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triduo a

Se trata de un Rey muy distinto al que el mundo podía imaginar,


es un rey que reina desde el “trono” de la cruz. Cristo en la Cruz,
entregó su vida para la salvación de muchos. Y desde la Cruz fue
glorificado.

Todos los hombres están llamados a formar parte del nuevo


Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y
único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos,
para así cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un
principio creó una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que
estaban dispersos, determinó luego congregarlos (Jn 11:52).

Para esto envió Dios a su Hijo, a quien constituyó en heredero de


todo (Hb 1:2), para que sea Maestro, Rey y Sacerdote de todos,
Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios.

Este carácter de universalidad que distingue al Pueblo de Dios es


un don del mismo Señor con el que la Iglesia católica tiende,
eficaz y perpetuamente, a recapitular toda la humanidad, con
todos sus bienes, bajo Cristo Cabeza, en la unidad de su Espíritu.
ACTO DE CONTRICIÓN

Dios mío y Padre mío, que eres infinitamente bueno, te amo


con todo mi corazón, y por lo mucho que te amo, me pesa de
haberte ofendido.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios, que quisiste restaurar en Tu querido Hijo, Rey del


Universo, todas las cosas, concédenos que todas las almas
heridas por el pecado nos sometamos a su suavísimo imperio.
Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de
los siglos. Amén.
PRIMER DÍA DE ORACIÓN

“¿A quién buscás?-¿A Jesús Nazareno? Yo soy”.

Cristo, Rey nuestro, que vienes al mundo a buscar y a salvar lo


que estaba perdido , enséñanos a acoger tu Reino con la fe de tu
Madre, María.

Tu que dejas que te descubra en tu infinito amor por mí, enten-


diendo que todo lo que soy y lo que tengo es porque tu me lo has
dado.

Que a partir de ahora yo sea consciente en cada momento de mi


día del gran regalo que me das, en cada instante estás llamándo-
me a la santidad, y ese es tu inmenso amor, el haberme creado
para que vaya a encontrarte en cielo un día y te vea sentado en tu
trono supremo, lleno de gloria.

Dios misericordioso y eterno te pido perdón por todos mis


pecados y uno mi corazón al tuyo y todo lo que deseo y hago a
tu voluntad, para alabarte por los siglos de los siglos. Amén

Reino del Corazón de Jesucristo, establécete en nuestro corazón


¡Viva Cristo Rey!

ORACIÓN A CRISTO REY

¡Oh Cristo Jesús!, yo te reconozco como el Rey universal

Todo lo que existe, por Tí ha sido creado.


Toma sobre mí tus derechos,
yo renuevo mis promesas de bautismo
renuncio a Satanás, a sus engaños vanales y a sus obras,
y prometo vivir como un buen cristiano,
en modo particular me comprometo a testimoniar
siempre con valor mi fe en tí.

Corazón divino de Jesús, yo te ofrezco mis pobres acciones


para obtener de tí que todos los corazones reconozcan
tu sagrada realeza, y que de esa manera,
el Reino de tu Paz se establezca en todo el mundo.

Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las


suyas, rezaré:
Un Padre Nuestro, tres Ave María y un Gloria.
SEGUNDO DÍA DE ORACIÓN

"Luego Tú eres Rey? - Bien dices: Yo soy Rey.-Yo he venido al


mundo para dar testimonio de la verdad.-¿Y qué es la
verdad?".

Dios Nuestro Señor es la verdad por esencia, y es verdad encan-


tadora, es verdad que entusiasma el corazón; que este Dios
Omnipotente se hizo hombre por mí, y me amó entre desprecios,
entre burlas, entre toda clase de sufrimientos, y no por ser
necesario para salvarme, pues unas gotas de su sangre bastaban
para eso, sino por ser necesario al amor grande e infinito que
ardía en su Corazón por las almas.

Señor, y Rey nuestro: enséñanos a amar como Tú, sin retroceder


ante el sacrificio y el dolor, pues queremos sufrir y amar, para
que ni un solo corazón deje de amarte; hazlos todos
tuyos.-Amén.

Reino del Corazón de Jesucristo, establécete en nuestro corazón


¡Viva Cristo Rey!

ORACIÓN AL CRUCIFIJO
DE SAN CARLOS BORROMEO

Lo que me lleva hacia ti Señor, ¡eres Tú!


Tú solitario, clavado en la Cruz, con tu cuerpo traspasado y
agonizante.
Es tu Amor que se ha hecho de tal manera dueño de mi corazón,
que, aunque no fuera al paraíso, yo te amaría lo mismo.
Nada tienes que darme, para que yo te ame, porque aunque no
esperase aquello que espero, igual, yo te amaría como te amo.

Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las


suyas, rezaré:
Un Padre Nuestro, tres Ave María y un Gloria.
-Jesús, Rey, verdadero Dios y verdadero hombre, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los cielos y de la tierra, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los ángeles, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los apóstoles, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los mártires, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los confesores, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los vírgenes, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de todos los santos, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de la santa Iglesia, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los sacerdotes, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de los reyes, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de las naciones, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de nuestros corazones, ¡ten piedad!
TERCER DÍA DE ORACIÓN
"Ecce Homo .-He aquí a vuestro Rey."

¡Oh divino Jesús!, cómo te presentan por Rey, coronada de


espinas tu cabeza, tu cuerpo cubierto de heridas, llenos de
lágrimas tus ojos; pero era preciso que ésa fuese tu presentación,
pues no sólo eres nuestro Rey, sino nuestro modelo, y nunca
mejor que entonces podías decir: "Aprended de Mi que soy
manso y humilde de corazón.". Caigan, Señor, en presencia de
tanta grandeza, de tanta humildad, de tanto amor, todos los
idolillos que queden en nuestros corazones. Déjanos recoger tu
sangre y tus lágrimas, para que derramándolas sobre los corazo-
nes de todas las criaturas seamos de nuevo purificados y envuel-
tos en el amor. Amén.

Reino del Corazón de Jesucristo, establécete en nuestro corazón


¡Viva Cristo Rey!

ORACIÓN AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS


DE SAN BERNARDINO DE SIENA

¡Oh Nombre glorioso, Nombre regalado, Nombre amoroso y


santo!
Por ti las culpas se borran, los enemigos huyen vencidos, los
enfermos sanan, los atribulados y tentados
se robustecen, y se sienten gozosos todos. Tú eres la honra de los
creyentes, tú el maestro de los predicadores, tú la fuerza de los
que trabajan, tú el valor de los débiles. Con el fuego de tu ardor
y de tu celo se enardecen los ánimos, crecen los deseos, se obtie-
nen los favores, las almas contemplativas se extasían; por ti, en
definitiva, todos los bienaventurados del cielo son glorificados.
Haz, dulcísimo JESÚS, que también nosotros reinemos con ello
por la fuerza de tu Santísimo Nombre.
Amén.

Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las


suyas, rezaré:
Un Padre Nuestro, tres Ave María y un Gloria.
-Jesús, Rey y esposo de nuestras almas, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey, Salvador y Redentor nuestro, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey, y Dios nuestro, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey y Maestro nuestro, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey y Pontífice nuestro, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey y Juez nuestro, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de gracia y santidad, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de amor y justicia, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de vida y de paz, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de la verdad y de la sabiduría, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey del universo, ¡ten piedad!
SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

"Jesús Nazareno, Rey de los judíos." "Regnavit a ligno Deus"


"Y al nombre de Jesús doblarán la rodilla en el Cielo, en la
tierra y en los infiernos."

¡Oh Rey divino!, al presentarte en este día bendito nuestras adora-


ciones, te ofrecemos cuanto somos, tenemos y deseamos; no nos
detiene nuestra miseria, pues eres todo misericordia; confiamos
conseguir todas nuestras peticiones, pues eres todo amor y el amor
atiende siempre, y te lo pedimos en unión de nuestra Reina y
Madre Inmaculada y de los ángeles custodios de todas las almas.
¡Señor!, arroja de tu reino a los demonios y a todos tus enemigos
y concede a la Iglesia una era de paz. Lleva a Ti en este día a las
almas del Purgatorio, un perdón general a todos los pecadores y
poniendo luz en sus inteligencias y amor en sus corazones, prueba
una vez más que es más grande tu misericordia que nuestra
malicia y miseria.

Llena de amor y pureza a los sacerdotes, a los niños y a las almas


a Ti consagradas, formando de ellas esas legiones de almas puras,
humildes y amantes que Tú deseas: almas pequeñitas que como
granos de trigo, formen todas en una perfecta unión de intenciones
y corazones con la Víctima divina del Calvario y del altar una
Hostia que aplaque al Cielo por los pecados de la tierra y haga
descender sobre ella perdón y misericordia para los desgraciados
pobres pecadores, de esas almas que quieres sean las delicias de tu
Corazón en la tierra y tu corte de amor en el Cielo.

Reino del Corazón de Jesucristo, establécete en nuestro corazón


¡Viva Cristo Rey!

Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las


suyas, rezaré:
Un Padre Nuestro, tres Ave María y un Gloria.

-Jesús, Rey de la gloria, ¡ten piedad!


-Jesús, Rey Altísimo, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey Todopoderoso, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey invencible, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey sapientísimo, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey benevolentísimo, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey pacientísimo, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey flagelado, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey coronado de espinas, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey crucificado, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey gloriosamente resucitado, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey de amor en el Santísimo Sacramento, ¡ten piedad!
-Jesús, Rey nuestro amantísimo, ¡ten piedad!

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