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MATERIA: Teoría e historia de la historiografía (Pagano)

2°do Cuatrimestre 2021

Comisión: miércoles 11-13 HS

Nombre y Apellido: García Ballardo Andrea Florencia

DNI: 41325693

Dirección de correo electrónico: garciab_florencia@hotmail.com

Fecha de entrega: 10/11/2021

TEMA 1
1ª) Siguiendo a Iggers, la historiografía occidental luego de la segunda posguerra estuvo
caracterizada por el énfasis en las estructuras sociales y procesos de cambio social.
Además, representó una democratización de la historia, debido a la inclusión de segmentos
poblacionales más amplios y una extensión de la perspectiva histórica. Esto se observa por
un lado con Braudel, quien a diferencia de sus predecesores (pertenecientes a la primera
generación de Annales) no se dedicó al estudio de las mentalidades, sino que resaltó los
fundamentos materiales de la historia (factores geográficos, climáticos, biológicos,
tecnológicos y condicionados por el mercado) causados por el accionar de los hombres. En
efecto, su enfoque más que responder al estudio de los grandes hombres y acontecimientos,
se remitió a la historia de estructuras socioeconómicas. Su obra “El Mediterráneo y el
mundo mediterráneo en la época de Felipe II” (1949) respondió a una coyuntura de
“revolución cuantitativa”, donde ganaban peso la estadística, demografía y la cuantificación
y que fue primero visible en el campo económico, especialmente en la historia de los
precios. Desde allí, esta historia se difundió a la historia social, especialmente la historia de
las poblaciones; en detrimento del humanismo característico de Bloch y Febvre1. En ella, se
propuso mostrar que todos los rasgos geográficos del Mediterráneo tenían y eran parte de la
historia, e incluso eran fundamentales para comprender los acontecimientos y tendencias
generales: “Los capítulos I, II y III describen la diversidad del mar y trascienden
espacialmente sus orillas materiales (…) Estas son las etapas (…) que se propone dibujar
los diferentes rostros y el rostro del mediterráneo, para así poder comprender mejor, su
destino multicolor” 2 Asimismo, en lugar de reivindicar una concepción lineal del tiempo,
sostuvo una articulación entre el tiempo geográfico (inmóvil, donde se dan las relaciones
entre el hombre y su entorno); social (apenas pronunciado, que mide economías, Estados y
sociedades) y finalmente el individual (que a pesar de aparecer al final de su obra, no
significa que deba eliminarse del estudio historiográfico) 3 Todo ello se tradujo, en la
ruptura con la idea del progreso, la fe en la superioridad de la cultura occidental y el
concepto de nación (en tanto identidad para amplios segmentos de la población en los ss.
XIX-XX) Como resultado, la narrativa histórica debió encontrar nuevas formas de
expresión para estas nuevas condiciones y así, no sólo Braudel se ocupó en su obra del

1
Burke, P. Formas de hacer historia. 1996 (pp. 40-57)
2
Braudel, F El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (1949) (p28)
3
Romano, R “Braudel y La Mediterranèe” (pp.73)
estudio de las regiones de todo el Mediterráneo, sino que también concibió el transcurso de
la historia como imperceptible, cuyos cambios eran lentos, de constante repetición y ciclos
permanentemente recurrentes. Ahora bien, en lo que refiere a su enfoque interdisciplinar,
esta nueva postura dentro de la Escuela de los Annales no representó una ruptura con los
postulados originales de Bloch y Fevbre, sino más bien un enriquecimiento y apertura más
amplia de esta corriente a los otros campos del saber científico que permita a la Historia ser
auxiliar de otras ciencias, así como servirse de éstas a la hora de hacer sus retrospectivas.
Empero, a pesar de sus aspiraciones a una “historia total”, Braudel dijo muy poco sobre las
actitudes, los valores y las mentalidades colectivas, aun en el capítulo dedicado a las
civilizaciones. Otra de las críticas sobre su obra, según Romano4, era el hecho de que
Braudel se atrajo demasiado por la figura de Felipe II (sobre todo en la segunda parte de su
texto), cuando en realidad, la vida económica del mundo mediterráneo no podía atribuirse a
la existencia de un hombre, sin importar cuán poderoso e influyente haya sido. Así y todo,
la obra de Braudel es importante por su síntesis de la “pequeña historia” sobre la vida
cotidiana (que fácilmente puede llegar a ser descriptiva o anecdótica) y de la historia de las
grandes tendencias económicas y sociales de la época. Finalmente, aunque haya enfocado
con más determinación a sus obras en lo que refiere a las estructuras, ello no significó que
haya sido de algún modo, un claro predecesor de la historia económica y social cuantitativa.
Por otro lado, el marxismo británico en lugar de abocarse a los determinismos económicos
previamente aludidos, se enfocó en una historia social, caracterizada según Kaye5 por la
importancia que le dieron a las clases bajas, en tanto participantes activos en la formación
de la historia (y no, meras víctimas pasivas) A la vez, demuestran que tales luchas y
movimientos fueron significativos tanto para la totalidad del desarrollo histórico, como
también para las experiencias y luchas de las generaciones posteriores. Uno de sus
exponentes fue E. P Thompson, quien se opuso al elitismo tanto de la antigua (que afirmó
la existencia real de las clases y su objetividad, desde la que se pueda deducir la conciencia
de clase que "ésta" debería tener) como de la nueva izquierda (concebía a la clase obrera
como capturada, económica y/o ideológicamente por el capital), debido a su falta de sentido
histórico y desentendimiento de la lucha de clases. Su trabajo “La formación de la clase

4
Íbidem (pp.64-72)
5
Kaye, Harvey (1989), Los historiadores marxistas británicos. Un análisis introductorio (pp203-208)
obrera británica” (1963) fue un estudio sobre la formación de clases (1790-1830), donde
examina la producción y las relaciones sociales cambiantes, decisivos para la formación de
la clase trabajadora. En él, buscó superar el enfoque común de la historia socioeconómica y
obrera de la revolución industrial, el cual consideró a “La fábrica de algodoneros (…)
como el agente de la Revolución industrial (…) y social” que produjo “no sólo las mer-
cancías, sino también el propio Movimiento Obrero” 6 Con lo cual, señaló que la formación
de la clase trabajadora se hallaba en la experiencia compartida entre trabajadores, que
durante la revolución industrial intensificó dos formas intolerables de relación “las de
explotación económica y de opresión política”7 Thompson valoró a la experiencia como
mediadora entre el ser y la conciencia social, cuyo vinculo era la influencia del ser sobre la
otra y se presentó mediante congruencias (reglas necesarias, expectativas y valores mientras
la gente vive sus relaciones productivas),contradicciones (oposiciones y antagonismos entre
la cultura de la comunidad local/ocupacional y la sociedad externa dominante) y cambios
involuntarios (tecnológicos, demográficos, etc.) Pero ¿Cuál es la concepción de clase del
historiador? A lo largo de sus páginas, su investigación insistió en que la clase era un
fenómeno histórico. Es decir, se trataba de “Algo que de hecho ocurre (y ha ocurrido) en
las relaciones humanas.” De manera análoga, aseveró que “la clase toma realidad cuando
algunos hombres, a consecuencia de experiencias comunes, perciben una identidad de
intereses y la articulan entre ellos, y en contra de otros hombres cuyos intereses son
opuestos a los suyos”8 En consecuencia, al igual que Hobsbawm, (y en oposición a la
definición estalinista y mátematica de la clase) defendió la existencia plena de la clase
únicamente cuando había conciencia de esta (en tanto consecución histórica de los
trabajadores, quienes reflexionaban sobre sus experiencias, y construían, junto a
intelectuales afines, un vocabulario y marco conceptual con los cuales podía concebirse y
concretar su identidad como clase)9 No obstante, el análisis thompsoniano fue blanco de
múltiples objeciones. A pesar de que sus innovaciones, destacaron la experiencia, acción
humana y conciencia; y contradijeron al modelo deductivo previo (de base-superestructura)
Thompson asumió inconscientemente como telón retorico de fondo, al mismo

6
Thompson, E P La formación de la clase obrera británica, 989, Tomo I. Cap. VI “Explotación” (p.200)
7
Ibídem (p.208)
8
Thompson, E P La formación de la clase obrera británica, 1989, (p.9)

9
Kaye, Harvey (1989), Los historiadores marxistas británicos. Un análisis introductorio (pp.163-189)
determinismo económico que dice rechazar. Asimismo, más allá de sus advertencias sobre
evitar los formalismos estériles y la necesidad de ser conscientes de que la “formación” de
la clase obrera fue un proceso humano temporal, no nos dice cómo ha estructurado o es
posible estructurar una explicación teórica del proceso. En consecuencia, le atribuyó
excesiva importancia a las determinaciones preestablecidas criticadas por el mismo y
desatendió su enfoque al actor social. Aun con la novedad que supuso el concepto de
experiencia en su análisis diacrónico, su indefinición y carácter contradictorio le hacía
incapaz de tener un papel delimitado y unidireccional en la teoría de la formación de la
clase. Por lo tanto, no sólo debía incluir las respuestas subjetivas en los movimientos de
lucha sino también en todo su conjunto (incluyendo el ámbito familiar, actividades
recreativas, etc.) Finalmente, a diferencia de Thompson, Sewell10 prefiere concebir a la
clase (dentro del proceso de su formación) como resultado de coincidencias temporales
entre múltiples estructuras causales.
1b) Mas allá de que los postulados anteriores hayan sido caracterizados como
representantes de una extensión de la perspectiva histórica, la historiografía del S.XX fue
víctima y victimario de los propios sucesos y acontecimientos ocurridos durante la segunda
mitad del siglo: Entre ellos se destacaron el mayo francés (1968), la Guerra de Vietnam
(1955-75) y la Revolución cubana (1953-59). En este sentido, según Revel 11 el modelo de
historia social a pesar de hallarse en un momento aparentemente triunfal (donde sus
resultados se imponían más allá de las fronteras profesionales y el territorio del historiador
se ampliaba indefinidamente), se vio cuestionado por tales procesos históricos que
permearon el contexto social. A ello se le sumó la necesidad de renovar sus interrogantes y
desplazar sus cuestiones tradicionales, como la cuantificación e identificación de
regularidades en relación con el concepto de estructura e historia total. En la medida en que
los análisis estructurales y a gran escala no daban cuenta de la problemática social más
intrínseca, ni tampoco permitían comprender las preguntas sobre la comprensión del
presente y del futuro, surgieron múltiples cuestionamientos y reelaboraciones de los
mismos, que se enfocaron en aquellos sectores dejados de lado (como las mujeres o grupos

10
Sewell, W.H. Jr., “Como se forman las clases: reflexiones críticas en torno a la teoría de E.P. Thompson
sobre la formación de la clase obrera” (pp. 89-112)
11
Revel, J. “Microanálisis y construcción de lo social”, en: Un momento historiográfico, 2005. (p.128)
étnicos) A diferencia de la historia social (que estudió a los grupos sociales como entidades
fijas, naturales y eternas) apoyada en los recursos lingüísticos impuestos por los sectores
dominantes; el post-estructuralismo no normalizó tales categorías de identidad sino más
bien que las caracterizó construcciones históricas arbitrarias e inestables, además de ser
producto de relaciones de poder fijadas en el lenguaje. A causa de ello, se produjo un
cambio en el objeto de estudio, reduciéndose la escala de los actores sociales (antes dejados
de lado) y cuestionando la mirada centralista y eurocéntrica de las corrientes predecesoras.
Ello se observa en el estudio de Zemon Davis “Mujeres en los márgenes: tres vidas del
siglo XVII” (1999) Dicho trabajo supuso una innovación e iluminación de estos grupos
tradicionalmente olvidados y abordó a las mujeres excluidas de los centros de poder
político, real, civil y senatorial. Retomó a Foucault para definir el lugar del poder en el
SXVII, que no sólo se ubicaba “en una fuente única de soberanía”, sino también como
“algo omnipresente en las relaciones de fuerza a lo largo de toda la sociedad” 12. Ello le
permitió explicar las maniobras del poder desde los márgenes y así, recopilar diferentes
historias de vida de mujeres (SXVII), mostrando cómo aprovecharon y reconstruyeron sus
posiciones. Más allá de sus particularidades, todas ellas pertenecían a un ámbito urbano, sus
matrimonios con erosionadas prescripciones jerárquicas de obediencia por su dedicación a
la manufactura o comercio. Asimismo “los peligros de la peste, los dolores de la
enfermedad y la muerte prematura de familiares, todo ello afectó las fortunas de Glikl bas
Judah Leib, Mane Guyart de I’Incarnation y Mana Sibylla Merlán” 13Pero también, el
análisis sistemático de la realidad de tres mujeres encontró diversidad debido a que cada
una pregonó un culto diferente o se dedicó a diversas labores. Con lo cual, se amplió el
análisis a un objeto de estudio que, hasta ese momento no se estudiaba demasiado. A
diferencia de otras perspectivas históricas, que impulsarían a buscar reglas o una lógica
sobre los tres casos planteados; la autora plantea la necesidad de considerar la
simultaneidad de los tres modelos, y dar cuenta de la movilidad, mezcla y contienda de las
cultoras europeas. No obstante, dicha investigación nos obliga a preguntarnos si,
necesariamente, desde aquí se puede explicar la realidad del resto de las mujeres del S.
XVII. Si bien, más allá del atractivo de los procedimientos retóricos utilizados (destinados
a provocar efectos de realidad) que retoman a los actores sociales en forma de dialogo y
12
Zemon Davis, N. Mujeres de los márgenes, 1999. (p.268)
13
Ibidem (pp.259-264)
narración, estos corren el riesgo de atribuirle a los actores sociales de la época un
pensamiento totalmente anacrónico. Por tal motivo, es fundamental comprender el hecho de
que los historiadores no podían garantizar que las cosas realmente tuvieron lugar como
ellos la cuentan.
2) De acuerdo a Revel14, las corrientes historiográficas tradicionalmente mantuvieron un
voluntarismo científico, que seguía procedimientos explícitos y respondía a hipótesis
validadas empíricamente. Su metodología se insertaba en una perspectiva macrohistórica,
sin fundamento alguno, ya que consideraban que la escala de observación no constituía una
de las variables de la experimentación. En respuesta a ello, Levi15 sostuvo que las
consecuencias de no reflexionar acerca de cuál era la dimensión adecuada para estudiar los
problemas históricos, eran el apoyo de premisas no neutrales por parte de los científicos
(quienes consideraban las situaciones locales o personales como escenarios “macro” y
percibían dicotomías donde el primer término predominaba sobre el segundo) y el uso de
explicaciones automáticas en sus estudios. De esta manera, más que explicar realmente las
problemáticas de la historia, se originaban debates sin salida hasta que existiera situación
concreta que permita elaborar explicaciones más definidas que las precedentes. Para evitar
esta situación y explicar realmente el funcionamiento real de los mecanismos históricos,
propuso el enfoque microhistorico. Más allá de que supone un cambio en el foco del
objetivo e implica una escala de observación particular (con efectos sobre el conocimiento),
tambien transforma el contenido de la representación. En pocas palabras, lo fundamental
era el principio de la variación, no la elección de una escala en particular. En línea con la
coyuntura que posibilitó su aparición, permitió quebrar hábitos adquiridos y posibilitar una
mirada crítica sobre los instrumentos y procedimientos del análisis socio-histórico.16
Quienes adhirieron a esta perspectiva, pretendieron deslizarse en los intersticios del análisis
serial accediendo a lo vivido y la experiencia individual (algo que no consideraban los
estudios agregados) Pero también buscaban dar a los problemas de la validación del

Revel, J. “Microanálisis y construcción de lo social”, en: Un momento historiográfico, Buenos Aires,


14

Manantial, 2005 (pp. 126-135)


15
Levi, G. “Un problema de escala”. 2003 (pp.282-288)

16
Lepetit B, “De la escala en historia”, en Revel (Dir.) Juego de escalas. Experiencias de microanálisis,
2015 (p.92)
análisis, respuestas de la misma índole que las que se suponía encontraría la historia
cuantitativa en la manipulación de los números.17 Otro aporte al problema de la
generalización, fue el estudio de Lepetit, quien replanteó tal discordia partir de la noción de
escala (aplicada a la historia para definir el conocimiento como un modelo reducido de la
realidad), pero ilustró un argumento presentado ya en la Revista de Annales sobre el giro
crítico (según la cual la forma en que los historiadores observan la realidad, varía en
función del ángulo desde el que se mira o escala adoptada al inicio de la investigación) y no
hizo más que reforzarlo. Sin embargo, destacó las particularidades de la microhistoria
respecto a las perspectivas historiográficas precedentes, como por ejemplo, el hecho de que
las obras de este nuevo enfoque yuxtapone recortes temporales regularmente espaciados
(para observar sus similitudes y diferencias) pero sin construir crónicas. A diferencia de las
anteriores, sus ambiciones no eran ni la exhaustividad de lo contado, la linealidad de la
narración, ni tampoco reducir la complejidad del momento histórico aislando sus
componentes temporales. Al contrario, sus objetivos se regían por los puntos de vista
analíticos y las modalidades sucesivas de la observación. También sostuvo con ahínco la
oposición de la microhistoria hacia el geertzismo, cuyos modelos eran provistos por una
antropología social que desatendió a las representaciones, roles sociales, y procesos de
estructuración de la sociedad gracias a su interacción. A diferencia de esta perspectiva, la
microhistoria se apoyó en el modelo de Barth, caracterizado por la presencia de un
individuo activo y racional, que efectúa elecciones en un universo de incertidumbres y
restricciones (que dependían de la distribución desigual de las capacidades individuales de
acceso a la información) y de las cuales se derivan diversos procesos macroscópicos.
Finalmente, el hecho de que elegir una escala significaba seleccionar un nivel de
información pertinente con el nivel de organización por estudiar, significaba que la
investigación microhistorica era una dinámica sin fin. A la vez, implicó una noción
epistemológica constructivista del objeto de estudio, el cual no estaba dado de antemano ni
tampoco impuesto externamente. Sera, el mismo observador quien lo construya durante su
análisis e investigación. No obstante, más allá de que la elección de una escala particular
modificaba la conformación y organización de los objetos, ninguna gozó de privilegios

17
Lepetit B, “De la escala en historia”, 2015 (pp.95-97)
particulares (no había jerarquía entre ellas) ni tampoco proyectaron fielmente a las
realidades que decían representar. 18

18
Lepetit B, “De la escala en historia”, en Revel (Dir.) Juego de escalas. Experiencias de microanálisis,
2015(pp. 98-113)
Bibliografía utilizada.
- Burke, P. Formas de hacer historia. Madrid: 1996 “Obertura”

- Iggers G. La ciencia histórica en el siglo XX. Desde lo objetividad científica al


desafío posmoderno, Méjico, FCE, 2012

- Kaye, Harvey (1989), Los historiadores marxistas británicos. Un análisis


introductorio, Prensas Universitarias, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1989
(selección)

- Lepetit B, “De la escala en historia”, en Revel (Dir.) Juego de escalas.


Experiencias de microanálisis, Buenos Aires, UNSAM, 2015

- Levi, G. “Un problema de escala”. Relaciones. Revista de El Colegio de


Michoacán, 24 (95), 2003

- Noirel, G., Sobre la Crisis de la Historia, Frónesis, Cátedra Universitat de València,


Madrid, 1997. (selección)

- Revel, J. “Microanálisis y construcción de lo social”, en: Un momento


historiográfico, Buenos Aires, Manantial, 2005.
- Romano, R “Braudel y La Mediterranèe”, en: Braudel y nosotros. Reflexiones sobre
la cultura histórica de nuestro tiempo, México, FCE, 1998
- Sewell, W.H. Jr., “Como se forman las clases: reflexiones críticas en torno a la
teoría de E.P. Thompson sobre la formación de la clase obrera”, en AAVV, E.P.
Thompson: diálogos y controversias, Valencia, Biblioteca de Historia Social, 2008

Fuentes
-Braudel, F El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, México,
FCE, 1953. Prefacio a la primera edición española, prólogo a la primera y a la segunda
edición francesa, Tomo I: Cap. I (pàgs. 29-62), segunda parte Cap. II, (pàgs. 683-715),
Tomo II: cap. IV (pàgs. 583-607)
-Thompson, E P La formación de la clase obrera británica, Barcelona, Crítica, 1989,
Tomo I. Cap. VI “Explotación”
- Zemon Davis, N. Mujeres de los márgenes, Catedra, Valencia, 1999.

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