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Estas son las tres novelas en español de Abdulrazak Gurnah, premio Nobel de Literatura 2021.

Apenas hay tres libros traducidos al español del escritor tanzano y todos ellos en
editoriales ya extintas. 08/10/2021 
La Academia Sueca ha concedido este año el premio Nobel de Literatura al escritor tanzano Abdulrazak Gurnah . Residente en Reino Unido , el comité le ha
otorgado el prestigioso galardón por «por su experiencia inflexible y compasiva de las consecuencias del colonialismo y la difícil situación de los refugiados en el
abismo entre culturas y continentes». Tema recurrente en su bibliografía, apenas contamos con tres de sus títulos publicados en español, 'En la orilla', 'Paraíso' y
'Precario silencio', y todos ellos en editoriales ya extintas, Poliedro y El Aleph.

'En la orilla' La editorial Poliedro publica en España 'En la orilla', que fue nominada para el Booker Prize. Gurnah parte de su Zanzíbar natal para trazar  una elegía a
un mundo donde el imperialismo abre las fronteras solo para estrechar las limitaciones. Los dos protagonistas dejan atrás la isla del Oceano Índico para vivir
como emigrantes en una ciudad costera inglesa. En un entramado de relatos, Gurnah va reconstruyendo el pasado a base de los recuerdos de ambos y sus
contrastes. De fondo, el colonialismo y sus consecuencias.

'Paraíso' 'Paradise' es una novela histórica, una de las más célebres de Abdulrazak Gurnah, por la que también fue nominado a al Booker Prize además del
Whitbread Prize for Fiction en el año 94. La novela, editada en España por  El Aleph, cuenta la historia de Yusuf, un niño nacido en una ciudad ficticia de Tanzania
a principios del s.XX, a partir de lo cual el autor intenta desafiar las imágenes habituales que se tienen de África desde el punto de vista occidental. La cuarta obra
de este novelista fue reseñada y destacada en ABC por su «riqueza argumental» en donde el autor «facilita distintos tipos de lecturas. Podemos aproximarnos a
ella como si de una novela de aventuras se tratara, o de viajes; desde una perspectiva antropológica y también histórica; analizar los engranajes de la compleja
(aunque inadvertida) estructura narrativa, o fijar nuestra atención en los aspectos evolutivos del protagonista. Tal vez, la más acertada sea la de dejarnos fascinar
por el exotismo y hermosura de lo contado».

'Precario silencio'. El Aleph es también la editorial en la que se publicó en 1998 'Precario Silencio'. De nuevo, el protagonista es un hombre nacido en Zanzíbar que
lleva veinte años viviendo en Inglaterra. Al igual que Gurnah, encontró trabajo como profesor y el amor, y pudo formar  una nueva familia. Pero la escisión
producida por el desplazamiento le pasa factura. Combina magistralmente mito y realidad en una historia deslumbrante de  identidad cultural y emigración.

Abdulrazak Gurnah gana el Nobel de Literatura por su “conmovedora descripción de los efectos del colonialismo” El escritor tanzano, refugiado en el Reino Unido desde finales de los sesenta, se alza con el
máximo reconocimiento literario. Es el quinto africano distinguido por la Academia Sueca. Madrid - 07 OCT 2021

Empezó a escribir a los 21 años como un joven refugiado tanzano en Reino Unido y hoy, a los 73 años, cuando estaba en su cocina, recibió la llamada de la Academia Sueca para
informarle de que había obtenido el máximo galardón literario, y según ha confesado, pensó que era una broma. Pero no, unas horas después, en Estocolmo, se hacía público que
el Premio Nobel de Literatura, dotado con 10 millones de coronas suecas (unos 985.000 euros), ha recaído en el tanzano Abdulrazak Gurnah, “por su conmovedora descripción de
los efectos del colonialismo en África y de la suerte de los refugiados, en el abismo entre diferentes culturas y continentes”. La sorpresa fue notable y no solo para el autor, quien, a
diferencia del keniata Ngũgĩ wa Thiong’o, estaba fuera de las listas y de las quinielas. Incluso su editor en sueco confesó a la prensa local que nunca imaginó que Gurnah ganaría
el premio. “Ha sido una sorpresa muy agradable, incluso para quienes seguimos la literatura africana de cerca”, explicaba por correo electrónico la profesora de la Universidad
John Hopkins, Jeanne-Marie Jackson.

Nacido en 1948 en Zanzíbar, Gurnah llegó a Reino Unido a finales de los años sesenta, tras salir de su país en un momento en que la minoría musulmana estaba siendo
perseguida. Había estudiado en la Universidad Bayero Kano en Nigeria, y desde allí se trasladó a la Universidad de Kent en Canterbury, donde obtuvo su doctorado en 1982.
Escribe en inglés y hasta la fecha ha publicado 10 novelas, como Paraíso (1994), nominada al Booker Prize y al Whitebread Prize; By the Sea  (2001) y Desertion  (2005). Sus
últimos títulos, Gravel Heart  (2017) y Afterlives  (2020) recibieron el elogio de la crítica en Reino Unido. Al español solo han sido traducidos tres de sus libros. El más reciente y
todavía disponible es En la orilla  (2003) —lanzada por el ya desaparecido sello Poliedro—, que narra la historia de dos refugiados africanos en Reino Unido, que han dejado atrás
Zanzíbar. Las otras dos novelas traducidas están descatalogadas, editadas por el también desaparecido sello El Aleph: Precario silencio  (1998) y Paraíso (1997). Gurnah ha
desarrollado su carrera en el mundo anglosajón, aunque como ha recordado su editora inglesa de Bloomsbury, Alexandra Pringle, tampoco allí se le reconocía como una estrella:
”Es uno de los más grandes escritores africanos vivos y nadie nunca se ha fijado en él y es algo que me estaba matando”. Lo mismo le pasó en España. “Nada, unas ventas
paupérrimas, poco más de 900 ejemplares, quizá 1.100 como mucho: sabía que no funcionaba comercialmente, que es de los libros que no pagan salarios, pero sí que hacen
catálogo… Pero así terminé, cerrando la editorial por publicar autores de este tipo”, recuerda hoy, igualmente feliz, Julieta Lionetti, la editora en castellano de En la orilla, el único
libro del flamante Nobel tanzano que puede encontrarse azarosamente hoy en alguna librería española, ejemplares remanentes de los que publicó en 2003 en su sello Poliedro,
que cerró en 2010, según informa Carles Geli. Lionetti sabía lo que podría ocurrir, porque Abdulrazak Gurnah no había cosechado mucho eco cuando unos años antes se atrevió a
publicarle Paraíso (1997) y Precario silencio (1998), ambos en El Aleph, donde trabajaba entonces. “Llegué a él por el olfato de una agente literaria inglesa, Deborah Rogers, que
tenía autores nuevos de gran calidad y que creyó que encajaban con nuestra editorial”. Lionetti, a sus 67 años, tiene bien presente qué le subyugó del autor, algo muy alejado de
las razones que ha esgrimido la Academia Sueca para la concesión. “Yo disiento: Gurnah no escribe sobre el colonialismo ni el poscolonialismo, sino que es un autor que aborda
el exilio, la decadencia de la memoria con relación a donde uno nació y creció y se formó cognitivamente; yo, como exiliada, me identifiqué plenamente”, asegura quien dejó su
oficio de periodista en Buenos Aires por la dictadura. ”Su elección demuestra que en el Nobel aún hay gente que lee y es así porque exilio y memoria son los bellos temas de
Gurnah… y por ellos es universal”.

Ahora el premio Nobel cambia las cosas, y el galardón otorgado a Gurnah parece coincidir con la promesa que hizo la Academia Sueca —tras la intensa polémica que agitó al
comité, las denuncias de abusos sexuales y filtraciones que llevó a su renovación— de ampliar sus horizontes geográficos. De los 118 galardones entregados desde la creación
del premio en 1901, en 95 ocasiones lo han recibido autores europeos o norteamericanos. La brecha de género también ha sido notable: el Nobel de literatura ha distinguido a 102
hombres y 16 mujeres, —dos de ellas premiadas en los últimos años, en 2018, Olga Tokarczuk, y en 2020 Louise Glück—. Gurnah es el quinto africano que consigue el Nobel,
después de Wole Soyinka (1986), Naguib Mahfouz (1988), Nadine Gordimer (1991) y J M Coetzee (2003). Esta semana desde la Academia insistieron en que el “mérito literario”
seguía siendo el criterio “único y absoluto” que guía al comité, pero tratar de abstraer el Nobel del contexto social y político del presente resulta siempre difícil. El premio concedido
al austriaco Peter Handke en 2019 generó encendidos debates sobre la relación entre autor y obra, entre vida y posturas políticas y trabajo literario. De vuelta al caso de Gurnah,
el Nobel, como ya hiciera en otras ocasiones, presenta al gran público a un autor apenas conocido. “Es un escritor que tampoco es tan conocido en Tanzania, cuesta encontrar sus
libros allí, y, frente a otros como el keniano Ngũgĩ wa Thiong’o que escribe en kikuyu y tiene todo ese teatro social, Gurnah escribe en inglés y sus temas son otros”, explica el
africanista Chema Caballero, cofundador de la colección Libros del Baobab. “Sus libros abordan las historias, por ejemplo, de los indios que se asentaron en el África Oriental y la
colonia alemana en Zanzíbar”. La mezcla cultural de África que Guhnar trata es uno de los puntos que el comité sueco destacó. “Sin duda ahora se hablará de él como escritor
tanzano, pero eso es solo parcialmente verdad”, señala Jackson, la profesora estadounidense. “Su trabajo es profundamente zanzibarí, y muestra cómo esa increíble mezcla de
culturas marca a unos personajes que nunca acaban de encontrar su hogar”. Así, uno de los conflictos recurrentes en sus libros es la tensión que experimenta un refugiado entre
ser aceptado y rechazado, entre echar de menos el hogar y sentir alivio por dejar atrás un régimen autocrático. “Imaginativamente estás dividido, espacialmente también; y esto no
tiene por qué ser una tragedia, pero plantea problemas intelectuales y físicos”, explicaba el autor en 2017 en una entrevista en Financial Times. Gurnah ha indagado en la
ambivalencia que genera la problemática y compleja herencia colonial. Ha hablado de la dificultad que implica “relacionarte con ese legado y abrazar algunos aspectos sin
perderte, porque en lo más profundo se trata de un discurso que empequeñece tu cultura colonizada”. También ha escrito y editado ensayos sobre literatura poscolonial. En sus
textos ha analizado el trabajo de otro Nobel, V.S. Naipul, y del eterno candidato al premio de la Academia, Salman Rushdie —sobre el que también ha publicado un libro
introductorio a su trabajo, Companion to Salman Rushdie  (Cambridge University Press, 2007)—. Pero quizá en las ficciones del Nobel 2021 lo que más resuena es ese exilio en
Reino Unido del que escribió el Nobel sudafricano J M Coetzee, en Verano. “Es un escritor silencioso que está en constante búsqueda, preocupado de una forma íntima por los
efectos que tiene el movimiento transoceánico de gente de una región marcada por sus muchas permutaciones históricas”, explica Jackson. Para muchos será el descubrimiento
del año.

Abdulrazak Gurnah, del genocidio alemán al Black Lives Matter El autor tanzano ganador del Nobel bucea en los efectos perversos del colonialismo o los refugiados, temas que galvanizan a los
africanos y la diáspora de hoy en día. 08 OCT 2021 -  no pueden estar de más actualidad y en plena y efervescente revisión: los efectos del colonialismo europeo en África y el sino
del refugiado condenado a vivir entre dos mundos. Sesenta años después de las independencias africanas, numerosas iniciativas, movimientos ciudadanos y procesos de reflexión
surgen en el continente africano y en la diáspora en un esfuerzo por recordar que queda mucho camino para superar heridas como la esclavitud, el racismo o la criminalización de
las migraciones que siguen marcando el día a día de millones de personas en el mundo.

En su novela Afterlives, publicada el año pasado, Gurnah sitúa la acción en la Tanganica de principios del siglo XX, durante el dominio alemán de la actual Tanzania. “Los
alemanes han matado a tanta gente que el país está lleno de calaveras y huesos y la tierra está empapada de sangre”, asegura uno de sus personajes en un momento de la
trama, cuyo centro está dominado por las consecuencias más devastadoras, pero también las más sutiles, del colonialismo germano. Precisamente en mayo pasado, el Gobierno
alemán realizó una histórica declaración reconociendo su responsabilidad en el genocidio de las etnias herero y nama en Namibia y pidiendo perdón a los descendientes de las
víctimas. El gesto alemán está lejos de ser banal. El 28 de noviembre de 2017 y empujado por una creciente presión de los gobiernos africanos, el presidente francés Emmanuel
Macron anunciaba en un discurso pronunciado en Burkina Faso el comienzo de un proceso que conduciría a la devolución de miles de piezas históricas robadas al continente
durante la colonización. Aunque la iniciativa aún es modesta y apenas se ha iniciado el trámite con una famosa espada que ya está en Senegal o el tesoro de Abomey que deberá
viajar a Benín, lo cierto es que el tema, polémico porque supone vaciar ciertos museos africanos en Francia, ha dejado de ser tabú. El colonialismo y su huella perenne en las
relaciones que mantienen las antiguas metrópolis con el continente africano está en revisión. La publicación en 2016 del ensayo  Afrotopia, obra del profesor senegalés Felwine
Sarr, es otro punto de inflexión en este proceso: el autor plantea en su libro la necesidad de repensar África a partir de una “descolonización del pensamiento” y abre la búsqueda
de una nueva interpretación de la realidad, similar a la que vislumbraba el filósofo ecuatoguineano Eugenio Nkogo o aquella en la que rastrea el historiador camerunés Achille
Mbembe. Los afrodescendientes repartidos por el mundo desempeñan un papel clave en este proceso. Tras la lucha por los derechos civiles de los años sesenta en Estados
Unidos y el posterior combate mundial contra el apartheid, pocos movimientos como el Black Lives Matter, que surgió en 2013 contra la violencia policial de la que son víctimas los
negros, han servido tanto para remover conciencias. Cabalgando a lomos de las redes sociales, las manifestaciones por la absolución del asesino del adolescente
afroamericano Trayvon Martin abrieron una espita que denunciaba el racismo institucional y alcanzó su cénit en 2020 con los disturbios tras el asesinato de George Floyd y el
célebre vídeo en el que repetía “no puedo respirar” bajo la rodilla del agente Dereck Chauvin. Mientras los deportistas negros de todo el mundo se suman a esta causa e hincan la
rodilla mientras suena el himno o alzan el puño en señal de protesta, decenas de películas y series de éxito abordan el complejo tema de la esclavitud y su herencia. Una cortina
se descorre para dejar al descubierto la vergonzosa trata negrera que forjó el mundo industrializado de hoy en día. El discurso de Nicolás Sarkozy en Dakar en 2007, en el que
negó la historia de los pueblos africanos, y la esclavización de migrantes en Libia a mediados de la década pasada despertaron oleadas de indignación que han contribuido a
fructificar en una nueva conciencia. Gurnah también aborda en su obra la vida de refugiados tanzanos en Europa, “el abismo entre culturas y continentes” al que se enfrentan,
como dice la Academia sueca. Con una Europa atenazada e incapaz de dar respuesta al desafío de su frontera sur, en la que mueren cada año miles de jóvenes africanos en
busca de una vida mejor, la mención no puede ser más pertinente. Los cierres de las vallas fronterizas de Grecia a mujeres y niños que huían de la guerra, las expulsiones de
candidatos a conseguir asilo a países como Turquía o Mauritania o la externalización del control y la vigilancia a países africanos como Níger o Libia son señales inquietantes que
ahondan más ese abismo por el que transita la obra de Gurnah. El autor tanzano se suma a la lista de premios Nobel de Literatura africanos que integraban el nigeriano Wole
Soyinka, los sudafricanos Nadine Gordimer y John Maxwell Coetzee y el egipcio Naguib Mahfouz. Se da la circunstancia de que los tres primeros escriben en inglés, al igual que
Gurnah, y el último en árabe, por lo que ningún representante de la nutrida literatura francófona africana ha obtenido jamás el galardón. Mientras tanto, el escritor keniano que ha
optado por la lengua minoritaria gikuyu y denuncia el colonialismo lingüístico de los idiomas mayoritarios, Ngũgĩ wa Thiong’o, se queda a las puertas del Nobel un año más.

Abdulrazak Gurnah, premio Nobel de Literatura por su "interés en el colonialismo y el destino de los refugiados" LUIS ALEMANY Jueves, 7 octubre 2021 El novelista tanzano, de
cuya obra solo hay traducidos tres libros al español, ha relatado el conflicto colonial en el siglo XX

Abdulrazak Gurnah, hoy en su casa de Canterbury

Abdulrazak Gurnah es desde hoy el séptimo escritor africano que entra en el palmarés del premio Nobel de Literatura: Wole Soyinka, Naguib Mahfouz, W.M. Coetzee, Nadine
Gordimer, además del francés Albert Camus y la inglesa Doris Lessing (nacido y criada en Argelia y ZImbabue, respectivamente), le antecedieron. Ninguno de ellos significó un
ganador tan inesperado como Gurnah, un autor del que sólo se han traducido tres títulos al español, hace ya dos décadas. «Todavía estoy intentando hacerme a la idea»,
manifestó ayer el escritor tanzano, que dedicó su premio «a África y los africanos», y que expresó su confianza en que la distinción sirva para que abra un debate sobre cuestiones
como el colonialismo y la crisis de refugiados. «La gente está muriendo y sufriendo en muchas partes. Vivimos en un mundo mucho más violento que el de los años 70», dijo
Gurnah en la BBC. «Cuando vine a Inglaterra, todas estas palabras como 'solicitante de asilo' no tenían el alcance que tienen hoy, cuando hay más gente que huye de los estados
de terror». Abdulrazak Gurnah nació en 1948 en Zanzíbar (Tanzania), y reside en Reino Unido donde ha sido profesor en la Universidad de Kent. De sus libros publicados en
español, el más celebrado es Paraíso  (El Aleph, 1997), una historia de iniciación en la que Yussuf, un niño africano, se construye a sí mismo en relación con la injusticia del
colonialismo europeo y con el conflicto entre los musulmanes y los crisitianos en el este del continente. La novela aparece descrita como una saga, como una historia casi de
aventuras que para los lectores europeos tiene formas ya conocidas: Isak Dinesen y William Boyd hn sido las comparaciones empleadas. Lo que cambiaba era el paisaje. Pero,
debajo de la apariencia, había más capas: la historia de Yussuf iba en paralelo a la vida de Mahoma. Y los europeos eran una presencia fantasmal que condicionaba su viaje pero
que no llegaban a aparecer nunca. «Gurnah es un muy buen Nobel, un intelectual de mucha altura que, además, es accesible. Escribe en inglés con una voz que se podría
asimilar a la de cualquier autor británico. Escribe más como un profesor de Kent que como alguien que viene de un sitio lejano. Sus novelas son muy disfrutables», explica Juan
José Martín González, doctor en literatura inglesa y profesor en la Universidad de Málaga. Otro título publicado en español, En la orilla  (Poliedro, 2001), es un libro más cercano al
mundo contemporáneo. Su protagonista es un hombre que llega desde una isla del océano Índico a Gatwick, con una simple maleta en la que no hay nada más que incienso. En
Londres habrá de cruzarse con otra emigrante que fue importante en su pasado y que moldeará su experiencia de la migración. Es ese tema el que conecta con la argumentación
del jurado, que ha relacionado el premio con «su penetración intransigente y compasiva en los efectos del colonialismo y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y
continentes». «Lo interesante de En la orilla  es que muestra al refugiado en toda la complejidad de las historias que lleva. historias que pueden ser de hace siglos y venir desde
Asia o desde el Caribe... Una clave en los libros de Gurnah es que muestra la tradición cosmopolita de África. El mundo que retrata no está encerrado en sí mismo sino que está
lleno de gente que viene de Oriente Próximo, de la India, de Europa... También esta la religión, que es un asunto que suele tratar», explica Martín González.

El tercer libro de Gurnah en español se llama Precario silencio  (Mario Muchnik Editores) y es el más autobiográfico de los tres. Si protagonista es un africano que emigra al Reino
Unido y que se construye una carrera como escritor de una África más o menos romantizada. Cuando por fin puede volver a su país, el protagonista de Precario silencio  descubre
la textura de la realidad, recompone las piezas del puzle y llega a un entendimiento más completo de la vida. "Gurnah se fue de Tanzania pero tuvo que volver a su país para
escribir", explica Sonia Fernández Quincoces, autora del blog Literáfricas  y colaboradora de Casa África. "Sus libros nos interpelan sobre cuestiones como la libertad y la falta de
ella". «Gurnah es un escritor muy novedoso también en África porque se fija en personajes diferentes: todos los asiáticos que se dedican al comercio en África Oriental, muchos de
ellos musulmanes, algunos sijs... Eso está en la tradición de su isla, Zanzíbar, y Gurnah lo recoge muy bien», añade Chema Caballero, africanista y editor de la colección Los
Libros del Baobab. «Hay otra particularidad. En la literatura africana hay bastantes novelas que, como respuesta a la mirada colonial, representaron el África previa a la llegada por
los europeos como un paraíso idealizado. Gurnah rompe con eso, muestra un mundo en el que hay gente buena, mala y regular». Afterlives, su última novela (publicada en inglés
en 2020), vuelve al terreno de la novela histórica en el este de África. Aquí, la historia gira sobre la vida de un africano captado por las Schutzruppe Askari, las tropas coloniales
alemanas en África, que al cabo de los años, reencuentra a su familia. Más referencias para poner a Gurnah en el mapa: en 2007, el nuevo Nobel escribió  The Cambridge
Companion to Salman Rushdie, un ensayo sobre el autor de Hijos de la medianoche. La conclusión, al leer las reseñas del ensayo, es que Gurnah se reconoce a sí mismo como
un pariente literario de Rushdie, un escritor que conoce la cultura occidental y la lleva a su paisaje. De los 117 galardonados desde que se instauró este premio, 95 habían sido
europeos o norteamericanos, es decir, un 80% del total. Entre ellos, ha habido 101 hombres y solo 16 mujeres. El novelista chino Mo Yan había sido el último galardonado no
europeo o estadounidense, en 2012.

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