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EL ZEN EN LAS ARTES MARCIALES

Joc IIyams
JOE HYAMS

EL ZEN
L a s artes marciales, en su expresión más refinada, son m u c h o
m á s que una c o m p e t e n c i a f í s i c a entre dos o p o n e n t e s . P a r a e l v e r d a d e r o
m a e s t r o z e n , las artes m a r c i a l e s s o n c a m i n o s p o r los que p u e d e a r r i b a r
a la s e r e n i d a d e s p i r i t u a l , a la t r a n q u i l i d a d m e n t a l y a la m á s p r o f u n d a
confianza en sí m i s m o .

EN LAS ARTES
E L Z E N E N L A S A R T E S M A R C I A L E S e s u n l i b r o donde usted
p u e d e a p r e n d e r a a p l i c a r a su p r o p i a v i d a l o s p r i n c i p i o s d e l Z e n , a fin
de abrir una fuente potencial de fortaleza i n t e r i o r que j a m á s h a b í a
s o s p e c h a d o d e s a r r o l l a r . A l c a n z a r la m e t a e s p i r i t u a l de las artes m a r c i a l e s ,

MARCIALES
c a m b i a r á su v i d a en f o r m a r a d i c a l y e n r i q u e c e r á sus r e l a c i o n e s c o n los
demás. Comprenderá que el esclarecimiento significa sencillamente
reconocer la a r m o n í a inherente a la vida c o t i d i a n a .

J O l í H Y A M S n o s l l e v a a través d e l c a m i n o d e l a f i l o s o f í a Z e n , que
n o s ó l o a b a r c a las artes m a r c i a l e s , s i n o t a m b i é n e l a m o r p o r l a v i d a .

E L Z E N E N L A S A R T E S M A R C I A L E S e s u n l i b r o escrito con
s e n c i l l e z que lleva u n mensaje d e paz e s p i r i t u a l p a r a t o d o s l o s l e c t o r e s .
JOE HYAMS
A P a t S t r o n g , q u i e n , en l o r m a p a c i e n t e y sabia, me guió d u r a n t e m u c h o s
años en todas y c a d a u n a de las etapas de mi aprendizaje de las artes m a r -
ciales y siempre fue p a r a mí un ejemplo de lo que debe ser el artista c o m p l e t o
de las artes marciales.

Y p a r a m i esposa, E l k e , q u i e n j a m á s h a c o m p r e n d i d o p l e n a m e n t e e l por-
q u é de mi absorción en las artes marciales, a u n q u e , no obstante, s i e m p r e ha
sido p a r a m i u n a fuente d e aliento.

EL ZEN
EN LAS ARTES
MARCIALES
CONTENIDO

l a . Edición, N o v i e m b r e de 1987
4a. Impresión, D i c i e m b r e de 1990

Reconocimientos 7

El Zen en las Artes Marciales 10


ISBN 968-35-0287-3

V a c í e su Taza 18
D E R E C H O S R E S E R V A D O S ©
Es el Proceso, No el Resultado 24
Título original: Z E N I N T H E M A R T I A L A R T S
Traducción: Jaime Vázquez V .
Copyright © 1979 by Joe Hyams
V i v a el Momento 28
A r t D i r e c t o r : J o h n Brogna

Copyright © 1987, por Editorial Universo, S. A, de C. V. Supere la Precipitación 32


Cerezas N o . 89 C o l . del V a l l e
México, D . F . C . P . 03100
Conozca sus Limitaciones 34

Prohibida la reproducción total de esta obra o de alguna de sus partes Hasta los Maestros Tienen sus Propios Maestros 40
por cualquier medio, fotográfico o mecánico, sin autorización por
escrito de esta Editorial.
Alargue su L í n e a 44
IMPRESO EN MEXICO - PRINTED IN M E X I C O
No Molestar 48

La Inactividad Activa 52

La Actividad Inactiva 56

Extienda su Ki 62
RECONOCIMIENTOS
La Respiración Zen 68

Déjese Llevar por la Corriente 74

Enojo Sin Acción 78

Cómo Reconocer una Amenaza Real 82

Kime: Apriete su Mente 86

Mushin:

Deje Que su Mente Fluya 90


En el texto de este libro presento a la mayoría de los maestros
La Acción Instintiva 98 con los que estudié durante las últimas dos décadas y media,
pero sería muy ingrato si no expresara mi reconocimiento muy
El Dolor Que no Piensa 102
especial a las siguientes personas: A George Waite por sus con-
Un Esfuerzo sin Esfuerzo ' 107 sejos, el entrenamiento especial que me dio y su sincera amis-
tad; a Bob Phillips, quien, aunque no es un artista de las artes
Convierta al Miedo en un Amigo 113 marciales, tiene el espíritu, la habilidad combativa y la buena
Cómo Mirar con Confianza 118 ética deportiva típica de todos los atletas verdaderamente pro-
fesionales; a Bernie Bernheim, el cual, habiendo empezado a
El Poder de la Concentración 124
estudiar karate a la edad de cincuenta y siete años, llegó al gra-
Opciones Múltiples 128
do de cinta negra a los sesenta y uno, y es toda una inspiración
Artes Marciales sin Zen 133 para aquellos que piensan que las artes marciales son única-
mente para los ñsicamente jóvenes; a Emile Farkas, por sus
El Karate sin Armas 137 consejos y comentarios acerca del texto del presente libro; a
Ganar Perdiendo 144 Stan Schmidt, de Johannesburg, quien, en el corazón de Su-
dáfrica, maneja un dojo tradicional que ya ha producido
muchos campeones mundiales; y a Larry Tatum, quien, con
toda galantería, me ha permitido entrenarme de vez en cuando
junto con sus alumnos en el dojo de Ed Parker en Santa Móni-
ca. California.
Por supuesto, cuando en 1952, empecé a estudiar Karate, no
tenía la menor intención de involucrarme con el Zen o con
cualquiera otra disciplina espiritual. De hecho, nada podía ha-
ber estado más lejos de mi mente. Si alguien me hubiera dicho
EL ZEN adonde me llevaría mi senda a final de cuentas, lo más probable
EN LAS es que hubiera rechazado esa idea como una tontería, pues yo
asociaba el Zen con el misticismo y me enorgullecía de ser una
ARTES MARCIALES
persona completamente pragmática. Sólo después de largos
años de práctica llegué al convencimiento de que el propósito
más profundo de las artes marciales es servir de vehículo para
el desarrollo espiritual personal.
Las artes marciales empezaron a desarrollar ese énfasis en el
crecimiento espiritual del practicante en el siglo dieciséis,
cuando en el lejano Oriente disminuyó la necesidad de hom-
bres diestros para el combate. En ese entonces, las artes mar-
Se han escrito cientos de libros sobre la práctica de las artes ciales se transformaron de un medio práctico de combatir a
marciales oriéntales, pero sólo en unos cuantos se hace men- muerte, a un entrenamiento educativo espiritual que hacía
ción al significado del Zen en las mismas. Ésa es una lamen- hincapié en el desarrollo personal del participante. De esta ma-
table omisión, ya que las artes marciales, en su expresión m á s nera, el arte de combatir con la espada, kenjutsu, se transfor-
refinada, son mucho más que una competencia física entre dos mó en "el camino de la, espada", kendo. Muy pronto, a otras
oponentes. . . un medio de imponer la propia voluntad ó de artes marciales se les aplicó la terminación — do, que significa
infligirle d a ñ o al contrario. En vez de eso, para el verdadero "el camino", o, más completamente, "el camino al esclareci-
maestro, el karate, el kung-fu, el aikido, el wing-chum y todas miento, a la autorrealización y a la comprensión", y ese ele-
las demás artes marciales son esencialmente caminos por los mento Zen se refleja en grados diferentes en el aikido, el judo,
que puede arribar a la serenidad espiritual, a la tranquilidad el karate-do, el tae-kwon-do,. el hapkido y el jeet-kune-do entre
mental y a la más profunda confianza en sí mismo. otros.
No obstante, yo tuve que estudiar las artes marciales durante El papel que desempeña el Zen en las artes marciales desafía
varios años antes de percatarme de tal cosa. En las primeras a cualquier definición fácil porque no tiene ninguna teoría, si-
etapas de mi aprendizaje, como la mayoría de los estudiantes, no que es un conocimiento íntimo para el que no hay n i n g ú n
me pasé mucho tiempo aprendiendo y refinando técnicas y mo- dogma claramente establecido. El Zen de las artes marciales le
vimientos técnicos y físicos muy complejos. Sólo de vez en cuan- quita el énfasis a la potencia del intelecto y exalta el de la ac-
do el sifu ("instructor" en chino) mencionaba que había otras ción intuitiva, siendo su objetivo último el de libertar al indivi-
lecciones que debía yo aprender. duo del enojo, la ilusión y la falsa pasión.

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Al estudiante le es posible ponerse en contacto con el Zen en de las cuales eran más jóvenes que yo. Como con frecuencia en-
las artes marciales sólo paulatinamente y dando un rodeo. Una vidiaba su éxito, mi técnica de entrevistar consistía en aguijo-
vez que llegue a comprenderlo así, algo con lo que están fami- nearlas hasta que respondían con algo digno de ponerse en
liarizados todos los que son verdaderos maestros de las artes letras de molde.
marciales, empecé a tomar nota de mis descubrimientos. Du- En cierta ocasión Bronislaw Kaper, el compositor de música
rante la última década, El Zen en las Artes Marciales ha sido la para películas, laureado por la Academia, reconoció mi técni-
gran historia de mi horizonte, el libro que con mayor anhelo ca precisamente por cómo era y me sugirió que estudiara kara-
deseaba escribir. Sin embargo, siempre había algún otro maes- te. " E l ejercicio podría ayudarte a bajar de peso y te permitiría
tro con quién estudiar u otra disciplina qué aprender antes de despojarte de alguna de tus hostilidades", sugirió. En ese tiem-
que me sintiera listo para emprender la tarea. po el karate era algo nuevo en la escena de Hollywood y se le
No obstante, éste no es un libro para el lector que desea do consideraba simplemente una forma de combate oriental exó-
minar el Zen, ya que los conceptos centrales a esa tradición tica. Conceptos tales como el de la elevación de la conciencia,
ciertamente no pueden adquirirse a través de la palabra escri- el de adquirir el control de la propia vida y el de intensificar la
ta. Este libro tampoco es para aquellos que esperan aprender a percepción propia, eran cosas de las que j a m á s se había oído
realizar las sorprendentes proezas de los artistas marciales, que hablar. Sólo hasta hace poco hemos llegado a darnos cuenta de
rompen tablas y ladrillos con las manos desnudas y que con to- la relación que existe entre los deportes y el crecimiento perso-
da facilidad derrotan a varios contrincantes al mismo tiempo. nal o espiritual.
El lector al que le interese aprender ú n i c a m e n t e los conceptos Cuando Kaper hizo los arreglos para que recibiera mi prime-
físicos de las artes marciales puede aventurarse, solo, en ese ti- ra lección con el maestro de karate Ed Parker, acepté pensan-
po de literatura sin necesidad de que yo lo guíe. En vez de eso, do que, aunque no aprendiera yo nada, no obstante reuniría
éste es un libro en el que los lectores pueden aprender a aplicar material suficiente para llenar varias columnas del periódico,
a su propia vida los principios del Zen, cómo éstos se reflejan en pues un p u ñ a d o de estrellas, entre ellas Elvis Presley, estu-
las artes marciales, a fin de abrir una fuente potencial de forta- diaban con Parker en ese tiempo.
leza interior que j a m á s habrían sospechado que poseyeran. En esos días Parker enseñaba kempo-karate, una forma esta-
Mi interés formal en las artes marciales empezó en 1952, dounidense de boxeo chino, en la sala de pesaje del Club Atlé-
cuando era columnista de Hollywood para el New York Herald tico de Beverly Hills. En nuestro primer encuentro, me dijo:
Tribune. En esa época era un hombre sedentario, excedido de — No voy a demostrarte mi arte, sino compartirlo contigo. Si
peso, inquieto, que se aburría fácilmente y andaba constante- te lo demuestro, eso sería una exhibición y, con el tiempo, irías
mente en busca de nuevas aventuras. No tenía conciencia ple- retrocediendo tanto en tus recuerdos que acabarías por perder-
na de quién era ni adonde se dirigían mi carrera o mi vida. Pa- te. Por otra parte, si lo comparto, no sólo lo recordarás siem-
ra empeorar las cosas me sentía ansioso, intimidado por la pre, sino que, al mismo tiempo, yo también mejoraré.
autoridad, inseguro y hostil para compensar mi inseguridad. Pronto aprendí que el concepto de que el maestro aprenda
Diariamente entrevistaba a luminarias de la pantalla, muchas de la lección misma, es algo básico en toda buena enseñanza de

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las artes marciales. Por dicha razón, quizá a la sala de prácticas hijos) que a la sabiduría del maestro. En términos espirituales,
— el dojo (en japonés), el dojang (en coreano), el kwoon (en él o ella (si es una mujer) es mi superior y, por lo tanto, mi
chino)— donde se estudian las artes marciales, se le llama tra- maestro. Bruce Lee-nos enseñó jeet-kwon-do al argumentista
dicionalmente " E l lugar del Esclarecimiento". Stirling Silliphant y a mí en la calzada de la puerta cochera de
Un dojo es un cosmos en miniatura, donde nos ponemos en mi casa.
contacto con nosotros mismos. . . con nuestros temores, an- El sensei de las artes marciales es en gran medida como el
siedades, reacciones y hábitos. Es también una arena de maestro de Zen: él no ha salido a buscar al estudiante ni le im-
conflictos confinados donde nos enfrentamos a un oponente pide que se vaya. Si él desea a alguien que lo guíe para subir la
que no es un oponente, sino más bien un camarada decidido a empinada cuesta de la pericia, el instructor está dispuesto a
ayudarnos a que nos comprendamos más plenamente nosotros servirle de guía. . . con la condición de que el estudiante esté
mismos. Es un sitio en el que podemos aprender mucho en un preparado para cuidarse él mismo a lo largo del camino. La
tiempo muy corto acerca de quiénes somos y cómo reacciona- función del instructor es la de delegar en el estudiante exacta-
mos en el mundo. Los conflictos que tienen lugar dentro del mente aquellas tareas que es capaz de dominar, y luego dejarlo
dojo nos ayudan a manejar los conflictos que se nos presentan atenido tanto como sea posible a sus recursos y habilidades in-
fuera de él. La concentración y disciplina totales que se re- ternas. El estudiante puede seguir los pasos de su guía o escoger
quieren para estudiar las artes marciales, se traspasan a la vida alguna otra senda. . . la elección es suya.
diaria. La actividad que tiene lugar en el dojo nos obliga a in- El instructor enseña primeramente la técnica (waza) sin dis-
tentar constantemente nuevas cosas, por lo que t a m b i é n es una cutir su significado; él desea que el estudiante lo descubra por
fuente de aprendizaje. . . En la terminología Zen, una fuente
sí mismo. Si el estudiante posee la dedicación necesaria y el
de esclarecimiento propio.
maestro suministra la inspiración espiritual apropiada, el signi-
Dice un refrán budista que cualquier lugar puede ser un do- ficado y esencia de las artes marciales se le revelarán finalmen-
jo. Yo he estudiado karate shodokan en un hermoso edificio te al primero.
moderno, en Johannesburg, Sudáfrica; judo en la bodega de Aunque uno puede leer algo acerca del Zen en las artes mar-
un restaurante japonés, en Londres, Inglaterra; jujiysu en un ciales, el verdadero conocimiento de éste es experimental. ¿Có-
sport halle en Munich, Alemania. Sin embargo, la mayor parte mo podemos explicar el sabor del azúcar? Las explicaciones
de mi estudio del hapkido, aikido, tae-kwon-do y wing-chun la verbales no nos dan la sensación. Para conocer el sabor uno
he hecho en Los Ángeles, donde las tiendas con frecuencia se tiene que experimentarlo. La filosofía de las artes no es para
convierten en estudios de artes marciales. meditarse ni razonarse, sino para experimentarse. Por eso mis-
Todo dojo está dirigido por un sifu, o sensei(en japonés), lo mo, de manera inevitable, las palabras sólo pueden darnos
cual significa maestro. Sen significa "antes" y sei "nacido"; por parte de su significado.
lo tanto, aquel que ha nacido antes que uno es su maestro, y En más de veinte años de estudiar las artes marciales, toda-
eso se refiere menos a la edad cronológica (algunos de los maes- vía no me he retirado a un monasterio Zen ni he retrocedido
tros que he tenido eran lo bastante jóvenes como para ser mis ante las presiones de trabajar y vivir en una sociedad de compe-
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tencia. No obstante, sí he descubierto que, cuando alcanzo las
metas espirituales de las artes marciales, la calidad de mi vida
cambia en forma dramática. . . al enriquecer mis relaciones
con los demás así como al conservarme en un contacto mucho
más estrecho conmigo mismo. Y he llegado a comprender que
el esclarecimiento significa sencillamente reconocer la armonía
inherente a la vida diaria.
Por lo tanto, le ofrezco al lector este libro con la intención de
compartir con él lo que he aprendido y con la esperanza de que
algunos de ellos deseen recorrer un camino semejante. T a l vez,
al compartir mis experiencias, yo aprenda más, ya que eso
también, está en el camino del Zen.

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nante ver a un h o m b r e de c o n s t i t u c i ó n l i v i a n a ejecutar t é c n i c a s
c o n u n a rapidez cegadora, y con unos movimientos tan veloces y
elegantes como los de un p á j a r o en vuelo. C u a n d o Bruce termi-
nó h u b o un momento de silencio y luego un aplauso atronador.
VACÍE A l g u n a s semanas d e s p u é s , u n amigo m í o m e a r r e g l ó u n a en-

SU TAZA trevista c o n B r u c e , de q u i e n deseaba yo r e c i b i r clases particu-


lares. B r u c e e s c o g í a c o n todo c u i d a d o a los estudiantes a los
que a c c e d í a a e n s e ñ a r , y esa entrevista s e r í a p a r a mí una espe-
cie de a u d i c i ó n .
C o m o él d a b a solamente lecciones particulares y no t e n í a un
estudio formal, la r e u n i ó n se c e l e b r a r í a en mi casa. L l e g ó con
toda p u n t u a l i d a d y salí al patio del frente p a r a r e c i b i r l o . A pri-
m e r a vista p a r e c í a t o d a v í a m á s p e q u e ñ o que como se veía en el
escenario. L l e v a b a puestos unos pants de entrenamiento ajus-
tados que le c u b r í a n las piernas hasta los tobillos y u n a sudade-
Ese d í a de verano de 1964, el aire era bochornoso y f é t i d o en ra verde, debajo de la c u a l se le s e ñ a l a b a n los m ú s c u l o s . S o n r i ó
Xa A r e n a de los Deportes de L o n g B e a c h . El sistema del aire c u a n d o nos saludamos, pero casi inmediatamente fue al grano.
a c o n d i c i o n a d o no f u n c i o n a b a b i e n y la m u l t i t u d asistente al ¿ P o r q u é deseas estudiar conmigo? — p r e g u n t ó .
T o r n e o I n t e r n a c i o n a l de K a r a t e empezaba a inquietarse des- — Porque me i m p r e s i o n ó m u c h o tu d e m o s t r a c i ó n y porque
p u é s de largas horas de ver los encuentros. L u e g o , Ed Parker, me h a n d i c h o que eres el mejor.
organizador del evento a n u a l , t o m ó el m i c r ó f o n o e hizo la pre- — ¿Ya has estudiado artes marciales?
s e n t a c i ó n d e B r u c e L e e , q u i e n h a r í a u n a d e m o s t r a c i ó n d e jeet- — D u r a n t e a ñ o s — c o n t e s t é — , pero d e j é de hacerlo hace al-
kune-do. H u b o un m u r m u l l o i n s t a n t á n e o y todas las cabezas se g ú n tiempo y ahora quiero volver a empezar.
estiraron h a c i a adelante. A n t e s de i n i c i a r su carrera en el cine, B r u c e a s i n t i ó en silencio y luego me p i d i ó que le demostrara
B r u c e L e e era ya t o d a u n a leyenda entre los artistas marciales. algunas de las t é c n i c a s que yo supiera. Salimos a la calzadita
B r u c e hizo su entrada a la p l a t a f o r m a elevada del c u a d r i l á - que d a b a a la cochera y me estuvo observando atentamente
tero de boxeo l u c i e n d o un sencillo u n i f o r m e de kung-fu negro, mientras yo realizaba las diferentes katas o ejercicios de otras
hecho a la m e d i d a . D u r a n t e unos cuantos momentos h a b l ó disciplinas. L u e g o me p i d i ó que ejecutara algunas patadas bá-
t r a n q u i l a m e n t e acerca de su arte y luego i n i c i ó su demostra- sicas y bloqueos y que golpeara el costal que t e n í a en la coche-
c i ó n . S i e m p r e es algo impresionante observar a un h o m b r e ra, pendiente de u n a viga.
grande y robusto hacer u n a d e m o s t r a c i ó n de karate, apabu- — ¿ T e das cuenta de que t e n d r í a s que olvidarte de todo lo
l l a n d o al espectador con el despliegue de u n a potencia vibrante que has a p r e n d i d o y empezar de nuevo? — i n t e r r o g ó .
y c a b a l . S i n embargo, p a r a mí es algo t o d a v í a m á s impresio- — No — repuse.

18 1!)
B r u c e s o n r i ó y, suavemente, me puso u n a m a n o en el h o m - Posteriormente supe que B r u c e siempre p o n í a en p r á c t i c a lo
bro. que e n s e ñ a b a . D e joven, e n H o n g K o n g , h a b í a estudiado wing-
— P e r m í t e m e relatarte u n a historia que me c o n t ó mi sifu* chun, u n a de las ramas de k u n g - f u , con el c é l e b r e maestro Y i p
— dijo. Es acerca de un maestro j a p o n é s de Z e n , el c u a l r e c i b i ó M a n . C u a n d o , siendo u n adolescente, l l e g ó a los Estados U n i -
a un profesor universitario que fue a hacerle preguntas acerca dos, o b s e r v ó el kenpo-karate de Ed P a r k e r y t o m ó de él muchas
del Z e n . t é c n i c a s manuales que le gustaron. D e l tae-kwon-do a d o p t ó las
"Desde el i n i c i o de la c o n v e r s a c i ó n , r e s u l t ó obvio p a r a el devastadoras patadas que h a c e n que el estilo coreano sea algo
maestro que el profesor no estaba tan interesado en aprender tan f o r m i d a b l e . E s t u d i ó t a m b i é n otros estilos de las artes mar-
algo sobre el Z e n c o m o de i m p r e s i o n a r al maestro c o n sus pro- ciales, t o m a n d o de todos ellos lo que j u z g a b a ú t i l . A u n q u e lo
pias opiniones y conocimientos. El maestro lo e s c u c h ó pacien- consideraron u n o de los mejores artistas marciales de su tiem-
temente y al f i n a l s u g i r i ó que t o m a r a n un poco de t é . El maes- po, estaba siempre aprendiendo, siempre en un proceso cons-
tro, entonces, le sirvió té a su visitante hasta que la taza de éste tante de c a m b i o y m e j o r a m i e n t o . C o n toda certeza, él siempre
se l l e n ó , pero siguió virtiendo té en ella. El profesor c o n t e m p l ó m a n t u v o v a c í a su taza.
c ó m o su taza se l l e n a b a hasta que ya no p u d o contenerse. B r u c e no sólo h a b í a desarrollado sus habilidades físicas has-
— La taza se e s t á desbordando — dijo. Ya no le cabe m á s . t a u n grado d e p e r f e c c i ó n , sino que t a m b i é n a g u d i z ó l a mente
— Al i g u a l que esta taza —repuso el maestro—, estás lleno c o n el estudio del Z e n . En L o s Á n g e l e s , el estudio de su casa es-
de tus propias opiniones y especulaciones ¿ C ó m o puedo ense- t a b a atestado hasta el techo c o n gastados v o l ú m e n e s de los
ñ a r t e Zen a menos que previamente v a c í e s tu taza?" maestros del Z e n escritos en c h i n o y en i n g l é s .
B r u c e se me q u e d ó m i r a n d o . H a n pasado muchos a ñ o s desde m i p r i m e r a l e c c i ó n c o n B r u -
— ¿ C o m p r e n d e s ahora lo que quiero decirte? — f i n a l i z ó . ce y a la fecha me encuentro a la m i t a d de la cincuentena. C o n
— Sí —repuse. Lo que quieres es que yo v a c í e mi mente de m e d i o siglo de experiencia a mis espaldas, en ocasiones a ú n me
los conocimientos pasados y de m i s viejos h á b i t o s a f i n de que i m p a c i e n t o c o n alguna nueva idea o t é c n i c a . S i n embargo,
esté abierto al nuevo c o n o c i m i e n t o . c u a n d o a c t ú o c o n i m p a c i e n c i a o d o g m á t i c a m e n t e seguro de mí
— Exactamente — c o n c e d i ó B r u c e . Y, ahora, ya estamos lis- m i s m o , recuerdo la l e c c i ó n que B r u c e me dio y trato de vaciar
tos p a r a la p r i m e r a l e c c i ó n . mi taza p a r a hacerle lugar a los nuevos m é t o d o s e ideas.
L o anterior n o significa que B r u c e m e h u b i e r a i m p e d i d o en- É s a fue mi p r i m e r a l e c c i ó n verdadera del Z e n en las artes
j u i c i a r c o n u n a mente c r í t i c a sus e n s e ñ a n z a s . De hecho, él marciales y de su a p l i c a c i ó n a la v i d a . . . aunque en ese enton-
aceptaba con gusto c u a l q u i e r d i s c u s i ó n y hasta la argumenta- ces no la r e c o n o c í como Z e n . P a r a m í , era simplemente b u e n
c i ó n . S i n embargo, c u a n d o se le d i s c u t í a demasiado tiempo al- sentido. . . que es precisamente lo que el Z e n es.
g ú n punto, r e p l i c a b a siempre:
— P o r lo menos, v a c í a tu taza y has un esfuerzo.

* Sifu: maestro (N. del T.).

20
más por la presencia de hombres mucho más jóvenes que po-
dían hacer con toda facilidad lo que a mí me costaba un es-
fuerzo tremendo y una gran concentración. Hubo muchas oca-
siones en las que estuve a punto de abandonarlo todo, hecho
ES EL PROCESO, que el maestro Han reconocía.
NO EL RESULTADO Una tarde, después de una sesión de práctica, el maestro
Han me invitó a tomar el té con él. Una vez que hubo llenado
las tazas, empezó a decirme:
— Nunca aprenderás a hacer apropiadamente ningún es-
fuerzo a menos que estés dispuesto a darte tiempo a ti mismo.
Me imagino que estás acostumbrado a que todo se te haga fá-
cil, pero ésa no es la forma de vida en las artes marciales.
— Soy paciente —repuse.
— No estamos hablando ahora de paciencia —contestó él.
Ser paciente es tener la capacidad de una resistencia calmada.
El maestro Bong Woo Han es un coreano de mediana estatu- El darte tiempo a ti mismo es trabajar activamente hacia un
ra cuya cabeza está completamente llena de cabello gris. Hay objetivo sin fijarte un límite a c u á n t o tiempo deberás emplear.
una calmada autoridad en todo lo que dice y hace. Ninguna de Había puesto el dedo en la llaga. Yo me había fijado una de-
sus palabras o movimientos es superfluo. Es el tradicional artis- terminada cantidad de tiempo para llegar a ser razonablemen-
ta marcial que aprendió el hapkido con su maestro de Corea, el te eficiente en su estilo y me estaba frustrando yo mismo por-
cual, a su vez, lo aprendió con su maestro, al que habían ense- que, al parecer, no iba a alcanzar la meta con la prontitud ne-
ñ a d o toda una larga y continua fila de otros maestros. Una se- cesaria. Una vez eliminado el fin del plazo que me había fija-
sión con el maestro H a n no es solamente un entrenamiento, si- do, sería como quitarme un gran peso de encima. Sin embar-
no también una lección de la vida. Siempre que salgo de su do- go, ahora podía ver que mi enfoque estaba equivocado. Esta-
jang me siento enriquecido. ba haciendo lo mismo que había hecho con el hapkido. Debía
T e n í a yo cincuenta años de edad cuando inicié el estudio del concentrarme en el proceso de trabajar en el libro en vez de en
hapkido con el maestro Han. Desde el principio, el proceso del su terminación. Una vez que liberara mi mente del apremio del
aprendizaje fue lento y con frecuencia difícil para mí, ya que el tiempo y atacara la tarea del libro sin un límite arbitrario, po-
hapkido exige un cuerpo extremadamente flexible. El mío se dría dedicarme a escribirlo y a trabajar sin ansiedad alguna.
había endurecido con la edad y tenía problemas con la espal-
da, los cuales afectaban mi equilibrio y hacían que cualquier
patada que tirara más arriba del nivel de la cintura me produ-
jera un dolor intenso. Mi aprendizaje se complicaba todavía

24 25
no hay remordimientos, como en el pasado; por otra parte, al
pensar en el futuro diluyes el presente. El tiempo para vivir es
ahora.
"Mientras lo que hagas en el presente sea exactamente lo
VIVA EL que estás haciendo en ese momento y nada más, eres uno conti-
MOMENTO go mismo y con lo que estás haciendo. . . y eso es el Zen, el ha-
cer lo que estás haciendo en toda su plenitud."
Reflexioné luego en lo que el maestro H a n h a b í a dicho. U n a
de las razones principales por las que me gustan las artes mar-
ciales, es porque exigen una concentración total. Durante unas
horas cada semana puedo aislarme de todos los problemas y
presiones de mi vida diaria. La rapidez con que tiene lugar un
encuentro o sesión de práctica de las artes marciales, no deja
lugar o tiempo entre dos "puntos" para la reflexión.
Pero ese día yo me h a b í a permitido distraerme y mis pensa-
Un día, mientras practicaba en el dojang del maestro Han,
mientos estaban divididos entre la junta que acababa de termi-
ejecutaba los movimientos del hapkido en forma mecánica, ha-
nar y la que iba a tener lugar dentro de pocos minutos. Mi
ciendo de forma muy deficiente aquello que sabía hacer bien y
mente no h a b í a estado en la actividad del momento.
volteando a ver el reloj a cada momento.
Entonces recordé con c u á n t a frecuencia, al estar trabajan-
— Tu mente está en otra parte —observó el maestro Han, al
do, dejaba que mi mente divagara de esa manera, disipando al
cabo de unos minutos.
mismo tiempo energía y concentración, y tomé la decisión de
Tuve que admitir que, en realidad, mi mente estaba lejos de
que me entrenaría yo mismo para que tal cosa no volviera a
ahí. Apenas si me las había arreglado para hacerle lugar a mi
ocurrir. A cada una de mis actividades le daría mi concentra-
lección entre dos citas de negocios.
ción más absoluta. Cuando regresé a mi oficina, escribí en una
El maestro H a n me hizo una reverencia, significando con eso
p e q u e ñ a tarjeta de archivo "Vive el Momento" y, con una
que la lección había terminado.
chinche, la clavé en mi escritorio.
Una vez vestido con ropa de calle, iba a salir del dojang
Hasta la fecha esa tarjeta sigue donde la clavé, y vuelvo a
cuando me lo encontré en la puerta, esperándome.
leerla cada vez que me percato de que me estoy distrayendo.
— Debes aprender a vivir en el presente —me aconsejó—, no
Desde ese día, continuamente recuerdo concentrarme en el
en el futuro ni en el pasado. El Zen enseña que la vida debe vi-
momento en lugar de dejar que mi mente divague en el pasado
virse en el momento. Al vivir en el presente estás en contacto
o hacia el futuro.
completo contigo mismo y con tu medio ambiente, tu energía
no se disipa y siempre la tienes a tu disposición. En el presente

28 29
SUPERE LA
PRECIPITACIÓN

Estaba tomando té con el maestro H a n en su oficina, cuando


llegó el cartero trayendo una carta que enviaba la familia del
maestro desde Corea.
Sabiendo que él h a b í a aguardado ansiosamente esa carta,
hice una pausa en nuestra conversación, esperando que él
abriera el sobre y se precipitara a leer su contenido. En vez de
eso, el maestro hizo la carta a un lado, se volvió hacia mí y con-
tinuó con nuestra conversación.
Al día siguiente le comenté el gran control de sí mismo que
poseía, y le comenté que yo me hubiera puesto a leer la carta ai
instante.
Hice lo que hubiera hecho si hubiera estado solo - repu-
so. Hice la carta a un lado hasta haber superado la precipita-
ción. Luego, cuando le puse la mano encima, la abrí como si
I uera algo precioso.
Durante unos momentos, quedé intrigado con su comentario
labiendo que su intención era la de que eso fuera una lección
para mí. Finalmente declaré que no c o m p r e n d í a a qué condu-
< i .1 i anta paciencia.
Conduce a esto —me contestó. Los que son pacientes en
las cosas triviales de la vida y saben controlarse, un día t e n d r á n
el mismo dominio en las cosas grandes e importantes.

52
eres más viejo y tu cuerpo ha cambiado. Todos tenemos limita-
ciones físicas q u é superar.
— Para ti es fácil decir eso — repliqué. Si alguien ha nacido
con habilidad natural para las artes marciales, ese alguien eres
CONOZCA
tú.
SUS Bruce se rió.
LIMITACIONES — Voy a decirte algo que muy pocos saben — me confió. Yo
llegué a ser artista marcial a pesar de mis limitaciones.
Me quedé asombrado. En mi opinión, Bruce era un espéci-
men físico perfecto y así se lo dije.
— Probablemente no te has dado cuenta — prosiguió— , pero
mi pierna derecha es un poco más de dos centímetros más corta

Después de una lección, Bruce Lee y yo estábamos tomando


dim sum, un desayuno tradicional chino consistente en paste-
lillos rellenos de carne, en un restaurante del centro de Los Án-
geles. Yo aproveché la oportunidad para confesarle que me sen-
tía desanimado. A los cuarenta y cinco años de edad, me consi-
deraba un viejo y sentía el cuerpo demasiado rígido para lograr
una verdadera habilidad en el jeet-kune-do.
—Nunca aprenderás nada nuevo a menos que estés dispuesto
a aceptarte con tus propias limitaciones —repuso Bruce. Tie-
nes que aceptar el hecho de que estás capacitado en algunas
direcciones y limitado en otras, y debes desarrollar tus habili-
dades.
— Sin embargo, hace diez años podía tirar una patada por
encima de mi cabeza con toda facilidad —repuse. Ahora, ne-
cesito media hora de calentamiento para poder hacerlo.
Bruce colocó sus platillos para comer junto al plato, se puso
las manos en los muslos y me sonrió:
— Eso fue hace diez años —me dijo tranquilamente. Ahora

34 35
que la izquierda. Ese defecto fue el que me impuso la mejor
postura para mí. . . con la pierna izquierda adelantada. Des- que no puedes patear a una altura mayor que la de tu cabeza
pués descubrí que, por tener la pierna derecha m á s corta, tenía sin un calentamiento largo, pero la pregunta fundamental es
una ventaja con cierto tipo de patadas, ya que un paso desigual ésta: ¿Es realmente necesario patear a esa altura? En realidad,
me daba un í m p e t u mayor. sólo hasta hace muy poco tiempo los artistas marciales empeza-
"Además uso lentes de contacto. Desde mi niñez he sido cor- ron a patear a una altura superior a la de la rodilla. Las pata-
to de vista, lo cual significa que, cuando todavía no usaba len- das a la cabeza son principalmente para exhibición. Así es que
tes, me costaba trabajo ver al oponente si éste no estaba cerca. perfecciona tus patadas a la altura de la cintura y serán tan
Originalmente e m p e c é a estudiar wing-chun porque ésa es una formidables que nunca necesitarás patear más arriba.
técnica ideal para el combate cuerpo a cuerpo. " E n lugar de tratar de hacer todo bien, has perfectamente
"Acepté mis limitaciones por lo que eran y les saqué pro- las cosas que seas capaz de hacer. Aunque la mayoría de los ar-
vecho. Y eso es lo que tú tienes que aprender a hacer. Dices tistas marciales expertos se han pasado largos años practicando
cientos de técnicas y movimientos, en un encuentro, o kumite,
un c a m p e ó n puede en realidad usar ú n i c a m e n t e cuatro o cinco
técnicas una y otra vez. Esas son las técnicas que él ha perfec-
cionado y de las que sabe que puede depender."
Yo protesté:
— Pero el hecho sigue siendo que mi adversario real es el pa-
so de los años.
— Deja ya de compararte a ti mismo a los cuarenta y cinco
años, con el que eras a los veinte o a los treinta — contestó Bru-
ce. El pasado es una ilusión. Debes aprender a vivir en el pre-
sente y aceptarte a ti mismo como eres actualmente. Y lo que te
falta en agilidad y flexibilidad, debes compensarlo con conoci-
mientos y una práctica continua.
En los meses siguientes, en vez de gastar el tiempo tratando
de hacerme tan flexible como para poder patear a la altura de
la cabeza, me puse a trabajar en las patadas a la altura de la
cintura hasta que incluso Bruce se mostró satisfecho con mi de-
sempeño.
Luego, un día, a fines de 1965, me fue a visitar para despe-
dirse antes de salir para H o n g K o n g donde, según me dijo, se
iba a convertir en la estrella más grande del cine.
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37
— ¿Recuerdas nuestra conversación acerca de las limita-
ciones? — p r e g u n t ó . Yo estoy limitado por mi estatura y mi di-
ficultad con el inglés, además del hecho de que soy chino, pues
nunca ha habido una gran estrella china en las pantallas norte-
americanas. No obstante, he dedicado los tres últimos años a
estudiar películas y pienso que el tiempo es propicio para una
buena película sobre las artes marciales. . . y yo soy el mejor
equipado para ser la estrella. Mis aptitudes sobrepasan a mis li-
mitaciones.

38
Ed Parker, por ejemplo, se considera un novicio si se compa-
ra con W i l l i a m Chow, su maestro de Hawaii; el maestro Bong
Soo H a n habla con reverencia de la habilidad de su maestro de
HASTA LOS MAESTROS Corea, Yong Sul Choi; Bruce Lee siempre hablaba con asom-
bro de su maestro de Hong Kong, Y i p M a n , quien fue también
TIENEN SUS
el sifu de J i m L a u ; Stan Schmidt, de Sudáfrica, atraviesa la mi-
PROPIOS MAESTROS tad del mundo hasta Los Ángeles una vez al año para estudiar
con su maestro, Nishyama; mientras que C a m i l l a Fluxman, de
Los Angeles, vuelve a su hogar, en Sudáfrica, cada vez que pue-
de, para estudiar nuevamente con su maestro, Stan Schmidt.
Ese interminable círculo de estudiante y maestro les da a am-
bos, maestro y estudiante, la sensación de que forman parte de
un continuo de aprendizaje.
Mi propia experiencia del aprendizaje de las artes marciales
En la mayoría de las disciplinas de las artes marciales, el es- ha sido siempre como una escalera con incontables descansos.
tudiante novato usa una cinta blanca que, de acuerdo con la C o n cada paso hacia arriba, la meta —la unificación espiritual
tradición, simboliza la inocencia. Con el paso del tiempo la y física de cuerpo y mente— parece estar más cercana, pero
cinta se ensucia con el manejo y el uso, por lo que la segunda siempre hay descansos, o altiplanos, en los que el aprendizaje
etapa del aprendizaje se simboliza por medio de una cinta café. parece detenerse, con la escalera subiendo interminablemente
Pasa el tiempo y la cinta se va oscureciendo más hasta que se hacia lo alto. En esas ocasiones, muchas veces me he sentido
pone negra. . . y ésa es la etapa de la cinta negra. Con todavía frustrado y desalentado. Les he mencionado esa experiencia a
más uso, la cinta negra empieza a raerse y se va poniendo casi diferentes amigos de las artes marciales y cada uno de ellos ha
blanca, significando con eso que su dueño está regresando a la admitido que él, también, ha arribado a ese altiplano de vez en
'inocencia. .*. una característica Zen de la perfección humana. cuando. Dicha experiencia es c o m ú n a todos nosotros.
Muchos sistemas de artes marciales tienen cintas de varios George Waite, mi buen amigo y mentor, recordaba los días
colores entre el blanco y el café, así como diferentes grados de cuando su cinta era café y cómo se desanimaba cuando veía a
café y de negro, lo cual es un constante recordatorio para el es- alguien mucho mejor que él, a pesar de que él se consideraba
tudiante de que todavía hay mucho más qué aprender más allá bueno.
de cualquier grado de eficiencia que él o ella pueda haber ad- — Cuando ocurría eso —decía—, acostumbraba ir al dojo a
quirido hasta esos momentos. Y ese recordatorio se extiende observar a los de cinta blanca. Veía entonces que, comparado
(hasta con los maestros, cada uno de los cuales tiene un maestro con ellos, yo era bueno. Regresaba después a observar a los de
antes que él.
cinta negra y volvía a inspirarme viendo cuan mejor me era po-
40 sible llegar a ser. Cuando al fin llegué a ser cinta negra, com-

41
p r e n d í que realmente no sabía yo nada comparado con mi sifu,
y me desanimé hasta que éste me dijo cuan grande había sido
su maestro.
A pesar de mis muchos años de estudio de las artes mar-
ciales, reconozco lo poco que sé realmente comparado con los
maestros de los mismos. Sólo c o m p a r á n d o m e constantemente
con alguien mejor que yo he podido ir mejorando. Realmente,
es algo inspirador saber que hasta los maestros tienen maestros
y que todos somos aprendices.

El rey Hsuan, de Chou, oyó hablar de Po Kimg-i, quien era con-


siderado el hombre más fuerte de su reino. El rey se decepcionó
al conocerlo, pues Po se veía débil. Cuando el rey le p r e g u n t ó
qué tan fuerte era, Po dijo humildemente: "Puedo romperle
una pata a un saltamontes de primavera y resisto el viento que
produce una cigarra en el o t o ñ o " . Estupefacto, el rey exclamó:
"Yo puedo desgarrar cueros de rinoceronte y arrastrar a nueve
búfalos por la cola y, no obstante, me avergüenzo de mi debili-
dad. ¿Cómo puedes entonces ser tan famoso?" Po sonrió y res-
pondió tranquilamente: " M i maestro fue T z u Shang-Chi'ui, cu-
ya fuerza no tenía igual en el mundo, pero ni sus parientes lo
sabían porque él nunca la usó".

ANÓNIMO

42
perior a mí y Parker observaba la vapuleada que me estaba dan-
do. Al terminar el encuentro yo estaba sencillamente abatido.
Parker me invitó a su oficina, un cuarto pequeño escasamen-
te amueblado, con sólo un escritorio maltratado y unas sillas
ALARGUE
viejas.
SU LINEA — ¿Por qué estás tan turbado? —me preguntó.
— Porque no pude hacer nada.
Parker se puso en pie detrás del escritorio y con un gis trazó
una línea blanca en el suelo como de metro y medio de largo.
— ¿Cómo puedes acortar esa línea? —me preguntó.
Me quedé observando la línea y le ofrecí varias respuestas,
entre ellas la de cortar la línea en varios pedazos.
Él movió la cabeza y trazó una segunda línea, esta vez más
larga que la primera.
— ¿Y ahora, cómo se ve la primera línea? —preguntó.
Me encontré por primera vez con el maestro de kenpo- — Más corta —contesté.
karate, Ed Parker, en 1952, en un gimnasio de Beverly Hills Parker asintió en silencio.
donde le rentaban espacio. Ed es un hawaiano bien parecido — Siempre es preferible mejorar y robustecer la propia línea
de 1.83 m de estatura y una cabeza coronada por una tupida
y conocimientos que tratar de cortar la del oponente.
mata de cabello negro. A primera vista me hizo pensar en un Me acompañó hasta la puerta y agregó:
frondoso árbol, con sus brazos como gruesas ramas y sus pies — Piensa en lo que acabo de decirte.
descalzos firmemente anclados en un tapete de lona. (A pesar Lo pensé y estudié con ahínco los meses siguientes, desarro-
de su gran estatura, es un torbellino en movimiento). Llevaba llando más mis capacidades y ampliando mis conocimientos y
puesto un delgado uniforme de algodón de dos piezas al que mi habilidad. La siguiente vez que me encontré en la lona con
son muy afectos los artistas marciales. El uniforme, al igual el mismo oponente, él también había mejorado, pero lo hice
que su cinta negra, blanqueaba ya en varios sitios a fuerza de mucho mejor que la vez anterior, porque ya había ampliado
uso y de repetidas lavadas. El rostro de Ed era sereno y pacífi- mis conocimientos y desarrollado más mis habilidades.
co, como si acabara de meditar. No mucho después comprobé que podía aplicar el principio
Aún recuerdo una de mis sesiones iniciales en su dojo de Los que Ed me había enseñado, a mi manera de jugar tenis. Como
Ángeles, donde estaba yo practicando kumite (entrenamiento) ávido jugador de tenis de fines de semana, con frecuencia me
con un oponente más hábil. Para compensar mi falta de conoci- veía enfrentado a jugadores mejores que yo y, cuando las cosas
mientos y experiencia, probaba movimientos súbitos y engaño- me empezaban a pintar mal, muchas veces echaba mano de
sos que eran fácilmente anulados. El otro era sencillamente su- trucos. . . como rebanar la bola, tratar de golpearla con efecto
44 45
o recurrir a toda clase de artimañas. Sin embargo, invariable-
mente me derrotaban y me sentía frustrado. Y era que, en lu-
gar de tratar de mejorar mi juego, trataba de "acortarles su
línea" a los contrarios. Hasta que reconocí que tenía que jugar
a mi máxima capacidad en lugar de tratar de ech?r a perder el
juego de mis contrincantes. Teniendo siempre presente el con-
sejo de Parker, mi juego pronto mejoró.
Han pasado casi treinta años desde aquello y, mientras tan-
to, Parker les ha enseñado su arte a miles de estudiantes. Aun
después de que han dejado de verse, ellos siguen considerándo-
lo un buen amigo. . . y como a un sabio y amable sifu que en-
carna el espíritu y la filosofía de las artes marciales.

46
— Es el bien más precioso que poseemos — comentó Stirling.
Yo siempre considero mi tiempo como si estuviera dividido en
infinitos momentos o transacciones o contactos. Cualquiera
que robe mi tiempo me está robando la vida porque me está
NO MOLESTAR quitando mi existencia. Conforme voy envejeciendo compren-
do que el tiempo es lo único que me queda. Así pues, cuando
alguien me aborda con algún proyecto, calculo el tiempo que
me costará realizarlo y luego me pregunto a mí mismo, "¿Deseo
gastar semanas o meses del poco tiempo que me queda en este
proyecto? ¿Vale la pena o simplemente estoy desperdiciando
mi tiempo?" Si considero que el proyecto tiene su valor, lo llevo
a cabo.
"Aplico la misma medida a las relaciones sociales. No voy a
permitir que nadie me robe mi tiempo. He limitado mis amis-
tades a aquellas personas con quienes el tiempo se pasa feliz-
Muchas de mis lecciones de jeet-kune-do con Bruce Lee las
mente. Hay momentos en mi vida — momentos necesarios— en
compartí con Stirling Silliphant, uno de los argumentistas de
mayor éxito en Estados Unidos. Muchas veces, después de las los que no hago nada, pero ésa es decisión mía. La decisión de
lecciones, los tres íbamos al patio trasero de mi casa y, armados cómo gasto mi tiempo es sólo mía y no la dictan las conven-
con sendos jugos de frutas, nos sentábamos a conversar. Esos ciones sociales."
momentos eran preciosos para mí porque, invariablemente, Una vez que Stirling terminó de hablai, Bruce se quedó mi-
obtenía un panorama interno de uno de ellos o de mis dos ami- rando el espacio durante unos momentos. Cuando al fin habló,
gos. fue para preguntar si podía usar el teléfono.
En una de esas ocasiones hablamos de la diferencia que hay Cuando regresó, Bruce venía sonriendo.
entre desperdiciar el tiempo y gastar el tiempo. Bruce fue el — Acabo de cancelar una cita —dijo. Era con alguien que
primero en hablar. quería desperdiciar mi tiempo, no ayudarme a gastarlo.
— Gastar el tiempo es pasarlo de una manera específica Al marcharse, Bruce se volvió hacia Stirling y le dijo:
— dijo. Estamos gastándolo durante las lecciones del mismo — Hoy fuiste el maestro. Por vez primera me di cuenta de
modo como lo estamos gastando ahora en la conversación. Des- cuánto tiempo he desperdiciado con ciertas personas. Nunca
perdiciar el tiempo es gastarlo en forma irreflexiva o sin el me- antes se me había ocurrido que estuvieran robándome la exis-
nor cuidado. Todos tenemos tiempo para gastar o desperdiciar tencia, pero así era.
y nos corresponde a nosotros decidir qué hacer con él. Sin em- En esa época de mi vida, tenía muchos amigos que acos-
bargo, una vez pasado, el tiempo se ha ido para siempre. tumbraban llegar de visita o llamarme por teléfono a cualquier
48 hora. Porque soy escritor y trabajo en mi casa, ellos suponían49
— En nuestra vida moderna —me explicó— no dejamos
campo para espacios vacíos, para no hacer nada. Ese concepto
de no hacer nada, que no tiene relación con simplemente no
LA INACTIVIDAD hacer algo, es también una actividad y un ejercicio.
ACTIVA "Comparemos el no hacer nada con una pausa en la música
— prosiguió. Esa pausa no es una ausencia de música, sino par-
te integrante de la composición. Si un director no mantiene
una pausa en su valor completo, es como si estuviera haciendo
un corte en la carne. Ya lo dijo Claudio Debussy, 'La música es
el espacio entre las notas'. Los maestros del buen fraseo, como
los artistas marciales, son hombres que les prestan tanta aten-
ción a las pausas y a los silencios (inactividad) como a la acción
misma."
Lo que Bronny parecía querer decir era que' ana pausa signi-
Bronislaw Kaper, quien me inició en las artes marciales hace ficativa le permitía a uno evaluar dónde se encontraba. La si-
más de veinte años, me introdujo también a otra noción intere- guiente vez que vi a Bruce Lee, le referí mi conversación con
sante. . . la de no hacer nada de una manera consciente. Bronny.
Bronny es cortesano, elegante y todo un caballero a la manera Bruce echó a reír y dijo:
euopea. Nacido en Polonia y educado en Varsovia y Berlín,
— Está en lo cierto, ¿sabes? La pausa, a la mitad de la ac-
fue campeón juvenil de sable cuando tenía dieciocho años y si-,
ción, es también uno de mis secretos. Muchos artistas marciales
fue siendo considerado uno de los mejores espadachines con
atacan con la fuerza de un huracán, sin detenerse a observar
sable de la costa occidental, aunque ya anda cerca de los setenta
años cuál es el efecto de su ataque sobre el oponente. Cuando yo
ataco, trato siempre de hacer una pausa —una acción deteni-
Un día lo llamé por teléfono para invitarlo a almorzar. da— para estudiar a mi oponente y sus reacciones antes de vol-
- Lo siento — dijo Bronny — , pero hoy es mi día de no hacer ver a entrar en acción. Yo incluyo pausa y silencio junto con la
nada.
actividad, dándome así tiempo para sentir mis propios proce-
Yo protesté.
sos internos así como los de mi oponente.
Es que almorzar es no hacer nada sino comer —le argüí. Años más tarde, mucho después de que Bruce se fue a Hong
Bronny soltó la risa.
Kong a hacer películas, comprendí finalmente cuan importan-
Si hago una cita para almorzar contigo, mi querido amigo te era esa "acción detenida" para su arte. La mayoría de los ar-
repuso— , debo hacer algo, y hoy es mi día de no hacer nada. tistas marciales emplean un patrón fijo de técnicas una y otra
Explícate, por favor —le rogué.
vez, pero Bruce Lee nunca se encerró en una rutina. El, en
cierto sentido, llevaba constantemente un registro del impacto

53
medioambiental de su propia actividad. . . haciendo una pau-
sa para evaluar, ajustar y corregir de acuerdo con las exigen-
cias de la situación. El nunca permitió que fuera el oponente el
que dictara sus acciones. En vez de eso, él forzaba al oponente
a reaccionar de acuerdo con él, haciendo pausas frecuentes pa-
ra reagrupar y reformar su enfoque.
Recientemente encontré una manera de hacer encajar esa
idea abstracta de la "acción detenida" en mi propia vida. Du-
rante algún tiempo permití que fuera mi programa de trabajo
el que gobernara mi vida. Luego, un día, me sentí abrumado
por la presión y me di cuenta de que había cierto paralelo con
mis experiencias en la estera de combate cuando me las tenía
que ver con un oponente irresistible. En esas ocasiones, recor-
daba las palabras de Bruce y hacía una pausa para reagrupar
mis propios medios y luego intentaba tomar la iniciativa ¿Por
qué no habría de dar resultado ese método con mi problema
actual?
A pesar de todas las presiones, decidí tomar un día libre, ha-
cer una pausa durante la cual aceptaría no hacer nada y estu-
diar la situación. Dicha pausa obró maravillas en mi caso. Pu-
de evaluar el predicamento en que me encontraba, decidí qué
curso de acción emprender y me dije a mí mismo que tomaría
la iniciativa para determinar el programa de mi propia vida.
Había descubierto que el no hacer nada a veces puede ser algo
más importante que hacer algo.

La mente no debe estar en ninguna parte en particular

TAKUAN

54
Ese aire de informalidad es típico del wing-chun, al que
t a m b i é n llaman "pugilismo chino", el cual es actualmente uno
de los estilos de artes marciales más populares en Hong Kong y
en Europa, y que está ganando una rápida popularidad en Es-
LA ACTIVIDAD tados Unidos por su simplicidad y enfoque realista en el com-
INACTIVA bate. En el wing-chun no hay sistemas de rangos ni cintas de
colores para distinguir al novato del instructor. Cuando un es-
tudiante ha alcanzado cierto nivel de eficiencia, el sifu puede
darle un p e q u e ñ o medallón o algún regalo personal como
muestra de aprecio.
A diferencia de Bruce, quien había decidido llegar a ser
estrella de cine, la ambición principal de J i m L a u es la de tras-
mitirle su arte a un n ú m e r o cada vez mayor de devotos seguido-
res, la mayoría de los cuales le han llegado con cierta experien-
cia en otras artes marciales. A pesar del estilo informal de ense-
J i m L a u , mi sifu en wing-chun, tiene veintiocho años de
ñ a r que posee Jim, éste siente una gran responsabilidad por el
edad y fue fundido en el mismo molde que Bruce Lee. De jo-
progreso y bienestar de cada uno de sus alumnos.
ven, L a u estudió wing-chun en H o n g K o n g con el maestro de
Un día estábamos practicando "manos pegadas", un ejerci-
Mruce Lee, el legendario Y i p M a n . L a u es esbelto y de estatura
cio en el que ias manos de uno parecen estar pegadas a las del
mediana, con unos brazos y piernas como de acero templado,
pero es tan flexible como una vara de sauce. Puede tener la oponente. . . de ahí su nombre. A lo largo de su entrenamien-
frente pegada a la de su oponente y, aun así, patearle a éste la to, los estudiantes de wing-chun aprenden a interpretar los
quijada. mensajes silenciosos que telegrafían las manos de su compañe-
ro. La manera como una mano se retira puede indicar un cam-
Cuando fui a visitar la academia de wing-chun que J i m L a u
bio en el peso del cuerpo, un cambio de postura y/o la pro-
tiene en Los Angeles, en lo que antiguamente era una tienda,
bable dirección del golpe siguiente. Eso puede ofrecer una pis-
me sorprendió observar que todos los estudiantes estaban en
ta de si el siguiente golpe será un uppercut*, un golpe volado
topas de calle. L a u mismo lucía una camiseta roja de manga
de casa redonda o un golpe recto. El perder contacto con la
corta, con un dibujo del ratón Miguelito, y pants azules de
mano del compañero le permite a éste golpearlo a uno. El
entrenamiento. Cuando nos presentaron le hice una reverencia,
empujar contra la mano del adversario lo extiende demasiado a
como se acostumbra cuando uno conoce a un artista marcial de alto rango, uno y puede perder el equilibrio fácilmente.
pero él lo ignoró, me estrechó la mano e insistió en que lo llamara Jim.

* Golpe corto hacia arriba.

57
E n ese e j e r c i c i o , a m b o s compañeros t r a t a n d e i n t e r p r e t a r l a s
señales d e l o t r o y d e d i s i m u l a r las p r o p i a s . L a técnica l e enseña
a u n o a p a r a r un ataque i n m i n e n t e y, a u n así, mantenerse
c e n t r a d o y e n c o n t r o l d e l a situación, s i n r e a c c i o n a r e n e x c e s o
ni quedarse corto. El resultado, con frecuencia, es un estanca-
miento.

E s e e j e r c i c i o m e f r u s t r a b a p o r q u e J i m podía l e e r m i s i n t e n -
c i o n e s e n m i s m a n o s a través d e l a s e n s i b i l i d a d d e s u t o q u e , c a s i
c o m o u n s u p e r d o t a d o m e n t a l lee las m e n t e s d e o t r a s p e r s o n a s .
Con frecuencia me impacientaba e intentaba descargar un golpe,
pero Jim sentía mi intención cada vez y contrarrestaba el
m o v i m i e n t o a u n antes de que yo lo h i c i e r a , sorprendiéndome
s i e m p r e f u e r a d e e q u i l i b r i o . F i n a l m e n t e , d a b a u n p a s o atrás y
levantaba una mano, i n d i c a n d o c o n eso q u e l a lección había
terminado.

U n a vez t e r m i n a d a l a lección, l o acompañé h a s t a s u automó-


vil y me dijo:

" D e b e s a p r e n d e r a dejar que la p a c i e n c i a y la i n m o v i l i d a d se


s o b r e p o n g a n a la a n s i e d a d y a la a c t i v i d a d f u r i o s a p o r el a n s i a
d e h a c e r a l g o . E n t r e los a r t i s t a s m a r c i a l e s d e l g r a d o más a l t o ,
n o h a y c a b i d a más q u e p a r a u n a s o l a equivocación. A n t e s d e u n
i n t e r c a m b i o de golpes p u e d e n t r a n s c u r r i r varios m i n u t o s de
paciencia controlada y de planeamiento mientras cada continuante, paciente. Se m a n t i e n e observando, c o n t r o l a n d o su paciencia y
respectivamente, observa a su oponente, estudiando o r g a n i z a n d o s u c o m p o s t u r a . C u a n d o v e u n a o p o r t u n i d a d , ex-
su posición o p o s t u r a , v i g i l a n d o , c o n c i b i e n d o ideas y c a r g a n d o su
plota".
energía. Cuando uno de ellos piensa que va a atacar, su oponente
T i e m p o después t u v e o p o r t u n i d a d d e p r e s e n c i a r u n " c r u z a -
puede cambiar de postura rápidamente. Si ha reaccionado
m i e n t o d e m a n o s " o c o m b a t e e n t r e d o s m a e s t r o s d e las artes
de más, su oponente toma nota de eso mentalmente, ya que
m a r c i a l e s . Y o asistí e s p e r a n d o v e r e l d e s p l i e g u e m a g n í f i c o d e
e s a e s u n a d e b i l i d a d q u e más t a r d e intentará aprovechar en
u n o s acróbatas r e l a m p a g u e a n t e s y d e u n o s m i e m b r o s c o m o d o s
Ventaja s u y a .
t o r b e l l i n o s . E n vez d e eso, v i a d o s h o m b r e s e n p o s t u r a d e c o m -
"Un b u e n j u g a d o r r e c o n o c e esos m o v i m i e n t o s p o r l o q u e s o n : b a t e estudiándose m u t u a m e n t e c o n t o d a atención d u r a n t e v a -
un proceso de sondeo y experimentación. El b u e n j u g a d o r es r i o s m i n u t o s . A d i f e r e n c i a d e l b o x e o , n o había f i n t a s n i a m a g o s
59
t e n t a t i v o s . D u r a n t e casi t o d o e l t i e m p o , los m a e s t r o s s e m a n t u -
v i e r o n inmóviles, c o m o e s t a t u a s . D e r e p e n t e , u n o d e e l l o s ex-
plotó e n m o v i m i e n t o t a n rápidamente, que ni siquiera pude
p e r c i b i r l o q u e había s u c e d i d o , a u n q u e s í v i q u e s u o p o n e n t e
saltó h a c i a atrás. E l c o m b a t e había t e r m i n a d o y l o s m a e s t r o s s e
hicieron m u t u a m e n t e u n a reverencia.
E n m i s i g u i e n t e lección l e conté a J i m l o q u e había visto.
— A h o r a y a h a s v i s t o e l p o d e r d e l a p a c i e n c i a c o n t r o l a d a so-
b r e l a e s t e r a — d i j o él. L o m i s m o s e a p l i c a a los p r o b l e m a s d e l a
v i d a . C u a n d o surja u n p r o b l e m a , n o c o m b a t a s c o n é l n i trates
d e n e g a r l o . A c é p t a l o y r e c o n ó c e l o . S é p a c i e n t e e n l a búsqueda
d e u n a solución o a p e r t u r a y l u e g o e n t r é g a t e p l e n a m e n t e a l a
solución q u e j u z g u e s más a d e c u a d a .

Usted y su oponente son uno. Entre ustedes hay una relación


coexistente. Usted coexiste con su oponente y se convierte en su
complemento' absorbiendo sus ataques y usando la fuerza de él
para dominarlo.

BRUCE LEE
bres. Remolineando entre ellos, su falda negra parecía rodear-
los. Cada vez que alguno de ellos descargaba un golpe en su
cuerpo, él ya no estaba ahí. Del mismo modo como cuando un
giroscopio gira cada vez más aprisa, su movimiento parece más
calmado, sucedía lo mismo con el maestro mientras desviaba la
EXTIENDA
energía de sus atacantes y los iba proyectando, uno tras otro,
SU Kl fuera de la melée.
Todo terminó en unos momentos. El maestro, a ú n calmado,
con una leve sonrisa en los labios, se volvió hacia el auditorio e
hizo una reverencia bajo una catarata de aplausos. Luego, se
inclinó humildemente ante los estudiantes atacantes, quienes,
a su vez, se inclinaron respetuosamente ante él.
Las acciones del maestro se h a b í a n visto tan sin esfuerzo que
Llegué tarde al aikido, "el arte suave", en mis estudios de las yo sabía que había algo bajo la superficie que no podía verse,
artes marciales. Ya conocía el aikido, por supuesto, y me inte- que no podía explicarse. Así era, confirmó él. Era el ki, la
resaba aprenderlo algún día, pero estaba enfrascado en el ka-
energía o fuerza invisible de la vida que no puede verse, pero
rate y pensé que podría esperar. Luego, durante una visita que
que la mayoría de los artistas marciales, especialmente los
hice a Londres hace algunos años, me fijé en un cartel donde
aikidoístas, tratan de desarrollar.
anunciaban una conferencia sobre aikido y decidí asistir a ella.
Como una demostración adicional del ki, el maestro invitó a
La conferencia tuvo lugar en una tienda que h a b í a n conver-
cualquiera de los espectadores que así lo deseara, a que intenta-
tido en un p e q u e ñ o dojo a la sombra de la torre de la oficina de
ra levantarlo de la estera. Eso me pareció algo relativamente fá-
correos de Londres. El salón de prácticas estaba abarrotado de
c i l , así es que me ofrecí. Sujeté firmemente al joven alrededor de
espectadores sentados con las piernas cruzadas en una estera,
la cintura y traté de levantarlo, pero ni siquiera pude moverlo.
observando al maestro, un japonés joven que lucía una blusa
Aunque yo pesaba por lo menos veinte kilos más que él, parecía
blanca y una hekama, o falda negra, que es la vestimenta de
haber echado raíces en el suelo. Él me pidió entonces que lo gol-
los maestros de aikido.
peara pero, aun antes de que mi p u ñ o viajara la mitad de la dis-
El joven se veía frágil y vulnerable cuando se enfrentó a me-
tancia que nos separaba, me sentí respetuosa, pero firmemente
dia docena de jóvenes fornidos que lo rodearon en forma ame-
llevado a la estera. Nunca me h a b í a n derribado tan rápidamen-
nazante. Cuando empezaron a acercársele, el maestro se man-
te ni había sentido jamás una fuerza tan suave.
tuvo inmóvil, calmado y sereno, de pie en el ojo del h u r a c á n .
— Éste es un ejemplo del ki — me dijo, mientras me ayudaba
Repentinamente, con fuertes gritos, lo atacaron al unísono.
a incorporarme.
Lo que sucedió entonces fue algo magnífico. Pareció como
que el maestro fluía como una corriente de agua sobre los hom- — ¿Y cómo puedo desarrollarlo? —pregunté.

62 63
— Sólo con la práctica y una actitud mental apropiada —me de levantar a un niño o a un perro que no quería que lo levan-
contestó enigmáticamente. taran? El niño parece más pesado cuando no está cooperando,
Mentalmente tomé nota de que, en cuanto regresara a Los pero cuando quiere que lo levanten se hace m á s liviano. Y eso
Ángeles, investigaría más acerca del aikido. se debe a que la mente es en realidad una fuente de potencia, y
A mi regreso, busqué y encontré una escuela de aikido y em- cuando se coordinan la mente y el cuerpo, el ki se manifiesta.
pecé a estudiar ese arte, que para mí era nuevo. Constante- Con la práctica podrás conectar el ki a voluntad.
mente oía mencionar el ki y, después de una de mis primeras — ¿Y de dónde proviene ese ki? —pregunté.
lecciones, le pedí a una ayudante del instructor, una esbelta — El centro del ki es el "punto" o tai-ten —repuso ella, seña-
morena, que me lo explicara. lando un sitio como a unos tres centímetros abajo del ombligo.
—Realmente nadie puede explicarlo, Joe —dijo — , pero sí Aquí es, más o menos, donde se encuentra el centro de grave-
puedes sentirlo. Me voy a colocar al borde de la estera con mi bra- dad del cuerpo humano. El ki se define como una energía o
zo extendido y tú caminarás hacia m í , en dirección de mi brazo. fuerza interior que puede dirigirse desde el "punto" tai-ten,
Hice lo que me pedía y caminé hacia su brazo, el cual detuvo por medio de la visualización, a lugares fuera del cuerpo. Pue-
mi avance. de combinarse con la gravedad para producir un peso muerto y
— Bien — dijo ella. Ahora, quiero que pienses en un objeto una pesadez extrema dentro del cuerpo, como en el caso del ni-
que esté frente a ti, más atrás de mi brazo, y camines hacia él. ño que no quiere que lo levanten.
Nuevamente seguí sus instrucciones y caminé "a través de" y "Los aikidoístas, así como la mayoría de los artistas mar-
más allá de su brazo extendido. ciales y los practicantes del Zen, creen que todo el ki o energía
— Esta vez estabas proyectando tu energía hacia adelante en del universo fluye a través de ellos por ese 'punto', viajando
la forma apropiada —comentó ella. Ahora, extiende tu brazo eternamente en todas direcciones. No importa d ó n d e estés,
en línea recta a partir del hombro y ponme una mano en el siempre eres el centro del universo. Sosteniendo tu 'punto' y
hombro. Pon rígido el brazo. m a n t e n i é n d o t e controlado, te sientes uno con el universo y, al
Presionando con las manos en la parte interna del codo, me mismo tiempo, totalmente consciente de tu relación corporal
flexionó el brazo con toda facilidad. con el universo."
— Ahora flexiona el brazo ligeramente por el codo y relájalo Sacudí la cabeza.
sin quitarlo de mi hombro. I m a g í n a t e que tu brazo es una — Eso es demasiado esotérico para mí —observé.
manguera por la que fluye el agua, la cual te sale por los dedos — Hay otra manera de comprenderlo — continuó ella. Pien-
en un chorro, que mentalmente has apuntado al infinito. sa en el vientre como en una válvula que envía agua (o ki) por
Esta vez se colgó con ambas manos de mi brazo, pero, a pe- todas las extremidades. Cuando la válvula se abre, se genera
sar de sus esfuerzos y de que trató de hacer palanca, no pudo más agua (o energía) a través de los brazos y las piernas.
flexionarlo más. "Si te imaginas que toda tu energía le está llegando a tu
— Ése es un ejemplo del ki —dijo. Todo el mundo lo tiene cuerpo por un punto de tu parte media, que fluye hacia abajo
hasta cierto grado. . . hasta un bebé. ¿Has tratado alguna vez por tus piernas y hacia arriba por tu tronco, por tus brazos y

64 65
m á s arriba hasta tu cabeza —y luego, con la mente, proyectas
esa energía por tu cuerpo en la dirección que quieras —, puede
decirse que estás extendiendo tu k i . El ki puede enviarse en
cualquier dirección, dependiendo de lo que intentes hacer."
Ese es un concepto especialmente difícil de comprender. Sin
embargo, en raras ocasiones he podido percatarme de un flujo
espontáneo de fuerza constante (o energía) que fluye por todo
mi cuerpo sin que yo lo pretenda en forma consciente.
Todo el mundo, incluso los que no son artistas marciales,
son capaces de jalar de ese superpoder o fuerza interior. Por
ejemplo, la frágil mujer que derriba una pesada puerta porque
su niño se quedó encerrado en un cuarto que se está incendian-
do, el marido que es capaz de levantar un automóvil porque
una de las piernas de su esposa q u e d ó atrapada debajo de
él. . . en circunstancias normales, esas personas no hubieran
podido realizar esas proezas de fuerza. Sin embargo, en una
emergencia, la mente trabaja velozmente y coordina su fuerza
con la del cuerpo, técnica que los artistas marciales desarrollan
a base de práctica y que se les convierte en algo mecánico y,
posteriormente, espontáneo.
Para mí, la lección de eso puede resumirse en una asevera-
ción simple: es suficiente saber que existe una cosa tal como el
k i , una fuerza interior disponible que amplía el concepto de los
propios recursos con que uno cuenta. El simple hecho de saber
que el ki existe en todos iiosotros es, en sí mismo, algo que nos
confiere poder.

Fluye con cualquier cosa que pueda suceder y deja que tu


mente quede libre. Mantente centrado aceptando cualquier
cosa que estés haciendo. Eso es lo último.

CHUANG-TZU

66
"Imagínense que el aire que están respirando es niebla y vi-
sualícenla entrándoles por la nariz y la garganta hasta la parte
inferior del abdomen. Dejen que circulen ahí y por todo su
cuerpo y sus miembros, visualizándola mientras viaja por los
diversos canales y meridianos de su cuerpo. Al exhalar, vean
LA cómo la niebla les sale por la boca.
RESPIRACION " A l principio pueden volverse excesivamente conscientes de
ZEN su respiración y empezar a jadear como si estuvieran haciendo
un ejercicio violento. Cuando suceda eso, vuelvan a empezar."
Las manos del sensei se arquearon con gracia al unirse frente
a su rostro cuando hizo resonar los bloques, al juntarlos de un
golpe. Al sonido del choque, inhalé lenta y sostenidamente por
la nariz, con la boca cerrada suavemente, de tal modo que se
expandieran las paredes del abdomen, dejando que la respira-
ción circulara dentro de mi cuerpo durante más o menos diez
segundos, hasta que volvió dejarse oír el chasquido de la made-
Hacía un frío tremendo. Mi respiración se convertía en va- ra contra la madera.
por frente a mis ojos y mi delgado gi estaba húmedo al tacto. Hubo un suave sonido de exhalación cuando todos dejamos
Afuera estaba oscuro todavía, ya que el sol tardaría por lo me- escapar el resuello, al exhalar como las tres cuartas partes del
nos media hora en salir. Dentro del dojo éramos cerca de veinte aire por la boca. Luego, el seco chasquido resonó en la sala y
ocupantes. De rodillas en nuestras esteras, con las espaldas todos volvimos a inhalar.
erectas, mirando al instructor.
Pronto quedó establecido cierto ritmo: el chasquido, un so-
El también se encontraba de rodillas, frente a nosotros, con nido sibilante cuando todos inhalábamos, y luego otro chas-
un bloque de madera en cada mano que descansaban en las ro- quido y un ruido como el de un gran suspiro cuando exhalába-
dillas. Habló con suavidad y, aunque parecía estar mirando al mos al unísono.
espacio, yo estaba seguro de que nos veía a cada uno de no- Durante los primeros minutos seguí helado, con el cuerpo
sotros con toda claridad. rígido, que se rebelaba contra la postura y el duro piso. Sin em-
—Cuando respiren deben llenar completamente de aire sus bargo, según fue avanzando el ejercicio de respiración, fui
pulmones —dijo: La mayoría de las personas usan únicamente entrando en calor y mi cuerpo se relajó por completo. Cuando
la parte superior de sus pulmones, pero nunca llenan la parte in- las primeras luces del día iluminaron la sala, sudaba copiosa-
ferior. Si respiran correctamente, ustedes emplearán la parte mente y estaba listo para empezar la lección.
inferior de los pulmones lo mismo que la superior, de la misma El ejercicio de inspirar y expirar no es tan sencillo como pare-
manera como respiran automáticamente cuando duermen. ce. Al principio me parecía que era el único de la clase que no
68
69
podía mantenerse al ritmo de los demás. O inspiraba demasiado minos de tierra y subiéndose a las banquetas para ganar tiem-
aire o dejaba escapar demasiado poco, o terminaba sin aliento po. Sabía que había una clínica en una universidad, precisa-
en unos cuantos momentos y tenía que empezar de nuevo. mente al cruzar la frontera con Alemania, y que podríamos lle-
Con el tiempo comprendí la sabiduría de la imagen del sen- gar allí en cuestión de minutos. Yo entraba y salía de la incons-
sei. Al tratar de visualizar la respiración como una niebla, los ciencia como en una pesadilla.
demás pensamientos se m a n t e n í a n fuera de mi mente y obtenía Para cuando llegamos a Freiburg, el dolor llenaba hasta el
una concentración total en la respiración. Mi mente estaba cal- último rincón de mi cuerpo. Cuando Elke localizó a un médi-
mada, pero alerta, y mi ser físico sereno. Estaba listo para ir a co, éste vino al automóvil e inmediatamente ordenó que traje-
la estera porque podía fluir fácilmente en cualquier dirección, ran una camilla. Actualmente tengo sólo un vago recuerdo de
como el agua, y, si era yo derribado, aterrizaría suavemente, co- que me metieron en una sala y me hicieron algunas pruebas.
mo un infante al que arrojan a un colchón. Sin embargo, lo que sí recuerdo con claridad es que los mé-
Recuerdo cuan fascinado estaba por el hecho de que hasta dicos le dijeron a Elke en alemán que no sólo estaba yo vomi-
una cosa tan sencilla como el respirar, fuera una materia que tando sangre, sino que t a m b i é n la estaba evacuando. Oí luego
tuviera que volver a aprenderse y a dominarse como parte del que le preguntaban si conocía a algún familiar mío al cual no-
entrenamiento en las artes marciales. En ese tiempo, no tenía tificarle, y entonces supe que debía estarme muriendo. El páni-
la menor idea de que llegaría un día en que la técnica de la res- co me invadió, el corazón empezó a palpitarme con fuerza y ca-
piración controlada que había aprendido, me salvaría la vida. da latido me sacudía el cuerpo. El médico que me atendía pen-
Tiempo después, en octubre de 1972, andaba yo de vaca- só que me estaba dando un ataque cardíaco e hizo preparar un
ciones con mi esposa, Elke, en Europa. U n a hermosa m a ñ a n a fibrilador para regular mis palpitaciones.
de verano íbamos en automóvil a través de la campiña vitiviní- En ese momento pensé, "Esto es algo absurdo. Estoy ya bas-
cola de Francia cuando de pronto sentí un dolor agudísimo en tante malo como para además agregar un ataque al corazón a
el abdomen, combinado con un espantoso dolor de cabeza. mis problemas". Con la respiración entrecortada, el corazón
Muy pronto, mi cuerpo entero era un solo e insufrible dolor. Al palpitante y el cuerpo tenso, e m p e c é a obligarme a mí mismo a
cabo de una hora., me retorcía en el asiento mientras me des- regular mi respiración haciendo profundas inspiraciones ven-
mayaba y recuperaba el sentido intermitentemente. Los dien- trales (el estómago se infla durante la inspiración), reteniéndo-
tes me c a s t a ñ e a b a n y el cuerpo se me sacudía en convulsiones las durante uno, dos o tres segundos, y luego expeliendo todo el
causadas por la tos. Tuve que pedirle a Elke (quien, afortuna- aire con fuerza. Repetí el proceso hasta que afirmé una relaja-
damente, iba al volante) un p a ñ u e l o desechable para limpiar- da respiración ventral que exigió toda mi concentración inha-
me la boca, pues me sentía tan débil que yo no podía tomarlo lando por la nariz y contando hasta cuatro y exhalando por la
de la caja. Elke me lo arrebató inmediatamente, le echó una boca durante el mismo conteo. Esa técnica, la cual me h a b í a n
mirada y luego lo arrojó por la ventanilla. Después supe que es- enseñado como preludio para el aikido, es un aspecto de la prác-
taba lleno de sangre. tica Zen que lo hace a uno olvidarse de las impresiones externas.
Elke aceleró el automóvil furiosamente, metiéndose por ca- Mientras más me concentraba en la respiración, más inmune

70 71
me volvía al miedo de morir. Al cabo de unos cuantos minutos
estaba nuevamente en control de mí mismo y de mi cuerpo.
Antes de que el fibrilador llegara junto a mi cama, los lati-
dos de mi corazón h a b í a n vuelto a la normalidad.
— "Unglaublich" —dijo el médico en alemán. "¡Increíble!"
Volví a caer en la inconsciencia y me llevaron a la unidad de
terapia intensiva de la clínica, donde me tuvieron cinco días.
Dos veces, durante ese tiempo, la fiebre me subió a tal grado
que los médicos le dijeron a Elke que ya no podían hacer nada.
De esos momentos lo único que recuerdo es que flotaba en un
capullo cálido que se deslizaba por un túnel, a cuyo final
estaría yo libre del dolor. A u n así, podía oír a la distancia la
voz de Elke r o g á n d o m e que no me muriera.
Cada vez que sucedía eso, empezaba a regular mi respira-
ción. Tres semanas m á s tarde me dieron de alta en el hospital.
H a b í a sobrevivido a la enfermedad de W e i l l , un raro virus que
generalmente es fatal. (Yo fui, en más de cuarenta años, el pri-
mer caso que hubo en Alemania). De acuerdo con el Instituto
de Enfermedades Tropicales, lo contraje por beber agua con-
taminada en España.
Si ese incidente me hubiera ocurrido unos años antes, cierta-
mente me hubiera muerto, porque todavía no hubiera conoci-
do la técnica de respiración Zen. Desde entonces, he descubier-
to que dicha técnica es especialmente útil en situaciones de
tensión o que provocan ansiedad, cuando mi respiración se tor-
na irregular y el miedo distorsiona los procesos de pensamiento
ordenados, lo cual tiende a inmovilizar tanto mi cuerpo como
mi mente.
Antes de ciertas citas de negocios o enfrentamientos persona-
les; trato de ponerme en un estado de relajamiento controlan-
do mi respiración; eso me relaja y me refresca, al mismo tiem-
po que calma mi mente. La respiración controlada restaura la
calma, la confianza y el vigor.

72
mente. Usted no necesita entendérselas con su cuerpo en lo ab-
soluto, si puede redirigir su mente y el flujo de su k i . Ése es el
secreto: desvíele la mente lejos de usted y el cuerpo la seguirá."

DÉJESE LLEVAR — ¿Y cómo puedo desviarle la mente de mí? — pregunté.


— No trastornando el flujo de su ki ni haciéndole saber su in-
POR LA tención. Usted no tiene que jalar, empujar ni golpear. Simple-
CORRIENTE mente tóquele el cuerpo con suavidad y gentileza y guíelo
adonde usted quiera. De esa manera la mente del otro no se
trastorna y su cuerpo la seguirá.
" E l principio básico del aikido — prosiguió la muchacha— es
ceder a la fuerza atacante de tal manera que sea incapaz de las-
timarlo a uno y, al mismo tiempo, hacer que cambie de direc-
ción empujándola por detrás, en lugar de tratar de resistirla de
frente. El aikidoísta j a m á s va contra la fuerza de su oponente.
En vez de eso, redirige esa fuerza lejos de él.
Mi c o m p a ñ e r o y yo estábamos practicando shomen-ate, el
primer movimiento del randori no kata, en la clase de aikido. " E l principio de evitar el conflicto y j a m á s oponerse a la
El ejercicio exigía que yo, como el defensor, evitara un golpe fuerza de un agresor frente a frente, es la esencia del aikido.
recto a la cara moviéndome por dentro del brazo atacante y Nosotros aplicamos ese mismo principio a los problemas que
proyectando al contrincante hacia atrás, poniéndole la mano surgen en la vida. El aikidoísta diestro es tan elusivo como la
en el m e n t ó n y empujando con el cuerpo. verdad del Zen. Él mismo se convierte en un koan, en un enig-
ma que más nos elude mientras más tratamos de resolverlo. Se
Me acerqué a mi c o m p a ñ e r o varias veces, pero no pude mo-
parece al agua en el sentido de que se le escapa entre los dedos
verlo. Finalmente, ya un poco desesperado, apliqué la fuerza
al que trata de sujetarla. El agua no titubea antes de ceder,
física y mi c o m p a ñ e r o fue a dar a la estera. Sentí entonces un
porque en el momento en que los dedos empiezan a cerrarse so-
ligero golpecito en el hombro y, al volverme, me encontré a la
bre ella, se retira, no por su propia fuerza, sino aprovechando
asistente del instructor, que me miraba con el ceño fruncido.
la presión que se le aplica. Es por esa razón, tal vez, por la que
— Se opuso usted de frente a la fuerza de su ataque — me di-
uno de los símbolos del aikido es el agua."
jo en tono de r e p r o b a c i ó n . Como es fuerte, se salió con la suya,
pero todo lo que hizo fue detener su fuerza, no su intención de Poco después de esa lección tuve oportunidad de poner a
atacar. prueba algunos de los principios del aikido que la instructora
me h a b í a ofrecido. Durante una reunión de negocios, me di
"Cuando alguien lo golpea, extiende su ki hacia usted y éste
cuenta de que era inminente un enfrentamiento con uno de
empieza a fluir cuando él piensa que lo golpeará. . . aun antes
mis socios. Decidido a sacarle la vuelta si era posible, evité con-
de que su cuerpo se mueva. La acción de él está dirigida por su
testar a su ataque inicial a fin de no dar lugar a un choque de
74
75
frente. Cuando la disputa prosiguió, yo reconocí que sus argu-
mentos tenían cierto mérito y, al mismo tiempo, traté de des-
viar su enojo en otra dirección. Dándole a mi "oponente" una
oportunidad de descargar su energía y enojo y no respondién-
dole ni ofreciéndole ningún punto de apoyo, pude evitar la
confrontación. Al poco rato, se encogió de hombros y se retiró.

La blandura triunfa sobre la dureza, la debilidad sobre la


fuerza. Lo que es más maleable es siempre superior a lo que es
inconmovible. Ése es el principio de controlar las cosas deján-
dose llevar por ellas, de la maestría por medio de la adapta-
ción.

LA O TZU

76
Cuando desatas tu agresión u hostilidad sobre otra persona, tal
cosa inspira agresión y hostilidad en respuesta. El resultado, en
esos casos, es un conflicto, que todos los que son verdaderos ar-
tistas marciales tratan de evitar. El enojo no exige acción.
ENOJO Cuando uno actúa bajo el enojo, pierde el control de sí mismo.
SIN J i m se me quedó mirando pensativamente; luego, volvió a
ACCION hablar:
— ¿Cómo puedes esperar controlar a alguien si no puedes
controlarte a ti mismo? Piensa en eso como en una cualidad de
las artes marciales.
El siguiente fin de semana tuve que ir a Nueva York a una
reunión de negocios. Después de un vuelo nocturno, llegué a
mi hotel a las siete de la m a ñ a n a para encontrarme con que te-
nía que esperar cuatro horas para que me entregaran mi habi-
tación. Me sentía cansado y h a b í a esperado ansiosamente po-
Las prácticas del wing-chun se realizan con frecuencia cuer- der descansar un poco antes de mis compromisos.
po a cuerpo, por lo que pronto me acostumbré a sentir las ráfa- Pedí hablar con el gerente, enfureciéndome cada momento
gas de aire cuando manos y puños me pasaban peligrosamente más y repasando mentalmente todo lo que iba a decirle si él (o
cerca de los ojos y del rostro. De vez en cuando, algún compa- ella) no me daba un cuarto a la mayor brevedad.
ñ e r o hacía contacto accidentalmente y, en esas ocasiones, sen- Cuando la encargada llegó, estaba furioso y le hablé en tér-
tía a veces una oleada de enojo. minos violentos. Mi antagonismo hizo que ella también se eno-
Un día, después de una práctica, J i m L a u me llamó aparte. jara y pronto nos vimos enfrascados en una acalorada discu-
— Cuando te golpean, te pones tenso —dijo— y siento en ti sión. Yo había olvidado las palabras de J i m L a u y había inspi-
el enojo y el deseo de golpear en represalia. rado un conflicto frente a frente.
Me sentí avergonzado, pues había captado mis reacciones Posteriormente, ya más calmado, le ofrecí excusas a la en-
demasiado bien. cargada por mis bruscos modales.
— Sé que no debo enojarme — repuse— , pero no puedo evi- — Realmente me sorprendió usted —repuso ella. T e n í a la
tarlo. J i m sonrió. intención de hacer por usted lo que pudiera, pero, por la ma-
nera como me habló, olvidé mis buenas intenciones y decidí no
— No es malo abrigar pensamientos y sentimientos agresi-
hacer ningún esfuerzo por ayudarlo.
vos u hostiles hacia los d e m á s — dijo. Cuando tú reconoces esos
Nuevamente vi la aplicación de las artes marciales a la vida
sentimientos, ya no tienes que fingir que es aquello que no es y
diaria. La experiencia me había dado una lección que recorda-
puedes aprender a aceptar esos estados de ánimo. Lo que sí es
ría por mucho tiempo. El enojo rara vez da buenos resultados.
malo, sin embargo, es dejar que ellos dicten tu naturaleza.
78 79
Cuando uno pierde la compostura, se pierde a sí mismo. . . lo
mismo en la estera que en la vida diaria.

Controla tu emoción o ella te controlará a ti.

ADAGIO CHINO

El hombre que se enoja se derrotará a sí mismo en el combale


lo mismo que en la vida.

MÁXIMA SAMURAI

80
Bruce, entonces, se p a r ó a cierta distancia de mí, al borde
del círculo, y empezó a hacer fintas y movimientos agresivos.
Yo me puse tenso, en espera de su ataque.
— Estás tenso —me dijo—, pero, ¿por qué? Desde esta dis-
COMO RECONOCER tancia no puedo causarte d a ñ o alguno.
UNA Redujo entonces la distancia ligeramente hasta que tocó la
AMENAZA REAL circunferencia de mi círculo con los pies. Nuevamente, me pu-
se rígido y otra vez Bruce me llamó la atención:
— Todavía no me acerco tanto como para poder tocarte.
¿Por q u é no te relajas?
Súbitamente, Bruce penetró en mi círculo de un salto. Ins-
tintivamente me eché atrás.
— ¡Bien! —dijo. Has echado atrás tu círculo, de manera que
no soy una amenaza. Ahora bien, supongamos que me quedo
Antes de que empezara a estudiar artes marciales, me inti- en la orilla del círculo, ¿sigo siendo una amenaza para ti?
midaban fácilmente con imágenes falsas de fuerza. . . fan- N e g u é con la cabeza.
farrones agresivos, personas tercas, fortachones, intelectuales — No, realmente no — contesté. ¿Pero supongamos que soy
arrogantes, camareros altaneros, vendedores insistentes, desde- ñsicamente amenazado dentro del círculo?
ñosos vendedores de automóviles, etcétera. En algún enfrenta- — Cuando tu oponente entre a tu círculo y tú no quieras o no
miento con alguna de esas personas, o me retiraba del campo puedas retroceder más, deberás combatir. Pero, hasta enton-
r á p i d a m e n t e , sintiéndome inadecuado, avergonzado y enojado ces, deberás mantener tu control y tu distancia.
conmigo mismo, o reaccionaba con enojo, colocándome en un Según fue aumentando mi habilidad en las artes marciales,
conflicto directo. sucedió lo mismo con mi propia confianza. Ya podía retroce-
Mi reacción en la estera en contra de un oponente amena- der calmadamente y dejar que un oponente se desgastara con
zante y agresivo generalmente era la misma, lo mismo que los fintas o intentos por intimidarme, porque poseía la confianza
de que, si era necesario, yo podría dominarlo.
síntomas. Me ponía tenso, acalorado, y tendía a reaccionar en
Pronto tuve la oportunidad de trasladar esa actitud a mi vi-
exceso.
da diaria. Un día, durante una junta, me vi enfrentado a una
Un día, Bruce Lee me sacó a la calzadita que conducía a la co-
persona agresiva, acostumbrada a ganar en sus argumenta-
chera de mi casa. Ya ahí, me dijo que me mantuviera en pie y
ciones al poner a sus subordinados a la defensiva. Yo compren-
estirara hacia adelante una pierna lo más que pudiera. Luego
dí inmediatamente que, puesto que sus intentos por intimidar-
hizo que girara lentamente con la pierna extendida mientras
me no significaban para mí ninguna amenaza real —después
él, con tiza, trazaba un círculo a mi alrededor, cuyo radio era de todo, no trabajaba para él—, no tenía ninguna necesidad
la longitud de mi pierna extendida.
H2 83
de reaccionar en forma agresiva, además, tenía la confianza de
que mi trabajo estaba bien hecho. Él trataba de provocarme
ú n i c a m e n t e con palabras, así es que, si podía mantenerlo al
borde de mi círculo mental, pronto agotaría toda la energía
hostil que pudiera reunir sin que hubiera recibido ningún estí-
mulo de mi parte.
El que trata de intimidar se crece si recibe alguna respuesta
de su supuesta víctima, pero, si no recibe ninguna, pronto se
apaga, lo cual sucedió en ese caso. Finalmente, el hombre se
encogió de hombros y a b a n d o n ó el escenario. Aunque no hubo
n i n g ú n conflicto verdadero entre nosotros, él había perdido la
partida.
He aquí el consejo del maestro H a n para librarse de personas
y de situaciones que tratan de intimidarlo a uno. "Jamás tomes
una decisión instantánea, aunque sea entre amigos", me dijo
una vez. " E l mejor sistema es el de pensarlo dos veces, y la pa-
ciencia forma parte de él. Para evitar que lo intimiden a uno,
hay que pensarlo más y reaccionar menos".

Puedo derrotar físicamente con o sin razón, pero sólo puedo


derrotar tu mente con alguna razón

JIM LAU

84
—Joe —dijo—, estás pensando en bloquear los golpes de
Stirling en lugar de interceptar sus puños y acertar algunos tú
mismo. No sé dónde está tu mente, pero no está donde de-
biera. Lo que te debería importar es aplicarle tal presión a
KIME: Stirling, que le desbarataras su juego de piernas, su equilibrio y
APRIETE su habilidad para moverse. Y fíjate cuan agotado estás y no has

SU MENTE conseguido nada.


Ése fue sólo el principio de una crítica devastadora que ter-
minó con:
— ¿Cuántas veces les he dicho que concentren toda la ener-
gía del cuerpo y de la mente en un blanco o meta específica ca-
da vez? El secreto del kime (apretar la mente) es el de excluir
todos los pensamientos extraños, los pensamientos que no
tienen nada qué ver con el logro de la meta inmediata.
Más tarde, B ruce conversó a solas conmigo durante unos mi-
Probablemente era un espectáculo ridículo: dos bombres
nutos.
maduros, con cascos protectores y guantes de boxeo, aporreán-
dose mutuamente frente a la cocbera de una casa en los subur- — Un buen artista marcial pone la mente en una sola cosa
bios. Sin embargo, Stirling Silliphant y yo estábamos tratando cada vez — me dijo. Acepta cada cosa según viene, termina con
de poner en práctica algunas de las técnicas de jeet-kune-do ella y pasa a la siguiente. Como un maestro del Zen, a él no le
que Bruce Lee nos había enseñado. preocupa el pasado ni el futuro, sino ú n i c a m e n t e lo que hace
Estaba tan decidido a demostrarle a Bruce cuánto había en ese momento. Como su mente está en lo correcto, él está cal-
aprendido, que mi atención estaba dispersa. H a b í a estado tra- mado y puede mantener fuerzas en reserva. Después habrá
tando de anticipar los movimientos de Stirling en vez de res- campo para sólo un pensamiento, el cual llenará todo su ser co-
ponder a ellos, me preocupaba mi movimiento de pies en lugar mo el agua llena una jarra. Tú desperdiciaste una enorme can-
de dejar que mi mente me condujera en forma natural a la pos- tidad de energía porque no ubicabas ni enfocabas tu mente.
tura correcta, me preocupaba todo, menos el objetivo inme- Recuerda siempre: en la vida, al igual que en la estera, una
diato. . . penetrar en su guardia y anotarme algún tanto. mente desenfocada o "suelta" desperdicia energía.
¡Bien, bien! Eso es todo — exclamó Bruce, quien había es- — Y si no puedo vaciar mi mente de otros pensamientos, ¿en-
tado actuando como arbitro y entrenador. Se mueven ustedes tonces q u é hago?
como elefantes. Patean como caballos de tiro y telegrafían sus Bruce se echo a reír.
golpes como Samuel Morse. — Entonces, tu mente no anda bien — contestó un tanto tor-
Bruce se volvió entonces hacia mí. tuosamente.

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Me ha costado largo tiempo llegar a dominar el kime y toda-
vía me falta mucho, pero he descubierto que, cuando mi men-
te está apretada, mis energías físicas y mentales se unen y se en-
focan. Los días que he podido trabajar con una concentración
total, he realizado más cosas y he terminado el día menos can-
sado que aquellos en que fácilmente me distraigo.

Puedes practicar durante un tiempo muy largo, pero si simple-


mente mueves las manos y los pies y saltas y brincas como un
títere, aprender karate no será para ti muy diferente de apren-
der a bailar y jamás llegarás al corazón del asunto, pues habrás
fracasado en captar la quintaesencia del karate-do.

GICHIN FUNAKOSHI

88
MUSHIN: DEJE
QUE SU
MENTE FLUYA

Después de un vigoroso entrenamiento bajo el sol, Bruce Lee


y yo estábamos tomando jugo de frutas en el j a r d í n . Él se veía
calmado y a mí me pareció un buen momento para hacerle
una pregunta que desde hacía tiempo tenía en mente.
— ¿Qué sucedería en un combate real —le pregunté— en el
que te vieras obligado a pelear por tu vida? ¿Cómo responde-
— " E l l o " es cuando actúas sin estar plenamente consciente,
rías y qué harías?
cuando simplemente actúas. Como cuando me arrojas*üna pe-
Bruce se puso serio, dejó su vaso en la mesa y ahuecó las ma-
lota y yo, sin pensarlo, levanto las manos y la atrapo. O como
nos bajo el mentón, señal de que estaba considerando cuidado-
cuando un niño o un animal sale corriendo frente a tu automó-
samente mi pregunta.
vil y, a u t o m á t i c a m e n t e , tú aplicas los frenos. Cuando me lan-
— Con frecuencia he pensado en eso —dijo al fin. Si fuera un
zas un golpe, yo lo intercepto y contesto con otro, pero sin pen-
combate de verdad, estoy seguro de que lastimaría a mi asaltan-
sarlo. " E l l o " simplemente sucede.
te lo más posible. . . quizá lo mataría. Si sucediera eso y me
N o t ó que estaba yo intrigado y se echó a reír.
viera obligado a que un tribunal me enjuiciara, me declararía
— Esto es algo más para ese libro que siempre estás diciendo
irresponsable de mis actos. Diría que yo h a b í a respondido a un
que vas a escribir — agregó. " E l l o " es un estado mental al que
ataque sin estar plenamente consciente. Que "ello" lo h a b í a
los japoneses llaman mushin, lo cual, literalmente, quiere de-
matado, no yo.
cir "no-mente". Según los maestros del Zen, el mushin entra en
— ¿ Q u é quieres dr< i i con "rilo"? interroguft.
acción cuando el actor se separa de la actuación y ningún pen-
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que se veía muy gastado. Era un libro cuyo autor había sido el
gran maestro de Zen y famoso espadachín, Takuan, quien fue
uno de los primeros en aplicar la psicología al arte de combatir
con la espada. Bruce abrió el libro y empezó a leer en voz alta:

" L a mente siempre debe estar en el estado de 'estar fluyendo' por-


que, cuando se detiene en cualquier parte, eso significa que el flu-
jo se ha interrumpido, y esta interrupción es nociva para el bienes-
tar de la mente. En el caso del espadachín, significa la muerte.

"Cuando el espadachín se enfrenta a su oponente, no debe pen-


sar en él, ni en sí mismo ni en los movimientos de la espada de su
enemigo. El simplemente está ahí con su espada que, exenta de to-
da técnica, está lista solamente para seguir los dictados del incons-
ciente. El hombre se ha superado a sí mismo como esgrimidor de la
espada. Cuando golpea, no es el hombre, sino la espada en la ma-
no del inconsciente, la que golpea".

Bruce hizo una pausa.


— ¿Comprendes ahora lo que quiero decir con "ello' ?
C o m p r e n d í el concepto intelectualmente, pero tuvieron que
Sarniento interfiere con la acción, porque el acto inconsciente pasar años para que lo comprendiera en toda su profundidad.
está de lo m á s libre y sin inhibiciones. Cuando el mushin está Después de muchos meses de practicar un movimiento particu-
en funcionamiento, la mente pasa de una actividad a otra, flu- lar de wing-chun con J i m L a u , llegó un día en que el codo voló
yendo como una corriente de agua y llenando todos los huecos. hacia arriba súbitamente, sin ningún pensamiento consciente.
— ¿Y cómo adquiere uno ese estado de no-mente? -^pregun — Muy bien —dijo J i m . Ni siquiera lo pensaste, pero tu
bong-sao fue perfecto.
té.
Con el tiempo, muchos otros de mis movimientos sencilla-
- S ó l o por medio de práctica y más práctica, hasta que
mente ocurrían en forma correcta. El mushin estaba empezan-
puedas hacerlo sin un esfuerzo consciente. Entonces, tus reac-
do a funcionar. C o m p r e n d í que estaba dejando fluir mi mente
ciones se vuelven automáticas.
en vez de confinarla en los pensamientos acerca de lo que esta-
— Voy a mi oficina por una grabadora —dije.
ba haciendo. Mis respuestas se estaban volviendo instintivas e
- M u y bien —dijo Bruce. Mientras tanto, yo voy al auto a
inmediatas. . . el resultado de largas horas de práctica y de la
traer un libro. confianza en el maestro y en sus enseñanzas.
Cuando regresé al jardín, Bruce tenía frente a él un volumen
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Poco después de que pensé que ya había aprendido el
oponente la ventaja porque no puedes responder lo suficiente-
mushin, entré a la estera para otro encuentro de wing-chun lle-
mente aprisa para contrarrestar su movimiento."
no de confianza, seguro de que era yo, si no invencible, por lo
— ¿Y c ó m o puedo desbloquear el bloqueo? —interrogué.
menos formidable. El "ello" estaba listo para funcionar para
— Lo peor que se puede hacer es tratar de bloquear el blo-
mí.
queo. Lo mejor que hay qué hacer es simplemente aceptarlo
Sin embargo, desde el principio mismo las cosas empezaron cuando ocurre. Descubrirás que, generalmente, se disuelve él
a pintarme mal; mi oponente se anotó fácilmente un tanto mismo.
mientras yo esperaba que el "ello" apareciera, lo cual nunca
— ¿No hay ninguna otra manera de desbloquear mis pensa-
sucedió. Mientras más pensaba en el "ello', más confundido me mientos?
sentía.
— Sí —repuso J i m . Prosigue con tu entrenamiento para que
Cuando le conté a J i m L a u lo de mi derrota, él se echó a reír.
actúes inconscientemente en lugar de intelectualmente.
— Pensaste que habías aprendido una lección —dijo— y
— Hemos llegado de nuevo al mushin —dije.
luego, al igual que todos, te olvidaste del espíritu de la lección.
—Así es —confirmó él. ¿Has notado alguna vez con q u é sen-
Tú mismo te bloqueaste. Cuando estás pensando en demostrar
cillez se d e s e m p e ñ a un atleta profesional? El entrenamiento y
tu habilidad o en derrotar a un oponente, tu conciencia de ti
la práctica toman el lugar del esfuerzo consciente y eso es lo
mismo interferirá con tu desempeño y cometerás errores. Tiene
que el atleta hace. Estoy seguro de que Jimmy Connors no
que haber la ausencia de sensación de lo que estás haciendo.
piensa en golpear la pelota de tenis más de lo que a Arnold Pal-
La autoconciencia debe subordinarse a la concentración. La
mer le preocupa el dirigir bien la pelota de golf. ^Ellos simple-
mente debe moverse libremente y responder a cada situación
mente se proveen. Los esquiadores sienten el terreno sobre el
inmediatamente para que tu propia conciencia no se vea impli-
que están y, cuando les es necesario hacer un ajuste, éste es
cada.
automático, sin pensarlo. . . es mushin.
"Por ejemplo, si tienes miedo, tu mente se congelará, el mo-
vimiento se detendrá y serás derrotado. Si tu mente está fija en
la victoria o en derrotar a tu oponente, no podrás funcionar
a u t o m á t i c a m e n t e . Debes permitir que tu mente flote en entera
libertad. En el instante en que estés consciente de que buscas la
armonía y hagas un esfuerzo por obtenerla, ese mismo pensa-
miento interrumpe el flujo, y la mente queda bloqueada.
"Ahora tienes ya la clave del antiguo acertijo Zen: 'Cuando
lo buscas, no puedes encontrarlo'.
" T u mente se d e t e n d r á invariablemente si diriges tu aten-
ción al pensamiento del ataque o la defensa. Esos pensamientos
crean una apertura llamada un suki, un intervalo, y le dan a tu

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HAY QUE INTENTARLO
MÁS SUAVEMENTE
Un joven atravesó el Japón y arribó a la escuela de un famo-
so artista marcial. Cuando llegó al dojo, el sensei le concedió
audiencia.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó el maestro.
— Quiero ser alumno tuyo y llegar a ser el mejor karateka de
esta tierra —respondió el joven.— ¿Cuánto tiempo tengo qué
estudiar?
—Diez años por lo menos —dijo el maestro.
—Diez años es un tiempo muy largo —repuso el muchacho.
¿Y qué tal si estudio dos veces más duro que tus demás estu-
diantes?
— Veinte años —repuso el maestro.
—¡Veinte años.'¿Y qué tal si estudio día y noche, poniendo
todo mi empeño?
— Treinta años —fue la contestación que le dio el maestro.
—¿Cómo es que cada vez que digo que trabajaré más duro,
tú me dices que tardaré más? —interrogó el muchacho.
—La respuesta es clara. Cuando un ojo está fijo en la meta,
sólo queda el otro para encontrar el camino.

ANONIMO

SO