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Argumentación del artículo de Hannah Arendt respecto a los problemas que

la conceptualización de los “derechos del hombre” conlleva. A partir del artículo


de Jürgen Habermas “Tres modelos de democracia”, evalúa ¿Cuál de estos
modelos resolvería mejor los problemas planteados por Hannah Arendt?

Hanna Arendt en el contenido estudiado, que hace parte de la obra Los orígenes del
totalitarismo, escrito por la autora en 1951; en él plantea los problemas surgidos a raíz de las
revoluciones liberales, y más específicamente con la implementación de la Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano, pues esta si bien es cierto ha constituido un importante
avance en el reconocimiento de la dignidad humana; pero de cierta porción de la humanidad, pues
otorga esta calidad de ser digno de reconocimiento de derechos únicamente a los ciudadanos; a la
vez, la idea de ciudadanía se alimenta de aquella de la Nación – Estado, que tomaba sus bases en la
vieja idea de la trilogía Estado-pueblo-territorio. Estas ideas dejan fuera a gran parte de la
población, siendo el ejemplo más claro de esto, por ejemplo, el impedimento del voto femenino,
en referencia al ejercicio de los derechos políticos; en cuanto a la idea de Nación – Estado, la
autora expone la realidad de la Europa entreguerras del siglo XX, en la cual se hace patente lo
ilusorio de dicha idea.
Entonces, Arendt expone la experiencia europea, por la cual el grupo de países ganadores
de la Primera Guerra Mundial se reúnen y dictan una serie de tratados, por los cuales en primer
término se crean estados a raíz de la caída de la Monarquía dual y del Imperio zarista, ante el
vacío de poder dejado por ellos; y de otra parte se realizan asimismo los llamados “tratados de
minorías”. En las mesas de trabajo de la construcción de dichos tratados, sin embargo, no se
sientan todos los actores (ni siquiera un número mínimo) que van luego a ver y vivir la
aplicación de dichos instrumentos. De este modo, de un lado los gobiernos toman líneas de
acción, según la integración de las minorías haya sido más o menos fácil, más o menos
conflictiva o colaborativa en la sociedad. Pero, más allá de ello, lo que destaca la autora es el
hecho de que ante la imposibilidad de integrar a las minorías, a quienes por los tratados se les
otorgaron estatus especiales, en una nueva sociedad que requería al momento, la consolidación
del poder de los Estados – naciones, y, en ese camino, es que aparte de la imposición por la cual
se dio la protección a las minorías, poco a poco, se volvió lo más fácil, por estar más a la mano,
el relevar del carácter de ciudadanos de un país, a grupos enteros de la población.
Formaban parte de esas minorías, grupos tan dispares como los alemanes, los judíos, los
armenios, los gitanos, los eslovacos, los eslovenos, etc., y no se encontraban concentrados en un
solo territorio o región, sino que se hallaban dispersos por toda Europa. Se produjo entonces una
verdadera crisis que hoy llamaríamos humanitaria, donde grandes grupos de la población
Europea, se hallaron sin patria, sin derechos, sin amparo; incluso, pone un ejemplo muy
ilustrativo al comparar a los apátridas con los delincuentes, en donde sale a la luz que incluso
estos segundos, pasan a tener derechos que el apátrida no, entre ellos de los más importantes, el
de la residencia, que en cambio es el más esquivo para los sin patria, pues estas personas, sin
papeles, sin ciudadanía se encontraban desamparados por todos los Estados. En este sentido, en
los países donde luego surgió el totalitarismo, esto tuvo su base en el hecho de que nadie
reclamaba por los derechos de estas minorías; es decir, si en un ejercicio de poder concentrado
decido construir campos de concentración para cierto segmento de la población, nadie va a
reclamar al Estado por esto, porque tampoco nadie quiere “hacerse cargo” de estas personas.
Ahora, vistos los problemas que se dieron en la aplicación de los Derechos del Hombre y
siguiendo las propuestas del texto de Habermas, considero que, la primera, la del Estado liberal,
se descarta porque justamente es la que ha sido expuesta por Arendt; en cuanto, al modelo
político republicano, me parece llamativo o importante por el hecho de que sienta las bases para
que la sociedad se organice en torno a un compromiso nacido de la ética del individuo de
construir un bien común, que le resultaría más beneficioso que el solo perseguir la protección de
los derechos individuales (liberalismo). Pero, surge esta tercera propuesta, llamada democracia
deliberativa o discursiva, y se fundamenta en la necesidad de una construcción permanente de
compromisos sociales, a través de la edificación de una opinión pública independiente.
Pienso que la propuesta de Habermas habría permitido resolver de mejor manera los
problemas que expone Arendt, pues, en el fondo de lo que se trata es de la legitimidad de los
sistemas y de las normas. De las propuestas del autor, al estar centrada en el diálogo y el poder
de comunicación frente al poder del Estado o al sistema administrativo. Habría llevado,
seguramente más tiempo, pero con seguridad no habría devenido en los sistemas totalitarios que
constituyeron el germen de la Segunda Guerra Mundial.
En esta propuesta tiene crucial importancia el fortalecimiento de la sociedad civil y
dentro de ella de diferentes asociaciones u organizaciones que permiten poner sobre el tapete de
discusión las distintas necesidades de muy diversos grupos de una sociedad. Además, la
democracia deliberativa, al hacer de la discusión el medio primario de construcción de normas y
de control político, permite ir tomando mano de la evolución histórica propia del o los pueblos
que cohabiten en una nación, y por supuesto, de otros segmentos de la sociedad; esto, a
diferencia de lo que ocurrió en la Europa entreguerras, en la que se impuso normativa que no
satisfizo ni a los Estados ni a los grupos supuestamente protegidos.

María Cecilia Vivanco Araujo.


2020.

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