?

2 Funciones y vías del sentido táctil

3 Conclusiones

Palabras clave: tacto, dolor, presión, placer, temperatura.


Indtroducción
¿Se imagina vivir sin sentir dolor? Poder caminar sobre el fuego con los pies desnudos y no
reaccionar, o cargar mucho peso y no sentir dolor de espalda.

Aunque en un principio suene interesante y hasta deseable, las personas que viven sin poder sentir
dolor —una extraña enfermedad llamada Analgesia Congénita— nos hacen reflexionar sobre la
importancia para la supervivencia que nuestro sentido táctil funcione perfectamente. Los pacientes
que tienen esta enfermedad, aunque pueden vivir por muchos años, corren más peligro de lastimarse;
por ejemplo, un niño, se puede enterrar en los pies un vidrio y sangrar; sin embargo, como no recibe
ninguna señal de dolor, seguirá jugando hasta que alguien se dé cuenta y la herida ya esté muy grande.

Examinemos entonces cómo funciona nuestro sistema táctil.

1. ¿Qué es el tacto?
El tacto es un sentido corporal que nos permite recibir una variedad de estímulos del exterior, los
cuales recibimos a través de un sistema de receptores (exteroceptores) que, en el caso del tacto,
se encuentran en la piel. El sistema de exterosensibilidad principalmente incluye la percepción de
estímulos mecánicos —tacto—, estímulos térmicos —temperatura— y estímulos dolorosos —dolor—
(Pinel, 2007).

¿Sabía que...?

La piel es el órgano más grande del cuerpo. Puede medir más de 2m2
y pesar más de 10 kg

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1.1. Receptores cutáneos

En Escenarios previos hemos hablado de diversos tipos de receptores como los fotorreceptores —
que nos permiten recoger la luz—, en este hablaremos primordialmente de tres tipos de receptores:
los mecanorreceptores, los termorreceptores y los nociceptores. Los mecanorreceptores son
los encargados de recibir las señales asociadas al tacto y a la presión, mientras los nociceptores
se encargan de estímulos potencialmente perjudiciales, como dolor, calor y frío extremos (Raff y
Levitzky, 2013). Finalmente, los termorreceptores se encargan de la percepción de la temperatura.

Receptores
al tacto

Receptores
al frío
Receptores Receptores
al calor a la presión
Receptores
al dolor

Figura 1. Receptores cutáneos


Fuente: Politécnico Grancolombiano

Dentro de los mecanorreceptores encontramos especialmente cuatro tipos (Pinel, 2007; Raff y
Levitzky, 2013):

1. Discos de Merckel: estos receptores son de activación lenta, lo que significa que luego de ser
tocados permanecen activos por más tiempo cambiando la sensación. Su función es la recepción
de las texturas, por ello responden tanto a tacto como a presión sostenida.

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2. Corpúsculos de Meissner: estos se encuentran en zonas como las palmas de las manos o los
pies. Su función es responder a cambios en la textura y vibraciones lentas.

3. Corpúsculos de Pacini: estos receptores grandes y en forma de cebolla muestran respuesta a


presión profunda y vibraciones rápidas. Se adaptan y activan rápidamente por lo que responden
mejor a distorsiones repentinas de la piel.

4. Terminaciones de Ruffini: estos receptores muestran respuesta a presión sostenida. Son


de adaptación lenta, por lo que dan mejores respuestas al estiramiento progresivo de la piel.
También reaccionan a los cambios de la temperatura, sobre todo al calor.

En relación con los termorreceptores usualmente se hace referencia a los corpúsculos de Krause que
se encargan de la percepción de la sensación de frío y las terminaciones de Ruffini que se encargan
de la sensación de calor.

Corpúsculo de Krause Corpúsculo de Ruffini

Detecta sensaciones de frío Detecta sensaciones de calor

Figura 2. Termorreceptores
Fuente: Politécnico Grancolombiano

Por último, tenemos a los nociceptores que son un grupo especial de receptores de carácter
sensorial que distinguen los estímulos inocuos de los nocivos (Ferrandiz-Mach, 2006).
Principalmente, estos tipos de receptores se distinguen por su ubicación que puede ser en la piel,
en los músculos o en las vísceras.

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2. Funciones y vías del sentido táctil

Una de las principales funciones del sistema táctil es protegernos frente a estímulos que puedan
resultar potencialmente nocivos; nos avisa cuando nos estamos hiriendo, quemando o congelando.
Pero, más allá de simplemente protegernos, el sistema táctil nos aporta sensaciones sobre las
propiedades del mundo, de los objetos con los que interactuamos día tras día. Desde que somos
bebés el tacto nos permite reconocer las texturas, formas, tamaños y pesos de los objetos que nos
rodean. Es nuestra primera forma de conocer el mundo, ya que brinda información clave para formas
posteriores de aprendizaje. Veamos con más detenimiento su papel en el dolor, la percepción de
temperatura, presión y sensaciones de placer.

2.1. Dolor

Normalmente hablamos de dolor cuando tenemos una experiencia sensorial desagradable asociada
a una lesión real o potencial (Ferrandiz-Mach, 2006). Curiosamente, a pesar de que la experiencia
no es deseable, es central para poder sobrevivir. El dolor no obedece a estímulos particulares, sino
es el resultado de una estimulación excesiva de cualquier tipo (Craig, 2003). Así mismo, carece de
una representación cortical exacta, aunque ha sido más frecuentemente relacionado con la corteza
cingulada (Pinel, 2007).

¿Sabía que...?

El dolor puede clasificarse como agudo o crónico según su duración.


El dolor agudo suele ser puntual, mientras el crónico puede
extenderse en el tiempo.

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El proceso para que sintamos dolor, normalmente, empieza con un estímulo que ha alcanzado
determinado nivel (ha superado el umbral perceptual) y ya no se percibe como una sensación
táctil normal. Ese dolor se puede originar desde los nociceptores y desde los axones encargados de
transportar la información dolorosa hacia y desde todo el cuerpo. La estimulación de estos centros
lleva a que se segreguen varias sustancias químicas que inician impulsos nerviosos con el objetivo de
disminuir lo que está afectando.

Posteriormente, entra a participar el tracto espinotalámico ubicado anterolateralmente en la


sustancia blanca de la médula espinal (M. J. Perena, M. F. Perena, Rodrigo-Royo y Romera, 2000).
Este tracto constituye la mayor vía nociceptiva. Allí se hace una discriminación del dolor por
localización, intensidad y duración. Luego, mediante fibras nerviosas llegará a la médula espinal que
constituye el primer filtro en el que se seleccionan aquellos mensajes que deben ser ignorados y los
que deben ser amplificados (Pinel, 2007). Finalmente, se envía la información a través de diversos
haces nociceptivos: espinotalámico, espinomesencefálico, sistema motor y simpático, hacia centros
superiores del córtex donde tendrá lugar la percepción y localización concreta del dolor (M. J. Perena
et al., 2000).

Estímulo Zona de
doloroso sensación
dolorosa

Receptor
nervioso

Vía sensitiva

Médula espinal

Figura 3. Vías sensitivas del dolor


Fuente: Politécnico Grancolombiano

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2.2. Temperatura

La termorrecepción o percepción de la temperatura aparece en la mayoría de los mamíferos incluidos


los humanos. Gracias a un sistema coordinado de regulación nos permite evitar que nuestro cuerpo
llegue a temperaturas extremas de frío o calor que puedan ser potencialmente peligrosas. Gracias a
esta capacidad los seres humanos podemos guiar nuestras acciones para calentarnos: tomamos bebidas
calientes, tiritamos o nos recogemos para mantener el calor. Así mismo, en caso de frío, el sudor ayuda a
regular la temperatura, así como la búsqueda de prendas más holgadas o un sitio con sombra.

Para el funcionamiento de la percepción de la temperatura se activan, por lo menos, dos receptores:


uno para el calor y otro para el frío. En el caso que el calor o frío sea extremo y pueda conllevar algún
tipo de peligro, también hay nociceptores que informan de temperaturas extremas. Por ello, no es de
extrañar que las vías sensitivas del dolor —anteriormente vistas— sean compartidas en gran medida
con las de la temperatura (Pinel, 2007).

2.3. Presión

Nuestra piel cubre completamente el cuerpo. Al tener una enorme cantidad de mecanorreceptores,
no es de extrañar que seamos muy sensibles a la presión. Aun así, como bien se habrá dado cuenta
el lector, tenemos zonas mucho más sensibles; esto se debe a que allí se encuentran una mayor
densidad de receptores. Es así como las zonas más sensibles resultan siendo la punta de los dedos de
las manos y la lengua (Caromano, 2018; Dezcallar-Sáez, 2012).

Otro factor por tener en cuenta en la distribución de los mecanorreceptores tiene que ver con el
tipo de piel. Todos poseemos dos tipos de piel: una sin pelo —llamada piel glabra— y otra con pelo
—llamada piel pilosa—. La piel glabra, como la que tenemos en la planta de los pies, la palma de las
manos y los labios, tiene una alta sensibilidad comparada con la piel pilosa (Dezcallar-Sáez, 2012). En
el caso de la piel pilosa, que cubre la mayoría de nuestro cuerpo, aunque presenta mecanorreceptores
similares, posee además los receptores del folículo piloso que son mecanismos de adaptación rápida
que responden ante cualquier cambio o desplazamiento del pelo.

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Para que podamos sentir la sensación de presión, los mecanorreceptores realizan transducción
(Pinel, 2007). La transducción es un proceso por el que se transforma la energía mecánica, como
los estímulos físicos de presión, en una señal eléctrica nerviosa específica, o un potencial eléctrico
(Dezcallar-Sáez, 2012). Esta señal eléctrica emitida por los mecanorreceptores varía en función del
tipo, cantidad y ritmo del estímulo. Estas diferencias permiten que el sistema nervioso central pueda
dar cuenta de la localización, movimiento y aceleración del estímulo. Luego, la información llega a
las neuronas de los ganglios de la raíz dorsal de la médula espinal. Ya allí, los receptores sensoriales
participan, a través de reflejos monosinápticos, en el sistema de motoneuronas gamma para lograr la
contracción de los músculos (Dezcallar-Sáez, 2012).

2.4. Sensaciones de placer

No solamente el tacto nos informa de situaciones potencialmente dañinas, también es capaz de


darnos información sensorialmente agradable. Incluso, a través de la piel comienza la activación del
placer sexual, ya que en ella también residen receptores para las hormonas sexuales (progesterona y
estrógenos en la mujer y andrógenos en el hombre).

¿Sabía que...?

Los discos de Merckel comienzan a disminuir a partir de los 20


años, al igual que la agudeza táctil. Por eso ya no somos tan buenos
reconociendo texturas como los niños.

Existen unas zonas específicas en nuestra piel que tienen mayor sensibilidad a la generación de
estímulos placenteros. Estas zonas fueron denominadas zonas erógenas.

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Orejas
Boca
Cuello y Nuca
Hombros
Pechos
Perineo
Nalgas y Ano
Testículos
Muslos
Figura 4. Zonas erógenas
Fuente: Politécnico Grancolombiano

3. Conclusiones

Para resumir, la información táctil resulta sumamente importante para la configuración de nuestro
mundo. Nos ayuda a reaccionar ante estímulos dañinos y a tener sensaciones de placer, así mismo,
nos da la información necesaria para poder aprehender todo aquello que nos rodea. Así, no resulta
extraño que cuando la perdemos, nuestra habilidad para poder responder adecuadamente al mundo
resulta fuertemente disminuida.

Ahora que sabe cómo funciona el tacto y su importancia, ¿cómo cree que este le ha ayudado en su
vida cotidiana?

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Referencias bibliográficas
Caromano, F. A. (2018). El valor real del tacto. Fisioterapia e Pesquisa, 25(2), pp. 124-124.

Craig, A. D. (2003). Una nueva visión del dolor como una emoción homeostática. Tendencias en
Neurociencias, 26(6), pp. 303-307.

Dezcallar-Sáez, T. (2012). Relación entre procesos mentales y sentido háptico: emociones y recuerdos
mediante el análisis empírico de texturas (tesis doctoral). Universidad Autónoma de Barcelona, España.

Ferrandiz-Mach, M. (2006). Fisiopatología del dolor. Barcelona, España: Clínica del Dolor.

Londoño Ocampo, L. P. (2009). La atención: un proceso psicológico básico. Pensando Psicología,


5(8), pp. 91-100.

Perena, M. J., Perena, M. F., Rodrigo-Royo, M. D. y Romera, E. (2000). Neuroanatomía del dolor.
Revista de la Sociedad Española del Dolor, 7(2), pp. 5-10.

Pinel, J. P. J. (2007). Biopsicología. Madrid, España: Pearson Educación.

Raff, H. y Levitzky, M. (2013). Fisiología médica: un enfoque por aparatos y sistemas. McGraw-Hill
Interamericana.

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INFORMACIÓN TÉCNICA

Módulo: Sensación y Percepción


Unidad 2: Procesamiento visual, fenómenos perceptuales
y tacto
Escenario 4: Sentido del tacto: ¿cómo sentimos el dolor, la
temperatura y la presión?

Autor: Laura Milena Segovia Nieto

Asesor Pedagógico: Carolina Gil


Diseñador Gráfico: Juan Sebastián Moreno Acosta

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