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Procesos culturales cubanos

Licenciatura en Periodismo

Estudiante: María Carla Delgado Rosell

La conformación de la sociedad criolla, tras la conquista y colonización hispana


en el siglo XVI, constituyó un proceso de integración etno-cultural en el que
intervinieron el aborigen, el europeo y el africano como principales
componentes sociales.

En Cuba las comunidades aborígenes contaban con niveles de desarrollo


socioeconómico diferentes. Una de ellas, la llamada Preagroalfarera, basaba su
subsistencia en la caza menor, la pesca costera y la recolección. Por otra parte,
la Agroalfarera, además de practicar las actividades productivas básicas, se
dedicaba a la siembra y el procesamiento de la yuca para elaborar el casabe, así
como a confeccionar objetos de cerámica y tejidos de fibras textiles. Sin
embargo, el desarrollo que poseía este último grupo alcanzaba la cúspide en su
organización social. Esto se debía no solo a la división del trabajo según sexo y
edades, sino también a la presencia de figuras prominentes como lo eran el
cacique, responsable de gestionar la vida colectiva; y el behique, encargado de
curar a los enfermos y dirigir las actividades ceremoniales.

A su llegada a la Isla en 1492, el navegante Cristóbal Colón encontró un pueblo


en estado de desarrollo insipiente, inferior en gran medida a otros del continente
americano; aun así, fue considerado por este como “la tierra más bella que ojos
humanos han visto”. Pero no fue hasta 1510 que se inició el proceso de
conquista y colonización española por Diego Velázquez, en cuyas
embarcaciones arribaron personas de las capas media de la sociedad en busca de
riqueza fácil. Dentro de los grupos emigrantes se encontraban asimismo los
hidalgos, hijos segundos que no tenía derecho a heredar el patrimonio familiar.
Se produjo de esta manera un choque demoledor entre ambas culturas. Esto
provocó una interrupción violenta en la vida de los aborígenes, a quienes
despojaron de familias y tierras de cultivo para concentrarlos en lavaderos de
oro. A pesar de las extenuantes jornadas de trabajo, tanto en labores mineras
como agrícolas, los alimentaban con casabe y agua en raciones insuficientes.
Tales explotaciones fueron el detonante de la rebeldía aborigen, la cual se
materializó en tres importantes sublevaciones: la del cacique Hatuey, la de los
“indios cayos”, y la del cacique Guamá.

Entre matanzas injustificadas, hambrunas y enfermedades la población aborigen


disminuyó significativamente, aspecto que limitó la posibilidad de que estas
comunidades aportaran más elementos étnicos y culturales a la formación del
criollo. En cambio, algunas de sus costumbres como el uso de hamacas, el baño
diario, el consumo de frutas y gran variedad de ritos de purificación
consiguieron sobrevivir hasta nuestros días.

A partir de la segunda mitad del siglo XVI los africanos llegaron a Cuba como
fuerza de trabajo en labores mineras, agricultura y construcciones. Fueron una
emigración traída por la fuerza y al principio solo constituían una minoría, pero
con tendencia a crecer a medida que disminuía la población aborigen.

Todas estas culturas fueron mezclándose en un largo proceso integrador y


desintegrador, lo que dio paso al nacimiento del personaje central de la nueva
sociedad colonial: el criollo.

A propósito de ello, el sociólogo y etnólogo Don Fernando Ortiz, considerado


por Juan Marinello como el Tercer Descubridor de Cuba, afirmó que “(…) en
todo momento el pueblo nuestro ha tenido, como el ajiaco, elementos nuevos y
crudos acabados de entrar en la cazuela para cocerse; un conglomerado
heterogéneo de diversas razas y culturas, de muchas carnes y cultivos, que se
agitan, entremezclan y disgregan en un mismo bullir social; y allá en lo hondo
del puchero una masa nueva ya posada, producida por los elementos que al
desintegrarse en el hervor histórico han ido sedimentando sus más tenaces
esencias en una mixtura (…)”.

Para definir todo este proceso de intercambio cultural el propio Don Fernando
Ortiz, en su libro Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, utilizó el
neologismo transculturación. Con él logró sobreponerse al concepto de
aculturación, que sustentaba la idea del tránsito de una cultura a otra.

“(…) transculturación es vocablo más apropiado para expresar los variadísimos


fenómenos que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de
culturas que aquí se verifican, sin conocer los cuales es imposible entender la
evolución del pueblo cubano, así en lo económico como en lo institucional,
jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico, psicológico, sexual y en los
demás aspectos de su vida”.

Dicho término significó una revalorización de las culturas consideradas


primitivas e inferiores por los poderes centrales y, sobre todo, constituyó una
defensa del rico patrimonio cultural de Latinoamérica y el Caribe.

Una serie de trasformaciones económicas, políticas y sociales tuvieron lugar


desde finales del siglo XVIII. Comenzaron a formarse entonces ideas políticas
que reflejaban los intereses de las distintas clases sociales y sus posiciones con
respecto a la metrópoli (Reformista, Independentista, Abolicionista,
Anexionista). Pero el punto culminante del proceso de creación de la
nacionalidad y la nación cubana fue exactamente en 1868, cuando se logró
establecer un gobierno propio con una constitución, himno, bandera y escudo.

Durante la Guerra de los Diez Años los cubanos lucharon ferviente con el
objetivo de alcanzar la independencia y la abolición de la esclavitud. De tal
manera se consolidó gradualmente el sentimiento nacional y afloraron un
conjunto de valores, tradiciones patrióticas y combativas.
La identidad cubana es algo sólido que se ha ido enriqueciendo con el devenir
histórico de la nación. Esta, lejos de ser un sistema cerrado, se ha nutrido de
otras costumbres sin que ello haya significado el sacrificio de las nuestras. Cuba
toda es un mestizaje de razas y culturas; por tanto, nuestro pueblo no será jamás
“un guiso hecho, sino una constante cocedura”.

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