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Magister en políticas sociales y Gestión Local, Sistematización de

Prácticas Sociales
Docente: Dr. Carlos Haefner, Alumna Paula Toledo González

GLOBALIZACIÓN Y LAS REDES QUE LA


CONTIENEN.
Magister en políticas sociales y Gestión Local, Sistematización de
Prácticas Sociales
Docente: Dr. Carlos Haefner, Alumna Paula Toledo González

Me permitiré introducir el siguiente ensayo sobre globalización de la siguiente manera,


toda vez que se torna necesario caracterizar a mi entender tres principales perspectivas
acerca de la cultura de consumo, nicho temático que da paso a la posibilidad de entender
y mirar con más detención el desarrollo de la globalización y por consiguiente la
postmodernidad. En primer lugar, la visión de que ésta se asienta en la expansión de la
producción capitalista de mercancías, que ha dado a lugar a una vasta acumulación de
cultura material en la forma de bienes de consumo y de lugares de compra y de consumo.
A consecuencia de ello, las actividades de ocio y consumo tienen cada vez más
prominencia en las sociedades occidentales contemporáneas, lo cual, aunque saludado
por algunos como conducente a un mayor igualitarismo y libertad individual, acrecienta
según otros, la capacidad de manipular ideológicamente a la población y de apartarla,
mediante la seducción, de algún conjunto alternativo de mejores relaciones sociales.
Segundo, la visión, más estrictamente sociológica, según la cual, la satisfacción obtenida
con los bienes se relaciona con el acceso socialmente estructurado a ellos, en un juego
de “suma cero”, en el que la satisfacción y el status dependen de la exhibición y el
mantenimiento de las diferencias en condiciones de inflación. La tensión se centra en este
caso, en las variadas formas en que las personas emplean los bienes a fin de crear
vínculos o distinciones sociales. Y finalmente el tercer aspecto, la cuestión de los placeres
emocionales del consumo, los sueños y deseos celebrados en la imaginería de la cultura
consumista y en determinados lugares de consumo, que suscitan de distintas maneras
una excitación corporal directa y placeres estéticos.

En este sentido y como sostiene Mike Featherstone: “ La actual fase de exceso de ofertas
de bienes simbólicos en las sociedades occidentales contemporáneas y las tendencias al
desorden y la desclasificación cultural ( que algunos etiquetan de posmodernismo) están
colocando en el primer plano de las cuestiones culturales, y tienen vastas consecuencias
para la forma en que conceptualicemos la relación entre la cultura, la economía y la
sociedad”.

Desde esta perspectiva podría sostenerse, por ejemplo, que la acumulación de bienes ha
acarreado el triunfo del valor de cambio, y que se torna posible un cálculo racional
instrumental de todos los aspectos de la vida, por el que todas las diferencias esenciales,
las tradiciones y las cualidades culturales se transforman en cantidades, delta afluente por
donde transita la globalización y que cuyas huellas dejan rastro visible, atormentando, a
veces, silenciosamente los procesos de desarrollo de nuestra civilización y más
específicamente la de los individuos.

Teniendo este marco referencial, diremos que desde las lógicas transnacionales se
impugnan los fundamentos institucionales de los sistemas de comunicación de los
estados – naciones. Al conectarlos con las normas de redes planetarias, resulta que el
proceso de desregulación prefigura profunda mutación del modelo económico y social.
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Para referirse a esta fase de integración mundial, iniciada en los años ochenta, ha brotado
la noción de GLOBALIZACIÓN. Tomada de la lengua inglesa, como lo fue también la
palabra internalización, a finales del siglo XIX, trata de abarcar el proceso de unificación
del campo económico y por extrapolación, de diagnosticar la situación general del
mundo.

Respecto del capitalismo mundial integrado podemos enunciar que los primeros pasos de
la globalización se dieron en la esfera de los intercambios financieros. Los marcos de los
sistemas nacionales quedaron rotos. Los espacios financieros, antes reglamentados,
compartimentados, pasaron a integrarse en un mercado global, de total fluidez, como
consecuencia de la interconexión generalizada en tiempo real. En consideración a lo
anterior y respecto de la vanguardia geofinanciera como la denomina Armand Mattelart
quien alude a esta “esfera financiera la cual imprimió su dinámica a una economía
dominada por los movimientos especulativos de capitales que evolucionaban en una
situación de recalentamiento permanente, acelerando las actividades especulativas,
cobrando autonomía la función financiera con respecto a la economía denominada real,
poniéndose por delante de la producción y la inversión industrial. Los efectos del menor
paso en falso se propagan por todo el mundo, prefigurando las causas de crisis
inherentes a la ausencia de mecanismos supranacionales de regulación”.

La geofinanza y sus espacios abstractos y desterritorializados, que constituyen el primer


sector de la cibereconomía en el que se ha realizado su integración, anuncian la
dislocación general de la organización económica mundial con respecto al territorio sobre
el que se asienta la soberanía nacional.

En lo que respecta a las doctrinas empresariales y de cómo se sitúa la globalización en


esos espacios, podríamos decir, que dicha globalización consistiría, en primer lugar, en un
modelo de gestión de la empresa que, como respuesta a la creciente complejidad del
entorno competitivo, lleva a cabo la creación y fomento de competencia a escala mundial,
con el fin de maximizar sus beneficios y consolidar sus cuotas de mercado. El mismo
Mike Featherstone señala “La globalización es, en cierto modo, la forma de lectura propia
de los especialistas del Management y del Marketing. Una consigna se alza sobre esta
lógica empresarial: la integración. Esta última palabra tiene la connotación de una visión
cibernética de la organización funcional de las grandes unidades económicas.”

La estandarización y/o segmentación y la globalización de los mercados, de los sistemas


productivos y de los sistemas tecnológicos se compaginan con la segmentación. Esto es
así, salvo que se acepte la radical hipótesis emitida en 1983, del Director de la Business
Harvard Review, Theodor Levitt, de una estandarización universal y de su corolario, la
homogeneización de las necesidades mundiales. Se trata de los dos términos de una
relación dialéctica. La masificación alterna con la desmasificación. Esta última contribuye,
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por otro lado, a que retrocedan los límites de la primera, a que se venzan las resistencias
a la estandarización universal. Incluso las empresas etiquetadas como etnocéntricas
aplican la receta: un posicionamiento en el marketing mundial que deje un margen de
maniobra a las filiales.

Hemos visto como algunos componentes se han ido insertando en esta aldea de
civilización y de cómo además se ha envuelto en los tentáculos de la descivilización y las
fracturas que conlleva dicho proceso, generando efectos nocivos sobre todo para aquellos
que viven en condiciones más desmejoradas como lo es el pueblo latinoamericano y sus
culturas, desarrollando finalmente las llamadas “emergencias de la periferia”.

“Nombrar malas cosas, representa aumentar las desgracias del mundo” decía Albert
Camus. La globalización es una de esas palabras engañosas que forman parte de las
nociones instrumentales que, bajo el efecto de las lógicas mercantiles y a espaldas de los
ciudadanos, se han adaptado hasta el punto de hacerse indispensables para establecer la
comunicación entre ciudadanos de culturas muy diferentes. Este lenguaje funcional refleja
un “pensamiento único” y constituye un verdadero prêt à porter ideológico que disimula los
desórdenes del nuevo orden mundial. En otros términos, se pretende abordar la nueva
complejidad del globo con una ecuación de primer grado. Ha llegado entonces el
momento de distinguir entre lo que corresponde a la mitología globalitaria y lo que
incumbe a la realidad concreta en esta fase de la integración mundial. En contraste con la
visión economicista de un mundo cohesionado por el libre cambio, se muestra la fractura
entre unos sistemas sociales específicos y un campo unificado, entre unas culturas
particulares y las fuerzas centralizadoras de la cultura global.

En este sentido no se puede dejar de lado la concepción de las redes parasitarias que
engloban una serie de aspectos que denotan y connotan los rasguños que han
perpetuado la presencia de la globalización en las distintas esferas de la cultura y en
donde se ha posado la presencia constante del ser humano, sus intereses y la instalación
arrolladora y nihilista de mercados destructivos. Enunciaré otra red que ha sido afectada
como lo es el problema de los ecosistemas locales, los cuales se han convertido
asimismo en origen de crisis sociales, al verse amenazados de hundimiento por el
empobrecimiento de los suelos, la desforestación, el agotamiento de los recursos
hidrográficos, los límites alcanzados por el cultivo de las tierras y la explotación intensiva
de los océanos, y el hecho de no encontrar respuesta al crecimiento demográfico. Ha
habido más conflictos marítimos en sólo el año 1995 que durante todo el siglo XIX,
señalaba en una entrevista en el diario Le Monde, el 27 de febrero de 1996, Lester R.
Brown, responsable del principal centro de investigación ecológica: el Worlwatch Institute
de Washington. “ La guerra entre el hombre y la tierra, señalaba, ya se ha iniciado…….
Hemos de volver a reflexionar, por consiguiente, acerca de la estructura de nuestro
sistema económico y sus valores, nuestros modelos y nuestros modos de vida.

Los modos de vida, ya constantemente amenazados han traspasado las fronteras,


convirtiéndose en trampas las cuales se han tratado de esquivar, como lo hace la foca al
ser asechada por el gran tiburón blanco en una carrera por sobrevivir por un lado y por
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triunfar por el otro. “ La humanidad se está instalando en la monocultura; escribía el
antropólogo Claude Lévi Strauss a principios de los años ochenta. Se dispone a producir
la civilización en masa como la remolacha. Su corriente no constará sino de este plato
único”. Un dilema ha impregnado progresivamente las reflexiones sobre el futuro de la
cultura en el mundo, ante el empuje de los universales simbólicos del consumo de masas
y de las redes en tiempo real. Hay quienes sostienen que la instauración de un McMundo
resulta inevitable, por ser la monocultura la contrapartida del libre cambio y de la
formación de los bloques económicos.”

Michel de Certeau, expone respecto de los dispositivos disciplinarios del hombre común:
“La mundialización – globalización es un componente de la cultura contemporánea, pero
no es la única lógica capaz de modelar los destinos de nuestro planeta. “ En los años
ochenta surgieron las concepciones de la globalización financiera y de la estandarización
cultural. Hubo también en estos años una corriente de pensamiento que ponía de relieve
los desfases entre las fuerzas centrípedas y aglomeradoras de la lógica mercantil y la
pluralidad cultural y que entendía la fragmentación y la globalización como una pareja en
tensión, donde tiene lugar la descomposición de las identidades sociales y culturales.”

Ya quisiera ir concluyendo con lo que me parece desbordante y preocupante, toda vez


que los tiempos de hoy y de mañana parecieran habría que constantemente
reflexionarlos. Sin embargo, a esta altura conviene preguntarse si la posmodernidad, o
mejor, sus resultados globalizados, no son acaso un puro efecto de la occidentalización
del mundo. Desde este punto de vista de la civilización material, la respuesta a esa
interrogante debe necesariamente formularse en términos del lenguaje de la
internalización de los mercados, el despliegue incesante de las tecnologías y la
industrialización-posindustrialización del mundo. Diremos entonces, y como bien lo señala
J.J. Bruner, “en el lenguaje del capitalismo con su doble dinámica de destrucción de los
antiguos órdenes y estamentos, y de creación de nuevas relaciones sociales, nuevos
valores y nuevos movimientos en las sociedades, la política y la cultura a escala mundial”.
Ninguna otra forma de organizar la producción, de inventar y aplicar conocimientos y de
institucionalizar el poder a través de estados-naciones había alcanzado antes un grado
comparable de difusión.

En esa dirección Claude Lévi Strauss señala: “intentar una evaluación de contribuciones
culturales, cada una de las cuales trae consigo el peso incuantificable de varios siglos de
esfuerzo, y los pensamientos y dolores, esperanzas y esfuerzos de los hombres y mujeres
que le dieron vida, sólo con el rasero de una civilización mundial que aún es una concha
vacía, sería empobrecerlas, vaciándolas de su sustancia vital y dejando al descubierto
únicamente el desnudo hueso”.

Finalmente termino este ensayo, acudiendo nuevamente a J.J. Bruner, desde su obra
Globalización Cultural y Posmodernidad, específicamente en su apartado final parafrasea
las hermosas palabras de Jürgen Habermas que alguna vez pronunciara: “ El ensayista
no dispone de ningún acceso privilegiado a las verdades morales. En vista de los cuatro
grandes miedos – vergüenzas que afectan a nuestra existencia, en vista del hambre y la
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miseria engendrados por nuestra arrolladora civilización; en vista de la tortura y la
continua violación de la dignidad humana en los estados de no derecho; en vista de la
creciente incertidumbre que produce el tránsito hacia la posmodernidad; en vista,
finalmente, del riesgo de destrucción de la naturaleza y las culturas que el avance
científico-técnico representa para la vida de nuestro planeta; en vista de hechos tan
provocadores como éstos, la concepción que acabo de exponer acerca de lo que podría
dar de sí una ética liberal, quizás resulte decepcionante. Pero en todo caso es un aguijón:
la teoría no excusa a nadie de sus responsabilidades políticas.”