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¿Qué clase

desacerdote
es usted?
PERFIL SACERDOTAL DE DON BOSCO

P. Fernando Peraza Leal


¿ Qué clase de
Sacerdote es usted?

PERFIL SACERDOTAL
DEDONBOSCO

P. Fernando Peraza Leal, SDB

CENTRO SALESIANO REGIONAL


DEFORMACIÓN PERMANENTE

QUITO

2009
I

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Serie: Estudios históricos Nº 2 Pe
és
Ya
3a Edición: CSR (Centro Salesiano Regional) Si
Av. 12 de Octubre 14-36 Si
Apartado 17-12-371 Si
Teléf.: 2521-315 Fax: 2509-835 Mj
Quito-Ecuador jie

En
ISBN: 9978-99-087-9 Vi1
bic
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Levantamiento de en1
texto y diagramación: Tnlgo. Alonso Vaca de la Torre y na<
Centro Salesiano Regional el
Ah
lab

Carátula: Ing. Milton Quinaluisa

Impresión: E.P. Centro de Impresión


Quito-Ecuador Not,
con
Reg,
2009
DEDICATORIA

Permíteme que te dedique las páginas que siguen, hermano Sacerdote,


con esta exhortación de Pablo a Timoteo, el discípulo por excelencia de
su corazón:

"Te invito a que reavives el don de Dios que recibiste por la imposición
de mis manos. Porque no se te dio un e5píritu de timidez, sino de fortale­
za, de amor y de sensatez.
Por tanto, no te avergüences de testimoniar a Nuestro Señor Jesucristo...
Por el contrario, acuérdate de Él, muerto y resucitado;
éste sea tu evangelio!
Ya sabes que,
Si hemos muerto con ÉL, también viviremos con Él.
Si con paciencia sufrimos con Él, reinaremos, así mismo, con Él.
Si lo llegáremos a nega,; también Él nos desconocerá a nosotros.
Mas, recuerda que aunque nosotros fuéramos infieles Él sí permanecerá
fiel, pues jamás ha de desmentirse a sí mismo"(2 Tim. 1,6-7; 2, 8-13).

Encontrarás en estas reflexiones algunas frases del querido padre Egidio


Viganó sobre Don Bosco presbítero. Con la intuición carismática y la sa­
biduría teológica que caracterizaron sus escritos, te dice también hoy a ti
que desde la óptica y la experiencia sacerdotales que adquieras lograrás
entender y vivir con grande plenitud tu vocación salesiana, y que no hay
nada más grande que puedas ofrecer a tus hermanos y a los jóvenes que
el "don" de tu sacerdocio vivido con el espíritu pastoral de Don Bosco.
Ahora que él ha fallecido, te invito a recoger como dichas para ti esas pa­
labras, en homenaje filial a su memoria paterna.

Afmo. Fernando Peraza Leal SDB.


Quito, julio 2001

Noia: Los números que esrán entre corche1es en fas ci1a de fas Memorias del Oratorio,
corresponden tamo a la edición de fa BAC, Madrid como a fa del Ce111ro Salesiano
Regional de Formaci6n Permanenre 200 I.
Perfil Sacerdotal de Don Hosco / I

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN p. 1

l. ¿PERFIL PRESBITERAL O PERFIL SACERDOTAL


DE DON BOSCO? p.6
2. INTERPELACIONES DE UN OBISPO A SU
PRESBÍTERO p.9
3. DON BOSCO ERA, SE SENTÍA Y SE IDENTIFICABA A SÍ
MISMO COMO PRESBÍTERO p. LO
4. DON BOSCO, ALGUIEN QUE QUISO CON TENACIDAD
SER SACERDOTE Y QUE VIVIÓ CON PASIÓN SU SA-
CERDOCIO p.12
5. ITINERARIO DE SU VOCACIÓN PRESBITERAL p.13

5.1 ESQUEMA DEL PROCESO p.14


5.1.1 En la infancia p. 14
5.1.2 El Sueño de los 9 años p.14
5.1.3 Margarita Occhiena p.15
5.1.4 Los sacerdotes de su época: p.16
• Las experiencias positivas de mayor incidencia: P· 16
- Juan Calosso p.16
- Facetas pedagógicas de otras fisonomías presbiterales p.18
- La época del Seminario p.19
• Las experiencias negativas: p.20
- La crisis de sus 18 años p.20
- La posición asumida por Juan p.23
5.1.5 Juan Bosco y el modelo de presbítero propuesto en el
Seminario (1835-1841) p.25
• Luces y sombras del ambiente presbiteral del Piamonte p.25
• Los objetivos formativos y la espiritualidad p.28
5.1.6 lbrín: Los tres primeros años de su sacerdocio p.30
5.1.7 El Convitto, la opción fundamental por los jóvenes
pobres y abandonados, y la identificación con un es-
tilo pastoral p.32
• Luis Guata (1775-1848), Félix Golzio (1801-1873), Juan Bo-
rel (1801-1873), y José Cafasso (1811-1860) p.32
• Una síntesis: Don Bosco, un sacerdote educador p.33
11 / P. Fernando Peraza L.

5.1.8 De la figura cercana de Cafasso a las figuras de


trasfondo p.34
• La espiritualidad de Cafasso p.34
• Las figuras de trasfondo: p.38
• Sebastián Valfré (1629-1710) p.38
• San Francisco de Sales (1567-1622) p.39
• San V icente de Paul ( J 581-1660) p.39
• San Alfonso María de Ligorio (1696-1787) p.40
• San Felipe Neri (1515-1595) p.41

@LA ORIGINALIDAD DE DON BOSCO PRESBÍTERO p.43

)( � ;-/·<fJ• Don Bosco es él mismo U{J''lQ ()j.__ ') p.43


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-Don Bosco, un sacerdote educador CQ�{._rJ.O · p.44
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�Cj • Don Bosco, un tipo diverso de presbítero p.47


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• Don Bosco, un sacerdote de honda conciencia eclesial p.50
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� Jesús, El Buen Pastor, imagen de su sacerdocio presbiteral p.53
'\fa� \)... - Leonardo Muria/do (1828-1900) p.56
·
\ .;J;!_ - Clemente Marchisio (1833-1903) p.57
- .luan Cocchi (1813-1895) p.57
\J-7 Don Bosco, un cura catequista p.59
� Don Bosco, un tipo peculiar de "sacerdote cultual", de la ce-
lebración y de la "fiesta" p.65

CONCLUSIÓN: p.71

DON BOSCO: EL PÁRROCO DE LOS MUCHACHOS SIN


PARROQUIA p.71

EPÍLOGO p.85

ANEXO 1 p.87

UN ESCRITO DEL PADRE EGIDIO VIGANÓ SOBRE EL


SACERDOTE DEL 2000 p.87

l. EL 150 º ANIVERSARIO DE LA ORDENACIÓN SACER-


DOTAL DE DON BOSCO p.87
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 111

2. EL DELICADO TEMA DEL RELIGIOSO PRESBÍTERO p.88


3. SAN JUAN BOSCO: SACERDOTE Y FUNDADOR PARA
LOS JÓVENES p.92
4. NECESIDAD URGENTE DE MEJORAR LA FORMA-
CIÓN SALESIANA p.95
S. EL XXIll CAPÍTULO GENERAL Y NUESTRO CRECI-
MIENTO PASTORAL p.98
6. GRATITUD AL PRESBÍTERO Y ORACIÓN A MARÍA
POR ÉL p.101

ANEXO 2 p.104

EL SALESIANO PRESBITERO EN LA RATIO FUNDA-


MENTALIS DEL 2000 p.104

l. IDENTIDAD p.104
2. FORMACIÓN p.105
• Naturaleza y finalidad p.105
• La experiencia formativa p.106
• La dimensión humana p.106
• La dimensión espiritual p.107
• La dimensión intelectual p.109
- El estudio de la teología p.110
- Perspectiva salesiana y disciplina salesianas p.110
- La dimensión educativo-pastoral p.111
- El ejercicio de los ministerios y del diaconado p.112
- EL lectorado y el acolitado p.112
- El diaconado p.113
3. ALGUNAS CONDICIONES FORMATIVAS p.114
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 1

INTRODUCCIÓN
¿Cuál es la originalidad de Don Bosco presbítero?
El asunto es particularmente significativo cuando se lo plantean nuestros herma­
nos al acercarse a las Órdenes Sagradas. Desean sinceramente saber con quién
confrontar su identidad presbiteral.
A esta pregunta tratan de apo1tar algunas reflexiones de estas páginas, que no
pretenden ser un tratado sistemático, sino la exposición de algunos aspectos his­
tóricos y espirituales con los cuales se pueda confrontar hoy día nuestra propia
experiencia sacerdotal.
Talvez cuando leemos su vida, la atracción que despierta la figura de Don Bosco
en el contexto del agitado mundo turinés de su época, y sus consonancias y con­
trastes con los criterios y conductas del clero secular de su diócesis, que nos lo
hacen tan real y actual, nos distraigan en la superficie de los hechos, sin inducir­
nos a una lectura más profunda gue nos lleve a distinguir y apreciar los valores
y el estilo de su espiritualidad sacerdotal y por lo menos, a acercarnos, a las fuen­
tes en donde hallan su inspiración y sus más profundas motivaciones.

l. El Don Bosco de la acción popular

No hay duda, efectivamente, que a Don Bosco se le encuentre con mayor facili­
dad en las calles, los suburbios y los mercados populares, porque allí están aque­
llos muchachos hacia los cuaJes se siente como instintivamente llamado, y con
cuya vida aventurera empieza a tener desde el primer contacto con ellos un mi­
metismo peculiar. Ese cura se siente bien con ellos y ellos lo comprenden. Las
más de las veces corren detras de él como atraídos por un imán que se los lleva
consigo. Cuando predica no le quitan los ojos de encima. Están atentos porque
les dirá aquella frase que esperan de él; o algunos apólogos e historias que los
sorprenden, los cuestionan profundamente, o simplemente les encanta. El Ora­
torio se ha vuelto su parroquia porque él es su párroco.
Pero también su caso no es único en los anales religiosos de la capital piamonte­
sa. Como él, había habido en ésta otras figuras de sacerdotes en muchos aspec­
tos semejantes. Los ancianos podían, al verlo, recordar con cierta inmediatez, los
relatos atinentes a Sebastián Valfré, muerto en el 171 O pero cuya vida era ya par­
te de los anales y de la leyenda de la ciudad. El recuerdo del humildísimo párro­
co de San Eusebio estaba ligado a los rincones más abandonados; a los hospita­
les y a las cárceles; a la desolación de los condenados a muerte, a la tragedia de
adolescentes sexualmente explotadas, a las ordas de huérfanos y viudas, de men­
digos y vagabundos que lo invadieron todo durante las contiendas militares de
entonces. Sobre todo durante el asedio de Turín por los Franceses. del 12 de ma-
2 / P. Fernando Peraza L.

yo al 17 de septiembre de 1706, cuando ya a los 77 años de edad Yalfré recorría


incansable los sitios en donde se debatían los heridos, o reinaba el desconcierto
y el terror, animando, confesando, alimentando una esperanza que esta vez ha­
bría de ser coronada con la derrota extranjera y la definitiva liberación de la Ca­
pital, por entonces del ducado sabaudo, pero que pronto lo sería de los reinos de
Sicilia (17 J 3) y de Cerdeña (1718), bajo Víctor Amadeo 11, discípulo y penitente
del santo.
Decían por entonces, como ahora se ha dicho de Don Bosco, que era como si Fe-
1ipe Neri hubiese vuelto, cuando éste indefectiblemente, terminada cada jornada
festiva, celebraba en el Oratorio con sus niños los ejercicios piadosos, las inge­
nuas entretenciones y las representaciones sagradas adecuadas a su comprensión
y a su gusto, o recorría al atardecer los contornos más sugestivos de la urbe, ju­
gando, cantando y rezando con ellos.
En pocas palabras, a pesar de ser confesor y consejero de la Corte de los Saboya,
era el cura de los pobres, de los pequeños y del pueblo. Ese era su mundo pasto­
ral. Ahí se sentía bien. Leer su vida para algunos podría ser en muchos aspectos,
hallar una especie de Don Bosco anticipado.l

En la historia novelada que sobre Juan Bosco escribió María Teresa Graglia, con
el sugestivo título de "El obstinado de Dios", todo se desenvuelve en la rutina de
la vida ordinaria entre la pobre gente de los sectores marginales. Por su bien se
debate Don Bosco que parece encamar el anticonformismo ante las vejaciones y
abusos de la sociedad clasista. Se obstina, entonces. por "salvar de la miseria, del
hambre, de la abyección a tantos niños y jóvenes que se pierden en el anonima­
to, y llevarse hacia Dios al mayor número de ellos, sin necesidad de pasar por
entrometido en la batalla de las ideologías políticas". Ese es el sentido social y
pedagógico que para ella, autora, adquieren su existencia y su ministerio.
El amor, que recíprocamente se profesan, hacen al muchacho, discípulo, y a Don
Bosco, su padre y su maestro. Entre tanto. para una parte del clero culto, para la
nobleza y la burguesía económica que crece y se consolida, las actitudes del
hombre de Dios eran el síntoma de un desequilibrio mental que debía ser trata­
do oportunamente para evitar fatales consecuencias.
Efectivamente, se iba haciendo cada vez más molesta y peligrosa esa grey, en
aumento numérico, que él lleva de un lado a otro, en estos años del Oratorio
emigrante, ya que estaba compuesta por "chicos callejeros, empleados de tien­
das y expresidiarios que rescatados por su cariño acababan por seguirlo a todas
partes".2
J. Ciusepµe TUN!NETTI, "Sa111i e beati pie1110111esi",Ed. 11 P1111to, Torino, 1990, pµ. 70-76.
2. Custone NOCI en la "Prese111aúo11e" de la obra de Maria Teresa CRACLIA CANNONICA,
''// restardo di Dio". Editrice, 11 P1111ro, Torillo, /99/, pp. 7-9; 107-/09; 94-95.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 3

El estilo literario de la autora es sugestivo, sobre todo en cuanto trata de recons­


truir una franja social típica de la cultura del 800 piamontés y ese lenguaje dia­
lectal tan natural y espontáneo también en los labios de Don Bosco.

2. La interioridad presbiteral de Don Bosco

Para mí, corno me lo ha ido enseñando la experiencia y el estudio, el acceso a la


típica y múltiple personalidad de Don Bosco es el de la historia y el de la intui­
ción contemplativa a un tiempo. El método, es el de ir haciendo con él el camino.

Todo ello supone criterios científicos de base. Exige una gran capacidad para ob­
servar y tratar de ver cómo se van generando en él, desde dentro de sí mismo,
una mentalidad presbiteral en actitudes y estilo de vida y de acción inconfundi­
ble y coherente, a medida que discierne su misión y la asume con una entrega
incondicional al bien de sus jóvenes. El lenguaje, para hablar de él, es el exigi­
do tanto por los acontecimientos humanos como por la reflexión objetiva. El len­
guaje de lo cotidiano y las reflexiones del entendimiento y el corazón. 3

Una manera de hablar de Don Bosco, no sólo sugestiva y respetuosa, sino apro­
piada, es la del Cardenal Atanasio Ballcstrero, quien era arzobispo de Turín en
el Año Centenario de la muerte del santo. Hombre espiritual y de seria concien­
cia histórica parece que al querer evocar a Don Bosco lo revive con su men­
talidad, su indiosincrasia, la herencia de su familia rural, su comprensión de los
hombres, su tacto pedagógico. su sentido de Dios, su conciencia presbiteral. El
querido arzobispo escribía y hablaba como si hubiese llegado a tener de él ese
conocimiento que únicamente puede dar un trato habitual y profundo con él:

"No podemos decir si Don Bosco comenzó a pensar primero en la santidad o en


el sacerdocio, aunque a algunos Les puede parecer extralio. Pero la verdad es
que Don Bosco desde niíio era ya ambas cosas, a su manera. Luego, todo su iti­
nerario formativo quedó marcado por la pobreza; pero la pobreza como la en­
tiende el Evangelio. Tuvo que vivir en la pobreza y es inenarrable constatar lo
que significó para él crecer y vivir en la pobreza. Pero de un momento a otro se
dio cuenta de que, aun con esas limitaciones, Dios lo quería sacerdote, aunque
ni siquiera había llegado a entender todavía lo que significaba ser sacerdote.

3. Theodoro SCHEIDER e11 fa1iw el hecho de que la hi.1'1oria es la ciencia de la vida y la cien­
cia del hombre; y el hmnhre es 1111111isrerio. u, his1ori(1 "'evota, imaJ.iina. recons1ruye 111en1alme11re
los aco111eceres h11111a11os del pasado". Pero, José C. BERMEJO, en s11 libro: ·' Elfinal de la his10-
ria", ace1111ía 1ambié11 que la i111agi11aci6n ··es una de las dimensione.1· básicas·· del quehacer his­
tórico. (Akal-UniFersilaria, Madrid. Espafia, l9M7. ¡J. 30; p¡1. 32-73).
4 / P. Fernando Pcraza L.

Al mismo tiempo, experimentó que su sacerdocio era para los jóvenes, sobre to­
do, para los más necesitados. Son intuiciones que nos revelan que ya allí esta­
ba latente el germen de ese carisma suyo, tan rico en potencialidades, que ha­
bría de distinguir toda su vida, su santidad, su misión y cada una de sus ex­
periencias. Un carisma tipificado por esa simbiosis entre ser sacerdote y ser sa­
cerdote para los muchachos, Los jóvenes, Los pobres; lo cual es muy diciente.
Para mí, personalmente, es uno de los clásicos ejemplos en los que se mani­
festaba ya una espiritualidad moderna". 4

3. Un ensayo sobre la espiritualidad sacerdotal de Don Bosco

Este pequeño librito mío, quiere ser no sólo como la guía para continuar un estu­
dio, sino también una invitación a mis hermanos sacerdotes para que confronten
su propia vida con algunos aspectos, a lo menos, de la experiencia y el testimo­
nio presbiterales de Don Bosco. Por esto después de recorrer el itinerario de su
vocación sacerdotal, estas páginas presentan una especie de mosaico de aspec­
tos, episodios, actitudes de Don Bosco sacerdote, a manera de cuadros que pue­
den llevar a la contemplación de su fisonomía presbiteral y de su vida.
Así mismo, en él aunque no falten algunas notas ilustrativas y documentales
obligadas, he evitado todo análisis científico y he ido al relato directo, quedan­
do claro, sin embargo, que hay estudios y variadas fuentes bibliográficas que
fundamentan suficientemente la metodología y las claves interpretativas que uso
y que propongo.

La relación establecida entre algunos aspectos de la personalidad y de la espiri­


tualidad del santo con las de significativas imágenes sacerdotales del pasado, tie­
nen como fuente documental la obra de Francis Desramaut ''Don Bosco y la vi­
da espiritual"( 1967) 5; y el tema tratado por Massimo Marocchi, docente de la
universidad Católica de Milán, en el "Primer Congreso Internacional de Estudios
sobre San Juan Bosco".6

4. Card. Atanasio BALLESTRERO, "Don Bosco, prete peri giovanio", LDC, Torino. 1987,
pp. 31-32. El autor, genovés, reconocido maestro espiritual, júe Superior General de los
Carmelitas (1955-1961), Arzobispo de Bari (1973-1977) y de Turín (1977-89), y presidente de la
Conferencia Episcopal Italiana (1979-1985). Murió el 21 de junio de 1998, a los 84 a,ios.
5. Francis DESRAMAUT, Salesien, chargé de cours au.x Facultés Catholiques de Lyon. "Don
Bosco et la vie spiriruelle". ed. Beauchesne, París, 1967. José Antonio Rico ha hecho la versión
española de esta obra: "Don Bosco y la Vida Espiritual", publicada por la CCS, de Madrid en
1994.
6. En las raíces de la espiritualidad de Don Bosco. En "Don Bosco en la Historia". (Actas del
Primer Congreso Internacional sobre San Juan Bosco, Universidad Pontificia Salesiana - Roma,
16-20 enero 1989, ed. CCS, Madrid, 1990, pp. 159-178).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 5

Hay subtítulos de Desramaut que nos ubican, precisamente, en esla línea exegé­
tica, cuando trata de la "actitud y mentalidad de Don Bosco"; la "influencia do­
minante de Cafasso", "La importancia central atribuida a San Francisco de Sa­
les"; "La referencia a San Felipe Neri"; "Los ecos de San Vicente de Paúl";
"Don Bosco como maestro de una espiritualidad original".

Fausto Jiménez a su vez, en su "Aproximación a Don Bosco", publicada en la


Central Catequística de Madrid, quiso incursionar sobre la manera "como vivió
Don Bosco su sacerdocio ministerial", y nos da sin duda elementos valiosos co­
mo son los de los contextos teológico y pastoral de la época. 7

Este escrito quiere responder, entonces, a interrogantes actuales sobre nuestra


identidad sacerdotal "salesiana" y nos hacen pensar en aquella Circular escrita
por Pablo Albera el 19 de marzo de 1921 en la que para motivar la fidelidad del
presbítero salesiano a su vocación lo invita a "revivir a Don Bosco" fraguando
siempre mejor el corazón en su espíritu y en el testimonio inolvidable y fecun­
do de su vida, de sus virtudes y de su ministerio. 8

El Año Sacerdotal que por voluntad de Benedicto XVI, hoy comienza, sea una
oportunidad providencial para hacer de nuestro ministerio presbiteral, un don de
alegría y de salvación que rebose en el corazón de los jóvenes.

Fernando Peraza Leal SDB.


Quito, 19 de junio del 2009

7. Fausto J/MÉNEZ, "Aproximación a Don Sosco", CCS. Madrid, 1994, pp. 87-116.
8. Pablo ALBERA, "Don Bosco modelo del sacerdote salesiano". En "Alli del Capitolo Supe­
riore della Pia Sicieta Salesiana". Anno 2. 19 Marzo 1921, pp. /34-135.
6 / P. Fernando Peraza L.

1. ¿PERFIL PRESBITERAL O PERFIL SACERDOTAL DE DON


BOSCO?

Ambos términos se han empleando al referirse a Don Bosco: pero los vocablos"
·'sacerdote" y "sacerdotal" responden al lenguaje teológico usual en su época, en
cambio con la teología conciliar y su poste1ior desan-ollo, las palabras "presbí­
tero" y "presbiteral" revisten un carácter específicamente eclesiológico. Dice re­
lación a los ministerios o servicios que el sacerdote presta a la comunidad. En
cambio las expresiones "sacerdote" y "sacerdotal". acentúan el entronque con el
sacrificio de Cristo del cual es fruto la Iglesia y su sacramentalidacl de salvación.
Es por tanto una terminología más de índole cristológica y cultual; y se extiende
al "sacerdocio común" de todo bautizado por el que su vida, unida a la de Cristo,
está llamada a ser holocausto agradable al Padre. y germen de santidad cristiana
en el mundo. 9

• Don Bosco sacerdote

Don Bosco poseía esa conciencia "sacerdotal", y la vivía a través de una íntima
relación con Cristo, que tenía para él una peculiar acentuación "eucarística".
Luis Piscetta, que trató a Don Bosco desde 1870. declaraba en los Procesos de
Beatificación que cuando éste hablaba del amor de Jesús presente en la Eucaris­
tía, sus palabras llegaban de veras al corazón porque salían del suyo inflamado
de caridad; 10 y Sebastián Gastaldi, quien fue secretario del santo, atestigua ha­
berlo visto llorar mientras celebraba y cuando se refería en sus sermones a la
misericordia de Dios. u
En el altar era sencillo y sin afectación. pronunciaba claramente las palabras: en
el momento de la consagración y la elevación se le veía totalmente compenetra­
do por la presencia del Señor. En la preparación de la "Santa Misa•· y en la ac­
ción de gracias, no quería ser disturbado. 12
Estas declaraciones son del salesiano coadjutor Pedro Enria. para quien Don
Bosco celebrando parecía identificado con Cristo. pues, sin duda, estaba con­
vencido de haber sido llamado a ser "un hombre de Dios", enviado por Él a sus

9. Santiago DEL CURA. 'La sacramentalidad del sace,rlote y su e.1pirit11alidad'". en el 1 0/11-


1

111e11 ''Espirit11alidad SaCl'rdora/"". F.d. de la Co11Jere11cia F:piscopal Espe11iol. /989. p. 83 ss.


JO. Sacra Ritu11111 Congragatione. Ta11ri11e11. "Bea1ijirn1io11is er ccmoni::,arionis Servi Dei
loa1111i� Bosco Sacerdoris J1111da10ris Piae Soderarfa Salesianae. Positiu super inrrod11c1io11e
causae, l?omae. Schofa Type. Salesiana. /907. p. 497.
1 f. Sacra l?i111um Co11graga1io11e. o.e.. p. 500.
12. /bid. pp. 405-406; 4/9.
Pertil Sacerdotal de Don Bosco / 7

hermanos. Así lo había oído muchas veces de Cafasso 13, y así había aprendido
a ver su "sacerdocio" desde los años del Seminario de Chieri:

la grande dignidad del sacerdote estaba en que Jesucristo, el Pastor Supremo, le


había confiado las. ovejas de su rebaño para que hiciese sus veces con ellas. 14

• Don Bosco presbítero

Pero es en el aspecto "presbiteral" en donde se muestra más patente la originali­


dad del "estilo" sacerdotal de Don Bosco, a través de las maneras de su dona­
ción y de sus servicios; y en el ardor de su caridad pastoral.

Al "presbítero" competen, en efecto, unir la comunidad eclesial, animar y coor­


dimr los dones y carismas de los fieles, amaestrados en la verdad y conducirlos
con caridad en el seguimiento de Jesús, predicando, catequizando, exhortando y
acompañándolos con solicitud de pastor y de padre. 15
Por esto el presente libro acentúa desde el título la dimensión y expresión "pres­
biteral" del sacerdocio de Don Bosco y habla de su peifil presbiteral. Y como en
el caso de todo auténtico "presbítero", no sólo vemos en él al padre y al pastor,
sino al discípulo que con los discípulos sigue y acoge la palabra del único Maes­
tro, y como oveja también del rebaño que guía, es apacentado por Jesucristo, el
único Pastor del rebaño. 16 Así lo vieron sus contemporáneos en el Oratorio,
orando con sus muchachos, de rodillas bajo el pórtico, o participando en la ca­
pilla Pinardi de la instrucción religiosa que Juan Borel hacía sus muchachos, y
confesarse con humildad en San Francisco de Asís en el confesonario de Cafasso.

13. Así se expresaba José Cafasso en sus "Instrucciones" al clero. Por ejemplo cuando co­
mentaba a San Pablo en su primera carta a Timoteo, 6,11:"Tú que eres un hombre de Dios", es
decir que perteneces a Dios y por eso te envía: esa tu dignidad y en eso estriban tus responsabili­
dades de ser luz de los hombres y su maestro ("Stmzione per esercizi .1piri111a/i al clero", lstituto­
Collegio lmernaziona/e della Consola/a per le Missioni Estere, Torino, 1925," lstruzione Prima,
pp. 13-17, ss).
14. "Summus animarum Pastor Chrisws Jesus suas quodammodo vices sacerdotibus commit­
tit Ul su11111 pasean/ gregem: magma pro.fecto dignitas ut Christi legatione fungamur". "Raccolta
del/e leuere, omelie ed a/Jre scritture di Monsignore Colombano Chiaveroti". Cap. 7. 1-3, Torino,
1835-1839. Cilfa del ,,o/. 2, pp. 378-379.
15. Mt. 20,25-28: Hech 1,8; Lumen Centium 12; Apostolicam Actuositatem 3; Dei Verbum 8.
16. Esta expresión es de San Agustfn en sus "Enarraliones in Psalmos": "Yo soy pastor para
vosotros, pero oveja con vosotros del mismo Pastor. Os enseño como maestro, pero con vosotros
soy discípulo del único Maestro". (Obras de San Agustín", 12, BAC, Madrid, 1967, p. 346).
8 / P. Fernando Peraza L.

Ese perfil "presbiteral" queda inserto en el misterio de la Iglesia Local, en nom­


bre de la que actúa 17 a servicio del mismo sacerdocio común de los fieles. Y ese
perfil presbiteral reviste la expresión del único sacerdocio de Cristo, a quien re­
presenta, y con cuyo poder convoca, conduce y santifica; y, con exclusiva com­
petencia, consagra la Eucaristía, punto de convergencia y de vitalidad espiritual
para los hijos de Dios. 1s
Pablo VI también aplica la expresión in persona Christi, o sea "obrar haciendo
las veces de Cristo" 19, "al ministerio de la palabra y de la evangelización" 2º; y
Juan Pablo TI lo usa cuando escribe del Sacramento de la Penitencia y la Recon­
ciliación, para decir que el presbítero debe revestirse en él de las actitudes de Je­
sús para con cada uno de sus penitentes. 21
Esta idenüficación con Cristo se halla presente en los más significativos docu­
mentos conciliares y posconciliares que se refieren al ministerio presbiteral.

De los sentimientos de Cristo queda impregnado, asimismo, el perfil sacerdotal


de Don Bosco que emerge de los testimonios de su Causa de Beatificación y Ca­
nonización: la manera de acoger a su prójimo, particularmente a los jóvenes po­
bres; la paciencia para escuchar; la dulzura de sus actitudes; el sacrificio para
buscar el mayor bien de cada uno; las audiencias interminables, las confesiones
solícitas; la manera de hacerse amigo, padre y hermano de todos; de acompañar
en la desgracia, de confortar, sostener y ayudar aún en lo económico y material
22; la capacidad de perdonar y de sembrar reconciliación y concordia. Ya en el
lecho de muerte recomendaba una vez más el perdón a los enemigos y el no dejar

17. "Por la misma ordenación sacerdotal el ministro representa también a la Iglesia, lo cual
se expresa media11te la fórmula, igualmente clásica, "in persona Ecclesiae" o "in nomine Eccle­
siae". ("Sacerdotes para evangelizar". Reflexiones sobre la vida apostólica de los presbíteros.
Comisión Episcopal del clero, Edice, Madrid, 1987).
/8. Lamen Gentium, JO; 28; Presbyterurum Ordinis, 13. Cfr Santiago DEL CURA, o. c., pp.
103-lll.
/9. Lumen Gentium, JO; 28; Presbyterurum Ordinis, 13. Cfr Santiago DEL CURA, o. c., pp.
/03-111.
20. Evangelii Nuntiandi ( 1975), n º 67.
21. Reconciliatio et Paenitemia ( 1984), n º 29.
22. Joaquín Vicente Berto y Félix Revig/io dejan constancia de muchos de estos aspectos en
los procesos. Refiriéndose a los jovencitos salidos ya de sus instituciones benéficas y educativas.
testimonian la manera como seguía interesándose por ellos con el amor de un padre con sus hijos,
sin echarlos nunca al olvido. lo mismo cómo ellos continuaban teniéndolo por padre y visitán­
dolo co,1 gratitud y con afecto (Sacra Rituum Congregatione, o. c,, pp. 513-517; 3-6 y 517-519).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 9

de hacer el bien a aquellos de quienes se hubiese recibido algún perjuicio 23_ Fue
siempre la actitud del Don Bosco ante sus adversarios gratuitos y sus detractores.
Las duras situaciones vividas no le impidieron que buscara hacerles el bien pen­
sando en su salvación eterna.

La incansable bondad de Don Bosco y esa capacidad de volverse todo para to­
dos, fueron, como para San Francisco de Sales, fruto de su amor a Jesucristo y
de la encarnación viviente de su espíritu.u Francisco Dalmazzo, también sale­
siano, que vivió con él desde el J 860, dijo que Don Bosco podía haber hecho su­
yas las palabras de Jesucristo: "dejad que los niños vengan a mí". porque, así
como el Señor, les entregó toda su vida, y todo lo sacrificó por ellos. 25

Conviene tener en cuenta que en este libro no pocas veces se alternan y comple­
mentan las dos acepciones de sacerdote y de presbítero según la acentuación que
se quiere dar a uno u otro de sus significados específicos. En otras ocasiones si­
guiendo el lenguaje usado por Don Bosco o la literatura de su tiempo se emplean
también las palabras de eclesiástico o de cura que responde a prete en italiano.

2. INTERPELACIONES DE UN OBISPO A SU PRESBITERO

El Cardenal Miguel Pellegrino escribía así a los presbíteros de su arquidiócesis:


Es importante que, en medio de tantas preocupaciones pastorales que nos inter­
pelan, dediquemos un momento a hablar de nosotros, presbíteros ·'no para ence­
rrarnos y aislarnos en las cosas nuestras, sino para tomar una conciencia más cla­
ra y actual de lo que somos y de lo que Dios quiere de nosotros.
Estas son las preguntas a las que tendríamos que respondernos:

¿Cómo nos ven? ¿Cómo nos vemos y nos sentimos nosotros mismos? ¿Qué
SOl110!,,?"

El arzobispo de Liverpool, Derek Worlock, inaugurando el l º Congreso de los


Católicos en Inglaterra el 2 de julio de 1980, daba una respuesta al último de los
interrogantes:

2J. Sacra Rituum Co11xrag11tio11e. o. c. 557-561. /)ec/araciom•.1 desde Miguel Rua y Oo111i11f?O
8011gioa1111i. Éste /Í/rimo e.1·111110 1'11 el Oratorio de 1856 a 1866: el Padre Mi;:11el Rría conoció\'
trat6 a IJ011 Bo.1co de.u/e se¡11ie111hre de 1852. y 1frfri co11 él en el Oratorio dew/e 185./. Fue .rn
s11cewr a la muerte del sa1110 en 1888.
24. Cfr el te.11i111m1io de Mo11.1. Juan Ca;:liero e11 los citados proceso. p. 533.
25. /bid, pp. 520-521.
10 / P. Fernando Peraza L.

He llegado a la conclusión de que en verdad: "No soy yo, sino Cristo quien vive
en mf'. Esta debe ser una convicción siempre más clara para nosotros, si quere­
mos que no nos ahogue la corriente de los sucesos que diariamente se nos vienen
encima, las presiones que van acabando por desintegrar nuestras familias; si no
queremos permanecer ciegos ante las injusticias del mundo, ni ante la tecnifica­
ción deshumanizante de hoy y de mañana. Nosotros los sacerdotes tenemos que
darnos cuenta de que estamos sumergidos en estas realidades, y que no podemos
no formar parte de ellas. Como decía Pablo VI, la Iglesia no es del mundo, pero
está en el mundo, por tanto, al servicio del mundo.
Nuestra misma relación personal con Cristo nos lleva a compartir su camino, s u
verdad y su vida con quienes convivimos, que es con quienes queremos empe­
zar a dar sentido nuevo al mundo y a pensar en un mañana distinto. 26
Son precisamente estas mismas preguntas las que ahora nos interesan: "¿Cómo
nos perciben y qué piensan de nosotros, presbíteros salesianos?".
"¿Cómo nos vemos a nosotros mismos?, y ¿Cómo nos auto-definirnos?".
Para llegar a una respuesta coherente que describa nuestra identidad carismáti­
ca en la Iglesia, nos preguntamos ahora -y ese es nuestro tema-:
¿Cuál era la identidad sacerdotal de Don Bosco?, pues es en relación con ella co­
mo se define nuestra propia identidad vocacional.

Efectivamente:
"La vocación salesiana imprime características peculiares en el ministerio del
presbítero. El salesiano sacerdote es discípulo de Don Bosco. Su referencia a
Don Bosco es vocacional y, por lo mismo, intrínseca a su identidad espiritual, a
la que le da concreción y calidad.
Se trata de un proyecto de vida unitario, plenamente salesiano y centrado en el
ser y en el actuar como presbítero, como lo hizo el Fundador, quien siempre y
en todas partes quiso ser sacerdote". 27

3. DON BOSCO ERA, SE SENTÍA Y SE IDENTIFICABA A SÍ MIS­


MO COMO PRESBÍTERO

"En efecto, Don Bosco ha sido, ante todo, y sobre todo un verdadero sacerdote.
La nota dominante de su vida y de su misión es el fortísimo sentido de su iden­
tidad de sacerdote católico según el corazón de Dios. Por algo lo seguimos lla­
mando "Don Bosco".

26. Card. Michele PELLEGRINO de Turín, "Vivere il Concilio da Preti", LDC. 1981, p. 38.
27. "La formación de los salesianos de don Bosco". Principios y normas. Roma, 1985. n. 45
(ed. CCS. Madrid, 1986).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 11

Reveladora, al respecto, es su declaración en diciembre de 1866 al presidente del


Consejo de ministros, Bettino Riccasoli, quien lo había citado al palacio Pitti en
Florencia: "Excelencia, sepa que Don Bosco es sacerdote cuando está en el altar,
en el confesonario, entre los jóvenes; sacerdote en Turín y sacerdote aquí; en la
casa del pobre y en el palacio del Rey o de los ministros". 28
Don Bosco hizo de su sacerdocio un proyecto de vida que dio sentido y modali­
dad propia a todo lo que fue y lo que hizo. No simplemente un sacerdote como
otros sacerdotes de su medio eclesial, bien complejo y conflictivo por cierto, si­
no un sacerdote con identidad propia al servicio de una misión eclesial e
histórica.
Porque Don Bosco fue presbítero en una concreta iglesia particular, en Turín, y
en un período histórico extremadamente significativo por las diversidades exis­
tentes y los fermentos espirituales e ideológicos en el clero diocesano.
En Turín había, entonces, dechados de santidad, como Cafasso, José Benito Cot­
tolengo, Leonardo Murialdo, Luis Guala, Federico Albert, José Allamano. Y así
mismo, por toda una fermentación provocada por las diversas tendencias cultu­
rales del tiempo, un clero batallador, turbulento, rebelde; también, un clero lega­
lista, ultramontano, jansenista; y toda la corriente histórica de los sacerdotes sa­
lidos del Convitto Ecclesiástico, con el cual Don Bosco tenía directa relación,
como otros tantos sacerdotes de su tiempo. El Convitto era una residencia sacer­
dotal en donde se formaba un clero pastoral, diferente del clero universitario y
"culto" de Turín, un clero prudente con respecto a la filosofía "liberal" del Esta­
do, anclado al Papa y a los criterios jerárquicos más acordes con la tradición re­
ligiosa piamontesa, un clero "nuevo" en cuanto superaría las barreras de la
moral "rigorista", y llegaría al "humanismo pastoral" de San Alfonso María
de Ligorio.

"Es indicativa la historia de la casa de ejercicios de San Ignacio, en Lanzo. Guala


la había adquirido y transformado en un sitio de solaz y de sostén espiritual para
los sacerdotes. Don Bosco la conoció desde el principio y se sirvió de ella por
32 años.
Siempre iba con Guala y con Cafasso. La relación con estas personalidades pro­
fundamente originales y que se salían de los clichés comunes, ricas por sus ins­
piraciones carismáticas, que tanto aportaron a la Iglesia, dejó un tinte particular
en la eclesialidad de Don Bosco.
Hay que reflexionar sobre ello, lo mismo gue sobre el hecho de que este sacerdo­
te no era ajeno a los acontecimientos civiles y políticos de su tiempo, de su ciu-

28. Juan Pablo JI, Turín. sábado 3 de septiembre de 1988, y MB., ed. CCS, Madrid. 1984. vol.
8. p. 534 (Ne/la terra di don Bosco ", LDC. Torino. 1988. p. 39).
12 / P. Fernando Peraza L.

dad, de su gente; un sacerdote que no permanecía a la defensiva, no se limitaba


a observar de lejos lo que pasaba. Por el contrario, se .involucró en las situacio­
nes gue vivía la Iglesia -¡cosa no fácil entonces!-, en su intento de salvar una so­
ciedad gue se debatía por ser algo distinto, y que sufría las tensiones opuestas,
propias de la encrucijada histórica por la que estaba pasando.
Se dejó envolver, se metió adentro; no simplemente como sacerdote, sino corno
sacerdote que sabía cuál era su misión específica, la salvación de los jóvenes".29
De este sacerdote para los jóvenes, nos interesa seguir, aunque sea en parte, el
itinerario de su búsqueda vocacional, de sus opciones básicas y características y
de su espiritualidad sacerdotal.

4. DON BOSCO, ALGUIEN QUE QUISO CON TENACIDAD SER


SACERDOTE Y QUE VIVIÓ CON PASIÓN SU SACERDOCIO

Estas son las palabras del Arzobispo de Turín al comenzar el Año Centenario de
Don Bosco, 1988-1989:
Algo que me impacta del Santo es la voluntad de ser sacerdote y de vivir como
sacerdote: "lo quiso con una tenacidad singular y el camino para lograrlo no fue
nada fácil.
Experimentó, en verdad, la írnposibilidad de la vocación sacerdotal y superó este
desafío con un entusiasmo que ha quedado como proverbial en su vida.
Decir que fue un sacerdote contento es poco. En realidad 'él' hizo de la alegría
y del entusiasmo sacerdotales algo característico de su ser más íntimo y de su
mensaje".3º

En verdad, "el amigo de los jóvenes", "el apóstol de la clase obrera", "el precur­
sor de los tiempos nuevos" y de "la educación nueva", fue, ante todo y sobre todo,
sacerdote; toda su formación fue clerical, y, si se dedicó a la educación de los jó­
venes, fue por una necesidad y una exigencia de su sacerdocio, vivido para ellos.
Su Oratorio fue la parroquia que él creó para sus muchachos. 31

29. Anastasio, BALL ESTRERO. Cardenal de Turín "Pre/e per i Giovani", LDC. Leumann,
Turín, 1987, pp. 53-54
30. Massimo BOCCALETrt, "Un. giocoliere ne/le nebbie del gia11se11ismo". En "GESU",
Mensile di cultura e a/fualita cristiana. Societa di San Paolo, Milano, Gennaio 1988. N.I, 8.
31. Pietro STELLA, "Don Bosco educatore oggi", PAS - Verlag. 1963, p. 61.
Perfil Sacerdotal de Don Rosco / 13

5. ITINERARIO DE SU VOCACIÓN PRESBITERAL

La búsqueda vocacional de Don Bosco no termina a los 26 años con su Ordena­


ción Sacerdotal. Ha recibido el don del "presbiterado", pero no ha logrado en­
cauzar definitivamente su Sacerdocio en un proyecto de vida claramente definido.

Ese proyecto quedará delineado cuando tome las opciones fundamentales de "su
misión" y se haga EL SACERDOTE-EDUCADOR DE LOS JÓVENES, que
describe él mismo en sus "Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales".
Será un esfuer zo de tres años por lo menos, después de haber recibido el sacer­
docio en 1844.
Cafasso lo interpela al final de su tercer año de pe1manencia en el Convitto Ec­
clesiástico:

- "Es mucha la mies. Usted ha acabado Los estudios, ¿Qué piensa hace,; aho­
ra? ¿A qué se inclina más?"
"Hacia los jóvenes. Pero, decida Ud. lo que le parezca, pues quiero conocer
la Voluntad de Dios a través de su palabra".
- "¿ Qué es lo que en este momento ocupa su corazón y sus pensamientos?"
- "¡Me parece encontrarme en medio de una multitud de muchachos que espe-
ran mi ayuda"! 32

Toda la trayectoria de este discernimiento es la trayectoria de su vida hasta ese


momento. Un itinerario accidentado. Inclusive, con un instante de significativa
perplejidad, de angustia y de peligrosa desorientación, entre los 18 y los 19 años.

En la última etapa, en la que puede llegar a las determinaciones decisivas, influ­


yen: el contexto pastoral de Turín en la década del 1840, la delincuencia juvenil
de los muchachos pobres, sus primeras experiencias "sacerdotales", el ambiente
de oración y de reflexión del Convitto, el acompañamiento cercano de su confe­
sor y director espiritual, José Cafasso.

Entre tanto, ha habido:


- instantes de parcial identificación con algunas figuras de sacerdotes,
- y clarificación de sus intuiciones vocacionales ante experiencias contras-
tantes y aun negativas.

32. Juan BOSCO, "Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales" (1815 -1855), en
"Obras/undamentales"[42}; BAC. 1978, p. 419.
14 / P. Fernando Peraza L.

Ha habido esfuerzo, logros, superaciones, desencantos. No han faltado cho­


ques contra la realidad adversa.

5.1 ESQUEMA DEL PROCESO:

5.1.1 En la infancia

Desde muy pequeño siente inclinación a trabajar por los chicos de su ambiente
rural y en condiciones similares a las suyas, con quienes mantendrá siempre una
singular sintonía pastoral:
"Reunirlos, darles catecismo, era una inspiración que sentía en mí desde cuando
tendría cinco años. Era mi mayor deseo. Me parecía ser la única cosa que ten­
dría que hacer yo en mi vida".33

Era un impulso innato, un germen de gracia, inconsciente aun para él, que habrá
de evidenciarse, poco a poco, hasta formar una aspiración explícita y un modo
de ser asumido como propio:
"Como algunos nacen para hacer versos y otros para viajar, Don Bosco había na­
cido para ser sacerdote, y sacerdote educador. Lo demostró desde pequeño.
Después, agregando a sus disposiciones innatas la intuición pedagógica y su ex­
periencia de caridad, se definió en él la figura de educador.

Pero, no como otros que escriben de pedagogía sin llevarla a la práctica, él, antes
de escribir, se entregó a los muchachos y encarnó en la vida el espíritu de su pe­
dagogía.
Es necesario no olvidar que, como fue sacerdote en toda actividad y en las múl­
tiples facetas de su vida, también los criterios fundamentales de su obra pedagó­
gica deben buscarse en las páginas del Evangelio". 34

5.1.2 El sueño de los 9 años

Es, tal vez, el momento en el que empieza a advertir conscientemente la moción


vocacional del Espíritu que está latente en su corazón y que ya actúa, infundién­
dole los primeros dinamismos vocacionales de entrega a los muchachos. La acti-

33. Testimonio de Lemoyne en los procesos diocesanos de 1907 (Sacra Tiruum Congregarione
E. M. O. ac Rev. mo. Domino Card. losepho Calasanzio Vives y Tuto.- "Taurinem. Beatificationis
el Canonizarionis Serví Dei Joannes Bosco Sacerdoris Jundatoris Piae Societatis Salesianae.
Posirio super introducrione cau.)'ae". (Sumarium et Litterae Postulatoriae). Romae Schola Type.
Salesiana. I 907, 67), MB., vol. 1, pp. 57-58.
34. Eugenio CERIA, "Don Bosco ne/la vita e ne/le opere Sei", Turín, 1938, p. f50.
Perlil Sacerdotal de Don Bosco / 15

tud sobre todo de su madre, que manifesta ante la abuela y ante los hermanos de
Juan la posibilidad del sacerdocio, puede haber marcado el comienzo del proce­
so de clarificación vocacional.
"Así, el sueño de los 9 años, narrado de inmediato, significa, tal vez, no tanto la
revelación divina de una vocación "pedagógica", sino, más bien, la toma de con­
ciencia, en la fantasía de un niño vivaz y superdotado, de una vaga y tácita as­
piración sacerdotal". 3s

Diez años más tarde, en el 1834, habrá logrado descifrar que en el Sueño de Mu­
rialdo su llamamiento a ser "pastor" de los jóvenes era la primera iluminación
que él había tenido de su vocación al presbiterado. 36

5.1.3 Margarita Occhiena

Factor definitivo en la personalización del incipiente designio vocacional de


Don Bosco, cuando expresa a su hijo, explícita o implícitamente, a través de sus
actitudes, la confianza en él y la fe en la factibilidad de la idea que empieza a
obsesionar a su hijo y a manifestarse en múltiples formas de "amistad", de com­
prensión y de solicitud espiritual, moral y educativa por sus coetáneos. 37
Había, sin duda, un hecho innegable: ya desde entonces él mostraba que se en­
tendía con los jóvenes y éstos, a su vez, se entendían con él:

"¡Lui ha sempre capito i giovani e i giovani sempre Lo hanno capito!", dice, en


la Conmemoración Centenaria, el Cardenal Ballestrero. 3s

"... el cristiano, en San Juan Rosco, creció gracias a lo que yo pienso haya sido

35. Pietro BRAJDO. "I/ sis1ema educativo di don Bosco", Zurich Scweiz-Roma /962-1964.,
p. 89.
36. Juan BOSCO, "Memorias del Ora1orio de San Francisco de Sales", o. c., p. 386.
37. Capriglio, patria chica de la madre de Don Bosco, ha colocado estas lápidas conmemorativas:
"Capriglio, regocijárulose por el centenario del nacimienlO de Mamá Margarila, Madre de San Juan
Bosco, la recuerda como símbolo y ejemplo de virtudes para toda madre de familia", 1-4-1988.
Margarita murió en el Oralorio de Valdocco el 25 de noviembre de 1856. En el local en dondefuncionó
la primera escuela frecuentada por Juan, se le recuerda de esta manera: "Esta. humilde casa que fue
hasra 1922 Escuela de los Caprillenses, acogió a San Juan Bosco, entonces de sie1e afzos, cuantío se
hospedaba con los parientes de Mamá Margarita, y bajo la guía de Don José lacqua. sacerdote de
grande piedad, aprendió los primeros rudímemos de la lectura y la escritura, y las virtudes educativas
de nuestra gente, que él hizo conocer por el mundo" (A/do FANTOZZJ, "Mama Margherita, la madre
di don Bosco", WC. Torino (Leuman), 1992, pp. 11 y 18).
38. Car. Anastasia BALLESTRERO (Massimo BOCCALETTI, "Un giocoliere ne/le nebbie del
giansenismo", o. c., p. 8).
16 / P. Fernando Pcraza L.

un verdadero ministerio materno. El santo debe mucho a su madre: 'él' lo sabía,


lo expresaba. La substancia de su fe la ha bebido en la relación con ella, que
era una humilde cristiana y, así mismo, una cristiana muy humilde. Lo que quie­
re decir mucho, sobre todo si se tienen en cuenta Los acontecimientos concretos
de su vida, los mismos que pusieron a prueba su renacidad y sufe.
Sin embargo, la madre no hizo pesar sobre su hijo las dificultades de esa exis­
renciafatigosa, sino que se sirvió de ellas para hacer de él un cristiano robusto
y generoso" y para abrirse con libertad y con confianza a los designios de Dios
sobre él. 39

5.1.4 Los Sacerdotes de su época

La experiencia tenida con los sacerdotes de su época es múltiple. Dos aspectos


hay que relevar: lo que halla de positivo con relación a su intuición germinal;
Lo que no acepta de ellos y suscita en su conciencia una reacción opuesta. pero
también identifican/e.

• Las experiencias positivas de mayor incidencia:

- Juan Calosso 4º:

Juan tiene de 14 a 15 años. Los llega a unir, a través del trato habitual, un cono­
cimiento íntimo y recíproco. y una gran confianza. Para el muchacho, Calosso
es su amigo, su maestro, su director espiritual, su apoyo, aun económico.

Es el sacerdote que él quisiera ser: un padre, un amigo, un educador hecho a la

T
39. Frases también del arzobispo de Turí11 en enero de /888 (Massimo BOCCALE7 l, "Un
giocoliere ne/le nebbie del giansenismo ", o. c.. p. 8).
40. Juan Melchor CALOSSO era natural de Chieri. en donde naci6 el 23 de enero de 1760.
de Felipe Andrés y Ana Marra Benita Bunis. Fue bautizado el mismo dfa en el Domo de la ciudad,
dedicado a Santa Maria della Sea/a (o de la Asunción). Estudió en el Seminario de Turín ( 1775-
1777: 1777-1782). Concluye los eswdios con la Ordenación y la Láurea en Teología. Desde 1791,
por 22 wios, fue párroco de Brní110, en la arquidiócesis de Turfn. Luego, lo encontramos con su
hermano sacerdote. Carlos Viceme, en la parroquia de San Pedro. de Berzano. En otorio de 1829.
fue nombra do capellán de Muria/do. Dos meses después comen:,aba el triduo del Jubileo Univer­
sal. en Bt11tigliera, el 5 de noviembre. Fue durante esta circ1111stc111cias cuando se dio el encuentro
providencial con Juan Bosco. cancelado s11 comrato de trabajo, de casi 2 wios, con la familia de
Luis Moglia. en Monc11cco. Habla rnmplido ya los 14 wios de edad. Calosso muere a los 70, el
21 de noviembre de 1830 (Michele MOLINERIS, '"Don Bosco i11edito•·. Eds. lns1ituto Salesiano
··Bernardo Semería", Col/e Don Bosco-Castelmwvo Don Bosco (Astí), 1974. pp. 152-172).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 17

medida de sus inquietudes y de sus aspiraciones, a quien recordará con particu­


lar gratitud en su Primera Misa. 41

La evocación de Juan Calosso, hecha por Don Bosco años más tarde, refleja un
perfil sacerdotal substancia/mente educativo. Es el perfil del sacerdote que él,
entonces, necesitaba y que cuando escribe sus Memorias había ya hecho suyo y
vivido por 34 años.

"Al ver a un muchacho pequeño todavía, con la cabeza descubierta, el cabello


suelto y enso11ijado, que caminaba silencioso entre la gente, fijó en mí la mira­
da y empezó a hablarme:
- Hijo, ¿de dónde vienes? ... ¿Cómo te llamas?, y tus padres, ¿cómo están? ¿Has
ido a la escuela?
- Soy Juan Bosco, mi padre murió cuando yo era muy niño. Mi madre tiene que
mantenernos a cinco personas. "Sé leer y escribir un poco".

En ese primer encuentro hablan del sacerdocio.


Después, en la relación con Calosso, descubrirá que un sacerdote puede llegar a
ser el amigo del alma:

- "¿Para qué quieres estudiar?


- Para ser sacerdote.
- ¿ Y, por qué quieres ser sacerdote?
- Para acercarme a mis compañeros, hablar con ellos, enseñarles la religión.
No son malos, pero nadie se interesa por ellos.

Mi franqueza y, diría, mi audacia, impresionaron al sacerdote, el cual, mientras


yo hablaba, no me quitó los ojos de encima..."
"Me puse, en seguida, en sus manos. Hacía sólo unos meses que había venido a
la capellanía. Me di a conocer a él. tal como era. Le manifestaba con naturalidad
mis deseos, mis pensamientos, todo lo que hacía. Eso le agradó mucho porque
así, conociéndome, podía ayudarme tanto en lo espiritual como en lo temporal.
Entonces supe lo que era tener un fiel amigo del alma, pues hasta entonces care­
cía de él." 42

41. Juan HOSCO. "Memorias Del Ora10rio De Sa11 Francisco De Sales ... en "Obras funda­
mentales". o. c.. [9-11]: pp. 357-359; 360-361; 362-363; [37], 407; MB., vol. J, p. 157. ss; pp.
185-188.
42. !bid. /9/. pp. 357-359.
18 / P. Fernando Pera7,.a L.

"Don Calosso llegó a ser un ídolo para mí. Lo quería más que a un padre, reza­
ba por él y le servía con ilusión en todo. Era un placer agradarlo y así, en un día,
adelantaba más en mis estudios que una semana solo en casa.

Un día, ese hombre de Dios, me dijo:


- Mira, no te preocupes por tu porvenir; mientras yo viva no te va a faltar nada
y, si muero, ya proveeré para ti ... ".

El 21 de noviembre de 1830, tras dos días de agonía, expiraba. Con él morían


también todas mis esperanzas.
"La muerte de Don Calosso fue para mí una desgracia irreparable.
Lloraba sin consuelo al bienechor fallecido; despierto, pensaba en él; soñaba con
él cuando me entregaba al descanso". 43

- Facetas pedagógicas de otras fisonomías presbiterales

Al aludir a ellos, Juan Bosco, tal vez, acentúa las resonancias que tenían en su
espíritu algunos aspectos, con los cuales se iba delineando en él la utopía de su
futuro sacerdocio.
Se refiere a ellos al hablar de la etapa de su vida que va de los 9 a los 20 años de
edad:
- José Lacqua, su sacerdote-maestro, en Capriglio: "muy amable", preocupado
por sus estudios y, sobre todo, por su formación cristiana.44
- Plácido Valimberti, el primer profesor que conoció en Chieri: "de santa memo­
ria. El me dio muchos y sabios consejos para mantenerme alejado de los peli­
gros; me invitaba a ayudarle en la misa, lo que le daba ocasión de hacerme
algunas sugerencias". El fue quien puso en contacto a Juan con los otros maes­
tros del Girnnasio.4s
- Valeriana Pignetti tuvo mucha caridad con Juan.
"Me ayudaba en la clase. Me invitó con frecuencia a su casa y, considerando
mi edad y la buena voluntad de mi parte, no ahorraba nada de lo que pudiera
serme útil". 46
- Vicente Cima, "hombre severo", que al descubrir las disposiciones de Juan, no
obstante su edad algo avanzada, tuvo para con él una insólita amabilidad, y le

43. !bid. [ 1/ }, pp. 360-361; [12], pp 362-363.


44. !bid. [5], p. 348.
45. Jbid. {14 J, p. 365.
46. /bid. [14J pp. 365-366. Parece ser de apellido Pignetti, y no Pugne/ti, como dicen las
MEMORIAS DEL ORATORIO (Case/le SECONDO, "Giovanni Bosco studente", eds. Acclaim,
Torino, 1988, 40).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 19

demostró confianza en la realización de sus estudios. 47


- José Gozzani, profesor en los últimos años de humanidades y retórica, se ganó
con benevolencia el corazón de Juan. Este lo recordó siempre con gratitud y,
desde entonces, permanecieron unidos por la amistad. 48
- Jacinto Giusiana, dominico, lo atendía con afecto paterno", lo estimuló mu­
cho y compartió con él una de sus primeras Misas en la Iglesia de Santo Do­
mingo y lo acompañó todo ese día con emoción y aJegría en Chieri. 49-
- Pedro Banaudi. "Un verdadero modelo como educador. Había llegado a hacer­
se respetar y estimar por todos, sin necesidad de castigos.
Amaba a todos como a hijos suyos, y ellos lo trataban como a un verdadero
padre" .50
- José María Malaria. Fue su confesor en el período de sus estudios de secunda­
ria y en los primeros años en el Seminario.

Siempre lo recibía bien y lo guiaba en la vida sacramental.


Más de él tiene como queja el que no haya querido, en un momento de difícil
discernimiento sobre su vocación, inmiscuirse en sus decisiones. Fue también
habitual confesor de Cafasso.s1

- De la época del Seminario (1835-1841)

Hay un juicio genérico positivo de Don Bosco sobre sus superiores del Semina­
rio de Chieri:

"Me querían y me habían dado continuas muestras de aprecio". El saldo conclu­


sivo de esos seis años también era positivo: "Había recibido formación, ciencia,
espíritu sacerdotal y cuantas muestras de bondad y cariño se podrían desear".
El juicio involucra a sus compañeros: los había querido y se había hecho estimar
por todos. Vivía para ellos, y ellos para él. Fruto, sin duda, de la reciprocidad
afectiva que los unía. s2

47. !bid. [14 ], p. 366.


48. !bid. [ 17}. p. 371.
49. !bid. 371; /37/, p. 407.
50. !bid. [19}, pp. 375-376.
51. /bid. {16} 370-371; (25 /, pp. 386-387. Ma/oria nacido en 1802, tenía 32 años; había sido
confesor del clérigo José Cafasso. Doctorado en teología en la Universidad de Turín, era conside­
rado como el sacerdote mds culto de Chieri (Pietro STELLA, "Don Bosco nella storia della Reli­
giosita Cattolica", ed. LAS-ROMA, 1979, vol. /, pp. 44-45).
52. !bid. {37}, p. 407.
20 / P. Fernando Peraza L.

• Las experiencias negativas

Pero también Juan Bosco constata que se da durante este tiempo lejanía por par­
te de algunos eclesiásticos, y también la imposibilidad de depositar en alguien
sus confidencias y discernir acerca de sus procesos vocacionales y de su vida es­
piritual.
En verdad, no faltaron momentos en los cuales se encontró solo y aun expuesto
al riesgo de tomar un camino equivocado ante la necesidad de decidir sobre su
futuro.

- La crisis de los 18 años

La experiencia más peligrosa la tuvo a los 18 años, en 1834. Terminaba sus estu­
dios de secundaria. Se veía en la disyuntiva de una opción: decidirse por el clero
secular, en cuyo caso le asaltaban incertidumbres y temores, u optar por el esta­
do religioso, tal vez el "conventual" del que tenía en Chieri un ejemplo bastante
convincente: el de Santa María de la Paz de los Frailes Franciscanos. Allí vivía
un tío de Pablo Braja, gran amigo con fama de santo, al que había perdido re­
cientemente después de una dolorosa enfermedad. 53
De hecho había cosas que no le convencían y de las cuales debía cuidarse, sien­
do él de un carácter soberbio y caprichoso, además de sentirse presa del orgullo
y de la vanidad, pues había llegado a ser proverbial su fama de buen estudiante
y de líder juvenil, dotado de múltiples cualidades y con una capacidad inmensa
de simpatía y de amistad.

Tal vez había oído comentarios sobre los curas seculares, cuya conducta asegla­
rada reflejaba situaciones vividas por el clero durante la primera mitad del siglo
pasado. El número excesivo de vocaciones había sido fruto, en parte, de falta de
verdaderos móviles de fe. Efectivamente, se daba una "profesionalización de la
carrera sacerdotal", y la búsqueda de prestigio y oportunidades para obtener
privilegios que ofrecía a los clérigos una sociedad falsamente sacra], que había
llegado a funcionalizarlos, siguiendo intereses de poder, de influencia social y de
bienestar económico.
53. Paolo Vittorio Sraja, muri6 el JO de julio de 1832. Carlota, su hermana.fue cooperado­
ra de Don Sosco en Chieri y fundó en la casa Sertinetti el primer ormorio femenino de la ciudad
( 1876), que precedió la llegada de las Hijas de María Auxiliadora a esa Ciudad dos años después.
El tío franciscano, de nombre Isidoro.figura en el elenco de los Menores Reformados del convento
de Santa María de la Paz, precisamente en 1838 (Seco,ulo CASELLE, ''Giovanni Sosco Studen­
te", Chieri 1831-1841. Dieci anni che valgono una vita. eds. Accalim, 1'orino, 1988, pp. 66-67.
Don Sosco alude a su muerte en sus "Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales", pp.
369-370; 372).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 21

Estas situaciones lamentables habían inspirado obras como la de Antonio Foresti


(1625-1692): "El camino hacia el santuario ... ", ciertamente leída por Juan en
estos años. El libro trataba de prevenir los vicios más usuales en el clero, que só­
lo lograrían supcrararse a mitad del 1800, cuando ya Don Bosco ejercía su mi­
nisterio en Turín: la mundanidad por ejemplo, los malos modales y la ignoran­
cia; el ocio y el apego al dinero. s4
Antonio Rosrnini ( 1797-1855) había denunciado, precisamente durante estos
años, la pésima formación de los candidatos al sacerdocio: "ni saben, dice, qué
estudio compete al sacerdote, ni qué es lo que quieren ser cuando sean sacerdo­
tes"; su modo de pensar es mundano, y así son sus costumbres, que en vano lo­
gran por poco tiempo ocultar bajo una sotana negra. ¡ Y éstos son formadores de
otros que ni llegan a saber lo poco que saben sus maestros!". 55
En ese momento, después de casi 10 años de haber tenido el "primer sueño",
Juan Bosco había llegado a ver con bastante claridad su vocación al Sacerdocio.
Pero tal vez la literatura ascética "rigorista" que tenía a su alcance lo inclinaba
decididamente a una "huida del mundo" pecaminoso en el que vivía.

José Maloria lo deja solo cuando más necesitaba ayuda. No quiere oírle hablar
de vocación. Juan se decide por el claustro y pide ser admitido. Para esto hace
una visita a Santa María de los Angeles, la casa provincial de los franciscanos en
Turín, en abril de l 834. Una vez aceptado se empieza a preparar para el ingreso
al Noviciado de Chieri.

Ha perdido de vista la que había sido su perspectiva fundamental en sus estudios


para el sacerdocio: los jóvenes, en el preciso momento en el que más la necesitaba.

Dejando a un lado las motivaciones que venían inspirándolo, sólo piensa en sí mis­
mo, preocupado por su salvación; y, por tanto, por un cambio radical de vida.

Las razones que expone en sus Memorias contrastan claramente, con toda su histo­
ria vocacional pasada. Podemos decir sin vacilaciones que se niega a sí mismo.

54. Antonio FORESTI, "La strada al santuario mostrata al Chierici", Al llamar la atención
a los candidatos les advierte cómo la sotana de suyo no los inmuniza contra el ocio, ni la desidia,
ni las pasiones de la carne, ni la afición al licor, o a las diversiones peligrosas, o a llevar una vida
de apariencia y ambiguedad (Pietro STELLA. "Don Bosco ne/la storia della Religiosita Ca1toli­
ca", o. c., vol. 1, pp. 72-75; vol. 2, pp. 359-367).
55. Amonio ROSMINJ (1797-1855) denunció, precisamente en estos a,ios sobre algunas gra­
ves/al/as del clero, en "Del/e cinque piaghe della Santa Chiesa". El libro comenzado el /8 de no­
viembre de J.832, en. Correv.ola (Padua) y terminado en Stresa en 1849.fue publicado el año si­
guie11te e11 Lugano (Suiza) ("Del/e cinque piaghe della Sama Chiesa", Tralla/o dedicato al Clero
Cattolico. eds. Morcelliana, Brescia, 1985, pp. 79-81).
22 / P. Fernando Peraza L.

Renuncia a ser lo que ha necesitado y deseado ser. El esquema "monacal", en el


cual quiere resolver sus dudas y temores de conciencia y hallar una salida a su
drama espiritual, no convence. Está a punto de cometer una gran equivocación,
presionado por una moral que lo lleva a salvarse encerrándose en sí mismo sin
tener en cuenta el bien de los demás. 56
Se necesitará la intervención de un humilde herrero de Castelnuovo, Evasio Sa­
vio, 57 del cual hablan las Memorias Biográficas de Juan Bautista Lemoyne, el
consejo oportuno de Cafasso 58 y, sobre todo, la compañía y el consejo de un

56. Juan BOSCO. "Memorias Del Oratorio De San Francisco De Sales", en "Obras.funda­
mentales", o. c., Dec. /, /25 J pp. 386-388: "Preparación para la elección de estado". Los fran­
ciscanos conservan el documento de aceptación de Juan en la Orden: "Anno 1834 receptusfuit
in conventu San Mariae Angelorwn Ord. Reforma/. San Francisci juvenis Joannes Bosco a Cas­
tronovo natus, die 17 augusti / 815 baptizahts, et confinnarus. Habet requisita et vota omnia. -Die
18 aprilis. Ex libro in quo describuntur juvenes postulantes ad Ordinem acceptati ab anno 1638
ad annum 1838 - P. Costantino da Valcam .onica - Brescia p. Rezz.ato) (Secando CASELLE, o. c.,
p. 97). En la partida de Bautismo /a fecha coincidente está así indicada: "Decima septima augusti
1815. Bosco Joannes Melchior, filius (... ). heri ve.1pere natus, el hoc vespere so!enmiter baptiza­
tus (.. .)" (Michelis MOUNER!, o. c., p. 103). El 4 de agosto de 1833, recibió el sacramento de la
Confirmación, de manos del arzobispo de Sassari, Juan Cianolli. Los padrinos fueron el Sr. José
Marsano y la Condesa Josefina Melina (Secondo CASELLE, o. c .. p. 73).
57. Lemoyne se refiere varias veces a Evasio Savia en el vol. r de las MEMORIAS BIOGRÁ­
FICAS: cuando Juan Bosco estudiaba en Castelnuovo (1831), " aprendió el uso de la fragua, del
martillo y de la lima en el taller de un excelente cris1iano, Evasio Savia". Habiendo sido, Juan,
acep!ado al Noviciado de los Franciscanos el 18 de abril de 1834, ya que poseía "todos los requi­
sitos necesarios", fue a la parroquia de Castelnuovo para obtener un certificado de buena con­
ducta. En esa circunstancia se encon1ró con el herrero amigo, el cual informándose de su deci­
sión, lo trató de disuadir de su determinación y le recomendó consultase el asunto a José Cafasso
(1811-1860), quien se encontraba en el Convitto Ecclesiástico de Tudn. Cafasso coincidió con el
consejo del tío de Luis Como/lo, .losé, párroco de Cinzano: convenía que Juan entrara al Semi­
nario de Chieri, y, duran/e esos mios, clarijicase su vocación. El episodio no está en las Memorias
escritas por Don Bosco. Domingo Ruffino (1840-/865), salesiano, dio un testimonio sobre Evasio
Savio, llamándolo: un hombre de bien, magnifico arresano y buen cristiano; leal amigo de Don
Bosco (MB., vol. 1, pp. 201; 251; 254-255).
58. José Cajasso, castelnovense, 1ambién, como Juan, nació el 15 de enero de 1811; había
hecho los estudios seminarístico.1· de Chieri (1827-1833). Ordenado sacerdote (21 sept. 1833) en
la misma capilla del palacio arzobispal, en donde sería ordenado Don Bosco, ingresa al Convitto
Ecclesiástico el 28 de enero siguiente. Estaba, pues, recién ordenado cuando fue consultado por
Juan Bosco sobre la conveniencia de su entrada al Convento de los Franciscanos. Desde el 1841
a octubre de 1844 convive con Juan Bosco, neopresbítero, en el Co11vi110. Ya desde el 1840 era su
confesor y director espiritual: y lo seguirá siendo hasta su muerte ocurrida el 23 de junio de 1860.
El 23 de mayo de 1906, Pío X aprueba la introducción de la causa. Pío XI lo beatifica el 3 de mayo
de 1925; el 22 de junio de 1947 es canonizado (Giovanni BITELLI, "JI prete del/ajorca", ed. Pa­
ravia, Torino, 1960, pp. 147-152).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 23

amigo, Luis Comollo 59, para reubicar su problema y tener la paciencia de dejar
para los años del Seminario la orientación definitiva de su vida.

Quien vea más tarde la sensibilidad y los criterios pedagógicos del Santo para
con los jovencitos que estén afrontando el problema de su discernimiento vocacio­
nal, no podrá por menos de hacer memoria de este difícil momento de su vida:

¡Cuánto le habrá ayudado esta experiencia para iluminar sus criterios y actitudes
pastorales al respecto: el no precipitar decisión alguna en un estado de tensión y de
crisis, el hacerse ayudar, orar mucho y evitar todo condicionamiento que quite li­
bertad para secundar las mociones del Espíritu, y poder hacer la voluntad de Dios!

- La posición sumida por Juan

En contraste con las conductas que él no acepta del clero, manifiestan, por con­
traposición, un proyecto latente de presbítero, el proyecto de "su sacerdocio",
quizás para él todavía no plenamente clarificado en conciencia.

- El quiere ser distinto de ciertos "curas"que no le convencen, sea por su indiferen­


cia y lejanía, sea por su antitestimonio de vida. En estos casos no acepta jus­
tificación alguna, ni los atenuantes que le presente la prudencia de Margarita:
los señores curas están demasiado ocupados, le dice, y no pueden perder un
minuto de tiempo.
Hay una respuesta espontánea de Juan, que es una convicción interior:
- "Si yo fuera sacerdote, sería distinto: ¡cómo gozaría acercándome a los chi­
cos, conversando con ellos y ayudándoles! ¡Me sentiría muy bien si pudiera
conversar con mi párroco, como lo hacía con Don Calosso... ". 60

Juan Bautista Francesia, relatando el episodio en los procesos diocesanos de bea­


tificación y canonización en Turín, pone en labios de Don Bosco la siguiente ex­
presión conclusiva:

59. Pedro Luis Como/lo es originario de Apra, coserlo perteneciente a Cinzano, Monferrato.
Nacido el 7 de abril de /817. Murió el 2 de bril de 1839, cuando Juan hacía su 2 º año de teología.
Al día siguieme de su sepultura, el 4 de abril, sucedió la aparición extraordinaria a Juan, rela­
tada por Don Bosco mismo. En sus "Memorias del Oratorio de San 1--rancisco de Sales", hace va­
rias referencias al amigo, tanto de los a,ios de Humanidades y Retórica ("Obras fundamentales".
o. c., [17], pp. 371-374; /25], p. 387). como del periodo seminarístico (/29-30/, p.393: 395: /33}.
pp. 399-404;{37], p. 406). Escribió su vida en 1844. a los cinco años de la muerte del amigo; e
hizo del libro tres ediciones más ( 1854: 1867; 1884). ("Obras fundamentales", o. c., pp. 72-74;
pp. 75-111 ).
60. 'ºObrasfundame111a/es", [12}, p. 362; MJJ .. vol./, p. 195.
24 / P. Fernando Pera7,a L.

"¡Cuando sea sacerdote buscaré a los muchachos, fes mostraré que los amo y
siempre me haré amar de ellos/". 61

El mismo día de su toma de sotana difiere con el párroco, Antonio Cinzano so­
bre la manera de ver los modales poco edificantes de algunos eclesiásticos que
toman parte en la fiesta de San Rafael, en Bardella.

No quería aparecer allí como "un muñeco disfrazado" cuando ellos se exceden
en la bebida y él es sólo objeto de admiración por el aspecto nuevo y devoto que
le da la sotana que está estrenando.

Eso no va de acuerdo con la coherencia que le exige la santidad del hombre nue­
vo, que ha sido el ideal que se ha propuesto esa mañana en la función de la igle­
sia. Los móviles profundos emergen ante el contraste con los hechos externos.
La disyuntiva entre ser "un cura santo" o un "pobre cristiano seglar" es clara.
Así se lo dijo también la madre cuando entró al Seminario. 62

Luego, cuando a los 20 años ingresa. lleno de ilusión, al Seminario y se encuen­


tra en un ambiente disciplinar, que la separación clasista de los superiores hace
más propicio a la desconfianza y al recelo de los formandos, siente que se aviva
en su corazón el deseo de "ser cuanto antes sacerdote para meterse entre los jó­
venes, estar con ellos y prestarles, en todo, su ayuda". 63

En lo más profundo de sí mismo, Juan Bosco va definiendo su propio camino.


La identificación con un determinado tipo de cura para los jóvenes se va elabo­
rando a base de las experiencias positivas y de las contrastantes que va encon­
trando en la vida; con mucha oración y con una sincera y humilde búsqueda
de la voluntad de Dios. Así, su proyecto sacerdotal se va fraguando sobre la
realidad. 6-i

61. Procesos Canónicos Diocesanos ( "Taurinem. Bea1ijica,io11is et Ca11oni:atio11is... ··. 1907.


o. c., p. 91).
62._ /bid. {26-277 pp. 389-390; 391: estas palabras pone Don Bosco e11 boca de la madre:
"vestido la sotana de sacerdote. Acuérdate, sin embargo, que el hábito no hace al monje, y. si
alguna l'e;: llegas a dudar de tu vocación. ¡por amor de Dios.'. 110 la deshonreJ, quítate/a; p1(es
prefiero tener 1111 hijo campesino que 110 un sacerdote negligente" Le recuerda. luego. que de.\de
pequeño ella lo había ya entregado a la Virgen y que debería, por tanto ser todo suyo.
Juan dice, asimismo, que a/formular lo.1· propósitos que lo llevarían a llevar una vida distinta al
ingresar al Seminario, lo.1 puso en las manos de Maria Santísima (pp. 390-391 ).
63. "Obrasftmdamemales·•, o. c., /29/ pp. 392-394.
64. Ibid. [42} p. 419-420.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 25

5.1.5 Juan Bosco y el modelo de presbítero y de espiritualidad pro­


puestos en el Seminario de Chieri (1835-1841)

• Luces y sombras del ambiente presbiteral del Piamonte

El clero de la época postnapoleónica (J 814) era tenido en gran aprecio por el


pueblo, particularmente en los sectores campesinos, sobre todo por su predica­
ción, su índole buena y prudente, sacrificada y generosa.
Fueron, efectivamente, desapareciendo los eclesiásticos dedicados solamente a
oficios admistrativos. y emergió cada vez más clara la fisonomía del "sacerdo­
te" y del "cura confesor". contrapuesta a la del "cura de Misa", que no atendía
al trabajo pastoral, sino únicamente a las Misas comprometidas con alguna insti­
tución religiosa, asistencial y de beneficencia.
Ahora, además, los sacerdotes que aparecen con características de mayor inci­
dencia en el mundo social son los que promueven obras de caridad, y dan así res­
puestas oportunas e impostergables a situaciones de pobreza extremas y de ig­
norancia, producto de las devastaciones de las contiendas militares, y de las epi­
demias y carestías que también se habían derivado de ellas. 65

Fue proverbial el caso del canónigo Benito Cottolengo ( 1786-1842), que sufre
un violento trauma doce años después de su ordenación (1811. 6. 8.) cuando
asiste a la muerte de una mujer del pueblo, Ana María Gonet, y de su hijo, al que
tienen que extraer del vientre de la madre, y al que él bautiza, víctimas, ambos
no sólo de la tuberculosis sino de la incuria hospitalaria.
Cuando Don Bosco está entre los 13 y 22 años, empieza su obra en Turín, el pe­
queño hospital y el jardín infantil de "Volta Rosa"; luego crea las familias de her­
manas cottolenguinas, Ursulinas y Genovevas, la "Pequeña Casa de la Providen­
cia" en Valdocco (1832. 4. 27.), la obra para sordomundos y epilépticos (1834),
el hogar de huérfanos, el de enfermos mentales, la escuela de Chieri (1835), las
presencias de atención sanitaria en Andezeno, Voghera, Sanfré, Mondoví, Cas­
tagneto del Po, Fossano, Cúneo, Cherasco, Racconigi.66

El cura que dejaba mucho que desear era el que podía ser fácilmente tachado por
su incoherencia de vida, por inmiscuirse en intrigas políticas, en negocios y en
búsqueda de prebendas y honores; no el padre y apóstol abnegado, como muchos
párrocos de suburb�o y del pueblo, en quienes se hallaba acogida y consuelo.

65. Martina GIACOMO. S. J.. en "Un 1.momo 111wvo per 1111 mondo piu umano. don Pietro Bo­
nilli", Centro Studi e Ricerche, Spolero, 1987, pp. 50-51.
66. Domenico CARENA. "José COTTOLENGO, ¿Quién eres?", Píceo/a Casa della Divina
Providenza, Torino, 1984.
26 / P. Fernando Peraza L.

Existía ciertamente esa franja de eclesiásticos, minoritaria si se quiere, pero fuer­


temente impactante, caracterizada por sus costumbres mundanas, su superficia­
lidad y ligereza de vida, de pocas capacidades intelectuales y de muy poca ins­
trucción, inconsistentes en sus opciones vocacionales y en su vida espiritual;
muchos de ellos acomodados y vividores, sin motivaciones ni celo pastoral, y re­
lajados en sus costumbres y, a veces, abiertamente inmorales.

Las vocaciones que venían a los Seminarios a comienzo de siglo eran, por lo ge­
neral, de gente de baja extracción social y de escasos estudios. Los de ambien­
tes más cultos, de sectores urbanos, habían hallado dificultades, sobre todo, por
la descristianización de la sociedad y por los residuos de filosofías racionalistas
y volterianas.

El esfuerzo se encaminaba, entonces, a una formación más cuidadosa del clero


con miras a la predicación y a la catequesis popular. Hubo fundaciones de insti­
tutos religiosos con esta finalidad, como los Hijos de la Inmaculada, en Génova,
hecha por un amigo de Don Bosco, José Frassinetti (1804-1868), llamado "el
cura de Ars italiano". También fue ésta una de las finalidades de los Oblatos de
la Virgen María, de Pio Brunone Lanteri ( J 759-1830), en Turín.

ú,is Gua/a trabajó incansablemente para la formación espiritual y pastoral del cle­
ro, y el Convitto Ecclesiástico, fue fundado por él con este preciso objetivo, en 1818.

Varios obispos procedían de Ordenes Religiosas (benedictinos, dominicos, pa­


sionistas, franciscanos, barnabitas y camandulenses), como el mismo Mons. Co­
lombano Chiaverotti ( 1754-183 J) que fundó el Seminario de Chieri en 1829 con
el objeto de sacar del medio urbano, ya prcrrevolucionario, a sus eclesiásticos, y
darles una más sólida y tranquila educación presbiteral.

No es raro, entonces, que las reformas de los seminarios propiciadas por ellos,
tendiesen al "rigorismo teológico", y a un decidido restablecimento de la disci­
plina eclesiástica exigida por el Concilio de Trento (1545-1563), después de los
abusos introducidos a causa del racionalismo francés, y de la dispersión de sa­
cerdotes y monjes, ocurrida bajo el gobierno autoritario, anticlerical y despótico
del Imperio Napoleónico (1804-1814), de cuyas legislaciones llegó a depender
la organización de los seminarios, sus contenidos doctrinales, y el mismo número
de candidatos al sacerdocio ministerial que podían tener consigo las diócesis. 67

67. A/do GIRAUDO, '"Clero, seminarioe societa", LAS-ROMA, 1993. p. 32.


Perfil Sacerdotal de Don Hosco / 27

Sin embargo, hubo todavía quienes pretendieron volver a los privilegios ecle­
siásticos del ''ancien régime" de los siglos XVII y XVIII, ya que en el régimen
de la Restauración Católica se daba nuevamente, después del 1815, una similar
alianza entre la Monarquía Absoluta del Estado Sardo Piamontés y el poder ecle­
siástico. El Sacerdocio podía ser para ellos un medio para adquirir influencia y
prestigio social.

Pronto con los ideales del Resurgimiento cultural y político, que buscaba la au­
tonomía y la unidad de los estados italianos, también vendrían las acechanzas de
la politización clerical y aun de la aparición de sacerdotes que, aunque llenos de
celo pastoral, se alistaron entre los "curas patriotas", como es el caso de Juan
Cocchi (1813-1895), fundador del Oratorio del Santo Angel en Vanchiglia
( 1840), tan cercano por su actividad juvenil y popular a Don Bosco. 68
Algo análogo había ocurrido en la época jacobina y republicana de 1799 a 1800,
cuando se calculaba que un total de 176 sacerdotes seculares y 59 regulares se
comprometieron en desórdenes revolucionarios antimonárquicos. 69

La cultura de muchos sacerdotes de esta época se basaba en tesis dogmáticas, en


casuística moral, y se expresaba en polémica ante la agresiva propaganda de las
sectas o del ateísmo de los "libre pensadores", que habían heredado la cultura
del enciclopedismo revolucionario francés, rabiosamente anticlerical.7º En el
campo filosófico, era mediocre y no logró, sino en casos excepcionales como el
de Antonio Rosmini ( 1797-1855 ), entrar en un diálogo profundo y cordial con la
teología y ponerse al servicio de una pastoral de la inteligencia.

Este clero, tan afectado por los cambios poWicos, y que después de la época des­
creída del dominio francés ( 1796-1814) había suscitado en su propias filas y en
el pueblo un movimiento de verdadera "conversión" a la fe tradicional antes pro­
fesada, seguirá siendo, en todo lo que haga, y ante los embates de las ideas y de
los sucesivos movimientos revolucionaiios históricos, tenaz, de pocas palabras,

68. Gregorio PérvCO, "Storia della chiesa in Italia··, vol 2 º, .laca Book, Milano, 1978, pp.
264-270.
69. La encuesta fue promovida por Mons. Cario.\· Luis Burozo del Signare(] 731-1806) Obis­
po sucesivamente de Acqui, Novara y Turín (A/do GIRAUDO. "Clero. seminario e societa", o. c.
p. 32. cira 4).
70. Don Bosco mismo dice de su Seminario que solo le enseñó una dogmática e.1peculativa" y
las "cuestiones disputadas" en moral (MO., /39]). Una ve;: llegada la libertad de rnltos en 1847, tam­
bién él salió al rerreno de la lucha ideológica con sus lecruras Católicas. conrra todos los credos y
confesiones religiosas que empezaron a pulular en el Piamonte; y es explíciro sobre los problemas y
conflictos que él mismo tuvo con los "curas patriotas" (MO., [68-69], [71-72], [83], [87).
28 / P. Fernando Pera7,,a L.

organizativo, modesto y realista, que son proverbiales dotes de la misma raza


piamontesa.1 1

• Los objetivos formativos y la espiritualidad

La importancia de estas breves anotaciones es la de poder constatar cómo los va­


lores formativos del Seminal'Ío fueron dando consistencia doctrinal a la mentali­
dad de Don Bosco, dentro de la cultura teológica y espiritual propia de su tiempo.
Sobre esta base, efectivamente, definirá su propia identidad presbiteral en los
años del Convitto Ecclesiastico ( 1841-1844), a la luz de las figuras, del testimo­
nio y del magisterio espiritual de Cafasso, Luis Guala y Féliz Golzio.
Guillermo Audisio escribía sobre la formación clerical en esos años, refiriéndose
a la "sublime misión" que tenían los directores espirituales del Seminario,
pues ¡no se trataba ya sólo de formar, sino más bien, de "crear corazones apos­
tólicos"!
Se requería, pues, un ambiente propicio para la labor del confesor, para el colo­
quio espiritual, para que la doctrina fuese asimilada por los clérigos. La respon­
sabilidad de los "prefectos responsables de la vida de piedad" cumplía un papel
determinante en los Seminarios Turineses.
Lo demás debería girar en torno a estos objetivos: los estudios, la disciplina co­
mún, la adquisición de virtudes, la formación de un modo de ser propio del sa­
cerdote, que debería ser testimonio para los fieles y su pastor y guía.72

La ubicación del Seminario en un medio agrario tranquilo, y dentro de los muros


de una ciudad de tradiciones religiosas proverbiales, ayudaba a la seriedad for­
mativa, y a que germinara en los seminaristas el espíritu que los arzobispos Co­
lombano Chiaverotti y Luis Fransoni (1789-1862) querían infundir en el alma de
los nuevos presbíteros.
Aunque Don Bosco se quejase más tarde de la incomunicación con sus forma­
dores y de la ambigüedad ética y espiritual de muchos de sus compañeros, el es­
píritu que se buscaba transmitir en los jóvenes seminaristas era bien definido y
distinto del que, tal vez, podríamos imaginarnos. Ciertamente, esa transfusión de
valores profundos llegó a formar parte de la espiritualidad presbiteral de Don
Bosco a través de los años de permanencia en el Seminario de San Felipe de

71. Cándido BONA e lgino T UBALDO. en "Chiesa e sociera ne/la II meta del XIX seco/o in
Pie monte", a cura di Filippo Nata/e Appendino, Edzs. Pietro Marietti, Casa/e Monferrato, 1982,
pp. 24-27; p. 180.
72. Guiglielmo AUDJSJO, "Educazione mor/e efisica del clero conforme al bisogni religiosi
e civili", Torino, 1846, pp. 159-161 (A/do CIRAUDO. "Clero, seminario e societa", o. c., pp. 224-
225).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 29

Chieri; y, sobre todo, mediante la relación íntima con sus más cercanos amigos,
de entre los cuales él mismo destacó la que tuvo con Luis Como/lo y con José
Burzio.
Ambos, y sobre todo Comollo, según las páginas escritas por el mismo Don Bos­
co sobre él, venían a encarnar los ideales de la santidad clerical que él proponía
a los alumnos, tanto que en lo posible Juan trataba de imitarlos. 73

Don Bosco destaca de Comollo la asiduidad en el deber; la jovialidad de carác­


ter, la alegría de espíritu, la cautela para no emitir juicios sobre los demás, su hu­
mildad, la ardiente caridad con que actuaba siempre, las actitudes que asumía en
la oración, el fervor, su unión habitual con el Señor y con la Virgen, su recato y
modestia, las mortificaciones en las que, según Juan, se excedía _74

Las que llegaron a ser características fundamentales y prácticas de la espiritua­


lidad presbiteral de Don Bosco reflejaron siempre el aprendizaje de sus años se­
minarísticos. El arzobispo Chiaverotti les insistía mucho a sus clérigos que no
dejasen jamás en su vida de presbíteros, lo que allí habían aprendido: 1s La fre­
cuencia regular del Sacramento de la Penitencia, el espíritu de gratitud a Dios
por el don vocacional, la unión incesante con Él, el habitual espíritu de recogi­
miento, la devoción mariana, el espíritu de "fervor" y de "alegría"; y el amor al
estudio, que para Don Bosco fue casi una pasión y luego, una de las bases de su
copioso apostolado editorial.

Pero hay algo de mayor profundidad, en cuanto marca para siempre la espiritua­
lidad de Don Bosco: esa conciencia y solicitud por llegar a ser un "pastor tan
encendido en la caridad pastoral, que llegase al holocausto de sí mismo".

Un sacerdote que como decía Mons. Chiaverotti a su clero de Ivrea y de Turín,


tuviese por lema de su vida y de su ministerio el que llegaría a ser el lema de
Don Bosco: "Damihi animas, caetera to/le": ¡dadme almas, llevaos todo lo de­
más, que no me interesa! 76
Así había sido para San Pablo la radicalidad de su encuentro con Cristo, pues
desde entonces lo restante no significó nada para él en comparación de su Señor
y su Maestro. 77.

73. MO.. {29, 30. 33-34 J.


74. Juan BOSCO, "Rasgos biográficos del clérigo Luis Como/lo", Turín, Tip. Speirani y Fe-
rrero, 1844 (BAC, "Obras fundamentales", o. c., pp. 85-92).
75. Racco/ta di lettere, en A/do GIRA UDO, "Clero, seminario e societa ", o. c., p. 253, n. 41.
76. Francis DESRAMAUT, "Don Sosco en son temps ( 1815-1888)", SEJ, Turín, 1996, p. 93.
77. Fip. 3, pp. 4-9.
30 / P. Fernando Peraza L.

El presbítero con responsabilidad pastoral debía inmolar su vida por aquellos


por los que Cristo había vertido su sangre. No es a sí mjsmo a quien busca servir
el paslor, sino al rebaño, ¡y nada era, en verdad, sufrir, capacitarse, renunciar a
todo, cuando tánto habían costado a Jesucristo aquellos que le habían sido con­
fiados a su celo apostólico!
¡Cómo, por el contrario, debería temer el presbítero que se quedaran sin comida
espiritual aquellos a quienes debía él conducir a los pastos que Dios les había
preparado, de suerte que se viesen expuestos a en-ar solos y sin alimento!
Todas las virtudes que pueden caracterizar la "santidad presbiteral" brotan de es­
ta fuente, y tienen en ella su explicación. Es admirable, precisamente, este enfo­
que en un arzobispo cuya formación y cuya experiencia espiritual anterior ha­
bían sido de vida monástica. 78

En esto, el aporte espiritual del Seminario al joven seminarista Bosco es definiti­


vo, para que toda la clarificación y solidez de su camino interior y de sus actitu­
des y comportamientos externos, fueran adecuándose serenamente, pero con una
solidez ya adquirida en el campo doctrinal hacía las opciones fundamentales de
su vida presbiteral durante los años de actividad pastoral y de reflexión y discer­
nimiento del Convitto Ecclcsiástico.

5.1.6 En Turín: Los tres primeros años de su sacerdocio

El ambiente de reflexión y de estudio, la fuerte experiencia de oración y la ase­


soría espiritual de José Cafasso permiten y facilitan a Don Bosco confrontar con
la realidad pastoral de Turín sus aspiraciones vocacionales. y discernir sus op­
ciones definitivas al respecto.

Para esto, fue determinante el encuentro con los muchachos "pobres y abando­
nados", la constatación de los graves riesgos a los cuales se hallan expuestos y
sus urgentes y múltiples necesidades.
Don Bosco se hace todo para ellos, y va elaborando su propio sacerdocio a su
medida. Dios se lo ha propuesto, se lo pide y lo capacitará para eso.

Don Bosco describe con precisión el proceso de discernimiento y de opción en sus Me­
morias del Oratorio L39-42).
- Su punto de partida es el de la penosa realidad que deben afrontar los adolescentes re­
cluídos en las cárceles. Puede así providencialmente conocer el subfondo social y
moral de la capital del Reino Sabaudo.

78. Son citas /Odas del Arzobispo Chiuverotti, traídas por A/do GIRA UDO, '"Clero, seminario
e societa ", o. c., pp. 279-284; 284.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 31

- Con\tata que la pobrc✓a. la ignorancia, el abandono y, a la vez. la explotación laboral


están a la base de esa tragedia que sufren pequeños emigrantes rurales venidos en bus­
ca de recursos económicos y culturales a la ciudad.
Concibe entonces un proyec10 de prevención pastoral y educaliva que consulta a Ca­
fasso, su amigo y su guía en esos albores de MI presbiterado. Ambos lo ponen en ma­
nos de la providencia divina -¡porque Dios 111111ca está de braws cruzados, aunque to­
do pare:.ca depender de nosotros!, como escribe Luis González Carvajal en "Sal Te­
rrae" de mar:.o del 2001-.
- La prioridad absoluta la tendrán aquellos pobrecitos que habiendo tenido ya la des­
gracia de conocer los extremos peligros de los lugares de reclusión, necesitaban ser
rescatados de inmediato de ellos. Sobre similares situaciones vividas por las mujeres
y las niñas, escribió páginas impresionantes la Marquesa Julieta de Barolo: ;aquellos
eran amros de perdición y hospitales de todas las miserias del cuerpo y del espíritu!,
según textos citados por Cristina Siccardi. 79 Su Obra pedagógica y apostólica era ya
una respuesta concreta y eficiente para ellas. Los jóvenes, en cambio, estaban solos,
indefem,os e inenncs. Don Bosco encuentra entre ellos el pedazo del Reino de Dios
que lo apasionará el resto de su vida.
- Emprendió entonces su respuesta oratoriana y dentro de esa múltiple actividad pre­
ventiva, y mientras fraguaba su corazón en la espiritualidad pastoral de Convitto,
ayudado por su confesor y su maestro, fue percibiendo con claridad que el Señor lo
necesitaba para ellos, y tomó la decisión de dedicarles por entero la vida. Era como
si se viese completamente asediado por aquellos que habían encontrado en él la ra­
zón para resistir y para esperar me medio de sus pequeñas o grandes tragedias perso­
nales. El paso decisivo lo dio en los ejercicios espirituales de 1844, hechos en San
Ignacio de Lanzo (MO., [421).
La obsesión por las Misiones Extranjeras, que ya le había comenzado a inquie­
tar durante su último año de teología (1840-1841 ), motivada nuevamente, por la
vocación de un joven compañero. José Burzio 80• sigue interpelándolo en el Con­
vitto hasta cuando Cafasso lo disuade en forma tajante. ¡Si Juan no resiste un
considerable viaje en carroza sin ser afectado notablemente en su salud, mucho
menos podría emprender la travesía del océano!
Pero, no es sólo eso. Cafasso ha visto más en profundidad. Ha constatado que
los jóvenes más pobres y necesitados de Turín sintonizan con su corazón sacer­
dotal y que él siente que está hecho totalmente por Dios para ellos.

79. ''Giulia dei poveri e dei Re'·. Gribaudo ed. Marene, 1992. pp. /61-189.
80. José Burzio habla nacido en Cucconatu, en 1822, fue co111paíiero de Seminario durante
este a,io co11 J11a11. y se trab6 entre ellos una hermosa amistad; poseí luego a Pi11erolo para co-
111e11zar el Nm•iciado con los Oblatos de María, en donde 11111ri6 1111 mio después. el 20 de mayo
del 42. Don Bosco escribió .w.1 rasgos biográficos. para propo11erlo como ejemplo a los semi11a­
ristas, en u11a carta dirigida al P. Félix Giordcmo, el 16 de abril de 1843 (MB. vol. I. pp. 400-406;
La cartafue publicada 1·111110 oplÍsculo: Fe/ice GIORDANO. "Cenni istrtmivi di JJ'erfezione pro­
posri al Gi01'l1t1i desidero.1i della medesima ne/la vita edificante di Giuseppe Burzio". (Pierro
�TELLA. "Gli scritti a sUtmpa di San Giovmmi Bosro ... LAS- ROMA. 1977, 26 11. {X}6).
32 / P. Fernando Peraza L.

La respuesta definitiva es un acto obedencial al Padre Cafasso, y como conse­


cuencia, el traslado al Refugio de la Marquesa Julia Colbert Falletti de Barolo 81,
cuya capellanía acepta para apoyarse también en su ayuda económica, y poder
dedicarse así más fácilmente y por completo a esos muchachos que acaban por
ocupar todo su tiempo, su imaginación pastoral y sus energías.
Así, en el Convitto Ecclesiástico, va configurando en sí mismo al sacerdote que,
a través de las experiencias de su infancia y de su juventud, se había ido perfilan­
do en su corazón.

5.1.7 El Convitto, la opción fundamental por los jóvenes pobres y


abandonados, y la identificación con un estilo pastoral

Los años del Convitto significan mucho más. Son punto de arranque para la ca­
racterización específica del estilo educativo-pastoral de su Presbiterado.
En esta progresiva identificación influyen figuras cercanas de Sacerdotes y figu­
ras de trasfondo:

• De las figuras primeras

Don Bosco delinea en sus Memorias algunos rasgos esenciales de Luis Guala,
Félix Golzio, Juan Borcl; y, sobre todo, de José Cafasso.

• De las figuras de trasfondo

Menciona a San Alfonso María de Ligorio, discípulo espiritual de San Francisco


de Sales. El santo Obispo de Ginebra efectivamente, con Santa Teresa de Jesú�
y San Carlos Borromeo, fue una de las fuentes principales que inspiraron la vi­
da y el pensamiento de Alfonso María de Ligorio. La sintonía de su espirituali-

8/. /)011 Bosco /11e nombrado primer capellán del Hospitalito de Santa Filomena que cons­
truía la Marquesa. Pasó al Refugio desde octubre del 1844, miemras no se acababa la construc­
ción, que fue inaugurada el JO de agosto siguiente. La obra e:.lllba pensada para 1111 cen1e11ar de
niñas de e111re los 1res y los doce mios; y podrían permanecer en esw inslituci<fo benéfica y educa­
tiva ha.ita los dieciocho, si así lo requerfan sus precarias co11dicio11es de salud. El estipendio
anual fijado a Don Bosco era de 600 lira.�. Mientra.sel Hospital 110 entró en f11ncio1wmie1110 0011
Bosco colaboraba con el 1eólogo Juan Borel en la (1/ención de las níiias educadas por las Her­
manas de San José de Chabery, en el Refugio; y obtuvo permiso de la Marquesa para poder de­
dicar.1e a sus niños callejeros. Luego, co11 la ve11ia de Monseñor Luis Fran.wni inaugura el 8 de
diciembre de 1844 11110 capilla dedicada o San Francisco de Sales, que fue la primera del Ora­
torio y funcionaba en 1111 local cedido también por la Marquesa para el efeclo (Sor /\1•e TACO,
Madre General de las Hijas de Jesús, 811e11 Pastor, "Giulia Colbert Marchesa di Baro/o", ed.
Grafmil-Milano, /994, pp. /02-108).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 33

dad es tan sorprendente que bien pudo Alfonso de Ligorio ser llamado "el Fran­
cisco de Sales de Italia".
Y, casi corno para poner una clave definitiva de lectura, Don Bosco se refiere ex­
plícitamente a Jesucristo, de cuyo testimonio de caridad hacía Luis Guala, el Di­
rector del Convitto, el argumento fundamental para proponer al clero turinés un
nuevo tipo de sacerdote pastor del que necesitaba la Iglesia Piamontesa con ur­
gencia, por encima de las polémicas teológicas y de la casuística moral de rigo­
ristas y benignistas. 82
La vida de sus sacerdotes formadores era ejemplar.
Don Bosco habla de la ciencia de sus maestros, de la firmeza y de los criterios
alfonsianos que acabó por imponer Luis Gua/a en la orientación del Convitto,
del trabajo incansable y de la humildad de Félix Golzio, de las virtudes de Ca­
fasso, de su prudencia, perspicacia espiritual y habitual serenidad.
Pero, lo que recalca de todos ellos, y en particular del Padre Juan Borel, es el
celo pastoral:
"Las cárceles, los hospitales, los púlpitos y las instituciones bené­
ficas, las casas de los enfermos, las ciudades y las pequeíias poblaciones, los pa­
lacios y los tugurios de los pobres conocieron la caridad de estas lumbreras del
clero turinés".83
Dice que cuando podía estar con el teólogo Borel, "recibía lecciones de celo sa­
cerdotal, buenos consejos, y estímulo en el bien":
Durante el tiempo en que convivimos en el Convitto Eclesiástico me in­
vitó muchas veces a acompañarlo en las funciones sagradas, a predicar y confesar jun­
tos con él... Hablamos varias veces acerca del trabajo que hacíamos los dos en las cárce­
les. de las responsabilidades que teníamos entre manos para poder atender mejor a los
jóvenes, cuyos peligros morales y cuyo abandono exigían cada vez más una atención
cuidadosa y asidua de los sacerdotes. "Era un sacerdote santo, digno, de veras de ser ad­
mirado e imitado". 84

• Una síntesis: Don Bosco, un sacerdote educador

Relatando el sentido que estos años han dado a su vida, Don Bosco acentúa los
elementos a cuya luz ha ido produciéndose su identificación presbiteral. Al ob­
servar la vida de estos sacerdotes formadores del clero turinés, ve proyectada en
ellos su propia sensibilidad pastoral y ese como instinto educativo con el cual

82. Theodule REY -MERMET, "El santo del siglo de las luces", ed. BAC, Madrid, 1985, pp.
153-154. MO., /39}, pp. 411-413.
83. /bid., [39] p. 413.
84. MO., /42 / p. 420.
34 / P. Fernando Peraza L.

mira y valora a las personas, los hechos y las cosas, y que hoy podemos decir es
algo connatural a su vocación al sacerdocio.

Así lo conceptúa Pedro Braido:

a. La fuente no sólo del método tomado en sí mismo, sino de toda la obra de Don
Bosco, es su alma sacerdotal "que da concretez y unidad a toda su vida".
b. "El sistema pedagógico de Don Bosco nace de su acción educativa y su acción
educativa nace, a su vez, ele su caridad de cristiano y de santo.
La caridad cristiana y sacerdotal, que para él tiene las dimensiones del mucha­
cho, se vuelve caridad pedagógica, y la expresión y el estilo úiconfundibles de
ésta en Don Bosco, educador cristiano, es la amabilidad".
c. Por tanto:
"Revivir a Don Bosco, sacerdote educador, significa, ante todo, tomar con­
ciencia del carácter profundamente cristiano de su sistema. Un sistema que no
puede llevarse a la práctica sin la activa participación del sacerdote, sin un al­
ma y un corazón de sacerdote. Y todo esto, antes de que se piense en la psico­
logía, en métodos y en didáctica". Estos seguirán siendo elementos importan­
tísimos de su Sistema, pero siempre que se los "subordine a la visión sacerdo­
tal y, a los criterios y al enfoque sacerdotal" propios de Don Bosco.ss

5.1.8 De la figura cercana de Cafasso a las figuras de trasfondo

• La espiritualidad de Cafasso

La intensa relación de Juan Bosco con Cafasso desde los años del Convitto Ecle­
siástico hasta el 1860, fecha de la muerte del maestro, confesor y amigo, deja
una huella indeleble en su sacerdocio.
Algunos elementos de espiritualidad que sugieren esta influencia son:

- la confianza en Dios, el sentido religioso del deber y la santidad de la vida ordina­


ria, la fidelidad al sacramento de la Confesión, la devoción filial a la Virgen, el senti­
do de Iglesia y el amor al Papa.
Pero hay otros, en la línea de las opciones fundamentales y del estilo de la acción sa­
cerdotal de Don Bosco, que se deben resaltar:
- la solicitud apostólica por los jóvenes pobres, en particular por los muchachos de la

85. Pie1ro BRAJDO, "Contemporaneitá di Don Bosco ne/la pedagogía di ieri e di oggi ", en
"Don Sosco educatore oggi", Zurich-Pas-Verlag, l 963, p. 65. lafrase de Vito GALAII citada por
Braido, pertenece a obra: "la vita e il Sistema Pedagógico di don Bosco", Milán, In.1·t. Edit. Ci­
salpino, 1943, p. 152 .
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 35

cárcel: recordemos que fue la primera experiencia pastoral a la que Cafasso llevó a
Don Bosco no bien llegó éste a Turín, y que de este hecho arranca la definitiva elec­
ción de su campo prioritario de "misión".
- El corazón pastoral, como espíritu y actitud sacerdotales, la bondad que acoge al pe­
nitente, la misericordia que perdona y alienta,
- Y ese elemento tan insistente en la mentalidad de San Alfonso que es su preocupación
sacerdotal por la salvación, por lo absolutamente necesario, y que para Don Bosco
será el núcleo esencial e irrenunciable, la raíz profunda de la vida interior, de su diá­
logo con Dios, del trabajo sobre sí mismo y de su acción de apóstol: el llamamiento
y el mandato imperioso que sentía para salvar a la juventud pobre y abandonada".86
Esto es como la perspectiva prioritaria desde la cual la conciencia sacerdotal de Don
Bosco lo ve y lo discierne todo.
Y, como último elemento, parecía, dice Lcmoyne, que el espíritu y el arte de Cafasso
confesor se hubiesen transfundido en Don Bosco: la misma caridad para acoger, la
precisión en las preguntas, la brevedad, la sabiduría práctica de las indicaciones y las
sugerencias, la prudencia, la unción de sus compottamientos.
También eran muy semejantes en la predicación: Ambos prácticos, claros, sólidos
doctrina/mente, y fervorosos. s7

Hay aforismos ascéticos y espirituales de Cafasso que pasaron a ser criterios


de vida de Don Bosco:
"Hacer cada cosa como si la hiciese el mismo Jesucristo"; "como si fuese la última
de nuestra vida"; ·'como si nada más tuviésemos que hacer en ese momento".
"Quien se hace sacerdote pertenece del todo al Señor"; "sólo una cosa debe ser para
él su verdadera preocupación: la mayor gloria de Dios y el bien de los demás".
'Tenemos que habituarnos a hacer el bien, no a otras cosas".
"Feliz el sacerdote que se consuma haciendo el bien; que muera trabajando por la
gloria de Dios y el bien de las almas; recibirá ciertamente una gran recompensa de
manos del patrón por el que trabaja".
"El hombre recogerá lo que siembra".
Eran máximas suyas, también:"Como Dios lo quiera"; "Nada te turbe", frase de San­
ta Teresa. "El Señor es mi herencia"; "Dios es mi herencia y mi delicia; la vida de mi
corazón para siempre!"
" ¡ Descansaremos en el paraíso!" 88
Cafasso deseó morir como un niño en brazos de María; y murió efectivan1ente invo­
cándola.
Las máximas marianas que jalonaron toda su vida, son las que expresan la misma de­
voción de Don Bosco hacia Ella:

86. Pietro STELLA, "Don Bosco ne/la storia della Religiosila Cattolica", PAS-VERLAG ZÜ­
RICH. vol. 2º, 1981, p. I 5.
87. Eugenio VALENTINI. "San Giuseppe Cafasso", Scuola Gráfica Salesiana. Torino, 1960,
Prefazione, pp. 25-28.
88. !bid. p. 119; 56; 68; 70: 72; 73 y 99; 85; 102.
36 / P. Fernando Peraza L.

"Tener siempre presente"; "amarla como a la persona más amada después del Señor'';
"tenerle una confianza ilimitada".
El sacerdote devoto de María aprende de ella, como Jesús, "a vivir con Ella, a hablar­
le familiarmente y a compartir con Ella sus temores y esperanzas; a consultarle sus
iniciativas y a descansar en Ella sus fatigas; pues eso hace con su madre todo hijo
que la ama". 89
Así le enseñaría Don Bosco a Miguel Magone, a vivir las horas plenas de su adoles­
cencia en Valdocco. 90
Parece que el itinerario espiritual trazado por el santo a Magone sea fruto tanto de la
experiencia personal de Don Bosco, como de la sabiduría aprendida del magisterio
de Cafasso: "Atengámonos a lo fácil, pero bien hecho y con perseverancia" y esa fue
la clave de la santidad vivida por el maestro y sus discípulos en el Oratorio: la santi­
dad del deber, y de las cosas sin relieve de la vida cotidiana, una santidad fácil, ca­
sera, la llamaba Cafasso. 91
En ella se concretaba la voluntad de Dios, y amor a Dios cuya voluntad se buscaba.
Esta es ya una de las líneas maestras de esas sintonías profundas que hay entre Ca­
fasso y Don Bosco, y que en sus aspectos esenciales, quiero brevemente exponer. Me
sirvo para ello de un tema tratado por el historiador Lucio Casto, sacerdote turinés,
el 23 de abril de 1997, dentro de las celebraciones del Cincuentenario de la Canoni­
zación de Cafasso.
El autor afirma, ante todo, que la heroicidad de sus virtudes es una evidencia, pero
que la investigación sobre la vida, los escritos y la doctrina de san José Cafasso prác­
ticamente no ha comenzado todavía. Las observaciones que hizo a continuación, son
un especie de ensayo al respecto.

Ante todo acentúa como núcleo básico de su espiritualidad presbiteral, la caridad


pastoral y la capacidad de amar y de hacerse amar en la entrega ordinaria de su
ministerio.

Pocos sacerdotes, en efecto, fueron apreciados como él por parte de sus hijos espi­
rituales; sobre todo por los jóvenes presbíteros del Convitto que lo tuvieron como
amigo, como padre y como un indiscutido maestro en quien se unía una sólida doc­
trina a su experiencia personal. Asimismo hace notar que el hecho de haber deslin­
dado su actividad presbiteral de todo tipo de polémica ideológica y política, fue un
grande acierto, pues le permitió ejercer sin prejuicios su sacerdocio con personas de
las más diversas ideologías y procedencia social.

89. ·•¡¡ venerabile Giuseppe Cafas,\·o. Nuova vita compilata sui Procesi di Beati.ficazione", To­
rino, SEi, 1920, 120; 261; Luis NICOUS DI ROB/LANTE, "San Giuseppe Cafasso•·. o. c .. pp.
799-805.
90. "Obras Fundamentales", o. c., pp. 241-243; 259: 261-263.
91. Favio ACCORNERO. "La do11rina spirituale.. ", o. c., pp. 39-6!; 26-38.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 37

A él le interesaba, en coherencia con su condición sacerdotal, el mayor bien que pu­


diera hacerles, y la pe1pección cristiana a la que pudiera conducirlos.

La santidad propuesta por Cafasso era una santidad extra-monacal, abierta por tanto
a las situaciones propias de los diversos estados de vida y a las responsabilidades y
opciones personales. Para el presbítero está esencialmente ligada al ejercicio múlti­
ple de su "ministerio", fruto de un trabajo ascético y espiritual llevados acabo con op­
timismo y confianza a través de los compromisos y circunstancias cotidianos. - Aquí
se percibe de inmediato la espiritualidad humanista de Ignacio de Loyola. de San
Francisco de Sales y de San Alfonso, a quienes se refiere explícitamente Flavio Ac­
comero. El Canónigo Giacomo Colombero incluye entre los autores que. además de
los anteriores, constituyeron la lectura asidua de Cafasso, a Vicente de Paúl, y de Se­
bastián Valfré, fuentes todas de su espiritualidad, como lo fueron, sobre todo a través
del testimonio de sus vidas, para Don Bosco. 92
Nada más contrastante entonces que el desgano y el pesimismo, la tibieza o la me­
diocridad en un sacerdote, cuando todas sus responsabilidades y su ministerio le pre­
sentan la posibilidad de hacer el bien, y le exigen una oración más auténtica y virtu­
des sólidas y ejemplares que definan su identidad en un contexto social afectado por
costumbres mundanas e ideas racionalistas y anticlericales. 93

No obstante, las distinciones que sin duda hay entre los dos, hizo que la figura pres­
biteral de Don Bosco quede muy bien delineada sobre esos mismos rasgos, que per­
filan de su maestro espiritual, confidente, y "primer catequista del Oratorio", a quien
describe con verdadera complacencia haciendo el bien a los muchachitos pobres,
instruyéndolos en la religión, proveyendo a sus necesidades de vestido y de comida;
para quienes buscaba trabajo y acompañaba luego en sus empleos. Esta fue sin duda
otra de esas profundas sintonías carismáticas que unió para siempre al discípulo con
el maestro en la memoria histó1ica de los santos que prodigaron la caridad benéfica
en la sociedad piamontesa del siglo XlX.94

92. Favio ACCORNERO, "La dottrina spiritua/e .. ", o. c., pp. 203-211: Giacomo COLOMBE­
RO, curato di Santa harbara in Torino, "Vita del servo di Dios D. Giuseppe Cafasso, con cenni
storici su Convitto Ecclesiastico... ", Tip. e Libreria Fratelli Canonica e C º, Torino, 1895, Cap. 15;
p. 40; JO/; 111-113; 121; 124; 134-135; 296: "No sin razón algunos compararon a Cafasso con
los Santos más amables que resplandecen en el.firmamento de la Iglesia. y dijeron de él que era
una viva imagen de San A/fonso María de Ligorio y de San Francisco de Sales".
93. Lucio CASTO. "San José Cafasso modello di vita pesbiterale", en "Rivista diocesana tori­
nese, aprile, 1997, pp. 861-867.
94. Giovanni BOSCO, "Biografía del sacerdote Giuseppe Caffa.sso, esposata in due ragiona­
mentifunebri", Torino, Tip. G. B. Paravia e Comp. 1860. OE.. 12, Las-Roma, 1976, pp. 369-370.
Gregario PENCO, 2, Jaca Book, Milano, 1978, "Attivitü caritativas", pp. 257-265.
38 / P. Fernando Peraza L.

• Las figuras de trasfondo

Más allá del testimonio directo de Cafasso y de la "sintonía" con él, hay otras fi­
guras pastorales que habían inspirado al maestro y también habrían de tener par­
ticular incidencia en el discípulo.
En los discursos fúnebres, escritos a la muerte de José Cafasso, Don Bosco ma­
nifiesta que ha visto en él:

- a San Francisco de Sales, por su mansedumbre, caridad y paciencia;


- a Vicente de Paúl, por la caridad que tuvo hacia los necesitados,
- a San Alfonso María de Ligorio, por la dulzura, condescendencia y bondad.

La relación de Don Bosco con ellos, y con Felipe Neri, del cual habla Don Bosco
en 1868 en Alba, ha de entenderse. más bien, como una empatía espiritual, y una
serie de convergencias en las actitudes de la vida y de la acción. Esta cercanía
espiritual tiene como cuadro histórico la "escuela italiana de la Restauración ca­
tólica", o sea, esa corriente espiritual que tiene sus orígenes en el "medioevo
franciscano", y a través de Santos como Vicente de Paúl, o de Teresa de Jesús e
Ignacio de Loyola, San Francisco de Sales y Alfonso María de Ligorio, llega a
Don Bosco.

• Sebastián Valfré (1629-1710)

Uno de los más significativos exponentes ele esta escuela es un piamontés muy
amado por Don Bosco y del cual trazó algunos rasgos biográficos en su Historia
Eclesiástica, Sebastián Valfré ( 1629-17JO):
"Venido a Turín ..., recorría calles y vericuetos, tiendas y casas, recogiendo a los
muchachitos, especialmente los pobres e ignorantes, a quienes reunía para ense­
ñarles el catecismo y encaminarlos por el sendero de la salvación. Durante cua­
renta años cumplió este ministerio catequístico. Su incansable quehacer era con­
fesar y predicar, prestar su ayuda a los hospitales, a las cárceles y a las posadas
de los pobres. La ciudad cambió de aspecto con su celo". 95
También, como Don Bosco, Valfré había actuado en un difícil contexto social y
había sido formador de sacerdotes y educador en la fe del pueblo más humilde.
Él está en las mismas raíces históricas del nuevo estilo de los sacerdotes

95. "Storia Ecclesias1ica ", ad uso del/e srnole mi/e per og11i cefo di persone dedicata a/1'O­
norat mo Signore F. Ervé de la Croix Provi11ciale dei Fratelli dfelli/ ifgorantelli/ del/e] s /cuo/e]
e fristianej <:ompilata da/ sacerdote BOSCO C/OVANNI". Torino, Tipograjia Speirani E. Ferrero.
1854. 330-332). G.B. "Opere edite·•. o. c., vol /{1844-/845).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 39

pastores 96, salidos del Convitto, que renovaron la vida eclesial de Turín. Su celo
pastoral que superaba las barreras del "rigorismo", se sumergía en las necesida­
des espirituales y materiales del pueblo, creaba y animaba múltiples iniciativas
de caridad apostólica y de beneficencia, y difundía un ideal de vida cristiana
optimista y sereno. <J7

• San Francisco de Sales (1567-1622) y San Vicente de Paúl (1581-1660)

Lemoyne nos da también un criterio de interpretación:

- "El espíritu de Don Bosco es el de San Francisco de Sales transfundido en San


Vicente de Paúl". 98
San Vicente sería una versión popular de San Francisco de Sales, Don Bosco
1111a versión popular y juvenil de Vicente de Paúl y de Francisco de Sales.
Como San Francisco, Don Bosco ha confiado en el hombre, ha amado paciente­
mente y centrado en el corazón su relación pedagógica y de pastor.
San Francisco fue llamado el "Sefior Jesucristo de su siglo"; San Vicente se fue
haciendo como la encarnación "del espíritu de Jesucristo" entre los pobres; y
Don Bosco, esta misma encarnación entre los jóvenes:

- Dice Vicente de Pa,íl a uno de sus padres:


"Acuérdate de que vivimos de Jesucristo por la vida que él nos ha dado muriendo por
nosotros; y que hemos de morir a nosotros mismos en Jesucristo para vivir la vida de
Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo,
y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo ha vivido.
Y, haciendo lo que Jesucristo hiw, hay que amar a los pobres. Que si le preguntásemos
al Señor a qué vino a la tierra, respondería: a atender a los pobres, ¿a algo más ? ¡A
atender a los pobres!"

96. Nicolao CUNIBERTI, ..La sorgeme dei preri sw11i", Ed. Ah,cmi - Pinemlo, 1979 ("Ne/
350º anniversario della ,wscita del B. Sebastiano Valjre): yendo hacia el pasado, a rravés de la
vida y de la espiritualidad de nuestros santos, llegamos a Sebaslián Val/re, y encontramos en él
"la fuente, abunllante y cristalina de la santidad .wcerdoral pia1110111esa. A Valjre, como a Don
Bosco lo hallamos circundado de muchachos; como a Cottolengo, de pobres y enfermos; como a
Cafasso, de presos y de condenados a muerte; como a Boccardo y a Mons. Paleari, de sacerdotes
y de Hermanas a los que conducía a la meta de la santidad... " (pp. 15 I -152).
97. Pietro STELLA, "Don Bosco ne/la storia della Religiosita Cartolica", LAS-ROMA. vol 1,
pp. 85-102.
98. MB., vol. 3, p. 381.
40 / P. Fernando Peraza L.

- Nos dice Don Bosco que


sólo hay que buscar a Jesucristo, y todo lo demás posponerlo a esta búsqueda. Que hay
que imitar fa caridad del Sefíor hacia los jóvenes, especialmente a los más pobres. Que
hay que hacer como hacía Jesucristo. Y glosa ese primer artírn!o de Las Cons1ituciones
con fas frases de San Pablo: "La caridad es benigna y paciente. todo lo sufre y fo espera
y lo soporta". Y agrega: "Cuida al pobre y al errante. 110 desprecies a tu hermano. pues
me acogiste cuando estaba sin techo, y cuando estaba desnudo me vestiste" .99

En la carta de Roma ( 10. V.1884) se expresa de una manera precisa: "Jesucristo se hizo
pequeiio con los pequeños y cargó con nuestras debilidades. ¡he ahí el maestro de fafa­
mifiaridad"1
"Jesucristo no quebró la caiía ya rota ni apagó la mecha humeante. ¡Él es vuestro mo­
delo"!
"Así hacía Jesús": '"sobre esta pauta quisiera yo calcar a mis salesianos". dice el docu­
mento sobre los castigos de 1883. 100

• San Alfonso María de Ligorio

La moraJ de San Alfonso ( 1696-1787) es el Evangelio; y esa es la base de la cri­


teriologíía moral de Cafasso y de Don Bosco.
El camino y el término de fa ética aljonsicma es "la práctica del amor a Jesucristo". Y
"el único empeíío" suyo y de los hermanos de su Congregación es el de "seguir el ejem­
plo de nuestro Salvador Jesucristo anunciando a los pobres la divina palabra como él
dice de sí mismo:
"/-fe sido enviado a evangeli-;,ar a los pobres ... ·•

La figura de San Alfonso es la figura del pastor popular. Don Bosco no sólo tenía
la apariencia de un campesino, sino que era campesino y se mantuvo al nivel de
los pobres. Conoció, como San Alfonso, lo que es servir a Jesucristo en ellos, re­
conocerlo en ellos y vivirlo como pobre.

"Os recomiendo la alegría de la pobreza" escribía San Alfonso a sus discípulos, y Don
Bosco enseñaba a los suyos: "La pobreza hay que tenerla en e1 corazón para vivirla...,
pero también hay que testimoniarla ante el mundo". 1 0 1 Alfonso no sólo fue fascinado
por Cristo. sino que hizo de su vida un anuncio fascinador de su Misterio:
"Si necesitamos fa luz, Él vino para iluminarnos.
Si queremos fortaleza, Él vino para fortalecernos:

99. "Postille di D011 Bosco ad alcuni articoli del/e Costituzioni" en Francesco MO1TO,
"Cosrituzioni della di Sa11 Fra11cisco de Sales'' (1858-1875). Las-Roma. 1982, 252.
100. San Juan Bosco. "Obrasftmdamentales", o. c., p. 602; p. 612.
101. MB., vol. 5. p. 476; p. 480.
Perfil Sacerdotal de .Don Bosco / 41

Si queremos perdón, precisamente para eso El ha venido.


Si queremos amor. El se ha hecho ni110 y se presentó a nosotros humilde y débil, para
alejar de nosotros cualquier 1emor ". 102

De Don Bosco ha afirmado el Cardenal Balkstrero:


"Ha sido precursor de métodos educativos, pero, sobre todo, ha sido estupendameme
evangélico en la capacidad de persuadir a los j6venes del amor de Jesucrisro. Y, según
mi opinión, éste ha sido el valor más signijicatil'o de su vida en el trato con F,/". 103

• San Felipe Neri

El conocimiento de San Felipe Neri (1515-1595), como el de San Francisco de


Sales, ciertamente comenzó en los años del Seminario. Sobre San Felipe, Don
Bosco escribe varias veces. En las dos ediciones de la Historia Eclesiástica siem­
pre da relieve a la preferencia del Santo por los pobres, y en la última, acentúa
más algunos aspectos pedagógicos.
En la homilía de Alba (mayo, 1868) parece que la resonancia de los hechos de
la vida y del estilo de la relación pastoral con los jóvenes, suscito en él una au­
to-descripción de sus opciones y su espíritu en tópicos que hoy pueden semos
claves para una interpretación más comprensiva de su pensamiento educativo y
de sus actitudes sacerdotales.
Felipe llega a Roma, a los veinte años; solo, en la pobreza, guiado por sus ilusio­
nes pastorales. Su hospedaje es mísero, vive de la caridad del prójimo. Tiene de­
lante una grande ciudad.
Don Bosco dramatiza el episodio e interpela a Felipe sobre quién era, qué móvil
lo había traído de Florencia, cuáles eran sus estudios y sus recursos financieros,
con qué iglesia y con qué casa contaba.
Felipe se siente turbado porque sus ideales son tal vez utópicos Él sueña con ser­
vir a los pobres, pero nada posee, sólo tiene fe en Dios que lo llama, ¡y en la Vir­
gen! Este nombre conmueve al predicador.
La gente, escribe Lemoyne, comentaba en voz baja: ¡Felipe es él; nos está rela­
tando su vida! 104

Este pasaje hace recordar otro que pertenece al último año de la vida de Don
Bosco. En Lanzo, en julio de 1887, Don Sosco decía con aire nostálgico a su en-

/02. Manuel GÓMEZ RÍOS, ··un camino hacia el sur". En "Vida Nueva" , Suplemento, 1986.
103. Massimo BOCCALETfl, ''Un giocoliere nelle nehhie del giansenismo". En "GF:SU ",
Mensile di cu/111ra e a1t11alita cristiana. Societa di San Pao/o, Milano, Gennaio 1988. n º. l. pp. l.
8-9.
104. MB .. vol. 2, pp. 46-47.
42 / P. Fernando Peraza L.

fermero, el salesiano coadjutor Pedro Enria, mirando hacia Turín: ¡allí están mis
muchachos/ rns
Eran los dos extremos de una vida, el comienzo y el final de una historia sacer-
dotal: ¡sus muchachos que lo explicaban todo/

La historia de Don Bosco había comenzado con un sueño sobre los jóvenes, y
ahora, cuando presiente que su vida se extingue, ¡vuelve a soñar con ellos!
Felipe va en busca de los mendigos y se mueve entre pobres y enfermos, quiere
hacer algo por la gente que más necesita. Pero su vida son, de veras, los jóvenes,
a quienes se siente particularmente llamado.
Se hace todo para ellos, aprende sus juegos, dramatiza sus catequesis, los trae
pendientes de sus cuentos; usa la música y el canto, las sencillas meriendas; todo
lo que a ellos les agrada. No importa el cansancio, las contrariedades, los costos.
los sacrificios, sólo importa ganarse para Dios a esos seres que acaricia y con­
suela con un amor de padre.

Don Sosco sigue detallando algunos aspectos pedagógicos: Felipe conoce la vo­
lubilidad de los muchachos; sabe que necesitan de él, los acompaña y ellos lo si­
guen. ¡En todas partes se le ve rodeado de jóvenes! Y hay algo que hace que su
celo y la riqueza de su ministerio sacerdotal hallen resonancia en el corazón de
los jóvenes: la bondad y la mansedumbre del Señor y Salvador Jesucristo que
ha hecho suyas. Esa fue la vida de Felipe Neri: ¡60 años de solicitudes y fatigas
para aquéllos que se habían vuelto para él "su preocupación y su delicia"!
Hablando de él, Don Bosco escribe aforismos pastorales que revelan líneas
maestras de su propia espiritualidad apostólica:
La verdadera fe se vive en la caridad pastoral; el celo apostólico nos santifica. Nada
puede agradar a Dios tanto como el celo por la salvación de los demás. Ese fue el fuego
que vino a traer el Señor a la tierra. El celo por el cual Pablo deseaba ser despreciado
con Cristo por sus hermanos.
¡ Porque de las cosas divinas, la mayor es cooperar con el Señor en la salvación de las al­
mas!
Algunos dicen, afirma Don Bosco, que San Felipe Neri pudo hacer tanto bien porque era
santo. Yo digo: que lo pudo hacer, y que se santificó, porque vivíó el espíritu de caridad
apostólica propio de la vocación sacerdotal. J06

105. MB., vol. 18, p. 323.


106. MB., vol. 9, pp. 210-216.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 43

6. LA ORIGINALIDAD DE DON BOSCO PRESBÍTERO


Francis Desramaut, después de con-elacionar varias de estas figuras presbitera­
les con la de Don Bosco y mostrar su entronque en una determinada corriente
espiritual, hace esta afirmación: sin embargo, esto no lo explica todo. Don Bosco
fue original, como todo aquel que es profundamente fiel a sí mismo y no se re­
signa a ser solo e1 reflejo de aquéllos a los que tiene por "modelos".107

En verdad él permaneció siempre cercano a la tradición ignaciana. Sus puntos de


contacto con ésta son numerosos y determinantes. En la larga experiencia per­
sonal tenida en los. Ejercicios Ignacianos halló una síntesis convincente del se­
guimiento de Jesucristo. Luego la asumió como elemento pedagógico y ascético
privilegiado para la formación espiritual de sus oratorianos y de sus religiosos . 108
Se halló a sí mismo en aspectos pastorales y educativos de la biografía de Feli­
pe Neri; sintió una clara afinidad espiritual con él y con Francisco de Sales, y la
hizo patrimonio suyo. Son numerosas sus semejanzas con Sebastían Valfré y Vi­
cente de Paúl. El autor de la "Imitación" le imprimió la sed por poseer y vivir
los sentimientos de Cristo; un camino concreto, popular, su medida y la medida
de sus muchachos. Lo comentaba con ellos, y lo recorría con ellos.
Y, no obstante, Don Bosco fue siempre él mismo
• Don Bosco es él mismo

Es interesante el Prólogo con el que Domenico Agasso introduce una biografía


del Santo:

"Está claro, Don Bosco no ha inventado nada.


Sabemos por la historia que cuando él llegó ya muchas cosas existían: el oratorio, las
escuelas profesionales, el sistema educativo, ya por muchos años lo habían precedi­
do. Pero, mientras más se le quita y descarta él más crece. Más se le hace cotidiano
y ordinario y más nos atrae y nos convence...
Este cura, muerto hace ya un siglo, vuelve a ser noticia periodística corno si estu­
viese aún vivo. En fin, a la base está esta paradoja: no había traído nada inédito desde
sus colinas piamontesas sino a él mismo; ha trabajado con materiales que estaban al
alcance de todos, y sin embargo, de esa cantera común ha nacido una realidad inter­
continental, viva, que hoy desborda las fronteras católicas. A las puertas de sus insti­
tutos dispersos por todo el mundo se presentan también padres no cristianos que
quieren llevar a sus hijos a Don Bosco.

107. "Don Bosco y la Vida Espiritual", ed. CCS. Madrid, 1994, p. 226: "la inserción de Don
Bosco en una tradición espiritual", pp. 38-45: "Las fuentes de Don Bosco".
/08. /bid. pp. 39-40.
44 / P. Fernando Peraza L.

Dicen así, simplemente, con las mismas palabras con las cuales un albañil analfabe­
ta invitaba a los chicos callejeros que encontraba a su paso en ese invierno turinés del
1841 : ¡ Vamos a Don Bosco!
Vamos a Don Bosco. y qué había allí y en aquel entonces, ni había colegios, ni jue­
gos, ni contiendas deportivas que atrajeran a los muchachos. Sólo una piececita al
lado de una capilla, pero... Don Bosco vivía en ella. Él era la atracción.
Y, hoy sigue siendo él la novedad, lo inédito, la explicación de iodo". 109

Este literato nos recuerda la sugestiva introducción que un lejano pariente de ori­
gen francés llamado Henri Bosco, le dedicó dedicó al Santo:
"Un día. en Marsella, subíamos hacia el pequeño castillo.. , rnando dimos con un
gran edificio...
- ¿Qué es esto?, pregunté.
- Pues, ¡Don Bosco!
Y desde entonces, Don Boscofue todo en mi cabecita infantil: alio sólido. bien cons­
truido, así como esa casa. Después me di cuenta que Don Bosco era un santo, un
verdadero santo con el que de repente re encuentras en la calle, y que te habla y que
te escucha. Alguien como nosotros, como tu gente, como de tll misma familia, pero
que venía de lejos y a quien habríu que meterlo otra vez entre nosotros".
Más tarde supe que de verdad era un pariente nuestro, sacerdote. Él había construi­
do aquella casa. y lo supe por un aprendiz que había aprendido lo que sabía en esa
casa y ahora estaba ahí pidiéndonos trabajo.
En suma: una casa, un aprendiz, un cura, y lodo hada referencia a ese nombre, Don
Bosco.
- Es un santo. Es un santo, añadió mi padre.
- ¿ Y, dice Misa?
- ¡Cómo.' ¿Que si dice Misa'! Un santo, siempre que puede y donde puede dice
Misa". 110

• Don Bosco, un sacerdote educador

Un presbítero piamontés que vivió, como sacerdote, una experiencia histórica


concreta, una síntesis entre pastoral y educación. No, que concibió una teoría pe­
dagógica desde su conciencia y su saber presbiteral, sino que hizo de su sacer-

109. Domenico AGASSO, "Don Bosco, 1111 sueño hecho realidad", eds. Paulinas. Argenrina.
1988. pp. 5-6.
/ JO. Henri BOSCO, "Sainr lean Bow;o", Ed. Gal/imard de París. 1959. Con prólogo de Da­
niel-Rops de la Real Academia Francesa. La edición española es del 1960, con versión de Miguel
Carde//, SDB., hecha por la Librería Salesiww de Barcelona. Un texro diferente, traducido por
Basilio Bustillo, SDB. y con fotografías de Leonardo Von Matt (Buochs. Suiza),fae publicado por
la CCS. de Madrid, en 1965, conremporáneamente con ediciones en alemán. inglés, italiano y
porrugués.
Perfil Sacerdotal de Don Rosco / 45

docio ministerial una experiencia educativa con los jóvenes y para ellos, vol­
viéndose su alumno y su maestro.

También aquí vale el principio exegético de que la identidad de Don Bosco se


define a través de su propia vida, y que sin acompañarlo en el itinerario de su
propia existencia, de sus ideales y de sus realizaciones concretas, no podemos
interpretarlo. ni apreciar el significado histórico y trascendental de su mensaje y
de su vida.

Como su sistema educativo, asimismo su sacerdocio es él mismo en acción, en


la praxis; no una serie de conductas ocasionales e instintivas, sino un modo pen­
sado, inteligente, de ser y de actuar.

Efectivamente, él se mueve dentro de una mentalidad sobre el sacerdocio que


venía del Concilio de Trento y que, en reacción al "libre examen" de la Palabra
de Dios, que estaba a la base del conflicto protestante, acentuaba más los aspec­
tos cultuales y el ministerio de los Sacramentos que la dimensión profética del
anuncio. Son los valores evidenciados por ese Concilio. Su énfasis se centra, por
tanto, en el aspecto Eucarístico y la reconciliación; la institución de un ministe­
rio visible en la última Cena, el orden jerárquico de la Iglesia. La preocupación
de los ·'pastores" es la de estar atentos a la celebración de la Misa, a la prove­
chosa recepción de los sacreamentos por parte de los fieles, la de la predicación,
como catequesis del pueblo.

La "santidad del sacerdocio" envuelve de tal manera al presbítero que lo separa,


diferencia del laico y lo hace superior a éste por los poderes espirituales que de­
tecta. Se ha revestido de Cristo, contemplado en el misterio del Verbo Encarna­
do. De ahí la dignidad que asustaba no solamente a los seminaristas de Chieri,
sino, en cierta manera, a los alumnos de Cafasso en el Convino. En un escrito de
Juan Bautista Campaign (1652-1718) sobre la santidad del sacerdote, que se ha­
bía reeditado en 1824, se llegaba a afirmar que "poquísimos sacerdotes se salva­
rían'·.¡Tan estremecedor era el ministerio y la responsabildad del sacerdocio!
Toda la vida del presbítero, por tanto. debía estar protegida por una continua
vigilancia para no volverse higuera seca, tien-a estéril, nube infecunda que pasa.
Era, por tanto, evidente, que el rigorismo post-jansenista había dejado sus secue­
las en la doctrina y en la praxis del sacerdocio ministerial.

No obstante, la misericordia de Dios y la ternura pastoral del Evangelio, hizo del


magisterio y del ejemplo vivo de Cafasso, tanto en el concepto del presbiterado
como en el ejercicio de su ministerio. una cátedra de experiencias y de sabiduría
46 / P. Fernando Peraza L.

pastoral que incidió para que el Espíritu Santo pudiese esculpir en el corazón de
Don Bosco el pastor que necesitaban sus jóvenes, más allá del distanciamiento
del rito, de la dignidad y del misterio inaccesibles de lo sagrado. 111
Él rompe así el esquema celebrativo, devocional y moralista y baja para vivir
con el pueblo sus realidades de gracia, de tentación y de pecado; y para hacerse
niño con los niños y renovar con sus muchachos las parábolas de la oveja perdi­
da, del hijo pródigo y del buen samaritano.Salvar al que está al borde de perder­
se, acoger al que vuelve a los brazos del Padre, salir al encuentro del que se ha­
lla amenazado e indefenso, sanarlo y restituirlo, al gozo de la Vida.
El tacto pedagógico del pastor devolvió a las ovejas pequeñas, ignorantes y frá­
giles de su rebaño la cercanía y eE gozo de su caridad presbiteral. Su presencia
irradiaba la presencia de un Dios hecho hombre a la medida de ellos; padre, ami­
go y compañero de su camino.
De igual manera, piensa él, sus sacerdotes tienen que hacer todo su itinerario con
los jóvenes, también el de su fonnación clerical y educativa.

Hay páginas biográficas de Don Bosco que son muy significaticas. Muchas, muchí­
simas se refieren a su convivencia entre los jóvenes. Él mismo se describe pre­
dicando y confesando tanto en la iglesia como al aire libre en un prado o en la calle;
participando activamente en las horas de expansión con los muchachos o visitán­
dolos en sus casas o en los talleres de trabajo, o en la cárcel, con los bolsillos llenos
de tabaco, de frutas y de panes. Siempre en su búsqueda y en su rescate.

Si no había dónde albergar al grupo de rapaces que crecía, no importa, estaban


los jardínes de Turín y las vegas del río, los santuarios cercanos, los caminos que
cruzaban sitios entonces todavía cubiertos de sembríos o de pastos. En todas par­
tes en donde había un lugarcito disponible podía hacerse una catequesis que él
alternaba con entretenimientos y cantos; o podía administrarse el Sacramento, o
podían cantar las vísperas de la Virgen o las plegarias y las populares, que él mis­
mo les enseñaba.
Toda circunstancia era propicia para un diálogo, a veces brevísimo, pero certero
y decisivo, que invitaba a abrir el corazón y manifestar con confianza las cosas
más íntimas. ¡Don Bosco estaba siempre con ellos, y para ellos! uz

lll. Agostino FAVALE, "!/ mini.1·tero presb iterale. Aspetti d ottrinali, pastorali, sp iritu ali".
La s-Roma, 1989, pp. 64-65 Paulina ALONSO G.I� ""La .figura del s acerd ote e n la historia de la
Iglesia", e n "Al servicio del Pueblo de Dios" , e ds Paulinas,Ma drid, 1974, 237-241. Pietro STEL­
LA, "Don Bosco nella storia della relig iositá cauolica", vol. 1, pp. 65-66; pp. 75-78; pp. 92-101.
Fausto JIMENEZ, "Aproximación a Don B osco", CCS, Ma drid, 1994, pp. JJ0-ll5.
112. MO., [41; 45;47; 48}; MB., vol. 3. pp. 101 -102; p. 105; pp. 107 ss.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 47

"Me econtraba en una de aquellas callejuelas cercanas a Porta Palazzo, en zo­


na de los Molinos", escribe Juan Roda, recordando aquellos años de adolescen­
te, cuando ya había perdido a sus papás en una epidemia de cólera.
"Éramos varios, algunos ya muchachotes, otros obreritos o empleados en pelu­
querías, o en fábricas de sombreros, en empresas de curtimbre, o con talabarte­
ros y comerciantes. Toda gente a quienes llamábamos: ¡señor o señora!
Íbamos allá en espera de encontrar algún trabajo, porque ya a los 12 ó 13 años
éramos grandes, y teníamos que ganarnos la vida por cuenta nuestra ...
Ciertamente no era ése un sitio para curas, en medio del ruido y la confusión de
puestos de mercado, vendedores ambulantes, saltimbanquis y jugadores. Pero
Don Bosco los conocía casi a todos y no se preocupaba por eso.
Ahí lo encontré, y en él tuve desde entonces un padre ". 113

Lemoyne deja escrita esta página sobre las misiones de Don Bosco en los secto­
res rurales del Monferrato:
la Misa, el sermón y las confesiones eran bien de mañana para que los campesinos pu­
diesen ir después a sus trabajos. Por su parte él aprovechaba entonces para visitar sus
hogares, atender con particular solicitud a los enfermos y tratar de orientar y ayudar a la
solución de los problemas familiares. Entraba también a las tiendas, compartía algunos
instantes con la gente y la invitaba a la iglesia; organizaba los catecismos de los niños y
la beneficencia para con los pobres.
Cuando partía, dejaba en todos no sólo una sensación de nostalgia y sentimientos de gra­
titud, sino la paz espiritual, la reconciliación y la concordia! 114

• Don Bosco, un tipo diverso de presbítero

Era, por tanto, Don Bosco un nuevo tipo de presbítero. Rompía esquemas cleri­
cales de su tiempo. Si todavía el sacerdote que invitaba a formar el Concilio tri­
dentino, trecientos años antes ( 1545/63), tenía un corte monástico, Don Bosco
encuentra el lugar teológico por excelencia para su encuentro con Dios, en sus mu­
chachos. Ahí el Dios de su vocación y su misión lo estaba siempre esperando.
Don Bosco no acepta para sus clérigos el tipo de noviciado ascético que le sugie­
re y aún trata de imponerle el arzobispo Gastaldi; ni cede ante las instancias del
mismo para encemrr a sus próximos ordenandos durante los dos últimos años de
teología en el Seminario Diocesano.115

113. Marco BONGOANNI, "Don Bosco, Ira storia e avventura", ed. SDB. Roma, 1985, pp.
79-80: "Memorie di Gioanín".
114. MB., vol. 3, pp. 57-61; pp. 66-67s.
115. Pietm STELLA, "Le Costituzioni Salesianefino al 1888", pp. 44-49: "IV. La Congrega­
zirme Salesiana e le Costituzioni dopo il 1860". En AA.VV. "Fedelta e rinnovamento ". Studi sulle
costituzioni salesiane. Las- Roma, 1974.
48 / P. Fernando Peraza L.

Don Bosco no ve como indigno el que los candidatos al sacerdocio que él educa
convivan con los muchachos de su Oratorio en Valdocco, como censura en su re­
lación a la curia romana Marco Antonio Durando, encargado de cerciorarse per­
sonalmente del tipo de Congregación Religiosa al que Don Bosco se refiere en
sus Constituciones. 116

Don Bosco piensa en sacerdotes como él:


·'enteramente consagrados a una misión, abiertos al soplo histórico del Espíritu,
proyectados en la vida social. Para él no existía la antinomia entre la vida espi­
ritual y la acción pastoral".
Sacerdotes, fieles a la clase social a la que pertenecen. Así lo había hecho él,
dando una muestra significativa de su capacidad de entender que la transforma­
ción de los pobres viene de su propia evangelización, educación y promoción in­
tegral. i11

Monseñor Lorenzo Gastaldi había quedado señalado profundamente por su frus­


trada vocación religiosa en el Instituto Rosminiano. Tenía, en el fondo, un espí­
ritu de monje.
Esta fue una de las divergencias que los separaron, y que dificultaron a Don Bos­
co hacerle entender la índole de su propio sacerdocio y el espíritu de su Congre­
gación. El de Don Bosco guardaba íntima analogía con el de Felipe Neri. El celo
pastoral es, verdaderamente, ¡el corazón del corazón de Don Bosco! Su lema:

/ /6. "Osservazioni del Sac. Marco Anronio Durarulo, visitatore della Missione /su/le/ Regale o
Costimzioni proposte ad osservarsi dalla Congregaúone di San Francesco di Sales, n.3 (Giovanni
BOSCO, "Costituzioni della societa di San Francesco di Sales /1858-18751", Testi a cura di Fran­
cesco Motto SDB. las-Roma, 1982. 235): "Se habla en las Reglas. de Colegios para la instrucción de
los jóvenes pohres y de los clérigos y. ateniéndose a las mismas. hay que entender que tendrán la for­
mación en conuín. y que vivirán también todos ju111os; siendo, por el contrario. de grande importancia
que se los separe, con directores especiales y reglamentos apropiados a la vocación y al decoro del
esrado eclesiástico. Qué se puede esperar de clérigos que no tiene ni una orientació11 y 1111 programa
propios, y que viven amalgamados con un montón de muchachos pobres, sin educación, y que sólo bus­
can apreruler 1111 arte y una capacitación práctica? Y el asunto no es que se pueda suponer que es así
por lo que dicen las Reglas, sino que responde a los hechos".
117. Pier Giovan11i GRASSO, en "Don Bosco educatore oggi", P.A.S.-Verlag, /963, pp. 31-
33. En esta intuición histórica ve este sicólogo una de la primera manifestación de la imeligencia
populw ; dentro del contexto socialmente conflictivo de la Europa del siglo XfX.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 49

"Señor, dame almas", es al mismo tiempo un proyecto de vida, una oración, y la


síntesis de su espiritualidad .1 18
Pedro Brocardo ha expresado esta novedad de la personalidad de Don Bosco en
dos magníficas síntesis, al llamarlo: "profundamente hombre y profundamente
santo". 119
Él puede, entonces, ubicarse, sin exageraciones triunfalistas, entre los precurso­
res de una espiritualidad sacerdotal, como fa concibe, substancialmente el Con­
cilio. Precursor de un tipo concreto de sacerdote, no de un tipo de teólogo del sa­
cerdocio.
Sería oportuno, entonces, intentar una relectura de su identidad presbiteral a par­
tir de los conceptos del Concilio, y de la perspectiva desde la cual la leen los do­
cumentos de Puebla de los Angeles. 120

118 Giuseppe TUN!NETT!, "Lorenzo Gasta/di 18 / 5-/ 883". Edz. Piemme, /988. Esta es una
síntesis de la Obra: vol. I, "Teólogo,publicista,rosminiano. Obispo de Saluzzo.1815-1871. Capi-
1010 Quarto, "Periodo Rosminiano: 23 gennaio 1851-16 dicembre 1962. pp. /10-122: "3. La cri­
sis e /'uscita dall' lnstiuao il 16 diciembre /862": "Los elementos que convergen para responder
más adecuadamente a los interrogames (que presenta el abandono de la vida religiosa por parte
de Gasta/di) pueden resumirse así: la incertidumbre y lo indeciso de sus actitudes ante la obedi­
encia y la pobreza; las dificultades de la convivencia comunitaria debidas a su carácter y a su
autorirarismo; imprudencias de parte de los superiores (P. L. Bertetti). El motivo oficial, que se
arguyó fue el de la salud, y es insuficiente para explicar los acontecimientos" (122). Capitolo
Quinto."/ / ritorno Ira il clero diocesano: 1863-1867". "2. Rapporti con Don Busco": en esta
época fueron "no solo saludables y circunstanciales; por el contrario se puede hablar de una
amis/ad fundada en un aprecio recíproco, tanto en lo personal, como en sus obras. Se trataba de
dos fuertes personalidades, fieles a la Iglesia y a la .Jerarquía, abiertas a los tiempos y sensibles
a sus exigencias" (I 35). vol /1°, Arcivescovo di Torino 1871-1883. Capitnlo Dodicesimo. "// con­
jlitto con Don Bosco". "El contraste entre el arzobispo Gasta/di y Don Sosco se presenta ya co­
mo algo clásico entre la autoridad episcopal y el carisma religioso. Contraste experimentado y
suji-ido por dos fuertes personalidades, en un particular momento histórico... " El uno lo percibió
como rechazo de su autoridad episcopal, el otro, como incomprensión al comienzo, y luego como
11na verdadera persecusió11 a su persona y a su obra. "los hechos involucraron inevitablemente
al clero diocesano y a la naciente Congregación Salesiana, con repercusión, también, en la opi­
nión pública". En el transfondo el conflicto se libró entre la autoridad episcopal turinesa y el pri­
mado del po111[jice romano; teológicamente hay concepciones doctrinales diferentes, en la época
inmediatamente posterior al Concilio Vaticano I que acababa de definir la infalibilidad pontificia
(1869-1870), (259).
119. Pedro BROCARDO, "Don Bosco, profundamente hombre y profundamente santo". CCS.
Madrid, 1988.
120. La Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano se reunió en la ciu­
dad mexicana de Puebla de los Ángeles, del 28 de enero al 13 de febrero de 1979. Su tema glo­
bal fue el de "La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina".
50 / P. Fernando Peraza L.

Según el Concilio:

El Presbfrero es Pasror del Pueblo de Dios.


sacado de e111re los hombres
y constiluido en servidor suyo.
Vive en medio de ellos como hermano e111re hermanos.
Es partícipe del único sacerdocio de Crisro.
Su ministro, su colaborador, su viviente i11strume1110;
sacramento del Se1101; Eterno Sacerdote;
continuador de su misión profética. sacerdotal y real
para uni,; edificar, llevar a su desarrollo
y santificar al Cuerpo del cual Cristo es cabeza .
Pontífice que en nombre del Único Mediador, Jesucristo,
celebra el perfecto sacrificio de Cristo,
asociado a Él,
para que llegue a su consumación
el holocausto espiritual de los fieles.

En los documentos de Puebla:

Se acentúan algunos elementos propios de América Latina:


El Presbítero anuncia el Reino de Dios que ya se inicia en este mundo
y tiene su plenitud cuando Cristo venga al.final de los tiempos.
Es un hombre de Dios.
Sólo puede ser profeta en la medida en que haya hecho
la experiencia de Dios vivo.
Es un Pastor
que se empeña en la liberación integral de los pobres
y de lo oprimidos;
y que obra siempre guiado por los criterios del Evangelio-1 21

• Don Bosco, un sacerdote de honda conciencia Eclesial

Es un sacerdote que siente y vive el diálogo y la solidaridad eclesiales. Por eso,


entró de lleno, en determinados momentos, en la cuestión de las Sedes Episco-

121. EDOCUMENTOS CONCILIARES CITADOS


Sacrosanclllm Concili11111. 8;23-25 :74;91-93: I 58; 179.
L11111e11 Gentium, 8;21 ;28;311 :354-357:413:453.
Christus Dominus. 242-1243;1246.
Presbyterorwu Ordinis. 2:6:1247;1249:1252;1256.;1257-1259: 1264; 1282-1285; I 317.
Del DOCUMENTO DE PUEBLA se citan los mímeros: 692; 693; 696, correspondientes al Capf•
tufo fl. "Agentes de comuni6n y participaci6n ", de la Tercera Parte, "La eva11gelizaci6n en la
Iglesia de América Latina. Comuni611 y Participación."
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 51

pales vacantes, y del "exequatur", para que, provistas de pastores, las diócesis, y
reconocidos oficialmente los derechos de los mismos, pudiesen cumplir su mi­
nisterio en bien del pueblo cristiano, que solo y desorientado, sobrellevaba uno
de los más dolorosos y pesados momentos de la interminable "pasión de Jesu­
cristo en su Iglesia".

En 1865, por ejemplo, la desolación eclesial, por causa del conflicto entre el es­
tado liberal y la Iglesia, era alarmante: 13 obispos inocentes habían sido proce­
sados y sometidos a diversas vejaciones y penas; 5. traídos a Turín, obligándo­
seles a abandonar sus propias jurisdicciones; 16 habían fallecido por el sufri­
miento de la persecusión y a causa de las afrentas morales; 43 obispos estaban
desterrados; a 16, ya nombrados por el Papa, se les impedía el ejercicio de su la­
bor pastoral.

Don Bosco, con la ayuda de Camilo y Gustavo Cavour, interviene en 1858 y


1859 en el caso del arzobispo Luis Fransoni, por petición directa del Cardenal
Jacobo Antonelli, secretario de Pío IX. Conversaciones para la solución de los
demás impases se constatan documentalmente: de 1864 a 1865, con la interven ­
ción "oficial" de Javier Vegezzi; de 1866 al 67, con Miguel Antonio Torello; pro­
bables tramitaciones con el ministro Federico Mambrea de 1868 al 1869; y de
1871 al 1878 con Cayetano Tortone. Don Bosco actúa todavía del 67 al 74, pa­
ra crear un clima propicio entre el Gobierno y la sede Apostólica, de manera que
apenas nombrados los obispos, o restituidos a sus sedes, pudieran gozar de sus
beneficios y ejercer su autoridad pastoral y administrativa.122
Por ese sentirse comprometido con los afanes pastorales de su Iglesia local, hizo
de su Oratorio una Parroquia para los muchachos pobres, carentes de una pasto­
ral accesible, adecuada a su índole juvenil y a sus precarias situaciones de po­
breza, de ignorancia y de abandono en la gran ciudad de Turín. Dada su crítica
condición de provincianos emigrantes, eran fácil presa de la explotación laboral
y del contagio progresivo de la delincuencia común.l 23
También por este rasgo eclesial de su fisonomía de sacerdote, hizo de su copio­
sísima producción editorial, y particularmente de sus Lecturas Católicas, una ca­
tequesis popular, apologética y polémica, para salvar y educar la fe de los fieles,

122. Francisco MOTTO, en dos publicaciones: ··.La mediazio11e di don Boscofra santa sede
e governo per /c1 concessione degli exequatur ai vescovi d"italia ,. ( 1872-1874); u1.1· Roma, 1987:
y "'L'azione media1rice di don Bosco ne/la questione de/le sedi vescovi/li vacanti in italia •·; Las­
Roma. 1988.
123. Fernando PERAZA l. SDB.. "'u1 parroquia salesiana en la Iglesia panicular". CSR, Ta­
lleres Abya-Yala, Cayamhe, Ecuado,: 1991, pp. 49-55.
52 / P. Fernando Pera1.a L.

expuestos a la agresión de la propaganda y del proselitismo sectarios, y para


mantenerlos unidos a la comunidad de la lglesia. 124
Porque experimentaba como propios los dolores y la desolación vocacional de
la Iglesia, abrió las puertas de sus casas a la promoción de vocaciones al estado
eclesiástico, e hizo de Valdocco un Seminario para suplir la carencia de los que
habían sido suprimidos en las diócesis por los mismos prelados, a raíz del movi­
miento revolucionario de 1848 y sus fatales consecuencias en el campo educati­
vo, afectado frontalmente por las legislaciones laicistas que culminaron en la re­
forma orgánica de 1859. 12s
Entre las diócesis que tuvieron seminaristas en el Oratorio de Valdocco están las
de Acqui y Asti; las de Casale, Chieri, Sal uzo, Turfa, Vercelli y Vigevano.
Sobre el número varían los datos. En 1868, 35 cursaban los estudios teológicos
y 24 los de filosofía. El total de oratorianos residentes era de 804. Las edades de
los aspirantes al sacerdocio osci !aban entre los 16 y los 24 años.
Pero, además de lo que hizo en Valdocco, Don Bosco rigió por dos años el Se­
minario menor de Giaveno (1860-1862), y fundó Colegios Seminarios en Mira­
bello (1863-1869) y Magliano Sabino, que era diócesis sufragánea de Roma
() 878).
Para candidatos ya adultos erigió en Sanpierdarena la Obra de María Auxiliadora
el 9 de diciembre de 1875. La Obra pasó luego a Mathi Turinés (1883), y a Turín
(1884), en el Instituto de San Juan Evangelista. 12 6
Por esa misma conciencia eclesial, el sacerdote Juan Bosco, rebasando las mis­
mas fronteras físicas de Europa, envió a sus hijos a países extranjeros en donde
se deterioraba la vida cristiana de los emigrantes italianos, y en donde corrían
peligro de extinción los reductos indígenas.
Precisamente fue su mentalidad eclesial la que lo llevó, desde el momento mis­
mo del primer lanzamiento misionero de la Congregación en el 1875, a conducir
a los que partían a los pies del Pontífice, para que fuera él quien personalmente
los enviase. 121 Tenía, de hecho, la certeza, como lo dijo explícitamente en 1876,

124. l:"emando PERAZA L. SDB. "Don Bosco y la Escuela", CSR, Talleres Abya-Yala. Ca­
yambe. Ecuador, 1996, pp. 62-68.
125. lbd. "La orientació11 "pagana·· de la escuela en Italia dentro del proceso de "laiciza­
ción" educativa del Estado Liberal, a partir del 1848. y la alremativa humanista de Do11 Bosco",
/6-21. "U11a esrnela exp/fcita111e11te crisricma ... ··. pp. 68-71.
126. Fausto JIMÉNEZ, "Don Bosco y /aformació11 de las vocaciones eclesiásticas y religio­
sas", en "Don Bosco en la historia'·. Las- Roma, 1990. pp. 399-505.
127. Fema11do Pt:RAZA L. SDB, "El la11�111ie11to 111isio11ero salesiano". CSR. lmprenw del
Colegio Térnico D011 Sosco, Quito, 1982, pp. 26-27: "U11a acción misionera que supone una
teología pastoral".
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 53

de que la Iglesia era una gran viña y sus hijos "obreros del Evangelio", que tra­
bajaban en ella lo mismo en las obras de Europa que en los confines de América.128

De tal suerte que a todos sus salesianos, ubicados indistintamente en uno u otro
lugar geográfico, y en cualquiera de sus Obras, hubiera podido escribirles las pa­
labras que envío el 10 de agosto de 1885 a José Fagnano, Prefecto Apostólico de
la Patagonia Meridional y de la Tien-a del Fuego: "Ten siempre presente que todos
tus e.�fuerzos debes encaminar/os a atender las crecientes necesidades de nuestra Ma­
dre, como llama San Jerónimo a la Iglesia". 1z9

• Jesus, El Buen Pastor, imagen de su sacerdocio presbiteral

Don Bosco, halla, finalmente, en Jesús, el Buen Pastor del rebaño, el amigo de
los pobres y de los niños y el paciente educador de sus discípulos, la imagen su­
prema y el continuo punto de referencia de su identidad sacerdotal.
Esta imagen, en verdad, es la síntesis de su misión, la utopía por excelencia de
su espiritualidad, la razón y el motivo último que explican el itinerario de fe de
su vocación sacerdotal.

Talvez para quien, crecido y educado en una cutura urbana, no haya tenido una
directa experiencia del mundo rural, la imagen pastoril no solamente de Juan
Bosco sino de Jesús en los evangelios de Juan, de Lucas y Mateo presente algu­
nas dificultades de comprensión.13°
El asunto, es, ante todo cultural y encuentra una respuesta adecuada sólo en el
estudio y en la exégesis bíblica. Efectivamente en el concepto asimilado por
Juan Bosco en sus años de estudios clericales, ciertamente se sobrepondrían a su
propia experiencia de la infancia, que para nosotros surge con tanta sugestividad
en el primer Sueño del pastorcito del Becchi", las imágenes contempladas en la
Sagrada Escritura que ya aparecen desde las primeras páginas del Génesis, y que
adquieren un fuerte dramatismo en el capítulo 34 de Ezequiel, o en el 23 de
Jeremías, y que en el Salmo 23 cantan con una ternura sigular los cuidados solí­
citos de Javeh para con el pueblo elegido. Es la expresión más personal del pas­
toreo en el Antiguo Testamento. Una reflexiión sobre Ezequiel hecha dos o tres
siglos después.rn

128. MB., vol. 12, pp. 527-533.


129. Eugenio CERIA, "Epistolario di San Giovanni Bosco", Volume quarto, SEi, Torino,
p. 33 4.
/30. Jn. 10, 1-18; Luc. 15, 4-7; Mt. 18, 12-/4.
131. Sor Jeanne D'ARC, o .p , "Caminos a través de la Biblia". Desclé de Brouwer, Bilbao,
1994, pp. /57 SS.
54 / P. Fernando Peraza L.

En la fisonomía que proféticamente anuncia la fisonomía espiritual del Mesías,


y en el lenguaje parabólico de Jesús, se contienen toda la gama de característi­
cas de su misión, el estilo y la intesidad inefable de su ministerio, la encamación
de las facciones y de los sentimientos del "Padre" que de esta manera él mismo
ha querido revelamos.
El pastor conduce las ovejas y ellas los siguen; y lo siguen porque lo conocen
como ellas saben que solamente él las conoce. Efectivarnertte, para el semita, el
pastor no es un simple guía, aclara Gianfranco Ravasi, "es sobre todo el cons­
tante compañero de viaje" o del reposo. Amaneceres, soles de verano, oasis, ma­
nantiales. tormentas, hambre, riesgos; peligros, extravíos... , acechanza de saltea­
dores de caminos. La identificación entre la oveja y el pastor llega a su culmen
cuando él las llama por su "nombre" y ellas reconocen de inmediato su silbo.
Cuando ellas lo siguen sin titubear porque saben que él está dispuesto a dar la
vida por ellas, pues no es el asalariado sino el dueño del rebaño. 132
Quien tiene hoy día la posibilidad de visitar la Tierra de Jesús, puede, recorrien­
do los sitios en donde el pastoreo de los beduinos conserva sus proverbiales e in­
variados rasgos bíblicos, evidenciar la vigencia que tienen hoy día en ella estas
escenas y este lenguaje. Así ocurría hace pocos años en el desierto de Judá antes
de que se diesen los actuales asentamientos judíos. Todo era entonces un ir y ve­
nir de rebaños de ovejas, de cabras y de camellos. El ten-eno estaba marcado por
las sucesivas oleadas de pastores.
Pero, de todas maneras "aún se ven a lo largo del recorrido -hacia Jericó-, detrás
de una colina o en la ladera de un baITanco, tiendas de beduinos cercanas" a los
corrales, mientras los animales "pastan la poca yerba de ese laberinto de colinas
esteparias. A veces son pastores, pero otras, y no pocas, son jóvenes pastoras,
ataviadas de larga túnica de colores, las que guardan los rebaños. Como en los
días de Abrahán o de Moisés, quien hubo de ayudar a las hijas de Jetró a dar agua
a los ganados junto al pozo. Abrahan, Isaac, Jacob y sus hijos volvieron bajo
tiendas y, como estos pastores, vagaron en busca de mejores pastos. También tie­
nen sus leyes y sus ritos, aunque no estén esritos en tablas o pergaminos".

"El desierto de Judea es muy accidentado. Junto a las altas colinas hay casi siem­
pre profundos wadis (¿ vados?) o torrentes de difícil acceso, llenos de madrigue­
ras donde se ocultan bestias y alimañas nocturnas, y de cuevas que sirvieron en otro
tiempo de guarida a bandoleros y salteadores, como los de la parábola del Buen
Samaritano. En este desierto se organizaron también varios intentos de sublevación
contra la dominación romana en los dos primeros siglos de nuestra era".

132. Gian/ranco RAVASI, "Los Salmos", ed. San Pablo, Santafé de Bogotá, 1995,
pp. 106-111.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / SS

"Algunas de las más bellas parábolas de Jesús están inspiradas en escenas pas­
toriles que tantas veces contempló desde niño y, después, en sus correrías apos­
tólicas y atravesando estos desiertos. Él mismo se equipara al buen pastor y hace
suya su simbología y su profetismo:

"Yo soy el buen pasior y conozco mis ovejas, y las mías me conocen a mí. .. Las ove­
jas oyen la voz de su pastor, y él las llama por su nombre, y las saca afuera, y cuan­
do las ha sacado todas va delante de ellas y las ovejas lo siguen" (Jn JO, /-6).
"¿Quién de vosotros que tenga cien ovejas, si pierde una, no deja las noventa y nue­
ve en el desierto y se va en busca de la perdida?"(Lc 15, 3-7).
Y en el Antiguo Testamento el mismo Yahvé se mira en estos pastores:
"Él sacó (de Egipto) a su pueblo como un rebaño y lo condujo por el desierto" (Sal
78, 52).
"Yahvé como pastor apacienta su grey; reúne sus ovejas, toma en brazos los corde-
ros y cuida a sus madres"(Is 40, // ). 133
En Juan, Lucas y Mateo encontramos una clave sintética para esta relectura:

El Buen Pastor congrega en torno suyo la comunidad de discípulos (Jn l0,3);


precede y guía la grey (vs. 4 ss); llama y conduce con su palabra,
y es él mismo la puerta, la seguridad, el signo de la autenticidad para su
rebaño (vs. 7-lO);
lo defiende y está dispuesto a dar la vida por él (vs. 10-13).
Las ovejas lo conocen, y están seguras de ser conocidas por su pastor (vs.3, 14);
escuchan su voy y lo siguen (vs.3-5).
Saben que está dispuesto a rescatar la oveja perdida,
aún a costa de dejar en el aprisco las cien ovejas restantes.
(Lv 15, 3-7; MI 18, 12-14).134

La identificación con Cristo pastor responde a la esencia misma del sacerdocio


de Don Bosco.
Desde los 9 ó 10 años se iría configurando en él la imagen por excelencia de su
sacerdocio presbiteral, sin poder olvidar aquella impresión somnial sufrida por
entonces, en la que el Señor le confiaba aquellas ovejas que acabarían por deci­
dir las opciones fundamentales de su vocación.
Es sobre todo la orientación y la experiencia presbiteral del Convitto, la que lo
hace pastor. El Convitto Ecclesiástico formaba sacerdotes pastores, no clérigos
ilustrados ni teólogos de universidad.

133. Florentino DIEZ, "Guía de Tierra .rnnta", Verbo Divino, Madrid, 1990, pp. 196-198.
134. Miguel RODRIGUEZ RUIZ, "El discurso del Buen Pastor" (Jn 10, 1-18), en "Parola di
Dio e carisma salesiano", Tipografica"Liberit", Roma, 1989, pp. 130-234.
56 / P. Fernando Peraza L.

El tipo de pastor que forma es el que introduce en la arquidiócesis una nueva


clase de sacerdotes, que terminaban por olvidarse si tenían proveniencia noble
o campesina, para unirse, en un compromiso común de educación popular, en
oratorios y actividades complementarias, como la atención a los enfermos y a
los detenidos de las cárceles. Los destinatarios, cuyas urgencias los motiva­
ban, eran los jovencitos pobres, abandonados en el contexto urbano de la
Turín industriaJ.135
Me parece importante resaltar, ahora, algunos perfiles de presbíteros que
formaban el contexto pastoral dentro del cual se movió con particular sin­
tonía espiritual Don Bosco.

- Leonardo Murialdo (1828-1900)

Era de famjlia "de sociedad", acomodada. Tuvo estudios en Savona con los
Escolapios y en la Universidad de Turín, su ciudad natal. Roberto, su primo era
capellán de la Casa Real. Sin embargo, Leonardo sumerg:ido en la barriada mar­
ginal de Porta Nova, fue colaborador del Oratorio de San Luis, fundado en 1847
por Don Bosco.
Perfeccionará su formación teológica en París, recoITerá parte de Europa, y, al
volver al Piamonte, se dedicará de lleno a la educación de pequeños artesanos.
De su espiritualidad obrera será heredero el Instituto de San José o de los Jose­
finos, fundado por él el 19 de marzo de 1873.
Murialdo es un clásico de los nuevos curas turineses formados en las inquietudes
y problemas de la pastoral proletaria.136
Es una faceta que ayuda a perfilar también la semblanza del sacerdote en el últi­
mo Concilio:
Se le da una potestad espiritual en la Iglesia por el Sacramento del Orden para
que pueda cumplir el ministerio de Cristo,Pastor y Cabeza del rebaño, en medio
de los avatares del Pueblo de Dios en camino, y sea el signo de una segura es­
peranza ante las situaciones deshumanizantes en las que se debate el hombre
contemporáneo. 131

135. Pietro STELLA, "Don Bosco nella storia della Religiosita Cattolica", o. c., vol. l, p. 107.
136. Cemre CATEMME , "Leonardo Muria/do e il movimento operaio e sociale catto/ico in
Piemonte", en "Chiesa e societa nella JI meta del siglo XIX seco/o in Piemonte", a cura di Fi­
lippo Nata/e Appendino, edz. Pietro Marietti. Torino, 1982, pp. 277-305.
137. LUMEN GENT/UM, n. 28; PRESBYTERORUM ORDJNIS. n. 6.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 57

- Clemente Marchisio (1833-1903)

Estuvo también con Cafasso por dos años en el Convitto, después de sus estudios
regulares en el Seminario de Bra (1851-1856). Estos dos años fueron definitivos
para la orientación pastoral de su presbiterado.
Como Don Bosco, se fraguó desde entonces en él un sacerdote personalmente
austero en el tenor de su vida cotidiana, comprometido pastoralmente en la Igle­
sia, humano y evangélico en la praxis moral, al estilo de Francisco de Sales y Al­
fonso María de Ligorio.
Ambos habían oído decir a Cafasso lo que vale un corazón sacerdotal cuando ha­
ce suyos los "sentimientos de Cristo": había que aprender a dejar de lado todo lo
que no estuviese de acuerdo con ese espíritu, y ponerse irrestrictamente en ma­
nos del Señor como "bueno obrero suyo", ajeno a vanidades y a falsos intereses,
sin atender a acechanzas del amor propio y del mundo. ¡Todo debía ser para la
mayor gloria de Aquel que los había llamado!
Era una espiritualidad, afirma José Tuninetti, "rica en tensiones ascéticas y en
frutos de santidad", pero no ajena a luchas y a conflictos en el medio social y
eclesiástico de su época.
Ejerció su ministerio paiToquial en Rivalba hasta la muerte, y allí dejó testimo­
r'tio de esa nueva manera de ser un sacerdote comprometido con las situaciones
sociales de los pobres, que compartía íntimamente con Murialdo, con Don Bos­
co y con un cura excepcional de entonces, precursor de la pastoral oratoriana de
San Juan Bosco en las ban-iadas turinesas más pobres, Juan Cocchi.138

- Juan Cocchi (1813-1895)

Perdió a su padre cuando tenía 17 años, y habitó con su madre en una humilde
residencia del barrio de la Anunziata de Turín. Un día que mendigaba en la casa
cural para llevar algún recurso a su mamá, en un momento ele emergencia eco­
nómica, tuvo la primera inspiración de seguir el sacerdocio.
En 1836 fue ordenado, y un año después quedó doblemente huérfano. Su vida,
entonces, fue sólo de la gente más necesitada y, sobre todo, de los niños y los en­
fermos. Fundó un original Oratorio en Vanchiglia en 1840.
Tuvo graves dificultades en el período revolucionario del 48 al 49. Don Bosco
asumió en este año el Oratorio del Santo Ángel, fundado por él, mientras el Pa­
dre Cocchi se unía a Leonardo Murialdo para emprender ese mismo año la fun­
dación de la obra de "Los Artesanitos", orientada a acoger en un hogar y a dar

138. José TUNINETTI, "Doll Clemente Marchesio, un profilo storico", Scuola Grafica Sale­
siana, Torino, 1984.
58 / P. Fernando Peraza L.

capacitación en el trabajo a los muchachos más pobres, desocupados y calleje­


ros de Turín.
De 1852 a 1854 volvió sobre la idea oratoriana y creó uno en San Martín, en los
Molinos del Dora; luego abrió en Moncucco una Escuela Agrícola con 55 alum­
nos, siempre de extracción social baja y campesina. De 1868 a 1877 la Escuela
de Moncucco entró en crisis. Una vez cerrada ésta, abrió la de Rívoli el 16 de
mayo del año siguiente.

Entretanto, siempre "impaciente" por el celo de su sacerdocio ante las múltiples


urgencias de los jóvenes, se comprometió en la creación del Reformatorio de
Chieri, y lo hizo en el mismo convento de lo padres dominicos, ya propiedad
municipal. En 1869 los jóvenes asistidos pasaban de cien.
También el gobierno puso en manos de Juan Cocchi la casa que los mismos reli­
giosos tenían en Boscomarengo para una institución similiar. Aquí vivieron tam­
bién algunos de los adolescentes de otros correccionales, como los de la Genera,
la de Turín, urgidos de una educación especial. En 1875 eran cerca de 400.

Mientras tanto se seguía consolidando en la capital piamontesa la Obra para los


Artesanitos, que con Leonardo Murialdo y Pedro Brizzi había sido ya ubicada en
un edificio propio, en la calle Palestro. Las colonias y los reformatorios tuvieron
graves problemas. Todas estas obras se fueron cerrando, y Don Cocchi, que ha­
bía gastado todo su celo sacerdotal en ellas, tuvo que irlas dejando.

Ya a los 70 años pasó al Santuario de la Paz en Albissola, que había sido de los
franciscanos. Allí se palpó de nuevo no sólo el ardor espiritual de su piedad ma­
riana, sino la preocupación pastoral por los niños, a los cuales preparó en un te­
rTeno adjunto al santuario un colegio agrícola, que se mantuvo siempre con gran­
des estrecheces financieras.

A los 75 años vino a buscarlo, en Albissola, el Obispo de Catanzaro, antiguo


amigo suyo, benedictino de Peruggia, y se lo llevó consigo como rector de su Se­
minario, que encaminó con "orden, piedad y disciplina". Cocchi asumió este car­
go en 1889.
Estuvo hasta el 92 en Catanzzaro, y enfermo, volvió para morir con sus Artesa­
nitos de Turín. Su testamento no incluía bien material alguno de especial valor
económico. Lo poquísimo de uso personal quedó todo para sus pequeños apren­
dices. Pero, su herencia, en verdad, era la huella singular que su sacerdocio había
dejado en los muchachos pobres, sacerdocio que él había fraguado a semejanza
del de Cristo, y que había vivido con particular apasionamiento, pero, también,
con la inconstancia propia de su temperamento personal.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 59

El 25 de marzo de 1886 celebró sus bodas de oro sacerdotales, rodeado de una


gran familia espiritual de discípulos y amigos. Su vida había sido vivida humil­
demente bajo esta consigna:
"Taciamo ejacciamo", eso es lo importante: ¡trabajar calladamente, siempre, y sin can­
sarse! En su tumba dejaron los discípulos escrita esta bella frase: ¡aquí reposa un padre
inolvidable! J39

• Don Bosco, un cura catequista

Don Bosco es no solo el pastor. No solo reúne y conduce su rebaño de jóvenes


y de pastores nacidos del rebaño. Sino que es educador de la grey. De toda su
grey. Una grey que por una iniciativa divina insondable se ha vuelto con los
años, Familia. A manera de un grande movimiento que se mete en todos los ám­
bitos de la vida social en donde haya un joven que necesite de su pastoreo. Un
movimiento que involucra también a los jóvenes, como ya lo hacía Don Bosco
en su primer Oratorio. Los jóvenes necesitaban de los jóvenes. 14º

Esta presencia comenzó a consolidar el primitivo Oratorio y desde entonces con­


firió un específico dinamismo juvenil a la misión universal salesiana.
Oratorio y Misión fueron, además una creación catequística. Don Bosco ase­
guraba que todo había nacido de un siemple catecismo aludiendo al providencial
encuentro con Garelli el 8 de diciembre de 1841. 141
¡La obra maestra de un pastor catequista!
No era suficiente que Don Bosco fuera un pastor, si no que fuese un educador de
la fe, un catequista presbítero.
Catequista que educa profetizando, que educa celebrando, que educa evangeli­
zando, que catequiza, esto es, que educa en la fe. Lo hace de una manera muy
sencilla e inteligible, pero sobre todo, haciéndose amar él mismo, para que en­
tiendan y acepten ese magisterio y esa tarea que nace de su experiencia y de su
reflexión, y lo vivan.
Es Pastor que reúne, que enseña, que guía, que.fragua el corazón de sus ovejas
según el corazón de Dios, siempre con criterios y con tacto pedagógicos.
Es Modelo de sus ovejas, y modelador pastoral de los pastores del rebaño que le
habían sido confiados. Pastores suscitados por Dios de entre su rebaño.
Toda esta es una terminología bíblica, pastoral, pedagógica y carismática; está
en la carta de San Pedro, en los textos conciliares y en los sueños: "apacienta el

139. Eugenio REFO, "Don Cocchi e i suoi artegiane!!i", "Taciamo e facciamo", Tip. Arti­
gianel/i, Torino, / 957.
140. Memorias del Oratorio {41 J.
141. MB., vol. 17, p. 510.
60 / P. Fernando Pera1,a L.

rebaño no con dureza ni golpes, sino amándolo; apaciéntalo siendo modelo de


las ovejas: apaciéntalo. Siempre: apaciéntalo.1 42
Pero el arte de Don Bosco catequista encontraba en el fondo un grande desafío
cultural. ¿Cómo formar al hombre nuevo que requería la nueva época que iba
naciendo desde mediados del siglo XIX en Europa y en el Piamonte y en
Europa? 14J
En efecto las revoluciones liberales y las guerras de la independencia que se su­
cedieron desde 1848 produjeron cambios radicales en todos los órdenes de la vi­
da. La Iglesia misma se vio enfrentada. Todo cambió rápidamente: la estructura
absolutista y sacral del Estado en una estructura democrática y secular; la socie­
dad nacional se dividió profundamente entre una Italia creyente y una Italia lai­
ca; las empresas manufactureras se encaminaron hacia la industrialización, sugió
la nueva burguesía económica en dialéctica con el proletariado; la familia perdió
sus bases morales y sus tradiciones religiosas, la educación oficial cedió al mo­
nopolio del gobierno y se hizo aconfesional y pagana; la Iglesia se encontró re­
cluida en sí misma y buscó fortalecer su índole societaria para pelear en el mun­
do de los derechos fundamentales que le permitirían susbsistir visible y civil­
mente.
Don Bosco tenía que catequizar a sus muchachos con nuevos parámetros, los
mismos que a él le iban permitiendo entender estos complejos fenómenos cul­
turales, y hacerse un ciudadano de este nuevo Estado y un miembro vivo de una
sociedad que exigía una ciudadanía constitucional, más allá de las propias creen­
cias, y fundada en las libertades personales y societarias.
Catequizarse y catequizar, era formar en sí y en sus diciscípulos al cristiano para
estos contrastes y escas batallas de sobrevivencia legal y de posible incidencia
ciudadana y eclesial.
Ahora, ser "honesto ciudadano" exigía un esfuerzo mayor: asumir las transfor­
maciones irreversibles del medio social, político, educativo y eclesial, y hacer­
se presente como sujeto activo y testimonial con su fe y con su vida cristiana en
ella. La educación en la fe debía ir unida a la formación del ciudadano capaz de
participación democrática, de comunión eclesial y de protagonismo familiar, so­
cial y en el ámbito empresarial. Sus orientaciones respecto a la educación en el
mundo del trabajo y en las tareas del pensamiento asumieron entonces fórmulas
concretas. Hay una síntesis de cuatro palabras que se repite en el pensamiento de
la Congregación en torno a los Capítulos Generales de 1883 y 1886. Palabras

/42. 2. Tim. 5. 2-4.


143. El análisis que sigue a co111i1111ació11 esrá hecho a la luz de los criterio., que presenra
Emilio Alberich sdb.. en '·La carequesis a/final del siglo: crisis y esperan:as" ( ·'Didascalia ··• Ar­
ge111i11a, agosro de 2001, ,, n 534,4-14).
Perfil Sacerdotal de Don Sosco/ 61

que constituyen objetivos pedagógicos y catequéticos, y que se dirigen de inme­


diato a la formación del obrero capacitado para su inserción en el mundo empre­
sarial: lo religioso, lo moral, lo inlelectual y lo profesional. Las dos primeras for­
man una nueva síntesis: religión y moral. Responde al binomio deJ programa
educativo de Don Bosco: buenos cristianos y honestos ciudadanos. El buen cris­
tiano tiene que traducir su fe en un comportamiento moral que responde a sus
convicciones y crencias religiosas.
El IV Capítulo General había expresado así esta preocupación:
"la parte obrera está teniendo actualmente tal imfluencía en la sociedad civil, que
preocupa seriamente; pues de la buena o mala orientación de aquélla depende la
buena o mala marcha de ésta".t44
Don Bosco y sus hijos adquirían durante esos años, motivados por los hechos
históricos, una conciencia más clara de la trascendencia social de la obra educa­
tiva de la Congregación. Se centraron. entonces. a mejorar su formación: acen­
tuaron que se debía seguir la inclinación natural de los alumnos por una deter­
minada especialización profesional; que era necesario cuidar más los conteni­
dos y orientación de los estudios; mejorar la organización del trabajo para que la
capacitacióin fuera más efectiva. En verdad, se daba aun viraje, y los talleres se
convertían en verdaderas escuelas profesionales acondicionadas para la capa­
citación exigida, pero teniendo en cuenta asimismo, no solo las exigencias de la
industria, sino las posibilidades y urgencias persobales de los alumnos. 145
Precisamente el 24 de junio de ese año la "Unión Católica Obrera" de Turín ha­
bía nombrado a Don Bosco como su presidente honorario. 146
Efectivamente en esta época Don Bosco se acercó cordialmente a la obra inteli­
gente de Leonardo Murialdo para encontrar en ella una instancia complementa­
ria en la educación cristiana tanto de sus artesanitos como de sus primeros obre­
ros profesionales. Por eso abrió sus casas a los círculos obreros católicos que en­
traban a formar parte de la primera pastoral social de la Iglesia turinesa e italia­
na bajo el episcopado de Lorenzo Gastaldi y la orientación pastoral de Pío IX.
El inspirador había sido precisamente Leonardo Murialdo. El primer núcleo mi­
litante, con carácter evangelizador y de defensa asociada de los esenciales dere­
chos de la persona, a la manera como lo venían haciendo las Sociedades de Mu­
tua Ayuda, surgió en un local de la iglesia de San Felipe, el l º de julio de 1871,
con el nombre de Unión Obrera Católica.

144. ASC 04 Capitolo Genera/e 4. 1886 ("Proposte").


145. Redi SANTE DI POL y Luciano PAZZAGLIA, en "D011 Bosco y las escuelas profesio11a­
les", de José Manuel PRELLEZO GARCIA ("Don Bosco en la Historia", CCS. Madrid, 1990, pp.
347-355).
146. Bol/eti110 Salesiano, JO ( 1886) 7. pp. 74-76.
62 / P. Femando Peraza L.

Murialdo, educado en una mentalidad abierta a las ideas europeas, estudioso de


los problemas del trabajo y de la dinámica social, y dueño de una espiritualidad
encarnada y capaz de impulsar un proyecto de este género, puso al servicio de
su obispo sus energías. Mons. Grastaldi acogió complacido la iniciativa y le
prestó su apoyo. En 1878, a la mue1te de Pío IX, había en Italia 2.091 sociedades
obreras con cerca de 331.000 asociados.1 47
Don Bosco, presbítero catequista, es un inteligente educador cristiano de sus
muchachos que no piensa únicamente en un catecismo que instruya, sino en una
catequesis que forme a toda la persona a la luz de un proyecto de cristiano que
responda a las complejas y variantes situaciones que sus discípulos viven en su
propio contexto histórico y cultural. Esta capacidad de comprensión y este es­
fuerzo la expresaba en Barcelono, dos años antes, en 1886, cuando no ocultaba
el peligro en el que estaba una ciudad de un empuje industrial como esa, si no se
atendía oportuna y adecuadamente a una formación cristiana y profesional de los
jóvenes pobres y necesitados, víctimas de los conflictos sociales. Si efectiva­
mente, no obtenía hoy lo que mendigaban por las calles, mañana lo exigirían a
mano armada, poniendo en peligro no solamente los bienes y la seguridad ciuda­
danas sino la misma vida de las personas.1 48

La siguiente narración es bien elocuente. Don Bosco piensa en toda la realidad


del muchacho. Lo acoge como es él, con sus circunstancias. Asume su defensa,
respalda sus inquietudes, le ofrece su apoyo educativo y pastoral, y la experien­
cia de familia en la que el adolescente pueda irse encontrando a sí mismo como
"hijo de Dios", y miembro de la comunidad eclesial de la que ese "párroco origi­
nal que es Don Bosco", es su padre y su cabeza. Se muestra su catequista, no en
un sentido de proporcionarle solamente una instrucción religiosa y moral, sino
de hacerlo uno de sus hijos, buscando su crecimiento integral, y enseñándolo a
afrontar los retos y las posibilidades de la vida concreta.
Tomamos el episodio del libro "DON HOSCO", de Carlos D'Espiney, en la ver­
sión española hecha en 1889 por el salesiano chileno Camilo Ortúzar 149:

"En 1847 los Oratorios de San Francisco de Sales y de San Luis Gonz,aga recibían qui­
nientos niños cada domingo. No podían con todo congregar aún a los numerosos vaga­
bundos que pululaban en la ciudad.

147. José TUNINEITI, "Lorenzo Gastaldi 1815-1883", edz. Piemme, Casa/e Monferrato,
]988, pp. 2[5 SS.
148. Eugenio CERIA, ''Annali della Societa salesiana", Sei, Torino, 1961, p. 659.
149. Camilo ORTÚZAR nació en Santiago de Chile el 15 de julio de 1848. fü sacérdote
(1871) se hizo salesiano en 1888. Murió en Niza, Francia el 8 de enero de 1895.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 63

Cierto domingo uno de los capitanes de semejantes pandillas observa la ausencia de un


camarada.
- ¿A d6nde ha ido?
- Al Oratorio de Don Bosco.
- ¿Qué es eso?
- Es una casa adonde se va a corre,; jugar y divertirse.
- ¡Magnifico! ¡Qué más queremos! ¿Dónde está?
- En \laldocco.
- ¡Vamos allá!
Eljóven capitán a la cabeza de no pocos holgazanes llega al Oratorio. Las puertas estdn
cerradas, todos se hallan en la Iglesia.
Un Jefe no vuelve atrás por tan pequeña d(ficultad. El susdicho escala el muro, salta al
patio y dispónese a explorar, cuando siendo visto lo llevan a la iglesia.
Refería a la sazón el abate Borel la parábola de los corderos y los lobos, esto es, del pe­
ligro para los niños buenos de juntarse con malos compañeros, y concluía diciendo que
en el Oratorio no cabía este 1emor, pues si un lobo mostraba los colmillos no . faltaban
buenos perros que fueran sobre él.
Ú1 enseñanza del sacerd01e ofrecida en forma pintorezca agradó al recién llegado y
quiso permanecer hasta el fin de la fiesta.
Cántanse las letanías y contento de lucir su hermosa voz canta con entusiasmo.
Al salir de la iglesia quiere ver a Don Bosco que se hallaba rodeado de multitud de ni-
1ios. Don Bosco le acoge con parlicular afecto, le invita a jugar, le hace cantar, admira
su voz y se ofrece a enseñarle música y muchas otras cosas.
Finalmente-importa notarlo -le dice una palabrita al oído, una sola, la palabra mági­
ca; y basta: el niño queda ganado para siempre. Desde ese día jamás falt6 al Oratorio
y después de recibir, de un sacerdote a quien lo confió Don Bosco, una s6lida instruc­
ción religiosa tuvo la dicha de hacer la primera comuni6n.
El niño, lejos de encontrar en su familia el menor estímulo al bien, era maltratado por
sus padres que Le hacían padecer hambre.
Don Bosco lo consolaba, lo sostenía y le había ofrecido un asilo si corría riesgo de ma­
yores peligros. Un día, contra las inculpaciones de su padre, torn6 la defensa del Ora­
torio y de Don Bosco. Otra vez que se disponía a ir a Valdocco su padre irrilado le dio
una terrible bofetada. Temiendo el muchacho nuevas violencias, huyó de la casa y a todo
correr se fue al Oratorio. Pero en vez de entrar, creyéndose perseguido, subióse a un
moral para no ser descubierto. 1so
Apenas se había ocultado entre las hojas cuando ve con espanto a su padre y a su madre
que entraban al Oratorio a reclamarlo.
-Entregadnos nuestro hijo, dicen a Don Bosco.
-No está aquí.

150. "Este moral se (veía por entonces) en el patio de los artesanos en el Oratario, entre la
iglesia de Maria Auxiliadora y la puerta principal de la capilla de San Francisco de Sales. Con­
sérvase con cariño y las personas a que esta historia se refiere suelen llegar a él con afectuoso
recuerdo".
64 / P. Fernando Peraza L.

-Debe estar.
-Aun cuando estuviera, no tendríais derecho de introduciros de este modo en casa
ajena.
- Bien -dice furioso el padre- yo iré al comisario de policía y arrancaré a mi hijo de
la rapacidad de los clérigos.
-También iré yo a los tribunales, replica Don Bosco, daré a conocer vuestra conducta,
y si hay leyes y justicia se os 1ratará como merecéis. -Sin duda que éste y su mujer no
tenían muy limpia la conciencia, pues, visto que hubieron tan enérgica actitud, se reti­
raron sin que volvieran más a hablar.

Apenas tan importunas visitas se fueron, Don Bosco, advertido de la presencia del niño,
va al moral e invita a descender a su pobre protegido. No obtiene respuesta.
Lo llama de nuevo. -Baja, le dice. ya se han ido, nada debes temer.
-El mismo silencio. A la claridad de la luna distínguese el fugitivo agazapado entre las
ramas. ¿Le habrá sucedido algo?
- Inquieto Don Bosco pide una escalera y sube a buscar al niño a quien encuentra co­
mo inanimado. T ócalo, y lo llama con tierna precaución. Al fin aquél vuelve en sí; pero
creyéndose aún entre las brutales manos que lo habían maltratado, se pone a gritar y se
agita con tal furor que se temió cayera y arrastrara a Don Bosco en su caída.
Fue menester aguardar un rato y usar repetidas caricias para calmarlo y para que Don
Bosco consiguiera hacerlo bajar de aquel árbol que el muchacho pudo considerar como
el árbol de la vida.

La buena mamá Margarita, que enternecida había presenciado toda la escena, apresu­
róse a abrigarlo y a darle una buena sopa.
Desde entonces el niiio tuvo una casa: el Oratorio; y un amado padre: Don Bosco.
Pronto aprendió el oficio de encuadernador de libros, pero, reconociendo sus aptitudes
particulares, Don Bosco lo destinó a los estudios. Enseñó/e personalmente latín y piano.
El niño tenía gran gusto por la música; se hizo un notable organista y era el principal
actor en toda fiesta musical.
Pero lo que más le distinguió fue una piedad viva y ardiente. Las delicadezas del amor
obraron en él una completa transformación. Movido a abrazar el estado sacerdotal con
una fuerza irresistible, tomó las sotanas el 2 de febrero de 1851 y después de excelentes
estudios recibió el presbiterado en /857.
Este es el primer sacerdote entre todos los hijos de Don Bosco. Hoy día desempeña su
sagrado ministerio en la diócesis de Turín y ocupa un alto puesto piamontés...". 151

151. Carlos D'ESPINEY, caballero de la orden pontificia de San Gregario Magno. Tipografía
y Librería Salesiana. Turín, 1889, pp. 154-158.
Perfil Sacerdotal de Don .Sosco / 65

• Don Bosco es, un tipo peculiar de "sacerdote cultual", de la celebración y de


la "fiesta"

El hace de la Liturgia una escuela. Su "Misa" es educativa, su "predicación" en­


seña, tiene una didáctica particular, muchas veces con la ayuda de Borel, que es
maestro en hacerla popular y agradable, la dramatizan, de suerte que agradando
eduque; la liturgia que se celebra en su Oratorio es un momento fuerte y culmi­
oante de la formación cristiana, comprometida, de sus jóvenes.
Preside la Eucaristía en la que su grey celebra la el don de la vida, como pue­
blo sacerdotal que él congrega, conduce y santifica con la gracia de su sacer­
docio; pero que lo hace educando en la fe a sus jóvenes y educándolos inte­
gralmente desde la fe, a la luz del proyecto cristiano de hombre que se deriva
del Evangelio.
También sabe Don Bosco que cuando el arzobispo baja a administrar la Confir­
mación en Valdocco, sus muchachos visuahzan el sentido de Iglesia que él les
inculca y que van conociendo a medida que en las instrucciones vespertinas de
los días festivos les explica los hechos de la Historia Sagrada. Se sienten miem­
bros vivos de esa diócesis donde ellos tiene su propia parroquia, cumplen su pre­
cepto dominical y pascual y se inician en la vida de gracia que confieren, ali­
mentan, reavivan y fortalecen los sacramentos.

Cuando se acercan lo pequeños penitentes al confesionario de Don Bosco ya sa­


ben que él no es un conformista, no les deja pasar sus reincidencias y su medio­
cridad; que busca la corrección de sus defectos, el crecimiento en su vida de gra­
cia, la lucha sin cuartel contra el pecado. No basta con que se haya ganado su
confianza, ahora les exige que hagan preceder el sacramento de un examen cui­
dadoso de conciencia, que lo frecuenten con un ritmo adecuado que les ayude a
superar la inconstancia y superficialidad de su edad y a prevenir su inexperien­
cia; que sean serios en sus propósitos y fervorosos en su vida espiritual. Todos
sienten que la suya es una mediación sacramental que purifica, que corrige, que
cambia y genera esa vida nueva de que él les habla apasionadamente, invitándo­
los a ser amigos de Cristo y de la Virgen. Con él es fácil hacerse santo, pero es
exigente hacerse santos.
La celebración de este sacramento tiene las caracteristicas pedagógicas de toda
su labor educativa: invita, acoje, escucha, interpela, responde, previene, estimu­
la, amaestra, con el mismo espíritu que anima toda su acción oratoriana y esco­
lar, creando confianza y despertando las energías y posibilidades latentes del
muchacho, y ayudándole a encaminarse hacia metas concretas de vida y de com­
promiso.
66 / P. Fernando Peraza L.

Don Bosco es el sacerdote educador que entrega el don de su sacerdocio en la


iglesia o en el patio, y tanto en aquélla como en éste tiene en cuenta al mucha­
cho en su totalidad y lo acompaña en el desarrollo de todas sus posibilidades hu­
manas y espirituales. Allí donde está puede "celebrar" el sacramento.
Su sacerdocio le da unafecundísima paternidad espirituat que es otra ele las ca­
racterísticas, acaso la más recordada por los hijos, ele su sacerdocio.

En Don Bosco, de veras, se expresa de una manera admirable el único sacerdo­


cio de Cristo y la paternidad de Dios, que se manifiesta en el rostro de su Hijo.

Francisco Picollo entró al Oratorio en 1872, cuando tenía once años. Había naci­
do en Pecetto Torinese el 8 de abril de 1861, se hizo salesiano en 1877, y fue Ins­
pector ele Sicilia del 1901 a 1907. Murió en Roma el 8 de diciembre de 1930.
Recién llegado a Valclocco le ocurrió algo especial que refería él mismo:
con otros compañeros, una tarde en la que sentían mucha hambre, sustrajeron
unos panes frescos cuando los muchachos los subían al comedor desde la pana­
dería, ubicada debajo de la iglesia de San Francisco de Sales. Eran más o menos
las 4 de la tarde.
El pequeño, con el primer mordizco empezó a sentir arrepentimiento del abuso
cometido. ¿Debería irse a confesar? ¿Con quién? ¡Era muy difícil decírselo a
Don Bosco, el cual tanto insistía para que se respetasen Jas cosas ajenas!
Francisco salió del Oratorio corriendo a la iglesia de la ConsoJata, y apenas en­
trado vio un confesionario en la penumbra, en donde algún sacerdote estaba
atendiendo a los fieles.
De inmediato fue a arrodillarse:
- ¡ Vine porque le robé pan a Don Bosco !
Y, Don Bosco que era quien estaba confesando le dice:
- Bien, confiésate, que Don Bosco jamás sabrá nada de esto.
Ante la sorpresa y la confusión del muchacho Don Bosco agrega con bondad, de
inmediato:
- Habla, hijo; habla. ¿Qué fue lo que sucedió?
- Que robé dos panes a Don Bosco.
- Y, te hicieron daño?
- No.
- ¡Tenías mucha hambre!
- Sí
- De manera que tenías hambre y sed, y te comiste los panes con agua. Cuando
tengas hambre pídele el pan a Don Bosco. Te lo dará ciertamente.
Pero, aprende una cosa: que a Don Bosco le agrada más tlll confianza que el sa­
ber que eres inocente.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 67

Porque si le tienes confianza podrá ayudaite; de resto, aunque seas muy bueno,
puedes caer hoy o mañana y no encontrar a nadie que te tienda la mano.
Francisco nunca olvidó la lección.¡Sale de la Consolata con la.fiesta en el cora­
zón y en los labios! 1s2

La celebración del Sacramento tenía para Don Bosco sienpre estas dimensiones,
la ministerial y la educativa; catequizaba celebrando y catequizando tenía en
cuenta todas las facetas pedagógicas que ayudasen al joven dentro de la visión
integral que él tenía del proceso educativo. Francisco era para él, no sólo el ado­
lescente que buscaba una purificación de conciencia y la recuperación de su paz
interior, era un educando que necesitaba la palabra de un amigo y de un maestro
que se ganara su confianza para toda la vida, y esto era clave y definitivo hoy y
mañana para él. ¡Su ministerio estaba a1 servicio de la vida en plenitud de la que
él les habla con imágenes y parábolas! La amistad, el patio, el deber y la alegría
eran un síntoma, una parábola y una imagen. Así era la santidad. Eso era la san­
tidad decían Domingo Savio y Miguel Magone. Así debía ser el paraíso.
El presbítero del culto es el sacerdote de la liturgia y de la "fiesta".
La Reconciliación misma era el sacramento de la fiesta, ¡lo hemos visto! La pa­
rábola del hijo pródigo cuya dinámica sigue esa celebración, preanuncia y cele­
bra la fiesta. ¡Su culmen es la fiesta!
La Eucaristía es la Cena de la Fiesta Pascual. La cena es el compendio de la fies­
ta: en ella se comparte, se celebra, se acentúa la intimidad de afecto, la gracia de
vivir un año más, el don de la salud, el recocijo del reencuentro, la vuelta del
ser amado a la casa. Que también con una comida especial se celebrara la fiesta
de María Auxiliadora, recomendaba Don Bosco a los superiores del Oratorio,
Lazzero y Marchisio, en la carta sobre el espíritu de familia del 10 de mayo de
1884. ¡Él estaría ya con ellos para concelebrarla! 153
Nada en verdad tan sugestivo para la sicología juvenil como la fiesta: la música,
el teatro, los juegos, el bazar de ocasión, las loterías; la casa iluminada, los jue­
gos pirotécnicos, la capilla o la iglesia resplandeciente de luces; la música, los
coros del maestro Giovanni De Vecchi o de Cagliero, y la liturgia cuidadosa­
mente preparada, solemne en su ingenua belleza intantil, en la limpidez y emo­
ción de los rostros y de los comportamientos religiosos de los jóvenes revestidos
que desfilaban ante los ojos perplejos y gozosos de compañeros y extraños... ; la
nobleza de los ritos sagrados.

152. Giorgio SERIÉ SDB., "Profi/i e Ricconti", ed. Federazione Italiana Ex-Allievi di Don
Bosco, Torino, 1956, (S.P.E. di Cario Fantón), pp. 41-42.
153. Obras Fundamentales, o.e, p. 620.
68 / P. Fernando Peraza L.

Por ninguna otra cosa se esmeraba Don Bosco, como por la Celebración Euca­
rística. Todo convergía pedagógicamente en ella. El altar era como una profecía
del cielo; la capilla Pinardi, en su humildad y pobreza, les habla de la Casa defi­
nitiva del Padre que estaba esperándolos. Domingo Savio fue sobrecogido por la
Presencia de Jesucristo en la iglesia de San Francisco de Sales, detrás del altar
mayor, en donde se había reservado un lugar para compartir con el Señor sus
secretos.

Los coros de Cagliero que interpretaron el 9 de junio de 1868, fecha de la con­


f
sagración de la Basílica de María Auxiliadora, la antí ona "Sancta maría, suc­
curre míseris", suscitó una especia de "encantamiento" de los fieles, sobrecogi­
dos por la emoción y la ternura filiales. El joven compositor había distribuido
sus cantores en tres coros. Doscientos sopranos y contraltos en el corredor inter­
no de la cúpula; doscientos cincuenta tenores distribuidos en el presbiterio y el
coro. Representaban a la Iglesia triunfante y a la Iglesia peregrina y sufriente. Se
trataba de una inmensa oración de súplica y de abandono filiales. El efecto pro­
ducido por los coros alternados o unísonos fue profundo y perduró por muchos
años en la memoria del Oratorio.

Pero era el momento de la Comunión el instante supremo. El encuentro perso­


nal con Jesucristo marcaba el ápice celebrativo de toda aquella grande familia.
Eso mismo explica por qué no había fiesta si no había vigilia de la fiesta. Y la
vigilia, en donde ya todo aquello comenzaba, era ante todo la preparación espiri­
tual para la fiesta.

El momento privilegiado de esas vigilias, o de los triduos y novenas, era el de las


"confesiones" que Don Bosco sabía motivar de diversas maneras, con exhortaciones
y avisos breves pero incisivos y eficaces. ¡Sin este Sacramento no había fiesta!
¡Qué mejor catequesis sobre la gracia de Dios y el paraíso que las liturgias de
Valdocco!
Don Bosco no era ageno a las celebraciones populares, ni a las costumbres típi­
cas, ni a los personajes y acontecimientos históricos. Todos hallaban su lugar y
su manera típica de expresión en sus Oratorios. Pero había dos puntos de refe­
rencia que se hicieron proverbiales después de la inauguración del santuario de
María Auxiliadora: la fiesta de la Virgen el 24 de mayo, y la San Juan Bautista
en el mes de junio, en la que se conmemoraba el onomástico de Don Bosco. Lue­
go, sucesos ordinaiios o excepcionales que tocaban su via o su salud: el restable­
cimiento de alguna enfermedad o la vuelta de algunos de sus viajes más largos o
importantes; o su repentina llegada en un momento particular de la vida oratori­
ana, o el día de su cumpleaños, celebrado siempre en la fiesta de la Asunción.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 69

Otras fiestas resaltaban aspectos del espíritu de la Congregación, o las funda­


mentales motivaciones devocionales y pedagógicas ele la "Casa": San Francisco
de Sales, San Luis Gonzaga y la Inmaculada Concepción de María; San Pedro y
San Pablo, San José patrono de los artesanos; la Navidad. Pero aunque el aspecto
religiosos fuera siempre el aspecto central, las fiestas de la comunidad oratori­
ana recorrían una gama de circunstancias familiares ocasionales, onomásticos,
solemne clausura del años escolar, paseos y competencias deportivas.
Era un clima de vivencias particulares, que hacían en verdad de la pedagogía
oratoriana una pedagogía de la "fiesta"; momentos para congregar a los colabo­
radores y amigos; para unir y potenciar la vida y la actividad de sus Oratorios;
para dar a conocer la obra educativa a la sociedad y a la Iglesia. Muchas veces
los periódicos relataron estas fechas con detalles y exaltaron sus aciertos y sus
valores educativos.
Francis Desramaut pudo decir, analizando este sector de la pedagogía salesiana,
que acaso, como culminación de una vida y de un grande logro espiritual y peda­
gógico, "la m,1s extraordinaria de las fiestas salesianas del siglo XIX fueron los
mismos funerales de Don Bosco, el I y 2 de febrero ele 1888" y que "su cele­
bración se volvió la apoteosis del humilde sacerdote de Valdocco". 154

Agustín Aufray escribió una páginas preciosas al respecto:


Por la noche de ese día tan doloroso, los hijos dieron el último adiós a su Padre.
Eran como las nueve cuando se congregaron en la iglesia en donde estaban ex­
puestos sus despojos mortales. Todo evocaba allí su recuerdo. El púlpido en don­
de por dieciocho años les había dirigido su palabra; el altar en donde lo habían
podido contemplar recogido y humilde, trasparentando su fe y su confianza en
Dios de un modo natural y espontáneo... El confesionario que había escuchado
tantas confidencias y consuelos; palabras de exhortación y desafío. En donde
tantos corazones se sintieron absueltos de sus culpas y ele donde salieron a epren­
der sus nuevas batallas ...
Y, ahora, él allí, inmóvil, siempre en la presencia de Dios como había vivido.

De rodillas, los ochocientos juvencitos rezaron sus oraciones, escucharon las pa­
labras de buenas noches de Juan Bautista Francesia, y se fueron al descanso... 155

154. Francis DESR.Mv1.AUT. "La festa salesiana ai tempi di D011 Bosco", pp. 79-99; y
Giuseppe MORANTE, "Per una catequesi sulla "festa". pp. 211-223. En: MVV, "'La festa ne­
/l'esperienza giovanile del inundo salesiano", Acura di Cosimo Semeraro. LDC. 1i1rí11, 1998.
155. Cfr Agustín AUFRAY. "Un gran ediu;ado,; San Juan Bosco", Escuelas Gráficas del
Colegio Pío IX, Buenos Aires, 1954, pp. 534-536.
70 / P. Fernando Peraza L.

Ese amigo que se les iba, los esperaban. El cielo era el lugar de la cita definiti­
va. Hacia ella convergían todos los itinerarios y Don Bosco se les había adelan­
tado. Era lo más lógico. ¡Pero era siempre algo costoso!
No otra cosa había querido hacer desde el mimo mento en que con cada joven
tuvo su primer encuentro. Ninguna felicidad mayor que desear esa última meta
y reemprender con cada uno el mismo camino.

Así concluye Aufray: las exequias de Don Bosco, el 3 de febrero, constituyeron


un verdadero triunfo. La ciudad de Turín acudió al paso del cortejo. Se calcula­
ban más de cien mil personas... Ese hijo de una familia rural, ese benefactor de
los niños y los pobres, recibió del pueblo un conmovedor homenaje de venera­
ción y de cariño...
¡Todo era simplemente fruto de la caridad de Don Bosco!
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 71

CONCLUSIÓN

Al concluir este itinerario y las reflexiones que nos ha ido inspirando, volvamos
a esos aspectos identificantes del sacerdocio de Don Bosco, y remarquemos to­
davía algunos de ellos, que nos ofrecen nuevos motivos para intuir y contemplar,
una vez más, la obra de Dios en él y los dones que infundió el Espíritu en su co­
razón a través de la Ordenación, el 5 de junio de 1841, en la capilla de la Virgen
Inmaculada del Palacio Arzobispal de Turín por manos de Mons. Luis Fransoni.

DON BOSCO: EL PARROCO DE LOS MUCHACHOS


SIN PARROQUIA

La fisonomía oratoriana de Don Bosco es fisonomía parroquial y misionera

El Oratorio es parroquia de los jóvenes pobres. Las misiones son la culminación


territorial y pastoral del proyecto oratoriano. Y Don Bosco quiso ser párroco de
sus muchachos en su original parroquia oratoriana; párroco en su parroquia ora­
toriana emigrante o en su parroquia oratoriana de los terrenos de la Casa Pinardi.

La espiritualidad que animó el corazón de Don Bosco es la caridad pastoral-edu­


cativa, a cuyo ardor se fraguó el Oratorio y se universalizó el proyecto evange­
lizador y "civilizador" de Valdocco en los territorios de misión.

La riqueza, adaptabilidad e inventiva que c,uacteriza la pastoral oratoriana, con­


nota a la parroquia en zonas marginales, a donde no llega la evangelización ecle­
sial; o en sectores urbanos que hoy día se consideran como verdadera tierra de
misión. 156

Quiero reproducir, al final de estas reflexiones, una imagen presbiteral de sí mis­


mo, que Don Bosco nos presenta dentro del marco de la vida pan·oquial de Cas­
telnuovo, en el semestre que sigue a su Ordenación.
En esa pintura aparece lafelicidad de los jóvenes que han encontrado para siem­
pre a su pastor; y la del santo que puede, por vez primera, vivir con cie11a ple­
nitud su expe1iencia presbiteral.
Lo que dice en esta página nos revela esa llama interior que dará calor particular
a toda su vida.

156. Fernando PERAZA L. SDB. "La parroquia salesiana en. la Iglesia particular", CSR, Ta­
lleres Abya-Ayala, Cayambe, Ecuado,; 1993, p. 119.
72 / P. Fernando Peraza L.

Al centro de su obra, de sus intuiciones pastorales, de su pedagogía; al centro y


al comienzo de todo, en Don Bosco está el sacerdote, su corazón sacerdotal, su
corazón de pastor:

"Un tratado sobre Don Bosco confesor, director y guía espiritual en sus relacio­
nes con cada uno, en la predicación popular, en la predicación de Ejercicios Es­
pirituales, sería quizá lo mismo que reconstruir su acción pedagógica" -escribía
hace poco una vez más, Pedro Braido-.

"En todo caso, la dimensión espiritual impregna y transfigura su acción educati­


va, ubicándola, a partir del nivel humano, en niveles de carácter cristiano y so­
brenatural".157

"Aquel año (1841 ), al faltar el vicario de mi parroquia (Castelnuovo), lo suplí yo


durante cinco meses.
Experimentaba el mayor placer del mundo en el trabajo parroquial.

Predicaba todos los domingos, visitaba a los enfermos, les administraba los san­
tos sacramentos, excepto el de la confesión, pues aún no había sufrido el exa­
men; asistía a los enfermos, llevaba al día los libros parTOquiales, extendía certi­
ficados de pobreza o lo que fuese.

Pero mi delicia era enseñar catecismo a los niños, entretenerme con ellos, hablar
con ellos.
Muchas veces me venían a visitar desde Murialdo y, al volver a casa, iba siem­
pre rodeado de ellos.

Cuando ellos llegaban a sus aldeas se hacían, a su vez, nuevos amigos: el resulta­
do era que, al salir de la casa pan-oquial, iba siempre acompañado de una tropa
de chicos, y, adondequiera que fuese, marchaba envuelto en una nube de amigui­
tos la mar de contentos.

Como tenía mucha facilidad para exponer la palabra de Dios, era a menudo bus­
cado para predicar y hacer panegíricos en los pueblos vecinos". iss

Siempre, en todo lo que haga Don Bosco, habrá una intencionalidad profunda,
soberana, que lo acompaña: su único deseo será, dirá él en carta a Pedro Cerca-

157. "La experiencia pedagógica de don Bosco", Las-Roma, 1989, p. 78.


158. MO., [38/.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 73

relli, párroco de San Nicolás, en Argentina: el sagrado ministerio, especialmente en


favor de la juventud pobre y abandonada". 159
Siempre emerge en él el presbítero y la conciencia de su sacerdocio, el don fe­
cundo de la paternidad espiritual, de la consanguinidad en la fe, en la cual gene­
ra cristianamente a sus hijos.
Al respecto escribía José Aubry en 1988, conmemorando el Centenario de Don
Bosco: Su actitud esencial como padre fue la de dar a sus hijos a Jesucristo, y
la de ponerlos en contacto íntimo y vivo con Él.
Con una insistencia y audacia que adquirían entonces carácter profético, les dis­
tribuía estas tres riquezas que alimentan precisamente en nosotros la vida de hi­
jos de Dios: la Palabrn, el Perdón y el Cuerpo de Jesús.
Don Bosco fue un incansable catequista, un incansable confesor y un incansable
mistagogo (esto es, educador que inicia en el misterio litúrgico y lo hace vivir).
Pero el momento más bello de su paternidad, el servicio que lo llenaba de inusi­
tada alegría, era el de repartir a sus hijos, en la mesa de Dios, el Pan de la Vida
Eterna.
Gozaba porque había alcanzado su objetivo: sus hijos se unían al Padre, junta­
mente con Jesucristo, en el misterio de amor de la Nueva Alianza ...

Su corazón de niño, Hmpido como una fuente, caminó siempre con los jóvenes,
conversó con ellos y con ellos se dirigía a Dios, llamándolo: ¡"Padre Nuestro que
estás en los cielos"! "Quizá sea éste el mensaje supremo de Don Bosco, el de
recordar que nada hay tan grande en el mundo como ser padre o madre y como
ser hijos. No debe asombrarnos porque, en el fondo, ese es el misterio mismo de
Dios". 160
Pero, insiste el P. Egidio Viganó que no se puede llegar a una objetiva interpre­
tación del sacerdocio de Don Bosco, si no se llega a Cristo Resucitado, vivo y
presente, que no tiene sucesores, sino ministros, único Profeta de la verdad salví­
fica, y único "Sacerdote" de toda válida liturgia, único Pastor de la grey que
peregrina en la historia, como lo veía la fe de Don Bosco y quería interpretarlo
en todos los momentos de su pastoral sacerdotal, sembrando así en el alma de
sus muchachos semillas de libertad y esperanza. 161

159. Eugenio CERIA, "Epis1olario di San Giovanni Bosco", SEJ, Torino. vol 2, 1956,
carra 430.
160. "IJon Bosco Educa/ore o La Pronwzione Della Paternita". En "Don Bosco in terza
página. La stampa e if Jondatore dei salesiani". A cura de Giuseppe COSTA. lnstitulo Teológico
S. Toma.1·0. Messina, 199/, pp. 74-83.
161. "Mistero e storia, dono e profezia del Concilio". SEi. Turín, 1986, p. l lO.
74 / P. .Fernando Peraza L.

Las Constituciones de Los Salesianos terminan con un artículo que esrá en la


misma tónica espiritual de estas palabras:
Seguimos al Cristo anunciado en el Evangelio y que hoy vive en la iglesia y en el mundo
y a quien descubrimos en Don Bosco que entregó su vida por los jóvenes. Esa es 1mes­
tra regla viviente (C. 196).
Seguimos al Cristo Profeta, Sacerdote y "Pastor eterno". del cual Don Bosco, pastor y
educador, ha sido verdadero sacramento vivo y palpitante para los jóvenes.162

Porque: ·'Don Bosco quiso ser y fue sacerdote. Jamás se le ocurrió pensar en este mi­
nisterio como si se tratara de una simple función: siempre lo vio como una consagración
transformante que lo había configurado íntimamente con Cristo. en cuyo nombre y per­
sona vivía y actuaba". 163
Hay que partir de esta óptica para entender su vida y su mensaje. 164
Podríamos concluir con las palabras ele Pier Giovanni Grasso: "En esto, Don
Bosco ha sido de una claridad y de una coherencia totales. Se desfiguraría la his­
toria si se quisiese hacer de él un filántropo o sólo un educador y un refom1ador
de la sociedad. Pues ha sido únicamente un sacerdote, un sacerdote que si se hi­
zo educador y si se preocupó por la humanización y transformación de la reali­
dad social, fue para mejor poder realizar su misión sacerdotal".165

Un presbítero que traducía en obras concretas su caridad pastoral

Que, haciendo patente a través de las obras el sentido ele fe que inspira su vida,
cuestionaba y daba respuesta, a un mismo tiempo, a la insensibilidad religiosa
propia del racionalismo y a la mentalidad laica de su tiempo.Y, además, que con
su "propio estilo presbiteral" daba testimonio de la energía latente de caridad
cristiana que animaba y daba forma, sentido y expresión originales, a su Siste­
ma Educativo, y al espíritu de su pastoral popular y juvenil.
"Nuestro siglo nos conoce por la caridad que ejercemos: nos credidimus Chari­
tati". Cuando la gente vea que sí se hace algo por los chicos vagabundos, sacán­
dolos de los peligros de las calles y educándolos, entonces "comenzará a creer
en el amor de Dios que se manifiesta entre nosotros", decía el Cardenal Lucido
M. Parocchi, Vicario de Roma, el 8 de mayo de 1884, en una reunión salesiana,
según el Boletín n. 6 de junio de ese mismo año. Para Don Bosco esa era una

162. Cfr., "Lumen gentium", n. 18: n. 21; n. 28.


163. "Presbylerorum Ordinis'", 2.
164. Egidio V/GANÓ, Roma. 17 de enero de 1988.
165. "Contemporanei!á di Don Sosco ne/la socielá di ieri e di oggi". En "Don Bosco edu­
catore oggi", Zurich-Pas Verlag, 1963, p. 31.
Perfil Sacerdotal de Don Sosco / 75

constatación evidente: tal vez en otra época un hombre de oración convencía;


entonces, ya esto no era suficiente. Tenían que verse los hechos y por tanto era
necesario que la Congregación y los Cooperadores se unieran y trabajaran, según
afirmaba en una conferencia pronunciada en Borgo, San Maitín, el I de junio de
1880. 166

Don Sosco hablaba ante todo con el lenguaje de los hechos. Lo mismo que firmaba un
contrato de trabajo para defender legalmente los derechos de un •'aprendiz" empleado en
un tallercito turinés, abría los patios de su Oratorio, y de par en par las puertas de su casa
a los jóvenes. Y, ante todo, él era quien salía a su encuentro, o los buscaba y los acogía
a su lado, llenando de segwidad y de regocijo su vida.

Es bella también esta página escrita por uno de sus más íntimos amigos:
Don Bosco no se cansaba de acoger y de escuchar. Sin duda esas audiencias muchas
veces le eran muy pesadas, pues lo debilitaban en extremo y acababa extenuado.
Si la serenidad era su estado habitual, no era porque le faltara razón para preocuparse.
Puede decirse que su vida entera fue una lucha constante contra las dificultades que a
cualquiera otro habrían podido parecer insuperables. Millares de bocas recibían de él el
pan cotidiano. i Cuántos trabajos que a la vez exigían urgente atención! El presupuesto
para sus casas habría sido exhorbitante para algunos pequeños estados. Y sin embargo
Don Bosco nada poseía, absolutamente nada. No por esto se debilitaba su confianza.

Sabía perfectamente que la bondadosa Virgen no abandonaría a sus hijos; y, en efecto,


cuando todo parecía humanamente comprometido y perdido, llegaban los recursos so­
brenaturalmente y en el momento preciso.
Surgían además inesperadas vocaciones y nueva y fecunda savia que vigorizaba esta
portentosa Obra.
Don Bosco considerábase siempre como un deleznable instrumento de la Divina Provi­
dencia. Jamás contaba con sus propias fuerzas; su humildad era profunda y absoluta. A
menudo repetía: María Auxiliadora es quien trabaja por Don Bosco; sin ella Don Bosco
sería un sacerdote ignorado, escondido en la última parroquia del Piamonte.

"Mi querido amigo, decía un día a uno ele sus antiguos condiscípulos, si Dios hubiese
encontrado un sacerdote más pequeño, más débil y sobre todo más inútil que Don Bos­
co seguramente le hubiera encomendado esta obra. Por lo que a mí toca yo debía estar
al servicio de un pobre lugarejo de montaña: es todo lo que merezco".

Pocos hombres hemos visto más francamente simpáticos. Uno se sentía atraído por él co­
mo por un encanto secreto, cierto filial afecto se unía luego a los sentimientos de vene­
ración que inspiraba.

166. Boletín Salesiano, 11. 8 de julio-agosto y siguientes.


76 / P. Fernando Peraza L.

Sus ojos grises claros brillaban de un modo extraordinario, y su mirada penetraba en lo


más profundo del corazón. Corno alguien observara un día que nada escapaba a su vista,
si bien tenía casi de continuo los ojos bajos. Yo veo mejor sin mirar, respondió con finura.
Era ele natural alegre, despierto y sus respuestas, a veces, ele una agudeza y oportunidad
encantadoras. ¡Cuán bella es la piedad tan amablemente revestida!
Con gusto dejamos de nuevo la palabra a uno de los hijos de Don Bosco, el teólogo Don
Jacinto Ballesio, quien con los más naturales y delicados colores ha pintado la fisonomía
de su padre:
"Lo que la historia no acertará a decir es la profunda realidad de su vida ínti­
ma; su continuo sacrificio, tranquilo, dulce, invencible y heroico; su solicitud, entrañable
amor a nosotros sus hijos; la confianza, estima y veneración que nos inspiraba; su grande
autoridad; el tipo de perfección que era para nosotros. Difícilmente podrá describir la
suave dulzura con que su palabra, su mirada, un solo ademán suyo llenaban de regocijo
nuestros corazones.
Necesario es haberlo visto y haber vivido a su lado. No había obstáculo que no venciese,
y con frecuencia cambiaba en amigos, en admiradores y bienhechores a los que sin co­
nocerle o conociéndole mal, le despreciaban, calumniaban y perseguían.
Al mismo tiempo que trataba de infundirnos profundamente la religión, enseñarnos y
acostumbrarnos al trabajo, se empeñaba en que estuviésemos siempre alegres. ¡Ouién
podrá expresar el contento de aquellos juveniles años! Don Bosco era el alma: ésta era
su divisa: Servite Domino in laetitia. La santa alegría era la corona de todos los trabajos.
Mil veces oímos de los labios de Don Bosco estas palabras: estad alegres, y, al ser pro­
nunciadas por él tenían un efecto mágico; disipaban todas las tristezas. Si un niño se le
presentaba sombrío, una palabra bastaba para que tornara al estudio animoso y radiante
de contento. Este admirable poder cuyo secreto, al igual que San Felipe Neri, poseía, a
pesar de nuestra pobreza y trabajos, hacía plácida, gozosa, entusiasta y casi para todos
inefablemente dulce la vida" . 167

Un presbítero "todo para los demás" a la manera de Cafasso

Efectivamente, éste, al formar a los sacerdotes del Convitto, iba más alla del mo­
delo de hombre de Dios, que por entonces enfatizaba la doctrina sobre la Santi­
dad Sacerdotal. Presentaba, con su mismo testimonio, una imagen de sacerdote
que llegara a un total desprendimiento de sí mismo para ser "el hombre todo pa­
ra los demás".
Así, la experiencia de su incipiente pastoral de novel sacerdote en Turín (1841-
1845) le enseñó cómo se llevaba a la práctica la "utopía" sacerdotal que el arzo­
bispo Colombano Chiaverotti proponía, corno ya hemos dicho, a sus clérigos del
Seminario de San Felipe de Chieri: la de un pastor que viviera y muriera como
"víctima de la caridad" de su ministerio. 168

167. Carlos D'ESPINEY. o. c., pp. 80-82.


168. A/do GIRA UDO. o.e .. p. 279.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 77

La vida de presbíteros contemporáneos suyos y copartícipes de la fermentación


espiritual y apostólica de su época -como Juan Cocchi, Leonardo Murialdo, Juan
Borel, Federico Albert y Clemente Marchisio, de quienes ya hemos hablado-,
había evidenciado una "nueva manera de santidad", que estaba latente en el mis­
mo carisma que les había concedido su Ordenación, sin tener que recurrir a la
ascética y a la mística más o menos claustrales de los monjes y de los frailes.
Eran los frutos de la escuela de Cafasso en el Convitto o de José Frassinetti en
el Seminario de Génova. Una escuela de pastoral "práctica", hacer que los curas
se santificaran santificando a sus fieles.169
Sólo faltaba que, como él había hecho, se dejasen seducir por la pasión del amor
pastoral, y pudiesen, saliendo de sí mismos, llegar al "éxtasis de la acción", del
que había escrito con frases convincentes nacidas de su propia experiencia, San
Francisco de Sales.110
No es raro, entonces, que con impaciencia urgiese Don Bosco a sus hijos:
¡"Trabajo, trabajo, trabajo! Este debía ser un imperativo vital y la aspiración ma­
yor del sacerdote No cansarse jamás de trabajar. ¡Cuánta gente se salvaría c:ntonces!
¡Cuántas cosas podrían hacerse que redundaran en una mayor gloria de Dios!
¡Si los misioneros fueran de veras misioneros y los párrocos, pán-ocos, ¡cuánta santidad
habría en la Iglesia!
Desgraciadamente muchas veces se rehúye el trabajo y se cede a las comodidades". 171

Para Don Bosco, un presbítero es sacerdote cuando, tal como él lo ha experimen­


tado en su vida y como quiere a sus sacerdotes salesianos, tiene hambre y sed
del Reino y se deja invadir por la caridad apostólica y quemar completamente
por ella. 172

169. Esta es expresión del historiador José Tuninelli. en la citada biograj(a de Marchisio:
Marchisio era sacerdore diocesano que se había santiftca,lo como tal en su parroquia de Rivalba
('"D011 Clemente Marchisio. Un projiln storico", o. c., pp. 52-55: "identikit di un prete").
170. En el "Tratado del amor de Dios'', Francisco de Sales describe tres clases de éxtasis:
el de la "contemplación", el del "afee/o". y el de la ''acción ... El primero nos desapropia de no­
sotros mismos.fijándonos en Dios como en supremo amor; el segundo, nos une a El, de forma que
caminemos hacia él siempre, como la bnUula a su norte; el de la º'acci6n" es la entre¡;a comple­
ta a Dios y a los demás de suerte que sólo por El y por el prójimo vivamos ya, olvidándonos de
nosotros mismos, y superando cualquiera tendencia egofata. Ahí está la esencia de su humanismo
y de su mística (Adolfo L'ARCO, "11 piu cortese dei santi e il suo messaggio"', Ed. Cooperatori
Salesiani, Roma, 1968, pp. 2/ 6-222). El último grado de la contemplación coincide con el supre­
mo grado de la pobreza, que es darse a sí mismo al servicio de los pobres por este amor sobera­
no de Dios (Tratado del Amor Divino. cap. IX. Viguera Franco Valentín, "San Francisco de
Sales", ed. Palabra S. A., Madrid, 1990, p. 216).
171. Del sueíío del 29130 de septiembre de I 884 ( MB.. vol. 17, p. 33 I ).
172. Joseph AUBRY, "Consagración y misión, hoy", vol/, CCS., Madrid, 1981, pp. 114-115.
78 / P. Fernando Peraza L.

Es la característica con la que el Concilio Vaticano lJ define la santidad de


los sacerdotes en los numerales 12 al 18, y 22 ele su decreto sobre el Orden
Presbiteral. 173
Un presbítero plasmado por Dios a través de los jóvenes

Hay que tener todavía en cuenta que "el nuevo presbítero" había sido fraguado
por Dios en Don Bosco poco a poco, a través de los jóvenes y para ellos.
Así pensaba a sus "salesianos", los cuales vendrían a ser, sjn más, una creación
"oratoriana".

"En el medio teológico cultural de la época y con una pai1icular influencia de la


pastoral Milanesa y Lombarda, Don Bosco se busca su propio camino y su esti­
lo oratoriano de acogida, de alegría, de familia, que impregna todas sus institu­
ciones, caracterizándolas de modo inconfundible. Todo lo va elaborando a me­
dida que acompaña a los jóvenes y en contacto con la realidad concreta de éstos.

Con él, en la experiencia oratoriana, nace un nuevo tipo de agente pastoral, que
se distingue por una espiritualidad propia, por un estilo especial de acción entre
los jóvenes y por una constante tensión misionera hacia ellos".114

En sus primeras Constituciones, hablando del noviciado, sienta como criterio


orientativo de la formación que el director espiritual (o maestro) "con máxima
solicitud les haga aprender a sus novicios ese espíritu de caridad y de celo que
debe animar a quien desee dedicar por entero su vida al bien de los jóvenes
abandonados". m

Así ve este aspecto un estudioso del tema:


"Don Bosco tenía a sus seminaristas en continuo contacto con el oratorio. Ese
estilo de formación no gustó al delegado de la Sede Apostólica (que había venido
a mirar la experiencia turinesa del santo, en vistas a la aprobación de las Consti-

173. "Con.figurado con Cristo sacerdote, el presbítero, halla en su mismo ministerio el medio
de su santijicaci611. si dócil al Espíritu participa del amor de Dios y confía en que el Seíior que lo
llamó acreciente en él la caridad para que pueda realizar a plenitud su rnir1is1erio pastoral" (De­
creto sobre el Ministerio y Vida de los presb(teros. promulgado el 7 de diciembre de 1965).
174. Gioachino BARZA CH!: ''Rileggere Don Bosco nel quadro cultura/e dellas Restaurazio­
ne Cattolica. LES., Librer{a Editrice Salesiana. Milano. 1989, pp. 162; 166-168. Fernando PE­
RAZA l. SDB, "La parroquia salesiana en la Iglesia particular", o. c., p. 115.
175. Constituciones de 1858. ''Degli atri Superiori", 2.9 (Giovanni Busco, Scritti edi11i, vol.
!, "Costituzioni della Societii di San Francesco di Sales f 1858] - 1875. Testi critici a cura di Fran­
cesco Motto SDB", Las-Roma, 1982, p. 146).
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 79

tuciones), y tampoco agradaba al arzobispo; sin embargo, era lo que ayudaba


más, según él, a plasmar la imagen de su sacerdote y a imprimirle esas caracte­
rísticas que le serían esenciales en adelante.

El hombre de lo sagrado se vuelve el hombre que condivide; el personaje lejano,


que causa distanciaminento, se vuelve un compañero de la vida, aun en el juego;
porque el juego. y la alegría que genera, una alegria profunda, son momentos
fundamentales de su pedagogía y de su sistema educativo.

Es entonces cuando el binomio 'salvación-temor' es substituido por el de 'salva­


ción-alegría'. El primer elemento no cambia, porque la finalidad que busca en
todas sus actividades es siempre y sólo la salvación de sus jóvenes.

Todas las enseñanzas de Don Bosco buscan expresar esa única verdad. Pero
cambian los instrumentos y los medios. Emergen, entonces, o tal vez vuelven a
emerger, términos que en el transcurso de la historia de la Iglesia han ido que­
dando relegados, porque, al hablar de alegría, se habla de amor, de paternidad, y
de ternura..." 176

Leamos esta parte de los recuerdos de Jacinto Ballesio, alumno de Don Bosco:

"¡Cuántas veces me viene a La memoria el recuerdo de Don Bosco! Le veo dul­


ce y sonriente bajo el pórtico o en el patio, sentado en tierra, en medio de siete
u ocho hileras de niños que, como flores vueltas al sol, en torno suyo se agru­
pan para escucharle". m
"Entrad en el refectorio al concluirse la comida.
Encontraréis a Don Bosco que, ocupado en continuo trabajo, llega el último de
todos a tomar un ligero alimento. ¿Acaso es algo reservado especialmente para
él? No, nada menos que la apostólica comida de los suyos, recalentada, por
añadidura. Pero ¡cielos!, ¿qué algarabía es esa? Hay allí multitud de niños que
juegan, cantan y gritan: unos en pie, otros sentados en bancas, otros sobre la

176. Maurilio GUASCO. "Laformaci611 del clero: los seminarios" ("S1oria di Italia", A,ma/i
9, La Chiesa il potere pol{rico dal Medioevo al/'eta cowemporanea. A cura di C. CHlTIOLINI e
C. MICCOU, Toríno, ed. Eínaudi, 1986, p. 33).
177. Don Ballesio, (1842-1917). docror en 1eologfa y cura de Monca/ieri.fue designado por
sus condiscípulos para pronunciar la oración fimebre en honor de D011 Bosco, en las honras he­
chas a su bendira memoria por los antiguos alumnos del Ormorio. Esra oració11fií11ebre que mani­
fiesta la vida ínrima de Don Bosco es ww verdadera obra maestra. Llenas esrán todas sus pági­
nas de ese encanto que sólo la afección sabe producir; y fielmente se describe en ellas la exquisi­
w delicadeza con que el hombre de Dios dirigiría las almas de sus muchachos, encami11ándolos
por la vía esplendorosa de la gracia y de las delicias del amor divino.
80 / P. Fernando Pcraza L.

mesa. Alrededor de Don Bosco se apiñan las cabezas. Casi no se le ve. Y, en


medio de tal bullicio y de aquel ambiente apenas respirable, Don Bosco goza
con sus hijos; a éste alienta con una palabra, a aquél con una caricia. al de más
allá con una mirada, al otro con una sonrisa: todos están contentos y él conten­
tísimo. Aun mientras come Don Bosco no pierde oportunidad de cumplir su ben­
dito propósito. Estar con los niños en su santa e irresistible pasión. Jamás se en­
fada, ni se turba; sólo siente que visitas sin objeto le distraigan sus familiares
entretenimientos.

Después de pasar el día con nosotros la clase de la tarde, la de canto y música


para unos, la de gramática y aritmética para otros, al toque de campana, íba­
mos a rezar. ¡Precioso y sublime momento/ Mi corazón palpita de alegría al re­
cordarlo. Entónase un cántico: trescientos muchachos forman un coro imponen­
te que se oye a considerable distancia. Todos ruegan en voz alta y Don Bosco
en medio, arrodillado como los demás sobre la dura piedra. ¡Qué bello y santa­
mente recogido era entonces su continente/

Terminadas las oraciones subía sobre el pequeño púlpito. Al verlo aparecer allí
paternalmente amoroso, sonriente, fijando en todos su bondadosa mirada, oía­
se en esa gran familia como un poderoso aliento, una exclamación, un plácido
rumor, un prolongado suspiro de satisfacción y contento. Luego, en religioso si­
lencio, sin apartar de él los ojos, escuchábamos las órdenes para el día siguien­
te y sus consejos. Recomendados éstos, como un padre a sus hijos, nos daba las
buenas noches, saludo que era contestado con otro general, fragoroso y entu­
siasta de respeto y amo r. 11s

Un presbítero, por tanto, ¡profeta de la "alegría"!

Todas estas, en fin, son facetas de la contemporaneidad de su sacerdocio. Él sa­


bía que era un contemporáneo de sus muchachos, los cuales lo necesitan como
"padre" y como "amigo", y que, para ser lo uno y lo otro debería ser aquello que
siempre había soñado ser para sí y para ellos, sacerdote; un sacerdote que, para
serlo, tenía que poseer la alegría que brota espontánea de un joven cuando se
síente amado de veras como joven, porque quien lo ama así, lo conoce, o cifra
en él la confianza de que podrá abrirse en la vida una senda de esperanza, no ilu­
sa, sino verdadera.

178. Carlos D'ESPINEY, o. c., pp. 58-59.


Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 81

Para Don Bosco, esa esperanza tenía un nombre concreto, Jesucristo, "el hijo
único de Dios, el Salvador prometido a los hombres para abrirles el camino del
Cielo". 179
Y por eso quería ser "sacerdote para los jóvenes, porque Cristo había amado con
predilección a los jóvenes, sobre todo a los jóvenes pobres. Esa era. en definiti­
va, su lógica elemental" y la razón de su vida. uso

Así, según la carta sobre el "espíritu de familia" que escribió desde Roma el 10
de mayo de 1884, el Sacerdote, según lo concebía Don Bosco, y que había ya
tratado no sólo coherente sino apasionadamente de ser él mismo, tenía que imi­
tar a "Jesucristo, que se hizo pequeño con los pequeños y llevó sobre sí nuestras
propias enfermedades..., que no había apagado la mecha humeante ni roto la ca­
ña vencida"; que había hecho perceptible el amor que profesaba, porque sabía
que sólo quien se siente amado ama, y que el educador que es amado puede ha­
cer todo el bien posible a sus jóvenes! 1 s 1

¡Esta era "su alegría" y "la incomparable alegría" que su sacerdocio deparaba a
los jóvenes! Por eso, siempre pudo afirmar que su delicia era estar con ellos, y
por esto les insistía sin cesar: " ¡ estad siempre alegres!"
La alegría de la que escribe San Pablo parece haber sido, efectivamente, un don
particular con que el Espíritu enriquecerá su corazón hecho para anunciar la es­
peranza que no defrauda a los jóvenes. 1s2

Pero, precisamente la mirada y la convicción cristianas de su ministerio pastoral


y educativo le hicieron concebir una "antropología realística" y, según ella, cre­
yó en las insospechadas reservas humanas y "espirituales" de sus muchachos po­
bres, aun de lo más indefensos en su agresivo medio social; y, confiando pater­
nalmente en ellos, los hizo aceptarse a sí mismos y poner en juego todos los re­
cursos de su personalidad, para alcanzar el ideal pedagógico y ascético guc les
proponía. Su mensaje de santidad y de realización humana fue, así, un ideal "ale­
gre", que les hizo partícipes de su propia "alegría".

179. Pietro BRAIDO, L'l11edito "Bre1•e catechismo peri faciulli ad 11s0 della diocesi di tori-
110. di don Sosco", LAS-ROMA, 1979, p. 47.
180. Anasta;io IJALLESTRERO. "D011 Bosco. prete per i xiovani", LDC. Tori110 (f,euma11).
1987. pp. Jl -32; 35-J6.
181. Giom1111i BOSCO. "Scritti .mi Si.ltema Pre1•e11til'O 11elf'ed11cazio11e della gim•e11tL1". La
Scuola Editrice. 8re1cia. 1965. 25: "/1 Si.11e111a Pre1•,•111ivo di do11 Bosco". o.e.. pp. 90-91.
182. Gal. 5, 22-25.
82 / P. Fernando Peraza L.

En Don Bosco presbítero, siempre vieron sus jóvenes esta síntesis de valores. El
sacerdote que los atendía en el confesionario era el que les enseñaba un arte pa­
ra ganarse la vida, o los defendía de la explotación laboral, firmando con ellos
un contrato de trabajo; el Don Bosco catequista y celebrante era el compañero
que corría con ellos en el patio y el que, para llenar de sosiego y de alegría su vi­
da, volvía a ser el "saltimbanqui" de Murialdo en la casa del Oratorio.

Por todo esto y por muchas cosas más, Don Bosco fue un sacerdote que hizo pro­
fetismo real y encarnado de la alegría. Un profetismo que siempre podía comen­
zar cuando demostraba a un joven concreto, cualquiera fuera su condición y sus
antecedentes, el respeto y la confianza, y lo iba convenciendo de que siempre ha­
bría para él, si él lo quería, "algo grande" para ser en la vida, que eso grande y
utópico quizá estaba a su alcance. 183

Un presbítero obrero del evangelio y de la educación

Además, un presbítero que ama al muchacho así como es, y lo hace asumiendo
la realidad integral del joven, no sólo puede ser un testimonio cercano de virtu­
des y un profeta del Evangelio, sino un "sacerdote - obrero", y "artesano" gue
"pastorea" el rebaño a través de concretas tareas educativas, por medio de las
cuales los jóvenes hallan motivaciones suficientes para crecer hacia la plenitud
de sus valores humanos en Cristo.
Porque, ante todo, como lo precisa también desde su optica pedagógica el Padre
Pedro Braido, Don Bosco quiso ser y fue realmente sacerdote y lo fue incluso
más que educador.

Su misma índole de educador como que se deriva de su sacerdocio y queda em­


papada de él: la caridad presbiteral está a la base de su sistema preventivo y de
su pedagogía del corazón.184
En este proceso de identificación sacerdotal se va dando una reciprocidad entre
el sacerdocio y su proyección educativa, como observa José Colomer.
La vocación presbiteral de Don Bosco confirió a su vocación educativa el senti­
do más profundo y su forma de ser; mientras que la educativa confirió a su vo­
cación sacerdotal la especificidad y la concresión. Se puede, pues, decir que la
pedagogía de Don Bosco fue sacerdotal y que el sacerdocio de Don Bosco fue
educador y pedagógico.

/83. Cfr. Domenico AGASSO, un "Don Bosco in terza pagina", La s,ampa e il Fondatore dei
Salesiani "A cura di Giuseppe Costa", ed. lstituto Teologico S. Tornnaso, Messina, 199/, p. 49.
184. Pietro BRAIDO, "La lettera da Roma di Don Bosco del 10 maggio 1884", "En ricerche
sroriche salesiane", 3 ( 1984), pp. 342-346.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 83

Su afirmación al ministro Ricasolí en Florencia: "Don Bosco es sacerdote en


medio de sus muchachos", debe ser aplicada también a su labor educativa.
Nuestro Padre supo, pues, unir su vocación sacerdotal y su vocación de educador
en un solo proyecto de vida y en una característica experiencia vivida, experien­
cia que el Rector Mayor, Don Egiilio Viganó, ha condensado en la fefü frase:
"Evangelizar educando y educar evangeli7ando". 18s
Por todo esto. y porque su ministerio educativo y pastoral es una alternativa a las
políticas represivas y manipuladoras, tanto de la sociedad de la Restauración co­
mo de la época del capitalismo industrial de su tiempo, Don Bosco es un "Sa­
cerdote Alegre", y propone, como fuente de alegría: una pedagogía hecha para
la libertad de los hijos de Dios y de los constructores ele su Reino.

Un presbítero de inspiración y de corazón marianos

La vocación sacerdotal y presbiteral de Don Bosco se perfila en e l Primer


Sueño a la luz de María, Madre y Maestra de su misión, y esa presencia lo
acompaña siempre, cumpliendo con él una verdadera "mediación espiritual y
pedagógica'·_186
Cuando llega a su culminación el itinerario de su vida, de nuevo en el sueño de
Barcelona de 1886, como lo había ella hecho tantas veces para aleccionarlo con
la sabiduría del Evangelio en el ejercicio de su ministerio, emerge la Pastorcilla
entre el boscaje cercano al mismo sitio de Murialdo soñado en 1825, con el re­
baño que el Personaje le había confiado desde entonces, y le hace revivir la me­
moria de los primeros años, mostrándole ahora una grey de dimensiones univer­
sales. 1s7 Para Don Bosco, Ella lo había hecho todo 1 88, y, en el ocaso de su vida,
podía descansar en su seno con la misma confianza de un hijo que, presa de la
debilidad de sus dolencias y de su agotamiento físico, necesitaba de nuevo invo­
carla entrañablemente como "Madre", con el vocablo piamontés con el que
siempre había llamado a Margarita Occhiena. 189

185. José COLOMER, "Don Bosco sacerdore" (Cuadernos de Formaci611 Perma11e111e, 11. 5.
CCS, Madrid, 1987, 44).
186. Francis DESRAMAUT. "Don Bosco y la Vida Espiritual". ed. CCS Madrid, 1994, 86-87.
187. MB. vol. 18, pp. 72-74. Fausto JIMÉNEZ, "Los sueifos de don Bosco", ed. CCS Madrid,
1989, 339-341.
188. MB., vol. 5, pp. 120-121; 17; 439.
/89. Francis DESRAMAUT describe gráficameme kls expresiones del santo del 29 de enero
de 1888: "Oh! madre, ábreme las puertas del parafso!", y la continua invocaci611jilial prolonga­
da durante todo el día, según la cr611ica de Carlos Viglietti ("D011 Bosco en son temps", (1815-
/888), ed. SEi, Torino, 1996, p. 1343).
84 / P. Fernando Peraza L.

Así, el Don Bosco histórico fue un presbítero fraguado en el troquel de esta ex­
pe1iencia eclesial, y por ello, pudo decir de la Virgen que era la "estrella de la
mar, la luz que esclarece nuestros caminos; que era la vida y la esperanza del
hombre de fe". Como para Cristo, María renovaba con Don Bosco el hecho de
las Bodas de Caná, de suerte que no faltara el vino del amor y el pan material en
la mesa de sus muchachos. 190

Si nunca estuvo ausente el nombre de María de su corazón y de sus labios de sa­


cerdote, así quería, con San Bernardo, que nunca ese nombre estuviese ausente
de los nuestros 191, y de la misma manera que Jesús fue engendrado por la fe de
María y fue educado por Ella, el presbiterado de Don Bosco generó una inmen­
sa filiación espiritual, y sus hijos, educados bajo la guía de esta Maestra, llevarán
en su semblanza espiritual los rasgos de la espiritualidad mariana que identifi­
can la vida sacerdotal y la acción educativa de Don Bosco. 192

190. A/do GIRAUDO, "?regare con don Bosco", ed. Dall' Oglio, 1987, pp. 122-123.
191. /bid., 125.
192. !bid., 127.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 85

EPÍLOGO

El P. Pedro Brocardo publicó en 1980 apartes de la Autobiografía inédita de uno


de los hijos más amados de Don Bosco, que pertenece a la gran generación que
fue, no sólo testigo inmediato de su vida, sino protagonista en ella.

Se trata de Juan Bautista Francesia. Había nacido en San Jorge Canavese el 3 di­
ciembre de 1838, y murió en Turín el 17 de enero de 1930 después de haber par­
ticipado el año anterior, ya nonagenario, en la Beatificación de aquél a quien
tuvo siempre como maestro y como padre.

Cuando tenía sólo diez años la familia se trasladó del pueblecito natal a Turín en
busca de trabajo, y a aquella edad Juan Bautista tuvo que emplearse como apren­
diz en un taller de fundición.

Desde los primeros días, escribe, conocí a un vecino carpintero, paisano mío y
hasta pariente lejano. En la fiesta de Todos los Santos de 1850, estando solo en
casa, pues mi madre había ido al pueblo y mi padre a no sé donde, mientras ju­
gábamos al trompo con él en la calle Giuglio, junto al Manicomio, me dijo:
- ¿Quieres que vayamos a donde Don Bosco?
- ¿A qué?
- ¡ Hoy reparte castañas!
- Pero, ¿quién es Don Bosco? ...

Fui y por vez. primera supe lo que era un Oratorio. Y en ese Oratorio estaba Don
Bosco, y cuando terminaron los juegos y la masa de muchachos se dispersó co­
rriendo, Francesia fue a tropezar con él, e inesperadamente se entabló un diálo­
go que fue el primero en una serie sucesiva de encuentros, en los cuales Don
Bosco le fue revelando su corazón sacerdotal y haciéndose su confesor y su guía,
su formador y su amigo. Lo albergó en su casa, le ayudó a encontrar el camino
de su vida y a recorrerlo.

¡El pájaro, escribe Francesia, había encontrado su nido. La providencia de Dios


se lo había deparado!

Don Bosco, en verdad, fue un sacerdote feliz, y su felicidad mayor fue la de ha­
ber hecho de su sacerdocio una fuente de felicidad para los jóvenes .
Deseó el presbiterado, lo buscó, lo imploró al Señor, lo hizo suyo y lo vivió in­
tensa y apasionadamente como un don para ellos; lo alimentó con la oración y
el sacrificio, lo prodigó a través de una entrega generosa y constante.
86 / P. Fernando Peraza L.

La gracia recibida no fue estéril en él. Los que hoy nos llamamos sus discípulos
espirituales somos parte de su herencia presbiteral y del rebaño que le confió la
Señora del Sueño.
Su memoria será bendecida por siempre y continuará iluminando las utopías es­
pirituales de los jóvenes y de los pobres y acompañando los compromisos de la;
que hacemos con él el camino de la fidelidad en las tareas de la misión, a la que
con él hemos sido llamados.

Todo lo que en este libro se dice de Don Bosco trata de describir el perfil pres­
biteral de su vida, fraguada por Dios a través de los jóvenes en la compleja ma­
raña de los acontecimientos históricos de su época, y en el contexto de la Iglesia
turinesa.
Un presbítero contemporáneo para sus contemporáneos, y contemporáneo para
quienes hallamos en él, inteligibles, cercanos y vigentes, los rasgos del sacerdo­
cio de Cristo, el único y eterno sacerdote. Quizá no pocos podamos decir con el
oratoriano de Valdocco, de cuya autobiografía hemos narrado ese pequeño epi­
sodio, que haberlo conocido fue lo mismo que habernos sentido amados y com­
prendidos por él, y haber empezado a vislumbrar, a la luz de su testimonio, el
más profundo sentido de la vida.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 87

ANEXO 1

UN ESCRITO DEL PADRE EGIDIO VIGANÓ SOBRE EL SACER­


DOTE DEL 2000

l. EL 150 ANIVERSARIO DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL


DE DON BOSCO

"Está, ante todo, una conmemoración significativa que nos invita a considerar
una vez más los orígenes históricos de nuestro carisma: el próximo 5 de junio se
cumplen los ciento cincuenta años de la ordenación de Don Bosco. Es una fecha
particularmente incisiva en la vida de nuestro Fundador, que él preparó y deseó
con toda su alma y que nos ayuda a entender mejor su corazón pastoral. El modo
de profundizar nuestra misión juvenil y popular es hacerlo a través de la pecu­
liar fisonomía sacerdotal de San Juan Bosco.

Si, por otro lado, contamos los salesianos jóvenes que aspiran y se preparan en
nuestra Congregación para el ministerio sacerdotal, entre posnovicios, tiroci­
nantes y estudiantes de teología, llegamos a la considerable cantidad de más de
tres mil; si añadirnos los cerca de cuatrocientos cincuenta novicios que caminan
hacia al presbiterado, tenemos un total de tres mil quinientos. Son cifras que acu­
cian nuestra grave responsabilidad ante la Iglesia y nos hacen pensar en las innu­
merables expectativas de amistad con Cristo que laten quizá -anónimamente- en
el corazón de los jóvenes.

Es un número que también abre a un profundo sentimiento de gratitud y de ale­


gría íntima y humilde si lo vemos como una señal, más que consistente, de la
bondad y voluntad de Dios para que siga adelante y crezca el carisma de nuestro
Fundador, pues, como dicen las Constituciones, "toda llamada manifiesta que el
Señor ama a la Congregación, la quiere viva para el bien de su Iglesia y no cesa
de enriquecerla con nuevas energías apostólicas". 193
"Nacimos del corazón ardoroso de Don Bosco sacerdote; compartimos con él
una misión pastoral que se interesa por la vida de fe de los jóvenes y de los am­
bientes populares; vivimos y trabajamos juntos" 194, "animados, sostenidos y
orientados en el ámbito mundial, inspectorial y local por hermanos que se inspi-

193. Constituciones 22.


194. Co11sti111ciones 49.
88 / P. Fernando Peraza L.

ran constantemente en su celo sacerdotal, fruto de la gracia del ministerio pres­


biteral y en la experiencia pastoral". 195
El semblante de nuestra Congregación tiene una fisonomía original, en cuyos
rasgos el sacerdocio, vivido en fraterna complementariedad de salesianos laicos
y sacerdotes, es nota constitutiva de su identidad.
Somos una comunidad de "clérigos y laicos que viven la misma vocación en
complementariedad fraterna".196

El tema tratado en el Sínodo sobre "la formación de los sacerdotes en las circuns­
tancias actuales" (30 septiembre - 28 octubre de 1991) nos afecta, pues, de cerca.

Pero además, y sobre todo, nos sumerge de forma vital, junto con todos los cre­
yentes, en el inefable misterio de Cristo, en el centro más intenso de su amor y
de su misión. Nos lleva a los acontecimientos de la Pascua y a su mediación de
Resucitado que intercede sin cesar por nosotros ante el Padre.

La actividad litúrgica de la Iglesia tiene su raíz en él y, por medio de la Eucaristía,


incorpora diariamente nuestro trabajo y nuestra vida a su sublime acto sacrificial.

Todo esto nos estimula con fuerza a ver el Sínodo como un hecho providencial
para mejorar la calidad espiritual de la vida de salesianos y comunidades.

Queremos demostrar que no tiene consistencia la hiriente afirmación de que en­


tre nosotros habría «muchos sacerdotes, pero poco sacerdocio». Se trata obvia­
mente de una paradoja; pero la sola sospecha de que pudiera tener algo de ver­
dad nos duele e impulsa a una seria revisión.

2. EL DELICADO TEMA DEL RELIGIOSO PRESBÍTERO

El Sínodo centró su atención en el presbítero diocesano; pero está claro que, en


el fundamento de una interioridad propia de la identidad de un ministerio subs­
tancialmente idéntico en todos los presbíteros, cabe la posibilidad de rasgos es­
pirituales y pastorales diferenciados entre sí, según la pluralidad de los carismas
con que el Espíritu Santo va enriqueciendo el ejercicio del ministerio.
Así ha surgido a lo largo de los siglos una convergencia variada y complemen­
taria de fisonomías diversas que hacen más atractivo, dúctil y apropiado el ejer­
cicio del ministerio, que por otra parte es constitutivo de una Iglesia que no sólo

195. Constituciones 121.


196. Constituciones 4.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 89

está "pronta para la obra del ministerio en la edificación del cuerpo de Cristo,
[sino tambiénJ adornada con la variedad de dones ípara manifestar así] la multi­
forme sabiduría de Dios".197

Es aquí donde podemos reflexionar sobre la fisonomía sacerdotal propia de los


miembros de los institutos de vida consagrada que canónicamente se definen co­
mo clericales; en ellos -recordó en el aula sinodal el Cardenal Hamer- el ejer­
cicio del ministerio pertenece, con modalidad peculiar para cada uno, a la natu­
raleza de su carisma.
Es un dato de hecho que tiene mucha importancia en la Iglesia y en la vida de
los institutos. Un tema delicado sobre el que no se ha reflexionado aún directa y
suficientemente. El Sínodo lo dejó abierto, pero reconoció su existencia y relieve
al decir que se han de intensificar las mutuas relaciones entre presbíteros religio­
sos y seculares. Además, puede afirmarse incluso que se inspiró en algunos as­
pectos de la práctica formativa seguida en los institutos religiosos para determi­
nar ciertas iniciativas de renovación encaminadas a mejorar la formación del sa­
cerdote diocesano.

En nuestra Congregación, hemos hecho ya algunas reflexiones sobre el tema del


salesiano sacerdote, especialmente al insistir en la calidad pastoral de la misión
salesiana.
Sabemos que la consagración propia de nuestra profesión religiosa tiene su raíz
en la dignidad bautismal y nos hace crecer en la fe y en el discipulado de Cristo
con un peculiar espíritu salesiano para ser signos y portadores del amor de Dios
a los jóvenes. 198

Con razón expresamos esta característica espiritual poniendo el término "sale­


siano" como substantivo de base: todo profeso es así salesiano presbítero o sale­
siano laico.

Hemos puesto de relieve el impacto que produce la misión juvenil y popular en


toda nuestra identidad, hasta el punto de caracterizar no sólo la vida religiosa co­
mo <<Consagración apostólica" 199, sino también de determinar que el sujeto de la
misión, más que el simple individuo, 200 o, una comunidad cuyo semblante pre­
senta una fisononúa de imprescindible complementariedad entre presbítero y

197. Cf, Perfectae caritatis l.


198. Cf, Constituciones 2.
199. Cf., Constituciones 3.
200. Cf, Constituciones 44.
90 / P. Fernando Peraza L.

coadjutor, y es animada y servida, en calidad de guía, por un hermano enriqueci­


do con los dones del Orden . 201
Para el salesiano presbítero eso significa que en él, la consagración presbiteral
es asumida, cualificada y vivificada según el espíritu y la misión propios de la
profesión salesiana, pero que a su vez él, con los dones de su sacerdocio, asegu­
ra, enriquece y hace fecunda su acción pastoral y la de su comunidad.

Pero hay más. Si analizamos históricamente cómo nació y se desarrolló nuestro


carisma, veremos que brotó, por obra del Espíritu Santo y con la intervención
materna de María 202, del corazón apostólico de un presbítero diocesano, Juan
Bosco, que se inspiraba en el celo y bondad pastoral de un obispo residencial de
frontera, San Francisco de Sales.
Un carisma, pues, que hunde vitalmente sus ráíces históricas en el celo sacerdo­
tal del ministerio ordenado, íntima y explícitamente vinculado al ejercicio del sa­
cerdocio común de un sin fin de colaboradores.

En nuestra Congregación todo socio es, ante todo, miembro de la comunidad sa­
lesiana, la que de hecho y en su originalidad, consta de eclesiásticos y laicos,
iguales en dignidad y complementarios en la tarea pedagógico-pastoral. 203

De la convicción que todo salesiano debe tener de que es miembro vivo y co­
rresponsable de una comunidad que se caracteriza por esta peculiaridad carismá­
tica, nace una conciencia y mentalidad de complementariedad, por la que todo
socio siente en sí lo indispensable que es la mutua y enriquecedora relación entre
dimensión sacerdotal y dimensión laica!.
"Así el salesiano sacerdote, por la fuerza comunional de su misma salesia­
nidad, debe sentir su vida y su ministerio relacionado esencialmente con los
del coadjutor y el salesiano coadjutor debe experimentar otro tanto hacia su
hermano sacerdote.
Nuestra vocación, radicalmente comunitaria, exige una comunión efectiva no
sólo de fraternidad entre las personas, sino también -y de un modo altamente sig­
nificativo- una mutua referencia de sus dos componentes fundamentales". 204 En
el corazón de cada socio, en cuanto salesiano, resuena el reclamo vocacional ha­
cia el otro tipo de hermano que constituye la comunidad.

201. Cf, Constituciones 121.


202. Cf, Constituciones l.
203. Cf, Actas del Consejo Superio1; núm. 298, octubre-diciembre de 1980.
204. Ibídem, 5-6.
Perlil Sacerdotal de Don Bosco / 91

No es que la dimensión sacerdotal sea exclusiva de los salesianos presbíteros y


la dimensión laica! de los coadjutores, pues la comunidad salesiana no es la su­
ma mas o menos artificial de dos categorías de socios que se esfuerzan por con­
vivir juntos, sino que lo que hay que afirmar es que en el corazón de todo salesia­
no vibran a la vez ambas dimensiones, subrayadas de modo distinto por los dos
tipos de vocación salesiana, pero íntimamente unidas entre sí por la propia natu­
raleza carismática: el presbítero cultiva también, como buen salesiano, la dimen­
sión laica[ de la misión comunitaria, y el coadjutor ayuda al incremento, igual­
mente, como buen salesiano, de la dimensión sacerdotal de la misión común.

Así se entiende por qué ambas dimensiones son simultáneamente importantes en


la preparación y realización del proyecto educativo-pastoral. Sin la dimensión
laical perderíamos el aspecto positivo de sana secularidad que nos caracteriza en
la opción de las mediaciones educativas; sin la dimensión sacerdotal nos expon­
dríamos a perder el carácter pastoral de todo el proyecto. Si se rompe el equili­
brio de la complementariedad, podríamos caer, por una parte, en una especie de
activismo social práctico y, por otra, en un trabajo pastoral demasiado genérico,
que ya no sería e\ que caractefrz.a \a misión auténtica de San luan Bosco.

El Sínodo nos invita a ver con claridad el significado global de nuestra misión y
a captar dónde se sitúa la sínte is vital que asegura la identidad de nuestra consa­
gración apostólica.

Por esto nos interesa tanto el tema del Sínodo. También nosotros, en la Congre­
gación pensamos, de forma armónica con los obispos, en cómo debe ser clara­
mente el presbítero del dos mil.

Queremos colaborar, como auténticos salesianos, en el crecimiento de la fe en la


nueva época histórica que está comenzando. A nuestro lado miran con esperan­
za los miembros de la familia salesiana y, sobre todo, un número creciente de jó­
venes que se sienten atraídos por el corazón amigo de San Juan Bosco sacerdote.

Por eso, ya desde ahora nos proponemos sacar luz y directrices de la exhortación
apostólica con la que culminan los trabajos del Sínodo, 205 a fin de proceder ca­
da vez con mayor seriedad y esfuerzo en el crecimiento del sacerdocio común
en nuestra Congregación y, particularmente, en la formación del salesiano sacer­
dote, teniendo claras la originalidad y las exigencias de nuestro carisma. ¡Es la

205. Se trata de la Exhortación Apostólica Postsinoda/ "Pastores dabo i-obis ", del 25 de
marzo de 1992.
92 / P. Fernando Peraza L.

Iglesia la que nos quiere genuinamente fieles a la identidad de nuestra índole


propia! 206
Quiero concluir esre importante tema recordando que la intensidad de la caridad
pastoral y, consiguientemente, el grado de santidad del salesiano no dependen,
de por sí, ni del ministerio ordenado ni de los diversos servicios de corresponsa­
bilidad apostólica, sino únicamente de la vitalidad interior del sacerdocio común
que nos une a Cristo, es decir, de la vida de fe, esperanza y caridad con que se
realicen todos los ministerios y servicios.

La vida de gracia, es decir, de caridad pastoral, tiene -como dice santo Tomás de
Aquino- u11 valor que en sí mismo supera a las cosas creadas. Todos seremos juz­
gados según la calidad de nuestro amor.

En la Jerusalén del cielo ya no necesitaremos Biblia, ni obispos ni presbíteros,


ni magisterio. ni sacramentos. ni coordinación, ni un sinnúmero de servicios im­
prescindibles aquí en la historia. Por eso, ahora, en la comunidad eclesial, el or­
den de las realidades institucionales, jerárquicas y operativas pasa a segunda lí­
nea (si cabe hablar así; basta pensar dónde se colocó, en la constitución «Lumen
Gentium», el capítulo del pueblo de Dios), frente al misterio que sirven y revelan
a quien vive la fe. La santidad depende del grado de participación y comunión
con la vida trinitaria que es una vida de amor en incomparable plenitud.

La intensidad de la santidad la vemos encarnada en María; la autenticidad mi­


nisterial, en Pedro. Ambos son grandes santos; sin embargo, en ellos observamos
que el grado de santidad no se identifica con el grado jerárquico o ministerial.

3. SAN JUAN BOSCO: SACERDOTE Y FUNDADOR PARA LOS


JÓVENES

Conmemoramos este año -lo he apuntado al principio- el ciento cincuenta ani­


versario de la ordenación sacerdotal de San Juan Bosco.

La consagración del Orden fue un acontecimiento de gracia no sólo para su vida


personal, sino también para toda la familia salesiana. El Espíritu del Señor lo
lanzó, en cuanto sacerdote y sostenido por la dirección espiritual de San José Ca­
fasso, a interpretar y realizar su ministe1io en sintonía con las circunstancias de
una época que evolucionaba y con los urgentes problemas socioculturales de la

206. Cf, Mutuae re/atio11es 11.


Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 93

ciudad de Turín. Lo hizo con audacia y originalidad en una opción de preferen­


cia por los jóvenes, especialmente los más necesitados.

Durante la celebración del Sínodo pensé más de una vez en dos juicios sobre el
tipo de vida sacerdotal vivido por Don Bosco. formulados por dos escritores aje­
nos tal vez a nuestro modo habitual de pensar.
Uno es la respuesta del conocido estudioso dominico P. M. D. Chenu a un perio­
dista que le preguntaba quiénes eran, según el, los nuevos santos para estos tiem­
pos posconciliares.

"Quiero recordar ante todo-dijo- a uno que se adelantó un siglo al Concilio:


San Juan Busco, que es ya, proféticamente, un nuevo modelo de santidad por su
obra, que rompía con el modo de pensar y de actuar de sus contemporáneos" 201

El otro juicio lo he leído en un artículo reciente sobre el desan-ollo del Sínodo,


del que da un juicio, infundado, substancialmente negativo, diciendo que el Sí­
nodo, influenciado por criterios curiales, habría defendido la figura tradicional
del sacerdote tridentino, en vez de verlo proyectado hacia las nuevas exigencias
sociales de los tiempos.

Pues bien, el autor, aun no sintiendo demasiado simpatía por San Juan Bosco, di­
ce de él que "of recía ya en el Piamonte de mitad del siglo diecinueve una.figu­
ra de sacerdote muy distinta. Los sacerdotes de su oratorio vivían en medio de
muchachos destinados a los oficios más humildes, y se reman[!,aban La sotana
para jugar con ellos.
Para esto preparaba Don Bosco a los jóvenes aspirantes al sacerdocio, y su
obispo se negaba a consagrarlos viendo que se trataba de una novedad
inaudita ". 208

Lo que a nosotros nos interesa aquí es percibir la originalidad concreta dada por
Don Bosco al salesiano sacerdote. Nos sirve para esto la pluralidad de formas
reconocida por el Vaticano TI en el modo de ejercer el ministerio sacerdotal, pues
la común tarea ministerial de edificar el cuerpo de Cristo exige múltiples funcio­
nes y continuas adaptaciones, sobre todo en estos tiempos. Así lo concebía Don
Bosco en su servicio pluriforme a los jóvenes. 209

207. Avvenire, 22 de febrero de 1984.


208. Sergio QU!NZ!O, L'Espresso 21 de octubre de 1990.
209. Cf. Presbyterorum ordinis 8.
94 / P. Fernando Pera-ta L.

Hoy miramos hacia el horizonte del tercer milenio; asistimos a transformaciones


rápidas y profundas, vemos que la irrelevancia de la fe en la cultura emergente
es deletérea para la juventud y para los ambientes populares; nos preocupa el
vasto y complejo sector de la educación, sometido a una especie de bombardeo
de una serie de novedades que le dan dinamicidad, pero sin la luz de la evangeli­
zación y, por tanto, la desorientan.
La consideración atenta de la originalidad del estilo pastoral de San Juan Bosco
nos debe guiar en la búsqueda de criterios con que afrontar los retos actuales.
Ante todo, el salesiano sacerdote es enviado, en solidaridad con el salesiano lai­
co, a una misión inmersa en el mundo juvenil y popular, que le pide diversas ta­
reas propias del área educativo-cultural y del mundo del trabajo, para atender a
destinatarios que a veces están de hecho lejos de la Iglesia o pertenecen a otras
religiones. Debe sentirse, además, colaborador, en la comunidad, del salesiano
laico, en comunión de vocación y solidario en la preparación y realización de un
proyecto pastoral y educativo común y único. Le corresponde también participar
activamente en la animación de los diferentes grupos de la familia salesiana,
consagrados o seglares.

Todo esto requiere una preparación adecuada, un cuidado diligente y un modo


peculiar de ejercer el ministerio. Convendrá, pues, que mire constantemente a
San Juan Bosco como a su modelo 210 y examine, puestos los ojos en él, las gran­
des posibilidades que genera la caridad pastoral y la creatividad que inspira.

En efecto, la caridad pastoral llevó también a San Juan Bosco, por especial
iniciativa del Espíritu Santo, a ser fundador, es decir, a comunicar a otros
muchos, como herencia que habrían de desarrollar, su específica misión juve­
nil y popular.

Precisamente porque tenía un carisma ligado a su ardor sacerdotal, dio principio


e incremento a una familia apostólica, implicando a hombres y mujeres, segla­
res y religiosos, y demostrando así que su género de caridad pastoral podía ser
centro y síntesis de un vasto movimiento en bien de los jóvenes, animado por un
espíritu común. 211

La vida consagrada de los institutos religiosos fundados por San Juan Bosco no
sigue el modelo de los eremitas del desierto ni de los contemplativos de los mo­
nasterios (que suelen presentarse como modelo histórico de la vida religiosa), si-

21 O. Cj., Constituciones 21.


211. Cj., Constituciones 1 O.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 95

no que se inspira en la vida apostólica y en las preocupaciones pastorales de los


obispos como San Francisco de Sales, y de los sacerdotes caracterizados por su
celo pastoral. Es, por tanto, un género de consagración religiosa peculiar, estre­
chamente vinculada a la caridad del ministerio ordenado. 212
La verdadera identidad del salesiano sacerdote interesa muchísimo, no sólo a los
demás socios de la Congregación, sino también a todos los miembros de la nu­
merosa Familia Salesiana: su celo ministerial y la riqueza de su interioridad pas­
toral aseguran y alimentan la espiritualidad de todos.
Pero también es verdad lo contrario: si el sacerdote fuera espiritualmente super­
ficial, escasamente unido a Dios, si su actividad ministerial fuera lánguida y sin
mordiente interior, menguarían lastimosamente las fuentes del carisma de San
Juan Bosco.

Por esa razón llevamos ya años en la Congregación intentando mejorar la forma­


ción de nuestros presbíteros.

4. NECESIDAD URGENTE DE MEJORAR LA FORMACIÓN SA­


LESIANA

La, Ratio Fundamenta/is del 1985.

Para nosotros los criterios de formación del salesiano presbítero, según su pecu­
liaridad vocacional, figuran en la Ratio, promulgada el 8 de diciembre de
1985. 213 El Sínodo nos estimula a poner de relieve su actualidad e importancia.

Produce satisfacción comprobar su plena conformidad de inspiración en lo que


se refiere a los fundamentos de la identidad del ministerio ordenado y su clara
percepción de lo que nuestro carisma tiene de característico. Debemos estar muy
agradecidos a quienes contribuyeron a prepararla, revisarla y perfeccionarla.

Tenemos, pues, en nuestra Congregación, una línea segura que seguir: ¡dediqué­
monos a conocerla mejor y a aplicarla! Sólo actuándola plenamente podremos
confluir en los puntos clave irrenunciables de nuestro espíritu.
No obstante, si miramos la realidad concreta de la vida, por desgracia debemos
confesar que estos años de renovación hemos observado con preocupación, en

212. Cf, Egidio Vigan6 Per una teología della vita consacrafll, LDC, colección "Vita Con­
sacrata" 1986, /O-JI y 33-34.
213. La formación de los Salesianos de Don Bosco. Principios y normas, ed. SDB 2a. edi­
ci6n, Roma 1985 (Madrid 1986).
96 / P. Fernando Peraza L.

algunas inspectorías, carencias en la formacion inmediata para el presbiterado,


en el acompañamiento de los cinco primeros años siguientes a la ordenación y
en la intensidad y congruencia de la fonnación permanente.
Esta fue un punto fuerte en las preocupaciones de los padres sinodales. De ella
habían hablado ya varios documentos del Magisterio y también nuestros capítu­
los generales, particularmente el veintitrés, las Constituciones, la Ratio y los di­
rectorios inspectoriales; pero no todos parecen haber entendido su verdadera na­
turaleza y lo que propone.

La Formación Permanente

Es un proceso que incluye todas las expresiones y los momentos del hecho edu­
cativo: desde la infancia hasta la ancianidad. Es decir, abarca toda la existencia,
con los problemas que ésta lleva consigo, de cada hombre -joven o adulto- se­
gún modalidades propias, y el nuevo modo de transmisión pedagógica, con sus
implicaciones y demás.

En el ámbito de nuestra vida salesiana. el concepto de formación permanente


guía toda la Ratio. Antes que puesta al día continua en los diferentes ámbitos de
la acción y misión salesiana -que sin duda ha de considerarse imprescindible- J a
formación permanente ve, en las Constituciones, 214 nuestra vida como camino de
santificación que se recorre "con el esfuerzo diario de crecer en el amor perfec­
to a Dios y a los hombres", "respuesta constante y renovada a la alianza especial
que el Señor ha sellado con nosotros", y vida de docilidad aJ Espíritu Santo en
"un esfuerzo constante de conversión y renovación". 215

La Formación Inicial

La consecuencia de estas breves alusiones es la siguiente: et período de forma­


ción inicial se caracteriza ciertamente por procesos de crecimiento específicos,
ricos en contenidos propios; sin embargo, lofundamental en él es el aprendiza­
je de los criterios y métodos que deberán acompaña,� dinámicamente y confor­
mas adecuadas, todas las etapas de la vida, otorgando el primer lugar a la di­
mensión de la espiritualidad, razónfontal y final de todo.
La lógica del Bautismo y de la profesión religiosa -incorporación a la vida divi­
na en el seguimiento de Cristo- tiende, por su misma naturaleza, al crecimiento,

214. Consti111cio11es 118. 119. 96. 98. 25.


215. Cf La f or111aci611 de los Salesianos de Do11 Bosco. Principios y normas, ed. SDB. 2a edi­
ción. Roma 1985 /Madrid 1986/. 111íms. 488 ss.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 97

y lo exige, como afirma no pocas veces en sus cartas el apóstol Pablo.


Aqu{ quisiera añadir que, si bien es verdad que con los estudios de las etapas
iniciales se quiere desarrollar una justa capacidad cr{tica y una imprescindible
competencia pedagógico-pastoral (aunque, por desgracia, no siempre suficien­
temente circunspecta frente a teor{as de tal o cual investigador), existe en algu­
nos casos el peligro de no cultivar adecuadamente la competencia y el fervor
ministeriales propios del esp{ritu salesiano.
El sacerdote debe ser el hombre de Jesucristo y de la Iglesia, enviado al mundo
para comunicar la salvación, la verdad {ntegra, la misericordia del Padre, la re­
dención del Hijo y el poder interior del Espíritu Santo; por ello, debe ser entu­
siasta e infatigable en llevar esperanza: ser hombre sacramento, signo persona.

La peculiaridad de carisma

Los padres sinodales se esforzaron por presentar la identidad sacerdotal más genui­
na precisamente para poder insistir mejor en lo indispensable de una espiritualidad
adecuada, nacida de la caridad pastoral y que ayude a ser constante en el ardor.
Los institutos religiosos deben añadir a esta carga pastoral, para sus sacerdotes,
la peculiaridad del espíritu de su carisma. Lo subrayó el cardenal Hamer hacien­
do ver también algunas dificultades concretas. "Donde los futuros presbíteros
{religiosos] reciben -dijo- toda la formación institucional en el instituto a que
pertenecen, la tarea de los superiores es relativamente fácil. No ocurre lo mismo
cuando éstos mandan a sus religiosos a otros centros de estudios eclesiásticos.
En este caso, la responsabilidad de los superiores, lejos de disminuir, aumenta
considerablemente pues la asistencia a un centro de estudios as{ exige que los
jóvenes puedan vivir en una casa religiosa de su instituto, en una comunidad
formadora y viva, con la presencia permanente de formadores cualificados, ca­
paces de ayudar a los jóvenes a integrar en su vida religiosa, la enseñanza filo­
sófico-teológica recibida en Los centros de estudio. Ello implica grandes sacrifi­
cios para los institutos; pero es el elevado precio que se paga si se quiere ase­
gurar la unidad entre sacerdocio y vida religiosa. Esta unidad es un gran bien
para el cuerpo místico". 216

Que nuestra reflexión sobre el acontecimiento sinodal sea de verdad una invita­
ción y un estímuao a repasar con atención el contenido y las grandes pautas
orientadoras de nuestra Ratio y, sobre todo, a revisar, en los consejos inspectoria­
Jes, en los directorios de dichos centros de estudio y en cada comunidad forma-

216. L'Osservatore Romano, 12 de octrubre de /990.


98 / P. Fernando Peraza L.

dora, la praxis seguida, a fin de corregir los defectos de su aplicación y relanzar


su calidad.
La Ratio forma parte del derecho propio de la Congregación; es, por lo mismo,
un elemento vital de nuestra Regla de vida. 217 Se redactó mediante aportaciones
de toda la Congregación y teniendo en cuenta el texto renovado de las Constitu­
ciones y el nuevo Código de Derecho Canónico. Se basa en la identidad voca­
cional salesiana y presenta un proyecto de formación fuertemente unitario. 218
«Si se aplican sus principios y normas -escribí al presentarla- se tendrá más cla­
ro el significado de la vocación, don históricamente actual, fecundo y original;
será posible dar unidad a la existencia personal mediante un desarrollo que in­
tegre lo!> diverso aspecto de la formación: maduración humana, preparación in­
telectual y profesional, y vida religiosa y apostólica... ; la persona se sentirá útil
en la sociedad humana y con significado y fecundidad en el apostolado; se desa­
rrollarán una espiritualidad típica, el sentido de pertenencia a la Congregación y
el de comunión eclesial, y una originalidad de servicio a los jóvenes y a su con­
dición". 219

Los inspectores, directores y formadores deben considerar un deber personal


prioritario la meditación frecuente de los principios y normas de este nuestro
importante documento, además cumplir con solicitud y diligencia lo que en él se
les asigna. De su interés constante se beneficiarán las inspectorías, la Congrega­
ción y el futuro de unas y otra.
Será un sembrar con fatiga; pero seguros de cosechar con felicidad. Estas impor­
tantes opciones, hechas y realizadas por todos nosotros, son en la vida de la Con­
gregación actos concretos de su renovación, aquella copia en limpio que decía
Don Bosco, al dejarla a nuestra responsabilidad de discípulos y continuadores. 22º

5. EL XXIII CAPÍTULO GENERAL Y NUESTRO CRECIMIENTO


PASTORAL

No hace mucho que celebramos nuestro XXlll Capítulo General. Sin referirse
explícitamente a la vocación específica del salesiano sacerdote. describió los ho­
rizontes de la misión salesiana en las circunstancias actuales: su original peculia­
ridad, la lectura pastoral de la actualidad, y la metodología pedagógica para la

2/7. Cf Cons1it11ciones 191.


2 / 8. La formación de los Salesianos de Don Bosco. Principios _v normas. ed. SDIJ. 2da edi­
ción Roma 1985 [Madrid 1986/. míms 25-27
2 /9. Ibídem, 19
220. lbfdem, 20-21.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 99

evangelización. Todo esto afecta al salesiano en cuanto tal, sea presbítero o


coadjutor, y todo esto tiene una relación especial con la dimensión sacerdotal
común.
A la luz del Sínodo podemos, pues, hablar de la peculiaridad sacerdotal (más am­
plia que el término canónico cle1ical) que debemos mejorar en la Congregación.
Indico tres aspectos que creo fundamentales y cargados de consecuencias: la ca­
lidad pastoral, la espiritualidad salesiana y la corresponsabilidad de la comuni­
dad en cuanto sujeto de la misión. El hecho de considerar dichos aspectos desde
la óptica del sacerdocio, tanto bautismal como ministerial. evidencia algunos
aspectos de novedad no indebida que nos ayudará a profundizar en sus valores.

- La calidad pastoral
es nota fundamental que impregna todo el documento capitular. Las propuestas
para estudiar la realidad. el análisis de los contextos y el trazado del camino y de
los itinerarios que se han de seguir, se presentan como "reflexión pastoral'·. 221
Esta calidad procede del vigor del "da mihi ánimas" (¡el lema de San Francisco
de Sales y San Juan Bosco pastores!). Se preocupa de la educación en la fe, se
apresura a analizar la realidad de los contextos, se sirve de los mejores medios
humanos para conocerlos y discernirlos, y estimula a estar atento para no dejarse
cautivar nunca por intere es que no sean genuinamente eclesiales.

Podríamos decir que es una actitud 1ípicamente sacerdotal en el pleno sentido del
término, en cuanto que arrastra a todos a trabajar en múltiples servicios pedagó­
gico-pastorales con el fin de lograr que los destinatarios adquieran la capacidad
de celebrar la liturgia de la propia vida incorporándola a la Eucaristía de Cristo.
Precisamente por esto la solicitud pastoral no se limita al simple conocimiento y
profundización de los grandes principios doctrinales o del mismo Evangelio que
evidentemente aprecia, ama y estudia, sino que se dedica también, y de forma
muy atenta y constantemente dúctil, a captar las circunstancias concretas, a in­
dagar sus contenidos y motivaciones, a analizar sus interpelaciones y a individ­
uar el género de retos derivados de ellas para la evangelización.

De cara a la formación del salesiano presbítero, la óptica pastoral es indudable­


mente un elemento constitutivo y orientador de toda su actuación apostólica.
-El segundo aspecto
que se ha de considerar es la espiritualidad salesiana en cuanto interioridad di­
námica que procede de la caridad pastoral. 222

221. &Jucar a Josjó1·e11es e11 /aje: 23 Capínilo Ge11eral ed. SDB, Roma J<J90 /Madrid J<J<JOJ, mím. /6.
222. Cfr. Co11stit11cio11es JO.
100 / P. Fernando Peraza L.

Hemos visto que nuestro carisma brotó del corazón de San Juan Bosco sacerdo­
te. Su espiritualidad es, en su misma raíz, sacerdotal, inspirada en Pedro, en Pa­
blo, en los pastores santos y en sus colaboradores. Es una espiritualidad que re­
cuerda cuanto afirma San Agustín comentando, en el evangelio de Juan 223, el
mandato dado a Pedro, que se siente interpelado por las palabras que Cristo le
repite con i nsistencia: ¿me amas? apacienta mis ovejas. Significan: "Si me amas,
no pienses en apacentarte a ti mismo, sino a mis ovejas; apaciéntalas como
mías, no como tuyas; busca mi gloria en ellas, no la tuya; mi propiedad, no la
tuya; mis intereses, no los tuyos; no te encuentres nunca en el número de aque­
llos que pertenecen a los tiempos peligrosos, puesto que se aman asimismos y
aman aquellas cosas que se deducen de este mal principio ". 224

Como vemos, es la espiritualidad del "da mihi ánimas". Lleva en sí una doble y
simultánea inclinación vital: a crecer continuamente en el amor que fluye del
corazón de Cristo Salvador, participando y haciendo participar a los demás, sea
cual fuere su estado de vida, en el sacerdocio de la Nueva Alianza, y a sentirse
enviado a apacentar a los pequeños y pobres con generosa entrega de sí. Es una
espiritualidad que se nutre de caridad pastoral con una modalidad propia, que
cultiva "la actitud del Buen Pastor que conquista con la mansedumbre y la entre­
ga de sí mÍlsmo". 22s

Las expresiones: unión con Dios, el bien de los demás, trabajo y templanza, ha­
cerse querer, servir al Señor con santa alegría, toda fatiga es poca cuando se tra­
ta de la iglesia y del Papa, basta que seáis jóvenes para que os ame con toda mi
alma, clima de familia, espíritu de iniciativa, sistema preventivo, etcétera, llevan
a todo salesiano (por tanto también al socio presbítero) al modelo del corazón
sacerdotal de San Juan Bosco, profundamente abierto a las realidades terrestres
y lleno de los dones del Espíritu Santo, hasta el punto de vivir en la realidad de
cada día "como si viera al Invisible ". 226
-Por último
el tema de la corresponsabilidad en la comunidad en cuanto sujeto de la misión
nos hace pensar en la mutua circularidad entre dimensión sacerdotal y dimensión
laical, y simultáneamente estimula a todos los salesianos, bajo la guía de quien
hace las veces de San Juan Bosco (un socio presbítero), a caminar hacia una sín­
tesis vital que sepa aprovechar constantemente la energía de dos polos en ten-

223. Juan 21, 17.


224. Tratados sobre el evangelio de San Juan 123, 5.
225. Constituciones 11.
226. Cfr., Constüuciones 21.
Perfi.l Sacerdotal de Don Bosco / l O l

sión: la promoción humana y el crecimiento en la fe. Es una gracia de unidad es­


pecífica de la vocación salesiana, que mueve a cada hermano a tener, como San
Juan Sosco, una actitud sacerdotal siempre y en todas partes: el celo pastoral del
educador, pues todo salesiano, sea presbítero o laico conforma su vida con la de
Cri to buen pastor, del que es signo per ona al servicio de la juventud.

El XXIII Capítulo General insiste en la formación permanente, a fin de que toda


comunidad sea signo y escuela de fe. Es característico del sacerdocio de la Nue­
va Alianza el interesarse por la fe del prójimo. La comunidad salesiana lo hace
inmersa en el mundo juvenil, donde halla también el campo propicio para desa­
rrollar su formación permanente. "Al vivir en medio de los jóvenes y en relación
constante con los ambientes populares, el salesiano se esfuerza por discernir en
los acontecimientos la voz del Espíritu, adquiriendo así la capacidad de apren­
der de Ja vida". 227 Sí, la comunidad salesiana mira a la vida como al gran libro
de lectura y como al verdadero altar del sacrificio.

Estas breves reflexiones sobre el XXIII Capítulo General nos hacen captar inme­
diatamente la importancia extraordinaria que tiene en la Congregación la forma­
ción inicial y permanente del salesiano presbítero para la fisonomía de nuestras
comunidades y para sus múltiples servicios entre los jóvenes y con los distintos
grupos de la familia salesiana. A todos interesa su crecimiento en interioridad a­
cerdotaJ con una competencia especial en la contemplación y anuncio de la pala­
bra de Dios, en la valoración pedagógica y vital de la liturgia, en la guía de los
corazones mediante el sacramento de la Reconciliación, en la competencia evan­
gelizadora y catequética y, en general, en la habilidad para incorporar las iniciali­
vas de promoción humana en la síntesis orgánica de la fe cristiana.

6. GRATITUD AL PRESBÍTERO Y ORACIÓN A MARÍA POR ÉL

Para concluir, queridos hermanos, resultan sugerentes los pensamientos conteni­


dos en las dos últimas proposiciones de los padres sinodales.
-Ante todo, una proclamación pública de gratitud al presbítero:

su ministerio es necesario para el bien de la Iglesia; su virtud redunda en creci­


miento de espiritualidad en los demás; por sus servicios, especialmente con la
administración de los sacramentos, 228 se infunde dinamicidad a la consagración
bautismal que hace de todos un pueblo sacerdotal para la liturgia de la vida. El

227. Co11stit11ciones 119.


228. Cfr., Lumen ge111i11111 11.
102 / P. Fernando Peraza L.

presbítero es servidor a tiempo pleno de nuestra dignidad cristiana de verdade­


ros hijos de Dios. Brota, pues, espontáneo del corazón un fuerte sentimiento ele
gratitud a cuantos han seguido la llamada del Señor entregándose con genero­
sidad a la labor ministerial. El presbítero interesa de verdad a los creyentes; es
un don de Dios que hay que saber aprecia,; amar y considerar como parte viva
ele la propia existencia.
En la beatificación de los presbíteros José Allamano y Aníbal María de Francia,
el Papa dijo con razón: «El mayor castigo que el Señor puede infligir a un pue­
blo es privarle de sus ministros; mejor dicho, de ministros según su corazón».
Sintámonos invitados a intensificar nuestra oración por las vocaciones sacerdo­
tales, por que su formación sea óptima según las circunstancias actuales y por
la perseverancia y santidad de los sacerdotes. Y procuremos que crezca en la
gente, que lo tiene olvidado, la grandeza y necesidad del sacerdote en la sociedad.
Así demostraremos que verdaderamente nos interesa el sacerdote del dos mil.
- El otro pensamiento, contenido en la última proposición, es el que se refiere a
la Santísima Virgen, "Madre de Cristo y Madre de los sacerdotes".

Cristo fue consagrado en su seno sacerdote de la Nueva Alianza. Estuvo con él


al pie de la cruz en el acto supremo del nuevo y único sacrificio. Compartió con
los Apóstoles en el cenáculo la espera de la efusión del Espíritu Santo para co­
menzar el ministerio. Asunta al cielo, acompaña a Cristo, sacerdote eterno, en
su mediación permanente. Como madre e imagen de la Iglesia, vuelca su solici­
tud sobre los amigos de su Hijo que, mediante el ministerio ordenado, partici­
pan de modo particular en su sacerdocio para bien de todos.
La formación del presbítero se refiere a ella, sea como a la persona humana que
mejor y más plenamente respondió a la vocación de Dios, sea como a la discí­
pula que aceptó la palabra del Padre en sí misma y la engendró para todos. Ma­
ría, reina de los Apóstoles, aparece como jú1gido estímulo y auxilio de la comu­
nión eclesial e ilumina constantemente su misión con su maternidad virginal.

Confiemos en su solícita intercesión y encomendemos a su materno cuidado la


pastoral de las vocaciones, su formación en las actuales circunstancias, la inte­
rioridad de los sacerdotes de todas las Iglesias particulares y, especialmente, la
de los salesianos presbíteros, a fin de que su espíritu apostólico y su competen­
cia ministerial crezcan según el modelo admirable de los ardorosos corazones
sacerdotales de San Juan Bosco y de San Francisco de Sales.

Así, toda la Congregación y la familia salesiana y muchedumbres cada vez más


numerosas de jóvenes y de pueblo cristiano celebrarán en la vida de cada día
aquel sacerdocio bautismal que incorpora los actos de amor de cada uno al su-
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 103

premo acto pascual de Cristo, que es lo más grande que ningún otro podía hacet:
Sí, el sacerdocio de la Nueva Alianza lleva verdaderamente la historia del hom­
bre a concentrarse en la cumbre del amor, construyendo así gradualmente a lo
largo de los siglos aquel Reino de Dios donde el Amor será todo en todos .
¡Que la memoria del ciento cincuenta aniversario de la ordenación de San Juan
Bosco siga suscitando en la Congregación el aprecio íntimo y el sentido vivo del
sacerdocio común, a través de una autenticidad mayor del ministerial!

Os saluda cordialmente en el Señor,


Egidio Viganó
Roma, 8 de diciembre de 1990,
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. 229

229. Cfr., AClas del Consejo General n º 335 enero-marzo de 1991.


104 / P. Fernando Pera1.a L

ANEXO2

EL SALESIANO PRESBÍTERO EN L A RATIO FUNDAMENTA­


LIS DEL2000

l. IDENTIDAD

"El salesiano sacerdote [o diácono] une en sí los dones de la consagración y los


del ministerio pastoral, pero de modo tal que es la consagración salesiana la que
determina las modalidades originales de ser sacerdote y del ejercicio de su mi­
nisterio. Como signo sacramental de Cristo Buen Pastor de quien recibe su cari­
dad pastoral, busca salvar a los jóvenes, trabajando en el contexto de su comu­
nidad. Su contribución específica a la acción apostólica de la comunidad está en
su triple ministerio.

A través del ministerio de la Palabra, él lleva la palabra de Cristo a las más dis­
tintas situaciones y en las diversas formas de predicación, de ayuda y de conse­
jo, de iluminación de la experiencia de los jóvenes, de orientación de los proyec­
tos y de las obras, y de transformación de sus vidas.
Su servicio de santificación tiene distintas expresiones de realizacióm, pero el
momento más significativo y fecundo consiste en el servicio de iniciación a la
vida en Cristo, en la oración litúrgica y en la celebración de los Sacramentos,
especialmente de la Eucaristía y de la Reconciliación.
Su acción de animación de la comunidad cristiana está totalmente orientada al
servicio de la unidad de las diferentes comunidades, la salesiana y otras de ma­
yor alcance: la Comunidad Educativo-Pastoral, la Familia Salesiana y el Movi­
miento Juvenil Salesiano. Sabe animar los diversos ambientes pastorales sale­
sianos [391. En el Salesiano Coadjutor integra en su plenitud el proyecto de vida
consagrada concebido por Don Bosco l38;40J.

La, identidad del salesiano presbítero viene dada por la fusión de dos elementos
que lo caracterizan (la consagración religiosa y el presbiterado) en una expe­
riencia única y original: "por un lado, la consagración presbiteral es asumida,
cualificada y vivificada por el espíritu y misión propios de la profesión salesiana
y, por otro, asegura, enriquece y hace fecunda la identidad pastoral de su voca­
ción y la de toda la comunjdad ". 230

230. Egidio V/GANO, Miramos con vivo interés al presbítero del dos mil, ACG, 335 (1990),
p. 21.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 105

2. FORMACIÓN

• Naturaleza y finalidad

"La formación específica del candidato al ministerio presbiteral sigue las orien­
taciones y normas dadas por la Iglesia y por la Congregación.
Su objetivo es preparar al sacerdote pastor educador desde la perspectiva
salesia". 231
La formación específica del salesiano sacerdote o diácono pem,anente tiende a
la preparación de un salesiano llamado para actuar la misión juvenil a través
del ministerio presbiteral o diaconal, a vivirlo en la comunidad salesiana en co­
rresponsabilidad fraterna con el salesiano coadjutor, y a expresarlo en el contex­
to de la Familia Salesiana y en el más vasto horizonte de la Iglesia y del mundo
[459].

Teniendo presente la especificidad salesiana se pueden destacar los siguientes


objetivos de la formación específica del Salesiano Presbítero:
- Asimilar los sentimientos de Cristo Sacerdote, de quien el salesiano, como
Don Bosco, es testigo para los jóvenes necesitados, y
- vivir el ministerio como experiencia espiritual;
- senlir con la Iglesia: 232 asumir la identidad del sacerdote como es presentada
por la Iglesia y en relación con la comunidad cristiana (laicos, otras vocacio­
nes ... ); colaborar en la realización de la misión según el carisma salesiano;
obrar en comunión con el Papa y los Obispos;
- crecer en la conciencia de que el ministerio presbiteral es una dimensión espe­
cífica de su vocación salesiana que lo caracteriza especialmente:
- por el aspecto juvenil y educativo,
- por la índole comunitaria,
- y por el compromiso de ser sacerdote siempre y en todas partes 233 en la di-
versidad de actividades, obras y roles;
- desarrollar una sensibilidad propia del espíritu salesiano por la dimensión
catequística, vocacional y mariana en el ejercicio del ministerio sacerdotal;
- madurar una actitud de discernimiento espiritual y pastoral frente a personas
y eventos, para poder orientar a las personas y a la comunidad;

231. Conslituc:iones 116.


232. "Direc!iva sobre laformació11 en los Jnstilutos religiosos'', Polissimum inslilutioni, Sa­
grada Congr. para los Jns1i1u1os de vida condagrada y las sociedades de vida apostólica, 1990, 24.
233. CG 21, n. 294.
106 / P. Fernando Peraza L.

- adquirir una formación teológica y pastoral sólida y actualizada, en sintonía


con las 01ientaciones de la Iglesia y de la Congregación;
- hacer experiencia del ministerio propio del lectorado y de acolitado, del dia­
conado y del presbiterado, en el contexto de la comunidad local e inspectorial;
- educarse dentro de una pedagog{a de la vida que prepare a vivir en actitud de
formación pem1anente [460].

• La experiencia formativa

"La experiencia formativa sacerdotal, que debe conservar toda la amplitud de


mirada del sacerdocio universal y la unidad con el presbiterio local se debe ha­
cer en la perspectiva salesiana y se da por grados y etapas progresivas, que
comprenden la institución y el ejercicio de los ministerios del lectorado y del
acolitado, la ordenación y el ejercicio del diaconado.
En algunas Inspectorías, esta experiencia coincide en par1e con el período de
preparación a la profesión perpetua.

Llamado a ser, como Don Bosco, signo e instrumento de Cristo Pastor al servi­
cio de los jóvenes, el futuro presbítero o diácono cultiva una fe fuerte y viva,
centrada sobre la persona de Jesucristo, cabeza de la Iglesia, sumo sacerdote y
mediador.
De Cristo aprende y recibe la caridad pastoral que está a la base de toda la vida
y de su formación, y que se expresa en la compasión y en el amor que lo impul­
sa a dedicarse plenamente a la misión.
Vive y expresa esta caridad como ministro de la palabra, de los sacramentos en
el servicio de la caridad.

Movido por el Da mihi animas, mira toda persona y todo acontecimiento con
óptica pastoral y se entrega con sentido comunitario a "múltiples servicios peda­
gógico - pastorales con el fin de lograr que los destinatarios adquieran la capaci­
dad de celebrar la liturgia de la propia vida incorporándola a la Eucaristía de
Cristo" [461]. 234

• La dimensión humana

"Conscientes de que la eficacia del ministerio presbiteral depende no poco de la


madurez personal y de las buenas relaciones con los demás, el futuro sacerdote

234. Egidio V/GANO, "Miramos con vivO' interés al presbítero del dos mil", ACG 335 ( 1990),
pp. 34-35.
PerfiJ Sacerdotal de Don Bosco / 107

se esfuerza por reflejar, en la medida de lo posible, la perfección humana que ve


resplandecer en Jesucristo y que admira en Don Bosco.

- Demuestra entonces gran sentido de responsabilidad, afectividad madura y


serena, equilibrio y prudencia en el valorar y juzgar, sinceridad de corazón y
respeto por la justicia.
- Cultiva en sí las cualidades humanas que lo hacen amable y, por tanto, más
creíble: la simpatía, la afabilidad. la lealtad, la fidelidad a la palabra dada, el
respeto por las personas y la apertura a las ideas de los demás, la reserva y la
discreción.
- Desarrolla las dotes que falicitan el encuentro con Las personas, como la hu­
mildad, la gentileza en el trato, la confianza, la escucha, la simpatía, la com­
prensión y la caridad en la conversación.
- Madura una relación fraterna de complementariedad en la misión con el sale­
siano coadjutor.
- Aprende a reconocer los límites que debe tener en las relaciones pastorales y
y en su implicación en la vida de las personas. Cultiva una relación pastoral
positiva, equilibrada y prudente con la mujer.
- Madura una profunda sensibilidad por los más pobres y los que sufren"[462].

• La dimensión espiritual

"La dimensión espiritual es el punto central y factor de identidad de la llamada


a ser mediador de la acción y de la presencia del Señor. Se trata de crear en sí la
unidad entre vida interior y apostolado, entre anuncio y testimonio, atención a
Dios y atención a los jóvenes, liturgia y vida.

En el corazón de la experiencia está la disponiblidad al servicio, pero antes toda­


vía la disponibilidad a una comunión de vida con Cristo, a un camino de santi­
dad en el ministerio.

Consciente de que la ordenación presbiteral o diaconal establece un nuevo y pro­


fundo vínculo personal con Cristo, por el cual es configurado a Él en cuanto ca­
beza de la Iglesia, el candidato se prepara y comienza a vivirla, sabiendo que
todo depende de ese vínculo. Su entrega a Cristo con sentimientos de profunda
amistad es el corazón de su preparación a la ordenación y de todo su ministerio.

La total configuración con Cristo tipifica su vida espiritual. Ésta queda "caracte­
rizada, plasmada y definida por aquellas actitudes y comportamientos que son
108 / P. Fernando Peraza L.

propios de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia y que se compendian en su


caridad pastoral".23s
Identificándose con "los mismos sentimientos de Cristo Jesús"236 , el futuro sa­
cerdote crece en el amor hacia el padre y hacia los hombres a imitación suya, en
donación total de sí mismo y en servicio.
Crece en el conocimiento y en el amor hacia Él, lo encuentra a menudo en su pa­
labra y en la oración y vive unido y en amistad con Él mediante la activa partici­
pación en los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la reconciliación, en la
Liturgia de las Horas y en el servicio de la caridad a los hermanos (463].

Su configuración con Cristo se expresa también con la identificación con la Igle­


sia. Se siente llamado a ser un hombre de Iglesia.
Ama a la Iglesia, contemplando su realidad en la fe y viviendo en comunión de
mente y de corazón con los pastores. Cultiva el ardor pastoral y misionero y co ­
labora personalmente en la edificación de la Iglesia. La santifica por medio de la
santificación de su vida.
Hace de la Liturgia de las Horas, a cuya celebración se ha comprometido solemne­
mente, 237 el alimento de su oración personal y la expresión de su sentido eclesial.
Este amor por la Iglesia se hace efectivo en el compromiso por vivir la relación
con la Iglesia local, con el obispo, con los sacerdotes, con los religiosos y los lai­
cos, apreciando y promoviendo "la unidad de la comunidad en armonía de las
diversas vocaciones, carismas y servicios" l464]. 238

La configuración con Cristo y la identificación con la Iglesia confluyen de modo


natural en el humilde y desinteresado servicio a los hermanos.
"La formación en la entrega generosa y gratuita, favorecida también por la vida
comunitaria, representa una condición irrenunciable para quien está llamado a ha­
cerse epifanía y transparencia del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas".239
El presbítero o el diácono se cualifican como hombre de caridad. Ellos saben
que el fin principal de su ministerio no está en la realización de sí mismos y mu­
cho menos en el éxito de todos sus esfuerzos -esto lo dejan al Sen6r-, sino en el
hecho de gastar la propia vida por los demás, con todo el amor y la ascesis que
eso implica, conscientes de que de esta forma están trabajando por Quien verda­
deramente importa.

235. "Pa.l'tores dabo vobis", 21.


236. Flp 2,5.
237. Cfr Pablo VI, "Carta Apus/6/ica Ad pascendum", 8, 1972.
238. "Pastores dabo vobis", 16.
239. "Pas1ores daho vobis", 49.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 109

El salesiano vive esta actitud en la perspectiva específica de su vocación. Una


actitud de servicio alegre y gratuito a los hermanos y a los jóvenes, con cora.lón
indiviso y con gran libertad interior incluso a costa de muchos sacriftcios perso­
nales. Así desarrolla esa "constante disponibilidad a dejarse absorber, y casi a
devorar por las necesidades y exigencias de la grey" f465]. 240

• La dimensión intelectual

466. La formación intelectual del salesiano presbítero tiene como fin la adquisi­
ción de una amplia y firme preparación en las ciencias sagradas, de un sólido
arraigo en la salesianidad y de una cultura general proporcionada a las necesi­
dades de nuestros tiempos. Con estos elementos, el candidato se habilita al diálo­
go y al discernimiento pastoral, y a estar en condiciones de anunciar convenien­
temente el mensaje evangélico a los jóvenes de hoy, de insertarlo en su cultura
y de orientar y construir la comunidad cristiana. 241

Los estudios se integran en un camino espiritual marcado por la experiencia per­


sonal de Dios. Así el candidato al sacerdocio va más allá de una pura ciencia de
nociones; da sólido fundamento y nutre la propia fe; llega a la sabiduría y la inte­
ligencia del corazón y se habitúa a la reflexión, al estudio y al intercambio como
actitud de formación permanente.

467. La formación intelectual en este período requiere tiempo y gran dedicación,


amor y espíritu de sacrificio. Es frnto de un aporte interdisciplinar y de una me­
todología que involucra activamente.
El rigor científico de los estudios se equilibrará con su finalidad pastoral. 242 Se
requiere un diálogo con los problemas pastorales de hoy, especialmente con los
desafíos de la evangelización ele las culturas y de la inculruración del Evangelio.
Esta tarea, inspirada en las orientaciones eclesiales, conlleva una inteligente y
responsable reflexión en el propio contexto.
Los estudios tienen que habilitar para comunicar la fe a los jóvenes en su situa­
ción sociocultural y para iluminar y guiar su vida espiritual. AJ mismo tiempo,
siempre es verdad que sólo un estudio serio contribuye a una sólida formación
del pastor ele almas como maestro de la fe y lo habilita a anunciar el mensaje
evangélico con eficacia, según modos más apropiados a la cultura actual.

240. "Pa.11ores dabo ,·obis". 28.


241. Cfr.. RFIS 59.
242. Cfr., PDV 55.
11O / P. Fernando Peraza L.

- El estudio de la teología

El estudio de la teología tiende a que el candidato adquiera una visión orgánica


de las verdades reveladas por Dios en Jesucristo y de la experiencia de fe de la
Iglesia.
Por una parte, la teología tiene como punto de referencia la Palabra de Dios, ce­
lebrada y vivida en la Tradición viva de la Iglesia: por eso el estudio de la Escri­
tura, de los Padres de la Iglesia, de la liturgia y de la historia de la Iglesia.
Por otra parte, la teología se orienta al sacerdote, llamado a creer, a vivir y a co­
municar la fe y el ethos crisüano: por ello el estudio de la dogmática, de la teolo­
gía moral, de la teología espiritual, del derecho canónico y de la teología pas­
toral.
La referencia al hombre creyente exige afrontar la cuestión de la relación fe.
razón -de ahí el estudio de la teología fundamental- tratando de la revelación
cristiana y de su transmisión en la Iglesia. Y busca dar respuesta a los problemas
conectados con la situación social y cultural: Por ello el estudio de la doctrina
social de la Iglesia, de la misionología, del ecumenismo, de las religiones no
cristianas 243 y de las expresiones de la religiosidad.

Es menester asegurar la formación en el campo de la comunicación social. Ella


ofrece un cuadro teórico de referencia acerca de la teología de la comunicación,
el magisterio de la Iglesia y los valores éticos y los problemas pastorales conec­
tados con las culturas juveniles. Además, habilita al futuro sacerdote o diácono
a la comunicatividad en la homilética, en la praxis litúrgica, en la pastoral, en la
catequesis y en el servicio ministerial en general. El conocimiento de los instru ­
mentos y de los estilos comunicativos del contexto, de los códigos y de los len­
guajes de los modernos medios de comunicación, lo ayudarán a anunciar el
Evangelio, haciendo el mensaje más comprensible al hombre contemporáneo.

Lo importante es que todos estos aspectos de la teología converjan armónica­


mente en la visión de la historia de la salvación que actúa en la vida de la Iglesa
y en las vicisitudes del mundo. 244

- Perspectiva salesiana y disciplinas salesianas

469 En el contexto del plan fundamental de formación sacerdotal promulgado


por la fglesia, la vocación específica salesiana conduce a subrayar en los estu-

243. Cfr., PDV 54.


244. Cfr., RFIS 77.27.
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 1 J 1

dios la perspectiva de la misión juvenil y otros ámbitos conectados con ella. Esto
implica que:
dentro de las mismas disciplinas teológicas. se perciba una sensibilidad sale­
siana en el modo de afrontar los temas y de destacar su incidencia pastoral;
cultívense ámbitos específicamente salesianos en la línea del presbiterado o
ámbitos que se refieren a él, tales como la experiencia sacerdotal de Don Sos­
co. la pastoral juvenil, la catequesis (especialmente de jóvenes) y la espiritua­
lidad salesiana, la animación espiritual de personas, grupos y comunidades,
la comprensión y la animación de las diversas vocaciones de la Familia Sa­
lesiana, la fisonomía pastoral de las diversas obras salesianas y la figura del
sacerdote o diácono en ellas.

- La dimensión educativo-pastora/

La formación específica del salesiano presbítero en la dimensión educativo-pas­


toral se refiere a la mentalidad y a los criterios pastorales, las actitudes, la meto­
dología y las habilidades, la manera de situarse como presbítero salesiano en la
realidad pastoral de la comunidad eclesial y ante los desafíos de la misión. En
particular, en esta fase, la dimensión educativo-pastoral quiere cualificar al her­
mano para las expresiones fundamentales del ministerio, según las especifica­
ciones de la vocación salesiana, continuando la experiencia vivida durante los
años de la formación precedente, especialmente en el tirocinio.

Los aspectos que hay que cultivar

Para ser servidor de la Palabra, en el contexto de la nueva evangelización y fren­


te a los desafíos culturales, el futuro presbítero o diácono:
- se cualifica, a través del estudio y la reflexión, para anunciar y testimoniar la
palabra de Dios. en sintonía con la mens de la Iglesia y teniendo siempre pre­
sente la relaci6n entre fe y cultura;
aprende el arte de la predicación, en particular la homilética y el arte de la co­
municación social en función de la evangelización con especial atención a al­
gunos ámbitos como el primer anuncio de la educación de la fe en la cate­
quesis, el diálogo ecuménico y el diálogo interreligioso;
se hace más idóneo para el acompañamiento y el crecimiento espiritual de las
personas especialmente en el campo juvenil y en el ámbito de la Familia Sa­
lesiana.

472. Con miras a su servicio en la liturgia y en los sacramentos:


- se cualifica para las diversas acciones litúrgicas del sacerdote o diácono y en
112 / P. Fernando Pera1.a L.

particular para la presidencia de los actos de culto del pueblo cristiano;


- pone en sintonía cada expresión cultural con el conjunto de la evangelización
y de la acción pastoral de la Iglesia y con las opciones fundamentales de la
Pastoral Juvenil Salesiana;
- se habilita para iniciar a los jóvenes y a los fieles en la celebración de los sa­
cramentos, especialmente de la Eucaristía y de Ja Reconciliación.

473. Para ser capaz del servicio de la caddad propio del presbítero o diácono:
se dispone a poner en primer lugar la lógica del servicio y se hace testigo de
la caridad de Cristo Buen Pastor en la comunidad superando todo egoísmo e
individualismo;
se prepara a asumir las formas diferentes de vivir el sacerdocio o el diacona­
do según los diversos roles y en los diversos ambientes en que se realiza la
misión salesiana;
crece en la atención a la pastoral de conjunto siguiendo las indicaciones de la
Iglesia y de la Congregación y en sintonía con el Proyecto educativo-pastoral
salesiano local, aprendiendo a trabajar en equipo con una metodología de pla­
nificación pastoral, y a prestar su pecularidad específica a la Comunidad Edu­
cativo-Pastoral como sacerdote o diácono;
cultiva su aptitud para la animación espiritual de grupos y movimientos juve­
niles y de las comunidades eclesiales.

- El ejercicio de los ministerios y del diaconado

En el camino hacia el presbiterado tienen un particular significado pedagógico


los ministerios del lectorado, acolitado y diaconado que ayudan a madurar y a
hacer experiencia de los valores y asumir las actitudes características de la
dimensión educativo-pastoral y a adquirir las competencias y las habilidades que
se necesitan.

- El lectorado y el acolitado

El cometido del lector es proclamar la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica


y desempeñar las tareas relacionadas con ella; por ejemplo, dirigir el canto, guiar la
participación de los fieles e instruirlos a recibir dignamente los sacramentos.245
El ejercicio del lectorado, por tanto, evidencia particularmente el conocimiento
y el amor de la Sagrada Escritura y la capacitación para su proclamación.

245. Cfr., PABLO VI, Carta Aprwólica, 1972. "Mi11isteria quaedam•·. V.


Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 113

Corno acólito, el hermano asume el deber de cuidar el servicio del altar, ayudar
al diácono y al sacerdote en las acciones litúrgicas, especialmente en la cele­
bración de la Misa, distribuir la Santa Comunión; en ciertas circunstancias
exponer públicamente a la adoración de los fieles el Santísimo Sacramento.
El ejercicio del acolitado, por tanto, destaca la participación en la celebración de
la Eucaristía y en el servicio litúrgico en sus diversos aspectos.
Para los candidatos a las órdenes sagradas el ejercicio gradual del ministerio de
la Palabta y del altar tiene una finalidad prioritariamente pedagógica, en cuanto
los hace más conscientes de su vocación y los ayuda a ser fervorosos en el espí­
ritu y prontos a servir al Señor en los fieles.246

- El diaconado

475 También el diaconado -para quienes están encaminados al sacerdocio­


pedagógicamente se orienta al ministerio presbiteral. Es un tiempo de iniciación,
pero también de profundización y de síntesis. El ejercicio de este orden, en efec­
to, favorece la maduración de algunos aspectos específicamente sacerdotales, si
bien es limitado en la duración y en las posibilidades concretas de aplicación.
Entre las áreas que se deben privilegiar en la preparación y en el ejercicio del
diaconado, se pueden señalar las siguientes:

- el anuncio de la Palabra de Dios: el diácono salesiano se cualifica y hace ex ­


periencia en la predicación de la Palabra ele Dios y en la educación de la fe
de los jóvenes;
- la animación litúrgica: profundiza los contenidos teológico-pastorales del
Leccionario, del Misal y de la Liturgia de las Horas. Se compromete en el
ejercicio del ministerio diaconal en el campo litúrgico (organizando y presi­
diendo las diversas celebraciones, cuidando la preparación de los que partici­
pan en ellas), tanto dentro de la propia comunidad, como en otras actividades
pastorales;
- la pastoral de los sacramentos y la preparación para el ejercicio del sacramen­
to de la Reconciliación: el Salesiano que recibe el diaconado como prepa­
ración a la ordenación sacerdotal es introducido gradualmente en el minis­
terio de los sacramentos y se orienta para el futuro rol de confesor y guía de
las almas. Con la ayuda de los hermanos expertos en el campo moral y en la
confesión, él se habilita para el acompañamiento de las personas en el sacra­
mento. Para ello une la atención a las situaciones, la claridad de los criterios
y la habilidad educativa y la atención a la gradualidad del itinerario personal.

246. Cfr., PABLO VI, Caria Apostólica, 1972, '"Ad pascendum", Introducción.
J 14 / P. Femando Peraza L.

Se prepara para el acompañamiento, la orientación y la dirncción espiritual de


las personas también en el ámbito no sacramental. Todo esto supone sensi­
bilidad y capacidad de lectura de las realidades humanas y una evaluación de
las mismas según los criterios de la fe.

Con el diaconado inicia el compromiso oficial de la celebración de la Liturgia de


las Horas en nombre de la Iglesia.

3. ALGUNAS CONDICIONES FORMATIVAS

Los años ele formación específica del salesiano presbítero encuentran un ideal en
el cual inspirarse en el tiempo de espera de los Apóstoles en el Cenáculo después
de la resurrección: asiduos en oración con la Virgen María y esperando la veni­
da del Espíritu Santo.
La caridad pastoral y el ardor por la misión en Ja perspectiva de apertura al servi­
cio pastoral dan el tono a toda la experiencia formativa.

477. La comunidad de formación presbiteral está compuesta por hermanos que


han hecho experiencia de la vida salesiana y están para asumir en plenitud las
obligaciones de la misión. Es importante conducirlos para que asuman la plena
responsabilidad de la propia formación desde el inicio de esta fase, muy diferen­
te de la anterior.
El ambiente formativo se debe caracterizar por:
la implicación de todos en el esfuerzo formativo, superando actitudes de re­
chazo o de individualismo, obrando en forma motivada con libe11ad madura,
aceptando serenamente el servicio de la autoridad y las distintas mediaciones;
el estudio asumido con seriedad y la importancia dada a la reflexión personal
y participada;
la organización de la vida de oración con estilo salesiano y con calidad, des­
tacando la espiritualidad presbiteral y cultivando una actitud y un ritmo per­
sonal de oración;
el sentido de fraternidad a través del ejercicio de compa11ir la propia expe­
riencia, el discernimiento comunitario a la luz de la Palabra, el caminar jun­
tos en la conversión y en la corrección materna, la confrontación sincera y
comprensiva;
- el ofrecimiento y la práctica del acompañamiento personal y de la dirección
espiritual;
- un fuerte impulso pastoral, expresado según las características de esta fase,
evitando dos riesgos: un estilo de vida comunitaria demasiado lejano de los
intereses pastorales salesianos, o bien, una inserción tal en una acción con-
Perfil Sacerdotal de Don Bosco / 115

creta que no ofrezca a los candidatos el tiempo suficiente para el estudio, la


vida comunitaria o la oración;
- el sentido de unión con la Inspectoría, la Congregación y la Familia Salesia-
na, y la sintonía con la Iglesia y con las orientaciones de los Pastores.

Se dará seriedad a las admisiones al diaconado y al presbiterado, previendo un


atento proceso de discer nimiento y de corresponsabilidad de todos los que inter­
vienen, comenzando por el mismo candidato.

Constituye parte del ambiente formativo de esta fase el centro de estudios-sea


salesiano o no- ya que contribuye a madurar la mentalidad, los criterios y la
cualificación pastoral, cuando de hecho comunica una imagen del sacerdote y
del ministerio que incide sobre la identidad vocacional, sobre la visión de la mi­
sión y sobre la espiritualidad. 247 Su organización debe ser coherente con el pro­
yecto formativo global.
El centro salesiano-que se debe preferir-hace posible una línea de estudios,
atenta a la perspectiva salesiana y a los contenidos específicos que de ella se de­
nvan.
No basta que la comunidad formadora asegure la dimensión salesiana por su es­
tilo de vida espiritual y fraterna, de compromiso apostólico y de estudios, antes
bien es necesario completar el programa de las materias "salesianas", precisa­
mente para ofrecer una base sólida a la vocación y al ministerio del futuro sacer­
dote o diácono.

247. Cfi'., PDV 67.


Este pequeño librito mío quiere ser no sólo como la guía
para continuar un estudio, sino también una invitación
a mis hermanos sacerdotes para que confronten su
propia vida con la experiencia y el testimonio presbitera­
les de don Bosco.
Por esto, después de recorrer el itinerario de su vocación
sacerdotal, estas páginas presentan una especie de
mosaico de aspectos, episodios y actitudes de Don Bosco
sacerdote, a manera de cuadros que pueden llevar a la
contemplación de su fisonomía presbiteral y de su vida.

Así mismo, aunque no falten algunas notas ilustrativas y


documentales obligadas, he evitado todo análisis
científico y he ido al relato directo, quedando claro, sin
embargo, que hay estudios y variadas fuentes bibliográ­
ficas que fundamentan suficientemente la metodología
y las claves interpretativas que uso y que propongo.

Este escrito quiere responder, entonces, a interrogantes


actuales sobre nuestra identidad sacerdotal "salesiana"
y nos hacen pensar en aquella Circular, escrita por Pablo
Albera el 19 de marzo de 1921, en la que para motivar la
fidelidad del presbítero salesiano a su vocación lo invita
a "revivir a don Bosco" , fraguando siempre mejor el
corazón en su espíritu y en el testimonio inolvidable y
fecundo de su vida, de sus virtudes y de su ministerio.

ISBN 9978-99-087-9

Centro Salesiano Regional


de Formación Permanente

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