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El escritor Mempo Giardinelli y

el ajedrez
2 agosto, 2021ajedrezlatitudsur
Por Sergio Negri
En Resistencia, Chaco, nacía el 2 de agosto de 1947 Mempo Giardinelli quien, con el tiempo,
se habrá de transformar en referente de la literatura argentina.

Uno de sus trabajos en ficción más notables es Santo oficio de la Memoria, que es de 1991, en
el cual no deja de referirse al ajedrez. Primero, al hablar de un personaje homónimo de otro,
expresa:
“Era ese flaquito, cómo se llamaba, esperáte que me voy a acordar, ah, sí:
Bobby Ficher, igual que uno que después jugaba bien al ajedrez y estaba loco
como una cabra. Yanqui también”.
Música (clásica) y ajedrez; clásica asociación, usada de este modo:

“Ahí estaba también otro amigo de papi, Américo Ferracchia, médico y hombre
exquisito que escuchaba todo el tiempo música clásica, se sabía Anatole France
de memoria y jugaba al ajedrez escuchando a Wagner o Brahms”.  Más clasicismo,
en este caso al trazar uno de sus personajes su propio perfil:  “…me sentía orgulloso de
la pregunta, de mi perseverancia. Así había sido desde niño: hacía los deberes
con aplicación, era un alumno inmejorable, me fascinaban los problemas
matemáticos, las palabras cruzadas, el juego de go, los problemas lógicos, los
desafíos, el ajedrez que papá decía que era como una poesía de vida o muerte
porque de hecho cada jugada era una metáfora, y era una detrás de otra,
infinitamente. Con el tiempo, en la vigilia, llegué a pensar incluso -y muy
íntimamente- que nadie juega mejor al scrabble que los ingenieros. Mi mente
devino científica, práctica, no lírica. Por eso me gustaba, en el sueño, andar
implacablemente detrás de la respuesta. El Encontrador titubeaba”.
Un último planteo que hace allí Giardinelli, en el que imbrica a la literatura y al ajedrez que,
no por ser relativamente conocido (tiene evidentes reminiscencias borgianas), deja de
impactarnos:
“Porque en literatura está todo escrito, no me diga que no, siendo que a la vez
nada está escrito porque las variantes son infinitas como el ajedrez, como el
universo, como los posibles rostros de Dios”.
Mempo Giardinelli
Aún más significativa es la mención del juego que hace el escritor chaqueño en su relato
ficcional (muy verosímil por cierto) sobre un encuentro en un avión con un Jorge
Luis Borges quien, muy irónica y sugestivamente le dijo: “Quizá no sea casualidad que dos
argentinos nos encontremos a tanta altura. Ya ve cómo nos cuesta tener los pies sobre la
tierra“. Mempo le habló de un cuento suyo, titulado El libro perdido de Jorge Luis Borges,
pero Borges se interesó más por las lecturas de su interlocutor:
“Naturalmente, Borges no se interesó por mi ficción, pero sí inquirió acerca de
mi interés en él: quiso saber qué obras yo había leído, o cuáles conocía, al
menos. Me di cuenta que le importaba distinguir a un cholulo de un lector, de
modo que le conté que lo había leído completamente gracias a un torneo de
escritores. Sin dudas lo halagué y desperté su curiosidad. Entonces le referí la
breve historia de mis años de trabajo en la vieja Editorial Abril, donde además
de una excelente escuela de periodistas había decenas de buenos poetas y
narradores y casi todos jugaban bastante bien al ajedrez”.
En clima de ciertas confidencias se dio un diálogo histórico y maravilloso, en el contexto de
una referencia a un campeonato literario desarrollado en 1975, el que Giardinelli recuerda así:
“…quiso el azar (le dije, sabedor de que le encantaría tal atribución) que
campeonato y premio los ganara yo, un jovencito infatuado que por entonces
privilegiaba a la Revolución por sobre la Literatura y no lo había leído por
puros prejuicios juveniles. —Quizá usted tenía razón —me reconvino—. Fue el
año en que yo dije que Pinochet y Videla eran dos caballeros. Un desatino del
que hoy me avergüenzo”.
Más adelante, y regresando a las citas ajedrecísticas, se habla sobre un Borges que le
proporcionó al otro escritor el texto de una novela que estaba concibiendo (¡esa que nunca
escribirá), la que se describe de este modo:
“La trama era sencilla: Egon Christensen, un ingeniero danés, de Copenhague,
llegaba a Buenos Aires en 1942 como jefe de máquinas de un carguero cuyo
capitán no se atrevía a partir por temor a ser hundidos por los acorazados
alemanes que infestaban el Atlántico Sur. Egon se radicaba cerca de La Plata,
revalidaba su título de ingeniero y marchaba a Jujuy, conchabado por el Ingenio
Ledesma. Su pasión era el ajedrez, admiraba a Max Euwe, y en Jujuy vivía una
peripecia amorosa y otra deportiva, ambas colmadas de paradojas. Lo
extraordinario, desde luego, eran su prosa, la infinita rigurosidad de vocablos,
el armado preciso y despojado de la secuencia exponencial, una inevitable
mención a Adolfo Bioy Casares, la retórica perfecta y sobre todo la erudición,
que dejaba perplejo al privilegiado lector que yo era.”

El libro perdido de Jorge Luis Borges, por


Mempo Giardinelli,
en https://cvc.cervantes.es/actcult/borges/lecto
res/09b.htm
Giardinelli, en tanto periodista, pensador y hombre que desde sus ideas está comprometido con
su tiempo, asimismo incursiona muy frecuentemente en el debate público y, al hacerlo, no duda
en utilizar al ajedrez como metáfora o título de sus columnas.
Ese es el caso de las siguientes, aparecidas en el diario Página12 en el que suele presentar sus
opiniones sobre la realidad nacional, entre otras cuestiones. En Ajedrez con psicópatas,
columna de opinión del 22 de enero de 2017 (https://www.pagina12.com.ar/15729-ajedrez-con-
psicopatas), plantea:
“¿Es posible jugar al ajedrez con alguien que, cuando quiere o necesita, cuando
es de su conveniencia, usa las reglas, y cuando no, inventa las suyas propias?
¿Debe jugar ese juego el honesto? Es imposible jugar/ganar en esas
condiciones. Que le brindan además al tramposo la magnífica chance de
presentar su victoria como verdadera”
Y se responde:

“Es obvio que nadie en sus cabales jugaría al ajedrez con un psicópata que
subvierte reglas, inventa las que le convienen y encima niega reconocer lo que
obviamente hace”.
En columna de opinión del 4 de junio de 2017 (https://www.pagina12.com.ar/42198-ajedrez-y-
peligros-en-un-pais-mas-ancho-y-largo), al aludir a la líder con la que simpatiza de un
movimiento político, asimilándola con la figura ajedrecística de la “dama” (¿ la “reina”?),
asegura:
“…Y esto les cabe a todos. Porque tanto en la Alianza Cambiemos-UCR como
en el entorno de la indiscutida líder del peronismo contemporáneo, lo único que
parece claro es que todos los alfiles esperan el movimiento de la dama a ver si
da batalla personalmente, o por interpósitos candidatos. 
Con ansiedades de signo obviamente opuesto, por un lado los propios parecen
apostar cada vez más al sí de la dama. Por el otro, parece cada vez más evidente
que los grandes multimedios rodean ya al PJ y al ex ministro Florencio
Randazzo, desesperados por investirlo como futuro posible rey aunque un poco
lo detestan y otro poco lo desprecian.
Lucha, entonces, sorda y sórdida si las hay. Y de dificilísimo pronóstico porque,
de hecho, todavía el reloj urge menos a la dama que a los peones”.
Ajedrez en ficción. Ajedrez en notas de opinión política. Ajedrez en el mundo del pensador
argentino Mempo Giardinelli.

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