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CHERISE SINCLAIR

No Rogaré
Maestros de la Montaña 9

Sinopsis:

Ella cedió la posesión de su libertad


Hambrienta de afecto, la joven Piper Delaney entrega su vida a un Amo. Pero no hay
amor… solo abuso. Le dijeron que no podía irse; que ella había firmado un contrato de
esclavitud. Años más tarde, golpeada y hambrienta, oye a un Dom inglés decir que el
contrato es ilegal. Inexigible. Y huye.
Ella recupera su vida y se sobrepone a la pesadilla que fue su pasado.
Pero su esclavitud dejó cicatrices. Ella anhela el amor, pero los únicos hombres que
realmente la atraen también la aterrorizan… los Dominantes. Esperando conquistar sus
miedos, visita Dark Haven, pero los sonidos del club son demasiado.
Cuando una sumisa entra en pánico, Sir Ethan interviene.
El poderoso Dom inglés reconoce a la temblorosa sumisa en su regazo. Años antes,
la había puesto al tanto del engaño de su Amo sobre un contrato. Ella ha recorrido un
largo camino desde entonces. Cínico por ser perseguido por su riqueza, encuentra
cautivadora la honestidad de Piper. Es inteligente, valiente... y lo necesita. ¿Qué Dom
podría resistirse?
Él es el Dom con el que había soñado… perceptivo, firme y completamente seguro
de sí mismo.
Su voz la saca de los ataques de pánico. Sus brazos la encierran a salvo. La trata
como a una persona… no como algo para maltratar. Mientras él ayuda a Piper a superar
sus miedos, ella comienza a enamorarse.
Entonces su pasado la encuentra y destruye... todo.
Prólogo

Bueno, Toto, todavía estamos en Kansas.


En el asiento trasero del Mercedes estacionado de su Amo, Piper Delaney miraba por
la ventanilla del automóvil hacia la casa de campo. El caluroso sol de verano brillaba
sobre una imponente mansión que dominaba las exquisitas hectáreas ajardinadas.
Sí, ella todavía estaba en Kansas, y en algún lugar del camino, había perdido su arco
iris. Mordiéndose la lengua para contener un suspiro, Piper cambió de posición,
tratando de aliviar su punzante tobillo. El Amo se había negado a permitirle el uso de
un bastón. Si esta fiesta de verano fuera como el resto, la mantendría trayendo y
llevando cosas durante horas. Él diría que el dolor era lo que ella se merecía por ser
torpe.
Solo que... ella no había sido torpe.
Apretó los dientes para sofocar una maldición. Atraer la atención del Amo rara vez
era una buena idea… y nunca después de un largo viaje. Su temperamento era volátil
en el mejor de los casos.
Pasándose la mano por la cabeza, sintió el pinchazo de sus cabellos cortos y las
lágrimas llenaron sus ojos. Le había rogado que no lo cortara, pero su largo cabello
negro ya no estaba.
Se le cortó el aliento.
Anoche, cuando Piper le llevaba el vino al Amo, la nueva esclava la había hecho
tropezar... deliberadamente. Piper tropezó, se torció el tobillo y derramó la copa de vino
sobre el regazo de él.
Oh, había estado tan enojado. Golpearla no fue suficiente. Había ido y le había
cortado el pelo con unas tijeras porque no merecía desafilar una navaja.
Se sentía tan fea y sucia. Arruinada. Su título no debería ser Amo o Propietario;
debería ser Profanador. Parpadeando con fuerza, ella miró por la ventanilla. El
Mercedes estaba estacionado en una línea diagonal de coches en el estacionamiento
cubierto detrás de la gran casa de campo. En el patio trasero, el personal de la casa
estaba sirviendo bebidas y bocadillos. A lo largo de la amplia extensión de los hermosos
jardines, se habían instalado equipos BDSM. Altas cruces de San Andrés junto a cepos,
postes de flagelación y otros equipos creaban manchones oscuros contra el vibrante
verde del césped.
Charlando y gesticulando, los Amos se paseaban por los terrenos con sus esclavos
corriendo tras ellos como perros obedientes.
En un momento, ella estaría cojeando tras el Amo Serna... un paso detrás de su
nueva chica.
En realidad ella había estado esperando con ilusión esta fiesta, estar rodeada de
personas, era su cosa favorita en el mundo. Incluso había estado feliz de tener otra
esclava en la casa, al menos hasta que esclavagem se volvió cruel. Al Amo Serna le
encantaba animarla a ser cruel con Piper.
Eso en cuanto a una posible amiga.
Piper quería llorar. Como el miserable gusano que era. Porque ella era patética. Un
desperdicio de espacio. Sin valor.
Una estruendosa conversación llegó desde afuera del coche. Su dueño se presentaba
a un hombre. Tal vez encontraría un nuevo cliente. Estaría de buen humor.
Su vida ahora giraba en torno al estado de ánimo de él. Ella no había sido así, no
siempre. ¿Qué le había pasado a la alegre y segura chica que había sido? Hacía dos
años, había comenzado su segundo año de universidad llena de entusiasmo y energía.
Ella iba a cambiar el mundo. Ayudar a las personas.
Entonces conoció al Amo Serna. Cuando había entrado por primera vez en su vida,
ella todavía era... una persona. Emocionada por su atención, se había enamorado y
felizmente le había dado cualquier cosa que le pidiera.
Pieza por pieza, la había despojado de quién era. Reduciéndola a... nada. Para
alguien que era...
—Chica.
Ella saltó, y el chasquido irritado en su voz la hizo estremecerse de miedo.
—¿Amo?
—Ven aquí, sin valor.
Rápidamente, salió del asiento trasero, se alisó la diminuta falda rosa y cojeó
alrededor del coche hasta la parte trasera, donde otro Dominante estaba hablando con
su Amo.
El Amo Serna estaba vestido con pantalones de cuero negro y una camisa de vinilo
sin mangas, que mostraba su ancho pecho y los brazos musculosos. Arrodillada a sus
pies, esclavagem llevaba una blusa rosa con escote halter y una micro falda que
combinaba con la de Piper. La esclava le dirigió a Piper una fea mirada. Un destello de
movimiento desde el baúl abierto del coche llamó la atención de Piper. Otra mirada
mostró la bolsa de juguetes del Amo junto a la pesada caja de chapa que contenía su
equipo deportivo.
—No conozco a mucha gente en la Costa Oeste—decía el Amo al otro Dom—. Un
largo camino para recorrer para una fiesta.
—Yolanda y yo somos viejos amigos y tenía negocios en el área. —La voz con acento
inglés del otro hombre tenía una resonancia fascinante—. Desafortunadamente,
descubrí que uno de los Amos que esperaba ver hoy abandonó el estilo de vida.
De pie en silencio, Piper trató de mirar al Dom por el rabillo del ojo. Traje azul plata.
Cabellos oscuros. Un destello de ojos azules oscuros. Apresuradamente bajó la cabeza.
—Oh, ¿te refieres al viejo y sensiblero Bob? —Su dueño se rio entre dientes—. Fenton
se hizo no bienvenido en la comunidad. No está por aquí desde hace más de un año.
Las manos de Piper se apretaron a sus lados. El Amo Fenton había intervenido
cuando otro Amo casi mata a un esclavo. Más tarde, había notificado a las autoridades
cuando un Dom que era un pez gordo en el estilo de vida, violó a una sumisa. Esta
comunidad protegía a sus líderes al igual que la Iglesia Católica a sus sacerdotes
pedófilos. Cuando el Amo Fenton presionó para que rindieran cuentas, lo expulsaron.
—Lamento escuchar eso. —La voz del Dom inglés se había enfriado.
—La gente viene y va. Sucede. —La voz del Amo Serna tenía una nota de regodeo.
Él lideró al grupo que echó al Amo Fenton.
—Voy a enviar a esta sin valor a buscar una copa mientras me preparo. ¿Quieres
algo? —El Amo se inclinó hacia el coche y comenzó a sacar su pesada bolsa de juguetes.
Algo se movió en el maletero. Piper escuchó un maullido fuerte y vio que la bolsa
había atrapado algo pequeño y peludo contra la caja de chapa.
—Amo, espere.
Cuando él la ignoró, ella gritó:
—¡Lo está lastimando! —Y lo empujó a un lado para poder remover la bolsa.
Liberado, el gatito la miró parpadeando. Vivo. Gracias a Dios. Pero no se movía.
Piper se inclinó.
—¿Estás bien, bebé?
Cuando ella trató de agarrar al pequeño gato, el Amo la abofeteó y la hizo caer.
Aturdida, aterrizó con fuerza en el camino de entrada. Su escasa ropa no le dio
protección, y el dolor estalló cuando su piel desnuda raspó el áspero hormigón.
Ayyyy. Rodando sobre sus rodillas, se arrodilló, con la cabeza inclinada y las
lágrimas llenando sus ojos. Con los músculos tensos, ella esperó el siguiente golpe.
¿Una suplicante disculpa o el silencio lo aplacaría más?
En su visión periférica, vio al gatito huir por el césped hacia la casa. Bien. Eso era
bueno.
La voz aterciopelada del otro hombre era tranquila.
—Es una suerte que tu esclava se haya movido rápidamente, Serna. Yolanda es muy
aficionada a sus felinos de raza. Dañar a uno no te habría granjeado su simpatía.
Oh, Dios, esto no estaba bien. Si hubieran estado solos, el Amo la habría golpeado un
par de veces y se habría olvidado de ella. Ahora, se enfadaría con las palabras del
inglés. Su ira aumentaría.
Y él le quitaría la piel de la espalda a latigazos esta noche una vez que llegaran a
casa.
La conversación sobre su cabeza se volvió indistinta mientras se concentraba en
sentarse perfectamente inmóvil. Sin dejar escapar ningún gemido. Después de un
minuto, los latidos de su pulso en sus oídos se calmaron y logró respirar
profundamente.
Los Amos seguían hablando de personas que conocían en la comunidad.
—En la cocina, la cocinera mencionó que la esclava de Horn lo había dejado—dijo el
inglés.
—¿Huyó, quieres decir? —La voz del Amo se había enfriado.
—Dado que la esclavitud es ilegal en los Estados Unidos, no se puede llamarlo
huida. Ningún contrato de esclavitud es legal, y los contratos de esclavitud BDSM no
son ratificados en ningún tribunal.
Las palabras cortantes golpearon a Piper como duros granizos de verano, y ella casi,
casi, levantó la vista.
Cuando ella dijo que quería irse, el Amo le había dicho que incluso si intentaba
escapar, la ley la traería de vuelta. Por el contrato que había firmado. Se lo había
blandido en la cara, el gran documento formal con su firma en la parte inferior. El año
pasado, ella le preguntó a otros esclavos, y le dijeron que los contratos de esclavitud
eran válidos. Que la policía no la ayudaría dado que firmó un contrato.
¿Pero el contrato no era legal? ¿No era vinculante?
El Amo gruñó por lo bajo.
—¿Cómo hizo una esclava para dejar su casa? ¿Horn no tenía cerraduras?
—Ah, bueno. Estaban en una fiesta como ésta, y ella anunció delante de todos que
había terminado de ser una esclava y que alguien le llamara un taxi.
—La maldita perra. Alguien lo hizo, apuesto.
—Por supuesto. Si no hay consentimiento, todo lo que sigue se considera asalto con
violencia. —El tono del inglés se aligeró—. Por cierto, dejé una botella de The Botanist
de la isla de Islay en la cocina. Creo que podrías disfrutar de una copa. ¿Puedes enviar a
tu chica a traernos las bebidas? La cocinera sabrá dónde está.
—Claro. Por supuesto. —El Amo se aclaró la voz—. Sin valor, tráenos las bebidas.
—Sí, Amo—susurró ella. Se puso de pie, apenas sintiendo la sangre goteando por su
hombro raspado y la pierna cortada. La esperanza aceleraba sus pasos hacia la casa
incluso cuando el terror arañaba sus entrañas. ¿Podría hacer esto?
Yendo en la dirección contraria de la fila de camareros que llevaban bandejas llenas,
encontró la cocina. Era un manicomio de personas girando alrededor de una mujer alta
y delgada.
Con la mirada fija en Piper, la cocinera la examinó con los ojos entrecerrados.
—¿Cuantos años tienes?
—Ve-veintiuno.
—Es una adulta—masculló un camarero.
—Está bien. ¿Qué necesitas, chica? —La cocinera añadió especias a una olla
burbujeante.
—Um. El… —no sabía su nombre—… el Amo inglés pidió dos bebidas de su
Botanist.
Una mano ondeante de la cocinera envió a un camarero para cumplir con la
solicitud.
De pie junto a la puerta, Piper luchó cuando el terror comenzó a superar su coraje.
Sus manos se apretaron. El contrato no era legal. Ella podría ser libre.
Habla. Ahora. Mientras enderezaba su columna, las viejas cicatrices le tiraron
dolorosamente.
—Señora.
La cocinera la miró de nuevo, con una expresión indescifrable.
Piper tragó saliva, buscando qué decir. La suave voz del inglés llegó a su memoria,
ofreciéndole las palabras correctas para usar.
—No quiero ser una esclava. No soy una esclava. ¿Puedes llamarme un taxi?
—Que me lleve el Diablo. —Mientras Piper miraba, la cocinera sonrió antes de mirar
detrás de ella—. Tú, muchacho, trae las llaves de mi coche y el bolso. Ve y dile a
Yolanda que me estoy tomando un largo descanso.
Cinco minutos después, Piper estaba en el coche de la cocinera siendo conducida a
un refugio para mujeres de Wichita.
Un mes después, ella estaba en San Francisco, muy, muy lejos de su anterior Amo.
Capítulo 1
Casi cinco años más tarde

Piper subió corriendo las escaleras hacia su apartamento de un dormitorio en el


cuarto piso. Claro, podía usar el ascensor, pero no había ido al gimnasio en una semana,
y necesitaba el ejercicio. Stella´s afirmaba que las mujeres que habían sido maltratadas
deberían mantenerse fuertes, como una prioridad. El aprendizaje de defensa personal
también ocupaba un lugar destacado en la lista de prioridades de la organización.
Mantente en forma; mantente fuerte era el lema de Stella´s.
No podría discutir con eso. Piper había sido un desastre aterrado y acobardado
cuando la dejaron en el refugio de San Francisco. Después de que se curó, el refugio la
envió al Servicio de Empleo de Stella´s, una organización que era mucho más que una
empresa de búsqueda de empleo. Allí recibió consejos, encontró amigos y finalmente
consiguió un trabajo. Varios trabajos, en realidad. Le había tomado un buen año salir
del atolladero del abuso. Integrar a la persona que había sido antes con la persona en la
que se había convertido. En la que todavía se estaba convirtiendo.
Las cicatrices permanecerían, las emocionales y las físicas, pero ella ya no más...
mayormente... se miraba en el espejo y se veía “sin valor”. Soy Piper Delaney, y no me
encojo de miedo ante ningún hombre.
Excepto por la semana pasada. La vergüenza encorvó sus hombros. Durante años,
ella había sido la ruda en su clase de defensa personal, de empoderamiento... hasta la
semana pasada cuando su contrincante era parecido al Profanador… y Piper se había
congelado. Completamente.
Maldición. Frunciendo el ceño, subió los escalones más rápido. Durante el año
pasado, ella comenzó a tener problemas de ansiedad junto con algunos ataques de
pánico. Aparentemente, el trastorno de estrés postraumático tenía una versión
retrasada, ¿y no era eso algo desagradable?
Levantó la barbilla. Bien, entonces, ella lidiaría con los estúpidos ataques de pánico.
Y llevaría su culo de regreso a la clase de defensa personal, y no habría más
congelamiento como una cobarde. O días perdidos. Ella medio gruñó y se rio porque
Saul sin duda le daría sentadillas adicionales como castigo por el tiempo perdido.
Todavía resoplando por la escalera, entró en su apartamento y saboreó el silencio.
No tenía compañera de cuarto. Hurra. El alquiler en la ciudad era horrendo, pero el mes
pasado finalmente pudo pagar un apartamento propio. Uno que ella pudiera decorar a
su gusto. Había pintado una pared del largo y rectangular salón comedor de un azul
real, que se veía increíble con los suelos de madera dura brasilera y había dejado su sofá
blanco y sus sillas azules y blancas. Las fotos y los almohadones agregaron toques de
colores dorados y verdes. Tal vez la vista del edificio comercial al otro lado de la calle
no era excelente, pero sus altas ventanas proporcionaban una luz maravillosa, y las
plantas que bordeaban la pared sur florecían. Ella sonrió ante el persistente aroma de
las galletas de jengibre. No habían durado mucho en la oficina. Hornear galletas y
regalarlas era lo mejor de todos los mundos. Conseguía comer masa para galletas, hacía
feliz a las personas, y ser generosa evitaba que el tamaño de su culo superara el de sus
vaqueros.
En la sala de estar, ella se acurrucó en su mullido sofá y sacó el teléfono para revisar
los mensajes. La desventaja de ser dueño de un negocio era que las noches libres no
existían. No es que algo sucediese un viernes después de las cinco, pero la Ley de
Murphy significaba que si ella no se reportaba, el mundo se vendría abajo, ¿verdad?
Su negocio de proporcionar mayordomos y servicio doméstico requería una gran
cantidad de malabares. Con un bloc de notas a mano, escuchó los mensajes de voz de
Chatelaines. Dos de sus amigas de negocios querían almorzar la próxima semana.
Absolutamente sí. Ambas eran muy divertidas.
Había un par de solicitudes de planificación. Muy fácil de arreglar.
El último era de la hija de un cliente.
—Piper, llamo desde el hospital. Papá se cayó ayer y el médico dice que tuvo un
pequeño derrame cerebral.
Piper se puso rígida.
—Oh, no. —No el señor Middleton. Todos lo adoraban. Él había sido uno de sus
primeros clientes cuando Chatelaines abrió por primera vez. Había pensado que un
servicio de economía doméstica era una idea brillante y la había alentado a expandir sus
ofertas. Él era el más dulce de los hombres.
Terco, también. Mientras el mensaje continuaba, Piper frunció el ceño. Parecía que se
negaba a vivir en otro lugar que no fuese su hogar.
—Entonces, Piper, ¿puedes programar y supervisar cualquier ayuda que necesite
para mantenerlo a salvo en esa gran casa?
Oh, chica, eso no sería fácil. Pero... era factible. Ella tarareó por lo bajo. Su personal
designado necesitaría hablar con el que planificaba las altas del hospital. Aunque el
servicio de salud en el hogar del hospital organizaría terapeutas y equipos, Chatelaines
necesitaría reunir a todos los demás, incluidas las personas que se quedarían con él las
24 horas del día al principio. Eso llevaría un poco de tiempo.
Espera... Dixon conocía al señor Middleton. Como paramédico, asistente de PT y
extraordinariamente encantador, Dix podría persuadir al señor Middleton para que
fuese paciente mientras se hacían los arreglos. Pero Dix necesitaría verlo a primera hora
de la mañana, incluso si era un sábado. Sin algunas garantías, el señor Middleton podría
simplemente largarse del hospital.
Ella echó un vistazo al reloj. Dix y Stan vivían al otro lado del pasillo y hoy tenían su
fiesta en la azotea. Esa sería una manera perfecta de entregar el resto de las galletas. Dix
amaba el pan de jengibre de la vieja escuela. La Navidad pasada, la había ayudado a
hornear… y glasear… hombres de pan de jengibre. E insistió en comerse las figuras
recortadas que él había decorado con bigotes, corbatines... y enormes erecciones. Ella casi
había reventado de risa.
Sí. Ella llevaría galletas a la fiesta y sobornaría a su empleado favorito. Aunque
probablemente no fuese necesario un incentivo. Dixon adoraba al señor Middleton.
Primero, necesitaba bañarse para quitarse el odeur de chien (olor a perro).
Anteriormente, una amiga un tanto borracha la llamó para pedirle que paseara a sus
dos golden retrievers. Piper sonrió. Mickey había estado totalmente lujuriosa por el tipo
que había conocido en el bar.
Piper podría haber encontrado a alguien para pasear a los perros de Mickey.
Chatelaines contrataba servicios como limpieza, paisajismo, cuidado personal y
paseadores de perros, y mantenía ayuda adicional, como Dixon, dentro del personal
para mayor flexibilidad. Pero ella no había querido entregar esa tarea. Oye, ella había
trabajado como paseadora de perros al llegar a San Francisco y todavía extrañaba jugar
con los peludos.
Aunque ahora olía a perro. A los Golden Retrievers les encantaba acurrucarse.
Y Piper daba a las personas, y a los animales, lo que necesitaban.
Poniéndose de pie, se dirigió a la ducha. Limpiarse. Vestirse. Ponerse guapa. Porque
habría hombres en la fiesta y encontrar un amigo con derecho a roce estaba en su lista
de objetivos.
Abriendo el agua, ella hizo una mueca. Estúpidos objetivos.
¿Por qué los objetivos comerciales eran mucho más fáciles de alcanzar que los
personales? Ya había alcanzado la mayoría de los objetivos de Chatelaines. Bueno, hasta
hacía poco, cuando una nueva empresa proveedora de servicios comenzó a usurpar su
mercado. Tendría que mejorar su juego para encontrar nueva clientela. Por otro lado, la
vida empresarial era buena.
¿Alcanzando sus objetivos físicos? Le iba bastante bien.
¿Sus objetivos sociales? Ella tenía muchos amigos.
¿Pero cuando se trataba de un interés romántico? Total fracaso. Cada año, agregaba
encontrar a alguien a quien amar a su lista. Cada año, lo intentaba, salía una o dos veces y
se rendía.
Este año, ella ni siquiera lo había intentado. Estaba llegando el verano, y ella se había
atascado el tiempo suficiente.
Respirando la suave fragancia de su jabón de limón y lavanda, suspiró, porque no
habría ningún hombre para disfrutar su aroma.
En la universidad, le había encantado el baile de chico y chica. Coquetear, salir en
citas, esos primeros pasos embriagadores para convertirse en amantes. Entonces, su
hermanastro Jerry le presentó al Amo Serna, su amigo del hipódromo de Kansas City.
Un escalofrío recorrió a Piper al recordar lo embriagante de sentirse sumisa en
presencia de un Dominante. Ella había estado tan emocionada. Convencida de que
estaba enamorada.
Había abierto la puerta a su pesadilla, y allí se había quedado, atrapada durante
demasiado tiempo porque había sido muy crédula.
Ahora, después del Profanador, el asunto chico-chica era un aburrido desierto de
arena... o un laberinto oscuro lleno de criaturas terroríficas.
A pesar de que la ducha seguía humeando, el agua se sentía fría en su piel. Saliendo,
se secó y entonces sacó la máscara y la sombra para realzar sus ojos marrones. Ella
podría no ser hermosa, pero era bonita e interesante... y sus grandes ojos eran
totalmente geniales.
Cuando los hizo aún más llamativos, se mordió el labio. Sin duda, tener citas era un
problema. Las estupendas personas comunes y corrientes simplemente no le
interesaban, al menos, no sexualmente. Los tipos dominantes eran los que la excitaban,
y, desde el Profanador, también eran los tipos que le disparaban la ansiedad.
Ella seguramente, podría encontrar un agradable hombre vainilla donde hubiese
algo de química. Solo tenía que seguir buscando. Y lo haría.
Eso, tenía un plan para la noche. Conseguir poner a Dixon entre la espada y la pared
para ayudar al señor Middleton y conocer a un hombre agradable y atractivo para tener
una cita.
Qué ponerse, qué ponerse...
El armario de su habitación era bastante fácil para entrar. El día después de
mudarse, había quitado la puerta y la había guardado debajo de la cama.
Miró su ropa. Era el primer día de junio. El rojo estaría bien. Diablos, el rojo siempre
era bueno. Ella eligió una falda a media pierna con volantes escarlata y agregó una
blusa sin mangas a rayas negras, rojas y blancas. Sandalias negras de tacón de aguja
porque a su cuerpo de un metro sesenta y uno le gustaban los centímetros adicionales.
Un pequeño bolso cruzado negro con rosas de té de cuero aplicadas guardaba su
teléfono, tarjetas comerciales y llaves. Brillantes aretes tipo argolla destellaban muy bien
contra su cabello ébano y combinaban con las pulseras amontonadas en su muñeca
derecha.
Porque brillo significaba fiesta, ¿verdad?
Con un plato de galletas, recorrió el pasillo y tomó el ascensor hasta el sexto piso.
En la terraza de la azotea, mini olivos alternaban con planteras que contenían hierbas
y geranios rojos. Brillante y soleada, la terraza era perfecta para fiestas, y esta reunión
estaba en pleno apogeo. La gente en las mesas con sombrillas mordisqueaba los
bocadillos. Los bancos de madera y los sillones tenían más invitados. Algunos
millennials observaban la puesta de sol contra la barandilla hasta la cintura. Un grupo
más grande de personas rodeaba el área del bar donde Jameson Stanfeld, el compañero
de cuarto y amante de Dixon, estaba ayudando a un bartender contratado.
Con su habitual camisa abotonada, vaqueros y botas vaqueras, Stan era realmente
atractivo. Mientras se acercaba, vio a un apuesto hombre de cabello castaño tratando de
coquetear con él, no que el Agente Especial de Seguridad Nacional hiciera lo mismo.
Interrumpiendo su conversación con el hombre, Stan la señaló.
—Ahí estás. Dix intentó encontrarte hace una hora.
Piper sofocó una sonrisa. En San Francisco, su acento de Texas era simplemente
divertido.
—Tenía un par de perros para pasear.
Stan frunció el ceño.
—Sé que tienes personas de guardia. Se supone que la propietaria no tiene que
ocupar ese lugar.
—Esto fue para una amiga, no un cliente.
—La bondadosa Piper. —Él negó con la cabeza—. En ese caso, ¿qué te gustaría
tomar?
—Eh, no estoy aquí para…
—¡Piper! —Rubio, esbelto y mucho más lindo que ella, su amigo Dixon dejó escapar
un grito de alegría y corrió por la terraza. Su entusiasta abrazo casi la hizo caer y ella
retrocedió tambaleándose.
Justo hacia el cuerpo duro de otro hombre.
—Cuidado, amor. —Agarrando su brazo para estabilizarla, rescató el plato inclinado
de galletas.
Con Dixon envuelto alrededor de ella, ni siquiera podía darse la vuelta para
agradecerle. Ella solo podía reír y abrazar a su amigo.
—Dixon, eres incorregible.
—Me alegro tanto de que vinieras. —Usando una camiseta sin mangas azul brillante
y pantalones cortos con flores, su amigo la soltó—. Y das abrazos fantásticos, cariño.
Oooh, tengo una gran idea. Deberías hacerte crecer una polla, entonces Stan podría
mantenernos a los dos como mascotas, y tendríamos increíble sexo a tres bandas.
—¿Q-qué? —Soltando una carcajada, ella negó con la cabeza—. ¿Cuánto has bebido,
tonto?
Quitándose el cabello rubio de los ojos, la miró con aire de suficiencia.
—Un montón. Estás muy atrasada. —Su mirada se detuvo en algo detrás de ella—.
Oye. Ethan tiene galletas. Ese es tu plato rojo. ¿Trajiste dulces?
—Un soborno, Dix, son un soborno.
—Oh, soy muy sobornable. —Él la miró parpadeando—. Espera. ¿Por qué estoy
aceptando sobornos?
Ella se rio con disimulo. ¿Estaba lo suficientemente sobrio como para saber si podía
incluir al señor Middleton en su agenda? Valía la pena intentarlo.
—Es así... —Ella se lanzó a la explicación.
—Oh, eso apesta. —Dix frunció el ceño—. Es un gran tipo el viejo. Iré al hospital a
primera hora de la mañana y lo convenceré de que se quede hasta que estemos listos
para él.
—Perfecto. Eres maravilloso.
—Por supuesto que sí. —Dixon se concentró en algo detrás de ella, entonces gimoteó
como un cachorrito—. Piperrrrr, dile a Ethan que esas son mis galletas.
Piper se volvió y vio al hombre que sostenía su plato.
Guau, Stan tenía una gran competencia por el premio al más devastadoramente guapo.
Alto, de hombros anchos, delgado y musculoso con impresionantes ojos azul marino.
En sus treintas. Su cabello castaño oscuro peinado hacia atrás, el bigote y la barba bien
afeitada eran alucinantemente masculinos.
Las facciones perfectamente cinceladas estaban arruinadas por una nariz
ligeramente torcida, probablemente por haberse roto. Mirando más de cerca, pudo ver
algunas cicatrices en su rostro. Una estaba casi oculta por su ceja derecha. Un elegante
pómulo tenía una pequeña cicatriz. Su mirada cayó a la mano que sostenía su plato.
Más cicatrices blancas desfiguraron su dorado bronceado. Al igual que con su instructor
de defensa personal, la piel del hombre tenía el mapa de la lucha.
Cuando vio que el interés iluminaba esos ojos azules, se dio cuenta de que lo estaba
mirando boquiabierta como un idiota. Dios, Piper.
Su penetrante mirada la hizo retroceder un paso, y después, en lugar de mirar su
cuerpo como lo hacían tantos hombres, estudió su rostro.
Un desconcertante zumbido de excitación la invadió… algo que no había sentido en
demasiado tiempo.
Química, solo era química. Pero... guau.
Después de un segundo, él se volvió hacia Dixon y sonrió.
—Creo que estas son ahora mis galletas. Tú, Yanks, no me lo sacarás. —
Deliberadamente mordió una galleta.
Dixon hizo un puchero.
—Pensé que eras una buena persona, Ethan, pero ese es un comportamiento sádico.
La risa masculina del hombre no alivió la comprensión de Piper de que Dixon podría
no estar bromeando. Stan y Dixon eran Dominante y sumiso. Por supuesto, sus amigos
de estilo de vida estarían aquí.
Un escalofrío le recorrió por la espalda.
Cuando se dio la vuelta, una mujer de unos cuarenta años se apresuró a cruzar la
terraza para detenerse frente a Ethan. Una gargantilla plateada con un corazón
colgando la proclamaba esclava para cualquiera que lo supiera. Los párpados
enrojecidos e hinchados decían que no era una esclava feliz.
El estómago de Piper se tensó.
—Sir Ethan, para usted. —La esclava le ofreció al hombre una bebida como si el vaso
fuera un cáliz dorado hecho para un rey.
Sir Ethan ¿En una fiesta sin estilo de vida? Que pretencioso. Incluso el Profanador no
había usado títulos D / s cuando estaba en público.
No es mi problema.
—Gracias, Angel. —Sir Ethan le entregó una galleta—. Puedes tomar un vaso de
alcohol. —Su voz era profunda y suave. Casi familiar.
Debido al acento inglés, sonaba casi como el Dom que le había enseñado a Piper
cómo liberarse. La irritación le erizó los nervios. Nadie debería sonar como su campeón.
Nadie.
—Gracias, Sir. Pero podría... —Sosteniendo la galleta, Angel dio una mirada
subrepticia hacia la salida.
Sus labios se apretaron. La respuesta del Dom a la pregunta no formulada era clara.
Los hombros de Angel se desplomaron.
—Sí, Sir.
—Vamos a conseguirte algo de beber, cariño. —Después de darle a Dixon el plato de
galletas, Ethan puso un brazo alrededor de su esclava y se la llevó.
Piper se relajó. Quizás el inglés no era completamente despiadado. Al menos le
estaba dando un trago a la mujer.
—Aquí, Piper. —Después de haber dejado de ayudar al bartender, Stan le entregó
una copa de vino tinto—. Comienza con esto, mascota. Te quedarás un rato, ¿verdad?
Mascota, ¿mmm? Obviamente, Stan había estado bebiendo, ya que generalmente
mantenía esa cosa de la dominación firmemente contenidas.
En cuanto a su pregunta... ¿quería quedarse en una fiesta donde sin duda había
Amos y Doms?
—No mucho tiempo. Yo... eh... tengo trabajo que hacer.
Él levantó una ceja incrédulamente.
—Él es un detector de mentiras humanas. —Dixon se rio por lo bajo—. Estás jodida,
Pip.
—¿Por qué irte?—preguntó Stan—. Amas a las personas y, como propietaria de un
negocio, sabes que hacer contactos es parte del trabajo.
—Exacto—masculló Dix.
—Por supuesto. Tienes toda la razón. —Discutir con Stan nunca pareció funcionar
para Dixon; dudaba que ella tuviera mejor suerte. Por supuesto, escaparse de una fiesta
era una consagrada tradición, ¿verdad?
—Hola, Abby. —Levantando la mano, Dixon saludó a una mujer—. Vamos. Tengo a
alguien para que conozcas.
Con una sedosa blusa sin mangas verde y un pantalón de vestir color canela, Abby
tenía el cabello corto, rubio y esponjoso y unos tranquilos ojos grises. Profesional,
tranquila y totalmente opuesta a la exuberancia de Dix.
—Abby es profesora universitaria—dijo Dixon—. Abby, ésta es mi jefa, Piper
Delaney.
Piper le tendió la mano.
—Es un placer conocerte, Abby.
—Y yo a ti. —Abby le estrechó la mano y después le sonrió a Dix—. Lo último que
supe es que tenías tres trabajos. ¿Cuál de tus tres jefes es ésta?
—Piper posee Chatelaines Services. —Stan robó una galleta del plato que Dixon
sostenía, se la entregó a Abby y tomó una para él.
Dixon lo miró con el ceño fruncido.
—Estas son mis galletas, Señor.
Otro Señor. El amor… y el intercambio de poder… entre Stan y Dixon era lo que
Piper alguna vez quiso. No era su culpa que su relación ocasionalmente le recordara
cómo su búsqueda de un Dom la había llevado directamente al infierno.
Ella se dio una sutil sacudida. El Amo de Dixon era un buen hombre.
—Chatelaines es un nombre intrigante. ¿A qué se dedica tu empresa? —Abby
mordisqueó la galleta, después dio un mordisco más grande con un zumbido satisfecho.
—De todo—dijo Dixon con aire de suficiencia antes de que Piper pudiera responder
—. Lleva el nombre de chatelaine, la castellana, la cabeza femenina de un castillo, château,
medieval, la guardiana del castillo. Ahora, en el siglo XXI, nuestros chatelaines ayudarán
a administrar tu hogar. ¿Necesitas comprar comestibles? Hecho. ¿Organizar servicios de
limpieza? Hecho. ¿Tus perros necesitan sus vacunas? Tu chatelaine pedirá hora y un
paseador de perros llevará los a la clínica por ti. ¿Problemas con el coche? Tu chatelaine
hará los arreglos para que alguien recoja el automóvil. ¿El paisajismo es un desastre? Tu
chatelaine supervisará al contratista. ¿Necesita organizar una fiesta de Navidad para tus
empleados? Chatelaines lo hará y te proporcionará un anfitrión o una anfitriona si la
necesitas.
La mano de Abby se detuvo camino a su boca.
—Eso suena como tener un mayordomo y el rol de una esposa en uno.
Piper se hizo cargo.
—Básicamente sí. Solo imagina tener a alguien para manejar las minucias frustrantes
de tu vida. Cuando llegas a casa del trabajo, hay comida lista para el microondas y ropa
limpia en el armario. Si un grifo tiene una fuga, alguien más se encargará del fontanero.
Alguien se encargará de tu lavado, reparación, planchado, y también comprará tu ropa.
En estos días, las personas en la población activa necesitan ese tipo de mimos.
—Eso es... increíble. —Abby pensó por un segundo—. ¿No requiere tal versatilidad
una gran cantidad de personas en la cuadrilla?
—Tenemos algunos empleados, pero también utilizamos compañías tercerizadas.
Una chatelaine no solo organiza, sino que también supervisa los servicios que se
necesitan para cada cliente.
Los ojos de Abby se iluminaron.
—¿Estás queriendo más clientes? ¿Manejas el área de Tiburon?
—Sí, y la manejamos. —Sí, sí, sí. Cuando Piper le entregó a Abby una tarjeta de
presentación de su cartera, se sintió aliviada de que el Amo inglés se hubiera ido. Ella
seguramente no quería trabajar para ningún Dom. Los ricos eran lo suficientemente
complicados—. Puedes encontrar el alcance de nuestros servicios y precios en el sitio
web de Chatelaines. Si crees que podemos satisfacer tus necesidades, llama y
programaremos una cita.
—Lo haré. Te necesitamos totalmente. —Abby le dio un firme asentimiento.
Necesitar. Esa palabra llenaba cada hueco en el corazón de Piper con alegría.
Durante la siguiente hora, ella vagó de un grupo a otro, conociendo gente… y
ninguno parecía ser un Amo o un sádico. Lo estaba pasando muy bien. Socializar era su
diversión.
Al regresar del bar, pasó junto a las planteras de hormigón y se desvió para evitar al
Amo inglés que estaba hablando con otro hombre.
Obviamente, volviendo del baño, su esclava, Angel, se unió a los hombres,
esperando en silencio hasta que Ethan la notó y asintió con la cabeza para interrumpir.
Angel hizo un gesto hacia la puerta, diciendo algo en voz queda.
Sir Ethan la interrumpió con unas pocas palabras tranquilas y señaló con firmeza el
banco.
Con las lágrimas corriendo por sus mejillas, la pobre mujer se sentó, sin unirse a la
conversación, con la cabeza gacha. Todo su cuerpo se dobló miserablemente.
Piper quería lanzarle su vaso al malparido Amo, o mejor aún, arrojarlo por la
barandilla. Para ver su cuerpo caer en la calle seis pisos más abajo. Esa pobre mujer.
¿Sabía Angel que no tenía que quedarse con él? ¿Que tenía opciones?
Piper no lo había sabido.
Compórtate, Piper. Ella se mordió el labio. Su relación no era asunto suyo. Angel no
era una amiga. Era una completa desconocida.
Todavía.
Cuando Piper se acercó, el amigo de Ethan respondió a un saludo. Hizo un gesto
hacia la persona que lo había llamado, obviamente pidiéndole a Ethan que fuera con él.
Ethan puso su mano sobre el hombro de Angel.
La esclava sollozó.
—¿Le gustaría otro trago, Sir? —Ella todavía no lo había mirado.
Piper no escuchó su respuesta, pero cuando siguió al otro hombre, la pobre mujer
parecía aplastada. Maldito sea.
Es hora de levantarte y hacer algo. Piper se unió a Angel en el banco.
—Hola. No pude evitar ver que no quieres estar aquí. ¿Quieres dejar al hombre con
el que estás? ¿Te está manteniendo en contra de tu voluntad?
—Yo-yo-yo… —Los ojos de Angel se abrieron ampliamente.
Oh, error, Piper. Los esclavos con Amos estrictos no hablaban a menos que se les
diera permiso.
—Todo está bien. No tienes que hablar. ¿Pero sabías que es ilegal mantenerte
esclavizada? ¿Que ningún contrato de esclavitud es válido en los Estados Unidos?
La mujer la miró con la boca abierta.
—Es verdad. —Una vez libre, Piper había investigado el tema. A fondo. Todo sobre
el contrato del Profanador había estado mal. Dios, ella había sido tan ingenua—. Sé que
da miedo pensar en escapar, pero puedo ayudarte. Llevarte a un refugio donde estarás
a salvo. Mi coche está aquí y te llevaré a donde quieras ir.
—¿Lo harás? —La voz de Angel se quebró—. ¿Me llevarás a…
—Disculpa, ¿pero qué está pasando?
Piper saltó.
Pareciendo mucho más alto que el Monte Shasta, Sir Ethan la miró fijamente. Su
rostro tenía bordes duros y sus ojos tenían menos calor que una tormenta de nieve de
Kansas. El puro poder en su mirada convirtió sus huesos en agua.
Su amigo estaba a su lado, ancho de hombros y musculoso, su cabello negro en una
larga trenza. Una expresión divertida no ocultaba su naturaleza dominante.
El miedo era un rugido apresurado en los oídos de Piper. Sé fuerte, sé fuerte.
—Angel. —Sir Ethan se volvió hacia su esclava. Sus cejas se fruncieron.
Oh, no. Saltando, Piper interpuso su cuerpo entre ellos.
—Usted no la lastimará; la dejará tranquila .
El amigo de ojos negros de Sir Ethan levantó una ceja.
—Creo que podría haber un malentendido aquí.
—Lo dudo. —Con el corazón latiendo como un martillo neumático, Piper sintió su
mano derecha convertirse en un puño y levantarse.
—No, oh no. —Angel envolvió las frías manos alrededor de la muñeca de Piper—.
Todo es un error. Mi culpa. Esta dulce mujer pensó que eras cruel y quería ayudarme,
eso es todo.
En silencio, Ethan miró a Angel y Piper, entonces sus labios se curvaron.
—¿Ella quería salvarte del malvado Amo?
Piper lo miró, incapaz de hablar. Su corazón se había alojado en algún lugar de su
garganta.
Ella negó con la cabeza.
—No hay necesidad de rescate.
Piper no dejó que su escepticismo apareciera en su rostro... o la duda que estaba
creciendo. ¿Había saltado a una conclusión equivocada?
Angel le palmeó el brazo.
—Sir, ¿si me da un momento...?
La aguda mirada azul barrió nuevamente a Piper.
—Eso podría ser lo mejor. Estaremos allí. —Hizo un gesto hacia una mesa a unos
pasos de distancia. Demasiado cerca para que Angel pueda escapar sin ser interceptada
—. Llama si me necesitas.
Cuando los dos hombres se alejaron, el valor de Piper se vació, dejando solo el
miedo. Se tragó las náuseas y miró a la otra mujer.
—No quieres dejarlo.
—No. Oh, lo siento mucho. He estado confundida todo el día. No tiene nada que ver
con Sir Ethan. Mi Amo es... —Los ojos de Angel se volvieron llorosos—. No quería estar
aquí, y todo lo que escuché fue que me llevarías a donde quería ir.
—¿Pero él no es abusivo?
—No, Sir Ethan es muy amable conmigo. De verdad. —Angel le dio unas palmaditas
en la mano—. Eres tan dulce. Y valiente, vi cómo te pusiste delante de mí. En verdad,
estoy donde pertenezco en este momento. —Su tono era decidido. Su mirada fija.
—Parece que eché todo a perder. —Piper frunció el ceño. Aunque Angel había
estado llorando, su piel no tenía marcas de hematomas, ronchas o cicatrices. No se
encogió cuando habló con su Amo—. Lo siento si te causé problemas.
—No lo has hecho, de verdad. No puedo creer que te hayas ofrecido a ayudar a una
extraña. Eres increíble. —Angel apretó sus dedos y la soltó—. Solo iré a explicar.
Frunciendo el ceño, Piper observó a Angel unirse a los dos hombres, y no, la esclava
no parecía estar preocupada por ser golpeada.
Piper apartó la mirada y sintió que le ardía la cara. Bien hecho, Piper. Acabas de causar
una escena. Una pequeña, pero aun así...
Después de un minuto, ella respiró hondo y se puso de pie. Incapaz de evitarlo, miró
hacia atrás.
Y se encontró con la mirada del Amo.
Ella no miró hacia otro lado, a pesar de que la boca del estómago cayó varias
centímetros.
Pero él no la fulminó con la mirada. En cambio, las líneas de risa en los rabillos de
sus ojos se profundizaron.
Su cara se puso más caliente. Con las rodillas como gelatina, se apresuró en la otra
dirección.
—Chica, ¿has estado demasiado tiempo al sol? —Dixon se colocó frente a ella y le
dio unas palmaditas en la mejilla—. Estás toda sonrojada.
Excelente. Encantador. Solo dispárame, ahora.
—Estoy un poco acalorada. De hecho, hoy está soleado.
—Obviamente necesitas algo con mucho hielo. Ven conmigo y convenceremos a
Stan-el-Hombre de otra bebida.
—Bien. Una bebida sería buena. —Tal vez. Ella puso su mano sobre su estómago
tembloroso. Toda esa confrontación la había asustado y dejado sin saliva. Con suerte, no
lo había demostrado, pero Dios, los Dominantes la asustaban. La atraían y la asustaban.
Hablando de una espada de doble filo.
Contuvo el aliento mientras seguía a Dixon y pasaba junto al grupo de personas.
¿Cuántos de ellos eran Amos? Su piel se erizó. Esto era como estar en una película de
terror y descubrir que un grupo de invitados era realmente vampiros esperando para
matarla.
Escalofríos subieron por su espalda antes de darse una sacudida. Suficiente.
Desviando sus pensamientos en una nueva dirección, recordó que tenía un objetivo
en mente para esta fiesta.
—Dix, ¿qué tal una presentación de algunos amables tipos solteros? Los que no son
pervertidos, ya saben, tipos vainilla.
—Tíaaa—protestó él—. ¿Ni siquiera unas chispitas de diversión?
Pensó en sir Ethan. ¿En qué pervertidas chispitas estaría? El pensamiento creó un
latido desconcertante en sus profundidades. Ignora la química, maldita sea.
—Sin chispas. Solo vainilla—dijo ella con firmeza.
Sentado en una mesa con Xavier, Ethan se frotó el labio inferior mientras veía a la
pequeña mujer luchadora ser presentada a un grupo de personas. Piper, ese era su
nombre. Un poco por debajo de la altura promedio, curvas dulces. Su primera
impresión cuando estaba abrazando a Dixon había sido linda. Pero ella era mucho más
compleja que eso.
Toda una intrigante mujer.
Miró a Angel, que estaba delante de él.
—Estoy listo para tu explicación ahora.
La esclava de Malik parecía completamente disgustada.
—Me temo que le di a la joven la impresión equivocada, Sir. Ella pensó que yo era
una esclava retenida contra mi voluntad. Dijo que me llevaría a un refugio.
Lo que había pensado… y muy encomiable. Era raro que alguien diera un paso
adelante para intervenir.
Miró al hombre a su lado, su mejor amigo desde el internado, y vio el mismo respeto
en sus ojos. Cuando la madre de Xavier huyó de su esposo, Ethan se enteró de la dura
realidad del abuso.
Sin embargo... frunció el ceño ante Angel, recordando la frase que ella había
comenzado con Piper, ¿Me llevarás a...?
—No estás siendo retenido contra tu voluntad, cariño.
—No, Sir. Pero… —sus ojos se llenaron de lágrimas—… solo escuché que ella me
llevaría a donde quisiera ir.
—Ah. Lo entiendo. —Con el corazón dolorido por ella, Ethan sentó a la esclava a su
lado y le tomó la mano.
—Me estoy perdiendo algo—dijo Xavier—. ¿A dónde quieres ir, Angel?
—Al hospital. A estar con Malik. —Su Amo había sido hospitalizado ayer después
de un accidente automovilístico.
Xavier le dirigió a Ethan una mirada inquisitiva
—Eso suena razonable para mí.
—Angel, dile a Xavier por qué estás aquí en una fiesta en lugar de seguir en el
hospital con tu Amo—ordenó Ethan suavemente.
—Porque se sometió a una cirugía hoy, y las enfermeras no me dejaron sentarme con
él. —La ira volvió más aguda su voz—. Sir Ethan pensó que esta fiesta me mantendría
ocupada. El Amo no me querría sentada en una sala de espera todo el día y toda la
noche.
—Por supuesto que no lo querría. —Xavier la miró fijamente—. Le daría a mi Abby
la misma orden.
Los hombros de Angel se desplomaron.
—Yo solo... solo quiero estar con él.
—Pero no puedes. —Ethan afiló su tono lo suficiente como para sacarla de su ataque
de nervios—. Hoy no.
Sabiendo que estaría atrapado en el hospital durante días, Malik le había pedido a
Ethan que sirviera como Amo temporal de Angel. Algunos esclavos repentinamente
privados de un Amo tenían problemas. Al mantenerla bajo control, Ethan podría
proporcionarle algo de estabilidad emocional.
Suavizando su voz, agregó:
—Esta noche tendrás que descansar, mascota. Mañana, Malik estará despierto y
dolorido.
—Sí. Él me necesitará entonces. —Ella asintió, levantando la barbilla—. Estaré allí
para él.
—Sí lo estarás. Tiene suerte de tenerte. —Casados hacía doce años, los dos eran una
inspiración. Todavía profundamente enamorados, aunque dudaba que la pequeña y
vivaz Piper lo creyera.
Ethan vio que se había unido a un grupo de personas. En su mayoría hombres. Su
risa melódica resonó en la terraza.
Interesante mujer. Asustada, pero valiente. Decidida, pero su mirada era perseguida.
Esos grandes y vulnerables ojos habían despertado sus instintos protectores.
Como si sintiera su atención, ella miró a su alrededor. Cuando se encontró con su
mirada, le dio la espalda, aunque sus músculos permanecieron tensos como si él fuera a
atacarla por la espalda.
Xavier se rio entre dientes.
—La preocupas, ¿verdad?
—Así parece. —Si no hubiese tenido a Angel con él, habría disfrutado preocuparla
un poco más.
Capítulo 2

—Mañana es domingo. Ninguno de nosotros tiene que trabajar. ¿Por qué no me


invitas a subir? —Apoyándose contra la pared de ladrillo rojo de su edificio de
apartamentos, la cita de Piper le ofreció una sonrisa expectante.
Ella logró no suspirar. Brian, el contador que había conocido en la fiesta de Dixon
ayer, era un hombre muy agradable. Extremadamente guapo. Inteligente, estable,
amable y agradable. Pero no había química, al menos de su parte. Aparentemente él
sentía lo contrario.
Pero su reacción ante Sir Ethan le había mostrado lo que podía ser la química.
Incluso con sus amantes anteriores, nunca había tenido un chisporroteo tan vertiginoso.
—Lo siento, pero nunca me tomo un día libre. Este no es un buen momento para mí.
—Se detuvo al darse cuenta de que había llevado casi a la deshonestidad. Mal Piper. Un
desaire impreciso no era justo para él y era indigno de ella—. Brian, eres un tipo
increíble que merece a alguien genial. Pero ese alguien no soy yo. Aunque pasé un
tiempo maravilloso esta noche, algo platónico es lo que siento.
De hecho, se habría divertido tanto con uno de sus amigos y no habría tenido que
lidiar con ninguna presión sexual.
Sus ojos se abrieron con incredulidad. Probablemente él no era rechazado a menudo.
—Oh. Bien. Entonces... bien.
Él se inclinó para besarla de todos modos, y ella puso su mano sobre su pecho. ¿Por
qué siempre lo intentaban? ¿Nadie sabía lo que significaba platónico?
Con un resoplido ligeramente molesto, se enderezó.
—Bien. Bueno. Fue divertido. De todas formas. Que tengas un buen descanso esta
noche.
—Tú también. —¿Ves? Realmente era un buen hombre.
Cuando él se alejó, ella suspiró. ¿Qué estaba mal en ella que no había química? Otro
fracaso. Sostuvo su bolso con el llavero hacia el lector de acceso, escuchó el cerrojo
abrirse y se deslizó por la puerta hacia la entrada de mármol. Olvídate de subir corriendo
las escaleras. Cansada de todo, tomó el ascensor.
Una vez en su apartamento, se lavó la cara y se puso unos leggings con flores
rosadas y negras y una camiseta sin mangas negra de gran tamaño. De vuelta a la
normalidad, Piper se dejó caer entre los coloridos almohadones en su cómodo sofá.
Sola.
—Eso en cuanto a salir con tipos agradables.
El silencio llenó la habitación, oscureció las esquinas y perfumó el aire con soledad.
Incluso a pesar del Profanador, todavía esperaba encontrar un compañero para
compartir su vida. Alguien con quien mirar películas de miedo, porque sería el tipo de
hombre detrás del cual una mujer podría esconderse. Alguien a quien le gustara
divertirse, porque la risa siempre era mejor cuando se compartía.
Ella negó con la cabeza. Hace mucho tiempo, durante la terapia grupal de Piper, el
consejero preguntó a todos por su idea de la noche perfecta. Las otras mujeres
propusieron una cena elegante y baile, conciertos, noches tropicales. A Piper le habían
gustado todas sus ideas. Oye, ella era muy sociable. Sin embargo, la noche de sus
sueños era quedarse en casa, una chimenea con llamas bajas, compartiendo bebidas y
acurrucándose juntos en un cómodo sofá. Leyendo juntos. Y sexo. Seguramente, había
un hombre por ahí con el que realmente querría tener sexo. Alguien que haría
cosquillear sus partes femeninas.
Alguien que la amaría tanto como ella a él. Que cuidaría de ella.
Alguien a quien ella pudiera servir.
Espera, no. Eso no. ¿En qué estaba pensando? Con los nervios destrozados, se puso
una almohada en los brazos. Ella no quería servir a un hombre. De acuerdo, atender a
las personas llenaba una necesidad, pero eso eran personas. No un hombre. No un
Amo. Nunca más. No. Cuidar de los demás era su ocupación ahora, no algo para dar
gratis. O por amor.
Con esperanzas o no, es posible que no sea capaz de tener una relación saludable. Ya
no. No era cínica sobre el amor. Algunas personas, dentro y fuera del estilo de vida,
encontraron compañeros maravillosos. Mira a Stan y Dixon. Pero tal vez no fuera para
ella.
Porque no valgo nada.
No, no, eso no era cierto. Ella frunció el ceño, reemplazando decididamente el
pensamiento por otros más saludables. Soy digna. Soy inteligente, amable, administro un
negocio fantástico, hago galletas geniales y tengo amigos increíbles.
Su tiempo como esclava la había dejado bastante confundida. Por otra parte, su
confianza en sí misma no había sido sólida como una roca antes del Profanador, no
desde que Piper tenía diez años y su madre se casó con el super religioso Gideon.
Aunque este era el siglo XXI, donde las madres solteras eran muy comunes, su
padrastro la había rechazado porque Piper había nacido fuera del matrimonio. Solo por
existir, Piper había expuesto el comportamiento vergonzoso de su madre, y el hijo de
Gideon señalaría el rango de bastarda de Piper en cada oportunidad.
Gideon había sido cortés pero frío. Finalmente, su madre había seguido su ejemplo.
Había dolido saber que no la querían.
Eso fue entonces; esto es ahora. Frunciendo el ceño, se libró de su fiesta de lástima. Ella
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solo tenía que trabajar más duro para apreciarse. Y, enfrentémoslo, ella era cool .
Hablando de cool... Fue a la cocina y revisó las pequeñas cajas de cartón en el
congelador. Ahí… helado de vainilla con trozos de chocolate. Dulce con algo crujiente.
Maldición, ¿por qué Brian no pudo haber encendido su libido? Era tan guapo como
sir Ethan. Pero no. Incluso cuando Brian tomó su mano, la rodeó con el brazo y le
acarició el cuello con la nariz, no sintió el chisporroteo.
Mientras que una simple mirada de Sir Ethan había disparado excitación a través de
ella como un rayo. Oh, él también la había asustado. Pero a esa distancia segura, podía
admitir que el maldito Dominante la había excitado.
Él sabía que ella le tenía miedo.
Ella lo había divertido.
Frunciendo el ceño, tomó un poco de helado. Cuando la dulce vainilla se derritió en
su boca, mordió con furia los trozos de chocolate amargo.
Como un ogro masticando huesos.
Tritura, tritura. Toma esto, Sir Ethan.
Pensándolo bien, ella estaba más enojada consigo misma que con él. Su intento de
enfrentarse a él la había dejado casi vomitando de miedo. Simplemente no era justo que
los únicos hombres que tenían la química correcta para ella fueran Dominantes
escalofriantes.
Dejándose caer en el sofá, tomó otra gran cucharada de helado.
Tal vez debería ver cómo obtener ayuda. No había duda de que su infeliz infancia,
seguida por el Profanador, la había dejado con problemas. Cuando estaba en San
Francisco, había recibido asesoramiento, pero se detuvo en el momento en que el
terapeuta pareció desaprobar el BDSM. Tal vez debería intentarlo de nuevo con un
terapeuta de mente más abierta.
Mientras tanto, ella continuaría evitando Doms y Amos. ¿No era divertido? Porque,
después de ser una esclava, ella los entendía, lo que necesitaban, lo que les gustaba y...
Ella se enderezó. Hmm.
El nuevo competidor de Chatelaines se anunciaba como anticuado, como tener una
esposa al estilo de los años 50 en casa. Al igual que lo hacía Chatelaines, pero por lo que
había escuchado, la actitud de la nueva compañía era conservadora hasta el punto de
despreciar cualquier otra cosa que no fuera el estilo de vida casado heterosexual.
Cinco de los invitados de Stan y Dixon habían preguntado sobre la contratación de
Chatelaines, posiblemente porque ella había estado con Dixon y obviamente se sentía
cómoda con su relación D / s.
Trabajar con personas con estilos de vida alternativos no molestaría a su personal. Se
propuso contratar personas de mente abierta y utilizar contratistas de mente abierta.
Quizás, en lugar de evitar a los Doms, debería intentar atraerlos. No como amantes,
sino como clientes. Sintió que su corazón se aceleraba. Ésta podría ser la respuesta para
que su empresa prosperara, a pesar de la nueva competencia.
Pero... Dominantes. Oh, Dios, ¿de qué serviría tener una compañía próspera si la
dueña se moría de miedo? ¿Podría ella interactuar cómodamente con Amos como Sir
Ethan?
A pesar del helado, su boca se secó.
La ira se alzó dentro de ella… con ella misma. Toda esta ansiedad era intolerable.
Ella no podía... no lo haría… vivir con miedo. Había logrado dejar de ser una esclava,
independizarse, encontrar amigos y ganarse la vida. Era hora de trabajar en su neurosis
sobre el BDSM y los Dominantes. Ante el frío que la atravesó, sacó la manta del
respaldo del sofá y se acurrucó debajo de ella.
Basta, Piper. Ésta era una excelente dirección para Chatelaines, sin importar cuánto
estrés pudiera causarle personalmente. Solo necesitaba sentirse cómoda estando
alrededor de los Doms. Dejar de evitarlos. Dejar de tener miedo. Porque no había nada
de qué asustarse. La mayoría de los Doms eran personas agradables.
Yyyyyyyy decirse eso no estaba ayudando en absoluto.
En sus últimas vacaciones, la mujer en el avión a su lado había tenido terror a volar.
Su condescendiente esposo se mantuvo repitiendo que los aviones rara vez se
estrellaban, y ella debería relajarse. Como si decirlo una y otra vez ayudara.
Piper sonrió a medias y comenzó su cántico tranquilizador: no tengas miedo; la
mayoría de los Doms son personas agradables. No tengas miedo; la mayoría de los Doms son
personas agradables.
Sip, no. Tampoco funcionaba para ella.
Capítulo 3

Los yanquis tenían un dicho, Gracias a Dios es viernes, uno con el que Ethan tenía que
estar de acuerdo. Después de cambiarse el traje por unos vaqueros y una suave camisa
de ante, Ethan Worthington bajó a la planta baja, a lo que la mujer de Simon llamaba su
cueva masculina. A lo que la Abby de Xavier llamaba el pub inglés de Ethan.
Él sonrió ligeramente. Las damas tenían un buen punto. A la derecha, la sección del
teatro estaba llena de muebles de cuero color chocolate, a la izquierda tenía una mesa de
billar. En la esquina la mampostería formaba un arco sobre el bar. Una mesa y sillas,
junto con una acogedora área con sillones para sentarse, tenían vistas a la puerta, las
ventanas al patio y al pequeño jardín. Con los muebles de madera oscura y cuero y los
carteles de boxeo de estilo antiguo, la gran sala conservaba el ambiente de su pub
favorito en Oxford.
Escuchó un ruido y miró hacia el sofá. Es cierto que los pubs rara vez permitían
gatos.
—¿Cómo estás hoy, Churchill?
El felino marrón cruzó la habitación y se colocó estratégicamente a los pies de Ethan.
Con la esponjosa cola marrón envuelta cuidadosamente sobre sus patas blancas, levantó
la vista esperanzado. ¿Queso?
—Hoy no, me temo. —Ethan puso hielo en un vaso, sacó una botella de The
Botanist, se sirvió y bebió. Los sabores complejos barrieron su lengua. Menta, cilantro,
manzana... y más. Agradable. Los escoceses destilaban una mala ginebra.
Un maullido llamó su atención, y miró a los ojos azules casi del color de los suyos.
Churchill se puso de pie, con claras expectativas.
Riéndose, Ethan dejó su vaso sobre la barra. Para levantar un corpulento felino de
ocho kilos necesitaba ambas manos, especialmente cuando el gato cojeaba. La raza era
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llamada “Ragdoll ” por una razón. Con el gato contra su pecho, Ethan tomó el vaso y se
acomodó en su sillón favorito, el que tenía vista a la ventana.
Churchill se acurrucó en una cómoda bola sobre sus muslos y le dio a la mano de
Ethan un feliz frotamiento con su mejilla.
—Lo siento, Church, ha sido una semana ocupada. —Un mes ocupado, en realidad.
El ámbito tecnológico estaba en un momento de cambio con algunas áreas estancadas, y
otras con, hasta la fecha, inventos no probados. Como propietario y director ejecutivo
de Worthington Tech Group, llevaba las riendas de una variedad de compañías,
demasiadas compañías, pensaba a veces, aunque la diversificación ayudaba con la
estabilidad general. Amaba lo que hacía. Liderar la nueva tecnología y obtener
ganancias incluso haciendo las cosas bien, ética, ambiental y productivamente, era un
desafío estimulante.
Debajo de su mano, Churchill ronroneó. A diferencia de otros gatos que Ethan había
tenido, Church no guardaba rencor. Y, gracias a Dios, el felino era más ecuánime que el
primer ministro por el que había sido nombrado. Tal vez porque tenía miedo de ser
expulsado para morir de hambre en las calles. Otra vez.
Años atrás, después de comprar la casa en Russian Hill, Ethan había encontrado a
Churchill en la pequeña área del jardín, medio muerto de hambre, infestado de pulgas,
con el pelaje enredado y un furioso absceso en un diente. El veterinario sospechó que el
dueño no había querido lidiar con la enfermedad y simplemente echó al gato a la calle.
Siendo amantes, no luchadores, los Ragdoll no sobrevivían mucho en las calles.
Los Ragdoll también eran increíblemente sociables.
—Perdón por haber estado tanto tiempo lejos. Estás echando de menos a Angel,
¿verdad?
Churchill lanzó un pequeño suspiro e hizo algunos movimientos con sus asombrosas
patas como si estuviera de acuerdo.
Tomando su vaso, Ethan agitó el líquido y escuchó el silencio en la casa. Ayer, Malik
había sido dado de alta, y Angel finalmente estaba en casa con su Amo.
Cuando Ethan dejó el vaso, notó la lista de tareas de Angel en la mesa de café. Malik
había escrito lo que esperaba que Ethan hiciera por ella cada noche: asignarle un tema
del periódico, hacer preguntas al respecto y administrar una tanda de azotes. Asignarle
cocinar o limpiar, aunque Ethan no se había molestado ya que ella estaba exhausta
todas las noches. En lugar de eso, había escogido películas alegres y, recordando los
tiempos en la casa de Malik, la hizo acomodarse en un cojín a sus pies. Necesitaba la
sensación de estar bajo control, algo que había perdido con Malik en el hospital.
Ellos se las habían arreglado lo suficientemente bien.
Tomando otro sorbo de su bebida, acarició a Churchill. Aunque ahora la casa se
sentía extrañamente sola, Ethan no quería una esclava, y Angel no era lo que buscaba en
una sumisa.
No que él estuviera buscando. No ahora, probablemente nunca.
¿Cuántas veces se puede quemar un hombre antes de alejarse de la llama? Después
de la traición y muerte de Nicola, no había tenido citas por un par de años. Después de
eso, sus intentos de relación le habían enseñado que la riqueza atraía a demasiadas
mujeres a las que no les importaba quién era mientras tuviera dinero. Hubo días en que
se sintió como un zorro huyendo de una manada de perros de caza. ¿No sonaba
sangrientamente egoísta? Simplemente estaba cansado de ser adulado.
Eso le recordó a una mujer que no había querido ganárselo, la pequeña belleza de
cabello negro que había tratado de proteger a Angel en la fiesta.
Sonrió.
—Deberías haberla conocido, Church. Aunque no suelo elegir la linda o vivaz.
Piper había sido intrigante. Y extrañamente familiar. ¿La había conocido antes?
No, él habría recordado ese grueso cabello negro hasta los hombros. La curva
perfecta del arco de su labio superior. El sonido musical de su risa.
Él nunca la había visto antes.
Como nunca la había visto en Dark Haven, dudaba volver a verla.
Era una pena.
Capítulo 4

Con un adorable cockapoo negro llamado Blackie yendo detrás de ella, Piper
recorría la casa de Abby y de Xavier, dándole el tratamiento de guante blanco. El equipo
de limpieza había terminado la segunda limpieza. Los paisajistas habían tenido más de
una semana para trabajar en el terreno.
La prueba inicial estaba completa, era su turno. La castellana asignada normalmente
habría estado con ella, pero Ivy estaba de baja por duelo.
—El lavabo en el baño de visitas tiene un pequeño goteo—dijo Piper en su teléfono.
Impresionantes dispositivos, los teléfonos inteligentes. Dictar seguro ganaba a tomar
notas en un portapapeles, especialmente porque su letra era casi ilegible.
—Pedirle al encargado de mantenimiento que cambie la luz del pasillo por algo más
brillante.
—Asegurarse de que el equipo de limpieza trabaje en las persianas la próxima vez.
Todavía están sucias.
El sonido de una puerta la sobresaltó y ella se volvió.
Cuando Abby entró desde el garaje, Piper hizo una mueca. La dueña de la casa
llegaba temprano a casa.
—Hola, Piper. Me preguntaba de quién era ese coche. No sabía que estarías aquí. —
Mientras Blackie ladraba y giraba entusiastamente en círculos del tipo mi-dueña-está-en-
casa, Abby se inclinó para acariciarlo.
—Lo siento. Nos gusta revisar las cosas en persona después de la primera semana,
pero ya termino y los dejaré en paz.
Abby miró el teléfono en su mano.
—¿Estás llamando al servicio de limpieza para regañarlos?
—No. Lo hicieron bastante bien. —Piper mostró la pantalla del teléfono—. Solo estoy
tomando notas sobre cualquier cosa que los equipos de jardinería o limpieza puedan
hacer mejor.
—¿Notas? ¿Puedo ver?
Piper sonrió. Durante la entrevista inicial, supo que la profesora era brillante y
curiosa por todo.
—Seguro. Aquí tienes.
Tomando el teléfono, Abby echó un vistazo a la lista.
—Guau. Nunca noté la mitad de estas cosas, y el resto, lo admito, simplemente no
me molesté en decirles a los de mantenimiento.
—Aprendí que las mujeres a menudo nos sentimos demasiado incómodas o incluso
culpables de pedir lo que nos corresponde.
La boca de Abby se curvó en una sonrisa triste.
—Es vergonzoso que sepa exactamente de lo que estás hablando.
—Tengo razón, ¿verdad?. Pero una castellana no tiene ese problema psicológico
cuando defiende al cliente.
—Esa es una observación muy interesante.
—Ser exigente es parte del trabajo—dijo Piper—. Asegurarme que no haya
molestias, por pequeñas que sean, en la vida de un cliente. El cielo sabe que hay
suficientes cosas para irritar a una persona fuera de casa.
—Indiscutiblemente cierto. —Abby sonrió—. ¿Está permitido ofrecerle a una
castellana una copa de vino? Me encantaría hacerte algunas preguntas sobre cómo te
metiste en el negocio.
Piper vaciló. El vino con un cliente estaba, sin duda, en contra del protocolo
comercial adecuado. Por otra parte, los hombres siempre tenían almuerzos alcohólicos
con antiguos y buenos compañeros, ¿verdad?
—Es un hermoso día. Podemos salir y sentarnos en el patio —dijo Abby.
El clima de mediados de junio era maravilloso. ¿Cómo podría resistirse?
—Me encantaría una copa de vino.
Una copa de vino llevó a dos junto con picar queso y galletas. Era terriblemente fácil
hablar con Abby, y muy divertido escuchar lo enamorada que estaba de su esposo,
Xavier. Cada vez que Abby hablaba de él, prácticamente brillaba.
—¿Pero creciste en Kansas? ¿Cómo terminaste aquí en San Francisco? ¿Una empresa
te mudó aquí?
Piper pensó en el largo viaje. Llegando como indigente, viviendo en el refugio de
San Francisco. Encontrando a Stella´s Employment.
—Una mala relación me convenció de irme lejos, muy lejos de Kansas.
—Uno de esos, ¿hmm? Sé cómo una mala relación puede arruinar la vida de una
persona. —Su tono no era... exactamente... amargo—. Por cierto, Dixon dice que eres
una jefa increíble.
—Él es un empleado increíble. Todo el mundo lo ama, desde los clientes hasta el
personal. —¿Había alguien que pudiera pensar en Dixon y no sonreír?—. Cuando el
apartamento frente al suyo se publicó para alquiler, consiguió que el gerente me diera la
primera oportunidad. —En San Francisco, las personas se peleaban por alquilar como
gaviotas que veían un sabroso bocado en la playa.
Abby sonrió.
—Dixon tiene su forma de ser.
—Le debo mucho por el apartamento. Es como vivir en el corazón de San Francisco.
—Aunque el lugar de Abby en Tiburon tenía unas vistas increíbles de Angel Island y
San Francisco enfrente, vivir en el bullicioso centro de la ciudad se adaptaba a Piper.
—Eso tiene sentido. —Abby tomó una rodaja de Gouda—. Pareces una persona
sociable. Estar cerca de tus amigos debe ser importante.
—Lo es. —Sintiendo una punzada de infelicidad, Piper pasó el dedo por la humedad
sobre la mesa. A pesar de tener amigos maravillosos, no tenía a nadie que supiera sobre
su pasado como esclava. Era demasiado humillante y, a menos que una persona fuese
sumisa, no entendería la compulsión a servir. De brindarle a un Amo... todo.
Ante el silencio, levantó la vista para ver a Abby estudiándola.
Antes de que la mujer pudiera hablar, se escucharon pasos y un hombre alto salió al
patio.
Era Sir Ethan de la fiesta de Stan y Dix. La clase de Amo exigente.
Piper se congeló, incluso cuando la excitación burbujeó en su sangre. Había soñado
con su rostro duro y guapo, con la barba oscura a lo largo de su mandíbula, y maldita
sea, él era aún más devastador que en sus sueños.
Su traje elegante y perfectamente confeccionado destacaba sus anchos hombros
mientras salía al patio. Puso una botella de vino y dos copas en la mesa.
—Señoras.
—Ethan. Qué bueno verte. —Abby se levantó para saludarlo, y él se inclinó para
besarle la mejilla.
Recordando cómo ella se había vuelto completamente una idiota en la fiesta, Piper
podía sentir su rostro calentarse.
¿Qué tan rápido podría salir de aquí?
—Blackie arrinconó a Xavier para que le administrara la cantidad adecuada de
caricias, por lo que me enviaron con el vino. —La voz sonora con acento inglés del
hombre calmó los nervios de Piper como una suave caricia, y ella se molestó aún más.
—No importa lo que piense Xavier, Blackie es el jefe de nuestra casa—dijo Abby—.
Piper, déjame presentarte a Sir Ethan Worthington.
Piper respiró hondo. Miró hacia arriba. Cuando los penetrantes ojos azules del Dom
se encontraron con los de ella, su alma abandonó su cuerpo.
Entonces ella frunció el ceño. ¿Abby acababa de presentar al hombre con su título de
estilo de vida? ¿Eso significaba que Abby era sumisa? Por otra parte, por la forma en
que la autoridad irradiaba de Sir Ethan, quizás Abby no pudo evitarlo.
—Ethan, ésta es Piper Delaney—terminó Abby.
El Dom le tendió la mano.
—Hablamos brevemente en la fiesta de Stan. Es bueno volver a verla, señorita
Delaney.
Aparentemente, él no iba a decir nada sobre su grosería o sobre Angel. Con gran
alivio, Piper tomó su mano. Hacía calor, la palma era callosa, su agarre firme, pero no
abrumador. La forma en que la estudió mientras sostenía su mano le envió un calor
maligno a través del cuerpo.
—Señor Worthington—dijo ella, manteniendo su nivel de voz. Incluso si él fuera
educado, ella no lo llamaría Sir. O mentiría y diría que era bueno verlo.
¿Pero sería mentira?
—Solo Ethan, por favor. —Soltando su mano, volvió a llenar los vasos de ella y de
Abby antes de verter vino en los dos que había traído.
Cuando se sentó a la derecha de Piper, ella se levantó, tratando de hacer que su
huida pareciera casual y no una derrota.
—Abby, llego tarde. Necesito irme.
Su fuga se detuvo cuando otro hombre salió al patio. Medía, tal vez, un metro
noventa y cinco y era un par de centímetros más alto que Ethan. Los ojos negros y un
toque de tez cobriza hablaban de ascendencia nativo americano, aunque sus rasgos eran
una sorprendente mezcla de etnias. Al ver su larga trenza negra, Piper reconoció al
amigo de Ethan de la fiesta.
¿Podría esto ser más incómodo?
Él se inclinó para besar a su esposa, con los dedos debajo de la barbilla, inclinando la
cabeza hacia arriba, tomándose su tiempo. Cualquiera con ojos para ver podría decir
que el hombre era tan Dominante como Sir Ethan.
El estómago de Piper se tensó. Dos… había dos Amos aquí. No debería sentirse
como si estuviera rodeada.
Enderezándose, el hombre se volvió hacia Piper. Su cabeza se inclinó.
—Estuviste en la fiesta de Stan y Dixon. Es bueno verte otra vez.
Gracias a Dios, no lo dijo, a pesar de que fuiste muy grosera. Pero la diversión en sus
ojos era clara.
—Te dije que la conocí en la fiesta. —Abby miró entre su esposo y Piper—. Piper,
éste es mi esposo, Xavier, como estoy seguro de que lo has adivinado. Xavier, ésta es
Piper Delaney de Chatelaines.
Su sonrisa cambió todo su rostro de peligroso a convincentemente atractivo.
—Es un placer, Piper. Ojalá hubiera sabido de tus servicios hace años. —Después de
estrecharle la mano, miró al otro hombre que se había levantado cuando Piper se
levantó—. Ethan, Piper es dueña de la compañía de la que te estaba hablando. La que
supervisa un hogar y elimina los problemas incluso antes de que se registren como un
parpadeo.
—Excelente. —La cara bronceada de Ethan, su barba oscura y su sonrisa blanca y
deslumbrante hicieron que los dedos de sus pies se curvaran. Maldición, ella no se
sentía atraída por él.
—Señorita Delaney, Xavier me ha dicho que te necesito.
Te necesito. El sentimiento que cada esclavo anhelaba escuchar, y cuando eran dichas
con su voz fuerte y resonante, las palabras empacaban un potente puñetazo.
Pero ya no era una esclava, ni siquiera una sumisa. De ninguna manera, ni lo sueñes.
A pesar del placer que brillaba en ella.
Contrólate, Piper. Estaba interesado en los servicios de su compañía, no en los de ella.
Ciertamente no en ella como esclava. El hombre ya tenía una esclava.
Atracción o no, la asustaba. Dios, proveer servicios para las personas en el estilo de
vida BDSM era un objetivo loco. El destino había estado escuchando a escondidas, ¿no?
Llenando su solicitud antes de que tuviera la oportunidad de reconsiderarlo.
Ella iba a ponerse botas puntiagudas y patear al destino la próxima semana.
Con esfuerzo, apartó la mirada del Dom inglés y le sonrió a Xavier.
—Ser recomendada es un cumplido maravilloso. Gracias.
Él asintió, sorbiendo su vino.
Ignorando los aleteos en su estómago, se obligó a sacar una tarjeta del bolsillo de su
chaleco. Solo un tonto rechazaba a un posible cliente, fuera Amo o no. Ella puso su
tarjeta sobre la mesa.
—El sitio web tiene información sobre nuestros servicios, precios y cualquier otro
detalle que pueda necesitar. Si usted…
Él recogió la tarjeta y le dedicó una sonrisa fácil.
—Busqué Chatelaines hace un par de días. Concertemos una cita.
Toda su postura, la mirada en sus ojos... todo gritaba control de sí mismo y de todo
lo que lo rodeaba. Su corazón dio un vuelco y después otro. Obviamente, el miedo y la
atracción eran una mezcla completamente malsana. No era bueno para ella.
—Una cita. Por supuesto. —Cuando ella tragó saliva, sus ojos se entrecerraron
ligeramente y la miró más atentamente. A toda prisa, ella sacó el teléfono y abrió la
aplicación de calendario.
Mañana estaba bien para los dos.
—Entonces, te veré mañana. —¿Por qué, oh por qué, sus emociones se revolvieron
como si estuviera emocionada ante la idea de verlo de nuevo? ¿Qué tan loco era eso?
Con un decidido esfuerzo, mantuvo su expresión exterior tranquila, su voz
perfectamente cortés y digna mientras se despedía de él y Xavier.
Mientras Abby caminaba con ella hacia la puerta principal, Piper pensó que Sir
Ethan nunca se daría cuenta de cuánto la inquietaba. Probablemente. Aunque su mirada
había sido demasiado observadora.
Dios, por favor, no dejes que el Dom sepa cuánto la inquietaba.
Ethan sorbió su vino, su mirada fija en la puerta.
—Esa es una mujer muy interesante. —Sus hermosos ojos vigilantes, el más oscuro
de los marrones, aterciopelados y suaves… estaban llenos de secretos. Y por su cautela
y su defensa de Angel, la señorita Delaney había resultado herida en el pasado. Por un
hombre. ¿Tal vez por un Dominante?
Su rostro en forma de corazón tenía una barbilla terca y hoyuelos que decían que
sabía reír. Pero ella no se había reído. De hecho, dudaba que pudiera haber huido más
rápido.
Miró a Xavier.
—Me gustaría culpar de su apresurada retirada a tu efecto My Liege, pero parece que
fui yo quien la inquietó.
Apodado My Liege por los sumisos en su club BDSM, Xavier sonrió.
—Te miró como si fueras capaz de sacar un látigo en cualquier momento. Fue mucho
más valiente en la fiesta.
—Sí. —¿Por qué la diferencia?
Reclinándose, Ethan escuchó el suave murmullo de las voces de las mujeres que
provenían del interior de la casa. Al menos, la señorita Delaney estaba cómoda con
Abby como lo había estado con Angel.
Angel. Ahí, esa era la razón. Ethan inclinó su vaso hacia la casa.
—En la fiesta, sintió que necesitaba defender a Angel de mí. Tenía que ser valiente.
—Creo que lo tienes. —Xavier sonrió a Ethan—. Ella es una pequeña sumisa,
¿verdad?
Tonterías. ¿Por qué a los hombres casados les gustaba jugar al casamentero? Era casi
tan molesto como estar soltero y perseguido solo por su cuenta bancaria.
—Dudo que la señora Delaney esté buscando un Dom. Incluso si lo estuviese,
necesito los servicios de su compañía, Xavier, no los de ella.
—Por supuesto—dijo Xavier suavemente—. Me di cuenta de eso.
—¿También te das cuenta de que eres un tonto mamón?
Sonó una carcajada y Abby se acomodó en su silla.
—No estoy seguro de haberte oído maldecir antes.
—Deberías haber escuchado a Worth cuando estábamos en el internado. —Xavier la
tomó de la mano—. No entendí la mitad de lo que dijo el primer año. Los británicos
adolescentes tienen un vocabulario propio.
—Estaba bastante disgustado cuando me di cuenta de que el Yank no tenía idea de
los sucios nombres por lo que lo llamaba. Esos fueron algunos de mis mejores insultos.
—Ethan escuchó el sonido de un automóvil que se alejaba y le preguntó a Abby—. ¿Te
dijo la señorita Delaney qué le molestó?
—No. —Abby lo clavó con una mirada—. Me gusta, Ethan. No la intimides, ni la
asustes, ¿de acuerdo?
Agarró su vino y lo hizo girar.
—No soy intimidante. ¿De dónde sacas esas nociones?
Fue exasperante cuando Abby y Xavier se echaron a reír.
Bien. Él se reclinó en su silla y consideró cómo no iba a ser intimidante. Porque, por
extraño que parezca, no quería asustar a la señorita Delaney.
Todo lo contrario.
Capítulo 5

—Éste es un servicio totalmente inadecuado. —Con voz apenas cortante, el


ejecutivo de mediana edad estaba rojo de ira—. Quiero que me devuelvan mi dinero.
La demanda no era razonable. Piper alisó la parte delantera de su blazer color
carbón, pero la acción para demorarse no alivió su miedo. Ella comenzó a temblar.
¿Quién era ella para esperar justicia? Ella no era nada. Nadie.
No. Basta de eso. Rosalie, la castellana del hombre, había solicitado la presencia de
Piper para darle apoyo… no para ver a la dueña de la compañía quebrarse. Piper
enderezó su columna vertebral.
—Lamento que se sienta así, señor Tannehill. ¿Puede decirme cuál es el problema?
—Le pedí que limpiara un poco. Quiero decir, ¡mire este lugar! —El señor Tannehill
hizo un gesto con la mano y frunció el ceño ante la pequeña castellana de cabello oscuro
que estaba junto a Piper. Rosalie tenía treinta años y era una de las castellanas más
experimentadas y concienzudas de la empresa.
Piper miró a su alrededor. En verdad, el lugar era un desastre. Obviamente, el
hombre había dado una fiesta la noche anterior. Vasos, alcohol derramado, bolsas de
patatas fritas dispersas y platos con comida vieja cubrían las superficies y la alfombra.
—Puedo ver que necesita limpiar la habitación—dijo Piper suavemente al cliente
antes de preguntarle a Rosalie—. ¿Llamaste a una empresa de limpieza?
—Si. Estarán aquí dentro de dos horas.
—Yo necesito que lo limpien ahora—espetó Tannehill—. Esto es intolerable.
¿Ahora? De ninguna manera.
—Dado que los servicios de limpieza generalmente se programan con una semana
de anticipación, es impresionante que Rosalie le haya encontrado a alguien que pueda
intercalarlo hoy.
—Si, si, si. Dos horas. Mientras tanto, ella puede ir recogiendo el lugar.
Piper cruzó sus manos temblorosas con fuerza frente a ella. Sé fuerte, sé fuerte.
—Como expliqué en nuestra entrevista inicial, y como se señala en el contrato, el
trabajo de su castellana es supervisar los diversos servicios. Ella no hace la limpieza.
Sus labios se curvaron en una sonrisa burlona.
—Entonces tú lo haces. O le diré a todos que los servicios de Chatelaines son
completamente inadecuados.
Abrió la boca para ceder… inclinar la cabeza y limpiar la habitación. El susurro de
Rosalie:
—No en esta vida— sacó bruscamente a Piper de su cabeza.
Piper era la dueña de la empresa. Ella no hacía la limpieza. ¿En qué estaba pensando?
¿En que ella todavía era una esclava?
Se obligó mantener su voz firme. Calmada.
—Señor Tannehill, lo siento, pero...
—¿Pero qué? —Él descubrió lo que ella iba a decir, y su rostro se oscureció aún más
—. Nunca debería haberme arriesgado con una compañía dirigida por una mujer.
Maldita perra.
Ante la expresión de asombro de su castellana, Piper tragó saliva. Ella había
instruido a su personal que no toleraran el abuso verbal de los clientes. Ahora dependía
de ella dar el ejemplo correcto.
—Señor Tannehill, puedo ver que los términos del contrato son inaceptables para
usted por lo que consideraremos que nuestros servicios terminaron a partir de este
momento. Se le reembolsará el resto de este mes.
Antes de que el hombre pudiera soltar más blasfemias, ella le indicó a Rosalie que se
fuera y la siguió hasta la puerta.
Una vez afuera, Piper se apoyó contra su auto, temblando como una hoja.
—Qué hombre tan horrible. —Después de mirar por encima del hombro, Rosalie se
volvió hacia Piper—. Hola, jefa. ¿Estás bien?
—Yo... sí. Lo siento. —Piper se enderezó—. Odio las confrontaciones. —La
asertividad era difícil cuando se preparaba para golpes o insultos cáusticos que
destrozarían su ego ya dañado.
—Oh. A veces olvido que la mayoría de las personas no están acostumbradas a los
conflictos. Mi familia es italiana y gritamos por todo. —Rosalie soltó una carcajada antes
de que su expresión se pusiera seria—. Siento haberte llamado. Simplemente no sabía
qué hacer cuando me exigió que limpiara su casa.
Al ver la expresión preocupada de Rosalie, Piper tomó sus manos.
—Hiciste todo bien, incluso llamarme. Me atrevo a decir que esto habría sucedido
tarde o temprano con el señor Tannehill. Es el tipo de persona que empuja los límites y
ve cómo puede salirse con la suya. Es mejor sacarlo de nuestra lista de clientes ahora
mismo.
—Oh, Dios. Me alegra que no estés enojada.
—No contigo. Pero recuerda completar un informe de incidentes para los registros,
por favor.
—Lo haré. También cancelaré el servicio de limpieza y les diré que lo dejen con su
desorden. —Rosalie sonrió y miró su reloj—. Tengo que ponerme en marcha.
—Yo también. —Lo siguiente era la primera entrevista con Ethan Worthington. El
miedo se enroscó como unos fríos dedos alrededor de la columna de Piper. El señor
Tannehill ya había sido lo suficientemente malo, y ni siquiera era un Dominante. ¿Por
qué había pensado que tratar con el señor Worthington personalmente sería una buena
idea?
No, detente ahí. El señor Worthington no había sido más que educado y controlado.
Además, su instructor de defensa personal decía que los miedos no deberían ser
evitados o ignorados. Los miedos debían ser enfrentados, una y otra vez si fuera
necesario. Cuando Piper puso en marcha su coche, sonrió. Los instructores de defensa
personal probablemente eran todos sádicos. Mira la gran ocupación que encontré, Ma. No
solo una víctima dispuesta, sino que el cliente incluso me pagará por hostigarlo.
El exclusivo barrio de Russian Hill, donde vivía Ethan Worthington, era uno de
calles empinadas bordeadas de árboles, pequeños parques y fantásticas vistas. Los
bolsos de las tiendas de moda competían con las hermosas casas victorianas y
eduardianas, los apartamentos carísimos y una grave falta de estacionamiento.
Al igual que con muchas casas en San Francisco, impactada por el espacio, la casa de
estuco y madera del señor Worthington era alta pero angosta. Gris con ribetes blancos,
el edificio de tres plantas estaba ubicado junto a otras casas victorianas.
Como muchos de sus clientes, Ethan Worthington era rico. Haciendo su
investigación habitual, descubrió que era el dueño y dirigía Worthington Tech Group,
un conglomerado de compañías tecnológicas principalmente. Tenía fama de ser justo y
honesto, y los empleados calificaron a sus empresas como lugares maravillosos para
trabajar. Todo estaba bien.
Todavía la hacía querer huir. Sentirse atraída por él la asustaba aún más.
Un pitido en su teléfono señaló un nuevo mensaje de texto.
—Reproduce el mensaje—dijo.
El texto llegó a través de su altavoz.
—Señorita Delaney, dejé la puerta del garaje levantada para usted. Estacione en el
interior.
Dios, ¿estaba mirando? Una mirada a la casa solo mostraba ventanas oscuras, sin
embargo, él debía estar parado allí, mirando hacia la calle con esos ojos demasiado
agudos. Su corazón latía con fuerza.
Ella entró, estacionó y salió del coche.
Muy bien, aquí vamos. Tomándose un momento, se sacudió el polvo de sus pantalones
grises a medida, se puso la chaqueta a juego sobre la blusa azul pálido y la enderezó.
Sus zapatos sin tacón negros estaban impecables. El cabello todavía pulcramente
trenzado al estilo francés. Perfectamente profesional. Perfectamente aburrida. Se cruzó
el bolso de trabajo sobre el cuerpo. Lista.
La ansiedad que había disminuido se encendió mientras miraba la puerta.
Él era un Amo.
No, él era un cliente. Solo un cliente. El esposo de Abby, Xavier, también era un
Amo, después de todo. Había sido educado, y Abby era completamente agradable.
Piper cerró los ojos y trabajó en su respiración, tratando de ponerse en el estado de
ánimo adecuado. Escucha, observa, recomienda. Podría hacer esto. Lo había estado
haciendo durante años.
Ella tenía la boca tan seca que no podía producir suficiente saliva para tragar.
Antes de que pudiese moverse, su cliente entró por la puerta interna del garaje.
Intimidantemente alto y fornido. De cara afilada y oscuramente hermosa. Mientras
avanzaba, se concentró en la pequeña irregularidad en el puente de su nariz. Él no era
perfecto. El hombre no era un Dios. Recuerda eso.
—Señor Worthington.
Con una camisa blanca abotonada y pantalones a medida, obviamente había venido
del trabajo. Pero se había desecho la corbata que había usado y desabrochados los dos
botones superiores de la camisa para mayor comodidad. Sus mangas enrolladas
mostraban antebrazos duros y musculosos con un ligero vello castaño.
—Solo Ethan, por favor.
Era una prerrogativa de un cliente, elegir cómo ser llamado. Sin embargo, ella no
tenía intención de extenderle el privilegio de llamarla por su nombre. Especialmente no
a un Amo.
—Ethan, entonces. ¿Cómo estás hoy?
—Muy bien, gracias. —La condujo a un ascensor. Haciendo un gesto elegante para
que ella entrara al elevador, presionó un botón en la pared para cerrar la puerta del
garaje—. ¿Prefieres hablar primero o mirar a tu alrededor?
—Hagamos las dos cosas.
Él presionó el botón etiquetado como AZOTEA.
—Está bien. Podemos comenzar con la parte superior e ir bajando.
El ascensor se abrió al patio de la azotea.
Al salir, Piper se quedó mirando. Todo San Francisco yacía a sus pies. Más lejos, la
bahía brillaba a la luz del sol, y la elegante belleza del Golden Gate la hizo emocionarse.
Su voz salió en un susurro.
—Nunca había visto una vista tan encantadora.
—Es por eso que todavía estoy aquí. —Se paró justo a su lado. A solo centímetros de
distancia.
Eso le recordó quién era, qué era, y dio un paso atrás.
Él levantó una ceja. Su aguda mirada consideró su rostro, sus hombros tensos, sus
manos frotándose en los pantalones.
—Perdóname, pero pareces algo inquieta. ¿Qué puedo hacer para que estés más
cómoda?
Sintiendo que le temblaban los dedos, cruzó las manos en la cintura.
—No estoy…
Su mirada se levantó de sus manos a su rostro, y él negó ligeramente con la cabeza
de Dom. Lo que significaba no me mientas.
Ella tragó saliva. ¿Podría decirle que no le gustaban los Dominantes? No y nunca.
—Tuve un incidente bastante perturbador antes de llegar. —Eso era bastante cierto,
y en realidad, ella podría haber sido capaz de disimular su ansiedad si no fuera por la
preocupante agresividad del señor Tannehill.
—Entiendo. —La estudió por otro segundo, y su voz se suavizó—. ¿Te sentirías
mejor si pospusiéramos nuestra cita hasta más tarde?
¿Más tarde? Nunca sería bueno. Ella podría conseguir una de sus castellanas para
hacer la admisión.
Sin embargo, si se acobardaba ahora, ¿alguna vez tendría el coraje de lidiar con sus
miedos? Una cobarde no era la persona que quería ser.
Y él estaba siendo increíblemente amable. Ella levantó la barbilla.
—No, pero gracias por ser tan comprensivo.
Sin esperar una respuesta, sacó su cuaderno del bolso.
—¿Qué te gustaría se hiciera en esta área?
Su lenta sonrisa parecía mostrar... ¿aprobación? Hizo un gesto hacia los muebles de
mimbre y las plantas decorativas en enormes planteras.
—La limpieza estándar. Mantenimiento de suelos y orden. Las planteras poseen
bebederos automáticos, pero las plantas necesitan poda y fertilización.
Ella asintió, marcó casillas en sus formularios y agregó notas mientras él continuaba.
Como si supiera cómo se sentía, él se había alejado de lo personal y estaba siendo todo
comercial, y de alguna manera eso lo hizo aún más agradable. A pesar de ver su
vulnerabilidad, él no se estaba aprovechando. Le estaba dando espacio, tanto física
como emocionalmente.
¿Qué tan raro era eso?
Ella lo siguió escaleras abajo.
Con cálidas paredes color topo y alfombras blanquecinas, el dormitorio principal
ocupaba la mitad del tercer piso. Las altas ventanas a lo largo de una pared llenaban la
habitación de luz.
La cama con dosel de sólido acero negro la hizo quedarse mirando. Vigas adicionales
conectando con las barras superiores. Ella sabía , sabía, que él usaba la estructura para el
bondage.
El calor se deslizó en su rostro incluso cuando ella se alejó un paso de él.
Su mirada siguió la de ella. Un ligero pliegue de su mejilla le dijo que había notado
su sonrojo. Una vez más, no se aprovechó, no hizo ningún comentario sugerente, ni se
acercó.
Ella nunca antes había conocido a un verdadero caballero. No hasta ahora.
El segundo piso tenía un diseño abierto con cocina y comedor que se abría a una
enorme sala multifuncional. En este piso, él se había inclinado por una decoración más
tradicional. Paredes blanquecinas, lustroso suelos de madera oscura y muy despejado.
Clásicas alfombras orientales separaban los espacios. En la sala de estar, dos sofás largos
a juego estaban enfrentados con una mesa de café en el medio. Dos sillones en la misma
tapicería marrón y arena estaban colocados frente al hogar. De hecho, las grandes
plantas decorativas eran los únicos elementos asimétricos en las habitaciones.
Éste era un hombre que valoraba el equilibrio... mucho. Ella hizo una nota para los
paisajistas de que las podas deberían mantenerse simétricas, y otro al servicio de
limpieza que él querría que todo volviera a su lugar. ¿Dejar una silla desalineada? Él se
daría cuenta.
Ella captó su aroma, limpio y fresco con un olor a cuero, y se dio cuenta de que él
estaba detrás de ella. Leyendo sobre su hombro.
—Interesantes observaciones—dijo suavemente.
Ella contuvo el aliento.
—Agradablemente precisa, señorita Delaney. Muy bien. —Su voz no contenía ira.
Sus comentarios ni siquiera habían mellado su confianza en sí mismo. En todo caso,
parecía impresionado.
Él la guió escaleras abajo hasta la planta baja. El garaje para tres coches ocupaba el
frente. La gran habitación en la parte trasera era obviamente donde pasaba gran parte
de su tiempo.
Paneles de madera oscura. Muebles de cuero color chocolate. Un área de recreación a
la derecha con una pantalla que ocupaba la mayor parte de una pared. El espacio de la
mesa de billar a la izquierda contenía una barra en la esquina y una pequeña mesa.
Carteles en blanco y negro de famosos boxeadores cubrían las paredes sobre un estante
de trofeos y un par de guantes de boxeo.
Un hombre de las cavernas. Oscuro, cómodo y de buen gusto.
Frente al bar había un pequeño espacio con mullidos sillones de gamuza que hacían
juego con un canapé.
—Oh, tienes un gato.
En la otomana, un enorme gato parpadeó y se sentó. Tenía un pelaje blanco de
longitud media con una máscara marrón chocolate, orejas, piernas y cola del mismo
color.
—Eres tan bonito. —Encantada, Piper se arrodilló—. Hola, cariño. —Le ofreció un
dedo.
En lugar de tensarse, el felino frotó su mejilla contra la mano. Ella le acarició el suave
y sedoso pelaje y sonrió ante el ronroneo.
—Eres absolutamente hermoso.
Ethan se sentó.
—Éste es Churchill, quien agradecería que alguien lo visitara de lunes a viernes.
Churchill dio un largo, tranquilo y relajado estiramiento y saltó al regazo de Ethan
sin ninguna duda de que era bienvenido allí. Cuando el gato se tomó su tiempo para
acomodarse en los muslos de Ethan, al hombre intimidante no pareció importarle. Su
mano delgada acarició la espalda peluda, haciendo que el gato ronroneara nuevamente.
Un ansioso nudo en el pecho de Piper se relajó. Ayy.
Mientras Ethan frotaba la mejilla del gato, casi podía sentir esos nudillos con
cicatrices en su propia piel. Quería sentirlos allí.
Ella apartó la mirada.
—Me gustaría que alguien viniera entre semana alrededor del mediodía para que
pueda darle tiempo de jugar y caricias—dijo él.
—Nuestros cuidadores de gatos lucharán por el privilegio. —Diablos, ella estaría
tentada.
Pero Ethan tenía una esclava. ¿A la mujer no le gustaban los gatos? ¿De todos modos
dónde estaba Angel? ¿Cómo debe ser vivir con un Dom tan formidablemente
masculino?
Oh. Mi. Dios. No debía pensar eso. No. Ella se aclaró la garganta.
—¿En qué horarios estaremos trabajando? Me diste tus horarios, pero...
Ethan rascó debajo de la barbilla del gato.
—Solo soy yo.
—Oh. —Él y Angel no deben vivir juntos o incluso cerca. Las relaciones A / s a
distancia eran populares en estos días.
—Está bien. ¿Querrías completar el papeleo ahora?
—Siempre hay papeleo, ¿no es así? Terminemos con esto. —Con una sonrisa irónica,
miró al gato en su regazo—. Ya que estoy inmovilizado, ¿podrías traernos algo de beber
mientras trabajamos, por favor?
—Por supuesto. —Ella se levantó.
—En el minibar tienes una variedad de refrescos. Me gustaría una sidra de manzana.
—Él inclinó la cabeza—. Es bastante buena. Creo que tú podrías disfrutar de una copa.
Dentro de su cabeza, sonó una campana. Una campana de reconocimiento. Había
escuchado esa voz suave y acentuada diciendo solo esas palabras antes. Creo que podrías
disfrutar de una copa.
Congelada en su lugar, ella lo miró fijamente. Esos ojos azul profundo. Cabellos
oscuros. Ese acento y voz inconfundible.
Era él. Su campeón. El Amo que había hablado de una esclava que se había
marchado libre. El Amo que había dicho que un contrato de esclavitud era ilegal. Sus
palabras habían sido el catalizador que le había permitido escapar.
—¿Señorita Delaney? —Él la estaba observando con una ceja levantada.
—Me encantaría la sidra. Gracias. —Se apresuró hacia el mini bar debajo del
elegante televisor de pantalla panorámica montado en la pared. Al encontrar la sidra en
el pequeño refrigerador empotrado, se dedicó a servir dos vasos. Sus emociones se
sentían desgarradas, como un textil rasgado. Prepararle algo de beber la estabilizó.
A lo largo de los años, se había preguntado si el Amo inglés había hablado
deliberadamente para informarle que tenía opciones. ¿Sabía que le estaba dando una
ruta de escape?
Tal vez.
Probablemente no.
Ella pisoteó su necesidad de agradecerle. No sería prudente mencionar que lo había
reconocido. Él querría hablar sobre el pasado.
Nunca.
Ella le entregó el vaso de sidra.
—Gracias. —La estudió atentamente durante un largo segundo antes de decir—.
Comencemos con el papeleo.
Tomando asiento, ella sacó el contrato estándar.
—Ten en cuenta que puede llevar un tiempo simplificar todo correctamente, conocer
tus preferencias y ver otras áreas en las que podemos marcar la diferencia. Por favor, no
dudes en llamarme si tienes alguna inquietud o pregunta, sin importar cuán pequeña
sea, o si encuentras algo que alguno de los servicios podría haber mejorado. Se me
puede contactar por correo electrónico, mensaje de texto o por teléfono; de la forma en
que te encuentres más a gusto comunicándote.
—¿Tus clientes más jóvenes envían mensajes de texto; los mayores te llaman?
Ella rio.
—Lo comprendes. Las personalidades se sesgan de esa manera, por supuesto. Los
introvertidos enviarán mensajes de texto o correos electrónicos, a los extrovertidos les
gusta escuchar una voz o tener una reunión.
La sonrisa que tiró de las comisuras de sus labios le permitió relajarse.
Después de completar su parte de los formularios, ella sacó al gato de su regazo para
que él pudiera leer los papeles. Mientras se sentaba en un sillón, Churchill frotó su
hocico enérgicamente contra su muslo antes de volverse a relajar.
—Le gustas. —Ethan leyó la lista de preferencias de limpieza, productos, horarios,
etc. Alzó la ceja—. Tienes una memoria excelente.
El cumplido envió chispas de felicidad a través de ella.
—Es parte del trabajo.
Él garabateó su firma en la parte inferior y dejó la libreta en la otomana antes de
recostarse y tomar un sorbo de su bebida.
—Parece que te sientes más a gusto.
A ella se le cortó la respiración por un segundo. Era asombrosamente observador.
Inquietantemente también. Había aprendido por las malas que un Amo que descubría
sus vulnerabilidades podía usar esos miedos contra ella.
Ella exhaló lentamente. Hablando de paranoia. Ethan simplemente había hecho un
comentario. En realidad, uno amable.
—Tienes un hogar relajante.
—Dijiste que tuviste un incidente perturbador antes de llegar. ¿Manejaste a la
persona? ¿Se ha resuelto el problema?
Ella lo miró fijamente.
—¿Qué?
—Eres amiga de Abby, Piper. Si puedo ayudar, lo haré.
—Es... —Ella negó con la cabeza, incapaz de encontrar las palabras correctas para
desalentarlo.
—¿Puedes decirme qué pasó? —Su voz suave se había vuelto baja y persuasiva.
Él era el Amo que ella siempre había considerado su campeón, el que había lanzado
una soga para sacarla del abismo. ¿Cómo podía decirle que no?
Ella no pudo encontrar su mirada.
—No ocurrió nada horrible. Un cliente que había tenido una fiesta desordenada
quería que limpiaran su casa de inmediato. Como el servicio de limpieza no llegaría por
un par de horas, ordenó que lo hiciera la castellana y no le gustó cuando le recordé que
su castellana estaba allí para administrar otros servicios.
—En otras palabras, fue grosero.
—Bueno, sí.
—Espero que le hayas dicho que se sodomice. —Ella se atragantó con su bebida y
soltó una carcajada.
La chispa de diversión en los ojos de Dom casi la hizo volver a reír.
—Fui mucho más educada que eso. De hecho, casi cedí y comencé a limpiar para él.
Pero su castellana asignada estaba allí, y necesitaba dar un buen ejemplo, y... —Ella
cerró la boca con un chasquido casi audible. ¿Qué diablos acababa de confesar?—. Yo…
Ethan no parecía sorprendido. O crítico. O… algo. En cambio, puso las piernas sobre
la otomana.
—Tu empresa tiene éxito en parte porque tienes talento para el servicio. Aprendes lo
que hace felices a tus clientes y les das lo que necesitan.
Ella asintió. Esa fue realmente la razón por la que había comenzado su compañía.
—Sin embargo, un regalo como ese fracasa cuando te encuentras con alguien a quien
no puedes complacer. —Él había dado en el clavo. Al dirigir un conglomerado, debía
saber mucho sobre las personas.
—Eso suena correcto—coincidió con aire taciturno—. Incluso sabiendo que él se
comportó incorrectamente, todavía me siento incómoda por dejarlo infeliz.
—Me atrevo a decir eso. —Él la miró fijamente—. ¿Alguna vez has estado en una
habitación de hotel donde la temperatura está preestablecida y no puedes cambiarla?
¿Qué clase de pregunta era esa?
—Sí.
—La culpa es como ese termómetro. Al proporcionar un indicador ético, la culpa es
útil. A veces, sin embargo, el regulador ha sido preestablecido por nuestros padres o la
sociedad y ya no se ajusta a lo que somos hoy. Si tu conciencia de la infancia entra en
conflicto con el comportamiento adulto adecuado, podrías necesitar recalibrar tu
indicador.
Confía en el propietario de una empresa de tecnología para proponer una analogía
tan extraña. Ella tardó un minuto en resolver lo que estaba diciendo y... tenía razón. Su
culpa por el señor Tannehill era excesiva. De hecho, no debería sentir ningún
remordimiento en absoluto.
—Esa es una buena manera de verlo. Gracias.
—De nada.
—Bueno, necesito irme. —Se levantó y colocó al gato en su lugar.
Churchill le dio una mirada indignada digna de un verdadero primer ministro.
Recopilando la documentación completa, Piper sonrió a Ethan. Mira esto… en
realidad estaba cómoda. Había sobrevivido a una entrevista inicial completa con un
Dominante.
Ves, chica. Enfrentar tus miedos funcionó, ¿verdad?
Entonces él se levantó. Absolutamente seguro, devastadoramente masculino,
terriblemente poderoso. No estaba segura de si su incapacidad para respirar era por
miedo o atracción.
Ella debería asignar a alguien más para que maneje su cuenta. Debía hacerlo.
—Si pudiéramos concertar una cita para que pueda presentarte a tu perso...
—Señorita Delaney—la interrumpió. Puso su mano sobre su brazo, lo que la silenció
por completo. Sus dedos eran cálidos y fuertes, mientras la volvía hacia el área de la
cocina—. Olvidé decir que hay suministros de gatos de repuesto aquí abajo.
—Um, ¿qué?
—Latas extra de comida. En caso de que Churchill se sienta hambriento cuando un
juego deportivo dura demasiado.
La irónica diversión en su voz la hizo reír. Y la relajó. ¿Quién podría temer a alguien
que chocheaba por su bebé peludo?
—Noté los guantes de boxeo en el estante. ¿Son tuyos?
—Mi primer par, sí. —Aunque no sonrió, una sutil línea de risa apareció a la derecha
de su bigote—. Yo era un chico flaco. Mi padre esperaba que me endureciera.
Su fibroso antebrazo parecía más duro que un bate de béisbol.
—¿Su plan fue exitoso?
—En efecto. Me incliné al deporte. —Él se rio entre dientes—. Resultó útil en el
internado.
—Internado. ¿No viviste con tu familia?
—Mi madre murió cuando yo era joven. Mi padre —sacudió ligeramente la cabeza—
no se sentía cómodo criando a un niño.
Nadie había abrazado a Ethan cuando era niño; eso era tan obvio. La pena hizo que
le doliera el corazón. Ella sabía cómo se sentía ser no deseado.
—¿Conociste a alguien en la escuela? ¿Era un buen lugar?
Él se tocó la mejilla ligeramente.
—Tienes un corazón tierno, encanto. Hice amistades. De hecho, el internado fue
donde Xavier y yo nos conocimos.
¿El esposo de Abby?
—Pensé que Xavier era estadounidense.
—Su padre lo envió al extranjero para que fuese a la escuela. Teníamos que ser
amigos cuando vi al Yank idiota entrar para rescatar a un nerd de varios estudiantes del
último año.
Ella sabía la respuesta antes de preguntar.
—¿Lo ayudaste?
—Cinco contra uno es un mal deporte. —La mandíbula de Ethan se endureció, y ella
sabía que él nunca se pondría del lado de los matones—. Simplemente intervine para
ayudar. Fue la primera de muchas peleas que compartimos.
Hizo un gesto a una foto enmarcada al lado de los trofeos. Dos adolescentes
larguiruchos. Ethan tenía un labio hinchado. Xavier tenía un ojo morado.
—Cuando ganamos la pelea, éramos amigos.
Por supuesto, habían ganado. Ella lo había visto moverse, siempre atento y
equilibrado con los músculos ondulando como un gato. Xavier aplastaría a un oponente
rápidamente, pero si Ethan se enojaba, ella apostaría a que se tomaría el tiempo de
infligir algún daño primero. Por deporte.
—Es bueno tener amigos.
—Sí. Cuando vine a los Estados Unidos… —Su mirada se oscureció—… Xavier fue
el primero en darme la bienvenida.
Presenciando el dolor debajo de su expresión severa, ella extendió la mano. Antes de
que él se diera cuenta, ella retiró la mano y se puso en modo profesional.
—Necesito ponerme en marcha.
Ella haría que Rosalie tomara su cuenta. O… tal vez no. Era un campeón, salvando
niños nerds y esclavas perdidas. Era su campeón. ¿Cómo podía dejar que alguien más lo
cuidara?
Cuidar de sus necesidades sería una pequeña forma de pagarle la deuda.
Ella le sonrió.
—La mayoría de los servicios que deseas comenzarán mañana. Me pondré en
contacto contigo el viernes. Una vez que todo esté en su lugar, concertaré una cita para
ver qué se debe ajustar.
La satisfacción brilló en sus ojos.
—Tú lo harás.
¿Había entendido que ella había planeado entregarlo a alguien más?
—Sí, señor. —No, no, no, Piper. Ella se aclaró la garganta—. Sí, así es.
Él no se movió para tocarla. Simplemente sonrió.
—Estoy muy complacido. Gracias. —El brillo de su sonrisa duró todo el camino a
casa.
Capítulo 6

Piper consideraba que las galletas eran un postre mucho más fino que el pastel. Más
opciones y diseños. Perfectos canapés para un estilo de vida rápido. Colocar avena
dejaba que una chica fingiera que una galleta era saludable. Pero a los hombres les
gustaba más el pastel, así que eso era lo que ella había horneado.
Además, la masa del pastel de chocolate era increíble. Equilibrando el transportador
plástico, Piper cruzó el pasillo y llamó a la puerta de Stan y Dixon.
Unos segundos después, Dix la abrió y sonrió.
—Hola, chica. —Su mirada se posó en el pastel y sus ojos se agrandaron.
¿Ves? Hombres… tan predecibles.
—Éste es un pastel de agradecimiento para agradeceros a los dos por invitarme a
vuestra fiesta. Chatelaines ganó cinco nuevos clientes esta semana, en parte porque Stan
me recordó que hacer contactos es parte del trabajo del dueño del negocio.
—Confía en Stan para señalar eso. —Dix puso los ojos en blanco—. Personalmente,
voy a una fiesta para divertirme. Pero todo está bien, especialmente si obtenemos
dulces. Entra.
Su voz se elevó.
—A todos aquí les gusta el pastel, ¿verdad?
¿Qué quiso decir con… todos?
Un entusiasta coro de acuerdo vino de tres mujeres en la sala de estar.
Piper dio un paso atrás.
—Lo siento, Dix. No me di cuenta de que estabas entretenido.
—Pffft. —Él la agarró de la muñeca y la arrastró dentro, pateando la puerta para
cerrarla detrás de él—. Gente, ésta es Piper. Ella es mi jefa y le gusto de todos modos.
—Hola, Piper—dijo Abby desde donde estaba sentada en uno de los sofás de cuero
oscuro—. Es bueno verte.
Piper podía sentir que se sonrojaba. Abby la habría escuchado regodearse por
conseguir nuevos clientes. ¿Por qué no se abría el suelo y la dejaba caer en un gran
agujero?
—Pastel de gratitud, ¿mmm? —Abby sonrió—. También debería hornear uno, ya
que Stan y Dixon son la razón por la que ahora tengo a Chatelaines, y puedo salir a ver a
mis amigos en lugar de ponerme al día con las tareas del hogar.
—Espera. —Junto a Abby, una mujer un poco mayor con el cabello color champán
hasta los hombros levantó la mano—. ¿Es Piper la dueña de la compañía de
administración de hogares de la que te has estado regodeando?
—La misma—dijo Dixon con orgullo.
—Perfecto. —La sonrisa de la mujer creció—. Soy Rona. Simon y yo también
queremos contratar a Chatelaines.
Bueno, guau. Piper se miró. Leggings negros y descalza. Su chaqueta de punto roja,
delgada y gastada. Debajo de eso estaba su camiseta harapienta. La estampa era una
taza de café con asa que decía: ESPRESSO PATRONUM.
Esta no era la forma en que solía verse cuando hablaba de negocios. Ajo y agua, Piper.
—Es un placer conocerte, Rona. —Piper se sentó en un sillón de cuero y apeló a un
semblante profesional—. No tengo tarjetas de visita conmigo, pero Chatelaines tiene un
sitio web y…
La risa de Rona la detuvo.
—Ya lo hemos verificado. Estás en mi lista de tareas pendientes para llamar el lunes.
Cinco minutos después, habían concertado una cita.
Piper se recostó y le sonrió a Abby.
—Voy a contratarte para dirigir las relaciones públicas.
—Es todo tuyo, Piper y Chatelaines. —Abby negó con la cabeza—. Siempre odié que
el equipo de limpieza o alguien apareciera cuando Xavier y yo estábamos en casa.
Ahora, ellos no están. Todo se programa teniendo en cuenta nuestros horarios, y
todavía tenemos comestibles en el refrigerador, comidas preparadas y una casa limpia.
Es como tener elfos mágicos o algo así.
La brillante satisfacción llenó a Piper.
—Ese es el objetivo.
La tercera mujer, una morena con mechones multicolores en el pelo, hizo un mohín.
—Soy Lindsey, y desearía poder contratarte también.
—Siento tu sufrimiento, dulce cosa. —Dix trajo un vaso vacío de la cocina y lo dejó
sobre la mesa de café de madera rústica antes de dejarse caer al lado de Lindsey—. Stan
y yo no tenemos un presupuesto que permite contratar castellanas, y mucho menos
comprar naciones pequeñas como Rona y Abby.
—Pffft. Todo ese dinero es de Xavier. Los profesores no están muy bien pagados. —
Abby arrugó la nariz.
—Igualmente. —Rona chocó su vaso contra el de Abby—. Los administradores de
hospital ganan buen sueldo, pero nada como lo que Simon aporta.
—Tal vez estoy un poco aliviada de que Zander no sea rico. Eso sería extraño. —
Lindsey tenía más o menos la edad de Piper con un lento arrastre de palabras de Texas
—. Todos vosotros sois geniales, pero las personas exageradamente ricas son un poco
aterradoras.
¿No lo son? Y a veces muy aborrecibles, pensó Piper, recordando al señor Tannehill.
Por otra parte, Ethan era rico y había sido un completo caballero. Un caballero
completamente arrebatador, espléndido, bellísimo y con una voz que derrite las bragas.
Lindsey le dirigió a Piper una mirada de disculpa.
—Lo siento; ese comentario sobre los ricos fue un poco grosero, ¿verdad?
—Está bien. No soy rica, y sé a qué te refieres. —Piper sonrió a Rona y Abby—.
Afortunadamente, la gente maravillosa supera a los otros.
—Chico, ella también tiene tacto. —Agarrando una jarra, Lindsey llenó el vaso vacío
y se lo pasó a Piper—. Debería haberte preguntado si te gustan los margaritas
hawaianas.
Piper miró el líquido rojo anaranjado y fangoso.
—Me gustan los Margaritas.
Lindsey tenía una sonrisa contagiosa.
—Mi familia tiene una tradición de Margaritas en la noche, y un amigo cerca de
Yosemite me dio esta receta. Tiene el tequila tradicional y la cosa del triple sec, pero con
fresas y piña para una inclinación tropical.
Piper probó y sonrió ante el estallido de sabor frutal.
—Esto es delicioso… y sí, no tengo que conducir a casa.
—Yo tampoco. —Dix se sirvió más. Por el rubor en su rostro, ya había bebido uno o
dos—. Conociendo a estas tres, alguien las recogerá.
—Eso es bueno. —Piper miró a su alrededor—. ¿Dónde está Stan? ¿Están prohibidas
las fuerzas del orden público en estas reuniones?
—Sería divertido tratar de lograrlo. Pero no, él no está aquí porque está trabajando
esta noche. —La sonrisa de Dixon se desvaneció, dejando atrás la infelicidad.
¡Ay no! Lindsey golpeó su hombro contra el de él.
—Dix, viejo amigo, ¿qué pasa?
—Nada. —Él se enderezó y se encogió de hombros.
—Nada no debería hacerte lucir tan infeliz, Dixon. —Piper curvó sus dedos alrededor
de los suyos y bajó la voz—. ¿Quieres hablar? Podemos ir a tomar un poco de aire si
quieres. O... las fiestas de borrachos pueden ser geniales para las confesiones de
borrachos.
Ella podría haber sabido que lo último lo golpearía bien. Él resopló y se derrumbó
contra los cojines.
—Soy bueno en las confesiones de borrachos.
—¿Qué hizo Stan para molestarte?—le preguntó Abby con la perspicacia que Piper
había notado que era típica de ella.
—Él no ha hecho nada... todavía. —Dix tomó un gran trago de su bebida. —Mira, un
amigo suyo de Texas, otro agente de Seguridad Nacional, está aquí por algún caso, y
está trabajando con Stan. Todo el tiempo. El Delicious Darrell es sexy como el infierno y
un agente, y está loco por Stan.
Piper parpadeó.
—Oh. —Eso podría arruinar toda la semana de una persona.
—Incluso se encontró un alquiler de Airbnb aquí mismo en nuestro edificio—dijo
Dixon sombríamente.
—¿Aquí? Eso debe morder con una M mayúscula. —Lindsey frunció el ceño—.
Habla acerca de tener tu casa invadida por roedores. De acuerdo, los ratones son muy
lindos, pero ese tipo suena más como una rata grande y gorda.
Rona se metió el pelo detrás de una oreja.
—Puedo ver por qué eres infeliz. Mi pregunta es: ¿Stan también está interesado?
—No sé cómo no estaría. —Dixon se desplomó contra Lindsey.
La morena lo rodeó con el brazo.
—Ya, ya, dulzura. No creo que nadie tenga una oportunidad con tu Stan. Ese
hombre te ama.
—Lo hace. —Dix asintió con aire taciturno—. Pero yo soy tan anticuado. Claro, soy
una cara bonita, pero ese tipo es como el igual de Stan, no como un desertor de la
3
secundaria con un GED . Claro que obtuve un título técnico, pero aún así...
La indignación llenó a Piper. ¿Cómo podría pensar que no era increíble?
—Eres un hábil asistente de fisioterapia, Dix. Cada persona que cuidas pide que
vuelvas. Eso nunca sucede.
—Creo que Stan sabe qué se ganó un premio contigo—intervino Abby—. La forma
en que te mira no ha cambiado; él te adora.
Dixon suspiró.
—Por ahora. Se siente como si estuviéramos... no sé... distanciándonos.
Sintiendo una ira creciente, Piper sorbió su bebida. Si Stan no se espabilara, tal vez
tendría una pequeña charla con él.
—Sabes, los trabajos de Zander a menudo lo alejan por una o dos semanas. Cuando
regresa, o si nos sentimos desconectados o… —Lindsey sonrió con pesar—… hemos
estado discutiendo, visitamos Dark Haven y, ya sabes, nos ponemos al día. La
flagelación hace que el culo y el corazón se calienten, ¿verdad?
¿Flagelación? Piper se atragantó.
—¿Qué es Dark Haven?
Los ojos de Lindsey se abrieron de par en par.
—Oh, demonios, olvidé que estabas aquí, quiero decir, sabía que estabas aquí, pero
olvidé que eras... no eras…
—Dark Haven es el mejor club BDSM en la ciudad—dijo Dixon—. El marido de
Abby es el dueño.
—¡Dixon!— La magistral mirada feroz de Abby debería haber convertido a Dixon en
cenizas—. Eh, Piper, no es así. De acuerdo, sí, es así, y Xavier es dueño del club, pero él
no... nadie en nuestra casa golpeará al equipo de limpieza o al chef, y no dejaríamos
nada vergonzoso a la vista.
Después de un segundo de sorpresa, Piper se dio cuenta de que, en primer lugar,
Abby tampoco estaba sobria y, en segundo lugar, le preocupaba que el asunto del
BDSM pudiera espantar a las castellanas.
Piper soltó una risita, y ¿qué tan poco profesional era eso? Ella miró ceñudamente su
vaso. Esta cosa del Margarita pateaba.
—Eh, apuesto a que My Liege guarda muchas cosas embarazosas en casa. ¿Te
imaginas la cara de la sirvienta? —Dixon alzó la voz—. Señora Abby, pensé que estas
cuerdas eran para sujetar sus sábanas de satén negro, solo que parecen estar unidas al
cabecero. O… o…
Riéndose, levantó una mano.
—El paseador de perros le da a Blackie un “juguete para tirar”, y lo descubres
cuando Xavier se da cuenta de que le falta la mordaza de cuero.
Cuando las mujeres se echaron a reír, la tez clara de Abby se volvió de un rojo
brillante.
—Todos somos bastante normales—dijo Rona a Piper, todavía riéndose—. Por favor,
no eches a patadas a Abby de tu lista de clientes.
—No te preocupes. Para ser honesta, he estado buscando formas de demostrar que
Chatelaines acoge con satisfacción estilos de vida alternativos. —Piper negó con la
cabeza—. Las personas no deberían tener que preocuparse de que los que ingresan a sus
hogares sean prejuiciosas o de mente cerrada. Eso está mal. Nosotros estamos en vuestro
espacio, no ustedes en el nuestro.
—Mira—cacareó Dix—. Esa, es solo una de las razones por las que trabajo para esta
mujer.
—Uf. —Abby se recostó pesadamente en su silla—. Gracias, Piper. Eso es un alivio.
Rona miró a Piper.
—Sabes, una forma de demostrar que eres amigable y ganar nuevos clientes sería
poner tu tarjeta de presentación en el pizarrón de anuncios de Dark Haven.
—Eso suena genial. —Piper resplandeció—. ¿Tú…
Rona negó con la cabeza.
—La regla es que la tarjeta debe colocarse allí en persona. No por otra persona.
—Impresionante. —Dix rebotó en el sofá, casi derramando su bebida—. Eso significa
que tienes que visitar el club.
—Oh, Dios, no. —Su respuesta horrorizada se reflejó en los cuatro pares de ojos.
Lindsey levantó una ceja.
—Eso no sonó para nada amigable.
Tejanos directos. Piper se pasó las manos por la cara.
—No, no lo sonó, ¿verdad? Es así... —Y entonces las palabras se secaron. ¿Cómo
podría explicar? ¿Ella quería explicar?
Abby la estudió por un segundo.
—¿Podría tener algo que ver con esa relación pasada de la que hablaste?
—Guau, eres realmente buena en esa cosa de la sociología. —Piper se dio cuenta de
que alguien había llenado su vaso y tomó un saludable trago—. La relación era… —
Otro trago alivió el estrangulamiento en su garganta—… con un Dominante. No fue
una relación saludable.
Cuando Dix tomó su mano, totalmente solidario, las lágrimas quemaron sus ojos.
—Lo siento, lo siento. —Ella parpadeó con fuerza.
—¿Recibiste ayuda después?—preguntó Rona con suavidad—. ¿Asesoramiento?
—Sí. Realmente. —Por poco tiempo—. Dios, yo era un desastre, y me ayudó. Es solo
que... aunque la consejera entendió el abuso, no entendió por qué voluntariamente entré
en ese tipo de relación. Ella pensaba que la sumisión era una enfermedad en sí misma,
así que terminé deteniéndome.
La boca de Lindsey se abrió.
—Guau, cachorritas, no es de extrañar que seas sensible a ser prejuiciosa sobre las
elecciones de tu cliente. Has estado allí.
—Sí. —Piper miró el líquido en su vaso—. Me está yendo bien, de verdad. Pero a
veces tengo problemas para estar cerca... bueno, ¿sabéis cómo algunos Dominantes
irradian poder con cada palabra?
Todas las personas en la sala sonrieron.
—Tengo problemas con eso. A veces. —Aunque había hecho todo bien con Ethan...
al final. Piper le brindó a Abby una media sonrisa—. Como cuando estaba en tu casa.
—Ohhhh. ¿Es por eso que te fuiste antes de que pudiera pedirte que te quedaras a
cenar?
—Es por eso.
Abby levantó las cejas.
—Aceptaste a Ethan como cliente. ¿Cómo fue eso?
—Mejor de lo que pensé que sería. —Piper sonrió. Especialmente después de que
ella se dio cuenta de que él era su campeón.
—¿Sir Ethan fue amable contigo? —Dixon sacudió la cabeza, respondiendo a su
propia pregunta—. Por supuesto que fue amable. Es como, todo lo contrario del
Enforcer de Lindsey.
—¿Qué?—preguntó Piper—. ¿Enforcer?
—Oh, el Dom de Lindsey ayuda a hacer cumplir las reglas del club, y le encanta, ya
que es un sádico total. —Dixon agitó la mano en el aire e hizo un zumbido—. Si fueras
un mosquito molesto, DeVries te aplastaría y dejaría tus entrañas salpicadas por todas
partes. Y se reiría.
—Dixon. —Lindsey se río—. Zander no es tan malo.
Las miradas que la morena recibió de Abby y Rona telegrafiaban... sí, el sádico era
así de malo. Aun así, por muy cruel que fuera, Lindsey tenía el brillo satisfecho de una
mujer que amaba a su pareja y que era apreciada a cambio. Lo mismo Rona y Abby.
Piper no tenía brillo. Ella hizo a un lado el sentimiento de envidia. Estaba sola
porque quería estar. Bueno, en realidad no, pero seguía siendo su elección.
—Ahora, Sir Ethan—continuó Dixon—. Él miraría al mosquito y diría 'Lo siento'
como hacen los británicos, y después sacaría al desobediente insecto. Durante el
invierno. Para morir. Pero siempre lo haría con mucha cortesía.
La imitación de Dixon del elegante acento inglés de Ethan fue mortalmente preciso y
redujo a todos a una risa impotente.
Abby se limpió las lágrimas de las mejillas.
—Bueno, Piper, me alegra que hayas aceptado a Ethan.
—Sí, incluso decidí quedarme como su castellana asignada. Necesito dejar de ser
neurótica y no lo haré escondiéndome.
—Muy bien. —Rona sonrió—. Puedo recomendar algunos consejeros amigables si
alguna vez sientes la necesidad. Además, si quieres visitar Dark Haven, estaría
encantada de acompañarte y protegerte.
—Yo también. —Dixon levantó la mano.
—Y yo—dijeron Abby y Lindsey juntas.
—Ustedes. Me van a hacer quebrar en llanto. —Piper trató de no sollozar.
—¿Puede entrar?—preguntó Dix a Rona y Abby—. ¿Qué pasa con todas las reglas de
Xavier?
—Voy a convencer a Simon para que realice una rápida verificación de antecedentes
que satisfaga los requisitos. —Rona se inclinó hacia adelante para preguntarle a Piper—.
¿Echas de menos... bueno, no a tu Dom anterior que debe haber sido horrible, sino algo
sobre el estilo de vida?
Hmm. ¿Echaba algo de menos? Ella ya sabía que la dominación la excitaba. Siempre
lo había hecho. ¿Pero el estilo de vida real?
—Siiiiiiiiiii—dijo ella, arrastrando la palabra—. Me encantaba sentirme útil. Y colmar
sus necesidades era muy satisfactorio, como si servir añadiera una ración adicional de
felicidad encima del amor. Entonces él cambió. Todo cambió y se convirtió en algo feo.
Abby hizo un ruido triste.
—Sé cómo se siente cuando el deseo y el comienzo del amor se vuelven incorrectos,
pero si le agregas D / s... chica, no puedo imaginar lo mal que estaría si Xavier no fuera
la persona que creía que era. He entregado mucho de mí misma. Le he dado tanta
confianza.
Lindsey asintió con la cabeza.
—Lo que estaba pensando.
—Dark Haven es un lugar seguro, y creo que una visita al club podría ser buena
para ti. —Rona se recostó—. Provista con una escolta, por supuesto. Esta fue una parte
de tu vida que valoraste. Si decides recuperar algo de eso, sería genial. Si no, está bien
también.
Abby sonrió.
—Puedes ver cómo terminó siendo administradora de un hospital, ¿verdad?
—Puedo verlo, sí. —Tratando de ignorar los escalofríos ansiosos que bailaban sobre
su pecho, Piper sonrió a los demás—. Si estás dispuesta a tomarme de la mano, estoy
dispuesta a hacerlo.
— Sí — canturreó Dixon—. Una excursión por Dark Haven con una novata. Me
encanta.
Mientras Abby conducía la conversación en una dirección diferente, Piper hizo girar
el último líquido en su vaso. ¿Cuáles eran las posibilidades de que Ethan fuera miembro
del club?
Ella podría verlo allí. Solo el pensamiento aceleró su ritmo cardíaco... y de alguna
manera alivió sus escalofríos.
Capítulo 7

Sin duda había sido una semana interesante. El sábado, Ethan caminaba por Dark
Haven, disfrutando de las voces femeninas de White Flag de Bishop Briggs. Él sonrió,
pensando en otra mujer emprendedora, su muy eficiente castellana que había estado
dando vuelta su casa.
Un chef que entraba y dejaba comidas fáciles de recalentar estaba resultando muy
agradable. Ella no había cambiado su equipo de limpieza, pero ahora, cuando se iban, la
casa no solo estaba impecable, sino que todo estaba en su lugar. Churchill había
expresado su aprobación de sus nuevos mimos al mediodía.
Delaney había llamado el viernes para ponerse en contacto y concertó una cita para
verlo en persona la próxima semana. Fue una victoria para él que lo hubiera mantenido
como su cliente personal.
Ella no había planeado hacerlo. Al final de la cita inicial, se dio cuenta de que tenía la
intención de asignarlo a una castellana diferente. Esto en cuanto a su intento de no ser
intimidante.
Realmente a él le gustaba ella. Había disfrutado verla convertirse en papilla por las
patas peludas de Churchill. Sus encantadoras habilidades organizativas. Sus
comentarios perspicaces. Su risa melódica cuando lograba sacar una de ella. La forma
en que se sonrojó al ver una cama diseñada para el bondage. Su cálido corazón que le
ofreció ayudar a Angel.
Pero... ¿estaba interesado en alguien a quien realmente no le gustaba? No... no lo
creía. La señorita Delaney había estado a gusto con los hombres, otros hombres, en la
fiesta de Stan. Su cautela con Ethan había comenzado cuando lo había visto actuar como
el Amo de Angel. Porque era un Dominante.
Él negó con la cabeza, recordando el deleite en su expresión cuando la felicitó. Era
una sumisa a la que le encantaba servir. Sin embargo, estar cerca de él, y Xavier, para el
caso, la hizo temer. Todo dentro de él quería ayudarla, consolarla, tranquilizarla, y
arreglar lo que estaba mal.
La maldición de ser un Dom.
Hablando de ser un Dom... necesitaba concentrarse en Dark Haven esta noche.
A mitad de camino por las escaleras hacia la mazmorra, Ethan se detuvo para ver la
acción desde arriba. Escenas interesantes y la energía en la habitación era excelente. Él le
había dicho algo así una vez a una nueva sumisa, y ella lo miró como si estuviera loco,
preguntándole si podía juzgar seriamente la energía por la calidad de los gemidos y los
sonidos de los floggers.
En realidad... sí, él podía.
Su mirada se detuvo en las cuatro cruces de San Andrés cerca del frente. Mucha
flagelación y varas.
Desafortunadamente, un Dom nuevo en una escena se estaba volviendo descuidado.
Esa sería su primera parada.
Los bancos de azotes ocupaban el centro de la habitación. Un Top estaba trabajando
sobre su esposa con una paleta. Por la forma de estremecerse y la respiración de la
esposa, el Top estaba haciendo un buen trabajo.
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Michael estaba usando una violet wand cerca de la espalda. No era necesario
supervisar al Dom mayor; él siempre era cuidadoso. Un juego con cera estaba
llevándose a cabo en el centro de la parte trasera. Ethan no reconoció al Top.
Posiblemente un visitante, alguien sacando provecho de las diversas membresías
recíprocas de los clubes BDSM. Revisaría esa escena en segundo lugar.
—Hola, compañero. ¿Cómo te va? —Con una expresión irritable, Mitchell subía las
escaleras, guiando a una sumisa mayor de la muñeca.
—Muy bien, gracias. ¿Te has encontrado con un problema? —Ethan miró a la
sumisa.
—Deirdre aquí interrumpió una escena para hacer preguntas e imploró al Dom
hacerlo con ella después. —El acento australiano de Mitchell era más espeso de lo
normal con su molestia—. Intervine antes de que él se pusiese furioso con su culo.
La cara de la mujer se torció de ira.
—Yo solo quería…
—¿Te di yo permiso para hablar?—le gruñó Mitchell.
—N-no, pero… —Ella sabiamente se detuvo.
El australiano suspiró.
—Estoy demasiado cansado y gruñón para pensar en una disciplina adecuada esta
noche. ¿Tienes alguna sugerencia, Ethan?
—Puedo ver que tiene problemas para contener la lengua, así que comienza por
amordazarla. Por supuesto, le proporcionaría un juguete no molesto en caso de que
necesite una palabra segura.
Mitchell asintió y se frotó la cabeza como si le doliera.
—Defi.
Definitivamente, tradujo Ethan antes de considerar a la sumisa.
—¿Cuál es su actividad favorita?
—Le pidió al Dom unos azotes con flogger, dijo que le encanta.
—Entonces tienes un castigo fácil. Consigue dos Tops. Uno la azota...
Cuando la mujer se iluminó, las cejas de Mitchell se juntaron.
—Oye, amigo, se supone que esto es un castigo, no una recompensa.
Ethan la miró.
—Párate allí y no te muevas. —Condujo a Mitchell escaleras arriba para que no
pudiese oírlos—. Haz que el que no está usando el flogger interrumpa la escena cada
vez que comience a disfrutar. Deja que los dos Tops se alejen y conversen, para que
sepa que nadie le está prestando atención. Después de unos minutos, comienza la
flagelación nuevamente. Interrúmpanla de nuevo. Repite el ciclo media docena de veces
hasta que comprenda exactamente cuán devastadora puede ser una escena
interrumpida. Entonces pídeles que la envíen a casa, sin satisfacción, como la malcriada
egoísta que es.
Mitchell frunció los labios.
—Efectivo y jodidamente cruel. Gracias.
—De nada. —Una preocupación menos. Ahora para otro—. Mientras organizas esto,
haré saber a Xavier que has terminado por esta noche. Puede encontrar otro Enforcer o
custodio para los sumisos. Estás demasiado cansado para los frustrantes líos.
—Puedo… sangrienta mierda, tienes razón—suspiró Mitchell—. Gracias.
Ethan miró a la mujer. Ella encontró su mirada y miró hacia abajo inmediatamente.
Ah, bueno, tal vez era enseñable, y él se alegró de que no fuera su trabajo.
—Trata con ella, entonces vete a casa y descansa un poco.
Mitchell se rio entre dientes.
—Sabes, intimidas completamente a la mayoría de los Tops. Supongo que nunca han
visto tu lado de Papi Dom.
El sentido del humor del australiano era tan torcido como Lombard Street.
—Ve.
Una vez en el piso de la mazmorra, Ethan vio que el hombre con el flogger se había
vuelto aún más descuidado. Moviéndose hacia donde el Dom podía verlo, Ethan
esperó. El Dom se dio cuenta, sabía que Ethan podía cancelar su escena y se acercó.
—¿Hay algún problema?
—Solo si tu sumisa no disfruta orinar sangre.
—¿Qué dices?
—¿Olvidaste dónde están ubicados los riñones?
Casi involuntariamente, el Dom se volvió, vio las ronchas en la espalda baja derecha
e izquierda de la mujer, e hizo una mueca.
—Oh, mierda.
—Necesitas azotar objetos inanimados hasta que tengas un mejor control. Los
sábados hay una clase donde puedes practicar y obtener sugerencias. —El Dom asintió
—. Por ahora, quizás deberías relajar lentamente con un juego de sensaciones y terminar
la escena dulcemente para que tu sumisa esté feliz.
El alivio barrió la expresión del Dom cuando se dio cuenta de que Ethan no estaba
cancelando la sesión por completo, solo la parte de la flagelación.
—Lo entiendo. —Resopló—. Gracias. De Verdad.
Complacido, Ethan asintió. Aunque la mayoría de los Doms querían lo mejor para
sus sumisos, algunos no podían corregirse en absoluto. Aquí había un buen hombre.
La segunda parada fue en la escena del juego de cera. El Top lo estaba haciendo bien.
Ahora, a encontrar a Xavier. Allí estaba él, mirando una azotaina con una vara.
Caminando, Ethan disfrutó viendo cómo Abby estaba acurrucada contra su amigo.
Después de que la primera esposa de Xavier muriera inesperadamente, el Dom se había
encerrado durante años. Abby había cambiado todo eso.
¿No era extraño cómo los sumisos creían que necesitaban a los Doms más de lo que
los Doms los necesitaban?
—Buenas noches, a los dos. —Ethan le sonrió a Xavier y después a la pequeña
profesora cuyo corsé azul oscuro y su minúscula falda enfatizaban sus curvas.
Ella le sonrió.
—¿Tienes un momento?—le preguntó Ethan a Xavier.
—¿Supongo que hay un problema en alguna parte?
—Me temo que sí. —Después de explicar sobre Mitchell, Ethan agregó—. Creo que
parte del cansancio se debe a que no es apto para ser el malo, al menos con los sumisos.
Somos muy parecidos en eso. —A los Doms con una naturaleza sobreprotectora a
menudo les resultaba difícil castigar a un sumiso, incluso cuando se lo merecía. El año
pasado, deVries había vigilado a los sumisos, y el sádico había disfrutado muchísimo.
Pero su pequeña texana, Lindsey, no se sentía cómoda viéndolo disciplinar sumisos, al
menos a las mujeres.
—Podrías pasarle la aplicación de la ley a los Pedersens. —Ethan asintió con la
cabeza hacia una pareja casada a finales de los cincuenta años. Ella había comenzado
como la sumisa de su esposo y, como a menudo sucedía, ella había descubierto a su
dominante interior. Los dos eran poliamor y bi con un lado sádico—. Les gusta enseñar
y están listos para un desafío. Quizás les dé la tarea de Mitchell esta noche.
Las cejas se alzaron, Xavier los estudió.
—Haré eso.
Antes de que pudiera moverse, Abby tiró de su manga.
—¿My Liege? ¿Me disculpas?
—¿Es hora de Rona y su visitante? —Xavier miró su reloj.
—Sí, Señor.
—Por supuesto. Ve a encontrarlos.
Cuando Abby se puso de puntillas para agradecer a su Dom, Ethan sonrió. No había
nada más bonito que una sumisa pidiendo permiso. Sí, él era así de anticuado, ¿verdad?
—Espera un momento, gatita. —Con la mano en el brazo de Abby, Xavier se volvió
—. Worth, Simon planeaba supervisar a la visitante de Rona, pero él y deVries están
retrasados. ¿Puedes vigilarla?
—¿Dejarás jugar a un no miembro? —Eso no era normal.
—Simon realizó una rápida verificación de antecedentes sobre ella. Ha estado fuera
de escena por un tiempo, pero no es nueva.
—Ah. Por supuesto, entonces. Ella puede usar uno de mis collares de pedir permiso.
—Él extendió el brazo—. Abby, ¿puedo escoltarte al piso de arriba?
Cuando Abby se echó a reír y lo tomó del brazo, Xavier le hizo un gesto con la
barbilla y se dirigió hacia los Pedersens.
Arriba, Ethan se detuvo cerca del escenario izquierdo. Atada a un poste, la sumisa
amordazada de Mitchell era azotada dentro de un feliz subespacio hasta que un
segundo Dom interrumpió la flagelación. La mordaza apenas amortiguó el gemido
frustrado de la sumisa cuando ambos Dom se alejaron.
A un lado, Mitchell estaba apoyado cansinamente contra el escenario. Una sonrisa
tocó sus labios cuando el gemido de la sumisa se hizo más audible. Al darse cuenta de
Ethan, asintió.
El castigo iba bien. El australiano había elegido dos Dom que eran cuidadosos y
confiables, por lo que Ethan asintió y señaló hacia la salida. Puedes irte a casa.
El alivio llenó la cara de Mitchell, y se dirigió hacia la puerta.
Más lentamente, Ethan y Abby lo siguieron y llegaron a la entrada.
Lindsey estaba trabajando en el mostrador de recepción.
—Hola, Sir Ethan. Abby.
—Buena noches. Xavier me dijo que Rona está trayendo a una visitante. ¿Tienes su
archivo?
—Sí, Señor. Aquí tienes. —Lindsey le entregó una carpeta con papeles.
Ethan se colocó detrás del escritorio y leyó el nombre en el archivo. Piper Delaney.
Aquí había un desafío intrigante para la noche. Definitivamente tendría que
vigilarla… algo que habría hecho en cualquier caso. De hecho, la idea de ponerle un
collar alrededor de su cuello delgado era desconcertantemente atractivo.
Hojeó las páginas de la verificación de antecedentes que la compañía de seguridad
de Simon había proporcionado en muy poco tiempo.
Piper había llegado a San Francisco hacía unos cinco años. Trabajó en varios trabajos:
criada, niñera, servicio de compras durante un año, después obtuvo suficiente dinero
para comenzar Chatelaines. El negocio fue rentable en un plazo de dos años. Sin arrestos
ni antecedentes. Antes de California, ella había vivido en...
Su ceño se frunció. ¿Ella era de Kansas?
—Hola Lindsey. Buenas tardes, Ethan. —Rona estaba de pie al otro lado del
mostrador.
—¿Ethan? Um, hola. —Piper lo miró fijamente. El color apareció en su rostro. Ella no
había esperado verlo aquí, aparentemente.
Bueno, lo mismo era para él. Sería agradable si ella estuviera tan complacida como
él. Él le sonrió.
—Bienvenida a Dark Haven.
Ella notó la carpeta en sus manos.
—¿Es esa la verificación de antecedentes que hizo el marido de Rona? — Ojos del
color del chocolate derretido se encontraron con los suyos, y un hoyuelo apareció en su
mejilla sonriente —. ¿Simon descubrió que soy una conocida malversadora?
Ethan se rio. Sería la delincuente más linda de la prisión. Grandes ojos marrones. Su
labio superior era un arco perfecto en una boca diseñada para sonreír. Ella tenía
hoyuelos, que Dios lo ayudara.
Revisó el resumen al final del archivo.
—Me temo que Simon pasó por alto su carrera criminal, señorita Delaney.
—Vaya, eso es un alivio. Y es Piper.
Se había preguntado cuánto tiempo lo mantendría en el trato formal. Pasando un
dedo por la página, no vio banderas rojas en el resumen.
—Entonces, Piper, parece que eres apta para entrar y jugar.
—Oh, bien. Supongo.
¿Dudas ya?
—Xavier me pidió que reemplazara a Simon y que te proporcionara un collar.
—¿Un collar? —El color de Piper desapareció. Ella dio un paso atrás.
Rona puso una mano sobre el hombro de Piper.
—Tranquila, dulzura. Has estado en un club antes, ¿verdad?
—Sólo una vez. Brevemente. —Piper se mordió el labio—. ¿Qué quieres decir con un
collar? No soy una esclava.
Su columna vertebral estaba tan rígida que podría quebrarse allí mismo.
Abby la tomó de la mano.
Ethan suprimió su necesidad de acercarse a la asustada sumi.
—Piper, no estoy hablando de una esclava o un collar de propiedad. El que te daré
es una señal de que estás bajo mi protección, y cualquiera que quiera jugar contigo
primero debe pedirme permiso. De esta manera, podemos asegurarnos de que —no te
descontroles, ni te intimiden—, coincidas con alguien.
—Es una buena defensa—dijo Lindsey—. A pesar de que el club es privado, a veces
los novatos se descontrolan o son atacados por Tops espeluznantoides. Nadie se mete
con Sir Ethan. Su collar te mantendrá a salvo.
Él no iba a dejar todo a la advertencia en el collar. No con esta sumisa de ojos
grandes. Tenía la intención de vigilarla de cerca.
Un collar. Piper se tocó el cuello. El pensamiento era atroz. Desde que se deshizo de
su collar de esclava hacía cinco años, había evitado cualquier cosa apretada alrededor
del cuello. No llevaba gargantillas ni cuellos de tortuga.
Pero... las explicaciones de Ethan y Lindsey tenían sentido. Miró a Rona y a Abby.
Ambas asintieron con aprobación.
—Ethan es uno de los directores del club y lo ha sido desde que abrió el club. Puedes
confiar en él—dijo Rona.
Piper asintió lentamente. La mujer mayor no recomendaría a nadie a la ligera. Sin
embargo, un escalofrío la recorrió, no por el escaso corsé rojo y la apretada falda de
cuero que llevaba puesta. Él quería que ella usara un collar.
Visitar un club BDSM había sido una idea estúpida.
—Oye, mira, niña. Ahí está la pizarra con las tarjetas de negocios. —Enganchando su
codo en el de Piper, Abby la acercó a un tablero de anuncios. Muy prominente en la
pared donde la gente esperaba en el mostrador de recepción. Había categorías para los
diversos servicios.
Ésta era, después de todo, una gran razón por la que Piper estaba aquí.
—Eres muy astuta, profesora.
Abby sonrió.
Bien, pegaría la tarjeta, daría una vuelta y, si todavía se sentía incómoda, se iría. No
era una gran cosa.
Rona tocó un espacio vacío y le ofreció una chincheta.
—¿Qué tal allí?
Dos mujeres mañosas.
—Apuesto a que eres una administradora muy efectiva, ¿verdad? —Piper fijó su
tarjeta en el tablero.
—Soy excelente. —Rona puso un brazo alrededor de la cintura de Piper—. Es tu
turno, Sir Ethan.
Todavía detrás del mostrador de recepción, Ethan negó con la cabeza a Rona con
reprobación antes de abrir su bolsa de juguetes.
—No me pude resistir—le dijo Rona.
—¿Me perdí de algo?—preguntó Piper cuando Abby se rio.
—Me gusta burlarme de él sobre el Sir porque es su verdadero título en el mundo
vainilla. Es un baronet—dijo Rona—. Una de las sumisas se enteró, comenzó a llamarlo
así, y fue aceptado, aunque la mayoría no se da cuenta de que es su verdadero título
nobiliario fuera de la escena.
Piper se atragantó. Ella había pensado que él era muy pomposo por usar su título de
D / s fuera de la escena y los clubes. ¿Era un baronet?
—Lo sé. Es extraño, ¿no? —Abby sacudió la cabeza—. Se siente mal llamarlo Sir
Ethan fuera del club, pero es incorrecto presentarlo formalmente sin su título, como
tampoco lo haría con un ministro sin el reverendo. Él sigue diciendo “Solo Ethan”
después .
Yyyyyyyy, él las había escuchado.
Sosteniendo un collar de cuero rojo, estaba de pie justo al otro lado del mostrador de
recepción. Cuando las mejillas de Piper se pusieron calientes de vergüenza, él le guiñó
un ojo.
—Un baronet no es particularmente impresionante en Inglaterra, pero vosotros, los
Yankees, amáis los títulos.
—Realmente lo hacemos—dijo Lindsey—. Al menos no te quedaste atascado con My
Liege como hizo Xavier.
—Dios es misericordioso. —Hizo un gesto a Piper de ven aquí—. Vamos a colocarte
el collar para que puedas disfrutar de tu noche.
Insana. Ella tenía que estar loca. Sus músculos se tensaron en protesta mientras
caminaba alrededor del escritorio hacia donde él estaba parado. Esperando. Cualquiera
que lo viera sabría que era un Dominante hasta la última célula de su cuerpo.
Incluso si no estuviera vestido todo de negro. Pero lo estaba... y... guau. Pantalones
negros a medida y abrigo negro sobre un jersey de cuello de tortuga negro más claro.
Un pañuelo de bolsillo negro con ribetes plateados. Guantes negros metidos debajo de
un cinturón de cuero negro. Su elegante reloj era plateado y negro. Era tan elegante
como el James Bond de Daniel Craig, solo que con un filo letal.
Todo en lo que ella podía pensar era en cómo la ropa negra no mostraba sangre.
—Mira, Piper. —Ethan pasó el dedo por las rayas plateadas incrustadas en el collar
de cuero rojo—. Las rayas indican a los miembros del club que eres una invitada.
Comprendiendo cómo eso sería una protección, trató de sonreír y falló
miserablemente.
—Suena bien.
Levantó la etiqueta colgante que estaba grabada: PROTEGIDA POR ETHAN.
—Esto les dice que me pregunten incluso antes de preguntarte. No eres de mi
propiedad, Piper, pero estás protegida.
Su voz baja y tranquila no disminuyó el carácter de orden o la fuerza de su
personalidad. Cuando levantó la vista hacia su mirada vigilante, se sintió protegida.
Ella se obligó a decir:
—Gracias, Sir—e inclinó la cabeza para aceptar el collar.
Él le abrochó la hebilla sin vacilar como si lo hubiera hecho a menudo. Después de
cerrar un candado, metió la llave en el bolsillo interior de su abrigo.
Con la boca seca, pasó los dedos por el cuero suave. El temblor dentro de ella
aumentó.
Un surco apareció entre las cejas masculinas.
—Ven acá, encanto. —La atrajo firmemente a sus brazos hasta que su mejilla
descansó contra su pecho—. Quiero sentir que de verdad respiras.
—Lo siento, lo siento. —Incluso mientras respiraba, sus piernas se sentían
terriblemente débiles.
Con un brazo alrededor de su cintura, él la sostuvo erguida, soportando su peso. Se
sentía tan... sólido.
—Estás bien, dulzura. Nadie te hará daño aquí. En realidad, si caminas con Rona y
Abby, nadie pensará en molestarte.
Ella casi se rio ante la idea de que alguien le causara problemas a Rona.
—Te vigilaré mientras hago las rondas—agregó Ethan.
¿Por qué él tenía que ser tan amable? ¿Y tan convincente? Cada respiración le traía el
aroma de su loción de después de afeitarse, un aroma masculino de pino y cuero, como
un paseo por la campiña inglesa.
—¿Rondas? —Ella inclinó la cabeza hacia atrás para mirarlo, viendo la línea fuerte
de su cuello, la barba oscura a lo largo de su mandíbula.
—Los custodios de la mazmorra revisan si hay problemas. Algunos de nosotros
también deambulamos para ofrecer instrucción o disciplina adicional. Me concentro en
los Dominantes.
Lindsey terminó de registrar un trío y entonces sonrió a Piper por encima del
hombro.
—A veces le da a un Dom novato una lección allí mismo en la mazmorra. O
rescatará a una sumisa que se metió en una escena para la que no estaba preparada,
especialmente si el Top no estuviera prestando atención. Sir Ethan es nuestra Policía
Top.
Los labios de él se arquearon ante el irreverente título de Lindsey, entonces pasó un
dedo por la mejilla de Piper, poniendo todos sus nervios en alerta. Su piel hormigueó
con la lenta caricia.
—Ve con tus amigas, Piper, y diviértete. Te mantendremos a salvo.
A salvo. Un Dom prometió que estaría a salvo.
Impulsivamente, ella envolvió sus brazos alrededor de él para darle un agradecido
abrazo.
Cuando él le devolvió el abrazo, su corazón dio un vuelco. Éste era su campeón, el
hombre que había estado allí para ella cuando había estado tan profundamente metida
en el infierno que no había podido ver ninguna esperanza en lo alto.
Él no había cambiado en absoluto.
A salvo.
***
Una hora después, Piper seguía a Rona y Abby a través de la gran habitación de la
planta baja. Durante la última hora, habían estado abajo en la mazmorra, viendo las
escenas. Una hora había sido mucho tiempo. A pesar de su interés en todo, había tenido
que seguir luchando contra su ansiedad.
El lugar estaba lleno de Dominantes, y demasiadas cosas sonaban como sus
pesadillas.
Aun así, había estado orgullosa de lo bien que estaba manteniendo la compostura...
hasta que vio a un Top usando un cuchillo. Apenas había hecho sangrar la parte baja de
la espalda. Pero cuando agarró una guadaña, Piper se estremeció, y liquidó las cartas
“Estoy genial”, y se dio por vencida. Fue un alivio cuando Rona y Abby admitieron que
no estaban en el juego con cuchillos.
—Parece que muchos de la pandilla están allá en la mesa—dijo Abby—. Iré a ver si
puedo encontrar a Xavier.
Cuando la profesora se alejó hacia las habitaciones a un lado, Rona abrió el camino
hacia un grupo de una docena de personas sentadas en mesas juntas. Se detuvo detrás
de un hombre alto y moreno y le tocó el hombro.
—Esto parece una fiesta divertida. ¿Podemos unirnos a vosotros?
—Lass (muchacha), aquí estás. —Sonriendo, se levantó y le dio un beso lo
suficientemente posesivo como para que Piper solo pudiera esperar que fuera el esposo
de Rona.
Ojos negros, cabello negros con canas, muy bronceado, el hombre era totalmente
guapo de una manera ruda. Al igual que Sir Ethan vestía un traje, pero con una camisa
blanca. Su corbata estaba estampada en varios tonos grises, y ella contuvo la risa.
Él notó su concentración, y su sonrisa fue un destello blanco.
—¿No te gustan estos tonos de gris?
Piper se rio disimuladamente.
—No lo alientes—le dijo Rona—. Me hizo leer el libro en voz alta , señaló cualquier
cosa que era incorrecta, y cada vez que me ponía roja, eso era lo que hacíamos esa
noche.
Oh, chico.
—¿No es el héroe de Cincuenta Sombras un sádico?
Sin responder, el hombre extendió una mano.
—Debes ser Piper. Soy Simon, el esposo de Rona.
Solo por el peso de su voz, Piper agregó mentalmente Amo a su nombre.
—Es un placer conocerte.
Todavía sosteniendo su mano, Simon se giró y levantó la voz.
—Gente, tenemos una visitante. Ésta es Piper.
Mientras las personas alrededor de la mesa le daban la bienvenida, sentó a Piper a su
derecha y a Rona a su izquierda.
Mirando a su alrededor, Piper se dio cuenta de que había muchos Dominantes en la
mesa y varios la estaban mirando con interés. Oh, no. Ella comenzó a sentirse como
carne fresca frente a las pirañas.
Entonces la silla a su derecha fue retirada.
—¿Tuviste una buena gira, Piper?—le preguntó Sir Ethan.
Ella se dio cuenta de que se inclinaba hacia él, hacia la seguridad, y no había
respondido.
Frunciendo el ceño ligeramente, la estudió de la misma manera que lo había hecho,
después su brazo se curvó alrededor de sus hombros con una pesadez reconfortante.
—No fue tan malo, ¿verdad? Te veías como si estuvieras interesada en las escenas.
Él debió haber estado vigilándola abajo en la mazmorra. Como había dicho.
Mientras se relajaba en la curva de su brazo, ella podía sentir su calor.
—Lo siento. Mi mente tomó un desvío. Sí, disfruté viendo la mazmorra.
5
—Piper es un nombre de escena interesante. —Un hombre rubio de rostro duro,
vestido con cuero negro al otro lado de la mesa la miró—. ¿Tocas la flauta?
Una agradable conversación normal. Ella podría hacer esto, especialmente con la
seguridad de su campeón justo a su lado.
6
—Piper es mi verdadero nombre. Mi padre amaba The Piper at the Gates of Dawn.
—¿Te refieres a la canción de Van Morrison?—le preguntó el rubio.
7
—Van Morrison tomó el título del libro, Wind in the Willow —dijo Sir Ethan y la
miró—. ¿Tienes la costumbre de salvar a las crías de nutrias, encanto?
Él había leído uno de sus libros favoritos. Ella le sonrió.
—Esos hoyuelos deberían estar prohibidos—protestó él, tocándole la mejilla con un
dedo, entonces frunció el ceño ligeramente—. Mantenemos un ambiente cálido aquí
dentro, pero tú estás congelada. ¿La asustaste hasta la muerte, Rona?
Él se quitó la chaqueta del traje, y la colocó sobre los hombros de Piper y la atrajo
hacia su lado. Girándose un poco, levantó la mano.
Un camarero derrapó hacia la mesa en su prisa por responder la llamada.
—Sir Ethan, ¿puedo servirlo?
¿Te puedo servir? ¿Puedo darte mi cuerpo? ¿Mi corazón? ¿Mi alma? El sobresalto de
Piper debió haber sido palpable porque Sir Ethan se volvió para estudiarla durante un
largo momento.
Para su alivio, su atención volvió al camarero.
—Me gustaría un chocolate caliente con un trago de Bailey, por favor. Dile al barman
que me aseguraré que la sumisa no juegue esta noche.
—De inmediato, Sir. —El joven casi saltó por la habitación.
Piper escuchó al marido de Rona soltar una carcajada.
—El efecto que tienes sobre los sumisos es realmente terrible.
Sir Ethan se rio entre dientes.
—Es el acento.
—Um. —Piper comenzó a hablar, entonces se mordió el labio. ¿Cuál era el protocolo
para hablar? Los Tops y los sumisos estaban todos mezclados. ¿Se le permitía hacer
preguntas sin tener permiso?
—Puedes hablar, encanto. Esta mesa es libre para todos. —Sir Ethan hizo un gesto
hacia varias mesas más atrás, acordonadas con un letrero: AQUÍ SE OBSERVA EL
PROTOCOLO FORMAL—. Los Amos más estrictos se sientan allí.
Pero Sir Ethan tenía una esclava. ¿No debería estar en ese lugar?
—¿Tenías una pregunta?—le preguntó el Amo Simon.
¿La tenía? Oh, correcto.
—Sir Ethan le dijo al camarero que le dijera al barman que yo no jugaría. ¿Por qué
fue eso?
—Ah. Habíamos esperado que la gente supiera jugar mejor después de beber, pero
un par de desafortunados incidentes mostraron que éramos demasiado optimistas. —La
voz del Amo Simon era sombría.
—Para hacer cumplir las reglas, cuando tomas una bebida, también obtienes un
brazalete de metal. Uno que se retira al salir. —Sir Ethan señaló un custodio de la
mazmorra en lo alto de las escaleras—. Las personas con brazaletes no pueden entrar a
la mazmorra. Suena una alarma si se detecta un brazalete, y él rechazará a la persona.
Bonita alta tecnología. Bastante inteligente. Piper recordó más de unos pocos
“incidentes desafortunados” cuando el Profanador había estado bebiendo. Ella descartó
esa línea de pensamiento de inmediato.
—Ese es un sistema maravilloso.
—¿Disfrutaste tu recorrido por la mazmorra?—le preguntó el Dom rubio al otro lado
de la mesa.
—Sí. Ciertamente había mucha variedad.
—Bien, recuerdo haber oído que no eras una principiante. ¿Dónde jugaste antes?
Ella se puso rígida. Eso no era algo de lo que ella hablaría. No aquí, nunca.
—Estoy libre. —Lindsey rodeó la mesa, con una amplia sonrisa en su rostro, el
cabello multicolor rebotando en sus hombros. Ella apareció detrás del rubio
entrometido y se apoyó contra él—Oye, sexy Dom, ¿quieres jugar?
Para sorpresa de Piper, los duros labios del hombre se curvaron en una sonrisa.
Apartó su silla de la mesa lo suficiente como para poder tirar a Lindsey sobre su regazo.
Lindsey soltó una risita.
—Eres una impertinente y estás demasiado vestida. —Él comenzó a desnudarla—.
Xavier me pidió que hiciera una demostración de una flagelación dura con una vara.
—Espera, espera. Noooo, quiero sentarme con Rona y Piper. —Una mano sobre su
boca cortó su quejido. Con su mano libre, abrió su corsé con una impresionante
destreza.
Una vez hecho esto, se levantó, la puso de pie y la tomó por una muñeca.
—Es hora de ir a jugar.
—DeVriessss. —Su gemido de protesta no fue a ninguna parte.
Señalando a un sumiso sentado al final de la mesa, deVries subió al escenario
elevado a la derecha.
Piper observó mientras sujetaba al varón a la cruz de San Andrés. Puso a Lindsey en
una posición de rodillas a un lado, esposándole las manos a la espalda. ¿No ser
flagelada era un castigo o una recompensa? ¿Quedarse fuera de una escena?
No deseada. Ignorada. Olvidada.
—Por favor, DeVries. Zander, señor, Amo, yo también quiero jugar—gimoteaba
Lindsey. Rogaba—. ¿Por favor, por favorcito, Amo?
Rogando.
La piel de Piper estaba congelada. Encadenada a la perrera. Desnuda. Sin comida, sin
agua. Estúpida esclava, sin valor. No buena para nada. Tal vez te dejaré aquí hasta que solo
queden tus huesos.
¿Era eso hierba debajo de sus palmas? ¿El frío helado del viento nocturno? Su voz,
rogando por comida, agua, calor. Rogando…
El peso de los recuerdos comprimió sus costillas hasta que su pecho no se expandía.
¿Dónde estaba el aire? No había aire en la habitación. La sangre rugió en sus oídos,
llenando su mundo con solo ese sonido.
Algo se apoderó de su cintura. La levantó. Una mano acunó su barbilla.
—Tranquila, Piper. Aquí no hay nada de que temer.
Lo había. Lo había.
—Ojos abiertos. Mírame, Piper. Ahora mismo. —La voz contenía el borde duro del
mando.
El entrenamiento se hizo cargo. Sus ojos se abrieron.
Una mirada ardiente se encontró con la suya. Mantuvo la suya.
—Estás teniendo un ataque de pánico, encanto. Pasará pronto, y estarás bien. Ahora
respira conmigo… solo conmigo.
—No puedo tomar aire.
—Hay suficiente aire, dulzura. —Seguridad total en su voz. Total autoridad—.
Inhala. Uno, dos, tres, cuatro. Exhala. Uno, dos, tres, cuatro.
Luchando contra el terror de la ausencia de aire, forzó a sus pulmones a igualar su
ritmo. Inhalar. Exhalar. Lentamente, la sensación de aplastamiento alrededor de su
pecho disminuyó. Cada respiración era un poco más profunda. El rugido en sus oídos
disminuyó.
Las arrugas aparecieron en los rabillos de los ojos agudos.
—Mejor. Eso está mejor, encanto.
Encanto. Este era Sir Ethan. Ella parpadeó y se dio cuenta de que estaba sentada en
una mesa con su chaqueta colocada a un lado. Su mano inflexible estaba envuelta
alrededor del brazo izquierdo de ella. Su barbilla estaba firmemente sujeta en la palma
del Dom, obligándola a mirarlo.
Oh… Dios. Ella cerró los ojos cuando la humillación reemplazó al ataque de pánico.
Sí, había tenido un ataque de pánico, uno que la había arrastrado tan rápido y duro que
no había tenido la oportunidad de combatirlo. Su voz salió en un susurro.
—Lo siento mucho.
Para su sorpresa, él se echó a reír.
—Estás volviendo a la normalidad, si te disculpas.
Soltando su barbilla, él le frotó los brazos.
—Sin embargo, todavía estás helada. —Le puso la chaqueta sobre los hombros, la
levantó y volvió a su asiento, esta vez con ella sobre su regazo.
—No, espera. —Su débil esfuerzo por levantarse se redujo fácilmente cuando los
brazos increíblemente musculosos de él la apretaron.
—Esto podría ayudar. —El Amo Simon colocó una manta para los sumisos
alrededor de ella antes de retornar a su asiento al lado de Rona.
Rona. Amo Simon. Al girar la cabeza, vio a Abby al lado de Xavier, ambos
mirándola.
Todo su cuerpo se encogió de vergüenza. Ella inclinó la cabeza. Había hecho un
espectáculo de sí misma. Interrumpiendo a los Amos. Demasiado humillada incluso
para disculparse, volvió la cara contra el duro pecho de Sir Ethan y deseó poder
desaparecer.
—Ah, mascota, no es tan malo—murmuró él. Anclándola con un brazo alrededor de
la cintura, le pasó la mano arriba y abajo por la espalda con movimientos largos y
firmes—. No eres la primera persona en tener un ataque de pánico aquí. Y no serás la
última.
Él la había llamado una persona.
—Yo no soy una persona. Soy sin valor. —Las palabras susurradas vinieron desde lo
más profundo, de un entrenamiento doloroso y horrendo. Ella era tan sin valor que eso
se había convertido en su nombre.
La mano que le acariciaba la espalda se detuvo.
—Maldito Infierno.
Para su consternación, Sir Ethan la sentó erguida, agarrándola por los brazos y
sosteniéndola un poco apartada para poder ver su rostro. Ella bajó la mirada bajo su
intenso escrutinio.
—No, Piper. Mírame. —La orden ribeteada en acero era tranquila... e imposible de
rechazar.
Su cabeza se levantó.
—Aquí vamos.
Ethan miró a la pequeña sumisa en su regazo. Sin valor. El nombre trajo recuerdos de
años anteriores. En aquel tiempo, cuando ese idiota de Serna había abusado de una
esclava a la que había llamado sin valor.
Era ella.
Si Piper no hubiera susurrado y dicho que ella era sin valor, él no la habría
reconocido. Cuando la conoció… había estado en Kansas, ¿verdad? Solo una pelusa
había cubierto su cuero cabelludo. Había estado tan esquelética que sus costillas
parecían una tabla de lavar. Una paliza anterior le había dejado los ojos y la boca
magullados e hinchados.
Sin valor. ¿Qué clase de cretino llama a una esclava de esa manera?
Ethan pasó su dedo sobre su terca barbilla, recordando cómo había salvado al gato
de Yolanda de ser aplastado. Ella debió haber sabido cómo respondería su Amo y había
actuado de todos modos. Alma valiente.
Cuando le contó a Serna sobre la fugitiva y que los contratos de esclavos no eran
válidos, sintió como si estuviera plantando una semilla… la idea de que ella podría ser
libre. Él no podía atreverse a saber lo que ella quería; tal vez estaba contenta con Serna.
Pero le había dado una dirección y un potencial aliado. Años antes, la cocinera de
Yolanda había escapado de un marido abusivo.
Piper no era la primera mujer que la cocinera llevó a un lugar seguro, pero podría
ser una de las más valientes. Con demasiada frecuencia, las esclavas maltratadas
carecían del coraje, la motivación y el optimismo para irse, porque esos eran los rasgos
que un abusador destruiría primero. De alguna manera, Piper se había mantenido lo
suficientemente intacta como para poder salir. Hacer una nueva vida, una buena vida.
Pero el abuso siempre dejaba cicatrices.
Su boca se apretó. No dejaría que esas cicatrices la detuvieran de lo que quisiera
lograr aquí.
Ella todavía estaba temblando cuando él acunó su mejilla, obligándola a mirarlo a
los ojos.
—Piper, ¿realmente eres alguien sin valor?
Su mueca de desagrado le mostró cuán profundamente la golpeaba la pregunta. Su
mandíbula se apretó.
—No. No, no lo soy.
—Correcto. De hecho, yo diría que eres bastante sorprendente. —Suavemente, le
colocó un mechón de cabello negro detrás de la oreja—. No importa lo que te haya
dicho Serna.
El solo nombre del bastardo la tensaba. Entonces sus ojos se entrecerraron.
—Tú sabes quién soy.
—Sí. Estoy orgulloso de ti por haber tenido el coraje de irte.
Ella debió haber podido escuchar su sinceridad. Su cuerpo se relajó.
—Yo también diría que una parte de ti todavía cree en las mentiras con las que te
alimentó.
—No, no lo hago.
Ethan esperó. La mirada de ella cayó.
—Sí, una parte de mí lo hace.
—¿Con qué frecuencia tienes ataques de pánico?
—No tuve ninguno... no al principio. Ahora, durante el año pasado o algo así, he
tenido... algunos. —Ella se mordió el labio—. Aquí fue peor. Estar cerca de tantos
Dominantes.
Bueno. Ella entendía la causa y el efecto.
—No me sorprende. Todo aquí, desde los intercambios de poder hasta el juego de
impacto, te recordaría tu tiempo con Serna y cómo te lavaron el cerebro.
Ante la rabia hirviendo a fuego lento en el tono de su voz, ella retrocedió un poco,
pero se dio cuenta de que la ira no era con ella y se acurrucó en su abrazo.
Lo complació inmensamente que ella se sintiera lo suficientemente segura con él
como para sentirse cómoda estando en sus brazos.
Pero sus manos estaban apretadas, sus músculos aún rígidos.
—¿Qué pasa, Piper?
—Esto podría suceder nuevamente. Quizás en cualquier momento estando cerca de
Dominantes. Pensé que Chatelaines sería una buena combinación para las personas en el
estilo de vida, pero es una idea totalmente mala. —La desesperación era un zumbido
bajo en su tono, como un alpinista que utilizó su último aliento para superar un pico
solo para descubrir que le habían ocultado un cumbre más elevada.
A él la lástima le retorció el corazón.
Lástima no era lo que necesitaba ahora.
—No estoy de acuerdo.
Un sonido capturó su atención.
Abby tamborileaba con los dedos sobre la mesa y fruncía el ceño.
—No, nop. Lo siento, Piper, pero si crees que puedes escapar de ser nuestra
castellana porque mi esposo tiene una personalidad mandona, estás muy equivocada.
Piper se congeló, obviamente habiendo olvidado que su conversación no era
privada.
Cuando Ethan aflojó su agarre, ella se sentó derecha para mirar a Abby. Xavier puso
su mano sobre el hombro de su esposa, mostrando que estaba apoyando lo que ella dijo.
—Diste en el clavo, Abby. Eso es exactamente lo que yo iba a decir. —La voz de
Rona hizo que Piper girara en esa dirección.
La sonrisa de Simon apareció.
Incluso, aunque Chatelaines eran un servicio fantástico, Ethan dudaba que las
mujeres hubieran dejado que Piper diera marcha atrás. Puede que ella no lo supiera,
pero acababa de ser adoptada.
Con un esfuerzo visible, Piper se controló. Respirando deliberadamente. Tirando de
sus hombros hacia atrás. Enderezando su columna vertebral. Ella levantó la cabeza.
Cuando miró a Rona y Abby, su sonrisa era genuina.
—Por supuesto, Chatelaines no te abandonaría. Tenemos un contrato.
Malditamente valiente. No conocía a la joven desde hacía mucho tiempo, pero ella
enorgullecería a un Dom.
Al ver el mismo valor obstinado que Ethan, Abby parpadeó para no llorar.
—Realmente me gustas.
La respiración de Piper se atascó por un segundo.
—Tú también me gustas.
Ella se giró hacia Rona.
—Siento haber estropeado esta visita. Pero al menos sé que éste no es un buen lugar
para mí. Debería…
—Deberías regresar aquí una y otra vez hasta que ya no te afecte—declaró Ethan.
Ignorando sus grandes ojos, le dio un fuerte apretón—. Has llegado tan lejos. Termina
el viaje.
—No lo entiendes. Es probable que tenga un colapso en cualquier momento solo por
ver u oír algo que me altere.
—Sí, probablemente lo harás. Estaré a tu lado para sacarte.
Su boca se abrió.
—¿Tú?
—Yo. —Ethan frunció el ceño, algo desconcertado por lo resuelto que estaba.
Normalmente consideraría los pros y los contras antes de hacer un compromiso como
éste. Pero la idea de que alguien más ayudara a Piper no le era agradable.
Él miró a Xavier.
—Tendré que reducir mis deberes de Enforcer.
El dueño del club asintió.
—Mitchell no es el único Enforcer que necesita un descanso. Estás afuera hasta que
digas lo contrario.
—Muy bien. Gracias.
—Hacer vistas aquí es un buen comienzo. Dark Haven debería proporcionar una
amplia oportunidad para desactivar bastantes desencadenantes—dijo Simon—. Pero
como castellana, debes relacionarte con los dominantes en sus propios terrenos.
—Cierto. —En su casa, él había tratado de tranquilizarla, pero ella todavía estaba
bastante ansiosa—. Estar sola con dominantes desconocidos no es, quizás, sabio en este
momento.
El color de Piper había mejorado.
—Por lo general, llevo a cabo la entrevista de admisión para poder decidir qué
castellana será la mejor opción.
Ella le dirigió a Abby una sonrisa irónica.
—Continué como tu castellana este mes, porque la asignado a ti está de licencia por
duelo.
—Y estamos disfrutando tenerte. —Abby sonrió y agregó—. Tal vez deberías llevar
un asistente contigo para las entrevistas iniciales. Tener a alguien más presente podría
ayudar.
Piper asintió con la cabeza.
—He considerado entrenar a alguien más para hacer las admisiones. Éste sería un
buen momento.
Excelente. Ethan sonrió. Su mente estaba trabajando nuevamente, descubriendo
formas de evitar su impedimento.
—Esa es una buena solución, temporal. Pero habrá momentos en que no tendrás a
alguien contigo. ¿Qué harás para aliviar este miedo de forma permanente?
—¿Qué haré? No hay nada que pueda hacer. No puedo arriesgarme a tener un
ataque de pánico en la casa de un cliente.
Después de seguir el razonamiento de Ethan, Simon intercambió miradas con
Xavier. Los tres habían sido amigos durante tanto tiempo que la comunicación hablada
no siempre era necesaria. Ambos asintieron con la cabeza a Ethan, estaban de acuerdo
con su solución.
—No, no puedes arriesgarte a entrar en pánico ante un cliente. —Cuando ella
frunció el ceño ante su acuerdo, él ahuecó su barbilla e inclinó su cabeza hacia arriba
nuevamente—. A menos que el cliente sea yo.
—Tú... —Su respiración se aceleró.
—No, encanto, quédate conmigo. —Él apretó su barbilla, manteniendo su mirada
atrapada en la de él—. Inhala… lentamente. Exhala. ¿De qué color son mis ojos?
—¿Q-qué? Azules.
—¿Qué hueles? —Él mantuvo su voz firme. Exigente.
Ella lo miró sorprendida.
—Um, Cuero. Perfume. Sudor.
—Muy bien. —La atención plena y permanecer anclada físicamente podría ayudar a
descarrilar la ansiedad creciente.
—Respira conmigo otra vez. —La mantuvo bajo control por un minuto.
—Estoy... estoy bien.
—Sí, lo estás. —La soltó y apartó el cabello de su cara—. Podemos trabajar en tus
reacciones en mi casa. Una a una. Sin embargo, una o dos horas no serán suficientes.
—¿Qué?
—Piper, ¿estás dispuesta a renunciar a tus sábados para tratar de superar esto?
—No entiendo. ¿Qué me estás preguntando?—le preguntó ella.
Él casi sonrió ante su tono horrorizado.
—Sábado desde la mañana a la noche. En mi casa. —Ethan la recostó contra su
pecho, sintiendo el delicado temblor de su pequeño cuerpo—. Analizaremos lo que lo
desencadena y te ayudaré a aprender a evitar tu reacción.
—No. Absolutamente no. Nunca.
Por supuesto, esa sería su respuesta inicial. Muy entendible. Sin embargo, podía ver
cuánto quería superar esta debilidad. Él esperó, sintiendo la forma en que sus tensos
músculos comenzaron a relajarse. Cómo su respiración volvió a desacelerarse.
—¿No... no tienes ya una esclava allí? ¿Angel?
Aquí vamos. Su mente estaba trabajando.
—No, ella ya no se queda conmigo.
—Bueno... —Cuando Piper se puso rígida de nuevo, supo qué una nueva
preocupación había surgido.
—No habrá sexo, encanto. Servirás como sumisa, pero no necesitas la complicación
de nada sexual. —Todavía no y probablemente no con él. Sin importar lo atractiva que
fuera ella.
Su interés en una relación seria había muerto años atrás en traición y sangre.
Capítulo 8

Feliz primer día de verano. Con un macchiato de caramelo y un capuchino de


Starbucks, Piper regresó a su oficina. Ella inspiró el aire salado del mar y le sonrió a un
puñado de turistas que estaban mirando hacia arriba a la pirámide de Transamérica.
Incluso después de cinco años en la ciudad, todavía se maravillaba de la pirámide. El
espectacular horizonte. La energía en el centro de San Francisco.
Dios, amaba vivir y trabajar aquí.
En el interior del edificio comercial que albergaba las oficinas de Chatelaines, Piper
subió las escaleras hasta el segundo piso y caminó por el pasillo a la zona de recepción
que compartía con cuatro empresas de servicios complementarios. Una buena ubicación
era el precio de hacer negocios con una clientela próspera, y el distrito financiero era
caro. Compartir el área de recepción, la sala de conferencias, y el espacio de la cocina lo
había hecho posible.
—Hola, Margot, te traje un café. —Ella dejó el capuchino en el escritorio de la
recepcionista de pelo plateado.
—Eres una muñeca. Estaba desfalleciendo por falta de cafeína.
—Conozco el sentimiento. Un par de amigos y yo tuvimos una noche de película,
Orgullo y Prejuicio y me quedé levantada hasta muy tarde. Pero… —Piper lanzó un
suspiro—… señor Darcy, ¿verdad?
—Mmm, ninguna pregunta. —Riendo, Margot tomó un sorbo de café—. Gracias por
esto.
—Se veía como si estuviera empezando a reducir la velocidad. ¿Cómo está tu
marido?
Margot puso los ojos en blanco.
—Inteligente, fuerte, valiente y… al hombre la gripe lo convierte en un niño llorón
de dos años de edad. Me despertó a las 3 a.m. para que le consiguiera una aspirina. La
botella estaba a la derecha de la encimera del baño, donde lo había dejado cuatro horas
antes. Si la gripe no lo mata, podría hacerlo yo.
—Ninguna mujer te condenaría. —Sonriendo, Piper se dirigió hacia la puerta que
decía Chatelaines.
La gran sala a la derecha estaba llena de cubículos para sus castellanas y contratistas.
Su oficina estaba a la izquierda con un escritorio de roble macizo y una tenue
combinación de colores grises y blancos.
Todos los lunes por la mañana, su personal se reunía en la sala de conferencias para
mantener a todos sincronizados e intercambiar quejas y sugerencias. Tendría la
oportunidad de dar ánimo y dirección según fuese necesario.
Chico, ella misma podría usar algo de aliento y dirección en este momento. Solo que
el tema no era uno que pudiera abordar con nadie. Hola, voy a ser una esclava el sábado y
no estoy segura de que sea una buena idea. ¿Qué pasa si tengo un ataque de pánico? ¿O el estrés
me vuelve aún más neurótica de lo que ya estoy? ¿Y con qué diablos debería ir vestida?
Mientras se sentaba en su escritorio, un zumbido de la recepcionista la hizo saltar.
—Señorita Delaney, tiene una visita… ¡Espere, no puede entrar allí!
Las puertas de Chatelaines se abrieron y un hombre delgado y rubio las atravesó y
entró en su oficina.
—Hola, hermana.
La recepcionista estaba justo detrás de él.
—Señorita Delaney, ¿debo llamar a la seguridad?
Era Jerry.
—No, está bien. Gracias. —Mientras la recepcionista salía, cerrando la puerta detrás
de ella, Piper se lo quedó mirando. Junto con la sorpresa de ver a su hermanastro vino
la habitual sensación infelicidad... al ver a su hermanastro.
Ella se puso de pie.
—¿Qué quieres, Jerry?
—¿No puede un hermano querer ver a su hermana? —Delgado, guapo y sonriente,
él comenzó a acercarse como para abrazarla, repensándolo y apoyándose contra la
pared.
Hace mucho tiempo atrás, ella había trabajado muy duro para ganarse una sonrisa
de él.
—Eres mi hermanastro, no eres realmente mi hermano. O eso es lo que le dijiste a
todo el mundo. —Cuando su madre se casó con Gideon, Piper tenía diez años y estaba
alucinada de tener un hermano mayor. Tres años mayor, Jerry odiaba a su nueva
hermanastra y usaba su idolatría de héroe en su contra cada vez que tenía oportunidad.
Cuando él no despedazaba su ego, la había engañado para que hiciera sus tareas, para
que le diera dinero, y aceptara sus castigos. Las únicas veces que fue amable con ella,
fue cuando quería algo.
8
—Oh, Pipsqueak , sólo éramos niños, y los adolescentes son unos idiotas. — Él negó
con la cabeza—. Lo siento por esos días. ¿Puedes aceptar mis disculpas?
Ella exhaló, desgarrada. Él tenía razón… había sido un adolescente. Se estaba
disculpando. Sería grosero rechazarlo. Se hundió en su silla.
—Yo…
—¿Puedo sentarme? —Hizo un gesto hacia la silla frente a su escritorio. Cuando ella
asintió, él se sentó—. Nuestros padres han muerto, Piper. Tú y yo somos la única
familia que tenemos ahora.
El recordatorio estableció un dolor hueco en su pecho, el conocimiento de que estaba
sola en el mundo. Después de escapar del Profanador, ella llamó a su casa y descubrió
que su madre y Gideon habían muerto en un accidente automovilístico meses antes. No
había estado cerca de ellos, y sin embargo la muerte de su madre había sido un golpe
espantoso.
—No lo creo. Nunca sentí que pertenecía. No veo que eso cambie.
—Siento que te hiciera sentirte así. —El remordimiento llenó la expresión de Jerry—.
Quiero que seamos familia. Vine hasta aquí solo para reconectarme contigo. Por favor,
dime que no es demasiado tarde.
Todo el camino desde Kansas. Sólo para verla. Su corazón se suavizó... hasta que la
cautela envió un escalofrío por la espalda.
—¿Cómo me encontraste?
—Le pregunté al albacea de mi padre. Él me dio tu teléfono y la dirección de aquí.
Tomó un poco de investigación conseguir la dirección de tu negocio, pero soy bueno
para encontrar cosas.
Siempre lo había sido. Apretó la boca al recordar cómo él había llevado chismes.
Cómo él le había pagado a sus compañeros de clase por su silencio. Seguramente ya lo
habría superado.
Inclinándose hacia adelante, recuperó su atención.
—Creo que la Costa Oeste va contigo, hermana. Te ves muy bien. —Su mirada era
admirativa, y ella se sonrojó ligeramente. De niña, había deseado tanto que él la
aprobara. Aparentemente, no había perdido ese anhelo.
Sin embargo, ella había crecido y cambiado. ¿Lo había hecho Jerry?
—¿Para qué estás realmente aquí?
—Ay, Piper. Eso duele. —Su expresión se volvió tímida—. En realidad, ya que lo
preguntaste, he tenido un problema con el que esperaba que me ayudaras. ¿Sabes del
dinero que mi padre te dejó?
Ella resopló.
—No había mucho. Gideon me dejó una veinteava parte de lo que tú heredaste.
Según el abogado, era una cantidad simbólica para evitar que el testamento fuese
impugnado.
—Aún así era mucho dinero. Lo necesito ahora. —Ante su mirada incrédula, él se
encogió de hombros—. Tuve algo de mala suerte. Tomé un préstamo y los prestamistas
quieren que les devuelva su dinero ahora o de lo contrario.
Su simpatía se desvaneció. Oh, ella reconoció el patrón.
— Pediste dinero a un prestamista para jugar.
—No, aprendí mi lección sobre el juego. Finalmente. Demasiado tarde. —Se frotó los
ojos. —Sé que fui una decepción para mi padre. Cambié.
¿Había cambiado? La esperanza era una diminuta llama en su interior.
—Entonces, ¿para qué fue el préstamo?
—Para comenzar mi propio negocio de renovación de casas. Tengo un par de
empleados y todo. Pero, ya sabes, los bancos normales no se arriesgarían conmigo.
En realidad estaba trabajando. Cambiando su vida. Ella sonrió.
—¿Un negocio propio? Eso es asombroso. —Tenían eso en común, ¿no?
—Me encanta. Desafortunadamente, el beneficio llega más lento de lo que esperaba.
Tú sabes como es eso.
Demasiado bien. Esos primeros meses después de comenzar Chatelaines, ella se
volvió loca, tratando de cubrir las cuentas.
—Sí.
Él suspiró.
—Estoy en apuros y necesito pagar el préstamo, antes de que vengan por mí y me
rompan las piernas.
Oh Dios, si él resultara herido cuando ella podía ayudarlo, nunca podría vivir
consigo misma.
—No puedo creer que fuiste a un prestamista.
—Fui estúpido, lo sé. Estaba tan emocionado por comenzar mi propio negocio. —Él
inclinó la cabeza—. ¿Puedes arreglártelas para darme el dinero que mi padre te dejó?
La punzada de resentimiento la hizo sentarse derecha en la silla. Su herencia no
había venido de su padre, sino de su madre. Además, ya había gastado el dinero,
estableciendo su negocio.
—Déjame pensarlo—. Tenía algo de dinero en ahorros y en la cuenta comercial.
Podría reducir sus gastos si eso lo ayudara—. ¿Cuál es el nombre de tu empresa?
Dudó... solo un poco demasiado.
Ella se puso rígida. ¿Había incluso un negocio?
—Veamos una de sus tarjetas de visita. —Todos los empresarios que conocía tenían
tarjetas de visita.
—No he podido hacer ninguna.
—Porque no tienes un negocio. Estás jugando de nuevo .
Su expresión de he sido malo había funcionado a la perfección con sus padres.
—Bastante estúpido, lo sé. Pero estoy realmente en apuros. No quieres verme herido,
¿verdad? Somos familia. Los únicos que quedamos.
Puso las manos sobre el escritorio y trató de reunir su resolución. ¿Cuántas veces la
había estafado con su asignación o su salario de niñera cuando eran niños? Porque ella
había estado desesperada por ganarse su afecto.
El amor no funcionaba así.
—Lo siento, Jerry. Tu padre te rescató una y otra vez por tus malas decisiones. Yo no
lo haré.
—Piper, Piper, sabes que el dinero debería haber sido mío. Todo el dinero. Tú y tu
madre vinieron a nosotros con nada. No deberías haber obtenido nada del dinero de mi
padre… él no querría que lo tuvieras.
El dolor de ser rechazada persistía incluso ahora. Rabiosamente conservador,
Gideon la había despreciado por ser ilegítima. Si pensaba que el dinero era todo de
Gideon, se sentía mal por haberlo aceptado. Ella contuvo el aliento. Pero esa era solo
una forma de verlo. Había otras.
—La herencia no se basa en la emoción. La ley dice que las personas casadas
comparten, y eso significa que debería heredar algo de mi madre.
—Ella me habría dejado el dinero antes que a ti.
Tal vez. Tal vez no. Su madre la había amado hasta que prevaleció la actitud de
Gideon. Hasta que la obligaron a ver a Piper como un recordatorio incómodo de su
pecado.
El año en que su madre se casó con Gideon, Piper aprendió la diferencia entre los
deseos y la vida real. No había conseguido el padre cariñoso con el que había soñado.
Había perdido el amor de su madre. Seguro que ella no había sido bendecida por un
protector hermano mayor.
—El dinero no es tuyo, Piper. —Jerry extendió sus manos en un gesto de súplica—.
Necesitas devolverlo; sabes que debes hacerlo.
No, ella no lo sabía. Ya no era una niña hambrienta de afecto. En cambio, había
adquirido defensas, como rechazar las emociones en favor de la lógica.
—Gideon te dejó un montón de dinero en inversiones estables. ¿Perdiste todo ese
dinero jugando?
La contracción de su músculo de la mejilla era tan fuerte como un grito.
¿Ya había despilfarrado más de un millón de dólares? Su disgusto dio paso a la
creciente inquietud. Jerry siempre se había sentido con derecho a lo que fuese que ella
tuviera.
—Lo siento, Jerry, pero no. Regresa a Kansas. Aquí no hay nada para ti. —Ella se
puso de pie—. Tengo trabajo que hacer. Si me disculpas…
Sacudió la cabeza con tristeza.
—Oh, Piper, sé que encontrarás en tu corazón ayudarme. Eres una buena persona. Si
yo me vuelvo un inválido cuando tan fácilmente podrías haberme salvado, te sentirás
horrible.
Incluso preocupada cuando la culpa la inundó, él abrió la puerta y salió, pasando a
Dixon.
Dixon le dedicó una sonrisa apreciativa, luego bailó en la habitación con un lindo
meneo de cadera.
—Hola, compañera. ¿Estás lista para darle otra oportunidad? Tengo libre el sábado,
así que esta vez puedo estar contigo.
—Tal vez. Yo... —Se dio cuenta de que su hermanastro se había detenido justo
afuera de su oficina. Él estaba escuchando.
Escuchar había sido una de sus costumbres cuando era adolescente. Había
chantajeado a varios de sus amigos de la escuela secundaria, amenazando con revelar
alguna infracción a sus padres: drogas, escabullirse, follar con cualquiera. Los había
sobornado por su silencio.
Inclinándose hacia adelante, llamó al escritorio de la recepcionista.
—Margot, por favor acompaña a la puerta a mi visitante. —Bajó la voz—. Llama a
seguridad si no se va de inmediato.
Al escuchar la primera parte de su orden, Jerry la miró con desesperación.
—Lamento que te sientas así, hermana. Pero hablaremos. Pronto.
Habiendo tomado la silla frente a su escritorio, Dixon se giró y vio a Jerry pasar
junto a Margot y salir.
—Mmm, es hermoso. Pero me recuerda a algunos Doms con los que salí antes que
Stan. Suave, diciendo toda la mierda correcta, pero solo por lo que pueden obtener.
Dix tenía buen ojo.
Piper se frotó la cara, deseando poder borrar los últimos minutos.
—Así parece. Al principio pensé que había algo más en su visita. —Que había
cambiado y que realmente quería ser mi hermano.
Incluso ahora, ella se preguntaba si había cometido un error y lo había tratado con
demasiada dureza. ¿Qué pasa si era lastimado por el prestamista? Su boca se torció. Si
incluso hubiese un prestamista.
—¿Antiguo novio?—le preguntó Dix.
—Hermanastro. Quería dinero y le dije que no.
—Pobre Pips. —Los ojos marrones de Dix se llenaron de simpatía—. Los
hermanastros puede ser difíciles. Nuestra dulce Abby tiene una hermanastra que es
descendiente directa de las perversas hermanastras de Cenicienta.
—¿En serio? —Extrañamente se animó, Piper se relajó en su silla—. Pobre Abby. Ella
y yo tendremos que intercambiar opiniones.
—Con alcohol. Su historia de aflicción requiere al menos una copa de vino y… —
Dixon miró dónde había desaparecido Jerry—. Yo diría que la tuya podría requerir
tequila.
Piper se echó a reír. Los amigos podrían alegrar el día más feo.
Capítulo 9

El sábado por la mañana, Ethan se apoyó contra la encimera de la cocina y observó a


Piper usar su máquina de café espresso y comenzar a relajarse. Finalmente. En el poco
tiempo que ella había estado allí, la nerviosa pequeña sumisa dejó caer el bolso, tropezó
con la otomana y con una silla.
Sin embargo, ponerse a una tarea alivió sus nervios. Parecía que servir no solo era su
talento, sino también su zona de confort.
Cuando la taza se llenó, miró a Ethan.
—¿Crema? ¿Azúcar?
—Una cucharadita de azúcar, por favor. —Miró a Churchill, sentado a los pies de
Piper—. Y el primer ministro disfrutaría de un poco de crema en su tazón.
—Por supuesto. —Los hoyuelos de Piper aparecieron—. Los primeros ministros
siempre consiguen lo que quieren.
Mientras Churchill bebía a lengüetadas su bebida de la mañana, Ethan acompañó a
Piper a la planta baja y al patio.
—Hablemos un poco antes de hacer cualquier otra cosa.
Se sentó en el asiento de mimbre, quitó el cojín de la otra silla y lo dejó sobre el
hormigón.
Su trago fue audible, entonces se arrodilló con gracia sobre el cojín, comenzó a poner
las manos detrás de la espalda y dudó.
Muy bien. Cada Dominante tenía sus propias preferencias para la postura de un
sumiso.
—Manos sobre tus muslos, palmas hacia arriba. Ojos en mí. —Aunque el arrodillarse
de una sumisa era un potente recordatorio del intercambio de poder, los brazos detrás
de la espalda se volvían incómodos rápidamente.
Cuando ella obedeció, él asintió con satisfacción. Aunque normalmente no requería
arrodillarse cuando no estaba en una escena, se apegaría a un protocolo
moderadamente formal mientras Piper estaba aquí. Algo cercano a lo que Serna podría
haber exigido.
—Ésta es la postura de rodillas predeterminada. Te diré claramente si necesito algo
más.
—Sí... um, ¿cómo quieres que te dirijan la palabra? ¿Señor? O…
¿O Amo? Teniendo en cuenta su experiencia pasada, podía entender su aversión, tal
vez incluso miedo, por la palabra.
—Señor funciona bien. —Mantuvo su voz calmad y lenta—. No soy tu Amo, Piper.
En realidad, no disfruto del título o de la responsabilidad. Hacerlo bien requiere más
tiempo del que tengo.
Una línea apareció entre los hermosos arcos superciliares.
—Pregunta, encanto.
—¿Por qué...? Un Amo tiene todo hecho por él ¿Por qué dices que requiere tu
tiempo?
—¿Serna fue tu única experiencia con BDSM?
Ella se tensó ante el nombre, después asintió.
Cabrones como Serna fueron la razón por la cual Dark Haven buscó proactivamente
formas de educar y vigilar a los suyos.
—Afortunadamente, el bastardo no es un Amo típico. De hecho, no estoy dispuesto
a considerarlo un Amo. Escoria de estanque sería un título más apropiado.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿En serio? —Ella se encogió, y los músculos de sus hombros se tensaron.
Maldito Infierno. Sin lugar a dudas, Serna también la había castigado por hacer
preguntas. Por hablar.
—Sí, en serio. —Si ella pasara tiempo con Dominantes decentes, descubriría qué
pedazo de basura fue Serna realmente.
—La posición en la que estás ahora es la que necesito cuando estamos en modo D / s.
Creo que eres lo suficientemente observadora para saber cuándo sucede eso. Si estamos
viendo televisión o leyendo en un ambiente de compañerismo, siéntate donde y como
prefieras. Para las comidas, te lo haré saber.
Los dedos de ella se curvaron hacia adentro mientras su ansiedad aumentaba.
Él odiaba ser la causa, pero cuanto más incómoda estuviera, más pronto
descubrirían sus desencadenantes y cómo sortearlos.
—Los sábados, mientras estás bajo mi autoridad, considero que tu cuerpo es mío. Sin
embargo, no estoy interesado en estar dirigiéndote en nada, incluido tu cuidado
personal. Usa el baño según sea necesario. Dúchate según sea necesario. Espero un alto
grado de limpieza, y me gustaría que tu coño esté recortado o afeitado. Si siento que no
estás cuidando mi propiedad con suficiente esmero, intervendré. —Él endureció su tono
ligeramente para ver cómo reaccionaría ella.
Ah, ahí estaba.
Su rostro se puso pálido y sus manos se cerraron apretándose. Su respiración
comenzó a acelerarse.
Inclinándose hacia adelante, él colocó la cara entre sus palmas.
—Mírame, Piper. Respira conmigo ahora. Inhalar. Exhalar. Inhalar. Exhalar.
Sus dedos fríos se curvaron alrededor de sus muñecas, aferrándose. Anclándose.
Sus ojos eran como terciopelo marrón, enfocados en él, y a pesar de que él la había
acercado a un ataque de pánico, ella confiaba en él lo suficiente como para aceptar su
orden y dejar que la sacara.
El conocimiento envió una dulce calidez por sus venas.
Cuando su respiración se desaceleró, él acarició su mejilla y la soltó. De mala gana.
Su piel era como la seda. Estaba lo suficientemente cerca como para captar el aroma de
su cabello y de su cuerpo: un ligero almizcle femenino, un toque de limón y lavanda
fresca.
Ella era demasiado atractiva. Esto pondría a prueba su control. Especialmente
porque necesitaba poder tolerar las manos de un hombre tocándola, las manos de un
Dominante.
—Dime cómo te sientes en este momento—le dijo suavemente, con los antebrazos
descansando sobre sus muslos.
—Bien, estoy bien.
—Eso es absoluta basura. Inténtalo de nuevo. ¿Puedes sentir tus labios?
Sus dientes torturaban su labio inferior.
Tan rosado. ¿Era su boca tan suave como parecía? Fuera de lugar, Worth.
—Si. Um, tenía frío, pero estoy mejor, y el rugido en mis oídos desapareció.
—Muy bien. ¿Estás temblando?
Ella presionó una mano contra su abdomen.
—Algo. Pero también está mejorando. —Sus cejas se fruncieron—. ¿Me presionaste a
propósito?
Parecía que su cerebro también estaba funcionando de nuevo.
—Si y no. No mentía sobre mis requisitos; sin embargo, fui más rudo de lo normal.
Tenemos un trabajo, tú y yo, para descubrir qué desencadena tu ansiedad. Tú tienes
otras opciones o opciones adicionales, como hablar con un consejero sobre esos factores
desencadenantes. Ya sabes que lo recomiendo.
Su boca se apretó.
—Tal vez. Con el tiempo.
Él lo dejaría pasar por el momento, pero con el tiempo, presionaría más para que ella
viera a alguien.
—Una vez que encontremos tus factores desencadenantes, evitarás los que puedas.
Yo trabajaré contigo para detectar un ataque lo suficientemente antes como para
evitarlo y sobre cómo salir.
—Eso suena bien. Cuenta conmigo. —Ella lo miró con el ceño fruncido—. Pero, Sir
Ethan, no me di cuenta de la cantidad de tiempo que ocuparás en mí. ¿Por qué me estás
ayudando?
Tan dulce, preocupándose por él, más que por ella. Sin embargo, su sorpresa de que
un Dom se esforzaría por sus necesidades era simplemente equivocada. Él le pasó un
dedo por la mandíbula.
—¿No has oído que un Dom podría no darle a una sumisa lo que quiere pero le dará
lo que necesita?
Su mirada cayó.
—No. Escuché: Eres una pertenencia. Una don nadie. Me importas una mierda; no tiene
que importarme.
Esa era una frase obvia de Serna. El maldito cabrón.
—Lo siento, pero el estilo de vida atrae a unos cuantos crueles culeros como Serna.
¿Te has dado cuenta de que era un sádico abusivo?
Aunque ella asintió porque su intelecto sabía la verdad, él tenía la sensación de que
emocionalmente no estaba convencida.
—Has hecho un trabajo magnífico al cambiar tu vida. —Sonrió ante el sonrojo de
satisfacción que barrió su rostro—. Pero todavía tienes algunos pasos por recorrer.
Necesitas ayuda para escalarlos. Un buen Dom no deja a nadie lastimado cuando puede
ayudar.
Ella tragó saliva y asintió.
Piper se sintió rara. Incluso cuando los escalofríos recorrieron su piel, la luz del sol
iluminó su alma por la honestidad de Sir Ethan. Y su desprecio cuando pronunció el
nombre del Amo Serna.
—Hemos aprendido un desencadenante: temes decepcionar a un Amo y merecer un
castigo. —Una comisura de su boca se curvó hacia arriba—. Ni siquiera dije la palabra
castigo antes de que comenzara tu ataque de pánico.
—No era necesario—dijo ella miserablemente.
—¿Qué otros factores desencadenantes tienes? ¿Lo sabes?
Lo había pensado desde el fin de semana pasado.
—Un enojado o—se mordió el labio—un Amo aburrido. —Porque lastimarla y
humillarla había sido la forma favorita del Profanador para no aburrirse.
El asco cubrió la cara de Sir Ethan y desapareció un segundo después. Se mantenía
en tal control de sí mismo que ella estaba asombrada.
—¿Qué más?
—Que me insulten. —Sus manos se cerraron en puños. Por favor no me hagas más
preguntas.
—Ah. —La comprensión suavizó su rostro—. Sé que es difícil, Piper. Sin embargo,
será más difícil si me tropiezo con un desencadenante por accidente. Cuanto más
preparados podamos estar, mejor. ¿Qué insultos son los peores?
Tenía la boca muy seca. No podría hacer esto. No podría. Ella negó con la cabeza y se
dio cuenta de que el movimiento decía que lo estaba rechazando.
Ella se congeló de terror. Ahora él...
Inclinándose hacia adelante, la levantó sobre su regazo tan fácilmente como lo haría
con su gato.
—Shhhh. Está bien, encanto. Te ayudaremos a superar esto—murmuró,
sosteniéndola, abrazándola, contra él.
Mientras él le acariciaba el cabello, ella empujó su rostro contra su cuello. Era tan
alto que se sintió rodeada por él. Su aroma elegantemente limpio comenzaba a oler a
consuelo.
No estaba enojado con ella.
—Te diré qué, ¿puedes escribir los insultos? No tienes que decirlos en voz alta.
Como parte de la terapia, años atrás, ella había escrito. Había escrito las palabras
venenosas. Ella asintió contra su cuello.
—Chica valiente.
Su aprobación la inundó, una lluvia de primavera llevándose los restos lodosos de
nieve.
¿Cómo podía ser tan amable y seguir siendo un Dom?
Pero Stan era como él en la forma en que cuidaba a Dixon. ¿Eran otros Doms como
Sir Ethan? ¿Tenía razón de que ella había tenido un Amo raro y horrible? ¿Alguien que
ni siquiera era realmente un Amo?
—Ah, ¿cómo podría olvidarlo? —Sir Ethan sacudió la cabeza—. En la escena,
generalmente uso el sistema de semáforo para palabras de seguridad donde el rojo
significa que todo se detiene. Sin embargo, como no nos conocemos, si dices que no, me
detendré de inmediato. Si dices espera, haremos una pausa y discutiremos lo que te está
molestando.
Ella lo miró fijamente. Él le estaba dando abiertamente su... control. La capacidad de
interrumpir las cosas. Qué asombrosamente maravilloso.
—Piper, ¿comprendiste lo que dije?
—Sí, Señor. Rojo o no significa que te detendrás. —Su voz tembló mientras agregaba
—. Gracias.
Su expresión era ilegible, pero sus ojos eran gentiles.
—No se necesitan agradecimientos por algo tan esencial como las palabras de
seguridad.
Estaba muy equivocado.
—Tiempo de un descanso. ¿Por qué no te instalas? Me gustaría el almuerzo para los
dos en una hora. Sopa y sándwiches están bien. —Sir Ethan le masajeó los hombros—.
Saldremos esta tarde a buscarte algo para ponerte en Dark Haven esta noche.
Oh Dios, oh Dios.
—Ah, hay otro miedo—murmuró—.¿De qué tienes miedo ahora, Piper?
—Soy dueña de una empresa. No puedo... si nadie me respeta, entonces…
—Detente. —El hierro en su voz envió escalofríos a través de ella. Él la agarró por los
brazos y la sentó hacia atrás para poder ver su cara—. ¿Ser humillada es lo que te
preocupa?
¿Sobre estar aterrorizada?
—Sí, Señor.
La estudió con la mirada en su rostro.
—Ocasionalmente uso la humillación como medida disciplinaria, pero nunca a la
ligera. Sirve bien como castigo para alguien que deliberadamente rompe las reglas,
pensando que nadie lo descubrirá. Piper, no has hecho nada para merecer ese trato.
Sus dedos todavía estaban apretados con fuerza.
Él resopló una carcajada.
—Sin embargo, no estás pensando en el castigo. Tienes miedo de que te trate como
una esclava en público o escoja un atuendo sórdido que te humille en Dark Haven.
El dolor en su pecho mostró que había dejado de respirar.
—Respira, encanto. —Esperó hasta que ella obedeció, entonces le pasó los nudillos
por la mejilla muy suavemente—. Dulzura, confía en mí un poco más. Mi trabajo es
fortalecerte, no destruirte.
Espera… ¿Qué?
—Pero soy una sumisa. Tu trabajo es reducirme a...
—No. Maldito Infierno. —Su mandíbula se apretó, y ella se congeló ante la ira en su
rostro. Entonces, para su asombro, la ira desapareció bajo su férreo control.
—Piper, algunas de las personas más fuertes que conozco son sumisos. No son
rebajados en lo más mínimo al renunciar a su poder.
Eso no tenía sentido.
—Considera esto. Los sargentos instructores son los seres más capaces del universo.
Pensando en los marines y la gente del ejército que había conocido, comprendió lo
que él quería decir. Ella asintió.
—Sin embargo, los sargentos responden a sus oficiales. Sus capitanes. —Hizo una
pausa—. Los capitanes no rebajan a sus sargentos. Los sargentos son valorados por sus
habilidades, conocimientos y fortaleza. En lugar de atropellarlos, sus oficiales los envían
para más entrenamiento. Fortaleciéndolos. Recompensándolos por sus habilidades.
Él puso su palma contra su mejilla, su pulgar debajo de su barbilla, su mirada de un
azul sobrenatural.
—Así es como un buen Dom trata a su sumiso.
Oh.
Capítulo 10

Temprano esa noche, Piper terminó de fregar las encimeras y miró a su alrededor
con satisfacción. Limpiar y ordenar le daba una sensación de control. La calmaba y
centraba.
Sir Ethan lo había descubierto rápidamente. Pero aun así, todo el día, había estado
averiguando quién y qué era ella, como si fuera un rompecabezas fascinante. La
observó atentamente. Le hizo preguntas. La instruyó para tomar diferentes posiciones.
Usó diferentes tonos: fuerte, irritado, aburrido.
Cada vez que ella se ponía ansiosa, él intervenía. Su voz tranquila y sus manos
cuidadosas y gentiles en sus brazos romperían el ciclo antes de que ella perdiera el
control. De hecho, le prestaba tanta atención, que por lo general percibía su pánico antes
que ella.
Con cada episodio, él le enseñó técnicas para defenderse del pánico y la hizo
practicar. Después, le asignaría algo tranquilo y fácil de hacer. Ella había descubierto
que hacer algo por él la calmaba más rápido que meditar o hacer manualidades o
rompecabezas.
Por eso había estado limpiando la cocina.
Ella se apoyó contra la encimera, tomándose un momento antes de regresar a él.
Además de un rápido viaje para comprar su ropa fetichista, el día había sido... intenso.
Sin embargo, eso no fue lo que la detuvo en la cocina. Fue por quién era él. Si
hubiera sido canoso y con barriga de cerveza o... cualquier otro... ella no estaría tan
confundida. Pero él era su Dom inglés, el campeón que había visitado sus sueños a lo
largo de los años.
Y era muy Dominante. Cuando él le decía que hiciera algo, si ella no entraba en
pánico, entonces, oh Dios, se deslizaba directa y rápidamente en el espacio sumiso
completamente derretida.
Solo su voz firme podría hacer eso. Su voz resonante y ahumada la acariciaba como
un rico terciopelo.
Cuando la miraba con esos ojos, un incisivo cobalto oscuro, del mismo color
profundo que las botellas de vidrio que su madre había coleccionado, todo a su
alrededor se desvanecía, dejándolo solo a él.
Maldición, las reacciones de ella estaban fuera de lugar. Solo estaba siendo un Dom
afectuoso. Ayudándola como lo haría con cualquier otro sumiso necesitado. Recuerda
eso, Piper.
Lo encontró en el dormitorio principal, seleccionando su ropa para la noche.
—Bien, Piper. —Él puso su mano sobre su hombro, sin hacerla arrodillarse por lo
que estaba agradecida. Porque, tío, los músculos de las piernas con exceso de trabajo se
sentían como espagueti. Mañana iba a estar dolorida.
—¿Señor? —Ella inclinó la cabeza y cruzó las manos delante de ella.
Mientras él la estudiaba en silencio, su mirada era un toque casi físico.
—Lo hiciste muy bien hoy, encanto, pero estás exhausta. Quiero que te relajes hasta
que salgas para Dark Haven.
—Pero... —Su cabeza se levantó. Ella aún no estaba curada—. Estoy bien. Podemos
seguir adelante.
—No. —Él le tocó la mejilla con un dedo—. Ya terminaste, por ahora. —La forma en
que lo dijo, tan quedamente firme, silenció sus objeciones.
E hizo más que eso. Las decisiones, elecciones, planes no estaban bajo su control hoy,
y la conciencia le dio una satisfacción profunda.
—Ve a sentarte en el sofá y relájate.
Una vez que se instaló allí, sacó a Churchill de la cama y colocó al gato en su regazo.
Con un par de pantalones sobre su brazo, desapareció en el baño.
Churchill hizo un maullido de satisfacción y se hizo un ovillo. Mientras el sonido de
la ducha salía suavemente del baño, Piper acariciaba su suave pelaje. Su cuerpo tenía un
peso cálido y calmante, y su ronroneo bajo era más tranquilizador que cualquier
música.
Él le había ordenado que se sentara. Ella no tenía nada que hacer. La tensión se
evaporó, dejando atrás el agotamiento.
Un rato después, la puerta del baño se abrió, haciéndola saltar.
Usando solo pantalones, Sir Ethan le sonrió.
—Te ves mejor.
Ella solo podía asentir... porque su boca se había secado. Durante todo el día, había
intentado… realmente, lo había hecho, no pensar en él como el hombre más sexy que
había visto en su vida.
Pero ahora, oh Dios. Él estaba descalzo y sin camisa, con ese aroma limpio recién
salido de la ducha.
La promesa de su rostro aristocrático fue confirmada por su cuerpo finamente
esculpido. Una salpicadura de vello oscuro cubría la extensión bronceada de su pecho y
los pectorales duros como una roca que se contraían y ondulaban cuando se movía. Una
cicatriz cruzaba su pecho, cortando casi hasta la acanalada esbeltez de su abdomen.
Él se dio la vuelta para abrir el armario.
Hombros anchos y potentes. Más músculos a cada lado del surco de su columna. La
excitación la recorrió, dejando cada nervio chisporroteando. Cuando se puso una
camisa y sus bíceps de acero se contrajeron, la temperatura en la habitación se disparó.
Abotonándose la camisa, se volvió hacia ella.
—Después de que me vaya, toma un largo baño y vístete con el atuendo que te
compré. Rona y Simon te recogerán a las nueve.
Ella lo miró fijamente.
—Pensé que iba contigo.
—Debo llegar temprano, y tú necesitas algo de tiempo y espacio. —Él se acercó al
sofá.
—Pero…
—Suficiente, mascota. —Él enredó sus dedos en su cabello, agarró un puñado y echó
la cabeza hacia atrás. La facilidad de la maniobra le recordó a ella quién tenía el control.
Ella tragó bajo su mirada inflexible.
—Lo has hecho muy bien, Piper, pero esto ha sido más difícil de lo que ninguno de
nosotros había previsto. Te quiero en Dark Haven esta noche.
—Sí, Señor—susurró.
—Lo haremos lento y fácil. Aunque estaré tocándote más.
Un escalofrío la recorrió.
—Si te dejo sola, ¿me prometes encontrar el coraje suficiente para presentarte?
—Sí, Señor. Lo haré.
—Buena chica. —La mirada masculina se calentó con aprobación. Con comprensión.
No es de extrañar que algunos sumisos confiaran tanto en sus Doms. Algo que ella
nunca tuvo. Algo que siempre había deseado. En cambio, ella solo había encontrado
dolor.
¿Por qué no pudo haber encontrado a Sir Ethan primero?
Algo pareció quebrarse profundamente dentro de su caja torácica, dejando salir
todas las emociones que habían quedado atrapadas dentro. Su respiración se volvió
irregular.
Soltando su mano, ella enterró su rostro en el pelaje de Churchill.
—No, cariño. —Sir Ethan dejó al gato en el suelo, se sentó a su lado y, con manos
firmes, la apretó contra su pecho duro—. Cuando eres infeliz, aquí es donde perteneces.
Las lágrimas llenaron sus ojos. Ella trató de retroceder, de escapar.
—Shh. —Él besó la parte superior de su cabeza. Su brazo alrededor de su cintura se
apretó, encerrándola en un lugar de seguridad en vez de dolor.
Con la cara contra su hombro, ella no pudo contener el primer sollozo o el siguiente,
y la tormenta la azotó. Ella lloró.
Él... la dejó. Su cálida mano se movió arriba y abajo por su espalda en largas y lentas
caricias.
Lentamente, cuando la tempestad se calmó, su mente se aclaró, dejándola
horrorizada. ¿Qué estaba haciendo? Hipando, trató de detenerse, trató de sentarse.
Su gran mano acunó la parte posterior de su cabeza, manteniéndola en el lugar.
—Has guardado esto por un tiempo, mascota. Déjalo salir. Te tengo.
Y él lo hizo… oh, lo hizo. Y ella se disolvió en lágrimas otra vez.
***
Medias. Botas. Ropa interior victoriana con encaje en los bordes que llegaban debajo
de sus rodillas. Una blusa blanca de manga abullonada. Piper abrochó los ganchos del
corsé de cuero marrón y la hilera decorativa de pequeñas hebillas. Se puso unas
enaguas y terminó con una larga y amplia falda negra.
Listo.
Después de mirarse en el espejo de la habitación de invitados, miró a Churchill que
estaba supervisando desde la parte superior del tocador.
—¿Qué piensas, compañero?
Levantó la nariz, con los ojos entrecerrados en señal de aprobación.
—De acuerdo, bien. —Ella se inclinó para intercambiar un masaje en la mejilla—.
Creo que el Steampunk también se ve bastante bien en mí. ¿Quién lo hubiera pensado?
Esa tarde, el rápido viaje para comprar ropa fetiche había sido divertido,
especialmente porque el tema de Dark Haven de esta noche era Steampunk. Aún mejor,
Sir Ethan eligió la ropa con la que se sentía cómoda. Había sido maravillosamente
amable.
Esta noche, ella estaría con él en Dark Haven. Sí, todavía estaba asustada, pero no
tanto como antes.
Una mirada a su móvil le dijo que se había quedado sin tiempo.
—Me tengo que poner en marcha, PM. Oh, no, el collar.
Sir Ethan había dicho que le dejaría un collar de juego en su cama. Entró en el
dormitorio principal. Sí, ahí estaba. Elegante cuero marrón con relleno de vellón en el
interior. No tenía rayas plateadas ni decía PROTEGIDA POR ETHAN. No, éste
simplemente decía ETHAN. Mientras se lo abrochaba en el cuello, se sintió mareada...
pero casi complacida. Feliz.
No, pedazo de idiota. No me digas que te estás interesando en este hombre. Este Dom. ¿Qué
clase de psicología extraña era ésta? Un hombre aterroriza a una mujer y, ¿ella se
enamora de él?
Ella se acercó a la cómoda para mirarse, su respiración aún era un poco rápida.
Entonces, sonrió. En el tocador había uno de los cuencos plateados grabados de
Chatelaines que el personal de limpieza usaba para depositar artículos perdidos. Había
visto cuencos con botones, cambio, ropa interior, corbatas, calcetines, pendrives, gafas,
frascos de pastillas y auriculares.
No importa cuán ordenado era un cliente, siempre había algo.
El tazón de Sir Ethan tenía monedas, bolígrafos, un alfiler de corbata y un papel. La
impresión en el papel le llamó la atención. RUTINA DE ESCLAVO: Asigna tareas de
cocina. Tareas de limpieza. Explícale y que haga preguntas sobre el material.
El último elemento de la lista era Spank (nalgadas) hasta las lágrimas todas las noches
antes de acostarse. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Piper.
No. No, él no lo haría.
Con el corazón palpitante, pensando solo en escapar, se volvió hacia la puerta.
Pero le había prometido a Sir Ethan que no huiría. Que aparecería en Dark Haven
esta noche. La gente no hablaba mucho de honor, pero significaba mucho para ella.
Había dado su palabra.
Sonó el timbre. Oh, Dios, Rona y Simon estaban aquí.
De acuerdo, ella iría. Una vez allí, simplemente agradecería a Sir Ethan y
suspendería esto. Ella había pensado que él no era como el Profanador, pero lo era.
¿Nalguear solo para hacer llorar a alguien? Ellos ni siquiera habían hablado de ningún
tipo de dolor. Debe ser mucho más sádico de lo que ella había pensado.
¿Cómo le podría gustar tanto?
Cuando abrió la puerta, la tristeza llenaba su pecho hasta que su corazón le dolió con
cada latido.
***
Después de escoltar al contratista general y a su gente afuera, Ethan acompañó a
Xavier en una tranquila revisión de la remodelación interior de la mazmorra. BDSM y
Steampunk iban bien juntos.
—Se ve magnífico, Xavier.
—Sí, se ve bien. —Xavier abrió el camino escaleras arriba.
En la planta baja, los cambios fueron en su mayoría decorativos. Una pared de
ladrillos estaba a la vista. Detrás del escenario derecho había un mural del mapa del
viejo mundo color sepia del suelo al techo. Detrás del escenario izquierdo, extraños
engranajes y ruedas cubrían paneles de madera oscura. Las lámparas industriales con
bombillas tipo Edison se extendían por todo el cuarto sobre el área social con mesas y
sillas de madera.
Ethan caminó hacia la parte trasera de la habitación donde la barra de madera estaba
rodeada por taburetes de cuero y metal de época. Las estanterías de tubos negros
contenían botellas de licor, así como más rarezas Steampunk: libros encuadernados en
cuero, globos terrestres y adornos antiguos.
—¿De dónde sacaste todo esto?
—Abby y yo pasamos el último año visitando tiendas de antigüedades.
Ethan sonrió. Ella probablemente se había divertido mucho. Antes de mudarse con
Xavier, había decorado cada habitación de su casa de un país diferente. Sala de estar:
Francesa. Cocina: Italiana.
—Buen trabajo de programación. Terminaste justo a tiempo para la temporada
turística.
—Turistas. —Xavier gruñó por lo bajo—. Justo lo que necesitamos, más invitados de
otras ciudades con membresías recíprocas.
Se organizaron membresías recíprocas con clubes en otros lugares para que alguien
de otro club pudiera venir de visita aquí, y los miembros de Dark Haven pudieran jugar
en una ciudad diferente. Desafortunadamente, otros clubes no siempre instruían
adecuadamente a sus miembros sobre el comportamiento adecuado. Xavier no era un
dueño complaciente de un club.
El sonido de la conversación llamó la atención de Ethan, y se giró para ver a Simon
cruzando la habitación con Rona.
Y Piper.
El placer llenó a Ethan al verla.
Se veía espectacular con el atuendo Steampunk que había comprado. El corsé
marrón oscuro hacía juego con sus ojos y acentuaba la curva de su cintura. Sus hombros
estaban desnudos, sus senos apretados, recordándole que él necesitaba descubrir si ser
tocada íntimamente era uno de sus desencadenantes.
Maldición, pero el día había sido difícil. Su instinto era protegerla, no aterrorizarla.
Ciertamente no reducirla hasta las lágrimas. En lugar de odiarlo, había estado
agradecida. Después de un episodio, se tomaba unos minutos para recuperarse y
después decía:
—Estoy lista.
Él le había dicho que si ella no estaba lista para enfrentar un recuerdo, un consejero
podría abordarlo con más suavidad. Pero ella había insistido en continuar. Era
demasiado valiente por su propio bien.
Tendría que vigilarla cuidadosamente aquí en Dark Haven.
Eso no sería una dificultad. Era una delicia estar con ella. La combinación de una
naturaleza generosa y un coraje indomable era increíblemente convincente.
—Xavier, la nueva decoración es increíble. —Rona giró en círculo para mirar todo.
—Me alegra que te guste. —Xavier estudió a las dos mujeres y asintió—. Ambas
encajáis perfectamente.
—Gracias, My Liege—dijo Rona.
—Gracias, Señor. —Piper hizo una reverencia. Cuando se levantó, su mirada se
encontró con la de Ethan... y su sonrisa se desvaneció. Mirando hacia otro lado, ella
apretó las manos. Sus hombros y músculos del cuello se tensaron.
Cuando la había dejado en la casa, ella había estado abierta y cálida.
Después de estudiarla por un momento, miró a los demás. Simon y Xavier también
se habían dado cuenta.
—Discúlpennos, por favor.
—Piper. —Él extendió la mano, con la palma hacia arriba—. Quiero mostrarte la…
—no, no la mazmorra. Ella no necesitaba la atmósfera oscura y nerviosa allí abajo—… la
pared de engranajes.
Sin una opción educada, ella puso su mano en la de él. Sus dedos no estaban fríos.
No estaba temblando. Ella no le tenía miedo. Al menos habían hecho bastante progreso.
Mientras caminaban hacia la pared, él la estudió.
—Me gustaría saber qué sientes ahora.
—Estoy asombrada de lo que Xavier ha logrado aquí. —Su voz apagada y fría. Muy
a lo Piper.
—No, mascota. No estamos discutiendo la decoración. Prefiero escuchar por qué te
has retirado detrás de una pared.
Piper se puso rígida. ¿Por qué tenía que ser tan perceptivo? Por otro lado, le había
dado la oportunidad perfecta para decirle que había terminado.
¿Cómo reaccionaría él? ¿Estaría enojado? Debería haber llamado o enviado un
mensaje con Rona... sin embargo, había sido tan amable con ella durante todo el día.
Considerado. Firme cuando lo necesitó, y extrañamente gentil al mismo tiempo. Se
merecía que se lo dijera en persona. Agradecerle adecuadamente.
—¿Piper?
Él se detuvo junto a la pared y la miró. Un Amo esperando una explicación. El
Profanador lo había hecho al principio, antes de que dejara de permitirle hablar en
absoluto.
No, no pienses en ese momento.
—Es solo que... ha sido un día largo. —Miró al suelo, decepcionada de sí misma. Eso
fue honesto, pero estaba evitando la verdad. El recuerdo de la lista salió a la superficie y
sintió que se cerraba aún más.
—Sí, ha sido un día largo para ti. Ojos en mí, Piper. —Ella apretó los dientes y
obedeció, sintiéndose como si la hubieran desnudado.
Su mirada atrapó la de ella, sus ojos penetrantes.
—¿Qué está pasando, encanto?
Dilo. Sólo dilo.
—He terminado. Hemos terminado. —Ella comenzó a mirar hacia otro lado, pero él
estaba repentinamente cerca, sus dedos se curvaron alrededor de su barbilla,
sosteniéndola para que no pudiera retraerse. No se pudiera ocultar.
—Escucho lo que dices. Dime cómo llegaste a esta decisión, por favor. —Su acento
inglés era más fuerte, su voz más suave—. Y por qué no discutimos esto antes de que
saliera.
Tenía la boca demasiado seca. Ella tragó saliva, escuchó la deglución.
—No sabía que ibas a…—lastimarme. Ella trató de alejarse y no llegó a ninguna parte.
La ira surgió en medio de la ansiedad nerviosa—. Encontré tu lista. Sir.
—¿Qué lista?
—En la que detallabas mis deberes y el castigo para cada uno si no se hace
correctamente.
La expresión perpleja de él, la enfureció aún más, y ella liberó su cabeza. Dio un paso
atrás.
—La que dice que me zurrarás hasta las lágrimas cada noche.
La comprensión llenó su rostro.
—Ah, esa lista. —Él hizo una mueca—. Sangriento infierno ¿dejé eso donde las
criadas lo encontrarían?
¿Su única preocupación era que el personal contratado lo viera?
—Así parece. Estaba en el cuenco donde el equipo de limpieza coloca todo lo que
encuentran debajo o sobre los muebles.
—Eso fue descuidado de mi parte. —Él negó con la cabeza—. La lista no es para ti,
Piper.
—Claro que no—dijo ella sarcásticamente—. Estoy segura de que escribes listas de
esclavos solo por diversión.
El oscurecimiento de sus ojos fue una advertencia, y ella se encogió. ¿En qué estaba
pensando para hablarle así?
Pero a ella, él le había gustado, y esta traición era solo... solo... las lágrimas llenaron
sus ojos, y ella parpadeó furiosamente. Su cálida mano se enroscó alrededor de su nuca,
acercándola.
Ella aplastó sus manos contra su pecho. No quería consuelo. No quería nada de él.
Era un bastardo que...
—Piper, la lista era para Angel.
¿Para Angel? ¿Qué? Piper lo miró fijamente. Se había olvidado por completo de
Angel. La oleada de alivio fue embriagadora.
—¿Se escapó ella? ¿Rompió las cosas contigo? ¿Fueron las nalgadas la razón?
Su resistencia se debilitaba, y de alguna manera su mejilla estaba presionada contra
la suave solapa de su abrigo.
Su mano se movió para acunar la parte posterior de su cabeza mientras se reía, bajo
y resonante.
—Ella no se escapó. Ella volvió a su Amo. Solo estaba siendo niñero... ¿o supongo
que uno podría llamarlo esclaviñero?
—¿Tú eras qué?
—Cuando su Amo fue hospitalizado, me pidió que la cuidara hasta que le dieran el
alta. Si hubiera mirado la lista más atentamente, habrías visto que la letra no es mía.
Malik escribió lo que necesitaba para mantenerse ocupada y también lo que necesitaba
para... mmm... algunos Amos lo llaman mantenimiento.
El frío se derramó a través de ella.
—¿Herirla es mantenimiento?
Sir Ethan subía y bajaba una mano lentamente por la espalda de Piper.
—Ella es una masoquista, encanto. Los azotes regulares la mantienen nivelada.
—Apuesto a que disfrutaste haciendo mantenimiento. —Piper se quedó petrificada,
horrorizada de haber hablado en voz alta.
Cuando él se rio, el alivio burbujeó dentro de ella.
—Aunque no fue sexual, ya que Angel está completamente enamorado de su esposo,
no puedo decir que sea una dificultad zurrar a una hembra suave y curvilínea. —La voz
de Sir Ethan era alegre—. Me resultaría mucho más divertido darte nalgadas a ti.
Su declaración la dejó sin aliento. La idea de su gran mano dura golpeando su
trasero. La intimidad de...
Cuando el calor la atravesó, él la agarró del pelo, tirando de su cabeza hacia atrás,
obligándola a mirar hacia arriba. Escalofríos de anticipación y ansiedad fluyeron sobre
su piel. Cuando le pasó el dedo por el labio inferior, su coño se apretó de necesidad.
No, por favor. Ella no quería nada sexual entre ellos. Trató de sacudir la cabeza.
La diversión se había desvanecido de su rostro. Sus ojos estaban en los suyos, su
tono firme.
—Las nalgadas no es algo que haría sin discutirlo primero o sin tu consentimiento.
Él lo decía en serio.
Siendo víctima de abuso distinguir una mentira de una verdad, se había convertido
en una habilidad de supervivencia. Ella era muy hábil.
Sir Ethan no estaba mintiendo.
Cuando su miedo disminuyó, su fuerza se fue con él. Ella se hundió contra él.
—Ahí vamos—murmuró y besó su cabello—. Necesitas algo de beber y tiempo para
reequilibrarte. Sentémonos y podremos hablar de esta noche.
Esta noche. Cuando la condujo de vuelta a la habitación, se dio cuenta de que los
temblores en su estómago se habían convertido en anticipación.
Rona y Simon ya estaban en una mesa. Mientras Sir Ethan ayudaba a Piper a
sentarse, Rona empujó dos vasos.
—Espero que la cerveza de raíz esté bien.
Piper vaciló, dándole una mirada a Sir Ethan mientras tomaba una silla a su lado.
La leyó con facilidad.
—Sí, puedes hablar libremente hasta que te quite ese privilegio, y sí, puedes
disfrutar de la bebida.
La forma en que dijo eso tan fácilmente, de manera natural, la hizo sentir como si
estuviera caminando por un camino empedrado irregular. Se pasó la lengua por los
labios secos.
—Gracias, Señor. —Sus palabras salieron casi inaudibles.
Él no sonrió, pero apareció un pliegue en su mejilla. Él acercó su silla para que
estuvieran cadera a cadera. Su brazo descansaba en el respaldo de su silla, calentando
sus omóplatos y marcándola como suya. La sensación de comodidad, de estar donde
pertenecía... era aterradora. Y demasiado excitante.
Con astutos ojos negros, Simon la estudió y sonrió.
—Me alegro de que hayas entendido lo que te molestaba.
Para su sorpresa, Ethan le dijo.
—Malik me había escrito qué hacer por Angel cuando estaba conmigo. Piper pensó
que la lista era para ella, incluso zurrarla hasta las lágrimas todas las noches.
Rona soltó una carcajada.
—No es de extrañar que estuvieras molesta. Estoy impresionada de que incluso
aparecieras esta noche.
Había estado muy cerca.
Una mirada mostró que sir Ethan la estaba observando. Su guiño tenía comprensión.
Simpatía. Realmente no estaba enojado. Otro nudo en su estómago se desató.
Todo iba a estar bien.
***
Dark Haven se había llenado, y Ethan estaba disfrutando de la reacción de los
miembros a la nueva decoración. Xavier solo le había dicho a la gente que el tema de la
noche era Steampunk, no sobre transformar completamente el interior.
Ethan recogió su bolsa de juguetes, enterró su sonrisa ante la mirada cautelosa de
Piper y la escoltó hasta la mazmorra. Quería evaluar qué actividades le interesaban o la
asustaban. Serna realmente la había lastimado mucho, el hijo de la gran puta.
Después del abuso que ella había sufrido, era sorprendente que todavía se sintiera
atraída por el BDSM. Si pudiera, le enseñaría lo que podría ser el estilo de vida.
Le gustaría mostrarle aún más que eso. Quería tocarla, besarla, follarla. Poder ver
cómo se verían sus cuerdas sobre su piel desnuda.
Había más entre ellos que la dinámica Dominante y sumisa. Cuando le hablaba, sus
mejillas se sonrojaban; sus labios se entreabrían. Ella tenía una conciencia cada vez
mayor de él como hombre y como Dom.
También quería explorar eso, pero con el historial de abuso de Piper, tendría que
moverse muy, muy lentamente.
—Todo se ve diferente. Esto es nuevo. —A mitad de la escalera, Piper salió al
rellano.
Como todos se detenían en las escaleras para examinar la mazmorra, Xavier tomó la
sugerencia de Ethan e hizo que el equipo de construcción desviara las escaleras y
construyera un rellano con barandilla. Era una altura perfecta para observar todas las
escenas.
Ethan se apoyó en la barandilla al lado de Piper.
—Los Tops están actuando como si tuvieran un montón de juguetes nuevos.
Más cerca de las escaleras, algunas de las cruces de San Andrés ahora tenían forma
de X de acero negro. Otras estaban cubiertas de decadente cuero negro. Las paredes de
piedra no habían cambiado, pero las vigas parecían ser enormes tuberías negras, lo que
le daba a la sala un ambiente de almacén industrial. El rincón más alejado tenía un
“flotante” dirigible negro. Las cadenas colgaban debajo de él para ser usadas en
suspensión o como restricciones.
—Sigamos bajando. —Acercándola, él pasó el pulgar sobre el dorso de su mano, una
mano pequeña, pero también resistente, y la condujo por las escaleras a donde estarían
cerca de lo que estaba sucediendo. Él no estaba dispuesto a dejarla mantener todo a
distancia.
Especialmente no a él.
Cuando llegaron al suelo de la mazmorra, él la detuvo. Había elegido su traje
respetando su necesidad de defensas. Pero ella había estado aquí el tiempo suficiente
para relajarse. Era hora de eliminar algunas barreras.
—Antes de que demos un paseo, me gustaría verte usando menos ropa.
—¿Qué? —Aunque abrió mucho los ojos, no se retiró.
Muy bien. Ella no confiaba en él, no del todo, pero no había entrado en pánico.
Él cayó sobre una rodilla a su lado.
—Pierna izquierda.
Cuando ella movió su pierna hacia adelante, él le desabrochó y le quitó la bota. Ella
le dio su otro pie, y también le quitó la otra bota.
Levantándose, él sonrió ante su expresión preocupada. Ella sabía que él no había
terminado.
—Quítate la falda y las enaguas, por favor. Deja todo lo demás. —Él sonrió
levemente—. Tienes unas piernas preciosas. Me gustaría verlas.
—P-pero... —Incluso mientras ella desabrochaba de forma automática el broche a
presión de la cintura, casi podía ver su discusión interna. Él no estaba aquí como su
amigo, sino como su Dominante, y le había dicho lo que quería.
Quitarle la falda y las enaguas no la humillaría, después de todo, no le había pedido
que se quitara la ropa interior.
Su pequeño suspiro lo hizo sonreír abiertamente.
Su falda y enaguas cayeron en un montón a sus pies. Ella quedó en su corsé de cuero
y ropa interior de algodón blanco: medias blancas, camisa de vestir hasta el muslo, ropa
interior con bordes de encaje debajo de la rodilla. El corsé levantaba sus senos y llamaba
la atención sobre su cintura y caderas redondeadas, contrastando con la inocente camisa
blanca y los ropa interior de encaje. Sus aterciopelados ojos marrones eran amplios y
vulnerables.
—Hermosa. —Ignorando su deseo de tocar toda esa piel suave, hizo un gesto hacia
los armarios empotrados debajo de las escaleras—. Guarda todo y tráeme la llave.
Con la ropa guardada y la llave en su bolsillo, la tomó de la mano y comenzó un
recorrido por la mazmorra. Al igual que Shadowlands en Florida, las paredes estaban
decoradas con elementos funcionales. La pared derecha contenía bastones victorianos,
uno de los cuales estaba siendo usado vigorosamente en un sumiso. El hombre de la
Dominatriz tenía una hilera artística de verdugones en el culo.
Sintiendo el respingo de Piper, Ethan hizo una nota mental. Por ahora, el juego de
impacto duro no estaba en los libros.
Una caja fuerte de metal negro con agujeros del tamaño de una mano enjaulaba a
una sumisa llorona. Su disgustado Dom no parecía dispuesto a dejarla salir pronto.
Cuando Piper tembló, Ethan frunció el ceño. ¿Había sido enjaulada? Tendría que
preguntarle, pero más tarde. Éste no era el momento para recuerdos feos. Las escenas la
estaban poniendo nerviosa. Él siguió caminando.
Soportes de metal y engranajes viejos de formas extrañas, eran dejados en los
estantes de los artículos para limpieza. Joyeros antiguos abiertos contenían condones,
guantes, protectores bucales y lubricantes.
En la zona del banco de nalgadas, un Top agarró un paquete de lubricante y roció el
contenido entre las nalgas de su restringido sumiso.
Una mirada a Piper mostró una mezcla de preocupación y emoción.
Ethan se detuvo, evitando que se alejara de la escena.
—¿Encuentras el sexo anal doloroso o divertido?
Ella se mordió el labio.
—Fue excitante. Al principio.
—Ah. —Si su amante hubiera sido gentil, probablemente hubiera disfrutado la
emoción de esa clase de sumisión sexual. Pero Serna indudablemente la había tratado
brutalmente—. Cuando discutimos lo que te interesa, quiero tus impresiones del
comienzo de tu experiencia.
—Sí, Señor. —Su fuerte apretón en sus dedos se aflojó.
Después de un segundo, se dio cuenta de que estaba aliviada de que planeara
discutir sus intereses. Negociar.
Rodeándola con un brazo, reanudó su paseo. Todo el nuevo equipo Steampunk
BDSM estaba en uso. Miró la telaraña de acero, pensando que Piper se vería bien allí,
y…
Él se detuvo.
Ella miró hacia arriba.
—¿Sir?
—Lo siento, encanto. —Se dio un puñetazo mental. Él no estaba aquí para jugar;
estaba aquí para ayudar. Aunque siendo honesto, como debe ser un Dom, admitió para
sí mismo que cuanto más la conocía, más quería jugar con ella para su propio disfrute.
Ellos pasaron escena tras escena. Ella estaba fascinada por el Shibari. También por el
juego de cera cuando era hecho de manera sensual. El sádico salpicando cera caliente
sobre una masoquista gritona hizo que Piper se congelara.
El dolor no era su fetiche. Él suponía que la mayoría de los juegos de impacto serían
un límite estricto durante mucho tiempo.
Llegaron al área con mesas de bondage. Rona estaba atada a una, y Simon estaba
usando ventosas en sus partes tiernas.
Los ojos de Piper se abrieron ampliamente. Sus mejillas se sonrojaron e
inconscientemente se apoyó contra Ethan.
Excelente. Ahora sabía por dónde empezar.
La llevó a la parte de atrás, donde había suelos de piedra en bruto. Donde se
permitía el juego con fuego. El equipo de seguridad se mantenía entre cada mesa de
bondage: extintores, toallas dentro de cubos de agua, mantas contra incendios.
—Ven acá. Creo que estás lista para probar algo. —Arrojó una manta ignífuga sobre
una mesa de bondage y se volvió.
Ella se quedó mirándolo.
—Siéntate sobre la mesa aquí por un minuto, mascota. —La agarró por la cintura y la
puso sobre ésta.
Tenía los ojos muy abiertos, el miedo tratando de estallar. Pero hoy, ellos habían, los
dos, comenzado a controlar su ansiedad.
Él le colocó el rostro entre sus manos, inclinándose para capturar su mirada.
—Respiraciones lentas, encanto. Éste es tiempo de hablar. Nada que temer. Nada
ocurre aquí a menos que estés de acuerdo. Nada.
Un escalofrío la recorrió.
—¿De qué color es mi abrigo?
Ella parpadeó. Centrado en su abrigo de cola de milano con botones de metal.
—Caoba.
—Muy bien. ¿Y mi chaleco?
—Negro. Todo lo demás es negro.
Como un hombre gritaba al otro lado de la habitación, él se saltó preguntar lo que
ella escuchaba.
—Toca mi mejilla.
Su mano suave acarició su mejilla superior y bajó hasta la barba incipiente
perfilando su mandíbula.
—Ahora estoy bien. Y me gusta tu barba. No demasiado áspera, no demasiado
suave.
—Gracias, encanto.
Su mirada cayó.
—Perdón por el pánico.
—No te preocupes. —Él sonrió ante su parpadeo de sorpresa—. Para eso estamos
aquí, ¿verdad? Para ver qué desencadena los ataques de pánico y ayudarte a superarlos.
—Oh. —Ella le dedicó una sonrisa triste—. Lo olvidé.
—La mazmorra es bastante molesta. —Parecía tranquila de nuevo. Tiempo de seguir
adelante—. ¿Alguna vez has tenido un Dom o un terapeuta haciendo ventosas para ti?
Ella negó con la cabeza, echando una mirada hacia Simon y Rona.
Ethan sofocó una sonrisa.
—Simon está usando ventosas eróticas. Mi idea, para esta noche, es del tipo
relajante. Me gustaría que te sintieras más cómoda en una mazmorra.
Su mirada se desvió hacia Rona nuevamente.
—Estaré trabajando en tu espalda, mascota. No estás preparada para nada más.
Un rubor se elevó de su pecho a sus mejillas. Esperaba un momento en el futuro en
el que las ventosas eróticas fueran divertidas para ella.
Sus dientes torturaron su labio inferior.
—Suena intrigante, pero tú no tendrás mucho…
—No habrá satisfacción sexual para mí. ¿Es eso lo que quieres decir?
Su rubor se profundizó, y él le pasó un dedo por la mejilla, sintiendo el calor.
—Piper, un hombre no tiene que correrse cada vez que se da la vuelta. Incluso si tus
tobillos son sexys como el infierno, no saltaré sobre ti.
—No… no quise decir... —Los ojos de ella se entrecerraron—. Te estás burlando de
mí.
—¿Quién podría resistirse? —Divertido, caminó alrededor de la mesa y comenzó a
desatar su corsé—. Esto y la camisa tienen que irse.
Después de colocar el corsé a un lado, sacó la camisa de debajo de ella y la levantó
sobre su cabeza.
Un escalofrío hizo que sus pechos se zangolotearan antes de que los cubriera con las
manos. Hermosos pechos, casi demasiado grandes para su pequeño tamaño. Esperaba
sentir el peso de cada uno en su palma. Las aréolas eran grandes de un color marrón
ligeramente rosado y ya estaban fuertemente apretadas.
Puso las prendas en una silla cercana.
—Si no estás cómoda, puedes acostarte ahora mismo, Piper. Sobre tu estómago.
Aunque llegará un momento en que no atenderé a tu modestia.
—Yo, eh, creo que ya no estoy acostumbrada a estar desnuda.
—No estoy sorprendido. —Mientras se recostaba en la mesa con la cabeza vuelta
hacia él, Ethan se quitó el abrigo y se arremangó la camisa, asegurándose cada una con
una banda elástica. Tomándose su tiempo, preparó los materiales para las ventosas con
fuego. Alcohol. Pequeñas antorchas de algodón envueltas en cobre en un palo que eran
más fáciles de usar que los fórceps y las bolas de algodón. Un encendedor.
Su cabeza se alzó al ver el encendedor.
—¿Me vas a quemar?
—No, mascota. —Encendió la antorcha de algodón, la sostuvo en un vaso de vidrio
por un segundo y él colocó el vaso en su palma para mostrarle que no sucedía nada
horrible.
—Ahora extiende tu mano.
Cuando ella obedeció, su corazón se calentó ante la confianza que ella le estaba
dando.
Él repitió el proceso y colocó la ventosa en su palma.
—El fuego elimina el aire del vaso. Cuando está en tu piel, la falta de oxígeno en la
copa crea la succión y levanta la piel. Los chinos creen que es efectivo para el dolor y la
relajación.
—Ya has hecho esto antes, ¿verdad?
—Muchas veces. Doy una clase aquí cada pocos meses.
—Oh. Lo siento.
—Piper, un sumiso siempre debe verificar las calificaciones y la reputación de un
Dom. Tienes toda la razón al preguntar. —Llenando su mano con loción de silicona,
Ethan aplastó sus palmas sobre sus hombros.
Ella saltó, después se relajó.
—Sin embargo, no pregunté por ti, ¿verdad? —Su boca se torció en autocondena.
—Eres demasiado dura contigo misma. —Él comenzó un masaje lento, notando
dónde estaban más tensos sus músculos. Él deslizó un dedo por los pequeños bultos de
sus vértebras hasta los bonitos hoyuelos sobre su trasero. Su piel era suave y
aterciopelada y demasiado tentadora, por lo que dirigió su atención a las cicatrices.
Serna la había marcado con una variedad de implementos: látigo, cuchillos, flogger,
bastón… el maldito bastardo—. Si Xavier y Abby, Rona y Simon no me hubieran
recomendado esencialmente, habrías sido mucho más cautelosa conmigo.
Ella dejó escapar un suspiro.
—Tienes razón.
—Claro que la tengo. Soy un Dom… solo un paso debajo de Dios.
Cuando se rio, sus músculos se aflojaron aún más.

Sir Ethan era increíblemente agradable, pensó Piper, apoyando su mejilla sobre la
mesa. Por supuesto, sí, era un Dom y se hacía cargo totalmente, como cuando le había
dicho que se quitara la ropa. No había alzado la voz, pero su autoridad se hizo patente.
Sin embargo, no le importaban sus preguntas e incluso le había asegurado que no era
una idiota.
Sus labios se curvaron en una sonrisa al recordar su primera visita con Rona y Abby.
El baronet Dom realmente había venido con el sello de aprobación de Dark Haven.
Mientras lo veía acomodar su equipo, se dio cuenta de que tenía mucha experiencia.
No hubo pausas preocupadas ni búsqueda a tientas de suministros. No la estaba
usando para un tema de práctica. Ella se tensó, recordando cuando el Profanador
aprendió a usar un látigo y había practicado con ella en lugar de un objeto inanimado.
Tanto dolor, tantas cicatrices.
—Sumi—Sir Ethan agarró su nuca con firmeza—, lo que sea que estés pensando,
déjalo ir.
—De acuerdo. —Exhaló e intentó relajarse—. Lo siento, Sir.
Sus cálidas manos se deslizaron sobre su espalda, despacio y uniforme, eliminando
la tensión, continuando hasta que ella comenzó a derretirse en la mesa.
—Mucho mejor. —Él se enderezó.
Tensándose de nuevo, lo observó prender fuego a la mini-antorcha, sostenerla
dentro del vaso y apagar la llama. Colocó el vaso sobre el gran músculo a la derecha de
su columna vertebral. El borde era cálido y... todo debajo del vaso se alzó con la
sensación más extraña.
—Respira, larga y lentamente—le recordó.
Cierto. Cierto.
—No duele.
—No, no debería haber ningún dolor hoy. —Otro vaso, luego otro. Más. Una
profunda sensación de tensión llegó con la succión debajo de cada vaso.
Deslizó algunos de los vasos a lugares nuevos. Colocó más . Quitó algunos. Movió
otros.
La danza del calor zigzagueaba por su espalda. Cuando cada punto de tensión se
relajó, sus ojos se cerraron. De alguna manera, el cojín debajo de ella se volvió más y
más suave...
Finalmente, se dio cuenta de que se había detenido, que nada le estaba tocando la
espalda.
Ella se las arregló para levantar los párpados.
Con las luces detrás de él, su rostro estaba en sombras, pero ella podía ver la curva
de sus labios.
—¿Cómo estás, encanto?
—No creo que haya estado tan relajada en años.
—Excelente. Considera ésta tu recompensa por ser lo suficientemente valiente como
para entrar en la mazmorra y desnudarte.
¿Una recompensa? ¿Quién ha oído hablar de eso?
Cuando su boca se apretó, se dio cuenta de que había dicho las preguntas en voz
alta.
Su rostro duro se volvió gentil, y pasó los nudillos sobre su mejilla.
—Me gusta recompensar el buen comportamiento, Piper. Ahora, ¿estás lista para
intentar el siguiente paso aterrador?
¿Aterrador? No, no, ella no estaba lista. Ahora preferiría tomar una siesta, con él
haciendo guardia. ¿Cómo la había hecho confiar en él?
Estaba esperando su respuesta. Enfócate, Piper. Como sumisa, ella sabía la respuesta
adecuada a cualquier pregunta planteada por un Dom.
—Sí, Señor.
—Chica valiente. Date la vuelta.
Ehhhh... eso pondría sus senos en exhibición. El siguiente paso era aterrador.
Su mirada se encontró con la de ella. Él no se movió. Ni habló.
Correcto. Ella podría hacer esto. Después de un segundo, se retorció y rodó hasta
quedar boca arriba en la mesa de bondage. En el aire fresco de la mazmorra, y bajo su
mirada, sus pezones se contrajeron en picos apretados y doloridos.
Él se inclinó sobre ella y le apartó el pelo enredado de los ojos.
—En este punto, me gustaría atar tus muñecas sobre tu cabeza y continuar con el
masaje… no las ventosas… sobre tu parte delantera. Si toco o no tus pechos, es tu
decisión.
Su garganta se apretó. Miedo, alerta, excitación: la mezcla inquietante de emociones
le disparó el pulso.
—Piper, no hay nada que temer. —Su refinada voz con acento inglés permaneció
tranquila y relajada, tan efectiva como un tranquilizante—. La palabra de seguridad de
la mazmorra es rojo. Como te dije antes, también puedes decir que no o un momento si es
necesario.
—Entiendo. Pero quieres atarme los brazos y... y...
—Te estás preguntando por qué creo que debería atarte y tocarte de una manera más
íntima.
Bueno, al menos uno de ellos podía expresar las cosas.
—Sí. Eso.
—Porque tengo la impresión de que respondes sexualmente a los Dominantes, lo
que para muchos sumisos puede significar que los hombres vainilla no te atraerán. —Él
sonrió levemente—. Es un problema común para aquellos en el estilo de vida.
—Oh. —Qué tranquilizador era escuchar que no estaba sola en ese dilema.
—Para salir con alguien que pueda satisfacer tus necesidades, un Dom, debes
superar sentirte aterrorizada por lo básico. ¿Veremos cómo te va con los brazos atados y
siendo tocada?
Superar sentirse aterrorizada. Para eso estaba aquí. Ella lo contempló y vio los rasgos
aristocráticos cincelados, los labios firmes y la severa mandíbula. Muy controlado. Muy
paciente. Si ella decía que no, él no se enojaría. ¿Por qué eso marcaba la diferencia en el
mundo?
Éste era realmente el siguiente paso. Si ella tuviera el coraje. No podía pensar en
nadie en quien confiara más. Podría darle mucho control. Ella podía.
Sé honesta contigo, Piper. Ella quería que él la tocara. Solo pensar en las manos
musculosas de Sir Ethan sobre su piel hizo que su corazón latiera más fuerte. ¿Y
tocando sus pechos? Podía sentir lo apretados que estaban sus pezones, como si
exigiendo su atención.
Ella podría hacer esto… porque él era Sir Ethan.
—Sí, Señor.
Una comisura de su boca se levantó.
—¿Sí al bondage?
Ella tragó saliva y dio el siguiente paso.
—Sí a todo. —Levantando los brazos, le ofreció las muñecas.
La sorpresa y la aprobación iluminaron sus ojos. Tomando sus manos, él besó las
puntas de sus dedos.
—Estoy orgulloso de ti, Piper.
Su cumplido envió una emoción de felicidad a través de ella.
Su silencio le llamó la atención, y ella se dio cuenta de que sus ojos se habían
entrecerrado. Oscurecido. Girando sus manos, examinó las cicatrices en sus muñecas.
Para su alivio, él no dijo nada, simplemente envolvió la cuerda suave como una atadura
singularmente efectiva alrededor de sus muñecas con un lazo al final. Levantando sus
brazos sobre su cabeza, enganchó el lazo sobre algo al final de la mesa.
Después de colocar las tijeras de cortar vendas sobre la bandeja de la mesa de metal
rodante, él le sonrió.
—Muy bien, aquí está la prueba. Tira de la cuerda.
¿Qué tipo de prueba era esa? ¿No creía que sus nudos aguantarían? Dio un pequeño
tirón, luego uno más fuerte.
No iba a renunciar. La cuerda estaba agarrando sus muñecas, agarrándola como
manos brutales, sosteniéndola cruelmente. No había forma de escapar, no había forma
de...
—Piper.
El calor resonante en la voz masculina se deslizó entre ella y los recuerdos feos, un
escudo bloqueando el horror. Con esfuerzo, ella abrió los ojos.
Sir Ethan tomó su mejilla con una mano grande y apoyó el codo sobre la mesa,
cómodamente cerca. Esperando a que ella se recuperara.
—¿Quieres soltarte, encanto?
Había tenido un flashback, nada más. Sir Ethan estaba allí, lo suficientemente cerca
como para que ella pudiera inhalar su aroma a limpio y vivaz. Una respiración despejó
la constricción en su garganta.
Ella se encontró con su mirada y le dio un firme asentimiento.
—Gracias. Creo que estoy bien ahora.
—Eres notable eso es lo que eres. —La sonrisa en su rostro era todo para ella.
Entonces se echó una loción en las palmas de las manos, se las frotó y acarició cada
lado de su cintura, justo por encima de la ropa interior. Sus manos eran duras, no las
manos de un hombre de negocios en absoluto. Como ella, él tenía bastantes cicatrices:
un par en la cara, otra en el pecho, muchas sobre los nudillos. ¿Los boxeadores no
usaban guantes?
—¿Qué puso esas cicatrices y callosidades en tus manos? —Su pregunta apareció
seguida de su jadeo de consternación. Una sumisa interrumpiendo una escena con su
estúpida charla. Su inútil boca debería ser puesta a algo mejor...
—Piper.
Su voz era una marea que la llevaba de regreso a la seguridad de la orilla.
—Lo siento, lo siento mucho.
—Dulzura, te recordaré con la frecuencia que sea necesario, que ésta es exactamente
la razón por la que estamos aquí: para descubrir cuál son los desencadenantes y qué los
desactiva. Quizás para reemplazar algunos de los recuerdos feos con otros mejores. —
Sus manos se movieron lentamente sobre ella, ejerciendo una presión uniforme sobre
sus brazos y hombros. Apretó firmemente los nudos, dejando atrás el calor.
Ella le dio el correcto:
—Sí, Señor.
Debajo del bigote oscuro, su malvada sonrisa era blanca en su rostro bronceado.
—¿Te dije que quiero tu silencio durante esta escena?
Ella frunció el ceño, tratando de recordar.
—Um, ¿no, Señor?
—Si no quiero que hables, te lo diré. A veces me importa; por lo general, no. Nunca
te castigaré por no poder leer mi mente. —Él sostuvo su mirada, dejándola ver su
sinceridad. Dejarla absorber la verdad.
Otro nudo se deshizo.
—Ahí, eso está mejor. —Sus manos se deslizaron hacia arriba y sobre sus senos.
Ella jadeó.
Las firmes manos de sir Ethan estaban sobre ella. Tocándola íntimamente.
En lo profundo de su coño, capullos de excitación comenzaron a desplegarse,
floreciendo con un lento calor seductor.
Él pasó las palmas de las manos debajo de sus senos, los moldeó y los juntó. Amasó
sus pectorales superiores por un momento antes de acariciar hacia abajo nuevamente.
Sus pechos se apretaron, los pezones se convirtieron en picos duros como guijarros.
Queriendo más.
—Las cicatrices en los nudillos de mis manos—alzó las manos—son del boxeo. No
siempre tuve cuidado de envolverlas o usar guantes.
Ella debería haberlo adivinado.
—¿Y los callos?
—Levantamiento de pesas. —Sonriéndole, le pasó las palmas por los pezones, y el
raspón sensualmente abrasivo disparó una excitación que recorrió su cuerpo.
Ella contuvo el aliento aturdida.
La mirada de él se levantó de sus senos. Se encontró con la de ella. El hambre franco
estaba allí en sus ojos, y mientras estudiaba su rostro… su rostro indudablemente
sonrojado… las líneas del sol en los rabillos de sus ojos se profundizaron con su sonrisa.
Él continuó masajeando hacia abajo, sus lados, sus costillas. Cuando volvió a sus
senos, su toque fue más firme. Sus pulgares rodearon sus pezones.
Serpentinas de necesidad corrían en línea directa desde sus pezones hasta el clítoris,
despertando una necesidad inquieta. Ella estaba excitada. La sensación era aterradora. Y
maravillosa.
Dejando sus senos, él masajeó la tensión de sus hombros antes de volver a
atormentarla un poco más.
Después de las cataplasmas y bajo su duro masaje, sus músculos estaban flácidos,
incluso cuando sus pechos se hincharon hasta que cada toque de sus manos reverberaba
a través de ella. Le dolían los pezones.
Ella lo miró, el azul intenso de sus ojos y la sombra oscura de la barba incipiente a lo
largo de su mandíbula. Sus labios. ¿Cómo se sentirían sus labios?
Su coño se humedeció… porque era Sir Ethan quien la estaba tocando.
Su mirada recorrió su rostro y un pliegue apareció en su mejilla.
—Creo que eso será suficiente por esta sesión.
Él pellizcó sus pezones ligeramente y tiró de ellos, haciéndola arquear la espalda. Y
después le desató las cuerdas de las muñecas. La decepción más extraña brotó dentro de
ella. Porque ella quería que él hiciera más.
—Lo hiciste bien, Piper. Buena chica. —Su voz la acarició por encima de la estela de
sus manos, aprobando, dejando atrás calor.
Después de ayudarla a bajar los brazos y sentarse, él levantó la barbilla y ella
consiguió su deseo.
Sus labios eran firmes y aterciopelados mientras la besaba. Lentamente.
Demorándose por un momento maravilloso.
Cuando él se enderezó, ella lo miró... y sintió que caían las barreras. Dejándola
abierta. Indefensa.
Oh, ella estaba en muchos problemas.

En el nuevo rellano, Dixon hizo un rápido paso de baile de la banda sonora de Queen
of the Damned que se escuchaba en la mazmorra. Eso se sumaba totalmente a la oscura
atmósfera Steampunk. Perfectamente. Le encantaba que Stan lo golpeaba con un flogger
o un bastón al compás del ritmo de una canción. El culo de Dixon ya se movía con
anticipación. Iba a ser una gran noche.
Lindsey tenía razón, él y Stan habían necesitado un viaje a Dark Haven para volver a
conectarse. Stan ni siquiera había necesitado ninguna persuasión.
—Gran trabajo de decoración. —Stan se apoyó en la barandilla.
—Aterrador como la mierda. —Dixon asimiló el ambiente áspero y casi aterrador de
la habitación y sonrió. Él y su Dom se habían vestido perfectamente para la noche.
Stan llevaba vaqueros negros metidos en botas de cuero marrón hasta la rodilla. Su
chaleco de cuero marrón cargado de hebillas cubría sus duros pectorales y un paquete
de seis para morirse. De hecho, la lengua de Dixon había rastreado cada hendidura y
depresión mientras se vestían.
En lugar de un chaleco, Dixon llevaba un arnés de pecho compuesto por correas y
hebillas de cuero marrón y una correa de cuero a juego.
Cuando Stan metió los dedos en el pesado collar de cuero marrón de Dixon, Dixon
se estremeció feliz. Su Amo siempre le dejaba el collar lo suficientemente flojo como
para usarlo como agarradera. Ser empujado firmemente a su lugar hacía que Dixon se
pusiera más duro que una roca.
Acercándose, aspiró el aroma de Stan, suspirando de felicidad cuando el brazo de
hierro de su Amo se enroscó alrededor de su cintura. No era el único al que se le ponía
dura... y no podía evitarlo. Como un misil en busca de calor, su palma estaba justo en el
objetivo para acariciar la polla rígida de su Amo.
—Por tocar sin permiso, estoy soltando la cola del dragón—gruñó Stan.
Dixon echó la mano hacia atrás. Oh, fóllate un burro. Como una enfermedad
contagiosa, la atmósfera cruel de la mazmorras estaba afectando a su Amo. Stan era un
sádico.
No uno más allá de la razón como deVries... excepto algunas veces.
Ésta podía ser una de esas veces. Esta noche habría dolor, un maravilloso dolor,
embriagador, que haría que su polla se contrajera. Las bolas de Dix comenzaron a latir
al ritmo de la música.
Stan hizo un gesto hacia algo al otro lado de la habitación.
—¿No es esa Piper?
—¡Ja, ella lo logró! Rona dijo que vendría esta noche si no se acobardaba.
Dixon se inclinó para ver mejor. Maldita sea. No solo estaba allí, sino que estaba
semidesnuda y parecía ruborizada, confundida y excitada.
Sir Ethan tenía buena mano. Una pena que solo jugara con mujeres.
—Ven, chico. —Stan tiró con fuerza del collar—. Oigo una telaraña que te llama. La
de acero.
Joder, sí.
Mientras cruzaban la mazmorra hacia la red de alambre de acero, Dixon notó, una
vez más, que las personas con erecciones no deberían tener que deambular. Se sentía
como si tuviera un bate de béisbol entre las piernas.
—Ahora, ¿por qué tenía el presentimiento de que conocerías este lugar? — Darrell
Legrand se paró frente a Stan—. Tenemos que dejar de encontrarnos de esta manera, JS.
Con los pelos parados como un perro, Dixon miró fijamente al maldito agente
especial de cabello castaño. El nuevo socio de Stan de Texas. ¿Por qué el aguafiestas
estaba aquí?
Karma, maldita perra, se supone que debes estar de mi lado.
—Diablos, hombre. —Stan se detuvo con una sonrisa—. No sabía que todavía
estabas en el estilo de vida.
—Eh, de vez en cuando. —La sonrisa de Darrell se ensanchó—. Recientemente he
deseado ser el sumiso de alguien. —El deseo en sus ojos mientras miraba a Stan decía
exactamente a quién tenía en mente.
—Has venido al lugar correcto—dijo Stan, y el corazón de Dixon se hundió. Hasta
que agregó—. Hay muchos buenos Tops aquí esta noche.
Ignorando la indirecta, Legrand se acercó, como si Dixon no estuviera parado allí
junto a su Amo—. Ha pasado mucho tiempo desde que jugamos juntos, JS.
Dixon contuvo el aliento.
Stan negó con la cabeza.
—Gracias, pero no. Tengo un sumi que tiene una cita con una telaraña. —Stan
levantó la barbilla y se alejó, todavía agarrando el cuello de Dixon—. Diviértete esta
noche, Legrand.
—Sí lo haré. Siempre lo hago... como bien sabes.
Mientras se dirigían a la telaraña, Dixon trató de recuperar el brillo de antes. Su Amo
había rechazado al tipo. Lo hizo. Ni siquiera se había visto particularmente interesado,
pero Legrand seguro que sí. Miró a Stan como un Doberman hambriento, divisando un
bistec jugoso.
Una vez que llegara el lunes, el agente especial Darrell Legrand y el agente especial
Jameson Stanfield trabajarían en algún caso de Seguridad Nacional. Horas y horas...
juntos.
El corazón de Dixon dolía como un lamentable trozo de carne.
En la telaraña, se arrodilló, esperando a que Stan arreglara las cosas. La cola del
dragón salió de su bolsa de juguetes junto con otros juguetes de impacto.
Dixon no sintió escalofríos. Su erección había desaparecido.
Miró a Stan a través de sus pestañas, sintiendo su atracción por el hombre. Tan
jodidamente hermoso, toda actitud severa, rasgos cincelados, músculos abultados. Con
la capacidad de ser tierno, amoroso, por debajo de todo eso.
Sí, estaba locamente enamorado y, de todos modos, ¿no era esa clase de amor
jodidamente incómodo?
De hecho, miserable. Por primera vez desde que se conocieron, Dix deseó no haberse
enamorado.
Cerrando los ojos, trató de meter la cabeza en el espacio adecuado para jugar, ser
tocado, lastimado y, sin duda, follado. Incluso si le dolía el corazón, tenía que ser el
sumiso perfecto para Stan.
Porque había otro competidor para el puesto.
Capítulo 11

Sintiéndose orgullosa de sí misma, Piper caminó por la acera con largos pasos. El
sudor humedecía su camiseta, y sus pechos y sus glúteos le dolían de buena manera.
Porque, ¡hurra!!, acababa de terminar un entrenamiento de puta madre. Por vergonzoso
que fuera admitirlo, Ethan y sus músculos habían sido el incentivo. Tan ocupado como
estaba, él entrenaba religiosamente. Ella no tenía excusa para no hacer lo mismo.
Él era bueno para ella, en más de un sentido.
También era la razón por la que estaba perdiendo el sueño. Durante las últimas tres
noches desde Dark Haven, había soñado con él tocándola, con sus manos sujetándola
sin piedad, con él follándola de mil maneras diferentes.
Volvería a estar con él este sábado, y la idea le llenaba el estómago de felices
mariposas.
Disminuyendo la velocidad, sacudió la cabeza cuando la inquietud se apoderó de
ella como una niebla negra. Había sentido esta anticipación y deseo efervescente. Hacía
siete años.
No, esa no era una comparación justa. Lo que sentía ahora no era lo mismo que
entonces.
Cuando era nueva en BDSM, el control dominante del Profanador parecía la
respuesta a todas sus necesidades. Había sido demasiado inexperta para ver las
banderas rojas, como insultaba a sus ex, como humillaba a las camareras.
Temerariamente, se arrojó a sus brazos y le entregó todo. A un bastardo total.
Ella no estaba saltando a nada ahora.
Sir Ethan era el opuesto del Profanador. Todo lo que hacía Ethan, su autoridad
mezclada con compasión, su honestidad, sus habilidades de comunicación, nada de eso
era un pretexto. Era uno de los Dominantes más respetados en Dark Haven. Más que
eso, era simplemente una buena persona. Nunca lo había visto ser menos que cortés con
todos, ricos o pobres. No alzaba la voz ni mangoneaba, ni siquiera a los sumisos.
A ella le gustaba.
De acuerdo, ella definitivamente también lo deseaba. Él le había dicho que no
necesitaba la complicación adicional del sexo al servirle en su casa, pero estaría
dispuesta a algunas complicaciones ahora mismo. Cada vez que oía su voz resonante y
su acento inglés, su corazón bailaba un breakdance, lleno de saltos, volteretas aéreas y
patadas.
Sus manos sobre sus senos habían sido... demasiado experimentadas. Demasiado
sexy. Quería esas manos en todas partes del cuerpo.
Genial. Ella resopló. Ahora estaba húmeda por algo más que sudor.
Riendo, dobló la esquina.
—Piper, aquí estás. —Su hermanastro estaba parado frente a su edificio de
apartamentos de ladrillo—. Aquí, traje esto para ti. Feliz verano. —Le entregó una rosa
rosa.
—Um... —Ella amaba las flores. Siempre lo había hecho—. Gracias.
—Es bueno verte, hermana. —Él inclinó la cabeza—. Pero, pareces como si tuvieras
un día difícil. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?
Ropa de gimnasia vieja y cómoda, sudorosa, cabello desordenado.
—Yo solo estaba... —No, Piper. No tenía necesidad de justificar su apariencia, aunque
su oferta de ayuda suavizó su corazón—. Eso es dulce de tu parte, pero no. Estoy bien.
—Bien, eso está bien. ¿Qué tal si te llevo a cenar temprano? Podemos ponernos al día
con las cosas.
—Pensé que volverías a Kansas. —Jerry estaba siendo incómodamente amable. Se
mordió el labio mientras la inquietud crecía en su vientre. Ella necesitaba recordar que,
cuando niños, las únicas veces que había sido agradable era antes de pedirle algo—. Lo
siento, pero tengo que volver a trabajar.
—¿Entonces más tarde? —Su sonrisa se ensanchó—. Anoche encontré un restaurante
que creo que disfrutarías. Sé que te gusta la comida tailandesa.
Su desilusión creció bajo una avalancha de recuerdos. La vez en la que él le compró
un libro, después le pidió prestada su bicicleta. La vez que la llevó a una fiesta, después
la puso en un aprieto, haciéndola pagar las pizzas que él había ordenado para todos.
Ahora, le trajo una rosa y quería salir a comer... porque quería su herencia. De
repente, su aparición en su puerta se sintió mucho menos amigable y más intimidante.
Ella enderezó los hombros.
—Lo siento, pero no. —¿Por qué le era tan difícil decirle que no a la gente?
¿Sinceramente? La hacía sentir muy fea por dentro.
Tomando un respiro, endureció su corazón.
—Jerry nunca hemos sido amigos o familia. No veo ninguna razón para comenzar
ahora.
—Eso es bastante brutal. Supongo que no me queda ninguna familia en este
momento. —Parecía tan dolido que la culpa la arrastró.
—Lo sien… —No. Esto era como rechazar una segunda cita. Ella no debería dejar
que se alargase—. Que te vaya bien en la vida, Jerry.
—Podría ser una vida realmente corta si no le puedo pagar al prestamista, Piper.
—Ya tuvimos esta discusión. No tengo nada para ti. Vete a casa.
—Me temo que no puedo. Esa herencia es mía.
—No, no lo es.
—Piper, Piper, Piper. —Sacudió la cabeza con tristeza—. Si me devuelves mi dinero,
dejaré de molestarte.
Hasta que se lo jugara y regresara.
—No.
—Si no consigo esa ayuda, estaremos teniendo muchas de estas conversaciones.
Quizás todos los días. Disfrutaré pasar tiempo con mi hermana pequeña—su voz se
convirtió en un susurro—, la que fue una esclava sexual durante años.
La amenaza estaba allí, expuesta. Se le secó la boca. Si sus clientes se enteraran de su
pasado, nunca la respetarían. Perdería su reputación, tal vez su negocio. San Francisco
era tolerante, pero... una mujer a cargo de un negocio ya tenía una pelea cuesta arriba.
¿Ser conocida por haber sido una esclava? Ella levantó la barbilla.
—Dudo que a alguien le importe, pero haz lo que tengas que hacer.
—Lo haré. Amo San Francisco. Es una ciudad tan pequeña, probablemente me
encontraré contigo en todas partes.
La seguiría. Aparecería cuando estaba con un cliente. Ella nunca podría relajarse.
Cuando el hielo se precipitó por su cuerpo, su mano abrió la cremallera del bolso y
buscó su billetera.
No. Piensa, Piper.
Luchando por evitar doblarse sobre sí misma, cerró la mano alrededor de su bolso.
—El hostigamiento y el acoso son ilegales. Si te vuelvo a ver, llamaré a la policía.
—Es una calle pública. No hay nada ilegal en que yo esté aquí. O en cualquier otro
lugar. —Él nunca perdió la sonrisa mientras continuaba—. Probablemente tengas
muchos amigos entrando y saliendo de aquí a quienes les encantaría hablar conmigo.
Sus amigos. Su trabajo. Amenazó todo lo que ella había construido aquí.
—No quiero causarte problemas. Solo dame lo que debería haber venido a mí… y
seré historia. —Avanzó. Más grande que ella—. Quiero mi…
—¡No! —El puño de ella se disparó hacia adelante, impactando en el vientre de él
con un fuerte golpe.
Satisfactorio.
Terrorífico.
Mientras él se doblaba con un fuerte gruñido, ella sostuvo su bolso contra el sensor
de la puerta, escuchó el clic de la cerradura y entró. Rápidamente, cerró la puerta detrás
de ella.
La puerta se sacudió ruidosamente detrás de ella. Una mirada hacia atrás lo mostró
frunciéndole el ceño a través del vidrio reforzado con metal.
Subió corriendo los cuatro tramos de escaleras, necesitando el esfuerzo para evitar
llorar como cuando era una niña. Como después de que él hubiera arrojado su muñeca
favorita por el desagüe pluvial. Como cuando tenía dieciséis años y se negó a entregarle
su asignación, y entonces él les había dicho a todos que ella se había follado a su
maestro de historia para obtener una “A”. Su padrastro no le había hablado en un mes.
Piper, solo detente. No había nada que ella pudiera hacer. Ella había dejado en claro su
negativa. Verbalmente y, una nerviosa satisfacción la llenó, físicamente. Seguramente se
rendiría y se iría.
En este momento no había tiempo para preocuparse por Jerry: debía ir a casa de
Ethan y estaba retrasada. Su equipo de limpieza había pasado antes, y ella quería hacer
una evaluación rápida antes de que él llegara a casa. Mientras sostenía el bolso contra la
cerradura de la puerta automática, la puerta de Stan y Dix se abrió. Un hombre alto con
cabello castaño salió, leyendo un periódico mientras caminaba.
—¿Entiendes lo que quiero decir sobre el factor motivador? —Stan lo siguió y cerró
la puerta—. Perdón por el desvío. Debería haber recordado traer mis notas de la oficina.
—No es un problema. No me importa una invitación a tu casa, JS. —De pie muy
cerca, el desconocido puso una mano sobre el hombro de Stan, su lenguaje corporal era
amigable, más como un amigo íntimo.
Piper lo miró fijamente.
Sin verla, Stan negó con la cabeza. Su voz se redujo a un reproche.
—Darrell.
—Vamos, estuvimos bien juntos. Podría ser aún mejor. —Darrell pasó la mano por el
brazo de Stan, vio a Piper observando y se puso rígido.
Alertado, Stan se dio la vuelta. Él comenzó a sonreírle, entonces frunció el ceño.
—¿Estás bien, cariño? Estás pálida.
¿Lo estaba? Entonces se acordó de Jerry.
—Bien. Estoy bien.
Ella se metió calladamente en su apartamento y cerró la puerta. El sonido de sus
voces y pasos se desvaneció cuando los dos hombres se fueron.
Ese debe haber sido el compañero de trabajo de Stan por quien Dixon estaba
preocupado. El tipo definitivamente estaba haciendo una jugada, y había estado en su
apartamento. ¿Dix lo sabía? ¿Debería decirle?
Probablemente no. Parecía que Stan necesitaba una buena sacudida, pero ella
realmente no sabía lo que estaba pasando. Al menos Stan no había saltado a los huesos
del tipo, a pesar del coqueteo de Darrell.
Con un suspiro, se dirigió a su habitación y a la ducha que tanto necesitaba.
Ejercitarse suda. La agitación, debido a Stan y al cabrón, suda. La ira y el miedo por
Jerry, sudan.
Abrió el agua caliente de la ducha, esperó a que saliera el vapor y entró.
Inclinando la cabeza hacia abajo, dejó que el agua caliente fluyera sobre ella. La
tensión en sus músculos no se enjuagaba en absoluto.
Porque realmente dudaba que Jerry simplemente se rindiera.
***
Ethan entró en su casa, sonriendo porque el coche de Piper estaba en el garaje. Había
mencionado que a Chatelaines le gustaba hacer una evaluación posterior a la limpieza las
primeras semanas.
Él había esperado verla hoy.
Al ver sus zapatillas negras bajo el perchero dentro del garaje, se quitó los zapatos y
subió las escaleras.
Su melodiosa voz venía de la sala de estar.
—Buen trabajo en la cocina. Los limpiadores necesitan concentrarse en quitar el pelo
de gato de los muebles. Tal vez la cuidadora de mascotas podría cepillarlo un poco si
Churchill se lo permitiese.
Su voz se volvió un dulce arrullo.
—Oye, amigo. ¿Dejarás que nuestra chica te cepille el pelaje? A la mayoría de los
gatitos les encanta, ¿lo sabes?
Ante el sonido del beso, Ethan sonrió. A alguien le gustaban los gatos, y Churchill
era particularmente adorable.
—Eres justo lo que necesitaba después del día que he tenido. Gracias PM.
¿Después del día que he tenido? Su voz sonaba débil. Estresada.
Preocupado, Ethan entró en la habitación.
De espaldas a él, Piper llevaba pantalones negros con cinturón y una camisa de
cuello rojo oscuro. Una goma roja a juego sostenía su cabello ébano en una cola baja
justo más allá de sus hombros. Mal día o no, todavía se veía admirablemente
profesional.
¿Ese ejecutivo imbécil le había causado más problemas? ¿O el culpable era otro de
sus clientes? Ella era tan amorosa, era difícil creer que alguien la maltratara, pero
algunas personas eran más tiburones que humanos, atacando ante cualquier signo de
vulnerabilidad.
—Piper.
Con un jadeo audible, ella se giró, con Churchill en sus brazos. Dio un rápido paso
atrás como si temiera ser golpeada.
—Sir.
Ethan esperó, manteniendo los hombros relajados, las manos a los lados, la
expresión tranquila. El fin de semana pasado, cuando había dejado Dark Haven con
Rona y Simon, se había relajado lo suficiente como para abrazarlo. Hoy, la tensión
hervía a su alrededor. Parecía que los progresos que habían logrado habían
desaparecido. Sin embargo, su confianza en él no había desaparecido por completo. Si
la hubiera sorprendido así el primer día que se habían conocido, habría tenido que
despegarla del techo.
Mientras esperaba, ella respiró hondo.
—Lo siento, Sir.
—Está bien. —Lentamente, se acercó, levantó una mano y le tocó la mejilla con la
punta de los dedos. Ella no se sobresaltó.
Un progreso.
Su mirada se dirigió al reloj de pared de latón.
—¿Me confundí con tu horario o llegaste temprano?
—Llegué temprano. —Tomó a Churchill, le hizo una caricia al gato y lo colocó en el
sillón reclinable.
Piper se abrazó en un movimiento tranquilizador.
En lugar de eso, preferiría que ella aprendiera a tomar tranquilidad de él. Le frotó los
brazos. Su piel estaba fría. Los pequeños músculos al lado de su boca y ojos estaban
tensos.
—Día duro, ¿mmm?
—Sí. —Antes de que él pudiera preguntar, ella agregó—. No quiero pensar en eso.
Este es tu momento.
—¿Lo es? —Esta no era una apertura a la que un Dom podría resistirse. Dándole
tiempo suficiente para negarse, la atrajo hacia él—. Ven aquí, encanto.
Con un suspiro de un niño perdido, ella se aplastó contra él, suave y femenina.
Buscando consuelo.
El consuelo que él podía darle. Él la abrazó y la besó en la sien. Sin dudarlo, ella le
devolvió el abrazo. Debe haber sido un día realmente malo.
Cuando simplemente la abrazó, se alegró de sentir cómo se relajaban sus músculos.
Ella frotó su frente contra su pecho y murmuró:
—Esto es muy poco profesional. —Pero no se apartó.
—No realmente, mascota. Negocio de Chatelaines o no, mientras estás en mi casa,
estás bajo mi mando. Cuando se detenga nuestro acuerdo D / s, pasaremos a una
relación puramente comercial.
Él se frotó la barbilla sobre la parte superior de su cabeza. Su cabello estaba
ligeramente húmedo y olía a lavanda con un toque cítrico. Ella debe haberse duchado
antes de venir aquí.
El conocimiento lo hizo endurecerse.
—Eso suena franco. De acuerdo. —Aunque debía poder sentir su erección, ella se
derritió contra él aún más. Si fuera cualquier otra, supondría que ella estaba
extendiendo una invitación.
Lentamente, él retrocedió lo suficiente como para levantar su barbilla y ver sus ojos.
Chocolate fundido. Mejillas sonrojadas. Bajo su mirada, ella se puso más sonrojada.
¿Excitada?
Pasó el pulgar sobre su suave labio inferior y sintió el temblor.
—Piper. ¿Quieres alterar nuestro acuerdo para incluir sexo?
Ante la pregunta con acento inglés de Sir Ethan, el cuerpo de Piper cobró vida, como
un árbol de Navidad adornado con un exceso de diminutas lucecitas.
No, cuerpo tonto. Esto no puede suceder. Solo que... ella quería tener sexo con él. Tener
algo más que simplemente sexo. Estaba siendo tonta. Era un Dom, solo quería follar.
Esta vez. Nada más. Se lamió los labios resecos y vio que los ojos masculinos se
encendían.
—Sí—susurró—. Quiero incluir el sexo.
—Mmm. Está bien. —Su mano sobre su trasero la presionó contra su dura erección,
y con la otra mano, ahuecó su pecho con firmeza. No mostró vacilación, tomó el mando
con una facilidad que la dejó sin aliento.
La ansiedad y el calor giraban en espiral desde la cabeza a los pies.
Una comisura de su boca se levantó.
—Para mí, el sexo significa bondage, penetración oral y vaginal, posiblemente
nalgadas o golpes ligeros en otros lugares, y juguetes, incluidos los juguetes anales.
Varios orgasmos para ti; al menos uno para mí.
Su mente se quedó completamente en blanco.
—Piper.
Ella logró concentrarse en su rostro. Tan absolutamente masculino y sexy. El bigote
oscuro y la barba enmarcaban sus labios firmes, los que ella quería besar una y otra vez.
Cuando él frotó su polla contra ella, golpeando su montículo por encima del clítoris, un
estremecimiento la sacudió. Toda su mitad inferior se estaba convirtiendo en una
piscina demasiado líquida.
—¿Tienes algún problema con algo de eso, encanto?
—¿Qué?
Él resopló una carcajada.
—Esto se llama negociar con tu Dom, mascota. ¿Estás bien con esa lista?
¿Negociar? Ella sabía lo que significaba. Pero su cerebro se había atascado en dos
palabras.
—¿Varios orgasmos?
La risa iluminó sus ojos.
—¿Es eso una objeción y/o tienes otras preocupaciones?
—Um. Sin objeciones. —¿Varios orgasmos? Su cuerpo zumbó como si alguien
hubiera accionado un interruptor. Piensa, Piper—. Ah... sin marcas visibles y con una
palabra segura, ¿verdad? No soy una esclava.
Su boca se apretó.
—Insisto en palabras de seguridad para cualquiera que tenga a cargo, tanto esclavas
como sumisas. Usa el sistema de semáforo, amarillo para pausar y hablar, rojo para
detener todo.
Su última leve preocupación se disipó como la niebla en una mañana soleada.
—Sí, Señor. Entiendo.
Él la consideró.
—Agreguemos rosado para el pánico.
—¿No cubre el amarillo o el rojo esa condición?
—Quiero que percibas un ataque de ansiedad antes de que te controle. Si sé que
estás preocupada, puedo ayudarte a encontrar formas de superarlo.
Incluso cuando ella le ofrecía sexo, él estaba pensando en formas de ayudarla. El
centro de su pecho se había vuelto tan suave y blandito como un rollo fundente de
queso.
—Rosado. Entendido, Señor.
Agarrándola de su cola de caballo baja, tiró de su cabeza hacia atrás y la besó.
Suavemente al principio. Usando los dientes para mordisquear su boca. Trazando sus
labios con la lengua. Cuando ella se apoyó en él, Ethan profundizó el beso. Su lengua
invadió, poseyó y la persuadió a batirse en duelo.
Cuando los brazos de ella se envolvieron alrededor de su cuello, la aplastó contra él.
Estaba erecto. Y era enorme.
Cuando él levantó la cabeza, ella emitió un sonido de necesidad. Mal, Piper. Su boca
se cerró con fuerza para evitar más ruidos desagradables de estúpidos esclavos.
—Piper, me gusta escucharte. Escuchar todo: gemidos, lloriqueos, gritos. —Incluso
mientras tocaba su mejilla ligeramente, sus labios se curvaron—. Rogar también está
bien a menos que te diga que te detengas.
El frío se disparó y atravesó su cuerpo, convirtiendo sus músculos en hielo. Ella se
apartó de él. Rogar. Nunca, nunca, nunca.
—No importa. Lo siento. No quiero hacer esto.
No la alcanzó. Con la cabeza ligeramente inclinada, él se quedó quieto. Sus ojos la
perforaron, ahondando, diseccionándola. Su mirada se demoró en sus senos… no, en
sus brazos que había envuelto alrededor de su torso.
—Piper. ¿Estás en rosado?
¿Rosado? ¿Qué rayos quiso decir? No, espera. Rosado era para el pánico. Se frotó los
dedos en los pantalones. Las yemas de sus dedos estaban entumecidas. Estaba
tambaleándose en el borde. Respira lentamente. Mira cuatro cosas. El golpe leve en la
nariz. El pliegue entre las cejas oscuras. El cuello tenso. La camisa abotonada. Escucha
tres cosas. Su respiración… todavía demasiado rápida. El zumbido del refrigerador. El
ruido cuando Churchill saltó del sofá.
Sir Ethan no se había movido. Su quietud la rodeaba como un lago tranquilo.
Su siguiente respiración fue más lenta.
—Sí. Eso era rosado. —No había estado preparada para lo repentinamente que había
caído en el abismo del terror—. Lo siento.
No había rastro de ira en su rostro. En cambio, le brindó una sonrisa alentadora.
—¿Lo tienes bajo control ahora?
—Ah... —Ella hizo una autoevaluación rápida y parpadeó—. Si. Sí, lo tengo. —Y sin
su ayuda. Lo había hecho todo sola.
—Muy bien. —Él avanzó y le golpeó ligeramente la barbilla con los nudillos—. Estoy
orgulloso de ti, encanto.
Orgulloso. De ella. Él había ignorado cómo ella se había alejado de él y había dicho
que habían terminado. En cambio, se centró solo en cómo había superado el ataque. Sus
labios se curvaron. También estaba bastante orgullosa de sí misma.
—Aquí vamos—murmuró—. Dime qué te lo disparó.
—Um. —Se humedeció los labios secos. Dilo. Solo di la palabra—. R-ro-rogar. —Una
respiración—. Odio esa palabra.
—Es bueno saberlo. —Las preguntas surgieron en sus ojos, pero no preguntó. Aún
no. Sin embargo, era un Dom, y muy pronto, querría discutir por qué la palabra la
alcanzaba.
Muy malo. Ella no iba a hablar de eso. Ese tiempo estaba en el pasado; esos días
habían terminado y no serían traídos a la superficie. Nunca.
Dios, ella había arruinado completamente la cosa sexual, ¿verdad? ¿Debería irse?
Tragando, se permitió mirarlo.
A pesar de su postura relajada, hervía a fuego lento con un aura de poder letal. Esa
era su personalidad, puramente dominante. El aire de mando estaba amplificado por su
apariencia. Una camisa blanca perfectamente hecha a medida exhibía amplios hombros.
El aspecto desaliñado mostraba una mandíbula fuerte. Manos con cicatrices y mortales.
Un aleteo de deseo levantó vuelo. Ella lo deseaba. Siempre lo había deseado.
Él esperó, mirándola con ojos pacientes. Dándole la opción. Habla, vete o... continúa.
Ella podía continuar.
Levantó la mirada y vio cómo sus labios sonreían. Cuando lo miró a los ojos, el suelo
comenzó a hundirse. Ella dio un paso hacia adelante, su elección, y sus brazos se
cerraron alrededor de ella.
La atrajo de puntillas y la besó despiadadamente, alejando el último leve indicio de
ansiedad y dejando solo excitación.
Dios, ¿cómo hizo eso?
Sin prisa, le desabrochó la camisa hasta la mitad y lentamente trazó líneas ardientes
sobre cada centímetro de piel recién descubierta. Empujó la prenda desde los hombros
hasta los codos, atrapando sus brazos a los lados. Le siguieron los tirantes del sujetador,
lo que aumentó la restricción de la ropa.
Intensos ojos sostuvieron los de ella mientras acunaba sus pechos, los levantaba, los
sopesaba, los amasaba.
—Tienes senos bonitos. ¿Mencioné eso antes?
Ella solo podía tragar. Sus pechos se hincharon bajo sus caricias, la piel se tensó. Sus
dedos seguros acariciaron por debajo, por encima, alrededor. Nunca tocándole sus
doloridos pezones. Ella se presionó contra él, deseando más.
Él se rio ahogadamente e ignoró su silenciosa súplica.
Cuando finalmente tocó un pezón y lo hizo rodar entre los dedos, la electricidad se
disparó a través de ella en tórridos relámpagos, ardiendo hacia afuera y hacia abajo. Sus
ojos se cerraron ante la abrumadora urgencia.
—Ojos en mí, encanto—dijo en voz baja.
Ella obligó a sus ojos a abrirse, y él besó su boca.
—Me gusta mirarte a los ojos, ver tu necesidad, ver todas las cosas que no dices.
Él curvó su palma debajo de su pecho derecho, sujetándola firmemente, como una
correa, mientras su otra mano, rodó el pezón y pellizcó la punta.
El calor la atravesó como una lluvia caliente. Ella lo miró fijamente, paralizada por
su mirada de párpados pesados, inmovilizada incluso de moverse por el implacable
agarre de su pecho. Sus piernas comenzaron a temblar.
—Muy agradable. Busquemos un lugar más apropiado para continuar. —Él le
desabrochó el resto de la camisa y el broche delantero del sujetador—. Eliminemos esto,
por favor.
Ella parpadeó, entonces se quitó la camisa y el sujetador, dejándolos en el sofá.
Su mirada era cálida mientras pasaba la yema del dedo sobre su clavícula, entre sus
senos, bajando por su estómago, haciéndola muy consciente de que estaba desnuda de
la cintura para arriba. Ardientes hormigueos se arrastraron por su cuerpo a raíz de su
toque.
Con una mano cálida sobre la piel desnuda de su espalda baja, la guió hacia la
escalera, subió unos peldaños y se detuvo.
—Fuera los pantalones.
Ella tragó a través de una garganta repentinamente seca y se desabrochó el cinturón.
Después de abrir el broche, bajó la cremallera y se bajó los pantalones. Al sacarlos, ella
se inclinó para recogerlos.
Una mano en su nuca la mantuvo agachada mientras él acariciaba el borde de su
tanga. ¿Podría la punta de un dedo chisporrotear? Su agarre despiadado en su cuello
contrastaba con el toque insistente y excitante sobre la parte expuesta de sus nalgas y
sus caderas, continuando hasta que ella estaba muy consciente, y resentida, de la
barrera de su ropa interior.
Un ligero tirón en su cabello la enderezó.
Subiendo varios escalones más. Su ritmo cardíaco aumentaba con cada peldaño.
Él se detuvo. Su murmullo:
—Fuera el tanga ahora—envió un estremecimiento de necesidad a través de ella.
Deslizó la prenda de encaje negro, salió de ella y se inclinó para recogerla. Su mano
entre los omóplatos la mantuvo doblada por la mitad.
—Cuelga sobre la barandilla, por favor. —Él curvó los dedos de ella alrededor de la
barandilla inferior, entonces le dio unas palmaditas en la rodilla derecha—. Mueve este
pie dos escalones hacia arriba.
Oh Dios mío. Su cabeza giró. Doblada por la mitad, aferrándose a la barandilla con
ambas manos, levantó el pie.
—Eso es perfecto, mascota. —Con dedos firmes, le amasó las nalgas y pasó la punta
de los dedos sobre el pliegue entre su trasero y los muslos.
Ella se estremeció y se movió ligeramente. Su palma se aplastó en su espalda baja
para mantenerla quieta.
Con el corazón latiendo con fuerza, ella esperó el sonido de su cremallera. Ella no
estaba asustada; el calor dentro de ella había convertido el miedo en cenizas.
—Eres una chica muy valiente. —Su mano se movió más abajo. Por sus nalgas.
Acariciando sobre la parte interna de sus muslos.
Esperando que él la follara, no que la tocara, ella se sacudió.
—No te muevas, sumi. —El acero en la voz hipnóticamente suave, la congeló en el
lugar.
Su mano se deslizó entre sus piernas en una exploración sin prisas de su resbaladizo
coño. Sus dedos recorrieron sus rincones, desde el borde lleno de pliegues hasta su
montículo. Un dedo se deslizó más allá del clítoris y rozó la parte superior. Solo el más
ligero de los toques envió oleadas de excitación que la atravesaron como un relámpago.
Lentamente él movió su dedo hacia su entrada y se deslizó dentro. La invadió, la
sondeó. Ella se sacudió ante la intimidad.
Su voz baja era una caricia, y una orden.
—No te muevas, Piper.
Curvando su dedo, masajeó un área sensible con una precisión infalible,
presionando más fuerte, enviando rugiente deseo a través de ella. Sus entrañas
comenzaron a apretarse en una espiral de excitación.
Él se echó hacia atrás, entonces metió dos dedos, estirándola, tomando el control de
ella con cada toque.
Cuando él dio un paso atrás, ella apenas sofocó el gemido de necesidad.
—Arriba, encanto. —Su agarre en la parte superior de su brazo la ayudó a
enderezarse.
Sus piernas estaban temblorosas, su coño estaba tan húmedo que podía sentir la
humedad en la parte interna de los muslos.
La sostuvo firmemente mientras la guiaba escaleras arriba hacia el dormitorio.
Ella había visto su habitación antes. Pero esta vez, la cama con dosel de metal negro
era diferente. Enorme. El diseño geométrico sobre el cabecero acolchado parecía
ominoso... y erótico.
La detuvo en el centro de la habitación.
—Párate aquí. —Su corazón galopaba contra el interior de su caja torácica.
Con la cabeza inclinada, todo lo que podía ver eran los dedos de los pies enroscados
en la alfombra blanquecina, las piernas en sus pantalones y sus pies cubiertos de
calcetines.
Ella estaba desnuda; él estaba vestido.
Él caminó en un tranquilo círculo alrededor de ella, arrastrando sus dedos por su
piel desnuda.
—Tienes un cuerpo encantador, Piper. Piernas bonitas. Me gusta la curva de tus
caderas, la redondez de tu trasero. —Su mano se curvó sobre su trasero y apretó.
A él le gustaba como ella se veía. El interior de su pecho se sentía como si el sol lo
estuviera calentando.
Moviéndose frente a ella, le levantó la barbilla y la besó, no gentilmente, sino
devastadoramente posesivo y profundamente. Agarró su cabello para tirar de su cabeza
hacia atrás aún más. Un brazo de acero duro la sostenía contra él.
La habitación giraba vertiginosamente, desdibujando todo excepto la sensación de
su boca, la posesión de su lengua.
—Mmm. —Él frotó su mejilla contra la de ella, su barba suavemente abrasiva—.
Piper, mírame. —La orden fue un rugido masculino en su oído antes de enderezarse.
—¿Señor? —Ella encontró su mirada.
—Me dijiste tus límites. Ahora me gustaría saber de lo que disfrutas. —Él sonrió
levemente.
Ella casi suspiró, queriendo que la besara de nuevo. Sus labios eran tan firmes pero
suaves y...
—Necesito un sí de ti, si quieres continuar. —Él le quitó el cabello de la cola de
caballo y lo peinó con los dedos para que cayera en cosquillantes ondas más allá de sus
hombros—. O puedes decir que no, y simplemente nos detendremos en este instante.
Eso está permitido, encanto.
Cuando él se apartó de ella y esperó, sus pensamientos vacilaron. Ella podría decirle
que no... ¿en esta etapa tardía? Podía ver su gruesa erección tensándose contra sus
pantalones. El la deseaba.
Pero se detendría. Si eso era lo que ella deseaba. La diferencia entre él y el anterior
nunca había parecido tan enorme. Su acuerdo le importaba.
—Sí. Por favor.
Sus ojos se calentaron.
—Tu coraje me asombra, dulzura. —Y la tomó en sus brazos como si pudiera ver
cuánto necesitaba que la abrazaran. Como si supiera lo vacía que se sentía, tomando esa
decisión por sí misma. Se frotó la mejilla contra la crujiente suavidad de su camisa.
Respiró el aroma a pino y cuero de su persistente loción para después de afeitarse.
Después de un largo y maravilloso rato, él se retiró.
Puso su mano sobre su hombro, sin duda sintiéndola temblar bajo su poderoso
agarre. Pasó su otra mano por el frente y apretó un seno, moldeándolo en su palma. Su
pulgar hizo un círculo alrededor del pezón.
Así nomás, ambos pezones se apretaron con necesidad, y su coño comenzó a latir.
Mirándola a la cara, la mantuvo completamente inmóvil mientras jugaba.
Provocándola. Atormentándola.
—Acuéstate en la cama, por favor. Sobre tu espalda. Piernas abiertas.
El hormigueo se extendió sobre su piel. Ahora. Iba a ser ahora. Respirando rápido, se
subió a la alta cama y cruzó el edredón negro y gris.
Girándose sobre su espalda, lo vio desnudarse. Nunca se cansaría de verlo sin una
camisa. Un suspiro de placer se le escapó. Sus bíceps y deltoides se contraían mientras
se movía, y sus dedos ansiaban tocarlos, ver si sus músculos eran tan duros como
parecían. Su pecho era ancho y...
Esta vez, ella realmente podía ver la larga cicatriz que dividía en dos el grueso vello
del pecho. Una cicatriz blanca, así que lo que sea que lo había lastimado había pasado
hacía mucho tiempo atrás.
Su mirada se fijó en el abdomen, en su paquete de seis y siguió el sendero oscuro y
feliz hasta una larga y gruesa erección. Por supuesto, incluso su polla era hermosa. Y
realmente grande.
Ella tragó saliva.
Después de poner su ropa en una silla, la inspeccionó lentamente. El destello de
satisfacción masculina envió un zumbido nervioso a lo largo de sus terminaciones
nerviosas.
Tomando un condón de la mesita de noche, cubrió su polla larga y gruesa.
Se unió a ella en la cama. Se instaló entre sus piernas. Después de sujetarle las
muñecas por encima de la cabeza, él colocó su polla contra su entrada y presionó,
lentamente. Implacablemente. Estaba excitada y resbaladiza, pero habían pasado años,
y luchó por acomodarlo.
Y sin embargo, y sin embargo... el despiadado empalamiento satisfizo algo muy
profundo en su interior que no podía nombrarlo.
Él colocó el brazo al lado de su hombro, apuntalando su peso. Con la mirada en su
rostro, la observó atentamente mientras su polla se hundía más hasta que se envainó
hasta la empuñadura.
Apenas respirando, pulsó alrededor de su grosor. Lentamente, su interior se relajó.
Preparándose para más. Él la besó ligeramente, entonces se echó hacia atrás y empujó.
No rápido, solo una deliberada degustación sin prisas. Sus sensuales labios estaban
ligeramente curvados.
—Te sientes magnífica, mascota.
Con cada estocada, movía sus caderas, las ladeaba y cambiaba los ángulos donde la
punta de su polla la golpeaba.
Un lugar... sensible. Sus nervios allí se despertaron sobresaltados y un
estremecimiento la recorrió. Sus pezones se contrajeron con fuerza y sus caderas se
alzaron.
Una comisura de su boca se levantó.
—¿Allí, mmm?
Sus siguientes estocadas fueron allí, justo allí, y el deseo aumentó dentro de ella. Sus
estocadas aumentaron a un duro martilleo. Tan bueno.
—Y eso también te gusta—murmuró antes de reducir la velocidad. De detenerse.
Cuando ella abrió los ojos, él estaba inmóvil, mirándola con su perceptiva mirada.
—Qué... —Ella tragó saliva—. ¿Hay algo mal?
—No, dulzura. —Él tomó su boca, obviamente no enojado o infeliz—. Solo quería
que te calentaras desde adentro primero.
¿Calentado? ¿Antes de… qué?
Él mordisqueó su mandíbula y entonces soltó sus muñecas.
—Me complacería si mantienes tus brazos sobre la cabeza.
—Sí, Señor. —Ella no los movería ni un centímetro, lo juraba, sin importar lo que él
hiciera.
Su rostro era gentil cuando le tomó la mejilla y la besó suavemente.
—Tan dulce.
Él se retiró lentamente, dejándola vacía por dentro, palpitando de necesidad. Sin
prisa, bajó por su cuerpo, besando, mordisqueando.
Mientras él acariciaba y amasaba sus senos, poco a poco, sus manos se volvieron más
duras, aumentando la anticipación hasta que finalmente, sus dedos le pellizcaron los
pezones.
Ella se arqueó con un gemido. Y se congeló de miedo, endureciéndose en
preparación para el golpe.
—Piper.
Él no la golpeó. Inmóvil, sus manos acunaron sus senos. Cuando ella levantó la
mirada hacia su rostro, su expresión tenía solo... paciencia.
—Encanto, ¿qué dije sobre ti hablando o haciendo ruido?
Me gusta escucharte… gemidos, lloriqueos, gritos.
—Te gusta escucharme.
—Muy bien. Mantén eso en mente. —Ninguna ira o irritación oscurecía su voz.
Parecía alguien pidiendo una taza de café—. Ojos en mí, Piper.
Oh, Dios. Hubo un giro extraño en el interior al darse cuenta de que nada alteraba a
este Dom. Nada de lo que ella hacía. Ni siquiera las necesidades de su cuerpo. Su
control sobre sí mismo y sobre ella era absoluto.
Su mirada permaneció en ella mientras continuaba jugando con sus senos,
aumentando el dolor nuevamente antes de tirar con fuerza de sus pezones. Cuando
hizo rodar las puntas entre su pulgar y su dedo fuertemente apretados, la presión
dolorosa fue tan intensamente placentera que volvió a gemir.
—Perfecto. —Inclinándose, chupó ligeramente sus pezones. Un ligero mordisco
envió un calor que la atravesó antes de que se moviera hacia abajo. Él acarició su vientre
y bajó más hasta que su aliento soltó cálidos soplidos contra su montículo.
Sus dedos separaron sus labios, y la estudió un minuto.
El alivio de haberse afeitado esa mañana hizo que su cabeza diera vueltas. La
necesidad de que él pensara que ella se veía correcta era enorme, demencial, porque las
mujeres no eran atractivas allí abajo. No como los hombres y...
—Ahora si que este es un coño encantador y regordete—murmuró y le pasó un dedo
lento por los pliegues, de arriba abajo. Rodeo su clítoris, lo frotó ligeramente, hizo
círculos en su humedad, haciéndolo todo de nuevo. El recuerdo de cómo se había
sentido su polla, el gozo emocionante de tenerlo dentro todavía perduraba en ella, y
ahora, su toque en el clítoris la enviaba más y más alto.
Cristo, ella era hermosa, pensó Ethan. Sus brazos se quedaron sobre su cabeza. Sus
ojos seguían cerrándose, entonces recordaba su orden y se obligaba a abrirlos de nuevo.
Queriendo complacerlo. Obedecerlo.
Ella le calentaba el corazón de una manera que él no había sentido en mucho, mucho
tiempo.
Inclinándose, la excitó brevemente con la lengua, aunque esta vez no haría mucho
oral. No, él quería ver su rostro y manos, sus hombros y vientre mientras la tocaba.
Asegurarse de que no tropezara con más factores desencadenantes. Quería descubrir
dónde era sensible, receptiva, indiferente. Descubrir qué cantidad de presión
funcionaba con ella, aunque eso cambiaría un poco con los niveles de excitación.
Él movió su lengua sobre la parte superior de su clítoris y la capucha y sintió la
forma en que sus caderas se tensaron para elevarse. La protuberancia estaba
completamente expuesta, una pequeña y dura bola de excitación.
Hora de mejorar el juego. De rodillas entre sus piernas, deslizó dos dedos en su coño
y los curvó hacia arriba para masajear el área de su punto G. Con su otra mano, trazó un
círculo alrededor del clítoris con un dedo.
Su respiración se aceleró de forma rápida y superficial.
Tan bellamente sensible al tacto. A la dominación. Le gustaba un poco de dolor en
los senos y los pezones. Le gustaba ser martillada con una polla. Tendría que probar con
las pinzas para pezones. Tal vez unas ligeras nalgadas.
Él no era un sádico, como tal. El dolor, de leve a moderado, era simplemente otra
herramienta en la caja de herramientas del orgasmo. Todavía frotando su punto G, usó
su otra mano y arrastró las uñas por su bajo vientre, sobre su montículo, apenas por
encima del clítoris.
Ella jadeó, y su coño se cerró alrededor de sus dedos. Muy agradable. Lo hizo de
nuevo, más fuerte, más dolorosamente, dejando marcas rojas en su montículo desnudo.
Su cuerpo se estremeció. Sus ojos estaban vidriosos por la excitación.
Sí, era un dolor que le gustaba. ¿Cuánto dolor? Mirándola atentamente, le dio una
palmada en el coño, justo donde la había arañado.
Su cuerpo se puso rígido, su coño era una prensa alrededor de sus dedos. Muy, muy
cerca.
Inclinándose, cerró los labios sobre su clítoris, lamiendo y chupando mientras metía
y sacaba los dedos. Sus caderas se sacudieron, y con un delicioso y entusiasta grito, ella
se corrió. Su coño se sacudía alrededor de sus dedos en ondas rítmicas mientras su
pecho, cuello y cara se sonrojaban con un vívido rosado.
—Eres realmente hermosa. —Sacando los dedos, se inclinó hacia delante y colocó su
polla en su entrada.
Cuando él se metió en el mareante calor, las paredes de su coño pulsaron contra su
polla.
—Te sientes increíble, dulzura.
—Oh Dios, me estoy corriendo otra vez.
Él se rio porque ella lo estaba haciendo. Los espasmos aumentaron, apretando su
polla, caliente y fuerte.
—Veamos cuánto tiempo podemos hacer que dure.
Él se levantó ligeramente para disfrutar de la vista de su polla resbaladiza
hundiéndose profundamente en ella.
Dado que a ella le gustaba ser follada duramente, él estableció un ritmo duro que
debería satisfacerlos a ambos. Ella estaba apretada alrededor de él y bellamente suave
debajo de él.
—Pon tus brazos alrededor de mis hombros y las piernas alrededor de mi cintura.
El cambio de posición presionó sus exuberantes senos contra su pecho y amenazó su
control.
Sus rodillas aferraron con fuerza sus caderas. Seguía soltando gemidos orgásmicos
con cada contracción de su coño.
—Mueve tus rodillas más alto, encanto.
Cuando ella obedeció, su pelvis se inclinó hacia arriba, dejándolo conducirse más
profundamente. Muy, muy agradable.
Una nueva anticipación creció en la base de su columna vertebral cuando sus bolas
se levantaron, endureciéndose hasta una palpitante dureza. La sensación era... increíble.
Una mano debajo de su trasero la mantuvo inmóvil mientras la follaba con estocadas
cortas y agudas. El fuego rugió a través de él, aplastó sus bolas y abrasó su polla
mientras se corría con chorros contundentes. Un desgarrador placer en cascada atravesó
cada parte de él cuando presionó profundamente, y ella lo aferró con brazos, piernas y
coño.
Después de un tiempo infinitamente placentero, él metió una mano debajo de su
cabeza para poder besarla. Su boca era suave, dispuesta. Dándole un beso de corazón.
Todavía estaba enterrado en ella, y los pequeños espasmos post-orgásmicos de su
coño desencadenaron unas felices contracciones de su polla.
Acomodándose, siguió besándola, porque no se había divertido tanto besando a
alguien en años.
El corazón de Piper era como el de un prisionero loco por las drogas, golpeando
frenéticamente contra su caja torácica. Sus pensamientos giraban alrededor de su
cerebro con casi la misma locura.
Ella se había corrido, y más de una vez.
Sir Ethan se había asegurado de que ella alcanzara el clímax. Ella sabía que él era
bueno con sus manos, pero Dios mío, ella nunca se había corrido tan duro en su vida. Ni
siquiera con sus dedos. Aún más, había descendido a sus partes bajas, usando su boca,
su lengua. Los Doms… Amos, no hacían eso. Los esclavos hacía sexo oral a los Amos,
no al revés.
Cuando él comenzó a ablandarse y se retiró, ella suspiró ante la sensación de vacío.
Ante el regreso a la realidad. Ella debería…
Él se deslizó junto a ella y la acurrucó contra su lado. Ella se congeló. ¿La estaba
abrazando? No apartándola a empollones y diciéndole que lo limpie. No enviándola a
dormir en el suelo.
—Tus músculos están tensos de nuevo, encanto. —Se levantó sobre un codo para
mirarla, su mirada como una mano tierna acariciando su rostro—. ¿Cuál fue ese
pensamiento?
—Nad… —Se contuvo antes de cometer el acto punible de evitar una respuesta.
¿Qué sería inofensivo?—. Estaba pensando que debería levantarme para poder
limpiarte. Si te gustara eso.
—Probablemente en algún momento en el futuro. —Su mirada penetró más
profundo que a nivel de la piel, haciéndola querer sostener sus manos en alto como un
escudo—. Pero tengo la intención de rechazar la mayoría de los deberes que Serna
insistió que hicieras.
Ella hizo una mueca al escuchar el otro nombre del otro, entonces parpadeó.
—¿Tú… qué?
—Quédate aquí, mascota. —Bajándose de la cama, entró en el cuarto de baño,
completamente cómodo en su desnudez. Ella lo escuchó limpiarse. Regresó con una
toallita—. Abre las piernas.
P-p-pero... A pesar de la guerra en su cabeza, ella obedeció. Ella era más inteligente
que contradecir a un Amo.
El calor de la tela mojada penetró y calmó su coño. Sí, ella estaba dolorida. Había
pasado mucho tiempo. Aún así, él era un Amo.
—Señor, esto es algo que debería estar haciendo yo.
Sus labios se torcieron.
—Creo que la forma en que funciona, al menos en tu mente, es: si Sir Ethan quiere
algo, él lo consigue. —Ignorando sus retorcimientos de protesta, él la limpió
suavemente pero con firmeza.
—No, no es así como pienso.
La ceja masculina se enarcó.
Lo era. Era exactamente lo que ella pensaba.
Enderezándose, él deslizó la punta de su dedo por su cuerpo, alrededor de un seno,
golpeando ligeramente el pezón, observando cómo se elevaba.
—Seguiremos trabajando en tus creencias, Piper. Tus miedos y tus suposiciones.
Sus ojos se endurecieron.
—Las reglas y creencias que fueron grabadas a fuerza de golpes en ti deben ser
revisadas.
Su posición supina la ponía en desventaja. Ella se sentó.
—He ido a terapia.
—¿Cuándo?
—Después de que escapé.
Él asintió, como si no estuviera sorprendido.
—Excelente. ¿Su asesoramiento te ayudó a resolver las verdaderas dinámicas
Amo/esclavo y sus expectativas?
—Bueno, no. —Ni siquiera cerca ya que el consejero había actuado como si Piper
hubiera merecido ser abusada por haber querido voluntariamente ser una esclava. O...
o... ¿había sido la culpa de Piper deformar su percepción de las palabras del consejero?
—Entiendo. ¿Hablaste de Serna con tu familia?
—No. —Él no había dejado que los llamara. Por otra parte, no habrían venido a
buscarla. Una vez libre, había querido irse a casa, incluso sabiendo que no sería
bienvenida, pero su madre y su padrastro ya estaban muertos.
Quedaba una persona. La idea de Jerry pasó por su mente, y ella se puso rígida.
—No tengo ninguna familia. Ninguna.
Su mirada se fijó en sus hombros rígidos, su mandíbula sobresaliendo, pero él
simplemente dijo:
—Eso es duro. Lo siento, encanto.
Ella exhaló, dándose cuenta de que había estado conteniendo la respiración.
Él le acarició el pelo.
—Tengo la impresión de que has evitado hablar de BDSM. Eso es lógico; nunca
esperaste estar de vuelta en un intercambio de poder. Pero aquí estás.
Aquí estaba ella. Querido Dios, ella estaba en la cama de un Dom.
Él se rio entre dientes.
—Qué expresión.
Su larga pausa le permitió absorber el cambio que había hecho a través de los años.
—Piper, quiero que pienses en el servicio que diste y las reglas en las que Serna
insistió. Decide qué tipo de intercambio de poder quieres para ti. Qué reglas seguirás,
no porque sientas que tienes que hacerlo, sino porque eliges hacerlo. De eso se trata la
sumisión.
Cuando él golpeó ligeramente su mejilla con la punta de un dedo y regresó al baño,
ella lo siguió con la mirada, sintiendo el aterrador tirón en el centro de su pecho.
Porque él era todo lo que ella había querido en los días en que había soñado con
tener un Dom.
Capítulo 12

Dos días después, Ethan conducía por el distrito financiero. Echo una mirada a su
derecha y sonrió. En el asiento del pasajero, Piper sostenía cuidadosamente una caja en
su regazo. Después del desayuno en el paseo marítimo, habían pasado junto a una
tienda de dulces, y ella había olfateado el aire como un cachorro oliendo un filete en la
parrilla.
Ethan la había llevado dentro para elegir un regalo y recibió una lección.
Aparentemente, había dulces, y después había chocolate. En el pasado, él había
desperdiciado demasiado dinero en flores cuando debería haber estado comprando
chocolates cuidadosamente seleccionados para sus mujeres.
Por supuesto, la preferencia podría ser solo de Piper. Realmente era única.
La encontraba notable de muchas maneras. Su coraje para dejar a Serna y cambiar su
vida. Su integridad en cómo manejaba su negocio. Su honestidad. Su generosidad. Su
trato con Churchill. Su disposición y alegría en la sumisión incluso después de lo que
había pasado.
Su primera vez juntos, el martes por la tarde, ella le había demostrado que era
alguien muy especial.
Anoche lo confirmó. El sexo había sido excelente. Ella daba tan dulcemente como
recibía, y es cierto que él nunca había tenido una mamada más fina. Sin embargo,
necesitaba más que sexo excelente para estar interesado en una mujer. Era muy
divertido estar con Piper, ya sea que estuvieran cocinando, limpiando, viendo una
película o simplemente hablando. Tenía la capacidad de ser burbujeante y pacífica al
mismo tiempo. Y cuando se sometía a él, capturaba su corazón.
En tan poco tiempo, había crecido mucho su necesidad de cuidarla, y darse cuenta
fue algo inquietante.
Ahora necesitaba decidir si continuar por este camino. Involucrarse más o echar
marcha atrás.
Maldita sea si quería dejarla ir.
La luz se puso roja. Deteniendo el auto, echó un vistazo.
Ella estaba mirando por la ventanilla y sonriendo a un paseador de perros. Dos
pastores y un maltés caminaban obedientemente al lado del joven.
Piper se volvió hacia Ethan.
—Ese fue uno de mis primeros trabajos cuando vine a San Francisco. Nunca aprendí
cómo evitar que las correas se enredaran. Con demasiada frecuencia, quedé envuelta
como un palo del primero de mayo
—Lamento haberme perdido verlo. —Conociendo a Piper, simplemente se había
reído del desastre.
Cuando la luz cambió, Ethan tomó su mano y besó el centro de su palma.
—¿Estás segura de que no quieres que te deje en tu oficina? —La había recogido allí
después del trabajo anoche.
—Éstas son las ropas que usé ayer. —Sus ojos se abrieron con horror—. No quieres
que haga el camino de la vergüenza, ¿verdad?
Las mujeres eran criaturas extrañas y fascinantes.
—Dios no lo quiera. —Sus labios se curvaron—. No es un problema que los hombres
tengan, nuestra ropa es insípida y, lo admito, ningún hombre se daría cuenta de todos
modos.
—Demasiado cierto. Los tipos son bastante obvios. —Ella se dio cuenta de que lo
había insultado y se congeló... entonces se relajó. Porque finalmente se dio cuenta de
que él no era un cabrón abusivo como Serna.
Un progreso.
Él detuvo el coche en la acera frente a su edificio.
Ella se volvió hacia él, obviamente esperando un beso rápido.
Él negó con la cabeza. Aprendería, a partir de ahora, que a su Dom le gustaba hacer
cosas por ella, especialmente cosas que la mantenían a salvo.
—Te acompañaré hasta tu puerta, encanto.
—Pero no hay... —Su mirada la silenció, porque ella había aprendido cuándo una
discusión era inútil.
Saliendo, él la ayudó a bajar del coche y la acompañó por la acera.
—Bueno, Sir Worthington, la pasé muy bien anoche. —Sus ojos brillaron con
diversión mientras observaba obedientemente la etiqueta de finalización de una cita—.
Gracias por los chocolates, por la cena y el desayuno. Yo…
—De nada. —Rodeando su cintura con un brazo, la jaló contra él y agarró con fuerza
su pelo. Un tirón despiadado inclinó su cabeza hacia atrás para que pudiera silenciarla
con un largo y húmedo beso.
Ella sabía al chocolate que había mordisqueado en la tienda. Él podría comenzar a
entender la atracción.
Cuando él levantó la cabeza, ella tenía un brazo alrededor de su cuello y se aplastaba
contra él, una forma mucho mejor de terminar una cita que hablando. Satisfecho, él
frotó sus labios sobre los de ella.
—Por cierto, este fin de semana el sábado, y si lo deseas, el domingo, vamos a un
campamento fetiche.
Sus cejas se fruncieron.
—No estoy segura si estar emocionada o asustada. ¿Qué es exactamente un
campamento fetiche?
—Los grupos y clubes BDSM del área de The Bay organizan un fin de semana de
tres días en un camping más al interior. Árboles, tiendas, cabañas, y todas las
variedades de perversiones que se te ocurran. Llegaremos en coche el sábado por la
mañana, disfrutaremos del campamento y pasaremos la noche en una tienda de
campaña.
—Perversión y acampe. —Ella se rio mientras retrocedía—. Suena divertido. ¿Debo
llevar algo?
Era vivaz y sociable: estaría encantada con la amabilidad de la gente de allí.
—Trae ropa casual para dos días soleados y una noche que podría ser algo fría.
—Puedo hacer eso.
—Ayudaré con la organización el viernes por la tarde y por la noche. —A él no le
gustó la idea de no verla por dos noches—. Pero debería estar libre después de las once.
¿Te gustaría unirte a mí para una visita nocturna a Dark Haven?
—Sí. —Ella rebotó sobre los dedos de los pies—. Me reuniré con Abby y Dix para
una cena tardía, así que debería funcionar bien.
—Excelente. Si surge algo, podemos reacomodarlo. Pase lo que pase, espero verte en
mi reluciente casa temprano el sábado.
En lugar de estremecerse ante el recordatorio, ella sonrió, sus ojos se encendieron de
deseo.
—Sí, Sir Ethan. Claro que sí, Sir Ethan.
—Pequeña sumi malcriada. —Él la giró hacia la puerta, dándole una palmada en el
culo.
Después de que ella estuvo a salvo dentro, se dirigió a su coche, agradecido de que
este pantalón no fuera tan ajustado como los vaqueros. Porque cada vez que la besaba
lo dejaba medio erecto.
—Hola, Worthington. Buena pelea la semana pasada. —El saludo vino de un
automóvil que pasaba. De un miembro del gimnasio de boxeo de Ethan que debió haber
visto los combates la semana pasada.
Ethan levantó su mano en reconocimiento.
Mientras conducía hacia su edificio de oficinas al otro lado del distrito financiero,
consideró la felicidad que zumbaba en sus venas. Hacía años, él se había sentido así… la
embriagadora caída cuando la lujuria por una mujer se convertía en algo más.
Eso no había terminado bien.
Otros dos intentos de relaciones también habían fallado. Había aprendido que su
riqueza era más importante para una mujer que él. Ahora, cuando tenía una cita, dejaba
en claro que cualquier “relación” nunca avanzaría más allá de las citas informales.
Recientemente, Xavier lo había estado instando a olvidar el pasado y encontrar a
alguien permanente. ¿Era Piper la indicada? Ciertamente no había tenido la intención
de involucrarse con ella.
Sin embargo, ¿cómo podría no hacerlo?
Él debería pensar mucho sobre adónde iba esta relación, pero... ¿cuál era el punto?
De alguna manera, había pasado directamente de la atracción a lo serio sin detenerse en
lo casual.
Y él estaba bien con eso. Ahora solo tenía que convencer a una cautelosa y adorable
sumisa de que él sería parte de su futuro.
***
Escondido en la puerta al lado del edificio de su hermanastra, Jerry se frotó la
mandíbula. Esa había sido una muy... interesante... interacción. Una que había tenido
suerte de ver.
El día ciertamente había empezado mal. En la oficina de Piper, la jodida
recepcionista había llamado a seguridad. Pero después de escucharla decirle al agente
de seguridad que Piper aún no había vuelto del trabajo, Jerry había vigilado el edificio
de apartamentos de Piper.
Ahora tenía información con la que trabajar. Su puta hermanastra llegaba tarde al
trabajo porque estaba follando. Oh, sí, había sido una gran mañana después del beso
que había visto. El hombre parecía bastante perdido por ella. Incluso le compró
chocolates caros.
Por el aspecto de su traje y su coche, el tipo tenía dinero.
Maldita sea por aterrizar sobre sus pies y usar el dinero que debería haber sido de él
para comenzar su negocio.
Si no pudiese tenerlo de ella, podría tener mejor suerte con su novio rico. Había
habido bastantes cositas reveladoras en esa conversación. El nombre del hombre: Ethan
Worthington. Ella lo había llamado Sir, y él la había llamado una sumi malcriada.
Jerry caminó por la acera. Con algo de investigación llenaría los huecos.
Piper debería haber entregado su herencia en lugar de amenazarlo con la policía. Y
golpearlo.
Perra.
Antes de abandonar esta ciudad, haría todo lo posible para destrozar su maldita
vida perfecta.
Capítulo 13

El viernes por la noche, energizado por ayudar a establecer un campamento, Ethan


entró en Dark Haven poco antes de las once.
—Hola, Sir Ethan. Tienes un visitante. —En la recepción, Lindsey levantó la vista de
las tarjetas que estaba controlando de tres miembros y señaló a un hombre que estaba
junto a la pared del fondo.
Alto y delgado, el extraño era bien parecido, rubio, de ojos azules. Llevaba
pantalones color caqui, una camiseta polo y una sonrisa agradable.
—Ethan Worthington, ¿cómo está usted?
—Muy bien, gracias. —Ethan frunció el ceño—. ¿Nos conocemos?
—No, me temo que no. Aunque yo lo conozco a usted. —El hombre hizo un gesto
hacia la puerta—. ¿Le importaría si saliésemos a un lugar más tranquilo?
Acostumbrado a que los nuevos Dom pidieran ayuda, Ethan lo siguió a la acera. El
aire nocturno cubierto de niebla contenía el aroma salobre de la bahía junto con el hedor
a orina vieja común en muchas partes de la ciudad.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Me temo, que esto... es un poco incómodo.
Habiendo visto y escuchado sobre demasiados desastres en una escena, desde
arrancar piercings en los pezones hasta auto-latigazos accidentales, Ethan se dispuso a
escuchar sin reírse ni juzgar.
—Oigámoslo.
—Está bien. Verá, Sir Ethan, mi hermana me contó todo sobre usted y sus
pasatiempos.
¿Qué tenía esto que ver con algo? Ethan levantó una ceja.
—¿Tu hermana?
—Tu pequeña sumi malcriada, Piper.
La frase le era familiar... y este no parecía un Dom que quisiera ayuda.
—¿Tú y Piper sois hermanos?
Ella había dicho que no tenía familia.
—Eso es correcto. Ella es mi pequeña hermanita. Por supuesto, había una razón por
la que no te contó sobre mí. Mi nombre es Jerry, por cierto.
Las tripas de Ethan se tensaron. Este hombre tenía un plan.
—Ahora, señor Worthington, odio hacer esto y arruinar su velada, pero tengo que
pedirle algo de dinero. —La ligera voz de tenor se mantuvo agradable a pesar del tema.
Ethan mantuvo su propia voz cortés, incluso mientras escaneaba a Jerry en busca de
armas ocultas. Ninguna.
—¿Es esto un robo?
—No, no, nada de eso. —El rubio se tiró del lóbulo de la oreja—. Esto es así… usted
tiene una excelente reputación en esta ciudad. Su negocio depende de esa reputación.
Sería desafortunado si los clientes de su empresa descubrieran cómo el CEO pasa su
tiempo. Esclavos, clubes BDSM y todo eso son bastantes desagradables, después de
todo.
Ethan sabía a dónde iba esto. Demasiado bien, también.
—Quieres que te pague por quedarte callado. ¿Es eso lo que estás diciendo?
—Sí, lo siento, pero eso es correcto. —El gilipollas sacudió la cabeza—. Odio pedir
dinero, pero es un mundo difícil.
Ethan sonrió levemente, no reacio a alargar esto. Porque tenía la intención de
aplastar al bastardo antes de que se separaran.
—Si tienes poco efectivo, pídale dinero a su hermana. —Si Piper realmente era su
hermana. No había ningún parecido.
—Oh, ella también necesita el dinero. ¿Quién crees que te apuntó?
No, Piper no haría eso. Ethan se enderezó. Era hora de acabar con este mentiroso
imbécil.
—No me crees, ¿verdad?—resopló Jerry—. ¿Crees que te saqué de una galera o algo
así? Poco probable. Piper y yo tenemos esto calculado.
Una sensación fea se deslizó en las entrañas de Ethan.
—Lo dudo.
—Oh, sí. Ella hace la planificación, y lo admito, recibo órdenes. —Jerry tenía una
sonrisa compungida en el rostro—. Como ayer, ella compartió sus chocolates conmigo,
maldito buen chocolate, gracias, mientras descubríamos cómo me acercaría a ti.
¿Le había dado a esta persona los chocolates que le había comprado? Ethan mantuvo
su rostro impasible.
—Ella tiene un buen negocio.
—Lo tiene, y gasta más de lo que entra.
Si ella estaba teniendo dificultades financieras, debería haberle pedido a Ethan. Él la
habría ayudado. ¿Pero enviar a su hermano a chantajearlo? Esto era una traición total.
Y aún así... ella no podía ser una chantajista. No Piper.
—Ella realmente se las arregla para destripar a los bastardos de BDSM. Después de
todo, tiene una cuenta que resolver después de la forma en que uno de vosotros la
convirtió en una jodida esclava. —Jerry sonrió—. Sin embargo, el dinero no duele. ¿De
qué otra forma crees que consiguió el dinero para iniciar su negocio?
Los pensamientos de Ethan se fragmentaron. Ella había escapado de Serna. Vino a
San Francisco sin nada. ¿Cómo había conseguido el dinero para comenzar Chatelaines?
No, Piper no haría esto.
—Y sí, yo también necesito el dinero. —Jerry suspiró—. Soy la única familia que le
queda. Ella haría cualquier cosa por mí.
—¿Lo haría? —Cuando él le preguntó acerca de su familia, se había puesto rígida. Él
se había dado cuenta, pero lo dejó pasar, pensando que era por el dolor de no tener a
nadie. En cambio, ella había estado ocultando la existencia de este bastardo.
El sabor de la traición era tan amargo que Ethan se atragantó.
Jerry dio un paso adelante.
—Necesitamos terminar con esto. Señor Worthington, tan rico como es, apenas
sentirá el aguijón de diez mil dólares.
—Sería menos costoso simplemente matarte. —Con un esfuerzo, Ethan mantuvo su
nivel de voz. La última mujer que lo traicionó había muerto. Horriblemente. Gritos y
alaridos. Nicola ahogándose. Ahogándose en su propia sangre. Sacudiéndose los recuerdos,
gruñó—. También lo disfrutaría más.
La expresión amistosa de Jerry se esfumó.
—No seas estúpido. Siempre dejo papeles con amigos, solo para evitar que personas
como tú reaccionen de forma exagerada.
La amenaza de exponerlo no molestaba a Ethan en lo absoluto. El hecho de que
Piper lo hubiera engañado y planeado esto... el dolor profundo en su pecho sugería que
le importaba más de lo que se había dado cuenta.
Aparentemente, a ella no le importaba en absoluto.
¿O le importaba? Él frunció el ceño, pensando en su risa abierta y cordial, sus ojos
que revelaban cada emoción. Cómo respondió ella, sin ocultar nada. La duda apareció
nuevamente.
¿Este estúpido idiota conocía a Piper? Tal vez él acababa de recoger algunos…
—¡Jerry! —Piper, acompañada por Dixon, bajó por la acera. Miró al rubio con
evidente sorpresa antes de que su expresión se volviera dura—. Te dije…
—Sé que querías solicitar dinero a Ethan mañana. Lástima, Pipsqueak. No podía
esperar.
Ella frunció el ceño.
—Que estás…
—Suficiente—espetó Ethan. Ella conocía al bastardo, era su hermano. Ellos habían
planeado esto durante todo tiempo. Ella se la había jugado. El hielo se cerró alrededor
de su corazón, sofocando la ira.
Apartó su mirada de Piper. Se acercó a Jerry.
—No obtendrás nada de mí.
La expresión del rubio se volvió fea.
—Escucha, imbécil. Paga, o tu nombre estará en las primeras páginas de Tom…
Ethan lanzó un combo de uno-dos, un jab seguido de un revés. La cabeza de Jerry se
sacudió de un lado a otro. Rugiendo de dolor, el hombre se lanzó hacia adelante,
balanceándose salvajemente.
Ethan bloqueó, y su agudo doble puñetazo aplastó la nariz del imbécil. Cuando la
sangre brotó, Ethan lanzó un revés, seguido de un sólido gancho de izquierda.
Las costillas se rompieron con el impacto y Jerry gritó de dolor. Ethan terminó con
un fuerte gancho de derecha a la mandíbula del imbécil que lo dejó tumbado en la
acera.
—¿Qué demonios está pasando?—gritó Dixon. Él se paró al lado de Piper que no se
había movido.
Con las manos sobre la boca, miró a su hermano. Ella ni siquiera miró a Ethan. Era
bastante obvio dónde estaba su lealtad.
Él esperó... esperó a que ella se defendiera.
Con el rostro completamente blanco, estaba totalmente concentrada en Jerry.
La última lejana esperanza de Ethan murió. Dejando a un lado sus emociones en
guerra, consideró el intento de chantaje. ¿Intentarían los dos llevar esta mierda más
lejos?
Tendrían una sorpresa si lo hicieran. La última vez, había dejado su hogar. Dejado su
país. No otra vez, maldita sea. Nunca más.
—Piper. —No hubo respuesta. Dejó que la furiosa ira dentro de él afilara su voz—.
Señorita Delaney.
Sus ojos estaban aturdidos, pero su mirada se alzó hacia sus manos, su rostro. Ella se
estremeció, tan jodidamente culpable, y entonces retrocedió un paso con miedo. De él.
Ella debería tener miedo.
La gélida tormenta de emociones dentro de él le heló la voz.
—Mantente alejada de mí o veremos cómo te ves con las esposas de la policía.
Comenzó a moverse, entonces se detuvo.
—Puedes considerar rescindido el contrato de Chatelaines.
Un Amo estaba parado en la acera, envuelto en la niebla. Tenía los ojos fríos, tan
llenos de furia y, odio, que todo el interior de Piper se encogió de miedo. Sus hombros se
encorvaron. Ella trastabilló hacia atrás.
Después de un largo segundo, se volvió y se alejó. La sangre goteaba de sus puños,
dejando manchas horribles en la acera sucia y gris.
Ella no podía respirar.
—Maldita sea, eso fue intenso. —La voz llegó a través de los latidos de su pulso.
Alguien tomó su mano—. ¿De qué demonios se trataba eso?
No había aire en el mundo.
Alguien yacía en el pavimento. La sangre sobre su rostro. Muy, muy rojo. Horrible.
La oscuridad que había llenado la calle con el sonido de una paliza ahora la encerraba
por completo, aplastándole las costillas con un agarre brutal. Sin aire. Sin luz.
—Piper, oye, está bien. Tú estás bien. —Un brazo le rodeó el hombro y la sacudió
ligeramente—. Te tengo. Disminuye la respiración, compañera. Despaaaaaaacio.
Dixon. Era Dix. Luchando contra el terror aplastante, ella frunció los labios y exhaló
contra la barrera. Tacto. Ella abrió y cerró las manos. Sonido. Escuchó gemidos y se
estremeció. Visión. Abrió los ojos a la niebla, a la cara preocupada de Dixon.
Las sombras retrocedieron lentamente, incluso cuando el miedo todavía la sacudía
con tanta fuerza que sus huesos temblaban. El sudor frío cubría su rostro.
—Sí, sí, sí, ahí estás, Pipster. —Las manos de Dixon estaban sobre sus hombros—.
Quédate conmigo.
Le temblaban las piernas, pero estaba erguida.
—Gracias, Dix.
Él tocó su frente con la de ella y se acercó. Para que ella pudiera ver.
Ver a su hermanastro gimiendo en la acera, con las manos presionadas en la cara.
Ethan lo había golpeado y golpeado. Muy duramente.
Jerry la vio mirar fijamente.
—Ven aquí y ayúdame. Maldito Dios.
Los pensamientos de ella se sentían más densos que la niebla gris que envolvía la
calle. Ethan no atacaría a alguien de la nada. ¿Por qué incluso estaba Jerry aquí?
—¿Qué le dijiste, Jerry?
—Nada. Jesús, perra, él me atacó—gruñó Jerry.
¿Por qué no trabajaría su cabeza? Piensa, Piper. Ella y Dixon habían llegado, habían
visto a Jerry, y ella se había puesto furiosa. Solo que Jerry había dicho algo... algo sobre
Ethan y mañana. Ethan le había dicho a Jerry, No obtendrás nada de mí.
Eso era. El horror atravesó sus costillas y entró directamente en su corazón.
—Tú estás… —Sus labios estaban entumecidos, su garganta tan seca que su voz se
quebró—… siempre estafando a la gente, sacándole dinero. ¿Intentaste eso con Ethan?
—No jodas, ¿en serio? —Dix miró a Jerry—. ¿Comiste un tazón extra de estupidez
esta mañana?
Jerry lo ignoró y se mofó de ella.
—Contrólate. Yo no hice nada.
—Lo hiciste. Oh, lo hiciste. —Los recuerdos la absorbieron en el lodo del pasado—.
Sí, le di dinero a tu hermano. Jerry dijo que le diría a tu padre que te follé a pesar de que no lo
hicimos. Le pagué a tu hermano. Él dijo que me sacaría del equipo de fútbol. Le di a tu
hermanastro veinte…
Jerry había tratado de chantajear a Ethan.
Su Ethan.
La furia al rojo vivo la hizo avanzar. Su pie se estrelló contra su cara, justo donde
Ethan lo había golpeado. El horrible sonido y la sensación la hicieron retroceder
tambaleándose.
Ella había pateado a una persona. La bilis se le subió a la garganta tan rápido que
tuvo arcadas.
Agarrando su brazo, Dixon dejó escapar un grito de aprobación.
—Vamos chica.
—¡Maldición! —Jerry la agarró del tobillo.
—No. La. Toques. —Con un gruñido bajo, Dix pisoteó su mano.
Jerry soltó un alarido. Su intento de levantarse fue derrotado cuando Dix puso más
peso en la mano atrapada.
—Hermanita. Pipsqueak, me conoces. Yo no...
La furia la llenó.
—Lo harías. —Cuando él golpeó la pierna de Dix, Piper le dio una patada a Jerry en
el pecho.
Ante su grito de dolor, el malestar la atravesó y ella lo empujó hacia abajo. Jerry
había lastimado a Ethan.
—Intentaste estafarlo por dinero ¿verdad?
Evitando mirarla, él asintió.
—Tú, tú estúpido... —Recordó el hielo en los ojos de Ethan... mientras la miraba.
Como él había dicho, señorita Delaney.
Oh, no, no, no.
—Él... —Su voz se quebró—. Ethan cree que yo te ayudé. —Un sonido de dolor,
como un perro herido, salió de ella y ella retrocedió.
—Pips, espera. —Dixon fue tras ella.
Sujetándose las costillas, Jerry se puso de pie y retrocedió unos pasos.
—Sí, él piensa que lo planeaste. Jódete, perra. —Sosteniendo sus costillas, caminó
tambaleándose por la acera, y la niebla lo tragó.
Ella no se movió. Ethan le había creído a Jerry. Pensó que ella estaba detrás de su...
¿su dinero?
—¿Piper? —La cara preocupada de Dixon se interpuso entre ella y el mundo. Él la
tomó de la mano—. Chica.
—Ethan ni siquiera me preguntó si era parte del plan de Jerry—susurró ella.
Las cejas de Dix se fruncieron.
—Él... no lo hizo.
—Le creyó a Jerry. Creyó todo lo que dijo Jerry. —Ella respiró trémulamente—.
Pensé que teníamos... algo. Confié en él, Dix.
La niebla se estaba cerrando, difuminando los edificios, las luces.
—Él no confiaba en mí en absoluto, ¿verdad?
Cuando el dolor abrió un hueco en su corazón, ella se derrumbó sobre sus rodillas y
lloró.
***
En su automóvil, Jerry no quitó el pie del acelerador durante unos buenos
ochocientos metros. Su nariz estaba rota. Su cabeza palpitaba como loca. Le dolía el
pecho, las costillas, la mandíbula. Todo.
Joder, pero ese maldito británico tenía puños duros.
Pero agarraría a Worthington bien agarrado. Investigando en la red, Jerry había
encontrado las historias de los periódicos sobre el bastardo y su ex. ¿Qué tan perfecto
fue hacer que Worthington pensara que Piper era igual que ella? El dolor en la cara del
británico había sido glorioso.
Sintiendo el chorro de sangre, Jerry usó su camiseta para limpiarse la cara. Ese
maldito bastardo.
Y esa puta perra también. La lloriqueante y quejumbrosa Piper. Siempre siguiéndolo
cuando eran niños, tratando de agradarle. ¡Pero por favor! Tan patética.
Cuando ella había asistido a la universidad, su padre decía, Piper está en la
universidad. ¿Por qué no estás tú?
Maldita ella. Pero ella había pagado, y las comparaciones se habían detenido cuando
abandonó la escuela. Cuando ella desapareció.
En aquel entonces, ella leía romances, unos llenos de mierda seriamente perversa, así
que él le había presentado al cabrón más sádico que conocía.
Je, Serna había estado tan entusiasmado con la nueva y sabrosa delicia que le había
arrojado a Jerry unos miles de dólares.
La sonrisa de Jerry desapareció cuando el dolor le apuñaló la cara y gimió. Maldito
Worthington. Maldita perra.
Era una pena que Serna no la hubiera matado.
Cuando Jerry se encontró con Serna en Wichita el mes pasado, el sádico dijo que su
“propiedad” se había escapado años atrás. Él la quería de vuelta. Mucho. Todavía la
estaba buscando. Jerry ni siquiera había pensado en buscarla hasta entonces.
Deteniendo el coche, se secó la sangre de la cara. Vio el rojo en su camiseta. La ira lo
inundó. La perra lamentaría haberlo pateado.
Tenía el presentimiento de que el Amo Serna estaría muy cabreado al enterarse de
que su ex-propiedad estaba pasando el rato en un club BDSM.
Sí, el sádico pagaría un buen dinero por el delicioso bocadillo de información.
***
Una vez en casa, Ethan se echó agua fría sobre los nudillos ensangrentados. Había
pasado un tiempo desde que había luchado sin guantes, ni vendas. Aun así, debería
haber golpeado al cabrón más fuerte y reventado más que su nariz.
Maldita sea. Ethan se miró en el espejo, vio las duras líneas en su rostro y vio al idiota
que había confiado en una mujer. De nuevo. ¿Cuándo aprendería?
Piper Delaney lo había tocado como un violín. Lo había preparado para el chantaje.
El dolor en su corazón era mucho peor que el dolor en sus nudillos. Había confiado en
ella. Había estado en camino a algo más que solo desearla. Él se había interesado en ella.
Y ella había compartido todo con su hermano, desde los chocolates hasta la
información.
Justo como Nicola había hecho con Bradley.
Bajo el agua fría, las manos de Ethan se apretaron cuando recordó la cara de Nicola
cuando la había enfrentado. Su consternación porque él había descubierto lo que ella y
su primo habían planeado. Su susurro mientras confesaba que aunque él le gustaba, su
lealtad hacia su primo era más fuerte.
Igual que Piper con el imbécil de su hermano.
En la sala de estar, Ethan se dejó caer en una silla.
Saltando sobre su regazo, Churchill lo miró como si se preguntara qué estaba mal.
Esos grandes ojos azules.
Los ojos de Piper eran de color marrón oscuro y los ojos más expresivos que Ethan
había visto jamás. Incluso cuando intentaba ocultar algo, no podía. De hecho, dudaba
que Piper pudiera mentirle incluso a un niño de cinco años y salirse con la suya.
Como un insecto de múltiples patas, las dudas invadieron su cerebro. Porque, si
Piper no podía mentir, ¿cómo podría haberlo engañado lo suficiente como para
organizar un plan para chantajearlo? Siendo un Dom y un empresario durante tantos
años, no era fácil de engañar.
Ahora, Jerry… mentiría tan fácilmente como caminaría. ¿Podría ese imbécil haber
inventado una historia sobre ser su hermano?
No, ella había reconocido al bastardo y le había hablado sobre solicitar dinero a
Ethan mañana.
Él frunció el ceño. En realidad, esas habían sido las palabras de Jerry. Piper apenas
había dicho nada, de hecho. Te dije… Después de que Jerry había hablado, ella parecía
confundida. ¿Qué estás…
Ethan acarició el suave pelaje de Churchill.
—No sé, PM. Yo podría haberme pasado algo por alto. —Porque solo el pensamiento
de que le hubiesen mentido nuevamente, de ser buscado por su dinero había enviado
furia a su torrente sanguíneo. Admitiría que era susceptible cuando se trataba del tema.
¿Podría haber reaccionado en forma excesiva?
Pasó la mano por el suave pelaje del gato y admitió:
—Estaba bastante enojado y le dije algunas cosas bastante desagradables a Piper.
Con felina censura, Churchill machacó los muslos de Ethan lo suficiente como para
que sus garras le pincharan la piel.
—Jerry sabía que soy un Dom llamado Sir Ethan—le explicó Ethan—. Él sabía que la
había llamado una pequeña sumi malcriada. Dijo que ella le dio el chocolate que le
compré.
Hmm.
Aparte de esas cositas, Jerry no había narrado ningún detalle particularmente íntimo
o perverso.
—Mierda, ¿salté demasiado rápidamente para creerle al cabeza hueca? —Ahora que
estaba pensando en lugar de reaccionar, estaba cuestionándolo todo. De nuevo.
Piper Delaney simplemente no se sentía como una mentirosa o una estafadora. Tenía
demasiada integridad y coraje.
Ethan se frotó el dolor que se había centrado detrás de su caja torácica.
Todos esos años atrás, incluso cuando estaba aterrorizada por Serna, había actuado
para rescatar a un gatito. Más recientemente, ella había intentado interceder por Angel.
Compartió sus miedos con Ethan. Abrió su alma.
¿Chantaje? No, no Piper. Los números no daban la suma. Algo estaba mal.
Hora de descubrir qué.
***
—Gracias por el servicio de escolta. —En la puerta de su apartamento, Piper le dio
unas palmaditas en la mano a Dixon e intentó sonreírle a Lindsey—. Gracias, y lo siento.
¿Se enojará Xavier?
—Pffft. Se enojaría más si no te hubiese ayudado. —Al enterarse de la pelea en la
acera, Lindsey había abandonado sus tareas de recepción e insistió en asegurarse de que
Piper llegara a casa—. Cierra la boca, compañera.
Ella empujó suavemente a Piper dentro.
Piper se detuvo justo en el umbral de entrada y miró mientras sus dos amigos
pasaban junto a ella y entraban al apartamento. Sus ojos ardían con lágrimas no
derramadas, y su garganta se sentía como si una roca estuviera atrapada allí. Tenían
que irse. Ella no podía aguantar mucho más tiempo.
Ethan creyó que ella trató de chantajearlo.
—Chicos. No necesito más ayuda y voy a...
—Llora hasta perder la cabeza. Yo también lo haría. —Dixon arrojó su abrigo sobre
una silla—. Por eso nos quedamos.
—Alcohol. —Lindsey estaba en la cocina—. ¿Dónde está?
—Pip es una chica de ron. Está sobre el microondas. —Dixon arrastró a Piper a
través de la habitación, se dejó caer en el sofá y tiró de ella hacia él.
—Dix. —Piper buscó la manera correcta de tranquilizar y enviar a sus amigos a casa,
pero las palabras no estaban allí. Ella no quería estar sola. Algunas personas eran del
tipo de esconderse en una cueva, pero no ella. Tenía otros amigos a los que podía
llamar, pero ninguno que pudiera entender sobre Sir Ethan, sobre una relación D / s
como lo harían Dixon y Lindsey.
—Fue un completo imbécil—dijo Dix.
—Sí. —Lindsey tenía la botella de ron con especias Bayou debajo de un brazo y
acarreaba una bandeja con un paquete de seis Coca colas y tres vasos altos llenos de
hielo. Descargó todo en el viejo baúl que servía como mesa de café—. Creo que me
alegro de nunca haber tenido un hermano.
Dix tomó la botella de ron y comenzó a servir.
—No el hermanito. Me refería a ese bastardo, Sir Ethan.
—Espera, ¿qué? —Lindsey acercó una silla, se sentó, y tiró de su maxi-vestido de
mezclilla—. Me dijiste que su hermano la molestó. ¿Fue Ethan? Entonces, ¿dónde está él?
La morena miró a su alrededor como si el Dom fuera a aparecer de repente.
—Terminado. —No había Ethan, no más. Solo un lugar vacío y doloroso en el
corazón de Piper—. Él…
Todos los sollozos sofocados se soltaron de una vez. Se tapó la boca con las manos
mientras las lágrimas le quemaban las mejillas.
Lanzando un brazo alrededor de ella, Dixon la atrajo contra su esbelto cuerpo.
—Grítalo, Pips. Yo lo haría. Rata apestosa, pero entre tu despreciable hermano y el
Dom mastica pollas, tuviste una noche increíblemente miserable.
La simpatía en su voz la hizo llorar aún más fuerte.
Dolía. Dolía mucho.
Toda su vida, sus padres se habían puesto del lado de Jerry. Él hablaría y hablaría, y
para cuando terminara, estarían de acuerdo con él. Era el perfecto. Si se metiera en
problemas por cualquier cosa, él le echaría la culpa a ella y ellos le creerían.
Jerry le había importado a sus padres; ella nunca.
Había pensado que tal vez... tal vez le importaba a Ethan. Que ella le gustaba un
poco. Incluso más que un poco.
Pero él también le había creído a Jerry.
—... entonces Ethan se enojó mucho. —Dix estaba explicando lo que había pasado a
Lindsey.
—El hermano dijo que Piper era su compinche. ¿Para chantajear a Ethan? —
preguntó Lindsey con incredulidad.
—Exactamente. Ethan reventando la nariz de Jerry fue una vista iiincreeeíííííble. Solo
que entonces nuestro tonto Dom corta a Pips en pedazos y se aleja. Ni siquiera le hizo
preguntas ni nada.
—Por Dios. —Lindsey hizo un sonido despectivo—. Apenas la conozco, y sé que ella
no haría algo así.
—¿Ves? De eso es de lo que estoy hablando. —Dix sacudió a Piper—. Aquí, dulzura,
bebe un poco de esto. Sabes, está empezando a gustarme este ron.
Un vaso fue metido en la mano de Piper.
Cuando Piper se sentó, Lindsey le entregó varios pañuelos antes de sonreír.
—¿Qué? —Piper se sorbió la nariz y se secó los ojos—. ¿Qué es lo gracioso?
—Es una verdadera cosa de chicas notarlo, pero tú eres una de esas diosas lloronas.
Si Abby llora, se pone roja y manchada como una remolacha. Yo no soy mucho mejor.
A pesar del dolor en su pecho, Piper encontró que surgía una risa. Porque era algo
que solo una amiga diría.
—Bueno, gracias a Dios por los pequeños favores, ¿verdad?
—Ese es el espíritu. —Dix vertió más ron en su vaso, ignorando la Coca-Cola—.
Hablando de pequeño, es hora de maldiciones sexuales.
—¿Sexuales qué? —Piper lo miró por encima del borde de su bebida.
Dix levantó su vaso y dijo con gusto:
—Por que la polla de Sir Ethan se reseque y se caiga.
—Comenzando con un clásico de oro, ¿hmm? Mi turno. —Lindsey chocó su vaso
contra el de él—. Que la polla de Sir Ethan se encoja hasta que tenga que usar gafas para
encontrarla.
Piper pudo ver a dónde iba esto. Dos pares de ojos expectantes se posaron en ella.
—¿En serio?
—Claro que sí, mascota. —Dix puso un dedo debajo de su vaso y lo levantó—. Toma
un trago y adelante sumi.
Era un recreo, pero funcionaba. La realidad dolía demasiado para enfrentarla en este
momento. Ella frunció el ceño, tratando de recordar la vieja maldición del Medio
Oriente.
—Que las pulgas de mil camellos infesten tu vello púbico y tus brazos sean
demasiado cortos para rascarte.
Lindsey asintió solemnemente con aprobación.
—Es un clásico por una razón.
Dix sonrió.
—Que su polla se tape con esperma y requiera de la serpentina de drenaje de un
fontanero para destaparla.
—Oh, repugnante Dios mío, eso es muy desagradable. —Lindsey se estremeció—.
Entonces, Piper, ¿cuánto lo odias? ¿Necesitamos ser realmente malos?
Al recordar por qué sus amigos maldecían el paquete de Ethan, Piper parpadeó con
fuerza.
—Sois geniales, pero él es vuestro amigo. No lo odio. Simplemente duele. —Intentó
pegarse una sonrisa—. Pasará lo suficientemente pronto. En serio.
—Tal vez. Pero recuerdo lo que se siente ser un animal atropellado por un Dom. —
La mandíbula de Lindsey se tensó—. Que un malvado sádico queme las bolas de Ethan
y las clave en las paredes de Dark Haven.
Los ojos de Dix eran duros.
—Con él adjunto.
Dios mío, ¿qué había hecho ella?
Dixon levantó las cejas. Era el turno de ella.
No decepciones al equipo. Piper bebió la mitad de su muy alta, muy fuerte bebida y la
sumi se levantó.
—Antes de la diversión, que sus erecciones se reduzcan tanto que incluso los
condones extra pequeños se le caigan.
Una carcajada escapó de Lindsey.
—¿No sería eso desconcertante? Hmm. Que su polla se encoja hasta que nadie pueda
encontrarla en el bosque del vello púbico.
—Nada menos, que en un bosque infestado de pulgas. —Dixon fingió estar
empujando a través del alto follaje—. ¿Dónde estás pequeño gusano? Sé que estás aquí
en alguna parte.
—Estáis locos. —Piper sintió que el ron golpeaba su torrente sanguíneo, y se dejó
caer sobre los cojines. Tenía los ojos irritados e hinchados por el llanto, su maquillaje,
sin duda, corría por su cara y no le importaba.
—Mi turno. —Dix rebotó en el sofá—. Espera... espera...
—Escúpelo, chico sumi. —Lindsey le sonrió a Piper porque... realmente, ¿había
alguien más querido que Dixon?
Dix levantó su vaso y entonó solemnemente:
—Que las bolas de Sir Ethan se marchiten al tamaño de las nueces justo antes de un
ataque de ardillas zombis.
Mientras él fingía romper salvajemente nueces entre los dientes, Piper se echó a reír
a carcajadas. Lindsey se reía tanto que resoplaba. Ellos eran tan maravillosos. Y Ethan
había sido tan cruel.
Piper comenzó a llorar de nuevo.
***
En el pasillo, de pie frente a la puerta entreabierta de Piper, Ethan escuchó las
crueles maldiciones con incredulidad. Cristo, debería ponerse un protector atlético antes
de entrar allí.
A su lado, Stan resopló.
—Oh Dios, recuérdame que no moleste a mi chico.
—Buena suerte con eso. —Ethan miró al Dom—. Gracias por dejarme entrar al
edificio. ¿Podrías hacerme un segundo favor? Lleva a tu sumiso y a Lindsey a casa
contigo.
Ante el sonido de los sollozos, los sollozos de Piper, Ethan se congeló. La culpa lo
golpeó como un disparo en las tripas.
La expresión de Stan se endureció.
—No te pregunté qué pasó, pero tengo la impresión de que lastimaste mucho a
Piper. La considero una amiga, una muy vulnerable.
—Lo es, y lo hice. —El sonido de su llanto rompió su corazón—. No estoy seguro de
lo que está sucediendo, pero haré todo lo posible para hacerlo bien.
—Me parece justo. Dios sabe que todos la cagamos a veces. Pero... —La boca del
agente de Seguridad Nacional se apretó—. Las paredes de este edificio no están
insonorizadas. Si ella me llama, le responderé.
—Me parece justo. —Él haría lo mismo por una amiga.
Empujando la puerta de par en par, Ethan entró.
Lindsey lo vio primero y se puso rígida.
Comprobando sobre su hombro, Dixon frunció el ceño y saltó sobre sus pies.
—No, no, tú no entras aquí. —Hizo un gran gesto de salir—. Saca tu aristocrático
culo de aquí.
Cuando Piper se dio la vuelta, tenía los ojos húmedos y la cara surcada de lágrimas.
Él había hecho eso. Maldición. ¿Cómo iba a solucionar este desastre? Ethan se movió a
un lado de la puerta.
—Stan.
El Dom intervino.
—Es hora de regresar a casa, mis bellezas.
—No. Absolutamente no. —Ignorando a su Amo, Dixon cruzó los brazos sobre el
pecho y miró ferozmente a Ethan—. Tú llegarás a ella sobre mi cadáver.
Stan masculló a Ethan:
—Es la persona más leal que conozco, y tan malditamente lindo. —Avanzando,
agarró a Dixon por la parte de atrás de su camiseta. Con su otra mano, atrapó la muñeca
de Lindsey y la puso de pie—. Se acabó la fiesta. Vamos a dejar que estos dos se peleen.
—No puedes dejarlo con ella—protestó Lindsey—. Él fue…
—Lindsey. —Ethan encontró su mirada. —Déjame hacerlo bien.
Ella dudó antes de lanzarle una mirada amenazante.
—Más te vale.
Dixon no era el único amigo fiel. Eso decía algo sobre Piper por sacar a relucir tanta
lealtad. Después de que Stan los arrastró, Ethan cerró la puerta.
—Tú también tienes que irte. —Piper se había deslizado a una esquina del sofá. Sus
rodillas estaban levantadas contra su pecho, los brazos envueltos alrededor de sus
piernas—. No hay nada que hacer bien. Nada de que hablar.
La desolación y lo tajante en su tono eran preocupantes. ¿Cuánto daño le había
hecho? Sus brazos se apretaron alrededor de sus rodillas. Ella lo estaba excluyendo,
física y mentalmente. Si él presionaba demasiado, ella exigiría que se fuera. Lo que era
su derecho.
Él se sentó lo suficientemente cerca, su muslo rozó sus dedos desnudos. Levantando
su bebida, él tomó un sorbo. Ron y coca cola. En su mayoría ron.
—Dixon y Lindsey están bastante intoxicados. ¿Qué tan sobria estás?
Sorprendida, ella levantó la mirada.
—Mayormente sobria… no completamente. Ellos estaban bebiendo más rápido. —Su
mirada era firme. Su dicción clara.
—Entonces, ¿te puedo hacer un par de preguntas antes de irme?
Él vio su lado sumiso, la necesidad de complacer, luchando con la necesidad de
protegerse de más dolor.
—¿Después te irás?
—Si eso es lo que quieres. —Él tomó una lata de refresco abierta y bebió un trago,
deteniéndose mientras decidía por dónde empezar—. Jerry dijo que era tu hermano. No
pensé que te quedara ninguna familia.
Sus cejas se fruncieron y entonces su boca se abrió.
—Te dije eso, ¿verdad?
Él esperó.
—Jerry es mi hermanastro. —Sus ojos oscuros estaban afligidos—. Y, como me dijo
casi a diario cuando éramos niños, él no es mi familia.
El hijo de la gran puta lame culos.
—¿Vive en San Francisco?
—No-no lo creo. En realidad, no lo sé. No lo he visto en años. —Ante las cejas
arqueadas de Ethan, ella suspiró—. Nuestros padres murieron en un accidente
automovilístico. Le dejaron el negocio y todo el dinero, excepto un fondo mutuo de
inversión que había sido de mi madre, el cuál me fue entregado.
Ethan respiró hondo.
—¿Así fue cómo empezaste tu negocio?
Ella asintió.
—Perdió su herencia en el juego y vino aquí para que también le entregara mi
dinero.
—¿Asumo que no lo hiciste?
—Le dije que se fuera y que nunca volviera. —Ella frunció el ceño—. No sé de qué
estaba hablando con la cosa de mañana. Yo nunca dije nada sobre mañana.
Ethan cubrió su pie, calentando su piel fría con su mano.
—Él se refería a que tu plan era chantajearme mañana, no hoy.
La indignación, después la ira, destellaron en sus ojos.
—Yo nunca. No lo haría.
—No, tampoco creo que lo harías, encanto.
—Sin embargo, lo creíste. Te marchaste. —Su labio inferior tembló—. Decidiste que
era culpable sin siquiera preguntar.
Él la había lastimado hasta la médula. Era un idiota cerrado de mollera, ¿verdad?
—Lo siento, Piper.
Ella miró hacia otro lado.
—Deberías irte ahora. Aquí no hay nada para ti.
Había todo para él aquí. ¿Cómo podía lograr que ella viera que se había
equivocado… pero no de manera imperdonable?
—Piper—dijo lentamente, tanteando—. Después de golpear a tu… —El
endurecimiento de sus ojos le advirtió que hermano sería la palabra equivocada—… a
Jerry, esperé a que me explicaras. Ni siquiera me miraste. Solo a él.
Un escalofrío la recorrió.
—¿Tú esperaste? No sabía... que esperabas. Yo... allí había sangre. —Ella tragó saliva
—. Lo golpeaste, y él hizo un ruido, el sonido...
La comprensión lo golpeó en el esternón. Ella había sido abusada, con la frecuencia
suficiente para que ver sangre y el sonido de un golpe la arrojara al pasado. Sí, había
estropeado esto de verdad.
—Estabas luchando contra un flashback.
Sin mirarlo, ella asintió.
Debería ser azotado con una fusta.
—¿Por qué te fuiste? —Sus ojos estaban líquidos por las lágrimas. Su voz estaba
llena de angustia.
—Porque... —Piper no eras la única en tener un cerebro que se descarrilaba por los
flashbacks. Él le apretó el pie—. Tengo una historia que contarte.
¿Una historia? No. ¿Por qué no se iba? Piper podía sentir las pequeñas dificultades
en su respiración que le advertían de otro ataque de llanto.
¿Qué tan tonta era que su corazón anhelaba que se quedara? ¿Por qué amaba la
forma en que su cálida mano se sentía sobre sus pies descalzos y cómo distraídamente
acariciaba la parte superior de uno con el pulgar?
—Me criaron en Oxford, en las afueras de Londres. —Él no esperó su permiso para
comenzar su historia. No este Dom—. Mi padre era rico con amplios intereses
comerciales en la manufactura. Después de terminar mi MBA, comencé a trabajar con
él. —Debajo de su oscuro bigote, sus labios se curvaron—. Y entonces conocí a una
mujer. Me temo que era bastante crédulo.
Crédulo. Ella levantó la cabeza. Oh, ella sabía cómo funcionaba eso.
Aunque ella no habló, él asintió.
—Sí, pensé que lo entenderías.
Tomó un trago de Coca-Cola.
—Mientras estaba en la universidad, experimenté con BDSM, pero Nicola tenía
mucha más experiencia. Ella me introdujo en el estilo de vida Amo / esclavo y con el
tiempo se convirtió en mi esclava.
Tenía los ojos atormentados y la mandíbula tensa mientras los recuerdos salían de él.
Lastimándolo. ¿La mujer había roto el corazón de Ethan? Piper curvó sus dedos
alrededor de su mano sobre su pie para traerlo al presente de la misma manera que él lo
hizo por ella tantas veces.
—¿Qué le pasó a ella?
Él parpadeó y se centró en ella.
—Fue asesinada antes de que la policía pudiera arrestarla.
—¿Q-qué?
—Nicola y yo habíamos estado casados durante dos meses cuando detectives de la
policía aparecieron en mi oficina.
¿Casado? Piper sintió una sacudida de celos, pero se desvaneció bajo el dolor que
irradiaba Ethan.
—¿Qué quería la policía?
—Comenzaron a investigar a Nicola después de la muerte de su tercer esposo. Sus
tres esposos anteriores, ricos, habían muerto en un par de meses después de las nupcias.
Era un patrón. Ella y su compinche, su primo, Bradley, se apoderaban de su herencia y
después apuntarían a una nueva víctima.
Sus labios se curvaron en una sonrisa sin alegría.
—Yo fui el último engañado. La policía no tenía suficiente para arrestarla y no pudo
localizar a su primo, por lo que me pidieron ayuda.
Oh Dios. Piper lo miró fijamente. ¿Qué haría ella si la policía dijera que Ethan
planeaba matarla? Que horrible dilema.
—Oh, Ethan.
—No podía aceptarlo, a pesar de que me mostraron fotos de ella con sus anteriores
esposos. Pero entonces me contaron su verdadera historia, y nada de lo que me había
dicho era cierto. La policía dijo que ella y Bradley investigaban a su objetivo, y que ella
se convertía en el tipo de mujer que sería más atractiva para él. Debo decir, que
funcionó. —Su voz se endureció—. La amaba.
Piper trató de imaginar a Ethan como un hombre joven, recién salido de la
universidad. Él se habría casado con esa mujer, pensando en un amor para siempre.
—Eso es despreciable.
Incapaz de estar tan lejos de él cuando estaba herido, Piper bajó las piernas, se
deslizó más cerca y se presionó contra su lado. Ella acarició su pecho lentamente,
tratando de calmarlo.
—¿Qué hiciste?
Él suspiró.
—Les dejé intervenir nuestro teléfono. Durante una llamada a su primo, hablaron en
un código complicado, uno que delataba muy poco. Los detectives hicieron algunas
conjeturas y pensaron que mi asesinato estaba planeado para una fiesta de disfraces de
Halloween a la que asistiríamos. Acepté ir y oficiar de cebo para la trampa.
Por supuesto que lo hizo. Incluso sabiendo que todo había sucedido en el pasado,
ella todavía quería sacudirlo.
Levantó la mano de Piper y se la frotó por la mejilla.
—Cuando llegamos allí, ella fue tan amorosa que yo no podía soportarlo.
Su risa fue amarga.
—Usando las habilidades de Dom que ella me había ayudado a perfeccionar, la
presioné hasta que confesó todo. Su plan era que Bradley me atacara durante la fiesta.
Ella se aseguraría de estar en un grupo de personas al otro lado de la habitación.
—¿Asesinarte durante una fiesta? ¿En serio?
—Era una multitud. Música a todo volumen. Gente empujándose unos a otros. Tenía
un disfraz de pirata negro. Su primo debía vestirse como un capitán pirata rival y pelear
conmigo. Sin darme cuenta de sus intenciones, yo le habría seguido la corriente, por
supuesto.
Ethan se pasó el pulgar por los labios y negó con la cabeza.
—Cuando alguien se diese cuenta de que realmente yo había sido apuñalado y
estaba muerto, él ya se habría cambiado a un traje nuevo y se habría ido. Era un buen
plan.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Piper.
—Un plan terriblemente de sangre fría. No puedo creer que a ella no le importara en
absoluto. —¿Cómo podría alguien estar con Ethan y no importarle?
—En realidad, a ella le importaba, o eso es lo que dijo. Ella amaba más a su primo.
Esa perra.
—¿Dijiste que murió?
Cuando su rostro se tensó, Piper no podría decir lo que estaba sintiendo. ¿Dolor?
¿Lamento? ¿Tal vez incluso culpa?
—Nicola y yo nos íbamos cuando la policía vio a Bradley. Él los vio acercarse, puso
su cuchillo en la garganta de una joven mujer y les dijo a los detectives que se quedaran
atrás. El retrocedió hacia mí y Nicola, probablemente pensando que su prima lo
ayudaría.
Ya habían pasado años... y, sin embargo, Piper tuvo que contener el aliento.
—Alguien gritó. Cuando Bradley se distrajo, aparté su brazo del cuello de la chica.
Mientras la mujer se alejaba, Bradley me atacó. —La boca de Ethan formó una línea
infeliz—. Bloqueé sus movimientos, no era tan bueno, entonces Nicola me agarró del
brazo. Para ayudarlo.
Si su esposa todavía hubiera estado viva, Piper habría tenido que matarla.
—¿Que pasó?
—Me solté, la empujé hacia él y me zambullí lejos. No me di cuenta... —Sacudió la
cabeza, con la mandíbula apretada—. Él agarró a Nicola, tal vez para sujetarla como
rehén, pero ella entró en pánico. Y el cuchillo le cortó la carótida.
Ethan respiró lentamente.
—Ella murió. Él fue a la cárcel.
Su Dom sentía la muerte de su esposa profundamente. Sentía culpa. Podía verlo en
la forma en que sus hombros se desplomaron. Nicola había muerto y él había
sobrevivido sin un rasguño.
No, espera. ¿Lo había hecho? Había visto la larga cicatriz blanca en su pecho.
—Él te cortó, ¿verdad? Cuando Nicola te agarró del brazo, su primo te atrapó con su
cuchillo.
Ethan no respondió, pero ella vio la verdad en sus ojos. Su “amada” esposa casi
había conseguido que lo mataran. Dios.
Con el corazón dolorido por él, Piper se arrastró sobre su regazo para que pudiera
sujetar su rostro entre sus palmas y hacer que la mirara.
—No fue tu culpa. No empezaste la pelea. No tomaste a alguien como rehén.
Salvaste la vida de esa joven.
—Tal vez. —Él apoyó su frente contra la de Piper—. No estoy seguro de que las
vidas y las muertes se compensen. Nicola murió.
¿Había conocido alguna vez a alguien a quien pudiera respetar como a este hombre?
Ella no quería que le importara. No, no quería, pero le importaba. Esa estúpida
esposa, ¿cómo podría alguien vivir con Ethan y elegir a alguien más? Después de un
segundo, ella se dio cuenta de que sus brazos la rodeaban. ¿En qué demonios estaba
pensando? Ella comenzó a bajarse de su regazo y él la agarró por las caderas.
—No tan rápido, encanto. Todavía no hemos terminado.
—Um. ¿Qué es lo que queda?
—¿Sabes cómo fuiste arrojada al pasado cuando golpeé a Jerry? Tú no estabas
pensando en absoluto, solo luchando contra viejos recuerdos.
La sangre. El dolor. Ella asintió.
—Eso es lo que me pasó. Cuando Jerry dijo que ambos querían mi dinero, caí en el
pasado. —Un músculo se tensó en su mejilla—. Nicola dijo que le gustaba, que incluso
podría haberme amado, pero Bradley era su primo y que haría cualquier cosa por él.
El tono amargo e irónico en su voz fue registrado después de un momento, y los ojos
de Piper se abrieron ampliamente.
—¿Eso es lo que Jerry te dijo que haría?
—Me temo que sí. Ya había dejado todo atrás una vez porque había sido un tonto
con una mujer.
Maldito Jerry que se pudra en el infierno y más allá por deliberadamente hacer todo
lo posible para destruir lo que tenía con Ethan.
—Tú le creíste, por supuesto que lo hiciste. —El agotamiento le quitó la fuerza de los
músculos y se desplomó contra el pecho de Ethan—. ¿Entonces por qué estás aquí?
—Yo como tú, quedé atrapado en el pasado—señaló suavemente—. Entonces mi
cerebro volvió a patearme. No eres una chantajista. O una mentirosa.
—Te dejaste engañar antes. ¿Qué te hace pensar que no soy...? —Dios mío,
¿realmente estaba discutiendo por el lado equivocado—. Quiero decir, no importa.
—No tengo veintidós esta vez, mascota. —Riéndose, frotó su mejilla contra la de ella
—. Con la edad se ve más claramente.
Definitivamente había adquirido una vista clara. Nunca había conocido a nadie que
pareciera ver hasta el fondo de su alma.
—Razones o no, te lastimé, Piper. Mi idiotez temporal te hizo llorar. —Su brazo se
apretó alrededor de ella—. Lo siento mucho.
Dios, él era un buen hombre.
—Perdonado. Yo tampoco lo hice muy bien, después de todo. —Ella contuvo el
aliento—. ¿Y ahora qué?
—Continuamos. —Pasó el pulgar sobre su labio inferior, y el siguiente beso fue lo
suficientemente tierno como para que le doliera el corazón—. Puedo pasar la noche aquí
si lo deseas. Prefiero que vengas a casa conmigo. Limpiaremos, tomaremos otro trago y
tendremos sexo vainilla toda la noche.
Ella le dirigió una mirada incrédula.
—¿Tú? ¿Y sexo vainilla? Espera, ¿eso significa que tengo que darte órdenes?
—No empujes tu suerte, encanto.
Capítulo 14

Fuera de la fría y brumosa San Francisco, Ethan había conducido tierra adentro
hacia donde había un cielo azul y aire cálido, rico en aroma a pino. Mientras guiaba a
Piper hacia los grupos de tiendas y cabañas, levantó la cara hacia el sol. Parecía un buen
fin de semana para un campamento fetiche.
Un carrito de golf eléctrico, el único vehículo permitido en el terreno, pasó volando
junto a ellos, el remolque adjunto estaba lleno de equipaje y juguetes. Los bolsos de
Ethan y Piper estaban en él y serían entregados en el área de Dark Haven.
Solo medio despierta, Piper bostezó adorablemente, entonces se alisó los capris
negros y tiró de su camiseta sin mangas de color rojo oscuro.
—Dijiste que íbamos a acampar con personas, pero no mucho más que eso.
—Lo intenté, pero alguien se durmió cinco minutos después de que ella entró en el
coche. —Ethan sonrió ante su ceño indignado.
—Alguien me mantuvo despierta la mayor parte de la noche.
Él lo hizo. Darse cuenta de que casi la había perdido, lo había dejado necesitándola
mucho. Hicieron el amor, hablaron e hicieron el amor un poco más.
—Lo disfruté muchísimo también.
Su rubor era encantador.
La atrajo más cerca.
—¿Qué te gustaría saber?
—¿Están todos aquí en el estilo de vida? ¿Cómo en aquella fiesta en Kansas?
Era bueno que se sintiera lo suficientemente cómoda como para mencionar su
pasado, aunque nunca mencionara el nombre de Serna ni compartiera detalles de su
tiempo con él. Eso era preocupante.
Paciencia. Él debía ser paciente. Ella eventualmente se lo contaría todo.
—La fiesta en Kansas era exclusivamente para Amos y esclavos. Aquí encontrarás
cualquier perversión y cualquier relación que se te ocurra.
—¿Ayer los ayudaste a organizar?
—Sí, ayudo con la programación y las disposiciones cada año y enseño en un taller o
dos. Hoy, más tarde tengo una demostración de Shibari. —Él sonrió—. Creo que
disfrutarás de la diversión aquí.
Y él disfrutaría su tiempo con ella.
Mientras pasaban por las áreas seccionadas para las diversas actividades, una
manada de ponis, ponis humanos, pasó como una estampida a través de un pequeño
lugar de juego. Pequeños niños con trenzas y peluches, personas soltando a su niño
interior, abandonando sus libros de colorear para gritar y dar brincos de excitación.
Las risitas de Piper eran un bálsamo en su corazón.
La noche anterior había sido dura para los dos. Ayudarla con sus experiencias
pasadas era una de sus metas, pero parecía que también necesitaba trabajar por su
cuenta. Quedarse atascado por sus emociones ya era bastante malo. ¿Tener ese
momento al mismo tiempo que el flashback de Piper? DeVries lo habría llamado una
situación caótica.
Hablando de DeVries, Ethan vio al ex mercenario, ahora uno de los agentes de
seguridad de Simon, viendo un partido de fútbol. No, aquí se llamaba soccer. Su
sumisa, Lindsey, estaba a su lado, riéndose de lo que estaba sucediendo en el campo.
Dado que la única ropa permitida en el juego era el calzado, los partes femeninas y
masculinas rebotaban más duro que el balón de fútbol. Una mujer corría con las manos
cruzadas sobre sus muy abundantes pechos.
—Ay. —Piper cruzó los brazos sobre sus senos—. Yo no estaré jugando ese juego,
Señor.
Ethan se rio.
—Podemos mirar en lugar de eso. —Él se desvió hacia DeVries.
Lindsey los vio y chilló:
—¡Piper!
Antes de que Lindsey pudiera moverse, DeVries agarró un mechón de su largo
cabello y la retuvo. El Dom miró hacia arriba con las cejas levantadas y preguntó en
silencio si Ethan permitiría que las sumisas se encontraran.
Cuando Ethan asintió, DeVries liberó su agarre.
—Ve, bebé.
Las dos mujeres se encontraron en una colisión de abrazos, y Ethan sonrió. Era
bueno ver a Piper tener amigas sumisas, ya que podían hablar sobre cosas que las
vainillas no entenderían.
—¿Quieres tomar café? Simon ya está por allá. —DeVries señaló hacia la sombra de
un enorme árbol en el centro de las áreas de actividad. Piper no era la única que estaba
cansada. La cafeína sería muy bienvenida. Seguidos por las mujeres, Ethan y DeVries se
unieron a Simon en una mesa debajo del árbol.
Un segundo después, Rona trajo dos tazas de café junto con un queso danés en un
plato. Mirando hacia abajo, esperó la directiva de Simon.
Cuando Piper se unió a Ethan, su rostro se iluminó.
—Hola Ro…
La mano de Ethan sobre su boca sofocó el saludo, y se inclinó para susurrar:
—Aquí hay algo más que no tuve la oportunidad de explicarte. Este fin de semana,
los miembros de Dark Haven en relaciones D / s observarán el protocolo del club a
menos que se les indique lo contrario. —Él retiró su mano.
Su cara se puso rosada.
—Lo siento, Señor.
Él le dio un rápido abrazo y un beso antes de señalar un puesto de servicio.
—Me gustaría un plato de donas, un bollo, una taza de té caliente y un té helado, por
favor.
—Sí, Señor. —Su rostro se iluminó como si la tarea fuera una recompensa. Porque,
para ella, lo era.
Amaba su alegre necesidad de complacerlo y cómo había crecido su confianza en él.
Él asumiría suavemente el control al que ahora estaba dispuesta a renunciar. Ser sumisa
era tan natural para ella como lo era para él su necesidad de proteger y hacerse cargo.
Ellos encajaban.
Ethan se sentó a la mesa y vio que DeVries también había enviado a Lindsey.
Sentando a Rona a su lado, Simon la alimentó con bocados de queso danés. Miró a
través de la mesa a Ethan.
—Escuché que aplastaste a alguien en la acera de Dark Haven anoche.
Sangriento infierno. El chisme se movía por el club más rápido que el Eurostar por el
túnel debajo del Canal de la Mancha.
—Danos la historia—exigió DeVries—. Esa mierda no sonaba como tú en absoluto.
Ethan vaciló. Éste era el pasado de Piper. Sin embargo... su boca se apretó. El
comportamiento de Jerry podría ser un peligro para más que Ethan.
—Sucedió así... —Explicó quién era Jerry, su historia pasada con Piper, lo que había
sucedido en la acera.
Los ojos de Simon se volvieron peligrosos.
—¿Crees que Jerry regresó a Kansas?
Al regresar, Piper escuchó la pregunta. Su mano tembló, casi derramando las
bebidas que sostenía. Mordiéndose el labio, dejó las tazas, el plato y las servilletas sobre
la mesa y esperó su próxima instrucción. En este momento, lo único de lo que tenía que
preocuparse era de satisfacer a Sir Ethan. Nada más.
Solo que... los tres Dom la miraban. Estudiándola.
Sir Ethan asintió con la cabeza hacia el suelo, y ella se arrodilló en la hierba suave a
su lado.
Después de echar un vistazo a Sir Ethan, Simon le preguntó directamente:
—¿Crees que tu hermanastro regresó a Kansas, Piper?
Sir Ethan estaría molesto si supiera que Jerry todavía estaba aquí. Ella se miró las
manos y fue ambigua:
—Sería una locura que Jerry se quedara.
DeVries gruñó.
—Los sumis que me molestan con mierda como esa logran enfurecerme.
Su cuerpo se tensó ante la amenaza. Corre. Corre ahora.
Sir Ethan le puso una mano en el hombro y se volvió hacia DeVries.
—Zander, sin intimidación, por favor. Ella ha sufrido suficiente abuso en el pasado.
La aterradora dureza desapareció de la cara del Enforcer.
—Lo que dijo Sir Ethan. —Lindsey miró fieramente a su Dom.
No, no, no lo hagas. Con la boca seca, Piper le dio a Lindsey una preocupada sacudida
de cabeza. Cállate, por favor.
Sir Ethan se dio cuenta y le apretó el hombro.
—No te preocupes, encanto. DeVries no la castigará por su lealtad.
—Podría hacerlo. —DeVries señaló al suelo—. No le he azotado el culo con una vara
en demasiado tiempo.
Lindsey se arrodilló junto a su silla, pero una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Ella no parecía preocupada.
La banda que constreñía el pecho de Piper se aflojó.
Hasta que Sir Ethan reformuló la pregunta.
—Piper, danos tu opinión sobre dónde podría estar tu hermanastro.
Ella no creía que reaccionaría, pero su mandíbula se puso rígida.
—¿Él te ha contactado?
Los vítores vinieron desde la derecha y, atollándose, ella se volvió. En el siguiente
árbol, un hombre estaba siendo izado en el aire con ganchos insertados en la parte
superior del pecho y la espalda. Aunque su piel se alzaba en horribles formas similares
a las de una tienda de campaña, su rostro tenía una mirada de increíble paz.
Ella hizo un sonido triste y un brazo le rodeó los hombros.
—Tranquila mascota.
Sir Ethan estaba aquí. Ella estaba bien. Ella exhaló y comenzó a relajarse.
Entonces él carraspeó y ella lo miró. Su expresión advirtió que, aunque brindaría
consuelo según fuera necesario, su paciencia no era ilimitada.
¿Qué haría él cuando se enterara de Jerry? Ella apretó las manos con fuerza en su
regazo.
—Me envió un mensaje de texto en algún momento anoche, y lo ignoré. —El
mensaje solo serían palabras desagradables y amenazas—. No creo que intente nada. De
verdad.
Ante el gesto de dame de Sir Ethan, ella sacó el teléfono del bolsillo de sus pantalones
cortos. Como propietaria de Chatelaines, no podía estar completamente incomunicada,
pero había configurado su teléfono solo para vibrar. Levantó el mensaje y le entregó la
celular.
Él revisó la pantalla y apretó la boca antes de empujar el teléfono sobre la mesa.
Simon y DeVries se inclinaron hacia adelante. Las mismas expresiones duras
aparecieron en sus caras. Lindsey y Rona intercambiaron miradas.
—¿Qué estás pensando, Ethan? —El tono de Simon era suave, la mirada en sus ojos
negros casi aterradora.
—Pensaba que tu compañía podría desentrañar la ubicación de mi buen amigo Jerry,
para que pueda ir a visitarlo. —El hielo en la voz tranquila de Sir Ethan congeló a Piper
hasta los huesos.
—No. —Ella agarró su mano—. No, Sir Ethan.
DeVries sonrió.
—Será un placer ubicar su trasero para ti, Worth.
—Nosotros podemos encontrarlo—coincidió Simon. Indudablemente podrían.
Según Lindsey, Simon era dueño de una empresa de seguridad internacional donde
DeVries era uno de sus agentes más rudos—. Sin embargo, por lo que escuché, ya
lastimaste al hombre una vez.
—Podría haberlo hecho—Sir Ethan hizo una pausa—, lo noqueé.
¿Lo noqueó? Más bien le rompió la nariz, las costillas y lo redujo a una cosa
sangrienta. Piper resopló.
Y su maldito Dom le guiñó un ojo.
Simon sonrió.
—Tus acciones podrían ponerte en una posición problemática con respecto a él y la
ley. Te sugiero que dejes la próxima visita a otra persona. —Simon inclinó la cabeza
hacia deVries—. Me atrevo a decir que Zander estaría encantado de informarle al
hombre que cualquier nuevo hostigamiento a la señorita Delaney no tendrá un final
feliz.
—Supongo que podría ayudar esta vez. —A pesar de las palabras de rencor de
DeVries, sus ojos helados se iluminaron con anticipación—. No puedo permitir que
algún bastardo se meta con nuestras sumis.
Nuestras sumis. Como si ella fuera una de ellas.
Temblando ante el alivio de que Sir Ethan no iría tras Jerry y llegara a resultar
arrestado, Piper presionó su rostro contra su duro muslo. La sensación de su mano en la
parte posterior de su cabeza le dio tal sensación de consuelo que las lágrimas llenaron
sus ojos.
—Acompañaré a Zander—Simon levantó una ceja—, solo para asegurarnos de que
nuestro amigo Jerry es capaz de caminar hasta su avión.
—Joder, eres quisquilloso—masculló DeVries.
Con los planes hechos, los hombres comenzaron a hablar sobre el campamento y las
próximas actividades. Relajándose lentamente, Piper se sentó derecha.
—Eso está mejor—murmuró Sir Ethan. Después de darle un tirón a su cabello, le
entregó el vaso de té helado. Después de que ella bebió un poco, él le tendió una dona.
Ella levantó la mano para tomarla, pero él negó con la cabeza con una leve sonrisa y
esperó.
Oh. Ella abrió la boca y con cuidado comió el pequeño pastel glaseado de su mano.
El estallido de azúcar la conectó a la tierra, disipando el temblor interior. Ella tomó
un sorbo de té helado, saboreando el toque de menta y dejó escapar un pequeño
suspiro.
Mirándola, Sir Ethan sonrió, las líneas del sol junto a sus ojos se arrugaron.
Cuando ella se apoyó contra su pierna, él la alimentó con otro mordisco.
***
Mientras Piper acompañaba a Lindsey y Dixon en una exploración del campamento,
no podía dejar de sonreír. Era solo la tarde, y el día ya había estado lleno de diversión.
Primero, había ayudado a Sir Ethan a instalar su tienda de campaña en el área de
Dark Haven. Después dijo que deberían asegurarse de que el colchón de aire no tuviera
fugas. Cuando ella le dirigió una mirada perpleja, él cerró la tapa, la empujó sobre el
colchón y lo “probó” vigorosamente. Cuando terminó, ella podía decir con confianza
que no tenía fugas.
Después de tres orgasmos, ella se había acostado en los brazos de Sir Ethan,
escuchando los murmullos de conversaciones, las personas que pasaban por la tienda,
la música apenas perceptible acompañada por el sonido del viento entre los árboles de
hojas perennes. Ella se había dejado caer en una maravillosa siesta.
Habían almorzado con la Ama Angela, su sumisa, Meggie, y Mitchell, un duro Dom
australiano de mirada cortante. Angela se había burlado de Mitchell acerca de las
sumisas que le estaban dando miradas coquetas. Meggie le había susurrado a Piper que,
el verano pasado, cuando Sir Ethan había venido solo, casi se asfixió bajo todas las
miradas hambrientas que había recibido.
Piper entendía completamente cómo alguien podría desearlo ardientemente. Ella
sentía lo mismo. Aún más desconcertante, descubrió que arrodillarse a sus pies le daba
una sensación de satisfacción.
Después del almuerzo, otros miembros del club se unieron a ellos, y Dixon y Lindsey
obtuvieron permiso para explorar el campamento. Piper no se había dado cuenta de que
le estaba dando miradas suplicantes a Sir Ethan, pero él había dicho que sus ojos de
cachorrito eran tan irresistibles que algún día tendría que vestirla con orejas, mitones y
cola.
Ella no había decidido cómo sentirse al respecto.
Como Sir Ethan tenía que prepararse para un taller, él le había puesto un collar y la
había dejado unirse a Dixon y Lindsey. También le había murmurado algo a Stan y
DeVries acerca de soltar los problemas en el campamento.
Piper sonrió mientras unía los brazos con Lindsey y Dix. Sir Ethan podría tener un
punto.
El campamento estaba lleno de lugares interesantes. Bosque alternado con áreas
abiertas. Carpas mezcladas con cabañas. Cada área estaba repleta de gente loca y
pervertida. Había sexo, a plena luz del día y en cualquier lugar. Piper desvió su mirada
de la Domme que había doblado a su sub sobre un tocón y lo estaba clavando.
Pasaron dos personas con pantalones de cuero y cabestros con cadenas, entonces una
mujer pasó con un hermoso mono, seguida de tres lesbianas, del brazo. Una le dio a
Piper una mirada interesada antes de notar su collar.
Había gente desnuda y gente medio vestida. Los cosplayers se vestían como
cualquier cosa, desde hombres de montaña hasta chicas de harén. Uno de los
organizadores llevaba un sombrero de copa, un traje del siglo XIX, y seguía girando su
largo bigote encerado. Otra organizadora con una blusa blanca almidonada de una
maestra de escuela y una larga falda negra estaba imponiendo sus dictados con un
látigo
Simplemente había demasiado para mirar. Los ojos de Piper se abrieron más y más.
A lo largo del camino había una silla para ennegrecer las botas donde a un tipo con
ropa de motero le estaban lustrando sus botas altas. La sumisa a sus pies tenía manchas
negras y barro en sus camisetas blancas… y la sonrisa más contenta que jamás haya
existido.
Servicio. Entendiendo completamente, Piper aplastó el momento de envidia.
Un gemido de dolor vino del escenario en un área de taller. Un hombre estaba atado
a una mesa de ginecología, con los pies atados en los estribos. El Top que se alzaba
sobre él sostenía una delgada varilla de metal algo más larga que un sorbete.
—Oh, de ninguna manera, pequeños becerros huérfanos. —Lindsey se estremeció—.
No habrá varillas de metal empujadas por mi uretra, muchas gracias.
Era una lección sonora.
Piper dio un paso atrás. Al menos esa perversión era algo que nunca había tenido
que soportar.
—Yo tampoco.
—Sois unas cobardes—dijo Dix—. Imaginaos si vuestra pequeña uretra de niña fuera
del tamaño de una polla.
—Dios, no. —Piper lo miró fijamente—. ¿Tú y Stan hacen eso?
—Lo intenté. —Dixon tomó sus expresiones llenas de asombro y soltó una risita—.
Le dio un nuevo significado al límite duro. Nunca más.
Mientras pasaban por otro claro, Piper redujo la velocidad y miró.
—¿Qué es eso?
Un hoyo cavado en el suelo estaba lleno de almohadas y una masa de personas
retorciéndose. Nadie estaba gimiendo o llorando, en cambio, había risas nerviosas y
suspiros. Nadie se besaba o toqueteaba…
—Eso no es una orgía, ¿verdad?
—Eso es un montón de abrazos. —Dix extendió los brazos de manera dramática—.
Necesito un abrazo. Vengan conmigo, pequeñitas.
Inmóvil, Piper observó cómo él dejaba sus chanclas en el borde y se arrastraba con
cuidado por la pendiente. Un hombre corpulento lo acercó, le dio un fuerte abrazo, que
Dixon le devolvió, y entonces lo pasó a la siguiente persona.
Ah. Piper intercambió una mirada con Lindsey.
—Cuentan conmigo—dijo Lindsey—. ¿Qué hay de ti?
Piper respondió dejando sus chanclas junto a las de Dix. Su corazón comenzó a latir
con fuerza mientras bajaba gateando la pendiente hacia una mujer sentada al borde de
la multitud. La dama era mayor que Piper, todas curvas suaves mientras acercaba a
Piper. Su abrazo fue largo y dulce, del tipo que Piper había recibido de su madre antes
de que las cosas cambiaran. La dama soltó a Piper entre la multitud. Entonces un
hombre la estaba abrazando, un hombre más joven, después otra mujer, y finalmente
ella terminó junto a Dixon en el lado contrario. Después de darle un abrazo, ella se dio
cuenta de que estaba cerca del borde.
Enrojecida de risa, subió la pendiente y salió, sintiéndose más abierta y completa que
cuando había entrado.
Lindsey y Dixon se unieron a ella, todo sonrisas.
—A veces no se trata de perversión o sexo—dijo Dixon.
—A veces no es necesario. —Aunque muchos Doms no lo verían así. El Profanador
nunca habría dejado que nadie tocara su propiedad, sin valor o no.
Oh, no. La consternación la atravesó.
—No le pedí permiso a Sir Ethan.
Riendo, Dix le dio un codazo en el hombro.
—Chica ¿quién crees que me dijo que el montón de abrazos estaba por aquí?
—¿Él lo hizo?
—Mmmjá. Dijo que eres una abrazadora y que te encantaría.
Sir Ethan había pensado en ella. No pudo evitar sonreír. Era su trabajo, y su alegría,
dar a las personas lo que quisieran. Nunca había anticipado que un Dom sentiría lo
mismo y organizaría algo que ella disfrutaría.
—Esta vez esquivaste la bala, Pips, pero probablemente deberías averiguar dónde Sir
Ethan dibuja la línea—dijo Lindsey—. Con Zander, si estoy sola, no considera que un
abrazo infrinja su territorio. Pero si ocurriera algo sexual, me metería en problemas.
Piper frunció el ceño. Para este evento, ella era la sumisa de Sir Ethan porque él la
había traído. Otras veces, sin embargo... ¿tenían ese tipo de relación? Ella estaba muy
confundida.
Más abajo en el camino, otra área tenía gente recibiendo masajes en los pies y la
espalda. Piper se sonrojó al recordar cómo Sir Ethan la había masajeado en Dark Haven.
Fue tan maravilloso. Y después la había dado la vuelta. Sus manos sobre sus pechos...
Mmm.
¿Tal vez podría darle un masaje este fin de semana y con suerte terminar con un
masaje de polla? Ella sonrió.
Pasaron junto a algunos jugadores en pañales en un área cercada hecha para
parecerse a un corralito. Pañales… no. Pero había algunos bebés muy lindos.
Lo siguiente fue una tienda de campaña con una orgía. Todo gritos y música
aporreando.
Una chica podría tener latigazo cervical tratando de verlo todo. Este lugar era una
locura.
Piper se dio cuenta de que se estaba pasando los dedos por el cuello. Era divertido.
De odiar cualquier cosa alrededor de su cuello, había pasado a estar agradecida por ello.
Algunas personas habían comenzado a acercarse, vieron su collar y habían sido
disuadidas. Ser marcada como de Sir Ethan le daba la capacidad de relajarse y disfrutar.
Aún mejor, el evento tenía un protocolo de consentimiento “sí significa sí”, ya que el
consentimiento nunca estaba implícito, pero tenía que ser pronunciado. A ella le
encantó eso.
Cuando el sol se cernía sobre las copas de los árboles, Lindsey señaló un escenario
elevado a la derecha.
—Mira. Sir Ethan está dando su seminario.
En el escenario, vestido de negro, Sir Ethan estaba de pie junto a una hermosa
morena que solo llevaba un simbólico tanga. Con su voz resonante, con acento inglés,
demostró los nudos mientras cubría el torso de la mujer con un intrincado patrón de
cuerdas.
Piper dio unos pasos hacia el escenario y apretó la mandíbula.
Él estaba tocando el cuerpo de la mujer. Tocando sus pechos. Hablando con ella en
voz baja mientras hablaba con la multitud. Cuando él ató un nudo entre sus pechos, la
mujer se inclinó hacia él.
Filosos celos atravesaron el pecho de Piper con un dolor punzante.
Todavía en el camino, Lindsey miró hacia el escenario y regresó a Piper antes de
decirle algo a Dixon. Avanzaron y se pusieron a cada lado de Piper.
—Sabes, mi boca está tan reseca como si hubiera estado haciendo una paja a la
gigante polla peluda de Pie Grande. —Dixon entrelazó su brazo con el de ella y la atrajo
hacia el camino—. Vamos, necesito algo de beber.
Pipe miró por encima del hombro. Aparejo completo, Sir Ethan tenía a la mujer
suspendida en el aire. Él le dio un ligero empujón para hacerla girar lentamente. Tenía
los ojos cerrados y las facciones relajadas. Ella estaba en el subespacio.
Cuando la escena terminara, Sir Ethan cuidaría a la sumisa. Era un Dom muy
concienzudo. ¿Pero le daría a la bella mujer... más? Piper tragó saliva.
Maldición, ella no debería estar celosa. No tenía reclamos sobre Sir Ethan, él solo
estaba tratando de ayudarla con sus problemas.
No, ella estaba equivocada. Ya habían ido más allá de eso. Sexo. Habían dormido en
su casa. Compartido cosas, desde las feas como la traición de su esposa hasta hechos
personales tontos como, que ella odiaba las estatuitas y las colecciones que simplemente
juntaban polvo y cómo él necesitaba equilibrio en su hogar y vida.
Anoche, las mentiras de Jerry habían lastimado a Sir Ethan… porque ella le
importaba.
Necesitaba dejar de ser insegura y no estar celosa. Simplemente estaba haciendo una
escena con cuerdas con una chica linda, una modelo, que sin duda era una buena
persona.
Quien se frotó contra él. De nuevo.
Piper fulminó con la mirada al escenario. Ella debería abofetear a esa mujer.
—Ahora, ahora, Pips. —Dix hizo palanca y le abrió el puño—. No explotes y te
pongas no-toques-a-mi-hombre sobre el trasero de Tanya. Sabes que ella no significa nada
para tu... —Su voz se desvaneció mientras clavaba los ojos en algo sobre su hombro. El
dolor ensombreció sus ojos marrones.
Piper y Lindsey se volvieron.
En la audiencia, Stan estaba al lado del tipo llamado Darrell que había estado afuera
del apartamento de Dix y Stan. El que había coqueteado con Stan.
Los ojos de Lindsey se entrecerraron.
—¿Con quién está Stan?
—Agente Especial Darrell Legrand—dijo Dix. Toda la animación había muerto de su
cara. —Te conté sobre él.
—¿Se llama Legrand? ¿En serio? Me pregunto si su paquete también es grandioso. —
La mirada de Lindsey todavía estaba en los dos hombres.
—Probablemente. —Dix sonó tan infeliz que Piper lo rodeó con el brazo. Él se apoyó
contra ella.
Lindsey tomó su mano.
—Dix, no. Stan no te engañaría.
—Él podría. Ese tipo… es todo lo que yo no soy, y quiere a Stan. No creo que nada lo
detenga.
Piper apretó la mandíbula.
—Stan no lo quiere; él te quiere. —Si eso no fuera cierto, ella iba a patear el trasero
de Stan.
—Sin embargo, si quieres, podemos unirnos a ellos y arruinar los planes del tipo—
agregó Piper. Estar entre la multitud e intentar no mirar a Sir Ethan con esa mujer sería
difícil, pero lo haría. Haría cualquier cosa que Dixon necesitara en este momento.
Dixon se dio la vuelta.
—No. Todavía necesito algo de beber. Y los dos tenemos que salir de aquí.
Piper dio un suspiro de alivio.
***
Después de su demostración, Ethan encontró a su sumisa con varias personas de
Dark Haven, todos viendo el Disney Beat-a-thon, un juego de impacto con melodías de
Disney. La canción, I'll Make a Man Out of You, había llenado el área con sumisos
masculinos golpeados por dominantes femeninos y masculinos. Bastones, flogger,
palas. El golpeteo de la carne al compás del ritmo de la música era casi hipnótico.
—Piper. —Él se sentó a su lado y la tomó en sus brazos.
Para su sorpresa, ella estaba rígida, casi renuente, antes de derretirse contra él.
¿Había visto algo que la molestara?
Él bajó la cabeza y la besó, nuevamente sintiendo su vacilación antes de que abriera
la boca, y se hundiera en el beso. Para cuando terminó, ella estaba dando con tanto
entusiasmo como recibiendo.
Cuando levantó la cabeza, estudió su rostro. El sol le había dado a su piel un
resplandor rosado que había aumentado un rubor de excitación. Pasó el pulgar sobre su
labio inferior húmedo.
Pero había una ligera vacilación...
—Dime qué has estado haciendo esta tarde.
—Había un lugar, un montón de gente abrazándose. —Su rostro se iluminó cuando
se lo describió.
Excelente. Estaba aprendiendo que ese toque no tenía que ser sexual. Antes de poder
llegar a la raíz de la pizca de distancia que había sentido...
—Gente. Hay un juego que comienza en el prado al que deberíamos unirnos. —
Xavier se levantó y tiró de Abby con él.
—Sé al que te refieres. —DeVries se levantó—. Ellos nos darán armas. Estoy dentro y
también esta pequeña presa.
Lindsey dejó escapar un graznido de sorpresa cuando la hizo ponerse de pie.
Ethan comenzó a sonreír. Este sería un buen juego para que Piper lo experimentara.
—Vamos, encanto.
Mientras Piper caminaba a su lado, se abanicó con una mano.
—Había olvidado lo que es estar lejos del agua. —En San Francisco, la brisa fría
siempre presente desde la bahía mantenía la ciudad en unos veintiún grados. En el
interior del país, incluso el sol de la tarde golpeaba con toda su fuerza.
—Pronto estarás más fresca—le prometió Ethan. Su mirada cautelosa lo hizo reír.
En el borde del espacio abierto cubierto de hierba, los voluntarios estaban
descargando el armamento del juego desde un remolque del carrito de golf.
—¿Pistolas de agua? —Ella entrecerró los ojos hacia Ethan.
Ethan sonrió.
—Las encontrarás bastante refrescantes.
—Pero... —Ella se miró la ropa.
Antes de que pudiera decirle que su ropa no sería un problema, uno de los
organizadores, el Amo Khan, se subió al remolque y se alisó los lados del bigote
encerado.
—Escuchad, escuchad. —La voz resonante que había servido a Khan en el campo de
batalla era igual de efectiva en el campamento—. Éste será un juego erótico de
intercambio de poder. Los que tienen el poder... tienen las armas. Los que no… se
desnudan. Excepto por los zapatos. Las pequeñas y tiernas planta del pie de los sumisos
necesitan protección.
Sonriendo ante los comentarios vulgares, Ethan eligió una pistola de la pila. Una
Super Soaker aerodinámica.
—Me gustan los juegos con armamento. —DeVries escogió un arma de fuego más
pesada—. ¿Por qué nunca hay juegos con látigos?
Stan le dio al Enforcer una mirada del tipo ¿hablas-en-serio?
—Teniendo en cuenta algunos de los que usan un látigo que has visto, ¿querrías
soltarlos en un campo?
Xavier negó con la cabeza.
—Ese es un pensamiento aterrador.
Riéndose, Ethan abrió el camino hacia la piscina para niños para sumergir y llenar su
pistola de agua. Una vez que las armas fueron cargadas, los Doms se unieron a los
sumisos.
Piper miró con el ceño fruncido la pistola de agua.
—Este juego parece arreglado.
—¿Cuáles son las reglas?—gritó alguien.
El Amo Khan se balanceó sobre sus talones.
—No correr. Los inferiores deben mantener sus dedos entrelazados detrás de la
espalda. Una vez en el prado, cada persona desnuda debe visitar una cabina numerada
en orden del uno al cinco y debe mostrar las cinco marcas para salir del juego. Una
persona desnuda que mueve sus manos o tiene un orgasmo será castigada con cinco
descargas en el culo por un custodio, permanecerá en el lugar hasta la cuenta de cien
con las manos sobre los genitales, después volverá al juego. Cuando termine, una
persona desnuda puede ser recompensada amablemente por el portador de armas de su
elección.
Él movió su dedo.
—Por supuesto, el portador del arma debe ser agradable.
—Ayyy, qué pena—dijo Lindsey.
—Soy agradable, mejillas dulces. —Un hombre parado cerca de Lindsey le sonrió.
Ethan escuchó a DeVries gruñir por lo bajo.
—Mi pequeña mocosa malcriada conseguirá su culo calentado.
—Eso no es exactamente un elemento disuasorio para ella. —Xavier estaba sacando
algo de su mochila. Levantó varios paquetes de lubricante caliente—. ¿Alguien?
Ethan estudió a Piper. El lubricante podría mantener a la pequeña sumisa enfocada
en sus sensaciones más que en sus preocupaciones.
—Eso sería bienvenido, gracias.
Xavier arrojó paquetes a todos.
Esto iba a ser divertido.
Dixon y Lindsey ya estaban desnudos. Abby se estaba desnudando lentamente, y
Piper todavía estaba vestida.
Ethan le dio un breve beso.
—Quítate la ropa, encanto.
—Éste no es mi tipo de cosas. De verdad. —Sin embargo, la emoción le había
sonrojado las mejillas.
—Está bien. Es mi tipo de cosas. —Cuando sus ojos se abrieron ampliamente con
sorpresa ante su falta de simpatía, apenas sofocó una carcajada—. Piper, puedes decir
que no, por supuesto. Entonces tendremos una larga discusión sobre por qué no querías
jugar un juego divertido.
Su labio inferior se convirtió en un pequeño y adorable puchero.
—No vine aquí para tener largas discusiones.
—Exactamente. Desnúdate, mascota.
Su mirada cayó, y se quitó la ropa y la colocó en una pila en el suelo. Cubriéndose
los senos, frunció el ceño ante él, ante su ropa, y abrió la boca para decir algo que
probablemente la metería en problemas.
Encontrando su mirada fija, ella se puso roja.
—Lo siento, Señor. No pretendo ser desobediente.
Era una mujer fuerte y cariñosa... que se rendía tan hermosamente. A él. ¿Cómo
podría resistirse a ella? La atrajo hacia él.
—Sé que no. Me alegra que estés dispuesta a probar esto.
El beso que le dio se calentó rápidamente. Porque de eso se trataba este juego:
estimulación erótica y diversión. Necesitaba aprender que el BDSM podía ser,
simplemente, divertido.
Él acarició su piel de seda, apretó su culo curvilíneo, acunó sus senos y… obtuvo un
jadeo de vergonzoso placer.
—Ahora abre las piernas para mí.
Sus ojos se abrieron de par en par.
A unos metros de distancia, Stan acarició una palmada entera de lubricante frío
sobre la polla de su sumiso. Dixon chilló en protesta. Probablemente chillaría más fuerte
cuando el lubricante se volviera muy caliente.
Ethan se cubrió las yemas de los dedos con lubricante y se colocó detrás de Piper. La
rodeó con los brazos y con una mano, abrió sus labios. Con la otra mano...
Piper se estremeció cuando los dedos de Sir Ethan tocaron su clítoris. Ella se sacudió
con fuerza, pero su cuerpo era sólido como una roca detrás de ella, su pecho contra su
espalda. Ella no se iba a alejar de lo que sea que él le estaba poniendo.
El líquido en sus dedos era frío contra su carne sobrecalentada. Mientras él frotaba la
cosa a fondo, haciéndola retorcerse, la excitación se encendió por dentro.
Cuando él dio un paso atrás, ella se volvió.
—¿Qué me pusiste?
—Tu documentación dice que no eres alérgica a nada. Éste es solo un lubricante
suave que te mantendrá caliente mientras estés a la intemperie. ¿Entendiste las reglas?
Su rostro se puso caliente con su vergüenza.
—Las manos a la espalda. Ir a cada estación en orden, del uno al cinco.
—No correr y no tener orgasmos. —Él sonrió, volvió a pasarle el dedo por el coño y
la excitación la atravesó a toda prisa. Cuando él la ayudó a ponerse las sandalias, vio un
deseo recíproco en su mirada.
El locutor aplaudió para llamar la atención.
—Tiradores, tomad posición donde queráis. Vuestras únicas reglas son no correr, no
tocar y disparar solo a los genitales. Todos los genitales desnudos son juego limpio. —
La gran risa del locutor retumbó—. Es como lo opuesto a pelear.
Una oleada de risas atravesó la multitud y las personas se dirigieron al prado.
Piper no se había movido. ¿Disparar a los genitales? Oh, esto iba a ser realmente
extraño.
—Ven, encanto. —Sosteniendo su arma, Sir Ethan apoyó una mano sobre su espalda
desnuda y la condujo firmemente hacia el centro del área cubierta de hierba.
Sus amigos también estaban siendo llevados. Ya erecto, Dixon estaba saltando de
emoción. De repente, se detuvo, tocó su eje y fulminó con la mirada a Stan.
—¿Qué con los genitales saltando, Amo? Ese lubricante que me pusiste me está
quemando la polla.
La sonrisa de Stan fue perversa.
—Lo sé.
Piper se tapó la boca con las manos para sofocar las risitas que amenazaban con
escapar. Porque, Dios mío, esto era una locura.
Mientras el sol poniente le calentaba los hombros y la espalda, Piper caminó junto a
Sir Ethan.
Su vergüenza se estaba desvaneciendo ya que todos los sumisos estaban desnudos.
De hecho, el movimiento de sus senos desnudos era erótico a medida que todos
salían, y su piel parecía más sensible. Cada parte de ella estaba...
Ella tropezó y se detuvo. Oh, guau. Lo que Stan le puso a Dixon fue lo que Sir Ethan
le había frotado. Porque su clítoris se sentía caliente, frío y hormigueante, todo al mismo
tiempo. Su peso cambió mientras se frotaba las piernas.
Sir Ethan la barrió con una mirada azul fundida, y su masculina sonrisa de
comprensión hizo que su vientre se estremeciera. La visión del bulto grueso en sus
vaqueros envió hambre a través de ella.
Había estado preocupada por esa chica linda atada con cuerdas en la demostración,
pero él no se había ido con ella. Había venido aquí. A jugar con Piper. Toda su atención
era por ella. La arrolladora sensación de ser deseada y vigilada era increíble.
Él era increíble. Ella lo miró fijamente, sintiendo como si quisiera ponerse de rodillas.
Sintiendo como si quisiera que la abrazaran, que la besaran.
Con expresión tierna, él le tocó la mejilla ligeramente.
—Cinco, cuatro, tres—gritó el Amo Khan—. Ningún manoseo, gente. Portadores de
armas, si veis el orgasmo de alguien, levantad una mano para que el custodio pueda
castigarlo. Gente desnuda, poned las manos detrás de la espalda.
Jadeando, Piper entrelazó sus dedos detrás de ella.
Sir Ethan retrocedió, bombeando la pistola de agua.
Oh, no. Oh, Dios.
La voz del Amo Khan se convirtió en un rugido.
—¡Dos, uno, y ADELANTE!
Un chocantemente duro chorro de agua fría golpeó el montículo de Piper… y más
abajo. Sobre su clítoris. Ella chilló.
En la pradera sonaron gritos y chillidos, y entonces todos se movían lo más rápido
posible sin salir corriendo.
Piper rebotó contra Lindsey, giró en círculo, y dos chorros más de agua golpearon su
coño. No solo sir Ethan le disparó.
Indignada, vio que cada persona con un arma disparaba a cualquier objetivo.
No era justo. En sus chanclas, se alejó velozmente de Sir Ethan hacia el Puesto Uno.
Alguien ya lo había jodido; el silbido de un latigazo fue acompañado por un aullido
agudo.
Se giró para mirar, y más agua la golpeó.
Su clítoris hormigueaba y ardía por el lubricante, haciendo que el agua fría fuera aún
más impactante. Una explosión de agua la golpeó, seguida de varias salpicaduras
suaves. Su coño se hinchó, y palpitaba. Sus pezones estaban completamente duros.
Otro devastador chorro golpeó su clítoris, y escuchó la risa resonante de Sir Ethan.
El maldito Dom era demasiado preciso con una pistola.
Con un jadeo de alivio, llegó a la seguridad del recinto cerrado de la cabina Uno.
Ayudando allí, el australiano de Dark Haven, Mitchell, marcó un “1” en la parte
superior de su brazo.
—No he visto a Ethan unirse a los juegos antes. Eres buena para él, sumi.
—¿En serio?
—En serio. —Él sonrió y se volvió hacia la siguiente persona, dejando a Piper
parpadeando. ¿Ella era buena para Sir Ethan? Nunca había pensado que él necesitara
algo que ella le pudiera dar. El cumplido de Mitchell la hizo sentir como si estuviera
brillando por dentro.
A medida que aumentaban los empujones en la cabina, recordó que estaba
ocurriendo un juego. Respirando, se apresuró hacia la cabina dos.
Una larga ráfaga de agua, directamente sobre su clítoris, la hizo tambalearse, casi
paralizarse por la necesidad.
—Sigue moviéndote, encanto. —Él era diabólico. Diabólico.
Contuvo el aliento, esquivó a otros dos Tops y zigzagueó por la hierba. Una astuta
Domme la arrinconó bien mientras se acercaba a la estación.
Le marcaron “2” en su brazo.
Llegó a salvo a la cabina Tres y recibió su número.
Para cuando se dirigía a la cabina Cuatro, su hinchado clítoris le dolía y
hormigueaba. Las ráfagas intermitentes de agua habían aumentado su excitación hasta
un punto insoportable. Ella gimió de desesperación. No te corras, no te corras.
—Piper. —A unos metros de distancia, Sir Ethan sonrió lentamente—. Muéstrame
un Formal Presente, por favor. —Su acento golpeó las dos últimas sílabas. PreSENTE.
Era una orden… una orden del Dominante antes de la inspección de su sumiso. Oh,
Dios.
Sonrojándose, se puso las manos detrás de la cabeza con los dedos entrelazados, y
amplió su postura.
La pistola de agua de Sir Ethan apuntaba hacia el suelo. Miró de reojo y asintió.
A Xavier. Él apuntó y el poderoso chorro golpeó su clítoris. Antes de que el agua se
detuviera, otro chorro despiadado vino de la derecha. DeVries.
Las sensaciones devastadoras la llevaron directamente al punto de explosión. Con
sus piernas tan separadas, sus labios estaban abiertos, exponiendo su clítoris muy, muy
vulnerable. Su cuerpo se sacudió cuando la presión en su coño aumentó, sus músculos
se tensaron y se suspendió sobre el filo de la navaja. Noooo.
—Lo siento mascota. —Con una sonrisa malvada, Sir Ethan apuntó y disparó. Al
igual que alguien más, Stan. Le dispararon sin piedad. Los fuertes chorros de agua, en
ángulo desde diferentes direcciones, golpearon a ambos lados de su clítoris. Todo
dentro de ella se apretó, se juntó en un nudo devorador, entonces su mundo estalló en
una brillante bola de fuego de placer.
Ella temblaba mientras se corría, sollozando:
—Oh, oh, oh. —Sus rodillas temblaron mientras jadeaba por aire.
—Ahora, eso es una maldita vergüenza. Qué sumi desobediente—dijo DeVries con
voz áspera y pseudo preocupada. A través de sus ojos borrosos, ella lo vio sonreír y
levantar la mano.
Levantó la mano. El bastardo estaba llamando a un custodio.
Un hombre con una camisa naranja se acercó, con el látigo en una mano.
Stan, otro completo bastardo, la señaló.
—Mala sumi.
—Ah, ¿Alguien hizo que una pequeña desobediente se corriera sin permiso? —
Chasqueando la lengua contra los dientes, el custodio le hizo un gesto con el látigo—.
Inclínate y agarra tus tobillos, niña bonita. Respira a través de tu castigo.
Ella lo miró incrédula y vio a Sir Ethan observando.
Cuando él le guiñó un ojo, su boca se abrió. Él sabía que ella estaba a punto de
correrse. Él la había hecho correrse deliberadamente.
Cuando lo miró furiosa, las cejas del custodio se fruncieron.
—¿Debo hacer diez por insolencia a tu Dom?
Uuups.
—No, Señor. Lo siento, Señor.
Sir Ethan miró al custodio y acercó el pulgar y el índice en un pequeño gesto,
entonces dirigió su atención a ella. Él movió su mano arriba y abajo. Inclínate.
Se dobló por la mitad y se agarró los tobillos. Ofreciéndole el trasero.
—Cuenta para mí para que no pierda el conteo. —El hombre deliberadamente,
sádicamente agitó el maldito látigo en el aire, aterrorizándola con el sonido, antes de
soltarlo.
La picadura en sus nalgas desnudas la hizo saltar. Pero no era demasiado doloroso.
—Uno, señor.
Más picaduras golpean, quemando más intensamente.
—Dos, señor. Tres, señor.
Se movió hacia su otro lado y agregó los dos últimos en un nuevo lugar. Más fuerte.
Ella chilló.
—Cuatro, señor. Cinco, señor. ¡Ay!
—De acuerdo entonces. Puedes incorporarte, niña. —El custodio retrocedió.
—Fuiste una buena sumisa, Piper. Estoy orgulloso de ti. —La aprobación en la voz
de Sir Ethan hizo que las lágrimas vinieran a sus ojos. Se paró cerca de ella, sin tocarla,
sino protectoramente, haciéndola querer enterrarse contra él. Su mirada atrapó la de ella
y la sostuvo, dándole el lento deslizamiento interior de rendición.
Las yemas de sus dedos se alzaron hacia su cara y se detuvieron. Sacudió la cabeza y
suspiró.
—Es hora de acunar con la mano tu coño y contar hasta cien, encanto. Tienes la
oportunidad de recuperarte.
Eso era bueno porque le ardía el trasero y también el coño. Espera un minuto.
—¿Quieres decir recuperarme para que pueda volver al juego?
Su sonrisa rápida fue suficiente respuesta.
Ella le lanzó una mirada que hizo que su sonrisa se ensanchara.
—Te alcanzaré dentro de poco. —Él le dirigió una larga mirada de agradecimiento
que hizo que el rubor se elevara en su rostro y siguió a los otros tres Doms.
Frunció el ceño cuando vio a ese tipo, Darrell alto, corpulento y desnudo, detrás de
Stan. El idiota. Con la esperanza de que Dixon no notara al idiota, comenzó a contar.
Un par de minutos después, terminó y corrió hacia el Puesto Cuatro.
El primer golpe de agua sobre su clítoris ahora demasiado sensible casi la envió a la
órbita. Cada uno después la acercaron demasiado rápido a la necesidad de correrse.
De nuevo.
Pero ella aguantó el clímax.
Otros tenían orgasmos. Como cuando DeVries, Sir Ethan, Xavier y Stan rodearon a
Abby, atrapándola de la misma manera que lo hicieron con Piper. La profesora se vino
con un grito que era mitad orgasmo y mitad indignación. Sonriendo, Piper se lanzó a la
cabina Cinco, recogió su número y terminó.
Aunque terminar no era realmente la palabra correcta, porque estaba tan excitada
que podría morir.
Capítulo 15

Ethan recogió a su aturdida sumisa mientras ella salía tambaleante del campo cerca
de la cabina Cinco. Estaba empapada, incluso su cabello había logrado mojarse. Con el
sol detrás de los árboles, el aire estaba frío y, a pesar del rubor de excitación, tendría frío
rápidamente.
—Ven, mascota. Nos sentaremos junto a una hoguera hasta que te calientes. —
Mientras la envolvía con una toalla de gran tamaño y la sostenía contra él, su suspiro de
satisfacción llenó un espacio vacío dentro de él. Ella era suya, una sumisa para disfrutar,
cuidar y apreciar. La sensación de satisfacción era profunda.
Cuando metió su ropa en su bolso de juguetes, notó un arrodillado sumiso
masculino frente a Stan. Dado que el brazo del sumi estaba marcado del 1 al 5,
probablemente esperaba recibir una recompensa del Dom.
—Ese cabrón—murmuró Piper—. Está tratando de robarle el Amo a Dix. ¿Podemos
ir a golpearlo?
Mi leal sumi. Ethan la besó ligeramente.
—No, encanto. Stan tendrá que defenderse de los aspirantes a amantes solo.
Mientras observaban, Stan frunció el ceño, miró al hombre y negó con la cabeza
antes de alejarse.
—Bueno, está bien—dijo Piper en voz baja.
Sonriendo ante su entrañable indignación, Ethan se echó el bolso al hombro y la
acompañó por el camino. Pasaron el pabellón de comida, un taller, más tiendas de
campaña y llegaron a las diversas áreas de reunión de la noche, las que tenían fogatas.
La agresiva música primitiva de Wolf Totem de la banda Hu llamó su atención, y guió a
Piper hacia las sombras alrededor de la fogata a la intemperie. Las mantas se habían
extendido sobre la hierba como una invitación para las personas que desean un lugar
para follar.
En el otro extremo, lejos de una entusiasta actividad, colocó su bolso de juguetes
sobre una manta que estaba lo suficientemente cerca de la fogata para sentir el calor.
De pie junto a la manta, Piper giró la cabeza, escuchando los sonidos húmedos y de
bofetadas de carne contra carne de alguien pasando un buen rato.
Cuando Ethan puso su mano sobre su nuca y la apretó contra él, su espalda contra
su pecho, un estremecimiento la atravesó. Deslizando su mano debajo de la toalla,
acunó un pecho lleno. Su pezón se endureció contra su palma.
—Tengo la intención de follarte duro, cariño. Espero que estés lista.
—Oh, no sé—dijo ella—. Estoy terriblemente cansada. —Y la pequeña mocosa
malcriada restregó su culo redondo contra su polla.
Él mordió la curva entre su hombro y el cuello y la sintió estremecerse.
—Tienes mi permiso para tomar una siesta mientras te follo. —La risita sorprendida
de ella lo hizo sonreír.
Mientras la ayudaba a sentarse en la manta, cuatro personas salieron de las sombras,
dos jóvenes Tops y dos sumisas. Una era Tanya, la morena que había servido como
modelo con las cuerdas antes.
—Ethan, um, ¿nos disculpas? ¿Tienes un minuto?—le preguntó uno de los Tops—.
Teníamos una pregunta sobre la demostración anterior.
Sangriento infierno, ¿ahora? Con la polla dolorida como un diente lastimado, Ethan
reprimió un suspiro y en lugar de eso sonrió.
—Por supuesto. ¿Cómo puedo ayudarte?
—Dijiste que el arnés para el pecho solo necesitaba unas cuantas vueltas más de la
cuerda para convertirlo en una posición de esclavitud para el sexo. ¿Puedes...?
Queríamos probar eso. —El joven se sonrojó y acarició la cuerda que colgaba de su
bolso de cuero.
—Sería más fácil mostrarte que explicarte—dijo lentamente.
Tanya se arrodilló e inclinó la cabeza, esperando su permiso para hablar.
—¿Sí, Tanya?
—Me encantaría volver a ser tu modelo en la cuerda, Sir Ethan, si le complace.
Sentada en la manta, Piper ignoró la conversación mientras pensaba en el juego que
acababa de terminar. ¿Realmente había correteado desnuda, tenido orgasmos en
público y se había reído tanto que casi se había caído? ¿Quién hubiera pensado que el
sexo y la dominación podrían ser... divertidos?
Cuando una de las sumisas habló, Piper se dio cuenta de que la mujer que había
estado en la demostración de la cuerda de Sir Ethan estaba ofreciéndose para ser su
modelo nuevamente.
Piper se puso rígida. Sir Ethan había elegido esta área cubierta para que pudieran
hacer el amor. O follar como conejos. Ambas cosas. Pero esa chica parecía pensar que
las manos de Sir Ethan estarían sobre ella.
—Muy bien—le dijo, entonces se arrodilló para sacar la cuerda de su bolso de
juguetes.
La mujer era hermosa. Alta y delgada. No, no, no. Los celos eran un pantano turbio
en el vientre de Piper.
Tensándose ante su probable rechazo, Piper tocó el muslo de Sir Ethan antes de que
pudiera ponerse de pie.
—¿Encanto? —Él frotó sus nudillos contra su mejilla.
Ella dudó. ¿Podría soportar estar atada? ¿Aquí? ¿Estaba loca?
—Puedo... ¿Podría ser...?
Él la estudió, entonces se inclinó hacia adelante y dijo solo para sus oídos:
—No iba a restringirte para una audiencia, pero si te sientes cómoda, me encantaría
atarte. —Su mirada la calentó más que la toalla a su alrededor.
—Puedo hacer esto. Me gustaría. Por favor, Sir.
—Excelente. —Se puso de pie y la levantó, tirando la toalla a un lado, dejándola
desnuda—. Gracias, Tanya. Mi sumisa me ayudará esta vez.
Mi sumisa. Todo dentro de ella se convirtió en papilla ante las palabras posesivas, y
era aterrador. La última vez que se sintió así, entregó todo. Ella misma, su cuerpo, su
alma.
—Piper. —Una palabra. Un recordatorio silencioso para quedarse en el presente y
prestarle atención. Su mirada se clavó en la de él.
—Mejor. —Él le dedicó una sonrisa, luego tomó las tijeras de vendas sacándolas del
bolso y las dejó sobre la manta. Sacando la cuerda del bolso, dobló el largo por la mitad.
—Quiero tu peso equilibrado, manos relajadas, ojos en mí.
Dio varias vueltas con la cuerda, alrededor de sus costillas, arriba, debajo y por
encima de sus senos, antes de doblar sus brazos detrás de su espalda, antebrazo contra
antebrazo. Sus senos estaban levantados hacia arriba en el arnés. Más cuerdas la
rodearon y la comprimieron aún más, tensando la piel, haciendo que sus pezones se
tensaran y dolieran.
Sus manos se movieron sobre ella, seguras y competentes, alisando las cuerdas sobre
su piel. Su toque era calmante y de alguna manera agudizaba todos los sentidos en su
cuerpo. Su oscura voz aterciopelada la acariciaba de la misma manera que sus dedos.
Sir Ethan le pasó las manos por el torso, ahuecó un seno y le tocó la cadera.
—¿Ves cómo se hace este nudo?
Medio hipnotizada por las sensaciones que la recorrían, Piper apoyó la cabeza contra
su hombro.
De pie con los otros tres, Tanya tenía el ceño fruncido y sus labios formaban un
puchero.
Mientras Sir Ethan continuaba atando los senos de Piper, se dio cuenta de por qué la
chica estaba disgustada. Porque el comportamiento de Sir Ethan era diferente con Piper.
A pesar de la intimidad inevitable de la cuerda, la interacción entre él y Tanya se había
tratado de los nudos. El diseño. Cálido, pero no erótico.
Con Piper, él la estaba excitando deliberadamente con cada toque. Cuando le ajustó
la cuerda en los senos, acarició y atormentó sus pezones. Mientras movía su cabello
para pasarle una cuerda por la espalda, le besó la curva expuesta del cuello. Ésta era un
bondage sensual, cada movimiento, cada nudo, cada deslizamiento de la cuerda hecho
para aumentar su excitación.
Y, oh Dios, funcionaba. Podía sentir la humedad de su coño, la tensa inflamación del
clítoris.
De pie detrás de ella, Sir Ethan acunó sus senos, su gruesa polla presionada contra
su culo mientras hablaba con los jóvenes Tops.
—Éste es el arnés de pecho que mostré en el escenario. En este punto, en lugar de
atar la cuerda alrededor de su cintura, la restringiré en una posición conveniente para
mi uso.
Ella se tensó mínimamente.
Él se inclinó, puso su mejilla contra la de ella.
—Dame un color, dulzura. Puedo parar si lo necesitas.
El conocimiento de que él era tan consciente de su cuerpo, de sus preocupaciones, la
hizo recostarse contra él. Ella frotó su mejilla contra la de él, su corazón lleno hasta
desbordarse.
—Verde, Sir. Estoy bien, Sir.
—Estoy orgulloso de ti, encanto—susurró, y después dijo con voz normal—.
Arrodíllate, por favor.
Él la agarró por los brazos cuando ella se arrodilló sobre piernas tambaleantes. La
pierna masculina estaba contra su hombro mientras le acariciaba el pelo, manteniéndola
atada a él con algo más que una cuerda.
—Un nudo rana estándar sujetará cada pantorrilla contra cada muslo. Una cuerda
adicional por encima y debajo de las rodillas agregará estabilidad a la cuerda superior.
Apoyado sobre una rodilla a su lado, él comenzó a enrollar la cuerda por sus
piernas. Meticulosamente, nudo por nudo. Cada aliento le traía su limpio aroma
masculino. Su sonora voz llena de humo era un murmullo bajo en sus oídos.
Las llamas lamían su piel con cada presión de la cuerda, con cada deslizamiento de
las hebras. Del mismo modo que el calor aumentaba, las cuerdas, sus cuerdas, la
encerraron en un capullo seductor. Su mente se desaceleró, cada pensamiento iba a la
deriva como una hoja en un río lento. Él la colocó de lado, dobló su pierna derecha y ató
su pantorrilla contra el muslo. Su mano acarició la parte interior de su pierna, excitó su
coño, después la giró y ató la pierna izquierda para que coincidiera con la derecha.
—Eso es bastante incapacitante—comentó un hombre.
—Tener la cuerda extra alrededor de sus rodillas me permite hacer esto. —
Moviéndola como si fuera una muñeca, con sus manos cálidas y cuidadosas, Sir Ethan
ató una cuerda, asegurando sus rodillas a la mitad de su pecho.
Ella realmente no podría moverse, y no le importaba. Todo dentro de ella quería
más… más toques, más caricias. Su polla.
Él la giró, de modo que su cabeza estaba baja con los hombros y la mejilla
presionada contra la tela áspera de la manta. Sus brazos estaban detrás de su espalda.
En lugar de sus rodillas aseguradas contra su pecho, las cuerdas sostenían sus rodillas
perpendiculares a su torso, elevando su trasero en el aire y también permitiéndole
separar sus muslos para exponer su culo y su coño.
Un escalofrío de necesidad la recorrió.
—¿Alguna pregunta?—le preguntó a las cuatro personas.
—No, creo que podemos seguir. Muchas gracias—dijo uno. El resto murmuró su
agradecimiento, y ella pudo oírlos alejarse.
—Te ves muy bonita así, encanto. —Sir Ethan pasó la yema del dedo por la cuerda
alrededor de su cintura. Solo ese simple toque centró su atención allí, haciendo que todo
dentro de ella se derritiera.
Sus ojos se cerraron, cada respiración se hizo más lenta, mientras saboreaba su
cercanía y esperaba que la soltara.
En cambio, escuchó una cremallera. El crujido de un paquete de condones. Él se
arrodilló detrás de ella.
—Sería una pena desperdiciar todo este trabajo arduo, ¿no te parece?
Ella no podía hablar, pero su cuerpo gritó sí.
Separando sus rodillas aún más, él se acomodó entre ellas. Ella podía sentir la tela de
sus vaqueros contra sus muslos desnudos.
Él estaba vestido. Ella estaba desnuda. Él esta libre. Ella estaba restringida... y de
alguna manera no le obstaculizó el acceso. Él podía tocarla donde quisiera, y ella ni
siquiera podía mover las manos.
Él tenía todo el poder, y eso hizo que ella lo deseara aún más.
Despacio, usando un dedo, exploró su coño, acariciando sus hendiduras, tocando su
clítoris, moviendo la capucha hacia arriba y hacia abajo. Invadiendo su entrada.
Frotando el pequeño espacio entre su coño y su ano. Todo su foco de atención se redujo
al lento deslizamiento de sus dedos mientras su coño se hinchaba y dolía de necesidad.
—Mmm. La posición del culo hacia arriba siempre me recuerda que hay dos
agujeros convenientemente disponibles—reflexionó.
¿Qué significaba eso? Ella se preparó para que él la tomara, moviéndose ligeramente
con anticipación.
En cambio, sus fuertes manos separaron sus nalgas.
Ella se sacudió en estado de shock.
—Espera, espera. —Feos recuerdos amenazaron con abrumarla, pero incluso
mientras los apartaba, se dio cuenta de que nada estaba sucediendo.
Él se había detenido. Éste era Sir Ethan. No la lastimaría. Acariciando suavemente su
espalda, él esperó.
Ella suspiró.
—Bien.
—Respira, encanto.
En el momento en que ella inspiró, un lubricante frío empapó su culo.
Él hizo otra pausa, se aclaró la garganta.
Bien, bien. Ella inhaló.
—Buena chica. —Algo fresco y suave presionó contra su agujero trasero, y él la
penetró firmemente con un delgado tapón anal.
Ella chilló ante el estiramiento caliente de músculos desconocidos, la posesión
despiadada de esa parte muy privada de su cuerpo. Jadeando, luchó contra las cuerdas
que le ataban los brazos a la espalda, las cuerdas que mantenían su trasero muy alto en
el aire. Tan vulnerable.
La sensación de él poseyéndola la arrolló, como un ascensor de alta velocidad
cayendo.
—¿Todavía estás bien?—preguntó él suavemente. Sus grandes manos masajearon
sus nalgas. Poseyéndola.
—Dame un color.
Rojo. No, amarillo. A pesar de los escalofríos que la recorrieron, no estaba en pánico.
No le dolía.
—Verde. Creo que verde.
Su risa acarició cada nervio de su cuerpo.
—No hay prisa. Tómate un tiempo para decidir. —Y continuó jugando con su coño.
Su culo palpitaba, zumbando con los nervios despiertos mientras él atormentaba su
clítoris, llevándola más y más cerca de correrse, hasta que ella estaba temblando de
necesidad. Un gemido escapó.
—¿Todavía verde? —Su voz contenía risas.
Maldito Dom.
—Verde.
—Bastante bueno. —Él deslizó la cabeza de su polla en su humedad y comenzó a
empujar.
Ella gimió cuando el tapón anal y su grosor la estiraron hasta una tensión casi
insoportable. Demasiado llena. Su pulso latía alrededor de las intrusiones, y se retorció
impotente.
Mientras continuaba con su inexorable posesión, las cuerdas parecían tensarse a su
alrededor. Ella no podía hacer nada. Estaba completamente bajo su control, su poder.
Suya.
Entonces él estaba dentro, una presencia sólida, íntima y embriagadora dentro de
ella. Inclinándose hacia adelante, besó su nuca, acunando sus senos, enviando hambre
oscura a través de ella.
Incluso cuando las paredes de su vagina palpitaban a su alrededor, él comenzó,
aumentando la velocidad y la fuerza hasta que ella pudo sentir la sacudida de cada
estocada profundamente en su núcleo. Follándola duro como lo había prometido.
—Me gusta esta posición para ti, encanto. —Sus dedos atormentaban sus pezones,
tirando de ellos, pellizcándolos con un dolor alucinante—. Todo está al alcance… y no
puedes interferir.
Cuando extendió el brazo a su alrededor para jugar con su clítoris, sus estocadas
nunca disminuyeron, el glorioso placer la atravesó... enviándola más y más cerca. La
ansiedad estalló y ella luchó contra correrse. Era demasiado. Perdería todo si se corría.
Restringida y corriéndose, la tendría completamente en su poder, bajo control.
—Piper. —Su mano se aplanó sobre su coño. Sus embestidas se detuvieron. La pausa
fue larga. Alarmante—. ¿No puedes confiar en mí, encanto?
Estaba jadeando, excitada, asustada y... sí. Sí, ella confiaba en él. Para restringirla.
Para los orgasmos. Para las dos cosas juntas. Sus ojos se cerraron, sus músculos se
relajaron, y ella... se rindió.
—Allá vamos. —Él pasó una mano sobre su espalda, mientras la otra se deslizaba a
través de su humedad, frotando su clítoris, exigiendo una respuesta. Su polla la llenó,
haciendo estremecerse los nervios sensibles del ano con cada empuje, tensando su
clítoris, y la excitación creció dentro de ella, la necesidad la llenó hasta que toda su
mitad inferior se tambaleó sobre el borde.
Él disminuyó la velocidad, su toque se aligeró, se retiró, y ella pudo escuchar sus
gemidos.
—Agradable, muy agradable. Corrámonos juntos, ¿de acuerdo? —Él la embistió,
corto y rápido, incluso mientras su dedo frotaba directamente sobre su clítoris,
resbaladizo y exigente e imposible de negar. La presión aumentó, y aumentó dentro de
ella hasta que todo su cuerpo se balanceó sobre el precipicio.
Y cayó. Oleada tras oleada de sensaciones rugieron a través de ella, incluso cuando
su agarre en su cadera se apretó, mientras su polla se engrosaba y se sacudía. Él se
corrió, enviando más espasmos a través de ella. Más y más. La manta, el suelo, el
mundo desapareció. Incluso mientras ella se perdía, sabía que estaba a salvo, acunada
entre sus cuerdas y su cuidado.
***
Dos horas después, habiendo limpiado y reunido con la gente de Dark Haven
alrededor de una fogata a la intemperie diferente, Ethan acariciaba el cabello sedoso de
Piper. Ella tenía la cabeza apoyada sobre su muslo y parecía tan satisfecha como él. Su
mente estaba en silencio, Shibari era una forma activa de meditación para él, y su
cuerpo estaba lleno de lo que había seguido.
Como Dom, estaba satisfecho con la confianza que Piper le había dado. Había sido
una alegría verla en sus cuerdas, verla caer en el subespacio. Que ella confiara en él con
todo su cuerpo.
Sonriendo, él miró a su alrededor. Stan y Dixon estaban sobre una manta a su
izquierda. A su derecha estaban Lindsey y DeVries.
—Oigan, pandilla de sumis, es hora de hacer premios-Dom. —Nunca quieto por
mucho tiempo, Dixon se puso de pie. Aullando, se apretó la entrepierna. Su Amo tiene
una mirada feroz.
—Lo juro por Dios, señor, creo que esa cosa quemó toda la piel de mi polla.
—Stan. —DeVries se frotó la barbilla—. Tengo un flagelador de alambre de púas de
goma que eliminaría cualquier piel que quede.
—¡Oye! —Dixon señaló a Lindsey—. Chica, solo sienta de vuelta tu trasero. Ese
sádico tuyo no está recibiendo ningún premio-Dom.
Riendo, Lindsey levantó la cara para recibir un beso de DeVries, que se lo dio de
inmediato.
Ethan sonrió. Encontrar a Lindsey había cambiado al amargo ex mercenario.
Siempre sería un sádico, pero estaba más abierto, más cómodo con las personas. Los
sumisos tenían mucho más poder del que creían.
Piper bostezó y se sentó.
—Sir. ¿Me permite buscarle un premio-Dom… cualquier cosa que ellos sean?
—Permiso concedido. —Ethan la atrajo hacia él, saboreó su suave boca y la soltó.
Dixon la puso de pie.
Cuando Lindsey se unió a ellos, Dixon frunció el ceño a la morena.
—Chica, ¿qué dije?
—Dix, ¿realmente quieres pasar la noche con un sádico de mal humor?—le preguntó
Piper—. Dale el premio y mantén la calma.
—Ooooh, buen argumento. —Dixon esquivó el golpe que Lindsey apuntó a su
cabeza, y los tres se dirigieron a la fogata más cercana.
—¿Qué demonios son los premios-Dom? —Stan tomó un sorbo de su cerveza.
—Está bien, no has estado aquí antes. —Apoyándose sobre los codos, Ethan inclinó
la cabeza hacia arriba. La luna estaba llena, hermosa en el negro cielo nocturno—. La
mesa de servir tiene galletas graham, cuadrados de chocolate y malvaviscos y los
ingredientes para los malvaviscos.
—Bueno, maldición. —Stan sonrió—. No los he comido desde que pescaba con mi
padre en Texas.
Ethan había probado los malvaviscos en un viaje de campamento con Xavier y su
anterior esposa poco después de llegar a los Estados Unidos. Él sonrió. La primera y la
segunda esposa de Xavier eran muy diferentes, pero Abby era perfecta para el hombre
que era ahora.
La mirada de Ethan se centró en Piper que estaba asando un malvavisco sobre la
fogata. El sonido de su risa era una de las cosas más hermosas que él había escuchado.
—Ahí están. —La voz de Rona llegó desde la derecha. Ella y Simon, después Xavier
y Abby reclamaron mantas cerca del grupo.
Cuando todos intercambiaron saludos y algunas historias, Piper y su equipo
regresaron. Despreocupados y de buen humor. Maldición, le gustaba verla así.
Ella se arrodilló frente a él.
—¿Podría esta esclava darle un premio a su Amo?
Tocando su mejilla, él murmuró:
—Solo si reformulas la pregunta usando la primera persona y Dom.
Ella parpadeó y palideció, sin haberse dado cuenta de lo que había dicho.
En realidad, no encontraba la frase ofensiva, pero para su salud mental, lo mejor
sería dejar atrás la mentalidad de esclava.
Cerrando los ojos, respiró hondo y susurró:
—No soy una esclava. —Cuando abrió los ojos, le sonrió—. Gracias. ¿Puedo darle un
premio a mi Dom favorito del mundo entero?
—Eso funciona muy bien. —En realidad, funcionaba más que bien.
—Preparado con sus propias manos—dijo Dixon.
Ethan se inclinó para besar sus suaves labios y probó el malvavisco y el chocolate.
—¿Veo que disfrutaste de algunas golosinas mientras cocinabas?
—Bueno... —Las comisuras de sus labios se curvaron—. Tuve que probar el sabor
para asegurarme de que todo fuera digno de mi Sir, por supuesto. He oído que los
baronet son muy quisquillosos.
—Lo son absolutamente—dijo agradablemente y le dio un mordisco a su merecida
golosina. El malvavisco dorado y el cuadrado de chocolate suavizado estaba intercalado
entre dos galletas Graham. Había olvidado lo deliciosa que era la mezcla de sabores.
Terminó el crujiente y pegajoso sándwich en unos cuantos bocados—. Gracias, encanto,
eso estuvo excelente.
Los ojos de ella se iluminaron con el placer de un sumiso habiendo servido y siendo
felicitado por su Dom. A él se le derritió el corazón.
Sin pensarlo, la acurrucó en la curva de su brazo, contra su lado. Donde ella
pertenecía.
—Tu chica aprendió los protocolos del club malditamente rápido. —DeVries estudió
a Piper, obviamente habiéndola oído referirse a sí misma en tercera persona—. Incluso
sabía la posición presente. ¿Ha tenido entrenamiento?
Ethan comenzó a responder, entonces se detuvo. Las conversaciones en la noche
eran informales, así que ella podría responder por sí misma. En su opinión, era hora de
que compartiera más de su pasado, pero él se lo dejaría a ella.
Ante la pregunta, Piper sintió que sus palmas se volvían húmedas y pegajosas. A
pesar del brazo tranquilizador de Sir Ethan a su alrededor, el mundo parecía sacudirse.
DeVries, a quien todos llamaban el Enforcer, esperó a que Sir Ethan respondiera.
En cambio, Sir Ethan levantó una ceja, arrojando la respuesta completa en su regazo.
Maldito sea. Aun así, si él hubiera respondido por ella, ella habría odiado eso, también.
—Yo, eh, tuve algo de entrenamiento. Hace años. —Se frotó las manos en los
vaqueros.
Simon la miró.
—¿En Kansas?
Por supuesto que sabía que ella era de Kansas. Había hecho la verificación de
antecedentes de Dark Haven. No quiero pensar en Kansas. Sobre esa época.
—Um. Sí.
Xavier estaba tendido sobre su lado, mordisqueando los dedos de Abby mientras
ella se inclinaba sobre la curva de su cuerpo. Él se apoyó sobre un codo para estudiarla.
—¿Cuánto tiempo estuviste en una relación A / s?
—¿Cómo lo supiste? —Ella dirigió una mirada acusadora a Sir Ethan, quien debió
haber contado todo sobre su pasado a todos.
—No lo sabía—dijo Xavier, divertido—. Ahora sí.
Su reacción había confirmado su suposición.
—Lo siento—le susurró a Sir Ethan.
Él tiró de su cabello en una pequeña reprimenda, entonces la movió al espacio entre
sus piernas abiertas para que su espalda descansara contra su pecho. Sus brazos se
cruzaron debajo de sus senos, sosteniéndola contra él. Seguridad y confort. Se dio
cuenta de que él también la había atrapado para que se enfrentara al resto del grupo.
Xavier se aclaró la garganta en una advertencia. No se suponía que las sumisas
fueran lentas en responder.
—Dos años—masculló ella.
—¿No fue ese tipo de intercambio de poder, Amo/esclavo, de tu agrado?—le
preguntó Simon. Acurrucada contra su lado, Rona le dirigió a Piper una mirada
preocupada.
—No. No me gustó la dinámica Amo / esclavo. —Manteniendo su respuesta lo más
escueta posible, Piper apretó la mandíbula. Ese tiempo en Kansas estaba en el pasado.
Terminado. No pensaría en ello. Nunca.
Excepto que Xavier, Simon y DeVries la miraban pensativamente.
—¿Eras la única esclava en la casa? ¿Era eso parte del problema?—le preguntó
Simon—. ¿Tener un Amo que quisiera otra esclava?
Incluso cuando se puso rígida ante la pregunta, vio que Dix también reaccionaba.
Pero se volvió para mirar a su Dom con consternación. Entonces se deslizó hacia atrás,
dejando unos buenos treinta centímetros entre él y Stan. Stan se dio la vuelta para
mirarlo ceñudamente.
Oh, no. ¿Dix había visto el asqueroso comportamiento de Darrell durante el juego?
¿Creía que Stan quería dos esclavos?
Su boca se apretó. Ya era bastante malo que las preguntas la molestaran, pero si
hablar sobre el poliamor molestaba a Dix... Bueno, ella no lo haría.
Ella forzó un tono ligero en su voz.
—No, ese no era el problema. ¿Podemos hablar de algo más divertido? —Sin esperar
un acuerdo, agregó—. Las historias de fogatas son una vieja tradición, y me encantaría
saber cómo se conocieron Dixon y Stan.
Tal vez les recordaría a los dos cuánto se amaban.
Presionada contra el pecho de Sir Ethan, podía sentirlo reír.
—Buena manera de cambiar de tema, sumi—murmuró solo para sus oídos—. Pero
no te librarás de responder por siempre.
Sí, sí, ella lo haría.
DeVries resopló.
—Cómo se conocieron es la historia de Tex, aunque se pone verde cuando piensa en
ello.
—¿Qué? —Piper parpadeó. Su curiosidad era enorme, pero verde no sonaba bien.
Ella sacudió la cabeza hacia Lindsey—. No tienes que compartir si tú…
—Está bien. —Lindsey miró con el ceño fruncido a DeVries y después sonrió a Piper.
Su acento de Texas era más espeso de lo normal cuando dijo—. Mi ex esposo estaba
involucrado en el tráfico de personas y el contrabando de armas en la frontera. Lo
descubrí y él murió, pero fue horrible, y necesitaría mucho más alcohol y tiempo para
hablar de ese día.
Piper la miró fijamente. ¿Un ex criminal? Ella quería abrazar a Lindsey. Al mismo
tiempo, se moría por escuchar toda la historia. Mala, fisgona Piper.
—Realmente, no necesito saber…
—Hablaremos de eso uno de estos días. De todos modos, sus socios me acusaron de
su asesinato, y huí a San Francisco para esconderme, pero vinieron detrás de mí. Dark
Haven estaba de fiesta en una cabaña cerca de Yosemite, y Simon llamó a Stan… el
Señor Investigador Criminal de Seguridad Nacional. —Ella sonrió—. La primera
impresión de Dixon de él no fue buena.
—Aparentemente, me veía amenazante. Saltó delante de Lindsey para protegerla. —
Stan sonrió, agarró el pelo de Dix y tiró de su sumiso sobre su regazo.
Dixon chilló y se quedó en silencio cuando la mano en su cabello se apretó.
—En ese mismo momento me dije que quería conocerlo mejor. —Stan pasó los
nudillos por la mejilla de Dix mientras evitaba que se moviera. Aparentemente, el Amo
había terminado de tener a Dix tratándolo con frialdad. Con los ojos cerrados, Dix
permaneció en silencio.
El corazón de Piper sufría por él. Por los dos. ¿Cómo podría ayudarlos?
Pero había aprendido que interferir en una relación rara vez resultaba bien para
alguien. Maldición. Sus uñas deben haberse clavado en los antebrazos de Sir Ethan
porque él le dio un fuerte apretón y la trajo de vuelta al presente.
Apoyándose contra él, podía sentir el lento ascenso y descenso de su pecho. De vez
en cuando, bajaba la cabeza para rozar su mejilla contra la de ella o frotar su barbilla
sobre la parte superior de su cabeza. Estar así en sus brazos , siendo la receptora de su
abierto afecto era maravilloso. Abrumador.
Las lágrimas brotaron porque amaba estar aquí. Pertenecerle.
Y porque así era como ella había pensado que sería el BDSM. Cómo serían los
Dominantes. Parpadeando para contener las lágrimas, miró a su alrededor. Dixon,
siendo abrazado a pesar de su retracción. Lindsey, presionada contra DeVries que la
abrazaba y estaba jugando con sus dedos. Abby, acostada, con la cabeza sobre el muslo
de Xavier. Rona, sentada junto a Simon, con una manta sobre las rodillas, bebiendo de
la misma copa de vino.
Había buenos Doms en el mundo.
BDSM en realidad podría ser divertido. Como hoy con ese loco y bochornoso juego
con pistolas de agua. Orgasmos en público. Nadie había tratado de humillarla. Incluso
los latigazos que había recibido había sido más por diversión y sensualidad que por un
castigo real. Todo el juego había sido una forma de compartir una sumisión con otros
Tops sin ningún toque real.
El sexo no tenía que doler.
Y las restricciones podrían ser más que una forma de lastimar a alguien.
Anteriormente, Sir Ethan había atado su cuerpo y, con cada nudo, también había atado
sus sentimientos a él. La había posicionado y usado para su placer. Exigiéndolo en el
modo de un Dom. De alguna manera, había sido todo lo que ella deseaba.
Después, le había mostrado el verdadero significado de cuidados posteriores.
Mientras la acurrucó en su regazo, cuando las personas se detuvieron para hablar,
les dijo más tarde, como si sostenerla fuera lo único que quería hacer. No había mostrado
urgencia, ni sensación de impaciencia. Con los brazos alrededor de ella, había
acariciado su piel desnuda y le había dicho cuánto lo había complacido.
Mirando hacia abajo, se dio cuenta de cómo había curvado sus dedos alrededor de
sus antebrazos. Necesitando tocarlo.
¿No era curioso cómo el lazo entre ella y el Profanador había comenzado con fuerza
y terminó como un solo hilo… el del miedo? Incluso su servicio había sido realizado por
terror.
Con Sir Ethan, los lazos entre ellos seguían multiplicándose, tejiéndose en una
cuerda gruesa. Dar y recibir placer en mutua alegría. Sometiéndose y sirviendo. Siendo
apreciada, protegida, cuidada. Riendo juntos. Compartiendo comidas y conversaciones.
Ahora ella también tenía esto, la forma en que la besaba abiertamente y la abrazaba
cuando estaba con sus amigos, lo que demostraba que estaba contento de estar con ella.
El vínculo entre ellos seguía creciendo, y ¿cómo podía evitar preocuparse? ¿Quería
arriesgarse a estar atada a otro hombre otra vez? ¿Un Dominante?
Peor aún, podía sentir otro hilo entretejiéndose en la cuerda... un hilo de amor.
La última vez, había cedido todo: su libertad, su cuerpo, su vida. Ella había
aprendido su lección.
Sir Ethan seguramente no se parecía en nada al Profanador, pero ella se tomaría su
tiempo.
Capítulo 16

En la cocina de la casa de Ethan, Piper se tomó un momento para reflexionar.


Durante las últimas dos semanas, había perdido terreno constantemente en un intento
por mantener sus sentimientos bajo control. Y ella lo había intentado realmente duro.
Bueno, está bien, disfrutar de demasiado vino mientras miraba los fuegos artificiales
del 4 de Julio desde la azotea de la casa de Ethan no había sido una buena idea. Casi
había soltado la letal frase te amo esa noche. Pero, sinceramente, ella era solo humana.
Sexo, alcohol y Sir Ethan en modo Dom. Nadie podía resistir esa combinación.
Ella soltó una carcajada. Acéptalo, mantener las cosas en un nivel informal y frío era
simplemente difícil. Era casi más complicado con otras personas alrededor, como
cuando salían a comer con Simon, Rona, Lindsey y DeVries. Había sido una gran noche,
y finalmente estaba... mayormente... cómoda con los amigos Dominantes de Sir Ethan.
Simon y DeVries informaron que, cuando visitaron a Jerry en su hotel, lo habían
empacado para irse. Al darse cuenta de quiénes eran, Jerry se echó a llorar, todavía
traumatizado por lo que ella y Ethan le habían hecho. Era terrible lo satisfecha que se
había sentido al escuchar eso. Todos habían sonreído, y Ethan había chocado puños con
ella. Cuando DeVries se quejó de no tener una excusa para golpear a Jerry, la risa había
limpiado la habitación.
Entonces eso estaba terminado.
Al abrir la nevera, echó un vistazo a los platos etiquetados que dejó el chef. La
cazuela de pavo al curry sonaba bien. Ella metió dos porciones en el horno.
Elegir una comida no era difícil. Si tan solo fuera tan fácil decidir cómo se sentía con
respecto a Ethan. En lugar de eso, sus sentimientos eran tan erráticos como... como el
clima de San Francisco. Las personas aquí esperaban que su clima a mediados de Julio
se mantuviera alrededor de los quince grados, no subiendo a más de veintinueve
grados terriblemente soleados y luego cayendo en picado. Miró por la ventana a la
niebla que se acercaba, opacando el mundo.
Así era su relación. Confusa. Llena de niebla. Picos ocasionales de calor. Podría ser
que ella se estuviera volviendo loca.
Un cuerpo peludo se enroscó alrededor de sus tobillos, haciéndola saltar.
—Oliste el pavo, ¿verdad?
Churchill lanzó un maullido quejumbroso, tratando de convencerla de que estaba
volviéndose piel y huesos.
—Ajá. Es obvio que no has comido en semanas. —El regordete gato probablemente
se estaba acercando a los nueve kilos.
Pero sus grandes ojos azules eran tan suplicantes. Tan efectivos.
—No se lo digas a Ethan, ¿de acuerdo? —Ella dejó caer algunas golosinas en el suelo.
Purr, purr, purr.
—Nos parecemos mucho, gato. —Toda su vida se había sentido hambrienta de
amor, y ahora, con el afecto abierto de Ethan, parecía que no podía encontrar el
equilibrio. Seguramente no quería actuar tan necesitada como lo hacía Churchill con sus
golosinas para gatitos.
En la sala de estar, escuchó pasos que indicaban que Ethan había terminado su
ducha después del entrenamiento.
—¿Necesitas ayuda, Piper?—le preguntó.
—Nada para hacer. Podemos comer en media hora más o menos. —Oh Dios, ¿eso no
sonaba muy doméstico? ¿Cómo demonios había acabado viviendo prácticamente aquí?
Había notado que el chef, que venía semanalmente, ahora estaba preparando comida
para dos en lugar de uno, y no había sido ella quien hizo ese cambio. Tenía que admitir
que realmente disfrutaba tener la comida preparada y lista para poner al microondas o
al horno. Cocinar era aburrido, por eso tenía una larga lista de lugares con delivery en su
teléfono.
Hornear, y regalar galletas, era lo suyo. Echó un vistazo a las tartaletas de mora en
una bandeja cubierta y sonrió.
Aunque, tenía que admitir, mezclar bebidas para un hermoso Dom venía en un
segundo lugar muy cerca. Ella cargó el gin-tonic de Ethan junto con su ron con coca cola
y se detuvo para mirarlo.
Él estaba tumbado en el sofá, con la espalda apoyada en el reposabrazos y los pies
sobre cojines. Cómodo y sexy como la idea de Hollywood de un pirata: ojos azules y
afilados en un rostro bronceado, el cabello castaño todavía húmedo por la ducha. Bigote
oscuro y espesa barba apenas crecida. Con los pies descalzos, vestía su atuendo habitual
de noche en casa, pantalones negros con cordón y una camiseta holgada sin mangas que
revelaba sus abultados músculos.
¿Qué había en sus bíceps que la hacía querer morder la dura curva?
La risa brillaba en su mirada; él podía leerla como un libro. Maldito Dom.
Ella resopló con bochornosa exasperación.
—No te voy a saltar encima.
—Bueno, eso es una pena. Yo no protestaría, ya lo sabes. —Él no lo haría. A menos
que estuvieran observando protocolos más estrictos y se suponía que ella no debía tocar
sin permiso, le gustaba cuando ella hacía avances. Por supuesto, ese momento de
control duraba solo un segundo antes de que él se hiciera cargo. Incluso cuando estaban
“jugando” él nunca perdía ese aire de mando.
Sacudiendo la cabeza, le entregó su gin-tonic.
—Gracias, encanto. —Tomó un sorbo, y su agradecido “muy agradable” envió un
brillo a través de ella. Hacer cualquier cosa por él, especialmente cuando mostraba su
aprobación, la dejaba caer directamente en el espacio de servicio sumiso. No el suave
frenesí químico del subespacio obtenido de los juegos de impacto o de la cuerda, sino
una quietud feliz. Una manta de satisfacción en un mundo maravillosamente silencioso.
Bebiendo su bebida, se dejó caer en una silla.
—Parece que tuviste un buen día—observó él.
—Lo tuve. Chatelaines tiene dos nuevos clientes más, ambos de Dark Haven. —Ella
frunció el ceño—. En realidad, no estoy seguro de que más clientes sea algo bueno.
—Me hiciste perder. ¿Por qué?
—Tener suficiente dinero es gratificante, por supuesto, pero si el negocio continúa
creciendo, tendré que contratar gerentes.
—Considerando las horas que trabajas, diría que ya has llegado a ese punto.
—Lo sé, pero… —le dirigió una sonrisa triste—… me gusta participar activamente y
saber que mis clientes están recibiendo el mejor servicio. Los gerentes podrían no ser
tan quisquillosos como yo.
—Nadie es tan cuidadoso como el propietario—acordó—. Pero si no te expandes,
limitarás tus ganancias.
—Lo sé. —Ella se encogió de hombros—. Mientras tenga suficiente para lo básico y
algo de diversión, no necesito más.
Las cejas masculinas se alzaron.
—Lo sé, lo sé. Estar contenta con menos es un sacrilegio para vosotros, los ricos.
—No nos tienes respeto en absoluto, ¿verdad? —Su risa le mostró que no estaba
ofendido.
Un maullido llamó su atención. Al lado del sofá, Churchill miró a Ethan, moviendo
ligeramente el trasero. Eligiendo un lugar de aterrizaje.
—Tu Primer Ministro quiere un regazo. —Piper lo levantó, lo abrazó y colocó al
fuerte felino en el estómago de Ethan.
El Dom emitió un sonido contundente, aunque no había forma de que el gato
pudiera abollar esos abdominales duros como una roca. Acarició al gato.
—Creo que has ganado un par de kilos, Church. Ambos estaremos en problemas con
el veterinario.
Frunciendo el ceño, apretó el vientre redondeado del gato.
—Tengo la sensación de que alguien ha estado cediendo a tu mendicidad.
Oh. Le había advertido la semana pasada que si la atrapaba volviendo a darle
comida al gato, la zurraría. Su estómago se hundió cuando su mirada se volvió severa.
—¿Cuántas golosinas le diste desde que llegaste a casa hoy?
Ella levantó la barbilla.
—Ninguna. No he estado en casa.
—Piper. —La serenidad de la sola palabra tenía más amenaza que gritos fuertes.
—Seis. Le di seis golosinas justo ahora en la cocina.
Sentándose, dejó a Churchill en el suelo y le hizo señas a Piper con dos dedos. Ven
acá.
No, no, no. Sin embargo, de alguna manera, su cuerpo la levantó y la llevó los dos
pasos hacia el sofá. Él agarró su mano y la guió a una posición apoyada sobre su vientre
con el culo en alto sobre sus rodillas.
Sus manos estaban sobre la alfombra, sus pies al otro lado de las piernas de él.
—No te muevas de allí. —Su acento inglés era cortante, mostrando su disgusto—.
¿Fui menos que claro sobre las consecuencias de alimentar al gato?
Él había sido muy claro. No tenía otra excusa que no sea ser una tonta con los bebés
peludos.
—No, Señor.
—Muy bien. No puedo pedir que cuentes por mí, ya que incluso yo puedo contar
hasta seis.
El castigo no tuvo calentamiento, ni caricias sexys antes de que su mano dura
golpeara su trasero. Sus ligeros pantalones de algodón no proporcionaban
amortiguación, y el golpe picaba como fuego. Ella contuvo el aliento, inclinó la cabeza y
apretó los dientes.
Los azotes continuaron sin pausas. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis.
Tenía una mano despiadada, pero al menos todo terminó rápidamente. Las lágrimas
ardían en sus ojos, pero no había llorado y, lo que es más importante, no había tratado
de luchar o cubrirse el trasero. Ella no se había movido.
Ahora, trató de sentarse.
Él puso una mano en el medio de su espalda, sujetándola contra sus piernas. Su otra
mano masajeó su trasero ardiente.
—¿Por qué te zurré, encanto?
—A-alimenté a Churchill con golosinas que se supone que no debe recibir.
—¿Son las nalgadas un disuasivo efectivo? ¿Crees que puedes evitar consentirlo en
el futuro?
—No lo volveré a hacer.
—Bastante bien. —Él la ayudó a sentarse y, a pesar de sus esfuerzos por alejarse, la
acomodó en su regazo.
Sus muslos eran todos músculos duros, y su trasero dolía. Se sentó rígidamente, sin
ganas de acurrucarse. O hacer cualquier otra cosa con él. El patán.
Ignorando su resistencia, la empujó contra su pecho y suspiró.
—Sé que algunos Doms, especialmente los sádicos, disfrutan castigando a sus
sumisos. Yo no. Mezclar sexo y dolor en un contexto erótico es divertido. No me gusta
simplemente lastimar a alguien.
No me importa. La mandíbula de ella estaba tan apretada que le dolía.
Su mano estaba apretada con la misma fuerza. Él se la abrió y le besó la palma.
—No trates de ser amable conmigo. No funcionará—dijo ella con los dientes
apretados.
—¿No? —Le pasó la mano arriba y abajo por los rígidos músculos de la espalda—.
Estás enojada porque te castigaron. ¿Sientes que me extralimité?
—Sí. —O no. ¿Tal vez?—. No lo sé.
—En realidad, quería hablar contigo esta noche. Ya es hora—murmuró él.
Él quería hablar con ella. Un fragmento de hielo penetró en su corazón. No. Oh no.
Iba a romper las cosas. Ella sabía que esto sucedería, sabía que no era lo suficientemente
buena para él. ¿Pero ya?
Más lágrimas picaron en sus ojos por un dolor diferente, esta vez en su corazón. Ella
puso sus manos contra su pecho y se empujó hacia atrás. Intentó ponerse de pie.
—Iré a buscar mis cosas.
—¿Tú harás qué? —Con las manos en la parte superior de sus brazos, él la sostuvo lo
suficientemente lejos como para poder ver su rostro. Sus ojos se agudizaron—. Dulzura,
lo que sea que estés pensando, estás equivocada.
—Tú quieres que me vaya. Lo entiendo; hemos terminado.
—No estamos ni cerca de haber terminado. —Él acunó su rostro, secándole las
lágrimas con el pulgar—. Simplemente quiero discutir los límites en nuestra relación.
Ella lo miró a la cara, viendo solo cariño. Más: cuidado y real preocupación.
—¿Relación? —Cuando su mirada atrapó la de ella, sintió que su equilibrio se torcía.
—Sí, encanto. Ésta es una relación. —Su tono era divertido, pero levantando la
barbilla, la besó con firmeza. Seriamente.
Ella exhaló. No la estaba alejando.
—Relación—repitió ella.
—Sí. En caso de que no lo hayas notado, tenemos una relación romántica. —Él le
apartó el pelo de la cara—. Pero también estamos en un relación D / s, y esa dinámica
necesita una aclaración.
La iluminación la invadió. La zurra. Él había estado hablando de límites.
Los fines de semana, cuando trabajaban en sus miedos, tenían ciertos límites. Pero
éste no era el fin de semana. Ella enderezó los hombros.
—No soy una esclava. —Por favor, no dejes que quiera una esclava. Él había dicho una
vez que no...
—Aquí vamos. Un buen comienzo. —Un pliegue apareció en su mejilla—. No estoy
interesado en un intercambio de poder total donde creo que te poseo. Sin embargo, soy
un Dom. —Se detuvo. Levantó una ceja.
Cuando ella no habló, él le tocó la barbilla con un dedo.
—Esto, encanto , es una negociación. Tienes que contribuir.
Sí, él tenía razón. De acuerdo. Era un Dom. ¿Se consideraba sumisa? ¿Quieres hacer la
cosa D / s como su sumisa? ¿Y cuán estúpida era ella incluso de pensar que no? Por
supuesto, ella era sumisa. Ella cavó profundamente, sacando la honestidad que él
exigiría.
—Me gusta cuando tú tomas el control.
—Ahora estamos progresando. No una propiedad, pero la autoridad es buena. —Sus
ojos perceptivos se quedaron en su rostro—. ¿Todo el tiempo?
—No. —Ella tragó saliva. ¿Se iba él a enojar? ¿O lo había decepcionado? La idea de
decepcionarlo convirtió sus emociones en un lío enredado—. Soy sumisa. Los dos lo
sabemos. Pero también soy la dueña de un negocio, tengo amigos, cosas que hago, cosas
donde no quiero ser responsable ante ti.
—Muy bien. —Sus ojos se calentaron con aprobación—. De acuerdo. Ninguno de
nosotros quiere una relación Amo / esclavo o Dominante / sumiso 24/7. Entonces la
siguiente pregunta es cuándo. Creo que los dos disfrutamos D / s en el dormitorio.
Sus mejillas se calentaron porque él sabía muy bien cuánto disfrutaba ser dominada
durante el sexo.
—Sí.
—No me importa lo que vistas, comas o hagas durante el día. —Él le pasó los
nudillos por la mejilla—. Querré seleccionar tu ropa para el club o para cualquier
actividad asociada con el fetiche.
El estrangulamiento alrededor de su pecho se estaba aflojando. Había entrado en
pánico porque había arruinado todo esto la primera vez, simplemente entregándolo
todo.
—Está bien. Sí.
Los días eran de ella; el sexo era suyo. Eso dejaba bastantes horas sin contabilizar.
—¿Qué pasa con las tardes como ahora o los fines de semana, o cuando estamos
juntos? ¿Restaurantes y eventos?
—Ahora, esa es la pregunta—dijo él suavemente. Su mirada sostuvo la de ella—.
¿Cuánto control quieres durante el tiempo sin sexo, encanto? Si te digo que no
alimentes al gato y lo haces, ¿es una infracción D / s o una de una relación romántica?
No era un Dom de mano dura.
Cuando sus labios se arquearon, su barbilla se levantó ligeramente, diciéndole que
quería que ella compartiera ese pensamiento. Ella se sonrojó.
—Estaba pensando que no eras un Dom de mano dura, pero me duele mucho el
trasero.
Su sonrisa apareció y desapareció tan rápido que solo su ritmo cardíaco elevado era
la evidencia de su existencia. Ella habló más despacio, tratando de desenredar sus
pensamientos.
—No tienes muchas reglas y rituales, y eso me gusta, pero si me equivoco, tampoco
me gusta que te lo dejes pasar. —Porque eso se sentiría como si a él realmente no le
importara.
Ella suspiró, sabiendo que se estaba entregando a más azotes.
—Y me gusta que no me dejes quedar impune.
Cuando la había disciplinado, pensó que él estaba lo suficientemente involucrado en
lo que había entre ellos, en sus normas y reglamentos, como para tomarse el tiempo y el
esfuerzo para hacerlos cumplir. No porque le gustara lastimarla, sino porque la
dinámica de su relación era tan importante para él como lo era para ella.
Ella amaba servirle, amaba que él lo requiriera, amaba que él se diera cuenta de lo
que ella hacía, bien o mal, y la felicitara o desaprobara en consecuencia.
—Parece que caemos en una especie de intercambio de poder la mayor parte del
tiempo.
Los labios masculinos se torcieron.
—Te diste cuenta, ¿verdad?
Al principio no lo había hecho, pero luego se dio cuenta de cómo se sentía más
cómoda dejándole las decisiones, aunque lo dijera claramente si no estaba de acuerdo.
Él detectaba si algo la molestaba, a menudo antes de que ella se diera cuenta. Lo que
hacían los sábados era la forma en que interactuaban entre sí la mayor parte del tiempo.
Incluso cuando simplemente miraban televisión, ella se sentía como si estuviera bajo su
autoridad.
Y se volvía más... contundente... en el dormitorio. Para su gran placer.
—Está bien, intentemos esto—dijo—. En casa o donde sea apropiado, como cuando
estamos en fiestas de Dark Haven o BDSM, observamos la dinámica del poder. En
cualquier lugar vainilla, no.
—Sí, señor. —Ella se acurrucó contra él, su mejilla contra su pecho. Tenía ese
maravilloso aroma de recién salido de la ducha.
—Dado que ahora has entregado el control durante las horas de la tarde—hizo una
pausa, torturándola deliberadamente con anticipación—, cada noche, te tomarás quince
minutos y escribirás tus pensamientos sobre cómo está funcionando esto. Cómo te
sientes. Donde no satisfago tus necesidades. Tus resentimientos. Lo que te gusta o no te
gusta.
Eso... no era lo que ella pensaba que vendría. ¿Un diario?
Por el brillo divertido en sus ojos, ella sabía que estaba haciendo pucheros. Soltó un
fuerte suspiro infeliz para acompañar al puchero. En caso de que tuviera alguna duda
sobre su entusiasmo por su proyecto.
—Sí, Sir.
Él resopló.
—La actitud te da quince minutos extras esta noche, mascota.
Apenas evitó gruñirle, pero el placer era una bola encantadora que latía dentro de
ella. Porque no la había dejado salirse con la suya. Porque había un consuelo en conocer
los límites y verse obligada a cumplirlos. Él le había dicho una vez que una cerca podía
verse como una prisión, o como la protección que mantenía a los animales salvajes fuera
del patio trasero.
Para ella, sus reglas parecían un muro de protección.
Él pasó el dedo por su mejilla.
—Leeré tus notas, encanto. Especialmente me gustaría que las uses para mencionar
temas que te incomodan discutir. Tal vez podría escribir en él, yo también.
Se sentaron así por un rato, y no había nada más maravilloso que ser sujetada.
Cuando sonó el temporizador del horno, pusieron la comida en la mesa y él les
sirvió vino a los dos. A veces él la dejaba hacer el trabajo y servirlo; más a menudo,
trabajaban juntos como socios.
Siempre era decisión de él.
Mientras comían, con Churchill debajo de la mesa con la esperanza de que se cayera
comida, Sir Ethan le sonrió.
—Habíamos estado hablando de tus nuevos clientes antes de que tus azotes nos
interrumpieran. Quería decirle que hay formas de hacer crecer un negocio sin sacrificar
la calidad. Podemos repasar algunos métodos si lo deseas.
Siempre estaba dispuesto a entrenarla en gestión empresarial, finanzas o cualquier
otra cosa que ella quisiera aprender. Aún mejor, nunca era condescendiente. La
respetaba, incluso si su compañía era un millón de veces más pequeña que su
conglomerado.
—Me gustaría, Señor.
—Bien. Tengo un libro que te puede gustar. Te lo traeré esta noche. —Él se frotó el
cuello.
Ella lo miró.
—Te ves cansado. ¿Alguien te dio una paliza en el gimnasio? ¿Estabas boxeando?
—No a dar una paliza. Sí al boxeo. —Sus cejas se juntaron—. El cansancio proviene
de un día pasado inspeccionando una de las plantas de fabricación. Su tasa de
accidentes aumentó este año sin ninguna razón aparente, según la gerencia. Pasé el día
hablando con los trabajadores para ver si eso era cierto.
—¿Descubriste la causa de los accidentes?
—Lo hice. —Sus ojos se volvieron duros como el acero—. Por eso despedí al
profesional de seguridad laboral y a uno de los vicepresidentes.
—¿Ellos estaban recortando presupuesto?
—Si. Aprovechándose a expensas de su gente. —Su boca se apretó—. Cabrones.
Por supuesto que él estaba disgustado. Era tan protector con sus empleados como lo
era con los sumisos. Aristócrata o no, era increíblemente fácil hablar con él. Sus
trabajadores probablemente habían compartido todos los problemas.
Él debe haber estado hablando y de pie todo el día. Tal vez debería darle un masaje
de espalda. No, ella sabía a dónde llevaría eso, y seguro que no era descanso.
Pero había otras opciones.
Después de que terminaron de comer y regresaron a la sala de estar, ella trajo la
loción del baño. Acomodándose en el otro extremo del sofá, comenzó a masajear su
desnudo pie izquierdo.
Su suspiro de placer la hizo sonreír.
—Piper, debes detener eso… —Ella se congeló—… en algún momento del año que
viene.
—Muy gracioso, Señor. —Pasó los pulgares por el arco inferior de su pie derecho,
presionando con firmeza. Era maravilloso cómo masajear el nudo de los músculos del
pie podría relajar todo lo demás.
Cuando ella terminó, él todavía parecía cansado, pero los signos de estrés habían
desaparecido.
Al menos hasta que sonó su móvil. Maldita sea.
Levantó el teléfono de la otomana y miró la pantalla.
—Xavier, ¿qué pasa?
Desde el teléfono llegó la voz profunda del dueño de Dark Haven.
No hay descanso para los perversos, ¿hmm? Piper fue a la cocina para preparar más
bebidas y traer las tartaletas de bayas que había horneado.
Cuando puso el plato sobre la otomana, Churchill levantó la cabeza, las orejas
giraban con interés.
—Compórtate, PM—le advirtió. Ella y Churchill tenían opiniones diferentes sobre
dónde estaban los límites. El Primer Ministro respetaba que las mesas y los mostradores
eran de propiedad humana y estaban prohibidos. Piper estaba de acuerdo en que
cualquier aterrizaje de comida en el suelo había caído en el país felino. Sin embargo, las
otomanas y las mesas de café... Discusiones diplomáticas estaban en curso sobre esos
límites territoriales.
Ethan seguía hablando por teléfono.
—Hablaré con los de recursos humanos y veré si pueden encontrar algo adecuado.
—Después de un segundo, agregó—. No hay problema. Te llamaré mañana. —Terminó
la llamada y dejó el móvil.
—¿Problemas? —Piper tomó la tartaleta y le dio un mordisco.
—Xavier me pidió que contratara a una mujer. Ella tiene un historial de arrestos y
está siendo rechazada para trabajar. Rona y Xavier la avalan. Aparentemente, está muy
motivada, incluso más allá del hecho de que necesita un trabajo para recuperar a su hijo.
Eso sonaba inusual.
—¿Es amiga de Xavier?
—No, la solicitud es a través de Rona. Como administradora del hospital,
ocasionalmente se encuentra con estas sobrevivientes de abuso y se las envía a Stella´s
para que las ayuden a buscar trabajo.
Piper se atragantó.
—¿Stella’s?
—Es una compañía sin fines de lucro de Xavier para ayudar a las mujeres que fueron
abusadas a encontrar trabajo. —Ethan negó con la cabeza, sus ojos tristes—. Lo llamó así
por su madre que murió a manos de su padre.
—Xavier es dueño de Stella´s—dijo Piper lentamente.
—¿Lo conoces?
Demasiado bien.
—Yo... um, algunas de nuestros contratistas de Chatelaines contratan a través de
ellos.
Su mirada estaba demasiado focalizada, y Piper se concentró en seleccionar otra
pequeña tartaleta.
Bajando los pies, desalojando al gato, le robó el pastel de la mano. Se lo metió en la
boca y tiró de Piper al sofá junto a él.
—Oye. —Ella frunció el ceño.
—Muy sabroso, mascota. —Él no la dejó ir. Un brazo sobre sus hombros le impidió
alejarse. Su otra mano giró su rostro hacia él—. Ahora dime por qué Stella´s te hace
sentir incómoda. Y evasiva.
Su mandíbula se apretó.
—¿Por qué tienes que ir ahondando en todo?
—Es un rasgo de Dom, encanto. —Él le dio un apretón mitad-reprimenda y mitad-
afectuoso—. Contéstame por favor.
—Es... no es nada importante. No estoy incómoda. —Ella lo estaba completamente
—. Resulta que Stella´s me ayudó cuando llegué a San Francisco.
—Ah, no había pensado en eso. —Frunció el ceño—. ¿Cuánto tiempo te quedaste en
el refugio en Wichita?
¿Él lo sabía? Ella lo miró fijamente. ¿Había averiguado sobre ella después de
insinuar que podía escapar de su esclavitud?
Oh, lo hizo absolutamente.
—Me quedé solo el tiempo suficiente para recuperarme. Estaba ansiosa… —histérica,
aterrorizada—… por salir del área. —Fuera del alcance del Profanador—. Una empleada del
refugio se iba a San Francisco para ver a sus nietos y estuvo de acuerdo que podía ir con
ella. Le gustaba porque me parecía a su hija. Ella me metió en el asiento trasero, y para
cuando llegamos aquí, el refugio Wichita ya tenía todo preparado con un refugio de
aquí. Entonces, me enviaron a Stella´s para buscar trabajo.
Sus ojos ardían de lágrimas.
—Todos fueron increíbles.
Ethan la abrazó más cerca, recordando cuando la vio por primera vez en Kansas.
Había visto que su espíritu no había sido aplastado como Serna sin duda había
esperado. Pero las heridas de esa época aún no se habían curado.
—Lamento que hayas tenido un bastardo abusivo disfrazado de Amo. — Sus
hombros se encorvaron—. Puse mi firma en ese contrato por mi propia voluntad.
—Dudo que te hayas dado cuenta de lo que iba a pasar. Si eras nueva en el estilo de
vida, ¿cómo conociste a Serna de todos modos?
Ella se puso rígida ante el nombre del cabrón. Retirándose, mental y físicamente.
Sangriento Infierno.
—¿Cómo puedo ayudarte si ni siquiera puedes hablar sobre tu tiempo con él? ¿O
incluso escuchar su nombre?
—He superado todo eso. —Se levantó tan apresuradamente que tropezó con la
otomana. Girándose, ella frunció el ceño—. Frotar una costra produce cicatrices, no
curación.
—Piper.
—No quiero hablar de eso. —Envolvió sus brazos alrededor de su cintura—. Si me
disculpas, necesito una ducha. —Su rostro estaba blanco, la boca en una línea apretada.
Se contuvo como si todavía sintiera el dolor de un cuerpo maltratado.
Cuando ella desapareció en la escalera hacia el dormitorio y al baño principal, él no
la siguió. Empujar en este momento sería contraproducente. Necesitaba saber que un
Dom respetaría sus límites; sin embargo, tampoco iba a rendirse. ¿Cómo podría
ayudarla si ella no hablaba?
Después de engullir su bebida, recogió a Churchill.
—Ella es terca, ¿eh, PM?
Sin parpadear, los ojos azules se encontraron con los de Ethan. El gato puso una pata
en su mano.
—Tienes razón, por supuesto. Se requiere paciencia.
Tarde o temprano, tal vez con un consejero, Piper necesitaba hablar sobre su tiempo
con Serna. Todavía estaba atrapada en el ciclo de pensar que no valía nada, y eso
probablemente continuaría a menos que exhumara y después eliminara la causa. Hasta
entonces, recordar ser una esclava sería una forma de tortura para ella.
La ira estalló dentro de Ethan. Ese imbécil realmente había hecho un gran trabajo con
ella.
¿Sería útil enfrentar a Serna en persona con Piper? Sus recuerdos habían convertido
al bastardo en un monstruo inmenso e invencible. A veces, visto con ojos más viejos y
más sabios, el hombre del saco podría ser visto como patético. Retorcido e inestable...
pero humano.
—¿Sugerencias, Church?
El gato frotó su cabeza contra el pecho de Ethan mientras amasaba decididamente su
vientre.
—¿Brindar amplio afecto junto con sonsacar algunas respuestas? —Ethan lo
consideró—. Buen consejo. Veamos a dónde va eso.
Mientras tanto, iría a ofrecer un abrazo sin prejuicios y le haría saber que su negativa
estaba permitida. Que ella no había dañado lo que había entre ellos.
Su ducha había sido rápida. Cuando llegó al dormitorio principal, ella estaba parada
frente al gran vestidor, mirando a la puerta, algo que la había visto hacer más de una
vez. No cualquier puerta… solo las de los armarios.
Su ceño estaba fruncido. Él había notado que el armario de su apartamento carecía
de una puerta, aunque las bisagras permanecían.
—¿Tienes algún problema con los armarios?
Chillando de sorpresa, ella se giró para mirarlo.
Mantuvo la voz tranquila. Calmante.
—¿O es la puerta en sí la que te molesta?
—Estoy bien.
Ella estaba ignorando su pregunta. Estudió la puerta de madera. Era una puerta
típica. La abrió y encendió la luz. Estantería. Ropa en perchas.
No, mira más detenidamente, Worth. Él apagó la luz. Era un gran armario; no todos
tenían grandes armarios. Uno más pequeño sería... claustrofóbico. Especialmente si una
persona no puede salir.
—¿Serna te encerró en el armario?
La forma en que ella se estremeció le dijo todo lo que necesitaba saber.
—El asqueroso hijo de la gran puta. —La furia que hervía en sus entrañas salió en su
voz y no ayudó en absoluto. Abandonando palabras, la atrajo hacia sí, complacido más
allá de toda medida cuando ella vino voluntariamente.

No, más que eso… ella se enterró contra él como si hubiera encontrado un refugio
seguro.
Frotando su mejilla contra el cabello femenino, la sostuvo, y su confianza en él lo
llenó hasta desbordarse.
Entonces, siendo su Piper indomable, ella se echó a reír.
—¿Los baronet usan palabras como hijo de la gran puta?
—Probablemente solo los que pasaron las vacaciones de verano trabajando en las
fábricas de su padre. Así aprendí un vocabulario completamente nuevo. Impresioné
bastante a los muchachos del internado.
Él le dio una risa ronca apenas perceptible mientras ella se apoyaba contra él.
Mientras la sostenía, estudió el armario. Su hogar… el hogar de ellos… debería ser
un paraíso.
No importa cuán valiente pueda ser una sumi, ella podría necesitar ayuda para
erradicar a los monstruos que se quedaron debajo de la cama. O en el armario.
Para eso los Doms fueron puestos en esta tierra.
Capítulo 17

Una semana más tarde, después de su clase de defensa personal, Piper se había
detenido en el apartamento de Alberta para alimentar y abrazar a Arquímedes. Cuando
Piper llegó por primera vez a San Francisco, Alberta había estado en el mismo refugio,
junto con su gato atigrado naranjado, todo lo que había traído de su antigua vida. Las
dos mujeres se hicieron amigas, se animaron mutuamente mientras luchaban por
crearse nuevas vidas. El pobre Arquímedes había sido el receptor de más de un ataque
de lágrimas.
Ahora Alberta estaba en Londres en una convención de desarrolladores de software,
y Piper tenía su propio negocio.
Como el apartamento de su amiga en el distrito de Richmond estaba cerca del
Presidio, Piper estaba terminando el día caminando por el circuito de Promenade Trail.
¿Quién podría resistirse a las espectaculares vistas de la bahía y del Golden Gate?
Sonriendo, se detuvo para mirar a los perros saltar al agua para recuperar pelotas.
Tanto entusiasmo.
Las tardes de verano en San Francisco tenían que ser las más bellas. La brisa de la
bahía atravesaba el costado de su camiseta empapada de sudor, mientras el sol brillante
le calentaba la espalda. Si tan solo el resto de su vida fuera tan soleada.
Oh, ¿y eso no sonaba lastimoso? Su risita provocó una mirada interesada en dos
corredores masculinos. No, chicos, no estoy coqueteando. Necesitaba dejar de reírse de sus
comentarios mentales.
No obstante, ella no era digna de compasión y su vida era soleada.
El trabajo era genial. Sus clientes seguían recomendando sus servicios a sus amigos,
el mejor tipo de publicidad. Siguiendo el consejo de Ethan, le preguntó a Rosalie si le
gustaría pasar a la gerencia. Rosalie estaba completamente a bordo con la idea. Y
significaba que Chatelaines iba a crecer, lo que le daba miedo y a la vez era emocionante.
¿Socialmente? Junto con sus amigas vainilla, ahora tenía a Dixon y Lindsey que
habían llegado al estatus de mejores amigos. También Abby. Rona... Piper simplemente
quería ser Rona cuando creciera.
¿Físicamente? Estaba mejor que nunca, en parte porque el chef de Ethan preparaba
comidas con toneladas de verduras. En parte porque Ethan insistió en que visitara el
gimnasio regularmente. Su mandón Dom la había llevado allí un par de veces. Su
preocupación funcionó; ella se sentía en plena forma.
De hecho... Sonriendo, comenzó a trotar, lo que no era su cosa favorita, y lo mantuvo
durante largos minutos antes de volver a caminar rápidamente. Ni siquiera estaba
realmente sin aliento. ¡Bien, por mí!
Pero, cuando se trataba de su relación con Ethan, estaba muy confundida. Había
llamado a lo que tenían una relación romántica y una relación D / s. La noche después
de su conversación sobre eso, él le había dicho que esperaba que fueran exclusivos, que
no tuvieran relaciones sexuales con nadie más. Su corazón se había parado cuando él
dijo que eso se aplicaba tanto a él como a ella.
Entonces le preguntó si ella estaba lista para dejar de usar condones.
Guau. Simplemente guau. La sensación de él sin condón era muy, muy diferente.
Más cálido, más resbaladizo y más sexy. Más íntimo, de alguna manera.
¿Era normal que el deslizamiento hacia una “relación” hubiera sido tan fácil? ¿Tan
natural?
Es cierto que, en ciertos aspectos, eran muy parecidos. Ambos eran sociables y les
gustaba estar fuera de casa. Tenía SHN, boletos de temporada de Broadway, para dos,
así que habían estado en obras de teatro y musicales. Ella había sido su cita para una
gala de caridad donde él era miembro de la junta de la organización sin fines de lucro, y
habían compartido una mesa con Xavier y Abby. Ethan le había pagado
acompañándola a una recepción ofrecida por una empresa de limpieza que Chatelaines
usaba y a la fiesta de compromiso de una amiga. Hacía unos días, le había pedido al
chef que preparara una comida especial, y habían invitado a cenar a Simon y Rona antes
de que todos fueran a una galería de arte donde exponía otra amiga suya. Entre los
cuatro, conocían a casi todas las personas que visitaban la galería.
Como para equilibrar la sobrecarga cultural, Ethan la había arrastrado a un partido
de fútbol y a un torneo de boxeo en el que participaba un amigo suyo. Dios, no podía
creer que Ethan luchara así por diversión. No es de extrañar que fuera todo músculo
duro.
Él realmente lo era. Ella se lamió los labios y comenzó a trotar.
Acéptalo, era divertido estar con él. Parecía que él pensaba lo mismo de ella. Él había
mencionado anoche que salía más frecuentemente porque disfrutaba de su compañía.
Cuando él decía cosas así, la conmovía. Claro, ella estaba acostumbrada a los
cumplidos de los hombres, pero no eran Doms. No eran su Dom.
Se dio cuenta de que estaba jadeando y se detuvo. Idiota. Una persona que paseaba a
un caniche sonrió por la forma en que Piper estaba inclinada, aspirando aire. Sí, esto se
vería bien en su lápida: Piper Delaney. Pensando en un hombre, tuvo un ataque al
corazón.
Pero su Ethan era un tipo increíble y muy especial.
Si no hubiera despejado las tonterías de Jerry, no estarían juntos ahora. Él tenía
mucho más coraje que ella. Y mas paciencia. Había entendido su falta de voluntad para
hablar de su tiempo como esclava, aunque sabía que su paciencia no duraría para
siempre.
Porque él era un Dom.
Dios, estaba tan loca. Estúpida Piper había ido y se había enamorado... de un Dom.
Con un gemido de consternación, se dejó caer en la hierba al lado de la acera.
Dos madres charlaban mientras empujaban a sus bebés en cochecitos. En la bahía, las
gaviotas se sumergían y elevaban sobre el agua brillante. Ladrando de alegría, un gran
labrador amarillo arremetió contra el agua después de que un palo fue lanzado.
Todo a su alrededor estaba vivo.
Ella estaba viva. Y enamorada. No, no, no.
—No quiero estar enamorada, maldita sea. —No de un Dom.
En la acera, un hombre de cabello blanco se apoyó en su bastón y la miró con el ceño
fruncido. Su voz crepitó con la edad y probablemente toda una vida de cigarrillos
cuando le dijo:
—El amor es un regalo. El mejor regalo que encontrarás en la vida. No lo tires tan
despreocupadamente. —Pareciendo mayor que Dios, él le dio un fuerte asentimiento y
siguió caminando.
El amor es un regalo.
¿Ethan vería su amor como un regalo? El miedo se deslizó por los bordes de su
corazón. Probablemente se reiría. Mira, la sin valor está enamorada de mí.
No, Piper, deja de pensar así. Ella no era una sin valor, de nombre o de hecho. Ethan
nunca, nunca le dio la impresión de que considerara que ella lo fuese.
Era realmente desconcertante cómo seguía balanceándose entre sentirse inadecuada
a tener confianza en sí misma. Sus emociones estaban por todos lados como no lo
habían estado en cinco años.
Realmente había pensado que había superado el trauma... excepto que ahora sabía
que su mayor defensa era evitar cualquier cosa que reviviera viejos dolores y recuerdos.
Ella resopló. Estar cerca de la gente de Dark Haven estaba arruinando totalmente esa
estrategia de evasión.
Enamorarse de un Dom solo lo empeoraría.
¿Y si Ethan decía que la amaba? ¿Qué haría ella?
Su corazón se aceleró.
Está bien, está bien, no entres en pánico. Ella tenía tiempo. Él no soltaría proposiciones
de amor, no Ethan. Como ella, tenía cuidado porque se había quemado en el pasado.
Tendría tiempo para pensar qué hacer.
Estoy enamorada de un Dom. Solo dispárenme ahora mismo.
Capítulo 18

El jueves por la noche, en la casa de Xavier y Abby en Tiburon, Ethan acariciaba el


suave pelaje de Blackie y escuchaba a la pareja discutir sobre la cantidad de pimienta en
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la bouillabaise . Piper se había unido a Lindsey y DeVries en la sala de estar.
—Pensé que Dixon y Stan vendrían esta noche—dijo Ethan.
—Stan tiene un caso urgente de Seguridad Nacional y está haciendo horas extras.
Dixon no quería venir solo. —Abby golpeó los dedos de Xavier con una cuchara de
madera.
Con una carcajada, Xavier le arrancó la cuchara, giró a Abby y la golpeó en el culo
varias veces, lo suficientemente fuerte como para hacerla chillar.
—Tú... tú sádico. Eres un sádico descortés—farfulló ella, con la cara roja—. Tenemos
compañía.
Xavier añadió la pimienta de Cayena con un brillo en los ojos.
—Agradece que haya gente aquí, o te habría quitado los vaqueros antes de zurrarte.
Cuando su sonrojo se profundizó, Ethan ahogó una sonrisa. La pequeña profesora
no había perdido su encantadora modestia.
Ella miró a su marido antes de rendirse y reír.
—My Liege, el bruto.
—Ese soy yo. —Xavier la besó—. ¿Quieres ayuda para preparar la ensalada?
—Te ayudaremos, Abby. Soy genial cortando cosas. —Lindsey entró a la cocina,
seguida de Piper—. Vosotros los hombres pueden llevar toda esa testosterona fuera.
—Me gusta esa idea—dijo DeVries—. Estuve atrapado en la computadora todo el
día.
—Entonces esto es lo que haremos. —Xavier tomó la botella de borgoña y volvió a
llenar los vasos de todos, excepto el suyo y el DeVries—. ¿Otra cerveza, Zander?
—No, es mi turno como conductor designado—dijo DeVries—. Tomaré un refresco
si tienes uno.
Xavier le entregó una Coca-Cola, tomó otra para sí y salió.
Ethan se detuvo para darle un beso a Piper, disfrutando cómo se ablandó contra él y
se aferró por un momento. Sus temores de tocar a un Dom, de tocarlo, casi habían
desaparecido, y él amaba su naturaleza cariñosa.
Fuera, el amplio patio de piedra tenía una piscina y un hidromasaje a la derecha que
daba a la bahía. El aire fresco y perfumado de salmuera era tan límpido que podía ver
más allá de Angel Island hasta San Francisco. Un buen telescopio probablemente podría
encontrar su casa en Russian Hill.
En la barandilla, Xavier miró a Ethan.
—Te extrañamos en Dark Haven el último fin de semana.
Era bueno ser extrañado, sin embargo, Xavier tendría que acostumbrarse a su
ausencia.
—He tenido la intención de hablar contigo. Necesito un par de meses libres de
monitorear.
Xavier frunció el ceño y esperó.
—Creo que Piper eventualmente se sentirá cómoda visitando el club con amigos
mientras trabajo, pero ese momento no es ahora.
—No quieres que tenga un ataque de pánico sin ti cerca. —Xavier asintió—. De
acuerdo.
Bien. Un problema solucionado.
—Tengo que decir que es un fastidio perderte cuando esos jodidos visitantes
recíprocos siguen llegando a montones. —DeVries se dejó caer en una silla en la mesa
—. Odio la temporada turística.
—Es un problema. —Xavier hizo girar su cola en el vaso—. Anoche, uno de los
visitantes comenzó a masturbarse mientras veía una escena.
Ethan resopló.
—Nuestros miembros no deberían tener que soportar ese comportamiento—gruñó
Xavier.
Las cejas de Devries se juntaron.
—Sigo pensando que deberías haberme dejado azotar con una vara su pequeño
Frank y sus frijoles.
Sonriendo al frustrado sádico, Ethan lo consideró. Necesitaban una manera de
encarrilar a los visitantes rápidamente.
—Quizás esto debería ser una discusión en la próxima reunión de la junta de DH.
Xavier le dedicó una sonrisa rápida.
—Ya está agendado.
Cuando un caudal de risa llegó desde el interior de la casa, Ethan inclinó la cabeza
para escuchar. Solo el sonido levantaba el espíritu de un hombre.
Xavier lo miró por encima del vaso.
—Ella es buena para ti, Worth. Me gusta.
Antes de que pudiera responder, Piper salió por la puerta trasera, llevando una
bandeja.
—Señores. He sido requisada para el servicio de delivery.
Distribuyó platos y servilletas, colocó el plato de aperitivos al alcance de Ethan y
esperó para ver si había algo más que quisiera. Su sumisa.
—Eso se ve espléndido. Gracias, encanto.
Aunque no sonrió, sus ojos se iluminaron. Porque ella lo había complacido.
Incapaz de resistirse, la tiró hacia abajo y la puso en su regazo.
—Señor. —Ella se puso rígida, entonces se derritió contra él.
—Los aperitivos se ven sabrosos, pero tengo hambre de una sumisa suave y perversa
—murmuró—. Veamos si puedo complacerte tanto como tú a mí.
La besó, tomándose su tiempo, entonces, antes de que ella se recuperara, le colocó un
brazalete de rubí y diamantes alrededor de la muñeca.
—¿Qué? —Ella miró hacia abajo—. Señor, no.
En el momento en que lo vio, supo que le quedaría bien. Tenía destellos y colores
brillantes, una gitana de bolsillo. Lo estudió en su muñeca. Sí. El oro realzaba el
resplandor de su piel. El rojo era el color favorito de Piper.
Ella frunció el ceño.
—Pero-pero no he hecho nada.
¿Hecho nada? ¿Ella creía que los regalos se daban por el desempeño? Los
fragmentos que había compartido de su infancia le hicieron pensar que era cierto.
Después de haber tenido un padrastro, había quedado virtualmente hambrienta de
afecto.
—Piper. —Él frotó su mejilla contra la de ella—. Éste es un regalo, no un pago.
—Es demasiado caro. —Ella frunció el ceño—. No necesito cosas caras.
Él sintió sus labios curvarse, porque ella era tan adorable como única. No había
querido que su negocio se expandiera si aumentar las ganancias sacrificaría la calidad.
Ella dijo “ricos” como si fuera un insulto, y aparentemente no ansiaba regalos caros.
Sus grandes ojos marrones estaban abiertos y legibles de una manera como los de
Nicola nunca habían estado. Cuando algo dentro de él se aflojó, se dio cuenta de que
ella no era la única persona con un pasado inductor de neurosis.
—Piper, te di esto porque quería verte sonreír. Porque los rubíes me recordaron tu
color favorito y tu gran corazón. Los diamantes brillan de la misma manera que tú. Por
la forma en que iluminas mi vida.
Había hecho que las mujeres reaccionaran a sus regalos caros con lágrimas, besos,
abrazos. Era la primera vez que había recibido un ceño fruncido por el regalo…. y
lágrimas por simples cumplidos.
Cuando ella se envolvió alrededor de él, con la cara manchada de lágrimas contra su
cabello, él la abrazó con más fuerza.
Sí, él realmente la amaba.
El conocimiento se instaló en su corazón con una sensación de corrección. De
plenitud. Ahora todo lo que tenía que hacer era que ella reconociera lo que tenían.
Eso podría ser un poco más complicado.
Capítulo 19

El jueves, en su apartamento, Piper se unió a Dixon en el sofá y le mostró el


brazalete que Ethan le había dado.
—¿Ves? Es demasiado.
—Pipster, es perfecto. —Dix lanzó un gran suspiro—. Tal vez puse mi vista
demasiado baja. Debería haber ido por un novio millonario.
—Dixon. —Incluso mientras lo decía, sabía que él estaba bromeando. Su amigo
estaba totalmente enamorado de Stan.
Y ella estaba enamorada de Ethan, que Dios la ayudara.
—¿Por qué tiene que ser un maldito millonario y un maldito baronet?
Dixon se echó a reír.
—Suenas tan enojada. Pero en serio, Pips, el dinero y el título no son lo que te
atrapan, no realmente.
—No, tienes razón. Es porque él también es un maldito Dom.
—Diste en el clavo. Esa dominación es lo que te hace feliz, ¿lo sabes?
—Así es, Dios me ayude, realmente así es. ¿Qué voy a hacer?
La sonrisa de Dix era presumida.
—Admite que estás jodida, recuéstate y disfrútalo.
—No me estás ayudando.
Sonó el timbre de la puerta principal del edificio.
Piper trotó hacia la pared y presionó el botón del intercomunicador.
—¿Sí?
—Es Lindsey.
—Ya era hora de que llegaras aquí—gritó Dixon desde el sofá. Poniendo los ojos en
blanco, Piper apretó el botón de apertura de la puerta—. La puerta está desbloqueada.
Sube. —Dejando la puerta del apartamento a medio abrir, ocupó su lugar en el sofá.
Dixon señaló la puerta.
—Stan diría que eso es muy inseguro.
—Seguro, que lo es. —Piper se retorció en una cómoda postura—. Pero esta mujer
perezosa no tiene intención de saltar de un lado a otro para dejar entrar a las personas
o…
Fuertes pasos se escucharon por el pasillo. Demasiados pesados para ser de Lindsey.
Piper se tensó. Quizás Dix tenía razón sobre la seguridad.
—¿Está tu chico en casa? —La voz del hombre que llegaba desde el pasillo era
vagamente familiar.
—No lo sé. —Ese era Stan—. No lo mantengo con una correa, ya sabes.
—Probablemente deberías. O, mejor aún, corta la correa.
Piper frunció el ceño. Era el tipo insistente llamado Darrell.
Dixon se incorporó en el sofá.
Mientras Darrell continuaba hablando, Piper se dio cuenta de que los dos estaban
parados afuera del apartamento de Stan y Dixon al otro lado del pasillo.
—Cristo todopoderoso, JS, puedes hacerlo mucho mejor. Aunque no sea yo, al
menos consigue a alguien con algo de cerebro. Alguien educado que pueda seguirte el
ritmo. Que haga su parte en la relación. Probablemente estés pagando por todo, ¿no es
así? No es que con su trabajo de tercera categoría podría pagar mucho.
—No est... —El sonido del cierre de una puerta interrumpió la respuesta de Stan.
La cara de Dix estaba blanca, sus hombros encorvados.
Piper se deslizó más cerca.
—Darrell es un imbécil. Estoy seguro de que Stan le está diciendo eso ahora mismo.
—El idiota de Darrell no dijo nada que no fuera cierto.
La triste caída del hombro de Dix envió furia al corazón de Piper.
—Hola, chicos. —Cargada con dos bolsas de papel marrón, Lindsey pateó la puerta
para cerrarla detrás de ella—. Necesitamos celebrar. Acabo de superar todos los
obstáculos de correspondencia y ahora soy una asistente social clínica oficialmente
autorizada. Xavier me está ascendiendo.
—Eso es genial, Lindsey. —Piper empujó entusiasmo en su voz. Lindsey había
trabajado mucho y duro para recuperar su vida y ponerla en orden.
Lindsey también tenía buen ojo de psicóloga cuando se trataba de personas. Miró a
Piper, después a Dixon.
—Hola, Dix, ¿qué pasa? —Dejando las bolsas en la mesa de café, se dejó caer sobre
su otro lado y tomó su mano.
Cuando no respondió, Piper comprobó que la puerta estaba cerrada.
—Oyó que el arrastrazoide Darrell le estaba hablando mal de él a Stan. Los dos están
en casa de Stan y Dix ahora.
—La casa de Stan—dijo Dixon—. Está su nombre en el contrato de alquiler.
—Tú pagas la mitad del alquiler, y eso significa que es tu casa—dijo Lindsey
indignada.
—No por mucho tiempo. —Dixon echó la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados—.
No creo que sea por mucho tiempo.
Él era tan miserable que a Piper le dolía el corazón.
—¿Pero por qué? Stan te adora.
—No quiero hablar de eso. — Soltándose, se frotó la cara con las manos.
—Oh, Dix. —El Dixon, juguetonamente travieso y divertido, era solo la superficie de
su personalidad. Stan y otros podrían llamarlo niño de la misma manera que los Doms
llamaban niña a las sumisas, pero Dix era un hombre. Un hombre fiel, cálido y
profundamente emocional. Uno que mejor compartiera antes de estallar.
Por supuesto, dependía de él si quería hablar sobre su relación con Stan. Ella no
debería presionarlo.
Sin embargo, Dix era un animal totalmente social. Si estaba sufriendo, se sentiría
mejor con amigos cerca.
Piper miró las bolsas que descansaban sobre la mesa de café.
—¿Qué tipo de tragos de fama mundial nos estás haciendo, Lindsey?
Lindsey parpadeó.
—No sé sobre la fama mundial. Famoso en Texas, ¿tal vez? —Su mirada estaba en
Dixon, entonces asintió con la cabeza a Piper. Tiempo para una confortación
ligeramente ebria.
***
Unas horas más tarde, Lindsey masculló a Piper:
—Espero que te des cuenta de que el alcohol no es una sustancia de asesoramiento
aprobada.
—Ah, bueno, es bueno ser flexible sobre estos asuntos. —Piper miró la jarra medio
vacía.
¿Cuántas veces la había rellenado Lindsey? Las suficientes, ya que la pequeña
licuadora de Piper se quemó mientras trituraba cubitos de hielo. Como Dixon tenía una
licuadora de alta potencia, habían verificado para asegurarse de que Stan y el imbécil se
habían ido, y llevaron la fiesta al otro lado del pasillo.
Así el seriamente borracho Dixon estaba más cerca de su cama.
Era agradable que su lugar fuera tan cómodo como el de ella, incluso siendo un
refugio de hombres. Las raíces de Stan en Texas se mostraban en la decoración, desde la
tachuela de latón, los muebles de cuero marrón, las mesas auxiliares hechas de madera
de granero reciclado, hasta la alfombra vaquera roja y negra sobre el suelo de madera.
Dixon, un chico de California, había agregado extravagancia y color: estanterías de color
rojo oscuro, estampados de árboles abstractos en blanco y negro y luces colgantes de
metal y vidrio negro.
—Me gusta el alcohol—dijo Dixon enfáticamente y levantó su vaso—. Aunque no
debería beber. Me hace hablar demasiado. Como diarrea oral, ¿correcto?
Piper puso los ojos en blanco. Por otra parte, si hacía bromas médicas, tal vez
también quisiera compartir.
—Darrell seguro parece un imbécil—dijo, dejando la observación suspendida en el
aire. Era algo que hacía Ethan. Soltar una declaración y dejar que el silencio la empujara
a responder. Incluso cuando ella reconocía su táctica, aún funcionaba.
—El marica de Darrell es un imbécil—murmuró Dixon—. No, en realidad no lo es.
Lindsey inclinó la cabeza.
—¿Ambos? ¿Qué lo hace ser un imbécil y no ser un imbécil?
—Es un imbécil porque dice que yo no soy lo suficientemente bueno para Stan. —
Dixon hizo girar su bebida, y ¿no era impresionante que solo hubiera arrastrado las
palabras un poco?—. Pero no es un imbécil porque tiene razón.
—Él no tiene razón. —Piper sabía que eso era lo que Dix creía. Si Darrell hubiera
estado a su alcance, ella lo habría golpeado—. ¿Cómo podría alguien decir que no eres
lo suficientemente bueno? Stan te ama.
Dix miró las profundidades de su bebida.
—El amor solo te lleva cierta distancia. Tengo que tener más que eso.
—Tú y Stan comparten muchos rasgos. —Lindsey levantó los dedos mientras los
enumeraba—. Tenéis la misma ética de trabajo, la misma moral, el mismo sentido del
deber.
—No es lo mismo… su familia tiene muchísimas tierras y dinero. Yo soy una rata
callejera. —Dixon se desplomó—. Él tiene sus maestrías. ¿Yo? Grillos. Incluso obtener
mi título técnico fue difícil.
Eso no tenía sentido; Dixon era increíblemente inteligente.
—¿Qué te resultó difícil en la escuela?.
—Dios, era aburrido. Sentado quieto, hora tras hora. Números, libros y tareas
tediosas.
Piper lo entendía. Tampoco le había resultado difícil la universidad, especialmente
las materias que no le gustaban. Ella y Dixon se parecían mucho.
—Oh, pequeño becerro huérfano, tienes demasiada energía para quedarte quieto por
mucho tiempo, especialmente con libros—coincidió Lindsey—. Eres totalmente
extrovertido.
Dixon se tragó el resto de su bebida.
¡Ay no! Había bebido más de lo que ella lo había visto beber jamás. Piper movió la
jarra fuera de su alcance.
—Stan no escucha al imbécil, ¿verdad?
—Probablemente escuche la mierda de Darrell hablando de mí todo el día. Están
trabajando en un caso juntos. —La cara de Dixon era tan miserable que Piper lo tomó en
sus brazos.
— Se solucionará; sé que lo hará—susurró ella.
—Puede que tú no tengas el conocimiento del libro, pero tienes otras habilidades que
Stan no tiene. —Lindsey se detuvo cuando la puerta se abrió.
Stan, solo, gracias a Dios, estaba en la puerta. El agotamiento tiraba de sus hombros, y
las duras líneas estaban talladas en su rostro. Sus cejas se fruncieron cuando los vio.
—¿Una fiesta? —Su acento de Texas era aún más grueso que el de Lindsey—. ¿Aquí?
¿Ahora?
Su tono era tan poco acogedor que Piper estaba de pie antes de que ella lo supiera.
—Lo siento, Stan. Es más tarde de lo que nos dimos cuenta. —Y así era. Bien pasada
la medianoche en una noche de entre semana. Sintiéndose culpable, agarró los vasos y
la jarra y vio a Lindsey barrer la basura dentro de la bolsa de comestibles vacía—.
Estamos yéndonos de aquí.
Dixon no habló. Solo miraba a Stan con el corazón en los ojos.
—Dios, es como volver a casa y pisar una camada de cachorros—dijo Stan en voz
baja. Él se frotó el cuello—. Lo siento, señoras.
Cuando Piper pasó junto a él, su mirada se posó en Dixon. Su boca se apretó.
—Estás arruinado, chico. No querías tomar una copa conmigo y con Darrell, pero
¿estás muy feliz de emborracharte frente a tus amigas?
Lindsey le lanzó a Piper una mirada alarmada.
Oh Dios.
—No tenía muchas opciones—dijo Piper apresuradamente—. Nosotras…
—Abrió la boca y le diste las bebidas. Claro. —Stan negó con la cabeza—. Idos a casa
ahora. Lo meteré en la cama.
Porque eso es lo que realmente quería hacer después de trabajar… ¿qué, dieciocho
horas más o menos?
Piper vio por la expresión de su cara que no había nada que ella pudiera hacer.
Ella realmente había estropeado esto.
Capítulo 20

Con la mano en la parte baja de la espalda de Piper, Ethan caminó con ella por la
acera hacia Dark Haven. Él la había extrañado anoche y estaba deseando que llegara la
noche.
Mientras se acercaban al club, él la sintió vacilar. Le llevó un segundo darse cuenta
de por qué se había puesto tensa. Esta sección de la acera era donde había
ensangrentado a su hermanastro y después la amenazó con la policía.
—Piper.
Cuando levantó la vista, la besó suavemente.
—Lamento que reaccionara exageradamente cuando me encontré con Jerry y te diera
unos recuerdos tan feos.
Su sonrisa era arrepentida.
—Al fin y al cabo, yo soy la razón por la que Jerry estaba aquí. Y entonces tú
terminaste inundado de tus propios malos recuerdos.
Sí, realmente amaba a esta mujer compasiva y de corazón blando.
La besó de nuevo, esta vez, largo y profundamente. Si iban a tener recuerdos de este
lugar, tendría que asegurarse que los buenos acabaran con los malos.
Cuando dio un paso atrás, vio que su expresión soñadora por el beso cambiaba a
una de tristeza.
—Estás frunciendo el ceño de nuevo, mascota.
—Solo recordando. Cuando hablamos de aquella noche, dijiste que una vez habías
dejado todo atrás. Pero—ella sacudió la cabeza— no hiciste nada malo. Incluso salvaste
la vida de una mujer. ¿Por que te fuiste?
—Ah, bien. Lo que sucedió con Nicola, sus antecedentes, la violencia, fue demasiado
escandaloso, especialmente para mi conservador padre y nuestras conservadoras
compañías. Entonces mi involucramiento en el estilo de vida salió en los periódicos.
—Oh, Dios.
—Exactamente. A la larga, simplemente me fui. Xavier y yo nos habíamos
mantenido en contacto después del internado. Me convenció de elegir San Francisco y
comenzar un negocio aquí.
Sus ojos oscuros tenían tristeza. Por él.
—¿Perdiste... todo?
Él asintió. Su hogar, la ciudad que había amado. Las personas que había conocido
toda su vida. Sangriento infierno pero eso había dolido.
—Mi padre y yo finalmente nos reconciliamos. Admito que dejar a mis amigos fue
doloroso.
Ella lo abrazó.
—Lo siento mucho.
—Yo no. He encontrado nuevos amigos y una nueva ciudad. También, una amante.
—Sosteniéndola firmemente, la besó en el cuello y le mordisqueó la curva del hombro
varias veces, así que cuando la guió a Dark Haven, ella se estaba riendo.
—Piper, Sir Ethan. —Detrás del escritorio, Lindsey les sonrió.
Piper le devolvió la sonrisa.
—Hola, ¿cómo te sientes?
—Como si me hubiera emborrachado como una cuba. Gracias por dejarme quedar
en tu sofá.
Piper soltó un pufff.
—Como si te hubiera dejado conducir con tantos margaritas en tu sistema.
Ella sería así de protectora con los niños, también, ¿verdad? El pensamiento le
calentó el corazón, y Ethan la acurrucó más cerca.
—¿Has hablado con Dixon? —La preocupación en la voz de Lindsey era
intranquilizante.
—No, hoy está en la ambulancia. Le dejé un mensaje de voz. —Frunció el ceño Piper
—. ¿No está aquí?
—No. Por eso estoy atrapada en el escritorio. —Lindsey tomó sus tarjetas de
identificación, las escaneó y se las devolvió—. Stan está trabajando otra noche hasta
tarde, y Dixon dijo que no estaba dispuesto a venir solo. Xavier estaba disgustado.
—Oh, maldición. —Piper soltó un sonido infeliz—. Y aquí pensaba que los mitos
sobre el desafortunado viernes 13 estaban sobrevalorados.
Ethan tiró de un mechón de pelo de Piper.
—¿Qué está pasando con Dixon?
—Él está... —Ella negó con la cabeza—. Nada que pueda compartir. Lo siento, Señor.
Lealtad y discreción. Frustrante y admirable.
—Entiendo.
Después de colgar sus abrigos en la sala de recepción, Piper metió su pequeño bolso
y su teléfono en el bolsillo exterior del bolso de juguetes de él.
Vestido con su habitual jersey negro de cuello alto y pantalones, Ethan sonrió a la
pequeña sumisa a su lado. Había estado lo suficientemente cómoda como para usar
menos ropa esta vez. Un corsé rojo oscuro, una minifalda negra, medias de red, y
sandalias de tiras. Había planeado una escena de Shibari, pero ella se veía tan tentadora
que él estaba tentado de encontrar una habitación temática y disfrutar de un rápido
encuentro sexual.
No. Quería la conexión intensa que la esclavitud de la cuerda podía impartir, el
diálogo tácito entre el dominante y el sumiso... y una vez que ella estuviese atada, a
merced de su espacio mental, él se permitía algún reborde erótico. Entonces, tal vez
buscaría una habitación temática...
Con su pequeña mano en la suya, Ethan la acompañó a través de la planta principal,
contestando diversos saludos.
Piper vio a Abby al otro lado de la habitación.
—¿Puedo ir, Sir?
Su creciente comodidad para estar lejos de su lado lo complació. Chica valiente.
—Si. Vuelve a mí dentro de diez minutos, por favor.
Tomó asiento en una mesa, visitó a amigos y disfrutó de la rareza de una pista de
baile llena de risitas que rebotaban alrededor de Hokey-Pokey. En el escenario elevado
a la derecha, una Ama estaba azotando con una vara a un descarriado escolar.
Piper volvió de saludar a Abby, sus ojos bailando con la risa. Ella hizo un gesto al
reloj negro y plateado que llevaba.
—Tengo diez segundos extra, Sir.
Le encantaba ver su espíritu libre de temores.
—Así es. ¿Estás lista para bajar?
—Ah... —Sus ojos se abrieron ampliamente—. ¿Estamos haciendo algo esta noche?
—Estamos. —Pasó el dedo por encima de su línea de la mandíbula—. Disfruté atarte
en el campamento; tú lo disfrutaste también. Quiero hacer algo más elaborado y pensé
que preferirías jugar aquí donde alguien te rescatará, si es necesario.
Ella respiró lentamente, sus músculos se relajaron y entonces aparecieron sus
hoyuelos.
—Me estás presionando y lidiando con mis preocupaciones al mismo tiempo. Eso es
muy astuto, Sir Ethan.
Él intentó no sonreír.
—Semejante acusación.
Mientras él hablaba, sus manos anticipaban estar sobre ella, envolviéndola en sus
cuerdas, disfrutando de la fragancia de su piel perfumada con loción, su embriagadora
excitación. Observar sus pensamientos y emociones bajar de velocidad mientras el
abrazo de las cuerdas la subyugaba.
—¿Es un sí? Necesito más de ti que un asentimiento, encanto.
—Sí. —Ella tragó saliva—. Me-me gustaría probar el Shibari de nuevo.
—Te convertiré en una cuerda sumisa. —Tomando su mano, agarró el bolso de
juguetes y la condujo a la mazmorra.
Esta vez, Piper sintió mucha menos ansiedad en la mazmorra. En realidad en todo
Dark Haven. ¿No era asombroso cómo la familiaridad disminuía sus temores?
La mano de Sir Ethan era cálida alrededor de la de ella cuando la detuvo cerca de la
telaraña de acero. El sumiso atado a la “red” tenía los ojos vendados, una erección
enorme y jadeaba mientras su Top azotaba su pecho con una cola de dragón.
Gemidos en diferentes octavas provenían de las mesas de bondage cercanas. Un
juego de cera estaba sucediendo en una de ella. Una violet wand en otra.
Mientras continuaban atravesando la habitación, una mujer gritó, alta y
estridentemente, y siguió gritando. Un hombre gritó:
—¡Ayuda! ¡Necesito ayuda!
Piper se giró. Suspendido debajo del dirigible, una chica atada entrando en pánico
luchaba frenéticamente.
Sir Ethan dio un paso en esa dirección, se detuvo y la miró.
Su corazón dio un vuelco. Él había considerado sus necesidades, a pesar de que
quería ir a ayudar a esa mujer. Mi Dom.
Ella soltó su mano y asintió hacia la escena.
—Ve. Estoy bien.
Él le tocó la mejilla y desapareció, moviéndose tan rápido que todos los demás
parecían atrapados en el hormigón.
Piper cruzó la habitación a un paso más lento, observando mientras Top y sumisos
intentaban pasar más allá de las extremidades agitadas de la chica para cortar las
cuerdas. Los gritos aterrorizados de la mujer provocaron un estremecimiento en el
vientre de Piper. Ella había gritado así... una vez.
Ella dejó atrás una escena de flagelación. Un banco de nalgadas. Una sala de estar
donde Doms descansaban en los sillones con los esclavos a sus pies.
Una esclava rubia desnuda estaba de rodillas junto a un sillón vacío. Su piel pálida
estaba manchada de ronchas rojas y hematomas morados. Le parecía familiar. ¿Se
habían conocido en el campamento fetiche?
No. Los ojos de Piper se agrandaron. Esa era la segunda esclava del Profanador…
esclava.
—Hola, sin valor. —Sus pulmones dejaron de expandirse; su corazón dejó de latir.
La mano de un hombre se cerró dolorosamente alrededor de su muñeca.
—Sabía que no perdería mi propiedad para siempre.
El terror punzante le robó el aliento, su voz, incluso sus gritos.
—Jerry me dijo dónde estabas. Estoy enojado porque tuve que volar hasta aquí
desde Kansas para recuperarte. —Su molestia le congeló la voz. El agarre de su muñeca
no se aflojó—. Esclava, quítale este collar. Tiene el nombre equivocado.
Su voz bajó.
—¿No es así, sin valor?
Ella no podía hablar. No podía respirar. No podía sentir nada. La oscuridad
parpadeó en su visión, creciendo rápidamente. Ella trató de endurecer sus piernas. Si
ella se caía, él se la llevaría
Estaba hablando con alguien.
—… mía. Tengo un contrato firmado que la convierte en mi propiedad. Ella lo firmó
libremente. Es mi esclava.
El dolor de su brutal agarre rompió la parálisis. Ella se retorció de un lado a otro,
tratando de alejarse.
En su cuello, las frías manos de la esclava estaban desabrochando el collar de Sir
Ethan. Dejándolo caer al suelo.
Nooo. La pérdida lo apuñaló en el corazón.
—Ella es mía. Cualquier Amo aquí mantendrá mi reclamo de una esclava que firmó
pata entregarse por completo a mí. —Las palabras de Serna sonaron razonables.
Persuasivas. Esa misma voz contundente la había convencido de convertirse en suya.
Mientras ella tragaba a través de su garganta seca como el desierto, continuó.
—Claro que ella huyó. ¿Qué esclavo no habría tenido dudas? Pero regresados a
donde pertenecen, te besarán los pies en agradecimiento. Demonios, los he hecho
llorisquear en la puerta para ser aceptados de regreso. ¿No es así?
Los hombres estaban hablando. De acuerdo con él.
Al levantar la cabeza, Piper vio la mirada asqueada de un Amo. Uno que la
consideraba escoria por haber huido.
—Es bueno tenerte de vuelta, esclava. —El tono del Profanador era cálido. Con un
brazo alrededor de su cintura, la atrajo más cerca. Su susurro en su oído no tenía calor
en absoluto—. Ruega que te lleve de vuelta, sin valor. Arrodíllate... y ruega.
Rogar. Las náuseas la atravesaron ante la palabra. Ante sus recuerdos. A él le había
encantado hacerla rogar. Si se le permitía hablar, tenía que rogar por comida, por usar el
baño, por estar desencadenada, por detener una azotaina.
Nunca. De nuevo. Sus mandíbulas se cerraron.
A su alrededor, el mundo se volvió borroso. Sus rodillas se doblaban, se
desmoronaban como ramitas fracturadas frente a una aplanadora. Cada respiración
jadeante desgarraba a través de ella mientras luchaba contra su cuerpo. Luchaba contra
el recuerdo del dolor, el entrenamiento que la obligaba a responder a la más mínimo
orden.
Algo golpeó con fuerza contra el antebrazo del Profanador y aflojó su agarre.
Alguien la apartó y la sostuvo mientras sus piernas se doblaban. Fue sostenida contra el
cuerpo duro de un hombre.
Un soplo le trajo el aroma de cuero y pino. Sir Ethan. Su Ethan.
—Respiraciones lentas, Piper. Labios fruncidos. Exhala. Siente mi brazo alrededor de
tu cintura. Escucha mi voz.
Ella lo intentaba, ponía mucho empeño. La banda alrededor de su pecho estaba más
apretada que el agarre de él sobre ella.
—Sin valor regresarás…
—Deja en paz a mi sumisa, Serna. —La voz de Sir Ethan era incluso fría... y calmada.
—Ella es mía, bastardo. —La voz del Profanador se elevó—. Escuchen esto, gente. La
última vez que vi a mi esclava fue en una fiesta donde Worthington insistió en que los
contratos de esclavos no eran válidos. Ella desapareció no menos de cinco minutos
después. Ahora, aquí está ella con él.
Contra el susurro a su alrededor, la voz de Serna se volvió fea.
—Eres un maldito ladrón, Worthington, y voy a hacerte echar de este lugar,
bastardo.
—Eso es bastante dudoso. En caso de que no lo hayas escuchado, la esclavitud es
ilegal. Puedes hacer que alguien firme lo que quieras, eso no lo hace vinculante. —Sir
Ethan le estaba frotando la espalda—. Tranquila encanto. Estoy aquí.
Intentando obligar a sus piernas a funcionar, se apoyó contra él.
—El contrato es vinculante para las personas en el estilo de vida, y vas a pagar por lo
que has hecho. —Las palabras de Serna fueron frías. Tan frías—. Te pondré en la lista
negra de todos los clubes del mundo.
Oh, no. El Profanador iría tras Sir Ethan. Piper intentó nuevamente encontrar aire
cuando un nuevo terror llenó sus venas. Sir Ethan sería herido, sería...
—Suban las escaleras, Amos. —El custodio de la mazmorra se acercó—. Están
desestabilizando la mazmorra.
—Por supuesto, por supuesto. —Serna puso en práctica su encanto—. Perdónanos.
Los escalofríos se arrastraron sobre la piel de Piper, y su estómago se revolvió.
—Ven, cariño, vamos a sacarte de aquí. —Sir Ethan la acercó más a su lado.
Ella asintió. Su mano tocó su cuello desnudo. ¿Y si Serna la agarraba, le ponía su
collar y se la llevaba? Él la había golpeado, encadenado en la oscuridad y...
La bilis se le subió a la garganta. Se le revolvió el estómago.
—No puedo. Estoy enferma. —Se arrancó del agarre de Sir Ethan y corrió por la
habitación hacia el baño de mujeres.
En un cubículo, se arrodilló y vomitó hasta que solo quedaron arcadas. Mareada,
temblando, se atragantó con los sollozos.
Sin embargo, con cada segundo que pasaba, ella se tensaba más. Estaba de espaldas
a la puerta. Él podría entrar.
Con la cabeza girando, se puso de pie tambaleándose y salió del cubículo. Después
de enjuagarse la boca, se apoyó en el lavabo. La porcelana estaba fría contra su piel
viscosa.
En la mazmorra, las voces enojadas se habían ido. El custodio de la mazmorra debió
haber obligado a ambos Amos a subir las escaleras.
Pero Serna nunca perdía. Tampoco perdería aquí. No en un club BDSM lleno de
Amos y esclavos. Muchos propietarios se sentían con derecho a recuperar un fugitivo.
No todos estaban de acuerdo, pero aun así, las personas en el estilo de vida casi nunca
interferían con la forma en que alguien más la practicaba.
El Profanador ganaría y se la llevaría.
Pronto vendría alguien a verla, posiblemente para retenerla hasta que se tomara una
decisión. Necesito salir de aquí.
Unos pasos sonaron en el corto pasillo y se hicieron más fuertes. Piper se puso
rígida. ¿Ya estaba alguien aquí por ella? Sus manos se apretaron.
La persona que entró era la esclava. Desnuda, magullada, azotada. Un ojo hinchado.
Varias centímetros más alta que Piper, era delgada como un látigo. Su estómago era
cóncavo, sus senos estaban hundidos.
—Hora de irse, sin valor. —La esclava sostuvo un par de esposas.
El solo verlas hizo que el estómago de Piper casi se revolviese de nuevo. Serna la
había dejado esposada a una tubería en el sótano durante todo un mes; ella todavía
tenía las cicatrices en sus muñecas.
—Las personas de aquí no permitirán que me lleves. —Por favor, por favor, por favor.
Sir Ethan, al menos, haría todo lo posible para evitarlo.
—Las personas no lo sabrá. —La cara de la esclava no tenía expresión—. Porque tú y
yo nos iremos por la salida de emergencia aquí abajo. Ahora, date la vuelta con las
manos en la espalda.
Cuando la esclava avanzó con confianza, Piper se puso rígida. Los recuerdos de la
esclava cruel y celosa la inundaron… haciendo tropezar a Piper y abofeteándola.
Piper se había doblegado a todo… porque ella no valía nada.
—No.
La expresión de la esclava se convirtió en shock. No, esa palabra nunca era dicha por
un esclavo.
Cuando la esclava la agarró, Piper puso toda su ira y desesperación en un solo golpe.
Justo en las tripas de la esclava.
Jadeando, sin poder siquiera gritar, la esclava aterrizó en el suelo en una bola
acurrucada.
Agarrando las esposas que se cayeron, Piper chasqueó un extremo alrededor de la
muñeca de la esclava y el otro alrededor de la parte inferior del cubículo.
Casi horrorizada por lo que había hecho, Piper miró hacia abajo. La compasión agitó
su corazón al ver los cortes a lo largo de los lados de la esclava. Contusiones por golpes.
La mujer era más joven que Piper, no tan educada, pero igual de necesitada
emocionalmente. Ella había sido fácil para las manipulaciones de Serna, y a él le
encantaba ponerlas una contra la otra.
Ella era tan víctima como Piper. Así que Piper le ofreció las palabras que Sir Ethan le
había dado tantos años atrás.
—El contrato de esclavitud no es legal. No se puede hacer cumplir. Si llegas a un
refugio para mujeres, ellas te ayudarán.
Tumbada en el suelo del baño, esclavagem la miró fijamente.
Piper respiró hondo.
—Chica, mírame y mírate. ¿Cuál de nosotras preferirías ser?
La angustia llenó la cara esclavagem antes de que ella cerrara los ojos, borrando a
Piper de su mundo.
Bien entonces. Con las piernas temblorosas, Piper salió del baño.
Cerca de la sala de estar donde el Profanador la había agarrado, vio el bolso de
juguetes de Sir Ethan en una silla. Apresurándose, sacó su bolso y el teléfono del
bolsillo exterior.
Su corazón latía muy rápido... el miedo era mucho, mucho peor debido al brillo de
esperanza. Ella enderezó la columna y cruzó la mazmorra. No lo pensó. No sintió. Pasó
por las escenas. Más allá de las jaulas de perros para sumisos.
La puerta. Allí. Ella abrió la puerta de emergencia contra incendios. Mientras sonaba
la alarma, ella huyó por el callejón hacia la concurrida calle.
La alarma de la salida de emergencia de la mazmorra sonó cuando Ethan estaba a
medio camino bajando las escaleras.
Piper. Él lo sabía.
Había evitado que Serna siguiera a Piper al baño, pero el bastardo se había negado a
abandonar la mazmorra hasta que Ethan lo hizo. Una vez arriba, Ethan había dejado a
Serna con Xavier, la única persona aquí con suficiente autoridad para mantener a Serna
bajo control.
Sin molestarse en revisar el baño, Ethan pasó rápidamente junto a las jaulas de los
sumisos, abrió la puerta de emergencia y salió.
El callejón estaba desierto.
El hielo se estremeció a través de él. Había estado tan aterrorizada, tan perdida.
¿Había salido por aquí? Ella no tenía las llaves de su coche. Éste no era un barrio
seguro, en lo más mínimo.
Pero había una parada de taxis en la calle. Piper la había usado antes cuando ella y
Dixon llegaron juntos.
¿Dónde estás, Piper?
Cuando entró nuevamente, Xavier estaba tocando el teclado de la puerta para
apagar la alarma.
—¿Crees que Piper se fue por este camino?
—Revisaré el baño para estar seguro, pero sí. —Ethan vio a Serna en el rellano de la
escalera.
El bastardo no se apresuraba al baño donde creía que estaba Piper. Después de mirar
alrededor, Serna volvió a subir las escaleras. ¿Por qué no estaba buscando a Piper o a su
esclava? ¿Quizás porque sabía que no estaban aquí abajo?
Una punzada de miedo hizo que Ethan revisara la habitación en busca de la rubia
demacrada. Ella no estaba a la vista. Se giró hacia Xavier.
—Serna entró con una esclava. Ella no está aquí.
El ceño de Xavier se profundizó cuando se dio cuenta. Se concentró en la sumisa
enjaulada en la perrera a la derecha de la puerta.
—¿Cuántas personas salieron por esta puerta?
—My Liege. —La pequeña pelirroja inclinó la cabeza—. Una. Una mujer de cabello
negro. Ella caminaba muy rápido.
—Gracias—dijo Xavier.
Piper se había ido sola, no había sido secuestrada. El puño de Ethan se había abierto.
—Revisemos el retrete.
El nudo en su estómago se relajó cuando escuchó a una mujer gritar desde el interior
del baño de damas. Esa no era la voz de Piper. Abrió la puerta de un empujón.
La esclava de Serna yacía en el suelo, con la muñeca esposada a una pata de la
cabina.
Sin duda, Piper lo había hecho. El pulgar de Ethan sobre sus labios borró la sonrisa.
—Bueno, esclava, ¿cómo te metiste en este problema?
—Esa perra, sin valor, ella... —Su cerebro se puso a trabajar, y su boca se cerró de
golpe—. Quiero decir, estaba jugando con las esposas del Amo y cometí un error.
Un error, de hecho. Ethan miró a Xavier.
—Qué desastre—masculló Xavier.
Ethan estudió a la esclava, visualizando lo que había sucedido. Probablemente había
tratado de agarrar a Piper y llevarla. Bajo las órdenes de Serna, porque las esposas
habrían tenido que venir de él. Asalto en el mejor de los casos, secuestro en el peor. Pero
esta mujer con el cerebro lavado nunca incriminaría a su dueño. Ella diría que todo fue
un malentendido, y el verdadero criminal no sería el que enfrentara los cargos.
Peor aún, la publicidad de este tipo podría dañar el negocio de Piper. Ya había
tenido que reconstruir su vida una vez. ¿Una segunda vez…? No.
Miró a Xavier.
—Manejemos esto discretamente, ¿sí?
Con la boca en una línea plana y cabreada, Xavier asintió.
Ethan sacó su llave de esposas de repuesto y soltó a la mujer.
—Serna está arriba. O si se fue, puedes usar el teléfono en la recepción para llamarlo.
—Él moderó su tono porque cualquiera que perteneciera a Serna merecía compasión, no
enojo—. Preferiría que alguien te llevara a un refugio para mujeres.
Frotándose la muñeca, ella se sentó.
—Pertenezco a mi Amo.
—Como quieras. —Sin una bola de cristal, él no podría saber si ella realmente quería
estar con Serna o si estaba demasiado asustada o era miope para dejarlo—. Si cambias
de opinión, podemos ayudarte.
Ella negó con la cabeza.
Él se volvió y salió. Ahora, ¿dónde habría ido Piper?
***
El taxista probablemente había asumido que era una prostituta, considerando su
escasa ropa y la falta de abrigo. Después de apagar su teléfono para que no pudieran
rastrearla, Piper se había quedado rígida y en silencio hasta el apartamento vacío de su
amiga.
Una vez dentro, corrió al baño y vomitó. De nuevo. Acurrucada en el frío suelo de
linóleo, ella tembló y vomitó un poco más.
Una eternidad después, se enjuagó la boca y salió tambaleándose a la sala de estar de
Alberta. Las luces de la ciudad fluían a través de la ventana del décimo piso y
proporcionaban suficiente iluminación para moverse por la habitación. Ella no encendió
ninguna lámpara. Alguien podría verla.
Él podría verla.
No, ella no estaba siendo racional. Ni siquiera cerca. Pero como cualquier animal de
presa, sabía que la oscuridad era segura. Mareada, exhausta, se sentó en el sofá.
Demasiado expuesta.
Sus piernas no la dejarían estar de pie de nuevo, así que se arrastró por el suelo hasta
el rincón más negro. Con la espalda presionada contra la pared, se sentó, tembló y miró
fijamente la puerta.
Esperando a que el picaporte girara.
—Ruégame que te lleve de regreso, sin valor. —La voz del Profanador susurró en sus
oídos—. Ruégame... ruégame... ruégame.
La encontraría. Lo haría. Él la había lastimado. Mientras los recuerdos la arrastraban
al abismo, su corazón latía contra la rígida banda que rodeaba sus costillas. Ella no
podía respirar.
—Piper. —La voz era diferente—. Es solo un ataque de pánico, encanto, pasará pronto.
Ahora respira conmigo, solo conmigo. —La voz resonante y firme de Sir Ethan, el cortante
acento inglés, sus manos en la parte superior de sus brazos. Sus ojos tranquilos y
vigilantes.
Aferrándose al recuerdo de la voz de Sir Ethan como un salvavidas, luchó para salir
de la helada laguna mental. Tocar, dedos al pulgar. Oler, el popurrí de canela de Alberta.
Ver, la parte superior de los más altos rascacielos a través de la ventana. Cuadrado tras
cuadrado de luz dorada.
Finalmente, escuchó el tictac del antiguo reloj de pie en lugar del rugido en su
cabeza. A medida que su respiración se ralentizaba, la tensión alrededor de su pecho
disminuía.
Con mano temblorosa, se limpió las lágrimas de la cara. Debajo del corsé, su piel
estaba húmeda del frío sudor. Quiero a Ethan.
Un maullido áspero sonó junto a su rodilla.
Ella parpadeó hacia el viejo gato atigrado naranjado.
—Hola, Arquímedes. Lo siento si te asusté.
Después de un momento, el gato dio un paso con lentitud artrítica sobre el regazo de
Piper, se acurrucó y se acomodó.
Su peso y calidez eran un ancla en la realidad. Su pelaje era suave bajo sus dedos. Su
ronroneo el sonido más dulce del mundo.
—Gracias, viejo amigo. ¿Estás bien que me quede aquí? Llamaré a Alberta por la
mañana para estar segura.
En el taxi, todo lo que Piper podía pensar era en encontrar un refugio imposible de
rastrear. Mientras acariciaba al gato, sus dedos aún temblaban. Chico, esta vez
realmente había enloquecido.
Porque ella tuvo una buena razón. Se estremeció. El Profanador estaba aquí. En San
Francisco. Aquí para recuperarla. Su corazón se estrelló contra su dolorida caja torácica.
Jerry y su venganza. Le habría contado a Serna todo sobre ella.
Serna había venido hasta aquí para atraparla. Eso era enfermizo. Ella ya no le
pertenecía. No lo hacía.
Pero él no lo veía así. Ella podría no valer nada, pero él nunca toleraría que una
esclava huyera. Mira cómo había enviado a esclavagem a esposarla y arrastrarla fuera
del club. Haría cualquier cosa, legal o no, para recuperar su “propiedad”.
¿Tendría que mudarse de nuevo? ¿Dejar su vida atrás? ¿Dejar a Ethan? La puñalada
de dolor fue tan dolorosa que se encorvó.
Una mejilla peluda se frotó contra su barbilla en un intento de calmarla. Pero no
había consuelo.
¿Qué podía hacer? Ella tembló del anhelo por Ethan. Por su calidez, la sensación de
seguridad que tenía con él, incluso su autoridad. Porque era compasivo y atento donde
Serna era cruel.
¿Podría ella ir a la casa de Ethan? ¿Llamarlo?
Su cabeza estaba diciendo que no incluso antes de que terminara el pensamiento. Él
era un Amo. No aprobaba la esclavitud no consensuada, y la había defendido. Sin
embargo, los esclavos que rompían un contrato de Propietario / propiedad caían en un
área gris, al menos en lo que respecta a la comunidad BDSM. Serna señalaría ese hecho
a Xavier y al resto de los líderes de Dark Haven.
Ella sabía que Xavier y Simon, incluso DeVries, no dejarían que Serna la secuestrara.
Pero había muchísimos otros Amos allí. Podrían decidirse en contra de ella.
Respira. Más lento. Más lento.
Sir Ethan la defendería. No la entregaría a Serna. Él se preocupaba por ella y estaba
orgulloso de ella por haber dejado a Serna. Por tener una vida.
Pero si Sir Ethan hablara en defensa de ella, Serna lo arruinaría de la misma manera
que lo había hecho con el Amo Fenton en Kansas. Él destruiría la vida de Ethan. Haría
que lo expulsaran de la comunidad BDSM.
Dios, Ethan. Cuando él había hablado de dejar todo atrás en Inglaterra, había visto el
dolor en sus ojos. Había perdido a su familia, su hogar y su ciudad.
Aquí, Ethan era uno de los miembros fundadores de Dark Haven. Sus mejores
amigos pertenecían al club. Tenía intereses comerciales con Xavier.
Serna destrozaría su mundo.
No podría vivir consigo misma si eso sucediera.
Ethan era rico, hermoso, un baronet. Brillante, competente y maravilloso. Ella era
una esclava que había roto su palabra y huido de su Amo. No sin valor… no, pero sería
mejor para él encontrar una sumisa que no estuviera... dañada. Una que no destruyese
su vida.
Ella necesitaba mantenerse alejada. Una vez que su cerebro no estuviera tan borroso,
cuando no se echara a llorar, cuando su voz no temblara.
Entonces ella le diría que todo había terminado.
Capítulo 21

¿Dónde diablos estaba Piper? Después de dejar otro mensaje de voz para ella, Ethan
metió su móvil en el bolsillo. El sábado por la mañana, las oficinas del negocio de
seguridad de Simon estaban casi vacías. Pero el lugar había sido el más conveniente
para reunirse y proporcionaba acceso al software de búsqueda.
Simon entró en su oficina y apoyó una cadera contra su enorme escritorio de caoba.
Su expresión era sombría.
—No hay respuesta, supongo. —Xavier había tomado una silla en la sala de estar.
Incapaz de sentarse, Ethan se paseaba por la habitación.
—¿Tienes alguna pista, Simon?
—Me temo que no. Ella debe haber apagado el teléfono. DeVries dice que no ha
usado su tarjeta de crédito ni ha accedido a ninguna de sus cuentas.
Xavier se inclinó hacia delante.
—¿Podría estar escondida en su apartamento y no abrir la puerta?
Ethan se frotó la cara, sintiendo su barba incipiente.
—Dixon y Stan tienen un llavero de repuesto de su casa, y Dixon ya revisó. Ella no
ha estado en casa. No está en Chatelaines. Él está llamando a los amigos de ella que
conoce.
—¿No los conoce a todos?—preguntó Simon.
—No. —Ethan cerró los ojos, pensando en lo brillante de su espíritu, cómo atraía a la
gente hacia ella con solo una sonrisa—. Le gustan las personas, y en el mundo vainilla,
tiene más amigos de los que puedo contar.
—Es tranquilizador saber que probablemente tenga un lugar seguro, pero hará que
sea más difícil localizarla. —Simon negó con la cabeza.
Las tripas de Ethan se tensaron al pensar en ella asustada. Perdida.
—Debería haberme quedado con ella.
—Si hubieras ido tras ella al baño, Serna te habría seguido. Ya estaba lo
suficientemente aterrorizada. —Xavier negó con la cabeza—. Te quedaste atrapado en
una situación sin salida, Worth.
Él lo sabía. La lógica no apaciguaba su culpa. Nadie, especialmente su sumisa, su
mujer, su amor, debería tener miedo cuando él estaba cerca.
Los ojos negros de Simon se endurecieron.
—¿Qué deberíamos hacer con Serna?
—Estaba a un segundo de comenzar una pelea, pero ella habría entrado aún más en
pánico. —Como lo había hecho cuando él había hecho sangrar a su hermanastro—.
Ahora siento no haberlo ingresado en el hospital.
Xavier resopló.
—Eso en cuanto a nuestra voz habitual de la razón. —Simon negó con la cabeza.
—Si tú hubieses visto la forma en que ella reaccionó ante él, me habrías animado a
pelear. —Ethan volvió a cruzar la habitación—. En realidad pensó que le permitiríamos
llevarla contra su voluntad.
—Algunos Amos creen que tienen el derecho de mantener a alguien en esclavitud
para siempre, sin importar cuán ilegal sea. —Xavier sacudió la cabeza.
—Imbéciles—masculló Simon—. ¿Volverá Serna al club?
Ethan flexionó los puños.
—Me gustaría encontrarme con ese hijo de la gran puta sin que Piper sea testigo.
—Probablemente. Ya sea para tratar de recuperar a Piper o para causarle tantos
problemas como pueda. —Xavier miró a Ethan—. Una vez que esto termine, vamos a
establecer la posición de Dark Haven en los contratos de Amo / esclavo. Entiendo el
atractivo de un contrato consensuado sin consentimiento, no importa lo inválido, pero
uno que carece de una cláusula de revocación / terminación para ambas partes es
simplemente poco ético. Eduquemos a nuestros miembros.
Ethan asintió con la cabeza.
—No respondiste que hacemos si Serna aparece esta noche—dijo Simon.
—Básicamente atacó a una sumisa en mi club. —Las palabras de Xavier fueron
suaves, pero llenas de una ira hirviente—. Él es persona no grata y será rechazado en la
puerta.
La voz de Xavier se endureció.
—Con suerte, él se negará y me dará una excusa para arrojarlo contra la pared de
ladrillo varias veces.
—Todavía no—dijo Ethan.
Ambos hombres lo miraron fijamente.
—No lo lastimes y no lo prohíbas—agregó Ethan. Las palabras fueron difíciles de
decir.
El gruñido de Xavier dijo que apenas estaba reprimiendo su furia.
—¿Por qué?
Ethan levantó un dedo.
—Primero, Piper se niega a hablar sobre lo que Serna le hizo. Sé que fue abusivo,
pero los detalles específicos serían útiles para contrarrestar el veneno que todavía tiene.
Si se le da un oído receptivo, Serna es del tipo que presumirá.
—No estoy seguro de poder tolerar tener a ese bastardo en Dark Haven. — Xavier
abrió y cerró los puños—. Pero puedo aguantarlo si necesitas información de él. Le
pediré a DeVries que tenga una conversación con él.
—No DeVries. —Simon sonrió a medias—. Terminaría golpeando a Serna antes de
obtener más de una palabra o dos.
—Buen punto. —Xavier lo consideró—. Alan o Michael, entonces. Ambos son Amos,
aparentarás simpatía con la causa de Serna y pueden mantener sus reacciones bajo
control.
Simon miró a Ethan.
—¿Alguna otra razón?
—Una, aunque podría estar llegando. —Ethan observó a una gaviota volar a través
de la ventana, entonces se volvió hacia la habitación—. Serna la convenció de que toda
su existencia se trataba de servirle. Que una esclava que deja a su Dueño es bazofia. Ella
tuvo suficiente espíritu para huir, pero ese adoctrinamiento es difícil de sacarse de
encima. Si ella viera a otros en el estilo de vida llamarlo el abusador que es, podría
ocurrir algo de sanación.
—Ethan, verlo nuevamente está probablemente más allá del coraje de una esclava
maltratada—dijo Xavier.
—Lo sé. —Ethan se frotó la mandíbula—. Es una apuesta arriesgada, no importa
cuán valiente sea.
En el silencio, se volvió hacia la puerta.
—Mientras tanto, tengo una pequeña sumi que localizar.
***
Esa mañana, Piper se fue del apartamento de Alberta, después de haber asaltado el
armario de su amiga por pantalones de chándal grises con cordón y una camiseta sin
mangas roja elástica. Agregó una sudadera con capucha negra para ocultar que no
llevaba sujetador.
Maia, otra amiga de Stella´s, la encontró en una cafetería, trayendo un par de
teléfonos prepagos baratos, toneladas de simpatía y una oferta de ayuda.
Piper tenía los ojos llorosos. Ella tenía suerte con sus amigos, ¿verdad?
Después de que Maia se fue, Piper ordenó café y una dona, porque el azúcar mejora
todo, ¿verdad? Pero la dona le recordó cómo sir Ethan la había alimentado en el
campamento, cuidándola con su convincente combinación de autoridad y protección.
Allí estaba ella, poniéndose toda llorosa de nuevo.
Hora de arriesgarse y revisar sus mensajes. Encendió el teléfono y abrió su correo de
voz. Tantos.
Escuchó algunos, se saltó varias y entonces encontró una de Rona.
Rona le ofreció su casa, su ayuda, la ayuda de Simon, y terminó diciendo que si
Piper necesitaba solo la ayuda de Rona y no quería que Simon se involucrara, ella la
tendría.
Sollozando, Piper se saltó dos mensajes más.
Entonces, el correo de voz de Abby repitió el mensaje, incluso diciendo que ayudaría
sin el conocimiento de Xavier. Piper lloró un poco después de escuchar. Se saltó otro
mensaje y abrió el de Lindsey.
Lindsey le dijo lo mismo que Rona y Abby, pero admitió que era una mierda
guardando secretos a DeVries. Después dijo que su sádico Dom amaría una excusa para
moler a palos a Serna. Solo di la palabra.
Las tres ofertas eran muy, muy tentadoras.
Piper se mordió el labio. No. Ciertamente no tendría a DeVries corriendo el riesgo de
ser encarcelado por violencia. Ella no sería la causa de que una sumisa guardara
secretos a su Dom... y si los Dom supieran dónde estaba, le dirían a Ethan.
Después de saltarse otro mensaje, abrió el de Dixon.
—Pips, escuché acerca de esa rata bastarda que anoche te asustó. ¿Es por eso que a veces te
pones ansiosa? De todos modos, sé que te mantienes alejada de todo el mundo… pero yo no soy
todo el mundo.
Ella tuvo que sonreír ante eso. Una declaración típica de Dixon.
—Sabes, puedo dormir donde sea que te quedes si quieres a alguien cercano para que puedas
dormir durante la noche. O puedo cuidarte la espalda mientras huyes. Llámame, dulzura. Quiero
ayudar. No le diré a Stan-El-Hombre si no quieres que lo sepa.
¿Había tenido alguna vez un mejor amigo?
Tragó saliva y, preparándose, abrió el primer mensaje saltado.
El de Ethan. Él la amaba.
Oh Dios mío.
Lo dijo en voz alta:
—Te amo, Piper.
Se quitó el teléfono de la oreja, lo miró y volvió a escuchar el mensaje de voz.
—Te amo, Piper.
Escalofríos calientes y fríos fluyeron sobre su piel. Él la amaba. La sensación dentro
de ella era enorme, como si su corazón se esforzara por abarcar todo el mundo. Él me
ama.
Y eso era tan imposible en este momento.
Con la mano en el pecho, escuchó el siguiente mensaje.
Él se disculpaba por dejarla sola. Dijo que había querido golpear a Serna, pero había
temido que entrara aún más en pánico.
Ella frunció el ceño. Verlo golpear a Serna hubiera sido glorioso. O tal vez no. Ella
había tenido un ataque de ansiedad cuando él hizo que Jerry quedara ensangrentado, y
con Serna, ella ya había entrado en pánico. Ethan había tenido razón al preocuparse por
su reacción.
Dijo que había subido las escaleras con Serna porque era la única forma de alejar a
Serna de ella.
Pensar en Serna entrando en el pequeño espacio cerrado del baño hizo que su ritmo
cardíaco se disparara. Oh, Ethan, gracias a Dios que no dejaste que eso sucediera.
Sintió liberarse un nudo en su pecho, uno que no se había dado cuenta de que estaba
allí. Ella no se había dado cuenta de lo traicionada que se había sentido de que Ethan
hubiera subido las escaleras. Pero tenía razón. Serna nunca se habría ido a menos que
Ethan también lo hiciera.
Ella escuchó los siguientes mensajes.
Le decía que la amaba… otra vez.
Decía que iría por ella donde sea que estuviera. Que estaría protegida. La escondería
si eso fuera lo que necesitaba en este momento. Iría con ella a presentar cargos contra
Serna si eso fuera lo que ella quería. O no. Era su elección. Confiar en él para ayudar.
Para ser su escudo.
Y que la amaba… una vez más.
Dios. Cada unos pocos mensajes decía eso. Solo eso. Te amo, Piper. Quería verla.
Protegerla.
Yo también te amo, Ethan.
Él era fuerte, muy fuerte, y nunca retrocedía de Serna. ¿Cuánto le costaría a él
amarla? ¿Cómo podía ella arriesgarse a destruir su vida? Su corazón se sentía como si se
estuviera rompiendo en pedazos.
—Ejem.
Piper levantó la vista.
Una anciana estaba de pie junto a la mesa.
—Cariño, ¿estás bien?
Piper se dio cuenta de que tenía la cara mojada por las lágrimas.
—Si. Sí, gracias. —Ella se obligó a evitar el temblor de su voz—. Estoy escuchando
los mensajes de unos amigos y me di cuenta de cuánto los extraño. Pero estoy bien.
La mujer le dedicó una sonrisa comprensiva y le dio tres palmaditas en el hombro.
—Es difícil estar lejos de los que amamos. Mejorará, cariño. Lo hará.
No, no, no lo hará.
Cuando la mujer salió con el café de la tienda, Piper parpadeó con fuerza. ¿No era
sorprendente lo agradable que las personas podían ser? Algunas personas. La mayoría.
Finalmente, llegó al mensaje más reciente. Su horario mostraba que fue enviado justo
antes de que ella encendiera el teléfono. Era de Dixon.
Su sonrisa desaparecido.
—Estoy dejando a Stan. Empaqué esta mañana. Aún así te ayudaré, no importa lo que
necesites, pero quiero que sepas que no estaré al otro lado del pasillo, ¿de acuerdo? Así que usa el
teléfono si me necesitas, dulzura.
¿Dixon abandonaba a Stan? Dios mío, ¿qué había pasado?
Mientras apagaba el teléfono, Piper miró la hora. Dixon todavía estaría en su casa.
***
Ella entró en su edificio de apartamentos por la entrada trasera, la que solía llevarlos
a los contenedores de basura. Después de correr escaleras arriba, revisó el pasillo en su
piso. Vacío.
Su corazón latía con fuerza, más por el miedo que por el esfuerzo. Porque Serna
debía saber dónde vivía. Sin embargo, seguramente él no podría haber entrado.
No importaba si estaba asustada. Dixon la necesitaba. Ella no lo dejaría pasar por
una ruptura con Stan solo. Dix probablemente no le había contado a nadie más lo que
estaba pasando.
¿Y si esa noche en que todos ellos habían estado bebiendo hubiera empeorado las
cosas entre Dix y Stan? El remordimiento aplastó sus entrañas.
Llamó a la puerta. Después de un minuto, se abrió.
Tenía la cara pálida, y ojeras debajo de sus enrojecidos ojos.
—Oh, Dix. —Incluso cuando ella lo abrazó, él hizo lo mismo con ella. Dos personas
muy frágiles embrolladas.
Había estado llorando tanto como ella. Porque ambos habían perdido a sus hombres
fuertes, protectores y amorosos. Y habían perdido la satisfacción que conllevaba servir a
los Dom que amaban. Su alma tenía vacíos y dolorosos cráteres.
Finalmente, Piper se apartó y se secó los ojos.
—Lo siento. Vine a ayudar, no a llorar contigo.
Limpiándose la cara, la hizo entrar y colocó el cerrojo de la puerta.
—Si no lo hubieras hecho, tampoco habría podido llorar hasta hacerme perder la
cabeza. Gracias.
—¿Qué puedo hacer para ayudar? —Piper vio una maleta apoyada al lado de la
puerta. Otra estaba abierta en la mesa de café junto a una pila de DVD y la laptop de
Dix. Ella se hundió en una silla—. ¿Seguro que quieres hacer esto? ¿Stan sabe que te
vas?
Los ojos de Dixon se llenaron de lágrimas nuevamente.
—Intenté decírselo anoche. Llegó a casa después de las 3 de la mañana y lo intenté,
pero me rechazó.
Eso no sonaba como Stan. Piper levantó una ceja.
—Sí, está bien, no me rechazó. No exactamente. Él dijo, Chico, sé que algo anda mal, y
necesitamos tener una larga conversación, pero ya no tengo cerebro. No puedo tenerla en este
momento.
—Eso parece razonable—dijo ella con cautela. Dix en este estado de ánimo era como
nitroglicerina, listo para explotar ante el movimiento equivocado—. ¿No vas a esperar?
—Le pregunté si podíamos hablar hace cuatro días y obtuve la misma mierda. —
Extendió los brazos como para abarcar todo el apartamento—. En estos días, solo tiene
el tiempo suficiente para caer en la cama durante un par de horas, levantarse, ducharse
e irse. Ni siquiera come aquí.
—¿Es su trabajo tan complicado?
—No lo había sido hasta ahora. Él hacía horas extras de vez en cuando, pero nunca
así. —Dixon se dejó caer en el sofá junto a ella—. Por supuesto, él tampoco era socio en
un caso con Devoto Darrell.
Oh, maldita sea.
—Esperaba que Darrell ya se hubiese ido. ¿No es de otra ciudad?
—Lo es. Era. —Los hombros de Dixon se desplomaron—. Los escuché hablar por
teléfono. —Hizo una mueca ante su mirada de reprobación—. Sí, falla mía. Incluso abrí
la puerta del dormitorio para poder escuchar. El Divino Darrell tiene una voz muy
fuerte.
Ella no debería alentarlo a espiar a su Amo. Pero...
—¿Qué dijo él?
Dixon le dedicó una media sonrisa afectada. ¿Ves? Tú también. Su sonrisa se
desvaneció.
—Que él podría pedir la reubicación y mudarse a San Francisco. Quería saber qué
pensaba Stan.
—¿Y?
—Stan dijo que debería hacer lo que fuese mejor para él.
—Bueno... pero Dix, eso no es exactamente como que lo alentó. Apenas podía decirle
que mantuviera su trasero en Texas, después de todo.
—Sí, podría haberlo hecho. —Dixon hizo un puchero durante un segundo—.
Después de eso, Collar-de-Dildos Darrell siguió y siguió sobre cosas que quería hacer
con Stan. Senderismo y esquí. Probar restaurantes y también todos los clubes BDSM.
—¿Y Stan dijo…?
—Dijo que sería divertido. Que él y yo—señaló su pecho— disfrutaríamos
mostrándole a Darrell la ciudad.
—Me alegra que Stan señalara que estaba ocupado, pero apuesto a que Darrell no
apreció el recordatorio.
—Sí, no, no casi. Siguió y siguió diciendo que Stan se ató a un tipo sin educación,
llorón y pegajoso. Que Stan merecía a alguien que lo respaldara, que pudiera hacer su
carrera, que pudiese ser su igual. No una rata de alcantarilla. —La pena y el dolor eran
claros en la voz de Dix.
Él le había contado sobre crecer pobre en una zona asquerosa de Sacramento. Su
padre empleado de limpieza se había ido. Su madre tenía trabajos malos y todavía no
podían llegar a fin de mes. Dixon había trabajado duro para valerse por sí mismo,
mantenerse y educarse. Tuvo tres trabajos, trabajó duro por su dinero y lo ahorró.
¿Cómo podría alguien llamarlo rata de alcantarilla?
Piper sabía exactamente cómo se sentía. Rata de alcantarilla versus agente especial
con exceso de educación. Él sentía que Stan estaba fuera de su alcance… exactamente
como ella se sentía con Ethan. Esclava sin valor contra aristócrata.
Pero esto no se trataba de ella. Ella empujó su dolor a un rincón.
—Darrell es un cerdo, un completo cerdo, pero Stan no. Él no lo es. ¿No crees que
merece una oportunidad para resolver las cosas?
—Tal vez. —Dixon se desplomó contra ella—. Pero, Dios, Pips, ¿y si él dice que sería
bueno dar un paso atrás, o que tal vez nos movimos demasiado rápido? Eso me
mataría.
Su corazón se congeló. Casi podía escuchar a Ethan decir esas cosas. Solo que no lo
había hecho. Te amo, Piper.
Justamente ahí estaba el meollo.
—¿Stan te ama, Dix?
La expresión de su rostro era desgarradora.
—Él dice que sí. O solía decirme eso. —Él suspiró—. No lo he escuchado en mucho
tiempo.
Dios, Dios, Dios, ella no sabía qué decirle.
Entonces la cerradura giró, y la puerta se abrió, y todo se volvió irrelevante.
***
Dixon se enderezó cuando Stan abrió la puerta. La oleada de esperanza llenando su
corazón casi lo liquidó.
Pero Stan se detuvo en la puerta y se volvió para hablar con alguien en el pasillo. Al
Divino Darrell. Si Stan besaba al pedorreico , Dixon... él haría algo feo.
Darrell se regodeaba de algo.
—Fue un fantástico arresto. Se ve muy bien en el viejo curriculum, ¿cierto? —Su voz
fuerte de tenor parecía estar rogando por una buena bofetada. La mano de Dixon
hormigueaba por complacerlo.
—Supongo. —Stan sonaba como si toda la energía le hubiera sido absorbida.
Dixon quería arrastrarlo a un baño caliente, prepararle un trago y...
—Joder, relájate, viejo. —Darrell hizo un sonido irritado—. Agarramos a los
bastardos.
—No lo suficientemente pronto.
—Bueno, Dios santo, si quieres sentarte aquí y revolcarte en tu miseria, entonces está
bien. Si prefieres celebrar, entonces tira la bola encadenada a tu tobillo y baja por el
pasillo.
—Darrell—gruñó Stan.
¿Bola encadenada a tu tobillo? Dixon frunció el ceño. Él no era la ruina de Stan, no
hacía demandas. Por otra parte, como la mierda que Darrell lo llamara ya no tenía
importancia. El dolor abrió un agujero doloroso en el pecho de Dixon. Él mismo estaría
rompiendo esas llamadas cadenas.
—Lo siento, es broma. —Darrell continuó—. Ven y celebra conmigo. Podríamos
divertirnos un poco, ¿sabes?
—Gracias, pero no. Te veo mañana por la mañana, Darrell.
Bueno. Una vez más, Stan y Darrell pasarían el día juntos. Un domingo, nada menos.
Dixon no podía respirar contra la creciente ola de miseria.
Al cerrar la puerta, Stan se volvió y vio a Dixon.
—Hola, ahí estás.
Antes de que Dix pudiera responder, Stan vio a Piper. Sus ojos se entrecerraron.
—¿Dónde diablos te habías metido? —El diablos salió como un grito muy tejano.
Nada bueno. Cuando el acento de Stan se espesaba, Dix escondía las varas y los
floggers.
Dixon se inclinó hacia adelante, listo para pararse frente a Pips. Incluso si fuese Stan.
—Me estaba quedando en casa de una amiga. —Ella se levantó—. En realidad,
necesito volver allí.
—No vas a ninguna parte, chica. Planta tu culo en el sillón. —Stan señaló su sillón
antes de fruncir el ceño a Dixon—. ¿Sabías dónde estaba?
Bola encadenada a tu tobillo, rata de alcantarilla. Los cortes constantes dolían; la ira de
Stan lo empeoró todo. Las palabras de Dixon se secaron y él solo pudo negar con la
cabeza.
—Está bien. —Stan notó la maleta junto a la puerta y la otra en la mesa de café—.
Ciertamente puedes quedarte aquí, Piper, si te preocupa estar sola. Pero sería mejor si...
—Se puso rígido al darse cuenta de que las pertenencias de Dixon llenaban la maleta
abierta.
Girando lentamente, Stan miró fijamente el centro de entretenimiento donde se veían
huecos en los DVD perfectamente alineados. Agarró los bóxers con estampado de
serpiente de la maleta… no de Piper. La ropa interior cayó al suelo.
La ardiente mirada gris golpeó a Dixon con el poder de un puñetazo. Dixon se tensó.
—¿Ibas a hablar conmigo antes de desaparecer? —La voz de Stan era tranquila, el
dolor obvio.
Como testigo renuente de una ruptura, Piper se dirigió hacia la puerta.
Pero nada escapaba al Amo investigador de la Seguridad Nacional. La señaló, luego
a la cocina.
—Quédate. Allí.
Pips no tenía lo necesario para desafiar a un Dominante enojado, especialmente
después de lo que había pasado anoche en Dark Haven.
Con los hombros caídos, Dixon le dirigió una mirada de lo-siento. No debería haberle
dicho que estaba empacando. Solo había querido ayudar, pero en cambio, había
arruinado su vida. Era escoria, como decía Darrell.
Su mirada de respuesta tenía un está-bien de una amiga, y sin decir una palabra,
entró en la cocina. Al menos ella se salvaría de una parte de su pelea.
—¿Dixon? ¿Se suponía que debía volver a casa y encontrar que toda tu mierda se
había ido? —El dolor de Stan se estaba convirtiendo en ira.
¿Ira? ¿Por qué mierda tenía que estar enojado Stan? Un resentimiento al rojo vivo se
encendió.
—¿Cuándo, exactamente, se suponía que hablara contigo? Señor.
Cuando Stan parpadeó, Dixon se puso de pie.
—Oh, ¿tal vez anoche? ¿Cuando llegaste a casa y me dijiste que estabas demasiado
cansado para hablar?
—Yo estaba…
—¿O todos los días y noches antes de esa? Misma mierda, vuelta a empezar. —La
voz de Dixon se elevó. Él no tenía mal genio, no realmente, pero había jodidos límites. Y
el dolor en su pecho lo empujó más allá de ellos.
Pateó los bóxers que Stan había dejado caer.
—Espera, tal vez podríamos haber tenido una buena discusión durante una comida,
solo que no ha habido comidas ni noches tranquilas. ¿Las ha habido? ¿Las ha habido?
—Infierno. —Stan se dejó caer en el sofá—. Me pediste hablar conmigo, ¿verdad? Lo
siento, Dix. Lo arruiné.
El reconocimiento instantáneo del error y la disculpa rompieron la ira aumentando
vertiginosamente de Dix, y él dudó. Había empujado una roca de dos toneladas de
resentimiento cuesta arriba, solo para que se convierta en una bola de espuma de
poliestireno, dejándolo luchando por su equilibrio.
Stan no se movió.
¿Que demonios? Su Amo parecía exhausto... como siempre, en estos días. Llevaba
una semana muerto de cansancio. Pero la devastación en sus ojos… eso era nuevo. ¿Yo
hice eso? Cuando la culpa entró en el corazón de Dixon, se dio cuenta de que él no era la
causa. No todavía, de todos modos.
¿Quizás la investigación de Stan? Cuando Darrell se regodeó con el arresto, Stan
había dicho, no lo suficientemente pronto.
Dixon dio un paso adelante.
—¿Stan? Ahora que tu caso está terminado, ¿puede decirme de qué se trataba?
Las manos de Stan se cerraron. Se abrieron. Entonces se frotó la cara, cada
movimiento agotado. Acongojado.
—Darrell rastreó a una banda de depredadores de niños hasta aquí por un niño que
desapareció en Texas. Usando internet, los bastardos atraían a los niños a donde
pudieran agarrarlos y después los usaban para películas pornográficas.
Oh, esto era peor que todos los malditos en el infierno. Dixon se sentó junto a Stan,
muslo a muslo, hombro con hombro, y apretó más cerca ante la sensación del cuerpo
frío al lado del suyo. Su Amo estaba casi en shock.
—Estás en casa. ¿Atrapaste a la banda?
—Oh, sí. —El tono de su voz era apático. Stan nunca era apático—. Los atrapé.
Llevarlos a juicio debería ser fácil.
Dixon sabía, sabía, la respuesta antes de preguntar.
—¿Las víctimas?
—Encontramos uno vivo. Otro, solo un niño, se suicidó ayer en algún momento.
El dolor en su voz era tan profundo, tan inmenso, que Dixon solo podía abrazarlo,
deseando protegerlo del mundo.
—Lo intentaste, sé que hiciste todo lo posible para salvarlo, pero no eres Dios. Los
imbéciles no lastimarán a más niños. Lo hiciste bien, Stan. —Su voz se quebró—. Lo
hiciste bien.
Cuando Stan respiró lentamente, Dixon supo que sus palabras estaban llegando.
Nadie era más fuerte que su hombre. Había entrado en la policía porque quería ayudar,
proteger. Era más que un deseo, era una vocación. Pero la misma compasión que lo
convertía en un gran Amo era lo que lo estaba destripando en este momento.
Como paramédico, Dixon conocía la sensación… frustración, impotencia e ira. Atrajo
a su Amo más cerca.
—Mejorará, lo hará.
Demasiado pronto, Stan se enderezó con un suspiro.
—Gracias, Dix. Lo siento por eso.
¿Lo siento? Dixon parpadeó.
—¿Perdóname?
Míster Macho de Texas tenía problemas para mostrar debilidad. Quería ser fuerte
para Dixon, todo el maldito tiempo, y olvidaba que un sumiso podía y debería ser
bastante fuerte. Después de todo, los Amos solo eran humanos, sin importar lo que
dijera su manual de Dominación para Tontos.
Stan hizo una mueca ante la mirada furiosa de Dix.
—Sí, lo siento de nuevo. Gracias. Tú ayudaste. —Ahí estaba, la sinceridad que exigía
Stan… y practicaba.
Desafortunadamente, la aguda percepción del Dominante no había disminuido con
el cansancio hoy. Stan estudió nuevamente las maletas.
—Sí, entiendo que te he descuidado recientemente.
Puso una mano de dedos romos en el hombro de Dixon.
—Pero ya sucedió antes, y nunca te alejaste por eso. O quisiste irte. ¿Por qué esta
vez?
Porque Dixon nunca antes se había sentido como un obstáculo. Una bola
encadenada al tobillo. Miró hacia la puerta y apartó la vista rápidamente. Mierda,
mierda, mierda.
El investigador criminal tenía grandes habilidades interrogando, aunque él lo
llamaría despectivamente entrevista, y podía leer el lenguaje corporal como si estuviera
leyendo el libro de un niño.
La mirada de Stan viajó entre Dixon y la puerta. Sus cejas se fruncieron.
—Darrell.
Aunque Dix no permitió que su expresión cambiara, la estúpida mueca de
desagrado que hizo seguramente reveló sus sentimientos heridos.
—Has escuchado a Darrell hablando más de la cuenta ¿verdad? —Stan suspiró
cuando Dixon asintió—. No estaba de acuerdo, y no estoy de acuerdo con nada de lo
que dice sobre ti, Dix, pero como tengo que trabajar con el idiota, elijo mis batallas.
El tono despectivo hizo que Dixon parpadeara.
—Espera, ¿qué? ¿No es tu amigo?
—Ni siquiera cerca. Es un colega y un agente bastante bueno. Un sabueso para
seguir un rastro. —La mano de Stan se apretó sobre el hombro de Dix—. También es un
sumiso con quien, desafortunadamente, jugué hace unos años. Por una semana.
Entonces me di cuenta de que su egocentrismo nunca se detiene, y la perseverancia que
lo convierte en un buen agente es un dolor de cabeza cuando no acepta un no por
respuesta.
—¿No quieres hacerlo tu sumiso?—le preguntó Dixon en voz baja
—Joder, no. —El juramento enojado hizo ensanchar los ojos de Dixon. Esto último
no solo era anatómicamente imposible sino también realmente grosero—. ¿Por qué
demonios querría a alguien más cuando te tengo?
Cuando el corazón de Dixon se alzó como un globo de helio, intentó tirar de el hacia
abajo. Esta discusión no había terminado. Realmente no. Intentó mantener el temblor
alejado de su voz.
—Sabes, sin embargo Darrell tiene razón. Yo no soy lo suficientemente bueno para ti.
—¿Tú no lo eres? Bueno, chico, es mejor que me lo expliques. Debo haberme perdido
de algo. —El borde de hierro hizo que las palabras fueran una orden.
Solo fóllame con un falo flexible. Dixon presionó su rostro contra el pecho duro como
roca de Stan, tratando de encontrar una manera de escapar.
—Háblame, chico. ¿Por qué no eres lo suficientemente bueno para mí?
—No soy de una familia rica como la tuya. Ni siquiera de una muy buena familia.
Crecí en las calles; soy una rata de alcantarilla. —Como el exigente Darrell había
mencionado más de una vez.
—Entiendo. —Stan hizo una pausa—. Supongo que debería evitar a cualquiera que
tuviera una familia de mierda o que fue roto mientras crecía.
Dixon frunció el ceño. Cuando lo decía así...
—Dejaré que le digas a DeVries por qué ya no podemos ser amigos. Porque su
familia era mucho peor que la tuya.
—¡No! —El orgullo de Dixon y sus joyas se redujeran a pequeñas canicas—. No le
digas nada. —Stan a veces dejaba que DeVries jugara con él, y el sádico torturaba su
adooooorada polla y sus bolas.
—Entonces sigue hablando, cachorro.
Dixon respiró hondo. El manejo del estrés podría ser más fácil.
—No tengo título, ni maestrías.
—Suficientemente cierto. ¿Necesitas uno?
—¿Qué?
—¿Necesitas un título?—le preguntó Stan pacientemente—. ¿Hay una ocupación en
particular que desees para la que necesites un título? Tienes tres trabajos, y pensé que te
gustaba de esa manera. ¿Querías cambiar a una ocupación a tiempo completo? —La
razonabilidad de las preguntas era irritante.
—Um. —Dixon lo consideró. Trabajaba con una ambulancia a tiempo parcial y le
encantaba la emoción. Trabajaba en una clínica como asistente de un fisioterapeuta y le
encantaba la estabilidad. Trabajaba para Chatelaines haciendo lo que fuera necesario y le
encantaba la variedad—. No.
—Dix, eres una de las personas más inteligentes que conozco.
—Sí, claro que lo soy. —Dixon hizo un sonido burlón en la garganta.
Stan agarró el cabello de Dixon y echó la cabeza hacia atrás. Dolorosamente.
—¿Te he mentido alguna vez?
Dixon trató de negar con la cabeza. Ay, ay, ay.
—¿Mentí en algo?
La irritación gruñona derritió cada hueso del cuerpo de Dixon y despertó otro hueso.
Maldición.
—No, Señor.
—El hecho de que seas torpe para sentarte quieto cuando estás aburrido no significa
que seas estúpido. Simplemente significa que tienes más energía que un galgo con
metanfetamina.
Eso no sonó como un cumplido.
Cuando la expresión inaccesible de Stan se relajó en una sonrisa, el corazón de Dixon
dio un vuelco.
—Resulta que me gusta toda esa energía. No necesito a alguien con un título.
Necesito un chico con más lealtad, coraje y compasión que cualquier docena de
personas.
Stan usó su agarre sobre el cabello de Dix para acercarlo, y su boca cubrió la de
Dixon. Brutalmente duro. Pero el beso enojado se volvió más suave. Posesivo. Increíble
y maravilloso.
—Te amo, Dix.
El último gramo de resistencia se desvaneció.
Stan levantó la cabeza un centímetro y su voz se volvió de acero.
—Chica, si te acercas un paso más a esa puerta, te manearé y te dejaré en el suelo
hasta que logre recordar tu existencia.
Dixon hizo una mueca. Él se había olvidado por completo de Piper. Commee-jodida-
mierddda.
Stan giró la cabeza y fijó los ojos en Pips.
—Puedes irte si me das tu palabra de que al único lugar al que irás hoy es a tu
apartamento.
Con los zapatos en la mano, a dos pasos de la puerta, Piper frunció el ceño.
—No quiero estar en mi apartamento en este momento.
Stan sacudió la barbilla hacia el pasillo.
—Entonces puedes usar nuestra habitación de invitados. Dame tu palabra.
Cuando su mirada se encontró con la del agente de Seguridad Nacional, se
derrumbó.
—De acuerdo. Tienes mi palabra. Mi apartamento o tu habitación de invitados.
Ella entró en la habitación de invitados.
Dixon hizo una mueca. Lo siento, Pipster.
Cuando la puerta se cerró lo suficientemente fuerte como para sacudir la araña de
luces, Stan se echó a reír.
—La chica tiene mal genio, ¿verdad?
Levantándose, tiró bruscamente de Dixon para ponerlo de pie.
—Vamos a quemar parte de esa energía tuya. Tengo muchas ganas de oírte hacer
algo de ruido. Mucho y mucho ruido.
Mientras su Amo lo remolcaba hacia su habitación, la cabeza de Dixon daba vueltas.
Una conmoción cerebral, eso es lo que tenía. Un minuto estaba desesperado por dejar al
único hombre que había amado. Al minuto siguiente, él subió tan rápido y alto que se
golpeó la cabeza con las jodidas nubes. Porque Stan fue tan abiertamente sincero y... él
me ama.
Pero... espera... Dixon plantó sus pies, deteniendo todo.
Todavía sosteniendo la mano de Dix, Stan se volvió. Agudos ojos grises se enfocaron
en Dixon.
—¿Chico?
—Yo también te amo. ¿Sabes eso, verdad?
La expresión de Stan convirtió el corazón de Dixon en una gelatina suave y
derretida. Sí, lo sabía.
Capítulo 22

Piper se dejó caer sobre la cama y miró el techo con el ceño fruncido. Honestamente,
¿de dónde salió el maldito Agente Especial diciéndole qué hacer? Esto era... era
secuestro.
En cierto modo. Ella podría haberse ido… y Stan no podría haberla detenido, no
realmente, solo que no quería cabrear al Amo más de lo que estaba. Dix ya estaba en
problemas.
¿Stan llamaría a Ethan?
Ella resopló una risa a medias. Probablemente no por un rato. De hecho, eso había
sido el por qué había intentado marcharse. En la cocina, había escuchado demasiado de
su conversación y podía decir cómo resolverían su pelea. Había escuchado que a
algunas personas les gustaban esas cosas de voyeur, pero no a ella. Dios.
Amontonando la almohada debajo de su cabeza, ella suspiró. Al menos los dos
habían arreglado las cosas.
Los insultos de Darrell seguramente habían confundido la mente de Dixon. Lo cual
era extraño ya que Dix era una de las personas más seguras que conocía. Él podía
ganarse a los clientes más malhumorados al tiempo que el gruñón sarcasmo de ellos
rebotaba contra su alegre escudo.
Pero los comentarios despectivos de Darrell habían dañado la autoestima de Dix
hasta que su amigo se vio a sí mismo como una estúpida rata de alcantarilla, sin
educación. Una bola encadenada al tobillo arrastrando a Stan. Debido a Darrell, el
espejo de Dixon le mintió.
Sin embargo, todos los demás, especialmente Stan, lo veían como la persona
increíble que realmente era.
Piper se frotó los dedos, que hormigueaban con la necesidad de abofetear a Darrell
en su condescendiente boca. ¿Había hablado el desgraciado más fuerte ante la
posibilidad de que Dix estuviera en casa y lo escuchara? Cabrón manipulador.
Sus ojos se entrecerraron. Los comentarios de Darrell se parecían mucho a la forma
en que el Profanador había hablado de ella. Todo lo que Serna dijo había desgarrado su
confianza... porque ella le había creído. Pensando que él estaba diciendo la verdad.
¿Había escogido él las palabras deliberadamente para empañar su espejo? Para
deformar su visión de sí misma hasta que realmente creyera que ella no valía nada. Le
había dicho a sus esclavas que no pensaran, que las esclavas existían solo para servirle.
¿Había querido que se viera como una esclava sin valor porque, de esa manera, ella
nunca le daría problemas?
Ethan no la veía alguien sin valor. No usaba esos trucos.
Cuando su consejero había tratado de discutir cómo un abusador podía quebrar a
una víctima, física, social y mentalmente, Piper no había podido hablar sobre Serna.
Todavía se sentía incómoda incluso al pensar en su nombre.
Dios, era una cobarde.
Dixon había enfrentado sus miedos. Por supuesto, su Amo se había asegurado de
que lo hiciera. Sir Ethan era como Stan, pero aún más habilidoso y astuto.
Ella negó con la cabeza cuando las voces de los hombres, la risa y una cama
rechinante le recordaron que no estaba sola en el apartamento. Cuando Dixon emitió un
chillido, Piper se tapó la cabeza con la almohada.
Cielos, estaba cansada. Aunque anoche Arquímedes había sido un dulce compañero
peludo, Piper no había podido dormir, sabiendo que Serna estaba en la ciudad. Que
planeaba recuperar su propiedad.
Yo no soy una propiedad.
Era sumisa, sí. Le encantaba servir a su Dom, un Dom que ella tenía derecho a elegir.
Pero ella no era una propiedad.
Metiendo los brazos detrás de la cabeza, se volvió para mirar por la ventana. A
medida que la niebla de la mañana se disipaba, el cielo cambió de gris a azul.
¿Dónde estaba Ethan ahora? ¿Se preguntaría dónde estaba ella? ¿Si ella estaba bien?
Estaría preocupado... porque la amaba. Realmente lo hacía, y ella también lo amaba.
Sin embargo, Serna seguiría persiguiéndola hasta que la recuperara. Estaba
convencido de que el contrato, por ilegal que fuera, le otorgaba derechos sobre ella, y
pensaba que todos los Amos y esclavos en el estilo de vida estaban de acuerdo con eso.
¿Lo hacían? ¿O se había convencido a él mismo de que tenía razón?
Seguramente la había convencido de que era un Amo maravilloso y que cuidaría de
ella y...
Espera. Ella se sentó en la cama. Si en un lugar de venta de hamburguesas prometían
una hamburguesa a una persona y le daban una hamburguesa de soja, bueno, eso era
ilegal, ¿verdad? Podría ser un acuerdo verbal, la hamburguesa, no la hamburguesa de
soja, pero si una persona consiguiera una hamburguesa de soja en el lugar de la
hamburguesa tradicional, le reembolsarían su dinero.
Con Serna, él se había presentado como un Amo amoroso. Por eso había firmado ese
contrato. Lo que había conseguido era un sádico egoísta.
Eso estaba mal. Él estaba equivocado.
Dentro de su cerebro, se encendió una luz. Él le había mentido, manipulado sus
sentimientos y su autoestima, al igual que ese imbécil de Darrell, y trató de hacerla
sentir como si no valiera nada, solo para conseguir lo que quería de ella.
Todo el mundo valía. Pero algunas personas, como Serna, también eran unos
verdaderos imbéciles. Otro sonido de nalgadas interrumpió sus pensamientos. Sonidos
húmedos. Un grito. Un chillido. Ella aplastó la almohada sobre su cabeza para bloquear
el sonido. No sirvió de nada.
***
Cuando Ethan salió de la cocina de Piper, miró su reloj. Era casi el mediodía.
La preocupación luchaba contra la ira creciente. Pequeña sumi, vas a estar en serios
problemas si no traes tu bonito culo a casa.
Tomando un sorbo del café tostado oscuro que acababa de hacer, miró a su
alrededor. Dado que Churchill sufría si lo dejaba solo demasiado tiempo, Ethan y Piper
no habían pasado mucho tiempo en su apartamento.
Pero se sentía como en casa, en la casa de ella. La decoración azul y blanca era una
mezcla de anticuado, moderno y peculiar combinado de manera encantadora. El sol que
entraba a raudales por las altas ventanas destellaba contra una estatua de dragón en
medio de plantas ornamentales. Las estanterías bajas contenían una mezcla de libros de
negocios, novelas románticas y misterio. Una pared mostraba fotos de casas victorianas
en antiguos marcos barrocos. En otra pared, marcos antiguos más pequeños mostraban
fotografías de Piper con amigos.
También había elegido muebles muy cómodos, observó con aprecio, mientras se
acomodaba en el sillón tapizado. Sus pies cubiertos de calcetines se alzaron sobre la
mesa de café: un antiguo baúl de camarote.
Ausente, tomó una piedra de un cuenco de madera lleno de piedras desordenadas.
Era fría en su palma, suave contra sus dedos. Aliviaba el estrés, de hecho.
Él se levantó cuando se abrió la puerta del apartamento y Piper entró.
Al verlo, ella retrocedió tambaleándose, tanteando la manija de la puerta. El terror
extremo estaba marcado en su rostro.
Sangriento Infierno.
—Piper. —Sin moverse, agudizó su tono—. Piper.
—Ethan. —Su voz se quebró cuando lo miró fijamente—. Pensé que eras… —Allí,
ella estaba de vuelta en el mundo racional. No obstante, ralentizó su acercamiento.
Su mano estaba en su garganta.
—Me asustaste hasta la muerte.
Él la abrazó y la atrajo hacia sí.
—Entonces eso nos pone en igualdad de condiciones, encanto. He estado muy
preocupado por ti.
—Lo siento mucho. —Su mejilla estaba contra su pecho, y sus brazos se apretaron
alrededor de él—. Entré en pánico. Después necesitaba pensar en... cosas.
¿Sobre huir? ¿Sobre abandonarlo?
—Entiendo. —Durante toda la noche, había estado imaginando por lo que estaba
pasando, y preguntándose si alguna vez volvería a verla—. Lo siento, Piper. Nunca debí
haberte dejado sola.
Sin levantar la cabeza, ella resopló.
—Leí tus mensajes. Dios, Ethan, si me hubieras seguido hasta ese pequeño baño, me
habría perdido aún más de lo que lo hice. Gracias por darte cuenta de eso.
El remordimiento que le pesaba tanto en el corazón se aligeró un poco.
—Entonces puedes…
—¿Cómo llegaste aquí? —Ella miró a su alrededor como si se diese cuenta de que
estaban en su casa, no en la de él—. Espera, no me digas… Stan te dejó entrar.
—Cuando él y Darrell llegaron, sí. —Ethan se frotó la mejilla sobre su coronilla. Su
cabello olía diferente, sin rastro de lavanda o limón.
Su mirada se levantó.
—Eso fue hace un par de horas.
—Pensé que a la larga regresarías aquí. O me llamarías.
—Iba a hacerlo. —Ella contuvo el aliento—. Después de cambiarme, iba a llamar.
Para que pudiésemos hablar.
El alivio lo llenó.
—Dejé una nota en la mesa en mi casa en caso de que aparecieras allí. —Muy bien,
era hora de lidiar con el elefante en la habitación. Cuando la alzó en brazos, ella chilló y
se aferró a su cuello.
Él se sentó en el sofá y la acomodó en su regazo.
—Ahora, dime qué te impidió llamarme de inmediato. Para poder ayudarte.
—El Amo Serna tiene un…
—Detente. —¿Es esto un error? Tal vez. Pero necesitaba decirse—. Ese imbécil
abusivo no merece el título de Amo, Piper. No le des ese respeto.
Una arruga se formó en su frente.
—Correcto. Tienes razón. De acuerdo. Serna es increíblemente vengativo. Si alguien
cuestiona sus métodos, los persigue. En Kansas, esperabas ver a Bob Fenton. Serna y
otros Amos expulsaron al Amo Fenton de la comunidad porque intervino en una
flagelación no consensuada y después denunció a un Dom por violación.
—Ah, sí. Nos gusta creer que nuestra policía intervendrá, pero con demasiada
frecuencia, es un encubrimiento, especialmente si un crimen involucra los llamados
pilares de nuestra comunidad. —Desafortunadamente, las desigualdades de poder
existían incluso en los grupos más ilustrados—. ¿Te preocupa que Serna me saque del
estilo de vida?
Ella sacudió su cabeza.
—Él irá detrás de ti, Ethan.
Por eso se había mantenido alejada, intentando pensar qué hacer. El calor hinchó el
corazón de Ethan. Ella quería protegerlo.
—¿He mencionado que te amo?—le dijo.
Sus ojos brillaron de ira, y agarró su camisa con puños apretados.
—¿No me escuchaste? Te echará a patadas de la comunidad. Perderás a tus
amigos… a todos tus amigos. De nuevo.
—Sí, te amo completamente. —Sus palabras la redujeron a lanzar chispas, que él
silenció con un beso largo y minucioso.
Los brazos de Ethan la rodeaban, su boca estaba sobre la de ella. Cada aliento le traía
su aroma, tan limpio y masculino. A medida que las miedosas preocupaciones dentro
de ella se calmaron, se sintió como si hubiera vuelto a casa. Ella envolvió sus brazos
alrededor de su cuello y se dejó ir.
Aquí era donde pertenecía, justo aquí.
Cuando él la hizo retroceder, bajando los brazos y besando las puntas de sus dedos,
su corazón estaba tan lleno que casi comenzó a llorar.
Sus profundos ojos azules se enternecieron.
—Tuviste una noche desagradable, dulzura. ¿Puedo suponer que estabas en casa de
una amiga y a salvo?
Él seguía preocupado. Dios, ella lo amaba.
—La mujer para quién he estado cuidando el gato me dejó usar su apartamento, y
estaba en casa de Dixon esta mañana.
Ethan levantó una ceja.
—Stan ha estado en casa por un par de horas. Él sabía que estaba por aquí.
—Eh... él estaba un poco ocupado. —Ella desvió la mirada—. Dixon lo estaba
dejando, y tuvieron una pelea. Traté de irme, pero Stan no me dejó. Me hizo dar mi
palabra de que solo vendría aquí o usaría su habitación de invitados. Tenía miedo de
que Serna pudiese meterse en el edificio, así que elegí la habitación de invitados.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión?
Podía sentir el calor de su cara.
—Dix es... ruidoso, y las paredes son terriblemente delgadas. Me sorprende que Stan
no lo haya amordazado.
Ethan pasó un dedo por su mejilla caliente y sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Me atrevo a decir que Stan sabía exactamente qué tan ruidoso se estaba volviendo
Dixon.
Porque... él sabía que Ethan estaba en su apartamento y pensó que la llevaría aquí.
Ese tramposo.
Como Stan no estaba presente, Piper golpeó a Ethan en el brazo.
Su risa masculina envió deseo enroscándose en su estómago. Hasta que la expresión
masculina se volvió severa.
—Muy bien, encanto. Me has advertido sobre Serna. ¿Hay algo que quieras discutir?
Porque Ethan indudablemente tenía una larga lista de cosas por las que planeaba
regañarla.
—Estaba planeando irme de San Francisco. Rápido. Para mantenerme a salvo.
—Yo te mantendré a salvo. —Su rostro era duro. Decidido.
—Sabía que dirías eso, y pensé en escapar hacia ti, pero entonces Serna arruinaría tu
vida. Te mereces algo mejor que eso. —En voz baja, agregó—. Que yo.
Su mandíbula se convirtió en piedra. Él abrió la boca. La cerró.
—Me ibas a llamar, así que has debido haber cambiado de opinión. Estoy
escuchando. Dime por qué.
Porque esto era quien era. Un Dom, pero uno que escuchaba primero. Él escucha con
la mente abierta. Incluso si no funcionaran, y ella terminara a un continente de
distancia, nunca olvidaría este momento. Sus manos acariciando sus brazos arriba y
abajo, mirándola a los ojos, su paciente silencio.
—Yo... —Tuvo que reprimir sus primeras palabras. Te amo. No, éste no era el
momento. Las cosas estaban indecisas—. Dixon iba a dejar a Stan sin hablar con él
primero. Los escuché discutir. Dixon no creía que fuera digno de Stan. Entiendo cómo
se sentía.
—¿Porque un cabrón te entrenó para pensar que no vales nada?—le preguntó Ethan
en voz queda.
Ella asintió.
—Dixon no ve todas las cosas que lo hacen increíble, y pensé, tal vez, mi propia
imagen también podría estar un poco distorsionada, también. A Stan le dolió cuando se
dio cuenta de que Dixon se iba a ir. Dix no tenía razón en hacer eso.
—Así que decidiste hablar conmigo. —Con las cejas fruncidas, Ethan miró a la pared
por un momento antes de que sus agudos ojos se enfocaran en ella nuevamente—. A
diferencia de Serna, no creo que nadie sea una persona sin valor. Quizás no han
encontrado lo que tienen para ofrecer al mundo, no se han dado cuenta de su potencial,
pero ¿sin valor? No.
Ella parpadeó. Aunque se dijera a sí misma que ella no era una persona sin valor y lo
creyera, en su mayor parte, sus palabras alegraron su alma.
—Estoy de acuerdo en que Serna jugó con tu autoimagen. Entonces... déjame
contarte sobre Piper Delaney. —La comisura de su boca se alzó ligeramente—. Es
empática, divertida, cariñosa, leal y alegre. No es de extrañar que sus amigos la amen
tanto.
¿Qué? Ella lo miró fijamente.
—Es una excelente persona multitareas, persuasiva, inteligente, ingeniosa,
progresista y trabajadora. Por eso tiene tanto éxito en los negocios.
¿Realmente veía todas esas cosas en ella? Esto era como estar envuelta en una cálida
manta.
—A ella le gusta reírse, incluso de sí misma, y me hace reír más de lo que lo he hecho
en años. Se disculpa cuando se equivoca, pelea justamente en una discusión y no miente
sobre cómo se siente, aunque a veces tengo que sacárselo a la fuerza. Es generosa,
receptiva, amorosa y casi adivina cuando se trata de saber lo que alguien necesita. Me
encanta cómo Churchill la tiene envuelta alrededor de sus patas y cómo se detiene para
acariciar perros en las tiendas. Tiene una gran cantidad de intereses, y su mente rebota
cuando los deja salir, por lo que nunca es aburrida.
Ella no podía moverse.
—Incluso después de cincuenta años, probablemente encontraremos cosas para
intercambiar opiniones… y discutir. Y todavía la amaré tanto o más de lo que lo hago
ahora. —Él sujetó su mejilla, su pulgar acariciando sus labios. La besó, una promesa en
sus cálidos labios, en la forma en que se demoró.
Acercándola, él limpió las lágrimas de sus mejillas. Ella no sabía cuándo había
comenzado a llorar.
—Seguiremos trabajando en cómo te ves—murmuró—. ¿Podemos asumir que no
irás a ningún lado?
Ella se puso rígida.
—Yo no quiero que él arruine tu vida. Tus amistades.
—Él puede intentarlo. —La voz de Ethan era indiferente—. Piper, las circunstancias
aquí no son las mismas que en Kansas. Las comunidades no son lo mismo. Xavier y
Simon, todos los que dirigimos Dark Haven estamos en la misma línea en lo que se
refiere a relaciones abusivas y de ética en el estilo de vida.
Oh. Ella tragó saliva.
—¿Están Xavier y Simon enojados conmigo?
—No, encanto. Simon está furioso con Serna. Xavier aún más. Planeaba expulsarlo
del club.
El alivio la hizo hundirse contra Ethan.
—Pero... ¿habían planeado?
Él se restregó la barbilla con el pulgar mientras estudiaba su rostro.
—Le pedí que esperara. Quería que tuvieras la oportunidad de enfrentarlo en el
club. No para que él te tienda una celada, sino para que puedas decir lo que necesitas
decirle.
—¿Estás loco? — Ella empujó contra su pecho, el terror deslizó dedos fríos entre sus
costillas.
—Piensa, Piper. No reacciones a ciegas.
Ella inspiró. Pensar. Seguro. Solo la idea de ver al Profanador nuevamente la
aterrorizaba. Hacerle frente con personas alrededor y...
Hacerle frente deliberadamente. No tenerlo acercándose sigilosamente a ella por
detrás. El aliento que tomó esta vez tenía un temblor audible.
—Quieres que lo exorcice de mi vida.
—Mmmjá. Tienes cosas que debes decirle.
Como que era un mentiroso.
—¿Estarías... estarías allí?
Su expresión contenía la más amable de las reprimendas.
—¿Realmente imaginas que te permitiría estar en su presencia sin mí allí?
Con la calidez llenándola, se inclinó hacia él.
—Supongo que no.
—Estaré allí. También lo estarán Simon, Xavier, DeVries, Stan y todos tus amigos
sumisos. Nadie podría mantenerlos alejados.
Ella no estaría sola.
—Yo... sí, entonces. No sé si puedo, pero quiero intentarlo.
—Bastante bueno. ¿Lo quieres atado y amordazado primero? —Él sonrió—. Se lo
estaré pidiendo a un amigo.
Y ella se echó a reír.
Capítulo 23

Después de un rato, Piper había querido irse, Ethan sonrió porque casi había dicho
“a casa” y acurrucarse con Churchill. Entonces él la había llevado de regreso a su casa.
Cuando Churchill maulló su vehemente irritación por su ausencia anoche, Ethan los
puso a ambos en su regazo. Maldita sea, pero le encantaba tener a Piper en sus brazos.
Pensar que nunca podría volver a verla había creado un dolor en su pecho.
Sostenerla lo alivió. Lo tranquilizó.
Mientras hablaban de la noche, Piper lentamente se relajó contra él. Era hora de salir
del pasado y mirar hacia el futuro.
Cuando le pasó la mano por sus curvilíneas caderas, tuvo que decir que el futuro
inmediato tenía un atractivo innegable.
Piper debió sentir que su polla se endurecía. Ella se meneó, de lo que él no podía
quejarse.
Él deslizó un dedo por su mejilla, por su mandíbula, por su cuello. Debajo de su
delgada camiseta, sus pezones eran pequeños picos.
—Te extrañé anoche.
Los labios de ella se curvaron en una sonrisa.
—¿Estás planeando sexo de reconciliación? He oído que es divertido.
¿Ella no había experimentado el sexo de reconciliación? Tal vez no. Ella había
mencionado que sus amantes antes y después de Serna había sido casuales. De corto
plazo. Serna había sido su única relación seria.
—Es divertido. Creo que es parte de los deberes de un Dom sumar a la experiencia
de un sumiso.
Y tenía ganas de follarla. Estar dentro de ella. No, más que eso, ejercer su voluntad
sobre ella, ver su dulce sumisión y satisfacerlos a ambos.
Agarrando un puñado de su cabello lo suficientemente fuerte como para que ella
supiera que él tenía el control, observó cómo se dilataban sus pupilas. En lugar de
miedo, su expresión contenía una excitación creciente.
—Piper. Entra en el dormitorio y desnúdate. Arrodíllate en la cama, frente al
cabecero. Necesito avisar a Xavier y Simon que pueden dejar de buscarte.
Ella hizo una mueca.
—Lo siento.
—No te disculpes por ser humana. Xavier también lo siente. Y estaba muy enojado
de que no estuvieras a salvo en su club.
—No es culpa suya. El custodio de la mazmorra llegó allí de inmediato. ¿Puedes
decirles gracias por preocuparse?
Ella podría romper el corazón de un Dom.
—Lo haré. —Él la puso de pie—. Vamos.
Dándole tiempo para obedecer, Ethan le hizo saber a sus amigos que Piper estaba a
salvo, así como su decisión de enfrentar a Serna esta noche. Xavier dijo que iría
temprano y enviaría mensajes de texto si Serna aparecía y cuándo aparecía.
Cuando Ethan entró en la habitación, vio a Piper arrodillada en el centro de la cama.
Él ladeó la cabeza, escuchando. Ella había ido más allá de sus instrucciones. Se estaba
escuchando la lista de reproducción con la música más inquietante de Apocalyptica,
comenzando con Farewell.
Las cortinas se habían cerrado para bloquear la luz del día. Las velas en vasos en las
mesitas de noche proporcionaban una luz parpadeante que bailaba sobre su piel
dorada. También mostraba los músculos tensos de su espalda y brazos. ¿Por qué estaba
tan incómoda?
Después de un segundo, Ethan se dio cuenta. Ella había tomado la iniciativa, algo
que Serna habría encontrado irritante. Serna era una idiota.
—Muy bien, encanto. Gracias.
Su tensión desapareció en una corriente casi visible.
Ethan sonrió y usó el teclado para desbloquear el baúl de cuero negro contra la
pared.
Ella se giró para ver qué estaba haciendo y sus ojos se abrieron de par en par.
Él carraspeo. La iniciativa era una cosa. Ignorar sus órdenes sobre la posición era
otra.
Enrojecida, volvió su mirada al cabecero.
Por un momento, consideró su cama con dosel, hecha a medida para sus gustos
como Dom. La parte superior del marco negro de acero pesado contenía tres barras
transversales adicionales. El cabecero era barroco y resistente, un diseño geométrico de
acero negro que cambiaba a un relleno de cuero negro más cerca del colchón. Porque
solo lo necesitó una vez follar a alguien contra el cabecero para darse cuenta de que el
relleno era útil.
Anoche en Dark Haven, había planeado crear un elaborado diseño de Shibari en
Piper. Compartir la intimidad de la cuerda con ella. Tenerla completamente indefensa
en suspensión.
Pero... esa escena no funcionaría esta vez. Por la seguridad de una sumisa
completamente suspendida, él siempre se mantenía enfocado en ella, lo que significaba
que no habría sexo para él.
Hoy, ambos necesitaban la cercanía de hacer el amor.
Entonces... ¿Bondage? Definitivamente.
Suspensión total, no. ¿Suspensión parcial? Sí, eso sería perfecto. La adecuada
cantidad de indefensión.
—Te voy a atar, encanto, y vamos a divertirnos un poco.
Ella permaneció inmóvil, excepto por un traicionero temblor de sus hermosos senos.
Él metió la mano en el baúl, recogió las cuerdas de seda, las pasó entre los dedos y
las dejó. Pasó un dedo sobre el yute. Demasiado duro por ahora. Cáñamo... sí. Usaría el
conjunto de cuerdas que pudiesen romperse y, por lo tanto, fueran más suaves.
—El negro y el verde azulado se verán hermosos contra tu piel. —Colocó las cuerdas
de cáñamo sobre sus hombros, para que ella oliera la dulce fragancia a hierba y colocó
la canasta con tijeras y juguetes al pie de la cama.
Recogió el aparejo de suspensión y se subió a la cama. La placa del aparejo con
varias líneas verticales ya estaba armada y simplemente necesitaba unirla con las barras
transversales de la cama. Entonces, él podría comenzar.
Doblando la cuerda verde azulada por la mitad, localizó la ensenada y comenzó a
atar su arnés de pecho favorito.
—Me gusta la forma en que esto comprime tus hermosos senos y te sostiene por la
cintura.
A cada deslizamiento de la cuerda le siguió una caricia de su mano sobre su piel
aterciopelada. Mientras envolvía sus senos, por encima y por debajo, se tomó el tiempo
para jugar, llenando sus manos con carne suave y usando su boca sobre sus pezones
hasta que se hincharon y enrojecieron.
El medio-corsé alrededor de su cintura le daría la sensación de ser abrazada y
agregaría alivio a la sensación de indefensión que tenía la intención de darle. La
constricción de la cuerda alrededor de sus senos agregaría un elemento erótico.
Manteniendo su cuerpo contra el de ella, disfrutó de su cálida piel, que cómo ella
había comenzado a respirar al mismo ritmo que él; continuó, extendiendo los nudos en
cada brazo en un hermoso patrón con lazos para los eslabones giratorios. La tensión
abandonó sus músculos cuando las cuerdas crearon un diálogo silencioso entre ellos,
reforzando; él su autoridad, ella su indefensión. El amor de él.
Después de presionar un beso en sus palmas, le pellizcó los dedos para evaluar el
calor y le chupó las yemas. Un rubor de anticipación se elevó en su rostro.
Cuando la movió hacia donde la necesitaba, y ella se entregó por completo a sus
manos, él podía sentir su rendición cada vez mayor.
Hizo una serie de nudos rana básicos, sujetándole los tobillos a la parte posterior de
los muslos. Le encantaba la vulnerabilidad que le daba el nudo. Una sumisa sabría que
no podría escapar, no con cada pie presionado contra una nalga.
Controlando la situación, la besó lenta y suavemente.
—Dame un color, encanto.
Sus párpados ya estaban entornados. Su voz era ronca cuando susurró:
—Verde, Sir. —Deslizándose en el espacio de la cuerda.
—Voy a posicionarte ahora... solo para mi disfrute, dulzura.
Ella no rechazó la idea, más bien todo lo contrario. Sus ojos tenían un brillo de
deleite al ser utilizada para satisfacer sus necesidades. Su hermosa sumisa.
Pasó una cuerda desde su rodilla izquierda hacia el costado del marco de la cama,
después desde la rodilla derecha, ajustándolas hasta que sus piernas estaban extendidas
muy ampliamente. Su mitad inferior estaba sujeta a la cama, pero sus brazos estaban
libres. Ella se afirmó sobre sus manos al estilo perrito.
Un coño y un culo muy bonito. Pasó un dedo por la resbaladiza humedad. Ella
estaba muy, muy mojada.
Su respiración se aceleró cuando él la penetró con un dedo. Luego con otro. Su polla
palpitaba con su propia urgencia. Paciencia.
Alcanzando el aparejo de suspensión, fijó una línea vertical al lazo en la parte
posterior del arnés del pecho y agregó otra para que su torso fuese sostenido. Más
apoyo, en lugar de menos, aumentaba la comodidad del sumiso, por lo que enganchó
más cuerdas a los lazos que había dejado en la parte trasera de sus brazos. Sus brazos,
sostenidos rectos, estaban sujetos a lo largo de la parte superior de su cuerpo, como un
pájaro alzando el vuelo.
El punto de anclaje del aparejo estaba más cerca del cabecero de la cama, por lo que
las cuerdas del arnés la empujaron un poco hacia adelante. Estaba doblada con el torso
no muy paralelo a la cama, pero ligeramente inclinado hacia arriba. Aunque algo de su
peso estaba sobre sus rodillas, la parte superior de su cuerpo estaba totalmente
sostenida por las cuerdas. Impotentemente inmovilizada en su lugar.
Y su coño y su culo estaban bellamente disponibles para lo que él quisiera hacer.
Él se sentó frente a ella. Su expresión era... interesante. Ella se relajó contra las
cuerdas, en una suspensión parcial, cuando se dio cuenta de que estaba sostenida
cómodamente. Sin embargo, su respiración no se había ralentizado por completo
porque también se había dado cuenta de que estaba contenida en una posición muy
erótica y vulnerable.
Agarrando su barbilla, la besó bruscamente incluso mientras extendía la mano por
debajo de su torso para jugar con un pecho comprimido y colgando. Él pudo sentir el
escalofrío que la recorrió.
Oh Dios, oh Dios. Sir Ethan la estaba besando, con los labios firmes, la lengua
exigente, incluso mientras atormentaba sus pobres y palpitantes senos que las cuerdas
habían comprimido en globos apretados. Cuando él rodó sus pezones entre sus dedos,
la sensación fue tan dolorosamente gloriosa que ella gimió.
Él se rio entre dientes… y tiró de sus pezones doloridos.
Su intento de meneo la hizo columpiarse ligeramente, muy ligeramente. Ella no se
movería mucho, y el conocimiento de que estaba atada con su coño y su culo tan
expuestos la puso más caliente.
—Ahora, vamos a jugar. —Su sonrisa brilló, haciendo que el corazón de ella diese un
vuelco—. Voy a tratar de hacer que te corras, y tú vas a tratar de no correrte. Si lo haces,
mi recompensa es que consigo zurrarte el culo cinco veces.
Su cuerpo se congeló cuando el miedo la atravesó y desapareció casi tan rápido.
Debido a que él estaba mirando su rostro, su mirada... comprensiva. Pero firme. Él la
había azotado un par de veces antes. Una vez por castigo, otra por diversión. En ambas
ocasiones, no estaba segura de si le había gustado o no; los recuerdos del viejo dolor no
la habían liberado lo suficiente como para relajarse.
—Um. Entonces, ¿cuál es mi recompensa, Sir?
Se rio entre dientes.
—Ese orgasmo prohibido sería tu recompensa, ¿no te parece?
Probablemente. Un orgasmo estaba realmente alto en su lista de cosas que hacer en
este momento. Solo que... la azotaría.
Cuando sacó un varita vibradora y la enchufó, sus ojos se abrieron ampliamente.
—Señor, eso es trampa.
Su sonrisa creció.
—Lo es, ¿verdad?
Sosteniendo la varita, agregó un accesorio, un dildo corto que sobresalía con una
curva en forma de U. Él se movió detrás de ella y le colocó el irregular dildo llenando su
entrada. Mientras se deslizaba hacia adentro, sintió los extremos de la forma de U
presionando en su clítoris y en su ano.
Cuando el vibrador se encendió, vibró... todo. Su punto G, su clítoris, incluso su ano,
todo al mismo tiempo. Oh, Dios. Su trasero subió, su espalda se arqueó. Y... no, no, lucha.
Era inútil. La presión aumentó y aumentó, obligándola a llegar a la cima sin nada
que pudiese hacer. Se sintió tan bien, tan increíble. Incapaz de contenerse, ella se corrió,
el placer cantando en sus venas... incluso mientras jadeaba:
—Tú-tú-tú bastardo.
—Oh, pequeña sumi... —Él hizo un chasquido de decepción, sacó la varita y la apagó
—. Yo no puedo creer que te hayas corrido tan rápido. No estoy seguro de que incluso
hayas intentado resistirte.
Cuando se arrodilló junto a su cadera, su palma áspera masajeó sus nalgas.
—Sabes, encanto, para cuando termine, no creo que puedas sentarte... o caminar. —
Él palmeó su culo.
El agudo aguijón la hizo levantar la cabeza. Mientras se balanceaba contra las
cuerdas, no podía alejarse, no podía hacer nada.
Paf, paf. Él frotó hasta que el aguijón desapareció.
Mientras lo hacía, su piel estaba absorbiendo el dolor, deslizándolo en sus rincones,
creando una piscina caliente dentro de ella.
Paf, paf. Él se inclinó y acarició sus senos, excitándolos de nuevo en puntos duros y
doloridos. Volviendo a excitarla.
—Esos senos tan bonitos solo claman por adornos, ¿no te parece?
Él no esperó a que ella respondiera. Sosteniendo su pezón con una mano, sujetó una
abrazadera, apretándola. Su pezón ardía con la aguda compresión, el dolor la hizo
intentar levantarse para alejarse. Pero por la forma en que estaba equilibrada, su peso
estaba demasiado adelante. Todo lo que podía hacer era retorcerse en las restricciones.
—Respira, Piper. Respira a través del dolor.
Dolor, mi culo.
—Acepta esto. Por mí. —Por él. Por su Dom. Dejando caer la cabeza hacia abajo,
inspiró una vez. Otra. El dolor se redujo a un dolor persistente.
El segundo pezón fue más fácil, pero... más duro. Ambos pezones estaban ardiendo
con suficiente dolor como para hacerla consciente de cada respiración que tomaba.
Sentir cómo las cuerdas hacían que sus senos se hincharan y palpitaran.
Su coño había comenzado a hormiguear, a doler ante el vacío interior.
¿Cómo podría ella estar excitada de nuevo?
—Eres una chica tan buena. —Enredando sus dedos en su cabello, sostuvo su cabeza
inmóvil mientras la besaba. Profundo y húmedo, tomándose su tiempo como si ella no
estuviese atada, no tuviera dispositivos en ella. Haciéndola consciente de que estaba
indefensa. Que su cuerpo, su excitación y el tiempo mismo estaban en sus manos.
—Veamos si puedes aguantar mejor esta vez ya que tuviste el primer orgasmo.
Que Dios la ayude, empujó nuevamente la varita dentro de ella, la sostuvo de modo
que los extremos de la curva nudosa presionaron contra su clítoris y ano. Encendió el
vibrador. Toda el área de su coño, por dentro y por fuera, cobró vida. Su clítoris se
hinchó. Sus músculos se tensaron cuando la presión aumentó.
No, ella se no correría esta vez. Con los dientes apretados, luchó contra el clímax, el
sudor estalló en su cuerpo. Todo lo que hacía se sentía demasiado bien.
Inclinó ligeramente el vibrador, golpeando nuevos puntos. Dos afuera, uno adentro,
y un golpe de violenta liberación, envió un placer abrasador a través de ella.
—Aaaaaah, oh Dios, aaaaah. —Su cuerpo se sacudió incontrolablemente contra las
cuerdas. Jadeó por aire, su corazón latía con fuerza.
El vibrador se apagó.
—Tsk. Los yanquis carecen de resistencia. —La diversión se enroscó en su oscura voz
llena de humo. Antes de que ella pudiera recuperar el aliento, él le dio una palmada en
el trasero. Esta vez, la quemadura fue más feroz, solo que cada vez que su mano
golpeaba, el aguijón se deslizaba directamente en un pesado placer líquido.
—Esos son cinco. —Él encendió el vibrador sin más advertencia, y la sensación
expulsó el aire de sus pulmones. Había aumentado la fuerza. El martilleo por dentro y
por fuera significaba que nadie podría luchar contra él.
Ella se corrió gritando una protesta.
El siguiente azote fue dolorosamente placentero, prolongando su orgasmo. Los
espasmos continuaron, una y otra vez, hasta que ella se quedó sin fuerzas.
Cuando él retiró la varita, su coño estaba tan hinchado y sensible que solo pudo
estremecerse. Pensó momentáneamente en maldecirlo, pero su boca no parecía estar
conectada a su cerebro.
—¿Todavía verde, encanto?
—Mmmjá.
—Mueve los dedos de las manos y de los pies. ¿Algo entumecido u hormigueante?
—Nnnunu.
Su masculina risa baja hizo feliz su corazón. Hasta que dijo:
—Hagamos que te menees de nuevo. —Los dedos bailaron sobre sus pezones
pellizcados, alrededor de sus senos. Él tiró de las abrazaderas, enviando chispas de
doloroso placer a través de ella, entonces jugó con sus senos un poco más. Cuando se
hincharon, sus pezones latieron aún más.
Y ella se meneó.
Levantando la barbilla, la besó.
—Estas han estado puestos el tiempo suficiente.
¿Estas qué? Ella sintió sus dedos en su pecho izquierdo, en el pezón. La abrazadera
se aflojó y se desprendió. Un segundo después, toda la sangre de todo su cuerpo se
disparó al tierno pezón y ardió como fuego. Ella se sacudió, se retorció, trató de bajar
los brazos, pero las cuerdas mantenían su torso sobre la cama con los brazos
desplegados detrás de ella como alas.
—Tú... bastardo.
—Lo siento, amor, pero mis padres estaban casados. —Riendo por lo bajo, la besó y
quitó la segunda abrazadera.
—Ay, ay, ay. Tú, sádico, malvado, cruel, obsceno sádico. Ambos pezones palpitaban
y picaban... y de alguna manera provocaron una ardor en su clítoris.
—Ese soy yo—estuvo de acuerdo él cortésmente—. Solo creo que deberías decir,
sádico obsceno, Sir.
Ella se congeló al escuchar lo que había dicho. Había sido totalmente grosera con un
Dom. Con un Amo.
Él... estaba sonriendo.
Él le acarició con la nariz su sien.
—Cuando jugamos en la cama y te empujo, se permiten palabrotas y acusaciones.
Incluso, las espero.
Su mano agarró su cabello y le levantó la cabeza. Sus ojos eran de un azul muy
intenso cuando dijo suavemente:
—Insúltame en una mesa en Dark Haven, y te pondré encima de mis rodillas. —Las
líneas del sol junto a sus ojos se profundizaron—. Y también lo disfrutaré.
Ella se estremeció con indefensa necesidad. Porque no estaba enojado. Porque
probablemente ella también lo disfrutaría.
—Prepárate, cariño. Voy a follarte ahora, y vas a correrte de nuevo, quieras o no.
A ella se le escapó un gemido. Podría morir si se corría.
Ella escuchó que él se quitaba la ropa y entonces estaba en la cama detrás de ella. Sus
rodillas estaban separadas ampliamente, sus muslos atados a los lados de la cama.
Abierta y restringida para su uso.
La punta de su miembro encontró su entrada, y él presionó, mucho más grande y
grueso que el accesorio. Era suave terciopelo y más caliente que el fuego. Él la estiró,
incluso mientras sus paredes se contraían a su alrededor en réplicas.
—Me encanta estar dentro de ti, Piper—masculló—. Aunque excitarte hasta orgasmo
podría ser casi tan placentero.
Sus caderas se movieron, haciendo que su polla hiciera un movimiento circular
dentro de ella. Ella estaba tan sensible que se meneó, trató de alejarse y solo se balanceó
hacia adelante y hacia atrás sobre él.
El cuerpo de él cubrió el de ella, su mano sobre su vientre, y su otra mano... tiró de
su pezón derecho… el muy maltratado y sensible pezón.
—Ayyyy. —Sus manos trataron de detenerlo, pero sus brazos estaban atados con
demasiada firmeza.
—No puedes detenerme, encanto. —Él se empujó dentro de ella con más fuerza,
ignoró su retorcimiento y atormentó su pezón izquierdo.
La necesidad instintiva de luchar la dejó jadeante, abrumada, a su merced. La alegría
de estar indefensa, totalmente controlada se deslizó a través de ella. Sir Ethan la había
reclamado.
El colchón pareció desaparecer, dejándola flotando.
—Así mismo, cariño. Te tengo. —Su grueso eje entraba y salía mientras atormentaba
sus pezones, mientras el deseo provocaba un latido en su coño—. Y esta vez, te correrás
conmigo dentro tuyo.
Ella moriría. Simplemente moriría.
—Por favor, no puedo. —Su cabello empapado en sudor se balanceaba alrededor de
su rostro.
—Ahora, mascota, “no puedo” no es una buena palabra para usar alrededor de un
Dom. —Él la tiró bruscamente hacia atrás sobre su polla—. Tú puedes. Y lo harás.
Ella no podía hacer nada. Él la conocía, había estudiado su cuerpo demasiado bien.
Él podría, y lo haría, forzarla implacablemente a otro orgasmo y exprimirle hasta la
última gota de placer. Sabiendo que eso era lo más erótico que cualquier cosa que
hubiera sentido antes.
El vibrador volvió a sonar. Esta vez sin accesorio. Lo presionó firmemente contra su
clítoris. Todo su cuerpo comenzó a temblar cuando él la folló, duro y rápido, incluso
mientras la varita aporreaba contra su muy sensible clítoris.
Ella no tuvo una oportunidad, tomada por dentro y por fuera. Estaba llena de tantas
sensaciones que no podía procesar nada. Su polla era gruesa dentro de ella, y todo su
cuerpo tuvo espasmos con la vorágine de placer.
—Oooooh. —La tormenta de sensaciones se derramó por cada nervio de su cuerpo.
—Ahí está mi Piper. —Él se empujó profundamente y, con un gemido bajo, se corrió
dentro de ella. Su brazo se apretó alrededor de ella, sosteniéndola contra él.
Todo se volvió borroso por un tiempo, y un rato después, ella estaba fuera de las
cuerdas y descansando sobre su espalda. Sentía que todo su coño estaba entre
entumecido y hormigueante.
Sir Ethan yacía de lado junto a ella, jugando distraídamente con sus senos.
Esperándola.
—Eres un Dom cruel y perverso—susurró ella.
—Así es, pero de todos modos me amas. Es hora de que me des las palabras. —Su
severa mirada la atravesó, tirando de su corazón a la superficie.
—Te amo. Mucho. —Lo había hecho. Dijo las palabras. Y la forma en que sus ojos se
enternecieron con mucho placer llenó su mundo.
Sus labios se curvaron con una sonrisa satisfecha.
—Yo también te amo, Piper Delaney.
Finalmente, cuando llegó el momento de moverse, descubrió que le había dicho la
verdad… no podía caminar.
Mientras la ayudaba a entrar en el cuarto de baño, él se estaba riendo.
Maldito Dom.
Capítulo 24

De pie frente al espejo de pared en el dormitorio principal de Ethan, Piper sonrió.


—Guau, me veo bien.
—Por supuesto que sí. —En la cama, Lindsay se recostó contra el cabecero acolchado
—. Soy una genia en el arte del cabello largo.
—Realmente lo eres. —El cabello negro hasta la clavícula de Piper tenía el doble de
volumen y estaba rizado. Antes de partir hacia Dark Haven, Ethan había venido a
besarla y no había podido resistirse a jugar con los gruesos rizos. Por la mirada en sus
ojos, si hubieran estado solos, ella habría terminado en la cama.
Coqueteando consigo misma en el espejo, ella giró la cabeza. Sus ojos ahumados
eran enormes con largas pestañas rizadas. Sus pómulos se veían lo suficientemente
afilados como para cortar. Sus labios eran de un rojo te-desafío que combinaba con sus
zapatos.
—Eres una estrella del maquillaje, Abby.
Abby y Rona estaban sentadas en los dos sillones junto a las ventanas. Abby sonrió.
—Mi hermana pequeña insiste en mantenerme actualizada y me recluta para
ayudarla a vestirse para sus grandes citas.
—Te ves perfecta. —Rona asintió con aprobación.
—El vestido es perfecto—corrigió Piper.
En el momento en que Piper había comenzado a preocuparse por lo que se pondría
para el club, las tres mujeres habían llegado a casa de Ethan para ayudarla a prepararse.
Rona había querido que ella usara algo que la hiciese sentir menos... vulnerable.
Piper no podía usar tanta ropa como una Domme, indicaría miedo. Pero su
indumentaria normal era demasiado invitadora. Demasiado reveladora.
Así que Rona le había regalado un vestido de látex negro ceñido con un sujetador
incorporado. Era corto, por supuesto, pero lo suficientemente largo como para cubrir su
trasero. El acordonamiento desde el ombligo hasta el esternón mostraba su piel y escote,
pero también hacía que esos senos fueran difíciles de tocar. Las finas correas mantenían
la parte superior arriba, de nuevo, lo que dificultaba meterse con ellas.
Levantando el dobladillo, miró los bóxers de látex negros a juego. Eran apretados y
sexy... y una excelente barrera para el contacto no deseado.
—Gracias, chicas. —Sus zapatos rojos con hebillas en los tobillos eran perfectos, y la
punta de acero stiletto hacia de ellos una defensa increíble.
Para mayor coraje, ella se puso el brazalete de rubíes y diamantes que Ethan le había
regalado.
—Te das cuenta de que esto es simplemente para tu comodidad, ¿verdad? Ninguno
de los Amos dejará que ese bastardo te toque. —Sonó el teléfono de Abby y ella
respondió—. ¿Sí, My Liege?
Aunque Piper se esforzó por oír, no podía escuchar lo que Xavier le estaba diciendo.
—Nos vamos ahora. —Abby guardó el teléfono—. Xavier dice que Serna ha llegado
con su esclava y está conversando con los miembros, tratando de obtener simpatía por
el tiempo que invirtió en su esclava fugitiva. Le está diciendo a las personas que tú
realmente quieres volver con él. Que tienes un corazón esclavo.
Piper sintió que se le secaba la boca.
—Todo estará bien. —Abby miró a Rona—. Aunque puede ser desordenado.
—¿Desordenado? —Rona frunció el ceño.
—Cuando colgué, escuché a Simon comenzar a discutir con Xavier sobre quién
golpeará a Serna primero. Entonces Ethan... bueno, ¿lo has escuchado cuando se pone
todo inglés y cabreado? Dijo que si alguien golpeaba a Serna, sería él.
La boca de Piper se abrió. Su Dom. Entonces, la gran alegría de estar protegida dio
paso a la realidad.
—No dejes que lo golpeen, ¿de acuerdo? Serna es del tipo que te demanda.
—Primero tendrían que encontrar el cuerpo. —Lindsey se sorbió la nariz—. Zander
tiene formas... y está realmente descontento con ese tipo.
Rona estudió sus uñas.
—Simon me ha estado enseñando defensa personal. No me importaría darle un
golpe. Ya sabes, solo para practicar.
—¡Sí! —Los ojos de Abby se iluminaron—. Todas deberíamos. Míster Macho estaría
demasiado humillado para demandar a las mujeres.
—¡Cuenten conmigo! —La voz de Lindsey se convirtió en un acento a lo John
Wayne, Te metes conmigo, tendré tu piel. Ajustó un sombrero imaginario y rebotó en la
cama—. Tal vez deberíamos tener un escuadrón de mujeres para aterrorizar a los Doms
malos.
—No, no es una buena idea. No, no, no. —Piper negó con la cabeza frenéticamente
—. Xavier tendría un arranque de cólera, y Ethan me culparía. Dios, mi trasero ya está
dolorido. —Por eso ella estaba parada ahora.
Sus amigas se echaron a reír. Ya se habían burlado de ella por la quemadura de
barba en sus mejillas y las marcas de la cuerda en sus brazos y piernas.
—Hora de moverse, gente. —Rona comenzó a expulsarlas de la habitación, entonces
se detuvo—. Piper, necesitas un abrigo. Fuera hace frío.
—Correcto. —Ethan había mencionado que había dejado su abrigo largo en el
armario de la habitación. Se acercó al armario y alcanzó la manija de la puerta.
Ninguna manija de la puerta. Ella la miró fijamente.
—¿Problema, Pips?—le preguntó Lindsey, uniéndose a ella.
—La puerta. Es una puerta plegable.
—Ajá. —Lindsey miró a Piper con preocupación—. Ya lo noté. Es plegable. Con
pestillo magnético.
—Ésta era una puerta con bisagras regular la semana pasada. Con un picaporte.
Rona pasó la mano por el marco de la puerta, entonces se inclinó hacia delante y
olisqueó.
—Huele a barniz nuevo. ¿Tal vez Ethan prefiere este tipo de puerta?
Piper no podía apartar la mirada del armario. Sin perilla. Sin cerradura.
No se pudo trabar una puerta del tipo plegable. No se podía mantener a nadie
encerrado dentro. Las lágrimas le pincharon los ojos. Él había cambiado la puerta del
armario.
***
—Hola, Pipster. —De pie en la entrada de Dark Haven, Dixon la saludó con un
abrazo y sonrió a las tres mujeres detrás de ella—. Veo que trajiste la parte femenina de
tu equipo.
—Hola, Dixonian. —Ella lo examinó. Sus labios estaba hinchados, tenía las mejillas y
el cuello quemados por la barba, y la marca apenas perceptible de las correas de una
mordaza pelota atravesaba sus mejillas. No solo se veía bien amado, sino que se veía la
dulce satisfacción en sus ojos.
Tenía la sensación de que él y Stan no solo estaban juntos, sino que eran más fuertes
que antes.
Después de que Dix abrazara con fuerza a su “equipo”, Piper levantó su tarjeta de
membresía hasta el escáner y siguió a todos a la sala principal del club. De los altavoces
llegó el Trivium con voz espeluznante, The Wretchedness Inside y algunas personas
estaban bailando. La mayoría de las mesas en el centro de la habitación estaban
ocupadas. A la gente le gustaba socializar antes y después de las escenas.
Ella podía sentir que su respiración se volvía superficial, y se recordó a sí misma que
debía mantenerse alerta. Regula el ritmo. Era un mundo estúpido cuando una persona
tenía que controlar su respiración. Miró a su alrededor y no vio a Serna.
El alivio fue la emoción más elevada. Él tal vez se había ido.
Entonces vio a Sir Ethan dirigiéndose hacia ella a través de la habitación y supo que
la había estado observando. Preocupándose por ella. Su corazón entró en un
breakdance completo. Mío, mío, mío.
No era justo que él fuera tan hermoso. O la forma en que se parecía al aristócrata
inglés que era. Aunque la apariencia letal de su traje exquisitamente confeccionado
sobre un jersey de cuello cisne negro probablemente lo echaría a patadas del
Parlamento.
—Aquí estás. Te ves preciosa esta noche, mascota. —Él vio su pulsera y su mirada de
aprobación la calentó—. Sin embargo, me temo que te falta una prenda esencial.
—¿Sí?
Con una tierna sonrisa, metió la mano en el saco, sacó su collar. DE ETHAN destelló
hacia ella. Él levantó una ceja.
—Oh, sí. Por favor, Señor. —Ella inclinó la cabeza y se apartó el pelo para que él se
lo pusiera. La sensación de sus dedos, el vellón en los bordes, el ajuste alrededor de su
garganta era como tener su cuerpo contra el de ella, su fuerza parte de ella.
—Ahí vas. MÍA. —La satisfacción en su voz coincidía con los sentimientos que la
recorrían.
Cuando él la abrazó, ella lo rodeó con sus brazos, respirándolo, sintiendo la sólida
contextura muscular contra ella. El mundo se hizo más firme bajo sus pies. Echó la
cabeza hacia atrás y miró a sus ojos inquebrantables y vigilantes.
—Te amo tanto, tanto.
Una ceja se alzó y una sonrisa iluminó su expresión severa. Sosteniendo la parte
posterior de su cabeza, se inclinó para besarla. Lenta y delicadamente, haciéndole saber
que era suya.
Y amada.
Para cuando él levantó la cabeza, había tenido que apretar el brazo alrededor de su
cintura para evitar que se hundiera en un charco en el suelo.
La risa llegó desde detrás de ella, y él miró por encima de su cabeza.
—Señoras. Es bueno verlas.
Su equipo no se había ido a buscar a sus Doms. Ellas se estaban quedando con ella.
Porque Serna estaba aquí. Ella sintió que se le revolvía el estómago. ¿Podría hacer
esto? ¿Enfrentar al hombre que la redujo a nada?
—Esta es tu decisión, tu elección, Piper. Nadie te obligará a hacer nada que no
quieras hacer—murmuró Sir Ethan.
—¿Dónde está él? —Sus labios estaban teniendo problemas para formar palabras.
—Está con un grupo de hombres junto a la barra. —La voz de Sir Ethan fue lo
suficientemente alta par que los demás escucharan, y todos se giraron para mirar.
Serna apenas era visible dentro de un círculo de cuatro hombres, ninguno a quien
Piper había conocido. Lo que sea que estaba diciendo recibía apreciativas inclinaciones
de cabeza. Probablemente estaba hablando de propiedad y propietario. La basura.
Esclavagem estaba arrodillado a sus pies, la postura perfecta, pero, como solía hacer
Piper, estaba mirando furtivamente a su alrededor.
Su mirada se encontró con la de Piper y miró hacia abajo.
Piper sintió una amarga diversión junto con lástima. A Serna probablemente le
gustaría saber que Piper estaba aquí, pero esclavagem no se lo diría... porque es
probable que castigara a la chica por mirar a su alrededor. Un estúpido llamado Amo.
El abuso aseguraba que una esclava se preocuparía más por la autoconservación que
por los deseos de su Amo.
Finalmente, el equipo de Piper captó al Profanador. Cuando la vio, una expresión
engreída cruzó su rostro. Caminó con confianza por la habitación, seguido por los otros
Doms.
Piper dio un paso atrás. Oh, Dios.
—Coraje, encanto—murmuró Sir Ethan. Su mano en su espalda le recordó que
estaba justo a su lado.
Dixon la tomó de la mano. Cuando Piper se volvió para mirarlo agradecida, vio que
Stan se había acercado, al igual que Xavier, Simon y DeVries.
—Sin valor, esperaba que estuvieras aquí esta noche. —Serna intercambió una
mirada significativa con sus seguidores—. Un verdadero esclavo no quiere nada más
que ser poseído. Incluso si no puede decir las palabras, seguirá apareciendo, esperando
ser aceptada de nuevo.
Miró a esclavagem que había ocupado su lugar a sus pies.
—Queriendo estar en su lugar destinado a los pies de su Amo.
A través del zumbido en sus oídos, Piper escuchó a Rona resoplar con asco.
—Querido y dulce Jesús—masculló Lindsey—. Ese tipo es mucho ruido y pocas
nueces.
—¿Alguien tiene una vara? Quiero golpearlo—susurró Abby y recibió una resonante
negativa de Xavier.
En el silencio que cayó, Piper no pudo hablar. Le estaba tomando todo lo que tenía
no escapar.
—Entonces, Worthington, maldito ladrón—dijo Serna—. Ella está aquí, demostrando
mi punto. Queriendo volver a mí.
—Lo dudo. —La voz de Sir Ethan era tranquila. No dijo más porque... él estaba
esperándola.
La mirada de Serna se volvió hacia ella. Su sonrisa se volvió cruel de una manera
que ella reconoció, una forma que hizo que su cuerpo comenzara a temblar. Su mente
podría decirle que estaba a salvo, pero su cuerpo reconoció las señales. Él la había
lastimado. Terriblemente.
—Ven aquí, sin valor.
Cuando ella no se movió… no podía moverse… él dio un paso hacia ella y tropezó
con esclavagem.
Rota la parálisis, Piper se alejó de su alcance.
Furioso, Serna pateó a esclavagem en el pecho.
—Estúpido coño. —Gimiendo, la chica se hizo un ovillo mientras él retiraba el pie
para darle otra patada.
—¡No! —Lanzándose hacia adelante, Piper lo empujó lejos de esclavagem—. Déjala
en paz, hijo de puta.
—Te atreves. —Con la cara oscura, Serna agitó el puño.
Paso lateral y bloqueo. Años de autodefensa. El abdomen contraído, la forma
perfecta, Piper le dio un puñetazo en la mejilla. Incluso cuando el dolor estalló en su
mano derecha, ella disparó su puño izquierdo para clavarlo en la mandíbula.
Su cabeza se sacudió de lado. Bloqueando su salvaje puñetazo, ella dio un paso
adelante, sacó la fuerza desde los dedos de los pies hasta el puño derecho… y lo golpeó
en la boca.
Él se tambaleó hacia atrás. Perdió el equilibrio y aterrizó sobre su culo en el centro de
sus seguidores.
Unos brazos la agarraron por detrás. Piper trató de pelear, pero Ethan la atrajo hacia
su pecho.
—Tranquila, encanto. Recibió tus golpes. Ahora es el momento de hablar.
—Ajá. Buen trabajo, Pips. —La voz de Dixon se alzó—. Pero el estúpido polla de
dildo todavía está consciente.
—Aprecio tu moderación. —Xavier le dirigió una leve sonrisa—. Necesito que pueda
hablar para que podamos terminar esto esta noche.
Xavier no estaba enojado. Ella había golpeado a un Amo, ¿y él no estaba enojado?
¿Sir Ethan? Ella lo miró.
—¿Estás molesto porque lo golpee?
—Preferiría haberlo hecho yo mismo—dijo suavemente—. Pero creo que fue bueno
para ti.
Ella dejó escapar un suspiro.
—Buena forma también, aunque podrías pararte más de lado para disminuir el área
del blanco.
—¿Perdón? —¿Estaba lista para entrar en pánico, y él estaba criticando su estilo de
lucha?
Los hombres alrededor de Serna lo ayudaron a ponerse de pie.
Un par de mujeres intentaban ayudar a esclavagem, pero la muchacha las rechazó.
Demasiado asustada como para permitir que alguien la cuide. Dios.
—Estás sangrando, Piper. —Rona levantó la mano de Piper.
Mirando hacia abajo, Piper se dio cuenta de que sus nudillos estaban raspados y
ensangrentados... y realmente dolidos. Ay.
Rona le envolvió una toalla desgarrada, fría y húmeda alrededor de sus dedos.
—Simon me dice que debería golpear las partes blandas, nunca la boca.
—Excelente consejo. Sin embargo, ¿esta vez? —Sir Ethan le guiñó un ojo a Piper—.
Lo hiciste bien, encanto. Serna no podrá ocultar su castigo debajo de su ropa.
La boca de Piper se abrió.
Liberándose de sus seguidores, Serna se enfrentó a Xavier.
—Exijo el derecho de castigar a ese coño.
El hielo atravesó a Piper mientras él continuaba.
—Ella es de mi propiedad, así como lo es ésta. —Señaló a esclavagem—. Tengo
contratos irrevocables de las esclavas que me dan el derecho de castigarlas de cualquier
forma que considere conveniente. Eso es lo que significa consentimiento no
consensuado.
El sonido de los sollozos de esclavagem le trajo demasiados recuerdos. Cómo el
miedo la abrumaría. Cómo se le escaparía su gemido, sin importar cuánto hubiera
intentado tener cerrada su mandíbula.
No. No, no tenía derecho a castigar a su esclava. O a ella. No.
La ira consumió un poco de su miedo.
—Su contrato no vale el papel en el que está escrito. —Se congeló, sin creer que
había dicho eso. Pero lo había hecho.
—¡Sí! —Vino una voz detrás de ella. Lindsey.
El color de Serna fue subiendo.
—¿Alguien te dio permiso para habl…?
—Oh, en serio, tratas de seguir la conversación—dijo Piper, escuchó la risita de Sir
Ethan y tomó fuerza de ella—. ¿O necesito usar palabras más infantiles?
—Piper, hemos escuchado el argumento de Serna. —Las manos de Xavier estaban
entrelazadas en la espalda; su rostro grave—. Los miembros de Dark Haven
agradecerían escuchar las tuyas.
Para su sorpresa, las personas en la sala, la mayoría de las cuales no conocía, se
hicieron eco de la invitación de Xavier.
Cuando el Profanador se puso lívido de ira, Piper se estremeció. Las palabras que
había planeado decir desaparecieron. Bajo su mirada cruel, su mirada vaciló, cayó... y
aterrizó en esclavagem.
Amoratada, esquelética, la esclava se balanceaba de un lado a otro. Estaba muy
perdida. ¿Cómo podría Piper dejársela al monstruo? Ella tenía que tener una
oportunidad.
—Vamos chica. Ve, ve, ve. —Dix estaba cantando detrás de ella.
—Puedes hacer esto—susurró Abby—. Defenderte a ti misma.
Una oleada de amor por sus amigos la atravesó. Apoyándose en Sir Ethan, Piper se
secó las lágrimas mientras lo miraba y articulaba, te amo.
Sus ojos firmes sostuvieron los de ella por un momento, y el coraje fluyó hacia ella.
Inspirando, expuso sus verdades ganadas con esfuerzo para que todos las
escucharan.
—Hay varias cosas que me gustaría señalar. La primera es la más básica. La
decimotercera enmienda hace ilegal la esclavitud en cualquier forma. Un contrato para
cometer un acto ilegal no es exigible. Su llamado contrato es ilegal e inexigible. Lo que
significa que si llevas a alguien a alguna parte sin su consentimiento, es secuestro.
Golpear a alguien que se ha retractado es asalto y agresión. Esa es la ley. Punto.
Serna inhaló por la nariz y se dio la vuelta para mirar a sus amigos.
—Los propietarios y la propiedad operan fuera de la ley.
—Guau, ¿en serio?—dijo Dixon en un susurro simulado—. Alguien está pensando
con su pequeña cabecita de abajo.
Las risitas corrieron a través de la multitud reunida.
No te rías. Si ella comenzara, terminaría histérica.
Alzando la cabeza, esclavagem miró a Piper.
Puedo hacer esto. Debo hacerlo. Por ella. Por otras esclavas.
—Segundo. Incluso si un Amo quiere escribir un contrato ilegal, por claridad,
digamos, los Dominantes éticos lo escribirán para que haya una salida… para ambas
partes. Porque no importa cuán voluntariamente una persona haga un voto, las cosas
cambian.
Serna se burló, cruzando los brazos sobre su pecho.
—No es para buenas personas.
Los pocos hombres a su alrededor asintieron.
—Desde este día en adelante hasta que la muerte nos separe. Ese es un voto común.
¿Supongo que nadie en esta habitación está divorciado? —El silencio que cayó fue
gratificante. Una comisura de su boca se inclinó hacia arriba—. Sé que Serna lo ha
estado. Dos veces. Sus esposas probablemente huyeron por la misma razón que yo.
Ahora mi tercer punto es este...
Espera, espera.
—Guau, compañera, no nos dejes colgando. —Lindsey era el perfecto partenaire que
da pie al cómico—. Danos el fondo de la cuestión.
Sonó la áspera escofina de la risa de DeVries, porque amaba el espíritu incontenible
de su tejana.
Piper miró a Sir Ethan y captó su tierna sonrisa. La que le dijo que estaba orgulloso
de ella y la amaba... como ella.
Ella podría hacer esto.
—Tercero, correcto. Si ordeno y pago por un Rolls Royce elegante, pero el
concesionario me entrega un Toyota, bueno, el contrato de venta no sería válido,
¿verdad? Porque no recibí lo que pedí.
Le lanzó a Serna una mirada mordaz y entonces habló directamente a esclavagem.
—Cuando conocí a Serna, él actuó como un Amo maravilloso y atento. Firme pero
gentil. Nunca pasando mis límites. Diciéndome que me amaba, me atesoraba. Que
quería ayudarme a crecer y convertirme en la mejor persona que podría ser. Dormía en
su cama y comía comidas saludables. Me fortaleció y me hizo sentir especial.
Hizo una pausa, su voz bajó.
—Prometió que me cuidaría con ternura.
La habitación se había quedado en silencio. Con un miedo silencioso.
—Firmé el contrato en una bruma de adoración. Quería darle a este maravilloso
Amo... todo. Mi corazón, mi cuerpo, mi alma. —Un escalofrío la recorrió. Tenía que
contarles del infierno en que se había convertido su vida. Las falsas promesas, pero
esta... esta era la parte que no podía enfrentar. Nunca había podido hablar de eso. El
espesor cerró su garganta, aprisionando sus palabras.
Cuando Piper no habló, la cabeza esclavagem se inclinó. Sus manos estaban tan
apretadas que los tendones se destacaban. Piper pudo ver cómo su piel se estiraba sobre
los hueso. Ella no tenía carne de repuesto. Solo una gran cantidad de contusiones y
cortes.
Piper tragó saliva. Soy libre. Pase lo que pase ahora, soy libre. Ella no lo es. Ésta es mi tarea
por hacer.
Obligándose a dejar atrás los recuerdos estranguladores, Piper continuó.
—Mi maravilloso Amo había mentido sobre quién era… y todo cambió. Dormía
sobre una manta en el suelo de madera. Le cocinaba comida sana, pero tenía que comer
estofado enlatado. Una vez al día. —Ella se miró—. Yo pesaba menos de cuarenta y
cinco kilos cuando escapé. Y lo admito, a veces tenía tanta hambre que robaba la comida
del perro.
La vergüenza la llenó, la sensación de ser menos que un humano, menos que un
animal.
Ella vio el pequeño asentimiento de esclavagem.
—Ese maldito hijo de puta—dijo alguien.
Un murmullo de angustia recorrió la habitación y la dejó seguir hablando.
—Si tenía problemas en el trabajo o estaba aburrido, irritado o deprimido, lo que sea,
me pegaba. O me humillaba. Me encerraba en un pequeño armario para abrigos o me
encadenaba en el patio trasero, desnuda, sin agua y sin refugio. Pasé un mes
encadenada a una tubería en el sótano. —Miró las cicatrices en sus muñecas.
—No fue así—trató de decir Serna, pero Xavier le indicó que se callara.
Ella contuvo el aliento.
—Ese era el Amo que dijo que me atesoraría, que me ayudaría a crecer. Sin embargo,
me quitó hasta mi nombre. La única forma en que me llamaría era sin valor.
Cuando nadie habló, un escalofrío comenzó en su centro.
Pero podía sentir el calor de Sir Ethan contra su lado. Su brazo alrededor de su
cintura la ancló, manteniendo los recuerdos lo suficientemente lejos como para que ella
pudiera pensar.
Termina. Hora de terminar. Cada reunión debe concluir con un resumen.
—Los contratos sobre los que Serna ha estado gritando son ilegales. Incluso si fuera
su propiedad, y no lo soy, tenemos leyes sobre el abuso de animales, y si un propietario
no es capaz de cuidar responsablemente a un animal, lo llevan a los tribunales. ¿No
deberían los esclavos en nuestra comunidad tener la misma protección?
Ella vio personas asintiendo.
—Éticamente hablando, el contrato de esclavos debe tener una cláusula de rescisión
donde toda la relación pueda ser disuelta—agregó alentada.
—Finalmente, esa persona de allí—lo señaló—, el llamado Amo montó una escena y
mintió más que un sacamuelas para que yo y esclavagem firmáramos su falso contrato.
¿Es realmente el tipo de persona que quieres en Dark Haven?
Cuando señaló, se dio cuenta de que DeVries estaba detrás de Serna con su mano
sobre la boca del monstruo y había forzado el brazo de Serna detrás de su espalda. No
era de extrañar que haya podido terminar sin interrupciones.
Dándole una sonrisa rápida, DeVries lo soltó y dio un paso atrás.
—Ella está mintiendo. —Serna estaba tan enojado que la saliva salía volando de su
boca—. Mintiéndole a todos vosotros. No os dejéis engañar por ella. Siempre me estaba
mintiendo y...
—Ella está diciendo la verdad. —Esclavagem… no, Gemma, se puso de pie,
agachándose lejos de Serna—. Me mentiste. Dijiste que me cuidarías, que me amabas.
Me dijiste que ella era mala, y por eso la tratabas de manera tan cruel, pero cuando ella
se fue, yo no cambié, pero me golpeaste como lo hiciste con ella. Mentiste y mentiste.
La cara de Serna se puso blanca por la sorpresa.
La voz de Gemma se elevó.
—No quiero ser una esclava. Quiero ir a casa con mi madre y mi padre. Ni siquiera
me deja llamarlos. Quiero ir a casa.
Dando un paso adelante, Piper tiró de la sollozante muchacha a sus brazos.
Rona se unió a ellos, tomando a Gemma y apretando el hombro de Piper.
—La tengo. Ve a terminar esto.
Piper regresó con Sir Ethan, mi lugar, y se dio cuenta de que DeVries estaba junto a
Serna con Simon al otro lado, rodeando al hombre con intimidación.
La boca de Serna estaba sangrando. Su mandíbula y mejilla estaban hinchadas,
comenzando a mostrar los moretones.
Valían la pena sus nudillos raspados. Xavier entró en el centro vacío del círculo de
miembros.
—Desde la llegada de Serna, todos hemos estado discutiendo los problemas de Amo
/ esclavo, Propietario / propiedad. Este tipo de relaciones son importantes para nosotros.
Sin embargo, la base de nuestro estilo de vida también es el consentimiento. Creo que la
posición de Dark Haven debería ser que los contratos deben contener una cláusula de
revocación, una forma para que cualquiera de los miembros rescinda la relación. ¿La
membresía está de acuerdo?
Sonó un coro de acuerdo.
Solo dos jóvenes parecían enojados. Por la forma en que Stan y Sir Ethan estudiaron
a los dos antes de intercambiar miradas, Piper casi sintió pena por los idiotas. Recibirían
una atenta observación adicional de la persona que supervisaba a los Doms del club, así
como la de un Agente Especial de Seguridad Nacional.
—Muy bien. —Xavier sonrió levemente—. Es mi decisión que la búsqueda de un
esclavo por parte de un Amo después de que el esclavo termina la relación dará como
resultado una membresía cancelada, junto con la dispersión de información de ese
comportamiento inaceptable a cada club y grupo que podamos alcanzar. Tengo la
intención de comenzar con el así llamado Amo aquí. —Frunciendo el ceño a Serna,
cruzó los brazos sobre el pecho.
Hablando sobre intimidar.
Abby rodeó a Piper con el brazo.
—My Liege está de humor para arrancarle a alguien un nuevo cûlus.
Piper se atragantó. ¿No era eso culo en latín?
—Eres una gran profesora.
—Serna, buena suerte para ti si Piper y Gemma deciden enjuiciarte. Nuestra
membresía estaría encantada de testificar sobre tu intento de secuestro. —Xavier apretó
con fuerza los labios—. Sal de aquí. Te sugiero que busques un poco de asistencia
psiquiátrica; lo necesitas.
—No dejes que te vuelva a ver, cabrón—le gruñó DeVries.
La cara de Serna se puso blanca, haciendo que la sangre y los moretones se
destaquen de manera llamativa. Miró a su alrededor, su sorpresa e incredulidad
evidentes.
Cerca de él, Gemma estaba rodeada de mujeres que le ofrecían su apoyo.
Cuando Serna dio un paso en esa dirección, se formó una línea de Amos y Amas
para bloquearlo.
Serna se volvió hacia Piper, y otra línea se formó frente a ella. Los Amos de su
equipo... y otros, también.
Sin moverse, Serna la miró fijamente.
Ella contuvo el aliento y se mantuvo firme, con la barbilla en alto.
Serna dio un paso atrás.
Sir Ethan dejó a Piper a un lado.
—Te acompañaré, Serna. —Aunque Serna ya se dirigía hacia la salida, Ethan lo
siguió.
Piper dio un paso detrás de ellos, pero fue detenida por Lindsey.
—Eres genial, chica. Así se hace. —Con los puños en alto, ella volvió a representar la
pelea, derecha, izquierda, derecha, agregando sus propios sonidos.
Detrás de ella, DeVries asintió.
—No está nada mal, pequeña Piper.
Piper volvió a mirar la puerta.
—Sir Ethan salió por ahí. No debería alguien…
DeVries negó con la cabeza.
—No.
Antes de que pudiera ir tras su Dom, Ethan volvió a entrar, atravesando la
habitación, con una mirada perceptiva sobre Piper. A pesar de la amenaza
desprendiéndose de él en una oleada de infarto, Piper se arrojó sobre él.
Sus brazos se cerraron alrededor de ella, y pudo sentir su mejilla frotar en la parte
superior de su cabeza.
—Mi Piper—murmuró él.
—Worth, ¿debemos llamar una ambulancia para el cabrón?—preguntó Simon,
rodeando a Rona con el brazo.
—No. —Sir Ethan se rio entre dientes—. Él se metió en un taxi. Muy
apresuradamente, podría decir.
Rona hizo un sonido exasperado.
—Vosotros bárbaros. Iré a buscar más toallas.
Retrocediendo, Piper se volvió para mirar las manos de Sir Ethan. Sus nudillos
estaban raspados y sangrando.
—¿Qué le hiciste?
—Cariño, estaba contento con la paliza que le diste, hasta que nos constaste cómo te
trataba. Necesitaba... —Suspiró—. Bueno, espero que no te importe.
Al escuchar la furia apenas difusa en su voz tan tranquila, ella se acurrucó en sus
brazos.
—Espero que no sangre por todo el asiento del taxi.
Sir Ethan se echó a reír, y parte de la tensión abandonó su cuerpo.
—Sabía que lo habías pasado mal, pero eso fue peor de lo que pensaba. —Él se frotó
la barbilla en el pelo y entonces dio un paso atrás para mirarla—. Dudo que yo tuviera
el coraje para confiar en otro Dom. Eres magnífica, señorita Delaney.
Las lágrimas nublaron su visión y se derramaron, bajando por sus mejillas.
Con la mano debajo de su barbilla, él las limpió suavemente. Su Dom. Podría haberla
empujado a un lado y haber derribado a Serna sin sudar. En cambio, se había parado a
su lado en silencioso apoyo mientras ella había hablado. Animándola sin palabras.
Él era todo lo que Serna no era. El Dom con el que había soñado, inventado fantasías.
Ella levantó la cabeza hacia él.
—Te Amo.
El beso que recibió fue mucho, mucho mejor que cualquier fantasía.
Epílogo

Mírala. Sonriendo ligeramente, Ethan le dio un suave empujón al hombro de Piper y


la vio girar en la suspensión. Las luces de la mazmorra bailaban sobre su piel desnuda,
así como la cuerda negra que formaba un intrincado diseño sobre su cuerpo desnudo.
Perfecta.
Ethan había usado una cadena colgando del dirigible en la mazmorra de Dark
Haven como parte de su aparejo. Piper estaba suspendida sobre su lado izquierdo, su
pierna izquierda doblada con su pantorrilla hacia la parte posterior de su muslo en un
nudo rana, y su muñeca izquierda atada al tobillo. Su pierna derecha estaba recta y en
ángulo hacia arriba de su cuerpo, abriendo su coño para su beneficio. Otra cuerda
mantenía su brazo derecho extendido hacia esa pierna.
A su ritmo habitual, había creado su arte en el lienzo de su piel, alineando
meticulosamente sus nudos, lentamente tirando de la cuerda sobre y alrededor de su
cuerpo. La áspera cuerda negra contra su suave piel pálida era hermosa. Mientras él
trabajaba, sus pezones se habían convertido en picos duros, y su piel se había sonrojado
de un rosado encantador. Mientras construía el arnés del pecho, le acarició los senos,
incluso cuando las cuerdas los apretaron lentamente en tensos globos.
Músculo a músculo, se había relajado y se había excitado cada vez más. Cuando él
alcanzó su entrepierna para agregar un nudo sobre su clítoris, el proverbial nudo feliz,
su coño estaba húmedo y brillante.
Cuando la levantó en el aire, su cuerpo se puso rígido por solo un segundo antes de
que ella se relajara en el abrazo de la cuerda. Porque ella confiaba en él. El conocimiento
le calentó el corazón.
Deteniendo su rotación, él ajustó su brazo minuciosamente y revisó sus dedos en
busca de calor.
—¿Tienes alguna área con hormigueo o adormecidas, Piper?
—No, Sir. —Su voz fue un susurro escueto, relajado pero ronco de excitación.
Porque había elegido deliberadamente hacer de ésta una sesión muy erótica.
—¿Estás incómoda… muy incómoda? —La suspensión de la cuerda no estaba
completamente libre de dolor... pero eso podría aumentar el placer. El mordisco de la
cuerda, la presión...
—No, Sir. Estoy bien.
Él se había quedado cerca de ella mientras ataba los nudos, apoyando su cuerpo
contra el de ella. Ahora, él estaba de pie con su pecho contra su espalda y puso su brazo
debajo de su cabeza para poder susurrarle al oído.
—Sí, lo estás. Eres una muy buena sumi.
La parte de atrás de la mazmorra estaba bastante tranquila. Los sonidos de un látigo
chasqueando, de gemidos, azotes y sollozos eran distantes. Y él no los había escuchado
en absoluto cuando había estado trabajando.
Piper se deslizaba más en el espacio de la cuerda, el lugar donde solo su voz, su
toque la alcanzaba. Incluso cuando la voz de una mujer se elevó en un gemido, ella no
reaccionó.
Él simplemente miraba, atesorando el momento.
Y entonces había llegado el momento de torturar un poco a su pequeña sumisa.
La mente de Piper parecía estar flotando en las nubes incluso cuando su cuerpo
yacía horizontalmente, balanceándose en la suspensión. Alrededor de su pecho, cintura,
piernas y brazos, la cuerda la ataba tan confortablemente que parecía que Sir Ethan la
había envuelto en calidez y seguridad. Cuando él tiró del aparejo, el suelo se alejó de
debajo de ella, y ella dejó la tierra atrás. Sin embargo, la sensación de estar protegida no
había desaparecido… se había profundizado.
Ahora, él estaba parado delante de ella, y sus manos acariciaban su piel desnuda,
provocándola, incitándola a excitarse. Las cuerdas comprimían sus senos, haciéndolos
hincharse, y sus dedos sobre sus pezones los pellizcaron e hicieron rodar en caricias
eróticamente dolorosas. Su mirada estaba en su rostro, sosteniéndola mientras jugaba
con su cuerpo indefenso.
Ella contuvo el aliento cuando la excitación la atravesó. Ella no podía hacer nada
excepto retorcerse.
Los ojos masculinos se entornaron. Entonces tiró de la cuerda que corría entre sus
piernas, la que tenía un gran nudo justo sobre su clítoris, y un fuerte latigazo de placer
estalló. Su clítoris estaba hinchado, palpitante y muy sensible, y ella gimió.
La sonrisa de él brilló en su rostro bronceado.
En el fondo de su mente, sabía que debía ser cautelosa con una sonrisa como esa, la
sonrisa de propiedad de un Dom. De ver a su sumiso abierto e indefenso.
Pero las cuerdas la sostenían con seguridad y confianza.
El nudo sobre su coño se aflojó un poco, y él colocó algo suave y blando
directamente sobre su clítoris antes de apretarlo todo de nuevo. Se encendió un
vibrador, hormigueando sobre y alrededor del sensible nudo de nervios.
Oh Dios. Sus labios formaron la palabra perverso, pero ningún sonido se le escapó.
Su sonrisa solo se profundizó antes de hacerla girar en la suspensión.
Mientras el malvado vibrador trabajaba en ella.
Su cabeza colgó hacia abajo y ella pudo ver la habitación girando lentamente antes
de que sus ojos se cerraran. Un escalofrío la recorrió cuando su cuerpo se excitó,
mientras sus senos se hinchaban en las cuerdas apretadas. La presión aumentaba dentro
de ella mientras su clítoris se hinchaba y endurecía.
—Eres tan hermosa cuando estás excitada. —La voz acentuada de Sir Ethan
murmuró en su oído. Su brazo estaba debajo de su cabeza, y su pecho estaba contra su
espalda, calentándola y manteniéndola inmóvil.
Su otro brazo se extendió sobre su cintura, sus dedos se deslizaron más allá del
vibrador y dentro de ella, despertando sus nervios, tanto dentro como fuera.
Mientras las sensaciones la inundaban, ella trató de moverse. Nada cedió. Su brazo
derecho estaba sobre su lado derecho, suspendido por una cuerda. Su pierna derecha
estaba en el aire, la rodilla de su pierna izquierda doblada.
Él podía hacer lo que quisiera con ella, y el conocimiento envió un escalofrío a través
de ella. La necesidad pulsaba en su coño mientras la presión se acumulaba.
Su mano se echó hacia atrás, y agregó otro dedo malvado y hábil, estirándola
alrededor de sus gruesos nudillos.
—No te voy a follar, encanto.
Restregó la barbilla sobre su cuello, su barba crecida envió un nuevo torrente de
sensaciones por su columna vertebral. Sus dedos entraban y salían.
—Pero te vas a correr para mí. De hecho, vas a rogarme para correrte.
¿Rogar? Nunca. Cuando ella trató de negar con la cabeza, él presionó más
profundamente. Dios, ella estaba tan cerca, muy cerca. No necesitaría rogar en absoluto.
El vibrador disminuyó la velocidad, desaceleró a un leve hormigueo. Sus dedos
dejaron de moverse, pero permanecieron gruesos y duros dentro de ella... un símbolo
físico de su autoridad, marcando su control sobre su cuerpo.
Como una marea bajando, la necesidad de correrse amainó, dejándola dolorida.
Manteniéndola inmóvil, le mordisqueó el lóbulo de la oreja. La besó en el cuello y el
hombro. Disfrutando tranquilamente de ella... sin retirar los dedos. El abrazo tan íntimo
la hizo temblar por dentro.
Entonces aceleró al máximo el vibrador así que se puso más duro, subiendo y
subiendo en un duro ciclo irregular, entonces disminuyó la velocidad, se detuvo y
volvió a acelerar. Directo. Sobre. Su. Clítoris.
Sus dedos giraban y empujaban, ahogando cualquier otra sensación. Ella gimió
cuando todo dentro de ella se enroscó como un resorte. Sus músculos se apretaron
alrededor de él mientras se cernía sobre el precipicio.
Él se detuvo.
La súplica que llegó a sus labios fue detenida por un estremecimiento. No, ella nunca
rogaría. No podía.
—Tengo tu cuerpo en mi cuerda—murmuró—. Ahora confía en mí lo suficiente
como para darme esto también. Quiero oírte gemir y pedirme que deje que te corras.
Él besó su mejilla, y ella giró la cabeza para que él pudiera tomar sus labios,
queriendo darle eso. Queriendo darle más. En realidad no tenía miedo. Ella podría
ceder ante él y estar a salvo. Siempre a salvo.
Como si la hubiera escuchado, su beso fue más profundo, su lengua tomando
posesión, barriendo sus pensamientos.
Y cuando el vibrador comenzó y se detuvo de nuevo, ella entregó... todo.
—Por favor, Señor. Por favor, ¿puedo correrme?
—Dulzura. —Sus ojos eran tan azules, su sonrisa una recompensa que la llenó por
completo—. Sí, encanto. Córrete para mí ahora. Dame tu orgasmo.
Sus dedos se hundieron, más profundo, más fuerte, y el vibrador se aceleró,
haciéndola subir, más y más alto mientras las increíbles sensaciones la derrotaron
completamente. Su coño se apretó alrededor de los dedos duros dentro de ella, y las
oleadas comenzaron, enviando un exquisito placer corriendo a través de ella. Incluso
mientras su cuerpo se sacudía, mientras todo su mundo se disolvía a su alrededor, su
Dom la mantenía a salvo. Un rato después, se dio cuenta de que estaba sentada en el
suelo. Una cuerda se aflojó y se deslizó sobre su vientre, seguida por la caricia lenta de
una mano callosa. Los labios de sir Ethan rozaron su hombro desnudo cuando otra
cuerda se aflojó y cayó al suelo.
—¿Sir?
—¿De vuelta conmigo? —Las manos sujetaron su rostro, levantando su cabeza. Sus
ojos intensos se encontraron con los de ella, como una sacudida de fuego antes de
besarla.
El aire se volvió nebuloso nuevamente, como una cálida niebla acercándose.
—Ahora, ahora, mascota, quédate conmigo aquí. —Sus manos le frotaron la parte
superior de los brazos.
—Lo siento lo siento. No sé... —Sus pensamientos avanzaron lentamente.
—Estás borracha, cariño, y eres adorable con ello.
Oh, eso estaba bien entonces. Cuando ella cerró los ojos, pudo oírlo empacando su
bolso, arreglando las cosas. Su necesidad de ayudar desapareció en las nubes.
Una manta le rodeó los hombros y él la levantó. Flotando…
Cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba acurrucada en el regazo
de Sir Ethan, y había gente hablando a su alrededor.
Ella levantó la cabeza. Estaban en una de las áreas de estar con otras tres parejas:
Stan y Dix, Lindsey y DeVries, Angel y su Amo, Malik, a quienes Piper finalmente
conoció hacía un par de semanas. Los Dom se sentaron en las sillas con sus compañeros
a sus pies.
—Ahí estás. —Sir Ethan la sentó y le entregó una botella de agua, estabilizando su
mano mientras la levantaba hacia sus labios. Después del primer trago, bebió
ansiosamente.
Su brazo la apuntaló por detrás cuando ella se volvió y le frunció el ceño.
La inocencia irradiaba de él... y sus labios se arquearon.
—Es un ceño aterrador, encanto.
—No puedo creer que me hayas hecho rogar. Rogar.
—Y un trabajo muy bonito el que hiciste, cariño.
Ella realmente le había rogado. Para correrse. Sin embargo, ella no se sintió
disminuida. No cuando era Sir Ethan. Aún así... Ella levantó la barbilla.
—Nunca más. No por eso, no por nada.
—No para lo esencial como comida o agua, no—dijo suavemente antes de que sus
inflexibles ojos azules se encontraran con los de ella—. Sin embargo, puedes contar con
rogar por correrte, o no correrte, con bastante frecuencia en el futuro.
Su expresión tenía la absoluta confianza de un Dom, y la sensación fundente en su
coño estaba entrometiéndose con su resolución. Ella le había rogado por un orgasmo, se
había rendido y su confianza no se había perdido. El vínculo entre ellos se había
fortalecido.
—Ustedes dos se ven bastante apretados—observó Dix con satisfacción antes de que
sus ojos se abrieran con horror—. No te vas a mudar, ¿verdad, Pips? Te acabo de
entrenar para ofrecer postres a intervalos regulares.
Piper soltó una carcajada porque sir Ethan le había hecho esa pregunta anoche.
—Tal vez. Probablemente. Lo siento, Dix.
Haciendo un puchero, Dix curvó los dedos en su arnés azul iridiscente.
—¿Fue por algo que dije?
¿Cómo podría resistirse a tal apertura? Ella lanzó un suspiro triste.
—No exactamente.
—Espera, ¿qué? —Dix se sentó, descansando su brazo sobre el muslo de Stan—.
¿Dije algo malo? ¿Qué?
—No exactamente dicho. Eres demasiado... ruidoso. En ciertos momentos.
Lindsey se rio por lo bajo.
—¿En momentos eróticos?
Echando chispas, Dixon parecía indignado.
—Estás enojada porque te enviamos corriendo de regreso a tu lugar donde Sir Ethan
estaba al acecho esperando. ¿Cierto? ¿Cierto?
—¿Al acecho? —Su Dom tenía la risa más sexy de toda la historia de la humanidad.
—Fue solo un poco de ruido. —Dix mantuvo el pulgar y el dedo separados por un
centímetro.
—¿Un poco de ruido? —Piper negó con la cabeza—. Dixon, nunca he escuchado
aullidos como ese en mi vida.
—Sí, bueno... —Dixon miró con el ceño fruncido a Stan que se estaba riendo a
carcajadas—. Si no hiciera suficiente ruido para enviarte a casa, dijo que apretaría todas
las abrazaderas. En todos los lugares.
DeVries le dio a Stan un gesto respetuoso.
—Gran amenaza.
Oh, Dios. Piper respingó. Stan tenía una veta más cruel de lo que se había dado
cuenta.
—Te amo, Pips, pero… —Dixon se agarró los genitales—… tengo que proteger mis
chicos grandes aquí.
—Oh, bueno, no debemos dejar que los chicos sufran. —Piper no pudo dominar sus
risitas—. Parecías un gato en celo. Un gato gigantesco.
—Bastante bien, ¿eh?
—Cuando ella apareció tenía un hermoso color rosado. —Sir Ethan asintió con la
cabeza a Stan—. Gracias.
Stan sonrió.
—De nada.
—Ya que estamos hablando de nuestros apartamentos... tenemos uno vacío. —La
cara de Dixon se iluminó—. Stan puso los pies en la tierra y Sinpolla Darrell se fue a su
casa en Tex-ass.
Stan se atragantó.
Piper podía sentir el pecho de Sir Ethan rebotar mientras sofocaba una carcajada. Los
británicos eran muy educados.
Ella no lo era.
—Buen viaje para él.
—Definitivamente. —Lindsey sonrió a Dix antes de volverse hacia Piper—.
Hablando de buen viaje, ¿sabías que los muchachos han estado haciendo un
seguimiento de ese cabeza-de-polla Serna?
El nombre golpeó a Piper como una roca en su lago de felicidad, un shock, pero
entonces las ondas se extendieron y desaparecieron en calma. Sus sesiones de
asesoramiento durante el último mes estaban avanzando. Ayudaba que cuando salía de
la oficina del terapeuta, encontraba a Ethan esperándola.
Dios, lo amaba. Ella inclinó la cara hacia arriba y sí, él la estaba observando.
Asegurándose de que ella estuviera bien. Ella lo besó con cada pizca de amor en su
corazón antes de volverse hacia Lindsey.
—No lo sabía. ¿Qué está pasando con él?
—Después de que Sir Ethan y Xavier llamaran a todos los clubes de Kansas, quedó
en la lista negra. —Lindsey sonrió.
DeVries sonrió y señaló a Stan.
—Y después nuestro amigo aquí azuzó a los federales sobre Serna y sus amigos.
—¿Cómo hiciste eso? —Los ojos de Piper se abrieron ampliamente.
Stan sonrió lentamente.
—Podría haber mencionado a algunos colegas de Kansas que un Amo que practica
la esclavitud no consensuada probablemente tenía amigos con los mismos malos
hábitos.
—Muy bien—murmuró Sir Ethan—. ¿Tus colegas descubrieron algo?
—Dos Amos tenían esclavas forzosas, mujeres jóvenes como Piper que habían sido
engañadas. Otro estaba traficando con esclavas rusas. Uno tenía una esclava que estaba
perfectamente contenta. —Stan sonrió a Piper e inclinó su cabeza hacia Angel—. No
todos las esclavas están allí en contra de su voluntad.
—Algunas de nosotras somos mucho más afortunadas con nuestros Amos. —Angel
apoyó la cabeza en el muslo de su Amo.
Malik pasó los dedos por su cabello, su mirada suave.
—Algunos Amos saben qué regalo nos dan.
Incluso cuando Piper suspiró, sintió que los brazos de Sir Ethan se apretaban a su
alrededor y él murmuró:
—Sí. Lo sabemos.
—Ya que tienes federales en el área… —Lindsay miró a Stan—… ¿sabes si su
esclava, Gemma, está bien?
Stan negó con la cabeza.
—No teníamos razón para mantenernos en contacto con ella. Lo siento, chica.
—Sé cómo está. —Ante la mirada inquisitiva, Piper agregó—. Le di mi número de
teléfono en caso de que necesitara alguien con quien hablar.
—Por supuesto que sí. —Sir Ethan frotó su mejilla contra la de ella—. ¿He
mencionado cuánto te amo?
Mientras su corazón cantaba, ella echó la cabeza hacia atrás para recibir su beso.
¿Cómo podría su amor seguir creciendo, más y más y más?
Cuando la soltó, Piper sonrió ante la expresión ahhh en el rostro de Lindsey.
—De todos modos, Gemma regresó con sus padres que estaban horrorizados por lo
que había pasado—dijo Piper—. Ella está haciendo terapia y su madre la acompaña.
—¿Su madre? —Dix sacudió la cabeza—. ¿Una madre de un pueblo pequeño? Eso
apestaría a lo grande.
—Supongo que comenzó bastante incómodo. Gemma tomó mi consejo para elegir
un terapeuta que fuera amigable con el estilo de vida. Entonces, cuando la madre
criticaba las malas elecciones de Gemma, el consejero le dio a la mujer algunas novelas
de BDSM como su tarea para el hogar. La madre pasó de ser crítica… —Piper se rio—.
Bueno... Gemma vio un remo y abrazaderas de pezón en la habitación de sus padres la
semana pasada, y todavía estaba asqueada cuando habló conmigo. Parece ser, que se
supone que los padres no tienen sexo, y mucho menos sexo perverso.
La risa contagiosa de Dix inició la de todos los demás, y entonces todos se estaban
riendo.
—Gemma está inscrita para el semestre de otoño en el centro de estudios superiores
de su pueblo y trabaja a tiempo parcial en la farmacia de su padre.
—Excelente—dijo Sir Ethan—. Esa suena como la manera perfecta de facilitar su
regreso a su comunidad y también ayudarla a satisfacer su necesidad de servir.
Piper puso los ojos en blanco.
—Eres tan Dom.
—Sí, lo soy. —Sus brazos alrededor de ella eran de hierro duro, una fuerza sólida de
la que podía depender—. Y, como sucede, que soy tu Dom. Te recomiendo que no lo
olvides.
—No, Sir. Absolutamente no, Sir. Ni lo soñaría, Sir.
El Dom que sostenía su corazón simplemente se rio entre dientes y susurró:
—Ahora, encanto, estás en problemas.
Ella le sonrió.
Debería haber recordado que él nunca olvidaba una transgresión. En las primeras
horas de la noche, la despertó, entonces la redujo deliberada y completamente a rogar.
Una y otra vez.
Maldito Dom.

Fin
Traducción

Colmillo
Corrección

La 99
Edición

El Jefe
Diseño

Max

EL CONO del SILENCIO


Notas

[←1]
Cool es una palabra con múltiples significados. En esta frase es genial, estupenda,
grandiosa. Pero cool también quiere decir frío.
[←2]
Muñeca de trapo.
[←3]
Diploma general de equivalencia.
[←4]
Es un dispositivo de electroestimulación erótica. La sensación de oír la crepitante varita al
acercarse a tu piel sin tener 100% claro en que momento notarás su electricidad es
absolutamente deliciosa. La intensidad de la electricidad es regulable. En el nivel más bajo es
absolutamente tolerable por cualquier persona, muy suave, apenas un hormigueo. A medida
que vamos subiendo de intensidad la cosa se vuelve interesante.
[←5]
Pied Piper, flautista de Hamelín. Por eso le pregunta si toca la flauta.
[←6]
Album de Pink Floyd
[←7]
El Viento en los Sauces, novela escrita por el escritor escocés Kenneth Grahame en
1908, clásico de la literatura infantil en lengua inglesa.
[←8]
Pipsqueak: pelagato, cero a la izquierda.
[←9]
Sopa de pescado típica de la cocina de Marsella.

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