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Taller Regional de la FAO sobre la eliminación del trabajo infantil en la agricultura

"Hacer de América Latina y el Caribe el primer continente libre de trabajo infantil"


29 de septiembre 2021

I. Overview

El taller regional de la FAO sobre la eliminación del trabajo infantil en la agricultura en


América Latina y el Caribe, realizado el 29 de septiembre, contó con la participación de
representantes de cuatro organizaciones del sistema ONU (FAO, OIT, UNICEF y CEPAL), de
representantes gubernamentales y de actores agrícolas de Costa Rica, Honduras, Guatemala y
El Salvador, además de una beneficiaria del proyecto de la FAO Nueva Generación Cafetalera
en Guatemala. La realización del taller se enmarca en el proceso de acompañamiento realizado
por la FAO del Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil, definido por la
Asamblea General de Naciones Unidas. Los resultados del evento pretenden contribuir al Foro
Global de Soluciones ‘Actuar de forma conjunta para Erradicar el Trabajo Infantil en
Agricultura”, organizado por la FAO en colaboración con la OIT los días 2 y 3 de
noviembre 2021. El taller alcanzó una audiencia de 913 personas, entre las que se registraron
para el webinar por Zoom y las que lo acompañaron a través de las redes sociales (YouTube
en inglés y en español y Twitter). Su objetivo fue discutir, a través de un intercambio entre
pares, como avanzar concretamente hacia el alcance de la meta 8.7 de los ODS1 y en el objetivo
de hacer de América Latina y el Caribe la primera región del mundo libre de trabajo infantil.

La reflexión sobre la forma concreta de avanzar hacia esos objetivos es aún más urgente si se
considera que, a pesar de los importantes avances verificados en la región, el informe OIT-
Unicef Estimaciones Mundiales sobre el Trabajo Infantil 20202, evidencia un estancamiento
de ese avance por la primera vez en décadas, así como un aumento del trabajo infantil, incluso
en sus peores formas, a raíz de la crisis sanitaria, económica y social provocada por la pandemia
del COVID 19. Según el mismo informe, casi la mitad (el 48,7%) de los 8,2 millones de
niños, niñas y adolescentes que trabajan en América Latina y el Caribe se encuentran en
la agricultura. Por lo tanto, no será posible eliminar el trabajo infantil en la región sin un
avance significativo en ese sector, que incluye la producción de cultivos, la pesca y la
acuicultura, la silvicultura y la ganadería.

II. Principales causas, desafíos y recomendaciones para los actores del sector agrícola
identificadas por los participantes del Taller

1. Pobreza rural, hambre e inseguridad alimentaria

1 https://unstats.un.org/sdgs/metadata/?Text=&Goal=8&Target=8.7
2
https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---ed_norm/---
ipec/documents/publication/wcms_800301.pdf

1
La pobreza rural, el hambre y la inseguridad alimentaria configuran causas profundas y estructurales
del trabajo infantil en la agricultura. Más de tres cuartos de la población pobre en el mundo vive en
zonas rurales con familias que dependen de la agricultura y del trabajo de sus hijos para sobrevivir.

El trabajo infantil es, al mismo tiempo, una consecuencia y una causa de la pobreza. La mayoría
de los niños y niñas que trabajan en la agricultura provienen de familias en situación de extrema
pobreza. A su vez, el trabajo infantil reproduce el ciclo de la pobreza rural, coartando las
posibilidades de conclusión de las trayectorias educacionales, así como las posibilidades de
construcción de trayectorias de trabajo decente para adolescentes y jóvenes en edad de trabajar.
Esta condición condena a las generaciones futuras y sus comunidades al hambre, a la inseguridad
alimentaria y a la vulnerabilidad económica y social. Por esa razón, los Objetivos de Desarrollo
Sostenible 1 y 2, Fin de la Pobreza y Zero Hambre no serán posible sin Zero Trabajo Infantil.
El trabajo infantil no constituye apenas una grave violación de los derechos de los niños y niñas,
pero, además, es un impedimento hacia el desarrollo rural y agrícola sostenible. La baja
productividad en la agricultura, al mermar las posibilidades de generación estable de ingresos por
los miembros adultos de las familias y comunidades rurales, es otro factor que impulsa y reproduce
el trabajo infantil. La eliminación del trabajo infantil en la agricultura contribuye a la erradicación
de la pobreza rural y al desarrollo sostenible de la agricultura.

Para enfrentar esos desafíos, se recomienda:

• Implementar políticas de desarrollo productivo dirigidas al sector agroalimentario (y a los


diversos subsectores que lo componen) y aumentar la capacidad de incorporación de
nuevas tecnologías y descubrimientos científicos para incrementar la producción y la
productividad en la agricultura, contribuyendo así al aumento del ingreso de los
trabajadores y productores rurales y disminuyendo la dependencia de las familias del
trabajo de sus hijos e hijas" ;

• Desarrollar sistemas agroalimentarios sostenibles en términos económicos, sociales y


ambientales;

• Fortalecer los programas de protección social, garantizando un piso mínimo para todas
las personas. En particular: a) garantizar la sostenibilidad de los programas de transferencia
de ingresos para las familias en situación de pobreza y extrema pobreza, ampliando su
cobertura y sus montos. Esos programas han demostrado una importante capacidad para
prevenir y erradicar el trabajo infantil, no solamente al garantizar un ingreso a las familias,
como también debido a sus condicionalidades relativas a la asistencia escolar y al ausencia
de recurso al trabajo infantil; b) extender la cobertura de los sistemas de pensiones
(contributivos, no contributivos o mixtos) en las áreas rurales para garantizar un ingreso
mínimo en la vejez; c) fortalecer los sistemas de salud en las áreas rurales, ampliando su
cobertura y calidad y avanzando hacia su universalización.

2
2. Falta de oportunidades de trabajo decente

La falta de oportunidades de trabajo decente es otra causa profunda y estructural del trabajo infantil
en la agricultura, y está fuertemente asociada a la pobreza y a la inseguridad alimentaria, ya que
aproximadamente 2/3 de los ingresos de las personas en América Latina y el Caribe provienen de
su trabajo3 (CEPAL, 2019). El trabajo infantil en la agricultura se concentra en las comunidades
rurales donde las oportunidades de empleo, en especial de empleos de calidad, son limitadas, así
como en las áreas del sector agroalimentario caracterizadas por altos niveles de informalidad y
desprotección laboral. La falta de oportunidades de trabajo decente afecta tanto a los miembros
adultos de las familias como a los adolescentes y jóvenes en edad de trabajar 4, de acuerdo a los
parámetros del Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138) y el Convenio sobre las peores
formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182) de la OIT y las legislaciones nacionales.
Para enfrentar esos desafíos, se recomienda:
• Como parte de los procesos de desarrollo productivo del sector agroalimentario, generar
alternativas de inclusión laboral y productiva en las áreas rurales y avanzar hacia la
formalización de las formas de trabajo informal;
• Crear una cultura de prevención y erradicación del trabajo infantil en el sector
agropecuario, con atención especial a las actividades desarrolladas en condiciones de
informalidad;
• Crear alternativas de inclusión laboral protegida para adolescentes (a partir de la edad
mínima para la admisión al empleo definida en cada país), como, por ejemplo, el
aprendizaje profesional, garantizando una remuneración y condiciones de trabajo
adecuadas, además de la continuidad de los estudios por lo menos hasta el final de la
enseñanza secundaria;
• Prevenir y erradicar toda y cualquier forma de trabajo peligroso (o que esté
considerado en las “peores formas de trabajo infantil”) hasta los 18 años, tal como definido
por el Convenio 182 de la OIT, ratificado por todos los países de la región.

3. Falta de acceso a educación gratuita y de calidad

La falta de acceso a la educación gratuita y de calidad constituye una severa violación de los
derechos de los niños, niñas y adolescentes y uno de los principales factores de riesgo para la
existencia y perpetuación del trabajo infantil. A pesar de una importante expansión de la asistencia
escolar en las últimas décadas en América Latina y el Caribe y de la casi universalización de la
enseñanza primaria, aún persisten importantes déficits de asistencia y conclusión de la secundaria,

3 https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/44395/11/S1900051_es.pdf
4 En la mayoría de los países de América Latina, la edad mínima para la admisión al trabajo se sitúa entre dos 14 y
los 15 años. Las excepciones son Argentina, Brasil y diversos países del Caribe, donde la edad mínima es de 16
años, con algunas excepciones (FAO/OIT, 2019).

3
considerado actualmente el nivel mínimo de educación para romper la reproducción
intergeneracional de la pobreza y ampliar las oportunidades de acceso a un trabajo decente. Esas
carencias son mucho más severas en áreas rurales, en especial las más rezagadas y más afectadas
por la pobreza y que, en muchos casos, se caracterizan por una mayor presencia de población
indígena y afrodescendiente. Además, también existe un problema de adecuación y pertinencia de
los contenidos educativos que, al no considerar adecuadamente las realidades en las áreas rurales,
se transforman en un factor de desmotivación para la continuidad y conclusión de los ciclos
educativos por los adolescentes y jóvenes que en ellas viven.
Se manifiesta, así, un otro círculo vicioso: por un lado, la inserción precoz en el trabajo de niños,
niñas y adolescentes, motivada por situaciones de pobreza, hambre e inseguridad alimentaria,
representan con frecuencia una importante barrera para la continuidad y conclusión de los ciclos
educativos. Por otro lado, los problemas de acceso, calidad y pertinencia de la educación son un
factor de rezago y abandono escolar que con frecuencia empujan a niños, niñas y adolescentes al
trabajo infantil.
El cierre de los establecimientos educativos en el contexto de la pandemia del COVID 19, así como
la no inclusión de los profesores, profesoras y del conjunto del personal de la educación entre los
grupos prioritarios para la vacunación, ha agravado ese cuadro. Las brechas sociales, territoriales
y por condición étnico-racial en el acceso a las tecnologías de información y comunicación (TICs)
se agudizaron en ese contexto. Muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes de familias de bajos
ingresos, en especial en las áreas rurales, se vieron imposibilitados de acompañar la enseñanza a
la distancia debido a la dificultad de acceso a la internet, lo que llevó a un aumento del rezago y el
abandono escolar en esos sectores.
Para enfrentar esos desafíos, se recomienda:

• Ampliar la rede de enseñanza gratuita y de calidad sin discriminación de algún tipo,


garantizando la provisión de ese servicio en las áreas rurales, en especial en aquellas más
remotas y con mayor incidencia de pobreza;
• Enfrentar la “brecha de conectividad”, en especial en las áreas rurales más remotas. Ese
tema ha ganado una relevancia especial en el contexto de la pandemia del COVID 19 como
condición para asegurar la continuidad escolar en las modalidades no presenciales e
hibridas de educación;
• Revisar los contenidos escolares hacia una educación más relevante e inclusiva para
los niños, niñas y adolescentes (NNA) en el ámbito rural; en las áreas con presencia de
población indígena y afrodescendiente, incorporar contenidos interculturales, que
reflejen y reconozcan sus identidades;
• Desarrollar campañas de sensibilización de las familias y comunidades sobre el valor y
los beneficios de la inversión en la educación, en especial de NNA;
• Desarrollar programas de asistencia escolar (garantía de alimentación sana y
culturalmente pertinente; garantía de transporte escolar y de uniformes y material escolar)
para los NNA, en especial en las áreas y comunidades con mayor incidencia de pobreza;

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• Desarrollar programas de capacitación y formación técnica y profesional en las zonas
rurales para adolescentes y jóvenes, de calidad y con contenidos pertinentes;

4. Vulnerabilidades frente al cambio climático y a la degradación ambiental

La vulnerabilidad climática y sus consecuencias en la vida de las personas son temas centrales
para las políticas y estrategias de prevención y erradicación del trabajo infantil. Los desastres
asociados al deterioro del medio ambiente, de la tierra y de la biodiversidad crecen en número e
intensidad en la región, en especial en Centroamérica y el Caribe. Estos eventos climáticos
extremos pueden afectar severamente la actividad y la productividad agrícolas, y aumentar la
pobreza y la inseguridad alimentaria de las familias y comunidades, y, por lo tanto, el riesgo del
trabajo infantil. Los niños, niñas y adolescentes se encuentran, en esos contextos, expuestos a un
doble riesgo: el de la inserción precoz en el mercado de trabajo para ayudar o garantizar su
sobrevivencia o de sus familias y de que ese trabajo, ejercido en situaciones climáticas agudas,
configure un riesgo aun mayor a su salud, a la continuidad de su asistencia escolar y a su
desarrollo integral. Por otro lado, un adecuado enfrentamiento de los problemas asociados al
cambio climático puede abrir oportunidades de trabajo decente para los y las jóvenes en la
agricultura (por ejemplo, en servicios ambientales, agricultura agroecológica y otras formas de
“empleos verdes”).
Los desastres asociados al cambio climático producen impactos en las niñas, niños y adolescentes
en forma desproporcional, especialmente en comunidades rurales y marginalizadas, aunque no
todos ellos afecten al trabajo infantil de la misma forma. La gravedad y la extensión de los impactos
depende mucho tanto de los sistemas de protección social y de los mecanismos de prevención y
erradicación del trabajo infantil existentes en los países (y en las distintas regiones al interior de
éstos) como de las políticas de mitigación y adaptación puestas en marcha en cada caso.
Para enfrentar esos desafíos se recomienda:
• Fortalecer las sinergias entre la prevención del trabajo infantil, la sostenibilidad ambiental
y la resiliencia al cambio climático;
• Aumentar la inversión en la investigación sobre los cambios climáticos y sus
consecuencias económicas y sociales en las áreas rurales y el en sector agroalimentario
(con recursos públicos y/o en asociación con el sector privado y las empresas agrícolas),
incluso sobre el trabajo infantil en la agricultura;
• Desarrollar programas y nuevas oportunidades de capacitación y formación profesional
para los y las jóvenes en áreas que contribuyan, al mismo tiempo, al aumento de la
productividad y a la sustentabilidad ambiental, como la agroecología, la reforestación y la
preservación de manantiales y otros servicios ambientales y otras formas de “empleos
verdes”;
• Considerar que políticas de adaptación climática como la introducción de semillas
resilientes, mejoría de la infraestructura agrícola y mecanización de la agricultura, así como
el acceso a seguros y créditos, al aumentar la productividad en la agricultura, podrían
ayudar a aumentar el ingreso de los miembros adultos de las familias y, por ende, a eliminar
el trabajo infantil;

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• -Desarrollar la infraestructura adecuada para la recolección y almacenamiento de agua y
prevención de inundaciones;
• Promover políticas e iniciativas (incluso legislativas) relacionadas al uso de la tierra para
reducir la deforestación y la degradación;
• Garantizar que los agricultores tengan instalaciones de almacenamiento adecuadas para sus
cultivos;
• Garantizar que las políticas de prevención y erradicación del trabajo infantil, incluyendo
las actividades de carácter socioeducativo, consideren las especificidades territoriales,
ambientales, étnico-raciales y culturales con mayor incidencia en las comunidades rurales
más vulnerables.

5. Personas en situaciones de mayor vulnerabilidad: mujeres, migrantes, pueblos indígenas,


población afrodescendientes y personas con discapacidad

El trabajo infantil es producto, y a su vez origen, no solo de la pobreza, sino también de cadenas
de desigualdad, que contribuyen para su permanencia y reproducción. La desigualdad social es un
fenómeno estructural y multidimensional en América Latina y el Caribe y un obstáculo central
para la erradicación de la pobreza, la inseguridad social y el desarrollo sostenible. Reducir
sustantivamente la desigualdad entre y al interior de los países, tal como definido en el ODS 10 de
la Agenda 2030, supone reconocer y profundizar el análisis de los ejes que estructuran y
reproducen la desigualdad social en la región: las desigualdades de ingreso, las desigualdades
territoriales, de género, por condición étnico-racial y por edad (CEPAL, 2016). Esos ejes no solo
coexisten como se entrecruzan, se potencian y se encadenan a lo largo del ciclo de vida,
configurando “núcleos duros” de pobreza y vulnerabilidad y haciendo con que determinados
grupos de la población – entre ellos los niños, niñas y adolescentes en situación de pobreza, que
viven en las áreas rurales más rezagadas y, en particular los NNA indígenas, afrodescendientes y
migrantes - experimenten simultáneamente múltiples y agravadas formas de discriminación y
exclusión.

El entrecruzamiento de los ejes estructurantes de la desigualdad social en América Latina y el


Caribe intensifica los impactos del trabajo infantil, haciendo más compleja la respuesta para su
erradicación. Reconocer la complejidad de este fenómeno es un paso fundamental para elaborar
estrategias permanentes y efectivas para su prevención y erradicación. El trabajo infantil en la
agricultura se concentra en determinados sectores y territorios, en especial aquellos más rezagados
y con mayor incidencia de la pobreza y extrema pobreza. Además, su incidencia es más elevada
entre los pueblos indígenas y la población afrodescendiente. Aunque sea más elevada la proporción
de niños y adolescentes y jóvenes del sexo masculino que se encuentran en esa situación, hay que
considerar que las niñas, adolescentes y jóvenes del sexo femenino son la mayoría en las formas
“invisibles” de trabajo infantil, que no suelen ser captadas por las cifras, o sea, en el trabajo
doméstico y de cuidados no remunerado ejercido al interior de sus propios hogares.

Para enfrentar esos desafíos se recomienda:

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• Considerar, en la elaboración e implementación de estrategias y políticas dirigidas a la
prevención y erradicación del trabajo infantil, la complejidad y heterogeneidad del
fenómeno y las brechas y factores de riesgo existentes a nivel sub-nacional, considerando,
entre otras, las dimensiones de género y de condición étnico-racial y las vulnerabilidades
a ellas asociadas;

• Asociar los esfuerzos de prevención y erradicación del trabajo infantil en la agricultura


al combate al racismo y a la protección de los derechos integrales de los NNA
indígenas, afrodescendientes, migrantes y con discapacidad.

• Identificar los determinantes de género en las diversas situaciones de trabajo


infantil, incluyendo el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado ejercido por niñas
y adolescentes del sexo femenino, hasta ahora invisible en las cifras y estimaciones sobre
el trabajo infantil en la región.

• Desarrollar campañas de promoción de los derechos sexuales y reproductivos y de


prevención del embarazo adolescente;

• Garantizar la provisión de servicios de cuidado públicos y de calidad, así como de


servicios básicos de infraestructura (agua potable, servicios sanitarios, electricidad y
conectividad), como forma de disminuir la carga de trabajo doméstico y de cuidados
no remunerado, ejercido fundamentalmente por las mujeres, incluyendo a niñas y
adolescentes;

• Desarrollar campañas de información y sensibilización sobre los derechos integrales de los


NNA, con una perspectiva de género, de igualdad étnico-racial y de derechos entre todos
los actores agrícolas, incluyendo gestores gubernamentales (tanto en el ámbito nacional
como local), familias y comunidades rurales, empresas, cooperativas y organizaciones
sindicales, en especial en los territorios con mayor presencia de pueblos indígenas,
población afrodescendiente y migrantes, con el objetivo de crear y consolidar redes de
apoyo y de protección a esas comunidades y, en particular a los NNA, hacia un mejor
futuro, que incluya la conclusión de sus trayectorias educacionales y la perspectiva de
construcción de trayectorias de trabajo decente.

6. Debilidades de los sistemas de generación de datos y conocimiento

A pesar de los importantes avances de los sistemas estadísticos nacionales de los países de América
Latina en la identificación y caracterización del trabajo infantil en las últimas décadas, persisten
importantes carencias en esa área, que impiden contar con información sistemática, de calidad y
con todas las desagregaciones necesarias para enfrentar un problema con el grado de complejidad
y heterogeneidad ya señalado. Esas carencias son aún más acentuadas en las áreas rurales, en
determinados subsectores del sector agroalimentario y en lo que se refiere a los pueblos indígenas,
afrodescendientes, y las personas migrantes y con discapacidad.

Para enfrentar esos desafíos se recomienda:


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• Fortalecer los sistemas estadísticos nacionales en su capacidad de producción y
diseminación de información sistemática y de calidad sobre el trabajo infantil en la
agricultura, con todas las desagregaciones necesarias: por los diversos subsectores que
componen el sector agroalimentario, por territorios sub-nacionales (incluyendo áreas
pequeñas, como municipios y clusters de municipios), edad, sexo, condición étnico-racial
(considerando en particular los pueblos indígenas y la población afrodescendiente), horas
trabajadas, tipo de trabajo ejercido y sus respectivos grados de peligrosidad;

• Producir y divulgar informaciones y análisis de datos sobre el trabajo infantil


“invisible” (tareas domésticas y de cuidado realizadas las niñas y adolescentes al interior
de sus hogares) y sobre otros indicadores sensibles al género de las NNA en el ámbito rural,
incluyendo la violencia doméstica y el embarazo adolescente; incorporar y fortalecer esos
indicadores en los sistemas estadísticos nacionales;

• Desarrollar e implementar instrumentos de análisis novedosos (como, por ejemplo, el


MIRTI – Modelo de Identificación del Riesgo de Trabajo Infantil) que permitan avanzar
en el desarrollo de la base de conocimientos sobre el trabajo infantil en la agricultura y en
el diseño e implementación de políticas dirigidas a su prevención y erradicación,
considerando, en particular, su dimensión territorial.

7. Los impactos económicos y sociales de la pandemia del COVID 19 representan un alto


riesgo de reversión de los esfuerzos dirigidos a la prevención y erradicación del trabajo
infantil

El aumento del trabajo infantil es una de las caras más nefastas de la pandemia del COVID 19. Las
consecuencias sanitarias, económicas y sociales de la pandemia son un factor de gran preocupación
con relación a la situación del trabajo infantil en América Latina y el Caribe. A mediados de 2020
un informe de CEPAL/OIT estimaba un posible aumento de más de 300.000 niños, niñas y
adolescentes en situación de trabajo infantil en América Latina5. Los impactos negativos de la
pandemia sobre el trabajo infantil pueden ser dramáticos no solo debido a sus efectos presentes,
sino porque, de no ser implementadas las medidas adecuadas para contrarrestarlos, pueden
hipotecar el futuro de un gran contingente de NNA en la región.

Frente al cierre de puestos de trabajo y la disminución del ingreso de las familias, aumentó la
presión para que niños, niñas y adolescentes se sumen a trabajar. El hambre y la inseguridad
alimentaria, el aumento de la informalidad laboral y el deterioro de los medios de vida han
impactado fuertemente a las comunidades rurales y a las personas ocupadas en la agricultura. A su
vez, el cierre de los establecimientos educativos, además de aumentar fuertemente la carga de
trabajo doméstico y de cuidados no remunerado a cargo de las mujeres, incluyendo aquél ejercido

5https://www.cepal.org/es/publicaciones/45679-la-pandemia-la-covid-19-podria-incrementar-trabajo-infantil-
america-latina

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por niñas y adolescentes en sus hogares, aliada a las dificultades de conectividad que afectan
principalmente a la población de menores ingresos y la que vive en las áreas rurales, incrementó
significativamente las tasas de retraso y evasión escolar.

Para enfrentar esos desafíos se recomienda:

• Fortalecer los mecanismos de protección social relativos a la garantía de ingresos y


protección del empleo de los trabajadores y trabajadoras agrícolas durante la pandemia y
el en período de recuperación;
• Garantizar las condiciones de regreso seguro a las clases presenciales para todos los
NNA que viven en el área rural, observando los necesarios protocolos sanitarios y sin
discriminaciones ni exclusiones de ningún tipo.

10. Necesidad de reforzar las alianzas entre los gobiernos, el sector privado, las
organizaciones de productores, las organizaciones sindicales, los donantes y demás actores
agrícolas para la prevención y erradicación del trabajo infantil en la agricultura

Solamente una coalición de múltiples actores será capaz de enfrentar las causas profundas de la
existencia y persistencia del trabajo infantil en la agricultura y los diversos y complejos desafíos
a él asociados, avanzando así hacia el cumplimiento de la meta 8.7 de los ODS y al objetivo de
transformar a América Latina y el Caribe en una región libre del trabajo infantil. Es necesario
que las políticas dirigidas a esos objetivos sean políticas de Estado, que transciendan a las
gestiones gubernamentales específicas y cuenten con amplios consensos sociales basados en el
amplio diálogo social multipartito, acuerdos y diversas hojas de ruta, con objetivos, metas y
planes de acción claros. Es crucial fortalecer la articulación horizontal (entre los ministerios de
agricultura, trabajo y previsión social, economía y desarrollo productivo, desarrollo social,
educación y salud, derechos humanos, etc.) y vertical (entre los niveles nacional, regional y
municipal) y la integración de diversos actores e instituciones (gubernamentales y de la sociedad
civil).

El rol del sector privado y de las empresas es central en la prevención y erradicación del trabajo
infantil, ya que ellas tienen condiciones de controlar y de intervenir en gran parte de las
condiciones de trabajo y de producción tanto al interior de sus establecimientos como a lo largo
de las cadenas productivas.

Para enfrentar esos desafíos se recomienda:

• Promover, desde los gobiernos, un enfoque holístico e integrado en las estrategias y


planes nacionales de prevención y erradicación del trabajo infantil en la agricultura.
Garantizar que las medidas para prevenir y eliminar el trabajo infantil y proteger los
derechos de los NNA estén plenamente integradas en las políticas y programas nacionales
de educación, salud, protección social, desarrollo productivo, desarrollo agrícola,

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desarrollo territorial, trabajo y empleo, derechos humanos y cadenas de valor agro-
alimentarias, entre otras áreas. Para eso es necesario la contribución de los diversos sectores
gubernamentales, entre ellos los ministerios y secretarias de agricultura y pesca, trabajo y
seguridad social, desarrollo rural, educación, protección y asistencia social, salud y justicia.
La protección de los niños y su bienestar debe formar parte de todas las acciones del
gobierno.
• Es necesario crear y fortalecer instancias y procesos de diálogo social para que esas
estrategias y políticas incluyan a los jóvenes y cuenten con la legitimidad y adhesión
necesaria a su buena implementación y sostenibilidad en el tiempo;
• Es necesario garantizar el presupuesto y el personal calificado para permitir que esas
políticas se pongan en práctica.
• Es crucial crear y fortalecer redes de empresas comprometidas con la prevención y
erradicación del trabajo infantil en la agricultura y fomentar acuerdos de
corresponsabilidad en las cadenas productivas para que las empresas que compran de
productores rurales también se sientan corresponsables y estimulen acciones para impedir
el trabajo infantil a lo largo de esas cadenas.

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