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2021

ANTROPOLOGÍA
SOCIAL Y CULTURAL
LA MASACRE DE
NAPALPÍ

5°4

Alumnos: Profesora:

 Diaz Claudio  Daiana Ortiz


 Ulrich Jorge v
 Frías José
INTRODUCCIÓN
En este Informe vamos a explicar y redactar como fue “la Masacre de
Napalpí” hecho que ocurrió el 19 de julio de 1924 en el territorio
chaqueño y que impactó a toda la república argentina, Básicamente,
en la provincia del chaco había una reducción, lugar donde usaban
indígenas como mano de obra esclava para cosechar algodón o para
hacer otras cosas forzadamente. En ese lugar se les pagaba muy
poco a ellos y los hacían trabajar en condiciones infrahumanas, la
masacre se dio por una protesta que estaban realizando los originarios
debido a la violencia y explotación que estaban sufriendo en la
reducción. La represión se llevó a cabo por parte de la gendarmería de
línea quienes emboscaron a los indígenas, la matanza continuó varios
días con los policías persiguiendo y asesinando a todo testigo que
habían podido escapar, la cantidad de personas fallecidas fueron más
de 500 y luego de la matanza hubo ancianos y ancianas que no
enseñaron el idioma Qom y Moqoit como una forma de protección a
las nuevas generaciones.
DESARROLLO
Napalpí era otra cosa:

La reducción de Napalpí fue creada por el gobierno de Roque Sáenz Peña el 24


de julio de 1912, el indio tenía solo dos opciones: ser sometidos por el ejército o
ser muerto. Enrique Lynch Arribálzaga era un Inspector Nacional de Defensa
Agrícola, nació en Buenos Aires el 26 de agosto de 1856. Él pensaba: “la
esclavitud no terminará en la Argentina mientras existan indios que sean parias”.
El 27 de octubre de 1911, un decreto lo designó “delegado de reducciones”. Su
plan consistía en que le entregaran 1600 indios para con ellos formar una
reducción en una zona a determinar.
En Napalpí vivían en paz tobas Mocovíes y Vilelas, anteriormente acérrimos
enemigos. En junio de 1914 ya había 774 aborígenes viviendo en la reducción, Lo
que en principio se hacia allí era explotar la madera de los bosques circundantes.
Pero los indios también cultivaban, en un perímetro de 82 hectáreas y bajo la
dirección de un perito agrónomo traído de Buenos Aires, maíz, batata, zapallo,
sandia, melón, mandioca, algodón, caña de azúcar, tabaco, poroto, manteca y
banana. La mayor parte de las tareas agrícolas estaba a cargo de las indias
porque los indios varones consideraban a la agricultura un atentado contra su
masculinidad. Pronto se añadió una escuela atendida por el joven maestro
Abraham Mendieta, enviado desde Buenos Aires por el consejo Nacional de
Educación. Las clases comenzaron en 1913, y para 1916 la cantidad de alumnos
ya era 107. La mayoría de los alumnos vivían lejos de la escuela entonces la
administración de la reducción compro 58 burros para que puedan asistir a clases.
En 1914 el administrador Eufemio Galbán Brusque, hombre a quien los indios
querían mucho, renuncio porque lo querían trasladar a Formosa. Los colonos
blancos aprovecharon la situación y fueron a decirles a los aborígenes que los
militares los van a forzar a trabajar gratis porque no les van a pagar sus sueldos, y
que sus hijos serán enviados a Buenos Aires. La agitación se calmó con la llegada
del nuevo administrador, Leonildo Brignole. Brignole les dijo: “lo de los militares
que van a venir a tratarlos como esclavos y a llevar a sus hijos a Buenos Aires es
mentira. Calmados los indios volvieron al trabajo. Para agosto de 1915, los
pobladores adultos de la reducción de Napalpí sumaban 1534, todos de la Etnia,
toba. De ellos, 802 eran varones y 732 mujeres.
Obrajeros y colonos por igual seguían quejándose de la reducción ante el
gobernador Alejandro Gancedo, reclamaron “amparo contra los perjuicios que
sufrimos por causa de los procederes de la reducción”, ellos veían a la reducción
como una competencia desleal, y lo puntualizaron en la misma nota. La intención
fue siempre recibir en esa reducción a indios pacíficos, aunque salvajes, los indios
que hoy viven en Napalpí han ido allí por su propia voluntad.
En mayo de 1916 la aparición en las inmediaciones de Estación Capdevilla de 350
Mocovíes desnudos y hambrientos encabezados por dos caciques que decían
llamarse Pedro José y José Emanuel. El gobernador Gancedo mandó un tren para
cargar a los indígenas y llevarlos a la reducción. 95 de los 350 Mocovíes
aceptaron subirse al tren, el resto se negó, querían ir caminando a la reducción,
porque pensaban que si subían al tren serian llevados a un lugar para ser
liquidados. Algunos de los que se subieron se arrepintieron después, saltaron del
tren cuando ya se encontraba en plena marcha y se esfumaron por los bosques
vecinos. El 22 de mayo de 1916 llegaron a pie a la Reducción Pedro José y José
Emanuel conduciendo a 43 hombres, 52 mujeres y 48 niños. El estado de los
indios era lastimoso, después de ser bien alimentados y de descansar se
dedicaron a trabajar en el monte.
Lamentablemente, en junio de 1916 se desató una epidemia de malaria que mato
al cacique José Manuel. Asustados, casi todos los mocovíes abandonaron de un
día para otro la Reducción. Optaron por vivir de la cacería en los bosques y
montes que en esos tiempos eran infinitos. Después, en agosto de 1916 se hizo
otro censo: entre tobas y los pocos mocovíes que no se fueron había 1800 indios.
La segunda rebelión en la reducción se produjo en 1917, han ocurrido varias
muertes y los pobladores colindantes han llegado hasta prestarse al éxodo. Lo que
estaba ocurriendo era que desde hacia nueve meses los indios no cobraban sus
sueldos, entonces el presidente Hipólito Yrigoyen envió 100.000 pesos para pagar
los salarios adeudados. Los aborígenes volvieron al trabajo, el 21 de noviembre de
1917 cesó la intervención, y en Buenos Aires la comisión honoraria de
reducciones reasumió la conducción de Napalpí. Después de un tiempo en
situación de paz todo cambió drásticamente, con la llegada a Resistencia del
abogado y ex diputado provincial santafecino Fernando Centeno como nuevo
gobernador del Territorio Nacional del Chaco. Según la prensa, era “uno de esos
tantos pillos que engordan sus bolsillos a expensas del presupuesto de la Nación”
y que “nunca ganó un peso honradamente”.

Cómo se gestó la última rebelión

“Muy malos gobiernos vimos en el Chaco, pero peores que el de Centeno,


ninguno.”
Así titulaba una de sus notas el “Heraldo del Norte” del 27 de junio de 1924. Este
hombre derrumbó en el Chaco todos los pilares de la moral política, social y
administrativa. Comenzó borrando de la administración publica chaqueña a todos
los funcionarios honestos. Los reemplazó por adictos que no eran ni mas capaces,
ni mas laboriosos, ni mas inteligentes sino con matones y personas que venían de
afuera y empezaron a crear conflictos.
La tercera rebelión comenzó como una reacción ante determinadas cláusulas que
la administración de Napalpí introdujo en el reglamento de chacras. A partir de
entonces, los indios con plantaciones propias de algodón eran obligados a dar el
quince por ciento de sus cosechas en concepto de “compensación para el
Estado”. El aborigen sufría también otras humillaciones, como el control
permanente de sus cosechas. Afrontaba impuestos desconocidos para los
blancos, y pagaba cosas por las cuales no recibía compensación alguna. La gota
que colmó el vaso fue la negativa de los aborígenes cosecheros a seguir
trabajando. Esto hizo que en mayo de 1924 Centeno encendiera el fuego de la
tercera rebelión de Napalpí. Cuando los aborígenes quisieron ir a Tucumán, Salta
o Jujuy a ganar un salario humano y no de bestias, centeno les cerró la frontera
impidiéndoles ir a otros lados a ganar salarios mas justos para poder seguir
teniendo mano de obra barata.
En cuanto a moral y buenas costumbres, el indio no era mejor ni pero que el
blanco. Un robo o asesinato cometido por el blanco era un mero hecho policial,
pero si el que lo cometía era aborigen era obra de “salvajísimos malones
criminales de indios”. Un sábado en un bar de Machagai, un grupo de indios había
estado allí bebiendo, al retirarse, todos borrachos, hubo entre ellos mismos una
pelea que otros compañeros calmaron. Algunos de los aborígenes repelieron a su
vez la agresión policial con cuchillos. Después vinieron más policías y los
aborígenes huyeron. Días después se informó que un indio acusado de robar tres
vacas lecheras “se puso nervioso y murió de arrepentimiento” cuando era
interrogado en la comisaria. Este incidente ocasionó que todo el mundo empezara
otra vez a hablar de alzamiento. El periodista Federico Gutiérrez informó que “no
hubo alzamiento ni rebeldía. Solo exigió la liberación de indios detenidos en la
comisaria de Machagai”.
Otro problema se sumó seguidamente a la ya de por si grave situación: el terror de
los colonos blancos ante los rumores que se propalaban sobre asaltos, robos y
asesinatos. El 5 de julio de 1924 hubo un enfrentamiento, tres vecinos blancos de
la zona fueron muertos y sus casas saqueadas. Por el lado de los aborígenes
también hubo muertos y heridos. Desde ese momento el conflicto se volvió mas
tenso y mas peligroso que nunca. En procura de una salida, el cacique pedro
Maidana buscó dialogar con centeno. La reunión se hizo, pero en realidad,
centeno se había limitado a llenar a los “caciquillos con promesas que nunca
pensó cumplir. Hubiese sido mejor que aquella conferencia no se hubiera
realizado. De todas sus promesas Centeno no cumplió con ninguna, y el conflicto
se reavivó.
Un profeta de los indios llamado Dionisio Gómez, proclamaba que tenia poder
para que las balas de los cristianos no les entraran. Desde todo el chaco
empezaron a llegar indios para escuchar la prédica de ese personaje. La
concentración de centenares de indios para escuchar la prédica de ese personaje.
La concentración de centenares de indios en el Aguará provocó que en solo
cuestión de horas la psicosis otra vez se apoderara del mundo de los blancos. Se
creía que el único objetivo o finalidad que los indios podrían abrigar para tan
multitudinaria concentración era atacar desde allí pueblos y ciudades. Los
pobladores de las zonas rurales empezaron a huir hacia Quitilipi, Machagai y
Resistencia.
Uno de los delirantes rumores consignaba que los indios ya habían acopiado mil
quinientos fusiles Winchester y que ya estaban en condiciones de arrasar con
cualquier población del interior, incluso atacar resistencia. Con carácter de
urgente, el gobernador centeno mandó un telegrama al ministro del interior
pidiendo el envío de tropas del ejército “para sofocar la rebelión”. Centeno ordenó
la salida de Resistencia rumbo a Machagai, con cuarenta policías para reforzar las
tropas policiales de Quitilipi, Sáenz Peña y Machagai que ya habían sido
movilizadas. Ochenta policías y un número indefinido de civiles de esas cuatro
ciudades se concentraron en el lugar que entonces era conocido como “cañada
mocoví”. La madrugada del 18 de julio de 1924, centeno convocó al jefe de
Policía, Diego Ulibarrie. En este encuentro se selló el trágico final de centenares
de Indígenas.

Como fue la matanza

El operativo de esta bárbara matanza de indígenas comenzó el 18 de julio de


1924. A las 11:45 de ese día partió de Resistencia el avión Chaco II. La misión de
vuelo consistía en determinar la posición geográfica de los indios a atacar. Al día
siguiente, a la mañana las fuerzas represoras recibieron la orden de atacar. Era un
día sábado. Sonó la primera descarga, que, aunque alta en su mayoría causó las
primeras bajas. El “Dios” Dionisio Gómez les había dicho que las balas de los
cristianos no les entrarían. Y porque así lo creían, tras esa primera descarga nadie
huyó, por el contrario, salieron a mirar en dirección a los policías que pecho en
tierra habían disparado. Enseguida vino una segunda y una tercera descarga, que
ya bien dirigidas barrieron la toldería. El pánico y el desbande se hizo general,
algunos no podían correr porque debían cargar con algún herido o con una o dos
criaturas. En medio de ese infierno, un mocoví sólo se preocupaba por preguntar a
gritos dónde estaba el mago Dionisio Gómez, ese que los había engañado
haciéndoles creer que los salvaría de las balas de los cristianos, lo buscaba para
matarlo porque su mujer y sus hijos habían caído atravesados por balas. Pero de
todas formas el hechicero ya estaba muerto. Había sido de los primeros en caer.
La policía dejo de disparar cuando ya a nadie se en pie en la toldería. Pero
minutos después volvió a avanzar, ahora para dedicarse a ultimar heridos.
Hicieron herejías con los cadáveres. A pedro Maidana le cortaron las orejas y los
testículos, que luego aparecieron en un frasco en la comisaria de Quitilipi. Los
policías enterraron en fosas comunes unos treinta cadáveres Algunos de esos
cuerpos estaban quemados porque los atacantes habían prendido fuego los
toldos. Entre hombres, mujeres y niños tanto tobas como mocovíes se habló de
doscientos muertos. Por el lado de los policías no se registró ni si quiera un herido,
después se apoderaron de animales, faroles, guitarras, acordeones, palanganas,
ropas, pavas y ollas. Llegaron a la tarde a Quitilipi cargados de su botín de guerra.
Ese mismo día la policía invadió y ocupó la reducción de Napalpí con una fuerza
de entre quince a veinte efectivos. Desde allí, también ese mismo día el comisario
Roberto Sáenz loza redactó este informe:
Mi jefe: al estar a la vista de la toldería me adelanté a la tropa y con un pañuelo
blanco de seda hice señas pidiendo parlamento. Era nuestro objetivo entablar
negociaciones con los indígenas para que nos entregasen a los criminales,
Maidana, Machado y Dionisio Gómez, y también para que se disuelvan y se vayan
a trabajar. Pero artera y traicioneramente ellos contestaron con un fuego cerrado
de fusiles. A raíz de nuestra defensa fueron muertos Pedro Maidana, Dionisio
Gómez, Martín Villanueva y otro sujeto también de apellido Maidana, quizás el hijo
mayor del primero. Tras rechazar el ataque, la tropa quedó expectante porque se
empezaron a tirotear entre si los tobas con los mocovíes. Luego, ellos mismos
incendiaron la toldería. No existe responsabilidad alguna de parte nuestra por las
bajas que se infringieron entre ellos.

Las mentiras de Centeno

Centeno partió de inmediato hacia Buenos Aires para decirle al ministro del
interior, Vicente S. Gallo, una de sus grandes mentiras: que solo hubo cuatro
muertos. Respecto de la quema de la toldería declaró: “El aborigen cuando se
retira lo primero que hace es quemar sus tolderías. Y como estaban todos
borrachos por la aloja más de uno quizás por celos y desaprensión mató a sus
propias mujeres y niños indefensos”. “La represión se hizo con la menor efusión
de sangre posible”.
Mientras Centeno profería éstas y otras declaraciones similares, se denunció que
el asesinato se sobrevivientes de la matanza continuaba en los bosques. Una de
las denuncias fue hecha por Enrique Lynch Arribálzaga, cuyo mensaje fue leído en
el congreso Nacional dos meses después, durante la interpelación al ministro
gallo.

Revelaciones de Heraldo del Norte

Durante un mes, dijo un testigo de la tragedia, persiguieron a los indios que


escaparon con vida. Los mataban donde los encontraban, y para no dejar rastro
los quemaban. Eso fue lo que hicieron con los hijos de Maidana, quienes habían
podido escapar y ganar los montes. Cuando los policías llegaron a donde se
encontraban los Maidana, las mujeres huyeron al monte con la criatura. La madre
de los Maidana manifestó que sus hijos puestos de rodillas imploraban a los
policías que no los maten, pero estos igual los ultimaron a balazos.
Ante el temor de que la comisión parlamentaria viniera al Chaco, Centeno dispuso
que se hiciese una investigación sumaría y encomendó dicha tarea al jefe de
policía, Ulibarrie, quien tomo declaraciones solo a los que perpetraron la matanza.
Con algunos vecinos como testigos desenterraron algunos cadáveres. La idea era
que Saccone luego fuera a gritar en el congreso que los indios no habían sido
mutilados. No se pudo establecer nada porque solo había esqueletos.
En cuanto al acto en si de la horrenda masacre, la misma ocurrió de esta manera:
el 18 de julio voló el aparato del sargento Esquivel para conocer bien la ubicación
del campamento Indígena. Amaneció el trágico día 19 de julio, salieron entre 115 a
130policias y civiles armados al mando de Sáenz loza y del comisario Machado.
Mientras contemplaban el avión, objeto que para ellos era una novedad, se sintió
una descarga cerrada, y otra, y luego una tercera, todas hechas con rapidez. Los
caciques Pedro Maidana y Dionisio Gómez intentaron repeler la agresión, pero el
plomo policial les arrancó la vida sin darles tiempo a disparar un solo tiro. Cuando
la policía se vio segura avanzó hacia los toldos. Todo indio que se hallaba con
vida era ultimado a balazos o a machetazos, sin respetar sexo ni edad. Los
cadáveres fueron enterrados en fosas que la policía hizo abrir a la ligera. Luego
los ejecutores se retiraron y comieron tranquilamente como si nada hubiese
ocurrido.

La Justicia salva a los represores

El impacto de Napalpí fue tan tremendo que provocó un terremoto en el gobierno


del presidente Marcelo T. de Alvear. Era la primera vez que en la cámara de
Diputados de la Nación se reclamaba la destitución de un gobernador del territorio
Nacional del Chaco. El diputado Francisco Pérez decía: no son cuatro como dice
Centeno, ni son diez, ni son veinte. Son muchos más los aborígenes muertos en el
chaco. Señor ministro le vendieron papeles a través de los cuales Centeno miente
descaradamente.
Mientras tanto en el Chaco se abrió el expediente N° 910/24 caratulado
“sublevación indígena en la reducción de Napalpí”. Originalmente la causa estaba
en manos del doctor Justo F. Farias, pero luego pasó a otro juez, Juan Sessarego.
El expediente comenzaba con la historia oficial que el comisario José B. Machado
redactó para la jefatura de policía el 26 de julio de 1924, textualmente decía:

Marchamos en la mañana del día siguiente en dirección a las tolderías, una línea
de tiradores avanzó, se colocó a la tropa cuerpo a tierra, y con el comisario de
ordenes hicimos señas con pañuelos blancos, pero a nuestras señales
contestaron con descargas de armas de fuego, después de transcurridos unos
segundos la tropa instintivamente rompió el fuego, contaban los indígenas con
buen armamento y munición, y se observaron entre ellos mas de 100 jinetes
armados a lanza y flechas. Cuando ellos de dieron cuenta e la aproximación de
nuestras fuerzas emprendieron la retirada en desorden, tomando varias
direcciones, hacia los montes. Continuamos entonces el avance hacia las
tolderías, en el lugar encontramos cuatro cadáveres, Dos de estos cadáveres
presentaban heridas producidas por armas blancas, que parecieran ser de lanzas,
me hace pensar que hayan sido atacados los indios mocovíes por los tobas que
aquellos tenían como prisioneros, no fue posible detener a ninguno de los indios
que tomaron parte en el hecho porque se internaron y se perdieron en los montes.
Los ochenta policías citados a declarar en sede judicial relataron la misma historia.
¿Qué clase de causa judicial fue ese que aceptó solamente la declaración de los
matadores? La justicia nunca escuchó la campana indígena. ¿Qué milagro hizo
posible que tres sucesivos ataques de ochocientos indios armados hasta los
dientes no produjeran ningún rasguño a los 70 policías? Afirmaron también que los
indios se mataron entre ellos y que solo hubo cuatro muertos, todos ellos tobas
que los mocovíes tenían prisioneros. Imposible creer que ochocientos indios
fuertemente armados huyeran por los montes porque algunos tobas y mocovíes se
pelearon entre ellos.
El agente fiscal jerónimo cello elevó al magistrado que “investigaba” la causa de
esta nota: “me dirijo a usted en relación al expediente 910/24 solicitándole que no
proceda a cerrar el mismo por lo inconveniente que ello resultaría en un asunto
como el que nos ocupa, cuya gravedad ha llamado la atención del país.
Era preciso sacar del medio al molesto fiscal. Extrañamente detectaron que el
mismo reunía “méritos suficientes” para ser ascendido y enviado a Paraná, Entre
Ríos. El 1 de diciembre de 1924, Sessarego dictó sentencia: “se encuentra
probado que el cuerpo de la policía de territorios fue forzado a entrar en combate
en defensa propia, sufriendo heridos entre la tropa. Por ello, resuelvo: archívese
sin mas tramite la presente causa, ante la inexistencia de delito”
Trece años después de todos estos sucesos, el 6 de enero de 1937, los lectores
de “El Territorio” leían esta nota: “ocurrió hace no muchos años. Porque pedían a
los que los explotaban mejor trato y más pan, en Napalpí se masacró a hombres,
mujeres y niños. Varias orejas de esos mártires fueron exhibidas en la cámara de
Diputados de la Nación. Policías cobardes con armas largas, impune y
criminalmente balearon las tolderías, despanzurraron a las madres embarazadas,
y degollaron a los niños. Todavía se pasean por nuestra ciudad algunos asesinos
de indios hambrientos e indefensos.

CONCLUSIÓN
Mis compañeros y yo concluimos en que el libro cuenta una historia
muy cautivadora y a la vez impactante que nos hace ver como se fue
formando la historia de la provincia del chaco, antes de serla
oficialmente, y también forma parte de la historia argentina. Pudimos
observar cómo se regía antes el gobierno y como se rige ahora,
actualmente los indígenas tienen más derechos que antes, mejor
dicho, ellos antes no tenían derechos. A ellos los trataban como
animales en la reducción, además de que se burlaban de ellos
queriendo que trabajen forzosamente y gratis. Nos ponemos a pensar
y concluimos en que si nada de esto hubiese pasado por esos años y
si trataban mejor a los indígenas en la reducción dándoles un trabajo
honrado y bien pagado talvez hoy en día no tendríamos problemas
con ellos respecto a las tierras y demás cosas, seriamos una sociedad
sin diferencias, todos seriamos iguales.
ANEXOS
Zona de Masacre Melitona Enrique. “Sobreviviente”

Fernando Centeno Avión Chaco II


Gobernador de Chaco

Mario Vidal, creador del libro


La Masacre de Napalpí

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