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El Maestro Alfarero

Cuentan que en un pueblo andino escondido entre valles y quebradas, durante la época de
los incas, existía un gran maestro alfarero. Su nombre era Apu Mayta, un hombre muy
dedicado a su oficio. Dicen que era el mejor de todo el Tawantinsuyu, el resto de los
alfareros respetaban y admiraban su trabajo. El mismo Inka solía encargarle piezas para
las ceremonias del Estado.

Vivía con su familia. Su mujer Ima Sumaq y su pequeño hijo de 14 años Mallku. Ima
Sumaq era una mujer muy hermosa, y respetaba las decisiones de su marido. Mallku era un
joven inquieto que prefería esculpir piedra, es decir, realizar esculturas de piedra. Lo suyo
no era trabajar la alfarería.

Apu Mayta consideraba que su hijo debía ser un gran alfarero como él, como lo fue
también su abuelo. Entendía que su prestigio como alfarero era una herencia familiar que
debía ser preservada por todos los miembros de la familia, además pensaba que era una
manera de recordar a su padre que con tanto amor le enseño tan noble trabajo. De esta
manera, siempre exigía a su hijo a continuar la tradición familiar.

-Padre, no soy bueno realizando este trabajo - solía decir Mallku

-La práctica hace al maestro- solía responder Apu Mayta

Cierto día, un funcionario del inca le encargo un importante trabajo que sería muy bien
recompensado, se acercaba la ceremonia del Inti Raymi y se precisaba una gran vasija para
almacenar la sagrada chicha, que era una bebida hecha a base de maíz fermentado.

El Inti Raymi era el comienzo de un nuevo ciclo, es decir, marcaba el año nuevo andino.
Era una de las ceremonias más respetada del estado, consistía en esperar el amanecer de la
noche más larga del año. Las personas esperaban la salida del sol para leer sus primeros
rayos, ya que este anunciaba escases o abundancia en las cosechas. La ceremonia principal
la oficiaba el Inka y el sumo sacerdote del imperio, por lo que todas las vasijas y elementos
usados debían ser los mejores.

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Apu Mayta considero que ese trabajo sería una buena prueba para Mallku, así podría
demostrar al resto de la comunidad y a los alfareros de las zonas vecinas que su herencia
tenía continuación.

Aunque Mallku negó rotundamente a realizar el trabajo, su padre obligo al muchacho, con
advertencia de destierro si no lo hacía. Apu Mayta convencido de que su hijo lograría una
excelente vasija, no le prestó ayuda,

Llego el día de entrega, y triste fue la decepción de Apu Mayta al ver la vasija, aunque la
pieza tenía buena terminación en los colores empleados, no podía compararse con los
trabajos del maestro. El funcionario inka retiro la pieza agradecido, aunque su rostro
mostraba un poco de decepción.

Apu Mayta enfurecido increpo al muchacho, y sostuvo que ya no lo consideraría su hijo


pues el trabajo que realizo no era digno. Mallku, resentido se fue de la comunidad sin
remediar palabras, Apu Mayta no lo detuvo. Aunque, Ima sumaq le imploro que se
quedara, el muchacho se marcho.

Pasaron varios años, y Apu Mayta ya viejo, y sin saber de su hijo, escucho que al pueblo
llego un gran escultor que trabajaba la piedra. Motivado por la curiosidad fue a conocerlo.

Mucha fue la sorpresa al descubrir que era su hijo Mallku, al verlo no pudo contener sus
lágrimas y corrió a abrazarlo. Mallku olvido su orgullo, y de la misma manera abrió sus
brazos y hecho ríos de lágrimas.

Luego de una larga charla Apu Mayta reconoció su error y le pidió perdón a su hijo, ya que
nunca había tratado de conocerlo en profundidad, ni tuvo por meta pensar algo que guste o
quiera Mallku.

Comentario

Siguiendo la teoría das bien, el amor es dar algo bueno según el otro, para ello
debemos cumplir tres requisitos en la acción amatoria, SUBJETIVAR, es decir
conocer a la otra persona, INTENCIONAR, es decir, tener por meta hacer algo que
guste, quiera o persiga la persona que recibe la acción de amor., y
RETROALIMENTAR, es decir realizar la acción de amor.

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De esta manera, la historia que hemos contado no hace ver que como padres muchas
veces equivocadamente tratamos que nuestros hijos persigan los anhelos que uno
quiere, o desea, sin indagar si la otra persona asi también lo desea. Esto puede llegar
a romper en vínculo familiar y crear rencor, hasta odio. La capacidad de reconocer
los erreros de uno misma es un paso fundamental a la hora de poder comprender lo
que es el amor.

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