Está en la página 1de 53

El yo y el ello (1923)

Primer tópica y dualismo pulsional

Para Freud, en el primer momento de su teoría, el aparato contaba con tres instancias
psíquicas:

- Conciente:​ Es el sistema que gobierna los accesos a la motilidad.


- Pre-conciente​: Está formado por aquellas representaciones, no presentes en la conciencia,
pero que pueden devenir concientes sin impedimento. Son susceptibles de conciencia.
- Inconciente:​ Son representaciones intensas que producen efectos sin devenir concientes.
Fueron reprimidas, y una fuerza se resiste a que advengan a la Cc.

Freud habla del término inconciente en dos sentidos:

OM
- Descriptivo: ​Preconciente/conciente.
- Sistemático:​ Inconciente reprimido.

En el punto en el que habla de inconciente reprimido, cabe mencionar como es que una moción
pasa a ser reprimida:
Freud sostiene que la represión es uno de los destinos de la pulsión, al chocar con resistencias
.C
que quieren volverla inoperante. Una moción se reprime porque produce displacer. Esa moción
es satisfactoria para un sistema (Icc), pero inconciliable con otro (Cc), por lo cual sucumbe a la
represión. Él supone la existencia de una primera fase: represión primaria, no falla, no produce
retorno, es un supuesto teórico fundante del aparato psíquico; es condición para que se de la
DD
represión secundaria. A partir de los retoños que proliferan, y los pensamientos que entran en
vínculo asociativo con ellos, puede sobre ellos caer la represión secundaria. A causa de ese
vínculo, esas representaciones experimentan el mismo camino que lo reprimido primordial. La
represión secundaria si retorna, es más se tiene noticia de que actuó la represión, a través de
las formaciones del icc (síntomas, fallos, lapsus, chistes). La represión secundaria implica un
LA

gasto energético constante, por mantener inconcientes las representaciones.

El ​sistema inconciente​ se caracteriza por la no contradicción, rige el proceso primario, es decir,


la libre movilidad de cargas posibilitada por condensación y desplazamiento, no hay negación
ni duda, los procesos son atemporales. Se sabe de los procesos del icc por sus retornos de lo
FI

reprimido.

En el ​sistema preconciente​, en cambio, si hay contradicciones, si hay negación, rige el proceso


secundario (cargas fijas), y se gobierna por el principio de realidad.


Alrededor de 1920, ​Freud introduce un cambio en la tópica.​ Conceptualiza al aparato psíquico


basado en tres instancias denominadas:​ yo, super yo y ello.

Yo: Tiene una parte cc y una icc.


Superyó: Tiene una parte cc y una icc.
Ello: Es todo icc.

Ahora se van a relacionar, va a haber relaciones intrasistémicas (dentro de cada sistema del
aparato psíquico) e intersistémicas (entre los diferentes sistemas del aparato psíquico).

El yo:
- Más organizada.
- Más coherente.
- Integra la cc (yo conciente/yo coherente).
- El Yo conciente es donde ​se domina el acceso a la motilidad ​(Movete/no te muevas).
- Fiscaliza todos los procesos parciales (Observa los actos psíquicos para encontrar
fallas).
- Durante la noche, aunque esté adormecido, es el qué ejerce la censura onírica.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


- Del Yo parte las representaciones por medio de las cuales, quedan excluidas de la
conciencia y de la actividad determinadas tendencias anímicas.
- Cuando uno nace, se ha constituido el aparato psiquico, todo es Ello (pulsión oral, anal),
y de ahí despues por identificacion se va a construir el Yo, partiendo del Ello.
- El Yo es la parte más superficial.
- Hay una parte del Yo qué está conectada con las pasiones, qué está conectada con el
Ello. Aunque el Yo conciente no quiera saber, el yo icc sabe.
- El Yo opone resistencias a todo contacto con lo reprimido. Pone la censura, actividad
censora. Durante el análisis, el paciente va tropezando con dificultades, qué son
resistencias, vemos qué sí al paciente le planteamos ciertos labores, va a tropezar con
dificultades y qué cuando en su asociacion libre se acerca a lo reprimido, también cesan
de asociar libremente. Cuando en el análisis deja de asociar libremente o por ejemplo,
reprime una frase qué ha venido a su mente y no la dice por considerarla poco
importante, o diferente para el caso, ahí está bajo el dominio de una resistencia. Pero el
paciente no sabe de esa resistencia. ​Esa resistencia parte de su yo​.
- El descubrimiento qué hace Freud aqui, es qué en él Yo​ también hay algo icc.​ algo qué

OM
se conduce identicamente a lo reprimido y qué tiene intensos efectos sobre el resto del
contenido psiquico, aunque no se haga cc en sí mismo. Para poder conocerlo cc hace
falta la labor psicoanalítica.
- El Yo va a ser esa instancia del aparato qué va tener qué regular...estar arreglandoselas
con las exigencias del Ello, qué es libido, energia sexual, energia qué nos mueve en la
vida, fuerza psíquica qué tenemos, pero también la pulsión de muerte qué trabaja para
la vida, ambas están en el Ello y van juntas. También tenemos el deseo reprimido, estos
.C
son deseos qué alguna vez han sido cc/precc pero qué el sujeto no ha querido saber de
eso.
-
DD
Todo lo reprimido es icc, pero también hay un icc no reprimido. Ejemplo: las pulsiones.

Todo conocimiento está ligado a la conciencia. ejemplo: “yo conozco esto..”.


El conocimiento es conciente, el saber es inconsciente.
Lo inconciente no nos puede ser conocido, si antes no lo hacemos conciente.
LA

¿Qué es hacer algo conciente? ​La cc es la superficie del aparato anímico, es un órgano
perceptual, el qué primero está en contacto con la realidad exterior. Todas las percepciones
provenientes del exterior, van a llegar a través de la conciencia a nosotros (percepciones
sensoriales). Y también aquellas otras procedentes del interior (Sensaciones, sentimientos).
FI

Hay otros procesos mentales, internos, qué se desarrollan dentro del aparato psíquico sin qué
sepamos de ellos, son icc.
Se desarrollan cómo desplazamientos de energia, en un camino qué llega hasta la acción.
Desde qué hay un pensamiento, hasta qué hay una acción, hay un recorrido en el qué se


producen desplazamientos de energia, esto se produce icc.


¿Llegan hasta la cc, o es la cc la qué llega a ellos?.​ Pues ninguna de las dos.
La diferencia entre una idea icc y una idea precc, es qué el material de la idea icc, está oculto,
pero ​el material de una idea precc, está enlazado a representaciones verbales.​ Mientra qué las
ideas icc, están ocultos no están enlazados a representaciones verbales.

Entonces, la pregunta de ¿Cómo hacer cc algo icc? lo deberíamos sustituir por ​¿Cómo hacer
precc algo icc?​ ​Y la respuesta seria enlazando a representaciones verbales, a palabras.

Las ​representaciones verbales ​son restos mnémicos, de la memoria. es decir para qué haya
una representación verbal dentro de nuestro aparato psíquico tiene qué ser algo qué hayamos
percibido en algún momento. Por ejemplo: Una frase.
Siempre algo del exterior y ha entrado al aparato y ha quedado cómo una resto mnémico.
Estas representaciones verbales pueden hacerse en algún momento conscientes.
Solo puede hacerse cc lo qué alguna vez fue cc.
Una representación qué quiere hacerse conciente y qué proviene del interior del aparato,
siempre va a tener qué transformarse en algo cómo sí viniese del exterior.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Esa transformación de qué está todo latente y vuelve a aparecer en la cc, se consigue
asociando o poniendo cómo intermediario las huellas mnémicas, las representaciones verbales.
Las huellas mnémicas están almacenadas en unos sistemas qué están cerca de la cc.

¿Cómo se hace precc algo qué está reprimido?​ Solamente con el labor analitica, vamos
interpolando por medio de la labor analitica miembros intermedios precc.
Lo qué es icc no puede dejar de ser icc, y lo qué es cc va a seguir siendo cc; no es qué uno
pase a un sistema y otro a otro sistema. No es qué lo icc pase a la cc, eso lo hacemos con la
interpretación​, producimos algo intermedio, producimos una construcción, enlaces qué son
palabras, representaciones verbales.

OM
.C
La ​percepción interna​ del aparato psíquico, ofrece sensaciones de procesos qué se
desarrollan en los diversos estratos del aparato anímico, incluso los más profundos.
La serie placer-displacer, es un ejemplo de estas sensaciones más primitivas y elementales y
DD
pueden surgir incluso en estados de disminución de la conciencia, por ejemplo mientras
dormimos y sin embargo podemos sentir placer-displacer.
Pueden proceder de distintos lugares, esas sensaciones internas y poseer cualidades diversas
y hasta contrarias.
A veces sentimos “algo”, una sensacion, no sabemos decir qué, qué se percibe cualitativa y
LA

cuantitativamente diferente. Este algo para hacerse cc tiene qué ser llevado antes al sistema p
(percepción consciente), y se comporta cómo sí fuera un impulso reprimido, puede desarrollar
energias y cuando se interrumpe la reaccion de descarga, ahí se hace consciente, cómo
displacer.
El ​dolor ​es un término medio entre una percepción interna y una percepción externa, se
FI

conduce cómo una percepción interna aun en los casos en los qué tiene su causa en el mundo
exterior. Por ejemplo: te pegan una cachetada y sientes internamente el dolor.
Las sensaciones y los sentimientos también tienen qué llegar al sistema P, para hacerse
consciente.
Sí está cerrado el acceso al sistema P, son icc, no sabemos nada de ello, no pueden emerger


cómo sensaciones, sentimientos.


Por medio de las representaciones verbales, los procesos mentales interiores quedan
transformados en percepciones. ahí los podemos percibir, cuando los asociamos a palabras,
esos procesamientos mentales interiores precc, ahí los percibimos desde la conciencia.

El Yo (Ver el gráfico): ​Hay una parte del yo qué emana del precc y conecta con lo precc, es
decir, hay una parte del yo qué estaría cerca de las huellas mnémicas. Pero el Yo también tiene
una parte icc, una parte qué está lejos de la conciencia de precc y qué conecta directamente en
el Ello.
El Yo es una parte del Ello modificado por la influencia del mundo exterior, transmitido por el
sistema percepción conciencia. El Yo se esfuerza por transmitir al Ello, esa influencia del
mundo exterior (qué no puede, está prohibido) y aspira a sustituir el principio de placer y quiere
ponerle el principio de realidad al Ello.
Para el Yo, la percepción exterior, es lo mismo qué para el Ello el instinto en las pulsiones.
El Yo representa la razón, la reflexión.
La relación del yo con la cc, se tiende a pensar desde un punto de vista ético y social

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


El Ello (Ver el gráfico): ​El niño es Ello, después en la superficie del Ello, se va a constituir el
Yo, por identificaciones. Y el yo, se desarrolla a partir de las percepciones del mundo exterior.
Al principio es todo Ello, no hay otros, a medida qué van apareciendo otros en el mundo
exterior, va percibiendo y se va construyendo su Yo. El Yo, no ocupa todo el Ello, sino una
parte de la superficie del Ello, qué es la qué está constituida por el sistema P, a donde llega la
información del sistema percepción.
Pero tampoco está separado del Ello, confluye con el Ello en su parte inferior el Yo.
Lo reprimido, tampoco ocupa todo el Ello (no todo lo icc es reprimido). Lo reprimido se
encuentra separado del Yo (por la barra gruesa), qué es la resistencia de la represion qué
impiden qué esto qué está reprimido qué se ha hecho icc pase al yo cc.
Entre lo reprimido y el Ello no hay separacion.
El Ello contiene las pasiones.
El Ello no está en contacto con el mundo exterior sino por mediación del yo. El examen de
realidad lo hace el Yo.
Vendría a ser el “icc” pero con algunas modificaciones. Se introduce la pulsión de muerte
(diferencia radical entre la 1era y la 2da tópica), y eso qué antes se llamaba “icc” pasa a

OM
llamarse “ello”. En el ello nos vamos a encontrar ahora con lo qué encontrábamos en el icc de
la primera tópica (con todo lo qué el sujeto reprimio) pero además nos vamos a encontrar con
algo qué tiene qué ver con la “no represión” (porque la pulsión de muerte no tiene qué ver con
algo qué ha sido reprimido sino qué lo plantea más cómo una cuestion cuasi-biológica).

Metáfora en la relación del Yo con el Ello: ​El Yo se comporta cómo un jinete, entonces ¿qué
tiene qué hacer el Yo? dirigir la fuerza del caballo y refrenarla a veces. La diferencia es qué el
.C
jinete realiza esto con sus propias energías, y el Yo lo hace con energías prestadas. El jinete a
veces se ve obligado, a dejarse conducir a donde su cabalgadura lo lleve, lo mismo le pasa al
Yo, qué en ocasiones se ve forzado a transformar en acción la voluntad del Ello, cómo sí fuera
DD
su propia voluntad.

Pero también en la conformación del Yo y su diferenciación del Ello influye otro factor, qué es ​el
propio cuerpo ​y sobre todo en la superficie del cuerpo. Porque la superficie del cuerpo es
donde parten las percepciones tanto del mundo exterior cómo del mundo interior. Por ejemplo:
te duele un órgano interior y eso atraviesa la superficie.
LA

Mecanismo de la melancolía: ​El melancólico se enferma ya que, cuando pierde al objeto


amado (sea una persona,un objeto o un ideal).
FI

Este hace un proceso qué lo hace enfermar: Sustituye a ese objeto (la libido qué tenía puesta
en el objeto perdido), vuelve de nuevo al yo (eso se hace en el duelo) ahí queda un vacío, eso
duele... Lo sano seria qué una vez qué yo tengo la libido en mi yo, ahora buscó otro objeto
amoroso y pongo mi libido en otro sujeto amoroso (sustituir).
Pero lo qué hace el melancólico, para no perder al objeto amado, es hacer una modificación de


su Yo con las características del objeto perdido, es decir, cómo sí construyese al objeto perdido
en su Yo. Ejemplo: “Soy una basura”, pero en realidad el qué era una basura era su pareja.
Se ha modificado para intentar reconstruir al objeto perdido dentro de sí mismo.
Esa sustitución es un proceso frecuente y típico qué participa considerablemente en la
estructuración del Yo.
La libido se queda estancada en su Yo. Hay una introyección de la libido. Y esto produce
patologia.

En la fase primitiva, oral, del individuo. No se puede diferenciar (no hay todavía carga de objeto
o identificación, no hay diferencia entre elegir un objeto amoroso y identificarse con un objeto).
Más adelante, en la constitución sexual se va a ir diferenciando. La libido está, parte del yo. ​El
depósito de la libido es el Ello.

El Yo siente cómo necesidades aspiraciones eróticas, en el sentido, de rodear objetos con su


libido. El yo cuando todavía es débil (Yo infantil) recibe noticias de la carga de objeto, es decir,
de la libido qué procede del Ello, y entonces las aprueba (el ello avanza con la libido) o las
rechaza (no se puede, entonces las reprime). Estamos hablando de un Yo infantil, un Yo qué
tiene qué reprimir a los representantes incestuosos.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


La sustitución de la elección de objeto por la identificación: ​Encontramos un paralelismo
en la creencia de los primitivos: los primitivos creían qué cuando se comian un animal,
adquirian las propiedades de ese animal. Y está creencia también está integrada en los
fundamentos del canibalismo. Pero en sustitución del canibalismo han quedado costumbres.
Por ejemplo: la comunión.
Cuando el objeto sexual tiene qué ser abandonado (cómo en el caso del niño qué tiene qué
abandonar los objetos sexuales: padre y madre) en su lugar, surge una modificación del Yo
(cómo hace el melancólico), es decir, una reconstrucción del objeto en el Yo. De este modo el
Yo hace posible por medio de una introyección (regresión a ese mecanismo oral).
Es una manera de qué el Ello abandone a esos objetos incestuosos y no los abandone a la
vez. ​Podemos decir qué el carácter del Yo, es un residuo de cargas de objeto abandonadas y
contiene la historia de elecciones de objeto.
El niño elige a la madre, cómo objeto amoroso pero hay un momento qué su padre le dice con
tu madre no, ¿y qué hace el niño? en vez de abandonar a la madre tan fácilmente, la abandona
ahí en la realidad, pero ¿qué hace? la introyecta, reconstruye su Yo de acuerdo con las

OM
características de la madre para no perderla, es decir, se identifica con la madre.
Esa modificación del carácter puede sobrevivir a la relación de objeto, es decir, mamá falleció
pero yo sigo teniendo el carácter de mi madre.
Esa transmutación, es una transmutación de la elección de erótica de objeto a una
identificación..es un medio qué utiliza el Yo para dominar al Ello. “Puedes amarme pues soy
parecido al objeto perdido”.
Se transforma la libido objetal en libido narcisista.
.C
Cuando las identificaciones del Yo con los objetos son muy numerosas, y esas identificaciones
son muy intensas e incompatibles entre sí, puede dar un resultado patológico. Ejemplo:
personalidad múltiple. Pueden surgir conflictos entre esas identificaciones.
DD

Efectos de las primeras identificaciones:​ Las primeras identificaciones qué tuvimos con
nuestro padre/madre son las más duraderas y generales (afectan a todo tu psiquismo) y esas
identificaciones más duraderas y generales qué son las de la primera infancia ​son las qué dan
lugar al Superyó.
Detrás del Superyó está oculta la primera y más importante identificación del individuo.
LA

Primero elige a la madre el niño, aparece el tercero el padre, qué es el qué va a separar al niño
de la madre “con tu mama no”. Es el qué pone la ley.
Hasta cierto momento es normal, qué el niño esté pegado a su madre y un momento donde ya
no es normal, donde esa amenaza del padre se hace efectiva, el niño tiene qué renunciar a la
FI

madre cómo objeto amoroso.


Pero qué hace en vez de renunciar, renuncia a ella en la vida real pero en la vida psíquica no,
se identifica con ella, introyecta a la madre, modifica su Yo. Y esto da lugar a una modificación
del Yo, produciendo dentro del Yo del sujeto una parte especialmente diferenciada qué es el
Superyó.


Entonces cuando adquiere características de la madre resulta que la madre es un buen objeto
sexual, y elige al padre cómo objeto amoroso. Y ahora es la madre la qué se convierte en rival.
El complejo de edipo es completo, tiene las dos vueltas. El amor a la madre y la identificación a
la madre, y luego el amor al padre y la identificación al padre. Y ahí adquiere las características
de uno cómo las características del otro.
Cuando elige al padre y se identifica con la madre, ese es el momento de la constitución de la
feminidad (sea niño o niña). La niña va a tener qué pasar después del padre a otro hombre, y el
niño tiene qué elegir a una mujer.
Cuando llega la destrucción del complejo de edipo, y el niño tiene qué abandonar la carga de
objeto madre y objeto padre y se identifica con ello. Sí se intensifica la identificación con el
padre, va a afirmar su masculinidad (sea niño o niña) y sí se intensifica la identificación con la
madre, va a afirmar su feminidad (sea niño o niña).
El aparato tiene una bisexualidad constitucional, es decir, qué uno puede elegir un objeto
amoroso femenino o masculino e identificarse con un objeto masculino o femenino.
Una vez qué se produce el edipo completo, en un gran numero de casos desaparecen los
componentes del edipo, cómo si no quedaran huellas.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Superyó:
- Freud va a decir qué dentro del Yo, hay un grado superior qué es el Superyo. El
superyo tiene un doble origen: ​1er origen:​ ​identificacion primaria​, tiene qué ver con una
ligacion afectiva qué se da de forma temprana, directa, inmediata, no mediada hacia un
objeto de amor y por reglas general puede ser el padre, el padre de la prehistoria del
complejo de edipo. Básicamente, uno se identifica de forma directa, no mediada (sin
argumentos) con el padre; y no hay motivos para entender está identificación.
Entenderlo cómo algo más bien biológico. ​2do origen:​ identificación secundaria y
heredero del complejo de edipo​, Freud define al Superyó cómo heredero del complejo
de edipo, en un determinado momento la ley paterna se impone cuando quieren
conquistar estos niños a la madre y entonces aparece así el complejo de castración.
Aparece así dos leyes fundamentales:​ la prohibicion de matar al padre y la prohibicion
de acostarse con un progrenitor (prohibicion del incesto). Reforzada por la identificación
primaria aparece una identificación secundaria donde los niños van a introyectar a las
figuras parentales, por eso dice qué el Superyó es el heredero del complejo de edipo, es
decir, qué uno se identifica con los padres, todos los valores qué ellos tenían y nos

OM
transmitieron, por lo cual esos valores se introyectan al Yo; yo me identifico con ellos y
todos los valores qué ellos tienen los voy a incorporar a mi mismo. Este segundo origen
tiene qué ver con “la agencia representante del vínculo parental”, es decir, qué uno en la
infancia antes de tener estas leyes los qué actúan cómo la ley, eran los padres qué te
decían qué era lo correcto o incorrecto, finalizado el complejo de edipo estas figuras y
estos valores se introyectan al Yo via identificación secundaria reforzada por la
identificación primaria, entonces, toda esa severidad y rigurosidad qué antes tenían tus
.C
padres, las pasas a poseer vos.
- En el primer origen estamos viendo cómo hay un empuje al complejo de edipo, esa
identificación primaria lo qué hace es qué uno quiera poseer a la madre y qué comience
DD
a realizar una serie de prácticas para conquistarla, entonces, hay una tendencia a la
transgresión, un empuje al disfrute y en el segundo origen, tenemos todo lo contrario,
ya no hay una transgresión sino qué tiene qué ver con la inscripción de la ley, el niño
tiene qué darse cuenta qué hay algunas cosas qué no pueden ser; en este caso, qué no
puede poseer a la madre y matar al padre. Hay una doble vida del superyó que va en
caminos opuestos, por un lado, a la transgresión y por otro lado, a la prohibición...da el
LA

pie para hablar de la ​paradoja del Superyó.


- La paradoja del Superyó:​ La forma de conceder al Superyó cómo algo positivo
deviene de la noción previa, que él plantea en la introduccion del narcisismo qué es el
Ideal del Yo. Cuando Freud plantea lo del Ideal del Yo más qué nada remite a este
FI

segundo origen del Superyó, es decir, a la inscripción de las leyes por lo tanto, ese Ideal
del Yo era algo positivo ya qué te permite convivir socialmente y poder adecuarse a la
realidad y diferenciar qué es lo correcto e incorrecto. Pero no es solo eso el Superyó, lo
qué dice es qué por más qué se inscriba una ley con el segundo origen del Superyó,
siempre queda un resto del primer origen qué tiende a la transgresión, entonces el


Superyó tiende también a romper con las leyes además de pretender con qué se
cumplan las leyes..de ahí la paradoja, qué tiende a las dos cosas.
- No hay qué entender al superyó cómo algo moral, ético sino entenderlo cómo algo
hipermoral​, hiper ético, porque sí el Superyo fuese simplemente algo qué tiende a la
inscripción de leyes a proteger y a resguardar la integridad del sujeto, cuando uno
cumpliese con esas leyes, el Superyó se apaciguaria, se pondría contento, porque han
satisfecho lo que él propuso, sin embargo, esto no es así, cuando uno responde a las
exigencias del Superyo, el Superyo se vuelve más tormentoso pretende qué uno sea
más riguroso, qué la satisfacción aún sea mayor. El Superyó es hiper exigente, nunca le
alcanza con nada, nunca deja tranquila a la persona, cuanto más la persona cumple con
la exigencia del Superyo, el Superyo más le demandará.
- El Superyó, responde a los intereses del Ello. El superyó tiene su parte de protección
del aparato pero además tiene su parte de destrucción del aparato porque lo atormenta,
lo somete, agobia a la persona. Entonces, sí atormenta a la persona, la somete se está
poniendo a disposición del ello, principalmente de la pulsión de muerte, porque el
Superyó cuando atormenta a alguien, sí lo atormenta de forma desmedida vuelve loca a
la persona y en casos patológicos puede pasar qué la persona opte por quitarse la vida.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


- La muerte del Yo es una muerte qué se lleva a cabo porque no se aguanta más las
exigencias del Superyó, qué pretenden qué se cumpla lo qué el Ello demanda, qué es la
tendencia a morir.
- Nace cómo producto de esa identificación con los progenitores, y qué ocupa una parte
diferenciada del Yo. Se opone cómo al resto del contenido del yo.
- En el superyó está la tendencia a elegir cómo objeto amoroso a los progenitores y
también la reacción contra esa tendencia.
- Hay dos mandatos del superyó al sujeto: “Cómo tu padre debes ser o cómo tu madre
debe ser, pero a vez hay una prohibición, así cómo el padre no debes ser. No debes
hacer todo lo que él hace, hay algo que él tiene exclusivamente reservado”.
- De está forma el superyó va a conservar el carácter del padre: Porque el Yo toma esa
energia del padre para hacer la prohibición al Ello y cuanto más intenso haya sido el
complejo de edipo y más rápido bajo esa influencia del padre, más severamente va a
reinar después sobre el Yo cómo conciencia moral el Superyó. Cómo sentimiento de
culpabilidad.
- ¿De donde extrae el superyó esa fuerza necesaria para ejercer ese dominio, eso qué se

OM
nos impone? pues es resultado de 2 factores importantes: Por una parte, de esa larga
indefensión de la vida del niño, qué depende de los padres, tiene qué reprimir esas
tendencias prohibidas. Y por otra parte, el complejo de edipo.
- La ​génesis del Superyó​ ​representa los rasgos más importantes del desarrollo
individual y de la especie, crea en cada individuo una expresión duradera de la
influencia de los padres. Eterniza la existencia de los padres y aquellos momentos qué
dieron lugar al Superyó.
-
.C
El ser elevado del hombre es el Superyó, qué es la representación de la relación del
sujeto con sus progenitores. Cuando éramos niños hemos conocido, admirado y temido
a tales seres elevados y luego los hemos acogido en nosotros.
DD
- El superyó viene a ser el abogado del mundo interior, igual qué el Yo, es el
representante del mundo exterior para el psiquismo. Los conflictos entre el yo y el
superyó serían un reflejo del conflicto entre lo real y lo psíquico del mundo exterior y del
mundo interior.
- El superyó está en contacto con el Ello.
- Cuando hay tensiones entre las aspiraciones de Superyó y los rendimientos del Yo, el
LA

sujeto lo percibe cómo sentimiento de culpabilidad. Cuando el Superyó, ideal, no está


de acuerdo con lo qué hace el Yo uno siente culpa.
- Los sentimientos sociales se basan en identificaciones con otros individuos basados en
el Superyó.
FI

- El superyó ¿De donde saca su energia de yo o del ello? la saca del Ello. La mayor parte
del Superyó es icc, está en contacto con el Ello. Aunque la conciencia y el propio Yo, no
sepa de los deseos sexuales infantiles, el Superyó sí sabe.
- El superyó es el monumento conmemorativo de la primera debilidad y dependencia del
Yo. Y va a continuar dominando al Yo, durante toda la vida. Del mismo modo qué el


niño estaba obligado a obedecer a sus padres, pues ahora el Yo se somete al


imperativo categórico del superyó, cómo sí dependiera de él.

En más allá del principio de placer ​vimos qué era necesario distinguir ​dos pulsiones:​ ​pulsión de
vida ​(sexual-eros, es la qué nos lleva a la unión con otros seres humanos) y ​pulsión de muerte
(tenia una mision qué era cómo volver a lo materia orgánica volverla a lo inanimado, inorgánico,
en contraposición con el eros). Las dos pulsiones trabajan para la vida.
La pulsión de vida, tiende a la unión y la pulsión de muerte a la separación.
La vida seria un combate, una transacción entre ambas tendencias.
A cada una de estas pulsiones se les había ligado un proceso fisiológico especial: Creación y
destrucción y en cada fragmento de la sustancia viva hay pulsión de vida y pulsión de muerte.
La pulsión de muerte se pudiera descargar hacia el exterior del organismo, a través del sistema
muscular. Está se manifiesta cómo instinto de destrucción. Cuando la pulsión de muerte se
canaliza hacia el exterior del organismo, lo hace en forma (fragmentariamente) de pulsión de
destrucción, del otro, de algo del exterior.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Estas dos pulsiones siempre van unidas, entrelazadas, cuando se mezclan las dos trabajan
para la vida. ¿pero qué pasa cuando se separan? acá hay enfermedad, patologia, muerte.
Por ejemplo: El impulso sádico qué hay cómo componente de todo acto sexual, esto seria
normal, pero cuando se separan las dos pulsiones, aparece el sadismo cómo perversión.
La pulsión de destrucción está a veces al servicio del eros (por ejemplo en la relación sexual).

La regresión libidinal:​ Freud nos dice qué tiene qué ver con una separación de las pulsiones.
mientras qué cuando hay constitución psicosexual hacia las fases más avanzadas hay lo
contrario, síntesis de las pulsiones (se unen).

¿Existen relaciones importantes entre el Yo, Ello y Superyó?​ ​¿y las dos clases de
instinto por otro? ​La observación clinica muestra qué el odio es el compañero inesperado y
constante del amor y muchas veces es el precursor de las relaciones humanas (muchas
comienzan con el odio).
Casos en los qué no cambiaron nada en el comportamiento del objeto amado o odiado para
justificar un sentimiento y sin embargo se produce: alguien se enamora de otra persona, pero

OM
no es reconocido, manifiesta, pero puede manifestarse al principio por una hostilidad y una
tendencia a la agresión (lo odio). En este caso lo qué sucede es que los componentes
agresivos (pulsión de muerte) se han adelantado a la pulsión de vida. En este caso hubo una
separación.
Pero en otros casos hay transformación de amor en odio: en la paranoia persecutoria, se
produce porque hay una fuerte tendencia homosexual hacia una persona muy concreta pero
también hay una fuerte negacion y represion de ese deseo homosexual, el resultado es que
.C
ese persona amadisima icc, por el paranoico se va a convertir en el perseguidor, esa persona a
la qué ama de su mismo sexo y tiene nombre y apellido, se convierte en el perseguidor.
DD
Hechos clínicos qué se ven en la práctica qué muestran la acción del Superyó:
- La reacción terapéutica negativa: ​Consiste en qué cuando le damos esperanza al
paciente de qué va a progresar bien o nos mostramos satisfechos por el tratamiento del
paciente empeora. Cada solución le hace al paciente sentirse más aliviado, o
desaparecer determinados síntomas. Esos síntomas estaban ahí por algo o para algo
(solución qué el paciente encontró para su conflicto). Si vos le haces saber a tus
LA

síntomas qué va todo bien, va a ver una reacción terapéutica negativa. Esos síntomas
venían a apagar algo, a cubrir una cuota. La curación se consideraba un peligro (icc).
- Sentimiento de culpabilidad: ​No se manifiesta, sino cómo una resistencia difícilmente
reducible. Y es una resistencia contra la curación. Siempre va a preferir la explicación
FI

de que: “el psa conmigo no funciona”. Frente al sentimiento de culpa icc no se puede
hacer nada, se va a ir haciendo indirectamente, ¿Cómo? descubriendo paulatinamente
sus fundamentos icc, lo qué sostiene ese sentimiento de culpabilidad.
Freud dice que la labor psicoanalítica va a ser más fácil si este sentimiento de culpa es
prestado, es decir, qué es resultado de la identificación del sujeto con otra persona. La


génesis del sentimiento de culpa, es frecuentemente el único resto difícilmente


perceptible de la relación erótica abandonada, en el caso de qué sea por identificación,
sea identificado alguien y lo qué queda de esa relación libidinal con ese objeto, y
además difícilmente perceptible es ese sentimiento de culpabilidad. Cuando se va
revelando en el análisis esa carga de objeto qué está detrás del sentimiento icc de
culpabilidad, eso conlleva al éxito terapéutico. (cuando es sentimiento prestado)

Algunas manifestaciones del sentimiento icc de culpa en diversas circunstancias:​ El sentimiento


normal cc de culpa seria la cc moral qué todos tenemos, qué eso no pone ninguna dificultad a
la labor terapéutica.
Y esa cc moral siempre reposa en la tensión entre el Yo y el Superyó y es una condena del Yo
por parte del Superyó (haz hecho esto mal, y el Yo se siente culpable).
El sentimiento de inferioridad, tiene qué ver también con esa tensión entre el Yo y el Superyo.
El Superyó le dice al Yo qué es inferior, o el Yo se compara con el Superyó.

El sentimiento de culpabilidad es intensamente cc en dos afecciones:​ En la melancolía y


en las neurosis obsesiva.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


El Superyó hace objeto de su ira al Yo. Y a veces es tremendamente cruel con él Yo, hasta
llegar a matarlo en la melancolía.

Diferencias entre la melancolía y la neusosis obsesiva entre está relación entre el Yo y el


Superyó.
En ciertas formas de ​neurosis obsesiva​, es muy intenso el sentimiento de culpabilidad sin qué
exista nada en el Yo qué aparentemente justifique eso. El Superyó es influido por los procesos
qué están ocultos en el Ello. El Yo no se entera de nada. Los ritos son para evitar la angustia.
La angustia es la señal qué dice qué un deseo icc está cerca de expresarse.
En la neurosis obsesiva resulta qué el superyó ha sabido del Ello icc algo qué el Yo no sabe del
Ello icc y esos impulsos reprimidos del icc son los qué constituyen la base del sentimiento de
culpabilidad. En la neurosis obsesiva, predominan los fenómenos de la formación de
reacciones, se construyen nuevas reacciones frente a esos síntomas.
En la ​melancolía​, el Yo no se atreve a iniciar protesta alguna contra el Superyó. El Yo se
reconoce culpable en la melancolía. El yo se somete al castigo del superyó del melancólico.
El objeto sobre el qué recaen las iras del Superyó, es el Yo por identificación con el objeto

OM
perdido.

En la neurosis obsesiva los impulsos repulsivos, la hostilidad permanece exterior al yo (no se


ha identificado con el objeto cómo en la melancolía), sino qué en la neurosis el objeto sigue
estando fuera del yo.

En la ​histeria​, el sentimiento de culpa permanece icc, ¿Cómo? el Yo del histérico se defiende


.C
contra algo que le ha resultado penoso, qué el Superyó lo castigaría por eso, ¿Cómo se
defiende? lo reprime, lo hace icc. Así se defiende de esa percepción penosa y del ataque del
Superyó.
DD

El Yo siempre qué lleva a cabo la represión, es porque la hace el yo, está al servicio del
Superyó. Actúa cómo un ciervo del Superyó.

Gran parte del sentimiento de culpabilidad es normalmente icc. Sabemos por sus efectos ya
tiene qué ver con la génesis del Superyó, es decir, con lo edípico.
LA

El sentimiento de culpabilidad viene a ser la percepción, correspondiente a la crítica qué hace


el Superyó al yo.

Una forma qué tiene el Yo de liberarse del Superyó es a través de la ​manía, e


​ s decir, cuando
FI

sucede el trastorno bipolar, alternas de depresión/manía. ¿En la manía qué pasa? el Yo se


libera del Superyó, y entonces hay una euforia, alegría, de una manera alocada. Y suele ser
una fase temporal y vuelve a la fase depresión.


El ello es totalmente amoral, es pura pulsión.


El Yo se esfuerza por ser moral.
El Superyó puede ser hipermoral.

Cuanto más se limita el hombre en su agresión al exterior, más severo y agresivo se hace en
su Superyó,cómo por un desplazamiento y retorno de la agresión hacia el Yo.

La moral tiene un carácter restrictivo, cruel y prohibitivo, de ahí se debía la concesión de un ser
superior qué castiga implacablemente.

El superyó ha nacido de una identificación con el modelo paterno.


Cada identificación tiene un carácter de una desexualización e incluso de una sublimación, esa
transformación parece qué trae consigo una disociación de las pulsiones en sus componentes,
pulsión de vida y pulsión de muerte. El componente erotico queda despojado de la energia
necesaria para encadenar el componente destructor, y este se libera en calidad de tendencia a
la agresión y a la destrucción.

Relaciones del Yo y sus funciones:

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


- Por su relación con el sistema de percepción, el Yo establece el orden temporal de los
procesos psíquicos y es el qué los somete al examen de la realidad (va a la realidad y
compara).
- Tiene otra función interpolando procesos mentales, consigue un desplazamiento de las
descargas motoras y domina los accesos a la motilidad, el Yo es el qué abre las puertas
a la motilidad, al movimiento.
- Con respecto a la acción, el Yo es cómo un monarca constitucional, sin cuya sanción no
puede legislarse nada pero qué reflexionara mucho antes de oponer su veto a una
propuesta del parlamento, es decir, para qué haya una sanción tiene qué intervenir el
Yo, pero antes de oponerse a nada, va a pensarlo mucho.
- El Yo se enriquece con las experiencias del mundo exterior y tiene en el Ello otra
especie de mundo exterior al que intenta dominar. Sustrae libido del Ello y transforma
sus cargas de objeto en estructuras yoicas, es decir, pasa por el Yo la libido y va a los
objetos, después sustrae la libido de los objetos y las lleva al Yo.
- Con ayuda del Superyó extrae del Ello, la experiencia histórica en el acumulada. El
contenido del Ello puede pasar al Yo por dos caminos distintos: Uno de ellos es directo,

OM
del Ello al Yo. Y otro es qué atraviesa el Ideal del Yo o Superyó.
- El Yo progresa desde la percepción de los instintos a sus dominios y desde la
obediencia a los instintos hasta su coexsion, es decir, obedece a los instintos totalmente
y después va a pretender dominarlos o establecer una coexion sobre ellos.
- Y el psa es el instrumento qué va a facilitar al Yo su progresiva conquista del Ello.
- El Yo se nos muestra cómo una pobre cosa, sometida a 3 servidumbres y expuestas a 3
peligros: ​El mundo exterior, la libido del yo y el rigor del superyó.
.C
Más alla del principio de placer (1920)
DD

En los inicios de la teoría psicoanalítica, partiendo del esquema estímulo-respuesta, regido por
principio de constancia (homeostasis) plantea cómo, a partir de la mítica experiencia de
satisfacción, se constituye un aparato psíquico (primera inscripción). El principio de placer
(tensión de deseo) se diferencia de este principio que busca la estabilidad.
LA

En un primer momento:

El principio regulador del aparato psíquico, era el principio de constancia, principio que buscaba
la homeostasis, el equilibrio, la tendencia a la descarga para lograr equilibrio de cargas.
FI

Introduce en este momento la hipótesis auxiliar que sostiene que en las funciones psíquicas
cabe distinguir un monto de afecto susceptible de aumento, disminución, desplazamiento y
descarga. El trauma en este momento se conceptualizaba como una cantidad
insuficientemente abreaccionada, que se produce en un tiempo. Hubo una vivencia qué
despertó un afecto tan penoso que la persona decidió olvidarla, no confiando en poder


solucionar la contradicción que despertaba en su yo la representación inconciliable que


sobrevino. Luego, a partir de distintas elucidaciones, llegó a la conclusión de que el trauma se
presentaba en dos tiempos. Explicando esto a través del caso Emma. Hay una vivencia sexual
infantil traumática, cuyo recuerdo permanece inconciente, y luego de la pubertad, entra en
conexión asociativa con otra vivencia. En el caso de Emma, asiste a una tienda, y al ver que los
empleados reían, y suponiendo que lo hacían por su vestido, sale corriendo, presa de un afecto
de terror. Pero en realidad, esa risa, evocaba el recuerdo inconciente de una vivencia sexual
traumática ocurrida en su infancia, donde un pastelero, es una tienda, le pellizca sus genitales
a través del vestido, al mismo tiempo que largaba risotadas. La conexión asociativa fue posible
a través de la risa. El método mediante el cual se establecía la terapia, era el catártico. Qué
suponía poner en estado de hipnosis a los pacientes, e inquirirles por el origen de cierto
síntoma. Se hace reaccionar a la persona frente aquello en lo que en su momento no pudo. Se
le permite realizar la descarga de la suma de excitación no tramitada.

En un segundo momento:

Es el principio de placer el regulador del aparato psíquico. Es un principio que busca evitar el
displacer. Existe una vivencia de satisfacción que se produce por unión de dos huellas

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


mnémicas. El deseo aparece como la moción que tiende a la repetición de las primeras
satisfacciones inscriptas en el aparato, pero nunca se satisface. El deseo se entiende cómo
motor del aparato psíquico. Si bien el principio de placer busca evitar el displacer, acepta una
cantidad de este para obtener un objeto que depare placer.

Existen ​dos rupturas/inhibiciones por dentro del principio de placer:

● Escisión del yo: ​El displacer surge de los conflictos y escisiones producidos en el
aparato mientras el yo recorre su desarrollo hacia organizaciones más complejas, las
representaciones inconciliables son separadas del yo por la represión que les corta, al
comienzo la posibilidad de alcanzar la satisfacción. Es decir, a lo largo del desarrollo
algunas aspiraciones pulsionares entran en contradicción con el resto del yo, entonces
son separadas y reprimidas, pero cuando estas pulsiones parciales reprimidas buscan y
encuentran satisfacción mediante caminos colaterales, el yo lo siente cómo displacer
pero, él va a decir más adelante, qué no seria esto una ​objeción real​, porque mediante
él yo sienta displacer hay placer en otro sistema.

OM
● Principio de realidad:​ Responde a la lógica del principio del placer. Sin resignar el
propósito de una ganancia final de placer, exige y consigue posponer la satisfacción,
renunciar a diversas posibilidades de lograrla y tolerar provisionalmente el displacer en
el largo rodeo hacia el placer.

Freud dice que si bien hay muchas fuerzas qué buscan el placer, hay muchas otras fuerzas qué
buscan lo contrario.
.C
El dice qué no se puede hablar de un imperio del principio del placer sino qué también hay algo
qué está más alla del principio del placer, en el cual son ciertos casos en el qué no se cumple
la lógica del principio del placer.
DD

Es un error considerar qué el principio del placer solamente tiene qué ver con el placer. Es
decir, que si bien tiene qué ver con el placer pero tiene qué ver con el placer en cualquiera de
las dos partes del aparato. En el principio de placer también puede haber displacer, pero
displacer para el aparato consciente.
LA

En un tercer momento:

Llega a la conclusión de que no es el Principio de placer el que rige al aparato anímico. Porque
hay tres situaciones que lo complican, que de ninguna manera pueden deparar placer para
FI

algún sistema.

¿Qué es lo qué está más alla del principio de placer? ​Es aquello qué nunca se percibió de
forma placentera, ni siquiera cuando el niño era un perverso polimorfo. Hay algo qué tiende al
displacer desde qué nacimos y qué por lo tanto, ni siquiera cuando la persona disfrutaba del


placer en todas sus formas y qué no había constituido los diques, ahí también la persona
vivencio esto de forma displacentera.
Entonces lo qué a F le llama la atención, es qué el sujeto repita y le aparezca un displacer
consciente, que tampoco fue un placer inconsciente, qué ni siquiera se haya disfrutado de
forma placentera en algún momento.

La ​neurosis traumática​ a un estado que sobreviene tras accidentes con riesgo de muerte. El
cuadro de la neurosis traumática se aproxima al de la histeria por presentar en abundancia
síntomas motores similares; pero lo sobrepasa, por lo regular, en sus indicios de padecimiento
subjetivo. En la neurosis traumática común se destacan dos rasgos: la causación se sitúa en el
factor sorpresa​, en el ​terror ​y que un daño físico o herida contrarresta la producción de la
neurosis.

Terror, miedo, angustia,​ se usan equivocadamente como expresiones sinónimas; se las


puede distinguir muy bien en su relación con el peligro. La ​angustia​ designa cierto estado como
de expectativa frente al peligro y preparación para él, aunque se trate de un peligro
desconocido; el m​ iedo​ requiere un objeto determinado, en presencia del cual uno lo siente; en
cambio, se llama ​terror​, al estado en que se cae cuando se corre un peligro sin estar

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


preparado: destaca el factor de la sorpresa. No creo que la angustia pueda producir una
neurosis traumática; en la angustia hay algo que protege contra el terror y por tanto también
contra la neurosis de terror.

Referentes clínicos

Hay tres situaciones que lo llevan a Freud a postular que el principio de placer no alcanza:

- Fort-Da: ​Freud observa el juego infantil, un niño jugaba a arrojar lejos de sí todos los
pequeños objetos que hallaba a su alcance. Y al hacerlo decía con expresión satisfacción
"o-o-o-o", que significaba “fort” (se fue). El niño jugaba que sus juguetes "se iban". Al tirar su
yoyo, desaparecia y este decia "n-o-o-o", luego tiraba del hilo, apareciendo así el yoyo mientras
y decía “da” (acá está). Este era el juego completo.
Las más de las veces sólo se había podido ver el primer acto, repetido por sí solo
incansablemente en calidad de juego, aunque el mayor placer, sin ninguna duda, correspondía
al segundo.

OM
La mayor parte de las veces no realizaba el juego completo (lo cual sería placentero), sino que
repetía el primer acto (fort). Esta interpretación fue certificada con otra observación, en la cual,
luego de que su madre se ausentó muchas horas, fue saludada por el niño diciendo “bebé
o-o-o-o”, durante la soledad el niño había encontrado hacerse desaparecer a sí mismo. El
juego simbolizaba su renuncia pulsional (renuncia a la satisfacción pulsional) de admitir sin
protestas la partida de la madre. Se satisfacía escenificando, con los objetos de su alcance,
ese desaparecer y regresar de su madre. Si la partida de la madre era desagradable ¿Cómo se
.C
concilia con el principio de placer que repitiese en calidad de juego esa vivencia penosa? Se
pueden hacer varias interpretaciones: jugaba a la partida porque era condición previa de la
gozosa reaparición, la cual contendría el genuino propósito del juego, aunque la mayoría de las
DD
veces sólo jugaba a la partida; en la vivencia era pasivo, era afectado por ella, ahora se ponía
en un papel activo repitiendola como juego, a pesar de que fue, vuelve activo lo que vivió
pasivo; el acto de arrojar el objeto para que se vaya, quizás es la satisfacción de un impulso,
sofocado por el niño en su conducta, a vengarse de la madre por su partida (no te necesito, te
echo). Cuando el niño repitió en el juego una impresión desagradable, se debió a que la
repetición iba conectada a una ganancia de placer de otra índole, pero directa. Bajo el imperio
LA

del principio de placer existen medios y vías para convertir en objeto de recuerdo y elaboración
anímica lo que es displacentero.

- Compulsión de repetición en transferencia: ​El médico dedicado al análisis deduce,


FI

reconstruye y comunica en el momento oportuno lo icc oculto para el enfermo. El psicoanálisis


era sobre todo un arte de interpretación. Pero no solucionaba la tarea terapéutica, enseguida
se planteó otro propósito inmediato: instar al enfermo a corroborar la construcción mediante su
propio recuerdo. A raíz de este empeño, el centro de gravedad recayó en las resistencias de
aquel; el arte consistía ahora en descubrirlas a la brevedad, en mostrárselas y, por medio de la


influencia humana (este era el lugar de la sugestión, que actuaba como «transferencia»),
moverlo a qué las resignase.
Se hizo claro que devenir cc lo icc no podía alcanzarse por ese camino., El enfermo no puede
recordar todo lo reprimido, se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, en vez
de recordarlo. Está reproducción, tiene siempre por contenido un fragmento de la vida sexual
infantil y, por tanto, del complejo de Edipo, se escenifica en el terreno de la transferencia, esto
es, de la relación con el médico. Cuando en el tratamiento las cosas se han llevado hasta este
punto, puede decirse que la anterior neurosis ha sido sustituida por una nueva, una neurosis de
transferencia. A esta repetición la llamaremos compulsión de repetición. Lo reprimido no ofrece
resistencia a la cura sino que aspira a invadir a la cc. La resistencia proviene de los mismos
sistemas de la vida psíquica que en su momento llevaron a cabo la represión. Eliminamos esta
oscuridad poniendo en oposición el yo coherente y lo reprimido. En el interior del yo es mucho
lo icc lo que puede llamarse el "núcleo del yo"; solo una pequeña parte la llamaremos
preconciente. La resistencia del analizado parte de su yo, designamos la compulsión de
repetición a lo reprimido icc. (3 versión, luego del icc dinámico y descriptivo). La resistencia del
yo cc y precc está al servicio del principio de placer, quiere ahorrar el displacer que se excitaría
por la liberación de lo reprimido, nosotros queremos conseguir que ese displacer se tolere
invocando el principio de realidad. Lo que la compulsión de repetición hace re vivenciar provoca

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


displacer al yo, saca a luz mociones pulsionales reprimidas. Esta clase de displacer no
contradice al principio de placer, es displacer para un sistema y satisfacción para el otro. La
compulsión de repetición devuelve vivencias pasadas que no producen placer, tampoco en
aquel momento pudieron ser satisfacciones, ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas.
Los neuróticos repiten en la transferencia todas ocasiones indeseadas y situaciones afectivas
dolorosas, remojandolas. Nada de eso pudo procurar placer; la acción de pulsiones que
estaban destinadas a conducir a la satisfacción, en aquel momento no lo produjeron, sino que
conllevaron displacer. Se la repite a pesar de todo; una compulsión esfuerza a ello. Eso mismo
que el psicoanálisis revela en los fenómenos de transferencia de los neuróticos puede
encontrarse también en la vida de las personas no neuróticas. En estas hace la impresión de
un destino que las persiguiera, y desde el comienzo el psicoanálisis juzgo que ese destino fatal
era autoinducido y estaba determinado por la temprana infancia. La persona parece vivenciar
algo pasivamente sustraído a su poder, a despecho de lo cual vivencia una y otra vez la
repetición del mismo destino. En la vida anímica existe una compulsión de repetición que se
instaura más allá del principio de placer. Los fenómenos de la transferencia están al servicio de
la resistencia del yo, persistente en la represión; la compulsión de repetición, que la cura

OM
pretendía poner a su servicio, es ganada para el bando del yo, que quiere aferrarse al principio
de placer.

- Sueños traumáticos: ​Aquí el sueño intenta producir el apronte angustiado que faltó; se repite
el horror mismo que aconteció en la vivencia traumática, el sujeto se despierta con renovado
terror. Se repite como intento de ligar lo no ligado, apronte angustiado para producir esa
ligadura. Por ende, que se repita la vivencia traumática con renovado terror, no puede deparar
.C
placer para ningún sistema, encontrándose en más allá. Tendencias masoquistas del yo.
Freud escribió este texto en 1920 y hace 2 años había finalizado la primera guerra mundial.
Está es la primera verdadera objeción qué hace Freud al principio de placer.
DD
Freud observa qué hay un montón de pacientes qué tienen sueños traumáticos donde
constantemente sueñan con un hecho acontecido traumático qué presenciaron en el periodo
cuando fueron combatientes de guerra. Al despertarse tienen las mismas sensaciones,
sentimientos y emociones qué tuvieron en el momento del hecho traumático.

Nueva noción de trauma: ​Freud utiliza una forma más biologicista, se va a basar en la teoría
LA

de la evolución de Darwin.
Pensemos en el organismo en su máxima simplificación, cuando apenas era una vesícula
indiferenciada, es decir, pensemos en una célula simple. Lo qué dice es qué en ese momento
este organismo recibe estímulos del mundo exterior y estos estímulos eran tan fuertes, y la
FI

célula no estaba preparada qué la penetraban directamente y le provocaron la muerte.


Entonces, a medida qué fue pasando el tiempo y qué este organismo fue evolucionando fue
preparándose y generando una envoltura anti-estímulo. La célula se preparó para captar los
estímulos del mundo exterior qué la aniquilaron con facilidad, para poder así prolongar un poco
su vida.


Está corteza lo qué hacía era estar apta para poder recibir los estímulos del mundo exterior,
ejemplo: sol, oxigeno, etc.
Entonces recibe está membrana los estímulos y hace qué ingresen al organismo, y qué se
propaguen de una forma no tan intensa, qué ingresen en una escala más reducida.
Freud dice qué así cómo hay estímulos exteriores, a medida qué el organismo se fue
desarrollando, fueron apareciendo también los estímulos interiores (pulsiones).
Hacia afuera hay una protección anti estímulo; hacia adentro, la protección es imposible, y las
excitaciones se propagan de manera directa y no reducida, produciendo sensaciones de placer
y displacer.
Las excitaciones provenientes del interior serán por su intensidad y caracteres cualitativos. Esta
constelación determinará dos cosas: la prevalencia de las sensaciones de placer y displacer
sobre los estímulos externos; y cierta orientación de la conducta respecto de las excitaciones
internas que produzcan demasiado displacer. Se tenderá a tratarlas como si no obraran desde
adentro, sino desde afuera, para poder aplicarles el medio defensivo de la protección
antiestimulo.
Suelen percibirse a las pulsiones cómo sí proveniesen del mundo exterior y este es el inicio de
un mecanismo qué Freud llama ​proyección​, se proyecta lo qué proviene del interior hacia algo
qué se encuentra en el afuera.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


La ​neurosis traumática ​es el resultado de una ruptura en la protección antiestimulo (terror,
peligro de muerte). La corteza antiestimulo tiene cómo último recurso la​ angustia ​(está permite
prepararte para el peligro y eventualmente responder).
Una vez qué toda está energia traumática ingresa, está energia fluye en el aparato de forma
móvil​ es decir, esa energia se moviliza en el cuerpo. Queda postergado así el principio de
placer. El objetivo del aparato es qué esa energia móvil / traumática se transforme en energia
ligada y qué posibilite así su tramitación del trauma.
En la medida en qué no pueda ligarlo, el aparato repetirá constantemente la situación y el
displacer para poder elaborar el trauma y poder ligarlo.
En el caso del juego infantil, el niño repite la vivencia displacentera porque mediante su
actividad consigue un dominio sobre la impresión intensa que el que era posible en el vivenciar
pasivo. Cada nueva repetición parece perfeccionar ese dominio; pero la repetición de vivencias
placenteras será bastante para el niño. En el adulto la novedad es condición de goce, la
repetición no. En cambio, en el niño se muestra firme a la repetición. La repetición, el
reencuentro de la identidad, constituye una fuente de placer. En el análisis la compulsión de

OM
repetición de la transferencia se sitúa más allá del principio de placer. El enfermo se comporta
de manera infantil, muestra que las huellas mnémicas reprimidas de sus vivencias de tiempo
primordial subsisten en estado no ligado y son insusceptibles de proceso secundario. La
compulsión a la repetición es un carácter universal de las pulsiones. Una pulsión es un
esfuerzo, inherente a lo vivo, de reproducir un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el
influjo de fuerzas perturbadoras externas.
Resumen: ​Ingresan todos estos estímulos traumáticos, perforan la corteza antiestimulo, se
.C
comportan cómo energia móvil dentro del organismo, entonces el principio de placer queda
postergado, toda la demanda psíquica qué se ponía antes (antes del evento traumático) para
cumplir con el principio de placer, ahora se pone en qué esa energia móvil se transforme en
DD
energia ligada/quesente. Ligada seria la elaboración del trauma. Poner en palabras eso
traumático y qué no le dio tiempo debido al factor sorpresa, el poder de escapar, responder.
Juego Fort-dan: El niño está repitiendo una vivencia traumática (huida de la madre) que él vive
de forma pasiva, mediante el juego lo repite, hace activo lo qué vivió pasivamente. ¿Por qué lo
hace activo y porque lo repite? porque está intentando elaborar el TRAUMA, dominar esos
estímulos qué perforan la corteza antiestimulo.
LA

Sueño traumático: La persona se ve reconducida constantemente al evento traumatico pq lo


qué no logró el aparato psíquico en la situación traumática está intentando poder lograrlo
mediante la vía onírica (mediante el sueño).
FI

Las exteriorizaciones de una compulsión de repetición qué hemos descrito en las tempranas
actividades de la vida anímica infantil, así como en las vivencias de la cura psicoanalítica,
muestran en alto grado un carácter pulsional y, donde se encuentran en oposición al principio
de placer, demoníaco.
En el caso del juego infantil creemos advertir que el niño repite la vivencia displacentera,


además, porque mediante su actividad consigue un dominio sobre la impresión intensa mucho
más radical que el que era posible en el vivenciar meramente pasivo.
En el analizado, en cambio, resulta claro que su compulsión a repetir en la transferencia los
episodios del período infantil de su vida se sitúa, en todos los sentidos, más allá del principio de
placer. El enfermo se comporta en esto de una manera completamente infantil, y así nos
enseña que las huellas mnémicas reprimidas de sus vivencias del tiempo primordial no
subsisten en su interior en el estado ligado, y aun, en cierta medida, son insusceptibles del
proceso secundario. A esta condición de no ligadas deben también su capacidad de formar,
adhiriéndose a los restos diurnos, una fantasía de deseo que haya figuración en el sueño.

Ahora bien, ¿de qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición?. Una
pulsión sería entonces un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado
anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas; sería una
suerte de elasticidad orgánica o, si se quiere, la exteriorización de la inercia en la vida orgánica.
Esta manera de concebir la pulsión nos suena extraña; en efecto, nos hemos habituado a ver
en la pulsión el factor qué esfuerza en el sentido del cambio y del desarrollo, y ahora nos
vemos obligados a reconocer en ella justamente lo contrario, la expresión de la naturaleza
conservadora del ser vivo.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Pues bien; si todas las pulsiones orgánicas son conservadoras, adquiridas históricamente y
dirigidas a la regresión, al restablecimiento de lo anterior, tendremos que anotar los éxitos del
desarrollo orgánico en la cuenta de influjos externos, perturbadores y desviantes. Desde su
comienzo mismo, el ser vivo .elemental no habría querido cambiar y, de mantenerse idénticas
las condiciones, habría repetido siempre el mismo curso de vida.
Las ​pulsiones orgánicas conservadoras ​han recogido cada una de estas variaciones impuestas
a su curso vital, preservando las en la repetición; por ello esas fuerzas no pueden sino
despertar la engañosa impresión de que aspiran al cambio y al progreso, cuando en verdad se
empeñaban meramente por alcanzar una vieja meta a través de viejos y nuevos caminos.
Contradiría la naturaleza conservadora de las pulsiones el que la meta de la vida fuera un
estado nunca alcanzado antes. Ha de ser más bien un estado antiguo, inicial, que lo vivo
abandonó una vez y al que aspira a regresar por todos los rodeos de la evolución. Si nos es
lícito admitir como experiencia sin excepciones que todo lo vivo muere, regresa a lo inorgánico,
por razones internas, no podemos decir otra cosa que esto: La meta de toda vida es la muerte;
y, retrospectivamente: Lo inanimado estuvo ahí antes que lo vivo.
En esa época, a la sustancia viva le resultaba todavía fácil morir; probablemente tenía que

OM
recorrer sólo un breve camino vital, cuya orientación estaba marcada por la estructura química
de la joven vida. Durante largo tiempo, quizá, la sustancia viva fue recreada siempre de nuevo
y murió con facilidad cada vez, hasta que decisivos influjos externos se alteraron de tal modo
que forzaron a la sustancia aún sobreviviente a desviarse más y más respecto de su camino
vital originario, y a dar unos rodeos más y más complicados, antes de alcanzar la meta de la
muerte.
.C
El primero planteado por Freud fue el de las ​pulsiones de autoconservación y pulsiones
sexuales.​ Las primeras están determinadas por el principio de realidad y pretenden conservar
la vida del individuo, en el mismo sentido que las otras, en cuanto espejan estados anteriores
DD
de la sustancia viva; pero lo son en medida mayor, pues resultan particularmente resistentes a
injerencias externas, y lo son además en otro sentido, pues conservan la vida por lapsos más
largos. Son las genuinas pulsiones de vida; dado que contrarían el propósito de las otras
pulsiones (propósito que por medio de la función lleva a la muerte). Hay como un ritmo
titubeante en la vida de los organismos; uno de los grupos pulsionales se lanza, impetuoso,
hacia adelante, para alcanzar lo más rápido posible la meta final de la vida; el otro, llegado a
LA

cierto lugar de este camino, se lanza hacia atrás para volver a retomarlo desde cierto punto y
así prolongar la duración del trayecto. Estas son inflexibles, no admiten diferimiento y son
imperativas de manera muy diversa.
Las segundas están determinadas por el principio de placer y se caracterizan por su
FI

plasticidad, su capacidad de cambiar de vía sus metas. Estas se apuntalan parcialmente en las
funciones corporales y se satisfacen de manera autoerótica en el propio cuerpo. Es porque
aparecen apuntaladas en las necesidades básicas que no sirve para Freud hablar de pulsiones
de autoconservación.


La función de la autoconservación está sexualizada en sí misma. Pasa a hablar entonces de


pulsiones yoicas y pulsiones sexuales.​ Entre las primeras se incluye todo lo que tiene que
ver con la conservación, la afirmación, el engrandecimiento de la persona, y a las segundas se
les confiere la riqueza que exigían la vida sexual y la perversa. Ahora bien, teniendo en cuenta
qué el concepto de la libido se restringe a la energía de las pulsiones sexuales dirigidas al
objeto, llamó la atención la regularidad con que la libido era quitada del objeto y dirigida al yo; y
estudiando el desarrollo libidinal del niño en sus fases más tempranas, se llegó a la
comprensión de que el yo era el reservorio genuino y originario de la libido, la cual solo desde
ahí se extendía al objeto. El yo paso entonces a formar parte de los objetos sexuales. La libido
qué permanecía en el yo fue llamada ​narcisista.​ Así, la oposición entre pulsiones yoicas y
sexuales se volvió insuficiente. Una parte de las pulsiones yoicas era reconocida como
libidinosa; en el interior del yo actuaban (junto a otras) también pulsiones sexuales. El yo puede
ser un objeto más de la libido; la libido puede ir del yo a los objetos y del objeto al yo. Seria una
misma libido pasando por dos instancias. Sin embargo, Freud aclara que en el yo queda un
resto autoerótico no transferible a los objetos, no participante de la reversibilidad libidinal.
La oposición entre las pulsiones yoicas y las pulsiones sexuales​, y según la cual las
primeras se esfuerzan en el sentido de la muerte y las segundas en el de la continuación de la
vida. A esto se suma que en verdad sólo para las primeras podríamos reclamar el carácter

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


conservador —o, mejor, regrediente— de la pulsión qué correspondería a una compulsión de
repetición.
En efecto, de acuerdo con nuestros supuestos, las pulsiones yoicas provienen de la animación
de la materia inanimada y quieren restablecer la condición de inanimado. En cambio, en cuanto
a las pulsiones sexuales, es palmario que reproducen estados primitivos del ser vivo, pero la
meta que se empeñan en alcanzar por todos los medios es la fusión de dos células germinales
diferenciadas de una manera determinada. Si está unión no se produce, la célula germinal
muere como todos los otros elementos del organismo pluricelular. Sólo bajo está condición
puede la función genésica prolongar la vida y conferirle la apariencia de la inmortalidad.

Esto es superado por el ​segundo dualismo​ ​propuesto: el de las​ pulsiones de vida y pulsiones
de muerte​, también llamada ​pulsión de destrucción.​ De la acción eficaz conjugada y contraria
de ambas surgen los fenómenos de la vida. Raramente se presentan aislados, sino que se
ligan en proporciones muy variables, volviéndose de este modo irreconocibles para nuestro
juicio. Todo lo reversible en el pseudo dualismo recién mencionado se va a relacionar con la
pulsión de vida, mientras que el narcisismo y el resto autoerótico no transferible a los objetos lo

OM
pone a Freud en la vía a pensar la pulsión de muerte. La pulsión de vida, también llamada
Eros, actúa desde el comienzo de la vida, y entra en oposición con la pulsión de muerte, nacida
de la animación de lo inorgánico. Esta última tiende a lo inerte, reconduce a lo vivo al estado
inorgánico, y tomando el restoautoerotico, va a quedar como un resto no ligado al interior del
yo. Se supone una pulsión de muerte a partir de consideraciones generales a las que llevó el
fenómeno del sadismo y del masoquismo. Se habla de sadismo cuando la satisfacción sexual
se anuda a la condición de que el objeto sexual padezca dolores, maltratos, humillaciones, y de
.C
masoquismo cuando la necesidad consiste en ser uno mismo ese objeto maltratado.
Estos referentes muestran que la satisfacción pone en juego en la vida libidinal aspiraciones
agresivas; son dos ejemplos de mezcla de pulsiones, presentes en todas las mociones
DD
pulsionales, con las mas diversas proporciones. Las pulsiones eróticas introducirían en la
mezcla diversidad de sus metas sexuales, en tanto que las otras solo consentirían
aminoramiento y matices de uniforme tendencia. En efecto, las mezclas pueden también
contraponerse, y a tales desmezclas de pulsiones es lícito atribuirle las más serias
consecuencias para la función. Asimismo, se puede decir, qué la meta del masoquismo,
además de la sexual, es la destrucción de sí mismo. Entonces, si respecto de la pulsión de
LA

destrucción también es válido que el yo incluye originariamente dentro de sí todas las mociones
pulsionales, se obtiene la concepción de que el masoquismo es más antiguo que el sadismo,
ya este es la pulsión de destrucción vuelta hacia fuera, que así cobra el carácter de agresión.
Surge acá un problema con el dualismo ya que se habla de una pulsión de
FI

muerte que se vuelve libidinalmente sobre los objetos.


El ​masoquismo erógeno​ alude al placer en el dolor, está en el fundamento de los otros dos
masoquismos y se trata para el aparato psíquico de hacer inofensiva la pulsión de muerte.
Freud ya sabe que en el ser vivo la libido se enfrenta con la pulsión de destrucción que querría
desagregarlo y llevarlo a la condición de estabilidad inorgánica; la función de


la libido (de la pulsión de vida) es volver inocua esta pulsión desviándose hacia el exterior.
Afirma entonces que hay qué pensar que originariamente hay un punto en que las pulsiones
tienen que mezclarse. De esta mezcla originaria queda un resto, es decir algo que no entra en
la mezcla y que es testigo de que la mezcla tuvo que ocurrir: el masoquismo originario. Este es
entonces un resto de la pulsión de muerte que no se vuelve componente libidinal, y en tanto
resto no entra en la mezcla permaneciendo en el interior del yo.
Teniendo esto en cuenta, Freud, afirma que no se puede decir que el sadismo es primario, sino
que lo es el masoquismo erógeno originario (como un resto de pulsión de muerte que no entro
en la mezcla). La pulsión de muerte en el interior del organismo es idéntica al masoquismo.
Después que su parte primordial fue trasladada afuera, sobre
los objetos, en el interior permanece el genuino masoquismo erógeno, que devino un
componente de la libido pero tiene como objeto al ser propio. El sadismo es siempre
secundario porque es mezcla. Sin embargo se puede pensar al sadismo como vuelta libidinal al
exterior de la pulsión de muerte, pero no hablaríamos ya del masoquismo originario erógeno,
sino de un masoquismo secundario. El sadismo proyectado puede ser introyectada y producir
un masoquismo secundario que se añade al originario. Freud sabe acerca de todo esto porque
en las neurosis traumáticas y en la compulsión de repetición y en otras diferentes situaciones
clínicas aparece algo de la pulsión de muerte que aparece

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


no mezclado.
Resumen:
- Pulsión de muerte: ​También se basa en la teoría de las especies de Darwin (similar a la
noción de trauma). Freu dice qué el organismo simple, en primera instancia no habría querido
cambiar, si las condiciones del mundo exterior se hubiesen mantenido idénticas, es decir, los
cambios “evolutivos”, se dieron sin qué estos organismos lo hubiesen querido, pero cómo
habían estímulos exteriores esto terminó sucediendo. Estos organismos fueron cambiándose,
en primera instancia, morían fácilmente (debido a los estímulos exteriores, cómo estos
penetran en ellos los terminaban matando), el ciclo vital en primera instancia era minúsculo
(morían en un tiempo muy corto), a medida qué iban muriendo fueron mutando y prolongaban
el ciclo vital, es decir, fueron dando ciertos rodeos y ya no morían con tanta facilidad, pero
seguían muriendo a pesar de todo.
La meta final de toda vida siempre es la muerte.
La pulsión de muerte, también llamada tanotos (Dios griego, dios de la muerte), F aclara qué
estas pulsiones no son sexuales (libidinosas) y lo qué busca la pulsión de muerte es la
repetición de ese estado anterior qué los seres vivos han tenido qué renunciar, sin quererlo, por

OM
los influjos de los estímulos exteriores y qué simplemente le han permitido prolongar un poco
su vida, pero no cambiar la meta.
La pulsión tiende a repetir ese estado anterior (estado inorgánico, mortífero) qué se tuvo qué
renunciar por un tiempo, pero qué en definitiva es la meta.
En otras palabras: la pulsión de muerte pretende qué nos muramos lo antes posible, entonces
va en busca de todas esas conductas qué nos destruyen ​así provocarnos la muerte.
El caso más representativo es el de “compulsión de repetición de transferencia” ya qué
.C
constantemente tiene conductas autodestructivas.
- Pulsión de vida: ​Son las qué veníamos tratando cómo pulsiones sexuales. Las pulsiones de
vida son pulsiones libidinosas o sexuales. Buscan la síntesis, la reproducción, la unión de las
DD
gametas (óvulo y esperma), conservación de la especie, etc. Las pulsiones de vida pueden
desviarse de su meta sexual inmediata, es decir, la sublimación (desvío de la meta sexual
inmediata para dirigirla a una meta superior qué esté bien valorada socioculturalmente)
Ejemplo: una persona qué es médico quiere dedicarse a la cirugía ha podido sublimar la
pulsión sexual sádica, es decir, la de sentir placer haciéndole daño a los otros, la ha sublimado
llevándola a está especialización. La pulsión de vida promueve los desarrollos culturales y
LA

sociales.
- Mezcla y desmezcla entre las pulsiones:​ Tanto las pulsiones de muerte cómo las pulsiones
de vida conviven y están presentes en todos los organismos pero qué en está convivencia lo
hacen a diversas proporciones, es decir, con diversos niveles graduales o de intensidad, puede
FI

existir en un determinado momento de la vida del sujeto, la pulsión de muerte estar presente a
nivel mayor qué la pulsión de vida o viceversa, pueden ir cambiando. Ejemplo: los procesos
catabolicos (tienden a la desintegración celular / destrucción celular) son los procesos qué
están ligados a la pulsión de muerte. Y por otro lado los procesos anabólicos (tienden a la
síntesis celular, síntesis proteicas, construcción de músculo) tienen qué ver con la pulsión de


vida. Obviamente, está relación está también presente a nivel psíquico y repercute en los
comportamientos de la persona.
- Pulsión de destrucción:​ Hay una forma en la qué la pulsión de muerte puede ponerse a
servicio de la pulsión de vida. Sí la pulsión de muerte tiene qué ver con la auto destruccion, la
forma en la qué está se pone al servicio de la pulsión de vida, es dirigiendo esa destruccion qué
va hacia uno mismo, dirigiéndose hacia los demás, es decir, hacia el mundo exterior. Para no
destruirse uno a sí mismo, tiene qué destruir a los demás.

El sepultamiento del complejo de edipo (1924)

El complejo de Edipo revela cada vez más su significación como fenómeno central del período
sexual de la primera infancia. Después cae sepultado, sucumbe a la represión y es seguido por
el período de latencia. Pero todavía no se ha aclarado a raíz de qué se va a pique; los análisis
parecen enseñarlo: a raíz de las dolorosas desilusiones acontecidas.

La niña, que quiere considerarse la amada predilecta del padre, forzosamente tendrá que
vivenciar alguna seria reprimenda de parte de él, y se verá arrojada de los cielos.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


El varón, que considera a la madre como su propiedad, hace la experiencia de que ella le quita
amor y cuidados para entregárselos a un recién nacido.
Aun donde no ocurren acontecimientos particulares, como ios mencionados a manera de
ejemplos, la falta de la satisfacción esperada, la continua denegación del hijo deseado, por
fuerza determinarán que los pequeños enamorados se extrañen de su inclinación sin
esperanzas. Así, el complejo de Edipo se iría al fundamento a raíz de su fracaso, como
resultado de su imposibilidad interna.
Otra concepción dirá que el complejo de Edipo tiene que caer porque ha llegado el tiempo de
su disolución.

Complejo de edipo masculino: ​El desarrollo sexual del niño progresa hasta una fase en que
los genitales ya han tomado sobre sí el papel rector. Pero estos genitales son sólo los
masculinos (más precisamente, el pene), pues los femeninos siguen sin ser descubiertos. Esta
fase fálica, contemporánea a la del complejo de Edipo, no prosigue su desarrollo hasta la
organización genital definitiva, sino que se hunde y es relevada por el período de latencia.
Ahora bien, su desenlace se consuma de manera típica y apuntalándose en sucesos que

OM
retornan de manera regular.
Cuando el niño ha volcado su interés a los genitales, lo deja traslucir por su vasta ocupación
manual en ellos, y después tiene que hacer la experiencia de que los adultos no están de
acuerdo con ese obrar. Más o menos clara, más o menos brutal, sobreviene la amenaza de
que se le arrebatará esta parte tan estimada por él. La mayoría de las veces, la amenaza de
castración proviene de mujeres; a menudo, ellas buscan reforzar su autoridad invocando al
padre o al doctor, quienes, según lo aseguran, consumaran el castigo.
.C
Y con notable frecuencia acontece que al varoncito no se lo amenaza con la castración por
jugar con la mano en el pene, sino por mojar todas las noches su cama y no habituarse a la
limpieza. Las personas encargadas de la crianza se comportan como si esa incontinencia
DD
nocturna fuese consecuencia y prueba de que el niño se ocupa de su pene con demasiado
ardor, y probablemente aciertan en ello.
Ahora bien, la tesis es que la organización genital fálica del niño se va al fundamento a raíz de
esta amenaza de castración.
En efecto, al principio el varoncito no presta creencia ni obediencia alguna a la amenaza.
El psicoanálisis ha atribuido renovado valor a dos clases de experiencias de que ningún niño
LA

está exento y por las cuales debería estar preparado para la pérdida de partes muy apreciadas
de su cuerpo:​ ​el retiro del pecho materno, primero temporario y definitivo después, y la
separación del contenido de los intestinos, diariamente exigido.
La observación que por fin quiebra la incredulidad del niño es la de los genitales femeninos.
FI

Alguna vez el varoncito, orgulloso de su posesión del pene, llega a ver la región genital de una
niñita, y no puede menos que convencerse de la falta de un pene en un ser tan semejante a él.
Pero con ello se ha vuelto representable la pérdida del propio pene, y la amenaza de castración
obtiene su efecto con posterioridad.
La masturbación es sólo la descarga genital de la excitación sexual perteneciente al complejo,


y a esta referencia deberá su significatividad para todas las épocas posteriores.


El complejo de Edipo ofrecía al niño dos posibilidades de satisfacción, una activa y una pasiva.
- Pudo situarse de manera masculina en el lugar del padre y, como él, mantener comercio con
la madre, a raíz de lo cual el padre fue sentido pronto como un obstáculo.
- Quiso sustituir a la madre y hacerse amar por el padre, con lo cual la madre quedó sobrando.
En cuanto a la naturaleza del comercio amoroso satisfactorio, el niño sólo debe de tener
representaciones muy imprecisas; pero es cierto que el pene cumplió un papel, pues lo
atestiguaban sus sentimientos de órgano. No tuvo aún ocasión alguna para dudar de que la
mujer posee un pene. Ahora bien, la aceptación de la posibilidad de la castración, la intelección
de que la mujer es castrada, puso fin a las dos posibilidades de satisfacción derivadas del
complejo de Edipo. En efecto, ambas conllevaban la pérdida del pene; una, la masculina, en
calidad de castigo, y la otra, la femenina, como premisa.
Si la satisfacción amorosa en el terreno del complejo de Edipo debe costar el pene, entonces
por fuerza estallará el conflicto entre el interés narcisista en esta parte del cuerpo y la
investidura libidinosa de los objetos paténtales. En este conflicto triunfa normalmente el primero
de esos poderes: el yo del niño se extraña del complejo de Edipo.
Las investiduras de objeto son resignadas y sustituidas por identificación. La autoridad del
padre, o de ambos progenitores, introyectada en el Yo, forma ahí el núcleo del Superyó, que

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


toma prestada del padre su severidad, perpetúa la prohibición del incesto y, así, asegura al yo
contra el retorno de la investidura libidinosa de objeto.
Las aspiraciones libidinosas pertenecientes al complejo de Edipo son en parte desexualizadas
y sublimadas, lo cual probablemente acontezca con toda trasposición en identificación, y en
parte son inhibidas en su meta y mudadas en mociones tiernas​. El proceso en su conjunto
salvó una vez los genitales, alejó de ellos el peligro de la pérdida, y además los paralizó,
canceló su función. Con ese proceso se inicia el período de latencia, que viene a interrumpir el
desarrollo sexual del niño.
No veo razón alguna para denegar el nombre de «represión» al extrañamiento del yo respecto
del complejo de Edipo, si bien las represiones posteriores son llevadas a cabo la mayoría de
las veces con participación del superyó, que aquí recién se forma. Pero el proceso descrito es
más que una represión; equivale, cuando se consuma idealmente, a una destrucción y
cancelación del complejo. Cabe suponer que hemos tropezado aquí con la frontera, nunca muy
tajante, entre lo normal y lo patológico. Si el yo no ha logrado efectivamente mucho más que
una represión del complejo, este subsistirá inconsciente en el ello y más tarde exteriorizará su
efecto patógeno.

OM
Tales son los nexos que la observación analítica permite discernir o colegir entre organización
fálica, complejo de Edipo, amenaza de castración, formación del superyó y período de latencia.
Justifican la tesis de que el complejo de Edipo se va al fundamento a raíz de la amenaza de
castración.

Complejo de edipo femenino: ​También el sexo femenino desarrolla un complejo de Edipo, un


Superyó y un período de latencia.
.C
¿Puede atribuírsele también una organización fálica y un complejo de castración? La respuesta
es afirmativa, pero las cosas no pueden suceder de igual manera que en el varón. El clítoris de
la niña se comporta al comienzo en un todo como un pene, pero ella, por la comparación con
DD
un compañerito de juegos, percibe que es “demasiado corto”, y siente este hecho como un
perjuicio y una razón de inferioridad.
Durante un tiempo se consuela con la expectativa de que después, cuando crezca, ella tendrá
un apéndice tan grande como el de un muchacho. Es en este punto donde se bifurca el
complejo de masculinidad​ de la mujer.
Pero la niña no comprende su falta actual como un carácter sexual, sino que lo explica
LA

mediante el supuesto de que una vez poseyó un miembro igualmente grande, y después lo
perdió por ​castración.
Así se produce esta diferencia esencial: la niña acepta la castración como un hecho
consumado, mientras que el varoncito tiene miedo a la posibilidad de su consumación.
FI

Excluida la angustia de castración, está ausente también un poderoso motivo para instituir el
superyó e interrumpir la organización genital infantil. Mucho más que en el varón, estas
alteraciones parecen ser resultado de la educación, del amedrentamiento externo, que
amenaza con la pérdida de ser-amado.
El complejo de Edipo de la niña es mucho más unívoco que el del pequeño portador del pene;


según mi experiencia, es raro que vaya más allá de la sustitución de la madre y de la actitud
femenina hacia el padre.
La renuncia al pene no se soportará sin un intento de resarcimiento. ​su complejo de Edipo
culmina en el deseo​, alimentado por mucho tiempo, de recibir como regalo un hijo del padre,
parirle un hijo.
Se tiene la impresión de que el complejo de Edipo es abandonado después poco a poco
porque este deseo no se cumple nunca. Ambos deseos, el de poseer un pene y el de recibir un
hijo, permanecen en lo inconsciente, donde se conservan con fuerte investidura y contribuyen a
preparar al ser femenino para su posterior papel sexual.
Es preciso confesar que nuestras intelecciones de estos procesos de desarrollo que se
cumplen en la niña son insatisfactorias, lagunosas y vagas.

No tengo ninguna duda de que los vínculos causales y temporales aquí descritos entre
complejo de Edipo, amedrentamiento sexual (amenaza de castración), formación del superyó e
introducción del período de latencia son de naturaleza típica; pero no tengo el propósito de
aseverar que ese tipo es el único posible. Variaciones en la secuencia temporal y en el
encadenamiento de estos procesos no pueden menos que revestir considerable importancia
para el desarrollo del individuo.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos

La situación del complejo de Edipo es la primera estación que discernimos con seguridad en el
varoncito. Nos resulta fácilmente inteligible porque en ella el niño retiene el mismo objeto al que
ya en el período precedente, el de lactancia y crianza, había investido con su libido todavía no
genital. También el hecho de que vea al padre como un rival perturbador a quien querría
eliminar y sustituir. Ahora bien, aun en el varon, el complejo de Edipo es de sentido doble,
activo y pasivo, en armonía con la disposición bisexual. También él quiere sustituir a la madre
como objeto de amor del padre; a esto lo designamos como actitud femenina.

A más de los problemas del complejo de Edipo en el varón, el de la niña esconde otro.
Inicialmente ​la madre fue para ambos el primer objeto​, y no nos asombra que el varón lo
retenga para el complejo de Edipo. Pero, ¿cómo llega la niña a resignarlo y a tomar a cambio al
padre por objeto?.

OM
Prehistoria de la relación edípica en la niña: ​Todo analista ha tomado conocimiento de
mujeres que perseveran con particular intensidad y tenacidad en su ligazón-padre y en el
deseo de tener un hijo de él, en que esta culmina. Hay buenas razones para suponer que esta
fantasía de deseo fue también la fuerza pulsional de su onanismo infantil. El complejo de Edipo
tiene en ellos una larga prehistoria y es, por así decir, una formación secundaria.

La zona genital es descubierta en algún momento, ella nota el pene de un hermano o un


.C
compañerito de juegos, pene bien visible y de notable tamaño, y al punto lo discierne como el
correspondiente, superior, de su propio órgano, pequeño y escondido; a partir de ahí cae
víctima de la ​envidia del pene.
DD
He aquí una interesante oposición en la conducta de ambos sexos:​ cuando el varón ve por
primera vez la región genital de la niña, se muestra irresoluto, poco interesado al principio; no
ve nada, o desmiente su percepción, la deslíe, busca subterfugios para hacerla acordar con su
expectativa. Sólo más tarde, después que cobró influencia sobre él una amenaza de
castración, aquella observación se le volverá significativa; su recuerdo o renovación mueve en
LA

él una temible tormenta afectiva, y lo somete a la creencia en la efectividad de la amenaza que


hasta entonces había echado a risa.
De esta manera, ante la visión del genital femenino, el niño puede tener ​dos reacciones ​que
van a marcar su relación con la mujer:
- Horror frente a la criatura (mujer) mutilada.
FI

- Desprecio en forma de triunfo dirigido hacia la mujer (supuesta superioridad del varón, “yo
tengo y vos no”).
En cambio en la niña, en el momento en que ve el genital masculino por primera vez (pene), se
forma su propia opinión: Ha visto el pene, ella misma sabe que no tiene pene y quiere tenerlo.
De esta manera, cae presa de la envidia del pene.


En este punto puede aparecer el ​complejo de masculinidad​ en la mujer, que eventualmente, si


no logra superarlo pronto, puede deparar grandes dificultades al prefigurado desarrollo hacia la
feminidad. ​Este complejo puede tener dos caminos:
- La esperanza de recibir alguna vez, a pesar de todo, un pene, igualándose así al varón,
puede conservarse hasta épocas inverosímilmente tardías y convertirse en motivo de extrañas
acciones, de otro modo incomprensibles. O bien sobreviene el proceso que en la vida anímica
infantil no es ni raro ni muy peligroso, pero que en el adulto llevaría a una psicosis.
- La niña se rehúsa a aceptar el hecho de su castración, se afirma y acaricia la convicción de
que empero posee un pene, y se ve compelida a comportarse en lo sucesivo como si fuera un
varón.

Las consecuencias psíquicas de la envidia del pene​: Entonces, teniendo en cuenta el título
del texto, Freud va a hablar de las “consecuencias psíquicas” de la envidia del pene en la
mujer, estableciendo una diferencia anatómica con el varón. Estas consecuencias psíquicas
van a marcar el desarrollo sexualde la mujer:
1) Con la admisión de su herida narcisista, se establece en la mujer un ​sentimiento de
inferioridad​. Superado el primer intento de explicar su falta de pene como castigo personal, y
tras aprehender la universalidad de este carácter sexual, empieza a compartir el menosprecio

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


del varón por ese sexo mutilado en un punto decisivo y, al menos en este juicio, se mantiene en
paridad con el varón.
2) Aunque la envidia del pene haya renunciado a su objeto genuino, no cesa de existir: pervive
en el rasgo de carácter de los ​celos​, con leve desplazamiento. Es verdad que los celos no son
exclusivos de uno solo de los sexos, y se asientan en una base más amplia; pero yo creo, no
obstante, que desempeñan un papel mucho mayor en la vida anímica de la mujer porque
reciben un enorme refuerzo desde la fuente de la envidia del pene.
3) El aflojamiento de los​ vínculos tiernos con el objeto madre,​ pero uno se convence de que
al final la madre, que echó al mundo a la niña con una dotación tan insuficiente, es
responsabilizada por esa falta de pene.
El curso histórico suele ser este: tras el descubrimiento de la desventaja en los genitales,
pronto afloran celos hacia otro niño a quien la madre supuestamente ama más, con lo cual se
adquiere una motivación para desasirse de la ligazón-madre. Armoniza muy bien con ello que
ese niño preferido por la madre pase a ser el primer objeto de la fantasía «Pegan a un niño»,
que desemboca en masturbación.
4) Por último, la consecuencia psíquica de la envidia del pene más importante: la asunción o

OM
apropiación de la feminidad, que se produce por una contracorriente opuesta a la masturbación
típica de la infancia, y que en la pubertad va a hacer posible la feminidad como tal.
Entonces, dice Freud, que el conocimiento de la diferencia anatómica (genitales) entre los
sexos (varón y mujer), esfuerza a la niña a apartarse de la masculinidad y de la masturbación
masculina (porque no puede competir en esto con el varón, ante la falta de pene). Así, la niña
va a buscar nuevas vías que lleven al despliegue de la feminidad. La niña, asumiendo su
feminidad, a través de la ecuación simbólica pene=hijo, va a cambiar el objeto de amor desde
.C
la madre hacia el padre, y se hace posible la entrada al complejo de Edipo, y la madre se
convierte en una competidora de la niña por el amor del padre. Esa ecuación pene=hijo se
puede pensar como si hubiera un deseo maternal (un ejemplo son las niñas que juegan con
DD
muñecas a ser mamás); el deseo de tener un hijo del padre para compensar el pene que se
perdió, como un resarcimiento o indemnización.

En la niña, el complejo de Edipo es una formación secundaria​. Dice Freud que en la niña,
el complejo de Edipo es una formación secundaria. Esto es porque primero atraviesa el
complejo de castración, se da cuenta de que ha sido castrada, ha perdido el pene, y cae presa
LA

de la envidia del pene (querer un pene como el de los demás). Entonces, se aleja de la madre,
deja de tomarla como objeto de amor (rompe la unión afectiva ligazón-madre porque ella no
tiene el pene que la niña está buscando, no se lo puede dar), y finalmente se produce un giro
hacia el padre, que es tomado como objeto de amor por la niña, por lo que recién acá termina
FI

siendo introducida en el complejo de Edipo.


Mientras que en el varón es el camino inverso. Diríamos que primero pasa por el complejo de
Edipo, organiza su sexualidad en torno a un primer objeto de amor, que va a ser la madre, y
luego descubre la diferencia de los sexos (entre él y la niña) y relaciona la amenaza de
castración (¡te la voy a cortar, dejá de hacer eso!) con su elección sexual (la madre). Entonces,


como dice Freud, sale del Edipo por la castración porque él relaciona la elección de objeto que
ha realizado (o sea, eligió a la madre) con la posibilidad de perder el pene a manos del padre.
Así termina por abandonar a la madre como objeto de amor. Por estas cuestiones está bueno
pensar las relaciones entre el complejo de Edipo(que es la inclinación erótica del niño hacia la
madre, acompañada de hostilidad y celos hacia el padre, y es necesario superarlo para
conseguir una sexualidad y personalidad normal) y el complejo de castración (que es el temor
del niño de perder el pene ante las amenazas del padre porque ese niño “se toquetea” y por su
vínculo afectivo [ser un “pegote”] con la madre).

Sepultamiento o desaparición del Complejo de edipo

Como ya se dijo, en un principio cae sobre el niño una amenaza de castración: no sólo por
jugar con su pene o “toquetearse”, también puede ser por mojar la cama o por no querer
bañarse. En un primer momento, el varón no hace caso a las amenazas, hasta que ve los
genitales femeninos y se convence de la falta del pene en un ser tan parecido a él.Con esto se
vuelve posible la pérdida del propio pene y la amenaza de castración tiene efecto.

Durante el complejo de Edipo, el niño puede:

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


- Ponerse en el lugar del padre y mantener comercio con la madre (o sea, tener un vínculo muy
profundo con ella) donde el padre es visto como un obstáculo o estorbo;
-O sustituir a la madre y hacerse amar por el padre, por lo que la madre queda sobrando.

La aceptación del niño de la posibilidad de ser castrado pone fin a esas dos posibilidades
durante el Edipo, ya que ambas llevan a la pérdida del pene. Esto desata un conflicto entre el
interés narcisista (o sea, el interés hacia uno mismo) por conservar el pene y el interés de la
libido (energía sexual) hacia los padres. En este conflicto de fuerzas triunfa el Yo del niño: y
acá juega un papel la autoridad del padre, tomando una actitud severa, prohibiendo el incesto.
Las aspiraciones o metas sexuales de la libido son, en parte, desexualizadas (“se les quita el
sexo”), y en parte transformadas en actitudes tiernas
El proceso salvo los genitales, dando inicio al período de latencia, que viene a interrumpir el
desarrollo sexual del niño. Todo este proceso de desaparición del Edipo Freud lo describió en
el varón.
En cambio, el proceso de la niña es más oscuro y denso. El clítoris se comporta en principio
como un pene, pero la comparación con un niño la hace percibir que es "demasiado corto"

OM
(inferioridad). Durante un tiempo pensará que crecerá y será tan grande como el de un niño
(complejo de masculinidad) hasta "suponer" que una vez tuvo un miembro igual de grande y
después lo perdió por castración. Luego renuncia al pene, y tiene lugar la ecuación simbólica
“pene=hijo”(pene por hijo) y su complejo de Edipo termina en el deseo de recibir un hijo del
padre, pero se abandona poco a poco porque éste nunca se cumple. Ambos deseos (poseer un
pene y recibir un hijo) permanecen en el inconsciente, preparando al ser femenino para su
futura función sexual.
.C
Conferencia 33: La feminidad.
DD
En este texto, Freud explica principalmente el desarrollo normal del complejo de Edipo en la
mujer, mostrando también sus desarrollos patológicos, como la neurosis y la homosexualidad.

Masculino es el producto genésico masculino, el espermatozoide, y su portador; femenino, el


óvulo y el organismo que lo alberga. En ambos sexos se han formado órganos que sirven
LA

exclusivamente a las funciones genésicas. Además, los otros órganos, las formas del cuerpo y
los tejidos se muestran en ambos influidos por el sexo, pero de manera inconstante y en
medida variable; son los llamados «caracteres sexuales secundarios».

Luego la ciencia les hace notar que partes del aparato sexual masculino se encuentran también
FI

en el cuerpo de la mujer ( lo mismo es válido para el otro sexo). Ella ve en este hecho el indicio
de una bisexualidad, como si el individuo no fuera varón o mujer, sino ambas cosas en cada
caso, sólo que más lo uno que lo otro.
Pero a pesar de ello en una persona está presente sólo una clase de productos genésicos
(óvulos o células de semen).


Cuando ustedes dicen «masculino», por regla general piensan en «activo», y en «pasivo»
cuando dicen «femenino». Es cierto que existe una relación así. La célula genésica masculina
se mueve activamente, busca a la femenina, y el óvulo permanece inmóvil, aguardando de
manera pasiva.

Luego dice Freud qué esto de la pasividad en la mujer solo es en su mayoría en la vida sexual
humana. Por ejemplo: La madre es en todo sentido activa hacia el hijo, los animales hembras
son las más fuertes y agresivas y los machos son activos exclusivamente en el acto de la unión
sexual, por ejemplo: arañas.

Podría intentarse caracterizar psicológicamente la feminidad diciendo que consiste en la


predilección por metas pasivas.​ Desde luego, esto no es idéntico a la pasividad; ​puede ser
necesaria una gran dosis de actividad para alcanzar una meta pasiva​. No obstante, debemos
cuidarnos de pasar por alto la influencia de las normas sociales, que de igual modo esfuerzan a
la mujer hacia situaciones pasivas.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


No descuidaremos la existencia de un vínculo particularmente constante entre feminidad y vida
pulsional.​ Su propia constitución le prescribe a la mujer sofocar su agresión, y la sociedad se lo
impone; esto favorece que se plasmen en ella intensas mociones masoquistas, susceptibles de
ligar eróticamente las tendencias destructivas vueltas hacia adentro. E ​ l masoquismo es
entonces, como se dice, auténticamente femenino.​ Pero si, como ocurre con tanta frecuencia,
se topan ustedes con el masoquismo en varones, ¿qué otra cosa les resta sino decir que estos
varones muestran rasgos femeninos muy nítidos?.

Dice Freud que el objetivo del psicoanálisis no va a ser decir qué es la mujer, tarea casi
imposible, sino que buscará investigar cómo a partir de la bisexualidad infantil surge la
feminidad, el “ser mujer”. La evolución que transforma a la niña en mujer es más complicada
que en el varón.

El camino hacia la feminidad, hacia el “ser mujer”.

Ambos sexos parecen recorrer de igual modo las primeras fases del desarrollo libidinal.

OM
- La primera tarea de la evolución femenina es pasar del clítoris (la niña piensa que el clítoris es
como un “pene pequeño que ya va a crecer”)a la vagina, mientras que el hombre se mantendrá
en el pene durante el desarrollo de su sexualidad;

- La segunda tarea es la siguiente: tanto en el niño como en la niña, el primer objeto de amor es
la madre, pero mientras en el varón sigue ella siendo el principal objeto amoroso, la niña
.C
deberá enfocarse hacia el padre, durante el complejo de Edipo. En resumen: la niña debe
cambiar de zona erógena (clítoris a vagina) y de objeto (madre a padre). Hay que explicar
ahora cómo ocurre este cambio hacia la feminidad.
DD

¿Cuáles son los vínculos libidinosos de la niña con la madre? ​Son muy diversas, puesto que
atraviesan por las tres fases de la sexualidad infantil, cobran los caracteres de cada una de
ellas, se expresan mediante deseos orales, sádico-anales y fálicos.
Esos deseos subrogan tanto mociones activas como pasivas; si se los refiere a la
LA

diferenciación entre los sexos, cuya emergencia es posterior, se los puede llamar masculinos y
femeninos. Además, son por completo ambivalentes, tanto de naturaleza tierna como
hostil-agresiva. Estos últimos suelen salir a la luz únicamente después que han sido mudados
en representaciones de angustia. No siempre es fácil pesquisar la formulación de estos
FI

tempranos deseos sexuales; el que se expresa con mayor nitidez es el de hacerle un hijo a la
madre, así como su correspondiente, el de parirle un hijo, ambos pertenecientes al período
fálico.

Reproches a la figura materna: cómo se rompe la ligazón-madre




La niña, como ya se dijo, deberá romper sus vínculos afectivos con su madre y establecer una
ligazón con el padre. Sin embargo, no se trata solamente de un simple apartamiento de la
madre, ya que puede haber odio y hostilidad hacia ella, sentimientos que podrán luego
continuar el resto de la vida, o quedar compensados en alguna forma.

- La niña reprochara o cuestionara a su madre, en primer lugar, el haberle dado la teta poco
tiempo (es decir, le brindó poco cariño), porque la niña siente que su primer alimento (la leche
materna) es inagotable y su dolor es muy grande cuando pierde ese alimento, cuando “le
sacan la teta porque ya está grande”. Con el destete aparece también el miedo a ser
envenenada, ya que la falta de leche la enfermaría;

- Otro reproche que surge es con el nacimiento de un nuevo bebé, a quien la madre le da la
leche que dejó de darle a la niña, así como los cuidados y atenciones que le brinda a la nueva
criatura.

Estos factores no son suficientes para provocar un apartamiento de la niña con la madre.
Entonces Freud va a buscar un factor específico en la niña que produzca ese alejamiento. Ese

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


factor que falta lo encontramos en el ​complejo de castración​: la niña hace responsable a la
madre de su falta de pene, y no le perdonará ese perjuicio.
En el complejo de castración del varón​, nace después que por la visión de unos genitales
femeninos se enteró de que el miembro tan estimado por él no es complemento necesario del
cuerpo. Entonces se acuerda de las amenazas que se atrajo por ocuparse de su miembro,
empieza a prestarles creencia, y a partir de ese momento cae bajo el influjo de la angustia de
castración, que pasa a ser el más potente motor de su ulterior desarrollo.
En el complejo de castración de la niña, ​se inicia, asimismo, con la visión de los genitales del
otro sexo. Se siente gravemente perjudicada, a menudo expresa que le gustaría «tener también
algo así», y entonces cae presa de la ​envidia del pene​, que deja huellas imborrables en su
desarrollo y en la formación de su carácter, y aun en el caso más favorable no se superará sin
un serio gasto psíquico. Que la niña admita el hecho de su falta de pene no quiere decir que se
someta sin más a él. AI contrario, se aferra por largo tiempo al deseo de llegar a tener algo así,
cree en esa posibilidad hasta una edad inverosímilmente tardía, y aún en épocas en que su
saber de la realidad hace mucho desechó por inalcanzable el cumplimiento de ese deseo, el
análisis puede demostrar que se ha conservado en lo inconsciente y ha retenido una

OM
considerable investidura energética. El deseo de obtener al fin el pene anhelado puede prestar
todavía su contribución a los motivos que llevan a la mujer madura al análisis.
Sin embargo, en muchos analistas ha surgido la tendencia de rebajar el valor de esa primera
oleada de envidia del pene dentro de la fase fálica. A su juicio, lo que de esa actitud se
encuentra en la mujer es, en lo esencial, una formación secundaria producida en oportunidad
de posteriores conflictos por vía de regresión a aquella moción de la primera infancia.
Justamente en el caso de la envidia del pene yo sustentaría sin vacilar la preeminencia del
factor infantil.
.C
Tres caminos en el desarrollo de la niña…
DD

El descubrimiento de su castración es un punto de viraje (fundamental) en el desarrollo de la


niña.​ ​A partir de ese descubrimiento de que fue castrada, puede tomar tres caminos diferentes
en su desarrollo:

1. ​Inhibición sexual (falta de deseo sexual) o a la neurosis:​ Dentro de este camino la niña,
LA

que hasta entonces había vivido masculinamente por estar ligada a la madre y al clítoris como
equivalente del pene, deja que la envidia del pene perjudique el goce de su sexualidad.
Ofendida por carecer de pene, renuncia a cualquier tipo de satisfacción sexual, renunciando
también a la madre como objeto amor al descubrir que ella tampoco tiene pene. Renunciará
también a su propia masturbación del clítoris, con lo cual también ​renuncia a la actividad. La
FI

pasividad empieza a dominar​ y se facilita el cambio hacia el padre como objeto de amor. Quizá
busque que el padre le de lo que la madre le ha negado (el deseo del pene). Este deseo será
luego sustituido por el deseo detener un hijo (por la equivalencia simbólica pene=hijo). Este
deseo aparece antes cuando, por ejemplo, la niña juega con las muñecas a “ser mamá”.


Con la transferencia del deseo pene=hijo al padre, la niña entra en el complejo de Edipo.
Ahora la madre es vista como una rival. El Edipo es para la niña una solución temporal que
tarda mucho en abandonar o bien lo irá abandonando de a poco.
En el niño varón la situación es distinta: él desea a su madre y ve al padre como un rival; la
amenaza de castración le obliga a abandonar esas actitudes y ante el peligro de perder el pene
renuncia y reprime el Edipo

2. ​Alteración del carácter en el sentido de un complejo de masculinidad: ​Un segundo


camino es el desarrollo de un complejo de masculinidad. La niña niega su castración, y a pesar
de que puede poner el foco en el padre, este último la decepciona (por ejemplo, porque no
puede darle el hijo que ella está buscando, si pensamos en laecuación pene=hijo), y lo que
sucede es que vuelve a su anterior complejo de masculinidad (cuando la niña se comportaba
como si fuera un varón, y pensaba que ella tenía pene, que en cualquier momento crecería,
“que era chiquito todavía),lo que explicaría la futura homosexualidad femenina
*Prehistoria de la mujer*.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


3.​ Feminidad normal:​ Finalmente, el tercer camino del desarrollo en la niña es la feminidad
normal, donde la mujer tiene un​ elevado narcisismo​: tiene más necesidad de ser amada que de
amar. El gran deseo de su físico es debido a una compensación por su falta de pene. La
vergüenza, considerada como una característica femenina por excelencia, Freud la piensa
como producida, en un principio (en la infancia), por un intento de ocultar el defecto de los
genitales (es decir, el pene que supuestamente le falta, que fue castrado, mutilado. De ahí el
defecto).

La organización genital infantil (1923)

Para Freud, ya en la infancia hay una elección de objeto, como la que se presenta en la
pubertad (la elección de objeto es el acto de elegir a una persona o un tipo de persona como
objeto de amor). Todas las aspiraciones sexuales (o sea, la libido) se dirigen hacia una única
persona. Esa elección de objeto que Freud propone en la infancia se diferencia de la elección
de objeto de la pubertad porque todavía en la infancia no hay un primado de los genitales (o
sea, la organización de todas las pulsiones parciales infantiles como si fueran una sola unidad

OM
[genitales] al servicio de la reproducción).

Freud no aclaró en tres ensayos y lo aclara en esta obra, que a pesar de no haber en la
infancia un primado genital (la genitalidad organizada como tal), si hay un gran interés del niño
por la zona de los genitales. Entonces, la organización genital infantil que va a proponer Freud,
dice que en la infancia no hay un primado genital, sino que hay un primado del falo (todos
tienen pene).
.C
Sólo se puede describir esto respecto del varón; carecemos de una intelección de los procesos
correspondientes en la niña pequeña. Aquel percibe, sin duda, la diferencia entre varones y
DD
mujeres, pero al comienzo no tiene ocasión de relacionarla con una diversidad de sus
genitales. Para él es natural presuponer en todos los otros seres vivos, humanos y animales,
un genital parecido al que él mismo posee, inclusive los objetos inanimados.

Gracias a un esfuerzo de investigación que el niño lleva a cabo, como si fuera una curiosidad
LA

sexual, llega a descubrir que el pene no es algo común de todos los seres parecidos a él. Por
ejemplo, puede darse cuenta de la falta de pene viendo de casualidad los genitales de una
hermanita o compañera de juegos.

Es notoria su reacción frente a las primeras impresiones de la falta del pene. Desconocen esa
FI

falta; creen ver un miembro a pesar de todo y después, poco a poco, llegan a la conclusión,
que sin duda estuvo presente y luego fue removido.
La falta de pene es entendida como resultado de una castración, por lo que ahora el propio
pene del niño corre peligro de ser castrado.


El niño cree qué sólo personas despreciables del sexo femenino, probablemente culpables de
las mismas mociones prohibidas en que él mismo incurrió, habrían perdido el genital, Pero las
personas respetables, como su madre, siguen conservando el pene.

Sólo más tarde, cuando aborda los problemas de la génesis y el nacimiento de los niños, y
entiende que sólo las mujeres pueden parir hijos, también la madre perderá el pene y,
entretanto, se edificarán complejisimas teorías destinadas a explicar el trueque del pene a
cambio de un hijo. Al parecer, con ello nunca se descubren los genitales femeninos.

Hay una polaridad sexual que va cambiando a lo largo del desarrollo de la libido (energía
sexual):

- Primero, en la fase sádico-anal (en la cual el niño siente placer, vinculado al área anal porque
disfruta “aguantandoy expulsando la caca”), hay una oposición entre activo y pasivo;

- Luego, en la fase fálica (en la cual la satisfacción se obtienen sobre todo mediante la actividad
de orinar) la oposición es entre genital masculino y castrado;

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


- Por último, en la pubertad se forma la polaridad entre masculino y femenino, donde lo
masculino abarca la actividad y la posesión del pene, y lo femenino comprende la pasividad.

Esquema del psicoanálisis

1. La psique y sus operaciones.

Los caracteres principales del Yo: ​A consecuencia del vínculo preformado entre percepción
sensorial y acción muscular, el Yo dispone respecto de los movimientos voluntarios.
Tiene la tarea de la ​autoconservación​, y la cumple tomando ​hacia afuera​ noticia de los
estímulos, almacenando experiencias sobre ellos (en la memoria), evitando estímulos
hiperintensos (mediante la huida), enfrentando estímulos moderados (mediante la adaptación)
y, por fin, aprendiendo a alterar el mundo exterior de una manera acorde a fines para su
ventaja (actividad); y ​hacia adentro​, hacia el Ello, ganando imperio sobre las exigencias
pulsionales, decidiendo si debe consentírseles la satisfacción, desplazando esta última a los
tiempos y circunstancias favorables en el mundo exterior, o sofocando totalmente sus

OM
excitaciones.
El Yo aspira al placer y quiere evitar el displacer. ​Un acrecentamiento esperado de displacer es
respondido con la señal de angustia; y su ocasión, amenace ella desde afuera o desde adentro,
se llama peligro.

Como precipitado del largo período de infancia durante el cual el ser humano en crecimiento
.C
vive en dependencia de sus padres, se forma dentro del Yo una particular instancia en la que
se prolonga el influjo de estos. Ha recibido el nombre de ​Superyó.​ En la medida en que este
superyó se separa del Yo o se contrapone a él.
DD
Una acción del Yo es correcta cuando cumple al mismo tiempo los requerimientos del ​Ello, del
Superyó y de la realidad objetiva​, vale decir, cuando sabe reconciliar entre sí sus exigencias.

El Superyó recoge aportes de posteriores continuadores y personas sustitutivas de los


progenitores, como pedagogos, arquetipos públicos, ideales venerados en la sociedad.
LA

Se ve que Ello y Superyó muestran una coincidencia: ​Representan los influjos del pasado:
el Ello, los del pasado heredado; el Superyó, en lo esencial, los del pasado asumido por otros.
En tanto, el Yo está comandado principalmente por lo que uno mismo ha vivenciado, vale decir,
lo accidental y actual.
FI

2. Doctrina de las pulsiones.

El poder del Ello es satisfacer las necesidades congénitas del individuo.


Un propósito de mantenerse con vida y protegerse de peligros mediante la angustia no se
puede atribuir al Ello, esa es la tarea del Yo, quién también tiene que hallar la manera más


favorable y menos peligrosa de satisfacción con miramiento por el mundo exterior.


Aunque el Superyó pueda imponer necesidades nuevas, su principal operación sigue siendo
limitar las satisfacciones.

Hemos averiguado que las pulsiones pueden alterar su meta (por desplazamiento); también,
que pueden sustituirse unas a otras al traspasar la energía de una pulsión sobre otra. Tras
larga vacilación y oscilación, nos hemos resuelto a aceptar sólo dos pulsiones básicas:
Respecto de la ​pulsión de destrucción​, podemos pensar que aparece como su meta última
trasportar lo vivo al estado inorgánico; por eso también la llamamos ​pulsión de muerte​.
En cambio, a la ​pulsión de amor​ no podemos aplicar dicha fórmula. Ello pre supondría que la
sustancia viva fue una unidad, luego desgarrada y que ahora aspira a su reunificación.

En las funciones biológicas, las dos pulsiones básicas producen efectos una contra la otra o se
combinan entre sí. Así, el acto de comer es una destrucción del objeto con la meta última de la
incorporación; el acto sexual, una agresión con el propósito de la unión más íntima, Esta acción
conjugada y contraria de las dos pulsiones básicas produce toda la variedad de las
manifestaciones de la vida.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Alteraciones en la proporción de mezcla de las pulsiones:
Representamos un estado inicial de la siguiente manera: la íntegra energía disponible de Eros,
que desde ahora llamaremos libido, está presente en el Yo-Ello todavía indiferenciado y sirve
para neutralizar las inclinaciones de destrucción simultáneamente presentes.
En posteriores estados nos resulta relativamente fácil perseguir los destinos de la libido; ello es
más difícil respecto de la pulsión de destrucción. Mientras esta última produce efectos en lo
interior como pulsión de muerte, permanece muda; sólo comparece ante nosotros cuando es
vuelta hacia afuera como pulsión de destrucción.
Con la instalación del superyó, los montos considerables de la pulsión de agresión son fijados
en el interior del Yo y allí ejercen efectos autodestructivos.
Una parte de destrucción de sí permanece en lo interior, sean cuales fueren las circunstancias,
hasta que al fin consigue matar al individuo, quizá sólo cuando la libido de este se ha
consumido o fijado de una manera desventajosa. Así, se puede conjeturar, en general, que el
individuo muere a raíz de sus conflictos internos.

Es difícil enunciar algo sobre el comportamiento de la libido dentro del ello y dentro del superyó.

OM
Todo cuanto sabemos acerca de esto se refiere al yo, en el cual se almacena inicialmente todo
el monto disponible de libido. Llamamos ​narcisismo primario​ absoluto a ese estado. Dura hasta
que el Yo empieza a investir con libido las representaciones de objetos, a trasponer libido
narcisista en libido de objeto.

Durante toda la vida, el Yo sigue siendo el gran reservorio desde el cual investiduras libidinales
son enviadas a los objetos y al interior del cual se las vuelve a retirar. Sólo en el estado de un
.C
enamoramiento total se transfiere sobre el objeto el monto principal de la libido, el objeto se
pone en cierta medida en el lugar del Yo.
DD
3. El desarrollo de la función sexual.

1. La vida sexual no comienza sólo con la pubertad, sino que se inicia enseguida después del
nacimiento con nítidas exteriorizaciones.
2. Es necesario distinguir entre los conceptos de «sexual» y de «genital».
3. La vida sexual incluye la función de la ganancia de placer a partir de zonas del cuerpo,
LA

función que es puesta con posterioridad al servicio de la reproducción. Es frecuente que ambas
funciones no lleguen a superponerse por completo.

El niño a temprana edad da señales de una actividad corporal a la que sólo un antiguo prejuicio
FI

pudo rehusar el nombre de sexual, y a la que se conectan fenómenos psíquicos que hallamos
más tarde en la vida amorosa adulta; por ejemplo, la fijación a determinados objetos, los celos,
etc. Pero se comprueba, además, que estos fenómenos, que emergen en la primera infancia
responden a un desarrollo acorde a ley, tienen un acrecentamiento regular, alcanzando un
punto culminante hacia el final del quinto año de vida, a lo que sigue un período de reposo.


En el curso de este se detiene el progreso. Transcurrido este período, llamado ​«de latencia»​,
la vida sexual prosigue con la pubertad.
Aquí tropezamos con el hecho de una acometida en dos tiempos de la vida sexual,
desconocida fuera del ser humano. No es indiferente que los eventos de esta época temprana
de la sexualidad sean víctimas, salvo unos restos, de la ​amnesia infantil.

El primer órgano que aparece como zona erógena y propone al alma una exigencia libidinosa
es, a partir del nacimiento, ​la boca​. Al comienzo, toda actividad anímica se acomoda de manera
de procurar satisfacción a la necesidad de esta zona. Desde luego, ella sirve en primer término
a la autoconservación por vía del alimento.Muy temprano, en el chupeteo se evidencia una
necesidad de satisfacción que aspira a una ganancia de placer independiente de la nutrición, y
que por eso puede y debe ser llamada sexual.
Ya durante esta fase ​“oral” ​entran en escena, con la aparición de los dientes, unos impulsos
sádicos aislados. Ello ocurre en medida mucho más vasta en la segunda fase, que llamamos
“sádico-anal”​ porque aquí la satisfacción es buscada en la agresión y en la función excretoria.
La tercera fase es la llamada “​fálica”​, qué se asemeja ya en un todo a la plasmación última de
la vida sexual. No desempeñan un papel aquí los genitales de ambos sexos, sino sólo el

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


masculino (falo). Los genitales femeninos permanecen por largo tiempo ignorados; el niño, en
su intento de comprender los procesos sexuales, rinde tributo a la venerable teoría de la
cloaca, que tiene su justificación genética.
Con la fase fálica, y en el transcurso de ella, la sexualidad de la primera infancia alcanza su
apogeo y se aproxima al sepultamiento.
Desde entonces, varon y niña tendrán destinos separados. Ambos empezaron por poner su
actividad intelectual al servicio de la investigación sexual, y ambos parten de la premisa de la
presencia universal del pene.
Pero ahora los caminos de los sexos se divorcian:
El ​varón​ entra en la​ fase edípica​, inicia el quehacer manual con el pene, junto a unas fantasías
simultáneas sobre algún quehacer sexual de este pene en relación con la madre, hasta que el
efecto conjugado de una amenaza de castración y la visión de la falta de pene en la mujer le
hacen experimentar el máximo trauma de su vida, iniciador del período de latencia con todas
sus consecuencias.
La ​niña​, tras el infructuoso intento de emparejarse al varón, vivencia el discernimiento de su
falta de pene o, mejor, de su inferioridad clitorídea, con duraderas consecuencias para el

OM
desarrollo del carácter; y a menudo, a raíz de este primer desengaño en la rivalidad, reacciona
lisa y llanamente con un primer extrañamiento de la vida sexual.

Estas tres fases se superponen entre sí, coexisten juntas.


En las fases tempranas, las diversas pulsiones parciales parten con recíproca independencia a
la consecución de placer; en la fase fálica se tienen los comienzos de una organización que
subordina las otras aspiraciones al primado de los genitales y significa el principio del
.C
ordenamiento de la aspiración general de placer dentro de la función sexual.
La organización plena sólo se alcanza en la pubertad, en una cuarta fase, ​“genital”​. Así queda
establecido un estado en que:
DD
1) Se conservan muchas investiduras libidinales tempranas;
2) Otras sean acogidas dentro de la función sexual como unos actos preparatorios, de apoyo,
cuya satisfacción da por resultado el llamado «placer previo», y
3) Otras aspiraciones son excluidas de la organización y son por completo sofocadas
(reprimidas) o bien experimentan una aplicación diversa dentro del Yo, forman rasgos de
carácter, padecen sublimaciones con desplazamiento de meta.
LA

- Los fenómenos normales y anormales que observamos (es decir, la fenomenología)


demandan ser descritos desde el punto de vista de la dinámica y la economía (en nuestro caso,
la distribución cuantitativa de la libido).
FI

- La etiología de las perturbaciones por nosotros estudiadas se halla en la historia de


desarrollo, o sea, en la primera infancia del individuo.

4. Cualidades psíquicas.


Muchos procesos nos devienen con facilidad conscientes, y si luego no lo son más, pueden
devenir de nuevo sin dificultad. Esto nos avisa que la conciencia en general no es sino un
estado en extremo pasajero. Lo que es conciente, lo es sólo por un momento. Entonces,
preferimos llamar​ «susceptible de conciencia»​ o preconciente a todo lo inconsciente que se
comporta de esa manera, o sea, que puede trocar con facilidad el estado inconsciente por el
estado consciente.

Otros procesos psíquicos, no tienen un acceso tan fácil al devenir-conciente, sino que es
preciso inferirlos de la manera descrita, colegirlos y traducirlos a expresión consciente. Para
estos reservamos el nombre de ​«lo inconsciente genuino»

Los procesos psíquicos tienen tres cualidades​: Conscientes, preconscientes o


inconscientes

El devenir-conciente se anuda a las percepciones que nuestros órganos sensoriales obtienen


del mundo exterior. Para el abordaje tópico, por tanto, es un fenómeno que sucede en el
estrato cortical más exterior del Yo.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Es cierto que también recibimos noticias conscientes del interior del cuerpo, los sentimientos.
Además, bajo ciertas circunstancias, también los órganos de los sentidos brindan sentimientos,
sensaciones de dolor, diversas de sus percepciones específicas. Pero dado que estas
sensaciones, como se las llama para distinguirlas de las percepciones conscientes, parten
también de los órganos terminales, y a todos estos los concebimos como prolongación, como
unos emisarios del estrato cortical, podemos mantener la afirmación anterior.
La única diferencia sería que para los órganos terminales, en el caso de las sensaciones y
sentimientos, ​el cuerpo mismo sustituirá al mundo exterior.

Unos procesos conscientes en la periferia del yo, e inconsciente todo lo otro en el interior del
Yo: ese sería el más simple estado de cosas que deberíamos adoptar como supuesto. El
hombre se agrega una complicación en virtud de la cual también procesos interiores del yo
pueden adquirir la cualidad de la conciencia Esto es obra de la función del lenguaje, que
conecta con firmeza los contenidos del Yo con restos mnémicos de las percepciones visuales,
pero, en particular, de las acústicas. Pueden devenir conscientes procesos internos, así como
decursos de representación y procesos cognitivos, y es menester un dispositivo particular que

OM
diferencie entre ambas posibilidades, el llamado​ examen de realidad​.

El interior del Yo, que abarca sobre todo los procesos cognitivos, tiene la cualidad de lo
preconciente. Esta cualidad es característica del Yo, le corresponde sólo a él. Sin embargo, no
sería correcto hacer de la conexión con los restos mnémicos del lenguaje la condición del
estado preconsciente; antes bien, este es independiente de aquella, aunque la presencia de
esa conexión permite inferir con certeza la naturaleza preconciente del proceso.
.C
En el origen todo era Ello; el Yo se ha desarrollado por el continuado influjo del mundo exterior
sobre el Ello. Durante ese largo desarrollo, ciertos contenidos del Ello se mudaron al estado
DD
preconsciente y así fueron recogidos en el Yo. Otros permanecieron inmutados dentro del Ello
como su núcleo, de difícil acceso. Pero en el curso de ese desarrollo, el Yo joven y endeble
devuelve hacia atrás, hacia el estado inconsciente, ciertos contenidos que ya había acogido,
los abandona, y frente a muchas impresiones nuevas que habría podido recoger se comporta
de igual modo, de suerte que estas, rechazadas, sólo podrían dejar como secuela una huella
en el Ello. A este último sector del Ello lo llamamos, por miramiento a su génesis, lo ​reprimido.
LA

¿En qué consiste la naturaleza genuina del estado que se denuncia en el interior del Ello por la
cualidad de lo inconsciente, y en el interior del Yo por la de lo preconciente, y en qué consiste
el distingo entre ambos?
FI

Nos hemos acercado acá al secreto de lo psíquico, en verdad todavía no revelado. Suponemos
que en la vida anímica actúa una clase de energía, pero nos falta cualquier asidero para
acercarnos a su conocimiento por analogía con otras formas de energía. Creemos discernir que
la energía nerviosa o psíquica se presenta en dos formas, una livianamente móvil y una más
bien ligada; hablamos de investiduras y sobre investiduras de los contenidos, y aun


aventuramos la conjetura de que una «sobreinvestidura» establece una suerte de síntesis de


diversos procesos, en virtud de la cual la energía libre es traspuesta en energía ligada.
Si bien no hemos avanzado más allá de ese punto, sostenemos la opinión de que el distingo
entre estado inconciente y preconciente se sitúa en constelaciones dinámicas de esa índole, lo
cual permitiría entender que uno de ellos pueda ser transportado al otro de manera espontánea
o mediante nuestra colaboración.
Tras todas estas incertidumbres se asienta,un hecho nuevo cuyo descubrimiento debemos a la
investigación psicoanalítica. Hemos averiguado que los procesos de lo inconsciente o del Ello
obedecen a leyes diversas que los producidos en el interior del Yo preconsciente. A esas leyes,
en su totalidad, las llamamos​ proceso primario​, por oposición al proceso secundario que regula
los decursos en lo preconsciente, en el Yo.

8. El aparato psíquico y el mundo exterior.

El núcleo de nuestro ser está constituido, pues, por el oscuro Ello, que no comercia
directamente con el mundo exterior. Dentro del Ello ejercen su acción eficiente las pulsiones
orgánicas, ellas mismas compuestas de mezclas de dos fuerzas primordiales (Eros y
destrucción) en variables proporciones, y diferenciadas entre sí por su referencia a órganos y

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


sistemas de órgano. Lo único que estas pulsiones quieren alcanzar es la satisfacción, que se
espera de precisas alteraciones en los órganos con auxilio de objetos del mundo exterior. Pero
una satisfacción pulsional instantánea y sin miramiento alguno, tal como el Ello la exige, con
harta frecuencia llevaría a conflictos peligrosos con el mundo exterior y al aniquilamiento.
El ello no conoce prevención alguna por la seguridad de la pervivencia, ninguna angustia; o
quizá sería más acertado decir que puede desarrollar, sí, los elementos de sensación de la
angustia, pero no valorizarlos. Los procesos que son posibles en los elementos psíquicos
supuestos en el interior del Ello y entre estos (proceso primario) se distinguen en vasta medida
de aquellos que nos son consabidos por una percepción consciente dentro de nuestra vida
intelectual y de sentimientos; por otra parte, no valen para ellos las limitaciones críticas de la
lógica, que desestima y quiere anular una parte de estos procesos.

El ello, cortado del mundo exterior, tiene su propio mundo de percepción. Registra con
extraordinaria agudeza ciertas alteraciones sobrevenidas en su interior (En particular, las
oscilaciones en la tensión de necesidad de sus pulsiones), las que devienen concientes como
sensaciones de la serie placer-displacer. Desde luego que es difícil indicar los caminos por los

OM
cuales se producen estas percepciones y los órganos terminales sensibles con cuyo auxilio
ocurren. Pero queda en pie que las percepciones de sí mismo (sentimientos generales y
sensaciones de placer-displacer) gobiernan, con despótico imperio, los decursos en el interior
del Ello.

El Ello obedece al principio de placer. Pero no El ello solamente. Parece que tampoco la
actividad de las otras instancias psíquicas es capaz de cancelar el principio de placer, sino sólo
de modificarlo.
.C
La otra instancia psíquica que creemos conocer mejor es el Yo, qué se ha desarrollado a partir
DD
del estrato cortical del Ello, que permanece en contacto directo con el mundo exterior (la
realidad objetiva). El Yo decide si el intento desembocará en la satisfacción o debe ser
desplazado, o si la exigencia de la pulsión no tiene que ser sofocada por completo como
peligrosa (principio de realidad). Así como el Ello se agota con exclusividad en la ganancia de
placer, el Yo está gobernado por el miramiento de la seguridad. El Yo se ha propuesto la tarea
de la autoconservación, que el Ello parece desdeñar.
LA

Se vale de las sensaciones de angustia como de una señal que indica los peligros
amenazadores para su integridad.
El Ello propio es una fuente de parecidos peligros, y con dos diversos fundamentos. En primer
lugar, intensidades pulsionales hipertróficas pueden dañar al Yo de manera semejante que los
FI

«estímulos» hipertróficos del mundo exterior. Es verdad que no son capaces de aniquilarlo,
pero sí de destruir la organización dinámica que le es propia, de mudar de nuevo al Yo en una
parte del Ello. En segundo lugar, la experiencia puede haber enseñado al Yo que satisfacer una
exigencia pulsional no intolerable en sí misma conllevaría peligros en el mundo exterior, de
suerte que esa modalidad de exigencia pulsional deviene ella misma un peligro.


Así, el Yo combate en dos frentes: tiene que defender su existencia contra un mundo exterior
que amenaza aniquilarlo, así como contra un mundo interior demasiado exigente. Y contra
ambos aplica los mismos métodos defensivos, pero la defensa contra el enemigo interior es
deficiente de una manera particular.

El Yo es endeble e inacabado de la primera infancia recibe unos daños permanentes por los
esfuerzos que se le imponen para defenderse de los peligros propios de este período de la
vida. De los peligros con que amenaza el mundo exterior, el niño es protegido por la
providencia de los progenitores: expía esta seguridad con la angustia ante la pérdida de amor,
que lo dejaría expuesto inerme a tales peligros. Este factor exterioriza su influjo decisivo sobre
el desenlace del conflicto cuando el varón cae en la situación del complejo de Edipo, dentro de
la cual se apodera de él la amenaza a su narcisismo por la castración.

9. El mundo interior.

La representación de un Yo que media entre Ello y mundo exterior, que asume las exigencias
pulsionales de aquel para conducirlas a su satisfacción y lleva a cabo percepciones en este,
valorizándolas como recuerdos; que, preocupado por su autoconservación, se pone en guardia

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


frente a exhortaciones hipertróficas de ambos lados, al tiempo que es guiado, en todas sus
decisiones, por las indicaciones de un principio de placer modificado: esta representación, digo,
en verdad sólo es válida para el Yo hasta el final del primer período de la infancia (cerca de los
cinco años).
Hacia esa época se ha consumado una importante alteración. Un fragmento del mundo exterior
ha sido resignado como objeto, al menos parcialmente, y a cambio (por identificación) fue
acogido en el interior del Yo, o sea, ha devenido un ingrediente del mundo interior.
Esta nueva instancia psíquica prosigue las funciones que habían ejercido aquellas personas
(los objetos abandonados) del mundo exterior; observa al Yo, le da órdenes, lo juzga y lo
amenaza con castigos, en un todo como los progenitores, cuyo lugar ha ocupado. Llamamos
superyó​ a esa instancia, y la sentimos, en sus funciones de juez, como nuestra ​conciencia
moral​. Y es notable, también, que no pida cuentas al Yo sólo a causa de sus acciones, sino de
sus pensamientos y propósitos incumplidos.

El martirio de los reproches de la conciencia moral responde exactamente a la angustia del


niño por la pérdida de amor, angustia que fue sustituida en él por la instancia moral. Por otro

OM
lado, cuando el Yo ha sustituido con éxito una tentación de hacer algo que sería chocante para
el Superyó, se siente elevado en su sentimiento de sí y reafirmado en su orgullo, como si
hubiera logrado una valiosa conquista. De tal manera, ​el Superyó sigue cumpliendo para el Yo
el papel de un mundo exterior, aunque haya devenido una pieza del mundo interior.

El mundo exterior, donde el individuo se hallará expuesto tras su desasimiento de los padres,
representa el poder del presente; su Ello, con sus tendencias heredadas, el pasado orgánico, y
.C
el Superyó, que viene a sumarse más tarde, el pasado cultural ante todo, que el niño debe por
así decir revivenciar en los pocos años de su edad temprana.
DD

El problema económico del masoquismo (1924)

Desde el punto de vista económico, el masoquismo es incomprensible si el ppio de placer


gobierna los procesos anímicos de modo tal que su meta inmediata sea la evitación de
LA

displacer y la ganancia de placer.

Freud indaga la relación del ppio de placer con las dos variedades de pulsiones que ha
distinguido: las pulsiones de muerte y las pulsiones eróticas (libidinosas) de vida.
FI

Sostiene que placer y displacer no pueden ser referidos al aumento o disminución de una
cantidad (tensión de estímulo), aunque tenga mucho que ver con este factor. Parecieran no
depender de este factor cuantitativo, sino de un carácter de el, cualitativo.

El ppio de Nirvana (reducción a 0 de las sumas de excitación) expresa la tendencia de la




pulsión de muerte; el ppio de placer subroga la exigencia de la libido, y su modificación, el ppio


de realidad, el influjo del mundo exterior. Concluye que no puede rehusarse al ppio de placer el
título de guardián de la vida. -Freud distingue un masoquismo erógeno, uno femenino y uno
moral. El primero, el masoquismo erógeno, el placer de recibir dolor, se encuentra también en
el fundamento de las otras dos formas. En el ser vivo, la libido se enfrenta con la pulsión de
muerte; ésta querría desagregarlo y llevar a cada uno de los organismos elementales a la
condición de estabilidad inorgánica. La tarea de la libido es volver inocua esta pulsión
destructora; la desempeña desviándola en buena parte hacia afuera, dirigiéndola hacia los
objetos del mundo exterior. Un sector de esta pulsión es puesto directamente al servicio de la
función sexual, donde tiene a su cargo una importante operación. Es el sadismo propiamente
dicho. Otro sector no obedece a este traslado y allí es ligado libidinosamente con ayuda de la
coexcitación sexual antes mencionada; en ese sector tenemos que discernir el masoquismo
erógeno.

1.​ ​Masoquismo erógeno. ​Después de que la parte principal de la pulsión de muerte fue
trasladada hacia afuera, sobre los objetos, en el interior permanece, como residuo, el genuino
masoquismo erógeno, que por una parte ha devenido un componente de la libido, pero por la
otra sigue teniendo como objeto al ser propio. Ese masoquismo sería un testigo de aquella fase

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


de formación en que aconteció la liga entre pulsión de muerte y de vida. Acompaña a la libido
en todas sus fases de desarrollo:
a. Fase oral:​ angustia a ser devorado por el padre.
b. Fase sádico anal:​ el deseo de ser golpeado por el padre.
c. Fase fálica:​ miedo a la castración.
d. Fase genital:​ miedo a parir o ser poseído sexualmente.

2. Masoquismo femenino. ​De esta clase de masoquismo nos dan noticia las fantasías de
personas masoquistas que o desembocan en el acto onanista o figuran por sí solas la
satisfacción sexual. Las escenificaciones reales de los perversos masoquistas responden punto
por punto a estas fantasías. El contenido manifiesto es el mismo: ser amordazado,
atado, golpeado dolorosamente, azotado, maltratado, ensuciado, denigrado. Se pone a la
persona en una situación característica de la feminidad, significan ser castrado, o poseído
sexualmente, o parir. En el contenido manifiesto de estas fantasías se expresa también un
sentimiento de culpa cuando se supone que la persona afectada ha infringido algo que debe
expiarse mediante todos esos procedimientos dolorosos y martirizadores. Este masoquismo se

OM
basa enteramente en el masoquismo primario, erógeno, el placer de recibir dolor.

3. Masoquismo moral. ​Es notable sobre todo por haber aflojado su vínculo con lo que
conocemos como sexualidad. Es que en general todo padecer masoquista tiene por condición
la de partir de la persona amada y ser tolerado por orden de ella; esta restricción desaparece
en el masoquismo moral. El padecer como tal es lo que importa; no interesa que lo inflige la
persona amada o una indiferente, el verdadero masoquista ofrece su mejilla toda vez que se le
.C
presenta la oportunidad de recibir una bofetada. En la clínica se expresa como reacción
terapéutica negativa: la satisfacción de este sentimiento inconsciente de culpa es quizás el
rubro más fuerte de la ganancia de la enfermedad. Cambiamos el nombre de sentimiento
DD
inconsciente de culpa por “necesidad de castigo”. Hemos atribuido al superyó la función de la
conciencia moral, y reconocido en el sentimiento de culpa la expresión de una tensión entre el
yo y el superyó. Las personas aquejadas despiertan la impresión de que sufrieran una
desmedida inhibición moral y estuvieran bajo el imperio de una conciencia moral
particularmente susceptible. Mediante el masoquismo moral, la moral es resexualizada, el
complejo de Edipo es reanimado, se abre la vía para una regresión de la moral al complejo de
LA

Edipo. Para provocar el castigo por parte de esta última subrogación de los progenitores, el
masoquista se ve obligado a hacer cosas inapropiadas, a trabajar en contra de su propio
beneficio. El masoquismo moral pasa a ser el testimonio clásico de la existencia de la mezcla
de pulsiones. Su peligrosidad se debe a que desciende de la pulsión de muerte, corresponde a
FI

aquel sector de ella que se ha sustraído a su vuelta hacia afuera como pulsión de destrucción.
Pero como, por otra parte tiene el valor psíquico de un componente erótico, ni aun la
autodestrucción de la persona puede producirse sin satisfacción libidinosa. Se producen una
mezcla y una combinación muy vastas, y de proporciones variables, entre las dos clases de
pulsión; no debemos contar con una pulsión de muerte y una de vida pura, sino sólo con la


contaminación de ellas. A una mezcla de pulsiones puede corresponderle una desmezcla. El yo


encuentra su función en conciliar entre sí las exigencias de las instancias a las que sirve, para
esto tiene en el superyó el arquetipo a que puede aspirar. Este superyó es el subrogado tanto
del ello como del mundo exterior. Debe su génesis a que los primeros objetos de las mociones
libidinosas del ello, la pareja parental, fueron introyectados en el yo, a raíz de lo cual el vínculo
con ellos fue desexualizado, experimentó un desvío de las metas sexuales directas.

Conferencia 29: Revisión de la doctrina de los sueños.

También los sueños punitorios son cumplimientos de deseo, pero no de las mociones
pulsionales, sino de la instancia criticadora, censuradora y punitoria de la vida anímica (Super
Yo) de quien depende la censura onírica.
Las personas que han vivido un trauma psíquico se ven remitidas por el sueño con harta
regularidad a aquella situación. También las primeras vivencias sexuales del niño están
enlazadas con impresiones dolorosas de angustia, prohibición, desengaño y castigo a los
cuales aduce el sueño, por lo tanto su carácter displacentero choca con el presupuesto de que
el sueño es cumplimiento de deseo. Esas mismas vivencias van adheridos los deseos

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


pulsionales incumplidos, imperecederos, que a lo largo de la vida donan la energía a la
formación de sueños y en su violenta pulsión aflorante esfuerzan hacia la superficie también
material de episodios sentidos como penosos. El trabajo del sueño se empeña en
desmentir el displacer mediante desfiguración. En la neurosis traumática los sueños
desembocan en angustia. En este caso falla la función del sueño.
El sueño es un intento de cumplimiento de deseo.​ Bajo ciertas circunstancias como la
fijación inconsciente a un trauma (no ligado) debe resignar su tarea.

Conferencia 32: Angustia y vida pulsional.

La angustia es un estado afectivo, determinadas sensaciones de la serie placer-displacer con


las correspondientes inervaciones de descarga y su percepción. El nacimiento es el evento que
deja tras sí esa huella afectiva. La primera angustia es por los cambios en la actividad del
corazón y los pulmones: es tóxica.
La ​angustia realista ​se produce frente al peligro real, un daño esperado de afuera, está al
servicio de la autoconservación; la neurótica en cambio es enteramente enigmática, carente de

OM
fin. La angustia realista produce un estado de atención sensorial incrementada y tensión motriz
que se llama apronte angustiado. A partir de ese estado se desarrolla la reacción de angustia.
O bien el desarrollo de angustia, la repetición de la antigua vivencia traumática, se limita a una
señal para desembocar en la huida, o lo antiguo prevalece, toda reacción se agota en el
desarrollo de angustia y el estado afectivo resultará paralizante y desacorde con el fin.
La ​angustia neurótica ​puede ser: un estado de angustia libremente flotante, pronta a
.C
enlazarse de manera pasajera con cada nueva posibilidad que emerja (angustia expectante);
ligada firmemente a determinados contenidos de representación en las fobias; y la angustia
histérica que acompaña a síntomas o emerge de manera independiente como ataque o estado
prolongado.
DD
La ​expectativa angustiada​ tiene un nexo con la economía de la libido en la vida sexual. Se
provoca una excitación pero no se satisface, en reemplazo de esta libido desviada de su
aplicación emerge la angustia.
La angustia neurótica se genera por transmudación directa de la libido producto de la represión
de la representación que es desfigurada hasta volverse irreconocible, y cuyo monto de afecto
LA

es mudado en ésta.

Angustia y síntoma​ ambos se subrogan y relevan entre sí.


En la ​fobia​ inicia su historia patológica con un ataque de angustia, que repite frente al mismo
objeto del cual crea una inhibición, una limitación funcional del Yo, y por esa vía se ahorra el
FI

ataque de angustia.
En el ​síntoma​, a su vez, si impide al enfermo manifestarse (ej. su ceremonial), cae en un
estado de angustia del cual su síntoma lo protegía.


Aquello a lo cual se tiene miedo en la angustia neurótica es a la propia libido. A diferencia de la


angustia real el peligro es interno, y no se discierne conscientemente.

En las fobias un peligro interior se traspone a uno exterior. De esta forma cree poder
defenderse mejor mediante la huida. En la fobia sobreviene un desplazamiento. La angustia se
genera porque la libido se ha vuelto inaplicable. El Yo es el único almácigo de la angustia, y
cada una corresponde a los tres vasallajes del Yo: respecto del mundo exterior (realista), del
Ello (neurótica), y del Superyo (conciencia moral).

La función de la angustia señal indica una situación de peligro.


En la histeria de angustia se trata de la represión típica de las mociones de deseo provenientes
del complejo de Edipo: la investidura libidinosa del objeto madre se muda en angustia por la
represión y se presenta como anudada al sustituto padre.​ No es la represión la que crea la
angustia, sino ésta la que se muda en represión.

El ​varón​ siente angustia ante una exigencia de su libido, ante el amor de su madre, pero ese
enamoramiento le aparece como un peligro interno del que debe sustraerse mediante la
renuncia a ese objeto, porque provoca un peligro externo. El peligro real, externo, es la

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


amenaza de castración, la pérdida de su miembro. En el curso de su fase fálica, en la época de
onanismo, el castigo encuentra refuerzo filogenético. La angustia de castración es uno de los
motores de la represión.

En la ​mujer​ aparece la angustia a la pérdida del amor que se continúa a la angustia del
lactante. Repiten en el fondo la angustia de nacimiento (la castración es también la
imposibilidad de reunificación con la madre o su sustituto).

A cada fase le corresponde una condición de angustia​: peligro del desvalimiento psíquico,
peligro de la pérdida de objeto de amor, la heteronomía de la primera infancia, el peligro de la
castración, y la angustia al Superyo.
Con el tiempo las situaciones peligrosas son desvalorizadas por el fortalecimiento del Yo, pero
sólo de forma incompleta. Los neuróticos permanecen infantiles en su conducta hacia el peligro
y no han superado condiciones de angustia anticuadas. El Yo nota que la satisfacción de una
exigencia pulsional emergente convocaría una de las situaciones peligrosas, esa investidura
debe ser sofocada y entonces pone en marcha a la represión cuando no se siente

OM
suficientemente fuerte. Cuando puede desempeñar esa tarea lo hace incluyendo la moción
pulsional en su organización, incurriendo a una técnica idéntica al pensar normal: con
pequeños volúmenes de investidura dirige una investidura tentativa, logra anticipar la
satisfacción de la moción pulsional dudosa y reproducir la sensación de displacer que
corresponde al inicio de la situación de peligro temida. Se pone en juego el principio de
placer-displacer que lleva a cabo la represión de la moción pulsional peligrosa (suscita el
automatismo placer-displacer).
.C
Puede suceder que el ataque de angustia se desarrolle plenamente y el Yo se retire de la
excitación chocante, o en vez de salir al encuentro con una investidura tentativa, lo hace con
una contrainvestidura que se conjuga con la energía de la moción reprimida para la formación
DD
de síntomas, o es acogida en el Yo como formación reactiva.
El principio de placer-displacer rige los procesos en el interior del Ello provocando alteraciones
profundas en la moción pulsional. En muchos casos la moción pulsional reprimida retiene su
investidura libidinal, otras veces su libido es conducido por otras vías, cuando el Complejo de
Edipo es destruido dentro del Ello, bajo el influjo del mismo conflicto que fue iniciado por la
señal de angustia. El Yo es endeble frente al Ello, se empeña en llevar a cabo sus órdenes.
LA

Ese Yo es parte del Ello mejor organizada, orientada hacia la realidad.

El Yo influye sobre los procesos del Ello cuando por medio de la señal de angustia pone en
actividad el principio placer-displacer.​ Inmediatamente vuelve a mostrar su endeblez,
FI

renunciando mediante la represión a un fragmento de su organización, consintiendo que la


moción pulsional reprimida permanezca sustraída a su influjo de manera duradera. La angustia
neurótica se ha mudado en angustia realista. Pero no es el daño de la persona de forma
objetiva, porque es a nivel anímico; lo esencial en el nacimiento como en cualquier otra
situación de peligro es que provoque en el vivenciar anímico un estado de excitación de


elevada tensión que sea sentido como displacer y del cual uno no pueda enseñorearse por vía
de descarga. Se llama ​factor traumático a ​ un estado así, en qué fracasan los empeños del
principio de placer, y a través de la serie angustia neurótica- angustia realista- situación de
peligro se llega a la conclusión que la angustia es la emergencia de un factor traumático que no
puede ser tramitado según la norma del principio de placer. El principio de placer no nos
resguarda de daños objetivos, sino sólo de nuestra economía psíquica, y está lejos de la
pulsión de autoconservación. Sin embargo, solo la magnitud de la suma de excitación convierte
a una impresión en factor traumático, paraliza la operación del principio de placer y confiere su
significatividad a la situación de peligro. Por lo tanto las represiones originarias nacen
directamente a raíz del encuentro del Yo con una exigencia libidinal hipertrófica proveniente de
factores traumáticos, y crean la angustia como algo nuevo.

En “inhibición…” la angustia era la descarga directa del exceso de libido; ahora ​la angustia es
la reacción frente a exigencias libidinales consecuencia directa del factor traumático ​(lo no
ligado)​ y como la señal de que amenaza la repetición de un factor así.​ (Resumen de las
pulsiones).

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


El individuo sirve a dos propósitos:​ la autoconservación y la de la especie. Posee pulsiones
Yoicas (todas las que tienen que ver con la conservación y el engrandecimiento de la persona)
y las sexuales (aquellas que exigían la vida sexual infantil y perversa).

El Yo es el poder limitante, represor y las aspiraciones sexuales lo reprimido, cuya energía es


la libido. La pulsión se distingue del estímulo en que proviene de fuentes de estímulo dentro del
cuerpo, actúa con una fuerza constante y la persona no puede huirle. La pulsión posee fuente,
objeto y meta. La fuente es un estado de excitación corporal; la meta la cancelación de la
excitación; y en el camino entre la fuente y la meta la pulsión adquiere eficacia psíquica. Es
cierto monto de energía que esfuerza en determinada dirección. Las metas pulsionales pueden
ser activas o pasivas. La meta puede alcanzarse en el cuerpo propio o en un objeto externo.
Mociones pulsionales de una fuente pueden acoplarse a las de otra y compartir su destino, una
satisfacción puede ser sustituida por otra. También el vínculo con la meta y el objeto pueden
variar: pueden permutarse por otros, siendo el vínculo con el objeto el más fácil de aflojar. La
modificación de la meta y el cambio de vía de objeto en la que interviene nuestra valoración
social es la sublimación. Hay pulsiones de meta inhibida, que se detienen en el camino hacia la

OM
satisfacción, de suerte que sobrevienen una investidura de objeto y una aspiración continua.
Las pulsiones sexuales son plásticas, capaces de cambiar de vía sus metas, admite
subrogaciones dejándose sustituir una satisfacción pulsional por otra. Las pulsiones de
autoconservación en cambio no admiten diferimiento, son imperativas. La función sexual se
produce por un desarrollo de un gran número de pulsiones parciales provenientes de distintas
fuentes somáticas que con independencia recíproca pugnan por alcanzar una satisfacción y la
hallan en el placer de órgano. No todas estas pulsiones serán acogidas en la organización
.C
definitiva de la función sexual; muchas serán dejadas de lado por inutilizables, mediante
represión; algunas serán desviadas de su meta y aplicadas como refuerzo de otras mociones;
otras sirven para la producción de un placer previo. Hay varias fases de la organización
DD
provisional, pregenitales (oral, sádico-anal, fálica) y la genital, cuando la organización sexual
definitiva se ha llevado a cabo, que se establece tras la pubertad y en la cual los genitales
femeninos hallan el reconocimiento que los masculinos habían conseguido antes.
En la fase sádico-anal hay dos estadios: en el anterior reinan las tendencias destructivas de
aniquilar y perder, y en el posterior de guardar y poseer. En mitad de éstas emerge el
miramiento hacia el objeto como precursor de una posterior investidura de amor. También la
LA

fase oral posee subestadios: el primero es la incorporación oral y falta toda ambivalencia en el
vínculo con el pecho; en el segundo relacionado con el morder (sádico-oral) muestra la
ambivalencia. Mucho de las configuraciones se han conservado posteriormente y se ha
procurado una subrogación duradera en la economía libidinal y en el carácter de la persona. El
FI

ano corresponde embriológicamente a la boca que ha migrado hacia abajo; el interés pulsional
de la caca traspasa a objetos que pueden darse como regalo (la caca es el primer regalo del
que se desprende por amor a su cuidadora). De manera análoga al cambio de vía del
significado en el lenguaje, el interés por la caca se transpone en el aprecio al oro y el dinero, y
también hace su contribución a la investidura afectiva del hijo y del pene. De acuerdo a la teoría


de la cloaca, el hijo nace como un fragmento de caca, la defecación es el arquetipo del acto de
nacimiento. El pene le aparece al niño como algo separable del cuerpo (cuando toma noticia
que no todos lo poseen) y lo sitúa en analogía con el excremento (primer fragmento de
corporeidad al que debió renunciar). Son tratados como equivalentes, subrogados mediante
símbolos comunes. En la niña el deseo de tener un pene se transmuda en deseo de tener un
hijo. También influyen en la formación de carácter, en que orden ahorro, terquedad son
consecuencia de que el erotismo anal no haya sido elaborado hasta su acabamiento.

El Yo es reservorio de libido, del que parten las investiduras libidinosas de los objetos y
regresan, mientras gran parte permanece continuamente dentro del Yo. Sin cesar se trasmuda
libido yoica en libido de objeto y viceversa. Por lo tanto no son de diferente naturaleza, por
tanto libido puede designarse a la energía psíquica en general.
Las pulsiones sexuales (Eros) se oponen a las pulsiones de agresión, cuya meta es la
destrucción. Sadismo es cuando la satisfacción sexual se anuda a la condición de que el objeto
sexual padezca dolores, maltratos y humillaciones, y masoquismo cuando la necesidad
consiste en ser uno mismo ese objeto maltratado. Ciertos ingredientes son acogidos en la
sexualidad normal y son perversiones cuando refrenan a las otras metas sexuales y las
reemplazan por las propias metas. En ambos estamos ante mezcla entre ambas clases de

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


pulsión, del Eros con la agresiva. Las pulsiones eróticas introducirán la diversidad de sus metas
sexuales, y las otras consentirán aminoraciones de su tendencia (agresiva). Las mezclas
pueden descomponerse, y tales desmezcla tendrán las más graves consecuencias para la
función. El masoquismo, además de su meta sexual, es una aspiración que tiene por meta la
destrucción de sí mismo. El Ello incluye originariamente todas las mociones pulsionales, por lo
tanto el masoquismo es más antiguo que el sadismo, que es la pulsión de destrucción vuelto
hacia fuera. Las pulsiones muestran unos afanes por reproducir un estado anterior; en el
momento en que uno de estos estados ya alcanzados sufre una perturbación, nace una pulsión
a recrearlo y produce fenómenos como la compulsión de repetición. Expresa la naturaleza
conservadora de las pulsiones. En el ámbito anímico vivencias infantiles se repiten en sueños y
reacciones, y especialmente en la transferencia, contrariando al principio de placer. Esta se
impone más allá del principio de placer. Si alguna vez la vida surgió de la materia inanimada,
tiene que haber nacido una pulsión que quisiera volver a cancelarla reproduciendo el estado
inorgánico. Esta es la autodestrucción, o pulsión de muerte que contrarían el afán de las
pulsiones de vida (de aglomerar cada vez más sustancia viva en unidades mayores) sino que
reconducen a lo vivo al estado inorgánico. De la acción eficaz conjugada y contraria de ambas

OM
surgen los fenómenos de la vida. Por lo tanto la pulsión de muerte se pone al servicio del Eros
y vuelta hacia fuera se expresa como agresión. La necesidad inconsciente de castigo que
acompaña toda neurosis se comporta como un fragmento de la conciencia moral, y
corresponde a una porción de agresión interiorizada y asumida por el Superyo. Una parte de la
agresión vuelta hacia el mundo exterior regresa y es ligada por el Superyó y vuelta sobre el Yo
como sentimiento inconsciente de culpa; otra parte permanece muda como pulsión de
destrucción libre en el Yo y el Ello. En la institución primera del Superyo se empleó aquel
.C
fragmento de agresión hacia los padres que el niño no pudo descargar a consecuencia de su
fijación de amor, así como de las dificultades externas. Aquellas personas en que este
sentimiento es muy potente tendrán una reacción terapéutica negativa: la solución de un
DD
síntoma produce un refuerzo momentáneo del mismo y del padecimiento. Nuestra cultura se
ha edificado a expensas de las aspiraciones sexuales inhibidas, reprimidas y utilizadas para
nuevas metas (sublimadas). Pero también las pulsiones de agresión dificultan la convivencia y
amenazan la perduración de la sociedad; que limite su agresión es el mayor sacrificio que se
pide.
LA

Pegan a un niño (1919)


FI

¿Por qué esa fantasía produce satisfacción? ¿Por qué se obtiene placer en el dolor?

Freud se encuentra con una serie de pacientes en el análisis en donde todos tienen la misma
fantasia en comun.
Todos fantasean y se les aparece la imagen de un niño qué está siendo azotado, golpeado. Y


está fantasía viene investida/cargada de elevado placer.

La fantasía tiene una historia evolutiva qué no es para nada simple, sino qué suele ser muy
compleja y se manifiesta de diversas formas.
Freud va a ​dividir a estas fantasías en tres p
​ ara analizar sus diferentes variaciones y significar
qué representa está fantasía en cada una de estas fases.

Primera fase de la fantasía

Freud dice qué el niño qué está siendo golpeado n ​ unca es quién fantasea​, no es el fantaseador
sino qué ​es otro niño.​ Y quién está golpeando a este niño, tampoco es quién fantasea, sino qué
es un adulto qué luego en el análisis, el sujeto reconoce de forma clara y unívoca qué este
adulto es el ​padre. ​Por lo tanto en la primera fase, el padre es el fantaseador golpeando a un
niño qué no es el.

Freud explica esto de la siguiente forma: En el complejo de edipo, se entiende al amor de forma
exclusiva, y el niño puede llegar a tener un competidor si nace algún hermanito. En este caso,
todo ese amor qué recae sobre él en forma exclusiva comienza a recaer sobre ese hermanito,

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


qué necesita satisfacer sus necesidades y qué además debido a la ternura qué emana también
se lleve una cuota de amor importante de los padres.
Entonces, la fantasía está, satisface dice Freud, los celos y el egoísmo del niño, y quién está
siendo azotado es entonces el hermanito o el competidor.
El niño piensa en su fantasía lo siguiente: “El padre golpea al niño qué yo odio, golpea a mi
competidor”; se puede traducir de está otra forma: “Sí el padre golpea al niño qué yo odio, por
lo tanto, esto reflejaria qué no lo ama a él, sino qué me ama de forma exclusiva a mi”.
Este es el primer significado de la primera fase de la fantasía.
Freud dice qué en está fase no se puede observar sí es claramente un deseo masoquista o un
deseo sádico el qué se satisface, pero qué sí aparecen acá los cimientos y la base para qué en
la fase posteriores estos dos elementos sí aparezcan.

OM
Segunda fase de la fantasía

La persona qué está golpeando al niño sigue siendo la misma, ​es el padre del fantaseador,
pero no así quién está siendo azotado, deja de ser el hermanito y pasa a ​ser uno mismo.​ ​Quién
está siendo golpeado es quién está fantaseando.
.C
Por lo tanto, ahora tenemos al padre del fantaseador golpeándolo a él mismo. Y comenta Freud
qué​ la fantasía ahora sí se ha convertido en una fantasía qué satisface la pulsión masoquista​.
DD
Freud le va a dar el siguiente significado: En el complejo de edipo los deseos incestuosos
posteriormente caen bajo la amnesia infantil, pero estos luego actúan desde lo icc y pueden
generar la ​“conciencia de culpa”​ la persona sin recordar qué tuvo deseos incestuosos para con
los padres, tiene grandes sentimientos de culpa. Entonces, lo qué plantea Freud es qué ahora
está fantasía muta y hay una conjunción entre la conciencia de culpa y el erotismo.
LA

¿Y por qué es masoquista y porque viene investida de elevado placer? Porque el padre qué
golpea al niño, no es un padre cualquiera, sino qué e ​ s el padre al qué el ama.
Freud dice qué está fantasía ​es la más importante ​de las tres y qué es una construcción del
análisis, el paciente no la reconoce por sí solo. En los niños, suele ser la madre quien lo azote.
FI


Este archivo fue descargado de https://filadd.com


OM
.C
DD
Tercer fase de la fantasía

Freud nos dice qué ya no es un solo niño quién está siendo azotado, sino qué ahora son
muchos niños.​ Y qué tampoco el padre aparece en está fantasía, sino qué ahora es ​otro adulto
quién está golpeando a estos niños, pero igualmente aclara qué este otro adulto en definitiva
LA

simboliza a la figura del padre​. Por ejemplo: Un maestro.

Pareciera ser qué ahora sí la fantasía es sádica, pero en verdad no, ​sigue siendo masoquista.
Porque estos muchos niños qué están siendo azotados en definitiva son un subrogado de la
propia persona del fantaseador, es decir, estos muchos niños representan al fantaseador. Por
FI

lo tanto, la fase tres es igual a la fase dos, nada más qué en la fase tres aparecen algunas
subrogadas.


Conferencia 28: La terapia analitica.

La​ terapia hipnótica​ usa la sugestión para prohibir los síntomas, refuerza la represión, deja
intactos los procesos que han llevado a la formación de síntoma; la t​ erapia analítica ​ llega
hasta los conflictos de donde nacen los síntomas, se sirve de la sugestión para modificar el
desenlace de ellos; impone un difícil trabajo para cancelar las resistencias internas. Se trabaja
con la transferencia resolviendo lo que se contrapone. La superación de los conflictos se logra
si se le han dado las representaciones-expectativa que coinciden con su realidad interior. La
transferencia es objeto de tratamiento, es descompuesta en su manifestación. El éxito del
tratamiento se produce por la superación​ de las resistencias.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Teoría de la libido:​ El neurótico es incapaz de gozar y producir, porque la libido no está
dirigida a objetos reales, y porque tiene que gastar gran parte de la energía en mantener
la libido reprimida y defenderse de ella.
La terapia consiste en desasir la libido de sus provisionales ligaduras sustraídas al Yo para
ponerla al servicio de él. La libido del neurótico está ligada a los síntomas, que le procuran la
satisfacción sustitutiva. Por eso es necesario resolverlos; para esto hay que remontarse hasta
su génesis, renovar el conflicto del que surgieron, llevarlo a otro desenlace con el auxilio de
fuerzas no disponibles en ese momento, pero no en las huellas mnémicas de los sucesos que
originaron la represión sino en transferencia, creando versiones nuevas del viejo conflicto. La
transferencia es el campo de batalla en el que se reencuentran las fuerzas que combaten. Toda
la libido converge en la relación con el médico, los síntomas quedan despojados de libido. La
transferencia aparece en lugar de la enfermedad. En lugar de los objetos libidinales irreales,
aparece un único objeto fantaseado: el médico. Cuando la libido vuelve a desasirse del objeto
provisional no puede volver atrás a sus primeros objetos, sino que queda a disposición del Yo.
Se libró batalla con la repugnancia del Yo hacia ciertas orientaciones de la libido (inclinación a
reprimir.

OM
Hay dos fases en el tratamiento: ​de los síntomas a la transferencia, y librar a este nuevo
objeto de la libido, para eliminar la represión, de suerte que no pueda sustraerse más la libido
del Yo. Bajo la influencia de la sugestión se produce un cambio en el Yo; el Yo es engrosado
por lo inconsciente que se hace consciente, se reconcilia con la libido, se le concede alguna
satisfacción y se reduce el horror ante sus reclamos por la posibilidad de neutralizar un monto
de ella por sublimación.
.C
Los límites están en la falta de movilidad de la libido que no quiere abandonar sus objetos, y en
la rigidez del narcisismo, que no permite que la transferencia sobrepase cierta frontera.
DD

Los sueños, así como los actos fallidos y ocurrencias libres sirven para colegir el sentido de los
síntomas y descubrir la colocación de la libido. Nos muestran los deseos que cayeron bajo la
represión y los objetos a los cuales quedó aferrada la libido sustraída al Yo.

El sano también ha realizado represiones y hace un cierto gasto para mantenerlas, su Icc
LA

oculta mociones reprimidas, investidas de energía y una parte de su libido no está disponible
para su Yo. La persona sana es virtualmente neurótica. La diferencia entre salud y neurosis se
circunscribe a lo práctico, y se define por el resultado, si le ha quedado a la persona capacidad
para gozar y producir; el sano puede poseer innumerables formaciones de síntoma, aunque
FI

mínimas y carentes de importancia práctica. La diferencia es de índole cuantitativa, los


montos de energía que han quedado libres y ligados por represión.

La escisión del Yo en el proceso defensivo (1940)




El Yo del niño se encuentra, pues al servicio de una poderosa exigencia pulsional, que está
habituado a satisfacer y es de pronto aterrorizado por una vivencia que le enseña que
proseguir con esa satisfacción le traería por resultado un peligro real-objetivo difícil de soportar
y entonces debe decidirse: reconocer el peligro real inclinarse ante él y renunciar a la
satisfacción pulsional o desmentir la realidad objetiva, instalarse la creencia de que no hay
razón alguna para tener miedo a fin de perseverar así en la satisfacción, es por tanto un
conflicto entre la exigencia de la pulsión y el veto de la realidad objetiva.
Responde al conflicto con dos reacciones contrapuestas​:
- Rechaza la realidad objetiva con ayuda de ciertos mecanismos, y no se deja prohibir
nada.
- Reconoce el peligro de la realidad objetiva, asume la angustia ante él como un síntoma
de padecer y luego busca defenderse de él.
Las dos reacciones contrapuestas frente al conflicto subsistirán como núcleo de una escisión
del yo.

Freud cuenta un ejemplo de un varoncito el cual es sometido a una gran excitación por una
niña mayor que el, que luego la deja de ver, y que prolongó un ferviente onanismo manual, una

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


niñera amenazo con la castracion y el cumplimiento se le atribuyó al padre. Por si sola la
amenaza de castración no causa mucha impresión, el niño rehúsa la creencia sin embargo si
ha visto antes los genitales femeninos el puede de alguna manera considerar la posibilidad, en
este caso el niño encontró un subterfugio, "lo que ahí falta ya le crecerá", también hay
varoncitos a los que se les observa que al ver los genitales por ejemplo de una hermanita y lo
asocian con la amenaza el niño cree comprender ahora por qué los genitales de la niña ya no
mostraban pene alguno y ya no se atreve a poner en duda que su propio genital pueda correr la
misma suerte.

Pues bien: la consecuencia ordinaria, considerada la normal, del terror de castración, ceda a la
amenaza con una obediencia total o al menos parcial, algunos niños se crean sustitutos cuando
esto no pasa, sustitutos del pene echado de menos en la mujer, "un fetiche", con ello había
desmentido la realidad objetiva pero habría salvado su propio pene, este acto del niño se nos
impone como un extrañamiento respecto de la realidad, como un proceso que tendríamos a
dejar reservado para la psícosis, el varoncito no ha alucinado ni a contradicho su percepción si
no que ha emprendido un desplazamiento de valor, ha transferido el significado del pene a otra

OM
parte del cuerpo, para lo cual vino en su auxilio, ese desplazamiento solo afectó al cuerpo de la
mujer, respecto de su pene propio nada se modificó.

Lo amenazaron con que su padre lo castraria e inmediatamente después de manera


​ reación del fetiche,​ aflora en él una intensa angustia ante el castigo del
simultánea a la c
padre, angustia que lo ocupará largo tiempo, y que solo podrá dominar y sobrecompensar con
todo el gasto de su virilidad, también esa angustia ante el padre calla sobre la castración, con
.C
ayuda de una regresión a la fase oral aparece como angustia de ser devorado por el padre.
(Ejemplo de Cronos)
DD
Análisis terminable e interminable

Capitulo 3.

Freud destaca la existencia de tres factores para las posibilidades de la terapia psicoanalítica:
LA

- Influyó de traumas.
- Intensidad constitucional de las pulsiones.
- Alteración del Yo.
Solo va a interesar la del medio.
FI

¿Es posible resolver por medio de la terapéutica psicoanalítica un conflicto entre un instinto y el
Yo, o el causado por una demanda instintiva patógena al Yo, de un modo permanente y
definitivo?. Esto es, en general, imposible, y tampoco es en absoluto deseable.

Con ello queremos decir algo completamente distinto, algo que puede ser descrito grosso modo


como una «domesticación» del instinto. Es decir, el instinto es integrado en la armonía del Yo,
resulta accesible a todas las influencias de los otros impulsos sobre el Yo y ya no intenta seguir
su camino independiente hacia la satisfacción. Si se nos pregunta por qué métodos y medios
se logra este resultado, no es fácil encontrar una respuesta. Sólo tenemos una única pista para
empezar: la antítesis entre los procesos primarios y secundarios, y en este punto he de
limitarme a señalar esta antítesis.

Formulada en estos términos la pregunta no hace mención de la intensidad del instinto; pero es
precisamente de esto de lo que depende el resultado. La experiencia diaria nos enseña que en
una persona normal cualquier solución de un conflicto instintivo sólo resulta buena para una
cierta relación entre la intensidad del instinto y la fuerza del Yo. Si ésta disminuye, sea por
enfermedad o fatiga o por alguna otra causa parecida, todos los instintos que han sido hasta
entonces domeñados con éxito pueden renovar sus exigencias y tender a obtener
satisfacciones sustitutivas por caminos anormales.

Dos veces en el curso del desarrollo individual ciertos instintos resultan considerablemente
reforzados: ​en la pubertad, y en la menopausia. U​ na persona que no ha sido antes neurótica se
convierta en tal en esas épocas. Los mismos efectos producidos por esos dos refuerzos

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


fisiológicos del instinto pueden aparecer de un modo irregular por causas accidentales en
cualquier otro período de la vida (traumas recientes, frustraciones forzadas o por la influencia
colateral de unos instintos sobre otros).

El psicoanálisis permite al Yo que ha alcanzado mayor madurez y fuerza emprender una


revisión de esas antiguas represiones; unas pocas son destruidas,mientras otras son
reconocidas, pero reconstruidas con un material más sólido. Estos nuevos diques son de un
grado de firmeza muy distinto al de las primeras; podemos confiar en que no cederán tan
fácilmente ante un aumento de la fuerza de los instintos. Así, ​el verdadero resultado de la
terapéutica psicoanalítica sería la corrección subsiguiente del primitivo proceso de represión​,
una corrección que pone fin al predominio del factor cuantitativo.

El análisis logra a veces eliminar la influencia de un aumento del instinto, pero no


invariablemente, o bien el efecto del psicoanálisis se halla limitado a aumentar el
poder de resistencia de las inhibiciones de modo que equilibren exigencias mucho mayores que
antes del análisis o si éste no hubiera tenido lugar. Realmente no puedo adoptar una decisión

OM
en este punto ni sé si en los momentos actuales es posible.

Existe, sin embargo, otro ángulo desde el cual podemos enfocar el problema de la variabilidad
de los efectos del psicoanálisis. De todas las creencias erróneas y supersticiosas de la
Humanidad, que se supone que han sido superadas, no existe ninguna cuyos residuos no se
hallen hoy entre nosotros en los estratos más bajos de los pueblos civilizados o en las capas
superiores de la sociedad culta. Lo que una vez ha llegado a estar vivo se aferra tenazmente a
.C
conservar la existencia. A veces nos sentimos inclinados a dudar de si los dragones de los
tiempos prehistóricos están realmente extintos.
DD
Aplicando estas observaciones a nuestro problema presente, pienso que la respuesta a la
pregunta de cómo explicar los variables resultados de nuestra terapéutica psicoanalítica
podría ser que cuando pretendemos sustituir las represiones, que son inseguras, por controles
sintónicos con el yo no siempre conseguimos nuestras aspiraciones en su plenitud. Hemos
obtenido la transformación, pero con frecuencia sólo parcialmente: fragmentos de los viejos
mecanismos quedan inalterados por el trabajo analítico. Es difícil probar que esto ocurre
LA

realmente así, porque no tenemos otro camino para juzgar lo que sucede que el resultado que
estamos intentando explicar. Sin embargo, las impresiones que se obtienen durante el trabajo
analítico no contradicen esta suposición; más bien parece confirmar. La causa de este fracaso
parcial se descubre fácilmente.En el pasado, el factor cuantitativo de la fuerza instintiva se
FI

oponía a los esfuerzos defensivos del yo; por esta razón hemos llamado en nuestra ayuda al
psicoanálisis, y ahora aquel mismo factor pone un límite a la eficacia de este nuevo esfuerzo. Si
la fuerza del instinto es excesiva, el yo maduro, ayudado por el análisis, fracasa en su tarea de
igual modo que el yo inerme fracasó anteriormente. Su control sobre el instinto ha mejorado,
pero sigue siendo imperfecto, porque la transformación del mecanismo defensivo es sólo


incompleta.

La irrupción final depende siempre de la fuerza relativa de los agentes psíquicos que luchan
entre sí.

No hay duda que es deseable el acortamiento de la duración del tratamiento psicoanalítico,


pero sólo podemos lograr nuestro propósito terapéutico aumentando el poder del análisis para
que llegue a auxiliar al Yo.

Capitulo 5.

Los factores decisivos para el éxito de nuestros esfuerzos terapéuticos eran el influjo de una
etiología traumática, la fuerza relativa de los instintos que han de ser controlados y una cosa
que hemos llamado una alteración del Yo.

Respecto al tercer factor, la situación analítica consiste en que nos aliamos con el Yo de la
persona sometida al tratamiento con el fin de dominar partes de su ello que se hallan
incontroladas; es decir, de incluirlas en la síntesis de su Yo. El hecho de que una cooperación

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


de esta clase fracasa habitualmente en el caso de los psicóticos nos permite sentar
sólidamente nuestros pies para establecer un juicio. Si hemos de poder hacer un pacto con el
Yo, este ha de ser “normal”. Toda persona normal es de hecho solamente normal en cuanto
pertenece a la media. Su Yo se aproxima al del psicótico en uno u otro aspectos y en mayor o
menor cantidad; y el grado de su alejamiento de un extremo de la serie y de su proximidad al
otro nos proporcionará una medida provisional de lo que hemos llamado con tanta imprecisión
«alteración del Yo».

Esas alteraciones son o congénitas o adquiridas. Si son adquiridas ciertamente, lo habrán sido
en el curso del desarrollo, empezando ya en los primeros años de la vida. Porque el Yo ha de
intentar, desde el principio, realizar su tarea de mediar entre su Ello y el mundo externo al
servicio del principio del placer y proteger al Ello de los peligros del mundo exterior. Bajo la
influencia de la educación, el Yo se va acostumbrando a llevar el escenario de la lucha
desde fuera adentro y a dominar el peligro interno antes que se convierta en peligro externo, y
probablemente la mayor parte de las veces tiene razón al hacerlo así. Durante esta lucha en
dos frentes el Yo utiliza varios procedimientos para evitar el peligro,la ansiedad y el displacer. A

OM
estos procedimientos los llamamos «mecanismos de defensa»

La represión tiene la misma relación con los otros métodos de defensa que la omisión tiene
con la distorsión del texto, y en las diferentes formas de esta falsificación podemos
descubrir paralelos con la diversidad de modos en los que el yo se altera. El aparato psíquico
no tolera el displacer, ha de eliminarlo a toda costa, y si la percepción de la realidad lleva
consigo displacer, aquella percepción debe ser sacrificada. Pero no podemos huir de nosotros
.C
mismos; no es un remedio frente al peligro interno. Y por esta razón los mecanismos
defensivos del yo están condenados a falsificar nuestra percepción interna y a darnos
solamente una imagen imperfecta y desfigurada de nuestro ello.
DD

Los mecanismos de defensa sirven al propósito de alejar los peligros. Pero también a su vez,
pueden convertirse en peligros. A veces resulta que el yo ha pagado un precio demasiado alto
por los servicios que le prestan. Además, esos mecanismos no se extinguen después de haber
ayudado al yo durante los años difíciles de su desarrollo. Cada persona sólo utiliza una
selección de ellos. Se convierten en modos regulares de reacción de su carácter, que se
LA

repiten a lo largo de su vida cuando se presenta una situación similar a la primitiva. Esto los
convierte en infantilismos. EI Yo del adulto, con su fuerza incrementada, continúa
defendiéndose contra peligros que ya no existen en la realidad; para poder justificar, en
relación con ellas, el que mantengan sus modos habituales de reacción. Así producen una
FI

alienación más amplia del mundo exterior y una debilitación permanente del Yo, facilitando
el camino para la irrupción de la neurosis.

Lo que intentamos descubrir es la influencia que las alteraciones del Yo, que corresponden
los mecanismos de defensa, tienen sobre nuestros esfuerzos terapéuticos. EI paciente repite


esos modos de reacción durante el trabajo analítico. Nuestro trabajo terapéutico se halla
oscilando continuamente hacia adelante y hacia atrás, entre un fragmento de análisis del ello y
otro del análisis del Yo. En el primer caso necesitamos hacer consciente algo del Ello; en el
otro queremos corregir algo del Yo. Lo importante es que los mecanismos defensivos dirigidos
contra el peligro primitivo reaparecen en el tratamiento como resistencias contra la curación. De
aquí resulta que el Yo considera la curación como un nuevo peligro

EI efecto terapéutico depende de que se haga consciente lo que se halla reprimidoen el ello.
Preparamos el camino para esta concienciación por las interpretaciones y las construcciones,
pero interpretamos sólo para nosotros y no para el paciente, en tanto el yo se aferra a sus
antiguas defensas y no abandona sus resistencias. Ahora bien: esas resistencias, aunque
pertenecen al yo, son inconscientes y en cierto modo se hallan aisladas dentro de él. Durante el
trabajo sobre las resistencias el yo cesa de apoyar nuestros esfuerzos para descubrir el ello;
desobedece la regla fundamental del análisis y no permite que emerja nada derivado de lo
reprimido. No podemos esperar que el paciente tenga una gran convicción sobre el poder
curativo del análisis. Puede haber traído consigo un cierto grado de confianza en el analista,
que será reforzado por la transferencia positiva que se creará en él. Bajo el influjo de los
impulsos displacenteros que siente como resultado de la reactivación de sus conflictos

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


defensivos, las transferencias negativas pueden ocupar el primer plano y anular por completo la
situación psicoanalítica. Ahora el paciente mira al psicoanalista como a un extraño que tiene
exigencias desagradables para él y se conduce entonces como un niño que no gusta del
extraño y no cree nada de lo que le dice. Si el psicoanalista intenta explicar al paciente una de
las distorsiones hechas por él con propósitos de defensa y corregirle, lo encuentra sin
comprensión e inaccesible a los argumentos mejor fundamentados. Así vemos que existe una
resistencia al descubrimiento de las resistencias, y los mecanismos defensivos merecen
realmente el nombre que les hemos dado primitivamente aun antes de haberlos examinado en
detalle. Son resistencias no sólo a la concienciación de los contenidos del ello, sino también al
análisis como un todo y, por tanto, a la curación.

El efecto producido en el yo por las defensas puede describirse acertadamente como una
«alteración del Yo», si por esto comprendemos una desviación de la ficción de un Yo normal
que garantiza una inquebrantable lealtad al trabajo del análisis. Es fácil entonces aceptar el
hecho, que la experiencia diaria muestra, de que el resultado de un tratamiento psicoanalítico
depende esencialmente de la fuerza y de la profundidad de las raíces de esas resistencias, que

OM
dan lugar a una alteración del Yo.

Capitulo 8.

Tanto en el psicoanálisis terapéutico como en el del carácter percibimos que dos temas se
presentan con especial preeminencia y proporcionan al analista una cantidad desmedida de
trabajo. Uno es característico de los varones; el otro, de las mujeres. A pesar de las diferencias
.C
de su contenido, existe una clara correspondencia entre ellos.

Los dos temas son: en la mujer, la envidia del pene, y en el varón, la lucha contra su actitud
DD
pasiva o femenina frente a otro varón. Lo común a los dos temas es la actitud hacia el complejo
de castración.

Al intentar introducir este factor en la estructura de nuestra teoría no debemos pasar por alto el
hecho de que, por su misma naturaleza, no puede ocupar la misma posición en los dos sexos.
En los varones la aspiración a la masculinidad es, desde el principio, sintónica con el yo; la
LA

actitud pasiva, puesto que presupone una aceptación de la castración, se halla reprimida
enérgicamente y con frecuencia su presencia sólo se revela por hiper compensaciones
excesivas. En las hembras también la aspiración a la masculinidad resulta sintónica con el yo
en la fase fálica, antes que haya empezado la evolución de la femineidad-. Pero entonces
FI

sucumbe a los tempestuosos procesos de la represión, cuyo éxito determina el logro de la


femineidad de una mujer. Normalmente grandes porciones del complejo son transformadas y
contribuyen a la formación de su feminidad: el deseo apaciguado de un pene está destinado a
convertirse en el deseo de un bebé y de un marido que posee un pene. Es extraño, sin
embargo, cuán a menudo encontramos que el deseo de masculinidad ha sido retenido en el


inconsciente y a partir de su estado de represión ejerce un influjo perturbador.

Como se ve por lo que he dicho, en ambos casos es la actitud apropiada para elsexo opuesto
la que ha sucumbido a la represión.

Ferenczi consideraba como un requisito para todo psicoanálisis realizado con éxito que esos
dos complejos hubieran sido dominados.

Me gustaría añadir que, según mi propia experiencia, pienso que al pedir esto pedía
demasiado. En ningún momento del trabajo psicoanalítico se sufre más de un sentimiento
opresivo de que los repetidos esfuerzos han sido vanos y se sospecha que se ha estado
«predicando en el desierto» que cuando se intenta persuadir a una mujer de que abandone su
deseo de un pene porque es irrealizable, o cuando se quiere convencer a un hombre de que
una actitud pasiva hacia los varones no siempre significa la castración y es indispensable en
muchas relaciones de la vida. La rebelde hipercompensación del varón produce una de las más
intensas resistencias a la transferencia. Se niega a sujetarse a un padre-sustituto o a sentirse
en deuda con él por cualquier cosa y, por consiguiente, se niega a aceptar su curación por el
médico. Del deseo de un pene por parte de la mujer no puede provocarse una transferencia

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


análoga, pero es en ella la fuente de graves episodios de depresión debidos a una convicción
interna de que el análisis de nada servirá y que nada puede hacerse para ayudarla. Y hemos
de aceptar que está en lo cierto cuando sabemos que su más fuerte motivo para el tratamiento
era la esperanza de que, después de todo, todavía podría obtener un órgano masculino, cuya
ausencia era tan penosa para ella.

Pero también aprendemos de esto que no es importante la forma en que aparece la resistencia,
sea como una transferencia o no. La cosa decisiva sigue siendo que la resistencia evita que
aparezca cualquier cambio, que todo continúa como antes estaba. Con frecuencia tenemos la
impresión de que con el deseo de un pene y la protesta masculina hemos penetrado a través
de todos los estratos psicológicos y nuestras actividades han llegado a su fin. Esto es
probablemente verdad, puesto que para el campo psíquico el territorio biológico desempeña en
realidad la parte de la roca viva subyacente. La repudiación de la femineidad puede no ser otra
cosa que un hecho biológico, una parte del gran enigma de la sexualidad. Sería difícil decir si y
cuándo hemos logrado domeñar este factor en un tratamiento psicoanalítico. Sólo podemos
consolarnos con la certidumbre de que hemos dado a la persona analizada todos los alientos

OM
necesarios para reexaminar y modificar su actitud hacia él.

Recordar, repetir y reelaborar (1914)

Al principio, en la fase de la catarsis breueriana, se enfocó directamente el momento de la


formación de síntoma, y hubo un empeño, mantenido de manera consecuente, por hacer
.C
reproducir los procesos psíquicos de aquella situación a fin de guiarlos para que tuvieran su
decurso a través de una actividad consciente.Recordar y abreaccionar eran en aquel tiempo las
metas que se procuraba alcanzar con auxilio del estado hipnótico. Luego, después de renunciar
a la hipnosis, pasó a primer plano la tarea de colegir desde las ocurrencias libres del analizado
DD
aquello que él denegaba recordar. Se pretendía sortear la resistencia mediante el trabajo
interpretativo y la comunicación de sus resultados al enfermo, en cambio, la abreacción era
relegada y parecía sustituida por el gasto de trabajo que el analizado tenía que prestar al
vencer, cerno le era prescrito la crítica a sus ocurrencias.
Por último, se plasmó la consecuente técnica que hoy empleamos: el médico renuncia a
LA

enfocar un momento o un problema determinados, se conforma con estudiar la superficie


psíquica que el analizado presenta cada vez, y se vale del arte interpretativo, en lo esencial,
para discernir las resistencias que se recortan en el enfermo y hacérselas conscientes.

Así se establece una nueva modalidad de división del trabajo: el médico pone en descubierto
FI

las resistencias desconocidas para el enfermo; dominadas ellas, el paciente narra con toda
facilidad las situaciones y los nexos olvidados. En términos descriptivos: llenar las lagunas del
recuerdo; en términos dinámicos; vencer las resistencias de represión.

El olvido de impresiones, escenas, vivencias, se reduce las más de las veces a un «bloqueo»


de ellas. Cuando el paciente se refiere a este olvido, rara vez omite agregar; «En verdad lo he
sabido siempre, sólo que no me pasaba por la cabeza».Y no es infrecuente que exteriorice su
desengaño por no ocurrírsele bastantes cosas que pudiera reconocer como «olvidadas», o sea,
en las que nunca hubiera vuelto a pensar después qué sucedieron. Sin embargo, también esta
añoranza resulta satisfecha, sobre todo en las histerias de conversión.
El «olvido» experimenta otra restricción al apreciarse los recuerdos encubridores, de tan
universal presencia. En muchos casos he recibido la impresión de que la consabida amnesia
infantil, tan sustantiva para nuestra teoría, está contrabalanceada en su totalidad por los
recuerdos encubridores. En estos no se conserva sólo algo esencial de la vida infantil, sino en
verdad todo lo esencial. Sólo hace falta saber desarrollarlo desde ellos por medio del análisis.
Representan tan acabadamente a los años infantiles olvidados como el contenido manifiesto
del sueño a los pensamientos oníricos.
Los otros grupos de procesos psíquicos que como actos puramente internos uno puede oponer
a las impresiones y vivencias —fantasías, procesos de referimiento, mociones de sentimiento,
nexos— deben ser considerados separadamente en su relación con el olvidar y el recordar.

Aquí sucede, con particular frecuencia, que se «recuerde» algo qué nunca pudo ser «olvidado»
porque en ningún tiempo se lo advirtió, nunca fue conciente; además, para el decurso psíquico

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


no parece tener importancia alguna que uno de esos «nexos» fuera conciente y luego se
olvidara, o no hubiera llegado nunca a la conciencia.

En las diversas formas de la neurosis obsesiva, en particular, lo olvidado se limita las más de
las veces a disolución de nexos, desconocimiento de consecuencias, aislamiento de recuerdos.

Para un tipo particular de importantísimas vivencias, sobrevenidas en épocas muy tempranas


de la infancia y qué en su tiempo no fueron entendidas, pero han hallado inteligencia e
interpretación con efecto retardado, la mayoría de las veces es imposible despertar un
recuerdo. Se llega a tomar noticia de ellas a través de sueños.

Si nos atenemos al signo distintivo de está técnica respecto del tipo anterior, podemos decir
que el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que Jo actúan
No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, qué lo
hace. Por ejemplo: El analizado no refiere acordarse de haber sido desafiante e incrédulo frente
a la autoridad de los padres; en cambio, se comporta de esa manera frente al médico. En

OM
especial, él empieza la cura con una repetición así. Á menudo, tras comunicar a cierto paciente
de variada biografía y prolongado historial clínico la regla fundamental del psicoanálisis, y
exhortarlo luego a decir todo cuanto se le ocurra, uno espera que sus comunicaciones afluyan
en torrente, pero experimenta, al principio, que no sabe decir
palabra. Calla, y afirma que no se le ocurre nada. Esta no es, desde luego, sino la repetición de
una actitud homosexual que se esfuerza hacia el primer plano como resistencia a todo
recordar. Y durante el lapso que permanezca en tratamiento no se liberará de esta compulsión
.C
de repetición; uno comprende, al fin, que esta es su manera de recordar.

Por supuesto que lo que más nos interesa es la relación de esta compulsión de repetir con la
DD
trasferencia y la resistencia. Pronto advertimos que la transferencia misma es sólo una pieza de
repetición, y la repetición es la transferencia del pasado olvidado; pero no sólo sobre el médico:
también sobre todos los otros ámbitos de la situación presente. Por eso tenemos que estar
preparados para que el analizado se entregue a la compulsión de repetir, que le sustituye ahora
al impulso de recordar, no sólo en la relación personal con el médico, sino en todas las otras
actividades y vínculos simultáneos de su vida. Por ejemplo: si durante la cura elige un objeto de
LA

amor, toma a su cargo una tarea, inicia una empresa. Tampoco es difícil discernir la
participación de la resistencia. Mientras mayor sea esta, tanto más será sustituido el recordar
por el actuar (repetir).
FI

Tenemos dicho que el analizado repite en vez de recordar, y repite bajo las condiciones de la
resistencia; ahora estamos autorizados a preguntar: ¿Qué repite o actúa, en verdad? He aquí
la respuesta: Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido ya se ha abierto paso hasta
su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de carácter. Y,
además, ​durante el tratamiento repite todos sus síntomas.


Mientras el enfermo lo vivencia como algo real-objetivo y actual, tenemos nosotros que realizar
el trabajo terapéutico, que en buena parte consiste en la reconducción al pasado.

El hacer repetir en el curso del tratamiento analítico, según esta técnica más nueva, equivale a
convocar un fragmento de vida real, y por eso no en todos los casos puede
ser inofensivo y carente de peligro. De aquí arranca todo el problema del a menudo inevitable
«empeoramiento durante la cura».
La introducción del tratamiento conlleva, particularmente, que el enfermo cambie su actitud
consciente frente a la enfermedad. Es preciso que el paciente cobre el coraje de ocupar su
atención en los fenómenos de su enfermedad. Ya no tiene permitido considerarla algo
despreciable; más bien será un digno oponente.
Así es preparada desde el comienzo la reconciliación con eso reprimido que se exterioriza en
los síntomas, pero también se concede cierta tolerancia a la condición de enfermo. Si en virtud
de esta nueva relación con la enfermedad se agudizan conflictos y resaltan al primer plano
unos síntomas que antes eran casi imperceptibles, uno puede fácilmente consolar de ello al
paciente puntualizándole que son unos empeoramientos necesarios, pero pasajeros.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


Se dispone a librar una permanente lucha con el paciente a fin de retener en un ámbito
psíquico todos los impulsos que él querría guiar hacia lo motor, y si consigue tramitar mediante
el trabajo del recuerdo algo que el paciente preferiría descargar por medio de una acción, lo
celebra como un triunfo de la cura.
Cuando la ligazón transferencial se ha vuelto de algún modo viable, el tratamiento logra impedir
al enfermo todas las acciones de repetición más significativas y utilizar el designio de ellas
como un material para el trabajo terapéutico. El mejor modo de salvar al enfermo de los
perjuicios que le causaría la ejecución de sus impulsos es comprometerlo a no adoptar durante
la cura ninguna decisión de importancia vital (p. ej., abrazar una profesión o escoger un objeto
definitivo de amor); qué espere, para cualquiera de tales propósitos, el momento de la curación.

Ahora bien, el principal recurso para domeñar la compulsión de repetición del paciente, y
transformarla en un motivo para el recordar, reside en el manejo de la transferencia.

Conseguimos, casi siempre, dar a todos los síntomas de la enfermedad un nuevo significado
transferencial, sustituir su neurosis ordinaria por una neurosis de transferencia, de la que puede

OM
ser curado en virtud del trabajo terapéutico. La transferencia crea así un reino intermedio entre
la enfermedad y la vida, en virtud del cual se cumple el tránsito de aquella a esta. El nuevo
estado ha asumido todos los caracteres de la enfermedad, pero constituye una enfermedad
artificial asequible por doquiera a nuestra intervención.
De las reacciones de repetición, que se muestran en la transferencia, los caminos consabidos
llevan luego al despertar de los recuerdos, que, vencidas las resistencias, sobrevienen con
facilidad.
.C
A menudo me han llamado a consejo para casos en que el médico se quejaba de haber
expuesto al enfermo su resistencia, a pesar de lo cual nada había cambiado o, peor, la
DD
resistencia había cobrado más fuerza y toda la situación se había vuelto aún más transparente.
La cura parecía no dar un paso adelante. Luego, esta expectativa sombría siempre resultó
errónea. Por regla general, la cura se encontraba en su mayor progreso; sólo que el médico
había olvidado qué nombrar la resistencia no puede producir su cese inmediato. Es preciso dar
tiempo al enfermo para enfrascarse en la resistencia, no consabida para él, para ​reelaborarla.
LA

Inhibición, síntoma y angustia (1926)

Capitulo 1.
FI

Inhibición: Tiene un nexo particular con la función y no necesariamente designa algo


patológico: se puede dar ese nombre a una limitación normal de una función.
Síntoma: Equivale a indicio de un proceso patológico. Entonces, también una inhibición puede


ser un síntoma.
Se habla de​ inhibición​ donde está presente una simple rebaja de la función, y de ​síntoma​,
donde se trata de una desacostumbrada variación de ella o de una nueva operación.

Freud elige estas funciones del yo con el fin de averiguar las formas en que se exterioriza su
perturbación:
- La función sexual:​ Sufre diversas perturbaciones, la mayoría tienen carácter de
inhibiciones simples. Son resumidas como impotencia psíquica. Existe un nexo entre la
inhibición y la angustia; muchas inhibiciones son una renuncia a cierta función porque a
raíz de su ejercicio se desarrollaría angustia.
- La función nutricia​: Displacer frente al alimento por quite de la libido. Tampoco es raro
un incremento del placer de comer. Como defensa histérica frente al acto de comer está
el síntoma del vómito. El rehusamiento de la comida a consecuencia de angustia es
propio de algunos estados psicóticos.
- La locomoción:​ Es inhibida en muchos estados neuróticos por un displacer y una
flojera en la marcha. Particularmente característicos son los obstáculos puestos a la
locomoción interpolando determinadas condiciones, cuyo incumplimiento provoca
angustia (fobia).

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


- La inhibición del trabajo:​ Muestra un placer disminuido, torpeza en la ejecución o
fatiga cuando se es compelido a proseguir el trabajo. La histeria fuerza a la interrupción
del trabajo produciendo parálisis de órgano y funcionales. La obsesión obsesiva lo
perturba mediante una distracción continua y la pérdida de tiempo que suponen las
demoras y repeticiones interpoladas.

La inhibición expresa una​ limitación funcional del yo​, ya sea por precaución o a
consecuencia de un empobrecimiento de energía. El síntoma ya no puede describirse como un
proceso que suceda dentro del yo o que le suceda al yo.

En el caso de las​ inhibiciones especializadas​, esa tendencia es más fácil de discernir. La razón
de ello es una erotización hiperintensa de los órganos requeridos para esas funciones. La
función yoica de un órgano se deteriora cuando aumenta su erogeneidad, su significación
sexual. Algunas acciones se omitirán por que seria como si de hecho se ejecutase la acción
sexual prohibida. El Yo renuncia a estas funciones que le competen a fin de no verse precisado
a emprender una nueva represión, a fin de evitar un conflicto con el Ello.

OM
Otras inhibiciones se producen manifiestamente al servicio de la autopunición. El yo no tiene
permitido hacer esas cosas porque le proporcionarían provecho y éxito, que el severo superyó
le ha denegado. entonces el yo renuncia a esas operaciones a fin de no entrar en conflicto con
el s​ uperyó.

Capitulo 2.
.C
Síntoma:​ Es indicio y sustituto de una satisfacción pulsional interceptada, es un resultado del
proceso represivo. La represión parte del yo, quien, eventualmente por encargo del superyó, no
DD
quiere acatar una investidura pulsional incitada en el Ello, Mediante la represión, el yo consigue
coartar el devenir consciente de la representación que era la portadora de la moción
desagradable. Esta se ha conservado como formación inconsciente. Freud se pregunta ¿Cómo
una satisfacción pulsional tendría por resultado un displacer? A consecuencia de la represión,
el decurso excitatorio intentado en el ello no se produce; el yo consigue i​ nhibirlo o desviarlo.
Con esto se disipa el enigma de la “mudanza de afecto” a raíz de la represión. Surge la
LA

interrogación por la vía que le permite alcanzar este poder del Yo sobre el Ello.

El Yo adquiere este influjo a consecuencia de sus íntimos vínculos con el sistema percepción.
La función de este sistema Pcc, se conecta con la conciencia; recibe excitaciones de afuera y
FI

de adentro, y, por medio de sensaciones de placer y displacer, que le llegan desde ahí, intenta
guiar todos los decursos del acontecer anímico en el sentido del principio de placer.

¿De dónde proviene la energía empleada para producir la señal de displacer?​ A raíz de un
peligro externo, se inicia un intento de huida. La represión equivale a un intento de huida. El Yo


quita la investidura (precc) de la agencia representante de pulsión que es preciso reprimir


(desalojar), y la emplea para el desprendimiento de displacer (angustia). Freud sostiene que el
Yo es el verdadero almácigo de la angustia y rechaza la concepción anterior, según la cual la
energía de investidura de la moción reprimida se mudaba automáticamente en angustia.

La angustia es reproducida como estado afectivo siguiendo una imagen mnémica preexistente
Los estados afectivos están incorporados en la vida anímica como unas sedimentaciones de
antiquísimas vivencias traumáticas y, en situaciones parecidas, despiertan como unos símbolos
mnémicos.

Las represiones que se trabajan en el análisis son los “esfuerzos de dar caza”, los cuales
presuponen represiones primordiales. Las ocasiones inmediatas que constituyen ésta son
factores cuantitativos como la intensidad hipertrófica de la excitación y la ruptura de la
protección antiestimulo. Ésta última sólo existe frente a estímulos externos, no frente a
exigencias pulsionales internas.

El síntoma se engendra a partir de la moción pulsional reprimida. Sólo nos anoticiamos de esto,
en los casos de represiones fracasadas. A pesar de la represión, la moción pulsional encontró

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


un ​sustituto​, uno desplazado, inhibido. Si ese sustituto se consuma, no produce placer sino que
cobra carácter compulsivo. El proceso sustitutivo es mantenido lejos, en todo lo posible, de su
descarga por la motilidad; y si esto no se logra, se ve forzado a agotarse en la alteración del
cuerpo propio y no se le permite desbordar sobre el mundo exterior; le está prohibido
trasponerse en acción. En la represión el Yo está bajo la influencia de la realidad externa, y por
eso aparta de ella al resultado del proceso sustitutivo. El yo gobierna el acceso a la conciencia
y el paso a la acción; en la represión afirma su poder en ambas direcciones.

Capitulo 3.

En el caso de la represión se vuelve decisivo el hecho de que el yo es una organización, pero


el ello no lo es; el yo es justamente un sector organizado del ello. Sería injustificado
representarse al yo y al ello como dos ejércitos diferentes, en que el yo procurara sofocan una
parte del ello mediante la represión, y el resto del ello acudiera en socorro de la parte atacada y
midiera sus fuerzas con el yo. El acto de la represión nos muestra la fortaleza del yo, al mismo
tiempo atestigua su importancia y el carácter no influible de la moción pulsional singular del

OM
ello. El proceso que por obra de la represión ha devenido síntoma afirma ahora su existencia
fuera de la organización yoica y con dependencia de ella. El yo es una organización que se
basa en el libre comercio y en la posibilidad de un influjo recíproco entre todos sus
componentes; su energía desexualizada revela todavía su origen en su aspiración a la ligazón
y la unificación, y esta compulsión a la síntesis aumenta a medida que el yo se desarrolla más
vigoroso. Así se comprende que el yo intente cancelar la ajenidad y el aislamiento del síntoma,
aprovechando toda oportunidad para ligarlo de algún modo a sí e incorporarlo a su
.C
organización mediante tales lazos. El síntoma es encargado poco a poco de subrogar
importantes intereses, cobra un valor para la afirmación de sí, se fusiona cada vez más con el
yo, se vuelve cada vez más indispensable para este. Lo que nos es familiar como ganancia
DD
secundaria de la enfermedad, viene en auxilio del afán del Yo por incorporarse el síntoma, y
refuerza la fijación de este último. Cuando intentamos prestar asistencia analítica al yo en su
lucha contra el síntoma, nos encontramos con que estas ligazones de reconciliación entre el yo
y el síntoma actúan en el bando de las resistencias. No nos resulta fácil soltarlas.

Capitulo 4.
LA

Consideramos como primer caso el de la fobia del ​pequeño Hans​ a los caballos. El pequeño
Hans se rehúsa a andar por la calle porque tiene angustia al caballo. La incomprensible
angustia frente al caballo es el ​síntoma​; la incapacidad para andar por la calle, un fenómeno
de i​ nhibición​, una limitación que el yo se pone para no provocar el síntoma-angustia. Se trata,
FI

no de una angustia indeterminada frente al caballo, sino de una determinada expectativa


angustiada: el caballo lo morderá. Este contenido procura sustraerse de la conciencia y
sustituirse mediante la fobia indeterminada. Hans se encuentra en un conflicto de ambivalencia
de amor y odio, dirigidos hacia su padre. Su fobia tiene que ser un intento de solucionar ese


conflicto. La moción pulsional que sufre la represión es un ​impulso hostil​ hacia su padre. Hans
ha visto rodar a un caballo, y caer y lastimarse a un compañerito de juegos con quien había
jugado al “caballito”. Así nos dio derecho a construir en Hans una moción de deseo, la de que
ojalá el padre se cayese y se hiciera daño de la misma forma. Un deseo así tiene el mismo
valor que el propósito de eliminarlo él mismo: equivale a la moción asesina del CDE. Si el
pequeño mostrará angustia hacia su padre, no tendríamos derecho a atribuirle una neurosis,
una fobia. Lo que la convierte en neurosis es, única y exclusivamente, otro rasgo:
la ​sustitución del padre por el caballo.​ Es, pues, este ​desplazamiento ​lo que se hace
acreedor al nombre de síntoma. Dicho mecanismo permite tramitar el conflicto de ambivalencia
sin la ayuda de la formación reactiva. Tal desplazamiento es posibilitado porque a esa edad
está pronto a la reanimación del pensamiento totemista. El conflicto de ambivalencia no se
tramita en la persona misma; se lo esquiva, por así decir, deslizando una de sus mociones
hacia otra persona como objeto sustitutivo. La representación de ser devorado por el padre es
un patrimonio infantil arcaico y típico. Dicha representación es la expresión, degradada en
sentido regresivo, de una moción tierna pasiva: es la que apetece ser amado por el padre,
como objeto, en el sentido del erotismo genital. La moción reprimida en estas fobias (Hans y el
hombre de los lobos) es una moción hostil hacia el padre. Esta es reprimida por el proceso de
mudanza hacia la parte contraria; en lugar de la agresión hacia el padre se presenta la agresión

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


(la venganza) hacia la persona propia. Las dos mociones pulsionales afectadas, la agresión
sádica hacia el padre y la actitud pasiva tierna frente a él, forman un par de opuestos; mediante
la formación de su fobia se cancela también la investidura de objeto-madre tierna. En Hans se
trata de un proceso represivo que afecta a casi todos los componentes del CDE, tanto a la
moción hostil como a la tierna hacia el padre, y a la moción tierna respecto de la madre. En
lugar de una sola represión, nos encontramos con una acumulación de ellas, y además nos
topamos con la regresión. En ambos casos, e ​ l motor de la represión es la angustia​ ​frente a la
castración​; los contenidos angustiantes (ser mordido por el caballo y ser devorado por el lobo),
son sustitutos desfigurados del contenido “ser castrado por el padre”. Este último contenido es
el que realmente experimentó la represión. El efecto-angustia de la fobia, que constituye la
esencia de ésta, no proviene del proceso represivo sino de lo represor mismo; la angustia de la
zoofobia es la angustia de castración inmutada, una angustia realista, angustia frente a un
peligro que amenaza efectivamente o es considerado real. Aquí l​ a angustia CREA a la
represión ​y no, como se creía antes, la represión a la angustia.

Capitulo 5.

OM
Los síntomas de la ​neurosis obsesiva​ son en general de dos clases, y de contrapuesta
tendencia. O bien son ​prohibiciones​, medidas precautorias, penitencias, de naturaleza
negativa, o por el contrario son ​satisfacciones sustitutivas​, con disfraz simbólico. Constituye un
triunfo de la formación de síntoma que se logre enlazar la prohibición con la satisfacción. De
estos dos, el negativo es el más antiguo; pero cuando se prolonga la enfermedad, prevalecen
las satisfacciones, que burlan toda defensa. Constituye un triunfo de la formación de síntoma
.C
que se logre enlazar la prohibición con la satisfacción.
La situación inicial de la neurosis obsesiva es la misma que la histeria, la necesaria defensa
contra las exigencias libidinosas del CDE. Toda neurosis obsesiva parece tener un estrato
DD
inferior de síntomas histéricos, formados muy temprano. La configuración ulterior es alterada
decisivamente por un factor constitucional. Cuando el Yo da comienzo a sus intentosgenital de
la fase fálica hacia el estado anterior, sádico-anal. Este hecho de la ​regresión​ es determinante.

Freud busca la explicación metapsicológica de la regresión en una “desmezcla de pulsiones”,


en la segregación de los componentes eróticos que al comienzo de la fase genital se habían
LA

sumado a las investiduras destructivas de la fase sádica.


El forzamiento de la regresión significa el primer éxito del yo en la lucha defensiva contra la
exigencia de la libido.

En la neurosis obsesiva se discierne con más claridad que el CDC es el ​motor de la defensa​,
FI

y que la defensa recae sobre las aspiraciones del CDE. En la neurosis obsesiva, los procesos
del período de latencia rebasan la medida normal; a la destrucción del CDE se agrega la
degradación regresiva de la libido​, el Superyó se vuelve particularmente severo y
desamorado, el yo desarrolla, en obediencia al Superyó, ​elevadas formaciones reactivas​ de


la ccia moral, la compasión, la limpieza. Se proscribe la tentación a continuar con el onanismo


de la primera infancia, que ahora se apuntala en representaciones agresivas (sádico-anales), a
pesar de lo cual sigue representando, la participación no sujetada de la organización fálica.
El onanismo sofocado fuerza, en la forma de las acciones sucesivas, una aproximación cada
vez mayor a su satisfacción.

Puede aceptarse como un hecho que en la neurosis obsesiva se forme un Superyó hiper
severo o puede pensarse que el rasgo fundamental de esta afección es la ​regresión libidinal​ e
intentarse enlazar con ella también el carácter del Superyó.

En el curso del período de latencia, la defensa contra la tentación onanista es la tarea principal.
Esta lucha produce síntomas que se repiten de manera típica y presentan carácter de un
ceremonial. Estos desempeños, en caso de una enfermedad grave, se ejecutarán
automáticamente. La sublimación de componentes del erotismo anal desempeña un papel
nítido.

La pubertad introduce un corte tajante en el desarrollo de la neurosis obsesiva. La organización


genital, interrumpida en la infancia, se reinstala con gran fuerza. Por una parte, vuelven a

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


despertar las mociones agresivas iniciales, y por la otra, un sector más o menos grande de las
nuevas mociones libidinosas se ve precisado a marchar por las vías que prefiguró la regresión,
y a emerger en condición de propósitos agresivos y destructivos. El yo se revuelve contra
invitaciones crueles y violentas que le son enviadas desde el ello a la conciencia, y ni sospecha
que en verdad está luchando contra unos deseos eróticos, algunos de los cuales se habrían
sustraído en otro caso de su veto. En la neurosis obsesiva el conflicto se refuerza en dos
direcciones: lo que defiende ha devenido más intolerante; y aquello de lo cual se defiende, más
insoportable; y ambas cosas por influjo de la regresión libidinal.

La tendencia general de la formación de síntoma en la neurosis obsesiva consiste en procurar


más espacio para la satisfacción sustitutivas a expensas de la denegación (frustración). Los
síntomas que significaban limitaciones del yo, cobran más tarde, por síntesis yoica, el carácter
de satisfacciones. El resultado es un yo extremadamente limitado que se ve obligado a buscar
sus satisfacciones en los síntomas. defensivos, el primer éxito que se propone como meta es
rechazar la organización.

OM
Capitulo 6.

En el curso de estas luchas pueden observarse dos actividades del yo en la formación del
síntoma; son claramente s​ ubrogados de la represión.

Las dos técnicas a las que se refiere son el anular lo​ acontecido y el aislar:
.C
- Anular lo acontecido:​ Es, por así decir, magia negativa; mediante un simbolismo motor
quiere “hacer desaparecer” no las consecuencias de un sujeto, sino a este mismo. En la
neurosis obsesiva, nos encontramos con la anulación de lo acontecido sobre todo en los
DD
síntomas de dos tiempos, donde el segundo acto cancela el primero como si nada hubiera
acontecido, cuando en la realidad efectiva ocurrieron ambos. En la neurosis se cancela el
pasado mismo, se procura reprimirlo por vía motriz. Esta misma tendencia puede explicar
también la compulsión de repetición, tan frecuente en la neurosis, en cuya ejecución concurren
luego muchas clases de propósitos que se contrarían unos a otros. Lo que no ha acontecido de
la manera en que habría debido de acuerdo con el deseo es anulado repitiéndolo de un modo
LA

diverso de aquel en que aconteció.

- Aislamiento​: Recae también sobre la esfera motriz, y consiste en que tras un suceso
desagradable, así como tras una actividad significativa realizada por el propio enfermo en el
FI

sentido de la neurosis, se interpola una pausa en la que no está permitido que acontezca nada,
no se hace ninguna percepción ni se ejecuta acción alguna. En la neurosis obsesiva la vivencia
no es olvidada, pero se la despoja de su afecto, y sus vínculos asociativos son sofocados o
suspendidos, permanece como aislada. El efecto de ese aislamiento es el mismo que
sobreviene a raíz de la represión con amnesia. Lo que así se mantiene separado es algo que


asociativamente se copertenece; el aislamiento motriz está destinado a garantizar la


suspensión de ese nexo en el pensamiento. Así, el Yo tiene que desplegar un enorme trabajo
de aislamiento para guiar el decurso del pensar. El neurótico obsesivo halla particular dificultad
en obedecer a la regla psicoanalítica fundamental. Su Yo es más vigilante y son más tajantes
los aislamientos que emprende, probablemente a consecuencia de la elevada tensión de
conflicto entre su superyó y su ello. En tanto procura impedir asociaciones, conexiones de
pensamientos, ese yo obedece a uno de los más antiguos y fundamentales mandamientos de
la neurosis obsesiva, el tabú del contacto. El contacto físico es la meta inmediata tanto de la
investidura de objeto tierna como la agresiva. Esto es apto para convertirse en el centro de un
sistema de prohibiciones debido a que la neurosis obsesiva persiguió al comienzo el contacto
erótico y, tras la regresión, el contacto enmascarado como agresión. El aislamiento es una
cancelación de la posibilidad de contacto, un recurso para sustraer una cosa del mundo de todo
contacto.

Capitulo 7.

El Yo debe proceder contra una investidura de objeto libidinosa del Ello (ya sea del CDE
positivo o negativo), porque ha comprendido que ceder a ella aparejaría el peligro de la

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


castración. Casi nunca nos las habemos con mociones pulsionales puras, sino, todo el tiempo,
con ligas de ambas pulsiones en diversas proporciones de mezcla. Por lo tanto, la investidura
sádica de objeto se ha hecho también acreedora a que la tratemos como libidinosa y la moción
agresiva hacia el padre puede ser objeto de la represión al igual que la moción tierna hacia la
madre.

Tan pronto como discierne el peligro de castración, el Yo da la señal de angustia e inhibe el


proceso de investidura amenazador en el Ello, por medio de la instancia placer-displacer. Al
mismo tiempo se consuma la formación de la fobia.

La angustia de castración recibe otro objeto y una expresión desfigurada: ser mordido por el
caballo, en vez de ser castrado por el padre. La formación sustitutiva tiene dos manifiestas
ventajas; la primera, que esquiva un conflicto de ambivalencia, pues el padre es
simultáneamente un objeto amado; y la segunda, que permite al yo suspender el desarrollo de
angustia. La angustia de la fobia ​es facultativa​ sólo emerge ante el objeto fóbico, no ante el
verdadero peligro (la castración). Si se sustituye el padre por el animal, no hace falta más que

OM
evitar la presencia del caballo, para evitar la angustia.

La exigencia pulsional no es un peligro en sí misma; lo es sólo porque conlleva un auténtico


peligro exterior, el de la castración. Por lo tanto, en la fobia sólo se ha sustituído un peligro
exterior (castración) por otro. El hecho de que el Yo pueda ahorrarse la angustia mediante la
evitación significa que esa angustia es sólo una señal-afecto, y que nada ha cambiado en la
situación económica.
.C
La ​angustia de las zoofobias​ es una reacción afectiva del yo frente al peligro; y el peligro frente
al cual se emite la señal es el de la castración. La fobia se establece por regla general después
DD
de que en ciertas circunstancias se vivenció un ​primer ataque de angustia. ​Así reaparece
toda vez que no se puede observar la condición protectora.

Esto es también aplicable a la neurosis obsesiva. El motor de toda la posterior formación de


síntoma es aquí evidentemente la angustia del yo frente al superyó. La hostilidad del superyó
es la situación de peligro de la cual el yo he ve precisado a sustraerse. Lo que el yo teme del
LA

superyó sería un eco del castigo de castración.

Los síntomas son creados no para evitar el desarrollo de angustia, sino más bien, para evitar la
situación de peligro que es ​señalada​ mediante el desarrollo de angustia. La angustia de
FI

muerte debe concebirse como un análogo a la angustia de castración.

Además, a raíz de las vivencias que llevan a la neurosis traumática es quebrada la protección
contra los estímulos exteriores y en el aparato anímico ingresan cantidades hipertróficas de
excitación (exigencias libidinosas provenientes del ello), de suerte que aquí estemos ante una


segunda posibilidad: la de que la angustia no se limite a ser una señal-afecto, sino que sea
también producida como algo nuevo a partir de las condiciones económicas de la situación.

Nueva concepción de la angustia:​ si hasta ahora se la consideraba una señal-afecto del


peligro nos parece que se trata tan a menudo del peligro de castración como de la reacción
frente a una pérdida, una separación.

Capitulo 8.

La angustia es algo sentido, un estado afectivo. Tiene un carácter displacentero, pero no a todo
displacer podemos llamarlo angustia. El carácter displacentero de la angustia parece tener una
nota particular. Además de ese carácter particular, percibimos en la angustia sensaciones
corporales referidas a ciertos órganos. Esto es prueba de que en la angustia como totalidad
participan inervaciones motrices, procesos de descarga.
El análisis del estado de angustia nos permite distinguir entonces:
1) un carácter displacentero específico.
2) acciones de descarga.
3) percepciones de estas.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


La angustia es un estado displacentero particular con acciones de descarga que siguen
determinadas vías.

El estado de angustia es la reproducción de una vivencia que reunió las condiciones para un
incremento del estímulo como el señalado y para la descarga por determinadas vías, a raíz de
lo cual, también el displacer de la angustia recibió su carácter específico. El nacimiento nos
ofrece una vivencia arquetípica de tal índole, y por eso nos inclinamos a ver en el estado de la
angustia una reproducción del trauma del nacimiento. La angustia se generó como reacción
frente a un estado de peligro; en lo sucesivo se la reproducirá regularmente cuando un estado
semejante vuelva a presentarse.
-Hay dos posibilidades de emergencia de la angustia: ​una, ​desacorde ​con el fin, en una
situación nueva de peligro; la otra, ​acorde ​con el fin, para señalarlo y prevenirlo. El peligro del
nacimiento carece aún de todo contenido psíquico. El feto no puede más que notar una enorme
perturbación en la economía de su libido narcisista.

OM
Con la experiencia de que un ​objeto exterior​, aprehensible por vía de percepción, puede poner
término a la situación peligrosa que recuerda al nacimiento, el contenido del peligro se
desplaza de la situación económica a su condición, l​ a pérdida del objeto. ​La ausencia de la
madre deviene el peligro.

Esta mudanza significa un primer gran progreso en el logro de la autoconservación;


simultáneamente encierra el pasaje de la neoproducción involuntaria y automática de la
.C
angustia a su reproducción deliberada como señal de peligro.

La función de la angustia es ser una señal para la evitación de la situación de peligro.​ La


DD
pérdida del objeto como condición de la angustia persiste por todo un tramo. También la
siguiente mudanza de la angustia​, la angustia de castración que sobreviene en la fase fálica, es
una angustia de separación y está ligada a idéntica condición. El peligro es aquí la separación
de los genitales. La privación de estos equivale a una nueva separación de la madre; implica
quedar expuesto de nuevo a una tensión displacentera de la necesidad. Al despersonalizarse la
instancia parental, de la cual se temía la castración, el peligro se vuelve más indeterminado. La
LA

angustia de castración se desarrolla como angustia de conciencia moral, como angustia social.
Ahora a no es tan fácil indicar qué teme la angustia. Es la ira, el castigo del Superyó, la pérdida
de amor de parte de él, aquello que el Yo valora como peligro y a lo cual responde con la señal
de angustia. ​La última mudanza​ de esta angustia frente al Superyó es la angustia de muerte.
FI

Freud antes creía que la angustia se generaba de manera automática en todos los casos
mediante un proceso económico, mientras que la concepción de angustia que ahora sustenta,
como una señal deliberada del yo con el propósito de influir sobre la instancia placer-displacer,
nos dispensa de esta compulsión económica.


El Yo es el genuino almácigo de la angustia.

La angustia es un estado afectivo que sólo puede ser registrado por el Yo. El ello no puede
tener angustia como el Yo: no es una organización, no puede apreciar situaciones de peligro.

El peligro del desvalimiento psíquico se adecua al periodo de la inmadurez del yo, el peligro de
la pérdida de objeto a la falta de autonomía de la primera infancia, el peligro de castración a la
fase fálica, y la angustia frente al superyó al periodo de latencia. Pero todas estas situaciones
de peligro y condiciones de angustia pueden seguir generando angustia en épocas posteriores
a aquellas en las que habría sido adecuada.

La angustia de castración es el único motor de los procesos defensivos que llevan a la


neurosis. En el caso de la mujer, más que la pérdida real del objeto, se trata de la pérdida de
amor de parte del objeto. La pérdida de amor como condición de angustia desempeña en la
histeria un papel semejante a la amenaza de castración en las fobias, y a la angustia frente al
superyó en la neurosis obsesiva.

Este archivo fue descargado de https://filadd.com


OM
.C
DD
LA
FI


Este archivo fue descargado de https://filadd.com

También podría gustarte