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ÍNDICE
Sinopsis
Glosario
Capítulo 1 - Morgan
Capítulo 2 - Hunter
Capítulo 3 - Morgan
Capítulo 4 - Hunter
Capítulo 5 - Morgan
Capítulo 6 - Hunter
Capítulo 7 - Morgan
Capítulo 8 - Hunter
Capítulo 9 - Morgan
Capítulo 10 - Hunter
Capítulo 11 - Morgan
Capítulo 12 - Hunter
Capítulo 13 - Morgan
Capítulo 14 - Hunter
Capítulo 15 - Morgan
Epílogo
Sinopsis Sweep 15: Night's Child
Acerca de la Autora

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SINOPSIS
Hunter y Morgan. Ambos son brujas de sangre, y cada uno tiene sus
propios problemas. Hunter se siente reprimido por su pequeño mundo en
Widow's Vale mientras intenta descubrir cuál será su destino ahora que ya no
es más un Buscador. Morgan está aterrorizada ante la posibilidad de tener que
vivir sin él, pero sin importar hacia dónde mire, sus caminos parecen
separarlos.

Una vez se unieron para derrotar al más terrible de los males de la Wicca, y
ahora deberán enfrentarse a un peligro igualmente mortal: un antiguo enemigo
que creían muerto vuelve para atormentarlos. Cuando el mal parece superarlos,
ellos y sus poderosos aliados deberán luchar juntos, pero no sin antes derrotar a
sus propios demonios internos.

14º libro de la saga Sweep, de Cate Tiernan

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GLOSARIO
 Wicca: Religión basada en el poder de la naturaleza y la adoración de la Diosa y el Dios
de la Tierra.
 Wiccans: Personas que practican la religión Wicca.
 Libro de las Sombras: Es un libro que cada bruja posee, donde escribe sus hechizos y
experiencias, similar a un diario íntimo de la magia.
 “Magia Práctica”: Es el nombre de la tienda en la que Morgan y el resto de sus amigos
compran libros y todo lo relacionado al Wicca.
 Aquelarre: Es la forma en que se denomina a un grupo que practica el Wicca. Cada
aquelarre tiene su propio nombre.
 Bruja de Sangre: es una bruja particular, que tiene muchos más poderes que cualquier
otra persona que practique la Wicca, porque desciende directamente de alguno de los
grandes clanes.
 Clanes Wicca: Dentro del Wicca hay siete grandes clanes (Woodbanes, Rowanwands,
Vikroths, Brightendales, Burnhides, Wyndenkells y Leapvaghns), algunos son buenos y
otros malos, y cada uno se especializa en algo específico, desde la sanación hasta la magia
oscura.
 Runas: son símbolos Wiccas.
 Sigils: También son símbolos, similares a las runas.
 Sacerdotisa: En el Wicca, las brujas mujeres son más poderosas, y las que dirigen cada
aquelarre son las sacerdotisas.
 Deasil y widdershins: Son los movimientos que se realizan durante los Círculos (en el
sentido de las agujas del reloj y a contra-reloj, respectivamente).
 Buscador: Es uno de los puestos dentro del Consejo Wicca, y está encargado de investigar
a las brujas sospechadas de realizar malos usos de la magia.
 Restrictor: Es similar a una fina cadena de plata, y lo usan los Buscadores para suprimir
los poderes de las brujas que hacen mal uso de la magia.
 Athame: Daga ceremonial utilizada en círculos y hechizos.
 Taibhs: Espíritu maligno invocado a través de magia oscura.
 Muirn beatha dan: Es un término utilizado para referirse a dos brujas que se han unido
en amor para compartir sus vidas y su magia. Significa “Alma Gemela”, en gaélico.

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 Tath Meanma Brach: Es el nombre que recibe el ritual mediante el cual dos brujas unen
sus mentes, obteniendo cada una los conocimientos y recuerdos de la otra.
 Sgiùrs dàn: “El Destructor”. Según las profecías, es una bruja que nace cada muchas
generaciones, destinada a cambiar el curso de la historia.
 Bith dearc: Portal al inframundo que puede ser abierto o cerrado con el uso de la magia.
 Anam: Es la esencia o espíritu de una persona. La concepción del alma según la Wicca.
 Netherland: Lugar sagrado al que los Wiccan creen van las personas luego de morir. Allí
verán toda su vida y decidirán si reencarnarán nuevamente o no.

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Capítulo 1
Morgan
Traducido por ♥Ellie♥
Corregido por Samylinda

Diosa, ¿cómo llegué aquí?

Estoy descalza en una costa estrecha y rocosa, y ásperos bordes pinchan mis pies. Me
tropiezo de un lado a otro, luchando por avanzar. El viento se incrementa, soplando cada vez
más fuerte, azotándome el pelo en la cara por lo que me es casi imposible ver. El aire huele
ligeramente a agua salobre, algas y peces.

¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí?

Me doy cuenta de que tengo miedo. Estoy increíblemente atemorizada de estar aquí.
Cada célula en mi cuerpo me ruega abandonar esta playa. Puedo ir hacia el lago o hacia los
bosques que bordean el agua. Cualquier cosa es mejor que esta costa rocosa, donde me siento
tan vulnerable, tan sola. ¿Dónde estoy? ¿Qué lago es este? Es completamente ajeno a mí. Echo un
rápido vistazo al bosque, y entonces una sombra oscura aparece sobre mí.

Fría. Negra. Y volviéndose más grande.

Mi cuerpo se congela. Todo en mí sabe que esta sombra significa peligro. Mirando hacia
arriba, me horrorizo de cuán cerca está, y me agacho sobre la costa pedregosa. Ahora puedo
ver qué la provoca: un inmenso halcón de plumas oscuras, volando por encima de mí, sus
malvados ojos dorados mirándome fijamente.

¿Quién eres?, grita mi mente. ¿Qué quieres conmigo? Pero el halcón ha vislumbrado algo
más.

Mientras lo observo, sumida en el pánico, la gran ave esconde sus alas a ambos lados de
su cuerpo y cae desde el cielo como una flecha. Antes de llegar al agua adelanta sus
poderosas garras de navaja y golpea el agua con ellas. Poco después abre sus oscuras alas al

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máximo y bate el aire, elevándose lentamente al principio, y luego con más y más velocidad.
En sus garras hay una gran trucha moteada que se retuerce frenéticamente, intentado
liberarse de su captor. A medida que el halcón se eleva hacia el cielo, veo que los ojos del pez
se vuelven blancos por su muerte.

El temor que siento me agobia, a pesar de que el halcón se ha ido. Mi cuerpo se siente
inestable, entumecido, como si yo misma acabara de evitar la muerte. Sin entender por qué,
sé que el halcón venía tras de mí. Estaba cazándome a mí.

¡Tengo que salir de esta playa!

Corro hacia los árboles, las rocas lastimándome los pies sin piedad. Pronto comienzo a
cojear, a tropezar, mirando hacia atrás sobre mi hombro, desesperada por llegar al bosque
antes que regrese el halcón. Entonces, tan rápidamente como apareció el ave, me encuentro
en el bosque, sumida en la oscuridad. Hace frío. Les toma un minuto a mis ojos ajustarse a la
escasa luz. El suelo está cubierto de agujas de pino, repleto de enredaderas tapadas con
montones de hojas, todas secas y muertas. Miro a mi alrededor en busca de algún sendero,
alguna dirección a dónde ir. Cerca de mí hay un tronco caído, y de él crece un grupo de
pálidos hongos de distintos tamaños, como un diminuto bosque salido de un cuento del Dr.
Seuss1. Las grandes hormigas negras transitan por todos lados, moviéndose rápidamente en
líneas ondeantes.

Oh, Diosa, ¿dónde estoy? Al no saberlo, me siento sola y asustada. ¿Qué bosque es éste?
Una cosa es clara: Tengo que encontrar la forma de salir. Una rápida mirada encuentra una
sección con menos vegetación, y me dirijo hacia allí. Aparto las ramas de mi camino a
medida que avanzo, entrando más profundamente en el bosque.

Entonces me quedo inmóvil en el bosque y me doy cuenta que todos mis sentidos están
alertas. Magia. Hay magia aquí. Más que el constante zumbido de energía de baja frecuencia
que la mayoría de las brujas de sangre siente todo el tiempo y aprenden a ignorar. Esta es
magia siendo realizada, siendo creada con esfuerzo y clara intención. Mi piel comienza a
hormiguear, mi respiración se acelera.

1Dr. Seuss: (1904-1991) Fue un escritor y caricaturista estadounidense, autor de más de 60 libros para niños, que
se caracterizan por sus personajes imaginativos, rimas y el uso frecuente del contador de trisílabas. Entre sus
obras se encuentran “El Grinch que se robó la Navidad”, “El Lorax”, “Horton y el mundo de los Quién” y “El

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Cerrando los ojos, despliego mis sentidos en busca de la fuente. Me concentro,
ralentizando los latidos de mi corazón, manteniéndome perfectamente quieta… ¡Ahí! Mis
ojos se abren y buscan automáticamente por delante de mí, en dirección al norte. Avanzo a
través de los árboles, caminando sobre troncos caídos y enredaderas altas que bloquean mi
camino. Consigo acercarme a esa vibración evasiva e irresistible, la vibración que emite una
bruja de sangre utilizando su poder. Ahora los olores del bosque —a musgo, corteza muerta,
hongos e insectos— son recubiertos con el humo de las hierbas siendo quemadas. De alguna
manera sé, sin lugar a dudas, que se trata de una poderosa bruja de sangre que está
trabajando su magia, magia que es extraña para mí, y que podría aprender de ella. Mis dedos
comienzan a picar con anticipación. ¿Qué podría enseñarme? ¿Qué podría mostrarle yo con
mis poderes? Mi pecho se llena tanto de orgullo como de incertidumbre: sé que soy fuerte,
excepcionalmente poderosa, y que mi poder ha impresionado a brujas mucho más instruidas
que yo. También sé que mis logros en ocasiones son cuestiones de suerte, que mis
capacidades son imprevisibles porque no he aprendido lo suficiente, porque aún no he sido
iniciada.

Puedo sentirla ahora, magia enhebrándose a través de los árboles como si de humo se
tratara. Estas vibraciones son extrañas para mí… ¿Acaso es magia buena la que está siendo trabajada?
¿Y si no lo es? Vacilo por un momento. ¿Y si…?

Sin embargo, continúo avanzando. Apenas más adelante la luz verdosa que se filtra por
las coronas de los árboles se vuelve más brillante: hay un claro más adelante. Trago e intento
seguir, choc{ndome contra {rboles y arbustos, tropez{ndome con las raíces. Ya casi… pronto,
pronto veré a la bruja que está invocando esta magia. Me compararé con ella: ella estará más
entrenada e instruida, pero yo seré más fuerte. Mi garganta se aprieta por el entusiasmo.
Pronto, pronto… sólo unos pasos más. Entonces mi pie se engancha con la raíz de un árbol y
caigo al suelo. Al caer, mis músculos se tensan y mis brazos salen disparados para atenuar el
golpe. Mi mano choca contra algo duro con un golpe fuerte. Asustada, me siento de un tirón,
mientras intento darle sentido a mi alrededor. ¿Me desmayé? ¿Acaso la bruja puso alguna clase
de hechizo sobre mí?

No. Estaba sola en mi habitación, en mi casa. Aún estaba oscuro, no había amanecido
según parecía. Mi cama se sentía suave y extraña debajo de mí, ya que esperaba la textura
crujiente de hojas y ramas. Parpadeando, miré a mi alrededor. Todo había sido un sueño.

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Mi corazón aún estaba acelerado. En la semi-oscuridad de mi dormitorio casi podía ver
al halcón por encima de mí, sus afiladas garras aún cerradas alrededor del indefenso pez.
Alejé mi cabello de mi rostro mientras me aseguraba a mí misma que nada de eso había sido
real, que mi cuarto estaba tal y como lo había dejado la noche anterior. Por supuesto que fue
un sueño. Nada más que eso. Sólo un increíblemente intenso, real y visceral sueño.

Lentamente me volví a recostar y giré mi almohada hacia su lado más frío. Miré
fijamente hacia el techo por un momento, entonces miré mi reloj. 5:27. Nunca me despertaba
tan temprano. Era sábado. No tenía escuela. Podría volver a dormir durante horas si quería.
Traté de calmarme, pero seguía sintiéndome ansiosa y algo alterada. Cerré los ojos y me
obligué a relajarme, ordenándome liberar toda la tensión y entrar en una ligera meditación.
Muy calladamente susurré: —Todo está bien. El día llega después de cada noche. Mi poder
me mantiene a salvo del daño. La Diosa me sostiene en sus brazos.

Era un hechizo relajante muy sencillo, para ayudarme a alejar la extrañeza que había
dejado ese sueño en mí. No había sido una pesadilla, no exactamente. Pero fue extraño, con
algunas partes atemorizantes que ya comenzaba a olvidar.

Cuando abrí los ojos otra vez me sentí mejor, más tranquila. De todos modos, no pude
volver a dormirme. En vez de eso, me quedé acostada en la cama y observé cómo mi cuarto
se iluminaba lentamente con el resplandor rosa del alba. Hacia las seis de la mañana ya
estaba definitivamente claro fuera, y escuché pájaros cantando y el ocasional sonido de algún
coche pasando por nuestra casa. Aunque mis ojos estaban cerrados, no volví a dormirme
hasta que escuché a mis padres levantándose alrededor de las siete treinta. Los sonidos de
ellos levantándose, hablando suavemente, el ruido de la grifería mientras mamá llenaba la
cafetera, fue la canción de cuna que finalmente me llevó a dormir. No tuve otros sueños, y no
desperté por otras dos horas. Escuché a mi hermana pequeña, Mary K., encendiendo la
ducha del cuarto de baño que ambas compartimos, y sonreí cuando comenzó a cantar una
canción que sonaba todo el tiempo en la radio últimamente.

Todo está bien, me dije, estirándome y bostezando. Mi familia estaba a mi alrededor.


Estaba a salvo en mi cama. Más tarde vería a Hunter y, como siempre, el sólo pensar en mi
novio —su corto cabello rubio, sus insondables ojos verdes, su intensamente atractivo acento
inglés— me hizo tiritar de emoción. Todo estaba tranquilo y normal, un cambio
increíblemente agradable cuando consideraba todo lo que había vivido en las últimas
semanas.

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Todo estaba bien. Yo era Morgan Rowlands, bruja de sangre del clan Woodbane. Esta
noche me reuniría con mi aquelarre para nuestro círculo regular de los sábados por la noche.

Pero, por ahora, iría abajo a ver si nos quedaban Pop-Tarts y Coca-Cola dietética.

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Capítulo 2
Hunter
Traducido por Otravaga
Corregido por Samylinda

—Claro —dije—. Pero, ¿por qué usarías la segunda forma de limitaciones aquí? Este
hechizo es todo sobre el lugar, sobre dónde estás, sobre dónde quieres que arranque el
hechizo.

Mi papá asintió.

—Sí. ¿Pero cuál es su propósito?

—Hacer una barrera que detendrá algo o lo hará más lento —contesté. Era sábado por
la mañana, y papá y yo teníamos alrededor de una hora cada uno antes de que nos
tuviésemos que marchar: yo por mi trabajo a tiempo parcial en Magia Práctica, una de las
pocas librerías bien ocultas en las cercanías, y papá por una conferencia en una ciudad a dos
horas de distancia. Desde que se había elaborado el hechizo que desmanteló una ola oscura,
había estado en gran demanda como orador en las reuniones de aquelarre. Brujas de todas
partes estaban ansiosas por saber cómo ahuyentar esta masiva amenaza, y papá parecía
encantado de enseñarles. En este momento, me estaba enseñando a mí.

—Estás justo ahí —dijo papá—. ¿Pero es el lugar en el que colocas el hechizo su aspecto
más importante?

—Por supuesto —le dije—. Si se coloca esta barrera en el lugar equivocado, es inútil.

Papá me dio su mirada inalterada, la que me hacía sentir como si fuera particularmente
torpe. Él era un hechicero increíblemente talentoso, y tenía la suerte de tener la oportunidad
de aprender de él.

Como un Buscador, yo había sido bien entrenado en muchas áreas, pero había
conseguido sólo la formación más básica en la hechicería.
11 | P á g i n a
¿A qué quería llegar? Esperé, diciéndome a mí mismo que mantuviera la calma, sin
enfurecerme. No era fácil: papá y yo habíamos tenido mucho que discutir en los últimos
meses.

—¿Qué nivel de starr es este? —preguntó papá, pasando las páginas de su Libro de las
Sombras, apenas prestando atención.

—¿Qué nivel? Este es un… un… —¡Oh, sangriento infierno!, mi cerebro gritó,
reconociendo demasiado tarde la trampa en la que había caído. ¡Maldita sea! Odio cuando
hago algo estúpido. Especialmente, pero muy especialmente, frente a mi padre. Traté de
evitar que la vergüenza ardiente enrojeciera mi rostro. Tenía dos sentimientos
contradictorios: humillación, por cometer un error en frente de mi padre, y molestia, por el
sermón que sabía estaba a punto de recibir.

Pero para mi sorpresa, él dijo: —No es fácil, muchacho. Podrías estudiar hechicería
durante años y todavía cometer errores como ése. ¿Y quién sabe? Posiblemente podría existir
una situación donde la ubicación exacta de un starr es más importante que su fuerza.

Asentí, sorprendido por este despliegue de misericordia sin precedentes.

—Mamá era una gran hechicera, ¿no es así? —Hice la pregunta con cuidado, todavía
sintiendo el dolor por mí mismo y sabiendo cuán fuertemente la muerte de mi madre, hace
sólo cuatro meses, afectó a mi padre.

Los ojos de papá se entrecerraron al instante, como si de repente hubiera dado un paso
a la luz del sol. Vi los músculos de su mandíbula contraerse, y luego relajarse.

—Sí —dijo, sonando más viejo de lo que había sonado hace un momento—. Ella lo era.
—Una melancólica media sonrisa se dibujó en su rostro por un momento—. Ver a tu madre
creando hechizos era como ver a un maestro tallador de madera cortar complicadas figuras
de un simple bloque de madera. Era una cosa increíble. Mis padres y maestros me enseñaron
lo básico de Woodbane cuando era un muchacho, pero fue tu madre, con su milenaria
herencia de Wyndenkell, que me enseñó la belleza de la hechicería pura.

—Me gustaría convertirme en maestro hechicero algún día —dije—. Al igual que
mamá.

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Papá me dio una de sus raras sonrisas, y transformó su devastado rostro delgado en el
del padre que había conocido hace mucho tiempo.

—Ese sería un digno don, hijo —dijo—. Pero tienes mucho trabajo por delante.

—Lo sé —dije, suspirando. Miré el reloj y vi que tenía cerca de media hora hasta que
tuviera que irme. Sería media tarde en Inglaterra. Tenía una llamada telefónica que hacer—.
Ah, creo que llamaré a Kennet ahora, mientras tengo la oportunidad —dije sin darle
importancia.

La verdad era que temía esta llamada telefónica. Hace unas semanas, después de la
batalla con la ola oscura, había decidido que iba a renunciar a mi puesto como Buscador para
el Consejo Internacional de Brujas. A los diecisiete años me había convertido en el Buscador
más joven de la historia, y por un tiempo había tenido completa fe en el juicio del Consejo.
Había tenido un gran orgullo por mi trabajo, en hacer del mundo un lugar más seguro para
las brujas buenas. Pero eso fue antes de que el Consejo me hubiera fallado en varias áreas
clave: no decirme que habían encontrado a mis padres, en primer lugar, una decisión que dio
lugar a que mi madre muriera antes de que yo tuviera la oportunidad de verla y decirle
adiós. Además, fallaron en advertirnos a Morgan y a mí que su padre, Ciaran MacEwan, el
líder de un aquelarre oscuro llamado Amyranth, se había escapado de su cautiverio y podría
llegar a Widow’s Vale a hacernos daño (o enviar la onda oscura tras nosotros, como resultó
ser el caso).

Papá se quedó callado por un momento. Sabía que él tenía sus reservas sobre el hecho
de que renunciara al Consejo, pero también sabía que no podía seguir sirviendo a un sistema
en el que ya no creía. Kennet Muir había sido mi mentor y mi amigo, pero en lo que a mí
respecta ya no lo era más.

—¿Estás completamente seguro? —preguntó papá.

—Sí.

—No es demasiado tarde para cambiar de opinión, sabes —dijo—. Trabajar en Magia
Práctica está bien por ahora, pero a largo plazo estarás sufriendo por una carrera más
satisfactoria. Incluso si ya no quieres ser un Buscador, seguramente podrías encontrar algo
que te desafíe un poco más. Espero que hayas pensado en esto.

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—Lo sé, papá. Y lo hago. Sólo necesito un poco de tiempo para averiguar cuál es la
nueva carrera correcta.

Nadie estaba más frustrado por mi falta de dirección que yo, pero no puedes pasar años
dedicado a ser un buen Buscador y encontrar algo así de satisfactorio de la noche a la
mañana.

—Quizás podría ayudarte —dijo papá, organizando los libros que habíamos estado
utilizando como referencia en una pila ordenada—. Hablo con una amplia variedad de brujas
en mis conferencias sobre hechicería. Tal vez una de ellas…

—No, papá. —Sacudí la cabeza y traté de darle una sonrisa tranquilizadora—. Estaré
bien. Sólo necesito algo de tiempo.

Parecía como si quisiera decir algo más, pero luego asintió y se dirigió a la cocina. Oí el
grifo abrirse y el sonido del agua llenando el hervidor de agua. Fui a buscar el número de
Kennet y marqué rápidamente, antes de perder mi arrojo, incluso a pesar de que sabía que
iba a costar una fortuna llamar a Inglaterra en mitad del día. Después de cinco repiques, el
sistema de correo de voz de Kennet contestó. Hice una mueca y dejé un breve mensaje,
dándole mi número de móvil y el número de Magia Práctica.

Pronto papá se dirigió a su conferencia, sin saber si iba a volver esa noche, y me fui a
Magia Práctica. Era en Red Kill, a unos veinte minutos al norte de Widow’s Vale, la ciudad
en la mitad del estado de Nueva York donde yo vivía. Mientras conducía, pensaba en lo que
había dicho papá. Era gracioso. Durante los últimos once años de mi vida yo no había tenido
padre. Ahora, a la edad de diecinueve años, tenía que acostumbrarme a tener un papá
interesado en mí. Pero él tenía razón en una cosa: yo necesitaba un nuevo proyecto de vida.
A mi alrededor todo el mundo tenía un propósito, metas… excepto yo.

El timbre sonó ligeramente cuando entré a Magia Práctica. Su propietaria, Alyce


Fernbrake, me sonrió en saludo mientras registraba una compra para un cliente. Sonreí y la
saludé con la mano y luego me dirigí a través de una nueva puerta que se había cortado en la
pared a mano derecha de la tienda. La habitación de al lado estaba dividida en dos: una
habitación más grande que almacenaría artículos de la tienda y libros, y una habitación más
pequeña en la parte de atrás que la gente sería capaz de usar privadamente. Era en este
ambiente que trabajaba, incluyendo objetos con propiedades mágicas de bajo nivel.

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Por ejemplo, podría hechizar una pequeña botella de aceite de onagra vespertina para
que fuera aún más eficaz en el alivio de los dolores menstruales. O podría hechizar diferentes
velas para aumentar sus auras individuales, haciéndolas más eficaces en los rituales o la
meditación. Alyce mantenía una pequeña cantidad de objetos hechizados en un armario bajo
llave en el cuarto de atrás, para ser comprados y utilizados sólo por brujas en quienes ella
confiaba. No tenían que ser brujas de sangre, pero ella tenía que conocerlos y estar segura de
que estas cosas serían usadas sólo en la forma en que estaban planeadas.

Durante el primer par de días esto había sido divertido, incluso un trabajo relajante. Me
permitía sacar a relucir todos mis hechizos básicos de segundo año, poner al día mi técnica,
mi enfoque, y en general permanecer en sintonía con mi energía mágica. Pero ahora me
estaba poniendo aburrido e inquieto. Aun así disfrutaba estar en Magia Práctica, trabajando
con Alyce, pero la repetición, la previsibilidad de este trabajo estaba empezando a volverme
impaciente. Papá tenía razón, necesitaba encontrar una vocación que me desafiara.

Estaba poniendo un ligero hechizo de no-preocupaciones en una vela de color azul


pálido cuando sonó mi móvil, haciéndome saltar. Lo saqué de mi bolsillo, luego comprobé el
número. Era Kennet, devolviéndome la llamada. Tomé una respiración profunda y contesté.

—Kennet. Gracias por devolverme la llamada.

—Hunter, ¿cómo estás? Sin problemas ahí espero…

No en la última semana, pensé. Parecía que desde que había llegado a Widow’s Vale, mi
vida había sido una montaña rusa de enormes acontecimientos: nada más y nada menos que
conocer a Morgan Rowlands, quien es… bueno, ella es m{s que mi novia. Ella es mi mùirn
beata dàn… mi alma gemela.

Decidí meterme de lleno.

—Kennet… has tenido confianza en mí y puesto gran esfuerzo en mi entrenamiento, y


siempre lo he apreciado. Espero que nunca te haya defraudado.

Como me has defraudado tú, añadí en silencio.

—¿Por qué siento que estás a punto de hacerlo? —preguntó.

Tomé una respiración profunda.

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—He decidido dejar el Consejo —dije—. Ya no puedo ser más un Buscador.

Había sólo silencio en su extremo. Esperé.

—Sé que has estado cada vez más insatisfecho, Gìomanach —dijo, usando mi nombre
de aquelarre—. Y sé que estabas muy molesto por cómo el Consejo manejó lo de hablarte de
tus padres.

Por decirlo suavemente. Sólo pensar en ello hizo que mi cuerpo se tensara.

—Ciertamente, eso es parte de esto —dije, sintiendo la ira elevarse en mi pecho—. Pero
ha habido otros problemas, Kennet, otras decepciones. —Dejé que mis palabras colgaran en
el aire por un momento—. La verdad es que siento que no puedo seguir con el Consejo de
buena fe. No cuando ya no creo en él.

Más silencio.

—Gìomanach, sabes que es casi desconocido para cualquiera el renunciar al Consejo,


especialmente un Buscador.

Su voz era suave, pero sentí un poco de rabia detrás de sus palabras.

—Lo sé —dije—. Pero no tengo otra opción. Así que te lo digo oficialmente: me voy. No
puedo aceptar más asignaciones. Lo siento.

—¿Qué tal un permiso de ausencia? —preguntó Kennet cuidadosamente—. Yo


ciertamente podría estar de acuerdo con eso.

—No.

—Gìomanach —dijo Kennet con más autoridad—, esto parece una reacción extrema.
Seguramente no tiene que ser todo o nada. ¿Preferirías una asignación diferente? ¿O ir a un
lugar diferente? Tal vez tu compensación…

—No —dije—. Realmente no es nada de eso. Es sólo… el Consejo en sí.

—¿Quieres que vaya hasta allá a hablar contigo? Tal vez entre los dos podríamos llegar
a una decisión más moderada.

—Puedes venir si quieres, pero siento que eso no cambiaría las cosas —dije.
16 | P á g i n a
Kennet suspiró.

—Sería negligente el no decirte que esta no es una idea políticamente acertada. No


tengo idea de cuál será la reacción del Consejo, pero no puedo imaginar que vaya a ser
positiva.

—Entiendo —dije. Que se joda el Consejo y su reacción. Me dolía la espalda por la tensión.

—Como tu consejero, debo advertirte que seguramente has creado enemigos durante tu
tiempo como Buscador. El Consejo ya no será capaz de ofrecerte protección si alguna de estas
personas busca venganza.

Consideré sus palabras. Es cierto que hacer enemigos era parte de ser un Buscador. Las
brujas en sí, sus amigos y familiares… casi nadie se alegraba cuando un Buscador venía a
llamar a su puerta. Pero, ¿qué tipo de protección era capaz de proporcionar el Consejo? Sus
líderes estaban en desacuerdo unos con otros, trabajando en propósitos cruzados. El Consejo
seguía estropeando las cosas, seguía tomando la decisión más fácil en lugar de la mejor.
Sacudí la cabeza en silencio. Ya no había manera de que pudiera confiar en su protección, de
todos modos.

—Correré los riesgos —le dije a Kennet.

—Gìomanach, como tu mentor, te pido que lo reconsideres —dijo categóricamente—.


Eres mi discípulo, el Buscador más joven que el Consejo ha tenido. Por favor dime que por lo
menos pensarás mejor acerca de esta decisión.

—No, Kennet —dije—. Esta es mi respuesta final. Ya no puedo ser parte de lo que el
Consejo se ha convertido. —Era muy difícil para mí tener que decir esto. En su día, antes de
que el Consejo hubiera empezado a salirse de control, Kennet realmente había sido un
excelente mentor. Había confiado mucho en él durante mis primeros meses como Buscador.
Pero las cosas eran diferentes ahora.

—No puedo decirte lo decepcionante que es esto, para mí personalmente así como lo
será para el resto del Consejo —dijo, la calidez de su voz alejándose. Ya no parecía tan
enfadado como arrepentido y dolido.

—Me doy cuenta de eso. Pero sé que esto es lo que debo hacer.

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—Espero que lo pienses más a fondo —dijo, sonando firme.

—Adiós, Kennet.

Clic. Miré el teléfono con asombro. Él había colgado sin decir adiós. Colgué el teléfono y
me apreté los ojos con las palmas de mis manos, tratando de disipar la tensión. La
conversación había sido difícil… tan difícil como me temía, tal vez peor. Pero estaba hecho.
Había renunciado al Consejo. Rodé los hombros, sintiendo como si un gran peso hubiera sido
quitado. Me sentí aliviado, pero también asustado: yo no estaba entrenado para hacer
ninguna otra cosa.

Automáticamente tomé el teléfono y llamé a Morgan. Ella había pasado por todo el
proceso de tomar la decisión conmigo. Sabía que hablar con ella ahora definitivamente
ayudaría. Hablar con ella siempre ayudaba.

—¿Hola? —No era Morgan.

—Hola, señora Rowlands —le dije a la madre de Morgan—. Es Hunter. ¿Morgan está
ahí, por favor?

—Lo siento, Hunter… Morgan ha llevado a su hermana a la casa de un amigo. ¿Puedo


decirle que te llame?

—Sí, gracias… o puedo ir a verla después. Adiós, señora Rowlands.

—Adiós, Hunter.

Colgué el teléfono y suspiré. Sin Morgan para mediar. Me froté la parte trasera de mi
cuello y me acomodé de nuevo, esta vez para dotar un poco de lavanda seca con propiedades
calmantes adicionales.

—¿Hunter?

Miré hacia arriba para ver a Alyce, seguida por dos mujeres de mediana edad. Una
parecía un poco mayor que la otra, supongo que al final de sus cincuenta años. Era delgada y
musculosa como una antigua bailarina, con el rizado cabello color plata cortado en un estilo
simple que apenas le rozaba la mandíbula. Llevaba pantalones de lona grisáceos, sueltos pero
no desarreglados, una camiseta ajustada, y una chaqueta liviana de lona sobre eso. Todo en
ella mostraba confianza, madurez, autocontrol, aceptación de uno mismo.
18 | P á g i n a
La mujer más joven era un fuerte contraste. Era quizá de unos cuarenta años, pero
aunque estaba rodeada por capas de agitación, como la primera parecía reducida a lo
esencial. Su fina falda en capas y el top fluían a su alrededor en tonos mezclados de verde
oliva y marrón claro. Era un poco regordeta. Su pesado maquillaje era casi como glaseado.

Sin pensarlo, arrojé mis sentidos: Alyce estaba curiosa pero no perturbada. Las dos
mujeres eran brujas de sangre. De ellas recibí incertidumbre, desconfianza, incluso un filo de
miedo.

—Hunter, estas mujeres estaban preguntando por ti —informó Alyce. Se volteó hacia
ellas y gesticuló hacia mí—. Celia y Robin, éste es Hunter Niall.

Las dos mujeres se miraron, y luego, como tomando una decisión, la mujer mayor
asintió.

—Gracias, Alyce —dijo. Era una despedida amable, y Alyce alzó las cejas hacia mí
cuando no podían verla, luego se fue.

Me tomé un momento para examinarlas con la arraigada meticulosidad de un


Buscador. Ambas tenían patrones de energía relativamente débiles, eran brujas de sangre,
pero no poderosas.

La mujer mayor dio un paso adelante.

—Soy Celia Evans —dijo en una voz suave y modulada. Tendió la mano, y me levanté
para estrechársela. Su agarre era firme pero no agresivo—. Y esta es Robin Goodacre. —Hizo
un gesto a su acompañante, quien entonces dio un paso adelante.

Mientras Celia proyectaba tranquilidad y confianza, Robin proyectaba una fluctuante


distracción que instintivamente sentí que provenía de la inseguridad, o de no aceptarse a sí
misma.

Estreché la mano de Robin.

—Hola —dijo ella, con voz nerviosa, sin aliento. Me preguntaba cuál era su relación con
Celia.

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—Hola —dije. Había un par de sillas desiguales en la esquina, y las saqué, luego volví a
sentarme en mi mesa. Hice un gesto para que las dos mujeres se sentaran, y lo hicieron—.
¿Puedo ayudarlas en algo?

—Bueno, hemos oído hablar de usted como un… eh… —Robin comenzó, luego pareció
quedar bloqueada por la inseguridad.

Celia se hizo cargo.

—Hemos venido a verlo porque hemos oído que es experimentado en la magia buena y
en… la magia oscura.

Hmmm. Asentí y esperé a que continuara.

—Al igual que la ola oscura, por ejemplo —añadió Celia, empezando a parecer un poco
incómoda—. O tal vez otro tipo de magia oscura.

Oh. Por supuesto.

—¿Necesitan un Buscador? —pregunté, y Robin visiblemente retrocedió.

Celia lucía alarmada.

—Necesitamos… a alguien que nos ayude. Alguien que reconozca lo que podría ser
magia oscura. Y tal vez saber qué hacer al respecto.

—Bueno, lo siento, pero ya no trabajo para el Consejo. Sin embargo, podría ponerlas en
contacto con alguien.

—En realidad —dijo Celia lentamente—, no nos habíamos dado cuenta de que usted era
un Buscador. No habríamos venido si lo hubiéramos sabido. Es mucho mejor para nosotras
que usted no sea un Buscador, que no forme parte del Consejo. Sinceramente, necesitamos
ayuda, y no sabemos dónde encontrarla.

Las manos regordetas de Robin revoloteaban alrededor de su falda, jugando con sus
pliegues.

—Tiene que ser el tipo de ayuda correcta —dijo con seriedad—. No podemos empeorar
las cosas. Pero no sabemos qué hacer. —Retorció las manos, con sus anillos gruesos

20 | P á g i n a
repiqueteando—. Escuchamos que usted tenía experiencia con todo tipo de cosas.
Escuchamos… que se podía confiar en usted.

Eso era interesante. Miré del serio rostro de Robin, de la angustia en sus ojos marrones,
a la tensión apenas disimulada de Celia.

—¿Puedo preguntar quién las refirió a mí?

—Joanna Silversmith —dijo Celia—. De Knotworthy. Fuimos juntas a la escuela.

Su nombre me resultaba familiar, pero no creí que la conociera personalmente.


Knotworthy era un aquelarre en Inglaterra, así que tal vez me la había encontrado allá.

—¿Me pueden dar un poco más de detalles sobre su problema? —pregunté con
suavidad—. Así, si yo no las puedo ayudar, tal vez sepa de alguien que pueda hacerlo.

—Es la líder de nuestro aquelarre —dijo Celia, y respiró hondo—. Y creemos que puede
estar involucrada con magia oscura.

21 | P á g i n a
Capítulo 3
Morgan
Traducido por rihano
Corregido por ♥ Ellie ♥

Como había hecho cientos de veces antes, estacioné mi amado Valiant, Das Boot, en la
acera de la casa de mi mejor amiga Bree Warren, y me dirigí por el camino de piedra hacia las
puertas dobles frontales. Toqué el timbre, y la puerta fue abierta casi instantáneamente por
Thalia Cutter, otra de los miembros del aquelarre. Nuestro aquelarre, Kithic, tenía el número
de miembros ideal, trece: nuestro líder y mi novio, Hunter Niall, Bree, Robbie Gurevitch,
Sharon Goodfine, Ethan Sharp, Simon Bakehouse, Thalia, Jenna Ruiz, Raven Meltzer, Alisa
Soto (nuestro miembro más joven), la prima de Hunter, Sky, quien estaba en Inglaterra en
estos momentos, Matt Adler, y yo. Había conocido a la mayoría de ellos toda mi vida. Bree y
Robbie habían sido mis mejores amigos desde el primer grado. Sharon, Jenna, Matt, Ethan, y
Alisa iban todos a mi secundaria. Thalia y Simon iban a la otra secundaria en el pueblo.

—Hola —dijo Thalia. Su largo y ondulado cabello colgaba casi hasta su cintura, y su
cara ovalada era suave y serena—. Vamos, entra. Bree está en la cocina. Estamos arreglando
la casa de la piscina.

—Está bien.

Por experiencia habíamos averiguado que en la casa de Bree, el patio de pizarra que
rodeaba su piscina era lo mejor para canalizar la energía. Me encaminé por la cocina y pasé a
Ethan llevando un cirio. Bree dice detrás de él: —Espera, toma un plato de papel para
ponerlo. Si echamos cera en la pizarra, nunca la sacaremos.

Ethan tomó el plato, sonrió saludándome, y salió.

—Hola —dije, caminando hacia la enorme cocina de los Warren. Bree, viéndose
hermosa como siempre, estaba arreglando algo de fruta cortada en un plato. Su fino y muy
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oscuro cabello había crecido un poco y caía en capas suaves más allá de sus hombros.
Suspiré. No era fácil ser la mejor amiga de alguien que parecía una modelo. Estamos
hablando de pómulos altos, cuerpo fabuloso, piel perfecta. Siempre imposible y
sofisticadamente al día, estaba usando una falda de algodón de motivos indios que colgaba
varias pulgadas por debajo de su ombligo y una blusa blanca estilo campesina que mostraba
su perfecta y marfileña piel, tanto por arriba como por debajo.

Traté de no mirar a mi propio conjunto de vaqueros y camiseta. Estaba empezando a


sentirme decaída cuando recordé a Hunter, el increíblemente caliente e irresistible Hunter, y
el hecho de que no parecía capaz de mantener sus manos lejos de mí.

—Mira, Bree está haciendo comida para picar —dijo Robbie, cortando piña fresca en un
extremo de la encimera de la cocina.

—Oh, tan gracioso —dijo Bree, pero ella le sonrió, y él le devolvió la sonrisa. Era obvio
cuán fuertemente se sentían el uno por el otro. Ella regresó a colocar fresas artísticamente en
la bandeja.

—Eso se ve genial —dije, inhalando el típico aroma de la piña, pesado en el aire. Ahora
que la primavera finalmente había llegado, estaba disfrutando las ropas más ligeras, el clima
más cálido y los días más largos. Había sido un largo y oscuro invierno, en más de una
forma. Yo estaba mirando hacia delante para estar en la luz de nuevo.

—Hola —dijo Alisa, entrando en la cocina. Su ondulado cabello con mechones caramelo
estaba retirado de su cara, enfatizando sus enormes ojos oscuros—. ¿Puedo ayudar con algo?

—Gracias, creo que casi estamos listos —dijo Bree—. Tan pronto como todos estén aquí,
podremos comenzar.

Alisa y yo salimos de la cocina. Habíamos tenido una especie de relación de sube-y-baja


en los meses transcurridos desde que Kithic se había formado. Las cosas habían sido difíciles
para Alisa últimamente. Ella había descubierto recientemente que era bruja de sangre por
parte de su madre, lo que realmente la había asustado. Hace unas semanas se había
escapado, en parte para encontrar a la familia de su difunta madre en Gloucester, una familia
de brujas de sangre completa. El viaje había vuelto un caos su casa de toda la vida, su padre
había tenido un ataque, pero de alguna manera parecía que ella había encontrado lo que

23 | P á g i n a
estaba buscando. En estos días parecía más feliz, más centrada. No estaba haciendo
exactamente bailes de alegría por ser una bruja de sangre, pero parecía haberlo aceptado.

—¿Cómo te va? —le pregunté en el pasillo. El último círculo al que Alisa había asistido
había sido un poco extraño. Había estado estresada, y ya que tenía dificultades controlando
sus poderes, ese estrés había hecho que todos los grifos en la casa de Hunter vomitaran sin
control. Al final, la casa prácticamente se había inundado. Ella había estado muy molesta.

—Nada mal —dijo—. Las cosas están un poco mejor en casa, Hilary ha parado de
vomitar, así que eso es bueno. Y escucha esto, ella ha dejado de llamarme “la niña de las
flores”. Ahora soy una dama de honor verdadera.

—Muy bien —dije, y ambas sonreímos. Su padre se iba a casar pronto con su novia
embarazada. Hilary era sólo unos diez años mayor que Alisa, y ellas habían tenido un inicio
muy escabroso. Pero sonaba como que su futura madrastra estaba lográndolo.

—Al menos ella está tratando —dijo Alisa—, y yo he estado tratando también. No es
que sea fácil. Pero estuvo de acuerdo en modificar mi vestido para que ya no tuviera ese gran
arco sobre mi culo.

—Excelente —dije. Nos detuvimos debajo de una extraña pintura al óleo abstracta justo
fuera de la oficina en casa del señor Warren—. ¿Qué hay de tu habitación?

—Papá me está comprando una cama nueva para mi nueva habitación —informó Alisa.
Hilary la había hecho mudar fuera de su antigua habitación para que ella pudiera estar más
cerca del bebé—. Oh, ya sabes, papá me dijo que podía invitar a alguien a la boda.

—Hmm, ¿a alguien como Charlie, de Gloucester? —dije, levantando las cejas


sugestivamente. Alisa sonrió y se vio un poco avergonzada. Una de las personas que Alisa
había conocido en Gloucester era Charlie, un miembro del aquelarre de la familia de su
madre, un lindo, divertido y atractivo brujo de sangre. Él y Alisa se mantenían en contacto a
través del correo electrónico.

—No —susurró Alisa—. Estoy segura que Charlie no sería capaz de llegar hasta aquí.
Pero quiero que Mary K. venga, la he llamó dos veces, pero nunca está en casa.

Y era evidente que ella no le había regresado las llamadas a Alisa. Mi hermana se estaba
sintiendo bastante incómoda con todo el asunto de bruja de sangre Wicca, aunque ella
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parecía haberlo aceptado en lo que a mí concernía. Puede que descubrir que su mejor amiga
era una especie de extraña criatura mágica, además de su hermana, fuera demasiado para
ella. Mary K. había estado muy molesta cuando Alisa había descubierto su herencia.
Esperaba que no se diera por vencida con su amistad.

—Ella ha estado viendo a Mark Chambers mucho últimamente —le dije neutralmente—
. Pero yo le recordaré.

—Gracias.

Matt nos pasó en el camino a la casa de la piscina y dijo hola, y luego Raven pisoteó por
el pasillo en sus botas de motociclista. Ella estaba usando un vestido de rayón vintage con
enormes agujeros unidos por alfileres de seguridad. Eso, su pelo negro trenzado y sus toscos
zapatos añadían una imagen que era totalmente Raven.

Luego, la parte de atrás de mi cuello hormigueó, y toda una cascada de respuestas,


emocionales y físicas, irrumpieron a través de mí como chispas. Mi cabeza ya estaba girando
cuando Hunter dijo: —¿Morgan?

Estaba de pie en el vestíbulo de entrada a la sala. Alisa se desvaneció hacia la piscina, y


yo traté de no correr y arrojarme a los brazos de Hunter. Había hablado con él justo antes de
la cena, y me había dicho que por fin realmente había renunciado al Consejo. Me estaba
muriendo de ganas de hablar con él. Entre otras cosas.

—Hola —le dije, caminando hacia él, admirando mi increíble autocontrol.

Vino a mi encuentro a mitad de camino, y entonces mi control se quebró. Puse mis


brazos alrededor de él, lo hice retroceder por el pasillo, y lo llevé a la oficina del Sr. Warren.
Con la puerta cerrada detrás de nosotros, dejé que mi enorme y tonta sonrisa se mostrara. Me
atrajo más cerca, sonriendo también, luego se inclinó y fui de puntillas para encontrarme con
su beso. Me apreté más cerca de él, fundiéndome a mí misma contra su cuerpo delgado,
sintiendo la fuerza de sus brazos mientras me abrazaba apretadamente. Mi mano alcanzó a
tocar el pelo corto y rubio claro en la parte posterior de su cuello, y mis dedos trazaron la
suavidad de la piel de allí. Hunter. Todo en él me hablaba. El timbre de su voz, el olor de su
piel, la profundidad de sus ojos verdes. La forma en que su mandíbula se tensaba y sus ojos
se estrechaban cuando estaba enojado. El sonido de su respiración cuando estábamos
besándonos en su cama. La presión de su mano mientras extendía los dedos sobre mi

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espalda, urgiéndome a acercarme. Su peculiar y seco sentido del humor. Su increíble
inteligencia. Su magia fuerte y controlada. Yo lo admiraba y lo respetaba. Sentía un increíble
y tierno amor y un deseo muy fuerte por él. Confiaba en él implícitamente. Me estremecí
cuando Hunter empujó su rodilla entre mis piernas. Enrollé una pierna a su alrededor
mientras seguimos besándonos una y otra vez, como si hubiéramos estado separados
durante un año en lugar de un día. Quería beber de él, imprimirlo en mi piel, ser calentada
por su toque.

Eventualmente, aminoramos la marcha y llegamos a tomar aire. Mis labios se sentían


hinchados, y estaba respirando con dificultad. Los ojos de Hunter brillaron hacia mí.

—Bueno, hola a ti también —dijo con su suave acento inglés—. ¿Me extrañaste?

Sonreí y asentí lentamente. —Sólo un poco. Pero basta de mí. Dime todo lo que pasó
con Kennet.

Hunter negó con la cabeza y dejó escapar un suspiro. —Le dije que estaba renunciando.
Dijo que las brujas no abandonan el Consejo. Dije que yo sí. Me preguntó si había
considerado un permiso de ausencia. Dije que renunciaba. Me dijo que ya no iba a tener la
protección del Consejo y que había hecho un montón de enemigos, siendo un Buscador.

—Qué agradable —dije con una mueca—. Me alegro de que fuera tan comprensivo y
solidario.

Él se encogió de hombros.

—No estuvo mal, la verdad. Supongo que no sabía qué hacer.

Me quedé cerca de él y apoyé mi cabeza en su pecho. Oí el latido fuerte y constante de


su corazón.

—Lo siento —le dije—. Pero, ¿cómo te sientes al respecto? ¿Estás contento de lo que
hiciste?

—No creo que deba reconsiderarlo —dijo Hunter, acariciando mi espalda—. Pensé
mucho en mi renuncia. Sé que es lo correcto para mí.

Me incliné y besé su mejilla.

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—Probablemente deberíamos regresar con los otros, pero si quieres hablar de esto más
tarde, deberíamos, ¿de acuerdo?

Él asintió con la cabeza, su mentón contra la parte superior de mi cabeza. Sus dedos se
arrastraron suavemente por mi camisa.

—¿Dónde está Morgan? —Oí a Sharon decir en el pasillo—. ¿No dijiste que estaba aquí?
¿Hunter no va a venir?

Esperamos hasta que el pasillo estuvo en silencio, y luego salimos. Me metí en el


tocador, y Hunter se dirigió a la casa de la piscina como si acabara de llegar. Rápidamente
me eché agua en la cara, viendo el rubor de los besos de Hunter allí. Entonces empujé mi
cabello castaño fuera de mis hombros y fui a reunirme con los demás.

—Bienvenidos, todos —estaba diciendo Hunter mientras yo caminaba hacia el patio


cerrado que rodeaba la piscina de Bree. Tenues estrellas brillaban por encima del techo de
cristal tintado y Bree, con su estilo habitual, había dispuesto quizás cincuenta cirios de
diferentes alturas a lo largo de un borde de la piscina. Sus llamas se reflejaban en el agua
oscura y proveían nuestra única luz. El efecto era hermoso y misterioso.

Varias personas se voltearon a saludarme en silencio, y yo sonreí y asentí con la cabeza,


y luego tomé un lugar entre Jenna y Raven.

—Bree, gracias por acogernos —dijo Hunter—. Siempre es bueno estar aquí.

—No hay problema —dijo Bree.

—Ahora, antes de que nos lancemos a nuestro círculo de esta noche, ¿alguien tiene
alguna duda o sugerencia? —preguntó Hunter—. ¿Dónde nos reuniremos la próxima vez?

—Puede ser en mi casa —ofreció Simon.

—Correcto, gracias —dijo Hunter—. Ya que nos estamos acercando a Beltane, el


siguiente círculo oficial no será durante un tiempo. Pero, mientras tanto, tenemos una de
nuestras celebraciones más festivas por celebrar. ¿Han leído sobre esta?

—Sí —dijo Thalía—. Es un festival de fuego, y junto con el Samhain, es uno de los
Sabbats más importantes.

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—Correcto —dijo Huinter—. Al igual que el Samhain, Beltane tiene lugar cuando los
velos entre los mundos son más delgados. En Samhain celebramos y honramos la muerte y la
terminación, el cierre de un círculo, el final de un ciclo. Beltane, el último de todos los
festivales de fertilidad de la primavera, es todo sobre el nacimiento, nuevos comienzos, la
vida. Tradicionalmente, la gente hace hogueras, tienen palos de mayo, y celebran toda la
noche. Es cuando la Diosa, madura con la fertilidad después del largo invierno, se une de
nuevo con el Dios, quien ahora ha llegado a la edad adulta.

Hubo unas cuantas risitas un poco avergonzadas por esto, y Hunter las reconoció con
una sonrisa.

—Esto es cuando la Diosa concibe al próximo Dios y así se propaga el ciclo de vida una
vez más. ¿Alguien conoce los símbolos de Beltane?

Yo los sabía, pero no dije nada. Mis compañeros de aquelarre sabían que Hunter y yo
estábamos saliendo. Normalmente me quedaba bastante tranquila en los círculos, no quería
ser vista como la mascota del profesor. Cuando Hunter estuvo en Canadá y Bethany Malone
había llevado nuestro círculo, yo había estado más abierta.

—El palo de mayo —dijo Robbie, y Bree levantó las cejas sugestivamente, haciendo reír
a la gente.

—¿Este no tiene algunos símbolos iguales a Ostara? —preguntó Sharon—. ¿Como los
conejitos y los huevos?

Hunter asintió.

—Los símbolos de la fertilidad.

—Leí que es donde las personas en realidad tienen sexo en el exterior, para bendecir a
sus campos o sus animales —dijo Raven.

Hunter se echó a reír.

—Bueno, esa es una tradición que no tenemos que sentirnos obligados a llevar a cabo.

Vi a Bree y Robbie intercambiar miradas, Sharon y Ethan haciéndose caras el uno al


otro, Jenna y Simón sonriendo en silencio y mirando a sus pies. Por Dios, ¿todos ellos lo
habían hecho ya? ¿Era yo la única virgen de diecisiete años de edad que quedaba en Widow’s
28 | P á g i n a
Vale? Hunter y yo habíamos planeado hacer el amor un par de veces, pero siempre había
algo que pasaba que evitaba que lo hiciéramos. Ahora los dos sabíamos que estábamos listos,
sólo estábamos esperando por el momento correcto. Yo esperaba que fuera el correcto muy
pronto.

—Antes de nuestro próximo círculo —continuó Hunter— me gustaría que todos


ustedes leyeran algo más sobre Beltane. —Enumeró algunas fuentes útiles, luego dijo—:
Ahora, si no hay nada más, podemos proyectar nuestro círculo.

Dimos un paso adelante. Hunter rápida y hábilmente dibujó un círculo perfecto en las
pizarras con un trozo de tiza. Pasamos a través de la abertura que él había dejado en este, y
luego lo cerró detrás de nosotros. Habíamos colocado cuatro cuencos, uno en cada punto, al
este, norte, oeste y sur. Contenían tierra, un cono de incienso ardiente para simbolizar el aire,
una vela para el fuego y un cuarto cuenco con agua.

Con los cuatro elementos representados, nuestra energía se equilibraría.

Los doce unimos las manos y Hunter dijo: —Yo invoco a la Diosa. Invoco al Dios. Los
invito a unirse a nosotros en este, nuestro círculo. Esta noche celebramos estar juntos, estar en
el umbral de la primavera. Mientras elevamos la energía de la Diosa, vamos a pensar en
nuestras propias renovaciones, nuestros renacimientos. Ahora, todo el mundo puede unirse
cuando estén listos. —Empezamos a mover nuestro círculo en deasil, en el sentido de las
agujas del reloj, mientras Hunter comenzó a cantar un familiar canto de poder.

Uno a uno mezclamos nuestras voces con la suya, dejando que las palabras se
entrelazaran. Esperé unos momentos, y entonces sucedió, como siempre lo hacía: sentí un
estallido de felicidad, de alegría. Yo sabía quién era, sabía lo que estaba haciendo. Estaba
uniendo mi energía con la de los demás, y era una experiencia increíble.

A medida que avanzábamos más rápidamente, nuestros pies manteniendo el ritmo del
complejo y antiguo ritmo, poco a poco comencé a ser consciente de otro hilo de sonido por
debajo del que estábamos cantando. Estaba dentro de mi cabeza, viniendo desde adentro, y
lo seguí como una cuerda de color, tratando de desenredarlo. Era difícil de alcanzar, no
estaba completo, y yo no parecía poder alcanzarlo.

A veces parecía vagamente familiar, pero no podía ubicar dónde lo había oído. Aún así,
me moví con los otros en un círculo, una parte de mi mente centrada en la trama. Imágenes

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vagas vinieron a mí: cuando mi medio-hermano Killian había utilizado el nombre real de un
halcón para forzarlo a tierra y también, extrañamente, cuando mi padre biológico, Ciaran
MacEwan, me había iniciado en los desgastantes dolores y placeres embriagadores de
cambiar de forma. Pero estos pensamientos se alejaron como nubes, y pronto mi mente
estaba llena de la emoción de nuestra energía elevada. Mi corazón se sintió tan lleno y ligero,
mi visión parecía excepcionalmente clara, podía ver las auras de colores tenues, brillando
alrededor de las cabezas de mis amigos. Ser parte de un círculo era como conectarme a una
conciencia superior, una realidad superior. Era completamente satisfactorio.

Nuestro ritmo se aceleró, y nuestro canto se hinchó hasta reventar. Nuestra energía se
levantó y encrespó, y en el pico de su crescendo elevamos nuestras manos separándolas y
nos detuvimos donde estábamos. Sonrisas en nuestras caras, nuestras manos bajando
suavemente, mirábamos alrededor para disfrutar de las miradas de transportación en las
caras de los otros.

Mi mirada se fijó en Hunter, en su rostro anguloso, tez blanca, sus pómulos afilados, la
increíble profundidad de sus ojos. Sus mejillas estaban ruborizadas con un color rosa pálido,
como del amanecer.

Sus ojos se encontraron con los míos, y entre nosotros hubo un destello de comprensión
instantáneo, un mensaje inmediato de amor enviado y recibido. Sonreí, y él también a mí.

—Ese fue un gran círculo, gente —dijo él, asumiendo su papel de liderazgo de nuevo—.
Puedo ver una clara mejora en su atención y concentración.

Recordé la melodía escurridiza y las extrañas imágenes que había visto en el círculo.
¿Por qué había pensado en cambiar de forma de nuevo? ¿Era la diosa tratando de decirme
algo? ¿O era sólo que ahora que estábamos fuera de peligro inmediato, mi mente estaba
realmente comenzando a lidiar con esas imágenes? Probablemente esto último, decidí. No
había habido nueva o escalofriante información en las imágenes.

—Tengo un poco de comida y otras cosas en la cocina —dijo Bree, apartando su fino
pelo de la cara—. Robbie y yo vamos a traerlo.

Hunter se desvió hacia mí mientras ellos salían, y automáticamente nuestros brazos


fueron alrededor de la cintura el uno del otro. Él besó la parte superior de mi cabeza, y me
estremecí. Todos los pensamientos de la escurridiza melodía que había escuchado habían

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desaparecido. Había querido mencionarle el extraño sueño que había tenido a Hunter, pero
decidí no hacerlo. Al fin y al cabo, todo el mundo tiene sueños extraños a veces.

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Capítulo 4
Hunter
Traducido por Susanauribe y flochi
Corregido por ♥ Ellie ♥

—¿Qué les parece aquí? —pregunté—. No hay rocas, una mezcla de sol y sombra, una
linda vista.

La canasta de picnic estaba comenzando a sentirse pesada. Estaba listo para sentarme,
comer y tenderme en el sol.

—Se ve bien —dijo Morgan, asintiendo.

—Está bien por mi parte —dijo Robbie.

Por un momento, parecía como si Bree fuera a alegar pero luego siguió la regla de la
mayoría. Ella y Morgan desdoblaron una vieja sábana y la sacudieron.

—Diosa, que día tan hermoso —dijo Morgan, tendiéndose de inmediato en la sábana en
una forma que me hizo desear que Robbie y Bree no estuvieran aquí.

Quería tocarla, sentir la suave piel de su estómago. Bueno, pero no había nada que
pudiera hacer al respecto. Por medio de un acuerdo no verbalizado, los cuatro terminamos
tendidos de espalda, mirando un cielo de primavera de color azul intenso y a las nubes
blancas y abullonadas pasando.

—Esto es grandioso —dijo Robbie.

—Mmm —murmuró Bree en acuerdo—. Oh, Morgan, ¿te conté? Eso del hotel de
Martha’s Vieyard funcionó.

—Hey, genial —dijo Morgan—. ¿Cuándo van a ir?

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—A finales de junio —dijo Robbie—. Sólo por una semana. No creo que pueda tener
más vacaciones de la tienda. —Robbie había obtenido un trabajo de verano en la pequeña
tienda de libros usados de Widow’s Vale.

Usando mi intuición de antiguo Buscador, la cual funcionaba a la velocidad de la luz,


deduje que Bree y Robbie iban a ir juntos por una semana a Martha’s Vieyard en el verano.
Una envidia silenciosa se apoderó de mí. Mataría por tener esa clase de privacidad con
Morgan. Algunas veces deseaba que su padre fuera más como el de Bree, más bien ausente y
no tan pendiente de lo que hacía. Sabía que los padres intensamente interesados e
involucrados de Morgan, en general, eran algo mejor.

Pero algunas veces…

—Eso suena genial —dijo Morgan—. Probablemente voy a trabajar en la oficia de mi


mamá todo el tiempo. Entrada de datos, llenados, etc. Hacer café. Bostezar. —Su mamá era
agente de bienes raíces y sabía que Morgan trabaja para ella cuando necesitaba dinero.

—Al menos tendrás aire acondicionado —señaló Bree—. Lo cual me recuerda, hablando
de estar con escalofríos, estaba leyendo sobre Beltane esta mañana y parece que muchos
aquelarres sienten que los rituales Beltane son mejores hechos bajo el sol. Como los ritos de
fertilidad, los bailes. El palo con ribetes.

—¿Cielo? —preguntó Robbie—. ¿Qué tiene que ver eso…? Oh.

Bree rió y cruzó una de sus piernas por encima de la de Robbie.

—Estoy tan segura —dijo Morgan, poniendo sus ojos en blanco—. Cuenten conmigo.

Tratando de no reírme, dije: —No lo sé, Morgan. Creo que si somos históricamente
correctos, Kithic debería celebrar Beltane auténticamente. Imagino que todo estaría bien si no
todos tuvieran sexo bajo la luna, pero la desnudez… ¡Pfaw! —Me detuve para escupir un
poco de césped, el cual me había lanzado Morgan, lo saqué de mi boca y alcé mis manos para
prevenir más ataques.

—Muy gracioso —dijo Morgan, lanzando más césped.

Me senté para quitármelo y vi que su rostro estaba ruborizado con timidez. Le sonreí.
En público ella era reservada y ciertamente no se vestía para mostrar su cuerpo. Pero en

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privado… habíamos estado lo suficientemente juntos para saber que su deseo físico y
sensualidad innata corría dentro de ella tan fuerte como sus poderes mágicos. Y he sido el
afortunado receptor de esos sentimientos. Esperaba que pronto estuviéramos listos para
llevar esos sentimientos a su conclusión natural.

—Claro, entonces —dije, acostándome y tomando la mano de Morgan. Sostuve su mano


contra mi pecho y la sentí relajarse, su pie descansado contra mi tobillo—. Me adelantaré y le
informaré al aquelarre que la desnudez y el sexo público son opcionales.

Robbie resopló con risa y Bree le dijo: —Puedes desnudarte primero.

Estaba feliz, tendido en el sol y bajo la sombra. Se sintió normal, natural, iluminado.
Esperaba que el resto del año fuera más de este modo, y que la oscuridad que habíamos
estado enfrentando finalmente se hubiera ido.

Después de un rato, nos sentamos y comimos nuestros sándwiches. Todo sabía mejor
porque estábamos afuera en el sol primaveral y estábamos juntos. Me tendí de espalda con
Morgan y sus amigos y miramos las nubes. No pude recordar la última vez que me sentí así
de calmado.

No después de mucho, Bree y Robbie se fueron para llegar al matinée de una película
extranjera en Tauton. Bree deja el postre con nosotros y pronto escuchamos el distintivo
sonido de su BMW alejándose. Por fin, dejándome a solas con Morgan.

Me volteé para estar de lado y la reuní conmigo, empujándola hacia abajo en la sábana
con mi peso, sintiendo su delgadez debajo de mí, su pierna curvándose de forma automática
para acomodarse alrededor de la mía. Sus brazos me rodean y comienzo a besarla, tocándola
en todas partes.

Me sentí intensamente vivo, emocionado por nuestro futuro. Mi cuerpo respondió al de


ella tan fuertemente que supe que si esperábamos más tiempo a hacer el amor, ambos
perderíamos la cordura. No fue hasta que sentí su mano en la mía que me di cuenta que
estaba en su cintura y había desabotonado sus jeans.

Sintiéndome atontado, pestañeé y miré su rostro sonrojado. Miré mi mano y la suya


sosteniéndola. Ella me sonrió con un lento asombro.

—¿Aquí mismo? ¿No asustaremos las ardillas?


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Estaba muy ido para hacer una respuesta coherente de inmediato. Todo dentro de mí
me estaba diciendo que continuara y el hecho de que nos detuvimos y ella estaba hablando,
estaba tomando un tiempo para imprimirse en mi cerebro nublado por la lujuria.

—Mami, ¿qué están haciendo esos enormes animales feos? —dijo Morgan en una voz
de ardilla alta y chillona—. No mires, cariño —respondió en un tono de madre ardilla
preocupada—. Simplemente vuelve al árbol.

Por un momento, sólo la miré, luego comencé a reírme fuertemente. Morgan me sonrió
mientras yo carcajeaba, y sólo con esfuerzo fue que me contuve. Inclinándome, besé su nariz.

—Eres increíblemente extraña —dice tiernamente—. Seria e increíblemente extraña.


Estoy seguro de que esta es la primera vez en la historia de la sexualidad humana que
alguien ha imitado a una ardilla como parte de los juegos preliminares.

Nos reímos juntos, luego nos sentamos y nos abrazamos, riéndonos como maníacos.
Ella se abotonó sus jeans, y cuando nos tendimos de nuevo, sólo fue para acurrucarnos y
hablar.

En mi mente, recordé la reunión con Celia Evans y Robin Goodacre. Ambas me dijeron
que era porque estaban preocupadas porque su líder probablemente estaba trabajando con
magia negra. No estaban seguras de qué hacer pero necesitaban ayuda. Más tarde esa noche
íbamos a encontrarnos de nuevo y me prometieron que me contarían toda la historia.

Había querido hablarle de ello a Morgan, saber sus impresiones sobre lo que pensaba
que podía estar pasando. Pero no tenía su permiso para hablarlo con nadie, y mientras me
sentiría bien por cont{rselo a otro Wiccan “profesional”, como mi pap{, decírselo a Morgan
parecía como romper la confianza.

—¿Qué vas a hacer este verano? —preguntó Morgan, acurrucándose más cerca, y
escuché la tristeza en su voz. Estaba pensando en el viaje de Bree y Robbie, sin lugar a
dudas.

—Bueno, estoy esperando ganar un poco de dinero para ir a casa por un tiempo —le
dije honestamente—. Quiero ver a todos, comer pescado y frituras decentes, reponerme en
Inglaterra. —Ella estaba callada, jugando pensativamente con uno de los botones de mi casa,
y continué—. ¿Hay alguna forma de que puedas ir conmigo? ¿Qué tal si prometemos visitar
lugares históricos y escribir un reporte?
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Ella sonrió, viéndose triste.

—Le preguntaré a mis padres, pero no contengas tu aliento.

La acurruqué cerca de nuevo. Ambos sabíamos, sin decirlo, que no había forma de que
sus padres la dejaran ir a Europa con un chico. No cuando ella sólo tenía diecisiete. La
acaricié debajo de una oreja y la sentí temblar.

—Necesitamos tiempo a solas. —Ella asintió—. Tal vez podríamos hacer unas cosas que
hemos estado pensando —dije significativamente.

Sus ojos color avellana, el color de las piedras que vemos por el agua clara, se
iluminaron con sorpresa, y ella soltó una risita instintiva contra mí. La besé suavemente, no
queriendo que nos pusiéramos demasiado intensos de nuevo. Pronto, estábamos tendidos de
nuevo, nuestros brazos alrededor del otro, mirando al cielo.

Mientras mis ojos se cerraban de manera perezosa, escuché un extraño chillido por
encima de mí. Mis ojos se abrieron y mi mirada se clavó en un halcón de cola roja,
lanzándose al suelo con increíble rapidez. Cayó por debajo del nivel de los árboles, pero de
forma casi instantánea se dirigió hacia arriba, cada fuerte batida de sus poderosas alas
llevándolo más lejos en el cielo. En sus garras estaba retorciéndose una serpiente negra.

—Almuerzo —dije, admirando la habilidad predadora casi perfecta del ave. Bajé la
mirada para encontrar a Morgan frunciendo el ceño.

—Eso es extraño —dijo ella, entrecerrando los ojos para ver al ave desaparecer por
encima de nosotros.

—¿Por qué? Los halcones cazan todo el tiempo. Este lugar está lleno de halcones de cola
roja. —Acaricié su cabello, amando la forma en que el sol se reflejaba en él.

—Sí, supongo —dijo ella lentamente—. No es nada.

—Tengo que decirte —dije, suavemente bajando su cabeza a mi hombro—, no estoy


emocionado por trabajar en Magia Práctica.

—¿No?

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Negué con mi cabeza. —Sé que ya no puedo ser un Buscador, pero poner hechizos en
las plantas tampoco es mi llamado en la vida. Si sólo todo fuera tan genial que el Concejo no
se apareciera en la ciudad.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Morgan, volteándose de costado y metiendo un


brazo debajo de su cabeza para poder mirarme.

—Bueno, si hubiera un concejo alternativo, digamos —dije—. Uno que estuviera más
cerca al pueblo Wiccan.

Morgan estuvo callada por un rato, y me pregunté si ella entendió lo que yo estaba
sintiendo.

—Tal vez deberías iniciar tu propio Consejo —dijo.

Me reí, luego vi que me miraba solemne y pensativa.

—No estás hablando en serio. —La idea de crear un nuevo Concejo, yo solo, era
risible—. ¿Verdad?

—¿Cuán en serio estás hablando tú? —me preguntó y no tuve una respuesta.

Me encontraba casi fuera de la entrada principal cuando sonó el teléfono. Me debatí si


contestarlo, tenía solamente diez minutos para llegar a la cafetería donde me iba a encontrar
con Celia y Robin, pero entonces recogí el hecho de que era una llamada de Sky. Me precipité
al teléfono.

—Hola-hola —dije, y ella resopló—. ¿Cómo de alegre está Inglaterra?

—Todavía tan reprimido como siempre —dijo Sky secamente—. Incluso las brujas
inglesas están más restringidas que las americanas.

—Lo dices como si fuera algo malo —dije, y se permitió un divertido heh-heh.

—Supongo que es un poco de alivio no tener las emociones de todos colgando por
todas partes —dijo—. Por otro lado, los americanos parecen más fáciles de tratar. Dicen lo
que sienten o piensan, y nunca tienes que adivinar lo que está pasando tras el silencio.

37 | P á g i n a
Lo pensé por un momento, y me llegó una idea.

—¿Cómo está el tío Beck?

Sky suspiró en voz alta por el teléfono, lo que me dijo que di en el blanco. Tan luminosa,
hermosa y encantadora como mi mamá había sido, su hermano Beck, el padre de Sky, era
sombrío y labrado con dureza y casi ferozmente introvertido. Me había criado a mí, a mi
hermano menor Linden, y a mi Hermana Alwyn, desde que yo tenía ocho años, y pese a que
siempre me había sentido físicamente seguro y protegido, también me había sentido
desconfiado, distanciado y en la cuerda floja emocionalmente. A Sky y sus cuatro hermanas
no le fue mucho mejor, aunque ellas eran sus propias hijas.

—De todas maneras, creo que estoy lista para regresar a Widow’s Vale —dijo.

—Buenas noticias —dije sinceramente—. Aquí no es lo mismo sin ti.

—Correcto. Así que estoy pensando en un vuelo en lista de espera, probablemente el


martes. ¿Crees que puedas darme un aventón a casa si te digo cuándo?

—Por supuesto —dije—. ¿Por qué en espera?

—Será más barato —dijo—, y no puedo esperar otras dos semanas para un vuelo con
descuento.

Así que la familia definitivamente la estaba sacando de quicio. Sin embargo, ella había
estado lejos por un largo tiempo.

—Dame un preaviso y estaré allí —prometí.

—Hurra. ¿Algo pasa?

—Sí, papá est{ m{s demand… —Me interrumpí cuando le eché un vistazo al reloj—.
¡Maldición! Lo siento, Sky. Estoy llegando tarde a una reunión. Hablaré contigo más tarde,
¿está bien?

—Seguro. Adiós.

Colgué el teléfono y corrí a la puerta.

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—Siento llegar tarde —dije cuando llegué a la cafetería casi quince minutos más tarde.

Celia me miró, luego miró su reloj. Recibí el mensaje. Estaba vestida como si hubiera
venido de una oficina, en pulcros pantalones azul marino y chaqueta que parecía profesional
pero no demasiado formal o incómoda.

—Recibí una llamada internacional justo cuando estaba dejando la casa —expliqué,
deslizándome en el asiento restante en nuestra pequeña mesa.

Robin miró a Celia, y cuando enfoqué mis sentidos, recogí sentimientos de nerviosismo,
temor y culpa. Una vez más me encontré intrigado. ¿Qué era lo que querían, exactamente?

—¿Por qué no consigues algo de beber y luego hablamos? —sugirió Celia. Asentí y fui
al mostrador. Mientras esperaba por mi té, miré en torno de la pequeña cafetería. Solo otra
mesa estaba ocupada. Celia y Robin habían escogido una mesa en la esquina más alejada, y
cada una estaba sentada con la espalda a la pared.

Llevé mi enorme taza y me senté. Mezclé dos paquetitos de azúcar y esperé a que una
de las brujas hablara. Siguieron mirándose entre sí, como comunicándose telepáticamente,
pero no lo estaban haciendo, no lo creía. Esperé, intentando parecer despreocupado. Las
personas querían hablar. Lo había descubierto como Buscador. Simplemente esperar era a
veces un medio mucho más efectivo de conseguir información que una dura interrogación.

—Gracias por venir —dijo Celia finalmente—. Cuando llegaste tarde, me pregunté si
habías cambiado de idea.

—No —dije suavemente, tomando un sorbo de té—. Habría llamado.

—Necesito que prometas que no harás nada sin nuestro permiso —declaró Robin, una
mirada ansiosa en su rostro redondo.

Me encontré con su mirada calmadamente.

—¿Por qué simplemente no me explican qué está pasando?

Celia se inclinó hacia adelante, los suaves planos de su rostro tensos. —¿Podemos
confiar en ti? —preguntó ella, su voz baja y decidida.

—¿Practicas magia oscura? —pregunté, y ella se echó hacia atrás.


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—No —dijo con sorpresa.

—Entonces puedes confiar en mí. —Di otro sorbo.

—No se trata de nosotras —dijo Robin. Había tanta ansiedad proveniente de ella que
me estaba empezando a sentir nervioso. Seguí echando hacia afuera mis sentidos para estar
al tanto de cualquier posible peligro cercano. Pero no había nada.

—Dijiste que era la líder de tu aquelarre —dije.

—Sí, y necesitamos que prometas que no har{s… que no la dañarás —siguió Robin.

Celia le dio una mirada penetrante, y Robin miró hacia abajo y empezó a retorcer sus
manos en el regazo.

—Nunca le haría daño a alguien —dije—. A menos que representen una amenaza. —No
podía descubrir a qué querían llegar estas dos. Claro, si yo descubría a una bruja practicando
magia oscura que pudiera lastimar a alguien, tenía la obligación de entregarlos al Consejo
para despojarlos de sus poderes.

Tan poca fe como le tenía al Consejo en estos días, sabía lo importante que era evitar
que alguien causara daño.

Robin miró a Celia con nerviosismo, y las dos parecieron considerar mi respuesta.
Finalmente Celia miró a su alrededor como para asegurarse de que estaban solas. Entonces
sus ojos marrón claro se encontraron con los míos.

—Somos miembros de Willowbrook, un aquelarre mixto en Thortnton.

Thornton era una ciudad a unos cuarenta minutos de distancia, al noroeste de Widow’s
Vale. Un aquelarre mixto significaba que no solo era de brujas de sangre y de no sangre, sino
también brujas de diferentes clanes. Estaba seguro de que Willowbrook había sido
mencionado casualmente por las personas con las que había hablado, pero nada en mi
memoria activó ninguna reacción negativa.

Asentí.

—Sigue.

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Celia continuó en voz baja.

Por los últimos diecisiete años, Willowbrooke ha sido dirigido por una talentosa
Brightendale llamada Patrice Pearson.

—¿Cuánto tiempo llevan en el aquelarre? —pregunté. Había estado alrededor de ellas


lo suficiente para darme cuenta de que parecían conocerse bastante bien, aunque había una
distancia entre ellas. Eran compañeras de aquelarre pero no amigas, y ciertamente no eran
amantes.

—Dieciocho años —respondió Celia.

—Yo doce —dijo Robin.

—¿Y hay un problema? —pregunté.

—Patrice es maravillosa —dijo Robin seriamente, inclinándose más hacia mí. Sus
redondos ojos marrones estaban una vez más rodeados por maquillaje.

—Pero… —dije, y Celia pareció molesta.

—Pero nada —dijo cortante—. Patrice “es” maravillosa. Es tan… c{lida. Dadivosa, útil,
atenta, llena de alegría y vida. —Hizo una pausa—. Pasé por una situación personal difícil
hace unos pocos años, y no sé que habría hecho sin Patrice.

—Todos nosotros la queremos tanto —dijo Robin—. Estamos tan unidos al aquelarre.
La mayoría de nosotros ha estado juntos al menos diez años. Patrice solo nos acerca y nos
hace sentir… —Buscó la palabra—. Amados. Incluso… Hace como seis años Patrice atravesó
un feo divorcio, y todos nos sorprendimos tanto. Pero incluso a través de eso, vino al círculo
cada semana sin falta. Cada semana. Y dirigía nuestro círculo con generosidad y alegría.

—Es una líder excepcional —dijo Celia simplemente—. Tiene una excepcional claridad
y enfoque.

Estaba empezando a tener una mala sensación con respecto a la perfecta Patrice.

—Pero últimamente —dijo Celia, y ella y Robin intercambiaron miradas una vez más—.
Últimamente ha estado diferente.

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Me relajé en mi silla. Ahora que la presa se había roto, todo lo demás le seguiría.
Proyecté sentimientos de calma, de imparcialidad.

—Ella no ha cambiado en la mayor parte, pero a veces… es casi como si alguien m{s
estuviera mirando a través de sus ojos.

Todos mis sentidos se pusieron en alerta.

—Los círculos también son diferentes —dijo Robin—. Siempre han sido el punto álgido
de mi semana. Energizantes. Una afirmación de la vida.

—Pero últimamente varios de nosotros notamos que luego de los círculos nos sentimos
inusualmente drenados —dijo Celia, mirando mucho tiempo sus largos y delgados dedos
envueltos alrededor de su taza—. A veces algunos de nosotros hemos tenido que recostarmos
luego. Una noche, hace unas semanas, Robin y yo finalmente se lo mencionamos a otros y
descubrimos que estábamos sintiendo las mismas cosas. Por lo que decidimos intentar
encontrar ayuda. Ayuda discreta. No podemos decir qué está mal, o incluso si hay algo mal.
Pero no se siente completamente correcto, tampoco.

—Por supuesto, Patrice ha estado bajo mucha presión —dijo Robin—. Joshua, su hijo,
tiene once ahora, fue diagnosticado el año pasado con leucemia. Experimentó un transplante
de médula ósea hace ocho meses.

—Ahora, él tiene la enfermedad de anfitrión versus injerto —siguió Celia.

—¿Qué es eso? —pregunté.

—Bueno, Joshua coincidió con un donante —dijo Celia—. Luego le hicieron


quimioterapia masiva y radiación para matar todas las células causantes del cáncer. Eso mató
todas las de la propia médula ósea de Joshua también. Entonces se trasplantó la medula ósea
del donante libre de células cancerígenas en él. Está funcionando, está produciendo glóbulos
blancos y estimulando su sistema inmunológico. Desafortunadamente, estos glóbulos
blancos han identificado a Joshua como un ser extraño, y la médula ósea está atacando
virtualmente todos los sistemas en su cuerpo.

Su voz se apretó con dolor, y se reflejó en el hecho de que ambas mujeres debieron
haber conocido a Patrice cuando Joshua nació y probablemente habían sabido o habían

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estado involucradas en su crianza durante los últimos once años. Ahora estaba mortalmente
enfermo. No era solo Patrice quien estaba sintiendo la tensión.

—Es un tipo diferente de enfermedad del cáncer —dijo Celia—. Pero aún así terrible.
Podría matarlo.

—Él está sufriendo tanto, tanta miseria —dijo Robin, su voz vacilante—. Pero incluso
con todo esto, Patrice solo ha faltado a dos o tres círculos el año pasado.

—Me ofrecí a hacerme cargo de los círculos por un tiempo, para darle un descanso —
dijo Celia—. Soy el miembro más antiguo del aquelarre. Pero ella se negó.

—Así de leal es ella, así de dedicada —dijo Robin.

—¿Qué dicen los otros miembros del aquelarre? —pregunté.

—Sé que algunos de los otros sienten que algo anda mal —dijo Celia—. Nadie me dijo
nada directamente. El hecho es que de vez en cuando parece ir bien. Y casi me hace
preguntarme si estoy imaginando cosas o tal vez sólo resfriándome.

—Pero yo siento lo mismo —dijo Robin—. Y la semana pasada escuché que alguien más
susurraba una preocupación al respecto.

—Si algo negativo est{ afectando a todos los miembros del aquelarre… tenemos que
descubrir qué es —dijo Celia con firmeza.

—Sabemos que Patrice es una buena persona —aportó Robin rápidamente—. Solo
pensamos que ella quizás necesita ayuda.

Fruncí el ceño, sorbiendo mi té. Esto no sonaba bien, claro, podría haber alguna
explicación racional y benigna. Y sería maravilloso si eso fuera cierto. Pero instintivamente
sentí que había más.

—¿Qué es lo que quieren que haga? —pregunté cuidadosamente.

—Queremos que… descubras qué est{ pasando —dijo Celia, y Robin asintió—. Como
un ex Buscador, tienes habilidades de investigación, conocimientos acerca de los diferentes
caminos que toman las brujas, ideas de cómo confrontar a Patrice si es necesario.

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—Si se ha desviado un poco, podemos ayudarla a regresar al camino correcto —dijo
Robin.

—O quizás descubrir cómo protegerla de sí misma —sugirió Celia—. O protegernos de


ella. No lo sabemos realmente. Solo sabemos que necesitamos ayuda.

—Y necesitamos mantener esto en muy, muy en secreto —dijo Robin urgentemente—.


No queremos que vayas al Consejo, incluso si tienes afiliaciones. Patrice es una buena
persona. Simplemente necesita ayuda.

Me froté la barbilla mientras pensaba.

—No sé si puedo prometerlo. Si descubro que Patrice está involucrada en algo


peligroso… ya no soy un Buscador, pero sigo teniendo una obligación, como bruja de sangre
con una conciencia. —Me recosté en la silla, y Celia y Robin parecieron desinflarse un poco.

—Bueno… —Robin miró a Celia vacilante.

—No… no queremos que nadie salga lastimado —me aseguró Celia—. Quiz{s… ¿si no
haces ninguna promesa, salvo que no dañarás a nadie innecesariamente y no permitirás que
nadie más sea perjudicado?

Suspiré y consideré sus palabras. Bueno, al menos podía ciertamente dar con más
respuestas que las que ellas tenían ahora.

—Eso no hace falta decirlo. Quizás pueda mirar —estuve de acuerdo—. Ver lo que
puede surgir. Pero si Patrice est{ envuelta en algo peligroso… simplemente no puedo dejarla
continuar.

Celia asintió con firmeza. —Claro. Nosotras solo…

—Si hay otra opción que llamar al Consejo, queremos explorarla —dijo Robin,
recogiendo nerviosamente una hebra perdida en su manga—. Ya sabes, no queremos verla…
herida.

—Nadie quiere ver a alguien herido —le aseguré.

Las dos mujeres se recostaron en sus asientos, alivio emanando de ellas como perfume.

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Caramba, pensé. ¿En qué clase de lío me he metido?

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Capítulo 5
Morgan
Traducido por Jo
Corregido por ♥ Ellie ♥

Estoy en una gran casa, enorme como el palacio de Versalles. Sigo corriendo por
corredores, conozco el camino de salida, pero sin importar a dónde voy, sólo termino en más
corredores, más pasillos, más habitaciones que llevan a ninguna parte. Siento como si alguien
estuviera detrás de mí… estoy huyendo de algo, pero no sé qué o quién. Tengo frío, y mis
pies descalzos no hacen ruido en los suaves pisos. Varias veces me detengo o miro hacia
afuera de una ventana, para intentar orientarme, tal vez ver a alguien que pueda ayudarme.
Cada vez veo paredes de sueño flotando afuera, como decoración de un escenario. Están
garabateadas con runas, sigils, palabras, y dibujos mágicos que me asustan, aún a pesar de
que no sé lo que son. Luego miro hacia afuera de la ventana y veo un halcón bajando en
picada para atacar. No sé por qué, pero me da escalofríos directos al hueso.

Comienzo a correr por los pasillos de nuevo. Mientras paso una enorme ventana, las
cortinas rompen en llamas detrás de mí. ¿Esta casa va a quemarse conmigo en ella? Necesito salir
de aquí, escapar. Estoy tan sola, tan fría, tan asustada. ¿Por qué no puedo encontrar la salida? ¿Qué
hay detrás de mí? ¿Qué es esa oscura, horrible sombra? El fuego está crepitando detrás de mí, hay
más sombras parpadeando en las paredes en frente de mí. Voy a quemarme.

Me despierto gritando algo como: ¡Diosa, ayúdame! Estaba en mi cama, sudando y


pegajosa y fría al mismo tiempo. Me pregunté si había gritado en voz alta, pero nadie vino a
revisar, así que supuse que no lo había hecho. Sentí pánico y seguía mirando a mis ventanas
para asegurarme de que mis cortinas no estuvieran en llamas. Bebí algo de agua en el baño y
me recosté en mi cama. Miré fijamente el techo hasta que el sol subió, y luego volví a dormir
hasta que fue hora de encontrar a todos para el picnic del día.

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Eso estaba bien. Había considerado contarle a Hunter sobre eso en nuestro picnic, pero
de pronto parecía tan tonto. Obviamente he pasado por mucho estrés últimamente. ¿Quién no tiene
sueños extraños?

Esta noche será diferente, me prometí. Estaba tratando silenciar cualquier demonio que
estuviera cargando en mi mente. Había tomado un baño relajante. Estaba intentando tener
buenos pensamientos, concentrarme en cosas positivas.

Eran las diez treinta. Había revisado algunas de mis notas de historia para prepararme
para los finales, imaginando que si eso no me llevaba a un profundo sueño, nada lo haría.

—Buenas noches, cariño —dijo mamá, metiendo su cabeza en mi puerta abierta.

—Buenas noches, mamá —dije. Escuché a Mary K. cepillando sus dientes en el baño
que compartíamos, y apagué mi luz, sintiéndome cómoda por los sonidos familiares. Me
moví alrededor hasta que estaba cómoda y en la posición perfecta de dormir de Morgan.
Ahora por los buenos pensamientos.

El día había sido tan genial. Había ido a un picnic con Hunter, Bree y Robbie, mis tres
personas favoritas. Bree y yo nunca habíamos sido capaces de salir en una cita doble antes; a
pesar de que ella siempre tenía novios, yo no. Y la relación de Bree y Robbie parecía ir bien.
Nunca había visto a ninguno de los dos tan feliz.

Bien, pensé. Buenos pensamientos. El picnic había sido perfecto. Y se había puesto sólo
mejor luego de que Bree y Robbie se hubieran ido. Sonreí para mí misma, pensando en
Hunter y yo. Diosa, él me volvía loca. ¿Cuándo, cuándo podríamos estar solos de la manera
que queríamos cuando finalmente hiciéramos el amor?

A veces sentía tanto amor por Hunter que me abrumaba y sentía que iba a llorar. Era
tan buena persona, una persona tan ética. Tan increíblemente talentoso y sabio brujo. Estaba
totalmente fascinada por todo acerca de él.

Me estaba cansando, y me sentí cálida y tranquila. Adrede relajé cada músculo en mi


cuerpo, comenzando desde mis dedos de los pies y subiendo hasta la punta de mi cabeza.
Repetí mi pequeño simple hechizo calmante: —Todo está bien y brillante. El día debe
seguirle a cada noche. Mis poderes me mantienen a salvo del daño, y la Diosa me sostiene en
sus brazos.

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Luego caigo dormida.

Frunciendo el ceño, bajé la mirada al mapa abierto en el asiento a mi lado. Entorno los
ojos, pero todos los nombres y caminos y marcas están borrosas. Frustrada, miro a través del
parabrisas al camino alineado de árboles, esperando que alguna característica de éste se
vuelva familiar. Cambio a tercera marcha, como si moverme más rápido me ayudara a
sentirme menos perdida. No sé dónde estoy o hacia dónde estoy yendo. Estoy segura de que
lo sabía cuando salí, pero el razonamiento escapa de mí ahora.

Das Boot se siente familiar y cómodo, moviéndose pesadamente por el angosto camino,
pero eso es lo único que se siente bien. Hay nubes grises en frente de mí, bajas y malévolas en
el cielo, como si una tormenta se avecinara. Quiero regresar e ir a casa pero no sé en qué
dirección girar. Y no hay cruces, ningún lugar a donde girar. Maldición. Bajo la mirada al
mapa de nuevo, intentando forzar el enfoque en alguno de los símbolos. Están en gaélico.
Reconozco algunas letras, pero ninguna de ellas tiene sentido. Me siento tan frustrada que
quiero llorar. ¿Qué está mal conmigo? Me siento tan estúpida. Los segundos pasan y me siento
más y más ansiosa, casi con pánico. ¿Cómo puedo arreglar esta situación?

Un repentino toque en mi parabrisas trasero me sobresalta. Cuidadosamente,


intentando no salir del camino, me giro para mirar y casi grito. Un enorme y horrible halcón
de plumas negras está en el maletero de mi auto, sus patas rayando la pintura mientras se
sostiene. Sus duros ojos dorados parecen atravesarme como láser. Se ve fiero y odioso y sin
piedad.

Giro de nuevo, lista para apretar el freno e intentar hacerlo soltarse, pero en su lugar me
encuentro con que soy una pasajera en el auto. Alguien más está manejando, y sigo
intentando ver quién es, pero por alguna razón, cada vez que intento mirar, no logro girar mi
mirada por completo hasta el lado del conductor.

Una y otra vez lo intento, y mi mirada sigue deslizándose lejos de donde está sentado el
conductor. Puedo ver el frente de él y hacia atrás pero no realmente el asiento del conductor.
¿Quién es? ¿Estoy siendo secuestrada? Una explosión de ansiedad cierra mi garganta.

Una tenue figura gris atrapa mi mirada, y la veo por mi ventana. ¿Puedo hacer señas para
que me ayude? Enormes y gordas gotas de lluvias comienzan a chocar contra el parabrisas

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como pequeñas balas, golpeando con fuerza contra el vidrio. Me inclino hacia adelante para
ver quién es la figura. Jadeo con sorpresa. ¡Es Hunter! ¡Detente!, grito, ¡Detente! Pero el auto ni
siquiera desacelera. Veo el rostro de Hunter, sus ojos juntándose con los míos, su sorpresa y
preocupación mientras pasamos.

Golpeo en mi ventana y me giro para gritarle. ¡Quiero parar! ¡Quiero salir e ir por ti, pero
no puedo! Lágrimas de miedo y angustia bajan por mis mejillas. Estoy atrapada en este auto.
Necesito escapar, necesito volver con Hunter. Diosa, ahora me siento horrible. Estoy enojada
y en lágrimas y tan confundida e indefensa. Sigo pensando: quiero parar, quiero parar, quiero
parar.

Adelante, el camino comienza una lenta curva a la izquierda. Das Boot desacelera, e
impulsivamente abro mi puerta y me lanzo fuera del auto. Escucho el chillido de los frenos, y
entonces estoy rodando por un corto dique cubierto en cardos de afiladas espinas. Me
tambaleo hasta detenerme. Mis brazos y piernas están rasguñados, la lluvia está cayendo en
mi rostro y cabello, y con precaución comienzo a escalar hacia el camino, esperando que Das
Boot y su misterioso conductor se hayan ido y sintiéndome triste por haber perdido mi auto.

Pero hay algo, siento una calidez en mi espalda. Siento con mi mano, y ¡siento fuego!
Miro detrás de mí, y ¡hay alas hechas de fuego fluyendo desde mi espalda! ¿Quién soy?

No hay autos en el camino. La tarde está avanzando como una capa, fluyendo sobre el
terreno. Llego al camino y comienzo a correr hacia donde vi a Hunter. Tengo que verlo,
explicarle. No me importa qué me suceda mientas esté con él. Tengo que contarle que quería
detenerme, que nunca lo habría pasado si hubiera tenido una opción. He abandonado mi
auto para ir hasta él.

Pronto mis pulmones queman por oxígeno, y mi corrida se enlentece. Miro detrás de
mí, y mis alas de fuego no están. ¡No puedo encontrar a Hunter, aún a pesar de que estoy gritando
por él! Estoy segura de que he pasado por donde lo vi. He ido adelante y atrás una media
docena de veces, buscándolo, gritando su nombre. Estoy empapada completamente y
temblando, mi piel rugosa con piel de gallina. Mis pies duelen. Bajo la mirada, y entonces la
dura y oscura silueta de un halcón hace sombra en el oscuro gris del crepúsculo. Siento un
repentino e terror instantáneo de que el ave esté viniendo por mí. ¡Soy su presa! Salvajemente
levanto la mirada, mis brazos ya levantados para protegerme de su ataque…

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…y me despierto en mi cama, temblando e inundada de adrenalina. Miro alrededor con
pánico, pero inmediatamente me doy cuenta de que estaba en mi habitación. Confundida y
aterrada, rompo en lágrimas, tomando mi almohada y sosteniéndola contra mí. Había tenido
otra pesadilla. Me abracé, intentando recordar sus detalles aterradores, pero encontré que
todo lo que quedaba era un brumoso miasma de miedo, de pánico. Pero, ¿por qué? ¿De qué
se había tratado? No podía recordar. El recuerdo se estaba escapando de mí. Golpeé mi
almohada con frustración, nuevos sollozos escapando. Los ahogué en mi almohada, luego
giré hacia abajo en mi cama, llorando con más fuerza. No sé por cuánto tiempo lloré, pero
eventualmente me ahogué en una aguada pausa y yací allí, exhausta.

Tenía que llegar al fondo de esto. Esta era mi tercera noche de sueños aterradores. ¿De
qué se trataban? ¿Qué estaba sucediendo conmigo? Mañana luego de la escuela les diré a Hunter
y Alyce y Bethany acerca de ellas. Iban a comenzar a afectar el estado de mi mente. Necesitaba
ayuda. Y un trago de agua. Alejé las frazadas, apenas notando que mis piernas parecían doler
un poco. Luego, mientras me estaba parando, bajé la mirada, y me congelé con horror. ¡Mis
pies y piernas estaban húmedos! ¡Tenían pedazos de pasto mojado pegado a ellos, como si
acabara de correr por grama! Y mis piernas estaban todas rasguñadas, con docenas de
pequeñas heridas, como si hubiera… ¡Oh, Diosa! Mi corazón se detuvo y mi sangre se volvió
hielo. Como si hubiera caído por un espinoso dique. Había estado afuera. Había estado
afuera mientras estaba dormida. Oh, Diosa, ¿qué estaba pasando conmigo?

Temblando, caminé a través de la habitación, notando la tenue silueta de pisadas


húmedas en mi alfombra de sisal. Mi garganta estaba cerrada con miedo, pero
desesperadamente arrojé mis sentidos hacia afuera. No siento nada fuera de lo ordinario, sólo mi
familia durmiendo. ¿Y Dagda? Miré alrededor por mi gatito. Él siempre duerme conmigo, a
menudo bajo las frazadas. Regresé y miré en mi cama, palpando las frazadas. Dagda no
estaba. Hice pequeños sonidos de besos, llamándolo. Luego salí al descansillo y bajé las
escaleras. Vi el más leve rastro de pisadas mojadas en las escaleras y unos pocos pedazos de
pasto. Diosa, Diosa.

Luego, al final de las escaleras, vi los verdes ojos brillantes de Dagda. Estaba agachado
en frente de la puerta delantera, su espalda arqueada, orejas hacia atrás. Estaba gruñendo,
mostrando sus dientes. Lo miré fijamente, entonces eché un vistazo detrás de mí. No había
nada.

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—Dagda, ¿qué ocurre? —pregunté suavemente, bajando para buscarlo. Él se alejó
mientras lo alcanzaba, aplastándose contra la puerta, sus garras afuera, viéndose maniaco.
Bajos gruñidos venían de su garganta, junto con un silbante siseo de tetera.

—¡Dagda! —Me detuve y alejé mi mano con sorpresa. Estaba siseándome a mí.

Mis padres estaban tan sorprendidos de verme a la mañana siguiente que dejaron de
hablar. Todos en mi familia son aves mañaneras, excepto yo. Era un chiste que Mary K. a
veces tenía que terminar lanzando agua en mi rostro para sacarme de la cama a tiempo para
la escuela.

—¿Estás bien? —preguntó mi mamá, viendo mi rostro—. ¿No dormiste bien?

No me había deprimido más viendo mi rostro en el espejo esta mañana, pero tenía una
buena idea de cómo debía lucir. Me moví como zombi al refrigerador y busqué alrededor
hasta que encontré una coca dietética. Me las arreglé para beber un poco, esperando que la
cafeína me ayudara a despertar algunas células cerebrales.

—No dormí bien —confirmé con sutileza. Automáticamente busqué alrededor a Dagda
y lo vi agachado sobre su plato, engullendo alimento para mascotas. La noche anterior había
estado tan extraño, él nunca había vuelto a mi habitación.

—¿Estás enferma? —preguntó mi padre.

—No lo creo —dije, abrazándome contra la encimera de la cocina. Al menos no


físicamente, dije silenciosamente. Tal vez mentalmente. Bebí un poco más de bebida y me senté
en mi lugar en la mesa—. No he estado durmiendo mucho.

—Estudiando —adivinó mi madre, asintiendo y limpiando su lugar—. No están lejos


los finales. Cariño, estoy contenta de que tu trabajo escolar esté subiendo de nuevo, pero no
quiero que arruines tu salud quedándote despierta a toda hora, estudiando.

—Está valiendo la pena, sin embargo —dijo mi papá alentando—. Has estado trayendo
a casa notas muy buenas, y tu mamá y yo estamos realmente complacidos.

Le di una pequeña sonrisa. Mis notas habían bajado al inicio del año, en parte por el
tiempo y energía que estaba dedicándole a estudiar la Wicca. Mis padres se habían puesto
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furiosos y me soltaron la bomba. Ahora estaba estudiando más, cuidando de mantener un
promedio decente.

Miré a Dagda, se había ido, y mientras miraba alrededor de la cocina, de pronto sentí
algo cálido y suave rozar mis piernas. Con precaución bajé la mirada. Mi gatito estaba
frotándose contra mí, ronroneando, como siempre lo hacía. Lo alcancé tentativamente con
una mano, y metió su cabecita triangular contra ella, demandando un rasquido de orejas.
Casi sollocé de alivio. ¡Mi gato no me odia! Rasqué sus puntos favoritos hasta que cayó sin
fuerzas en el suelo en un exceso de placer.

—¡Buenos días! —dijo Mary K. brillantemente, entrando a la cocina. Se veía fabulosa,


como siempre, con su piel clara brillando, cabello rebotando, y enormes ojos cafés
enmarcados por largas pestañas.

—Buenos días, cariño —respondió mamá, y papá le dio a Mary K. una sonrisa cariñosa.

Mi hermana sacó un yogurt de limón del refrigerador y se sentó en la mesa. Miró a


través hacia mí, asimilando mi aparición.

—¿Estás enferma? ¿Qué haces despierta?

—No podía dormir —murmuré, tragando más cafeína. Varias células cerebrales se
tensaron en acción, y se me ocurrió que necesitaba vestirme para la escuela. Recogiendo mi
bebida, me dirigí arriba para enfrentar este nuevo desafío.

Ya tenía el motor de Das Boot encendido cuando Mary K. se subió, cabello castaño
rojizo moviéndose hacia adelante en su rostro, la chaqueta de Mark Chamber colgaba
alrededor de sus hombros. Había estado saliendo con él por un par de semanas.

—¿Asumo que esa chaqueta significa que las cosas con el querido Mark están
funcionando? —pregunté mientras salía de nuestra entrada. En el rostro de Mary K.
aparecieron hoyuelos de una sonrisa feliz.

—Es tan, tan lindo —dijo ella, dejando caer su bolso de libros en el suelo.

—Bien. Porque si es un imbécil, voy a sacarle los ojos. —Mary K. rió, pero su rostro
estaba oscurecido levemente por el significado y recuerdo detrás de mis palabras—. No creo
que vayas a tener que hacerlo.

52 | P á g i n a
Lo que Alisa me había dicho la noche del sábado de pronto volvió a mí.

—Así que, ¿has pensado en algo que usar para la boda del papá de Alisa? —Esto tenía
toda la sutileza y finesa de un mazo, ya que soy notoriamente un desafío de la moda.

Mary K. me miró. No era una tonta, y podía ver que estaba tratando de descifrar mi
ángulo.

—No estoy segura si iré —dijo con precaución.

—¿Por qué no? Las bodas son entretenidas. Y te darán pastel —señalé.

—No lo sé —dijo Mary K., mirando afuera de la ventana del auto—. Ya no sé si Alisa y
yo tenemos tanto en común.

—Porque es medio bruja —dije, putualizando lo obvio.

Mi hermana se encogió de hombros.

—Bueno, sé cómo te sientes acerca de la Wicca y toda la cosa de las brujas de sangre —
dije—. Sé que te sentirías mejor si yo no tuviera nada que ver con eso y si Alisa no tuviera
nada que ver con eso.

Mary K. no me miró.

—La cosa es —continué— que nadie elige ser lo que son. Sólo lo son. Es como el color
de tus ojos o cabello o cuán alta eres. Yo nací con genes de bruja de sangre porque mis padres
biológicos eran brujos de sangre. Alisa es mitad y mitad, y no hay nada que ella pueda hacer
acerca de eso.

Mi hermana suspiró.

—De hecho —dije—, Alisa estaba realmente enloquecida cuando se enteró de que era
medio bruja. Quiero decir, la chica huyó sólo hace unas semanas porque ser mitad bruja no
era algo a lo que quería anotarse.

Mary K. mordió su labio y miró hacia afuera de la ventana un poco más. Sólo tenía unas
pocas cuadras hasta la escuela.

—¿Crees que Alisa es perra? —pregunté.


53 | P á g i n a
Mary K. movió sus ojos asombrado hacia mí.

—No.

—¿Ella miente? ¿Engaña? ¿Roba? ¿Ha hecho un movimiento con Mark Chambers?
¿Dice cosas malas acerca de ti a tus espaldas?

—No, por supuesto que no —dijo Mary K.—. Ella es realmente genial…

—Exacto. A ustedes les gustan los mismos libros, películas, ropas. Tienen similares e
increíblemente pobres sentidos del humor. Ambas inexplicablemente tienen un
enamoramiento en Terrance Hagen, el chico actor más insípido que exista.

Mary K. estaba riendo ahora. Luego su rostro se relajó. Lancé mi último tiro.

—Mary K., puedes ser amiga de quien quieras. Si no creyera que realmente te importa
Alisa, me callaría. Pero sí te importa. Y justo ahora el papá de Alisa se va a casar. Está a
punto de tener un nuevo medio hermano. No tiene a su mamá. Sólo creo que ella podría
necesitar amigos. Y entre tú y yo, creo que no le importaría si esos amigos no tuvieran nada
que ver con la Wicca.

Estacioné mi auto en la escuela, las ruedas crujiendo en las pequeñas piedras blancas
que cubrían el suelo.

—Tienes razón —dijo Mary K. suavemente, levantando su bolso—. Sí me importa Alisa.


Quiero ser su amiga.

—Bien —dije con ánimo—. Y sólo piensa que si eres realmente, realmente persistente,
puede que la lleves al catolicismo. Auch. —Froté mi muslo donde Mary K. acababa de
golpearme.

—Hasta luego, lagarto —dijo ella, como solía hacer cuando éramos pequeñas. Le sonreí.

—Hasta un rato, cocodrilo. —Fue mi original respuesta.

54 | P á g i n a
Capítulo 6
Hunter
Traducido por Dai
Corregido por ♥ Ellie ♥

Pasé la mayor parte del martes en Magia Práctica, ayudando a Alyce a ordenar los
libros correctamente. Los estantes para libros en la nueva sala de la tienda estaban casi
terminados. Alyce y yo habíamos pasado por la mayor parte de las estanterías, haciendo
largas listas detalladas de cada categoría. Dentro de cada categoría había muchas sub-
categorías y, por supuesto, la mayoría de los libros tenían que tener referencias cruzadas. Era
apasionante y renovó mi interés por la lectura o relectura de algunos textos importantes
sobre la Wicca, pero de alguna manera no me llenaba.

Yo estaba arriba en una escalera, dictándole títulos a Alyce cuando sentí que alguien se
acercaba. La campana sobre la puerta sonó en el momento siguiente… Morgan. Eché un
vistazo a mi reloj. Ya eran las cuatro de la tarde.

—Hora del té —le dije, empezando a bajar por la escalera. Mis manos estaban sucias,
con polvo, y yo las limpié mis jeans—. Hola, mi amor —dije, encontrándome con Morgan a
mitad del camino. Sostuve sus hombros y la besé suavemente—. No podías estar lejos de mí,
ya veo. Yo también te extrañé.

Su boca se arqueó en una sonrisa nerviosa, luego miró más allá de mí a Alyce.

—En realidad —dijo en voz baja—, necesito hablar con los dos. ¿Puedes dedicarme un
par de minutos?

—Desde luego, querida —dijo Alyce. Se acercó a la parte trasera de la tienda y llamó a
su otro empleado—. Finn, ¿puedes vigilar la tienda por mí un poco? —Él asintió con la
cabeza y se dirigió a la caja registradora.

55 | P á g i n a
Alyce señaló la cortina naranja que llevaba al salón-galpón-sala-de-estar-comedor de los
empleados. Ya estaba repuntando la tensión de Morgan, cubierta con fatiga, y me pregunté
qué estaba pasando, ella no había mencionado nada. Le froté la espalda a medida que entré y
me senté. Ella me dio una sonrisa forzada y puso su mano sobre mi rodilla. Intenté leer sus
ojos, pero parecían bloqueados y eso me puso en alerta. Si algo estaba molestando a Morgan,
¿cómo no lo había sentido antes? ¿O acaso estaba ocultándome algo?

En cuestión de minutos, Alyce puso tres tazas de té sobre la mesa, y proyectó, como de
costumbre, aire de calma y empatía materna.

—¿Qué está pasando, Morgan? Te ves muy molesta.

Morgan asintió y tragó saliva. Dejé que mi brazo descanse en la parte posterior de la
silla para que ella sienta mi apoyo.

—He estado teniendo sueños… —dijo—. Pesadillas, en realidad. Aterradoras.

Empecé a frotar su espalda de nuevo con una sola mano.

—Deben ser extrañas para que desees hablar de ellas con nosotros —le dije.

Morgan dio una risa corta y seca.

—Son extrañas. Las he tenido durante las últimas tres noches. —Giré mi cabeza hacia
un lado, curioso, y ella se volvió hacia mí para explicar—: Pensé que eran sueños ordinarios.
Todo el mundo tiene pesadillas a veces. Y nada explícitamente malo sucede en ellas, no veo
asesinatos ni nada. Son imágenes perturbadoras, realmente fuertes. Pensé que tal vez era el
estrés finalmente apareciendo, algo por el estilo. Pero anoche…

Hizo una pausa para tomar té, y debajo de mi mano sentí un pequeño temblor
sacudiéndola.

—¿Qué? ¿Qué pasó anoche? —le pregunté.

—Tuve otro sueño —dijo ella—. Ni siquiera puedo recordar la mayor parte de él. Siento
que sigo viendo halcones, gavilanes oscuros, en los sueños, pero no estoy segura.

Me acordé de la reacción de Morgan al halcón que habíamos visto el día de la comida


campestre, y me sentí irritado conmigo mismo por no haberme dado cuenta.
56 | P á g i n a
—El sueño de anoche se sentía como el peor de todos, pero no puedo decir por qué —
continuó Morgan—.Todo lo que recuerdo es que… creo que era en un coche, mi coche. Yo no
estaba conduciendo, y tenía que salir. Pero no se detenía. Creo que salté. Y cuando lo hice,
me di cuenta que tenía alas de pájaro, pero estaban hechas de fuego.

Instantáneamente, los ojos de Alyce se encontraron con los míos. Eso tenía que
significar algo.

Morgan negó con la cabeza, frustrada por no ser capaz de recordar más detalles.

—Me caí en una zanja, creo. Luego estaba corriendo por un camino, en busca de algo o
alguien, y mis alas desaparecieron. —Se estremeció de nuevo, a pesar de que hacía calor en la
habitación, y encogió los hombros como si quisiera protegerse a sí misma—. Pero eso no es lo
peor —dijo con un hilo de voz—. Lo peor de todo es que cuando desperté, tenía las piernas y
los pies mojados. Y había pequeños trozos de hierba seca pegados a mí.

—Oh, Morgan. —Mis músculos se tensaron. Diosa. Esto era increíblemente grave.

—Y tenía estos —dijo Morgan, levantando la manga de su camisa. Su brazo estaba


entrecruzado con muchos rasguños—. Mis piernas están rasguñadas, también. —Ella sonaba
asustada, pero estaba tratando de no demostrarlo—. Así que supongo que soy sonámbula.
Bajé las escaleras y vi huellas húmedas hasta la puerta principal. Y Dagda… —Su voz se
quebró y ella agarró su taza en sus dos manos—. Vi a Dagda y fui hasta él, y él se erizó como
un gatito de Halloween y me fufó. Como si lo hubiera asustado. —Su voz vaciló. Obviamente
estaba luchando por contener las lágrimas. Moví mi silla más cerca a la de ella y traté de
envolverla con mis brazos para protegerla. La cara amable y redonda de Alyce mostró algo
de la preocupación que sentía, a pesar de que todavía se veía calmada.

—¿Alguna vez fuiste sonámbula antes? —le pregunté.

Morgan negó con la cabeza.

—Nunca.

—Las otras dos noches que tuviste esos sueños... ¿crees que fuiste sonámbula, entonces?

Morgan frunció el ceño, tratando de recordar. Negó con la cabeza, y su cabello se


sacudió hacia atrás y adelante contra mi brazo.

57 | P á g i n a
—No que yo sepa.

Alyce se sentó, mirando a Morgan pensativa.

—Dios mío —dijo—. Debes sentirte muy asustada, querida.

Morgan asintió con la cabeza, sin mirarla. Alyce extendió la mano y cubrió la mano de
Morgan con la suya.

—No te culpo. Yo estaría molesta también. ¿Qué más recuerdas de los sueños?
Cualquier tipo de detalle, cualquier cosa. ¿Qué pasó en el primer sueño?

Morgan suspiró.

—Recuerdo despertar y saber que había tenido un mal sueño y que estaba molesta, pero
no pensé en ello. Todo lo que pude recordar era que mis pies me dolían.

Le di una sonrisa de apoyo.

—El próximo sueño, lo recuerdo mejor —dijo Morgan—, porque estaba decidida a no
tenerlo de nuevo ayer por la noche. Recuerdo que atravesé enormes paredes, como en una
mansión. Seguía perdiéndome. Miré por la ventana tratando de orientarme, y fuera había
más paredes flotando allí. Estaban cubiertas con escrituras, pero no recuerdo nada de eso.
Recuerdo correr junto a las ventanas, y cuando las pasé las cortinas se prendieron fuego. Y
había un halcón, creo. —Su frente se arrugó mientras trataba de recordar algo más. Luego
sacudió la cabeza—. Eso es todo lo que recuerdo.

—¿Hubo un incendio en el primer sueño? —le pregunté, buscando puntos en común.

—No me acuerdo. No lo creo. Pero tal vez… tal vez olí humo. —Morgan se veía
frustrada y confundida.

—Está bien —dijo Alyce, acariciando su mano para tranquilizarla—. Vamos a ver lo que
tenemos. Dijiste que los halcones eran una parte de tus sueños. ¿Te acuerdas de lo que
estaban haciendo, cómo eran?

Morgan negó lentamente con la cabeza.

—No me acuerdo. Sólo siento que han estado en todos mis sueños.

58 | P á g i n a
—Está bien —dijo Alyce—. Por lo general, soñar con pájaros simboliza libertad o
felicidad.

—Sí, pero ella está soñando con rapaces, aves rapaces —señalé—. Eso podría indicar
codicia o una lucha de poder. Tener un halcón de plumaje oscuro me parece más inquietante:
detección de peligro o amenaza. —Yo no sabía casi nada acerca de la interpretación de los
sueños. Había aprendido lo suficiente como para pasar mi iniciación, pero me acordé de
algunos de los símbolos comunes.

—¿Y qué significa que yo tuviera alas en llamas? —preguntó Morgan.

Alyce me lanzó una mirada vacilante.

—Bueno, el fuego generalmente simboliza purificación, limpieza —le dije.

—O, a veces, metamorfosis, algo que cambia de una forma a otra —agregó Alyce—.
Pero tú tienes conexiones personales con él.

Morgan asintió solemnemente. Había mostrado una afinidad especial con el fuego
desde que se enteró que era una bruja de sangre. Era una de las pocas brujas de sangre que
he conocido que podía adivinar con éxito con fuego. También había antecedentes familiares
con fuego. Al parecer su madre biológica, Maeve Riordan, también había mostrado afinidad
con él. Hasta que murió calcinada.

—Hay algo más —dijo Alyce, pensativa—. Un pájaro con alas de fuego... Me suena,
pero no puedo poner el dedo en la llaga. Siento que he oído hablar de ello antes. —Pensó por
unos momentos, luego sacudió la cabeza enérgicamente—. Bueno, vamos a necesitar
investigar eso y las cortinas que se incendiaron. Ahora, el coche. Los coches a menudo
representan el camino que estás tomando en la vida, el camino que estás tomando para
alcanzar tus metas. —Fruncí el ceño, tratando de recordar las viejas lecciones—. Y ser un
pasajero simboliza a alguien que tiene el control sobre ti, dictando tu camino.

—Las paredes pueden representar tanto seguridad como confinamiento. Los caminos
por los que caminan también eran un camino de la vida. Los símbolos que no pudiste
entender representan una confusión literal sobre algo, está sucediendo algo que no entiendes.

Alyce se inclinó hacia adelante, pensando.

59 | P á g i n a
—Estoy escuchando mucho acerca de caminos en la vida, peligro intuido, así como
confusión, cosas ocultas —le dije incómodamente—. Hay símbolos que parecen seguir
repitiéndose.

—Sí —estuvo de acuerdo Alyce. Ella miró a Morgan—. Hay que pensar con más
detenimientos, querida. Un poco de meditación podría aclarar un poco las cosas. A mí me
parece que hay algo colgando sobre tu cabeza, simbólicamente, no literalmente. El hecho de
que estos sueños son tan fuertes, lo suficientemente fuertes para hacer que realmente seas
sonámbula, significa que debemos tomarlos con mucha seriedad. Tu psique te está enviando
un mensaje poderoso. Es importante que descubramos cuál es.

Morgan parecía preocupada.

—Hay algo más que se me acaba de ocurrir —dijo—. Las paredes con la escritura en
ellas, con símbolos y runas, me recuerdan al seòmar de Cal… su habitación secreta donde creó
toda esa magia oscura.

Y donde intentó matarla. Mi estómago se hace un nudo, y la furia hierve en mí como lava.
Mi medio hermano, Cal, había muerto, sin embargo, parecía que Morgan nunca sería libre de
su influencia, de su corrupción. Casi la había seducido, manipulado y trató de robarle su
poder. Por un minuto, estaba tan enojado, mis dientes apretados con tanta fuerza, que no
podía hablar. Entonces escupí lo que era obvio.

—Pero Cal está muerto.

—Lo sé —dijo Morgan con frustración—. No entiendo nada de eso. Todo lo que sé es
que me está volviendo loca, y ahora soy sonámbula. Son demasiadas cosas con las que lidiar.
—Apoyó los codos en la mesa y dejó caer su rostro entre sus manos.

—Tenemos que resolver esto rápido —le dije a Alyce, sorprendiéndome a mí mismo
por la dureza de mi voz—. Morgan está evidentemente en peligro. Tenemos que averiguar
de dónde viene la amenaza y eliminarla.

—Estoy de acuerdo —dijo Alyce, mirándome con tranquilidad—. Sin embargo, la


“amenaza” puede provenir de la misma Morgan. Su psique simplemente podría estar
utilizando medios fuertes para transmitir un mensaje. Cuanto antes descubramos el mensaje,
más pronto podremos tratar de hacer una impresión en ella.

60 | P á g i n a
—No creo eso —le dije, mirando a Alyce directamente—. Conozco a Morgan. No creo
que su psique le causaría sonambulismo en medio de la noche para transmitirle un mensaje.
Creo que estos sueños son mágicos.

—Odio esto —murmuró Morgan, sacudiendo la cabeza. Le acaricié el pelo por la


espalda, alisando los mechones.

—Lo sé —dijo Alyce, acariciando la mano de Morgan de nuevo—. No te culpo. Es difícil


de resolver. Pero una cosa está en claro: estos sueños pueden ser graves, y tenemos que
actuar.

—Sobre la posibilidad de que estos sueños puedan ser influenciados o causados por
una fuente externa, voy a investigar cómo se podría hacer eso —le dije—. Tal vez pueda
encontrar algunos ejemplos de casos en que se constató que fuerzas externas estaban
influyendo en los sueños de una persona. Y tal vez hable con mi padre acerca de las
influencias de otro mundo que actúan en este.

Como muertos que regresan para aterrorizar a Morgan. Como Cal. O tal vez una
persona viva, alguien de Amyranth, alguien que posiblemente esté siguiendo órdenes de
Ciaran. Asentí con la cabeza a Alyce, ya considerando cómo hacerlo.

—Morgan, me gustaría que hagas un poco de auto-examen —dijo Alyce—: meditar,


pensar, trabajar revelando hechizos, cualquier cosa que creas que podría ayudar a explicar de
qué tratan estos sueños.

—Es posible que desees hacer esto cuando te sientas segura, como cuando sus padres
están en casa, o conmigo —sugerí—. Cualquier otro detalle que recuerdes, cualquier
fragmento de un recuerdo, anótalo. Mantén un registro de todo.

—Está bien —dijo Morgan, sonando triste.

—En cuanto a mí, voy a investigar más sobre el simbolismo de los sueños —dijo Alyce.

—Tengo curiosidad por saber el significado del halcón con alas de fuego —le dije, y ella
estuvo de acuerdo.

61 | P á g i n a
—Además —dijo Alyce—, te voy a hacer una tisana hoy, una bebida sencilla que te
ayudará a dormir y evitará que sueñes hasta que podamos hacernos una idea de lo que está
pasando.

—Eso sería genial —dijo Morgan con alivio—. Tengo miedo de volver a dormir después
de todo esto.

Alyce cloqueó con simpatía, luego se levantó y llenó la tetera de cobre con agua fresca.

—Te voy a dar algo que le ayudará, por lo menos para la próxima noche o dos. Sólo
asegúrate de beberlo al menos diez horas antes de tener que levantarte al día siguiente. Si
tiene que levantarse a las 7:30 para la escuela, no lo tomes más tarde de las 9:30 de la noche
anterior. O de lo contrario estarás adormilada y torpe en la escuela.

—No queremos eso —dijo Morgan secamente, y me reí, a pesar de mi preocupación.


Ella no era una persona matutina.

—Muy bien, entonces —dijo Alyce, moviéndose afanosamente, abriendo armarios y


sacando diferentes hierbas y aceites. Puso valeriana, kava-kava, y ginseng en el mostrador—.
Morgan, ¿por qué tú y Hunter no dan una vuelta mientras yo preparo esto? Me tomará
alrededor de media hora o cuarenta minutos.

—Buena idea —dije, parándome y tirando de la mano de Morgan. Ella se puso en pie.

—Gracias, Alyce —dijo.

Alyce le sonrió.

—Es un placer. Los dos estamos aquí para ti… Estoy muy contenta de que vinieras con
nosotros. No tienes que luchar estas batallas sola. Ya no es así.

Morgan sonrió un poco, luego nos fuimos al cuarto de atrás y nos dirigimos hacia el
nuevo centro de la tienda.

Dentro de mi área de trabajo, cerré la puerta y tiré a Morgan hacia mi regazo. Apoyó la
cabeza en mi hombro y sentí su peso cómodo más cerca. Lancé un rápido hechizo de retraso
a la puerta. No mantendría a nadie fuera, pero los retrasaría durante unos pocos segundos.

—Morgan, desearía que me lo hubieras dicho —murmuré contra su pelo.


62 | P á g i n a
—Pensé que eran sólo sueños comunes —dijo—. Pero esta mañana, cuando me di
cuenta de que había estado fuera… —Su miedo era evidente en su voz, y yo la sostuve cerca.

—Nosotros nos ocuparemos de ello —le prometí—. Lo arreglaremos y estarás bien de


nuevo. Al menos esta noche sabes que vas a dormir muy bien.

—Mmm-hmm —dijo.

Durante largos minutos, la sostuve en mis piernas, acariciándole el pelo y sintiendo


poco a poco la tensión abandonando su delgado cuerpo. Se relajó tanto que casi pensé que se
había quedado dormida.

—¿Hunter? —dijo.

—¿Hmm?

—Estoy cansada de tener miedo —dijo. Su voz era muy tranquila, casi resignada, pero
me conmovió. Desde que ella se había dado cuenta que era una bruja de sangre, su vida
había sido una cascada de emociones increíbles y miserables. Los dos nos sentíamos
preparados para tener un poco de viento a nuestro favor por un tiempo.

—Lo sé, mi amor —le dije, besando su frente.

—Me gustaría poder salir de aquí.

Nunca la había oído decir algo así antes.

—¿Te refieres a venir a Inglaterra conmigo este verano?

Sentí su sonrisa.

—Ojala. No, sólo siento que tengo que salir de aquí por un tiempo. Como si estuviera
rodeada de emociones negativas. Durante todo el otoño y el invierno. Ahora también en
primavera. Tengo que ir a otro lugar y empezar de nuevo. Al menos por un tiempo.

—Vamos a pensar en ello —le dije—. Vamos a tratar de encontrar una manera de hacer
que eso pase.

—Está bien. —Ahogó un bostezo.

63 | P á g i n a
No pasó mucho tiempo antes de que sintiéramos a Alyce acercarse, y Morgan se puso
de pie para apoyarse en mi mesa de trabajo. Oí a Alyce tantear el pomo de la puerta un par
de veces, al parecer no conseguía tomarlo, y me pregunté si sintió el hechizo de demora. Si lo
hizo, no lo mencionó.

—Aquí tienes —dijo ella, entrando en la habitación. Le tendió una pequeña botella
marrón con una tapa a rosca y lo puso en una bolsa de Magia Práctica—. Bebe la mitad de
ella esta noche y guarda la mitad para mañana. No lo mezcles con nada más y no bebas ni
comas nada dos horas antes o después de tomarlo.

—Está bien —dijo Morgan, tomando la bolsa— ¿Y esto realmente evitará que sea
sonámbula?

—Lo hará —prometió Alyce.

—Gracias —dijo Morgan—. Muchas gracias. No sabes lo mucho que he estado


temiendo volver a dormir.

—Ten cuidado y hablaremos mañana. —Alyce le dio a Morgan una última sonrisa y se
dirigió de nuevo hacia la tienda.

—¿Crees que estarás bien esta noche? —le pregunté.

Morgan asintió. Sus hermosos ojos se habían oscurecido por la preocupación y la fatiga.

—Voy a estar bien.

64 | P á g i n a
Capítulo 7
Morgan
Traducido por val_mar y Aylinachan
Corregido por Samylinda

La infusión de Alyce no sabía tan mal como pensé que lo haría. A las nueve de esa
noche conseguí taparme la nariz y tomarla a grandes tragos. Ahora eran las diez, y estaba
claramente mareada. Salí de la cama de mi mamá, en la que habíamos visto su programa
policiaco favorito juntas, y le di las buenas noches. Entré en una gran camiseta, cepillé mis
dientes y caí en la cama. Casi inmediatamente, usando sus sentidos de súper gatito, Dagda
supo que era hora de acostarse y vino trotando a través del baño. Soñolientamente palmeé la
cama y él salto, sin hacer ruido y apenas una vibración.

Con Dagda ronroneando fuerte junto a mí, fui a través de una guía de ejercicios de
relajación, afirmando que me sentía a salvo, que dormiría bien, que todo estaba bien, que mi
subconsciente sólo me revelaría lo que necesitaba saber. Me imaginé durmiendo como un
tronco hasta la mañana, me imaginé a salvo y rodeada por una protectora luz blanca.
Imaginé todas mis preocupaciones y temores flotando lejos de mí como globos de helio.
Tuve más y más sueño hasta que de repente ya ni siquiera estaba pensando correctamente.
Dejé ir el día y abracé el sueño.

¿Por qué tratas de evitarme?

Las palabras arañaron su camino dentro de mi cerebro mientras luchaba por despertar.
Vagamente supe que flotaba hacia arriba a la inconsciencia y sentí un tinte de pánico, como si
no debiera estar dejando esto pasar. ¿Por qué tratas de evitarme? Ve y únete a mí. Las palabras
eran barras blancas contra el oscuro fondo de mi sueño. Repentinamente estaba empezando a
sentir la sábana sujeta en mis manos, y una imagen destelló: un halcón de plumas negras,
volando a la distancia. Era perseguido por otro halcón, uno de color óxido y ojos crueles, que
parecían terribles y fuertes y cuyas poderosas alas estaban bordeadas con llamas.

65 | P á g i n a
Miré hacia abajo, como si fuera uno de los halcones, y vi el piso muy por debajo de mí, redes
de verde y dorado. Con la vista aterradoramente clara del halcón, vi a una persona parada en
un campo de trigo. Como un láser, mis ojos se enfocaron en la figura, y mientras me
abalanzaba más cerca, la persona miró hacia arriba y sonrió.

En ese momento desperté y me senté rápidamente en la cama, mi corazón acelerado,


apretando la sábana contra mi pecho con los dedos como garras.

Había visto a Cal.

—¿Te detendrás?

Robbie dejó de tamborilear los dedos en la mesa del almuerzo y me miró con lastimosa
sorpresa. Mi corazón se hundió. Estaba siendo una completa perra.

—Lo siento —dije rígidamente—. Estoy teniendo un mal día.

El eufemismo del año. Desde que había visto a Cal en mi sueño la última noche, había
sentido como si mi mundo entero hubiera cambiado. Cal está muerto. Eso era lo que me había
estado diciendo a mí misma durante los últimos cinco meses. Pero ahora él trataba de
contactarme donde yo estaba más vulnerable: mientras dormía.

¿Qué quería? ¿Quién, o qué era? No podía darle sentido a nada. Estaba asustada,
confundida, horrorizada, y una pequeña y terrible parte de mí estaba halagada. Tal vez
incluso feliz. Cal había hecho cosas horribles, pero me había amado, en su propia y retorcida
manera. Yo amaba a Hunter ahora, pero el pensamiento de que Cal estuviera tratando de
contactarme desde el otro lado era una clase enferma de ego impulsivo.

—Has estado así fuera toda la semana —dijo Bree, con su típica franqueza de mejor
amiga—. ¿Están bien Hunter y tú?

Empujé mi almuerzo escolar macarrones con queso lejos e hice una mueca. —Hunter
está bien. La escuela está bien. La gente está bien.

—La hermana está bien —cantó Mary K; metiéndose rápidamente para conseguir pasar
hacia la mesa del "club de fans" de Mary K.

66 | P á g i n a
Bree rió, mirando a Mary K. ondear por la cafetería, su bolsa marrón del almuerzo
balanceándose a su lado. —

¿Entonces qué no está bien? —preguntó ella, dándose la vuelta hacia mí.

Suspiré pesadamente. ¿Cómo poner esto? ¿"Creo que el espíritu de mi difunto ex-novio
está atormentándome o incluso tratando de lastimarme"? ¿Por qué simplemente no llamo a
Jerry Springer2 ahora?

—He estado teniendo pesadillas —dije simplemente—. Me han estado manteniendo


despierta.

Bree y Robbie lucían desinteresados. Los vi mirarse el uno al otro rápidamente y


comunicarse sin palabras: "dejemos el asunto hasta que se le pase".

Tan pronto como limpié mi bandeja, llamé a Hunter y le pregunté si podía recogerme
después de la escuela.

Ver al hermoso rubio de más de un metro ochenta de altura que tenía por novio
apoyándose contra su auto y sonriéndome hizo mucho por calmarme.

—Hola —dije, sabiendo que soné patética. Hunter me envolvió en sus brazos, y dejé
que mi cabeza se hundiera contra su pecho. Durante toda mi vida yo había sido fuerte y
autosuficiente. Siempre había pensado que eran buenas cualidades. Ahora experimentaba en
confiar en alguien más.

Hasta ahora, estaba yendo muy bien.

—Estoy feliz de que llamaras —me dijo Hunter—. Iba a enviarte un mensaje. Tengo que
ir y recoger a Sky al aeropuerto. ¿Puedes ir conmigo?

—Creo que sí. Déjame llamar a mi mamá. —Le pedí prestado a Hunter su teléfono y
marqué el número de la oficina de mamá. Ella dijo que estaba bien. Me aseguré que Mary K.
tuviera quién la llevara a casa, entonces dejé a Das Boot en el estacionamiento y subí al
anónimo Honda verde de Hunter.

2
Jerry Springer es un presentador estadounidense nacido en el Reino Unido, conocido por el programa "The
Jerry Springer Show" que conduce desde 1991, un talk-show donde las personas comunes se presentan para
contar sus historias particulares y a menudo pelearse con familiares y amigos por los temas más insólitos.

67 | P á g i n a
—Estoy tan contenta de verte —dije, girándome hacia él y acercándome tanto como
podía.

Él se inclinó y me dio un ligero beso, entonces encendió el motor.

—¿Cómo pasaste la noche? Quería llamarte esta mañana, pero no sabía si sería una
buena idea.

—Tuve un sueño —dije, mirando fuera de la ventana.

—No —dijo, ceñudo—. ¿Incluso después de tomar la posición de Alyce?

Asentí.

—Seguí todas sus instrucciones. Creo que durante la mayor parte no soñé mucho. Pero
justo antes del amanecer, escuché una voz.

Hunter me miró, entonces ingresó en la carretara.

—¿Qué dijo?

—Dijo: "¿por qué estás tratando de evitarme?" —Respondí, intentando no permitir que
el temor me superara—. Dos veces.

—Dioses —dijo Hunter. Frotó su barbilla con una mano, en la forma en que lo hacía
cuando pensaba en algo—. Eso no es bueno.

—No, no lo creo —dije irónicamente—. Y vi a los halcones de nuevo. Sólo por un


segundo, pero estaban ahí. Un halcón oscuro perseguido por un halcón con alas de fuego.
Entonces fue como si yo fuera el halcón, volando por el aire. Miré hacia abajo y vi a alguien
parado en un campo.

—¿Y?

No pude evitar estremecerme.

—Y era Cal.

El auto dio un repentino viraje, y me sujeté de la manija de mi puerta.

68 | P á g i n a
—Lo siento —dijo Hunter—. Lo siento, Morgan. ¿Viste a Cal en tu sueño? —Él trataba
de sonar casual, pero yo lo conocía, y su voz estaba apretada. Él odiaba a Cal hasta la
medula, y aún se tensaba ante la mención de su nombre.

—Sí. —Sacudí mi cabeza—. Fue ahí cuando desperté. Quizá la bebida de Alyce se
disipó justo antes de que fuera a despertarme, y por eso tuve de pronto todos esos sueños.

—Tal vez —dijo Hunter, sonando preocupado—. Bueno, averiguaremos más esta
noche. He arreglado para que nos encontremos con Alyce y Bethany esta noche, en el
departamento de Bethany. ¿A las ocho en punto está bien?

—Sí, no hay problema. ¿Le dijiste a Bethany lo que está pasando?

—Alyce se lo contó, y Bethany se interesó en ello, al igual que el resto de nosotros.

Apoyé mi cabeza contra el hombro de Hunter, sintiendo el calor de su piel a través de


su delgada chaqueta. No podía esperar hasta que estuviera muy caluroso y Hunter llevara
sólo camisetas y shorts. Pensar en ello me subió el ánimo un poco.

—¿Cómo sonó Sky cuando llamó? —pregunté.

—Sonaba lista para ir a casa —dijo Hunter, y sonrió.

Entramos al aeropuerto y Hunter ingresó en el lugar donde había quedado con Sky.
Esperamos apenas unos pocos minutos cuando vimos el cabello rubio platinado de Sky
menándose entre la multitud. Pronto su delgado cuerpo vestido de negro apareció, tirando
de una gran maleta verde con ruedas detrás de ella. Vio a Hunter y saludó. Eran primos
hermanos, pero aún más importante que eso, habían crecido juntos, viviendo como hermano
y hermana desde que Hunter tenía ocho años.

—¡Sky! ¡Por aquí! —llamó Hunter, y el rostro delicado de Sky se deslizó en una sonrisa.

—¡Estoy de vuelta! —dijo, y entonces ella y Hunter se abrazaron, y él la levantó de sus


pies.

—Dioses, ¿qué le hiciste a tu cabello? —le preguntó ella críticamente cuando se


separaron. Ya que el cabello de Hunter lucía exactamente igual que siempre, sabía que ella
sólo lo estaba molestando.

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—¿Qué? —dijo Hunter, pasando una mano sobre su corto cabello en punta—. ¿Qué
pasa con él?

Sky atrapó mi mirada y echó a reír. Balanceó su maleta dentro del maletero con
esfuerzo.

—Hola Morgan —dijo, algo formalmente pero con un asentimiento.

—Bienvenida de vuelta —dije, entrando al auto junto a Hunter. Sky entró en la parte
trasera. Medio me giré en mi asiento para poder verlos a ambos a la vez.

—Estoy deseando ver al tío Daniel —dijo Sky, mirando a Hunter cuidadosamente—.
¿Cómo ha estado?

—Está mejorando, creo —dijo Hunter—. Saludable. Dando pláticas sobre spellcrafting a
los aquelarres de los alrededores. No está emocionado por mi abandono del Consejo.

—¿Has sabido algo de Kennet desde que lo dejaste?

—No.

Al parecer queriendo cambiar el tema, Sky dijo: —¡Oh! Te traje algunos pequeños
regalos que te gustarán. —Rebuscó en su mochila y sacó varias bolsas de papel y plástico.
Hunter se sentó, interesado, y deseaba que prestara más atención al camino—. Un frasco de
Marmite —dijo Sky, sosteniendo un frasco pequeño de color marrón.

—¡Sí! —dijo Hunter entusiastamente. Nunca había escuchado del Marmite, y me


preguntaba si era una mermelada o algo.

—Algunos tés de "PG Tips"; té de verdad, no las porquerías que hay aquí —continuó
Sky, lanzando una gran caja amarilla al asiento de adelante.

—Dios te bendiga —murmuró Hunter.

—Un paquete de bollos reales, sólo que un poco machacados.

—Bolloooos —repitió Hunter, sonando dichoso.

—Galletitas McVitie. —Sky dejó caer un par de cajas de galletas sobre mi hombro. A
juzgar por la imagen de la tapa, parecían ser simples galletas de avena.
70 | P á g i n a
—Y para Morgan, una preciosa toalla de té con el árbol familiar de su Majestad la Reina.
—Lanzó un rectángulo de lino doblado a mi regazo.

Hunter rió.

—Brillante.

—Oh —dije, sorprendida—. Gracias. Es muy lindo de tu parte. —Lo agité y sonreí—.
Esto es genial.

—Cada casa necesita uno. —Sky se sentó contra el respaldo de su asiento—. Así que,
¿alguna noticia?

—Um, Alisa está llegando a aceptar el hecho de ser mitad bruja.

—Bien. No debe haber sido nada fácil —dijo Sky.

—Dagda atrapó un topo en el jardín. —Trataba de pensar en cosas más interesantes que
no tuvieran nada que ver con mis pesadillas, pero se estaban agotando.

—Chico rudo —aprobó Sky—. ¿Y qué noticias hay de tu medio hermano?

Mi mandíbula casi cae. Killan era el único de mis tres medio-hermanos que conocía, y
tenía sentimientos encontrados hacia él. Por un lado era encantador, divertido, generoso y
generalmente bien intencionado. Por otro, era irreverente, irreflexivo, poco confiable y algo
inmoral. Una noche, Sky había bebido demasiado y terminado en una posición
comprometedora con él en su cuarto. Raven y yo los encontramos. Sky y Raven acababan de
romper. Fue una escena bastante desagradable a la que habíamos sobrevivido.

—Está haciéndolo bien. Tú conoces a Killan... —dije cuidadosamente.

Sky miró despreocupadamente por su ventana. Me pregunté si ella quería preguntarme


por Raven pero no se pudo, así que preguntó por Killan en su lugar. Hmmm.

—Morgan, te llevaré a recoger tu auto antes de llevar a Sky a casa —dijo Hunter, y con
sorpresa me di cuenta que ya habíamos dado vuelta en la salida de Widow’s Vale.

—De acuerdo.

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En la escuela, Das Boot era el único auto en el estacionamiento. Hunter me encaminó
hasta él.

—Te veré en una hora y media —dijo suavemente, inclinándose para besarme.

—En lo de Bethany. —El sólo pensar en ello me hizo sentir mejor.

Subí a Das Boot y lo encendí, viendo a Sky pasarse al asiento delantero. No pude evitar
sentirme un poco celosa de Sky. Ella viviría con Hunter, podría verlo todo el tiempo. Era
justo lo que yo quería. Hunter esperó hasta que salí del estacionamiento antes de seguirme
para luego girar en su propia dirección.

A las ocho y diez subí corriendo las escaleras de la entrada al edificio de Bethany. Era
de noche y la farola le daba un brillo ámbar al edificio. Un movimiento llamó mi atención y
me volví para ver una gran sombra oscura despegar en el aire. Seguí su silueta, pero el brillo
de la farola me daba directamente en los ojos, por lo que me fue difícil verla.

—Malditos cuervos. Están por todas partes —dijo un hombre mayor, subiendo las
escaleras detrás de mí. Me dedicó una sonrisa informal y se me adelantó, sosteniendo la
puerta para que yo pasara.

Es posible que fuera solo un cuervo. Podía ser. Me apresuré hasta el apartamento de
Bethany.

—¡Morgan! —dijo Bethany con voz cálida, abriéndome la puerta. Sus ojos oscuros
brillaban de preocupación y su corto pelo negro salía disparado en puntas al azar al estilo
duende—. ¿Cómo estás? Entra, entra. —Frotándome la espalda, me siguió hasta la pequeña
sala de estar, donde Hunter y Alyce ya estaban esperando.

—Hola. Siento llegar tarde —les dije, quitándome la chaqueta y dejándola caer en el
suelo al lado de una silla. De repente me sentí un poco más tímida, todo el mundo estaba allí
por mis problemas. Me senté y metí mis manos debajo de mis piernas. Estas tres personas se
preocupaban por mí. Todos me habían ayudado antes y yo les había ayudado. Éramos
amigos. Podía confiar en ellos.

—Les hablé a Alyce y a Bethany acerca del sueño de anoche —dijo Hunter.

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—Suena… muy desconcertante —dijo Bethany.

Eso era quedarse corto. Se acomodó en el mullido sofá.

—Hice un poco de investigación —dijo ella—, después Alyce me habló de esa última
noche. Pero, primero, sé que le has dicho a Hunter y a Alyce todo lo que recuerdas, pero me
gustaría escucharlo de nuevo por mí misma, si no te importa.

—Está bien —le dije. Una vez más conté todo lo que recordaba de los sueños que había
tenido, pero no pude aportar ninguna información nueva. Bethany tomó algunas notas
mientras hablaba, y era consciente que Hunter y Alyce escuchaban atentamente.

—Así que eso es todo —concluí—. Pero anoche fue la primera vez que sentí que había
visto a alguien que podría tener algo que ver con los sueños.

Bethany asintió.

—Alyce, ¿todavía sientes que estos sueños pueden venir del subconsciente de Morgan,
que tal vez está tratando de enviarle un mensaje?

—No tanto, no después del sueño de la última noche —admitió Alyce—. La voz
diciéndole que deje de huir, el ver a Cal. Tengo que decir que parece que esos sueños no
proceden de Morgan.

—Oh, Diosa —dije, sintiendo un agujero en el estómago—. Ya era bastante extraño


pensar que tenía algo dentro de mí que lo provocaba. ¿Pero ahora estoy siendo atacada? —Mi
voz sonaba quejumbrosa, pero no podía evitarlo. Sentí mucho miedo, frustración y enfado, y
sólo quería saltar y empezar a gritar.

—Asumiendo que se trate de Cal —dijo Hunter—, no está claro cómo haría eso. —Pude
ver una vena palpitando en su cuelo y supe que estaba esforzándose por controlar su
enfado—. Las pocas veces que he tenido contacto con el otro mundo, ha sido con el anam de
una persona muy poderosa. No creo que los poderes de Cal eran lo suficientemente fuertes.

—¿Qué es un anam? —le pregunté.

—Un… alma —dijo Alyce—. Un espíritu, una esencia. Lo que permanece después de
que tu cuerpo se ha ido. Y sí, estoy de acuerdo en que hay que ser muy fuerte para hacer eso.
Aunque yo no lo sé absolutamente todo.
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—Lo que es aún más importante es por qué haría eso —dijo Bethany—. ¿Qué quiere?
¿Cuál es su objetivo?

—Además de convertirme en una loca gritona —dije con amargura.

—Controlar a Morgan, obviamente —dijo Hunter—. Lo que siempre quiso.

—¿Pero de qué le serviría yo ahora? —pregunté—. Él se ha ido. Selene se ha ido. Él se


sacrificó para salvarme. ¿Qué quiere de mí?

Hunter se miró los pies. Yo sabía que él aún odiaba a Cal. Nunca creyó que Cal había
intentado salvarme. Me acerqué y tomé su mano.

—No lo sé, querida —dijo Alyce—. Tenemos que averiguarlo. Mientras tanto vamos a
comparar notas y estudios. Tal vez algo empiece a encajar.

—Creo que no podemos descartar que se trate de otra persona, tal vez utilizando el
anam de Cal —dijo Bethany, pensativa—. En este momento es nuestro principal sospechoso,
pero sería estúpido establecer que él es la causa hasta que no lo sepamos con certeza.

—No puedo creer esto. —Negué con la cabeza. ¿Por qué? ¿Por qué me estaba haciendo
eso?—. Me siento muy impotente. Por él o por quien quiera que sea que me está haciendo
esto mientras duermo, cuando estoy totalmente indefensa y a su merced… No puedo
soportarlo.

—No estás totalmente indefensa, querida —dijo Alyce—. Tenemos que hablar de los
sueños interactivos, sueños guiados.

—Espera —dijo Hunter. Su voz sonaba ronca.

Lo miré y vi una mirada enfermiza en su rostro. Se volvió hacia mí.

—Esa noche en la biblioteca de Selene vimos a Cal y a Selene morir. Pero, ¿qué pasó
entonces? Tomamos a Mary K, salimos de allí y me aseguré de que ambas estuvieran a salvo.

—Ajá —dije, odiando recordar aquella horrible noche—. ¿Qué quieres decir?

—¿Qué pasó con su cuerpo? —preguntó Hunter, y sentí que la sangre se me acumulaba
en la cara. Me obligué a hacer memoria, a volver a ver a Cal deformarse bajo el oscuro poder

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de Selene, el rayo de mal destinado a matarme en el que él se había interpuesto. Me acordé
de la posición de Selene en una especie de jaula de cristal mágico. Y entonces ella murió.
Ambos se quedaron inmóviles en el suelo de la biblioteca. Nos habían dejado, y Sky acababa
de llegar con algunos miembros del Consejo. Ellos entraron en la casa y yo no volví a mirar
atrás.

Mi mirada se encontró con la de Hunter y me sentí vacía.

—No lo sé —le dije—. Los dejamos allí. Estaban muertos.

Hunter se levantó y se dirigió hacia el teléfono de Bethany. Rápidamente marcó un


número largo, entonces esperó, caminado en círculos.

—¿Kennet? —dijo después de un momento—. Sí, lo siento. Sé que es tarde. No debería


haberte despertado, pero esto es importante. Escucha, me gustaría saber… ¿qué hizo el
Consejo con los cuerpos de Cal Blaire y Selene Belltower?

Lo miré, sintiéndome nublada por el dolor y el recuerdo.

—No, lo entiendo, pero es importante, lo prometo —dijo Hunter. Escuchó en silencio,


con el rostro cada vez más fijo.

—Kennet… te lo agradezco. Sé que ya no estoy en el Consejo y que hay cosas que no


requieren sumisión. Pero este soy yo, y te lo estoy pidiendo, como un amigo. Por favor,
¿puedes decirme que pasó con sus cuerpos?

Escuchó durante un rato más, luego pareció perder la paciencia.

—Kennet, por favor. Ahora mismo no me preocupa el Consejo, sus protocolos o lo que
nadie est{ autorizado a decir. Necesito una respuesta… es una cuestión de vida o muerte.

Su rostro era sombrío y tenso. Sabía que Kennet había sido su mentor y su amigo.

—¿Estás seguro? ¿Lo viste tú? ¿Lo viste por ti mismo? —Inclinó la cabeza hacia un lado
y se me ocurrió que probablemente estaba analizando la voz de Kennet para determinar si
estaba diciendo la verdad.

—Sí, está bien. Entiendo. Sí, lo sé. Gracias, Kennet. Te lo agradezco. No te arrepentirás
de decírmelo. Adiós entonces. —Colgó de forma abrupta, luego se limpió la frente,
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apartando su pelo corto como lo hacía siempre. Regresó y se sentó a mi lado, tomando una
de mis manos entre las suyas. Esperé, mirándolo a los ojos.

—Los cuerpos de Cal y de Selene fueron llevados de vuelta a Inglaterra, donde fueron
incinerados. Sus urnas fueron enterradas en un pequeño mausoleo de la familia cerca de la
casa natal de Selene. Kennet jura que realmente vio los cuerpos incinerados. Creo que estaba
diciendo la verdad, o al menos la verdad como él la conoce.

Sentí un alivio instantáneo.

—Supongo que no puede ser, entonces.

—No necesariamente —dijo Alyce—. Esto sólo nos dice que ni Cal ni Selene tuvieron la
oportunidad de regresar a sus propios cuerpos. Pero eso no significa que sus anams fueran
destruidos, sólo los seres físicos.

—¿Pero cómo iban a sobrevivir tanto tiempo? —le pregunté—. ¿Cómo pudieron llegar a
mí ahora?

—No lo sé —dijo Alyce—. Esa es una de las preguntas que debemos responder.

—Vamos a hablar de las acciones que podemos realizar ahora —dijo Bethany con
firmeza, y durante la hora siguiente, ella y Alyce me entrenaron en el sueño interactivo y
guiado. Antes de ir a dormir, podría deliberadamente decidir tomar parte en mis sueños,
para poder actuar en ellos. Una vez allí podría guiar mis sueños como yo quisiera que fueran;
por ejemplo, podría encontrar una puerta, subirme a mi coche, no sentir miedo de nada que
pudiera ver o escuchar.

—Sé que esto va a ayudar. Solo desearía no tener que hacer nada de esto —dije.

—Te entiendo —dijo Bethany—. Pero esta noche vamos a tratar de darte un respiro. He
creado un fuerte somnífero que realmente debería noquearte, y evitar que sueñes. Si aun así
sueñas, realiza los ejercicios que hemos repasado. Pero estoy segura de que vas a despertar
mañana sintiéndote mejor, más segura. Y mañana por la noche, esperemos tener información
más sólida sobre cómo los sueños pueden influir en el mundo real o en el infierno.

—Gracias —dije—. Realmente aprecio que me estén ayudando de esta manera.

—Por supuesto —dijo Bethany, y sonrió.


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Se suponía que debía estar en casa a las diez, así que me dieron mi chaqueta, tomé la
botellita de Bethany y me despedí. Hunter quería salir y yo no iba a disuadirlo. En el exterior,
el coche brillaba bajo la farola, pesado, familiar y seguro. Abrí la puerta y me apoyé en él por
un minuto.

—Lo siento, Morgan —dijo Hunter, peinando mi pelo hacia atrás—. Vamos a arreglar
esto de alguna manera, te lo prometo.

—Gracias —le dije—. Me siento… como si fuera a pagar por mis errores durante el resto
de mi vida. —El error de confiar en Cal, de amarlo.

—No lo harás —dijo Hunter, y parecía tan seguro que yo lo quise creer—. Oye, ¿quieres
que me quede fuera de tu casa esta noche? ¿Por si acaso?

Pensé en ello.

—No —me decidí—. Sólo fui sonámbula una vez, y no ha vuelto a suceder. Me siento
bien con esto de los sueños interactivos. Además, tengo la poción mágica de Bethany. —
Levanté la pequeña botellita de color púrpura.

—Está bien —dijo Hunter de mala gana—. Pero llámame si necesitas algo.

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Capítulo 8
Hunter
Traducido por Otravaga
Corregido por Samylinda

Llegué a casa de Bethany a las diez y quince y encontré a Sky preparando el té.

—Sabía que había una razón por la que te echaba de menos —dije, y ella me golpeó con
un paño de cocina—. Saca una taza para mí, ¿quieres? ¿Papá está afuera? ¿Ustedes hablaron
mucho?

Ella asintió, poniendo mi taza sobre la mesa.

Yo amo a Sky, respeto a Sky, y sé quién es Sky en el fondo. Ella puede ser divertida,
cálida y atenta. Sin embargo a veces me preocupa que alguien que no la conozca como yo
pueda sentirse intimidado por lo autosuficiente que es.

—Él tiene algo, tu papá —dijo ella, sentándose con su taza de té—. Salió por una hora.
Debería regresar pronto. Parece bastante diferente de como lo describiste la primera vez que
lo viste.

—Está tan diferente como la noche y el día —le aseguré—. Él se va a parecer a mi


antiguo papá en cualquier momento.

Sky hizo una mueca ante mi descaro y tomó un sorbo de té.

—¿Cómo está resultando tu rincón? —pregunté. Una cosa que ninguno de nosotros
había pensado era que nuestra casa sólo tenía dos habitaciones. Papá inmediatamente había
ofrecido renunciar a la suya, que en otro tiempo había sido de Sky, pero ella no se lo
permitió. Yo había hecho también lo caballeresco y le ofrecí mi habitación. Pero tenía que
admitirme a mí mismo que me sentí aliviado cuando ella no aceptó mi oferta. No cuando
todavía tenía la esperanza de tener allí a solas a Morgan algún día. Así que habíamos

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instalado una cortina improvisada que separara un pequeño hueco que podría haber sido
alguna vez una alacena, cerca del comedor. Había suficiente espacio para un único futón, una
pequeña mesa y una lámpara de lectura. Curiosamente, parecía satisfacer las necesidades un
tanto espartanas de Sky.

—El rincón está bien —dijo ella—. Muy acogedor. De hecho, estoy dirigiéndome allí
ahora. El desfase de horarios está causando estragos en mi espalda. —Se levantó y
automáticamente llevó su taza al fregadero.

—Es bueno tenerte de vuelta —dije, atrapando su mano mientras pasaba. Ella apretó la
mía, luego se dirigió hacia el comedor.

Mi padre llegó a casa cerca de las once. Yo estaba esperando en la cocina y tenía una
taza de té lista para él. Lucía agradecido, si bien algo sorprendido, ante mi consideración. Me
puso al corriente de las fechas más recientes para sus conferencias, y decidí contarle acerca de
los sueños de Morgan. Me sentía un poco extraño hablando con él al respecto. Cal había sido
hijo de papá, tanto como yo. No era difícil para mí odiar a un medio hermano que apenas
había conocido, pero sabía que papá tenía sentimientos mucho más encontrados. Por un
lado, sabía que él se culpaba por dejar a Cal, su hijo pequeño, con Selene, para poder casarse
con mi madre, Fiona. Él siempre se preguntará si Cal aún habría practicado la magia oscura
si hubiese crecido con nosotros, en nuestra familia. Eso nunca lo sabremos. Deliberadamente
mantengo mi tono tan neutral como puedo, pero veo un familiar peso inclinar sus hombros.

—Eso suena mal —dijo en voz baja, acariciando su barbilla—. Haz lo que puedas,
muchacho.

—¿Qué piensas de la posibilidad de que el alma de Cal esté volviendo de esta manera?

—Sería extremadamente inusual —dijo—. A pesar de todos los cuentos de hadas, es


increíblemente difícil y poco común para alguien regresar del inframundo, al menos no sin
un montón de ayuda. —Su rostro estaba tenso, y por acuerdo tácito no discutimos la forma
en que una vez él había suministrado esa ayuda a los demás—. Y yo no conocía la mente de
Cal, pero no habría pensado que fuese lo suficientemente fuerte.

—Bien, eso es lo que también pensamos nosotros. Y hay algo más —dije, continuando
rápidamente. Me sentí contento de tener a alguien en quien podía confiar para hablar de
Patrice Pearson. Mi padre, a pesar de todas sus idiosincrasias paternas, en realidad podría ser

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muy útil en resolver lo que estaba sucediendo con el aquelarre Willowbrook. Sabía que podía
confiar en él, y tenía experiencia en las formas de magia oscura. Le dije todo lo que me
habían dicho Celia Evans y Robin Goodacre, junto con mis propias impresiones sobre ellas.
Escuchó con atención, dando un silbido cuando describí cuán drenadas se sentían las mujeres
después de un círculo y cómo a veces sentían que no podían recordar toda la noche.

—Suena como un trabajo para un Buscador —dijo significativamente, pero yo negué


con la cabeza.

—Creo que puedo hacer algo más sin ser un Buscador. De todos modos, tengo que
empezar a investigar. Me preguntaba si te sentías con ánimos de hacer algo de espionaje y
adivinación esta noche.

—¿Yo?

—Sí. No estoy seguro de qué tan fuerte es Patrice… Me vendrían bien los poderes de
alguien más, y además, también puedes ver las cosas que yo pasaría por alto.

—¿Te estás refiriendo a allanamiento de morada?

—Nooo. Estrictamente trabajo externo.

Él asintió, considerándolo, luego sonrió.

—Déjame conseguir mi chaqueta.

Celia me había dado la dirección de Patrice, y la encontramos sin muchos problemas.


Cuarenta minutos después de salir de mi casa pasé por su casa, la cual resultó ser una gran
casa victoriana bien mantenida en una sección histórica de Thornton. Estacioné a la vuelta de
la esquina, y luego me aseguré de que mi móvil estuviese encendido y configurado para
vibrar. Tenía fe de que la poción de Bethany funcionaría, pero quería estar disponible por si
Morgan me necesitaba.

Papá y yo estábamos vestidos con ropa oscura, y dijimos algunos hechizos de no-me-
veas en nuestro camino a la casa de Patrice. También lanzamos algunos hechizos básicos de
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bloqueo: Patrice podía sentir la presencia de otras brujas de sangre, pero antes de que
pudiera investigarlo, sería distraída por algo. Era casi la medianoche; ella probablemente
estaba dormida. Pero por si acaso, queríamos ser precavidos.

Era una tranquila noche sin luna, y estaba agradecido por la visión mágica mientras me
abría paso infaliblemente a través de los patios traseros de su vecino. El aire estaba quieto y
bastante frío, sin embargo el aroma de flores recién abiertas de finales de la primavera flotó
hacia mí, e inhalé apreciativamente. Desde el mismísimo fondo de su propiedad miramos
hacia arriba a su casa. Una o dos ventanas tenían un ligero brillo en ellas, como si hubiese
luces de noche encendidas. Eso parecía extraño: las luces de noche eran una cosa que no se
suelen encontrar en la casa de una bruja. Entonces recordé a su hijo enfermo, no iniciado, y
pensé que él debía ser la razón.

Ni papá ni yo sentimos ningún tipo de actividad proveniente de la casa, así que


silenciosamente caminamos en zigzag hacia su gran jardín trasero. Noté que era el jardín de
una verdadera bruja, con viveros bien cuidados, senderos barridos y verde por todas partes.
Leí los pequeños carteles de cobre, viendo las conocidas plantas: bardana, remolacha,
romero, milenrama, cardo, raíz de cúrcuma, verbasco, ortiga, solideo. Hierbas para el teñido,
hierbas para tinturas, hierbas para la curación, la relajación, la limpieza. Muy apropiado.

Entonces vi la ordenada fila de dedalera en la parte trasera de un vivero. Entonces miré


más a mi alrededor y noté a papá haciendo lo mismo. Sin decir una palabra señaló una
planta. Incluso en la oscuridad la identifiqué como una planta de ricino joven. En el otoño
podría llegar a medir hasta tres metros de altura, con vainas llenas de atractivas semillas con
las que la gente hace collares. Con suerte nadie decidirá morder su collar, ya que eso
probablemente lo matará. Comencé a caminar lentamente alrededor de los viveros, cada vez
más preocupado, pero no vi nada más fuera de lo común.

Le hice señas a mi padre, y nos arrastramos por el patio para sentarnos debajo de un
enorme árbol de roble.

—Interesante —dijo en un tono apenas audible.

—Mucho. Por supuesto, una gran cantidad de plantas son venenosas, y las personas
todavía las tienen —dije—. Porque son bonitas o útiles de una manera no comestible.
Laureles, rododendros, adelfas, tejos. Están por todas partes.

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—¿Pero ricino? ¿Belladona? —dijo papá con escepticismo—. No, esto no se ve bien.

Aquí en lo profundo de las sombras, saqué mi piedra adivinación, una larga pieza plana
de obsidiana que papá me había dejado cuando tenía ocho años. Dio un pequeño
asentimiento de reconocimiento. Juntos pusimos las puntas de los dedos de nuestras manos
alrededor del borde de la piedra, y dije una pequeña rima de adivinación que Sky y yo
habíamos inventado hace tantos años atrás. Siempre me había servido bien y podía ser
adaptada para cualquier número de situaciones.

Piedra de azabache, color de la noche

Ayúdanos mientras unimos nuestra vista

Déjanos vislumbrar a la que buscamos

Aquella cuyo nombre ahora diremos.

Patrice Pearson.

Pasé la runa de Sigel sobre la piedra para ayudarnos a conseguir claridad. Entonces me
concentré en mi latido desacelerando, mi respiración cada vez más superficial, mi enfoque y
la mirada centrada en la piedra frente a mí. Casi de inmediato, una imagen muy clara de una
mujer de cabello oscuro vino a mí. Estaba en una habitación oscura y estaba levantando algo
en el aire. No me di cuenta de lo que era al principio, pero luego lo reconocí como una bolsa
de suero intravenoso. Patrice la enganchó en algún tipo de marco de metal. En el instante
siguiente, ella levantó la mirada, como si acabara de sentirnos vislumbrándola. Ella frunció el
ceño.

—Aquí vamos —dijo papá, y saltamos a nuestros pies. En cuestión de segundos la


puerta trasera de la casa de Patrice se había abierto, y escuchamos los ladridos furiosos y los
gruñidos de un perro corriendo rápidamente hacia nosotros en la oscuridad.

—¡Corre! —dije innecesariamente… pap{ ya me estaba dejando atr{s por un metro.


Verdaderamente volamos a través de los patios del vecino, corrimos pesadamente por la
acera, y escarbamos en busca de la manija de las puertas de mi auto. En cuanto él cerró la
puerta del auto, escuchamos un fuerte golpe seco contra el metal: el perro golpeando el auto.
Los enfurecidos ladridos apenas eran silenciados por las ventanas cerradas.

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—Diosa —dijo papá en voz baja, apartando el cabello de su rostro—. Cabrón feroz.

Encendí el motor, planeando hacer un rápido giro en U así que no tendría que pasar por
la casa de Patrice. Mi padre miró a través de las ventanas.

—¿Qué es? —Yo jadeaba, sintiendo la adrenalina pulsando a través de mis venas. Había
sido mordido por un perro antes, como Buscador, y había sido increíblemente doloroso—.
¿Un Rottweiler? ¿Un mastín?

Mi padre comenzó a reírse… un sonido inusual, viniendo de él. Sonaba como clavos
oxidados siendo agitados en una lata.

—Es un perro salchicha —dijo, comenzando a reír en serio—. Es un perro salchicha de


pelo largo. Mira, puedes verlo cuando salta hacia la ventana.

Miré al otro lado y vi una pequeña y elegante cabeza marrón alzarse ante mis ojos por
un momento, luego hundirse de nuevo. Una pausa de un momento y entonces apareció su
carita una vez más, mostrando los dientes con saña, con gruñidos de un horrible sonido
saliendo de su garganta. Luego se dejó caer, sin duda ya están reuniendo fuerzas para otro
salto determinado.

Me reí a carcajadas, casi ahogándome, mientras arrancaba lentamente y me alejaba con


cuidado de la acera.

—Oh, Diosa, Diosa —resollé—. Si ese perro nos hubiese atrapado, nos habría
destrozado.

—De las rodillas para abajo, de todos modos —dijo papá, y otra vez convulsionó de la
risa.

Mañana tendría que hablar con Celia y Robin.

El miércoles me desperté sobresaltado por el timbre del teléfono, que había colocado al
lado de mi cama. Lo agarré sin abrir los ojos.

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—¿Cómo te fue, mi amor? —le pregunté a Morgan.

—Bien, creo —dijo ella—. ¿Te desperté?

—Está bien. Estuve levantado hasta un poco tarde anoche. Pero quería escuchar lo que
pasó.

—Creo que no soñé —dijo, con incertidumbre en su voz—. No puedo recordar nada, y
creo que no caminé dormida. Pero me siento asquerosa. Extraña e inquieta, como si hubiese
visto algo terrible pero estoy bloqueándolo.

—Hmmm. ¿Pero no recuerdas nada?

—No, nada desde que me quedé dormida. Sólo siento como si tuviera una nube de
tormenta cerniéndose sobre mi cabeza. No sé por qué.

—Vamos a desentrañar esto —le prometí—. Muy pronto.

—Lo sé —dijo ella, sonando débil—. Ser{ mejor que me vaya… Mary K. tiene una
reunión del club de motivación antes de la escuela.

—Muy bien. Llámame después de la escuela y nos reuniremos —dije—. Quiero verte.

—Está bien —dijo.

Después de colgar, me quedé acostado en mi cama por un tiempo, preocupándome por


Morgan. No sabía a ciencia cierta lo que estaba sucediendo con sus sueños, pero si era ese
bastardo de Cal, regresando para atormentarla, yo iba a destruirlo. De alguna manera.

—Buenos días a todos —dijo papá al entrar en la cocina alrededor de una hora más
tarde. Su cabello gris estaba recortado recientemente, y cuanto más tiempo pasaba, más
parecía rellenarse su larguirucho cuerpo.

—Papá. —Asentí.

—Buenos días, tío Daniel —dijo Sky—. ¿Una taza de té? Tengo una olla hecha.

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—Gracias, muchacha —dijo papá.

—Oye, papá —dije—. He arreglado reunirme con Celia y Robin, esas dos brujas de las
que te hablé, en el centro en media hora. Dado que ahora sabes un poco sobre el caso,
¿quieres venir?

Estaba feliz de pasar tiempo con mi padre de nuevo y, a decir verdad, su tranquila
naturaleza práctica podría ayudar a evitar que esta reunión se pusiera fea.

—Sí, si es que estoy libre —dijo, tomando el primer sorbo de té—. Tendré que revisar
mi agenda.

Todavía me parecía extraño que mi padre se estuviera volviendo tan solicitado como
orador y maestro. Siempre tendré esa imagen de él como un demacrado ermitaño en Canadá,
como había estado cuando lo encontré. Parecía como si estuviese haciendo una metamorfosis
en frente de mis ojos.

—Ahí están —dije en voz baja cuando entramos en la cafetería media hora más tarde.
Una vez más, Celia y Robin habían tomado la mesa de la esquina, pero a diferencia de la
última vez, el lugar estaba mucho más concurrido. Mi padre y yo pedimos té de hierbas.

—Hola, Celia. Hola, Robin —dije educadamente cuando nos acercamos a su mesa—.
Espero que no les importe: este es mi padre, Daniel Niall. Le he dicho sobre su caso, y creo
que él podría ser útil para nosotros. Papá, estas son Celia Evans y Robin Goodacre.

Todos se estrecharon la mano, y yo estaba contento y un poco sorprendido de que ellas


reconocieran su nombre y parecieran impresionadas: el hombre que escribió el hechizo para
derrotar la ola oscura.

—Anoche, mi padre y yo visitamos la casa de Patrice —empecé, y procedí a hablarles


de lo que habíamos encontrado, el par de plantas venenosas mezcladas con las hierbas y las
verduras. Ambas mujeres lucían preocupadas.

—Muchas plantas son ornamentales —dijo Celia, obviamente buscando una


escapatoria.
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—Tienes razón —estuve de acuerdo—, y ciertamente tuve en cuenta eso, lo que me
molestó fue la ubicación de las plantas. Estaban en viveros de vegetales e hierbas, justo al
lado de las plantas comestibles que parecían similares. Pocas de ellas eran verdaderamente
ornamentales. En otras palabras, yo no estaba preocupado por la fila de rododendros
alineados en su entrada. ¿Ven la diferencia?

Robin asintió de mala gana, y Celia juntó las manos alrededor de su vaso y frunció el
ceño.

—No ha habido evidencia de ella tratando de envenenar a nadie —dijo—. Ninguna.

Tomé un sorbo de té.

—Lo sé, no estoy sugiriendo que esté envenenando a nadie. Simplemente me pareció
interesante.

—Bueno, estás en el camino equivocado aquí —dijo Celia brevemente.

Levanté mis manos en un gesto conciliador.

—Mira, no tengo ninguna respuesta definitiva en este momento. Es importante que no


descarte ninguna posibilidad, incluso las que son difíciles o feas o que no sean lo que quieres
oír. O bien estoy buscando la verdad o no. ¿Cierto?

Celia apretó la mandíbula y deliberadamente desenrolló sus puños.

—Estoy diciendo que creo que es altamente improbable que Patrice alguna vez pudiera
envenenar a nadie.

—Cierto. Es altamente improbable. Pero la única cosa que podemos hacer es mirar el
panorama completo, no sólo partes de él. ¿Está de acuerdo?

—Sí. Pero el escenario que describes es simplemente incompatible con Patrice como
persona.

—Bien —dije—. Me encantaría ser capaz de decirte que tu confianza está


completamente bien situada. Espero que pueda, una vez que haya realizado más
investigación.

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—Bueno, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Celia—. Tenemos un círculo en dos días.

—Tengo que investigar un poco más —les dije—. No podemos hacer nada hasta que
sepamos a ciencia cierta lo que está pasando. Es posible que yo esté malinterpretando por
completo la situación. Es posible que alguien o algo más esté causando la extraña fatiga
después de sus círculos. Sin embargo, si Patrice es responsable, si realmente está practicando
magia oscura… bien, en la mayoría de los casos, las brujas son entregadas al Consejo y
despojadas de su poder.

—No podemos tener eso —dijo Celia, y Robin negó con la cabeza.

—Absolutamente no —ella estuvo de acuerdo.

—Tiene que haber otras opciones —dijo Celia—. Tal vez el asesoramiento o una
intervención, o simplemente quitarla de su fuente de poder.

—Siempre hay opciones —dije con suavidad—. Pero puede ser que las propias acciones
de Patrice causen que sus opciones sean reducidas.

Celia y Robin estaban en silencio.

Le eché un vistazo a papá, que había estado callado y vigilante durante todo este
intercambio. Él me hizo un gesto casi imperceptible, y me sentí incongruentemente
complacido.

—Tenemos que pensar en esto —dijo Celia.

—Por favor, no hagas nada hasta que nos comuniquemos contigo de nuevo —añadió
Robin. Tomó su bolso y se levantó, y Celia se levantó también.

—No estamos tratando de ser difíciles u obstructivas —me aseguró Celia—. Es una
situación complicada, y parece hacerse cada vez más complicada. Pero aclararemos las cosas
y le daremos alguna dirección definida tan pronto como nos sea posible. ¿De acuerdo?

Asentí.

—Entiendo.

87 | P á g i n a
—Vientos favorables —murmuró Celia mientras ella y Robin pasaban junto a mí hacia
la salida.

—Y a vosotras —di la respuesta tradicional.

Mi té ahora estaba frío. Suspiré y lo calenté de nuevo con un rápido círculo de mi mano.

—Si ella está trabajando la magia oscura, nuestras opciones se disminuirán a sólo una
—dijo papá finalmente.

—Tal vez —dije—. Pero tal vez Celia y Robin tienen razón: podemos conseguir algo
más. De alguna manera no quiero entregarla al Consejo, no ahora. Somos inteligentes, papá.
Tú eres un brillante hechicero. Yo tengo habilidades e instintos muy afilados. Seguramente
entre nosotros dos podemos encontrar una solución diferente.

—Bueno, no tenemos que decidirlo ahora —dijo mi padre, sorbiendo su té—. Si quieren
que continúes, nos concentraremos en la recopilación de tanta información como
necesitemos.

—De acuerdo.

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Capítulo 9
Morgan
Traducido por Aylinachan
Corregido por Marce Doyle*

—Buenas noches, cariño —dijo mamá—. No te quedes hasta muy tarde.

—No lo haré —dije.

Me sonríe y cierra la puerta. Yo estaba sentada en la cama, leyendo el capítulo de la


Gran Depresión en mi libro de historia, un poco de lectura ligera para mantener mi mente
ocupada. Bueno, necesitaba estudiar. Y, la verdad, no quería dormir esta noche. La poción de
Bethany había funcionado la noche anterior, hasta donde yo sabía. Pero todavía me
encontraba incómoda esta mañana, como si algo estuviera mal. Todos mis instintos me
decían que dormir era una mala idea esta noche.

Había estado bien ver a Hunter por la tarde después de la escuela. Él, Mary K y yo
fuimos al restaurante de la carretera y tomamos batidos. Parecía tan normal, tan
tranquilizador. Pero ahora estaba sola, era la hora de dormir y mi familia se había ido a
dormir.

Tan pronto como escuché la puerta de la habitación de mis padres cerrarse y oí a Mary
K entrar en la cama, dejé el libro y saqué una revista: Green Gage, una publicación trimestral
de la Wicca moderna. Me encantaban sus artículos, en este número había recetas de bebidas
veraniegas ligeras y cómo impregnarlas con propiedades mágicas. Había artículos de
jardinería y de diversos oficios, como la costura, la cestería y el hilado de tu propio hilo.

Cuando emití mis sentidos, me encontré con que todo el mundo estaba dormido,
probablemente teniendo sueños normales de olvidarse de estudiar para un examen, o uno
que mamá me había contado que soñó en el que vendía la casa perfecta por una tonelada de

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dinero, y cuando con orgullo abrió la puerta para que los nuevos propietarias la vieran, el
interior estaba hecho un desastre. Esos eran el tipo de sueños que yo podía manejar.

Eran las once y cuarto. Sentía los párpados un poco pesados, pero no estaba dispuesta a
sucumbir al sueño. Bajé descalza a la planta de abajo y cogí un vaso de zumo de la nevera. Lo
llevé a la sala de estar, donde estaba instalado el ordenador familiar. Papá había conseguido
recientemente un cable de modem, y ahora estábamos siempre conectados y rápido, rápido,
rápido. Me encantaba.

Hice una búsqueda por suelos mágico/Wicca y aparecieron algunos sitios útiles.
Cuarenta minutos más tarde, notaba los ojos arenosos y el brillo de la pantalla del ordenador
en el cuarto escuro me estaba dando dolor de cabeza. Todavía no quería soñar, pero si
tomaba la poción de Bethany, seguramente me noquearía. Hice clic en más sitios de Wicca y
encontré un artículo de un hechizo de comunicación, uno para revelar quién estaba gastando
energía en ti: qué personas estaban pensando mucho en ti, trabajando para ti o contigo, la
gente que tenía emociones fuertes sobre ti. Me encogí de hombros. Valía la pena intentarlo.
No había encontrado otra cosa.

Imprimí la página y fui a mi habitación. Después de una breve lucha interna (¿estada
dispuesta a correr el riesgo de tener otro sueño?), me rendí al agotamiento y me tomé el resto
de la poción de Bethany. Haría falta casi una hora para que hiciera efecto, probablemente
sería un desastre en la escuela al día siguiente.

Dentro de mi habitación, hice un hechizo de retraso rápido en la puerta, y luego


conseguí los suministros de magia de mi armario. Dispuse mis cuatro copas de los elementos
y tracé tres círculos de protección antes de hacer el círculo final. Entonces me senté con las
piernas cruzadas en el interior del círculo y encendí una vela, invocando a la Diosa y al Dios.
También les di las gracias por todo lo bueno que había pasado en mi vida. Estaba
aprendiendo que expresar gratitud todo lo posible podría ayudar a disipar la negatividad
que recogía sin pretenderlo.

La hoja con el hechizo estaba en el suelo junto a mí y leí las palabras con cuidado.
Algunas de ellas eran en gaélico, escritas fonéticamente para que fueran fáciles de
pronunciar. En el momento apropiado dibujé las runas Ansur, Eolh, Deag y Sigel en el aire
por encima de la vela.

90 | P á g i n a
Entonces, frente a la vela, presioné dos dedos de cada mano sobre mis ojos y traté de
ver mi “ojo interior”, el que ve la realidad sin interpretarla.

Pronto vi la imagen de Hunter y seguida de ella, como si pasara la página de un libro,


vi la imagen de Alyce y Bethany, que estaban preocupadas por mí y tratando de ayudarme.
Más débil vi a mi propia familia, que me amaba, pero no parecían activamente preocupados
por mí, lo que era bueno. Luego se desvanecieron y vi la silueta borrosa de una sombra,
enorme y deformada en una pared. Llegó a ser un poco más clara la imagen, lo suficiente
como para que pudiera decir que era una persona. Seguí mirando y una vez más murmuré
las palabras del hechizo. Mientras observaba, la sombra pareció salir de la pared, llegando a
ser de tres dimensiones, como si la propia sombra estuviera asumiendo su forma.
Manifiéstate, respiré. Manifiéstate.

La forma oscura se contrajo, se retorció y se expandió. Finalmente, tomó una forma que
pude reconocer: un halcón. ¡Otro halcón! Estupefacta lo vi alejarse volando y luego poco a
poco abrí los ojos.

¿Por qué no podía ver quién era? ¿Era Cal, como todo el mundo parecía pensar? ¿Cómo
podía hacer eso? Había sentido su mejilla fría, realmente había estado muerto.

Deshice el círculo y aparté mis suministros. En mis lecturas me había enterado que la
mayoría de los Wiccans creen que cuando alguien muere, su anam va a Netherland, a una
especie de lugar de celebraciones. En el Netherland se revisa su vida, y una persona puede
optar por volver a este mundo en una nueva encarnación, siempre trabajando para lograr la
perfección espiritual que le permita unirse a la Diosa como una sola. Era una buena idea. Yo
había crecido creyendo en la idea del Cielo del catolicismo, y todavía no podía ver el
atractivo de un lugar de descanso perfecto. Pero me gustaba la oportunidad de la Wicca para
regresar y tratar de tener una mejor vida.

Algunas fuentes que había encontrado discutían la posibilidad de que un anam se


quedara en el mundo real sin ir inmediatamente a netherland. Sugerían que para que un anam
pudiera conservar su poder o coherencia tenía que tener otro recipiente, que podía ser un
recipiente literalmente, como una caja metálica o un tarro de cristal con una tapa o, en casos
extremos, podría ser otra persona o incluso un animal. Como un halcón.

Tan pronto como tuve ese pensamiento, un escalofrío se apoderó de mí. Un halcón.
¿Había alguna manera, oh Diosa, de que yo no pudiera pensar en eso? Realmente me estaba
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volviendo paranoica. Como había dicho Hunter, había halcones por todas partes, en todas
partes. Las imágenes de halcones en mis sueños probablemente representaban otra cosa,
como una amenaza generalizada de algún tipo.

Bien. Pero, ¿qué si se trataba de una persona la que me estaba haciendo eso? Tendría
que ser alguien que me conociera, que me conociera bien, o al menos que había encontrado
una gran cantidad de información sobre mí.

¿Ciaran? Mi padre biológico se había tenido que deshacer de sus poderes, por lo que no
podía ser. Pero, ¿qué pasaba con las otras brujas de Amyranth? ¿Cómo podía saberlo?

Killian.

Tardé unos minutos en encontrar el número de teléfono de mi medio hermano y volver


a bajar a la sala de estar. Cuando llamé, me llegó un mensaje de desconexión. Llamé a
información y conseguí otro número suyo y, sorprendentemente, cuando llamé, mi medio
hermano respondió. En el séptimo tono.

—¡Morgan! ¡Qué hermoso tener noticias tuyas!

No pude evitar sonreír. A pesar de todos los defectos del carácter de Killian, no podía
dejar de responder a su buen carácter, su cariño, su insaciable sed de diversión. Y al parecer,
no guardaba rencor: la última vez que lo había visto había sido en el viejo cementerio
methodista, nuestro sumidero de energía local. Había atrapado a nuestro padre allí y había
sido despojado de sus poderes. Ciaran MacEwen había pasado de ser un brujo muy
poderoso, carismático, enérgico y malo, a marchitarse, ser una cáscara sin poder. Por mi
culpa.

—Hola, Killian —le dije—. ¿Cómo estás?

—A punto de ir a una cervecería. Los muchachos me están esperando.

—Seguro. Y algunas muchachas, también, sin duda.

Killian se echó a reír.

—Escucha, Killian —le dije—. Me estaba preguntando… no hablo contigo desde hace
tiempo y esperaba que me pudieras dar alguna noticia sobre Ciaran.

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—Ah —dijo, y tuve una súbita imagen de una copa de champán perdiendo sus
burbujas—. Nuestro dulce papá. Bueno, hermanita, no voy a mentirte. Ha visto días mejores.

El corazón me dio una punzada de remordimiento y culpa.

—¿Dónde está? —pregunté en voz baja.

—En una especie de casa de reposo en Irlanda —dijo Killian—. Por Clonakilty, en la
costa sur. Hace más calor allí. Es relajante. Fui a verlo hace dos semanas. Sin embargo, me
temo que no está realmente acorralado.

—Lo siento. —Tenía la garganta estrecha como si experimentara la dicotomía habitual


de emociones que sentía sobre Ciaran. Él había matado a mi madre biológica. Había sido uno
de los líderes de una malvada secta oscura, Amyranth. Sabía que él personalmente había
hecho asesinar a algunas personas y, de hecho, había tratado de matarme a mí. Pero en una
perversión psicológica inexplicable, yo lo había amado y respetado. Había estado muy
atraída por él y, curiosamente, parecía que cuidaba sinceramente de mí, aunque su amor por
el poder había superado definitivamente su amor por mí. Algo dentro de mí resonaba por
algo de él, y eso me preocupaba, no podía negarlo. Me preocupaba por él. No quería que
muriera. Pero no había sido capaz de dejar que continuara usando de esa forma tan atroz la
magia.

—Tchah, Morgan —dijo Killian con una inesperada amabilidad—. Lo siento por él,
también pero, por la Diosa, esta es la ley. Tú no lo pusiste en marcha. Sólo lo ralentizaste
mucho.

—Gracias —me las arreglé para decir. El nudo de mi pecho se aflojó un poco.

—Además —continuó—. Lo que mamá le está haciendo hace que lo que tú le hiciste
parezca un juego de niños.

—Oh, Diosa. ¿Qué está pasando?

—Ella se está divorciando de él —dijo Killian, y no había diversión en su voz—. Un hijo


ilegítimo, trabajos oscuros incalculables, varios asuntos muy públicos, los años de peleas y el
odio apenas enmascarado y la traición, ninguna de esas cosas fueron suficientes para que
mamá tomara este drástico paso. Pero ahora que papá no tiene más poder que una
luciérnaga, ella lo está hundiendo.
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—Oh, no —dije. Yo había sido el hijo ilegítimo.

—Bueno, es una pena, pero lo que haces se te regresa —dijo Killian. Yo sabía que se
preocupaba por su padre, pero también sabía que había una gran cantidad de ira y
resentimiento ahí. Ciaran no había sido un buen padre para nadie. Y había tratado a su
esposa muy mal.

—Bien. Me pregunto qué tal lo estará pasando Amyranth sin él. —Hice que mi voz
sonara causal, pero por la pausa del otro extremos de la línea, supe que Killian no se dejó
engañar.

—Básicamente, creo que están corriendo como pollos con la cabeza cortada —dijo
Killian, decidiendo contestarme—. No he tenido ninguna noticia directa, sino por chismes
que he recogido, pero deduzco que papá tenía las riendas del poder cogidas con tanta fuerza
que nadie estaba realmente esperando entre bastidores. Se necesitaría un brujo
increíblemente fuerte para asumir el control y, conociendo a papá, probablemente se aseguró
de que no hubiera nadie tan fuerte cerca de la cima.

—Ah, ¿y ahora qué?

—Alguien, con el tiempo, se espabilará y entrará. Predigo un montón de luchas internas


y puñaladas por la espalda —dijo alegremente—. Debe ser bastante de telenovela por un
tiempo.

—Wow. —Entonces no sonaba como que Ciaran o Amyranth estuvieran tras mis
sueños—. Bueno, ¿qué vas a hacer en Beltane? ¿Algún plan?

—He tenido un par de invitaciones. ¿Y tú?

—Oh, vamos a tener una fiesta aquí —le dije—. Comida, bebida, cruz de mayo, baile.

—¡Oye, qué gran idea! Eso suena excelente —dijo Killian. ¡Ack!, pensé. Acabé
imaginando a Killian dando zancadas en nuestra pequeña celebración de Beltane. Iba a ser lo
suficientemente tensa, con Raven y Sky allí, pero con el tercer miembro del desastroso
triángulo amoroso sería demasiado. O ese pensamiento no se le había ocurrido a Killian, o lo
tenía y él asumía que no sería un problema. ¡Pero yo ni siquiera lo había invitado!

—Umm —dije, preguntándome cómo decirlo—. Está bien, pero lleva una coraza.

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—Muy bien, entonces, Morgan. Nos vemos en Beltane. ¡Muchas gracias por llamar!
¡Ciao!

La línea telefónica se cortó antes de que pudiera decir algo más. Vaya, pensé. ¿Había
puesto en marcha una terrible catástrofe emocional? Negué con la cabeza, colgué el teléfono
y fui golpeada por una risa inesperada. Killian era realmente demasiado. Yo estaba atada por
el estrés, pero Killian estaba disfrutándolo. Nada parecía llegar a él. Era extrañamente
reconfortante.

Sin dejar de sonreír, me senté en el sofá y puse una almohada en mi regazo.

La casa estaba a oscuras a mi alrededor, excepto por el resplandor de la pantalla del


ordenador y una pequeña lámpara sobre una mesa auxiliar. Podía sentir a mi familia
durmiendo arriba y lamenté el hecho de que últimamente siempre parecía que era yo la
única que estaba levantada cuando todo el mundo dormía.

Apoyé la cabeza contra el respaldo del sofá, sintiendo como si los brazos y las piernas
me pesaran una tonelada, como si estuviera de pie en Júpiter. Cerré los ojos. Por supuesto, en
realidad no podía estar de pie en Júpiter, la mayor parte era de…

—Morgan. He estado esperándote.

Salté. Oh, Diosa. Esto no podía ser real.

Cal estaba sentado a mi lado.

Estaba impresionada por diferentes sentimientos, el más preocupante era una alegría
real de verlo. Me sentí muy mal cuando murió y algo en mí no me dejaba olvidar mi primer
amor. Entonces sentí el miedo y la desconfianza, mis músculos se tensaron y la adrenalina
empezó a bombear en mi sistema. Por último, me golpeó una abrumadora culpa por sentirme
contenta al ver a Cal cuando estoy tan completamente enamorada de Hunter.

—Es muy bueno verte —dijo Cal, sus cálidos ojos dorados me sondearon.

Me sentía soñolienta, más lenta. Una parte de mí sabía qué hacer, cómo hacerse cargo
de la situación, pero la mayor parte estaba como flotando, esperando a ver qué pasaba.

—Te he echado mucho de menos, Morgan —dice con seriedad—. Eres muy especial
para mí. Tú y yo juntos podemos hacer cosas maravillosas.
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Luchando con el sueño que me ataba la lengua, me las arreglé para escupir:

—Lo dudo.

—No, no es verdad. —Cal tomó mi mano y se levantó, tirando de mí con él. ¿Era esto
un sueño, por lo tanto podía usar mis técnicas de sueños guiados? ¿O era real? Cal estaba
caminando y ahora estábamos en una hermosa pradera salpicada de flores silvestres. El sol
calentaba mi piel, oía el zumbido suave de las abejas que volaban de flor en flor. El viento
soplaba fresco y frío y en ese momento parecía todo perfecto. Pero cuando miré hacia
delante, era Cal el que sostenía mi mano, no Hunter.

Me aparté y fruncí el ceño.

—No —le dije.

Cal se dio la vuelta, sorprendido.

—Solo falta un poco. No está muy lejos. Tengo un picnic esperando.

Una pequeña parte de mi cerebro recordó mi picnic con Hunter en el bosque, así como
el amor que sentía por él.

—No quiero ir —le dije, con mis pies descalzos parados sobre la verde hierba fresca.

Curiosamente, Cal no se enfadó ni se molestó. Vino hacia mí y me apartó el pelo


suavemente de la cara.

—Entiendo —dijo—. Pero va a estar bien. Es sólo un poco más allá.

Inesperadamente, comencé a caminar de nuevo, dejando que me guiara a través de ese


lugar paradisíaco. ¿Es esto el netherland? Oh, Diosa, ¿estoy muerta? Por alguna razón ese
pensamiento me parecía divertido y me reí sintiendo la brisa fresca en mi cara. No podía
estar muerta, ¡¡tenía los finales en dos semanas!! Eso me hizo reír más, y Cal se dio la vuelta
y me sonrió.

Miro a mi alrededor mientras me lleva de la mano como a una niña. Detrás de mí hay
una línea oscura de árboles cuyas hojas se mecen suavemente. Estamos caminando por una
suave pendiente, tomo conciencia de una ondulación, un arroyo gorgoteando. La idea de

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poner mis pies desnudos en un arroyo helado suena maravillosa, y sigo caminado. Debe
estar cerca.

—Aquí —dice Cal. Se detiene y hace un gesto con orgullo. Miro hacia arriba y no veo
una corriente burbujeante, sino la cama de Cal. Está ubicada enfrente de mí, una hermosa
cama con dosel oscuro, adornada con una mosquitera. Cuando la vi por primera vez, pensé
que era la cama más romántica que jamás había visto.

Por un momento, un flash me lleva a la cama con el colchón con muelles de Hunter y la
caja en el suelo de su habitación, las s{banas incomparables, su colcha raída…

Prefiero estar allí, insiste mi mente.

—No quiero estar aquí —le digo claramente, oigo a mis palabras alejarse con la brisa.

—Está bien —dice Cal con dulzura—. Yo nunca te obligaría a hacer nada que no
quisieras hacer. Te he echado de menos. Sólo quiero estar contigo.

Lo miro, y su rostro es tan abierto, real y hermoso como lo recordaba. Esa cara fue la
primera en encender el deseo en mí, pero era primera chispa no es nada comparado con la
añoranza que sentía por Hunter. Aparto mi mano de la suya.

—No —le digo en voz más alta—. Esto no es lo que quiero. No quiero estar aquí. No
puedo estar contigo, Cal.

Sus cejas perfectas se arquean hacia abajo.

—No lo entiendo —dice. Toma mi mano de nuevo y tira de mí suavemente—. Tú me


quieres. Quieres estar conmigo. Siempre he sido la persona que más amas. Te amo.

—No —le digo de nuevo—. Yo no conocía nada mejor. Pero ahora sí lo conozco.

Frunce el ceño, empieza a verse enérgico.

—Nunca amarás a nadie más que a mí —insiste—. Tú sabes que tenemos que estar
juntos.

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—Eso no es cierto —le digo con fuerza, y aparto mi mano de nuevo. Empiezo a
retroceder. No sé cómo salir de aquí. Vagamente recuerdo algo sobre los sueños guiados.
¿Sueños interactivos? Pero no tiene sentido.

Cal viene y se para detrás de mí, con sus manos sobre mis hombros. Siento el calor de
su contacto a través de mi camiseta larga. ¿Camiseta larga? ¿Qué estoy haciendo fuera
vestida así? Esto es con lo que yo duermo en…

—¡No! —grito, apartando los hombros lejos de las manos de Cal. Entonces, de repente,
el mundo se queda en negro. Parpadeo una y otra vez y trato de concentrarme. ¿Dónde está el
prado? ¿Por qué tengo frío? ¿Dónde estoy? El sonido del agua suena con fuerza en mi oído.

Miro hacia abajo y contengo el aliento helada. ¡Diosa! Estaba fuera, en la noche fría, ¡y
estaba de pie en la cornisa rocosa en la que Cal y Hunter habían luchado hacía meses! Con
los dedos de mis pies podía sentir el suelo inestable desmoronándose debajo de mí. Este era
el lugar donde había lanzado una daga hacia Hunter, donde pensé que lo había matado.
Ahora yo iba a caer por el mismo acantilado. Mis brazos comenzaron a girar a cámara lenta
mientras que mi peso empezaba a variar a lo largo de la cornisa.

Debajo de mí había diez metros hasta las rocas, y estaban rodeadas de agua helada que
escurría de la montaña.

Iba a morir. Cal me había conducido hasta aquí para morir.

Pequeños guijarros y tierra se liberaron bajo mis pies y oí su caída casi imperceptible
por el acantilado. Diosa, Diosa, ayúdame, pensé, un sudor frío brotaba por mi frente. Iba a
morir aquí mismo, ahora mismo. A menos que me salve. Tenía que salvarme.

Conteniendo el aliento, y en contra de todos los instintos de supervivencia que tenía,


conscientemente obligué a mis músculos a relajarse. Mis pies estaban parados justo en la
cornisa. Sentí que mi equilibrio empezaba a cambiar. Cae, me dije, y cerré los ojos. Cae. Mi
peso me llevaba hacia atrás. Solo déjate caer.

Al igual que un edificio durante un terremoto, mi cuerpo se relajó y se estrelló con


fuerza contra el suelo con un ruido sordo. Cada parte de mi cuerpo se estremeció por el
impacto. El aliento abandonó mis pulmones con un silbido y durante varios segundos mi
boca se movió inútilmente, tratando de atrapar aire.

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Sentí que mis pies colgaban sobre el borde, y mis ojos se abrieron de golpe. Me di la
vuelta y escarbé en la tierra y las raíces que me rodeaban para encontrar una a la que
agarrarme. Sostuve la raíz y serpenteé sobre mi vientre hasta que estuve segura de que
estaba en tierra firme. Había un pino justo allí y me arrastré hacia él, sentándome y
acurrucando mis rodillas dobladas bajo mi camiseta larga. Estaba muy sucia.

Fue entonces cuando dejé que el resto de mi conciencia volviera a la vida. Me estremecí
sin control, en parte por el frío de la noche de finales de primavera y en parte porque era
difícil recordar cuándo había sido la última vez que había estado tan asustada.

Había experimentado un montón de peligros en los últimos meses, pero la realidad de


la muerte, la posibilidad de morir sin que ninguno de mis seres queridos pudieran entender
lo que había sucedido realmente… eso era aterrador. Miré a mi alrededor rápidamente,
echando mis sentidos, pero no recogí nada, aparte de la vida normal de los animales del
bosque.

Cal me había conducido hasta ahí para matarme.

De repente, mi estómago se revolvió y llegó a mis manos y rodillas. Luego me


acurruqué más, sintiendo el choque repugnante de la adrenalina saliendo de mis venas.
Necesitaba a Hunter.

Hunter, ven. Por favor, ayuda. ¡Hunter! ¡Ayúdame!

¿Estaba dormido? ¿Me había escuchado? ¿Debería probar con Sky, Alyce o Bethany?

Estaba viniendo.

Oh, gracias a la Diosa. Ahora sólo tenía que mantener la calma hasta que Hunter
llegara. Entonces podría convertirme en una chillona y aterrorizada maniática.

No podía calcular el tiempo, cada minuto parecía una hora, pero finalmente escuché un
coche que venía por el camino de tierra de la orilla del río. Cuando reconocí la silueta
familiar del coche de Hunter y sentí su presencia, estaba lo suficientemente aliviada como
para levantarme y acercarme a él. En cambio, me desplomé en el suelo mientras él corría
hacia mí y me envolvía en sus brazos.

99 | P á g i n a
Capítulo 10
Hunter
Traducido por rihano
Corregido por Marce Doyle*

Hunter, ven. Por favor, ayuda. ¡Hunter! ¡Ayúdame!

Por un momento, no entendí quién estaba llamándome, pero luego la voz de Morgan
atravesó mi cerebro, y salté despierto. En cuestión de segundos estaba cerrando la cremallera
de mis vaqueros, empujando mis pies en los zapatos y agarrando mi chaqueta en el camino
de salida.

Ya voy, le envié, prácticamente saltando al porche delantero. Estaba tan negro como una
cueva en el exterior, y no tenía ni idea de la hora que era. Miré la luna, baja en el horizonte, y
pensé no estábamos muy lejos de la madrugada.

Dentro de mi coche, encendí el motor, luego recordé el mensaje, pensando de dónde


había venido. Cerré los ojos y recordé. ¡Maldita sea! ¡El acantilado junto al río!

Me serví de la velocidad, prácticamente volando, sin cuestionar por qué Morgan estaba
ahí, sólo seguro de que había sido su voz. Encontré el viejo camino lleno de baches y me
volví hacia el este.

Por último, junto al acantilado, mis faros iluminaron el delgado cuerpo de Morgan,
acurrucado en nada más que una camiseta sucia debajo de un árbol. Me lancé del auto y corrí
hacia ella.

—Diosa. Mi amor, ven aquí —le dije, tirando de ella en mis brazos. Me senté en el suelo
y la sostuve en mi regazo. Envolví mi chaqueta a su alrededor y froté sus brazos y hombros
para calentarla. Ella debía estar congelada. ¿Qué demonios estaba haciendo aquí? Sus pies
descalzos estaban sucios, y sus piernas estaban rasguñadas y húmedas. Yo sabía que tenía

100 | P á g i n a
que esperar a que se calmara antes de conseguir algunas respuestas. Mientras tanto, traté de
contener mi propio pánico y rabia.

—Hunter… —empezó a decir, su voz se quebró en un sollozo.

—Shhh, shhh, mi amor. Estoy aquí. Ahora estás a salvo. Estás completamente segura. —
Le acaricié la espalda, enviando ondas de calma y tranquilizador consuelo. Finalmente ella se
acostó tranquila y relajada contra mi hombro. Aparté su pelo, húmedo con lágrimas, de su
cara y la abracé más estrechamente.

Su voz, cuando salió, era tan bajita que apenas podía oírla.

—Fue Cal —dijo.

Ante ese nombre, una furia al rojo vivo se encendió en mí, y luché por moderarla.

—¿Qué pasó, mi amor?

Ella negó con la cabeza.

—Yo estaba en casa. No estaba segura de que quería ir a dormir, pero finalmente estaba
tan agotada que tomé la poción de Bethany, la otra mitad. Bajé las escaleras a la sala y llamé a
Killian. Pensé que tal vez él podría haber oído algo acerca de Ciaran o Amyranth que podría
ayudarme a averiguar lo que está pasando.

Asentí con la cabeza.

—Sin embargo, dijo que Ciaran era un desastre, en algún lugar de rehabilitación de
brujas en Irlanda, y que Amyranth estaba cayendo a pedazos sin él. Así que me di cuenta que
ninguno de ellos podría estar haciendo esto.

—Suena como si estuvieras en lo cierto —dije—. Fue una buena idea llamar a Killian. ¿Y
qué pasó entonces? ¿Te acuerdas?

—Me senté sólo por un minuto, recuerdo que me sentía muy cansada. Pero entonces
miré hacia arriba, y Cal estaba allí, a mi lado.

Mi estómago se anudó, y sentí que mi mandíbula se apretaba.

101 | P á g i n a
—Él dijo “ven”, y luego estábamos caminando a través de un prado —continuó
Morgan—. Estábamos afuera, y era de día. Supongo que ahí fue probablemente cuando me
fui de la casa. —Ella tuvo un pequeño estremecimiento, y su voz sonaba temblorosa de
nuevo—. Caminamos por esa pradera, y era tan bonito. Cal estaba diciéndome cosas, como
que sabía que yo lo amaba... —Ella bajó la cabeza y agarró mi chaqueta con más fuerza a su
alrededor.

—Está bien, Morgan. Era un sueño. ¿Te acuerdas de lo que pasó entonces?

—Él... él quería que me uniera a él. Le dije que no, que no quería estar allí. Y dijo que
sabía que yo lo amaba, y le dije que no, que ya no. Empezó a enojarse y a tratar de acercarme
más, y yo estaba tratando de recordar el sueño interactivo, pero nada se quedaba en mi
cabeza. —Ella sacudió la cabeza con frustración.

—Está bien —le dije de nuevo—. Lo has hecho muy bien.

Tomó una respiración profunda y temblorosa y continuó.

—Finalmente, creo que grité “¡no!”, y jalé mi mano, y luego todo se oscureció porque
me había despertado, y yo estaba fuera, y era de noche. —Ella comenzó a llorar de nuevo, y
yo trataba de calmarla lo mejor que podía—. Cuando me di cuenta de dónde estaba, estaba
de pie en el borde de la cornisa por allá. —Ella señaló—. Justo en el borde. Mis pies estaban a
punto de caer, y pude sentir que estaba perdiendo el equilibrio.

Yo estaba sin palabras. Una vez había caído por esa misma cornisa, y había sido un
milagro que no hubiera muerto. Aún así, me había roto dos costillas y había estado cubierto
con grandes moretones durante semanas. El agua era más baja ahora, ya que el deshielo de la
montaña no había estado en marcha desde hace mucho tiempo. Si Morgan hubiera caído,
ahora estaría buscando su cuerpo maltrecho.

Me sentí como si me hubieran golpeado, y traté muy lentamente de aspirar una


bocanada de aire.

Cal había hecho esto.

Parpadeé varias veces, utilizando cada pedacito de auto-control que tenía para no ceder
a mi ira. Lo había hecho unas mil veces, el pánico controlando lo que sentí por lo cerca que
Morgan había estado de morir.
102 | P á g i n a
—¿Qué pasó entonces? —le pregunté, mi voz ronca y seca.

—Yo estaba a punto de caer. Podía sentir la tierra quebrándose debajo de mis pies.
Estaba tan tensa, que estaba segura de que iba a perder el equilibrio y caer hacia adelante.
Finalmente hice un hechizo calmante para relajar mi cuerpo, y luego me dejé caer hacia atrás.

Apreté mi agarre sobre ella, presionando su cabeza contra mi pecho y abrazándola con
todo el alivio y la gratitud que sentía.

—Oww —vino su voz, y me di cuenta de que estaba aplastándola. Al instante relajé mi


agarre.

—Lo siento—le dije.

—Está bien —dijo ella, respirando hondo—. Me alegro de que estés aquí.

Ella me miró, sus ojos color avellana abiertos y enrojecidos por el llanto. Todavía se veía
increíblemente hermosa, con esa fuerza que siempre veía en ella.

Ella me dio una sonrisa llorosa.

—¿Qué hora es?

Eché un vistazo al horizonte.

—Parece que el sol está a punto de salir.

—Tengo que llegar a casa —dijo ella, mirándome con los ojos muy abiertos—. ¡Mis
padres se levantarán en cualquier momento!

Asentí con la cabeza.

Aparqué a una casa frente a la de ella, y nos sentamos durante un minuto, echando un
vistazo a nuestros sentidos.

—No estoy recibiendo mucho —dije—. Pero siguen siendo sólo cinco minutos para las
seis.

103 | P á g i n a
—No siento mucho, tampoco —dijo ella, deslizándose fuera de mi chaqueta—. Creo
que voy a correr el riesgo. Este es un día en que no voy a tener que correr para estar lista para
la escuela.

—Diles que estabas recogiendo el periódico —sugerí, señalando el periódico en el


camino de enfrente.

Morgan soltó un bufido irónico, mirando hacia abajo a su sucia camiseta y pies, luego
me besó rápidamente y abrió la puerta.

—Morgan, esto va a terminar hoy —le dije—. No importa qué. Tan pronto como crea
que Alyce esté levantada, voy a llamarla, y a Bethany. Ven a Magia Practica hoy después de
la escuela. Vamos a estar allí, y no nos iremos hasta que tengamos un plan.

Ella me dio una pequeña sonrisa triste, y luego corrió hacia la fría acera. Se detuvo un
momento en frente de la puerta, luego cuidadosamente la abrió. Segundos después, su mano
regresó al exterior, su pulgar hacia arriba. Todo estaba bien. Sus padres pronto estarían
levantados, y Mary K estaba despierta. A regañadientes encendí mi motor y me dirigí a casa.

De vuelta a casa me fui directamente a mi habitación. Durante casi media hora, solo me
acosté en mi cama, mirando al techo. Morgan casi había muerto a causa de Cal. Tuve que
tratar de contenerme para luego llegar a trabajar con la cabeza fría y una voluntad fuerte.

Finalmente, me levanté y empecé a hojear las pilas de libros, buscando algo que pudiera
utilizar para detenerlo. Era claro que el alma de Cal de alguna manera había sobrevivido.
Supuse que ese bastardo había sido más fuerte de lo que pensé. Obviamente, él no podía
superar la idea de que Morgan amara a otra persona y que la otra persona fuera yo, su
odiado medio hermano. ¿Pero él la deseaba tanto que estaba dispuesto a matarla para estar
con ella? La idea era insoportable.

A las siete y media llamé a Alyce y le conté todo. Estaba horrorizada y asombrada de
que hubiera sucedido a pesar de la poción de sueño de Bethany. Estuvo de acuerdo en que
esto era demasiado serio para que continuara por otro día y dijo que nos encontraría a las
cuatro de la tarde. Le pedí que llamara a Bethany y le dijera lo que había pasado.

En la planta baja encontré a Sky en la cocina, con una mirada inusualmente amarga en
su rostro.

104 | P á g i n a
—¿Qué pasa? —le pregunté, sirviéndome una taza de té.

Ella suspiró y sacudió la cabeza.

—Llamé a algunos miembros de Kithic para hablar de Beltane —dijo—. Pensé que
podría empezar la celebración. Todos parecían entusiasmados. Así que empecé a hacer
planes ayer, pensando en flores frescas, tortas de avena con miel, dónde conseguir un árbol
de mayo.

—Me parece bien —le dije.

—Podrías pensar que sí —dijo ella con aspereza—. Por desgracia, lo que nadie me dijo
fue que alguien más había comenzado también a trabajar en los planes para Beltane.

Fruncí el ceño.

—Yo no había oído acerca de eso. ¿Quién?

Sky me dio una fría mirada.

—Raven.

Tomé un sorbo de mi té dándome tiempo para formular una respuesta. Por un lado, me
sentí casi diciendo: "bueno, ¿sabes qué? Morgan casi murió esta mañana". Pero por otra parte
yo sabía lo mucho que Sky había sido herida por su ruptura con Raven, y ella era mi prima y
yo la amaba y no quería que ella fuera lastimada.

—Mierda —dije inadecuadamente. Entonces nos dimos cuenta, con una buena dosis de
horror, que había adoptado esa expresión de Morgan.

Sky me miró con las cejas levantadas.

—Raven llamó aquí anoche, indignada —continuó—. Me dijo que yo no puedo


simplemente entrar de nuevo en la ciudad y empezar a jugar con sus planes, etc., etc. Así que
nos gritamos la una a la otra por un tiempo, ninguna de nosotras cedería, y luego tuvimos un
concurso de quién tenía las mejores ideas.

—¿Quién ganó?

105 | P á g i n a
—Ninguna de nosotras —admitió Sky—. Por difícil que sea de creer, ella en realidad
tenía una o dos ideas decentes.

—Hmmm. ¿Y ahora qué?

Sky soltó un profundo suspiro y extendió sus brazos sobre su cabeza, arqueando la
espalda.

—Bueno, por desgracia, mi tumor cerebral eligió actuar en ese momento, y acordé
reunirme con Raven en persona para discutir ideas. —Ella sacudió la cabeza, su ligero cabello
rubio platino volando—. No sé qué estaba pensando. Todo lo que puedo hacer ahora es
esperar que me golpee una gripe estomacal.

Miré a mi prima con interés. Morgan era fuerte, y Sky también lo era, pero en una
manera diferente. Morgan era fuerte como un árbol de sauce joven, capaz de doblarse con la
tormenta. Sky era fuerte como un cuchillo. Era muy raro que ella admitiera algún tipo de
debilidad en absoluto. Que ella me dijera que preferiría ponerse terriblemente enferma que
ver a Raven era una pista de cuán fuertes todavía eran sus sentimientos.

Sky podría ser muy despiadada. Todo lo que tenía que hacer era llamar a Raven y
cancelar. Pero no estaba planificando hacerlo. Era muy interesante, y también un poco
alarmante. Sky me encontró mirándola y puso una mirada de irritación en su rostro.

—Oh, cállate —murmuró, levantándose y llevando sus platos al fregadero. Esperé hasta
que ella se fue antes de quejarme en voz baja.

Más tarde, encontré a mi padre en nuestra habitación circular, inclinado sobre un viejo
tomo que parecía desintegrarse ante mis ojos.

—Saliste temprano, muchacho —dijo él, mirándome por encima de las gafas de lectura
de media luna que recientemente comenzó a usar.

Le conté todo lo que había sucedido esta mañana con Morgan, y su rostro se volvió
cada vez más preocupado. Era difícil para mí controlar lo que decía de Cal y su presunta
participación, pero papá ocultó su reacción, si es que tuvo alguna.

—Malas noticias, hijo —dijo cuando yo había terminado—. ¿Crees que Alyce y Bethany
tienen control sobre esto?

106 | P á g i n a
—Sí —le dije—. Todos estamos haciendo investigación, y creo que vamos a desarrollar
un plan esta noche.

—Ya veo. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

Su voz sonaba un poco rígida, y supe que no había manera de que él pudiera ser
objetivo sobre Cal.

—No, papá, no lo creo.

—Bien, entonces. Mantenme informado. —Hizo una pausa—. Mientras tanto, he estado
pensando en Patrice. —Se quitó las gafas y golpeó suavemente el libro con ellas—. Hay
alguna lectura interesante aquí. Habla de algunas variantes de los hechizos limitantes
comunes que parecen tener posibilidades interesantes. Por supuesto, me temo que Patrice
con toda probabilidad va a terminar consiguiendo ser despojada de sus poderes.

—Espero que no —le dije—. Vamos a seguir tratando de ser creativos.

Le hablé de algunas de las lecturas que había hecho últimamente, algunas historias de
brujas que habían, por accidente, sido víctimas de hechizos que habían salido mal. Había
habido una bruja que se había sorprendido a sí misma perdiendo sus poderes en enero, sólo
en enero, pero durante cada mes de enero después de eso, por el resto de su vida. Cosas así.
Otra había perdido la capacidad para trabajar en cualquier tipo de magia animal, pero sólo la
magia animal.

Papá se vio intrigado, y le dije que le mostraría mis fuentes.

—Es un problema interesante —dijo, poniéndose las gafas y volviendo a su libro—.


Muy interesante.

107 | P á g i n a
Capítulo 11
Morgan
Traducido por Susanauribe
Corregido por Haushiinka

Cuando terminó la escuela, Mary K. se encontró conmigo junto a Das Boot y nos
dirigimos a casa. Me sentí mareada y distante y apenas podía recordar lo que había pasado
ese día. Sin embargo, tan terrible como me había sentido, estar rodeada de cientos de otros
estudiantes no había sido algo malo. Me sentí segura, perdida en el apuro y ajetreo de las
clases, el almuerzo y más clases.

—Yoo-hoo —dijo ella fuertemente, y mi cabeza se movió en su dirección—. Dije: ¿crees


que después me puedas dar un aventón a la casa de Alisa?

—Lo siento —dije—. No te escuché. Um, no creo. Voy a casa sólo por un minuto, luego
Hunter va a venir y vamos a salir. Tal vez ella pueda ir a nuestra casa.

—Está bien, le preguntaré.

En casa, subí al baño y traté de arreglarme un poco. No había absolutamente nada que
pudiera hacer al respecto. Me paré frente al espejo, sintiéndome deprimida y preguntándome
si Hunter era legalmente ciego. Sentí a Mary K. venir y suspiré.

—Sí, no eres exactamente la chica del poster de crecimiento sano, ¿verdad? —dijo ella,
recostándose contra el marco de la puerta.

—No, supongo que no. —Me volteé para irme pero mi hermana me detuvo.

—Espera un minuto. —Buscó en su cajón del baño y luego sostuvo mi rostro con un
firme agarre mientras aplicaba con toques un producto en mi cara y me restregaba, y casi me
ciega con un cepillo de rímel cuando pestañeé.

—Voy a verme como un payaso —dije a modo de advertencia.


108 | P á g i n a
—No, no te verás así —dijo ella—. Mírate.

Me volteé hacia el espejo y una vez más mi hermana se las había arreglado para
trabajar con mis materiales crudos y poco prometedores. Mis mejillas se veían sanamente
rosadas, mis ojos más grandes y más distintivos y mi boca se veía natural en vez de verse
como si hubiera donado mucha sangre. Sin embargo, ni siquiera me veía maquillada. Me veía
como yo misma pero en un buen día.

—¿Bien? —preguntó ella, obviamente complacida.

—Eres mi ídolo —dije, mirándome—. Esto es genial.

Mary K. sonrió, luego el teléfono sonó y ella fue a responderlo. Rápidamente cambié mi
camisa, dado que había derramado Coca Cola dietética en ella en el almuerzo, y luego Mary
K. golpeó mi puerta.

—Es para ti —gritó—. Es alguien llamado Ee-fu o algo así.

Eofie. Eso es extraño, pensé, tomando el teléfono.

—¿Hola?

—Morgan —dijo la familiar voz de Eoife McNabb. De inmediato la imaginé en mi


mente: era pequeña, probablemente no medía más de 1,60 metros. Sus ojos eran de un color
marrón cálido y su cabello era del tono rojo natural más impactante que había visto—. Hola,
¿cómo estás?

—Bien, supongo —dije secamente. Me gustaba Eoife y la respetaba, pero eso no quería
decir que confiara en ella por completo. Era uno de los miembros del Concejo.

—Morgan, ¿tienes un momento? Necesito hablarte de algo.

—Um... —dije, mirando mi reloj. Hunter estaría aquí en cualquier momento.

—He estado hablando con algunas de las brujas en el Dubhlan Cuan, el lugar de retiro
donde nuestros profesores más talentosos y sabios están, en el norte de Escocia. La historia
corta es que han aceptado tenerte como una estudiante de prueba este verano. —Ella sonaba
increíblemente emocionada.

109 | P á g i n a
—¡Hm! —dije.

—Será un curso de ocho semanas intensivo. Tendrías que pagar el ticket de avión pero
todo lo demás, el hospedaje y los gastos, serán cubiertos. Morgan, esta es la primera vez que
una bruja americana ha sido aceptada, mucho menos una tanta joven como tú y con tal poco
entrenamiento, y sin estar iniciada. Es una oportunidad única en la vida, una con las que
muchos y muchas sólo pueden soñar. Serías tonta al no aceptarla.

—¿Por qué me aceptaron? —pregunté. Ella ni siquiera me había dicho que iba a
tramitar una aplicación.

—Por tu poder —dijo ella simplemente—. Una bruja como tú surge entre muy pocas
generaciones. Morgan —dijo suavemente—, en verdad creo que esas podrían ser las semanas
más importantes de tu vida. La sesión de verano empieza a mitad de junio y dura hasta la
mitad de agosto. Por favor, dime que irás.

Toda clase de pensamientos volaron por mi cabeza. Bree y yo teníamos una tradición de
ir a Jersey para tener unas vacaciones en la playa. Eso estaría fuera de cuestión, junto con las
noches de verano comiendo helados, todas las tontas películas veraniegas. Significaría que no
podría trabajar y ganar dinero este verano, dinero en el cual dependía para suplementar mis
lastimeros ingresos del año.

Por otro lado, Hunter iba a estar en Inglaterra durante el verano. No había sido capaz
de pensar en el dolor de la separación y en cuánto la temía. Si yo estuviera en Irlanda, sería
más fácil verlo. Y la idea de estar en un ambiente de sólo brujas, donde todos me
entendieran, donde nadie sospechara, sonaba como el cielo. Aprendería tanto…

—Me gustaría ir —dije al fin, e inmediatamente sentí el alivio de Eoife—. El problema


es que tengo que pedirles permiso a mis padres. Si fuera a estudiar matemáticas, estarían
empacando mis maletas ellos mismos. Pero ir a estudiar Wicca... no va a salir tan bien. —Mi
corazón comenzó a hundirse tan pronto dije eso.

—Ya veo —dijo ella—. Sí. Eso puede ser un problema. ¿Crees que ayudaría si yo
hablara con ellos?

Lo pensé. Más bien esa conversación sería un desastre no mitigado. —Um, bueno,
déjame preguntarles primero. Te haré saber tan pronto pueda y en verdad trataré de hacer
que acepten. En verdad, en verdad quiero ir.
110 | P á g i n a
—Me agrada —dijo Eoife—. Por favor inténtalo y hazme saber si ayudará que hable con
ellos. Te llamaré pronto para saber las noticias, ¿está bien?

—Sí. Gracias, Eoife. En verdad lo aprecio. —Colgamos y me apresuré hacia abajo


cuando sentí a Hunter subir por el camino de entrada.

Sonrió cuando me vio, sus ojos examinándome por señales de mi horrible sufrimiento
de anoche. Le dijimos adiós a Mary K. y agarré mi chaqueta.

—Entonces, el terrible estrés te sienta bien —dice mientras caminamos hacia su auto—.
Te ves como si acabaras de caminar por el fresco aire de la primavera.

Me encogí de hombros, sintiéndome complacida. —Hunter, nunca creerás lo que acaba


de suceder —dije, y en nuestro camino a Red Kill le conté sobre la increíble oferta de Eoife.

Hunter se veía más y más asombrado, y cuando estacionamos frente a Magia Práctica,
él se inclinó y me abrazó fuertemente.

—¡Morgan! ¡Eso es brillante! ¡Es como ganar un Premio Nobel cuando eres adolescente!
¡Diosa, estoy tan orgulloso de ti! —Me miró, sus manos en mis hombros, y me sonrió de una
forma un poco auto-consciente—. ¿Ya le preguntaste a tus padres?

—No, no están en casa y Eoife acaba de llamarme. Les preguntaré pronto, cuando
encuentre un buen momento.

—Sería una experiencia increíble y asombrosa —dijo él—. Espero que te dejen ir.

Salimos del carro y nos dirigimos a la tienda. —¿Mary K. lo sabe?

—No tuve tiempo de decirle. Llegaste en ese momento y ella se dirigía a casa de Alisa.
Va a ir a la boda del padre de Alisa.

—Bien. Estoy esperando que puedan arreglar las cosas.

Alyce vino a saludarnos y tomó mis dos manos mientras un cliente joven nos miraba.

—Ven a la otra habitación —dijo silenciosamente—. Bethany ya está aquí.

Alyce había movido otra mesa y más sillas en la habitación de atrás, donde Hunter
trabajaba. Ya que la habitación tenía una puerta que cerraba, se sentía más privada que la
111 | P á g i n a
pequeña cocina trasera, la cual tenía sólo una cortina. Nuevamente relaté todo lo que pude
recordar de mi sueño de la noche anterior. Ya estaba comenzando a olvidar detalles, y
Hunter añadió cosas que le conté cuando me encontró.

—Para mí, basado en las cosas que Cal estaba diciendo, simplemente suena como si no
pudiera dejar ir a Morgan, no puede aceptar que ya no es parte de su vida —dijo Hunter,
tratando de no mostrar cuán enojado estaba—. Es como si la quisiera con él.

—Eso podría ser una parte —dijo Bethany—. Pero creo que hay más que eso. Todas las
imágenes de los halcones con alas de fuego son un símbolo común para una persona no
común, un sgiurs dan.

Ciaran me había llamado una sgiurs dan, recordé, pero no había sabido qué hacer con
eso.

—Eso es lo que encontré yo también —dijo Hunter—. Y sgiurs dan básicamente significa
"destructor".

Mis cejas se alzaron.

Alyce continuó. —La búsqueda que he hecho en los últimos días ha dado unos cuantos
hechos interesantes. Primero, la idea de los sgiurs dan parece particular sólo para los
Woodbanes. La cruda traducción de las palabras es algo como “azote de fe”. Pero las
referencias al respecto que encontré lo hacen sonar más como la Diosa india "Siva", algo que
destruye o limpia pero también despeja el camino para nuevos comienzos.

—¿Y yo soy una? —pregunté, mi voz prácticamente chillando.

Alyce me miró y respiró profundamente. —Posiblemente —dijo—. No sé por qué


Ciaran mentiría al respecto. En la historia de los Woodbanes hay menciones de sgiurs dans
cada tantas generaciones. La mayoría son mujeres, y parece que después de que vivieron o
durante su vida, el curso de la historia cambia.

—Podría ser sólo una coincidencia —sugirió Hunter—. Un carisma particular o una
bruja poderosa llega y luego le atribuyen el cambio a ella, identificándola como un sgiurs dan
por ello.

—Lo cual no explica por qué Morgan sería llamada una —dijo Bethany.

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—En verdad no puedo encontrar una conexión con Morgan —admitió Alyce—. La
última pareció ser apuntada en 1902 y una fuente que consulté parecía creer que esa persona
limpió el camino para la creación de Amyranth.

—Genial —murmuré, sintiendo una jaqueca venir.

—Y hubo una en 1820 o algo así —continuó Alyce—. Los sgiurs parecen ser luz u
oscuridad, sin un patrón discernible. —Me da una sonrisa repentina—. Esperamos que tú
seas luz.

Hago una cara de "muchas gracias". —¿Y esto se relaciona conmigo de qué manera?

—No lo sé —admitió Alyce—. Es simplemente que tú tenías sueños con imágenes de un


halcón cuyas alas estaban hechas de fuego. Las únicas referencias que pudimos encontrar de
esas imágenes se relacionaban con sgiurs dan.

—En cualquier caso, lo que es claro es que esos definitivamente son ataques contra
Morgan y están aumentando en cuestiones de peligro. Ahora amenazan su vida y deben
detenerse —dijo Hunter.

—Estoy de acuerdo —dijo Bethany.

—Tenemos un plan —dijo Alyce, sorprendiéndome. Miró a Bethany—. Estuvimos


trabajando en él hasta muy tarde anoche, y luego hoy lo terminamos, casi. Los sueños están
volviéndose más realistas, más cohesivos. Yo siento, y Bethany está de acuerdo, que hay
alguien detrás de esto, tal vez Cal Blaire, aunque no estamos completamente seguras. Mi
teoría es que mientras, los sueños se vuelven más poderosos, también lo hace este ser o anam.
Los sueños parecen ser llevados a un clímax: la muerte de Morgan. La presencia, a falta de
una palabra mejor, está entendiendo que tiene que seguir aumentando su poder, mejorando
los trucos que usa en Morgan.

—Una bruja que no fuera tan poderosa como Morgan probablemente no habría llegado
tan lejos —dijo Bethany.

—¿Cuál es tu plan? —preguntó Hunter.

113 | P á g i n a
—Una trampa mágica —dijo Alyce—. Nuestra idea es que a medida que este ser se
vuelve más cohesivo, también se vuelve más vulnerable de ser atrapado. Si Morgan no
tomara ninguna poción para dormir y se permitiera dormir, sentiría que esta presencia…

—Cal —agregó Hunter.

—… tomaría la oportunidad para lanzar su ataque final. Los tres estaríamos viéndolo,
escondidos mágicamente. Si Morgan es sonámbula, la seguiremos. Si la presencia aparece, la
mataremos.

—¿Cómo atrapas a un anam? —pregunté.

—Los tres juntaremos nuestros poderes y haremos un hechizo de vinculación —explicó


Bethany.

—Lo adaptaremos a un ser amorfo, pero siento que los tres deberíamos poder sostener
casi todo.

—En ese momento atraparemos a este ser.

—Cal —dijo Hunter.

—…en una pieza de jaspe marrón, usando un hechizo que he adaptado de uno que he
leído —siguió Alyce, aún ignorando las interrupciones de Hunter—. Entonces, después de
atrapar al anam, el cristal puede ser destruido de numerosas formas.

Pensé al respecto. No me gustaba la idea de dormir sin una poción. Pero la idea de que
estas tres brujas, en las cuales confío totalmente, estarían conmigo, lo hizo parecer más
factible.

—Está bien —dije firmemente, inclinándome hacia adelante—. Estoy lista. Hagámoslo
esta noche. Aprecio todo el trabajo que han hecho —les dije a los tres.

—Estamos felices de ayudar —me aseguró Alyce—. Ahora necesitamos unas horas para
prepararnos y organizar todo. Morgan, creo que deberías ir a casa, cenar ligeramente y luego
regresar a mi apartamento alrededor de las ocho. ¿Habría un problema con la escuela?

Fruncí el ceño, luego negué con la cabeza. —Les diré a mis padres que iré a dormir a
casa de Bree. Usualmente no les importa.
114 | P á g i n a
—Bien, entonces. Hunter y Bethany, ¿pueden quedarse para que repasemos las cosas de
nuevo?

—Déjenme llevar a Morgan a su casa, luego regresaré en seguida —dijo Hunter.

Estuvieron de acuerdo, y mientras Hunter me llevaba a casa, me sentí lo más optimista


que me había sentido en días.

115 | P á g i n a
Capítulo 12
Hunter
Traducido por flochi y Jo
Corregido por ♥ Ellie ♥

Estaba regresando a Magia Práctica cuando Celia me llamó al móvil.

—Acabo de escuchar… Patrice nos ha pedido que moviéramos nuestro habitual Círculo
de los viernes a esta tarde porque Joshua va a someterse a unas pruebas mañana.

—¿Por qué Patrice no le pide a alguien más que lo celebre? —pregunto enfáticamente.

—Nunca le gustaron los sustitutos —dijo Celia, su tono agrio, diciéndome que había
llegado a mi misma conclusión—. ¿Puedes venir? Esta sería una buena oportunidad para
observar el Círculo.

—Estoy a medio camino de algo crucial —dije—, pero déjame ver y te llamo
inmediatamente.

Le hablé a Alyce, y ella estuvo de acuerdo en que yo podía regresar a las ocho, eso
estaría bien. De todas maneras tendríamos que explicarle todo el plan a Morgan.

—Correcto —dije—. Si puedo llegar antes, lo haré.

Luego volví a llamar a Celia. —Estoy en camino —dije, y Celia me dio las indicaciones.
Muchos aquelarres se reunían en la casa de alguien o al aire libre. De alguna manera era
inusual que nuestro aquelarre, Kithic, se trasladara de casa en casa para cada Círculo, y en
cuanto a Willowbrook también era un poco inusual que rentara un espacio comercial.

En Thorton, estacioné mi auto a unas tres manzanas de distancia de la dirección que


Celia me dio.

116 | P á g i n a
Estaban empezando su Círculo temprano, a las cinco. Me deslicé en mi mochila, luego
me dirigí hacia el pequeño edificio de tres pisos cuya planta superior rentaba Willowbrook.
Hice nota de los callejones, de las rutas de escape, de qué edificios se conectaban en dónde,
qué calles corrían entre medio. Cerca de las seis cuarenta y cinco estaba de regreso en el
edificio de Willowbrook. Había una escalera de incendios oxidada a unos dos metros por
encima de mi cabeza. Medí su condición, lancé un rápido hechizo de invisibilidad y luego
salté con fuerza, atrapando el peldaño y rápidamente sujetándome con ambas manos. Un
poco de fuerza para trepar, y luego mi pie derecho se encontró en el peldaño.

Un piso arriba más arriba, la escalera se unía a un pequeño balcón oxidado que pasaba
delante de dos ventanas. Otra escalera subía al tercer piso, y luego una escalera iba al techo.
Lancé mis sentidos, luego me deslicé más cerca de las dos ventanas que tendría que pasar.
Conducían a un pasillo con algunos empleados empezando a marcharse. Me arrastré a la
escalera tan rápido como pude. Luego di un paso a través del vacío hasta la última escalera, y
listo, estaba en el techo.

Se sintió como en los viejos tiempos, y por coincidencia yo estaba vestido de gris
oscuro, útil para el reconocimiento sin ser detectado, y me rodeé con los hechizos de
camuflaje más fuertes que sabía. Nadie detectaría mi presencia. Arriba en el techo, tanteé
alrededor hasta que sentí que estaba encima de las habitaciones de Willowbrook.

Robin me había dicho que su espacio incluía una biblioteca de una habitación, una
cocina diminuta, una habitación de almacenamiento, y una sala más grande donde
celebraban los Círculos.

Dentro de mi mochila tenía todas mis cosas de Buscador, algunas cosas mágicas, pero
también algunos artilugios de espía que había comprado por correo en una tienda. Ahora
abrí el estuche forrado de espuma y saqué un pequeño periscopio. Básicamente era similar a
uno que Sky había hecho para espiarme cuando éramos pequeños, solo que este estaba bien
hecho y hechizado.

Lentamente lo bajé sobre el costado del edificio, agradecido de que su habitación de


ceremonias diera al fondo del edificio en vez de a la calle. Dije un pequeño hechizo de
aumento a medida que dirigía el periscopio. Cuando estuvo a un centímetro y medio debajo
de la parte superior de la ventana, me detuve y fijé mi ojo en la mirilla. Lo roté y acerqué y
pronto tuve una visión perfecta de la sala de los Círculos.

117 | P á g i n a
La sala estaba pintada de un profundo y rico color púrpura. Cortinas carmesíes
colgaban a cada lado de un atractivo altar con velas, incienso y tazas de plata llenas con flores
frescas de estación. Un paño bordado colgaba a ambos lados del altar, y pude ver los sigils
para la Diosa y el Dios. Nada parecía pretencioso o fantasioso o enriquecido por la riqueza o
el orgullo. No había indicios obvios de magia oscura. Era una habitación de ceremonias en la
que me habría sentido cómodo.

Dándole la vuelta al visor, fui capaz de contar dos hombres y siete mujeres (incluyendo
a Celia y a Robin) hasta ahora. Sabía que había diecisiete brujas en todo el aquelarre, pero
asumí que varios de los miembros no fueron capaces de llegar por el inusual horario y con
tan poca antelación. Un minuto después llegó una mujer usando una brillante túnica
amarilla: Patrice. Ella sonrió y saludó a todos, y aunque lancé mis sentidos con fuerza no
pude recoger ninguna cosa como temor, desconfianza o ira. Por supuesto, en su mayor parte
eran brujas de sangre, y podían ocultar sus sentimientos más fáciles que la mayoría. Pero
conseguí calidez genuina, afecto y cariño, tanto hacia Patrice como emanando de ella misma.

Patrice invocó a la Diosa y al Dios, y con una simple, elegante y sentida ceremonia,
dedicó el Círculo a los cuatro elementos. Luego los diez miembros presentes se unieron y
comenzaron algunos cánticos familiares: para aumentar el poder, para unirse y mezclar sus
energías, para reconocer la primavera, para agradecer a la Diosa. Cada frase tenía una
riqueza de significado y una sutileza que aprecié. Los miembros levantaron sus manos
entrelazadas por encima de sus cabezas y comenzaron a moverse en deasil alrededor de la
habitación. La manera en que coreaban me dijo que la mayoría de ellos habían estado juntos
desde hacía mucho tiempo, y eran íntimamente familiares con las formas de la ceremonia y
entre sí.

Mi nariz se arrugó. Este era un edificio viejo, y el sol de la primavera había liberado un
olor acre del alquitrán viejo que sellaba las grietas de la habitación. Mis rodillas dolían, y me
cambié de posición. Todo formaba parte del trabajo. Estaba sediento y me di cuenta con
molestia que había dejado mi botella de agua en el auto. Maldición.

Observé particularmente a Patrice, era atractiva para ser una mujer mayor, lo vi ahora,
algo que no habría notado cuando papá y yo habíamos adivinado acerca de ella antes. Tenía
cabello castaño medio con mechas en tonos más claros, y tenía ojos azules. Parecía vibrante e
inteligente, pero también fatigada y tensa.

118 | P á g i n a
El Círculo se mantuvo completamente normal, por lo que podía ver, durante la
siguiente media hora. Cuando su cántico se redujo, muchos miembros del aquelarre
compartieron cosas respecto de sus vidas, o pidieron ayuda sobre una determinada cuestión,
o hicieron preguntas que esperaban que los otros pudieran responder. No pude distinguir
alguna reticencia o desconfianza. Era extraño. Patrice se sentía realmente como la mujer
cálida, amable y generosa que Celia y Robin habían descripto. Pero no podían negar sus
preocupaciones.

Una vez más, las diez brujas unieron sus manos y empezaron a moverse en deasil,
comenzando el cántico final de poder, el que los dejaría sintiéndose energizados y en paz por
los siguientes días. Patrice lo empezó, y una a una las brujas se unieron, sus sopranos, altos,
tenores, y bajos entretejiéndose juntos como una tapiz de sonido. A mis ojos, Celia y Robin y
quizás dos o tres de los otros parecieron un poco vacilantes, pero nadie se negó a participar.
Todo el mundo se unió, y como un coro bien ensayado, sus voces encajaron perfectamente en
una hermosa expresión de alegría por la magia.

Esto era confuso. No veía lo que preocupaba a Celia y Robin, sin embargo había
confiado en sus instintos y sensaciones. ¿Esta era la noche en que Patrice no haría lo que sea
que las ponía nerviosas?

Pero entonces sentí algo. Fruncí el ceño y cambié de ángulo mi pequeño telescopio para
poder ver el Círculo entero una vez más. Una nueva nota había entrado en la canción, una
delgada línea de significados subyacentes, rodeando y revoloteando dentro y fuera de las
otras voces. Rápidamente determiné que era la atractiva y llena voz de Patrice, y
rápidamente mis ojos se agrandaron cuando reconocí su canción como una de las formas
b{sicas de un hechizo “hipnótico”. Sus oscuros ojos azules parecieron un poco m{s enfocados
en los miembros del aquelarre a medida que cantaba. En los siguientes minutos las otras
brujas lentamente empezaron a verse con los ojos vidriosos. Todas ellas, incluyendo a Celia y
Robin, estaban sonriendo, moviéndose cómodamente, siguiendo el ritmo del círculo,
continuando su canción en una especie de carrete circular que ayudaba a invocar una mayor
cantidad de energía.

Patrice ni siquiera fingía ahora ser parte del cántico de poder. Sostenía las manos de dos
de los miembros y seguía moviéndose en círculo, pero no estaba cantando, y sus ojos estaban
claros y decididos. Su boca tenía líneas de tensión alrededor y su cara parecía más
determinada que antes. En el siguiente instante vi sus labios moverse en un verdadero

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hechizo, y lancé mis sentidos con tanta fuerza como pude para descubrir lo que estaba
diciendo.

Oh, Diosa. Abrí la boca y contuve la respiración, apuntando el telescopio a Patrice,


haciendo un acercamiento para poder verla de cerca. No estaba equivocado. Patrice estaba
lanzando un hechizo sobre el aquelarre, un hechizo que reuniría la energía que ellos estaban
elevando ahora y la enfocaría en ella para poder absorberla toda. No solo eso, sino que algo
del fraseo que estaba utilizando indicaba que esto no solo reuniría la energía de aquí y ahora,
sino también cualquier energía podría ser sacada sin demasiada fuerza de cada persona de
allí.

Era magia oscura. Si Patrice hubiera estado enferma y le hubiera pedido a sus
compañeros de aquelarre dirigir esa energía hacia ella para ayudarla a sanar, habría estado
bien. Las personas lo hacían todo el tiempo. Esto era sacar deliberadamente algo no ofrecido
de un ser viviente, haciéndolo sin permiso. Hipnotizar a un aquelarre entero y extraer sus
energías era completamente malo, y cualquier bruja iniciada lo sabía.

Luego de varios minutos, una vez más Patrice unió su voz en el cántico de poder, y la
escuché entretejer un hechizo de olvido, de confianza, de seguridad en la última ronda.
Luego sus voces se elevaron a un crescendo. Alcé la mirada rápidamente para ver que el sol
se estaba poniendo en ese instante, que se había puesto muy oscuro mientras estaba en el
techo, y mis rodillas estaban completamente entumecidas de estar arrodillado por dos horas.

Mi vista volvió al telescopio, observé cuando la última nota fue gritada.


Instantáneamente cada bruja se desplomó hasta el suelo, acuclillándose sobre manos y pies,
como lanzándose al suelo ellos mismos. Era inusual. No había visto a un aquelarre hacerlo
antes. Miré a Patrice y vi que se encorvaba, sus hombros estremeciéndose, su cabeza
meciéndose. Supuse que ella había absorbido tanto exceso de energía que se sentía enferma y
necesitaba tiempo para asimilarlo. Por lo menos cuatro de las brujas en el suelo parecieron
estarse apoyando unas contra otras, como si pensaran que se caerían sin apoyo. Robin
también estaba agachada a cuatro patas, sus hombros levantándose como si se sintiera
enferma

Negué con la cabeza. Que te quitaran tu energía contra tu voluntad era algo feo. No era
de extrañar que Celia y Robin se hubieran visto obligadas a superar su lealtad y confianza en
Patrice para buscar ayuda. Patrice las había conducido a tomar medidas extremas.

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Lentamente las personas empezaron a alzar la vista, ya sea sentándose con las piernas
cruzadas o intentando ponerse de pie temblorosamente.

Dos mujeres caminaron tambaleándose hacia la cocina y reaparecieron unos pocos


minutos más tarde con frutas, té y pastel. Lo pusieron en el suelo, y las brujas literalmente
corrieron o se arrastraron sobre ellas, ayudándose con los alimentos. Esto era horrible. Casi
todos los aquelarres tienen aperitivos luego de un círculo, hay algo con respecto a la magia
que parece agotar el azúcar en la sangre de una persona, pero ver a estas brujas iniciadas en
el suelo, demasiado débiles para ponerse de pie, le dio vueltas a mi estómago. Sin embargo,
los alimentos los ayudaron. Después de comer y descansar, empezaron a ponerse de pie,
sonriendo tímidamente, como si estuvieran avergonzadas de quedar tan debilitadas por un
Círculo. Patrice fue la última de ellos en ponerse de pie, y vi a Celia y Robin observándola.

Cuando se puso de pie y vi su rostro, vi que ella también había sido transformada por el
Círculo, pero de distinta manera que su aquelarre. Se veía formidable, como si acabara de
despertarse de un sueño de dieciséis horas. Parecía estar brillando de buena salud y energía,
mientras los otros parecían un poco tambaleantes y lentos.

Había visto suficiente. Me eché hacia atrás y plegué el telescopio. Estaba poniéndolo en
su estuche cuando mi nuca cosquilleó.

—¿Qué estás haciendo allá arriba? —exigió la voz de un hombre.

Me di la vuelta y le di un asentimiento de cabeza despreocupado. Obviamente él era el


conserje.

—Chico del cable —dije en un acento americano, acariciando mi pequeño estuche. Miré
alrededor, y bendita sea la Diosa, había realmente un cable negro pasando junto a mis pies.
Saqué un par de pelacables y recogí el cable de una manera profesional—. Llamada de
emergencia. Es mucho pedir que dejen cenar a un chico, ¿verdad?

Vete. Todo está bien. Alguien del segundo piso ha llamado por un fregadero que gotea.

—Oh —dijo el hombre—. Bien. Cierra la puerta de acceso al salir.

—Lo haré —dije, sin alzar la mirada. En cuanto cerró la puerta de acceso detrás de él,
guardé todo en mi mochila y me contoneé bajé cuidadosamente por las escaleras hacia la

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salida de incendios. En cuestión de segundos estaba caminando rápidamente a mi auto. El
vecindario se encontraba silencioso y el crepúsculo ya se estaba aproximando.

La verdad era que no sabía qué hacer. Si aún fuera un Buscador, recomendaría que
Patrice fuera despojada de sus poderes. Pero no era un Buscador, y le había prometido a
Celia y Robin intentar pensar en otra manera menos drástica para detener a Patrice.

Lo que Patrice estaba haciendo era indignamente equivocado, sin duda alguna. Pero
Celia y Robin parecían tan seguras de que Patrice era, de hecho, una buena persona en el
corazón, solo alguien que había sido empujada a hacer cosas extraordinarias debido a
situaciones difíciles.

Tendría que buscar otra opción.

Esperé en mi auto hasta que vi el auto de Patrice pasar junto el mío. Tan pronto como lo
hizo, fruncí el ceño: Robin estaba con ella. Tal vez Patrice le estaba dando un aventón a casa.
Pero había algo acerca de la inclinación de la cabeza de Robin que no podía descifrar, pero
algo se sentía mal para mí. Después de un minuto salí y la seguí, manteniendo una buena
distancia entre nosotros.

Seguí a Patrice a un parque estatal cerca de allí llamado Highgate Woods. Me mantuve
atrás lo suficientemente lejos para asegurarme de que Patrice no notara mi presencia, luego la
seguí al estacionamiento. Había tal vez otros veinte autos aquí, personas trotando, perros
caminando, pero en ningún lugar vi la SUV de Patrice. Me estacioné y salí, pasando cada
auto, mentalmente haciendo trucos reveladores para que si Patrice había puesto algún tipo
de camuflaje mágico en su auto, lo notara. Pero a pesar de que rondé el lugar dos veces, no vi
señales de Patrice o Robin o el auto.

Esto no podía ser, la había seguido hasta el parque justo pasando el centro de
bienvenida. Maldición. ¿Había algún cruce que no había notado?

Corrí de vuelta a mi auto y encendí el motor. Qué vergüenza, Niall, pensé mientras
giraba mi auto y me dirigía a la entrada del parque de nuevo. Fui lento esta vez, y allí había,
de hecho, otro cruce. Y más allá había otras dos bifurcaciones. Maldije en voz baja. Estaba
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gastando tiempo que no tenía. A pesar de que arrojé mis sentidos, no pude detectar el rastro
de Patrice así que tuve que revisar los otros dos virajes. Por supuesto, ella no estaba en el
primer estacionamiento que revisé, eso habría sido demasiado fácil. Retrocedí e intenté el
lado derecho. Esta vez, entre otros autos estacionados, vi la SUV.

Salté de mi auto y luego rebusqué a través de mi mochila y tomé un número de cosas


que podría necesitar. Caminé rápidamente a la entrada del parque y lancé mis sentidos hacia
Patrice, terminando con nada. Ninguna sorpresa. Busqué a Robin, contando con el hecho de
que Patrice probablemente no habría pensado en cubrir sus rastros. Esta vez obtuve algo y
me dirigí al parque, bajando por uno de los caminos mantenidos.

A pesar de que estaba oscureciendo rápidamente, pronto sentí que Robin había dejado
el camino y salido a través del campo. Si no hubiera tenido que retroceder mucho, habría
sido capaz de verlas en frente de mí. Confiaba en mis sentidos y me di cuenta que mientras
más profundo entraba en el bosque, más podía recoger un rastro de magia. Por supuesto,
esperaba hechizos de confusión, hechizos para confundir direcciones y otros, pero sólo el
patrón de esos hechizos, dónde estaban puestos, qué área cubrían, era suficiente para que yo
pudiera triangular una locación. Una bruja con más experiencia o con menos apuro habría
hecho un trabajo mucho mejor en cubrir sus rastros.

Además de los pedazos de magia persistente que sentí alrededor de mí, también vi
señales de que alguien, dos personas en realidad, habían pasado por aquí recientemente. Y
no habían sido cuidadosos en evitar dejar sus marcas por toda la naturaleza. Una ramita
partida aquí, un rasmillón de liquen allá. Era un espectáculo bastante torpe. Rápidamente
consideré la posibilidad de que fueran señales falsas, creadas para sacarme del camino, pero
no sentí que lo fueran. Toda la cosa se sentía casi de principiantes.

Aquí, en la parte protegida del bosque, estaba casi completamente oscuro y con
vegetación más tupida. Una vez más sentí algunos hechizos para desviarme. Eran como
papel de pañuelo, estaba caminando justo a través de ellos. Una cosa buena era que Patrice
no había puesto los que mi papá había usado en Canadá, en los que tu mente se convierte en
gritos incontrolables de que morirás una horrible y dolorosa muerte si das un paso más. A
pesar de que yo había logrado atravesar esos también.

Luego de otro minuto me detuve y me concentré en el patrón de energía de Robin.


Nunca había tocado a Patrice así que no reconocería el de ella, pero sí obtuve el de Robin, con

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un poco más de fuerza esta vez. Me giré unos diez grados al norte y salí de nuevo, pisando
árboles caídos, empujando sotobosque grueso que dejaban caer frondosas ramitas en mi
rostro.

Pronto recogí algunos sentimientos perturbadores, de estar triste, de miedo, de sentirse


perdido. Más hechizos. Era de hecho algo asombroso que Patrice hubiera tenido suficiente
tiempo para hacer todo esto, considerando que ella no parecía tener experiencia en términos
de magia negra, además del hecho de que estaba solo unos minutos detrás de ella. Todo esto
había tomando tiempo. A menos que lo hubiera tenido listo antes, y no lo creía. Me dije que
no era real, que mi mente sabía la verdad, y solo avancé. Era la única manera de atravesar.

A pesar de que el aire de la tarde era fresco, un frío bajó por la parte trasera de mi
camiseta. El aire se sentía rancio y húmedo, dificultando la respiración. Los hechizos de
Patrice eran una irritación constante, impacientándome. Ahogué todas esas emociones. Las
emociones sólo oscurecían las cosas en la magia. Me detuve silenciosamente cuando me di
cuenta de que estaba cerca. Lentamente avancé, un pie a la vez, tan silenciosamente como
podía. Me agaché en un pequeño camino de hojas húmedas que no se quebrarían
sonoramente bajo mi peso. Al bajar la rama de un arbusto, pude ver casi cinco metros más
allá, en un pequeño claro.

Robin estaba apoyada contra un joven árbol, viéndose apagada. Su cabeza caía
incómodamente a un lado, mechas de cabello castaño indomable cayendo sobre su rostro.
Sus ojos eran leves rendijas y no tenían conciencia brillando en ellos. Maldición.

Patrice estaba a unos pocos pies en frente de Robin, usando su bata amarilla. Yo había
refrescado mis hechizos de invisibilidad anteriores, y era claro que no tenía idea de que yo
estaba allí. Inclinándose, comenzó a trazar sigils y runas en el aire sobre la cabeza de Robin.
En su mano izquierda sostenía un libro que se veía tan viejo que sus páginas eran cafés y
destrozadas. Me di cuenta de que Patrice estaba llorando mientras continuaba el hechizo.

Escuché con atención y oí a Patrice diciendo: —Lo siento, lo siento tanto, Robin. No
quiero hacer esto, pero tengo que hacerlo. No conozco otra manera. Por favor, perdóname.
Diosa, perdóname. —Sollozos distorsionaban sus palabras. Era la visión más extraña que
había visto alguna vez, y eso era decir mucho. Nunca había visto a alguien trabajando con
magia oscura, causando daño a otro, pero sintiendo tanta culpa al mismo tiempo.

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Por la forma del hechizo, sabía que Patrice todavía estaba trazando las limitaciones. Por
la forma de las limitaciones, era claro que este hechizo estaba diseñado para cortar la energía
vital de Robin de una manera muy fuerte, una fuerza tan grande que dudaba que Robin
fuera a sobrevivir. Tal vez una bruja increíblemente fuerte podría, pero no Robin.

Tomé quince segundos en establecer un plan y elegí mi siempre favorito: el factor


sorpresa. Sin advertencia, salí del arbusto, corriendo hacia Patrice, con el restrictor en mi
mano. Ella se giró sorprendida, pero instantáneamente me lanzó una bola de fuego azul. Me
volví y solo rozó mi brazo, causando una sensación punzante y hormigueante como un
choque eléctrico. Pero yo era más alto, más rápido, y más implacable. Mientras le ganaba, ella
me lanzó otro hechizo, pero simplemente no era lo suficientemente fuerte para detenerme.
En segundos la había arrojado al piso, inmovilizándola en el suelo con mi rodilla en su
pecho, y até sus muñecas con mi restrictor. Hubo un tiempo en el que lograr esto contra una
bruja oscura había sido una batalla de vida o muerte. Atrapar a Patrice había sido fácil en
comparación.

El rostro de Patrice estaba tenso con miedo y sorpresa, sus oscuros ojos azules me
miraban salvajes, las iris rodeadas de blanco. Con interés noté que el restrictor no estaba
realmente quemando sus muñecas, lo cual era una buena señal. Mientras más corrupta es tu
alma, más duele el restrictor.

—¿Buscador? —susurró ella, intentando atrapar el aliento.

—No exactamente —respondí, empujándola a una posición de pie conmigo. Ella


colapsó instantáneamente, cayendo contra mí, y la subí bruscamente, receloso de sus trucos.
Pero ella estaba doblada con sollozos, sosteniendo sus manos unidas en frente de su rostro.

—¡Oh, Diosa, lo siento tanto! Llévate a Robin. ¿Está bien? ¡Asegúrate de que Robin está
bien!

Enormes y profundos sollozos sacudieron su cuerpo, y tuve que ayudarla a regresar al


claro. Cuando llegamos allí, Patrice tropezó hacia Robin. Se hundió sobre sus rodillas y
sostuvo sus manos atadas hacia mí.

—Solo deshaz esto por un minuto mientras quito el hechizo atador de Robin. ¡Por favor!

Entrecerré mis ojos hacia ella, pensando. Luego me arrodillé y dije el hechizo que abría
el cierre en el restrictor. La cadena plateada cayó en mi mano, y Patrice instantáneamente
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tomó una de las manos de Robin y jadeó un hechizo que reconocí. Robin pestañeó y gimió,
comenzando a moverse.

Patrice se estiró para ayudarla, luego se dio cuenta de cuán incongruente y poco
bienvenido eso sería. Se alejó y, como un niño, se acercó a mí y sostuvo sus manos hacia
afuera. Puse el restrictor de nuevo en ella, y se hundió sobre su lado, rindiéndose a las
atormentadoras olas que llenaban el aire con remordimiento.

Me arrodillé junto a Robin y vi que estaba regresando. Le hablé suavemente, explicando


lo que estaba pasando y revisando sus pupilas, su pulso, su respiración. Ella parecía más o
menos normal, a pesar de que estaba triste e intentando no llorar. Miró más allá de mí hacia
Patrice, y su rostro se contrajo con dolor. Luego, increíblemente, se levantó y fue hacia Patrice
y palmeó su hombro. Patrice estaba avergonzada y puso sus puños en frente de su rostro,
escondiendo su rostro en el suelo.

Pasó un rato antes de que la pena de Patrice bajara lo suficiente como para que fuera
relativamente coherente. Me senté cerca de tres metros de ella, reclinándome contra un árbol,
sin interferir. Si yo fuera un Buscador, estaría haciendo todo tipo de cosas. Pero ahora tenía la
libertad de dejar las cosas parar, al menos por un rato. Eventualmente Patrice pestañeó y
miró alrededor a Robin.

—¡Oh, Robin! —dijo ella, lágrimas frescas fluyendo—. ¡Oh, lo siento tanto! ¿Estás bien?
¿Estás bien?

—Estoy bien —dijo Robin.

—No hay excusa para lo que he hecho —dijo Patrice. Ella se recostó en su lado, se curvó
en una bola, mirando hacia al frente—. Merezco que me quiten los poderes. —Apretó sus
ojos con fuerza contra ese nuevo dolor.

—¿De qué se trata todo esto? —preguntó Robin con más firmeza de lo que había
escuchado antes de ella.

—Es Joshua —dijo Patrice, intentando no llorar—. Él no está mejorando. Siento que
estamos perdiendo la batalla. He intentado todo lo que puedo pensar, pero simplemente no
soy lo suficientemente fuerte. No supe qué hacer. Luego una noche después de un Círculo
me sentí con tanta energía, tan poderosa. Fui a casa y le transferí un poco de mi poder. Todo
empezó allí. —Sacudió su cabeza con disgusto por sus acciones—. Te he traicionado, al
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aquelarre, a todo en lo que he creído y trabajado. Traicioné a Joshua, ¿cómo pude hacerle esto
a él? Lo convertí en la razón de mis crímenes. ¡Oh, Diosa! —Una vez más comenzó a llorar,
hasta que parecía no haber nada dentro de ella.

—¿Estuvo Joshua mejor luego de que le transferiste poderes? —preguntó Robin.

—Sí, por un rato. Pero no duró mucho. Está perdiendo peso de nuevo, está cubierto con
un sarpullido horrible que lo hace miserable, está todo hinchado por los esteroides, no sé qué
hacer. Siempre he sido capaz de solucionar los problemas, pero no puedo solucionar esto. —
Patrice lloriqueó y frotó una muñeca contra su nariz, luego levantó la mirada hacia mí—.
¿Cómo supiste?

—Tus amigos estaban preocupados por ti —dije—. Te seguí esta noche, después del
Círculo.

Patrice asintió, avergonzada.

—Las cosas estaban pasando, poniéndose cada vez peores. Me odiaba, pero no podía
detenerme. La única cosa que importaba era que de alguna manera estaba mejorando a
Joshua. Pero gracias a la Diosa me detuviste antes de que fuera más lejos.

Robin parecía atenuada, pero para nada o agotada.

—Me has salvado de mí misma, te has salvado a ti y al resto del aquelarre de mí, has
salvado a Joshua de tener un completo monstruo de madre. —Patrice parecía exhausta y
resignada y llena de remordimiento. Pero aliviada. Había terminado—. No sé qué pasará
conmigo ahora.

Lentamente se levantó, con ella y Robin sujetándose mutuamente. Robin parecía un


poco más tambaleante, y le ofrecí mi brazo.

—Deberías irte a casa —le dijo Robin a Patrice. Sin Celia aquí, Robin parecía estar
tomando un rol más activo. Parecía menos voluble de alguna manera, más fuerte, más
autoritaria—. ¿Puedes quitarle el restrictor, por favor?

Vacilé.

—¿Es eso una buena idea?

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Las dos mujeres me miraron con sorpresa.

—¿A qué te refieres? —preguntó Robin.

Me encogí de hombros incómoda.

—Patrice parece estar arrepentida de lo que ha hecho. Creo que verdaderamente lo


siente. Pero lo que iba a hacer o estaba a punto de hacer no era un robo de tienda. ¿Qué
habría pasado si no te hubiera seguido? ¿Estaría buscando tu cuerpo?

—¡Ese hechizo no habría asesinado a Robin! —dijo Patrice, horrorizada.

—Sí, probablemente lo habría hecho —dije con seguridad—. Probablemente habría


asesinado a cualquier bruja que no fuera lo suficientemente fuerte. Y la energía de Robin ya
había sido drenada por ti.

Patrice miró a Robin boquiabierta, como dándose cuenta de nuevo de su enorme error.
La idea de que este hechizo podría haber tomado la vida de Robin la sorprendió, y se
tambaleó en sus pies, luciendo mareada.

—¿Qué estás proponiendo? —preguntó Robin, manteniendo un brazo alrededor de


Patrice para sujetarla.

—No lo sé exactamente —dije—. Si fuera un Buscador, la entregaría al Concejo, y ella


muy posiblemente perdería sus poderes. Me siento reacio a hacer eso. Pero también estoy
reacio a dejar que Patrice se salga con la suya.

—Todos necesitamos tiempo para pensar —dijo Robin—. Solo vayamos a casa y
pensemos, y luego podemos decidir qué es lo mejor.

—¿Qué si Patrice huye? —No quería ser hostil, pero estas dos no estaban enfrentando la
dura realidad de la situación.

Ella me miró sorprendida. —No puedo irme. Joshua no es lo suficientemente fuerte


como para ser trasladado, y nunca lo podría dejar.

Mis instintos me decían que estaba diciendo la verdad. Le quité el restrictor, y a pesar
de que se frotó las muñecas, su piel no estaba chamuscada o roja.

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—¿Te sientes bien para manejar?

Ella asintió, pálida y con los ojos ensanchados.

—De acuerdo, entonces. Llevaré a Robin a casa. Todas quédense tranquilas y llévenlo
con calma hasta que acordemos reunirnos de nuevo.

Entonces los tres caminamos a través de los bosques en la noche oscura hasta que
encontramos el sendero de nuevo. Todos estábamos callados y pensando mientras llegamos
al estacionamiento. Patrice se subió a su auto, y Robin y yo nos subimos al mío.

Y así terminó el reinado de poder de Patrice.

129 | P á g i n a
Capítulo 13
Morgan
Traducción SOS por Aяia, flochi y ♥ Ellie ♥
Corregido por Yonoestoyloca

Cuando llegué a casa de Magia Práctica el jueves por la tarde, encontré a la tía Eileen y a
Paula en la sala de estar.

—¡Hola! —dije, dándoles abrazos—. Siento como si no las hubiera visto en siglos.

—¿Morgan, eres tú? —llamó mamá, empujando a través de la puerta al comedor—.


¿Podrías poner la mesa?

Queriendo estar más con mi tía favorita y su novia, miré esperanzada a Mary K. al otro
lado de la habitación.

—De ninguna manera, hermana—dijo ella firmemente—. Ya he hecho la ensalada y


quitado todas las cosas fibrosas del maíz. Llevo aquí desde las cuatro.

Está bien, tenía razón. Me levanté y fui a la cocina para coger los cubiertos. El trabajo de
una bruja nunca termina.

—Así que pensé que la sala familiar estaba completamente acabada —dijo Paula
cuando nos sentamos—. Hemos trabajado en ella después del trabajo todos los días durante
una semana. Se veía tan bien. Doblé el último pedazo de tela…

—¿Tienes que contar la historia? —dijo la tía Eileen quejumbrosamente, pero sabía que
sólo estaban bromeando.

—Lavado las brochas, colgué los cuadros —continuó Paula, poniendo su silla al lado de
la mía—. Nos apartamos, miramos, toda la habitación es de un suave y mantecoso amarillo…

—Estaba perfectamente bien, tal y como estaba —se metió Eileen.


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—Pero cuando fui a conectar el cable otra vez, ¡vi que toda la pared detrás del armario
de entretenimiento no había sido tocada!

—Mucha gente no se molestaría en pintar detrás de un gran y pesado mueble —se


defendió Eileen.

—TODA la pared —dijo Paula, cogiendo una mazorca de maíz y pasándome el resto.

—No podía mover esa cosa yo sola —dijo Eileen, pero todos estábamos riendo para ese
punto, y ella parecía avergonzada. Paula le guiñó un ojo a través de la mesa, y ambas
sonrieron como una pareja de recién casados.

—¿Por qué no me sorprende esta historia? —preguntó mamá, dándole una mirada a su
hermana menor. Todos reímos más, era divertido ver a adultas que todavía actuaban como
hermanas de verdad. Mary K., a mi otro lado, me señaló con el tenedor, como si esto fuera el
tipo de cosa que yo haría. Le di una sonrisa grande y falsa.

—Me estaba preguntando si has tenido noticias de la agencia —dijo mamá—. Recuerdo
que contactaste con ellos la semana pasada.

La tía Eileen y Paula habían estado pensando adoptar un niño.

Eileen asintió. —Nos han enviado un enorme paquete de información.

—Era aterrador —dijo Paula. Clavó un trozo de pollo en su plato y se lo comió.

—Todavía no lo sabemos, es a lo que se reduce —dijo mi tía—. La idea de adoptar un


niño necesitado es realmente irresistible, una amiga mía del trabajo acaba de adoptar una
niña de China. Y uno de nuestros vecinos ha traído un bebé de Rumanía.

—Pero cada una de nosotras siempre ha asumido que tendríamos un hijo propio algún
día —dijo Paula—. Hay tantas cosas en las que pensar, cuestiones que tener en cuenta. Todo
en lo que pensamos parece tener mucho peso.

—Tenemos que seguir reuniendo información —añadió Eileen—. Creo que cuanto más
sepamos, más clara se hará nuestra decisión.

—Tengan uno de cada uno —dijo Mary K., hablando con la boca llena de pollo. Todos
nos volvimos a mirarla. Ella tragó y asintió, su pelo rojizo brillante balanceándose
131 | P á g i n a
suavemente sobre sus hombros—. Una de ustedes tiene un bebé, y luego también adoptan un
bebé. Mucha gente tiene dos hijos. ¿No es la media en América 2.1 niños o algo así?

Paula y Eileen miraron a mi hermana como si fuera un perro que hablaba.

—Nunca hemos pensado en eso —dijo Eileen, y Mary K. se encogió de hombros.

—Dos niños. Nunca se me había ocurrido —dijo Paula con desconcierto—. He estado
tan envuelta en tratar de encontrar la manera de tener uno.

—Ella tiene razón —dijo mamá—. Si empezaran a tener su propio bebé ahora y
entregaran los papeles de la adopción, luego en dos o tres años, cuando la adopción se logre,
tendrán la adecuada diferencia de edad.

Justo como Mary K. y yo.

—Me han ofrecido una beca para estudiar en Escocia este verano. —Tan pronto como
las palabras salieron de mi boca, mi cerebro estaba gritando por apagarse. ¿Qué me había
poseído para dejar escapar esto ahora? Cinco cabezas giraron para mirarme, cinco pares de
ojos se abrieron con sorpresa. Morgan, cállate, me dije, eones demasiado tarde.

—¿Qué? —preguntó mamá—. No habías mencionado esto. ¿Qué beca?

—Me he enterado hoy —dije, amenazándome a mí misma con todo tipo de venganzas
por ser tan estúpida—. Ni siquiera sabía que existía —añadí con sinceridad.

—¿Qué es esta beca? —preguntó mi padre—. ¿Por qué es en Escocia? ¿Cómo te has
enterado de ella? ¿Es por las matemáticas?

—Um, Eoife McNabb me ha llamado hoy —murmuré. Empecé a empujar los guisantes
alrededor de mi plato con el tenedor—. No sé si la has conocido. Pero ella es… una profesora.
Y me ha conseguido una beca completa para ir a una universidad muy exclusiva e imposible
de entrar. Soy la única Americana que alguna vez han aceptado.

—¡Felicidades Morgan! —dijo la tía Eileen—. ¡Eso es maravilloso! ¡Es realmente


impresionante!

—Dios mío, Morgan —dijo mi madre—. No creo que nunca te haya oído mencionar a
McNabb. ¿Es una de las profesoras en la escuela?
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—No exactamente —dije, mirando a mi plato—. Um, el curso es para ocho semanas.
Tengo que pagar mi billete de avión, pero todo lo demás está pago. Es un gran honor.

—¿Esto es a través del departamento de matemáticas? —preguntó papá otra vez.

—No exactamente —repetí en voz baja. Hubo varios momentos de silencio.

—¿Para qué es esta beca, Morgan? —preguntó mi madre con una voz tranquila de no-
me-des-cualquier-mierda. ¿Brujería? ¿Magia?

—Um, ¿curación? ¿Hierbas medicinales? —dije.

—¿Tienes una beca para ir a Escocia para estudiar hierbas medicinales? —preguntó
Mary K. con incredulidad. Miré a mi plato.

—Es un lugar de aprendizaje famoso —dije hacia el silencio ensordecedor de la mesa—.


Sólo los m{s sabios y poderosos… maestros est{n ahí. Yo soy la persona m{s joven que jam{s
han considerado, y la única Americana. Es considerado un gran honor, una oportunidad
única. Miles de personas estarían encantadas de que les ofrecieran esta oportunidad.

Vi a Eileen y a Paula mirarse la una a la otra. Wow, apuesto a que realmente desearían
haberse quedado en casa esta noche. Mary K. miraba fijamente su plato. Veía que no estaba
entusiasmada por la idea. No me atreví a mirar a mamá y papá.

—Sería una gran educación tan solo ir a Europa —dije, comenzando a utilizar mis
tácticas de desesperación, las cuales no había considerado a fondo porque había estado
segura de que esperaría el momento oportuno para traer este asunto a colación—. Estaría en
Escocia del norte, rodeada de toneladas de historia. Monumentos históricos. Y además
Inglaterra e Irlanda estarán a sólo un viaje en tren de distancia. El visitar esos lugares vale
más que un semestre de historia mundial. Piensen en las ciudades: Edimburgo, Londres,
Dublín. Los castillos, los jardines, los paisajes. —De acuerdo, realmente empezaba a divagar
ahora—. Y estaría trabajando, trabajando y trabajando, no metiéndome en líos ni en fiestas,
ni…

Cuando finalmente miré hacia arriba, vi que mi mamá y mi papá intercambiaban


miradas. Sentí una punzada familiar de culpa. Yo era el sapo de otro pozo aquí, el pájaro
extraño que de alguna manera fue a parar a su nido. Cuando ellos me adoptaron, hace

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diecisiete años, nada podría haberlos preparado para lo que pasó el año anterior, en el que
me revelé como algo en lo que ellos desconfiaban y a lo que temían: una bruja de sangre.

No había forma de que me dejaran ir, que me permitieran continuar estudiando la


Wicca, acercándome un paso más a ser una bruja culta y consumada. Ellos probablemente
seguían esperando inútilmente que algo me sucediera y que volviera de algún modo a ser
una Rowland; que estudiara matemáticas en la universidad de MIT, que consiguiera un buen
trabajo en ingeniería o que me convierta en profesora. Que me case y les dé nietos no-brujas.
Que recuerde mi loco interés en la Wicca durante mi adolescencia como ellos recordaban
ahora su niñez.

Eso no iba a suceder.

—Tenemos que discutirlo —dijo mi mamá, sus labios algo apretados.

Yo casi me caí de la silla. ¿¿Qué?? ¡No era un “no” rotundo!

—Sí —dijo papá—. Hay mucho en qué pensar. Necesitamos mucha más información
antes que podamos siguiera considerar tomar una decisión. ¿Hay algún folleto o alguna
información acerca de este lugar?

Me sentía aturdida, como si acabara de ser golpeada en la cabeza con una pelota de
golf. —Eee, no lo sé —balbuceé—. Puedo preguntarle a Eoife. Ella podrá darles más
información.

Los ojos marrones de Mary K. estaban muy abiertos.

—Haré cualquier cosa que me pidan —agregué, tratando de no sonar patética y


desesperada.

—Bueno, tus calificaciones han sido aceptables últimamente —dijo mamá, luciendo
muy poco feliz. Apuñaló con su tenedor a su ensalada, y pensé que probablemente se
escuchó el crujido a tres calles de nuestra casa.

—Últimamente no ha habido… incidentes —dijo mi padre, su boca convirtiéndose en


una línea apretada.

Miré hacia abajo. Había tanto que ellos no sabían. Pero no había sido mi culpa. En su
mayoría.
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Cuando volví a mirar hacia arriba, la tía Eileen y Paula me miraban solemnemente. Se
me ocurrió entonces que no tenía la menor idea qué pensaban ellas de mi participación en la
Wicca. Estaba segura que mamá le había contado algo a Eileen. Ellas eran realmente cercanas,
a pesar de la diferencia de edad y los distintos caminos que tomaron sus vidas.

—Nos damos cuenta que sientes que... la Wicca es de algún modo importante para ti —
dijo mamá—. Y aunque no nos sentimos muy felices al respecto, también sabemos que no
todos pueden vivir la misma vida.

—Si me dejan hacer esto, jamás volveré a pedirles nada —juré.

Mamá me miró por primera vez, una pequeña sonrisa asomando en su boca. —Dijiste
eso cuando querías unos patines. Y ahora mírate, aún estás pidiendo cosas.

Eso rompió un poco la tensión. Mamá y papá se miraron el uno al otro otra vez.

—De todos modos, lo hablaremos —dijo mi papá, sirviéndose una copa de vino—. No
prometemos nada. Sólo acordamos pensar en ello.

—Muchas gracias —suspiré—. Significa tanto para mí.

—Perdón —dijo Mary K.—, ¿pero quién me llevará a la playa este verano?

Sus cejas se levantaron mientras me miraba fijamente.

—Pues… ¿el padre de Alisa? —sugerí—. ¿El grupo de jóvenes de la iglesia?

—Como sea —dijo Mary K. con un gran suspiro, pero sentí que era su manera de
dejarme saber que esto no la mataría.

Miré nuevamente mi plato, sintiéndome de pronto famélica. Esto era increíble. Si no


supiera que es imposible, juraría que puse un hechizo sobre toda mi familia.

—Ah, mi Dios —dijo mamá, mirándonos con sorpresa—. No bendijimos la mesa esta
noche.

—No, tienes razón —concordó papá.

135 | P á g i n a
—Hagámoslo ahora —sugerí. Sentí una gratitud abrumadora acerca de mi vida en este
momento, y quería agradecerlo. Sentí que cualquier plegaria dada a cualquier dios se dirigía
al mismo lugar de todos modos, sin importar a qué religión pertenecieras.

Todos sostuvimos nuestras manos e inclinamos nuestras cabezas. Se asemejaba un poco


a nuestro Círculo semanal, y me sentí muy bien y relajada. Mi mente seguía girando con la
posibilidad de que mis padres consideraran realmente el dejarme ir a Escocia.

Mi padre empezó: —Oh, padre celestial, nosotros tus niños nos inclinamos ante Ti para
darte las gracias humildemente por el regalo de nuestro alimento esta noche. Tu misericordia
nunca termina, tu constancia es eterna…

A medida que papá decía las palabras, un sentimiento de paz y felicidad vino sobre mí.
Estaba rodeada por mi familia, Escocia no era algo imposible, y me sentía segura y tan lejos
de Cal Blaire como era posible.

Mi padre terminó, y todos dijimos “Amén”. Y mi corazón se llenó de gratitud.

Justo después de la cena llamé a Bree, y ella acordó decir que yo pasaría la noche en su
casa. Quería deshacerme de mis pesadillas, y como mis padres sabían que Bree y yo no nos
meteríamos en problemas, aceptaron.

Cerca de las ocho me despedí de Tía Eileen, Paula y el resto de mi familia, empaqué un
bolso pequeño y conduje hasta Red Kill. El apartamento de Alyce en el piso superior de
Magia Práctica era exactamente como ella: tranquilo y confortable.

Alyce abrió la puerta tan pronto como sintió que yo estaba en las escaleras. —Pasa —
dijo—. Hunter no está aquí, y Bethany salió por unos minutos. Pero entra y ponte cómoda.

Me dejé caer en su mullido sofá, y Whistle, uno de sus gatos, saltó a mi regazo,
olfateando el olor de Dagda en mi ropa. Por acuerdo tácito, hablamos de cosas triviales: el
clima, nuestros jardines… yo había cavado el mío recientemente y comenzaba a sembrar
hierbas y flores. En poco tiempo sentimos a Bethany en la entrada, y entonces las tres nos
sentamos y esperamos durante casi media hora a Hunter.

136 | P á g i n a
Mientras tanto, les conté a Alyce y a Bethany acerca de mi oferta para ir a Dubhlan
Cuan. Estaban realmente felices por mí, y parecían impresionadas. Ambas esperaban que
pudiera ir y se ofrecieron a hablar con mis padres si me parecía bien.

Hunter finalmente apareció, luciendo estresado y un poco preocupado. Se acercó a mí y


me dio un beso rápido, entonces notó mi expresión inquisitiva. —Te lo contaré más tarde —
susurró, y pasó suavemente sus dedos por mi mejilla. Entonces los cuatro nos sentamos con
tazas de infusión de hierbas sin cafeína para repasar la estrategia.

—¿Esta cosa será capaz de encontrarme aquí? —pregunté, pensando que si eso no
podía, yo podía simplemente continuar.

Bethany asintió. —Así lo creemos. Es tu conciencia lo que traza, o al menos esa es la


teoría. Esta noche trabajaremos en el supuesto de que a medida que se está haciendo más
insistente, simplemente necesitará de una forma de algo menos amorfa. Pero incluso si eso
está apenas presente, estamos preparadas para manejarlo.

Pensé en cómo había sido Cal cuando lo había conocido: brillante y carismático, un dios
adolescente de la Wicca. ¿Cómo había llegado a esto?

Alyce nos mostró el pedazo de jaspe marrón que había conseguido. Era del tamaño de
una pelota de softball, y aunque estaba atravesado con defectos interiores y obstrucciones,
seguía siendo hermoso e impresionante.

—Vas a dormir en mi cama —dijo Alyce—. Los tres estaremos escondidos. Tu papel
será el de irte a dormir y estar tan poderosa como puedas. ¿Trajiste las herramientas de tu
madre?

Asentí y pateé mi bolso ligeramente.

—Te rodearás con hechizos de protección que limitarán a cualquiera que intente atar
tus poderes. Luego irás a dormir y esperaremos a que Cal venga por ti. Una vez que lo haga,
una vez que haga una conexión contigo, necesitarás, en tu sueño, aferrarte a él. Aferrarlo y no
dejarlo ir. Nuestra teoría es que lo que suceda en el sueño se verá reflejado en nuestra vida
real.

—¿Así que solo esperaré mientras esta cosa se acerca a mí mientras duermo? —Mi voz
sonó apretada por la tensión.
137 | P á g i n a
—Estaremos atentas y llegaremos a ti al instante —me aseguró Bethany.

—Habrás tres de nosotros uniendo nuestros poderes. Una vez que tenga un asidero
sobre la cosa, la atraparemos con el hechizo de amarre que creamos. Entonces lo
encerraremos en el jaspe marrón. Y creo que eso debería ser todo.

—¿Y estás segura de que Morgan no saldrá herida? —preguntó Hunter.

—Estaremos aquí mismo —dijo Alyce—. Ella ciertamente no podría ir a ninguna otra
parte.

—¿Todo esto te parece bien? —me preguntó Hunter—. Si tienes miedo, no tenemos que
hacerlo. Pensaremos en otra cosa. —Se frotó los ojos con la mano, y noté los círculos oscuros
en ellos.

—No, me parece bien —dije—. Es aterrador, pero no tan malo como la idea de tener
más sueños como estos. Tengo que detenerlos.

—Bien —dijo Alyce, poniéndose de pie rápidamente y reuniendo nuestras tazas—.


Suena como que tenemos un plan, entonces.

Fui al baño de Alyce y me puse la bata mágica de mi madre. Era de seda de un


profundo verde, bordada con símbolos, runas y letras. Como de costumbre, se sentía cómoda
y ligera contra mi piel. Cuando lo usaba, nunca tenía demasiado frío o calor, siempre era
perfecto.

Fui a la habitación de Alyce, que nunca antes había visto. Una vez más parecía
personificar a su ocupante. La cama parecía mullida y cómoda, los colores eran de tonos de
lavanda y verde, y había flores frescas, una alfombrilla de ganchillo en la cómoda y el olor
calmante a manzanilla y romero. Alyce, Bethany y Hunter estaban realizando hechizos de
ocultamiento sobre sí mismos.

En la cabecera de la cama coloqué una de las copas plateadas de Belwicket, con agua.
También puse la varita de mi madre allí. Alrededor de los otros tres lados puse las otras tres
copas, para representar tierra, fuego y aire. Me metí en la cama, hundiéndome en la
reconfortante ropa de cama, que olía a fresco y a limpio. Tenía el athame de Belwick, el que
fue grabado por generaciones con las iniciales de las brujas Riordan. Algún día, yo también
tendría mis iniciales grabadas en él.
138 | P á g i n a
Alcé los cobertores y metí el athame a mi lado. Rodeada por las poderosas herramientas
que habían ayudado a mi familia a trabajar la magia por cientos de años, me sentí fortificada
y más segura. Me sentí conectada a la larga línea de brujas que fueron mis ancestros, y sentí
una conexión especial con Maeve, la mujer que me había dado en adopción en vez de
permitir que fuera asesinada por Ciaran MacEwan.

Hunter se acercó y me arropé.

—¿Tienes tus hechizos listos? —preguntó. Asentí—. Correcto, entonces dulces sueños.
Cuando me vuelvas a ver, esto habrá acabado. —Se inclinó sobre mí y me besó, luego volvió
junto a Alyce y Bethany, quienes estaban abriendo la ventana y quitando la pantalla.

Alyce se acercó, sonrió y me palmeó el hombro. —Todo saldrá bien —dijo.

—¿Todo listo? —preguntó Bethany. Asentí—. Buena suerte, entonces.

Alyce apagó la luz. Miré las agujas luminosas de mi reloj, era las diez y treinta. A
menudo me quedaba despierta más tarde que eso, pero al instante me sentí completamente
agotada. Cerrando mis ojos, respiré hondo, intentando relajarme y concentrarme. Sólo relájate,
me dije. Relájate. Todo está bien. Estás a salvo.

—Claro que estás a salvo —dice Cal, sentándose en el borde de la cama. Pego un brinco,
no lo sentí llegar.

—¿Por qué estás haciendo esto? —pregunto—. ¿Qué quieres?

Se inclina.

—Te quiero a ti, Morgan —dice—. Siempre lo hice. Nunca te unirías a mí de la manera
en que quise. Pero ahora lo harás. —Sonríe y acaricia mi cabello, no puedo evitar encogerme.
Él parece no notarlo—. Esta noche serás mía, toda mía. No tomaste ninguna de esas pociones
asquerosas que nos mantenían apartados. —Frunce el ceño ante eso y trato de pensar en qué
se supone que debo hacer ahora. No puedo recordar.

Entonces Cal exclama animado: —Pero esta noche es diferente —dice, sonriendo
nuevamente—. Esta noche estoy aquí, y él no. Esta noche tú y yo nos uniremos
completamente.

139 | P á g i n a
—No quiero. —Mi voz sale sonando débil, y lo repito, esta vez más fuerte—. No te
quiero. Quiero que me dejes en paz. —Cal inclina su cabeza hacia atrás y ríe, exponiendo la
suave piel de su cuello.

—Por supuesto que no deseas en serio estar sola —dice, sonando indulgente de una
manera que me enoja—. No cuando puedes estar conmigo. ¿no has estado muchos años sola?
Así es. Pero ahora nunca estarás sola nuevamente.

—¿De qué estás hablando?

Toma mi mano, y se siente de verdad como una persona sosteniéndola. Su piel es suave
y cálida, y siento el roce del brazalete de cuero que solía usar. Cuando estaba vivo. Me
estremezco, pero nuevamente él parece no notarlo.

—Has estado jugando a hacerte la difícil —dice—. No te culpo. Eres una bruja
excepcionalmente fuerte. Simplemente eres muy fuerte para no estar unida a mí. —Su sonrisa
ilumina su rostro, y estoy obnubilada por su belleza física—. Sabes lo que se dice: si no estás
con nosotros, estás en nuestra contra.

—¿Quién es "nosotros"? —pregunto. Sé que se supone que debo hacer algo, algo
dirigido e interactivo, ¿pero qué? Intento recordar desesperadamente, se supone que haga
algo.

Cal se encoge de hombros casualmente. —Conmigo. Esta noche te unirás a mí para


siempre.

Se ríe fácilmente.

—No tienes opción, Morgan. Ya no. No esta noche.

—Siempre tuve una opción. —Mi voz sale más fuerte de lo que me propuse, y eso hace
que sus ojos dorados se fijen en mí.

—No realmente. No contra mí. —Se levanta y extiende la mano—. Ahora, vamos. En
marcha. He esperado demasiado tiempo por esto. No vas a escapar de mí esta noche. —
Recuerda sonreír en la última parte, pero es una terrible expresión, casi feroz, y retrocedo.

—No —digo, yendo más hacia atrás en la cama. ¿Qué debería hacer? ¿Qué debería hacer?
¿No se supone que ahora pasa algo? ¿Se supone que alguien me tiene que ayudar? ¿Dónde están?
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Cal se lanza hacia delante y agarra mi muñeca en un agarre apretado, casi doloroso. Mis
ojos se entrecierran un poco, no soy una persona fácil de convencer. Ya no. Ya no soy la
inocente Morgan, que nunca ha tenido un novio, muy alagada porque un semidiós como Cal
Blaire me quiera. Él piensa que yo soy débil, cuenta con ello. Pero no soy débil. Soy muy
fuerte, y lo sé. Soy tan fuerte que puedo protegerme a mí misma en esta situación. Lo
suficientemente fuerte como para luchar contra Cal sola. Puedo ganar. Puedo vencerle.

—¿Por qué estás haciendo esto? Quiero que me dejes en paz —digo firmemente. Tiro de
mi mano, pero él no la libera—. No quiero estar contigo. No voy a unirme a ti. Tienes que irte
y no volver nunca.

Él frunce el ceño. —Morgan. Basta. Esto no tiene sentido. Ahora, vamos. —Da un fuerte
tirón a mi mano y casi me saca de la cama. Mi hombro siente un dolor agudo, como si el
brazo estuviera presionando contra su cavidad. Decididamente lo tiro de vuelta.

Me doy cuenta ahora de que estamos en el prado otra vez. No recuerdo dónde
estábamos hace sólo segundos. Pero estamos en el prado, y está la cama de Cal en el borde. El
sol calienta mi pelo, el sonido del zumbido de las abejas es fascinante, es el lugar más
perfecto y tranquilo en el mundo.

Excepto que Cal está aquí.

Hora de actuar. Estiro la mano y agarro la otra mano de Cal, tirándolo hacia mí. Él
sonríe juguetonamente, pero mantengo un agarre firme y no lo dejo ir. Él frunce el ceño e
intenta tirar de su propia mano.

—Suelta —dice.

Envío todo mi poder al agarre que tengo en su mano.

—No —digo con calma—. No voy a soltarte.

De repente da un fuerte tirón, y yo agarro con más fuerza, apretando los dientes.

—¡Ya no puedes hacerme daño! —grito.

Entonces mis ojos se abrieron a la oscuridad iluminada sólo por el resplandor azul de el
fuego de brujas. Me tambaleé en la cama y ahogué un grito de horror, ¡en mi mano estaba
agarrando la pierna de un halcón de plumas oscuras!
141 | P á g i n a
El mismo halcón que había visto en todos mis sueños, el de los ojos fríos y dorados. Mi
rostro se congeló en shock mientras asimilaba la escena, las enormes y poderosas alas del
halcón batiendo en al aire, mi puño apretado alrededor de su pierna lo suficientemente
apretado para romper su hueso. El halcón gritaba insoportablemente alto, justo en mi cara,
cerré los ojos, el horrible sonido rastrillaba mis tímpanos.

Su pico se abalanzó hacia mi rostro, y me agaché en el último segundo para evitar que
me rasgara la mejilla. Oí una conmoción alrededor de mí, movimiento y gritos, y luego brilló
una luz. Otras manos me estaban agarrando, yo estaba de rodillas en mi cama, colgada de la
pata del halcón, evitando su pico. Entonces reconocí la voz de Alyce, y la de Hunter y
Bethany, y fue suficiente para devolverme a la realidad. Hunter se las arregló para agarrar un
ala batiente. Alyce agarró al otra, sosteniéndola fuerte, extendiéndola contra su cuerpo. Un
repentino corte me hizo gritar, y vi que el halcón había logrado cortar mi brazo con su otra
garra.

Dejé escapar un grito ahogado, y luego Hunter agarró la otra pata, y entre los cuatro
sostuvimos al halcón. Luchó con fiereza, arremetiendo con su pico, y luego Alyce alargó una
mano y agarró su cuello. Su rostro estaba contorsionado por la feroz y despiadada
determinación, nunca antes la había visto así.

Yo todavía me aferraba a una pierna y miré los cortes en mi brazo, chorreando sangre.
Miré al halcón, a sus ojos dorados que eran como los ojos de Cal. Miré a Alyce para
preguntar qué deberíamos hacer ahora, pero vi una mirada de horror en su rostro. Mi cabeza
giró bruscamente hacia el halcón, y entonces me quedé boquiabierta con terror cuando la
boca del halcón se abrió y surgió una voluta de humo espeso. En un segundo recordé la
última vez que había visto algo como eso; fue cuando Selene murió en su librería. Estaba
también aquí ahora, y era increíblemente sucio. Solo el estar cerca me hizo sentir como si mi
fuerza de vida estuviera escapando, como si eso fuera la frialdad de la muerte misma. Mi
corazón se hundió y se me secó la boca, y luego, mientras el último humo salía por la boca
del ave, este quedó inmóvil y cayó sin vida en nuestras manos. Estaba muerto.

—¡Rápido! —gritó Bethany, dejando caer el cuerpo del ave en la cama y lanzándose
hacia la ventana. La bajó de golpe y la cerró, y Alyce saltó hacia la puerta y la cerró con llave
también. Yo aún estaba tratando de orientarme, pero las otras tres brujas ya estaban
rodeando al anam, con miradas sombrías de resolución en sus rostros.

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Luego, mientras observábamos, el humo nebuloso comenzó lentamente a ganar más
forma. Se enroscó sobre sí mismo, volviéndose más tridimensional. Mis ojos se sentían como
si estuvieran ardiendo a medida que surgía un rostro espantoso comido por el ácido.

Era Selene.

Mi mente se puso en blanco por el terror. ¡Selene! Mi primer pensamiento fue


enfrentándonos a Cal teníamos buenas probabilidades de vencerle. Contra Selene, quien, a
excepción de Ciaran, era la bruja más fuerte y malvada con la que jamás me había
encontrado, nuestras probabilidades eran mucho peores.

¡Selene! ¿Cómo era posible? Su anam tenía que haber estado en el humo que salió por su
boca cuando murió en la biblioteca. Ella debió haber encontrado algún otro huésped, este
halcón, u otro, u otra cosa. Luego había decidido vengarse de mí. No había sido Cal para
nada. Nunca había sido Cal.

Sentí que mi corazón se hundía al darme cuenta de esto. El verdadero Cal estaba
muerto, había estado muerto todo este tiempo. Selene había usado su imagen en mis sueños
para hacerme seguirle. Tenía que haber sabido que todavía tenía sentimientos encontrados
por su hijo: enfado, miedo, tal vez incluso un poco de cariño. Pero, sobre todo, culpa. Él había
sacrificado su vida por mí. Y por lo que yo sabía, él era una persona retorcida que había
hecho cosas terribles, y una pequeña parte de mí todavía lamentaba eso. Porque él pudo
haberme amado realmente, a su manera. Y porque nunca tuvo una oportunidad. No con una
madre como Selene.

Su sonrisa de calavera se estaba convirtiendo en una apariencia más viva, Selene había
sido tan hermosa como Cal, de la misma manera elegante, dorada y felina. Ella ya no era
hermosa. Era como si todo el mal que tenía en su interior hubiera consumido su forma
humana, dejando solo una mueca de burla.

Sin pensarlo lancé mi mano, y un abrupto voltaje de energía azul neón salió de mis
dedos y cortó a través de la forma de humo. Su raja de boca se ensanchó en horrible
diversión.

Yo estaba rígida y estúpida por el miedo. No nos habíamos preparado para esto. Sentí
perlas de sudor frío explotando totalmente formadas en mi frente, sentí el ardor de la
adrenalina apretando mis músculos, el dolor sordo en mi estómago, apretado por el terror.

143 | P á g i n a
Selene.

Alyce hizo un sonido incoherente, ella y los demás había estado murmurando hechizos
sin parar desde que el halcón había muerto, pero ahora miré abajo y vi que oscuros
tentáculos giraban desde más abajo, y estaban empezando a enrollarse alrededor de las
piernas de Hunter, Alyce y Bethany. Cada uno de ellos intentó saltar lejos rápidamente pero
ya parecían agarrados. Estaban lanzando fuego de brujas, escupiendo hechizos, y nada de lo
que hacían estaba teniendo algún efecto. Estas tres brujas eran fuertes, rápidas y sabían bien
cómo protegerse, pero ni siquiera Hunter parecía capaz de detener su ataque.

Los zarcillos llenos de humo se elevaban más alto, enrollándose insidiosamente


alrededor de sus cuerpos.

—¿Por qué haces esto? —grité. Iba a tener que mirar indefensa cómo mis amigos y mi
muirn beatha dan morían, y luego iba a morir yo si no hacía algo. Una horrible y arriesgada
idea comenzó a formarse en mi mente. La rechacé, pero seguía regresando, y entendí que
quizás era mi única esperanza. Sería peligroso, y no estaba segura de si podría lograrlo. Ni
siquiera quería intentarlo.

—¡Si es a mí a quien quieres, tómame! ¡Tómame y déjalos ir! —grité.

La horrible cara de Selene sonrió, y supe entonces que ella quería verlos morir, que
disfrutaría de ello. Encontré el athame de mi madre en mi mano, resplandeciendo con un
cálido brillo blanco, y sin tener un plan salté hacia delante y hundí la hoja en el centro del
humo. Para mi sorpresa, Selene en realidad pareció sentirlo; el humo retrocedió, y su cara se
desfiguró en una mueca. Pero al instante su expresión se torció con ira, y una voz espantosa
salió de ella.

—No puedes detenerme, Morgan —dijo. Cada palabra se sentía como uñas raspando
una pizarra—. No eres lo suficientemente fuerte. Tomaré mi venganza. Los de mi clase
hemos esperando cientos de años para aniquilar a los tuyos, y no dejaré que ni mi propia
muerte lo evite. Eres la última de Belwicket, la última Riordan. Una vez que mueras, los
verdaderos Woodbanes podrán continuar con su trabajo. Estoy dispuesta a martirizarme por
esa causa. Pronto seremos más poderosos de lo que jamás podrías imaginar.

Las vides de humo se deslizaron hacia mí, alzándose sobre el cubrecama y


prendiéndolo fuego a su paso. Me empujé contra la pared, entonces vi cómo el cuello de

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Bethany era alcanzado y estrangulado por el humo, su rostro tornándose azul. Bethany iba a
morir. Alyce y Hunter habían desviado sus energías para ayudarla, pero la marcha de Selene
hacia su muerte parecía imparable.

A menos que…

Completamente formado, el canto de poder de mi madre, el canto del poder de


Belwicket, vino a mí, como lo había hecho antes. Las antiguas y hermosas, y en ocasiones
duras, palabras llenaron mi boca mientras mis ojos se mantenían fijos en la forma de Selene.

—An di allaighan di aighan di neullah.

Dejé que las palabras fluyeran como agua salvaje mientras que mi mano se arrastraba a
través de la cama hasta llegar al cuerpo del halcón muerto. Mi hermanastro, Killian, había
controlado a un halcón al mencionar su nombre verdadero una vez. Si sabes el nombre
verdadero de algo, tienes control total sobre ello. Yo sabía el nombre verdadero de Ciaran,
pero nadie sabía el mío, ni siquiera yo misma. Mis dedos acariciaron las suaves plumas,
sintiendo la ausencia de una fuerza de vida, y yo incluí el nombre verdadero del halcón en
mi canto.

Selene apenas si me prestaba atención, quizás pensaba que sería divertido ver qué
intentaba hacer, qué suspiro desesperado podría arrojar contra su huracán turbulento de
poder. Bethany estaba casi inconsciente ahora, y el humo subía por el cuerpo de Alyce y de
Hunter.

Vi la pura determinación en su rostro pero ningún temor, y mi corazón dolió al pensar


en lo que estaba sufriendo, y cuán valientemente se enfrentaba a ello.

Recordé lo que se sintió ser la loba Morgan. Mi padre biológico, Ciaran, me había
enseñado un hechizo para cambiar de forma. No podía recordar la mayoría de ello, pero
ahora me encontraba inmersa en alguna clase de antiguo poder Riordan, el poder de mi
madre y su madre antes que ella, generaciones y generaciones antes que yo.

¡Ayúdenme! Envié el mensaje en silencio. Mamá, ayúdame. Ayúdenme ahora.

Cerré los ojos por un momento a medida que nuevas palabras, desconocidas y
familiares a la vez, llenaban mi mente. Reconocí el hechizo para cambiar de forma, y en

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silencio lo repetí, poniendo todo lo que sabía, todo lo que sentía, cada necesidad que tenía en
esas palabras.

Estaba asustada, completamente aterrorizada, sin embargo me sentí inexorablemente


empujada hacia este futuro, en esta dirección. En silencio, murmuré el nombre verdadero del
halcón. Entonces los pedazos se unieron en mi mente en un hermoso y deslumbrante vitral
de magia, las tres cosas que necesitaba estaban tejiéndose juntas en un hechizo tan
equilibrado, perfecto y hermoso que quise llorar.

Bethany cayó rendida ante la presión de Selene. Alyce y Hunter ahora luchaban contra
las restricciones mortales alrededor de sus cuellos. No había más tiempo. Era ahora o nunca.

—¡Rac bis han! —grité, abriendo mis brazos por encima de mí. Selene se giró
rápidamente para mirarme.

—¡Nalnachagagh! ¡Benm dan!

Por solo un segundo, la vi boqueando, sus ojos ampliándose de golpe. Entonces fui
azotada y doblada, y gritaba de dolor.

Incluso Alyce y Hunter dejaron de luchar para mirarme, y yo grité, arrepintiéndome


instantáneamente de mi decisión, el tiempo deteniéndose en miles de horas de atormentante
dolor que duró menos de un minuto. Mis huesos se doblaron antinaturalmente, mi piel fue
pinchada por miles de agujas, mi rostro quemado por un imaginario acero ardiente. No había
manera de pasar por esto con dignidad, ni siquiera con una pequeña muestra de valor. Yo
gemí, grité, lloré, pedí clemencia, y finalmente terminé por balbucear incoherentemente,
yaciendo de lado sobre la cama. Parpadeé y luché por incorporarme. El cuarto era extraño y
difícil de comprender. Mis pies no podían apoyarse bien en la cama, y di un salto torpe hasta
apoyarme contra la cabecera. Con indecisión, batí mis alas, sintiendo el poder latente
contenido en ellas.

Yo era un halcón. Había cambiado de forma. Ahora tenía la vista láser de un halcón,
garras afiladas y un despiadado pico. Envié un mensaje a Selene: Atrápame si puedes.
Entonces acerqué mis alas a mi cuerpo, y con una explosión inmensa de energía y un
doloroso anhelo de libertad, huí, directo hacia la ventana cerrada. Sentí la madera
rompiéndose, el vidrio quebrándose contra mi pecho, pero entonces me elevé, arriba, más

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arriba, hacia el cielo abierto. Entonces, con un sonido suave, mis alas se incendiaron y volé
como un rayo.

Unos pocos y estimulantes momentos después, presentí a otro halcón detrás de mí. Era
Selene, nuevamente dentro del cuerpo de ave que había usurpado. Sin embargo, ese cuerpo
había estado muerto durante varios minutos, su organismo roto, y al mirar hacia atrás por un
segundo, vi que volaba temblorosamente, con movimientos descontrolados, luchando por
mantenerse a mi ritmo.

Pero en ese momento Selene parecía poco importante. Una alegría salvaje de halcón se
encendió en mí mientras atravesaba fácilmente por frío aire de la noche oscura. Me sentía
increíblemente liviana y fuerte. Miles de olores vinieron hasta mí mientras me elevaba más y
más alto, el aire volviéndose más gélido mientras llenaba mis pulmones. Oí cómo mis alas se
azotaban violentamente en el aire, pero no sentí dolor, ningún cansancio, sólo ira
incontrolable y una necesidad cada vez más fuerte de venganza. Tan extático como era volar
a través de la noche, mis pensamientos se dirigieron una vez más hacia Selene. Ella me había
estado cazando todo este tiempo, apareciéndose ante mí en la forma de Cal. Me quería
muerta. Y no se detendría hasta que yo estuviera muerta y los Woodbanes oscuros pudieran
prosperar.

Pero yo no dejaría que eso sucediera.

Pegué un ala a mi cuerpo y giré en un arco inmenso a toda velocidad. El halcón oscuro
se acercaba hacia mí, e incluso a esta gran distancia pude ver el destello de odio en sus ojos
dorados, el deseo que sentía por provocar mi muerte, y supe que sólo había un final posible
para esto: su muerte. Mi victoria.

Una vez más, empecé a recitar el canto de poder Riordan, escuchando a las palabras
resonar en mi mente, sintiendo mi fuerza y poder incrementándose.

Soy una Riordan, pensé. Soy el sgiurs dan. Esto terminará aquí, y mis descendientes ayudarán
a los Woodbanes a ser todo lo que pueden ser, pero siempre en el lado de la luz.

Entonces, como niños enfrentándose a un reto, nos observamos y nos medimos la una a
la otra, frenándonos por un momento en el oscuro cielo. Sentí todo en mí cuestionarse y
vacilar, y entonces, como si fuera un fuego de bruja siendo arrojado, volé a través de la noche
hacia Selene, sabiendo que ella también se dirigía hacia mí. Estaba cayendo y elevándome a

147 | P á g i n a
la vez, mis alas cerca de mi cuerpo, mis pies listos. Yo era un arma yendo a cien kilómetros
por hora hacia mi enemigo.

Estuve sobre Selene tan rápido que no tuve tiempo de prepararme realmente, fue sólo
un milisegundo antes de que nos desviáramos a último momento para no chocar en el aire.
Rápidamente me giré, y entonces dejé que todos mis instintos de ave de rapiña se hicieran
cargo. Dejé de pensar como humana. Dejé de ser Morgan. Dejé ir todo y liberé al halcón en
mí.

No sé quién lastimó a quién primero, si Selene o yo, pero atacamos al mismo tiempo, y
mi duro pico salió disparado hacia ella, mordiendo la carne, tirando y desgarrándola. Probé
su sangre en mi lengua, tibia y salada, en el mismo instante en que fui consciente de un dolor
abrasador en mi hombro derecho. Durante los próximos minutos no fuimos más que una
mancha de plumas y fuego y niebla oscura girando en el aire. Las plumas de Selene estaban
achicharradas por mi fuego, y el olor acre de sus plumas quemadas me ahogaba. Los
chillidos agudos y roncos llenaron el aire, ensordeciéndome y distrayéndome por un
momento, hasta que me di cuenta que era yo quien los hacía.

Finalmente, una inmensa oleada de poder se apoderó de mí y me permitió sujetar el


cuello de Selene con una de mis garras. Me alcé sobre ella y apreté mi puño tan fuerte como
pude, como si Selene fuera un conejo que estaba a punto de convertirse en mi almuerzo.

Las oscuras alas de Selene se movían con frenesí alrededor de mí, oscureciendo mi
vista. Pero continué sujetándola. Era imposible volar y sujetarla al mismo tiempo, así que
batía mis alas cuando podía, concentrándome sólo en apretar, apretar y apretar el cuello de
Selene.

Esto es por Cal, a quien destruiste con tu maldad, le grité en mi mente. Esto es por mí, a quien
torturaste y aterrorizaste. Esto es por todas las personas a quienes has lastimado o utilizado o
asesinado. Tú morirás ahora, Selene, y será por mi mano.

La vez que fui un lobo, me sentí abrumada por la poderosa lujuria por la cacería, el
deseo palpable de localizar a mi presa y asesinarla. Había podido detenerme en el último
segundo, cuando me di cuenta que mi presa era Hunter. No sentí esa necesidad de
detenerme ahora. Cada principio y creencia que construí en mi vida en contra del asesinato,
de la venganza, desapareció en el momento en que observé la vida de Selene escapar
lentamente.
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Ambas girábamos ahora, cayendo hacia la tierra en una espiral mortal. No podía
mantenerme en vuelo y sujetar a Selene al mismo tiempo, así que me dejé caer. Selene
todavía movía sus alas, pero cada vez más débilmente. Mis garras, que presionaban su
cuello, dolían por la presión, por la tensión de permanecer apretadas, pero yo la tenía ahora y
no había manera de que la fuera a soltar. Eché un vistazo por sobre ella y vi con una horrible
realización que el suelo se acercaba rápidamente hacia nosotras. Pronto chocaría contra él,
probablemente rompiendo cada hueso de mi cuerpo. No creía que un halcón pudiera
sobrevivir a una caída así. Pero al menos me llevaría a Selene conmigo.

De pronto sentí cómo la fuerza vital del halcón de Selene se agotaba. Un aliento
después, estuve segura que el halcón estaba muerto. Estaba ahora quizá a quince metros del
suelo, aflojé mis garras y dejé que Selene cayera contra el suelo. Entonces empecé a batir mis
alas furiosamente para intentar frenar mi caída. ¡Pero no sabía cómo aterrizar! Hice lo que
pude para ralentizar mi caída lo más posible y caer con los pies delante de mí.

Terminé chocando, de todos modos, mis pies estrellándose contra el suelo, mis alas
extendidas, pero perdí el equilibrio y rodé sobre mi cabeza y sobre mis garras varias veces.
Probablemente fue el aterrizaje más humillante que un halcón jamás ha hecho. Aún así, no
me rompí nada, y ni bien dejé de rodar me puse de pie y salté sobre Selene. Justo cuando
llegué, la boca del halcón se abrió, y una vez más el grasiento humo negro comenzó a salir de
él. Azoté mi pie contra su cuello, aplastándolo, cerrando mi garra contra su garganta
despiadadamente.

Fue horrible: el ensangrentado cuerpo del pájaro muerto azotándose y sacudiéndose


contra mí, luchando por liberarse. Mi propia sangre manchaba mis ojos y me cegaba. El
humo grasiento del anam de Selene se detuvo de pronto. Tan cerca de ella, pude sentir su
pánico, su intensa furia, su odio, su veneno y su maldad. Batí mis alas para mantener el
equilibrio, saltando con torpeza en un pie mientras continuaba sujetándola con el otro.
Parecieron horas más tarde, pero por fin sentí el final, la muerte silenciosa del anam de
Selene. Atrapada dentro de un ser muerto, sin ninguna forma de escapar, ella no podría
sobrevivir.

Selene Belltower había muerto. Sin embargo, no liberé mi agarre por mucho tiempo,
hasta que mis músculos temblorosos me forzaron a aflojar mi puño.

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Entonces la solté, doblé mis alas, y empecé el doloroso proceso de convertirme en mí
otra vez.

Selene estaba muerta. Yo la había matado.

150 | P á g i n a
Capítulo 14
Hunter
Traducido por Mona
Corregido por Yonoestoyloca

Conseguimos limpiar y vendar a Morgan en casa de Alyce. Se sentía terrible por la


ventana rota, y Alyce la miró como si estuviera loca cuando ella se ofreció a pagarlo. Bethany
no creía que ninguna de sus heridas realmente necesitara puntadas, pero le puso vendas
mariposa y parches por todas partes. Luego traje a Morgan a casa de Bree, aproximadamente
media hora antes de que el sol saliera. La despertamos, y me ayudó a llevar a Morgan a la
cama. Le dije que se le explicaríamos todo más tarde. En cuanto estuve seguro de que
Morgan estaba dormida y segura, salí y me fui a casa.

Una vez allí, tomé una larga ducha caliente, sacando la sangre, el dolor y el mal de mí.
Me dejé caer en mi cama y me desmayé.

—Aquí, muchacho, toma una taza de té —dijo papá. Escuché su voz y gemí, pero
entonces la tentadora fragancia del té fuerte llegó a mi nariz y luché hacia la superficie.

Me apoyé sobre mis codos y tomé la taza caliente.

—Gracias.

—¿Cómo estás? Luces agotado.

Gemí.

—No preguntes. He tenido mejores semanas. ¿Qué hora es?

—Cerca de la una. He estado pensando en aquella bruja, Patrice —continuó.

—Yo también —dije, y le conté todo lo que había pasado con Patrice y Robin en los
bosques anoche. Suspiré—. Pienso que tal vez debería pedirle que se entregue al Concejo.
151 | P á g i n a
Odio la idea, pero no sé qué más hacer. A pesar de cuán sincera ella es, ahora que ha hecho
algo como esto, simplemente no me puedo imaginar dejarla sin vigilancia otra vez. Y la
próxima vez ella sería mucho más sutil, más experimentada. No lo sé.

Tomé un trago grande del té. Ahhh...

—Sé que si ella rechaza absolutamente entregarse, no la obligaré —continué—. No la


despojaré de sus poderes contra su voluntad. Ese es un horrible negocio sangriento.

—Bien, tal vez no tendrás que hacerlo —dijo papá—. Mira. —Él sacó un cuaderno de
composición en blanco y negro—. He estado trabajando en una traducción, del Gaélico
Medio. Ha sido muy insólito, muy ilustrativo. Parece haber sido un libro de texto de un
centro de estudios Wiccan, allá por los años 1500. He estado encontrando algunos hechizos
increíblemente insólitos, y casi todos tienen que ver con la limitación de poderes de alguna
manera.

—¿En serio?

—Sí. Quiero decir, estos hechizos no han visto la luz de día, por lo que he podido
comprobar, en unos cientos de años. Cuando estaba estudiando para mi iniciación, ni
siquiera abordamos esta categoría. —Él hojeó, pasando las páginas cubiertas con su fina e
irregular escritura y comenzó a leerme los pedazos de su traducción.

Mi cerebro no estaba a la altura después de los acontecimientos de los últimos dos días,
para nada cercano a haber tenido el sueño suficiente, y habiendo pasado el trauma de tener a
Morgan sufriendo lo que sufrió. Entorné los ojos hacia mi padre.

—No lo estoy entendiendo —dije sin rodeos.

—Mira —dijo, un tono deliberadamente paciente entrando en su voz—. Digo que


tomemos la forma básica de ese hechizo aquí porque este hace las cosas por etapas y puede
ser roto. Ahora, este hechizo —pasó varias páginas—, es interesante debido a cómo expone
sus limitaciones al principio, y lo mejor de todo consiste en que no parece estar atado a la fase
de la luna. Este hechizo tiene realmente un buen final en la forma como envuelve las cosas,
sella las cosas, en la manera que controla sus efectos. ¿Entonces lo imaginas? Tomamos estas
parte de esos tres hechizos, además de una o dos frases de los otros, y creamos un hechizo de
ellos, ¿qué piensas?

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Luché para que tuviera sentido. Me senté y tomé el cuaderno de él, avanzando y
retrocediendo entre las páginas marcadas, leyendo sus cuidadosas traducciones y apuntes al
margen. Lentamente la imagen comenzó a filtrarse en mi agitado cerebro. Mi mandíbula cayó
con su deducción.

Alcé la vista hacia papá.

—Oh, Diosa, ¿piensas que podría funcionar?

Él se sentó sobre sus talones, complacido.

—Pienso que podría.

—Eres absolutamente brillante —dije, y él se rio, inclinando hacia atrás su cabeza.

—¿Puedo tener eso por escrito? —bromeó.

Tomamos un par de horas para escribir cuidadosamente todo el hechizo,


completamente nuevo. Los dos revisamos los documentos una y otra vez, comprobando y
verificando todo. Alrededor de las cuatro, una Sky atípicamente doméstica nos trajo algo de
té y emparedados, así como algunas tortillas de avena de una receta que ella estaba probando
para Beltane.

—Están geniales —dije, prácticamente escupiendo migas—. Sigamos con ello.

Por fin nos sentimos listos.

Papá y yo estábamos muy familiarizados con los hechizos; parecía no haber lagunas en
ellos. Era emocionante, diferente, como si estuviéramos a punto de hacer historia Wiccan.
Papá debe haberse sentido de esa manera sobre el hechizo contra la ola oscura, habiendo
creado algo hermoso y terrible de la nada.

Era extraño; cuando lo había encontrado al principio en Canadá, él era un desastre.


Ahora realmente parecía sobresalir. Eso me hizo sentir orgulloso de ser su hijo.

Viajamos hacia Thornton, a la casa de Patrice. Habíamos llamado con antelación, y ella
nos esperaba. Cuando llegamos allí, estaba sola, lo que me sorprendió. Yo pensaba que
habría llamado a Celia o a Robin, entonces al menos a algún otro amigo o colega con ella.

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—Gracias por reunirse con nosotros —dije mientras estábamos parados incómodamente
en su vestíbulo. Ella lucía cansada y de algún modo golpeada, como si fuera a rendirse ahora,
ya que su plan más desesperado no había funcionado.

La presenté a mi padre, y al igual que Celia y Robin, Patrice estaba un poco


impresionada por conocer al destructor de la ola oscura. Dejé a papá explicar lo que
queríamos hacer.

—Por lo que entiendo, has trabajado magia que podría seguramente despojarte de tus
poderes —dijo él de manera directa.

Patrice enrojeció y bajó su cabeza, los bordes del miedo mostrándose en sus ojos. —Lo
sé —dijo ella, de forma apenas audible.

—Sin embargo, ninguna autoridad sabe de ello todavía —dije—. Pero si alguien sabe de
esto, nunca lo olvidará. Porque siempre existe la posibilidad de que vuelvas a la magia
oscura.

Su rostro palideció ante esas duras palabras.

—Así que pareces un poco peligrosa, ¿lo ves? —pregunté, sin malicia—. Una vez que
alguien cruza la línea, parece mucho más fácil para ellos cruzarla otra vez. La gente te
observará, esperando que pase. Pero mi padre ha elaborado un hechizo que parece hacer
frente a esta situación particular. Creemos que podemos trabajar un hechizo a tu alrededor
que aplacará los temores de los otros acerca de ti.

—Quieren quitarme mis poderes —dijo Patrice sombríamente, mirando al piso.

—No. Queremos limitarlos, para siempre. Pero de un modo muy específico —explicó
Pa.

—Este es un hechizo burbuja —dije—. Un hechizo que afecta tus poderes de un cierto
modo por el resto de tu vida. Desde hoy, no puede ser deshecho. Tus poderes realmente no
serían limitados en fuerza, sino en efecto: si estás de acuerdo con esto, nunca más serás capaz
de afectar a cualquier otro ser vivo con tu magia otra vez.

Patrice me dio una mirada extraña.

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—Serás capaz de hacer magia, hermosa y poderosa magia. Serás capaz de celebrar y
participar en ritos mágicos. Serás capaz de afectar la piedra, el mineral, el aire, y la tierra
tanto como puedes ahora. Pero no serás capaz de afectar la salud de tu hijo. No serás capaz
de librarte del dolor de cabeza más pequeño. No serás capaz de crear un trago adormecedor
para un amigo. No serás capaz de hacer un hechizo de “tres veces m{s guisantes” en tu
jardín.

Ella dio una leve sonrisa ante la mención de un hechizo muy básico que todo niño brujo
aprende.

—No serás capaz de llamar a tu perro con magia; no serás capaz de predecir para ver a
otra gente, animales o plantas. Pero serás capaz de aprender, de enseñar a otros, para
atestiguar la magia, participar, sentir la alegría y la satisfacción de crear algo hermoso de la
nada al igual que cualquier otra bruja.

—Pero debido a que no puedo afectar a ningún ser vivo, no puedo dañar a nadie con
magia oscura —dijo ella, luciendo pensativa—. Y tampoco podría ayudar a alguien con
magia buena.

—Eso es correcto —dijo papá.

—Odio esto —dijo ella con calma.

—Es la mejor opción que tienes ahora —dije.

—Tienes razón —dijo ella, con años de tensión y fatiga en su voz—. ¿Cuánto tiempo
tomará esto? Tengo que darle la medicina a Joshua a las ocho.

—Tomará aproximadamente cuarenta y cinco minutos —dijo papá.

Tratando de no llorar, Patrice nos condujo a su pequeña habitación en los Círculos.

—Vamos a hacerlo, entonces —dijo ella.

Se tardó más de cuarenta y cinco minutos porque ni papá ni yo lo habíamos hecho


alguna vez antes. Nosotros tampoco teníamos idea de qué efecto tendría esto sobre Patrice
físicamente, y en un momento se sintió tan asqueada que tuvimos que detenernos durante
unos minutos. Pero seguimos cada paso con cuidado, como lo habíamos escrito, y unos pocos
minutos después de las seis dijimos las palabras finales.
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Cuando estuvo terminado, me sentí agotado y hambriento. Papá desmontó el círculo,
me aparté y me senté con mi espalda contra la pared. Patrice simplemente se acostó sobre el
piso de madera, justo donde ella estaba, luciendo blanca y enferma. Papá también parecía
muy cansado, pero él fue quien se dirigió a la cocina y volvió con una jarra de té helado y un
paquete de galletas.

—Asalté tu refrigerador —dijo él alegremente. Despacio comimos y bebimos, y después


nos sentimos mejor. Fui a buscar una toalla húmeda para la frente de Patrice, y ella parecía
contenta de tenerla.

—¿Luzco diferente? —bromeó débilmente, y negué con mi cabeza.

—No. Aún no sé si te sentirás diferente o cómo el hechizo surtirá efecto —dije—. Tú


fuiste el conejillo de Indias. Pero si esto funciona, podría salvar a muchas brujas de ser
privados de sus poderes en el futuro.

—Entonces valdrá la pena —dijo Patrice—. Ahora tengo que atender a mi hijo.

Fui a la casa de Morgan después de eso. La Sra. Rowlands me dejó entrar, sonriendo
amablemente, a pesar de que sabía que no estaba encantada con la idea de Morgan saliendo
con un brujo.

—Hola, Sra. Rowlands —dije—. Me preguntaba si podía ver a Morgan.

—La llamaré para que baje —dijo la Sra. Rowlands —. No vas a creer cómo luce.

—Al parecer ella y Bree estaban saltando en la cama elástica en el patio trasero de Bree
esta mañana, y Morgan logró rebotar y chocar directamente con un seto de lila. Ella es un
desastre. —Chasqueando la lengua y negando con la cabeza, se dirigió a la escalera, donde
Morgan ya estaba en su camino hacia abajo, habiéndome sentido entrar.

La miré. Ella realmente parecía una ruina, pero había alivio en sus ojos, una falta de
miedo, de tensión, que no había estado allí en mucho tiempo. Por eso me alegré.

—Te dije que el trampolín debería tener una red de seguridad a su alrededor —dije.

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—Hunter Niall: sabelotodo Wiccan —dijo Morgan con disgusto unos minutos más
tarde—. Ese será el título de tu biografía.

Nosotros estábamos fuera sobre el columpio doble que recientemente había hecho su
aparición en primavera sobre el pórtico delantero de los Rowlands. Teníamos algo de té de
jazmín helado, y Morgan también había traído un poco de pan de calabacín.

Le di una pequeña sonrisa y puse mi brazo por la parte posterior del columpio,
apoyándolo contra sus hombros. Luego tendríamos que rememorar los acontecimientos de
ayer a fondo, pero no esta noche.

—Buena historia, por cierto. —Hice una pausa—. Cuando estaba en la casa, sentí a Alisa
arriba.

Morgan asintió.

—Irán al cine a las nueve. Papá las llevará. Creo que Alisa debería quedarse a dormir
aquí más seguido.

—Bueno. —Vacilé antes de mencionar el siguiente tema. Era una idea que había tenido
un par de días antes, pero había parecido imposible entonces. Podría no ser imposible
ahora—. ¿Cuán fuerte te sientes? —pregunté.

Morgan levantó la vista hacia mí con curiosidad y se encogió de hombros.

—¿Quieres decir, después de ayer?

Asentí.

—En realidad, aunque físicamente me siento como la mierda, mágicamente me siento


bastante fuerte. Es como si cada vez que paso por algo que debería haberme matado, cuando
lo supero, me siento más fuerte.

Sonreí.

—Hay algo que me gustaría pedirte hacer por mí —dije—. No esta noche, sino mañana.
Implica tu magia.

157 | P á g i n a
Capítulo 15
Morgan
Traducción SOS por Debs, Aяia y flochi
Corregido por ♥ Ellie ♥

—¿Cómo está mi pequeña acróbata? —preguntó Hunter. Me besa y me abraza mientras


caminamos hacia el coche.

—Ouch. No aprietes demasiado.

Nos metemos en el coche, y él me mira mientras arranca el motor.

—¿Están tus padres pensando en demandar al Sr. Warren? —preguntó seriamente, y lo


golpeé en la pierna, recordando demasiado tarde que virtualmente cada parte de mi cuerpo
está dolorido—. ¡Ay!

Me reí, sosteniendo mi mano.

No hablamos mucho sobre lo que había sucedido con Selene y acerca de mi cambio. Era
como si los dos estuviéramos demasiado asustados y necesitáramos tiempo para procesarlo
individualmente antes de profundizarlo juntos. Por ahora quería fingir que nunca había
sucedido.

Salimos de la ciudad. Era un hermoso domingo. Mis padres, Mary K. y Alisa habían ido
a visitar un jardín. Quería ir, pero Hunter era más importante. Había dormido junto a Dagda,
y me estaba sintiendo realmente un poco mejor.

—Entonces, ¿qué estamos haciendo? —pregunté, mirando el sol del abril brillando en
las nuevas hojas verdes de los árboles.

—Quería que conocieras a Patrice, la bruja con la que he estado trabajando en Thornton,
—dijo Hunter—. Y a su hijo.

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Le di una mirada inquisitiva. Me había dado sólo la información más vaga sobre el caso
en el que estaba trabajando con su padre. Me había dicho el día anterior que habían llegado a
algún tipo de solución, por lo que supongo que estaba bien que me dijera su nombre y dónde
vivía, pero no parecía dispuesto a decir más que eso, al igual de por qué quería conocerme y
por qué quería volver a verlos. Sólo traté de relajarme y disfrutar del paseo. Nunca había
estado en Thornton, pero vi que era lindo y anticuado, casi como luce Red Kill. Hunter
condujo a través de la ciudad a una zona residencial. Se detuvo frente a una hermosa casa
Victoriana.

—Vaya —dije—. Me encanta esta casa.

Se abrió la puerta cuando nos acercamos al porche. Realmente no me había formado


una imagen mental de Patrice Pearson, pero luce más normal de lo que había imaginado. No
parece tan bruja, y no se veía ni un poco malvada. Sonrió, pareciendo un poco tímida o
avergonzada, así que traté de actuar como que no sabía nada de lo que había estado
ocurriendo. Cogí vibraciones extrañas de ella, sin embargo, como si una parte de su aura
estuviera bajo una sábana.

—Hola, Morgan —murmuró, tendiendo una mano fuerte y seca—. Siento como si
hubiera oído tu nombre antes.

—Hola —le dije, sacudiendo la mano y todavía preguntándome qué estaba haciendo yo
aquí.

—Hunter dijo que te gustaría conocer a mi hijo —dijo Patrice, aumentando mi


curiosidad—. Es por aquí. —Hizo un gesto por un pasillo que conducía a la parte trasera de
la casa. Miré hacia atrás y le disparé una mirada de qué-está-pasando-aquí a Hunter, pero él
sólo levantó sus cejas hacia mí.

Pasamos por una cocina grande y acogedora que parecía inmaculada, pero como si no
se hubiera actualizado en sesenta años. Fregadero anticuado, estufa antigua. Patrice abrió
una pequeña puerta en la cocina, y me detuve en seco.

Mis sentidos recogieron enfermedad y dolor, fatiga y falta de esperanza. Hunter había
mencionado que Patrice tenía un hijo, pero no había dicho nada más que eso.

Seguí a Patrice a la habitación, Hunter detrás de mí. La habitación era pequeña y


parecía que podría haber sido una terraza interior en algún momento. Carteles alegres
159 | P á g i n a
colgaban en las paredes y la ropa de cama era de coches de carreras en colores primarios.
Había un gran televisor y un reproductor de DVD y un montón de videos en las
inmediaciones. Pero todo lo demás en la habitación gritaba hospital: la cama del hospital, el
equipo intravenoso junto a la mesa, el mueble cubierto con más medicamentos de los que
podía contar. Y, por supuesto, el pequeño, delgado y apático niño, con un tubo que corría
bajo la sábana. Ni siquiera levantó la vista cuando entramos en la habitación. El televisor
estaba encendido en algún tipo de espectáculo de naturaleza con caimanes. Sus ojos veían la
imagen, pero estaban sin brillo, sin vida. No estaba realmente viendo nada. Su cuerpo se veía
demacrado bajo la sábana, pero su cara era redonda e hinchada.

Patrice parecía insoportablemente tensa aquí, y con buena razón.

—Joshua, estos son Hunter Niall y Morgan Rowlands —dijo ella, extrañamente alegre—
. Morgan quería conocerte. Oyó lo valiente que has sido. —Ella me miró, y vi que no estaba
del todo segura de por qué yo estaba aquí, tampoco. Pero ahora estaba empezando a
entender. Le sonreí a Joshua y luego me volví hacia Hunter.

Su mirada era medida, inquisitiva. Dudé, luego le di un pequeño encogimiento de


hombros y asentí.

—Oh, Patrice —dijo ahora, dirigiéndose a ella—. ¿Te importaría mostrarme ese libro de
jardinería de Nueva York que vi en tu sala de estar?

Me dejaron sola en la habitación con Joshua.

Ahora él me miró con recelo.

—¿Eres un doctor?

—No, no —le aseguré—. Voy a la escuela secundaria. Pensé en pasar el rato, eso es
todo. Así que tienes una gran cantidad de equipo aquí. ¿Qué es todo esto? —Toqué el soporte
del líquido intravenoso. Durante los siguientes diez minutos con Joshua hablamos de su
leucemia, la enfermedad de injerto contra huésped, cómo su madre se hizo cargo de él y lo
cansado que estaba.

Lo único que quería hacer era tomar mi cabeza y echarme a llorar. Pero no lo hice.

160 | P á g i n a
En cambio, mientras Joshua habló, puse muy suavemente mi mano en su brazo,
recogiendo en sus vibraciones, su aura, su esencia de vida. Sentí su pequeño hombro
huesudo través de la sábana, y me acordé de mi lesión en el hombro, que aún latía
dolorosamente. Seguí con cuidado el lado de su cabeza, sonreí y le toque la barbilla, y luego
hice cosquillas en las plantas de sus pies. Él sonrió a medias.

Me senté en mi silla.

—Joshua, ¿está bien si pongo aquí mis manos por unos minutos? —pregunté, poniendo
una mano en su muslo y otro en el pecho. Él asintió con cautela.

—Dios mío, ¿qué está haciendo ese loco con ese cocodrilo? —le dije, y volvió su mirada
hacia el televisor.

Cerré los ojos y, totalmente relajada, dejando de lado mi tensión, mi aversión por el olor
a desinfectante y enfermedad, el olor del plástico y la medicina y las sábanas limpias. El leve
ruido de la TV se desvaneció. Me hundí en una meditación de nivel medio, en el que
conscientemente disuelvo todas las barreras que siento entre el mundo exterior y yo. Después
de varios minutos, siento que soy una con todo en el universo y que el universo es uno
conmigo. No hubo comienzos, finales, sólo un ambiente tranquilo, alegre, de comunión entre
todas las cosas. Y entre Joshua y yo. Me dejé atrapar por él, en su cuerpo torturado y
debilitado. Me dejé fluir sobre, dentro y a través de él. Sentí su dolor, apagado artificialmente
por las fuertes drogas, sentí su sistema debilitado pero también ayudado por otros
medicamentos potentes y tóxicos. Vi las células blancas normales en su torrente sanguíneo
pero también células hinchadas con líquido, a punto de estallar; vi el cuerpo de Joshua
siendo atacado desde dentro por el sistema inmune de su nueva médula. Sus sentimientos
fueron míos, y me tragué las náuseas, el dolor, los sentimientos de desesperación y
desesperanza, la culpa que sentía por molestar a su madre, la ira que sentía, pero que no
demostraba, de que esto le estuviera sucediendo a él.

Vi y sentí todo, como si fuera un nudo de un rompecabezas chino, compuesto por


innumerables cintas retorcidas y anudadas de forma incomprensible. Me dejé hundir más
profundo. La batalla con Selene, y la carga física y emocional resultante que me había
conllevado no me había dejado a plena potencia. Pero pensé que tenía suficiente para hacer
algo.
161 | P á g i n a
Me sentí como un solvente universal, capaz de ir a cualquier parte, de ver todo, develar
cualquier cosa. Una por una desaté las cintas y las seguí. Las rastreé hasta su médula ósea.
Rastreé las cintas hasta cada una de sus drogas. Había una cinta para el dolor, una cinta para
la ira, una cinta para su leucemia original.

No tengo ni idea de cuánto tiempo estuve ahí. Era vagamente consciente de mis manos
cada vez más calientes, pero Joshua no parecía darse cuenta o preocuparse por ello. Pensé en
un momento que Hunter había venido para ver cómo estaba, pero no levanté la vista, y él no
dijo nada. Poco a poco deshice el nudo del rompecabezas. Acomodé su nueva médula para
que trabajara en armonía con su cuerpo. Acomodé su cuerpo para que tuviera un equilibrio
dentro de sí mismo. Calmé los vasos sanguíneos, los tejidos irritados, los músculos tensos por
el dolor. Puse a Joshua más en equilibrio con la Diosa, con la naturaleza, con la vida.

A medida que las cosas se estaban volviendo más normales, más reconocibles, sentí un
aligeramiento general, como si Joshua y yo fuéramos libres, volando en el aire, nada nos
sujetaba con un peso. Sin preocupaciones. Como siempre, era hermoso, fascinante, y todo lo
que había en mí quería quedarse en ese lugar mágico para siempre.

Pero por supuesto no podía.

Cuando por fin levanté la cabeza y parpadeé, vi que Joshua estaba profundamente
dormido delante de mí. Negué con la cabeza como si estuviera intentando despertarme y
miré alrededor para ver a Hunter y Patrice sentados en sillas, mirándome con ojos solemnes.
Volví a mirar a Joshua. Parecía diferente. El tono de su piel me parecía más natural, sus ojos
menos hundidos. Su sueño era tranquilo y calmado, con el rostro sin arrugas y sin dolor.
Rápidamente lancé mis sentidos y capté el equilibrio, a falta de una palabra mejor. Se sentía
más equilibrado.

Yo, sin embargo, me sentía como si estuviera hecha de plastilina. No sabía si podía
levantarme.

—Uh —dije, mirando a Hunter. Él inmediatamente se acercó para ayudar a levantarme.


Mis piernas se sentían temblorosas, de goma. Tenía hambre y estaba cansada. Patrice me
estaba mirando con una mezcla de emociones en su rostro. Me incorporé con dificultad,
luego forcé a que mis hombros se volvieran y le di a Patrice lo que esperaba que fuera una
sonrisa tranquilizadora.

162 | P á g i n a
Ella miró de mí a Joshua, luego pasó junto a mí hacia su hijo. Tomó una de sus manos y
la sostuvo contra su mejilla. Él se movió un poco en su sueño, pero para mí parecía que su
cara hinchada estaba más normal, sus extremidades menos rígidas, sus movimientos más
libres. Le sonreí.

Hunter puso su brazo alrededor de mi cintura, y levanté la vista para ver un mundo de
amor y confianza y admiración en sus ojos verdes.

Patrice se volvió hacia mí, viéndose agradecida y asustada y asombrada todo al mismo
tiempo. Y ella se dio cuenta de que él estaba mejor de lo que podía. No sabía cuánto había
hecho, pero sabía que había ayudado de alguna manera, en algún grado.

—¿Quién eres? —susurró ella.

Pensé en quién era, en todo lo que había pasado para ser quien era, en la larga línea de
brujas y mujeres que me habían prestado su poder... que era mío para usar, en esta vida.

Le sonreí.

—Soy Morgan —dije—. Hija de Maeve, de Belwicket.

—Morgan, te ves increíblemente hermosa —dijo Hunter por quinta vez.

Levanté la vista hacia él, me ruboricé con placer. Esto era más o menos el mayor
esfuerzo que había hecho alguna vez con mi apariencia, y a todas luces estaba dando sus
frutos. Llevaba un top ceñido de un verde salvia suave. Tenía un profundo escote ahuecado
cuadrado y mangas de tres cuartos. Llevaba una cadena de plata con una pieza de ámbar
alrededor de mi cuello.

La falda la había ordenado de la tienda de disfraces. Estaba hecha de capas de tul, de


diferentes tonos de verde, una capa de granate, una capa de rosa... siete capas en total, todas
cosidas a un ajustado cinturón. Lo malo de tener el cuerpo como de un chico era que
normalmente parecía un chico.

163 | P á g i n a
Lo bueno, si es que lo había, era que mi cintura en realidad parecía pequeña y femenina
si llevaba una gran y esponjosa falda como ésta.

En mis pies tenía zapatillas de ballet verde oscuras, verdaderas zapatillas de ballet, que
era como llevar nada. Las había comprado blancas y luego las había teñido.

Le había dado a Mary K. rienda suelta con el maquillaje, y tuve que admitir que mi
hermana tenía un futuro prometedor como maquilladora. Mis ojos nunca habían estado tan
grandes o luminosos, mi boca se veía exuberante y femenina, y mi piel se veía cubierta de
rocío y fresca. No solo eso, sino que realmente me había sometido a que mi largo pelo se
convirtiera en suaves rizos gordos que colgaban más allá de mis hombros.

Había tenido miedo de parecerme al personaje de Disney "Brave", pero en su lugar mi


pelo sólo parecía salvaje y natural y sexy.

Esta era una de las pocas veces en mi vida en que me había sentido realmente femenina
y fuerte y preciosa. Y el efecto que tenía en Hunter me había animado hasta el extremo. Sus
ojos habían estado en mí desde que me había recogido. Ahora estaba mirando
profundamente en mis ojos por encima de su espumosa sidra, y yo me estaba sintiendo
increíblemente atractiva y hermosa, como si lo hubiera embrujado. Era una sensación
estupenda.

—¡Morgan! ¡Fabulosa! —dijo Bethany, pasando. Grité "hola" detrás de ella, pero ya
estaba alejándose.

—¿Cuánta gente hay aquí? —pregunté, acercándome a una mesa.

Hunter miró alrededor.

—Cerca de ochenta, imagino. Creo que todos terminamos invitando a todos los que
conocemos.

Era el crepúsculo en la víspera de Beltane, y estábamos en el mismo bosque cerca del


lugar donde Hunter y yo habíamos tenido nuestro picnic con Bree y Robbie. Esta noche
parecía hechizada, había pequeños faroles de cristal con luces votivas por todas partes, y
había mesas cubiertas con todo tipo de comida y bebida. Sky y Raven, el comité organizador,
se habían superado a sí mismas.

164 | P á g i n a
Guirnaldas de flores frescas se precipitaban de árbol en árbol. Una alta y hermosa cruz
de mayo estaba situada en el centro del claro, y estaba adornada con largas cintas de seda con
los colores del arcoíris. Sky había reclutado músicos de varios aquelarres, y los inquietantes y
melodiosos acordes de la mágica música irlandesa tejían su propio hechizo sobre todos.

—¿Dónde ha conseguido Sky la cruz de mayo? —pregunté.

Hunter sonrió, acercándose para poner su brazo alrededor de mi cintura.

—Es un mástil, de una tienda de barcos. Ella y Raven lo recogieron y han tenido que
transportarlo hasta aquí, saliéndose de ambas ventanas traseras del coche de Raven.

Reí, imaginándomelo. Mis ojos buscaron automáticamente a Sky y, por supuesto, ella y
Raven estaban juntas en una mesa con comida, sus cabezas inclinadas juntas, hablando con
seriedad. Hunter y yo nos miramos el uno al otro. Sí que se preocupaban la una por la otra,
yo lo sabía. Esperaba que su relación funcionara esta vez.

—Han hecho un gran trabajo —dije. Cogí algunos trozos de fruta, admirando las
bandejas de galletas de avena, cuencos de miel, té de hierbas con flores flotando en su
superficie, pasteles decorados con flores comestibles: pensamientos, violas tricolores,
caléndulas, capuchinas.

—¡Hermana! ¡Hola!

Sonreí y gemí al mismo tiempo, volviéndome para ver a Killian viniendo hacia mí, una
copa de vino en su mano. Como siempre, él estaba alegre e irreverente, su pelo largo
manchado de tonos castaño y caramelo.

—Hola Killian —dije, y Hunter le saludó también, tan civilmente como pudo.

—Niall —dijo Killian, luego se volvió hacia mí—. ¡Una fiesta estupenda! Se come genial,
la música es genial, lo han dado todo. ¿Qué parte has jugado en esto?

—Sólo mi presencia.

—Sky y Raven organizaron todo —dijo Hunter sin alterar la voz, e hice un esfuerzo
para no sonreír.

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—Ah. —Killian dio un rápido vistazo alrededor y, por supuesto, estaban Sky y Raven a
unos seis metros, disparándole miradas que, si no lo mataban, ciertamente podrían mutilarlo.
Pero se necesitaba más que eso para molestar a mi medio hermano. Les sonrió abiertamente,
levantó su copa de vino en un brindis y luego se dirigió prudentemente a otra dirección.

—¡Ciao! —gritó detrás de él, y lo saludé.

—¡Danza de cintas! ¡Danza de cintas! —gritó alguien, y los músicos se acercaron. Sky
organizó a los voluntarios, hombre-mujer, hombre-mujer, y les tendió una cinta. Después,
mientras la música comenzaba, los bailarines empezaron a moverse en círculos opuestos,
ondeando dentro y debajo, encima y debajo entre sí, y mientras observábamos, las cintas de
colores fueron tejidas alrededor del palo de mayo en un patrón uniforme de diamantes. Era
hermoso, y me sentí de feliz de que continuáramos con esta vieja tradición.

Sin hablar, Hunter y yo entrelazamos nuestras manos, manteniendo una libre para
poder comer y beber. Cuando cayó la noche, una enorme fogata fue encendida, y Hunter me
llevó cerca, presentándome a aquellos a quienes yo no conocía. Todos parecían tener
reacciones distintas al escuchar mi nombre. Estaba a punto de preguntarle a Hunter sobre
ello, pero entonces él señaló donde se levantarían los cúmulos de estrellas de Pléyades, justo
antes del amanecer del día siguiente. En Samhain, seis meses a partir de ahora, Pléyades se
elevaría justo al atardecer. Beltane y Samhain marcaban las dos mitades del año.

Hunter y yo vagamos lejos de la luz, del ruido y la música, hablando sobre todo,
grande, pequeño, triste y gracioso. Había visto a Patrice anteriormente por un instante, y me
había dicho que Joshua ya no necesitaba un tubo de alimentación. Sus doctores estaban
desconcertados, pero él parecía estar deshaciéndose de su enfermedad como una serpiente
de deshace de su vieja piel. Ella sostuvo mi mano con fuerza y me agradeció varias veces con
una intensidad que trajo lágrimas en mis ojos.

—Entones papá y yo iremos a Inglaterra en un mes —dijo Hunter. Estábamos lo


bastante lejos de la fiesta para no necesitar levantar tanto la voz. Suspiré.

—¿Tus padres han tomado una decisión respecto a Escocia? —preguntó.

Sacudí la cabeza.

—Han hablado a Eoife, pero no entienden realmente por qué no hay ningún folleto para
que vean o un sitio web.
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Hunter entrelazó mis dedos con sus manos.

—Quiero que vayas —dijo con seriedad.

—Siento que lo necesito —estuve de acuerdo—. Todavía no lo han rechazado, por lo


menos. Quieren ver mis calificaciones de fin de año, y demás. De hecho, he estado llevando
piedras para la buena suerte en mis bolsillos. La verdad es que si tú estás en Inglaterra y yo
aquí, no sé si podré soportar lo lejos que estarás. Si estoy en Escocia, no estarás tan lejos, y no
me sentiré tan asustada.

—Sé a lo que te refieres —dijo—. Odio la idea de estar alejado de ti, por cualquier
distancia o tiempo. Pero sé que tengo que ir a casa para ver a algunas personas. Papá está
haciendo un montón de talleres sobre el hechizo de la ola oscura, y voy a unirme a él para
dar algunas conferencias sobre este nuevo hechizo burbuja que hicimos juntos.

—Estoy muy orgullosa de ti —dije, apretándole la mano.

Sonrió.

—Se siente bien hacer algo realmente útil. Podríamos evitar que las brujas sean
despojadas de sus poderes, brujas que solamente han tomado malas decisiones o que están a
punto de tomarlas. Y esto podría reducir efectivamente el poder del Consejo. Lo que podría
allanar el camino para un nuevo Consejo, o un Consejo adjunto.

Nos detuvimos entonces y miramos alrededor, dándonos cuenta que habíamos estado
hablando y caminando, tan atrapados en el otro que habíamos ido más lejos de lo que
queríamos. No podía escuchar la música o las risas, no podía ver la luz de la fogata.

Estábamos en un pequeño claro, de no más de tres metros de ancho, con una perfecta
vista del cielo añil de la noche y las estrellas. Alrededor de los bordes del claro había un
inusual anillo de violetas, las últimas violetas de la temporada. Parecía mágico, como si las
hadas hubieran creado este lugar.

Y nosotros terminamos aquí. Se sentía como el destino, ninguna coincidencia, que


estuviéramos aquí.

Entonces miré a Hunter y él me miró. Mi corazón revoloteó, y Hunter me llevó al centro


del anillo de violetas. Se hundió en el fino musgo y tiró de mí a su lado.

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El delicado y dulce aroma de las violetas perfumó el aire a nuestro alrededor mientras
yacíamos lado a lado, y cuando alcé la vista, sentí como si pudiera ver todo el cielo delante
de mí, como si estuviera volando.

—Morgan.

Miré su cara. Se veía inusualmente solemne, la luz bailando en sus ojos extrañamente
ausentes. Lentamente fue trazando con su dedo un camino descendiente por mi brazo, y
observé mientras su tacto dejaba un diminuto rastro de chispas brillantes donde quiera que
tocaba. Las más pequeñas y finas chispas tibias, dejando el más mínimo cosquilleo, el
centelleo continuó bajando por mi costado y sobre mi falda, donde sea que él me tocara.

Lo agarré y toqué su rostro, sus angulosos y tallados pómulos. Ahora mismo, en la luz
de la luna, él parecía desgarradoramente guapo, fuerte y masculino, familiar y de íntima
confianza. Él me había visto en mis peores momentos y seguía amándome. Me había visto
enferma, enojada, cometiendo errores, siendo estúpida, y me seguía amando. Había sido
paciente y amable, demandante y verdadero. Lo amaba con todo mi corazón y creía que él
me amaba completamente, no porque él lo dijera, sino porque me lo demostraba, cada día.

Tomé su mano y la presioné en mi pecho. Pude sentirlo temblar un poco, lo que me hizo
sonreír. Amaba el hecho de que esta bruja tranquila y fría, ex-Buscador, que estaba en control
de cada situación, perdiera consistentemente el control cuando se trataba de mí. Enrollé mi
mano alrededor de su cuello y lo tiré más cerca de mí. Pareció dudar, esperando, y para
disipar cualquier duda acerqué mi boca y lo besé, con fuerza. De repente sentí que había
abierto una presa, y ahora estaba siendo barrida por torrentes de agua mucho más fuerte que
yo.

Nos movimos juntos, nuestras bocas unidas, nuestros brazos y piernas aferrándose
mutuamente tan estrechamente como podían. Hunter se detuvo y me besó suavemente,
luego se retiró y me miró a los ojos, levantando su mano y haciendo un leve movimiento
hacia el cielo. Inmediatamente vi movimiento encima, y luego fuimos cubiertos en una suave
ola de flores, flores lloviendo del cielo: rosas, peonías, margaritas, demasiadas para contar.
Reí. Esta era la alegría de Beltane, este puro amor a la naturaleza, a la vida, al amor.

Miré en las profundidades verdes de los ojos de Hunter y me sentí conmovida por la
intensidad del amor que vi allí y sorprendida por la intensidad del amor que yo sentía por él.

168 | P á g i n a
¿Era posible que hubiera tanto amor entre dos personas? Se sentía como si no pudiera
acercarme lo suficiente a él.

Hunter me volvió a besar, y nuestras piernas se enredaron en mi falda. Estábamos


jadeando en el frío aire de la noche, rodando juntos, por lo que él primero estuvo arriba y
luego yo lo estuve. Me encantó tenerlo debajo de mí, ser capaz de sujetar su cara entre mis
manos, sentir que lo que sucedía era mi decisión.

Y así lo fue.

Allí, en la víspera de Beltane, celebración de la fertilidad, la vida y el amor, Hunter y yo


hicimos nuestra propia celebración, nuestro propio compromiso entre nosotros, nuestra
promesa no dicha de ser fieles a nuestro amor, de protegernos el uno al otro, de venerar
nuestro amor y respetarnos siempre. Durante el resto de nuestras vidas.

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Epílogo
Traducido por ♥ Ellie ♥
Corregido por Yonoestoyloca

—¡Me extrañarás tanto! —dijo Hunter con seguridad. Otro anuncio inentendible decía
que el vuelo a Cleveland comenzaba a abordar.

Morgan se rió.

—¿Eso crees? —Puso sus brazos alrededor de su cintura, sabiendo que el vuelo a
Londres comenzaría a abordar en cualquier momento.

—Sé que lo harás —dijo él. Entonces bajó la voz y empujó el cabello fuera de su cuello—
. Y sé que yo te extrañaré. Tanto…

—No será por mucho tiempo —Morgan le recordó, sintiendo un cosquilleo revelador
de lágrimas en las esquinas de sus ojos. No llores, se dijo. No desperdicies este tiempo llorando.

—Se sentirá como si fuera mucho tiempo —dijo.

Un hombre que arrastraba una maleta lo suficientemente grande como para llevar a un
oso pasó por delante de ellos hacia la Puerta 17. Hunter los movió a ambos hacia un lado.

—Tengo algo para ti. —Sacó una pequeña caja de su bolsillo, y los ojos de Morgan se
abrieron enormes. Completamente muda, lo abrió. En su interior había un anillo claddagh de
plata, dos manos que sostienen un corazón entre ellos y una corona encima del corazón. En el
corazón se encontraba la runa Beorc, para nuevos comienzos.

—Es hermoso —susurró Morgan, sus dedos tratando torpemente de levantarlo de la


caja. Él la ayudó a ponérselo.

—Estoy tan orgulloso de ti, Morgan —dijo Hunter suavemente—. Estoy tan
completamente orgulloso. Y completamente feliz. Y completamente enamorado.

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Sus ojos definitivamente se sentían llorosos, pero ella se tragó las lágrimas.

—Sé exactamente cómo te sientes. —Se arrojó a sus brazos una última vez, el anillo de
plata sintiéndose como una confortante ancla en su mano derecha. Se abrazaron y besaron
hasta que oyeron la llamada a abordar el vuelo a Londres.

Entonces ella lo soltó y fue hasta su familia. Sus padres se veían ligeramente incómodos
ante la demostración pública de cariño, pero ahora sonreían y la abrazaban con fuerza.

La mamá de Morgan tenía lágrimas en los ojos, al igual que Mary K.

—Regresaré antes de que se den cuenta —les dijo—. Y, Mary K., siéntete libre de tomar
prestada cualquier cosa de mi closet mientras no estoy.

Mary K. puso los ojos en blanco.

—Como si esto fuera un beneficio —dijo. Riéndose, Morgan la abrazó fuertemente.

Entonces regresó junto a Hunter, y él acarició su mejilla suavemente, como si fuera la


última vez que lo fuera a hacer.

—Nos volveremos a ver pronto, sabes —le dijo ella mientras se refugiaba en sus brazos.

De pronto, todo el ruido del aeropuerto dejó de existir, todo el tiempo simplemente dejó
de correr.

—Te amo, Morgan —dijo Hunter, y las palabras rodearon a ambos en un tibio y
colorido flujo de magia. En ese momento estuvieron realmente solos, juntos, en un mundo en
el que no existía nadie más. Entonces el tiempo regresó a la normalidad, y las personas
alrededor de ellos volvieron a moverse y a hablar—. Quería tener un momento perfecto
contigo —dijo él, sus ojos verdes chispeando con magia… o l{grimas, no sabría decir cu{l.

—Debes irte, cariño —dijo su madre, y le dio un abrazo final. Morgan tomó el portador
de Dagda, se aseguró de tener los pasajes y su pasaporte, y se dirigió por la puerta hacia el
avión.

Volvió la mirada una última vez y los saludó.

171 | P á g i n a
El futuro se abría ante ella como los pétalos de una flor. De ahora en más, viviría su
vida como si cada respiro fuera a ser el último.

Y pronto sería la bruja justa y poderosa que siempre quiso ser.

Fin

172 | P á g i n a
S W E E P 1 5

Night’s Child
(Hija de la Noche)

Hace veinte años, Morgan Rowlands era


la bruja de sangre joven más poderosa en
generaciones enteras, haciendo
descubrimientos de magia, enfrentándose
y derrotando a males inimaginables, y
sobreviviendo a traiciones devastadoras.
Ahora, su hija de quince años, Moira,
sabe que el pasado de su madre oculta
mucho más de lo que le ha contado.

Los secretos que se esconden en el


corazón de su madre podrían destruir el
mundo entero de Moira, y al descubrir
dos dolorosas verdades acerca de su
familia, la joven comienza a unir las
piezas de un enigma que la llevará a creer
que alguien a quien ama está en peligro. Pero cuando tu vida entera está basada
en magia y mentiras, la pregunta es: ¿en quién puedes confiar?

173 | P á g i n a
A U T O R A

Cate Tiernan

Escritora americana, Cate Tiernan es el


seudónimo utilizado por la autora
Gabrielle Charbonnet para firmar su
obra literaria dedicada, principalmente,
a un público de jóvenes adultos.

Tiernan ha publicado más de 75 títulos


bajo varios nombres, aunque ha sido su
obra Amor inmortal la que le ha
reportado un gran éxito internacional.

174 | P á g i n a
agradeciemientos
MODERADORA:
♥ Ellie ♥

STAFF DE TRADUCCIÓN:
Otravaga Aylinachan
rihano Aяia
Susanauribe Debs
flochi Mona
Jo val_mar
Dai ♥ Ellie ♥

STAFF DE CORRECCIÓN:
Samylinda
Marce Doyle*
Haushiinka
yonoestoyloca
♥ Ellie ♥

REVISIÓN Y RECOPILACIÓN:
♥ Ellie ♥

DISEÑO:
Yessy

175 | P á g i n a
¡visítanos!

http://www.bookzingaforo.com/forum

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