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POMPEYA

Pompeya fue una ciudad de la Antigua Roma ubicada en la región


de Campania, cerca de la moderna ciudad de Nápoles y situada
alrededor de la bahía de la provincia de Nápoles. Fue enterrada
por la violenta erupción del Vesubio el 24 de agosto del año 79 d.
C.

El Vesubio
El monte Vesubio es un volcán activo del tipo vesubiano situado
frente a la bahía de Nápoles. Tiene una altura máxima de 1.871
metros y se alza al sur de la cadena principal de los Apeninos.[]

Es famoso por su erupción del 24 de agosto del año 79, en la que


la ciudad de Pompeya quedó sepultada. Tras aquel episodio, el
volcán ha entrado en erupción en numerosas ocasiones. Está
considerado como uno de los volcanes más peligrosos del mundo,
ya que en sus alrededores viven unos tres millones de personas y
sus erupciones han sido violentas; se trata de la zona volcánica
más densamente poblada del mundo. Es el único volcán situado en
la parte continental de Europa que ha sufrido una erupción en el
siglo XX.

El Vesubio es un volcán compuesto, situado en el límite


convergente donde la placa africana empieza a sumergirse debajo
de la placa euroasiática. Su lava está compuesta de viscosa
andesita. La montaña está compuesta de capas de lava, escorias,
cenizas, y piedra pómez.

Daños sísmicos y volcánicos


Una importante área de las investigaciones se centra en las
estructuras que estaban siendo restauradas durante la erupción
del año 62. Algunas de las pinturas antiguas que resultaron
dañadas, pudieron ser cubiertas con nuevos frescos, y se utilizan
modernos instrumentos para analizar las pinturas ocultas. La razón
más probable por la cual esas estructuras todavía estaban siendo
reparadas 17 años después del terremoto era la creciente
frecuencia de pequeños temblores que precedieron a la erupción.
Aunque la ciudad de Pompeya se ha conservado en un estado
envidiable bajo la capa de cenizas, hay que tener en cuenta que
durante la erupción, los edificios vivieron un fenómeno muy
parecido a un bombardeo, motivo por el cual la mayoría de los
tejados se vinieron abajo y muchas edificaciones sufrieron graves
daños.

Durante las excavaciones, se hallaron huecos en la ceniza que


habían contenido restos humanos. En el año 1860 un arqueólogo
italiano sugirió rellenar estos huecos con yeso, obteniendo así
moldes que mostraban con gran precisión el último momento de la
vida de los ciudadanos que no pudieron escapar a la erupción. En
algunos de ellos la expresión de terror es claramente visible. Otros
se afanan en tapar su boca o la de sus seres queridos con pañuelos
o vestidos tratando de no inhalar los gases tóxicos, y alguno se
aferra con fuerza a sus joyas y ahorros. Tampoco falta quien
prefirió ahorrarse el tormento quitándose la vida, conservándose
su cuerpo junto a pequeñas botellas que contenían veneno. Los
perros guardianes siguen encadenados a las paredes de las casas
de sus amos, al igual que los gladiadores del anfiteatro (en este
último caso, acompañados de una misteriosa mujer cargada con
todas sus joyas de gala).

El número actual de víctimas detectadas es de unas 2.000, y es de


esperar que aparezcan muchas más en las partes de la ciudad que
todavía no han sido excavada.