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Sobre “Socialismos y política en América Latina” de J.C.

Portantiero
“…el problema principal de toda revolución es,
indudablemente, el problema del poder estatal”
Lenin

Portantiero comienza señalando un desencuentro entre la estrategia política marxista y


la realidad social de América Latina. En efecto, desde el propio Marx, “que creyó haber
descubierto leyes universales” (Pág.121), pasando por la política evolucionista de la II
internacional, y hasta la estrecha política sobre “la cuestión nacional y colonial” de la
III internacional, el marxismo no ha sabido encontrar la especificidad histórica del
continente. El origen de estos errores se deben al propio Marx: “Las dificultades que
vivió Marx para entender América Latina –dice Portantiero- se transmitieron al
socialismo ya organizado como movimiento político” (Pág.125).
Según Portantiero, Marx habría propuesto –por lo menos en sus escritos principales-
leyes universales y evolucionistas sobre el desarrollo del capitalismo, en la cual los
países atrasados seguirían la senda de los desarrollados. Sin embargo, la historia de las
revoluciones socialistas demostraría que el esquema explicativo clásico del siglo
diecinueve europeo era limitado. No obstante, en general, el marxismo de América
Latina no pudo comprender estas limitaciones y desarrollar una estrategia política
propia: a una visión jacobina europea (tanto acerca del rol de los intelectuales como de
la organización política), se le unió una practica política que no rescataba “algún valor
previo a la occidentalizaciòn que favoreciera la instrumentación de un mundo de
símbolos que continuasen lo nacional y popular en el socialismo” (Pág. 124). En otra
palabras: “sin ser Europa no puedo ser anti-europa” (Pág.123).
Siguiendo a Aricó, Portantiero señala que la especificidad Latinoamérica radica en que
el Estado al irse moldeando modifica la sociedad. Es decir, a la inversa de Europa, los
cambios sociales son hechos más desde arriba que desde abajo. Por eso, la teoría
marxista intrumentalista del Estado, subsidiaria de una interpretación reduccionista del
materialismo histórico, se tradujo en una errada política corporativista de las
organizaciones marxistas. En cambio, para Portantiero, la construcción de una voluntad
colectiva nacional-popular solo puede lograrse en un proceso en el que se articulan
intereses populares e identidades sociales.
Sí Laclau proponía una lectura estructuralista de la ideología para explicar el populismo,
Portantiero va ha proponer también una lectura estructuralista del Estado con el mismo
proposito. Por eso su hipótesis del populismo podría ser entendida dentro de las teorías
que Svampa llama “bonapartista”. Pero ¿acaso Marx tuvo solo una visión
intrumentalista del Estado? Eso tal vez es cuestionable. La obra de Marx no solo tuvo
un análisis estructuralista de un régimen particular, el de Luís Bonaparte, también tuvo
una teoria estructuralista del Estado. Para no citar mucho, basta con recordad que “…
desde el punto de vista político, el Estado y la organización de la sociedad no son dos
cosas distintas. El Estado es la organización de la sociedad” (Escritos de juventud,
1982:512). Por otra parte, la mutua construcción del estado y la sociedad dividida en
clases esta bien clara en el capitulo XXIV (y menos en el capitulo VIII) del primer
tomo del capital. Incluso, el análisis de Weber, que señala la mutua correspondencia
entre la acumulación originaria y la concentración del poder en el Estado absolutista, ya
había sido pensado por Marx en La miseria de la Filosofía (Pág. 134). Por eso, no es
necesario buscar en Marx al primer responsable de los fracasos de la izquierda
latinoamericana.
Consecuente con su propuesta acerca del populismo, Portantiero señala tres casos en
que el populismo pudo adelantarse al socialismo en el camino hacia las masas: el de J,B
Justo, el Recabarren y el Mariàtegui. Con respecto al primero, señala que el intento del
Partido Socialista Argentino de crear un caudal de votos que llevara al socialismo al
poder se vio frustrado por la ausencia de “un verdadero pensamiento antiestatal en las
grandes masas, condición irremplazable para un propuesta que se basaba en la
posibilidad de reformas generadas por una movilización desde abajo” (Pág. 128), y por
un práctica política iluminista incapaz de generar un lenguaje que articulara la realidad
heterogénea de las clases populares argentinas con un ideal evolucionista de
modernización del Estado (lo que si logro el radicalismo a través del caudillismo). Con
respecto al segundo, señala que el desarrollo de una política corporativista, a raíz del
aislamiento de la clase obrera chilena, indujo a una errónea concepción de la hegemonía
(los frentes populares, entendidos como la alianza de los partidos de clase), que impidió
la construcción de partidos populares con fuerte liderazgo político. La concepción del
estado como instrumento y la ideología pensada reflejo de las condiciones sociales fue
mas clara y trágica en la izquierda chilena, ya que el gobierno de Allende quedo
enredado en los conflictos interpartidarios. Con respecto al tercer ejemplo, el
pensamiento de Mariátegui, que traspasó los limites del corporativismo, el iluminismo,
el evolucionismo y propuso la construcción de una voluntad política mediante la
redefinición de la nacionalidad peruana (de ahí “Peruanisemos al Perú”) que articulara
el marxismo y el indigenismo dentro de claves concretas (el socialismo práctico de las
comunidades indígenas), fue bloqueado por la III internacional.
En definitiva, para Portantiero, como el Estado es el eje de las sociedades
latinoamericanas, la política socialista de ir de abajo hacia arriba (es decir,
sociaetalmente centrada) es equivocada. Los populismos son para el autor nuevos
equilibrios en el Estado, provocados por la emergencia de grupos sociales nacidos al
calor de industrialización; son el resultado de nuevas articulaciones políticas y
económicas bajo la dirección de elites superadoras que recogen “la herencia paternalista
y caudillista –estado céntrica- de la concepción tradicional de la política” (Pág. 133).
Por lo tanto, el triunfo de los populismos (y el fracaso de los socialismos) se debió a su
capacidad de crear desde el Estado lo “nacional –popular”, combinando cultura de
masas con modernización política. En cambio, los movimientos socialistas
latinoamericanos, según Portantiero, basados en una estrategia societalmente centrada
(de abajo a arriba), no supieron entender la relación entre sociedad y Estado ni la
necesaria articulación entre modernización y tradición (el lugar del mito en la formación
de una voluntad política de cambio social).
Pero, sí la estrategia socialista tuvo el error de intentar ir de abajo hacia arriba, ya que se
basó en una visión corporativista de las clases y una lectura instrumentalista del Estado,
¿Por qué Portantiero plantea que hay una ruptura entre socialismo y populismo, si este
último parece haber entendido lo que no entendió el primero? Parece que la influencia
de Althusser hace más bien acordar que separar a Laclau y Portantiero. Toda la crítica
planteada por Althusser al corporativismo, al reduccionismo y al instrumentalismo de
Estado, y su superación mediante distintos tipos de articulaciones estructurantes, lleva al
mismo puerto a estos dos autores aparentemente enfrentados. Uno puede hacer mas
énfasis en la ideología, el otro en el Estado, pero el camino que el socialismo debe
recorrer solo puede ser una articulación social e ideológica: la construcción de una
voluntad “nacional- popular”. Si hay una ruptura es entre el populismo real con el
socialismo real, no con el socialismo “que debiera ser”. Por otra parte, sí Portantiero
plantea que el populismo realmente existente es organicista y anti democrático (no
como el socialismo “que debiera ser”), pero que es un equilibrio necesario dada la
estructura estatal de América Latina, cae en la misma crítica que Poulantzas recibió de
Miliband: no saber distinguir entre las características generales del Estado y las de un
régimen político. En otras palabras: si el populismo es una adecuación del Estado,
adecuación que el socialismo no entiende (pero debiera entender), el socialismo por la
vía “nacional- popular” solo puede ser organicista y anti democrático. Recordemos el
pensamiento de Marx: “El Estado es la organización de la sociedad”, no a la inversa.

Bibliografía

Marx, K, Escritos de Juventud, FCE, México, 1983

Portantiero, J.C, “socialismos y política en América Latina (Notas para una revisión)”,
en La producción de un orden. Ensayos sobre la democracia y la sociedad, Buenos
Aires, Nueva Visión, 1988, Pag125-135.