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"Faulkner dice que él empezó a escribir porque lo veía a Sherwood Anderson que era

amigo, ahí en Nueva Orleans, y veía que Anderson estaba siempre tranquilo, que nunca hacía
nada, que se desaparecía por las mañanas o por las tardes y a la noche estaba con los amigos
bebiendo en los bares y en los prostíbulos de Nueva Orleans. “Yo quiero vivir así –pensó
Faulkner–, escribir a la mañana y estar libre el día entero”. Dice Faulkner: “Bueno, entonces
decidí que yo también iba a ser escritor” y fue derecho a escribir la primera novela y, cuando
la terminó de escribir, se la llevó a Anderson y le dijo: “Mire, yo escribí porque lo veía a usted
vivir y me di cuenta que era lo que yo quería hacer, así que hice esta novela”. Entonces
Anderson le dijo: “Mire, yo me voy a ocupar de publicar esta novela con la condición de no
tener que leerla”. Esta historia condensa todo el problema del pase; el problema de quién es
un escritor para el que todavía no es un escritor, qué tipo de imagen de escritor es la que
permite sostener ese momento de la escritura, que es siempre un momento de
incertidumbre. Cómo el mito del otro escritor ayuda a sostener ese momento y, al mismo
tiempo, cómo responde el otro, en este caso Sherwood Anderson, que legitima y niega,
digamos, establece una relación donde se niega a leerlo y a decirle “yo te voy a decir si sos un
escritor”. Se corre de ese lugar, sencillamente le dice: “Yo voy a permitir que vos socialmente
te conviertas en un escritor y publiques un libro”."
.
Ricardo Piglia. Teoría de la prosa. Eterna cadencia. 2019.
Imagen: mapa de Yoknapatawpha hecho por Faulkner en 1946.