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COMPENDIO DE LA VIDA

DEL

PROTO-MÁRTIR DEL JAPÓN

SAN FELIPE DE JESÚS


PATRÓN DE MÉXICO
C O M P E N D IO D E LA V ID A

D EL P ROTO-M ARTIR DEL JAPON

& & JT F E L I P E D E J E S lT iS ,

P J T R O N D E M E X IC O S Ü F Ú T R IJ Í,

Y DEVOCION

Consagrada á celebrar su memoria el dia cinco de


cada mes.

SE R EIM PRIM E A EXPENSAS

lh la Ilustre {'angfegacion de Artífices Platero» de la


misma ciudad.

MEXICO: 1852.

Imprenta de I. Lovis Morales; Escalerillas n B. 11*


COMPENDIO DE LA VIDA

DEL ILU STR E MEXICANO

S. F E L I P E D E J E S U S , M A R T I R D E L J A P O N .

4 » or mas que algunos disputen á la ciudad de Méxi­


co el honor de haber sido la cuna del Glorioso M ártir
del Japón S. Felipe de Jesús, los sólidos fundamentos
en que se apoya este hecho, le dan mas que suficiente
probabilidad. La Iglesia en e! Oficio que aprobó en ho­
nor de nuestro Santo, le da por averiguado, asentando
que nació en México de padres españoles. Y aunque
es verdad que por muchos años se ignoró el lugar fijo
de su nacimiento, diciendo unos fue en la calle
que lleva su nombre; afirm ándom eos que en la calle
que vá del Arco de San Agustín á el lugar en que se
fundó la Iglesia y Oratorio de ?. Felipe Neri, lo cier­
to es, que el lugar dichoso en que salió á ver la luz
del inundo este Inclito Mexicano, para llenar de glo­
ria fi Dios, de honor ñ la América} de triunfos íí la Igle­
sia, y de lustre a la Fé y Católica Religión, fué en la
calle nombrada de Tiburcio, que v§ de S, Agustín p a­
ra el Hospital Rea!, en las casas que hoy pertenecen
■ r i . . ; .v .- - . . . p» ■ . — *

£ la ilustre, noble y devota Congregación de Artífices


Plateros, y que entonces eran fincas propias de ios pa­
dres de Felipe, que vivian en ellas al tiempo de! nací-
miento de este Santo. Asi Lo comprueban los docu­
mentos y escrituras que 6 esfuerzos de sus afectos y
devotos se han encontrado despues. Aunque la p é rd i­
da del documento que acredita su bautismo fué c a u sa ­
da acaso por las inundaciones que México padeció; no
obstante, se conserva en la Iglesia C atedral, junto á la
puerta de Ja Capilla de San Felipe, ta Fila guarnecida
en cuadro con una reja de madera dorada, en la que
según la tradición constante» recibió el caracter de
cristiano. Fueron sus Padres l). Alonso de las Casas,
y Doña Antonia M artínez, distinguidos por su sangre
y sus riquezas.
L a religiosidad de estos es bastante indicio de que
Felipe fué educado en los principios de la piedad cris­
tiana, é instruido desde sus primeros años en los co­
nocimientos que podían abrirle la carrera de las cien­
cias, y por consiguiente en los rudimentos de la gra*
mática latina, que aseguran estudió en el Colegio mác-
simo de S. Pedro y S, Pablo, encargada entonces á loa
religiosos de la Compañía de Jesús, 5 cuyas aulas acu-
dian los alumnos del Colegio actual de S. Pedro y S.
Pablo y San Ildefonso, con el cual hacia como un solo
cuerpo. ■
Cuando fue capaz de elegir estado, se inclinó á
tomar el Hábito en el ejemplar Convento de Francis­
canos descalzos, llamado hoy Santa Bárbara, en la
ciudad de la Puebla, que pertenece á la Provincia de
San Diego. Admitido allí al Noviciado, duró poco su
fervor, pues arrepentido de su vocacion, se volvió al si*
glo, causando ü sus padres tan vivo sentim iento, cuan­
to había sido su gozo al verlo em prender aquel caroi-
III.

no de perfección cristiana. Dicen algunos, que en cas­


tigo de esta veleidad lo separaron por algún tiempo de
su casa, obligándolo á aprender el oficio de plateroj y
es tradición constante, que este Santo lo num era el no­
ble arte de la Platería entre sus Santos Patronos, por
haber sido su alumno. Lo cierto es, que pasado algún
tiempo lo mandaron á Manila en las islas Filipinas con
caudal y recomendaciones para que se dedicara al co ­
mercio. No han faltado personas empeñadas en pon­
derar los extravíos de la juventud de Felipe, hasta
pintarlo como un desenfrenado libertino; mas debe-
nrfos decir en honor sujo, que no constan los grandes
desórdenes que se te atribuyen, y que aunque su vida
en aquella edad no fuera tan ajustada como deseaban
sus cristianos padres, tampoco hay noticia de que se
entregara sin límites al desórden; ni ei a de creer que
personas arregladas hubiesen puesto en manos de un
joven declaradam ente vicioso y sin esperanza de en­
mienda, el dinero con que lo habilitaron para las ne­
gociaciones á que lo destinaban.
Habiendo llegado á su destino, en la flor de su
edad, y abundando en los medios de que suelen abu­
sar otros; lejos de hacerlo así, entró dentro de sí mis.
mo> y reflexionando lo crítico de sus circunstancias,
movido interiorm ente por la divina gracia que le re ­
presentaba los grandes bienes ¡tyac habia dejado en el
Claustro, y los riesgos de que se in i raba rodea do, ta r ­
dó poco en solicitar y obtener de nuevo el Habito R e ­
ligioso en el Convento de Santa M aría de los Angeles
de Manila. Este segundo llamamiento con que Dioa
se dignó traerlo á sí fué tan eficaz, como en otro tie m ­
po la conversión de Sauio: repentinam ente se mudó su
corazon de mundano en espiritual, y de pecador en
santo: solo deseaba recompensar con ventajas las li-
IV,

cencías de su primera edad. ¡Ni es fácil decir cuanto


aprovechó en las virtudes, desde que por segunda vez
se vistió el humilde sayal de! gran Padre S. Francisco.
Era nuestro Novicio en una comunidad observanttsi-
ma un ejemplo de virtud antigua y robusta: su humil­
dad y devocion, su caridad y obediencia, su modestia
y mortificación, fueron desde sus primeros pasos el c i­
miento de ta mas heroica santidad; de manera, que su
profesion solemne, emitida en de Mayo de 1594, en
que mudando su apellido de las Casas por el Nombre
santo de JI3SUS, fué un suceso que llenó de alegría 4
todos sus hermanos. Desde entonces no era ya Felipe
sino Jesucristo quien vivía en él: su fervor se aumen*
taba cada dio, y la humildad y caridad formaban su ca*
rácter. No contento con los superiores que su regla le
asignaba, eligió como fiscal de su conducta á un com­
pañero lie!, que reprendiera con aspereza y castigara
con dura penitencia sus menores faltas. „E1 perseve­
ró, dice el Padre Rivadeneira, en sus buenos deseos y
obras, y en mucho silencio, poniendo gran cuidado en
pagar devota y atentam ente el oficio divino, gustando
de hallarse de día y de noche en el Coro con los de­
más religiosos, a los cuales consideraba como ángeles
<|ue alababan al Señor, Sobre todo, trabajaba en la en­
ferm ería mostrando mucha humildad y caridad en to­
do lo que era servícw de los enfermos, y anteponía el
cuidado de servírlu» á su propia salud; y con esta santa
tfícupaiion aumentaba y conservaba los ejercicios que
ile enseñaron el año del Noviciado, siguiendo ta vida
común, y en su celda y soledad servía mucho al Se­
ñor.” Su generoso espíritu no se daba por satisfecho
con las observancias comunes, aunque suficientes por
«í solas para llevarlo á la cumbre de la santidad; sino
que anhelando siempre por adelantar en la perfección,
V*

sacrificaba su cuerpo con ayunos continuos, con san­


grientas disciplinas y mortificaciones, que asombraban
y edificaban 5 los mas ancianos y venerables de su co­
munidad.
Tan ilustres progresos llamaban la atención de to­
dos» y la noticia de ellos, venciendo las distancias, lle­
gó hasta su patria, y llenó de regocijo los corazones de
sus padres, inflamándolos en deseos de volver fi ver i
este hijo querido á quien Dios favorecía en tanto g ra­
do, que el buen olor de su santidad no cabía ya en el
recinto de las islas en que habitaba.
Vivía por entonces en México el Comisario gene­
ral de la Orden de N. P . S, Francisco, á quien esta­
ban sujetos también los conventos de Filipinas O cur­
ren, pues, á este respetable Prelado, é interponiendo
la mediación de personas muy condecoradas, logran
que expida una P atente, por la cual se manda á FelU
pe venir á México á recibir allí ios sagrados Ordenes.
Luego que este despacho llega á Manila, Felipe, d es­
nudo de toda voluntad propia, solo piensa en obedecer
¿ sus superiores, y se embarca desde luego en el pri­
m er bajel, el cual dedicado á San Felipe, parecía pro­
nosticar la felicidad que le aguardaba. El dia 12 de
Julio de 1596 se hizo á la vela en el Puerto de Caví*
te, y dentro de breve se concilio la veneración de los
pasageros y de la gente de mar, tjuc de común acuer­
do le daban ya el título de Santo. „Ibá Felipe (dice
el ya citado Padre R ivadeneira) ejercitado en obras de
caridad con los pobres, llenándolos 6 todos de g ran­
de admiración, el recogimiento y paz interior, que no
perdía un punto, como si estuviera en la celda; hecho
maestro de virtud y perfección, socorriendo, aliviando
y consolando á todos en lo espiritual con saludables
consejos; en lo temporal, quitándose hasta el bocado
VI.

üe la boca para darlo a los infelices; y entretanto, a le ­


gre siempre* pero modesto, mesurado y festivo, con
tan respetable sem blante, que su vista sola ponia té r­
mino al desenfreno de la m arinería; con un corazon
compasivo y varonil, arrastrado, no por los afectos de
la carne y de la sangre, sino de unas entrañas abrasa­
das en los encendidos afectos de la caridad mas fina.”
A los caturce dias de navegación se levantó la
mar en deshecha borrasca. Jugaban con el barco las
olas, y amenazábalos sin cesar el cielo con el mas te r ­
rible y pavoroso aspecto Aumentaba el susto de la tr i­
pulación la vista de un triste cometa y de la multitud
de monstruos marinos que se descubrían por todo el
derredor, devoran Jo hasta los fardos de ropa que el
temporal obligaba a arrojar en las aguas: rompióse el
timón, abrióse el casco, y la gente toda sum ergida en
la pena mas amarga., consultaba incierta si se volvería
á Manila, ya demasiado lejana, ó si arribaría á las cos­
tas del Japón, distantes ciento cincuenta leguas. To.
marón por fin este último partido, y m ientras seguían
aquel rumbo con el agua en la garganta, y su sten tan ’
dose con el pan de la tribulación, vino á turbarlos de
nuevo un prodigio. Dejóse ver en el cielo una C ruz
blanca y resplandeciente por un cuarto de hora, la cual
mudando de color se puso roja como sangre, y desapa.
re ció cubierta con u»a nube negra. Duraron seis dias
estos trabajos, y Si cabo de ellos avistaron el Puerto
de Hurando: el Gobernador los persuadió maliciosa­
mente a entrar en él; pero habiéndolos conducido por
un bajo, y encallado el buque,, fué preciso descargar­
lo, y se les impidió despues la salida, hasta que obtu­
vieran licencia del Emperador para verificarla. Fué in ­
dispensable nombrar embajadores con este objeto, y
nuestro Felipe fué uno de ellos; mas sin embargo de
VIL

los presentes que llevaban, no pudieron ver al Monar­


ca. Varios negocios que se ofrecieron exigían se depu*
tase alguno al Comisario y Embajador Fr. Pedro b a u ­
tista: la actividad y prendas de Felipe hicieron recaer
en él la elección, y él partió como Varón verdadera­
mente Apostólico sin prevención alguna á ejecutarla.
Así fué, que habiendo llegado á un mesón y pedido de
limosna el alimento de que necesitaba, no teniendo
con que pagar, sufrió los mas duros tratam ientos de
parte del mesonero, quien para pagarse lo despojó de
su tfinica. Llegó, por fin, á Meaco, donde se hallaba
el Comisario, á quien instruyó de los negocios que ae
le habían confiado; mas cuando concluida su comision
se disponía á volver á Uzaca, se vio cercado repenti­
namente el Convento por órden del Gobernador Xihu*
noxo, quedando presos e! Comisario con otros tres re­
ligiosos, Felipe y doce Japones cristianos que habita­
ban en él. En tal estado se mantuvieron desde el 9
hasta el SO de Diciembre, en cuyo intermedio persua­
dían todos á Felipe se libertara, valiéndose de la in ­
munidad que goza en aquel imperio el que lleva pre­
sentes al Monarca, y alegando que su nombre no esta­
ba escrito en la lista de los presos; pero nuestro San­
to, escandalizado como Jesucristo cuando San Pedro
queria persuadirlo á que no muriese*, respondió a todos
con admirable entereza y resolución: No permita Dios
que mis hermanos estén presos y yo tu libertad* De m í
será lo que fuere de ellos. El dia 50, cuando los religio­
sos estaban en el coro rezando vísperas, se presentó un
Comisionado con mucha gente armada para conducir­
los á la cárcel, que distaba mas de un cuarto de legua.
El Santo Comisario tomó del Coro un Crucifijo, y co­
mo capitan esforzado condujo á todos sus compañeros
á la Iglesia, donde todos fueron amarrados cruelmen-
1
vrrr.
i ' ■■ ■
te en medio de las mayores afrentas y desprecios. P e ­
ro ni el tum ulto de las voces, ni la rabia de los minia-
tros, impidieron á los gloriosos Confesores m anifestar
su gozo y alegría, cantando delante del A ltar el Te
Dettm, y solicitando la protección de la Reina de los
M ártires con el himno O gloriosa Bóm inal Caminaron
despues hasta la prisión, á la que llegaron llenos de
lodo y de salivas, y maltratados con las piedras que
todos arrojaban sobre ellos, haciéndolos objeto de sus
desprecios y pesadísimas burlas. En la cárcel encon­
traron á Fr. M artin de la Ascensión, á tres religiosos
Jesuítas, y otros tantos Japones cristianos, que el día
antes hablan traido de U zaca por igual causa, esto es,
como propagadores de la Fé de Jesucristo.
Apenas se reunieron en aquel lugar de penas los
santos Confesores, cuando se convirtió en casa de ale­
gría. Esforzados m utuam ente cada uno con las v irtu­
des de íp s otros, d o se escuchaban sino bendiciones y
cánticos con que todos se preparaban á un sacrificio
voluntario. Pasados de esta manera seis dias, los tra s­
ladaron juntos de la cárcel al cadalso para darpnnct*
pió á la ejecución de la sentencia, porque las leyes bár­
baras del imperio prevenían que á los reos condenados
á muerte se cortaran antes de la ejecución, en señal
de infamia, la oreja ^izquierda y U nariz. El valimien­
to de un i^rsonage obtuvo sin intervención de los m ár­
tires, que los tiranos se contentaran con cortarles solo
la oreja, como lo ejecutaron con crueldad.
Concluido este prim er sacrificio, y despues de ha*
ber comenzado á derram ar su sangre por tan ju sta cau­
sa, los volvieron á la prisión, de que los sacaron den­
tro de breve, para conducirlos por un penoso camino
de treinta dias desde Meaco á Nangazaqui á consu­
mar su oblacion. Atravesaron populosas ciudades y \n-
IX.
gares, siempre predicando con las voces, y mas con la
alegría de sus semblantes, la verdad de la Religión*
por la que iban 6 morir; siempre afligidos por los tra ­
bajos del camino, por las intem peries del aire, y por
los escarnios de un pueblo gentil é insolente; y siein^
pre dando muestras de la constancia de sus pechos.
No cesaba Felipe de agradecer 6 Dio» el beneficio,
de ofrecerle su vida en satisfacción de sus pecados, en
honra de la Fé y mayor gloria de Dios. Proporcioná-
basele ocasion de separarse de la comitiva destinada 6
la m uerte; mas nunca quiso adm itir tal pensamiento,
ni condescender con las sáplicas que le hacían para
libertarlo. Al cabo de tantos dias de fatiga y de dolor,
llegaron finalmente á Nangazaqui con mas ansia de
perder la vida que la que tenían sus tiranos de q u i­
társelas* Destinóse una loma ó pequeño cerro para la
ejecución del suplicio, previniendo veintiséis Cruces
en que habían de quedar pendientes los cuerpos¡ y las
agudas Lanzas con que habian de atravesar sus costa-
dos. Al ver Felipe su Criiz, se arrodilló diciendo: ¡O
dichoso Navio! ¡O fe liz Galeón de S. Felipe, que te p er­
diste para que se ganase este Felipe! ¡O pérdida, no pér­
dida para mí, sino ia mayor de tas ganancias!!! Inter*
rumpió su tierno coloquio la llegada del verdugo, el
cual suspendió el cuerpo de cinco argollas, colocadas
la una al cuello, dos en los bracos, y dos r,erca de los
pies, que debían apoyarse en un palo atravesado, de­
biendo pasar otro por entre las piernas para que sob*-
tuviera el cuerpo. Mas, fuera descuido ó malicia, las
medidas se erraron de manera, que al levantar el cuer­
po en el aire, corrió hacia abajo por su peso natural) y
se arrolló el cutis de las espinillas, hasta descubrirse
los huesos: desuniéronse las coyunturas, y quedó tan
apretada la garganta, que casi se sofocaba^ pero su -es-
X.

p íritu pronto y generoso, deseoso de m antener entera


Ja voz para dar ios últimos testimonios de su amor á
Jesucristo, pidió que lo colocasen bien en el madero.
El Juez, que por el contrario no quería sino atorm en­
tarlo, viendo que Felipe se ahogaba, trató solamente
de que no se le ahorrase dolor alguno, y dio orden pa­
ra que con dos lanzas le atravesaran los costados, ha­
ciendo salir las puntas por los hombros del lado con­
trario, y en Felipe únicamente hizo clavar una tercera
lanza que suspendiera el cuerpo hasta dejarlo en su
Jugar. Traspasado de esta suerte, invocó por tres ve­
ces el Dulce Nombre de JESU S, y le entregó su dicho­
so espíritu. Corrían de su cuerpo arroyos de sangre,
que los cristianos recogieron, y alentábase con su ejem ­
plo el valor de sus veinticinco compañeros, en medio
ue los cuales quedó nuestro Santo como Capitan de
aquella gloriosa compañía.
El Papa Urbano X líl los declaró verdaderos M ár­
tires, y beatificándolos concedió se rezase el Oficio Di.
vino en honor de cada uno en los lugares en que se ve­
neran. L a Ciudad de México se ha gloriado siempre
de profesar un especial culto á un hijo que tanto la en-
noblece, y en cuyo honor ha erigido un templo y fun­
dado un Convento de Religiosas Capuchinas, en el
cual la perfección, evangélica y todas las virtudes cris­
tianas, llevadas á un grado verdaderam ente heroico,
asombran y edifican al mundo, y presentan continua­
m ente á la Magestad de Dios un tributo, sin compara,
cion, mas digno que todas las riquezas y los tesoros y
adornos del mundo.
l.L'.de .

Copio dr /a /m aym de S. FBHPh'Dti JESl'S, qiir ,tv vene/'a *v/


(a Capttín d e / íí/ / * .w j' <¿? faCátetfr&f- efe México, c yuei&.r O'nJtet-
AL GLORIOSO MEXICANO

SAN F E L I P E DJK JESUS*

so n eto :

H í a u reles de oía cenirán tu frente,


Joven glorioso, de tu pátria ornato,
De Jesucristo celestial retrato,
M ártir ilustre de la indiana gente.
El amor patrio reanim ar se siente
Cuando recuerda tu memoria grato.
Pues por dicha eres Mexicano nato,
Digno de honor y culto reverente.
¡Oh tú, F E L IP E ! que elevado al cielo,
Gozas feliz el soberano e tic a n te
Proteje, ampara tu nativo suelo;
Tu pobre país que te ha aclamado Santo,
No le abandones en el triste duelo,
Y enjuga ya nuestro doliente llanto.
A P U N T E H ISTO R ICO
relativo á la Imágen de S. Felipe de Jesús,
que time hoy en propiedad el Cuerpo de
Plateros.

E s de saberse que esta sagrada im agen tiene de


particular, sobre su hermosura y perfección, ser la
misma que se sacó en México en Procesion cuan­
do se Beatificó al Santo, según refiere la Historia
de su Vida; cuya Imágen es la misma que mandó
hacer su dichosa Madre, y en la que tributó á su
Hijo los reverentes cultos de un Santo que había
traído en su feliz vientre, por cuyos ruegos alcan­
zó del Santo abundancia de lluvias, que escasea­
ban en aquel año. E stá colocado en un nicho con
sus cristales al lado de la Epístola del Altar prin­
cipal de la Capilla de Plateros en la Santa I g le ­
sia Catedral. E sta misma Imagen se presta á la
Religión Ser a lic a ta r a las Procesiones de víspera
y dia del Santo Proto-mártir del Japón, gloria y
ftonor de los mexicanos.
DEVOCION
PARA EL DIA CINCO D E CADA MES.

Hecha la señal de la Santa Cruz, se dirá


el siguiente

ACTO D E CONTRICION:
Amante Redentor de nuestras almos
Jesús, que olvidado de los gravísimos tor­
mentos, que estabas padeciendo en el cal­
vario, solo atendías á aplacar la indigna*-
cion del Padre Eterno, y á pedirle el per-
don de los que te estaban crucificando: yo
soy, Señor, también uno de los que te han
crucificado; mis pecados te han puesto en
esa Cruz; ¡pero cuánto me arrepiento de
ello! ¡Cuán gustoso diera la sangre de mis
venas para borrar con ella si pudiera, tan
vil ingratitud! Pues están á tu vista paten­
2 .
tes los secretos del corazon, entra á regis­
trar el mió, y verás cuan de veras, y con
cuanto dolor y sinceridad dice: que se ar­
repiente de haber ofendido á su dulcísimo
Jesús: que le pesa una y mil veces, y pri­
mero perderá la vida, que volver á ofen­
der á quien ama sobre todo lo que hay
que amar en el cielo y en la tierra. Amén.

O R A C IO N
A M ARIA SANTISIMA.

Hermosa Raquel, valerosa Judith,


agraciada Esther, prudente Abigail, purí­
sima María, hermosa, santa, inmaculada,
piélago de virtudes, mar «Ife gracias, fuen­
te de beneficios, ¿qué elogios te podré de­
cir, que no sean menos que lo que tú me­
reces? Todo cuanto puede decirse, te diré
con decirte María: con este nombre dester­
raré mis temores, con este nombre alen­
taré mis esperanzas; y por mas que yo sea
un abismo de maldades, tú no dejarás de
ser un abismo de misericordias y piedades.
Amén*
3.

O R A C IO N
A SAN F E L IP E D E JESUS.

Gloriosísimo campeón de las milicias


cristianas, esforzado capitan de la francis­
cana compañía, invicto soldado del ejér­
cito de Jesucristo, ilustrísimo Mártir Fe­
lipe de Jesús. ¿Qué expresiones serán bas­
tantes para significarte el júbilo de que se
llena mi alma, al contemplarte incorpora­
do entre los felices cortesanos del empí­
reo? Eres la honra de tu patria México, y
has desempeñado gloriosamente sus obli­
gaciones, Pagaste en la misma moneda á,
nuestro amante Jesús la fineza de dar la
vida por nosotros: diste tú la vida por Je­
sucristo; y subiendo al cielo á celebrar el
triunfo, adornado con la púrpura de tu
sangre, te hiciste acreedor a la benevolen­
cia del Altísimo: disfruta en hora buena
sus favores, gózate de tu eterna felicidad;
pero vuelve los ojos á esta tu pátria, y
compadecido de sus necesidades, alcánzale
el remedio de ellas: y pues se gloría tan
2
4.
justamente de tenerte á tí por hijo, logre
también la fortuna de tenerte por abogado
en el tribunal del Todopoderoso. Amén.
Se rezan tres Padre nuestros, y Ave
Marías con Gloria Patria y al fin de cada
uno se repite la siguiente
JACULATORIA.
Pues al morir en la cruz
tu lengua á Jesús invoca;
haz que se oíga en nuestra boca
al morir: Jesús, Jesús.

D E P R E C A C IO N \

¡Oh amable Paisano, Bienaventurado


FELIPE! en quien no podemos dudar,
que la beatifica visión ha aumentado, y
perfeccionado aquel dulce amor de la Pa­
tria: ten siempre presente en medio de tu
felicidad el pobre suelo en que naciste. La
grande gloria que gozas, no será parte al­
guna» para qué te olvides de los humildes
compatriotas, que confiados del valimiento,
5 .
que te condecora en el Paraíso, nos atreve­
mos á valernos de tu amparo y protección.
El Cielo mismo te há dado por Patrón
nuestro, La Iglesia nos confirma también
tu glorioso Patrocinio. Y así como es pre­
ciso que te invoquemos como á Patrón, así
también confiamos, que tú nos mires á no­
sotros como ú paisanos y como á clientes.
Las discordias, los escándalos, ninguna qul-
pa tengan lugar en tu Patria, Que reine
la piedad, la devocion, la virtud, en donde
tú naciste. Que las pestes, y terremotos
no persigan á tu Pais, y que todos los ma­
les estén lejos de los confines de una Ciu­
dad, que se congratula de adorarte como á
Patrón. Dirige acia ella piadosamente tus
ojos. Prospera los caminos de tus amantes
Paisanos. Intéresate, en fin, en que aque­
llos que disfrutamos la dicha de-Jiaber si­
do tus amantes compatriotas, gocemos la
mas grande, la mas gloriosa, la eterna, jun­
tándonos contigo en la Ciudad del Omni­
potente, en el País de los vivos, á alabar
al común Señor en la bienaventurada eter­
nidad. Amén,
6.

Ruega por nosotros, Felipe de Jesús.


Jfe. Para que seamos dignos de las prome­
sas de Jesucristo.
ORACION.
O Dios, que al Bienaventurado Feli-
pé ligado en una cruz, y traspasado con
tres lanzas coronaste el primero entre los
primeros Mártires del Japón con la coro­
na del Martirio: concédenos propicio, el
que sostenidos nosotros de su patrocinio y
amparo, merezcamos en su compañía ser
coronados en el Cielo. Por nuestro Señor
Jesucristo, Hijo tuyo, que contigo y el
Espíritu Santo vive y reina, Dios por to­
dos los siglos de los siglos. Amén.

JV*OTj9, Esta Devocion á 8 t Felipe de Jesús, se


practica todos los meses el dia ánco en la iglesia del
Sagrario Metropolitano, despues de la M isa de doce
y cuarto.
7.

Todas las personas que rezaren aten­


tamente las Oraciones de este Devociona­
rio ganan 400 dias de Indulgencia, conce­
didas por varios Tilmos. señores Obispos eu
Decretos de 27 de Junio de 1797, 27 de
Abril de 1798, y 2 de Mayo del mismo
año, Y el III mo* Sr. D. Fr. José María de
Jesús Belaunzarán, Obispo de Monterey,
concedió 200 dias por cada palabra de di­
chas Oraciones, como asimismo por cual­
quiera de las obras siguientes:
A quien implore la intercesión-del glo­
rioso Proto-m ártir el Beato Felipe de Je ­
sús con alguna de las cuatro oraciones vo­
cales, ó con antífona ú oracion propia de
su Oficio, ó con otra oracion de sus devo­
cionarios aprobados, ó que en adelante se
aprobaren,
8.

Item: al que fuere autor de alguna ora­


cion que se apruebe, ó la procure, ó la ex­
tienda.
Item: á quien costeare en todo ó en par­
te alguna Imagen del Santo de escultura,
pintura, ó grabado: á quien la trajere de­
centemente, ó la pusiere en lugar manifies­
to, ó ya puesta la conservare, ó la procure
colocar en algún templo, casa, ó sitio pú­
blico, proporcionado para la mayor perma­
nencia y veneración.
Item: á quien le dedique luz, ú otro a-
dorno aunque sea de flores naturales, y por
poco tiempo.
Item: á quien ejercite la facultad deben-
decir Imagen del Santo, y al que lo pre­
tenda.
Item: á quien costease para su obsequio,
en todi>ó en parte, alguna impresión que
se haga al propósito, y al que leyere algún
párrafo de historia del Santo.
Item: á quien diere limosna para la Ca­
nonización del Santo, ó para fundación de
cofradía, y en seguida para conservarla; y
á quien solicite las licencias conducentes.
9.

Item: a quien el dia cinco de cada mes


renovare positiva y expresamente la inten­
ción, ó de nuevo la hiciere, de repetir el do­
lor de las culpas todos los dias y veces que
pueda agregar.
Item: á quien asistiere al tiempo de las
Horas canónicas, por cada cuarto de hora
en ocasion de alguna Festividad del Santo.
Item: á quien acompañe Procesion que
en su honor se haga; y k quien hiciere par­
te del trabajo de sacristía ó de campanas,
en lo preciso y conducente á sus festivida­
des.
Item: á quien contribuyere en todo ó en
parte con limosna para Misa en su obse­
quio, y á quien la ayude.
Item: á quien ofrezca por intercesión del
mismo Santo la intención de practicar cual­
quiera acción virtuosa.
Item: á los eclesiásticos en el oficio pro­
pio del dia del Santo, por cada parte equi­
valente á lo que ocupa un Gloria Patri.
Item: á los Ministros de coro y altar,
por cada octava parte de una hora de tiem­
po en el ejercicio de su ministerio.
10.

Item: á los eclesiásticos devotos del San­


to, por cada Misa de las que acostumbran
celebrar en todo el año; por cada sugeto á
quien administren algún Sacramento; y
cuando hubiere celebridad del Santo, por
ministrar en la Misa, 6 por asistir á ella.
Item: á quien por su devocion, sin estar
obligado, oyere Misa.
Item: á quien rezare el Gloria Patri con
atenta refleja.
Item: á quien visitare á nuestro Señor
ó á su Santísima Madre, y á quien le re­
zare letanía.
Item: á quiem acompañe por la calle al
Santísimo Sacramento; y por último, a to­
dos los fieles por la piadosa costumbre de
rezar atentamente el Ave María al ver, ó
al oír el relox.

D E O