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Biografía de Fritz Perls

Friedrich (Fritz) Perls nació en Berlín en 1893. Fue estudiante de medicina, pero poco antes de que
comenzara la Primera Guerra Mundial interrumpió sus estudios. No obstante, aunque a la edad de
21 años se alistó en la Cruz Roja, esto no fue obstáculo para que prosiguiera con sus estudios. Así,
en 1920 obtuvo el doctorado en Medicina y se especializó en Neuropsiquiatría.

Tres años más tarde, Fritz comienza su andadura como trotamundos y realiza una serie de viajes
(por ejemplo a Estados Unidos) con el fin de expandir sus conocimientos respecto a su nueva
profesión. En 1926 conoce a Karen Horney, con quien compartirá una estrecha relación. Gracias a
ella, se interesa por el Psicoanálisis y comienza a estudiarlo en distintos centros e institutos,
convirtiéndose así en psicoanalista. Por tanto, Fritz se interesó en la psicología psicoanalítica,
aunque más adelante, en contraposición al psicoanálisis, Fritz creó la Terapia Gestalt.
Su vida en Sudáfrica junto a Laura Perls

En el año 1930, se casa con Laura Posner, más tarde conocida como Laura Perls. Debido al régimen
de Hitler y la Alemania Nazi, en 1933, decide emigrar a Johannesburgo (Sudáfrica). Allí fundó el
Instituto Sudafricano de Psicoanálisis; en 1942 publicó su primer libro, “Ego, Hambre y Agresión”;
y desde 1942 hasta 1946, trabajó como psiquiatra en el ejército de Sudáfrica.
Viaje Estados Unidos y la consolidación de la Terapia Gestalt

En 1946, se mudó con su familia a Nueva York donde trabajó durante un tiempo con Wilhelm Reich
y Karen Horney, pero al poco tiempo empezó a trabajar con Paul Goodman en Manhattan. Junto a
éste y junto a Ralph Hefferline, publicó el libro “Terapia Gestalt: Excitación y Crecimiento de la
Personalidad Humana” basado en las investigaciones y datos clínicos de Fritz Perls.

En 1951 fundó el Instituto Nueva York para la Terapia Gestalt y empezó a formar a los psicólogos
interesados por su modelo terapéutico. Es entonces cuando Fritz difunde sus ideas por Estados
Unidos y comienza a realizar seminarios y talleres por distintos países del mundo.

En 1964, Fritz Perls se trasladó a California para enseñar la Terapia Gestalt como forma de vida
más que como un modelo de terapia en el Instituto Esalen de California, con el que se asoció, y
Laura Perls asumió la dirección del Instituto de Nueva York. En 1969 se trasladó a Canadá y
estableció una comunidad para terapeutas. El 14 de marzo de 1970 murió en Chicago.
Contribución de Fritz Perls a la psicología. Fritz Perls, de acuerdo a la mayoría de postulados de la
psicología Gestalt, desarrolló una terapia propia: la Terapia Gestalt.

Max Wertheimer: biografía de uno de los fundadores de la teoría Gestalt

Existen muchas corrientes dentro de la psicología, y la Gestalt es una de las más importantes, con
más de un siglo de existencia.

En esta ocasión nos centraremos en la vida de uno de los creadores de esa escuela, Max Wertheimer,
repasando sus episodios vitales más importantes, las publicaciones e investigaciones que más
repercusión tuvieron sobre otros autores, y otros eventos de interés.

Breve biografía de Max Wertheimer

El autor Max Wertheimer nació en el año 1880 en la ciudad de Praga, por aquel entonces
perteneciente al Imperio Austro-Húngaro. Pertenecía a una familia acomodada de origen judío. Su
padre, Wilhelm Wertheimer, era docente y economista. Por su parte, Rosa Zwicker, su madre, había
gozado de los privilegios de una educación de élite. El matrimonio contaba con otro hijo, Walter,
además de Max.

Por lo tanto, el ambiente educativo en casa de los Wertheimer era óptimo para el desarrollo de los
pequeños. Se promovía un ambiente intelectual y de debate, incluso de índole político y filosófico.
También se les proporcionó tanto a Walter como a Max una formación clásica y musical. Desde una
edad muy temprana, ya leían a autores como el filósofo Baruch Spinoza.

En cuanto a la educación reglada, Max Wertheimer asistió un colegio de los escolapios, y por lo
tanto católico, a pesar de ser judío, algo que era relativamente habitual en estos países. Tras finalizar
las primeras etapas de su formación, asistió al Royal Imperial New City, antes de ingresar en la
universidad.

Aunque en un primer momento se matriculó en derecho, en la Universidad de Praga, más tarde


decidió centrarse en lo que realmente le interesaba, que era la filosofía y el comportamiento del ser
humano, es decir, la psicología, por lo que decidió trasladarse a la Universidad de Berlín para
formalizar esos estudios.

Así tuvo la oportunidad de compartir institución con toda una generación de futuras figuras de la
psicología y otros campos, entre los que se encontraban, aparte del propio Max Wertheimer, otros
como el etnomusicólogo, Erich von Hornbostel, o los psicólogos experimentales, Georg Elias
Müller, Friederich Schumann y Carl Stumpf.

Max continuó su formación, esta vez en la universidad de Würzburg, donde realizó su tesis
doctoral, estudiando el polígrafo, o detector de mentiras, y sus posibles aplicaciones para evaluar la
credibilidad del testimonio.

El comienzo de su carrera profesional

Ya como doctor, Max Wertheimer comenzó a ejercer la docencia y la investigación. Comenzó


trabajando en un instituto de Frankfurt para después trasladarse a la universidad de esa misma
ciudad. Desde 1903 hasta 1916, desarrollaría su carrera en esta región de Alemania. Durante esa
etapa también fue llamado a filas para combatir en la Primera Guerra Mundial, alcanzando el grado
de capitán.

La segunda etapa en su vida profesional tuvo lugar en el Instituto Psicológico de Berlín, en el que
pasaría nada menos que 13 años. A lo largo de esos años, conoció a Anna Caro, con la que se casó y
tuvo cuatro hijos. El matrimonio comenzó en 1923 y terminó en 1942, fecha en la que se
divorciaron.

En cuanto a su trabajo en Berlín, se prolongó hasta que en 1929 consiguió una plaza de profesor en
la Universidad de Frankfurt, por lo que regresó a esa institución. Max Wertheimer impartió clases
en esta institución, mientras continuaba algunas de las investigaciones que había iniciado en la
Universidad de Berlín y que supondrían el inicio de la psicología de la Gestalt.

Pero, en el año 1933 ocurrió algo que marcaría, no solo su vida, sino la de la mayoría de personas
de Europa, y prácticamente del mundo. Los nazis llegaron al poder en Alemania.
Exilio a Estados Unidos

Max Wertheimer era consciente de que, proviniendo de una familia judía, su figura como profesor e
incluso como ciudadano, estaba a punto de ser puesta en entredicho en la Alemania nazi. Por lo
tanto, tomó la determinación de abandonar Europa, rumbo a Estados Unidos, gracias a las
facilidades que el consulado de este país en Praga dio a muchos emigrantes.

Así fue como, en septiembre de 1933, Max Wertheimer y su familia llegaron a Nueva York. A todos
los efectos, se convirtieron en ciudadanos estadounidenses, por lo que desde ese momento, contó
tanto con esa nacionalidad como con la alemana, que era la de su tierra natal.

Además, gracias a la trayectoria profesional que había acumulado, no tuvo problema para
reincorporarse de nuevo como docente, esta vez en la New School for Social Research, que sería el
lugar donde desarrollaría el resto de su carrera. Otros de los pioneros de la psicología de la Gestalt,
como Kurt Koffka y Wolfgang Kölher, también habían emigrado a América.

En su nueva etapa en los Estados Unidos, estuvo en estrecho contacto tanto con dichos autores
como con otros que se mantuvieron en Europa.

Pensamiento productivo y últimos años

La salud de Max Wertheimer estaba seriamente comprometida, por lo que, desde que tuvo que
abandonar Alemania, con 53 años, solo iba a vivir una década más en su nuevo país. Durante esos
años, además de ejercer como profesor y retomar sus investigaciones, se dedicó a preparar la que
sería su única obra, titulada "Pensamiento productivo".

Este volumen estaba pensado para explicar los procesos de pensamiento desde la perspectiva de la
psicología de la Gestalt, de la que Max Wertheimer era uno de los creadores. Él distinguía entre el
pensamiento productivo y el reproductivo. Mientras que el primero representaba la capacidad
mental para generar ideas nuevas, el otro es el encargado de la repetición de datos ya existentes en
el cerebro.

Para generar pensamiento productivo, se parte de los conocimientos que el sujeto tiene
almacenados. A partir de esos datos, se realiza un razonamiento que da lugar a esas nuevas ideas
que no existían previamente en su mente. Max Wertheimer utilizaba los principios de la lógica
clásica para poder entender cualquier cuestión hasta su nivel más profundo.

Igualmente, afirmaba que, según el pensamiento productivo, no era una buena idea seguir normas
cerradas de una manera obstinada para tratar de llegar a la resolución de un problema, pues en
ocasiones pueden llegar a ser en mayor medida un impedimento que una ayuda para dicho fin.

Los postulados que Max Wertheimer dejó en su obra, Pensamiento productivo, siguen siendo de
gran relevancia en nuestros días en cuestiones relativas a la generación de esquemas de
conocimiento.

Esta fue la última gran aportación de este autor, antes de fallecer finalmente en el año 1943, justo
después de publicar dicho libro. La causa de la muerte fue un infarto. Tenía 63 años.

Max Wertheimer y la Gestalt

Pero, sin duda, la reputación de Max Wertheimer está ligada a la fundación de la escuela
psicológica de la Gestalt. El fundamento de esta corriente es que la percepción utiliza unos
mecanismos para reconocer automáticamente patrones en conjuntos de elementos simples.
Básicamente, estos patrones se pueden basar en la proximidad de dichos elementos, en su
semejanza, en la continuidad que tienen, en función de la figura que crean respecto al fondo o si
generan un cierre.
La primera vez que Max Wertheimer pensó en estos términos fue en 1910, época en la que enseñaba
en la ciudad de Frankfurt. Se encontraba realizando un viaje en tren cuando se percató de la forma
en la que percibía y agrupaba sin pensarlo determinados estímulos visuales. Ese fue el origen de una
de las corrientes más importantes de la psicología.

Otro de los principios que estableció para la Gestalt es que el resultado final que genera el conjunto
de elementos, es diferente de ellos. Es decir, el patrón generado por el grupo da lugar a un
constructo que está más allá de las partes que lo componen, tiene una identidad por sí mismo.

La corriente de la Gestalt, desarrollada por Max Wertheimer, Kurt Koffka y Wolfgang Köhler,
surgió en contraposición a los estudios de percepción de la escuela imperante en aquella época, que
era la elementalista y la estructuralista, cuyos máximos exponentes eran Wilhelm Wundt y Edward
Titchener.

El fenómeno phi de movimiento aparente

La otra gran aportación de Max Wertheimer fue la descripción de un curioso fenómeno, bautizado
como fenómeno phi. A lo que este autor se refería es a la percepción de un aparente movimiento,
que en realidad no tiene lugar, cuando se alternan luces situadas en los lados opuestos, encendiendo
una cuando se apaga la otra.

Esa alternancia genera una ilusión de movimiento en el espectador, que puede percibir cómo la luz
está moviéndose de un lado a otro, ya que su mente completa automáticamente un patrón,
interpretando que es una única luz la que se traslada de posición constantemente, cuando en realidad
son dos que parpadean de forma alterna.

Psicología Humanista: historia, teoría y principios básicos

A lo largo de la Historia de la Psicología, han surgido muchos modelos explicativos del


comportamiento y la mente humana que, partiendo de ideas y propósitos diferentes, tratan de
ayudarnos a comprender más acerca de nosotros mismos. En este sentido, la filosofía humanista ha
sido muy influyente, y ha dado lugar a su propio paradigma en el mundo de la Psicología.

Como corriente filosófica, el humanismo pone énfasis en la importancia de la subjetividad de cada


individuo y en lo importante que es que cada persona construya el propio significado de su vida.
Esto, por supuesto, queda reflejado en la Psicología Humanista, que conoceremos a lo largo de este
artículo.

Tratando de ahondar en los distintos enfoques dentro de la psicología, la Psicología Humanista es,
en la posmodernidad, una de las corrientes en auge, e incluso hoy resulta muy influyente. Hoy
descubrimos su historia y aspectos fundamentales.

Psicología Humanista: descubriendo un nuevo paradigma

Si eres una persona observadora, es posible que te hayas dado cuenta de que las personas tenemos
una cierta tendencia a complicarnos la vida preguntándonos el por qué de las cosas. No me refiero a
esos "por qué" asépticos que se preguntan los médicos, los ingenieros y los programadores, sino a
esa otra versión de la pregunta que apunta hacia la total inutilidad de sus posibles respuestas: "¿Qué
me sugiere esta fotografía?", "¿por qué soy la persona en la que me he convertido?", "¿qué hago
paseando por la calle?".
No son preguntas cuyas respuestas vayan a sacarnos de un apuro y, sin embargo, empleamos tiempo
y esfuerzo a intentar responderlas: un mal negocio desde la perspectiva económica.

¿Debemos entender, por lo tanto, que esta tendencia hacia lo inútil es una imperfección de nuestra
manea de pensar? Probablemente no lo sea.

A fin de cuentas, este apego por lo trascendente nos lleva acompañando desde tiempos
inmemoriales y no nos parece haber ido mal desde entonces. En todo caso, quizás deberíamos
entender que la búsqueda existencial es una de esas características que nos definen como seres
humanos. Quizás deberíamos, si queremos entender mejor la lógica por la que se guía nuestro
pensamiento, fijarnos en las propuestas de lo que hoy conocemos como Psicología Humanista, una
corriente psicológica que no renuncia a entender todos los aspectos de lo que nos hace humanos.
¿Qué es la Psicología Humanista?

Las primeras pistas a la hora de situar la Psicología Humanista en el mapa de las corrientes
psicológicas las encontramos en uno de sus principales abanderados: Abraham Maslow (el creador
de lo que hoy se conoce como la Pirámide de Maslow de las necesidades humanas). En su libro La
Personalidad Creadora, Maslow habla de tres ciencias o grandes categorías aisladas desde las que se
estudia la psique humana. Una de ellas es la corriente conductista y objetivista, que parte del
paradigma positivista de la ciencia y que trata fenómenos comportamentales objetivables, sin
atribuirles causas mentales.

En segundo lugar se encuentra lo que él llama "las psicologías freudianas", que ponen énfasis en el
papel del subconsciente para explicar el comportamiento humano y, especialmente, la
psicopatología. Además, la Psicología Humanista también se inspra en la corriente psicoanalítica al
considerar la importancia de lo simbólico en la vida de las personas, al generar conceptos capaces
de plasmar el modo en el que los seres humanos orientan sus vidas.

Finalmente, Maslow habla de la corriente a la que él se adscribe: la Psicología Humanista. Esta


tercera corriente, sin embargo, tiene una peculiaridad. La Psicología Humanista no niega los dos
enfoques anteriores, sino que los abarca partiendo de otra filosofía de la ciencia. Más allá de ser una
serie de métodos a través de los cuales estudiar e intervenir sobre el ser humano, tiene su razón de
ser en una manera de entender las cosas, una filosofía singular. Concretamente, esta escuela se
fundamenta en dos movimientos filosóficos: la fenomenología y el existencialismo.

¿Fenomenología? ¿Existencialismo? ¿Qué es eso?

No es sencillo describir en unas pocas líneas dos conceptos sobre los que se ha escrito tanto. En
primer lugar, y simplificándolo todo un poco, la concepción de la fenomenología puede ser
abordada explicando la idea de fenómeno.De hecho, el filósofo alemán Martin Heidegger lo define
como "aquello en que algo puede hacerse patente, visible en sí mismo". Para la fenomenología,
pues, lo que percibimos como lo real es la realidad última.
Fenomenología

Desde la fenomenología se remarca el hecho de que nunca somos capaces de experimentar "la
realidad en sí" de manera directa (ya que nuestros sentidos actúan como filtro de esta información),
mientras que ocurre lo contrario con aquellos aspectos subjetivos de los que somos conscientes.

Es decir, se apela a la experiencia intelectual y emocional como las fuentes legítimas de


conocimiento, una reivindicación que recoge también la Psicología Humanista. Esto significa entre
otras cosas que desde este paradigma lo subjetivo no es tan solo un sub-producto de los procesos
psicológicos objetivos y fáciles de medir, sino un aspecto tan importante como el resto.
Existencialismo

Por su parte, el existencialismo es una corriente filosófica que propone una reflexión sobre la propia
existencia humana. Dos de sus postulados que más influyen sobre la Psicología Humanista son los
siguientes:

La existencia humana es reflexiva gracias a la consciencia. De la consciencia surge la angustia vital


de buscarle un sentido a la existencia.

La existencia del ser humano es cambiante y dinámica por su propia naturaleza, es decir, se va
desarrollando. A través del desarrollo de la existencia, concretado en su toma de decisiones, se llega
a la esencia, que puede ser auténtica o inauténtica dependiendo de su congruencia con el proyecto
de vida de la persona.

En definitiva, tanto la fenomenología como el existencialismo ponen el énfasis en la consciencia y


la capacidad del hombre para decidir, en todo momento, qué hacer, movido en última instancia por
su intencionalidad y no por su biología o entorno, apartándose así del innatismo y el ambientalismo.
La Psicología Humanista recoge esta herencia y la orienta al estudio e intervención sobre la toma de
decisiones, la capacidad para crear un proyecto de vida consistente, la consciencia humana y la
reflexión a partir de esta experiencia, que es subjetiva en parte.

Además, como esta corriente de psicólogos asimila ideas como la búsqueda existencial, su discurso
suele hacer referencia a las "potencialidades" del ser humano, es decir, aquellas etapas de su
desarrollo que lo separan del estado al que aspira. La naturaleza de este desarrollo no es biológica,
sino bastante más inefable: se trata de una progresión de estados subjetivos en los que la persona se
pregunta constantemente el por qué de lo que le ocurre, el significado de lo que está viviendo, y qué
puede hacer para mejorar su situación.

Teniendo en cuenta que "lo que está viviendo" es algo totalmente privado y fuera del alcance de
miradas ajenas, se entiende que desde una perspectiva humanista esta búsqueda existencial sea
responsabilidad del propio sujeto que la experimenta y que el psicólogo tenga un papel secundario
como facilitador del proceso. ¿Complicado, verdad? Pues este es el animal en busca de significado
al que se enfrenta la Psicología Humanista.

Resumiendo

La Psicología Humanista toma características del existencialismo y la fenomenología y propone un


estudio del ser humano entendiéndolo como un ser consciente, intencional, en constante desarrollo
y cuyas representaciones mentales y estados subjetivos son una fuente válida de conocimiento sobre
sí mismo. Además, entiende que el comportamiento objetivable está causado por procesos mentales
subjetivos, aspecto en el que difiere radicalmente con el conductismo.

Un psicólogo que se adscriba a esta corriente muy probablemente negará que el estudio del
pensamiento tenga que partir sólo de la materia y la experimentación, ya que esto supondría una
dosis inasumible de reduccionismo. En cambio, seguramente pondrá énfasis en la variabilidad de
las experiencias humanas y en la importancia del contexto social en el que habitamos. Al acercar la
psicología a lo que se ha dado a conocer como ciencias sociales, se puede decir que la Psicología
Humanista admite la conexión entre filosofía, teoría moral, ciencia y técnica, y rechaza la visión de
la ciencia como algo neutral alejado de cualquier posicionamiento ideológico o político.
Un manifiesto
La Psicología Humanista puede entenderse como un fruto inevitable del cambio de mentalidad que
supuso el siglo XX o, más concretamente, una especie de psicología de la posmodernidad.
Comparte con la filosofía posmoderna la negación de un discurso hegemónico (el enfoque
materialista propio de la ciencia moderna) que pretenda explicar toda la realidad, o, al menos,
aquellos ámbitos de la realidad sobre los que merece la pena formar expertos.

La ciencia heredera del positivismo de August Comte, señalan los psicólogos humanistas, es de
utilidad para describir la realidad, pero no para explicarla. El ser humano, al contrario de lo que
ocurre con los instrumentos científicos, experimenta la realidad aportándole sentido, creando
ficciones y formas de narrar que ordenan los hechos según una serie de creencias e ideas, muchas de
ellas difícilmente expresables verbalmente e imposibles de medir. Por lo tanto, una disciplina que
pretenda estudiar la manera de pensar y de experimentar del ser humano tendrá que adaptar su
metodología y sus contenidos a esta dimensión "significadora" del ser humano. Deberá, en
definitiva, estudiar y aportar contenido acerca de la búsqueda existencial que nos caracteriza.
Varias limitaciones del modelo humanista

De este "manifiesto" de la Psicología Humanista nacen también sus limitaciones.

Estos psicólogos se enfrentan a retos a los que muchos otros científicos renuncian desde un inicio:
por una parte, la necesidad de conjugar el conocimiento acerca de los aspectos medibles de la
psicología humana con los fenómenos subjetivos, y por otra, la difícil misión de crear un corpus
teórico sólido a la vez que se renuncia a la pretensión de universalidad de sus explicaciones. Esto
último es importante, ya que nuestras experiencias subjetivas se caracterizan por estar ligadas a la
cultura que habitamos, pero también a un montón de variables que nos hacen únicos. Quizás por eso
hoy en día resulta prácticamente imposible hablar de modelos concretos del funcionamiento del
pensamiento humano sostenidos por la Psicología Humanista.

Cada autor de esta corriente presenta sus propios contenidos diferenciados según la idiosincrasia de
su pensamiento y el ámbito del que se ocupa y, de hecho, es difícil saber qué psicólogos abrazan
totalmente la Psicología Humanista y cuáles están influidos sólo en parte por ella. Si bien hay
autores cuyas ideas son recurrentes en la literatura de otros psicólogos, tal y como ocurre con
Abraham Maslow y Carl Rogers, las propuestas de otros autores se encuentran más "aisladas" o son
demasiado específicas para ser extrapolables a otros ámbitos.
El arte de complicarse la vida

En definitiva, si la ciencia se ocupa de responder a la pregunta "¿cómo?", la búsqueda existencial a


la que se enfrenta la Psicología Humanista está formada por una multitud de preguntas mucho más
complicadas: "¿por qué?". No renunciar a nada, en ciertos aspectos, equivale a complicarse la vida;
puede que esta búsqueda de significado sea, de hecho, un viaje sin retorno, pero la perspectiva de
vagar eternamente por los páramos de la duda existencial no parece amedrentarnos.

De hecho, algunas veces marcharemos a través de sus rutas imaginarias aunque ello pueda
conllevarnos más problemas que beneficios desde una perspectiva puramente económica y racional,
y aunque el trilema de Agripa nos vigile de cerca durante esta progresión de preguntas y respuestas.
Por eso, por muy discutibles que sean sus contenidos desde la óptica científica (y, en algunas
ocasiones, desde el propio criterio de cada uno), es bueno saber de la existencia de psicólogos que
se han planteado la necesidad de complicarse la vida tal y como lo hacen las personas a las que
pretenden estudiar y servir.

Puede que la gente adscrita a Psicología Humanista carezca del aval del que disfruta la psicología
cognitivo-conductual o la neurología. Pero, desde luego, no se les puede acusar de partir desde una
situación ventajosa.

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