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Problemas Sociales Contemporáneos

La importancia de analizar la realidad desde los sujetos que las construyen, del
patriarcado y la violencia de género.

Laura Natalia Peña Quiñonez


Anderson Duván Ramírez Parrado
Yudith Melisa Rubiano Pinto
Valery Nicole Rivera Panche
Juan Felipe Parra Gónzales

El juego de deseos, de los cuerpos y el poder son temas revisados por distintos autores,
dentro de los cuales podríamos destacar a Foucault, quien nos habla de que el poder en la
actualidad, si bien no se localiza exclusivamente en una sola persona o institución, sí podría
decirse que se circunscribe y se moviliza en la dominación de los cuerpos, en la decisión de que
cuerpos, y sus discursos, son más valiosos que otros, moviliza también sus deseos, sus
necesidades y los codifica. Lo cual nos lleva a cuestionar aquello que ha sido establecido, incluso
en nosotros mismos, como sujetos que si bien individualizados, podemos reconocer que nos
atraviesan elementos culturales de la sociedad, y que en medio de estas conciencias se da la
oportunidad de encontrarnos con un otro, de ver la realidad social en su multiplicidad, con los
límites condicionantes de la misma.

Partiendo de lo anterior, como sujetos sociales, también identificamos que tal vez, la
problemática central de quienes tienen interés por acercarse al conocimiento de la realidad, que
ya existe, es que desde la hiperespecialización de las áreas del conocimiento, se desgarra la
realidad social y terminamos por perdernos en las partes, viendo un problema desde una sola
perspectiva; además, teniendo en cuenta que se suelen retomar principios ideológicos que
implícitamente nos llevan a tener una visión excluyente, pues ha sido construida en lo socio-
cultural, que históricamente ha acallado las voces de sujetos sociales, dejando de lado
colectividades, y así, haciendo el camino hacia una transformación como una lucha de largo
aliento, incluso por esos mismos que quisieran cambiarla, pues de cierta manera inconsciente se
entra a reproducir discursos y lógicas violentas.

De manera aclaratoria, cabe resaltar aquello que Morín y Osorio plantean como un
paradigma revolucionario, que complejiza los elementos que hemos venido nombrando. Cada
capa de la sociedad tiene problemáticas distintas, logramos ver únicamente lo superficial pero no
tenemos idea, o por lo menos una que recoja lo que pasa en el fondo, que nos permita ordenar la
dispersión que se presenta en la superficie o cuestionar el orden mismo, ya que esta realidad es
infinita y se recrea diariamente, y su funcionalidad tiende al caos, partiendo de esto se nos
presentan diferentes cuestionamientos como lo son: ¿Cuál es el detonante de este problema?
¿Qué pasa con las mujeres que fueron víctimas de violencia y nunca denunciaron? ¿Por qué no lo
hicieron? El motivo por el que se produce la violencia de género es un conjunto de valores que
aún predominan en nuestra sociedad actual. Entre algunas de las más comunes: muchas veces las
víctimas de violencia de género no son consideradas por ellas mismas como tal, ya que tienden a
pensar que su situación es algo normal o que son culpables de este tipo de hechos, tal vez por
falta de educación o de pocas oportunidades, o porque, y esta es la visión que queremos plantear
desde Morín, que hay principios supra lógicos construyen valores que legitiman y permiten la
reproducción histórica de esta vertiente de la realidad. Todo este tipo de hechos han mantenido a
la mujer en condición de supuesta “inferioridad”, siendo así que la violencia de género se
configura como un mecanismo social justificado por la tradición, mediante el cual las mujeres
quedan sometidas a los hombres. La violencia contra las mujeres es estructural, es decir, no es
derivada de rasgos unicos de una serie de individuos, sino de una forma cultural pasa a definir
identidades, y funcionalidades.

En la inteligencia ciega se nos plantea la toma de conciencia como la adquisición de


conocimientos, pero son estos permeados incluso por la ignorancia, es aquí donde se encuentra
una de las principales causas de la alteración del mismo, es la ignorancia ligada al desarrollo de
la ciencia, la desorganización de los saberes e incluso las amenazas ligadas al progreso. Esta
inteligencia ciega aísla a los objetos mismos de su ambiente, generando en la población
violentada el desconocimiento de las acciones que causan la perturbación de sus derechos y el
alienamiento de estas prácticas sistemáticas.

La articulación entre la decisión y la realidad social constituye reflexiones acerca de la


política sobre cualquier postura ideológica, donde se reconocen las opciones que se presentan y
se discute sobre ellas para la imposición de un proyecto, abordando con esto la dialéctica que
observa la presencia de la voluntad en pro de la construcción de su propia identidad como sujeto
social, sus alianzas y conflictos, donde se destaca la capacidad de distinguir enemigos y alianzas,
siendo la realidad un producto histórico. En esto se ven los procesos decisorios donde se
involucran las opciones frente a su realidad, en donde estas decisiones significan la potenciación
de una dirección en cuanto al curso de desenvolvimiento, de acuerdo a esto es importante
destacar el desarrollo de la identidad propia de las mujeres, retomando su construcción junto a
los diversos factores que inciden en la transformación de la misma.

La construcción histórica de violencias hacia la mujer en situaciones excepcionales.


En ese sentido, retomamos brevemente, a Segato, quien nos habla de las nuevas formas
de guerra, las cuales tienen características informales y paraestatales. Para el caso que
quisiéramos revisar, encontramos que la violencia contra la mujer en estas nuevas formas de
guerra, ya no es un efecto colateral dentro del ejercicio de la guerra, más bien se ha transformado
en un objetivo estratégico. La informalización de las normas bélicas ha configurado unas
transformaciones históricas en donde la guerra asume una pedagogía de la crueldad contra
aquellos que no están involucrados en los conflictos armados, estos serían los cuerpos dóciles,
cuerpos femeninos y feminizados.

En la historia de las guerras, desde las guerras entre tribus hasta las guerras del siglo
XX, el cuerpo de la mujer acompañó el destino que tuvieran las conquistas. En estas guerras las
mujeres eran un botín, al igual que los territorios u otras riquezas de los pueblos conquistados.
Hoy estas prácticas han mutado, y se han enmarcado en actos de destrucción con exceso de
crueldad, tortura y muerte.

Ahora, se plantea la cuestión frente a que “la violencia de género es la primera escuela
de todas las otras formas de violencia” y si bien, Segato nos da elementos para decir que es en
los cuerpos femeninos o feminizados, el espacio-territorio, en el cual la pedagogía de la crueldad
generadora de daños (físico, psicológico y moral), representa una derrota al enemigo.

Y es qué ¿Por qué la historia del Estado es, en realidad, la historia de los hombres? En
el tránsito de la “modernidad” a la formación del Estado moderno todo lo político fue
“secuestrado por la historia de los hombres” Incluida la politicidad propia de las mujeres, que era
la politicidad “del orden doméstico, de la intimidad, del cuerpo a cuerpo, de la proximidad no
burocrática de la defensa y la reproducción y protección de la vida aquí y ahora”. dice Segato.
Según el análisis de la antropóloga, todo eso continúa siendo la politicidad de las mujeres,
aunque hoy no se llame política. Lo que sucedió en la transición de una época a otra también
implicó la transición de una estructura dual donde hay una jerarquía de lo político-público y de lo
político-doméstico a una binaria que es un mundo de uno y sus otros.

En la transición al mundo binario vemos que el espacio de la política se transforma en el


normal, en el espacio de los temas de interés colectivo, de toda la gente, donde se enuncian las
verdades de valor universal e interés general, y el mundo de la domesticidad se transforma en un
residuo despolitizado, encapsulado, íntimo y privado, donde las mujeres se mueren.

Ahí la vulnerabilidad de las mujeres y la de sus hijos se vuelven extremas por la


soledad, el encapsulamiento y la despolitización de ese espacio que es el espacio de la familia
nuclear. El ojo público siempre ve los crímenes contra las mujeres como crímenes menores,
porque su existencia está asociada a un espacio que se ha despolitizado y despublicitado
completamente.Las mujeres no son ciudadanas plenas, razón que se evidencia cuando el juez
juzga los casos de feminicidios o los otros crímenes contra las mujeres.Los crímenes contra las
mujeres no son crímenes de la libido, son crímenes políticos de ese orden patriarcal”. Y si fuera
un “crimen del deseo”, en todo caso se trata de otro deseo: el del poder.

En el marco de una situación excepcional de pandemia, en donde la actividad en la


mayoría de las actividades de la sociedad se han detenido, hay y cómo cifras a nivel mundial,
también nacional, demuestran cómo estas violencias no se detienen, e incluso se han acrecentado
sin la necesidad de que llevemos a los cuerpos a un campo de batalla, ya las mujeres están siendo
objeto de crueldad, tortura y muerte.

Fundamentando lo anterior, encontramos que en Colombia, según cifras del Instituto


Nacional de Medicina Legal, entre enero y abril del año 2020 han sido abusadas sexualmente
6.085 niñas menores de edad y han sido asesinadas otras 33. Revisando solamente el primer
trimestre del año pasado, y pasando por alto como estas han crecido exponencialmente, las
mismas cifras nos demuestran que en el país cada día violan a 55 niñas, mientras que cada 3,3
días una es asesinada. Este panorama demuestra que las niñas y mujeres son tratadas como
objetos y no como sujetas de derechos (sentipensantes), pensando que ni siquiera los hogares y
las personas que habitan en ellas, en su mayoría del género masculino, hay un desfogue de
energías violentas que se escriben y se siembran en lo privado, en donde no debe existir ningún
tipo de violencia, hacia ninguna de las partes que lo conforman.

En el país hay hombres que siguen viendo a la mujer como un ser inferior condicionado
a satisfacer sus placeres. Esta supuesta superioridad es la que los hace considerar que las mujeres
no merecen respeto, llegando a ver su vida como algo que no tiene el mismo valor y
normalizando toda conducta que atente contra ellas.

Esto lo podríamos vincular con la “dueñidad” que plantea Segato, es decir, el hecho de
que este sea “un mundo de dueños, donde hay señores de la vida y de la muerte con gran
concentración de la riqueza”, los hombres como dueños del hogar, de las mujeres, de las
infancias. Cuestión que se desea problematizar, debido a su complejidad, pensando en como lo
plantearían desde los feminismos, “lo personal es político”, pensando así que si estas violencias
se dan dentro de un espacio privado, no se limita a él, su problemática va más allá de verlo como
una simple violencia doméstica, o sólo violencia psicológica, o económica, o física, es un
entramado de violencias, sale de las esferas de poder privadas que el patriarcado quisiera
normalizar por sus discursos machistas, de tradición religiosa, que se han venido produciendo,
reproduciendo y que en este episodio mundial, ha hecho que de cierta manera, algo se moviera
dentro de las personas, las violencias que nos atraviesan empiezan a movilizarse en la realidad
social, que en confinamiento se reduce a un espacio familiar o de pareja que pasa por una
situación de violencia de género.
La violencia de género desde la perspectiva de la pandemia por Covid-19:

Las principales medidas tomadas para la contención y no contagio del virus SARS-
Cov2, es el aislamiento social y las restricciones de movilidad las cuales imponen un cambio de
rutina en las personas; haciendo así, que se ocupe todo o la mayoría del tiempo en los hogares, lo
que supone e implica un atroz aumento en los índices de violencia de género. segun la ONU
Mujeres (2020) El Covid-19 suma al estrés económico y social, lo que también puede aumentar
la violencia contra las mujeres principalmente en el ámbito de las situaciones domésticas.

Los perpetradores pueden estar atravesando situaciones de desempleo, inestabilidad económica o


estrés, lo cual puede aumentar la frecuencia y la severidad de la violencia contra las mujeres y
tras el confinamiento, se centra una transaccion del riesgo de letalidad, el cual aumenta debido la
percepción de pérdida de control que tiene el agresor.

Contrario a esto es indispensable considerar que la problemática de género no es algo


nuevo ni traído por la pandemia, existe una dificultad para conceptualizar el término de violencia
de género, por lo que es importante referirse a ella en sus términos totales y no debe verse sólo
sobre el índice de feminicidios sino sobre todos sus ámbitos (física, psicológica y sexual). El
conocimiento de lo que pasa es el inicio para conocer una realidad social perniciosa y sus
aspectos transformables que pueden dar paso a su erradicación y así alcanzar una utopía
alcanzable que deriva a la contención de la ceguedad impuesta por las sociedades patriarcales
ante el trato misógino y deplorable dado a los cuerpos feminizados.

Cualquier desafío enfrentado por las mujeres se hace más difícil debido a la poca
representación que tienen en muchos de los aspectos de fuerza y actividades decisorias nivel
nacional e internacional. La participación igualitaria de las mujeres en los mecanismos de
respuesta y recuperación de la crisis del Covid-19 es indispensable por razones de igualdad. La
toma de decisiones que incluyan la feminidad es indispensable para ofrecer respuestas a la crisis
y problemática de violencia intensificada por el nuevo contexto mundial por la pandemia.

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