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LA ARQUITECTURA, MOTIVACION O RESULTADO DE UN CAMBIO EN LA

SOCIEDAD

Desde sus inicios, la arquitectura nace como respuesta a una necesidad

primaria de cobijo y protección. Poco a poco en el sedentarismo del ser humano

adquiere ese mismo carácter permanente y funcional.

Es por esto que el desarrollo de sociedad y arquitectura va siempre ligado

estrechamente, sin embargo en la medida de que esas necesidades trascienden

en su cotidianidad la necesidad de sobrevivir en su entorno, la necesidad de

explicarse fenómenos naturales y de conceptualizar otros como la vida misma y la

muerte, hace de la arquitectura una herramienta fundamental de expresión del

pensamiento, que en ultimas termina definiendo culturas y diferenciándolas

claramente en su respuesta arquitectónica y urbanista.

Desde ese punto de vista podríamos intuir que es el entorno natural y la

sociedad la motivación del proceso creativo de la arquitectura, pero no es tan

simple. Por qué si bien es la sociedad un insumo determinante en ese proceso, la

arquitectura se convierte en ese motor de la transformación y el desarrollo, que

una vez satisfecha las necesidades básicas del individuo, vas más allá. A tal punto

que define su manera de vivir, de coexistir y de relacionarse.

Es este carácter dinámico de la relación Arquitectura y Sociedad que produce

respuestas diferentes ante necesidades similares, y que hace del oficio del

arquitecto no solo una actividad en la que se interpreta, diagnostica y se dan


soluciones a necesidades básicas si no que todo ese ejercicio pasa por el filtro de

su manera de ver el mundo, su concepto de la belleza, de la armonía, del

equilibrio y de muchos otros que este desarrolla usando como fuente de

conocimiento inicial la naturaleza misma.

Es cuando la arquitectura trasciende ese carácter utilitario, cuando adquiere las

verdaderas dimensiones, cuando se hace más exigente desde todo punto de vista,

y cuando interpreta ese carácter ambicioso y visionario del ser.

Es por eso que van tomando parte en ella todas las disciplinas del

conocimiento, Las matemáticas, la astronomía, así como otras del pensamiento y

del espíritu, como la filosofía y la religión y es de esta correlación de donde nace

ese desprendimiento básico de la arquitectura de lo meramente funcional y se

convierte en la expresión más sublime del Hombre, de su racionalidad y de su Fe.

Una mezcla nada fácil, que la Arquitectura logra interrelacionar, poniendo unas al

servicio de las otras de manera orgánica y una vez más, Funcional.

Si analizáramos uno a uno todos las especialidades, arquitectura religiosa,

arquitectura militar, arquitectura doméstica, arquitectura hospitalaria, etc., etc…

nos daríamos cuenta de que en cada una de ellas responde a una dimensión

social diferente del ser humano, pero cumpliendo siempre objetivos específicos,

de funcionalidad, eficiencia, seguridad, confort, monumentalidad, elegancia,

austeridad y miles de atributos que solo en el ejercicio creativo de la arquitectura

se pueden priorizar. A tal punto que la arquitectura se convierte en la expresión del

poder, de Imperios, Gobiernos e Iglesias, trascendiendo la escala humana a


dimensiones solo justificables por el tamaño de la ambición, el ego, la necesidad

de subyugación o el concepto social de masa.

Es así como a lo largo de la historia hemos visto cambios permanentes: el

carácter monumental de los clásicos o la tendencia al cielo de las construcciones

góticas, el urbanismo de ejes infinitos, de simetrías absolutas, el barroco

recargado y en general cada tendencia arquitectónica y artística ha estado de

alguna manera al servicio del establecimiento, muchas veces es difícil encontrar

respuesta a estos cambios en el desgaste normal de todo régimen o en la

búsqueda incesante del ser humano, en ese inconformismo natural que ha

permitido a las sociedades desarrollarse o en algunos casos extinguirse.

Es difícil marcar el momento exacto en que la arquitectura además de

satisfacer necesidades se convierte en una necesidad más, como la necesidad de

vestirse o alimentarse. Lo cierto es que son las necesidades de las sociedades las

que han exigido el desarrollo de ella, desde la necesidad de cobijo en una humilde

vivienda o en un elegante palacio, la necesidad de recrearse, ya sea en un

parque, en un coliseo o anfiteatro, la necesidad de conmemorar, la necesidad de

rendir culto, de reunirse en comunidad. Pero hasta qué punto la manera como

hemos dado solución a todo esto nos ha generado otras necesidades, nos ha

hecho caer en este círculo vicioso del que cada vez es más difícil salir…no ha

alejado de lo fundamental, nos ha llevado a atentar contra nuestro hábitat primario,

Cayendo en soluciones inmediatas que causaran daños futuros e irreversibles, o

será que diseñamos con la soberbia o la confianza de que tendremos siempre la


respuesta a los problemas que vamos causando o de los que vamos siendo parte,

o llego otra vez el momento del cambio, por cansancio o por el simple principio de

supervivencia que nos llevó una vez a buscar resguardo.

Lo único cierto es que somos la generación llamada a dar estas respuestas y

nunca como ahora, estas deben ser acertadas, ya no hay tiempo para la prueba y

el error, el momento implica mucha responsabilidad, preparación, conocimiento

estudio y ética ambiental, un concepto que hoy aparece como determinante de

diseño de una sociedad incapaz de ver más allá, no podemos seguir siendo el

producto de ella, porque en nuestros hombros pesa la responsabilidad de

cambiarla, así sea como un acto revocatorio con el universo y la usurpación que

hemos hecho de la ejercicio del creador.

El cambio es ahora y nosotros estamos llamados a él.

SOFIA CARVAJAL IBAÑEZ

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