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UN ESTUDIO DEL BARRIO Y LA CULTURA.

Arquitecta María de Lourdes García Vázquez


Laboratorio Hábitat, Participación y Género LAHAS
Facultad de Arquitectura UNAM.
Introducción

La vida comunitaria en los barrios de nuestro país, es uno de los desafíos más importante en
cuanto a la cultura se refiere, el conglomerado urbano como forma de fortalecer los lazos
sociales, la comunicación, la participación y los espacios de realización personal ciudadana,
dan paso a un amplio campo de acción cultural.

Siempre se habla de la delincuencia en los barrios más vulnerables, pero ¿cuál es la calidad
de vida que se le ofrece a estos hombres y mujeres?, que tienen el deseo de ser creativos, de
construir un espacio donde se pueda vivir dignamente, donde ellos puedan dar lo mejor de sí.

La cultura es un medio importante para el desarrollo del barrio, es la verdadera cara de cada
ser que transita por su entorno, es la que da inspiración a nuestros acciones para el bienestar
de una mejor vida.

Entendemos que es una responsabilidad del Estado y le sumamos una parte importante “al
gobierno delegacional”1, quienes deben velar porque en sus comunidades exista un amplio
accionar cultural, como parte del cuidado que precisan los espacios urbanos, su patrimonio y
su vida ciudadana.

Si estamos de acuerdo con lo anterior en ¿Dónde están los problemas graves hoy día?,
creemos que se ubican en que desde el Estado el área de la política cultural que atiende el
desarrollo comunitario es muy pequeña y que el presupuesto que se le designa es cada vez
más reducido para realizar actividades dirigidas a los sectores olvidados, que paradójicamente
son el mayor número. Asimismo, se necesita intensificar los trabajos que unifiquen criterios
entre los gobiernos delegacionales y los sectores del gobierno del Distrito Federal y del
Nacional que trabajan la cultura del país.

En países como España, Chile, Ecuador, Venezuela, Cuba entre otros, se han estado
implementando políticas culturales en los barrios, llevando programas para fortalecer los que
existen y aplicar los no existentes.

1
Tercer nivel de gobierno a semejanza del municipal.
Su visión es contrarrestar la violencia y los “vicios” por medio de las artes, pero también
contribuyen, al fortalecimiento de aquellos que tienen necesidad de trabajar la cultura en sus
localidades, pero que pasa con este trabajo digno y que merece respeto por parte de las
autoridades, los fondos no son suficientes para desarrollar las actividades que esto requiere.

Así como se remodelan los grandes monumentos, los centros históricos, así también debe
invertirse en este trabajo que dará gran beneficio y enriquecimiento a estas comunidades que
lo necesitan, no podemos decir que estas remodelaciones no sean necesarias, al contrario
esto eleva la grandeza de nuestra ciudad.

Sin embargo, la cultura en los barrios tiene su esencia en su historia, su memoria, su vida
cotidiana, tradiciones, costumbre, sus símbolos, es decir los bienes culturales que los barrios
han asumido como suyos a lo largo de su historia, que pocas veces son reconocidos como
patrimonios culturales.

Si tomamos en cuenta la cultura de los barrios podremos reconocer sus fiestas religiosas, el
altar de la virgen, el modo de expresarse, sus relatos históricos, sus carnavales, sus viviendas
etc. Es decir considerarlos como un Patrimonio sociocultural.

Esto es parte de la cultura que debemos reconocer, que por medio de estas sabremos cómo
podríamos desarrollar planes que ayuden a la cultura en el barrio, es necesario tener una
conceptualización antropológica de la cultura de los barrios en cuanto a lo urbano y territorial y
sobre todo una visión histórica del entorno, así en base a una investigación interdisciplinaria
se podría generar una política cultural de cara a nuestros tiempos con una visión moderna y
clara en el trabajo cultural de los barrios.

¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura?

Anticipábamos en la introducción nuestra intención de pensar y actuar la cultura como una


herramienta de reconstrucción y cohesión social. En tal sentido, para evitar confusiones
semánticas, empezaremos definiendo el término y para despejar rápidamente dudas o
prejuicios, primero lo haremos por la negativa: la cultura a la que nos referimos no es ni el
conocimiento erudito reservado a unos pocos ni el resultado de la interacción entre los
hombres en una sociedad determinada, tal como solía postularse hasta hace algunos años
desde el campo de la antropología.
Planteamos, a la cultura como el conjunto de capacidades de una sociedad para pensarse a
sí misma, soñar un futuro posible y planear los pasos que deberá dar para alcanzar dicho
sueño. Son éstas las capacidades que queremos que la gente desarrolle y, muy en particular,
aquellos que están en inferioridad de condiciones. Dado que como sabemos, la
transformación de la realidad empieza por una toma de conciencia, para salir de la pobreza, la
gente debe empezar por tener la capacidad de reflexionar sobre la misma, sobre sus causas y
consecuencias, sobre las carencias y necesidades que impone a quienes la sufren, sobre el
impacto brutal que produce en aspectos centrales de la personalidad humana tales como la
autoestima o la identidad.

La primera parte de esta definición, se refiere, a la capacidad para reflexionar y modificar


mentalmente, en una primera instancia, las representaciones sociales imperantes. Por ello,
consideramos a la cultura como el gran agente concientizador y como agente de
transformación que puede permitirle a la sociedad llevar adelante los cambios políticos,
sociales y económicos que reclama.

No es menor, por otra parte, la generación de capital social2 que la cultura posibilita; entre
otras razones, porque al reflexionar sobre sí misma la sociedad advierte pertenencias e
identidades en un proceso en el que al mirar hacia atrás, se descubren los orígenes comunes
y al mirar hacia delante, se proyecta un futuro compartido. En este sentido la cultura deviene
en un cementante que nos mantiene unidos a unos con otros. De hecho, los intereses
sectoriales (suelo, agua, vivienda, empleo, etc.) dividen; la cultura, en cambio, une a través de
una visión integradora y cohesionante.

La mención a la capacidad de soñar tiene una relación directa con la posibilidad de imaginar
un futuro distinto y deseable. Nos referimos a la construcción entre todos de un nuevo
proyecto comunitario que nos incluya y contenga a todos. En este sentido, creemos que, al
igual que los individuos3, las sociedades necesitan tener sueños que las estimulen y las
alienten. Justamente, es la cultura la que puede brindarnos al conjunto las capacidades para
construir ese proyecto inclusivo no solo de barrio sino también de ciudad y país.

2
La idea básica del Capital Social se funda en el valor propio de las comunidades. Capital Social alude al valor colectivo de
estas comunidades y a las corrientes que emergen de estos grupos para apoyarse a sí mismos o mutuamente ‘normas de
reciprocidad o de correspondencia. Coleman, J. S. (1988, 1990) entiende que el capital social está compuesto por los
siguientes recursos: las redes sociales, las normas sociales y los vínculos de confianza social.
3
O lo que llaman Capital humano
Por último, haremos referencia a la capacidad de diseñar un plan. Esta posibilidad de
estructurar cadenas y alianzas de medios afines se liga a la necesidad de no quedarnos en la
mera enunciación de objetivos deseables, sino de trazar planes de acción concretos y
posibles para la consecución del futuro anhelado.

La concepción de la cultura que proponemos, se encuentra muy lejos de lo que ha sido en


gran medida la postura, a nuestro juicio, reduccionista, que sostuvo el Estado en los últimos
años al identificar excesivamente a la cultura con el espectáculo y el entretenimiento y por lo
tanto solo con el consumo. Porque la cultura toma buena parte de sus contenidos de la
realidad y porque es un elemento genuino para transformarla, la cultura no debe estar ausente
de lo que, en nuestra opinión, es el principal problema a resolver por la sociedad: la terrible
fractura social producida por las dinámicas económicas vividas en el país durante las últimas
décadas.

Por otra parte, de la definición de cultura a la que hacemos mención, se desprende


claramente que la misma es un derecho de todos los mexicanos; ya que es inseparable a su
condición de ciudadanos y de ningún modo un lujo de sociedades ricas, como se postula a
veces desde sectores que, enarbolando un muy erróneo concepto de justicia, suena en dicha
concepción el más rancio conservadurismo.

Los fundamentos socioculturales de la participación comunitaria

Partiendo del contexto de la delegación Iztapalapa llegamos a la conclusión de que el


abordaje de la participación comunitaria desde un prisma cultural es una necesidad social. El
estudio de experiencias locales4 proporcionó las herramientas para una fundamentación
teórico-metodológico de esta categoría y la elaboración, desde la práctica validadora, de una
metodología para la capacitación de líderes y agentes comunitarios, que en este caso fueron
cursos, seminarios y diplomados sobre la planeación y el diseño participativo, la ciudad y la
cultura y la Carta del Derecho a la Ciudad.

Aporto herramientas teóricas básicas sobre uno de los procesos sociales más importantes que
complementarán la formación de gestores comunitarios y el desarrollo de espacios de
participación y toma de decisiones imprescindibles para la supervivencia de nuestro sistema
social

4
Colonia Miravalle y San Miguel Teotongo en todas sus secciones, Delegación Iztapalapa DF
Nosotros asumimos que el carácter de las prácticas sociales está pautado culturalmente ya
que lo cultural está imbricado en todos los procesos humanos y por tanto estos son por
naturaleza socioculturales.

Esta concepción determina la tendencia al análisis de los procesos sociales desde su


constitución significativa (proceso reflexivo) y la contextualización social de las formas
simbólicas que, en el plano social y personal se establecen con la vivencia y la organización
de los sujetos en los procesos de interacción social, lo que requiere participación activa de los
involucrados en el proceso de transformación social.

La participación es un complejo proceso social que se ejerce de diferentes formas y adquiere


diferentes significados en función del contexto histórico, cultural, económico, social y político
en que ocurre y los intereses, finalidades y cosmovisión de los grupos en que ocurre.

Consideramos a la participación como un proceso que se va construyendo paulatinamente


por los sujetos a través de sus interacciones e implicaciones en diferentes situaciones,
mediante la comunicación y la realización de actividades en las que despliegan sus recursos
personales, emociones, sentimientos, afectos, conflictos, etc.

Es decir, que uno de sus principales rasgos es que se determina por el sentido que adquiera
para cada sujeto, (su personalización) por lo que podrá ser explicado solo como un proceso
diferenciado al nivel individual, grupal y societal, resultado de la integración de lo cognitivo y lo
afectivo, y como la integración de múltiples procesos subjetivos.

Lo anterior permite asumir a la participación comunitaria como un proceso sociocultural que se


configura en su propio desarrollo y se articula desde lo organizativo, lo comunicacional y se
define desde su contexto y subjetividad. Esta peculiaridad exige que su estudio y desarrollo
parta desde las producciones significativas de los propios sujetos, generadas y construidas
por los actores o en el diálogo con ellos en sus propios contextos situacionales, sociales e
históricos.

Sin embargo actualmente se da la contradicción entre el modo de participación al que se


aspira y el que se alcanza en la práctica y la influencia que en ello tiene la existencia de
pautas culturales verticalistas conformadas en la praxis de la mayoría de los espacios de
socialización.
La incidencia de los factores culturales en el proceso de participación comunitaria lo podemos
encontrar en donde se demuestra la estrecha relación de procesos como la participación y el
liderazgo comunitario con factores culturales (tradiciones), sociales (estructuras) y elementos
psicológicos (subjetividad).

Otros determinan que la participación es un mecanismo comunicativo cultural o dinámica


sociocultural, donde los actores construyen y deconstruyen activamente significados y
sentidos. Este proceso que ocurre en el interior de la participación tiene que ver con la
construcción de los sujetos participativos, ya que son estos los que dotan de significado su
participación en la actividad comunitaria específica y concreta de cada contexto y se
estructura una cultura participativa con unas formas, unos tiempos y espacios característicos y
particulares.

La cultura como instrumento de inclusión, un ejemplo de éxito.

Resulta importante presentar, dentro de la problemática de las políticas culturales que estas
se basen en la recuperación de la experiencia popular, hay que distinguir que se debe pensar
en las culturas populares como un elemento dinamizador de la cultura por excelencia.

En el caso analizado, se plantean las actividades culturales como una necesidad de realizar
una tarea en el barrio superadora tanto de la colaboración técnica aplicada a proyectos de
desarrollo comunitario, como de la discusión política.

Las organizaciones de la sociedad civil fueron de las primeras en vislumbrar el potencial de la


cultura como elemento constructor de subjetividad y ciudadanía socialmente a los jóvenes en
situación de pobreza a través de actividades artísticas y comunitarias que les permitan
proyectarse, revalorizar la idea de compromiso y pertenencia a una institución y afianzar
valores como la solidaridad, la participación ciudadana y la responsabilidad.

Existen en el Distrito Federal ejemplos notables de la puesta en práctica de esta concepción


de cultura como herramientas de integración, cohesión y reparación social. Solo nos
referiremos a uno de ellos en donde en torno a él se articularon los sectores: social, público,
académico, y privado.

Breve descripción del barrio.

El análisis del material empírico corresponde a entrevistas, charlas informales a organizadores


y participantes de la Asamblea Comunitaria de Miravalle. Asimismo, se trabajó con
observaciones en las distintas actividades desarrolladas y eventos en donde participaban
integrantes de la organización. El trabajo de campo se extendió entre los años del 2007 al
2010. Pero aún seguimos acompañándolos y ellos siguen adelante con sus proyectos como
Asamblea.

La Colonia Miravalle cuenta con una población aproximada de 8 600 hab. Mientras que el
conjunto de las colonias asentadas en las faldas de la Sierra de Santa Catarina son una
población de 400 mil hab. Es una zona densamente poblada y es considerada de muy alta
marginación.

El núcleo familiar está integrado mayoritariamente por 6 a 8 miembros y generalmente en un


lote habitan dos o más familias. Las madres solteras representan el 25% de la población, con
edades entre 15 y 22 años, el 60% es menor a los 30 años y el 15% mayor de 45 años.

Se calcula que el nivel de analfabetismo es del 12% en personas mayores de 15 años. Los
años escolares promedio son de 6.6. El 90% de la población tiene que viajar un promedio de
dos horas para llegar a su trabajo. El 37% trabaja en el sector servicios, 1% en el sector
industrial, el 62% en el comercio y hay un desempleo del 25%. Los ingresos de 84.59% son
de 2 a 3 smd5.

Miravalle tiene aproximadamente 30 años de formación, se realiza a partir de migraciones


interdelegacionales y de los estados del sur: Oaxaca, Puebla y Estado de México. En sus
orígenes la colonia vivió una fuerte participación social, motivada principalmente por la
obtención de los servicios urbanos de primera necesidad (agua, luz, drenaje, pavimentación,
tenencia de la tierra, etc.) Lo que les dio una gran experiencia organizativa.

Se ha caracterizado por una fuerte y destacada participación en la lucha por los derechos
humanos y por el cuidado del medio ambiente de la zona. Combinando la lucha por servicios
públicos con la defensa de una política de suelo.

La mayor parte de las viviendas fueron autoproducidas6 por los propios habitantes y en
diferentes etapas a lo largo del tiempo, muchas de estas casas se encuentran en proceso de
construcción, en obra negra y sin acabados. Y, aunque casi la totalidad de viviendas tiene
acceso a los servicios básicos, estos, son de mala calidad, especialmente el que se refiere a

5
Smd: salarios mínimos diarios, en 2010 el salario mínimo diario es $55.84
6
Autoproducción: proceso constructivo que se desarrolla en etapas ya que se realiza con los recursos económicos y
humanos del propietario del lote.
la distribución de agua; este servicio sólo es recibido por tandeo una vez a la semana durante
dos horas, por lo que la población tiene que almacenar el líquido en cisternas.

Únicamente existe un equipamiento recreativo que cuenta con una cancha de fútbol llanero,
dos canchas de básquetbol y algunos juegos para niños. Sin embargo, este espacio se
encuentra en una situación deplorable, quedando a merced de adictos o delincuentes,
convirtiéndose en una zona insegura para la convivencia y la recreación de los pobladores.”.

Debido a las imperantes necesidades por mejorar las condiciones de vida, así como
motivados por un trabajo de autoorganización democrática, distintas organizaciones sociales
de la zona están logrando consolidar un horizonte distinto, debido al alto sentido de trabajo
colectivo de sus integrantes, convirtiendo a Miravalle en uno de los proyectos de desarrollo
humano comunitario más exitosos de la ciudad. El desarrollo social alcanzado en Miravalle es
resultado del trabajo de distintas organizaciones populares, forjadas a la luz de la lucha de los
servicios urbanos, quienes han logrado transformar su entorno mediante el diálogo con las
distintas instituciones locales e internacionales, universidades y sociedad civil.

La Asamblea Comunitaria Miravalle (ACM) se constituye debido a que deciden concursar en el


Programa Comunitario de Mejoramiento Barrial (PCMB), promovido por la Secretaria de
Desarrollo Social del DF.

La ACM está integrada por las siguientes entidades:

La Asociación Educacional Colegio Miravalles A.C, Centro Educativo Cultural y de Servicios


(CECyS A.C), Centro de Educación Preescolar Comunitaria “Ziggy”, Coordinadora
Comunitaria de Miravalle (COCOMI A.C), Comedor Comunitario, Foro Juvenil “La Bomba”,
organización cultural "CULTI-Vamos-JUNTOS", Comité Vecinal-Representación Popular,
Laboratorio Hábitat, Participación y Género LAHAS de la Facultad de Arquitectura de la
UNAM, y la Comisión de Derechos Humanos del D.F., Zona Oriente.

La Secretaría de Cultura del DF7 ha acompañado este proceso sociocultural desatado en esta
comunidad debido a que, desde hace 10 años, ha otorgado diferentes apoyos mediante la
interlocución de CULTI-Vamos-JUNTOS a cargo del profesor Rogelio Estrada, principal gestor
de los temas culturales en la colonia.

7
Coordinación de Vinculación Cultural Comunitaria
Las primeras acciones para detonar el interés de los colonos en la cultura fue en 1997,
cuando logran que el antiguo Instituto de Cultura del DF funde el tercer Libro Club de toda la
Ciudad de México, en una casa realizada de manera autoproducida. En esa ocasión se les
dotó de 700 libros, con temas de ciencia, arte, poesía, literatura. Así, nace la inquietud de la
comunidad por la lectura, después por otras expresiones artísticas. En el 2000 forman parte
del Sistema Nacional de Bibliotecas; un año después, se integran al Programa de Círculos
Culturales de la Secretaría de Cultura capitalinas.

En 2007 y 2008 la Secretaría de Cultura DF refuerza su apoyo mediante programas como


Acompa-ñ-Arte, Interacción Plástica, cursos de Esténcil y grafiti. El año pasado la agrupación
CULTI-Vamos-JUNTOS fue seleccionada para formar parte de la Red para el Desarrollo
Cultural Comunitario.

En 2007 se concursa en la primera Convocatoria del PCMB. Este proyecto ya era algo
concebido por las organizaciones y ahí en principio había trabajado la Universidad Autónoma
Metropolitana-Xochimilco.

Al proyecto que tenían, se le hicieron modificaciones, ya que nosotros partimos de que la


Arquitectura para pobres no debe ser una pobre Arquitectura, sino que debe tener tal calidad
que los pobladores se identifiquen con él espacio por su dignidad en las formas y que los
diferencie y signifique que se convierta en un símbolo. Para ello se incorporó a la comunidad
en el diseño.

Con el apoyo económico otorgado en tres ocasiones y de manera continua por el Programa
Comunitario de Mejoramiento Barrial (debido a la claridad en el uso de los recursos y a las
obras realizadas), transformaron un terreno baldío de 500 metros cuadrados, usado como
tiradero de basura y punto de drogadicción, en un espacio de desarrollo socio-cultural,
diseñado por la propia comunidad junto con los arquitectos, el cual cuenta con kiosco, pista de
patinetas, foro al aire libre techado, salón de usos múltiples, además de albergar al comedor,
la biblioteca y el salón de cómputo; atendiendo a una población promedio de 1000 personas
mensuales.

En su edificación participó activamente la comunidad trabajando como albañiles, maestros


plomeros, carpinteros, cocineras; logrando generar 50 empleos temporales y 12 permanentes.

El espacio cultural está formado por los siguientes ambientes:


- Comedor comunitario, el cual atiende de 250 a 300 personas diarias y es fuente de empleo
para 5 mujeres vecinas de la comunidad.

- Biblioteca Pública, con un acervo de tres mil libros donados por la Secretaría de Cultura del
Distrito Federal y CONACULTA. Atiende entre 25 y 40 usuarios al día.

- Aula digital, atiende a unos 60-70 usuarios diariamente y cuenta con 25 computadoras con
acceso a internet.

- Ludoteca equipada con material educativo y didáctico. Atiende entre 10 y 30 niños 3 días de
la semana.

- Foros culturales en dos pequeñas plazas donde se promueven actividades musicales y


teatrales, talleres culturales. Atiende a 50 usuarios principalmente jóvenes del barrio.

- Promoción de Derechos Humanos. 2008. Talleres que capacita a vecinos como promotores
de los derechos humanos.

- Reciclado de envases de plástico. Recolecta, almacena y tritura dos toneladas de plásticos


PET a la semana. Ha sido fuente de empleo de al menos 30 jóvenes.

- Centro de Salud Comunitario (COCOMI), presta atención médica básica, promueve el uso de
la herbolaria, salud reproductiva y sexual en escuelas y comunidad.

- Estanquillo literario, actividad sabatina dirigida a un grupo de madres educadoras de la


comunidad.

Situación original del predio Biblioteca y juegos para niños ahí construidos
El concepto de alianzas locales para el desarrollo y la convivencia, es una alternativa eficaz
para manejar la inversión pública y el desarrollo de proyectos con participación de todos los
actores sociales con eficiencia y eficacia en la utilización de los recursos y con legitimidad y
transparencia, que además contribuye a la construcción de capital social en los entornos
donde opera.

Los Espacios apuntan a ser ámbitos de participación, autogestionados por animadores y se


articulan entre sí a través de comisiones temáticas (educación, producción artística, gestión
socio-cultural, comunicación, desarrollo de recursos y administración y evaluación de
proyectos) en las que participan los jóvenes de las distintas organizaciones. La capacitación y
coordinación de estas comisiones está a cargo de: voluntarios, profesionales y miembros del
consejo asesor de la organización, cuya administración funciona en un tercer espacio.

Estos Espacios se armaron en un espacio barrial ya existente y los equipos que los integran
son del mismo barrio, apuntándose de este modo a que conserven una identidad barrial.

Desde sus talleres artístico-culturales de acceso gratuito, proponen actividades y las


disciplinas en las que ofrece capacitación en los espacios del barrio son muchas y variadas,
así encontramos cursos de talleres (tecnologías computacionales, serigrafía, diseños para
playeras de jóvenes, proceso colectivo -artístico de murales, zumba para mujeres); Música
(rondalla, banda de rock); Danza (danzón, folclore, salsa); Plástica (dibujo, pintura, mural,
serigrafía); Culturas Urbanas (patines y patinetas); Letras (historieta y cómic); Comunicación
(periodismo radial, periodismo de rock, radio, locución); Audiovisuales (video; fotografía)

La mayoría de los talleres están coordinados por integrantes del grupo organizador con el
acompañamiento temporal de gestores culturales de la Secretaría de Cultura DF. Algunos de
ellos tienen experiencia en otros talleres, otros, surgen por iniciativa de algún vecino. La
propuesta se eleva en las reuniones de talleristas, en la cual participa la coordinación de la
ACM. En ellas se evalúa el modo de llevar adelante las propuestas que se acercan. Se intenta
que quienes estén dando talleres reciban algún incentivo. Salvo algunos talleres, la oferta de
actividades no parece segmentada. Es la misma actividad la que da pistas sobre el tipo de
asistentes. Aunque no es una división tajante, la mayoría de los talleres están destinados a
niños.

En los festivales (día del niño, de la madre, la revolución mexicana, etc.) de uno o dos días de
duración se instala un escenario con sonido, en la plaza. Se convoca a los artistas del barrio y
se promueven actividades deportivas y de recreación dirigidas a todas las edades. Se realizan
al aire libre. En ese espacio se instala, además, una “feria” o exposiciones de material alusivo
al tema.

El equipo de trabajo presenta una “fiesta popular” en donde intervienen los grupos musicales
del barrio. Y se concibe a partir de una idea amplia de cultura. Según uno de sus integrantes:
Es más bien una actividad que convoca a lo social, después de que la gente va a ver cosas
[...]. Y después los talleres [...], pero básicamente se hace a partir de lo que hay en el barrio.

Entre los impactos que tienen los festivales sobre el barrio, se señalan las siguientes:

• Recuperan el espacio público a nivel barrial desde la acción comunitaria

• Difunden las problemáticas o conflictos que, en la perspectiva de las organizaciones


comunitarias, es necesario debatir entre los vecinos.

• Se le brinda un escenario eficaz al trabajo de artistas y comunicadores barriales y se


provoca el intercambio de sus saberes con los vecinos en general

• Se articula, a partir de los eventos y actividades, a las organizaciones, artistas y medios


locales en la construcción de una red cultural solidaria barrial.

Foro abierto, atrás comedor popular Jardines, plazoletas y mural

Las alianzas como estrategia de trabajo

Su forma de trabajo es generar cadenas o alianzas. Las alianzas son una forma de gestión
innovadora para abordar el desarrollo y mejorar la convivencia. El desafío planteado por la
complejidad y la envergadura de estos asuntos hace indispensable la participación de todas
las fuerzas sociales en su solución. La suma calificada de sus esfuerzos contribuirá a ampliar
la disponibilidad de recursos, a generar soluciones integrales de mayor cobertura e impacto y
mejorar la sostenibilidad de esas soluciones.
El tener el apoyo de la Secretaría de Cultura DF, y para sostener una actividad de manera
continua, les lleva a considerar a la ACM otros apoyos para desarrollarlas en espacios
adecuados y en mejores condiciones, por lo que buscan solicitar financiamiento en el PCMB.
Ya contando con los espacios se busca acrecentar las actividades e impulsar proyectos que
habían iniciado como una granja ecológica, capacitar a usuarios aprovechando el aula digital,
y una rondalla, etc. Y se participa en la Convocatoria del Bank Deutsche.

Se diferencian de otras formas de colaboración, tales como coordinación institucional


tradicional, los acuerdos de cooperación, etc. En que las alianzas tienen un objetivo común,
democráticamente acordado, que satisface intereses distintos e involucra el trabajo de todos
los asociados.

En las alianzas las relaciones son horizontales y las reglas del juego se acuerdan entre todos.
Sus integrantes se comprometen con el logro de un objetivo, asumen los riesgos que este
exige, combinan sus fortalezas y hacen aportes (técnicos, de capacidad de convocatoria o
recursos financieros) según sus capacidades.

Para el diseño y construcción del espacio público trabajaron con integrantes del Laboratorio
Hábitat, Participación y Género de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Los hemos
seguido acompañando en sus gestiones para concretar otros proyectos, como el participar en
la Convocatoria del Deutsche Bank sobre “Urban Age” la cual ganaron y les hizo contar con un
apoyo de 100 000.00 dólares. Y en un nuevo apoyo del PCMB para el inició de un Centro
escolar que han denominado Calmecac.

Las alianzas son estrategias de trabajo, no un fin en sí mismas, por lo que su duración será la
que se estime conveniente y los integrantes no perderán su autonomía en el manejo de sus
asuntos propios de su organización.

Las alianzas ofrecen también un gran potencial para construir nuevas formas de hacer política
en lo local, pues generan cambios en la forma que los actores sociales se relacionan y
negocian entre ellos, lo que lleva a ampliar sus puntos de vista y a lograr una mayor
disposición para la concertación.

Son una inversión rentable a largo plazo, pues el proceso de aprendizaje y construcción de
confianza resultante de una experiencia de alianza lleva al desarrollo de los elementos clave
para el empoderamiento de actores sociales y políticos locales: el acceso a la información, la
inclusión, la participación, la corresponsabilidad, la necesidad de rendir cuentas y la capacidad
local de organización.

Principios subyacentes en esta experiencia.

El análisis de la experiencia descrita permite extraer algunas conclusiones ligadas a los


principios que rigen el actuar de las organizaciones que las hacen ir adelante. Dichos
principios, sumados a otros específicos de lo estatal, debieran posibilitar el diseño de
programas que, tomando como base la cultura y el arte, permitieran resolver el problema de la
exclusión social no solo en el DF sino en nuestro país.

a) El Aprendizaje y la Práctica de alguna actividad cultural como Capacidad


Transformadora de la Realidad: El contacto con una disciplina artística, no sólo desde el
consumo cultural, sino fundamentalmente desde su aprendizaje y práctica, le da al ser
humano valiosas herramientas cognitivas y síquicas para modificar su realidad. Esto es así
por las capacidades que se incorporan en dicho proceso, tales como el estímulo de la
imaginación y la reflexión, la recuperación de la autoestima gracias al desarrollo de la
creatividad, la conciencia de su dignidad como persona, la necesidad de dialogar y considerar
al otro que está implícita en toda disciplina artística colectiva (por ejemplo la rondalla), el
fomento del pensamiento abstracto, el refuerzo de la identidad, la construcción de ciudanía
por el incremento de participación, entre otras.

La aclaración de que no basta el mero consumo cultural para incorporar estas capacidades es
muy intencional. Si bien creemos que las visitas a teatros y museos son muy valiosas y que
deben mantenerse e incrementarse, somos de la idea de que eso solo no alcanza para poner
en manos de los niños y adolescentes instrumentos de modificación de sus realidades. La
verdadera transformación se da, en cambio, con el aprendizaje y práctica regular y continua
de una disciplina artístico-cultural. Limitar el contacto con el arte al consumo cultural, por más
frecuente que éste sea, podría llegar a provocar que los niños y adolescentes pertenecientes
a los sectores más desprotegidos identificaran erróneamente al arte con un bien suntuario y
que eventualmente lo rechazaran.

Por eso, es imprescindible complementar las visitas culturales con el aprendizaje y la práctica.
No es casual que el estímulo a la imaginación y a la reflexión ocupen el primer lugar entre las
capacidades y competencias que se internalizan con el aprendizaje y la práctica artística.
Sabemos que lo que antecede al cambio de cualquier situación es la conciencia que de ella se
tenga y el imaginar una realidad diferente. Así, la conciencia del status quo y el deseo de
cambiarlo se alían para modificarlo.

b) La Descentralización de los Espacios de Aprendizaje y Práctica: En el caso reseñado,


la participación se da en espacio cultural barrial. Esto es central, ya que su consecuencia es la
identificación de las personas con sus barrios y la recuperación de la memoria local. Así, se
asocia al arte y a la cultura con lo barrial, y se evitan las riesgosas representaciones mentales
que los vinculan solo con la riqueza. Al darse en el barrio, los vecinos lo hacen propio; lo que,
además, estimula el cuidado del espacio público.

De algún modo, lo que planteamos es sobrepasar radicalmente los términos tradicionales del
barrio al museo o el barrio va al teatro. La descentralización de lo artístico y cultural no sólo
permite abandonar los términos de centro y periferia, que suponen la existencia de fronteras
intraurbanas y su corolario de incluidos y excluidos, sino que posibilita el tejido de una trama o
red social y simbólica, pero también geográfica.

Además, esta concepción del museo o el teatro al barrio ayuda a revertir la actual tendencia
del barrio-dormitorio; donde la mayor parte de las actividades, incluso las culturales, ocurren
fuera de su órbita; para lograr que los espacios barriales vuelvan a ser lugares para el
desenvolvimiento de la vida cotidiana.

En términos estrictamente presupuestarios, implica aprovechar las instalaciones ya existentes


de espacios culturales, además de colaborar a que los niños y adolescentes pasen más
tiempo en este tipo de lugares y menos en la vía pública o en sus casas, en las que en
muchos casos se encuentran solos por estar sus padres trabajando.

c) La Autogestión, Alternativa Opuesta al Asistencialismo y al Patrimonialismo. Un


elemento central en el ejemplo reseñado es el rechazo a las formas asistencialistas,
entendidas como esquemas en los que las soluciones a los problemas se proveen de arriba
hacia abajo, como dádivas que alguien más iluminado da a quien vive una carencia. En
efecto, en todos los casos es nuclear al éxito de los proyectos el involucramiento y la
participación de los vecinos en la gestión de los emprendimientos y espacios.

Como en el punto anterior, esto permite que los vecinos hagan propio un proyecto que, por su
organización comunitaria, fomenta la participación ciudadana. La construcción de ciudadanía
que resulta de ello es muy valiosa para reducir la apatía cívica y el desinterés por lo público,
propia de los tiempos postmodernos que vivimos.

El asistencialismo, emparentado además con el paternalismo en las relaciones


interpersonales, parte de desvalorizar al sujeto, pues lo presupone incapaz para solucionar
sus problemas y plantea situaciones jerárquicas en las que alguien –supuestamente capaz–
brinda la solución. La recuperación de la autoestima dañada por la fractura social en nuestro
país exige dejar de lado tales esquemas de funcionamiento. Por el contrario, creemos en el
potencial de la gente para, dadas las condiciones adecuadas, enfrentar y resolver las
dificultades. El componente paternalista mencionado refiere a la existencia de un proveedor
que vela por nuestro bienestar. Su traducción política, el caudillismo, que tuvo consecuencias
funestas para nuestro país, por lo que urge dejar atrás tales modos de relacionamiento.

Por último, el rechazo a los esquemas asistencialistas en el ejemplo examinado implica una
crítica al patrimonialismo que reduce las relaciones interpersonales a una transacción en la
que el individuo sólo es considerado en su dimensión de cliente. Del patrimonialismo se
derivan en el campo político los sistemas clientelares, en los que se verifica la utilización del
hombre por el hombre y en los que quienes detentan los bienes deseados/necesitados
explotan las carencias de la población en riesgo a cambio de votos o de acompañamiento en
distintas actividades partidarias. Tales formas no sólo repugnan por la falta de ética que
implica el aprovechamiento de la pobreza en la que vive buena parte de nuestros
compatriotas, sino también por subyacer en ellas una auténtica perversión de la soberanía
popular, eje de nuestra constitución.

Nuestra propuesta

No debiéramos cometer el error de pensar que eliminando la pobreza, objetivo prioritario de


cualquier conjunto de políticas públicas, terminamos con la exclusión social. En efecto,
pobreza y exclusión social no son sinónimos, sino aspectos que se realimentan mutuamente
conformando un círculo vicioso. La integración social es multidimensional; abarca
indudablemente aspectos económicos, pero también sicológicos (la autoestima y la
construcción de subjetividad) y culturales (adquisición de las capacidades ya mencionadas en
nuestra definición de cultura). La tan declamada igualdad de oportunidades es genuina sólo si
median mínimos estándares culturales comunes al conjunto de la población. De lo contrario la
misma es sólo enunciativa.
A partir de los principios expresados y añadiéndoles algunos que son propios de lo estatal,
podemos bosquejar un programa específico que persiga la integración, cohesión y reparación
social por medio del aprendizaje y práctica artística, mayormente colectiva. Un principio de lo
estatal es el de escala; si accionamos la potencia económica y organizativa del Estado
debemos apuntar a un público necesariamente muy amplio para que el programa tenga un
verdadero impacto social.

A modo de ejemplo, una iniciativa tan valiosa como la reseñada requeriría mayor escala para
llegar al mayor público posible y así cumplir con el propósito de ser una verdadera
herramienta de inclusión.

El programa que proponemos parte de un mapeo-georeferenciado de las organizaciones


culturales barriales –tanto estatales como sociales y privadas– para conocer su distribución
geográfica en relación con la distribución de ingresos en la ciudad. El principio que nos anima
es el de pensar que, al asignar recursos, el Estado debe priorizar a los sectores más
vulnerables. Por ello, queremos intensificar los esfuerzos en las zonas de la ciudad con
menores ingresos.

Al mismo tiempo el programa prioriza el apoyo económico a los proyectos vecinales exitosos
ya existentes, combinado con el estímulo a potenciales nuevos proyectos, profundizando la
línea de la iniciativa Cultura + desarrollo. Somos de la idea de apoyar las iniciativas sociales
de interés público y complementarlas desde lo estatal.

Al poner el acento en las organizaciones vecinales existentes; se busca aprovechar su


organicidad, su experiencia y competencia, sus infraestructuras y sus liderazgos locales. Con
ello, se evita la creación de nuevas estructuras estatales a cargo de los contribuyentes, al
tiempo que se actúa en el terreno junto a quienes, desde el hacer, están comprometidos con
sus ámbitos geográficos. Su distribución en el mapa de la Ciudad, pero en particular en las
áreas con más carencias, permite también cumplir con nuestra atención prioritaria a los
sectores más vulnerables.

Para ello, tras el mapeo, deberá tomar contacto con los responsables de los proyectos
localizados e invitarlos a participar en el programa.

En donde aún no hayan surgido proyectos culturales de perfil comunitario, se contactará a las
organizaciones barriales existentes para incentivarlas a armar proyectos de ese tipo. En todos
los casos, el Estado colaborará con la provisión de insumos tales como materiales para
plástica, partituras, instrumentos musicales, etc. en los que el esquema a utilizar será el de
venta a un precio sensiblemente menor al de mercado.

En cuanto a los recursos humanos para los espacios ya existentes que participen del
programa, se dejará en manos de los mismos espacios vecinales el ubicar y contratar a
profesores del barrio que, en su condición de vecinos, tengan un mayor compromiso con el
mismo, evitando así la situación en la que, por no ser local, se realiza el trabajo con menor
entusiasmo. El dinero para los salarios será aportado por el Estado, a través de un subsidio a
la organización dirigido específicamente a la contratación de los docentes. De este último
punto se desprende que los profesores no serán empleados estatales, sino de las propias
organizaciones que voluntariamente participen del programa, y quedará en cabeza de las
mismas el determinar la dotación de personal necesario para llevar adelante las actividades a
partir del subsidio recibido. La colaboración estatal, tanto para la compra de insumos como
para el otorgamiento de los subsidios, será gradual, por etapas para poder así monitorear
regularmente la adecuada utilización de la ayuda.

El Estado debe evitar actitudes de proveedor y convertirse en una entidad propositiva y


facilitadora de las actividades, buscando así estimular la autogestión y evitar los esquemas
asistencialistas.

Convencidos de que el Estado, cuando no es víctima de intereses sectarios, tiene que velar
por el bien común y, en particular, tutelar el efectivo cumplimiento de los derechos de los
grupos más vulnerables, sostenemos la necesidad de contar con políticas públicas integrales
que contemplen la multidimensionalidad de la exclusión.

Anualmente se evaluará la acción de los distintos espacios culturales barriales para decidir su
permanencia o no en este programa. Dicha evaluación no considerará los resultados de corto
plazo en términos de espectáculos o manifestaciones artísticas públicas generadas; ya que un
año es, a priori, un lapso demasiado corto para medir la eficacia de una iniciativa. Sí, en
cambio, tendrá en cuenta los procesos desarrollados, cuantificables éstos por el grado de
inserción en las distintas comunidades barriales, medido por la cantidad de niños y
adolescentes participantes.