Está en la página 1de 4

Egipto: el nacimiento de una civilización

Por Aymée Chicuri Lastra

Egipto actualmente es un país árabe donde la mayoría de la población profesa la religión


islámica. El Cairo, su capital, es una ciudad populosa en la que se entremezclan etnias y
capas sociales diferentes. Desde cualquier altura de esta inmensa urbe, podremos observar
un paisaje poblado de hermosos templos con sus altos minaretes apuntando al cielo, por lo
cual es conocida como La Ciudad de las Mezquitas. Pero, a lo lejos, en este paisaje
encantador, permanecen elocuentes y misteriosas, las tres pirámides de la meseta de Giza,
silenciosos testigos del transcurso del tiempo, de la grandeza de una civilización que
aunque ya desaparecida, aportó una herencia cultural multifacética, no solo a su país de
origen, sino también a la humanidad en general, tanto en el sentido espiritual como en las
ciencias y el arte.

Podemos afirmar sin lugar a dudas que de todas las civilizaciones antiguas, es la egipcia la
que más interés a despertado en múltiples naciones, ya que en esa tierra bendecida floreció
la civilización más larga de la historia, con una duración aproximada de cuatro milenios,
donde las características culturales y religiosas permanecieron durante ese lapso de tiempo,
relativamente estables, con particularidades específicas que la hacen reconocible del resto
de las otras culturas del Mundo Antiguo.

Y entonces es que comienzan los cuestionamientos: ¿cómo un pueblo en un estadio de


desarrollo como la edad del bronce, pudo construir tan colosales monumentos para la
eternidad sin ayuda exterior?, ¿será que le precedió una cultura anterior como la de los
Atlantes?, o ¿es verdadera la existencia de extraterrestres que enseñaron a los primitivos
egipcios las bases del conocimiento? Al respecto pienso que esta serie de especulaciones,
son una injusticia para el pueblo egipcio que, con su ingenio y laboriosidad, sentó las bases
en muchos aspectos constructivos y tecnológicos a las culturas posteriores.

Cuando en el siglo XIX surge la Egiptología como ciencia, un grupo de pioneros de la


Arqueología, pudo esclarecer en gran medida la evolución del pueblo Nilota desde estadios
bien tempranos, pero partiendo en sus análisis de una visión eurocentrista y difusionista. O
sea que, para ellos, la civilización de Egipto Antiguo fue producto de influencias de
culturas mediterráneas del Cercano Oriente, deslindando así a esta cultura del resto del
continente africano, y tomando al desierto del Sahara como una barrera natural de
aislamiento etnológico.

Hoy en día los más recientes estudios basados en la comprobación científica a partir de la
Arqueología, la Etnología y la Antropología, han situado a la civilización egipcia como un
producto netamente de origen africano, tesis defendida hoy por renombrados expertos
como J. Leclant y J.C. Autuori, y a los cuales precedieron en sus afirmaciones a principios
del siglo XX, eminentes egiptólogos como Frankfort y Naville.

Según los defensores de la teoría autoctonista, existieron asentamientos desarrollados en el


Sahara occidental y central, en fases neolíticas de cultivo de gramíneas y cereales más la
crianza de ganado, en épocas tan remotas como el VIII milenio a.n.e. Se sabe que el
desierto actual era una zona fértil sobre el X milenio, aun el Sahara conserva en su manto
freático grandes reservas de agua que así atestiguan la existencia de áreas boscosas en el
pasado. Por motivos no bien esclarecidos, esa parte de la tierra sobre el 8000 a.n.e
comenzó a sufrir cambios climáticos severos, que llevaron a la paulatina desertificación de
las áreas anteriormente fértiles. La naturaleza no podía abastecer de alimentos a los grupos
nómadas de la región, lo cual obligó a los grupos humanos a asentarse en los lugares cerca
de los oasis y a producir artificialmente los alimentos que no hallaban ya fácilmente en la
naturaleza producto de la presión ecológica. Esta situación extrema sirvió de base al
desarrollo de la agricultura y ganadería de la región.

Sobre los milenios VII-VI a.n.e. ya existe una clara evidencia de asentamientos en estadios
de desarrollo neolíticos en las altiplanicies centrales saharianas como son los de Tagalagal
y Amekni, en los cuales se han encontrado restos de una alfarería primitiva, equipamiento
lítico de moler gramíneas y osamentas de ganado bovino, ovejas y cabras. Son notables las
pinturas rupestres de estas regiones representando a estos rebaños, lo cual es prueba de la
naturaleza de sabana existente en estos lugares. Otros focos culturales más tardíos están
ubicados en lo que hoy día es el desierto occidental de Egipto, en los macizos de Gilf Kebir
y el oasis de Nabta Playa. Esto prueba el desplazamiento en progresión hacia las zonas
orientales saharianas de los grupos humanos, buscando condiciones climáticas favorables
para el desenvolvimiento de la vida.

Por tanto los asentamientos humanos alrededor del Nilo fueron incrementándose en la
medida que el clima del Norte de África fue dejando a sus pobladores sin medios de
subsistencia. No debe pensarse en hordas invasoras pues étnica y culturalmente eran los
nuevos pobladores del mismo tronco que los habitantes originales del Nilo. Debemos hacer
la salvedad que los asentamientos alrededor del río Nilo no desarrollaron una economía
agrícola hasta mucho más tarde que los saharianos, debido a la no necesidad de producir
alimentos, ya que el caudaloso río, daba suficientes alimentos por la vía de la recolección,
caza y pesca a sus pocos pobladores de las márgenes.

En la medida que el crecimiento demográfico fue mayor, se incrementó las rivalidades por
las tierras de asentamiento para la producción de alimentos, rivalidades que avanzan desde
la zona sur hacia el norte de Egipto en el período Pre-dinástico tardío y que posteriormente
dan paso a la unificación del Estado Egipcio en el Dinástico Temprano.

Esta tesis se prueba al comparar y comprobar que el arte y desarrollo social de las
poblaciones del Sahara Central y Oriental tienen rasgos comunes con las de los pobladores
tempranos de Egipto. Por ejemplo, podemos mencionar representaciones de bovinos en las
pinturas rupestres del Sahara similares a los de la vaca Hathor y del toro Apis egipcios con
un disco solar entre los cuernos. Igualmente han sido halladas pinturas de dioses itifálicos
similares al dios pre-dinástico de la fertilidad Bes de Egipto. Un rasgo a destacar por su
importancia en el rango de las similitudes, es el sentido de realeza divina de raíz africana,
que da paso posteriormente a la figura del faraón egipcio, soberano de poderes omnímodos
que establece un estado teocrático.1

Por tanto, podemos decir, que, Egipto tuvo una continuidad en su desarrollo pre-histórico
conjuntamente con el resto de África, esta es la actualmente llamada Teoría del Sustrato
Paleo-africano, que se formó en tiempos paleolíticos y neolíticos en las zonas saharianas y
limítrofes de África y que, según Autori, ese sustrato es lo que define lo que podríamos
llamar “Macro-complejo cultural africano” que integra civilizaciones diversas, pero con
esenciales rasgos comunes. La ausencia de ruptura en la evolución cultural de Egipto
prehistórico y pre-dinástico, descarta la posibilidad, como apunta Vercoutter, de la
intervención determinante de un elemento exterior en la formación de la civilización
faraónica.2

Las semejanzas entre la religión faraónica y las religiones practicadas hoy día en el África
negra, prueban una vez más la Africanidad de la cultura faraónica egipcia. Al respecto el
eminente egiptólogo E.A.W. Budje expresó:

Parece un error estudiar la religión egipcia desde el punto de vista de la asiática del
este y del oeste o de la europea, porque es un producto africano y solo puede ser
apreciada y entendida correctamente si se le considera en conexión con lo que
conocemos sobre la religión africana moderna.3

Inclusive esas religiones derivadas del África negra pasan al contexto caribeño y a Brasil
durante la época colonial y perviven aun en nuestros países, particularmente en Cuba,
donde un estudio comparativo de ambas religiones: la faraónica antigua y la Regla de Osha
de raíz africana muestran aspectos de gran similitud, fenómeno actualmente estudiado por
varios especialistas en nuestro contexto.

En la medida que el desierto del Sahara se extendió, este sirvió de barrera natural quedando
dividida la población originaria africana, que continuó desarrollándose en medios
diferentes. La estabilidad geográfica y climática del valle del Nilo, propició que el pueblo
egipcio desarrollara una cultura cerrada, peculiar y con una alta autoestima nacional,
erigiendo después de su etapa formativa un estado centralizado y teocrático, administrado a
través de un gran cuerpo burocrático, formado por escribas y funcionarios de diversas
categorías. Ostentaron un arte único y monumental que se hizo realidad a través del
esfuerzo mancomunado de sus habitantes, movidos por su fervor religioso y la autoridad
del dios viviente: el Faraón.

Fue la egipcia, una de las más grandes civilizaciones de la historia de la humanidad, que
abarcó todos los campos de la vida, en las ciencias, las artes, la escritura, la vida urbana,
las relaciones sociales, las actividades económicas, el poderío militar etc. Pero
antecediendo al llamado Milagro Egipcio, existió un desarrollo milenario común de las
comunidades africanas, que compartieron actividades económicas, relaciones sociales y

1
Teocrático: gobierno cuya autoridad se adquiere partiendo de la divinidad del monarca.
2
Cervello Autori, Joseph: Raíces africanas de la civilización faraónica.
3
Budje,E.A.W.: Osiris and Egyptian Resurrection. 1911
sistemas de creencias similares, desarrollo interrumpido por las transformaciones
climáticas, que conllevó a la ulterior división de los grupos humanos del continente
diferenciándolos en su posterior desenvolvimiento, pero en los cuales aún permanecen los
rasgos comunes de su origen.

Bibliografía

-Budje, E.A.W.: Osiris and Egyptian Resurrection. 1911.

-Cervello Autori, Josep: Egipto, África y el Mundo Antiguo. Universidad Autónoma de


Barcelona, 1995.
-Cervello Autori, Josep: Las raíces Africanas de la Civilización Faraónica. Universidad
Autónoma de Barcelona, s/a.

-Gordon Childe, V.: Los orígenes de la Civilización.

-Frankfort, Henri. La religión del Antiguo Egipto. Editorial Laertes S.A., Barcelona ,1998.

También podría gustarte