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Consecuencias de las lesiones deportivas.

Las lesiones deportivas, en cualquier parte del cuerpo que ocurran, influirán,
siempre, tanto en el físico como en la psiquis del participante. La personalidad del
deportista más que quedar aislada de este hecho físico permanecerá profundamente
implicada.

Debido a que el deportista, actúa con su propio cuerpo, cualquier tipo de


limitación adquiere un significado muy especial; él estará siempre atento al estado de
su organismo que pueda limitar sus rendimientos, lo cual explica las consecuencias
psíquicas del hándicap físico sean muy diferentes.

Un deportista lesionado recientemente, puede acarrear consigo una repetición


de la lesión o una lesión de otra parte del cuerpo (por razón de la sobreprotección de
la parte ya lesionada), un mal rendimiento, y una pérdida de la confianza que puede
resultar permanente mientras practique deporte.

Para los deportistas profesionales el lesionarse puede tener repercusiones


negativas de gran importancia, además de las derivadas de la propia salud, como
interrupción de la carrera deportiva, pérdida de estatus profesional, reducción de
recursos económicos, etc.

A continuación, se va a proceder a esclarecer las consecuencias de las


lesiones deportivas en el ámbito físico y psicológico. Desarrollando las secuelas físicas
de las lesiones deportivas en diversas categorías.

Lesiones musculares:

 Problemas articulares.

Las articulaciones pueden endurecerse si deben mantenerse inmóviles durante


un tiempo prolongado, por ejemplo, mientras se aplica una férula o una escayola. La
rodilla, el codo y el hombro son particularmente propensos a desarrollar rigidez
después de una lesión, especialmente en personas mayores.

Generalmente es necesaria la fisioterapia para prevenir la rigidez y ayudar a


que la articulación se mueva lo más normalmente posible.
Los esguinces graves pueden producir una inestabilidad articular. El hecho de
tener articulaciones inestables puede ser incapacitante y aumenta el riesgo de
artrosis . El tratamiento adecuado puede ayudar a prevenir problemas permanentes.

 Síndrome compartimental

Con muy poca frecuencia, la hinchazón debajo de una escayola es lo


suficientemente grave como para contribuir al síndrome compartimental . Debido a que
la inflamación ejerce presión sobre los vasos sanguíneos cercanos, el flujo de sangre
a la extremidad lesionada se reduce o se interrumpe. Como resultado, los tejidos de la
extremidad pueden lesionarse o morir, y el miembro puede tener que ser amputado.

Lesiones oseas:

 Inestabilidad: diversas fracturas pueden provocar inestabilidad articular. La


inestabilidad puede ser incapacitante y aumenta el riesgo de artrosis
.
 Rigidez y el amplitud disminuida del movimiento: las fracturas que se extienden
a los cartílagos articulares suelen afectar el cartílago articular; el cartílago
articular mal alineado suele cicatrizar y provocar artrosis y alteraciones de la
movilidad articular. La rigidez es más probable si una articulación necesita
inmovilización prolongada. La rodilla, el codo y el hombro son particularmente
propensos a la rigidez postraumática, especialmente en los ancianos.

 Falta de unión o retraso de consolidación: en ocasiones, las fracturas no


cicatrizan (llamada seudoartrosis), o la unión se retrasa. Los principales
factores que contribuyen incluyen la inmovilización incompleta, la interrupción
parcial del suministro vascular, y los factores del paciente que deterioran la
curación (p. ej., el uso de corticosteroides o la hormona tiroidea).

 Unión anómala: la consolidación o unión anómala es la curación con


deformidad residual. Es más probable si una fractura no se reduce y se
estabiliza de manera adecuada.
 Osteonecrosis: parte de un fragmento de la fractura puede llegar a ser
necrótico, principalmente cuando el suministro vascular está dañado. Las
fracturas cerradas propensas a la osteonecrosis incluyen fracturas de
escafoides, fracturas desplazadas del cuello femoral y fracturas desplazadas
del cuello del astrágalo.

 Artrosis: las fracturas que alteran las superficies que soportan el peso de las
articulaciones o que resultan en la mala alineación articular y la inestabilidad
predisponen a la degeneración del cartílago articular y la artrosis.

 Discrepancia en la longitud del miembro: si una fractura en los niños involucra


una placa de crecimiento, el crecimiento puede verse afectado, dando como
resultado un miembro que es más corto que otra. En los adultos, la reparación
quirúrgica de una fractura, especialmente las fracturas femorales, puede
provocar una discrepancia en la longitud de las piernas lo que puede ocasionar
dificultad para caminar y la necesidad de levantar el zapato para la pierna más
corta.

Lesiones tendinosas:

 Rigidez y alteración de la amplitud de movimiento: la rigidez es


más probable si una articulación necesita inmovilización prolongada. La rodilla,
el codo y el hombro son particularmente propensos a la rigidez postraumática,
especialmente en los ancianos.

 Artrosis : las lesiones que provocan inestabilidad articular


predisponen al desarrollo de tensiones articulares repetitivas que pueden dañar
el cartílago articular y provocar artrosis.

Secuelas psicológicas.

Una lesión aísla al deportista de la actividad o, por lo menos, lo coloca en


condiciones que no puede llevar a efecto, con toda su amplitud, los requerimientos de
la ejecución deportiva. Por ello, el deportista, inmerso en la aspiración de dar el
máximo con vistas a obtener resultados elevados, al sufrir una lesión que deriva en
pérdida ostensible en el rendimiento inmediato o futuro, puede sufrir un trauma en la
esfera psíquica.

Antes, durante y después de la lesión y la readaptación, los pensamientos y


creencias del deportista son determinantes del comportamiento subsiguiente del
deportista. Lo que el deportista no dice resulta ser también de suma importancia.
Como consecuencia, la primera medida de modificación del comportamiento cognitivo
a tomar después de una lesión es la sensibilización del deportista respecto al
pensamiento defectuoso.

La teoría de Wiese-Bjornstal que propone un Modelo Integrado de la


Respuesta Psicológica a la Lesión y al Proceso de Rehabilitación en el que se integran
teorías basadas en el proceso de estrés y otras centradas en el proceso de dolor; la
valoración cognitiva y los modelos del proceso de dolor no se excluyen mutuamente,
sino que éstos, aplicados a la lesión, pueden ser subsumidos por un modelo de estrés,
más amplio e integrador, mostrando la naturaleza dinámica del proceso de
recuperación: las valoraciones cognitivas pueden afectar a las emociones, y éstas a
las conductas; a su vez, las emociones afectan a las conductas y éstas a las
valoraciones cognitivas; y así sucesivamente; las consecuencias psicológicas se
relacionan con toda la experiencia de la lesión, en torno a los tres componentes del
modelo: la valoración cognitiva, la respuesta emocional y la respuesta conductual

Los factores personales y situacionales mediatizan las apreciaciones cognitivas


del lesionado y éstas, a su vez, influyen en la respuesta emocional y conductual
obteniendo, finalmente, la respuesta psicológica global del deportista lesionado (el
hecho de producirse una lesión provoca en el deportista una fuerte carga de ansiedad)
en la recuperación del deportista lesionado La gravedad de la lesión, el estado
anímico, el rol dentro del club, federación o equipo deportivo (titular o suplente),
afectan al nivel de ansiedad y a las posibles respuestas de estrés. De acuerdo con
Palmi (2001) es muy importante conseguir que el deportista controle su ansiedad,
tenga confianza en el equipo médico y mantenga un alto nivel de motivación para
conseguir desarrollar el programa de rehabilitación y una adecuada adherencia al
mismo.

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