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infractor/

Dinámica de las familias de menores con problemas


psicosociales: el caso del menor infractor y la menor
explotada sexualmente*
María Amarís Macías**, José Amar Amar***, Myriam Jiménez Arrieta****

*
 El presente artículo es producto de la confrontación e integración de los resultados
arrojados por las investigaciones: "Dinámica de las familias de menores infractores en la
ciudad de Barranquilla"; "Dinámica de las familias de los menores explotados sexualmente
en la ciudad de Barranquilla"; "Características de los roles asumidos en la dinámica familiar
por adolescentes explotadas sexualmente". Con financiación de la Fundación Bernard van
Leer de Holanda. Contrato Número: FBVL COL-2003-013 Uninorte, Barranquilla. 2002. 
**
 Psicóloga. Magistra en proyectos de desarrollo social. Investigadora de familia.
Universidad Del Norte. Maitrise De Sciences De L'Education Option "Développement social".
Université Paris XII Val De Marne. Docente Programa de Psicología, Universidad Del Norte.
E-mail: mamaris@uninorte.edu.co 
***
 Psicólogo y sociólogo. Ph.D. en psicología social. Ph.D. en psicología clínica. Máster en
artes, grado mayor en psicología educativa. Máster en metodología e investigación
educativa a nivel universitario. Decano División de Humanidades y Ciencias Sociales,
Universidad Del Norte. E-mail: jamar@uninorte.edu.co 
****
 Trabajadora social. Universidad Pontificia Bolivariana. Magistra en proyectos de
desarrollo social. Universidad Del Norte. Especialista en Trabajo con Familia. Universidad de
Columbia. Investigadora de familia. Decana Facultad de Trabajo Social, Universidad
Metropolitana. Docente departamentos de Humanidades e Historia. E-
mail: miryan@hotmail.com

Primera versión recibida noviembre 11 de 2004; versión final aceptada junio 29 de 2005
(Eds.)

Resumen:

Este trabajo presenta una elaboración analítica de la dinámica de las familias de los
menores que en su vida cotidiana vivencian problemas psicosociales, tales como la
explotación sexual y la delincuencia. El resultado es un producto analítico de confrontación
e integración, respecto a los procesos de investigación con las familias de dichos menores
en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Para contextualizar el objeto de estudio, se hace
mención especial a la estructura familiar que, como marco de referencia, permite la
comprensión de cómo se organizan las familias, cuáles son los papeles que desempeñan
sus miembros, cómo se estructuran sus jerarquías, cómo definen sus límites y cómo
conciben el manejo de su crecimiento tanto individual como familiar. Se señala como
característica de estas familias su conformación monoparental y, al tiempo, numerosa; es
decir, que se encuentran estructuradas sobre la base de la existencia de una sola figura
parental, asumida por un adulto o, en ocasiones, por un menor que cumple sus funciones
y, además, estas familias están conformadas por un grupo relativamente grande de
individuos que incluye figuras tales como abuelos y abuelas, padres y madres, hijos, nietas
y personas acogidas. Así, el sistema familiar es marcado por la descomposición y la
desintegración que no facilitan el establecimiento de patrones de comunicación, de normas,
de límites y de lazos afectivos adecuados. Esta forma de organización de la institución
familiar obstaculiza la reconfiguración de las herramientas necesarias para que cualquier
ser humano logre un desarrollo integral.

Palabras clave: familia, dinámica familiar, niños, adolescentes, delincuencia, explotación


sexual.

Resumo:

É feita uma elaboração analítica da dinâmica das familias dos menores de idade que, na
sua vida quotidiana, experimentam problemas psicossociais tais como a exploração sexual
e a delinqüência. O resultado é um produto analítico de confrontação e integração a
respeito dos processos de pesquisa com as familias de tais menores de idade na cidade de
Barranquilla, Colômbia. Com a finalidade de contextualizar o objeto de estudo, é feita uma
menção especial da estrutura familiar, a qual, como marco referencial, permite a
compreensão a respeito de como as familias se organizam, quais os papeis desempenhados
pelos seus membros, como se estruturam as suas hierarquías, como são definidos os seus
limites e como concebem o manejo do su crescimento tanto individual como familiar.
Finalmente, cabe ressaltar como característica destas familias, a sua conformação
monoparental e, ao mesmo tempo, numerosa. Elas encontram-se estruturadas sobre a
base da existência de uma só figura parental, assumida por um adulto ou, em algumas
ocasiões, por um menor de idade que cumpre com essas funções. Fora esse fato, estas
familias estão conformadas por um grupo de individuos que inclui figuras tais como avós e
avôs, pais e mães, filhos, netos e pessoas acolhidas. Assim, o sistema familiar é marcado
pela decomposição e a desintegração que, alternadamente, dificultam o estabelecimento de
padrões de comunicação, de normas, de limites e de laços afetivos adequados. Esta forma
de organização da instituição familiar obstaculiza a reconfiguração das ferramentas
necessarias para que qualquer ser humano logre um desenvolvimento integral.

Palavras chave: familia, dinâmica familiar, delinqüência, exploração sexual.

Abstract:

This paper presents an analytical approach to the dynamics of families of children and
teenagers who experience psychosocial problems like sexual exploitation and delinquency.
The result of this work comes from confronting and integrating research processes on the
families of those minors in the city of Barranquilla, Colombia. In order to provide a
contextual framework for the object of study, the authors center on the key concept of
family structure, through which one may understand in what way those families are
organized, the role of each one of its members, the clan hierarchy, the setting of limits,
and the managing of individual and family growth. It is evidenced that one of the central
characteristics of these families is that, in a majority of cases, they are simultaneously
mono-parental and numerous; that is, they are constructed on the base of the existence of
only one parental figure assumed by an adult or, on occasion, by a minor who fulfills that
function, and, besides, they are formed by a relatively large group of individuals that
includes grandparents, parents, children, grandchildren and resident acquaintances. In this
way, the family system is characterized today by decomposition and disintegration, which
provide obstacles to the build-up of communication channels, norms, limits and suitable
affective relationships. This form of organization of family institutions bars the
reconstitution of necessary personal and social tools that would allow human beings to
develop in an integral way.

Key words: family, family dynamics, children, adolescents, sexual exploitation,


delinquency.

I. Introducción

Los siguientes planteamientos son el resultado analítico de un proceso de reflexión e


integración de investigaciones realizadas con familias cuyas personas menores
experimentan problemas psicosociales. Las conclusiones de estas investigaciones muestran
con coherencia algunos puntos de convergencia entre ellas, en torno a las dificultades y
problemas que vivencian tanto las familias de objeto de estudios, como sus miembros
menores. En su contexto, una de las principales circunstancias que enfrentan estas familias
es la crisis socioeconómica y la violencia que caracteriza a Colombia.

II. Lineamientos conceptuales

Desde el enfoque sistémico, se define a la familia como el "sistema relacional primario en el


que se da el proceso de individuación, crecimiento y cambio del individuo. Entonces cabe
considerar el sufrimiento del individuo como expresión de la disfuncionalidad de todo el
sistema, ya sea en sus relaciones internas o con el ambiente exterior." (Malagoli, 1983, p.
17).

La especificidad de la familia como sistema reside en "un conjunto particular de roles y de


reglas implícitas y explícitas de funcionamiento, a partir de las cuales se organizan las
responsabilidades y la interacción familiar, se prescribe y se limita la conducta de los
miembros para mantener la estabilidad del grupo..." (Hernández, 1997, p. 27). Los roles de
padres, madres, hijas e hijos son exclusivos de la familia y encarnan expectativas sociales,
que a su vez movilizan patrones de interacción correlativos a normas de orden cultural, las
cuales se acoplan a cada familia según su idiosincrasia y su marco de referencia particular.

Para mantener el sistema en equilibrio a través del tiempo, las reglas se delimitan y se
refuerzan por medio de mecanismos homeostáticos, asociados, -ante todo-, a procesos de
retroalimentación que son evidenciados en las interacciones complementarias o recíprocas.
Así, una amplia desviación de la norma familiar puede ser contrarrestada para regular la
tensión y restaurar el equilibrio familiar u homeostasis.

Ahora bien, la familia se concibe como una estructura organizativa antepuesta a la


mediación y a la integración de las exigencias internas y externas al sistema. La misión de
la organización familiar consiste, pues, en buscar el equilibrio: hacia el interior, entre las
expectativas y deseos de sus miembros; hacia el exterior, en la mediación entre las
exigencias de cada individuo o de todo el núcleo y las expresadas por la sociedad.

Según Minuchin & Fishman (1984), en todo sistema, y para el caso en la familia, hay una
relación entre las partes que lo conforman, de manera que cualquier cambio en algunos de
sus elementos modificará el estado interno de las otras y, a su vez, el del sistema en
general. Un grupo familiar sano, según Ackerman (1966), tiene que estar "integrado
internamente, debe ser autoestabilizador y rebosar capacidad de crecimiento. Debe
preservar una capacidad fluida y elástica de cambio" (p.328). Por consiguiente, la
flexibilidad y la estabilidad son necesarias y preferibles para todo cambio que ocurra dentro
de la estructura de la familia.

Por otra parte, los cambios en las interacciones familiares se dan desde formas elementales
hasta formas más crueles de abuso y violencia dentro de las familias. Estas últimas señalan
disfunción y modifican toda la dinámica familiar, así como el desarrollo integral de sus
miembros. Muchos de los entornos familiares del menor infractor y la menor explotada
sexualmente, se caracterizan por la presencia de la violencia intrafamiliar, el maltrato, y la
agresión física y psicológica. Pinto (1999) nos comenta algunos de los aspectos que atañen
directamente a la estructura de estas familias: "El abuso sexual y la violación en la familia
por miembros del núcleo familiar en la niñez, la complicidad de las madres que con su
silencio no los protegió, la iniciación sexual temprana con compañeros que de alguna
manera también las violentaron por sus consecuencias negativas, impulsan a los niños(as)
a salir del hogar y caer en la droga, la delincuencia y/o la explotación sexual" (p. 31).

Se deriva de la disfuncionalidad descrita una frágil y confusa estructura familiar, sobretodo


si tomamos en cuenta que el concepto de estructura, como lo plantea Sánchez (1994): "Se
refiere a su forma de organización particular: Número de miembros, papel desempeñado
por cada uno, reglas existentes, jerarquía, límites, manejo del crecimiento individual y
familiar." (p. 119)

Minuchin & Fishman (1984), consideran que: "El enfoque estructural de la familia se basa
en el concepto de que una familia no se reduce a los aspectos biopsicodinámicos
individuales de sus miembros. Los miembros de una familia se relacionan de acuerdo con
las disposiciones que gobiernan sus transacciones. Estas disposiciones, aunque por lo
general no son establecidas en forma explícita, construyen un todo: la estructura
familiar"(p. 14). Con esta definición, el autor resalta que el todo es más que la suma de sus
partes, y que las relaciones están dadas por las reglas que gobiernan a las familias. Es así
como éstas elaboran unas pautas de interacción que, a su vez, constituyen la estructura
familiar -alterna a la definición de la gama de conductas- que erige los roles de sus
miembros, facilitándose la interacción recíproca.

Tipología Familiar. Según Gutiérrez (1975), se han presentado grandes cambios en la


estructura tradicional; ahora se generan familias con estructuras diversas, tales como las
familias reconstituidas y las familias con sólo un progenitor.

Tal vez, el fenómeno de mayor relevancia con respecto a la familia urbana es la


coexistencia de dos modelos diferentes, como lo son el tradicional de familia monogámica y
el nuevo modelo de organización familiar incompleta. En consecuencia, pueden plantearse
las siguientes modalidades de la nueva organización familiar:

1. Constitución de familia en la que falta uno de sus progenitores, generalmente el


padre.
2. Familias fragmentadas; en ellas los hijos e hijas se dividen entre el padre y la
madre, y cada quien forma un nuevo hogar.
3. Familias extensas, en las que uno de los cónyuges retorna con los hijos e hijas al
hogar paterno, y otros modelos similares.
4. Unidades domésticas, en las cuales los miembros de varias familias se unen para
compartir gastos, aunque no los unan lazos de sangre.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (1999), en torno a este panorama señala:


"El madresolterismo es otra forma de familia que se ha
incrementado. Para 1985 se calcularon alrededor de medio millón
de madres solteras, de las cuales el 60% tuvo su primer hijo (a)
antes de cumplir 20 años, agregándose a esto su inexperiencia y
la dependencia de su familia de origen para su sobrevivencia y la
de su hijo" "...A finales de la década de los noventa, en las cuatro
ciudades principales del país la jefe del hogar es una mujer (viuda
o separada) en 57.5 % de los hogares de estrato bajo, 33% en los
estratos medios y el 11% en los estratos alto. Estas mujeres
deben salir a trabajar aunque se afecte la protección de los hijos.
En las familias rurales la jefatura femenina representaba el 16.5%
frente a 83.5% de jefatura femenina". (p.34-35)

Actualmente en Colombia, la diversidad de tipologías familiares se deriva de múltiples


causas que han incidido en la dinámica y funcionamiento de este sistema, entre las que se
destacan la creciente urbanización del país, el auge del trabajo femenino, los cambios
económicos, políticos, sociales, religiosos, culturales y educativos. Otro cambio que se
observa es la reducción del número de hijos e hijas en los hogares: "se afirma que un
número considerable de parejas está utilizando anticonceptivos modernos en comparación
a la década de los 80's. El nivel de planificación familiar ha logrado que las mujeres tengan
un mayor control sobre sus vidas, las opciones y oportunidades en la vida se van liberando
paulatinamente de la carga de los alumbramientos frecuentes y el riesgo de morir en los
partos" (PNUD, 1995, p. 40).

Muchas de las familias de estos jóvenes con problemas psicosociales viven en extrema
pobreza y se encuentran ubicadas en zonas marginales o suburbios; para estos sectores los
costos de alquiler de vivienda son bajos. Sin embargo, en ocasiones, se ven obligados a
recurrir a prácticas ilegales como la invasión. Allí, las condiciones de salubridad son muy
precarias por la carencia o insuficiencia de los servicios públicos básicos, y es frecuente el
hacinamiento, que genera daños sobre la salud física, mental y social de las personas. Por
provenir de estratos socioeconómicos bajos, estas familias sufren un choque cultural y
económico con las costumbres de la vida urbana. En consecuencia, varios miembros de la
familia, adultos y jóvenes, deben emplearse para poder sobrevivir; difícilmente lo
consiguen dados los bajos niveles de escolaridad y capacitación que han podido alcanzar.
Por lo general, las economías informales se presentan como las únicas posibilidades reales
e inmediatas de generación de ingresos, aunque mal remunerados sean frente a los
esfuerzos físicos y las horas en exceso que se les exige. En los casos más críticos, devienen
sus ingresos diarios de actividades ilícitas como el expendio de drogas, el robo y la
prostitución.

Ninguna familia es igual a otra; en cada una rigen normas y reglas particulares, implícitas y
explícitas, que permiten organizar las funciones que llevarán a cabo sus miembros; ese
interactuar por medio de funciones garantiza que el sistema se mantenga estable,
prescribiendo y estableciendo los límites para la conducta de sus miembros. La familia, en
su dinámica, vive unos procesos interaccionales comunes, pero con una configuración
particular.

En cuanto a los procesos interaccionales comunes que hacen parte de la dinámica familiar,
se pueden identificar los siguientes:

- La Relación Familiar. Las relaciones familiares en esta población pueden facilitar u


obstaculizar el progreso de sus integrantes por la falta de -o la poca- comunicación entre
los miembros de las familias. El apoyo, la convivencia, la unión, son factores escasos en
estos hogares. Las relaciones familiares de estas personas menores no son las mejores; la
desintegración de las familias ha llevado a una pérdida considerable de los valores
familiares. Las actividades que suelen compartir en familia son de tipo doméstico y
educativo, siendo las reuniones familiares muy escasas.

Las relaciones familiares en este tipo de hogares no son favorables. Los niños y niñas
miembros de estas familias perciben las relaciones familiares como no frecuentes,
bastantes regulares y en ocasiones malas. Este ambiente, caracterizado por la poca
comunicación y manifestaciones de afecto, propicia la generación de diferentes tipos de
abuso cuyas consecuencias son devastadoras.

- Poder y Normatividad. La representación de la autoridad desde la perspectiva de los


menores, se encuentra en la madre y en otros miembros de la familia, como los tíos; dicha
circunstancia funda el proceso de socialización en un subsistema no muy estable,
caracterizado por la violencia o el maltrato, en el cual la imagen del delito es resignificada
por los actores sociales como flexible frente a las exigencias del día a día.

- Comunicación. La comunicación en estas familias se caracteriza por la presencia de


grandes espacios vacíos que la imposibilitan, tales como las discusiones, los gritos, las
amenazas, la indiferencia y los insultos, entre otros; esto contribuye a la aparición de
factores de violencia que inciden en la constitución desequilibrada de la familia, y afectan la
normatividad y el poder como afirmábamos anteriormente. Además, el tema de discusión
central es lo referido a lo económico, matiz que se ha enraizado en la cotidianidad, ya que
es sobre éste que hilan sus acciones, siendo la satisfacción de sus necesidades el futuro
más inmediato. Estas familias pertenecen a un estrato socioeconómico bajo, contexto en el
que desde muy corta edad los niños y niñas deben salir a trabajar, y casi siempre las
opciones no son las más favorables y dignas. Como soporte estadístico a esta situación, se
tiene que la pobreza es uno de los factores que impulsan a un niño o niña a la prostitución.
En los países latinoamericanos, más del 50% de la población está en pobreza; muchas
familias rurales venden a sus hijos e hijas, o éstos huyen, seguros de que encontrarán
mejores oportunidades de supervivencia fuera del hogar.

- Afectividad. Las relaciones afectivas son las que permiten al individuo recibir la seguridad
y el amor por parte de los miembros del núcleo familiar, permitiéndole así, a cada quien,
saber cuál es su lugar, función y posición en su mundo social. La falta de comprensión por
parte de los padres y madres hacia los hijos e hijas es también preocupante. Los niños y las
niñas, debido a la etapa de crecimiento y desarrollo en la que se encuentran, como lo es la
adolescencia -etapa de conflictos, dudas, cuestionamientos-, necesitan mucho más el
apoyo de sus padres para poder tener las bases que fundamentarán su vida adulta, el cual
no aparece muchas veces, no sólo por la falta de voluntad de sus progenitores, sino porque
éstos no tuvieron una experiencia similar que los orientara a ello. En cuanto a esto,
podemos encontrar que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (1998) plantea sobre
estos jóvenes, lo siguiente:

"proceden de familias poco estructuradas y/o inestables social y


emocionalmente, con la de que algunos de esos hogares ha
predominado la ausencia del padre, quien ha sido reemplazado
por la aparición de uno o varios padrastros. Su dinámica familiar
se ha caracterizado por el predominio de una clara confusión de
roles entre el padre y la madre tanto en la educación de los hijos,
como en las responsabilidades de manutención, protección y
bienestar del núcleo familiar." (p. 348).
Aun bajo circunstancias adversas como éstas, las ciencias sociales y humanas señalan que
los individuos son agentes activos, capaces de elegir y ejercer así su autonomía, en la
forma como ellos organizan y dirigen sus vidas. De esta manera, como lo señala Tyler
(1991), cada individuo tiene fortalezas y limitaciones con relación a sus propias
capacidades psicosociales para abordar sus vidas en un contexto social.

Las capacidades psicosociales son utilizadas por el individuo para proveerse a sí mismo de
una estructura que permita identificar la cadena de opciones, las alternativas y las
perspectivas sobre uno mismo, para conocer a los demás y los eventos que lo rodean en su
proceso de interacción con el medio ambiente. Estas capacidades deben esbozarse para
poder entender a las personas, en especial a las que experimentan problemas en la
promoción de su propio desarrollo, al igual que en su convivencia social, que provienen
generalmente de familias disfuncionales. De esta manera, como lo sostienen Zea, Jarama &
Trotta (1995), al referirnos al menor y a la menor con problemas psicosociales, se está
haciendo mención a jóvenes que por emerger de un contexto sociofamiliar adverso,
caracterizado por la disfuncionalidad, han desarrollado patrones adaptativos para la
sobrevivencia. Aunque no funcionales ni sanos para su bienestar psicológico, dichos
patrones les permiten sobrevivir en estos contextos, bajo la percepción constante de
amenazas, desconfianza y falta de apoyo por parte de las instituciones y personas del
entorno.

Según Tyler, Tyler & Echeverry (1985), en un ambiente familiar razonablemente estable y
benigno, el individuo llega a ser psicosocialmente más competente, con el desarrollo -en
consecuencia- de un sentido positivo de autoeficacia, y de un sentido moderadamente
optimista de confianza en los demás. A su vez, tendrá una manera activa y planificada de
hacer frente a las experiencias de la vida, ya sean amenazantes o reforzantes. En
ambientes opresivos y malignos desarrollará patrones alternativos de adaptación, más
apropiados a las situaciones de su vida. El sistema familiar representa para el menor ese
ambiente social que puede constituirse en reforzante o amenazador y agresivo, según sea
la vivencia de sus protagonistas. Como resultados de contextos familiares disfuncionales y
amenazantes, encontramos dos categorías de jóvenes con problemas psicosociales que
muestran sus dificultades en torno a las competencias psicosociales para afrontar la vida:

Problemática psicosocial de los menores y sus familias. La problemática psicosocial


que afrontan estos menores es el resultado de sus circunstancias sociales y familiares; pero
para obtener un panorama claro sobre estas condiciones es necesario definir y diferenciar
los tipos de problemas analizados en este artículo. Se puede ver entonces, como afirma
Martínez (1991), que de acuerdo con las leyes colombianas, que definen al menor
infractor como aquel "de 12 a 18 años que ha infringido la ley penal y que está bajo la
competencia del juez de menores o promiscuo de familia, con el fin de darle cumplimiento
a los procedimientos penales establecidos en el código del menor" (p.79), se entiende que
la ley castiga a estos menores de cuatro formas diferentes, entre las cuales se encuentran:

 Amonestaciones: Se trata de un llamado de atención que se hace al menor cuando


las circunstancias y la naturaleza de la infracción lo justifiquen. Si se justifica, el
juez puede ordenar el seguimiento del caso por parte del equipo interdisciplinario
del juzgado o del ICBF. (Artículo 205)
 Reglas de conducta: Se trata de imponer deberes o tareas particulares tales como
efectuar trabajos de interés social, participar en determinadas actividades, o la
prohibición de frecuentar ciertos lugares o personas. (Artículo 206)
 Libertad asistida: Como su nombre lo indica, esta medida es de tipo ambulatorio y
permite al menor permanecer en su medio natural con un seguimiento por parte del
juez o del ICBF, por intermedio de funcionarios especializados. (Artículo 207)
 Ubicación institucional: Es una medida gravosa, ya que implica el alejamiento del
menor de su medio natural; por esta razón, no debe aplicarse más que como último
recurso en casos en los que al considerar la personalidad del menor, las
características de su medio familiar, la naturaleza y las circunstancias de la
infracción, ninguna otra medida más liviana, como la libertad asistida, se cree
apropiada. (Artículo 208)

La menor explotada sexualmente: Este es un problema mundial que particularmente


afecta en los últimos tiempos a América Latina, en especial a la niñez y la juventud. De ahí
que, como lo señala Goodman (2002) en el I y el II Congreso contra la Explotación Sexual
Comercial de los Niños, el primero en Estocolmo (1996) y el segundo en Yokohama (2001),
se planteara: que la explotación sexual es un delito que hay que sancionar, y que de
ninguna manera podemos pensar que este grave ilícito es un trabajo de infantes. Es un
acto de abuso de adultos contra los niños y niñas que hoy puede considerarse como una
plaga mundial que debe reprimirse a nivel internacional.

Por otra parte, la categoría joven víctima de explotación sexual hace referencia, según la
Defensoría del Pueblo (1994), a una niña, niño o adolescente, que vivencia una situación
que irrumpe de modo violento en su vida, perturbando su proceso de desarrollo bio-
psicosocial como consecuencia del uso sexual de su cuerpo como artículo para obtener algo
a cambio. Se violenta su condición de indefensión y se saca provecho de su carencia de
oportunidades y de su dificultad para optar libre y autónomamente frente a las
circunstancias que se le presentan.

III. Precisiones metodológicas

Las investigaciones que sirven de base para este artículo se describen, a modo de síntesis,
en el punto VI. En esta síntesis se identifican los elementos configurativos de las mismas.
Estas investigaciones hacen parte de la actividad investigativa del Grupo de Investigación
en Desarrollo Humano -GIDHUM; la línea a la que pertenecen estos estudios es Infancia y
calidad de vida, particularmente en el eje temático Desarrollo familiar.

Las investigaciones que hacen parte de este proceso integrativo, son de tipo cuantitativo,
con diseño descriptivo; a partir de ellas se describe la realidad -en torno a la dinámica
familiar- de los sujetos de las poblaciones estudiadas: menores explotados sexual y
laboralmente.

Con el propósito de analizar y reflexionar sobre la realidad familiar de estos jóvenes, se


realiza un proceso de comparación, a partir del cual se evidencian aspectos comunes en las
condiciones socioeconómicas y en la dinámica de estas familias que se resaltan en el
presente artículo.

IV. La realidad observada

Estructura y funcionalidad familiar. Al observar nuestro contexto social, se encuentra la


existencia de un marcado polimorfismo de estructuras familiares, lo que no permite
generalizar una conceptualización sobre familia, tal como lo comenta Gutiérrez (1975). Por
tal razón, existe una variedad de concepciones de muchos autores. Sin embargo, una
definición completa de ella nos la presenta Sarmiento (1994), desde quien se concibe a la
familia como un sistema compuesto por una pareja y sus hijos e hijas, y todas las partes
unidas por un parentesco y/o afinidad, las cuales interactúan entre sí. Este sistema opera
en un contexto social con el que se interrelaciona, y atraviesa una serie de etapas de
desarrollo a las que debe adaptarse para lograr el propósito de crear nuevas personas y
proporcionar el desarrollo de las ya existentes, al igual que acomodarse a una cultura y
trasmitirla. La familia se concibe entonces, según Hernández (1997), como "un todo
diferente a la suma de las individualidades de sus miembros, cuya dinámica se basa en
mecanismos propios y diferentes a los que explican la del sujeto aislado" (p.26).

Por otra parte, el concepto de estructura familiar se refiere a su forma de organización


particular: número de miembros, papel desempeñado por cada uno, reglas existentes,
jerarquía, límites, manejo del crecimiento individual y familiar: "El enfoque estructural de la
familia se basa en el concepto de que una familia no se reduce a los aspectos
biopsicodinámicos individuales de sus miembros. Los miembros de una familia se
relacionan de acuerdo con las disposiciones que gobiernan sus interacciones, las cuales,
aunque por lo general no son establecidas en forma explícita, construyen un todo, es decir,
la estructura familiar" (Minuchin, 1986, p.92). En ella se rige el funcionamiento de los
miembros, se define la gama de conductas y se facilita la interacción recíproca. La
estructura hace viable para la familia el desempeño de sus tareas esenciales, tales como
apoyar la individuación y darle un sentimiento de pertenencia, entre otras.

Por lo general, los miembros de las familias de los menores con problemas psicosociales,
como es el caso del menor infractor y la menor explotada sexualmente, no suelen
vivenciarse a sí mismos como parte de la estructura de una familia, sino que se consideran
como una unidad, un todo en interacción con otras unidades. En las familias de estos
hombres y mujeres menores no parece reconocerse la existencia en su interior de un
territorio común para el sistema, y cuando uno de los miembros traspasa sus límites, altera
los mecanismos de regulación y deja consecuencias sobre su dinámica interna, las cuales
influyen en el desarrollo de la personalidad de los niños y las niñas. Para toda la familia y
para cada uno de sus miembros, es fundamental que el lugar que ocupa cada individuo sea
totalmente reconocido, aceptado y comprendido por el grupo humano en su totalidad.

Tal vez, el fenómeno de mayor relevancia en la estructura familiar de los menores


infractores y las menores explotadas sexualmente, es la coexistencia de modelos diferentes
que generan diversas tipologías, como el tradicional de familia monogámica, y el nuevo
modelo de organización familiar incompleta. Podemos plantear entonces que las familias de
estos menores atraviesan, como la sociedad misma, grandes transformaciones que las
llevan a afrontar problemas para los que no se encuentran preparadas; es decir, estas
familias "como todos los organismos vivos, tienden al mismo tiempo a la evolución y a la
conservación, las exigencias del cambio pueden activar los mecanismos que contrarrestan
la anticipación, pero el sistema evoluciona ante una complejidad creciente. Aunque la
familia no sólo puede fluctuar dentro de ciertos límites, posee una capacidad asombrosa
para adaptarse y cambiar, manteniendo sin embargo, su continuidad". (Minuchin &
Fishman, 1992, p. 240).

La familia ha cambiado y esto se debe en gran parte a las exigencias de la vida humana y
al desarrollo industrial. Las mujeres de sectores populares, por ejemplo, frente a las
condiciones socieconómicas en las que se encuentran sus familias, asumieron ingresar al
sistema productivo de la sociedad y obtener un trabajo remunerado. Por otro lado, los
hombres, en asocio con esta situación, han comenzado a participar en las labores
domésticas con el fin de reducir la carga de responsabilidad de su compañera en los
quehaceres del hogar.

En la actualidad, la familia en Colombia se caracteriza por una diversidad de tradiciones


debido a la variedad de territorios, contextos urbanos y rurales, a los diferentes estratos
socioeconómicos y a la violencia social por la que atraviesa el país. Así, en medio del
desencuentro de los cónyuges frente a sus funciones, el aumento de violencia social e
intrafamiliar, el desafecto y el incremento de las familias afectadas y desplazadas por la
violencia, las formas de organización familiar predominantes en el país, son: la nuclear de
forma extensa, la unipersonal, y la familia compuesta y recompuesta, entre otras que se
consolidan como estrategias de apoyo socioeconómico para parientes y no parientes,
cumpliendo todas en mayor o menor medida funciones de socialización, formación y
crianza, generando diversas formas económicas de ingreso y reposición de formas de
trabajo.

Desde el punto de vista sociocultural, las familias de los menores con problemas
psicosociales presentan características como la ausencia de uno de los progenitores, que es
la llamada familia monoparental; es decir, aquella en la que la estructura nuclear no existe,
sea por abandono, separación, muerte o divorcio del padre o de la madre. Este tipo de
familia se encuentra estructurada sobre la base de la existencia de una sola figura parental,
asumida bien sea por un adulto o, en ocasiones, por un menor que cumple sus funciones.
La madre tiene en estos casos la responsabilidad de brindarles a los hijos e hijas la
seguridad afectiva, la protección y la educación que requieren; pero debido a la ausencia
del padre, ella se ve obligada a asumir la tarea de buscar el sustento económico para
satisfacer las necesidades básicas de la familia, dejando de lado la correcta supervisión de
los hijos e hijas y la preocupación por sus actividades diarias, tales como el estudio, la
recreación, sus amistades, etc.

Es frecuente, en este tipo de familias, que el modo de disciplinar a los hijos sea de una
forma violenta y cruel, espacio en el que muchas veces el mal ejemplo es el soporte de una
norma de socialización, a su vez caracterizado por un déficit de autoridad y/o
autoritarismo, entre otros factores; estas experiencias crean en los niños y niñas una
ambivalencia que incrementa su angustia, y hacen del ensayo y error el método de
aprendizaje; sucumben alternamente ante sentimientos de inferioridad que potencian su
seguridad personal, como resultado, todo esto, de una dinámica en la cual la identificación
e introyección de las figuras paternas (padre y madre) son justamente el modelo contrario
al que la sociedad tiene como suyo. Esto trae como consecuencia en el menor o la menor
una personalidad que no ha sido bien estructurada, con su autoestima y autoconcepto tal
vez bajos, que no le permitirán desarrollarse y enfrentarse de manera adecuada a la
sociedad ni hacerse cargo de sus decisiones y responsabilidades; es decir, manifiestan
dificultad para la solución de los conflictos propios del medio en el que se desenvuelven.

El abandono causado por la muerte, la separación o el divorcio de los padres, trae consigo
la aparición de nuevos hogares, de nuevas uniones, y la presencia de otros familiares; la
abuela, por ejemplo, se caracteriza por ser una imagen indulgente y permisiva, que en
muchos casos causa un desequilibrio en la vida afectiva del menor, como también en los
demás miembros del sistema familiar, por no manejar adecuadamente los límites y la
autoridad.

Estas familias también se caracterizan por ser extensas, conformadas por todo un grupo de
individuos que incluye abuelos, abuelas, padres, hijos, hijas, nietos, nietas y personas
acogidas (yernos, nueras, cuñados, tíos, sobrinos, los cuales generalmente son
trabajadores informales unidos sobre una base económica y afectiva, etc.) Esto, en muchos
casos, suele convertirse en un arma de doble filo, puesto que es mucho más difícil que en
tales hogares superhabitados se puedan establecer patrones de comunicación, normas,
límites y lazos afectivos adecuados, sin que en algún momento éstos sean quebrantados.
Una de las razones por las que estas personas se ven obligadas a convivir juntas, la
constituyen los problemas económicos; conviviendo buscan posibles soluciones,
apoyándose económicamente unos a otros para satisfacer sus necesidades básicas, y de
esta manera poder subsistir. Se observa, entonces, que los menores y las menores, en
medio de estas circunstancias, se sienten en la obligación de trabajar para colaborar con
los gastos del hogar, por lo cual recurren en ocasiones a actos ilegales o permiten que
adultos inescrupulosos los exploten sexualmente con el llamado servicio sexual.

Dentro de estas familias es difícil la convivencia, se generan conflictos, y el rápido deterioro


de las relaciones familiares hace que los menores y las menores sientan que sus
necesidades no llegan a ser contempladas, ni mucho menos comprendidas por parte de sus
padres y madres, ya que las relaciones llegan a ser, en la mayoría de los casos, escasas o
nulas. Consecuentemente, estas familias se caracterizan por no tener tolerancia frente al
conflicto, por lo cual evitan su enfrentamiento, con tendencia a no aceptar la crítica y a no
tolerar ni aceptar situaciones de crisis, haciendo del conflicto un telón de fondo de la vida
cotidiana. En ellas, sus miembros tienen deficiencia en el aprendizaje de negociación de
conflictos y en el adecuado uso de estrategias de comunicación. Las familias con una
flexibilidad extrema en las normas, valores y criterios, permiten que cada uno de los
miembros establezca los suyos propios, situación que no facilita la aceptación de valores y
pautas de comportamiento comunes, no solamente al interior del grupo familiar, sino
también dentro del grueso grupo social, en el que esto se traduce en desadaptación social e
intolerancia.

Características como las reseñadas son las que se presentan con mucha frecuencia en las
familias de los menores infractores y de las menores explotadas sexualmente, que siendo
disfuncionales no brindan al menor o a la menor la seguridad, la confianza y la afectividad
que necesitan para superar los problemas que se les presentan en la relación con su medio.
Ante la incapacidad percibida en el sistema para proporcionarles apoyo y seguridad, estos
jóvenes buscan en diferentes lugares, en diversas actividades y en otras personas, el
espacio que les permita suplir sus necesidades de carácter básico, como la identidad, la
socialización, la aceptación, la educación, etc.

La diversidad en la tipología y en las condiciones familiares está asociada a causas externas


que han influido en la dinámica y en el funcionamiento interno de las familias; causas entre
las que se destacan la creciente urbanización del país, el auge del trabajo femenino, las
pocas posibilidades de empleo, los cambios económicos, políticos, sociales, religiosos,
culturales y educativos, que traen como consecuencia deficiencias en la estructura familiar
tradicional, en su funcionamiento y en su conformación; situación reflejada en el
"gaminismo" en los centros urbanos -como ya lo había señalado Gutiérrez de Pineda (1978,
p. 23)-, el maltrato infantil, la violencia intrafamiliar, el aumento de mujeres cabeza de
hogar, la prostitución, la explotación juvenil e infantil, la farmacodependencia y el
alcoholismo, entre otros graves problemas sociales.

En este panorama, los adultos aparentemente tienen resuelto o definido su estilo de vida,
bajo el costo de orientar a los niños, niñas, y adolescentes, a establecer en el centro de sus
vidas la lucha por sobrevivir, en medio de un sistema violento y agresivo en los niveles
familiar y social. El círculo, pues, se cierra con la infracción de la ley, la explotación sexual
ejercida por los adultos que abusan de las menores, la baja autoestima, el maltrato, la
prostitución en la vida adulta o cualquier otra conducta de escape.

Este análisis pretende trascender la realidad del ser humano que diariamente tiene que
enfrentar diversas situaciones de índole personal y social, que de una u otra manera
determinan su forma de relacionarse a nivel familiar y su manera de actuar e interaccionar
con el entorno social.

Para contextualizar la problemática, Amar (1995) ha hecho mención especial de la


estructura familiar que representa un marco de referencia fundamental para conocer de
qué manera se encuentran organizadas las familias de estos menores; es decir, en lo que
se refiere al número de miembros, al papel desempeñado por cada uno, a las jerarquías, a
los límites, y al manejo de crecimiento individual y familiar.

La falta de compromiso y unión en lo que respecta al sistema conyugal, es la causa


principal de las separaciones, las infidelidades y el abandono; las parejas, hoy en día,
prefieren vivir en unión libre que bajo el compromiso del matrimonio legal, como señalan
las investigaciones realizadas. El sistema familiar se ve marcado por la descomposición y la
desintegración, lo que es verdaderamente preocupante, por ser el espacio social en el que
se gestan las bases y herramientas necesarias para que cualquier ser humano se desarrolle
de manera integral.

Una vez revisada la estructura de estas familias, pasaremos a analizar su dinámica,


entendiendo por 'dinámica familiar' "todos aquellos aspectos interaccionales suscitados al
interior del grupo familiar, donde cada miembro está ligado a los demás por una serie de
lazos de parentesco y/o afectividad, comunicación, relaciones, autoridad y normatividad,
como también por la distribución del rol o papeles sociales de sus miembros". (Minuchin,
1986, p. 93).

Las relaciones, entonces, se presentan por medio de las interacciones entre sus
miembros, a través del tiempo y de la convivencia en que se establecen los vínculos,
mediante los cuales los padres y madres deben brindarles a sus hijos e hijas todo el amor,
la seguridad y la confianza necesarios en su desarrollo psicoafectivo; posteriormente, les
permitirá crear sus propios patrones y, con base en ellos, establecer sus relaciones positiva
o negativamente, según el ambiente en que hayan crecido.

En las familias de los menores infractores y las menores explotadas sexualmente, como
comentan Amarís, García & Rossi (2002), estas relaciones son construidas
inadecuadamente, sobre la base de hogares nocivos, centrados en la violencia psicológica y
física, con el fin de ridiculizar, agredir y ofender un miembro a otro; así, entonces, se
socava su integridad y se deja de lado todo respeto por lo que la otra persona siente o
piensa, siendo estos, entre otros, algunos de los factores que influyen en el
comportamiento de las personas menores, y que en muchas ocasiones son la causa por la
que eligen estos caminos en sus vidas. En sí, las relaciones entre los miembros de estos
sistemas familiares pueden calificarse como alejadas, débiles y frías, generando en los
jóvenes y las jóvenes del grupo familiar un vacío afectivo.

En conclusión, el afecto, el odio, la complacencia y todos los demás sentimientos, muchas


veces encontrados, proveen un ambiente dentro del cual los individuos viven procesos que
determinan su estilo de interacción en otros contextos, tales como la escuela, el trabajo y
sus relaciones afectivas fuera de su núcleo de origen.

Poder y normatividad. Las familias de estos niños y niñas giran alrededor de la madre:
ella es la figura central que ordena las relaciones entre los miembros; es la que da el
soporte afectivo y quien realmente asume el sostenimiento económico del hogar.

Las decisiones en el hogar son tomadas por la madre, en ausencia del padre, que en otros
casos es reemplazado por un padrastro abusador o ausente, que no ejerce ninguna figura
paterna estable.

Un elemento definitivo en la constitución de la subjetividad y en el aprendizaje de la


socialización de los niños y niñas, es el padre. En estas familias, por lo general, es un
sujeto invisible en la medida en que ha abandonado a la familia por considerarse a sí
mismo ineficaz, por inmadurez o inestabilidad afectiva, o porque para evitar los conflictos
con la pareja que le exige asumir responsabilidades, prefiere establecer nuevas uniones
menos obligantes.

El padre en muchos casos termina siendo excluido del sistema, generando un cambio de
roles, a partir del cual, la madre toma las riendas del hogar, lo que implica asumir cualquier
tipo de responsabilidad, sea de carácter económico, afectivo o social; se establece así un
tipo de familia monoparental.
Esta situación, por lo general, lleva al sistema a permitir la inclusión de terceros. Por la
reducción del tiempo de cuidado y supervisión que la madre debe tener hacia sus hijos e
hijas -debido a las condiciones-, la sobrecarga en las responsabilidades es mayor, lo que
lleva a que ellos y ellas establezcan límites confusos y normas poco claras, que dan espacio
a que la persona menor pierda vínculos afectivos y comunicativos con lo que sucede al
interior de su familia.

La comunicación. La comunicación en estas familias se caracteriza por la presencia de


discusiones, gritos, amenazas, indiferencias, insultos, lo que contribuye a la aparición de
factores de violencia que inciden en la constitución desequilibrada de la familia. Como
complemento, otro punto importante que genera el diálogo es el factor económico. Estas
familias pertenecen a un estrato socioeconómico bajo, en el que desde muy corta edad los
niños y niñas deben salir a trabajar y casi siempre las opciones no son las más favorables
ni dignas.

La pobreza es uno de los factores que impulsan a un niño o niña a la prostitución. En los
países latinoamericanos, sociedades en las que el 50% de la población vive en condiciones
de pobreza, "muchas familias rurales venden a sus hijos o hijas, o éstos huyen buscando
mejores oportunidades de supervivencia". (Sánchez, 1999, p.7).

En este contexto, existen serias dificultades para expresar y recibir afecto. La comunicación
es generalmente funcional (instrumental); cada miembro de la familia tiende a aislarse
emocionalmente de los demás, tornándose cada vez más difusos los roles y los límites
entre ellos. La comunicación en estas familias no es idónea. El aspecto que genera diálogo
y conflicto es siempre el económico, ya que por pertenecer a un estrato socioeconómico
bajo, su interés se centra en qué hacer para conseguir el sustento diario para poder
sobrevivir en una sociedad en crisis en todos los niveles.

Una buena comunicación es característica de una dinámica familiar sana, que propicia un
ambiente de confianza para todos los miembros de la familia. Tal comunicación clara lleva a
la reciprocidad (confianza).  La confianza se forma mediante intercambios de
comportamiento y de información entre los cónyuges.

En las familias estudiadas se aprecia que aunque se considera que el diálogo es de suma
importancia para la resolución de conflictos, en la realidad el manejo de los conflictos se
caracteriza por las amenazas, insultos, indiferencia y gestos desagradables. Esta situación
parece ser contradictoria, pero desde el punto de vista de ellos hace parte de una
costumbre, que no es escogida por las familias, sino que son comportamientos aprendidos
de agresión en los que se impone el más fuerte. En estas familias el relacionarse de
manera agresiva y ofensiva ya es un hábito, que se transmite de generación en generación.

La comunicación se presenta en una sola dirección; quien emite el mensaje no tiene en


cuenta al receptor, atropellándolo y restándoles importancia a sus comentarios y
percepciones de todo lo que sucede; el joven se ve así incapacitado y sin un espacio para
comentar sus temores, inseguridades y expectativas de vida. Todo esto lleva al menor a
buscar refugio, ya sea en los terceros que son incluidos en el sistema, o en las amistades
ajenas a la familia, que muchas veces muestran al menor o a la menor salidas fáciles a sus
problemas emocionales y económicos, recurriendo a las drogas y a comportamientos
ilegales.

Afectividad. Las críticas de sus padres y la falta de comprensión, hacen que el joven y la
menor sientan que en su familia no pueden encontrar un apoyo para poder solucionar sus
problemas de una manera adecuada, lo que los lleva a buscar esa seguridad y apoyo en
otras personas que les orientan a ver la vida de una manera distinta, a partir del contacto
con las actividades delictivas, antisociales y poco dignas en la vida en la calle.

Los menores y las menores se enfrentan a situaciones difíciles; sólo encuentran en sus
familias la crítica y no un apoyo que les sirva para superar sus temores, miedos, fracasos,
etc. Esta situación les lleva a reaccionar de diversas formas que no son comprendidas por
sus padres, sino más bien criticadas; son tachados y juzgados, lo que lleva al niño o a la
niña a buscar un espacio en el que pueda ser él mismo o ella misma, un espacio en el que
pueda evadir sus sentimientos: y es en la calle y con las malas amistades, como
encuentran un apoyo y valoración de sí mismos, que les hace sentir la seguridad de ser
ellos mismos.

Tareas del hogar. La participación en las actividades comunes del hogar es muy baja
entre los miembros de estas familias; situación que muestra el grado de desunión familiar y
el desinterés por compartir, participar y colaborar en el mantenimiento del hogar.

La realización de las actividades demandadas por la familia requiere una comunicación


adecuada, que le permita presentar a cada miembro su responsabilidad y aporte para el
hogar. Cuando se presentan dificultades dentro de la familia, las responsabilidades que no
son asumidas por algún miembro, son asignadas a otro, situación que afecta el
funcionamiento apropiado del grupo familiar, llevando a que la carga recaiga sobre una sola
persona, o sencillamente a que las cosas dejen de hacerse, acarreando otros problemas
como el desaseo y el descuido de la vivienda.

Para que un niño o niña pueda desarrollarse de manera adecuada, es necesario un espacio
óptimo y un ambiente de armonía que cumpla con normas básicas de aseo y cuidado; ante
este tipo de carencias de las familias con menores infractores, el niño o niña no se siente a
gusto en su hogar y por esto busca un espacio en el que pueda alejarse no solamente del
maltrato, de la falta de comunicación, etc., sino también del desaseo, el desorden y el
descuido.

El elevado nivel de descomposición familiar es otro aspecto que motiva al menor o a la


menor a adoptar una serie de conductas irregulares que afectan la dinámica del sistema. En
estas familias la presencia de padrastro o madrastra (hombre y/o mujer) hace que en el
núcleo familiar se presenten relaciones interpersonales muy tensionantes y cargadas de
indiferencia; tal persona es vista como un extraño que llega a perturbar y es concebido
como la fuente de los conflictos, situación que hace que el sistema familiar se esfuerce por
mantener su homeostasis.

Con relación a los hermanos y hermanas, se observa con frecuencia en los hogares de
estos menores que cuando existen varios hermanos o hermanas, los mayores conflictos son
de orden económico y disciplinario; se percibe en estos hogares que tal condición genera
mayor miseria, agresión y frustraciones para sus miembros.

La presencia de la abuela, por otra parte, como figura indulgente y permisiva, hace que los
menores y las menores se acerquen a ella con el fin de buscar un apoyo para satisfacer
algunas de sus necesidades; pero dicho apoyo en muchas ocasiones no es óptimo, ya que
en situaciones termina por ser alcahueta en las acciones irregulares que realizan los
menores y las menores.

Tal como lo comenta Amar (1998), los aspectos anteriores, especialmente el de la


descomposición familiar, dan un espacio a que el joven o la joven recurra a ocupar roles
que no le corresponden, como es el de responder económicamente por su familia y todo lo
que ello implica, en el caso de los mayores: alimentación, vivienda, colegio, etc.; por otra
parte, los hermanos y hermanas menores son dejados prácticamente a la intemperie, no
tienen a alguien que controle sus comportamientos y límites; y por la inexperiencia y falta
de orientación de un adulto responsable, son atraídos por los vicios, por los
comportamientos inadecuados y por la pérdida de patrones mínimos de convivencia social
que trae el contacto constante con las vivencias de la calle.

V. Conclusiones

Con base en los resultados de estas investigaciones, se puede concluir que las relaciones,
en este tipo de familias, no promueven el establecimiento de vínculos afectivos que
desarrollen adecuadamente sentimientos tan importantes como lo son el amor, la seguridad
y la confianza entre los miembros que componen el sistema familiar, y por eso constituyen
un factor generador de conflicto al interior del hogar. Como consecuencia de ello y teniendo
en cuenta que las relaciones familiares dependen de la comunicación entre sus miembros,
ésta se presenta en este tipo de familias de manera superficial y marcadamente operativa,
debido a que las expresiones de afecto y el interés por las expectativas, logros, metas y
deseos de cada uno de ellos, son muy escasos en la mayoría de las veces, limitando así sus
conversaciones para aquellos momentos en que la situación lo requiera.

La madre es, para estas personas menores, aquella persona en la que pueden depositar su
confianza, puesto que, como se ha visto anteriormente, es ella la persona que se encuentra
al frente del hogar y, de una manera u otra, es la primera persona con la que el niño o la
niña se relaciona desde su nacimiento. Por otro lado, estos menores y estas menores
muestran cierto resentimiento y muy poca confianza hacia la figura paterna. Esto se debe a
que para tales jóvenes el padre es una persona ausente y un poco lejana, una persona que
más allá de inspirar amor y seguridad, inspira temor. Y es que, en la mayoría de los casos,
es el padre quien imparte los castigos que, por lo general, suelen ser severos, y los
menores no logran entender la razón por la cual han sido reprendidos.

Las familias de las menores y los menores infractores, se comunican a través del uso de
términos grotescos, gritos e insultos, para manifestar sus pensamientos y emociones,
considerando ésta una forma de diálogo frente a los diferentes problemas que atraviesan a
diario. De igual manera, se valen de la intimidación como un mecanismo de poder para
lograr la obediencia y el respeto de los hijos e hijas.Uno de los principales factores que
promueven estas situaciones de violencia a nivel intrafamiliar, es el factor económico.
Como se ha podido observar, la situación de pobreza en que viven estas familias, se
convierte en un elemento fundamental para obstaculizar cualquier intento de diálogo,
limitándose sólo a conversar o a discutir, y no a analizar y a escuchar. Y es que diariamente
estas personas van acumulando una serie de tensiones que de alguna manera terminan por
descargar, y no siempre logran hacerlo de una manera adecuada. Otro factor que propicia
las situaciones de conflictos, es el que tiene que ver con la educación de los hijos e hijas. Y
es que aunque algunos de los menores o las menores infractoras no son analfabetas, ya
que generalmente saben leer y escribir y poseen algunos conocimientos básicos, una gran
mayoría presenta retraso escolar porque abandonaron prematuramente la escuela por
razones económicas, y por falta de apoyo familiar y de estímulo por parte de sus familiares.

Es importante destacar que, por lo general, el perfil educacional encontrado en los padres y
madres con hijos e hijas que han incurrido en algún tipo de conducta antisocial,
corresponde a una escolaridad promedia de primaria incompleta o a lo sumo primaria
completa; la poca participación de los padres en el seguimiento académico de sus hijos, y
el escaso contacto con la escuela, guardan relación con las características de este perfil.

Los roles, por su parte, le permiten a cada uno de los miembros identificarse con un papel y
un lugar dentro del sistema. Estas pautas de interacción determinan las funciones, deberes
y derechos de cada miembro del grupo familiar.
En la actualidad, se puede apreciar cómo ha cambiado el papel de la mujer en la familia. El
nuevo rol femenino ha influido en la transformación del sistema familiar; ahora se observa
la superposición del rol de proveedora económica del hogar, al tradicional rol doméstico.
Aunque vale la pena aclarar que la vinculación laboral de la mujer fuera del hogar no la ha
exonerado del trabajo doméstico.

En consecuencia, tenemos que, debido a la ausencia paterna, en estas familias se presenta


una sobrecarga de rol. La madre es la que imparte la autoridad, puesto que es ella quien
toma las decisiones en el hogar, y es quien decide sobre la educación y la crianza de los
hijos.

El ejercicio de la autoridad en la familia se determina a través de la normatividad, por


medio de reglas implícitas y explícitas, que permiten la convivencia. En estas familias las
normas son poco claras y estructuradas, dada la insuficiente y problemática comunicación
que hay entre sus miembros, lo que corrientemente hace difícil la tarea de organizar las
funciones y la interacción familiar para mantener el sistema estable. El hecho de que la
madre trabaje y se encuentre constantemente por fuera del hogar, dejando a sus hijos e
hijas al cuidado de otros familiares, facilita el que los niños y niñas crezcan y se desarrollen
en un ambiente permisivo, puesto que no cuentan con un modelo de autoridad
permanente.

En la familia actual, y básicamente en la población de estudio, el poder, la autoridad, los


roles y las normas no se encuentran establecidas con claridad al interior de la familia; por
lo tanto, las relaciones entre los miembros se afectan por el maltrato y los manejos
inadecuados de la disciplina y las reglas, que se supone deben llevar a una convivencia
sana y al desarrollo integral de la personalidad. Cuando la familia no satisface estas
necesidades es considerada una familia disfuncional.

Los problemas de la delincuencia juvenil y de la explotación sexual deben ser vistos y


tratados desde las principales unidades de socialización del joven y de la joven, que son: la
familia, la escuela, los pares o amigos, y la comunidad. Es, pues, la familia, la que cumple
la función más importante dentro del proceso de reeducación del menor infractor o la
menor explotada sexualmente, ya que es precisamente durante este proceso cuando el
menor o la menor necesitan el apoyo, la comprensión y el amor de cada uno de los
miembros de la familia. Para esto, es importante que tanto la Psicología, como aquellas
profesiones o instituciones que se encargan de llevar a cabo el proceso de resocialización
de los menores y las menores, tengan en cuenta a la familia en sus procesos de
intervención, pues el menor o la menor no deben ser tratados en forma aislada, toda vez
que, como se ha observado a lo largo de estas investigaciones, la familia como sistema
debe ser vista como un todo, en el que cada miembro se encuentra relacionado entre sí, y
cualquier cambio en alguno de ellos, afecta la estabilidad del sistema.
MENORES INFRACTORES: Dimensiones y alternativas
JAIME ERNESTO VARGAS MENDOZA
JORGE EVERARDO AGUILAR MORALES
ASOCIACIÓN OAXAQUEÑA DE PSICOLOGÍA

Introducción

I - El Problema

II - Las Causas

III – La Prevención

IV - El Tratamiento Institucional

V - El Tratamiento Comunitario

VI - La Evaluación

VII – Conclusión

Bibliografía

El comportamiento problemático de los adolescentes es motivo de


preocupación para las instituciones dedicadas a la educación, a la salud
mental y a la impartición de justicia, en cualquier país. En cada una de
estas instancias se han desarrollado estrategias de intervención
diseñadas con el propósito de reducir tales comportamientos o al menos
para promover conductas alternativas adecuadas.

Las filosofías, ideologías y estrategias varían ampliamente y es un


enfoque científico el que puede contribuir para evaluar qué
intervenciones resultan de ayuda, cuáles son benignas y cuáles otras
tienen efectos negativos para los jóvenes (Dishion, McCord y Poulin,
1999).

EL PROBLEMA.
La delincuencia juvenil es un problema con diferentes facetas. Se trata
de un problema social, en cuanto que representa un fracaso de la
sociedad en la educación de sus nuevos miembros, además de constituir
un riesgo que atenta contra el estado de derecho, el respeto de las
instituciones, las reglas para la convivencia pacífica y la seguridad de los
ciudadanos. Es un problema económico, cuando los comportamientos
delictivos atentan contra el patrimonio y la propiedad privada o cuando
promueven una economía basada en negocios ilícitos como el
narcotráfico, el secuestro, el robo de autopartes, la piratería, el fraude y
el chantaje.

Es también un problema político que se constituye en un reto para las


autoridades, quienes tienen que desarrollar estrategias para prevenirlo y
para tratarlo. Deben presupuestar los gastos de estos esfuerzos,
capacitar personal y mantener instituciones judiciales y de custodia.

Se trata de un problema científico, cuando se aborda la necesidad de


explicar las causas de estos actos, de diseñar y poner en operación
medidas preventivas y correctivas, así como de evaluar los resultados de
dichas intervenciones.

El panorama longitudinal muestra un crecimiento continuo de estos


problemas de comportamiento. Las primeras estadísticas, en los Estados
Unidos, las vemos en los reportes como el de Wirt y Briggs (1965), quien
citando fuentes del FBI nos dice que en los años 50’s se triplica la
delincuencia juvenil, de cerca de 300,000 a millones de detenciones al
año (Ullman y Krasner, 1969). En los años 60’s la proporción de
crímenes cometidos aumentó un 80%, mientras que la población solo se
incrementó en un 11% (Davison y Neale, 1983). Siendo esta tendencia
una característica hasta nuestros días.

Los comportamientos delictivos mas frecuentes en los jóvenes se


relacionan con el estupro y otras ofensas sexuales, el robo y los asaltos,
así como infracciones vinculadas con la posesión, el consumo y el tráfico
de drogas. Es mas frecuente observar estos comportamientos en
varones de clase media-baja, con baja escolaridad. Normalmente
provienen de hogares desintegrados o donde uno o ambos padres
manifiestan también conductas antisociales. Muchas veces provienen de
barrios característicos, donde proliferan las pandillas.

LAS CAUSAS.
Se han planteado causas hereditarias para la conducta sociopática,
estudios como los de Lange (1929) y Krans (1936) compararon los
niveles de concordancia en la criminalidad entre gemelos idénticos y
fraternos, demostrando que la correlación era mucho mas alta entre los
primeros, respaldando así la teoría de que pueden intervenir factores
genéticos. Sin embargo, también es posible que estos gemelos
recibieran durante su infancia un trato similar, que mas bien nos llevaría
a ponderar la importancia de los factores ambientales.

También se ha divulgado el hecho de que en varones que cometieron


crímenes particularmente violentos se haya encontrado un cromosoma
masculino adicional (XYY) que, sin duda, es una aberración genética.
Pero Rosenthal (1970) notó que del gran numero de criminales y
delincuentes examinados hasta la fecha, solo cerca del 1.5% presentaron
esta característica.

Otros enfoques examinan los patrones de actividad de las ondas


cerebrales. Ellingson (1954) revisó los primeros estudios e informó en
trece de catorce de estos reportes que, después de examinar
aproximadamente 1500 sujetos, encontró que del 31 al 58%
manifestaron algún tipo de anormalidad electroencefalográfica (EEG). El
tipo mas frecuente de anormalidad fue una actividad caracterizada por
ondas lentas, generalmente difundidas por todo el cerebro. Sin embargo,
según Hill (1952), hay pruebas de que en los individuos muy impulsivos y
agresivos, las anormalidades del EEG se hallan en los lóbulos
temporales de los hemisferios cerebrales. Se trata de los llamados picos
positivos, explosiones de actividad con frecuencias de 6 a 8 ciclos por
segundo (cps) y de 14 a 16 cps. Es muy posible que estas
anormalidades del EEG reflejen algún tipo de disfunción de los
mecanismos temporales y límbicos subyacentes que intervienen en los
procesos sensoriales y mnémicos y en la regulación que el sistema
nervioso lleva a cabo sobre la conducta emocional y motivacional, que se
traduzcan en una disfunción que haga que a estas personas les sea
difícil aprender a evitar una conducta que pueda acarrear un castigo.

Así, Cleckley (1964) afirma que un criterio para la definición del síndrome
sociopático es la incapacidad de los sociópatas para aprender en base a
la experiencia. En lo particular, no parecen sentir la necesidad de evitar
las consecuencias de su conducta antisocial . En esa línea de
pensamiento, Likken (1957) dedujo que el sociópata podía tener pocas
inhibiciones para cometer actos antisociales debido a que era poco
ansioso. Aplicó diversas pruebas a fin de determinar si los sociópatas
realmente tenían niveles bajos de ansiedad. Una de estas pruebas
implicó el aprendizaje de evitación. Los datos de la investigación de
Schachter y Latané (1964) añadieron apoyo a esta interpretación. No
obstante, la investigación de Schmauk (1970) cuestiona estas
interpretaciones, al demostrar que los sociópatas sí pueden aprender a
evitar castigos, mientras estos sean relevantes a sus sistema de valores
(perder dinero vs. castigo físico, tangible o social).

Debemos consignar también que los sociópatas suelen describirse como


personas que no pueden responder emocionalmente al afrontar
situaciones familiares o nuevas juzgadas como angustiantes o
desagradables por la mayoría de la gente. Esta descripción es
notablemente congruente con el descubrimiento de Schachter y Latané
en el sentido de que los sociópatas no evitan normalmente las descargas
eléctricas, pero que sí lo llegan a hacer cuando aumenta la excitación de
su sistema nervioso autónomo por inyecciones de adrenalina. De esta
manera, Quay (1965) sugirió que la impulsividad del sociópata, su sed de
emociones fuertes, y su incapacidad de tolerar la rutina y el aburrimiento
son propiciadas por su estado de baja excitación. Skrzypek (1969) probó
esta hipótesis con una muestra de reclusos sociopáticos y no
sociopáticos y descubrió que los sociópatas efectivamente manifestaron
una preferencia algo mayor que los demás reclusos hacia la novedad y la
complejidad (Davison y Neale, 1983).

La atmósfera familiar de los jóvenes delincuentes también se argumenta


que es un factor responsable de su conducta inapropiada.
Investigaciones iniciales como las de Partridge (1928), Knight (1933) y
Haller (1942) consideran que el rechazo, generalmente de la madre, es
un factor causal de este fenómeno. Otro grupo de investigadores
(Szurek, 1942; Lindner, 1944; Greenacre, 1945, Bowlby, 1952) también
plantean el rechazo, pero del padre. Uno de los estudios mas amplios
sobre la conducta criminal, McCord, McCord y Zola (1959) reporta una
fuerte liga entre la presencia de conducta psicopática y la privación
emocional que produce el conflicto con los padres, la crueldad, el castigo
errático y la falta de reconocimiento.

Mas recientemente, Buss (1966) argumenta que hay dos clases de


modelos parentales que llevan al desarrollo de la psicopatía. Primero,
cuando el padre es frío y distante del niño. Buss dice que el pequeño
imita al padre y se vuelve frío y distante en sus propias relaciones. En
segundo lugar, cuando los padres son inconsistentes en su entrega de
recompensas y castigos, lo que hace difícil para el niño aprender a definir
el rol modelado, teniendo como resultado que no se desarrolle
consistentemente un modelo de sí mismo. Estas persona parecen
privados de estimulación (Quay, 1965), pues aquello que podría ser
adecuado para moldear la conducta de muchas personas en la sociedad,
no les resulta suficiente para mantener un comportamiento de
conformidad. El resultado es la extinción y no el reforzamiento. Estas
personas actúan impulsivamente debido a que la cantidad de
reforzamiento efectivo es insuficiente para mantener su conducta (Ullman
y Krasner,1969).

Hace poco que empieza a cobrar importancia la teoría general de la


tensión emocional, desarrollada por Agnew (2001), donde se argumenta
que los estresores aumentan la probabilidad de que emociones negativas
como la rabia y la frustración ocurran. Estas emociones hacen presión
para que se den acciones correctivas y el crimen es una posible
respuesta. Se trata de un enfoque cognoscitivo que pretende explicar el
fenómeno del aprendizaje de la conducta delictiva. Se dice que el crimen
es una forma de reducir la tensión (ejemplo: robar el dinero que uno
necesita), buscar venganza o aliviar emociones negativas (ejemplo:
mediante el consumo de drogas). La teoría apunta a varias categorías
nuevas de estresores como la pérdida de estimulación positiva (ejemplo:
pérdida de la pareja romántica, muerte de un amigo), la presentación de
estimulación negativa (ejemplo: asalto físico o insultos verbales) y
nuevas categorías de obstáculos para alcanzar metas (ejemplo: el no
lograr que se haga justicia). En particular, es mas probable que la tensión
lleve al crimen cuando el individuo carece de habilidades y recursos para
enfrentarla de manera legítima, cuenta con poco apoyo social, tiene poco
control social, maldice que traten mal a otros y está dispuesto a ser
criminal.

Eventos negativos en la vida, sentirse hastiado, relaciones negativas con


los adultos, peleas entre los padres, se asocian significativamente con la
delincuencia. Es mas probable que los estresores lleven al crimen
cuando estos se perciben como (a) injustos, (b) intensos, (c) asociados
con poco control social o (d) como incentivos para formas criminales de
enfrentarlos.

La conducta delictiva se facilita si uno se expone a modelos o ejemplos


de ella (en los medios), si se premia el crimen (en las sub-culturas o
pandillas) o si se generan pseudo-valores (como el "machismo"). Esta
teoría de la tensión emocional señala como factores de riesgo para la
conducta delictiva: (1) el rechazo de los padres, (2) la supervisión y la
disciplina estricta, (3) el haber recibido abuso por parte de otros, (4) las
experiencias negativas en la escuela, malas calificaciones, problemas
con los maestros y el ver la escuela como aburrida o inútil, (5) el sub-
empleo. (6) el hogar desintegrado o la falta de hogar, (7) el abuso de
parte de compañeros o "amigos", (8) el haber sido víctima de un crimen,
(9) las experiencias de discriminación por causas raciales, religiosas u
otras.

Un trabajo verdaderamente esclarecedor de la etiología de la conducta


antisocial, es el de Patterson (2002). Asume que esta conducta es
aprendida por reforzamiento y aclara la naturaleza de los reforzadores,
quienes los otorgan y qué determina que se les proporcionen.

En los estudios de campo realizados en guarderías se observó que 80%


de los 2,583 eventos agresivos registrados, la agresión era seguida de
"llanto de la víctima" o "de que la víctima le da el juguete". Estos son
reforzadores positivos para el atacante, aunque a veces interviene el
maestro o la víctima no cede. Los actos de estos niños les funcionan bien
y cuando hay poco control de parte de los adultos, la víctima es quien
proporciona el reforzamiento. Al verse premiado, el atacante lo vuelve a
hacer de la misma forma y con la misma víctima. Cuando no obtiene el
premio, cambia su forma de atacar o cambia de víctima.

También, en observaciones hechas en los hogares, se ha visto que el


niño aprende a utilizar conductas aversivas para terminar conflictos con
otros de sus familiares. Las familias problemáticas se involucran en
relaciones aversivas una vez cada 16 minutos, siendo entre 10 y 15% de
estas de tipo agresivas. Antes de que el niño agreda, generalmente ha
sido agredido por otro de sus familiares. Los estudios mediante
observación directa muestran que el entrenamiento de los agresores se
inicia en la casa, tomando la forma de las relaciones coercitivas.

Otros estudios muestran como resulta el antecedente aversivo el que la


mamá no esté disponible y cuando el niño arremete (al hermano, por
ejemplo), la disponibilidad de la madre sirve como reforzamiento.

También se ha visto que los niños son reforzados negativamente por los
adultos cuando su conducta agresiva hace que las solicitudes de los
adultos terminen. Este mecanismo también es útil tanto para fortalecer
conductas apropiadas, como otras muchas conductas desviadas.
Los niños antisociales usualmente son detectados en la escuela y son
rechazados por el grupo de compañeros normales. Entonces, estos
buscan un grupo de amigos que sean igualmente problemáticos o
desviados. Este proceso se continúa durante la adolescencia, donde el
individuo antisocial cuidadosamente selecciona tanto amigos como
pareja romántica, que igualen (y refuercen) su comportamiento desviado.
Compañeros desviados modelan y refuerzan formas cubiertas de
conducta antisocial (como el uso de sustancias, el robo, hacer trampa o
mentir, defraudar y comprometerse en conducta sexual de alto riesgo).

Ribes (1972) lo ha descrito diciendo que hay dos factores que


determinan la conducta delictiva : (1) el reforzamiento intermitente que
recibe y (2) las consecuencias aversivas demoradas que establece la
comunidad. La génesis directa de la conducta delictiva se encuentra,
pues, en la incapacidad de la sociedad para procurar contingencias
adecuadas que promuevan el desarrollo de repertorios pertinentes en
todos los miembros del grupo, que les posibiliten el acceso a fuentes de
reforzamiento sancionadas positivamente por dicha sociedad.

LA PREVENCIÓN.

Niños y jóvenes aprenden a ser delincuentes en tres escenarios


frecuentes: el hogar, la escuela y el grupo de amigos. Evitar el efecto de
los factores causales de este problema en estos ambientes, sin duda es
de principal importancia.

Una modalidad de intervención preventiva basada en la familia la


encontramos en el programa de "educadores tempranos" o "programa
FLEX", en el reporte de August, Realmuto, May y Lee (2003).
Típicamente estas intervenciones se enfocan en fortalecer factores
protectivos en la población, con objeto de ayudar a jóvenes de bajo
riesgo, de influencias desviadas que puedan llevarlos a la conducta
antisocial. Como ejemplos de intervenciones diseñadas para alcanzar
una prevención universal están los mensajes en los medios sobre salud
pública, políticas de disciplina en todas las escuelas, currículo de clases
que enseñan solución de conflictos, manejo de la ira, asertividad y
habilidades de auto-control.

El programa se basa en la teoría del desarrollo para prevenir la violencia


y la conducta antisocial. Se dirige a alumnos de edad escolar elemental,
cuyo riesgo está indicado por una constelación de conductas agresivas,
opositoras y disruptivas. Tiene dos grupos de afectación, los niños
(CORE) y los padres (FLEX). Con los niños se usan procedimientos
conductuales para promover competencia en habilidades sociales, logros
académicos y auto-control. Incluye: (a) 6 semanas en una escuela de
verano, (b) un programa escolar denominado "evalúa y conecta" y (c) un
programa familiar con educación para padres. Es particularmente
importante en comunidades o áreas empobrecidas, con familias
desintegradas y/o vecindarios hostiles. Con los padres, el programa
contempla: (a) un ajuste a las necesidades y preferencias de las familias
específicas, (b) un enfoque mas hacia fortalecer su cohesión y
competencia, que a corregir sus errores, (c) los padres participan para
promover su propia salud, (d) se fortalecen los lazos comunitarios y (e)
los logros dependen del propio esfuerzo de los participantes.

FLEX funciona mediante visitas domiciliarias y se apoya en contratos


negociados, tratando de reducir el estrés crónico que reduce la
capacidad de los padres de brindar cariño y apoyo a sus hijos. Tiene 4
etapas: (1) asesoría a sus necesidades, (2) planteamiento de metas y
planeación estratégica, (3) intervenciones breves, dotación de recursos y
canalización a otros servicios y (4) supervisión del progreso.

En la primera etapa se aplican cuestionarios especiales (tests), dirigidos


uno a los niños (CH-ART) y otro a los padres (P-ART), ambos enfocados
a tres áreas: necesidades básicas de la vida, salud personal y
funcionamiento familiar y calidad en las practicas de crianza.

Los resultados de este programa muestran que los niños mas agresivos
tienen reducciones en sus conductas agresivas, impulsivas e
hiperactivas. Los padres reportan mejorías en sus practicas disciplinarias
y reducciones en el estrés. En diseños de grupos aleatorios, tanto con
niños caucásicos, como afro-americanos, se ven mejorías notables, en
comparación con los grupos control, tanto en competencia social como
en adaptación escolar.

La prevención también debe llevarse a cabo en las escuelas. Los


maestros saben que los problemas de conducta pueden impedir el buen
funcionamiento de sus alumnos. Diversos casos de estudiantes que no
progresan en el salón y se comportan agresivos, violentos o caprichosos
por demandarles que hagan su trabajo, ejemplifican esta necesidad. Un
programa bien implementado, con este propósito, es el desarrollado por
Mary Magee Quinn y colaboradores (1998-2000). Se trata de un sistema
de asesoría funcional y desarrollo de planes de intervención conductual,
mediante equipos de profesionales que se encargan de desarrollar
programas de educación individualizada. Procedimientos reactivos, como
expulsar o castigar al alumno, no son de ayuda para resolver estos
problemas a fondo. La asesoría conductual funcional busca más allá de
la topografía de la conducta y se enfoca en identificar los factores
biológicos, sociales, afectivos y ambientales, que inician, mantienen o
terminan los comportamientos en cuestión.

La idea general es la de dotar a los alumnos de conductas alternativas


que tengan la misma función que sus malos comportamientos, para
"conseguir" o "evitar" algo. Son 10 los pasos que conforman el método
para realizar asesoría conductual funcional en las escuelas y prevenir la
ocurrencia de conducta antisocial en los estudiantes:

Describir y verificar la gravedad del problema.

Refinar la definición del problema conductual.

Recolectar información sobre la posible función de la


conducta problema.

Analizar la información, triangulándola o mediante el enfoque


de la solución de problemas.

Generar hipótesis respecto a la posible función de la


conducta problema.

Comprobar la hipótesis.

Desarrollar e implementar planes de intervención conductual.

Supervisar la implementación del plan.

Evaluar la efectividad del plan.

Si fuera necesario, hacer las modificaciones pertinentes al


plan.

Solo recientemente los maestros han empezado a introducir programas


diseñados para enseñar a sus estudiantes comportamientos mas
aceptables y se ha hecho popular el área de desarrollo de las habilidades
sociales.
Por lo que toca a la prevención de la conducta antisocial en el grupo de
amigos, uno de los reportes mas interesantes es el de Dishion, McCord y
Poulin (1999), que nos advierte que esta estrategia genera resultados
negativos (iatrogénicos). En la revisión de la literatura que hacen estos
autores, 29% de las intervenciones reportadas muestran efectos
negativos. Nos dicen ellos mismos, que se trata de una subestimación ya
que usualmente no se publican estudios con efectos negativos. El
consejo grupal y la intervención guiada de grupos de muchachos de alto
riesgo, producen efectos negativos en la conducta delictiva y antisocial.

Los estudios longitudinales sobre el desarrollo de conducta problema en


adolescentes, muestran que tal comportamiento se promueve en el grupo
de amigos y con el modelamiento o la asociación con compañeros
desviados, aumentan los problemas de conducta. Así lo demuestra el
Estudio de Jóvenes de Oregon (OYS) y el Programa de Transición para
Adolescentes. Otro estudio similar que mostró resultados negativos fue el
del Campamento de Verano de Cambridge. Parece, pues, que el agrupar
jóvenes de alto riesgo para intervenir sobre ellos produce un afecto
iatrogénico, por lo que, en caso de intervenir sobre grupos de jóvenes, es
mejor hacerlo cuando estos grupos son mixtos e incluyen tanto jóvenes
agresivos como pro-sociales.

EL TRATAMIENTO INSTITUCIONAL.

En la actualidad, las opciones para corregir la conducta delictiva son: la


libertad bajo palabra, la libertad preliberacional, los penales abiertos, el
trabajo en las prisiones, el tratamiento dentro de la comunidad y los
hogares sustitutos.

Las instituciones creadas por el hombre para corregir a quienes en un


momento dado cometen infracciones catalogadas como delitos no han
cambiado mucho con el paso del tiempo. Actualmente pocos
especialistas afirmarán que las instituciones de custodia estén
cumpliendo con las actividades de rehabilitación y corrección que la
sociedad les tiene asignadas. El resultado de este tipo de instituciones es
un ejército cada vez mayor de personas inconformes y rencorosas
(Domínguez, Rueda, Maklouf y Rivera, 1975).

La mayoría de los tratamientos institucionales están basados en un


modelo de la conducta desviada como enfermedad mental, de los
conceptos de psicopatía y sociopatía desarrollados por los psiquiatras.
Por ello, uno de los tratamientos que se ofrecen en instituciones son los
relacionados con la psicoterapia. Los desarrollos mas recientes se deben
a la aplicación de la psicoterapia de "Desactivación del Modo Emocional"
(Apsche, Ward y Evile, 2003). La teoría está basada en el trabajo de
Beck (1996) y sugiere que las personas aprenden de sus componentes
experenciales inconscientes y de sus componentes cognitivos de
procesamiento estructural. Por lo que, para cambiar la conducta de
alguien, se requiere reestructurar el componente experencial y reformar
el componente estructural cognitivo. Esta terapia se aplica con
adolescentes involucrados en comportamientos agresivos, delictivos y
ofensas sexuales. Es una metodología que localiza esquemas
disfuncionales y los modifica, supervisando y reestructurando los
componentes disfuncionales de las creencias de estas personas. Los
"modos" ayudan a adaptarse en la solución de sus problemas, como
serían las estrategias protectivas y desconfiadas, cuando se ha abusado
de alguien. Consisten en "esquemas" (creencias) que se activan por el
paradigma miedo-evitación. Un aprendizaje experencial y estructural
disfuncional (consciente o inconsciente) produce esquemas
disfuncionales que generan niveles altos de ansiedad, miedo y
pensamientos irracionales, que a su vez producen conductas aberrantes.
Esta terapia incluye el uso de la relajación y la imaginación, para facilitar
el pensamiento cognitivo y un entrenamiento balanceado que enseña a
equilibrar la percepción y la información. El tratamiento se apoya en un
libro de trabajo y cintas de audio, en los que se avanza a su propio paso.
Están los contenidos graduados en orden creciente de complejidad. Al
principio, cada uno necesita identificar sus verbalizaciones y
pensamientos negativos y apuntarlos en su libro. Luego examinan como
sus cogniciones afectan sus creencias, sentimientos y conductas. En un
estudio evaluativo (Apsche y Ward, 2002), se trabajo con 14 delincuentes
entre 12 y 19 años de edad, que no se habían sometido a terapia
previamente. Se ocuparon cuatro instrumentos para evaluarlos: Child
Behavior Checklist (CBCL), Devereux Scales of Mental Dosorders
(DSMD), Juvenile Sex Ofender Adolescent Protocol (J-SOAP) y Fear
Assesment. Se utilizó un diseño de 2 grupos, control y experimental. El
control recibió terapia usual y el experimental la terapia de desactivación
del modo emocional. Los datos demuestran en forma significativa, un
mejor resultado del grupo sometido a la desactivación del modo.

También se han ensayado procedimientos basados en el modelamiento


(imitación), como es el caso de los estudios piloto efectuados por Irwin G.
Sarason (1975) en el centro de Recepción y Dianóstico Juvenil Cascadia
de Tacoma, Washington. Ahí a cada niño lo estudia diagnósticamente un
equipo de psicólogos, trabajadores sociales, profesores y consejeros. La
mayoría participa en programas de terapia de grupo, a los que se agrega
la terapia individual aplicada por miembros del personal clínico. Hay
también un excelente programa escolar. Los sujetos fueron 192
delincuentes varones. Con ellos se formaron tres grupos: el de
modelamiento, el de discusión y el de control. El promedio de edad de los
sujetos era de 16 años.

Sarason (1968) ha descrito ya el procedimiento general seguido en las


sesiones de modelamiento. A cada sesión asistieron cuatro o cinco
muchachos y dos modelos. Cada sesión tuvo un tema específico, como
solicitar empleo, la manera de hacer frente a las tentaciones puestas por
los compañeros para realizar actos antisociales, la forma de presentar
problemas a un profesor o a un consejero y la manera de rechazar la
gratificación inmediata y sentar las bases para alcanzar metas futuras
mas importantes. Luego que los muchachos recibían breves
instrucciones sobre los aspectos específicos del modelamiento a los
cuales deberían prestar atención, los modelos representaban la escena
del día mientras los muchachos observaban. Luego, se comentaba y
analizaba brevemente la escena. En seguida, los demás muchachos
representaban las situaciones de modo que todos participaban en la
sesión. Cada reunión concluía con los resúmenes y comentarios finales
sobre la escena, los aspectos sobresalientes de esta y la posibilidad de
generalizarla.

En el grupo de discusión se procedía igual, salvo que se omitió la


representación de papeles.

Se hicieron varias mediciones como variables dependientes para


comparar a los grupos de tratamiento. Tales mediciones eran informes
de sí mismo, evaluaciones de varias dimensiones conductuales hechas
por el personal, variables clínicas, entrevistas de seguimiento y
reincidencia.

En los resultados no se apreció diferencias significativas en los tres


grupos, luego de un análisis de varianza, sin embargo el grupo de
modelamiento mostró una reducción de la actividad de ansiedad o
emocional. Los grupos de discusión y modelamiento mostraron un
cambio significativamente mayor hacia la internalización (como medida
de el lugar percibido de control que se ejerce sobre los acontecimientos
de la propia vida), que el grupo control. Hubo mas reincidentes en el
grupo de control, que en el de modelamiento y en el discusión. Los
resultados fueron alentadores.

Al considerar cuál sería la estrategia mas adecuada para afrontar el


problema de la conducta delictiva, una opción está en el diseño de
ambientes prostéticos. En este caso, se toma a los sujetos que muestran
conducta delictiva y se les somete a un reentrenamiento, en condiciones
óptimas, en un ambiente planeado ex profeso con este propósito. Este
método es aplicable a las instituciones penales, cárceles y reformatorios
existentes. El objetivo sería reprogramar su funcionamiento convirtiendo
a las instituciones tradicionales, de tipo reclusorio, en centros de
rehabilitación conductual cuidadosamente diseñados y con un personal
adiestrado en el uso y manejo de contingencias (Ribes,1972).

El trabajo, en México, de Benjamín Domínguez es ejemplificante de esta


opción (Domínguez, Rueda, Makhlouf y Rivera, 1975). El programa
impuesto en la Cárcel Preventiva de "Villa A. Obregón", dentro de la
ciudad de México se basaron en la observación de que las prisiones se
crean (como ejemplo de instituciones totales) para la seguridad de los
guardias, directores y ciudadanos, pero casi sin considerar la "seguridad"
de los internos. Conocidos los efectos indeseables de las instituciones
totales, una alternativa sería que estas respondiesen, primeramente, a
las necesidades de quienes están bajo su tutela. Estos investigadores
plantearon un programa de "Rehabilitación integral" consistente en
planear una prisión completamente dedicada al beneficio (social,
educativo y laboral) de sus internos. Se reportó el resultado de dos
experimentos. En el primer caso, se analizaron las relaciones entre la
actividad ocupacional de los internos y los efectos de la introducción de
un periodo fijo de descanso a la mitad de la jornada matutina. En el
segundo caso, se analizaron también las relaciones entre el trabajo de
los internos y un sistema de fichas junto con dos opciones para obtener
la "hora del almuerzo". Se utilizaron procedimientos de registro
observacional (pla-check) y un diseño experimental de línea base
múltiple. Los resultados fueron interpretados como una muestra de que
se pueden analizar los efectos que la institución de custodia ejerce sobre
los internos. Análisis que debe fundamentarse en la estimación objetiva
de variables situacionales (por ejemplo, la planeación de actividades), y
luego proseguir con la variación sistemática de éstas, persiguiendo el
objetivo de desglosar los aspectos que puedan configurar un "sistema
armonioso de vida", meta primordial en el caso de una prisión.
Otro ejemplo importante en esta línea de actividad es el que reporta
Webb (2003). Este autor utiliza la aplicación del análisis conductual en
una prisión de alta seguridad.

En 1974, B.F. Skinner planteó la posibilidad de construir ambientes


adecuados en prisiones en una "carta al editor" del N.Y. Times. Los
primeros esfuerzos fueron de John McKee con 16 reclusos. Otro trabajo
fue el de Levinson (1968) usando reforzamiento negativo con 15 reclusos
bajo terapia de grupo, de la que podían "escapar", portándose bien
durante 3 meses.

En el estudio de Webb, al interno se le entrena en habilidades globales,


que incluyen: habilidades de comunicación, sociales, académicas y de
enfrentamiento y manejo del estrés. A cada uno se le diseña un Plan
Básico de Acción, con dos categorías: manejo macro-conductual y
manejo micro-conductual.

El manejo macro consiste de varios paquetes "en la celda" y de


participaciones en programas grupales. Se trabaja con varias conductas
problema, un ejemplo sería el "manejo del coraje", donde aprenden
técnicas de relajación, reconocimiento y respuesta adecuada ante
estímulos antecedentes. Los paquetes abarcan información sobre:
manejo de la ira, administración del tiempo en prisión, lectura y redacción
de revistas impresas y tratamiento del alcoholismo y drogadicción.
Tienen que aprender un 80% para recibir nuevos paquetes. Si reprueban
2 veces, se les asigna a otros programas de trabajo: mas tiempo en
prisión, restricción de privilegios y pertenencias, menos visitas y llamadas
telefónicas. Los presos son supervisados individualmente cada semana
en el nivel 1 y cada mes en el nivel 2.

El manejo micro, es un plan personalizado para enfrentar ciertas


conductas problema como el auto-daño y el asalto. Se analizan las
contingencias en busca de los estímulos antecedentes y las
consecuencias de la conducta. La conducta se observa y registra por
personal entrenado mediante videos. Se usan computadoras con estas
bases de datos y se grafican las conductas. Cuando los presos han
superado los 4 niveles del programa, se les cambia de un ambiente de
máxima seguridad a uno menos restrictivo.

Así, es falso que no se pueda hacer nada con los reos mas peligrosos.

EL TRATAMIENTO COMUNITARIO.
Como consigna el libro de Bandura y Ribes (1975), si las metas de los
programas de tratamiento de nuestras instituciones consisten en
convertir al niño en un miembro positivamente activo de su comunidad,
entonces el programa de tratamiento deberá enseñarle a vivir en un
mundo bisexual, a adquirir las habilidades sociales necesarias para las
vidas familiar y comunitaria, a cumplir con los requisitos vocacionales y
académicos con objeto de obtener y conservar un empleo, a trabajar
para ganar dinero y gastarlo o ahorrarlo según sus necesidades; pero
casi ninguna de estas destrezas puede ser enseñada en una institución
de custodia. Gran parte de estos resultados indeseables pueden
atribuirse al hecho de que los programas de tratamiento institucionales
están basados, en su mayoría, en el modelo de la conducta desviada
como enfermedad mental.

La moderna teoría conductual, por otro lado, sugiere un modelo de


conducta desviada como deficiencia conductual, en donde los problemas
de comportamiento de los niños se consideran deficiencias de destrezas
esenciales. Hay ahora en todo el mundo la tendencia a descartar los
programas institucionales porque los tratamientos de la conducta
desviada infantil basados en la comunidad, parecen ser más eficaces,
menos onerosos y más humanitarios que la reclusión de los niños.

El proyecto Burlington-Hunt (Burchard, Harig, Miller y Amour, 1975) es


una muestra de estas nuevas estrategias de intervención basadas en la
comunidad. El primer paso en este enfoque consiste en reducir al mínimo
el estigma social relacionado con el tratamiento y acrecentar al máximo
el efecto del ambiente ordinario del joven sobre el cambio
comportamental. Actualmente se practican 3 tipos de investigación
conductual ante los problemas que generan los jóvenes agresivos: (1)
programas residenciales u hogares grupales en la propia comunidad, (2)
contratos conductuales en los que interviene el joven y los miembros
importantes de su medio social y (3) programas de entrenamiento para
padres, destinados a mejorar las relaciones entre ellos y sus hijos.

Burchard y colaboradores se desempeñaron en un Centro para


Adolescentes, sesionando 2 veces a la semana, en la tarde, en un local
de la escuela secundaria. El centro creció en torno a una economía de
fichas, en donde los puntos se usaron como artículos intercambiables por
actividades especiales, premios y refrescos. Es importante destacar que
los asistentes lo hacían voluntariamente, es decir, que eran libres de
llegar y de irse cuando quisieran. Los objetivos del estudio fueron:
promover y mantener la asistencia regular, analizar las características
reforzantes naturales e introducir, por medio de un sistema de puntos, un
método para incrementar el tiempo pasado por los muchachos en áreas
no preferentes. Los participantes tenían problemas de ajuste a la escuela
y a la comunidad, tenían bajo promedio o habían tenido contacto con la
policía debido a su comportamiento antisocial. El personal eran
estudiantes de psicología en un curso de modificación de conducta, con
dos "coordinadores de programa". Se trabajaba de 7 a 10 de la noche,
los lunes y los miércoles. Había 4 áreas de actividad: el gimnasio, el
salón de fumar, el taller de artes y la biblioteca. Los resultados mostraron
una asistencia sostenida de jóvenes, que el sistema de puntos
funcionaba bien para mantenerlos en áreas no preferentes (como en la
biblioteca), aunque el gimnasio fue el área mas popular.

Otro reporte interesante de un sistema de apoyo en la comunidad, es la


experiencia de Harold L. Cohen (1975), con el proyecto BPLAY
(Behavioral Programs in Learning Activities for Youth). Se trató de un
programa de investigación de 3 años, que se propuso manejar las
actividades de los adolescentes durante su tiempo libre, a fin de reducir
al mínimo las conductas problema. Se proponía establecer programas de
prevención de la delincuencia en una comunidad urbana/suburbana, que
estaba pasando por un rápido crecimiento de su población. El
antecedente de este proyecto lo fue el denominado LEAP (Legal and
Educational Alternatives to Punishment in Maintaining Law and Order).
Se promovió como un recurso de esparcimiento y no como un programa
para delincuentes. Se pretendía dotarlos de repertorios adecuados de
técnicas para solucionar problemas, manejo de la frustración y el
aburrimiento. El programa ofreció sus servicios a todos los jóvenes, no
solo aquellos rebeldes o de bajo rendimiento.

Los objetivos que se plantearon eran: obtener una línea base sobre
conductas delictivas, en un área específica, establecer un programa
piloto de actividades extra-escolares, organizado por personal de la
comunidad entrenado en técnicas conductuales e impartir un curso de
leyes. Se abarcó un área donde había 4 preparatorias y 11 secundarias.
Se involucró a todos los jóvenes entre 12 y 17 años. Los datos fueron
recolectados a partir de un sistema de códigos y se referían a
información respecto al estudiante involucrado en cada reporte de
conducta problema, la descripción de la conducta inapropiada y datos
sobre la persona que hacía el reporte.

El proyecto, en su primera etapa, pudo obtener líneas base con datos


sobre el número de incidentes, su distribución, la edad de los infractores
de primera vez, la distribución de incidentes por día de la semana, por
mes del año, la distribución mensual de dos años de incidentes que
implicaban consumo de alcohol u otras drogas.

Es posible que el mejor programa de modificación conductual de estilo


familiar (para delincuentes), basado en la comunidad sea el Achievement
Place (La Familia Enseñante), desarrollado por Phillips, Wolf, Fixsen y
Bailey (1975). Desde el punto de vista físico, el Achievement Place se
asemeja a un grupo hogareño típico (familia). Consiste en una casa (de
325 m2 en cada uno de sus dos pisos), con dos adultos y comúnmente
siete adolescentes. Los padres en este sistema son padres docentes
profesionales (en realidad profesores), cuyo objetivo explícito está en
educar a los jóvenes en destrezas sociales, de cuidados personales,
académicos y pre-vocacionales.

El modelo está concentrado en 8 áreas:

El programa de tratamiento está controlado por la comunidad


mediante una Junta Local de Directores.

El programa está basado en la comunidad. Los problemas de


un muchacho se dan en su comunidad y ahí es donde deben
ser tratados: en su escuela, en su hogar y entre su grupo de
compañeros.

El programa ofrece un tratamiento de estilo familiar (lo que le


permite implantarse en comunidades de cualquier tamaño).

El programa está dirigido por una pareja de padres docentes


entrenados profesionalmente (con nivel de maestría).

En el modelo se pone de relieve el tratamiento individual.

Se procura un autogobierno supervisado, es decir que se


enseña al grupo a tomar decisiones, así como las destrezas
necesarias para efectuar gestiones, confrontar avenencias y
llevar a cabo discusiones, las cuales pueden ser útiles a los
muchachos en otros ambientes familiares y sociales.

Se efectúa la evaluación del progreso individual de los


jóvenes mediante un sistema motivacional que proporciona
retroalimentación constante, también se evalúa el programa
total haciendo seguimiento de los egresados y se valora,
finalmente, la eficiencia de procedimientos específicos para
modificar conductas concretas en sujetos particulares.

Se trata de un programa práctico que es susceptible de ser


aplicado por padres docentes entrenados, que llegan a
convertir a sus alumnos en "instructores compañeros" de
cada nuevo joven admitido.

Con objeto de poder medir las conductas a afectar, éstas fueron


definidas objetivamente y su confiabilidad evaluada mediante el acuerdo
de dos observadores independientes. Todos los jóvenes que participaron
en el proyecto eran definidos como delincuentes por un Tribunal Juvenil,
provenían de familias de bajos ingresos, debían tener entre 12 y 16 años
de edad, no haber cometido delitos violentos (asesinato, rapto) y no tener
impedimentos físicos o mentales graves. La estancia promedio de un
muchacho era de 10 meses, con un rango entre 3 y 40 meses.

El programa de educación para padres docentes duró 9 meses,


concediendo grado de Maestría en desarrollo Humano, por la
Universidad de Kansas.

Los resultados son sumamente alentadores para ampliar y difundir esta


estrategia. Finalmente, la prueba crítica de cualquier programa está en la
manera como los jóvenes se desempeñen en la escuela, en el trabajo o
en la calle.

LA EVALUACION.

Toda intervención requiere de la evaluación de sus efectos. La conducta


antisocial es definida en base a diversas dimensiones culturales y
jurídicas, por lo que la evaluación de las intervenciones que pretenden
reducirla, también se debe dar en mas de una dimensión.

En el nivel mas amplio, es necesario contar con un registro de


incidencias de comportamiento delictivo por parte de las agencias
gubernamentales y los departamentos de policía. Los datos de esta
estadística descriptiva deberían de abarcar los escenarios de la calle, el
hogar y la escuela. Además, habría que consignar información acerca del
infractor (su ambiente familiar, grado de escolaridad, ficha médica), de su
conducta antisocial (descripción de hechos, grado de peligrosidad, tipo
de delito) y de la agencia que hace el reporte (marco legal, criterios
utilizados, asesorías recibidas).

En el nivel del tratamiento que se pudiera imponer a los menores


infractores, se requiere una aproximación pre experimental con un diseño
pre y post-test, además de el seguimiento de los efectos a mediano y
largo plazo de los programas aplicados como tratamiento. Las variables a
evaluar pueden depender del enfoque utilizado. Son frecuentes las
evaluaciones de diversos rasgos de personalidad mediante pruebas
psicométricas, aunque es posible hacer evaluaciones mas finas a través
de técnicas de observación directa de la conducta, lo que permite el uso
de diseños experimentales que dan a los datos mayor confiabilidad y
generalidad, como sería el uso de diseños de línea base múltiple,
observando la conducta de un solo sujeto en diversos escenarios o la de
varios sujetos en un mismo escenario.

Para conducir estos procedimientos de evaluación es indispensable


contar con personal capacitado, así como otros recursos técnicos y
materiales. Hoy en día, no es posible enfrentar la problemática de la
delincuencia juvenil desde el prejuicio o las buenas intenciones.

CONCLUSION.

Sin la menor duda, la conducta antisocial de los jóvenes representa un


problema complejo y un reto para muchos grupos organizados, que
luchan por mejorar las condiciones de vida de la población en general y
de sus comunidades. No es un problema reciente y por ello, contamos
con alguna experiencia sobre la forma en que se ha enfrentado.
Lamentablemente, los resultados no han sido lo suficientemente
efectivos para darnos por satisfechos. Contamos con poco personal
calificado. Seguimos manteniendo instituciones de custodia donde no se
proporcionan tratamientos especializados, ni se evalúan sus efectos. Hay
muy diversos factores que promueven en los jóvenes la violencia y otras
formas de conducta antisocial, en lugar de promover el comportamiento
socialmente adecuado. En otras ocasiones, más lamentable aún, los
encargados de educar y supervisar a los jóvenes son los directos
inductores de su conducta delictiva, como ocurre con algunos padres de
familia, educadores y policías. A veces este fenómeno se presenta como
un "hecho natural", pero otras veces ocurre como resultado de una
llamada "cultura de la corrupción". A pesar de todo, estos son los ángulos
de la realidad que debemos transformar y la psicología científica ha
demostrado que cuenta con alternativas que nos permiten considerar la
posibilidad de enfrentar el problema con éxito. Así que redoblemos el
esfuerzo y seamos tenaces en nuestro empeño.

MENORES INFRACTORES
Publicado el 27/11/2009 por jacoboreyesmartos

En nuestro sistema educativo cada vez es mayor el número de menores que tienen algún
problema legal y que deben ser atendidos adecuadamente en nuestras aulas. El motivo se
debe a que chicos y chicas que antes no acudían regularmente a clase y que ni ellos ni sus
familias eran adecuadamente supervisados por los sistemas sociales; hoy día sí que se ven
sometidos a un seguimiento por parte de las autoridades que garantice su derecho a la
educación.

Para aproximarnos un poco más a esta situación, y mejorar la calidad de nuestra atención
como profesionales a este alumnado, la Sección de Educativa ha realizado un pequeño
trabajo de carácter divulgativo que nos facilite el conocimiento y mejor comprensión de este
tipo de jóvenes y que desarrollaremos en dos
artículos sucesivos.
En este primero abordaremos los siguientes
aspectos:

           I. CONCEPTO DE DELINCUENCIA


JUVENIL.

           II. FENOMENOLOGÍA DEL MENOR


INFRACTOR.

           III. TIPOLOGÍA DEL MENOR


INFRACTOR.

           IV. DELITOS COMETIDOS POR


MENORES INFRACTORES.

I. CONCEPTO DE DELINCUENCIA
JUVENIL
Por Delincuencia Juvenil se entiende un fenómeno social constituido por un conjunto de
infracciones penales cometidas contra las normas sociales, tipificadas por Ley y cometidas en
un tiempo y lugar determinados, por personas mayores de 14 años y menores de 18.

La Delincuencia Juvenil se entiende como “fenómeno social” porque está íntimamente


relacionada con la sociedad y cultura de cada país, ya que en algunos países no se considera
delito lo que en otros sí lo es; de ahí que esté relacionada con la cultura de cada lugar. Es
decir, en la delincuencia juvenil, el menor infractor lo es en función de las características de la
sociedad y la cultura en la que se encuentra.

II. FENOMENOLOGÍA DEL MENOR INFRACTOR.


Para entender el fenómeno de la delincuencia juvenil y de los menores infractores, se ha
procedido a estudiarlos por medio de tres parámetros generales, los cuales dan lugar a un
conjunto de variables que han correlacionado positivamente con el menor infractor.

Estos tres parámetros generales son las variables generales individuales, las variables
generales microsociales y las variables generales macrosociales.

a) Variables generales individuales.


Este tipo de variables está formado por dos grupos específicos: las variables biológicas
(Biología de la Delincuencia) y las variables psicológicas (Psicología de la Delincuencia).

. Respecto a las variables biológicas que correlacionan positivamente con la delincuencia


juvenil, es decir, las variables biológicas que han aparecido en todos los estudios realizados
con menores infractores, se detectan las siguientes:

 Variables relacionadas con el SNA: en concreto con el sistema de respuestas


emocionales que presentan los menores infractores. Se ha comprobado que la respuesta
emocional de miedo ante situaciones determinadas es menor en los menores que
presentan conductas delictivas que el resto de sus pares, incluso algunos de ellos, si tan
siquiera presentan una respuesta de miedo o ansiedad ante circunstancias ambientas que
normalmente producen este tipo de
respuestas
 Variables relacionadas con el SNC:
se ha comprobado que ciertas anomalías
conductuales (conducta delictiva, por
ejemplo), están relacionadas con traumas
en el SNC, especialmente cuando es el
hipocampo el órgano afectado. También
se ha visto una correlación positiva entre
conducta delictiva de jóvenes y
disfunciones neurofisiológicas localizadas
en la parte anterior del hemisferio derecho
del cerebro. Por último indicar que las
últimos resultados han detectado cierta
correlación con un déficit neurolingüístico,
aunque esta cuestión aún no está
aclarada suficientemente.
 Variables relacionadas con el SN
Motor y Sensorial. El sistema motor se ha
visto correlacionado con estos menores
en el sentido de que presentan
hiperactividad; respecto al SN Sensorial, la correlación se ha detectado en afasia (pérdida
parcial o completa del habla o de la comprensión del habla)y en la dislexia (dificultad para
leer textos). Estos dos déficit de esos dos sistemas, producen deficiencias en el
aprendizaje, lo cual lleva a fracaso escolar; este fracaso escolar está íntimamente ligado a
la delincuencia juvenil, sobre todo en clases sociales desfavorecidas económica y
culturalmente.
 Variables relacionadas con el sistema nutritivo; se ha comprobado que los menores
infractores presentan unos índices de azúcar mucho más elevados que el resto de sus
pares.
Respecto a las variables psicológicas (Psicología de la Delincuencia), se han detectado como
las que más correlación presentan con este fenómeno, las siguientes:

 Inteligencia: todos los tests de inteligencia realizados a menores infractores han


resultado tener puntuaciones inferiores al resto de sus iguales.
En relación a esta variable, hay dos cuestiones que se plantean. La primera cuestión es si la
relación baja inteligencia-delincuencia juvenil podría estar mediatizada por otros factores, en
concreto por la clase social. Es decir, puede que la clase social baja produzca en los menores:
desinterés por la escuela, experiencias sociales y culturales negativas, etc., lo que hace que
se impida un desarrollo normal de la inteligencia; de ahí que estos menores presentan esta
correlación. Esta cuestión ha quedado solucionada, ya que se dispone de estudios que
indican que , aún prescindiendo de la clase social baja, los menores infractores siguen
presentando una inteligencia baja.

La segunda cuestión es de orden causal: ¿la baja inteligencia es causa o consecuencia de la


delincuencia? Hay quien piensa que la baja inteligencia es causa de la delincuencia, ya que
facilita el fracaso escolar y este suele llevar a la conducta delictiva en muchos casos; otros
piensan que es consecuencia, ya que son las deficientes condiciones sociales y culturales las
que favorecen el rechazo a la escuela, con la consiguiente pérdida de aprendizajes y por lo
tanto la poca capacidad de desarrollo de la inteligencia. Al parecer, esta segunda cuestión aún
no ha podido se resuelta.

 Personalidad: respecto a está variable se han realizado múltiples estudios y hasta la


fecha no hay resultados concluyentes sobre si existe un tipo de personalidad distintivo del
joven delincuente; lo que sí se ha concluido es que existen ciertos rasgos de personalidad
que están presenten en los menores infractores, en concreto, “búsqueda de sensaciones”,
y extraversión-psicoticismo. Respecto a “búsqueda de sensaciones”, este rasgo aparece
en todos los jóvenes y hace referencia a un deseo de estimulación constante para
conseguir niveles de excitación elevados. La actividad delictiva es una forma de llegar a
conseguir esa estimulación.
Además de este rasgo de personalidad, también han aparecido variables de personalidad
comunes a estos jóvenes, nos referimos al psicoticismo y la extraversión. Por extraversión
deberemos entender la excesiva sociabilidad, impulsividad y mucho optimismo; pro
psicoticismo, insensibilidad, crueldad, etc. Estos dos variables están relacionadas con los
jóvenes infractores porque favorecen la búsqueda de sensaciones, como antes se ha referido.

Lo importante de esta variable individual es que , cuando se dan estos rasgos y estas
variables, junto con un ambiente favorecedor de infracciones, la posibilidad de estar ante un
menor infractor aumenta estadísticamente.

 Como tercera variable psicológica, tenemos la cognición, entendida como una variable
que media entre las situaciones externas y la conducta delictiva, ya que su función es la de
dar una interpretación de esa situación con la consiguiente conducta. Además, la cognición
también está formada por procesos para relacionarse con los demás y la forma de hacerlo,
lo cual también influye en la conducta delictiva.
Las principales características que presentan los menores infractores en relación a la
cognición son:
1. Un locus de control externo: suelen considerar que el control de las situaciones está
en ellas, en las situaciones, y no en las
personas.
2. Impulsividad: se considera como
variable cognitiva porque es fruto de un
escaso autocontrol, entendido éste como
un falta de previsión de las
consecuencias negativas que acarrea el
actuar sin pensar.
3. Percepción social: entendida como
una falta de capacidad para entender y
aceptar a los demás, es decir, podría
identificarse, en el tema que nos ocupa,
como un déficit de la asertividad y
empatía; esta característica es
especialmente significativa en los
menores infractores porque deteriora
sobremanera el proceso de socialización
secundaria.
4. Déficit en la solución problemas interpersonales: se refiere a que estos menores no
saben qué pasos hay que dar para resolver satisfactoriamente las relaciones
interpersonales.
5. Baja autoestima y bajo autoconcepto.
6. Valores sociales con aceptación de la violencia como medio para resolver algunas
situaciones, es decir, que presentan mucha tolerancia a conducta ilegal.
7. Tendencia a razonar de forma concreta respecto a razonamientos abstractos; esto
hace que su forma de razonar esté más enfocada a la acción en vez de enfocarla a la
reflexión.
b) Variables microsociales.
Son variables que hacen referencia a las relaciones que establece el menor infractor con los
grupos primarios y secundarios de socialización, es decir: la familia, amigos y escuela.

Se ha comprobado que estos menores pertenecen a familias en las que hay un mayor empleo
del castigo como método de disciplina; la comunicación entre los miembros es defectuosa y
con contenidos de rechazo; muchos hogares están rotos; hay una falta de supervisión de los
padres considerable y suelen ser familias numerosas en una gran mayoría de casos.

En los procesos de socialización secundaria, en relación a los amigos, se ha comprobado que


el tener amigos delincuentes aumenta la posibilidad, con creces, de llegar a delinquir; el
motivo es la capacidad del grupo de iguales de servir como modelo a imitar.

El otro gran proceso de socialización secundaria, la escuela, actúa negativamente cuando


produce fracaso escolar o expectativas personales negativas en los menores, llegando éstos a
apartarse de la institución y comenzando itinerarios marginales. A destacar que algunos
jóvenes delincuentes ya presentaban experiencias negativas escolares en los primeros años
de escolarización.

c) Variables macrosociales.
Estas variables son estudiadas por la ciencia que se conoce con el nombre de Criminología
Ambiental o Ecológica, y hace referencia al estudio de las características del ambiente en el
que se comete el delito relacionándolo con el delincuente.

Así, las principales variables macrosociales estudiadas en menores infractores han sido:
1. Las características sociales del lugar: se ha visto que se producen más actos delictivos
en menores en lugares en los que la mayoría de la población es de clase social baja, y más
en centros urbanos que en rurales, aunque en éstos últimos la clase social también sea
baja. Otra característica del aspecto social del lugar, es la religiosidad que existe en la
zona con alta probabilidad de delincuentes. Así, se ha comprobado que, en una zona en la
que no existan normas sociales legales, la delincuencia puede bajar si existe un control
religioso arraigado.
2. Otra de las variables macrosociales estudiadas por la Criminología Ecológica ha sido
lo que se dado en llamar el “aspecto dinámico del delito”, es decir, el “viaje hacia el delito”.
Se ha comprobado que los menores infractores cometen más delitos cuando están más
próximos a su zona de residencia, posiblemente porque tienen más información de estos
espacios sociales y, conforme van creciendo y tomando más confianza en su carrera
delictiva, los delitos se van alejando cada vez más de su zona de residencia.
3. Como última variable ecológica, se ha estudiado la percepción que tiene el menor
infractor del ambiente que le rodea, de tal forma que se ha visto que este menor tiene toda
una imagen interna de su ciudad (o de gran parte de ella), de tal forma que de manera
automática, están analizando su medio ambiente, estableciendo posibilidades de actuación
delincuencial, en tanto el resto de los jóvenes de su misma edad no poseen este “mapa
delictivo” en sus mentes.
III. TIPOLOGÍA DEL MENOR INFRACTOR.
Aunque ya se ha dicho que establecer una tipología con claros perfiles resulta complicado
porque los estudios no arrojan conclusiones claras, sí se han establecido unas tipologías
delincuenciales para poder operativizar el trabajo de los profesionales.

Estas tipologías las establece la Criminología en función de las variables estudiadas


anteriormente, y son las siguientes:

1. Menores que presentan anormalidad patología: aquí hay que incluir a:

 Menores delincuentes con rasgos psicopáticos de personalidad : se trata de menores


que tienen dificultad para sentir afecto, ni simpatía, ni calor humano; utilizan a los demás
en su propio beneficio; no manifiestan ningún arrepentimiento o este es superficial y
pasajero; así mismo tienen una alta dificultad para aprender de las consecuencias de su
propia conducta.
 Menores delincuentes neuróticos: su psiquismo está perturbado por circunstancias
sobrevenidas: fracasos escolares, frustraciones, pérdidas de seres queridos, etc.
 Menores infractores por referencias subliminadas de la realidad: por predisposiciones
psicobiológicas, estos menores mezclan sus fantasías con la realidad, y en este estado es
cuando comenten los delitos.
2. Menores que presentan anormalidad no patológica:

 Menores con trastorno antisocial de la personalidad: hiperactivos, excitables, falta de


sentimiento de culpa, fracaso escolar, etc. La principal causa de esta patología es la
ausencia de una figura materna o la desfiguración de ésta, así como la infravaloración del
rol paterno. El proceso de socialización primaria es muy defectuoso.
 Menores infractores con reacción de huida: son menores que han sufrido o sufren
maltrato en el hogar y se escapan, siendo fácilmente captados por grupos organizados de
delincuentes, que es donde se sienten queridos.
3. En la tercera categoría tipología, se incluyen a todos los menores cuya personalidad es
normal; son menores que su entorno no tiene por qué producir alteraciones de ningún tipo.
Esta categoría incluye la mayor parte de los menores. Este grupo está formado por los que
llevan a cabo acciones de :
 Vandalismo: ataques al mobiliario urbano y privado; parece que es debido a problemas
en el desarrollo de la
preadolescencia y adolescencia.
 Pequeños hurtos, robos, etc.,
por motivos de autoafirmación
personal frente a los compañeros.
 Los que cometen delitos contra
el patrimonio o agresiones
sexuales: son incapaces de resistir
a sus estímulos seductores.
 Los que delinquen para
satisfacer sus apetencias
consumistas.
IV. DELITOS COMETIDOS POR
MENORES INFRACTORES.
Respecto a esta cuestión, se ha
comprobado que:

 Los chavales de 14 años


comenten principalmente delitos de
robo con fuerza y con violencia o
intimidación.
 Entre los 15 y los 18 años, la sustracción de vehículos y los robos con violencia e
intimidación.
En general, todo el grupo presenta los siguientes delitos:

 Delitos contra personas, 


 Delitos contra la salud pública,
 Delitos contra el patrimonio.
En Andalucía, según el último estudio de la Consejería de la Presidencia sobre la “Realidad
Social: Análisis de la Delincuencia en Andalucía”, los principales delitos cometidos por los
menores son contra la propiedad y muy de cerca, los delitos y faltas contra las personas.

BIBLIOGRAFÍA