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Día 1: Ve la segunda milla

Mandamiento 9: Ve la segunda milla


Pregunta de estudio.
P: ¿Por qué Dios le prometió a Abraham, a Isaac y a Jacob que reyes se inclinarían ante
sus descendientes, pero lleva a los descendientes de los tales a Egipto en donde son
esclavizados por 400 años?

R: Una reacción de “segunda milla”, requiere que tengamos la actitud correcta del
corazón, esto es, amar a los demás con amor genuino. Así como Dios empleó ciertos eventos
para atraer a la nación de Israel hacia Él, así también usará personas, eventos y otras
circunstancias para conformarnos a la imagen de nuestro Señor Jesucristo.

Después de que Dios les prometió a Abraham, Isaac y a Jacob que de ellos se haría una
nación grande y que delante de ellos se iban a postrar reyes, Dios usó una hambruna para
traer a Israel a Egipto en donde permanecieron 400 años, muchos de esos años esclavizados
por Faraón.

Este tiempo, prácticamente fue de “entrenamiento” en el crecimiento y en la historia de


la nación de Israel. Mucho tiempo después, cuando fueron libertados de las cuerdas de la
esclavitud, Dios continuó recordándoles las lecciones que les había enseñado mientras
estaban en Egipto.

Hay un paralelo sorprendente entre las experiencias de Israel en Egipto y los eventos de la
vida de Cristo. Estas dos secuencias revelan el entrenamiento con que Dios prepara a su
pueblo para ir la segunda milla:

• Tanto Jesús como la nación de Israel nacieron en la tierra prometida, pero después
huyeron a Egipto para sobrevivir.
• Jesús demostró obediencia a la autoridad mientras aún era niño, y después que fue
hallado por sus padres en el Templo, Él “…volvió a Nazaret, y estaba sujeto a
ellos…” (Lucas 2:51). La nación de Israel aprendió obediencia a sus amos, y fue
humillada de tal manera que clamó a Dios (ver Éxodo 3:7).
• Jesús fue bautizado, y el Espíritu Santo vino sobre Él y lo llenó para el servicio. Israel
también fue bautizado por el evento milagroso de la partición del mar rojo por
donde caminaron, y la nube vino sobre ellos para guiarlos.
• Jesús fue tentado en el desierto por 40 días, antes de iniciar su ministerio público.
Israel fue probado por 40 años en el desierto antes de entrar a la tierra prometida.
• Jesús recibió poder para conquistar el mal y establecer justicia, a Israel se le dio
poder para conquistar a las naciones paganas y establecer la Ley de Dios.

Este tipo de entrenamiento en nuestras propias vidas, nos ayudará a responder con el
amor de Cristo hacia a las demás personas. Aunque una de las maneras más dolorosas y
difíciles al compartir el amor de Cristo es regocijarnos mientras los demás nos insultan cuando
solo queremos hablarles del amor de Cristo. Cuando se nos pide ir la primera milla o somos
ofendidos con insultos, es vital para nosotros recordar lo que Jesús dio y experimentó para
poder derramar sobre nosotros el amor de Dios.

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Cualidad de carácter relacionada
Deferencia vs. Descortesía
Deferencia: es poner primero el bienestar de los demás, antes de nuestros placeres
personales.

Cuando Pablo instruye a los creyentes a preferirse los unos a los otros con honor, les estaba
definiendo la esencia de la deferencia. En Romanos 12:10, la palabra griega que se emplea
para “preferir” es “proegeomai”, que significa “guiar en el camino a los demás”. Esta es una
palabra fuerte que denota comandar con autoridad oficial, ser principal y tener gobierno.
Por tanto, cuando nosotros nos deferimos a los demás, experimentamos la paradoja que
Jesús mencionó: “y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos
10:44).

La deferencia consiste en hacer sacrificios personales para poder ayudar a los demás a
triunfar, significa dejar a un lado palabras, actitudes o acciones con las cuales serian
debilitados u ofendidos. Nosotros debemos deferir nuestros derechos cada vez que tenga
que ver con el engrandecimiento del reino de Cristo. La discreción y la deferencia obran
unidas: “La cordura del hombre detiene su furor,  y su honra es pasar por alto la
ofensa” (Proverbios 19:11).

Ejemplos de deferencia. Las Escrituras contienen ejemplos significativos de aquellas personas


que demostraron deferencia, y sus testimonios nos proveen de precedentes para cuando nos
hallemos en situaciones paralelas. Por lo tanto, somos animados a meditar sobre estos
testimonios para que podamos aplicar estos precedentes en nuevas circunstancias en
nuestras vidas.

1. Deferencia. Cuando un cobrador de impuestos le preguntó a Pedro si Jesús pagaba su


impuesto, Pedro le respondió: “si”, sin embargo, Jesús le preguntó a Pedro: “¿Qué te
parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿De quiénes cobran los tributos o los impuestos?
¿De sus hijos, o de los extraños?” (Mateo 17:25). “Pedro le respondió: De los extraños.
Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos” (Mateo 17:26). Habiendo establecido el
hecho de que Jesús tenía el derecho y la libertad de no pagar impuestos, de todos
modos le dijo a Pedro: “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo,
y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y
dáselo por mí y por ti” (Mateo 17:27).

2. Deferencia en el trato con los niños y/o pequeños en la fe. El Señor Jesús da una fuerte
advertencia en contra de ofender a los pequeños: “Y cualquiera que haga tropezar a
alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello
una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mateo
18:6).

La conciencia de un niño es muy sensible. Las palabras o acciones vulgares que los adultos
tienen ya arraigadas en sí mismos, pueden ser muy dañinas u ofensivas a los niños.

3. Deferencia a los creyentes. Cuando los nuevos creyentes, quienes recientemente


habían renunciado a la adoración idólatra y se habían convertido a Cristo, veían a los
demás creyentes comprar carne que anteriormente había sido ofrecida a los ídolos, se
ofendieron, y se levantó una gran controversia en la iglesia primitiva. En este delicado
asunto, Pablo apeló a practicar la deferencia por ambos lados de la controversia.
Apeló especialmente a aquellos que creían que no había nada de malo en comprar

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tal carne: “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid
no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Romanos 14:13).

La gran importancia de la deferencia se hace ver claramente en esta narrativa de la


Escritura. Pablo está de acuerdo en que no hay nada inherentemente malo en comer esa
clase de carne; sin embargo, si se come la carne y eso causa tropiezo a otro hermano, es
malo, o si la persona recibe una advertencia interna del Espíritu Santo para no hacerlo, y
siempre lo hace, eso es malo.

4. Deferencia al mundo. Después de que Pablo afirmó la necesidad: “No seáis tropiezo ni
a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Corintios 10:32), él establece su propio
compromiso con la deferencia: “como también yo en todas las cosas agrado a todos,
no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (1
Corintios 10:33). En el capítulo anterior, Pablo explicó la manera en la que él demostró
deferencia: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para
ganar a mayor número” (1 Corintios 9:19).

El mandamiento de Dios de tener deferencia.


La deferencia requiere más que escoger ciertas cosas buenas para hacer. La deferencia
requiere que escojamos cosas excelentes, que no estorben en nuestro caminar con Cristo o el
caminar de los demás: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en
ciencia y en todo conocimiento,  para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e
irreprensibles para el día de Cristo” (Filipenses 1:9-10).

Evaluación personal: ¿Qué tan bien demuestras deferencia a los


demás?
• ¿Ofendes a los demás por las cosas que haces, lo que dices o lo que vistes?

• ¿Proteges a tus hijos de lo malo?

• ¿Mantienes tu casa libre de cosas que pueden ofender a tus hijos o causarles
tropiezo?

• ¿Justificas tú la música o las actividades que ofenden a cristianos débiles?

• ¿Ofendes tú a las personas de otra cultura o grupos étnicos empleando


ciertas palabras discriminantes o a aquellos que tienen diferentes filosofías?

• ¿Comprendes y sigues el protocolo al visitar a otro país?

• ¿Pagas ciertos impuestos dudosos con el fin de no traer ofensa al Evangelio?

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Día 2: Ve la segunda milla.

Versos Bíblicos de Meditación


En adición a la meditación que tenemos en Mateo 5:38-42, el meditar en los
siguientes versos nos va a proveer de más información y entendimiento acerca del
mandamiento de Cristo: Ve la segunda milla.

➢ 1 Pedro 2:21–24 “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo
padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual
no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no
respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino
encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros
pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a
los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.

➢ Lucas 6:31 “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también
haced vosotros con ellos”.

➢ Proverbios 20:22 “No digas: Yo me vengaré; espera a Jehová, y él te salvará”.

➢ Proverbios 3:27 “No te niegues a hacer el bien a quien es debido,  cuando


tuvieres poder para hacerlo”.

Dinero para el almuerzo


por Ken Pierpont
Hacer más de lo que se espera de ti es una manera muy poderosa para demostrar a
alguien que realmente lo amas. Cuando tú haces más de lo que los demás esperan de ti,
probablemente será recordado por mucho tiempo. Esto me ocurrió un día. Yo estaba
conduciendo el automóvil en el que llevaba a varios amigos al Seminario Básico que se
estaba desarrollando en una iglesia Menonita en el condado de Holmes en Ohio, USA; como
a una hora de distancia de nuestro hogar.

El día sábado, el seminario dura todo el día, y por varias razones, tuve que salir en la
mañana sin desayunar y sin dinero en mi bolsa. Me sentí un poco frustrado al pensar que iba
a estar todo el día sin comer, pero al mismo tiempo me consolé en que iba a estar en ayuno,
y que eso me iba a permitir estar más atento, más concentrado a las ricas enseñanzas que
iba a escuchar. Era una mañana muy hermosa, y la distancia de manejar fue placentera
entre las colinas las cuales son muy especiales en mi corazón; la compañía de los demás era
agradable, y gozaba de la conversación de mis amigos acerca de las cosas del Señor
mientras seguíamos al lugar.

Cuando al fin arribamos, encontré mi lugar y me senté para gozar del seminario. La
mañana se pasó rápido y noté que no tenía señales de hambre; cuando llegó la hora del
almuerzo, me dirigí al carro para seguir con mi devoción con el Señor. Antes de llegar al carro,
en el estacionamiento había un árbol frondoso de Arce; bajo la sombra algunas personas
comenzaron a extender sus sábanas y abrir sus canastas de comida. Vi cómo sacaban la
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comida, y mi deseo de seguir ayunando comenzó a desvanecerse. Desde donde me
encontraba observé como las madres sacaban la comida y la repartían a sus hijos, y para mí
ya fue imposible poder concentrarme en el Señor ante este festín que se desarrollaba delante
de mí.

Decidí mejor encender el motor de la van y manejar alrededor de la Villa de Berlín;


encontré una librería cristiana en donde entré y pasé algún tiempo mirando algunos títulos.
Siempre he amado leer libros desde mi niñez; ciertamente uno de mis lugares favoritos es una
buena librería. Después de un tiempo de estar abriendo libros, de repente sentí una mano
detrás de mí; cuando me volví, me sorprendí de ver a mi esposa Lois de pie ante de mí. ¿Qué
haces aquí? Le pregunté.

Ella se sonrió, mientras yo observaba sus profundos ojos y me respondió: “No pude soportar
en mi pensamiento la idea de que pasaras todo el día sin comer, así que te traje dinero para
el almuerzo”. Mi corazón se conmovió de amor hacia ella en ese momento, así que comimos
juntos y le di muchas gracias por haber venido manejando tantas millas solamente para
asegurarse de que yo tuviera qué comer. Cuando llegó la hora de regresar al seminario, la
besé y me despedí de ella cuando se fue a casa.

Dos cosas sobresalen en mi mente cuando me acuerdo de ese día. Primero, el hecho de
que Lois sabía que iba a tener hambre y luego preocuparse de tal manera que manejó una
hora de distancia para venir y traerme dinero para almorzar. Segundo, que cuando llegó a la
iglesia y descubrió que no estaba ahí, sabía exactamente en dónde encontrarme.

Yo soy un hombre muy afortunado, tengo una esposa que me ama tanto como me
conoce. Yo sé que ella me ama, porque estuvo dispuesta a “ir la segunda milla” para
demostrarlo.

Ken Pierpont ha estado casado con Lois desde 1979. Tienen 8 hijos, cuatro hijas y cuatro
hijos. Pastor por mas de 20 años, Ken actualmente sirve como director del IBLP en Riverfront
Character Inn in Flint, Michigan.

¡Da más de lo que es requerido!


Una de las causas más serias de fracaso en las áreas de las relaciones, finanzas y salud, es
tener una actitud de resistencia hacia aquellos a quienes hemos ofendido, o hacia aquellos
con quienes tenemos responsabilidad. Si se halla culpable a alguien de una ofensa o ha
fallado en cumplir alguna de sus responsabilidades, subsecuentemente se le requiere hacer
restitución, pero su espíritu de resistencia se hará manifiesto cuando solamente haga lo que la
ley le requiere hacer. Después de todo, piensa que la ley de Dios está de su lado porque dice:
“Ojo por ojo y diente por diente”, así que dice que no necesita hacer más restitución (Éxodo
21:24). El Señor Jesús retó esta limitación con cuatro mandatos.

Mandamiento nueve: Pon la otra mejilla. Déjale la túnica y también la capa. Camina la
segunda milla. Da a los que te pidan (ver Mateo 5:38–42).

Todas estas respuestas de “segunda milla” relacionadas a las ofensas eran conocidas por
la gente de Israel. Si un hombre insultaba a otra persona con palabras o acciones
indecentes, podía esperar ser abofeteado en la mejilla. Esa acción habría satisfecho a la
persona ultrajada, pero no iba a lograr cumplir los altos propósitos de Dios sino hasta que el
ofensor pusiera su otra mejilla.

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Si un juez juzgaba que un hombre le había causado pérdida financiera a otra persona,
Jesús dijo que no solamente iba a pagar lo que debía pagar, incluyendo la túnica, sino aun
darle también la capa, la cual le servía como cubierta que le “protegía” según la ley de
Moisés (Éxodo 22:26-27).

Por causa de que el pueblo de Dios había desobedecido Sus mandamientos, Él lo sometió
bajo el duro gobierno de los romanos. Una ley de los romanos era especialmente repugnante
para los judíos. Se requería que un hombre judío, cuando se le demandara, cargara el
equipo pesado de un soldado romano por una milla; el Señor Jesús les dijo que fueran
cargando el pesado equipo la segunda milla.

Todos los judíos estaban en un pacto unos con otros. Esto les requería dar a los que no
tenían, aquello que satisfaría sus necesidades básicas de la vida. Para que una persona
pobre llegara a pedir, significaba que las personas ricas no estaban alertas a las condiciones
de sus demás miembros del pacto.

Ir la primera “milla” satisface los requisitos de la ley del hombre, pero falla en cumplir la Ley
suprema de Dios; esto es, el amor genuino.

Conforme escribo este correo electrónico, Dios me ha dado una clara aplicación para
este mandamiento. Desde hace tiempo una persona me ha insistido que le dé una cantidad
específica de dinero, sin embargo me había resistido por dos razones. Primero, porque me
había afirmado que no había deuda previamente. Y segundo, porque se me advirtió de la
fuerte reacción de resistencia que iba a ocasionar a otro individuo, si yo daba el dinero.

Conforme estaba en esta encrucijada, el teléfono timbró. Era la persona que yo sabía que
podría reaccionar. Hablamos por un buen tiempo el asunto y los dos acordamos que era la
voluntad de Dios que diera el dinero.

Tengo un sentido de emoción porque, por un lado, esto va a ser un sacrificio personal
significativo, pero por otro lado, esto provee una gran oportunidad para que Dios manifieste
Su poder. Que Dios nos dé valor a cada uno de nosotros para obedecer Su suprema ley de
amor al dar nosotros más de lo que se nos requiere.

“Pero yo os digo… cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:39–41).

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Día 3: Ve la segunda milla.

¡Ve con las actitudes correctas!


Hay varias actitudes que pueden expresarse conforme obedecemos este mandamiento
de Jesús de ir la segunda milla. Sin embargo, solamente una de ellas es la correcta, y esta es
la que nos permite experimentar el gozo y la libertad que el Señor Jesucristo planeó que
tuviésemos cuando impartió este importante mandamiento.

Un día, yo estaba aconsejando a una pareja por teléfono. Me di cuenta que la esposa
estaba a punto de separarse de su esposo, y traté de evitar esta tragedia por causa del
Señor, por la misma pareja y por supuesto, sus hijos. Durante nuestra conversación, le
pregunté al esposo si él creía que tenían un matrimonio feliz. Me respondió: “Absolutamente,
yo creo que hemos tenido muchos años de felicidad matrimonial”. Su esposa sorprendida le
contestó: “¡Un matrimonio feliz; ni siquiera tuvimos un año feliz!” El esposo no era consciente
de las cosas que había hecho para causar infelicidad en su matrimonio. Como resultado, su
esposa lo abandonó de todos modos.

Durante el proceso de divorcio, el juez le requirió al esposo pagarles una cierta cantidad
de dinero a su esposa y a sus hijos cada semana. Con el tiempo, cada vez que pagaba el
dinero, una corriente de amargura se apoderaba de él; finalmente me llamó para
preguntarme de qué manera podía deshacerse de esa amargura. Yo le aconsejé que diera
más dinero de lo que el juez le requirió dar a su esposa y a sus hijos. Él al principio no miró de
una manera obvia que esto pudiera ayudarle, pero cuando comenzó a practicar lo que le
aconsejé, ¡Se sintió sorprendido! Su actitud de amargura desapareció y fue dominado por un
espíritu de amor genuino. Aquí hay un principio bíblico:

El amor continúa donde la obligación termina.

Cuando este esposo comenzó a dar sacrificadamente más de lo que el juez le requirió,
comenzó a sentir un nuevo amor por su esposa y por sus hijos. Esto es precisamente lo que
Jesús dice que acontecerá cuando nuestros tesoros sean voluntariamente repartidos: “…
porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).

Después de esto, su esposa también comenzó a sentir que su esposo tenía un nuevo nivel
de amor y sensibilidad. Esto comenzó a darle nuevas esperanzas de que su matrimonio se
pudiera restaurar, y al paso del tiempo lo lograron al volverse a unir en matrimonio. Si el
esposo tan solo hubiera comprendido la importancia del principio de invertir voluntariamente
más de lo que se le requería en la vida de su esposa y de sus hijos desde el principio, se
habrían evitado muchos años de dificultades y problemas.

Cuando una lista de “cariño haz esto” se hace con obligación en vez de hacerse con
amor genuino, tiene un sabor amargo.

La actitud que hace que la segunda milla sea exitosa es una emoción y un entusiasmo al
hacer algo con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma, como una expresión de amor
por el Señor y por aquellos a quienes estamos sirviendo.

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Una mente de segunda milla es esencial para tener éxito diariamente. Ahora es el tiempo
para implementarla en nuestra vida como una parte regular de nuestros pensamientos y
acciones.

“Pero yo os digo… cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:39–41).

¡Remueve las barreras!


El mandamiento de ir la segunda milla, da con ímpetu al centro de las barreras que
tendemos a edificar en contra de otras personas a quienes no queremos ayudar, ni estar
asociados con ellas. Cada grupo (incluyendo las culturas, partidos políticos y religiones)
tiende a emplear técnicas para protegerse a sí mismo de los “intrusos” usando imágenes con
descripciones negativas. Una de las ideas más dañinas es el prejuicio racial.

Dios identifica solamente una raza en la Biblia, la raza humana. Las divisiones modernas
de las razas fueron el resultado de la teoría de la evolución.

Nota que en toda la lista de nombres que se usan en la Palabra de Dios no se incluyen
razas: “…[Cristo], con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y
nación” (Apocalipsis 5:9). En Cristo, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay
varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

La mujer junto al pozo de Jacob se sorprendió cuando Jesús le pidió de beber, y exclamó:
“…¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos
y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9). Los judíos son un grupo de personas porque son
descendientes de Abraham, pero Pablo establece que por la fe en Jesucristo, también los
creyentes gentiles se convierten en descendientes espirituales de Abraham (Gálatas 3:7).

Las barreras raciales nos impiden entrar en las relaciones más significativas de la vida. Por
ejemplo, Natanael dijo de Jesús: “…¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46).
También los cristianos resistieron al recién convertido Pablo porque era un fariseo muy temido.

El mandamiento de ir la segunda milla, nos sitúa frente a las barreras raciales las cuales nos
impiden a muchos cristianos implementar activamente la voluntad de Dios en la comunidad.
Muchos consideran a sus líderes gubernamentales como políticos seculares, y no los
consideran como servidores de Dios.

Cada oficial del gobierno es un “servidor de Dios para tu bien… pues por esto pagáis
también los tributos, porque son servidores de Dios…” (Romanos 13:4-6).

El Señor Jesús tuvo que condenar a los fariseos por su hipocresía, aunque no edificó una
barrera en contra de todos ellos; al contrario, recibió a un fariseo llamado Nicodemo, y
gracias a su conversación ahora nosotros entendemos la maravillosa verdad del nuevo
nacimiento (Juan 3).

Sin duda los discípulos se estremecieron cuando Jesús les dijo que fueran y ayudaran a un
soldado romano con su pesada carga. ¿Tenemos también nosotros la misma reacción
cuando oímos de los grupos políticos, católicos, protestantes, liberales, ateos, musulmanes,
budistas, comunistas, fundamentalistas, etc.? Derribemos toda barrera para que podamos
cumplir la majestuosa ley del amor (Santiago 2:8).
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“Pero yo os digo… cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:39–41).

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Día 4: Ve la segunda milla.

¡Intercambia “cosas” por libertad!


El amor a las posesiones materiales que abrazamos y guardamos, aun al grado de la
destrucción de relaciones formadas por Dios, es la causa de muchos conflictos. Dios conoce
que cuando tenemos abundancia de riquezas materiales, la tendencia a desviarnos es
grande, por tanto, cuando “las cosas” se convierten en ídolos, Dios arregla circunstancias
para liberarnos de su poder.
Cuando nosotros esperamos recibir de las cosas lo que solamente Dios puede otorgar, tal
como seguridad, gozo y libertad, formamos ídolos de ellas.

Este ciclo es un modelo en nuestra vida, así como lo fue para la nación de Israel, por lo
cual Dios se lamentó: “Porque yo les introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye
leche y miel; y comerán y se saciarán, y engordarán; y se volverán a dioses ajenos y les
servirán, y me enojarán, e invalidarán mi pacto” (Deuteronomio 31:20).

Cuando comencé a ayunar por periodos prolongados, experimenté un fenómeno


inusual. Entre más tiempo ayunaba, menos me interesaban las cosas de este mundo y las
cosas de Dios se convirtieron en nuevas y significativas.

Al tiempo, cuando le platiqué esto a un artista llamado Severt Andrewson, también me


contó que Dios había redirigido su atención a las cosas de Él en una experiencia diferente.
Por muchos años había trabajado con esmero en sus cuadros, hasta llegar a tener un buen
número en su estudio. Una noche, se incendió el estudio consumiendo todas las pinturas y
destruyendo toda la galería, con todo el material que tenía.

Después del incendio, Severt recuerda que se postró en las cenizas juntamente con su
esposa Ruth, y ambos le dieron gracias a Dios por Su amor, y por lo que iba a hacer en ellos
en el futuro próximo. Después de esto, nosotros le propusimos ilustrar los libros de cualidades
de carácter1. Severt comprendió que Dios había organizado su entrenamiento pasado, así
como las circunstancias que le dieron una preparación especial para la labor de ilustrar
paisajes silvestres de animales e imprimirlos en los libros de carácter.
Pablo aprendió el secreto para ganar más para Cristo: “…por amor del cual lo he perdido
todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).

Una de las formas más seguras de iniciar un conflicto familiar, es tratar de dividir una
herencia. El amor al dinero y la disposición para sacrificar antiguas amistades por obtener
más posesiones me ha sorprendido en muchas ocasiones que he aconsejado a familias.

Aun aquellos testamentos que se han planificado cuidadosamente, se derriban bajo los
ataques viciosos de miembros de la familia que demandan en las cortes civiles para obtener
su “parte justa” de la herencia. Ciertamente aumentan sus posesiones, pero sólo las dejan a
sus hijos para así continuar el mismo conflicto familiar.

¿Estás dispuesto a intercambiar “cosas” por la libertad? Detente en este momento y dile a
Dios: “Padre celestial, rindo todas mis posesiones terrenales a ti, para así experimentar en mi
vida más de tu vida y libertad”.

“Pero yo os digo… cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:39–41).

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Día 5: Ve la segunda milla.

¡Gánate una audiencia!


Un hombre que era muy celoso de las cosas de Dios, comenzó a compartir el
evangelio con uno de sus vecinos. El vecino solamente lo escuchaba sin responder a
nada de lo que le oía decir. Inclusive, ni atención ponía a lo que el cristiano le decía,
sino que al oírlo, se acordaba de uno de sus más íntimos amigos quien había sido engañado
y robado de mucho dinero por este cristiano que estaba ahí compartiendo el evangelio.
¡Con cuánta razón el Señor Jesús pronunció juicios más severos contra los religiosos hipócritas
que el que pronunció en contra de las rameras, los publicanos y los demás pecadores!
(Mateo 23:13).

Imagínate la insensatez de querer testificar a un soldado romano después de haber


rehusado llevar su pesada carga.

Había un rechazo abierto entre los judíos subyugados y las autoridades romanas. Inclusive,
un movimiento popular fue iniciado por los zelotes, cuya meta principal era la de quitar el
yugo de Roma de sobre la nación de Israel. La situación estaba tan tensa que los fariseos
creyeron que podían desafiar a Jesús al hacerle una pregunta con respecto a si era lícito o
no pagar impuestos al César. Si Jesús decía que sí, eso daría ocasión para que los demás
judíos lo abandonaran y lo consideraran como un traidor; y si decía que no, entonces les
daría ocasión a las autoridades para arrestarlo como un insurgente (Mateo 22:17-22).

¡Imagínate la sorpresa de la multitud cuando oyó a Jesús darles el mandamiento de ir la


segunda milla! Imagina también la falta de habilidad para establecer una conversación
durante la primera milla. El soldado romano habría considerado a su recluta llevando su
carga como un sirviente renegado a quien legalmente se le obligaba hacerlo.

Pero también imagínate el cambio total de actitud en el soldado romano cuando al final
de la primera milla, el sirviente le hubiera dicho: “Permíteme llevar tu carga la segunda milla”;
ya no se iba a considerar al sirviente judío como un recluta obligado por la ley, sino como un
amigo. La conversación entre ellos iba a tornarse totalmente en una nueva base y sin duda
que iba a iniciar con la pregunta: “¿Por qué haces esto?” El recluta judío iba a tener la
oportunidad de compartir las enseñanzas que había aprendido de Jesús, y debido a que
estas enseñanzas habían cambiado su vida, el soldado romano lo habría escuchado.

Al caminar la primera milla, nosotros cumplimos con nuestras responsabilidades; pero al


caminar la segunda milla, ganamos el derecho para testificar.

¿Quiénes son aquellas personas a las cuales has tratado de ganar para el Señor, pero se
han mostrado desinteresadas? Este fue el caso de un joven creyente que quiso ganar a su
padre para el Señor, sin embargo su padre le dijo: “Cuando tú hagas las cosas que yo te
ordeno hacer, estaré más dispuesto a escuchar lo que me quieres decir acerca de lo que
crees”. Caminar la segunda milla, demanda un cambio de agenda y prioridades, pero
cuando servimos con la motivación de amar, Dios tiene la libertad de traer resultados
sobrenaturales. ¿Qué segunda milla quiere Dios que camines en este día?

“Pero yo os digo… cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:39–41).
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Día 6: Ve la segunda milla

¡Experimenta el éxito de ir la segunda milla!


William Carey es uno de los grandes héroes de la fe, así como también un reformador,
honrado por la historia de la India. Los sacrificios y las luchas personales que experimentó y
soportó para lograr el propósito de su llamamiento, son sorprendentes.

Trabajó arduamente por muchos años para traducir la Biblia al lenguaje de la gente en el
país de la India. En 1812, un incendio destruyó un diccionario de Carey, dos libros
gramaticales, volúmenes completos en 14 idiomas del oeste del país, y versiones completas
de la Biblia. Sin embargo, intrépidamente, Carey dijo: “La pérdida es grande, pero recorrer un
camino la segunda vez, se hace más fácil y con más seguridad que la primera, así que confío
que el trabajo no perderá nada de su valor… Somos derribados, pero no perdemos las
esperanzas”. A través de los esfuerzos en su vida, la Biblia fue traducida a algunos lenguajes
que alcanzarían hasta la tercera parte de la población mundial, y se estableció un colegio
para continuar su trabajo. Su vida nos enseña una lección importante:

El éxito rara vez llega a aquellos que están dispuestos solamente a caminar la primera
milla.

El Señor Jesús explicó este punto en una parábola significativa: “¿Quién de vosotros,
teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa,
siéntate a la mesa?  ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que
haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?  ¿Acaso da gracias al siervo
porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando
hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que
debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:7-10).

A principios del siglo XX, un joven fue entrevistado para un trabajo en una planta de
automóviles, pero al final se le informó que no tenía la habilidad para obtenerlo. El joven
observó dentro de la planta y descubrió que estaba muy sucia y los pisos llenos de
escombros. Así que la siguiente mañana, arribó temprano a la fábrica y comenzó a barrer los
pisos. Más tarde, cuando el jefe llegó a la compañía, y vio lo que había hecho, le dijo:
“Joven, el empleo es tuyo”. Ese joven era una persona de “segunda milla”. Al paso del
tiempo, llegó a ocupar lugares exitosos dentro de la corporación y también llegó a ser un
héroe militar.
Si nosotros hacemos solamente lo que se nos demanda, somos identificados por la
parábola del Señor como siervos inútiles.

Ir la segunda milla para restaurar relaciones vitales y cumplir obligaciones debería ser
nuestro estilo de vida en todas las áreas, ya que el Señor Jesús dejó bien en claro que lo que
hiciéramos a los demás, lo haríamos a Él: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como
para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la
herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24).

¿Podrá decir tu empleador que tú vas a la segunda milla con relación a tu trabajo? Si
tienes dudas, propón ahora en tu corazón ser una persona de “segunda milla”.

“Pero yo os digo… cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:39–41).

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Día 7: Ve la segunda milla.

¡Mantén un balance!
Es muy fácil tomar este mandamiento y emplearlo fuera de contexto al aplicarlo de
maneras necias y antibíblicas. Dios no nos está diciendo que pongamos la mejilla a
cualquiera que quiera abofetearnos, ni tampoco nos dice que demos nuestra capa o dinero
a cualquiera que nos lo pida, o aún ir la segunda milla nada más porque alguien nos lo
ordena.
Jesús jamás hizo algo de su propia voluntad. De la misma manera, nosotros debemos
seguir solamente la instrucción de acuerdo a la voluntad de nuestro Padre celestial.

A través de los años, varios individuos han tratado de controlarme y controlar mi tiempo
con sus problemas. Tenían la presunción de que podían tener todo mi tiempo a su disposición,
y se ofendían cuando no se los daba. Ahora me pregunto si realmente buscaban una
solución.

Obviamente, estas no son situaciones de “segunda milla”. Muchas veces estos individuos
habían rechazado a sus autoridades puestas por Dios y encontraban placer en controlar a los
demás. Es por tanto, nuestra responsabilidad, redirigirlos sabiamente, amorosamente pero
firmes, hacia aquellos que son responsables por ellos, tal como sus padres, sus esposos, o sus
pastores.

1. También debemos comprender que las decisiones finales concernientes a nuestro


tiempo, energía y recursos deberán tomarse bajo la sumisión de la voluntad de Dios
y bajo la dirección de las autoridades que Él ha puesto sobre nosotros. Debemos
investigar acerca de ellos antes de ir la segunda milla.
La instrucción de hacer bien a todos los hombres, se cumple mejor al ayudar
directamente a los líderes a hacer bien a aquellos que están bajo su jurisdicción.

Por los últimos 15 años, como ministerio hemos experimentado oportunidades sin
precedentes para servir a un gran número de personas en muchos países alrededor del
mundo. En muchas ocasiones, se nos han acercado personas que desean implementar sus
propias agendas, y en cada caso les hemos dicho que contacten a los oficiales a quienes
estamos sirviendo, y las respuestas de los líderes han sido sabias en cada caso.

Esta protección nos ha guardado de mucha frustración y de esfuerzos infructuosos.


También cumple con la instrucción de Gálatas 6:10: “…según tengamos oportunidad,
hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Cuando alguien nos pida hacer algo, primeramente debemos determinar si estamos o no
bajo su jurisdicción. Si es así, entonces inmediatamente y con disponibilidad debemos seguir
sus instrucciones e ir la segunda milla. Si descubrimos que no estamos bajo su jurisdicción,
entonces debemos llevar el caso y hablar con nuestras autoridades dadas por Dios (y
también con su esposa) para que no operemos conforme a nuestra voluntad. Será un registro
muy valioso en tu diario si escribes aquellas situaciones en las que aplicaste este
mandamiento, y la manera en que Dios te bendijo a ti y a los demás como resultado de
aplicarlo.

“Pero yo os digo… cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:39–41).

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