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4 Montes – La Presencia de Dios

Debemos entender que, como hijos de Dios, estamos llamados a estar en la presencia de ÉL.
Bíblicamente el monte representa la presencia de Dios.

Y hoy quiero compartir con ustedes cuatro montes que debemos subir en nuestra vida
constantemente para poder conocer y disfrutar de nuestro Dios. Mucha gente quiere subir al monte,
pero sin pagar ningún tipo de precio, muchísimas personas quieren disfrutar de las vistas que ofrecen
las cimas de los montes, pero tienen pereza de caminar y escalar en algunas ocasiones. No les queda
más opción que conformarse con lo que los demás cuentan de esta experiencia y terminan haciendo
preguntas como:

¿Qué se ve desde arriba?, ¿Es bonito?, ¿Qué tal es la experiencia?

Así mismo pasa con la presencia de Dios, muchos quieren disfrutar de la presencia de Dios, pero
pocos están dispuestos a pagar el precio para poder entrar y disfrutar de esa presencia.

1.El monte del llamamiento – Monte Sinaí o Monte Horeb Éxodo 3:1-6

En este Monte llamado Sinaí o también conocido como Monte Horeb, Moisés tuvo una experiencia
que transformó su vida, fue el lugar y el momento en que Dios lo llamo para decirle claramente que
tenía un propósito con él. Desde ese momento en varios capítulos del libro del Éxodo leemos que
Moisés cada vez que necesitaba o quería ir a la presencia de Dios, tenía que subir al monte para
tener ese encuentro con Dios.

Moisés entendió que Dios tenía un propósito con su vida y tuvo claro el llamamiento que Dios le hizo
en ese preciso instante, llamamiento único para sacar a su pueblo de la esclavitud del imperio egipcio,
hacia una libertad y en búsqueda de la tierra prometida. En el Versículo 4 vemos que cuando la zarza
ardiendo le llamo por su nombre: «Moisés, Moisés», este hombre no salió corriendo, simplemente
respondió: «Heme aquí«.

Si nosotros nos ponemos en la situación y nos encontramos solos en una montaña y de repente nos
encontramos con un árbol o planta ardiendo en fuego y nos llama por nuestro nombre, muy
dudablemente nos quedemos allí esperando a que nos va a decir dicha planta en fuego, ¡lo más
probable es que saldríamos corriendo por la situación tan extraña!

Este monte es importante tenerlo claro en nuestra vida, debemos comprender la importancia de subir
todos los días al monte del llamamiento de mi vida. Nosotros como hijos de Dios no podemos olvidar
algo tan importante como lo es “El llamado de Dios en mi vida”

Lamentablemente muchos hijos de Dios, por circunstancias, por pruebas, por dificultades, por el
pecado o por el enemigo, terminan olvidando el llamado de Dios para sus vidas. Terminan ignorando
aquellas promesas que Dios les dio, promesas de bendición, promesas de respaldo, promesas de
sanidad, promesas de unción, etc.

Este es un llamado a qué subas constantemente al Monte del Llamamiento y le digas cómo Moisés:
«Heme aquí«. «Aquí estoy Dios, No olvido tu llamado y entiendo que soy un ungido tuyo, por lo cual
quiero vivir como tal, apartado para tu firme propósito en mi vida».
2.El Monte del Sacrificio – Monte Moriah - Génesis 22:1-5

El monte del sacrificio nos recuerda, que, para ser ese siervo de Dios, debemos pagar un precio.
Debemos sacrificar cosas como lo son horas de sueño, horas mal invertidas en las Redes sociales, en
Netflix, en YouTube, entre otras cosas.

Aquí Dios le habla a Abraham para probarlo y la respuesta de Abraham fue la misma que la de
Moisés: “Heme aquí” Y le pide que sacrifique a su hijo Isaac, su tan anhelado y esperado hijo, el hijo
de la promesa. Este monte nos recuerda, que nosotros debemos tener claro que Dios es mi prioridad
total y que debemos demostrárselo constantemente, así como Abraham estaba dispuesto a entregarle
a su hijo amado, nosotros debemos pagar el precio para ser siervos de Dios, para ser discípulos de
Jesucristo.

Debemos subir el monte del sacrificio todos los días, demostrándole a Dios que estamos dispuesto a
esforzarnos, siendo radicales en nuestras decisiones y caminar hacia delante con nuestra vista en el
supremo llamamiento en Cristo Jesús.

Aprender a dedicarle tiempo a la búsqueda de Dios y para ello muchas veces tendremos que
sacrificar tiempo o actividades que nos gustan. ¿pero sabe que vale la pena?

Porque en el Monte, Dios es capaz de convertir una situación difícil, en una situación favorable
para ti.

3.El monte de la transformación – Monte Tabor Lucas 9:28-36

Este monte me es necesario para poder cambiar, para permitir que la presencia de Dios transforme mi
vida. Hay hábitos y costumbres con las que batallamos día a día, por otro lado, tenemos los deseos
de la carne, pensamientos que no edifican y no convienen. Es en la presencia de Dios cuando hay un
cambio verdadero en mi vida, es a través de la palabra de Dios que se renueva mi lenguaje, mi forma
de pensar y de actuar. Donde mi espíritu se fortalece y toma el control de mi vida, donde aprendo a
desarrollar el Dominio propio en mí.

Es en esa búsqueda de su presencia, donde le permito a Jesús pilotar y tomar el rumbo de mi vida,
donde podemos morir al viejo hombre a mi «yo» y lo enterramos con sus viejas y malas costumbres.
Es a través de este monte donde nuestro rostro refleja que estamos en la presencia de Dios. Donde
nuestra paz y descanso son notorios en nuestro estado físico, en nuestras emociones, en nuestra
mente y todo nuestro ser (Espíritu, alma y cuerpo).

Versículo 29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco
y resplandeciente. Si queremos que haya un cambio en nuestra vida, en un área específica, con
mayor frecuencia debemos subir a este monte. Es tan notorio los resultados de este monte, que los
demás quedan maravillados como le pasó a Pedro, Juan y Jacobo, con la transformación del Señor
Jesús.

4.El Monte de la Unción – Monte de los Olivos

Y por último y no por eso menos importante, tenemos el monte de la Unción, llamado así, ya que es el
Monte de los Olivos, donde extraían el aceite más puro y lo apartaban para ungir. Si queremos vivir
una vida diferente al resto de las personas, respaldados de una manera sobrenatural por el poder del
Espíritu Santo, sintiendo que Dios está con nosotros y no solo para beneficio nuestro, sino para toda
una generación, para todo nuestro entorno, entonces es obligatorio subir este monte en su vida
también frecuentemente.

La cima del monte de los Olivos ofrece sin duda la perspectiva más encantadora de la Ciudad Santa
«Jerusalén»: desde allí y a simple vista es posible contemplarla en todo su esplendor. Los olivos que
desde hace milenios crecen en las laderas del Monte le han dado el nombre que lo identifica hasta el
día de hoy. Con todo, la tradición judía lo conoce también como el «Monte de la Unción», porque los
reyes y los sumos sacerdotes eran ungidos con el aceite obtenido de sus olivos.

S. Lucas 21:37 A qué iba el Señor Jesús al monte de lo olivos? A orar. Si usted quiere disfrutar de los
beneficios del monte de la Unción, debe cultivar una vida de oración.

En conclusión, los montes están allí para que nosotros los subamos y tengamos una vida de
intimidad con Dios, y los frutos de esa intimidad, de esa relación, ¡de esa comunión sean notorios es
cada una de nuestras áreas!
Éxodo 3:1-6: Cierto día Moisés se encontraba apacentando el
rebaño de su suegro, Jetro, quien era sacerdote de Madián.
Llevó el rebaño al corazón del desierto y llegó al Sinaí, el monte
de Dios. 2 Allí el ángel del Señor se le apareció en un fuego
ardiente, en medio de una zarza. Moisés se quedó mirando lleno
de asombro porque aunque la zarza estaba envuelta en llamas,
no se consumía. 3 «Esto es increíble—se dijo a sí mismo—.
¿Por qué esa zarza no se consume? Tengo que ir a verla de
cerca». 4 Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba para
observar mejor, Dios lo llamó desde el medio de la zarza: —
¡Moisés! ¡Moisés! —Aquí estoy—respondió él. 5 —No te
acerques más—le advirtió el Señor—. Quítate las sandalias,
porque estás pisando tierra santa. 6 Yo soy el Dios de tu padre,
el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Cuando
Moisés oyó esto, se cubrió el rostro porque tenía miedo de mirar
a Dios.

Génesis 22:1-5: Tiempo después, Dios probó la fe de Abraham.


—¡Abraham! —lo llamó Dios. —Sí—respondió él—, aquí estoy. 2
—Toma a tu hijo, tu único hijo—sí, a Isaac, a quien tanto amas—
y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda
quemada sobre uno de los montes, uno que yo te mostraré. 3 A
la mañana siguiente, Abraham se levantó temprano. Ensilló su
burro y llevó con él a dos de sus siervos, junto con su hijo Isaac.
Después cortó leña para el fuego de la ofrenda y salió hacia el
lugar que Dios le había indicado. 4 Al tercer día de viaje,
Abraham levantó la vista y vio el lugar a la distancia. 5
«Quédense aquí con el burro—dijo Abraham a los siervos—. El
muchacho y yo seguiremos un poco más adelante. Allí
adoraremos y volveremos enseguida».

Lucas 21:37 Cada día Jesús iba al templo a enseñar y cada


tarde regresaba a pasar la noche en el monte de los Olivos.

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