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DIOS DE LA TERNURA

Religión como tema de culpa y de castigo

Dios como Padre que nos ama desde siempre, como el padre más querido y amante de la tierra. El
Padre es amor, no es justicia sino misericordia.

Dejarse amar por Dios. Todo es amor. Donde hay amor no hay temor. Adorar es abandonarse con
confianza infinita e incondicional en Dios Padre.

Abba: ¡Oh mi querido papá! Es un papá querido. Me mima como si fuera su única hija.
Todopoderoso y todo cariñoso: “soy la consentida de Dios”, “yo estoy contigo y no tengo miedo”.
Me ama sin un por qué y un para qué.

Nosotros no hemos creído en el amor sino en el temor. Son los enfermos y no los sanos los que
necesitan al médico.

Miedo: ¿a qué?

Angustia: ¿por qué motivo?

Tristeza: ¿de qué?

Haya hecho lo que haya hecho, he sido tiernamente amada por mi Padre.

San Ignacio: todo es tuyo Señor

Soy una hija de Dios. Soy una hija amada del Padre.

Palabra como fuente de inspiración, consolación y transformación de vida

¿Qué me quiere decir el Señor a través de estas palabras?

Cuestionar la vida propia a la luz de la palabra: ¿qué me está diciendo Dios? ¿qué haría Dios en mi
lugar? ¿qué aspectos debo cambiar?

Invocar en todo momento al Espíritu Santo

No te olvidaré ni te abandonaré jamás. Sé valiente y ten ánimo. No tiembles ni tengas miedo. Dios
está contigo a dondequiera que vayas. Ya que fuiste la abandonada, la odiada y desamparada, en
adelante yo haré que te sientas orgullosa y te daré alegría para siempre.

Fe es certeza, no evidencia. No es sentir sino saber, es convicción.

Creer es entregarse: caminar incansablemente en pos del rostro del Señor.

Levantarse todas las mañanas y ponerse en camino en busca del rostro del Señor.

Ser peregrino: fatiga, incertidumbre, inseguridad. Presentimos que alguien viene con nosotros.
Estamos en la noche de la fe.

Oscuridad y certeza: los dos polos de la fe.

Si hay sed, debe haber una fuente de agua. Fe como eterno buscar, como eterna peregrinación.
Renunciar a todas las seguridades de retaguardia, quemar las naves.

Dejar a un lado las reglas del sentido común.

Las dudas de fe comienzan cuando se debilita la adhesión incondicional a Jesucristo.

Acto de fe como el acto máximo de amor. Es más bonito creer en la luz cuando todo está de
noche.

Fe que mueve montañas, salto en el vacío, como obsequio, como don de Dios, como acto de
gratitud

Quien a Dios tiene, nada le falta.

Nunca Jesús estuvo tan grande como en el último minuto. Él es nuestra garantía y nuestra
seguridad.

Hebreos 11, 33-40: Gracias a la fe, vieron realizarse promesas de Dios, cerraron bocas de leones…
se mostraron valientes.

Ese es el tema. Tener fe. Una fe tan grande como la del centurión

Romanos 16, 25-27

Se está descubriendo el plan misterioso mantenido oculto desde hace siglos

Hechos 16, 29-34. Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.

Filipenses 1, 27-30. Sigan firmes en la fe.

MARÍA MUJER DE FE

María mujer humilde. Espiritualidad de la madre, espiritualidad del hijo.

María no sabía todo. Lo aceptó con fe.

Mi Señor no veo nada, pero todo está bien.

Hágase en mí según tu palabra.

Contemplar a María en el día a día de la vida cotidiana, en el trato a las personas

Oración visual con la imagen de María

¿Cómo se sentía María en el momento de la anunciación?

María como modelo de vida


DEL ABANDONO A LA PAZ

Abandono como resignación, pasividad

Es un abandono dinámico

En todo acto de abandono existe un NO (morir a algo) y un SI

Todo lo que resistimos, lo transformamos en enemigo. Si algo no lo puedo solucionar ¿Qué saco
con resistir?

Reclinar la cabeza en las manos del Padre

Acoger las cosas como si fuéramos amigos de ellas: reconciliación. La angustia se transforma en
paz.

Los hechos no serán alterados ¿qué conseguimos con resistir y hacer preguntas que no tendrán
respuestas? Las cosas que tienen solución se solucionan combatiéndolas. Las cosas que no tienen
solución se solucionan dejándolas en manos del Padre.

Ponerse de rodillas, reclinar la cabeza y decir la oración de abandono.

En la medida en que mi mente entra en silencio, mi corazón queda en paz.

Poner las ofensas como una ofrenda al Padre.

No esperar nada de nadie, pero esperar todo de nosotros mismos.

El abandono es un acto de fe. Acepto con paz.

Todo el día, todos los días, hay que atajar las flechas que vienen del otro: “En tus manos lo dejo”

No permitas que las flechas te hieran. No remuevas nada en tu mente, sácatelo, suéltalo en las
manos de Dios. Olvídalo y quédate en paz.

¿Qué significan mis sufrimientos, para qué sirven? (JOB)

Acoger las llagas del dolor propio y de la humanidad doliente

Adorar: recuperar la oración

El Señor permite el desencadenamiento, aparentemente fortuito, de los acontecimientos que a


simple vista están manejados por los hombres…pero más allá de la tramoya está el “plan de Dios”
que “prospera” mediante el sufrimiento del siervo, sobrellevado por él con mansedumbre y paz.

Los sufrimientos del siervo no son sólo solidarios y sustitutos, sino que son la causa de salvación
para los demás.

Hasta Jesús estuvo desalentado. Dolor como ofrenda consciente y voluntaria. El que sufre en la fe,
sufre en Cristo. Nuestros sufrimientos son una forma de participar de la noche oscura de Jesús.

El que quiere vivir tiene que morir


Cuando se toma cierta distancia, se abre la perspectiva y el hombre extiende una mirada larga, la
mirada de la fe. En ese momento, el hombre comienza a comprender que lo que sucedió fue una
pedagogía de Dios.

Romanos 5, 3-5 El sufrimiento nos da la paciencia, la paciencia nos da la esperanza y la esperanza


nunca falla.

Tomar la cruz

Abandono: NO a lo que yo quería o hubiese querido. SI a lo que Dios quiso, permitió o dispuso.

Mi vida como un cheque en blanco en el que se hace la voluntad de Dios.

Todo lo que resistimos lo transformamos en enemigo

Sabiduría es preguntarse ¿puedo remediarlo? Si la solución no está en nuestras manos, llegó la


hora de abandonar. Inclinar la cabeza. Depositar los imposibles en las manos de Dios y entregarse.

La mayor parte de las cosas que nos disgustan, nos entristecen y nos avergüenzan NO tienen
solución.

Abandono: homenaje de silencio para con el Padre. Todo acto de abandono es una visión de fe.

Para Dios no existen imposibles.

El último eslabón de la cadena de acontecimientos la sujeta el dedo de DIOS.

Liberarse consiste en depositar en manos de Dios todo lo que está consumado, todo lo que es
impotencia y limitación: precariedad, transitoriedad, insignificancia humana, fracaso, enfermedad,
ancianidad, soledad, muerte.

Aceptar el misterio universal de la muerte de la vida.

Mi Dios y mi Padre. Acepto con paz y amor a mis progenitores, con sus defectos y limitaciones. Si
alguna vez sentí una secreta aversión en su contra, ahora mismo quiero reconciliarme con ellos. Mi
Señor, de tus manos yo los acojo en este momento con gratitud, emoción y cariño. Si ellos
fallecieron, surja su recuerdo sagrado y en tu presencia y de tus manos, hoy los recibo, los abrazo y
los amo. Bendita sea para siempre su memoria y bendito seas tú, por ellos, mis padres. Yo con
ellos, en tus manos nos ponemos.

PERDÓN-AMOR

Aceptar la figura física

Señor: Dáme la gracia de hacerme amiga de mi misma. Perdona mi insensatez y mi ingratitud.


Desde hoy quiero sentirme de ser feliz como soy. Te agradezco por este cuerpo. Bendito seas por
haberme hecho como me hiciste. En tus manos me entrego feliz de haberme hecho como soy.

Nos ha llegado la hora del ¡Basta ya! Hemos llorado demasiado, nos hemos quejado demasiado.

Llegó la hora de abandonarse en el Señor, en silencio y paz.

Aceptación de la enfermedad y la muerte


Dame la gracia de aceptar con paz el misterio doloroso de la vida, sin lamentos ni lágrimas. Me
acuerdo que tu hijo Jesucristo transformó lo más negativo e inútil de la humanidad en fuente de
redención y de vida eterna. En tus manos Padre mío me abandono con mi vida y con mi muerte, mi
salud y mi enfermedad, Amén.

Padre mío. En tus manos me pongo, siendo feliz como soy. Si alguna vez sentí tristeza y vergüenza
por ser como soy, te pido perdón por haberme avergonzado de la obra de tus manos. Te doy
gracias por hacerme portadora de tu aliento divino e inmortal. Dame la gracia de perdonar y amar
esta extraña personalidad. En tus manos me pongo con lo poco que soy, feliz de ser como soy.
Conciliada y amiga de mi misma. Hágase tu voluntad.

Señor dame la gracia de transformar el dolor en amor y lo deposito en lo profundo de tu voluntad.


Todo aquello fui y no debí haber sido. Todo aquello que hice y no debí haber hecho. Todo aquello
que dije y no debí haber dicho. Lo deposito en el olvido eterno de tu corazón. Aquellas frases,
equivocaciones, ideales, personas…toda esa masa doliente y sangrante que se transforma en una
ofrenda sangrante de amor y quiero depositarlo para siempre en el altar de tu voluntad. Sea este
el nuevo nacimiento de mi vida…lo anterior de mi vida quede para siempre olvidado y borrado. Y
como una niña recién nacida, comience yo a caminar libre y feliz.

Oh Espíritu Santo, poderosa fuerza de Dios. Haz en este momento el prodigio de identificar mis
sentimientos con los sentimientos de mi señor Jesucristo, muerto y resucitado. Entra dentro de mi,
toma posesión completa de todo mi ser, hazte vivamente presente en mi cuerpo y espíritu y asume
completamente lo que soy, pienso y tengo. En este momento, tus sentimientos sean mis
sentimientos, tus emociones mis emociones, tus ojos mis ojos, tus brazos, mis brazos. Jesucristo
todopoderoso y amoroso Señor calma dentro de mi ese tumulto y hostilidad que siento contra esta
persona. Yo quiero sentir por esta persona en este momento lo que tú sientes por ella, lo que tú
sentías por ella al morir en la cruz por ella. Perdónale tu dentro de mi y con mis sentimientos
transformados en tus sentimientos, perdónale y ámale dentro de mí. Quiero perdonarle como tu le
perdonas, amarle como tu le amas, sentir por esa persona lo que tu sientes. Quiero mirarla con tus
ojos y abrazarla con tus brazos. Yo lo quiero, yo lo comprendo, yo lo perdono, yo lo amo, como tú,
mi Señor, él, tú y yo, hechos una misma unidad, en un estrecho abrazo los tres, más que perdón, yo
lo comprendo, yo lo amo.

Si supiéramos comprender, no haría falta perdonar.


Encuentro a solas con Dios, salirme de mis propios problemas para adorar a Dios.

Cierra los ojos y verás. Haz silencio y escucharás.

No me puedo escapar de tu presencia. Tú eres mi fortaleza y mi ternura. Eres la dulzura de mi


corazón y mi seguridad.

Orar no es fácil. Para orar se necesita orden, método y disciplina. Los principales enemigos de la
oración son la falta de paciencia, de perseverancia y de esperanza.

Se necesita mucha paciencia para el trato con Dios, paciencia como arte de esperar, de saber. Lo
que se sabe se espera. Esperar pacientemente sus silencios, ausencias y tardanzas. La vida con
Dios no funciona con la lógica de la rapidez y la eficacia.

De la paciencia nace la perseverancia.

La esperanza engendra la paciencia. La esperanza no muere nunca, nació del seno de la muerte.
Jesucristo resucitado es nuestra única esperanza. Contemplador. Yo dentro de Dios y Dios dentro
de mí. Oración de contemplación: se siente a gusto estar con Dios, simplemente en silencio,
envuelto en la presencia. Todo el misterio de la contemplación se puede resumir en dos palabras:
silencio y presencia. Él es. Yo soy como una playa inmensa, él es como el mar. Dejarse inundar,
impregnar, amar.

Jesucristo como principio, centro y meta de nuestra existencia: ¿qué haría Jesús en mi lugar? Que
los pobres sean nuestros predilectos.

Oración de acogida: se hace con Jesús resucitado y presente, aquí y ahora. Sentir: percibir que
Jesús entra en mi ser y asume todo cuanto soy y tengo. Sentir que Jesús ilumina mis oscuridades y
profundidades. Sentir que Jesús toca esa llaga profunda y me la cura, me deja aliviado y sanado.
Sentir que Jesús apaga las llamas del rencor. Sentir que Jesús aleja mis temores. Sentir que Jesús
arrasa con las capas de mi personalidad y me deja el corazón humilde. Sentir que Jesús actúa a
través de mí. Jesús gobierna mi vida.

La oración tiene que desafiar a la vida y la vida tiene que desafiar a la oración. Ambos se purifican
mutuamente. Dios incomoda y desafía, aunque siempre deja la paz, siempre nos libera.

Cuanto más oro a Jesús, más éste se hace fuerte en mi conciencia. Y cuanto más fuerte está en mi
conciencia, es más posible frenar los impulsos.

Cuanto más se abandona, mayor y más rápidamente será la transformación.

Practicar las obras de misericordia.

Amor: dar la vida

Imponer las convicciones de fe sobre las emociones espontáneas.

Que Jesús esté vivo y alerta en mi conciencia: a esto contribuye enormemente la oración.

La falta de respeto desata toda clase de calamidades. Esto se neutraliza con el silencio interior, no
pensar mal.
Hacer transferencia a esa persona de la reverencia y veneración que siento por Jesús

Silencio exterior

Perdonarse y comprenderse

Conducirse afectuoso en el trato con los demás

Deporte de amar: traer a la persona que más me ha ofendido, fijar mi atención en ella, transmitirle
ondas amatorias, envolverle de enorme cariño, enviarle amor incondicional. Utopía del evangelio:
amar al enemigo.

¿Qué puedo hacer yo por los pobres?

De la humildad nace el amor. El humilde perdona, cierra puertas al rencor, no se avergüenza,


serenidad, silencio y anonimato, respeta todo y venera todo, no juzga ni presupone. Sólo los
humildes son libres y felices. Para ellos no existe el ridículo.

Compasión: salirse de sí mismo y entrar en el mundo del otro. El que compadece sufre con el que
sufre.

Danos tu corazón pobre y humilde: así estamos en condiciones para amar como Jesús amó.

Ir a anunciar el Evangelio. Ser misioneros.

Dedicarme a perdonar una y otra vez. El perdón favorece a quien perdona.

Procurar en todo momento imponer las convicciones de fe sobre mis reacciones instintivas.

Hacer un esfuerzo especial para amar (y si fuera posible sentir el amor) por los hermanos
“difíciles” de mi grupo, aproximándome a ellos y mostrándoles interés, cariño y predilección.

Campaña de amabilidad

Oración de San Ignacio de Loyola

Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi
haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo retorno. Todo es Tuyo: dispone de ello según Tu
Voluntad. Dame Tu Amor y Gracia, que éstas me bastan. Amén.
Para todos los días:

Dios mío. Ayúdame a recordar que no importa cuán oscura sea la noche, tú eres la luz de mi
vida, nunca te apagas y siempre me darás un nuevo amanecer. Señor en tus manos pongo mi
vida, mis metas y mis ilusiones. Guíame hoy y siempre, llena mis días de bendiciones y aléjame
de todo mal.

Señor, tú sabes lo que vivo, lo que me preocupa, lo que siento, lo que pienso, lo que me falta y lo
que deseo. Tú sabes cuando lloro, cuando río, cuando estoy en soledad. Cuídame, protégeme,
anímame a seguir adelante y acompáñame siempre.

Perdona mis pecados, porque te amo y te necesito para siempre. Cubre con tu manto a mi
familia, mi hogar, mi empleo, mis sueños, mis proyectos y a toda la gente que me quiere. Dame
salud.

Señor, a veces me desespero porque las cosas no salen como yo quiero. Te pido que me des
sabiduría, esperanza, paciencia y que me ayudes en todo lo que realice, porque sólo eres tú
quien, a su tiempo, hace crecer todo proyecto, obra o relación. En el nombre de Jesús, Amén.

Para no olvidar….

Padre santo. Aunque mi futuro parece incierto, te miraré, mantendré mis ojos puestos en ti, mi
espíritu estará tranquilo sabiendo que tienes el control de mi vida. Padre, ayúdame hoy a
encontrar la fe en estos tiempos difíciles. A menudo no tengo idea de hacia dónde se dirige mi
vida. Parece que mi vida está fuera de control la mayoría de las veces. Las situaciones vienen a
mí y no puedo enfrentarlas, se deben tomar decisiones y no sé cuál es la opción correcta. Los
obstáculos parecen insuperables, los enemigos parecen imbatibles. Me siento asustada y sola.

Pero Dios…tú eres el autor y consumador de mi fe. Confío en ti con todo mi corazón a veces y
otras encuentro que mi fe disminuye. Me resulta difícil reunir esa semilla de mostaza de la fe.
Hoy te pido por la renovación de mi fe.

Aunque mi futuro parece incierto, te miraré, mantendré mis ojos puestos en ti. Mi espíritu
estaría tranquilo sabiendo que tienes el control de mi vida. En Jesús, Amén.

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