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INDIVIDUALISMO CONTEMPORÁNEO: ALGUNOS RASGOS

FUNDAMENTALES DE LA RELACIÓN ECONOMÍA -ÉTICA EN OCCIDENTE

ABRAHAM LONDOÑO PINEDA


Economista
Docente Facultad de Ciencias Empresariales
Universidad de San Buenaventura

RESUMEN

El individuo moderno se encuentra inmerso en el liberalismo contemporáneo cuya


visión individualista de la persona promueve una postura subjetivista en el terreno
de la moral y de la ética, llevando al individuo a asumir su autonomía, y a buscar
su autoafirmación, pero descuidando la responsabilidad ante la sociedad. Es decir,
el individuo afronta el mundo, desprovisto del componente ético. La vigencia de
este paradigma, su difusión, así como el surgimiento de nuevos patrones
sociológicos y psicológicos ha traído como resultado la separación entre economía
y ética. Más específicamente, el capitalismo contemporáneo cambia, debido al
aflojamiento de los elementos culturales que han mantenido unidos al orden
económico y la ética1.

PALABRAS Y EXPRESIONES CLAVES

Capitalismo industrial, capitalismo de consumo, capitalismo ficticio, demanda


agregada, modernidad, posmodernidad, financierización, autonomía, ética.

SUMMARY

Modern individuals are immersed in contemporary liberal way of thinking and its
individualistic conception of the human kind. This liberal trend promotes a
subjective posture on moral and ethics, allowing people to develop autonomy and
self affirmation, but, at the same time, it neglects social responsibility. The
progressive development of this liberal paradigm, along with the massive diffusion
of its principles and values and the arising of new sociological and psychological
patterns has brought as a result the separation between economics and ethics. In
other words, contemporary capitalism changes due to the weakening of the cultural
elements that kept attached both economics and ethics.

KEY WORDS

Industrial Capitalism, Consumption capitalism, Fictitious capitalism, added


demand, modernity, post modernity, financing, autonomy, ethics.

1
BELL, Daniel. Las contradicciones culturales del capitalismo. México: Alianza Editorial, 1977.
Págs 45-89.

2
INTRODUCCION

Uno de los fenómenos más característicos de la sociedad moderna es el dilema


ético al que se enfrentan las personas, en un mundo en el que se pregona la
autonomía del individuo pero que al mismo tiempo se le reclama la
responsabilidad ante la sociedad. Este tema a un nivel más amplio es tratado por
la bioética, la cual estudia, entre otras cosas, los cambios en los paradigmas
culturales que han contribuido a distanciar la economía de la ética, y que,
sustentados en la libertad del mercado, han hecho pensar a la sociedad en
general que no es posible alcanzar mejores resultados sociales que los que ofrece
la competencia del mercado2.

Aunque no se trata de un fenómeno nuevo, si es algo que sigue vigente en


nuestros días, debido a que se considera que a partir del proyecto de la
modernidad el sujeto es moralmente autónomo, por lo que se propone la ruptura
con la tradición religiosa como el elemento básico que rompe con todos los moldes
que antaño no dejaban realizar al ser humano en mayor dimensión, claro,
colocando en su lugar la universalización de la razón corporizada en el Estado
como organización política de la sociedad.

En la actual era posmoderna no sólo se rompe con la tradición religiosa, sino que,
existe una disolución de lo social y lo político a favor del individuo y su existencia,
se avanza hacia un Estado mínimo en todos los ámbitos, no sólo en lo económico;
es lo que Lipovetsky denomina " la era del vacío" 3 ; " es la deserción de la cosa
pública que limpió el terreno hasta el surgimiento del individuo puro"; en otras
palabras es autonomía plena.

2
SOROS, George. La crisis del capitalismo global. Barcelona: Editorial Plaza y Janes, 1999. P
Barcelona 1999. p 61-80.
3
LIPOVETSKY, Gill. La Era del vacío. Barcelona: Anagrama, 2003.

3
Se trata de sintetizar en este ensayo las causas que han originado el
distanciamiento entre economía y ética en el sistema capitalista, tomando como
referente el proyecto de modernidad de Occidente. Siguiendo al escritor y filósofo
Vicente Verdú y sus comparaciones entre los distintos tipos de capitalismo4: el de
producción, en el que se producen mercancías; el de consumo, en el que se
producen discursos sobre la utilidad de las mercancías, y el de ficción, en el que
se producen experiencias a través de las mercancías, destacando los elementos
que permitan establecer alguna relación entre la ética y la economía, así como los
factores que han ocasionado su alejamiento.

1. ANTECEDENTES AL SURGUIMIENTO DEL CAPITALISMO EN


OCCIDENTE.

Si queremos hablar de los orígenes del capitalismo tendríamos que remontarnos


hasta la era mercantil o más comúnmente llamada mercantilismo (1450-1750). El
enfoque de este escrito se desarrolla desde la era del capitalismo industrial. En
esta era industrial es importante entender que su marco de referencia es el
proyecto occidental de la modernidad. Dicho proyecto se constituye en una ruptura
con la tradición, que es ciertamente la tradición religiosa. La religión pierde su
carácter de cosmovisión universal y gran parte de su influjo institucional tanto
social como político. La religión queda de este modo reducida a particularidad y
frente a ella surge la universalidad de la razón representada en el Estado.

En este período nacen los Estados- Nación, así como nuevas instituciones
políticas de la democracia liberal que tiene como referentes la revolución francesa
y la revolución norteamericana. En el nivel de las ideas tiene exponentes como
Tomas Hobbes y Montesquiev. El primero expone que el poder es consenso de
los asociados y que está en el Estado. El segundo plantea que el poder no podía
estar concentrado sino dividido para vigilar, lo que supone que la soberanía o

4
VERDÚ, Vicente. El estilo del mundo. Barcelona: Editorial Anagrama, 2003.

4
poder absoluto ya no estaban en el rey o en el monarca: debía estar en el Estado
y en su depositario, el pueblo.

El Estado moderno propone una igualdad ante la ley y queda expresada en la


constitución, con lo que se configura como una entidad política de ciudadanos que
se rige por un conjunto de derechos civiles y políticos. De esta manera, la
identidad moderna queda definida como ciudadanía.

Lo interesante de esta era moderna es la idea de desarrollo, entendido éste como


desarrollo del ser humano o como un propósito de la civilización en busca de su
autorrealización, apartada la religión se cree que no habrá ningún obstáculo para
la trascendencia del ser humano; se considera que la gratificación no es después
de la muerte, es ahora en la vida terrena. ¡Es curioso lo que ocurre porque se pide
que la religión pierda esa fuerza directriz en la vida de las personas, ya que se
considera como algo que restringe la libertad, pero se descuida el hecho de que
en un mundo como el de hoy, el hombre necesita de la religión para aminorar la
realidad de enfrentarse al dolor, al sufrimiento, a la injusticia y a lo inevitable, la
muerte! por lo que se puede considerar la validez y vigencia de ésta, pero de una
manera diferente. No como esa carga pesada para el ser humano, no como esa
obligación adquirida por tradición, sino como una búsqueda libre y gozosa en la
que la persona, palpe y guste de ese encuentro espiritual.

El campo de la moral y la ética quedan relegados a los fueros de lo personal, de


lo íntimo, de lo subjetivo. Sólo los terrenos de lo político y de lo científico son
considerados como de interés general. Surge la ciencia moderna, cambiando la
imagen del mundo. Con la ayuda de la observación, la abstracción y la
cuantificación, los individuos están en mejores condiciones de explicar el mundo
objetivamente, de una manera científica.

5
En el ámbito económico se difunden las ideas de Adam Smith. Este autor se
preocupó por estudiar los cambios que se dieron al pasar de un sistema
mercantilista a uno más industrial. Dicho autor consideró la libertad del individuo
como eje central del sistema económico (liberalismo económico) y la búsqueda del
interés propio, como lo natural en cada individuo. Destacó el papel de la división
del trabajo, como determinante del grado de especialización de éste y como
medida de productividad de una sociedad. Es precisamente, este principio el que
lo llevó a considerar que un mayor tamaño de mercado generaría una mayor
división y especialización del trabajo. Por tal motivo la mejor política económica
era el libre comercio entre las naciones, con lo que la participación del Estado
quedaba restringida a garantizar la seguridad y el orden público, no el orden
económico. Era un Estado gendarme o lo que hoy se conoce como neoliberalismo,
en el que la iniciativa privada es el motor de desarrollo de la sociedad en general.

Smith suponía un mundo armónico, pues éste consideró que la búsqueda del
interés general se daba sumando la búsqueda de los interese individuales. Así los
conflictos propios de las relaciones humanas quedaban excluidos de su análisis.
El mundo se puede parecer mucho más a lo que los economistas matemáticos
denominan un juego “suma cero”, en el que las ganancias de un individuo pueden
ser las perdidas de otro. Por tal motivo la armonía entre los seres humanos puede
tomarse como un propósito para la trascendencia del hombre; puesto que una
cosa es el “deber ser” y otra muy distinta “el ser”, y ante la ruptura con la tradición
religiosa el mundo no iba ser más armónico; por el contrario, podría ser más
liberado, pero no necesariamente más libre. La identidad de los individuos como
sujetos morales autónomos hace que se pierda el sentido objetivo del sujeto, ya
que éste es un mundo que expresa la libertad como pura voluntad de
autoafirmación, de autonomía, no necesariamente de responsabilidad ante la
sociedad.

6
Ante la no validez de la religión ¿Quién podría decir que es moralmente bueno o
malo si no lo enmarcamos en patrones religiosos? Quedaría acordarlo, solo, en
materia de procedimiento, limitándolo a las leyes del derecho, a los estatutos
jurídicos. Aunque podrían desarrollarse planteamientos alternativos desde una
ética de la responsabilidad social, no necesariamente religiosa o moral. Es
precisamente esto lo que se desarrolla desde aquí en adelante.

2. CAPITALISMO INDUSTRIAL

2.1 CAPITALISMO INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA ( 1750-1850)

Con la difusión de las ideas de Adam Smith y la teoría de las ventajas


comparativas de Ricardo, como argumentos de política comercial pero con un
elemento implícito de dominio político por medio del colonialismo, la Gran Bretaña
se configuró como potencia del orbe y se benefició enormemente porque las
banderas de progreso, la razón y la ciencia que expuso el proyecto de modernidad
dieron sus frutos con la primera revolución industrial que consolidaba a esta
nación como potencia económica, al poseer mejores condiciones productivas que
otros países occidentales, debido a su producción de productos manufacturados
de mayor valor agregado y de uso más industrial.

Es necesario destacar que Inglaterra, al igual que la mayoría de los países


europeos, es un país pequeño, por lo que su mercado interno, también, es
pequeño. Lo que hace suponer que se apoyó en las teorías del libre comercio
como un instrumento para expandir su demanda agregada. Así las exportaciones
fueron un motor de crecimiento fundamental de su economía y, por ello se
entiende el apoyo que se dio a los derechos humanos como un mecanismo para
negociar con colonias de otras naciones europeas.

7
2.2 EL CAPITALISMO INDUSTRIAL EN ESTADOS UNIDOS (1850-1930)

El propósito de este ensayo es mostrar algunos elementos culturales que han


contribuido en el distanciamiento entre la economía y la ética enmarcada en el
proyecto de modernidad de Occidente, particularmente, en la sociedad
norteamericana, debido a que desde fines del siglo XIX se erigió como potencia
económica del mundo y por ello es la que direcciona con mayor poder los cambios
del sistema económico y de la cultura, sin querer decir con esto que todo lo
económico determina lo social, lo político y lo cultural, ya que esto sería un punto
de vista muy reduccionista, lo que a su vez desconocería la riqueza de cada uno
de estos ámbitos que por el contrario se rigen por principios axiales diversos y con
su propia lógica y consistencia incorporada.

Antes de conocer cómo era la cultura norteamericana en este periodo es


necesario definir qué se entiende por cultura. A nuestro modo de ver, la cultura es
una creación no natural: es artificial, y lo es porque es creada por el hombre a
través de su historia. Es el ámbito propio de la existencia del ser humano; es una
aventura del pensamiento, de la imaginación, de la voluntad, por lo que el único
capaz de crearla, idearla, difundirla y tomar sus signos para reconocerse
mutuamente con otros miembros de la sociedad, es el mismo hombre. La cultura
moderna como propósito de desarrollo, es la expresión del “yo” en busca de su
autorrealización, en la que se niega toda frontera, para que todo sea permitido y
explorado. Las tensiones de la sociedad se mueven, entonces, en un orden
económico, en el que se puede destacar la completa difusión de la libertad
económica, y la vital participación del sector privado como beneficiario de dicha
libertad, es el motor de desarrollo económico y progreso para la humanidad, pues
gracias a la empresa privada es que la humanidad ha conocido los más grandes e
innovadores inventos, que han servido para facilitar procesos productivos y de
consumo, que en términos generales surgen para hacer la vida menos
complicada; un orden político, que promueve la participación y la igualdad, por lo

8
menos respecto a la ley; y un ámbito cultural que busca la afirmación del “yo”, la
autonomía. Entonces la tarea consiste en cómo conciliar estos tres ámbitos para
que el individuo en la búsqueda de su trascendencia no solo considere las leyes,
sino al resto de los individuos. Es aquí donde se necesita presencia
gubernamental que fortalezca y difunda sus instituciones, promoviendo la
participación privada, pero cuidando la dignidad humana y aminorando la
desigualdad existente causada por la poca inclusión, y por la limitada
participación de la mayor parte de la población mundial en los frutos del
crecimiento económico.

Para que surgiera la industria moderna en Norteamérica fue necesaria una activa
participación del Estado, promoviendo algunas medidas para el impulso de la
misma. Se crea un sistema bancario nacional, se ejecuta la construcción de un
ferrocarril transcontinental, se desarrollan mercados internos sin barreras
aduaneras ni fuertes impuestos estatales. Lo anterior, teniendo en cuenta el hecho
de contar con un gran mercado interno, del tamaño de un continente, con el que
se lograba sacar ventaja sobre los países europeos.

En los inicios del siglo XX, en los Estados Unidos se presenta la “segunda”
revolución industrial, resultado de pensar como nación en sentido moderno. La
“segunda revolución industrial” fue la de la energía eléctrica, que sustituyó al vapor
y revolucionó los procesos productivos. Rápidamente Estados Unidos comenzaría
a ser productor de bienes industriales de alto valor agregado, lo que lo dejaba en
inmejorables condiciones de productividad. Los métodos de F. Taylor fueron
aplicados por Henry Ford en la construcción de automóviles y esta industria
comienza a expandir otras como la del caucho, vidrio, petróleo, máquinas, entre
otras. Los capitales y los factores productivos se trasladan desde Europa hacia
Estados Unidos, incluyendo el factor trabajo, por lo que dicho país comienza a
restringir la emigración de europeos.

9
Aunque es importante conocer la historia económica de este país, lo que interesa
realmente es comprender cómo era la sociedad norteamericana de aquella
época: su carácter y su ética predominante. Estados Unidos no sólo heredó el
idioma ingles de la Gran Bretaña: también sus costumbres y algunos rasgos
culturales de la religión, por lo que era común encontrar a los grandes empresarios
americanos influenciados por creencias de tipo protestante y de carácter puritano 5.
Parecía extraño que se siguieran conservando tradiciones religiosas que se
suponían socavadas con el proyecto de la modernidad, pero el ser humano es a
veces tan impredecible, que cuando se siente limitado, reclama libertad y cuando
se le da libertad a veces pide límites; y por otro lado, cuando surge un proyecto
que revoluciona, pueden también, surgir otros de reacción como manifestación de
inconformidad. Otro aspecto que puede ser de ayuda para comprender mejor la
ética predominante en aquella época, es conocer que las instituciones que
soportaban y difundían el estilo de vida puritano, que proponían valores como el
trabajo, el ahorro, la sobriedad, la abstinencia, eran las iglesias, la familia y la
escuela. Estas dictaminaban los modelos de comportamiento y establecían los
rasgos culturales.

La sociedad norteamericana buscaba romper con este tipo de carácter ya que le


ponía límites a la realización del ser humano. Para la década de 1920 surge un
intento de un grupo de intelectuales que intentaban negar toda esa ética
protestante y su áspero estilo de vida6. Pregonaron una cultura hedonista del
placer en la que no se pensaba en la gratificación después de la vida: la
gratificación era ahora en la propia existencia humana. Este ataque era sencillo
porque la ética protestante y el carácter puritano ya estaban bastante
desgastados. Los nuevos valores hedonistas habitaban en el pensamiento de los
individuos pero faltaba la difusión necesaria y la aceptación de la sociedad. Por

5
WEBER, Máx. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Barcelona:Ediciones
península, 1994.
6
BELL, Daniel. Op. Cit. Págs 45- 89.
6

10
ello tarda un poco más en cambiar el paradigma cultural. Puede decirse, entonces,
que durante la era de capitalismo industrial el desarrollo económico sin frenos fue
controlado por las restricciones puritanas y por la ética protestante.

3. CAPITALISMO DE CONSUMO (1960-1990)

En algunos libros y manuales de economía se plantea que el “capitalismo de


consumo” se inicia desde los años 30, pero por motivos que se explican más
adelante, esta era de consumo se inicia con mayor fuerza en los 60 y se prolonga
hasta inicios de los noventa.

En los primeros años del siglo XX las instituciones existentes (iglesia, familia,
escuela) no poseían la fuerza suficiente para difundir una ética del hedonismo, del
placer, del juego; en síntesis, las instituciones no poseían los elementos
necesarios ni la capacidad para difundir masivamente una ética del consumo.

En la década de lo 50 se empezaba a plantear que la cultura no debía seguir


siendo el examen de obras serias ya que la sociedad de masas no demandaba
cultura sino entretenimiento. El modernismo tradicional estaba siendo atacado al
considerársele poco realista o fantasioso; además desplegaba sus impulsos en la
imaginación, en los modelos mentales. La llegada del postmodernismo rompe los
límites de la imaginación, con lo que el nuevo laboratorio del arte no era lo
abstracto ni las distinciones: era la vida cotidiana. Al negarse toda frontera de
experimentación se entiende la vida como una captación de toda experiencia, y lo
que antes era prohibido por la ética protestante, podía ser explorado ahora. De
esta manera se aparta a la ética protestante del sistema económico y emerge el
hedonismo como justificación de la cultura capitalista; el impulso se acepta como
manera de conducta válida y el sistema productivo deja de producir para satisfacer
necesidades, entendidas éstas como las indispensables o básicas para vivir,
comenzando a producir a una escala más amplia en la que se satisfacen deseos y

11
los deseos hacen parte del ámbito psicológico, no del biológico. Las definiciones
modernas de los textos de economía, también se adaptan a este cambio y se
encuentran definiciones de ciencia económica como: “la ciencia que estudia la
optimización de los recursos escasos para satisfacer necesidades ilimitadas”, lo
ilimitado se refiere a deseos, a consumo, a competición por el estatus.

La institucionalización del consumo se hace posible gracias a los medios de


comunicación, que se encargaron de masificar la conducta hedonista, el consumo.
En general, la idea de cambiar el áspero estilo de vida puritano estaba en las
mentes de muchos, pero faltaba una institución que invitara a imitar lo que antes
era exclusivo de la élite y para hacer esto fue necesario poner en escena a los
medios de comunicación.

No sólo debido a la función mediática se acepta el estilo hedonista del consumo:


El avance tecnológico predominante en una sociedad pos industrial que genera
artículos cada vez más novedosos, juega un papel destacable y beneficioso para
la sociedad y su desarrollo, pero es necesario que lo tecnológicamente posible
también sea socio económicamente viable, y que los avances tecnológicos sirvan
para el desarrollo a escala humana, es decir que busquen dignificar la propia
existencia.

Otro elemento que terminó socavando la ética protestante fue que se venció el
temor protestante de las ventas a crédito. La deuda significaba que el individuo era
poco laborioso y ahorrativo o simplemente que se era pobre; ser pobre es poseer
un bajo poder de compra y el crédito a pobres se tomaba como un síntoma de
inestabilidad financiera, de crisis. En la vida contemporánea lo más sobresaliente
es vender, y el crédito, precisamente, facilita la venta. Las tarjetas de crédito
comienzan a hacer posible la gratificación en esta vida, no en la otra; permiten que
se goce de lo que no se podría gozar si se exigiera todo el pago en efectivo en
una sola cuota.

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A manera de conclusión, se puede decir que el “capitalismo de consumo” no se
genera, al menos en su plena extensión, en los años 30 sino en los 60, debido a
que el consumo masivo sólo fue posible por el avance industrial y tecnológico que
permitió la fabricación de bienes nunca antes vistos, por la ruptura del temor
protestante de las ventas a crédito, que fue una creación sociológica 7, no
tecnológica, y por la función mediática, que con su masificación, se erigió como
referente de la conducta del individuo y como responsable de la formación de
ciudadanos, por cierto una labor demasiado seria como para dejarla en este
terreno de la información.

4. CAPITALISMO FICTICIO O DE FICCIÓN (1990-HOY)

Con el término de la guerra fría el mundo queda organizado en torno al capitalismo


expresado en el poderío económico y militar de los Estados Unidos.

Surge el “neoliberalismo” con sus dos pilares políticos: los gobiernos de Rónald
Reagan y de Margaret Teácher, ya que como ideología había sido propuesta por
von Háyek y Milton Friedman. El “neoliberalismo” es la ideología presente en la
globalización y exige la apertura de los mercados tanto de bienes y servicios como
de capital; es decir, tanto de la balanza comercial como la de capitales. Para poder
hablar de “capitalismo ficticio” hay que tener en cuenta, en especial, la
desregulación en el mercado de capitales; y ésta no consiste en dejar de regular,
sino más bien en regular bajo otros intereses, en este caso los del capital
internacional. Se Difunde la idea de que los Estados nacionales han llegado a su
fin, y que deben ceder su autonomía en favor de una fuerza trasnacional, la del
mercado mundial. Se habla, entonces, de la crisis de los estados nación, se
desregula los intercambios financieros internacionales, y se olvida que la actividad
especulativa que esto conlleva genera inestabilidades macroeconómicas que se
traducen luego en inestabilidades sociales.

77
Ibíd. Págs 45- 89.

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Aquella desregulación lleva un fenómeno conocido como “financierización”, que se
refiere al protagonismo cada vez mayor que tienen las actividades financieras y la
conversión del dinero en algo que se utiliza no como instrumento para fomentar
otros intercambios productivos, sino para intercambiarse él mismo.

La teoría económica ortodoxa plantea que la cantidad de dinero circula de forma


proporcional a los flujos comerciales. Lo que realmente se ha visto es que la
circulación financiera o monetaria ha alcanzado un volumen completamente
desproporcionado con respecto a la circulación real de bienes y servicios,
privilegiando así el uso especulativo de los recursos financieros, limitando la
capacidad de financiar las actividades orientadas a la creación de riqueza real8, es
decir a la producción de bienes y servicios, que tiene como fundamento la
inversión y la generación de empleo.

El poder monetario era una extensión del poder del estado, y con la autonomía de
los bancos centrales se desliga éste para convertirse en un recurso autónomo; en
otras palabras, en un recurso de carácter privado. Los Estados renuncian a ejercer
el gobierno de las finanzas y permiten mover con toda libertad los flujos
financieros a través de la desregulación de los mercados financieros. Esos
recursos autónomos provienen de los llamados inversores institucionales: “se
denomina así a los fondos de inversión, compañías de seguros o empresas en
general que se constituyen para recoger fondos ajenos y a éstos sacarles el
máximo rendimiento”9. Estos inversores lo que hacen es crear más demanda de
medios financieros, para invertir creando, y necesitando de la inestabilidad, del
riesgo, de la volatilidad. Sin éstos cambios continuos no podría generarse la
rentabilidad que se exige por parte de dichos inversores. Se podría decir que este
capitalismo es “ficticio”, porque no genera riqueza real, promueve la especulación

8
TORRES, López Juan. El poder del dinero. Causas y consecuencias de la financierización.
Revista ensayos de economía, volumen 22-23, págs. 10-40, Medellín: Universidad Nacional,
2002.
99
Ibíd. Págs 10-40.

14
y desestímula la inversión, pero sin inversión no puede aumentar la generación de
empleo, y por lo tanto los ingresos de la población se ven desmejorados.

Al hablar de “capitalismo ficticio”, también, es importante conocer la función de los


medios de información: la creación del estilo de vida a través de las películas, pero
sobre todo a través de la publicidad, en la que se nos muestra el estilo que se
lleva, las nuevas maneras de actuar, y la venta de éstas conductas en dicha
publicidad. Lo importante para destacar de esta función mediática es la forma
como se nos presentan estos contenidos. Dicha forma es la sucesión de impactos,
reality show, anuncios. Esta sucesión vertiginosa impide la reflexión crítica
además de mostrarnos una sola cara de la noticia, la que más vende.

Una vez más se demuestra que se deja la responsabilidad de la formación de


ciudadanos a los medios informativos en lugar de buscar fortalecer las
instituciones que se encargan de lo público, de lo que nos interesa a todos. ¡Qué
interesante sería la promoción de espacios educativos desde las mismas
universidades que posean facultades de formación humana, de comunicación
entre otras, que se interesen por promover espacios en la escena de los medios
de comunicación, pero no buscando impactar, sino difundiendo experiencias de
vida, de educación, de cultura, que promuevan la autonomía del individuo pero
con un sentido de responsabilidad ante la sociedad, con una ética de la
responsabilidad!

Si bien es difícil juzgar las acciones de los individuos como convenientes o no,
debido a que el individuo es libre de hacer todo en cuanto le permitan las leyes, no
es menos importante aclarar que hay situaciones, en las que no hay
necesariamente leyes explicitas, y en las que se afecta a los demás y de las
cuales se ocupa la ética; éstas se refieren a la responsabilidad que posee el
individuo dentro de su misma autonomía, ante la sociedad, y se tocan de una
manera más amplia en la relación economía- ética, en la que muchas veces se

15
considera que dar más libertad de mercado, desregulación y menos participación
del Estado se reduce a generar condiciones favorables para un pequeño grupo de
la sociedad. Se puede ver que falta generar una ética de la responsabilidad, de la
autonomía responsable, y en esto sí que es importante el papel de las
universidades en la formación de profesionales con un alto componente ético, y el
papel del mismo gobierno, que mediante el fortalecimiento de sus instituciones no
deje a pecho descubierto al individuo puro. Todo esto se puede traducir en la
conformación de una sociedad en sentido moderno y más específicamente, que
las clases dirigentes y políticas comprendan que no es lo mismo modernización
que modernidad, pues para conseguir esto último primero se debe construir
ciudadanía.

CONCLUSIONES

Durante la época de capitalismo industrial en Norteamérica lo que mantuvo


controlado el desenfreno económico fue la ética protestante y su carácter puritano,
debido a que las instituciones predominantes de aquella sociedad se encargaban
de difundirla, aunque en las mentes de gran parte de la sociedad ya existía un
rechazo hacia ella y a su complicado estilo de vida. Sólo se necesitaba una
institución que pudiera masificar y difundir con mayor fuerza un nuevo y más
cómodo estilo de vida.

El “capitalismo de consumo” se hace posible gracias a los avances tecnológico


que hicieron posible la producción de artículos más novedosos, pero para
venderlos se necesitó de una creación sociológica como las “ventas a crédito”, que
facilitan la adquisición de bienes y servicios, permitiendo vencer ese antiguo temor
protestante de la deuda. Así la sociedad norteamericana optó por el consumismo,
pero la difusión de éste estilo de vida hedonista sólo se da hasta que entran en
escena los “mass media”, que con sus pautas publicitarias seducen a los
ciudadanos, sustituyendo en ellos la convicción por la seducción; en un estilo de

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vida donde todo es muy fácil, muy posmoderno; hasta que el individuo percibe que
la existencia duele, y que si no tiene elementos que le permitan afrontar las
situaciones de dolor, la vida puede convertírsele en algo lacerante.

En el “capitalismo de ficción”, también juegan un papel muy activo los medios de


comunicación difundiendo un estilo de vida que vende, que impacta, que en
muchos casos muestra una sola cara de la noticia, que muestra los intereses de
grupos económicos y de poder dejando comprometida la labor informativa
influenciando en las decisiones y en el pensar de la sociedad, convirtiéndose en
una fuente de formación de ciudadanos, y que en muchos aspectos reemplaza
una labor que le corresponde a las instituciones gubernamentales.

No se plantea que la solución al distanciamiento entre la economía y la ética sea


volver a la idea de religión que se difundió, ya que ésta se plantea como un estilo
de vida solapado y superficial, por lo que sería poco convincente. Una alternativa
es la difusión de la ética de la responsabilidad en la que se destacaría la
autonomía del individuo con un sentido de respeto por el otro, por la otredad, por
la diferencia.

BIBLIOGRAFÍA

BELL, Daniel. Las contradicciones culturales del capitalismo. México: Alianza


Editorial, 1977. Págs. 45-89.

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contemporáneo. Barcelona: Anagrama S. A, 2003.

17
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TORRES LÓPEZ, Juan. El poder del dinero. Causas y consecuencias de la


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Barcelona: Editorial Anagrama, 2003.

WEBER, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Barcelona:


Ediciones península, 1994.

LONDOÑO, Abraham. Articulo referente a la cátedra abierta “El Individualismo


Contemporáneo” del 5 de Noviembre de 2003.

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