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El poder de la oración

La fuente de nuestro estrés viene de nuestros problemas, de nuestra vida cotidiana. El mundo cada vez
se hace más convulsivo a medida que pasan los años. En estos tiempos padecemos de crisis economicas,
enfermedades, y violencia, pero este es el motivo principal para aferrarse al poder de la oración.

La oración es la puerta abierta de comunicación con Dios, esto bíblicamente podemos verlo en el
ejemplo más impactante para los cristianos que es la crucifixión. Jesús sabía que se enfrentaba a
torturas terribles y a la muerte, pero horas antes Jesús oró y aun sabiendo quien era, tuvo un gran
temor

.Mateo 26:38-39

38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo

39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible,
pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

El poder de la oración se ve en toda la biblia, Elías oró fervientemente hasta ver la lluvia. En momentos
de angustia se nos enseña lo escrito en Filipenses 4:6-7 “No se inquieten por nada; más bien, en toda
ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”

Confianza en Dios

La confianza en Dios es el primer pilar de la fe. No importa cuanto nos esforcemos, si no lo hacemos con
la confianza en el poder de Dios nuestra fe no dará ningún tipo de fruto. Cuando oramos y hablamos con
Dios teniendo conciencia de su poder lo correcto es depositar nuestras angustias en su poder de acción.
¿Y donde puedo ver esto? Dios ejerce su voluntad y su poder, esto lo explican de forma clara en el
versículo 1 corintios 4:20 “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.” y en 1 Juan
5:14 “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él
nos oye.”
Un joven leñador y una lección de vida

Un joven llegó a un campo de leñadores para solicitar trabajo. Al verlo el empleador sin dudar lo aceptó,
puesto que era un joven de apariencia fuerte. Le dijo que podría comenzar al día siguiente.

En su primer día de trabajo, aquel joven cortó muchos árboles. En el segundo día la producción fue
menor, a pesar de que el esfuerzo fue igual que en el primero.

Al tercer día el joven se esforzó más, golpeando con toda su fuerza el hacha en el árbol, sin embargo, su
trabajo produjo menos que el segundo.

El encargado, al notar que su rendimiento había bajado, le preguntó que cuando era la última vez que
había afilado su hacha. El joven le confesó que estaba tan empeñado en su trabajo que no había tomado
tiempo para afilarla.

En la vida cristiana muchas veces nos sucede la situación de este joven. Vivimos sumergidos en los
afanes terrenales, preocupados por el trabajo, la comida, los recibos por pagar, etc. Tanto que nos
olvidamos de tomar un espacio para las cosas espirituales.

¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

Cada día, antes de empezar tus afanes, toma tiempo para orar, estudiar la biblia, escuchar un sermón,
cantar a Dios, etc. Cualquier cosa que te conecte con Dios, y él te de la fuerza necesaria para enfrentar
las preocupaciones y los desafíos de tu vida. Si lo haces verás que tus esfuerzos serán más productivos.

…El Señor estará con ustedes, siempre y cuando ustedes estén con él. Si lo buscan, él dejará que ustedes
lo hallen; pero si lo abandonan, él los abandonará. 2 Crónicas 15:2

Una frase dice: «El esfuerzo humano más el poder Divino es igual a ÉXITO». Si tus planes cuentan con la
bendición de Dios no dudes que serán exitosos. Pero si olvidas poner a Dios en primer lugar, pronto tus
esfuerzos se verán inútiles.

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