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Inicio el tema con un hecho que resulta irrefutable, que es la terrible desorientación social que sufrimos

hoy por hoy en nuestra sociedad; desorientación de la que somos víctima los jóvenes en la mayoría de los

casos, y que va en aumento a medida que descendemos en rangos de edad.

Cada vez son más jóvenes los que pasan las tardes bebiendo en los parques, cual mendigos y

pordioseros. Cada vez es más frecuente que se abandonen los estudios, o se fracase en ellos, a pesar

del decreciente nivel de exigencia que se da en la enseñanza obligatoria. Vivimos en un estado de

desorientación casi absoluta, creando ídolos para suplir los ya perdidos, o buscando formas de vida

incoherentes, perdidas de por sí, en la cada vez más creciente obsesión por ser “diferentes.

Es en medio de toda esta escena donde aparecen ellos. Son los estafadores del siglo XXI: traficantes de

formas de vida, vendedores ambulantes de personalidad, ideología, o cualquier otro relleno para las vidas

vacías de la gente. Se hacen llamar científicos, pero no disponen de teorías sólidas, de formalismo

alguno… siquiera de unidad en la terminología o uso común de definiciones.

En su mayoría, son una lacra social: individuos que no hacen nada, salvo crear problemas imaginarios

para luego dar soluciones adaptadas especialmente para ellos.

Hablo de los psicólogos, por supuesto.

Cualquiera que esté lo suficientemente metido en el mundo de la ciencia puede saber que no hay nada en

esta pseudociencia, la psicología, que sea digno de nuestra atención. Teorías dialécticas, que en la mayor

parte dejan lugar a la ambigüedad. No hay nada demostrado en este campo del saber, salvo unos

escasos esbozos en neurociencia, que son en todo caso incapaces de tender un puente entre la ‘mente’ y

el ‘cerebro’.

Pero, a pesar de todo, lo psicólogos gozan, entre la población no-científica, de un especial renombre.

Aparecen en escena a menudo, y cada vez más, elucubrando y planteando sus absurdas teorías,

asegurando por argumentos prácticamente inmediatos que han demostrado algo acerca de nuestra

mente. Cada vez más, nos encontramos con algún “especialista” contándonos en pantalla cómo debemos

educar a nuestros hijos, o los criterios que debemos seguir a la hora de tomar una decisión.

Todo esto, en mitad del panorama actual, resulta devastador: la humanidad está cegada por el poder de

su propia ciencia, y muchas veces quienes no la conocen directamente son incapaces de ver sus

enormes y a veces infranqueables límites. Este vértigo, esta ceguera ante los límites de la ciencia que

sufre mucha gente, viene dada en muchos casos por la incapacidad para comprender la correspondencia

entre el formalismo de nuestra mente y la realidad, y provoca en última instancia que un argumento

esbozado por un psicólogo pueda parecer, por su sencillez, más acertado que una demostración en física

cuántica. Sin embargo, en última instancia, la labor real de los psicólogos se limita a confundir a la

sociedad, arrastrándola en su propia confusión; y a arrojar una sábana de sencillez sobre la realidad, que

está muy lejos de ser capaz de predecir nada.


¿Cuál es, al fin y al cabo, la labor de la psicología? Ninguna. Algunos psicólogos ocupan el lugar de

especialistas en la medicina, con sus teorías acerca del psicoanálisis. Por supuesto, esta herramienta no

es más que una falacia, en la que el psicólogo construye un argumento dialéctico para convencer al

paciente de que lo que le sucede no es un problema.

Hay casos peores, en los que los psicólogos provocan auténticos casos de hipocondría al lanzar sus

absurdas teorías. Al fin y al cabo, las palabras son muchas veces susceptibles de recibir interpretaciones

ambiguas, y al lanzar una patología al aire, hablando de algo tan voluble como es la mente, provocan que

cientos de personas se crean enfermas, y acudan a recibir su tratamiento imaginario, basado en ingentes

dosis de filosofía moderna.

Así pues, no cabe duda de que los psicólogos son una auténtica lacra en todos los sentidos. Osan

calificarse de científicos, pero no merecen tal nombre, ya que ni sus métodos, ni sus principios, ni sus

objetivos, tienen carácter científico. Y aún hay más: con sus absurdas afirmaciones, cierran innumerables

puertas, pues todo lo que tiene que ver con el estudio de la mente se les deja a ellos. No hay apenas

estudios formales de la mente, no hay apenas nadie que haya tratado de construir un modelo teórico,

siquiera, acerca de un sólo fenómeno mental, y todo ello se debe a que el trabajo se les deja a personas

que se niegan a trabajar formalmente.

¿No merecen estos hechos una denuncia?¿Es razonable quedar de brazos cruzados ante la evidencia?

Protestemos.

Si sometiéramos un tratamiento psicológico a las mismas rigurosas pruebas a que se someten los

medicamentos (ensayos a doble ciego, etc), parece ser que no demostraría una eficacia superior a la del

placebo. No se aprobaría su uso como “medicamento”.

Sin que sea considerado como insultante, o así lo espero, yo no iría a deguello como para llamarlos lacra

social, pero sí como para llamarlos “órgano de control social”. En una sociedad en la que los “viejos

valores” han caído en teoría, los valores que se imponen son laicos y democráticos. Los sacerdotes

daban miedo, y se precisa alguien que tenga una nueva religión, con nuevos dogmas. Así, si una

persona, cuando vuelve al trabajo después de un verano está “triste”, tiene “depresión post-vacacional”.

Pero paremos un poco a pensar ¿Qué sería una persona que se siente FELIZ de volver a trabajar? Un

adicto al trabajo, o Workaholic. Es decir, si estás feliz por volver a trabajar como si no lo estás, puedes ser

tratado por un psicólogo.

De este modo, se muestra que la infalsabilidad de algunas de sus cuestiones los convierten en dogma de

fe. Yo por ejemplo puedo odiar a los homosexuales. Si voy a un psicólogo, me dirá que tengo

“homofobia”, y me realizará terapias para volverme “tolerante”. Si le digo que quiero que me trate de la

homosexualidad, a no ser que sea Aquilino Polaino (quien por lo menos lo hace científicamente), no me

tratará, porque ya no es una enfermedad social. Todo esto, sin mediar estudio científico ninguno. Bueno,
sí, existen los que avalan la tesis de partida, y se silencian a los Aquilinos Polainos, en sesiones políticas

donde un parlamentario político se atreve a rebatir a la ciencia. Como en la Inquisición.

Personalmente, mi desengaño con la psicología viene desde dentro. La comencé a estudiar. En 1º, hay

una asignatura, que se llama “psicología general”, donde se define el método científico. Se dice que el

método científico es esto, y la psicología lo aplica, y por tanto es científica. Pero no se demuestra en

ningún sitio que la psicología aplique el método científico. Los ejemplos evidentes son cuando, en

cualquier programa de televisión, aparece una “opinión cualificada” de un psicólogo, que habla de

cualquier tema con la autoridad científica, pero sin la autoridad empírica, de temas como los calzonazos,

los malos tratos, el machismo, los comportamientos (cualquiera), etc. etc.

Tanto los psicólogos como los psiquiatras no caen bien a los neurólogos, neurocientíficos y

neurocirujanos. El motivo es porque los neurocirujanos, por ejemplo, asocian enfermedad con daño. Si no

existe daño, no hay enfermedad. Y que haya daño “en la mente”, es algo muy, pero que muy subjetivo.

Tras el fracaso personal con la psicología, continué con mi vieja vocación filosófica, y he aquí que

encuentro que asignaturas como “pensamiento”, o “lenguaje”, utilizan, con autores nuevos, eso sí, los

MISMOS conceptos que la filosofía (en el pensamiento, la inducción, deducción, abducción, lógica, etc., y

en lenguaje, las corrientes hermeneuticas y otras relacionadas con el lenguaje). De este modo, se llega a

la conclusión de que la psicología es un órgano de control de la personalidad, en la que se define como

patológico aquello que los órganos de control así lo consideran. Es una especie de “filosofía técnica”, si

bien la técnica va en su contra. Pero no se lo aplican a sí mismos.

El sufrimiento vital era tratado por los filósofos, y ahora, supuestamente, por los psicólogos. Marco Aurelio

escribió unas interesantes meditaciones que pueden venir bien a cualquiera que sienta una tremenda

depresión, y que él escribió mientras iba a las guerras, tras haber estudiado toda su vida para ser el

gobernante filósofo pacífico que soñó ser. Aplica a su persona, y después cualquiera puede aprender de

él. Pero por cambio, los psicólogos, que tienen la supuesta llave para solucionar los problemas vitales

ajenos, no pueden solucionar los suyos propios: tasas de divorcio superiores a los de otras profesiones,

fracaso escolar de sus hijos superior al de otras profesiones, suicidio, drogadicción (legal o ilegal), etc.

demuestran que aquellos que van a predicar con las mejoras para los demás, las “olvidan” cuando se las

aplican a sí mismos, contrariamente a los filósofos que son mentes pensantes pero también personas de

acción -vease sino el caso de Diógenes Laercio, al ser apercibido por vivir en un tonel y dejarlo

inmediatamente-.

No sirve aquello de que en “casa de herrero cuchillo de palo”, puesto que en cualquier profesión, uno

tiene ventaja por el hecho de esta: si es médico, los mejores medios, si es científico, un mejor criterio

científico, si es zapatero, los mejores zapatos, si es albañil, los mejores materiales y profesionales. Un

mecánico arregla su propio coche, un albañil arregla los fallos en su propia casa, pero un psicólogo… no.
En la línea crítica hay autores interesantes como Rolf Degen y su libro “Falacias de la Psicología”

(demoledor y esclarecedor), como Szasz y “el mito de la enfermedad mental”, el interesante “viaje a

través de la Locura” de Mary Barnes y el doctor que la atendió (una vuelta de la esquizofrenia,

teóricamente imposible), o el manifiesto de Guillermo Borja, “La Locura Lo Cura”, que se atrevió a

meterse en el pabellón psiquiatrico y a cortarles el pelo a esquizofrénicos que la clase psiquiátrico-

psicológica habia dejado por desahuciados, así como Peter Breggin y sus libros contra las drogas

médicas. No hace falta más que ver que en Alemania se receta el hipérico para la depresión, y que la

industria farmacéutica utiliza otros productos mucho más dañinos como los ISRS en lugar de este.

También he hecho trabajos de campo, cogiendo problemas del DSM, y cada uno de los psicólogos que

visité me indicó un método u otro, y muchos de ellos no científicos como el rebirthing, la gestalt, la

hipnoterapia (sin haberla estudiado científicamente ni en los lugares adecuados) y otras. Ni que decir que

la APA quitó la homosexualidad del DSM por votación. Eso es ciencia. Sí señor. Que los físicos hagan

una votación para definir las constantes universales sería también muy democrático… pero nada

científico.

En su favor, tengo que indicar que, si bien durante la carrera no hacen más que dar un potaje de autores

contradictorios, sin dejar claro casi nada hasta llegar a 4º donde se indican algunas técnicas muy

esteotipadas, existen grupos que estudian el placebo, la hipnosis, y las terapias, desde puntos de vista

científico y serio. Jefrey K. Zeig indica que la psicoterapia la puede hacer tanto un psicólogo como un

vecino y una cita lo refleja mucho mejor:

Cita:

los amigos son psicólogos baratos, los psicólogos, amigos caros”.

A mí, me mató una pregunta en un examen que era “¿En que año montó Wundt su laboratorio?”. Ese día,

dejé de creer en la psicología y sus métodos. Y aún no me ha convencido nadie. Cuando tengo

problemas, voy al médico, aunque sea al médico psiquiatra. Leo a Epicuro, a Marco Aurelio, y tomo

Hipérico, Ginseng y hago footing y yoga dinámico.

Conozco a un amigo que se libró de la mili por diagnóstico de “psicosis”. Ese amigo había

consultado antes los síntomas. Consultando los síntomas de “pies cavos”, uno no se libraba de la

mili.

La psicología conductual, se aplica a ese objeto concretamente. Pero yendo más lejos, la propia definición

de la propia psicología es “estudio de los procesos mentales en los animales y especialmente en el Ser

Humano”. Es de 1º de carrera. Es ambigüo, intencionalmente o no, porque la psicología conductual, en

teoría, no trataría de procesos mentales. Como la psicología conductual no funciona, y la psicología

cognitiva tampoco, entonces lo que hacen los psicólogos es “juntar” dos churros para hacer una merina:
llamarse psicólogos cognitivo-conductuales… así queda como más científico, pero no hace más que

alimentar la bola de falacias.

LA CIENCIA que estudiaría directamente el comportamiento humano, sería la psicología conductual.

Incluso la ética, parte de la filosofía, ha sido absorbida por esta -la psicología- puesto que des estudio del

comportamiento moral humano, se ha relegado a una lista de “transtornos” psicológicos. ¿Es ético tener

relaciones sexuales con una menor de edad? No, es un transtorno de la conducta sexual, aunque las

estadísticas digan que no lo es. No es anormal, aunque las mujeres imiten a una niña de 15 años (pintura

de labios, ojos grandes, rimmel, colorette), etc.

No necesariamente. El psicólogo puede actuar (o pretenderlo) en comportamientos que no afecten para

nada en la salud, como la mejora de técnicas de estudio, o la memorización. El problema es que, desde el

mismo momento en que inicias el párrafo con “otras ciencias”, ya estás ASUMIENDO directemente que lo

es, una ciencia, cuando no utiliza el método científico. Por ejemplo, para que un producto sea utilizado en

medicina, tiene que pasar un rigurosísimo proceso primero en animales, después en voluntarios, y

finalmente en humanos, con indicación clara de los efectos negativos. Por contra, en psicología se utilizan

técnicas no demostradas como válidas, e incluso el propio COP confirma que existen gran variedad de

técnicas, algunas de “probada validez científica” y otras que se utilizan aunque están en proceso de ser

validadas como tales, por no pillarse los dedos. Admiten incluso el psicoanálisis, que no está reconocida

como disciplina científica. Nada menos, que aquella disciplina que toca el alma (psique). Tampoco se

verifica el daño o el beneficio de las terapias.

Por otro lado, entre las mismas filas de psicólogos hay grandes críticos de la corriente conductual (de

Skinner), la cognitiva (de Searle -por ejemplo, un crítico es Penrose-), y ni que decir de las demás:

constructivista, gestalt, estructuralista, existencialista… corrientes, como la de Searle, Skinner, y las


mencionadas, FILOSÓFICAS.

científico, y sobre una disciplina que pueda aplicarse. La psicología, o mejor dicho, los psicólogos, no

utilizan el método científico, por lo menos, la psicología que se estudia en la universidad. Las prácticas,

son irrisorias. Con simples pitiditos y otras chorradas, se pueden abstraer, durante la carrera, teorías

sumamente complejas, que no son más que traducciones de la filosofía añadiéndole tecnicismos.

Sobre la aplicación: en el abuso de sustancias, se ha DEMOSTRADO que es más útil por ejemplo en los

alcohólicos, las asociaciones de alcohólicos anónimos, que los psicólogos. La técnica de intervención en

crisis, necesita de la aplicación de los familiares, no de las técnicas de los psicólogos. En la depresión, la

tesis más biologicista (neurólogos sobretodo) indican que la forma de aplicar sobre esta es cambiando la

química cerebral (ISRS); la esquizofrenia, no podría tratarse desde el pto de vista de la psicología porque

sería biológica, si bien los psicólogos serían los “fontaneros” que harían el trabajo de soportar al enfermo

y a su familiar, sobre las fobias, sería interesante saber que técnica utilizaría un psicólogo ante un
homófobo, sobre el que no existen estudios científicos, sobre la salud física y mental, es tan ambigüo que

mejor lo dejo; etc. etc.

Me llama la atención lo del suicidio. ¿Existen estudios en los que se indiquen los datos de fracaso en

casos de suicidio? ¿Cuantos psicólogos han sido condenados por mala praxis, en temas como el suicidio,

el abuso de drogas tras la terapia, etc.? ¿Como es posible que algo solo pueda curar y no pueda dañar?

¿Que hay del estudio que indica que las personas en lista de espera CURARON AL MISMO TIEMPO que

las que estaban siendo tratadas por psicólogos, e incluso por no psicólogos -una persona que

símplemente hablara con él-?

Y todas ellas, pueden eran “tratadas” anteriormente por la filosofía y la religión, lo cual viene a colación de

tu cita: Alguien debe apoyar en eso, si desaparecen los psicologos quien lo hará?, el chaman del

pueblo?.. el reverendo, o algún maestro iluminado?…..bajo esa perspectiva veo necesaria y util la labor

de los psicologos.

Es probable que sea útil ir a contarle los problemas a un psicólogo o un psiquiatra. Pero que sea útil, o

incluso necesaria, no la hace científica, o por lo menos no más que el chamán, el reverendo o el maestro.

La aparición de la psicología se debe justamente a la irrupción de la especialización que pasa de la

industria a todas las disciplinas, la desaparición del control a través de la religión -y no solo el control, sino

también la ayuda- y la denostración histórica y continuada de la filosofía, además de la retirada de

autoridad a los profesores. De este modo, dándole autoridad a un señor que se llama “psicólogo”, este

puede:

a) Dictaminar si me puede secuestrar legalmente o no.

b) Si soy apto o no para dejar una prisión.

c) Si tengo capacidad de raciocinio, y por tanto debo ingresar en la dura prisión, o en la blanda institución
psiquiátrica.

d) Darme permiso para poder ir en coche, tener armas.

Y todo esto, sin consecuencias para ellos: cuando alguien deja una prisión y mata, el psicólogo sale

impune, tanto como si me secuestran de forma equivocada, o como si soy un psicópata y me liberan y

mato y violo, o si conduzco un coche de forma temeraria e irresponsable, o si mato por ser un

desequilibrado mental. No hay psicólogos juzgados por nada de ello. No son responsables, solo hacen

“cosas buenas”. Son INFALSABLES!!!

Por supuesto que es claro el derrotero cualitativo y no cuantitativo de esta disciplina, y por supuesto que a

algunos les gustaría ver modelizados matemáticamente los procesos mentales y demás., pero sólo queda

una opción “holística” de hacerlo, ver efectos y sobre eso.

En absoluto. Lo malo es que recogen los mensajes, estudios, y análisis llevados a cabo por los

FILÓSOFOS, los dotan de supuesta base científica, y finalmente los utlizan con simples criterios de
opinión. Un ejemplo clave y ahora denostado, es el del Humanismo de Abraham Maslow, el cual copió de

Aristóteles las propiedades del alma, las cambió de nombre, las tecnificó, no hizo estudios científicos, y

finalmente se comenzó a aplicar. Ya nombré lo de pensamiento y lenguaje, pero más evidente es el caso

del psicópata, que como puede razonar, no es un enfermo.

Mi opinión, incluso con estudios de campo, es que la psicología ha absorbido los conocimientos de la

filosofía, y les ha dado carácter de cientificidad. Realiza estudios sobre ratas, y extrapola los resultados a

las personas, realizan opiniones, y le llaman ciencia, y son un mero medio de control social de invididuos

que pueden ser socialmente indeseables. No querer contribuir a la sociedad, querer ser un simple

indigente filósofo, está tipificado como transtorno de la conducta.

La diferencia entre un filósofo y un psicólogo, es que el primero se aplica primero a sí mismo su

pensamiento, y después si los demás quieren, lo aplican a los demás. Los neurólogos no CREEN

demasiado en los psicólogos. Por un problema importante visité a uno, que tampoco creía demasiado en

los psiquiatras.

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