Está en la página 1de 11

TEMA N° 17

CLÁSICOS DEL
MARXISMO
KARL MARX
Karl Marx procedía de una familia judía de clase media; su
padre era un abogado convertido recientemente al luteranismo.
Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena,
doctorándose en filosofía por esta última en 1841. Desde esa
época el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la
dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo hegeliano por
una concepción materialista, según la cual las fuerzas
económicas constituyen la infraestructura subyacente que
determina, en última instancia, fenómenos
«superestructurales» como el orden social, político y cultural.
Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de
«utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento
(particularmente, de autores como Saint-Simon, Robert Owen o Charles
Fourier). Tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser
la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara
del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades
modélicas.

Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo


científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el
descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la
fuerza de la revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas
graduales) sería la forma de acabar con la civilización burguesa. En 1848,
a petición de una liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes
alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el Manifiesto
Comunista, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de
las revoluciones europeas de 1848.
Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el
estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente
en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica,
que plasmó en El capital; de esa obra monumental sólo llegó a publicar el
primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría
después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los
manuscritos preparados por Marx.
Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano
produce valor, Marx señaló la explotación del trabajador, patente en la
extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al
obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del
capital. Denunciaba con ello la esencia injusta, ilegítima y violenta del
sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de
clase que ejercía la burguesía.
FEDERICO ENGELS

Enviado a Inglaterra al frente de los negocios familiares, conoció las míseras


condiciones de vida de los trabajadores en la cuna de la Revolución Industrial; más
tarde plasmaría sus observaciones en su libro La situación de la clase obrera en
Inglaterra (1845).

En 1844 se adhirió definitivamente al socialismo y entabló una duradera amistad con


Karl Marx. En lo sucesivo, ambos pensadores colaborarían estrechamente,
publicando juntos obras como La Sagrada Familia (1844), La ideología alemana
(1844-46) y el Manifiesto Comunista (1848).
Aunque corresponde a Marx la primacía en el liderazgo socialista, Engels ejerció una
gran influencia sobre él: le acercó al conocimiento del movimiento obrero inglés y
atrajo su atención hacia la crítica de la teoría económica clásica. Fue también Engels
quien, gracias a la desahogada situación económica de la que disfrutaba como
empresario, aportó a Marx la ayuda económica necesaria para mantenerse y escribir
El Capital; e incluso publicó los dos últimos tomos de la obra después de la muerte de
su amigo.
VLADIMIR ILICH LENIN

(Vladimir Ilich Ulianov; Simbirsk, 1870 - Nijni-Novgorod, 1924) Líder comunista ruso que
dirigió la Revolución de octubre y creó el régimen comunista soviético. Miembro de una
familia de clase media de la región del Volga, su animadversión contra el régimen zarista
se exacerbó a partir de la ejecución de su hermano en 1887, acusado de conspiración.
Estudió en las universidades de Kazán y San Petersburgo, en donde se instaló como
abogado en 1893.

En 1897, Lenin fue detenido y deportado a Siberia, donde se dedicó al estudio sistemático
de las obras de Marx y Engels (especialmente El Capital, que ya había descubierto en su
etapa estudiantil) y elaboró su primer trabajo sobre la aplicación del pensamiento marxista
a un país atrasado como Rusia (El desarrollo del capitalismo en Rusia), señalando el
avance de la revolución industrial pese al semifeudalismo de las estructuras imperantes.
Tras su liberación en 1900 partió al exilio y fundó en Ginebra el periódico Iskra («La
Chispa»), en colaboración con Plejánov; por entonces publicó la obra Qué hacer (1902),
en donde defendió la posibilidad de hacer triunfar en Rusia una revolución socialista con
tal de que estuviera dirigida por una vanguardia de revolucionarios profesionales
decididos y organizados como un ejército.
Como líder indiscutido del Partido (que en 1918 pasó a llamarse Partido Comunista),
dirigió desde entonces la edificación del primer Estado socialista de la historia. Cumplió
sus promesas iniciales al apartar a Rusia de la guerra por la Paz de Brest-Litowsk (1918)
y repartir a los campesinos tierras expropiadas a los grandes terratenientes. Pero,
consciente del carácter minoritario de sus ideas radicales, demostrado por los resultados
electorales, despreció la tradición democrática del socialismo occidental y adoptó una
violenta dictadura de partido único, empleando métodos brutales de represión: disolvió la
Asamblea constituyente (1918), proscribió a la oposición y creó una policía política para
perseguir a los disidentes.

Aquejado por una grave enfermedad, Lenin se fue retirando paulatinamente de la


dirección política, mientras veía cómo sus colaboradores -especialmente Trotski y Stalin-
iniciaban la disputa por la sucesión; antes de morir llegó a dejar constancia de su
preocupación por la creciente burocratización del Partido y del Estado, así como por la
ascensión de Stalin, del cual desconfiaba. Pese a ello, fue efectivamente Stalin quien le
sucedió, y aunque desvirtuó en parte la herencia política del fundador del Estado
soviético, logró convertir a la URSS en una potencia capaz de asumir un liderazgo
determinante en la Segunda Guerra Mundial y en el orden bipolar de la «guerra fría».
ANTONIO GRAMSCI

En 1913 se afilió al Partido Socialista Italiano, convirtiéndose enseguida en dirigente de su ala


izquierda. Ante la disyuntiva planteada a los socialistas de todo el mundo por el curso que
tomaba la Revolución rusa, Antonio Gramsci optó por adherirse a la línea comunista y, en el
Congreso de Livorno (1921), se escindió con el grupo que fundó el Partido Comunista
Italiano.

Gramsci perteneció desde el principio al Comité Central del nuevo partido, al que también
representó en Moscú en el seno de la Tercera Internacional (1922); dotó a la formación de un
órgano de prensa oficial (L'Unità, 1924) y la representó como diputado (1924). Fue miembro
de la Ejecutiva de la Internacional Comunista, cuya ortodoxia bolchevique defendió en Italia al
expulsar del partido al grupo ultraizquierdista de Amadeo Bordiga, al que acusó de seguir la
línea de Trotsky (1926).

Enseguida hubo de pasar a la clandestinidad, dado que desde 1922 Italia estaba bajo el
poder de Mussolini, que ejercería a partir de 1925 una férrea dictadura fascista. Gramsci fue
detenido en 1926 y pasó el resto de su vida en prisión, sometido a vejaciones y malos tratos,
que vinieron a añadirse a su tuberculosis para hacerle la vida en la cárcel extremadamente
difícil, hasta que murió de una congestión cerebral.
En estas condiciones, sin embargo, Gramsci fue capaz de producir una gran obra
escrita (los voluminosos Cuadernos de la cárcel), que contiene una revisión
original del pensamiento de Marx, en un sentido historicista y tendente a
modernizar el legado del marxismo para adaptarlo a las condiciones de Italia y de
la Europa del siglo XX. Ya en el Congreso de Lyon (1926) había defendido la
ampliación de las bases sociales del comunismo abriéndolo a toda clase de
trabajadores, incluidos los intelectuales. Sus aportaciones teóricas influirían
poderosamente en la adaptación democrática del comunismo occidental que se
produjo en los años sesenta y setenta, el llamado eurocomunismo.
DEL SOCIALISMO UTÓPICO AL SOCIALISMO CIENTÍFICO
Del socialismo utópico al socialismo científico es un breve libro publicado por primera
vez en 1880 por el socialista alemán Engels. La obra se extrajo principalmente de un
trabajo polémico más largo publicado en 1876, titulado Anti-Dühring. Primero
apareció en el idioma francés.
Pensado como una popularización de las ideas marxistas para los lectores de la
clase trabajadora, el libro fue una de las publicaciones fundamentales del movimiento
socialista internacional a fines del siglo XIX y principios del XX, vendiendo decenas
de miles de copias.
En lugar de una obra completamente nueva, Del socialismo utópico al socialismo
científico fue un extracto de una obra polémica más grande escrita en 1876, (La
revolución de la ciencia del Sr. Eugen Dühring), comúnmente conocida como Anti-
Dühring. Tres capítulos fueron seleccionados y arreglados por Engels y traducidos al
francés por Paul Lafargue.
El libro explica las diferencias entre el socialismo utópico y el socialismo científico,
que el marxismo considera encarnar. El libro explica que, mientras que el socialismo
utópico es idealista, refleja las opiniones personales de los autores y afirma que la
sociedad puede adaptarse en función de estas opiniones, el socialismo científico se
deriva de la realidad. Se centra en la concepción materialista de la historia, que se
basa en un análisis sobre la historia, y concluye que el comunismo sigue
naturalmente al capitalismo.
Engels comienza el libro haciendo una crónica del pensamiento de los socialistas
utópicos, comenzando con Saint-Simon. Luego se dirige a Fourier y Robert Owen.
En el segundo capítulo, resume la dialéctica, y luego narra el pensamiento de los
antiguos griegos a Hegel.
El tercer capítulo resume la dialéctica en relación con las luchas económicas y
sociales, esencialmente haciendo eco de las palabras de Marx.

También podría gustarte